Escrito por Joaquín C. Bretel

Hace once años murió Carlos Monsiváis, uno de los grandes intelectuales mexicanos del último siglo. Monsiváis no solo dejó una importante obra literaria; fue también el principal intelectual de su época en medios de difusión masiva, en la televisión, la radio y los diarios. Particularmente destacado en el caso de Monsiváis fue su combinación del humor, la ironía y la mordacidad con un gran conocimiento de la literatura occidental y de la cultura mexicana, alta y baja, desde López Velarde a El Santo o Chavela Vargas (a quien llamó « la voz de la desolación »).

Monsiváis nació en la Ciudad de México en 1938 y perteneció a una ilustre generación de escritores que incluyó a Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco y Carlos Fuentes, entre otros. Estudió en la UNAM Economía y Filosofía y empezó a trabajar en revistas culturales desde que era un adolescente. Dueño de una memoria prodigiosa y una mente veloz, tempranamente se convirtió en un referente como escritor y comentarista de la vida cultural y política del país. Su trabajo como escritor fue vasto y variado: escribió ensayos, piezas de opinión, crítica de arte, crónicas, libros de historia, un poco de narrativa, y fue editor numerosas antologías.

Quizá sus obras más importantes en sus primeros años como escritor son Días de guardar y Amor perdido  (además de la temprana autobiografía Carlos Monsiváis). Pero la obra de Monsiváis es vasta, bien surtida y campechana, y hay para todos. Escribió una biografía sobre Frida Kahlo, ensayos de largo aliento sobre Amado Nervo, Octavio Paz, Carlos Pellicer y, sobre todo, sobre su querido Salvador Novo. También escribió mucho sobre cine y sobre la masacre de Tlatelolco. La colección Aires de familia reúne algunos de sus textos más memorables.

Curiosamente, Monsiváis fue un gran amante de los gatos y de la Biblia, el libro que consideraba el más importante del pensamiento humano, especialmente en la versión de Reina y Valera:

Entre nosotros, la Biblia no solo era el fundamento religioso, sino el lazo de unidad, de la razón de ser de la familia. Su papel era muy preciso, la fuente del conocimiento y del comportamiento. Para mi madre, la Biblia era el objeto del cual nunca se desprendía. Era feliz cuando daba clases de Escuela Dominical. Era bibliocéntrica, y con frecuencia en una discusión respondía con versículo.

Él mismo tenía esta misma capacidad, pues había memorizado buenas cantidades del libro.

Monsiváis fue además un excelente analista político, lúcido crítico del partido dominante en su momento, el PRI, y aparecía regularmente en los medios y programas más importantes del país. También es considerado una voz esencial en el movimiento LGBT+ en México. 

A once años de la muerte de Monsiváis no hay nadie que se le acerque como comentarista y crítico de la vida mexicana. La ausencia de un intelectual del nivel de Monsiváis es una sombra que oscurece la actualidad mexicana. 

 

 

[Foto: Flickr – fuente: http://www.pijamasurf.com]