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El autor de ‘Todas las almas’, ‘Corazón tan blanco’ o ‘Los enamoramientos’ ha fallecido en Madrid por una neumonía bilateral. Deja una de las obras literarias en español más relevantes de los últimos 50 años

Escrito por ANTONIO LUCAS

Javier Marías ha muerto a los 70 años en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid por los problemas derivados de una neumonía bilateral que le ha mantenido durante dos meses ingresado en el hospital.

La familia de Javier Marías distribuyó el pasado 14 de agosto una breve nota a través del departamento de Comunicación del grupo editorial de Marías, Penguin Random House, donde explicaba que el autor de Todas las almas estaba « en proceso de recuperación ». Pero la gravedad de la severa afección pulmonar fue en aumento en las últimas semanas, hasta lo insalvable. El escritor será incinerado en Madrid, su ciudad de nacimiento, en la absoluta intimidad y no habrá velatorio. En el barrio de Chamberí (habitual en algunas de sus novelas) pasó la infancia y juventud. Era hijo del filósofo Julián Marías y de la profesora y traductora Dolores Franco.

Javier Marías deja una obra literaria excepcional. Deja un rastro de literatura intensísimo. Deja una monarquía heredada donde era el cabeza de lista y que dio paso a una editorial sagaz y exquisita (Reino de Redonda). Deja un desacuerdo contra algunas cosas del presente. Deja el eco de una ironía ágil. Y también deja polémicas desplegadas en artículos. Y deja traducciones, recuerdos de muchas películas -era sobrino del excéntrico director Jesús Franco-, incluso una muesca de literatura infantil, Ven a buscarme. Sí, un cuento para niños del feroz Marías. Y es un escritor que, felizmente, incomoda. Y es, a la vez, un tipo que alumbra.

Sucede con las novelas de Javier Marías algo muy interesante. Una primera escena formidable enreda las cosas y deja cabos sueltos que seguirán sueltos a lo largo de la novela porque no aspiran a resolverse del todo, porque esa es la forma de indagar en la penumbra y lo visible, entre lo sabido y lo callado, entre lo oculto y lo aparente, entre lo apenas adivinado. Un juego de luces y sombras donde los individuos están expuestos a un misterio, a un vértigo, a una inquietud. Es lo que podríamos llamar « la voz Marías », esa condición de territorio propio que tienen los escritores que importan, lo reconocible, el estilo, esa poética que nunca suplanta, sino que propone y alumbra a quien se acerca. El motivo por el que gusta su literatura es obvio: se trata de un escritor inteligente de los que ofrecen, al salir de sus libros, una cierta idea de mundo.

Acorazado de libros (algunos en ediciones exquisitas), figuritas de plomo, fotografías dispersas y otros fetiches imprevistos, vivía cada vez más retirado del fervorín literario en su caserón del centro de Madrid, un tercero en una plaza (la de la Villa) donde el suyo es el único edificio habitado. Allí escribía y dispensaba una mirada sulfurosa sobre el presente de este país. Empezó en la narrativa a los 20 años, con un título recuperado ahora por Alfaguara (donde está toda la obra de Marías): Los dominios del lobo (1971). Continuó con la novela Travesía del horizonte (1973) y El monarca del tiempo (1978). En aquellos 70 empezó a colaborar en prensa -algo mantenido hasta el final- y se integró en el grupo que aglutinaba Juan Benet y donde destacaban Elías Querejeta, Javier Pradera, Eduardo Chamorro, Félix de Azúa, Juan García Hortelano, Vicente Molina Foix o Antonio Martínez Sarrión. La intermediación de Benet fue clave para que Marías publicase aquella primera novela. Las cartas entre Benet y Marías, numerosas, están inéditas. Solo se ha publicado una de Benet a su discípulo, bautizado como « el joven Marías », en la edición conmemorativa por el 25 aniversario de Corazón tan blanco. Aquel joven Marías, algunas noches de gracia, hacía unas piruetas gimnásticas espléndidas en el Paseo de la Castellana y desataba las ovaciones de sus amigos mayores.

Pérez-Rerverte, Vargas Llosa y Marías, en 2015.

Pérez-Rerverte, Vargas Llosa y Marías, en 2015. BERNARDO DÍAZ

A cada novela se fue ganando mejor el sitio entre los escritores más destacados de la narrativa española contemporánea. En 1986 gana el Premio Herralde por El hombre sentimental, se incorpora a la escudería de Anagrama y se mantuvo hasta mediados de los años 90, cuando rompió el fundador del sello, Jorge Herralde. En 1989 publica Todas las almas (título extraído de Shakespeare, como hará después en al menos cinco libros más), que lo sitúa en podio y donde da cuerda a la historia de un profesor español que imparte clases en la Universidad de Oxford. Un poco antes de la salida de Todas las almas, entre 1983 y 1985, Marías impartió clases de Literatura Española y Teoría de la Traducción en Oxford. En 1984 lo haría en el Wellesley College y entre 1987 y 1992 en la Complutense de Madrid. También fue profesor invitado de la Escuela de Letras de Madrid. La docencia era otra gimnasia para ganarse la vida mientras la literatura no se estiraba a tanto. Y como todo en Marías, la paradoja y el cálculo tienen una aleación en su escritura: los protagonistas de sus novelas escritas desde 1986 son intérpretes o traductores, « personas que han renunciado a sus propias voces », decía.

La escritura de Marías está a punto de alcanzar su potencia de distinción. Esa manera de contar que tiene una ondulación propia. Las elipsis. El pensamiento como impulso narrativo, más que la invención, las disyuntivas éticas y morales, el secreto como veneno, la traición como amenaza, la violencia, el arrepentimiento, la mentira: « Las mentiras son las mentiras, pero todo tiene su tiempo de ser creído », escribió… En 1990 publica el primer conjunto de relatos, Mientras ellas duermen; y un año después el primer volumen de recopilación de artículos, Pasiones pasadas (hoy son casi una veintena de títulos en este registro). Y entonces sí, en el año español de todos los fastos (1992), el de la abundancia y el horizonte de pan de oro, publica Corazón tan blanco. Es la lanzadera a un éxito vibrante. En España esta novela se convierte en la pieza más celebrada de Marías, de la generación y casi de la década en marcha. En Alemania alcanza cifras de fenómeno editorial cuando el mítico crítico literario alemán Marcel Reich-Ranicki mencionó a Marías como uno de los más importantes autores vivos de todo el mundo en el programa de la televisión alemana que él dirigía, El cuarteto literario.

Marías aún se dejaba ver, pero cada vez costaba más. En 1994, Víctor García de la Concha le sugirió presentar su candidatura a la Real Academia Española (RAE), pero no le sedujo la propuesta. Aceptaba premios españoles (Salambó, Premio de la Crítica, Premio Fastenrath de la Real Academia Española, Premio Ciudad de Barcelona…). Mantenía una cierta vida literaria… Ese año del « no » a la Academia estrena otra etapa de su obra con Mañana en la batalla piensa en mí‘, Negra espalda del tiempo (1998 y su inteligente aventura de autoficción), la trilogía Tu rostro mañana (2009) y Los enamoramientos (2011), otro éxito editorial con el que toma la decisión de no aceptar premios institucionales en España y rechaza el Nacional de Narrativa en una rueda de prensa en la que dice: « Creo que el Estado no tiene por qué dar nada a un escritor. Si alguna vez se me ofreciera algún premio de los que llamamos estatales pues no lo aceptaría. Así que tomo por norma no aceptar nada de lo que venga del Estado de mi país, menos aún algo que lleve aparejado dinero ». Eso descartaba, también, la concesión del Cervantes. El Nobel es otra cosa. Y es un reconocimiento extranjero. En los últimos años ha estado en todas las quinielas como posible receptor. Quizá este sea el premio que mejor mereció.

En 2005 sí aceptó asiento en la RAE, el sillón R ocupaba, y el 29 de junio de 2006 leyó el discurso de ingreso, Sobre la dificultad de contar, al que respondió el filólogo y cervantista Francisco Rico.

Javier Marías dedica una novela en la Feria del Libro de 2011.

Javier Marías dedica una novela en la Feria del Libro de 2011. ANTONIO HEREDIA

Marías, a la manera de uno de los escritores que admiró e impulsó en España, el austriaco Thomas Bernhard, escogió no tener vínculo con el establishment (así lo decía él: « establishment ») de los galardones nacionales. De Bernhard también asumió la actitud cada vez más despojada frente a los peajes literarios. Y la contundencia de opinión. En sus artículos de El País provocó (intencionadamente) algunas polémicas. Una vez exprimido el registro de vecino cabreado del centro de la ciudad (papel que jugó con perfecto humor, aunque no lo parezca), aprovechó para volcar su escepticismo o su rechazo en algunas manifestaciones cívicas como la creciente altavocía del feminismo, los montajes de teatro contemporáneo, lo patético de la mayor parte del cuerpo político, la televisión y sus derivas o la desconfianza que le generaban las redes sociales. Marías alcanzó los 70 años sin manejar un ordenador. Mantuvo la lealtad a la máquina de escribir eléctrica durante 16 novelas, miles de artículos, cientos de relatos y demás mercancía del oficio. « Cada vez me cuesta más encontrar cartuchos de tinta, pero no voy a dejarlo ahora… », decía.

Tuvo la poesía también cerca. Tradujo los poemas de Stevenson, de Ashbery, de Faulkner, de Nabokov… Todos estos autores estaban con fuerza en su santoral literario. A todos cumplimentó devoción y a su poesía dedicó siempre atención. El irlandés Seamus Heaney fue otro de sus poetas bien leídos.

Marías no era un ermitaño. Ni un eremita. Ni un trágico de balcón y penumbra. Mantuvo un compacto grupo de amigos: Agustín Díaz Yanes, Arturo Pérez-Reverte, Luis Antonio de Villena… La vida le concedió aventuras. Muchas expediciones singulares. Y de todas hizo lo que quería hacer: literatura. Pocos creadores hay tan cuidadosos de su estela de escritor. Hasta en el enigma de saber si estaba grave o no le salió la cosa literaria. Alrededor de Marías hubo dos compañeras incombustibles: Carme, su mujer, y Mercedes, su asistente. Todo el alrededor del escritor pasaba por ellas.

Fueron las primeras en leer los manuscritos de Así empieza lo malo (2014), Berta Isla (2017) y Tomás Nevinson (2021). Las tres últimas novelas. Hay en los argumentos de estas piezas algo de aquello que Borges dijo por otro asunto: « Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que un hombre sabe para siempre quién es« . Ahí empieza o acaba todo. ¿Quién fue Javier Marías?

 

[Fuente: http://www.elmundo.es ]

Escrito por ÁLVARO VÁSQUEZ

Algunos cuentos o textos cortos (como columnas de opinión) suelen ser publicados en más de un libro y/o medio de comunicación. Los buenos cuentos pueden ser incluidos en alguna antología, luego de su publicación original. Ciertos blogs también les brindan espacio, así que uno puede encontrarse con esos textos en más de un libro o espacio virtual.

Normalmente, cuando reconozco uno de esos trabajos, por haberlo leído ya antes, paso al siguiente texto, al menos si el recuerdo permanece fresco en cuanto al contenido.

Sin embargo, cuando se trata de textos firmados por Claudio Ferrufino-Coqueugniot, eso no sucede. Lo tengo de contacto en redes sociales, sigo sus blogs y alguna vez chateamos por whatsapp, donde también publica enlaces a sus publicaciones, pero no recuerdo haber pasado por alguno de sus textos pensando “ya lo leí”. Nunca.

No sé bien cómo explicarlo, pero los textos de Claudio — en cuanto a la forma en que son “consumidos” — se parecen más a la música que a textos escritos. El oído tiende a ser perezoso una vez identificada una melodía que le resulta agradable, pues escuchamos la canción recién descubierta (o desempolvada de una época más feliz) una y otra vez. La vista, por otra parte, suele ser más inquieta. Una vez vista una película, por ejemplo, es muy difícil que se la vuelva a ver dos o tres veces más en el mismo día, y eso suele ocurrir también con los textos a los que se suele abandonar al menos por un tiempo, antes de una eventual relectura.

Quizás los escritos de Claudio estén hilvanados sobre un pentagrama invisible, que les confiere una cierta musicalidad que tampoco es evidente en la lectura, pero que les permite ser apreciados una y otra vez, como si de agradables melodías se tratasen. O tal vez las tantas referencias musicales que se encuentran en los trabajos de este autor contagien a sus letras esa manera sutil de deslizarse hasta nuestro yo más íntimo, a ese lugar donde habitan nuestras ilusiones (rotas o no), nuestros miedos y esperanzas, como solo la música puede hacerlo.

En alguna entrevista, este autor comentaba que escribe siempre con música de fondo, y que creía que esas melodías marcaban, de alguna manera, el ritmo de su escritura. Recuerdo que mencionaba que “El señor don Rómulo” habría sido parido a ritmo de cueca. Quizás esta sea la razón de que sus textos se lean — y se recuerden — como si de compases musicales se tratasen.

Hace poco leí un artículo de Claudio: “Romance para violín № 2 Opus 50”, un texto brutal, cuya lectura te mantiene en tensión permanente del primer al último párrafo. Al terminar la lectura, el gesto automático fue volver al principio y volverlo a leer, completo. Y lo leí nuevamente, ya otro día. Llamarlo adictivo, no sería nada exagerado.

Al escribir estas líneas, recordé un par de comentarios de sus textos antiguos. En uno, recordando a The Beatles, Claudio se imaginaba formando parte de la Banda de los corazones solitarios del Sargento Pepper. En ella, se ve a sí mismo tocando el trombón. En el otro, confiesa un sueño hasta entonces oculto (e irónicamente compartido por el suscrito), ser platillero en una banda boliviana.

Imposible negar la influencia musical en la obra de este gran escritor.

Ayer terminé de leer “Ecléctica”, el último de los libros de Claudio que me faltaba, de todos los que se hallan publicados y pueden ser encontrados en librerías. Quedo a la espera de que la editorial a cargo de publicar sus “Obras completas” cumpla con su parte, para seguir leyéndolo/releyéndolo. Porque textos ya leídos en una pantalla, y encontrados en sus libros luego, son y serán siempre releídos, como lo serán los que ya leí en alguna parte y se publiquen nuevamente.

Y es que cada relectura parece abrir una nueva puerta, mostrar una nueva vía, a través de un mención literaria, musical o cinematográfica. Textos con decenas de puertas abiertas a nuevas lecturas u otras fuentes de conocimientos. El autor muestra una erudición callada, humilde, pero contundente. En una de sus columnas de opinión decía: “Admiro la veracidad, incluso su invención, de la incansable búsqueda del conocimiento que hace Gurdjieff. Es un trazo que sin ninguna guía he seguido siempre”, refiriéndose a la labor del escritor y compositor ruso. Sin lugar a dudas, Claudio acumuló conocimiento de muchos libros y algunas aulas, pero me animo a asegurar que el conocimiento que rezuman sus textos se obtuvo sobre todo de caminos y kilómetros recorridos, de experiencias, de zapatos gastados, de ciudades caminadas, de amores y desamores disfrutados y sufridos por igual, ambos; de música cantada sobre el disco mientras conducía (a veces una hermosa canción es un castigo, escribió) para alivianar viajes que son al mismo tiempo búsqueda y huida; de risas y lágrimas, de noches en vela, de soledades que marcan… de vida vivida, al fin.

No hay primera sin segunda, se dice al terminar la primera estrofa de las cuecas, en un claro reclamo a que la música continúe. El mismo reclamo nace ante una primera lectura de los textos de Claudio.

Los de Palacagüina, al iniciar la segunda estrofa de “Son tus perjúmenes, mujer” añaden que la tercera es la vencida, para terminar diciendo que a la cuarta… ni los bueyes.

Cualquier texto de Claudio merece la segundita. En mi caso, muchos tuvieron la tercera, y aunque no me considero buey (en Nicaragua, tonto), seguro que varios llegaron a la cuarta que menciona el grupo nica… y vamos contando.

Alguna vez leí que todo hombre merece una segunda cita, y todo libro, una segunda lectura. Quisiera merecer segundas citas, por supuesto, aunque honestamente no creo que todos los libros merezcan una segunda lectura… salvo que los firme Claudio Ferrufino-Coqueugniot, claro.

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[Publicado en MEDIUM.COM, blog del autor – imagen: caricatura de ALIAGA – reproducido en lecoqenfer.blogspot.com]

O cineasta Xan Leira está rodando no Salnés un documental que promete varias sorpresas: desde a descrición detallada da importancia da industria da arxila e a cerámica no desenvolvemento do Salnés até a noticia dun naufraxio que, malia a traxedia que causou, segue a ser ignorado polas crónicas e os historiadores.

A telleira dos seixiños, na ría de Dena, dá fe do pasado ligado á arxila e á cerámica do Salnés. (Foto: Lameiro)

A telleira dos seixiños, na ría de Dena, dá fe do pasado ligado á arxila e á cerámica do Salnés.

Escrito por MANUEL XESTOSO

Reconstruír os detalles dun accidente pode ser o comezo dunha narración que deriva cara á historia colectiva dunha comunidade. Ou polo menos algo así foi o que lle sucedeu ao cineasta Xan Leira cando comezou a pescudar nos detalles dun naufraxio do que apenas se fala e que marcou o inicio da película que está gravando na Arousa: en febreiro de 1940, na enseada de Dena (Sanxenxo), un grupo dunhas 50 persoas tomou un galeón para pasar o día e recoller algo de marisco na Arnosa. Xa chegando ao seu destino, unha galerna que entrara pola Lanzada alcanzou a embarcación, que afundiu deixando entre 24 e 27 persoas mortas, case todas mulleres e cativos.

« Eu comecei este proxecto convocado pola noticia deste naufraxio », explica Leira en conversa con Nós Diario, « mais investigando sobre este suceso, resultoume moito máis contundente -máis alá da tremenda traxedia humana que supón o feito das mortes- o tema do traballo co barro e o relevo que tivo no desenvolvemento de toda a zona ».

A ribeira sur da ría de Arousa ten unha longa tradición de traballo co barro que se remonta até a romanización, e da que son testemuñas numerosas telleiras e fornos espallados pola zona, e xa presentes no célebre Catastro de Ensenada, realizado no século XVIII. Mais é a partir do século XIX cando esta actividade deixa unha pegada máis fonda na historia e na paisaxe do lugar.

« A boa calidade da arxila da zona e da cerámica que se produce con ela coñécese desde moi antigo », explica Leira. « Mais desde finais do século XIX, co desenvolvemento capitalista da produción de bens de insumo e da construción, a importancia desta industria recibe un impulso moi significativo que a converte nun factor de desenvolvemento moi notábel ».

As investigacións da altura comezan a descubrir que existen diferentes tipos de terra que se adecúan mellor a distintos produtos: tellas, sanitarios, porcelana… « E daquela é cando se incorpora o barro de Dena, que polas súas características xeolóxicas producía unha cerámica de excelente calidade, que foi impulsando o desenvolvemento dun comercio marítimo de materias primas ao longo da ría, e mesmo comeza a exportarse cara ao exterior, ao Mediterráneo », revela o director.

A partir de aí, créanse unhas estruturas protoindustriais que redundan no desenvolvemento da zona, mais tamén onde mulleres e homes da comarca traballaban en condicións que hoxe consideraríamos infrahumanas, tanto na extracción da arxila como no seu transporte e transformación.

« Malia que as condicións de traballo daquelas fábricas, vistas cos ollos de hoxe, poden resultar moi lesivas, eran mellores que as que tiñan os artesáns que traballaban por libre », precisa Leira

Van aparecendo diferentes fábricas na zona do Ulla e na desembocadura do Umia, nas que buscaban traballo moitas familias telleiras cansadas das duras condicións do traballo no forno artesán. « Malia que as condicións de traballo daquelas fábricas, vistas cos ollos de hoxe, poden resultar moi lesivas, eran mellores que as que tiñan os artesáns que traballaban por libre. Ao pasar a ser obreiras asalariadas, o seu nivel de vida incrementábase e iso tamén ía creando cambios na mentalidade, nos hábitos de consumo e na propia fisionomía da zona, por mor das infraestruturas e servizos que aparecían de forma paralela as estruturas industriais ».

É de destacar que as novas construcións significan, en moitos casos, avances sobre o mar e outras alteracións da paisaxe, o que xerou algúns conflitos coa poboación que, na súa maioría, seguía a vivir da economía agrícola tradicional.

« Hai situacións curiosas », comenta Leira. « Cando un terreo é empregado para minaría, a lei obriga a rexeneralo unha vez remata a concesión. Algúns propietarios non o fixeron e iso propiciou a aparición de pequenas lagoas que, dalgunha maneira, transformaron a paisaxe dunha forma máis natural ».

Historia oral

O documental, como todos os traballos de Leira, baséase principalmente nos testemuños das persoas coas que contacta, na memoria oral, “o que enriquece moito a historia coas súas vivencias e a súa experiencia. As persoas que traballaron nese desenvolvemento industrial do barro xa o traballaban desde moito antes nun plano máis artesanal e viviron esa xeración de riqueza e eses cambios nos hábitos sociais, que se foron dando no proceso ».

Pero ademais, Leira non quere esquecer aquel naufraxio que foi a orixe desta historia por contar. « Eu comprométome persoalmente coas xentes coas que traballo e quixera que, dalgún modo, este documental tamén sirva para honrar e homenaxear a todas as vítimas daquel naufraxio e, se é posíbel, institucionalizar a súa lembranza, que forma parte do patrimonio inmaterial de Sanxenxo ».

[Foto: Lameiro – fonte: http://www.nosdiario.gal]

El hombre libre conlleva como ‘condición’ el sentir, en distintos momentos y por diversas e interesadas razones, el ser perseguido. Un libre es una potencial amenaza para un sistema que se sustenta en la rigidez de una ideología, de un dogma.

Escrito por RICARDO MARTÍNEZ

Ser perseguido

La cuestión es tan trascendental como actual dado el panorama político moral que nos engloba. Y es pertinente y nada baladí el recurso a Maimónides, judío sefardí (1138 en Córdoba al 1204 en Egipto), quien ejerció de médico, filósofo, astrónomo y rabino de gran influencia. Ha de ser él quien señale expresamente a la teología como “causante de la implantación en el mundo de la metafísica del perseguidor: la teología es la enemiga de la filosofía, por tanto, cualquier forma de teología será un arma fundamental de los poderes perseguidores” (p. 31).

Y continúa: “hay un instinto violento que anima al teólogo a configurar sus argumentos en función, no de la verdad (vale decir de la filosofía) sino de la conveniencia del poder político y la religión que lo legitima (‘repárese, estimo, en la contundencia real de este aserto, a tenor de los acontecimientos actuales, donde religión pudiera ser sustituido por ideología’). La teología es la forma en que ciertos intelectuales construyen la verdad epistémica del poder”.

El planteamiento del problema resulta de una meridiana claridad –actualizando los términos- para hacernos eco de una realidad inmediata, presente, bajo el marchamo de política práctica.

“Hay un enemigo del pueblo, el demonio, cuyo poder actúa para someter y seducir al pueblo. El carismático mesías (¿otra forma de poder?) se alza para luchar contra él, haciendo que paradójicamente su destino dependa siempre de la existencia del contrapoder. En la medida en que nunca cumple su oferta de redención, el pueblo y él mismo se transforman en figuras melancólicas” (p.103). Henos aquí ante una poesía para la verdad.

El libro, muy bien escrito, bajo la premisa estudiosa de un rigor muy elogiable (cada vez menos frecuente en las publicaciones de pensamiento, que suelen estar más atentas a las frivolidades de lo atrabiliario) resulta apasionante de seguir en su argumentación, y por ello la recomendación de su lectura se hace necesaria.

Bienvenido sea, así, el bien de la palabra.

 

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

Adán y Eva encuentran el cuerpo de Abel, por William Blake. destierro exilio

Adán y Eva encuentran el cuerpo de Abel, por William Blake

Publicado por Andrea Calamari

Es el exilio, tal vez, el peor de los viajes posibles. El exiliado se desplaza porque no le quedan alternativas y se ve obligado a alejarse de su tierra. Durante siglos, la palabra exilio no tuvo independencia con respecto a la palabra destierro.

Caín. El Señor ve muerto a Abel.

—¡Qué has hecho! Desde la tierra, la sangre de tu hermano reclama justicia. Por eso, ahora quedarás bajo la maldición de la tierra, la cual ha abierto sus fauces para recibir la sangre de tu hermano, que tú has derramado. Cuando la cultives, no te dará sus frutos, y en el mundo serás un fugitivo errante.

—Este castigo es más de lo que puedo soportar —le dijo Caín al Señor—. Hoy me condenas al destierro, y nunca más podré estar en tu presencia. Andaré por el mundo errante como un fugitivo, y cualquiera que me encuentre me matará.

Primera imagen: el destierro como castigo divino.

Edipo. El rey de Tebas, se arrancó los ojos para no ver lo inevitable: es el asesino de su padre y se casó con su madre. Se ha convertido en un miserable que sufre de atimia: la ignominia, una condición moral y levemente jurídica para aquellos que han sido excluidos de la comunidad.

Edipo rey sabe que es culpable y no cae en el facilismo de alegar desconocimiento, deja Tebas y se autodestierra en Colono como un mendigo solo, ciego, errante.

Segunda imagen: el destierro como castigo autoimpuesto.

Ovidio. El poeta escribe una obra inconveniente para las leyes de Roma, tal vez ha visto algo que no debía, lo cierto es que recibe una comunicación oficial: el emperador Augusto lo condena a vivir lejos de Roma. Ovidio no está deportado, está relegado. «A nadie se le asignó nunca un lugar más alejado o más horrible», se lamentaba el poeta que debió rebajarse a usar pantalones para no morir de frío en una ciudad oscura, bárbara, sin cultura. El edicto imperial no explicita el proceso, solo la sentencia.

Tercera imagen: el destierro como castigo legal.

Los hijos de Israel. Dios le prometió a Abraham la tierra sobre la que está recostado. Será para él y después para su descendencia: su hijo Isaac y su nieto Jacob. Jacob fue renombrado Israel: el que pelea junto a Dios. Los hijos de Israel se han dispersado fuera de su reino y vagan por el mundo. Uno de ellos se llama Judá y sus descendientes, judíos. Desde entonces, a ese abandono forzado de la tierra propia se le llama diáspora.

Cuarta imagen: el destierro por motivos religiosos.

Dante. En el Purgatorio, Dante (el personaje) se encuentra con otros florentinos e intercambian ideas sobre el Estado y la patria. Hace un par de años que Dante (el poeta) vive en el exilio. Fue desterrado de Florencia por interponerse con los intereses del papa de Roma. Cuando se concede una amnistía, la condición para otorgarla es que los desterrados acepten ser tratados como delincuentes en una ceremonia religiosa. El poeta nunca regresó.

Quinta imagen: el destierro por motivos políticos.

***

El desterrado pierde hogar, libertad, patria, ancestros y, cuando muere, no tiene ni el derecho de ocupar el sepulcro familiar. Se convierte en extranjero.

Hay ocasiones en las que no se exilia solo una persona sino toda una generación. Stefan Zweig, hijo de su tiempo y de su Europa, fue también símbolo de una generación que vivió sin retorno. Nada de lo anterior quedó.

Entre 1940 y 1941, cuando Europa parecía pertenecer irreversiblemente a un lunático, se refugió en América del Norte primero y en América del Sur después. Durante esos dos años escribió un relato de viaje, no el previsible que se hace en los lugares de destino sino uno sobre el punto de partida.

No es esta la crónica de un viaje en el espacio, es un viaje en el tiempo. Stefan Zweig, vienés, judío, escritor, está en el exilio y se siente cercado en la extensión del mundo. Por eso viaja al pasado y escribe El mundo de ayer.

El mundo de ayer era libre, sensible, vasto.

El mundo actual es cerrado, oscuro, bárbaro.

El mundo de ayer era Viena, metonimia de Europa, antes de 1914.

El mundo actual es todo lo que Viena no es.

Stefan Zweig está con su segunda esposa: Lotte Altmann. Nadie los persigue, tienen visado permanente, una dirección fija. Y sin embargo no es suficiente. El 22 de febrero de 1942 deciden morir.

Los encuentran, abrazados, sobre su cama en la ciudad brasileña de Petrópolis; los restos del veneno muy cerca, las cartas de explicación sobre la mesa, el manuscrito de El mundo de ayer enviado el día anterior hacia Estocolmo.

***

Stefan Zweig y Lotte Altmann. DP destierro exilio

Stefan Zweig y Lotte Altmann

En los relatos de viaje, narrador y viajero son uno solo y el centro gravita alrededor de su experiencia con el lugar y los habitantes del punto de destino. Lo que hace diferente al libro El mundo de ayer es su cualidad de artefacto único: desde los confines, el narrador viaja en el tiempo a su lugar de origen.

Hasta entonces, Stefan Zweig, nunca había sentido la necesidad de escribir sobre sí: «Jamás le atribuí tanta importancia a mi propia persona». Se crió en un entorno seguro, sólido, previsible. El mundo tal como se le presentaba estaba dado, sin sobresaltos, sin preguntas. Así empieza su relato:

Si busco una fórmula práctica para definir la época de antes de la Primera Guerra Mundial, la época en que crecí y me crie, confío en haber encontrado la más concisa al decir que fue la edad de oro de la seguridad.

Sabe que es más fácil reconstruir los hechos concretos de una época que su atmósfera anímica. Para eso no tiene otras herramientas que sus propios recuerdos porque escribe desde el extranjero, eterno lugar de paso para él. No lleva consigo sus libros ni sus anotaciones, no hay cartas viejas ni actuales, no llegan los periódicos, las revistas, el correo. Está aislado. En su casa de Salzburgo dejó una colección. Hay que imaginar lo que eso significa para una persona como Stefan Zweig, un acumulador fino y ordenado de pequeños tesoros de la cultura universal: manuscritos literarios, partituras originales, una hoja del cuaderno de Leonardo, las órdenes militares de Napoleón, los garabatos de Mozart Brahms, los muebles que usó Beethoven. Una colección armada durante años de pronto debe ser guardada en cajas, escondida de los saqueadores hasta un regreso improbable.

Debió dejar su casa, primero la de Salzburgo, después la de Londres y otra vez la de la campiña inglesa. Ya no tiene pasaporte, ahora es un refugiado. ¿Qué pasa cuando uno no sabe a dónde ir? Junta lo que se tiene, cada vez menos, y vuelve a salir.

Es un apátrida, nada lo liga a ningún lugar porque el mundo desde donde viene ya no existe. No hay dónde volver y solo resta ir hacia adelante, pero ¿dónde queda adelante en un mundo fatalmente circular?

Para hacer su crónica, lejos de sus fetiches de coleccionista y escritor, debe apelar a su memoria, una narradora implacable que no se rige por el azar o la improvisación: ordena y elimina a sabiendas. El texto encontrado en su habitación está escrito en tinta violeta, tachado, corregido, cubierto de anotaciones. También están las versiones mecanografiadas por Lotte, esposa y secretaria.

Todo sale de su memoria pero él no es el protagonista de su libro, el protagonista es el tiempo pasado: «La época pone las imágenes, yo me limito a acompañar con palabras». Como si estuviera presentando una conferencia ilustrada con diapositivas, Zweig nos muestra el mundo en el que vivió hasta que Europa se sacudió como un volcán y con la erupción arrojó a gran parte de sus hijos. Algunos quedaron sepultados allí mismo, otros, por el mundo.

Se crio en Viena, la ciudad cosmopolita de las artes, la ciencia y los salones literarios a la que tuvo que abandonar «como un criminal antes de que la degradaran a una ciudad provincial alemana». Europa estaba viviendo la era de la razón y nada hacía suponer que terminara.

Zweig recuerda aquel mundo, viaja en el tiempo y se encuentra con el espíritu de época que lo rodeaba: seguridad, progreso, libertad y solidez. Pero claro, ya lo habían dicho Engels Marx: todo lo sólido se desvanece en el aire y, en el caso de la Europa que sobrevino, lo sólido estalló con la contundencia de las bombas y los tanques.

Zweig recuerda Viena y dice «vivir aquí era maravilloso». Aunque está en Brasil no dice allá, dice aquí. Los trenes atraviesan todo el territorio, las líneas telefónicas llevan las voces de un lado a otro, hombres y mujeres se desplazan en autos y en bicicletas, los tiempos se aceleran, hay un zepelín surcando el cielo europeo y las fronteras devienen absurdas. ¡Qué provincianos son los controles aduaneros! La fraternidad humana se está haciendo realidad.

Europa nunca fue más rica, ni más bella, ni más libre, ni más fuerte. Lo que esa generación no sabía, dice Stefan Zweig, es que todo aquello que los alegraba se estaba convirtiendo en un peligro: los hombres y los Estados se pueden enfermar de confianza y poder. No había motivos para la primera gran guerra y sin embargo se desató. Todo lo que siguió fue el siglo XX, trágico, desmesurado.

Stefan Zweig no alcanza a recordar cuándo ni cómo oyó por primera vez el nombre de Hitler, ese nombre que se volvió ubicuo. Su memoria lo lleva a Salzburgo, su hogar por aquellos años veinte, y a los comentarios cada vez más frecuentes sobre un agitador que instigaba contra la república y los judíos. Cada vez tenía más seguidores: «Crecientes pelotones de muchachitos con botas altas y camisas pardas». Algo de la escenografía le recuerda lo visto en Italia hace un tiempo, anticipa lo que verá en España. El ascenso de Hitler fue imparable y empezaron las persecuciones.

Hambrientos, andrajosos, trastornados; con ellos había empezado la fuga a causa del miedo pánico ante lo inhumano, que luego se extendería por toda la Tierra. Cuando miraba a esos expulsados, sin embargo, yo todavía no intuía que sus pálidos rostros preanunciaban mi propio destino.

En pocas semanas Stefan Zweig tuvo que despojarse de la fe en la humanidad que había desarrollado a lo largo de cincuenta años. El tiempo que vivió su muerte fue como desterrado.

***

Stefan Zweig pertenecía a un grupo que no era tal. Se trataba de millones de personas que huían de la muerte buscando refugio en algún lugar, cualquier lugar, donde los aceptaran. Millones de judíos europeos no fueron desterrados por un castigo divino o uno autoimpuesto, tampoco por una sentencia legal, no fueron expulsados por motivos políticos ni por razones religiosas. No había culpa, razón ni sentido.

Los expulsaban de sus tierras y no les daban ninguna otra. Les decían «no vivan con nosotros», pero no les decían dónde vivir. Y con ojos ardientes se miraban entre sí durante la fuga, preguntando: «Por qué yo? ¿Por qué tú? ¿Por qué yo contigo, a quien no conozco, cuyo idioma no comprendo, cuyo modo de pensar no entiendo, al que nada me liga? ¿Por qué todos nosotros? Y nadie tenía una respuesta.

 

[Fuente: http://www.jotdown.es]


La defensa i il·lustració de la llengua francesa
, de Joachim Du Bellay, publicada el 1549, és un llibre clau en la història cultural d’Europa. Encara que es tracta en part d’un plagi —Du Bellay va copiar alguns capítols del Dialogo delle lingue de Sperone Speroni— té el valor d’expressar uns llocs comuns d’un cert discurs del Renaixement, com ara la relació entre la cultura i el poder, la transformació dels vulgars en llengües nacionals o la constitució d’una literatura moderna.

L’editorial Afers l’ha publicada fa poc en català, precedida d’una extensa introducció a cura d’Anne-Marie Chabrolle-Cerretini i Narcís Iglésias. Aquest últim signa també la traducció, excel·lent, que reprodueix amb fluïdesa el període llarg, llatinitzant, que fa servir Du Bellay. Tots sabem que s’ha d’escriure amb frases curtes i que més val no jugar a fer el Proust. Però de tant en tant dóna gust de llegir una prosa que respira amb tanta amplitud, tan ordenada i harmònica.

Els debats entorn de les llengües vulgars no eren nous. Remuntaven en últim terme als plantejaments de Dante. Però la Defensa va representar una ruptura amb aquesta història. Du Bellay va escriure la seua legitimació del francès en francès, i no pas en llatí. Inaugurava una nova era de lluita oberta, de competència entre la llengua del rei de França, la llengua doblement sagrada de Roma i el molt literari toscà. La Defensa era també un manifest literari, que va establir els principis de la poesia francesa moderna, tal com es va configurar entorn dels poetes de La Pléiade.

L’argument principal que feia servir Du Bellay per a promoure el francès enfront del llatí és que no hi ha cap llengua que siga intrínsecament superior a una altra o més apta per al cultiu de les lletres i del coneixement. La preeminència del llatí és una conseqüència del seu ús, no de la seua natura, perquè «les llengües no neixen d’elles mateixes a manera d’herbes, arrels i arbres, sinó que tota la seua força neix en el món del voler i de l’arbitri dels humans». És cert, però, que la igualtat potencial de cada una de les llengües no desmenteix la desigualtat actual, «però això no s’ha d’atribuir a la natura venturosa de les dites llengües, sinó sols a l’art i enginy dels homes». Si la llengua francesa «no és tan abundant i rica com la grega o llatina, no s’ha d’imputar a un defecte seu, com si per ella mateixa només pogués ser sempre pobra i estèril, sinó que s’ha d’atribuir a la ignorància dels nostres avantpassats». També el grec i el llatí van ser vulgars en els seus inicis. Només el seu cultiu els va convertir en llengües literàries.

Un vulgar podia esdevenir una llengua culta per mitjà de la seua il·lustració. Aquesta consistia a adquirir els recursos que ja existien en llatí i en grec. La traducció i la imitació dels models d’aquestes literatures era la drecera més segura i més ràpida per a convertir el vulgar francès en una llengua literària, encara que Du Bellay advertia que no s’havia de caure en una imitació servil dels antics. Més que d’imitar-los, es tractava de fer-los servir d’estímul. Com va destacar Lluís V. Aracil, aquesta actitud d’enriquiment o il·lustració d’una llengua, de transferir a altres llengües uns recursos existents en llatí, està en íntima relació amb una sèrie de valors dels humanistes. Un dels principals és la dignitat humana (dignitas hominis) i, per altra banda, l’emulació (emulatio). La dignitat humana comporta la idea de reconèixer en l’home la capacitat de produir, la llibertat de prendre la iniciativa. Era el contrari de tota concepció fatalista —no hi ha res a fer— i tradicionalista —així ho hem trobat i així ho deixarem.

Contra el llatí, Du Bellay arguïa que si els homes del seu temps eren en general menys savis en totes les ciències i de menys valor que els antics, la raó principal d’aquest estat de coses era el temps que invertien a aprendre el llatí i el grec: «Si el temps que invertim a aprendre les dites llengües es dediqués a l’estudi de les ciències, sens dubte la natura no esdevindria ara tan estèril, que no pogués engendrar Platons i Aristòtils del nostre temps». En canvi, «no sols dediquem la nostra joventut a aquest exercici debades, sinó que com si ens penedíssim d’haver deixat el bressol i d’haver esdevingut homes, retornem una altra vegada a la infantesa, i en l’espai de vint o trenta anys no fem altra cosa que aprendre a parlar, uns grec, altres llatí i uns altres hebreu».

És clar que Du Bellay no propugnava abandonar l’estudi d’aquestes llengües, «per tal com les arts i ciències són ara com ara en mans dels grecs i llatins». Era molt conscient de l’oposició que havia de trobar la seua defensa del francès, sobretot entre els professors de llengües i els venerables teòlegs de la Sorbona: «No hi ha res que aquells druides temin tant com que el secret dels seus misteris, que s’han d’aprendre d’ells, igual com abans s’havia d’aprendre el calendari de boca dels caldeus, sigui descobert al poble vulgar i que algú no enganyi els més hàbils, com diu Ciceró». Du Bellay els acusava de tenir tancat el coneixement de totes les disciplines dins els llibres grecs i llatins, sense deixar que «deixin de ser paraules mortes i passin a ser vives i volin ordinàriament per les boques dels homes». Els teòlegs consideraven el coneixement com el seu monopoli, i era aquest monopoli el que garantia la seua posició preeminent. Tota promoció d’una llengua implica una promoció dels qui la parlen i això sempre posarà en qüestió els drets adquirits —els privilegis— d’uns altres. Per això aquesta promoció sempre serà conflictiva. Al segle XVI, la promoció del francès, o de qualsevol altre vulgar, posava en qüestió el domini de l’Església i l’hegemonia dels humanistes italians.

Fins aquí, la defensa. Tot seguit, Du Bellay passava a l’atac sense miraments i exposava per què era més útil i més convenient per a un francès escriure en la seua llengua que no en llatí. D’entrada, considerava el projecte humanista de restauració del llatí clàssic com una quimera. Comparant el llatí de l’època clàssica a un edifici, Du Bellay objectava als humanistes que «si arribeu a reedificar aquesta construcció, sereu ben lluny de restituir-li la seva primera grandesa, quan on solia haver-hi la sala, vosaltres potser hi fareu les habitacions, les quadres o la cuina, confonent les portes i les finestres: ras i curt, canviareu tota la forma de l’edifici». A més, Du Bellay afirmava amb contundència que era més probable aconseguir la glòria literària escrivint en francès que no en llatí. Si Ciceró i Virgili, quan els grecs ja tenien l’eloqüència i la poesia al punt més elevat de l’excel·lència, haguessen escrit en grec menyspreant la seua llengua, es pot creure que haurien igualat Homer i Demòstenes?, es preguntava. Com a mínim, deia, no haurien estat entre els grecs el que són entre els llatins. De manera semblant, a Itàlia, per bé que Petrarca i Boccaccio haguessin escrit molt en llatí, no hauria estat suficient per donar-los el gran honor que han adquirit si no haguessin escrit en la seua llengua. I concloïa: «Em sembla, lector amic de les muses franceses, que després dels autors que he esmentat, no has pas de tenir vergonya d’escriure en la teva llengua, ans al contrari, has de lliurar-t’hi del tot si ets amic de França, i de tu mateix, amb una noble idea, que val més ser un Aquil·les entre els teus que no pas ser entre els altres un Diomedes, i fins ben sovint un Tersites».

Els francesos que escrivien en llatí, l’únic que podien fer era imitar, repetir, sense arribar mai a la perfecció del model. Era com portar llenya al bosc. El llatí, com a llengua literària, tenia l’avantatge enfront dels vulgars de disposar d’una tradició literària de molts segles i de ser una mena de lingua franca de la comunitat intel·lectual, disposava d’un públic més ampli, que incloïa el dels diferents vulgars. Per contra, encara que es parlava més o menys, no era la llengua de les activitats quotidianes, li mancava el contrast o la tensió entre la llengua escrita i la llengua parlada, que influeix i les renova totes dues. El llatí era una llengua, si es pot dir així, intel·lectual, poc adaptable a tots els matisos d’expressió de l’experiència humana. Els humanistes, en voler recuperar la forma del llatí clàssic, van accentuar aquesta separació, i això va contribuir a fer del llatí una llengua de paper, amb una existència purament literària. Així i tot, l’hegemonia del llatí, del que Aracil anomenava el llatí europeu, com a llengua culta, va continuar encara durant uns segles fins que va col·lapsar, de sobte, a mitjan segle XVIII.

Els motius i els arguments que exposa Du Bellay en la Defensa marquen un moment decisiu en la formació de les llengües i literatures modernes d’Europa. Però el seu interès no és sols històric. El moviment inicial de Du Bellay, com ha assenyalat Pascale Casanova en La République mondiale des Lettres (1999), es prolonga fins a l’actualitat amb l’aparició de noves literatures, de nacions literàries sempre noves, totes sorgides d’un moviment de ruptura del qual la Defensa constitueix el paradigma. El llibre de Du Bellay continua interpel·lant el lector actual. No sols els escriptors. La tria d’una llengua o altra per a la vida familiar i social, o per a la creació literària, continua sent una qüestió peremptòria, que no es pot defugir, per a àmplies capes de la població de tot el món. Un últim punt que reforça l’atractiu de la Defensa per al lector actual: els arguments que hi fa servir Du Bellay no es basen en l’efusió sentimental, sinó en la utilitat.

Publicat per Enric Iborra

 

[Font: laserpblanca.blogspot.com]

Martin Wu e Le Roi son Grampoder

Facerse maior non ten vantaxe ningunha”. “Sabes que pasou a metade máis produtiva e máis alegre da vida, a que máis mola. E iso dá vertixe”. “Eu síntome cada vez máis parvo, máis cheo de prexuízos, de ataduras e de comenencias”. Así explica Martin Wu o sentido xeral de P.M., o novo disco de Grampoder. Un percorrido polo que pasa na vida cotiá de “dous corentóns pospandemia”, tal como o define o outro membro de Grampoder, Le Roi. O que acontece a partir da metade da xornada, cando comeza a facerse de noite e a inercia do día se fai cada vez máis difícil de corrixir, di a presentación do disco, falando, metaforicamente, de en que se transforma a vida cando xa pasou a primeira metade da mesma. Grampoder tórnanse, así, algo máis escuros no contido das letras. Mais a enerxía, a vitalidade e mesmo a alegría das melodías quizais traizoe as mensaxes de frustración e tamén de aceptación realista dunha vida que non é quizais a que se imaxinaba na primeira xuventude. Porque, aínda cambiados, Grampoder son os mesmos.

Pasaran xa oito anos desde o seu último traballo, Tigerland. E máis aínda desde o seu último L.P., Golf Whiskey. Volveron con P.M. hai unhas poucas semanas e fixérono ademais a través do renacido portal A Regueifa, que estreou con eles e con Holgado a súa nova etapa. Grampoder son -lembra Le Roi- o que quedaba de The Homens cando esta segunda banda xa non estaba. Non hai moito volveran xuntarse e estaban preparando novos temas. Pero por motivos persoais -a vida- The Homens non puideron seguir adiante. Foi entón cando Martin Wu e Le Roi decidiron retomar o proxecto de Grampoder.

E fixérono dándolle outro toque ao grupo, sen perder a esencia. “O que fixeramos anteriormente, sobre todo Golf Whiskey, era máis acústico, máis transportable. Este é máis eléctrico: son guitarras eléctricas, e ten máis volume e máis rabia. As influencias son as mesmas de sempre, polo que penso que seguimos soando igual. Pero hai máis enerxía e máis vatios”, explica Martin Wu. “O directo traslada un disco case cravado porque non hai moito adobío, moita posprodución. Pola temática das letras, é un disco máis rabioso. Ademais Jacobo Iglesias” -estudios Potemkin- “conseguiu un son moi de época postpunk, con guitarras máis frías e chirriantes. Pero seguimos facendo o que fixemos sempre”, engade.

Le Roi explica o mesmo de xeito semellante. “Antes falabamos de rock portátil porque eramos dous cun formato mínimo, facilmente transportable. Agora seguimos sendo dous pero xa non tan portátiles. Antes tocabamos en acústico e case non tiñamos que levar equipo. Agora levamos máis cousas”, salienta. Tiñan xa explorado un formato con guitarras con amplificadores e distorsión e, conta Le Roi, quixeron seguir por ese camiño. De xeito que agora Martin Wu leva dous amplis, un que potencia as frecuencias altas e outro as baixas, de maneira que parece que hai un baixo, que é algo que botaban de menos. “Solucionamos iso perdendo o acústico”, indica Le Roi. Transformándose nun grupo que agora precisa “un recinto máis amplo, insonorizado, que soe un pouco ben”, resume.

A maior contundencia das guitarras é algo facilmente apreciable xa só nunha primeira escoita do disco, que pode realizarse en A Regueifa, en Bandcamp e en Spotify. P.M. preséntase como un traballo de “letras feras e desencantadas”. “Nós partimos- sinala Le Roi- “do pop. Vimos do pop, con The Homens. Agora estiramos o chicle e isto lévanos a outros sitios, con cancións máis escuras na súa temática e letras. Vimos todos dunha época difícil e ademais estamos na idade en que estamos”. Mais o desencanto das letras contrasta con melodías rápidas, enérxicas, alegres. “Está guai que iso suceda. Hai moitos grupos que me gustan que fan iso. Estás escoitando algo que che soa moi guai mais, sobre todo cando non entendes ben a letra, poste a lela e ves que conta cousas jodidas. Se pasou o mesmo no noso disco, para min está guai. Eu identifícome moito co que din as letras e gustaríame que á xente que o escoite lle pase o mesmo”. De momento, haberá unha oportunidade na Festa da Chuvia, en Rianxo, o 9 de abril. Hai outras datas, mais son concertos aínda sen confirmar.

A trampa do pensamento positivo ou a consciencia de vivir atrapado nas rutinas sen sentido que impón a sociedade de consumo son algúns dos temas que atravesan o disco. No primeiro tema, Nacer, servir, morrer, destaca o verbo “perder”. A letra, explica Martin Wu, “fala do pensamento positivo, que é algo que nos dá especial rabia. É un discurso que dá algo de risa: os que temos uns anos sabemos que non é así, e que ao final a vida é nacer, producir e cascar. Esta é unha letra escura que vai con guitarras moi guarras. Mais en xeral si nos gusta xogar aos contrastes: letras turbias e melodías bonitas”.

O segundo tema, Non me esquezas, vai acompañado dun vídeo gravado nunha casa abandonada de Canaval, concello de Sober. “Foi a casa dun médico. Foi abandonada cun monte de cousas dentro: alí dentro hai medicamentos, revistas… É un pobo pequeno que estaba moi ligado ao tren. Había bares, salas de baile… que desapareceron cando o tren empezou a pasar de pascuas en ramos. O vídeo ten, así, moito que ver coa letra da canción, que fala de cousas que deixamos atrás e que esquecemos. Pode ter tamén outra interpretación, que é a nosa incapacidade de transmitirlle o noso idioma aos fillos”.

Le Roi e Martin Wu, nunha imaxe promocional da banda Grampoder

O estanque, co seu “espérote no fondo do estanque”, reflicte os malos pensamentos que a calquera lle poden vir á cabeza nos días que non son os mellores. “É botar os sapos fóra para que non queden dentro. É algo que facemos coa música: descomprimir”, subliña Martin Wu. Sísifos de tres perras entra máis en materia, sen metáforas. Fala de arrepuxar para que a pedra volva rodar cara abaixo. De perder o tempo en cousas que ninguén se explica. “É que nos toca a todos. Veste atrapado nun monte de cousas que, se paras a pensar, non teñen moito sentido, pero ao final marcan a túa vida. Estás metido nunha roda de currar para comprar cousas que non sabes ben se necesitas. Pero tes que seguir porque isto está montado así. Sobes a pedra e volve caer. E no cumio da montaña non hai nin un gran triunfo”, salienta Martin Wu, autor das letras.

En Hienas, o quinto tema, volve a crítica á moda do pensamento positivo do primeiro corte do disco. Moito discurso de pensar en positivo e de saír da zona de confort, pero o primeiro millón para “emprender” pono papá. “Os coach son como os vendedores de crecepelo modernos. E todos sabemos o que hai moitas veces detrás do triunfo, que non ten que ver coas tonterías de saír da zona de confort”, apunta Martin Wu. Querer poder fala, despois, das cousas que non van volver. “A verdade é que fala en concreto das resacas que tes con 40 e pico anos. De quen nos dera poder volver ter unha noite de excesos e non pagalas ao día seguinte. Fala, en realidade, de como molaba ser novo, que é do que fala todo o disco”, engade o autor das letras.

Segue a Querer poder o tema Xa, na que volve a sensación de vivir atrapado entre tarefas absurdas que teñen por obxectivo fins tamén sen sentido. Entre elas, vender unha imaxe nas redes sociais. “Ao final se gravas un disco tes que facer un monte de cousas ademais de tocar, como estar pendente de venderte nas redes sociais. A canción fala da obsesión polo virtual, por aparecer nas redes como se a nosa vida fose moi interesante. E moitas veces a vida que aparece no Instagram é máis interesante que a real”. Neste tema aparece un recitado que está presente tamén no último disco. “É máis recitado que cantado e é a primeira vez que fago algo así”, di Martin Wu. “Non me sentía moi cómodo ao principio, pero penso que quedou ben”, asegura.

Grampoder, no seu regreso

Segue o disco con Ata o infinito, que é o que non valoramos ata que desaparece. “Acordámonos da xente cando morre, cando deixa de tocar ou de facer o que estivese facendo. Pero cando estaba viva e activa non lle prestabamos moita atención”, indica. E, en relación con todo o anterior, Horizonte, o penúltimo tema, fala de deixalo todo, de escapar sen mirar atrás. Conta Martin Wu que se inspirou nunha novela de ciencia-ficción da que non lembra o nome. As persoas seleccionadas para abandonar o planeta agardaban para coller o foguete que ía levalas fóra. O disco remata co tema que lle dá título, P.M., unha listaxe de cousas que poden acontecer despois do mediodía nun día calquera, e que é o que “realmente nos acojona”, como recibir un mal diagnóstico nun hospital. Outra canción recitada cun toque especial, que son os ventos finais -o saxo- que puxo o fillo de Martin Wu.

Volven, así, Grampoder tras bastantes anos mais, asegura Martin Wu, foi fácil “porque Roi e eu levamos tocando xuntos vinte anos e coñecémonos ben. Levabamos bastantes anos tocando moi pouco, pero ultimamente estabamos ensaiando moito máis. Iamos facer algo con The Homens, pero ao final non puidemos. Entón puxémonos con isto. Ademais, xa ensaiamos e gravamos nos locais que ten Jacobo no polígono do Tambre, co cal é moi cómodo. Decidimos sacar un disco, que xa non é moito desta época, pero nós somos doutra época e gústanos que quede retratado nun disco o que estamos a facer nun momento”. Tal como escribiu Le Roi no seu facebook, “nada me gustaría máis que algunha destas cancións acaben tendo utilidade: que sexan a banda sonora dunha concienciuda limpeza da casa ou que se convertan na memoria musical dun momento; aquela viaxe en coche, aquela paisaxe. Ou postos a fliparme (e todos nos flipamos cando sacamos un disco, incluso eu que vou de inimigo do entusiasmo e logo son un chapas): que alguén vibre”. Haberá tamén crowdfunding para a fabricación de copias en vinilo.

 

[Imaxes: Aigi Boga – fonte: http://www.praza.gal]

Entrevista modalidade aquí-te-pillo a David Fernàndez, parlamentario da Candidatura d’Unitat Popular (CUP), aínda que non militante. Provén do xornalismo e dos movementos sociais, e é un exemplo desa xeración rara no Sur de Europa, que desde 2011 irrompe con contundencia e empeza a debuxarse e a exteriorizarse, a aportar léxico e puntos de vista da vida e a democracia sorprendentes. Tras 35 anos sen xeracións ou cunha soa xeración que facía e dicía con palabras que, zas, de súpeto aparecen gastadas, estas xeracións achegan unhas vivencias, unha formación e unha capacidade de lectura absolutamente diferentes e eléctricas.

Nunha terraza cutre, mentres nos interrompen votantes para pedirlle que se fagan unha foto, mentres membros do SAT se aproximan e nos envían tomar polo XX a entrevista, falamos con David Fernàndez sobre unha descrición da CUP, sobre o poder visto e vivido desde dentro, sobre opcións políticas do 15M e, tachán tachán, sobre o Procés Català.

Que son as CUP explicadas a un galego? CUP é, baixo a forma dunha organización política, un espazo de ruptura democrática. Pero, sobre todo, é unha rede de nodos, cunha forma de facer política que ten pouco que ver coa Cultura da Transición. En termos de crónica política, é certo que é un dispositivo político que impulsa o independentismo de esquerdas, desde 1986, hai moito tempo, cando os compañeiros de entón len a Transición e as súas hipotecas, e caen en que o municipalismo é un dos poucos espazos de penetración. As CUP formúlanse en 1978, a través de varias listas municipais, pero en 1986 nacen formalmente. Teñen un desenvolvemento desigual e difícil ao longo dos 90, e en 2003, froito dunha crise política, hai unha aposta pola CUP, ese instrumento de intervención política, democrática e popular, que é como o definimos nós, que naqueles momentos incorpora unha xeración de mozas que vivira a precariedade e os movementos sociais, e que cando creceu intentou traducir á política aquela experiencia, o que nos levou ao municipalismo. En 2003 hai catro concelleiros, en 2007, 22, e en 2011 prodúcese a nosa grande irrupción, sete días despois, é preciso sinalalo, do 15M: 101 concelleiros, catro alcaldías e 65.000 votos. Posteriormente, froito da análise da crise económica, social e nacional, decidiuse, extraordinariamente, concorrer ás autonómicas.

E, para acabar de lear unha definición sinxela, unha compoñente rechamante do electorado da CUP non se define como indepeNon temos maquinaria mercadotécnica. Nin a queremos. Pero é verdade que facemos unha lectura do noso voto en 2012 como unha agregación de tres sensibilidades diferentes: xente que votaba o municipalismo da CUP, xente que votaba outras esquerdas, como mal menor e tapando o nariz, e xente que se abstiña. Isto crea un debate entre nacionalismo e independentismo político. Eu, por exemplo, non me defino como nacionalista, senón como independentista. O voto CUP, no entanto, non é estritamente independentista. É estritamente democrático. Supoño que se votan CUP están a favor da consulta, a autodeterminación, de democratizar a democracia. E creo que iso é unha boa noticia para a CUP. Se utilizas un concepto político como Unidade Popular, iso implica necesariamente pluralidade, riqueza, diverxencias, sensibilidades distintas. Unidade Popular soa moi chileno, pero, suscitada no século XXI alude á degradación dunha sociedade en descomposición, que ten moitas realidades socioeconómicas diferentes —precarios, excluídos, exiliados, no caso da nosa mocidade— que suman. E iso conecta coa CUP. Dicir que a CUP é unha organización independentista e xa está é mentira. A súa idea de independencia é global. Independencia é capacidade de decidir, de construír, de transformar as estruturas de poder e de desigualdade, non só cambiar unha bandeiriña por outra. Iso pasa polo poder institucional? Pois si, pero sobre todo pasa por combater as estruturas de produción e reprodución da desigualdade económica, e por unha aposta moi forte pola ética e a cultura.

En Madrid fálase en varios municipios de crear unha sorte de CUP. Hai unha fascinación peninsular pola proposta? Preocuparíame que fose só fascinación. A miña experiencia respecto da periferia de Madrid é de orfandade de modelos e referentes. E que hai necesidade de formas de facer política diferentes. E chegoulles un pouco o noso. O funcionamento da CUP é complexo, máis que complicado: asemblea, autoorganización e autoxestión. É un sistema máis ben libertario, cos seus riscos. Os traballos de representación que algúns de nós facemos están baseados nun proxecto colectivo, que abriu con fórceps debates na sociedade, que lle afectan non só ao Estado español, que ten unha cultura política especificamente perversa, senón ao Sur de Europa, no sentido de construír unha retagarda de resistencia política. Xa sei que é un clasicote, pero trátase diso, de resistir, e de fortalecer os movementos sociais e as clases populares, e facer que os que sempre pringamos sexamos menos vulnerables e con máis mecanismos de autodefensa. Hai outros factores de fascinación que non son mérito noso, como o descrédito da política. Vimos dun ciclo de metástase de dinámicas de corrupción, de cleptomanía. Dinámicas sinaladas hai moito tempo por Wallerstein. Por que non funcionan as esquerdas? Pois porque son instancias pouco deliberativas e autoritarias, que esquecen os desposuídos, que esqueceron os procesos históricos, que son distantes do social, e que unen política a negocio.

O paso do municipalismo ao parlamentarismo foi traumático? Podes debuxar algún trauma persoal, que son os que molan? No colectivo non foi traumático. En marzo de 2012, a CUP decide, cun 59% fronte ao 49%, non ir ás autonómicas. En setembro, ante unhas anticipadas, decídese ir co 80%. Había o medo de ser como os outros, si. Agora todo o mundo está máis tranquilo ao respecto. Pero na parte persoal si que é traumático. Quen aguanta estar nun palacio de poder no que a vida é monótona, reiterativa, gris, litúrxica, que non serve para nada? A sensación é de Matrix. Desgasta. Debes pensar moito no que hai fóra para estar dentro. Se perdes esa conexión, estás morto. Somos, ademais, un grupo parlamentario pequeno. Temos tanto traballo como CiU, pero só con tres persoas. Tes un sentimento de estrés absoluto. Tamén hai cousas boas: aprendes como funciona o poder por dentro —é devastador, máis perverso que visto desde fóra—. É diferente a micropolítica que a macropolítica. Eu traballei con Coop57 [unha asociación que ofrece crédito a cooperativas], na sección de investigación de La Directa [xornal alternativo en catalán], e nos movementos sociais, e todo iso eran espazos de liberdade concreta e cotiá e compartida. E sentíame máis útil. Non che podo dicir o mesmo do Parlament… Pero en síntese: non, non foi traumático nin colectiva nin persoalmente porque sabiamos que o Parlament era un instrumento máis, nin o primeiro, nin o máis importante. É unha ferramenta que achega o altofalante, que nos axudou, máis que a explicar o noso proxecto, a sinalar as contradicións permanentes de quen nos gobernan. Se asumes isto, estás satisfeito; se cres que o Parlament é o máximo en materia de cambio político e social, é o teu certificado de defunción.

Fostes moi ben recibidos no Parlament. É unha máquina de desproblematizar a través dos bos modais? Existe unha distancia curta, que eu, nas miñas limitacións, aínda non puiden descodificar. Nun principio fomos vistos como intrusos, eramos estranxeiros, okupas… mirábannos coma se aquel espazo non nos pertencese. Tratóusenos con certo paternalismo que aínda perdura. Cando falamos, hai aquela mirada como de ver os seus nenos. Queren reducir a mirada da CUP á mirada ética. E si, intentan incorporarte ao club. Hai un aspecto do abrazo do oso do poder que parece presupoñer que mentres máis te abracen, menos os criticarás, e iso é unha trampa perversa. A min non me preocupa. Preocúpanme outras cousas. Non sei, as balas de goma. Discutes sobre iso e ao final debes asinar un acordo, as cousas da transacción política, do consenso ese. E pregúntaste: que conseguimos? A parte positiva é que, recoiro, abrimos un debate, pero son iso migallas ou é mellorar o sistema? É o debate de sempre. Un debate, para min, irresoluble, non pode haber unha postura absoluta. O importante é que saibamos que o substancial da CUP non é o que está facendo, poñamos, na Comissió sobre les Bales de Goma, senón o que pode facer fóra: construír discurso, axudar ás vítimas… e iso é o que cambia a realidade. E ao final, recoñezámolo, o que acabou coas balas de goma non foi a forza da CUP, foi a mobilización das vítimas. E se non hai fracking é polo territorio que se mobilizou, e se hai lei contra a homofobia é porque houbo un consenso no colectivo gay e lésbico e trans como non se viu nunca. E iso está ben, porque na axenda pública incidiron os movementos.

DavidFdez. Luzes4. CarmenTudell

Nun parlamento, chéganse a establecer relacións de, poñamos, agarimo, con compañeiros de traballo do PP ou de Ciutadans? Non. De compaixón (risas). Pero si. Pasoume cun parlamentario moi do Opus. Mantivemos unha relación moi cordial e conversacións interesantes. Por outra banda, é normal que xente do PP ou de CiU te felicite polo que dis, que che dea a razón. Aquí entra a estrutura dos partidos —«Eu digo o que toca dicir, aínda que pense outra cousa»—, a mediocridade da política e a lóxica da liberdade persoal na socioloxía das organizacións. Hai un nivelón… Iso de confesarche cousas que nunca dirán en público, que filosofía da mentira ampara? É puro espectáculo? E non, non fixen ningún amigo. Somos cordiais, e iso sorpréndeos. O seu imaxinario da disidencia política e social, vai saber que monstro construíra sobre nós.

Desde 1945, os parlamentos europeos son de moi baixo perfil, pero á vez son a instancia máis alta á que chegaron as esquerdas raras. Son o poder? Se non é así, onde raio está o poder? Non son o poder. Son a confirmación da tese da CUP antes das eleccións: o parlamento non manda, é a recreación virtual dunha lexitimidade formal de democracia, de soberanía popular. Unha mentira. Onde se decide hoxe a política económica? Na troika. As infraestruturas? Na European Route of Industrial Heritage, que o outro día se reuniu con Hollande, Barroso e Merkel e decidiu a cousa. Onde se decide a Ordenanza sobre o Civismo? Na sala 22 de La Caixa. Quen decide en Europa? 14.000 lobbystas. É difícil codificar o poder hoxe. Son todos e ninguén. Volveuse intanxible. As condicións de vida das persoas modúlanse sobre poderes fácticos que non escolleu ninguén. En palabras de Ramón Fernández Durán, votamos cada catro anos, pero o poder financeiro vota cada día, e cambia gobernos en Grecia, reforma constitucións españolas…

Home, segundo o libro de Zapatero, non foi necesario que ninguén chamase para reformar a Constitución. Fixémolo soíños. Iso é o peor. Mira, hai un ano, o Parlament de Catalunya, o gran soberano do país e todo iso, pediulle ao Mobile World Congress —o maior congreso de telefonía do mundo, situado en Barcelona— que habilitase un espazo para que ONG catalás que traballan no Congo, que non son poucas, explicasen unha tarde a problemática do coltán, mineral importante para a telefonía cuxo dominio non deixa de crear guerras sobre guerras. Un ano despois, non fixeron nada. E non se escusaron as multinacionais ou o Mobile Congress. Foron os políticos. Teñen a obediencia ante a empresa moi interiorizada. Creo, é máis, que neste país fíxose un laboratorio castrador, que interiorizou que é obvio realizar recortes, que é obvio rescatar a banca. Está interiorizado polos xestores da tecnodemocracia. Son disciplinados.

Sodes un grupo parlamentario absolutamente fóra da Cultura da Transición. Iso supón algún shock cultural? En que consiste? shock é descomunal. É Matrix: imos inflados de pílulas vermellas. Entras cada día dicíndote que non es iso e, en efecto, saes cada día dicindo que non es iso. Os niveis de mediocridade —non persoal, senón de capacitación técnica para saber dos temas dos que estás a falar—, o nivel de insensibilidade e de banalización, son terribles. Aprendes o valor do papel mollado. A mesmísima dinámica funcional do Réxime é arcaica, está pensada para unha realidade teatral, moi apropiada para un centro, como che expliquei, sen poder. Ves unha corporación antes que un parlamento.

E, no entanto, a CUP ten a vontade de ir ao Parlamento Europeo, ese Senado 2.0. Non. O debate aínda non concluíu e non sabemos se nos presentaremos. O importante é construír unha narrativa ante a troika, algo fundamental no Sur de Europa. Como o facemos? Desde fóra? Ou desde un voto de rexeitamento, de protesta e de oposición frontal á UE, desde a esquerda e non desde a extrema dereita como no Norte, situando no centro do debate Lampedusa, a troika, o autoritarismo crecente? En breve decidiremos se imos. E, se o facemos, iremos con Bildu, e con outras esquerdas nacionais. Pero concorreriamos en clave de campaña política. Non iremos ao parlamento para perder o tempo nin un segundo. Unha singularidade da CUP no espazo da política catalá é que ten unha crítica profunda e esencial a como se fixo a construción de Europa. Helmut Schmith dicía que Europa é un proxecto económico e que nunca o foi político. Así de claro.

O 15M está a pensar nas institucións. É iso posible ou, cando entre, deixará de ser 15MÉ arriscado. O 15M son moitas cousas. O que lle achegou á sociedade española e á catalá foi un cambio de chip. Antes do 15M falabamos de emigración, de baixar a cabeza, de ausencia de alternativas. Agora falamos de cultura autoxestionada, de dereitos sociais e loitas contra o racismo, de cooperativismo e novos xeitos de facer. Cambias o medo pola esperanza. Como o 15M era tan de rede, hai diferentes expresións. Unha parte, e con todo o respecto ao 15M, votounos a nós. A entrada do 15M nas institucións parte dunha lóxica arriscada: se non é válido o que hai, terase que cambiar. É unha lóxica do desaloxo: se quen exerce o poder o fai de xeito ilexítimo e no interese dunha minoría, deberanse construír novas institucións políticas comunais, que nos permitan gobernarnos e democratizar a democracia. E isto é moi bonito dicilo. Pero, coa historia deste país, todo isto pode acabar como un gatopardo, coa construción dunha elite substitutiva. Os procesos de cambio político e social son lentos, e o espazo predilecto dos cambios non son as institucións, senón a rúa. Eu obsesionaríame cos riscos. Máis que preocuparnos polo poder, eu preocuparíame por construír un contrapoder, xerar un contrapoder redistribuído socialmente, outras esferas de poder que non sexan institucionais. Se non, volveremos á Cultura da Transición: confiar en que cambie a institución, non a realidade. Iso é, precisamente, o perigo do Procés Català. O independentismo catalán e os movementos alternativos teñen, por certo, unha precariedade. Construíron unha teoría do poder moi sólida, pero non teñen teoría alternativa sobre o poder, o Estado, as institucións. Si que a temos en dúas cousas que nos parecen moi interesantes: o municipalismo e as novas institucións políticas comúns, que estamos construíndo, e que son sociais, non institucionais, como Coop57 e a PAH, ou como La Directa. O poder do mercado e do Estado, saberá aceptar esas institucións na vida política colectiva? Penso que non. Só se son marxinais.

CUP, Partido X, Podemos… Entrarán en competencia ou en confluencia? Creo que estamos nun escenario político que é de final de réxime, e iso incorpora tamén a crise das esquerdas, condensada na orfandade, a dispersión, a atomización dun suxeito político plural e colectivo, que non existe hoxe. Hai xente que busca resposta en diversos dispositivos. Podemos, por certo, ten unha lóxica. É o impulso dunha serie de xente que responde ao feito de que Madrid era un campo baldío. En Catalunya tiñas a CUP. En Andalucía tiñas unha cousa antiga, pero resistente: o SAT. Tiñas unha cousa nova que aparecía por Galicia, aínda que non fose tan nova. Tiñas o feito político diferencial vasco, que era o que era, pero era. Tiñas Compromís no País Valencià. E en Madrid, nada. Podemos é, nese sentido, un dispositivo moi madrileño. Se todo vai ben, no sentido da disidencia social, ou se todo vai peor, porque as hostias veñen máis fortes, a vella máxima cooperativa de que a unión fai a forza será útil. Pero non se pode confundir unión con homoxeneidade. O espazo predilecto da unidade, do traballo conxunto, é a vida colectiva, na rúa, antes que nas institucións.

Falemos de Catalunya. O Procés Català, é dicir, a súa xestión gobernamental, non a súa demanda cidadá, existe? É unha recreación de sombras, un xogo de espellos chineses. Por abaixo, existe. E os de arriba puxéronse diante dos de abaixo para detelo.

O Procés é a CT catalá, loitando por existir outro día? O peor que podería pasar é que isto volvese ser unha Transición política á nada. É unha dinámica na que xa entramos. A institucionalización do proceso, a presidencialización do proceso, reducir o movemento de masas que houbo —milleiros e milleiros de persoas cunha vontade política de cambio—, poden acabar como os milleiros e milleiros de manifestantes da Diada de 1977, con aspiracións de cambio profundo e reivindicando catro puntos da Assemblea de Catalunya que nunca se cumpriron, porque os políticos así o quixeron. O debate que houbo na Transición consistiu en se o país se construía por arriba ou por abaixo, se había un ciclo de activación social ou unha xestión das elites nos reservados de Vía Véneto [restaurante barcelonés, caro, cursi e moi dado a reunións de políticos]. A vía catalá pode acabar en Vía Véneto? Pois si. Depende da xente. Se a xente resiste e empuxa, podemos ter unha grande oportunidade de entrar nunha nova etapa política. Pasará se a revolta antioligárquica contra as elites funciona en Catalunya.

Todas as elites parlamentarias catalás, en petit comité, descartan o referendo, é dicir, o Procés Català. Como se xestionará este fracaso o 9 de novembro, data prevista para a consulta? Isto acabará de forma indefinida, aberta e incerta. Eu, máis que dicir que non haberá consulta, diría que será prohibida. Ata entón, hai un acordo institucional, no que, malia as nosas críticas, estamos. Se o Estado non habilita o referendo, o Parlament promulgará unha Lei de Consultas. Ao aprobarse e convocarse a consulta, no que será a decisión máis rápida da historia da xustiza, ambas cousas quedarán suspendidas ao día seguinte e de forma cautelar, é dicir, coa astucia de non optar á súa prohibición oficial. A partir dese momento, non hai folla de ruta, só disensións. Mas quere facer unha xestión longa do «si», ata 2016. El saberá o que quere facer. Ir a Europa? ERC di que, trala suspensión, convocaríanse, inmediatamente, unhas eleccións plebiscitarias, que ninguén sabe o que son, e posteriormente, no Parlament construiríase unha nova legalidade, con certa arquitectura de lexislación internacional. Nós, os de abaixo, cremos que se acabamos de dicir que somos un suxeito político soberano, que convocamos unha consulta e expresamos un conflito democrático, o día que prohiben o referendo, ese día, xógaste todo, pois ese día hai un acto de obediencia ou de desobediencia. A quen obedecemos? Á legalidade constitucional española que nos prohibe votar? Á legalidade catalá do Parlament, baseada na lexitimidade democrática?

O Procés Català, foi útil para visualizar a ausencia absoluta de soberanía dun Estado do Sur? Non, que va. Aquí hai xente que utiliza o Procés para non falar de nada, e os que queremos o Procés para falar de todo. Podémonos queixar de que Manos Limpias queira inhabilitar a Mas, pero Mas leva 22 persoas á Audiencia. Cando falamos de soberanía, ninguén fala de soberanía económica. Catalunya, cada día, transfire aos mercados financeiros 6 millóns de euros, en intereses da débeda. Desde 2008, son 9.701 millóns de euros, o dobre que os recortes. O peche de escolas e quirófanos, a redución nun 20% do orzamento de Sanidade, dun 15% de Benestar Social, estano levando especuladores. A soberanía consiste en deixar de pagar. Quen hipoteca hoxe a soberanía política de Catalunya? O Estado español, como estrutura institucional do poder e de imposición, os mercados financeiros e a nosa propia oligarquía. Quen non asuma que a soberanía consiste en desfacerse destes tres espazos de poder e fale de soberanía, mente ou forma parte dun deses tres espazos. Ou de todos. O conto da leiteira de «a independencia primeiro, e xa falaremos logo do novo estado», que se empezou a desmontar un tanto este ano, é unha tomadura de pelo. A independencia constrúese cada día. Ou é que ao vender vivenda pública a fondos voitres non estás construíndo un país? Crer que o proceso nacional é neutro é a chorrada máis besta que xamais se dixo. E estes —CiU e ERC— están destruíndo o país, cada día. Usan a bandeira para tapar a carteira.

 

[Fonte: http://www.revistaluzes.com]

Sebastià Alzamora

Sebastià Alzamora

 

Escrit per per Jaume C. Pons Alorda

Dia 2 de novembre del 1975, l’artista i home total Pier Paolo Pasolini va concedir una entrevista en què va acabar explicitant sense embuts, com ho solia fer a través de les seves admirades i detestades cartes luteranes, una amenaça que pressentia clarament des de feia molt temps: que tots i cadascun de nosaltres estem en perill. Ja se sap com va acabar la història: l’endemà mateix el varen trobar mort a la platja d’Ostia. El cadàver mostrava proves d’una violència crua, extrema. A hores d’ara, enguany que celebrem el centenari del naixement d’aquest creador insubornable, encara no se sap què va passar aquella nit fatídica, sols en coneixem el resultat final: que Pasolini va arribar a consumir-se en el seu foc definitiu sabent-se sota l’ombra d’un perill.

No puc no llegir la darrera novel·la de Sebastià Alzamora, Ràbia (Proa, 2022), sense aquesta mateixa sensació d’amenaça, una tenebra que a poc a poc es va materialitzant de forma funesta fins que conquereix la part final del llibre, quan el curiós protagonista, sense voler, descobreix les restes d’un passat amagat però latent, tan latent que encara no s’ha pogut digerir per culpa de les ferides encara obertes. Només per aquest final tètric i lluminós, tòrrid i exquisit, finíssim i mòrbid alhora, es podria assegurar que Agustí Villaronga en podria fer una bona adaptació cinematogràfica: el material no només ho permet sinó que ho fa possible.

Proa (2022)

Ràbia, malgrat la seva brevetat, es pot llegir com el súmmum d’una investigació narrativa i com el seu revers més directe. De fet, en la manera com el personatge principal de la història parla de si mateix es pot interpretar una possible contrarèplica de la Dogmàtica Imparable (L’Esfera dels Llibres, 2005) propulsada per Sebastià Alzamora al costat de Manuel Forcano i Hèctor Bofill. De la imatge d’una generació literària delitosa per beure vi amb els cranis xapats dels enemics, expressada al polèmic manifest de l’antologia Imparables (Proa, 2004), es passa a un rebuig explícit i directe de qualsevol casta de violència, i és així com s’arriba a la consigna d’una vida viscuda en humilitat, amb el desig de no fer mal a ningú perquè el mal, tot i que és present pertot, ha de ser combatut amb la consciència diàfana de la bondat i de la comprensió.

El personatge principal de la nouvelle de Sebastià Alzamora presenta alguna mena de tara no explicitada que marca els seus raonaments i la manera com viu i s’expressa, al mateix temps és un home solitari que dedica tots els moviments afectius a la seva gossa: li dedica l’existència, perquè és gràcies a ella que té unes obligacions, uns horaris, unes rutines, un amor. Si això no bastés, és també gràcies a ella que disposa d’unes bàsiques formes de relació amb l’entorn; així la gossa sol ser l’excusa per iniciar contacte o conversa amb les persones que l’envolten en el racó de món on viu, un espai degradat fins la nàusea pel turisme, en el fons un no-lloc que ha perdut l’essència i que és el terrible retrat extrem d’un escenari literari que en anys anteriors Antònia Vicens (39º a l’ombra), Guillem Frontera (Els carnissers), Baltasar Porcel (Olympia a mitjanit), Gabriel Tomàs (Corbs afamegats), Biel Mesquida (T’estim a tu) i Sebastià Perelló (La mar rodona) ja havien fet servir sense pietat: en aquesta tradició s’inscriu Ràbia de Sebastià Alzamora.

La sensació que tenim és com si després d’aquesta obra no és pogués mostrar, amb més contundència, de quina forma el turisme mal gestionat embruta el món i l’acaba destruint en una mar infecta de corrupció. En aquest sentit d’apocalipsi, Ràbia confirma el que ja feia intuir Reis del món (Proa, 2020), una obra magna que, tot i ser finalista del Premi Òmnium i finalista del Premi Amat-Piniella, hauria d’haver merescut més reconeixements, i és que Sebastià Alzamora ha madurat i ha iniciat un nou període literari en què els estudis dels afectes, i dels intel·lectes, guanyen terreny davant la necessitat de generar un impacte violent. És a dir: Sebastià Alzamora, com Quentin Tarantino i això és comprovable en l’arc emocional que va de Pulp Fiction (1994) a Once upon a time in Hollywood (2019), ha passat de l’explicitació escandalosa de la sang a la necessitat imperiosa d’amor i respecte cap a la tradició.

Però no convé que ens enganyem. Tot i la naturalesa intrínseca d’història profundament emotiva que es pot copsar en una primera capa de lectura, i amb un gran interès ja que l’escriptura és sòlida i sintètica i enganxa, Ràbia no és només una carta d’amor als animals de companyia, és una novel·la política, és un clam a favor de la memòria històrica, és un subtil document que parla sobre la barbàrie en què està caient l’ésser humà en un segle XXI cada vegada més deshumanitzat, és l’explicitació de l’amenaça rotunda de l’auge de la ultradreta i de la violència sistèmica que pateix la nostra societat en perill. Sí, en efecte, és una advertència gairebé pasoliniana. Sebastià Alzamora ha signat una contundent novel·la breu que es llegeix com un implacable viatge a l’infern i que demana, a través d’una sèrie de gestos que fins ara no havíem trobat en la seva narratologia, una abdicació claríssima de la violència i una defensa a ultrança de l’empatia per tal d’assumir la salvació. I si bé és cert que Pasolini va dir que estem en perill, igualment cert és que Simone Weil en filosofia i Iris Murdoch en narrativa varen dir que a través de l’escriptura es pot edificar una esperança. Alzamora ha construït una eficaç novel·la formidable que es devora en no-res i ha perpetrat un laboratori narratològic que convida a una esperança calmada.

 

[Font: http://www.laveudelsllibres.cat]

 

Cruciales en la historia de lo que con el tiempo vendrá a ser el rock de Latinoamérica, Los Jaivas, de Chile, se mantienen en lo alto de una leyenda que incluye viajes, mutaciones, muertes y sobre todo música. Canciones cuyas raíces son las de la tierra. Este reportaje, realizado por el periodista Claudio Kleiman y publicado originalmente en 1999 en el Especial 70 de ZdeO, repasa la trayectoria de un grupo esencial de la música latinoamericana. Una ocasión ideal para recordar –o descubrir para los más jóvenes– la obra de unos auténticos pioneros.

Escrito por CLAUDIO KLEIMAN

Si bien en los años 90 toda una generación de grupos de rock latino –Fabulosos Cadillacs, La Portuaria y Divididos en Argentina; Maldita Vecindad y Café Tacuba en México; Aterciopelados en Colombia, por solo citar algunos– se encargó de que la fusión del rock con los folclores regionales de cada país, y de Latinoamérica en general, fuera visto como algo natural y «políticamente correcto», esto no siempre fue así. Para que ocurriera, fue necesaria la existencia de una serie de grupos que operaron como punta de lanza y tuvieron que superar, en su momento, no pocos prejuicios y malentendidos. De todos ellos, el ejemplo más notorio es el de Los Jaivas.

Porque en los años 60, una década de convulsiones, cambios revolucionarios y antagonismos irreconciliables, folclore y rock no solo eran caminos diferentes: a menudo, eran decididamente opuestos. El folclore era visto por las jóvenes generaciones rockeras como «la música de nuestros padres», y recordemos, en esos años la brecha generacional era un abismo casi insalvable.

Por el otro lado, los folcloristas veían en esos ruidosos pelilargos poco menos que la encarnación musical del demonio. Quedó en manos de algunos pocos adelantados procurar el acercamiento entre estos mundos: las experiencias más resonantes fueron Los Jaivas en Chile y Arco Iris, banda de Gustavo Santaolalla, en Argentina. Otras, también dignas de mención aunque no de igual trascendencia, fueron El Polen en Perú y Génesis en Colombia. Con distintas características, también cabría mencionar El Kinto en Uruguay, con su candombe beat, y Os Mutantes, Os Novos Bahianos y los intérpretes del tropicalismo (fundamentalmente Caetano Veloso y Gilberto Gil) en Brasil.

Pero Los Jaivas consiguieron –quizás como ningún otro– que esta confluencia resultara algo de lo más natural, que no perdiera la fuerza y contundencia del rock más eléctrico, y tampoco la autenticidad esencial del folclore latinoamericano. A diferencia de muchos de los que intentaron el mismo matrimonio, lo de Los Jaivas no sonaba como una creación de laboratorio o un híbrido intelectual; ellos hacían sonar cuecas, huaynos y guajiras como si hubieran nacido para ser tocados con guitarra eléctrica, bajo y batería.

«En los años 60, una década de convulsiones, cambios revolucionarios y antagonismos irreconciliables, folclore y rock no solo eran caminos diferentes: a menudo, eran decididamente opuestos. El folclore era visto por las jóvenes generaciones rockeras como “la música de nuestros padres”, y recordemos, en esos años la brecha generacional era un abismo casi insalvable»

Buena parte de la responsabilidad de esta creación le cabe a los tres hermanos Parra, Eduardo, Claudio y Gabriel, quienes fundaron el grupo en Viña del Mar en… ¡1963!, junto con Eduardo «Gato» Alquinta y Mario Mutis. Comenzaron llamándose The High Bass (Los Altos Bajos) y tocando los éxitos del momento (cumbias, twist, bossa nova, Beatles) en fiestas del colegio y bailes adolescentes. Pero no pasaría mucho tiempo hasta que el influjo de la inolvidable folclorista y poetisa Violeta Parra –que no tenía ningún parentesco con los hermanos, si bien su influencia resultaría igualmente profunda– hiciera crecer en ellos la idea de combinar las riquísimas posibilidades de los ritmos autóctonos con la filosofía libertaria y la libertad creativa del rock.

Gabriel era un baterista autodidacta e hiperactivo, con facilidad natural para trasladar a su instrumento una asombrosa variedad de ritmos latinoamericanos. Gato también supo adaptar a la guitarra eléctrica los fraseos pentatónicos de las quenas y demás aerófonos, vertiéndolos con un sonido cálido y distorsionado que recordaba algo así como si el David Gilmour de los primeros Pink Floyd hubiera nacido en Santiago. Además, su bien timbrada voz de barítono tenía un toque telúrico que encajaba a la perfección con la música del grupo.

Claudio, concertista y profesor de piano, sumaba a todo esto la influencia clásica, profundizando el camino abierto por compositores como el argentino Ginastera y el brasileño Villalobos, preparando el camino para posteriores trabajos de Los Jaivas con orquesta sinfónica. Mario era un bajista dúctil que complementaba con pulso firme las complicadas evoluciones rítmicas de Gabriel. Y Eduardo, que tocaba teclados, percusiones, cantaba, hacía coros y oficiaba de maestro de ceremonias, era algo así como el «gurú» de la banda, el líder ideológico que proporcionaba cohesión y calma con su tranquilizadora presencia.

Los Jaivas

La «conciencia cósmica» de la cual serían portavoces comenzó a manifestarse no solo a través de la música, sino también con el cambio de nombre y de estilo de vida. Empezaron a vivir y trabajar como comunidad y pasaron a llamarse Los Jaivas, que a la vez de ser una «castellanización» de su antiguo nombre, era también la denominación de un molusco del sur del Pacífico. A esta comunidad pronto se sumaron René Olivares, un artista excepcionalmente creativo encargado de la gráfica, y los sonidistas-iluminadores Jano y Piola, que compartían las ideas del grupo dotándolas de un «light-show» a tono con la psicodelia de la época.

La historia de Los Jaivas reconoce a grandes rasgos tres períodos. El primero transcurre en su país, y se extiende desde su formación hasta 1973, época en la que, corridos por la represión desatada por la dictadura de Pinochet, deciden establecerse en Argentina. En Chile grabaron una producción independiente llamada El volantín, y lo que sería su primer LP oficial, Todos juntos (también conocido como La ventana), nombre también de su primer gran hit, que sería editado en varios países de Latinoamérica. Este tema, con su letra de hermandad planetaria («Hace mucho tiempo que yo vivo preguntándome / para qué la tierra es tan redonda y una sola nomás / si la tierra es una y para todos / todos juntos vamos a vivir»), se convertiría en un verdadero himno que continúa cantándose hasta el día de hoy.

El segundo período (1973-1977) es su etapa argentina, y fue quizás la más brillante desde el punto de vista creativo, originando dos álbumes sin desperdicio: Los Jaivas (con canciones memorables como Pregón para iluminarse, Guajira cósmica y Un mar de gente) y Canción del sur, además de algunos singles igualmente valiosos, como Mambo de Machaguay y En tus horas.

También produjeron en forma independiente el LP Los sueños de America, junto al brasileño Manduka, otro exiliado que se había convertido en protegido de Los Jaivas. Participaron de numerosos recitales, conciertos y festivales, y realizaron además presentaciones con la Orquesta Sinfónica de Buenos Aires y la de Mar Del Plata, donde tocaban versiones orquestales de algunos de sus extensos temas instrumentales –una suerte de verdaderas sinfonías– como Corre que te pillo y Tarka y ocarina.

La formación sufrió algunos cambios: por problemas personales, Mutis se vio obligado a regresar a Chile, siendo reemplazado primero por Julio Anderson y luego por «Pajarito» Canzani, un bajista, guitarrista y compositor uruguayo que ya contaba con una importante trayectoria en su país al frente del grupo Aguaragua (donde, vale la pena apuntarlo como nota al margen, hiciera sus comienzos Jaime Roos). También incorporaron un sexto integrante, el argentino Alberto Ledo, charanguista, cantante y multiinstrumentista, que ampliaba la paleta musical del grupo.

Durante una entrevista realizada por quien esto escribe para la legendaria revista Expreso Imaginario de Argentina en febrero de 1977, ellos definían su música de esta manera: «Nosotros hemos hecho tres músicas, paralelamente. La música con orquesta sinfónica, las canciones, y los temas libres, es decir, la música de improvisación. Esta última ha ido dando paso cada vez más a una música elaborada, dentro de la cual podemos distinguir por un lado canciones y por el otro temas instrumentales, que por otra parte eran los más frecuentes en el grupo».

«El concepto vital, de la vida del hombre, se antepone totalmente a la muerte, y en este momento los hombres han llegado a un punto tal en que la muerte es cosa cotidiana, cosa de comercio. Pero no es un mal de algún núcleo, es un mal de los hombres. Realmente estamos enfermos y necesitamos un médico, un médico universal para que nos cure, porque estamos todos locos» (Los Jaivas – 1977)

En otro pasaje de la misma nota, se explayaban sobre su filosofía, con conceptos que conservan asombrosa actualidad: «El concepto vital, de la vida del hombre, se antepone totalmente a la muerte, y en este momento los hombres han llegado a un punto tal en que la muerte es cosa cotidiana, cosa de comercio. Pero no es un mal de algún núcleo, es un mal de los hombres. Realmente estamos enfermos y necesitamos un médico, un médico universal para que nos cure, porque estamos todos locos. Por eso es que se buscan las raíces, pero las raíces no son las raíces americanas, o de Buenos Aires, o de Europa. Son las raíces continentales, mundiales, las raíces de la tierra, de la madre tierra, del ser tierra, del planeta. Porque el planeta es un ser, y nosotros somos ramitas de ese ser, somos los corpúsculos del planeta, casi diría los parásitos. Porque el planeta es un ser respetabilísimo».

Lamentablemente, la triste suerte de los países latinoamericanos durante los años 70 hizo que el feroz golpe militar desatado en Argentina en 1976 convenciera a Los Jaivas de probar suerte en Europa. Es así que un día de 1977 partieron en barco para radicarse en París.

Allí se inicia lo que podríamos denominar el tercer período. En Francia, Los Jaivas se convirtieron en un grupo respetado internacionalmente, y comenzaron a producir una serie de trabajos que se editaban al mismo tiempo en Latinoamérica –regresaban periódicamente para algunas presentaciones– y varios países de Europa, como Suiza, Holanda, España, Bélgica, Alemania, Inglaterra y por supuesto Francia, que recorrían intensamente con sus giras.

Los álbumes más importantes fueron Alturas de Macchu Picchu, basado en el Canto general de Pablo Neruda, del cual se filmó también un vídeo en las propias ruinas peruanas, con la colaboración de Mario Vargas LlosaAconcagua, nuevo disco de canciones del grupo, y Los Jaivas: Obras de Violeta, con temas de Violeta Parra. En Argentina también se editó un disco en vivo, Los Jaivas en Argentina.

Durante los primeros años 80, hubo nuevos cambios: se produjo el regreso del bajista Mario Mutis reemplazando a Pájaro Canzani, que partió para desarrollar una carrera como artista y productor en Francia, primero con el grupo Atlántico y luego como solista. También se desvinculó Alberto Ledo (que grabaría en Estados Unidos un álbum como solista, Materia prima), quedando Los Jaivas reducidos nuevamente a su formación original.

Los Jaivas

En 1988, la tragedia interviene: durante un accidente automovilístico en Perú, pierde la vida Gabriel Parra, un integrante aparentemente irreemplazable. Sin embargo, el grupo saca fuerzas de flaqueza, y con la participación de la hija del baterista, Juanita Parra, y Marcelo Muñoz, sobrino de Gato, finalizan el disco que habían comenzado a grabar, Si tu no estás. Sony también edita una grabación de los últimos conciertos con Gabriel, Los Jaivas en vivo – Chile 1988.

En 1990, Juanita Parra se incorpora definitivamente en batería, y con Fernando Flores en bajo (Mutis había vuelto nuevamente a Chile), comienzan un largo trabajo de readaptación del repertorio, que se pone a prueba en 1992, cuando Los Jaivas reinician su agenda de giras europeas sin la figura de Gabriel. El estilo de Juanita en batería recuerda el de su padre con increíble similitud, y alentados por la buena recepción, deciden seguir adelante.

En 1995 aparece Hijos de la tierra, primer disco con la nueva formación, que marca un renacimiento vital y creativo de Los Jaivas. En 1997, cierran todo un círculo –treinta y cinco años de carrera– con la aparición del álbum Trilogía – El reencuentro, ¡nuevamente con Mario Mutis en la formación! (Fernando Flores permanece como invitado estable, con lo cual Los Jaivas son nuevamente un sexteto en vivo). Llamado así porque es el primer volumen de una proyectada trilogía de álbumes donde realizan nuevas interpretaciones de viejas canciones, El reencuentro incluye clásicos del grupo como Mira niñita, Indio hermano y Todos juntos, con la participación de una constelación de músicos amigos de distintas generaciones. Por ejemplo, exintegrantes como Pajaro Canzani, viejos amigos como el argentino León Gieco y el chileno Eduardo Gatti, grupos como Illapu, Congreso, Los Tres, La Cosquilla y una larga lista de músicos entre los que se cuentan Florcita Motuda, Joe Vasconcellos, Javiera Parra, Colombina Parra e Isabel Parra.

Los Jaivas


Ya instalados nuevamente en Chile, Los Jaivas siguieron su andadura permaneciendo en activo hasta la actualidad. Desde la realización del reportaje aquí publicado fueron muchos los hitos en la trayectoria de la legendaria banda chilena que celebró su cincuenta aniversario en 2013 con un concierto masivo al que asistieron más de 60.000 espectadores y en el que participaron diversos artistas destacados de la escena local.


 

HOMENAJE DISCOGRÁFICO
En el año 2006, muchos de los artistas más destacados de la escena chilena participaron en el álbum Homenaje a Los Jaivas. En el mismo participan, entre otros, Álvaro Henríquez, Los Bunkers, Los Miserables, Javiera y Los Imposibles, Sinergia, Chancho en Piedra, Makiza, DJ Bitman y Carlos Cabezas, dando nueva vida a muchos de los himnos creados por el influyente grupo chileno.


 

PLAYLIST ZdeO: 15 canciones esenciales

 


DISCOGRAFÍA OFICIAL
El volantín (1971)
Todos juntos o La ventana (1972)
Palomita blanca (1973)
Los sueños de América (1974)
Los Jaivas o El indio (1975)
Canción del sur (1977)
Alturas de Macchu Picchu (1981)
Aconcagua (1982)
Obras de Violeta Parra (1984)
Si tú no estás (1989)
Hijos de la tierra (1995)
El reencuentro (1997)
Mamalluca (1999)
Arrebol (2001)

 

[Fuente: http://www.zonadeobras.com]

Movimientos, sonidos y formas en “El matadero”. De cómo Echeverría predijo el futuro de Argentina 

Escrito por ELIANA SUÁREZ

“El Matadero”, de Esteban Echeverría es mucho más que el primer cuento de la literatura argentina. Luego de ciento cincuenta años puede pensarse, sin exagerar, que se trata de una predicción. Como obra literaria, despierta reacciones firmes ante la injusticia del autoritarismo, ese que tanto dolor ha causado a lo largo del tiempo. Puede destacarse la riqueza de esta obra en relación con lo intertextual, su temática, la estilística y el arte narrativo empleado por el autor.

Miles de páginas se han escrito al respecto. Pero aquí nos ocuparemos de otros aspectos. Descubrir las intensidades, los tonos, los sonidos, formas y movimientos en “El Matadero” fue toparse con todo aquello que, en estas tierras, se transformó en trágico destino. Enmarcado en el realismo, es innegable el carácter pictórico y auditivo de este cuento. Imagen y sonidos tristemente familiares que vuelven al lector un espectador de cine y se fijan en su mente. Y las sensaciones de estremecimiento, impacto y expectación. ¿Hasta cuándo y hasta dónde? Al igual que cualquier zaga cinematográfica que se precie, este cuento deja sediento al lector. ¿Cuánta sangre más correrá, cuánta prepotencia?

Probablemente la intensidad alcanzada en el desarrollo de las acciones narradas sea el punto más importante de esta obra. Echeverría no anda a medio pelo ni emplea medias tintas. Todo cuanto escribe es contundente.

Nadie es transportado suavemente, no hay lugar para susceptibilidades. La intensidad va in crescendo y súbitamente alcanza el máximo y se mantiene hasta el final. No hay respiro. Final abrupto, con oscilaciones casi imperceptibles. Echeverría denuncia, critica a su época y todos sus males.

Los males políticos en relación con la Iglesia “…no la empezaré por el Arca de Noé y la genealogía de sus ascendientes” y, más adelante, irónico, agrega “que deben ser nuestros prototipos”.

Los males políticos, en relación con el gobierno “tan paternal como previsor del Restaurador”. Y vaya que se hizo moda. Pegó muy fuerte en Latinoamérica y en Argentina el “Vení que YO te salvo”. En territorios de la lágrima fácil cualquiera compra un corazón herido.

Los males sociales, de ayer y de hoy. El de la sumisión, el fanatismo o la enajenación: “Los beatos y beatas gimoteaban haciendo novenarios y continuas plegarias”“Los predicadores atronaban el templo y hacían crujir el púlpito a puñetazos”.  Como los candidatos en plena campaña política. Y, por favor, que no falte la culpa, moneda de cambio predilecta para cualquier gobierno: “Vuestra impiedad, vuestras herejías, vuestras blasfemias, vuestros crímenes horrendos, han traído sobre nuestra tierra las plagas del Señor…” Presidente.

Luego, la murga, la misma que sale irracionalmente a bailarle a la injusticia: “Se hablaba ya […] de una procesión en que debía ir toda la población descalza y a cráneo descubierto [..] conjurando al demonio unitario de la inundación.” No hay que pensar, solo se trata de bailar al compás de y esperar un magro premio con sabor a conquista social. Rituales de unos y otros pero iguales en esencia.

No hay respiro en esta historia. Todo sucede como en una película de cine mudo de principios del siglo pasado. “No quedó en el matadero ni un solo ratón vivo de los muchos millares que allí tenían albergue.” Tampoco hoy en los basurales de las afueras de las ciudades.

Intensidad de sonidos y acciones se unen, se entrelazan. Conforman un encadenamiento cuyos eslabones constituyen picos estables en cuanto a la fuerza que transmiten. El bullicio de la llegada de los novillos, alimento para pocos; el comienzo de la matanza y la ofrenda al Restaurador: ¡Gracias Padre Salvador, fuente de justicia y bienestar! Sangre salpicándolo todo, la hoja cortando la carne humeante, vísceras cayendo. Revoltijo de muerte antesala de un futuro ya pasado. Y la rapiña, ¿quién se queda con las tripas, con las vísceras? Porque la carne, ya se sabe hacia dónde va.

Un espectáculo feroz, peor que el de la plaza de toros. Gaviotas, mastines y personas celebrando. La sangre derramada siempre lo será. Adicciones humanas que cambiaron de estrategias mas no de fines.

Y siguen los gritos que jamás entenderán razones. Un toro se escapa y un niño es decapitado por accidente. El estupor no les dura ni un segundo. Como las noticias verdaderamente trágicas en la red. Hay que perseguir al toro, entonces el entusiasmo ahoga los gritos de la madre. ¿A quién le importa un niño muerto? Uno más.

Las negras achuradoras en peligro inminente, un inglés aplastado, persecución por las calles y, al fin, el toro cae. Secuencia que vemos a diario en los noticieros hoy que la inseguridad es casi un juego. Y entonces, ocurre lo mejor. El enemigo, unitario, ofrece un chivo expiatorio y a los chivos y cabritos hay que sacrificarlos. Siempre se hizo así. La voz del más guapo, el Matasiete de todos los tiempos, incita a la persecución. Tensión absoluta: hostigamiento, tortura, réplica, violación para que aprenda a ser hombre, crucifixión y final. Ante todo, la religiosidad.

Sonidos, ruidos, murmullos y algún silencio, el de la muerte. Los sonidos con sus tonos graves en los insultos, en las carcajadas groseras de la chusma, en el tropel, las corridas, el bufido del toro, el crujir del púlpito. Los agudos, en el chirrido de los ratones muriendo de hambre, el disonante graznido de las gaviotas, las cuchilladas que intercambian los jóvenes en peleas que les garantizaban su hombría; los silbidos, el zumbido trágico del lazo que decapita.

Los ruidos de los estómagos por el hambre impuesta por la Cuaresma, el gruñido de los perros, el del cérvix de los animales al ser cortadas… Los ruidos secos producidos por la faena como el del golpe del hacha. Los más desgarradores, los susurros: “primero degollarme que desnudarme”. El joven no grita ni ante la tortura ni durante la violación. La voz que calla, muere.

Y entonces, el silencio. El de una cabeza de niño que rueda por el aire y el del joven que revienta de rabia. Mártires en manos del oprobio, la barbarie y de la iniquidad. Echeverría también impone el silencio a la justicia. El juez calla ante lo absurdo y ante la imposibilidad de ser el victimario. Alguien ha puesto en evidencia la cobardía de los carniceros. Pobre de quien lo haga.

Las formas que aparecen en el cuento destacan lo grotesco de las imágenes. Hay un grotesco asignado a los lugares y otro, a las figuras humanas. Buenos Aires se desdibuja, pintura difusa enmascarada con exagerados rituales, herejías y sonidos. El ambiente del matadero, llamado “De la Convalecencia” y que señala el sino de la tierra al sur del sur, es bajo, mugriento, ruin.

El matadero es como el infierno de Dante. Cada sector se corresponde con uno de los círculos. Impera en ellos el odio, la traición, la ira, la perversidad y la desidia. El corral semeja un pequeño circo romano “dos enlazadores a caballo penetraron en el corral en cuyo torno hervía la chusma a pie, a caballo y horqueteaba sobre sus muchos palos.” El circo bien amado, la violencia que alimenta el miedo que no deja pensar ni actuar. “Silbidos, palmadas y voces” que el poder sepa que ha triunfado.

Hay simetrías en las formas. La forma humana equiparada a la de las bestias y la violencia en el trato. Golpes, puteadas y peleas por la presa. Echeverría sabe que el país no cambiará más que con educación y acceso a la cultura. La carencia de ellas es deformidad, animalidad. Por eso ya no hay lugar ni para la una ni para la otra. Penélope tejía su espera, las negras achuradoras, destejen tripas dispuestas en grupo y, como aves de rapiña, desmenuzan la carroña. Y la sombra del tigre acechando al buey mientras los caranchos sobrevuelan sin cansancio.

Esas simetrías, cara y ceca argentinas, se corresponden con la institucionalización de la grieta. Ayer y hoy, Echeverría traidor a la patria por atreverse a desnudarlas. Simetría de opuestos que se asemejan: comparsa de la chusma y procesión de los beatos; sangre de niño federal y sangre de joven unitario, ambas sin valor alguno; ayuno de la élite y hambre voraz del populacho; flatulencias de los primeros e insultos y groserías de los segundos. Las diferencias sociopolíticas radican en las ideologías, si es que existen, y no en las costumbres.

Algunas simetrías son perfectas. Por un lado, en un extremo del eje se sitúa el matadero, imagen del país. Por el otro, el lado oscuro, el Matasiete, experto asesino, la cara oculta del Restaurador. El paternalista no mata con su propia mano. Una tercera simetría la ofrece la imagen del toro con la ideología del federalismo rosista. El odio y la opresión como iguales. El odio al opositor. La opresión del pueblo hambre mediante, pero con amor por el pobre.

Finalmente, los movimientos, emblema del devenir histórico. El movimiento ascendente de las almas de los ahogados y del río que los engulle; el descendente, del río cuando vuelve a su cauce y de todos aquellos que osan increpar la autoridad del mesías, sea inglés, unitario o fiscal. Movimientos sin trayectoria como el de los esbirros y el de las ratas. En línea recta, cuando lo que se arrastra es la muerte: cuerpos, tajos, lazos.

Pero la tragedia argentina queda definitivamente dibujada en las formas y los movimientos circulares. Buenos Aires estaba “circunvalada del norte al oeste por una cintura de barro y agua, y al sud por un piélago blanquecino”. Pantano y cerrazón. Las novenas y procesiones, rituales repetidos incansablemente por el bien de la restauración. Nada ha de cambiar, dicen los dictadores. Trayectorias elípticas que adquieren cierto simbolismo: la chusma que rodea al carnicero, los animales que van hacia el patíbulo, la persecución del toro, el cuerpo del muchacho unitario cuando es girado sobre sí mismo y el cráneo del niño al desprenderse de su cuerpo.

Finalmente, el ciclo de matanzas, círculo cerrado y perpetuo. No siempre quien mata muere. Y eso lo supieron Rosas y sus carniceros. Cada día, la hoz se cernirá sobre aquel argentino que ostente rebeldía. En medio de una mezcla atroz de barro y oscuridad, la sangre fluye en recto trayecto entre los asistentes al espectáculo, quienes, feroces, caracoleando o arrastrándose, la beben en venganza. Y el ¡Muera! con matices según pasan los años, fue la premisa sobre la que se consolidó una nación condenada a la repetición.

Ya no hacen falta mataderos. Para ello están la ignorancia, la desidia, el clientelismo político y la comodidad. Una manera más lucrativa, limpia y efectiva de asesinar. Los detractores de Echeverría argüirán sus argumentos, no cabe aquí tal cosa.

Miembro de la Generación del 37, precursor de la sociología en Argentina, fundador de la literatura nacional, considerado el iniciador del romanticismo americano dejó, en esta obra, una visión acabada del destino de la nación. Desde entonces, sangre y barro han ensuciado el camino.

Echeverría fue capaz de pensar y reconocer los problemas y necesidades argentinos y de pensar alternativas. Mucho más que lo que todos los políticos y seudoestadistas, de los últimos 70 años, han hecho. El Matadero esboza un destino, aquel que ninguno de ellos fue capaz siquiera de intentar cambiar.

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[Imagen: retrato de Esteban Echeverría – fuente: sugieroleer.blogspot.com]

La muestra del Faro de Mar del Plata recorre el megaproyecto minero que cierra el año siendo noticia por superar récords de extracción de gas y petróleo, pero pone el foco en las consecuencias socioambientales.

Fracking en Vaca Muerta Foto Gentileza Pablo Piovano

« Fracking en Vaca Muerta »

Escrito por DOLORES PRUNEDA PAZ

« Fracking en Vaca Muerta » es el primer capítulo de un ensayo sobre la resistencia del pueblo mapuche y el impacto de las grandes corporaciones en esa comunidad, que en los últimos cuatro años llevó al fotógrafo Pablo Piovano por Chile y Argentina y que cuenta con una primera exhibición en Mar del Plata de carácter fraccionado e itinerante, un extracto de 40 fotos que formará parte de una muestra totalizadora en la ex Esma a fines de 2022.

La muestra del Faro de Mar del Plata -y desde mediados de enero en el céntrico teatro Auditorium- recorre el megaproyecto minero que cierra el año siendo noticia por superar récords de extracción de gas y petróleo, pero pone el foco en las consecuencias socioambientales: « contaminación del suelo, sequías, efecto invernadero, sismos, basureros ilegales, desechos radioactivos, avance sobre comunidades originarias y afectación de economías regionales », enumera Piovano.

Fracking en Vaca Muerta Foto Gentileza Pablo Piovano

« Tiene sentido comenzar este itinerario expositivo acá, porque justamente en Mar del Plata hay empresas off shore que buscan hacer fracking en el mar », señala el fotógrafo. El fracking es una técnica de estimulación de pozos en yacimientos de hidrocarburos para extraer gas y petróleo, expandida a partir del aumento del precio de los combustibles fósiles. Sus partidarios argumentan que no tiene mayores riesgos que cualquier otra tecnología utilizada por la industria y que los beneficios económicos son mayores. Sus detractores, que el impacto ambiental es altamente nocivo.

El proyecto, que lleva por título tentativo « Zonas de sacrificios », incluye un libro y un largometraje junto a Maxi Goldschmidt

El proyecto, que lleva por título tentativo « Zonas de sacrificios », incluye un libro y un largometraje junto a Maxi Goldschmidt, y tiene su origen en una beca otorgada en 2018 por Greenpeace y la revista alemana Geo, a la que se postularon 20 fotógrafos de todo el mundo.

« La desaparición y muerte de Santiago Maldonado fue el punto de conexión con el mundo mapuche -dice a Télam Piovano-. Me interesaba saber por quién o por qué había arriesgado su vida, y era muy poco lo que se sabía de ese pueblo ».

Fracking en Vaca Muerta Foto Gentileza Pablo Piovano

« Empecé el trabajo y coincidió con el asesinato de Camilo Catrillanca, un joven líder mapuche, en Temucuicui, Chile, de un disparo por la espalda. Manejé 24 horas desde mi casa en Buenos Aires y llegué al tercer día del eluwun, un velorio mapuche que dura tres días. Me encontré con cuatro mil/cinco mil personas que estaban despidiendo a Camilo como weichafe, guerrero, caminando hacia el cementerio con todas las autoridades espirituales y políticas y el pueblo enorme reunido. En un día de viaje parecía haber recorrido 400 años hacia atrás. Así comenzó ».

El punto de partida geográfico, entonces, fue Chile. « La novena región de la Araucanía, cerca de Ercilla, en Temukuykuy, donde están las comunidades en resistencia mapuches. « La llamada zona roja, donde estuvieron la Marina, Fuerzas Especiales, el Bope, Carabineros y la PBI bloqueando caminos. Un lugar en estado de sitio que ahora, con la victoria presidencial de Gabriel Boric, de la coalición de izquierda chilena, capaz se revierte », especula Piovano.

Fracking en Vaca Muerta Foto Gentileza Pablo Piovano

« Lo que está sucediendo ahí es relevante -dice el multipremiado fotógrafo nacido en Buenos Aires en 1981-, una gesta latinoamericana que tiene la legitimidad de un pueblo originario recuperando miles de hectáreas que están en manos de dos grandes corporaciones, Arauco y Mininco, subsidiadas por Pinochet, expulsando de ahí a las comunidades mapuches. Y todas esas recuperaciones tienen la lógica de una reforma agraria sin serlo, porque finalmente lo que están haciendo es recuperar territorio ancestral ».

Y lo están haciendo « dando la vida, jugándose muchas cosas, como personas, como familias y como comunidad, en un proceso intenso de estrategia militar y de sabotaje, que tiene a un sector muy grande del pueblo mapuche alineado en una recuperación muy clara, con golpes específicos, sobre todo a las forestales ».

-Télam: ¿Cómo definirías este nuevo ensayo en curso?

-Pablo Piovano: Estoy muy asombrado de lo que vi del lado chileno, creo que merece que muchas disciplinas observen lo que está pasando, porque desde el punto de vista histórico, social y antropológico es una gesta revolucionaria. El weichan, la lucha del pueblo mapuche, popular y de visión antigua, es imparable, allí están dispuestos a dar la vida y están organizados en un sistema social muy interesante, imposible de romper, porque la idea del marichiweu, uno cae y diez se levantan, ahí tiene razón de ser: cada comunidad tiene un lonco (líder) y tiene un werken (vocero), y no hay manera de cortar una sola cabeza porque no hay un liderazgo único, no es vertical la organización política, social y militar del pueblo mapuche chileno.

-T: ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro lado?

-P.P: Las llamadas Conquista del Desierto y Ocupación de la Araucanía son paralelas. Pero del lado chileno, por una cuestión territorial y razones que no termino de entender, no sucedió lo mismo que de este lado. Del lado chileno hay un montón de machis, que representan la espiritualidad y son un sostén muy importante para el pueblo, donde levantan sus guillatunes, sus ceremonias y tienen su lehuén, que es su medicina, pero en Argentina no quedó ninguna machi, recién después de 80 años están levantando la primera machi. Al mismo tiempo, ciudades como Lautaro, en Chile, se refundaron cuatro veces. Los españoles iban y los mapuches las volvían a recuperar, cosa que acá nunca pasó, pues el exterminio fue mucho más dramático y contundente.

-T: ¿Cómo se organiza el proyecto?

-P.P: Este trabajo va a ser una película documental, un libro, un ensayo fotográfico entre el año que viene y el otro. Son investigaciones ligadas a la coyuntura y el desarrollo político y social de cada lugar, entonces están ligadas también al tiempo. La última me llevó siete años, esta ya va por el cuarto. No tengo idea cuantas fotos tomé, en la exposición de Mar del Plata hay unas 40 de Vaca Muerta y el trabajo del lado chileno es mucho más amplio. Así que la muestra será de unas 100 fotografías al menos.

-T: ¿Cuál es su estructura narrativa?

-P.P: Son dos capítulos de ambos lados de la cordillera, las dos alas del cóndor, el lado argentino y el lado chileno, esa frontera formal que impusieron los Estados, pero que para el pueblo mapuche no tiene mayor trascendencia. Vaca Muerta es una historia casi de derrota, porque el pueblo mapuche está acorazado por multinacionales que lo van desplazando o negociando, destrozando el territorio y generando problemas muy graves. Ahí donde la cuenca neuquina tiene una crisis hídrica enorme, usan millones de litros de agua dulce para el fracking y químicos que fracturan la piedra para sacar gas y petróleo. Estamos hablando del segundo reservorio más grande del mundo, esa Patagonia árida donde hay minerales, fósiles, vasijas antiguas del pueblo mapuche, un territorio que está siendo explotado de una manera drástica y veloz.

-T: ¿Cómo describirías ese proceso a nivel social?

-P.P: Añelo, el corazón de Vaca Muerta, cambió mucho en apenas 10 años. Este es un trabajo que más que mi esfuerzo necesita del tiempo para ser narrado. Ya hay registrado un riesgo obrero muy alto, ocho muertes en un año, y un cambio sociocultural y económico enorme. Es un pueblo muy pequeño donde desembarcan petroleras con gran concentración de trabajadores. La mano de obra que exige el fracking es en un 90% masculina, recién ahora están apareciendo trabajadoras en la planta. Esa es una de las razones por la cual entró la prostitución en Añelo y, como las leyes son muy punitivas, el trabajo autogestivo de les trabajadores sexuales quedó a merced de la policía y narcos que pasaron a tener el control de la calle.

-T: ¿Habrá otro capítulo?

-P.P: El otro tema será la historia de una machi del sur de Chile, con la que ya estuvimos varias veces, aunque la última vez no pudimos verla porque tenía a toda la familia con Covid. Es la historia de Millaray Huichalaf, weichafe también, que estuvo presa por defender el río Pilmaiquén de una hidroeléctrica noruega que se llama Statkraft. Finalmente son todas luchas, resistencia contra grandes corporaciones.

-T: Una vez más las corporaciones aparecen retratadas desde la marca mortuoria que deja en el cuerpo y el paisaje. Desde una economía que cuando se revisa da por resultado un costo indeseable. ¿Cómo se vincula este trabajo con otros tuyos, como el premiado « El costo humano de los agrotóxicos »?

-P.P: La lógica es similar, hace una década que mi laburo está atravesado por el impacto de las grandes corporaciones sobre la comunidad y también responde a lo que va pidiendo la tierra; estar en esa escucha es muy importante en este momento. Trato de hacer esa lectura en trabajos que finalmente me llevan muchos años porque tiene que haber verdaderas ganas, una fuerza que me obligue a volver a territorios generalmente distantes de donde yo vivo y que siempre ofrecen bastantes dificultades para trabajar. Me siento bien en esa relación de trabajo.

 

[Fotos: Pablo Piovano – fuente: http://www.telam.com.ar]

Y frena a la ultraderecha en América Latina

Escrito por Cecilia González

El próximo 11 de marzo, el izquierdista Gabriel Boric se convertirá en el presidente más joven y el más votado de la historia de Chile. A sus 35 años, la edad mínima que se exige en ese país para postularse a la presidencia, el diputado del Frente Amplio obtuvo el 55,9 % de los votos frente el 44 % del ultraderechista José Antonio Kast, quien, ante la contundencia de los datos dejó atrás las bravuconadas –había anticipado impugnaciones si la diferencia era acotada– y aceptó de inmediato la derrota.

La victoria de Boric, que detiene el avance de la ultraderecha que se ha fortalecido en la región, es resultado de la intensa transformación social provocada por el estallido iniciado en octubre de 2019.

El recuento de lo ocurrido en Chile en este breve lapso emociona. Y quita el aire, porque reúne protesta social, represiones, violaciones de derechos humanos, plebiscito, elección de convencionales constituyentes, redacción de una nueva Constitución, la debacle del Gobierno, la renovación de la clase política, candidatos inesperados, el triunfo de la ultraderecha en la primera vuelta y de la izquierda en la segunda. El país cambió por completo.

Todo comenzó hace apenas dos años, cuando jóvenes estudiantes comenzaron a saltar los torniquetes del metro en la ciudad de Santiago para protestar por el alza al precio del boleto. Vestidos con sus uniformes, se juntaron, gritaron, cantaron y siguieron evadiendo los molinetes. La rebeldía se contagió y replicó luego en inéditas e imparables movilizaciones masivas que pusieron en jaque al Gobierno de Sebastián Piñera.

El espejismo neoliberal que hasta entonces ponía a Chile como alumno modelo se derrumbó. A esas marchas, en las que la Plaza España de Santiago fue rebautizada como Plaza Dignidad, se sumó Boric, un joven dirigente con estudios inconclusos de abogacía que había comenzado a adquirir visibilidad pública en 2011 como presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

Las violentas represiones ordenadas por Piñera no amedrentaron a los manifestantes. La crisis creció a una magnitud tal que el Gobierno tuvo que ceder y convocar a un plebiscito para que la sociedad dijera si quería que se redactara una nueva Constitución que sustituyera a la que rige actualmente y que es herencia del dictador Augusto Pinochet. En octubre de 2020, un abrumador 78 % aprobó la propuesta.

Épica

Desde entonces, un canto se impuso en las manifestaciones: « Nuestro legado será borrar tu legado ». Era la advertencia de las y los jóvenes manifestantes al fallecido Pinochet y a sus admiradores, entre ellos Kast, defensor permanente de la dictadura.

La consigna, que Boric también repetía en esas movilizaciones, hoy tiene un dejo de profecía, porque uno de los primeros legados de su presidencia será la promulgación de la nueva Constitución, que sustituirá a la que dejó Pinochet y que ya están redactando los 155 convencionales que fueron electos en mayo pasado en un proceso que demostró la metamorfosis política que estaba ocurriendo en Chile.

El nuevo órgano, que tiene paridad de género, quedó integrado en su mayoría por militantes ajenos a los partidos políticos tradicionales, progresistas o de izquierda que designaron como su primera presidenta a la académica mapuche Elisa Loncón. Que una mujer indígena fuera electa en este cargo implicó una bisagra en la historia de los pueblos originarios chilenos tradicionalmente marginados y discriminados. Y fue otro de los resultados concretos del estallido social de 2019.

Para entonces, Boric ya se había postulado a la presidencia bajo las siglas de los partidos Convergencia Social y Revolución Democrática. Al principio su candidatura pasó desapercibida, pero gracias a una serie de alianzas comenzó a crecer y terminó participando en las elecciones primarias de la izquierda aglutinada en la coalición Apruebo Dignidad. El favorito era Daniel Jadue, un político de mayor experiencia, dirigente del Partido Comunista y alcalde de Recoleta (Santiago), pero el día de las internas Boric contradijo los vaticinios de las encuestas y se alzó con el triunfo. Arrasó con el 60 % de los votos.

Así, sin que nadie lo anticipara, el diputado se convirtió en uno de los protagonistas de un proceso electoral en el que las coaliciones de centroizquierda y de centroderecha que se alternaron el poder desde el fin de la dictadura quedaron desplazadas por completo.

Los sondeos lo perfilaron entonces como el ganador de la primera vuelta, pero otra vez la realidad contradijo a los estudios de opinión y el 21 de noviembre Boric terminó desplazado al segundo lugar con el 25,8 % de los votos. El triunfo de Kast (27,9 %), el candidato xenófobo y antifeminista, sumió a los movimientos de izquierda (de Chile y de América Latina) en un clima de azoro y preocupación.

 

Pero un mes le bastó a Boric para revertir de manera contundente los resultados. Pesó en parte el rechazo mayoritario a una dictadura que duró 17 años y que fue tema permanente de campaña, porque Kast evidenció en múltiples ocasiones que su adherencia al pinochetismo seguía firme.

Por eso no deja de ser paradójico que los resultados de la elección sean exactamente iguales a los del plebiscito que puso fin a la dictadura. En 1988, el 55 % de los chilenos dijo « no » a la posibilidad de que Pinochet siguiera en el poder. Es el mismo porcentaje que, 33 años después, votó a Boric para presidente.

Impacto

Las elecciones de Chile concitaban la atención en América Latina porque impactan en el siempre oscilante mapa político de una región en donde en la última década fueron electos en su mayoría gobiernos de derecha y comenzaron a crecer líderes de extrema derecha como Kast, que tienen en el brasileño Jair Bolsonaro a su principal modelo a seguir.

Por eso, el presidente argentino Alberto Fernández fue uno de los primeros en celebrar la victoria de Boric. Ya lo cuenta como aliado junto al mexicano Andrés Manuel López Obrador; el boliviano Luis Arce y el peruano Pedro Castillo, quienes encabezan la oleada de políticos de diversas facetas de la izquierda que han ganado las elecciones en los últimos años.

Ahora las expectativas de los movimientos de izquierda están puestas en el avance de Gustavo Petro para las presidenciales de mayo en Colombia y, sobre todo, en la nueva postulación de Luiz Inacio Lula da Silva en octubre en Brasil. Pero para eso falta mucho todavía.

Ahora en Chile comienza la transición de poco más de dos meses en los que Boric designará a su gabinete y se preparará para gobernar con múltiples retos inmediatos, como el hecho de no contar con mayoría en el Congreso y enfrentar las secuelas económicas de la pandemia. Mientras tanto, en su primer mensaje saludó en mapuche, habló de esperanza, responsabilidad, diálogo; derechos de las mujeres, diversidades sexuales y pueblos indígenas; responsabilidad fiscal, cambio climático, democracia, derechos humanos y unidad.

El domingo, en cuanto se conocieron los resultados las y los chilenos que salieron a protestar en masa durante estos dos años volvieron a tomar las calles, pero ahora para celebrar.

¿Qué habrán pensado anoche todas esas jovencitas que empezaron a saltarse los molinetes del metro en octubre de 2019, sin imaginarse el vendaval histórico que iban a provocar? Ya aprendieron que luchar colectivamente siempre sirve. Es una gran lección.

 

[Fuente: http://www.lahaine.org]

Los resultados de la última elección nos recuerdan, una vez más, que no puede haber ni izquierda ni transformaciones sin que haya fuerzas sociales movilizadas
Escrito por Pierina Ferretti

Los resultados que golpearon a la izquierda

Desazón y desconcierto produjeron los resultados de la primera vuelta presidencial en Chile. Cómo era posible que después de una revuelta popular como la del 2019, de la aplastante victoria del Apruebo en el Plebiscito Constituyente del 2020 y de la elección de una Convención Constitucional compuesta mayoritariamente por luchadores sociales, activistas medioambientales, feministas, pueblos indígenas y militantes de izquierda, el candidato de la ultraderecha, José Antonio Kast, hubiera obtenido la primera mayoría y tuviera posibilidades de ser el próximo presidente.

Mientras en la izquierda reinaba la confusión, los analistas del establishment decretaban la muerte del «octubrismo» y el comienzo de una etapa de restauración. Sin embargo, los resultados de las elecciones pasadas, más que evidenciar el cierre del proceso abierto con la revuelta popular, muestran la enorme complejidad del escenario político chileno y el heterogéneo campo social que ha producido medio siglo de neoliberalismo. Confirman, una vez más, que la mayoría del pueblo no se alinea de acuerdo con las estrechas coordenadas del sistema de partidos y que, a pesar de las enormes movilizaciones de estos últimos dos años y del proceso constituyente en curso, sigue manteniendo una enorme distancia con la política institucional, incluida la izquierda.

En esta línea, el primer dato que destaca es el 53% de abstención electoral, cifra que es una constante en Chile desde que se implementó el voto voluntario en 2012 y que no se ha revertido de manera significativa después de la revuelta. Por ejemplo, en el Plebiscito Constituyente del año 2020, ocasión en que la voluntad de cambiar la Constitución heredada de la dictadura triunfó con un 80% de las preferencias, solo votó el 51% del padrón, y ese porcentaje fue considerado un hito de participación electoral. Estos datos, además de confirmar lo poco convocante que resulta la política para la mayoría de la población, impiden cualquier generalización apresurada a partir de los resultados obtenidos. Hasta ahora, ningún sector político concita el apoyo de mayorías sociales significativas.

Considerando esa advertencia, los resultados fueron, de todos modos, preocupantes. José Antonio Kast, líder del Partido Republicano, se impuso con un 27,9% de los votos; Gabriel Boric, representante de Apruebo Dignidad —coalición de izquierda—, se quedó con el segundo lugar con un 25,8%; ambos pasan a la segunda vuelta que tendrá lugar el próximo 19 de diciembre.

Fuera de competencia quedaron Franco Parisi, del recientemente fundado «Partido de la Gente» (agrupación con trazos populistas y antipolíticos), que obtuvo sorpresivamente, ya que hizo toda su campaña desde EEUU, el tercer lugar con un 12,8%; con ese mismo porcentaje, pero con menos votos, se ubicó Sebastián Sichel, candidato de la coalición oficialista «Chile Podemos Más», a la que pertenece el actual presidente Sebastián Piñera; Yasna Provoste, representante de la ex-Concertación y militante de la Democracia Cristiana, otrora el partido más sólido y determinante de la transición a la democracia, obtuvo el quinto lugar con un 11,6%; Marco Enríquez-Ominami, exmilitante socialista y fundador del «Partido Progresista», con un 7,6%; y Eduardo Artés, del partido Unión Patriótica, una izquierda ortodoxa y filoestalinista, que obtuvo un magro 1,5%.

Además de la abstención y de la primera mayoría obtenida por la ultraderecha, otro dato que destaca es el hecho de que las dos grandes fuerzas que condujeron la transición a la democracia —la Concertación, de centroderecha, y la derecha tradicional—, quedaron rezagadas en cuarto y quinto lugar, eliminadas, por primera vez en más de treinta años, de la carrera presidencial. Este resultado es coherente con lo ocurrido en la elección de convencionales, en la que estos mismos sectores sufrieron derrotas aplastantes y fueron desplazados por independientes, activistas y la izquierda. En esta elección, el voto contra las élites y los partidos tradicionales fue capturado en buena parte por Franco Parisi, personaje que no proviene de la política, que nunca ha ocupado un cargo público y que ha construido su despliegue denunciando la decadencia de la política institucional y reivindicando a los «ciudadanos comunes» en contra de las élites corruptas.

En el plano parlamentario, los resultados de estas elecciones fueron igualmente complejos. En la cámara de diputados, las fuerzas progresistas y de izquierda obtuvieron una leve mayoría y en el senado la derecha se impuso ligeramente. Esta situación hará muy difícil la aprobación de las reformas planteadas por quien sea que gane la presidencia, lo que en el caso de la candidatura de Boric, basada en un conjunto de reformas estructurales que deben pasar por el Congreso, es preocupante. Por otro lado, los partidos tradicionales, sobre todo la derecha, recuperaron en el parlamento una parte del terreno que habían perdido en la Convención y en las presidenciales.

Frente a esto, es preciso señalar que la elección parlamentaria, a diferencia de la ocurrida en mayo para la Convención, no permite la articulación de listas de candidatos independientes, haciendo muy difícil el ingreso de personas que no se presentaran en cupos de partidos políticos. Estas condiciones restrictivas permitieron que las fuerzas políticas tradicionales mantuvieran su poder en el órgano legislativo y evitaron que se produjera un desfonde similar al ocurrido en la Constituyente.

Una excepción destacada pero puntual la representa la elección como senadora de Fabiola Campillai, mujer obrera, víctima del terrorismo de Estado —el impacto de una bomba lacrimógena lanzada por carabineros la dejó ciega—, que compitió como independiente y que obtuvo la votación más alta a nivel nacional para el senado. Su elección tiene una enorme fuerza cultural, pues representa el ingreso al parlamento de una mujer que condensa lo esencial de la revuelta popular de 2019 y, de manera directa, a sectores sociales largamente excluidos de la política.

El crecimiento de la ultraderecha en medio de un ciclo político democratizante

Sin duda, el dato más alarmante de esta elección fue el crecimiento del neofascista José Antonio Kast. Veníamos de dos elecciones consecutivas que significaron derrotas contundentes para la derecha y había por ello razones para pensar que la politización provocada por la revuelta de 2019 era un freno efectivo a este sector, sobre todo para su ala más radical. Sin embargo, Kast pasó del 7% obtenido en las elecciones presidenciales de 2017 al 28% en los comicios recientes, realizados, como ya destacamos, en pleno proceso constituyente.

Para entender y dimensionar su ascenso se deben tener presentes varios elementos. En primer lugar, y como marco general que excede el caso chileno, que no hay avances populares que no generen al mismo tiempo la reacción de las oligarquías neoliberales y los grupos conservadores y que, en la actualidad, en medio de la crisis global del capitalismo y de las luchas que desde su interior se han levantado, los grupos dominantes han desarrollado estrategias de disciplinamiento del campo subalterno abiertamente autoritarias y antidemocráticas, en las que convergen el conservadurismo moral y la intensificación de las políticas de despojo. En este sentido, el crecimiento de Kast en Chile debe entenderse como una respuesta de estos sectores a los movimientos democratizadores que atraviesan la sociedad chilena: el feminismo de masas y la contundente emergencia popular a partir de la revuelta.

Considerando estos elementos, es altamente probable que una buena parte del 22% del electorado que votó rechazo en el plebiscito del 2020 haya optado por Kast en esta elección. Sin embargo, la ultraderecha creció más allá de esos votantes: logró el apoyo de buena parte de la derecha que está en el gobierno y que prácticamente abandonó al candidato oficialista para plegarse a Kast; creció significativamente en el norte y centro-sur del país, zonas afectadas por la crisis migratoria y por del conflicto del Estado chileno contra el pueblo mapuche; también obtuvo buenos resultados en ciudades pequeñas, sectores rurales y entre la población mayor de 50 años, grupos que tienden a ser más reactivos a las transformaciones culturales, como el avance del feminismo o de los derechos de las disidencias sexuales, que ponen en tensión los valores tradicionales. Para ellos, Kast enfatizó en las dimensiones ultraconservadoras de su programa: discurso antiimigrante, de orden público y antiderechos.

Ahora bien, es preciso reconocer que el candidato ultraderechista está lejos de tener un apoyo consolidado en el campo popular. En la región Metropolitana, que concentra a la mitad de los habitantes del país, solo ganó en las tres comunas en las que habita la población más rica y que fueron, además, las únicas de la capital en las que ganó el rechazo a la nueva Constitución en el Plebiscito de 2020. Este dato es relevante y tensiona las lecturas apresuradas que sostienen que el fascismo avanza de manera agresiva en el campo popular. Tanto la alta abstención como la distribución socioeconómica de los votos impiden sostener esa tesis.

La candidatura de Gabriel Boric, al contrario, encuentra su base de apoyo en los barrios populares de la capital del país y de las grandes ciudades y en sectores medios profesionales. El joven diputado de 35 años, que proviene de las luchas por el derecho a la educación en las que se forjó una nueva generación de líderes políticos, recoge en su programa las demandas populares de la última década: reforma al sistema de pensiones, gratuidad de la educación pública, seguro universal de salud, sistema nacional de cuidados, desprivatización del agua, disminución de la jornada laboral, entre otras.

La alianza que lo sostiene está conformada por distintas expresiones de la izquierda chilena, tanto histórica, como el Partido Comunista, como de formación reciente, como el Frente Amplio, así como por sectores de movimientos sociales y organizaciones populares. El respaldo a la candidatura de Boric se concentró en las grandes ciudades, sobre todo en la región Metropolitana y la región de Valparaíso. En ambas, ganó contundentemente y obtuvo victorias significativas en los barrios populares. Sin embargo, los resultados le fueron desfavorables en ciudades pequeñas, sectores rurales y en norte y centro sur del país, zonas, como ya señalamos, afectadas por la migración y la violencia política en marco del conflicto del Estado con el pueblo mapuche, problemas para los cuales la izquierda no ha articulado respuestas contundentes.

La apuesta por el protagonismo popular

Los grandes debates hoy tienen que ver con la dirección que debió tomar la candidatura de Gabriel Boric para triunfar en la segunda vuelta. Las tesis oscilan entre la convocatoria a la defensa de la democracia contra el fascismo, la moderación y el «giro al centro» y la movilización del campo popular. Buena parte de los analistas del establishment sostienen que, con los resultados de las elecciones, el «octubrismo» —como se le ha llamado a la energía rebelde que animó la revuelta popular— ha muerto y que nos encontramos en un escenario en que la mayoría de la población no quiere más convulsiones sociales ni violencia y reclama por orden y estabilidad.

Esta lectura, que cobra fuerza en algunos sectores del progresismo, es engañosa, pues si bien es cierto que, en medio de una aguda crisis y tras dos años de inestabilidad política y social, la mayoría de la población desea vivir con tranquilidad, no puede derivarse de aquello la necesidad de abandonar las banderas de las transformaciones que la sociedad chilena viene reclamando hace décadas. Las causas que provocaron la revuelta popular siguen sin respuesta y las reformas estructurales que propone la candidatura de Boric buscan, precisamente, superar las causas de la crisis y la inestabilidad, obliteradas por los gobiernos anteriores.

El desafío de la izquierda pasa más bien por mostrar capacidad de realizar esas reformas y dar efectiva respuesta a las demandas sociales. Por otro lado, los insistentes llamados a «girar al centro» que levanta buena parte de la ex-Concertación, coalición de centroderecha que condujo la transición a la democracia y que consolidó el neoliberalismo, desconocen que este sector, otrora hegemónico, hoy solo convoca a una reducida franja de la sociedad, que en esta elección no llegó al 12%. Asimismo, los llamados a defender la democracia y a detener el avance del fascismo, en los que sustenta otra de las estrategias en juego, siendo necesarios, no serán suficientes. Basta recordar el caso brasileño y la ineficacia de estos discursos para enfrentar al bolsonarismo.

Lo que parece claro es que las posibilidades de derrotar a la ultraderecha radican, por un lado, en la movilización de una parte de la población que no votó en esta elección (sobre todo de los sectores populares de las grandes ciudades, en los que la candidatura de centroizquierda obtuvo sus principales apoyos) y en la movilización del campo popular que ha protagonizado el ciclo político desde la revuelta de 2019 y que no se reconoce necesariamente en la izquierda política existente.

Para ello resulta central que la candidatura de Gabriel Boric se haga cargo de las urgencias materiales de las mayorías populares, reforzando medidas de protección social a corto plazo (pensiones dignas, aumentos salariales, apoyos estatales, control de precios, etc.) y abordando de manera convincente problemas como el narcotráfico, el orden público y la migración. Asimismo, que enfrente el rechazo a la corrupción asociada a las élites políticas y a la política institucional, sentimiento muy extendido en la población y que en buena medida explica el éxito de un candidato populista como Franco Parisi en los sectores medio-bajos de importantes ciudades del país. Mientras una parte de la izquierda interpreta a estos votantes como desclazados y capturados por la derecha, los datos muestran que se trata más bien de personas que no logran alcanzar las promesas neoliberales de ascenso social a través del estudio y el emprendimiento y que resienten el desprecio elitista.

Finalmente, además de movilizar a los grupos mencionados, para la izquierda resulta fundamental convocar a las heterogéneas fuerzas del pueblo que han sido el motor de la lucha social y política en este ciclo y que no adhieren de manera incondicional a la centroizquierda que representa Gabriel Boric. El feminismo, que se ha convertido en el movimiento de masas más potente del país —recordemos que en la Huelga del 8 de marzo de 2020 cerca de tres millones de mujeres salieron a las calles—, será una actoría determinante en esta batalla y ya ha comenzado, de manera autónoma y estratégica, a desplegarse.

El campo popular que se movilizó masivamente en la revuelta de 2019, la mayoría contundente que votó Apruebo en el Plebiscito Constitucional del 2020, las franjas sociales que se organizaron para ingresar a la Convención Constitucional de forma independiente y que lograron derrotar a la derecha y a los partidos tradicionales, los movimientos territoriales en lucha contra el extractivismo, los pueblos indígenas, los sindicatos y los gremios, entre otros sectores del pueblo organizado a distintas escalas y con autonomía relativa o completa en relación a la izquierda política, son parte fundamental de la base social que ha dado vida al proceso político en curso y son por lo mismo las fuerzas capaces de defenderlo. De hecho, ya son numerosas las autoconvocatorias de estos sectores para movilizarse, apoyar estratégicamente la campaña de Gabriel Boric e impedir que la ultraderecha llegue al poder.

En este momento crucial, la izquierda chilena tiene el desafío de apostar al protagonismo de las fuerzas populares y transformadoras y de convocar a una gran movilización nacional en todos los territorios para defender las conquistas que los pueblos de Chile han ganado. En la próxima elección se juega la continuidad del ciclo político democratizador abierto por la revuelta, pero también se juega un avance en la consolidación de ese bloque heterogéneo de fuerzas populares, políticas y sociales que se ha venido conformando en Chile y que es la única base que puede sostener un proceso de transformación social, sobre todo en momentos como este, en que se intensifica la reacción autoritaria de la oligarquía neoliberal que ve amenazados sus privilegios, su poder y sus fuentes de acumulación.

En definitiva, los resultados de la última elección nos recuerdan, una vez más, que no puede haber ni izquierda ni transformaciones sin que haya fuerzas sociales movilizadas y que solo podremos avanzar si ponemos en el centro de nuestra estrategia de lucha el protagonismo popular.

CALPU

[Fuente: http://www.lahaine.org]

Vén de aprobar unha proposta para defender o topónimo orixinal despois de que o Instituto Xeográfico Nacional recoñecera o outro a petición de Asturias.

O Parlamento de Galicia comprométese cos dereitos da infancia e adolescentes

O Parlamento de Galicia comprométese cos dereitos da infancia e adolescentes

A Comisión 1º Institucional, de Administración Xeral, Xustiza e Interior aprobou por unanimidade a Proposta Non de Lei impulsada polo PPdeG para actuar en defensa da designación patrimonial do topónimo ‘Ría de Ribadeo’.

O encargado de defender a iniciativa este xoves na Comisión do Parlamento de Galicia, o deputado popular Daniel Vega, amparouse na « multitude » de informes técnicos de diferentes organismos como o Seminario de Onomástica da Real Academia Galega (RAG), o Consello da Cultura Galega (CCG) ou a Universidade de Santiago de Compostela (USC) –que complementan ademais o estudo realizado pola Comisión de Toponimia de Galicia–, para asegurar que a petición do Principado de Asturias de recoñecer oficialmente o topónimo ‘Ría do Eo’ non ten sentido.

« Non debemos banalizar nin descoñecer a historia, porque entón cometeremos erros », sinalou Vega, que explicou que a denominación ‘Ría de Ribadeo’ é « a máis antiga e a xeral de todos os tempos (s. XVI a XX), así como a exclusiva ata o século pasado ». Ademais, recalcou, as rías son mar que entra terra dentro, polo que non reciben o nome dos ríos que achegan auga, senón do pobo que antes ou mellor consolidase porto de mar. Aínda partindo de nome do río, insistiu o deputado, na ría de Ribadeo desembocan catro ríos: o Eo, o Suarón, o Monxardín e o Grande.

O grupo popular tamén se referiu a a normativa europea, concretamente a dous preceptos da Comisión de Expertos en Nomes Xeográficos dá ONU (UNGEGN), que recomendan « unha forma escrita única » e « que se evite un cambio innecesario de nomes ». A pesar de que a Comisión da toponimia afirmou en 2006 e 2008 que « a denominación da Ría de Ribadeo era a única oficial no ámbito da Comunidade Autónoma de Galicia » e que a Xunta debería « instar en todos os estamentos estatais e internacionais competentes » ao mantemento « exclusivo » deste topónimo, o pasado 29 de outubro o Instituto Xeográfico Nacional ditou unha resolución que, aínda que establecía a denominación ‘Ría de Ribadeo’ como identificador xeográfico, outorgaba ao topónimo ‘Ría do Eo’ « carácter de nome alternativo » –« co mesmo nivel de oficialidade »–.

UNANIMIDADE

Non entenden no PPdeG esta decisión, como tampouco o fan os grupos da oposición, que votaron a favor da proposta. Con todo, o grupo socialista afeoulle aos populares a tardanza, « posto que, dado que o Goberno asturiano que iniciou o proceso era popular, podían dialogar con eles no seu momento ».

Tamén lle solicitaron ao Goberno galego « a mesma contundencia noutras toponimias », como con ‘A Illa da Toxa’ e a ‘Isla de la Toja’. Neste sentido expresouse tamén o BNG, que tachou ademais o caso de « ataque directo á toponimia de Galicia ». Os nacionalistas tamén censuraron que os populares « traten de pórse medallas » por iniciar o proceso, « cando foi algo colaborativo » entre a Deputación de Lugo e o Concello de Ribadeo.

Vega concluíu o debate afirmando, en resposta ás declaracións do grupo do BNG, que o PPdeG defende « o territorio por completo » e que tamén posúe « un sentimento galeguista ». « Non vou tolerar leccións de nacionalismo porque o nacionalismo non vai unido ao galeguismo; o galeguismo si vai da man de Galicia e os galegos », aseverou o parlamentario popular.

A XUNTA PRESENTARÁ RECURSO DE ALZADA

Na tarde deste xoves, o Consello da Xunta aprobou que o Goberno galego presente un recurso de alzada contra a resolución do Instituto Xeográfico Nacional. Diso informou o máximo mandatario autonómico na rolda de prensa posterior á reunión semanal do seu Executivo, na que sostivo que o Goberno central non ten « soporte legal » para tomar esta decisión, contra a que a Xunta presentará un recurso.

Segundo indicou, ría de Ribadeo foi o « único nome oficial » deste espazo desde que existe a propia ría, un « topónimo que ten séculos de antigüidade ». « Por tanto, entendemos que vulnera a Lei de salvagarda do patrimonio cultural e inmaterial« , incidiu para cualificar de « ilegal » a decisión. Feijóo lamentou que haxa que entrar « nunha discusión que estaba resolta desde hai anos e décadas » e deixou claro que « non se trata de que haxa unha prominencia » do Concello de Ribadeo sobre a zona de Asturias. « Para nada, isto non ten nada que ver, é unha ría compartida », incidiu Feijóo, que dixo que « o nome que ten é o que ten que seguir ».

 

[Fonte: http://www.galiciaconfidencial.com]

 

 

Escrito por Ilan Stavans y Javier Adrada de la Torre

¿Es apropiado concebir una mera fotografía como un meme? ¿Necesita ser recontextualizada para serlo? ¿Llegará el momento en el cual se construya un museo dedicado a los memes? Decir que el meme tiene una estética propia es limitarse a lo superficial; hay, dentro de la memética, universos alternativos, algunos de índole culterana, otros de barriada. En este diálogo electrónico de septiembre del 2021, Ilan Stavans —el célebre teórico de la traducción, semiólogo, ensayista y editor nacido en México, que tiene la cátedra Lewis-Sebring de culturas latina y latinoamericana en Amherst College, Massachusetts— y Javier Adrada de la Torre —doctorando en la Universidad de Salamanca— reflexionan sobre las mutaciones del meme en la edad pandémica y sus conexiones con otros lenguajes, el folclore y el rascuachismo, las selfies y el shitposting, y las posibles interpretaciones del meme de Heidegger, Benjamin, Calvino, Sontag y Bourdieu.

***

Javier Adrada de la Torre: En una conversación1 muy reciente entre África Vidal y tú, quedó claro que los memes no son un mero entretenimiento cibernético, sino un medio de expresión con una estructura semiótica identificable y un nivel de complejidad aún por explorar. No cabe duda de que la popularización de los memes vino de la mano de la hiperrealidad virtual, y que su desarrollo ha sido análogo al de las redes sociales por las que, más que por cualquier otra plataforma, circulan.

Seguramente, los períodos de confinamiento derivados de la pandemia del Covid-19 propiciaron el auge de este fenómeno, porque fue en esta época cuando la realidad tras la pantalla se convirtió en un espacio seguro ―simulacro digital de refugio―, más deseable que el escenario demencial en que se había convertido nuestro mundo. Los memes, antes y sobre todo ahora, representan la realidad y, por tanto, también la constituyen, la remodelan; además, lo hacen con ese matiz de ironía que caracteriza al ser humano, capaz de revestir de humor su propia desgracia. Al igual que un poema, una película o una canción, el meme es un recurso más del lenguaje con el que escribimos, de manera colectiva, la tragicomedia de nuestro existir: una herramienta para encontrar un significado en el evento más trivial y, durante un instante, dar sentido a nuestro paso por el mundo.

Creo que lo mejor es que empecemos analizando el ciclo vital del meme: su nacimiento, su fugaz esplendor y su caducidad. Su propia dinámica de usar y tirar nos dice mucho de la sociedad en que se generan, de nuestro paradigma de consumismo vertiginoso e inmediata obsolescencia. Cuando un meme se introduce en el sistema ―entiéndase, por ejemplo, en redes sociales―, su consolidación en el mismo dependerá de su calidad como plantilla, es decir, de la diversidad de contenidos que pueda transmitir mediante su formato. El hecho de que un mismo formato se utilice en innumerables contextos, y que para ello cada usuario recurra a unos materiales distintos, invita a concebir el meme como un palimpsesto,2 como un molde semiótico multimodal sobre el que se superpone un sinfín de significados.

Y precisamente será esta desbocada acumulación de estratos la que llevará a la saturación del meme: cuando experimentar con el contenido ya no interesa, los creadores pasan a retorcer la forma y a jugar con sus posibilidades. El meme se convierte entonces en un metalenguaje: ya no es una traducción de la realidad, sino de sí mismo. Esta deformación será la última etapa antes de que pase de moda y la comunidad lo abandone. Al igual que otras manifestaciones del lenguaje humano, entendido desde la mirada posestructuralista, el meme sigue el siguiente proceso: en primera instancia, nace como mímesis de la realidad, subordinado a ella; sin embargo, al representarla, también la transforma, de modo que se pone a su nivel; luego se independiza de ella para apuntar hacia sí mismo como realidad autónoma; finalmente, pierde su funcionalidad y se desvanece. Ilan, ¿no crees que la naturaleza del meme es una excelente metáfora de lo frágil, artificial y fragmentario que es nuestro mundo?

Ilan Stavans: Las cinco propuestas para este milenio que Italo Calvino planeaba ofrecer en 1985, a fines del siglo XX, en las conferencias de Harvard que llevan como nombre Charles Eliot Norton, eran la ligereza; lo que en inglés, el idioma de Calvino en ese momento particular, se llama lightness; la velocidad, quickness; exactitud, exactitude; visibilidad, visibility; y multiplicidad, multiplicity. Como todo el mundo sabe, Calvino murió antes de llegar a Cambridge, Massachusetts; ni siquiera terminó la última propuesta. Yo releía hace poco el libro, publicado en 1988. Los memes, creo, son el ejemplo perfecto para entender este nuevo lenguaje.

Para existir, necesitan ser vistos, o sea, expuestos. Su naturaleza es la brevedad y la ligereza, así como la existencia efímera, pasajera y fragmentaria. Pero al mismo tiempo necesitan expresar con exactitud lo que se proponen. Y provienen de lugares múltiples, así como llegan a un público heterogéneo. Nadie hoy tiene ni tiempo ni paciencia; el meme, pues, es el morfema perfecto. Es alérgico a la totalidad, a diferencia, digamos, de la novela. En un universo relativista, descentralizado, en constante fractura, el meme reproduce ese rompimiento. No tiene aspiraciones redentoras. Es como las luciérnagas: nace y muere en un destello.

Calvino se hubiese sentido fascinado con los memes, aunque, a su edad (nació en 1923, el año en que se instaló el rótulo “Hollywood” en Los Ángeles) es factible que también los hubiese odiado. Por cierto, de haber terminado la última propuesta, acaso hubiera optado por la novedad. El meme depende de ella: su vialidad depende de la novedad de su capital semántico. No me refiero, por supuesto, a imágenes nuevas sino al uso de imágenes viejas en nuevos contextos.

JAdT: En relación con lo anterior, podríamos afirmar que el meme, al igual que la palabra o cualquier otro lenguaje humano, es una manera de proyectar la realidad material en el plano simbólico. Al fin y al cabo, somos animales simbólicos, según Cassirer,3 y nuestra manera de concebir el mundo va más allá de la percepción sensible individual: necesitamos construirlo mediante sistemas de signos compartidos por una colectividad determinada.

Este último es uno de los aspectos clave: la (¿casi?) inagotable capacidad de designación del meme es probablemente la responsable de su universalización. Que cualquier fenómeno o acontecimiento pueda ser interpretado y expresado mediante un meme, sea cual sea su alcance social, es tal vez una de las razones de su éxito como sistema comunicativo. ¿Podría decirse que entender el meme en estos términos, así como tantos otros códigos híbridos que han despertado interés académico en los últimos tiempos, contribuye a derrocar la hegemonía de la palabra ―del discurso verbal― como lenguaje humano por antonomasia?

IS: Tu pregunta invita a pensar en los memes como un código semiótico—un lenguaje—más o menos estandarizado, con una gramática y sintaxis propias. ¿Podemos, a través del meme, entender la mente tanto de quien lo creó como de quien lo descifra? Sin duda, debido a que el meme, como todo lenguaje, se restringe a un contexto específico. Una de sus cualidades es la novedad. Quien lo gesta y quien lo consume deben compartir un bagaje cultural, aun de forma implícita. (Lo mismo pasa, por cierto, con la parodia. Piensa en Don Quijote. No deja de asombrarme que siga siendo uno de los libros más leídos cuando la mayor parte de sus lectores saben poco o nada de la literatura caballeresca. Para nosotros el Amadís de Gaula es solamente una referencia. Sin embargo, entendemos la crítica que hace Cervantes de él porque la novela ofrece un contexto implícito que nos ayuda a descifrar esas referencias).

Quisiera aprovechar este momento para rechazar un término que tú y muchos otros enfatizan: la hibridez de los memes. Por supuesto que lo son. Pero el abuso que hacemos de la palabra es absoluto. No sé de algo que no sea híbrido. Todo código semántico lo es: el lenguaje en sí, una sinfonía, un mural, una serie de Netflix.

Ahora bien, ¿puede el meme derrocar la hegemonía semántica de la palabra? Lo dudo. El meme depende de la yuxtaposición de tres dimensiones: la oralidad (palabras, música), la escritura y sobre todo la imagen. Hay memes sin palabras o sin música, pero no hay memes sin imágenes y, más que nada, sin ideas o sentimientos. En última instancia, el meme es la expresión somera y fugaz de una idea o emoción rudimentarias que dependen de varios códigos semióticos.

JAdT: En esta línea que estamos explorando, el meme sería un recurso hermenéutico perfectamente legítimo, aunque Heidegger difícilmente lo habría imaginado al desarrollar su ontología: el meme, en cuanto lenguaje, es por supuesto un medio para interpretar los fenómenos de nuestro entorno, reaccionar ante ellos y darles sentido. En una conferencia en Belo Horizonte, cuando alguien del público le preguntó a Foucault desde qué posición hablaba, este respondió con contundencia: “Who Am I? A Reader”.4 Somos lectores porque el mundo es una trama de signos, y vivir consiste en descifrarlos para darles respuesta.

IS: En la tradición judía, el universo es una narración en busca de lectores. Cada año, en Yom Kippur, los judíos pedimos a Dios que nos inscriba, una vez más, en el libro de la vida, es decir, que sigamos siendo personajes de ese libro. El Talmud es el libro dentro del libro, el manual, con las herramientas necesarias, para descifrar los enigmas del universo. Sobra decir que nunca logramos del todo ese cometido.

JAdlT: Me parece un maravilloso ejemplo de cómo la religión representa la comunicación entre el ser humano y el cosmos. Aunque en clave profana, los memes proporcionan también una manera de codificar simbólicamente nuestra respuesta a los fenómenos del mundo, de la que hablaba antes. En este sentido, me parece interesante que varias personas creadoras de memes hayan confesado que, cuando presencian alguna escena o situación mínimamente significativa ―o sea, dotada de un significado potencialmente relevante―, piensan inmediatamente en qué meme sería el más apropiado para traducir dicho significado. Cito un post de @danelicioustm en Instagram (17 de agosto de 2021): “Estoy tan sobreexpuesto al humor online de baja calidad que mi cerebro solo puede procesar situaciones como material para rellenar una plantilla de meme”. Como dijo Wilde, la vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida; al igual que ocurrió con la literatura o el cine, ¿estamos empezando a entender la realidad y articular nuestro pensamiento en memes?

IS: Pensemos en el mimetismo: el meme imita la realidad, la reinventa y, al hacerlo, superpone una representación de ella que se inserta en la realidad; es decir, se convierte en parte inevitable de ella. Aristóteles pensaba que no hay arte sin imitación; y lo mismo en dirección opuesta, no hay imitación sin arte. Walter Benjamín, por su parte, aseguraba —y en esto era como los místicos— que a la realidad le gustan las semejanzas: la tierra es un espejo de las estrellas, el lenguaje es un reflejo de la realidad, el ámbito humano es un doble del animal, etcétera. Así como las selfies ya han transformado el espacio fotográfico (y, en especial, el del autorretrato, de Narciso a Andy Warhol), los memes nos enseñan a ver, de forma nueva, la televisión y las películas, a leer poemas, cuentos y novelas, y así. Cada nuevo código semántico recalibra los anteriores.

Llegará el momento en que habrá retrospectivas de memes, museos dedicados al meme, cursos donde se creen nuevas disyuntivas memísticas, etcétera. No creo que el humor del meme sea de peor calidad que el de la literatura adolescente, por ejemplo, o el de las novelas góticas. Verlo como inferior es una actitud esnob, clasista, que denota pretensión. Los memes son el termómetro de nuestra época. Puede que prefiramos otras épocas, pero debemos recordar que esas épocas también creían en su ilegitimidad.

Si la forma más básica de ciertos idiomas son las letras (digamos el inglés, el hebreo, el ruso, etcétera) y de otros son las grafías (el mandarín, el geórgico), los memes son una combinación de ambas. La diferencia, por supuesto, es que mientras el alfabeto es un código limitado (23 letras, por ejemplo), los memes ofrecen una cantidad aparentemente infinita de signos a disposición del usuario. Digo usuario porque quien lo consume “usa” ese meme para recibir información y también es usado por el meme para lograr que la información navegue un espacio semántico. Piensa en la parábola del árbol en el bosque: si al caerse en una tormenta hace un ruido estrepitoso, pero nadie lo oye, ¿existió ese ruido? El meme que no llega a un destinatario no es meme. De igual manera, para que exista alguien tiene que anhelar reducir una idea o un sentimiento de forma fugar, ligera, veloz, novedosa, fragmentaria y múltiple.

JAdT: Creo que es digno de discusión lo que has señalado acerca de la calidad del humor del meme. El instragrammer al que he citado se refiere al “humor online de baja calidad”, es cierto, pero quiero pensar que lo hace en un contexto específico: la distinción entre el meme de autor y el shitposting. El fenómeno del shitposting es muy interesante: lo protagonizan cuentas que publican memes de escasa complejidad técnica, semánticamente sencillos y de menor exigencia intelectual; además, suelen compartirlos en masa, entre diez y treinta memes al día. Y lo importante es que a este planteamiento subyace una especie de “apología de lo cutre”, por así llamarlo: una ambición antiestética y antielitista, una propuesta contestataria en contra de lo demasiado elaborado, un intento de preservar la ―supuesta― simpleza del meme.

El shitposting quizá sea, en el fondo, una respuesta a lo que antes he llamado meme de autor. La evolución de la complejidad del meme no es algo en lo que solo hayamos reparado los académicos: las personas que los crean son perfectamente conscientes también. En tu conversación con África Vidal, señalabas que un rasgo distintivo de los memes es su proximidad a la cultura folclórica: su reproducción mecánica y anónima, su espíritu popular, etcétera. Pero quizá esa época ya haya quedado atrás: al igual que la literatura pasó de la tradición oral a la escrita, en los últimos tiempos estamos asistiendo al nacimiento del meme de autor.

En Instagram, por ejemplo, cada vez encontramos más cuentas que crean sus propios memes digitalmente, con esmero artesanal, y estampan en ellos su rúbrica. Por lo general, no firman en los márgenes de la imagen, para que otros usuarios no puedan recortarlas y robarlas; si alguien quiere compartirlas, una ley no escrita dicta que se debe mencionar (con @) al artífice. Estamos ante el nacimiento de los derechos de autor en el mundo de los memes. Lo cual, si nos paramos a pensarlo, se trata del devenir lógico de todo fenómeno cultural: cuando un modo de expresión se especializa, la autoría empieza a emerger como institución, como autoridad paternal que reivindica el mérito intelectual y técnico de la obra. En la actualidad, al menos en España, los usuarios que crean memes interactúan entre sí, comparten los contenidos de otros e inconscientemente forman grupos o núcleos que bien podrían equivaler a las generaciones literarias.

Lo mejor es que, como digo, el shitposting probablemente nazca para recuperar lo folclórico del meme, su antigua circulación popular. El formato de meme “reject modernity / embrace tradition”, que tanto tiene que ver con el anarcoprimitivismo de “reject humanity / return to monke”, responde a esta misma romantización del regreso a la sencillez inaugural. El shitposting intenta mantener la idiosincrasia del meme como cultura popular y alternativa, frente a la voluntad de varios autores de acercarlo a la alta cultura. Pongámoslo de esta manera: si el arte pop es la antítesis del arte clásico y el meme ya es pop por sí mismo, el shitposting sería algo así como el arte pop dentro del arte pop.

De todo lo expuesto se desprende, asimismo, que todas estas personas conocen a la perfección el funcionamiento del sistema en el que operan: reflexionan sobre las normas y las dinámicas de las redes sociales, las cuestionan colectivamente si es preciso, luchan por el capital simbólico del campo memístico ―versionando a Bourdieu― y con frecuencia defienden el meme como recurso subversivo en clave contracultural. ¿No es increíble la velocidad a la que están sucediéndose las distintas fases de este fenómeno artístico?

IS: Increíble —una palabra que alude a lo raro, lo inverosímil, lo prodigioso. La llegada del autor del ámbito de la comunicación mémica cambia las reglas del juego. Por eso creo que habrá exhibiciones, catálogos, museos, retrospectivas y demás. Es decir, la creatividad frenética del meme hoy es un momento importante en su historia y al cual veremos desde el futuro con especial interés. De ser una propiedad colectivista, está pasando a ser capital individual. Dicho de otra manera, el meme, un artefacto que surge desde el capitalismo, ahora está pasando por un período de individualización, de propensión a la propiedad privada, de control por sectores artísticos que en algún momento serán valuados con un precio que represente su valor histórico.

El shitposting me hace pensar en dos conceptos estéticos fundamentales, uno general y el otro exclusivo del ámbito chicano. El primero es el kitsch. Clement Greenberg, entre otros, escribió lúcidamente al respecto; Susan Sontag derivó las ideas de Greenberg en lo que ella llamaba el “camp”. El kitsch es el arte sentimental, pedestre, de baja calidad, cuyo destino son las masas. Está basado en la mímesis; es decir, copia la estética sofisticada, la democratiza y, al hacerlo, reduce su valor. El segundo concepto es el rascuachismo. Un objeto rascuache es de calidad inferior, pero —he aquí su valor— esa inferioridad es un acto de rebeldía, una actitud política.

Un automóvil en cuyos lados el dueño pinta calaveras, unas pantuflas con una imagen de la Virgen de Guadalupe, una lonchera despostillada con la fotografía de César Chávez. Un objeto rascuache tiene como destinatario un grupo minoritario que, al consumirlo, desafía a la cultura dominante. El kitsch, a su vez, es de consumo popular generalizado, digamos los paisajes pictóricos de Bob Ross. Lo camp no está lejos: su estética acentúa la superficialidad, la exagera absurdamente, a veces inyectándole humor.

Si el meme de por sí es mundanal, huidizo, provisional, el shitposting anuncia, como dices, una especie de acertijo: lo barato que deviene de lo que es ya escasamente valorado. O, como tú lo dices, lo pop dentro de lo pop. Me da la impresión, en ese sentido, que estamos ante un concepto que, aunque aparentemente simple, es, en su esencia, barroco. Porque el shitposting depende de la multiplicación de memes: llegan uno tras otro a alta velocidad. Su efecto, pues, es acumulativo, al igual que el estilo barroco, cuyo efecto es el abultamiento, la complejidad basada en la multiplicación de detalles. Borges —que, por cierto, era barroco— decía que el arte barroco termina por ser una parodia de sí mismo. Igual ocurre en el shitposting. Quien recibe estos memes, quien los descifra entra en un juego de imitación burlesca.

JAdT: En el fondo, esta conversación sobre memes y shitposting tiene mucho de kitsch: dicción académica, tono solemne, alusiones a Heidegger, Benjamin o Sontag, y todo sobre un término tan popular ―si no vulgar― que lleva la mierda en su propio nombre.

Pero cambiemos ligeramente de perspectiva. Si estamos de acuerdo en que el meme es un código semiótico ―de suficiente consistencia―, y que la realidad es un entramado de signos interpretables y discursos diversos, se deduce que convertir un segmento de realidad en meme es traducirlo, en la medida en que este proceso supone intercambiar significados y transformarlos. Cada meme, además, sería una traducción de otros memes que se sirven de la misma plantilla, porque los tiene en cuenta a la hora de llevar a cabo la transposición semiótica. Las últimas tendencias en traductología, tales como la postraducción,5 el outward turn,6 o la multimodalidad,7 reconocen la creación de memes como una traducción con todas las de la ley ―tanto como cualquier trasvase interlingüístico tradicional―, solo que conformada por materiales heterogéneos y a caballo entre varios tipos de discurso. Como especialista en traducción, Ilan, ¿cuál es tu visión de esta ampliación conceptual?

IS: Esa es la cualidad del meme que más me interesa: su traductibilidad. Traducir, en su esencia más íntima, es interpretar. Incluso una traducción robótica lleva consigo una dosis de subjetividad. Ya lo dije: el meme, como todo arte, es una traducción de una idea o un sentimiento. La pregunta clave es en qué consiste esa traducción. Puede que el meme adapte visualmente un concepto filosófico. O que ofrezca una combinación de sonidos e imágenes para esclarecer una posición política. ¿Cuáles son las herramientas que tiene su creador para ofrecer ese mensaje? A primera vista, esas herramientas son infinitas. Pero en realidad son bastante limitadas. Una vez que el memista entiende lo que quiere decir, necesita buscar, en el universo semántico del meme, equivalentes semánticos.

Me gustaría hacer un experimento en el que invitaría a traductores o teóricos de la traducción a “traducir” un meme. Nos les diría nada más para ver cómo interpretan la asignatura. Algunos harían una traducción de un idioma a otro, otros de un contexto espacial a otro,y otros más de unas coordenadas temporales a otras. Todas ellas son traducciones, claro, aunque su significado e impacto varían.

JAdT: Hay otro fenómeno que me llama la atención: lo que podríamos denominar sinonimia entre memes, a saber, el hecho de que surjan varios memes distintos para expresar una misma relación de ideas (y con idénticas implicaturas, a nivel pragmático). Por ejemplo, para transmitir que “x me gusta más que y (implicatura: y debería gustarme más que x)”, existen al menos dos memes: el del joven que camina junto a su novia (y)mientras mira con deseo a otra chica (x), y el de Drake, el rapero, rechazando un elemento x en la fotografía superior y prefiriendo un elemento y en la inferior.

Los ejemplos son muy numerosos y lo curioso de casi todos ellos es que, aunque luego se universalicen, cada meme emerge en un contexto cultural distinto; por ejemplo, el del joven con su novia se popularizó primero en España porque es una fotografía tomada en Girona, mientras que el otro lo protagoniza un cantante canadiense. ¿Acaso esto no nos lleva a pensar que los memes responden a una necesidad humana de expresión de relaciones complejas entre ideas, y que, al igual que las lenguas y las palabras, cobran distintas formas en función del contexto cultural?

IS: No creo que exista la sinonimia en el código memético. Lo digo porque, aunque aparentemente dos memes pueden ser idénticos, en realidad no son iguales. Digamos que esta es una cualidad menardista: todo meme es distinto por el simple hecho de que quien lo descifra inyecta una interpretación única.

Pero hablemos de un tema que no has tocado, Javier: la universalidad de los memes. Una de las características de este código es su fácil viabilidad a nivel global. Un meme viaja de manera instantánea de un lugar a otro del planeta. ¿Hay pues memes “locales”? Yo diría que, de hecho, todo meme es también local: surge de un contexto específico. Así pues, la universalidad del meme es también su localidad y viceversa. He allí su esencia global: es de alguien en particular, pero no tiene dueño, viene de un tiempo y un lugar pero trasciende esas coordenadas.

JAdT: Ahora que lo mencionas, acaba de venirme a la cabeza una reflexión que leí en Twitter hace casi un año y que, por no recordar quién lo dijo, cito de memoria: “Un buen meme es como un buen poema, en la medida en que expresa lo más íntimamente individual por medio de un lenguaje universal”. Toda forma de comunicación está a caballo entre lo local y lo global, en el fondo: siempre que hablo de mí mismo en particular, proyecto mi yo en el otro, me integro en la universalidad del mundo. El meme no es una excepción; además, como con frecuencia se sirve de imágenes que expresan emociones elementales ―personajes sonrientes, miradas pícaras, rostros furiosos―, su alcance designativo es enorme y su significado fácil de descifrar. Y es por eso por lo que, siguiendo el ejemplo que aporté antes, el meme de Girona puede viralizarse tanto como el de Drake, sin que el lugar de origen restrinja el proceso; tampoco lo restringe el tiempo, porque hemos visto ilustraciones medievales o retratos renacentistas convertirse en memes célebres de nuestra época.

A lo largo de la historia, ha habido innumerables intentos de encontrar un sustrato universal que subyazca a todas las formas de lenguaje humano. Me vienen a la cabeza, por ejemplo, la Poética de lo imaginario y la Mitocrítica de Durand, herederas del inconsciente colectivo de Jung. Quizá sea un tanto descabellado, pero en ocasiones concibo los memes en estos términos: formas que afloran como materialización artística de impulsos expresivos comunes a la mayoría de los seres humanos. Como si memes que tienen un significado análogo derivaran de un mismo arquetipo, de una misma idea o relación entre ideas ―oposición, identidad, adición, complementariedad. Dejemos a un lado el carácter esencialista y determinista de las propuestas de Jung y Durand; no asumamos que el lenguaje es manifestación de la memoria antigua del mundo y de las energías psíquicas fundamentales de una comunidad.

Tal vez estas coincidencias, más que tener una estructura profunda de índole romántica, no sean sino el fruto de la globalización. Pero sí que existe, creo, una tendencia del ser humano a la síntesis simbólica de todo aquello que siente y percibe, a aglutinar relaciones entre ideas y significados en signos complejos y colectivamente compartidos, de lo cual el meme es un claro ejemplo. Por ello es tan fácil que cualquier habitante del mundo se reconozca en un meme creado en las antípodas: la globalización ha propiciado el desarrollo de un imaginario colectivo común a diversas culturas.

La figurática de Arduini resume bastante bien esto que estoy expresando: según él, las figuras retóricas (la metáfora, la metonimia, la antítesis) “implican procesos universales de la expresividad […] que comprenden habilidades analíticas, simbólicas, abstracciones temporales, racionales, lógicas, lineales […], espaciales, intuitivas y globales”.8 Aquí la polémica: ¿podemos entender también los memes como figuras retóricas, como el resultado de los procesos biopsicológicos que rigen el pensamiento humano y su manera de estructurar el mundo de manera común a varias culturas? ¿Podría ser esta una de las claves de su universalidad?

IS: Tenemos la opinión equivocada en la civilización occidental de que la creatividad es una cualidad humana definida por la originalidad. En realidad, la originalidad no existe. Todo lo que decimos, lo que hacemos, lo que soñamos ya ha sido parte de otros, de aquellos que nos precedieron; y lo será también de aquellos que vendrán después de nosotros, de nuestros sucesores. Pero si la originalidad es una ficción, no así la individualidad. Cuando nosotros reconfiguramos un meme en Twitter, inevitablemente le damos un carácter único, propio de nuestras coordenadas existenciales. Acaso esa individualidad sea poco evidente a los usuarios, pero está allí, cifrada en el ADN del meme.

Pensemos en el lenguaje jeroglífico. Su característica básica es la representación. El sol tiene como símbolo un círculo del cual se desprenden pequeñas líneas. Es un lenguaje basado en la imitación. No creo que la metáfora, la sinécdoque, la hipálage y otras figuras retóricas dependan de una sofisticación superior; están insertas en el jeroglífico del sol, que es un sustituto del propio sol, así como la palabra sol es un símbolo que refiere al objeto que describe. Aunque la teoría de C. G. Jung sirvió de inspiración al fascismo nazi, la sugerencia de que no nacemos vacíos, una tábula rasa, sino que contenemos, en nuestra esencia, un banco de datos ancestral y universal, es decir, que nos une a nuestros antepasados y asimismo a nuestros contemporáneos, es, a mi gusto, sensata.

Vuelvo al Talmud, que es una de mis fuentes de inspiración. Ese manual dentro del vasto libro que es el universo repite, una y otra vez, que somos avatares de un momento y un espacio específicos. Ese espacio y ese tiempo no nos pertenecen, al menos no del todo. Fueron de otros antes que nosotros y también serán de otros después. Esos avatares están unidos por una esencia que se prolonga. Dicho de otra manera, somos personajes únicos en ese gran libro e igualmente somos meras marionetas de una narración que nos rebasa y cuyo sentido jamás entenderemos del todo. Los memes son falsas instantáneas de la individualidad. Dependen de lo local porque el autor les da un carácter propio; pero, al ser entendidas como símbolos universales, contribuyen y simultáneamente se pierden en la vorágine de una narración infinita, sin principio ni final.


1 Vidal Claramonte, Á. y Stavans, I. “On Memes as Semiotic Hand-Grenades: A Conversation”, en Lee, T. K. y Dingkun, W. (eds.), Translation and Social Media Communication in the Age of the Pandemic, Londres/Nueva York, Routledge, 2021 (en prensa).

2 Maitland, S. “What Can Memes Teach Us About Cultural Translation?”, conferencia impartida en la Universidad de Edinburgo, 16 de octubre de 2019.

3 Cassirer, E. Antropología filosófica: introducción a una filosofía de la cultura, Trad. Eugenio Ímaz, Ciudad de México, FCE, [1944] 2005.

4 De Certeau, M. Heterologies. Discourse on the Other, Minneapolis, University of Minnesota Press, [1986] 2000, pp. 193-194.

5 Arduini, S. y Nergaard, S. “Translation: A New Paradigm”, Translation, 0, 2011, pp. 8-17. Gentzler, E., Translation and Rewriting in the Age of Post-Translation Studies, Nueva York/Londres, Routledge, 2017.

6 Bassnett, S. y Johnston, D. “The Outward Turn in Translation Studies”, The Translator, 25(3), 2019, pp. 181-188.

7 Boria, M. et al. (eds.). Translation and multimodality. Beyond words,Londres/Nueva York, Routledge, 2020.

8 Arduini, S. Prolegómenos a una teoría general de las figuras, Murcia, Universidad de Murcia, 2000 p. 145.

 

[Ilustración: Víctor Solís – fuente: http://www.nexos.com.mx]

Nunca as metrópoles brasileiras precisaram tanto de uma revolução na mobilidade urbana. Um conjunto de ativistas e pensadores está relançando um documento, um site e uma proposta de luta por este tema. Veja o que eles pensam e pretendem

Publicado por João Luiz da Silva Dias, Juliana Afonso, Lúcio Gregori e Roberto Andrés

Em meados de 2014, reunimos duas pessoas responsáveis por experiências significativas de gestão pública do transporte no Brasil: Lúcio Gregori, que havia sido secretário de Transportes de São Paulo na gestão de Luísa Erundina (1989 – 1992), e João Luiz da Silva Dias, que havia sido presidente da BHTRANS na gestão de Patrus Ananias (1993 – 1997), em Belo Horizonte.

A importância histórica dos dois era significativa. Em suas gestões, foram feitas algumas das primeiras licitações do transporte público em cidades brasileiras. Em Belo Horizonte, o trabalho resultou em uma das tarifas mais baixas do país à época e em uma série de melhorias na especificação das frotas. Em meados da década de 1990, com o caixa positivo, a prefeitura chegou a oferecer gratuidade (chamada Passe Passeio) em domingos e feriados. O resultado foi uma explosão de gente circulando pela cidade nesses dias. Essa história pode ser conhecida nesse relato de João Luiz da Silva Dias para o livro Escavar o Futuro.

Em São Paulo, Lúcio Gregori se havia tornado secretário de Transportes um pouco por acaso. Problemas políticos geraram um vácuo na pasta e o então secretário de Obras assumiu interinamente os Transportes. Ainda assim, ele concebeu uma proposta um tanto ousada: subsidiar completamente o sistema, tornando o transporte gratuito no momento do uso (como ocorre com saúde, educação, iluminação pública etc).

Naquele momento, eram raríssimas as experiências de Tarifa Zero mundo afora. A gestão apostou na proposta e a prefeitura fez um interessante debate público na cidade, resultando em maioria da população favorável. O financiamento da tarifa se daria por aumentos na alíquota de IPTU, de forma progressiva (onerando mais os mais ricos). Mas a proposta não avançou na Câmara de Vereadores. Ainda assim, a gestão promoveu a municipalização do transporte e uma contundente melhoria da oferta. Essa história pode ser lida no livro lançado recentemente por Lúcio e outros autores.

Descaminhos políticos nas duas cidades fizeram perder muito dos avanços proporcionados nas duas gestões. Mas, no rescaldo das manifestações de 2013, uma nova geração de ativistas pelo transporte buscava recuperar o legado de experiências anteriores. Daí surgiu a ideia de fazer um encontro entre os dois gestores, que não se conheciam pessoalmente, embora João Luiz tenha sido autor de um dos primeiros artigos com argumentação econômica favorável à Tarifa Zero, publicado no mesmo ano em que em São Paulo se disputava a proposta.

Da conversa com os dois especialistas e membros do movimento Tarifa Zero BH surgiu um grupo de trabalho que elaborou as propostas de uma Política Nacional de Mobilidade Urbana, em seguida lançadas no site Mobilidade Brasil. O país estava às vésperas da primeira eleição após as revoltas de 2013, em que a pauta do transporte público acendeu as ruas de centenas de cidades e entrou no centro do debate político. Nossa avaliação, naquele momento, era de que havia ainda muito a avançar. Conforme o texto de apresentação da proposta:

“As manifestações de junho acenderam o tema da mobilidade urbana e do subsídio da tarifa no Brasil. Mas não nos enganemos: de lá para cá, quem está ganhando a disputa são os empresários do transporte. Políticas de subsídios e desonerações fiscais sem efetiva transparência, além da falta de recursos para políticas públicas, servem apenas para aumentar a margem de lucro das empresas que prestam serviços precários, ineficientes e caros.

Por outro lado, a dificuldade dos municípios e das regiões metropolitanas em arcarem com a gestão de transportes coletivos de boa qualidade e com os subsídios que os tornem acessíveis a toda população coloca a urgência da discussão de um conjunto de ações em nível nacional, em prol da mobilidade urbana.”

Nosso diagnóstico era de que, sem subsídio ao transporte público, não haveria condições de prestar bons serviços à população e tampouco promover a universalização do acesso às cidades, às oportunidades de emprego, serviços de educação e saúde. Entretanto, a implementação de subsídios sem avanços na regulação, controle popular, efetiva gestão pública e mudanças nas formas de licitação, poderia resultar na drenagem de recursos públicos pelas empresas de ônibus sem melhorias dos serviços.

De lá para cá, muita coisa mudou no Brasil. Outras não saíram do lugar. Os sistemas de transporte coletivo urbano seguiram mal regulados, com licitações equivocadas que remuneram as empresas por passageiro transportado (confundindo receita com custo e estimulando a superlotação), sem fontes de subsídio público. É importante lembrar que nas cidades de diversos países que oferecem transporte público de boa qualidade, parte substantiva das receitas dos sistemas advém de subsídios públicos ou receitas extratarifárias.

O modelo precário brasileiro seguiu em franca deterioração até ser atingido por uma pandemia, que escancarou sua ineficiência, falta de adaptabilidade e perversidade. Baseados, com poucas exceções, unicamente nas receitas dos passageiros, os ônibus brasileiros ajustaram a oferta com a queda da demanda, resultando em manutenção ou aumento das lotações. Um serviço essencial para o deslocamento da população tornou-se engrenagem de matadouro, contribuindo para espalhar o vírus.

A queda da demanda e as mudanças de hábito pós-pandemia ameaçam levar ao colapso um sistema que já estava periclitante. Nesse contexto, atores da sociedade civil, de governos e do empresariado buscam encontrar soluções para o transporte público. O momento demanda a retomada do debate sobre políticas efetivas para regulação, gestão pública, controle popular e financiamento do transporte coletivo urbano, tomando as melhores práticas internacionais como referência.

Examinando as propostas apresentadas no Mobilidade Brasil em 2014, não deixa de ser triste notar a atualidade do documento. Apenas a primeira das propostas foi levada adiante: a aprovação da PEC 74, que inscreveu o transporte como direito social no artigo 6º da Constituição. Falta, entretanto, tornar esse direito realidade: a educação e a saúde não seriam direitos efetivos se houvesse catracas nas portas das escolas e dos postos de saúde.

Nesses sete anos que se passaram desde a elaboração da proposta, algumas coisas se moveram. Cada vez mais cidades mundo afora adotam o subsídio integral do transporte urbano, conhecido como Tarifa Zero. Hoje, o site Free Public Transport enumera mais de 150 cidades com situações de gratuidade (total ou de algumas linhas) do transporte urbano. A proposta revolucionária de Gregori e companhia vem tornando-se realidade cada vez maior.

As maiores cidades que adotaram a política o fizeram nos últimos anos, como é o caso de Tallinn, capital da Estônia, de quase 500 mil habitantes (2013), e Cascais, cidade de mais de 200 mil habitantes em Portugal (2020). No Brasil, Maricá, no estado do Rio de Janeiro, com mais de 160 mil habitantes, iniciou a transição para a gratuidade em 2013, também como resposta às Revoltas de Junho, enquanto Caucaia, no Ceará, cidade de mais de 400 mil habitantes, adotou a política em 2021. Luxemburgo tornou-se o primeiro país no mundo a universalizar a gratuidade no transporte em 2020.

Os exemplos brasileiros mostram que a política é possível, mas as melhorias efetivas só se vão disseminar e consolidar se houver uma estruturação nacional, que atue na regulação, construa fontes sólidas de subsídio e políticas industriais para o setor. Essas propostas estão apresentadas no documento do Mobilidade Brasil. Recentemente, uma nova proposta de subsídio tem sido colocada por Lúcio Gregori: a instituição de uma taxa ou contribuição pelo uso do sistema viário, uma proposta alternativa ao pedágio urbano – que teria caráter regressivo – de taxação dos automóveis pelo uso das ruas, que oneraria mais os veículos mais caros, espaçosos e poluentes, e que seria destinada a subsídio do transporte público.

Nesse dia 26 de outubro de 2021, dia nacional de lutas pelo Passe Livre, relançamos o site Mobilidade Brasil. Optamos por, neste momento, manter o texto original da formulação elaborado em 2014. A proposta segue atual, em linhas gerais, embora mereça algumas atualizações. O importante debate sobre a busca por uma mobilidade antirracista e com igualdade de gênero avançou bastante no país e deve permear propostas como esta. Acreditamos que essa atualização pode ser feita junto a outras entidades, movimentos e coletivos que atuam no tema, em um esforço de coalizão para pautar o ano eleitoral de 2022.

Que este caminho possa ser construído a muitas mãos e que a recuperação do Brasil após um momento tão grave da nossa história dê-se junto à recuperação de um serviço público essencial para a população, que impacte diretamente as condições de vida dos mais pobres e cujo fortalecimento se torne central para cidades mais justas e de baixo impacto ambiental, em contexto de crise climática.

João Luiz da Silva Dias é economista, foi presidente da BHTRANS e da CBTU.

Juliana Afonso é jornalista e militante do Movimento Tarifa Zero BH, organização articuladora da proposta do Mobilidade Brasil

Lúcio Gregori é engenheiro e ex-secretário de Transportes da cidade de São Paulo

Roberto Andrés é urbanista e professor da UFMG, foi membro do Tarifa Zero BH e um dos fundadores da revista Piseagrama

[Fonte: http://www.outraspalavras.ne]

O congreso sobre a autora abordou o seu papel intelectual na crise do 98

Emilia Pardo Bazán

A casa-museo Emilia Pardo Bazán acolleu onte a terceira xornada do congreso internacional sobre a escritora, no que diversos especialistas abordan a súa figura e obra desde distintas perspectivas. Unha delas foi a identificación que a autora fixo do decoro como unha opresión que impedía a realización das mulleres. «Pardo Bazán identificou o decoro como un obstáculo para as aspiracións das mulleres e a súa realización como suxeitos desexantes», salientou a académica Marilar Aleixandre, quen citou un artigo de Pardo Bazán sobre a cuestión, publicado en 1915 pola revista La Ilustración Artística. Aleixandre destacou catro ámbitos nos que a escritora tratou de impugnar ese atranco que se lles impoñía ás mulleres: a ambición fronte ao recato que se lle asignaba á condición feminina, a realización da súa vocación como escritora profesional, a apropiación de territorios masculinos na escrita e a linguaxe. «A construción da súa identidade como escritora, que supón unha deconstrución de representacións sociais, realízase tanto explicitamente na súa propia voz, en ensaios e en artigos, como a través da ficción», explicou Aleixandre. Nese proceso, Pardo Bazán fixo seus «todos os temas, incluso os innomeables que, máis alá dos referentes ao desexo sexual e ao pracer das mulleres, abranguen todo o relacionado coas súas experiencias físicas, como parir ou aleitar, e os de carácter teórico, vedados ás mulleres».

Na súa intervención, Aleixandre fixo fincapé no feito de que Emilia Pardo Bazán nunca agochase a súa identidade tras un pseudónimo masculino, senón que sempre teimou na proxección pública da súa figura.

Pola súa banda, o tamén académico Ramón Villares abordou o papel intelectual que desenvolveu a escritora durante a crise do 98. Foi a única muller que participou no informe sobre oligarquía e caciquismo que o Ateneo de Madrid lle encargou a Joaquín Costa, ao mesmo tempo que desenvolveu a súa posición, aliñada coas teses rexeneracionistas, en artigos de prensa e conferencias. «Nin Unamuno se expresou como ela fixo, nin Azorín, nin moitos dos que coñecemos como Xeración do 98 se expresaron coa contundencia e co rigor que ela se expresou sobre esta crise nacional», afirma Villares, quen sostén que o claro posicionamento público de Pardo Bazán a sinalou como intelectual ademais de escritora.

 

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Con el confinamiento los significados de lo público y lo privado se han desplazado para crear posibilidades híbridas, plantea este ensayo

Fotograma de ‘La ventana indiscreta’ (1954), de Alfred Hitchcock

Escrito por SANTIAGO ECHARRI COTLER 

Cuando uno se atreve a pensar la arquitectura, para esgrimir alguna idea sobre este amplio mundo en constante producción, suele sentir el impulso de salir a la calle y recorrer la ciudad como si en algún lado se escondieran las palabras que busca. Con el exterior clausurado, al menos para actividades que no se consideran esenciales –como el paseo y el tiempo ocioso–, habrá que encontrar algún pensamiento nuevo en los espacios que nos resultan más conocidos: nuestras propias casas.

Hace unos meses, cuando la pandemia se extendía por Europa como una ola que pronto rompería en nuestro continente, parecía inverosímil la idea de que todo esto pudiera pasar. Esta incredulidad, típicamente humana, fue abordada por Albert Camus en La peste (1947), cuando escribió que las plagas –o las epidemias– no están hechas a la medida del hombre. Por ello nos decimos que la plaga es irreal, un mal sueño que pasará. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan.

Los Homo urbanus, habitantes de las grandes ciudades, tardaremos más en superar la pandemia, fenómeno históricamente ligado a las urbes por su característica concentración poblacional y su relación con el comercio y el flujo de personas. Desde que la arquitectura perdió el vértigo, estas particularidades, surgidas de la densificación, han marcado el crecimiento y la forma de las ciudades, dislocando y reorganizando las formas de socialización y los modos en que pensamos lo privado y lo público.

Gail Albert Halaban, de la serie Out My Window, Paris (2012)

Cada vez vivimos más juntos, gracias a las posibilidades estructurales y formales abiertas por la modernidad, con lo que se ha creado una privacidad pública. En la ya no tan nueva arquitectura, con las fachadas liberadas de la estructura, los vanos se extienden en el exterior. Tal vez la mejor forma de entenderlo es la imagen propuesta por Beatriz Colomina: la arquitectura moderna como una toma de rayos X. A esta transparencia hay que sumar una nueva ventana virtual, cada vez más presente con la transferencia de lo laboral y lo escolar a lo doméstico a causa de la pandemia. Esta ventana expone el interior ya no a la calle sino a otra pantalla.

Crecí en una unidad habitacional construida hace más de medio siglo, cuando el Estado tenía una agenda modernizadora, especialmente clara en sus proyectos urbanos y arquitectónicos. Los edificios del conjunto se esparcen entre jardines y áreas comunes. Los departamentos tienen en cada habitación una ventana de piso a techo desde la cual, según sea la suerte, puede verse un jardín, un estacionamiento o, algo que ahora me parece más interesante, las ventanas de los edificios vecinos, donde asoma la privacidad de otros habitantes.

Cuando yo salía en las madrugadas a tomar el camión que me llevaba a la escuela podía ver, aunque aún no había luz del sol, la silueta de personas bañándose detrás de un vidrio esmerilado. Al regresar de clases, mientras subía las escaleras hasta mi casa, recorría con la nariz los olores de las comidas que se preparaban en otros departamentos. De forma no tan placentera, a veces tocaba escuchar una discusión acalorada de la pareja de arriba, en horas poco afortunadas. Guadalupe Nettel, que creció también entre los edificios de Villa Olímpica, escribió en su novela autobiográfica El cuerpo en que nací (2011) cómo presenció desde su ventana el suicidio de una vecina en el edificio de enfrente.

Las actividades privadas y las situaciones íntimas, desde la reproducción de la vida hasta la muerte, se han vuelto públicas gracias a la arquitectura que transparentó las fachadas y a la ciudad que nos juntó.   

Las actividades privadas y las situaciones íntimas, desde la reproducción de la vida hasta la muerte, se han vuelto públicas gracias a la arquitectura que transparentó las fachadas y a la ciudad que nos juntó. Esta experiencia, en tanto fenómeno sensible, se intensifica en el encierro y abre la posibilidad de pensar estas características como parte de la forma estética de una arquitectura que nos expone a la privacidad pública. Este cruce de lo público y privado encuentra su condición de posibilidad en esta manera de organizar la ciudad y construir los espacios habitables. Tal vez no haya mejor demostración que la película de Alfred Hitchcock La ventana indiscreta (1954), donde Jeff, el protagonista, se ve privado del exterior al romperse una pierna, lo que lleva su atención a las historias privadas que revelan las ventanas de los edificios vecinos.

Privacidad pública es, antes que nada, un oxímoron. ¿Puede, entonces, convertirse en una idea operativa? Aunque la distinción de lo público y lo privado parece en primera instancia somera, posee un amplio plexo conceptual, con importantes derivaciones y campos de acción diversos. Las formas de entender estos ámbitos no son unívocas ni permanentes, y no han sido las mismas a lo largo de la historia.

Fotograma de La ventana indiscreta (1954), de Alfred Hitchcock

De acuerdo con Norberto Bobbio, una cualidad del par conceptual es su posibilidad de dividir el universo en dos esferas, conjuntamente exhaustivas y recíprocamente exclusivas, donde ningún elemento queda fuera de la distinción ni puede pertenecer a ambas de forma simultánea. El rigor con el que se definen y separan las esferas según esta lógica no es traducible al ámbito de la arquitectura y el urbanismo, bastante más poroso y laxo, donde de forma usual aparecen conceptos como semipúblico o el curioso acrónimo anglosajón POPOS, que hace referencia a los Privately Owned Public Open Space (espacio público abierto de propiedad privada).

Desde las inestables formas de pensar lo público y lo privado en la ciudad propongo pensar la idea de la privacidad pública, en la que ambas esferas se intersecan como círculos de un diagrama de Venn y generan un espacio intermedio, compuesto por partes de ambas. Pero ¿qué es lo público y qué lo privado? Más importante: ¿por qué esta experiencia se vive como una privacidad pública? Las formas de entender esta distinción suelen relacionarse, siguiendo a Nora Rabotnikof, con el ámbito de lo colectivo y lo individual. Lo público adquiere un carácter político, el de lo visible en contraposición a lo que permanece oculto, lo que se abre a un público a diferencia de lo que se cierra, como la propiedad privada. A pesar de que los principales estudios sobre lo público y lo privado corresponden principalmente a la política, la sociología, la filosofía y el derecho, la ciudad y la casa siempre han aparecido como el lugar por antonomasia para pensar estas categorías. Tanto en Hannah Arendt como en Jürgen Habermas, e incluso en Dominique Laporte, la urbe es el espacio en el que se contraponen ambas categorías.

A pesar de que los principales estudios sobre lo público y lo privado corresponden principalmente a la política, la sociología, la filosofía y el derecho, la ciudad y la casa siempre han aparecido como el lugar por antonomasia para pensar estas categorías.   

Desde que la propiedad privada reclamó importancia pública en el siglo XVII, la esfera privada perdió el sentido que tenía para la antigua ciudad-Estado y, con la modernidad, se asoció la privacidad a una intimidad libre y colmada (Habermas, Historia y crítica de la opinión pública, 1962). Esta forma de privacidad pública existe desde el momento en que las cosas dejan de solo ser lo que son en un ámbito privado y aparecen, de forma visible –o mejor: sensible–, para el resto (Arendt, La condición humana, 1958).

Si bien esta cualidad estética ha encontrado su camino en varias artes, en el confinamiento aparece con especial contundencia, ya no solo a través de los vanos de los edificios sino también por medio de las ventanas virtuales, cuando las actividades laborales y educativas se realizan en el espacio doméstico, que aparece para el público de la videoconferencia. Así, la estética del encierro, que se manifiesta en la forma de una privacidad pública, se extiende desde nuestras ciudades y edificios hacia las nuevas formas laborales y educativas, que exponen la intimidad y la hacen perceptible al exterior.

En el encierro aparece la posibilidad de volver a pensar un mundo que parecía plenamente conocido. Ante la pérdida del exterior, descubrimos desde nuestra propia casa un mundo de intimidad ajena. La ventana y la pantalla revelan una privacidad que, ahora más que nunca, se vuelve pública.

 

[Fuente: http://www.latempestad.mx]

Comentário sobre a exposição, marco histórico das artes plásticas no Brasil.

Roberto Magalhães, Sem Título, 1965, Reprodução fotográfica: Paulo Scheuenstuhl

Por CELSO FAVARETTO*

Mais que uma exposição de jovens e talentosos artistas brasileiros e de representantes estrangeiros do “novo realismo”, a mostra de 1965 foi o momento em que os artistas plásticos voltaram a “opinar”, artística e politicamente. Opondo-se, quase todos, à abstração, associavam-se às tendências internacionais de uma “nova figuração”, de renovação da imagem, inclusive com ressonâncias pop. De modo mais ou menos explícito, em boa parte deles a alusão ao contexto sociopolítico manifesta a atitude de inconformismo face à situação provocada pelo golpe de 1964.

Assim como ocorria em outras áreas artísticas e culturais, estes artistas respondiam ao imperativo do momento: articular linguagens que dessem conta da rearticulação estética e das exigências ético-políticas da reação ao regime militar. O imaginário da ruptura e da invenção imbricava o artístico e o político, pelo menos nas propostas mais eficazes: aquelas que, diferentemente da politização direta dos anos anteriores, não distinguiam renovação estética e crítica política.

A denominação do espetáculo-show, “Opinião”, de dezembro de 64, já criara o signo feliz: a música de Zé Kéti, cantada por Nara Leão e depois por Maria Bethânia, dava o mote para a contestação: “Pode me prender/pode me bater/que eu não mudo de opinião”. Uma opinião que, em toda parte, significava inconformismo e resistência, hoje desatualizados. Embora diversos na contundência, o show do Teatro de Arena e a exposição geraram direções para a maioria das manifestações que estenderam (e distenderam) o signo da contestação até dezembro de 1968.

À Opinião 65 seguiram-se Propostas 65, Opinião 66, Nova Objetividade Brasileira (1967) e outras. Heterogênea, sem constituir-se, propriamente, num movimento com unidade de pensamento, a atividade dos artistas plásticos constituiu uma posição específica da vanguarda brasileira, considerada por Hélio Oiticica “um fenômeno novo no panorama internacional”.

O específico e o novo referem-se ao modo como a redistribuição estética, processada em todos os centros artísticos, foi aqui transfigurada culturalmente, pois, além de veicular toda sorte de inovação, articulou a crítica da arte (e do sistema de arte) à contestação política com particular eficácia. É a proposta de participação coletiva, que desintegra o objeto da arte e implica redimensionamento dos protagonistas (artistas e público), que no Brasil foi novo e singular. Em Opinião 65 já havia mostras disso, pelo menos com os “parangolés” de Hélio Oiticica, muito embora obras de Escosteguy, Vergara, Gerchman, Antonio Dias e Flávio Império, por exemplo, também indicassem caminhos determinantes da arte do período.

A exposição de 65, no Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro, foi idealizada pelo marchand Jean Boghici, da Galeria Relevo, e pela crítica de arte Ceres Franco, que vislumbraram conexões entre o trabalho de artistas brasileiros interessados na “volta à figuração” e alguns artistas franceses ou residentes em Paris que iam na mesma direção, inclusive na preocupação político-social. A iniciativa tinha por objetivo a atualização do meio artístico, aliando contribuição estética e visão de mercado. E isto foi também importante, pois evidenciou artistas desconhecidos ou pouco conhecidos e iniciou o processo de “dialetização” do meio.

O confronto serviu para diferenciar claramente o “novo realismo” europeu das experimentações brasileiras, tanto no trabalho com a imagem e nas maneiras de oposição ao informalismo e ao concretismo, como na figuração (ou alegorização) do político. Embora a intenção não fosse propor uma “ótica política”, como várias vezes declararam Jean Boghici e artistas participantes, o resultado não a desmentia, começando pela designação da mostra e traduzida em várias obras expostas. Expunham-se tendências diversas, do pop ao realismo mágico, dos objetos neoconcretos e neodadá ao figurativismo expressivo. Mas, em tudo, pretendia-se ser “anti” e “contra”.

*Celso Favaretto é crítico de arte, professor aposentado da Faculdade de Educação da USP e autor, entre outros livros, de A invenção de Helio Oiticica (Edusp).

 

 

[Fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]