A mucha gente le sonará mal eso del rabo entre las piernas, sobre todo porque se suele aplicar a varones

Escrito por ÁLEX GRIJELMO

Santiago Abascal, máximo dirigente de Vox, arengó a sus seguidores el 9 de abril para expulsar de la política a Pablo Iglesias, de modo que se vaya “con el rabo entre las piernas”. Esta misma locución sería repetida por Macarena Olona, portavoz de Vox en el Congreso, el 15 de abril: Pablo Iglesias, dijo, “vive con el rabo entre las piernas, obsesionado por su seguridad”. No hay dos sin tres: El 17 del mismo mes, Rocío Monasterio, candidata de Vox en Madrid, arrojaba esa locución al grupo de intelectuales y artistas que, según ella, habían firmado un manifiesto contra el partido ultraderechista, entre los que citó a Javier Bardem y Pedro Almodóvar: “Es una oportunidad maravillosa. Lo tenéis ahí con vuestro voto, que se vayan todos estos con el rabo entre las piernas”.

Imagino que a mucha gente le sonará mal eso del rabo entre las piernas, sobre todo porque se suele aplicar a los varones. El dicho se basa en la actitud de ciertos animales que huyen atemorizados, especialmente los perros. Por tanto, me parece más adecuada la opción “con el rabo entre las patas”, a fin de representar la imagen de un cuadrúpedo que se va humillado, y evitar referencias ambiguas.

Pero, ay, la estadística y los diccionarios contradicen mi criterio.

Para empezar, el lexicón de las academias incluye “con el rabo entre las piernas” (en la entrada “rabo”) y no “con el rabo entre las patas”. Primer golpe.

Para seguir, el Diccionario fraseológico documentado del español actual (Seco, Andrés y Ramos) hace lo mismo. Segundo zasca.

Busco en el libro Frases, timos y decires, de Mariano Hormigos, y sucede otro tanto: aparece solamente “con el rabo entre las piernas”. Tercera colleja.

Y cuarto mamporro: Los bancos de datos de la Academia, con cientos de millones de registros de todas las épocas, ofrecen estos resultados:

1. Entre el siglo XVIII y mediados del XX, 26 documentos recogen esa locución con la variedad “piernas”, y sólo 3 con “patas”. Y por si fuera poco, estos últimos se refieren a animales y no a personas. La primera cita aparece en 1705, en una obra de Raimundo de Lantery, nacido en Niza pero gaditano de adopción, que usa un lenguaje muy próximo al oral, como ha estudiado Pedro Álvarez de Miranda (revista Criticón, 103-104, 2008).

2. Estas dos locuciones se documentan con más abundancia en el último cuarto del siglo XX. Las incluyen 62 documentos con la opción “entre las piernas”, mientras que sólo 9 recogen “entre las patas”. Pero vemos ya tres usos de “entre las patas” relativos a personas. Y uno referido al diablo (con lo cual aquí ya queda claro de qué rabo estamos hablando).

3. Finalmente, en el tramo de documentos del siglo XXI, 93 textos incluyen “entre las piernas” y únicamente 28 “entre las patas”, ahora sí con abundantes referencias a personas en esta segunda opción.

La enseñanza que puedo extraer de todo esto consiste en pensar que mi opinión inicial ha quedado contradicha por el uso general. Por tanto, nada que oponer a quienes elijan decir “se fue con el rabo entre las piernas”. Ahora bien, allá cada cual con su estilo. Yo seguiré escribiendo “el rabo entre las patas”, para no distraer al lector con un segundo sentido posible.

Pero, ojo, espero usar esas palabras en alguna ficción, en algún ejemplo, quizás para negarlas (“no hay que irse con el rabo entre las patas”). Porque desear que alguien huya como un perro maltratado me parece un sentimiento ruin, innoble, propio de gente desalmada. No sé por qué lo dirán tanto los de Vox.

[Foto: DAVID FERNÁNDEZ / EFE – fuente: http://www.elpais.com]