El lenguaje de la vida pública mexicana está lleno de refranes y dichos. Aquí se exploran los orígenes —y los usos y abusos— de una de las frases hechas más creativas y versátiles del vocabulario político de nuestro país.

Escrito por Antonio Rico Sulayes

El pasado 28 de agosto se desató una polémica en redes sociales derivada de uno de los viajes del actual presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, a la frontera noreste del país. Un diputado del opositor Partido Acción Nacional, Ricardo Villareal García, quien coincidentemente viajó en el mismo vuelo comercial que el presidente, compartió fotos de dos aviones y un helicóptero del Ejército mexicano que se encontraban en el aeropuerto de llegada de dicho vuelo. El diputado suponía que las aeronaves se encontraban allí para cuidar el vuelo en que venía el presidente.

A un lector alejado de la comedia que ha rodeado al avión presidencial mexicano habría que explicarle cuál es la controversia. El actual presidente mexicano ha asumido desde su llegada al poder una postura de austeridad económica. Entre los símbolos que ha usado para criticar los excesos de sus predecesores ha estado el avión que utilizaban. Dicha aeronave ha sido objeto de un espectáculo masivo: se intentó venderlo de manera infructuosa, gastando una fortuna en promoverla inútilmente, y luego se decidió organizar una rifa en la Lotería Nacional. Obviamente, comparado con ganarse un premio regular en efectivo de la Lotería Nacional, ganarse el avión sería una maldición, pues ni el mismo gobierno mexicano ha podido encontrar un buen postor.

Por todo lo anterior, decían los opositores, el gasto que implicaría mover las aeronaves militares fotografiadas por el diputado sería cuando menos contradictorio al discurso de austeridad del presidente. La discusión comenzó cuando los defensores del actual gobierno se lanzaron a desmentir las acusaciones, desatando un pandemonio en Twitter en el que argumentos y recriminaciones volaron por todas direcciones.

Los usuarios de un bando enfatizaban que el diputado se equivocó en decir que había dos Boeing 747 en el aeropuerto, pues realmente eran 737, y que por diversas cuestiones de aeronáutica ni los aviones ni el helicóptero hubieran podido escoltar el vuelo del presidente. Del otro lado, se argumentaba que el gasto de mover las aeronaves era en todo caso enorme y que por lo tanto el discurso de la austeridad era mentiroso e hipócrita. Sea cual sea la postura del que lea los tweets, el intercambio da para reírse un rato —o quizás para llorar.

Ahora bien, de entre todos los comentarios publicados durante la disputa, quiero ahondar en uno que hizo otra diputada del PAN, Adriana Dávila: “Pobre pueblo, tan lejos de la justicia, y tan cerca de Andrés”. La frase, creo yo, ofrece una ventana privilegiada a ciertos hábitos lingüísticos de la vida política hispanoamericana.

La frase tan lejos de [una cosa] y tan cerca de [otra] demanda que el usuario llene los espacios aquí entre corchetes y promueve así la creatividad. Se trata de una expresión sumamente flexible, pues permite el intercambio de sus frases adverbiales alrededor del nexo que las une, resultando así en tan cerca de [una cosa] y tan lejos de [otra]. Debido a que la frase suele ser usada como queja o lamento, si se comienza con lo que está lejos, se habla primero de algo positivo (por ejemplo, la justicia), y luego se habla de algo negativo, que es lo que está cerca (en nuestro caso, el presidente). Esta interpretación, es importante señalar, proviene de la frase de la diputada. No se vaya a pensar que intento yo criticar a la administración actual.

Más allá de su creatividad y flexibilidad, la procedencia y uso geográfico de la frase resultan iluminadores. De los 206 resultados que contienen la secuencia de palabras “tan lejos de” que aparecen en el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) de la Real Academia Española, 17 son ejemplos de la frase que aquí nos ocupa. De esos 17 ejemplos, 14 fueron escritos en México. Cabe mencionar que el CREA cuenta con documentos provenientes de 21 países de habla hispana. Con estos resultados, la preferencia geográfica es obvia. Se trata, entonces, de un lamento mexicano.

¿Pero cuál es el origen de la frase? Para responder a esta pregunta, vale la pena consultar un corpus con datos lingüísticos históricos. Desafortunadamente, al buscar los orígenes de una frase en concreto, los datos históricos suelen ser escasos. Ninguno de los 424 ejemplos de la secuencia “tan lejos de” que aparecen en el Corpus Diacrónico del Español —también de la Real Academia Española— corresponde a nuestra frase. Sin embargo, en este caso particular la revisión de los ejemplos del corpus actual, el CREA, nos revela algunas hipótesis sobre su origen.

Leyendo los tres casos que no fueron escritos en México, de entre los 17 antes mencionados, encontramos un documento del Uruguay que nos confirma que la frase es mexicana: “¡Pobre América Latina, tan lejos de Dios y tan cerca de EE. UU.! como dicen los mexicanos refiriéndose a su patria”. Los otros dos ejemplos, ambos procedentes de España, nos dan hipótesis directas del origen cronológico de la frase. Un ejemplo nos dice: “una frase que hizo famoso a uno de los presidentes, Porfirio Díaz, ‘Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos’”. El otro ejemplo contiene una hipótesis distinta: “Como dijo Rubén Darío en cierto momento: ‘Pobres los mexicanos, tan lejos de Dios y tan cerca de los gringos’”.

Si la frase es del dictador mexicano, Porfirio Díaz, o del poeta nicaragüense, Rubén Darío, es difícil de decir. No parece haber un documento que ofrezca pruebas de que alguno de los dos personajes haya dicho efectivamente alguna versión de la frase. A pesar de esto, lo que sí nos dicen estos ejemplos es que la frase apareció probablemente entre la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, pues Díaz vivió entre 1830-1915 y Darío entre 1867-1916. De esta manera, el corpus actual nos permite deducir algunos datos cronológicos sobre nuestra expresión.

No quiero terminar esta nota sin mostrar un poco la creatividad que caracteriza a la frase tan lejos de [una cosa] y tan cerca de [otra] en el habla de los mexicanos. En los ejemplos encontrados en el corpus hay de todo un poco.

Por un lado, están las alteraciones de la frase original, donde se sigue hablando de la desventaja de los mexicanos por su cercanía con los EE. UU.: “Pobre burguesía mexicana, tan lejos de su Pueblo y tan cerca de los Estados Unidos” o “estar tan cerca de la influencia perniciosa de Estados Unidos y tan lejos de México”. También el orden del elemento negativo es sujeto de cambios, haciendo de los EE. UU. un elemento más bien positivo, pero conservando el lamento por el pueblo mexicano, como en: “¡Pobres mexicanos, tan lejos de Estados Unidos y tan cerca de su miseria!”.

Por otro lado, llaman mi atención los casos más atrevidos: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca del Dos”, aquel canal de televisión históricamente coludido con el poder. Ya alejándose de la política, la innovación es todavía mayor: “al fanático religioso lo llamamos ‘mocho’ o ‘beato’, quien en la mayoría de los casos está tan cerca de Dios, pero tan lejos de su prójimo” o “las mujeres que pasan por la Quinta Avenida, tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida”.

Con el reciente sorteo del avión presidencial (ya solo simbólico, pues al final se conmutó el avión por varios premios en efectivo), me llega al corazón el siguiente ejemplo: “Pobres de nosotros, tan cerca de la salsa verde y de Cuco Sánchez y tan lejos de la lucidez crítica política”. Debo mencionar que la salsa que más me gusta es la verde y la música de Cuco Sánchez me llega al alma. Sin embargo, la frase me hace justamente pensar en el espectáculo jocoso del avión y en la falta de lucidez crítica política en este pobre México.

 

Antonio Rico Sulayes es profesor Asociado del Departamento de Lenguas de la Universidad de las Américas Puebla

 

[Ilustración: Patricio Betteo – fuente: http://www.nexos.com.mx]