En vez de “infodemia” se podría decir “bulodemia”. La información no tiene en sí misma nada de malo

Reunión organizada por el Ministerio de Defensa ruso, el pasado 29 de abril.

Escrito por ÁLEX GRIJELMO

No sé si saldremos reforzados de esta pandemia, pero sí lo harán ciertas palabras que, al decirlas mucho nosotros, dirán mucho acerca de nosotros.

Otras, en cambio, perderán intensidad; como “desescalada”, “confinamiento”, “test” o “morgue”. La vacuna se llevará por delante la insistente presencia de “mascarilla”, pero al menos habremos podido descubrir sus equivalentes “barbijo”, “tapabocas”, “nasobuco” y “cambuj”. Los tres primeros se usan en América y tienen etimologías transparentes, relacionadas con la barba, la nariz y la boca; la última viene del árabe kanbúš (antifaz).

He aquí algunos términos que tal vez usemos más que ahora cuando todo esto pase:

infodemia. Neologismo que mezcla “información” y “epidemia”. Las mentiras ya circulaban hace años por las carreteras informáticas superando el límite de velocidad, pero las relativas a remedios y diagnósticos habrán colmado la paciencia general. Así que este término-denuncia servirá para combatirlas. Sin embargo, mejor que “infodemia” sería hablar de “bulodemia”, porque la palabra información no tiene en sí misma nada de malo.

telemática. Clonación del inglés telematics, pero asimilable a la composición en español con tele- e informática. Lo que no sea teletrabajo será telemático. La clase derivará en “teleclase”; la conferencia, en “teleconferencia”; y la junta, en “telejunta”, del mismo modo que la pizza derivó en Telepizza.

teletrabajo. Muchas empresas han descubierto que con el teletrabajo pueden ahorrarse costes inmobiliarios, y eso no se les olvidará de un día para otro. El elemento tele- significa “a distancia”, pero no estamos ni vamos a estar “a distancia del trabajo”, sino de la oficina, la fábrica o la sucursal. El trabajo mismo, para quien lo tenga, quedará muy a mano. Así que será más bien un casatrabajo; o, si aún nos ponemos más estupendos, un domolaboro. La parte buena es que todo esto hará que retroceda un anglicismo: se usará menos la “máquina de vending”.

videoconferencia. Aquí el elemento “video” no se refiere a una grabación de imágenes, sino a la imagen en directo. La videoconferencia puede ser múltiple, bilateral y hasta monologada, como en el caso del profesor que pronuncie una lección magistral. Cuando todos le hayamos pillado el tranquillo al sistema, no hará falta pagar el viaje a un experto extranjero. Pidámosle que nos hable telemáticamente. De todo esto saldrán teleprofesores y telealumnos. Y telelicenciados, porque las universidades expedirán valiosos teletítulos.

poscoronavirus. Tras la guerra vino la posguerra, tras el concilio, el posconcilio, tras el impresionismo, el posimpresionismo. Algún día llegará la era poscoronavirus. Tal vez se llame “teleposcoronavirus”.

Zoom. Plataforma capaz de reunir virtualmente a decenas de personas y que ha servido tanto para impartir clases de batucada como para que se reencuentren las viejas pandillas y los exmiembros de la tuna. La cervecita de cada participante ya no tiene por qué ser virtual. Cuando alguien use el Zoom a fin de entrar en directo en un programa de televisión, será importante para su imagen que detrás de su careto se vean los estantes de la librería. Preferentemente, con libros.

[Foto: ALEXEI YERESHKO/TASS/GETTY IMAGES – fuente: http://www.elpais.com]