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El 31 de mayo se cumplirán 79 años de un acto heroico de dos miembros de la resistencia griega a la ocupación nazi que los elevó a la categoría de « héroes del pueblo ». El pasado mes de marzo murió el último de ellos, luchador antifascista y anticapitalista hasta el último día.

Escrito por Hansgeorg Hermann (*)

Dos escenas son significativas de la en ocasiones impetuosa vida del griego Manolis Glezos. La primera se desarrolla entre sombras. En la noche del 31 de mayo de 1941, por entonces un estudiante con 19 años, trepó la « roca sagrada » de la Acrópolis junto con su amigo Apóstolos Santas, conocido por « Lakis », pocos meses mayor que él, y arrancaron la bandera de la esvástica, plantada allí por los soldados del ejército alemán un mes antes, el 27 de abril de 1941. En su lugar izaron la bandera nacional griega, escapando sin ser descubiertos.

La segunda escena ha sido mil veces filmada, fotografiada y publicada. Se puede ver a « Manolis », como así se le conocía en todo el país 70 años más tarde, y a su viejo amigo Mikis Theodorakis el 12 de febrero de 2012, en medio de una furiosa multitud en la Plaza Sintagma de Atenas ante el Parlamento griego. Manolis empuja a Mikis, tres años más « joven », en la silla de ruedas. Ambos protestaban junto con miles de personas contra las políticas de austeridad aplicadas por la Comisión Europea a instancias de los alemanes, llevando al país a los límites del colapso social y económico.

Los alemanes y Manolis Glezos…

Nacido en septiembre de 1922 en el pueblo de Apeiranthos, en la cíclada Naxos, dedicó su larga vida, ante todo, como político municipal, nacional y europeo, a la lucha por la reparación económica para su país, los griegos y sus familias, exigiéndola a los diferentes gobiernos que se sucedían en Bonn y Berlín.

El historiador austrogriego y profesor de universidad Hagen Fleischer describía estos días como de importante y sin embargo exasperante parecía resultarle en el fin de sus días la resistencia contra la gran potencia del norte -antes militar, después económica-, a aquel hombre elevado a « héroe del pueblo » aquella noche de mayo de 1941:

« En la primavera de 1944 los invasores arrestaron, torturaron y ejecutaron al hermano menor de Manolis, Nikos, quien también había destacado en la resistencia. Manolis recibió veinte años más tarde una « compensación » dentro del marco de los acuerdos globales greco-alemanes de 18 de marzo de 1960, concedida a los griegos perseguidos, o a sus familiares supervivientes, por « motivo de raza, religión o ideología ». Los 115 millones finalmente acordados entre Bonn y Atenas, fueron divididos entre un total de 96.880 « beneficiarios » reconocidos, dependiendo de los daños sufridos. Con el dinero recibido por su hermano asesinado, Manolis colocó la primera piedra para una Biblioteca de la Memoria en su Naxos natal. »

Estaba claro para Glezos, y ello alimentó su indignación, que la ridícula suma que había sido arrancada a los alemanes después de años de disputas una vez finalizada la guerra solo representaba una pequeña parte de lo que la Wehrmacht y sus comandantes fascistas habían destruido y robado a los griegos. El « último partisano de Europa » fue descendiente de un guerrillero cretense de Sfakiá, en el sudoeste de la isla, quien el siglo anterior había liderado una interminable guerra de guerrillas contra la fuerza de ocupación otomana. Como parlamentario ateniense y diputado europeo, Glezos exigió tenazmente « la liquidación de las deudas alemanas. »

Con este término genérico clasificó « no solo los llamados ‘préstamos de ocupación’, que se recaudaron mensualmente de 1942 a 1944 y fueron reconocidos histórica y moralmente -con la excepción del gobierno federal- en todo el mundo, sino que incluso fueron reconocidos y registrados en la correspondencia de guerra del Ministerio de Asuntos Exteriores nazi como ‘deuda del Reich con Grecia' », dice el historiador Fleischer. Glezos también exigió una suma de hasta 270 mil millones de euros, como calculó para JW en su casa de Atenas hace ocho años. « Un montón de dinero », como bien dijo, « con el que podemos devolver lo que supuestamente debemos al capital financiero ». No le sorprendió que ni en Bonn ni en la « República de Berlín », posteriormente constituida como una dura potencia hegemónica europea, respondieran a sus cartas y solicitudes.

Conocía la arrogancia de la clase dirigente de su país. A lo largo de su vida política había luchado contra los oligarcas como comunista y socialista, más recientemente en la dirección de Syriza y después en su escisión de izquierdas Laïki Enotita (Unidad Popular). No más de diez a quince familias, como él y Theodorakis sabían, formaban la élite histórica que tan bien se llevaban con los industriales y los propietarios de capital alemanes. Manolis Glezos, el partisano, filántropo, escritor y ex editor-jefe del periódico Rizospastis del KKE, dejó de luchar el pasado 30 de marzo a la edad de 97 años. Su ataúd seguramente habría sido seguido por cientos de miles de griegos si no hubiera muerto en medio del confinamiento debido al coronavirus. Quedan para la posteridad las palabras de su amigo Mikis: « Manolis rompió la esvástica y se envolvió en la bandera griega. Él y nuestro pueblo son uno, símbolo eterno de la libertad ».

(*) Hansgeorg Hermann, escritor y periodista cultural, ha escrito la biografia de Mikis Theodorakis.

[Fuente: https://www.jungewelt.de/2020/04-04/index.php – traducción: Jaume Raventós – reproducido en http://www.bitacora.com.uy]

Discurso como pregoeiro da XVII Feira do Vinho do Ribeiro. Ribadávia, 30 de abril de 1980.

Ricardo Carvalho Calero

Publicado originariamente em: Ricardo CARVALHO CALERO, Letras galegas, Associaçom Galega da Língua (AGAL), A Corunha 1984, 349 pp. «Primeira parte»: «14. Louvança do vinho do Ribeiro», pp. 127-131.

Em Santiago de Compostela, desde a Carreira do Conde à Praça de Maçarelos, o trajecto é curto. Nas circunstâncias em que hoje se desenrola o tránsito, fai-se em tempo mais breve aquel caminho de a pé que sobre rodas. De por parte, a persoa que vos fala, que tem o seu domicílio naquela Carreira e o seu posto de trabalho naquela Praça, carece de rodas sobre as que rodar. Todos os dias, entre oito e nove da manhá, pola Senra, a Fonte de Santo António e o Tránsito dos Gramáticos, acede ao Mercado Velho para entrar, sob o imponente escudo de armas que brasona a fachada, in eremum, quer dizer, na sua Faculdade de Filologia, o edifício que para Colégio de Exercitantes erigiu o Arcebispo Yermo, segundo projecto de Lucas Ferro. In eremo reza a lenda do brasom, lembrando, em admoniçom equívoca, o nome do fundador e a austeridade como de eremitório que deve reger a vida do que se exercita na disciplina eclesiástica, e, segundo a opiniom de muitos, na própria disciplina universitária.

Mas, do mesmo jeito que o deserto pode florecer em rosas, porque o inundem as fontes do milagre, como na lenda dourada, ou o irriguem as águas conduzidas de longe por poderosas obras hidráulicas, como nas terras de Israel, onde hoje vivem, se calhar, descendentes dos valentes judeus que defendêrom a Porta Nova da vossa vila contra os besteiros do Duque de Lencastre, assi tamém a nobre sobriedade do exercício espiritual e da dedicaçom docente é compatível, em clássica alternáncia aristotélica ou em romántica síntese hegeliana, com a doce lediça da vida, com o benefício alegre dos dons da natureza, com o usufruto saudável dos bens temporais que nutrem com o seu zume assoalhado o sustento material do home, obra de luz e nom de trevas, como duplamente justificada pola criaçom e pola encarnaçom.

Desta arte, a cifra arquitectónica do urbanismo compostelano resulta símbolo do côncavo e o convexo da esfera da uniom substancial do home, na formosa e melancólica Praça do Mercado Velho, com os seus pradairos e o seu magnólio, onde cantam os melros do solpor, porque ali junto, acarom dos muros que ergueu a religiom e hoje povoa a ciéncia, se abre a porta de Maçarelos, a única em pé das sete portas que davam acesso ao recinto da cidade nos tempos descritos polo Códice Calixtino, porta que se abria aos caminhos do Sul, aos caminhos do Ribeiro, a rota de Ribadávia, porta por onde, no lombo das mulas de ajôujeres cacarelos e estribilhantes, conduzidas por arrieiros de altas vozes, o precioso dom das videiras entrava na cidade: pretiosos Baccus venit in urbem.

Todos os dias vejo eu a Porta de Maçarelos, a porta que, nos caminhos do tempo, abre Compostela a Ribadávia, a porta por onde Ribadávia entra em Compostela, e onde umha inteligente decisom administrativa fijo que se fixasse a placa que recolhe a formosa metonímia do Calixtino: pretiosus Baccus, o rico dom dionisíaco, o loiro ribeiro medieval, hoje –renovadas as cepas– arreiganhado no mesmo sábrego, madurecido debaixo do mesmo sol, agarimado polo mesmo rio, saudado polos mesmos vimieiros, a cambiar arrecendos de vida e cintilaçons de luz com as mesmas pavias.

Nesta celebraçom, pois, de hoje, em que, por carinhosa cortesia do Concelho de Ribadávia e da Universidade de Compostela, me corresponde oficiar, como outros colegas meus o figerom antes, num rio dionisíaco, sinto-me suficientemente justificado. Pois, ainda que a minha fasquia nom é –julgo– a de um Otero Pedraio, a de um Cunqueiro, a de um Rodríguez Gonçález, escritores que brilharom como glossadores opulentos, generosos e imaginativos das graças e riquezas do nosso agro, do bom jantar e do bom beber, dos produtos da nossa terra que alegram os nossos coraçons e levam polo mundo o nosso nome, hai umha tradiçom humanística que, sem necessidade de fazer profissom de epicureísmo, ainda mantendo-se na petrarquesca e herreriana devoçom platónica, eleva o seu canto à glória das rosas e das vides, das reconhecidas como benéficas entidades divinas, às que se pode amar como realizaçons da ideal beleza, da eufória ideal, acaroando-as respeitosamente aos nossos beiços, ainda renunciando a abusar do seu arrecendo e do seu lábio.

Da outra banda, a Compostela em que vivo e a Ribadávia em que agora ergo a minha copa de cordialidade verbal para o brinde em honor da flor do vinho, da palma da vinha, nom só se comunicam através da Porta de Maçarelos –e todas as entradas de hoje na cidade apostólica– pola presença ilustre dos caldos do Ribeiro na mesa familiar e hosteleira da metrópole galega. Tendo sido Compostela o centro da história de Galiza na época medieval, cando o primeiro senhor do reino era o seu Arcebispo, ambas as vilas, mália aas muitas léguas que as separam, estiverom ligadas por muitos vínculos além dos económicos; vínculos religiosos e políticos que determinarom muitas vezes a isocronia dos seus latejos. Compostela, empurrada pola mao poderosa do seu destino católico, quer dizer, ecuménico, tivo de medrar mais a partir do medievo, tivo de transformar-se, de fazer-se renacente e barroca, neoclássica e romántica, mentres que Ribadávia, nom muito menor que Compostela nos alvores da sua existência documentada como cabeça da Castela galega, permaneceu em maior medida no seu medievalismo, fiel ao seu carácter militar e feudal, confinada até tempos modernos no seu recinto fortificado com catro portas e no seu arrabalde encostado na muralha, o que nom significa que o sangue das suas videiras nom circulasse além das terras do seu vale, embarcando as suas barricas de treixadura em Baiona ou em Vigo com destino aos portos da Flandres e Inglaterra.

Ribadávia, como Compostela, foi das vilas galegas mais afectadas pola grande revoluçom demográfica do século XIV, cando, morto em Montiel o rei Dom Pedro, as mercês henriquinas implantarom no país umha nobreza foránea, que se em Santiago ameaçou e contestou o senhorio do Arcebispo, em Ribadávia, que era vila real, suplantou a influência das linhages indígenas dos Nóvoas, Pugas e Moscosos, entregada ao senhorio dos Sarmientos, logo condes, de nome tam próprio para exercer o mando em terras de bacelo, mas, com o seu ditongo castelhano, indicativo da profunda alheaçom que se iniciava na fasquia da nossa língua. E nas postrimarias do medievo, cando lavradores, mesteirais e fidalgos se alçam irmandados contra a alta nobreza feudal, e os “condes tolos” levam ao cume a anarquia senhorial antes de ser reduzidos pola autoridade dos Reis Católicos, se a figura lendária de dom Pedro Álvarez de Soutomaior fijo dos paços e as ruas de Ribadávia tabulado das suas façanhas entre homéricas e histriónicas, foi nas alturas da Almáciga, aforas de Compostela, onde o terrível bastardo, o Pedro Madruga matreiro e diligente, decidiu, com a impetuosa carga da sua cavalaria, a vitória final contra os Irmandinhos.

E agora me decato de que o meu discurso, que do ponto de vista da composiçom semelhava nos começos, pois todo o dito pode parecer exórdio, decorreu por umhas cales que me permitiriam quase que pôr-lhe o ramo com mui poucas palavras de mais. De jeito mais ou menos satisfactório, tenho apresentado o meu passaporte para entrar na vila, tenho quase sugerido ter, como vizinho de Compostela, um a modo de direito de progénie na flor gentil da Ávia, a Florávia que Otero bautizou. Tenho-me reclamado da minha condiçom de humanista –ainda que humilde– para fazer umha louvança decorosa e comedida do alegre dom de Baco, que desata o riso da mocinha viçosa e acende umha faísca de vida nos olhos do petrúcio vedraio. Mas ao teimar para legitimar a minha presença perante vós, tenho misturado à descriçom dos riscos que conformam a minha credencial, alguns que desenham o vosso semblante. A beleza geórgica do Ribeiro, a formosura tam antiga e tam nova de Rivadávia, o lábio engaiolador dos caldos galegos receberom de mim, como rebentos que abrolhassem ventureiros de umha cepa retorta sem cultivo, alguns galanteios marginais, que nom soubem esladroar com a podadeira. Sirvam-me de adianto na quota de saudaçom que nesta feira me cumpre dirigir à terra que o Ávia rega e à capital que a coroa, aos regedores que a administram, aos lavradores que a bordam e aos romeiros que a visitam.

Detido um instante neste canto do tempo, como no do Preguntoiro compostelano onde é fama que o pregoeiro do Concelho deitava os pregons das autoridades, eis-me, pregoeiro da XVII Feira do Vinho do Ribeiro, sucessor de ilustres colegas, prosélito, que nom rabino, da vossa sinagoga, oferente profano, que nom hierofante, do vosso ledo culto, a enxergar as últimas adoas do meu rogo, devotas palavras de peregrino obrigado, que se acolhe ao pórtico da vossa glória e é honrosa e indulgentemente recebido polo cabido da vossa egrégia Corporaçom.

Velaqui que o vinho do Ribeiro, como um deus agrário que reveste mil formas, se nos amostra em todas as suas variedades, em todas as suas manifestaçons, com a sua gradaçom de cores, arrecendos, lábios e envases. O grande órgao do Ribeiro, com o seu rico teclado de graves e agudos, brancos e tintos, densos e difusos, apresenta-se em toda a sua opulência para ser pulsado polas maos adoitas do catador, que sabe arrancar a esse teclado umha sinfonia para o gosto que equivale à sinfonia para a vista que oferece decote o vosso vale, com o cambiante triunfo da cor dos pámpanos segundo a sazom, que vai do verde tenro ao verde escuro, do ouro pálido ao ouro velho, do vermelho ao púrpura, do violeta ao morado, do cobre ao prata, do sol nacente ao solpor. O Ribeiro, em vinhos, em vinhas, em paisage, em humanidade, em arte é a mais pura exaltaçom do Barroco galego. Os pámpanos de esmeralda nos lóvios, como motivos ornamentais de um retábulo de igreja campesina, tenhem a mesma majestade risonha e serena das garcetas, das tranças femininas das vindimadoras, cabeleiras pesadas de grave negro azulado ou angélicos anéis de riços obriços, que nas páginas de Otero Pedraio cantam ledas cantigas entre o zoar das vespas ao redor dos culeiros onde os bagos acougam.

O vinho do Ribeiro de Ávia, o rei dos vinhos galegos, tem, justamente, umha magnífica projecçom literária. Cita-o Rosalia muitas vezes, cantou-no expressamente um poeta ribeirám, Eládio Rodríguez Gonçález. Mas as citas superiormente expressivas, as páginas em maior medida ajeitadas temo-las de procurar em Otero Pedraio, congenial na sua opulenta imaginaçom ornamental de grande escritor barroco, gozador desde neno, nos recantos da encosta de Canedo, da cromática das vinhas outoniças, em que o sol alapeia faíscas semelhantes às que sobem e baixam polos banzos dos socalcos de Ribadávia; congenial, digo, na sua generosa condiçom de tecedor de grinaldas de tropos, com a riqueza de ácios, com a bençom de pámpanos, com a convulsom laocóntica de sarmentos e varas que na fastuosa ribeira do Ávia cristalino, baixo a esculca da atalaia de Pena Corneira, campa na manhá loira que alumia o faiscante sol de abril.

Pantelas, o velho herói de várias narraçons de Otero, o home que chegou a encarnar o espírito do vinho, figura real elevada pola arte do senhor de Trasalva à categoria de mito, poderia ser glorificada como a forma antropomórfica do vinho galego e, se houvesse nestes tempos a comunicaçom cultural entre o artista e o povo que conheceu a Atenas do ditirambo e a tragédia, nom caberia descartar a possibilidade de um culto em que o pagao e o cristao, o erudito e o folclórico se fundissem num complexo símbolo expressivo de umha das grandes forças da nossa natureza, poderosa pujança, demoníaca presença agrícola, santo padroeiro do pobre vinhador que se ajoelha no socalco, e na adega impetra do dono do universo a protecçom para as suas vides contra a névoa que amera, a saraiva que apedra, o fungo que seca, a geada que queima, o rapaz que furta e o trabuco que grava.

O grande poema do vinho galego é A lagarada, a tragédia da vindima, com a sua grandeza dionisíaca, em que, como nas Bacantes de Eurípides, se dramatiza o poder numénico do mosto. Por esta obra, à vez realista e simbólica, se queredes de um realismo mágico, Otero Pedraio inscreve-se no cánone dos maiores dramaturgos da nossa terra. É umha obra para representar ao ar livre, em tempo de outono, ou em calquer tempo, e –por que nom?– nesta capital da leda e profunda terra do vinho, na Praça Maior, ou pé dos muros do Castelo, ou na ribeira do Ávia rumoroso.

Noutro tempo chegava o ribeiro a alongadas latitudes europeias. Modernamente, a emigraçom abriu-lhe as portas de algumhas terras americanas. O vinho do Ribeiro, o vinho galego, como a língua galega, está ameaçado decote por poderosas competências. Nom pode viver se nom luita teimosamente por sobreviver. O nosso vinho, a nossa fala necessitam, em primeiro termo, ser autênticos, ser eles mesmos, rejeitar energicamente toda adulteraçom, apresentar-se puros no concerto dos vinhos e das línguas. O tempo decorre, a história flui, a vida avança. As cepas renovam-se, as palavras cambeiam. Mas se o ribeiro ha de ser ribeiro e o galego ha de ser galego, o que é o mesmo que dizer, se o ribeiro e o galego querem ser algo, e nom nada, ham de manter as essências que os figerom serem o que som. Só assi se poderám abrir novos mercados, novos espaços vitais para o um e para o outro. Se o vinho nom sai da adega, nom passa de afago doméstico. Se a nossa língua nom se oferece fraternalmente, como na Idade Média, à comunicaçom com outras áreas hispánicas, nom passará de gíria arquidiocesana. Será melhor que algum dia nom exportemos homes, senom produtos. Todo galego deve consumir vinhos galegos, todo galego deve ler literatura galega. No entanto, para que a balança de pagos nos seja favorável, é preciso que, cada dia mais, em competência pacífica, polo esmero do cultivador, o nosso vinho se beba, a nossa literatura se leia além das catro províncias.

A primavera estende o seu manto sobre a ribeira do Ávia. O jubiloso coro dos vinhos que os colheiteiros nos oferecem, canta nas cores dos diversos embotelhados. É um canto de esperança. Sobre o verde da terra ribeirana, amanhá se alçará o sol. E será como umha fervente cunca de alegre treixadura que transbordando o barro que a contém, derramará os seus raios de luz sobre esta terra. Regedores e povo de Ribadávia, brindo porque aqueça perpetuamente as vossas almas esse vinho solar.

[Fonte: http://www.adiante.gal]

El desconcierto actual domina la escena social, virtual y personal, que percibida desde diferentes ángulos apunta a un futuro incierto. Mirar no siempre es ver. Ahora nuestras miradas solo nos permiten ver lo que las ventanas virtuales quieren, acotando más que nunca en las personas su derecho a observar, a contemplar, a estructurar la realidad y a decidir.

Ante esta situación, donde nuestros pensamientos están dirigidos por la duda de lo impredecible, la dirección de la mirada va a ser lo que pueda conformar un nuevo modelo de sociedad.

Escrito por Raquel Paricio

Intentar buscar causas, causantes u orígenes de este desconocido, impactante y terrible fenómeno mundial, nos pone en un callejón sin salida. Imaginar el futuro desde los únicos dos ángulos posibles, el catastrófico sin salida o el esperanzador, a pesar del desastre, dependerá de cómo decidamos estructurar la realidad. Desde la imagen apocalíptica mermará nuestro impulso de lucha, de avance y de dirección vital.

Para conocer los datos[1] y la evolución del proceso lo más adecuado es acercarse a fuentes científicas fiables[2]. Ahora bien, a la hora de interpretar el fenómeno, cada uno se acoge a la teoría que más le ayuda para seguir avanzando en una dirección u otra. Es su propia conciencia que estructurará el fenómeno hacia un futuro u otro. Será por compensación de la situación personal y biográfica y por complementación de una dirección mental que escogeremos un camino u otro.

No permitamos que todo se camufle bajo el azar casuístico de un virus que vino a desmontar todo nuestro “sistema de bienestar” y no permitamos que sea él el que realice la nueva revolución, sino que sea la intención humana puesta al servicio de todas las personas.

Es la mirada interna desde donde podremos dirigir una acción en el mundo. Esa mirada es la que ahora no podemos permitir que se confine. Desde lo interno de cada ser humano, hay que aprender a tratar al otro ser humano como a uno le gustaría ser tratado[3] y aprender a vivir desde un centro de gravedad capaz de desplazar lo superfluo.

Nuestra mirada va a tener que amplificarse en la situación externa, para no permitir que la hipnoticen con falsas verdades, y también nuestra mirada va a tener que aprender a internalizarse, a vivir desde la riqueza interior, tan inútil en el mundo capitalista.

El confinamiento de la privacidad

En algún momento a algunos nos pasó por la cabeza cuánto de cierto había en lo que estábamos viendo o leyendo por las redes y medios, porque hasta que un conocido no nos mostró de primera mano que realmente estaba mal y hospitalizado, todo podía haber sido una gran falsa mediática. Una locura de pensamiento claro, pero ahí estaba como la mayor fake para el control de las sociedades, al mejor estilo sobre las teorías panópticas de Foucault[4]. En definitiva, una fake más. Y algo intuíamos pues sabemos que esas teorías de control nos persiguen desde hace tiempo y ahora va a ser el momento de aceptarlas obligatoriamente como decretos de emergencia, por supervivencia personal. Geolocalizar a las personas para controlar la pandemia va a ser la próxima medida cuando salgamos a la calle. China[5] e Israel han sido los países pioneros. A través de sensores y algoritmos cada uno de nosotros puede ser rastreado; las tecnologías de reconocimiento facial, de temperatura sanguínea, serán implementadas en nuestros dispositivos móviles, pulseras electrónicas, o controles aéreos, para rastrear no solo una geolocalización sino un estado de salud y posible contagio. El control privado empezó a filtrarse en nuestras vidas rastreando nuestros datos sobre gustos, estilos u hábitos de vida y ahora promete ser mucho más preciso hasta llegar a controlar nuestra más íntima biología.

Algunos expertos[6] han definido el tema del control como una de las posibles causas más graves que como ciudadanos padeceremos después de este encierro. Nuestras libertades están en juego y con ellas el derecho a decidir. Así que en ese punto nuestra mirada va a tener que estar bien despierta y decidir hasta dónde y hasta cuándo querremos ese control de nuestras vidas que rastreará datos para luego ser parte de nuestra biografía personal y por tanto de nuestro futuro.

El confinamiento de la protesta

El fin del confinamiento debería permitirnos salir con fuerza a luchar de nuevo por nuestros derechos, esos que nunca estuvieron al merecido nivel de un ser humano. Quizá al virus haya que agradecerle en el mejor de los casos una ruptura de modelo social, que del modelo del capitalismo antihumanista avancemos hacia un humanismo, humanismo sin más etiquetas. Pero mucho me temo que para que eso suceda, habrá que crear mucha conciencia en el tema. Algunos piensan que este es el último aviso, y si no tomamos decisiones tendremos un colapso de la especie[7]. Porque el virus ha sido el detonante de un sistema lleno de fisuras incapaz de contener cualquier desborde. Ahora, y cuando salgamos de esta claustrofobia, tendremos que saber direccionar la mirada y también la acción, porque en este momento desde nuestras casas se nos está manteniendo en una cuarentena de silencio sin poder ver, sin poder actuar, sin poder protestar, sin poder manifestarnos, sin poder reclamar nuestros derechos, a merced de un sistema político que durante años recortó su presupuesto en necesidades que son un derecho para las personas. Por eso, cuando salgamos a la calle y las medidas lo permitan, que no será pronto, deberíamos recuperar las fuerzas, volver en masa a gritar por nuestros derechos, porque no vamos a callarnos en un confinamiento infinito. Ya veníamos padeciendo una grave crisis en muchísimos sectores como por ejemplo en la vivienda, pero no afectaba a todos, también en sanidad, pero tampoco afectaba a todos. Y ahora que ya estamos casi todos afectados, ¿qué tenemos que aplaudir, más allá de las acciones personales de muchos voluntarios?, los mismos de siempre, por cierto. El olvido sobre las responsabilidades de algunos ante tales agravios no existe y por tanto no deberíamos permitir que la historia reciente de recortes y austeridades de los derechos sociales quede impune como tantas veces ha sucedido en la historia.

La sanidad no se ha hecho insuficiente por un accidente imprevisto, la sanidad ya era insuficiente, y no fue precisamente un sector que quedó pasivo, no lo fue. Cuantos amigos han luchado por defender una sanidad digna y visibilizando el horror de los recortes. La Marea Blanca, uno de los movimientos que luchó sin parar, ahora debe ver ahogado su intento, pero siguen en pie y su decálogo de reivindicaciones ya plantea sus primeras y urgentes demandas[8] y manifestaciones públicas. Las reivindicaciones sanitarias ahora se hacen todavía más necesarias que nunca[9]. La disyuntiva entre la economía y la vida, la estamos viendo desafortunadamente de modo exacerbado en algunos países que ahora lo están pagando con sus muertos.

Ahora nuestra mirada se ha acotado a una calle vacía y sin transeúntes que desde la ventana o el balcón nos revela nuestra pequeñez en el mundo exterior, pero también bajo un silencio que muestra nuestra grandeza interna. La ciudad vacía nos sorprende y si no fuese por lo terrible de la situación, hasta nos gusta. Silencio en la ciudad. Quizá después del confinamiento surja “el día del silencio” como un hito de conmemoración de este periodo tan incierto que de sopetón golpeó nuestras vidas.

Lejos del silencio, era llenando las calles y las plazas que soñamos un cambio radical y no lo conseguimos, aunque en algunos lugares, los menos, tratamos de iniciar el camino. Fue en el 2008 y en el 2011 que algunos empezaron a soñar, otros lo habían hecho mucho antes. Y ahora nuestras calles y nuestras plazas están vacías. Fracasamos. Sí, hemos fracasado, es un fracaso que implicará un seguir insistiendo, ahora con los valores más claros y con más fuerza que nunca, porque en ello nos va la vida.

Ahora más que nunca, la mirada deberá rebelarse y acompañar a esas percepciones que no fomentadas ni en el temor a lo terrible, ni en la ilusión a un volver a una falsa “normalidad” nos permitan navegar a contracorriente de un confinamiento de todo en nuestra vida, como si esta cuarentena fuese un hipnotismo colectivo.

La mirada en los nuevos valores emergentes

Lo nuevo está ya emergiendo en la sociedad, en los valores comunes[10], en los acuerdos ciudadanos para tratarnos bien, en lo mejor de los actuales movimientos sociales, los ecologismos, los feminismos, los municipalismos[11], los makers, y los voluntarios. Además, incluyo y con punto y aparte al gran olvidado de la literatura racionalista y del orden capitalista, las nuevas espiritualidades como movimientos sociales, porque en estos días de confinamiento, la avalancha planetaria por la meditación conjunta ha llenado nuestras redes de convocatorias de todos los estilos.

Si, resulta curioso, pero en una crisis, los que estaban más ocultos son los que vienen a salvar a la humanidad y por eso los voluntarios en todos los ámbitos cobran hoy un especial sentido. ¿Qué están haciendo las grandes multinacionales para salvar el sistema, las que reinaban en el mundo capitalista, las que nos han destrozado el planeta y las que han explotado a las personas? Ahora son los grandes ocultos, que no vengan mañana con sus falsas campañas publicitarias vendiéndonos su falso apoyo social con la gran carga emotiva fácil de conseguir desde sus macroimperios mediáticos.

De la mirada externa a la mirada interna y de esta al futuro sin límites

Lo nuevo tiene que crecer, o nacer en aquellos que todavía no lo ha hecho, pero no ha tenido hueco para expresarse. Lo nuevo es un cambio profundo en cada uno de nosotros, en cada ser humano y en el conjunto, porque no existen solo los cambios individualizados sin expresión social. Lo nuevo es pasar de una mirada exclusivamente externa a una mirada interna. Ese cambio no es posible sin el trabajo interno, personal, espiritual. El trabajo interno va más allá de lo que algunas religiones enseñaron, de lo que las prácticas individualistas promueven para el bienestar individual o la ganancia de la empresa. El trabajo interno tuvo sus expresiones más potentes en pensadores como Lao-tsé; Buda; Platón; Pitágoras; Silo y numerosos místicos que entregaron sus experiencias profundas para el avance de la humanidad. El trabajo interno tiene unas regiones desconocidas para el ser humano con un potencial capaz de movilizar “imperios”. Es ese fuego de cada individuo que lucha por expresarse y por unir su llama con el resto de llamas y así incendiar un mundo que ya fue, convertirlo en cenizas y resucitar a algo nuevo, desde la nueva mirada que lejos de estar confinada necesita expresarse en el mundo con bondad, con amor y con ansias de pasar a un ser humano evolucionado.

NOTAS:

[1] https://www.nature.com/articles/s41591-020-0820-9

[2] A fecha de hoy una de las posibles páginas es: https://mkeflycovid19.herokuapp.com/

iniciativa sin fines de lucro y de colaboración para entender la evolución de la pandemia COVID-19

[3] La regla de Oro: https://www.pressenza.com/es/2020/02/la-regla-de-oro/

[4] Foucault, Michel. Vigilar y Castigar (1975)

[5] Byung-Chul Han: La emergencia viral y el mundo de mañana. https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

[6] Yuval Harari: El mundo después del coronavirus. https://www.lavanguardia.com/internacional/20200405/48285133216/yuval-harari-mundo-despues-coronavirus.html

Artículo original: https://www.ft.com/content/19d90308-6858-11ea-a3c9-1fe6fedcca75

[7] Eudald Carbonell: https://www.elconfidencial.com/espana/2020-04-12/coronavirus-eudald-carbonell-colapso-especie_2541200/

[8] https://www.pressenza.com/es/2020/03/aplausos-un-reconocimiento-tardio-a-nuestra-sanidad-publica/

[9] Iván Zahinos, coordinador de Medicos Mundi Mediterránea. https://www.elviejotopo.com/topoexpress/cambio-social-radical/

[10] Marina Garcés: Condición Póstuma: https://ctxt.es/es/20200302/Firmas/31436/Marina-Garces-condicion-postuma-sostenibilidad-posmodernidad-muerte.htm

[11] Gerardo Pissarello: https://ctxt.es/es/20200401/Firmas/31866/coronavirus-crisis-retos-pandemia-mundo-consecuencias-capitalismo-gerardo-pisarello.htm

[Fotos de la autora – fuente: http://www.pressenza.com]

O edificio da Sirena e o faro de Fisterra en 1888

Un artigo de Suso Jurjo

A pesar de que coido que son as fotografías máis antigas do faro de Fisterra, non o son tanto se pensamos que no intre en que foron realizadas, 19 de decembro de 1888, o faro levaba máis trinta e cinco anos en funcionamento e a posibilidade de reproducir a realidade mecanicamente iniciara a súa andadura nos anos trinta do mesmo século XIX. Cando en 1853 se rematou a obra que daba acubillo ao sinal luminoso de guía e salvagarda marítima, a fotografía atopábase plenamente consolidada e ata en Galicia estaba dando os seus primeiros pasos que ao remate dese decenio se traducirá na existencia de varios profesionais, con estudio fixo ou ambulante, exercendo esta arte cargada de futuro.

O tema no que vou adentrarme ten como protagonistas aos faros e á fotografía, dúas creacións do espírito humano que na súa orixe comparten un mesmo elemento: a luz. Sexa esta emanada do astro rei ou ideada polo home para desterrar a escuridade do mundo.

No sistema mítico grego foi o heroico Prometeo o que lle roubou o lume aos deuses para darllo aos homes. A realidade, algo máis prosaica, seguramente foi froito da observación continuada da natureza e dos seus fenómenos por parte dos primeiros homínidos. A conquista do lume foi fundamental para o desenvolvemento da civilización. Dende aquel momento o home tamén se podía sentir coma un deus menor. O dominio da chispeante laparada permitíalle iluminar as tebras da noite, quentar os fríos días da invernía, loitar con arteira maña contra os depredadores, mitigar a dureza e aspereza dos alimentos ata convertelos nunhas viandas brandas, atraentes e cargadas de nutrientes que o organismo absorbía de maneira máis efectiva, contribuíndo a amplificación de tódalas súas capacidades físicas e mentais. Os cerebros foron medrando de tamaño nun in crescendo continuo que chega ata os nosos días. En concordancia con este aumento tamén o fixeron os horizontes xeográficos, económicos, culturais e tecnolóxicos. Máis de millón e medio de anos despois da apropiación do lume, as naves fenicias empezaban as súas incursións polo Mediterráneo. Debeu ser este pobo de espelidos comerciantes o primeiro que botou man do lume para sinalizar durante a noite os puntos máis perigosos das súas singraduras, prendendo cachelas no alto dos montes ou sobre torres construídas para tal fin. Así naceron os faros. Seguindo o exemplo fenicio os gregos, os exipcios e os romanos fóronos propagando polas costas dos seus dominios. Desta maneira chegaron a Galicia e, a maiores doutros exemplos peor documentados, temos dende o século II despois de Cristo na Torre de Hércules o faro en funcionamento máis antigo do mundo. Unha testemuña privilexiada da evolución dos sistemas de emisión de sinais de aviso: dende as laparadas que coroaban o seu remate ata as lentes de Fresnel e as lámpadas incandescentes dos últimos tempos. 

A luz tamén foi fundamental para a inmortalización dunha realidade concreta, é dicir, circunscrita a un espazo, un tempo e a unhas circunstancias irrepetibles. Os primeiros experimentos iniciáronse nos anos vinte do século XIX e concretáronse definitivamente a finais da seguinte década. Os investigadores NIÉPCE e DAGUERRE, primeiro por separado e despois xuntos, idearon a primeira cámara fotográfica que se presentou en París en 1839 cando xa tiña falecido Niépce. Unha caixa escura á que se lle acopla unha lente que se orienta á porción de realidade que se quere captar, unha placa de cobre prateado sensibilizada con vapores de iodo colocada no interior da caixa e sobre a que incide a luz do exterior proxectada pola lente. Despois dunha determinada exposición á luz, ao inicio bastante longa, e de someter a placa a vapores de mercurio, pouco a pouco ese anaco do mundo irase revelando para a eternidade sobre o soporte metálico.
Isto, de maneira moi sintética, só foi o inicio dunha carreira á que se sumarían moitos outros inventores con novos métodos, máis efectivas solucións químicas, a introdución do papel como soporte da imaxe, o uso de negativos e positivos, a incorporación de lentes de maior potencia,… Unha longa ringleira de innovacións que chega ata a actual fotografía dixital.

Esta longa introdución exemplifícase no caso que nos atinxe nun faro concreto, o de Fisterra, e en dúas fotografías que inmortalizan o aspecto que tiña en 1888.

Hai lugares onde o peso do pasado, mítico ou real, é abafante. Fisterra e o seu cabo pode ser un deles. Este pedregoso promontorio con decidida determinación penetra mar adiante enfrontándose ás periódicas e embravecidas acometidas do océano. Como se dun poderoso músculo que tira do resto do corpo cara un ignoto máis alá, pero cargado de atraentes gozos; así tamén este extremo sobresaínte da Nosa Terra, alleo a calquera medo, avanza impetuoso na procura dun eterno día sen solpor.

A moi especial posición xeográfica que ocupa no remate de Europa, a súa abrupta e intricada xeografía, as borraxeiras que o envolven nas demoradas invernías, a incontrolada forza do mar que impón o seu autocrático dominio en máis ocasións das desexadas, o poderoso contraste entre estas augas que se precipitan contra os rochedos e a idílica calma que a escasa distancia se goza na baía da Langosteira. Estes trazos conxuntamente con outros máis imponderables, contribúen á singularidade deste lugar.
Un lugar habitado por pobos ancestrais, os Nerios, que aquí rendían culto ao sol en altares posteriormente transformados para adorar a outros deuses.
Un lugar conquistado por xentes de afastadas latitudes que hai dous mil anos temeron o inicio dunha noite sen fin cando contemplaron o sol fundíndose nas augas.
Un lugar no que xurdiu a rica e poderosa cidade de Duio, situada na calma da Langosteira e posteriormente asolagada pola forza das augas a causa de inconfesables pecados.
Un lugar no que, co tempo, agromou un pobo de mariñeiros feito de paciencia, austeridade e harmonía; mágoa que nos últimos cincuenta anos perdera parte do seu engano primixenio.
Un lugar visitado por camiñantes chegados de tódolos mundos coñecidos, guiados polas estrelas e polo palpitar do espírito en busca dunha verdade que só poden atopar ao final do itinerario internándose na súa propia experiencia.
Un lugar provisto dunha cama de pedra onde as parellas estériles se xunguían nun frenético e apaixonado enxerto capaz, máis alá dos seus posibles froitos, de saciar con sumo pracer os mutuos desexos nun espazo tan singular.
Un lugar protexido pola imaxe dun Crucificado traído polo mar dende non se sabe onde ata estas sublimes e estremecidas ribeiras nas xerou un culto cargado de prodixiosos milagres.
Un lugar tan agradecido ao seu Cristo que para el renovou e agrandou a igrexa de Santa María das Areas, na que se funden o románico, o gótico, o renacemento e o barroco nunha simbiose cargada de personalidade.
Un lugar santificado por dúas desaparecidas capelas nas que moraban ascéticos anacoretas que nunha torre erguida no Monte Facho prendían unha inmensa laparada para honrar á Divindade e de paso avisar aos navegantes dos perigos desta costa.
Un lugar poboado por unha caste de esforzados pescadores curtidos nas derrotas máis tormentosas e impredicibles.
Un lugar cunha costa sementada de farallóns contra os que esnaquizaban numerosas naves as fortes marusías, provocando os máis arriscados e entregados labores de socorro na veciñanza.
Un lugar que tamén tivo un Alexandre que percorreu apartadas xeografías non por ansias de dominio senón para fuxir da tiranía, mais sen desexalo conquistou o mundo cun dos entretementos máis ledos: o futbolín.
Un lugar… 

Se Fisterra ata finais da Idade Media fora o Finis Terrae do mundo coñecido, despois das grandes descubertas transoceánicas converteuse na vangarda de Europa, na terra máis occidental dun continente que dirixía boa parte das súas enerxías á apropiación dos xenerosos e marabillosos dons de ultramar. Se con anterioridade a este feito o trafego marítimo fora importante, agora a súa intensidade medraría de forma parella á insaciable voracidade do vello continente sobre as terras de alén mar. Este aumento continuo dos transportes por barco supuxo un importante incremento dos naufraxios acontecidos contra estes cantís tallados polas agresivas acometidas do Atlántico.

Chegado o século XIX co seu arrasador positivismo sobrado de ciencia e tecnoloxía, quixo facer desta acrópole de espiritualidade difusa, de cultos heterodoxos, de practicas incomprensibles para as mentalidades modernas; unha avanzada das novidades que a centuria traía para a guía e salvagarda dos barcos de tódalas bandeiras que vogaban fronte aos seus rochedos.

De maneira bastante imprecisa e fantasiosa xa aludín á existencia no curuto do promontorio, no Monte Facho, dunha torre sobre a que se prendía lume. A súa funcionalidade estaría orientada máis que a servir de guía aos barcos que navegaban pola zona, a ser un punto de vixilancia e aviso a outros observatorios similares sobre a presenza de naves inimigas nas costas de Galicia. Así o cre Jesús Ángel Sánchez García, ademais sitúa a súa construción no século XVII, pois con anterioridade a esta centuria ningún viaxeiro deixa constancia desta infraestrutura. De tódolos xeitos  o nome do monte no que se situaba pode facer referencia á costume, xa dende antigo, de prender lume naquel lugar con ambas finalidades: guiar os barcos e avisar de posibles inimigos. 

Deixando a un lado estas especulacións e centrémonos na obxectividade que ofrece a documentación. O considerable aumento dos barcos que navegaban fronte ao promontorio fisterrán, dos que moitos recalaban na ría de Corcubión ou na baía de Fisterra para aprovisionarse, arranxar eivas ou esperar mares máis calmos,  provocou un número crecente de naufraxios que se producían por non contar na zona con ningún medio de guía e salvagarda marítima. Diante desta situación e despois das presións do goberno inglés, o Estado español viuse obrigado a tomar medidas contundentes que arranxaran este problema. As autoridades competentes decidiron no ano 1847 levantar un faro de 1ª orde na zona de Fisterra, pero non neste cabo senón no de TouriñánDespois do correspondente debate cambiouse este emprazamento inicial polo do promontorio fisterrán. O responsable do proxecto foi o enxeñeiro Félix Uhagón e situouse na valgada occidental do chamado Monte de Santo Uxío. Esta nova infraestrutura estaba composta por dúas estruturas de moi diferente escala e tratamento. Por unha parte o edificio auxiliar no que se atopaban as vivendas do persoal, as oficinas e os almacéns. Se nos atemos ao deseño do enxeñeiro, esta construción de unha única altura e planta rectangular articulábase arredor dun patio. Un patio ao que lle faltaba a cruxía orientada ao sur, vacío que foi aproveitado para situar a outra estrutura fundamental nunha edificación deste tipo: a torre que serve de base á lanterna da que emana o sinal luminoso. Unha torre de base octogonal e desenvolvemento troncopiramidal que non só ocupa o espazo da inexistente cruxía sur senón que, ademais de invadir parte do patio, proxecta tres das súas caras máis alá da liña exterior do edificio auxiliar polo seu lado meridional. Este primeiro corpo remata nunha cornixa de sinxelo perfil, coroada por unha varanda metálica. Sobre esta atalaia e en posición retranqueada sitúase un torreón de sección circular rematado pola lanterna. Mentres as tres cruxías que compoñen o edificio auxiliar foron revocadas e pintadas de branco deixando visible unicamente a cantería do zócalo, dos esquinais, das cornixas e dos enmarques de portas e ventás; a torre ergueuse con sólidos muros de cantería vista. O interior desta última articúlase en catro alturas, a última das cales está cuberta por unha bóveda semiesférica. Unha escaleira de caracol comunica as diferentes plantas coa terraza na que se sitúa o torreón e a lanterna. Entre o proxecto inicial e a abra materializada apreciamos sensibles diferencias que serán comentadas cando tratemos das fotografías. O faro entrou en funcionamento o 1 de xuño de 1853.
 
Outro equipamento que en principio estaba pensado para o faro do cabo Vilán, tamén se acabou construíndo en Fisterra. Refírome ao chamado Semáforo. Un edificio composto por un variado xogo de volumes, moi movido en planta e en altura. Foi deseñado por Joaquín López Vázquez e construíuse ao norte do faro sobre o lugar onde se cre que os antigos levantaran o ARASOLIS, é dicir, o altar no que se ofrecía culto ao astro rei. Comezou a súa actividade o 1 de marzo de 1883 e como non aparece reflectido nas fotos obxecto deste artigo, non afondamos máis nas súas características.

A dotación dunha SIRENA aprobada en 1883, convertía Fisterra na 1ª estación de guía e salvagarda marítima de Galicia. Esta nova infraestrutura arranxaba o problema causado polas habituais borraxeiras que envolvían a zona e que imposibilitaban a visión da rítmica intermitencia luminosa emitida polo faro. Neste caso a solución viña da man dun sinal sonoro: unha sirena que alertara aos navegantes da posición de Fisterra. Para a súa instalación construíuse un novo edificio ao sur do faro, a uns 26 metros do mesmo. Como o lugar escollido era de forte pendente, en vez de achandalo levantouse unha plataforma de altura decrecente e cuns sólidos paramentos en talude. Sobre esta base ergueuse un sinxelo edificio rectangular dunha planta e co tellado a dúas augas. Revocouse e pintouse de branco deixando a pedra vista nos esquinais, nas cornixas, nos enmarques da porta e das ventás e nunha especie de zocalo que delimita a plataforma do resto da construción. No seu interior situábase a maquinaria necesaria para o funcionamento da sirena e un pequeno dormitorio para que o encargado do mantemento do servizo, un dos fareiros, tivera onde durmir os días de forte temporal. A obra foi proxectada por Ángel García del Hoyo en 1885 e entrou en funcionamento en decembro de 1889. 
Non rematan aquí as dotacións deste complexo: contaba dende 1883 cun observatorio meteorolóxico e a partir de 1922 cun radio-faro.  

O faro de Fisterra do que sobresae a torre en 1888
O faro de Fisterra do que sobresae a torre en 1888

E chegamos ás fotografías que ilustran e lle dan título a este artigo. Xa non foi sen tempo!!
Atopámonos con dúas imaxes desiguais: unha de formato apaisado, de 20,50×13,30 cm., na que aparece o edificio do faro e da sirena. E outra de sentido vertical, de 22,70×14,90 cm., coa representación do faro unicamente. Ambas instantáneas están pegadas a cadanseu paspartú (cartón) de 35,00×28,00 cm. Na marxe inferior esquerda do paspartú hai unha inscrición manuscrita co nome dos edificios e a data en que foron feitas as fotos: “Sirena y faro de Finisterre, 19 de diciembre de 1888” e “Faro de Finisterre, 19 de diciembre de 1888”. Trátase de dúas albúminas, un sistema de positivado en papel por contacto directo  sobre unha placa de cristal axeitadamente sensibilizada, moi empregado no último terzo do XIX. Se o proceso se facía correctamente, non imos entrar nas súas características, os resultados ofrecían unha intensa nitidez e unha ampla gama de matices. Ademais de que non sempre se lograban estes obxectivos, as fotografías había que gardalas axeitadamente, unha exposición continuada á luz producíalle oxidación co conseguinte esvaecemento da imaxe. As fotos que publicamos hoxe co seu característico ton sepia non son alleas a esta perda de intensidade. O positivo de papel era extremadamente delgado e para favorecer a súa conservación había que pegalo a un soporte ríxido, un paspartús, de maneira semellante aos presentes exemplares. No positivo que figura unicamente o faro, na marxe inferior e en posición invertida con relación á imaxe, aparece en letra cursiva a seguinte inscrición en esvaído relevo: “FK Rives Nº 74”. Ante a miña ignorancia para desentrañar esta referencia, púxenme en contacto con CARLOS CASTELAO, un dos maiores coñecedores da historia da fotografía en Galicia. Por el souben que se trataba dun fabricante francés de papel: Blanchet Frères e Kleber que normalmente asinaba os seus produtos co acrónimo BFK. No caso que temos entre mans falta o B seguramente porque se cortou o papel entra a letra ausente e o F que se atopa mesmo no extremo inferior dereito da instantánea. A referida empresa fundada no século XVIII ten sido a máis prestixiosa de Francia, producindo unha ampla gama de papeis de excelente calidade. Tiña a súa sede en Rives, un pequeno pobo do departamento de Isère, situado ao pé dos Alpes. 

Centrémonos agora en cada unha das imaxes. Como xa dixemos na fotografía apaisada inmortalízase o faro e o edificio da sirena. Este último debía estar en plena fase de equipamento, pois aínda que se ve rematado, non empezaría a súa actividade ata un ano máis tarde. O autor das fotos, que non sabemos quen foi, escolleu un punto de vista situado por debaixo dos edificios fotografados, aínda que bastante cerca do da Sirena, xerándose un forte contrapicado que magnifica a volumetría dos primeiros planos en detrimento dos que se atopan en posición máis afastada. O faro aparece moi empequenecido en relación ao edificio da sirena de tamaño moi inferior. Outro efecto secundario desta toma tan forzada é a perda de profundidade. A Sirena a pesar de estar a uns 26 metros do faro, danos a sensación de que practicamente nom hai ningunha distancia entre as dúas construcións. 
No edificio da Sirena podemos apreciar a firmeza da plataforma cos paramentos en talude para reforzar a solidez de toda a estrutura edilicia. Do tellado vemos sobresaír a cheminea da caldeira da dotación interior, e en primeiro termo a bucina de forma arqueada. Máis tarde sería substituída por outra con dúas saídas que semellaban os cornos dunha vaca. A esta asimilación tamén contribuía o característico bruar que emitía, e segue emitindo, ata ser coñecida popularmente como a VACA DE FISTERRA. 

A fotografía de formato vertical na que se plasma o aspecto que tiña o faro en 1888 visto dende o lado sur, repite o forte contrapicado da xa comentada, mais nesta ocasión ao centrarse nun único edificio evítanse os grandes contrastes que apreciabamos na imaxe anterior. Esta instantánea posúe unha perfecta simetría na que a torre do faro se eleva no centro do encadre. Unha torre na que evidenciamos a calidade da cantería coa que foi construída, a plasticidade da cornixa coa que remata, o xogo que mantén esta última coa que, de menor proxección, ponlle cabo ao torreón que serve de base á lanterna. Temos que resaltar tamén a forte oposición que se establece entre as liñas de premente e levada verticalidade que marcan os ángulos, o absoluto hermetismo e a contundente fortaleza da torre; e a aérea lixeireza dos elementos que a coroan: a varanda metálica e a lanterna composta por un difuso cruzamento de vectores rematados nunha cornixa de rica filigrana á que non lle falta máis alá de semiesfera, que non vemos, un pináculo de bola para poñerlle o ramo. 

Detalle no que podemos ver o grupo de persoas diante do faro de Fisterra en 1888 copia
Detalle no que podemos ver o grupo de persoas diante do faro de Fisterra en 1888

Para erguer o faro achandouse unha xenerosa superficie e ao remate foi acoutada por un valado no que se abriron varias entradas, unha delas é a que podemos ver na foto. Dentro deste cercado, na parte esquerda da imaxe observamos unha pequena construción de planta circular: é un pozo. Unha obra de sinxelo feitío pero de suma importancia para o desenvolvemento da vida diaria das persoas que se ocupaban do faro. Precisamente, situadas entre o pozo e o remate dereito da abertura de paso, atopámonos cun grupo de dez persoas que, polo menos, parte delas debían traballar no mantemento das instalacións fareiras. De esquerda a dereita temos catro mulleres, todas semellan levar pano na cabeza, aínda que tres delas deberon botalo para tras para lucir a cabeleira. O que non lle falta a ningunha é o outro pano, o dos ombros: cruzado no peito e atado nas costas á altura da cintura. Unha prenda de uso corrente entre as mulleres das clases populares ata ven avanzado o século XX. O seguinte na ringleira é un home cun chapeu de ala relativamente ancha e cunha moi poboada barba. 
Este friso humano continúa co personaxe que está apoiado do valado cunha pose algo alambicada moi propia dalgúns retratos de estudio. O que está ao seu lado cos polgares metidos nos petos do gabán que lle chega ata os xeonllos, loce unha gorra de viseira non moi diferente á do anterior, cambia a cor e algún detalle. Lémbranme as que usaban por aqueles tempos os mariños alemáns nos días de faena e que eran coñecidas como gorras tipo Hamburgo. Seguidamente atópanse outros dous homes tocados con bombín: o sombreiro de orixe inglés que empregaban os cabaleiros elegantes da época. A verdade é que parecen os de aspecto máis coidado, o de maior altura usa gravata e ata semella levar unha flor na solapa da chaqueta. O máis baixo cun longo abrigo no que, á altura do peito, entremete a man dereita nunha pose de tesa respectabilidade. O último dos homes, dunha figura de forte corpulencia, unha barba bastante medrada e, pese ao traxe, con dous signos de clara procedencia popular: a gorra tradicional e o calzado que ten todas as trazas de ser uns zocos. Como vimos de observar a ningún dos varóns lle falta a barba e a cabeza cuberta, sexa con bombín, gorra de viseira, gorra tradicional ou sombreiro de ala ancha. 

Non teño ningunha información sobre os retratados, mais dende un punto de vista sociolóxico paréceme atopar dous grupos de diferente categoría polo lugar que ocupan na fotografía: as mulleres por ser mulleres e o señor co sombreiro de ala ancha, seguramente polo súa función subalterna, están detrás do valado nunha posición máis preterida se a comparamos coa dos outros cinco señores que ocupan a entrada ao recinto nun plano lixeiramente máis próximo. Por aquel tempo, segundo informan Xosé María Lema Suárez e Manuel Vilar Álvarez, había ao cuidado do faro tres torreiros de 1º, 2ª e 3ª categoría. Un 1º e un 2º vixía acompañados de catro auxiliares mantiñan o Semáforo en funcionamento. Os fareiros era costume que estiveran acompañados pola familia se a tiñan. Supoño que cos vixías do Semáforo pasaría outro tanto. Unha parte destes operarios e algunhas donas dos mesmos atópanse no grupo inmortalizado aquel afastado 19 de decembro de 1888. 

Cantos menos datos temos máis doado é botar man da imaxinación, neste sentido os dous homes de bombín antollánseme de visita, quizais por causa dalgunha operación de seguimento dos traballos efectuados na Sirena que aínda non entrara en funcionamento. Maxinar non costa nada. Se cadra, esta posible visita xustificaría a presenza dun fotógrafo que deixara constancia da mesma.

Un valor nada desprezable destas fotografías, ademais de informarnos sobre algúns cambios que sufriu o edificio dende a súa construción, é a de darnos cadra das diferencias entre a obra proxectada e a materializada. Se no deseño orixinal a torre era troncopiramidal e posuía unha sucesión de catro ventás na cara central do octógono que mira ao sur, na obra construída atopámonos cun prisma de caras perfectamente verticais e totalmente opacas, agás a central do lado norte (que non vemos na foto) que foi perforada por unha porta e tres ventás seguindo, neste caso, as directrices do proxecto. A ausencia da inclinación que para os paramentos do faro dispuxera o enxeñeiro Félix Uhagón faise notar na violenta transición entre a torre e os corpos superiores: o torreón e a lanterna. 

Ao longo destes 132 anos o faro e o resto dos edificios do complexo sufriron innumerables cambios: sucesiva mellora dos seus equipamentos, ampliación de servizos, cambios de uso,… Pero o que máis me interesa é o que se relaciona directamente coas fotografías que hoxe traio, é dicir, a modificación da imaxe externa do faro. Como xa dixen liñas máis arriba e como podemos  observar nas imaxes de 1888 que ilustran este texto, o edificio auxiliar tiña unha única altura da que pola súa fortaleza, a súa xenerosa altura, e o seu aspecto macizo e impenetrable moi semellante a unha construción defensiva, sobresaía a torre. Este protagonismo absoluto foi gravemente contrarrestado coa ampliación en altura do edificio auxiliar: nun primeiro momento engadíuselle unha planta máis, aumentándolle en 1922 unha terceira, aínda que esta última atinxiu unicamente á parte central da cruxía norte. En todo caso a posición sobranceira recortando a súa silueta sobre o ceo ou sobre o mar, segundo o punto de vista, sen estorbos que asoballaran o seu liderado, viuse moi minguada pola presenza amplificada do edificio anexo. 

Outros cambios de menor calado foron a apertura dunha porta e dunha ventá na cara central do lado sur, e a substitución da varanda metálica que a modo de balcón protexía a terraza que se forma no remate da torre, primeiro por unha balaustrada de cemento e despois polo peitoril que aínda conserva na actualidade. 

AS PRIMEIRAS FOTOGRAFÍAS DO FARO?

Deixei para o remate algo que non aclarei ao principio: por que coido que estas son as primeiras fotografías do faro de Fisterra?

Sería axeitado empezar soltando algo de lastre e dicir que poida que non sexan as primeiras pero que, seguramente, son as máis antigas das conservadas. Fundamentamos esta hipótese nos argumentos seguintes:
aínda que a fotografía en Galicia empezou a ter certa presenza na década dos cincuenta do século XIX, as obras que se conservan son maioritariamente retratos. As vistas paisaxísticas, xeralmente urbanas, son moi escasas. Podemos dar dous exemplos: a reportaxe que de Santiago de Compostela fai Andrés Cisneros en 1858 ou a máis tardía serie sobre Pontevedra que, en forma de álbum, editou Francisco Zagala en 1883 baixo o título de “Recuerdo de Pontevedra”. Considerándose o primeiro libro de fotos publicado sobre Galicia. En todo caso, estes e outros exemplos de menor calado, están circunscritos ás principais cidades que era onde tiñan os estudios os fotógrafos. 

Tamén había algúns profesionais que se dedicaban a percorrer o país sacando fotos pero, outra volta, os retratos eran a súa principal actividade e a fonte de ingresos máis segura. De tódolos xeitos Fisterra non era un lugar nin ben comunicado, nin populoso, nin cunhas numerosas clases medias, que puidera espertar as apetencias dos fotógrafos ambulantes. 

É verdade que o feito de que fora un porto de mar provocaba que un número significativo de barcos recalara na súa baía, abrindo a posibilidade de que a vila o os seus arredores puideran ser obxecto de interese para algúns visitantes. Esta circunstancia sería determinante se nos atopáramos bastante máis acó de 1888, cando os equipos de fotografía foron máis lixeiros e manexables para calquera afeccionado. Pero nos tempos aos que nos retrotraemos esta actividade era cousa de profesionais. 

Teño visto numerosos repertorios de imaxes e publicacións antigas e modernas nas que se recolle moito material gráfico e nunca atopei fotografías anteriores ás que publico hoxe e que forman parte das miñas pertenzas.
Co tempo poden aparecer fotografías máis antigas deste faro? Todo é posible. Como dicimos en Mazaricos: “Por diante está maio”. De tódolos xeitos a publicación deste artigo pode ser o mellor revulsivo para que, no caso de habelas, saian á luz.  

UN LUGAR DE POSTAL

O cabo de Fisterra e os principais edificios que o coroan nunha postal da segunda década do século XX copia
O cabo de Fisterra e os principais edificios que o coroan nunha postal da segunda década do século XX

Ademais das dúas fotografías de 1888, completo o aparato gráfico deste artigo cunha postal editada na segunda década do século XX pola casa Hauser y Menet de Madrid, e na que se plasma o aspecto que tiña o promontorio de Fisterra visto dende o mar e a certa distancia. Pódense ver coroando a liña do horizonte os tres edificios principais e se nos fixamos xa apreciamos a segunda planta do edificio auxiliar do faro. 

Como puidestes comprobar podía afondar moito máis na descrición, análise, equipamento e devir histórico dos edificios que poboan este Cabo do Mundo, ou en diferentes aspectos da historia da fotografía directamente relacionados co tema tratado. Mais coido que os autores das obras que incluímos na bibliografía xa o fixeron con anterioridade e mellor do que poida facelo eu. Non podo rematar sen manifestar o meu máis sentido agradecemento a Carlos Castelao pola súa axuda.      

BIBLIOGRAFÍA

  • CASTELAO, C.: As orixes da fotografía en Galicia: estudios composteláns do XIX. Editorial Alvarellos. Santiago de Compostela 2018.
  • LEMA SUÁREZ, X. M. e VILAR ÁLVAREZ, M.: Os Faros da Costa da Morte. Asociación Neria. Santiago de Compostela 2001 
  • SÁNCHEZ GARCÍA, J. A.: Faros de Galicia. Fundación Caixa Galicia 2004
  • Suso Jurjo, técnico de Cultura do Concello de Mazaricos.

[Fonte: http://www.quepasanacosta.gal]

« Nazarin », un film méconnu de Luis Buñuel

Francisco Rabal dans le film « Nazarin » de Luis Bunuel (1959) © NANA PRODUCTIONS/SIPA Numéro de reportage: 00568192_000001


Écrit par Jacques Déniel

Si les grands chefs-d’œuvres signés par Luis Buñuel dans les années soixante et soixante-dix (Belle de jour, Tristana, Cet Obscur Objet du désir…) lui permettent d’acquérir une reconnaissance internationale, ses films mexicains sont aujourd’hui inconnus du public français qui n’a pas la possibilité de les voir(1)

Un film mexicain de 1959

Buñuel débute sa carrière avec Le Chien andalou (1929) et L’Age d’or (1930), deux films marqués par l’influence du surréalisme. Après Terre sans pain (1933), interdit par la jeune République espagnole qui n’apprécie pas la transcription au cinéma des mœurs de ses régions les plus déshéritées, il ne tourne plus. De 1934 à 1936, vivant entre Madrid et Paris, il effectue de nombreux métiers, travaillant pour la Paramount puis réalisant pour l’Espagne, des films commerciaux – exigeant que son nom ne figure pas au générique – afin de faire vivre sa famille. Lorsque la guerre civile se déclenche, il se met au service de la République espagnole, effectuant diverses missions… Puis, il part aux États-Unis où il sert la cause républicaine. Il y reste huit ans, trahit par son ami Salvador Dali, qui rejette sur lui l’entière responsabilité des propos marxistes de L’Age d’or. Mis en cause par une campagne de presse et surveillé par la FBI, Luis Buñuel part au Mexique. Entre 1946 et 1965, il y tourne 24 films pour la plupart superbes (Los Olvivados, Suzana la perverse, Les Aventures de Robinson Crusoé, La Vie criminelle d’Archibald de la Cruz, La Mort en ce jardin, Nazarin, La Jeune fille, Viridiana, L’Ange exterminateur…).

Au Mexique, en 1900, pendant le règne du dictateur Porfirio Diaz, le père Nazario (Nazarin), un prêtre humble et bon, vit et partage la  misère profonde des gens d’un petit village. Une dispute entre prostituées l’amène à héberger et protéger l’une d’entre elles, Andara, soupçonnée du meurtre de sa cousine. Désavoué par l’Église, il doit fuir et mène une vie d’errance et de mendicité. Il rencontre à nouveau sur son chemin Andara et Béatriz qui à la suite d’un miracle – un acte de prière et d’amour – deviennent ses disciples…  Nazarin, interprété par l’excellent Francisco Rabal, prêtre extrêmement pieux, mène une vie austère et se consacre par la charité et la prière au service de ses compatriotes en contradiction avec les principes des institutions religieuses mexicaines. « Vivre de charité n’est pas un précepte assez digne », lui dit un curé. Face à sa hiérarchie, Nazarín, imperturbable, continue de vivre sa foi dans la pauvreté et l’amour de son prochain.  

Une foi à l’épreuve

Avec une mise en scène très dépouillée, des cadres rigoureux et sobres, et la superbe lumière en noir et blanc de son chef-opérateur Gabriel Figueroa(2), Luis Buñuel peint un portrait cruel et amer de ce bienheureux.

Condamné à errer dans un Mexique ravagé par la pauvreté, la famine, les épidémies et l’injustice, Nazarin se trouve désemparé car sa bonté et sa charité ne semblent pouvoir sauver personne du Mal. Face à la méchanceté et la cruauté des hommes, il ne rencontre que violences, doutes, trahisons, désolations, qui mettent en péril la force de sa foi, sa quête spirituelle, sa volonté d’appliquer le message des Évangiles. Sa vie semble se dérouler sous l’aride soleil de Satan.

Ce film plein d’ironie peut sembler être une charge sévère contre le catholicisme. Mais nous constatons que la foi inébranlable de Nazarin porte en fait le message christique à plusieurs reprises, quand bien même l’ombre du doute et le travail du diable marquent un instant le visage du prêtre avant la fin. Une petite fille est guérie à la suite de sa prière, Andara ne l’abandonnera jamais. Un assassin et pilleur d’églises lui vient en aide, et une vendeuse de fruits lui offre un ananas qu’il accepte in extrémis lors de sa marche vers la prison. Nous suivons le calvaire du bienheureux Nazarin qui rachète malgré-eux les fautes des hommes. Les voies du Seigneur sont impénétrables et font de ce film âpre et ascétique, un chef-d’œuvre lumineux.

Nazarin un film de Luis Buñuel – 1959 – 1h35 

Interprétation: Francisco Rabal (Nazarin), Marga López (Beatriz), Rita Macedo (Andara), Jesús Fernández (Ujo) 

Nazarin

Price: 19,90 €

6 used & new available from 19,90 €

[Source : http://www.causeur.fr]

O pós-coronavírus será como sair de uma guerra: tudo estará em escombros. Ao propagar o medo do outro, o individualismo radical, a insolidariedade social, o “salve-se quem puder”, sistema nos tornou frágeis. Agora é buscar a volta por cima

Escrito por Juan Antonio Molina – tradução de Simone Paz

Chegou a hora de reduzir ao absurdo o capitalismo em sua versão neoliberal e a pós-modernidade como seu suporte metafísico. Esta crise do coronavírus questiona e põe o mundo todo em dúvida. Afeta gravemente a saúde dos cidadãos, a vida das empresas, o destino dos empresários, os trabalhadores, os precarizados e os pobres.

Tudo junto e misturado porque temos, nas sociedades modernas, uma “comunidade de destino” que nos une uns aos outros num emaranhado só. Termos quebrado esse vínculo, inclusive emocionalmente, pela difusão do medo aos demais, o individualismo radical, a falta de solidariedade social, o “salve-se quem puder” que o neoliberalismo nos impõe, nos tornou mais frágeis hoje — produto da hegemonia cultural perversa que acaba sendo antagônica quando deveríamos nos unir para enfrentar o inimigo em comum, do qual ninguém consegue escapar sozinho.

O pós-coronavírus será como um período de pós-guerra. Só encontraremos ruínas. Então, qual sentido vão ter todos aqueles excessos neoliberais — que tanto esta crise como aquela de 2008 já demonstraram ser falácias sem fundamento para impor o implacável direito de uma minoria de explorar, marginalizar e empobrecer as maiorias sociais? Ainda mais quando o coronavírus nos obriga a repensar o significado de nossas vidas, nossa forma de estar juntos, os perigos da globalização; sendo possível que ele nos devolva uma normalidade transformada, um renascer diferente, incluindo as regras financeiras internacionais. O problema é que perdemos o sentido do equilíbrio entre os diversos componentes da nossa sociedade.

Joseph Stiglitz, prêmio Nobel de Economia de 2001, escreveu um artigo publicado na revista Social Europe, chamado O fim do neoliberalismo e o renascimento da história, no qual aponta as consequências negativas da aplicação das políticas neoliberais. Estas incluem: reformas trabalhistas destinadas a enfraquecer os sindicatos e facilitar a demissão dos trabalhadores, bem como políticas de austeridade que tentam diminuir a proteção social por meio de cortes no gasto público social, na qualidade democrática dos países em volta do Atlântico Norte (incluindo a Espanha), e também, no bem-estar das classes populares. Uma das consequências desta realidade tem sido o enorme crescimento da desigualdade na maioria desses países, nos quais as políticas neoliberais têm sido aplicadas.

O neoliberalismo ataca todas as subjetividades e interpretações ideológicas da realidade que se suavizaram com a convivência, já que não acredita na sociedade e, sim, em indivíduos concorrendo entre si, em termos desiguais. Prega a forte liberalização da economia, o livre comércio de modo geral, e uma drástica redução do gasto público e da intervenção do Estado na economia a favor do setor privado, o qual passaria a desempenhar as funções tradicionalmente atribuídas ao Estado. 

Não obstante, essa substituição do Estado, justificada por uma suposta ineficiência do setor público se comparado ao privado, vai por água abaixo quando a ineficácia dos banqueiros acaba com as entidades financeiras e, então, é solicitada a intervenção do Estado — que reconhece implicitamente a gestão pública, só que apenas articulando a perversa equação de privatizar os benefícios e coletivizar as perdas. O que seria da luta contra o coronavírus com um sistema de saúde absolutamente privado e focado exclusivamente no benefício empresarial?

Essa economia pós-moderna possui seus pilares numa visão apocalíptica do discurso político dos criadores do capital. O Estado é julgado culpado, ineficiente, corrupto, mas também lastro para a competitividade do mercado e de suas leis de oferta e demanda. Mudam as referências, o imaginário e as palavras para se referir ao estado de bem-estar. O capitalismo é reinventado. Tudo é modificado para dar lugar a um ser despolitizado, conformista social. Um perfeito ignorante social. As velhas estruturas cedem espaço para uma ordem social cujas reformas enaltecem os valores individualistas, o “eu” acima do “nós”, onde os outros são considerados obstáculos ou concorrentes que devemos destruir… mas, nisso, chegou o coronavírus.

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Alumno de Coriún Aharonián y Graciela Paraskevaidis, uno de los fundadores –junto a Luis Trochón y Jorge Bonaldi– del mítico grupo Los Que Iban Cantando, Jorge Lazaroff fue una de las figuras de una generación de músicos y cantautores que protagonizó una firme resistencia cultural contra la dictadura en Uruguay. La rigurosidad y el desparpajo de su estética popular se profundizó en sus exquisitos y sorprendentes discos solistas, cuyos temas llegaron a ser versionados de uno y otro lado del Río de la Plata, tanto por Liliana Vitale como por Jaime Roos. Tres décadas atrás, un cáncer fulminante se lo llevó demasiado rápido, con apenas 39 años. El viernes 28 se cumplen 70 años del nacimiento del Choncho –como lo llamaban sus amigos–, un artista que puso toda su inteligencia y pasión para timonear el barco de los locos que configuró su heroica generación. 

Jorge Lazaroff fotografiado en 1981, como parte de Los Que Iban Cantando. Imagen: Rodolfo Fuentes 

Escrito por Claudio Koremblit

Uno de los más queridos y revulsivos creadores que dio la música uruguaya en el siglo pasado, caído por la acción devastadora de un sorpresivo cáncer a los 39 años, Jorge Lazaroff este viernes 28 de febrero cumpliría apenas 70 años. Perteneciente a la generación que recibió con toda su frescura e integridad a la dictadura del 73 en el Uruguay, el Choncho —como lo llamaban sus amigos— puso toda su inteligencia y pasión al servicio de una firme resistencia cultural que consistió no solo en tocar, componer, cantar, actuar, escribir, enseñar y compartir con amigos los escenarios y los proyectos, sino también en timonear —con la calidad de su amistad, el espíritu indomable y una generosidad incondicional— el barco de los locos que configuró su heroica generación, la misma que construyó el puente que permitió a los trovadores exiliados volver y reintegrarse naturalmente, en perfecta sintonía espiritual con sus herederos. No en vano Daniel Viglietti la denominó como la generación Lazaroff.

Uruguay es un país pequeño, pero con una característica cultural incontrastable: la cantidad y originalidad de los cantautores de su música popular. La dictadura cívico-militar instaurada se ocupó de expulsar al exilio a los principales referentes del canto libre: Viglietti, Zitarrosa, Los Olimareños, el Sabalero y muchos otros debieron irse, amenazados de muerte. Los represores pensaron que la sociedad sería más fácilmente manejable sin sus voces representativas, aquellas que, además de éxito popular, tenían un compromiso ideológico explícito. Pero los jóvenes que los seguían se nuclearon, absorbieron la información del mundo, tomaron conciencia de la responsabilidad social que tenían y planearon dar la pelea desde la canción, en ese mismo tiempo y lugar. Con el llamado Canto Popular Uruguayo resistieron la embestida y eludieron con inteligencia la censura, negando con su propio arte el intento de sometimiento del poder y ayudaron a despertar a muchas almas en el camino. Si comparamos la coyuntura entre ambos vecinos del Río de la Plata, buscando un movimiento de artistas emergente en el “canto popular”, tal vez debamos reconocer que en Argentina no hubo una generación equivalente a la de Lazaroff y sus compañeros en la orilla oriental.

Riguroso desparpajo

Por sus condiciones e inquietudes, el Choncho apuntaba quizás para la composición de vanguardia pero, quizás por tener un sentido del ridículo y del humor muy afilados, además de un deseo de cambio revolucionario en la sociedad a todo nivel, trasladó sus ideas, insólitas y novedosas, al terreno virgen de la música popular (“mesomúsica”, corregiría velozmente su maestro, Coriún Aharonián) y desde allí operó, en la creación, la teoría y la docencia. Cantando lo que nadie espera de un cantor popular, ampliando con la composición y la reflexión el campo de acción para un músico creativo y agitando apasionadamente a los discípulos más ávidos a encontrar su propia voz.

Es probable que la magnitud humana y artística de Lazaroff no pueda ser sintetizada con la mera enumeración de sus obras —apenas cuatro discos solistas, y otros cuatro como parte de Los Que Iban Cantando— ya que vivió un corto tiempo y desbordó todos los límites que se encontró, pero dejó muchas líneas esbozadas que señalan campos aún inexplorados: si tenía alguna misión en la vida era abrir puertas al mañana, mostrar en su arte el mundo ideal que deseaba compartir. Una coctelera de intenciones, imágenes, lenguajes, estéticas y sonoridades tan vasta como inabarcable. ¿Qué era el Choncho? ¿Un cantor de balneario, como insistía en parodiarse? ¿Un dramaturgo en la canción, por su habilidad desplegada en rompecabezas musicales? ¿Un agitador cultural, como demuestra su trabajo periodístico y como percibían sus alumnos?

Detrás de las voces, el libro-fuente escrito por el brasileño-uruguayo Guilherme Alencar Pinto —quien tiempo antes se ocupó de otro genio perdido del paisito, Eduardo Mateo, en Razones locas (1994)— nació como una investigación sobre Jorge Lazaroff pero luego su autor optó por ampliar la exégesis a sus compañeros del célebre grupo Los Que Iban Cantando (1977-1987), paradigma del Canto Popular, permitiendo un panorama generacional más vasto y generoso, que late en las 800 páginas del apasionante y analítico escrito, publicado en el 2014. Los Que Iban Cantando fue un “grupo de solistas”, como se autodefinían, integrado por personalidades y estilos muy diferentes entre sí, lo cual le daba una riqueza y una variedad que pocos conjuntos habían alcanzado. Surgió en Montevideo a partir del encuentro entre tres cantautores: Jorge Bonaldi, Luis Trochón y Jorge Lazaroff, que tenían un óptimo dominio sobre varios instrumentos y recursos, y una claridad conceptual que les permitió ordenar los diversos materiales y que estos parecieran una unidad. El cuarteto definitivo se completó con Carlos Da Silveira, pero temporariamente integró también a Jorge Galemire, Jorge Di Polito y Edu Lombardo. Era un grupo lleno de humor y desparpajo, pero con una organización rigurosa y un horizonte que miró más allá del tiempo en que vivían. La obra de Los Que Iban Cantando, junto a la creación posterior de sus miembros, constituye un proyecto musical y poético único, que detenta absoluta conciencia de su época, abreva en las raíces del continente y apunta hacia el futuro, como una cápsula del tiempo.

Portada del libro sobre Los Que Iban Cantando, editado en Uruguay

Vanguardia popular

Un carácter distintivo y peculiar de estos músicos, como así también de Leo Masliah, Rubén Olivera y Fernando Cabrera, entre otros, es que se dejaron encantar por los aires de la música contemporánea. Y en ese campo, Uruguay tuvo dos maestros recordados por los “Cursos Latinoamericanos de Música Contemporánea”, creados en 1971: Coriún Aharonián y su compañera Graciela Paraskevaidis. Con ese aporte de información de las más significativas ideas de composición, movimientos artísticos alternativos, estéticas ignoradas por la academia y paradigmas en mutación, los jóvenes músicos adoptaron nuevas actitudes y comenzaron a agitar la escena popular, dormida por la represión y el miedo, dando un vuelco decisivo a la historia la nueva música uruguaya.

“Hay que transferir el papel de la vanguardia, aún en manos de la música culta, a los músicos populares”, escribió Lazaroff. “Hay que comenzar a abrir brechas hacia adelante desde la música popular y con sus reglas de juego, hay que nutrirse (entre otras tantas cosas) por las brechas abiertas por esa vanguardia culta, lo mismo que nos nutrimos por elementos del pasado. Hay que comenzar a abrir los ojos a otras culturas, no europeas, como una verdadera comprensión y educación musical globalizadora e integral. Hay que ir perdiendo la brutal dependencia con la enseñanza oficial e ir creando nuevos mecanismos de apreciación del fenómeno humano y cultural.”

Su imaginación deslumbrante y el dominio de las herramientas técnicas de varios lenguajes lo llevaron a tocar una cima visionaria, desde donde lanzar su botella al mar de lo nuevo. Entre sus cuatro discos solistas —Albañil (1979), Dos  (1983), Tangatos (1985) y Pelota al medio (1989)— hay una rica paleta de recursos poéticos y musicales, aunque la austeridad lo lleva a usar lo mínimo indispensable. En Dos, la austeridad de un cantautor acompañado por su guitarra se potenciaba con una pantalla de cine, desde donde el Choncho dialogaba con sí mismo, resaltando sus contradicciones. Tangatos, abreviación de “Faltan gatos”, es quizás su opus más extremo, una catarsis surreal, imbricando la dramática realidad social de su pueblo hambriento (comían gatos), con la represión violenta de sus militantes desaparecidos. Nadie llegó tan lejos, articulando con sabiduría y convicción un lenguaje conmocionante y paradojal que inauguraba nuevos puentes, utopías de la invención que pedían oídos despojados de fronteras definidas: un territorio inédito y abierto para atravesar sin prejuicios. Sus canciones experimentales “Etcétera ”, “El ojo ” y “Dame un mate”, entre otras gemas sonoras, muestran a todas luces el alcance del viaje trascendental y glorioso del Choncho Lazaroff por la historia de la música sudamericana. Goteando sus tramas sonoras a lo Pollock, hurgando en las sensaciones más extremas, del acto sexual a la locura, encarnando la piel de un rehén en su calvario o multiplicándose en un radio teatro identitario que se burla trágicamente de la sociedad. “Tangatos acentúa varias de las características modernistas que Lazaroff venía explorando: el absurdo, el grotesco, los discursos palimpsésticos, antiacademicismo tonal”, escribió Alencar Pinto. “Es un disco lleno de interrupciones y espejos. Todo se interrumpe: el discurso, el ritmo, el clima, la lógica”.

La revolución empieza desde dentro

Si algo quería Lazaroff, con gran pasión, era motivar a sus oyentes y discípulos a imaginar con él esa otra dimensión a la que accedía en su vuelo, ese mundo desconocido que se abría ante sus sentidos y los invitaba a explorar. Y en ese deseo colectivo quizás falló algún factor, tal vez necesitó una amplificación más potente o quizás se adelantó demasiado tiempo al resto de sus compatriotas que no acudieron al llamado y no acompañaron su desafío más personal e iconoclasta, en aquel tiempo que les tocó vivir. Sin embargo, Los Que Iban Cantando, el Caballo de Troya más efectivo en los años de la dictadura, tuvo una repercusión popular inimaginable, cuya onda expansiva empujó a toda su generación al campo de batalla cultural y que finalmente logró imponerse con valentía y creatividad frente a la prepotencia del poder.

Su obra artística fue una estrategia para usurpar las herramientas del canto popular de su tiempo para instalar un discurso revulsivo y movilizador. La convicción que la revolución empieza desde adentro lo potenció a encontrar lo mejor que tenía en su alma para irradiarlo a los cuatro vientos, con toda la energía de la que fue capaz. Catalizó mucha de la fuerza que vibraba a su alrededor en esos años dolorosos donde su patria sangraba y se dispersaba. Tenía un espíritu lúdico que lo motivaba a juntar, agrupar y estimular a las personalidades más creativas que tenía a su alrededor, en un pequeño país en donde “todos se conocen”, como se estila decir entre sus coterráneos.

Pero el público uruguayo que asistió a sus espectáculos solistas fue una mínima parte del que llenaba las salas de Los Que Iban Cantando, que tuvieron una puesta en escena compleja y sorprendente que dejó boquiabierta a toda la comunidad musical y teatral de Montevideo. En cambio Dos y Tangatos no fueron atendidos popularmente. Hubo una brecha, quizás un temor a algo difícil o complicado, que alejó a la muchachada movilizada y vital. Tal vez algo había cambiado en la sociedad y un cantor solo con su guitarra ya no atraía a un público ávido por vibraciones eléctricas y estruendos sonoros.

Con apenas 39 años, alguien insinuó que el Choncho murió de tristeza. Dejó un pequeño hijo de 4, Andrés, que continúa hoy en la música, cerca de su espíritu murguero y de la Falta y Resto, la comparsa de su cara más festiva y popular. Tres décadas después de su muerte, su aporte aún continúa desconocido para el mundo. Apenas venerado por un pequeño núcleo de oyentes de Uruguay y Argentina, que reconocen su obra como la más imaginativa y revolucionaria experiencia que alcanzó la canción latinoamericana en el siglo pasado. 

[Fuente: http://www.pagina12.com.ar]

Compartimos la introducción al extraordinario libro: Pluriverso, un diccionario del posdesarrollo, un ambicioso diccionario del posdesarrollo que recoge ciento ocho ensayos elaborados por más de ciento veinte coautores.

La obra fue coordinada por Ashish Kothari, ambientalista indio; Ariel Salleh, socióloga australiana; Arturo Escobar, antropólogo colombiano; Federico Demaria, investigador italiano en ecología política y economía ecológica; y Alberto Acosta, economista y político ecuatoriano.

« A pesar de empezar con una visión crítica acerca de la realidad actual, se exponen más de ochenta ensayos que abordan soluciones y nuevos modelos que apuestan por un cambio radical en el paradigma actual, ofreciendo una bocanada de aire fresco para las generaciones futuras ».

Así lo indica la introducción de la obra escrita por Ariadna JuliàMariona Montalà y Claudia Perucha que reproducimos a continuación:

Introducción: hallar senderos pluriversales

Pluriverso

Pluriverso

Icaria Editorial (Colección Antrazyt 492), Barcelona 2019. Traducción de Angello Ponziano. 479 páginas. PVP 29,50€

Pluriverso es un ambicioso diccionario del posdesarrollo que recoge ciento ocho ensayos elaborados por más de ciento veinte coautores. En la estela de otro libro imprescindible, aquel Diccionario del desarrollo que coordinó Wolfgang Sachs (prologuista de este nuevo proyecto) hace más de un cuarto de siglo, la obra está coordinada de manera muy solvente por Ashish Kothari, ambientalista indio; Ariel Salleh, socióloga australiana; Arturo Escobar, antropólogo colombiano; Federico Demaria, investigador italiano en ecología política y economía ecológica; y Alberto Acosta, economista y político ecuatoriano. Publicado primero en la India (ya esto manifiesta un deseo de romper la dinámica centro-periferia), Pluriverso ha sido rápidamente traducido a varios idiomas.

La coordinadora y los cuatro coordinadores exponen que la crisis “sistémica, múltiple y asimétrica” (p. 35) que afecta a todo el mundo es el fruto de una sociedad capitalista que ha construido su noción de progreso a partir del crecimiento cuantitativo basado en la métrica del PIB, la acumulación de riqueza, el individualismo y el consumismo desregulado, lo cual nos ha llevado a un neoliberalismo tecnocrático. Como alternativa, los autores proponen avanzar hacia un pluriverso, definido al modo neozapatista como “un mundo en el que caben muchos mundos” (p. 42) y conformado por dos objetivos principales. El primero se refiere a la construcción de “un mundo ecológicamente sabio y socialmente justo” (p. 44), que pretende cuestionar los actuales discursos continuistas o reformistas, superar estructuras de opresión y desigualdad como el racismo o el patriarcado y hallar una nueva forma de relacionarnos con la naturaleza. El segundo objetivo busca eliminar dicotomías integrando a los colectivos discriminados históricamente y promoviendo el cambio desde el universalismo impuesto por Occidente hacia una “pluriversalidad”.

La obra se divide en tres partes. La primera de ellas (“El desarrollo y sus crisis”) plantea un análisis de la situación ecológica, política, económica y social de cada continente. En la segunda (“Universalizar la Tierra”) se exponen distintas propuestas ya planteadas en el panorama moderno cuyo fin era hallar la solución a los conflictos ambientales, pero que en realidad han resultado ser ineficientes o insuficientes, e incluso algunas de ellas han sido configuradas como una tapadera a la verdadera problemática, agravando así el conflicto. Finalmente, el último apartado (“Un pluriverso de los pueblos”) hace hincapié en aquellas alternativas realmente transformadoras, que desplazan el desarrollo como principio organizador de la vida social hacia otro enfoque.

El desarrollo y sus crisis: experiencias globales

La noción moderna de desarrollo (cuya acta de nacimiento cabe fijar en el discurso que el presidente estadounidense Truman pronunció el 20 de enero de 1949), asociada a dinámicas de neocolonialismo, imperialismo y neoliberalismo, es duramente criticada debido a la falta de responsabilidad que supone hacia las personas y el medio ambiente. Los movimientos ecosocioterritoriales y la ambientalización de las luchas cuestionan los modelos monoculturales, patriarcales, instrumentales, antropocéntricos y jerárquicos que han permitido la acumulación de reservas y beneficios en los países “sobredesarrollados”, acaparando recursos estratégicos en beneficio propio (reduciendo a los países “subdesarrollados” a posibles clientes comerciales). Además, el consumo generalizado por parte de una minoría privilegiada ha acentuado las asimetrías entre el centro y la periferia.

En el ámbito social, natural y humano se denuncia la ausencia de compromiso a nivel global con los límites ecológicos y con valores como la justicia o la equidad, la degradación de los ecosistemas isleños en Oceanía debido a la venta de sus gobiernos a las grandes empresas extranjeras, la explotación masiva de pueblos y el acaparamiento de tierras de tribus indígenas en el Sur global, la colonización y dominación occidental sobre África, el uso devastador de recursos naturales en América del Sur ligado al alto consumo por parte de los países más ricos, y el sistema patriarcal que no condena la desigualdad en Asia y que provoca violentas y crueles guerras. Además, también se ofrece la visión acerca de Europa: la idea de desarrollo se presenta como fallida, dirigiendo al continente a la vía del “maldesarrollo” como consecuencia del capitalismo (p. 75 y ss.).

En materia económica, el enfoque de la economía de libre comercio, la cual merma la producción de proximidad, centra el foco en el fuerte neoextractivismo en América del Sur, la implantación de monocultivos en África destinados a la exportación que beneficia a las empresas transnacionales, una imposición industrial a los agricultores de Asia que les genera una dependencia de la compra de productos químicos de síntesis, el afán de acumulación de beneficio a corto plazo y crecimiento perpetuo y la tendencia egoísta dentro de la lógica de los mercados competitivos y especulativos, orientando el mundo hacia el colapso y la destrucción. También cabe destacar que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han sido utilizados en América del Norte para prestar ayuda a los países más pobres, generando así más subordinación y sometimiento.

Universalizar la Tierra: soluciones reformistas

Dentro de este capítulo encontramos, por un lado, una serie de medidas populares que gozan de una amplia legitimación y aceptación, ya que están arraigadas en la conciencia ciudadana y son muy promovidas por distintas instituciones. Entre ellas se encuentra el desarrollo sostenible, que pretende compatibilizar el desarrollo económico con la conservación del medio ambiente a través de un crecimiento global continuo, hecho que resulta un oxímoron ya que en ningún momento el desarrollo, entendido como crecimiento económico, puede ser sostenible. En la misma línea se encuentra la economía verde, que pretende superar el problema ambiental poniendo precio a la naturaleza, lo cual, además de no acabar con el problema, agrava los conflictos en los países “en desarrollo” que no disponen de leyes ambientales, provocando un comercio de la contaminación. La economía circular, con su eslogan conocido de las tres R, es criticada por la vaga aplicación que tiene en la práctica, donde por ejemplo solo un 6% de los materiales extraídos son reciclados.

Por otro lado, encontramos propuestas con menos reconocimiento global camufladas bajo la apariencia de soluciones eficaces, como serían las reformas implementadas en los países “en desarrollo” como los BRICS, las cuales parecían ser una vía de escape al orden económico mundial pero que sin embargo han terminado inmersas en el sistema capitalista, propiciando la explotación laboral y ambiental. Junto con ello, encontramos las ayudas al desarrollo, que bajo la imagen de solidaridad entre países esconden la perpetuación del colonialismo y la sumisión bajo las grandes potencias, pudiendo desembocar en el caso extremo de la ética del bote salvavidas (aquel invento de Garrett Hardin), que acusa a los países “en desarrollo” de ser culpables de la situación actual.

Finalmente, existen distintas corrientes que proponen la tecnología como solución a todos los problemas. Algunas de ellas son el ecomodernismo, que dibuja un “desacoplamiento” de la naturaleza; y la geoingeniería, que tiene fe absoluta en la tecnología, defendiendo aspectos como la manipulación del clima y la alteración de los ecosistemas. Además, encontramos casos más macabros como la ingeniería reproductiva y el transhumanismo, partidarios de la búsqueda de la perfección humana mediante la clonación y la alteración genética.

Un pluriverso de los pueblos: alternativas transformadoras

Como ya se ha comentado, este apartado presenta un amplio abanico de corrientes que rompen con el sistema actual y buscan la forma de convivir como sociedad en armonía con la naturaleza.

Encontramos una serie de propuestas legales que pretenden institucionalizar la naturaleza y abogar por sus derechos, no asignando una cuantía monetaria, sino reconociendo su valor y su riqueza en sí misma. Un ejemplo de ello sería la reivindicación del Tribunal por los Derechos de la Naturaleza que, mediante la celebración de juicios no vinculantes, lucha por dar voz a esta misma.

Por otro lado, también se exponen diversas corrientes religiosas que han entendido que se trata de luchas afines a sus prácticas (aunque sus propias escrituras sagradas no incluyan esta problemática), por lo que han extendido la aplicación de sus doctrinas a los seres no humanos y a formas de organización social más horizontales. Este sería el caso del ibadismo, o lo que es lo mismo, el islam opuesto a la tiranía y a la dominación basado en un estilo de vida comunitario con la igualdad como valor principal. Otro caso destacable es el uso del hinduismo como institución poderosa para concienciar a sus adeptos sobre la importancia de conservar la riqueza ambiental de los lugares sagrados y extenderlo a todos los parajes naturales; maniobra utilizada también por el budismo, que pretende combatir el problema desde la sabiduría.

Dentro del campo de la política, se defiende la autoorganización de los pueblos, su derecho a decidir mediante democracia directa, la supresión de las jerarquías de poder y la aproximación de la política al ámbito local donde todos los seres, humanos y no humanos, pueden ser escuchados y tenidos en cuenta. Todos ellos abogan por la revolución sin promover el desarrollo, es decir, llevando por bandera un pacifismo real, puesto que hasta el momento la lectura que se ha hecho del desarrollo como “el nuevo nombre de la paz” (p. 373) ha dado lugar a una realidad más desigual e insostenible. La teoría más promovida es el ecosocialismo, que plantea “una política económica alternativa y radical basada en criterios no monetarios: en las necesidades sociales y el equilibrio ecológico” (p. 278), y que apuesta, entre otras medidas, por una reducción de la jornada de trabajo con el fin de tener más tiempo libre para destinarlo a la participación en el debate político y económico y lograr una mejor gestión de la sociedad. Un buen ejemplo de comunidades organizadas con tal sistema serían los caracoles del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas.

En el ámbito económico, existe unanimidad respecto a la necesidad de promover un nuevo paradigma centrado en “el decrecimiento como matriz de alternativas” (p. 206). La producción y los mercados locales deben pasar a ser los ejes organizadores del sistema, “debemos regresar a una economía con una brújula moral” (p. 272) y abandonar la concepción de esta como esfera autónoma y dominante. Además, se da una fuerte oposición a utilizar el PIB como indicador único y determinante del nivel de desarrollo de una comunidad. Una de las sociedades que ha apostado de forma clara por este sistema es la kurda, planteando una economía no acumuladora que asienta la solidaridad como valor central, promueve la cooperación entre seres humanos y fomenta la desmercantilización de la naturaleza.

Para concluir, el libro nos presenta una infinidad de movimientos sociales y estilos de vida basados en muchos de los factores destacados previamente, es decir, una política sin intermediarios y asamblearia; una economía que abandona el crecimiento como único objetivo, se centra en el bienestar de los individuos y es consciente de las necesidades ambientales; y la maestría espiritual como organizadora de las relaciones sociales. Reivindica el papel fundamental de las comunidades indígenas como promotoras del Buen Vivir y del cuestionamiento de la Modernidad. Podemos navegar desde el Pacífico, donde nos encontramos con la isla de Pongso no Tao, que alberga seis comunidades tribales independientes con un calendario ecológico propio y un cuidado intergeneracional de la naturaleza, hasta Bután y su noción de la Felicidad Nacional Bruta, “un indicador holístico que debería reemplazar al PIB para orientar las políticas de desarrollo” (p. 291) y que cuenta con un umbral de suficiencia para cada parámetro con el fin de medir el bienestar de manera integral.

Implicaciones

A lo largo de toda la obra nos encontramos con una visión cercana a las diferentes ideas o movimientos que se exponen, puesto que las personas que los relatan han vivido en primera persona dichas experiencias o han dedicado gran parte de su vida académica a entenderlas desde dentro. Además, no solo se critica el modelo occidental de manera explícita, sino que los autores también evidencian cierta falta de corrientes transformadoras en el Norte global con respecto del resto de territorios, debido al pequeño porcentaje que representan las primeras en proporción a las segundas. El modelo expuesto como alternativo atribuye un valor especial a las comunidades indígenas, alabando sus modos de vida austeros y autosuficientes basados en el respeto hacia la naturaleza, sus vínculos dentro de la comunidad e intercomunitarios, y una organización política, económica y social que empodera el ámbito local.

Cabe destacar la redacción en clave optimista que evoluciona a lo largo del libro. A pesar de empezar con una visión crítica acerca de la realidad actual, se exponen más de ochenta ensayos que abordan soluciones y nuevos modelos que apuestan por un cambio radical en el paradigma actual, ofreciendo una bocanada de aire fresco para las generaciones futuras. Cabría preguntarse si no se produce cierta idealización de lo lejano, sugiriendo que experiencias e iniciativas practicadas en regiones remotas funcionan sin ningún defecto cuando la realidad suele ser mucho más compleja. Pero, en cualquier caso, se trata de una obra altamente enriquecedora y estimulante, de cuya traducción al castellano no podemos sino felicitarnos.

Pluriverso (ilustración de Demián Morassi)
ilustración: Demián Morassi

[Fuente: http://www.servindi.org]

Le dernier film de Terrence Malick, Une vie cachée, est-il trop austère pour une époque dépourvue de spiritualité ?

« Une vie cachée » de Terrence Malick.

Écrit par Roland Jaccard

Le dernier film que j’ai vu en cette fin d’année est Une vie cachée de Terrence Malick, primé au festival de Cannes à juste titre. Un paysan autrichien refuse de prêter serment à Hitler. Il sera décapité. Il est un prophète du Bien dans le pays du Mal vivant dans une nature majestueuse et indifférente au sort des humains.

Impossible de ne pas penser au chef d’œuvre de Carl Dreyer Ordet  (1955), un des plus beaux films de l’histoire du cinéma qui, comme celui de Terrence Malick, touche à l’indicible dans le combat contre les forces des ténèbres. L’un comme l’autre sont des films religieux, d’une intense spiritualité et ne laissant aucun espoir au commun des mortels, sinon celui d’être damnés. Kierkegaard n’est pas loin.

Franz, le paysan autrichien, père de trois petites filles et follement amoureux de sa femme, pourrait signer un pacte avec l’antéchrist : cela ne l’engagerait à rien. Même les fonctionnaires du régime nazi, très embarrassés, le lui répètent, craignant en outre son jugement moral. Il sauverait ainsi sa famille et, après les humiliations subies dans la prison de Salzbourg, pourrait témoigner contre l’horreur de ce régime. Personne ne comprend son obstination. Lui-même sait qu’elle est vaine et n’aura aucun effet sur le cours de l’Histoire. La vie reprendra comme avant dans son modeste village du Salzkammergut une fois l’ouragan passé. Mais cela lui importe peu. Il ne s’oppose à rien. Il ne juge personne. Il n’est pas un résistant. Il suit ce que lui dicte sa conscience, sans faillir. Son refus est de l’ordre de l’indicible.

On lui reproche son orgueil – pour qui se prend-il ce pauvre Franz ? – alors que, humble parmi les humbles, il refuse de céder aux injonctions amicales du curé du village, de son avocat commis d’office qui risque sa carrière en cas d’échec, et même du président de la Cour Martiale troublé par son attitude, mais plutôt bienveillant, comme l’était sans doute Ponce-Pilate. Dira-t-on que c’est un Juste ? Sans hésitation. Kierkegaard aurait aimé ce film, un peu trop austère pour un public en quête de divertissements : la salle où j’ai vu Une vie cachée était vide. Et l’âme, un mot vide de sens.

Une vie cachée, un film de Terrence Malick, en salle depuis le 11 décembre.

Ordet

Price: EUR 19,99

4.6 étoiles sur 5

(14 customer reviews)

9 used & new available from EUR 15,56

[Source : http://www.causeur.fr]

Vivir solo puede ser un auténtico lujo, pero la parte culinaria se complica en un mundo de formatos familiares y no demasiado tiempo libre. Aquí tienes 12 consejos para que no se te haga bola.

Judías verdes, perejil, cuscús, yogur. JAVIER MARCA

Escrito por MÒNICA ESCUDERO

La vida en singular y la buena alimentación en casa pueden llevarse regular: hay que vencer la pereza de cocinar solo para uno, buscar formatos que no se encuentran en todos los comercios -¿para cuándo las botellas de leche de medio litro?- y tener una cierta planificación para no acabar tirando comida. Si convives con estas bestias negras -y con nadie más-, tal vez estos consejos te ayuden.

El plato único es tu amigo

Preparar un primero y un segundo para uno es de nota, y no siempre estamos para tanto festival. Un plato único con un buen equilibrio nutricional se prepara más rápido, llena menos -la mayor parte de las comidas que haces cuando vives solo son cenas, y no es plan de irse a la cama como una boa constrictor- y es más económico (siempre que lo único de tu plato único no sea un chuletón, claro).

Pescado, legumbres y verdura: plato único de 10. MIKEL LÓPEZ ITURRIAGA

Escoge bien las ofertas

Asegúrate de que una oferta no va a terminar siendo un gasto innecesario (con comida desperdiciada en el proceso). Si es de larga caducidad y de un producto que sueles consumir, adelante. Si es de caducidad corta pero vas a cocinarlo y congelarlo, también (congélalo ya en forma de salsa de tomate, sepia estofada o albóndigas, no en crudo cuando lleve días dando vueltas por el frigo). Si no, esta oferta no es para ti; no te dejes tentar y pasa de largo: seguro que vendrán otras.

Organízate

Intenta dedicar un ratito a planificar algunos platos para la semana, hacer la compra y cocinar. Pon música y disfruta del momento: si te da una pereza terrible y nunca sabes cuándo ponerte, invita a alguien a comer. Cocinar acompañado y motivado suele ser más fácil.

Ten comida sana a mano para comer entre horas

El guarreo es uno de los peores enemigos de la cocina para uno: si abres una bolsa de patatas familiar y una cerveza antes de cenar, hay bastantes posibilidades de que te acabes ambas cosas (y las patatas y la cerveza acaben siendo tu única cena). Ten a mano frutos secos, hummus, fruta y verdura frescas, pan y cereales integrales y cualquier cosa que te asegure picoteos y desayunos saludables. Evita tener en casa esas guarraditas a las que no puedes decir “no” para asegurarte de que solo las consumes eventualmente.

Homer no nos hace caso. GIPHY.COM

Si puedes, cocina doble (o triple)

Creo que es la vez número chiquicientos que damos este consejo, pero repito por si aún hay alguien que no lo ha leído. Vale la pena preparar dos, tres o cuatro raciones más de cualquier cosa que congele bien. Desde el sofrito base para un arroz hasta albóndigas, pasando por caldo, salsa de tomate o las setas salteadas con ajo y butifarra que tanto te gustan con la pasta. Envasa siempre en raciones individuales, marca la fecha de preparación y échale un vistazo al congelador una vez al mes para ver si hay algo que debería ir desfilando. Un congelador bien surtido es lo más parecido a los tápers de tus padres que puedes tener, así que mímalo y él te mimará a ti.

Compra a granel, al corte y por unidades

El mercado es tu mejor amigo: puedes encontrar toda la variedad que necesitas en un solo sitio, comprar la cantidad que quieras y ahorrarle al planeta un montón de bandejas y envases superfluos. Si escoges productos de temporada, además, será más barato. En los supermercados y grandes superficies no suelen vender yogures sueltos o en packs de dos, pero en las lecherías y tiendas más pequeñas es más fácil encontrarlos (y además suelen estar más buenos).

Asegúrate un buen fondo de despensa

Tanto de alimentos de larga caducidad en la nevera -los yogures y los huevos son un básico que no debería faltar, por sencillez y versatilidad, y la pasta fresca también puede sacarte de un apuro cuando tienes hambre y prisa- como en la despensa. Unas buenas conservas de pescado, los botes de legumbres cocidas, unos pimientos del piquillo asados o espárragos, el arroz, la pasta seca y otros cereales crudos (trigo sarraceno, bulgur, etc), la sopa de miso de sobre o el cuscús o risotto con verduras o setas deshidratadas pueden convertirse en la base de una deliciosa comida sin volverte tarumba. Si sientes debilidad por algún precocinado sin marranadas, tampoco es mala idea tener un par de raciones a mano.

Proteína de calidad para uno. PXHERE.COM

Asóciate con otros “unos”

¿Tienes un vecino, amigo del barrio o compañero de trabajo que también compra para uno? Si sumáis fuerzas podéis haceros la vida más fácil. Esa bandeja de filetes a buen precio con cuatro raciones que tú solo no te comprarías puede daros para comer uno y congelar otro y también podréis aprovechar las eventuales ofertas de 2 X 1 en fruta y verdura fresca. Si se trata de comer en el trabajo, intenta aliarte con otra gente para que cada día cocine uno: es mucho más agradecido cocinar una vez a la semana para cuatro que hacerte cuatro tápers a salto de mata. Si vives con más gente, dejad de repartiros las baldas de la nevera e intentad funcionar como una comuna (solo en la cocina, malpensados). ¿Hay alguien completamente negado que no sabe ni freír un huevo y no sabéis dónde encajarlo? Enhorabuena a los premiados: ya tenéis fregaplatos.

Sé realista

No compres cosas que no te vas a comer. Si vas el martes a la compra con buenísimas intenciones y cargas kilos de fruta y verdura, que sean cosas que te apetezcan y te vas a comer. Si te gustan las fresas, los kiwis y los albaricoques no te dejes llevar por el entusiasmo y te lleves también peras de San Juan y unos plátanos que no te dicen ni chus ni mus: es más que posible que acaben languideciendo en el cajón de la fruta. Tampoco te gastes 60 euros en una tabla de ocho quesos, porque o se te estropearán o acabarás comiendo más queso del que deberías (aunque seguramente menos del que te gustaría).

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

Porque, no te engañes, mañana seguramente te dará más pereza todavía. Si acabas de comprar para preparar curry de pollo y crema de calabaza, pero por el camino pasas por delante de ese sitio de pizza al corte que huele tan bien y te llevas un par de porciones para cenar, es posible que ese curry y esa crema no lleguen a ver la luz. Aprovecha el empuje que te da el hambre, prepárate la cena y deja la cuatro estaciones para cuando no tengas otra cosa (o te apetezca de verdad, y no por vagancia).

Ten a mano amigos tragones

Si no has hecho caso de ninguno de los consejos anteriores sobre austeridad y cantidades, prepara una cena e invita a tus amigos. No tirarás comida, te lo agradecerán y, con un poco de suerte, te invitarán a otra cuchipanda.

Ale, todos contentos. GIPHY.COM

[Fuente: http://www.elcomidista.elpais.com]

« Adults in the room », de Costa-Gavras

Actuellement en salles, le nouveau film de Costa-Gavras sur la tragédie interminable que vit le peuple grec depuis 2008, a essuyé, dès sa sortie en France, le 6 novembre, des tirs de barrage intenses d’une partie de la critique française(1).

Fort de son talent, le réalisateur des thrillers politiques inoubliables que sont Z (1969), L’Aveu (1970) ou Missing (Palme d’Or, Cannes, 1982), aujourd’hui âgé de 86 ans, réussit pourtant, avec ce film, à léguer à la postérité le récit inouï du bras de fer entre la Grèce et ses créanciers européens, en s’inspirant du livre Conversations entre adultes (2017) de Yanis Varoufakis(2), l’ancien ministre des finances grec.

La gauche radicale grecque contre la troïka

Témoignage historique s’il en est, car le charismatique Varoufakis avait enregistré en secret, à l’insu de ses interlocuteurs, les échanges entre les parties, lors des réunions cruciales au sein des institutions européennes, qui marquèrent l’année 2015. Cette année-là était arrivé au pouvoir le gouvernement Tsipras issu de la gauche radicale, sur la promesse d’un programme anti-austérité. Le film, sur la base de ces enregistrements inédits, fait découvrir au grand public l’affrontement brutal à huis clos entre, d’une part, la Grèce aux abois et, d’autre part, les membres particulièrement inflexibles de l’Eurogroupe. En 2015, ce groupe informel des ministres des Finances des pays de zone euro, est présidé par le néerlandais Jeroen Dijsselbloem, mais de facto placé sous la férule du ministre fédéral des Finances allemand, Wolgang Schäuble. (À noter quand même que le ministre néerlandais en question s’est illustré en 2013 en confisquant les dépôts des déposants chypriotes dans le cadre du sauvetage des banques dans ce pays).

Imperméables à l’idée que les politiques d’austérité imposées à la Grèce puissent être à la fois extrêmement cruelles vis-à-vis du peuple grec, mais également inutiles en raison du cercle vicieux de l’austérité, les membres de l’Eurogroupe s’acharnent en 2015 à forcer le gouvernement grec à accéder à leurs exigences. À ce stade, la population avait pourtant déjà accepté d’immenses coupes dans les dépenses publiques, des hausses d’impôts, une réforme drastique de la sécurité sociale et une baisse sans précédent des pensions de retraites et des salaires (-30% pour les soldes des militaires par exemple).

Un pays dépecé

Dans l’environnement dépeint comme glaçant des institutions européennes, les technocrates apparaissent à la fois coupés de toute réalité sociale et foncièrement déshumanisés. Le spectateur est invité à assister en direct à l’hallali d’un État européen de 10 millions d’habitants.

Sur place, en Grèce, au même moment, plusieurs dizaines d’« experts » de la Troïka (cette alliance formée par la Banque centrale européenne, la Commission européenne et le Fonds monétaire international), sans contrôle aucun –  que ce soit du parlement européen ou du parlement grec – sont en train de dépecer le pays. Décrits comme de piètres économistes bouffis d’arrogance, les experts en question ont carte blanche pour vendre à des investisseurs privés – étrangers pour la plupart – les biens publics grecs : ports, aéroports, plages, monuments historiques etc, dont la vente du port du Pirée aux Chinois! Les  fonds récoltés sont censés être utilisés pour rembourser la dette et recapitaliser les banques.

Comme le dira Costa-Gavras dans une interview à la chaîne France 24, la stratégie de l’Eurogroupe était triple : 1) ne pas faire de cadeau à un gouvernement de la gauche radicale ;  2) punir la Grèce pour son manque de discipline budgétaire passé ; 3) faire un exemple de ce pays pour dissuader d’autres États européens de creuser la dette. Le réalisateur apparaît surtout inquiet de la tournure anti-démocratique du fonctionnement de l’Union européenne.

Last but not least, dans ce film passionnant, la manière dont le réalisateur perçoit l’action des protagonistes français de l’époque, tels que Christine Lagarde, Michel Sapin, Emmanuel Macron et Pierre Moscovici, nous interpelle sur la place de la France au sein de l’Union européenne et de la zone euro, et notamment sur son rapport à l’Allemagne.

Le spectateur ressort tremblant de la séance avec le sentiment que les peuples européens sont en sursis et que le couperet finira par tomber.

Adults in the room, de Costa-Gavras, sortie en salles le 9 novembre 2019

Conversations entre adultes : Dans les coulisses secrètes de l’Europe

Price: EUR 10,70

(8 customer reviews)

12 used & new available from EUR 10,70

[Source : http://www.causeur.fr]