Conceptos y palabras que nos ha dejado la borrasca

Escrito por ÁLEX GRIJELMO
El temporal Filomena ha esparcido algunas palabras entre la nieve. He aquí algunas de ellas, acompañadas de ciertas explicaciones….

alerta roja. “Alerta” viene del italiano all’erta, etimológicamente “a levantarse”. Junto a “roja” (del latín russus), forma una expresión que oímos a cada rato desde hace días, desde hace años, desde hace decenios; pero no se sabe bien en qué consiste la alerta roja ni para qué sirve. ¿Para organizar servicios de asistencia a los atrapados en los atascos? No. ¿Para almacenar sal suficiente y arrojarla sobre todas las vías principales? Tampoco. ¿Para que se refuercen los servicios de bomberos o de quitanieves? Nasti de plasti (para los más jóvenes: “nada de eso”). ¿Para que la gente se quede en casa? Ni por asomo. La alerta roja sirve solamente para que la autoridad se quede satisfecha al pronunciar esas dos palabras mágicas.

bola de nieve. El origen lejano de “bola” está en el latín bulla. Las bolas de nieve se arrojan o ruedan. Las dos son peligrosas, pero sobre todo las segundas cuando se expresan metafóricamente. Una bola de nieve es algo que empieza pequeño, como un leve endeudamiento, y que termina haciéndose muy grande. Por ejemplo, cuando se pide un préstamo para pagar el leve endeudamiento; y luego otro para abonar el anterior, y así sucesivamente. Véase nieve.

cadenas. Del latín, catena. En el contexto de la nieve, las cadenas no atrapan sino que liberan. Una feliz paradoja. Te pones unas cadenas y puedes avanzar.

carámbanos. Especie de estalactitas que se forman durante estos días en las cornisas, y que pueden ser como puñales si se desprenden. A partir de estos pedazos de hielo puntiagudos se formó la expresión “estar hecho un carámbano”: tener mucho frío. Antiguamente (hacia el siglo XVI) se llamaban “carámbalos”. En catalán se dice caramell (no confundir con caramel: caramelo). La palabra de este idioma y la del castellano proceden del latín calámulus: caña (Corominas y Pascual). Los carámbanos se forman con hielo, mientras que sus primas las estalactitas llevan dentro carbonato cálcico en disolución. Las estalactitas son las de arriba. Las estalagmitas, las de abajo. “Estalactita” viene del griego stalatkos (“que gotea”); y “estalagmita”, de estalagmos (“goteo”). El hecho de que las estalactitas goteen hace que se formen debajo de ellas las estalagmitas. O sea, las estalactitas son la voz activa (gotean); y las estalagmitas, la pasiva (reciben el goteo). Todo es lenguaje.

embolsamiento. Retención de camiones, parece ser. Ninguna de las cuatro acepciones de “embolsar” que están en vigor en el Diccionario tiene que ver con este nuevo sentido, pero debió de pronunciar esta palabra algún político (que se la oyó seguramente a algún militar) y decenas de periodistas la han copiado con su natural aquiescencia ante el lenguaje de la autoridad. Este “embolsamiento” de camiones tal vez guarde relación con el sentido bélico referido al hecho de que unos vehículos de guerra queden aislados y rodeados por el enemigo. Hombre, una nevada no es un enemigo militar; aunque sea una nevada general.

Filomena. “Filomena” se dijo también “Filomela”. Se cree que significaba “amante de las manzanas” (mela, en griego clásico). Otra teoría dice que “amante de la música” (melos). En España, 8.227 mujeres se llaman Filomena, y su edad media es de 71,6 años, según el Instituto Nacional de Estadística. De esto se deduce que tal nombre de origen griego va camino del olvido, salvo que lo revitalice esta borrasca. La mayoría de las Filomenas se concentran en Extremadura, Salamanca y Granada. No obstante, tanto Filomena como Filomela se usan en el lenguaje poético como equivalente de “ruiseñor”, debido a un mito que cuenta Ovidio en las Metamorfosis y que recordaba el pasado viernes en RNE el profesor Emilio del Río. Filomena, personaje de ese relato, fue transformada en ruiseñor para escapar así de la venganza de Tereo. Bueno, pues ahora tenemos la venganza de Filomena.

helada. Del latín gelāre (helar). Es lo que viene ahora. La nieve aumentará su peligro al convertirse en hielo y solidificarse en balcones, terrazas, cornisas, árboles y suelos. Se han acuñado en español las expresiones “helada blanca” (o escarcha) y “helada negra” (la que es tan intensa que quema las plantas). La helada que viene quemará las plantas y la paciencia, ya dañada de antemano.

nieve. Del latín nivis. La nieve es blanca, atractiva y peligrosa. Todo ello la asemeja con la cocaína, y por eso comparten significante. En cambio, el punto de nieve es la fase en la cual la clara de huevo batida adquiere espesor y consistencia. No hay color. Bueno, sí. Todo sigue siendo blanco.

sal. Esta palabra no habrá cambiado en unos 3.000 años, siglo arriba siglo abajo. En latín se decía igual: sal. La sal mejora las comidas y el asfalto. En nevadas como esta, y en la vida, conviene echarle sal al asunto.

[Fuente: http://www.elpais.com]