« Después de Babel », una muestra sobre la traducción como herramienta política en el Río de la Plata, puede visitarse en el Centro de Arte Contemporáneo Muntref del antiguo Hotel de los Inmigrantes.

Proclamas de Belgrano escritas en guaraní, un recorrido beatnik desde Ezra Pound hasta el rock nacional o arte hecho con actas bautismales de indios cautivos son parte del medio millar de documentos y obras que forman « Después de Babel », una muestra sobre la traducción como herramienta política en el Río de la Plata, que puede visitarse en el Centro de Arte Contemporáneo Muntref del antiguo Hotel de los Inmigrantes.

¿Qué es capaz de reunir en un mismo territorio a Lacan con Joyce, Perón, Homero, Borges? « La respuesta es simple: la traducción », dice Marina Aguerre, cocuradora de la muestra que propone diálogos, previsibles algunos y otros muchos insospechados, sobre la diversidad cultural y lingüística ‘aplastada’ por los relatos hegemónicos.

Y así, obras fundamentales que convocan tanto a Grete Stern como a Quino, a Rodin como a Marta Minujín, van tejiendo una red con el neocriollo de Xul Solar; videos, registros sonoros e instalaciones.

« La traducción es un hacer con las diferencias. Enseña formas de inventar y jugar con las dificultades para producir algo nuevo basado en la historia y la tradición, pero también en las singularidades y las historias individuales. Es quizá aquello que más precisamos en el mundo globalizado para saber cómo existir juntos, un aprendizaje de ciudadanía », dice la lingüista francesa Bárbara Cassin, autora de las muestras originales, realizadas en Marsella y en Ginebra, sobre las que se recreó esta otra.

Montada en los márgenes del mismo río que define el territorio que investiga, la muestra crea una geografía nueva, surgida del cruce entre documentos y « producciones de artes visuales que no son tomadas como ilustraciones », advierte Aguerre, sino que fueron entendidas y utilizadas como « otro medio parlante » alrededor de las problemáticas encontradas en la investigación.

Interesados en la potencia sensible de las imágenes, la exhibición recupera obras como la de Cristina Piffer usando seis palabras que vienen de leyes que habilitaron la violencia en Argentina, escritas en vidrio con sangre disecada hasta volverse polvo.

‘Indios’ y ‘bárbaros’ del período de expansión hacia el sur del Río Negro durante la Conquista del Desierto; ‘apátrida’ y ‘extranjero’ de las leyes de residencia cuando la barbarie pasan a ser los anarquistas y los comunistas; ‘subversivo’, de los decretos peronistas de 1975; y ‘terrorista’, de la ley antiterrorista de 2007.

« La dicotomía civilización-barbarie se trabajó en el Río de la Plata con obras y documentos que permiten pensar su historia de las luchas contemporáneas », explicó otro de los curadores, Leandro Martínez Depietri.

« Esta exposición parte de la noción de bárbaro que toma Cassin, palabra que viene de la onomatopeya griega ‘bla, bla, bla’ y que los griegos usaban para designar a quienes no hablaban su lengua y consideraban incapaces de razonar porque para ellos el ‘logos’, la capacidad de pensar, ocurría en la lengua culta griega. El resto de las lenguas y quienes las practicaban eran menos que humanos », indica Depietri.

En esa dicotomía entre civilización y barbarie surge desde la lengua una mirada deshumanizante que termina en categorías como la esclavitud y que pueden parecer un problema de la antigüedad, « pero la lengua hegemónica funciona siempre aplastando la diversidad; y pensar que la comunicación debe darse en una sola lengua y que la cultura está definida por una lengua única es reducir el mundo », asevera el curador.

« Muchas lenguas permiten muchas miradas del mundo -remarca-. La traducción permite ver que las lenguas no tienen que pensarse a partir de la equivalencia del ‘cómo digo’ sino a partir del remanente intraducible que queda: decir ‘casa’ no es exactamente lo mismo que decir ‘home’, no funciona exactamente como una equivalencia que nos hace ver igual el mundo, son palabras distintas que refieren a cosas, sensaciones, registros, parecidos pero distintos ».

En guaraní hay un color que significa verde con azul y eso habla de ese pueblo que habita la selva, como los esquimales que tienen cerca de 15 nombres para nombrar lo que siempre veríamos como blanco. Un eje de los nueve que tiene la muestra se encarga de recopilar ese tipo de palabras, las intraducibles como la saudade portuguesa.

« La traducción da cuenta de que otros ven cosas que nosotros no vemos y eso habla del valor de las diferencias, de que las palabras forman tras visiones del mundo », sostiene Depietri.

¿Por qué o desde dónde la traducción puede ser una herramienta política o de construcción de ciudadanía? « Al entender que un otro que habla otra lengua porta otra visión, entendemos que esa distancia no es una cuestión de evolución cultural o superioridad, que no hay una cultura, sino que vivimos en una pluralidad de culturas, algo especialmente necesario en un mundo global donde hay crisis de refugiados y un flujo inmenso. Somos un entramado », concluye.

 

[Fuente: http://www.telam.com.ar]