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Los dos libros, escritos y armados con dos décadas de distancia, por la artista de rock y el líder de R.E.M., conservan la poética cruda y despojada de sus autores, que además son amigos.

Patti Smith por partida doble por ella misma y un amigo

Patti Smith por partida doble, por ella misma y un amigo.

Escrito por DOLORES PRUNEDA PAZ

Un libro bitácora de gira, « Dos veces intro. En la carretera con Patti Smith », realizado por Michael Stipe, líder de R.E.M. -cuando la cantante volvió a los escenarios tras 15 años de retiro voluntario, y como forma de lidiar con la muerte de su esposo; y una novela que guarda la subjetividad del diario personal, « El año del mono », escrito por la misma artista rock, que comienza con la internación y deterioro de un amigo personal, son parte de las propuestas más intimistas y honestas de las novedades literarias de estos días.

Los dos libros, escritos y armados con dos décadas de distancia, conservan la poética cruda y despojada de sus autores, que además son amigos, y, si se leen juntos, pasa algo extraño, los destinos de los personajes retratados con la cámara de fotos de Stipe en 1995 pueden seguirse en ese 2016 turbulento y lírico que Smith narra en « El año del mono » (Lumen) y que en la edición argentina termina con un epílogo escrito por ella en el año chino de la rata, un 2020 pandémico caótico y desconcertante a nivel global.

Los dos libros de ruta, los dos giran por la Costa Oeste. Heredera de la generación beat, la novela recorre ida y vuelta varias veces los cinco mil kilómetros que separan la Costa Oeste donde está de gira, de la costa Este donde vive en Nueva York, y donde se encuentra recluida actualmente, en pandemia, cuidadosa por los problemas bronquiales que tuvo de niña, escribiendo otros proyectos, uno que vuelve sobre su infancia y otro con mucha más ficción que la última novela.

« Patti nos ha aportado una comprensión distinta sobre nosotros mismos, lo que es la máxima aspiración de un artista: hablar de su tiempo y hacerlo de una manera que ilumina y altera el presente » Michael Stipe

Y como Smith usa sus memorias de un modo bastante documental en sus libros, aunque los mezcle con hilos surrealistas y estados enrarecidos de conciencia, puede rastrearse hacia atrás también su historia y con ella la historia de buena parte de la contracultura estadounidense de los 60, 70 y 80.

Uno de esos libros es el hermoso y autobiográfico « Eramos unos niños » que Patricia Lee Smith (Chicago, Illinois, 30 de diciembre de 1946) publicó en 2010, el libro que le prometió escribir al fotógrafo Robert Mapple­thorpe en 1989 cuando murió de Sida. Ícono gay pero antes novios y compañeros creativos durante una década, desde que tenía 19 años y había llegado a Nueva York enamorada de la poesía.

Por ese libro ganó el National Book Award, es miembro del Salón de la Fama del Rock & Roll y fue nombrada Comendadora de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia. El otro es « M Train » (2015), novela que bosquejó en un viaje en tren en Francia, « para tomar distancia y escribir cosas personales mezcladas con los sueños y la imaginación ».

En « El año del mono », entre niños que desaparecen sin que nadie los reclame, como una moderna fábula de un flautista de Hamelin que quiere amor y no venganza, y con « una sensación de desconcertante nostalgia » y el amor intacto, Smith declara su desconcierto ante el paso del tiempo y reconstruye cómo se hizo amiga de Sandy Pearlman hace más de 45 años, cuando hacía lecturas poéticas acompañada por la guitarra eléctrica de Lenny Kaye en Nueva York. En la novela esos tiempos son reales, es Año Nuevo de 2016, ella acaba de cumplir 69, acaba de terminar una gira, y Pearlman está internado en coma en un hospital de la Costa Oeste.

Los tiempos de las marquesinas con Patti Smith aqu con Bob Dylan

Los tiempos de las marquesinas con Patti Smith, aquí con Bob Dylan.

Incluso en « Dos veces intro » (Sextopiso), hecho con fotos que sacó Stipe durante el icónico tour de 1995, se pueden retroceder décadas siguiendo textos y observaciones que la cantante y compositora le dedica a quienes la acompañaron en su regreso a la escena pública musical: 50 años, viuda y con sus hijos Jackson y Jessy, de 14 y nueve años. Había estado casada 15 años con el guitarrista Fred Sonic Smith, que murió de un ataque fulminante al corazón.

« Había una vez una chica que, ante todo, se sentía sola. Diferente, extraña, sintiendo que nadie se dirigía a los de su clase. Encontró lugar en alguien de un lugar lejano que se aventuró a salir y habló. Esta misma chica encontró su propia voz y su propia fuerza y se aventuró a salir y hablar por sí misma. El tiempo pasó y ella, consumida por el destino, enmudeció. Lentamente, gracias al apoyo de otros, -aquellos que aparecen en las páginas de este libro- encontró su voz por segunda vez », escribe Smith sobre la gira que emprendió después de 15 años de retiro, alentada por Dylan, Stipe y Allen Ginsberg, otra figura de la generación beat y amigo de sus primeros años en Nueva York.

Se puede llegar a « Horses », el disco debut que la convirtió en emblema del movimiento punk, en 1975, o incluso antes, al Hotel Chelsea, donde hizo amigos como el crítico y escritor William Burroughs, referente de la generación beat y uno de los que escribe un texto para ella en el libro retrato visual que hace Stipe, sumando polaroids de Oliver Ray: « Patti Smith no es solo una cantante fantástica, es un chamán -es decir, es alguien en contacto con otros niveles de la realidad-. Su efecto en la audiencia es eléctrico ».

El libro se completa con textos de artistas como Kaye, Tom Verlaine, Thurston Moore y Kim Gordon, de Sonic Youth. Es Jutta Koether quien señala que el regreso de Smith a la creación pública musical estaba afortunadamente libre de « la sensibilidad de museo de cera del Rock & Roll Hall of Fame »: « Lo que más me excita sobre Patti Smith es que arrastra una tradición con ella, ensuciando el escenario con libros, edad y humor -escribe-. Nos recuerda que Alfred Jarry era punk, que Hendrix era punk, que los niños pequeños son punks. por naturaleza y que todos nosotros tenemos acceso a una locura que puede salvar tanto como destruir ».

« Patti nos ha aportado una comprensión distinta sobre nosotros mismos, lo que es la máxima aspiración de un artista: hablar de su tiempo y hacerlo de una manera que ilumina y altera el presente », resume Stipe, músico, productor, actor y artista plástico y vocalista del grupo de rock alternativo R.E.M.

Una buena definición para quien repite en sus entrevistas que no le gusta que la etiqueten. « Yo solo hago mi trabajo. Me decían la ‘princesa de los orines’, después fui la ‘reina del punk’, luego ‘la madrina del punk’ y ahora soy ‘la abuela del punk’. Quizá muy pronto sea ‘el dinosaurio del punk' », decía por 2017 al New York Times.

¿Cómo llamarla entonces¿. En septiembre de 2020 le ofrece una respuesta a Uppers: « Trabajadora. Porque siempre estoy trabajando: escribiendo, haciendo performances, cantando, cuidando a mi familia, al gato, haciendo la merienda. Trabajo, siempre trabajo. Si no, escritora. El resto es prensa. Tienen que buscar un modo de definirme y entiendo que no siempre es fácil encontrarlo ».

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

Escrito por Claudio Ferrufino-Coqueugniot 

El 2003, la editorial Nuevo Milenio, de Marcelo Paz Soldán, sacó una fina edición de esta novela que había ganado mención del Casa de las Américas el año anterior. Veinte años después, como los amigos espadachines del libro de Dumas, nos reunimos para una segunda etapa, que tiene a Editorial 3600, bajo la dirección de Willy Camacho, como la encargada de su publicación, parte (Volumen 7) del proyecto de Obra Completa, en marzo 2022.

Mucha agua ha corrido desde entonces, y alguna sangre. Cambios, radicales o no según se los mire, hicieron de Bolivia sin duda otro país.

Estilísticamente es un libro interesante, pleno de yuxtaposiciones, cosa común en mi obra, varios narradores o ninguno, apariciones y desapariciones. Pero, el valor que han hallado en él sus lectores radica en los flashes, instantáneas de la vida nacional reflejados en una suerte de saga familiar. Se puede hacer mucho análisis en él acerca de lo que fuimos y somos, cómo nos vemos (eso permanece apenas tocado), y la necesidad de aceptarnos como tales si queremos respuestas parciales a infinitas preguntas. Obra literaria que en su fluir desenterró tanto otro: social, racial, cultural, étnico, que fue difícil obviarlo. Novela de ficción basada en la realidad y latente manifiesto de bolivianidad.

Escribe el prólogo Maurizio Bagatin, que parece renegó de su materna Italia para mimetizarse entre la greda. Y Daniel Averanga Montiel, azote de los cogoteros de El Alto, con fuerte y decidida visión acerca de estas letras en la contratapa. A ellos, agradecido.

Libro hijo pródigo, si queremos hacerlo parábola, que tendrá sus yerros, pero cuya presencia se hace cada vez más vital. Los libros son hijos desagradecidos y egoístas. Este, por ahora, retorna, y lo acojo con brazos abiertos y un directo al mentón, contento y crítico.

Se escribió en su totalidad en un apartamento de Aurora, Colorado, soñando la tierra allá lejos, los ya inexistentes álamos reales entre Punata y Arani que plantó mi abuelo y más. Mucha música en él, cueca y litoraleña, Padillita y Noches del Paraguay. La siempre presencia lectora de Ligia Ferragutti a quien doy gracias porque siguió sus páginas, una a una, a medida que se producían. Fiesta, fanfarria, sexo, esclavos y abuso. Paisaje. Adobe. Valle. A los tambores y platillos de la diablada se contrapone el triste canto del assum preto, la letanía del guajojó.

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[Imagen: Rómulo Ferrufino Camacho – fuente: lecoqenfer.blogspot.com]

O investigador Adolfo Sotelo Vázquez relata a odisea de cinco anos que viviu Cela ata a publicación da novela. Este luns 17 de xaneiro cúmprense vinte anos do falecemento do escritor padronés

El escritor gallego Camilo José Cela, retratado en 1947.

O escritor galego Camilo José Cela, retratado en 1947.

Escrito por ADOLFO SOTELO VÁZQUEZ

Cando na primavera de 1966 Cela publica na súa prestixiosa revista Papeis de Son Armadans o texto Historia dunhas páxinas zarandeadas, é parco en informacións sobre o camiño que A colmea houbo de percorrer desde a súa presentación á censura o 7 de xaneiro do 46, para a súa publicación inmediata nas barcelonesas Edicións do Zodíaco, ata que viu a luz en Bos Aires (Emecé, 1951). Algúns bigardos conseguiron frear a edición do 46. Non así a censura arxentina que, aínda que mareou bastante ao escritor, quen lera a última versión da súa novela cos cinco sentidos en xaneiro de 1950, permitiu que «o libro puidese publicarse nunha versión bastante correcta». Era a primeira edición da colmea.

Dous días despois de presentala á censura, Cela con insensato optimismo escribe a Carlos F. Maristany, propietario de Edicións do Zodíaco, acerca de varios detalles da inminente edición: a sobrecuberta correrá a cargo do debuxante Juan Esplandiú, o texto debe ter brancos —«Céline fíxoo en Mort à crédit e queda moi… misterioso», dille— procedentes dos parágrafos suprimidos «a petición dos editores» [en realidade, o cebo que utilizou para a censura] e finalmente unha tirada de 10 exemplares «privada, secreta, co texto completo».

O último de xaneiro —xa é papá— escribe de novo a Maristany, antes de saír para a estación de Atocha a despedir a Dionisio Ridruejo —«que fixo todo o que puido pola miña novela»—: a censura varou a edición da colmea, a pesar da tenaz resistencia de Cela e á regaña de optimismo que lle filtra Maristany, segundo a cal os tempos do ministro Arias Salgado estaban liquidados. Non foi así, e por eses mesmos días empeza a explorar a súa posible edición en Hispanoamérica, e dado que coñece que José Antonio Giménez Arnau acaba de publicar en Bos Aires unha novela baixo o marbete da colmea, confésalle ao seu editor barcelonés: «Penso chamala Asfalto vagabundo, nome, talvez, de novela social norteamericana, pero que a min se me antolla fermoso e incluso intencionado». Foi un pensamento fugaz, aínda que ofrece importantes claves sobre a xénese da gran novela, sobre o que por esas mesmas datas Cela chamaba con reticencia «o cuarto das ideas».

Mentres tanto, intenta unha edición de bibliófilo, que prepararía Edicións do Zodíaco, pero para mediados de marzo a censura rexéitaa de plano. Cela, incansable, mándalle copias a Maristany para ver de colocala no estranxeiro, camiño infestado de dificultades. O escritor padronés, no entanto, resiste e inicia unha insólita aventura das que o autor chamou «páxinas zarandeadas»: a preparación dunha edición clandestina da colmea, idea que lle ofreceron dous empresarios cataláns e que nunha carta do primeiro de abril —«privadísima, secreta e escrita para ser botada ao lume ou gardada con sete chaves, despois de lida»— que lle remite a Maristany consolídase. Cela e Maristany están de acordo: van preparar unha edición clandestina. Con todo luxo de detalles o escritor galego exponlle o proxecto da edición nas prensas de Zodíaco, co «bonito pé» de «Aux Éditions du Cocu d’Or» nos talleres parisienses de «Richelieu et sa belle sœur». Está convencido de que a venda será automática e xenerosa: un negocio para Zodíaco e para si mesmo. Á vez que con certa sorna lle di: «Paréceme algo ridículo que dea consellos a un catalán sobre estraperlos».

Pepiño Pardo, paisano

Maristany bautiza o orixinal da novela como Pepe, Cela con sentido do humor escríbelle (22-IV): «Ben, chamarémoslle Pepe. A min gustoume máis Sebastián ou Gumersindo, pero sacrifícome e acepto Pepe». Cela, como é habitual, quere atar todos os cabos e busca o consello do seu paisano Pepiño Pardo, futuro director da editorial Noguer (que publicou a primeira edición oficialmente española da novela en 1963), e naqueles días delegado en Barcelona tanto de Propaganda como de Información e Turismo. Pardo aconséllalle que Lle Cocu non fóra a librerías, porque «hai axentes especializadísimos en Barcelona que adoitan comprar enteiras —e moi caras— cocus de 100 a 150 exemplares». Por moi diversas razóns, a edición clandestina non alcanzou un bo porto, a pesar de que a finais do verán do 46 Maristany comunícalle que o orixinal «está en mans do seu posible impresor, home de enteira confianza», e solicítalle que suprima algún parágrafo de conspicuo lesbianismo. Pasaron as semanas e Pepe non viu a luz como A colmea.

Aínda que Cela seguiu sempre moi de preto as fortunas e adversidades das súas obras, o certo é que desde o verán do 46, e para ocuparse das posibles traducións dos seus libros (sobre todo da familia de Pascual Duarte), botou man da axencia literaria barcelonesa Universitas, cuxa propiedade e dirección era do profesor Hermann Stock, tal e como certifica o moi interesante texto Andanzas europeas e americanas de Pascual Duarte e a súa familia, que Cela redactou en 1951. Na aventura editorial da colmea Stock ten un papel importante, dado que Cela lle encargou ao longo de 1947 a xestión da publicación da novela en Arxentina. Despois de diversos intentos e aínda recoñecendo o valor da obra, tres editores arxentinos, amparándose na crise aguda que vivía o sector, conclúen que non se pode levar a cabo a publicación neses momentos. Cela aceptou o fracaso e dedicou parte do seu tempo a refacer o manuscrito do 46.

O «non» de Suramericana

Ao finalizar a primavera do 49 Cela comunícalle a Stock que acabou a versión definitiva e que ten preparada unha copia mecanografiada que lle remite de inmediato, coa finalidade de «que xestione vostede a edición con algunha casa de México que lle mereza garantía», deixándolle que negocie as condicións do contrato. O 2 de xullo Stock dille que entregou a copia a Antonio López Llausàs, xerente da Editorial Suramericana, fundador de Edhasa e «que ten ao mesmo tempo unha casa editora en México baixo o nome de Editorial Hermes». A finais de agosto, o escepticismo de Cela confírmase, porque sabe non só que Hermes nin sequera interesouse senón que o futuro editor de Cen anos de soidade (López Llausàs) opinou que A colmea era «demasiado madrileña para poder gustar en América do Sur». Suramericana rexeitaba A colmea. Dez anos despois suspiraría por ela.

O que resiste, gana. Por propia iniciativa, Cela ofrece o 15 de febreiro de 1950 á casa editorial bonaerense Emecé o orixinal da colmea. Xa publicara na primavera do 45 a terceira edición do Pascual Duarte (con importante intervención de Blanco Amor) e estaba a preparar a sexta. Cela envía o orixinal o 18 de marzo a Enrique J. Nölting, administrador xeral, cunha certeira confidencia: «Dos meus catro novelas, creo que esta é a máis importante. Traballei nela varios anos e escribina —de principio a fin— cinco veces». O proceso editorial foi rápido, con algunhas concesións á censura e cos favores do peronista Hipólito J. Paz, ministro de Relacións Exteriores da República Arxentina. O 21 abril de 1951, Nölting remítelle 50 exemplares. A aventura finalizara. A colmea comezaba unha carreira de excepcionais recoñecementos da crítica literaria e dos lectores.

Adolfo Sotelo Vázquez é catedrático de Literatura da Universidade de Barcelona

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

 

Unos días después de que Fogwill visitara Montevideo en 2010, en el marco del Festival Ñ realizado en el Centro Cultural de España, falleció en Buenos Aires. Era el 21 de agosto, tenía 69 años, y Fowgill a secas –sin el Rodolfo Enrique que lo antecedía– ya se había transformado en un mito en vida.

Escrito por Nelson Díaz

Sociólogo, docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, exitoso director de empresas de publicidad y marketing, se dio a conocer con Los pichiciegos, novela publicada en 1983 y ambientada en la guerra de las islas Malvinas.

Desde entonces, la figura de Fogwill fue creciendo. A relatos como el notable “Muchacha punk” y novelas como Vivir afuera y La experiencia sensible se les sumó una lengua filosa, un humor corrosivo y una lucidez crítica (contra los militares, la democracia, el peronismo y otros íconos argentinos) que lo elevaron a la categoría de enfant terrible de las letras argentinas. Tras su muerte, su hija, la actriz y cineasta Vera Fogwill, se encargó de ordenar y clasificar el disco duro de la notebook del escritor.

Ahora la edición de La introducción (Alfaguara) viene acompañada de dos noticias antagónicas. La buena es, obviamente, el placer de leer otra vez un libro nuevo del argentino. La mala es que no habrá más Fogwill. Su hija ha dejado claro que no queda material inédito. Ante esto, que de alguna manera nos predispone como lectores, sabedores de que la nouvelle –de menos de 130 páginas– es la despedida. Acaso entonces, con esa predisposición, La introducción se presenta como una novela crepuscular. Al comienzo, un hombre viaja en ómnibus y en taxi (para bajar el costo del traslado) hasta el barrio Nuevo Flores dos veces por semana a un complejo deportivo, Las Termas de Flores, a ejercitarse, sobre todo nadando, y a descansar.

Ese ojo clínico que Fogwill supo desarrollar en varios de sus libros aparece desde el comienzo, con el viaje en ómnibus, cuando el personaje se entretiene en mirar las nucas de los pasajeros, intentado inmiscuirse, bucear en sus pensamientos, A partir de la llegada al complejo deportivo, ese ojo clínico cambia el ángulo de lo que percibe, y aparece una detallada descripción de los ejercicios físicos de rutina de los cuerpos de una clase social media alta y alta que poco sabe (o no le importa) lo que ocurre en la llanura.

El cuerpo, el cuidado del cuerpo, pasa a ser un tema excluyente. Perpetuar la apariencia joven es casi una metáfora de perpetuarse en el poder, o algo cercano a él. El personaje, a lo largo de la novela, repite que va a Las Termas “para eludir cualquier pensamiento”. Para suerte de los lectores, no deja de pensar y diseccionar ciertos comportamientos sociales.

 

[Fuente: http://www.revistadossier.com.uy]

Escrito por XESÚS ALONSO MONTERO

Desde o pasamento de Manuel Seco Reymundo (Madrid, 1928-16/12/2021), a lexicografía hispánica está de loito. Foi, desde moi novo, un dos cultivadores máis sabios e rigorosos desta disciplina lingüística. Sei do seu rigor e da súa ponderación ante os feitos idiomáticos (léxicos e gramaticais) desde os nosos anos de alumnos na Facultade de Filosofía e Letras de Madrid, ambos os dous na especialidade de Filoloxía Románica, na que el se licenciou en 1952 e eu un ano despois. Xa licenciados e profesores, o un e o outro, en colexios particulares, asistiamos, con Joaquín Arce, Manuel Guerrero e outros colegas, os domingos, a un faladoiro no café Lyon (preto da porta de Alcalá) que tiña máis de filolóxico que de político.

Penso que os hispanistas do mundo enteiro recibiron con sorpresa e ledicia, en 1961, o seu Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, que eu, catedrático en Lugo, reseñei, coas mellores gabanzas, no periódico local. Voces había naquela primeira edición (virían, logo, once máis) que eran pequenas monografías. Pero Manuel Seco viña da Gramática, concretamente da Gramática española de Rafael Seco, seu pai, que el revisou e ampliou en 1954. Anos despois asombraría, pola súa claridade, coa súa Gramática esencial del español (1972).

Así pois, cómpre non reducir a personalidade filolóxica de Manuel Seco á súa condición de lexicógrafo, saber, certamente, no que as súas achegas son históricas, nomeadamente desde que dirixiu o Seminario de Lexicografía da RAE e desde que publicou, con dúas colegas, o Diccionario del español actual en dous volumes (1999). Lexicógrafo do castelán, eran tales os seus criterios metodolóxicos que o Instituto da Lingua Galega convidouno en 1986 a un seminario para enriquecerse co seu saber e co seu talante.

El, alimentado pola Gramática de seu pai, tiña unha formación gramatical que ninguén posuía no noso tempo, tan mísero, nas Facultades de Letras, que a gramática castelá non se impartía en ningún curso, nin sequera na especialidade de Filoloxía Románica. En 1972, Seco eríxese no mellor gramático dos nenos da guerra.

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

La grabó en 1976, tiempo antes de ser incluido en la listas negras de la dictadura militar; “Zamba para olvidarte” o “Zamba para olvidar” se convirtió rápidamente en una exitosa canción folklórica interpretada por cientos de voces y resignificada con cada versión

Daniel Toro

Daniel Toro. Foto: SERGIO RAMÍREZ RUS

Escrito por Fernando García

“Esta noche soñé con vos viejito, igual estabas enfermo, como allá cuando me dejaste para siempre, estabas en tu cama con la radio al lado, aquella donde tantas veces me pusiste esta música cuando estudiaba y hacía los deberes, tampoco pude despedirme de ti esta vez, pero te vi y estoy triste porque me quedé sin oír tu voz, que ya casi no recuerdo”. Los comments en YouTube se disponen en una panorámica que recuerda la contemplación a velocidad de ruta de esas piedras (en Córdoba, por ejemplo) que dicen cosas: amores que llegaron; amores que se fueron; una cruz, un nombre y una fecha. El testimonio de arriba no es un golpe bajo es una reflexión sobre el recuerdo que se pierde, se diluye en los sentidos (“tu voz que casi no recuerdo”) estimulada por una canción que, escrita para conjurar el olvido, no hace más que provocar su propio recuerdo (las veces escuchadas en la radio). Es su fatal contradicción: “Zamba para olvidarte”, escrita y grabada por Daniel Toro en 1976 es inolvidable.

La canción es indeleble, una vez que ha sido escuchada se queda para siempre dentro de uno, como bien lo canta Toro: “Mi zamba vivió conmigo, parte de mi soledad”. El cuerpo hueco de madera de la guitarra criolla deviene acá ese espacio inalcanzable del alma en el que estamos siempre incompletos.

Del cancionero nacional y popular, “Zamba para olvidarte” es como esos hits crossover que pegan en rankings estratificados al mismo tiempo. Como en Argentina nunca existió esa forma Billboard de medir la música, diremos de esta zamba que es una de las mejores en su género pero también una de las mejores en esa categoría difusa a la que llamamos “canciones de amor” y, además, una metacanción que se refiere a sí misma y a la vez se libera del autor y de sus intérpretes. Tiene vida propia. ¿Es Toro o es la zamba quien extraña? Mientras el autor escribe y canta para exorcizar el dolor de la pérdida y poner en marcha el mecanismo del olvido, la “pobre canción que da vueltas” en su guitarra parece regodearse en el recuerdo de la relación rota. La escribió para olvidarse, sí, pero la canción es una trampa porque, en su paradojal refinamiento rústico, el recuerdo siempre estará al acecho. Qué maravilla.

El disco en el que Toro (Salta, 1941) grabó “Zamba para Olvidarte” se llama igual que esta zamba que también lidera el ranking entre las más tocadas por los músicos ambulantes y se editó en 1976 después de ganar el concurso de mejor canción inédita en Cosquín. La tapa muestra un retrato tornasolado, cromodisonante del cantor, contra una suerte de puesta de sol un poco pop, un poco folk. Una estética que recuerda a los afiches que el peruano Jesús Ruiz Durand hizo entre 1968 y 1973 como propaganda para la reforma agraria en su país.

A Toro lo prohibió la dictadura (que se ensañó sobre todo con el folklore) que lo incluyó en sus listas negras acaso pensando que el cantor de “Cuando tenga la tierra” sería alguna vez olvidado. Si bien esta canción dista en la superficie de ser considerada política es la misma censura imbécil de la dictadura la que la resignifica. “Zamba para olvidarte” se convierte, sin querer, en un ejercicio de memoria, de lo que nunca más hay que olvidar de aquellos años. No poder cantar, no poder ser oído se le hizo tumor a Toro (que, como un guerrillero, se hacía llamar Casimiro Cobos) que por un cáncer de garganta se quedó sin voz entre 1979 y 1985. Una brutalidad, entre tantísimas, del régimen que hizo caer al país en un pozo del que todavía no aprendió a salir. Lastimar a un cantor popular cuya voz de tenor clara, conmovedora, había sido capaz de conjurar en el ritmo más característico del país el sentimiento confuso, ambiguo, de esos amores que al mismo tiempo necesitan terminarse y no pueden irse del todo. El abordaje de temas sentimentales, cercanos al género melódico, le había costado a Toro antes el señalamiento de los mismos folkloristas embarcados en la ola revolucionaria que tiñó a la cultura de principios de los 70. Toro utilizó la contratapa del LP Canciones para mi pueblo (1971) para contestarles: “Para aquellos que duden de mi proyección eterna como folklorista tal vez les basten mis bagualas y mi rostro (escuchadas unas, observado el otro con atención y detenimiento) como ejemplos concretos que demostrarían el error sostenido (…) Desde este país indio y moreno quiero lanzar el torrente de mi hurgar en todos los cancioneros sin desprestigio para mi condición de artista nativo”. Suficiente.

Daniel y su hijo Facundo Toro en 2005, en el Festival de Cosquín

Daniel y su hijo Facundo Toro en 2005, en el Festival de Cosquín. Foto: IRMA MONTIEL

“Zamba para olvidarte” ( a veces acreditada con el más metafísico “Zamba para olvidar”) tiene todos los elementos característicos para reclamar su lugar en el Olimpo del folklore. El fraseo de las guitarras en la intro de la primera y la segunda vuelta, el bombo acoplado atrás como la voz interna de la zamba y el uso en contrapunto del coro que se hace unísono en ese vacío antes de la segunda vuelta donde se oye vibrante, inolvidable, el nombre mismo de la canción: “Y hace rato que te extraña/mi zamba para olvidar”. Al mismo tiempo que característica, tradicional, es distinta. Su estructura evoluciona con la lógica del drama y lo que en otra guitarra y otra voz podrían haber sido clichés románticos (“No sé si ya lo sabrás/lloré cuando vos te fuiste”) en Toro se vuelven verdades esenciales, indelebles.

La zamba fue registrada el 8 de marzo de 1976 con cuatro nombres distintos (“Zamba para olvidarte”, “Zamba para olvidar”, “Mi zamba para olvidar”, “Mi zamba para olvidarte”) por Toro, Julio Fontana (autor de la magnífica letra) y Casimiro Cobos. En el LP editado por Microfón ese mismo año aparece como Zamba para olvidarte, ya en el título del disco como de la canción que abría el lado 1. En la grabación original, según consta en la contratapa del LP, Toro fue acompañado por el Cuarteto Urpillay y el trío vocal Las Voces del Tiempo Nuevo. Una segunda edición cambió la ilustración pop-folk por una fotografía más clásica de Toro. “Zamba para olvidarte” se editó también como simple con “Canta enamorada” en el lado B.

Mercedes Sosa la revisitó en su álbum de duetos Cantora (2009) acompañada por Diego Torres. La autoridad de Mercedes en frases como “Mis manos ya son de barro, tanto apretar al dolor” es absoluta y Torres hace bien su parte (difícil cantar al lado de semejante monumento), pero la estilización de la versión (acordes disminuidos, la aparición de un piano como interludio entre las dos partes) diluye el poder mineral de la versión original.

[Fuente: http://www.lanacion.com.ar]

 

Offert en avant-première à quelques-uns, piraté donc auréolé d’un parfum de scandale, le dernier roman de Michel Houellebecq est-il si sulfureux ? Anéantir, qui paraît le 7 janvier, met en scène une fratrie de trois adultes dans une situation apte à susciter de la tension et des questions graves : leur père est dans un coma profond dont il semble s’éveiller. Où ? Entre Paris, les Hauts-de-France et le Beaujolais. Quand ? En 2027, date de la prochaine élection présidentielle (n + 1), sur fond d’attentats. Action, lieu, temps : vous avez les principales cartes en main. Imaginez le malin génie Houellebecq tirant les ficelles : il est exercé, perçant, contempteur ; et il est encore plus ambitieux et plus mondial. Les amateurs se réjouiront ; les rétifs laisseront tomber.

Anéantir, de Michel Houellebecq : un humanisme résiduel

Michel Houellebecq lors d’une conférence en Argentine (2016) © Silvina Frydlewsky / Ministerio de Cultura de la Nación

Michel Houellebecq, Anéantir. Flammarion, 736 p., 26 €

Écrit par Cécile Dutheil de la Rochère

Un mot sur l’objet. Le livre est relié et agrémenté d’un élégant signet rouge qui tranche sur la blancheur de l’ensemble. C’est prétentieux, mais l’écrivain a le génie de la publicité et ses ventes le permettent. En vérité, le livre est vilain, il ressemble à une vieille édition de Ginette Mathiot, Je sais cuisiner. Coïncidence, Cécile, un des personnages, compense le chômage de son mari en créant Marmilyon.org, une petite entreprise qui propose de préparer des repas à domicile.

Cécile est surtout catholique et pratiquante. Des trois enfants, elle est celle qui croit : au réveil du coma de leur père, en Dieu, en la Résurrection. Elle n’est pas antipathique, un peu ravie de la crèche, pauvre, gentille, son créateur a peu d’estime pour elle. Elle vote Le Pen : aux yeux de Houellebecq, c’est une évidence, quand on est fille de l’Église, on vote à l’extrême droite. Ou est-ce que l’extrême droite n’est plus extrême ? Elle s’est enracinée dans le paysage, celui de la France et de la « force tranquille » qui se déployait, sereine, sur les affiches de campagne de Mitterrand en 1981.

Le monde entier sait que Michel Houellebecq est un sismographe expert des courants, des modes, des tendances et de leurs mille et une variations et retournements qui font dériver la France et l’Europe occidentale de-ci, de-là. Il anticipe, dit-on. C’est vrai, mais pas toujours. Il n’est pas non plus devin ni sage. Anéantir peut donner l’impression d’être un vaste pot-pourri de tout ce dont nous abreuvent les chaînes d’info en continu : tout y est, tout ce qui fait débat, qui heurte, qui choque, qui choqua, qui ne choque plus ou qui devrait choquer.

L’état des lieux tel qu’il apparaît dans Anéantir est extrêmement clair et parfaitement lisible. Le roman est excessivement signifiant. À trop relever les marques, les sigles, l’invasion des initiales (EHPAD, AVC, PMA, GPA, EVC-EPR), par exemple, il pourrait lui-même finir par devenir un panneau. Heureusement il n’y tombe pas, la sensibilité du romancier est trop aiguisée pour se laisser prendre au piège. Il n’empêche, préciser systématiquement que tel personnage déjeune dans un restaurant Courtepaille et émailler le roman de tics langagiers ridicules finit par affaiblir le propos. Trop de réalisme tue le réalisme. Mais un roman strictement réaliste est un roman mort, ce que n’est pas Anéantir.

Le livre vit, avance, abandonne des pistes, bifurque et surprend. Il est long, certes, et alors ? En dépit des virages et des impasses, son rythme est régulier, comme une autoroute, en cinquième vitesse. Quelques pauses sont néanmoins recommandées, vous pouvez même arrêter en route : « anéantir », dit le titre, alors pourquoi ne pas appliquer la méthode à la lecture du roman et tout jeter par-dessus bord ? Vous aurez raté les quelques sentiers de traverse qui donnent de l’épaisseur à ce livre.

Les premiers sont les rêves du personnage principal : Paul, énarque, fonctionnaire du ministère des Finances, moins minable que le héros houellebecquien habituel. Il doute, croit ne plus aimer et pourtant réapprend à aimer. Il a des angoisses, des passages à vide, des hallucinations qui bousculent la plaque photographique trop reconnaissable qu’offre le roman. Un léger onirisme colore le livre et lui évite de sombrer dans la satire et l’aigreur. La nature est présente, le ciel et ses couleurs, les arbres et leurs teintes vertes, rassérénantes, éternelles. Le romancier se risque à de simples descriptions de paysages qui tempèrent sa noirceur ; les personnages se déplacent sur le territoire et l’observent. Tout ce qu’ils voient ne se réduit pas à un vaste écran Internet ni télévisuel.

Curieusement, aucun des trois frères et sœur n’est célibataire, condition humaine fin-de-siècle type chez Houellebecq. Tous sont mariés, même s’ils ne sont pas toujours heureux. Qui l’est vraiment, après tout ? Des interrogations presque candides naissent : « Il y a encore une dizaine de jours il n’avait jamais touché Maryse, le contact de sa peau était complètement en dehors de son champ d’expériences ; et maintenant cette même peau lui était devenue indispensable ; comment expliquer cela ? »

Maryse est d’origine béninoise, la précision mérite d’être relevée et opposée à une autre : le fils d’Indy, personnage détesté par le romancier (une journaliste « conne » et bien-mal-pensante), est né d’une GPA et d’un père noir anonyme. Indy est pourtant mariée, mais c’est ainsi, assène Houellebecq, de son fils elle a voulu faire « un placard publicitaire ». Le romancier est là au moins aussi malveillant et vengeur que ce personnage féminin honni, Indy. Et il charge la barque, lourdement, très lourdement.

Anéantir, de Michel Houellebecq : un humanisme résiduel

Ministère de l’Économie et des Finances © Jean-Luc Bertini

Plus le roman avance, plus sa dimension apocalyptique et mondialisée est manifeste. Les trois frères et sœur semblent passer au second plan, plus ou moins effacés par les trois attentats qui scandent l’intrigue du livre : contre un porte-conteneurs chinois, contre une banque de sperme, contre un bateau de migrants – trois cibles plus que symboliques pour Houellebecq. Régulièrement, le récit penche vers le roman d’espionnage – hackers, darkweb, exterminateurs impossibles à identifier. Puis il redevient conforme à ce qui a fait la noire réputation de l’écrivain : une comédie de mœurs. Nouvelle surprise, des pages laissent penser qu’il s’agit d’un thriller politique. Puis ce fil s’effiloche lui aussi. Enfin, le livre s’achève comme un mélodrame.

Alors que reste-t-il de cette hésitation d’une piste à l’autre ? Un roman-métastase, qui élimine ses personnages les uns après les autres : Houellebecq les oublie, les abandonne à leur inanité, les suicide ou leur impose une maladie terminale. Il reste aussi un esprit nihiliste « jusqu’au trognon » : l’expression, peu gracieuse, est du romancier, caricaturiste et cousin de Reiser. Dans le roman, elle s’applique au politiquement correct, autre pot-pourri dans lequel Houellebecq balance tout, l’humanisme, « mou », dit-il ; une gauche en loques, la foi du charbonnier de Cécile, la joie, et cætera, et cætera.

Et la droite, l’extrême ? Houellebecq est ambigu, il peut sembler distant puisqu’il a même des « pétainistes vegan » dans sa hotte, mais il joue avec le feu, les braises qui couvent au moment même où il écrit et publie, et il en jouit. Et l’islam ? Le thème est peu présent. Sur une même page, il note deux choses : une mosquée à Belleville-en-Beaujolais, avec un « C’était étonnant » pour seul commentaire ; la « solidarité entre les générations » des Maghrébins qui répugnent à enfermer leurs aînés dans des Ehpad. Ailleurs il est plus désobligeant et ne peut s’empêcher de railler sous cape.

Là où il ne saurait ruser, c’est dans le style, plat comme une limande. Sa prose est normale en tous points, vecteur efficace d’action. Il use d’un passé simple de rigueur et de bon aloi. Il s’est affiné, dans la mesure où il a abandonné ses habits élimés de pornographe, même s’il reste des taches de gras. S’il dénonce ce qu’il appelle la « druckérisation » du monde et du langage, Houellebecq en est le fils consentant.

Finissons en lui donnant raison : l’humour, y compris sur sa propre survie, « fait partie des droits de l’homme en quelque sorte ». Il y a bien chez Houellebecq un humanisme que l’on dira « résiduel », adjectif heureux que nous lui volons. Lui-même parle de « christianisme résiduel » ou d’« une forme de vie étrange et résiduelle », comme si l’un ou l’autre, ou l’un et l’autre, en était la racine. Chez lui flottent de vagues restes d’altruisme, transportés par un vent toujours mauvais.

 

[Source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

Plus personne ne lit les textes du grand Jean-Baptiste dans leur version originelle car, depuis leur parution, leur orthographe a été considérablement modifiée. Ce qui ne nous empêche pas d’apprécier le génie de cet homme né voilà exactement quatre siècles.
Écrit par Michel Feltin-Palas
– Qv’est-ce donc ? qu’auez-vous ?
– Laissez-moy, ie vous prie
– Mais, encor, dites-moy, quelle bizarerie…
– Laissez-moy là, vous dis-je, et courez vous cacher.
Non, je ne me suis pas mis à taper à côté des touches de mon ordinateur une fois sur deux. Ce que vous avez lu est bien du Molière dans le texte – du moins tel que celui-ci a été imprimé dans sa version originale, au XVIIe siècle.
Précisons encore : il s’agit là de la scène I de l’acte I du Misanthrope, que Molière écrivait d’ailleurs Le Misantrope – oui, sans h. Cela surprend, évidemment, car nous avons été éduqués dans l’idée qu’il y aurait un seul français et une seule orthographe. Or la réalité est bien différente. En dehors d’une poignée de spécialistes, plus personne ne lit Molière dans l’orthographe de Molière.Celle-ci a été rectifiée, corrigée, adaptée au fil des rééditions. En clair : il ne faut pas confondre la langue de Molière et sa graphie.
Que l’on me comprenne bien. Loin de moi l’idée de plaider pour un laxisme généralisé en la matière. Oui, « les arbres » doivent continuer de prendre un s, marque du pluriel. Oui, il faut distinguer « ces » et « ses ». Oui, il faut accorder les adjectifs en genre et en nombre avec les noms auxquels ils se rapportent : un rat affamé ; une souris verte ; un journaliste impertinent, etc.
En revanche, cette reproduction de la véritable langue de Molière dans sa version originelle nous le montre : l’orthographe a considérablement évolué ces derniers siècles. Qui le sait ? Depuis la parution de la première édition de son dictionnaire, en 1694, l’Académie française elle-même a modifié l’écriture de… la moitié des mots ! Teste est ainsi devenue « tête » ; abbaisser, « abaisser » ; amitiez, « amitiés » ; poësie, « poésie. « Le tollé fut immense (la Poësie était défigurée), quelques académiciens menaçant de claquer la porte ; un changement inverse déclencherait sans doute aujourd’hui une semblable tempête », rappelle malicieusement le linguiste Bernard Cerquiglini dans un article paru dans la revue L’Histoire (1). Mieux encore : en 1835, la terminaison en – ois est alignée sur la prononciation – en ais. Le connoisseur évolue alors en « connaisseur » tandis que le nom même de notre idiome national change – oui – puisque la langue françoise devient la langue française… Nul crime de lèse-majesté, pourtant, mais une simple adaptation à la prononciation du temps. Car c’est ainsi : tout comme une partition n’est pas la musique, l’orthographe n’est pas la langue, mais simplement le moyen de la transcrire.
Or, si notre orthographe s’appuie parfois sur l’étymologie, elle présente dans bien des cas tous les dehors de l’arbitraire. Pourquoi un -p à « dompter », qui vient du latin domitare ? Pourquoi un -h à « haut » et pas à « altitude » alors que ces deux termes sont issus de altus ? Pourquoi pas « oeconomie » et « phantôme » puisque tous deux sont d’origine grecque ?Disons-le gentiment : les règles régissant l’écrit ont parfois autant de rapport avec une science exacte que le vol d’un papillon avec la ligne droite et, bien souvent, nous sommes simplement accoutumés à ce que nous avons appris. Nous serions choqués – moi le premier – si nous lisions donter, aut et oeconomie. Et pourtant, leur graphie actuelle ne repose sur aucun argument logique, comme le soulignent Maria Candea et Laélia Véron dans un ouvrage stimulant (2).
La graphie de notre langue nationale a donc déjà changé considérablement et continuera probablement de le faire à l’avenir. Quant aux multiples modifications intervenues dans l’orthographe des pièces de Molière, elles ne changent nullement son oeuvre. Osons un paradoxe : peut-être même nous permettent-elles de mieux comprendre ses textes et, ainsi, d’apprécier son génie à sa juste valeur…
(1) Comment l’Académie française s’est mêlée de l’orthographe, par Bernard Cerquiglini, L’Histoire n° 487, septembre 2021.
(2) Le français est à nous, Maria Candea et Laélia Véron, La Découverte.
[Source : http://www.lexpress.fr]

L’année 2022 marque le centenaire de la mort du grand écrivain français. Cela n’a pas échappé à l’hebdomadaire italien Il Venerdì, qui, rendant hommage à Proust, nous fournit quelques conseils pour s’attaquer à son œuvre colossale.

Vu d'Italie. Marcel Proust, homme de l'année 2022

“Et si c’était le moment de se lancer dans cette entreprise de l’extrême : lire La Recherche, de fond en comble ?” C’est ce que propose Il Venerdì di Repubblica, profitant du fait que “l’année qui s’ouvre marque le centenaire de la mort de Marcel Proust, disparu le 19 novembre 1922, à 51 ans”. Et pour célébrer celui qu’il présente comme “L’homme de l’année”, l’hebdomadaire italien a pourvu sa une d’un cadre rouge, qui rappelle les couvertures de Time, le magazine américain qui sacre traditionnellement ses personnalités de l’année.

Avec ses sept volumes et ses 3 724 pages [selon les éditions], À la recherche du temps perdu, le roman chef-d’œuvre le plus long du monde, peut effrayer”, admet l’écrivaine Daria Galateria, également professeure de littérature française.

Il traite de grands sujets, comme la mondanité au tournant du XXe siècle, les fêtes et les ors de l’opéra, les aristocrates et les bourgeois, les valets et les bonnes. Des amours perverses […], tout l’éventail des cruautés et des tendresses que connaît une famille, avec un personnage principal, ‘je’, dont on sait tout mais que l’on connaît si peu. Il est aussi question des arts et, par-dessus tout, du temps.”

Mode d’emploi

Pour s’attaquer au chef-d’œuvre de l’écrivain français, malgré sa longueur et la tendance contemporaine à l’empressement, Daria Galateria propose dans Il Venerdì, l’hebdomadaire du quotidien La Repubblica, quelques conseils. On y apprend notamment que les sept tomes peuvent se lire dans l’ordre, ou pas, et que, si La Recherche nous paraît trop imposante, quelques textes plus brefs de Proust (comme Sentiments filiaux d’un parricide) peuvent nous mettre le pied à l’étrier.

Enfin, en cas de fatigue, le journal nous soumet une solution avancée par Proust lui-même dans Le Temps retrouvé :

Mais enfin, quand des intervalles de repos et de société me seraient nécessaires, je sentais que, plutôt que les conversations intellectuelles que les gens du monde croient utiles aux écrivains, de légères amours avec des jeunes filles en fleurs seraient un aliment choisi que je pourrais à la rigueur permettre à mon imagination semblable au cheval fameux qu’on ne nourrissait que de roses.”

Et si, malgré tout, on devait finir par abandonner notre lecture, pas de panique, nous dit Il Venerdì : La Recherche a tout son temps.”

[Source : http://www.courrierinternational.com]

Jáchym Topol est un poète, romancier, journaliste et activiste. Né en 1962 à Prague, son père, Josef Topol, est dramaturge, poète et traducteur de Shakespeare. À cause des activités de dissident de son père, Jáchym ne peut pas entrer à l’université. Après son baccalauréat, il fit plusieurs petits métiers. En 1982, il cofonde la revue samizdat Violit, et en 1985 la Revue Revolver qui est spécialisée dans la littérature tchèque moderne.

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Publié par Victor De Sepausy

Il est emprisonné plusieurs fois pour de courtes périodes. Il est également un des signataires de la charte 77. Jáchym Topol participe à la Révolution de velours en 1989, en publiant une feuille indépendante (Informační servis), qui deviendra plus tard l’hebdomadaire Respekt. Il est le rédacteur en chef de Revolver Revue jusqu’en 1993. Il fait toujours partie de la rédaction de Respekt.

Le style de Jáchym Topol se distingue par son oralité, l’usage de l’argot de la rue et un rythme tranchant. Jáchym Topol vit à Prague.

Sombre et grotesque

Le cas de Jáchym Topol, auteur né en 1962 et qui fait partie de la génération d’auteurs qui s’imposent après Révolution de velours, est différent : son œuvre est ancrée dans la réalité de notre époque, dont il donne à voir les métamorphoses, depuis le Printemps de Prague et l’invasion des troupes du Pacte de Varsovie à la Tchéquie de Havel et celle des années 2000.

Interrogée à ce sujet, Marianne Canavaggio, sa traductrice française, évoque une écriture forte et singulière : « Topol développe un univers sombre et grotesque à la fois, qui est celui d’une réalité déformée par la fantaisie de l’auteur et entraîne le lecteur dans son sillage. Même si le lecteur français ignore parfois les réalités auxquelles Topol se réfère, le côté burlesque de ses personnages et des événements qu’ils traversent doit suffire à l’emporter. »

La plupart des romans de Topol ont été publiés en français, d’abord chez Robert Laffont avec Ange exit (1999, J’ai lu 2002) et Missions Nocturnes (2002), puis par les éditions Noir sur Blanc, qui ont repris le flambeau avec Zone Cirque (2009), L’Atelier du diable (2012) et enfin Une personne sensible (2021).

C’est d’ailleurs ce dernier roman que nous avons choisi de vous faire découvrir.

Mettre la littérature tchèque à l’honneur, voilà l’intention posée de ces publications, menées en partenariat avec le Centre tchèque de Paris et Czechlit – Centre littéraire tchèque. (traduction des citations par Marianne Canavaggio, qui est également la traductrice d’Ouředník).

Et pour plus de renseignements sur Jáchym Topol, cette émission :

ActuaLittéJachym Topol trad. Marianne Canavaggio
Les Éditions Noir Sur Blanc
Une personne sensible
14/01/2021 390 pages 23,00 €

 

 

 

 

 

 

 

 

[Photo : David Konečný – source : http://www.actualitte.com]

 

Escrito por Yvette Alt Miller

¿Un volumen del  dedicado al papa? Parece poco probable, pero la primera edición impresa del de hecho estuvo dedicado al papa León X, quien reinó como papa desde 1513 hasta su muerte en 1521.

Durante milenios, las copias del  habían sido meticulosamente escritas a mano. Podía llevar varios años llegar a completar un set de las 63 masejtot o tratados del Talmud.

En 1450, Johannes Gutenberg inventó la primera imprenta. Él la usó para imprimir panfletos, calendarios, y varias copias de la Biblia. La « Biblia Gutenberg » se considera el primer libro impreso producido en Europa. En los años siguientes, otros impresores copiaron el invento de Gutenberg y comenzaron a imprimir libros. Muchos libros judíos fueron impresos usando el nuevo invento mecánico. Pero nadie había intentado imprimir una copia del Talmud. Durante años, el  continuó siendo escrito laboriosamente a mano.

Eso cambió en 1519, después de años de amargos debates, cuando la primera edición completa del  se produjo utilizando el nuevo invento de la imprenta mecánica.

Daniel Bomberg: un impresor cristiano de libros hebreos

En Europa, uno de los primeros que imprimió libros hebreos fue Daniel Bomberg, un cristiano que se había ido de su Amberes natal a Venecia en 1515 y abrió allí su imprenta. En esa época, Venecia contaba con una próspera comunidad judía y Bomberg entendió que podía prosperar si se dirigía a ese mercado no explotado.

Imprimir libros judíos no era sencillo. Sus primeros pedidos de una licencia fueron repetidamente rechazados por la iglesia y por los oficiales de la ciudad. Bomberg comenzó a ofrecer grandes sobornos a los oficiales locales para que le permitieran imprimir libros judíos. Después de pagar 500 ducados (una suma enorme), le otorgaron una licencia de diez años para imprimir libros hebreos.

Bomberg comenzó a trabajar de inmediato, contratando judíos para que lo ayudaran. Él pidió permiso a los oficiales de Venecia para contratar « cuatro hombres judíos bien instruidos ». Los judíos que vivían en Venecia en esa época solo podían vivir en el gueto y estaban obligados a usar distintivas capas amarillas cuando salían de las puertas del gueto. A los asistentes de Bomberg les dieron permiso de usar capas negras como el resto de los trabajadores no judíos.

Juntos, ellos comenzaron a imprimir copias del Jumash, los Cinco Libros de Moshé, y otros libros judíos. Bomberg y sus ayudantes judíos decidieron incluir el texto del Targum Onkelos, la traducción del texto hebreo escrita por el famoso erudito judío del siglo I, Onkelos, una costumbre que sigue siendo popular en la actualidad.

Iaakov ben Iejiel: un noble judío que aconsejaba al emperador

Las actividades comerciales pro-judías de Bomberg se vieron facilitadas en cierta medida por el clima general en Europa, que se estaba volviendo más tolerante hacia los judíos, en parte gracias a un médico judío austríaco llamado Iaakov ben Iejiel (también conocido como Iaakov Lender).

Se conoce muy poco sobre la vida personal de Iaakov ben Iejiel. Lo que queda claro es que era un judío erudito, con un hebreo fluido, que trabajaba como médico. Él falleció alrededor del año 1505 en Linz, Austria. De forma inusual para un judío, él llegó a ser uno de los hombres más influyentes en el Sagrado Imperio Romano, trabajando como el asistente personal del emperador Federico III, quien gobernó entre 1452-1493. Era sabido que los dos hombres eran amigos, y la amistad de Iaakov ben Iejiel influyó para que Federico III simpatizara con sus súbditos judíos. En un momento, los enemigos del emperador se quejaron de que él era « más un judío que un sagrado emperador romano ». Federico III amaba tanto a Iaakov que lo nombró caballero, elevándolo de ser un judío humilde y marginado a las filas de la nobleza.

Un día, un joven noble alemán llamado Johann von Reuchlin se puso en contacto con Iaakov y le pidió que lo ayudara a aprender hebreo. Von Reuchlin le explicó que había estudiado en París con un judío llamado Kalman y habíia aprendido el alfabeto hebreo. Ahora quería aprender más. Iaakov ben Iejiel aceptó ser tutor del noble cristiano y le enseñó a leer y a escribir en hebreo. Esto dio lugar a una amistad que llevó a que Von Reuchlin defendiera la erudición judía por toda Europa y desembocó en la primera impresión del Talmud.

Johan von Reuchlin: el defensor de los libros judíos

Ahora que manejaba con fluidez el hebreo, Reuchlin comenzó a defender los libros judíos de los católicos fanáticos que querían prohibir la literatura judía y quemar los libros judíos. Él tenía muchos amigos judíos y era remarcablemente tolerante hacia la perspectiva de vida judía y la erudición. Cuando los oficiales católicos exigieron que él y otros eruditos condenaran al Talmud, Von Reuchlin respondió con desprecio que no se condena lo que uno no ha leído ni comprendido personalmente. « El  no fue compuesto para que cualquier canalla lo pisotee con los pies sucios y después diga que ya lo sabía todo ».

A principios del siglo XVI, von Reuchlin participó en lo que se conoció como la « Batalla de los libros », argumentando que la erudición judía tenía mérito y que los libros hebreos no deberían prohibirse.

Johann von Reuchlin

Johannes Pfefferkorn: la condena a sus hermanos judíos

El principal adversario de Reuchlin en la « Batalla de los Libros », era Johannes Pfefferkorn, un judío que se había convertido al cristianismo. Él se volvió contra sus hermanos judíos y provocó años de dolor y miseria a las comunidades judías en Alemania.

Pfefferkorn era un carnicero que tuvo problemas con la ley. Cuando tenía 30 años lo arrestaron por robo, pasó un tiempo en prisión y subsecuentemente se quedó sin empleo. Para revertir su mala suerte, decidió voluntariamente convertirse al cristianismo y convertir también a su esposa y a sus hijos. Pfefferkorn se acercó al  bajo la protección de los dominicanos, la estricta rama del catolicismo que administraba a la temida Inquisición. Los dominicanos no perdieron el tiempo y aprovecharon a Pfefferkorn para ayudarlos a dar más energía a la persecución de los judíos y para prohibir los libros judíos.

Entre 1507 y 1509, Pfefferkorn escribió una serie de folletos proclamando iluminar el mundo secreto del pensamiento judío. Aunque los escritos de Pfefferkorn muestran que tenía pocos conocimientos judaicos, eso no le impidió producir un folleto tras otros criticando a los judíos y a la fe judía. Sus panfletos fueron escritos en latín y se dirigían a los eruditos católicos y a los sacerdotes. Les puso títulos tales como Judenbeichte (« Confesión judía ») y Judenfeind (« Enemigo de los judíos »). Pfefferkon argumentó falsamente que los judíos eran malvados y blasfemos y que su literatura debía prohibirse. Aunque él mismo no era suficientemente educado como para estudiar, Pfefferkorn demandó que el  fuera prohibido en Europa.

Utilizando los folletos de Pfefferkorn como « prueba », las autoridades dominicanas exigieron que los judíos fueran expulsados de los pueblos en los que había grandes comunidades judías, incluyendo Regensburg, Worms y Frankfurt. Su campaña tuvo éxito en Regensburg, y los judíos de la ciudad fueron expulsados en 1519.

Pfefferkorn y quienes lo apoyaban lograron convencer al emperador Maximiliano I para que impidiera momentáneamente el  y otros libros judíos en las ciudades de Alemania y para que destruyeran cualquier libro judío que pudieran encontrar. Esto alarmó a los católicos más liberales, incluyendo a Johan Reuchlin, quien había dedicado mucho tiempo a aprender hebreo y a estudiar los libros sagrados judíos con Iaakov ben Iejiel. Reuchlin se opuso y escribió apasionadas defensas del  y de otros libros judíos. Eventualmente Maximiliano I revirtió su decreto.

El papa León X y la batalla de los libros judíos

La « Batalla de los Libros » tuvo lugar en todas las ciudades alemanas y fue el debate entre la clase educada: ¿debían prohibirse el  y otros libros judíos sagrados o valía la pena preservarlos y estudiarlos? El historiador Salomón Grayzel señala que: « No hubo en Europa ningún cristiano liberal, ni un solo crítico de las fuerzas del fanatismo dentro de la iglesia, que no se pudiera al lado de Reuchlin en defensa de los libros judíos… En Europa, todos los que no eran campesinos estuvieron situados de uno u otro lado de la controversia. Los únicos que se vieron obligados a permanecer de lado sin participar fueron aquellos que estaban más directamente relacionados con el tema: los judíos ». (A History of the Jews por Salomon Grayzel, Plume, 1968).

Reuchlin eventualmente encontró un poderoso aliado: el papa León X. Un hombre culto, educado, León X venía de la fabulosamente rica familia de los Medici. Él tendía a ser tolerante hacia los judíos, tanto que en un momento los judíos de Roma se preguntaron si su benevolencia hacia ellos era un signo de que el Mashíaj estaba por llegar. Los líderes de la comunidad incluso escribieron a los líderes judíos en la Tierra de Israel preguntándoles si también ellos habían visto señales de la llegada del Mashíaj.

El papa León X

En 1518, León X tomó una postura pública en la Batalla de los Libros: no solo que el no sería prohibido ni quemado, sino que emitió un decreto papal permitiendo que lo imprimieran utilizando las nuevas imprentas mecánicas que estaban en auge en Europa. Algunos volúmenes individuales del ya habían sido impresos. Ahora, el papa permitió la impresión de un set completo de los 63 volúmenes del Talmud (en hebreo llamado Shas). Bomberg, quien ya había construido un comercio judío en su imprenta en Venecia, recibió la comisión de imprimir este primer set completo del Shas. Esta fue una manifestación de apoyo a los judíos sin precedentes en Europa.

Iaakov ben Jaim ibn Adoniá

Pero el papa León X impuso una condición crucial: Daniel Bomberg solo podía imprimir el si incluía en los libros las polémicas anti judías. Al comprender que eso alejaría a los potenciales lectores, Bomberg luchó con éxito en contra de la inclusión de palabras antijudías en sus libros judíos. Sin embargo, hizo una concesión en vistas de la generosidad del papa: los primeros cuatro volúmenes del que imprimió estarían dedicados al papa León X.

El  de Babilonia. Edición Bomberg, Venecia

Los judíos locales se mostraron renuentes a comprar los caros volúmenes del  dedicados al líder católico cuya iglesia regularmente perseguía a los judíos por toda Europa, incluso si el papa León X manifestaba simpatía hacia los judíos. Las ventas fueron pocas y Bomberg comprendió que tenía que hacer algunos cambios, incluyendo el hecho de sacar la dedicatoria al papa. Él también pidió ayuda a Iaakov ben Jaim ibn Adoniá, un corrector de pruebas judío de Túnez. (Hay cierta evidencia de la probabilidad de que ibn Adoniá se haya convertido al cristianismo, al igual que otros impresores que se especializaron en los libros judíos en Venecia en esa época).

Bomberg y ibn Adoniá idearon el diseño del  que se sigue utilizando hasta la actualidad. Ellos colocaron el texto del  en medio de la página, e incluyeron comentarios claves alrededor del texto central. En un lado de la página imprimieron el comentario del rabino Shlomo Itzjaki (conocido como Rashi), un erudito francés medieval. Del otro lado de la página imprimieron los comentarios de otros sabios judíos medievales conocidos como los tosafistas.

Este diseño facilita la lectura y el estudio y resultó ser un éxito inmediato entre los clientes. Aunque sus portadas ya no tenían impresa una dedicatoria al papa León X, estos hermosos libros continuaron imprimiéndose con su permiso, lo que permitió que más comunidades judías estudiaran y contaran con sets completos del  impreso.

 

[Fuente: http://www.aishlatino.com]

 

Une bibliothécaire de la petite ville d’Eutin, en Allemagne, s’engage pour préserver les mots et l’esprit des bandes dessinées de l’univers Donald Duck, écrites il y a plus d’un demi-siècle. Elle a lancé une pétition à destination de la maison d’édition allemande Egmont Ehapa Verlag, pour la prier de ne pas dénaturer les traductions allemandes d’Erika Fuchs, traductrice historique des bandes dessinées. Et, d’après elle, ne pas sacrifier la qualité des textes au « politiquement correct ».

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Publié par Hocine Bouhadjera

« Quiconque aime Donald Duck aime aussi Carl Barks et Erika Fuchs. » Cette affirmation sans appel ouvre la pétition de Susanne Luber, employée à la bibliothèque publique d’Eutin, adressée directement à Jörg Risken, directeur média de l’Egmont Ehapa Verlage, éditeur des livres Donald Duck et de son univers étendu.

Pour Susanne Lubert, ces « bonnes vieilles » bandes dessinées se démarqueraient du paysage comique actuel, certes par leur style de dessin et leur structure narrative, mais également par leur texte de grande qualité. La source de cette exigence de style et de finesse, selon la bibliothécaire, est le grand dessinateur américain Carl Barks, décédé en 2000, créateur de l’univers de Donald Duck. Mais également sa traductrice historique en langue allemande, Erika Fuchs, elle-même décédée en 2005.

Une entreprise de modernisation en 2021

Titulaire de la licence Disney Donald Duck, Egmont Ehapa Verlag réédite régulièrement de nouvelles éditions portées par le duo Barks-Fuchs, ces bandes dessinées s’étant imposées comme de grands classiques dans la sphère germanophone. « Et que se passe-t-il maintenant ? L’Egmont Ehapa Verlag estime devoir moderniser cette littérature classique de la bande dessinée dans le sens du politiquement correct actuel. Certaines des histoires de Carl Barks et les textes d’Erika Fuchs ne seraient plus à jour », explique-t-elle dans sa pétition.

Étant des histoires écrites il y a, à présent, plus d’un demi-siècle, on ne s’étonnera pas d’y trouver des mots et expressions qui ne passent plus aujourd’hui. C’est pourquoi, depuis 2021, les histoires de Donald Duck écrites par Carl Barks, et transmises par Erika Fuchs au monde germanique, font l’objet d’adaptations systématiques.

On peut par exemple citer le changement de Fridolin Freudenfett (Fridolin le grassouillet) à Fridolin Freundlich (Fridolin le sympathique), sachant que Fridolin est un cochon… Des termes, tels qu’« Indien », « nain », « autochtone » ou « visage pâle », ont également été supprimés. Côté religion aussi, aucun risque ne doit être pris : « Allah » est éliminé, et « Dieu » n’apparaît que dans des contextes bien éloignés des questions religieuses.

L’art subtil de la comédie

Luber cite un autre exemple dans sa pétition, montrant qu’elle a bien étudié la question : une remarque de Dagobert Duck à propos de la séduisante sorcière Gundel Gaukeley, qui vient de l’arnaquer avec malice : « Eh bien je vous le dis, les femmes ont un cerveau trop petit ! » Une assertion misogyne qui ne passerait plus aujourd’hui. Mais pour la bibliothécaire, ici, la subtilité est sacrifiée au profit d’une susceptibilité facile.

Si elle ne nie pas le caractère misogyne de cette réplique, elle ajoute : « La traductrice, Erika Fuchs, met ironiquement en évidence un point de vue masculin limité, ce que même les enfants comprendront, mais semble échapper à la compréhension des expurgateurs de textes. » « Egmont Ehapa Verlag applique les ciseaux de la censure sans aucune compréhension de la comédie, de l’ironie et des doubles sens », assène-t-elle encore.

Afin d’éviter les malentendus, Luber souligne : « Cette pétition ne doit pas être lue comme une critique du langage politiquement correct dans tous les textes qui sont publiés actuellement ni contre les efforts d’utiliser un langage non discriminatoire. La discussion sur les stéréotypes sexistes, racistes et autres dans le langage contemporain est justifiée et importante. »

Avant d’ajouter : « Mais il est tout aussi important de faire la distinction entre la langue contemporaine et les textes littéraires. Les transmissions des contes du Canard par Erika Fuchs sont des textes littéraires de qualité reconnue. Ils ne doivent pas être arbitrairement corrigés, censurés et expurgés, même pour des raisons politiques ou sociétales. […] Toute “adaptation” d’une œuvre d’art créée dans le passé pour la conformer à un esprit du temps est absurde ! »

C’est tout de même oublier que les pièces de Molière n’avaient pas de ponctuation, et que la langue a bien été modernisée…

La pétition « Ne touchez pas à Donald Duck ! Pas de censure des histoires de bandes dessinées classiques ! » a pour le moment récolté quasiment 5000 signatures, ce 21 décembre.

Lire un extrait

ActuaLitté

Carl Barks trad. Jean-Paul Jennequin Glénat
La dynastie Donald Duck Tome 1 : Sur les traces de la licorne et autres histoires
15/12/2010 382 pages 29,50 €

[Illustration : Vegar Norman, CC BY-NC 2.0 – source : http://www.actualitte.com]

El 1976 va morir a Nova York, oblidat i desconegut del públic literari, l’escriptor jueu Soma Morgenstern. Nascut a la Galítzia oriental el 1890 dins d’una família jueva ortodoxa, havia arribat l’any 1941 als Estats Units fugint dels nazis. El 1946 li va ser concedida la ciutadania nord-americana. La pèrdua de llocs, d’escrits i documents, d’amics, la desaparició de gran part de la seua família en els camps de concentració, el descobriment de l’extrem a què havien arribat els crims dels nazis, el van enfonsar en una profunda depressió de la qual no es va recuperar mai més.
 
Amic íntim de Joseph Roth i Alban Berg, relacionat amb escriptors i músics com Stefan Zweig i Otto Klemperer, Anton Webern i Robert Musil, Elias Canetti i Hermann Broch, Morgenstern va ser un exponent destacat d’aquella brillant cultura centreuropea, elaborada en gran part per jueus, i que seria esborrada per sempre durant la Segona Guerra Mundial. A finals de 1935 va aparèixer la seua novel·la El fill del fill pròdig, la primera d’una trilogia. Aquesta obra va ser l’única que es va publicar, en vida de l’autor, en la seua llengua original.
 
A partir de 1994 es va començar a recuperar la seua obra, que va començar a editar-se completa i en la seua llengua original, en alemany. L’editorial Pre-Textos va iniciar en el 2000 la traducció dels seus llibres de memòries amb Huída y fin de Joseph Roth, que va continuar amb el volum Alban Berg y sus ídolos. El 2005 l’editorial Minúscula es va afegir a la difusió de l’obra de Morgenstern amb la publicació d’un altre volum de memòries: En otro tiempo. Años de juventud en Galitzia oriental.
La mateixa editorial Pre-Textos va publicar un altre llibre de Morgenstern, Huída en Francia. un relat novel·lat de les experiències que va patir a França com a refugiat. Morgenstern, que havia fugit a París el mateix dia que Àustria va ser annexionada per l’Alemanya nazi, va ser internat a França en diversos camps de concentració, com tants altres refugiats de tota Europa que hi havien arribat fugint dels nazis. El 1941 va aconseguir passar a Marsella i, a través de Casablanca i Lisboa, arribar a Nova York. A les condicions duríssimes que van haver de suportar els internats en els camps, s’hi afegia la desmoralització de no haver trobat refugi a França, el país de la Il·lustració. I, sobretot, la desesperació de veure que ni tan sols els deixaven continuar fugint. La consecució d’un permís de residència o d’un visat es va convertir en un malson tan absurd com cruel. Hi havia la sensació d’haver quedat atrapats en una ratera, mentre la Gestapo s’acostava inexorablement. «La vieja Europa —constata el narrador d’aquest relat— se ha convertido en una reserva de caza. En ella se despliega una batida colosal al estilo alemán.» 
 
Ingolf Schulte, en l’epíleg que va redactar per a la primera edició en alemany d’aquesta obra, i que ha estat reproduït en l’edició castellana, assenyala que Huída en Francia, a pesar de presentar-se com una novel·la, s’ha d’incloure entre els textos de memòries de Morgenstern. La tria d’un marc fictici en aquest llibre podria estar relacionat amb el caràcter opressiu dels fets que s’hi descriuen. Sobretot, la invenció del narrador «ari» Petrykowsky, que parla en representació de Morgenstern en primera persona, que al seu torn apareix doblat també en un altre personatge amb el nom de Morgenroth. El relat acaba amb unes paraules del narrador des de Casablanca, des d’on espera aconseguir un visat per fugir als Estats Units, que expressen un sentiment de destrucció total i definitiva, i que resumeixen el que va ser la vida de Morgenstern després del gran desastre: «A veces me parece que se escaparan palabras vivas de una pluma muerta, en proliferación absurda, póstumas y sin objetivo, como uñas, todavía vivas, que crecen en los dedos muertos de un cadáver».




[Font: laserpblanca.blogspot.com]

O secretario xeral de Política Lingüística participou hoxe na presentación deste documental, dirixido e producido por Xan Leira

O secretario xeral de Política Lingüística, Valentín García, participou esta tarde na presentación do documental Buenos Aires, a capital do libro galego no exilio. O traballo audiovisual –guionizado, dirixido e producido por Xan Leira– conta co apoio da Xunta de Galicia e ofrece un repaso polo traballo da colectividade na diáspora para manter viva a edición en galego.

O representante da Consellería de Cultura, Educación e Universidade saudou un documental “que pon en valor o papel de emigrantes e exiliados na promoción da nosa lingua e literatura en América durante o século XX, algo do que todos oímos falar, pero que, en realidade, non adoita ter a visibilidade e o recoñecemento que merece”. “E o máis interesante”, sinalou o secretario xeral de Política Lingüística, “é que ese empeño por darlle vida á lingua galega en América segue vivo hoxe en día , algo do que dan fe as voces de galegos e galegas das novas xeracións que se recollen neste documental”.

Canda Valentín García participaron nesta presentación, que acolleu a Biblioteca Pública de Santiago Ánxel Casal, o director do proxecto, Xan Leira, e o académico e escritor Xosé Luis Axeitos, participante no audiovisual.

O libro galego no exilio

A cidade de Bos Aires foi, durante as seis primeiras décadas do século XX, un centro de produción artística e intelectual galega. Isto quedou patente na edición de boletíns asociativos, revistas e libros a través das entidades emigradas, exiliados e mecenas, do que se dá boa conta no audiovisual.

Buenos Aires, capital do libro galego no exilio recupera e presenta, en apenas 57 minutos, a historia da produción editorial en lingua galega que se desenvolveu na capital arxentina durante os primeiros 60 anos do século pasado. O audiovisual reconstrúe este feito histórico con testemuños de protagonistas ou investigadores daqueles feitos como Xesús Alonso Montero, Xosé Luís Méndez Ferrín, Xosé Luis Axeitos ou os xa desaparecidos Xosé Neira Vilas, Maruxa Seoane, Isaac Díaz Pardo, Francisco Fernández del Riego, Arturo Cuadrado ou Mariví Villaverde, entre outros persoeiros. Tamén teñen cabida as voces das novas xeracións de galegas e galegos da diáspora, o que lle confire unha perspectiva actual a estes sucesos.

Un traballo do guionista, produtor, director e escritor Xan Leira (Bos Aires, 1955) que ten centrada a súa obra na recuperación da memoria histórica de Galicia, fundamentalmente nos eidos da II República, a Guerra Civil, o Exilio, a diáspora galega e a lingua galega. Sobre estes e outros temas ten producido, dirixido e escrito máis de 40 filmes documentais e máis de 100 horas de televisión.

 

[Fonte: http://www.lingua.gal]

Hace 200 años, el 12 de diciembre de 1821, nacía en Francia Gustave Flaubert, autor de obras clásicas de la literatura como « Madame Bovary », « Tres cuentos » y « Bouvard y Pécuchet ». 

Ilustracion Flaubert de Blasberg

Escrito por CLAUDIA LORENZÓN

La relectura y nuevas traducciones de la obra de Gustave Flaubert permiten descubrir y actualizar significados de textos como « Madame Bovary », « Salambó » y « Bouvard y Pécuchet » con los que el autor inauguró la multiplicidad de los puntos de vista y puso en práctica el uso del estilo indirecto libre, transformándose en uno de los mayores escritores de la historia de la literatura, según traductores y editores consultados, a 200 años de su nacimiento, un 12 de diciembre de 1821 en la ciudad francesa de Ruan.

« Su importancia puede medirse por todo lo que trajo de nuevo al arte de narrar », afirma el traductor, ensayista y poeta Jorge Fondebrider, quien tradujo gran parte de su obra, mientras que para la editora Leonora Djament la importancia de su narrativa radica en que « marca un antes y un después en la literatura moderna », otorgando a los personajes menores un protagonismo vedado hasta ese momento, « produciendo una escritura democrática ».

Siguiendo la lectura del filósofo francés Jacques Ranciere, la editora de Eterna Cadencia señala a Télam que « las ficciones de Flaubert -que murió en 1880- plantean el fin de la lógica representativa, aristotélica, orgánica, donde hay relación causa/efecto y proponen, en cambio, una revolución donde los personajes menores –como Felicite en « Un corazón simple »- pueden vivir todas las pasiones », de ahí su sello democrático.

Tapa libro de Flaubert Madame Bovary

De esta manera, « no hay pasiones reservadas a los personajes principales, a los grandes héroes de las historias, a los hombres que realizan los grandes trabajos, y se cuestiona la división naturalizada entre almas nobles y almas vulgares y visibiliza las pasiones y acciones de los « cualquiera », en palabras de Ranciere, que estaban invisibilizados, trabajan todos los días y tienen un rol único preasignado. Se trata de narrarlo todo, no porque todos sean iguales sino justamente porque todos son distintos ».

A este análisis, Fondebrider suma que Flaubert « desarrolló la multiplicidad de puntos de vista narrativos basándose en la perspectiva de los personajes, e instituyó el uso frecuente del estilo indirecto libre, recurso que hoy nos parece evidente, pero que hasta él prácticamente no se usaba; rompió el cliché romántico de equiparar vida y obra, y demostró que cualquier historia, incluidas las más triviales, puede ser literatura si se considera la necesidad de un estilo ».

En ese rescate de su figura, el traductor considera que Flaubert « equiparó la labor del narrador a la del poeta, lo que implica que no se limitó a contar historias, sino que hizo importantes a algunas bastante triviales por la forma en que las contó antes que por lo que dicen las historias mismas, sin perder de vista lo que para él era el dato distintivo de la condición humana: la estupidez, repetida una y otra vez con todas sus posibles variantes en cada uno de sus personajes, sin excepción », como sucede en la inconclusa « Bouvard y Pécuchet », su última novela.

En este sentido, Magdalena Cámpora, directora de la Cátedra de Literatura Comparada de la Universidad Católica Argentina (UCA) y titular de Literatura Francesa en esa institución y en la Universidad del Salvador, dice que en esa novela el autor quiso hacer -según Jorge Luis Borges- « ‘una enciclopedia de la estupidez humana’, y para ello arma clasificaciones que no se entienden: cita libros acreditados, filosóficos, técnicos, cuyas enseñanzas no sirven para nada: en manos de Bouvard y Pécuchet, que son un poco ridículos, y todo se vuelve un engendro » y agrega que « Flaubert hace esto en el siglo XIX, que cree en el progreso, en el avance técnico« .

Fondebrider, que tradujo « Madame Bovary », « Tres cuentos » y « Bouvard y Pécuchet » -que el año próximo editará Eterna Cadencia- cuenta que lo hizo en « ediciones anotadas », lo que significa que a la traducción sumó « centenares de notas porque se trata de textos publicados hace más de un siglo que, por un lado, necesitan datos para que el lector actual pueda entender detalles que para los contemporáneos de la cultura de Flaubert resultaban transparentes, y por otro, porque desde la publicación de esos textos hubo miles de comentarios de críticos y escritores, algunos de los cuales arrojan luz sobre los propósitos de Flaubert ».

Tres cuentos, Gustave Flaubert - Volcán Azul Libros

Para el traductor ese trabajo fue « una verdadera lección de literatura con mayúsculas », que lo obligó « a pensar cada detalle hasta en sus menores recovecos: por ejemplo, si a Flaubert un párrafo le tomaba dos semanas, ¿quién soy yo para liquidarlo en quince minutos? A él no le gustaban ni las repeticiones ni las cacofonías, de modo que, por primera vez, traduje prosa en voz alta para escuchar, después de traducir, cómo sonaba ».

Por otra parte, al respetar el estilo particular de escritura de Flaubert, Fondebrider tuvo que pensar « cómo reproducir en el molde del castellano actual lo que había sido dicho en el particular molde del francés de la época de Flaubert, tarea pocas veces automática, y en cada oportunidad hubo desafíos particulares », según manifiesta.

En el caso de « Madame Bovary » se plantea « una multiplicidad de puntos de vista muy grande que, por lo que vi, muchos traductores previos convirtieron en apenas un narrador omnisciente, y eso no es así en el original », explica el traductor y señala que « en « Los tres cuentos » hay un vocabulario extremadamente preciso », como sucede en « La leyenda de San Julián el hospitalario ».

En este caso, explica que « cuando se describe la jauría que Julián recibe como regalo de su padre, no se menciona la palabra « perro », sino el nombre de cada raza, lo cual implica funciones muy específicas en la cacería, que Flaubert encontró en manuales de caza del siglo XII y que se refieren a razas extintas ». Ni qué hablar del enorme bagaje enciclopédico de Bouvard y Pécuchet: si uno pretende traducirlo tiene que saber cosas tan disparatadas como las particularidades del cultivo de melones, la historia de la Revolución francesa y las especificidades de la ética de Spinoza, y eso solo para abordar apenas tres problemas que doy a modo de ejemplo, de los varios cientos que presenta el libro ».

Por todo esto, Djament considera « fundamental volver a traducir a los clásicos de tanto en tanto porque cambia la lengua, cambia la recepción de esos textos y se resignifican y amplían sus lecturas » y agrega que las traducciones que viene publicando Eterna Cadencia « intentan justamente ofrecer nuevas versiones, aprovechando las nuevas lecturas sobre Flaubert y los materiales inéditos que siguen apareciendo ».

Y destaca que « las anotaciones de Fondebrider brindan al lector contemporáneo una cantidad de información histórica, literaria y lingüística que vuelve la lectura una experiencia todavía más rica y compleja ».

Sin lugar a dudas « Madame Bovary », novela censurada y cuestionada tras su publicación en 1856, es una de las obras más conocidas del autor francés, y si bien a la luz de las corrientes feministas es considerada una heroína, una mujer que se arriesga a la infidelidad o que se niega a maternar a su hija, a la que directamente deja con una nodriza, los expertos consultados relativizan esa calificación.

Fondebrider considera que esa « lectura contemporánea no está presente en las intenciones de Flaubert » y explica que « en su época, estaban de moda las novelas de adúlteras y a partir de una noticia policial y unas memorias de una conocida, el autor escribió su novela como una bravata: quiso demostrar que un tema, desde su punto de vista, del todo intrascendente, podía convertirse en arte a través del estilo. Pero la historia en sí le era del todo secundaria ».

No obstante, reconoce que « como todos los clásicos, admite muchas más lecturas de las que imaginó su autor. Hoy lo leemos de canto y de perfil, y, de acuerdo con el lugar en el que estemos parados, le atribuimos significaciones que no necesariamente tiene ».

« Dudo que Flaubert haya pensando en las luchas feministas del futuro cuando imaginó al personaje de Madame Bovary. Dudo incluso de que la haya considerado una heroína. Por otra parte, y esto ya desde una perspectiva política y filosófica, Flaubert siempre detestó a las mayorías y, en consecuencia, también las luchas colectivas« , afirma Fondebrider.

Escritor retrato de Flaubert Foto Captura Pantalla Zendalibroscom

Cámpora abona la teoría del traductor al señalar que « la infinita servidumbre de la mujer, como decía Rimbaud, es algo que está presente en Flaubert no como lucha, sino como diagnóstico ».

« Emma Bovary es una lectora, alguien con una potente capacidad de ensoñación y de percepción, solo puede acceder a libros pobres, que la hunden en su condición subordinada y le enseñan a percibir y a pensar desde el lugar común y la frase hecha », dice Cámpora en referencia a que el personaje se alimenta de ideas absurdas por la lectura de literatura romántica.

« Creo que esa es una lectura posible con perspectiva de género: pero no desde los temas literales de la novela, sino desde la reflexión sobre el lenguaje, que es el modo que Flaubert tiene para intervenir políticamente en el mundo », afirma la académica.

[Ilustración: Blasberg – foto: Zendalibros.com – fuente: http://www.telam.com.ar]

En « un acto de justicia », los allegados del escritor editaron por primera vez en español su novela « La Viuda » (publicada en 1947 bajo el nombre de « Terra do pecado »). En tanto, la editorial Alfaguara lanzará la reedición de todas sus obras durante el 2022, a propósito del centenario de su nacimiento que se celebrará el próximo 16 de noviembre.

Para Pilar del Ro viuda del escritor publicar esta obra es un acto de justicia y de memoria histrica

Para Pilar del Río, viuda del escritor, publicar esta obra es « un acto de justicia y de memoria histórica ».

 

Hace 75 años, y a sus jóvenes 24 años, José Saramago se presentó ante el mundo editorial para publicar su primera novela escrita bajo el título de « La viuda », pero lejos de la gloria y trascendencia que en años posteriores coronó con el Nobel de Literatura, el autor tuvo que aceptar, con gran pesadumbre, que el editor la publicara con otro título, sin contrato ni retribución alguna, una situación que, a 100 años de su nacimiento, sus allegados buscaron en « un acto de justicia » revertir, editando ese libro por primera vez en español, junto a la recuperación de su obra completa bajo el sello de Alfaguara.

« El autor es un muchacho de 24 años, callado, introvertido, que se gana la vida como escribiente en los servicios administrativos de los Hospitales Civiles de Lisboa, tras haber trabajado durante más de un año como aprendiz de cerrajería mecánica en los talleres de esos hospitales », expresaba Saramago (Azinhaga, 1922-Tías, Lanzarote, 2010) en el prólogo de la obra, editada en portugués por el sello Minerva y por el cual no recibió ni un solo « escudo », la divisa utilizada en Portugal hasta 2002.

La obra, de estilo clásico, que tiene como protagonista a María Leonor, madre de dos hijos, a la que se le muere el marido y debe hacerse cargo de la administración de una hacienda, debatiéndose entre el duelo que marcan las convenciones sociales y el deseo de otras experiencias amorosas, fue publicada en 1947 bajo el nombre de « Terra do pecado », un título que el editor consideró más atractivo comercialmente y que el autor aceptó, sintiendo que de esa manera ingresaba al mundo de las letras de su país.

En ese momento, Saramago (Azinhaga, 1922-Tías, Lanzarote, 2010) había sido padre de una niña, vivía en el seno de una familia que adhería a la izquierda y al comunismo, en una Europa afectada por las consecuencias de la guerra, pero su deseo de ser escritor pudo más y lo llevó a golpear las puertas de distintas editoriales para dar a conocer ese primer trabajo. Por eso, cuando el editor aceptó publicarla pero con varias condiciones, Saramago, lejos de discutirlas, aceptó e hizo el anuncio con felicidad a su familia y a sus amigos.

La obra pasó prácticamente inadvertida en aquellos años, apenas apareció una breve reseña en un periódico local, lo cual sembró dudas acerca de su decisión de escribir, que se profundizaron con la llegada de su segunda obra, « Claraboya », de 1953, que no pudo lograr que viera la luz en ninguna editorial, y se publicó recién en 2011. Ese hecho lo llevó a elegir el silencio por un largo período de 20 años, hasta que comenzó a publicar poemas, crónicas en periódicos y novelas.

La obra, que el autor nunca quiso que se volviera a publicar ni que se tradujera a otros idiomas, volvió ahora de la mano de Alfaguara, a instancias de su viuda y traductora, Pilar del Río, y del catedrático portugués Carlos Reis, quienes creyeron importante que se diera a conocer en español esta novela inicial del autor de « El evangelio según Jesucristo ».

Para Del Río, publicar esta obra es « un acto de justicia y de memoria histórica », y explicó que la novela no se publicó antes debido a la humildad de Saramago: « José no quería hacerlo, decía que era una obra de juventud sin nada del estilo, y pensaba que podía desconcertar y confundir a los lectores. Era una cuestión de humildad », agregó la viuda, quien dijo que había hecho « lo mismo con ‘Claraboya’, que le recordaba una época muy dura y cuyo lanzamiento siempre vio como una operación comercial. Por eso solo permitió que se publicara póstumamente ».

« Cuando envió esa novela a las editoriales, ni siquiera obtuvo respuesta -explica Del Río-. Así que entendió que el problema era que no tenía nada que decir y dejó de escribir durante dos décadas ».

Su primera novela escrita bajo el ttulo de La viuda fue publicada en 1947 bajo el nombre de Terra do pecado

Su primera novela escrita bajo el título de « La viuda », fue publicada en 1947 bajo el nombre de « Terra do pecado ».

La recuperación de la primera edición de esta temprana novela de Saramago está unida a un hecho fortuito, ya que el texto apareció envuelto en un papel, en el cajón de una cómoda, de una antigua casa que iba a ser derribada en el Alentejo. El libro, en cuyas primeras páginas aparecen las dedicatorias de varias amigas, fue descubierto por un hombre que se lo entregó a una psiquiatra, al que asistían él y la viuda del escritor, laureado con el Nobel en 1998, que también se destacó por su obra poética, ensayística y teatral.

Solo el tono filosófico de esta novela iniciática es lo que luego se verá reflejado en la obra del autor de un estilo tan personal que se haría evidente a partir de « Levantado del suelo » (1980), a la que se sumaron luego « El año de la muerte de Ricardo Reis » (1984) y « La balsa de piedra » (1986) y el libro de cuentos « Casi un objeto » (1978).

Su obra de los últimos años incluye novelas, diarios y otras publicaciones, entre las que se destacan « Historia del cerco de Lisboa » (1989)« Todos los nombres » (1997) y la obra teatral « In nomine Dei » (1993).

En 1991 publicó uno de sus trabajos más reconocidos « El evangelio según Jesucristo », que lo catapultó a la fama a causa de una polémica sin precedentes en Portugal -que se considera una república laica-, cuando el gobierno vetó su presentación al Premio Literario Europeo de ese año, alegando que « ofendía a los católicos ».

En acto de protesta, Saramago abandonó Portugal y se instaló en la isla canaria de Lanzarote, y en 1995 publicó una de sus novelas más conocidas, « Ensayo sobre la ceguera », llevada al cine en el 2008 bajo la dirección de Fernando Meirelles.

Fue en 1994 cuando se conoció el primer volumen de « Cuadernos de Lanzarote », un conjunto de diarios que escribió entre 1995 y 2001, y además ingresó en la Academia Universal de las Culturas (París), en la Academia Argentina de Letras y en el Patronato de Honra de la Fundación César Manrique (Lanzarote).

Al año siguiente fue el momento de la emblemática « Ensayo sobre la Ceguera », primera entrega de su trilogía sobre la identidad del individuo.

La reedicin de las obras de Saramago se lanzarn en tres etapas a propsito del centenario de su nacimiento que se celebrar el prximo 16 de noviembre

La reedición de las obras de Saramago se lanzarán en tres etapas a propósito del centenario de su nacimiento que se celebrará el próximo 16 de noviembre.

A partir de la edición en español de « La viuda », la directora editorial de Alfaguara, Pilar Reyes, explicó que « era conveniente publicarlo en 2021 y, a través de este libro presentar todo el proyecto del centenario ».

La editorial anunció además la reedición de las obras de Saramago en 2022, que se lanzarán en tres etapas a propósito del centenario de su nacimiento que se celebrará el próximo 16 de noviembre: enero, marzo y junio.

• La primera etapa estará disponible a partir del 27 de enero, con los títulos « El evangelio según Jesucristo », « Ensayo sobre la ceguera », « Ensayo sobre la lucidez », « El hombre duplicado », « Las intermitencias de la muerte », « Memorial del convento », « Poesía completa » y « Todos los nombres ».

• La segunda entrega contará con « Caín », « El viaje del elefante », « Casi un objeto », « El año de la muerte de Ricardo Reis », « Levantado del suelo », « Manual de pintura y caligrafía », « Historia del cerco de Lisboa » y « La bolsa de piedra », el 17 de marzo. Asimismo, en abril publicarán la fotobiografía de José Saramago, inspirada en un proyecto anterior de Alfaguara, con la ayuda de la Fundación José Saramago.

• En tanto, el 16 de junio estarán disponibles « Cuadernos de Lanzarote I », « Cuadernos de Lanzarote II » y « Las pequeñas memorias », junto a su « Teatro completo » y una espectacular edición bellamente ilustrada de « Viaje a Portugal », cuyos itinerarios son hoy un gran atractivo turístico en su país de origen.

Homenajes a su obra

Este despliegue editorial estará acompañado en 2022 por eventos como conferencias del nobel a cargo de Alberto Manguel que se celebrarán en Portugal y contarán con autores de todo el mundo, exposiciones como « La Oficina de José Saramago », en la Biblioteca Nacional de Portugal y posiblemente en España.

Además, en la tierra que lo vio nacer, Azinhaga, como homenaje a su obra se plantarán cien olivos bautizados con los nombres de un centenar de personajes de sus obras.

Además, en España, el próximo 2 de noviembre se inaugurará en Lanzarote, lugar de residencia del nobel durante años, una exposición con fotografías de Daniel Mordzinski y se celebrará en la isla un recital de José Luis Gómez con textos del propio Saramago, Machado, Azaña y Unamuno, que vivió exiliado en la vecina Fuerteventura.

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

Gustave Flaubert (Paul Gabriel Capellaro 1862-1938). Versailles, châteaux de Versailles et de Trianon.

 

Écrit par CLAUDIOFZA

Le 12 décembre 1821, à quatre heures du matin, est né à Rouen, Gustave Flaubert, fils de Achille-Cléophas Flaubert, chirurgien en chef à l’Hôtel-Dieu de cette ville, et d’Anne-Justine-Caroline Fleuriot.

Gallica propose de retrouver toutes ses ressources consacrées au romancier : sélections, dossier d’écrivain, billets de blog, manuscrits et éditions prestigieuses.

https://gallica.bnf.fr/conseils/content/gustave-flaubert

Je conseille aussi la lecture de Flaubert, les luxures de la plume de Marie Paule Farina. L’Harmattan, 2020.

Quelques citations retrouvées un peu au hasard :

Lettre à Louis Bouilhet, 18 février 1851.

« Mais j’éprouve par là le premier symptôme d’une décadence qui m’humilie et que je sens bien. Je grossis, je deviens bedaine et commence à faire vomir. Peut-être que bientôt je vais regretter ma jeunesse et, comme la grand’mère de Béranger, le temps perdu. Où es tu, chevelure plantureuse de mes dix-huit ans, qui me tombais sur les épaules avec tant d’espérances et d’orgueil ! Oui, je vieillis ; il me semble que je ne peux plus rien faire de bon. J’ai peur de tout en fait de style. Que vais-je écrire à mon retour ? Voilà ce que je me demande sans cesse. »

Lettre à Louise Colet, 26 mars 1854

« Chaque voix trouve son écho ! Je pense souvent avec attendrissement aux êtres inconnus, à naître, étrangers, etc., qui s’émeuvent ou s’émouvront des mêmes choses que moi. Un livre, cela vous crée une famille éternelle dans l’humanité. Tous ceux qui vivront de votre pensée, ce sont comme des enfants attablés à votre foyer.
Aussi quelle reconnaissance, j’ai, moi, pour ces pauvres vieux braves dont on se bourre à si large gueule, qu’il semble que l’on a connus, et auxquels on rêve comme à des amis morts.”

Lettre à Mlle Leroyer de Chantepie, 4 septembre 1858.

« Pourquoi ne travaillez-vous pas ? Le seul moyen de supporter l’existence, c’est de s’étourdir dans la littérature comme dans une orgie perpétuelle. Le vin de l’Art cause une longue ivresse et il est inépuisable. C’est de penser à soi qui rend malheureux. »

Lettre à Léon de Saint-Valéry, 15 janvier 1870.

« Vous me demandez de vous répondre franchement à cette question : « Dois-je continuer à faire des romans ? » Or, voici mon opinion : il faut toujours écrire, quand on en a envie. Nos contemporains (pas plus que nous-mêmes) ne savent ce qui restera de nos œuvres. Voltaire ne se doutait pas que le plus immortel de ses ouvrages était Candide. Il n’y a jamais eu de grands hommes, vivants. C’est la postérité qui les fait. – Donc travaillons si le cœur nous en dit, si nous sentons que la vocation nous entraîne. »

Lettre à George Sand, 4 décembre 1872.

« Car j’écris (je parle d’un auteur qui se respecte), non pour le lecteur d’aujourd’hui mais pour tous les lecteurs qui pourront se présenter tant que la langue vivra. Ma marchandise ne peut donc être consommée maintenant, car elle n’est pas faite exclusivement pour mes contemporains. Mon service reste donc indéfini et, par conséquent, impayable. »

Lettre à Guy de Maupassant, 9 août 1878.
« Prenez garde à la tristesse. C’est un vice. On prend plaisir à être chagrin et, quand le chagrin est passé, comme on y a usé des forces précieuses, on en reste abruti. Alors on a des regrets, mais il n’est plus temps. Croyez-en l’expérience d’un scheik à qui aucune extravagance n’est étrangère. »

 

[Source : http://www.lesvraisvoyageurs.com]

 

 

 

El cantante, letrista, poeta y pintor deposita un legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes

Joaquín Sabina, hoy en el Cervantes.

Escrito por ANTONIO LUCAS

En la versión del tema que Joaquín Sabina escribió con Enrique Urquijo: –Y nos dieron las diez para uno; Ojos de gata, para el otro- aquél estallaba a pedradas los cristales de una sucursal del Banco Hispanoamericano que abrió en el bar donde otro verano, en un pueblo con mar, se enamoró. « Sé que no lo soñé/, protestaba mientras me esposaban los municipales« . Han pasado 20 años desde aquella canción y Sabina ha regresado al Hispanoamericano. Esta vez a su sede central en Madrid, en la calle de Alcalá. Y con distinta escolta: la presidenta del Congreso, Maritxel Batet; Luis García Montero, director del Instituto Cervantes (que ocupa la sede de lo que fue aquel banco), la periodista Nativel Preciado y el poeta Benjamín Prado. El motivo no era celebrar « el cuarto donde aquella vez te quitaba la ropa« , sino depositar un legado en la Caja de las Letras de la institución. Un legado fabuloso.

« La verdadera riqueza de un país es su cultura« , arrancó diciendo García Montero. « En ese sentido, haber convertido la caja acorazada de este edificio antes dedicado a la banca y el dinero en el depósito de la mejor creación es esencialmente significativo. Y no hay mayor compromiso con el futuro que saber acoger la herencia de la gente que ha tenido una aportación cultural a nuestro mundo ». A las 13.21 Joaquín Sabina entraba en el espacio más protegido del Cervantes y en una de sus taquillas desplegaba su repertorio: un bombín de la sombrerería londinense Lock & Co. Hatters (la más antigua del mundo), el manuscrito de la canción Que se llama soledad, unos dibujos propios, la primera edición de su libro de sonetos Ciento volando de catorce (publicada por Visor) y la colección completa de la revista Sur, impulsada en Buenos Aires por Victoria Ocampo, donde Borges -entre otros– publicó por primera vez muchos de sus textos. « No sé de ninguna biblioteca que conserve todos los números de esta revista que empezó en 1931 y, de manera ininterrumpida, llegó a 1966 », dijo Sabina. La revista desapareció en 1991, pero desde finales de los años 60 se mantuvo sin periodicidad, de manera errática.

Este es el legado que deposita el letrista, pintor, poeta y coleccionista. Pero el mediodía dio para más. Sabina se quitaba y se ponía las gafas de sol. Sabina soltaba risas contra la atmósfera. Sabina decía cosas: « Ahora que tantas tonterías se sueltan sobre la Marca España y todo eso, lo que tengo más claro es que nuestra mayor riqueza es nuestro idioma… Yo no recuerdo un solo momento en mi vida en que decidiera ser cantante. Mi principal pasión es leer. En mi casa apenas se escucha música, y menos la mía. A mí me gusta la música buena ».

La presidenta del Congreso reivindicó que la cultura es el faro de costa de España, más allá de tantos placebos de la actualidad, y reconoció el legado generacional -hacia adelante y hacia atrás– de la obra sabiniana. « Tus letras, tu poesía, son una inmensa colección de recuerdos, de sensaciones vividas, por vivir, añoranzas y realidades cotidianas… Y tratas grandes tema atemporales: el amor, la amistad, la pasión o la huella del tiempo que pasa. Pero a la vez tus letras son hijas de su tiempo y tus canciones se han convertido en un espacio de memoria en la que se reflejan varios generaciones, incluso las futuras. Puedo decirte, con seguridad, que mis dos hijas ya no quieren ser princesas« . Ahí Sabina hizo amago de aplaudir.

La parte más cómplice del acto de entrega del legado fue la tercera, cuando a la tarima subieron Nativel Preciado y Benjamín Prado. Amigos del cuando entonces del cantante. Preciado recordó el día en que George Harrison le dio a Sabina cinco libras de propina en el pub en el que el jienense cantaba durante algunos de los siete años que vivió en Londres. Era a principios de los 70. Él prometió conservar de por vida aquel billete. « Pero el afán coleccionista me duró entonces lo que tarde en llegar al primer pub ». Y el autor de Por el bulevar de los sueños rotos recordó los años de las primeras canciones: « Cuando regresé de Londres, al morir Franco, me di cuenta de que lo que me gustaba oír no sonaba en la radio. Y que había una falta de magia en las letras de las canciones españolas que sonaban entonces, así que intenté dignificar aquello junto a Javier Krahe ».

– ¿Qué te falta en la vida? ¿O qué le reprochas?, preguntó Preciado.

– Estoy moderadamente en paz conmigo. En nuestra generación no queríamos ser adultos porque éstos nos parecían unos hijos de puta. Yo he llegado a los 72 y, afortunadamente, aún no me considero un hijo de puta.

– ¿En qué has sido bueno?

– En poco, creo. No soy un padre, ni un marido, ni un amante ejemplar… Pero soy un amigo leal.

– El dinero tampoco parece haberte importado mucho.

– Es verdad. He empezado a pensar en el dinero hace un par de años, empujado por la edad provecta que tengo. Mi inquietud en este asunto es pequeño burguesa. Es decir, quiero que a mis hijas les vaya bien, intentar evitar en lo posible los problemas de una juventud que vive ya peor que sus padres. Pero a mí, fuera de eso, el dinero no me ha importado nada. He despilfarrado mucho invitando a mis amigos.

– ¿Y en este tiempo, cómo te encuentras?

– Me encuentro bien por haber sobrevivido a todas estas maldades que nos asolan. No he tenido Covid, me he portado como un ciudadano ejemplar, llevo la mascarilla, sigo fumando y bebiendo… Sí, estoy bien. Pero no pienso volver a los escenarios hasta que no nos permitan ir sin mascarilla, y estar más juntos, y levantarnos de los asientos para bailar. Y me temo que eso no lo tendremos, sobre todo en Latinoamérica donde están peor que nosotros, hasta dentro de un año y medio. Pero volveré para decir « hola y adiós ».

Joaquín  Sabina junto a Meritxell Batet.

Joaquín Sabina junto a Meritxell Batet. Juan Carlos Hidalgo – EFE

Benditas sean tus ganas de vivir, de beber y de volver, respondió Nativel Preciado. Quedaba el último acto. Y ese fue la lectura al alimón del discurso que Sabina y García Montero dieron en el Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en 2019 en Córdoba, Argentina:

García Montero: un idioma de todos sus hablantes,

Sabina: sin centros ni doctores dominantes,

G.M.: unido pero lleno de matices,

S.: diverso pero sabio en unidad,

G.M.: que alumbra sus palabras más felices,

S.: igualdad, libertad, fraternidad,

G.M.: democracia, razón, constitución,

S.: amor y corazón, dignidad y alegría,

G.M.: ciencia, tecnología…

S.: yo soy más bien de letras, señoría.

G.M.: conciencia, independencia, disidencia,

S.: educación, cultura,

G.M: buena literatura por donde el tiempo vuela.

 

[Fuente: http://www.elmundo.es]

 

Octavio Beares indaga na prehistoria da banda deseñada para viaxar ata ao momento de vizoso esplendor que a nivel artístico vive hoxe

Da revista «O Galiciano» a «Barsowia». Hai fitos claves para entender o cómic galego como a revista «O Galiciano» ?á esquerda?, que naceu en Pontevedra en 1884, e o fanzine «Barsowia», que apareceu no ano 2003.

Da revista «O Galiciano» a «Barsowia». Hai fitos claves para entender o cómic galego como a revista «O Galiciano» ?á esquerda?, que naceu en Pontevedra en 1884, e o fanzine «Barsowia», que apareceu no ano 2003. Galaxia

Por H. J. PORTO

Ocómic galego ten historia e, por riba de todo, ten futuro, un porvir de esplendor que é presente. Facíalle falta poñer en orde ese pasado dunha maneira totalizadora, sintética, vistosa, sinxela e accesible. Había xa algunhas publicacións de grande interese como, entre outras, as debidas a Xulio Carballo, Anxo Rabuñal, Marcos Valcárcel, Rosario Crespo, Xosé Luís Axeitos e Xavier Seoane. E a eles se suma agora A historia do cómic en Galicia, que o estudoso asturiano Octavio Beares (Oviedo, 1970) achega ao catálogo do selo vigués Galaxia.

O propio Xulio Carballo lembra no breve prólogo que abre o libro que no sistema galego tíñanse historicamente desatendido algunhas manifestacións culturais consideradas como subprodutos asociados ao consumo ou á «simple función de lecer». Aí, nesa «tensión entre a calidade e a popularidade da arte» —en palabras do historiador húngaro Arnold Hauser—, sucumbía a banda deseñada. Na raíz deste desleixo sitúa puntualmente a falta de atención das institucións e —moi relevante— do currículo educativo. Por iso, saúda a aparición da investigación de Beares como o «traballo serio e rigoroso» que a novena arte estaba agardando en Galicia para «que recollese ao completo a súa historia».

A historia do cómic en Galicia traza a evolución da banda deseñada desde a súa prehistoria ata os días de hoxe, indagando incluso as orixes das representacións narrativas na arte galega ata o programa iconográfico da catedral de Santiago ou as edicións iluminadas das Cantigas de Santa María de Afonso X. E ese relato dá un paso decisivo co nacemento da prensa galega no século XIX e en particular coa revista pontevedresa O Galiciano. Por suposto, non esquece o papel central da xeración Nós e de Castelao, e os traballos na emigración. E xa nos anos 70 emerxen as figuras pioneiras de Reimundo Patiño e Xaquín Marín. Chegarían despois, tras experiencias inaugurais como Xofre, as revistas Frente ComisarioPolaqiaGolfiño e Barsowia, canteiras nas que se formaron e medraron moitos dos autores que hoxe triunfan internacionalmente como David Rubín e Emma Ríos. Por suposto, Miguelanxo Prado merece capítulo individualizado.

Outra cousa ben distinta son as eivas que se atopan no sector nunha diagnose a nivel empresarial.

 

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]