Imaginemos un retrato de Alfredo Stroessner; ahora imaginemos que alguien le pinta los labios, le dibuja pestañas, le agrega dos cuernitos en la cabeza. Esa intervención, que trabaja sobre una imagen u objeto del mundo existente, vuelve a la imagen del dictador una figura pop.

Escrito por Derian Passaglia

Como el posmodernismo y el relativismo, como Michael Jackson, como Lady Gaga, como Manuel Puig, como una publicidad de cerveza, una película de Tarantino, una serie sobre la reina de Inglaterra, la reina de Inglaterra, un perro de la calle sin una pata, mate cocido con leche, Pampita, Moria Casan, Cristiano Ronaldo, Vladimir Putin, Steve Jobs, una canción de los BTS, Instagram, Mark Zukerberg, milanesas a caballo con papas fritas con cheddar y panceta, un shopping, una bailarina en una cajita musical, un pintauñas, una camisa con la cara de Sandro, el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, Tom Cruise, en fin, cualquier cosa pareciera que puede ser pop, cualquier elemento mediatizado podría ser llamado pop.

Leí el libro El “pop art” de Oscar Masotta. Es chiquito, apenas pasa las cien páginas. Lo compré hace años en una de las librerías de los alrededores de la facultad de Filosofía y Letras en la calle Puán. Me gusta la tapa, que reproduce esa tipografía jipi de los años sesenta a colores, las letras están redondeadas, son sinuosas, adelgazan y engordan, tiene una onda a la tapa del disco Yellow Submarine de Los Beatles. Hibernó en la biblioteca todo este tiempo y recién lo agarré ahora por azar, por curiosidad y por deseo, las tres leyes que me guían como lector. Masotta es muy intelectual y se nota en la manera en que plantea su teoría del pop influenciado por las teorías francesas postestructuralistas.

Andy Warhol inventó en la década de los sesenta la forma del arte actual, a través de una instalación de las famosas sopas Campbell’s. El arte actual se sigue entendiendo como instalación, aunque en realidad no es un invento de Warhol, sino de Duchamps, lo que Warhol le agregó a las instalaciones fue lo pop. Para Masotta, el arte pop es un signo que problematiza la imagen con la referencia de su objeto real. Al sacar las sopas Campbell’s del supermercado y llevarlas a un museo, Warhol hace solamente un movimiento. Pero en este movimiento está la clave del arte pop, porque las sopas dejan de tener la función propia, utilitaria, para las que fueron creadas. En el museo, las sopas Campbell’s se transforman en arte, y este parece ser un problema para el arte pop en general, ya que este mismo movimiento podría hacerse con cualquier otro objeto del mundo y lo único que cambiaría sería el contenido. El arte pop parece intervenir sobre el mundo tal cual como está pensado, con sus discursos, sus formas, sus ideologías y medios. Imaginemos un retrato de Alfredo Stroessner; ahora imaginemos que alguien le pinta los labios, le dibuja pestañas, le agrega dos cuernitos en la cabeza. Esa intervención, que trabaja sobre una imagen u objeto del mundo existente, vuelve a la imagen del dictador una figura pop.

El signo señala, y en el caso del arte pop, señala al objeto mismo. Para Masotta, el pop no informa sobre la realidad, informa sobre los discursos que mediatiza la realidad. Lo único que en realidad puede informarnos es que la realidad es una construcción, nos pone delante la realidad para que la veamos en su forma, vacía el contenido, ya no importan las sopas, importa la marca, importa que esa marca es una marca de sopas, y que esas sopas se venden en los supermercados, que pertenece a una multinacional que comercializa un determinado producto. La imagen que muestra el arte pop está cargada de otros discursos.

Después Masotta dice que el objeto, en el arte pop, va hacia el hombre, y no al revés. Esto me gustó, porque es como que el hombre no puede hacer nada ante ese objeto, la realidad se presenta ante él, no hay agencia, está constituido por las cosas que pasan afuera, en el mundo. También dice que es un arte de la redundancia y que hay un rechazo radical a la metáfora, el arte pop es literal, nombra la cosa con su mismo nombre en la realidad. Y esta cita: “en cuanto al arte pop, había que decir que constituye, junto al surrealismo, el segundo gran movimiento estético del siglo XX que ha puesto el acento en la subjetividad descentrada”. Parece ser un arte del objeto que hace preguntarse al propio sujeto por su lugar en el mundo.

No me gusta cuando Masotta habla de que el arte pop hace una crítica a todo realismo del objeto. La crítica la hace Masotta, no el arte. Pensar que el arte es crítico, cualquier que sea, es pensarlo bajo la lógica del realismo, y es justamente el lugar del que Masotta quiere sacar al pop. La crítica en el arte es cosa de la crítica, no del artista, porque la crítica usa paradigmas viejos de la representación clásica, donde se imagina que un objeto del arte refleja un objeto de la vida. Habría que eliminar directamente la categoría del realismo para hablar de arte pop, dejarla afuera. Y es más: habría que olvidarse ya del realismo, que es cosa del siglo XIX, de burgueses y aristócratas, de un mundo que ya no existe. El arte pop transforma un objeto del mundo en fantasía, nos divierte, nos hace reír y llorar, emociona; crítica hacen los periodistas.

El pop saca de contexto los objetos y los pone a funcionar en otros. Para que sean considerados “pop” deben ser objetos de consumo, productos que sirven para satisfacer necesidades. Hace poco vi la foto de una obra de Ai Weiwei, un artista chino, que había impreso en un jarrón de la dinastía Han el logo de Coca Cola. Me seduce cuando el pop se cruza con el barroco. Pablo Katchadjian intervino “El Aleph”, el cuento más famoso de Borges, lo engordó agregándole más de tres mil palabras y lo publicó con el título de El Aleph engordado. Tal vez lo que habría que pensar es lo pop del arte, ¿finalmente todo objeto de consumo es popular?

[Ilustración: página Las chicas Superestronistas de Facebbok – fuente: http://www.eltrueno.com.py]