Escrito por Verónica Gómez / Revista Exlibris

El guaraní se caracterizó siempre por ser uno de los idiomas originarios que más se resistió a la colonización y a muchos intentos de su desaparición a lo largo de la historia. En este artículo haré un recorrido por los eventos históricos que atravesó este idioma y en consecuencia invitaré a una reflexión acerca de los mecanismos que se pusieron en juego para superar las dificultades que fue encontrando hasta llegar a un presente de vitalidad y crecimiento sistemáticos. Además, desde mi lugar como docente y hablante del avañe’ẽ (idioma guaraní), pondré especial atención al uso y transmisión de este idioma en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires, donde tiene una importante presencia hace ya varias décadas y que además es enseñado en diversas instituciones educativas, incluso formando parte de la currícula de carreras universitarias.

∞ MOMBYKYKUE (resumen en lengua guaraní)

Avañe’ẽ ha’e peteĩ ñe’ẽte ymaite guivéma oime ha ojepytasova’ekue pytagua guahẽháme ha avei ombohavake, opa tembiasakue aja, umi yvypórare oipotáva avañe’ẽ topa yvy apégui. Ko moñe’ẽrãme aguatáta tembiasakue rapére ha ahecháta moõ rupi oiko guaraní ñe’ẽ ha jajepy’amongetáta mba’éicha rehe avañe’ẽ ikatu iñakãrapu’ã ha mba’éicharupi oguahẽkuaa ko’ãga oimeha peve, imba’eguasúva ha ojehayhu hetáva. Avei, che rendágui avañe’ẽ mbo’eháraramo ha ñe’ẽháraramo, ajesareko porãta mba’éichapa ojeporu ha oñembohasa ko ñe’ẽte tavaguasu Buenos Aires-pe ha ijerére, oñeñe’ẽ hetahápe yma guive, ha avei oñembo’éva heta mbo’ehaoguasúpe.

Por Verónica Gómez / Universidad Nacional de Quilmes
vero_gomez@live.com.ar

El guaraní en Buenos Aires

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense conforman una zona de Argentina donde es muy habitual el uso del idioma guaraní. El mayor número de guaranihablantes residentes en Argentina corresponde a los inmigrantes paraguayos, que según el Censo Nacional de Población de 2010 son 550.713 personas. Del total de estos inmigrantes el 14.6 % vive en la CABA y el 71.3 % en la provincia de Buenos Aires, lo que significa que el 85.9 % de los migrantes paraguayos de todo el país residen y trabajan en Capital y provincia de Buenos Aires. Esto explica por qué la variedad del idioma guaraní llamado guaraní paraguayo o guaraní jopará es tan escuchado en sus calles. Además no hay que olvidar que en las provincias argentinas de Corrientes, Misiones y Formosa lo habla gran parte de la población criolla (cf. Instituto Nacional de Estadística y Censos 2015).

Sin embargo, nos ubicaremos geográficamente en Buenos Aires para analizar el uso del idioma guaraní, en su variedad conocida como guaraní paraguayo o guaraní jopara. La particularidad de este dialecto es definido por el término jopara, que significa mezcla; es decir que esta variedad se caracteriza por mezclar palabras del idioma guaraní y el castellano, aunque es preciso aclarar que es predominante en ella no solo la cantidad de palabras sino la estructura gramatical del idioma. Esta variedad es la más hablada dentro del territorio paraguayo, a pesar de que hay siete dialectos de dicho idioma hablados dentro del vecino país (Zarratea 2009). Tadeo Zarratea refiere que “es una variedad derivada del dialecto karió, propio de los indígenas asuncenos de los siglos XV y XVI”, y agrega además que “este dialecto ya se hallaba diferenciado de los demás de la misma lengua cuando llegaron los españoles en 1536” (2009: 4).

El guaraní jopara o guaraní paraguayo es una mixtura idiomática donde, como ya hemos dicho, la estructura y los términos utilizados son predominantemente guaraníes, tomando del castellano palabras que en guaraní no eran conocidas o utilizadas, o que simplemente fueron incorporadas a pesar de tener su equivalente en el idioma originario. Algunos ejemplos son sevói (cebolla), cavaju (caballo), ovecha (oveja). Otra característica del guaraní jopara es la utilización de prefijos de conjugación cumpliendo con las reglas del idioma guaraní y adaptando las palabras castellanas, eliminando, por ejemplo, las consonantes finales, ya que en guaraní todas las palabras terminan en vocal. Algunos verbos que nos pueden servir como ejemplos son lee (leer), escrivi (escribir) o gusta (gustar), utilizándolos de la siguiente manera: che alee, nde relee, ha’e olee (yo leo, tú lees, él lee).

También es importante aclarar que esta manera de hablar el idioma guaraní varía según sea utilizada por personas de origen urbano o rural, teniendo menos presencia castellana en las zonas campesinas y más presencia en las citadinas.

Para muchos adultos, pero sobre todo para los niños que hablan esta variedad del guaraní, la llegada a un contexto donde el idioma predominante es el castellano representa un difícil obstáculo. Muchos de los inmigrantes paraguayos son bilingües, hablan y entienden tanto el guaraní como el español. Avellana y Brandani hablan de una situación especial de migración que “en muchas ocasiones, obliga a los hablantes bilingües español-guaraní a inclinarse de manera abrupta por el español, lengua que no siempre constituye su lengua materna ni la opción preferida para sus comunicaciones cotidianas” (Avellana y Brandani 2016: 80). Existen numerosos casos de gente proveniente del interior de Paraguay, alejados de Asunción, donde se habla casi de modo exclusivo el idioma guaraní. Y si bien se habla en todo el país, en las áreas rurales y en los sectores más desfavorecidos económicamente es donde su utilización es casi predominante (Hauk 2014). El español, sin embargo, está más asociado con la comunicación formal y a los sectores de las clases sociales más altas.

En la ciudad y en la provincia de Buenos Aires hay escuelas donde un número alto de alumnos tiene como lengua materna al guaraní, y en general no encuentran de parte del sistema educativo la asistencia necesaria para facilitarles la integración y de esa manera brindarles las mismas posibilidades que al resto de aprender los contenidos escolares. Esto los coloca en una posición de desventaja y los condena al fracaso escolar y posible deserción.

Si bien la dificultad respecto al manejo del castellano es tanto para niños como para adultos, son los niños los que tienen menos experiencia con el uso del castellano, ya que, como se dijo antes, es el idioma que se vincula con la formalidad, con lo extrafamiliar y, como dice Zarratea, “el guaraní es relegado al uso en las relaciones personales de intimidad, al seno familiar, a las relaciones de confianza, al ámbito rural, al ámbito del proletariado citadino, a las cuestiones no oficiales y a las conversaciones informales” (2009: 6). Por lo tanto estos niños, generalmente pertenecientes a las zonas rurales o urbanas de las clases más bajas del Paraguay, son los más impactados por este brusco cambio de ámbito no solo porque tienen que adaptarse a un entorno físicamente distinto y en la mayoría de los casos alejarse de seres queridos, sino que tienen la exigencia de usar un idioma que apenas conocen y de amoldarse a costumbres y códigos culturales diferentes.

Un poco de historia

El guaraní es uno de los idiomas originarios con más vitalidad en el continente americano. Si nos remontamos en la historia, puntualmente a los primeros contactos entre el invasor europeo y el nativo guaraní que habitaba las zonas selváticas desde el Caribe hasta la actual provincia de Buenos Aires, veremos que los extranjeros notaron en poco tiempo que el idioma de los guaraníes era en esta parte del continente lo que ellos definían como una lengua general. Un poco de tiempo más tarde, a mediados del siglo XVI, llegaron miembros de la orden religiosa de San Francisco de Asís, quienes se dedicaron a estudiar la lengua de los nativos con obvias intensiones de evangelizar a la población.

Según Bartomeu Melià “todos los testimonios coinciden en señalar a los frailes Luis Bolaños y Alonso de San Buenaventura como los primeros misioneros que se hicieron entender por los indios en su propio idioma” (Meliá 2003: 32). De hecho fue fray Luis de Bolaños quien escribió la primera gramática del idioma guaraní y un vocabulario, además de traducir el catecismo. Su trabajo fue de gran ayuda para los posteriores evangelizadores que llegaron a la zona guaranítica. A fines de 1607 los jesuitas se instalaron en lo que en ese entonces se llamaba la Provincia del Paraguay, que hoy corresponde al litoral argentino, sur de Brasil y Paraguay, y comenzaron una labor inmensa que incluyó la fundación de 30 pueblos donde se hablaba y se escribía exclusivamente en idioma guaraní. Allí circulaban textos que cumplían con la función de propagar el cristianismo aunque también fueron “elementos fundamentales de un proceso de transformación cultural y política de las áreas de acción misional en las fronteras sudamericanas” (Wilde 2014: 271). La permanencia de la Compañía de Jesús duró hasta su expulsión, que fue declarada en febrero de 1767. Durante esos años el arte, las creencias y costumbres de ambas culturas se fusionaron dando origen a los particulares pueblos jesuítico-guaraníes. Los rastros de esa mezcla son visibles tanto en las ruinas de las reducciones en Argentina, Paraguay y Brasil, como en las tradiciones de la actual población criolla de esas zonas.

Desde el año 1524 la ciudad de Asunción se desarrollaba como una ciudad colonial que no recibió tanta migración europea como se esperaba al principio, ya que en su territorio no se encontraron los metales preciosos que se suponía que habría. Los españoles llegaban sin mujeres, por lo que establecían pareja con varias mujeres guaraníes gracias al sistema de cuñadazgo que estaba vigente dentro de la parcialidad que habitaba ese territorio. Este era un sistema de reciprocidad en el que aquel hombre que se casaba con una mujer contraía también una relación con su familia que consistía en favores mutuos. En este sentido, Branislava Susnik señala que los caciques ofrecían a los españoles a sus hijas y sobrinas “en la seguridad de que este vínculo político sería el verdadero lazo de amistad y formalización del pacto” (Susnik 2017: 84). Muchos se refieren a esa época como la de “El Paraíso de Mahoma”, donde los españoles contaban con entre 30 y 40 mujeres cada uno, con quienes procreaban y rápidamente poblaban Asunción de mestizos. Según Bárbara Potthast, “Contrariamente a otros países latinoamericanos, donde estos descendientes ilegítimos eran socialmente marginados, en Asunción ellos pronto constituyeron la nueva clase dirigente.”(Potthast 2011: 25).

Podemos decir entonces que el proceso de mestizaje, tanto genético como cultural, y la vigencia, propagación y fortalecimiento del idioma guaraní fueron de la mano. Hay que remarcar que las formas lingüísticas de los pueblos jesuíticos y la de la provincia del Paraguay mantenían diferencias importantes. No obstante aquello, ambas organizaciones sociales y políticas posibilitaron el uso del idioma en las generaciones venideras en estos territorios. Por un lado, pueblos administrados por jesuitas donde tenían como única lengua al guaraní y sus habitantes en su mayoría eran alfabetizados en ese idioma; por otro lado, en la ciudad de Asunción donde las mujeres guaraníes transmitían el idioma a sus hijos mestizos, quienes a su vez podían llegar a ser personas influyentes en la vida política y social del Paraguay.

Sin embargo, luego de la expulsión de los jesuitas la vitalidad que tenía el idioma guaraní, sobre todo en su modo escrito, se fue perdiendo gradualmente producto de su prohibición por parte de las órdenes religiosas que administraron posteriormente esas reducciones. Se dejó de alfabetizar en ese idioma y se comenzó un proceso de castellanización de los guaraníes que habitaban aquellos pueblos. Además, varios grupos de originarios comenzaron a salir de las reducciones y se incorporaron a la sociedad criolla colonial. Por su parte, a principios del siglo XIX Paraguay llevó adelante su independencia tras lo cual eligió al español como idioma oficial en todas las instituciones del Estado.

A pesar de eso, ese territorio conformado por la ahora República del Paraguay y las antiguas reducciones jesuíticas siguió siendo eminentemente guaraniparlante. Con el correr del tiempo el mestizaje se extendió pero el idioma guaraní hablado mantuvo su vigencia a diferencia de su versión escrita, que prácticamente quedó en desuso. Entre las modificaciones que sufrió el idioma una fue fusionarse con el castellano adquiriendo las particularidades que tiene actualmente y por lo que se lo ha bautizado como jopara.

País bilingüe

Desde el comienzo de su historia como república, el Paraguay tuvo como rasgo característico el hecho de ser un país bilingüe por los motivos a los ya hemos hecho referencia. A pesar de considerar al español como idioma oficial, el guaraní seguía siendo el idioma utilizado por la inmensa mayoría de sus habitantes.

En las guerras en las que participó Paraguay el idioma guaraní jugó un papel muy importante. Fue utilizado estratégicamente ya que sus rivales, Argentina, Brasil y Uruguay en la Guerra de la Triple Alianza; y Bolivia en la Guerra del Chaco, mayoritariamente no entendían este idioma originario. Hay que recalcar que los soldados paraguayos, que pertenecían a las clases más populares, hablaban mucho más a menudo en guaraní que en castellano.

A pesar de su importancia estratégica en cuestiones relacionadas con la soberanía y con la identidad nacional, fue históricamente menoscabado por ser el idioma característico de las clases bajas del país. Durante décadas no se escribió en guaraní, solamente un sector relacionado con el arte lo mantuvo vigente en sus obras como los poetas y músicos, que continuaron escribiendo y leyendo en este idioma.1

Podemos encontrar entonces perspectivas contradictorias pero que a la vez conviven, respecto del idioma guaraní. Estas visiones parecen persistir en el tiempo, una de ellas es negativa: el guaraní nombrado como dialecto, considerándolo inferior a cualquier idioma europeo; por el otro lado, una consideración positiva respecto de su importancia no solo en las guerras sino como elemento identitario primordial para todos los paraguayos. Según Hauck, a raíz del significativo papel llevado a cabo por este idioma en la independencia, las guerras, la publicación de periódicos en las mismas, las arengas patrióticas, las canciones, etc., “el guaraní se convirtió en la lengua de la liberación nacional y un ícono de la identidad paraguaya” (Hauck 2014: 119).

Esta consideración ambigua que la población paraguaya tiene del idioma guaraní quizás sea una de las causas de la imposibilidad de poner en práctica, como país, un verdadero bilingüismo, donde ambas lenguas oficiales estén en igualdad de condiciones tanto en escuelas, hospitales y otras instituciones públicas del país, así como en los medios de comunicación u otro tipo de empresas. Es como si hubiera una puja constante, que muchas veces existe en una misma persona, respecto de si el guaraní es o no igual en importancia que el español.

Al no ser declarada lengua oficial de Paraguay desde su surgimiento como país en 1811, el idioma guaraní fue relegado, prohibido en las escuelas y no tuvo ningún tipo de atención por parte del Estado paraguayo en pos de su difusión y conservación. Probablemente la oficialización tardía del idioma guaraní en Paraguay –en 1992– haya dado lugar a que se extendiera aún más esta brecha entre ambos idiomas y a que el castellano ganara terreno y aumentara su status dentro de todo el país.2 La manera peyorativa de llamar a los guaranihablantes sigue teniendo vigencia y cualquier ciudadano paraguayo contemporáneo sabe perfectamente que el término “guarango” es utilizado para referiste a ellos.

A partir de la declaración del guaraní como idioma oficial junto al castellano, comienza una nueva etapa donde, paulatinamente, las representaciones sociales respecto de este idioma originario se van modificando. El status del guaraní se eleva en el ideario de las personas, el orgullo por tener un idioma propio, que los diferencia del resto del continente americano, comienza a relucirse. Empiezan las discusiones sobre qué guaraní se enseñaría en las escuelas y las rivalidades entre partidarios del guaraní jopara y el guaraniete, es decir, entre los que acuerdan con el uso del idioma guaraní con préstamos y “guaranización” de elementos incorporados desde el castellano, y los que prefieren un guaraní “limpio” de castellano, utilizando neologismos y recuperando palabras que estaban perdiendo vigencia.

Aquí aparece entonces una nueva pugna, la competencia entre un idioma guaraní “correcto” y uno “contaminado” o corrompido”. Nuevamente las clases populares, las que hablan el jopara, son menoscabadas justamente por su manera particular de comunicarse, de utilizar el idioma guaraní combinándolo con palabras castellanas. Frases como “yo no hablo bien el guaraní” son muy comunes por parte de hablantes nativos de este idioma. Este tipo de expresiones son, probablemente, producto de la descalificación y el menosprecio con el que repetidamente se hace referencia a este dialecto popular conocido como jopara. Es decir que la mayoría de la población paraguaya sigue siendo tildada de hablar de forma inapropiada, antes por hacerlo en guaraní en vez de en castellano y ahora por hablar en jopara en vez de guaraní “puro”.

En las publicaciones literarias que salen a la luz en los últimos años podemos observar que este enfrentamiento entre los partidarios del jopara y los puristas ha encontrado un equilibrio entre el uso de neologismos y préstamos del castellano. Quizás se hayan percatado de que un guaraní lleno de neologismos podría espantar a las personas que tienen como materno al idioma guaraní materno al idioma guaraní jopara, y que, al contrario de lo que se desea, los individuos, sobre todo en edad escolar, quizás terminen alejándose del idioma en vez de apropiarse de él y de fortalecer su uso.

Más adelante veremos cómo las nuevas tecnologías pueden ser buenas herramientas para difundir y dar a conocer los neologismos haciendo más ameno el aprendizaje y conocimiento de estos.

Cómo se trasmite el idioma en un contexto castellano

Casos diferentes a los de los niños guaranihablantes que se ven en la obligación de adaptarse a Buenos Aires y lidiar con las dificultades que ello les trae, es el de los hijos de hablantes bilingües castellano-guaraní que aprenden, en diferentes niveles de competencia, el idioma guaraní.

Aquellas personas que asimilan el idioma guaraní habiendo nacido y crecido en Buenos Aires, un lugar donde el predominante –y oficial- es el idioma castellano, son hijos de personas que usan muy cotidianamente dicho idioma dentro del entorno familiar. Lo más habitual es que ambos padres sean guaranihablantes y el diálogo permanente entre ellos en ese idioma facilite el aprendizaje a los niños, aunque no haya una conciencia clara de los primeros de estar transmitiéndolo a sus hijos, es decir que en general no hay una decisión de enseñar su idioma materno, simplemente lo hacen, sin demasiada premeditación. La competencia lingüística de los hijos respecto del guaraní suele ser solo de comprensión y no tanto de producción oral o escrita.

El concepto de “semihablante”, propuesto por Dorian (1992), hace referencia a las personas que tienen tal característica con respecto a su segunda lengua, aquellas personas que a pesar de no hablar esa lengua, en nuestro caso específico el guaraní, “comparten las normas sociolingüísticas con los otros miembros de la comunidad de habla, es decir, son comunicativamente competentes”, por lo que pueden “comportarse apropiadamente en situaciones en las que se usa la lengua indígena, devolver un saludo, entender un chiste o responder a una orden” (Messineo y Hecht 2007: 140). En mi experiencia personal, esta competencia fue adquirida desde mi niñez en el contexto familiar y desarrollada durante todas las etapas de mi vida.

Mi práctica como docente de idioma guaraní y una serie de entrevistas en 2019 en el sur del Conurbano Bonaerense tanto a hijos de paraguayos como a padres paraguayos con hijos nacidos en Argentina me han sido de gran ayuda para llevar a cabo algunas clasificaciones respecto del modo de transmisión/adquisición del guaraní en un contexto castellano. Sin olvidar que el uso del idioma originario que nos compete es desigual dentro de Paraguay, me centré en las familias con padres que tienen un uso muy frecuente del guaraní.

La primera distinción que pude hallar fue entre los padres que hablan guaraní en presencia de sus hijos y los que deciden reservar su uso para el ámbito más íntimo ya que algunos hablantes de este idioma confiesan que puede ser una forma de mantener en secreto algunas cosas, una especie de lenguaje secreto exclusivo de la pareja. En los casos en que la pareja habla muy frecuentemente en guaraní frente a sus hijos desde el nacimiento de estos, están los que se dirigen a los niños en guaraní y los que nunca les hablan a los niños en ese idioma.

He podido observar que quienes dicen entender total o casi totalmente una conversación en guaraní y responder a una pregunta o una orden son los que manifestaron que sus padres les hablaban en guaraní, se dirigían a ellos en dicho idioma. Otros elementos importantes son el entorno, amigos, parientes, clubes sociales donde frecuentaba o frecuenta la familia, la música, etc.

Los que encontraron, sobre todo en la niñez, al idioma de sus padres en todos estos ámbitos, tienen una comprensión más completa del mismo.

Las personas que entienden solo algunas palabras sueltas son las que escuchaban regularmente el guaraní en el entorno familiar pero que no eran destinatarias directas de preguntas u órdenes en este idioma, a ellas siempre se dirigían en castellano. “No sé por qué no le hablaba en guaraní a mis hijas, quizás tenía miedo de que se le mezclaran los dos idiomas, de que hablaran todo mal”, expresó una de mis entrevistadas, quien al final de la entrevista manifestó haberse arrepentido de no haberles enseñado su lengua y que le habría gustado que sus hijas hablaran y leyeran en guaraní.

Pude observar que la mayoría de quienes tienen ambos padres guaranihablantes cuentan con competencias lingüísticas para entender el idioma pero no para hablar, y son la minoría quienes no entienden ni hablan.

En el caso de mi familia, los cuatro hermanos mayores entendemos y hemos tenido la posibilidad de hablarlo, nuestros padres se dirigieron a nosotros siempre en guaraní y nuestro entorno fue, principalmente en la niñez, en su gran mayoría guaraniparlante. El hermano más chico, quizás por haberse socializado desde más temprano en ámbitos hispanohablantes y por haber tenido cuatro hermanos mayores que hablaban castellano, solamente entiende palabras sueltas en guaraní. Estas características coinciden con las incipientes conclusiones que he podido sacar a raíz de indagaciones que he realizado.

Por último, podemos agregar que tanto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como en el Conurbano Bonaerense existe una cantidad considerable de emisoras de radio donde se comunica en guaraní y se difunde música, poesía y humor en este idioma, lo que también favorece a su presencia en la cotidianeidad de sus hablantes y de los “hablantes pasivos”.

Recuperación de la identidad por medio de la lengua

En los últimos años existe en Argentina y en el resto de Latinoamérica una tendencia a la reivindicación de las culturas originarias por parte de grupos de diferente índole. Hay un surgimiento o resurgimiento de la conciencia acerca de las raíces culturales de América y del genocidio llevado a cabo por la invasión europea, que va adquiriendo cada vez más visibilización. En consonancia con estos movimientos que revalorizan las culturas y las lenguas originarias, muchos jóvenes nos planteamos la necesidad de profundizar sobre nuestros propios orígenes y decidimos acercarnos a ellos a través del idioma. En mi caso, esa inquietud surgió luego de la adolescencia con la decisión de hablar el idioma que había aprendido al mismo tiempo que el castellano pero que no hablaba ni escribía.

Ser profesora de lengua y cultura guaraní en la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires me permite afirmar que, según mi experiencia de casi diez años de docencia,3 todos los años hay personas que deciden iniciar sus estudios en lengua guaraní con este incentivo, el de recuperar la identidad por medio del idioma de sus ancestros. Si bien los intereses de quienes deciden aprender guaraní son variados, algunos son motivos laborales (antropólogos, lingüistas, etc.) y otros por simple curiosidad, la mayoría de los estudiantes están movidos por necesidades personales relacionadas a la pertenencia cultural. Producto de una larga reflexión en algunos casos y del imperativo de no perder aquello que los une a sus raíces, quienes tienen padres, abuelos o algún antepasado guaraniparlante llegan con inquietud y entusiasmo para aprenderlo. Varios están relacionados con el arte, la literatura, la música, etc., y anhelan poder escribir o cantar en su idioma ancestral. Hijos o nietos de paraguayos, correntinos, misioneros, chaqueños, formoseños, entran, a través del idioma, en el mundo de la cultura guaraní, lo que en muchos casos transforma su identidad saliendo un poco de la “paraguayidad”, “correntinidad”, etc., y mutando ese sentido de identidad a un grupo de pertenencia mayor, el de la Nación Guaraní.

Es decir que la certeza respecto de que los argentinos o los porteños somos herederos de la cultura europea se pone en crisis cuando se devela que los originarios guaraníes están en Buenos Aires desde su fundación (segunda fundación en 1580), y cuando asimismo se toma conciencia de que, además de las distintas oleadas de inmigrantes europeos, Buenos Aires recibió inmigrantes de todas las provincias argentinas y de los países limítrofes a lo largo de toda su historia. Además, tomar en consideración la invisibilización de la participación de los pueblos originarios no solo en la formación del Estado argentino, sino también en la formación del resto de los Estados latinoamericanos, refuerza la intención de reivindicar a las culturas indígenas por parte de las nuevas generaciones.

Específicamente, respecto del pueblo guaraní, la reflexión sobre su resistencia y la supervivencia de su idioma a pesar de los intentos de desaparición a los que fue sometido suele ser una constante y un motivo de orgullo de sus descendientes, al contrario de lo que se podía observar hace algunos años, cuando muchos hijos de paraguayos negaban su origen y en algunos casos prohibían a sus propios padres hablar en guaraní en público.

Respecto de mi labor enseñando mi propio idioma, puedo agregar que surgen varias dificultades acerca de cómo transmitirlo. Uno de ellos es la irregularidad en el nivel de manejo del idioma en los cursos, pasando por quienes empiezan de cero hasta los que entienden e incluso hablan guaraní. Otro elemento es el material didáctico a utilizarse, que se puede conseguir en Paraguay, pero que en general para su enseñanza en Buenos Aires hay que pensarlo como segunda lengua, cosa que en Paraguay no sucede. En mi caso, elaboro gran parte del material utilizado en las clases y selecciono algunos ejercicios, textos y juegos de libros y manuales de enseñanza de la lengua en Paraguay.

Las nuevas tecnologías, una herramienta para democratización de la palabra guaraní

Las nuevas generaciones, las que fueron escolarizadas y alfabetizadas en Paraguay después de la oficialización, tienen al menos algunos conocimientos respecto de cómo se escribe y cómo se lee en guaraní, a pesar de que suele ser una materia poco agraciada para los alumnos: “Cuando estamos en la escuela, muchos detestamos el idioma guaraní, debido a que no existe una didáctica atractiva para aprenderlo” (Revista Cultura Guaraní 2017). Sin embargo en los últimos años se puede observar el surgimiento de un nuevo fenómeno en el que el idioma guaraní cobra protagonismo: su uso en las redes sociales y en las nuevas tecnologías en general. Gracias a ello, personas de Paraguay, de Argentina y de todo el mundo tienen la posibilidad de acceder a la palabra escrita en guaraní. Plataformas como Duolingo, Firefox, Wikipedia, tienen sus versiones en este idioma.4 Existen infinidad de páginas de diferente índole, humor, noticias, música, lengua y cultura, etc., donde se utiliza principalmente el idioma guaraní. Además hay aplicaciones para celular con funciones muy variadas también, por ejemplo diccionario, textos y audios, entre otros. Y Facebook, y otras redes sociales, tienen la opción de configurar su idioma al guaraní.

A pesar de que en muchas ocasiones su uso escrito no cumple con las normas legitimadas desde la estandarización llevada a cabo en la década del 90, ya que el sistema de escritura del castellano tiene aún mucho peso, el guaraní escrito se está ganando un lugar y va adquiriendo una visibilidad de la que hace unos años carecía. Además, al ser un idioma que hace pocas décadas actualizó y estandarizó su grafía, está en una etapa donde el uso de la ortografía antigua y la actual conviven y en algunos casos se enfrentan.5

Estas nuevas páginas de Internet que hacen publicaciones en idioma guaraní también son favorables para afianzar su uso escrito de la manera estandarizada y además para difundir neologismos. La gente, alfabetizada o no en este idioma, se va acostumbrando a leer en guaraní con la grafía actualizada; es decir, basada en el alfabeto latino y con las adaptaciones requeridas por las características fonético-fonológicas propias del idioma, como las marcas de nasalidad, el apóstrofo, etc., aprendiendo nuevas palabras en su propio idioma.

De esta manera, si bien el uso del idioma guaraní sigue siendo primordialmente oral, la modalidad escrita se está expandiendo y es, en gran parte, gracias a las nuevas tecnologías combinadas con la creatividad que, junto con el surgimiento de los movimientos que revalorizan las lenguas originarias, dan un impulso importante para su uso en la actualidad.

Otro de los elementos que aportan a este fortalecimiento es el cine, un ámbito donde tampoco el guaraní era tenido en cuenta y que en este siglo XXI le da un lugar que nunca antes había tenido. Es preciso decir que Paraguay no tenía tradición en producciones cinematográficas, y que sus pocas producciones no se caracterizaron por el uso del idioma guaraní. Sin embargo en el año 2006 y en 2012 se estrenaron dos películas que significaron una bisagra para el cine paraguayo y donde el idioma guaraní tiene un papel central. En primer lugar, Hamaca Paraguaya,6 un largometraje hablado en guaraní donde una pareja de ancianos conversan sobre su hijo que está en la guerra. En segundo lugar, la película 7 Cajas,7 un thriller donde se habla principalmente en guaraní jopara y que transcurre en el popular Mercado 4 de Asunción. Esta última fue la más taquillera del país y recorrió varias salas de Argentina, EEUU y otros países, teniendo excelente recepción.

A estos recursos hay que sumarle la cantidad de publicaciones de libros en guaraní de variados géneros que se lanzaron en los últimos años, incluyendo las traducciones de clásicos como El Principito, Platero y yo y Mafalda,8 entre otros.

De esta manera el idioma guaraní adquiere, en la consideración de los hablantes, una imagen más positiva, reforzando al mismo tiempo el orgullo por este idioma tan preciado y representativo para la identidad paraguaya, correntina o formoseña. A su vez, el uso más frecuente de la palabra escrita en las diferentes redes sociales da la posibilidad a que, tanto en el caso del guaraní como en el de otras lenguas originarias, los hablantes, principalmente jóvenes, se puedan expresar genuinamente en su idioma.

La recuperación de la palabra es vehiculizada por varios medios que en general se complementan, como es el aprendizaje formal de la lengua conociendo su funcionamiento, reglas y estructura, poniéndose efectivamente en práctica a través de diferentes vías, como ya hemos dicho: redes sociales, obras literarias, cinematográficas, etc.

El aprendizaje formal tiene que ver con la tarea que vengo realizando hace casi una década en la provincia de Buenos Aires, mediante lo cual puedo observar la evolución de los alumnos tanto en el uso oral como escrito. También puedo dar cuenta de la efectividad, sobre todo de los posteos en redes sociales, ya que administro un grupo de Facebook donde comparto publicaciones en guaraní que registran una considerable participación de sus integrantes, muchos de los cuales han aprendido este idioma en mis clases.

Por otro lado, también puedo observar que ciertamente muchos alumnos llevan a cabo sus objetivos de cantar o escribir en guaraní, llegando incluso a grabar canciones o publicar poesías propias. Quizás la oralidad conlleve una dificultad un poco mayor o exija más tiempo de dedicación y exposición al idioma, lo que no todos los alumnos pueden hacer, ya que una vez adquirida, la práctica es lo fundamental para mantenerla viva en nosotros.

Finalmente, todos estos elementos se conjugan dando lugar al fortalecimiento de la identidad por medio del idioma y a un cambio de paradigma que se está llevando adelante respecto de las lenguas originarias.

Conclusión

Como toda lengua viva, el idioma guaraní llega al siglo XXI experimentando constantes modificaciones, entre otros factores por el contacto con el castellano. A pesar de las prohibiciones, estigmas y prejuicios, es hoy en día un idioma con mucha vitalidad. En el seno de la comunidad de sus hablantes existen varios debates respecto de su uso oral y escrito, lo que muestra la importancia que sigue teniendo tanto en Paraguay como en las provincias del litoral argentino y Buenos Aires.

Puntualmente en la provincia de Buenos Aires, donde principalmente se transmite de padres oriundos de Paraguay o el litoral a hijos nacidos en esta provincia, surgen nuevos movimientos, sobre todo artísticos, que realzan al guaraní y encuentran en él un camino hacia la reivindicación de las raíces latinoamericanas. Esta relevancia del avañe’ẽ reflejada en las producciones artísticas y comunicacionales llevadas a cabo en los últimos años en otros muchos puntos geográficos del mundo, son favorables a un proceso de cambio en la mirada negativa que solía tenerse no solo sobre el guaraní sino también sobre los demás idiomas originarios.

Para finalizar, teniendo en cuenta que, fuera del territorio eminentemente guaraniparlante, Buenos Aires es el lugar donde más vigor tiene este idioma, sería pertinente preguntarse si está en curso el surgimiento de una variedad dialectal del idioma guaraní con características bonaerenses o porteñas, cuestión que dejamos abierta a nuevas indagaciones.

VERÓNICA MABEL GÓMEZ es profesora de Lengua y Cultura Guaraní por el Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní, Regional Buenos Aires, estudiante avanzada en la Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), y docente desde 2012 en el Centro Universitario de Idiomas (CUI), en diversos centros culturales en la zona sur del Gran Buenos Aires, y desde 2016 en la cátedra de Lenguas Originarias de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Notas al pie

1 Algunos exponentes son: Natalicio de María Talavera, Juan Manuel Ávalos, Ángel Ignacio González, Ignacio Alberto Pane, Marcelino Pérez Martínez, entre otros.

2 Ley 4251/10. Asimismo, el artículo 140 de la Constitución de la República del Paraguay de 1992 establece que tanto el español como el guaraní son lenguas oficiales del país.

3 Cursos y talleres de idioma y cultura guaraní que he dictado y dicto actualmente en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP), cátedra de lenguas indígenas, en la ciudad de La Plata; en el Centro Cultural Don Carlos Antonio López, en la ciudad de Quilmes; en el Centro Universitario de Idiomas (CUI), en la ciudad de Buenos Aires, entre otros.

4 Algunas páginas de Internet disponibles en: https://gn.wikipedia.org/wiki/Ape, https://www.paraguay.gov.py/traductor-guarani, https://www.facebook.com/ndishtv/ y https://www.abc.com.py/especiales/remiandu/.

5 En la grafía estandarizada en la década del 90, algunos fonemas del idioma guaraní se expresan con letras como la J, la H o la G, que en castellano corresponden a fonemas diferentes, allí es donde surgen los usos conflictivos. Por ejemplo, antes de la oficialización del idioma guaraní en Paraguay, la palabra perro se escribía yaguá y ahora esa misma palabra se escribe jagua. Las reglas ortográficas establecidas a partir de la estandarización plantean cambios también en el uso de tildes por ser agudo el acento natural del idioma. En Misiones, gran parte de los escribientes de mbya guaraní utilizan las mismas reglas.

6 Hamaca paraguaya (2006) fue dirigida por Paz Encina. Obtuvo el premio FIPRESCI en el Festival de Cannes (2006) y fue nominada a mejor ópera prima en Premios Sur (2007).

7 7 Cajas (2012) fue dirigida por Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori. Obtuvo el Premio de la Juventud en el Festival de San Sebastián (2012) y fue nominada a mejor película hispanoamericana en los Premios Goya (2012). También fue ganadora del premio Nueva Visión a la mejor película latinoamericana en el Festival Internacional de Cine de Santa Bárbara (2013), entre otras muchas nominaciones y premios.

8 Principe’i es el nombre de El Principito en su versión guaraní traducido por María Gloria Pereira. Platero ha che es Platero y Yo, su traducción estuvo a cargo de Lino Trinidad Sanabria. Mafalda Guaraníme es el nombre de los diez tomos de Mafalda que fueron traducidos por María Gloria Pereira; a pesar de tener versiones en 27 idiomas, el guaraní es el primer idioma originario al que se los traduce.

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[Fuente: http://www.indymedia.org]