Ese “abrazo” a secas, simple, sin compañía, puede parecer como de sobaquillo, de andar por casa

Abrazo en el aeropuerto de Madrid, este pasado mes de junio.

Abrazo en el aeropuerto de Madrid, este pasado mes de junio.

Escrito por ÁLEX GRIJELMO

Los españoles castellanohablantes solemos usar en plural algunas expresiones de salutación y amabilidad que se han ido fosilizando en nuestro lenguaje: Buenos días, buenas tardes, buenas noches, muy buenas, mis condolencias, saludos, besos, abrazos, felicidades, recuerdos… El idioma nos invita quizás a mostrarnos generosos, porque pudiendo decir “buenos días” no vale la pena ceñirse al solo día de hoy, que se acaba pronto.

Cuando reducimos al singular algunos de esos saludos, tal vez pasamos de una expresión no marcada (es decir, que no tiene ninguna intención específica, sino sólo general) a una marcada (lo hacemos por algo). Puede ocurrir cuando decimos “buen día”, “buen fin de semana”, “que tengas una buena tarde”. En tales casos, hablamos de “un buen día”, de un “buen fin de semana” y de una “buena tarde” en concreto.

Además, al expresar la fórmula en singular podemos dar a entender que nos veremos más pronto que tarde y que dispondremos por tanto de la oportunidad de renovar nuestros buenos deseos (“buenos deseos”, que no buen deseo). Así, con “buena tarde” venimos a decir que mañana por la mañana actualizaremos el saludo, tal vez con “buenos días” o con “buen día”.

En ese contexto de salutaciones amables, empieza a proliferar en los mensajes que enviamos en soporte electrónico una expresión innovadora: “Abrazo”. No “un abrazo”, sino solamente “abrazo”. Sin el artículo y sin el plural, nos quedamos sin estos valores gramaticales que actúan como determinantes.

Esa opción no deja de ser una alternativa de estilo: se sale del carril. Porque no escribimos “saludo”, ni “beso”, ni “recuerdo”, ni “felicidad”… O al menos, no sin el artículo indefinido (“un saludo”, “un beso”), partícula a veces insuficiente, pues no vale extenderlo a “una felicidad” o “un recuerdo”.

¿Y qué interpretará el destinatario de esa expresión, de ese “abrazo” a secas? Pues quizás deduzca cierta tacañería en tal reducción al singular, en comparación con los plurales generosos. Puede que un cierto desinterés también. Ese “abrazo” simple, sin artículo, puede parecerle de sobaquillo, un abrazo ramplón, de andar por casa. Es como decir “abrazo te llevas y vete contento”. En oposición a eso, el plural “abrazos” transmite más ganas de abrazar, porque el impulso no se agota en un abrazo perezoso.

Esta misma voluntad de abrazar se viene expresando también últimamente con un verbo y un pronombre. Aunque no solemos decir “te beso” o “te saludo” sino “besos” y “saludos”, empieza a abrirse paso la despedida “te abrazo”. Y eso ya es otra cosa. Porque ahí ya no se produce reducción al singular y porque además se representa una acción que podemos imaginar más duradera.

El uso del presente confiere a ciertos verbos un plazo indefinido, que se sostiene si no decimos lo contrario. Por ejemplo, “te quiero”, “te amo”, “me gustas”…; mientras que la acción de otros verbos transita a toda prisa: “te estalla”, “te tropiezas”. El verbo “abrazar” anda a caballo de las dos divisiones, según lo miremos. Porque cada abrazo (ahora mayormente metafóricos) constituye una sola acción que se puede imaginar mantenida: el abrazo estrecho y firme, sentido. Si escribimos “te abrazo” puede que el receptor entienda en realidad “me está abrazando”, y que la acción continúe al gusto de su imaginación. Eso ya vale por un plural. Felices Navidades.

 

[Foto: OLMO CALVO – fuente: http://www.elpais.com]