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Escrito por Mar Centera

«Pelotudo». El insulto argentino más universal se pronuncia con la pe y/o la te muy marcadas, aun en estos tiempos de covid-19, donde las diminutas gotas de saliva que expulsamos suponen un riesgo nuevo. «Pelotudo» puede escucharse en los prolegómenos de una pelea callejera, se grita a menudo de un automóvil a otro por una mala maniobra de tránsito, frente al televisor al ver un partido y, más fuerte que en ningún otro lugar, en el estadio de fútbol.

«La cancha de fútbol es un lugar hecho para insultar, para descargar un montón de tensiones», admite el polifacético Pablo Marchetti, autor de Puto el que lee. Diccionario argentino de insultos, injurias e improperios. Hasta las personas más formales se transforman en las gradas del estadio en máquinas de lanzar barbaridades, una tras otra, con una inventiva tal que su fama ha traspasado fronteras.

Uno de los blancos favoritos de los últimos años de la selección argentina ha sido Gonzalo Higuaín. «Cementerio de canelones», «Terrorista de choripanes», «Arruinador de alegrías», «Andá a la concha de tu trola madre hijo de un camión Iveco lleno de putas, gordo fofo y la madre que te re mil parió», «¿Por qué no te atas la pija en la punta del obelisco y das vueltas como si estuvieras en una calesita?», pudo leerse en Twitter después de que el delantero fallase una clara oportunidad de gol en los primeros minutos del amistoso que Argentina jugó contra España en 2018.

El técnico de la selección en ese partido, Jorge Sampaoli, también recibió una catarata de improperios, centrados especialmente en su calvicie. «Sampaoli, hijo de un sistema solar rebosante de putas, cabeza de rodilla, salame, forro, la concha de tu hermana, metete en un cohete y aterrizá en una galaxia donde no se te pueda ver ni con un satélite, dedicate a esquilar ovejas, hacete coger por King Kong con malaria hdmp», escribió un tuitero. «Tobogán de piojos», «Flequillo de carne», «Cabeza de desodorante a bolilla», le dedicaron también.

Lionel Messi le persigue desde hace años la etiqueta de «pecho frío», en la eterna comparación con Diego Armando Maradona, el jugador más idolatrado del país y autor de célebres insultos como «la tenés adentro», conocida incluso por sus siglas, LTA, o «se te escapó la tortuga», entre otros.

Las puteadas en el fútbol no se limitan al estadio, a los livings de las casas ni a las redes sociales, sino que a veces son proferidos también por comentaristas de partidos, como Alberto Raimundi, hincha declarado de Gimnasia de La Plata, quien se ensañó con el árbitro tras un partido de su equipo contra Boca Juniors: «Totalmente ilícito y me chupa un huevo lo que piensen los demás. Se borró de la cancha, lo cual me da en las reverendas pelotas. La camiseta de Gimnasia hay que defenderla más allá de la hija de recontraputez total de este sorete hijo de cuatro cientos setenta sistemas solares repletos de putas hasta en los anillos de los planetas y los rayos de los soles».

En Argentina, el fútbol y la política tienen relaciones muy estrechas, por lo que no es de extrañar que uno de los insultos más famosos de los últimos años contra un mandatario naciese en la cancha para propagarse después por todo el país. El cántico arrancó en febrero de 2018, en el estadio de San Lorenzo, cuando recibió la visita de Boca Juniors, en ese momento en lo más alto de la tabla clasificatoria. En medio de un partido tenso, empezó como un susurro y de a poco aumentó su volumen, hasta volverse ensordecedor: «Mauricio Macri, la puta que te parió, Mauricio Macri, la puta que te parió».

En pocas semanas, el cántico contra el expresidente de Boca Juniors y en ese momento jefe de Estado de Argentina se popularizó en protestas callejeras contra el gobierno, actos culturales, bares y fiestas con mayoría peronista, mientras las siglas, MMLPTQTP, se estampaban en banderas, pines y camisetas.

«Los insultos son una de las áreas más dinámicas de la lengua y mi diccionario tendría que actualizarlo. No incluye, por ejemplo, la irrupción de insultos feministas», dice Marchetti. Estos son toda una novedad en una sociedad que tiene el sexo y el machismo como pilares de las palabrotas, donde sobresalen vergapijaporongapingogarompa o nabo como sinónimos vulgares del miembro viril masculino y concha y argolla del femenino en mil combinaciones que van desde el «¿por qué no me chupás/agarrás/lamés la pija?» al «andate a la recalcada concha de tu madre, forro».

En las multitudinarias manifestaciones a favor del aborto legal a mitad de 2018, el cántico contra el presidente se transformó así en «Mauricio Macri, la yuta [policía] que te parió». Ese mismo año, empezó a cobrar fuerza la palabra despectiva machirulo, definida por la Fundéu como «de origen incierto, aunque podría tratarse de un acrónimo a partir de macho y chulo o de macho y pirulo», que se emplea como neologismo para el “hombre machista, en ocasiones asociado a quien hace gala de esa condición”».

La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner la usó para referirse a su sucesor, Macri, cuando él pidió a los senadores y gobernadores peronistas «que no se dejen llevar por las locuras de Cristina». «Tratar de loca a una mujer. Típico de machirulo», escribió. Llamarse Tincho o Raúl en estos días tampoco goza de mucho prestigio, porque ambos nombres han quedado convertidos en sinónimos de machirulo.

En la actualidad «hay grupos insultados que se hacen cargo del insulto, lo usan y de esa manera lo neutralizan. Pensemos en los términos puto —con los putos peronistas a la cabeza —, el término puta —con las putas feministas a la cabeza— o negro villero y el orgullo villero de la cumbia villera. Algo que ya había comenzado con los equipos de fútbol. Bosterosgallinasleprososcanallascuervosquemerostatenguesnegros, etcétera. Son todos términos que nacieron como insultos y de los que los hinchas de esos clubes se hicieron cargo», subraya Marchetti.

El exceso de uso ha transformado algunas puteadas clásicas en vocativos neutros, como pasa con boludo en toda Argentina —che, boluda, ¿venís al asado hoy?—, o con culiao en el norte — ¿Qué hacé’, culiao?, ¿vamo’ a comer, culiao?—. Otras, en cambio, conservan intacto el poder de décadas atrás, como el pelotudo que defendió el escritor Roberto Fontanarrosa en 1994 frente al Congreso Internacional de la Lengua. «Hay palabras de las denominadas malas palabras que son irreemplazables, por sonoridad, por fuerza y por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o sonsa que es un pelotudo», dijo Fontanarrosa durante su discurso, en el que pidió una amnistía para las malas palabras.

La sonoridad es clave también en el desprecio que rezuma «sos un sorete», que podría traducirse como «pedazo de mierda», y su hipérbole, «sorete mal cagado». O en «forro», con la erre bien remarcada. Pero algunos insultos solo funcionan por escrito, como el de Riber —en vez de River Plate—, pintarrajeado hasta el cansancio en paredes y muros de redes sociales por sus rivales futbolísticos tras haber descendido de división en 2011.

Para Marchetti, es bueno «ponerle el cuerpo a un insulto, porque puede llegar a tener consecuencias», al ser a menudo la última frontera antes de la violencia física. «Hijoderremilputas pitocorto, bolsa de cuernos, hacé lo que se te cante del orto, infeliz», le dedicó una conductora a quien acababa de adelantarla sin poner el intermitente. El otro se limitó a levantar su dedo corazón como respuesta, pero poco después, cuando recibió un nuevo ataque verbal por otra maniobra incorrecta, detuvo el coche con ánimo de llegar a las manos.

Cuanta más distancia hay, más sencillo resulta insultar. En la cancha, uno insulta de lejos, y en Argentina, además, desde hace años, sin hinchada visitante. En cuarentena, encerrados en casa, esas largas enumeraciones de improperios tienen menos vías de escape. Esto supone un peligro para aquellos que, como Fontanarrosa, les atribuyen propiedades terapéuticas. «Mi psicoanalista dice que son imprescindibles incluso para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría —no quiero hacer, repito, una teoría ni nada— lo único que yo quería reconsiderar es la situación de estas malas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas, vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar», se despidió ante los atónitos académicos de la lengua.

 

 

[Ilustración: Tau – fuente: http://www.jotdown.es]

Escrito por DIEGO MANCERA

Rodolfo Guzmán Huerta (Hidalgo, 1917), más conocido como El Santo, cumpliría 99 años este día. El luchador se convirtió en un héroe de la cultura popular de México y en un icono pop mundial. Es por eso que Google ha decidido conmemorar su nacimiento con un doodle en América. La inmortal máscara plateada lo acompañó hasta el día de su funeral.

Guzmán Huerta creció en Tepito en la Ciudad de México, una de las zonas más peligrosas de la capital, no por nada le llaman el barrio bravo, también semillero de grandes boxeadores. Ahí El Santo se interesó por el béisbol, el fútbol americano y, por supuesto, por la lucha libre. En su juventud usó otros sobrenombres: Rudy Guzmán, El Hombre Rojo, El Murciélago II y El Demonio Negro. Su entrenador, Jesús Lomelí, le invitó a unirse a un grupo de luchadores que se vestirían de plateado, por lo que le sugirió un cambio de nombre. Así Rodolfo Guzmán dejó de existir para convertirse en El Santo, el enmascarado de plata.

El Santo forjó su legado no solo al vencer a otros luchadores en el cuadrilátero, sino también a mujeres vampiro, momias y zombis en las 54 películas que protagonizó, en ellas era el rockstar que viajaba en un automóvil descapotable blanco y con el pecho desnudo. El Santo fue una especie de Superman mexicano. Eso sí, para aparentar una mayor estatura tenía que utilizar unas alzas en las botas.

El público mexicano abarrotaba las arenas mexicanas cada noche para verle. Quienes le conocieron aseguran que aunque estuviera enfermo nunca faltó a una función. El Santo era un adicto a la lucha libre, un espectáculo que se popularizó en México a partir de 1933. Su carisma  le valió para aparecer en los cómics de los años cincuenta.

El misticismo de los luchadores mexicanos se basa en ocultar su verdadera identidad. El Santo la supo mantener hasta 1982, ya en el declive de su carrera. En un programa conducido por el periodista Guillermo Ochoa el luchador enseñó su rostro para demostrar que no estaba viejo, a pesar de que su porte ya no era atlético. Su voz era rasposa. Un año después lo volvió a hacer para el comunicador Ricardo Rocha, los productores acordaron no congelar la imagen, para tratar de mantener el secreto del Santo.

Pero la fecha más emblemática fue el 26 de enero de 1984. En aquella tarde decidió quitarse la máscara, por tercera vez, para el presentador informativo de Televisa, Jacobo Zabludovsky. El Santo murió 10 días después a los 66 años. Pero el legado continúa con El Hijo del Santo y su nieto, El Santo Junior, quien se estrenó en el nivel profesional en agosto pasado.

La leyenda de El Santo aún vive en las principales plazas de lucha libre a través de su mercancía. También en la inspiración para las generaciones de luchadores y en su museo, localizado en Tulancingo, Hidalgo, en el centro de México donde nació Rodolfo Guzmán. No obstante, su propio hijo, Jorge Ernesto Guzmán, reconoce que eso es insuficiente para valorar la trayectoria de su padre. “Al parecer a las autoridades mexicanas no les interesa. Es increíble que aprecien más el acervo de mi padre en el extranjero que en mi propio país”, dijo el Hijo de El Santo a EL PAÍS en marzo del año pasado. La santomanía no ha muerto.

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[De EL PAÍS – reproducido en sugieroleer.blogspot.com]

La voz carioca designa a los habitantes de la ciudad de Río de Janeiro y no es adecuado su uso como equivalente de brasileño.

Sin embargo, no es raro escuchar y leer, especialmente en las informaciones deportivas, frases como «La selección carioca eliminó a México en la tanda de penaltis», «La cita ante la selección carioca es de los partidos más factibles que va a encontrarse el combinado español en estos Juegos Olímpicos de Tokio» o «Los cariocas serán los rivales de la España de Unai Simón en la final de los Juegos Olímpicos».

El Diccionario de la lengua española define carioca como ‘natural de Río de Janeiro, ciudad del Brasil’ y ‘perteneciente o relativo a Río de Janeiro o a los cariocas’ y, por tanto, se desaconseja su empleo con el sentido más general de brasileño.

Así, en los ejemplos iniciales lo apropiado habría sido escribir «La selección brasileña eliminó a México en la tanda de penaltis», «La cita ante la selección brasileña es de los partidos más factibles que va a encontrarse el combinado español en estos Juegos Olímpicos de Tokio» y «Los brasileños serán los rivales de la España de Unai Simón en la final de los Juegos Olímpicos».

Además, se recuerda que el gentilicio que alude a los habitantes del estado de Río de Janeiro es fluminense.

 

 

[Foto: archivo EFE/Antonio Lacerda – fuente: http://www.fundeu.es]

Partons ensemble à la découverte d’Eshkol Nevo ! Petit fils de l’ancien premier ministre israélien Levi Eshkol, cet écrivain représente la nouvelle génération littéraire israélienne, celle qui succède à Amos Oz, Avraham B. Yehoshua, David Grossman… Découvrons deux romans de ce fervent ambassadeur de la fascinante littérature israélienne, traduit aujourd’hui en 72 langues.
 Jours de miel
Quand le riche Américain Jeremiah Mendelstrum décide de faire un legs à la Ville des Justes, en Galilée, afin que la municipalité y édifie un bain rituel à la mémoire de son épouse décédée, il ne sait pas encore que ce don va tout changer pour Anton et Katia, nouveaux immigrants russes dans un quartier excentré de la ville. Ni que les vies de la séduisante professeure de clarinette, Yona, et de Naïm, un jeune Arabe israélien chargé des travaux, seront bouleversées par ce chantier. Ni que leurs chemins croiseront celui de deux anciens kibboutzniks, Ayélet et Moché, venus dans la Ville des Justes après leur retour à la religion mais dévorés par une passion jamais éteinte. Tous se cherchent, se fuient, se retrouvent – parfois – pour mieux se perdre. Car les personnages de ce truculent roman sont tous en quête de l’autre moitié de leur âme. Un magnifique roman ou se mêlent espionnage militaire, miracles, ornithologie, musique et religion, pour le plus grand plaisir du lecteur.
 
Le Cours du jeu est bouleversé
En 1998, quatre amis trentenaires suivent la Coupe du Monde de football à la télévision. Regarder ces matches ensemble, Youval, Amihaï, Ofir et Churchill l’ont toujours fait, depuis leur adolescence à Haïfa. Du coup, pendant la finale, l’idée surgit d’en faire un jeu, en utilisant ce rendez-vous rituel comme un point de mire, et de noter sur des bouts de papier les désirs et les ambitions qu’ils aimeraient avoir satisfaits quatre ans plus tard, lors de la Coupe du Monde suivante…
 
Rien ne se passera comme prévu. Churchill, le plus ambitieux des quatre, se trouve au centre d’un scandale qui met en péril sa carrière de juriste, tandis qu’Ofir, le jeune loup de la publicité, se transforme en chantre de la médecine alternative après un séjour en Inde. Amihaï est engagé presque malgré lui dans un combat humanitaire après la mort brutale de sa femme, alors que Youval, solitaire et indécis, se fera le chroniqueur de ces années où les choix de vie sont décisifs.
 
Avec un sens certain du tragi-comique et une grande justesse de ton, Eshkol Nevo écrit non seulement sur la société israélienne d’aujourd’hui, mais aussi sur la fragilité de nos existences et la beauté de l’amitié.

 

Commandes : www.bibooks.co.il ou 0584020056
 
[Source : http://www.lphinfo.com]

Albert Richter (1912-1940) est, l’un des plus grands coureurs cyclistes allemands de l’entre-deux-guerres. Ce champion refusa d’incarner le modèle aryen, s’opposa à l’utilisation du sport à des fins de propagande nazie et aida Ernst Berliner, son entraîneur juif victime des persécutions antisémites du régime hitlérien. Ce qui lui coûta la vie. Un livre et un film diffusé sur Arte ont restitué la haute stature morale de ce champion. Le Tour de France a lieu du 26 juin au 18 juillet 2021.

Publié par Véronique Chemla

Pour les amoureux de la « petite reine », la figure d’Albert Richter est connue et source d’admiration.

Pour les autres, Albert Richter, le champion qui a dit non, documentaire passionnant, riche de photos et de témoignages inédits, réalisé par Michel Viotte (2005), diffusé par Arte, a restitué la stature d’un sportif exceptionnel, d’un homme attachant aux qualités physiques et morales – fidélité en amitié, courage, rectitude morale – remarquables.

Renate Franz, Andreas Hupke et Bernd Hempelmann ont également consacré une biographie « Der vergessene Weltmeister, Das rätselhafte Schicksal des Radrennfahrers Albert Richter » (Le Champion du monde oublié, l’énigmatique destin du cycliste Albert Richter) publiée aux éditions Emons (1998, rééditée en 2007 par Covadonga) à ce sportif au destin fulgurant hors du commun.

Ce champion est aussi évoqué dans l’exposition itinérante Le sport européen à l’épreuve du nazisme. Des J.O. de Berlin aux J.O. de Londres (1936-1948) au Mémorial de la Shoah (Paris).

Une passion précoce

Albert Richter est né en 1912 à Ehrenfeld, « quartier populaire de Cologne, une ville rattachée arbitrairement à la Prusse au XIXe siècle et dirigée par Konrad Adenauer, un homme à l’esprit indépendant ». Il grandit au sein une famille modeste et mélomane. Le père désigne un instrument à chacun de ses trois fils : le saxophone pour Charles, la clarinette pour Josef et la violon pour Albert.

Passionné par le vélo dans une ville qui vibre lors des manifestations sportives, le jeune Albert s’inscrit en cachette dans un club de cyclisme, sport populaire.

À 15 ans, il quitte l’école pour travailler dans une fabrique de figurines d’art et s’entraîne chaque soir, après son travail.

À 16 ans, il dispute des courses sur piste et sur route. Sa carrière débute, fulgurante. À 19 ans, il est déjà un amateur remarqué et prometteur : ses pointes de vitesse impressionnent. « Il dépasse les professionnels à l’entraînement et dans les courses », rappelle Lilo Nitsche, sa nièce. Les photos le montrent grand, blond, les yeux clairs, souriant. Ses proches évoquent son humour, son caractère chaleureux, sympathique et calme, voire un peu naïf, et un sportif très rigoureux dans sa pratique.

En juillet 1932, à l’âge de 20 ans, Albert Richter gagne le Grand Prix de Paris. Pour un photographe, il pose devant un magasin de cycles à Cologne dont la vitrine indique : « Notre Albert Richter a gagné le Grand Prix de Paris ». Le public le surnomme « le canon de Ehrenfeld ».

Ernst Berliner, ancien cycliste devenu entraîneur à Cologne, le remarque alors. « Une relation profonde, respectueuse, fidèle se noue entre le cycliste et son entraîneur, dépassant la différence d’âge et de religionBerliner lui révèle dès 1932 ses talents de coureur sur piste et de sprinter, et l’aide par ses conseils avisés à atteindre les plus hauts sommets » : champion du monde amateur en 1932, puis champion d’Allemagne professionnel sans discontinuité jusqu’à la Seconde Guerre mondiale.

« Mon père se revoyait en Albert. C’est pourquoi il a donné le meilleur de lui-même, pour qu’Albert soit parfait. Il n’a jamais eu de fils et cela lui manquait. Albert était un perfectionniste. Il savait que s’il écoutait mon père, il réussirait. Il passait du temps à la maison. Il aimait la cuisine de ma mère », se souvient Doris Markus, fille d’Ernst Berliner.

En septembre 1932, Albert Richter gagne sa première grande victoire lors du Championnat du monde de vitesse amateur à Rome, comme son compatriote Mathias Engel, médaille d’or en 1927.

Janvier 1933. Hitler arrive au pouvoir et impose en quelques mois sa dictature. Bientôt, Konrad Adenauer est destitué et banni.

Pour aider sa famille, et dans un contexte de grave crise économique, Albert Richter devient professionnel.

Il ne se sent pas d’affinités avec la nouvelle Allemagne qui se construit sur la haine, la violence, la fin de la démocratie et les discriminations.

Sur les conseils de Ernst Berliner, il s’installe à Paris. La France est le pays où « les champions de vitesse gagnent le mieux leur vie : la capitale compte quatre vélodromes et des courses y sont organisées toute l’année  ».

Albert Richter « apprend le français en fréquentant les cinémas et, après des débuts difficiles, triomphe au Vel d’Hiv, le Saint des saints, en remportant le Prix du sprinter étranger. En quelques mois, il devient l’idole du public qui apprécie son style fluide et puissant et le surnomme « la 8-cylindres allemande » ».

Il passe sa vie entre Paris, Cologne, où il passe quelques semaines par an pour voir sa famille, et les circuits internationaux, où il retrouve ses amis coureurs.

De 1933 à 1939, en six ans, ce champion international de la vitesse sur piste devient un familier des podiums internationaux, sans accéder à la plus haute marche. Il est l’un des « trois Mousquetaires » sprinters, avec le Français Louis Girardin, dit « Toto », et le Belge Jef Sherens.

« La force de caractère de s’opposer au régime »

Son aversion pour le régime hitlérien et sa résistance au nazisme, Albert Richter les manifeste tôt : en juillet 1934, il vient de remporter le championnat d’Allemagne de vitesse à Hanovre. Des spectateurs enthousiasmés affluent auprès de lui. Ils font le salut nazi. Seul, Albert Richter garde ostensiblement sa main droite sur sa cuisse et sa coude gauche posé sur l’épaule de son entraineur Ernst Berliner. Cette image est immortalisée par un photographe et publiée à la une d’un journal outre-Rhin. « Albert ne voulait pas saluer. Il était totalement anti-nazi. Les Nazis ont pris ça comme une gifle en pleine figure », commente Doris Markus.

En août 1934, Albert Richter concourt aux championnats du monde de vitesse à Leipzig en arborant l’ancien maillot sportif décoré de l’aigle impérial, alors que tous les autres membres de l’équipe allemande portent celui officiel à la croix gammée.

Fidèle à l’éthique sportive et à son ami juif, Albert Richter s’oppose au dévoiement qu’opèrent les Nazis. Ces derniers assignent au sport plusieurs missions : « restaurer le prestige de l’Allemagne, embrigader les esprits, former une élite militaire et préparer les Allemands à combattre ».

Cette opposition ferme, déterminée et calme aux Nazis, Albert Richter, protégé un certain temps par sa célébrité, est amené à la modifier sur les conseils de son entraîneur : il nuance ses propos et effectue à contrecœur le salut nazi. La surveillance dont il fait l’objet à partir de 1938, les pressions sur les cyclistes et la nomination d’un officier SS à la direction de la Fédération cycliste l’amènent à s’interroger sur son avenir en Allemagne. Il envisage de changer de nationalité.

Interdit en 1934 d’exercer son métier en raison de sa religion, Ernst Berliner est informé par un ami de son arrestation imminente par la Gestapo. Il parvient à fuir l’Allemagne avec sa femme et leur fille et rejoint en 1937 les Pays-Bas. Albert Richter refuse un entraîneur aryen et lui demeure fidèle. Tous deux se retrouvent dans les compétitions, notamment lors des championnats du monde d’Amsterdam en 1938.

1er septembre 1939. Albert Richter vient de remporter la médaille de bronze aux Championnats du monde de Milan. Pour gagner la médaille d’or, se préparent Jef Scherens et Arie Van Vliet. Soudain, on apprend l’invasion de la Pologne par l’Allemagne. La compétition est interrompue.

9 décembre 1939, Albert Richter est vainqueur au Grand Prix de Berlin. Ce francophile convaincu pressent que le conflit touchera bientôt la France, un pays qu’il aime et qui l’adule : « Richter, pas Hitler » crient les spectateurs du Vel d’Hiv. Cet homme refuse de combattre : « Je ne peux pas devenir soldat. Je ne peux pas tirer sur des Français, ce sont mes amis ! ».

Conscient que l’étau se resserre autour de lui dans son pays, refusant d’espionner à l’étranger au profit de l’Allemagne nazie, Albert Richter décide de fuir en Suisse par le train, emportant une paire de skis, son vélo et une valise où est cachée une importante somme d’argent destinée à un ami juif réfugié à l’étranger. Bien informés, les douaniers fouillent ses bagages et y découvrent l’argent. Albert Richter est incarcéré.

Trois jours plus tard, la Gestapo annonce le 3 janvier le suicide du champion … par pendaison. Son cercueil est scellé et on en interdit l’ouverture. Les Nazis salissent sa mémoire, et « condamnent au déshonneur et à l’oubli cette idole ». La Fédération allemande de cyclisme (DRV) diffuse alors un communiqué : « En trafiquant des devises pour un Juif, Albert Richter a commis un terrible crime, et le suicide était pour lui le seul geste qui lui restait à faire. Son nom est effacé de nos rangs, de nos mémoires, à jamais ». Malgré l’absence d’annonce du décès, « le cimetière est noir de monde », se souvient Lilo Nitsche, nièce du champion.

Albert Richter avait 27 ans. Le mystère demeure sur les circonstances de sa mort. Ce documentaire suggère qu’un ami cycliste de Albert Richter souhaitait en devenir l’entraîneur et l’aurait dénoncé pour le forcer à se séparer de Ernst Berliner, sans soupçonner l’issue tragique de son acte.

Ernst Berliner ne s’est jamais remis de la mort de son ami. Après-guerre, il vit aux États-Unis et se rend à Cologne pour persuader les autorités de mener une enquête afin d’élucider ce mystère et de réhabiliter le nom de son ami. Son action provoque « gêne et colère chez les anciens sportifs ». Ernst Berliner cherche à découvrir « les sportifs qui travaillaient alors pour les Nazis, pour établir la vérité. Quand mon père est revenu, ils ont été surpris de le voir vivant », se souvient sa fille.

À Cologne, un vélodrome porte le nom de ce champion.

Grâce soit rendu au documentaire de Michel Viotte de retracer sa vie trop brève, mais admirable. « Albert Richter est resté fidèle à ses convictions. Il ne s’est jamais renié : il a dit non, contrairement à la majorité des Allemands à l’époque », résume Mme Franz.

« Albert Richter, le champion qui a dit non »

Réalisé par Michel Viotte d’après une idée originale de Jean-François Joyet

ARTE France, Gedeon Programmes avec la participation de la RTBF, TSR et Ciel Ecran, France, 2005, 52 mn

Visuels : © DR

Départ de course. Sur la droite : Albert Richter et Ernst Berliner, son manager.

Albert Richter devant un magasin de cycles à Cologne. Sur la vitrine est inscrit : « Notre Albert Richter a gagné la Grand Prix de Paris ».

Les citations sont extraites de ce documentaire.

Mon article avait été publié en 2005 par Guysen en une version plus courte et sous le pseudonyme de Ray Archeld. Il a été publié sur ce blog le :
– 15 avril 2012 à l’occasion de l’exposition Des JO de Berlin aux JO de Londres (1936-1948) au Mémorial de la Shoah (Paris) ;

– 2 juillet 2015. Le Tour de France a eu lieu du 4 au 26 juillet 2015 ;

– 5 juillet 2016. Le Tour de France a eu lieu du 2 au 24 juillet 2016 ;

-20 juillet 2017. Le Tour de France a eu lieu du 1er au 23 juillet 2017 ;

– 26 juillet 2018 ;

– 18 juillet 2019. Le Tour de France a eu lieu du 6 au 28 juillet 2019 ;

– 18 septembre 2020. Le Tour de France a lieu du 29 août-20 septembre 2020.

 

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

Los hinchas holandeses animan a su equipo gritando “¡Hup, Holland, hup!” (“Vamos, Holanda, vamos”)

Los narradores periodísticos de la Eurocopa de fútbol asumieron a cierra­ojos la denominación “Países Bajos” para una nación a la que hasta ahora habían venido llamando “Holanda”, si bien en muchos casos conservaron el gentilicio “holandés” frente a “neerlandés” (derivado este del nombre oficial del país en su lengua: Nederland).

Lástima que esa unanimidad no se haya aplicado también para corregir errores flagrantes como “medirse a” en vez del correcto “medirse con”; o las pronunciaciones inadecuadas de nombres extranjeros como París San Yermén para París Saint Germain, donde se aproximaría más al nombre original decir París San Yermán; o sus siglas como Pe-ese-ye, en rara mezcla del deletreo en español y en francés (o se dice “Pe-ese-ge o se escoge Pe-es-ye, pero no la mezcla de ambas). Entre otros ejemplos.

En todo eso, no. Pero el periodismo deportivo sí se ha aplicado con notable disciplina en el asunto de Países Bajos. ¿Y de dónde viene esta moda?

La zona del actual Países Bajos (Nederland en su idioma) ha constituido históricamente un pequeño lío de nombres y extensiones. Esa denominación surge ya en el siglo XVI como la más habitual para un territorio en el que llegaron a estar comprendidas Bélgica y Luxemburgo. Y del mismo modo que en el siglo XVII se llamaba aquí “Flandes” a una extensión superior al condado de ese nombre, hoy en día “Holanda” es sólo una parte de los Países Bajos. Entre 1806 y 1813 (Napoleón mediante) el país pasa a llamarse “Reino de Holanda” (“tierra de maderas”), según había sido conocida cuando sus navegantes salían a conquistar el mundo desde las provincias costeras de Holanda del Norte y Holanda del Sur. Pero a partir de 1815 (tras Waterloo) su nombre oficial es de nuevo Países Bajos.

Ya en nuestros días, en 2020, el Gobierno holandés promovió una campaña destinada a que “Nederland”, con sus adaptaciones en cada idioma (“Países Bajos” en español), se impusiera a “Holland” y las suyas (“Holanda” en castellano). Así lo contó entonces en este diario Isabel Ferrer desde La Haya. A los holandeses les pareció que las versiones de “Holland” (usadas por ejemplo en España, Italia y Francia) remitían a la tradición, los molinos, los quesos y los tulipanes; mientras que “Nederland” se asociaba con la modernidad, la innovación, la pujanza. Pues no sé; a mí cuando he ido a Holanda me han interesado más las tradiciones, los molinos y los tulipanes que la economía industrial. Pero en fin, como dicen por Andalucía, el que la lleva la entiende.

Tras esa campaña, las federaciones deportivas internacionales empezaron a usar “Países Bajos” en vez de “Holanda”. Y les secundaron los periodistas.

Ahora bien, la denominación “Países Bajos” parece haber desatado más entusiasmo en España que en la propia Holanda. Es cierto que los holandeses se suelen presentar como neerlandeses, incluso si nacieron en las provincias llamadas Holanda, pero su Oficina de Turismo ofrece aún la ciberdirección Holland.comcuya versión en español recoge el término “Holanda” 35 veces. Por su parte, los hinchas holandeses gritan “¡Hup, Holland, hup!” (“¡Vamos, Holanda, vamos!”), título de una canción escrita en 1950 por Jan de Cler y Dico van der Meer (“¡no dejes que el león se quede parado en la camiseta!”).

Los holandeses creerán que su nombre oficial suena mejor que “Holanda”. No lo discuto, es su percepción; pero que sepan que, en la nuestra, Holanda siempre jugó mejor al fútbol que Países Bajos.

[Fuente: http://www.elpais.com]

Durante a Segunda República Española, o hóckey feminino en Galicia adiantou o masculino. Os equipos de «hóckeywomen» eran moi populares, contaban cunha apreciable afección e directivas conformadas por mulleres.

Un artigo de Raquel Fernández

Na década dos trinta do século XX, o hóckey sobre herba era o deporte de moda entre as rapazas de clase acomodada en Galicia. Os xornais da época axiña se familiarizaron co vocabulario estranxeiro utilizando o apelativo de «hockeywomen» para referirse ás xogadoras. A primeira cidade galega na que se conforman equipos de hóckey é Vigo. En novembro de 1932, créanse dúas agrupacións na cidade olívica: o Vigo Hóckey Club e o Atlántida Hóckey Club, que debutan un mes despois no campo de Balaídos. Estes equipos, constituídos antes que os masculinos, contarán con xuntas directivas compostas por interesantes mulleres que tomaron a iniciativa de pór en marcha un novo deporte no territorio galego.

O equipo de hóckey herba feminino do Atántida de Matamá en xaneiro de 1934.

Unha delas é a señorita Anita Bakker, filla do director do Cable Alemán e presidenta do Vigo H.C. Nada en Alemaña, aséntase en Vigo xunto á súa familia con tan só cinco meses. Anita fala catro linguas, estudou Alto Comercio, Economía Social e Política, e declárase partidaria do nazismo. O seu club é unha entidade mixta, pero a directiva está conformada unicamente por mulleres. Segundo comenta nunha entrevista, a idea de crear este equipo xorde tras a celebración do Día do Deporte, cando deciden organizar unha sociedade para poder actuar con maior liberdade. Outra curiosa afección de Anita eran as xincanas automobilísticas, nas que acostumaba participar como copilota.

María Antonia Sanjurjo (1910-1939), co uniforme do Atlántida hóckey Club.

Por outro lado, a presidenta do Atlántida H.C., María Antonia Sanjurjo era neta do empresario e inventor do submarino galego, Antonio Sanjurjo Badía. María Antonia estudou Peritaxe Mercantil, e posteriormente Dereito en Madrid. Na capital española alóxase na Residencia de Señoritas, unha institución que tiña entre os seus obxectivos promover a práctica do deporte entre as mulleres. Neste contexto, entra en contacto co hóckey sobre herba en 1932, cando se organiza o primeiro equipo na residencia. De volta en Galicia, no verán dese mesmo ano, crea xunto a dúas irmás e outras rapazas da cidade o Atlántida H.C. Cabe destacar, como singularidade, o seu compromiso político con Galicia, que a leva en 1933 a afiliarse ao Partido Galeguista. Nese ano, tamén lle propoñen ser presidenta da Federación de Hóckey de Galicia, sendo finalmente nomeada tesoureira.

Mentres as viguesas botan andar os seus equipos de Hóckey, o xornal coruñés El Ideal Gallego intenta animar as rapazas da cidade herculina a que realicen máis deporte, suxerindo que comecen polo hóckey, unha actividade deportiva ideal para ser practicada no inverno. Porén, detrás desta suxestión, estaba o interese de celebrar competicións entre equipos galegos ou cos doutras cidades españolas, como Barcelona, Madrid ou Bilbao.

A miss España e xogadora do Vértice Hóckey Club, Emilia Docet, na capa da revista Estampa.

Dous anos despois, en 1934, o número de equipos de hóckey en Galicia aumentara notablemente. Contamos xa co Vértice H.C. –no que xogaba Emilia Docet, Miss España e simpatizante do Partido Galeguista–, o Ártabro H.C. da Coruña –capitaneado por Maruca Allones, a primeira muller árbitro de hóckey feminino en España–, o Pontevedra H.C., o Ícaro H.C. de Ferrol e o Villagarcía H.C. Este último, protagonizará un curioso partido contra un equipo de oficiais do acoirazado Barham, un buque de guerra inglés que fixera unha parada na vila.

En 1934, o Atlántida H.C. capitaneado por Gloria Tapias, faise co título de campión de Galicia. De modo que viaxa a Madrid para participar no Campionato Español de Hóckey Feminino. Con todo, nesta ocasión, xogando contra o Club de Campo de Madrid, non terán a mesma sorte.

Gloria Tapias, capitana do Atántida H.C., e Pepa Chávarri, autora do primeiro gol dunha selección española de hóckey.

En ocasións, cando os equipos xogaban fóra das súas cidades, a afección organizaba excursións en autobús para ir animar a súa agrupación predilecta. De feito, no Festival do Deporte celebrado en Vigo en 1934, concorren seareiros chegados dende Pontevedra, Vilagarcía de Arousa e A Coruña. Tamén era habitual que os equipos forasteiros foran recibidos con grandes honores e ramos de flores. Porén, as xogadoras do Atlético de Madrid tiveron unha maior sorte, ao ser recibidas polas súas contrincantes do Atlántida de Vigo cunha gran festa no parque de Castrelos. As galegas vestidas co traxe rexional amosáronlles ás madrileñas as danzas e cantos tradicionais de Galicia, para posteriormente gozar do bufete e a música moderna da orquestra contratada. Segundo os xornais, a asistencia a este evento, que durou ata as dez da noite, chegou ao medio milleiro de persoas.

Ademais destas festas de recibimento, os equipos organizaban os seus propios bailes e festivais, moitas veces tras a celebración dos partidos. No caso do Vigo H.C., tiñan por costume organizar festas en datas sinaladas como o Nadal ou o entroido, o que nos permite observar como se disfrazaba a rapazada dos anos 30. Por outro lado, as xogadoras tamén exercían de embaixadoras do deporte facendo exhibicións en cidades galegas como Lugo ou Ourense, co fin de animar a outras mulleres a formar os seus propios equipos.

Equipo feminino de hóckey herba do Atlético de Madrid.

En 1935, o Ártabro da Coruña convértese en Campión do Norte contra o Club de Campo madrileño, o Campión do Sur. Así, o equipo coruñés entra a participar no Campionato de España. Por outro lado, neste mesmo ano o presidente da Federación Española de Hóckey selecciona á galega Gloria Tapias, capitana do Atlántida H.C., para ir xogar a Madrid coa selección española no primeiro partido de hóckey internacional celebrado no país contra as representantes de Bélxica.

En 1936, as xogadoras viguesas do Club de Campo e do Atlántida H.C. fusiónanse no Argos de Vigo co fin de representar a súa cidade no Campionato galego. Nese mesmo momento, a cidade olívica acolle por fin o Campionato de España de Hóckey Feminino no que se baten diferentes equipos españois, resultando o Argos o campión de Galicia. A cidade olívica xa fora proposta en 1933 por María Antonia Sanjurjo como escenario para a celebración deste evento, mais os desexos non se cumpriran até entón.

As xogadoras do Atlántida Hóckey Club, fundado en 1932 en Vigo por María Antonia Sanjurjo. Consello da Cultura Galega. Arquivo: Santiago Glez. Sanjurjo

As últimas noticias que temos das xogadoras galegas datan de 1936, cando doce rapazas do Ártabro e do Argos de Vigo son elixidas para formar parte do equipo da selección española que irá competir nos Xogos Olímpicos de Berlín, celebrados na Alemaña nazi. A partir da Guerra Civil española, os equipos galegos da época republicana desaparecen, e non é ata 1938 cando se crean dous novos equipos de hóckey feminino vinculados ao Sindicato Español Universitario. Posteriormente, crearase algún máis vinculado a esta entidade ou á Sección Feminina noutras cidades galegas. Mais nesta nova etapa do hóckey feminino en Galicia, as novas xogadoras e os seus eventos van ir perdendo protagonismo nos xornais da época.

O nacemento destes equipos de hóckey feminino nos anos 30, foi visto con moita simpatía por parte dos xornais. Iso si, daquela os xornalistas poñían máis empeño en resaltar a beleza física das xogadoras ca en narrar as súas fazañas, algo que segue a repetirse cunha frecuencia que ruboriza… Á poboación acostumada ao fútbol costoulle un pouco máis comprender este novo deporte. Non así as xeracións máis novas, que o recibiron con grande entusiasmo. En 1934, un xornalista dicía «Vigo me recuerda actualmente a las calles y plazas de Ámsterdam, pues por todas partes se ven sticks. Como en Holanda. Hasta los ‘peques’ improvisan sus ‘matchs’ en solares y playas».

Estas mulleres ben formadas e con opinión propia, conseguiron na década dos trinta, pór en marcha un deporte novidoso e diferente que causou grande interese entre o público. Seguindo a senda da modernidade, elas mesmas teceron todo un armazón organizativo vinculado ao deporte, que as levou tamén a organizar eventos festivos e sociais. Deste modo, as xogadoras galegas de hóckey sobre herba tomaron parte no escenario público, conectando Galicia con outras partes da Península e do estranxeiro, ao mesmo tempo que abrían espazos novos de encontro para as mulleres.

[Foto da apertura: equipo do Ártabro Hóckey Club da Coruña – fonte: http://www.luzes.gal]

 

 

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Escrito por Enrique Alpañés

Ander Izagirre salpica sus frases de «joderes» y las remata con «noes» en acento interrogativo. O quizá sea el vasco cantarín que este periodista imprime a su discurso, rico en inflexiones y en anécdotas. Se nota que vive de contar historias. Lo hace en ensayos, reportajes y libros, como el que está presentando ahora. Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey (Libros del KO) es un recorrido en bici que arranca en la Italia de principios del siglo XX. «Era un país recién hecho», explica Izagirre en el libro. «Y el ciclismo, como todo lo que venía del norte, iba explorando con aprensión los territorios ignotos del sur».

De esta forma, Izagirre empieza un libro de aventuras en el que lo deportivo se mezcla con lo histórico y lo social. Hay batallitas y batallas. Hay fascismo, comunismo y dos Guerras Mundiales. Hay pobreza, picaresca y espectáculo. Hay mucha Italia en este libro.

Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey nace de dos viajes. Uno que nunca fue, el que se frustró por un extraño virus que encerró a Ander Izagirre (y a media humanidad) en su casa durante tres meses. En lugar de volverse loco haciendo pan, él aprovechó para dar forma a todo el material que llevaba años recopilando sobre el Giro.

El segundo viaje, este fructuoso, fue el que hizo con su novia por media Italia al salir del confinamiento. Lo hicieron recorriendo en bici los senderos que luego describió tan bien en su libro. Entrevistando a muchos de los personajes que lo componen. «Me gusta mucho conocer el espacio y la geografía de las historias que cuento, entender los escenarios», explica el periodista. Estas ganas de conocer le han llevado a recorrer a pie los Apeninos (para su libro Cansasuelos), las depresiones geográficas más profundas del globo (Los sótanos del mundo) o las minas bolivianas (el multipremiado Potosí). Incluso se subió a otra bicicleta para recorrer las etapas del Tour de Francia (Plomo en los bolsillos).

El último libro de Izagirre analiza figuras míticas del ciclismo italiano como Coppi. Refleja el auge y caída de Pantani. Pero también se centra en destacar personajes alejados del podio y los focos como Florinda Parenti, campeona de Italia ninguneada por una prensa y una Federación tremendamente machistas. O Luiggi Malabrocca, que hacía lo imposible por quedar último en todas las etapas para ganar el premio de consolación y llevarse unas liras. Este libro habla del Giro, pero, sobre todo, habla de Italia. Habla de los italianos.

Y lo hace describiendo «un desfile de vampiros saltimbanquis, lunáticas, fascistas, partisanos, piratas y caníbales que pasó rodando desde los Alpes hasta Sicilia ante la puerta de millones de italianos». Conversamos con Izagirre, y de toda esta tropa de personajes decidimos empezar preguntando por los vampiros.

Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey. Es un título fuertecito. ¿Te importaría contarme la anécdota que lo inspira y cómo lo elegiste?

Es por un episodio del primer Giro de la historia, el de 1909. Era una prueba salvaje. Los ciclistas salían de noche para hacer 400 kilómetros por caminos de tierra. Estaban obsesionados con la comida porque no la tenían garantizada. Tenían que buscarse la vida por ahí. Su teoría era que había que comer todo el rato, lo máximo posible.

Y hay uno, Clemente Canepari, que cuenta que pasaba por una granja justo cuando estaban sacrificando a un buey. Estaban recogiendo la sangre en un cubo. Al verlo se bajaron tres ciclistas, se acercaron corriendo, cogieron el cubo y se lo bebieron. Pensaban que sería una buena fuente de energía para seguir pedaleando. Era el dopaje de la época. Y la verdad es que el título lo pusimos en el último momento.

Hacía listas y listas de títulos y ninguno me convencía. Y este se me ocurrió y, con un poco de temor, se lo propuse al editor. Me parecía arriesgar un poco porque es un título largo, es un título chocante, pero está funcionando bien. No creo que la gente lo confunda con un libro de recetas o nutrición deportiva.

No es la primera vez que hablas de una competición ciclista para describir un país. Ya lo hiciste con Plomo en los bolsillos y el Tour de Francia. ¿Qué es lo que tiene este deporte que sirve para vehicular la historia y la sociología de un país?

Es que el ciclismo, en sus orígenes, lo crean periodistas para crear una gran aventura y eso se nota. El Giro [competición creada por el periódico italiano La Gazzeta dello Sport en 1909] lo inventan para que el público vaya al quiosco a comprar el periódico. Por eso tiene ese esquema de relato por entregas, como los folletines. Cada día se escribe una historia con sus héroes y antihéroes, con sus secundarios. Con días en los que no pasa nada y otros en los que se pone todo patas arriba. Es que es casi un género narrativo en sí mismo.

El ciclismo es el reflejo de lo que está pasando en el país, de cómo son las carreteras, de cómo es el deporte, de cómo es el público y de la pasión con la que lo vive. El Giro tiene unas aventuras bastante peculiares. Y hay toda una gama de personajes muy especiales, ciclistas que pueden ser partisanos comunistas o guardias fascistas. Hay mujeres revolucionarias, hay bandidos. Esta es la historia del Giro, pero está todo el rato la historia de Italia como telón de fondo. Están las guerras, está la dictadura, el clima social.  El ciclismo, además, recorre un país geográfica y físicamente, y se adapta a sus circunstancias. Por eso creo que refleja muy bien la situación de un país.

¿Qué diferencias y similitudes has encontrado entre la historia del ciclismo en Francia y en Italia? ¿Qué comparación haces entre los dos libros?

Francia es un poco la cuna. El Tour nace antes. Italia va un poco a remolque, pero enseguida demuestra una personalidad propia muy fuerte. Es un rasgo que mantiene hoy en día. Creo que el Giro sigue teniendo más ingredientes de aventura que el Tour. Tiene una conciencia muy viva de su historia, sabe que ha sido siempre una gran aventura a través del país.

Incluso los elementos geográficos. Meten etapas por carreteras de tierra, suben montañas en mayo, que puede que haya una avalancha de nieve y se suspenda la etapa como ha pasado este año. Está más abierto a lo que era el ciclismo, a la épica antigua. Y cultivan mucho la nostalgia. Están retransmitiendo el Giro y, cuando suben a un puerto más alto, te ponen imágenes en blanco y negro de Coppi pasando por ahí mismo. Tienen un sentido muy vivo del escenario, de cuáles son los grandes escenarios míticos, de cuáles son las grandes historias del Giro.

El Giro es superconsciente de su historia y de su peculiaridad. Y el Tour aspira a ser una gran prueba global, como la Fórmula 1 o las ligas de fútbol. Aspira a enganchar a todo el mundo, y para eso tiene que ser muy medido para que la audiencia se mantenga hasta el último día. Yo diría, resumiendo, que el Giro es más salvaje.

Sí, y tu libro refleja muy bien ese lado salvaje. Describes cómo los ciclistas del norte bajan a un sur desconocido y exótico. Casi parece un Dakar o un viaje de aventuras.

Efectivamente, el ciclismo de hace 80 años era una prueba de supervivencia en condiciones extremas. Y a la vez, como dices, es una exploración del país. Italia es un país que tiene un problema territorial muy grave. Había una diferencia norte-sur brutal, el sur no tenía ni carreteras hace cien años. Esa brecha se mantiene hoy en día. Por ejemplo, hay muy pocos ciclistas del sur y muchísimos del norte. ¿No es curioso? Y esa exploración del país le da un toque de aventura, como si fuera el diario de un viajero. Es que se van a Sicilia en 1907 y para ellos es como una aventura orientalista en un lugar exótico.

Has contado las historias del Tour y las historias del Giro. ¿Para cuándo un libro sobre las historias de la Vuelta a España?

Entre un libro y otro han pasado 15 años. No tenía en mente hacer los dos libros cuando empecé. Pero he tenido una relación fuerte con Italia en estos últimos años, iba a menudo allí, he recopilando historias poco a poco, haciendo entrevistas y la verdad, las circunstancias han sido las que han sido. Yo he hecho este libro porque se me ha fastidiado un viaje largo que tenía el año pasado por culpa de la pandemia. Me quedé en casa tres meses a escribir el material que tenía adelantado.

En cuanto nos levantaron el confinamiento cogimos las bicis y nos fuimos a Italia. Y, de repente, me encontré con que había escrito medio libro en el confinamiento. Y dije, pues esto lo tengo que escribir. El de la Vuelta, suelo contestar, pues ya lo haré en la próxima pandemia.

Esperemos entonces no leerlo nunca. Y ¿cómo fue ese viaje en bicicleta por Italia? Recorriste los escenarios que luego describes en el libro y entrevistaste a algunos de sus protagonistas.

Queríamos habernos ido más tiempo, hacer un parón laboral. Aunque bueno, para mí el viaje es parte del trabajo. Me gusta contar historias por el camino. Recorrimos Cerdeña en bici y luego hicimos desde Nápoles hasta Parma, de donde es mi novia. Hicimos la parte central de Italia. Luego hemos hecho otros viajes por los Alpes otras veces. Para mí era importante. Me gusta mucho conocer la historia y la geografía de las historias que cuento, entender los escenarios. Creo que es importante encontrar detalles y gente que mantiene viva la tradición oral del ciclismo.

En estos tiempos en los que las entrevistas se hacen por Zoom o por teléfono, como esta, ¿es importante que no perdamos el contacto con el entrevistado, que vayamos físicamente a los lugares?

Claro, a mí es lo que más me gusta. De hecho, lo hago, lo primero, porque me lo paso muy bien. Pero también creo que me van a salir los mejores detalles, las mejores historias. Creo que perder el tiempo es la mejor manera de encontrar historias. A veces, donde menos te lo esperas, en un pueblo perdido, puedes conocer a Florinda Paletti, que probablemente es uno de los personajes más desconocidos del libro y para mí, uno de mis favoritos. Era una mujer que en los años 70 intentó ser ciclista contra todos, contra todo el desprecio, contra toda la marginación… Poder estar en casa de esa señora en su terraza, escuchando sus charlas, viendo sus álbumes de fotos… Bueno, pues eso le da un valor especial que va más allá de buscar en la hemeroteca una crónica.

La historia, en general, la escriben los ganadores. Pero la historia que quieres contar sobre el Giro también hay perdedores como como Luiggi Malabroca. ¿Por qué?

Porque dan una galería mucho más completa de la gran aventura que es el Giro, de comportamientos, de personajes muy peculiares. Si solo nos aferramos a la épica… Ese es un pequeño vicio de quien escribe de ciclismo. Todos son grandes héroes, hazañas admirables, sufrimientos y carne de gallina. Bueno, eso creo que es un poco impostado. También hay miserias, hay trampas, hay traidores. Hay gente muy noble y gente muy cruel. Hay de todo. En esos secundarios creo que hay una variedad humana que es mucho más rica.

La de Malabrocca y la maglia nera es la historia del país. Es la historia de una Italia de posguerra en la que la gente pasa hambre. En ese contexto, el Giro pone unos premios para los que se clasifiquen los últimos. Y se desarrolla toda una picaresca muy divertida para llegar el último. Malabroca se hace famoso porque se esconde en los pozos y se va a pescar para llegar lo más tarde posible. Se convierte en un personaje muy popular, la gente le manda dinero al periódico. Esta historia es un reflejo de una sociedad también y es una variante mucho más interesante que las de grandes héroes y grandes hazañas.

Sí. Frases como «Me arde el culo» [que anunció Ganna a los periodistas tras ganar el primer Giro d’ Italia] quedan peor en libros de historia, pero son más auténticas…

Totalmente. Yo creo que hay que desinflar un poco la épica del ciclismo. Que, por supuesto, puede ser un deporte muy épico, pero hay que verlo con cierta ironía y quitarle importancia. Los propios protagonistas lo hacen muchas veces, creo que somos más los seguidores y los lectores los que nos venimos arriba. Y bueno, es una actitud ante la vida. Me parece más divertido, más sano tomar cierta distancia, restar gravedad o solemnidad a lo que, en el fondo, es un juego.

Además, quitando épica no solo todo es más divertido, también es más trágico, más oscuro. A mí me interesan los personajes que tienen muchas sombras, me interesa más la historia de Fiorenzo Magni que fue un gran ciclista, pero que tenía un pasado fascista que le persiguió siempre.

O Pantani, que era un gran, gran ciclista, pero que luego tuvo un final horrible y solitario. Se dopó, no lo reconoció, acabó hundiéndose en un pozo. Murió de sobredosis a los 34 años. Es una historia muy dura. Los últimos años de Pantani son una mierda, no son épicos. Pero yo no quería hablar sobre el maravilloso escalador que era Pantani, abundar sobre lo emocionante que es verlo ahora en YouTube. Es que me parece obviar una parte importantísima de su vida.

Para escribir este libro has cogido la bici para inspirarte. Pero no solo porque trate sobre el ciclismo, ¿no? La solapa de tu libro dice que pedaleas tus libros, que los caminas o que por lo menos das saltitos por el pasillo para parirlos. ¿Por qué? ¿Qué papel tiene el movimiento en tu proceso creativo?

Hay estudios neurológicos sobre el beneficio de un ejercicio suave. Pero bueno, yo, sin necesidad de estudios, siempre he creído que fuera así. No puedo estar tres días seguidos en casa sin salir a dar una vuelta en bici o a caminar al monte. Primero porque no me duermo y luego porque yo creo que el cerebro, cuando estás haciendo un ejercicio suave, cuando estás dando un paseo en bici, tranquilo, por el monte, de repente empieza a hacerte conexiones de ideas. Y cosas que tenías atascadas delante de la pantalla te salen solas. Cuando sales y te mueves se te ocurre un arranque o una frase que tenías atascada, la solucionas. Te vienen asociaciones de ideas. A mí me pasa mucho.

A veces voy en bici con mi novia o mis amigos. Pero me gusta mucho ir solo. Estoy tres o cuatro horas y así se me ocurren cosas. Al final es casi una necesidad física, moverte en bici o a pie. Irte a un sitio donde no tengas distracciones, donde no tengas teléfono ni pantallas. Simplemente dejar flotar la cabeza, que es una cosa que hacemos cada vez menos. Y yo también. Es como estar esperando en la cola de la carnicería y ¡pum!, sacas el móvil y estás entretenido. Ya no estamos ni cinco minutos un poco así, en Babia. Y creo que para escribir es importante estar un poco en Babia.

 

[Fuente: http://www.yorokobu.es]

“Tu te sentes plenament espanhòl per poder defendre un escudet, una nacion, una bandièra e un imne?”, çò a demandat un jornalista a l’esportiu agenés

L’esportiu agenés Aymeric Laporte, que jòga dins l’esquipa de fotbòl Manchester City, participarà ongan a sa primièra Copa d’Euròpa amb la seleccion espanhòla de fotbòl. Lo jogador occitan foguèt naturalizat espanhòl après son passatge per l’Athletic de Bilbao, ont joguèt gaireben un decenni. Pasmens, a cèrts sectors de la premsa espanhòla sembla de lor agradar pas que Laporte defenda esportivament las colors d’Espanha.

Dissabte passat, après la partida ont s’afrontèron las seleccions d’Espanha e de Portugal, un jornalista pausèt al jogador occitan una question a prepaus de son nivèl d’espanholitat. Laporte, clarament contrariat, ensagèt de respondre en tenent sas contenéncias.

— Tu te sentes plenament espanhòl per poder defendre un escudet, una nacion, una bandièra e un imne?

— Òu! Quina question, non? La vertat es qu’es una question plan fòrta. Ensajarai de respondre del melhor biais possible. Soi aicí per far la competicion al nivèl maximal e ma tòca es la meteissa que la d’Espanha, ganhar tota mena de competicions. E o donarai tot per ganhar. Degun deu pas pas dobtar qu’o donarai tot per aquela seleccion.

Vejatz lo vidèo del moment aicí:

[Poblejat dins http://www.jornalet.com]

No teman por los argentinos pablo amargo

Publicado por Enric González

Argentina nació el 9 de julio de 1816. Tiene solo doscientos cuatro años. En teoría, el trabajo de sus historiadores debería ser fácil: todo es relativamente reciente y se supone que los periódicos contaron lo que ocurrió cada día desde la fundación. Sin embargo, la historia argentina está llena de misterios. En los siguientes párrafos intentaremos arrojar algo de luz sobre este país enigmático. Teniendo en cuenta que hablamos de Argentina, lo más probable es que estos apuntes aumenten la confusión del lector.

(Como aclaración inicial, digamos que los argentinos suelen hablar de «la Argentina», con artículo. Pero no lo hacen como los franceses cuando se refieren a «la France». En «la Argentina», con mayúscula dudosa, argentina no es nombre sino adjetivo: República Argentina. El la señala que se omite el término República. Por simplificar, y quizá para figurar entre los primeros en las listas alfabéticas de países).

Un misterio de entrada: ¿dónde están los negros? Buenos Aires fue capital continental del esclavismo. Según el censo de 1778, los afroamericanos constituían casi un tercio de la población. En 1816, los afroamericanos componían casi dos tercios del ejército del general José San Martín, héroe de la independencia, y se sabe que lucharon con valentía y destreza. Hacia 1850 se estimaba que la población total rondaba las ochocientas mil personas, de las que cien mil eran «mulatos» y veinte mil eran «negros». A principios del siglo XX apenas quedaban negros. ¿Qué pasó? Unos dicen que se extinguieron en las guerras decimonónicas porque siempre los situaban en primera línea de combate. Otros dicen que se blanquearon poco a poco con matrimonios interraciales. La cosa no está clara. En cualquier caso, pese a este misterio y a la existencia de unos novecientos mil ciudadanos que se autodefinen como miembros de los pueblos originarios, Argentina se considera una sociedad «blanca».

Otros países latinoamericanos tratan de enlazar su historia moderna con la historia de las civilizaciones precolombinas. No es el caso de Argentina. Por recurrir a una vieja y manida frase, que utilizaba de vez en cuando Jorge Luis Borges, «los peruanos descienden de los incas, los mexicanos descienden de los aztecas y los argentinos descienden de los barcos». Argentina es realmente un país de inmigrantes.

Los argentinos piensan como italianos, gesticulan como italianos, se besan como italianos y actúan como italianos. También saludan a la italiana. Frente al seco «hola» español, ellos tienden a algo más florido, del tipo «hola, qué tal, cómo va» en su versión más escueta. Accidentalmente los argentinos se expresan en idioma español, aunque adaptado a la fonética de los distintos dialectos italianos: no es «ven», sino «vení»; no es «corre», sino «corré»; no se dice «vale», sino «dale» (por el «dai» italiano). Del viejo español queda, sin embargo, el elegante «vos». Por razones desconocidas —otro misterio—, incluso los argentinos más cultos ignoran las conjugaciones del subjuntivo. Quizá sea una herencia vasca.

Los apellidos de origen vasco figuran entre los más augustos de la sociedad argentina. Estaban en la cúspide de la oligarquía a principios del siglo XX, cuando en Francia empezó a utilizarse la frase «plus riche qu’un argentin» para referirse a alguien que tenía muchísimo dinero. En su libro sobre la familia Anchorena, el historiador Juan José Sebreli cuenta que «cuando viajaban a Europa llevaban en el barco a los criados, cocineros, niñeras, chóferes, como así también gallinas y vacas para tener huevos y leche fresca». Clara Cobo de Anchorena salía de casa con un cargamento de guantes, porque los tiraba al sacárselos. Fabián Gómez de Anchorena arrojaba al mar, después de cada comida, la vajilla de oro.

(En 1910, Argentina era el primer exportador mundial de trigo, maíz y carne).

«Un argentino es un italiano que habla español, se viste como un inglés y cree ser francés». No estoy muy de acuerdo. Omitiremos los chistes sobre la supuesta egolatría de los argentinos. Aunque vale la pena recordar el titular de un diario colombiano cuando Jorge Bergoglio fue elegido papa: «Argentino pero modesto». Según mi experiencia, los argentinos son cordiales, hospitalarios y, al menos de forma colectiva, muy autocríticos. Coinciden todos en que el país, como Perú en la novela de Mario Vargas Llosa, se jodió en algún momento. Difieren en la designación de los culpables. Para los «gorilas», la ruina llegó con Juan Domingo Perón. Los «peronchos» culpan a la oligarquía.

El término gorila tiene un origen delicioso. En la película Mogambo (1953), un rugido hacía que Grace Kelly se lanzara a los brazos de Clark Gable, y este la calmaba: «Tranquila, deben de ser los gorilas». En 1955, en Argentina se recuperó la frase para una canción publicitaria que decía: «Deben ser los gorilas, deben ser, que andarán por ahí». Corrían rumores de un plan secreto para derrocar a Perón y los peronistas empezaron a hablar de «los gorilas que andan por ahí». La palabra perduró.

Es indiscutible, en cualquier caso, que a mediados del siglo XX la economía argentina, antes rutilante, se estancó. Y luego decayó. Y siguió decayendo. En cuanto a la perenne crisis del peso, con sus correspondientes desastres políticos, mejor que sea un maestro como Tato Bores quien la explique: acudan aquí para entender un poco la cosa. Entenderán, como digo, poco —Argentina es siempre un misterio—, pero reirán bastante.

Quizá una de las claves del enigma argentino sea geográfica. Este es un país remoto, pegado a la Antártida —a los niños se les enseña que la Antártida, igual que las Malvinas, es argentina—, a doce horas de avión de Nueva York o de Madrid. Cuando todo queda tan lejos, pero uno quiere sentirse tan cerca, con una capital tan parisina y una agroindustria tan exportadora, el conflicto interno es casi inevitable. Hay en cada corazón argentino un velo de melancolía.

Más del cuarenta por ciento de los argentinos viven hoy en la pobreza. Sin embargo, el país se sabe rico. La primera impresión de los inmigrantes que llegaron a Argentina fue de asombro ante la riqueza que ofrecía una tierra fértil e inacabable. Eso se nota en la gastronomía local, que podría definirse como la ensoñación de un italiano hambriento. ¿Pizza? Sí, pero con toneladas de muzzarella (con u) y muchos ingredientes. ¿Escalope a la milanesa? Sí, pero recubierto de pizza, con un huevo encima y con patatas. ¿Azúcar? Ahí están el dulce de leche y los alfajores, deliciosos pero capaces de dejar a un no argentino en coma diabético. Curioso que, con tanto mar, en Argentina se ignore el pescado. Supongo que porque en Italia era comida de pobres. Por el contrario, como la carne en Europa siempre fue comida de ricos y aquí la había en abundancia, los inmigrantes europeos que descendían de los barcos decidieron ser ricos para siempre devorando eternamente bifes espléndidos y cantidades ingentes de asado.

Ya que hablamos de ello, el asado argentino constituye un rito inefable, una celebración de la amistad, una de las ceremonias más hermosas que se conocen. La alegría del asado no suele verse empañada por el abuso del alcohol. A diferencia de los españoles, y al igual que los italianos, los argentinos beben poco. Les gusta el excelente vino local, cosa lógica, y les gusta el Fernet, cosa no tan lógica. Consignemos la cuestión del mate en el apartado de las peculiaridades misteriosas.

Argentina tiene una de las mayores comunidades judías del mundo. Alguna relación tendrá este hecho con el alto nivel del humor sofisticado argentino. Y con la creatividad de su industria publicitaria. Y con su cine. Y con su teatro. O tal vez no. Tal vez, simplemente, el argentino necesita expresarse y ha aprendido a hacerlo bien.

Este país es grande y ha acogido gente de todas partes, demostrando que la convivencia no requiere necesariamente de eso que denominamos «corrección política». En el lenguaje de la calle, cualquier persona de ascendencia medio oriental es un «turco». Un europeo del este es un «ruso». Y un calvo es un «pelado», y un moreno es un «negro», y un gordo es un «gordo». Así, a lo bestia. Son apelativos cariñosos.

La sociedad argentina es en general instruida y uno avanza la hipótesis de que el nivel colectivo de inteligencia es bastante alto. No hace falta esgrimir listas de premios Nobel ni de escritores eximios ni de inventores brillantes, ni hace falta recordar que poseen tecnología nuclear propia. Eso lo sabe todo el mundo. Tampoco hace falta subrayar que solo un cerebro argentino es capaz de entender las normas de la competición futbolística local, distintas cada temporada y cada vez más complejas. Cuando uno habla de inteligencia se refiere más bien a la capacidad de crítica y disensión: en este país, todo, lo humano, lo divino y lo mediopensionista, se caracteriza por la «interna». Todo tiene dentro una discusión y un conflicto, y a eso se le llama «interna». Ni siquiera hay ídolos más o menos unánimes, salvo tal vez Carlos Gardel y Diego Maradona. Ni Messi, ni el papa, ni Borges: muchos abominan de esas figuras. No digamos de Perón.

En cuanto a Buenos Aires, que nos gusta tanto a los extranjeros —es una ciudad escasa en monumentos turísticos pero riquísima en paisajes, en librerías dignas de Londres y cafés que parecen rincones vieneses—, muchos argentinos la detestan. O eso dicen.

(A los argentinos del resto del país no les gusta ser confundidos con los porteños, los habitantes de Buenos Aires. Ocurre que cuesta distinguir entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires por el crecimiento frenético de la urbe más allá del término municipal, y ocurre que la provincia de Buenos Aires acumula casi el cuarenta por ciento de la población argentina y más de la mitad de la riqueza, y ocurre, por tanto, que es fácil confundir la parte con el todo. Los extranjeros nos asombramos al descubrir que hay otras Argentinas más allá del fangoso Río de la Plata). El país es enorme y diverso.

Argentina posee un pasado brillante, aunque más remoto cada día que pasa. También cuenta con un futuro rutilante: cada argentino está convencido de que ha de llegar un tiempo glorioso en el que su país ocupará un puesto de honor en el mundo. Fíjense, por ejemplo, en que los políticos hablan en futuro y en que cada nuevo presidente cree inaugurar la historia nacional. Lo que falla, siempre, de forma inexorable, es el presente. El presente no tiene arreglo. Hasta que llegue el momento que ha de llegar, los argentinos que pueden hacerlo acumulan dólares —otro dato de rango paranormal: los argentinos esconden en los lugares más inverosímiles el diez por ciento de los billetes estadounidenses que circulan por el planeta, una millonada— y se las arreglan para ir tirando.

Argentina no solo está habituada a vivir al borde del abismo: cae en él con frecuencia. Pero luego remonta y en cuanto puede se asoma de nuevo al vacío. No teman por los argentinos. Nacieron para sobrevivir a cualquier catástrofe. Y cuando no sobreviven, resucitan. Ese talento constituye el misterio supremo.

 

[Ilustración: Pablo Amargo – fuente: http://www.jotdown.es]

Els algueresos voldrien parlar més català però els falten àmbits per fer-ho

Escrit per Raül G. Aranzueque

Tots els catalanoparlants es fan la mateixa pregunta quan pensen en l’Alguer. Com està, això del català, allà? El Departament de Filologia Catalana i Lingüística General de la Universitat de les Illes Balears (UIB) també s’ho ha demanat i la setmana passada va organitzar una conversa virtual entre representants del món de la cultura i la llengua a l’Alguer i els estudiants de l’assignatura Variació Lingüística del Grau de Llengua i Literatura Catalanes de la UIB per mirar de treure’n l’entrellat. El títol, clar i concís: La situació del català a l’Alguer.

La resposta, naturalment, és complexa, però es pot resumir amb una frase: la llengua s’està perdent, però els algueresos volen evitar-ho. Les xifres són prou clares. Segons l’enquesta Els usos lingüístics a l’Alguer del 2015, el 88,2% dels algueresos entén l’alguerès, la meitat el sap parlar una mica, el 36,4% el parla amb fluïdesa i només el 8.1% l’escriu. La llengua perd, de forma clara, la batalla de la transmissió intergeneracional: només un 5,4% dels pares parla alguerès de forma exclusiva o predominant amb el fill gran, un percentatge sensiblement inferior al 17,7% que ho fa amb la mare i al 21,6% amb l’àvia materna. I malgrat tot, els ciutadans de l’Alguer volen, de forma aclaparadorament majoritària (un 92,3%), que l’ensenyament de la llengua s’introdueixi a l’escola.

“La transmissió intergeneracional és l’aspecte més dramàtic”, va dir Francesc Ballone, membre de la Secció Filològica de l’Institut d’Estudis Catalans (IEC) i responsable de l’enquesta del 2015 durant la conversa moderada per la professora de la UIB Maria del Mar Vanrell Bosch. Claudio Gabriel, cantautor i mestre de música, ho certifica. “Fa uns anys tenia sis o set minyons que sabien parlar català. Ara només dos perquè el parlen amb els iaios. Amb la mare parlen italià”. “Els meus nets no tenen companyons que parlin alguerès”, va reblar Carla Valentino, mestra d’alguerès i traductora.

L’escola és un dels pilars per a la supervivència d’una llengua i a l’Alguer aquest pilar té esquerdes per tot arreu. La Plataforma per la Llengua ha engegat la campanya Volem l’escola en alguerès en què informa els pares de la possibilitat d’estudiar català a l’escola a partir del pròxim curs, tal com preveu la llei de 2018. “Els responsables de les escoles no s’activen si no hi ha demanda dels genitors”, explica Irene Coghene, delegada de l’entitat a l’Alguer, que assegura que han detectat una “actitud positiva” dels pares.

El problema és que l’administració no posa les coses gens fàcils i el desplegament de la llei del 2018 que reconeix el dret de les famílies alguereses a sol·licitar l’ensenyament en alguerès en el moment de la inscripció a l’escola està encallat. Per estudiar en català -diu Coghene- cal que els pares ho demanin, de forma explícita, a l’escola perquè el web d’inscripció no preveu aquesta tria. El resultat: no hi ha prou demanda i els directors no compten amb l’ensenyament del català.

Amb la via de l’escola encallada, els espais de socialització en alguerès es redueixen notablement per als joves, molts dels quals perceben el català com “la llengua dels iaios”, tal com assenyala Gabriel. “La llengua no té futur si no té poder econòmic i social”, afegeix.

Per això és important que els joves siguin conscients que “hi ha deu milions de catalanoparlants a Europa”, remarca Coghene. El jovent, encara que, majoritàriament, no parli alguerès, té “curiositat pel català”, afirma Valentino, que posa com a exemple l’interès per l’esport i, sobretot, el Barça. La posada en marxa d’una línia de Ryan Air L’Alguer-Girona va ser, de fet, un estímul perquè alguns joves algueresos es llancessin a parlar en català amb altres joves d’altres indrets del domini lingüístic, remarca Gabriel.

El cantautor denuncia el desinterès de les autoritats de Sardenya cap a la cultura en alguerès i demana “més atenció de les institucions catalanes vers l’alguerès”. “És més fàcil que actuï un grup irlandès a Manresa que un d’alguerès”, lamenta Gabriel, que lloa, en canvi, la promoció que fa el festival Barnasants dels músics de l’Alguer. “Per què hauria de cantar en alguerès un cantant si no hi ha mercat per als joves”, es demana.

Malgrat els esculls que ha de superar el català de l’Alguer per sobreviure, els algueresos no tiren la tovallola. “No hem perdut l’esperança. Tenim límits, però també potencialitats”, diu Ballone en relació a l’interès dels algueresos per recuperar la seva llengua. “Hi ha marge per treballar. No ens podem permetre ser pessimistes”, sentencia. Com va dir un dels intervinents balears en la conversa virtual, la cançó que l’alguerès només el parlen els vells ja fa dècades que la sentim i ara els qui l’entonen són els joves d’aleshores.

[Font: http://www.diaridelallengua.cat]

Arte rediffusera le 12 février 2017 « Les chansons du Front populaire » (Lieder der Zwischenkriegszeit), documentaire par Yves Riou et Philippe Pouchain (2014). Des refrains de la culture populaire française dans un contexte politique national associant enthousiasme et crainte, espoir et déception, et européen tendu, marqué notamment par la guerre d’Espagne. Grèves, manifestations… L’Histoire retracée sous forme de chansons. 2016 a marqué le 80e anniversaire du Front populaire. Le 24 mai 2021 à 19 h 45, Toute l’Histoire diffusera « Blum et ses premières ministres« , documentaire de Maud Guillaumin (55 minutes).

Publié par Véronique Chemla

En 1936, les élections législatives des 26 avril et 3 mai 1936 amènent au pouvoir le Front populaire, coalition de partis politiques de gauche – principalement la SFIO (Section française de l’Internationale ouvrière), ancêtre du parti socialiste, le parti communiste et le parti radical-socialiste -, dans une France minée par la crise économique et les scandales politiques.

« En 1936, la France fredonne sur tous les tons les lendemains qui chantent ».

Casquettes et guinguettes, succès et vedettes… : riche en archives, le documentaire Les chansons du Front populaire restitue formidablement la bande son de l’époque.

« Parenthèse lumineuse « 
1936. Dirigé par le socialiste Léon Blum, le gouvernement de Front populaire lance des réformes bouleversant l’économie, la société, l’éducation et la culture françaises : accords Matignon préconisant une hausse des salaires d’environ 12% et la liberté syndicale, lois sur les congés payés et la semaine de quarante heures, retraite des mineurs, nationalisations dans l’industrie aéronautique, d’armement (7 août), et les chemins de fer (création de la SNCF en 1937), fondation du CNRS (Centre national de la recherche scientifique)…
Le « Front populaire fait souffler un vent grisant d’allégresse sur le pays. Léo Lagrange prend en charge les sports et les loisirs, nouveaux territoires d’émancipation de la classe ouvrière » d’une France rurale et industrieuse, passionnée par le Tour de France.
La « classe ouvrière veut croire aux lendemains qui chantent. Portés par « un fol espoir », les prolétaires fredonnent en rimes riches : « Soyez unis et tous les maux seront finis ! », alors que « La jeune garde », version en culottes courtes de « l’Internationale », fait fureur dans les colonies de vacances, où se glissent les premiers petits réfugiés espagnols  ».

À la sortie des usines, « L’appel du Komintern » (Internationale communiste, Nda) donne la cadence : « En avant, prolétaires, soyons prêts ! Soyons forts ! »

Sur une musique composée par Dimitri Chostakovich (1906-1975) pour le film soviétique de S. Youtkevitch et F. Ermler « Contre Plan », Jeanne Perret crée les paroles de Ma blonde (Au devant de la vie », chanson  emblématique du Front populaire :
« La joie te réveille, ma blonde
Allons nous unir à ce chœur
Marchons vers la gloire et le monde
Marchons au devant du bonheur »

La TSF (Transmission sans fil), radio, « diffuse une bande son qui se réchauffe « au soleil de Marseille, quelle merveille… »

Le lycée Papillon de Georgius fait rire la France.

Arborant son célèbre canotier, de retour de Hollywood, le chanteur Maurice Chevalier « capitalise sur ses succès au long cours – « Dans la vie, faut pas s’en faire » interprété aussi par Albert Préjean, « Quand un vicomte », « Prosper » –, clips ciné avec œillades à l’appui ». Il s’éprend de Nita Raya, jeune comédienne juive d’origine roumaine qu’il incite à chanter. Lors d’une représentation de son amie, il remarque un duo de jeunes artistes, Charles et Johnny. Au Casino de Paris, il crée Y’a d’la joie dont il prédit l’immense succès à Charles Trenet. Des chansons qui ont bercé l’adolescence de Georges Brassens qui aimait les fredonner…

Les “casquettes des usines croisent les canotiers des guinguettes”. La Belle Équipe, film de Julien Duvivier, illustre les espoirs et les dissensions d’une bande d’amis ouvriers parisiens au chômage qui, gagnant à la Loterie nationale, s’unissent pour transformer un ancien lavoir en guinguette. Avec gouaille, béret sur la tête, Jean Gabin en interprète la chanson  « Quand on s’promène au bord de l’eau ». À l’initiative du producteur, Julien Duvivier réalise deux fins au film : une optimiste, une tragique. Après avoir visionné les deux fins, les spectateurs d’une salle de cinéma de La Varenne choisissent quasi-unanimement la fin … optimiste.
Tout va très bien, madame la marquise (1935), Ça vaut mieux que d’attraper la scarlatine (1936), Qu‘est-ce qu’on attend pour être heureux ? (1937)… Souvent signés du compositeur Paul Misraki et du parolier André Hornez, ces succès mêlant jazz et variété française assurent le succès de Ray Ventura et de ses collégiens (Grégoire Aslan, Loulou Gasté), orchestre à sketches influencé par ceux de Paul Whiteman et de Jack Hylton. Des hymnes fantaisistes à la joie de vivre, à l’optimisme teinté d’humour qu’accompagne, dans un registre jazz, la guitare virtuose, parfois mélancolique, de Django Reinhardt, et le violon de l’allègre Stéphane Grappelli. Tous deux membres du quintette du Hot Club de France.
Premier chanteur français à recourir au microphone dont il perçoit les multiples potentialités pour un chanteur dont les subtiles inflexions de voix touchent le public, Jean Sablon, internationalement célèbre, est surnommé « le chanteur sans voix » et « le p’tit qu’a l’son court ». Il est le premier chanteur à enregistre avec Reinhardt et Grappelli.
Deux jeunes débutants, Johnny Hess et Charles Trénet, lui confient leur chanson Vous qui passez sans me voir. Le « fou chantant » conçoit alors ses chansons les plus célèbres : Y’a d’la joie, créée par Maurice Chevalier au Casino de Paris, dans la revue Paris en joie, pour l’Exposition internationale de février 1937, La Valse à tout le monde interprétée par Fréhel, et Quel beau dimanche par Lys Gauty, Je chante, Fleur bleue. En 1937, son service militaire achevé, Âgé de 25 ans, Charles Trenet débute sa carrière en solo en enregistrant chez Columbia : Je chante et Fleur bleue, puis en janvier 1938, Y’a d’la joieŒuvre de Charles Trénet et de Paul Misraki interprétée dans Je chante, de Christian Stengel (1938), cette chanson sous un air joyeux et entraînant, relate le suicide final du vagabond.

Jean Nohain, librettiste, dit « Jaboune » et Mireille, fille de Henri (Hendel) Hartuch, pelletier Juif immigré de Pologne, et de Mathilda Rubinstein, d’origine britannique, écrivent des chansons pour Maurice Chevalier (Quand un vicomte), et Jean Sablon  (Couchés dans le foin). Mireille enregistre avec Pills et Tabet des « opérettes disquées » : Ce petit chemin, Le vieux château, C’est un jardinier qui boite. Avec sa voix acidulée, Mireille entame une carrière de chanteuse-interprète et épouse en 1937 Emmanuel Berl, philosophe favorable au Front populaire et dirige Marianne (1932-1937), hebdomadaire politique et culturel. Mireille s’illustrera dans la Résistance lors de l’Occupation.

Dans Dédé, film de René Guissart (1935) d’après l’opérette française d’Henri Christiné sur un texte d’Albert Willemetz, Danielle Darrieux chante de sa voix mélodieuse Ah, si j’avais su

Dans le répertoire réaliste, émeuvent Fréhel et Damia : Fréhel « fait valser guinguettes et casquettes, elle qui aime son homme « Tel qu’il est », un poil dans la main (et pas un sur la tête). Dans les foyers, on guinche au son de la TSF et on pleure en écoutant Damia ».
« Premiers radio-crochets aux timides et drolatiques candidats, reportage d’actualité au « Château du bonheur » qui accueille à Gennevilliers des fistons socialistes aux poches trouées – et une hilarante apprentie vedette –, Mireille et Jean Sablon, en duo à peine moins glamour que celui de Dutronc et Hardy, quand ils interprètent « Puisque vous partez en voyage »… : « un feu d’artifice avant la catastrophe », comme conclut joliment Jean Renoir, le cinéaste militant de La vie est à nous ».
« Restituant en sons et en images et quasiment sans voix off l’optimisme de l’époqueLes chansons du Front populaire témoigne de l’avènement du « plaisir pour tous ».

Ces archives savoureuses chroniquent une parenthèse lumineuse, intense et fragile, de lendemains qui chantent, tandis qu’outre-Rhin, l’ombre du nazisme plane sur les Jeux Olympiques (J.O.) de Berlin », de nombreux artistes, dont le chansonnier communiste Ernst Busch et les trois membres juifs allemands des Comedian Harmonists, sextuor vocal allemand interdit de toute représentation publique, s’exilent de l’Allemagne nazie.

Le 24 mai 2021 à 19 h 45, Toute l’Histoire diffusera « Blum et ses premières ministres« , documentaire de Maud Guillaumin (55 minutes). « En juin 1936, les femmes n’ont pas le droit de vote. Pourtant, le tout nouveau gouvernement du Front Populaire annonce l’arrivée de trois d’entre elles, en qualité de sous-secrétaires d’État. Une innovation signée Léon Blum ».

« Les chansons du Front populaire », par Yves Riou et Philippe Pouchain

Zadig production, Arte, 2014, 44’

Sur Arte les 7 juin à 18 h 30 , 11 juin à 5 h 20, 17 juin à 5 h 10 et 23 juin 2015 à 5 h 15, 12 février 2017 à 18 h 20

Visuels : © Zadig production, DR, http://www.delcampe.net/

Le Front populaire est une coalition de partis de gauche qui gouverna la France de 1936 à 1938. Ainsi, le 7 juin 1936, les accords de Matignon furent signés par la CGT et le patronat, à l’initiative du gouvernement. Ces accords mettaient en place, entre autres, le droit syndical, et prévoyaient une hausse des salaires de plus de 7 à 15 % selon les branches professionnelles, soit environ 12 % en moyenne sur toute la France. Quelques jours plus tard, bien que ces mesures ne figurent pas dans le programme du Front populaire, par deux lois votées par le Parlement, les premiers congés payés (2 semaines) furent instaurés, et la semaine de travail passa de 48 à 40 heures. Pour les ouvriers et employés partant en vacances, Léo Lagrange créa des billets de train avec 40 % de réduction, qui existent toujours

L’Appel du Komintern est un chant révolutionnaire communiste écrit par Franz Jahnke en 1926.

Extrait du film « Au soleil de Marseille » de Pierre-Jean Ducis
C’est sous le Front Populaire lors des Accords de Matignon que les premiers congés payés (2 semaines) furent instaurés.

Les Comedian Harmonists formaient un sextuor vocal allemand, actif entre 1928 et 1935. Pendant l’entre-deux-guerres, l’ensemble était renommé dans toute l’Europe
Fréhel, de son vrai nom Marguerite Boulc’h, née à Paris, au numéro 2 du boulevard Bessières, le 13 juillet 1891, et morte dans cette même ville le 3 février 1951, était une chanteuse qui a marqué la période de l’entre-deux-guerres.
« Puisque vous partez en voyage » de Mireille et Jean Sabon

Jeux Olympiques de Berlin en 1936

Les  citations proviennent d’Arte. Cet article a été publié le 7 juin 2015, puis les 4 mai 2016 et 12 février 2017.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

Comment encourager l’industrie du jeu vidéo à s’intéresser davantage à l’emploi de la langue française ? La Guilde du jeu vidéo prend le pari des jeux-questionnaires et des outils numériques en lançant samedi la plateforme ludique Ludmo.

Vue aérienne de trois personnes avec une manette de jeux vidéo en main.

Un Programme de soutien à l’innovation dans l’industrie du jeu vidéo a été annoncé la semaine dernière et pourrait être bénéfique aux régions. Photo : BEN NELMS

Exit les anglicismes esportgamers ou encore split screen, bonjour le sport électronique, les joueurs et joueuses et les écrans partagés. Promouvoir l’usage du français dans l’industrie vidéoludique, dominée par l’anglais, est un sacré défi. Mais Nadine Gelly, directrice de la Guilde du jeu vidéo, saute à pieds joints dans l’aventure.

Le français est une langue riche, poétique et vivante […] et a le potentiel d’ancrer davantage notre position de chef de file dans la francophonie et dans le monde en ce qui concerne la conception de jeux vidéo.

Une citation de : Nadine Gelly

Le caractère immatériel [des jeux vidéo] et sa portée internationale, combinés à une culture en ligne émergente, ont fait de l’anglais la langue par défaut de cette jeune industrie, où tout est à créer, même le vocabulaire, souligne-t-on dans le communiqué.

La Guilde travaille depuis plusieurs mois aux côtés du studio montréalais Affordance et de l’Office québécois de la langue française pour construire le site Ludmo, qui inaugure ses deux premiers jeux éducatifs sur le thème.

[Le jeu vidéo] est le médium parfait pour renforcer l’usage du vocabulaire francophone dans l’industrie, croit Avery Rueb, le cofondateur et directeur d’Affordance Studio.

Jouer pour apprendre

Le premier titre suggéré par la plateforme, Mots de jeux, vise à aider les artisans et artisanes du vidéoludique à trouver les mots justes en français pour parler des étapes de conception ou encore des différents emplois de l’industrie.

Jeu questionnaire en ligne.

«Mots de jeux» permet aux internautes d’apprendre les bons termes à utiliser en français pour décrire leur univers vidéoludique. Capture d’écran

Par exemple, dans un mini-jeu par association et un questionnaire en course contre la montre, l’internaute doit trouver l’équivalent francophone du poste de community manager (gestionnaire de communauté).

Le joueur y est opposé à un personnage qu’il ou elle devra battre à chacune des villes sur la carte virtuelle pour progresser dans son acquisition de connaissances sur l’industrie, précise-t-on dans le communiqué.

Le second titre, Défi Québec, teste plutôt les connaissances générales liées aux enjeux linguistiques de la province à travers un jeu-questionnaire. Les internautes se font interroger notamment sur l’année où le français est devenu une langue officielle, ou encore la proportion de la population québécoise qui travaille dans la langue de Miron.

Jeu questionnaire en ligne.

«Défi Québec» teste les connaissances générales liées aux enjeux linguistiques de la province à travers un jeu-questionnaire. Capture d’écran

Un lexique ludique en construction

Toute la recherche de vocabulaire qui a servi pour Défi Québec et Mots de jeux ne sera pas perdue. L’OQLF compte ajouter les mots à son lexique de l’industrie du jeu vidéo, qui demeurait inchangé depuis 2012. Et la Guilde, qui a plus d’un tour dans son sac, compte lancer prochainement sur la plateforme Ludmo Lexique ludique, une version interactive et collaborative de ce guide pour inciter les studios, par exemple, à participer aux efforts.

C’était important pour nous que les développeurs de jeux vidéo québécois soient au cœur de ce projet, affirme Nadine Gelly.

Bien que Ludmo s’adresse principalement aux personnes qui travaillent dans l’industrie du jeu vidéo, la Guilde estime que tous les francophiles ou adeptes du vidéoludique peuvent y trouver leur compte.

 

[Source : http://www.radio-canada.ca]

Escrito por CARLOS CRESPO FLORES

El eucalipto es una especie forestal que recorre la novela MUERTA CIUDAD VIVA[1], de Claudio Ferrufino; acompaña al protagonista en su recorrido etilo-erótico por la ciudad y valle de Cochabamba.

Introducida en el país a fines del siglo XIX desde Australia durante el auge minero, se ha adaptado a los ecosistemas del país, más allá de los impactos ambientales que provoca, sobre la humedad y fertilidad del suelo. El eucalipto (Eucalyptus L’Hér) es definido por la Guía de Árboles de Bolivia[2], como

“Árboles grandes o arbustos, con corteza exfoliante que se desprende en láminas; hojas alternas o subopuestas, lanceoladas o falcadas y asimétricas, glabras rara vez pilosas, pecioladas o subsésiles, generalmente con puntos translúcidos. Flores pequeñas en umbelas o cabezuelas, a veces en panículas axilares, pediceladas o subsésiles; el cáliz lobulado caliptriforme, con una tapa o capuchón que resulta de la unión de pétalos y sépalos. Fruto un pixidio. Género australiano y de la región malaya, con más de 1000 especies” (Killeen, García & Beck, 1993:581).

Las formas de sus hojas y proximidad con el poeta, reafirman a Ron Loewisohn su conexión con esta especie:

Aquí están los eucaliptos

con sus hojas que gotean;

en la luz gris azulada de la madrugada

están juntos en la arboleda

como

nueve hermanos de pelo oscuro y piel suave

hermanos. -Parecen así (extrañamente)

relacionados conmigo.[3]

En Bolivia, son tres las especies cultivadas mas importantes, de ellas, en Cochabamba se planta la E. camaldulensis Dehnh (Killeen, García & Beck, 1993:581), y a lo largo del siglo XX ha formado parte del escenario paisajístico valluno. Es altamente probable que el escritor Claudio Ferrufino disfrutaba de esta especie.

Para el protagonista de Muerta ciudad viva, su “espíritu rural, primigenio, campesino” está conectado con el eucalipto, su “susurro” y su “aroma”; de ahí que busque su “sombra, cuando tiene problemas, depresión o ansias” (112). El fresco olor mentolado del eucalipto seduce a Claudio, a través de su personaje. En un viaje a Oruro, por tren, atravesando “parajes memorables…, a pesar de las ventanillas cerradas, el aroma de eucalipto llenaba los dos vagones de que se componía la máquina” (53). En otra escena, luego de una violenta pelea de borrachera, toma un taxi, para hallarse “echado entre eucaliptos, a la vera de la senda de tierra cerca del canal grande de riego. El sol agrada. La sombra acoge. Las hojas de eucalipto silban una monótona pero sublime canción. Y las pepitas de molle rojo alrededor hablan de asuntos dulces de infancia” (14). La asociación de este árbol mirtáceo, con el placer y el bucolismo valluno, es evidente.

En uno de los recorridos hacia su casa, camina “al lado de las canchas auxiliares de fútbol”, donde solía jugar, “antes de encontrar las preferencias del trago y del culo” (140). El lugar “olía a eucalipto”, provocándole una “extraña sensación”. Efectivamente, en la década del 60’-70’s’ hubo un arbolado en los límites de este espacio deportivo conexo al stadium departamental, donde el eucalipto destacaba.

Otro momento de incursión en bicicleta al entorno rural valluno, por el camino de Condebamba: visualiza “eucaliptos jóvenes, de tonos grises, (que) lucen gotitas de rocío” (109). La juventud del arbolado que observa Claudio evidencia la posibilidad que sean rebrotes. No olvidar que el negocio de los “callapos” se extendió luego de la reforma agraria, talando árboles de eucalipto para troncas y leña, que luego rebrotan.

De una de sus amadas, Eszter, recuerda que olía a eucalipto (116)[4], y esta lo compara con un eucalipto (113). En el periodo retratado por la novela (principios de los 80’s), el arbolado de eucalipto en el campus universitario de San Simón era importante, particularmente entre las facultades de Derecho y Humanidades, del cual hoy quedan algunos individuos. El estudiante apasionado busca a Eszter, atraviesa “los eucaliptos de cincuenta metros (que) guardan unas aves extrañas en sus copos” (83); parecen zancudas, aquellas que visitan también la laguna Alalay como parte de su escala migratoria. Más aún, cuando se entera que ha fallecido Eszter, para recordarla, toma el micro hacia Tiquipaya; por las faldas de la cordillera, sospecho, recorre lugares que habían visitado. Y, por supuesto, están ahí los eucaliptos, “que se inclinaban hacia la izquierda”, debido al “soplo (que) bajaba de una quebrada casi al frente” (121).

Con Silvia, otra novia, están en el río de Chocaya, desnudos, dentro “el agua fría”. El joven realiza un acto pagano religioso: “remojé ramitas de eucalipto azul para utilizarlas como hisopo. Yo te bendigo, coito” (131).

Similar a un cazador vigilante de su presa, el majestuoso árbol le sirve al protagonista como lugar de acecho: “miro a Frances Mallotto desubicado desde un eucalipto. Lo hago al sorber cerveza amarga, calculando los pasos para intentar el ataque” (86). En determinado momento deja “el refugio del eucalipto” para “encararla” (86).

La conjunción eucalipto, molle, agua, es distintiva del paisaje valluno; es con esta vista donde el erotismo fluye: “copulan a orillas de un río seco, apoyados en un molle, con un arroyo corriendo por la espalda, mitad metidos en el agua, entre eucaliptos que bordean una herradura…” (149).

El eucalipto es parte de la fiesta rural en el valle. No solo como leña en la fabricación de la chicha, sino también en la habilitación del espacio festivo. En un matrimonio al cual asiste con sus amigos, observa que “se habían cortado jóvenes eucaliptos para las columnatas que sostendrían la carpa… (para) albergar a doscientas personas” (174).

En su periodo de caída en el alcoholismo y desdicha, el héroe trágico de la novela, visita a un amigo, quien le pagaba tragos de cuando en cuando”, para platicar sobre “los compañeros comunes, de Abel, de situaciones como la del Jallalla. Aires de eucalipto…” (188). Buscando a una de las novias, que había huido luego de una violenta trifulca, “bajaba y entraba a los bosquecillos de eucalipto, a los huertos frutales llamándola” (185). Aun en sus momentos de alucinación alcohólica, el eucalipto se halla presente: “bajé, desmonté cerros y esquivé árboles de tara que se veían solitarios entre molles y eucaliptos” (168). Ahí, el eucalipto se torna sombrío: “las hojas afiladas de los eucaliptos dan la sensación de árboles con cientos de puñales colgantes” (66).

En la última escena de la novela, convertido en aparapita, vemos que se prepara “con agua hirviente y metanol, con raspaditos de naranja, un trago” (206), mientras “los eucaliptos se despiden dialogando con la brisa (y) los pájaros lo hacen con barullo. No voy todavía a dormir” (206).

[1] Ferrufino, Claudio (2013) Muerta ciudad viva. Santa Cruz: Editorial El País. 206 pp.

[2] Killeen, Timothy J., García E., Emilia & Beck, Stephan G. (1993) Guía de arboles de Bolivia. La Paz: Editorial del Instituto de Ecología. 958 pp.

[3] Loewisohn, Ron (1968), “The eucaliptus trees”. En Poetry. Vol. 112. No 2. Pp. 105-106. Traducción libre: C.C.

[4] El protagonista imagina a Eszter que “se reclina en un cuadro de maja boliviana, en marco de eucaliptos y buses achacosos…” (201).

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[De INMEDIACIONES – reproducido en sugieroleer.blogspot.com]

Il y a dix ans, le pays a misé sur “Un ordinateur par enfant”, programme qui touche désormais même les zones les plus reculées du pays qui ont également accès à internet. Résultat : les élèves n’ont pas été surpris par la pandémie.

Amelia, 7 ans, élève de CP en Uruguay, avait à peine commencé l’école depuis deux semaines en mars 2020 qu’elle ne pouvait déjà plus y aller : les établissements scolaires ont été fermés pour cause de pandémie.

Ça n’a pas été si terrible malgré tout : elle a appris l’alphabet grâce à des tutoriels audio ; le cours de maths en ligne l’amusait tellement qu’elle se faisait des devoirs en plus ; trois fois par semaine, elle avait une vidéoconférence qui lui permettait de mieux connaître son professeur et ses camarades de classe ; et elle faisait des exercices de gymnastique dans sa chambre sous la direction de sa professeure de sport.

Amelia n’est pas issue d’une famille aisée et ne va pas dans une école privée. Elle fréquente une école publique de Montevideo, la capitale. Elle a obtenu sa tablette de l’État – comme tous les autres écoliers de ce petit pays situé entre l’Argentine et le Brésil.

Voilà des années que l’Uruguay mise sur l’enseignement en ligne et sur l’accès à Internet pour tous. Son système éducatif était donc mieux préparé à la crise sanitaire que celui de la plupart des pays de la région – et que nombre de pays du riche Occident. Si certains professeurs n’ont pas donné signe de vie à leurs élèves pendant des semaines en Allemagne, en Uruguay, les enseignants sont toujours restés en contact.

Des devoirs sous forme de jeu

Là-bas, pas de scans flous ni de liens erronés au contenu introuvable mais des manuels scolaires numériques contenant des expériences scientifiques, des devoirs sous forme de quiz ou de jeu, des vidéos interactives, des exercices personnalisés et des forums où les élèves pouvaient poser des questions.

Voilà déjà plus de dix ans que l’Uruguay, comme six autres pays, applique la politique “One Laptop per Child” – “Un ordinateur portable par enfant”. Internet est désormais en accès libre dans les lieux publics, y compris dans les régions rurales, et un organisme public baptisé “Plan Ceibal” [pour “Connexion éducative pour l’apprentissage en ligne”] a été créé pour l’enseignement numérique. “Notre dernière année scolaire a bien fonctionné dans

[…]

Retour à la maison

En 2020, quelques mois après l’alerte mondiale sur la pandémie, l’Uruguay avait pu rouvrir ses classes de primaire et de secondaire. Cette année, après un fort rebond des cas détectés de Covid-19, le gouvernement a dû se résoudre à refermer les salles de classe, trois semaines à peine après la rentrée scolaire du 1er mars, qui suivait les grandes vacances d’été (austral), jusqu’à au moins début mai. “En 2020, écrit le quotidien de Montevideo El País, l’Uruguay était cité en exemple à l’étranger pour sa gestion de la pandémie, car pendant une bonne partie de l’année il a réussi à maintenir les écoles ouvertes. Les élèves ont commencé l’année 2021 en présentiel, mais le gouvernement a décidé de passer au télé-enseignement, les cas de Covid-19 ayant augmenté de façon exponentielle.”

Nicola Abé

[illustration : FALCO – lisez l’intégralité de cet article sur http://www.courrierinternational.com et http://www.spiegel.de]

Lo ciclisme ocupa una plaça totjorn que mai importanta dins lo païsatge esportiu francés, e sus lo territòri occitan, ont avèm de mai en mai de corsas de nivèl mondial. Es una realitat, lo sud de l’estat francés es conegut dins lo mond del ciclisme, en Euròpa e dins lo Mond, portat per mai d’un massís montanhòl, coma o veirem mai tard. Aquel territòri es d’alhors tanben una tèrra de campions del ciclisme que son coneguts internacionalament.

Escrich per Hugo Trocellier

Las diferentas corsas

Abans de parlar de las diferentas corsas presentas sul territòri occitan, cal far una pichòta remembrança de cossí se debana lo ciclisme al nivèl mondial. Es desseparat en tres categorias ; las corsas World Tour son las corsas mai complicadas e reservadas a las còlas las melhoras. Retrobam aprèp las corsas UCI Proseries e enfin las corsas Europe Tour.

Lo territòri occitan es present dins caduna de las tres categorias, çò que mòstra plan son importància dins lo ciclisme mondial.

Comencem per las corsas Europe tour, que son las mai presentas. Es lo grand prèmi de ciclisme La Marselhesa que comença l’annada, en general fin genièr, puèi es l’Estela de BessejaTorn de Gard a la debuta de febrièr. Una corsa importanta al nivèl europèu es lo Mont Ventoux Dénivelé challenge qu’atira en general los grands ciclistas per se mesurar a las pendas del mont Ventor. Un autre torn important es la Rota d’Occitània que partirà ongan de Sant Africa e arribarà quatre jorns puèi a Rocamador. Podèm retrobar d’autras corsas Europe tour que se debanan sul territòri occitan mas mens importantas, e donc an mens de mediatizacion, coma lo Torn d’En.

Al nivèl UCI Proseries, las rotas occitanas son tanben plan representadas amb tres corsas, la Faun Ardeche classic que, coma son nom o indica, se debana en Ardecha, la Royal Bernard Drome classic e la mai importanta, lo Torn de Provença, qu’aguèt luòc en febrièr e ont ganhèt Ivan Sosa, ciclista d’esquipa INÈOS. Ongan, lo Torn de Provença aguèt una granda exposicion amb mai que mai la preséncia de Bernal, Alaphilippe (campion del Mond) e Sosa. Son d’alhors eles que finiguèron sul podium. L’edicion 2021 foguèt marcada per una ascension del mont Ventor, gigant del ciclisme mondial.

Tanben, retrobam lo territòri occitan al nivèl World Tour dins tres corsas, lo París-Niça amb tres estapas sus sèt, lo Criterium del Daufinat que partirà de Soire e qu’arribarà a Les Gets dins los Alps. E enfin lo territòri occitan ocupa una plaça fòrça importanta dins la corsa considerada per d’unes coma la corsa mai complicada, lo Torn de França. Cada annada dempuèi sa creacion, lo torn de França met un punt d’onor a passar per lo Massís central, los Alps e los Pirenèus. Son aquestes massisses qu’an fach la reputacion del Torn e del territòri occitan, de tèrras rufas amb mai d’un còl, coma o anam veire.

Tres massisses importants

L’importància del territòri occitan dins lo mond del ciclisme s’explica vertadièrament gràcias als diferents massisses montanhoses. Podèm clarament definir tres massisses importants, los Alps, lo Massís Central e los Pirenèus. An fach la reputacion e la legenda de las rotas occitanas ont avèm agut l’escasença de veire de corsas e d’estapas mai espectaculosas las unas que las autras. Retrobam de còls que pòdon èstre a mai de 2000 mètres d’altitud.

Del costat dels Pirenèus, podèm comptar una quinzenat de còls importants. Lo mai important, lo mai conegut, lo que fa somiar los ciclistas amators e professionals es ben evidentament lo legendari còl del Tormalet que culmina a 2115 mètres. Lo Tormalet a fach sa legenda amb lo torn de França e sas arribadas a sa cima que foguèron a cada còp espectaclosas. D’autres còls an tanben fach la reputacion de Pirenèus, coma per exemple lo còl de Pèira Sorda (1569 m), lo pòrt de Balès (1755 m) o encara lo còl de Palhèras (2001 m).

Los Alps son lo segond massís important del territòri occitan, subrondan tanben de còls e d’istòrias que son dintradas dins la memòria collectiva. Lo còl qu’es mai representatiu dels Alps es per ieu l’Alp d’Ueis ont visquèrem (coma franceses), de moments de jòia (coma la victòria de Thibaut Pinot en 2015) e de moments de tristesa (es a l’Alp d’Ueis que Thomas Voekcler pèrd lo malhòt jaune en 2011). Retrobam tanben dins los Alps lo còl de Galibier (2642 m), lo mont Ventor (1910 m) o encara lo còl d’Iseran (2770 m). Totes aqueles noms an un grand resson dins lo mond del ciclisme internacional e permeton donc de metre endavant lo territòri occitan.

Lo Massís Central es diferent dels Alps e dels Pirenèus, retrobam pas de grands còls a 2000 mètres mas, es un territòri ont es fòrça complicat de trobar de rota plata. Es un platèl a environ 1000-1500 mètres, e ont avèm pas un mètre planièr (i a totjorn un desnivèl positiu o negatiu).

Los ciclistas occitans

Per acabar, parlarem dels diferents ciclistas que son originaris del territòri occitan. A l’ora d’ara dins l’escabòt i a mai d’un ciclista, mai o mens coneguts que son nascuts sus las rotas occitanas. Retrobam Romain Bardet, originari de Briude, Rémi Cavagna, de Clarmont-Ferrand, o encara Pierre Latour, del departament de Droma.

D’autres ciclistas mai ancians faguèron somiar los franceses, coma Laurent Jalabert de Tarn, Nicolas Portal de Gers o encara Pierrik Fedrigo d’Òlt e Garona. Podèm donc dire que lo territòri occitan a vist nàisser de campions, que sián d’esprintaires o d’escalaires. Aquela granda preséncia es subretot deguda a la preséncia, coma o avèm ja vist, dels tres massisses. An una vertadièra influéncia e permeton als joves de començar lo ciclisme dins de bonas condicions.

Per conclure, podèm dire que lo territòri occitan jòga un vertadièr ròtle dins lo ciclisme mondial. Lo territòri s’apièja sus tres pilars, los Alps, los Pirenèus e lo Massís Central. Es una vertadièra riquesa pel territòri occitan que deuriá èstre mesa mai endavant, a travèrs d’una visibilitat mai granda del ciclisme. Es un espòrt qu’ensaja de se promòure mas i a encara dins lo cap de mai d’una persona l’imatge de ciclistas dopats. Pensi qu’i a un vertadièr trabalh de far per los dirigents del ciclisme per melhorar l’imatge d’aquel espòrt e motivar los enfants a far de ciclisme.

 

Hugo Trocellier nasquèt en Marjarida en l’an 2000. Comencèt l’occitan en opcion al collègi fins al licèu, e après lo bachelierat anèt viure a Montpelhièr. Actualament, es en licéncia d’occitan a l’Universitat Pau Valèri de Montpelhièr amb l’objectiu de venir regent dins las escòlas bilinguas.

 

[Imatge: dendoktoor – poblejat dins http://www.jornalet.com]

En Israël également, le football est une affaire d’hommes avec tout ce que cela implique. Certains fans de clubs comme le „Beitar Yerushalayim“ sont connus pour leur hooliganisme et leur extrémisme. Il est donc d’autant plus remarquable que, pour la première fois, une arbitre transgenre, Sapir Berman, anciennement Sagi Berman, soit sur le terrain pour arbitrer les jeux importants.

Berman est connue en Israël comme une arbitre de premier rang, mais elle a dû récemment lever le pied en raison des nombreux traitements hormonaux auxquels elle a dû se soumettre dans le cadre de son changement de sexe. Des rumeurs couraient depuis longtemps sur le fait qu’un des principaux arbitres des matchs en première division était en train de changer de sexe. Sapir Berman (27 ans) va communiquer officiellement sur le sujet pour la première fois lors d’une conférence de presse.

La Fédération israélienne de football a exprimé son soutien total à Sapir Berman et déjà contacté l’Union des Fédérations européennes de football et la FIFA pour débattre de la meilleure façon de soutenir les arbitres transgenres.

Un journaliste sportif a publié un post sur l’arbitre transgenre Sapir Berman (photo : capture d’écran Twitter).

Un journaliste sportif a publié un post sur l’arbitre transgenre Sapir Berman.

Autres informations :
Première arbitre transgenre en Israël (en anglais), JPost
https://www.jpost.com/israel-news/sports/sapir-berman-becomes-israels-first-transgender-soccer-referee-666307

 

[Photo : capture d’écran Twitter – source : http://www.israelentreleslignes.com]

 

Samuel Beckett

Samuel Beckett, 1964

Publicado por Marcos Pereda

John Wisden lo llaman «la pequeña maravilla». El jugador más polivalente de su época, dicen. Debuta en primera categoría con el Sussex, condado del que es natural, cuando tiene solo diecinueve años, en 1845. Después defendió los colores del Country Club de Kent y del Middlesex. Nada menos que ciento ochenta y siete partidos al más alto nivel, con un promedio superior a los diez wickets por encuentro. Todos coinciden en que es una pena su pronta retirada, a unos tiernos treinta y siete años. Por reuma, además, cosa poco dada a romances, para qué engañarnos.

Claro que John Wisden jugaba al críquet, y tampoco es la actividad más frenética que uno pueda echarse a la cara.

Si hoy nos acordamos de este Wisden es porque desde 1864 decidió lanzar anualmente su Wisden Cricketers’ Almanack. Básicamente la Biblia del críquet, para entendernos. Récords, estadísticas, resultados, reglas, algunas crónicas poco polémicas y biografías de los mejores jugadores. Actualizado año a año, hasta nuestros días. Trabajo minucioso, ya ven, un poco como contar granos de arena en la playa. Solo para aventureros, en definitiva.

Claro que, a veces, te encuentras con curiosidades. Uno tiene que rebuscar, no se crean, pero acaban apareciendo. Como la ficha de Samuel Beckett, nacido el 13 de abril de 1906 en Foxrock (Dublín), que jugó para la Dublin University y era zurdo con el bate y zurdo-medio a la hora de lanzar.

Sí, amigos, nuestro muy nihilista autor, el mago del absurdo y el humor negro (o grotesco, o visionario, depende de a quién pregunten ustedes) fue deportista de alto nivel. O lo que sean los que juegan al críquet, vaya. Y así sale en los libros. En los que no van sobre literatura, se entiende. Acompáñenos y se lo contaremos.

Ah, le advertimos que por aquí van a ir apareciendo también gigantes, gafotas, lores y un par de escritores norteamericanos dándose de hostias mientras Francis Scott Fitzgerald hace de árbitro. La vida misma.

Ese muchacho de gafas que juega al críquet

Tiene el pelo corto, de color claro. Orejas que sobresalen y ponen el rostro entre paréntesis. Ceño fruncido, ojos de mar enmarcados por unas gafas redonditas. Gorra blanca con un escudo en el centro. Cara de devolver todas las hostias que alguien (más grande, más loco) quiera darle.

Es una foto de Samuel Beckett. En el colegio, en el Portora Royal School de Enniskillen. Allí es donde empezó a jugar al críquet, y posa, orgulloso, con el uniforme del equipo. Un más que correcto competidor que seguirá volcado en este saludable pasatiempo durante su paso por el Trinity College de la universidad dublinesa. Jugará sendos partidos en los años 1925 y 1926. Ambos contra Northamptonshire, por aquello de la rivalidad. Dos derrotas, por cierto. Un total de treinta y cinco carreras en cuatro entradas. Defensor aceptable, correoso, combativo. Eso sí, en esos encuentros no consiguió ningún wicket (que, al parecer, es algo muy importante en este deporte, además del abrazable, pero a la larga nefasto ewok que encuentran Han Solo y la princesa Leia en El retorno del Jedi).

Lo cierto es que el pequeño Samuel ya tenía fama por aquel entonces. Destacaba en los deportes. Récords aquí y allá. Nadando, corriendo. En diferentes equipos. Ah, en todos destacaba por su agresividad, por su mala baba. El chico de las mejores notas era, también, el rival más fiero cuando se ponía los pantalones cortos. Toda una estrella del trash talking, de la competitividad extrema.

Por cierto, la entrada de Beckett en el Wisden Cricketers’ Almanack que citamos antes contiene un error. Las iniciales de Samuel Barclay aparecen como «S. V.», un claro ejemplo de que el manejo errático de la «b» y la «v» no es algo propio de los mileniales.

Ya ven, gana un Nobel de literatura para esto…

Beckett más allá del críquet (y la literatura)

Hay más, no se vayan a pensar. Más al margen del críquet, digo. Que, oigan, a mí eso de las pelotitas, los bates que parecen remos-de-los-de-golpe-de-remo y los uniformes blancos me parece de lo más atractivo. Frenético, incluso. Pero aquí hemos venido a jugar, ¿no? A fracasar más veces, a fracasar mejor.

Frase de deportista, esa. De las que se ponen en alguna red social después de subir los datos de tu último entrenamiento. Vean, vean, mens sana in corpore sano. En fin, da un poco de repelús, algo así como lamer un sofá con tapicería de fieltro. Ustedes me entienden. Y Samuel seguramente también, porque el tipo era un aficionado de los buenos. Le gustaba la confrontación, el contacto, ese sudor entre viril y homoerótico que se nos pone a veces mientras nos quedamos sin resuello. La palabra, la palabra es lo único que tenemos.

Beckett practicó igualmente rugby. Tiempos del College, claro. Era bueno, no se crean, titular en el equipo principal del centro. Y un aficionado furibundo del XV del Trébol. Mientras duraba el Cinco Naciones Samuel Beckett no aceptaba plan alguno para los sábados por la tarde, concentradito en el «Amhrán na bhFiann» y esas cosas. Cuenta, además, que su francofilia encontraba allí el límite natural: jamás pudo apoyar a los galos frente a la selección de su país natal. Ah, y también le dio a ratos al boxeo, que es una cosa como muy de escritor. ¿Quieren un ejemplo gratis? Aún resuenan ecos del mejor combate literario que viesen jamás los tiempos. Nada menos que un Ernest Hemingway vs. Mosley Callaghan, con Francis Scott Fitzgerald de árbitro. Fue en París, y el muy testosterónico Ernest besó la lona (en realidad la alfombra de su salón, porque aquello fue un poco improvisado) ante la mirada ausente de un Scott pelín despistado (y ebrio). Ya ven, la cosa venía de atrás.

¿Más? Natación, claro. Tenis y golf, dos clásicos si habías nacido en esas islas tan locas que hay entre Francia e Islandia. Y ver fútbol, aunque aquí no exhibiese la pasión de un Camus o un Quiroga. En fin, que estaba hecho todo un connaisseur, uno de esos muchachos sanotes que se apoltrona durante el fin de semana zapeando entre diferentes versiones de tipos congestionados con la piel brillante. Un poco como su vecino del quinto, vaya, no mire para otro lado, no…

Y después tenemos la conexión más deliciosa. Una de esas historias que hay que contar como te las cuentan, aunque sepas que igual no sucedieron exactamente así. De las de se non è vero. Tan sorprendente. Tan, sí, simbólica.

Samuel Beckett vive en Ussy-sur-Marne, un pueblecito de apenas seiscientos habitantes situado a medio centenar de kilómetros de París. Se mudó allí en 1953, después del estreno de su Esperando a Godot, y ese sitio tan aparentemente anodino será hogar hasta su muerte. En esa misma localidad moran los Roussimoff, un clan de inmigrantes (de procedencia búlgara y polaca). Boris, el cabeza de familia, tiene cierta relación con Beckett, porque ha sido él quien se encargó de buscarle los terrenos adecuados en Ussy-sur-Marne mientras el escritor estaba planeando la mudanza.

Los Roussimoff tienen cinco hijos, pero hay uno que destaca por encima de todos. Se llama André René, pero todos lo conocen como «Dedé». Un chico tímido, buen estudiante, que ama las matemáticas y los números. Y grande, muy grande. Enorme. Gigantesco. Dedé mide casi dos metros con apenas doce añitos. Un Hércules, un Maciste. Solo que aquello es un pequeño pueblo de la Île-de-France, y él únicamente un niño, así que el tema da más problemas que alegrías. Los mayores, claro, en la escuela. No hay sillas de su tamaño, tiene que escribir siempre encorvado. Hasta para ir tiene dificultades, porque su corpachón es tan grande que no entra, literalmente, en el autobús escolar. Así que todos los días camina mientras sus compañeros, esos pequeñajos, llegan cómodamente al colegio.

Cuentan que una mañana el irlandés extraño lo vio mojándose en una cuneta, avanzando a grandes zancadas con sus piernas de ogro bueno. Era el antipático invierno del norte de Francia y al recién llegado le dio pena aquel chaval. Así que, aprovechando que su coche era una especie de convertible, un Citroën 2 CV de esos que casi parecen una furgoneta, invitó al chico a subirse. Yo te llevaré a la escuela, tú eres Dedé, ¿no?, el hijo de Boris. Y el otro, apocado, sonríe. Así cada día. Para que no te mojes.

¿Y de qué hablabas allí con un futuro premio Nobel de literatura, André? ¿Del sentido último de la existencia, de la vida, de sus próximas obras?

André, ya mayor, rostro de Fezzik patilludo, rizos espesos en su pelo negro, sonreía y acababa soltando una carcajada. «De críquet. El señor Beckett solo me hablaba de críquet». Y volvía a reír.

Aquel Dedé siguió creciendo. Más, y más, y más. Hasta que un día decidió que su tamaño iba a ser su trabajo. Y entró en el negocio del wrestling. Pasó a la historia como André el Gigante, un mito de estas cosas, un generador inagotable de leyendas. Ah, también participó en La princesa prometida, sí, sí, aquella película de «Me llamo Íñigo Montoya, tú mataste», etcétera. Ya ven, un icono sentado en el coche junto a otro. A veces la realidad nos regala las mejores historias.

Sobre todo, si las decoramos un poco. Porque, aunque ustedes escuchen la versión (detalle arriba o abajo) en un montón de libros, artículos y hasta documentales sobre André el Gigante, lo cierto es que no es del todo verdad. Lo contaba, años después de su muerte, Antoine Roussimoff, el hermano de Dedé. Que en Ussy-sur-Marne no había siquiera autobús escolar, por lo que todos los niños iban caminando hasta el colegio. Apenas dos kilómetros y medio, vaya. Y que a veces algunos vecinos sí paraban sus vehículos y llevaban niños hasta allí. Beckett entre ellos, claro. Pero lo hacía con todos, depende del día, no solo con André. A mí también me llevó, recordaba Antoine, y también a mis hermanas, no había ninguna relación especial con Dedé. Solo que él mismo se encargaba de alimentar la leyenda. Porque le encantaban las historias, disfrutaba con ellas y esta era de las mejores.

Además, la imagen resultaba tan evocadora… el viejo sabio, el joven enorme y bueno. En un coche perfectamente reconocible. Hablando de críquet…

Esperando a Godot (que tarda porque viene en bicicleta)

¿Saben ustedes por qué esperamos a Godot? Pues porque llega tarde.

Parece un chiste, ese donde aparece el acto de cruzar la carretera y un cadáver de bebé (no pienso explicárselo, porque paso de que cierren esta honrada revista cultural), pero igual no lo es. Porque, pásmense, Godot existió de verdad. Y venía en bici, así que tardaba. No es broma, no.

O, al menos, no del todo. La leyenda oficial nos dice que un día Beckett estaba paseando por París (o por otra villa francesa, depende de qué versión lea usted) y se encontró con una enorme multitud apostada al borde de la acera. El irlandés, intrigado, preguntó en voz bajita. Qué hacen ustedes. Oh, estamos esperando a Godot, le contestaron, es el ciclista más veterano del Tour de Francia, y aún no viene… Queremos aplaudirle. Los hay que añaden otro punto: Godot siempre, siempre, llega el último. Así que ir a ver las carreras es, sobre todo, esperar a Godot…

Suena bien, pero tiene un pequeño problema. Que jamás existió ningún ciclista que se apellidase Godot y corriera el Tour de Francia. Agua. ¿Y algo parecido? No necesariamente con esa grafía, pero sí que suene de forma similar. Ojo, que igual tenemos aquí la respuesta.

En El centauro cartesiano (léanlo, merece mucho la pena) Hugh Kenner cuenta lo que le dijo Beckett sobre este asunto: «Un ciclista veterano, calvo, un aficionado, siempre presente en carreras de pueblo e incluso en el campeonato nacional francés. Se llamaba Christian, apellido Godeau. Lo que, por supuesto, suena muy parecido a Godot». Perfecto, tenemos a nuestro culpable: Christian Godeau. Asunto cerrado. Solo que no es tan fácil, no podía serlo con Beckett, ¿verdad?

No existe ningún Christian Godeau. Sí hay, en la misma época, un Roger Godeau. Nos vale, ¿no? Incluso era calvo, lo que nos cuadra con la descripción de Samuel. Pero este Roger nunca participó en el Tour de Francia, ni siquiera era muy conocido en las carreras de ruta. Su territorio fue la pista, los velódromos. Y aquí nos llega la última vuelta de tuerca. La más rebuscada, quizá, pero oigan… hablamos de todo un premio Nobel.

Godeau se hizo grande, adquirió fama y dinero, corriendo en el Vélodrome d’Hiver de París. El mismo que utilizaron los nazis en la tragedia conocida como la rafle. Julio de 1942. Casi veinticinco mil personas (judíos, gitanos, homosexuales, izquierdistas, disidentes varios) encerrados en aquel lugar, sin agua ni comida. Cadáveres en las esquinas, olor a mierda y podredumbre. Cada poco, trenes que salen llevándose a un puñado de ellos. En dirección a los campos de Drancy, Pithiviers o Beaune-la-Rolande, y después a Auschwitz. Eso era, también, el Vel d’Hiv. Eso, quizá, es lo que quiso esconder Beckett tras el nombre «Godot». El recuerdo. La sinrazón. Una cierta forma de existencialismo abismal y absurdo. En bicicleta, además.

Aquí estamos. Seguimos esperando.

 

[Fotografía: Getty. – fuente: http://www.jotdown.es]

La universitat oferirà dos nous cursos a causa de l’elevada demanda

El Consell de Govern ha autoritzat una subvenció directa de 14.000 € a la Universitat de les Illes Balears (UIB) per finançar dues noves edicions del Diploma Universitari de Legislació Lingüística i Drets Lingüístics. La partida servirà per atendre les despeses de finançament del curs i serà atorgada per la Conselleria de Fons Europeus, Universitat i Cultura mitjançant la Direcció General de Política Lingüística.

La primera edició d’aquest curs es va dur a terme l’any 2020 i va tenir una gran demanda. Per això, a conseqüència de la quantitat de persones interessades que van quedar en llista d’espera, s’ha previst fer-ne dues noves edicions durant el 2021. La primera s’inicia el mes de maig i la segona serà a la tardor.

Durant el curs es tracten continguts específics del dret lingüístic propi de les Illes Balears que no s’aborden en cap assignatura obligatòria, bàsica o optativa de cap titulació oficial de la UIB, ni particularment dels plans d’estudis del grau de Dret ni del de Llengua i Literatura Catalanes, ni dels màsters oficials o propis vinculats a aquestes titulacions.

En relació amb el mòdul dedicat al marc legal de la llengua catalana, que ja es va incloure en el postgrau Expert Universitari en Dinamització Lingüística i Drets Lingüístics, representa un aprofundiment i una ampliació de continguts relacionats amb la matèria.

La Fundació Universitat-Empresa de les Illes Balears (FUEIB) s’encarregarà de la gestió econòmica i administrativa dels estudis esmentats. La finalitat de la Fundació és promoure i dur a terme activitats adreçades de forma genèrica a fomentar l’educació, la recerca, la innovació, la cultura i l’esport en l’àmbit de la comunitat autònoma i, en especial, a la UIB.

 

[Font: http://www.racocatala.cat]

A representação do Brasil em caricaturas

Escrito por MARCOS SILVA*

A tese Jeca Tatu a rigor, de Flavio Pessoa, dedicada a versões caricaturais daquele personagem, é marcada por grande carga informativa e empírica, boa documentação de época e bibliografia de peso, muitas vezes resenhada. Realizada no campo de Artes Visuais, evidencia domínio e zelo técnico na análise de imagens[i]. O título anuncia a metamorfose do personagem literário de Monteiro Lobato em figura caricatural de produção coletiva na imprensa carioca, segunda e terceira décadas do século XX.

Pessoa salienta que a presença do personagem Zé Povo nessa imprensa, anterior ao Jeca Tatu como representação caricatural do Brasil, diminuiu desde fins da segunda década do século XX. Seria conveniente discutir mais esse encolhimento no contexto da aparição do Jeca Tatu literário e de mudanças no debate político brasileiro da época, inclusive considerando o primeiro pós-guerra, suas diferenças em relação ao caipira anterior em diferentes linguagens (Teatro, Literatura etc.). Se o Zé Povo remetia a regime republicano e direitos políticos, Jeca Tatu evocava mais pobreza e atraso técnico, o que é sintomático depois da Revolução Russa e dos rearranjos do capitalismo mundial.

Uma especificidade histórica do Jeca Tatu lobateano em relação ao caipira de antes é seu afastamento face à explicação racial. Monteiro Lobato disse mesmo que Jeca e bandeirantes pertenciam à mesma raça. Mas a alegoria da República, nessas revistas, era uma mulher loura num país racista, de grande população negra e mestiça.

O impacto daquela criação literária foi muito forte, a ponto de ser citado em discurso no Senado por Ruy Barbosa em 1919.  Sua presença na cultura brasileira tem sido prolongada, da propaganda do Biotônico Fontoura a filmes de Mazzaropi e citações indiretas em personagens televisivos, passando por uma paródia na canção “Jeca Total”, de Gilberto Gil, de 1975.

O personagem caricatural Jeca Tatu dialogou com temas como Política, Futebol, Carnaval (como no desenho de J. Carlos “Os três poderes que nos regem”, Careta; Rio de Janeiro: Kosmos, XIV [698], 5 nov 1921), quando poderes constitucionais foram parodiados a seu redor. Apareceu também como animal de tração da Política, de forma similar ao anterior Zé Povo, vítima e sofredor (“O povo acima de tudo”, de J. Carlos, Careta, XV [709], 21 jan 1922 ; “Atrelado aos varais”, de J. Carlos, Careta, XIV [701], 26 nov 1921). São questões significativas, que não podem ser reduzidas a um lugar fixo para os personagens envolvidos, convidando a pensar mais sobre Política como disputa.

Quando Jeca surge lendo jornal de cabeça para baixo, no contexto das comemorações do centenário da Independência, além do significado literal da imagem (nada lê, deve ser analfabeto), vale salientar que o personagem parecia alheio ao que se comemorava, excluído da nação, verdadeiro mundo de ponta-cabeça (“Um ano de regozijo”, de J. Carlos, Careta, XV [708], 14 jan 1922). Noutro momento, os presidentes de Portugal e Argentina olham com desdém para o povo brasileiro; vale lembrar que o Brasil, na imagem, não é representado por seu governante, há uma espécie de hierarquia entre países e postos desses personagens (“Imagina só se eu não fosse anarfabeto”, de Belmonte, Careta, XV [746], 7 out 1922). E o Jeca rural, diante do Cardoso urbano (representação de classe média; “A descendência de Jó”, de J. Carlos, O Malho, Rio de Janeiro: Pimenta de Mello, XXIV [1198], 29 ago 1925) transfere a racionalidade para o urbano e aquela classe. Apesar disso, diante de uma posterior comemoração fraca do 7 de setembro, Jeca e Cardoso parecem em confraternização como imagens do Brasil (“Era uma vez”, de J. Carlos, O Malho, Rio de Janeiro: Pimenta de Mello, XXIII [1148], 13 set 1924).

A tese de Flavio emprega as duvidosas noções históricas de “Primeira República” e “Revolução de 30”, criticadas por Carlos Alberto Vesentini e Edgar de Decca já em 1978[ii]. Em sentido similar, fala em “governo provisório pós-revolução”, o que remete ao marco “Revolução de 30”. E o desenhista paraguaio Andrés Guevara foi mais associado aos anos 30 do século XX, dentro daquela periodização convencional, embora atuasse no Brasil desde a década anterior, conforme discutido por Flavio.

O uso de expressões como “inequívoco avanço”, “sinal de progresso” e “grande avanço” evidencia uma visão linear da História, carente de crítica. O mesmo procedimento se observa em “relativa liberdade”: se é relativa, não é liberdade…

Flavio fala, a respeito de seu personagem principal, em conformismo e papel social coadjuvante; valeria a pena considerar como Jeca Tatu foi tornado coadjuvante; reclamar e se declarar vítima não são apenas atos de conformismo. Diante de críticas da tese a racismos presentes em caricaturas, seria bom incluir no debate escritores brasileiros da época, como o próprio Monteiro Lobato, Paulo Prado e Mario de Andrade, que esboçaram a superação daquele argumento racial desde fins dos anos 10 e na década seguinte do século passado[iii]. Há pluralidade social e racial no Zé Povo[iv], antecessor caricatural do Jeca Tatu em alguns aspectos, um Zé Povo não apenas “urbano, bem aprumado, vestindo terno e chapéu Panamá ou de palhinha e aba rígida”, também emissor de queixas contra descaso do governo em relação a moradia e educação.

A tese de Pessoa entende haver uma hegemonia política ruralista nas três primeiras décadas republicanas do Brasil. Cabe lembrar, com Warren Dean, que cafeicultores investiam também em finanças, transporte e indústria, donde aquela hegemonia abranger diferentes campos econômicos[v]. Em sentido similar, Pessoa considera existir uma moderna comunicação de massa no Brasil da época estudada, cabendo enfatizar a diversidade desse universo, que incluía literatos tão diferentes entre si quanto Euclides da Cunha, Lima Barreto, Olavo Bilac e Monteiro Lobato. Em sentido semelhante, Flávio cita Nicolau Sevcenko, para quem o trabalho de literatos na imprensa daquele tempo “eliminou ou reduziu drasticamente o tempo livre necessário para a contemplação literária.”[vi]. Faz falta discutir o que é essa contemplação no mercado capitalista, lembrar que grandes nomes da Literatura brasileira publicaram em periódicos – Machado de Assis, Euclides da Cunha, Lima Barreto e outros[vii].

Ao apontar a Exposição Nacional de 1908 como uma referência para balanços culturais e artísticos sobre o Brasil, Flávio deixou de comentar que o evento comemorou o centenário da abertura dos portos (e a monarquia…), evidenciando que nem todos os intelectuais defendiam república igualitária. E a passagem do pioneiro caricaturista Ângelo Agostini, de editor independente a colaborador em periódicos editados por outros, possui forte carga simbólica na História da imprensa brasileira[viii].

Definir a expansão do desenho impresso no jornalismo e as massas, portanto, exige identificar mais esses tópicos no Brasil, país marcado, então, por limites em urbanização, transporte e alfabetização. A independência da caricatura em relação ao Estado precisa ser demonstrada além das posturas de estudiosos que realçam poder crítico do gênero[ix]. É bom lembrar que os caricaturistas formavam um núcleo de fazedores de imagens e interpretações, formadores de opinião, editados por terceiros.

Ao indicar transgressão pelo riso, é necessário salientar a existência de humores muito conservadores, como os filmes nazistas que compararam judeus a ratos, além de grande parte do humor televisivo contra pobres, homens impotentes, mulheres feias. As tensões entre desenhistas e editores fazem lembrar que caricaturistas eram (e são, até hoje!) submetidos à edição geral dos periódicos. E ao identificar riso a desordem, faz-se necessário tomar cuidado com idealizações, uma vez que existiram e existem censuras dos editores de periódicos, além de desenhistas conservadores. Um importante quadrinista posterior ao tempo estudado por Flávio, Henfil, para publicar livremente, optou por edições independentes e irregulares em periodização da revista Fradim.[x]

Pessoa aponta simplificação na linguagem caricatural (composição, cenário). Talvez seja melhor falar em outras modalidades de ser complexo visualmente, através de sínteses e paródias, como se observa num exemplo de Guevara, que a tese comenta, evocando o cubismo (“O Sr. Assis Brasil promete arrasar o Governo, na Câmara”, de Andrés Guevara, O Malho, Rio de Janeiro: Pimenta de Mello, XXVII [1342], 2 jun 1928). Uma capa (sem título, de Calixto Cordeiro, O Malho, Rio de Janeiro: Editora O Malho, II [38], 6 de junho de 1903) é um desenho como fazer em ato, Zé Povo pinta em muro o nome da revista, como se o Povo a fizesse.

O uso por Flávio de expressões como “sistema econômico subdesenvolvido e dependente”, “primeiro mundo”, “problemas estruturais do país” e “complexo de vira-latas” convida a pensar sobre riscos de anacronismo e indagar se faziam parte do vocabulário do período estudado ou exigem mediações em seu emprego.

O problema do caráter nacional, discutido em diferentes momentos do estudo, faz lembrar, por oposição, Macunaíma, “herói sem nenhum caráter” (o livro de Mario de Andrade é de1928), para realçar que aquele traço é invenção, não um dado.

Há uma referência, a partir de Isabel Lustosa[xi],  a Calixto, Raul e J. Carlos como caricatura genuinamente brasileira, critério que merece ser discutido: embora nascidos na Europa, os anteriores Ângelo Agostini e Henrique Fleiuss eram o quê, em seus personagens e temas?

Ao comentar o Campeonato sul-americano de futebol (sem título, de Belmonte, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XV [749], 28 out 1922), cabe observar que o esporte dos desdentados (pobres) ali exposto parece dominar a Academia Brasileira de Letras (elite), pisa em textos e sugere estar mudando de classe social ou expressa vontade de pertencimento social que o caricaturista preferia, tornando-se popular.

J. Carlos usa a expressão “Não quero saber mais dela” num desenho de capa, retomando lema de um samba de Francisco Alves e Rosa Negra, gravado em 1928 (“Nunca mais”, de J. Carlos, O Malho, Rio de Janeiro: Pimenta de Mello, XXVI [1297], 23 jul 1927), o que pode evocar diálogos entre tais linguagens – a canção pode ser anterior à gravação ou os compositores podem ter usado uma mesma referência de linguagem[xii]. E os estereótipos em caricaturas sobre negros merecem ser comparados a favelas e negros diferenciados na pintura de Lasar Segall, Tarsila do Amaral e Di Cavalcanti, com datas de produção plástica e sua divulgação nacional.

Flavio fala do humor como dotado de vestígios históricos complementares, noção duvidosa a partir de sua própria pesquisa, dedicada a questões que não são encontradas noutros documentos de época, só estão nesse potencial riso. Evocando a noção de seriedade, contraposta ao riso, caberia a Flávio Pessoa retomar o artigo de Luís Felipe Baeta Neves sobre ideologia da seriedade[xiii].

A comparação do importante desenhista Andrés Guevara a Henfil é adequada e poderia incluir o também excelente Antonio Nássara, provocadores visuais que são, preservadas as diferenças históricas entre eles.

Flavio faz menção a Herman Lima junto com historiadores mais recentes. Sempre é bom lembrar que o clássico trabalho de Lima é mais propriamente jornalístico e arquivístico, sem qualquer demérito.

A milésima edição de Careta traz uma autoimagem editorial como publicação alheia a disputas políticas (“O número mil”.  Careta, Rio de Janeiro, Kosmos, XX [1000], 20 ago1927). Entendo que a cobertura da Revolta da Chibata (1910), por exemplo, revela intensa tomada de partido da revista contra os revoltosos.

Uma fala de Raul Pederneiras, ao rejeitar trocadilhos, sugere certo desprezo pela linguagem popular, apesar de sua plaqueta Geringonça carioca, dedicada a esse universo.[xiv] Certamente, nosso olhar sobre tal campo de linguagem, depois dos ensaios de Mario de Andrade e Câmara Cascudo e da literatura de Guimarães Rosa, que remetem a uma erudição popular, é muito diferente daquele, será melhor tratar Pederneiras como fonte documental problematizável que idealizar seus pontos de vista[xv].

A atribuição de fala iletrada ao caipira nessas caricaturas convida a pensar sobre outras facetas do personagem, que também é dotado de astúcia, questão que Flavio aborda mais para o final de sua tese. Vale lembrar que Mario de Andrade pensou no projeto de um dicionário do português brasileiro, que não chegou a concretizar.

Pessoa realça relações entre linguagem teatral e humor gráfico, com ênfase em cenografia e textos, produzidos por alguns caricaturistas.  É possível identificar esses laços também no uso de expressões faciais e corporais pelas imagens de humor. Sobre a diversidade racial no teatro brasileiro da época, vale recordar que o livro de Ruy Fausto sobre o Rio de Janeiro nos anos ‘20 do século passado, citado por Flavio, menciona teatro de revista negro nessa década.

Personagens pobres de J. Carlos são caracterizados por fala errada, índice de ignorância. Daí, Pessoa concluir que esse humor era discurso voltado às camadas socialmente privilegiadas, argumento que mereceria maior demonstração no contexto de práticas de leitura desse grupo, que incluía publicações estrangeiras. A perspectiva desse humor corresponde a interesses de tais camadas sociais mas a produção cultural pode introduzir tensões nesses quadros, como se observa, dentre outros, em Machado de Assis[xvi].

Falar em crises nacionalistas de intelectuais pode sugerir generalizações; é um critério válido para autores como Euclides da Cunha e Lima Barreto, mas improvável no que diz respeito à maioria de escritores e demais artistas do período estudado. No mesmo sentido, o critério de mudanças na periferia do capitalismo requer nuances, levando em conta recepções socialmente diferenciadas.

Quando os caricaturistas falam de República, monarquia e risco de retrocesso, não parecem incluir o problema da escravidão. A referência a república imperial (“A Imperial República”, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XIII [615], 3 abr 1920) é explícita como antigermanismo mas também pode ser lida como menção ao Brasil.

Sobre a mulher no DF, foi mais frequente naquelas revistas manter os limites de elite e classe média urbanas. O homem velho na praia aparece como fraco e sem coragem, a mulher é gorda e dependente (sem título, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XII [631], 24 jul 1920). A moça que quer namorado rico (“Tableau!”, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XIII [613], 20 mar 1920) sugere uma relação sem romantismo, destituída de amor ou metamorfoseando esse sentimento em pecúnia.

Nas referências a racismo do século XIX, cabe lembrar nuances no século XX, em autores como Lima Barreto e Manoel Bomfim, abordados por Flávio, faltando acompanhar debates sobre esse último autor[xvii]. Mesmo Sylvio Romero e Euclides da Cunha merecem revisão[xviii]. O lombrosiano Nina Rodrigues, por exemplo, se opunha à destruição de terreiros de candomblé.

Ao mencionar Gilberto Freyre e o idealizante conceito de harmonia entre raças, seria possível estabelecer paralelos com o multirracial Macunaíma (nasce preto e fica branco) e a intencional bagunça racial brasileira estabelecida na narrativa.

A imagem de propaganda com espancamento de menino negro (“A asneira do moleque Benjamin”, de Loureiro, O Malho, Rio de Janeiro: Pimenta de Mello, XVIII [883], 16 ago 1919), publicada oito anos depois da Revolta contra a Chibata, naturaliza a violência contra negros, prática que ocorre até o século XXI, inclusive em instituições ligadas ao Estado, como o Instituto Palmares de hoje. O racismo em imagens de J. Carlos, que é um excelente desenhista de humor, merece ser debatido como um grave problema não só dele, mas também de editores e público. E o negro que é, simultaneamente, acusado e culpabilizado em delegacia (“O inquérito”, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, VIII [390], 11 dez 1915) parece um homem grande, forte, bruto, como se esses traços já o culpabilizassem.

Embora Flavio fale em “relativa ausência ou escassez de representações da música popular na produção caricatural do momento”, Mônica Velloso (citada na tese) registra desenhos de Raul Pederneiras sobre música em diferentes bairros cariocas e negros aparecem no meio popular[xix].

Ao falar de visão, pelas caricaturas, “compartilhada pelos grupos sociais dominantes, seja das indústrias que produzem, seja dos leitores que consomem”, falta destacar que estamos diante de poderes diferentes e que os fruidores daquelas imagens não eram tão somente dos referidos grupos.

Quando comenta imagem do jornalista negro Francisco José Gomes Guimarães (Vagalume), Flavio destaca que ele não foi “representado de forma estereotipada como eram tratados os personagens negros na caricatura” (“Tipos populares”, de Calixto Cordeiro, O Malho, Rio de Janeiro: Editora o Malho, III [83], 16 abr 1904). Mãos e pés daquele homem, todavia, foram intencionalmente deformados como muito grandes.

O tema de música e dança populares presentes em festas domésticas, a partir de citação de Elias Saliba (“quando o viam nas ruas acabavam chamando a polícia”), abriga certa oposição entre família e rua, como se quem dançasse em público não fosse família.[xx] O fato de serem cantadas e bailadas nas casas brasileiras pelas “sinhazinhas e sinhás”, nas palavras de Bastos Tigre, seria “um fruto proibido saboreado à socapa, num despertar gostoso dos instintos da raça” – proibido ma non troppo… A presença de música e dança da pobre Cidade Nova em espaços ricos do Distrito Federal poderia beneficiar-se com a leitura do romance Numa e a ninfa, de Lima Barreto, parcialmente ambientado naquele bairro, com um morador dele (Lucrécio Barba de Bode) frequentando perifericamente salões de elite. Lima Barreto, noutro romance (Triste fim de Policarpo Quaresma), apresentou o personagem central, homem de classe média, tomando aulas de violão com o mulato Ricardo Coração dos Outros[xxi].

Cabe salientar que as roupas de um senhor que tira a “cozinheira” (ambos negros) para dançar parecem largas e desajustadas (“A cozinheira no baile”, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XIII [639], 18 set 1920), o que sugere imitação mal-acabada da elite por pobres e remediados, com a mulher identificada por trabalho humilde. O assinalado refinamento musical do choro, com execução e circulação em meios populares e de elite, indica circularidade entre classes e níveis culturais hierarquizados noutros aspectos, questão teórica discutida por Carlo Ginzburg a partir de Mikhail Bakhtin.[xxii] A evocação do último autor é muito adequada, cabendo salientar que seu alvo foi o sagrado medieval e renascentista, situação diferente do Brasil no início do século XX.

Um grupo de negros, noutro salão de festas (“‘Choro’ ao treze de maio”, de Augusto Rocha, O Malho, Rio de Janeiro: Editora O Malho, IV [191], 12 maio 1906), indica nível de fala junto com ascensão social e abolição comemorada, mas também provocadora de choro (música/tristeza). E os negros músicos designados como “Chocolate” (“Poetas de chocolate”, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, IX [429], 9 set 1916),) mesclam estereótipo facial a certa valorização – doçura, coisa boa – na semana de edição após o 7 de setembro.

Na comparação entre carnaval de salão e carnaval de rua, valeria a pena relembrar situação semelhante no Jorge Amado de Tenda dos milagres.[xxiii] As velhas tradições do carnaval de rua do século XIX foram designadas como “resíduo de um tempo que deveria ser esquecido” mas tiveram continuidade. Vale ressaltar que não eram tradições espontâneas e sim produções culturais próprias. O carnaval popular, em João do Rio, foi descrito como fogo, possível metáfora erótica. E os cordões carnavalescos incluíram cobras e outros elementos da cultura africana no Brasil. Seria bom reproduzir as citadas pinturas de Rodolfo Chambelland e Timotheo da Costa sobre carnaval.

Uma grande colombina, com pequeno pierrô na mão (“O sonho de Colombina”, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XV [714], 25 fev 1922), sugere que desejo e poder da mulher são maiores que os correspondentes masculinos. Noutra cena de carnaval (“Desempregada”, capa de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XV [714], 25 fev 1922), a vergonha figura como desempregada e sem uso. Nesse contexto, as mulheres aparecem mais que os homens, possível voyeurismo machista. O carnaval surge descrito na tese como válvula de escape e alienação. Carnaval e República são representados através de personagens brancos (“sem título, capa de Alfredo Storni, O Malho, Rio de Janeiro: Editora O Malho, XIII [597], 21 fev 1914), o que merece mais comentários por se referir a uma festa tão negra no Brasil.

O público em estádios de futebol é frequentemente composto, em caricaturas, por homens e mulheres de elite (“Foot-ball”, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, X [473], 14 jul 1917), o que pode ser uma idealização diante de um futebol popular já existente. Um homem negro surge com mulheres, mesclando sedução a linguagem de futebol (“Torcedores”, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XII [568], 10 maio 1919), três dias antes da comemoração da Abolição.

Para Flávio, “Ainda que se reserve um forte viés crítico sobre a política, esta recai sobre uma entidade abstrata, sem rosto ou identificações precisas”. É uma importante análise, que pode ser desdobrada na consideração sobre metamorfoses daquele viés crítico em situações históricas específicas.

Sérgio Buarque de Hollanda, como outros autores, foi submetido por Pessoa a crivo crítico, faltando salientar que ele trabalhou com o conceito weberiano de ideal-tipo. É duvidoso que Buarque de Hollanda considerasse panoramas imutáveis, como se observa no capítulo “Nossa revolução” e noutras partes de Raízes do Brasil.[xxiv]

O Jeca Tatu de pés descalços (“Cenas do interior”, de Alfredo Storni, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XVI [761], 29 jan 1923) faz lembrar a escravidão, quando os cativos eram proibidos de usarem calçados. Nessa mesma imagem, uma égua esquelética é usada como imagem da situação financeira do Brasil, estabelecendo certo paradoxo do riso: Deus pode ser brasileiro, conforme fala de Jeca ali, mas o Brasil está muito mal!

As relações entre Estado e os pobres (“Pontos de vista”, de J. Carlos, O Malho, Rio de Janeiro: Pimenta de Mello, XXIV [1187], 13 jun 1925) situam os últimos como universo dos fracos, faltando caracterizar mais na tese quem seriam esses portadores de fraqueza. O objeto de repressão, nesse caso, é um menino pobre e pequeno, dimensão simbólica de os fracos serem os menores socialmente.

Sobre o retorno dos restos mortais dos antigos monarcas para o Brasil (“Os despojos imperiais”, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XIII [631], 24 jul 1920), há uma certa ambiguidade da caricatura sobre quem seriam os mortos que governavam ou não o Brasil – aqueles do Império ou os então atuais presidentes?

A capa que sugere Fúrias prendendo Zé Povo (“Sete de setembro”, de Calixto Cordeiro, O Malho, Rio de Janeiro: Editora O Malho, XVI [782], 8 set 1917) é uma alegoria trágica, transformada em caricatura, simultaneidade de gêneros frequente nessas revistas. Cabe lembrar que a autoria do “Hino da Independência“, entoada nessa imagem, é atribuída a Pedro I, o que pode estar associado a argumentos monarquistas. E noutra imagem sobre o centenário da Independência (“O Centenário”, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XIV [667], 2 abr 1921), há um personagem alegórico meio velho, meio bebê, soma de carências diante de grandiosas obras de reurbanização anunciadas.

Articulado ao voto de cabresto, o eleitor é identificado também como Zé Besta e Zé Burro (“As próximas eleições… ‘de cabresto’”, de Alfredo Storni, Careta, Rio de Janeiro: Kosmos, XX [974], 9 fev 1927), sequência verbal que evoca Zé Povo. Nesses termos, ele é associado a burrice e trabalho pesado de carga, representado como um jumento e vítima dos outros – a Soberania, trajada como República, e um político.

É muito bom evocar Darcy Ribeiro a salientar lutas do povo[xxv]; falta comentar que ele realça derrotas do mesmo povo, mantendo-se próximo daquela representação derrotada de Zé Povo e do Jeca Tatu.

Sobre as relações entre Zé Povo, Monarquia e República (sem título, de Crispim Amaral, O Malho, Rio de Janeiro: Editora O Malho, I [2], 27 set 1902), seria estimulante dialogar com discussões historiográficas a respeito de monarquistas após o fim do Império[xxvi]. Noutra imagem, Zé Povo surge com Venceslau Braz e parece pedir para ser montado como se fosse cavalo (“Lição de equitação”, de Alfredo Storni, O Malho, Rio de Janeiro: Editora O Malho, XIII [613], 13 jun 1914), ato de aparente servidão voluntária[xxvii].

Na relação entre Jeca e Festa pela República (“Toca o hino”, de J. Carlos, Careta, Rio de Janeiro: Pimenta de Mello, XXII [1065], 17 nov 1928), foi esboçada uma crítica ao regime na fala daquele personagem: “Desgraça pouca é ‘bobage’.”. E Jeca Tatu, descalço, novamente diante de Washington Luís (“Sem competidores”, de J. Carlos, O Malho, Rio de Janeiro: Pimenta de Mello, XXVII [1224], 27 fev 1928), sugere fraude na política republicana. No convívio entre Jeca e personagens que representam Portugal, Inglaterra e Estados Unidos (“Tudo descoberto”, de J. Carlos, O Malho, Rio de Janeiro: Pimenta de Mello, XXVII [1338], 5 maio 1928), a seminudez do personagem evoca um contexto de sua exploração pelos outros.

No final de sua pesquisa, Flavio indica desenho de humor mais recente (capa, sem título, de Mario Alberto, Lance, Rio de Janeiro, XVIII, 15 jun 2014 – http://lancenet.com.br/charges/), onde o Gigante Brasil acorda e é designado como ajudante de decoração para a Copa do Mundo daquele ano. Ele poderia lembrar que, depois, parcelas do gigante participaram da derrubada da presidenta Dilma Roussef, com direito a elogio ao torturador Brilhante Ustra no Congresso e ditaduras Michel Temer e Jair Bolsonaro na sequência. O gigante encolheu como coadjuvante de ditaduras medíocres.

Mas isso é problema para outra pesquisa sobre política, riso e caricatura.[xxviii]

*Marcos Silva é professor do Departamento de História da FFLCH-USP.

Notas


[i] PESSOA, Flavio Mota de Lacerda. Jeca Tatu a rigor – Representações do povo brasileiro na Careta e n’O Malho. Tese de Doutoramento em Artes Visuais, defendida na EBA/UFRJ. Rio de Janeiro: digitada, 26 de março de 2021.

[ii] VESENTINI, Carlos e DE DECCA, Edgar. “A revolução do vencedor”. Contraponto. Rio de Janeiro: Centro de Estudos Noel Nütels, I (2): 60/69, nov 1976.

[iii] MONTEIRO LOBATO, José Bento. Urupês. São Paulo: Brasiliense, 1980 (1ª ed.: 1918).

PRADO, Paulo. Retrato do BrasilSão Paulo: Cia. das Letras, 1997 (1ª ed.: 1928).

ANDRADE, Mário. Macunaíma – O herói sem nenhum caráter. São Paulo: Martins, 1972 (1ª ed.: 1928).

[iv] SILVA, Marcos. Caricata República – Zé Povo e o Brasil. São Paulo: CNPq/Marco Zero, 1990.

O livro retoma:

IDEM. Humor e Política na Imprensa – Os Olhos de Zé Povo Fon-Fon, 1907/1910). Dissertação de Mestrado em História Social, defendida na FFLCH/USP. São Paulo: digitado, 1981.

[v] DEAN, Warren. A industrialização de São Paulo. Tradução de Octávio Mendes Cajado. São Paulo: Difusão Europeia do Livro/EDUSP, 1971.

[vi] SEVCENKO, Nicolau. Literatura como missão. São Paulo: Brasiliense, 1983.

[vii] Há bons comentários sobre diferentes estratégias literárias naquela imprensa brasileira em:

SANTOS, Poliana dos. O povo e o paraíso dos abastados – Rio de Janeiro, 1900/1920 – Crônicas e outros escritos de Lima Barreto e João do Rio. Tese de Doutoramento em História Social, defendida na FFLCH/USP. São Paulo: digitado, 2018.

[viii] SODRÉ, Nelson Werneck. História da Imprensa no Brasil. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 1966.

MARINGONI, Gilberto. Ângelo Agostini – A Imprensa Ilustrada da Corte à Capital Federal (1864/1910)São Paulo: Devir Livraria, 2011.

[ix] STAMBOWSKY, Marissa. Belmonte: caricaturas dos anos 1920. Rio de Janeiro: FGV, 2019.

BURKE Peter. Testemunha ocular: o uso de imagens como evidência histórica. São Paulo: Edusp, 2017.

GOMBRICH, E. H. “O arsenal do cartunista”, in: Meditações sobre um cavalinho de pau e outros ensaios sobre a Teoria da ArteTradução de Geraldo Gerson de Souza. São Paulo: Edusp, 1999, pp 127/142.

A tese de Pessoa não indica os ensaios pioneiros e clássicos de Monteiro Lobato, Gonzaga Duque e Max Fleiuss sobre caricatura no Brasil nem o artigo de E. Duprèel, do final dos anos 20 do século passado, que fala em riso de recepção e riso de rejeição.

MONTEIRO LOBATO, José Bento. “A caricatura no Brasil”, in: Ideias de Jeca Tatu. São Paulo: Brasiliense, 1959, pp 3/21 (1ª ed.: 1919).

DUQUE, Gonzaga. Contemporâneos – Pintores e escultores. Rio de Janeiro, Typografia Benedito de Souza, 1929.

FLEIUSS, Max. “A caricatura no Brasil”. Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro. Rio de Janeiro, IHGB, 80: 584/609, 1915.

DUPREÈL, E. “Le problème sociologique du rire”. Revue Philosophique de la France et de l’ Étranger. Paris: F. Alcan, 106: 213/260, set/out 1928.

[x] SILVA, Marcos. Rir das ditaduras – Os dentes de Henfil (Fradim, 1971/1980)São Paulo: Intermeios/USP-Programa de Pós-Graduação em História Social, 2018.

O livro retoma:

IDEM. Rir das ditaduras – Os dentes de Henfil – Ensaios sobre os Fradim (1970/1980). Tese de Livre-Docência em Metodologia da História, defendida na FFLCH/USP. São Paulo: digitado, 2000.

[xi] LUSTOSA, Isabel. “Humor e política na Primeira República”. Revista USP. São Paulo: USP, 3, 53/64, set/nov 1989.

[xii] Não quero saber mais dela.(samba)… 1928 .. Francisco Alves …

http://www.youtube.com › watch

Esse refrão foi retomado noutro samba de Arlindo Cruz e Sombrinha, gravado, dentre outros intérpretes, por Beth Carvalho.

Beth Carvalho – Não Quero Saber Mais Dela – YouTube

http://www.youtube.com › watch. Consultado dia 20 mar 2021.

Ruy Castro aponta Alves como comprador de sambas alheios.

CASTRO, Ruy. Metrópole à beira-mar – O Rio moderno dos anos 20. São    Paulo: Cia. das Letras, 2019.

SILVA, Marcos. “Metrópole à beira-mar – O Rio moderno dos anos 20”. Resenha do livro Metrópole à beira-mar, edição citada. A Terra é redonda. São Paulo, 4 fev 2021 aterraeredonda.com.br › metropole-a-beira-mar-o-rio-…

[xiii] NEVES, Luís Felipe Baeta. “A ideologia da seriedade e o paradoxo do coringa”. Revista de Cultura Vozes. Petrópolis, Vozes, 5 (68): 35/41, 1974.

[xiv] PEDERNEIRAS, Raul. Geringonça carioca: verbetes para um dicionário da gíria. Rio de Janeiro: Oficinas Gráficas do Jornal do Brasil, 1922.

[xv] ANDRADE, Mário de. Música de feitiçaria no Brasil. São Paulo: Martins, 1963.

CÂMARA CASCUDO, Luís da. Cinco livros do povo. Rio de Janeiro: José Olímpio, 1953.

GUIMARÃES ROSA, João. Grande Sertão: Veredas. São Paulo: Cia. das Letras, 2019 (1ª ed.: 1956).

[xvi] MACHADO DE ASSIS, José Maria. Memórias póstumas de Brás Cubas. Rio de Janeiro: Nova Aguilar, 1996 (1ª ed.: 1880).

[xvii] SILVA, José Maria de Oliveira. Da Revolução à Educação – Radicalismo republicano em Manoel Bomfim. Dissertação de Mestrado em História Social, defendida na FFLCH/USP. São Paulo: digitado, 1991.

[xviii] BECHELLI, Ricardo. Metamorfoses na interpretação do Brasil – Tensões no paradigma racista. Tese de Doutoramento em História Social, defendida na FFLCH/USP. São Paulo: digitado, 2009.

[xix] VELLOSO, Mônica. Modernismo no Rio de Janeiro: turunas e quixotes. Rio de Janeiro: Editora FGV, 1996.

[xx] SALIBA, Elias. Raízes do Rio: a representação humorística na história brasileira: da Belle Époque aos primeiros tempos do rádio. São Paulo: Cia das Letras, 2002.

[xxi] LIMA BARRETO, Afonso Henriques. Numa e a ninfa. São Paulo: Brasiliense, 1956 (1ª ed.: 1915).

IDEM. Triste fim de Policarpo Quaresma. São Paulo: Brasiliense, 1956 (1ª ed.: 1911).

[xxii] GINZBURG, Carlo. O queijo e os vermes. Tradução de Renata Sammer. São Paulo: Cia. das Letras, 2006.

BAKHTIN, Mikhail. Cultura popular na Idade Média e no Renascimento. O contexto de François Rabelais. Tradução de Yara Frateschi Vieira. São Paulo: Hucitec, 2008.

[xxiii] AMADO, Jorge. Tenda dos Milagres. São Paulo: Cia. das Letras, 2006 (1ª ed.: 1969).

[xxiv] BUARQUE DE HOLLANDA, Sergio. Raízes do Brasil; São Paulo: Cia das Letras, 1995 (1ª ed.: 1936).

[xxv] RIBEIRO, Darcy. O povo brasileiro: a formação e o sentido do Brasil. São Paulo: Global, 2005.

[xxvi] JANOTTI, Maria de Lourdes Mônaco. Os subversivos da República. São Paulo: Brasiliense, 1986.

SILVA, Eduardo. Dom Obá II d’África, o Príncipe do Povo. São Paulo: Cia. das Letras, 1997.

[xxvii] Dificilmente, brasileiros tinham acesso ao texto de La Boétie no período estudado por Flavio mas sempre é bom ler esse clássico para, a partir de contextos diferentes, refletir sobre sua problemática.

LA BOÉTIE, Étienne. Discurso sobre a servidão voluntária. Tradução de Laymert Garcia dos Santos. Posfácios de Laymert Garcia dos Santos, Claude Lefort e Marilena Chaui. São Paulo: Brasiliense, 1982.

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[Fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]