Mientras pulía las lentes y frotaba los espejuelos microscópicos o colosales que llegaban en barricas de Ciudad Rodrigo y la gendarmería ‘koninklijk’ holandesa le contemplaba con benevolencia Espinosa pensaba en el ‘Deo’ de su ‘Ethica’ (‘Ordine geometrico demonstrata’)

Escrito por Fernando Arrabal

SPINOZA

Como en un impulso hacia la fábula
nació trescientos años antes que yo
en la escuela para superdotados
cuando tomó su primera lección
mientras Rembrandt descubría la anatomía.

Recordando
la pierna rota de Belerofonte
prefería soñar con la amistad
a amores oblicuos de fantasías y quimeras.

Trabajador y filósofo
pulidor de espejuelos y universos
reconcilió ciencia y omnisciencia
tuberculoso resbalaba
en la cresta de la austeridad
cerca del rigor de las matemáticas
sus exactitudes y sus arcángeles.

Como deseaba
a horcajadas su Deo y la Naturaleza
reconcilió precisión y gracia,
¡lo instantáneo y lo eterno!

Amurallado en el calabozo de lo prohibido
bajo cinco codos de incomprensión
destilaba sus conocimientos
gota a gota
sin miedo a naufragar.

En su cerebro flotaba la alegría.
sus noches se tejían en su cubículo
en un despliegue de teoremas y aforismos.

Sus detractores repetían :
«Hace todo lo que está prohibido
con el orgullo de los blasfemos»
el que amaba a Deo
en su naturaleza y sus clones.

Maduro para la frustración
rezaron para verlo
en el infierno
abrasado
por los siglos de los siglos.

Cachito de cielo
su caridad flotó, disponible
le hubiera gustado quemar en las llamas
todas las credulidades.

La voluntad no es una causa libre
pero tan necesaria
incluso cuando pervive
encerrada por las musas.

Vaga por su mundo
como lacado por la nieve
como causa de sí mismo
cuando su existencia
precede a su naturaleza.

Convertido
hacia la intimidad de su saber
no tomó atajos hacia lo eterno
para no caer en callejones sin salida.

Explorador nunca perdido en pantanos,
equilibrista, entre la medida y el infinito,
logró la inocencia del origen;
su deseo se adaptó a las dificultades
con ¡qué ardor!

Olían tanto a veneno
los milagros y la charlatanería
que mordió la fiesta de las supersticiones
hasta escupir sangre.

Como Newton y Kant
nunca dejó escapar una perla de sudor
ni una gota de semen.

A lo largo de los siglos
el conoció la gloria y sus oscares
en el arrabal de su firmamento.

Voló
cabalgando sobre la pureza
huyendo de la alcoba sus mentiras
y sus galaxias.

El nunca bromeó
bajo la campana de los chismes.
cuando los rencores son
fatalmente inexactos.

 

I-I-XXI aparente

 

[Fuente: http://www.laregledujeu.org]