Que a Napoleón le gustaba beber vino, es algo que los amantes de la historia conocen muy bien

Escrito por Angélica Mur

Quizás lo más llamativo de este controvertido pero innegable personaje histórico es su afición por añadir a su copa vino y agua en la misma proporción, algo que si tenemos en cuenta el tipo de vino que osaba ‘rebajar’, no es necesario ser un enólogo experto para que tal acto conlleve cierto grado de pecaminoso.

De lo que no cabe duda es que el célebre militar era conocido también por su exquisito paladar, y su fidelidad máxima para con un tipo muy concreto de vino, que le acompañó siempre en sus campañas bélicas, momentos de relax, e incluso hasta el final de sus días.

Louis Marchand, ayudante de cámara de Napoléon, así como Louis Antoine Fauvelet de Bourrienne, político y diplomático contemporáneo, dejaron constancia en sus escritos de esta predilección, y casi manía o superstición de Bonaparte, de llevar consigo a todas sus campañas este vino en concreto, su preferido, según señala Sílvia Colomé en La Vanguardia.

Desde su gloria en el caluroso Egipto en la batalla de las Pirámides frente a los aguerridos mamelucos, hasta su derrota aplastante en Rusia, su vino siempre le acompañó, aunque a buen seguro, ni en los fracasos ni en las victorias, fue responsable real en absoluto, por mucho que el testarudo militar así lo creyese.

De esta manera, Marchand escribió: ‘lo único frío que había en la campaña de Egipto era el Chambertin de Napoleón, lo único cálido que había bajo el cielo gélido de Rusia era el Chambertin de Napoleón’.

También otros personajes históricos se han enamorado de este vino, como es el caso del escritor inglés Hillaire Belloc, quien afirmó: ‘Olvidé el nombre del lugar; olvidé el nombre de la chica; pero el vino era Chambertin’.

Volviendo a Napoleón, el conde de Las Casas dejó constancia de que en el último medio mes de vida de Bonaparte en Santa Elena, el emperador de los franceses, copríncipe de Andorra, rey de Italia y protector de la confederación del Rin, o su Majestad Imperial a secas, bebió cada día su querido Chambertin, que muchas veces acompañaba también del dulce Vin de Constance de Sudáfrica. Un epílogo previsible dado su amor por este vino, durante toda su vida.

[Fuente: http://www.vinetur.com]