Archives des articles tagués Elias Canetti

Escrito por Raúl A. Cuello

Nos refiere Bioy Casares en su monumental Borges que, exactamente el sábado 3 de octubre de 1953, su amigo reconocía la llamativa “superstición de los alemanes por Goethe; de cómo se maravillan ante cualquier dicho de Goethe”. Cabe aclarar que Hugo von Hofmannsthal (Viena, 1874-1929) fue un hombre que perteneció al Imperio Austrohúngaro y, dado que la gravitación de Goethe es tan determinante en El libro de los amigos (“Goethe es, o debería ser, el lugar geométrico […] respecto del mundo, no un ‘punto de vista’, sino un punto merced al cual todos los demás puntos se convierten en figuras”), podemos ampliar la observación de Borges en torno al autor de Fausto y decir que la devoción hacia él permea los países de habla germánica en su conjunto.

De hecho (y así lo indica Pablo Gianera en su entretenido prólogo), el título Libro de los amigos iba a ser utilizado como nombre para el décimo tercer libro que ocuparía el cuarto lugar de Diván de Oriente y Occidente, libro de Goethe. Ya se reconoce de entrada el goce de las influencias. Pero el libro de Hofmannsthal no es un homenaje a Goethe, sino que trabaja a partir de la acumulación y la hibridación; en él se suceden reflexiones, aforismos y otras formas breves del pensamiento más variado de autores y personajes como Joseph de Maistre, Platón, Novalis, Napoleón, Schopenhauer, Jacob Wasserman, Balzac y muchos más, a los que se va entretejiendo junto a consideraciones éticas y formales del mismo Hofmannsthal.

Quien haya leído alguna vez la Tetralogía de Markson (también conocida como The Notecard Quartet), los Apuntes (1992-1993) de Elias Canetti o los Aforismos de Zürau de Kafka encontrará en El libro de los amigos un justo denominador común, ya que discurre o, mejor dicho, se entromete en los tópicos caros al alma humana (“El espíritu es realidad aniquilada. Aquello que se ausenta a sí mismo de la realidad, no es espíritu”), al origen de la estética (“Lo que se llama ‘plasticidad’ en la representación poética, es decir, la auténtica puesta en forma, tiene su raíz en la justicia”) e incluso al terreno del retruécano filosófico (“La mayoría de los hombres no sienten, creen que sienten; no creen, creen que creen”).

En cada página pareciera haber un hilo conductor, un hilo temático que va tensando invisiblemente los pensamientos foráneos y propios. Se parece a la traducción: no importa qué es de otro y qué es de Hofmannsthal; en el arco del cerebro a la página, la mano conjuga ambas sin saber (o quizás intuyendo) que a veces, en un otro, hay algo más propio a la identidad de uno que aquello que anida en uno mismo. De lo distinto en lo indistinto (un texto, una página manuscrita, etcétera), de sus formas y sus valores, de la esperanza humana, de aquello que solo pertenece a la república de las ideas, trata este libro que anticipa nuestro presente (¿de qué, si no, está hecho el fragmentario pensamiento contemporáneo?), aunque su punto débil se halla en la impericia para transcribir (del francés) algunas de las frases más determinantes que el autor de la celebrada Carta de Lord Chandos fue acumulando en su cuaderno. No obstante, también el error puede pensarse como un fenómeno productivo: a partir de él, nuevas capas de sentido tal vez vengan para confundirse en el destilado, aportando algún otro atributo sensorial al paladar del lector.

 

Hugo von Hofmannsthal, El libro de los amigos, traducción y prólogo de Pablo Gianera, La Tercera Editora, 2020, 148 págs.

 

[Fuente: http://www.revistaotraparte.com]

Escrito por ARIEL GONZÁLEZ JIMÉNEZ

En su Antología del cuento norteamericano, Richard Ford incluye un trabajo de Philip Roth que forma parte de su libro Goodbye Columbus, la obra que le abrió camino al autor fallecido el pasado miércoles. Se trata de un cuento de una gran profundidad y sencillez (dos materias que en literatura, por suerte, pueden campear unidas), donde un jovencito judío gusta de llevar la contra al rabino en el curso previo a la Bar Mitzvah (esa ceremonia judaica por la que todo hombre debe pasar a los 13 años, precisamente para asumir que ha dejado atrás la niñez).

El protagonista, Ozzie Freedman, cuestiona al rabino del modo más inocente, que es el que siempre resulta más provocador para todas las ortodoxias: “La primera vez había querido saber cómo podía el rabino Binder llamar a los judíos ‘el pueblo elegido’ si la Declaración de Independencia aseguraba que todos los hombres habían sido creados iguales”.

Son preguntas que sacan constantemente de quicio al rabino Binder, hasta que se genera una auténtica crisis. El relato se llama “La conversión de los judíos”, y no les diré más de qué va porque corro el riesgo de espoilearlos (como se dice ahora), lo cual sería una lástima porque el cuento no tiene desperdicio.

Lo que sí diré es que este texto prefigura uno de los grandes filones temáticos en la obra de Roth: el universo judaico, sus ritos, costumbres y representaciones más trascendentes, así como el humorístico, puntilloso y mordaz tratamiento que recibe por parte del que fuera una de las voces literarias más grandes del siglo XX estadunidense.

Su visión de lo judío significó en su obra una suerte de ejercicio crítico y liberador que no abandonaría nunca; le valdría incluso el desprecio de su comunidad y aun de escritores —bueno, también patriarcas del judaísmo— como Gershom Scholem, quien dijo que El lamento de Portnoy era la obra que habían estado esperando todos los enemigos de los judíos.

Lamentablemente para Scholem, había sido escrita no por un palestino ni por un nazi ni por un antisemita, sino por un judío. ¿Eso es posible? La verdadera literatura, emprendida como un ejercicio de absoluta libertad, confirma que sí. El lamento de Portnoy es el monólogo sincero (duro y humorístico, según se vea) que un tipo llamado Alexander Portnoy realiza frente a su psicoanalista, relatándole todas sus lujurias y frustraciones sexuales. Obviamente, toda la perversidad de la obra no encontró ninguna tolerancia entre la ortodoxia judía, si bien sirvió para catapultar su fama literaria.

Pero luego de que esta novela fuera estigmatizada por la comunidad judía, vinieron algunas chicas radicales a poner el ojo a la supuesta misoginia en esta y otras obras de Roth. Estas furibundas lectoras empezaron a encontrar toda clase de vicios y pecados que delataban cuando menos su misoginia, al punto de que llegó a hablarse del “complejo de vagina dentada” que, según estas doctas mujeres, estaba presente en la novelística de Roth.

Ahora, ya bien muerto, no faltaron en las redes sociales las (¿feministas?) que volvieron al tema de la misoginia de Roth, intentando patear sus restos como si se tratara de un bestial acosador o infame violador. Por suerte, uno de sus biógrafos salió a defenderlo recordando que en su lecho de muerte contó con la presencia de al menos cinco de sus exmujeres —porque eso sí, hay que reconocer que el señor Roth era un conquistador.

Por eso me encuentro que ya desde antes de su muerte algunas fanáticas lo incluían entre los escritores-machos que hay que denunciar y, supongo, dejar de leer y, en cuanto sea posible, prohibir sus libros. Vean esta joyita que me encontré en internet: “Pensemos en David Foster Wallace y los personajes que pueblan sus novelas, sí, pero también en Philip Roth, en Michel Houellebecq, en Normal Mailer, en Frédéric Beigbeder, en John Fante, en Martin Amis, en Elias Cannetti o en Charles Bukowski.

“Es decir, pensemos en una literatura rabiosamente cipotuda (sic), narcisistícamente fálica, que ya no erige su misoginia estructural en concepciones científicas, filosóficas o teológicas, sino de una literatura que se atrinchera en el reverso, en el negativo fotográfico de la aversión a lo femenino: en la crisis de lo macho, en la sobreexposición de unos miedos hasta ahora indecibles, en la problematización del sexo y las emociones, en la desconstrucción del propio privilegio”.

Quizás algo de eso tomó en cuenta la Academia Sueca para nunca darle el Nobel a Roth. La institución, tan políticamente correcta, ha sido incapaz en infinidad de ocasiones de defender la literatura por encima de lo ideológico y lo político. Pero que no se lo hayan dado a Roth demuestra que toda una generación de titanes de las letras que tampoco lo recibieron ni lo recibirán (John Updike y Norman Mailer, ya muertos, o los vivos Cormac McCarthy, Don de Lillo o Thomas Pynchon), simplemente no han estado en el radar de una Academia que quizás por eso está hoy en franca bancarrota.

 

[Fuente: http://www.milenio.com]

 

David Foster Wallace, Philip Roth, Michel Houellebecq… ¿son sus libros dramitas masculinos para hombres? ¿la misoginia que desprenden sus personajes impide una lectura feminista de la crisis del macho?

Escrito por Eudald Espluga

Este septiembre se cumplirán 10 años del suicidio del escritor que todos los hombres blancos heterosexuales con ambiciones intelectuales recomiendan: David Foster Wallace. Una efeméride que nos obliga a retomar la pregunta que Deirdre Coyle lanzaba en su artículo « Los hombres me recomiendan David Foster Wallace »: ¿por qué los lectores del autor de Entrevistas breves con hombres repulsivos tienden a ser hombres repulsivos? Y que nos invita, además, a añadirle otra pregunta que quizá sea incluso más perturbadora: ¿por qué nos gustan tanto los hombres repulsivos?

Pensemos en David Foster Wallace y los personajes que pueblan sus novelas, sí, pero también en Philip Roth, en Michel Houellebecq, en Normal Mailer, en Frédéric Beigbeder, en John Fante, en Martin Amis, en Elias Cannetti o en Charles Bukowski.

Es decir, pensemos en una literatura rabiosamente cipotuda, narcisistícamente fálica, que ya no erige su misoginia estructural en concepciones científicas, filosóficas o teológicas, sino de una literatura que se atrinchera en el reverso, en el negativo fotográfico de la aversión a lo femenino: en la crisis de lo macho, en la sobreexposición de unos miedos hasta ahora indecibles, en la problematización del sexo y las emociones, en la desconstrucción del propio privilegio.

I.

¿Por qué nos gustan los capullos?

« La novela contemporánea heteromasculina considerada ‘seria’ es una Historia de Mí apenas velada, tan vorazmente consuntiva como todo el patriarcado. Mientras que el héroe/antihéroes es explícitamente el autor, todos los demás son reducidos a « personajes ». […] Cuando las mujeres intentamos penetrar esta falsedad presuntosa dando nombres porque nuestros « yoes » cambian según conocemos otros « yoes », nos llaman zorras, difamadoras, pornógrafas y aficionadas. « ¿Por qué estás tan enfadada? », me dijo él. »

Lo que acabamos de leer es una de las muchas ideas que podemos encontrar en Amo a Dick, de Chris Kraus, una novela dedicada a escenificar esta pasión cultural por la hombría crepuscular, por la representación artística de la virilidad herida.

En el libro, Chris se enamora de Dick —con el doble sentido de « polla » y « capullo »—. Es decir, se enamora de un vaquero-escultor, un macho sensible y exitoso, tan autosatisfecho con su poderío sexual como naif en sus profundas reflexiones. Por supuesto, el libro es una gran burla. Es un sarcasmo doloroso e íntimo, porque su trasfondo es trágico: ¿por qué amamos a los capullos? ¿por qué incluso en su declive la masculinidad está divinizada y su lamento deviene un elegía que debemos escuchar con posado grave? ¿Por qué no escribimos columnas pidiendo que los escritores hablen de temas universales en vez de insistir en su propio ser hombres, siempre en tono plañidero, furibundo y ofendido?

II.

Dramitas de hombres…¿para hombres?

Representar literariamente la misoginia no te convierte en un misógino y, sin embargo, ¿hasta qué punto la crisis de la masculinidad como tópico literario no termina justificando la misoginia como un mecanismo de autodefensa natural y comprensible?

Esto es lo que sugería Mayca Castro Rodríguez en un artículo en el que se ocupa de la imposibilidad de empatizar con lo que llama « dramitas masculinos ». Castro apunta al hecho que « la tragedia de la virilidad crepuscular » ofrece una salida dramática y victimista a una serie de problemas que los hombres se siguen negando a afrontar. Además, les permite presentar esta masculinidad herida con tintes trágicos, darle dimensión épica y dotarla de un aura especial que casi nos mueve a la compasión.

Pero ¿es realmente así? ¿Los dramitas de hombres son solo para hombres? ¿Entrevistas breves para hombres repulsivos es un libro con el que gozan solamente a los hombres repulsivos? ¿No podemos identificarnos con los capullos?

Pensemos en estos versos de Michel Houellebecq:

« Los hombres solo quieren que les coman el rabo.

Tantas horas al día como sea posible.

Tantas chicas bonitas como sea posible.

Fuera de eso, les interesan las cuestiones técnicas.

¿Ha quedado lo bastante claro? »

¿Se puede empatizar con alguien que escribe con la polla sin ser un machote como Dick?

Virginie Despentes cree que sí. En el caso de Houellebecq, cuando le preguntamos si lo consideraba un autor misógino o machista, apuntaba: « lo considero como alguien que desarrolla un discurso de superodio a las mujeres, cosa que es increíble porque cuando lo conoces no es así. Pero también lo considero como el autor de la crítica del machismo de la masculinidad. Su masculinidad es una masculinidad que es enferma y débil. Si lo piensas, es uno de los autores más críticos. No creo que tenga cariño por su discurso de odio a las mujeres, es más bien el síntoma de una masculinidad blanca que no puede ir más allá. Yo creo que deja a sus lectores que piensen lo que quieran, pero en el fondo sabe que el machismo no es bueno. Pienso que es mejor persona [risas]. Se nota en su poesía, donde es más suave. No lo veo como el típico machista, o como Philip Roth: aquí sí tenemos al auténtico macho ».

La autora de Vernon Subutex asume la existencia de una gradación: una obra misógina puede no ser machista si contiene suficiente ironía y autoparodia, si el odio a las mujeres resulta lo bastante incómodo.

III.

Misoginia… ¿feminista?

Pensemos, por último, en Divorcio en el aire, de Gonzalo Torné. El personaje de Joan-Marc es una recreación hiperrealista de cierta misoginia intelectualizada y blanqueada por la descripción antropológica de la diferencia entre los géneros. Sin embargo, a la diarrea verbal y filosófica del protagonista se opone la estructura de la novela, que permite al lector gozar de la distancia y la repulsión que exigía Despentes:

« -Mira, los chicos nos hacemos los hombres antes de serlo, sacamos pecho, marcamos paquete, nos desabrochamos el segundo botón de la camisa, porque esperamos que eso os impresione; os hacemos reír, y eso está bien, pero nunca nos habéis creído, somos incapaces de sostener la interpretación. Jugamos a ser el sexo fuerte, pero ahí nos tienes, temblando de emoción ante esos organismos que transportan los elementos indispensables para organizar un paraíso en la Tierra. Ninguna de vosotras entendéis desde vuestro desarrollo gradual lo que supone la detonación a los doce, a los trece, a los catorce de esas bombas de testosterona que queman brazos enteros de neuronas hasta la raíz, que impulsan al vello crecer por todo el cuerpo, que te cambian las facciones a tirones, estamos puestos aquí, entre las sensaciones, para plantar la semilla en el surco carnal y asegurar el relevo. ¿Entiendes?

-No. »

La rubrica a esta idea la podríamos encontrar en la interpretación feminista del mismo Philip Roth, alguien que no solo es tildado de misógino por Despentes, sino también por Lionel Shiver — »los personajes femeninos de Roth no son ni de lejos tan completos como los masculinos; muchas veces las mujeres no son más que un montón de cuerpos o, si son exmujeres, errores andantes »—, por Vivian Gornick —la misoginia de Roth es « lava saliendo de un volcán »— e incluso para el mismo David Foster Wallace, quien lo llegó a etiquetar como uno de los tres « Grandes Machos Narcisistas ». Pero en contra de todos ellos, Raina Lipsitz, en un artículo para Salon, llega a defender que lejos de demonizar a las mujeres por su naturaleza, las novelas de Roth —con su juego de espejos e ironía canalla— son en realidad una celebración del sexo femenino.

En el fondo, este era el desafío que nos lanzaba una novela como Amo a Dick. Preguntarnos: ¿podemos darle la razón a quienes creen que las literaturas de David Foster Wallace, Michel Houellebecq o Philip Roth son solo dramitas de hombres para hombres y aun así disfrutarlos y resignificarlos en clave feminista? ¿Podemos hablar de buena literatura misógina, como parecía sugerir Despentes?

No hay una única respuesta. Ambas interpretaciones no son excluyentes. Pero está claro que por lo menos se trata de una pregunta productiva, que problematiza nuestros prejuicios y que nos obliga a reflexionar sobre aquello que nos gusta —aunque sepamos que no debería gustarnos— y a preguntarnos qué es lo que hace que nos guste.

 

[Fuente: http://www.playgrounddo.com]

 

 

 

Uno de los livros mas populares del Premio Nobel de Literatura, Elias Canetti, ke agorananyo kumplieron los 100 anyos de su nasimiento, es ‘Die Gerrettete Zunge”, el primer tomo de su auto-biografia, publikado en traduksion al espanyol en 1980, por la Kaza de Edisiones Muchnik, kon el titolo de “Lengua Absuelta”.
 
Canetti ke eskrivio todos sus livros en alman toka en ”La Lengua Absuelta” al lugar ke djugo en su chikez el ladino avlado por los sefaradis de su sivdad natala, Ruschuk. Aki abasho traemos, en traduksion al ladino, los paragrafos de este livro ke se referan a esta lengua de la kuala el autor se akodra kon nostaljia. 
Los sefaradis se konsideravan djudios espesiales, lo ke estava estrechamente atado a sus tradision espanyola. En el korso de los siglos el espanyol ke avlavan desde sus ekspulsion avia evolusionado muy poko. Avian adoptado algunas palavras turkas ma eyas eran rekonosidas komo viniendo del turko i kaje siempre tenian palavras ekivalentes en espanyol. Las primeras kantigas ke oyi eran viejas romansas espanyolas. 
Mi padre i mi madre avlavan entre eyos en alman, lengua ke no devia entender. A parientes i amigos ansi komo a mozotros los chikos, mos avlavan en ladino. Esta era la lengua vernakula, de kada dia, un kastiliano antiguo; mas tadre lo oyi frekuentamente i nunka me lo olvidi. Las kazalinas ke lavoravan en muestra kaza avlavan en bulgaro i fundamentalmente duvi averlo embezado kon eyas, ma nunka fui a una eskola bulgara i despues ke partimos de Ruschuk, kuando tenia 6 anyos, lo olvidi rapidamente. Todos los akontesimientos de akeyos primeros anyos fueron en ladino i en bulgaro. Despues me se trezladaron, en sus mayor parte, al alman. Solo los akontesimientos espesialmente dramatikos, muertes i matansas ansi ke los peores terrores, me se gravaron en ladino, de manera exakta, ke no puede ser efasada.
Despues de la deskripsion del eskandalo ke ezbrocho kuando kanto un kante de amor a Mary, una chika eleva en la eskola onde estudiava, en Manchester, despues ke su padre fue a lavorar ayi, el eskrive:
Ni mi padre savia kuanta razon tuvo al sospechar ke todo akeyo era atado direktamente a las karikas koloradas de la ninia. Mas tadre pensi a este amor infantil i un dia me vino a la memoria la primera kantiga en ladino ke oyi en Bulgaria. 
Ainda me yevavan en brasos kuando alguna mujer se aserko de mi i empeso a kantar: “Mansanikas koloradas las ke vienen de Stambol”; i entonses aserkando su dedo a mi kara lo undio en eya. Yo griti de plazer, eya me tomo en sus brasos i me bezo. Esto se repeto tantas vezes ke en fin embezi a kantar esta kantiga yo mizmo. Desde entonses los ke kerian azerme kantar djugavan ansi kon mi.


[Orijin: http://www.diariojudio.com]

Escrito por Sophie Goldberg

Viernes 19 de agosto de 1994. El periódico Reforma, en su sección de Cultura, con tipografía de 120 puntos o más, anunciaba la muerte de Elias Canetti. “Muere el 14 de agosto el escritor de origen búlgaro, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1981. Dejó inconclusa su autobiografía. Sus restos descansan en Zúrich, Suiza, junto a los de James Joyce”. Yo sabía perfectamente quién era Canetti, sin embargo desconocía que era de Bulgaria. Ese día, muy temprano, recibí la llamada tradicional de mis padres, era mi cumpleaños. Después de las cálidas felicitaciones, le pregunté a mi papá si ya había leído la noticia y comenté que me llamó la atención que el célebre escritor fuera búlgaro, como él.

—¡Claro, Elias era de Rustschuk, como tu abuela Sofía; de hecho, eran primos! —me respondió con naturalidad.

—¿Quééé? —vociferé. ¿Me estás diciendo que Elias Canetti era de nuestra familia, que era tu tío y, más importante aún, que era, de alguna manera, mi tío abuelo?

De momento fue tal la magnitud de la sorpresa que hice un largo silencio para poner la información en orden. Para cuando pude colocar la mandíbula de regreso en su lugar, el enojo ya había surgido.

—¡Papá, cómo nunca me dijiste! Me has platicado tu vida entera en Bulgaria, la de tus padres y abuelos. Conozco las penas, las anécdotas, el dolor de las separaciones forzosas y las carencias que pasaste como niño durante la Segunda Guerra Mundial y este dato no me lo habías compartido.

—Bueno, no pensé que fuera tan relevante para ti. Mi abuela Raquel Cappón y la tía Mathilde Arditti, la mamá de Elias, vivieron desde muy jovencitas en la misma calle, eran primas y vecinas, una casa en frente de la otra. Conocida como la Pequeña Viena, Rustschuk fue apodada así por haber sido un centro de celebraciones y fiestas de los turcos en tiempos del Imperio. Ahí, en su Pequeña Viena, mi madre —tu abuela Sofía— y sus hermanos gozaban de los largos veranos junto a sus primos, los Canetti —agregó.

Cuando mi padre me dijo esto, me imaginé a las dos familias paseando por los márgenes del Dunav, de ese Danubio que nace en la Selva Negra de Alemania, y que, en su curso, va acariciando las costas austriacas y húngaras, las de Croacia y Serbia, para después morir con una entrada triunfal en el mar Negro de Rumania. Ese Danubio, inspiración de músicos y poetas, ese que es musa y voz, que es soplo y arrebato, que incita a la furia creadora. Danubius, veterana corriente, aguas que danzan en el azul de Strauss, que se dibujan en los paisajes de Albrecht Altdorfer y en los grabados del gran Cranach.

—Las primas se reunían, además, todos los viernes en la sinagoga de la calle de Aksakov para celebrar el sabbat. Eran muy cercanas: cuando los Canetti se mudaron a Manchester las misivas de un lado para el otro no cesaban; pero después de unos años, cuando el padre de Elias murió, la tía Mathilde se trasladó con sus hijos a Viena. Perdieron poco a poco la comunicación que era, de por sí, muy difícil en ese entonces. Luego llegó la guerra y pues menos —dijo papá, como exculpándose.

Tomé nuevamente el periódico y releí el artículo, ahora con otros ojos, ahora con otra emoción. “Descendiente de judíos sefarditas”, “novelista, dramaturgo, curioso de todo, políglota y viajero; Canetti hablaba el español antiguo de su familia”. Como mi abuela, pensé. Como yo, que lo heredé en lo oral y en escritura. De haberlo contactado o haber tenido un encuentro, hubiéramos podido comunicarnos perfectamente en ese ladino o judeoespañol que los sefarditas llevamos en el alma y a través del cual mantenemos nuestras primeras aproximaciones con la literatura, con refranes, con canciones infantiles, con romances españoles y con nuestro pasado.

¡Qué desperdicio, qué coraje enterarme hasta ahora! No haber podido preguntarle qué le hacía sentir esa peculiar fascinación de todo lo que representaba Karl Kraus, el polémico personaje a quien siguió y reconoció como maestro. Qué era lo que le obsesionaba tanto respecto a la muerte, de la que escribió como tarea de vida. Qué pensaba de la guerra, dado que dijo que la palabra, capaz de llevarnos a la discordia, debiera ser capaz también de lo contrario, de evitarla. Me imagino que precisamente por esta preocupación habrá escrito el magnífico libro La conciencia de las palabras; la sola oración como título da para pensar y analizar sin siquiera leer la obra. Hubiera querido preguntarle qué opinaba sobre la ética de la escritura, ahora que yo soy escritora también y una enamorada de la palabra como lo fue él. Hablar de cómo debe haber sido crecer en el ambiente de Rustschuk, con su multiculturalidad de una Babel de diversidad idiomática que seguramente estimuló sus metáforas, su prosa y su meticulosidad; primero en La lengua absuelta, un autorretrato de su infancia en el que habla de nuestra familia al referirse a primos, tíos y demás parientes en aquel barrio sefardí, y en el resto de su magnífica e intensísima obra. Su madre, la prima de mi abuela, le alimentó la pasión por la lectura, por el saber, por los conceptos y la expansión intelectual que para él no tuvo finitud. El recuerdo de sus años de niñez, de su vida familiar y del ladino sería indeleble en sus escritos. De ese paraíso en el que vivió también mi abuela Sofía, Canetti dijo: “Todo lo que viví después, ya había ocurrido alguna vez en Rustschuk”.

Me hubiera gustado interrogarle acerca de sus sentimientos tras el desprecio racista que sufrió por ser judío. Preguntarle acerca de su visión única de la Viena de entreguerras que produjo una de las concentraciones de talento y de creatividad más extensa que hayamos conocido. Un despliegue de figuras de primera línea en todos los campos de las artes en donde figura él, que fue testigo prácticamente de todo el siglo XX, él y su prosa que ofrece uno de los testimonios más genuinos. Imagino que me cuenta acerca de sus amistades y tertulias con Alban Berg, Alma Mahler, Hermann Scherchen, Hermann Broch, Isaak Bábel o Bertolt Brecht. Qué ganas de haber tenido esta charla, de saber de qué platicaban entre dramaturgos, músicos e intelectuales; si se interrumpían unos a otros por su prisa de expresar una nueva idea, si llegaban puntuales a la cita, si eran reuniones en las que lo cotidiano tuviera un espacio o si todo lo que ahí se trataba era profundo y elevado. Si en algún momento se hablaba del amor o si existían relaciones amorosas en ese selecto ambiente. No faltó quien calificara a Elias de esquivo, difícil y cascarrabias; todos esos adjetivos en una sola palabra para los búlgaros sefardíes se conoce como “axí”. Los búlgaros son de esa manera: malhumorados, irritables y gruñones; coraza que usan para defender su buen corazón, si lo sabré yo, que viví toda mi infancia y adolescencia con uno, mi padre.

Sus agudas observaciones sobre el lenguaje en frases como: “Enmudeció por miedo a los adjetivos” o “Hay que abusar de una palabra, para descubrirla”, me han sido de suma valía en mis textos. Yo también considero a la palabra sagrada y a la palabra escrita, aún más. Yo también me detengo a desmenuzar cada vocablo antes de entregarlo a mis lectores. Busco el término idóneo, la expresión que haga magia, la metáfora que asombre, el lenguaje magnético. En mi más reciente novela, El Jardín del Mar, relato precisamente el extraordinario periplo de los judíos de Bulgaria y de mi propio padre durante la Segunda Guerra Mundial. Acontecimientos que muestran valor, piedad y hermandad de un pueblo que se atrevió a ir a contracorriente de lo exigido para salvar a sus ciudadanos de los campos de exterminio. Este extraordinario episodio es poco conocido en los anales de la historia universal, ya que el comunismo mantuvo el suceso en secreto hasta 1991, pero es mi historia familiar, por lo que yo he tenido conocimiento de los hechos desde siempre. La narración comienza justamente en Rustschuk con la familia de mi abuela.

Hasta antes de ese 19 de agosto de 1994, mis lecturas de la obra de Elias Canetti habían sido objetivas, espontáneas y, debo decirlo, por momentos difíciles en su comprensión; pero después de mi descubrimiento tardío de nuestra relación familiar, lo comencé a leer poniendo especial atención en sus obsesiones, en su escritura multigénero, ya que escribió novela, ensayo, apuntes, aforismos, en fin, combina su capacidad de concentración con la avidez insaciable de aprender. Me hubiese gustado agradecerle el haber calibrado, medido y sopesado cada palabra publicada. El haber avalado cada vocablo en la medida en que tomaba responsabilidad al pronunciarlo, y más aún, al escribirlo. Por algo se tardó treinta años en escribir su gran obra Masa y poder. Un tema candente en la época, tema que lo marcó al ser testigo de varias protestas y de las formaciones de las masas tratando de entender el concepto desde la antropología, no desde la política. Para mí, Elias Canetti representa la profesión del escritor, un legado que acabará de ser descubierto en el 2024, cuando se saquen de una bodega en la biblioteca de Zúrich los manuscritos de diarios que bajo sus estrictas órdenes permanecerán sellados hasta que llegue la fecha indicada.

Su idea de que el hombre tiene el poder de la metamorfosis le hacía aseverar que en el ser polifacético reside el don que constituye la verdadera singularidad del ser humano. Estaba seguro de que todos poseemos diferentes dotes y que podríamos vivir a fondo nuestras distintas inclinaciones. Este es un reflejo de su propia avidez por cumplir sus múltiples facetas. Canetti decía que el escritor se caracteriza por dos cosas: porque usa la palabra para enfrentarse a la muerte y atrapar la vida y porque el escritor es el custodio de las metamorfosis; es el hombre capaz de vivir muchas vidas y de dar vida a sus personajes. Así, se puede volver una y otra vez a su obra y encontrar cosas nuevas dentro de una calidad de lengua y de pensamiento de “un clásico”, como lo calificó Ignacio Echevarría, filólogo, editor y crítico, en la conferencia que dictó a principios del 2020 para la Fundación Juan March en Madrid.

Me quedo con las ganas de haberle preguntado, de haber discutido, de haber hablado en judezmo, su primera lengua, y de haber descubierto bajo la máscara del escritor al ser humano: al que añoraba a su padre, al que sufría la profunda tristeza del emigrado, al que le era importante ser reconocido, al que perseguían sombras que lo acompañaron hasta la muerte. Me quedo con las ganas de que, quizá, él hubiese leído mis escritos, de que me hubiera corregido una palabra o hubiera sugerido un símil, de que me firmara un libro, de que tomáramos un café, de prepararle un tradicional gyuvech búlgaro con mucha berenjena, mucha okra y la sazón de los Balcanes. Seguramente hubiese gozado hasta chuparse los dedos porque mi receta es la de nuestra familia, la que llevamos en el paladar. Me quedo con las ganas de que me hubiera conocido, y yo a él; de que me hubiera visto como una manifestación más de la diversidad de la vida, porque las personas éramos su materia prima para hacer sus observaciones más penetrantes. Me quedo con sus interrogaciones, con el sentido de su obra, con la bilis de sus textos autobiográficos. Me quedo con una de sus muchas frases: “Nadie es más solitario que aquel que nunca ha recibido una carta”. Me quedo con esa solitud, porque nunca recibí una carta suya.

Sophie Goldberg es escritora. Entre sus libros: Lunas de Estambul y Vida y pasiones.

[Ilustración: David Peón – fuente: http://www.nexos.com.mx]

 

Le « mythe al-Andalus » allègue la coexistence pacifique interreligieuse – juifs, chrétiens, musulmans – sous domination islamique dont l’Andalousie, conquise par des envahisseurs musulmans, serait l’exemple idéal, admirable. De nombreux manuels scolaires et documentaires, dont « Al-Andalus, une civilisation légendaire » (Die goldene Zeit in Andalusien) de Michael Schwarz, véhiculent ce mythe, qui perdure, occulte la dhimmitude, et demeure source de problèmes graves à ce jour. Le 30 décembre 1066 (3 Tevet 4827), des musulmans assaillent le palais royal de Grenade, alors en al-Andalus (sud de l’Espagne sous domination islamique), et y crucifient Joseph ibn Nagrela, le vizir du roi berbère et chef des Juifs de la ville. Ils massacrent la plupart des Juifs de Grenade, soit « 1 500 familles juives, représentant environ 4 000 personnes qui disparaissent en un jour » selon la Jewish Encyclopedia. 
Publié par Véronique Chemla
L’Histoire est écrite par les vainqueurs. Et parfois instillée par les vaincus. Le « mythe al-Andalus » véhicule l’idée de la coexistence pacifique interconfessionnelle – juifs, chrétiens, musulmans – sous la domination islamique, dont l’Andalousie conquise par des envahisseurs musulmans et dénommée al-Andalus serait l’exemple parfait, et jamais égalé.
Malgré tous les ouvrages d’historiens réputés, généralement étrangers, démythifiant al-Andalus, nombre de manuels scolaires français d’histoire « politiquement corrects » présentent ce mythe al-Andalus comme fait avéré.

Ce mythe est véhiculé contre l’État d’Israël : occultant les pogroms notamment sous l’Empire ottoman, certains allèguent que la refondation de l’État juif aurait brisé une coexistence interconfessionnelle millénaire harmonieuse.

Il perdure dans l’enseignement, dans les discours politiques et communautaires, et est partie intégrante du « politiquement correct ».

Des faits historiques, dont le pogrom à Grenade en 1066, sont ainsi occultés. Le 30 décembre 1066 (3 Tevet 4827), des musulmans assaillent le palais royal de Grenade, alors en al-Andalus (sud de l’Espagne sous domination islamique), et y crucifient Joseph ibn Nagrela, le vizir du roi Berbère et chef des Juifs de la ville. Ils massacrent la plupart des Juifs de Grenade, soit « 1 500 familles juives, représentant environ 4 000 personnes qui disparaissent en un jour », selon la Jewish Encyclopedia. « Ce nombre est supérieur au nombre des Juifs qui ont été tués, pendant la première Croisade, dans l’ensemble des villes et villages de Rhénanie. C’est pourtant cette dernière tragédie que l’on ne cesse de nous rappeler, en oubliant que trente ans auparavant, dans la seule ville de Grenade. il n’y eut pas moins de victimes » (David Littman). Les éditions Provinciales ont republié Le Dhimmi, de Bat Ye’or.

« Al-Andalus, une civilisation légendaire » (Die goldene Zeit in Andalusien) est un documentaire partial de Michael Schwarz.

« Le récit d’un mythe étudié par de nombreux historiens, celui de la coexistence pacifique interreligieuse sous domination islamique. Ce mythe, qui occulte la dhimmitude, est source de problèmes graves à ce jour.

« Pendant huit siècles, juifs, chrétiens et musulmans ont partagé une civilisation commune en Espagne médiévale. Al-Andalus, territoire ibérique ainsi désigné pendant sa domination musulmane du début du VIIIe à la fin du XVe siècle, est souvent considéré comme un paradis perdu, un lieu paisible du vivre ensemble entre les croyants des trois religions monothéistes ».

« Si une cohabitation fut possible, elle n’empêcha toutefois pas nombre de persécutions, de décapitations et de conversions forcées ».
« Cette société multiconfessionnelle reste toutefois unique dans l’histoire européenne et a donné naissance à une culture flamboyante dont les objets d’art, les œuvres littéraires, les monuments et les pièces musicales forcent aujourd’hui encore l’admiration ».
« Historiens et spécialistes de l’art islamique analysent ce riche héritage culturel et le mettent en perspective avec les étapes majeures de ces huit siècles d’histoire, en s’attachant à évoquer les plus grandes figures de cette foisonnante période ».

« Voyage en Al-Andalus, territoire ibérique sous domination musulmane du VIIIe au XVe siècle et point de rencontre des trois religions monothéistes ».

Curieusement, le film reprend l’idée selon laquelle le monde islamique aurait assuré la transmission du savoir antique grec et romain au christianisme médiéval qui l’aurait oublié. Une allégation réfutée par l’historien médiéviste Sylvain Gouguenheim dans son livre « Aristote au Mont-Saint-Michel » (2008) en démontrant le rôle de Constantinople dans cette transmission.

Ce film reprend, sans la critiquer, la version islamique de l’Histoire. Ainsi, il allègue sans le prouver que la condition juive en Europe médiévale chrétienne aurait été pire que celle sous domination islamique. En outre, elle impute à Joseph ibn Nagrela, fils de Samuel ibn Nagrela, vizir auprès du roi berbère Badis al-Muzaffar de Grenade, un orgueil ou une arrogance qui aurait suscité l’ire de la foule musulmane le tuant et massacrant quasiment tous les Juifs de Grenade en 1066. Or, divers historiens soulignent le rôle d’écrits anti-juifs d’Abou Ishaq ayant accru la haine des musulmans. Ainsi, Bernard Lewis a énoncé :

« Un ancien poème antisémite d’Abu Ishaq, écrit à Grenade en 1066, est particulièrement instructif à cet égard. Ce poème, qui se dit déterminant dans le déclenchement des émeutes anti-juives de cette année, contient ces lignes spécifiques :
– Ne considérez pas le fait de les tuer comme une violation de la foi. Le fait de les laisser en vie serait une violation de la foi.
– Ils ont violé le pacte que nous avions avec eux, aussi comment pouvez vous être tenus coupables contre les violateurs ?
– Comment peuvent-ils avoir un pacte, quand nous sommes insignifiants et eux prétentieux ?
– Maintenant nous sommes humbles, à côté d’eux, comme si nous avions tort et eux avaient raison ! »

Un documentaire qui édulcore la dhimmitude, « statut de soumission des indigènes non-musulmans – juifs, chrétiens, sabéens, zoroastriens, hindous, etc. – régis dans leur pays par la loi islamique. Corrélé au djihad, il est inhérent au fiqh (jurisprudence) et à la charîa (loi islamique). Les éléments constitutifs de la dhimmitude sont d’ordre territorial, religieux, politique et social. Le pays conquis s’intègre au dar al-islam (16) sur lequel s’applique la charîa. Celle-ci détermine en fonction des modalités de la conquête les droits et les devoirs des peuples conquis qui gardent leur religion à condition de payer une capitation mentionnée dans le Coran et donc obligatoire. Le Coran précise que cet impôt dénommé la jizya doit être perçue avec humiliation (Coran, 9, 29). Les éléments caractéristiques de ces infidèles conquis (dhimmis) sont leur infériorité dans tous les domaines par rapport aux musulmans, un statut d’humiliation et d’insécurité obligatoires et leur exploitation économique. Les dhimmis ne pouvaient construire de nouveaux lieux de culte et la restauration de ces lieux obéissait à des règles très sévères. Ils subissaient un apartheid social qui les obligeait à vivre dans des quartiers séparés [mellah au Maroc, Ndr], à se différencier des musulmans par des vêtements de couleur et de forme particulières, par leur coiffure, leurs selles en bois, leurs étriers et leurs ânes, seule monture autorisée. Ils étaient astreints à des corvées humiliantes, même les jours de fête, et à des rançons ruineuses extorquées souvent par des supplices. L’incapacité de les payer les condamnait à l’esclavage », a résumé l’essayiste Bat Ye’or.
Le mythe de la « coexistence pacifique inter-religieuse »
Le professeur Bernard Lewis fait remonter ce mythe, forgé par les « juifs pro-islamiques », au XIXe siècle :
« L’âge d’or de l’égalité des droits était un mythe, et si l’on y croyait, c’était la conséquence plutôt que la cause de la sympathie juive pour l’islam. Le mythe fut inventé par des juifs d’Europe au XIXe siècle comme un reproche adressé aux chrétiens – et repris par les musulmans de notre temps comme un reproche adressé aux juifs » (Islam, Gallimard, 2005).

Quant à Bat Ye’or, elle démontre « la fonctionnalité stratégique du mythe d’un islam tolérant et pluraliste inventé par la Grande-Bretagne au XIXe siècle… Né précisément en Bosnie-Herzégovine, ce mythe créé par la diplomatie britannique visait à protéger l’intégrité de l’Empire ottoman contre les ambitions de l’Autriche et de la Russie, qui – instrumentalisant les révoltes des chrétiens slaves catholiques et orthodoxes ou grecs – se taillaient des zones d’influence dans les provinces ottomanes d’Europe. Pour calmer une opinion publique anglaise indignée par les massacres des insurgés chrétiens perpétrés par les Ottomans, le Foreign Office justifia son soutien à La [Sublime] Porte en alléguant la tolérance et la justice inhérentes à l’islam du gouvernement turc. Ce régime, décrétait-il, était le mieux adapté aux chrétiens des Balkans, présentés comme des masses sous-humaines ignares. Les Turcophiles européens partageaient ces opinions et vantaient l’Empire turc, modèle d’un gouvernement multiethnique et multireligieux, garantissant la paix et le bonheur et une justice égale pour tous ses citoyens sous la loi éclairée islamique – argument constamment martelé par le président bosniaque islamiste moderne Izetbegovic ». Or, « les rapports consulaires de l’époque indiquaient une oppression cruelle des chrétiens dhimmi par l’application des lois de la dhimmitude ».

L’essayiste Bat Ye’or explique ce mythe, qui « adopte la version islamique de l’histoire », par des facteurs géopolitiques, tel « l’équilibre politique » européen au XIXe siècle. Ce mythe justifiait « la défense de l’intégrité territoriale de l’Empire Ottoman, c’est-à-dire la sujétion des peuples qu’il contrôlait. Dans l’entre-deux guerres, la tolérance ottomane se métamorphosa en « coexistence pacifique sous les premiers califes », thème qui constitua la pierre angulaire du nationalisme arabe et une arme idéologique contre les revendications autonomistes d’autres peuples » (Face au danger intégriste, juifs et chrétiens sous l’islam. Ed. Berg International, 2005).

Ce mythe agit en narratif anesthésiant : il masque les enjeux du jihad contre l’Occident ou en Eurabia. Il dissimule cette réalité guerrière et son institution corollaire la dhimmitude, ce statut cruel, inférieur et déshumanisant réservé aux non-musulmans – juifs, chrétiens, etc. – sous la domination islamique. De plus, ce mythe « disculpe l’islam classique, à l’origine du totalitarisme islamiste ». Et, il impose la vision « islamiquement correcte » d’un islam « pacifique » (Pierre-André Taguieff, La nouvelle judéophobie, Fayard Mille et Une nuits, 2002) symbolisé par la civilisation brillante al-Andalus, exemple de « coexistence pacifique entre judaïsme, christianisme et islam » en Espagne médiévale sous la férule musulmane.

Ce mythe comprend aussi celui de la « dette » de l’Occident vis-à-vis des « sciences Arabes/musulmanes » . Il dévalorise ainsi la civilisation chrétienne qui, d’une part, a mis un terme à cette « tolérance » par sa victoire sur les Maures et sa reconquête de la péninsule ibérique (Reconquista), et d’autre part, a échoué à créer l’équivalent d’al-Andalous.

Ce mythe distille et renforce « le sentiment de culpabilité et d’infériorité des Occidentaux vis-à-vis de la civilisation islamique » (Alexandre del Valle, Le totalitarisme islamiste à l’assaut des démocraties. Ed. des Syrtes, 2002).

Il affuble l’Occident des pires épithètes – obscurantiste (Inquisition), conquérant (croisades, empires), raciste -, et produit un discours anti-israélien. La recréation de l’État d’Israël contredit le mythe des « dhimmis juifs heureux ». Louer l’attitude mythique admirable de « tolérance » et irréprochable des musulmans à l’égard des non-musulmans stigmatise a contrario Israël : la recréation de l’État d’Israël aurait mis fin à une ère de « coexistence pacifique interreligieuse ». La politique israélienne est déformée au travers d’un prisme mythique biaisé : elle est jugée, et condamnée, à l’aune d’un mythe déguisé en histoire et on requiert d’Israël qu’il se conduise conformément au mythe, ce qui de facto restaurerait le « bon vieux temps » de la dhimmitude, et donc la destruction de l’État juif. Ce mythe s’est métamorphosé pour réapparaître sous l’idée de la « Palestine laïque et multiculturelle » remplaçant l’État d’Israël. Il contribue à accréditer l’idée dangereuse de la « destruction positive de l’État d’Israël » et soutient ceux alléguant : « Nous reconnaissons l’aspiration nationale légitime des juifs et des Palestiniens à un État souverain. Nous sommes pour un État juif et un État palestinien vivant côte à côte, dans la sécurité et la paix. Nous avons reconnu l’État juif.  Et qu’a fait cet État juif ? Il maltraite les pauvres Palestiniens. Il n’arrive pas ou il refuse de faire la paix alors qu’on connaît les termes d’un accord de paix. Cet État d’Israël est perçu comme le pays représentant la plus grande menace pour la paix dans le monde comme le montre un sondage commandé en 2003 par la Commission de l’Union européenne et réalisé auprès de 7 515 Européens… Pour ramener la paix mondiale si précieuse et dans l’intérêt des deux parties concernées, ne serait-il pas préférable de créer un seul État où juifs et Palestiniens vivraient ensemble et en bonne entente comme jadis dans la tolérante al-Andalous ? », c’est-à-dire sous domination islamique, avec un statut cruel et inférieur de dhimmi. Une variante « politiquement correcte » de l’« État binational ».

Bat Ye’or précise que ce mythe :
« Conforte la doctrine islamique. Il atteste la perfection de la chari’a, seule législation gouvernant, dans le passé, le dar al-islam [Nda : Le dar al-islam est un pays gouverné par la loi islamique], et sa supériorité sur toutes les autres juridictions… La moindre critique du statut des dhimmis est rejetée comme suspecte parce qu’elle entame le dogme de la perfection de la loi et du gouvernement islamiques. Ainsi, la louange de la tolérance et de la justice de l’islam, accompagnée de gratitude, s’intègrent-elles dans les obligations exigées du dhimmi ».
Ce mythe pervers a été relayé par les réseaux juifs et chrétiens de la dhimmitude afin d’influer sur les opinions publiques et donc les politiques gouvernementales, en particulier dans le dialogue Euro-Arabe.
« The Myth of the Andalusian Paradise »
En 2016, Intercollegiate Studies Institute a publié « The Myth of the Andalusian Paradise: Muslims, Christians, and Jews under Islamic Rule in Medieval Spain » de Dario Fernandez-Morera. « Scholars, journalists, and even politicians uphold Muslim-ruled medieval Spain—“al-Andalus”—as a multicultural paradise, a place where Muslims, Christians, and Jews lived in harmony. There is only one problem with this widely accepted account: it is a myth. In this groundbreaking book, Northwestern University scholar Darío Fernández-Morera tells the full story of Islamic Spain. The Myth of the Andalusian Paradise shines light on hidden history by drawing on an abundance of primary sources that scholars have ignored, as well as archaeological evidence only recently unearthed.
This supposed beacon of peaceful coexistence began, of course, with the Islamic Caliphate’s conquest of Spain. Far from a land of religious tolerance, Islamic Spain was marked by religious and therefore cultural repression in all areas of life and the marginalization of Christians and other groups—all this in the service of social control by autocratic rulers and a class of religious authorities. The Myth of the Andalusian Paradise provides a desperately needed reassessment of medieval Spain. As professors, politicians, and pundits continue to celebrate Islamic Spain for its “multiculturalism” and “diversity,” Fernández-Morera sets the historical record straight—showing that a politically useful myth is a myth nonetheless. »
Ce livre a été publié en français par les éditions Jean-Cyrille Godefroy sous le titre « Chrétiens, juifs et musulmans dans al-Andalus. Mythes et réalités de l’Espagne islamique » par Dario Fernández-Morera, professeur au département d’espagnol et de portugais de l’Université Nortwestern (Illinois), docteur de l’Université Harvard, ancien membre du Conseil national des États-Unis pour le développement des humanités, auteur de nombreux livres sur l’Espagne médiévale, le Siècle d’or, la rencontre de l’Europe et des Amérindiens et l’œuvre des grandes figures de la littérature classique espagnole. « Universitaires, journalistes et hommes politiques, tous nous présentent « Al-Andalus », l’Espagne sous domination musulmane, comme un paradis multiculturel où musulmans, chrétiens et juifs vivaient en harmonie. Ce conte de fées est un mythe. Dans Chrétiens, juifs et musulmans dans al-Andalus, un ouvrage décapant, l’historien Darío Fernández-Morera révèle la réalité de l’« Espagne arabo-musulmane », à partir de sources volontairement ignorées et de récentes découvertes archéologiques. »
« Ce prétendu paradis de la coexistence heureuse a commencé avec la conquête de l’Espagne par le califat islamique. Les armées de l’islam, composées de Berbères incultes, détruisirent un Royaume visigoth qui avait conservé l’héritage de la culture classique après la chute de l’Empire romain d’occident, et dont le niveau de civilisation était largement supérieur. Loin d’être un espace de tolérance, l’« Espagne musulmane » fut le lieu d’une régression culturelle dans tous les domaines de la vie. Chrétiens et juifs y furent marginalisés et opprimés par des autocrates religieux. Considérés comme subalternes dans une société hiérarchisée, ils furent réduits au rang de dhimmis, et eurent le choix que les gangsters donnent à leurs victimes : payer pour être protégés, ou disparaître. Tandis que politiciens et idéologues continuent de célébrer l’« Espagne musulmane » pour son « multiculturalisme » et sa « diversité », Darío Fernández-Morera montre que cette construction politiquement utile est une falsification de l’histoire. »
Le livre est préfacé par Rémi Brague, de l’Institut :
« Nous avons tous besoin d’un paradis. Si l’on ne croit plus à celui qui nous est proposé au Ciel, on le cherchera sur terre. Au XXe siècle, ce fut longtemps l’URSS. Après le Rapport Khrouchtchev, l’amour franchit l’Amour et le paradis terrestre fut transplanté en Chine. On se souvient des articles signés K. S. Karol dans le Nouvel Observateur, en particulier « L’empire éco-céleste » qui vantait le respect maoïste pour l’environnement. Ou ceux de religieux dominicains qui voyaient dans la Chine un vaste monastère—sans voire que les trois vœux y étaient obligatoires… D’autres paradis plus petits comme Cuba, l’Albanie, etc. s’y ajoutaient comme les lunes de ce vaste soleil rouge. Le Cambodge de Pol Pot a encore d’illustres défenseurs. Ces paradis se situant sur notre terre et à notre époque, ils étaient susceptibles de recevoir une confirmation empirique. L’Intourist soviétique et ses équivalents s’en chargeaient. Simon Leys a décrit de façon impayable la naïveté des « intellectuels » occidentaux véhiculés de ferme modèle Potemkine en école Potemkine par les services chinois[1]. Mais l’ennui de ces paradis regagnés est qu’ils pouvaient aussi être infirmés par l’expérience, ce qui ne manqua pas de se produire.
D’où l’avantage d’une autre tactique : projeter ce paradis recherché dans le passé, ce qui le met à l’abri de démentis trop faciles. On vit fleurir ainsi, dans tous les styles, et selon les sensibilités, des époques bénies : L’Empire romain d’avant Constantin comme tolérant, l’Empire aztèque comme proto-socialiste, le XIII siècle européen comme apogée de la chrétienté. Pensons aussi à Alexandrie, qui fut aussi le lieu du premier pogrom en l’an 38 de notre ère.
L’Espagne, terre de légendes
L’Espagne est une terre propice aux légendes. Deux exemples, un négatif, et un positif :
(a) La leyenda negrasur les massacres d’Indiens en Amérique, ou sur la fourberie et la cruauté des Espagnols, est lancée par les plumitifs des rivaux commerciaux de l’Espagne, France, Angleterre et Hollande, comme prétexte pour piller les galions qui ramenaient du Nouveau Monde les métaux précieux. Francis Drake et sa piraterie d’État, avec ses équivalents malouins, se trouvaient ainsi légitimés : le vol n’était au fond que de la « récupération ».
(b) Au XIXe siècle, la nostalgie de l’Europe qui se rationalisait pour s’industrialiser a franchi le golfe du Lion, passant de l’Italie à l’Espagne. Mais elle a changé de signe : ce qui intéresse désormais n’est plus la supériorité d’une culture ancienne et raffinée (celle du Grand Tour des nobles anglais), mais au contraire la primitivité de pacotille, les mœurs farouches, mais présumées « authentiques ». Le monument impérissable en est la Carmende notre Mérimée, pendant espagnol de la Colomba corse du même. On peut ajouter encore trois autres « c » : caramba ! (le sang chaud), corrida (la cruauté, l’amour du sang), castañetas (tout ce qui est « typique », et avec elles les mantilles, les éventails, le flamenco, etc.)
Pourquoi donc ne pas ajouter à ces châteaux en Espagne l’image rose d’une coexistence harmonieuse entre les « trois religions monothéistes » ? Cela aurait eu lieu au Moyen Âge, tant que le sud de la Péninsule était sous domination islamique. Ce bonheur aurait été interrompu par l’irruption des méchants chrétiens du Nord. Ceux-ci auraient apporté, à l’exclusion de tout autre élément culturel, l’intolérance, l’Inquisition, etc.
Pourquoi la légende d’al-Andalus ?
(a) Actuellement, les associations internationales comme la Ligue arabe ou la Conférence des États islamiques aident à la propagation de tout ce qui fait apparaître le passé islamique comme brillant et l’islam comme RATP (« Religion d’amour, de tolérance et de paix »). En particulier, l’évocation d’Al-Andalus doit démontrer la possibilité d’une renaissance dans le futur de ce qui est censé avoir eu lieu dans le passé. Toute sorte d’idiots utiles, aussi ignorants que bien intentionnés, emboîtent le pas.
(b) En Espagne même, l’autoflagellation est une spécialité reconnue depuis longtemps et pratiquée avec succès dans toutes les régions. Plus particulièrement, l’Andalousie est une région (une autonomia) de l’Espagne actuelle. Al-Andalus, en revanche, désigne la totalité de ce qui, dans la Péninsule ibérique, était sous domination islamique. L’Andalousie actuelle en est une partie, mais le domaine en question comportait aussi le plus gros du Portugal, la Castille, et remontait à peu près jusqu’à la vallée de l’Ebre. Or donc, la junte autonome d’Andalousie se cherche une identité historique qui la distinguerait de ses voisines. Faute de mieux, elle la cherche en se rattachant à un passé idéalisé.
(c) Les Juifs européens, émancipés au XIX siècle, mais encore sous le coup de diverses restrictions, ont cherché à faire honte aux Chrétiens et à leur donner l’exemple en opposant une « tolérance » islamique à l’Europe catholique, réduite à l’éternel « les croisades et l’inquisition ». Or, les plus grands esprits de l’orientalisme européen étaient justement des Juifs[2].
Il est de fait que les Séfarades expulsés d’Espagne en 1492 furent accueillis dans l’Empire ottoman, où ils produisirent de beaux fruits à Corfou (Albert Cohen), à Salonique, en Bulgarie (Elias Canetti), etc. On mentionne moins souvent un fait symétrique, l’exil des Juifs chassés par les Almohades en 1140 et qui ont trouvé refuge dans la Catalogne et la Provence chrétiennes. Là aussi, la culture en bénéficia, par exemple grâce aux traductions vers l’hébreu d’œuvres arabes de spiritualité, puis de philosophes juives, enfin de textes de philosophes musulmans comme Averroès par les trois générations de la famille Ibn Tibbon.
Dégrisement
Les esprits revenus de leur ivresse apprécieront des ouvrages qui les aideront à appuyer leur intuition : cela est trop beau pour être vrai. Récemment, un éditeur courageux a eu la bonne idée de publier en français le gros livre de Serafin Fanjul[3]. Et voici maintenant celui de Dario Fernandez-Morera, que j’ai donc l’honneur et la joie de préfacer ici.
Les deux auteurs que je viens de nommer, de manière amusante, jouent à compétences renversées : Fanjul, professeur émérite d’arabe à la Complutense (Madrid), se demande surtout quelle est la part d’al-Andalus dans l’identité espagnole d’aujourd’hui. Il intervient dans le débat devenu classique outre-Pyrénées entre deux érudits, tous deux républicains en exil sous Franco, Americo Castro et Rafael Sanchez Albornoz, sur la nature de l’identité espagnole. Le livre français de Fanjul constitue le condensé de deux livres en castillan parus en 2000 et 2004. Certains chapitres, trop centrés sur l’Espagne, par ex. de dialectologie, n’ont pas été repris dans la traduction française. Mais il reste de succulentes perles dans son bêtisier, comme Mérimée qui prend pour « un élégant bâtiment moresque » la Lonja de la sedade Valence. La ville avait été reprise par les Chrétiens en 1238, et le bâtiment construit entre 1482 et 1498 en gothique flamboyant[4].
Quant à Fernandez-Morera, américain, non-arabisant, mais professeur d’espagnol à Northwestern University (Evanston, Illinois), spécialiste de la littérature du Siglo de oro, il s’était déjà fait connaître par des monographies sur des écrivains de cette époque, Garcilaso de la Vega et Cervantes. Il s’interroge ici sur la réalité des récits sur la coexistence harmonieuse (convivencia) des trois communautés musulmane, juive et chrétienne. Il met en évidence ce qui, justement, devrait être évident, et qui est masqué par toute une propagande. Il a la cruauté de mettre en exergue de chacun de ses chapitres une sélection des bêtises qui ont été écrites sur le sujet qu’il y traite.
Soulignons quelques points :
(a) L’Espagne musulmane fut le résultat d’une conquête militaire, nécessairement brutale puisqu’involontaire. Plus cruelle qu’ailleurs ? Pas nécessairement. Mais pas moins non plus (ch. 1). L’avancée des troupes arabes au Sud de la Méditerranée ne fut pas sans rencontrer des résistances. Les Berbères gardent mémoire de la Kahina, souveraine de l’actuelle Tunisie, qui résista aux Arabes jusqu’à ce que ceux-ci s’en débarrassent en l’empoisonnant.
(b) L’Espagne d’avant la conquête arabo-berbère n’était pas vide, ni d’hommes ni de culture. Elle a fourni plusieurs poètes latins, le philosophe Sénèque, l’empereur Trajan. La dynastie des Wisigoths était fortement soumise à l’influence de Constantinople. L’Espagne sur laquelle elle régnait était pénétrée de culture classique. Elle a entre autres produit Isidore de Séville, dont l’encyclopédie a synthétisé le savoir antique et l’a transmis au Moyen Age (ch. 2).
On peut signaler une tendance de l’islam, non universelle, mais pas exceptionnelle non plus, à nier tout ce qui l’a précédé, à le rejeter dans l’« ignorance ». La récente destruction physique des monuments assyriens par l’État islamique est la conséquence d’une attitude intellectuelle plus profonde. L’incendie de la bibliothèque d’Alexandrie n’est probablement pas à mettre au débit des Arabes, mais la raison donnée dans le récit habituel correspond bien à la tournure d’esprit d’Omar.
En tout cas, dans l’Espagne qui fut soumise à l’islam, il ne subsiste aucune église d’avant la conquête. La Mosquée de Cordoue fut construite en partie avec les pierres d’une ancienne église dédiée à saint Vincent.
(c) La civilisation de l’Espagne sous domination islamique fut certes brillante. Elle le fut en poésie, en philosophie avec Ibn Bajja, Ibn Tufayl et Averroès. En architecture, elle a laissé des monuments remarquables comme la Giralda de Séville, la Mosquée de Cordoue, l’Alhambra de Grenade. Mais qui bénéficia de ces splendeurs ? Comme pour l’histoire des autres régions islamisées, faute de documents, nous ne savons à peu près rien de la paysannerie, laquelle constituait l’énorme majorité de la population[5]. Nos sources ne parlent guère que des citadins, voire des juristes. Al-Andalus était agréable pour ses élites, mais elle n’était pas un paradis de la convivencia.
(d) La culture juive de l’époque a certes été elle aussi brillante. Mais le plus grand, Maïmonide (m. 1204), a dû quitter la péninsule à dix ans et a produit son œuvre en Égypte. Le poète et apologète Jehuda Halevi, auteur du Kuzari, dont « le cœur était en Orient », a voulu mourir en Terre sainte. Ibn Naghrela fut bien un temps vizir d’un roitelet à l’époque des reyes de taifas, mais il finit, avec d’autres de ses coreligionnaires, tué dans un pogrom. Les persécutions n’ont pas manqué non plus, dans la Péninsule comme dans le reste du Maghreb où elles ne cessèrent, horresco referens, qu’avec la présence française[6]…
(e) L’excision des filles était une pratique répandue, ainsi que la lapidation des adultères. Ce qui peut paraître un détail est très révélateur : il y a une abondante poésie amoureuse, mais elle suppose comme son arrière-plan social l’esclavage sexuel : l’aimée chantée par le poète est toujours une concubine, jamais une femme libre (ch. 5).
(f) Il est vrai que la pression sociale s’est accrue au fil du temps en même temps que la pression extérieure des royaumes chrétiens du Nord, et comme conséquence de celle-ci : il fallait « serrer les rangs ». Mais les premières périodes, de la conquête à l’ère omeyyade (756), puis pendant celle-ci, n’ont en rien été des paradis. Destructions d’églises, crucifixions, abondèrent. On notera la scène où Abd-el-Rahman (bien mal nommé) fait brûler le visage d’une esclave qui se refusait à lui (ch. 4). Les campagnes du vizir al-Mansur (Almanzor) ont laissé des souvenirs cuisants.
En résumé, l’Espagne sous domination islamique ne se distingue pas radicalement des autres régions de l’Empire islamique. Elle ne constitue nullement une oasis de « tolérance » et de « coexistence » entre les religions. Sur certains points, elle est même plus sévère qu’ailleurs.
Méthodologie
Pour finir, on peut proposer ici quelques règles, dont la centrale serait de voir les faits dans leur contexte historique, et éviter les évaluations morales. Ceci vaut d’une manière générale. Exemples :
(a) L’accueil d’un conquérant avec des fleurs, etc. Lorsque la Wehrmacht est entrée en Ukraine en 1941, bien des habitants de ce pays qui avait été dévasté par la famine artificielle (Holodomor) voulue par Staline moins de dix ans auparavant, crurent à une libération. Ils devaient vite déchanter. D’une manière générale, on se range souvent « du côté du manche », du côté du vainqueur, dont on ne sait pas encore trop qui il est vraiment. Le conquérant ne le savait d’ailleurs pas nécessairement encore très bien lui-même.
(b) La « tolérance » islamique n’est pas une vertu, car la vertu est toujours le fait de personnes, non de civilisations ou de systèmes politiques. Ce qu’on appelle « tolérance » (dhimma) était la solution d’un problème très concret, qui est l’écrasante disproportion entre la mince couche de conquérants formant la caste dominante et la masse énorme des conquis dont le travail nourrit les nouveaux maîtres comme il nourrissait les maîtres précédents. Elle s’accompagne de mesures humiliantes destinées à exercer sur les soumis une pression. Le système juridique mis en place fonctionne ensuite comme une nasse : il est permis d’entrer dans l’islam, il est interdit d’en sortir.
(c) Une civilisation peut être sur certains points ou sur presque tous plus avancée qu’une autre et avoir fait des découvertes d’une grande importance. Mais la question de la diffusion de ces innovations est autre. Cela vaut d’ailleurs déjà à l’intérieur du monde islamisé. C’est ainsi qu’un chercheur m’a fait remarquer que des savants islamiques pouvaient très bien inventer un algorithme pour résoudre un problème précis, un partage d’héritage, p.ex., et ne pas chercher ensuite à le réutiliser, encore moins à le généraliser.
Dans le cas d’espèce, les acquis d’al-Andalus ont été brillants. Mais cela ne suffit pas pour que l’on puisse parler d’un transfert. Un exemple : les mathématiques arabes étaient au Moyen Âge bien supérieures à celles des Européens. Elles se fondaient sur ce qui était resté des mathématiques (dont l’astronomie) grecques, mais les mathématiciens de langue arabe ne se sont pas contentés de répéter. Ils ont prolongé et dépassé, voire critiqué leurs sources comme en témoignent des titres hardis, celui de Razi, Doutes sur Galien ou celui d’Alhacen, Doutes sur Ptolémée. Mais pouvons-nous être certains de ce qu’ils ont été reçus en Europe ? Gerbert d’Aurillac (pape Sylvestre II) se serait inspiré de connaissances mathématiques d’origine arabe, trouvées dans des couvents catalans, et Léonard de Pise (Fibonacci) dit avoir étudié à Bougie. Faut-il le croire ?
Il est en revanche certain, et même évident, que la médecine arabe, celle de Razi (Rhazès), Avicenne, et d’autres, ont dominé la médecine européenne, dans certaines régions, jusque tard dans le XVIIe siècle[7]. Le cas le plus brillant, bien attesté, est celui de l’optique d’Ibn al-Haytham, Alhazen pour les Latins (m. 1039). Traduit en latin par le polonais Witelo, appelé en latin Vitellion (m. 1275), son traité a été lu par Roger Bacon, et jusqu’à Kepler.
Des analogies, aussi poussées soient-elles, entre deux phénomènes, ne prouvent rien tant que l’on n’a pas donné une explication plausible de la façon dont un phénomène a pu en influencer un autre, où, quand, par quels canaux de transmission, etc. Cela vaut pour l’amour courtois des Provençaux et l’amour odhrite des Arabes ; ou encore pour l’astronomie de l’École de Maragha et celle de Copernic. Adhuc sub judice lis est.
Par ailleurs, des avancées spectaculaires dans une culture ont pu passer inaperçues dans une autre. Ainsi, Al-Biruni (m. 1070), génie universel en chronologie, géodésie, botanique et pharmacopée, et auteur d’une extraordinaire description de l’Inde, remarquable par sa parfaite objectivité, n’est pas entré en Occident avant le XIXesiècle.
(d) On sera prudent avec les notions d’« apports d’une civilisation », de « dette », etc. Ces expressions suggèrent en effet qu’une civilisation pourrait donner quoi que ce soit à une autre. Or, les biens culturels ne sont pas des choses qui voyagent comme des marchandises. C’est bien plutôt la civilisation d’arrivée qui prend ce qui lui convient dans la ou les civilisation(s) de départ. Ces denrées culturelles ne sont reçues qu’au prix d’un travail d’appropriation qui se déroule dans la civilisation d’arrivée, et qui commence par la traduction des textes qui sont le support de ces biens.
(e) On se demandera aussi quel genre de choses la civilisation réceptrice prend de l’émettrice. On observera qu’il s’agit avant tout d’éléments au sens propre : quant au langage, souvent des objets techniques qui entrent dans la culture matérielle en même temps que leur nom entre dans le vocabulaire, parfois des thèmes littéraires, très rarement des règles syntaxiques[8]. Quant à la vision du monde et son couronnement en une religion, à peu près rien. On évitera de confondre religion et civilisation matérielle et de parler, par exemple, des « techniques d’irrigation des musulmans » ; on distinguera également religion et création philosophique. Ainsi, ce qui est passé d’Averroès en Europe est ce qui n’a à peu près aucun rapport avec la religion, à savoir ses commentaires d’Aristote et sa défense de la philosophie contre al-Ghazali.
[1]           S. Leys, Ombres chinoises, Paris, 10/18, 1975.
[2]           Voir p.ex. Ned Curthoys, « Diasporic Visions: Al-Andalus in the German Jewish Imaginary », Arena Journal, 33/34, 2009, p. 110-138.
[3]            S. Fanjul, Al-Andalus, l’invention d’un mythe, Paris, L’Artilleur, 2017, 715p.
[4]           P. Mérimée,  Lettres adressées d’Espagne au directeur de la revue de Paris, I, Madrid, 25 octobre 1830, p. 441.
[5]           Voir R. S. Humphreys, Islamic History. A Framework for Inquiry, Revised edition, Princeton, Princeton University Press, 1991, ch. 12 : The Voiceless Classes of Islamic Society : The Peasantry and Rural Life, p. 284-308.
[6]           Voir les sources réunies en un épais dossier et traduites par David G. Littman et 

Paul B. FentonL’exil au Maghreb. La condition juive sous l’islam, 1148-1912, Paris, Presses de l’Université Paris-Sorbonne, 2010, 792p.

[7]           Voir D. N. Hasse, Success and Suppression.Arabic Sciences and Philosophy in the Renaissance, Cambridge (Mass.), Harvard University Press, 2016.
[8]           Une exception fascinante : le piùitalien devenu pioen grec moderne et y remplaçant les formes du gec ancien pour le comparatif en -eroVet, quand s’y adjoint l’article, les superlatifs en -atoV, -istoV. »
« Al Andalus, l’invention d’un mythe »
En 2017, L’Artilleur a publié « Al Andalus, l’invention d’un mythe. La réalité historique de l’Espagne des trois cultures » de Serafin Fanjul, membre depuis 2011 de l’Académie royale d’histoire. « Dans l’Europe actuelle confrontée à une immigration musulmane continue, on aime bien se référer au modèle de cohabitation pacifique des trois cultures d’Al-Andalus. L’histoire de l’Hispanie musulmane ou d’Al-Andalus est ainsi un enjeu archétypique. Au Moyen Âge, la Péninsule ibérique aurait connu une remarquable et inhabituelle cohabitation pacifique entre juifs, chrétiens et musulmans. Une admirable symbiose culturelle qui aurait duré vaille que vaille du VIIIe siècle jusqu’à l’expulsion des juifs en 1492, voire, jusqu’à l’expulsion des morisques en 1609. »
Professeur de littérature arabe à l’Université autonome de Madrid, « Serafín Fanjul, affirme qu’il s’agissait, dans la réalité des FAITS, d’« un régime très semblable à l’apartheid sud-africain » et d’une époque globalement « terrifiante ». Soulignant que les motifs et les facteurs de luttes et d’affrontements entre l’Espagne musulmane et l’Espagne chrétienne ont été prédominants pendant toute la période concernée, il montre qu’Al-Andalus a été tout sauf un modèle de tolérance. Il ne s’agit pas pour lui de nier qu’il y a eu des éléments de communication culturelle (surtout d’origine hellénistique) jusqu’au XIIe siècle. Mais il s’agit de montrer qu’il n’y a jamais eu un merveilleux système mixte sur lequel aurait reposé la cohabitation pacifique ; qu’il n’y a jamais eu un mode de vie partagé par tous, une même perception du monde valable pour tous. »
« Les chrétiens dans al-Andalus »
En 2016, a été publié « Al-Andalus y la Cruz : La invasión musulmana de Hispania » de Rafael Sanchez Saus, professeur d’histoire médiévale à l’université de Cadiz. Il a été doyen de la faculté de philosophie et de lettres de l’UCA (1999-2004) et recteur de l’université San Pablo CEU de Madrid (2009-2011). Membre de l’Académie royale hispano-américaine des sciences, des arts et des lettres, dont il a été le directeur, il est aussi directeur de la Cátedra Alfonso X el Sabio. Il est l’auteur d’une douzaine d’ouvrages, considéré comme l’un des meilleurs spécialistes de la frontière entre maures et chrétiens dans l’Espagne médiévale. « Así surgió Al-Andalus, con la conquista árabe de España entre los años 711 y 719, y con el posterior establecimiento de un sistema como medio para perpetuar el dominio establecido por una pequeña minoría de guerreros musulmanes orientales y norteafricanos sobre los autóctonos cristianos. Este dominio se articuló a través de un régimen que consagraba el sometimiento político, religioso, y la inferioridad jurídica y moral de los cristianos. Aunque las ventajas ofrecidas a los conversos al islam indujeron a muchos cristianos a la apostasía, y otros muchos prefirieron el exilio, todavía hacia 950 Al-Andalus era un país mayoritariamente cristiano. Dos siglos más tarde, la cristiandad se había desintegrado por la inmersión en la cultura árabe y oriental, y por la abierta persecución desatada contra ella por almorávides y almohades. Este libro se ha escrito para dar a conocer la realidad de la vida de los cristianos en Al-Andalus, que poco o nada tiene que ver con las ensoñaciones y falsificaciones interesadas que nutren un mito construido a costa de la verdad histórica, y a la sombra de la crisis de los valores que hicieron posible el surgimiento de España como proyecto alternativo a lo que Al-Andalus supuso ».
En 2019, les éditions du Rocher ont publié « Les chrétiens dans al-Andalus. De la soumission à l’anéantissement » de Rafael Sánchez Saus, dans une traduction de Nicolas Klein et avec une préface d’Arnaud Imatz. « L’invasion arabo-musulmane de l’Espagne wisigothique, initiée en 711 pour culminer en 719 avec la conquête de la Gaule narbonnaise, a été l’événement aux conséquences les plus considérables de l’histoire d’Espagne. On oublie souvent que, pendant des siècles, la majeure partie de la population fidèle à la religion chrétienne et la minorité juive ont été soumises à un régime de très forte discrimination. Celui-ci reposait sur la ségrégation sociale, l’absence de liberté religieuse, l’exploitation économique et fiscale, l’immersion culturelle et, en cas de protestation ou de révolte, sur la plus sévère répression. La dureté de ce régime s’est accentuée au fil du temps et a fini par provoquer, dès le XIIe siècle, la complète disparition des communautés chrétiennes et juives d’al-Andalus ». Ces chrétiens d’al-Andalus sont appelés des Mozarabes.
Réédité en 2020, « ce livre offre une vision complète de la situation de ces chrétiens espagnols, appelés mozarabes, unique peuple européen médiéval à avoir vécu pendant tant de générations sous la rigueur de la dhimma. Attachés au mythe des Trois Cultures, de nombreux auteurs ont préféré jusqu’ici ne retenir que les aspects prétendument aimables de cette situation, comme la liberté de culte limitée et la relative autonomie interne des communautés chrétiennes, afin de tenter de délégitimer le processus de Reconquête, véritable matrice de la nation espagnole. Il permet, à l’inverse, de mieux faire connaître la réalité de la vie des chrétiens d’al-Andalus, loin des rêves et falsifications intéressées qui alimentent le mythe de la convivialité pacifique entre cultures et religions construit en marge de la vérité de l’histoire. »
« Al-Andalus, une civilisation légendaire » par Michael Schwarz
États-Unis, 2018, 95 min
Sur Arte les 30 novembre 2019 à 20 h 50, 8 décembre 2019 à 15 h 10 et 17 décembre 2019 à 9 h 25
Visuels :
© Kikim Media
© Oronoz

Les citations sur le documentaire sont d’Arte. Cet article a été publié le 30 novembre 2019.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

Sergio Nudelstejer, notable ensayista y crítico literario | Diario Judío  México

Sergio Nudelstejer Befeler fue un ensayista y crítico literario, estudioso de la vasta obra de Isaac Bashevis Singer y galardonado con diversos premios por sus libros dedicados a Franz Kafka, Jorge Luis Borges, Albert Einstein, Elias Canetti y Stefan Zweig.

Nacido en Varsovia, Polonia, el 24 de febrero de 1924, llegó a México a los tres años de edad y obtuvo la nacionalidad mexicana en 1952. Fue galardonado en 1991 con el Premio Nacional de Periodismo Cultural.

El último libro de Nudelstejer, miembro honorario del Seminario de Cultura Mexicana, se titula Narrativa latinoamericana: una selección contemporánea, en el que Aglaé Margali lo define como «un ciudadano del mundo, poseedor de una vasta cultura donde se entremezclan voces de distintas latitudes, ya que su origen polaco y mexicano, universal, quizá su sello más particular, sea precisamente, esa identidad pluricultural, cuyo sincretismo desemboca en una percepción humanista que potencia su visión lúcida del mundo contemporáneo».

La labor periodística de Nudelstejer abarcó más de 50 años, en los que mostró especial interés por la divulgación de la cultura, los valores humanos y la literatura, mediante la biografía, las antologías de textos y la crítica literaria.

No solo se abocó a autores conocidos en México, como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Gabriel García Márquez, también escribió sobre escritores poco divulgados o difícilmente accesibles por la carencia de traducciones, como en su momento lo hiciera con Milan Kundera, Naguib Mahfouz, Kenzaburo Oé o Susanna Tamaro.

Entre las obras de Nudelstejer Befeler figuran Los espías de Dios, en la cual reúne 30 ensayos sobre novelistas, casi todos extranjeros. Las voces perdurables, libro dedicado a los escritores latinoamericanos, como Jorge Amado, Clarice Lispector y João Guimaraes Rosa.

Sergio Nudelstejer tradujo y editó obras de importantes autores de la cultura y la literatura judías, como son los casos de Martin Buber e Isaac León Péretz. Asimismo, desarrolló una relevante labor en defensa de los derechos humanos.

Sergio Nudelstejer falleció en México el 28 de enero de 2010 a la edad de 86 años.

[Fuente: http://www.diariojudio.com]

¿Qué sabemos los españoles de Sefarad? Dice la autora de este ensayo, que «en muchas ocasiones junto a las preguntas que se hacía en diferentes edades, sobre todo en épocas de crisis, como: «¿Quién soy?» además, ha debido responder a la de: «¿Quién eres?», o para ser más precisa: «¿Quiénes sois?». Sentía que en ese sois había exclusión y diferencia.

Durante mucho tiempo se sintió en la obligación, sin que nadie se lo pidiera, de responder. Y al hacerlo tenía que explicar el judaísmo y Sefarad como patrimonio de todos nosotros, aunque muchos lo ignoren. Al escribir este libro, Esther Bendahan ha pretendido traer al presente una forma de ser español, una nación de España sin territorio. Porque hoy, que tantas dudas suscita la idea de España, es bueno recordar.

«Mi recuerdo más remoto está bañado de rojo», dice Elías Canetti en La lengua absuelta. El mío es un azul flotando sobre palabras. La palabra tiene tanta fuerza desde mi origen que me basta con nombrar algo para desencadenar todo tipo de emociones. Así, escribir cuentos, relatos, novelas se ha convertido en el modo de ordenar las imágenes, el miedo, las palabras y darles sentido.

El exilio, la conciencia temprana de la diferencia, la pertenencia a una familia sefardí y judía me dio la herramienta para ir golpeando palabras. Deshojando alcachofas, Premio Fnac, supuso la certeza de un inicio. Más tarde llegaron: Déjalo, ya volveremos, donde contaba el exilio de una familia judía del norte de Marruecos; La Cara de marte, una novela de crecimiento y juventud premiada con el Tigre Juan, el Premio Torrente Ballester por Amor y ley. El Tratado del alma gemela.

Me alegra especialmente poder colaborar desde un espacio abierto del Ministerio de Exteriores español, el Centro Sefarad Israel, en iniciativas culturales que quieren fijar en nuestro país la diversidad.

Bendaham Cohen, Esther

Nacida en Tetuán (Marruecos, 1964) en el seno de una familia judeoespañola, sefardí. Estudió Psicología y Filología francesa en Madrid. Fue directora del programa de televisión «Shalom» (La 2) en la actualidad es jefe de Programación cultural de  Centro Sefarad-Israel. Escribe regularmente artículos y reportajes en diversas publicaciones como en El País.

En su obra, Déjalo, ya volveremos, narra su infancia y la desintegración de la comunidad judía de Marruecos. Ha obtenido varios premios: ‘Deshojando alcachofas, Seix Barral (2005) obtuvo el reconocimiento del público por lo que le dieron el Premio FNAC nuevo talento. La cara de Marte, Algaida (2007) el Premio Tigre Juan de novela, y Tratado del alma gemela, Ediciones del Viento (2012).

En 2011 ganó el Premio Torrente Ballester en idioma español y es una de las pocas mujeres en obtenerlo, por su novela Amor y ley. El tratado del alma gemela.

En 2015 se doctora en filología francesa con una tesis dedicada al escritor Albert Cohen. La tesis indaga en la idea del otro y su influencia en el autor: El imaginario judío y “el otro” en la obra de Albert Cohen publicado en el libro: Sefarad es también Europa, el otro en la obra de Albert Cohen, Prensas de la Universidad de Zaragoza (2017).

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]

Escrito por MAURIZIO BAGATIN


“A menos que cambiemos de rumbo terminaremos en el lugar hacia el cual nos dirigimos”              
Proverbio chino
 

De entrada                                                                                                                                                 

Estamos viviendo el pasado con la amenaza del futuro” le dijo Claudio a Miguel, nunca pensaba oír esto, con tanta lucidez me dije, y durante la noche seguí repitiéndome… si la siembra no ha sido buena, si la semilla tenía gorgojo, si no se siguió a la luna, si lo mucho que aprendimos en el tiempo y en el espacio no lo pusimos en práctica, no habrá frutos, más bien sus frutos serán el miedo y el dolor. Lo efectual de la Historia es el boomerang del hoy, es todo lo que nos esperará mañana, Kant, Nietzsche y Gadamer lo anunciaron, muchos poetas lo recitaron, otros artistas lo moldearon…

Virus

Es la democracia de las enfermedades en su máxima expresión, como la pensaba Proust, ciego e horizontal, participativo e incluyente, transparente y sin sabor como el agua, invisible a los ojos, como lo más esencial en la vida, el virus invade silenciosamente el cuerpo, resiste y penetra, carcome y devasta todo el fibroso y el orgánico, explota el cuerpo, destroza los tejidos y deshace la materia, aniquila toda las fuerzas, todas las posibles resistencias; ata voluntades, encadena esfuerzos, inmoviliza partículas en vida, destruye moléculas y, como si fuera el rey nanotecnólogo, imperceptiblemente arruina la vida. Vivo y puro y astuto, sin adjetivos no logras enfrentarlo, no logro definir la monstruosidad de su vida. De sus efectos. Virus mortal. Con los más débiles a un principio, luego, hechas varias experiencias y preparado el camino, repara en los otros, en los más cercanos a los más débiles, en sus vecinos, a los de su misma sangre; después se empeña en mirar más allá, ver otros posibles territorios fértiles, otros ambientes idóneos, otra carne viva, y aborda como el devastador progreso, todas las máscaras a disposición. Es su triunfo.
El virus es un idiota, un perfecto idiota, no en el sentido que Dostoievski le supo dar, sino en lo que entendemos cuando, al ver un idiota, encontramos representado el que molesta, el que invade, el que impone… el dictador, el entrometido, el estúpido… el virus es también esto, y mucho más; hace lo posible, nunca lo imposible, no tiene fantasía, el virus no es la miel y el ajenjo de Montale, nunca inexpresivo, siempre nefasto, infinitamente perturbador -algo de Lovecraft, otro poco de Poe, todo lo de Kafka- escalofriantes dolores, falta de aire, no poder respirar; al final la muerte.   
El virus es apocalíptico y no lo es, la Historia enseña, la Historia retorna, la Historia se repite, no se desliga de los males del mundo, no se arrepiente, vuelve y se renueva; el virus es nuestra Historia, venganza de la naturaleza y diseño de nuestro pasaje, para muchos ya es un patógeno dolorosamente virtuoso. Todos los virus son iguales pero algunos virus son más iguales que otros
Lo mejor y lo peor de nosotros que nos pensábamos fuertes, Highlanders.., es que hoy somos más débiles que nunca, con nuestras emociones débiles, con nuestros sueños débiles, con nuestros contactos débiles… el virus arrastra nuestra descreída vulnerabilidad, elude, finalmente, nuestra imposible inmortalidad. Otros siguen sosteniendo que el virus somos nosotros, los humanos.

Pandemia

El orden del caos fue la puerta abierta, el despejado camino y la luz, desde una tábula rasa empezó un camino entre oscuras callejuelas y salvajes atajos, llevándonos a la normalidad –el anormal tiene un poco menos vida del normal, solo esto– a esta imperfección irrequieta e insostenible. Las vidas, nuestras vidas, las que llevamos durante todo este tiempo. Desde la puerta abierta, y con luces siempre encendidas, no tuvo más que acceder libremente, todos, o casi todos, les dimos la bienvenida; una belle époque transfigurada, un Gatsby no tan grande al recibir el demonio, nonsense y kitscheríos invadieron los territorios, las plazas fueron dejadas a transeúntes cada vez más rápidos, las calles a los rugidos y la pornografía en los salones de los poderosos, en los cónclaves de nuestros destinos. El silencio, la inacción y la tétrica oscuridad calaron y todo se transformó en una violenta paz. El caos es el orden.
Las enfermedades nos dicen los que somos, lo que fuimos y también los que seremos: del libro de papel al e-book, todo evolucionó, se adaptó a las épocas, la seda fue sustituida por el nylon, la carta postal por el mail, Woodstock por el Instagram, la peste negra por el coronavirus; nos reconoceremos con nuestras muertes, Borges lo dijo un día, somos como moriremos y cada uno muere como puede.

Peste

“Había bufones, improvisadores, danzarines, músicos, lo bello en todas sus formas, y había vino. En el interior existía todo esto, además de la seguridad. Afuera, la «Muerte Roja»». Así comienza en 1842 Edgar Allan Poe su magistral relato sobre la peste, identificando al vino con la atmósfera exquisita con que el príncipe Próspero había diseñado su refugio señorial, haciendo acopio de «lo bello en todas sus formas», para luego soldar puertas y ventanas”.
Sentirse decir eres una peste, era para un niño y para un muchacho un elogio o un castigo, la peste era un estigma fatal o una apología que duraría por toda la vida. La peste era el mal y también era el bien, la fleur du mal baudeleriana, las dos caras de la misma moneda, estigma y elogio: ser una peste era ser un destructor, ser pestífero era ser dañino, molestoso, insolente, verdaderamente una plaga. El pestífero es amado y odiado, envidiado, respetado y vilipendiado porque es voyant y enfant terrible, es poeta y rebelde, apapachado y alejado por las mismas razones. 

Ciudades

Aterradoras. Las que un día fueron acogedoras polis y luego metrópolis, las Atenas y Esparta de Tucídides, la Londres de Melville o la Orán de Camus, la París de Víctor Hugo y la Florencia de Boccaccio, la Nápoles de Gianbattista Basile, ciudades embriagadoras y encantadoras, a veces, también obscuras y falsas. Urbi et orbi, hoy en una espantadora y fantasmal Caput Mundi, y en otras alucinadas ciudades (in)visibles sin víctimas expuestas, solo náufragos solitarios y homeless, clochards, senza tetto, aparapitas y maudit: no hay flautistas mágicos o improvisados malabaristas y el sputafuoco niño, el saltimbanqui irrequieto… Tenebrosas calles a partir del crepúsculo. Con miedo a despertar al dilúculo.                                                                                                                 Esta es la primera pandemia de la sociedad planetaria. En cada balcón se expone una idea, de las ventanas escapan sonidos o músicas, detrás de ellas y de las puertas, tragicomedias, de lejos como de cerca, rutinas inventadas, nuevos y viejos ciclos camuflándose… el amante distanciado, el pusher fuera de horario, el que no cambiará nunca sus trajines… comedias humanas improbables. Balzac ultratumba…   

Miedo

¿Nos estrecharemos aún las manos? ¿Y un beso? ¿Lo simple será imposible? Acercarnos nuevamente, borrar distancias, olvidar premuras… sin protegernos, sin enmascararnos, sin dolor
El sistema policiaco en las calles, desde las ventanas y en la red, controlar, vigilar y perseguir, castigar: perder el rumbo de la libertad, de muchas de las libertades, creando el distanciamiento social… aquel miedo a ser tocado, el miedo… ”solo en las masas puede el hombre ser redimido por el miedo a ser tocado… Desde el momento en que uno se rinde a la masa, uno no tiene miedo de ser tocado… Quienquiera que venga a nosotros es igual a nosotros, lo sentimos como nos sentimos nosotros mismos. De repente. Es como si todo sucediera dentro de un solo cuerpo… Esta inversión del miedo a ser tocado es peculiar de la masa: el alivio que se extiende dentro de ella alcanza una medida notable cuanto más densa es la masa » (Elías Canetti, Masa y poder), y ahora esta masa, es una masa al revés, es una masa rarefacta, fundada sobre una prohibición, es una masa compacta y pasiva… frente al virus, los epidemiólogos tantean en la oscuridad… así adentro del túnel no encontramos la salida, el final es aún sin luz, solo números al final del día y estadísticas y más números, cálculos y economía, sin entender y ser entendidos. Un poeta paraguayo, de los patas pila, escribió hace mucho tiempo: “Lo que ‘se prueba’ solamente ‘existe’/y esto se llama ‘ciencia’/ ¡pero qué triste!”, a esto nos reducimos. La política al lado de la técnica, los jefes de Estado al lado de los científicos, dijo el filósofo Massimo Cacciari.

Futuro

Tal vez la respuesta a David Graeber llegó, el Futuro ya está aquí, no imagino una discusión sobre el Antropoceno, la globalización, el cambio climático, esta peste emotiva ha puesto en claro prioridades y excesos, un banco de mutuo socorro y más convivialidad, lentitud y decrecer o desaparecer. Tan simple y sencillo que da bronca.                                                                                                       
Unas interminables colas frente a un solo peluquero disponible, todos yippie recién llegados de una isla de Wight entre cuatro paredes, una Woodstock distópica, con fiebre y pesadillas, no las alucinaciones de Ginsberg o el himno de Hendrix, solo afiches de mal gusto y muchos memes: lo que no queríamos imaginar, lo que nunca quisimos ver y aún menos vivir. El Futuro está aquí.
¿Qué tragedia nos esperará el Futuro? De las que conocemos a través de Sófocles y Esquilo, de las que nos ha dejado Shakespeare; todo es un don, la belleza, el amor, el sexo, en Homero y en las divinidades de la Grecia clásicas; todo surge de la voluntad y de la moral en Hamlet o en Macbeth… será la manera con la cual viviremos el futuro a indicar si será comedia o tragedia, el futuro será si todos los días serán como si fuesen el ultimo día, si el ultimo día será la proyección para la eternidad.

Presente

¡Fuera, el cementerio, dentro de la televisión, la ventana abierta a un mundo cerrado! (Raoul Vaneigem), histeria en las mujeres y padrejón en lo hombres… paranoia, esquizofrenia, estrés en muchos, estupidez en muchísimos, banalidad, pánico, desesperación, aburrimiento, depresión en tantísima gente, miedo en todos, dolor por demasiados, efectos de un trastorno colectivo; a la mala información, a las especulaciones baratas, le sigue todo esto y una adehala siempre nueva, siempre lista al asalto.                                                                                                                                                           Nos vemos hoy entre los desangrados de la tierra, entre los desposeídos, sin ser ellos y, sobre todo, sin ser entre ellos. Hay una transparencia en este nuevo medioevo, el lado oscuro de la globalización.
Muerta, la ciudad viva… en nuestras horas de libertad aumentaron las distancias, colas para las necesidades, colas para todo y para todos, se sale con números de carnet alternos, algoritmos y hasta algún carnet de los muertos que votaron el 20 de octubre, tiendas que ofrecen pan casero y alcohol en gel; el primer día de cuarentena fue como un día del peatón, ayer en mis horas de libertad no encontré un solo bicicletero que pueda parchar la rueda de la Hércules…    
“La verdad ha dado paso a la credibilidad, los hechos a declaraciones que suenan autoritativas sin involucrar ninguna información autorizada, en las cuales hacer política es vender liderazgo al público”. Como en las guerras, la primera víctima es la verdad.   

Familia

Nunca leí menos libros, nunca vi menos películas, nunca como ahora el ocio pasivo me invadió así tanto. Disculpen el pleonasmo pero el ocio es tremenda actividad para mí. Es que hoy somos más débiles, incapaces de mirar a través de las hojas de un árbol, las cargadas nubes o el imperceptible aleteo del colibrí: otoño no es para mucha huerta y lejos me encuentro del paraíso habitado por diablos adonde un día el fatum me llevó y me condujo, enseñándome utopías y separar voluntades y deseos… la tierra, ayer, hoy y mañana, minerales, bacterias, microorganismos y agua, toda nuestra composición descompuesta y recompuesta: composición y entropía. Hay biologías inviolables, biologías extremas… tiempos únicos.
Pero sigo nadando en esta orgía perpetua que me indicó Flaubert, la literatura, como forma de sobrevivencia… miro los libros apilados, ordenados y desordenados en su repisa… personajes y más personajes que entran y salen -los únicos autorizados, en estos días, en infringir reglas, en no someterse a decretos, anárquicos adentro y afuera- mientras sigo buscando palabras, en su mayoría adjetivos, leo que, on the road de mi peregrinaje, “un día encontraré las palabras adecuadas y serán simples”, Jack Kerouac el nómada beat sugiere.

Cuarentena

Mientras, una masacre planetaria de personas mayores silencia ciudades, que se han convertido en ataúdes de vidrio y hormigón, encerrados perpetuamos la colisión, abandonando la vida y alejándonos de la muerte, de los vivos y de los muertos: crónicas de un Dante posmoderno -o moderno tardío, como prefería definir nuestra época Heidegger- adonde el Homo Sacer es el Homo destruens de toda nuestra Biopolítica, un juego tan grande que ya no podemos controlar. Anquises ya no puede acompañar a Eneas, el camino está minado, y tal vez solo Ascanio pueda sobrevivir a esta cuarentena.

Hambre

Algunos han cambiado su dieta, corregido los nefastos hábitos de antes: el pijama reveló el maquillaje –muchos días transcurridos sin siquiera sacárselo, en pantuflas mirando tristes jardines, fantasmales calles y el cielo encadenado– y ahora, revelando que no era nada más que estar a la moda, esta intolerancia al gluten, estas pasarelas al gimnasio, toda una tendencia el light, pero con aspartame, el yogurt, los cereales integrales y el aceite de oliva. Caretillas cargadísimas de aceite Fino (elaborado con soya Ogm), tomates de Saipina y Omereque (zonas rojas por el uso indiscriminado de agrotóxicos, muchos de ellos prohibidos…), uva de Tarija, de estos valles que hicieron su riqueza con el monocultivo de uvas, perdiendo toda o casi toda su fantasiosa biodiversidad, hay muchas manzanas, todas de Chile: kilómetros de distancia, fumigaciones y explotación de haitianos.  
Hemos comido hasta las últimas granadas del jardín, y ¡que ricas! la mermelada de higos, la de tomate de árbol que antes nunca queríamos probar –misma suerte para el tomate, después de un largo viaje con Colón– y el refresco de canela con mucho menos azúcar, mucho menos color, mucho menos canela y mucho más sabor. Los carritos chatarreros se parquearon, del pollo a la broaster, ¡ni el olor por suerte! Una vez a la semana, y uno solo por familia, hemos hechos colas -y seguimos haciéndolas- con disciplina y nerviosismo, con impaciencia y calma, mezcla de Tomás Moro con el violento presente. 

Capitalismo

He visto muchas ramas de eucalipto (alguien indicó que cura del virus…) en los brazos de mujeres, todos haciendo inhalaciones en casa, remedios caseros -el de la Antifarmacia de la Comunidad Inventiva Boliviana, el AntimicrobianoDeus ex Machina…, patentado e incautado estos días a un diputado boliviano y a un sientífico, debe ser el mejor- que nos reconduce a los pajpacus de todas las plazas, a un tiempo surreal u obscuro, un nuevo medioevo, aunque al mismo tiempo, no meno obvio es que la epidemia del coronavirus es una plaga emocional, un miedo neurasténico, un pánico que en conjunto oculta las deficiencias terapéuticas y perpetúa el mal al trastornar el paciente.
El capitalismo (salvaje) en sí es el capitalismo (salvaje) que es en mí… ¿Soñamos realmente un retorno a las vidas de antes, a la estéril ilusión de la normalidad? El siglo breve podría ser superado, con nuestra breve permanencia, por este nuestro siglo XXI.

Epílogo y final

La reunión de demonios tal vez no termine aquí, el demonio mayor, el que todas las biologías confunden, el monstruo que nace de las entrañas de nuestras abyectas acciones, él se renueva, entra en metamorfosis para sobrevivir, se camufla para escapar, se mimetiza para engañar… mandar en lockdown el mundo entero.


“Il prossimo sdiluvio universale non sará fatto d’acqua, ma di tutti i nostri rifiuti accumulati nei secoli. Moriremo assufficati dalla nostra stessa merda” (Andrea Camilleri).
_____
[Fuente: RASCACIELOS – imagen: Otto Dettmer – reproducido en sugieroleer.blogspot.com]

Escrito por Leonídio Paulo Ferreira

Faz 200 anos que a família Bensaúde começou a dar nas vistas nos Açores, judeus sefarditas oriundos de Marrocos que, possuidores de passaporte britânico, regressaram a Portugal, terra dos antepassados. Fizeram fortuna nos negócios, deram elites ao país, um dos seus descendentes, Jorge Sampaio, chegou a ser presidente da República ainda não há muito tempo. Curiosamente, a reconciliação de Portugal com os judeus expulsos e perseguidos depois do édito de 1496 assinado por D. Manuel I foi feita não por Sampaio (de mãe e avó judias), mas pelo seu antecessor, Mário Soares, que em 1989 pediu perdão pelas atrocidades da Inquisição, a qual, sublinhe-se, só foi extinta em 1821, já Abraão, Elias e Salomão Bensaúde (dois irmãos e um primo) viviam por cá.

Nesta quinta-feira, um outro presidente português, Marcelo Rebelo de Sousa, faz parte da meia centena de grandes figuras políticas que se juntam em Jerusalém para, em vésperas dos 75 anos da libertação de Auschwitz, recordarem o Holocausto e denunciar o antissemitismo. Estão lá o russo Vladimir Putin, o francês Emmanuel Macron, também Felipe VI de Espanha e o príncipe Carlos de Inglaterra, ainda Mike Pence, o vice-presidente de Donald Trump. E, claro, o presidente alemão, Frank-Walter Steinmeier, que, tal como a chanceler Angela Merkel, tem sido digno representante de uma tradição democrática de assunção das responsabilidades do nazismo e de denúncia de quaisquer revivalismos dessa doutrina, seja em casa seja no estrangeiro. Merkel, que há um mês visitou o campo de extermínio de Auschwitz pela primeira vez, não teve dúvidas em relembrar as culpas dos alemães nem de assumir a vergonha pelo ali sucedido.

Morreram seis milhões de judeus durante a Segunda Guerra Mundial. Não foram as únicas vítimas, mas foram, enquanto povo, o alvo eleito por Adolf Hitler. Um dia, ao ler a biografia que Edgar Morin escreveu sobre o seu pai Vidal, percebi a diferença de nível entre a Solução Final e os progroms e perseguições que durante séculos os judeus sofreram na Europa: Vidal Nahoum, sefardita nascido em Salónica nos tempos do Império Otomano e imigrante em França, julgou que bastava pendurar um crucifixo na parede da sala para se livrar do ódio aos judeus. Desta vez, os perseguidores visavam todo o chamado Povo Eleito, praticasse ou não a religião. Eram muito mais científicos do que alguma vez foram os inquisidores, mesmo os espanhóis.

Tal como Portugal, séculos antes, a Alemanha ficou a perder tremendamente com a perseguição aos judeus: basta lembrar que Albert Einstein morreu americano. Nós portugueses podemos lembrar o médico João Rodrigues, nascido em Castelo Branco e que morreu em Salónica, famoso em toda a Europa como Amato Lusitano, ou a lisboeta Gracia Mendes, que como Gracia Nasi se refugiou entre os turcos e foi banqueira dos sultões mas também de reis cristãos. E dessa diáspora judaica portuguesa resultaram também, ao longo das gerações, nomes ilustres como o holandês Bento Espinosa ou Elias Canetti, nascido na Bulgária numa família que falava ladino e que, não por acaso, deu o título de Auto-da-Fé a um romance, recorrendo a uma das poucas expressões portuguesas que se impôs em várias línguas, tamanha a barbaridade que descreve. Também podia falar de Emma Lazarus, a poetisa que escreveu o soneto que no pedestal da Estátua da Liberdade dá as boas-vindas aos que escolheram a América como destino, ou de Benjamin Cardozo, que foi juiz do Supremo Tribunal dos Estados Unidos.

Um dia, em entrevista ao rabino Shlomo Pereira, professor de economia na América, este descreveu-me a Península Ibérica do século XV como o coração intelectual do mundo judaico da época. E destacou entre os judeus portugueses de então Isaac Abravanel, filósofo e estadista, figura de grande destaque na corte de Afonso V e que se refugiou em Espanha após a ascensão ao trono de D. João II, que o perseguiu não por razões religiosas mas por ligação aos duques de Bragança, seus rivais. Ora, não será mera coincidência que 1400 tenha sido o século em que se preparam as Descobertas, com os povos ibéricos como pioneiros. E o rabino relembrou-me que a consequência maior da cegueira religiosa dos Reis Católicos e do seu genro português foi o imenso capital humano que se ofereceu às potências rivais, sobretudo a Holanda: « Portugal, ao expulsar os judeus, deu mundos ao mundo. E ficou a perder. »

Foi um erro e Soares pediu perdão por ele em nome de todos nós. E é interessante que seja consensual que foi um erro (além de uma injustiça e de uma barbaridade) esta expulsão dos judeus. Não foi o único caso de zelo religioso na nossa história, basta pensar no desaparecimento total dos mouriscos ou, já no século XIX, a perseguição aos protestantes na Madeira, levando à emigração maciça de milhares de portugueses para as Caraíbas, entre eles os antepassados de Sam Mendes, o realizador que volta a estar entre os favoritos para os Óscares. Mas existe entre os portugueses a ideia de que com essa grande expulsão, a dos judeus, e com a perseguição sistemática aos cristãos-novos, começou a decadência nacional. Perdeu-se demasiada gente, ainda por cima gente educada, ligada às ciências, muitos sábios.

O antissemitismo parece hoje ausente de Portugal. Mesmo o regime salazarista soube, nessa matéria, manter as distâncias em relação a uma Alemanha nazi que chegou a ter admiradores por cá. Na pior das hipóteses, pode dizer-se que Oliveira Salazar era ambivalente, pois se por um lado era amigo de Moisés Amzalak, chefe da comunidade israelita portuguesa, por outro permitiu decisões dramáticas para os judeus em fuga do nazismo, como o caso de um comboio com refugiados, o qual foi mandado para trás ao chegar à nossa fronteira, ou as indicações a Aristides de Sousa Mendes para recusar vistos enquanto cônsul em Bordéus. Com todos os condicionalismos políticos, o país acabou mesmo assim por acolher dezenas de milhares de judeus, e os que ficaram depois da guerra terminar juntaram à comunidade o elemento ashkenazi, uma corrente judaica mais ligada à Europa Oriental, enquanto os sefarditas vão buscar a sua designação a Sefarad, o nome hebraico para a Península Ibérica (e também título de um recente filme sobre o capitão Barros Bastos, que ajuda a fundar já no século XX a comunidade israelita no Porto e traz os marranos de Belmonte de volta ao judaísmo – assisti à estreia em Lisboa e vi como choravam os descendentes do capitão, cuja vida foi também uma de perseguição pelo salazarismo). Cada vez mais a história dos judeus em Portugal tem vindo a ser contada, com grande mérito de Esther Mucznik, de origens polacas, cuja família se deixou seduzir por um país que já no passado deslumbrara os judeus – « nunca vi em toda a minha vida uma cidade tão bonita, tão estudiosa e tão bondosa como Lisboa », escreveu um dos seis rabinos que constam no livro Vozes Judaicas de Portugal, editado em 2018, livro extraordinário de Shlomo Pereira e de Eli Rosenfeld, um judeu americano.

Com os incidentes antissemitas em crescendo na Europa e também nos Estados Unidos, desde a vandalização de cemitérios até ataques a tiro a escolas judaicas e sinagogas, a cerimónia de hoje em Jerusalém ganha uma enorme atualidade. Claro que tem havido denúncias de aproveitamento político, sobretudo da parte de Benjamin Netanyahu, o primeiro-ministro israelita que busca a sua reeleição dia 2 de março, nas terceiras legislativas no espaço de um ano, que pretendem romper o impasse entre partidos de esquerda e de direita, laicos e religiosos, até judeus e árabes (um quinto dos oito milhões de israelitas). Mas o fenómeno do regresso do antissemitismo é tão evidente, com alguns partidos extremistas na Europa a não esconderem o seu neonazismo, que a justificação para este Fórum Mundial sobre o Holocausto é evidente e Portugal faz muito bem em juntar-se. Mesmo em países onde são numerosos, como os Estados Unidos, o Reino Unido ou a França, os judeus sentem medo. E as ameaças não vêm apenas dos inimigos do passado. Ainda na quarta-feira o presidente Macron, tendo a seu lado o homólogo israelita Reuven Rivlin, afirmou que o antissionismo, no sentido de recusa da existência do Estado de Israel, é antissemitismo. O que não significa que Israel não possa ser criticado, até porque o efeito de choque da sua criação em 1948, na sequência do Holocausto e graças a uma decisão da ONU, ainda existe, seja sob a forma da falta de um Estado para os palestinianos em Gaza e na Cisjordânia seja pelo desaparecimento das comunidades judaicas do mundo árabe, restando hoje poucos, quase só em Marrocos e na Tunísia, a ponto de no Egito uma sinagoga ser reconstruída em Alexandria pelo governo e menos de uma dúzia de judeus estarem presentes, quando na cidade na década de 1940 eram cerca de 40 mil.

Marcelo Rebelo de Sousa deverá nos próximos tempos voltar a Israel. Está prevista uma praça Aristides de Sousa Mendes em Jerusalém, um reconhecimento mais ao diplomata que desobedeceu às ordens de Salazar e salvou milhares de pessoas com a atribuição sem parar de vistos para Portugal, país neutral. Sousa Mendes não é o único português no Jardim dos Justos, local onde Israel homenageia aqueles que salvaram judeus do Holocausto. Estão lá outro diplomata, Carlos Sampaio Garrido, embaixador na Hungria, José Brito Mendes, um emigrante português que salvou uma órfã em França, e o padre Joaquim Carreira, que protegeu judeus em Roma durante a ocupação nazi entre 1943 e 1944.

Perante os outros presidentes, também perante os primeiros-ministros e as cabeças coroadas, o chefe de Estado pode estar orgulhoso do nosso Aristides, mas também da política portuguesa (partilhada com Espanha) de oferecer a nacionalidade aos descendentes dos judeus expulsos. Já foram atribuídas mais de mil e sabe-se que quase 50 mil pessoas, pelo mundo fora, estão interessadas. Depois do simbólico pedido de desculpas de Soares há já 30 anos é mais uma forma, e bem mais efetiva, de nos reconciliarmos com os judeus, todos eles, mas sobretudo com os Amatos Lusitanos que perdemos e que Marcelo Rebelo de Sousa, numa visita à sinagoga de Lisboa logo no início do mandato, sublinhou que « mantiveram acesa a esperança do regresso a terras lusas, esperança essa que foi passando de geração em geração ».

[Fonte: http://www.dn.pt]

Espiritualidad frente a monumentalidad, silencio frente a ruido, comunidad frente a individuo… Las máximas de Jaume Plensa recorren la obra del escultor que podremos ver en las próximas semanas por partida doble: una intervención en el Palacio de Cristal y una exposición que revisa su trabajo desde los 80 en el MACBA.

Jaume Plensa. Foto: Inés Baucells – Plensa Studio Barcelona

Escrito por PAULA ACHIAGA

No es habitual verle trabajar en España. Sus proyectos internacionales le han llevado en los últimos años de Seattle a Tokyo, de México a Israel. El mapa de sus esculturas en espacio público realmente impresiona. Con exposiciones en Dallas, Chicago, Francia o Suecia, su obra ha sido más conocida (y reconocida) fuera que dentro, a pesar del premio Velázquez 2013 y los Nacionales de Artes Plásticas y de Grabado de 2012 y 2013. No en vano vive y trabaja cerca del aeropuerto de Barcelona, apartado del ruido y siempre dispuesto a salir volando. Pero este otoño parece que es su momento aquí y Jaume Plensa (Barcelona, 1955) inaugura dos exposiciones en Madrid (Palacio de Cristal, 16 de noviembre) y Barcelona (MACBA, 1 de diciembre).

Pregunta.- ¿Cuál de las dos exposiciones le ha tenido más ocupado estos últimos meses?
Respuesta.- Es muy interesante como proyecto porque de alguna manera los dos museos se pusieron de acuerdo. El MACBA echa la vista atrás para intentar entender la parte más conceptual de mi obra, y para el Reina Sofía hago una escultura específica en el Palacio de Cristal. En Barcelona se muestra una trayectoria que se cierra en Madrid, y los dos tienen mucho trabajo detrás. Uno, porque hemos rescatado piezas antiguas y el otro porque hemos hecho una pieza que me ha llevado más de un año: tres cabezas en la posición de silencio que enfatizan la transparencia del Palacio.

P.- ¿Qué le llevó a pensar en este conjunto escultórico que son las tres cabezas de malla de acero inoxidable para el Retiro?
R.- Expuse en el Palacio de Velázquez en 2000, cuando el director del Reina era José Guirao. Y no deja de ser divertido que ahora que vuelvo a este territorio que me gusta tanto, el parque del Retiro, sea ministro de Cultura. En aquel momento me dieron una oportunidad extraordinaria porque el Palacio de Velázquez también es un lugar muy bello y fue muy especial. Entonces cubrí todas las entradas de luz y estaba todo montado de una forma muy íntima. En este caso ocurre lo contrario. El propio título es Invisibles porque estas cabezas nunca ocultan lo que hay detrás sino que lo absorben y pasa a formar parte de ellas: la estructura del edificio, el jardín, los árboles. Además, y esto me hace mucha ilusión, el museo cierra a las 6 de la tarde y el parque a las 10 de la noche, pero voy a iluminar las piezas de manera que estas 4 horas que el museo está cerrado en realidad seguirá abierto, y el Palacio se convertirá en una vitrina desde la cual se podrá ver la exposición. Una manera de que el museo siga abierto a la comunidad.

Muchos Plensas, varias vidas

‘Memories Jumelles‘ se verá en el MACBA

P.- En cambio para el MACBA echa la vista atrás para recuperar una faceta quizás más alejada de su trabajo actual. Todo un descubrimiento este Plensa para las últimas generaciones que conocen sobre todo sus cabezas y sus figuras con letras.
R.- Ha habido muchos Plensas. En realidad, he tenido ya varias vidas. Es verdad que la gente conoce más mi trabajo actual, todo el universo de los rostros y de las cabezas, y muchos pensarán que este espíritu conceptual ha desaparecido, pero está intacto. Me he dado cuenta mirando hacia atrás que siempre he estado dando vueltas a los mismos asuntos: el mundo interior, el ser, el individuo como entidad propia en relación con la comunidad; de lo pequeño a lo general, de lo particular a lo universal… Y los rostros que hago ahora con los ojos cerrados también muestran un mundo conceptual porque todo lo que pasa está pasando en tu interior, y la pieza es como un espejo en el que te miras. Ferrán Barenblit me ha ofrecido la posibilidad de hacer un recorrido por piezas importantes para mí, para mi crecimiento como artista, y hay obras desde cuando me di a conocer internacionalmente con el hierro fundido, viviendo en Berlín, hasta hoy, con una pieza especial para el museo donde el vacío y la música son muy importantes.

P.- La escultura es uno de los formatos que ha experimentado mayor cambio con la deriva hacia la instalación, ¿cómo ha vivido esta evolución?
R.- Creo que cada época ofrece nuevas soluciones. Yo he intentado que la escultura regenerara un espacio o se integrara en un paisaje que ya existía, pero sobre todo pensando en quién la va a utilizar. La escultura tiene un potencial enorme en el espacio público, que no es solo un espacio al natural, parques y jardines. Un museo es un espacio público, y una galería, un teatro también. Lo olvidamos con frecuencia. A veces los museos parecen más fortalezas que se protegen que lugares que se expanden hacia la sociedad.

P.- Es habitual este desdoblamiento de su trabajo entre escultura pública y privada, ¿cómo se enfrenta a una y a otra?
R.- Obviamente cuando estoy en el estudio, como ahora, trabajo mis obras, con mis obsesiones, mis fantasmas y siempre me parece como un milagro cuando otra persona quiere compartirlos contigo y adquiere la obra. Cuando trabajo para un espacio público que no pertenece a nadie intento entender muy bien el lugar, su historia. Igual que en mis exposiciones soy yo y no tengo que justificarme, cuando estoy en el espacio público soy yo y los otros, y hay un diálogo permanente con los demás. Cuando hablamos de escala, no es solo física sino también emocional. La gente asocia escultura en el espacio público con algo grande y yo he hecho piezas muy pequeñas; pequeñas de medida pero necesarias para el lugar. Detesto la palabra monumental, que no se asocia a lo grande sino a la conmemoración, y la escultura debe hacer lo contrario, debe fijar el perfume que cada comunidad emana.

El centro de la exposición del MACBA será una cortina que el artista guardaba como un tesoro: una pieza que contiene la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Pertenece a su corpus de obras realizadas con letras, alfabetos y palabras que utiliza en estas piezas que el visitante puede atravesar, y también en cuerpos y cabezas. Plensa vive obsesionado con los pensamientos que llenan el espacio (y cita a William Blake: “un pensamiento llena la inmensidad”), con un mundo interior en el que palabra y comunidad se dan la mano. Fue la viuda de Alighiero Boetti quien le dijo: “Jaume, cuando en los 60 trabajábamos la idea de texto no lográbamos encontrar una forma plástica, tú le has dado fisicidad a la palabra”. Y él se justifica sin tener que hacerlo: “Soy mediterráneo y todo lo tengo que tocar y acariciar, tengo los ojos en los dedos; hasta las ideas han de ser físicas, la luz es física para mí, la vibración también. Sería un conceptual físico”.

P.- ¿Cuándo empezó a trabajar con la palabra?
R.- Mi padre, que era un gran lector, me llevaba a comprar libros al mercado de San Antonio y yo veía allí portadas de libros de etruscos y sumerios, y supongo que me empezó a fascinar el mundo del arte. Pero siempre asociado a un libro y a un texto. Y esta imagen visual del texto con los años se convirtió en un material necesario para poder hablar de mí. El texto estaba unido a la idea de poesía y a mi enorme respeto y fascinación por el poeta. Y un día decidí incorporarlo a mi obra. La primera pieza con texto que hice en los 80, Sleep no more, estaba basada en un fragmento de Macbeth.

Proyecto de Jaume Plensa para el Palacio de Cristal

P.- ¿Quiénes son sus poetas de cabecera?
R.- Las cuatro patas de mi mesa cuando empecé a trabajar eran ShakespeareBlakeBaudelaire y Dante. Luego esto fue creciendo con Vicente Andrés Estellés, un poeta valenciano que creo que hay que recuperar, José Ángel Valente, la generación del 27… Y después descubriría a William Carlos Williams en una librería de viejo en Dallas. Me ha ayudado mucho a crecer Elías Canetti, que no es poeta pero escribe poesía pura, Einstein y el matemático francés René Thom, con su teoría de las catástrofes.

El arte que ilumina el mundo

P.- Hablan de usted como artista de lo bello pero, ¿no le da la impresión de que en los últimos años la belleza está denostada?
R.- Absolutamente. Pero no me afecta. Yo he reivindicado el retorno de la belleza en el día a día de la gente, porque creo que la belleza es revolucionaria. Se habla de lo bello como si fuera un pecado, una lacra, algo obsoleto. Estoy completamente en desacuerdo. La obra es la que ha de iluminar el mundo y la vida.

 

[Fuente: http://www.elcultural.com]