Escrito por Antonio Costa Gómez

Digitalia Dicen que “Los noctámbulos” se basa en un cuento de Hemingway, “Los asesinos”. Sí, en ese cuento hay unos diálogos desnudos. Hay una tensión de un instante. Y todo lo que se presupone está detrás. Es una escena brutalmente realista pero que sugiere toda una desolación. Hemingway quería escribir así, muchas veces lo consiguió.

Tal vez Mark Strand también consiguió en su poesía algo de ese tono callado y narrativo de Hopper. En Hopper siempre hay una narración interrumpida, un momento congelado. Lo terrible son sus seres que están atrapados en ese momento aislado en mitad de una historia. Son seres realistas inmersos en una ausencia metafísica. Eso los llena de elegía y nostalgia, eso nos llega íntimamente a todos. Es lo que encontramos todos cuando nos enfrentamos con nuestro silencio (todo el mundo tiene un punto de silencio, por muy charlatán que sea) al silencio de Hopper.

Hopper pone todo tal cual es, pero habla de una ausencia. Habla de algo que falta. Todos sus cuadros tienen un realismo metafísico. Las cosas son como son, pero están rodeadas de silencio metafísico. Las personas son lo que son, pero están desoladas entre lo desconocido. Pueden estar en una habitación de hotel, en un bar de noche, en una casa junto a la carretera. Pueden tener una taza en la mano. Pero siempre hay infinitudes que faltan. Y todo se vuelve extraño.

Strand tiene un poema que habla de la ausencia. De que siempre es algo que no está en lo que se ve. “En un campo / yo soy la ausencia / de campo. / Dondequiera que esté / soy lo que falta”. También las figuras y los lugares de Hopper son lo que falta. Pero no necesita decirlo con muchas palabras. Solo necesita callarse, decirlo con el silencio. Con esa meditación que consiste en callarse.

Strand dice “Cuando camino / parto el aire/ y siempre/ el aire viene/ a llenar los espacios/ donde ha estado mi cuerpo”. Pero él quiere que las cosas hablen de él, que sigan intactas. Que lo señalen con su silencio. Defiende las cosas para que lo defiendan a él. “Todos tenemos razones/ para movernos./ Yo me muevo/ para dejar las cosas intactas”. Dejarlas tal como son, no soltar discursos sobre ellas. Tampoco Hopper suelta discursos. Ni siquiera discursos surrealistas o metafísicos. Nos enseña a estar callados. Los dos hablan de la ausencia, del silencio infinito.

En otro poema, que se titula “Matrimonio”, Strand habla con realismo surrealista de dos personas que se cruzan, se encuentran en una cama, y el viento se los lleva en distintas direcciones. “Ella se prepara, / sacude su cabello. / Él saca el polvo de su traje / y endereza su corbata”. Todo es tan normal: “Él fuma / pronto se encontrarán” ¿No echan de menos algo? ¿No falta algo? Todo parece tan normal. “Ella prepara una cama. / Él se quita los pantalones. / Se casan / y tienen un hijo”. Es la parodia de la novela realista. Pero esa misma concisión nos golpea con su melancolía y desolación. Y claro, al final aparece el viento y lo sugiere todo: “El viento se despliega. / El viento lo es todo para ellos”. También un viento de mutismo pasa por todos los cuadros de Edward Hopper.

Ya empezó en París a pintar con ese mutismo. Los surrealistas, los de la de la escuela de París gritaban, pero él callaba. Él aprendía a pintar en la escuela de Bellas Artes y callaba. Y pintó un puente sobre el Sena lleno de ese asombro y esa ausencia. Los transeúntes eran sombras calladas por encima del puente.

Mark Strand incluso escribió un ensayo sobre Hopper. En él niega que Hopper con sus cuadros esté hablando de la sociedad norteamericana o de la infelicidad en el capitalismo. Dice que los edificios y los callejones de Hopper son los que él vio durante toda su vida y siempre los miró sin que le contestaran. Pero señala que hay algo más. En “Los noctámbulos” las líneas conducen a un punto de fuga que no puede ser visto, solo imaginado. Habla de un punto de fuga inalcanzable e irreal fuera del lienzo. Como en sus propios poemas, donde se expresa en un tono realista, o incluso quiere ser cotidiano y mediocre, pero sale con derivaciones inquietantes. Por ejemplo, en ese poema “El túnel”. Un tipo ve que alguien en la acera de enfrente lo observa todos los días. Le dice que se marche pero el otro no lo hace y él llega a suplicárselo como una niña llorona. Al final hace un túnel debajo de su casa para escapar hacia otra casa. Pero todo sigue igual.

Yo buscaba quien calla en sus libros como sabe callar Edward Hopper. Quien sabe decirlo todo callando. Como canta Tom Waits con voz afónica y nocturna, con voz de tren que pasa de noche por la ciudad.

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]