Escrito por ÓSCAR HERNÁNDEZ-CAMPANO

Sumergirse en las páginas de esta sugerente novela te transporta en el tiempo y en el espacio, cosa muy de agradecer. El lector se halla en Ilhéus, una boyante ciudad de la región cacaotera de Bahía, en Brasil. Estamos en la década de los años veinte del siglo pasado; hace cien años. Un poco antes, tres o cuatro décadas, los jóvenes emprendedores habían entrado a sangre y fuego en una región virgen, donde una vegetación exuberante escondía a la población autóctona. No hubo misericordia. Aquella tierra debía ser arrasada y cultivada con el oro marrón: el cacao. Aquellos jóvenes se convirtieron en viejos caudillos llamados coroneles; señores feudales, en definitiva. Su líder, Ramiro Bastos, es el primus inter pares y dueño de una región que gobierna con mano de hierro. El dinero corre a espuertas y los burdeles, las queridas y los divertimentos masculinos constituyen un modo de vida y una doble moral que, sin darse cuenta los interesados, se acaba. El progreso llama a las puertas de Ilhéus. El joven y ambicioso Mundinho Falcão, al que los Bastos consideran un extraño por llevar solo cuatro años en la ciudad, aspira a modernizarla, invierte en los transportes, logra que se abra una escuela secundaria, financia el periódico local y, por encima de todo, mueve hilos en la capital para que se acometan las obras del puerto que permitirán exportar el cacao directamente desde Ilhéus. Los viejos coroneles, fosilizados en un status quo que no da más de sí, amenazan con soltar sus cuadrillas de pistoleros como hicieron antaño para evitar el progreso. Las cosas no deben cambiar, no puede modernizarse ni alterarse el orden que ellos crearon.

En paralelo, Nacib, el sirio, dueño del bar Vesubio, centro de la vida social de la ciudad y ubicado en la plaza, desde donde se ve lo que hay que verse, se ha quedado sin cocinera. Tras una intensa búsqueda, aparece Gabriela. Esta es una muchacha mágica, tan inocente como sensual. Gabriela, sin más, huérfana, pobre e ignorante, llega a Ilhéus desde el Sertão, en busca de un futuro. Apenas sabe nada, salvo cocinar, y pronto el Vesubio, con ella en su cocina, atrae más clientes que nunca. Gabriela ha obrado el milagro. No solo sus platos, exquisitos, sino su sola presencia, llena el local. Gabriela es bellísima. Su sencillez, su aroma natural a clavo, su juventud exultante de sensualidad, el color canela de su piel, su sonrisa contagiosa, su bondad… Todo en Gabriela es atractivo y así, los hombres de Ilhéus le ofrecen elevados sueldos, casa y cuenta corriente, lujos y criadas, todo, por ser sus amantes. Nacid muere de celos. Ella lo adora. Sus noches juntos son festivales de pasión y dulzura. Nacib no soporta que ella sea tan deseada, por lo que se determina a tomarla como esposa.

Se podrían decir mil cosas más del argumento de Gabriela, clavo y canela (1958), esta extraordinaria novela de Jorge Amado (1912-2001) quien, con una prosa dulce, clara, conmovedora y certera, retrata el mundo de los cacaotales en la región de Bahía y en la ciudad de Ilhéus, en la que vivió su infancia y donde su padre fue uno de aquellos terratenientes. El brasileño, comprometido toda su vida con los desfavorecidos y con el comunismo, recogió en sus novelas la desigualdad lacerante que veía a su alrededor. Tanto en Gabriela, clavo y canela como en Capitanes de la arena (1937), por citar solo dos ejemplos de su vasta producción literaria, Amado denunció la desigualdad, la esclavitud, la corrupción, la discriminación, la pobreza, la sumisión de la mujer, los abusos o la violencia sobre niños, pobres, mujeres y no blancos. Jorge Amado construye en Gabriela, clavo y canela un inmenso y colorido mural repleto de personajes inolvidables, de estampas divertidas, de momentos sabrosos en los que se respiran los aromas de la cocina del Vesubio, se siente el calor húmedo de las noches del trópico, se escucha el jolgorio de los burdeles o se estremece uno con la sensualidad que rezuma en cada página. Pero el mayor logro, para mí, es crear uno de los personajes femeninos más intensos de la Literatura. Gabriela está a la altura de otros mitos como Emma Bovary, Lolita o Anna Karenina.

Esta novela, deliciosa en todos los sentidos, tiene reservado un lugar especial en la isla desierta.

 

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]