En el centenario del nacimiento de uno de los escritores uruguayos más relevantes del siglo XX El Observador recorrió algunos sitios que inspiraron su obra y formaron parte de su vida

Escrito por Carla Colman y Silvana Fernández

Montevideo y Benedetti. Benedetti y Montevideo. Casi como un binomio inseparable, las calles de la ciudad guardan historias del escritor y su obra. A cien años de su nacimiento es posible recorrer la capital a través de su mirada.

“Aunque nacido en una ciudad del interior vivo en Montevideo desde los 4 años, como mis personajes soy un montevideano de clase media”. Conferencia en la Universidad de Alicante, España. 

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia nació en Paso de los Toros, la ciudad de Tacuarembó donde sus padres se enamoraron, el 14 de setiembre de 1920. Brenno Benedetti era químico y enólogo, mientras que Matilde Farrugia se desempeñaba como modista. Cuatro años más tarde la familia se traslada a Montevideo, se instala primero en Colón y finalmente en el barrio de Capurro, donde comenzará el romance entre el futuro best seller y la capital.

Fundación Mario Benedetti

Capurro

« La casa de la calle Capurro tenía un olor extraño. Según mi padre, olía a jazmines; según mi madre, a ratones. Es probable que ese conflicto haya desorganizado mi capacidad olfativa por varios lustros, durante los cuales no podía distinguir entre el perfume a violetas y el olor a azafrán, o entre la emanación de la cebolla y el vaho de las inhalaciones. En conexión con esa casa tengo además dos recuerdos fundamentales: uno, el Parque Capurro, y otro, la cancha de fútbol del Club Lito, que quedaba a tres cuadras. En aquella época, el Parque Capurro era como una escenografía montada para una película de bandidos, con rocas artificiales, semicavernas, caminitos tortuosos y con yuyos, una maravilla en fin ». (La Borra del Café). 

Eitan Abramovich\AFP

Hortensia Campanella es la presidenta de la Fundación Mario Benedetti, pero además fue su amiga y biógrafa. Cuenta que la infancia del escritor en Capurro fue un período que « recordó muchísimo » y considera que probablemente haya sido el barrio en el que se sintió más feliz: « A pesar de la situación económica nada floreciente, fue una época feliz en Mario ».

El Parque Capurro fue el escenario de aventuras infantiles y descubrimientos sorprendentes. Como el día en que los niños del barrio vieron asombrados el sobrevuelo del dirigible alemán Graf Zeppelin sobre la silueta del centro montevideano. « Solo un tiempo después Mario empezó a ir al Colegio Alemán y a familiarizarse con lo que era la ciencia y la cultura alemana. Pero esa fue una instancia casi como mágica », explica Campanella.

Ciudad Vieja

« Estoy convencido de que en horas de oficina la ciudad es otra. Yo conozco el Montevideo de los hombres a horario, los que entran a las ocho y media y salen a las doce, los que regresan a las dos y media y se van definitivamente a las siete. Con esos rostros crispados y sudorosos, con esos pasos urgentes y tropezados; con esos somos viejos conocidos. Pero está la otra ciudad […] la de los viejos que toman el ómnibus hasta la Aduana y regresan luego sin bajarse, reduciendo su módica farra a la sola mirada reconfortante con que recorren la Ciudad Vieja de sus nostalgias »(La Tregua)

Raúl Martínez / EFE

Un oficinista sale de su trabajo a la hora del almuerzo y camina varias cuadras entre las callecitas de Ciudad Vieja. Se sienta en un bar y pide un café, mientras escribe páginas y más páginas que pretende publicar a costo propio. ¿Te lo imaginás? Ese es Mario Benedetti.

Publicó más de 80 libros y fue traducido a más de 25 lenguas. Benedetti no termina con La TreguaMontevideanos y Poemas de la oficina. Campanella destaca la labor de la obra del escritor como un ejemplo para los jóvenes. Lo retrata como un hombre que se construyó a sí mismo, con una base de talento, pero también con una gran medida de perseverancia y trabajo. Mario fue escritor, taquígrafo, periodista, ensayista y crítico; pero también empleado de la tienda de repuestos para automóviles Will Smith, la inmobiliaria Piria y la Contaduría General de la Nación. Al contrario de lo que muchos piensan, no fue empleado del Correo Uruguayo.

El Centro de Montevideo tiene que ver con un ámbito en el cual vivió y se movió. De hecho, su novela más exitosa y por la que consiguió proyección internacional, La Tregua, fue escrita en el Café Sorocabana.

Federico Anfitti / EFE

En la entrada del café hay una mesa que se mantiene desocupada. Sobre ella hay un ejemplar de la novela y el rumor de que ese era el lugar predilecto del escritor. « La Tregua, esa ‘pequeña lovestory’ como la llamó Onetti, una historia de amor que ha llegado a China, Finlandia, Italia a Siria y que sigue conmoviendo », comenta su biógrafa y explica que hay algo en la novela que llega a tocar una fibra muy humana, que traspasa fronteras y lenguas. « Mi idea es que aquí están los sentimientos y valores que los seres humanos atesoramos, los conflictos, y por eso es que llega a tantos lugares en ámbitos tan lejanos de este Montevideo donde se escribió, es leída y querida », explica.

Campanella explica que cuando Benedetti empezó a escribir la Ciudad Vieja era muy diferente. « Había muchísimas librerías, estaba Marcha en la Plaza Matriz y había mucho movimiento intelectual; estos cafés eran lugares de reunión. Era una Ciudad Vieja muy viva », recuerda. Es que las calles de la ciudad luego de la puerta de la Ciudadela albergaron durante décadas a la intelectualidad montevideana y están en la vida de Mario pero también en su obra, es el escenario de sus personajes y es parte de la idiosincrasia de sus protagonistas. Montevideanos de clase media como los que veía pasar frente a la ventana del café. « Él constantemente hace alusiones enmarcadas en ese sentimiento de nostalgia que él experimenta desde el exilio acerca de su ciudad », dice Campanella, quien lo conoció en España durante ese período.

Federico Anfitti / EFE

El Café Brasilero era otro de los puntos de encuentro entre los intelectuales de la época. « Iba para encontrarse o con Galeano o con otros escritores. Son espacios tradicionales que nos llevan a ámbitos literarios que están en el espíritu y en el fondo de la cultura uruguaya », dice Campanella e imagina a Mario sentado en la primera mesa del bar sobre la izquierda, la que da a la calle. « La gente lo vería y entraría a hablar con él », comenta y pinta de esa manera parte de la personalidad de Benedetti. Un hombre abierto al intercambio.

Silvana Fernández

Mario Benedetti es sin dudas una de las plumas más destacadas del siglo XX, perteneciente a ese grupo selecto de intelectuales entre las calles de Montevideo. Pero, a diferencia de otros escritores de su época, quería llegar directamente al lector cotidiano. Benedetti se veía, por sobre todas las cosas, poeta. « Escribió cuentos, novelas, crítica literaria, humor, periodismo, crítica cinematográfica, pero sobre todo se consideraba poeta y lo decía. Consideraba además, que la poesía era el mejor instrumento que tenía él para comunicarse con la gente, que era su principal obsesión: comunicarse con el lector. Él quería estar en un contacto directo, transparente, inmediato con la gente », explica Campanella.

La biógrafa de Benedetti hace una distinción. No por ser llano y directo, el mensaje de la poesía de Benedetti carece de contenido. « En mi opinión, si uno empieza a examinar la poesía de Benedetti, en muchos casos puede ir ahondando como en distintas capas. Hay una inmediata, que todos sabemos que está hablando de Montevideo cuando dice Ciudad en que no existo, pero hay otra capa en que ya hay un mensaje espiritual, filosófico, hasta político. Pero metido por debajo de palabras llanas ».

 

[Fuente: http://www.elobservador.com.uy]