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Plongeons dans la poésie de Georg Trakl, poète maudit du XXe siècle, traduit par le Vaudois Gustave Roud et republié aux Editions Allia

Écrit par Julien Burri

La fenêtre ouverte, j’aime prendre chaque soir, un instant, la mesure de la nuit. La respirer. Il est des poètes qui sont parvenus à parler merveilleusement de la nuit, des voyants qui ont su en sonder la démesure. Georg Trakl est de ceux-là. L’Autrichien est mort très jeune (il naît à Salzbourg en 1887, meurt à Cracovie en 1914). Enrôlé comme membre du personnel sanitaire, il connaît l’horreur de la Première Guerre mondiale. Après la bataille de Grodek, en Pologne, il reste durant deux jours seul dans une grange avec 90 blessés, sans pouvoir les soigner, obligé d’entendre les cris de douleur de malheureux suppliant qu’on les achève. On ne sort pas indemne de cette nuit-là. Trakl devient fou et tente de se suicider. Interné dans un asile, il fuit dans les drogues, jusqu’à sa mort par overdose de cocaïne, tout en écrivant des pages qui font de lui un des plus grands auteurs du XXe siècle.

Ces poèmes sont de ténèbres et d’or. Le Vaudois Gustave Roud en a admirablement traduit un choix dès la fin des années 1940, pour les faire connaître en français. Loin de paraître datées, ces traductions sont toujours d’une grande beauté en 2022: les Editions Allia viennent de les republier, dans un petit volume noir (sous le titre Hélian et autres poèmes, dans une édition établie par la Lausannoise Raphaëlle Lacord).

Trouée d’étoiles

Comment est-elle, la nuit de Trakl? Trouée d’étoiles et d’illuminations. Hantée par la présence d’une sœur-amante trop aimée. Par la visite silencieuse de morts et de disparus («L’esprit du jeune mort apparut sans bruit dans la chambre»). Par l’obsession de la faute et du péché, d’une malédiction qui noircit les humains sur les générations passées et à venir. Tout semble déjà condamné depuis longtemps, la vie paraît perdue, mais, au cœur de la nuit, ressuscite parfois par brefs éclats le souvenir d’un paradis perdu, tendre, harmonieux, d’avant la faute.

Après avoir lu Trakl, on ne regarde plus la nuit de la même manière. Je referme la fenêtre, j’ouvre Hélian et autres poèmes: «Mais tu marches à pas légers dans la nuit/Suspendue et pleine de raisins pourpres,/Et tes bras sont plus beaux qui bougent dans le bleu.» Les textes de Trakl sont des viatiques pour traverser les ténèbres.

 

 

[Illustration : Hector de la Valllée – source : http://www.letemps.ch]

 

Escrito por Marcello Musto

En febrero de 1867, después de más de dos décadas de trabajo hercúleo, Marx finalmente pudo darle a su amigo Friedrich Engels la tan esperada noticia de que había terminado la primera parte de su crítica a la economía política. Posteriormente, Marx viajó de Londres a Hamburgo para entregar el manuscrito del Volumen I (“El proceso de producción del capital”) de su magnum opus y, de acuerdo con su editor Otto Meissner, se decidió que El Capital se presentaría en tres partes. Rebosante de satisfacción, Marx escribió que la publicación de su libro era, “sin duda, el misil más terrible que se haya lanzado hasta ahora contra las cabezas de la burguesía”.

A pesar del largo trabajo de redacción antes de 1867, la estructura de El Capital se ampliaría considerablemente en los años siguientes, y el Volumen I también continuó absorbiendo energías significativas por parte de Marx, incluso después de su publicación. Uno de los ejemplos más evidentes de este compromiso fue la traducción francesa de El Capital publicada en 44 entregas entre 1872 y 1875. Este volumen no era una mera traducción, sino una versión ‘totalmente revisada por el autor’ en la que Marx también profundizó el apartado sobre el proceso de acumulación del capital, y desarrolló mejor sus ideas sobre la distinción entre ‘concentración’ y ‘centralización’ del capital.

La búsqueda de la versión definitiva del Volumen I

Tras algunas interrupciones debido a su mala salud, y de un período de intensa actividad política de la Asociación Internacional de Trabajadores, Marx se puso a trabajar en una nueva edición de El Capital, Volumen I, a principios de la década de 1870. Insatisfecho con la forma en que había expuesto la teoría del valor, pasó diciembre de 1871 y enero de 1872 reescribiendo lo que había publicado en 1867. En 1872 salió una reimpresión de Das Kapital que incluía los cambios efectuados por Marx. Ese año fue especialmente importante para la difusión de El Capital, ya que vio aparecer también las traducciones al ruso y al francés. Esta fue encomendada a Joseph Roy, que previamente había traducido algunos textos del filósofo alemán Ludwig Feuerbach, y apareció en entregas gracias al editor Maurice Lachâtre. La primera se publicó hace 150 años, el 17 de septiembre.

Marx estuvo de acuerdo en que sería bueno publicar una « edición popular barata ». “Aplaudo tu idea de publicar la traducción […] en entregas periódicas”, escribió. “De esta forma, el libro será más accesible a la clase trabajadora y para mí esa consideración supera cualquier otra”, argumentó con su editor. Consciente, sin embargo, de que había un ‘reverso’ de la moneda, anticipó que el ‘método de análisis’ que había usado ‘haría ardua para algunos la lectura de los primeros capítulos’, y que los lectores podrían ‘desanimarse’ si eran ‘incapaces de seguir adelante al comenzar’. No creía que pudiera hacer nada en relación con esta « desventaja », « aparte de alertar y advertir a los lectores preocupados por la verdad. No existe un camino real hacia el aprendizaje, y los únicos que tienen alguna posibilidad de alcanzar sus picos iluminados por el sol son aquellos que no temen agotarse mientras suben los empinados caminos ascendentes”.

Al final, Marx tuvo que dedicar mucho más tiempo a la traducción de lo que inicialmente había planeado para la corrección de las pruebas. Como escribió al economista ruso Nikolai Danielson, Roy “a menudo traducía demasiado literalmente” y le obligaba a “reescribir pasajes completos en francés, para hacerlos más aceptables al público francés”. A principios de ese mes, su hija Jenny le había dicho al amigo de la familia Ludwig Kugelmann que su padre estaba « obligado a hacer innumerables correcciones », reescribiendo « no solo oraciones completas sino páginas enteras ». Posteriormente, Engels escribió en una línea similar a Kugelmann que la traducción francesa había resultado ser un « verdadero tormento » para Marx y que « más o menos tuvo que reescribir todo desde el principio ».

Además, al revisar la traducción, Marx decidió introducir algunas adiciones y modificaciones. En la posdata de Le Capital, no dudó en atribuirle “un valor científico independiente del original” y afirmó que la nueva versión “debería ser consultada incluso por lectores familiarizados con el libro en alemán”. El punto más interesante, especialmente por su valor político, se refiere a la tendencia histórica de la producción capitalista. Si en la edición anterior de El Capital Marx había escrito que « el país más desarrollado industrialmente se limita a mostrar a los menos desarrollados la imagen de su propio futuro », en la versión francesa las palabras en cursiva fueron sustituidas por « a los que les siguen en el ascenso de la escala de la industrialización ». Esta aclaración limitó la tendencia del desarrollo capitalista exclusivamente a los países occidentales que ya estaban industrializados.

Ahora era plenamente consciente de que el esquema de progresión lineal a través de los « modos de producción asiático, antiguo, feudal y el moderno modo de producción burgués », que había perfilado en el Prefacio a Una contribución a la crítica de la economía política, en 1859, era inadecuado para comprender el movimiento de la historia y que, en efecto, era aconsejable alejarse de cualquier filosofía de la historia. No vio el desarrollo histórico en términos de un progreso lineal inquebrantable hacia un fin predefinido. La concepción multilineal más pronunciada que Marx desarrolló en sus últimos años lo llevó a mirar aún más atentamente las especificidades históricas y la desigualdad del desarrollo político y económico en diferentes países y contextos sociales. Este enfoque ciertamente incrementó las dificultades a las que se enfrentó en el ya accidentado curso de completar el segundo y tercer volumen de El Capital. En la última década de su vida, Marx emprendió investigaciones exhaustivas de sociedades fuera de Europa y se expresó sin ambigüedades contra los estragos del colonialismo. Es un error sugerir lo contrario. Marx criticó a los pensadores que, al tiempo que destacaban las consecuencias destructivas del colonialismo, utilizaban categorías propias del contexto europeo en su análisis de las áreas periféricas del globo. Advirtió varias veces contra aquellos incapaces de observar las distinciones necesarias entre los fenómenos y, especialmente después de sus avances teóricos en la década de 1870, desconfiaba mucho a la hora de transferir categorías interpretativas a campos históricos o geográficos completamente diferentes. Todo esto es más claro gracias a Le Capital.

En una carta de 1878, en la que Marx sopesaba los aspectos positivos y negativos de la edición francesa, le escribió a Danielson que contenía « muchos cambios y adiciones importantes », pero que « también se había visto obligado a veces -principalmente en el primer capítulo- a simplificar el asunto ». Engels era de esta opinión y no incluyó todos los cambios hechos por Marx en la cuarta edición alemana de El Capital que publicó en 1890, siete años después de la muerte de Marx. Marx no pudo terminar una revisión final de El Capital, Volumen I, que incluyera las correcciones y añadidos con los que pretendía mejorar su libro. De hecho, ni la edición francesa de 1872-75, ni la tercera edición alemana –que se publicó en 1881– pueden considerarse la versión definitiva que a Marx le hubiera gustado que fuera.

Marx a través de Le Capital

Le Capital tuvo una importancia considerable para la difusión de la obra de Marx en todo el mundo. Se utilizó para la traducción de muchos extractos a varios idiomas, el primero en inglés, por ejemplo. De manera más general, Le Capital representó la primera puerta de acceso a la obra de Marx para lectores de varios países. La primera traducción al italiano –publicada entre 1882 y 1884– se hizo directamente de la edición francesa, al igual que la traducción aparecida en Grecia, en 1927. En el caso del español, Le Capital permitió sacar algunas ediciones parciales y dos traducciones completas: una en Madrid, en 1967, y otra en Buenos Aires, en 1973. Dado que el francés era más conocido que el alemán, fue gracias a esta versión que la crítica de la economía política de Marx pudo llegar a muchos países de Hispanoamérica más rápidamente. Casi lo mismo ocurría con los países de habla portuguesa. En el mismo Portugal, El Capital circuló solo a través de la pequeña cantidad de copias disponibles en francés, hasta que apareció una versión abreviada en portugués poco antes de la caída de la dictadura de Salazar. En general, a los activistas políticos e investigadores tanto en Portugal como en Brasil les resultó más fácil acercarse a la obra de Marx a través de la traducción al francés que la original. Las pocas copias que llegaron a los países africanos de habla portuguesa también estaban en ese idioma.

El colonialismo también dio forma en parte a los mecanismos por los cuales El Capital estuvo disponible en el mundo árabe. Mientras que en Egipto e Irak fue el inglés el idioma que más se utilizó en la difusión de la cultura europea, la edición francesa desempeñó un papel más destacado en otros lugares, especialmente en Argelia, que en la década de 1960 fue un centro importante para facilitar la circulación de ideas marxistas en los « países no alineados”. La importancia de Le Capital se extendió también a Asia, como lo demuestra el hecho de que la primera traducción vietnamita del Volumen I, publicado entre 1959 y 1960, se realizó a partir de la edición francesa.

Esta, además de ser consultada a menudo por traductores de todo el mundo y ser cotejada con la edición de 1890 publicada por Engels, que se convirtió en la versión estándar de Das Kapital, la traducción francesa ha servido de base para traducciones completas de El Capital a ocho idiomas. Ciento cincuenta años después de su primera publicación, continúa siendo una fuente de debate estimulante entre académicos y activistas interesados ​​en la crítica de Marx al capitalismo.

En una carta a su antiguo camarada Friedrich Adolph Sorge, el propio Marx comentó que con Le Capital había “consumido tanto [de su] tiempo que no volvería a colaborar de ninguna manera en una traducción”. Eso es exactamente lo que sucedió. El esfuerzo y las molestias necesarios para producir la mejor versión francesa posible fueron realmente notables. Pero podemos decir que fueron bien recompensados. Le Capital ha tenido una circulación significativa, y los añadidos y cambios realizados por Marx, durante la revisión de su traducción, contribuyeron a la dimensión anticolonial y universal de El Capital que está siendo ampliamente reconocida hoy en día gracias a algunas de las más novedosas y perspicaces contribuciones en los estudios de Marx.

 

Marcello Musto es catedrático de Sociología en la York University (Toronto). Sus escritos han sido traducidos a veinticinco idiomas y están disponibles en http://www.marcellomusto.org. Su última monografía es Karl Marx, 1881-1883. El último viaje del Moro (Siglo XXI, 2020).

Traducción: G. Buster

[Fuente: sinpermiso.info]

Una edición de la ‘Odisea’ traducida del inglés en la que Homero convive con Margaret Atwood y Nick Cave demuestra la vitalidad de los clásicos, pero abre el debate sobre los límites de la divulgación

ALBERT MONTEYS

El dilema de las redes, el documental de Jeff Orlowski estrenado por Netflix el mes pasado, contiene una tonelada de preocupantes testimonios de ex altos cargos de compañías como ­Google o Facebook, pero también la acartonada recreación de la vida diaria de una familia estadounidense. En ese relato paralelo, la actriz Kara Hayward (Moonrise Kingdom, Paterson) interpreta a la hija mayor, que, siempre con un libro en las manos, advierte de la adicción a la tecnología de su hermano menor. El personaje de Hayward se llama, por supuesto, Casandra, como la hija de Príamo, rey de Troya, que profetiza la destrucción de la ciudad sin que nadie la crea.

Las voces de los clásicos grecolatinos desaparecen de los planes de estudio al tiempo que sus ecos se vuelven omnipresentes en los ámbitos más inesperados. En el mismo año en que ganan el Premio Nobel la autora de un poemario como El triunfo de Aquiles (Louise Glück) y el Princesa de Asturias otra poeta que se presenta como “profesora de griego” (Anne Carson), el ensayo más vendido en España es El infinito en un junco (Siruela), una historia sobre la invención de los libros en el mundo antiguo firmada por Irene Vallejo. Mientras, la catedrática de Cambridge experta en la Antigüedad Mary Beard se convierte en fenómeno de masas en Twitter (280.000 seguidores) y Jorge Javier Vázquez —filólogo de formación y “cansado de que todo el mundo considere frívola su labor en televisión”— continúa de gira con Desmontando a Séneca, un espectáculo teatral a partir de un célebre apólogo del filósofo hispanorromano: De la brevedad de la vida.

El mundo editorial vive también su propio renacimiento. “Nunca se ha editado tanto y tan bien a los clásicos”, subraya Carlos García Gual, miembro de la RAE, traductor de Homero e impulsor de la Biblioteca Clásica Gredos, que nació en 1977 para desarrollar una labor que en Europa llevaba 100 años en marcha: publicar el corpus grecolatino completo. A los autores populares y a los que no lo son. Ahí está todo Platón, pero también Elio Aristides o, con sus 20 tomos, Plutarco, “un autor apenas leído hoy, pero muy popular en el siglo XIX”. García Gual acaba de publicar Voces de largos ecos (Ariel), una recopilación de prólogos entre los que destaca el dedicado a los escritos científicos de Aristóteles, cuya influencia fue más allá de las humanidades.

El ataque de los letrigones. Ilustración de Calpurnio para la edición de la ‘Odisea’, publicada por Blackie Books

“Hasta el siglo XV”, explica el profesor Gual, “la ciencia era la ciencia griega, Plinio, Euclides, Aristóteles… Luego llegan los microscopios y todo cambia porque es un campo que caduca antes que la filosofía o la literatura”. Aun así, junto a errores clamorosos —como defender la superioridad del macho sobre la hembra o de la derecha sobre la izquierda—, en el haber del pensador hay que anotar el descubrimiento del carácter mamífero de los cetáceos o la descripción del estómago de los rumiantes y de la cópula de los cefalópodos, “una particularidad singular que no fue redescubierta hasta el siglo XIX”.

Más allá de colecciones canónicas y exhaustivas como la de Gredos o la Alma Mater del CSIC, García Gual destaca otro signo de vitalidad de un mundo que nunca caduca: “Los quioscos están llenos de libros sobre mitos y hay excelentes ediciones de bolsillo y nuevas traducciones”. En efecto, a sellos como Alianza, Cátedra o Akal se les podrían añadir las apuestas de otros, especializados o generalistas, como Guillermo Escolar, Mármara, Koan, Rhemata, Rinoceronte o Errata Naturae.

A ellos se acaba de sumar Blackie Books, que estrena su colección Clásicos Liberados con una Odisea que ya en la preventa, antes de su salida, colocó 5.000 ejemplares en las librerías. El Génesis, el QuijoteGargantúa y Pantagruel y la Ilíada esperan su turno. Ilustrada por Calpurnio, la Odisea de Blackie se completa con las recreaciones y subversiones del argumento clásico en una novela corta de Margaret Atwood, un poema de Dorothy Parker, una fábula de Augusto Monterroso y sendas canciones de Nick Cave y Javier Krahe. De James Joyce a Derek Walcott, la historia de la literatura está tan llena de odiseas que la original ya no es un libro sino una biblioteca. El volumen lleva además un curioso repertorio de notas que explican quién era Méntor (maestro de Telémaco) antes de convertirse en nombre común, en qué momento comienza la acción de la obra (el 8 de marzo de 1178 antes de Cristo, según resulta de aplicar el canon de eclipses de la NASA al que se describe en el canto XX) o cuántas personas se llaman Ulises en España (2.274 según el INE; ninguna usa el nombre griego del protagonista: Odiseo).

Mujer joven con tableta y estilete, conocida como Safo, en fresco pompeyano. ALAMY

La edición, no obstante, tiene una particularidad que sus responsables saben potencialmente polémica: la traducción, a cargo de Miguel Temprano, no se ha hecho del original griego, sino de la versión que Samuel Butler publicó en 1900, “la mejor” de entre las inglesas según Borges. La obra de Homero, dice la nota editorial, “fue escrita en hexámetros, para ser recitada en público, con acompañamiento musical, a la manera quizá del rap actual… Es decir, tan lejos de nuestros referentes culturales que, para hacérnosla llegar con eficacia, la cuestión del idioma es probablemente el menor de los problemas”. Jan Martí, fundador de Blackie Books, amplía esas razones: “Queríamos que fluyera como una novela. Más que arriesgada, fue una decisión desprejuiciada”.

Para Alberto Manguel, autor del ensayo El legado de Homero (Debate), todo depende de qué entendamos por traducción: “Puede significar una versión académica inspirada y lo más fiel posible al original. En ese caso, el traductor tiene que conocer a la perfección el griego antiguo, porque tendrá que resolver complejos problemas filológicos, históricos y culturales. También deberá considerar —como dice el editor de Blackie Books— el hecho de que el texto homérico mejor preservado es solo una parte del conjunto de la obra de Homero”. Esa es, recuerda Manguel, la teoría de la helenista Florence Dupont, entre otros investigadores, que considera lo que llamamos texto homérico como “equivalente al libreto de una ópera”, es decir, un fragmento de la obra original, sin la música, los gestos y el ritual que acompañaban a las palabras en la Grecia antigua. “Si por traducción entendemos, como quería Borges, un borrador más del texto original, entonces una traducción de la traducción de Butler es perfectamente válida”. Irene Vallejo celebra el gusto filológico por acudir a la fuente original, pero admite que una versión indirecta —“y esta es muy literaria, ágil”— puede ser una buena introducción para cualquier lector. “En el fondo no existe una versión pura. Los clásicos tienen tantas adherencias de todas las épocas que al final son un magma del que forman parte todas las lecturas que se han hecho de ellos”.

Carlos García Gual es más reticente. Y más rotundo: “No me parece buena idea. Butler en sí ya es antiguo”. Aurora Luque, poeta y traductora, añade un matiz en la misma línea: “Vivimos una fascinación por lo anglosajón, pero en castellano tenemos grandes traducciones del griego. Aunque claro que podemos saborear una retraducción. Lo importante es saber que estamos leyendo a Butler, no a Homero. Lo mismo pasa con Anne Carson y Safo”. La autora de libros como Gavieras y La siesta de Epicuro (ambos en Visor) se refiere al volumen trilingüe Si no, el invierno (Vaso Roto), que acaba de llegar a las librerías con los versos griegos de la poeta de Lesbos, la versión inglesa de la canadiense y su propia traducción al castellano del trabajo de esta.

Penélope. Ilustración de Calpurnio para ‘La versión de Penélope’, de Margaret Atwood, incluida en la edición de la ‘Odisea’, publicada por Blackie Books

Además de la bendición borgiana y de la fluidez narrativa de la versión de Butler, hay otro elemento detrás de la “herejía” —el término es de los editores— de traducir la Odisea del inglés. Tres años antes de verterla a su lengua, el autor británico publicó un ensayo en el que sostiene que la obra literaria más influyente de la historia fue escrita por una mujer y no por el supuesto bardo ciego, que, esta vez sí, habría escrito la belicosa Ilíada.

La apertura de miras tiene, no obstante, sus límites. La teoría de Butler, clérigo de formación, se fija menos en el papel activo de Calipso, Circe o Penélope que en supuestos errores que, según él, “podía cometer fácilmente una mujer, pero nunca un hombre”. Entre otros, pensar que un barco puede tener un timón en cada extremo (canto IX) o que un halcón puede desgarrar a su presa en pleno vuelo (canto XV). Alberto Manguel subraya que los especialistas desdeñaron por estrafalarias las teorías de Butler, pero le reconoce un mérito decisivo: inauguró la particular relación que la literatura del siglo XX ha tenido con los clásicos. Ya no son una cima inalcanzable sino una llanura que puede ser “transitada, habitada, reorganizada, recreada y reescrita”.

Eso es lo que hizo en 1983 la alemana Christa Wolf en Casandra y lo que, en 2005, hizo también Margaret Atwood en La versión de Penélope (The Penelopiad), que imagina la vuelta de Ulises desde el punto de vista de su esposa y de las 12 criadas que terminan ahorcadas por supuesta traición. Amigo de la escritora canadiense, con la que comparte nacionalidad, Manguel subraya en ese episodio los ecos de las violaciones masivas a mujeres en Bosnia, Ruanda o Darfur, pero expresa sus reparos desde el punto de vista literario: “Confieso que no me parece su libro más logrado. En su esfuerzo por dar vida a las casi invisibles y sacrificadas criadas de Penélope, y apuntar al desequilibrio de género en la Grecia de Homero, algo de la gran habilidad narrativa de Atwood se pierde. Y uno lee el texto menos como una recreación iluminada del poema que como un encendido panfleto que usa ese episodio de la Odisea tan solo como punto de partida”.

El caballo de Troya. Ilustración de Calpurnio para la edición de la ‘Odisea’, publicada por Blackie Books

En 2018 la británica Pat Barker dio voz a la esclava Briseida para narrar desde su punto de vista el argumento de la Ilíada en El silencio de las mujeres (Siruela). Ese mismo año la BBC y Netflix estrenaron la serie Troya: la caída de una ciudad, que desató la polémica porque los papeles de Aquiles y Zeus recayeron en dos actores negros: David Gyasi (Interstellar) y Hakeem Kae-Kazim (Hotel Rwanda). Irene Vallejo, que recomienda vivamente la novela de Barker, explica que todas las épocas han leído a los clásicos desde sus propios debates: “El Romanticismo y el nacionalismo del siglo XIX reivindicaron a Homero como depositario del genio colectivo de un pueblo frente a Virgilio, autor individual de la Eneida. También nosotros leemos nuestro tiempo a través de símbolos que vienen de antiguo. Lo hicieron los propios griegos. Eurípides, por ejemplo, le enmienda la plana a Homero diciendo que Helena no estuvo en Troya. Para ellos todo eran versiones, historias que circulaban y circulaban. No había un libro sagrado”.

Aurora Luque abunda en la misma idea: “El siglo XIX hizo una lectura de Safo descafeinada, misógina, pero los actuales estudios de género no se inventan nada, más bien enriquecen y aclaran aspectos que estaban en las obras y nadie había sabido ver”. Ella, de hecho, anda embarcada ahora en la traducción de Las suplicantes, una pieza de Esquilo que recoge la historia de un coro de mujeres —las danaides— que piden asilo en Argos porque se niegan a casarse obligatoriamente en Egipto. “Durante siglos”, explica Luque, “se tuvo por una obra menor. ¿Por qué? Porque no se entendía ni el asilo político ni el rechazo al matrimonio”.

Para Vallejo, los clásicos “lo son porque se adaptan a las pulsiones de cada época. Si no, habrían desaparecido”. Por eso lamenta que el interés popular por el imaginario grecolatino contraste con el desdén educativo hacia el latín y el griego. “Se trata de una profecía de autocumplimiento”, afirma. “Empiezas diciendo que son estudios sin salida profesional, luego pones trabas para que los alumnos los elijan, los mejores expedientes se van a otras carreras y los que quedan no encuentran salida”. La autora de El infinito en un junco subraya el rédito cultural que procuran los clásicos, pero no olvida su potencial económico. Y lo resume en un nombre: Christopher Vogler. Analista de guiones, Vogler descubrió la admiración que cineastas como George Lucas, Steven Spielberg o Francis Ford Coppola profesan a los ensayos sobre mitología de Joseph Campbell y a su estudio de los patrones que se repiten en todos los relatos heroicos. Por eso adaptó a la escritura cinematográfica los análisis del erudito neoyorquino en El viaje del escritor (Ma Non Troppo), pronto convertido en superventas mundial y en “uno de los manuales de uso corriente en Hollywood”. La distancia entre la guerra de Troya y La guerra de las galaxias es más corta de lo que parece.

 

Odisea. Homero. Traducción de Miguel Temprano de la versión inglesa de Samuel Butler. Blackie Books

Si no, el invierno. Fragmentos de Safo. Anne Carson. Traducción de Aurora Luque. Vaso Roto

Economía de lo que no se pierde. Leyendo a Simónides de Ceos con Paul Celan. Anne Carson. Traducción de Jeannette L. Clariond. Vaso Roto

Praderas. Louise Glück. Traducción de Andrés Catalán. Pre-Textos

El silencio de las mujeres. Pat Barker. Traducción de Carlos Jiménez Arribas. Siruela

Voces de largos ecos. Carlos García Gual. Ariel

Fidelidad a Grecia. Emilio Lledó. Taurus

Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya. Daniel Mendelsohn. Traducción de Ramón Buenaventura. Seix Barral

El viaje del escritor. Christopher Vogler. Traducción de Jorge Conde. Ma Non Troppo

 

[Fuente: http://www.elpais.com]

«Hai que loitar polo galego, sen deixar que os malos prognósticos nos desanimen», alenta o profesor inglés

O tradutor e académico John Rutherford, desfrutando dá súa querida ría de Ribadeo.

Escrito por JOSÉ ALONSO

John Rutherford (Saint Albans, Inglaterra, 1941) está de volta en Galicia. O que foi definido como «un dos máis importantes valedores internacionais da cultura galega», co gallo do seu nomeamento como doutor honoris causa pola Universidade da Coruña, regresou a Ribadeo, onde ten una casa na parroquia de Vilaselán e onde vive unha das súas fillas, pola recuperación das xornadas culturais Mar por Medio. Ribadeo forma parte intrínseca da súa vida. Como Galicia e o galego, dende que dera con este recuncho, sendo un mozo, nun intercambio de estudantes. Dende entón, declárase medio galego, «de Ribadeo, para ser preciso».

Profesor emérito do Queen’s College da Universidade de Oxford, onde foi mestre de literatura española e onde fundou o Centro de Estudos Galegos, Rutherford foi presidente entre 1991 e 1997 da Asociación Internacional de Estudos Galegos. No ano 2008 foi nomeado membro honorario da Real Academia Galega, e ten recibido premios como a Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, a Medalla Castelao ou o Premio Trasalba. A súa contribución ó espallamento do galego é de difícil ponderación. Nos obradoiros do Centro de Estudos Galegos de Oxford tense traducido dende a obra de Carlos Casares á de Manuel Rivas, dende Cunqueiro a Castelao, Ferrín… Agora vén de publicar co selo Small Stations Press a tradución ó inglés do clásico de Xosé Neira Vilas Memorias dun neno labrego, nunha edición con ilustracións de Isaac Díaz Pardo. Como tradutor, Rutherford foi eloxiado polo seu Quixote, adaptando a linguaxe cervantina ao século XXI, e por A Rexenta, a obra maior de Clarín á que dedicou oito anos.

—Un centro de estudos galegos en Oxford… Habería quen o vira como algo quixotesco?

—Si, houbo xente, tanto en Oxford como en Galicia, que viu como quixotesca a idea de fundar un Centro de Estudos Galegos na Universidade de Oxford hai unha trintena de anos. Pero eu tamén son quixotesco, ata o extremo de ter traducido o Quixote ao inglés. E creo que foi bo o que se conseguiu, e o que aínda se está a conseguir por outras persoas nese centro. Souben dende o principio que a cantidade de alumnos nunca chegaría a ser grande, pero a súa calidade foi sempre moi alta, e varios deles son agora profesores de galego en distintas universidades dentro e fóra do Reino Unido. Deste xeito os lectores e lectoras de galego e máis eu fixemos a nosa modesta contribución ao espallamento da lingua e da cultura galegas.

—Como valora o traballo que ten realizado? Compensoulle persoalmente?

—Si, pola satisfacción que dá unha cousa ben feita, e sobre todo polas grandes e duradeiras amizades que fixen cos sucesivos lectores e lectoras de galego. Galicia tamén foi xenerosa comigo, concedéndome varios premios e outros honores que estimo moito. Ese traballo non me compensou economicamente, porque os directores dos Centros de Estudos Galegos non cobran. E está moi ben que así sexa.

—E como ve a saúde do galego? Os síntomas non son moi alentadores: unha lingua minoritaria, que os cativos non falan…

—Eu son por natureza optimista, así que creo que o galego si ten futuro. Os nenos o falan menos porque lles parece cousa de vellos e vellas nas aldeas, pero cos anos e coa madureza moitos deles se van dando conta da importancia das raíces, da identidade. De calquera xeito, hai que seguir loitando pola causa, sen deixar que os malos prognósticos nos desanimen.

—Morreu Javier Marías sen o premio Nobel. Vostede falou nalgunha ocasión de que Ferrín tamén o merecería.

—Sentín moito a morte de Javier Marías, porque conservo moi gratos recordos de dar con el clases semanais de tradución cando era lector de español na Universidade de Oxford, hai corenta anos. Está claro que Ferrín é moi merecedor do premio Nobel, pola enorme calidade da súa obra literaria. Pero poucos dos seus libros están traducidos ao inglés, e esta é a gran barreira que o separa do premio.

«Galicia cambiou decisivamente a miña vida para mellor»

Galicia ten un importante papel na vida de John Rutherford.

—Galicia, e en particular Ribadeo, cambiou a miña vida decisivamente e para mellor. Aos 17 anos eu era un estudante mediocre, pouco motivado, e os mestres dixéronme que se quería entrar na universidade para estudar español tiña que mellorar radical e rapidamente os meus coñecementos deste idioma indo a vivir uns meses a España. Apareceu, por casualidade, a posibilidade de facer un intercambio cun rapaz que resultou ser Tito, fillo maior do Castellano [un veciño ribadense], e cheguei a Ribadeo na primavera de 1958. Era como meterme nunha película en tecnicolor, vivir unha vida marabillosa que non tiña nada que ver coa miña aburrida existencia londiniense. Claro, aquel Ribadeo era moi diferente ao de agora. Era unha gran aldea entrañable que boto moito de menos. Foi a inspiración para que me dedicase con entusiasmo aos estudos de lingua e literatura españolas. Como se fose pouco, namoreime e casei cunha ribadense. Uns anos despois, tamén en Ribadeo, decidín que tiña que aprender a lingua galega, a lingua do país. Débolle moito a Ribadeo. Ribadeo definiu a miña vida.

—Coida Galicia aos seus escritores, aos seus referentes culturais?

—Os coida, pero podía coidalos máis.

Da man da Academia Xacobea, Ribadeo vén de recuperar as xornadas Mar por Medio, que hai trinta anos contribuíra a crear o propio John Rutherford co entón alcalde, e hoxe cronista oficial de Ribadeo, Eduardo Gutiérrez. En Mar por Medio analízase esta fin de semana o Camiño de Santiago no século XXI, unha rota que deixou pegada en Rutherford, que fixo seis peregrinacións, e inspirou a súa primeira novela, publicada pola editorial Galaxia, As frechas de ouro.

 

[Imaxe: Xaime Ramallal – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Marcos Calveiro © Xerais

Escrito por Ana G. Liste

Hai tres meses que Marcos Calveiro (Vilagarcía, 1968) foi nomeado director de edicións da editorial Galaxia. Avogado, escritor e hostaleiro, agora suma editor ás súas profesións. Di que quixo ser escritor profesional e non lle saíu ben, tivo claro que non quería volver exercer como avogado e o de hostaleiro foi máis un accidente agradable e con antecedentes familiares. Con todo, esta nova andaina como editor non entra en conflito coa de escritor, aínda que de momento nin le escribe por pracer. Pero vén de comezar unha nova ′saga′, Curros & Holmes (Galaxia, 2022), e ten outros textos rematados na pandemia. Conversamos con el sobre o que está por vir desde seu despacho na sede da editorial en Vigo.

Que fai un director de edicións?

Pois ler orixinais, decidir cubertas, decidir textos de contras e axudar a todos os compañeiros e compañeiras no que podo. Fundamentalmente, son o primeiro filtro da editorial de todos os orixinais. Á parte, represento a Galaxia en todos os premios nos que está presente. E vén moitísimo traballo porque están coincidindo todos os premios xuntos un detrás doutro, ensaio, poesía e narrativa. Agora comezarei tamén a preparar –que xa me corresponde a min– o plan de edicións do ano que vén.

Marcos Calveiro (segundo pola esquerda) co xurado do Premio de Novela Manuel García Barros de 2022 © AELG

Por que aceptou a proposta?

Porque levo moitos anos sendo taberneiro e autónomo [ri]. Como comprenderás, chámate Galaxia para ser director de edicións e, xa que non me dá para vivir da escritura, deixo as tabernas e tirar cafés e cervexas e demais. Coincidiu que o día que mo comunicaron comecei coa COVID e estiven malo malo. Cando me reincorporei aquí dez días despois estaba destrozado e tardei mes e medio en recuperarme fisicamente.

Parece que haxa unha batalla interminable entre dedicarse ás artes e o prosaico de ter un soldo a fin de mes.

Son malos tempos para todos, para calquera traballador, e máis para os traballadores da cultura. E máis despois da pandemia. Pódense contar cos dedos dunha man a xente que neste país vive das artes única e exclusivamente, sexan música, literatura, audiovisual…

Porque dicir que un é de profesión escritor, non ten que supoñer que un vive diso; pero cando a profesión é editor si, non?

Evidentemente, si. Eu exercín de avogado moitos anos, logo deixeino. Logo me fixen escritor profesional e duroume dous anos porque escollín os anos da crise de 2008, cubrinme de gloria. E logo coa miña parella –que tamén quedara sen traballo– acabamos montando un bar. Ela é filla de taberneiros e eu son neto de taberneiros polas dúas bandas. Ao final era un mundo próximo, criámonos nas tabernas.

Chegou a comentar nas redes sociais que case non volve á literatura.

É que foi certo. Pasei case seis anos de seca. Recuperei a escrita en Curros & Holmes e outras novelas que escribín foi durante a pandemia. Entre os tres meses confinados e os oito que practicamente tivemos o bar pechado ou con horario reducido, recuperei moitas horas mortas na casa. Recoñezo que escribín moito durante a pandemia, ou escribía ou non sei que facía. Hai xente que se dedicou a cociñar e esgotar a fariña, outros fixeron pilates na casa ou se dedicaron á horta. Eu volvín ao que sabía, que era escribir. Pero publicada só está esta novela.

E esta historia de Curros & Holmes. No misterio d′O kapital xa a tiña previamente na cabeza?

É unha desas frikadas que teño desde hai anos na cabeza. A mítica viaxe de Curros a Londres, de oito meses ou un ano –os biógrafos discuten a data e algún incluso nega a súa existencia–, sempre me chamou a atención. Que faría Curros en Londres despois de fuxir das gadoupas do pai por unha mala relación ou buscando aventuras? Tampouco se exiliou por motivos políticos porque non coinciden as datas da represión polos seus artigos, isto parece que foi antes. Como son fan desas frikadas históricas galegas deses persoeiros un pouco cultos, pois cando foi o confinamento abrín un cartafol que teño alí no portátil de ideas e pinchei no arquivo de Curros. Comecei investigar, empecei a ler cuestións da época vitoriana inglesa e iso levoume a Sherlock, a Marx… É que son uns anos londinenses nos que hai un feixe de xente coñecida alí.

Roteiro arredor da novela ‘O xardineiro dos ingleses’, de Marcos Calveiro, organizado pola Deputación de Pontevedra en 2020 © O faiado da memoria

Desde o principio ía ser unha saga?

Si, a idea cando falei con Francisco Castro antes de incorporarme aquí era que fose unha saga. Sae fóra de colección e cun deseño específico, agardo que haxa máis. Agora tería que estar entregando unha segunda, pero o traballo como editor impídeme totalmente poñerme a escribir. Supoño que contra o final do ano, cando me libere dos premios, poderei volver escribir.

Porque mentres le por traballo é imposible escribir?

Si, non leo como ocio nin escribo. É imposible. Ademais, cheguei aquí –e faleino con Fran como director– co compromiso de responderlle a todo o mundo. E ata o de agora respondín a todos, xa aceptei un montón de novelas e xa rexeitei outro feixe de orixinais educadamente. Acuso recibo de todo e contesto a todo. Estiven na outra banda cando comecei e nada me horrorizaba máis que mandar un texto a unha editora e que nin se molesten en contestar.

Desde a posición do ata agora escritor, como pensa que quere actuar como editor?

A ver, hai un criterio obxectivo da calidade dos textos comezando pola calidade da lingua. Logo hai criterios subxectivos dos meus gustos persoais, pero evidentemente hai criterios persoais e eu o que quero é que se vendan os libros. Logo hai un criterio de Galaxia como institución que se teñen que publicar, somos –por así dicilo– o repositorio fundamental da cultura galega e hai cousas que tes que editar para que queden para as xeracións futuras. O difícil e casar todo iso, pero aí estou, comezando.

Pero ten a opción de apostar por libros que se saen da ′norma′?

Si. O ano que vén vou publicar catro ou cinco novelas de autores noveis. Algunhas chegáronme a min e outras busqueinas eu. Cando cheguei aquí o primeiro que fixen foi facerme unha listaxe de novas ilustradoras, para iso as redes sociais son fantásticas. Contactei con xente que vía que escribía ben e en galego nas súas redes, e ofrecinme a ler o que tiveran. Moita xente contestou, envioumo, e vouno publicar. Procurei polos finalistas do ‘Xuventude Crea’ dos últimos anos e contactei con algúns, hai xente facendo cousas moi interesantes e que curiosamente se están pasando ao castelán. Amazon é un inimigo potente.

Pola autoedición?

Si, hai moitos traducindo ao castelán a súa obra e autoeditando en Amazon.

Por que cre que se están a ′perder′ eses talentos para a cultura galega?

Pola nosa incapacidade de atopalos, seguramente. Estamos nuns tempos tan dixitalizados que seguro que moitos rapaces de vinte anos cando pensan en publicar non pensan nun libro físico. Ao mellor tampouco se lles ocorre mandar un orixinal a unha editorial, ou pensan que Galaxia, Xerais ou calquera outra editorial que haxa en Galicia son unha cousa de vellos e que non teñen posibilidade. De momento, a xente coa que fun contactando foi bastante receptiva e foron enviándome cousas, desde poesía a novela ou autoficción. Pero supoño que aquí inflúe moito que a Xeración Z le na pantalla. Eu recoñezo que tamén leo moito en formato PDF no móbil.

Cre que as editoras galegas teñen que subir un chanzo para estar máis presentes nesa lectura en pantalla?

Todas as editoras galegas teñen redes e fan comunicación nas redes. O malo é que é un nicho tan restrinxido… Eu teño Instagram e Twitter pero xa o do TikTok e o Twitch resúltame sorprendente, pero tes que meterte… Estamos nun momento de mudanza impresionante, agudizado pola pandemia. Pero non creo que se venda moita literatura galega en formato de libro electrónico, aínda que tampouco teño os datos concretos. O que si sucede é que se segue a vender moito libro físico online e non na libraría, que non deixa de ser sorprendente para min. Eu vivo en Teis, un barrio relativamente humilde de casiñas pequenas, e hai unha furgoneta de Amazon que vive alí de luns a domingo. Calquera colector do lixo de Teis está cheo de caixas de Amazon.

Capa do libro ‘Curros & Holmes. No misterio do kapital’ © Editorial Galaxia

É máis importante buscar autores novos ou lectores novos? Ou ambas van da man?

Eu busco autores novos para chegar a máis público. A masa crítica de lectores en galego é a que é, e haberá que tratar de buscar a outros lectores buscando a outra xente ou a través de voces máis novas que poidan conectar máis directamente con eles. Nese sentido, a miña procura é interesada porque busca ampliar esa masa crítica de lectorado e chegar a xeracións máis novas ás que ao mellor a literatura galega non chega ou que se están pasando ao castelán. Existe unha ruptura da cadea de lectura arredor de 3º ou 4º da ESO, cando a rapazada deixa de ler por ocio para ler só o que lle obrigan no instituto, pois é importante buscar novas voces que lles poidan falar máis directamente. Non é o mesmo ler unha novela xuvenil dun autor de 50 anos, que ten a súa adolescencia moi lonxe aínda que sexa profesor de instituto; que coller unha voz de vinte anos que está estudando na Universidade de Santiago que hai nada que deixou o instituto.

Cales son os seus retos persoais en Galaxia?

Hai retos persoais e retos da propia editorial aos que me teño que incorporar. O feito de que o Día das Letras estea dedicado a Francisco Fernández del Riego fai que gran parte do noso plan editorial vaia ir enfocado por aí, e hai que sumar esforzos entre todas e todos. Pero tamén imos iniciar novos proxectos como publicar banda deseñada o ano que vén, cunha colección específica e autores moi novos. Eu son lector de sempre de banda deseñada e contactei coa xente que está nese mundo agora en Galicia. Aínda estamos pensando formatos e pedindo orzamentos porque o do papel é unha chaladura. Tamén quero tirar por monografías específicas na colección Pantallas, que é sobre cine; e sacar algo máis de música, como o libro que se publicou sobre Suso Vaamonde ou o dos 100 discos galegos. Son cousas que aínda estamos pechando pensando no ano que vén.

A crise do papel afectará moito aos plans de publicación de 2023?

Pois si. É unha barbaridade o que subiu, pero hai que seguir. Ao mellor nalgunha colección tes que cambiar o papel porque non o hai, ou tes que cambiar a capa porque o custo é desproporcionado. Supoño que na subida do prezo hai de todo, desde carestía e especulación a acaparamento. Xuntáronse todas esas circunstancias e estamos nunha tormenta perfecta que é un problema.

Que pensa do actual ritmo de publicación editorial?

Aí entramos nunha cuestión difícil e complexa. É unha loucura, pero estamos todos nela. Se a túa competencia saca cen títulos, ti que vas facer? Sacar vinte para dedicarlles máis tempo cando as novidades se renovan cada semana ou 15 días nas librarías? É un problema no que estamos todos, as grandes están nesa treboada perfecta e obrígannos ás pequenas a seguir aí. Evidentemente, eu querería máis espazo para darlle visibilidade aos libros. E que non sacases dúas novelas con 15 días ou un mes de diferencia. Así poderíanse facer máis presentacións e promocións, pero o mercado é como é. E non creo que mude.

Ademais, como nas cifras tanto nacionais como internacionais ves que o 80% dos libros non venden practicamente nada e que as vendas se reducen ao outro 20%, ao mellor sacas cen títulos ao ano que sabes que vinte vanche vender e que os outros van vender aos poucos pero van ir sumando; ou moitas veces publicas cousas que sabes que van vender pouco pero consideras que deben estar publicadas. Supoño que se o papel segue disparado, chegará un momento no que haxa que reducir por cuestión de supervivencia. Este tema sempre sae nas reunións de edición, pero non chegamos a ningunha conclusión porque se non publicas perdes o teu espazo –que xa é escaso– entre as novidades.

Agora que está dentro, como ve que sobreviven as editoriais nun momento de gran dependencia das axudas públicas?

Aquí, por exemplo, todo o que traducimos é solicitando axudas públicas. Eu teño unha obsesión, considero que A montaña máxica, de Thomas Mann, ten que estar en galego. Pero é un libro de mil páxinas, se eu, como iniciativa privada, teño que contratar un tradutor e tratar de sacar ese libro dunha forma que para min sería inalcanzable.

Nós temos moitas colaboracións coas institucións públicas nos premios, pero no caso do galego entendo que unha das obrigas das institucións publicas –así vén no noso Estatuto de Autonomía– é fomentar a nosa lingua. Deberan dotar as bibliotecas de todo o que se publica en galego, como tamén debera existir un Instituto Rosalía –como hai o Cervantes ou o Ramon Llull– para a promoción. Se un país tan pequeno como Finlandia coloca a súa literatura en todos os lugares do mundo é porque ten un instituto que se dedica á promoción, e que hai axudas públicas para a tradución dos seus autores nas outras linguas. Iso debera tamén pasar aquí.

 

[Fonte: http://www.praza.gal]

Son nom seul est associé à l’infamie et au génocide le plus brutal que XXe siècle ait connu : la figure d’Hitler impliquera certainement pour des années encore que se multiplient les parutions pour expliquer, raconter et témoigner. La propagande nazie n’ayant, hélas, pas disparu avec le dictateur allemand, deux parutions prochaines apportent un éclairage supplémentaire.

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Publié par Clément Solym

Mi-octobre, Olivier Mannoni publiera chez Héloïse d’Ormesson un ouvrage peu commun : voilà plusieurs années, il prit part avec les éditions Fayard à la traduction de Mein Kampf, dans une édition historicisée et contextualisée. Dix années de labeur qu’il raconte dans un essai, Traduire Hitler.

Un récit qui évoque les tempêtes suscitées par l’annonce de cette nouvelle édition, la lutte au corps à corps avec une prose confuse et pernicieuse, la nécessité impérieuse de l’affronter, envers et contre tout, avec des instruments d’ordinaire dédiés au service du savoir et de l’art. Et l’auteur de pointer les innombrables échos sociaux et politiques qui, depuis, résonnent autour de lui, dans un monde où les démons semblent, peu à peu, renaître.

Mais pour un traducteur, que signifie de plonger dans cette terrifiante époque, à travers les mots de celui qui fit trembler le monde ? « Historiciser le mal, retranscrire la haine », une gageure…

Déjouer les ruses

Chez Armand Colin, c’est l’ouvrage d’Emmanuel Thiébot qui revient sur tout le travail de propagande : à partir des années 30, tout support devint bon à véhiculer l’idéologie nazie : timbres, cartes postales, jouets pour les enfants… Et même dans la vie de ses concitoyens, avec distribution de son livre Mein Kampf aux jeunes mariés.

« Après l’échec du putsch du 9 novembre 1923, Hitler, qui avait eu très peur y compris physiquement, avait jugé plus raisonnable d’investir les institutions pour les subvertir de l’intérieur. Pour cela, l’histoire est connue, il eut assez de flair, car il savait s’entourer, pour se rallier Josef Goebbels qui n’était pas au nombre de ses partisans, bien au contraire », écrit dans sa préface Johann Chapoutot, professeur d’histoire contemporaine à l’Université Paris IV et spécialiste du nazisme et de l’Allemagne.

Cet ouvrage parcourt, à travers quelque 350 illustrations, les messages du Führer, aussi bien que les caricatures le tournant en ridicule et les tentatives des alliés de contrer la montée du nazisme. À travers Propaganda Hitler, le lecteur découvrira en effet que l’imagination des propagandistes hitlérien comme celle des alliés en réponse ne connaissait pas de limites.

Avec cet avertissement, sans réserve : « Cet ouvrage présente ces documents au public français dans un but pédagogique et une démarche historique, démontrant leur impact désastreux sur l’opinion depuis l’accession au pouvoir jusqu’à la chute d’Hitler. En effet, ils ont été utilisés dans le double but de manipuler les esprits des Allemands et d’endormir la méfiance des États voisins, ou d’intimider ceux-ci par des démonstrations de force. L’auteur met en avant dans ce livre les idées fausses et les déformations utilisées dans le cadre de cette propagande. En aucun cas l’auteur ou l’éditeur ne cautionnent les idées véhiculées par ces documents ni n’en font l’apologie. »

ActuaLitté
Emmanuel ThiébotArmand Colin
Propaganda Hitler. Du « sauveur » au monstre, les 1000 visages du Führer
19/10/2022
264 pages
35,00 €

 

[Photo : Mit Hitler im Western, 1940 ; © L’Aube, 1944 – source : http://www.actualitte.com]

No 150° aniversário da publicação da tradução francesa de « O Capital », Marcello Musto escreve sobre a participação ativa de Marx no processo de tradução e comenta a fortuna crítica desta tradução/nova edição no mundo.

Por Marcello Musto

Em fevereiro de 1867, depois de mais de duas décadas de trabalho hercúleo, Marx finalmente pôde dar a seu amigo Friedrich Engels a tão esperada notícia de que a primeira parte de sua crítica à economia política estava finalizada. A partir daí, Marx viajou de Londres a Hamburgo para entregar o manuscrito do Volume I (“O processo de produção do Capital”) de sua magnum opus e, de acordo com seu editor Otto Meissner, foi decidido que O Capital seria lançado em três partes. Cheio de satisfação, Marx escreveu que a publicação de seu livro foi “sem dúvida, o mais terrível míssil que já foi lançado contra as cabeças da burguesia”.

Apesar do longo trabalho de escrita antes de 1867, a estrutura do Capital seria consideravelmente expandida nos anos seguintes, e o Volume I também continuou a absorver um empenho significativo por parte de Marx, mesmo após sua publicação. Um dos exemplos mais evidentes desse compromisso foi a tradução francesa de O Capital, publicada em 44 fascículos entre 1872 e 1875. Este volume não era uma mera tradução, mas uma versão “totalmente revisada pelo autor” na qual Marx também aprofundou a seção sobre o processo de acumulação de capital e desenvolveu melhor suas ideias sobre a distinção entre “concentração” e “centralização” do capital.

A busca pela versão definitiva do Volume I

Depois de algumas interrupções devido à sua saúde precária, e após um período de intensa atividade política para a Associação Internacional dos Trabalhadores, Marx passou a trabalhar em uma nova edição do CapitalVolume I, no início da década de 1870. Insatisfeito com a maneira como havia exposto a teoria do valor, passou dezembro de 1871 e janeiro de 1872 reescrevendo o que havia publicado em 1867. Em 1872, uma reimpressão de Das Kapital foi lançada e incluía as mudanças feitas por Marx. Esse ano foi de fundamental importância para a divulgação do Capital, pois também viu nascer as traduções russa e francesa. Confiadas a Joseph Roy, que já havia traduzido alguns textos do filósofo alemão Ludwig Feuerbach, as traduções apareceram em lotes com o editor Maurice Lachâtre. O primeiro foi publicado há 150 anos, em 17 de setembro.

Marx concordou que seria bom lançar uma “edição popular e barata”. “Aplaudo sua ideia de publicar a tradução […] em parcelas periódicas”, escreveu. “Dessa forma o livro será mais acessível à classe trabalhadora e para mim essa consideração supera qualquer outra”, argumentou com seu editor. Consciente, no entanto, de que havia “outro lado reverso” da moeda, ele antecipou que o “método de análise” que ele havia usado iria “tornar uma leitura um tanto árdua nos primeiros capítulos”, e que os leitores poderiam “desanimar” quando eles fossem “incapazes de seguir em frente na leitura logo de cara”. Ele não sentia que pudesse fazer nada sobre essa “desvantagem”, “além de alertar e prevenir os leitores preocupados com a verdade. Não há estrada real para o aprendizado e os únicos com alguma chance de alcançar seus picos ensolarados são aqueles que não temem a exaustão ao subir os caminhos íngremes”.

No final, Marx teve que gastar muito mais tempo na tradução do que havia planejado inicialmente para a correção da prova. Como escreveu ao economista russo Nikolai Danielson, Roy “muitas vezes traduziu de forma muito literal” e o forçou a “reescrever passagens inteiras em francês, para torná-las mais palatáveis ​​para o público francês”. No início daquele mês, sua filha Jenny disse ao amigo da família Ludwig Kugelmann que seu pai era “obrigado a fazer inúmeras correções”, reescrevendo “não apenas frases inteiras, mas páginas inteiras”. Subsequentemente, Engels escreveu na mesma linha de Kugelmann que a tradução francesa se havia mostrado um “verdadeiro trabalho árduo” para Marx e que ele “mais ou menos teve que reescrever a coisa toda desde o início”.

Além disso, ao revisar a tradução, Marx decidiu introduzir alguns acréscimos e modificações. No posfácio de Le Capital, ele não hesitou em atribuir-lhe “um valor científico independente do original” e afirmou que a nova versão “deveria ser consultada até mesmo por leitores familiarizados com o alemão”. O ponto mais interessante, sobretudo pelo seu valor político, diz respeito à tendência histórica da produção capitalista. Se na edição anterior do Capital Marx havia escrito que “o país mais desenvolvido industrialmente só mostra, aos menos desenvolvidos, a imagem de seu próprio futuro”, na versão francesa as palavras em itálico foram substituídas por “àqueles que o seguem até a escada industrial”. Esse esclarecimento limitou a tendência do desenvolvimento capitalista apenas aos países ocidentais já industrializados.

Ele agora estava plenamente consciente de que o esquema de progressão linear através dos “modos de produção burgueses asiáticos, antigos, feudais e modernos”, que ele havia desenhado no Prefácio de Uma Contribuição à Crítica da Economia Política, em 1859, era inadequado para uma compreensão do movimento da história, e que era de fato aconselhável evitar qualquer filosofia da história. Ele não via o desenvolvimento histórico em termos de progresso linear inabalável em direção a um fim predefinido. A concepção multilinear mais pronunciada que Marx desenvolveu em seus últimos anos levou-o a olhar ainda mais atentamente para as especificidades históricas e as desigualdades do desenvolvimento político e econômico em diferentes países e contextos sociais. Essa abordagem certamente aumentou as dificuldades que ele enfrentou no já acidentado percurso de conclusão do segundo e terceiro volumes do Capital. Na última década de sua vida, Marx realizou investigações minuciosas de sociedades fora da Europa e expressou-se inequivocamente contra os estragos do colonialismo. É um erro sugerir o contrário. Marx criticou os pensadores que ao destacar as consequências destrutivas do colonialismo utilizaram em suas análises das áreas periféricas do globo categorias peculiares ao contexto europeu. Ele alertou várias vezes contra aqueles que não conseguiram observar as distinções necessárias entre os fenômenos e, especialmente após seus avanços teóricos na década de 1870, ele foi altamente cauteloso ao transferir categorias interpretativas para campos históricos ou geográficos completamente diferentes. Tudo isso fica mais claro graças a Le Capital.

Em uma carta de 1878, na qual Marx pesava os lados positivos e negativos da edição francesa, ele escreveu a Danielson que ela continha “muitas mudanças e acréscimos importantes”, mas que ele também fora “às vezes obrigado – principalmente no primeiro capítulo – a simplificar o assunto”. Engels era dessa opinião e não incluiu todas as mudanças feitas por Marx na quarta edição alemã do Capital que publicou em 1890, sete anos após a morte de Marx. Marx não conseguiu completar uma revisão final do Capital – Volume I, que incluía as melhorias e acréscimos que pretendia aprimorar seu livro. De fato, nem a edição francesa de 1872-75, nem a terceira edição alemã – que saiu em 1881 – podem ser consideradas a versão definitiva que Marx gostaria que fosse.

Marx através de Le Capital

Le Capital teve considerável importância para a difusão da obra de Marx pelo mundo. Foi usado para a tradução de muitos extratos em vários idiomas – o primeiro em inglês, por exemplo. De maneira mais geral, Le Capital representou a primeira porta de entrada para a obra de Marx para leitores em vários países. A primeira tradução italiana – publicada entre 1882 e 1884 – foi feita diretamente da edição francesa, assim como a tradução que apareceu na Grécia, em 1927. No caso do espanhol, Le Capital possibilitou algumas edições parciais e duas traduções completas: uma em Madri, em 1967, e outra em Buenos Aires, em 1973. Como o francês era mais conhecido do que o alemão, foi graças a essa versão que a crítica de Marx à economia política pôde chegar a muitos países da América hispânica mais rapidamente. O mesmo aconteceu com os países de língua portuguesa. Em Portugal mesmo, O Capital circulou apenas pelo pequeno número de exemplares disponíveis em francês, até que uma versão resumida em português apareceu pouco antes da queda da ditadura de Salazar. Em geral, ativistas políticos e pesquisadores em Portugal e no Brasil acharam mais fácil abordar a obra de Marx pela tradução francesa do que pelo original. Os poucos exemplares que chegaram aos países africanos de língua portuguesa também eram nessa língua.

O colonialismo também moldou parcialmente os mecanismos pelos quais O Capital se tornou disponível no mundo árabe. Enquanto no Egito e no Iraque foi o inglês que mais se destacou na difusão da cultura europeia, a edição francesa teve um papel mais proeminente em outros lugares, especialmente na Argélia, que na década de 1960 foi um importante centro para facilitar a circulação de ideias marxistas em países “não alinhados”. A importância de Le Capital estendeu-se também à Ásia, como demonstrado pelo fato de que a primeira tradução vietnamita do Volume I, publicada entre 1959 e 1960, foi realizada com base na edição francesa.

Assim, além de ser frequentemente consultada por tradutores de todo o mundo e confrontada com a edição de 1890 publicada por Engels, que se tornou a versão padrão de Das Kapital, a tradução francesa serviu de base para traduções completas do Capital em oito idiomas. Cento e cinquenta anos desde sua primeira publicação, continua sendo fonte de debate estimulante entre estudiosos e ativistas interessados ​​na crítica de Marx ao capitalismo.

Em uma carta ao seu companheiro de longa data Friedrich Adolph Sorge, o próprio Marx observou que Le Capital “consumiu tanto [seu] tempo que [ele] não colaboraria novamente de forma alguma em uma tradução”. Isso é exatamente o que aconteceu. O trabalho e o sofrimento que ele depositou para produzir a melhor versão francesa possível foram realmente notáveis. Mas podemos dizer que foram bem recompensados. Le Capital teve uma circulação significativa, e os acréscimos e mudanças feitas por Marx, durante a revisão de sua tradução, contribuíram para a dimensão anticolonial e universal do Capital, que hoje se torna amplamente reconhecida graças a algumas das contribuições mais recentes e perspicazes nos estudos de Marx.

Tradução de Marcelo Bamonte para o Blog da Boitempo.


O velho Marx: uma biografia de seus últimos anos (1881-1883), de Marcello Musto

O velho Marx apresenta uma análise perspicaz dos anos finais e ainda pouco explorados da vida de Karl Marx. Combinando rigorosa abordagem acadêmica com uma escrita acessível, Marcello Musto derruba a lenda de que a partir de meados de 1870, devido a problemas de saúde e dificuldades pessoais, o filósofo alemão teria suspendido quase inteiramente sua pesquisa. Ao contrário, ele não só deu continuidade a seu trabalho, mas estendeu-o a novas disciplinas e a outras áreas do planeta. A partir do estudo de manuscritos que vieram a público recentemente e ainda não foram traduzidos do alemão nem publicados em livro, Musto demonstra que Marx passa a interessar-se por antropologia, pelas sociedades não ocidentais e pela crítica ao colonialismo europeu.

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Marcello Musto é professor de Sociologia na York University, em Toronto, Canadá. Suas publicações, disponíveis em seu site, foram traduzidas em vinte e cinco idiomas. Pela Boitempo publicou Trabalhadores, uni-vos!: antologia política da I Internacional e O velho Marx: uma biografia de seus últimos anos (1881-1883), além de colaborações com a revista Margem Esquerda.

 

 

[Fonte: http://www.blogdaboitempo.com.br]

Estes establecementos están en auxe desde a chegada da crise

A Vella Librería, local en Pontevedra dedicado ao comercio de libros usados que dirixe Paula.

Escrito por CARLOS PORTOLÉS

A crise mingua as carteiras. E as carteiras, canto máis minguan, menos invisten en cultura e entretemento. Son (con razón) os primeiros gastos sacrificados en tempos de frugalidad. Viuse coa necesidade de crear bonos de consumo cultural por parte das Administracións. E é que o esencial é encher a neveira e o tanque de gasolina.

Esta situación fai que, por exemplo, non se compren, coa mesma alegría, libros en papel. Non todo o mundo ten a posibilidade de gastar vinte ou trinta euros nun exemplar noviño da última novela do escritor de moda. Por iso o sector das librerías de segunda man preséntase, cada vez máis, como unha alternativa alcanzable. Unha ponte aberta cara ás letras. Vendendo volumes a prezos máis que razoables, estes establecementos serven tamén para darlle unha nova vida a tomos esquecidos de bibliotecas mortas.

Rafael Díaz leva á fronte da librería Incunable da Coruña case catro decenios. Desde 1984, ano moi literario. O local foi fundado pola súa nai. Leva tanto tempo tras o mostrador que foi testemuña e partícipe dos mil cambios recentes do sector. Algúns foron abafadores, como a chegada de Internet e as súas revolucións. «Se queres, hoxe podes montar unha librería completamente virtual desde a túa casa. Agora as cousas son distintas», admite.

Rafael é un dos moitos que loitan por manter vivo un mundo que xa non está (ou que, como mínimo, cada vez está menos). A arqueoloxía literaria, a veneración polo manuscrito atopado e polas páxinas amareladas de data antiga son cousas cada vez máis pequenas e remotas. «Algúns libros antigos que antes se vendían a 90 euros agora hai que vendelos por 20».

No entanto, os libreiros son unha dúctil estirpe, acostumada navegar o cambiar dos tempos. Por iso, Rafael tamén é capaz de dar un paso atrás e admitir algúns dos beneficios da dixitalización. «O electrónico tamén lle fixo un ben á literatura. Permite acceder de forma remota e libre a libros moi antigos que en físico son practicamente imposibles de atopar».

A de libreiro é unha das profesións máis románticas e romantizadas. Os tópicos, ás veces, fúndanse sobre verdades. Ante a pregunta «¿Que é o que máis lle gusta de vivir entre libros?», todos deixan entrever o seu lado máis sensible. Ese que os empurrou a dedicar os seus días e esforzos ao oficio das letras, e non a outros máis lucrativos. O borda a resposta de Rafael: «A min o que máis me gusta é que sempre se aprende algo e sempre che namoras de algo. Unha edición rara dun Shakespeare, un As mil e unha noites…».

No corazón de Pontevedra hai unha entrañable libreira. Chámase Paula, pero o seu alcume é a Vella. Un sobrenome cariñoso que a portadora leva con orgullo. Non é un insulto, é que é a dona da Vella Librería, un dos locais de compra-venda de libros clásicos da cidade.

A desta libreira é outra historia de vocación. «Este mundo é para os que nos gusta moito o libro en papel, lograr unha oportunidade de darlles unha segunda vida», conta. É aberta e atenta. Por iso ten tantos clientes fieis que confían no seu criterio e discuten con ela as súas últimas lecturas.

Tamén aproveita para desmontar algúns mitos inxustos. «Á tenda vén moita xente nova en busca de literatura de calidade. Deses títulos que aparecen en todas as listas de clásicos universais. Non é cuestión de idade, ás librerías veñen os que gustan de ler», argumenta.

Non só compran libros, tamén aceptan doazóns. Pero o diñeiro que sacan coa venda dos exemplares cedidos é abonado a dúas asociacións benéficas. Unha de rescate de animais e outra de loita contra o cancro. «Ademais, aquí —engade cunha voz calmadamente alegre— teño o privilexio de atopar tesouros todos os días». Falando con libreiros, deseguido se atopa unha constante. A case todos lles gusta dialogar e coñecer. Son curiosos como o son todos os ratos de biblioteca.

Javier Fita rexenta a librería Nigraponte, tamén en Pontevedra. Asegura que o que máis goza do seu traballo é «o espazo conversacional que se crea co cliente». Pero vai máis aló. Ve a súa tenda como algo a metade de camiño entre «un sofá psicoterapéutico e un negocio». Concíbeo así porque, no seu recuncho do mundo, as persoas entran para «falar sobre ideas e libros».

A lectura é unha testemuña que pasa de xeración en xeración. Así o confirma Fita, que observa a diario con satisfacción a «pais que veñen buscar libros para os seus fillos». Estas tendas son unha sólida liña de defensa para o papel. Ese a o que sempre matan pero nunca morre. Porque son moitos os seus usos e as súas vidas.

De franquías, bibliófilos, vocacións e feiras

En Galicia hai decenas de librerías de segunda man distribuídas ao longo e ancho das catro provincias. Mesmo hai algunhas cadeas, como Re-Read. É unha franquía que ten locais por toda España. En Galicia teñen puntos de venda en cidades como A Coruña, Vigo, Santiago e Ourense.

Pero para atopar exemplares máis raros e antigos, é mellor pasearse por sitios como Valín, en Lugo. É unha pequena pero moi recargada estancia. Os libros alagan cada esquina. Amontóanse aquí e alá. Un punto máis que interesante para bibliófilos. No entanto, José Manuel Valín, o dono, sinala que «está a baixar moito a venda do libro antigo». E que cousas que antes interesaban amplamente como edicións ben conservadas do século XIX, xa non teñen case saída. Achácao a un «cambio xeracional». Pero algo no que coinciden todos os entrevistados é en que uno non se mete neste negocio para facerse de ouro. «Nunha cidade non moi grande, como é Lugo, se che dedicas a isto é porque che gusta. Un ten que decidir que facer coa súa vida. Eu decidín dedicar a miña aos libros», referenda Valín.

Actualmente, a 31.ª Feira do Libro Antigo e de Ocasión de Galicia está a piques de acabar o seu itinerario. Como todos os veráns, este evento leva, durante uns días, a venda de libros de segunda man e de exemplares descatalogados a puntos céntricos das principais cidades galegas. Ata o 4 de setembro estivo aberta nos Xardíns de Méndez Núñez da Coruña. Levaba desde maio facendo xira. Pasou, como todos os anos, por Santiago, Ferrol, Vigo e Lugo. É unha cita que ofrece tantas pezas singulares para coleccionistas como exemplares de reventa máis modernos e baratos. O libro, cada vez máis facilmente accesible. Xa non hai escusas.

 

[Imaxe: RAMON LEIRO – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

El autor de ‘Todas las almas’, ‘Corazón tan blanco’ o ‘Los enamoramientos’ ha fallecido en Madrid por una neumonía bilateral. Deja una de las obras literarias en español más relevantes de los últimos 50 años

Escrito por ANTONIO LUCAS

Javier Marías ha muerto a los 70 años en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid por los problemas derivados de una neumonía bilateral que le ha mantenido durante dos meses ingresado en el hospital.

La familia de Javier Marías distribuyó el pasado 14 de agosto una breve nota a través del departamento de Comunicación del grupo editorial de Marías, Penguin Random House, donde explicaba que el autor de Todas las almas estaba « en proceso de recuperación ». Pero la gravedad de la severa afección pulmonar fue en aumento en las últimas semanas, hasta lo insalvable. El escritor será incinerado en Madrid, su ciudad de nacimiento, en la absoluta intimidad y no habrá velatorio. En el barrio de Chamberí (habitual en algunas de sus novelas) pasó la infancia y juventud. Era hijo del filósofo Julián Marías y de la profesora y traductora Dolores Franco.

Javier Marías deja una obra literaria excepcional. Deja un rastro de literatura intensísimo. Deja una monarquía heredada donde era el cabeza de lista y que dio paso a una editorial sagaz y exquisita (Reino de Redonda). Deja un desacuerdo contra algunas cosas del presente. Deja el eco de una ironía ágil. Y también deja polémicas desplegadas en artículos. Y deja traducciones, recuerdos de muchas películas -era sobrino del excéntrico director Jesús Franco-, incluso una muesca de literatura infantil, Ven a buscarme. Sí, un cuento para niños del feroz Marías. Y es un escritor que, felizmente, incomoda. Y es, a la vez, un tipo que alumbra.

Sucede con las novelas de Javier Marías algo muy interesante. Una primera escena formidable enreda las cosas y deja cabos sueltos que seguirán sueltos a lo largo de la novela porque no aspiran a resolverse del todo, porque esa es la forma de indagar en la penumbra y lo visible, entre lo sabido y lo callado, entre lo oculto y lo aparente, entre lo apenas adivinado. Un juego de luces y sombras donde los individuos están expuestos a un misterio, a un vértigo, a una inquietud. Es lo que podríamos llamar « la voz Marías », esa condición de territorio propio que tienen los escritores que importan, lo reconocible, el estilo, esa poética que nunca suplanta, sino que propone y alumbra a quien se acerca. El motivo por el que gusta su literatura es obvio: se trata de un escritor inteligente de los que ofrecen, al salir de sus libros, una cierta idea de mundo.

Acorazado de libros (algunos en ediciones exquisitas), figuritas de plomo, fotografías dispersas y otros fetiches imprevistos, vivía cada vez más retirado del fervorín literario en su caserón del centro de Madrid, un tercero en una plaza (la de la Villa) donde el suyo es el único edificio habitado. Allí escribía y dispensaba una mirada sulfurosa sobre el presente de este país. Empezó en la narrativa a los 20 años, con un título recuperado ahora por Alfaguara (donde está toda la obra de Marías): Los dominios del lobo (1971). Continuó con la novela Travesía del horizonte (1973) y El monarca del tiempo (1978). En aquellos 70 empezó a colaborar en prensa -algo mantenido hasta el final- y se integró en el grupo que aglutinaba Juan Benet y donde destacaban Elías Querejeta, Javier Pradera, Eduardo Chamorro, Félix de Azúa, Juan García Hortelano, Vicente Molina Foix o Antonio Martínez Sarrión. La intermediación de Benet fue clave para que Marías publicase aquella primera novela. Las cartas entre Benet y Marías, numerosas, están inéditas. Solo se ha publicado una de Benet a su discípulo, bautizado como « el joven Marías », en la edición conmemorativa por el 25 aniversario de Corazón tan blanco. Aquel joven Marías, algunas noches de gracia, hacía unas piruetas gimnásticas espléndidas en el Paseo de la Castellana y desataba las ovaciones de sus amigos mayores.

Pérez-Rerverte, Vargas Llosa y Marías, en 2015.

Pérez-Rerverte, Vargas Llosa y Marías, en 2015. BERNARDO DÍAZ

A cada novela se fue ganando mejor el sitio entre los escritores más destacados de la narrativa española contemporánea. En 1986 gana el Premio Herralde por El hombre sentimental, se incorpora a la escudería de Anagrama y se mantuvo hasta mediados de los años 90, cuando rompió el fundador del sello, Jorge Herralde. En 1989 publica Todas las almas (título extraído de Shakespeare, como hará después en al menos cinco libros más), que lo sitúa en podio y donde da cuerda a la historia de un profesor español que imparte clases en la Universidad de Oxford. Un poco antes de la salida de Todas las almas, entre 1983 y 1985, Marías impartió clases de Literatura Española y Teoría de la Traducción en Oxford. En 1984 lo haría en el Wellesley College y entre 1987 y 1992 en la Complutense de Madrid. También fue profesor invitado de la Escuela de Letras de Madrid. La docencia era otra gimnasia para ganarse la vida mientras la literatura no se estiraba a tanto. Y como todo en Marías, la paradoja y el cálculo tienen una aleación en su escritura: los protagonistas de sus novelas escritas desde 1986 son intérpretes o traductores, « personas que han renunciado a sus propias voces », decía.

La escritura de Marías está a punto de alcanzar su potencia de distinción. Esa manera de contar que tiene una ondulación propia. Las elipsis. El pensamiento como impulso narrativo, más que la invención, las disyuntivas éticas y morales, el secreto como veneno, la traición como amenaza, la violencia, el arrepentimiento, la mentira: « Las mentiras son las mentiras, pero todo tiene su tiempo de ser creído », escribió… En 1990 publica el primer conjunto de relatos, Mientras ellas duermen; y un año después el primer volumen de recopilación de artículos, Pasiones pasadas (hoy son casi una veintena de títulos en este registro). Y entonces sí, en el año español de todos los fastos (1992), el de la abundancia y el horizonte de pan de oro, publica Corazón tan blanco. Es la lanzadera a un éxito vibrante. En España esta novela se convierte en la pieza más celebrada de Marías, de la generación y casi de la década en marcha. En Alemania alcanza cifras de fenómeno editorial cuando el mítico crítico literario alemán Marcel Reich-Ranicki mencionó a Marías como uno de los más importantes autores vivos de todo el mundo en el programa de la televisión alemana que él dirigía, El cuarteto literario.

Marías aún se dejaba ver, pero cada vez costaba más. En 1994, Víctor García de la Concha le sugirió presentar su candidatura a la Real Academia Española (RAE), pero no le sedujo la propuesta. Aceptaba premios españoles (Salambó, Premio de la Crítica, Premio Fastenrath de la Real Academia Española, Premio Ciudad de Barcelona…). Mantenía una cierta vida literaria… Ese año del « no » a la Academia estrena otra etapa de su obra con Mañana en la batalla piensa en mí‘, Negra espalda del tiempo (1998 y su inteligente aventura de autoficción), la trilogía Tu rostro mañana (2009) y Los enamoramientos (2011), otro éxito editorial con el que toma la decisión de no aceptar premios institucionales en España y rechaza el Nacional de Narrativa en una rueda de prensa en la que dice: « Creo que el Estado no tiene por qué dar nada a un escritor. Si alguna vez se me ofreciera algún premio de los que llamamos estatales pues no lo aceptaría. Así que tomo por norma no aceptar nada de lo que venga del Estado de mi país, menos aún algo que lleve aparejado dinero ». Eso descartaba, también, la concesión del Cervantes. El Nobel es otra cosa. Y es un reconocimiento extranjero. En los últimos años ha estado en todas las quinielas como posible receptor. Quizá este sea el premio que mejor mereció.

En 2005 sí aceptó asiento en la RAE, el sillón R ocupaba, y el 29 de junio de 2006 leyó el discurso de ingreso, Sobre la dificultad de contar, al que respondió el filólogo y cervantista Francisco Rico.

Javier Marías dedica una novela en la Feria del Libro de 2011.

Javier Marías dedica una novela en la Feria del Libro de 2011. ANTONIO HEREDIA

Marías, a la manera de uno de los escritores que admiró e impulsó en España, el austriaco Thomas Bernhard, escogió no tener vínculo con el establishment (así lo decía él: « establishment ») de los galardones nacionales. De Bernhard también asumió la actitud cada vez más despojada frente a los peajes literarios. Y la contundencia de opinión. En sus artículos de El País provocó (intencionadamente) algunas polémicas. Una vez exprimido el registro de vecino cabreado del centro de la ciudad (papel que jugó con perfecto humor, aunque no lo parezca), aprovechó para volcar su escepticismo o su rechazo en algunas manifestaciones cívicas como la creciente altavocía del feminismo, los montajes de teatro contemporáneo, lo patético de la mayor parte del cuerpo político, la televisión y sus derivas o la desconfianza que le generaban las redes sociales. Marías alcanzó los 70 años sin manejar un ordenador. Mantuvo la lealtad a la máquina de escribir eléctrica durante 16 novelas, miles de artículos, cientos de relatos y demás mercancía del oficio. « Cada vez me cuesta más encontrar cartuchos de tinta, pero no voy a dejarlo ahora… », decía.

Tuvo la poesía también cerca. Tradujo los poemas de Stevenson, de Ashbery, de Faulkner, de Nabokov… Todos estos autores estaban con fuerza en su santoral literario. A todos cumplimentó devoción y a su poesía dedicó siempre atención. El irlandés Seamus Heaney fue otro de sus poetas bien leídos.

Marías no era un ermitaño. Ni un eremita. Ni un trágico de balcón y penumbra. Mantuvo un compacto grupo de amigos: Agustín Díaz Yanes, Arturo Pérez-Reverte, Luis Antonio de Villena… La vida le concedió aventuras. Muchas expediciones singulares. Y de todas hizo lo que quería hacer: literatura. Pocos creadores hay tan cuidadosos de su estela de escritor. Hasta en el enigma de saber si estaba grave o no le salió la cosa literaria. Alrededor de Marías hubo dos compañeras incombustibles: Carme, su mujer, y Mercedes, su asistente. Todo el alrededor del escritor pasaba por ellas.

Fueron las primeras en leer los manuscritos de Así empieza lo malo (2014), Berta Isla (2017) y Tomás Nevinson (2021). Las tres últimas novelas. Hay en los argumentos de estas piezas algo de aquello que Borges dijo por otro asunto: « Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que un hombre sabe para siempre quién es« . Ahí empieza o acaba todo. ¿Quién fue Javier Marías?

 

[Fuente: http://www.elmundo.es ]

Trátase dun disco con gravacións primerizas dalgúns temas

Escrito por FERNANDO MOLEZÚN

Dá igual canto material da Velvet Underground —a maioría cunha calidade de son máis que cuestionable— saia á luz décadas despois da súa desaparición. Os fans de Lou Reed e compaña continúan (continuamos) acudindo devotamente e sen mirar a carteira a facerse urxentemente coa reedición do acetato do disco do plátano ou con calquera directo rescatado da época. Pero é que o último obxecto do desexo que se fai público o vindeiro venres supera en lenda a calquera dos anteriores. Trátase dun disco titulado Lou Reed. Words and music. May 1965, que contén unhas gravacións primerizas dalgúns dos temas que máis tarde inmortalizaría xunto a John Cale, Sterling Morrison e Moe Tucker —como Heroin, ou I’m Waiting for the Man—, ou en solitario —como o Men of Good Fortune do Berlin—, ademais de sete temas inéditos.

A edición corresponde , como non, a Light in the Attic (discográfica que non para de darnos alegrías e que edita este disco ata en casete) e vén da man de Laurie Anderson, a última compañeira de Reed, que foi quen atopou estas gravacións nunha cinta metida nun sobre que o propio artista remitiuse a si mesmo cando tiña 22 anos. No sobre puña «dereitos de autor dos pobres», xa que un paquete selado podería demostrar que as cancións existían nesa data. Anderson atopou este paquete sen abrir na oficina de Reed no 2017, cando decidiu facer limpeza co obxectivo de doar á Biblioteca de Nova York parte do material que o músico acumulara ao longo da súa vida.

Os adiantos que houbo do seu contido mostran a un Reed afastado da electricidade que remataría caracterizándoo. Fortemente influído polo que soaba naquel entón en Nova York, máis concretamente no Greenwich Village, achégase ao que podería interpretar que era a música de Bob Dylan unha mente inqueda e torturada como a dun Lou Reed, que intentaba buscarse a vida compondo cancións de recheo para a discográfica Pickwick mentres a súa creatividade viraba ao redor de universos moi afastados daquel pop básico. Son, polo tanto, as primeiras gravacións coñecidas de clásicos como Pale Blue Eyes, pero ademais a edición máis completa inclúe seis temas gravados por Reed entre 1958 e 1964 entre os que está unha versión do Don’t Think Twice, It’s All Right de Dylan. Como para non compralo.

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

L’editorial Navona recupera, amb ‘Les vacances de Maigret’, la sèrie de novel·les del cèlebre investigador

Georges Simenon (auteur de Le chien jaune) - Babelio

Escrit per Adrià Puertolas

Diverses copes de vi blanc al dia, passejos al costat del mar, tardes escarxofat als cafès del poble fumant la seva pipa… I resoldre no un, sinó dos assassinats. Aquestes són les receptes per passar les vacances del mític comissari Maigret, creació de l’escriptor belga Georges Simenon, una de les sèries policíaques més famoses de la literatura europea. A Les vacances de Maigret, que Navona acaba de publicar, l’investigador tractarà de resoldre dues morts sospitoses a la ciutat balneari de Les Sables d’Olonne, a França, sense perdre pel camí la bonheur vocacional. Una tasca d’allò més difícil.

Amb la publicació d’aquesta intriga estival, l’editorial Navona inicia una sèrie de llibres del mític investigador, que veuran la llum amb noves traduccions al català d’Emili Manzano, gran coneixedor de l’obra de l’escriptor belga. A aquest títol el seguirà, al novembre, Maigret i la jove morta, un altre dels llibres de la col·lecció de Simenon. La previsió de l’editorial és publicar fins a set novel·les de la sèrie del comissari. De material, en sobra: només de Maigret, Simenon en va escriure 75 llibres.

Placidesa vacacional i crims

Les vacances de Maigret, el policia parisenc ha abandonat el seu despatx al 36 del Quai des Orfèvres de la capital francesa, la històrica seu de la Policia Judicial. L’ha canviat pels carrers assolellats de Les Sables d’Olonne, una petita ciutat costanera del nord-oest francès, plena de color local. L’acompanya la seva dona, amb qui espera passar unes vacances tranquil·les. Però quan ella ha de ser ingressada a l’hospital, Maigret s’adona que alguna cosa no acaba de rutllar darrere l’aparença de calma dels cafès de la ciutat. Una jove pacient de l’hospital on es recupera la seva dona apareixerà morta després d’haver demanat ajuda al comissari a través d’una nota. A partir d’aquell moment, la rutina plàcida de Maigret desapareixerà.

Doctors, amants, periodistes i escolars conformaran una teranyina espessa que no podrà amagar del tot, però, transgressions tant amoroses com criminals

Fent gala del seu esmolat olfacte policíac i de la seva seriositat, el comissari anirà endinsant-se en les relacions entre els locals, mentre consulta el seu inseparable rellotge de butxaca. Envoltat de partides de bridge, un joc que malgrat la seva intel·ligència admet no entendre, i de les monges de l’hospital, s’obrirà pas fins al cor del misteri de la mort de la jove a cop d’enginy. Doctors, amants, periodistes i escolars conformaran una teranyina espessa que no podrà amagar del tot, però, transgressions tant amoroses com criminals.

L’inspector s’oblidarà que venia al poble a relaxar-se i a descansar i, malgrat les seves reticències, acabarà acceptant que les seves són unes vacances interrompudes

Pel camí, l’inspector s’oblidarà que venia al poble a relaxar-se i a descansar i, malgrat les seves reticències, acabarà acceptant que les seves són unes vacances interrompudes. Per consolar-se, li quedarà el vi blanc que li ofereixen constantment als cafès, “com si beure una altra cosa fos possible!”, i abraçar la seva naturalesa gourmand. La paciència que el caracteritza a l’hora de conduir les investigacions serà, en aquest cas, la principal aliada.

Le jour où… Simenon nous quittait - rtbf.be

L’editorial Navona està traduint al català les novel·les policíaques de Georges Simenon.

Una sèrie clau de la literatura policíaca

Simenon, un dels escriptors més llegits en llengua francesa del s.XX, va escriure aquesta novel·la als voltants del 1948 durant una estada a Tucson, Arizona. Potser és per això que la calor del desert americà sembla infiltrar-se en la de l’estiu francès, malgrat que el comissari, concentrat en resoldre el seu cas, l’acabi oblidant. El títol, com molts altres de la sèrie va ser adaptat televisivament per la BBC i emès al Regne Unit, França i els Països Baixos entre d’altres.

La sèrie de Maigret és una de les més importants pel que fa novel·la policíaca de la literatura europea

La sèrie de Maigret és una de les més importants pel que fa novel·la policíaca de la literatura europea, competint frec a frec amb d’altres grans noms com Agatha Christie i el seu Hercules Poirot o Andrea Camilleri i Montalbano. Reservat, sense sentit de l’humor i a estones excessiu, el comissari parisenc protagonitza 75 de les 194 novel·les que va escriure Simenon i també desenes de relats curts i nouvelles. Ha estat portat a la gran pantalla més de 30 vegades i interpretat per actors com ara Rowan Atkinson, conegut per Mr. Bean, que es va posar en la seva pell per una minisèrie televisiva l’any 2016.

Maigret ha tingut una influència decisiva en la literatura criminal que ha vingut després

Sense ser un geni cerebral i superdotat com Sherlock Holmes, un mestre de la deducció metòdic com Poirot o algú inclinat a l’acció com Montalbano, Maigret ha tingut una influència decisiva en la literatura criminal que ha vingut després. Carismàtic i mesurat a la vegada, sempre es posa a la pell de la víctima i estudia el seu cercle com a forma de resoldre els trencaclosques criminals als quals s’enfronta. En definitiva, un personatge complex, a vegades inabastable i ple d’arestes.

L’aposta de Navona per a recuperar la sèrie de Maigret amb noves traduccions al català, forma part de la voluntat de l’editorial de “reeditar grans autors de la literatura europea”

L’aposta de Navona per a recuperar la sèrie de Maigret amb noves traduccions al català, forma part de la voluntat de l’editorial de “reeditar grans autors de la literatura europea”, tal i com explica Ernest Folch, director editorial del segell. Folch afirma que es concentren sobretot en els que estan descatalogats o que tenen edicions antigues, amb la intenció de complementar el mercat literari català ja existent.

 

[Font: http://www.elnacional.cat]

[BLOG You Will Never Hate Alone] Victor Klemperer était allemand avant d’être juif. De 1933 à 1945, il a tenu son journal. Probablement le témoignage le plus complet de la réalité de la vie sous le Troisième Reich.

Témoigner jusqu'à en perdre la raison. | Ursula Richter via Wikimedia Commons

Témoigner jusqu’à en perdre la raison. | Ursula Richter via Wikimedia Commons

Écrit par Laurent Sagalovitsch

Quiconque s’intéresse de près ou de loin à ce que fut l’Allemagne nazie a le devoir de lire les journaux de Victor Klemperer. Pour une raison que je ne m’explique pas bien, jusqu’à cet été, je ne l’avais pas fait. Il est vrai qu’il n’est pas disponible en édition de poche, ce qui constitue en soi un véritable scandale, une anomalie étonnante et une honte pour l’édition française –je l’ai donc lu anglais, et en poche du coup.

C’est une somme considérable qui couvre toute la période allant de 1933 à 1945. Victor Klemperer, au moment où Hitler accède au pouvoir, est professeur à l’université de Dresde. Cousin de l’illustre chef d’orchestre Otto Klemperer, il est spécialiste de littérature française et enseigne la philologie romane. C’est un juif converti au protestantisme, marié à Eva, une musicienne allemande –aryenne s’entend. Bien que son père fût rabbin, il n’entretient aucune espèce de rapport avec son judaïsme. Il est avant tout allemand, un Allemand plus allemand que les Allemands, un patriote fier d’avoir servi son pays lors de la Première Guerre.

Jour après jour ou presque, dans un exercice qui est tout à la fois une chronologie de la vie sous le Troisième Reich et une manière de lui résister, Klemperer va confier à son journal ses peurs, ses doutes, ses craintes, ses espoirs, la tentative désespérée d’un homme de donner sens à une vie qui peu à peu s’enfonce dans l’obscurité et la réclusion forcée.

Très vite, il perd son emploi, se retrouve confronté à une administration qui, de lois en lois, de décrets en décrets, réduit chaque jour davantage son espace de liberté. Mais Klemperer, au contraire de tous ses collègues, de la plupart de ses amis ou fréquentations, refuse de quitter sa terre natale. Il ne veut pas entendre parler d’exil au Pérou ou en Australie. Au fond, qu’a-t-il à craindre puisqu’il n’est pas vraiment juif ? Il est un simple citoyen allemand, l’un des plus émérites, qui se trouve être par un hasard de la vie, un accident du destin, d’origine juive.

Il vomit le sionisme qu’il n’hésite pas à comparer au nazisme dans la mesure où les deux entendent définir le juif avant tout par l’appartenance à ses origines raciales, concept absurde à ses yeux. Il n’ira nulle part. Il a 53 ans. Sa femme souffre de troubles nerveux. Lui-même, atteint d’une hypocondrie féroce, se plaint constamment de son cœur. D’une certaine manière, ses jours sont comptés. Alors à quoi bon prendre le chemin de l’exil si c’est pour vivre aux crochets des autres, dans un pays inconnu ? Non, non, il restera. De toutes les manières –comment en pourrait-il être autrement, tôt ou tard les gens vont forcément se réveiller– le régime va s’effondrer dans une semaine, un mois, un an, dix ans, cinq siècles…jamais.

On le renvoie de l’université, on lui interdit de rouler en voiture, on confisque sa maison. Il reste. Jour après jour, tout devient plus compliqué. L’argent vient à manquer, on instaure le port de l’étoile jaune, on l’oblige à déménager dans une maison pour juifs. Il reste. De toutes les façons, il est trop tard pour partir désormais. L’inexorable est en marche. Personne ou presque n’en sortira vivant. Il le sait, il le voit, il l’entend. Partout.

Quitte à rester, autant témoigner. Témoigner jusqu’au dernier jour. Témoigner à en perdre la raison, en risquant sa vie et celle des autres. Témoigner pour tâcher de rester digne. Pour dire avec le plus de détails possibles la réalité de vivre sous un régime qui a décidé de rendre la vie des Juifs la plus compliquée possible. Toutes ces restrictions absurdes, iniques, monstrueuses: interdiction de garder son chat, d’acheter un gâteau, de monter dans un tram, d’emprunter telle avenue, de sortir à telle heure.

La vie qui jour après jour se rétrécit pour finir par être un exercice de survie continu. D’échapper à l’arbitraire de la Gestapo qui à tout moment pour un regard, un retard, n’importe quoi, peut vous arrêter, vous tuer ou vous déporter. Mais vous déporter vers où? On ne sait pas. À Theresienstadt. Ou à Auschwitz. Mais Auschwitz, c’est quoi au juste? On l’ignore, hormis que c’est le plus terrible des camps de concentration. De toutes les manières, de Pologne personne n’est jamais revenu. Personne.

À aucun moment, Klemperer n’a une idée précise de l’ampleur du massacre. Il y a des rumeurs, des camions paraît-il où l’on gaze les juifs. De toutes les façons, on ne sait rien sur rien. Depuis les premiers mois, il n’y a plus d’information, juste de la propagande. Dans les journaux, à la radio, partout. Tout le temps. Les vociférations du Führer, les admonestations de Goebbels. Klemperer note tout. Sur ce qui se dit. Dans les files d’attente pour échanger ses coupons de ravitaillement contre un peu de nourriture. La vox populi. La rue. Qui crache au visage des juifs. Qui leur tend une main compatissante. Qui hésite. Ne sait plus. Voudrait aider. Ne peut pas. Aide quand même. Dénonce. Ne dénonce pas.

Il faut le dire: c’est un livre extraordinaire, probablement le compte-rendu le plus précis, le plus complet, le plus exact de la réalité de la vie sous le joug de l’Allemagne nazie. Dans son malheur, Klemperer a de la chance. Il est marié à une aryenne. On ne le déporte pas, du moins pas tout de suite et quand on se décide à le faire, le salut vient du ciel: le bombardement de Dresde du 13 au 15 février 1945, l’un des plus massifs de la Seconde Guerre mondiale. Alors la fuite éperdue à travers une Allemagne en pleine débâcle, parmi les râles de son agonie qui n’en finit pas.

On lit ce journal comme un polar, saisi par la vie de cet homme qui parfois énerve, exaspère –pars, pars idiot que tu es!– agace –son cœur, mon dieu, quand va t-il cesser de s’inquiéter pour son cœur!– mais qui tout au long de ses années demeure un individu d’une bravoure et d’une ténacité extraordinaire. Il ne lâche rien. Il écrit partout, en tout temps. Comme un enragé. Un possédé. Un homme hanté par l’idée de sa mort et de sa propre fin.

Le témoin unique d’une époque.

[Source : http://www.slate.fr]

Edicions Cal·lígraf celebra una dècada en actiu.

Equip de l’editorial Cal·lígraf

Escrit per Marc Calvo Hernández

L’editorial Cal·lígraf celebra 10 anys d’un procés d’aprenentatge, amb alts i baixos, que ha consolidat un projecte que busca la qualitat literària en la recuperació de clàssics oblidats i novetats que introdueixin nous autors al panorama literari català.  El catàleg, ampli i variat, ha pretès ser una mostra de la literatura local i internacional, contemporània i clàssica, un conjunt que ofereix al lector nous mons on poder gaudir de la paraula, en edicions fetes amb molta cura.

El procés es va iniciar l’any 2011 de la mà de Jaume Torrent i Ramon Moreno, a causa de la iniciativa de Carles McCragh, en un moment en què volien posar en marxa un projecte editorial com a lectors, on poder manifestar les seves ambicions i oferir allò que ells trobaven a faltar dins el sector. L’editorial ens ha proporcionat lectures imprescindibles en català com l’obra de A.S. PuixkinAurde Lorde o Virgilio Giotti, defugint voluntàriament de l’especialització temàtica per tal de no haver de renunciar a cap llibre que pugui semblar interessant.

Vam iniciar el projecte, sobretot, com a lectors” – Ramon Moreno

A més, el projecte editorial ha apostat fermament per oferir unes traduccions fetes per professionals de reconegut prestigi, que permeten aproximar-se a les obres amb la major fidelitat possible. De manera que el segell no només té interès per la seva selecció, sinó que presenta un producte complet, que destaca per la qualitat del conjunt. En aquest sentit, es interessant esmentar la cura per part de l’equip pel que fa al disseny de les portades, que són fetes per artistes amb un recorregut exitós en els seus camps respectius, i que il·lustren de manera brillant les narratives que s’hi troben a l’interior.

Per celebrar aquesta desena temporada Cal·lígraf presenta diversos títols aquest setembre. Per una banda, unes versions lliures dels Himnes Òrics de la mà de Pere Suau Palou que “són un modest homenatge al món grec arcaic”. També es presenta Us escric des d’una presó de Grècia, un recull de poemes d’Aléxandros Panagulis, amb traducció d’Antoni Piqué i Eusebi Ayensa, que serveix com a testimoni de la repressió política de la Grècia de 1968. A més, durant la rentrée, es podrà adquirir un recull de poemes, la majoria inèdits, de Pau Riba amb il·lustracions de Mercè Riba titulat: Trànsit. Prosopopeia de la infància, on els autors recuperen personatges fantàstics i mítics que habiten en el món imaginari infantil. Més endavant es publicarà una nova traducció de L’habitació de Jacob de Virgina Woolf i la recuperació d’un clàssic de la filosofia catalana L’elogi de la mentida de Josep Torres Tribó, amb edició del filòsof Max Pérez Muñoz.

De cara a un futur, pretenen seguir consolidant el projecte amb la línia actualment marcada, ampliant lectors, arribant a més llibreries, tenint més ressò als mitjans de comunicació i sumant títols al catàleg. L’editorial de Figueres en aquests 10 anys s’ha convertit en un imprescindible a les prestatgeries de qualsevol lector inquiet i, com es necessari, celebrem la llarga vida de projectes fets amb cura, com es el cas de Cal·lígraf.

 

[Font: http://www.nuvol.com]

 

 

La escribió, en 1991, la portuguesa Agustina Bessa-Luís y retrata su país, tras la Revolución de los Claveles, que llevó cambios fundamentales. Cuáles son las similitudes con el gran clásico de la literatura francesa.

Valle Abraham es una novela de la autora portuguesa Agustina Bessa-Luís, publicada por primera vez en 1991. La actual edición de Edhasa es una de la pocas traducidas al español. Originalmente fue encomendada por el realizador de cine Manoel de Oliveira, con el fin de escribir un guion cinematográfico: la película se filmó en el año 1993.

Bessa-Luís se dedicó, principalmente, a escribir novelas de costumbres. Su narración a veces es de una estructura caótica pero siempre brilla a través de su espíritu singular. Escribió historias de vida privada y pública de la segunda mitad del siglo XX, con particular énfasis en el periodo que siguió a la Revolución de los Claveles o Revolución del 25 de abril. Sus principales referentes literarios fueron Camilo Castelo Branco, Fernando Pessoa, Gustave Flaubert y Alexandre Dumas Hijo.

Valle Abraham es la historia de Ema Cardeano, la única hija de Paulino Cardeano, un viudo que vive en la casona del “Romesal”, en la campiña viñatera del río Douro (Duero, en español). Su mundo es su padre y su tía Augusta, una mujer muy creyente. Ema nació con un defecto congénito en la pierna que la obligaba a caminar cojeando, y aunque su belleza natural opacaba por completo ese defecto físico, la tía Augusta se preocupaba con la posibilidad de que ella no consiguiera un marido para casarse. Su padre hablaba poco del tema, aunque dejaba traslucir una inquietud similar.

"Valle Abraham", una novela portuguesa

« Valle Abraham », una novela portuguesa

En un restaurante de Lamego, durante las festividades de Nuestra Señora de los Remedios, Ema Cardeano, en ese entonces una jovencita de 15 años, acompañada por su padre Paulino, conoce al médico rural Carlos Paiva, quien no solo ya había enviudado de su primera esposa, muerta por envenenamiento, sino que se había convertido en amante de la única escritora de la región, María Loreto Semblano, casada a su vez con un hombre mucho mayor que ella. El relato deja entrever que Carlos solo estaba interesado en casarse con Ema por su dote.

Pueblo chico

La literatura de Bessa-Luís retrata los vínculos entre hombres y mujeres en estos pueblos chicos portugueses de los años ‘70, dibujándolos como un verdadero embrollo al que no le faltan componentes tóxicos tales como intrigas, críticas malintencionadas, habladurías que circulaban con poco o nada de veracidad. Siguiendo la tendencia de los novelistas modernos y cuentistas portugueses, Agustina se lanza al estudio psicológico y social de los habitantes de la pequeñas ciudades y pueblos de Portugal, intentando retratar su psicología, sus creencias anticuadas, su vida monótona y su mentalidad anacrónica. Ella interpreta las acciones humanas desde un sentir pesimista de la vida.

No solo en el aspecto psicológico y social, en todos los otros sentidos la novela nos sumerge en una atmósfera sufrida. El destino para los personajes es siempre melancólico, como transmitiendo una cierta amargura no en vivir la vida sino en tener que soportarla. Desde el análisis psicológico de los personajes percibimos ese tono amargo, desalentador, lo que constituye una característica permanente en todas sus obras.

Agustina retrata a las mujeres de aquella época como semianalfabetas, ya que muy pocas sabían o se permitían leer, mostraban modales groseros, eran chismosas y sus únicos objetivos en la vida eran el altar o el convento. Un verdadero estereotipo femenino que hacía falta quebrar. “No se puede decir que se tratase de una provincia enfermiza, reprimida, en la cual la hipocresía hiciera nido”, comenta la narradora omnisciente de la novela, colocando sarcásticamente un “no” al frente de una frase, donde haría falta un “sí” con total claridad.

También podemos encontrar el mismo tipo de descripción irónica en el párrafo que se refiere a las Señoras Mello: “Con una sonrisa ligeramente cruel, como si fuese un animal de presa olfateando su dieta de sangre caliente”. En pocas palabras, la autora pinta un retrato de cuerpo entero de una sociedad enfermiza, hipócrita, decadente y perversa, casi como una puesta de teatro en la que todos usan máscara, se visten con las mejores ropas y cubren las arrugas con mucho maquillaje para no mostrar sus verdaderos rostros. Ema solo usaba “los Dior y los Hermès, los objetos de toilette con monograma, los pañuelos de batista bordado especialmente encargados.

Claveles para una Revolución

Esta alta burguesía rural, que se desarrolló a orillas del río Duero, comenzó a decaer tras la Revolución de los Claveles, la revolución ciudadana ocurrida el 25 de abril de 1974 en Portugal, a partir de la que dicho país se convirtió en un Estado democrático y de derecho, marcada por una fuerte orientación socialista.

La Revolución de los Claveles no benefició particularmente a la aristocracia viñatera, aquellas cuyas familias de renombre vivían de cultivar y cosechar uva, y de producir y vender vinos de la región. Por ello, Agustina describe a un personaje conservador como el viejo Semblano vistiendo una camelia en la solapa.

Llama la atención que la misma autora mencione el clavel como un símbolo opuesto a la camelia. El esposo de María Loreto “era un viejo elegante y usaba una camelia en el pecho después de que los claveles se convirtieran en un símbolo de la Revolución”. La camelia es un emblema del Romanticismo porque se comporta de una forma diferente al resto de las flores. Los pétalos en camadas representan a la mujer, el cáliz representa al hombre que la protege. Lo particular de la camelia es que los pétalos y el cáliz permanecen unidos hasta la muerte. Por ello la camelia representa el amor eterno y es símbolo del Romanticismo.

Vínculos literarios

Pero las épocas cambian y un nuevo realismo toma su lugar en la historia. Existen varios puntos en común entre Valle Abraham, de Agustina Bessa-Luís, y Madame Bovary, del francés Gustave Flaubert, novela en la cual, por otra parte, la autora portuguesa se inspira. Obviando el hecho de que el primer relato transcurre en Portugal durante los años ‘70 del siglo XX, y el segundo, durante la segunda mitad del siglo XIX, en Francia, son más las similitudes que las diferencias.

Madame Bovary marca la transición entre el Romanticismo literario y el Realismo. Las mujeres acostumbradas a leer novelas románticas y soñar con un casamiento que las hiciera ascender de clase, se encontraban más tarde con una realidad muy diferente, más parecida a una pesadilla que a un cuento de hadas. Ese es uno de los puntos que Flaubert remarca en su novela a través de sus personajes principales Emma Charles Bovary. Y, de hecho, lo mismo hace Bessa-Luís, con su estilo personal, más modernista.

Ambas novelas resultan en críticas a sus respectivas sociedades, siendo la de Flaubert una crítica a la sociedad burguesa del siglo XIX, posterior a la Revolución francesa y al gobierno absolutista de Napoleón en Francia. Por su parte, Valle Abraham es una crítica a la sociedad pequeñoburguesa de campiña portuguesa anterior a la Revolución de los Claveles. Incluso los protagonistas de ambas obras llevan los mismos nombres: Carlos y Ema.

Otros dos detalles que unen ambas obras son, por ejemplo, el hecho de que la primera esposa de Carlos se hubiese envenenado, pues la Emma del autor francés también se causó la muerte por envenenamiento. Asimismo, la pierna defectuosa de Ema Paiva remite en cierta forma al mismo defecto en la pierna de Hyppolite, el mozo de cuadra que aparece en la novela de Flaubert como víctima de mala praxis médica. Agustina cambia esa cirugía fallida por una cesárea malograda, pero la idea en su base es la misma.

Hay una muy breve alusión a La dama de las camelias, no solo por el hecho de que Ema Paiva esté leyendo esta novela, sino también porque se menciona el clavel como flor símbolo de la revolución modernista, y la camelia como alusión a la aristocracia o, al menos, a la alta burguesía aferrada al pasado.

Ema era lectora asidua de La dama de las camelias de Alejandro Dumas hijo, y lo que más le impresionaba de este personaje era que, después de su muerte, hubiera quedado entre sus pertenencias solo el oro y la plata. “Leyendo un día la novela La dama de las camelias, quedó impresionada con el remate, después de su muerte, donde solo había oro y plata entre las cosas personales de ella”.

En su texto “El bovarismo en su búsqueda del absoluto en el filme Vale Abraão de Manoel de Oliveira”, Célia Maria Sousa Lopes observa inteligentemente que “Ema es presentada en unísono con el paisaje, en una simbiosis casi perfecta con el río que parece deslizar lánguidamente a lo largo de aquel Valle, sin grandes convulsiones, ni balanceo constante, dividiendo las dos márgenes del río, separándolas en mitades diferenciadas y, al mismo tiempo, coexistiendo y haciendo parte de aquel todo que es el paisaje del Duero”.

En este mismo sentido existe la comparación de “La Bovarita” con el río: antes de casarse, en la víspera: “Ema abrió la ventana del cuarto (…) le pareció que el río Duero, en la curva lenta que se iba deshaciendo desde Régua, traía en el vientre hinchado algo de monstruoso” . Hay una comparación entre el río y Ema, además de un mal presagio respecto de su inminente matrimonio y el fruto de esa unión.

En el libro de Bessa-Luís existen varias referencias a flores -rosa, margarita, camelia-, sugiriendo significados diversos. “Cuando era niña y preguntaba el nombre de una flor, le decían ‘rosa’ o ‘margarita’; ella ponía en duda esa respuesta. -Por qué rosa? (…) Tan breve imagen de una flor en su tallo, tocada por el viento y a punto de dejar caer sus pétalos…”.

La rosa es la flor que la literatura le atribuye a la mujer desde los poemas del siglo XIII. Efímera, suave, delicada, necesitada de cuidados. Pero Ema no se sentía tan frágil, sino más fuerte que una pálida rosa.

El Valle Abraham, en la margen opuesta del río, representa su vida adulta, de mujer casada y madre. Un lugar que podría haber significado la realización de sus sueños pero que, sin embargo, significó su infelicidad y hartazgo.

Por último, la Quinta del Vesuvio posee un nombre llamativo, el de un volcán a punto de erupcionar. Esta casa representa a la mujer adúltera, la Bovarita apasionada que como un volcán es fuerte y explosiva, violenta y peligrosa, una mujer adulta que deja sus pasiones sin riendas que le coarten la libertad.

Sobre Agustina Bessa-Luís

♦ Agustina Ferreira Teixeira Bessa es una escritora portuguesa nacida en Vila Meã en 1922 y fallecida en Porto en junio de 2019.

♦ Es la mayor escritora portuguesa del siglo XX.

♦ En 1952 recibió el premio Delfim de Guimarães y al año siguiente el Eça de Queiroz; integró la Académie européenne des sciences, des arts et des lettres (Francia), la Academia Brasileira de Letras y la Academia das Ciências de Lisboa y fue Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres, distinción otorgada por el gobierno francés en 1989.

♦ Finalmente, como corolario a un trabajo literario excepcional, en 2004 obtuvo el premio Camões, el más importante de la lengua portuguesa.

♦ Su obra, traducida entre otros idiomas, al inglés, francés, italiano y alemán, incluye novelas, obras de teatro, ensayos, cuentos y biografías.

♦ Algunos de sus libros más notables son A Sibila, el libro que la consagró, Crónica do Cruzado y A ronda da noite.

 

[Fuente: http://www.infobae.com]

Escrito por Pablo S. Alonso

Lo sorpresivo de Borges: el misterio esencial, libro que recopila entrevistas y conversaciones con Jorge Luis Borges en territorio estadounidense, especialmente en universidades, no es tanto su salida, sino que su edición en castellano haya demorado tanto. Borges at 80: Conversations fue inicialmente publicado en 1981, y cuarenta años después apareció en español gracias a la iniciativa de Martín Hadis, uno de los responsables de Borges profesor. Curso de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires (2000, reeditado en 2019).

En las charlas de El misterio esencial, Borges parece apelar a sus notas mentales para las clases en la UBA, ya que varios tópicos, textos y autores reaparecen, incluyendo el Beowulf, un poema fundamental para él (las lenguas antiguas son un tema recurrente). En este punto, es valioso el aporte de Hadis como experto en literaturas germánicas, ya que se explaya sobre la etimología de varias palabras mencionadas. Lo hace como parte de una serie de notas al pie, compensando la ausencia de ellas en el libro original, que había sido compilado por el poeta y traductor de Borges Willis Barnstone, quien ahora retocó la introducción y firmó un nuevo prólogo con Hadis.

Por el origen y contexto de sus conversaciones, El misterio esencial se lee de un modo distinto a otros libros en que los interlocutores de Borges eran Fernando Sorrentino, Antonio Carrizo u Osvaldo Ferrari. Entendiblemente, la literatura y la política argentina están relegadas. Borges está igual de cómodo en la Universidad de Indiana, de donde provienen la mayoría de los encuentros, que en TV en el show de Dick Cavett (no circula video por YouTube: una pena). Las interpelaciones no pasan de cuestionamientos a su modestia.

Chesterton, Kipling, Whitman, Stevenson, Shakespeare, Alighieri; detalles sobre la evolución de su proceso creativo o una continua sensación de asombro por estar hablando ante desconocidos tan interesados en él: Borges es un hombre con pesadillas recurrentes, que sabe estar viviendo en tiempo de descuento (por lo que deja de preocuparle la idea del suicidio), aunque se muestra extrañamente feliz. De particular interés es el capítulo donde comenta poemas suyos que le son recitados, como el “El mar”, traducido por John Updike. A veces, pícaro, dice no recordar haber escrito sus versos, incluso que no son buenos, para, finalmente, terminar ensalzándolos.

Lo que el libro certifica, por si hacía falta, es que aun con la tendencia a la repetición evidente en varios tramos —inevitable, dada la reiteración de las preguntas—, con sus obsesiones de siempre (laberintos, espejos, tigres, espadas), sus pronunciamientos y reflexiones, el Borges figura pública se había convertido hacía rato en una parte integral de su obra (su ocasional malicia es distinta de la que exhibía en privado con Bioy Casares). Esto es muy bien observado en un afterword de Barnstone de 2013, no publicado en esta edición en castellano; un texto por otro lado empantanado por una lectura muy sui generis sobre las posiciones políticas de Borges. Además, para Barnstone la ciudad de Córdoba está en los Andes: este y otros detalles hacen sentir que la visión de sus acólitos anglos hacia Argentina sigue siendo la de un patio trasero.

Es imposible no resaltar que, para esta edición, Hadis realizó la peculiar tarea de traducir a Borges del inglés al castellano, utilizando un programa creado por él para tratar de acercarse de la manera más verosímil al modo en que Borges se hubiese expresado en español. Los resultados son logrados, aunque siempre hay detalles. Por ejemplo, si Dick Cavett dice “Thank you, Señor Borges”, ¿no convenía traducir “Gracias, señor Borges” para señalar el uso del castellano por parte del entrevistador? Pero, a fin de cuentas, no dejan de ser minucias: El misterio esencial es un valioso aporte al —a esta altura— subgénero conversaciones con Borges.

Willis Barnstone (edición y fotos) y Martín Hadis (traducción y notas), Borges: el misterio esencial. Conversaciones en universidades de los Estados Unidos, Sudamericana, 2021, 320 págs.

 

[Fuente: http://www.revistaotraparte.com]

 

 

Être polyglotte, c’est mélanger parfois les accents, la syntaxe, exprimer différemment les choses selon la langue choisie. C’est ce voyage permanent que nous ont décrit les lectrices et les lecteurs plurilingues de “Courrier Expat”.

De très nombreux lecteurs et lectrices ont répondu à notre appel à témoignages au sujet du plurilinguisme et de ses conséquences pratiques. Ils ont décrit comment, au fil des histoires familiales, des déplacements des expatriations et autres aventures, ils ont appris puis maîtrisé entre 3 et 7 langues.

Mélanges, erreurs et failles

Monika est née dans une famille polyglotte et jongle entre l’allemand, le flamand, l’anglais et le français (ainsi que, dans une moindre mesure, l’espagnol). Elle évoque justement ce jeu permanent de va-et-vient entre plusieurs langues pour elles et ses proches : “Être polyglotte nous permet de mieux communiquer car nous trouvons qu’un mot est parfois plus adapté dans une autre langue que celle parlée à un moment précis. Ou l’un de nous ne trouve pas le mot correct et le propose dans une autre de nos quatre langues. Eh oui, avec l’âge, nous mélangeons parfois deux langues, voire trois !”

Mauricio, qui maîtrise le français, l’espagnol, le portugais brésilien, l’anglais et le tchèque, raconte la même tendance à mélanger les langues et les accents. Marie-Laurence voit dans ce phénomène une chance, tout comme Héléna (prénom changé à sa demande). Au sujet de ces “failles entre [ses] langues parlées”, Héléna écrit :

“Il y a une jubilation à utiliser volontairement la syntaxe d’une autre langue dans ma langue maternelle, c’est-à-dire celle que je maîtrise au point d’assumer des licences poétiques. Il y a aussi une jubilation à reconnaître la syntaxe d’une autre langue dans un texte écrit ou traduit.”

L’importance des sons

Tous expliquent que, dans la mesure où ils sont déjà plurilingues, l’apprentissage d’une nouvelle langue est plus facile de façon phonétique. Pascal, par exemple, parle français, espagnol et anglais mais a du mal à écrire certains mots, appris uniquement à l’oral, comme cough (“toux”) en anglais. “Après une petite recherche, j’ai retrouvé son orthographe, mais ce curieux incident m’a laissé à penser que les mots se mémorisent souvent avec leurs sons, comme cela se passe pour les enfants qui ne savent pas encore lire et écrire. Cette faculté reste, même une fois que nous savons écrire.”

Héléna dit pouvoir apprendre facilement des mots ou expressions simples dans une langue inconnue en conversant (perse, hébreu, coréen, japonais…) et se voit comme la marionnette d’un ventriloque.

Une question d’âge ?

Gérard, qui converse en anglais et en français (en changeant parfois de langue au milieu d’une phrase), remarque que son petit-fils de 9 ans, qui est bilingue depuis la petite enfance, n’a jamais de problème de glissement involontaire d’une langue à l’autre. Mauricio note – et c’est l’opinion majoritaire – que “les enfants ont moins de problèmes que les parents avec les différentes langues”.

Monika remarque, quant à elle, que le plurilinguisme permet de conserver plus longtemps de bonnes facultés cognitives :

Mon père est 100 % unilingue, ma mère est très douée pour les langues mais n’a jamais vraiment eu l’occasion d’apprendre des langues autrement qu’en immersion, lors de vacances. Devinez qui souffre de démence aujourd’hui…”

Avantages professionnels

Évidemment, maîtriser plusieurs langues est aussi un atout dans le monde professionnel. Monika, qui a vécu au Canada, raconte que c’est grâce à son bilinguisme français-anglais qu’elle a pu travailler pour le gouvernement fédéral canadien. Au fil de sa carrière, cela lui a permis de mieux communiquer avec ses collègues. D’ailleurs, elle est devenue spécialiste en allemand et en français dans une entreprise du Colorado sans jamais avoir fait d’études linguistiques. “Même mes connaissances pourtant rudimentaires en néerlandais sont valorisées.”

“Je suis la langue que je parle”

On n’exprime pas les mêmes idées et on ne le fait pas de la même façon suivant la langue qu’on emploie. Anja-Hélène van Zandwijk, née en France de parents néerlandais et désormais installée aux Pays-Bas, décrit une “impression de double personnalité qui [l’] a perturbée dans [sa] jeunesse mais [la] fascine aujourd’hui”. Comme tous les lecteurs qui nous ont écrit, elle évoque un rapport sentimental avec ses langues et évoque “une lutte constante” et “un certain rapport de méfiance et d’incertitude avec chacune de [ses] deux langues”.

Monika a rencontré son mari en France. Pour le couple, “le français reste la langue sentimentale” :

“J’ai pourtant grandi en parlant allemand, et je suis restée en Allemagne jusqu’à mes 19 ans. Le français et moi, c’est et ç’a toujours été une histoire d’amour !”

Même si Monika utilise l’allemand pour communiquer avec ses parents et ses frères, le français est restée une langue de choix, “celle qu’[elle] utilise pour compter, parler aux bébés et aux animaux”.

Héléna, qui maîtrise cinq langues, a remarqué que sa voix changeait en fonction de celle qu’elle utilisait : “On me dit que le ton de ma voix change énormément selon la langue : il est plus grave en anglais et en italien, plus aigu en français.”

“C’est comme si mon cerveau devenait différent à chaque langue. Ma personnalité, je dirais même.”

“De plus, selon la langue utilisée, un même fait ou les mêmes infos pratiques peuvent prendre une connotation différente, pas seulement à cause du vocabulaire. Il y a probablement une couche culturelle assimilée avec la langue. […] Finalement, je suis la langue que je parle.”

Elle conclut son témoignage avec un regret, celui de ne pas avoir de Courrier international multilingue, avec la possibilité de lire les articles dans le texte original, y compris dans des langues inconnues, comme on lit des éditions bilingues”. Sachez, chers polyglottes, que nous publions toujours les liens URL menant aux articles originaux que nous utilisons et qu’il existe même des éditions de Courrier international au Portugal et au Japon !

 

[Illustration : AEDRIAN/ UNSPLASH – source : http://www.courrierinternational.com]

Francisco A. Chiroleu nació el 27 de marzo de 1950 en Rosario (ciudad en la que reside), provincia de Santa Fe, la Argentina. Es maestro normal nacional, maestro de música, creativo publicitario, webmaster, fotógrafo, redactor independiente. Desde 1980 se desempeña como editor no lineal y soporte técnico en Canal 5 de la empresa Telefé. Es secretario de actas de SATSAID (Sindicato Argentino de Televisión) en la seccional de su ciudad. Entre 1971 y 1976 editó la revista “El Vidente Ciego” (nueve números).

Escrito por ROLANDO REVAGLIATTI

En esos años participó en diversas actividades culturales, así como en cuatro festivales de poesía en la ciudad de Villa Dolores, provincia de Córdoba. Fue jurado en concursos y disertante en mesas redondas articuladas a partir de temas afines al universo poético. En 1981-1982 coordinó la sección literaria de la publicación “Todo Río” y en 1982-1983 de “Lo Mejor de Rosario y su Gente”. Colaboró en diarios y revistas del país y del extranjero y parte de su quehacer se tradujo al italiano y al catalán. Participó en el Dossier Roberto J. Santoro (Nº 20 de “El Colectivo”, Paraná, provincia de Entre Ríos, 2008). En 2003 su relato documental “Carrera contra el destino” fue seleccionado por el Movimiento Argentino de Documentalistas en el certamen “Rodolfo Walsh”, publicado en “Escritos documentales” en 2004 y presentado en la ciudad de Buenos Aires y en Rosario (en ocasión del “Congreso de las Lenguas”). Desde 2001 es el responsable de Lexia, un portal de poesía. Es miembro de la SEA Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina y de la Asociación de Poetas Argentinos. En reconocimiento a su trayectoria, el 22 de noviembre de 2011 le fue otorgado por COSITMECOS (Confederación Sindical de Trabajadores de los Medios de Comunicación Social de la República Argentina) el Premio “Alberto Olmedo”. En 1974 se edita el volumen antológico (1969-1974) “El reloj de humo”; dos años después su poemario “Memorias de la estación de las lluvias”; y en 2011, “Blues del desarmadero”.

Acaso pudiéramos comenzar este reportaje con tu trasmisión de cómo estuvo conformada tu familia nuclear, de qué visión tenés de tu niñez y adolescencia, de tu formación docente, de tus derivas laborales, de tus búsquedas artísticas, de tu actualidad.

FCH — Bueno, podríamos decir que tres de mis abuelos eran piamonteses y el paterno, francés. Esa sensación de extranjeridad, de no estar ni aquí ni allá fue un poco la constante de la familia. Mis padres eran gente de “trabajo” que se desvivieron para que a mis dos hermanas y a mí no nos faltaran ni educación ni las cosas elementales. Siempre me incliné por lo técnico y electrónico, pero el mandato familiar prevaleció y terminé de maestro normal; y de piano, teoría y solfeo (como se decía en esa época): de hecho, estuve trabajando tres años de maestro de música en una escuela de extramuros. Comencé medicina y psicología, pero no las seguí, siempre la vida planteaba alguna excusa. Paralelamente empezaba a desarrollar esa relación tan extraña con la palabra y con las imágenes que se esconden tras sus infinitas combinaciones. Es decir, leer todo lo que pasaba por mis manos y tratar de expresar un montón de ideas con lo escrito. Primero había conseguido un puesto en Sanidad Municipal, sección vacunas, donde estuve siete años. El sueldo era ínfimo, pero me permitía vivir la “bohemia” de esa época. De ahí salté a la etapa de maestro, después fui cuentapropista y terminé hace más de treinta años ingresando al actual trabajo. En honor a la verdad, ingresé como “creativo publicitario”. Puedo decir que viví del “verso” durante mucho tiempo, hasta que migré al área informática en la que me muevo bastante bien.

En medio de todo esto estuvo el proyecto de “El Vidente Ciego” y el vendaval de un mundo que podría haber cambiado. El golpe cívico-militar de 1976 se encargó de eliminar todo atisbo de inteligencia. Cualquier persona que pensaba, era peligrosa. Allí empezó una etapa de muertes, desapariciones, y el exilio para los más afortunados. Otros padecimos el exilio interior… Desarticuló nuestra generación. Juan Carlos Higa, Santoro, Haroldo Conti fueron secuestrados y desaparecidos. Las derrotas se superan, los amigos perdidos, no…; para colmo, hace unos años me enteré de la muerte de Tito Gigli, otro entrañable —un poeta enorme—. A pesar de todo, con mi pequeño aporte siento que hice numerosos amigos (entre los que te cuento) con los que compartir esta tarea.

En mi actual trabajo comencé a desarrollar una actividad sindical en la que hay un fuerte compromiso. Entre todas las actividades me hago un tiempo para lo que realmente me gusta —jugar con las palabras—, trabajar en la web, y a veces sigo buceando como antes en ese interminable viaje hasta el final de la noche.

Es consultando el volumen “30 años de revistas literarias argentinas” (1960-1989), cuyo autor es el fallecido investigador de estos temas, José M. Otero, que me entero de que, entre otros, se han difundido en “El Vidente Ciego” a María del Carmen Vitullo, Homero Manzi, Amaro Nay, Enrique D. Záttara, Fernando M. Martínez y Eduardo A. Vergara.

FCH — El proyecto del Vidente motivó que un grupo de jóvenes entusiastas nos reuniéramos a discutir y analizar poesía. Todos estábamos empezando. Fue una satisfacción que Záttara, Vedovaldi y Vitullo fueran colaboradores. No puedo dejar de mencionar al periodista Zoilo García Quiroga, que aportaba no solo sus poemas sino su experiencia en los medios gráficos. Tito Gigli trasmitía su vasta cultura. También Rubén Sevlever, Alberto Luis Ponzo, Martha Isa y muchos más pasaron por la revista. Sin olvidar el lado audiovisual: “El Vidente Ciego cuenta” y “Aries la espalda llena de luces”, nuestro segundo proyecto en el cual nada menos que Daniel Querol interpretó los textos, y que fue pasado durante bastante tiempo en “La Sala de Bolsillo”, además de la Galería “Meridiana” en tu ciudad —toda una aventura—. Combinábamos las presentaciones con poemas ilustrados, cantautores locales y hasta proyecciones de cine español de vanguardia.

Estaban los viajes a los encuentros de escritores en Villa Dolores y las participaciones en los mismos. Presentamos en Rosario el último número de la Revista “Barrilete” con sus autores, y todo en “La Pequeña Muestra” del poeta Armando Raúl Santillán, que siempre colaboraba con la “causa”. El artista plástico Aldo Ciccione (Chacal) nos acompañó en nuestra última etapa. Publicamos y difundimos cuatro libros y numerosas plaquetas y separatas. Por un tema de costos la imprenta siempre estuvo lejana. Cuando pretendimos cambiar de soporte, ya el mundo se caía a pedazos y nosotros con él.

La experiencia llegó un poco tarde, pero dicen que al hecho consumado nunca hay que negarlo. He notado con sorpresa que siempre hay gente que se acuerda cálidamente del Vidente, parece que tan malo no ha sido el intento. Celebro la mención en el estudio de Otero. La gente de la Revista “Amaru” también ha hecho lo propio en otro artículo.

Fuiste incluido en la antología “El verbo descerrajado”.

FCH — En el año 2005, a través de Poetas del Mundo recibí la noticia de que se estaba seleccionando material poético para apoyar la resistencia de un grupo de presos políticos chilenos, que había iniciado una huelga de hambre en la Cárcel de Alta Seguridad, pidiendo por su libertad. Eso había sucedido durante el primer gobierno democrático post Pinochet.

Poetas del Mundo es otra de las experiencias que comparto; es un movimiento internacional que nuclea a numerosos “trabajadores de la palabra” alrededor de postulados universales como la paz, la libertad y el respeto entre los pueblos.

El material fue publicado por Ediciones Apostrophes en Santiago de Chile, compilado por Luis Arias Manzo. Una excelente edición.

Por lo que sé la distribución fue un éxito, tuve que esperar una reedición para poder conseguir otros ejemplares.

En estos momentos habría que pedirlo a la editorial o consultar a los sitios de venta on-line en internet que lo tengan. Participaron más de ochenta poetas de la Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Nicaragua, España, Portugal, entre otros países. Desconozco si existe una versión en PDF.

“Carrera contra el destino”, relato documental: he aquí una obra que también estaría bueno que nos la “muestres”.

FCH — Cuando en 1975 desapareció por primera vez Juan Carlos Higa, yo estaba a la sazón en tu ciudad, con Santoro, Humberto Costantini, Vicente Zito Lema, Conti, etc.: teníamos una reunión con gente de Cultura. Al pasar el tiempo y no encontrarlo, primó la solidaridad y se organizaron diversas búsquedas, hubo falsos datos, dinero dado a informantes… A mí me tocó ir con Haroldo es su auto hacia uno de esos supuestos contactos. Como él no veía bien, o tenía la vista cansada, me pedía que lo guiara. Imaginate la situación —un ciego guiando a otro ciego—, yo no conocía los lugares. Le informaba lo que veía, pero no sabía hacia dónde íbamos, y él me contaba de sus viajes y el río. Pero llegamos a buen puerto. Hubo después otros eventos, una mujer, golpes de la vida y un final triste. De eso se nutrió “Carrera contra el destino”; se fue armando como antídoto contra el olvido. Y cuando el Movimiento de Documentalistas convocó en 2003 al “Primer Concurso Internacional de Escritos Documentales Rodolfo Walsh” y vi las bases, no lo dudé. Cuando empecé a darle forma salió casi de un tirón. Después vinieron las correcciones. Pero me gusta como quedó. “Escritos documentales” fue publicado en 2004 y allí figura junto a otros quince relatos finalistas. Nunca fue un “cuento”; es un relato documental, con sus verdades y sus ficciones, pero es mi pequeño homenaje a Haroldo Conti. Siempre conservé como una reliquia un trozo de la carta escrita a máquina y firmada, en la que él me autorizaba a usar una cita de su cuento “Tristezas de la otra banda” para un epígrafe de uno de mis libros.

Tras tantos años como único responsable de Lexia, te propongo que compartas con nosotros cómo te has ido sintiendo, qué satisfacciones y qué decepciones te dieron alcance, cómo prevés proseguir.

FCH — Sabés que siempre me interesó la difusión del trabajo de los otros. Mi sueño hubiera sido tener una editorial. El soporte virtual es excelente para nuestro quehacer en cuanto permite una comunicación rápida y aceitada con los lectores y/o autores. Empecé el sitio como algo personal y se transformó por esa interrelación con los otros. Siempre dentro de las normas legales de registro nacional e internacional, por supuesto. Todos los costos de alojamiento y mantenimiento están a mi cargo.

A veces algún autor preguntaba si la colaboración se pagaba… No: quien lo desee, ofrece sus materiales y luego de un proceso de selección, se publica. Hay autores que agradecían emocionados la publicación y otros que nunca “acusaron recibo”.

Se mantiene una constante de 500 visitas mensuales, con altos picos ocasionales.

Con el tiempo se ha formado un grupo de gente con los que mantengo una fluida relación vía correo electrónico. Muchas veces tuve ganas de cerrarlo, sobre todo cuando se armaban polémicas en torno a poetas publicados o ciertos hechos políticos. Polémicas inútiles porque no se sacaba nada en limpio. Pero puede más el optimismo y es así que ahora estoy en una etapa en la que lo migraré a un servidor local más potente y con más prestaciones. Lo que me permitirá “lavarle la cara”, sacar las hojas secas y revitalizarlo. Hay alrededor de veinte poetas esperando que los suba y estoy preparando sus colaboraciones. Es un trabajo que no se puede detener. Hay que hacerlo todos los días. El diseño web lleva su tiempo, la ventaja es que siempre es perfeccionable. Todo se puede modificar o corregir.

En “Preliminares de un juego canibalístico”, título del prólogo que el poeta santafesino Rubén Vedovaldi concibiera para tu último poemario, leo: “Entro a estas páginas con las resistencias de quien tiene que ir a la morgue a reconocer cadáveres queridos.” Para quienes no han entrado a esas páginas: ¿por qué Blues, por qué Desarmadero? ¿Por qué esas ilustraciones (técnicas mixtas) en tapa e interior creadas por Bruno Chiroleu? ¿Por qué una de las citas que constan en la página 5, tomada de “El siglo de las luces” de Alejo Carpentier, expresa que “Hay épocas hechas para diezmar los rebaños, confundir las lenguas y dispersar las tribus”?

FCH — Cuando le encargué a mi hijo Bruno que me ilustrara el poema “Blues del desarmadero”, no sabía que allí se iba a terminar de armar el libro. No le sugerí nada, tenía total independencia. (Te aclaro que hace tiempo que es historietista y tiene su propio proyecto editorial, “Términus”, que ya va por el quinto número). Cuando me mostró el resultado entendí que esa sería la tapa del libro. El desarmadero puede ser la metáfora siniestra de un país que se devoró a lo mejor de su futuro. También el rebaño es eso, un grupo, una clase, una generación. Los que no pueden elegir. Los que no pueden levantar la cabeza y solo les queda aceptar una muerte o un escape a otro prado.

El querido prologuista entró a las páginas del “Blues…” sabiendo que iba a encontrar cadáveres. Su interpretación en perfecta: nadie quiere entrar a una morgue, pero alguien tiene que hacerlo, es de cristiano el cerrarle los ojos al compañero muerto y efectuar ese ritual —si se puede— del último saludo. El libro se fue gestando a través de los años de silencio; la selección final y los retoques obsesivos permitieron armar en menos de una semana el “muestrario de atrocidades”. Soy consciente de que a mucha gente le molesta esa temática. Tengo la sensación de que hacen como que no saben de qué se habla, pero sí, se irritan y algo se les remueve en sus pequeños mundos de falso confort. Tenía que hacerlo. Por mis amigos, por el recuerdo de mis amigos, como testimonio de una época. Por el recuerdo de los ideales perdidos. Por todo eso.

¿Tenés en lista de espera otros poemarios, o inéditos en algún otro género? ¿Y qué libros, o qué autores, tenés en lista de espera para ser leídos?

FCH — Estoy embarcado en el proyecto de Libros Fractales que organiza Rubén Eduardo Gómez en sus ediciones patagónicas de “Vela al Viento”. El mío sería el libro décimo segundo. Ya tengo casi todos los poemas y la duda es el armado temático. Estoy articulando unos materiales con los cuales terminaría otro para este año. Y ando concluyendo una especie de novela policial, que, como diría Reynaldo Sietecase, es un género que lo permite todo.

Siempre he leído y leo en cualquier circunstancia. Me adapté a hacerlo desde la pantalla, lo que me da un margen extra. Aunque me fascina el sustrato “libro” y creo que moriré con él. Estoy leyendo el volumen tres de la correspondencia de Julio Cortázar. Releyendo “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes, junto al manual del Photoshop Cloud, un clásico de la gráfica. Y ahora me reencontré con “El lugar” de Mario Levrero. En lista de espera por tercera vez, José Lezama Lima y su “Paradiso” y la edición bilingüe de la poesía completa de Walt Whitman.

¿Qué es un poema?… ¿En qué consiste la vivencia poética?

FCH — No sé si alguien lo dijo o lo imaginé…: “Hacemos poesía por lo que nos falta”; siempre pensé de esa forma, desde el momento en que el mundo puede ordenarse mágicamente. Como que todo es posible dentro del poema, siempre por obra y gracia de la palabra. Es un cable a tierra donde no siempre lo que se dice es lo que se quiere decir. Aunque un verso mejora al otro, lo complementa, lo completa. Muchas veces he leído en público, tímidamente, un poema mío, y de pronto los gestos humanos de los que escuchan me revelan que una imagen llegó, que ese instante que se congeló en el poema fue captado. Que todavía se puede compartir algo, a pesar del tiempo. Hay algunos que salieron “redondos”, se gestaron así y no se tocaron. Y gustan y ME gustan.

Es de un ensayo sobre poesía que sustraigo de un párrafo “la visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. ¿Cómo reordenarías a tu gusto, parcial o totalmente, esta serie? Y puede ser más de un reordenamiento.

FCH — Las miniaturas, la visión, el bosque, el sacrificio, el sufrimiento, el desajuste, la ciudad, la danza, el azar, la autenticidad, el pensamiento, la lengua, la muerte.

La ciudad, el bosque, las miniaturas, el azar, el desajuste, la visión, la danza, el sufrimiento, el pensamiento, la lengua, la autenticidad, la muerte.

Estos elementos dan como para un microrrelato: “En el bosque de las miniaturas, la única visión de la autenticidad era la muerte. El sacrificio en la ceremonia impedía el pensamiento. En la ciudad solo el azar y el desajuste eran los aliados de la lengua…”: salió medio borgiano.

¿Qué es más importante en poesía, suscitar imágenes o conseguir cadencias musicales?

FCH — Hablo por mí: me encanta el proceso de creación, si es que se puede crear algo todavía. El armado y la combinación de las palabras para que la imagen sea justa. O al revés, darle forma a esa imagen que apareció de pronto sobre la hoja en blanco, o en la pantalla. El armado de las imágenes inevitablemente lleva a una cadencia musical, si entendemos como que hay todo un hilo musical que atraviesa las palabras, sube y baja en escalas y que cierra todo ese desarrollo con un acorde perfecto (si aparece). Gaston Bachelard decía: “Se renueva el sueño de un soñador en la contemplación de una llama solitaria”; y el soñador se introduce en el mundo de los poetas. Y la poesía es y no es un sueño. Es un suicida que no se mata porque la muerte existe (Cioran dixit). Es un ser que hay que cuidar, acompañar, sentir; es algo más que el amor, es algo más que un todo perfecto.

¿Cuál debe ser la postura del escritor ante la injusticia de una situación política?

FCH — El escritor hace su trabajo en la soledad. El mundo exterior a veces lo golpea y entonces es que reacciona. De cualquier forma, lo único que tenemos es la palabra y con ella hay que moverse. La contradicción entre obra y acción ha llenado bibliotecas. Desde que Jean Paul Sartre sentenció “De qué sirve la literatura en un mundo que tiene hambre…”, corrió mucha tinta y mucha sangre. Una cosa es lo que se pueda hacer como escritor y otra como ciudadano. El hombre en su tiempo es algo que hay que contemplar porque de alguna forma también condiciona la obra. Y ante la injusticia nos queda la denuncia, la difusión, la organización. Por ejemplo, ahora, el crimen y la injusticia siguen asesinando al pueblo palestino.

¿Te sentís identificado con una generación literaria? ¿Qué opinás de la poesía de tu generación?

FCH — Tengo dos identificaciones “mortales”: el surrealismo y la Beat Generation. Sin olvidar los clásicos Pablo Neruda, Amado Nervo, Gustavo Adolfo Bécquer, César Vallejo… El inmenso Raúl González Tuñón. Paul Eluard, Charles Bukowski, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg… En cuanto a “mi generación”, reconozco la obra de Eduardo Dalter, Amaro Nay, Jorge Boccanera, Alejandro Schmidt, Guillermo Ibáñez, Celia Fontán, Gustavo Tisocco, María Teresa Andruetto, Rubén Vedovaldi, Lina Caffarello, la tuya, por supuesto. Todos con sus luces y sombras. Se me escapan ahora un montón de nombres que aportaron lo suyo a esta odisea terrestre.

¿Qué agrupamientos de poetas de Rosario, de las últimas seis décadas, podrías rememorar para nosotros?

FCH — ¡Ay!, es complicado… “El Lagrimal Trifurca” de los Gandolfo (padre e hijo, Francisco y Elvio), que marcó un parámetro de calidad cultural. Estaba “Runa”, dirigida por Guillermo Ibáñez, que más tarde iba a generar “Poesía de Rosario”, publicación que sigue activa. “La Ventana” de Orlando Calgaro, que devenida en editorial destacó por su labor entre los 60 y 70. “Juglaría”, con el recordado Reynaldo Uribe. Ediciones “Ciudad Gótica”, con su más que interesante revista. Sin olvidar lo que fue el proyecto de la Biblioteca Constancio C. Vigil con su editorial.

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Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Rosario y Buenos Aires, distantes entre sí unos 300 kilómetros, Francisco A. Chiroleu y Rolando Revagliatti.

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

Ganó uno de los premios estatales de la juventud 2022, porque, a pesar de las dificultades como mujer, logró cumplir sus objetivos

 

Escrito por Alejandra Reyes

Esther Salazar Velázquez, mujer mazahuapremio estatal de la juventud 2022, estudió en la universidad Intercultural la carrera de Salud, donde logró editar un libro de plantas medicinales en el cual plasma el beneficio curativo de 106 ejemplares de los dos pueblos mazahuas del estado de México.

Resaltó que siempre lleva en su memoria como su mamá la curaba con plantas tradicionales, gracias a todos esos remedios que utilizaba su pueblo.

Presentan libro de plantas medicinales de pueblos mazahuas

La joven de 27 años de edad, originaria de San Felipe del Progreso, logró ganar uno de los 33 premios estatales de la juventud.

Entrevistada, dijo: «Llegué a esta carrera por mi madre, ya que ella utilizó las plantas desde que era pequeña, y cuando a mí me curaban, lo hacían con plantas medicinales, porque no habían médicos cercanos y no había dinero para llevarnos a curar».

Por eso, cuando estudié vi esta licenciatura y me dije: «Esto es para mí, y entré a la carrera».

Comentó que uno de los ejes que más ha trabajado con sus compañeros es la medicina tradicional, y elaboraron un libro llamado «Flora Medicinal», de dos comunidades mazahuas del estado de México.

«Este libro me hizo ganadora de ese gran premio y porque plasmamos todo lo de la medicina tradicional», comentó.

Esta escrito en lengua mazahua y en español, «porque queremos rescatar nuestra medicina tradicional, sobre todo, nuestra lengua, que se está perdiendo en las comunidades».

Reconoció que para estudiar una carrera fue muy difícil, porque su papá le decía: «¿Para qué estudias?, pues como mujer a lo que te vas a dedicar es a cuidar a tus hijos».

Fue difícil, «por que todas las mujeres de mi comunidad se casan de los 14 a 18 años, yo no quería seguir esa vida, quería superarme y tener algo más para mí».

Esther comentó que eso fue lo que la motivo, «sobre todo mi mamá, que siempre dijo que podía alcanzar algo más, que ella no había podido alcanzar en su momento».

Hay muchas chicas de la comunidad mazahua que han estudiado «lenguas y cultura, enfermería, comunicación intercultural y eso es el objetivo, seguir impulsando a estas mujeres para que sigan estudiando», señaló.

Este ejemplar ganó uno de los premios estatales de la juventud 2022

Hay un avance de las mujeres, dijo: «Hoy en día las mujeres ya se preocupan por estudiar en la comunidad, y esperamos que lo sigan haciendo».

Dijo que el Premio Estatal de la juventud 2022, es un reconocimiento por el trabajo que realizamos todos los días por el desarrollo y progreso de su comunidad.

Por eso invitó a los jóvenes que sigan creciendo en lo personal y profesional, y que eso sea el principio de muchos logros, sin olvidar que el compromiso de inspirar a nuevas generaciones a cumplir sus sueños.

Finalmente, invitó a las juventudes a que sigan tejiendo sus sueños a pesar de los obstáculos.

 

[Fuente: http://www.lajornadaestadodemexico.com]