Escrito por Juan Pablo Plata

Publico en esta ocasión algunos apartes de mi poemario Metaliterario, amoroso y final.

Para Pablo Emilio Figueroa. El hombre que quebró una librería y definió mi vocación.
Para Andrea Cote Botero. Allá en sus puertos y praderas del fin del mundo.

El mal de las fronteras

Dicen que fueron las últimas palabras escritas por Antonio Machado:
«Estos días azules y este sol de la infancia.»
No hay en ellas una última voluntad
de apetito llena que repetiría el gozo
de lo más amado o deleitoso
que en la vida mísera conoció.
No hay premonición.
Solo mirada en lontananza y para dentro del alma,
para encontrar en el astro leonado los días de chico que ya se le han ido.
Era un vez más la impresión de la vista
y su memoria sensible con el color,
cerca de la frontera de sus toros, del antiguo Al-Ándalus dejado atrás,
pero con los ojos puestos en otro lado donde los Gallos son todos rojos.
Pienso a ratos en Stefan Zweig inmolándose en Brasil.
Con grandes plazos recuerdo a Walter Benjamin matándose en España,
pero siempre y muy seguido, veo a Machado,
que ha cruzado a Francia,
A salvo,
Solo para morir.

Como si estuviera en el Hospital Bombarda de Lisboa

(Dedicado a António Lobo Antunes)

Tengo un imán para los desequilibrados
sembrado en el centro de mi ternura.
de vez en cuando vienen a mí muchachos dementes para ser oídos, consolados y les hablo.
A veces quieren que hable, pero callo,
para verlos.

Un clinicazo, me dice uno, me fui de clinicazo pero ya estoy libre. ¡Yompite Vanidu!, ¡El murciélago es el espíritu santo del demonio!, me dice otro, como dijo Vila-Matas.
Hablan como Joaquín Font habla con la finada Laura Damián y como él habla de los lectores y de
los escritores desesperados en los ​Detectives salvajes​ de Roberto Bolaño.

A ratos, como si estuviera de turno en el Hospital Bombarda de Lisboa. Recibo en mis horas y espacios, como un facultativo,
una avalancha de tocados, duchados en el río de la evasión,
hechos para el lindo juego de desvariar (en el Kaliyuga).

Los desequilibrados tienen una ternura sembrada en el centro de su imán.
No sé si sea para mí.

¿Un sueño literario lúcido?

Soñé que había dos venados alados metidos en tu corazón ligero.
Comían plantas flotantes frente al mar con gracia montesa,
empinándose en la magia fulgurante de sus tensos muslos áureos.
Susurro títulos de libros no leídos cuando duermo mal o algo va mal.
Eso dicen quienes me vigilan y lo acusan a mis enfermedades literarias.
Afortunado que sea así.
Tengo mis propias teorías:
La ensoñación es la filigrana de la inconsciencia despierta.
La duermevela no ahonda en el dormir.
La vigilia tornasolada puede ir a parar
a un sueño literario lúcido con venados
que después voy a en escribir en poema.

Bandada

Por favor: conserven al hombre de neón que hace singladura en un mar de neón sobre un bote negro.
Escribir sobre la imposibilidad de escribir y padecer enfermedades literarias es su destino.
Protejan a este ser. Anda sin bandada. Va resoluto y sin legión.
Muchas formas de filantropía alimentan su cuerpo. Otras lo menguan.
Las artes alimentan su alma. Pero también la esquilman como al cuerpo con una lezna de carey supernatural. Así vive el hombre de luz gaseosa.
En este poema el problema del cielo está en tus manos y pródiga debes repartirlo a los demás. Conserven al hombre de neón, por favor.
Dicen que hay mucha creatividad contemporánea anclada en el Sur.
Pero yo veo que las obras vienen de todo lado.
El hombre de neón tiene un refugio del mundanal ruido para escribir. No es urbano.
Es una cámara secreta de la escritura rural construida pensando en Robert Walser.
A la redonda de nuestras vidas todo escribe…
El hombre de neón pide tiento de artista. Uno firme.
Metaliterario, amoroso y final es él.
Así es.
Va sin bandada el hombre de neón sobre un bote negro escribiendo literatura sobre la vida y sobre la literatura. Sin bandada anda el hombre de neón.
No se sabe cuándo baja de su nave, pero, sí, que fuera de ella no escribe.
Por favor: conserven al hombre de neón. Consérvenlo sin bandada.

Le hubiera encantado a Nicanor Parra:

Derechos humanos: 26 personas tienen la misma riqueza que casi la mitad de la humanidad.
Esta es la fortuna de unos y la desgracias de otros.
Todo escribe en el universo.
Si está buscando el tiempo: responda bien las preguntas esenciales. No se haga el que no.
Imagine usted bandas sonoras alternativas. Retírese del cine. No vuelva nunca si quiere y vaya a vivir.
Reciba segura y anticipadamente su caso imposible resuelto. Ya verá.
No ilusionó, cumplió, años. Ni eso.
Su protección es fundamental para mayores de 18 años. Hay que proteger al mundo de los mayores de 18.
Crece hueco entre dos locos. Un puente se tarda en construir.
Libro abierto de la memoria. Pintura cerrada del recuerdo.
Es mejor terminar de hablar de sociedad, consumo, política y religión en secreto.
No te metas en problemas.
¿Hasta cuándo vas a mirar solo una vida en una foto tan buena como esa con espantos?
Le hubiera encantado a Nicanor Parra. Tenlo por seguro.

______________

Juan Pablo Plata. 

Seudónimo Jean Paul Silver. Enfermo del mal de Montano y del mal de Boswell. Libros: Antología Umpalá (Sic Editorial, 2006), Señales de ruta (Arango Editores, 2008 y 2012 ebook) y El corazón habitado. Últimos cuentos de amor en Colombia (Algaida, 2010). Arqueo de los días. Antología personal de periodismo (Uniediciones, 2018). Obtuvo un MFA en Escritura Creativa de la Universidad de Texas en El Paso en diciembre de 2019.

[Ilustración: Chuleta Prieto – fuente: http://www.revistacoronica.com]