Escrito por Hernán Pérez Loose

Orán es una pequeña ciudad costera de Argelia. En varias ocasiones ha sido presa de epidemias y pestes. En 1556 y en 1678 la ciudad fue prácticamente aniquilada por devastadoras plagas. En el pasado siglo hubo otras situaciones similares que si bien provocaron menos muertes la afectaron severamente. Este es el escenario que escogió Albert Camus para escribir en 1940 su novela La peste, y que fuera publicada en 1947. De esta extraordinaria novela –que habría sido decisiva para su Premio Nobel en 1957– hay varias versiones en español de fácil acceso como es la publicada por la editorial Edhasa de Barcelona (traducción de Rasa Chacel. 2002, 360 páginas). La novela narra los sucesos ocurridos en la mencionada ciudad de Orán durante la llegada de una peste. Aunque en la novela la trama se ubica en 1940, todo hace pensar que Camus tomó como referencia una epidemia de cólera que azotó a Orán en 1849 cuando Francia se instala en Argelia y la convierte en una colonia suya.


Las autoridades ordenan una serie de medidas drásticas para aislar a la ciudad del exterior, y aislar a los residentes unos de otros. Hasta las comunicaciones telefónicas quedaron suspendidas obligando a la gente a comunicarse mediante telegramas. La anarquía y la indisciplina se desatan ».

Un buen día en la ciudad comienzan a aparecer decenas de ratas muertas. Si bien al comienzo el hecho pasa inadvertido a sus residentes, a poco el pánico se apodera de muchos. Las autoridades reaccionan lentamente al inicio. Consideran que el asunto no es grave y tratan de minimizarlo. Es más, una de sus primeras decisiones –recoger los restos de los roedores y enterrarlos– terminó empeorando las cosas. Uno de los protagonistas, el Dr. Barnard Riuex, llegaría a la conclusión de que se trata de una peste, y luego de mucho batallar logra convencer al prefecto de semejante realidad.

Las autoridades ordenan una serie de medidas drásticas para aislar a la ciudad del exterior, y aislar a los residentes unos de otros. Hasta las comunicaciones telefónicas quedaron suspendidas obligando a la gente a comunicarse mediante telegramas. La anarquía y la indisciplina se desatan. Hay quienes intentan escapar de la ciudad mientras hay quienes se dedican al saqueo, unos y otros serán ejecutados por los soldados. Afloran entre los habitantes de Orán los peores instintos y crueldades, envidias, oportunismo, avaricia y rencores. Pero el obligado encierro en sus casas los empuja también a una suerte de introspección que lleva a los varios personajes de la novela –un médico, un empleado, un sacerdote, un empresario, etc.– a plantearse complicadas interrogantes. Como un torrente que se desborda, Camus pone en ellos una serie de reflexiones profundas y audaces sobre la condición humana, el absurdo de la existencia, el sentido de la vida y el abismo de la muerte. Temas que configuran el núcleo de la filosofía existencialista. Al final, lo peor de la peste no fue realmente el daño que causó en los habitantes de Orán sino lo que salió a relucir de la naturaleza humana durante semejante crisis, si bien hubo episodios de indudable generosidad.

[Fuente: http://www.eluniverso.com]