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Mientras Berlín se iluminaba fantasmagóricamente con las piras donde ardían libros prohibidos, los nazis llevaban a cabo un crimen cultural de proporciones aún mayores, un sistemático saqueo de bibliotecas sin precedentes en la historia con la intención dotar al Reich de armas ideológicas contra los enemigos del nacional-socialismo, al tiempo que se privaba a estos de su herencia cultural.

El otro plan de Hitler para dominar Europa: saquear millones de libros para borrar a sus enemigos

Escrito por ÁLVARO ALCÁZAR

Los anaqueles de judíos, comunistas, políticos liberales, activistas por los derechos LGTB, católicos, masones y de cualquiera que entrara en la larga lista de enemigos del régimen fueron expoliados y las obras que contenían esgrimidas como armas intelectuales contra sus dueños. Un saqueo sistemático de bibliotecas públicas y privadas y de librerías que, a lo largo y ancho de la Europa ocupada, llevaron a cabo las tropas alemanas en despiadada competencia entre las distintas organizaciones del Reich, y que por fin queda documentado gracias a la pormenorizada investigación de Anders Rydell.

En paralelo, Ladrones de libros es la historia cuasi detectivesca de cómo un heroico puñado de bibliotecarios, y con ellos el propio autor, han emprendido la tarea de devolver estos libros a sus dueños legítimos. Para ello, han peinado las bibliotecas públicas de Berlín con el fin de tratar de identificar los volúmenes robados y han intentado dar con los familiares de aquellos que fueron despojados. En muchos casos, estos libros son el único objeto que los descendientes de víctimas del Holocausto podrán tener entre las manos como un recuerdo.

La Segunda Guerra Mundial fue también un conflicto cultural y el estudio y refutación de toda la literatura «degenerada» que los nazis expoliaron pretendía justificar el deseo de Alemania de dominar el mundo y derrotar a sus enemigos con la «ciencia», así como sentar las bases intelectuales sobre las que descansaría el Reich de los mil años. Un Reich que se levantaría no solo sobre sangre y piedra, sino también sobre palabras.

Anders Rydell es un reconocido periodista, editor y autor de no ficción sueco. Exjefe de cultura de un importante grupo de medios sueco, ha publicado varios libros en su carrera como autor, entre ellos, de Ladrones de libros, que junto con la aclamada The Looters analiza el saqueo cultural durante la Segunda Guerra Mundial. Su trabajo ha sido galardonado con varios premios, entre ellos, Region Uppsala’s Culture Scholarship Sweden, Micael Bindefeld’s Foundation Scholarship Sweden, Wallquist Prize Sweden, The Foundation Bengt Janson’s Memorial Fund Prize Sweden, y ha sido finalista del August Prize Sweden-Plundrarna.

 

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

La victoria del “no” a la nueva constitución chilena obliga a volver la vista a las razones íntimas de este rechazo popular.

Gabriel Boric durante la campaña electoral.

Pinochet y su legado han demostrado que son difíciles de matar. El proyecto de Constitución de 2022 —la Constitución más progresista jamás escrita en términos de derechos socioeconómicos, igualdad de género, derechos indígenas y protección de la naturaleza— fue rechazado por casi el 62% de los votantes en un plebiscito nacional celebrado el pasado 4 de septiembre. ¿Cómo es posible que los chilenos hayan rechazado el proyecto propuesto tras los levantamientos populares acaecidos en octubre de 2019 para exigir una nueva Constitución y tras haber votado por abrumadora mayoría a favor del inicio del proceso constituyente? ¿Qué razones tenía el pueblo chileno para alinearse con las fuerzas de la derecha, que pretendían preservar la Constitución de Pinochet? Este sorprendente resultado exige seguramente una explicación multicausal. Aquí me centraré en dos de las más destacadas: la campaña de desinformación de la derecha a través de los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales, y la exclusión de los sectores populares del proceso constituyente, que he destacado en análisis anteriores.

El apoyo al rechazo del nuevo texto constitucional fue más fuerte en los municipios de bajos ingresos, donde la participación también fue mayor que en los barrios de clase alta. Mientras que en el plebiscito de 2020 la oposición al proceso constituyente estuvo liderada por los tres municipios más ricos del país, esta vez los barrios más pobres acudieron en masa a votar en contra del proyecto propuesto. Por otro lado, el voto, a diferencia de 2020, fue obligatorio, instituyéndose multas por el incumplimiento de tal precepto, lo cual hizo que los sectores populares acudieran a votar por temor a los costes pecuniarios de la abstención. La participación aumentó sustancialmente del 50% al 86% y de los 5,4 millones de nuevos votos emitidos, el 96% optó por el rechazo. En total, el proyecto de Constitución solo recibió 4,8 millones de votos favorables, un millón menos de los que votaron a favor de que se produjera la redacción de una nueva norma constitucional dos años antes. Sin embargo, no se ha tratado tan solo de un voto contra el nuevo texto constitucional, sino también de una expresión de rechazo del gobierno de Gabriel Boric y de sus partidos: la coalición de la “nueva izquierda”, que incluye al Frente Amplio, al Partido Comunista de Chile y a los partidos de la antigua Concertación. El número de votos a favor de nueva Constitución fue aproximadamente igual al cosechado por Boric en la segunda vuelta de las elecciones generales chilenas contra el candidato de extrema derecha José Antonio Kast celebradas en diciembre de 2021, lo cual sugiere que el nuevo presidente no ha sido capaz de ampliar su electorado desde que asumió el cargo.

El apoyo al rechazo del nuevo texto constitucional fue más fuerte en los municipios de bajos ingresos, donde la participación también fue mayor que en los barrios de clase alta

Durante la campaña, que se prolongó durante un mes, se invirtió al menos un millón de dólares para dar a conocer el proyecto de nueva Constitución al pueblo chileno. Alrededor del 90% de estos recursos fueron gastados por el bloque partidario del rechazo, compuesto por los partidos de derecha, por sectores de la Democracia Cristiana y por la nueva coalición centrista Amarillos por Chile. En los programas matutinos y en los telediarios nocturnos esto partidos denunciaron repetidamente el documento como “extremista” y “mal redactado”, mientras que los centros de estudios conservadores bombardearon a la opinión pública con encuestas de dudosa fiabilidad, que indicaban que la mayoría de la gente votaría en contra del nuevo proyecto. Estos esfuerzos se vieron fortalecidos por la difusión de la consabida desinformación en las redes sociales, así como por la distribución de copias falsas del proyecto de Constitución con artículos manipulados. En un episodio ilustrativo, Constanza Hube, la representante de extrema derecha en la Convención, fue sorprendida repartiendo copias falsas de la nueva Constitución durante una reunión de bloque del rechazo.

Los sondeos a pie de urna y las encuestas informales revelaron que mucha gente estaba confundida realmente sobre el contenido del plebiscito; algunos incluso pensaban que al votar contra el nuevo texto constitucional estaban aboliendo la Constitución de Pinochet. Ello no es de extrañar, ya que la única información oficial sobre el proyecto constitucional se limitó a treinta minutos diarios de televisión, repartidos a partes iguales entre los partidarios del rechazo y de la aprobación del nuevo texto constitucional, durante los veintiocho días de campaña. Dado que el espacio de difusión se asignó a una serie de partidos políticos y grupos de la sociedad civil, el mensaje fue fragmentario. En la campaña de los partidarios de la nueva Constitución participaron en las emisiones diez organizaciones; incluso después de llegar a diversos acuerdos entre ellas, algunas acabaron teniendo menos de cinco segundos para expresar su punto de vista. No hubo anuncios oficiales durante la campaña, ni folletos enviados a los domicilios, ni sesiones informativas en persona; toda la difusión fue realizada por partidos políticos, ONG o voluntarios. No está claro por qué el gobierno de Boric efectuó un trabajo tan pobre de información al electorado en un asunto tan crucial.

Entre las falsedades más extendidas se encontraba la de que la nueva Constitución aboliría la propiedad de la vivienda para las clases trabajadoras

Mientras que los programas informativos diarios a favor y en contra de la nueva Constitución tuvieron poco impacto en los votantes —solo en torno a 720.000 personas los sintonizaron cada día—, el interminable flujo de programas de televisión en los que políticos y autodenominados intelectuales difundían desinformación sobre el contenido del proyecto seguramente sí lo tuvo. Entre las falsedades más extendidas se encontraba la de que la nueva Constitución aboliría la propiedad de la vivienda para las clases trabajadoras, permitiría los abortos tardíos a la carta y abriría la puerta a la secesión de los territorios indígenas.

Un campo de experimentación para la desinformación fue la región de la Araucanía, una zona militarizada, sometida a estado de excepción debido al conflicto mapuche, en la que el 74% de los votantes se mostró contrario al proyecto constitucional, cifra que supone el segundo porcentaje más elevado de rechazo de la nueva Constitución a escala nacional. Bastión tradicional de la derecha, la Araucanía fue una de las dos únicas regiones que votaron por mantener a Pinochet en el poder en 1988, aunque posteriormente votó por iniciar el proceso constituyente en 2020. A finales de junio, Francisco Orrego, un joven abogado portavoz del bloque del rechazo, se esforzó por convencer a la comunidad obrera de Angol de que el derecho a la vivienda contenido en el proyecto de Constitución —uno de los pocos artículos propuestos por las organizaciones de base que finalmente llegó al texto definitivo— suprimiría el derecho de propiedad de las viviendas de las personas que las hubieran adquirido con subsidios sociales (situación que afecta a cerca del 40% de la población). Aunque ello se denunció inmediatamente como fake news, Orrego siguió apareciendo habitualmente como un experto en tertulias políticas en las que podía difundir tales mentiras a audiencias más amplias.

Por otro lado, las iglesias evangélicas, que recientemente se han aliado con el Partido Republicano de Chile, afiliado a la extrema derecha, tienen una fuerte presencia en la Araucanía, constituyendo sus miembros alrededor del 27% de la población. A finales de febrero, antes de que el artículo sobre los derechos de género fuera aprobado por la Convención, representantes de más de dos mil setecientas iglesias de la región pidieron a sus comunidades que rechazaran el proyecto, citando el aborto como su principal preocupación. Aunque el proyecto de Constitución codificaba el derecho al aborto en términos generales al ordenar al Estado que garantizara la “interrupción voluntaria del embarazo”, la opinión pública tenía una percepción deformada de esta disposición. Felipe Kast, el senador derechista por la Araucanía, utilizó las emisoras de radio conservadoras para emitir un anuncio en el que afirmaba que el proyecto de Constitución “permitía el aborto hasta el noveno mes de embarazo”, denunciando esto como una “violación de los derechos humanos de los niños no nacidos”. Aunque los defensores de la nueva Constitución intentaron rebatir estas falsedades, resultó imposible desalojarlas del imaginario popular.

Felipe Kast, el senador derechista por la Araucanía, utilizó las emisoras de radio conservadoras para emitir un anuncio en el que afirmaba que el proyecto de Constitución “permitía el aborto hasta el noveno mes de embarazo”

Sin embargo, quizá el tema más controvertido y utilizado más agresivamente fue el de los derechos de los indígenas. Aunque el texto se limitaba a seguir los compromisos establecidos en el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales, que Chile había ratificado en 2008 pero que nunca llegó a aplicar, los políticos y expertos de la derecha tejieron una narrativa en la que los pueblos indígenas obtendrían la capacidad de desmembrar el país. Ximena Rincón, senadora de la Democracia Cristiana, afirmó a principios de julio que apoyaba el rechazo al nuevo texto constitucional, porque daría a los pueblos indígenas (que constituyen menos del 10% de la población nacional) el poder de veto sobre las reformas constitucionales. A pesar de que se le dijo en directo que ello no era cierto, se negó a reconocer que su opinión era una falsedad. Todas estas distorsiones siguieron influyendo en el discurso nacional.

Al mismo tiempo, los resultados de las votaciones procedentes del sistema penitenciario, donde la única información de los reclusos procedía de las emisiones de televisión, revelaron los poderosos efectos de los medios de comunicación conservadores en la formación de la opinión pública. Por primera vez en la historia se permitió a los reclusos votar, confiando en que se inclinarían por conceder su apoyo al nuevo texto, ya que el proyecto de Constitución otorgaba nuevos derechos a las personas presas, como, por ejemplo, la defensa jurídica gratuita, la prohibición de la doble incriminación y un comisionado oficial para prevenir los abusos. Sin embargo, al final, solo uno de los catorce complejos penitenciarios del país votó para aprobar la nueva Constitución. Este centro penitenciario fue, no por casualidad, el único en el que realmente se distribuyeron entre los presos copias físicas del proyecto de Constitución y se celebraron sesiones informativas con expertos jurídicos voluntarios. Los que conocieron realmente el texto aprobaron sus reformas; los que basaron su opinión únicamente en la cobertura mediática fueron implacablemente hostiles al mismo.

Según un informe reciente, al menos treinta y seis organizaciones no sujetas a controles electorales y, por lo tanto, no obligadas a revelar sus fuentes de financiación, gastaron 130.000 dólares en concepto de publicidad en Facebook e Instagram durante los meses previos al plebiscito; el 97,4% de estos anuncios presionaron para rechazar el proyecto de Constitución. En definitiva, parece que la parcialidad de los medios de comunicación tradicionales más los millones gastados para influir en la opinión pública a través de las redes sociales ayudaron a consolidar la narrativa de que la Convención era un circo político, que había redactado un documento chapucero y poco profesional.

Además de esta campaña de desinformación, los militantes de la izquierda extraparlamentaria se mostraron escépticos ante una Convención que había traicionado las movilizaciones masivas de 2019. Muchos de ellos optaron por rechazar en lugar de legitimar el proceso. Señalaron, con razón, que el Pacto del 15 de noviembre de 2019, acordado en una negociación entre bambalinas entre Boric y un senador de la derecha dura, mediante el que estableció el marco de funcionamiento de la Convención Constitucional, pretendía constreñir las energías populares en lugar de canalizarlas. El Pacto estableció la regla antidemocrática de la supermayoría de dos tercios para la aprobación de los nuevos artículos constitucionales y otorgó a los partidos del establishment una enorme influencia en el proceso de redacción. Desde el principio, el proceso constituyente fue capturado por las élites, que intensificaron sus intentos de preservar el statu quo a medida que se acercaba el plebiscito.

El 14 de mayo la Convención presentó un extenso primer borrador, que incorporaba innovaciones constitucionales progresistas como la plurinacionalidad y los derechos ecológicos. Se formaron dos comités especiales para “armonizar” y editar el documento final, que incluía un total de 388 artículos, y para decidir las disposiciones transitorias. Sin embargo, la autonomía de la Convención no tardó en ser vulnerada por las negociaciones sobre cómo realizar la transición de un orden constitucional a otro. El 16 de mayo el gobierno envió un documento a la Convención en el que recomendaba que se mantuviera la actual normativa sobre recursos naturales, agua y tierras indígenas hasta que se aprobara la nueva legislación con el fin de asegurar una “transición ordenada y gradual”, lo cual significaba, por ejemplo, que el agua seguiría siendo privada hasta que los senadores de derecha que controlan la mitad del Senado —y que votaron en 2020 en contra de que el agua se convirtiera en un derecho humano— aceptaran nacionalizarla. El gobierno también recomendó que Boric, cuyo índice de aprobación se situaba justo por encima del 30%, así como los miembros del Congreso, cumplieran sus mandatos originales y permanecieran en sus puestos durante tres años y medio más. La Convención se plegó a estas exigencias egoístas. Muchos activistas consideraron este comportamiento una colusión inaceptable entre el órgano constituyente y el poder ejecutivo, lo cual contribuyó a desacreditar el proceso de redacción en su conjunto.

Quizá el tema más controvertido y utilizado más agresivamente fue el de los derechos de los indígenas. La derecha tejió una narrativa en la que los pueblos indígenas obtendrían la capacidad de desmembrar el país

Tres semanas antes del plebiscito los partidos de la coalición gobernante comenzaron a exponer los cambios que pretendían llevar a cabo, si se aprobaba el proyecto de nueva Constitución. En un intento de aplacar a los partidos de la derecha, así como a los partidos de la antigua Concertación, que ahora controlan el 38% de los ministerios del gobierno, Boric se comprometió a delimitar estrictamente los derechos de los indígenas, subrayando que su aportación en cuestiones de política nacional no sería vinculante. También aseguró al establishment que el actual marco neoliberal —en el que servicios básicos como la sanidad, la educación y las pensiones son proporcionados en gran medida por empresas privadas— seguiría vigente. De hecho, aunque el proyecto de Constitución ordenaba la creación de un sistema de educación pública, de un sistema nacional de salud y de un sistema público de seguridad social, no desmantelaba explícitamente el actual modelo del cheque escolar vigente en el sistema educativo, ni el modelo de seguros privados imperantes en el sistema sanitario, ni el plan de ahorro individual que obliga a la clase trabajadora chilena a subsistir con pensiones de miseria. En lugar de impulsar la reforma de estos sistemas procedentes de la época de la dictadura, como los manifestantes venían exigiendo desde 2009, Boric aceptó preservarlos.

Estas reformas previstas no solo demostraron la intención del gobierno de preservar los rasgos centrales del neoliberalismo chileno, sino que también señalaron el desprecio que la coalición de Boric sentía por el proyecto de Constitución y por la voluntad popular. Su anuncio de que trataría de reformar la Constitución —incluso antes de que esta se sometiera a votación popular— agravó la impresión de que no era adecuada para su propósito. Todo ello jugó a favor de la campaña del bloque contrario al nuevo texto constitucional. También transmitió al electorado la percepción de que se limitaría a votar un texto provisional en lugar de expresar una opinión seria sobre el futuro del país.

Chile se encuentra ahora en una posición incómoda privado de un camino claro para resolver su inminente crisis sociopolítica. Al votar a favor de iniciar un proceso constituyente, los chilenos y las chilenas rechazaron indirectamente la actual Constitución de 1980. Sin embargo, al rechazar el nuevo texto constitucional propuesto, el proceso puesto en marcha por el Pacto de Noviembre ha quedado oficialmente terminado sin dejar ninguna disposición en vigor para relanzar un nuevo proceso de redacción. La reforma constitucional resultante del Pacto se limitaba a estipular que si el proyecto de Constitución era rechazado, el antiguo seguiría en vigor. Entonces, ¿qué pasará ahora?

Es probable que Boric intente establecer otra Convención basada en reglas negociadas desde una posición de debilidad, la cual será aún más complaciente con las demandas de la clase política. Será un proceso dirigido por los partidos, dominado por “expertos”

Antes del plebiscito, el presidente Boric se comprometió a convocar un nuevo proceso constituyente si el proyecto propuesto era rechazado. Sin embargo, la única manera de iniciar dicho proceso es a través de un nuevo proceso constitucional, que requiere una supermayoría en el Congreso, la cual será realmente difícil de conseguir debido a la oposición de la derecha y dado que las fuerzas conservadoras controlan el Senado: convocar, pues, una asamblea constituyente dotada de mecanismos adecuados de participación popular parece algo imposible. Así pues, es probable que Boric intente establecer otra Convención basada en reglas negociadas desde una posición de debilidad, la cual será aún más complaciente con las demandas de la clase política. Será un proceso dirigido por los partidos, dominado por “expertos” y aislado de las presiones populares. Los expertos ya han comenzado a culpar a los pocos miembros independientes de la Convención de la derrota del proyecto constitucional, preparando el escenario para eliminar todo potencial radical que el proceso tuviera previamente. Al mismo tiempo, sin embargo, los chilenos y chilenas ya están saliendo a la calle para exigir su propio proceso constituyente en el que no haya negociaciones en la trastienda y en el que el propio pueblo tenga el poder de tomar decisiones vinculantes.

Sidecar – artículo publicado originalmente por Sidecar, el blog de la New Left Review“Chile’s Rejection”, traducido con permiso expreso por El Salto. Véase también “La batalla por la Constitución de Chile”, NLR 135.

LES MOTS DÉMONS. En l’agitant, Sandrine Rousseau savait parfaitement qu’elle soulèverait une polémique. Depuis la Renaissance, la paresse est une idée subversive.

Une chronique de Pascal Riché

Le « droit à la paresse » est un concept qui dort beaucoup, et se réveille de temps en temps. Et cela dure depuis 1880. Cette année, c’est Sandrine Rousseau qui l’a tiré de son sommeil, en en faisant la promotion. Aussitôt, les adeptes du travail se sont étranglés, ce qui était le but recherché. « Dans le monde merveilleux de Sandrine Rousseau, on oublie que “le droit à la paresse” est in fine financé par ceux qui travaillent », a twitté Marion Maréchal, de Reconquête. Pour le sénateur LR Roger Karoutchi, c’est la production économique qui est en jeu : « Si tout le monde veut un droit à la paresse, pas de problème, on retournera vivre dans des huttes et on mangera des racines. »

1880, donc. Dans « l’Égalité », un hebdo socialiste, un certain Paul Lafargue, médecin de 38 ans, publie un pamphlet titré « Le Droit à la paresse ». Il est connu pour avoir cofondé la Première internationale socialiste et épousé la fille de Karl Marx, Laura. L’expression qu’il a choisie pour son pamphlet est calquée sur celle de « droit au travail » introduite dans la Déclaration des droits de l’Homme de 1848. Selon lui, en vantant ce « droit au travail », « les fils des héros de la Terreur se sont laissés dégrader par la religion du travail ». À le lire, la passion du travail est en réalité une aliénation qu’imposent les capitalistes, qui s’appuient sur l’Église. Et le prolétariat se laisse prendre à cette « étrange folie ». On travaille bien trop, ce qui cause des surproductions (les bourgeois qui, autrefois « se contentaient de leur femme ou à peu près », « s’empiffrent de chapons truffés et de Laffite navigué ») et une épargne toxique. Il prône donc une journée de travail de trois heures.

À l’époque, son texte fait peu de bruit. Mais onze ans plus tard, lorsqu’il est candidat à la députation de Lille, le pamphlet est exhumé par ses adversaires. Le candidat fait campagne depuis sa prison, où il purge une condamnation pour « provocations au meurtre » après la répression sanglante de la manifestation de Fourmies (neuf ouvriers y sont tombés sous les balles). « J’ai été libéré par le suffrage universel », dira-t-il une fois élu. Au député Pierre Goujon (gauche radicale) qui, à l’Assemblée, rappelle à son souvenir le « Droit à la paresse », il rétorque : « C’est vous qui le pratiquez, vous qui refusez cependant à l’ouvrier même le loisir ».

Vanter la paresse, dans une France encore très catholique, est très provocateur : c’est un des péchés capitaux, et pas le moindre, l’oisiveté étant la mère de tous les vices. Pour promouvoir l’amour du travail, la droite bourgeoise n’hésite pas à s’appuyer sur le dogme religieux.

Devenue péché sur un malentendu

Et pourtant, la paresse a été promue « péché capital » sur un malentendu. Au IVe siècle, quand Evagre le Pontique dresse pour la première fois la liste de ces péchés suprêmes (ils visent alors le mode de vie de moines ermites), il ne retient pas la paresse mais l’« acédie », un mot oublié. Il ne s’agit pas de bon temps, mais d’abattement de l’esprit, de lassitude de l’âme. Le moine frappé d’acédie néglige la prière, il renonce à chercher la Vérité. Ce péché a disparu de la liste au profit de la paresse. La mutation a eu lieu à la Renaissance, quand le travail a commencé à être glorifié. Le protestantisme a joué un rôle dans cette évolution idéologique et l’essor du capitalisme a encouragé la diabolisation de la paresse.

Dès lors, elle est devenue subversive. Car chacun sent bien la liberté qu’elle porte. La paresse, c’est le fait de se réapproprier le temps, son temps. De faire ce qu’on voudra, comme les moines de l’utopique abbaye de Thélème de Rabelais. Les artistes du XIXe siècle l’adoptent évidemment. Baudelaire chante la « féconde paresse » en la faisant rimer avec caresse. Courbet peint « Paresse et luxure » où l’on voit deux femmes nues se reposant, enlacées. La paresse est perçue comme une ouverture vers la liberté sexuelle, et c’est aussi cela que lui reproche la société. En 1908, dans la « Revue politique et littéraire », le philosophe Alfred Fouillée lie les deux dans une même phrase : « En même temps que les joies de l’amour libre, beaucoup de communistes prêchent celles de la paresse ; ils proclament, avec M.Lafargue, le “droit à la paresse” et à la “bombance” . Que deviendra la production sous le régime de vie au jour le jour pour la jouissance du moment, sans souci de l’avenir et des descendants ? » Que deviendra la production… le même argument que Roger Karoutchi, à plus d’un siècle d’écart.

Sur ce, je vais faire la sieste. Je vous laisse sur cette jolie citation de Robert Sabatier : « Que la ­paresse soit un des sept péchés capitaux nous fait douter des six autres ».

 

[Source : http://www.nouvelobs.com]

Unha xuíza reprochou á avogada Elsa Quintas que empregase a lingua galega nun escrito a pesar de que a lei ampara o seu uso en sede xudicial.
#xustiza #xuízo #xulgado #xulgados (Foto: Nós Diario)

A Lei de Axuizamento Civil recoñece o dereito a usar a lingua propia do país diante da Xustiza.

A avogada e vicepresidenta da Mesa pola Normalización Lingüística, Elsa Quintas, vén de denunciar a través das súas redes sociais que unha maxistrada, durante un xuízo, reprochou o seu uso da lingua galega nun escrito.

“Sabede que esta semana ingresei oficialmente na lista das agraviadas por usar o galego”, dixo a letrada, que tamén lamentou que, após a reprimenda da xuíza, non tivo dereito a réplica.

De ter ese dereito a responder, explicou, “refrescaríalle” o que dispón o artigo 142.3 da Lei de Axuizamento Civil (LAC) a respecto do idioma a empregar en sede xudicial, un apartado que garante a utilización do galego.

« As partes, os seus procuradores e avogados, así como as testemuñas e peritos, poderán utilizar a lingua que sexa tamén oficial na comunidade autónoma en cuxo territorio teñan lugar as actuacións xudiciais, tanto en manifestacións orais como escritas », sostén o texto.

Quintas engadiu, sobre esta polémica: « E o efecto que causa na sala á miña defendida ou a calquera doutras partes que pretendan empregar o galego? Quedou dito ao inicio da vista que non gostaba do galego. Xa os demais fican advertidos e coaccionados ».

Non é a primeira vez que a avogada sofre unha situación destas características en sede xudicial, pois o pasado mes de abril denunciou que, após se manifestar no idioma propio do país nunha vista, o avogado da parte contraria preguntou ao xuíz « como resolvería se el alegase descoñecemento d#xustiza #xuízo #xulgado #xulgados a lingua galega » e se, en consecuencia, « obrigaría a outra avogada a expresarse en español ».

« É o que ten non saber linguas: eu a el enténdoo; el a min… neste caso resultou que tamén », profundou Elsa Quintas. « Por estas e outras cousas faise necesario abordar o estudo dos dereitos lingüísticos nas facultades de Dereito, en todas », engadiu.

 

[Fonte: http://www.nosdiario.gal]

Classe business pour les hommes, éco pour les femmes. Au-delà de l’évidente injustice, ce choix opéré par la Fédération française de cyclisme pour se rendre en Australie illustre une certaine vision du sport féminin ancrée dans l’inconscient collectif.

Sur le podium du contre-la-montre féminin des Mondiaux de cyclisme d'Australie, le 18 septembre 2022 : l'Australienne Grace Brown, médaille d'argent, la Néerlandaise Ellen Van Dijck, médaille d'or, et la Suissesse Marlen Reusser, médaille de bronze. | Dirk Waem / Belga via AFP

Sur le podium du contre-la-montre féminin des Mondiaux de cyclisme d’Australie, le 18 septembre 2022 : l’Australienne Grace Brown, médaille d’argent, la Néerlandaise Ellen Van Dijck, médaille d’or, et la Suissesse Marlen Reusser, médaille de bronze.

Écrit par Pierre Rondeau — édité par Sophie Gindensperger 

Ça partait pourtant tellement bien. Pour les championnats du monde de cyclisme, qui ont commencé ce dimanche 18 septembre à Wollongong en Australie, la fédération française a décidé d’envoyer sa plus grande délégation de l’histoire, avec 32 coureurs au total: 20 hommes, répartis dans les sélections élite, espoir et junior, et 12 femmes. Cela avait été affiché très tôt et les spécialistes se félicitaient de cette nouvelle ambition. La France voulait marquer de son empreinte la compétition et conserver le titre mondial élite détenu par Julian Alaphilippe.

Pourtant, très vite, cette annonce s’est effritée au profit d’une polémique que la fédération aurait pu s’éviter: pour le voyage vers l’Australie –plus de vingt-deux heures de vol– il a été décidé que la sélection masculine se déplacerait en business et la sélection féminine en éco. La fédération, qui a eu l’aval de tous les coureurs, a justifié ce choix par des raisons économico-sportives. D’abord, cela aurait coûté très cher de payer des billets business pour l’ensemble de la délégation. «Ce déplacement étant très lointain, cela coûte énormément. Et si l’on voulait emmener tout le monde, il fallait faire des choix. Et si tout le monde avait été en business, plein de personnes seraient restées à la maison», a affirmé un membre de la fédération, interrogé par Ouest-France.

Ensuite, il fallait défendre le titre d’Alaphilippe et donc lui offrir les meilleures conditions pour prétendre à un nouveau sacre mondial. En effet, «les hommes vont défendre leur titre cette année, encore une fois». Donc tout pour les hommes, qui seraient jugés meilleurs, et des miettes pour les femmes, qui ne seraient que des outsiders dans cette compétition. Malheureusement, ce choix, totalement assumé par la fédération, dénote encore une fois un caractère misogyne et arriéré du sport français. Les hommes seraient les grands héros du cyclisme, les femmes de simples seconds couteaux, des seconds rôles sans envergure ni projet.

La question du coût, un mauvais calcul

C’est un immense pas en arrière qui a sciemment été fait par la fédération et qui peut avoir des conséquences néfastes pour la suite du cyclisme français. D’abord, ce choix va illustrer, dans l’inconscient collectif, l’idée que le sport féminin ne serait qu’amateur, que les athlètes auraient déjà la chance de participer à une compétition mondiale, avant de prétendre réellement la remporter. On risque ensuite de voir s’enclencher un cercle vicieux dans l’esprit des individus: si les femmes sont reléguées en classe éco, c’est qu’elles ne peuvent pas gagner un titre, qu’elles ne peuvent pas faire bonne impression. Aucune raison, dans ce cas, de faire des efforts pour elles. Mais sans développement accéléré, sans mise en avant, pas de médiatisation, pas de starification, pas de modèle pour les téléspectateurs et donc pas de possibilité de voir débarquer une nouvelle génération de petites filles admiratives des athlètes en puissance.

Du côté des courses masculines, parce qu’Alaphilippe a été mis en avant, et avant lui, des Pinot, Vœckler ou Jalabert, on les a médiatisés, on les a starifiés, mis sur le devant de la scène, on a voulu les copier. Mais quel modèle chez les féminines? Qui pour représenter l’avenir du cyclisme français? On pourrait dire que c’est anecdotique, un voyage en classe éco, mais ça veut dire beaucoup de choses. Les femmes vont arriver dans des conditions compliquées et difficiles, alors que les hommes seront reposés et alertes. Et puis surtout, on va donner l’impression que les femmes ne pourront prétendre à rien.

Sans compter que l’explication économique est une fausse excuse. Dire que payer le voyage pour trente-deux participants nécessitait de faire des choix est un abus de langage. Parmi les sélectionnés, il y a des professionnels et des amateurs, les premiers auraient pu payer la différence entre la classe éco et la classe business. Cela a été, notamment, le choix de la fédération belge qui a envoyé tout le monde en éco et donné le choix d’être surclassé, si le sportif ou la sportive payait la différence. Alaphilippe, dont le salaire est estimé à 2,3 millions d’euros par an, aurait très bien pu payer de sa poche la différence entre la classe éco et la classe business.

Au contraire, ce choix maintient l’idée d’une distinction entre l’élite masculine et les amatrices féminines, entre ceux qui vont prétendre remporter un titre et celles qui ont seulement la chance de participer. Mais comment se donner l’ambition de glaner un titre féminin si les femmes voyagent vingt-deux heures en éco, collées-serrées dans des sièges exigus et nourries à base de sandwichs froids et gâteaux surgelés?

L’intériorisation des inégalités de genre

Pire encore, selon la fédération, les Françaises sélectionnées n’ont pas été opposées à ce choix et ont validé la différence de traitement. C’est la démonstration d’une intériorisation et d’une acceptation des inégalités de genre. Interrogée sur la question, la sociologue Béatrice Barbusse, ancienne directrice du Centre national du développement du sport (l’ancien nom de l’Agence nationale du sport) et autrice du livre Du sexisme dans le sport (Anamosa, 2016), plussoie. «Le fait que les filles n’aient rien dit et soient d’accord en dit long sur la position dans laquelle elles sont: piégées. Et surtout, comme dans d’autres sports comme le foot, elles ont bien intériorisé leur statut d’inférieures. Voilà pourquoi le système perdure.»

Rien ne pourra changer si elles ne décident pas de s’opposer à ces décisions, si elles ne les boycottent pas. Elles voient d’abord la chance de participer à un championnat du monde et comprennent parfaitement l’idée d’une différenciation économique. C’est d’ailleurs le principal argument relevé quand on regarde la teneur des commentaires. Si les femmes sont moins bien traitées, c’est qu’elles génèrent un chiffre d’affaires plus faible. Les hommes font de l’audience, les femmes juste de la figuration. N’en jetez plus, c’est normal qu’elles soient moins bien payées.

C’est le même argument qui est avancé dans le football lorsqu’on parle des inégalités salariales, parfaitement acceptées par l’ensemble des acteurs, footballeuses comme footballeurs: puisqu’il y a 100 fois plus de personnes qui s’intéressent au foot masculin qu’au foot féminin, il est normal que les premiers soient 100 fois mieux payés que les secondes. Idem dans le cyclisme, si les coureurs prétendent remporter un titre lorsque les coureuses vont seulement tenter de faire bonne figure, il est normal que les premiers voyagent en business et les secondes en éco.

Oui, mais pourquoi les footballeurs sont-ils plus médiatisés que les footballeuses? Parce que pendant cinquante ans, entre 1920 et 1972, le football féminin a tout simplement été interdit par les instances internationales. Il avait été injustement décidé que les femmes n’avaient pas le droit de jouer au foot. Ainsi, pas de développement et pas de médiatisation, d’acceptation dans les esprits. Et en cyclisme, aucune course féminine d’envergure n’a été jusqu’ici organisée. Il a fallu attendre 2022 pour voir se faire le Tour de France féminin, sous l’impulsion de Marion Rousse, et encore, il s’est tenu derrière l’édition masculine, pour profiter d’un tremplin médiatique. Et quid des courses internationales, jamais ou trop peu diffusées et médiatisées par la télévision et la presse spécialisée.

Enfin et surtout, comment espérer mettre en avant le cyclisme féminin, avec une star et une championne, comme l’ont été autrefois Jeannie Longo ou Marion Rousse, si les filles débarquent en classe éco avec vingt-deux heures de vol dans les jambes? Clairement, la fédération a fait une erreur et s’est tiré une balle dans le pied. Malheureusement, avec un petit peu plus de réflexion, elle aurait pu s’éviter une telle polémique.

 

[Photo : Dirk Waem / Belga via AFP – source : http://www.slate.fr]

La Garçonne vue par le dessinateur Edouard Chimot en 1939. Collection particulière, fourni par l’auteur

 

Écrit par Christine Bard

Professeure d’histoire contemporaine, Université d’Angers

À l’heure de la mode unisexe et des identités fluides, la figure de la garçonne nous donne à penser sur les transgressions de genre et les paniques morales qu’elles provoquent.

La garçonne est à la fois une mode – le look années 1920 – et une figure mythique – la jeune femme moderne et affranchie sexuellement – prise dans un autre mythe, celui des Années folles. Inventé par Joris-Karl Huysmans, écrivain et critique d’art, le terme évoque à la fois la « garce », la féminisation inédite et oxymorique de « garçon » et la « garçonnière ». Sa popularité vient du roman éponyme de Victor Margueritte publié il y a cent ans, en 1922. La garçonne, dans la France d’après-guerre, naît sous le signe du scandale. L’auteur est notamment radié de la Légion d’honneur, à la suite de plaintes venant des milieux conservateurs, catholiques et natalistes agissant au nom de la défense de la morale publique.

Puis les journaux, les livres, les films, les caricatures, les pamphlets vont faire de cette garçonne une figure-repoussoir, responsable du désordre des mœurs. C’est un mythe qui s’ancre à Paris, lieu à la fois fascinant et effrayant, où la charge sexuelle est très forte, mais qui est aussi présent dans d’autres grandes villes comme Berlin, Londres et New York, Le Caire ou encore Tokyo. Le mot, bien que difficile à traduire, s’exporte bien. En Allemagne, dans les années 1920, une revue lesbienne porte ce nom. Et en Roumanie, les salons de coiffure adoptent la coupe « à la garçonne » en français. C’est la première fois que les femmes portent les cheveux courts : une révolution.

Émancipation corporelle et sexuelle

La garçonne qualifie une allure un peu garçonnière. La presse de mode de nos jours emploie encore régulièrement ce terme délicieusement rétro et très évocateur. Dès les années 1920, la garçonne apparaît paradoxale et multiple.

L’actrice Vilma Bánky portant un chapeau cloche, 1927. Wikimedia

Le terme peut désigner simplement une femme à la mode. Une mode qui est révolutionnée par Paul Poiret, Chanel, parmi d’autres. Porter la petite robe noire qui découvre bras et jambes, avec un long sautoir en perles et un chapeau cloche, c’est déjà être une garçonne. Mais il y a aussi la garçonne plus androgyne ou masculine, aux cheveux gominés, qui porte le costume d’homme et fume en public. Sans oublier les sportives, de plus en plus nombreuses, adeptes du short et du pantalon.

La footballeuse brune, 1926, Ángel Zárraga

La garçonne incarne une émancipation corporelle et sexuelle. Elle ne se soumet plus aux contraintes et rejette le corset, symbole des entraves qui caractérisent les apparences féminines. Son corps est androgyne, mince, filiforme. La poitrine est effacée : bandée, aplatie par les robes à taille basse, voire éradiquée par le bistouri. C’est une rupture esthétique considérable, que l’on interprète comme un refus des rondeurs maternelles. Dans l’imaginaire collectif, nourri par le roman de Victor Margueritte, la garçonne est bisexuelle, nymphomane et rejette la maternité. Elle ne respecte plus l’ordre des sexes. Elle ignore l’ordre des races. Elle ne reconnaît pas non plus les frontières entre les classes : sous le chapeau cloche, la bourgeoise et la crémière se ressemblent.

Il s’agit bien d’un mythe même si, dans la vraie vie, des femmes réelles ont pu inspirer telle ou telle facette de cette figure : Chanel, Mireille HavetJoséphine BakerMarthe Hanau, Violette Morris… Mais, dans la vraie vie, les femmes des années 1920 n’ont ni le droit de vote, ni le droit de porter le pantalon. Et la France, avec une majorité bleu-horizon à la Chambre des députés, accroît la répression de l’avortement tout en interdisant les discours attentatoires à la natalité.

Gabrielle Chanel en 1928. Wikimedia

Un sujet piège pour les féministes

Pourtant, les transgressions accomplies par la garçonne construisent la modernité. Cela passe par une rupture jugée violente, à l’époque, avec les traditions. C’est ce que l’on peut dire avec le recul du temps et nos mots à nous. Mais il faut se méfier de l’anachronisme. Et donc comprendre comment le phénomène a été perçu à l’époque. Cette exploration historique nous réserve quelques surprises. Par exemple sur le positionnement des féministes. La réforme vestimentaire n’a jamais été leur priorité. En 1922, le Sénat rejette le suffrage des femmes. Et puis la plupart des féministes veulent l’égalité tout en cultivant la différence des genres, qui passe aussi par les apparences.

Tous les changements vestimentaires des femmes étant perçus comme les étapes d’une masculinisation fatale, les féministes craignent une indifférenciation des sexes, qui leur est justement déjà reprochée par les antiféministes. C’est donc pour elles un sujet piège. D’autant plus qu’elles se méfient d’une mode qui dévoile le corps. La féministe Madeleine Vernet parle même « d’incitation au viol » à propos des bas couleur chair appréciés des garçonnes. Les féministes veulent « une seule morale pour les deux sexes », mais en alignant la morale sexuelle des hommes sur celle des femmes, et non l’inverse.

L’artiste Claude Cahun, Autoportrait, 1927.

 

De son côté, Colette estime que la garçonne crée une nouvelle norme. La garçonne est, certes, libérée du corset, mais elle doit avoir un corps de jeune adolescent, et donc se bander les seins, faire des régimes, se mettre au sport… Cette pression des nouveaux diktats de la mode et cette exigence d’androgynie qui déplaisent à l’écrivaine. Elle avait pourtant coupé ses cheveux dès 1902 et était experte en libération des mœurs…

Autre trouble : la dimension homosexuelle de la garçonne. Les années 1920 représentent un moment de visibilité important dans l’histoire de l’homosexualité féminine. La lesbienne masculine est en quelque sorte une « garçonne accomplie », avec des cheveux très courts, et parfois un pantalon. Garçonne est un euphémisme pour dire le lesbianisme, lequel est toujours considéré comme une déviance contre-nature, mais aussi comme une pathologie sociale liée au désir d’indépendance des femmes. Les garçonnes bisexuelles et homosexuelles sont très présentes sur la scène du Paris nocturne et hédoniste. Le sport, avec la célèbre figure de Violette Morris, diffuse également des images de garçonnes.

Violette Morris devant son magasin d’accessoires automobiles parisien, porte de Champerret, en 1928. Wikimedia

C’est certainement avec les stars androgynes du cinéma au tournant des années vingt et trente, avec Marlène Dietrich, Greta Garbo et Louise Brooks, que l’androgynie gagne en légitimité esthétique. Ces actrices attirantes, mystérieuses et un peu dominatrices séduisent les hommes et les femmes. Elles créent du « trouble dans le genre », pour reprendre l’expression de Judith Butler. Ce qui prend, évidemment, une tournure politique.

Un mythe qui penche à droite

Aussi peut-on se demander si « la garçonne » est un mythe de gauche ou droite. À première vue, c’est un peu embrouillé. Le « père » de la « garçonne », Victor Margueritte, est en 1922 un homme de gauche qui défend le droit des femmes à disposer de leur corps.

Louise Brooks en 1927. Wikimedia

De quoi ancrer ce mythe à gauche ? Pas vraiment. Les forces de gauche condamnent l’immoralité du roman, jugé pornographique. L’héroïne a lu Du mariage de Léon Blum. C’est embarrassant… Si le début du roman semble valoriser l’émancipation sexuelle des femmes – l’héroïne est bisexuelle, fréquente des prostituées, multiplie les amants, se drogue –, sa fin consacre un retour absolu à la norme puisque Monique se laisser pousser les cheveux, se marie, et deviendra mère dans la suite du roman.

La Garçonne envoie donc, politiquement, des messages contradictoires. De plus, même si son auteur prend la pose de l’écrivain social attaché à l’émancipation humaine, son roman se rattache à un imaginaire croisant l’homophobie, le racisme et l’antisémitisme.

La garçonne obsède les conservateurs : la dénigrer, c’est une façon d’activer un autre mythe, celui de l’éternel féminin, tout en douceur maternelle et en soumission. Des écrivains comme Paul Morand ou Maurice Sachs décrivent alors une société qui a perdu ses repères, menacée de toutes parts. Dans ce chaos, la garçonne joue sa partition. Incarnation de la masculinisation des femmes, elle est accusée de déviriliser les hommes. Les discours anti-garçonne dépeignent une société en perdition à cause de « l’inversion des sexes » et de la « prolifération de l’homosexualité » ; ils fabriquent un contre-modèle dont on a un bon exemple dans la série des Brigitte, de Berthe Bernage. Créer des peurs pour réclamer le retour à l’ordre : le procédé ne date pas d’aujourd’hui. Son efficacité a de quoi nous faire réfléchir.

 

[Source : http://www.theconversation.com]

Una clienta de la franquícia Tagliatella va demanar la carta en català i li van respondre que no en tenien

Andorra és l’únic territori dels Països Catalans que té com a única llengua oficial el català. Si bé tenir un Estat propi i la legislació a favor pot semblar un avantatge en comparació a la resta de llocs de parla catalana, sobre el paper la llengua també està en retrocés al país pirinenc. Viure plenament en català cada cop es fa més complicat arreu.

Així ho va testimoniar ahir la usuària solsonenca @ciirera en un enfilall de Twitter, en què va explicar com va patir una discriminació lingüística a la cadena de restaurants Tagliatella a Andorra. Quan va demanar la carta de postres la hi van dur en castellà. Ella, en preguntar al cambrer si la tenien en català i la hi podien portar, va respondre que no en disposaven. No va ser fins que va cridar a la seva acompanyant si li podia traduir la carta que l’empleat li va portar la carta en català.

« És vergonyós que et parlin en castellà a Andorra i que hagis de muntar un espectacle perquè et respectin els drets lingüístics », ha assegurat a la xarxa social. « Em sembla fortíssim que a Andorra, que té el català com a única llengua oficial, hagis d’exigir que se t’atengui en català », ha conclòs. Una reflexió que planteja si n’hi ha prou amb tenir una legislació a favor de la llengua o també cal, fins i tot en aquests casos, la militància dels catalanoparlants per defensar els seus drets lingüístics.

Molts usuaris a les respostes s’han sorprès per la situació andorrana, ben similar a la viscuda a la resta dels Països Catalans, i han criticat la deixadesa del Govern andorrà pel que fa als drets lingüístics.

 

Agora, a globalização reflui e a tendência mundial a um novo nacionalismo parece clara. Na América Latina, esquerda tem nova chance. Mas o maior país da região – tão marcado pela herança colonial – estará pronto a exercer o papel que lhe cabe?

 

Durante um século a dinâmica da sociedade moderna foi governada por um ‘duplo movimento’: o mercado se expandia continuamente, mas esse movimento era enfrentado por um contramovimento que cerceava essa expansão em direções definidas. Embora tal contramovimento fosse vital para a proteção da sociedade, ele era, em última análise incompatível com a autorregulação do mercado e, portanto, com o próprio sistema de mercado” – Polanyi, K. “A Grande Transformação”. Editora Campus, Rio de Janeiro. 1980, p: 137

Escrito por José Luís Fiori

Em 1944, o cientista social austro-húngaro, Karl Polanyi (1886-1964), formulou uma hipótese extremamente instigante sobre a evolução das sociedades liberais e das economias de mercado que se formaram na Europa nos séculos XVIII e XIX. Para Polanyi, estas sociedades são movidas por duas grandes forças que atuam de forma simultânea e contraditória apontando a um só tempo, na direção da abertura, desregulação e internacionalização dos seus mercados e dos seus capitais, e na direção da proteção, regulação estatal e nacionalização destes mesmos mercados. Karl Polanyi nunca disse que se tratava de um movimento pendular ou cíclico, nem tampouco de uma lei de sucessão universal e obrigatória da história do capitalismo. Mesmo assim, este “duplo movimento” parece manifestar-se quase sempre na forma de uma sucessão temporal, onde os “surtos internacionalizantes” do capitalismo promovem o aumento simultâneo da desigualdade entre os povos e as nações e acabam provocando uma “reversão protecionista” das economias, sociedades, da natureza e dos Estados nacionais que reforçam nestes períodos sua luta pela soberania e independência com relação aos demais Estados do sistema e, em particular, com relação ao poder imperial ou hegemônico das Grandes Potências. Pelo menos foi isto que aconteceu na Europa no fim do século XIX e início do século XX: um grande movimento de internacionalização liberal do capitalismo foi sucedido por infinitas revoltas sociais e uma violenta reversão nacionalista. E nesta terceira década do século XXI, já ninguém mais tem dúvida de que está em curso em todo o mundo capitalista uma nova “inflexão nacionalista”, e uma universalização de revoltas sociais que se propagam por todos os lados exigindo a intervenção dos Estados e de suas políticas públicas para reverter a catástrofe social provocada pela globalização neoliberal das décadas anteriores.

Nunca se sabe de antemão qual é a causa imediata e o momento preciso em que começam estas ondas, seja numa direção seja na outra. Mas neste início do século XXI, não há dúvida de que os sinos começaram a dobrar anunciando a “morte da globalização” no momento em que os Estados Unidos desencadearam suas “guerras sem fim”, logo no início do novo século e, mais ainda, no momento em que explodiu a grande crise econômico-financeira de 2008, cujos efeitos sociais e ecológicos adversos foram exponenciados pelas políticas anticíclicas dos próprios norte-americanos e seus principais sócios do G7. E foi sobre este pano de fundo já instalado que repercutiram os efeitos multiplicadores da pandemia de covid-19, e da recente Guerra da Ucrânia, completando a ruptura das cadeias globais de produção e comércio – sobretudo, de energia, grãos e tecnologias de ponta – acelerando a chegada da nova “era nacionalista”. O que surpreendeu muitos analistas foi o fato de que tenham sido os próprios Estados Unidos que assumiram a partir de 2017 – em particular durante o governo de Donald Trump – a liderança mundial da reação nacionalista contra o movimento internacionalizante que eles mesmos desencadearam e lideraram a partir da década de 70 do século passado. Depois de Trump, o governo de Joe Biden se propôs retomar o caminho do liberal-internacionalismo, mas ele mesmo percebeu rapidamente que esta proposta já havia esgotado seu potencial expansivo e que não lhe restava outro caminho que não fosse o do “nacionalismo econômico” e da proteção social da população americana por cima de qualquer outro objetivo internacionalista que não seja o das suas próprias guerras imperiais ao redor do mundo. Apesar disto, e a menos de uma guerra atômica que seria catastrófica para toda a humanidade, o mais provável é que os Estados Unidos mantenham sua presença militar e sua centralidade global durante o século XXI. Apesar de que seja visível e notória a sua perda de liderança fora do seu círculo de aliados e vassalos mais próximos, zona onde se situa tradicionalmente a América Latina, e de forma muito particular, o Brasil que sempre operou como ponto de lança dos Estados Unidos dentro do continente latino.

Mesmo assim, a América Latina é hoje um dos poucos lugares do mundo onde a revolta social contra o fracasso da globalização neoliberal vem sendo capitalizada pelas forças progressistas e por coalizões de governo com participação de partidos de esquerda. Serão grandes os desafios e as dificuldades que enfrentarão esses novos governos de esquerda, num contexto internacional de crise econômica e de guerra entre as grandes potências. Mas ao mesmo tempo – segundo a hipótese de Karl Polanyi – este momento poderá transformar-se numa oportunidade extraordinária para América Latina avançar na luta, conquista e consolidação de sua soberania dentro do sistema internacional. Os Estados Unidos estão enfrentando grandes desafios, em vários planos e regiões do planeta e têm aumentado a pressão pelo alinhamento da América Latina, mas sua liderança regional também é declinante, como se pôde observar na última Cúpula das Américas promovida pelos Estados Unidos, e realizada na cidade dos Los Angeles, em 2022. Na verdade, os norte-americanos estão sem disposição real e sem recursos suficientes para envolver-se simultaneamente na Europa Central, na Ásia, no Oriente Médio e ainda na América Latina. Uma boa hora, portanto, para renegociar os termos da relação do continente com os Estados Unidos, sem medo nem bravatas. E neste momento, a política externa e a liderança brasileira serão absolutamente fundamentais.

O Brasil é o país latino-americano onde se pode identificar uma “flutuação histórica” mais parecida com a do “duplo movimento” de que fala Karl Polanyi. Em particular nas três ou quatro últimas décadas em que o país viveu uma sucessão de pequenos ciclos de abertura e internacionalização, seguidos por contramovimentos protecionistas, como aconteceu nos anos 90 e no início do século XXI, e voltou a acontecer depois do golpe de Estado de 2015/2016. E agora de novo, tudo indica que esta última onda de abertura, desregulação e privatizações que foram responsáveis pelo aumento da desigualdade, da miséria e da fome no país está chegando ao fim, e o Brasil poderá então retomar o caminho interrompido da reconquista dos direitos sociais e trabalhistas de sua população, de proteção da sua natureza, e de expansão de seus graus de soberania internacional.

O Brasil tem a seu favor, nesta conjuntura mundial de guerra entre as grandes potências, e de crise energética, alimentar e hídrica em quase todo o mundo, a sua própria autossuficiência em fontes de energia, em grãos, e em disponibilidade de águas. Seu maior problema não está deste lado, está na forma desigual em que esta riqueza está distribuída e a grande resistência de sua classe dominante à qualquer tipo de política redistributiva. E neste ponto não há como enganar-se: é impossível avançar no plano da soberania externa do país sem avançar na luta contra a sua desigualdade social interna, o que exigirá do novo governo brasileiro a declaração de uma verdadeira guerra interna contra a miséria e a desigualdade de sua população. A raiz última deste problema remonta, sem dúvida, aos 350 anos de escravidão que ainda pesarão por muito tempo sobre as costas da sociedade brasileira, somando-se às consequências sociais deletérias da longa ditadura militar do século passado. Período em que os militares dividiram ainda mais os brasileiros ao criar a figura do “inimigo interno” do país formado por seus próprios compatriotas que foram combatidos com as armas do próprio Estado brasileiro. Uma aberração histórica, que também pesará ainda por muito tempo sobre o país, e que foi imposta ao Brasil pela vassalagem internacional dos seus militares. Neste sentido, também não haverá como avançar na luta pela soberania do país sem fazer uma revisão radical da posição interna e externa das FFAA.

A resistência será enorme e virá de uma coalizão de forças que se consolidou nos últimos anos dentro do país à sombra do fanatismo ideológico e religiosos de uma “nova direita” que somou seu fascismo caboclo ao ultraliberalismo econômico da “velha direita” primário-exportadora e financeira, que agora é liderada pelo agrobusiness do centro-oeste, formando uma coalizão de poder “líbero-teológico-sertanejo” que financia a sua “vanguarda miliciana carioca” e inclui também os militares brasileiros que voltaram à cena aliados à direita, como sempre, mas agora convertidos ao catecismo econômico neoliberal. Assim mesmo, apesar destes obstáculos internos, é possível o Brasil superar este momento amargo da sua história e retomar o caminho de construção da sua soberania demarcando seu lugar dentro deste novo mundo multipolar e agressivo que se configura à nossa frente. O Brasil não tem inimigos na América Latina, e seria um absurdo ou loucura iniciar uma corrida armamentista com nossos vizinhos, ou mesmo submeter-se à corrida militar de outros países dentro do continente latino-americano. Pelo contrário, o Brasil deve procurar ocupar no futuro o lugar de uma “grande potência pacificadora” dentro do sistema no seu próprio continente e dentro do sistema internacional.

Assim mesmo, uma coisa é certa, se o Brasil quiser redesenhar sua estratégia internacional e assumir esta nova posição continental e internacional “não há dúvida de que terá que desenvolver um trabalho extremamente complexo de administração de suas relações de complementariedade e competição permanente com os Estados Unidos, sobretudo, e também – ainda que seja em menor grau – com as outras grandes potências do sistema interestatal. Caminhando através de uma trilha muito estreita e durante um tempo que se pode prologar por várias décadas. Além disto, para liderar a integração da América do Sul e o continente latino-americano dentro do sistema mundial, o Brasil terá que inventar uma nova forma de expansão continental e mundial que não repita a “expansão missionária” e o “imperialismo bélico” dos europeus e dos norte-americanos” [Fiori em “A inserção internacional do Brasil e da América do Sul”]


(*) Texto publicado originalmente no Caderno CRIS FIOCRUZ de Saúde Global e Diplomacia da Saude, nº 16/22, de 16 a 22/8 de 2022

 

 

[Imagem: Livio Abramo – fonte: http://www.outraspalavras.net]

Escrito por Ramón Nicolás

Miguel Rodríguez Carnota

Lingua, poder e adolescencia

Xerais, Vigo, 360 páxinas, 23,95 €, 2022

Onte comezou oficialmente un novo curso en diversas etapas educativas: un período lectivo marcado por cambios deficientemente planificados que, nas máis das ocasións, o profesorado terá que ir resolvendo. Máis evidencias e certezas hai, sen ningún tipo de dúbidas, respecto do esmorecemento, palpable e progresivo, no uso do idioma galego na adolescencia nas contornas educativas: por esta razón un libro como o que ocupa estas liñas resulta extraordinariamente útil pois desde o título afonda na relevancia que posúe a educación no amparo dos dereitos lingüísticos.

Hai algún tempo diversas análises -penso nas achegas de Valentina Formoso ou Ana Iglesias por exemplo- diagnosticaron con obxectividade e precisión a realidade do uso da lingua galega nas aulas, afondaron nas causas dos conflitos lingüísticos que agromaban nestes espazos e deseñaron as expectativas de futuro que rodean este asunto de vital importancia para o futuro do idioma. Nesta liña vén incorporarse o ensaio  titulado Lingua, poder e adolescencia, de Miguel Rodríguez Carnota, co obxectivo fundamental de expor, con criterio razoado, esta mingua ou decaemento da lingua galega.

O autor analiza, así pois, a biografía lingüística de dez rapazas e rapaces, galegofalantes, nun medio hostil ao idioma dunha vila e un instituto galego. O discurso das persoas entrevistadas, analizado con técnicas empíricas e un solvente marco teórico, debería ser de obrigada consulta para as persoas interesadas ou para aquelas que deberían estalo. Grazas a elas revélase un “estado da cuestión” marcado por dolorosas renuncias, pola desigualdade que se xera entre o alumnado por razóns da lingua ou polas difíciles resistencias, estigmatizacións e claudicacións nas condutas lingüísticas por presións entre os pares e, ás veces, desde instancias docentes, que nos deberían facer pensar e tomar medidas visto que as existentes perpetúan tendencias esclerotizantes. Para as persoas que coñecemos de primeira man o que aquí se describe é posible que non nos sorprenda pero sempre resulta enriquecedor confirmar sospeitas para perseverar na defensa do idioma. Cómpren novas estratexias para saír desta derrota e este valioso libro ofrece algunhas pistas a ter moi en conta.

 

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Los expertos lingüistas de Babbel, una plataforma de aprendizaje de idiomas, enumeraron las palabras o expresiones a las que apelan las empresas en sus publicidades para hacerse eco de las reivindicaciones que atraviesan la sociedad. 

Los trminos del marketing social se ven en etiquetas y publicidades

Los términos del marketing social se ven en etiquetas y publicidades.

Un grupo de lingüistas desarrolló un glosario con palabras que se utilizan para nombrar cómo, desde hace años, las empresas alrededor del mundo han capitalizado la coyuntura social, las luchas de derechos y las oleadas de empatía hacia causas iniciadas, por ejemplo, por el movimiento feminista o la comunidad LGBTQ+, reflejada en términos como « pinkwashing » o « eco friendly ».

Mediante campañas de marketing y publicidades llenas de frases, expresiones, colores y símbolos, haciendo referencia a su apoyo a las distintas causas -diversidad, inclusión, igualdad y equidad de género- muchas corporaciones buscan influenciar positivamente a su audiencia, pero no siempre tienen un verdadero propósito de inclusión y transformación, sino que son una clara estrategia de marketing aprovechando la agenda mediática y social.

Para entender y detectar estas prácticas, los expertos lingüistas de Babbel, una plataforma de aprendizaje de idiomas, desarrollaron un glosario con los términos y palabras que se utilizan en este sentido y que reflejan el apoyo fingido de las corporaciones como « pinkwashing », « purplewashing » o « rainbow washing ».

Uno de los primeros términos que surgió en inglés y que literalmente significa « lavado rosa » o « lavado de imagen rosa » es « pinkwashing » (del verbo wash=lavar y pink=rosa). Esta palabra es utilizada para señalar cuando una empresa, partidos políticos y países utilizan diferentes estrategias de marketing para dar a conocer su apoyo o simpatía al movimiento LGBTQ+, principalmente en fechas conmemorativas como el « Día Internacional del Orgullo LGBTQ+ » o « Día del Orgullo ».

El término se acuñó durante la década de los 90 y en un principio fue utilizado por la organización Breast Cancer Action, en Estados Unidos, para criticar a las empresas que se pintaban de rosa para apoyar la lucha contra el cáncer de mama, sin que realizaran acciones contundentes contra esta enfermedad. Un ejemplo claro de esta práctica es el cambio de los logos de distintas empresas a los colores de la bandera del orgullo sin hacer ningún cambio estructural en sus políticas.

« Purplewashing » hace referencia al color violeta o púrpura (purple), que siempre ha sido relacionado con el movimiento feminista. El « lavado de imagen púrpura o violeta » ha cobrado mayor fuerza en los últimos años por la creciente exposición de la desigualdad y violencia que viven las mujeres en todos los ámbitos de la vida cotidiana y empresarial. Aunque las corporaciones y organizaciones políticas enarbolan la bandera de la igualdad entre hombres y mujeres, no necesariamente eso se ve reflejado en, por ejemplo, la igualdad de salarios, espacios libres de violencia o un mayor número de mujeres en posición de liderazgo.

Otro término, « Rainbow washing », refiere a la apropiación y mercantilización de los colores asociados a la comunidad LGBTQIA+ con fines lucrativos, y por lo general sucede exclusivamente durante el mes de junio de cada año. Se venden miles de diseños de ropa, calzado u objetos en tonos arcoíris.

El « Red washing » o « lavado de imagen rojo » es una forma de propaganda en la que se utilizan discursos de izquierda de manera engañosa para promover la percepción de que una organización o empresa comprometida con la igualdad social, en alusión al color que es símbolo mundial del socialismo.

« Green washing » alude a los productos « maquillados » de color verde (green en inglés) sin que realmente sean respetuosos con el medio ambiente. Este es el más cotidiano y una gran cantidad de empresas y organismos se autoproclaman « Eco friendly » poniendo sellos en sus envases o empaques, cuando en realidad sus políticas terminan perjudicando el entorno que los rodea, explicaron los expertos lingüistas en el comunicado de prensa difundido por Babbel.

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

Que disseram Ramalho e Eça sobre o “Mistério da Estrada de Sintra”?

«O que pensamos hoje (1884) do romance que escrevemos há catorze anos?… Pensamos simplesmente — louvores a Deus! — que ele é execrável; e nenhum de nós, quer como romancista, quer como crítico, deseja, nem ao seu pior inimigo, um livro igual. Porque nele há um pouco de tudo quanto um romancista lhe não deveria pôr e quase tudo quanto um crítico lhe deveria tirar».

E lembravam a seguinte história: «Conta-se que Murat, sendo rei de Nápoles, mandara pendurar na sala do trono o seu antigo chicote de postilhão, e muitas vezes, apontando para o cetro, mostrava depois o açoite, gostando de repetir: Comecei por ali. Esta gloriosa história confirma o nosso parecer, sem com isto querermos dizer que ela se aplique às nossas pessoas. Como trono temos ainda a mesma velha cadeira em que escrevíamos há quinze anos; não temos dossel que nos cubra; e as nossas cabeças, que embranquecem, não se cingem por enquanto de coroa alguma, nem de louros, nem de Nápoles».

Percebemos a necessidade de se demarcarem de um entretenimento. A verdade, porém, é que o folhetim se procurava demarcar do receituário em vigor. Leia-se o termo do enredo. Luísa despede-se do mundo. «Entregando-lhe em seguida o capuz e o manto de casimira em que fora envolvida: — Adeus, meu primo — disse-lhe ela deixando-se beijar na testa — adeus! Peça a Deus que me perdoe, e aos vivos que me esqueçam. Aos primeiros passos que ela deu para lá da porta, esta fechou-se do mesmo modo por que havia sido aberta, sem que ninguém mais fosse visto, tendo mostrado um buraco lôbrego, negro e profundo como a goela de um abismo, e a amante de Rytmel entrou no claustro. Os ferrolhos interiores rangeram sucessivamente nos anéis, expedindo uns sons entrecortados, semelhantes a soluços arrancados de uma garganta de ferro». Depois, o mascarado alto passou parte dessa noite na vila, esperando a mala-posta. E ouviram-se os sinos das carmelitas pedindo caridade. E o conde de W… recebeu em Bruxelas a carta de sua mulher: «Destituo-me voluntariamente da minha posição na sociedade. De todos os direitos que porventura pudesse ter, um só peço que não seja contestado: o direito de acabar. Suplico-lhe que me permita desaparecer, e que acredite na sinceridade da minha gratidão eterna».

E é aqui que este folhetim dá uma volta de 360 graus. Parece estranha uma tão grande guinada. É que, como bem se recordam, tudo começou com uma estranha descoberta: a de que Carlos Fradique Mendes está vivo. Quando muitos pensavam que ele estava riscado do mundo dos vivos, foi descoberto para sua grande irritação a almoçar num pacato restaurante na proximidade do Passeio Público. E eis que o encontramos de novo. Agora, já sabemos que Luísa se encerrou no claustro de um mosteiro, preferindo desvanecer-se a seguir o caminho de Emma ou de Anna. Fradique Mendes, esse, partiu para uma quinta dos subúrbios de Lisboa para escrever, «debaixo das árvores e de bruços na relva», um livro em colaboração, com o qual prometeu o extermínio a pontapés de todos os trambolhos a que as escolas literárias dominantes têm querido sujeitar as invioláveis liberdades do espírito. «Presenciar as profundas comoções romanescas da vida é como ter assistido a um grande naufrágio: sente-se então a necessidade consoladora das coisas pacíficas: então mais que nunca se reconhece que o ser humano só pode ter a felicidade no dever cumprido».

E fica apenas por saber qual a pergunta mistério deste folhetim?

Agostinho de Morais

[Fonte: e-cultura.blogs.sapo.pt]

Por que, após dois anos tomando as ruas e três vitórias eleitorais, a esquerda foi batida. Como o processo constituinte se distanciou das maiorias e sofreu com o desgaste do hesitante Boric. Quais caminhos podem recompor as esperanças

Escrito por Gilberto Maringoni

O Chile rejeitou em plebiscito a proposta de nova Constituição, com uma diferença acachapante: 62,55% a 37,45%. O quadro surpreende diante de seguidos avanços de setores progressistas e de esquerda nos últimos três anos, apesar de a derrota vir desenhando-se desde julho. Recapitulemos.

Entre outubro de 2019 a março de 2020 o país assistiu a maciças manifestações de protestos populares, iniciadas a partir do descontentamento com o preço de passagens de metrô. A partir daí as demandas se desdobraram para a melhoria dos serviços públicos. A repressão foi brutal. O fenômeno ficou conhecido como “estalido social” e representou uma acentuada queda de popularidade para o governo direitista de Sebastián Piñera.

O impulso das ruas se traduziu em três formidáveis resultados eleitorais. A politização das manifestações se concentrou na demanda por uma nova Constituição que eliminasse a autoritária norma promulgada em 1980 pela ditadura de Augusto Pinochet. Um plebiscito foi então convocado para que a população optasse ou não pela abertura de um processo constitucional. Em 25 de outubro de 2020, 78,28% dos votantes aprovaram a iniciativa.

Em 16 de maio de 2021, os chilenos foram novamente às urnas para eleger os delegados constitucionais. Novo tento progressista: candidatos de esquerda, centro-esquerda, independentes e representantes de povos originários alcançaram cerca de 75% das 155 cadeiras em disputa. Pelas regras estabelecidas, bastariam 2/3 dos votos para a aprovação de qualquer matéria.

Somados a esses avanços, a esquerda obteve um tento histórico em 19 de dezembro último. No segundo turno da eleição presidencial, o candidato da esquerda Gabriel Boric derrotou o extremista de direita José Antonio Kast na proporção de 55,87% a 44,13%.

O que explica a inversão abrupta na correlação de forças em menos de um ano? Quais são os flancos abertos pela esquerda nos últimos meses? Qual é a relação entre a queda de popularidade do governo e os resultados deste domingo? Houve subestimação da força da reação?

A direita tem inegável peso no país, mas não basta à esquerda acusar o outro lado de ser forte. Apesar dos inegáveis e louváveis avanços no texto da convenção constitucional, é preciso verificar possíveis falhas e insuficiências na condução do processo.

Provavelmente, muito dessa virada na opinião pública possa ser creditada à queda na aceitação do governo Boric. Segundo o Instituto Cadem, em 18 de março, uma semana após a posse, a popularidade do presidente alcançava 50%. Em 19 de setembro, a marca caíra para 37%. A desaprovação de 20% há seis meses saltou para 56% no mesmo período. Não há uma avaliação consolidada por parte da administração pública sobre os motivos da oscilação negativa, mas as dificuldades enfrentadas pelo governo para lidar com a crise econômica e com as revoltas dos indígenas mapuches no sul podem entrar na conta, além de um preocupante descontrole oficial nas forças de segurança.

O texto proposto apresenta fortes características democráticas, como o estabelecimento de serviços públicos gratuitos, definição do papel do Estado na educação e na saúde e a ampliação de direitos trabalhistas, além de mudanças legais no que toca às grandes propriedades rurais.

Mas as idas e vindas na elaboração do projeto pesaram e muito, o que foi aproveitado fartamente pelo conservadorismo.

Ao que parece, houve esquerdismo – no sentido de desvio vanguardista – na condução do processo, além de recuos e polêmicas identitárias que precisam ser avaliados com vagar e cuidado. Vale exemplificar.

O que significa exatamente estabelecer um Estado plurinacional num país em que apenas 12% da população se coloca como indígena? A medida foi aprovada na Constituição boliviana de 2007. Lá, a presença de povos originários em relação ao total da população alcança 62%.

Para que se constitucionalizar a questão do direito ao aborto e dos direitos reprodutivos, se esses poderiam ter lugar em legislação ordinária, com menos atritos com a direita? Não se discute aqui a justeza da bandeira, mas a tática política necessária para aprová-la.

Apesar desses pontos, na parte fiscal, o texto abre uma avenida para o neoliberalismo, ao aceitar a responsabilidade fiscal como cláusula constitucional. Se esse recuo foi feito para convencer a direita, a medida de nada adiantou.

Para além do problema da redefinição constitucional do país, o mais grave é como ficará a gestão Boric após meio ano de mandato. Será possível retomar a condução da agenda nacional? Teremos um longuíssimo fim de governo até 2026, com um pato manco no La Moneda? Como se dará a recomposição da administração pública no plano político?

O presidente é um líder de centro-esquerda bastante moderado: tomou distância da Venezuela e de Cuba, ao não convidar seus governos para a posse, e apresenta uma relação ambígua com a memória de Salvador Allende, a quem não citou em seu discurso de posse. Tais sinais também não parecem sensibilizar o campo oposto.

É cedo para terem-se respostas que demandam uma série de informações ainda não de todo disponível. O certo é que as repercussões na América do Sul serão preocupantes.

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

 

El pensador reflexiona sobre “la era de las democracias burguesas, con sus derechos, sus constituciones y sus parlamentos”, la cual, anuncia, “está llegando a su fin”.

Giorgio Agamben nació en Roma el 22 de abril de 1942. Filósofo italiano, en sus obras encontramos estudios literarios, lingüísticos, estéticos y políticos que buscan investigar la metafísica actual en Occidente y su posible salida.

Preocupado por el presente y el futuro que se acerca a nivel mundial, su pasión por la política comenzó en la década de 1990, intrigado por el concepto de biopolítica de Michael Foucault y el estado de excepción de Carl Schmitt. En base a estas ideas y una relectura de Hannan Arendt, Agamben elaboró una teoría de la relación entre el derecho y la vida con una crítica a la idea de soberanismo.

En este artículo, publicado el 23 de noviembre de 2020, el filósofo reflexiona sobre el fin de la era de las democracias burguesas y el futuro que le espera a Occidente:

“Lo que está aconteciendo hoy a escala planetaria es ciertamente el fin de un mundo. Pero no —como para aquellos que buscan gobernarlo según sus propios intereses— en el sentido de un tránsito hacia un mundo más acorde con las nuevas necesidades del consorcio humano.

La era de las democracias burguesas, con sus derechos, sus constituciones y sus parlamentos, está llegando a su fin; pero, más allá de la corteza jurídica, ciertamente no irrelevante, lo que se acaba es ante todo el mundo que comenzó con la Revolución Industrial y creció hasta las dos —o tres— guerras mundiales y los totalitarismos —tiránicos o democráticos— que las acompañaron.

Si las potencias que gobiernan el mundo han sentido que tenían que recurrir a medidas y dispositivos tan extremos como la bioseguridad y el terror sanitario, que han instigado en todas partes y sin reservas, pero que ahora amenazan con salirse de las manos, es porque temían a todas luces que no tenían otra elección que la de sobrevivir.

Y si la gente ha aceptado las medidas despóticas y las limitaciones sin precedentes a las que se ha visto sometida sin ninguna garantía, no es solo por miedo a la pandemia, sino presumiblemente porque, más o menos inconscientemente, sabía que el mundo en el que había vivido hasta entonces no podía continuar, era demasiado injusto e inhumano.

No hace falta decir que los gobiernos están preparando un mundo aún más inhumano, aún más injusto; pero en cualquier caso, de un lado y del otro, de alguna manera se presagiaba que el mundo anterior —como ahora estamos empezando a llamarlo— no podría continuar. Ciertamente hay en esto, como en todo presentimiento oscuro, un elemento religioso.

La salud ha sustituido a la salvación, la vida biológica ha tomado el lugar de la vida eterna y la reIigión, acostumbrada desde hace tiempo a comprometerse con las exigencias mundanas, ha consentido más o menos explícitamente esta sustitución.

Nos lamentamos de este mundo que se acaba, no tenemos nostalgia de la idea de lo humano y lo divino que las implacables olas del tiempo están borrando como un rostro de arena en la orilla de la historia. Pero con igual decisión rechazamos la nuda vida muda y sin rostro y la religión de la salud que los gobiernos nos proponen.

No esperamos un nuevo dios ni un nuevo hombre, sino que buscamos aquí y ahora, entre las ruinas que nos rodean, una forma de vida humilde y más sencilla, que no es un espejismo, porque tenemos memoria y experiencia de ella, aunque, dentro y fuera de nosotros, las potencias adversas la rechacen cada vez en el olvido”.

Publicado por María Toro

[Fuente: http://www.culturainquieta.com]

 

La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) pide a las autoridades respetar el derecho de los educandos indígenas a la educación en su propia lengua.

En tal sentido, rechazaron las intenciones de sectores docentes monolingües que pretenden acceder a la contratación en instituciones educativas de educación intercultural bilingüe (EIB) sin cumplir el requisito de pertinencia lingüística.

Con ello no solo se pretende reducir las plazas docentes EIB sino incluso eliminar las instituciones educativas EIB, aplicando políticas asimilacionistas que regresionan en derechos de pueblos indígenas.

Tal posición fue expuesta por los representantes de la AIDESEP en la reunión de la Comisión Nacional de Educación Intercultural y Bilingüe (Coneib) celebrada del 24 al 26 de agosto.

La petición de la organización nacional indígena amazónica se sustenta en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Constitución Política y las leyes y normativas del Ministerio de Educación.

Los y las representantes indígenas amazónicos reiteraron el rechazo a la contratación de docentes monolingües que acceden a plazas EIB sin cumplir los requisitos establecidos por ley.

La Coneib reafirmó que la implementación de la Política Nacional de Educación Intercultural (EI) y la Educación Intercultural Bilingüe (EIB) no debe parar y debe ser fortalecida.

Ello es tanto más necesario considerando que luego del Censo Nacional de 2017 existen cifras claras en que se recoge las diversas expresiones de la identidad originaria en el Perú.

En tal sentido, recuerdan que en las naciones plurinacionales como el Perú existe la obligación del Estado de prestar los servicios educativos estatales conforme a la diversidad de pueblos que existen en el país.

En consecuencia, se deben rechazar de plano las solicitudes de pequeños grupos de docentes solo interesados en su contratación por que son contrarios a la Constitución Política y la realidad sociocultural del Perú.

Además, sus pretensiones particulares atentan contra los derechos de los pueblos indígenas y en específico de los educandos indígenas y originarios.

[Fuente: http://www.servindi.org]

El décimo séptimo curso de intérpretes y traductores de lenguas indígenas para los servicios públicos se realizará del 24 de octubre al 12 de noviembre en el distrito y provincia de Satipo, en la región Junín.

El curso que durará 20 días de manera presencial, apunta a formar traductores e intérpretes en las lenguas ashaninka, asheninka, awajún, nomatsigenga, matsigenka, kakinte, kakataibo, shipibo-konibo, yanesha y yine.

Esas lenguas son habladas por un total de 187,696 peruanos residentes en 11 regiones del país: Junín, Pasco, Huánuco, Ucayali, Madre de Dios, Cusco, Loreto, Amazonas, Cajamarca, Amazonas y Ayacucho.

El curso es convocado por el Ministerio de Cultura (Mincu) y el plazo para los postulantes tiene como fecha límite el 13 de setiembre.

Políticas públicas

Durante el evento de lanzamiento en Satipo, la viceministra de Interculturalidad, Rocilda Nunta Guimaraes, destacó que este curso forma parte de las políticas públicas que se vienen impulsando para la construcción de un Estado intercultural.

Las lenguas indígenas forman parte de nuestra diversidad y son una manifestación viva de la cultura y la historia de los pueblos indígenas u originarios.

En 16 cursos desarrollados a la fecha se han capacitado a más de 620 personas pertenecientes a 23 regiones del país, hablantes de 38 de las 48 lenguas indígenas, siendo la primera vez que el sector realiza este curso, aquí en Junín, Satipo.

“El Perú no es un país de una sola lengua. Tenemos 48 lenguas indígenas y queremos que nuestros hermanos y hermanas de los pueblos originarios ejerzan sus derechos lingüísticos y accedan a servicios públicos con orgullo y sin discriminación etnicorracial”, resaltó la viceministra de Interculturalidad.

Desde la rectoría del Ministerio de Cultura se forman intérpretes y traductores con el objetivo de contribuir a garantizar los derechos lingüísticos de los más de 4.4 millones de peruanos y peruanas, que hablan alguna de las 48 lenguas indígenas u originarias.

Ellos deben ser el puente que ayude al acceso a los servicios públicos de esta población en los sectores Salud, Justicia, Reniec, Policía Nacional del Perú, entre otros.

En el evento también participó Jean Pierre D’Laura Quintana, asesor del Despacho Ministerial de Cultura, quien manifestó el compromiso de la gestión de la ministra de Cultura, Bettsy Chávez, para la efectiva atención de las demandas pendientes de los pueblos originarios de la selva central.

“Han transcurrido 200 años de vida republicana, donde los pueblos indígenas aún acceden a servicios públicos en los cuales no se respeta su lengua originaria. Por ello, desde el sector Cultura vamos a redoblar el trabajo para que se garanticen sus derechos lingüísticos”, anotó.

En tanto, el presidente de Asociación Regional de Pueblos Indígenas de la Selva Central (ARPI-SC), Jorge Cline Chauca, invitó a los hablantes de lenguas indígenas a postular al 17 cursos de Intérpretes y Traductores de Lenguas Indígenas.

Ello, a fin de que el Estado conozca mejor las necesidades de la población y se mejore el acceso a los servicios públicos de la población indígena.

También asistieron a la presentación, el alcalde provincial de Satipo, Iván Olivera; el director de la DDC Junín, Javier Rojas; la vicepresidenta de la Organización Regional de Nacionalidades Amazónicas de Selva Central (Ornasec), Denisse Irova, asimismo, el coordinador de la Defensoría del Pueblo de Satipo, Gino Zorrilla, y el director de Interculturalidad de la Universidad Nacional Intercultural de la Selva Central Juan Santos Atahualpa, Rudy Roque.

Sobre el curso

Del total de postulantes a nivel nacional, 50 personas serán seleccionadas para participar en el XVII Curso de Intérpretes y Traductores de Lenguas Indígenas.

Los postulantes deberán realizar los siguientes pasos para su inscripción, teniendo como fecha límite, el 13 de setiembre del presente:

1. Descargar la información del documento completo de la convocatoria y los anexos 1 (resumen de la convocatoria) y 2 (modelo de hoja de vida).

2. Entregar su currículum vitae (CV) documentado (conforme al anexo 2) y presentarse de manera presencial en las sedes de las Direcciones Desconcentradas de Cultura de las regiones donde se hablan las lenguas indígenas convocadas, o completar el siguiente enlace.

Para mayor información sobre la convocatoria y los requisitos, los y las interesadas pueden escribir al correo electrónico: curso.interpretes.indigenas@gmail.com

 

[Fuente: http://www.servindi.org]

Votação neste domingo será acirrada. Direita abusa das mentiras, difama Constituinte e explora pânico moral contra direitos de mulheres e indígenas. Governo morno de Boric é problema. Esquerda tenta superar letargia e resgatar “ventos rebeldes”

Escrito por Joana Salém Vasconcelos

A transformação política que o Chile tem vivido desde 2019 está hoje plasmada pelo texto da nova Constituição, que vai a plebiscito em 4 de setembro. A proposta foi redigida por uma Convenção Constitucional com vários ineditismos, entre eles uma maioria de deputados convencionales independentes (ativistas e intelectuais sem partido) e vindos de fora da política profissional, a paridade de gênero (única experiência do tipo no mundo) e a reserva de assentos para povos indígenas. Trata-se do processo constituinte mais democrático e participativo da história do país, que nunca havia experimentado nada parecido antes. Todas as constituições chilenas anteriores (do século XIX às de 1925 e de 1980) foram redigidas por pequenos comitês fechados ou cúpulas autoritárias centralizadas, compostas por poucos homens brancos (winkas, diriam os indígenas).

O “plebiscito de saída” do atual processo constituinte pode aprovar ou rechaçar o texto, que é herdeiro do novo-constitucionalismo latino-americano, incorporando a plurinacionalidade, os direitos da natureza, a economia solidária, as agendas feminista e ecológica, bem como os direitos sociais e do trabalho, em uma perspectiva social-democrata. Este plebiscito é, portanto, o clímax de um tortuoso caminho de reinvenção do país para superar sua crise multidimensional (econômica, política, social, cultural, simbólica, identitária e até territorial), consequência de um modelo de sociedade neoliberal, gerida por um Estado subsidiário, arquitetado pela ditadura de Pinochet e perpetuado pelo pacto de transição.

Atualmente, porém, para surpresa dos analistas, pesquisas indicam vitória do rechaço (entre 45% a 58% das intenções, a depender da pesquisa) contra a aprovação do novo texto (que varia de 32% a 42%). Surpresa porque esse resultado contraria o fluxo histórico dos últimos três anos (ou talvez dos últimos quinze), marcados por crescentes mobilizações multitudinárias por direitos sociais, que culminaram com o esgotamento e colapso tardio da Constituição pinochetista de 1980 e seu legado ditatorial.

Especialistas e políticos pelo Apruebo questionam as pesquisas que dão vitória ao Rechazo por falhas metodológicas e erros persistentes de resultado das pesquisas anteriores, como por exemplo as que indicavam a vitória de José Antônio Kast no pleito que elegeu Gabriel Boric presidente do Chile em dezembro de 2021. Alguns dizem que as pesquisas não correspondem ao clima das campanhas de rua e das conversas de porta em porta, muito mais favoráveis ao novo texto. Apontam que a metodologia por telefone em horário comercial exclui os mais pobres (que não têm telefone ou exercem tarefas laborais que os impedem de atender durante o trabalho), gerando um enviesamento amplificador do peso das classes médias no resultado. Tal enviesamento é ainda mais relevante em uma votação obrigatória, a primeira depois de uma década de pleitos facultativos, em que os setores ausentes nas pesquisas serão ainda mais massivos na urna.

O resultado do plebiscito, portanto, é muito mais incerto do que parece. A vitória do rechaço representaria a contramão de tudo o que o povo chileno demonstrou nos últimos três anos, nas ruas (as múltiplas revoltas do estallido social) e nas urnas (plebiscito de entrada em 2020, eleições constituintes e eleições presidenciais em 2021). Representaria uma guinada brusca em relação ao caminho escolhido soberanamente pelas maiorias do país e reiterado em muitos momentos históricos recentes. Não é impossível, mas sim contraditório com os sinais da vontade popular dos últimos anos.

Por outro lado, é fato que o rechaço ampliou sua popularidade e as forças da transformação perderam espaço na fotografia atual da batalha por hegemonia. E por que isso ocorreu?

Desde a posse de Boric, está em curso uma forte e sistemática campanha de deslegitimação da nova Constituição, organizada por setores poderosos das classes dominantes e seus conglomerados de imprensa. Com a derrota de Kast, deslegitimar a Convenção foi a principal, senão a única, estratégia política da direita contra o itinerário aberto pela revolta social de 2019. Impossibilitados de disputar a Convenção por dentro, as direitas, que não obtiveram o terço necessário de convencionales para obstruir as agendas das esquerdas na nova carta, só puderam correr por fora e destruir o processo pela deslegitimação. Não só parte da grande imprensa, historicamente atrelada às famílias mais ricas do Chile, está engajada nessa campanha, como também os dispositivos de redes sociais de Kast e seus apoiadores, os dois partidos de direita tradicionais (RN e UDI) e os novos (Evopoli e Republicano), grandes empresas e think thanks direitistas.

Mas isso não seria suficiente para inverter os ventos mudancistas, não fosse a crise de legitimidade do governo de Boric perante sua própria base social, que o elegeu para ver mudanças muito mais rápidas, profundas e assertivas. Contra essas expectativas, Boric mostrou ser um líder de centro, e não da “nova esquerda” que orientou sua militância quando estudante e seu primeiro mandato como deputado. A fragilidade do governo Boric se deve à reprodução das políticas da direita e da Concertación referentes a temas caros e inegociáveis para os movimentos populares. Entre os exemplos mais agudos estão a política de Estado de emergência e militarização do Sul do Chile em repressão aos povos indígenas (continuadas do governo Piñera, sem interrupção); a demora em apresentar uma reforma tributária que financie seu programa de direitos sociais, tornando-o a cada dia mais desacreditado; a ausência de uma reforma da previdência desprivatizante e a posição contrária ao “quinto retiro” das contas de pensão, favorecendo as AFP e contradizendo-se aos discursos que os mesmos Boric, Vallejo e Jackson faziam no Congresso em favor dos retiros anteriores há menos de dois anos; a pífia e ornamental reforma da instituição policial (carabineros) que frustrou amplas expectativas de progresso na pauta de direitos humanos; para não falar da política econômica de estabilização neoliberal que não se diferencia em nada dos governos dos últimos 30 anos.

Sendo assim, o rechaço navega nas águas da crise de Boric, crise gerada por sua própria guinada ao centro neoliberal, com piscadelas à esquerda cada vez menos críveis.

O texto da nova Constituição, esse sim, tem elementos inovadores de um “novo progressismo” latino-americano, que para o Chile representa um renascer das cinzas da Constituição pinochetista. Se por um lado não devemos desprezar o aspecto revolucionário do giro histórico chileno, de vanguarda do neoliberalismo à vanguarda da transformação social latino-americana, tampouco nos devemos deslumbrar com o texto, que só poderá ser aplicado em sua integralidade com muitas lutas árduas, que derrubem fortalezas econômicas, de classe, território e poder capitalista/patriarcal.

São três principais linhas de ataque das direitas à nova Constituição, num turbilhão de fake news, pânico moral e desinformação, cozinhados no caldo ideológico conservador com nuances ora extremistas, ora tecnocráticas.

Primeiro: a mentira de que a plurinacionalidade significaria a quebra da pátria, a divisão do país em diferentes países, o fim da chilenidade. O episódio desastrado da ministra Izkia Siches na Araucanía, na primeira semana de governo Boric, serviu perfeitamente a esse propósito. Afinal, diz a direita, como uma chefe de Estado é proibida de circular em território nacional? Para a campanha de desinformação e fake news, a plurinacionalidade impediria que chilenos circulassem no território nacional, agora controlado por outros povos, ameaçando o patriotismo chileno.

Segundo: o pânico moral em torno dos direitos sexuais e reprodutivos estabelecidos na nova Constituição, bem como os direitos à diversidade sexual, medidas transversais que, no novo texto, perpassam o Estado em sua estrutura, do sistema judicial e educacional às polícias e FFAA. Como aqui, lá a direita ganha espaço com as distorções engendradas pela histeria contra a chamada “ideologia de gênero”. O conservadorismo popular e os tabus religiosos em matéria de direitos reprodutivos, inclusive o direito ao aborto definido na nova carta, alimenta a agenda direitista do rechaço.

E terceiro: a direita afirma, como num velho disco riscado, que a nova Constituição gerará caos e anarquia, enfraquecendo o Estado nacional, porque propõe a descentralização dos poderes, o fortalecimento das regiões, províncias e comunas com orçamento e autonomias, sem falar do fomento à participação comunitária na formulação e deliberação das políticas públicas. A bandeira da descentralização que marcou a agenda dos convencionales é convertida, pela direita, em desintegração da unidade nacional, fragilização do Estado e consequente insegurança. Sem contar que este pacote viria junto com a desmilitarização das polícias.

Afinal, o que ocorrerá no dia seguinte ao 4 de setembro? Ganhando o Apruebo, haverá uma enorme catarse democrática contra o legado de Pinochet, um clímax transformador que representa um verdadeiro ajuste de contas com o golpe de 1973. Ao mesmo tempo, a aplicação da nova Constituição será lenta e demanda muitas leis e regulamentações, que serão disputadas palmo a palmo. A aplicação integral e profunda do texto requer mobilização popular constante e implica em perda de muitos privilégios e poderes das classes dominantes.

O oficialismo, porém, já pactuou o “aprovar para reformar”, e aspectos mais transformadores do texto dificilmente serão declinados a uma política de mudança profunda. Os pactos entre a coligação de Boric e os partidos da Concertación é cada vez mais orgânico e mostra que as verdadeiras novas esquerdas, mais uma vez, disputarão por fora, nas ruas, a contrapelo do governo que ela mesma elegeu.

E se ganha o Rechazo? Será um trauma profundo para o país, que se mobilizou intensa e consistentemente nos últimos anos para construir esse texto. Nesse caso, a situação é muito mais incerta. O presidente Boric defendeu publicamente que, em caso de vitória do rechaço, uma nova eleição para deputados constituintes e uma nova convenção devem ser convocadas. Parte da direita, porém, defende um novo plebiscito para definir se haverá ou não nova carta e recuperar a chance de reformar a de 1980 pelo Congresso, onde ainda tem enorme poder. Seria traumático como cair da escada de costas. Qual o destino do texto da nova Constituição, qual o mecanismo de mudança constitucional e o que ocorrerá com a atual carta da ditadura, tudo isso ficaria em aberto e em estado de incerteza, com o gosto amargo de retrocesso histórico.

São essas, basicamente, as peças no tabuleiro até 4 de setembro.

 

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Estudiantes, feministas, campesinas, tortas y maricas, indígenas, ambientalistas, escritoras, activistas por los derechos humanos y por la legalización del cannabis: los movimientos sociales reivindican a Gabriela Mistral como líder indiscutida y transversal. En 2022, a este amor se le suman más razones, es que México abrió los archivos que documentan la participación de la poeta chilena en la transformación de la educación de su país, en plena revolución. En octubre serán entregados al gobierno de Boric como gesto para consolidar la idea común sobre el rol del progresismo y el contenido de las futuridades de América Latina.

Escrito por Carla Ulloa Inostroza

Arte: Juan Fuji

—Usted es bienvenida a saturar este ambiente con los dones de su noble espíritu.

Es 21 de julio de 1922. Lucila Godoy Alcayaga llega en tren a la Ciudad de México. Tiene 33 años, es maestra autodidacta, escribe poesía pero su obra es inédita. En su paso reciente por los puertos de Valparaíso, El Callao, La Habana y Veracruz fue recibida con honores. Su anfitrión en la capital es José Vasconcelos. El viaje es seguido por la prensa latinoamericana. Es todo un acontecimiento, incluso cien años después.

La sociedad mexicana acarrea el trauma de una dictadura; Porfirio Díaz es historia y la Revolución Mexicana despliega políticas nuevas. Por eso el gobierno del general Álvaro Obregón escoge para sus filas a uno de los revolucionarios más carismáticos e inteligentes. Por hábil, apasionado y agitador de escritores, José Vasconcelos es nombrado rector de la Universidad Nacional y recibe una misión soñada: alfabetizar México con bibliotecas que sean el epicentro de la cultura, y con uno de los presupuestos más altos destinados a educación en toda la historia de América Latina. Cuando el escritor llega al cargo, existen 70 bibliotecas. En dos años funda más de dos mil, despliega estrategias para democratizar el acceso a la lectura y a la escritura. Lo hace en una alianza viva y lúdica, de la mano de maestras, poetas y artistas que recorren todo el país.

Vasconcelos pone patas para arriba a la educación pública; la vuelve masiva, accesible, aspiracional. Esta revolución los revoluciona a todxs. Es una llave también para Lucila Godoy Alcayaga: mientras la autora chilena acompaña, protagoniza y derrama en este proceso también ella se transforma. De Lucila nace Gabriela Mistral, la mujer pública, con fuerza para decir discursos y dirigir proyectos, la primera persona en América Latina en obtener el Nobel de Literatura. Su emergencia está marcada por el talento pero también por la oportunidad. Es hija y hermana de maestras, amiga de personas con bibliotecas, nacida en una sociedad en la que las mujeres fundan periódicos y luchan por los derechos de las niñas, Mistral tiene diferentes estímulos, como crecer escuchando los cuentos que le leen en su casa, en voz alta. Autodidacta, apasionada, autoexigente: en aquellos años, cuando la vocación se hacía materia, contó, comía poco, leía mucho y vivía cansada.

Este viaje le imprime optimismo, le da confianza y, sobre todo, la llave de su cuarto propio. No todo es poesía en su carrera. No solo el permiso la habilita a profundizar en su talento. México le da seguridad económica: un pago estable por cuenta de la Secretaría de Educación Pública. Cuadro cultural, aliada política, escritora y maestra: la forma en la que durante veintiún meses ejerce estos cuatro roles al mismo tiempo son claves para que su carrera salte de escala. Se vuelve tan visible como para recibir un Nobel.

Esta revolución los revoluciona a todxs. Allí nace Gabriela Mistral, la mujer pública, con fuerza para decir discursos y dirigir proyectos, la primera persona en América Latina en obtener el Nobel de Literatura.

José Vasconcelos está enterado de la escena literaria continental. Bilingüe y lector de revistas, sabe identificar a sus pares, no solo en el amor por la literatura sino en la capacidad  de usar las palabras para conducir a acciones políticas que transformen la realidad. Cuando escuchó su nombre ni lo dudó: Gabriela Mistral también dedicaba su vida al mismo cometido y en Chile, un país tan conservador. Los une la poesía, la ideología y la religión: los dos son cristianos.

Vasconcelos transforma la pedagogía mexicana. Crea bibliotecas de diferentes tipos de funcionamiento: ambulantes, grandes o pequeñas, siempre rodeadas de música, conciertos, murales, obras plásticas, danza y cantos infantiles. El objetivo es alfabetizar a millones de personas, cuidar también la educación espiritual y artística. Convocan a maestros misioneros que renuevan las aulas y las hacen dignas de un mundo mejor. México se había desangrado por décadas, había poco que perder y mucho por imaginar.

“He recorrido con los trenes trepidantes o con el paso lento de mi caballo de sierra, México, el territorio trágico y suave a la vez, donde un pueblo parecido al nipón vive en cada día la cordialidad y la muerte. Y esta mirada mía, recogedora de cuarenta panoramas, me lleva al corazón una oleada de sangre calurosa. Gracias a México, por el regalo que me hizo de su niñez blanca: gracias a las aldeas indias donde viví segura y contenta; gracias al hospedaje, no mercenario, de las austeras casas coloniales, donde fui recibida como hija; gracias a la luz de la meseta, que me dio salud y dicha; a las huertas de Michoacán y de Oaxaca, por sus frutos cuya dulzura va todavía en mi garganta; gracias al paisaje, línea por línea y al cielo que, como en un cuento oriental, pudiera llamarse “siete suavidades”. Pero gracias, sobre todo, por estas cosas profundas: viví con mi norma y mi verdad en esta tierra y no se me impuso otra norma; enseñando tuve siempre el señorío de mí misma; dije con gozo mi coincidencia con el ambiente, muchas veces, pero dije otras mi diversidad. Dios libre a México de nueva angustia.”

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La revolución política cumple el sueño de los poetas. Vasconcelos tiene entre sus tareas urgentes publicar textos con lecturas situadas de la realidad social nacional. Primero conecta con Mistral a través de los impresos. La chilena ya colaboraba en la Revista El Maestro, el proyecto de Vasconcelos como rector de la Universidad Nacional.

Gabriela Mistral ama México, también, por lo que este país la desafía:

“México no es cosa para quedarse por la vida. Es una tembladera política”. 

Es una de las pocas mujeres tratadas con respeto por Vasconcelos; educada en el Chile central, sabe cómo lidiar con la supremacía de los hombres de las letras.

Para conmemorar el centenario de los viajes de Mistral a México, el gobierno de López Obrador puso en marcha la recuperación de los archivos históricos relacionados con este intercambio. Los 400 documentos serán un regalo al gobierno de Chile, una forma de fortalecer la articulación de los gobiernos progresistas de ambos países y su apuestas por las políticas transformadoras.

Durante su estadía en el país de la revolución publica dos libros: Desolación, en 1922, su primer poemario editado en Nueva York, y Lecturas para mujeres, en 1923, una antología que le encarga la Secretaría de Educación. Termina Ternura, su segundo poemario, de 1924, y adelanta Motivos de San Francisco (póstumo, 1965). Colabora en la antología Lecturas clásicas para niños, en 1924; la versión poética de La Cenicienta anticipa un tópico que da pie a la versificación de otros clásicos. Reúne también textos traducidos al español para un público infantil. En Lecturas para mujeres, Mistral expresa su anhelo de contar con más clásicos escritos en español para mujeres:

“Yo desearía que, en arte como en todo, pudiésemos bastarnos con materiales propios: nos sustentásemos, como quien dice, con sangre de nuestras mismas venas, pero la indigencia, que nos hace vestirnos con telas extranjeras, nos hace también nutrirnos espiritualmente con el sentimiento de las obras de arte extrañas”.

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¿Por qué en México y Chile se recuerda esta revolución cultural cien años después?

En 2022, para conmemorar el aniversario, decenas de investigadores de los 32 estados de México pusieron manos a la obra de la Dirección General de Memoria Histórica y el Archivo General de la Nación. Recuperaron los archivos públicos relacionados con la vida y obra de Gabriela Mistral. Y esta recopilación será un regalo del Gobierno de México al Gobierno de Chile. Tiene una particularidad: documenta el recorrido y el aporte de la autora en las primeras décadas del siglo XX. Hasta ese momento, solo se había estudiado su vida y obra a partir de 1945, cuando recibe el Nobel. Estos 400 documentos, el regalo, no revolucionan su biografía ni su obra de la autora -como lo hizo el legado entregado por Doris Atkinson a Chile en 2007 cuando se “comprobó” el lesbianismo de Mistral- pero sí profundiza la rearticulación de los gobiernos progresistas de ambos países y sus ideas en torno al latinoamericanismo. Fundamentan por qué Gabriela Mistral sigue siendo la persona chilena más conocida en México, por qué el país tiene cientos de escuelas nombradas en su honor, cuál es el símbolo que le permite seguir jugando un rol en las relaciones bilaterales de ambos países.

“Tengo en mi espíritu un hemisferio mexicano, donde cada cosa de ustedes, mala o buena, repercute en zozobra o en alegría […] México es para mí el pedazo de mundo donde vi hacer el reparto de suelo, de la herramienta, del libro y del pan escolar. Eso no se olvida, aunque se viva mucho, y eso lava el resto, de errores y miserias humanísimos […] Yo soy una voz de México metida en garganta extranjera” 

México vive el sexenio de la “Cuarta Transformación”, concepto creado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador para diferenciarse de la etapa previa de los partidos derechistas PRI y PAN y de su vínculo con Estados Unidos. Uno de los pilares de la 4T es la amistad entre estos países. Por eso la figura de Mistral es casi un pretexto de lujo para saludar a Chile en su próximo Octubre, cuando esa tierra se apruebe o rechace la primera constitución democrática, iniciando la transición a un Estado plurinacional, intercultural, regional, ecológico constituido como República solidaria, inclusiva y paritaria.

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Cuando Lucía Godoy llegó por primera vez a México, las universidades de América Latina estaban convulsionadas por la efervescencia de sus organizaciones estudiantiles. Ya había ocurrido la Reforma Universitaria en Córdoba, Argentina.

Mistral agitaba ese proceso. En julio de 1922 envió un mensaje a la Federación de Estudiantes en México:

“La aproximación hacia el pueblo, de parte de los estudiantes, ha sido muy discutida. ¿Es un mal el que los jóvenes universitarios se hagan dirigentes obreros? Yo no solo acepto esta colaboración, sino que la alabo cálidamente. Todo lo que arranque al estudiante del ambiente libresco, todo lo que lleve a mezclarse en la vida, a sentir su aliento quemante sobre la faz, me parece inmenso bien. Miro con tanta irritación la enseñanza en su aspecto de rito frío, que me regocija hasta la raíz del alma ver a los jóvenes salirse de esa máquina muerta para ir a la acción, que, hasta cuando es errada, enriquece la experiencia […] Chile no es, como México, un país de grandes recursos y no puede multiplicar, como lo hace vuestro Gobierno, sus escuelas en la extensión que requiere nuestro analfabetismo sudamericano todavía vergonzoso […] 

Mientras Gabriela vivía en México, en 1923, la Universidad de Chile le otorgó el título de profesora por “gracia”. Como hija de la clase trabajadora y campesina tuvo como única maestra a su hermana Emelina. Como muchas mujeres pobres se había desempeñado como profesora, primero en escuelas rurales y luego como docente y directora de liceos de niñas en La Serena, Antofagasta, Punta Arenas, Temuco y Santiago. Estos trabajos le enseñaron a identificar organizaciones y líderes estudiantiles comprometidos con la justicia social.

Cien años después, Chile es conducido por líderes estudiantiles. Los sueños de Gabriela Mistral se siguen cumpliendo.

Cien años después, Chile es conducido por líderes estudiantiles. Los sueños de Gabriela Mistral se siguen cumpliendo. Y es que con la donación del año 2007 comenzó a aparecer el relato de una escritora revolucionaria, atractiva para los jóvenes y los movimientos sociales ávidos. En ese año, la sobrina de la albacea de Gabriela Mistral donó todos los documentos que estaban en Estados Unidos. Un año antes moría Doris Dana, pareja de la poeta, quien durante 50 años resguardó los documentos que se referían a su orientación sexual. Lo habían pactado: después de su muerte iban a dar a conocer al mundo que eran lesbianas. Antes, ¿para qué? Querían vivir en paz.

La apertura de esos archivos -cedidos a Chile durante el gobierno de Michelle Bachelet- y en particular de las cartas de amor y las experiencias disidentes que se leen entre líneas, reactiva el interés en Gabriela Mistral. Justo en 2006, además, es la gran movilización estudiantil de los pingüinos, la primera gran protesta social en democracia.

Hoy, que a los reclamos estudiantiles se les sumaron los feministas -y tantos otros-, Gabriela Mistral está en todas partes. Es la referente disidente.

Está para las personas que quieren legalizar el cannabis -para aliviar el dolor del cáncer, Mistral consumía-, está para las mujeres que luchan en contra del lesbofeminicidio, para las campesinas pobres, para las indigenistas, para las escritoras, para el colectivo queer, para el ecologismo, el veganismo, la astronomía: es una referente transversal. También se la reconoce porque conoció a mucha gente importante que luego defendió los derechos humanos -como el juez Juan Salvador Guzmán Tapia, el único que juzgó a Pinochet-.

La genealogía de los movimientos de lucha en Chile la adoptan de manera definitiva dentro de sus referentes indiscutibles. Neruda es discutible, Neruda está cancelado. Allende es indiscutible, Mistral también: hoy es mucho más querida y conocida por los diferentes pueblos de Chile que hace 20 años.

Este proceso de reactualización de los usos de la memoria en torno a Gabriela Mistral fue apoyado por un boom editorial. El estreno del documental Locas mujeres, de la cineasta María Elena Wood, ofrece imágenes, audios y huellas nunca antes vistas.

Recuperar su figura es habilitar todas sus dimensiones. Es rescatar los significados de las prácticas y los discursos. Es abrazar sus estrategias para intervenir en un entorno patriarcal homosocial muchas veces adverso a su presencia y a la de las escritoras en general.

 

[Fuente: http://www.revistaanfibia.com]

O grupo de 42 indígenas da etnia yanomami colou grau no último final de semana, em São Gabriel da Cachoeira, município é composto por 23 etnias, que comportam 97% dos indígenas do Brasil.

Formatura foi realizada em São Gabriel da Cachoeira, o município mais indígena do Brasil. — Foto: Divulgação/Ufam

A formatura foi realizada em São Gabriel da Cachoeira, o município mais indígena do Brasil.

O município de São Gabriel da Cachoeira (AM), considerado o mais indigenista do Brasil, passou a contar com 42 professores de língua indígena formados pela Universidade Federal do Amazonas (Ufam). O grupo é da etnia yanomami e colou grau no sábado (20). O município é composto por 23 etnias, que comportam 97% dos indígenas do Brasil.

A cerimônia foi realizada no próprio território yanomami, aos pés do Pico da Neblina, o ponto mais elevado do Brasil. Segundo a Ufam, além deles, os baniwa, os tukano e os de língua yêgatu também concluíram o curso nos meses de julho e agosto e tiveram suas cerimônias de outorga de grau igualmente em terra indígena.

Para chegar até o local foi preciso enfrentar horas de voo e uma travessia de barco regada por uma chuva torrencial. Nessa época do ano, de agosto até setembro, é inverno na região do Alto Rio Negro, portanto, é quando mais chove. O acesso às comunidades é facilitado e o rio está mais volumoso, mas isso não torna a viagem mais segura, já que os riscos são iminentes.

Além dos Yanomamis, outras etnias também tiveram colações de grau. — Foto: Divulgação/Ufam

Além dos yanomamis, outras etnias também tiveram colações de grau.

Concluída a travessia, a comitiva da Ufam chegou ao local já no início da noite. Além de representantes da universidade, a cerimônia contou com membros das Forças Armadas e representantes da Federação das Organizações Indígenas do Rio Negro (Foirn), parceira da universidade na execução do projeto, além de outras associações indígenas.

Os até então formandos homenagearam com o nome da turma o cacique Joaquim Figueiredo e os tuxauas Daniél Góes e Osvaldo Lins, já falecidos.

Familiares participaram da cerimônia. — Foto: Divulgação/Ufam

Familiares participaram da cerimônia.

Em sua fala, o reitor da Ufam, Sylvio Puga, mencionou a Constituição Federal de 1988 pelo qual o Estado brasileiro passou a incorporar a concepção de diversidade étnico-cultural, implicando dizer que os povos tradicionais estão, nos termos da lei, com os direitos resguardados.

« Na prática, o desafio de implementar políticas voltadas a esses povos é do tamanho da nossa região. É difícil promover conhecimento de forma que as etnias não se desassociem da cultura, de seu valor de pertencimento étnico, de sua língua materna, ao passo que se insira nos processos de aprendizagem », observou.

« Além da educação diferenciada, entendemos que o pleito de vocês vai muito além: saúde, agricultura ambientalmente responsável e espaço de fala onde a instrução científico-tecnológica pode ajudá-los dentro do que nos compete, e nós iremos ajudar a traçar essa caminhada », disse Pulga.

Lideranças indígenas também participaram da cerimônia — Foto: Divulgação/Ufam

Lideranças indígenas também participaram da cerimônia.

A professora Iraildes Caldas Torres, estudiosa, pesquisadora de gênero há mais de duas décadas, das mulheres sateré-mawés e tikunas, de Maués, estava alegre ao ver que dos 42 diplomas emitidos 13 seriam conferidos a mulheres yanomamis.

« Estou academicamente feliz por vê-las emancipando-se, o que também é resultado do que observemos através do intervalo de tempo a contar de 1952. Mais recentemente, há 30 anos as terras yanomamis foram demarcadas e vocês têm buscado equilibrar empoderamento diante do mundo e cultura. Hoje, vocês têm um novo capítulo, uma nova conquista, que é importantíssima: a educação. É a educação o grande movimento do desenvolvimento humano », considerou.

Para o representante da Foirn, Dário Cassimiro Baniwa, quem ganha com o acontecimento é o povo indígena.

Indígenas são da etnia yanomami. — Foto: Divulgação/Ufam

Indígenas da etnia yanomami

« Três momentos marcantes na história passam por vocês: o primeiro na década de 1970, com a construção da Perimetral Norte; nos anos 1980 e início dos de 1990, o conflito contra centenas de garimpeiros em balsas que invadiram o território; e mais recentemente, a demarcação das suas terras. Desde os anos de 1970, os yanomamis sofrem com intervenções e ameaças, quer seja pelo avanço dos não índios próximo às suas aldeias, mineração, extração ilegal, bem como por doenças e reversão de direitos. É preciso ficar atento sempre. Mas, nem tudo é lamento. Esta é a oportunidade de festejar, e também lembrarmos daqueles que muito contribuíram », salientou.

[Fotos: Ufam – fonte: g1.globo.com]

La periodista Alba Sidera, corresponsal d’El Punt Avui, va instal·lar-se a Roma l’any 2007 i va especialitzar-se en els moviments d’extrema dreta. El resultat de la seva investigació és el llibre Feixisme persistent. Radiografia de la Itàlia de Matteo Salvini (Edicions Saldonar), que va publicar l’any passat. Segons explica Sidera, el país transalpí és un bon mirall per anticipar els esdeveniments polítics que poden tenir lloc a l’Estat espanyol i serveix d’exemple “per saber tot el que no s’ha de fer” quan els mitjans aborden informativament els discursos d’odi. Amb ella parlem de periodisme, de les esquerres, d’ultres i d’antifeixisme.

Escrit per Laura Aznar

Fa uns 15 anys que vius a Roma i allà has investigat l’extrema dreta italiana, fins al punt que vas publicar el llibre Feixisme persistent, on radiografiaves la Itàlia de Matteo Salvini.

Tot i que em movia en ambients antifeixistes i de gent d’esquerres, a Itàlia he acabat trobant-me molta gent que es definia com a feixista; una cosa que no m’havia passat mai a Catalunya. Aquí hi ha una normalització del terme. Això em va fer trencar amb l’imaginari que els feixistes són els del cap rapat i les formes de fer agressives. Doncs no. De fet, amb alguns d’ells fins i tot compartia interessos i gustos musicals. A la gent li agrada molt parlar de política amb desconeguts, i em trobava amb situacions molts surrealistes a la consulta del dentista o al supermercat, de persones que, amb tota la naturalitat, em parlaven del feixisme. El llibre sorgeix d’intentar entendre per què passa això, com s’ha blanquejat aquesta ideologia, quins còmplices ha tingut i quins paral·lelismes existeixen amb l’Estat espanyol. D’Itàlia sempre es diu que anem uns quants anys al davant. I és cert.

Fa la sensació que, a l’Estat espanyol, autoidentificar-se com a feixista segueix sent un tabú, que hi ha poca gent que ho faci. És així o això comença a canviar?

Aquesta és una de les diferències més grans. Jo he estat infiltrada en grups feixistes a Itàlia i em comentaven que els sorprenia molt que, a l’Estat espanyol, es fes servir el concepte feixista com un insult. Això té moltes explicacions possibles; una de les més clares és que, a Espanya, el franquisme no va ser vençut. Hi va haver una continuïtat amb la Transició i als feixistes no els ha calgut reivindicar-se. L’extrema dreta ha estat inserida en els partits majoritaris, dins l’aparell judicial, el policial… En canvi, a Itàlia, hi ha l’èpica de la derrota: el feixisme va perdre i tots els partits que s’hi oposaven, des de la democràcia cristiana fins als comunistes, van fer una Constitució pensada perquè no pogués sortir cap altre partit feixista. Com saps, la cosa no ha funcionat. I, en aquest sentit, Berlusconi representa un punt d’inflexió.

Com va ser l’experiència d’estar infiltrada en grups feixistes a Itàlia?

He decidit no donar-ne gaires detalls mentre visqui aquí per motius de seguretat. Et puc dir que he estat en reunions amb gent de la Lega i que he conegut espais on participaven militants de Forza Nuova i de CasaPound, que s’organitzaven com a grups de suport veïnal amb l’objectiu de reconduir debats cap a posicions racistes. S’han aprofitat de l’antigitanisme, que aquí és brutal i molt transversal. M’hi vaig trobar i vaig voler investigar-los.

Per què dius que Berlusconi representa un punt d’inflexió?

Ell arriba al poder al principi dels noranta amb dues crosses: els vots de la Lega Nord i els vots d’Alleanza Nazionale, que va anar canviant de nom però que era un partit feixista. Això va ser un escàndol. Els polítics actuals són fruit del berlusconisme, d’una manera de fer populista. Dic que Berlusconi representa un punt d’inflexió perquè va ser el primer a blanquejar el feixisme quan va dir que Mussolini també havia fet coses bones. Ell és qui normalitza aquest discurs, i ara veiem que es reprodueix als principals programes de tele i de ràdio italians: hi ha personatges com Alessandra Mussolini, neta del dictador, que hi va per defensar el seu avi, o partits d’extrema dreta com Forza Nuova que surten a les tertúlies a explicar la seva ideologia amb total tranquil·litat.

“L’extrema dreta està vivint el seu Maig del 68, el seu moment d’or”

Això també ha passat a l’Estat espanyol.

Sí. Quan es produeix la irrupció de Vox, els seus discursos es comencen a normalitzar amb l’ajuda d’alguns mitjans. Fins al punt que ara tenim joves que diuen “jo soc fatxa, i què passa?”. El feixisme ha aconseguit que hi hagi gent que el percebi com una cosa contracultural, antiestablishment. La camama que expliquen, que ells van en contra del que és políticament correcte, forma part d’una estratègia que despleguen a escala mundial. L’extrema dreta està vivint el seu Maig del 68, el seu moment d’or.

Per tant, una de les estratègies de l’extrema dreta està sent justament la de ressignificar el terme fatxa per interpel·lar grups amplis de població i, particularment, els joves?

S’han apropiat del concepte per treure-li el seu sentit i vendre’l com una cosa guai. El tema és que hi ha molta gent que caricaturitza l’extrema dreta i pensa que, darrere dels seus discursos, hi ha quatre analfabets. És un error garrafal. Hi ha molts intel·lectuals que han estudiat com penetrar entre els joves, i això explica que siguin tan hàbils a l’hora de fer servir les xarxes socials, per exemple. Difonen el seu discurs a través de mems, d’imatgeria, i els funciona. Han sabut pintar aquesta nova onada reaccionària que estem vivint amb el vernís d’una certa modernor, dient “nosaltres no formem part de la casta“, explicant-se com una reacció en contra del poder establert i la “ideologia dominant”. Això connecta molt amb l’esperit de rebel·lia dels joves. Per això és necessari desmuntar-ho.

Com?

Cal posar en evidència que el que diuen és mentida, que el poder està al costat de l’extrema dreta i que les conquestes que s’han aconseguit en matèria de drets humans no són producte d’una ideologia imperant. Que han costat molt i que són coses molt fràgils –ho estem veient amb l’avortament, per exemple. Estem parlant de drets pels quals s’ha de lluitar cada dia.

“Mentre l’esquerra perdia el temps teoritzant, l’extrema dreta anava a fer mítings a les fàbriques”

Quines són les causes d’aquest moment d’or que està vivint l’extrema dreta?

És fruit de diferents factors. D’una banda, hi ha hagut un seguit de crisis econòmiques que han estat el caldo de cultiu ideal perquè la classe treballadora es trobi en una situació de vulnerabilitat. A això, suma-hi la crisi de la socialdemocràcia, que fa que molta gent d’esquerres es quedi òrfena de representació política. I, a més, en l’àmbit teòric, l’extrema dreta recull ara els fruits de la feina feta durant tots els anys previs. Les bases, les van posar els seus intel·lectuals, que van ser capaços de veure que els calia canviar l’estratègia: es van adonar que les idees d’esquerres eren molt més atractives que les idees clàssiques de la dreta, sobretot per als joves, i les van posar al servei de la seva ideologia. També van ser conscients que l’important era penetrar en com més espais de la societat millor, fent que, de mica en mica, l’imaginari col·lectiu es vagi desplaçant cap a la dreta.

Però, si són idees d’esquerres, com és que no han estat justament els partits d’esquerres els que han tingut èxit a l’hora d’interpel·lar l’electorat quan les han fet servir?

L’esquerra ha estat molt endogàmica i ha perdut el temps fent discurs teòric sobre quina era la millor manera de procedir, a la vegada que descuidava l’aplicació pràctica. Mentrestant, l’extrema dreta ha anat a fer mítings a la sortida de les fàbriques. Això, si parlem de l’esquerra real. Si parlem de la socialdemocràcia, hem vist que, quan ha arribat al poder, també ha aplicat retallades i li ha facilitat la feina al feixisme perquè vengui el discurs que “aquests són els que es dobleguen davant la troica“. Això no exclou, evidentment, que, quan la ultradreta mana, es desmantella el sistema sanitari, puja la corrupció i es legisla a favor del gran capital i en contra de les dones o del col·lectiu LGTBI. És clar. Però també és cert que una part de l’electorat ha quedat òrfena quan ha vist que l’esquerra ha governat d’esquena a la classe treballadora. I l’extrema dreta ho ha aprofitat.

Si Ayuso fos un home, no se li hauria dit ‘boja’; se li hauria dit ‘atrevida’”

Parlem d’Isabel Díaz Ayuso. La seva victòria electoral s’explica, entre altres coses, perquè va saber connectar amb els joves i amb un gruix ampli de les classes populars. Quines tecles va tocar?

El primer factor que explica la seva popularitat és que no tenia gaire competència. Hi havia un buit i ella l’ha ocupat. Els seus ideòlegs han volgut crear un personatge carismàtic, molt a l’estil de Salvini, a qui venen com una persona propera i espontània. És fals; en realitat, tot està molt ben estudiat. El gran mèrit d’Ayuso és que va interpel·lar persones de diferents espectres ideològics perquè es presentava com una política outsider, com un producte nou que anava en contra de les elits. Tanmateix, lògicament, totes les seves polítiques són neoliberals i estan totalment alineades amb els interessos del poder.

L’emmarcaries dins l’extrema dreta?

Ayuso és una petita Berlusconi: fa servir les tàctiques que ja havia utilitzat ell abans. El seu eslògan “Comunismo o libertad” recorda molt el que va utilitzar Berlusconi quan va arribar al poder dient que hi havia una “amenaça comunista”, que no existia llavors ni existeix ara, malgrat que l’extrema dreta el segueixi referenciant. Ayuso i els seus estrategs han estat molt hàbils a l’hora de copiar coses que ja estaven inventades. Jo no crec que sigui una política d’extrema dreta; crec que fa populisme de dretes i que blanqueja l’extrema dreta. I l’onada reaccionària que recorre tot el món li juga a favor. S’està aprofitant del context per fer declaracions que fa alguns anys no s’haurien acceptat, però ara els consensos socials estan canviant.

Com analitzes el tractament mediàtic que se n’ha fet? Des d’alguns mitjans diguem-ne “progres” s’ha presentat Ayuso com un titella en mans dels seus assessors, com una boja o com una tonta.

En absolut ha estat la forma més intel·ligent de confrontar-la, i aquí hi ha molt de masclisme darrere. Quan va començar a adquirir popularitat, hi havia analistes que se’n reien, dient “Mira quines parides diu!”. Però estava tot molt ben pensat. Es va brandar la figura de la dona boja, quan no s’hauria fet aquest relat si Ayuso fos un home; se li hauria dit atrevit. Tot això també representa un dels errors clàssics de l’esquerra: la superioritat moral, el fet de menysprear l’enemic i pensar que només algú molt ignorant pot votar un polític populista de dretes o un d’extrema dreta.

I ara et faig la pregunta del milió: com s’hauria de cobrir l’extrema dreta des del periodisme? A l’Estat espanyol i a Catalunya, ja hi ha una força d’extrema dreta que té representació parlamentària. Què cal fer?

Aquesta és la pregunta, i crec que no hi ha una resposta única. Tanmateix, l’exemple d’Itàlia ens pot servir per saber què no s’ha de fer. Penso que, a Espanya, no se’ls hauria d’haver donat veu quan encara no eren al Parlament, i, ara que hi són i no podem ignorar-los, la clau és contextualitzar sempre i no difondre les barbaritats que diuen. Això vol dir no fer titulars dels seus discursos d’odi i no convertir els mitjans en una corretja de transmissió de les seves idees. A Catalunya, Vox va voler vincular la immigració dels temporers de Lleida amb la inseguretat, i recordo que aquest titular va circular. Si la qüestió es vol abordar periodísticament, com a mínim se li ha de donar la volta i explicar que Vox utilitza l’arribada de temporers per difondre el seu missatge racista.

Però fins i tot donar-li la volta implica situar el tema, i, en conseqüència, que els marcs de l’extrema dreta acabin penetrant en els mitjans de comunicació.

Certament. Això directament no hauria d’haver estat notícia. Quan tries un tema, ja estàs fent ideologia. De totes maneres, a vegades és molt fàcil fer aquest discurs des d’un mitjà que et dona total llibertat per decidir quines peces treballes i quin enfocament hi dones. Jo soc partidària de parlar de l’extrema dreta, i als llocs on he treballat i treballo sempre ho he reivindicat. Quan vaig començar a parlar de la Lega, no es deia –encara no es diu ara!– que era un partit d’extrema dreta i xenòfob. La qüestió, per mi, era explicar-ho en aquests termes. Cal dir les coses pel seu nom. I, sobretot, no comprar els seus marcs. L’exemple clàssic és el del debat sobre si la immigració és bona o dolenta.

“A l’extrema dreta li va molt bé que el periodisme tingui la necessitat de fer titulars cridaners”

Què vols dir?

Doncs que no es pot fer un debat sobre això. Només en la definició del debat, l’extrema dreta ja hi ha guanyat. I tant és que tu com a periodista defensis que sí que és bona o que hi hagi tertulians que també ho facin. Els drets humans són el límit. El feixisme, se l’ha de redirigir cap a discursos que el deixin al descobert. Jo penso que no se li ha de donar espai; però, si entrevistes als seus representants, ja sigui perquè tenen representació o perquè els teus caps t’hi obliguen, has d’estar molt ben preparada, tenir dades per desmuntar tots els seus discursos. I confrontar-los amb els temes que ells no volen tocar. On se senten forts? Quan parlen d’immigració, de seguretat, d’unitat de la pàtria, d’”ideologia de gènere”… és una tònica a escala mundial. Doncs pregunta-li per les pensions, per la sanitat, pels desnonaments, o per la pobresa energètica. No diuen que són part de la classe treballadora? Doncs, a la pràctica, què voldrien fer? Aquí, el relat se’ls desfà.

Salvant les distàncies, en algunes tertúlies a Catalunya i, en particular, a l’Estat espanyol, s’ha situat diverses vegades el debat al voltant dels drets del col·lectiu trans. Això passa en mitjans que no necessàriament compren els marcs de l’extrema dreta. És un exemple del que ara apuntaves?

Totalment. Això explica com ha evolucionat el feminisme, o, millor dit, com hi ha hagut feministes que no han volgut evolucionar. I això ha fet que coincidissin amb l’extrema dreta.

“La societat s’ha dretanitzat, i ara hi ha debats que fins fa poc no s’haurien permès”

Que fins i tot ha instrumentalitzat les postures de les feministes contràries a la llei trans. Al Congrés dels Diputats, Macarena Olona, de Vox, agraïa “les veus crítiques femenines” com les de Lucía Etxebarria, Paula Fraga o Lidia Falcón, que s’hi han oposat fèrriament.

Exactament. La societat s’ha dretanitzat, i ara hi ha debats que fins fa poc no s’haurien permès. Però no només a les tertúlies i no només en relació amb aquest tema. Si tu dediques la meitat d’un informatiu als robatoris o als okupes, contribueixes a generar una sensació d’inseguretat que és irreal. I en això els mitjans de comunicació hi tenen molta responsabilitat.

La precarietat del sector i la guerra pel clic també expliquen com s’informa de l’extrema dreta i com alguns mitjans tracten aquests actors?

Absolutament, aquesta és la base. Hi ha una crisi en el periodisme marcada per una precarietat absoluta. S’ha generat un matrimoni perfecte, perquè a l’extrema dreta li ha anat molt bé que el periodisme es trobi en la necessitat de fer titulars cada vegada més cridaners. Jo divideixo els mitjans en tres grups, depenent de com informen de l’extrema dreta: hi ha els que li compren el discurs perquè ideològicament hi estan d’acord; els que el difonen acríticament perquè pretenen ser neutrals o perquè això els dona clics, i un tercer grup, que són els que han fet una reflexió al voltant de l’extrema dreta i que treballen amb la voluntat de no engegantir-la. I em preocupen especialment els del segon grup.

Perquè no es pot ser neutre davant del feixisme.

Les idees d’odi no es poden tenir en compte, i aquí vaig al periodista i polític socialista italià, Giacomo Matteotti. Quan els feixistes van guanyar les eleccions, ell va documentar totes les atrocitats que cometien els seus esquadrons i denunciava que els mitjans no ho estiguessin difonent, perquè el feixisme sempre va de bracet del poder. Fa 100 anys que Matteotti va dir que el feixisme no és una opinió, sinó un crim, i que voler dialogar-hi era un error, perquè aquesta gent intenta dinamitar la democràcia des de dins. Des d’un punt de vista liberal, se’l va intentar contrarestar, amb la idea que cal ser tolerants, que se’ls ha de respectar. Total, l’any 1924, un esquadró feixista el va assassinar. El que Matteotti plantejava a principis del segle passat no forma part del passat; és superactual. L’historiador Carles Viñas diu que el feixisme “és la formulació de l’odi en doctrina política”, perquè implica violència, implica atemptar contra els drets humans. Llavors, costa d’entendre que hi hagi gent, fins i tot intel·lectuals que, des del progressisme, considerin que també se li ha de donar veu.

“Hi ha molt poca cultura antifeixista a les redaccions”

Per tant, aquesta suposada neutralitat, de facto, acaba legitimant l’extrema dreta?

Sí. S’han naturalitzat aquests discursos i s’ha banalitzat el feixisme. I això no només té a veure amb la precarietat del periodisme, sinó també amb la poca cultura antifeixista que hi ha a les redaccions.

Tal com explica Miquel Ramos al seu darrer llibre Antifascistas (Capitán Swing), a l’Estat espanyol, aquesta banalització es dona en paral·lel a un altre fenomen, que és l’estigmatització i la caricaturització de l’antifeixisme.

Aquí no queda gens clara una premissa bàsica: que ser demòcrata necessàriament vol dir ser antifeixista. Això no ho tenen clar representants de partits que es consideren d’esquerres, i moltes vegades parlen en termes d’extrems: “ni feixisme, ni comunisme”, “ni Vox, ni Podem”, “ni Vox, ni la CUP”, “ni Vox, ni Bildu”. Aquesta equiparació és molt greu. A Itàlia, la situació és substancialment diferent, en el sentit que la teoria és molt correcta i el cap d’Estat es defineix com a antifeixista; però, a la pràctica, hi ha formacions democràtiques que segueixen pactant amb el feixisme. Tanmateix, l’estereotip del jove encaputxat que crema un contenidor, tan típic a l’Estat espanyol, aquí no es reprodueix.

“Ser demòcrata necessàriament vol dir ser antifeixista”

Més enllà de les diferències que ubiques entre el feixisme espanyol i l’italià, quines són les similituds? Tenen un substrat comú?

Les estratègies que segueix l’extrema dreta a tot arreu tenen punts en comú –el racisme, la xenofòbia, la lluita contra la “ideologia de gènere”, etc.–, però també connecten amb el marc d’acció de la nova dreta populista, que intenta fer-se seus conceptes propis de la classe treballadora, fer veure que confronta les elits i situar un enemic, que poden ser els gitanos, els migrants o els catalans, depenent de cada context. Cada partit adequa els seus principis a l’entorn. Però el substrat és comú.

 

[Foto: ALBA SIDERA – font: http://www.elcritic.cat]