La Fundación Canal inaugura ‘Magnum: el cuerpo observado’, una exposición con más de 130 fotografías que abordan temas como como la identidad, la intimidad y la sexualidad

Bieke Depoorter: ‘Agata. París’, 2017. Foto: Bieke Depoorter/Magnum Photos

Escrito por SAIOA CAMARZANA

Representar el cuerpo humano ha sido algo recurrente a lo largo de la historia. Muchos artistas son los que han plasmado nuestra carne y otros tantos los fotógrafos que han centrado su esfuerzo en representar la figura humana para abordar temas como la identidad, la intimidad o la sexualidad desde puntos de vista y ángulos diferentes. Este es el tema de Magnum: el cuerpo observado, exposición que la Fundación Canal inaugura este jueves 26 y que se prolongará hasta el próximo 28 de marzo. En total más de 130 imágenes de 14 fotógrafos de la Agencia Magnum que nos muestran diferentes visiones del cuerpo desde la década de 1930 hasta la actualidad.

A cada fotógrafo se le dedica un bloque en el que podemos ver varias imágenes que ayudan a analizar asuntos que les ha interesado mostrar. Además de la identidad y la sexualidad también se adentran en temas como los rituales, el voyeurismo y la performance. El fotoperiodista, cineasta y defensor de los derechos humanos Tim Hetherington es el encargado de abrir el recorrido con una serie de imágenes procedentes de su serie Los soldados durmientes. El fotógrafo estuvo en diversos conflictos armados en distintas partes del mundo (murió de hecho en uno de ellos) y durante su estancia en Afganistán con un grupo de soldados estadounidenses entre 2008 y 2009 “se interesó por la representación de la guerra y cómo los hombres y soldados viven la experiencia. Su conclusión es que nuestra visión es épica mientras que hay una dimensión muy humana. Le atrajo esa parte que subyace y cómo durante estos periodos tan extremos se desarrollan vínculos entre ellos », explica Monserrat Pis, comisaria de la muestra. La serie se publicó en un libro titulado Infiel en homenaje a un tatuaje que compartían todos a modo de camaradería.

Le sigue Antoine D’Agata, un fotógrafo que ha viajado a lugares como Bangkok o Kuala Lumpur para “entender la vida de las personas que viven en los límites, como prostitutas, drogadictos y gente sin techo”. Pero D’Agata considera que no es suficiente con integrarse en dichas comunidades sino que tiene que participar en ellas e involucrarse para “explorar no solo los límites de los demás sino los suyos propios”. También de carácter social es la serie en la que Olivia Arthur explora la sexualidad de la comunidad queer en los espacios públicos y privados en la ciudad india de Bombay, o el trabajo en el que Bieke Depoorter acude a un club de striptease en París en el que conectó con Ágata, una bailarina de 24 años junto a la que crea toda una narración que desdibuja la línea entre realidad y ficción.

Tim Hetherington: ‘Doc’ Kelso durmiendo. Puesto de Restrepo, Afganistán’, 2008. Foto: Tim Hetherington / IWM /Magnum Photos

Todos ellos capturan el cuerpo humano, pero cada uno le aporta un enfoque diferente y, junto a ello, una narrativa distinta. A pesar de las diferencias, hay algo que les une: ir más allá de la labor documental para exponer aspectos característicos de las vidas y personalidades de los retratados a través de una interacción con su físico. Así, Alec Soth retrata el ambiente de amor idealizado de los moteles de Niágara y Susan Meiselas se adentra en las ferias ambulantes de Estados Unidos. En ese ambiente en el que trabajó durante tres veranos, retrató a las mujeres que participaban en espectáculos de striptease dando como resultado un corpus fotográfico que nos habla de “la intimidad y los roles de poder”. Y Alessandra Sanguinetti nos pone frente a ese periodo entre la infancia y la adolescencia en el que “creces pero no encuentras tu identidad ni tu lugar”.

Tampoco faltan en este recorrido algunas de las jocosas imágenes en las que Philippe Halsman hace saltar a sus protagonistas. Una de las más conocidas es esa en la que vemos a Dalí suspendido en el aire junto a una silla, tres gatos, un lienzo y un par de chorros de agua. El fotógrafo, que llegó a realizar un centenar de portadas para la revista Life, necesitó cinco horas y 26 tomas para llegar a crear esta icónica instantánea. Esta serie a la que tituló Saltología empezó en 1952 durante una sesión fotográfica con la familia Ford. En un momento dado el artista pidió que uno de ellos saltara y accedió. Durante los siguientes seis años, Halsman empleó esta técnica en sus retratos con la familia real británica, Marilyn Monroe, Alfred Hitchcock, Bobby Fischer o Audrey Hepburn. “Cuando el sujeto salta, en un repentino estallido de energía, supera la gravedad, no puede controlar a la vez sus expresiones, sus músculos faciales y las extremidades. La máscara cae”, contó el propio Halsman sobre su trabajo.

Vista de la sala con las imágenes de Olivia Arthur. Foto: Fundación Canal

Otra cara muy conocida la encontramos en las imágenes de Eve Arnold. Bajo el encargo de la misma publicación, en 1959 Arnold acompañó durante 8 semanas a Joan Crawford para documentar su día a día. Aunque se conocían de un reportaje anterior, los primeros compases de este proyecto fueron complejos, pero la actriz terminó depositando su confianza en Arnold para que esta produjera este corpus “crudo y honesto” en el que vemos los hábitos que mantenía Crawford para preservar el halo de glamour tan característico en ella. « Cuanto más veía de ella, más compleja me parecía y más me desconcertaba », llegó a decir Arnold.

Por supuesto, en esta exposición no podía faltar Cristina García Rodero con España oculta, una serie que comenzó en 1973 cuando le concedieron una beca de la Fundación Juan March para “producir una semblanza fotográfica de España”. Para ello García Rodero “decidió trasladarse a lugares recónditos de nuestro país, visitando festivales, fiestas y eventos religiosos”. Sin embargo, este proyecto adquirió vida propia y estuvo trabajando en él durante tres décadas. “He intentado fotografiar el alma misteriosa y mágica de la España popular, con pasión, amor, humor, ternura, rabia, dolor y verdad”, comentó la propia fotógrafa sobre ello. Los retratados transmiten su espiritualidad, sus sueños y sus deseos, además de mostrar que “el uso del cuerpo responde a razones penitenciales y festivas al tiempo que sirve como memoria y como catarsis”, añade la comisaria.

En definitiva, un recorrido que nos lleva por temas como la identidad, la sexualidad o las convicciones a través de diferentes formas de mirar y entender el mundo.

 

[Fuente: http://www.elcultural.com]