El yiddish era la lengua principal —y en ocasiones, la única— que hablaban los judíos ashkenazitas de Europa Occidental —a diferencia de los judíos sefaraditas, quienes hablaban el judeoespanyol—.
Escrito por Max Shein   
A pesar de que después de la II Guerra Mundial pareció que esta lengua llegaría a su final —por la muerte de un gran número de judíos durante el Holocausto—, la cultura y el idioma siguieron vigentes en grupos dispersos por todo el mundo, entre ellos México, que lo conservaron como lengua. Es por ello que esta lengua es reconocida y estudiada en grupos académicos no judíos.
La historia de la diáspora del pueblo judío ha ocasionado que, a diferencia de la mayor parte de los idiomas —que son hablados por los residentes de un área específica o por miembros de una nacionalidad particular—, el yiddish sea la lengua de millones de judíos de diversas nacionalidades en todo el mundo. ¿Cómo sucedió esto?   
Desarrollo histórico 
A principios del siglo x, los judíos de Francia y del 
norte de Italia se establecieron en tierras alemanas —alrededor del río Rhin— y formaron grandes comunidades. Los habitantes de aquella región hablaban alemán, mientras que los nuevos residentes usaban un dialecto judeofrancés llamado laaz. Los grupos locales incorporaron en el lenguaje germano expresiones del laaz, además de otras expresiones de las Escrituras Rabínicas; de esta manera nació una versión modificada del alemán medieval, que pasó de ser un dialecto germano a un lenguaje formal con elementos del hebreo y del arameo, así como de lenguas eslavas y romances. El aislamiento que caracterizó a las comunidades judías después de las Cruzadas, contribuyó a la mutación del alemán que, finalmente, se convirtió en el yiddish.
En el siglo xiii, los judíos del Rhin emigraron hacia 
el este, escapando de las persecuciones, y así el yiddish llegó al resto de Alemania, Polonia y otros países del este. Ya para el siglo xvi, Europa oriental, en especial Polonia, se había convertido en el centro del judaísmo mundial, y el yiddish, largamente expuesto a las lenguas eslavas prevalentes en el este europeo, pasó de ser un dialecto germánico a una lengua formal que se escribía usando caracteres hebreos. Esto propició una franca división entre los judíos del este, que vivían en países eslavos, y los judíos del oeste, que radicaban en Francia y Alemania.
Después del siglo xviii, el yiddish occidental empezó a declinar debido a los movimientos de emancipación,1 durante los cuales los judíos de Alemania y Francia lo consideraron como «el idioma de la gente inculta, de los pueblos pequeños». Por tanto, empezaron a asistir a universidades y otras instituciones de educación superior a aprender el idioma del país, dejando de lado al yiddish. En el este de Europa, por el contrario, la lengua se convirtió en la más utilizada por los judíos, lo que provocó que se secularizara, y que la cultura judía floreciera. 
La época de oro 
A partir de 1800 aparecieron grandes
 escritores en yiddish, reconocidos
 en la literatura universal, como 
I. L. Peretz, Mendele Mojer Sforim y
 Sholem Aleichem, autor de Fiddler on the
 Roof —El violinista en el tejado—, quienes también se desarrollaron en el teatro, la poesía y las diversas ramas de la cultura judía, y cuya influencia ha perdurado hasta la fecha.
Estos fueron los antecedentes de otros grandes literatos que posteriormente se dieron a conocer en Europa, los EE.UU., Canadá, México y Argentina; entre ellos destacó el escritor Bashevis Singer, nacido en Rusia y nacionalizado estadounidense, quien, al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1973, pronunció su discurso en yiddish ante la Academia Sueca.
A mediados del siglo xx, los doce millones de judíos que hablaban yiddish se redujeron a la mitad como consecuencia del Holocausto y la represión de los judíos soviéticos durante el régimen de Stalin, quien hizo ilegal el aprendizaje de cualquier manifestación de la cultura judía y prohibió el uso del yiddish en escuelas, teatros y periódicos.
Por fortuna, en casi todo el continente americano los judíos emigrantes de Europa fundaron escuelas para niños en las que el yiddish era una parte importante del programa académico —aunque a últimas fechas se ha privilegiado el hebreo, que es el idioma del Estado de Israel—. En la actualidad hay un resurgimiento del idioma —existen incluso universidades en las que se imparte el yiddish— y es posible encontrar grupos ashkenazitas que lo hablan en España, los EE.UU., Argentina, Israel y México.  

Maldiciones en yiddish 

El yiddish, como toda lengua, no solo es un código, sino que representa toda una cultura, en la que maldecir es cosa de todos los días. Porque maldecir no consiste solo en lanzar un buen improperio, sino en que la palabra dicha y la palabra escrita causen el impacto debido.

Las maldiciones son importantes. Casi todas se dicen en tercera persona, porque así se estila, y además se resta su efecto. Son tan importantes como los exorcismos, las invocaciones y las plegarias. Aquí van, pues, algunas de estas hermosísimas maldiciones. 

 Es zoln im vaksn tsibeles in pupik. 
Que le crezcan cebollitas en el ombligo.

 Men zol im tsuklepn tsu der vant vi a luaj un iedn tog, fun im opraisn a shtik. 
Que lo peguen contra la pared como a un almanaque y que cada día le arranquen un pedazo.

 Vifl ior er iz gueganguen oif di fis zol er guein oif di hent, un di iberike zol er zij sharn oifn hintn. 
Que tantos años como anduvo sobre los pies, ande con las manos, y que el resto de su vida se arrastre sobre el trasero. 
– Megulgl zol er vern in a henglaijter: baitog zol er henguen un bainajt zol er brenen. 
Que se transforme en una lámpara: que cuelgue de día y arda de noche.
– Kain shum ain-hore zol im nit oismaidn. Que ningún mal de ojo lo eluda.
– Got zol im helfn vi a toitn der El mole rájamin. 
Que Dios lo ayude como el responso a un muerto. 

– Raij zol er zain, der eintsiguer fun der gantser mishpoje. Que sea muy rico, pero el único rico de toda su 
familia.

– Ale tsein zoln bai im araisfaln, nor einer zol im blaibn, oif tseinveitog. 
Que se le caigan todos los dientes menos uno, y que ese sea el que le duela.

– Er zol hobn Pare’s makes bashotn mit Jov’s kretsn. 
Que tenga las plagas del faraón matizadas con las 
pústulas de Job.

– Got zol oif im onshikn a nar un er zol fum im nit kenen poter vern. 
Que Dios le mande un tonto y que no pueda sacárselo de encima nunca.

– Er zol hobn bai zain toier tsuei struzhn; einer zol aroisloifn shraiendik: «A docter! A docter!», un der tsveiter zol im nojloifn: «Tzu shpet! Men darf shoin nit!». 
Que tenga ante sus puertas dos porteros; que uno salga gritando: «¡Un médico! ¡Un médico!», y que el otro lo siga: «¡Demasiado tarde! ¡Ya no hace falta!».

– Got zol oif im onshikn fun di tsen makes, di beste. Que Dios le envíe, de las diez plagas, la mejor.

– A grois guesheft zol er hobn ful mit sjoire, vos er hot zol men bai im nit fregn un vos men fregt zol er nit hobn. 
Que tenga un negocio enorme, repleto de mercancías, y que no le pidan nada de lo que tenga, ni tenga nada de lo que le pidan.

– Er zol hobn a baisenish vu er ken zyj nit kratsn. 
Que tenga un escozor donde no pueda rascarse.

– Hundert haizer zol er hobn, in iedn hoiz hundert tsimern in iedn tsimer tsvantsig betn, un der kadojes zol im varfn fun ein bet inem tsveitn. 
Que tenga cien casas, en cada casa cien cuartos, en cada cuarto veinte camas, y que las convulsiones lo arrojen de cama en cama.

– Zol Gots broje arain in zain pekele tsores. 
Que entre en la bendición de Dios, pero en su 
paquetito de desgracias.

– Got zol im helfn vi a toitn, bankes. 
Que Dios lo ayude como las ventosas a un muerto.

– Lebn zol er vi a tsibele, mitn kop in der erd. 
Que viva como una cebolla, con la cabeza enterrada.

– Zost farshlinguen a shirem vos zol sij efenen in boij. 
Que se trague un paraguas y se le abra en el vientre.

– Zost esn vi a ferd un cacn vi a feiguele. 
Que coma como un caballo y cague como un pajarito.

– Zoln Maine sonim hobn kretser in hintn. 
Que mis enemigos tengan granos en el culo.

[Ilustraciones: Sergio Neri – fuente: wwww.algarabia.com]