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El libro más reciente de la lingüísta Yásnaya Elena Aguilar Gil nos recuerda el destino de discriminación que han sufrido las lenguas indígenas en México. No se trata, como nos aclara esta reseña, de sopesar que algunas lenguas son mejores que otras, sino de exigir que la sociedad valore la diversidad lingüística y su presencia como eje fundamental en la educación.

 


Sacrificamos México en aras de crear la idea de México
—Yásnaya Elena Aguilar Gil

 

Escrito por Patricia Córdova

La experiencia está siempre al servicio de la conciencia y de la imaginación; para no sucumbir ante el caos de la existencia, el ser humano acota ambas con relatos y moralejas de todo tipo.  Nuestras vidas —hemos aprendido— transcurren según la estructura de una narración: planteamiento, causas, consecuencias, nudos y desenlaces. Por ello, el sentido de lo vivido es  tan limitado como las historias y argumentos que interiorizamos.

Escribimos la historia de nuestra vida —e interpretamos la de los otros— al seleccionar los nudos con los que explicamos lo que acontece a nuestro alrededor. El sentido es siempre una selección que pone en evidencia nuestros alcances y nuestras limitaciones. Este sutil, pero poderoso hecho, propicia la madre de todas las batallas: la de las narrativas.

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No ha habido inocencia en la expansión del español en la propia península ibérica ni en América. Desde Antonio de Nebrija, el andaluz que escribió la primera gramática del español en 1492, quedó claro que si la publicaba y la dedicaba a la reina Isabel la Católica era porque “siempre la lengua fue compañera del imperio”. En las primeras páginas de Gramática de la lengua castellana, Nebrija explica la importancia histórica de lenguas como el hebreo, griego y latín y argumenta que la lengua es una pieza clave para extender la fe religiosa.

La primera gramática del español es un nudo lingüístico y político con el que España define una expansión económica, religiosa y sociocultural que marcó la historia de su colonia,  la posterior América Latina. Sin embargo, el proceso de evangelización y dominio que se extendió a lo largo de trescientos años de colonia llevó también a la escritura de las lenguas originarias, a la confección de sus gramáticas (artes de las lenguas primigenias) y al inventario de vocabularios concebidos de acuerdo a lo que los líderes religiosos y nuevos gobernantes necesitaban que nombraran los recién conquistados.

En 1820, justo antes de la consumación de la Independencia de México, el 65% de la población eran hablantes de alguna lengua indígena. Hoy solo el 6.5% de la población habla una de las 68 lenguas indígenas que existen en el país. La Independencia destituyó a los españoles, pero a la vez revictimizó a las comunidades indígenas. Fueron sometidas a un proyecto de nación en el cual se condicionó su existencia a la negación de sus lenguas, de sus territorios y de una autonomía política que ya había sido arrebatada. Este es el antecedente histórico y la situación glotopolítica que Yásnaya Elena Aguilar Gil aborda en Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística (Almadía, 2020).

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Desde el primer texto, “Ser o no ser: bilingüismos”, Yásnaya imprime su particular estilo: una mirada aguda sobre la política lingüística que se ha aplicado a las lenguas originarias, a partir del análisis de experiencias cotidianas. El contraste entre el bilingüismo en su comunidad Ayutla, Oaxaca, y en Ciudad de México, marcó su manera de narrar el mundo. Dos cosas sorprenden a la autora: en Ayutla se desdeña la educación bilingüe y se prefiere la “formal” (monolingüe en español) y en Ciudad de México se pondera el bilingüismo (no español-náhuatl, sino español-inglés). Su cierre es auténtico y espontáneamente irónico: “Entendí, en pocas palabras, que no es lo mismo ser bilingüe que ser bilingüe”.

Yásnaya es ayuujk jä’äy, mixe, y muestra una singular y permanente disposición al cuestionamiento. Le seduce pensar en la existencia de la lengua, la diversidad y la injusticia. La génesis de su lucidez y lucha las presenta, claramente, en Un nosotrxs sin Estado (Ona Ediciones, 2020). A Yásnaya la educaron con una disciplina rigurosa en la lectura de los clásicos. De niña sus tíos la hacían leer en voz alta, cada día, para que adquiriera un español sin acento. El libro rojo de Mao Tse-Tung, Los vedas, el PanchatantraLas mil y una noches, la Ilíada y la Odisea de Homero, las obras de Amado Nervo, Manuel José Othon, Sor Juana Inés de la Cruz, Alexander Pushkin, Ánton Chéjov, Fiódor Dostoievski, Walt Whitman y Lev Tolstói —el nombre de Yásnaya es, de hecho, un homenaje a este autor—, fueron lecturas, “edificios sonoros”, cuyo significado ignoraba, y que más tarde se iluminaron a la luz de sus estudios de preparatoria, licenciatura y posgrado en Ciudad de México.

Los textos que componen Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística son una compilación de ensayos breves publicados en la revista Este país entre 2011 y 2015. Los compiladores —Ana Aguilar Guevara,  Julia Bravo Varela, Gustavo Ogarrio Badillo y Valentina Quaresma Rodríguez— también han incluido  tuits y entradas de Facebook de la lingüista que aluden a los temas de tales ensayos.

El libro es evidencia del sincretismo lingüístico y cultural que ha sucedido a lo largo de 500 años, pero tiene el gran mérito de ser el primero escrito en su género por una mujer, una ayuujk jä’äy, y por alguien cuya agudeza analítica le permite exponer, de forma clara, las diversas aristas del asunto. Su empatía por el mundo la lleva a aprender de todo y de todos. De una amiga japonesa, compañera universitaria, aprende que es mejor sentirse contenta y no orgullosa de hablar una lengua, y sentencia: “El orgullo puede estrechar lazos con la dignidad pero también con la soberbia o, en el peor de los casos, se utiliza como un parche emotivo que cubre una herida amplia y profunda. Un relleno que trata de compensar una carencia”.

La dificultad de la convivencia entre lenguas que gozan con un mayor o menor prestigio también la lleva a anotar que para una niña que habla italiano, inglés y español en casa lo extraño es un entorno monolingüe, prebabélico. La también maestra en lingüística hispánica, Yásnaya Elena —cuya madre, por cierto, se llama Eneida— evoca, en otro ejemplo, el rechazo que provoca hablar español en ciertos contextos en Estados Unidos, de la misma manera en que han sido denostadas las lenguas originarias en México. Su conclusión es que no existen lenguas minoritarias, sino minimizadas al extremo de crear familias que rechazan que sus hijos sean educados en armonía con su lengua materna, sea esta una lengua originaria o el español hablado en México.

La censura sistemática, algunas veces casi invisible, con que se ha tratado a las lenguas originarias se manifiesta en la ignorancia y desprecio que despiertan más allá de los círculos de lingüistas cuyo interés no rebasa, en ocasiones, la obsesión por partículas morfológicas o por la construcción y crítica de una gramática. “¿Por qué la diversidad cultural y lingüística no es un eje temático importante en los contenidos educativos?”, pregunta la autora. En su histórico discurso “México. El agua y la palabra”, pronunciado en la Cámara de Diputados el 26 de febrero de 2019 y que forma parte del libro, la lingüista recuerda que, en promedio, una lengua muere cada tres meses. En un centenar de años se habrán extinguido la mitad de las lenguas del planeta. Causa pudor que no se sepa nombrar las lenguas habladas en México, causa desconcierto que se haga tan poco para preservar las del mundo. Con ello se niega el derecho a una vida propia y digna de estas comunidades. El monolingüismo, además, adelgaza la inteligencia, pues nos alejamos de la complejidad creativa y cognitiva que cada lengua entraña al nombrar el mundo. Aprender que en ayuujk el azul y el verde se mezclan en una sola palabra  —tsujxk—advierte que los colores pueden ser percibidos en un continuo cromático, sin las divisiones con que otras lenguas los definen. Asimismo, saber que täay puede significar “ser chistoso” en el mixe de Ayutla, pero “mentir” en el mixe de Tlahuitoltepec, puede disparar la creatividad si se imaginan los enredos comunicativos que dicha variante puede causar. Yásnaya Aguilar convive, precisamente, en ambas comunidades.

Los conflictos lingüísticos se convierten en conflictos identitarios, pero la seriedad con que Yásnaya los aborda no necesariamente implican una renuncia a su particular humor: “En Europa fui mexicana, en México soy oaxaqueña, en Oaxaca estoy siendo mixe, en la sierra suelo ser de Ayutla. En algún punto soy indígena, pero eso me lo dijeron o lo intuí en el contraste antes de que llegara el nombre. Durante un ataque de fuerzas extraterrestres seguro que seré terrícola, y lo seré con pasión.” La conciencia de esta multirreferencialidad contrasta con la sencilla elegancia con que en ayuujk se nombra a todo aquel que no sea mixe: akäts. La visión del mundo mixe se simplifica en este aspecto, así como en Harry Potter a todos aquellos que no pueden hacer magia se les llama muggles.

La fascinación que suscita conocer nuevas lenguas, sin embargo, no puede ser un hecho si el fomento de la diversidad no cuenta con el apoyo de un gobierno y de sus instituciones. Cuando la lingüista afirma: “Hay tantas razones para querer aprender nuevas lenguas, pero solo  una para querer dejar de hablarlas”, se refiere al racismo, maltrato y negación a que los pueblos originarios han sido sometidos a lo largo del tiempo.

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El proyecto de nación mexicana, que tuvo su origen a partir de la consumación de la Independencia en 1821, ha sido también el proyecto de la negación de los pueblos indígenas y su pluralidad. Una negación no sólo del reconocimiento de las lenguas, sino del derecho a las tierras, al agua, a los recursos naturales y a gobiernos autónomos: “La pérdida de una lengua no es un proceso pacífico en el que los hablantes abandonan una lengua por otra, es un proceso en el que median castigos, menosprecios y en la mayoría de los casos, colonialismo contra los pueblos que la hablan”. Llegada la discusión a este punto, la lingüista Yásnaya Elena Aguilar Gil se torna activista. No son solo lenguas las que se ignoran, sufren segregación y mueren, son naciones indígenas. En un tuit de 2017 apunta: “Nación mapuche dividida en dos Estados: Argentina y Chile; nación sami dividida en cuatro Estados: Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia; nación cucapá dividida en dos Estados: México y Estados Unidos”.

En defensa de los pueblos originarios, Yásnaya parece recuperar la etimología de la palabra nación: del latín natio -ōnis, es decir,“lugar de nacimiento” -“pueblo”. Hablar desde la cultura mixe, desde su lengua materna de la familia otomangue, la coloca en un territorio discursivo que es también tierra, organización política y social, conocimiento y mitología ancestral, costumbres familiares y culinarias concretas. El ayuujk encarna el nacimiento, desarrollo y consolidación de un pueblo que sigue luchando por ser respetado y reconocido. Inspirada en el periodista mapuche Pedro Cayuqueo, Yásnaya Elena plantea, en su libro Un nosotrxs sin estado, que México es un Estado plurinacional y no una nación multicultural; critica la educación indígena impartida en español, los hospitales y juzgados sin intérpretes que conozcan la lengua de cada región. La idea de mexicanidad —reclama— los ha ignorado: “No hay penacho de Moctezuma ni mariachi ni huapango de Moncayo ni china poblana que pueda borrar ese hecho. La multiculturalidad niega la idea de nación tal y como fue pensada en sus inicios por los que la proclamaron”.

Si se ha construido una nación unívoca que niega la diversidad, solo hay una aparente salida para la autora: la conformación de un Estado plurinacional en el que se reconozca a las comunidades indígenas como naciones con derecho a la autodeterminación social, económica, lingüística y política. La idea es una seductora utopía. Sin embargo, el lector no puede dejar de preguntarse cómo, en un entorno global que encarna la competencia permanente, se podría legitimar geopolíticamente la existencia de 68 naciones bajo el lema de un país llamado México.

Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística pone sobre la mesa un conflicto social que cobró fuerza política, en 1994, con el levantamiento zapatista y, más tarde, en 1995, con los Acuerdos de San Andrés Larraínzar. A 25 años, el despojo de tierras y la extracción de recursos naturales a las comunidades indígenas sigue sucediendo. El Estado mexicano no ha incorporado un modelo que respete la riqueza cultural y geográfica del territorio. En la narrativa nacionalista promovida desde el Estado, la diversidad cultural de México no ha sido efectiva ni equitativamente incorporada. El sistema de castas se ha superado porque ya no se obliga a escribir la etnia o grado de pureza de la sangre en un acta de nacimiento. No obstante, como afirma la autora, aún existe el gesto disuasorio en los registros civiles para no darles a los recién nacidos nombres que no provengan del español o del inglés; aún se escriben notas periodísticas en que un problema judicial, de salud o de autoridad, se reporta como un problema originado por no saber hablar español. Si bien es cierto que el español mexicano hace tiempo que dejó de ser colonizante, en el sentido de que no representa valores y variantes de un lugar lejano llamado España, y en el sentido de que el español de México es ya patrimonio cultural del país, también es un hecho que las instituciones gubernamentales y la educación pública siguen aplicando prácticas colonizantes en los servicios institucionales que ofrecen a comunidades indomexicanas. De ahí el valor de Ää: Manifiestos sobre la diversidad lingüística de Aguilar Gil, un libro que pone en evidencia las prácticas insuficientes e injustas con que se incorpora a estas comunidades y el discurso nacionalista que afirma lo contrario.

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En La vida contada por un sapiens a un neandertal (Alfaguara, 2020), el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga se esfuerza por explicarle al escritor Juan José Millás la razón por la cual los australopitecos se desplazan de la selva tropical a la pradera: buscan la luz. Al ver una frutería —porque la conversación ocurre en una caminata por el mercado—, Arsuaga rectifica y decide hablar mejor del Homo erectus. Seguramente, por su capacidad de coleccionar frutas. Millás expresa que así habrá más orden en la exposición. La indignación del paleontólogo es más que sugestiva: “–Oye, qué es eso del orden. Esto no es un cuento. Si quieres un cuento, te lees el Génesis. La evolución no tiene la estructura de un relato. No hay planteamiento, nudo ni desenlace. La evolución es el mundo del caos”.

El pasaje me hizo reflexionar en las anotaciones que hice al principio de este texto. La exuberancia de la existencia es, al margen de nuestro pensamiento, siempre caótica. Somos nosotros quienes, acorralados por la conciencia y la angustia connatural que esta desata, nos vemos en la necesidad de construir relatos sobre los hechos que experimentamos o de los cuales tenemos noticias. Los hechos están ahí, sueltos. Cada día salimos a la calle, o al espacio digital, a encontrarnos con los otros. Cada uno hilvana con palabras la historia que es capaz de construir. La madre de todas las batallas es la lucha entre estas narrativas porque ahí se define quién entra o quién sale de la escena; quién tiene derecho o quién no. Arsuaga sabe que los hechos pueden significar por un instante y en un contexto reducido, para luego seguir suspendidos en el espacio de lo no explicable o a merced de narrativas diversas.

En Ää: Manifiestos sobre la diversidad lingüística se construye una narrativa sobre la historia indígena de México y de sus lenguas. ¿Fueron los indígenas de la era de la domesticación del maíz, hace 9000 años, los mismos sometidos durante 300 años por los españoles? ¿Es el mexicano una invención ilegítima del proyecto nacional de 1821? ¿Cómo integrar la existencia del español de México (la lengua) con la existencia de las lenguas originarias? Construir un territorio narrativo para luchar por una nación, o por un ideal social, tiene mucho más peso que la narrativa con la que recordamos nuestras vivencias cada noche. Sin embargo, ambas narrativas son brújulas capaces de guiar individuos y legiones. La narrativa de una nación y los hechos en que se fundamenta tendrán que ser siempre inclusivos, sin prejuicio de ningún grupo humano, o entidad natural que habita el territorio. Cuando Yásnaya Aguilar Gil analiza la coexistencia de las lenguas y de las culturas parece saber esto último. La narrativa de los ensayos que componen este libro es una defensa de las lenguas originarias de México y de los pueblos indígenas que las hablan. También es una genuina invitación a que dichas lenguas se incorporen al horizonte sociopolítico de los hablantes nativos del español de México.

• Yásnaya Elena  A. Gil, Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística, Ana Aguilar Guevara, Julio Bravo Varela, Gustavo Ogarrio Badillo y Valentina Quaresma Rodríguez (comps.), México, Almadía, 2020.

Patricia Córdova es profesora investigadora de Lingüística Hispánica y directora de la División de Estudios Históricos y Humanos de la Universidad de Guadalajara.

 

[Fuente: http://www.nexos.com.mx]

No século XX, guerras se “urbanizaram” — e Direito Internacional avalia tornar ataques à patrimônios culturais e históricos crimes contra a humanidade. “Novo” conceito poderia banalizar a tipificação de genocídio? Como punir a destruição de cidades?

Escrito por Juliette Robichez

Em setembro de 2018, o Brasil perdeu uma das suas joias culturais, o Museu Nacional do Rio de Janeiro, e, em abril de 2019, a França assistiu à destruição do emblema de Paris e da nação, a catedral Notre-Dame de Paris. Essas novas “catástrofes culturais”, usando a expressão da professora francesa especialista da história da arte1, espantaram e entristeceram o planeta. A transmissão ao vivo, durante intermináveis horas, da ação do fogo em ambos os patrimônios da humanidade e a emoção mundial que esses incêndios provocados pela imprudência e negligência suscitaram, demonstram que estamos apegados ao que estampa a história, a memória, a cultura, a identidade da humanidade, em resumo, a dignidade dos seres humanos. Esses sentimentos de indignação e de desespero se acentuam quando a destruição do nosso patrimônio é o fruto de um ato deliberado, como acontece nos tempos de conflitos armados, quando os bens culturais se tornam alvo prioritário dos beligerantes.

A sociedade internacional, em particular sua componente civil, vítima dos atos deliberados de tentativa de aniquilamento da sua cultura, mobiliza-se para despertar a consciência dos representantes dos Estados a respeito da gravidade da situação e refletir sobre como reagir de maneira eficaz para prevenir o desmoronamento do patrimônio e sobretudo punir os que cometeram infrações contra a herança cultural do gênero humano. Já houve várias iniciativas no campo jurídico que merecem nossa atenção2. Desde os tempos remotos, o direito humanitário foi pioneiro em criar um arsenal normativo rematado, visando preservar os bens culturais em tempo de guerra. A fundação da Organização das Nações Unidas para a Educação, a Ciência e a Cultura – Unesco, depois da 2ª Guerra Mundial – evento histórico, um símbolo, diante do vandalismo, a pilhagem e a destruição em grande escala de cidades históricas –, constituiu também um grande avanço para a concretização dos instrumentos internacionais existentes, a elaboração de novos diplomas legais e a extensão da proteção dos bens culturais no tempo de paz. Esta organização internacional elaborou, por exemplo, a lista do patrimônio em 1972, que está em constante atualização. As jurisdições penais internacionais que surgiram depois da queda do Muro de Berlim – inspirados pelo Tribunal de Nuremberg, que julgou os crimes nazistas – efetivaram as normas internacionais que visam conservar os bens culturais. Existem hoje vários julgamentos condenando carrascos por terem cometido crimes de guerra ou crimes contra a humanidade ao deliberadamente destruírem o patrimônio da humanidade3. No entanto, esses avanços merecem, segundo uma corrente doutrinária, serem aperfeiçoados, para tornar a luta contra a devastação dos bens culturais uma prioridade.

Este artigo visa iniciar uma reflexão sobre a proposta doutrinária de promover um novo crime, que consiste em destruir deliberadamente o patrimônio cultural e histórico de um povo, ao patamar mais elevado das infrações internacionais, para oferecer uma proteção melhor aos bens culturais. Alguns jurisinternacionalistas sugerem não mais se contentar em apenas incluir a ruína do patrimônio cultural como elemento de um dos crimes internacionais elencado no Estatuto de Roma de 1998; militam em prol da concepção de um crime sui generis, o “crime de urbicídio”. Esta proposta merece ser apresentada e analisada de maneira crítica. Na perspectiva de descobrir como o conceito “urbicídio” surgiu e de defini-lo (cap. 1), realizou-se uma pesquisa qualitativa, bibliográfica e documental, com enfoque na literatura estrangeira, baseada em procedimentos metodológicos comparativos e históricos. A partir deste estudo preliminar, foi iniciada uma análise crítica deste novo conceito: foram ressaltadas suas vantagens em comparação com os outros crimes internacionais, e destacadas as vicissitudes que criam potenciais obstáculos a sua posteridade, como novo crime no rol do Estatuto de Roma (cap. 2).

1. Evolução histórica e definição do conceito “crime de urbicídio”

Na Idade Média e até o século XVIII, a guerra de sítio era fundamental. Porém, na época de Clausewitz e de Napoleão, as modalidades dos conflitos mudaram: era o tempo do “levante em massa”4 e das batalhas-flashes (relâmpagos) e depois das grandes lutas sociais. O exército era responsável por manter a ordem nas cidades, mas preferia usar seus armamentos cada dia mais industrializados em palco de operação que permitia seu desdobramento, longe da população civil, no campo. Os estrategistas da Primeira Guerra Mundial evitaram os combates urbanos. Sem dúvida, os da Segunda Guerra teriam preferido evitar também, mas algumas cidades começaram a tornar-se cidades simbólicas da guerra na Rússia, como Leningrado5. As operações contra centros urbanos alemães e japoneses, no final do conflito, instigam perguntar se a “guerra para a cidade” não se transformou doravante em “guerra na cidade”. A partir dos anos 80, a guerra se “urbaniza”, segundo a expressão de Jean-Louis Dufour6. Ao comentar os acontecimentos em Sarajevo, durante a guerra na ex-Iugoslávia, atacada das alturas rurais circundantes, Aleppo, a capital da Chechênia, aniquilada pelos russos, ou os territórios palestinos ocupados pelos israelenses, começamos a ler na literatura científica ou jornalística, ou ouvir na boca dos políticos as expressões “guerra contra a cidade” e “urbicídio”.

Antes de definir o complexo conceito em gestação, de urbicídio (b), é necessário entender em que contexto histórico ele surgiu (a).

a) Evolução histórica do conceito “urbicídio”

Não existem ainda textos normativos consagrando o crime específico de urbicídio. A ideia, no patamar internacional, surgiu após o ataque direto, em 1993, contra a ponte de Mostar, na ex-Iugoslávia, alvo de bombardeios, posto que não representava nenhum caráter militar, não abrigava munições, não tinha nenhum valor castrense estratégico. A explosão pelos talibãs fanáticos dos budas monumentais de Bamiyan, estátuas de 38 e 55 metros erguidas no século V da nossa era, provocou, em 2001, a adoção de uma resolução pela IV Comissão da UNESCO7. Abalada pelo desaparecimento total de obras, fruto de uma extraordinária fusão artística de várias culturas que testemunhavam a riqueza cultural afegã, a organização internacional, sediada em Paris, convidou os Estados permanentes do Conselho de Segurança da ONU a lutar de maneira mais eficaz contra a demolição propositada dos tesouros da humanidade. Uma das recomendações foi conceber um novo crime internacional, o “crime contra o patrimônio comum da humanidade”, para facilitar a condenação dos responsáveis de ações predatórias pelos tribunais internacionais.

Não há dúvida de que a inclusão de um quinto crime internacional no rol do Estatuto de Roma8 promoveria a tutela do patrimônio cultural como uma nova grande prioridade da sociedade internacional. Outra proposta para tornar mais eficaz a aplicação das normas seria, segundo o mesmo documento, dar mais poder ao diretor geral da Unesco para informar ao secretário geral das Nações Unidas quando o patrimônio comum da humanidade for ameaçado de destruição intencional, a fim que ele possa, por exemplo, propor medidas necessárias para proteger os bens histórico-artísticos. Sabemos que somente o Conselho de Segurança goza de legitimidade para adotar medidas militares, além das de natureza diplomática, política, econômica, no âmbito internacional. Somente em dezembro de 2012 o principal órgão das Nações Unidas refere-se, em uma das suas resoluções, ao patrimônio da humanidade. Ele condenou, no conflito maliano (guerra civil que começou em 2012 com a insurreição de grupos salafistas jihadistas e independentistas denominados Azawad), as violações dos direitos humanos pelos grupos islâmicos radicais, assim como “a pilhagem, o roubo ou a destruição dos sítios culturais e religiosos”9. Com certeza, essas organizações internacionais foram influenciadas pelas ideias difundidas pela sociedade civil internacional (intelectuais, ONGs, juristas etc.), preocupada com a urgência em salvar o patrimônio histórico-cultural em perigo.

A repetição dos fatos de vandalismo intencional pelos grupos jihadistas de obediência islâmica – fúria guerreira que sempre existiu na história da humanidade, porém, fenômeno novo, acompanhada por uma divulgação em grande escala como meio de propaganda e de terrorismo10 –, levou uma parte da doutrina a pensar em adaptar o direito penal internacional à evolução dos modos de conflitos armados. Assim, à luz da criação do genocídio pela Convenção sobre a Prevenção de Repressão do Genocídio de 1948, da tentativa doutrinária de positivar o “crime de ecocídio” nos anos 6011, o “crime de urbicídio” emergiu na literatura nos anos 90, período ilustrado pelas guerras que ocorreram na ex-Iugoslávia. Todavia, o conceito entrou na posteridade só recentemente.

Um grupo de historiadores de arte, arquitetos e jornalistas12 manifestou sua aflição com uma nova dimensão dos problemas humanitários: o aniquilamento da identidade do inimigo pela destruição dos seus monumentos e lugares de culto que acompanham os assassinos, a fome, os sofrimentos e os êxodos. Cinco arquitetos que assistiram à destruição planejada da capital da Bosnia-Herzegovina, em 1991 e 1992, decidiram testemunhar e alertar o mundo sobre os acontecimentos com uma exposição itinerante que eles batizaram “Warchitecture13 – Urbicide Sarajevo”14. Foi apresentada, por exemplo, no Museu de Arte Moderna Contemporânea de Paris, no Centre Georges Pompidou em 199415. A ONG francesa Groupe, Reportage Étudiants, Environnement, Sociétés – GREES, associada ao projeto dos arquitetos precitados Midhat Cesovic, Borislav Curic, Nasif Hasanbegovic, Darko Serfic e Sabahundin Spilja, explica o uso do neologismo na época:

Porque se o assassinato de um povo é chamado de genocídio, a destruição de uma cidade e o que está acontecendo em Sarajevo pode sim ser chamado de urbicídio. (…) O urbicídio é óbvio, e é isso que estão tentando mostrar estes cinco arquitetos reunidos na associação multiétnica de arquitetos da Bósnia-Herzegovina e Sarajevo Das-Sabih. (…) Esta é uma das realidades da guerra na Bósnia e, mais geralmente, na ex-Iugoslávia. Claro que esta não é a única, mas esta guerra é marcada, entre outros crimes, pelo desejo de destruir as cidades e o que elas representam, para melhor aniquilar o inimigo. Osijek, Vukovar, Zadar, Mostar, Sarajevo … a lista é longa. Os sérvios querem matar a cidade porque ela encarna a civilização, a multietnicidade, as trocas. E Sarajevo entre as cidades do mundo goza de um lugar especial: “Com Jerusalém, Sarajevo é a única cidade do mundo que mistura tantas culturas e religiões diferentes”, explica Midhat Cesovic. Em Sarajevo, há uma catedral católica ao lado de uma sinagoga, de uma grande mesquita e de uma igreja ortodoxa. É o ponto triplo do encontro entre três grandes placas da civilização: o cristianismo ortodoxo grego, o catolicismo e o islamismo. (trad. nossa)

Essa nova terminologia foi rapidamente difundida nos discursos políticos e na mídia. O neologismo “urbicídio” começou a ganhar fama em particular na fala do arquiteto e professor Bogdan Bogdanovic16, um dos maiores oponentes ao regime ultranacionalista de Milosovic, acusado pelo Tribunal Penal para a ex-Iugoslávia antes de morrer e antigo prefeito de Belgrado. Assim, após a mutilação da futura capital da Bósnia-Herzegovina e diante da vergonhosa capitulação da comunidade internacional, o jornal francês Le Monde em maio de 199417 interpelou a opinião pública: “L’urbicide, le mémoricide, le nettoyage ethnique resteront-ils impunis ? Aucun tribunal international ne jugera-t-il jamais les auteurs de ces délits de lèse-humanité?” [“O urbicídio, o memoricídio, a limpeza étnica ficarão impunes? Nenhum tribunal internacional jamais julgará os perpetradores desses crimes contra a humanidade?”]. Hoje, várias obras científicas18 fizeram eco a este conceito que necessita ser definido juridicamente.

b) Definição jurídica do conceito de urbicídio

O termo “urbicídio” foi fabricado seguindo o modelo do conceito de “genocídio” idealizado por Raphael Lemkin em 194419. Sua etimologia é límpida: do latim urbs, cidade, e caedere, destruir, matar; “urbicídio” significa então destruição da cidade. O primeiro uso registrado da expressão “urbicídio” foi feito na obra do prolífico autor britânico de ficção científica Michael Moorcick na novela “Elric: Dead God’s Homecoming”, publicada em 196320. Os norte-americanos de obediência marxista em geral usaram, a partir da década dos anos 60, este conceito para se referirem à reestruturação urbana (ou destruição), como o Bronx em Nova York, que tinha como efeito operar uma reconversão agressiva sobre a experiência social urbana21. Foi depois dos acontecimentos de Sarajevo, na década 90, que o neologismo abraçou outra realidade. Esse novo conceito designa uma realidade antiga, quer dizer, as violências que visam a destruição da cidade22, não na condição de objetivo estratégico, mas na condição de identidade urbana. Para retomar a expressão bastante eficaz de Paul Virilio23 – urbanista, sociólogo e filósofo francês que viveu os bombardeios da sua cidade Nantes na sua infância, em 1943 –, a estratégia da nova guerra, hoje, é uma estratégia anticidade. O espaço urbano tornou-se alvo não apenas por motivos estratégicos, mas sobretudo pelos significados que ele incorpora: identidade, valores sociais e culturais. O conceito compartilha com o de “genocídio” a ideia de purificação, limpeza étnica, aniquilamento. Porém o primeiro não centra sua atenção sobre o ser humano como objeto direto da destruição, como o segundo o faz. A cidade é o símbolo do que é detestado: a polis encarna o lugar de civilização, o centro de poder a ser derrubado, o epicentro de encontros, de trocas entre as populações. Este acordo entre populações de diferentes comunidades que forjam um modo de morar baseado no multiculturalismo ou cosmopolitismo, em valores sociais e culturais torna-se um alvo para os beligerantes que buscam promover uma única identidade da sua comunidade e aniquilar os “geossímbolos”24 do encontro entre as populações e terminar com o “komsiluk” (boa vizinhança)25. O urbicídio é um crime complexo: além de uma grade de análise que se refere somente aos fatores étnicos, religiosos e linguísticos, demonstra que os conflitos são também o fruto de lutas entre urbanos e rurais, entre dois modos de morar opostos que não se entendem26. O apagamento da cidade do mapa não visa exclusivamente, como foi o caso durante toda a história da humanidade, ganhar a batalha ou a guerra e desmoralizar o inimigo27; objetiva instaurar uma supremacia também cultural sobre o inimigo, o “Outro”. Se, na cidade, se concentram os poderes econômicos, os centros de informação, os locais estratégicos, há uma densidade populacional que a torna vulnerável; nela também são sediados os monumentos que refletem uma identidade, uma história, uma cultura a serem apagadas da memória.

Não é à toa que alguns locais são visados pelos bombardeios ou ataques por explosivos. O geografo Rémi Baudouï sublinhou assim como o incêndio da biblioteca de Sarajevo, em agosto de 1992, testemunhou no plano simbólico da raiva que animava os militares sérvios o intuito de acabar com a “cultura do Outro”28. A ponte de Mostar, que ligava dois bairros étnicos diferentes, um bosniano e o outro croata, tornou-se alvo privilegiado também dos bombardeios sérvios. Essa folia assassina irracional, esse “meurtre rituel des villes”29 caracteriza também as exações dos grupos como os talibãs, Al Qaeda no Magrebe Islâmico-AQMI, Ançar Eddine e o Grupo Estado Islâmico (ISIS, segundo o acrônimo inglês) relatados acima. Ponto comum que podemos salientar à leitura dos discursos dos líderes dos beligerantes, ultranacionalistas ou jihadistas, que rejeitam a identidade do inimigo, é a necessidade de apagar as cidades consideradas “impuras”.

Vale destacar que, no Afeganistão, no Mali ou na Síria, no século XXI, os beligerantes privilegiaram o ataque do patrimônio do inimigo aos alvos políticos, econômicos ou militares estratégicos. Em razão da facilidade de derrubar e surrupiar os bens culturais? Ou em razão do forte simbolismo que as estátuas, museus, sítios arqueológicos, mausoléus ou manuscritos representam? Segundo François Chaslin, no seu livro Um ódio monumental30, a resposta é óbvia: “O conflito na ex-Iugoslávia expressa um ódio ao monumento, uma vontade de destruir tudo que participa de uma história comum” (trad. nossa).

Por estas razões, muitas vezes, os traços deixados pelos eventos de guerra nos tecidos urbanos estão carregados de fortes valores simbólicos e a fase de reconstrução torna-se um momento de reescrever a paisagem da memória da cidade. Os projetos de intervenções de restauração, reconstrução ou demolição pós-guerra são, nessa perspectiva, a expressão de narrativas coletivas que estabelecem uma relação cada vez diferente entre a cidade, o evento de guerra e sua memória31.

Uma vez contextualizado e definido, resta analisar de maneira crítica a contribuição do novo crime à teoria do direito penal internacional.

2. Vantagens e desvantagens do novo conceito “urbicídio”

Uma reflexão preliminar sobre o risco da criação de um novo crime pode suscitar, na teoria do direito, uma comparação entre os crimes preexistentes e o novo crime de urbicídio.

2.1. Efeitos nocivos da inflação normativa

Entendemos a intenção dos defensores da criação de um novo crime internacional suscetível de tornar o Tribunal Penal Internacional (TPI) competente: conscientizar a comunidade internacional da extrema gravidade da pulverização da identidade de uma população através de seu patrimônio; insistir também sobre o efeito profilático da consagração de um crime ao acentuar, dramatizar esse caráter grave de todos os atos predatórios para acabar com essas atrocidades. Porém não podemos negar as vicissitudes próprias que surgem quando se cria um novo conceito. Como delimitar precisamente as fronteiras deste crime em gestação? Como atender melhor o princípio de legalidade? Esse crime pode realmente ser considerado um crime internacional capaz de fundar a competência da jurisdição criminal internacional? Não é redundante com os outros crimes internacionais? De modo mais geral, quais são os critérios para avaliar a relevância da constituição de novos crimes internacionais? Sem pretensão de exaustividade, podemos citar as propostas recentes de criação de infrações relativas à proteção dos indivíduos e dos povos (escravidão, apartheiddiscriminação racial, tortura…), as relativas aos espaços e ao meio ambiente (ecocídio, pirataria, poluição, espaciocídio32…), as relativas à proteção do Estado, das organizações internacionais e de seus agentes (atos de terrorismo33…) ou as relativas às trocas internacionais (tráfico de entorpecentes, luta contra a corrupção internacional ou contra os paraísos fiscais…), as econômicas e financeiras34 etc.35. Todas são legítimas e dignas de atenção, porém não contribuem para inflação normativa criminal? Este crescimento exagerado não tem o risco de banalizar o crime internacional e finalmente tornar a luta contra a impunidade ineficaz?

Ao acolher todas essas propostas, chegaremos a uma hipótese de “non-droit”, quer dizer, a hipótese extrema da inefetividade do direito que seria a “ausência de direito em um determinado número de relações humanas onde a lei tinha a vocação teórica de estar presente”36, descrita pelo renomado sociólogo de direito francês, Jean Carbonnier, no meio do século passado. Tanto a escassez de direito quanto sua proliferação podem aniquilar ele mesmo, “como a serpente que se devora pela cauda. Em um imenso número de casos, ele devora fenômenos legais, neutraliza sua juricidade”37. Essa neutralização pela banalização já foi debatida e denunciada a respeito da qualificação quase sistemática dos massacres de população em genocídio (como foi feito para caracterizar os crimes na ex-Iugoslávia nos anos 90, no Darfur no Sudão, em Israel nos anos 2000 ou da juventude negra brasileira atualmente)38.

Em resumo: positivar o crime de “urbícidio”, seria o meio ruim para alcançar um bom objetivo? Precisa-se trivializar os crimes internacionais para “enobrecer” a destruição em massa do patrimônio da humanidade que assola atualmente várias regiões do mundo vítimas da ação de grupos obscurantistas ou de Estados visando nelas impor sua hegemonia? Essas questões merecem uma reflexão aprofundada para conciliar de maneira satisfatória a efetividade jurídica e a luta contra a impunidade.

Uma vez levantado o risco ligado à criação de um novo crime internacional, podemos questionar a sua relevância.

2.2. Comparação do crime de urbicídio com os crimes internacionais positivados

Na jurisprudência dos tribunais penais internacionais ad hoc e do TPI, a destruição deliberada dos bens culturais foi assimilada aos crimes contra a humanidade e aos crimes de guerra. Vale então desenhar as semelhanças e diferenças entre esses crimes.

Os crimes de urbicídio e os crimes contra a humanidade ou de guerra apresentam elementos comuns: visam aniquilar o inimigo e constituem atos de violência coletiva. Porém existem distinções profundas e intrínsecas. No crime contra a humanidade ou de guerra, os valores protegidos dos atos subjacentes visam diretamente a pessoa e, além disso, a espécie humana, como atentados à vida sob a forma de assassinato ou homicídio, atentados à integridade física e mental e à liberdade de deslocamento (sequestros e raptos). O crime de urbicídio é antes de tudo um crime direcionado contra o Estado. Mesmo se ele visa civis que vão sofrer na sua carne, visa de maneira colateral os símbolos do modelo combatido: a potência comercial e financeira, a supremacia militar, o poder político, o patrimônio cultural, através de um impacto simbólico e um grande choque midiático. Nota-se que o criminoso da humanidade ou de guerra busca eliminar os rastros das suas monstruosidades. Ao inverso, os responsáveis pelo urbicídio usam plenamente dos meios de comunicação para divulgar seus crimes. A violência contra o patrimônio, nesses últimos anos, foi teatralizada no intuito de melhor difundir o terror diante das populações visadas, e a reivindicação torna-se um elemento necessário. Parece que os bens são interesses jurídicos protegidos pelas duas incriminações, porém isso fica marginal para o crime contra a humanidade ou crime de guerra. O crime de urbicídio entende resguardar, tanto a pessoa humana quanto os bens da humanidade e os dos Estados. Enfim, o crime contra a humanidade ou de guerra só pode ser cometido por um Estado, enquanto os atos de urbicídio podem ser realizados por particulares para seus próprios interesses39.

Essas diferenças poderiam justificar a razão de ser do novo crime. Porém, do ponto de vista pragmático, sua concretização traz mais perguntas que soluções.

Com efeito, uma discussão a ser resolvida, por exemplo, é de determinar quais seriam os elementos da sua definição a serem comprovados para punir o crime de urbicídio. As evoluções da jurisprudência do Tribunal Penal para a ex-Iugoslávia – TPII corroboram a dificuldade quanto à qualificação do crime (crime de guerra ou crime contra a humanidade?) e quanto aos critérios exigidos para determinar se houve ou não um crime contra o patrimônio da humanidade.40 Em vários julgamentos, o TPII, de maneira solene, condenou os atos visando o patrimônio cultural41. No “caso Kordic”, julgado em 26 de fevereiro de 2001, o ato de demolição e degradação de edifícios consagrados à religião ou à educação, quando tal ato é perpetrado deliberadamente, foi equiparado a um ato de perseguição, posto que equivale a: “um ataque contra a identidade religiosa própria de um povo. Assim, o Tribunal exemplifica a noção de crime contra a humanidade, pois deste fato, é a humanidade no seu conjunto que é afetada pela destruição de uma cultura religiosa específica e dos objetos culturais vinculados”42. No “caso Miodrag Jokic”, o julgamento de 18 de março de 2004 puniu, mais uma vez, esses atos bárbaros de hostilidades contra o patrimônio cultural nesses termos: “O bombardeio da velha cidade de Dubrovnik (classificada na lista da UNESCO) constituiu um ataque não somente contra a história e o patrimônio da região mas também contra o patrimônio cultural da humanidade”43. No julgamento de 3 de março de 200044, T. Blaskic foi acusado por ter atacado o patrimônio cultural do inimigo. No entanto, o tribunal ad hoc entendeu de maneira restritiva o artigo 3° al. d). Foi estabelecido que o dano ou a destruição precisam ser cometidos de maneira deliberada contra edifícios claramente identificados como consagrados à religião ou ao ensino e não usados, no momento dos fatos, para fins militares. Neste “caso Blaskic”, o ataque contra os edifícios não caracterizou um dos quatro crimes internacionais, tornando o TPII competente, pois eles estavam localizados perto de objetivos militares, condição que legitima os bombardeios. No entanto, a jurisprudência da corte criminal evoluiu: no julgamento “Natelic e Martinovic” do 31 de março de 200345, a definição do crime não contemplou mais o elemento de proximidade do edifício bombardeado com os objetivos militares. Mas os juízes internacionais requereram a prova da intenção do autor do delito de degradar o imóvel, prova sempre delicada a fornecer, como é para qualquer elemento subjetivo. Essas exigências são compreensíveis, pois se trata da definição dos crimes internacionais, quer dizer, os de maior gravidade, que afetam a comunidade internacional no seu conjunto, justificando a competência excepcional dos tribunais penais internacionais e relativizando a soberania dos países beligerantes.

O terrorismo compartilha várias semelhanças com o urbicídio, em particular o de propagar o terror e destruir, não somente física mas também moralmente, uma parte da população civil, focar em alvos simbólicos da identidade do inimigo. Mas vale lembrar os fracassos da sociedade internacional ao definir o primeiro para descartar o raciocínio analógico46. Apesar de o terrorismo ser considerado uma das ameaças mais terríveis destas últimas décadas, não houve consenso internacional até hoje, para circunscrever este conceito47, o que não deixa pressagiar, pelo menos a curto prazo, novo conceito de urbicídio.

Mesmo que o desafio da delimitação do conceito esteja superado, restarão outras questões a serem resolvidas. Qual seria seu regime jurídico? O crime é mais grave que os outros crimes internacionais vigentes hoje no Estatuto de Roma? A sanção deveria ser agravada? Quais são as causas para se eximir da sua responsabilidade pela destruição de uma cidade?

Estes são apenas exemplos de incertezas jurídicas que o TPI permanente encontrará se o conceito de urbicídio vier a ser incorporado no artigo 8 do Estatuto de Roma. Além disso, a capacidade deste termo para abranger uma variedade de campos, tais como, direito, política internacional, urbanismo e arquitetura, história da arte, antropologia, filosofia e sociologia, tornará especialmente difícil estabelecer uma definição finita que satisfaça a todos.

Conclusão

A discussão doutrinária sobre a qualificação jurídica aplicável às violações voluntárias aos monumentos históricos tem o mérito de demonstrar as novas expectativas da sociedade internacional quanto à tutela do patrimônio da humanidade. Porém, por enquanto, parece mais conveniente conservar a principal caracterização de “crime de guerra” aplicada pelo TPI. Se a criação de um crime sui generis apresenta intelectualmente argumentos a favor, a mudança da terminologia poderia ser contraproducente. O governo francês, nas suas “50 proposições para proteger o patrimônio da humanidade” reveladas em 201548, propôs sistematizar o acionamento do TPI para responsabilizar individualmente os que perpetraram crimes de lesa-patrimônio (proposição n° 42) sem, no entanto, tentar modificar a qualificação de crimes de guerra para outro crime. Emendar o Estatuto de Roma no intuito de criar uma nova infração tem o risco de deixar entender, segundo Jean-Luc Martinez, redator das proposições, que as destruições das pedras podem ficar no mesmo patamar que os massacres da população, o que é difícil de ser compreendido pela opinião pública. Essa falta de legibilidade provocada pela alteração de jurisprudência seria contraditória com a preocupação de consolidar a efetividade das regras em germinação existentes. Ademais, o processo de reforma do Estatuto de Roma pode revelar-se arriscado pois a probabilidade de uma emenda entrar em vigor é fraca. Alterar as cláusulas do tratado de 1998 necessita da aquiescência da maioria dos 2/3 dos Estados membros da jurisdição criminal internacional e vinculará somente os Estados que ratificaram a emenda. Como o TPI está hoje sofrendo uma fase de contestação, em particular pelos países africanos que contestam sua legitimidade49 e também pelos presidentes russo, Vladimir Putin, norte-americano, Donald Trump, é melhor não dar oportunidade aos Estados de denunciar ou enfraquecer o ato constitutivo desta instituição judiciária, que demonstrou recentemente sua importante contribuição na luta eficaz contra a destruição do patrimônio da humanidade.


1 SARTRE-FAURIAT, Annie. Proche-Orient : patrimoines en grand danger. Anabases, Toulouse, n° 23, 2016, p. 139.

2 ROBICHEZ, Juliette. A destruição do patrimônio cultural da humanidade como instrumento de aniquilamento da dignidade da pessoa humana. A gênese da proteção jurídica do patrimônio cultural da humanidade. Diálogos possíveis, Salvador, v. 14, 2015, p. 96. – ROBICHEZ, Juliette. A proteção do patrimônio histórico-cultural da humanidade e a crise do direito internacional. In: MENEZES, Wagner; ANUNCIAÇÃO, Clodoaldo S. da, VIEIRA, Gustavo M. (org.). Direito internacional em expansão, Belo Horizonte: Arrães Ed., 2015, p. 122.

3 ROBICHEZ, Juliette. A destruição deliberada do patrimônio cultural da humanidade: “crime de guerra” ou crime contra a humanidade”? Revista de Direito Internacional, 2020, v. 17, n.° 3, Dossiê temático: Direito da arte e do patrimônio cultural, p. 357. Disponível em: https://www.publicacoesacademicas.uniceub.br/rdi/article/view/6591. Acesso em: 21 abr. 2021.

4 Definido no artigo 4, A, §6 da Terceira Convenção de Genebra. Termo francês para a conscrição durante as Guerras Revolucionárias francesas, particularmente a de 23 de agosto de 1793.

5 DUFOUR, Jean-Louis. La guerre, la ville et le soldat. Paris: Odile Jacob, 2002.

6 DUFOUR, Jean-Louis. Villes et combats urbains au XXe siècle, in Guerres mondiales et conflits contemporainsParis, 2002/2, n° 206, p. 95. Disponível em: https://www.cairn.info/revue-guerres-mondiales-et-conflits-contemporains-2002-2-page-95.htm. Acesso em: 07 mai. 2019.

7 UNESCO. Quatorzième assemblée générale des États parties à la Convention concernant la protection du patrimoine mondial, culturel et naturel. Paris, 14-15/Out/2003, p. 2. Disponível em: <http://whc.UNESCO.org/archive/2003/whc03-14ga-inf01f.pdf>. Acesso em: 10 fev. 2014.

8 Por enquanto, os crimes internacionais são: crime de genocídio, crime contra a humanidade, crime de guerra e crime de agressão.

9 Resolução 2085 (2012). Disponível em: <http://abonnes.lemonde.fr/international/article/2013/02/15/patrimoine-mondial_1833424_3210.html>. Acesso em: 05 mai. 2014.

10 No seu sentido próprio de aterrorizar a população.

11 CABANES, Valérie. Un nouveau droit pour la terre. Pour en finir avec l’écocide. Paris: Seuil, 2016.

12 Colóquio sobre as cidades destruídas nas guerras recentes, 31 jan. 1995, Ecole d’architecture de Paris-La Défense, sob a iniciativa da revista Urbanisme et da Associação Patrimônio sem Fronteiras. V. EDELMANN, Frédéric. Comment réconcilier les villes martyres et leur histoire. Le Monde, Paris, 11 fev. 1995. Disponível em: <http://www.lemonde.fr/archives/article/1995/02/11/comment-reconcilier-les-villes-martyres-et-leur-histoire_3836761_1819218.html#mQ8aDPHigO6hDpLU.99>. Acesso em: 14 mar. 2017.

13 Neologismo elaborado a partir da palavra “war”, guerra em inglês e “architecture”, arquitetura.

14 GREES. Urbicide à Sarajevo. Blogue Immersion à Sarajevo, s.d. Disponível em: <https://grees2009.wordpress.com/nos-recherches/urbanisme/urbicide-a-sarajevo/>. Acesso em: 14 mar. 2017. Fato interessante, o neologismo “urbicídio” não foi traduzido em inglês na mídia nova-iorquina, o outro “warchitecture-Sarajevo”, associando a palavra “guerra” e “arquitetura”, foi privilegiado para falar de uma cidade “ferida” (“A Wounded City”). V. STOREFRONT FOR ART AND ARCHITECTURE. Warchitecture-Sarajevo: a Wounded City. 04 fev. 1995. Disponível em: <http://storefrontnews.org/programming/warchitecture-sarajevo-a-wounded-city/>. Acesso em: 14 mar. 2017.

15 Une exposition sur Sarajevo au Centre Pompidou. Les ruines d’une ville assiégée. Le Monde, Paris, 03 mai. 1994. Disponível em: <http://www.lemonde.fr/archives/article/1994/05/03/une-exposition-sur-sarajevo-au-centre-pompidou-les-ruines-d-une-ville-assiegee_3829085_1819218.html#0D7axomAHhypp4uf.99>. Acesso em: 07 set. 2016.

16 BOGDANOVIC, Bogdan. Vukovar, Sarajevo. La guerre en ex-Yougoslavie. Paris: Ed. Esprit, 1993.

17 Pourquoi Sarajevo. Le Monde, Paris, 27 mai. 1994. Disponível em: <http://www.lemonde.fr/archives/article/1994/05/27/pourquoi-sarajevo_3831329_1819218.html#rUgtrD2dZmqhOEYS.99>. Acesso em: 07 set. 2016. Tradução nossa: “O urbicídio,o memoricídio e a limpeza étnica ficarão impunes? Nenhum tribunal internacional nunca julgará os autores destes delitos de lesa-humanidade?”

18 Por ex.: MAZZUCCHELLI, Francesco. Urbicidio. Il senso dei luoghi tra distruzioni e ricostruzioni nelle ex Jugoslavia. Bononia University Press, Bolonha, 2010.

19 LEMKIN, Raphael. Chapter IX: Genocide. In: ______. Axis Rule in Occupied Europe: Laws of Occupation – Analysis of Government – Proposals for Redress. Washington: Carnegie Endowment for International Peace, 1944. p. 79-95. Disponível em: <http://www.academia.edu/5846019/Raphael_Lemkin_-_Axis_Rule_in_Occupied_Europe_Laws_of_Occupation_-_Analysis_of_Government_-_Proposals_for_Redress_Chapter_IX_Genocide_&gt;. Acesso em: 08 mai. 2019.

20 MOORCOCK, Michael. Dead God’s Homecoming. Science Fantasy, n° 59, Nova Publishing, 1963, apud WIKIPEDIA, Urbicídio. Disponível em: <https://es.wikipedia.org/wiki/Urbicidio>. Acesso em: 08 mai. 2019. Nesta obra, o protagonista Elric, imperador de Melniboné, abandona seu trono para viajar e assiste impotente à destruição do seu mundo para deixar seu lugar ao nosso.

21 Por exemplo: MARSHALL, Berman. Falling Towers: City Life After urbicide, in CROW, Dennis, Geography and Identity. Ed. Maisonneuve Press, Washington, 1996, p. 172.

22 Pensamos em Troia sitiada e devastada pelos Gregos (1240 a.C.); a tomada de Cartago, cidade sediada no norte da África, originariamente colônia fenícia pelos Romanos que se espalharam pela cidade e semearam as terras de sal para que nada mais repele como diz a lenda (146 a.C.); a tomada de Tenochtitlán (antigo México), capital dos Astecas, pelos Espanhóis (1521)…

23 VIRILIO, Paul. Stratégie de la déception: à partir du conflit au Kosovo, réflexion sur la stratégie militaire du contrôle et de désinformation tous azimuts. Paris: Ed. Galilée, 2000.

24 TRATNJEK, Bénédicte. Des ponts entre les hommes : les paradoxes de géosymboles dans les villes en guerre. Cafés géographiques, rubrique Vox geographi, 12 dez. 2009. Disponível em: <https://halshs.archives-ouvertes.fr/file/index/docid/440892/filename/Des_ponts_entre_les_hommes.pdf>. Acesso em: 28 mai. 2019.

25 O termo “komsiluk”, de origem turca, designa as relações de vizinhança no seu conjunto. Na Bósnia-Herzegovina, no contexto pluricomunitário bosníaco, o termo abrangia um sistema de coexistência cotidiana entre as diferentes comunidades. Expressava-se essencialmente no trabalho, na vida hodierna, na associação na comemoração de todos aos eventos religiosos e familiares. BOUGAREL, Xavier. Bosnie. Anatomie d’un conflit. Paris: La Découverte, 1996, p. 81.

26 TRATNJEK, Bénédicte. La notion d’urbicide : exemples en ex-Yougoslavie. Blogue Géographie de la ville en guerre, 22 out. 2008. Disponível em: <http://geographie-ville-en-guerre.blogspot.com.br/2008/10/la-notion-durbicide-dimensions.html>. Acesso em: 07 set. 2016. Podemos também citar o exemplo de Phnom Penh, capital da Camboja, que sofreu graves destruições e descuidados durante a República Khmer (1970-1975). A “Pérola da Ásia” foi bombardeada pelas tropas comunistas e esvaziada durante quase quatro anos. Em 1975, a nova Kampuchea democrática evacuou pela força seus dois milhões de residentes para que estes trabalhassem nas fazendas rurais e se tornem o “novo povo”. Ver a obra cinematográfica sobre este tema: The killing Fields. Direção de Rolland JOFFÉ, Reino Unido, 1984 (138 min.).

27 Pensamos nos bombardeios de Paris e Londres na Primeira Guerra Mundial, de Guernica durante a guerra civil na Espanha ou Hiroshima e Nagasaki durante a Segunda Guerra Mundial.

28 BAUDOUï, Rémi. De la menace atomique aux conflits de “faible intensité”. L’emprise croissante de la guerre sur la ville. Annales de la recherche urbaine, n° 91, dossier “Villes et guerres”, 2001, pp. 31-32.

29 Idem. “Assassinato ritual de uma cidade”. (trad. nossa)

30 CHASLIN, François. Une haine monumentale. Essai sur la destruction des villes en ex-Yougoslavie. Paris: Descartes & Cie, 1997. – V. também TRATNJEK, Bénédicte. La notion d’urbicideOp. cit.

31 Uma das primeiras medidas adotadas pela população vítima desses atos bárbaros foi de reconstruir a ponte de Mostar ou os mausoléus de Tombuctu.

32 HANAFI, Sari. Spatiocide, réfugiés, crise de l’Etat-nation. Multitudes, Paris, 2004-4, n° 18, p. 187. Disponível em: <http://www.cairn.info/article_p.php?ID_ARTICLE=MULT_018_0187>. Acesso em: 17 mar. 2017 – LEVY, Jacques. Topologie furtive. Espacestemps.net, 2008. Disponível em: <http://www.espacestemps.net/articles/topologie-furtive/>. Acesso em: 17 mar. 2017. Esses autores demonstram que o espaço é um recurso usado pelo Estado israelense para impedir a construção estatal palestina: as políticas de expropriações gerais das terras, deslocamento ou expulsão maciça dos habitantes; o assentamento consistente, exaustivo e definitivo por colonos visa a romper a continuidade territorial, a suprir a relação entre Palestino e seu território.

33 ROBICHEZ, Juliette; SPÍNOLA, Luíza M. C. A complexa definição de ato terrorista como crime contra a humanidade. Revista da Faculdade de Direito – UFPR, Curitiba, v. 65, n° 2, mai./ago. 2020, p. 149. Disponível em: https://revistas.ufpr.br/direito/article/view/69797/41512. Acesso em: 17 dez. 2020. V. também: MOLINS, François. Actes de terrorisme : nouveaux crimes contre l’humanité ? Paris: Colloque à la Cour de cassation: 70 ans après Nuremberg – Juger le crime contre l’humanité, 30 set. 2016. Disponível em: <https://www.courdecassation.fr/IMG/F%20Molins%20-%20Actes%20de%20terrorisme%20%20noueaux%20crimes%20contre%20l%20humanit%C3%A9%20-%2070%20apr%C3%A8s%20Nuremberg%20-%20Juger%20le%20crime%20contre%20l%20humanit%C3%A9.pdf>. Acesso em: 17 mar. 2017.

34 MUNIZ, Lucas Maia Carvalho. A tutela dos crimes contra o sistema financeiro nacional no Tribunal Penal Internacional. Trabalho de Conclusão de Curso, Faculdade Ruy Barbosa, Curso de direito, orientador: Juliette Robichez, 2013 (n.p.).

35 Para maiores desenvolvimentos V. ASCENSIO, Hervé, DECAUX, Emmanuel, PELLET, Alain. Droit international pénal. Paris: A. Pedone, 2° ed., 2012, pp. 183 e s.

36 CARBONNIER, Jean. Flexible droit. Pour une sociologie du droit sans rigueur. Paris: LGDJ, 7° ed., 1992, p. 23 e s. Trad. nossa.

37 Idem. Trad. nossa

38 Ex.: JARREAU, Patrick. Simone Veil s’inquiète de la banalisation du génocide des juifsLe Monde, Paris, 18 mai. 2003. Disponível em: <http://abonnes.lemonde.fr/une-abonnes/article/2003/05/15/simone-veil-s-inquiete-de-la-banalisation-du-genocide-des-juifs_320122_3207.html?xtmc=simone_veil_s_inquiete_de_la_banalisation_du_genocide&xtcr=1>. Acesso em: 21 abr. 2019.

39 V. ausência de consenso sobre essa questão no debate na Comissão de Direito Internacional sobre o projeto de código dos crimes contra a paz e a segurança da humanidade. ACDI, 1986, vol. II, 2 e partie, p. 48, § 98. V. também ACDI, 1990, vol. II, 2 e parte, comentários do art. 16 in fine, p. 29. Contra: Resolução da AG/OEA, 30/06/70, equiparando os atos de terrorismo a crimes contra a humanidade. Mesma posição nas resoluções 863 de 1986, 1170 de 1991 e na recomendação 1644 de 2004 da Assembleia Parlamentar do Conselho da Europa. V. ROBICHEZ, Juliette; SPÍNOLA, Luíza M. C. Loc. cit.

40 DIAS, Anauene. Destruição do patrimônio cultural: crime de guerra. Revista Via IurisBogotá, 2018, n° 25, p. 1. Disponível em: <https://www.academia.edu/38358730/Destruição_do_patrimônio_cultural_como_crime_de_guerra.pdf?email_work_card=view-paper>. Acesso em: 28 mai. 2019.

41 CARDOSO, Tatiana de Almeida F. R. Novos desafios ao direito internacional humanitário: a proteção dos bens culturais em caso de conflito armado. Revista de Direitos Fundamentais e Democracia, Curitiba, v. 14, n° 14, jul./dez. de 2013, p. 196. Disponível em: <http://revistaeletronicardfd.unibrasil.com.br/index.php/rdfd/article/view/381/338>. Acesso em: 25 jul. 2018.

42 TPII – TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL PARA EX-IUGOSLÁVIA. Câmara de Primeira Instância. Procurador v. Kordic & Cerkez. 27 fev. 2001. N° IT-95-14/2-T. <Disponível em http://www.icty.org/x/cases/kordic_cerkez/tjug/fr/kor-010226f.pdf>. Acesso em: 21 mar. 2014, pp. 64 e 65; p. 101 e s. e p. 311 e s. Trad. livre

43 TPII – TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL PARA EX-IUGOSLÁVIA. Câmara de primeira instância I. Procurador c. Miodrag Jokic. 18 mar. 2004. N° IT-01-42/1-S. Disponível em: <http://www.icty.org/x/cases/miodrag_jokic/tjug/fr/jok-sj040318f.pdf>. Acesso em: 21 mar. 2014, p. 21 e s. Trad. livre.

44 TPII – TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL PARA EX-IUGOSLÁVIA (2000a). Câmara de Primeira Instância I. Procurador c. Tihomir Blaskic.03 mar. 2000. N° IT-95-14-T. Disponível em: <http://www.icty.org/x/cases/blaskic/tjug/fr/bla-tj000303f.pdf>. Acesso em: 21 mar. 2014, p. 5 e s., pp. 53 e 56, p. 63 e s., p. 144 e s.

45 TPII – TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL PARA EX-IUGOSLÁVIA. Câmara de primeira instância. Procurador v. Mladen Naletilic e Vinko Martinovic. 31 mar. 2003. N° IT-98-34-6. Disponível em: <http://www.icty.org/x/cases/naletilic_martinovic/tjug/fr/tj030331f.pdf>. Acesso em: 21 mar. 2014, p. 230 e s., pp. 274-275.

46 ROBICHEZ, Juliette; SPÍNOLA, Luíza M. C. Loc. cit.

47 JAPIASSÚ, Carlos Eduardo A. Coleção para entender: o Direito Penal Internacional. Belo Horizonte: Del Rey, 2009. – MALUF, Elisa L. Terrorismo e prisão cautelar: eficiência e garantismo. São Paulo: LiberArs, 2016.

Ver referências in: ROBICHEZ, Juliette; SPÍNOLA, Luíza M. C. Loc cit.

48 MARTINEZ, Jean-Luc.Cinquante propositions françaises pour protéger le patrimoine de l’humanité. In: Rapport au Président de la République sur la protection du patrimoine en situation de conflit armé. Nov. 2015. Disponível em: <http://www.elysee.fr/assets/Uploads/Cinquante-propositions-francaises-pour-proteger-le-patrimoine-de-lhumanite.pdf>. Acesso em: 05 fev. 2017.

49 Acusado de ser uma instituição “racista e neocolonial” pela União Africana, alguns Estados africanos manifestaram sua vontade de sair da organização internacional. A partir de 2015, a África do Sul, o Burundi e a Gâmbia introduziram um processo de denúncia do Tratado de Roma de 1998.Ver ROBICHEZ, Juliette. A justiça penal internacional e a África. Análise crítica do “afrocentrismo” do Tribunal Penal Internacional. Cientifico, Salvador, 2018, p. 147. Disponível em: <https://revistacientefico.adtalembrasil.com.br/cientefico/article/view/626/390>. Acesso em: 21 abr. 2019.

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

El ‘Diccionario histórico de la lengua española’ ha sido uno de los proyectos más apasionantes y accidentados de la cultura hispánica. Ahora cobra un impulso definitivo gracias a la informática

Fichero general de la Real Academia Española, con más de 10 millones de papeletas léxicas y lexicográficas.LUIS SEVILLANO

Escrito por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

Como en un cuento de Borges, en un luminoso edificio de la calle de Serrano de Madrid hay un grupo de 11 personas empeñadas en una tarea pendiente desde hace un siglo: culminar el Diccionario histórico de la lengua española. Ese edificio es la sede del Centro de Estudios de la Real Academia Española y esas 11 personas, coordinadas por Mar Campos y con Pilar Salas como jefa de redacción, son un equipo de informáticos y lexicógrafos consagrados a registrar la definición y evolución de absolutamente todas las palabras —vivas y muertas— de una lengua con 1.000 años de antigüedad y más de 500 millones de hablantes en todo el planeta. “Histórico” no significa “antiguo” sino “total”, subrayan Campos y Salas mientras navegan por la web del diccionario, concebido desde el principio como nativo digital y accesible gratuitamente desde la página de la RAE. “Total” quiere decir que recogerá los términos más remotos y los recién nacidos, incluso aquellos que designan realidades que nunca llegaron a existir. Como los coronabonos que hace un año planeaba emitir la Unión Europea para compensar los estragos de la crisis del coronavirus.

La casualidad ha querido que el campo semántico de la covid se encuentre entre las novedades publicadas esta semana en el Diccionario histórico. Cuando se declaró la pandemia, el equipo de la RAE llevaba meses rastreando palabras relacionadas con las enfermedades en general y con las respiratorias en particular. Ni que decir tiene que el último año ha supuesto un curso intensivo sobre composición, derivación y parasíntesis. Dan fe los 88 términos recogidos en relación con un virus documentado por primera vez en español en una Guía de enfermedades de los cerdos publicada en 1980: de coronillavirus coronaplauso, pasando por covidivorcio coronoia (que se ha usado para designar tanto la negación de la dolencia como la preocupación excesiva por contraerla).

Estos 88 términos forman parte de las 715 últimas incorporaciones, presentadas esta semana, a un repertorio que cuenta ya con 6.325 entradas (artículos en la jerga filológica). El “ya” puede parecer hiperbólico si se piensa que el diccionario de uso registra 93.000 y que el histórico triplicará esa cifra dado que tendrá que incorporar una multitud de variantes y el léxico en desuso. La hipérbole no lo es tal si se tienen en cuenta las prestaciones de un diccionario así y, en el caso del español, su accidentada trayectoria. Las primeras tienen algo de ciencia ficción; la segunda, mucho de épica y drama.

Quienes entren en la página del Diccionario histórico comprobarán que de cada palabra se registran la etimología y todas sus acepciones, se resume su biografía desde que se documentó y se argumentan su evolución y uso con multitud de ejemplos. Un caso: trompa —cuya historia se relata en un texto que ocuparía cinco páginas de periódico— cuenta con 75 acepciones principales, la primera de las cuales se ilustra mediante 375 ejemplos localizados entre 1240 y 2020. A esto hay que añadir una relación de locuciones que van desde estar trompa (borracho) hasta andar con la trompa como chancho de monte (enfadado). La web permite además consultar todos los ejemplos citados con su referencia bibliográfica. O ver solo los más destacados o el más antiguo y el más moderno. Igualmente, con un simple clic, se accede a la familia de cada palabra, que se despliega como una red de nodos que permiten comprender de un vistazo que la lengua no es una línea recta sino una constelación. Y que, además, se mueve. En el futuro bastaría con ajustar los criterios para tener al instante un diccionario de anglicismos o uno del español del siglo XVIII. La información ya estará disponible.

El Diccionario histórico recibe actualmente 10.000 visitas al mes. Con la versión recién estrenada la RAE espera que esa cifra dé el salto al millón. Sus cálculos se basan en los dos millones mensuales que reciben el Diccionario panhispánico de dudas y el Diccionario panhispánico del español jurídico. El Diccionario de la lengua española juega en otra liga: en el último año alcanzó los 1.000 millones de consultas.

De ‘coronoia’ a ‘covidivorcio’, en un año han registrado 88 términos relacionados con el coronavirus

El equipo del Diccionario histórico publica cada año —en dos entregas: marzo y septiembre— un total de 1.400 palabras. A este ritmo, tardaría casi un siglo en culminar su trabajo. Un plazo que, como apunta con ironía en su despacho el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, hoy en día “va más allá de la imaginación humana”. De ahí que al grupo de la calle de Serrano se le acaben de unir 18 equipos de todo el mundo. Academias americanas, universidades españolas e instituciones como el Instituto Caro y Cuervo de Colombia formarán parte de una red “panhispánica” que en un lustro podría llevar el diccionario hasta las 30.000 voces. “El histórico está pensado para que sea nativo digital y sus prestaciones no son sustituibles por una edición impresa equivalente”, apunta Muñoz Machado, “pero dentro de cinco años yo querría preparar una edición en papel con el material que tengamos”. Como él mismo reconoce, el ejemplo del diccionario de Oxford, todo un símbolo, sigue pesando mucho.

Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española y del 'Diccionario histórico', este martes en la sede de la RAE, en Madrid.

Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española y del ‘Diccionario histórico’, este martes en la sede de la RAE, en Madrid. INMA FLORES / DIARIO AS

Esa es la parte de la épica y el drama. El castellano es uno de los pocos idiomas de peso internacional que no cuenta con un diccionario que ya poseen lenguas como el alemán, el inglés, el francés, el italiano, el sueco, el neerlandés y el catalán. La mayoría se puede consultar en internet y algunos cumplirán pronto 200 años. Es el caso del Deutsches Wörterbuch, el diccionario histórico del alemán que los hermanos Grimm, fundadores de la lexicografía histórica, comenzaron a elaborar en 1838. El gran modelo es, no obstante, el Oxford English Dictionary impulsado en 1879 por James Murray. La película Entre la razón y la locura (2019), protagonizada por Mel Gibson y Sean Penn, refleja el método empleado por Murray para recopilar en poco tiempo un amplio corpus de ejemplos: hacer un llamamiento a través de la prensa y de las bibliotecas para que cualquier lector culto le hiciera llegar fichas con citas literarias que ilustraran los usos. En 1928 se completaron los 20 volúmenes de la primera edición.

Fundada en 1713, la Real Academia Española incluyó en su reglamento de 1861 la necesidad de confeccionar un diccionario histórico a partir de “colecciones, clasificadas por siglos, de palabras, locuciones” y “frases”, pero hasta 1914 no se elaboró un plan general para su redacción. En 1934 apareció el primer volumen (con la letra A), y tres años más tarde, el segundo (con la B y parte de la C). La Guerra Civil interrumpió los trabajos y, para colmo, una bomba incendió el almacén de la editorial que custodiaba los ejemplares de esos dos primeros tomos. En 1946, el recién creado Seminario de Lexicografía, con Julio Casares al frente, recurrió al modelo oxoniense de pedir la colaboración pública para la elaboración de ficheros. El resultado estuvo lejos del éxito británico y poco después la RAE trazó de cero un nuevo plan para un repertorio de 25 volúmenes. Pese al altísimo nivel de los filólogos embarcados en el proyecto, la segunda vida del Diccionario histórico terminó en 1995. Poco antes se había calculado que a ese ritmo —iban por la letra B— los trabajos durarían hasta el año 2400.

Tras desechar ‘camarera’ o ‘aeromoza’, Iberia resucitó en el siglo XX una voz que ya no se usaba: ‘azafata’

La modernidad llegó al diccionario más deseado de la lengua española en 2007. Ese año se puso al frente José Antonio Pascual, que era por entonces vicedirector de la RAE y, sobre todo, un mito para varias generaciones de lectores y filólogos, que siguen hablando del “Coromines y Pascual” para referirse al monumental —seis volúmenes— Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico firmado por ambos. En la terraza de su casa de Madrid, a un paso del Retiro, Pascual recuerda el momento en que Joan Coromines, maestro de maestros, le propuso que colaborase con él. Tenía 29 años. “Me pregunto cuánto le cobraría”, se ríe. “Durante siete años pasé las vacaciones de verano, Navidad y Semana Santa en Barcelona y en Pineda de Mar. Coromines era un prodigio, infatigable. Yo empezaba temprano, paraba una hora para darme un baño y comer y seguíamos hasta la noche. Él decía siempre: ‘¿No se queda un rato más?”.

Pascual, que a finales de los años ochenta ejercía de sabio en Hablando claro —el programa de TVE dedicado a la lengua—, liberó al Diccionario histórico de dos viejos corsés: el papel y el orden alfabético. Desde entonces se trabaja por familias de palabras. Lexicografía, Filología e Informática son los pilares de un “diccionario electrónico y relacional” que dio sus primeros frutos en 2013. José Antonio Pascual recuerda cómo empezaron simulando en hojas de papel el aspecto de la futura página digital. Hoy la herramienta está tan desarrollada que, basándose en criterios rigurosísimos aplicados por el equipo del Diccionario, la máquina puede incluso proponer una redacción automática para la historia de una palabra, sin contradicción con el resto y sin errores de escritura.

Mel Gibson y Sean Penn, en la película 'Entre la razón y la locura' (2019), que cuenta la historia del 'Diccionario de Oxford', modelo fundamental para otros diccionarios históricos.

Mel Gibson y Sean Penn, en la película ‘Entre la razón y la locura’ (2019), que cuenta la historia del ‘Diccionario de Oxford’, modelo fundamental para otros diccionarios históricos.

En cualquier caso, la redacción de las definiciones trata de emplear todo lo posible la fórmula persona que en lugar de hombre que o mujer que y de evitar que la mujer se defina con relación al hombre (en el equipo de lexicografía de Madrid hay seis filólogas y tres filólogos). También se tratan de evitar los sesgos geográficos hispanoespañoles y se buscan ejemplos en textos literarios y medios de comunicación de todo el ámbito hispánico. El nuevo DHE pretende ser panhispánico. De ahí que la red recién fundada para impulsarlo se extienda por toda América y comparta un mismo programa informático. Adolfo Elizaincín, director del equipo de la Academia Nacional de Letras de Uruguay, cuenta por teléfono desde Montevideo que la técnica hará por fin posible una vocación que muchas veces no ha pasado de las buenas intenciones. “El español nació en España, pero el imperio se acabó hace tiempo. Tampoco hay un español americano único”, explica. “Yo estoy tan lejos —o tan cerca— de un mexicano como de un andaluz. El Diccionario histórico demostrará de dónde viene la diversidad de una lengua que, por otro lado, es muy unitaria. En nuestro caso, la influencia de Brasil, el gran vecino, es significativa: en las zonas fronterizas se dice yo gusto de algo en lugar de me gusta. También el léxico es un reflejo de la historia y de la mezcla con lenguas indígenas como el guaraní —la propia palabra Uruguay— o, indirectamente, el quechua —cancha—”.

José Antonio Pascual, de 79 años, se retiró en 2020. Dejó la dirección general del diccionario en las manos de Santiago Muñoz Machado, y su coordinación, en las de Mar Campos, otra histórica del histórico. “Fue fácil dejarlo porque el equipo es espectacular”, cuenta. “Son mejores que yo. Como debe ser. Lo contrario querría decir que habíamos formado un equipo malo. La filología que yo estudié era de microscopio. Para mí el léxico son pistas, huellas. Para un filólogo actual es un argumento, una hipótesis, una proyección”.

Los diccionarios históricos nacieron en el Romanticismo para llevar cada idioma a las fuentes de su supuesta pureza. El resultado fue el contrario: descubrir que no hay lenguas puras.

Como el de los hermanos Grimm, que promovieron el suyo para, entre otras cosas, luchar contra los préstamos románicos, la mayoría de los diccionarios históricos nació en pleno Romanticismo para llevar cada idioma a las fuentes de su supuesta pureza original. El resultado fue siempre el contrario: descubrir que no hay lenguas puras. Además, la mera idea de corrección evoluciona y el significado de muchas palabras cambia cuando los hablantes añaden matices o, simplemente, las interpretan erróneamente. Pascual recuerda que en los años treinta la Academia consideraba el seseo un “feo vicio” que había que suprimir. También que a él le espanta la forma explosionar porque prefiere explotar, palabra que a su vez horrorizaba a su padre, para el que lo correcto era estallar. “Para mí, por edad”, cuenta, “enervar sigue siendo debilitar —cortar los nervios—, pero sé que se va imponiendo el significado de poner nervioso. También patético era impresionante, grandioso por su origen griego —el pathos, la Patética de Beethoven—, pero terminará significando penoso por influencia del inglés”.

Contra lo que piensan los integristas, toda lengua es menos una metafísica que una metamorfosis. Las palabras nacen, mutan, mueren. A veces resucitan. Es el caso, explica Pascual, de azafata: “En el siglo XV era una bandeja (azafate), y en el XVI, la señora que llevaba esa bandeja y atendía a la reina o a una mujer de alto grado. Luego desaparece. La rescata Iberia después de descartar términos como camarera o ­aeromoza. La resucitó el marketing”.

Cuando a las personas que trabajan en el Diccionario histórico se les plantea si terminarán por imponerse las duplicaciones de género o la corrección política, ni niegan ni afirman: responden que esas duplicaciones eran habituales en la Edad Media y en muchos testamentos. O que decimos apestado pero evitamos hablar de algo como del cáncer de la sociedad. Trabajan con un sismógrafo que tiene memoria, no con el código de circulación. Registran cada movimiento de cada palabra. Y siempre se hacen una pregunta: ¿dónde están los ejemplos? Su labor es compleja; su filosofía parece sencilla: yo hablo, tú me entiendes. El resto es historia.

[Fuente: http://www.elpais.com]

Pergunto a origem da palavra assim, no plural, por uma simples razão: em português, temos três plurais da palavra. Como chegámos a este curioso (e útil) excesso?

 

Escrito por Marco Neves

«Avó» tem o plural feminino «as avós». «Avô» tem o plural masculino «os avôs». Além destes dois plurais, a palavra tem uma espécie de plural neutro, que é o mais comum (e faz uso dos artigos masculinos): «os avós», que se refere às avós e aos avôs. Este último plural serve também de sinónimo de «antepassados», como vemos nos famosos «egrégios avós» do nosso hino.

O que se passou com os avós? Afinal, não acontece o mesmo com as outras palavras do português, que têm dois plurais: o feminino e o masculino.

Olhemos para a história da palavra…

A palavra «avô» tem origem numa palavra do latim vulgar, que não está registada, mas foi reconstruída: «*aviolus», um diminutivo da palavra «avus» (os romanos escreveriam esta palavra como «AVVS» e lê-la-iam como /awus/ — o nosso som /v/ não existia no latim e a letra <V> representava tanto o som /u/ como o som /w/).

O tal «aviolus» transformou-se em «avoo», como consequência da tendência dos falantes da nossa língua para deixarem cair o som /l/ entre vogais. Aqueles dois «oo» tornaram-se então num «ô». Ora, como acontece em muitas palavras com um «o» que se fechou no singular, o plural manteve um «o» aberto: «avós». Também acontece o mesmo em «ovo»/«ovos» — e tantas, tantas outras palavras. Este plural masculino, numa língua como o português que não tem um género neutro, acabou por servir de plural genérico ao longo da história.

Já «avó» teve origem na palavra reconstruída «*avoila», também um diminutivo, que se transformou em «avoa» e, depois, na nossa «avó». O plural é mais óbvio: «avós».

Por caminhos diferentes, o plural de «avó» ficou igual ao plural de «avô»: a distinção de género faz-se apenas no artigo. Como os dois plurais ficaram iguais, numa forma mais próxima do singular feminino do que do singular masculino, abriu-se espaço para que surgisse a forma plural «avôs», para designar apenas os avós do sexo masculino.

A língua ganhou assim, excepcionalmente, uma palavra com três plurais: «os avós», «as avós» e «os avôs». Ninguém planeou este estado de coisas. As palavras fazem o seu percurso pelos séculos fora sem pedir autorização a ninguém. Às vezes, há quem se lembre de inventar uma ou outra palavra e limar uma ou outra aresta. Mas a língua é o resultado de milhares de pequenas histórias como esta, que reconstruímos o melhor que podemos, mas que não são planeadas.

Para terminar, sublinho: tanto «avô» como «avó» provêm (tudo indica) de diminutivos — ou seja, do «avozinho» e da «avozinha» do latim lá de casa… As formas carinhosas tornaram-se nas únicas formas usadas pelos falantes, até precisarem de novos diminutivos, também eles carinhosos. Espero que me permita, neste espírito, deixar aqui um beijinho à minha avó Leonor e ao meu avô Manuel, a quem fica dedicada esta crónica.

 

[Fonte: http://www.certaspalavras.pt]

50 ans après sa mort, c’est l’année du général. L’occasion de se pencher sur son patronyme… et d’aller de surprise en surprise.
Écrit par Michel Feltin-Palas
Combien de fois lui en a-t-on fait la remarque ? S’appeler de Gaulle et devenir chef de la France libre, puis fondateur de la Ve République, cela ressemble à un signe du destin. Si bien que la plupart des Français en sont convaincus : le général portait un nom prédestiné – un aptonyme, comme disent les savants. Ce qui est tout à fait exact, mais… pas pour la raison que l’on croit.
Premier clin d’œil de l’Histoire et de l’étymologie : selon l’hypothèse la plus probable, Gaulle serait un nom d’origine… germanique, wal(l)e, ce qui ne manque pas de sel pour celui qui s’opposa à la collaboration avec les Nazis. Fort heureusement, le sens de ce mot est plus conforme à la personnalité du héros de la Résistance : il signifie en effet « fortification militaire »Pour cette raison, walle est un patronyme flamand assez commun, que l’on retrouve par exemple sous la forme van der Walle, désignant l’habitant d’une maison située près d’un mur d’enceinte (c’est aussi le wall anglais).
Reste à comprendre comment on est passé de Walle à Gaulle. Sur ce point, deux phénomènes ont conjugué leurs effets, dont le premier remonte à la fin de l’Antiquité.
Au Ve siècle, quand survient la chute de l’Empire romain, les Francs s’installent dans le nord de la Gaule. S’ils ne sont pas assez nombreux pour imposer leur langue, ils modifient néanmoins fortement le bas latin parlé dans ces territoires. Ils introduisent en particulier de nombreux mots commençant par [w]. Or, les Gallo-Romains ne connaissent pas ce son et ont beaucoup de mal à le prononcer. Résultat : ils le déforment, en prononçant d’abord [gw]. Le walle importé par les Francs devient donc à ce moment-là quelque chose comme [gwalle] avant que le [w] ne finisse par disparaître complètement. Résultat : en quelques décennies, on passe donc de [walle] à [gwalle] puis à [galle]. Le cas n’est d’ailleurs pas isolé : de la même manière sont apparus en français des mots comme guerre (de werra, « troubles, désordre, querelle ») ; garçon (de wrakjo, « vagabond ») ou guérir (de warjan, « défendre, protéger »), mais aussi le prénom Guillaume (de Whilhelm, issu de will, « volonté », et de helm, « heaume, casque »).
Bon, tout cela est très bien, me direz-vous, mais on est arrivé à Galle, pas à Gaulle. Il me faut donc encore expliquer le passage de –alle à –aulle. En fait, ce changement de la graphie s’explique par une évolution de la prononciation que l’on peut résumer ainsi : quand la consonne [l] est suivie d’une autre consonne (un autre [l], en l’occurrence), elle finit au XIe siècle par se prononcer « ou ». Gall se prononce alors un peu comme « ga-ou ». Au fil du temps, ce dernier son va évoluer en [gâo-], au XVe siècle, et enfin en [go-], à partir du XVIe siècle.
Et voilà, schématiquement, comment walle est devenu galle, puis Gaulle. Comme aurait pu dire le général : Vous m’avez compris ?
Sources :
· Dictionnaire historique de la langue française, sous la direction d’Alain Rey, Le Robert
· Stéphane Brabant, revue Défense de la Langue Française, troisième trimestre 2019.
[Source : http://www.lexpress.fr]
Desde a parroquia de Toldaos, en Pantón, Lucía Varela aposta por salvar do esquecemento as palabras que escoitou desde pequena. O ano pasado, coa pandemia, iniciou un proxecto de recuperación de léxico do seu municipio, que pasou de ser presencial a contar cun cuestionario en liña a través de Google. Varela parte dos seus estudos en Tradución e Interpretación, formación que lle axuda a ter outra visión da lingua.  
Lucía Varela xunto ao seu avó, un dos protagonistas do seu traballo de recuperación de palabras da zona (L.V.)

Lucía Varela xunto ao seu avó, un dos protagonistas do seu traballo de recuperación de palabras da zona.

Escrito por A. Escuredo

Como iniciou o proxecto de recuperar palabras en Pantón?

Primeiro tiña a idea de gravar xente maior falando para que non se perdera a lingua, mais comezou a pandemia do coronavirus e atrancouse todo. Nese percorrido, atopei que había persoas que eran moi reticentes a ser gravadas e decidín facer un cuestionario en Google para que me enviasen palabras. Inicieino durante a corentena o ano pasado.

Cal é a razón de facer este traballo?

Crieime na aldea e tiven unha conciencia do rural moi arraigada, mais non foi algo inculcado, posto que a xente maior sempre me dixo que fixera outra cousa. Fun ao revés e pensei que se podía facer algo, por ser a lingua na que falamos moi rica e porque o vocabulario dos nosos avós triplica o que ten hoxe en día a xente nova. Ao final empregamos case sempre as mesmas palabras para todo, mentres que eles tiñan moitos máis sinónimos e unha riqueza de vocabulario que se está perdendo. Foi a miña principal teima para comezar con isto.

Que palabras descubriu con este proxecto?

Moitas xa as usaba eu, mais decateime de que algunhas xa as deixara de empregar. Por exemplo, a palabra “paparigote”, que é unha maneira de referirse ao queixo, era unha que empregaba moito de pequena e logo non sei se por influenza das persoas coas que falaba fóiseme esquecendo, mais mandouma un amigo e lembreina. Algunhas están relacionadas cos labores do campo. Meu avó fala moito de “arrentar”, cando é tempo da poda, e significa que o que lle sobra á cepa hai que cortalo moi a rente para que non volva responder por ese lado. É unha palabra que se non estás familiarizado ou non a usas, pérdese.

Cal é o obxectivo desta recollida de palabras?   

Está aberto. Primeiro é o enriquecemento persoal e despois a súa difusión. O virus botoume un pouco para atrás, mais a miña idea era dar charlas nos colexios ou difundir a través das redes sociais. Gustaríame ter máis interacción coa xente maior e de momento non pode ser. Unha das funcións é que non se perdan, que non queden só escritas. Algunhas aparecen nalgún dicionario antigo. A idea é incorporalas ao meu léxico, ao da xente que me arrodea e á xente máis nova. Que coñezan algunhas palabras máis que as que figuran no dicionario en liña da RAG. Gustaríame que se expandira o proxecto por outras zonas para que non se perdan todas as variantes da nosa fala.

O resultado será diferente ao que atoparía unha investigación filolóxica?

Non coñezo os procedementos para investigar a etimoloxía dunha palabra mais o feito de criarme nunha aldea e de facer certos labores axuda a rastrexar.

De que maneira podemos evitar a perda de falantes que ten a nosa lingua?

Hai varias. A nivel estatal poderían fomentar o uso do galego moito máis, desde logo. Tamén a través da publicidade, como fixeron en Bueu, que fomentaban o mercado local coas súas expresións. Nas escolas non só teñen que contar coas lecturas obrigatorias de clásicos galegos, que tamén, senón transmitir a lingua con vídeos de xente da zona para que se familiaricen e para que saiban como se lle chama ás árbores, por exemplo, nesa área.

É algo semellante a como aprendemos outras linguas, fan que nos familiaricemos cos diferentes acentos dos países, por exemplo, onde se fala inglés, se estudas ese idioma. Daquela diferenciamos mais na nosa propia lingua case non se nos ensina. É importante para entender a xente da túa contorna e que non desapareza.

[Imaxe: L.V. – fonte: http://www.nosdiario.gal]

Carrancas e Tarabelos

Escola infantil Tambre, Santiago de Compostela

 

Escrito por Xosé Manuel Sarille

Elias Torres Feijó regaloume Portugal, para quê?, un libro escrito por el, que consta de varios ensaios sobre o vínculo cultural, literario e político, entre Portugal e Galicia. Referentes orixinais e eruditos. A obra está dedicada, tal como el o expresa, a seis marcos de amizade, seis persoas, e unha son eu. Este privilexio tróuxome á lembranza un artigo de Carlos Casares sobre as afinidades que determinan tales eleccións. Casares comentaba que a el nunca lle dedicaran un libro, ou quizais era aquela a primeira vez que o facían, xa non lembro.

As dedicatorias, tamén as destinadas ás persoas que compran os exemplares, ou que os reciben como regalo do autor, posúen unha obrigada concisión expresiva que pode resultar moi potente. De amor, de amizade como neste caso, de agradecemento ou somente de consideración.

En realidade conforma un xénero literario, ou case, porque pode conter toda a beleza da palabra, a abstracción conceptual e someterse a códigos estéticos, normas estritas, e tamén prolongar a mensaxe contida na propia obra. A min algunha vez ténseme ido a man riscando para lectores aos que lles importaba exactamente un pito o asunto que lles comentaba. Continuaba medio entusiasmado o rego discursivo do libro e despois, ao lembrar o asunto, pois amolábame un pouco. Hai que ter mesura.

Agora ben, se o epigrama é poesía, se Catulo, Oscar Wilde ou Ernesto Cardenal lograron grandes alturas poéticas con expresións tan breves, pois a dedicatoria pode ser igualmente bela e conformar un xénero, ou algo así, aínda que a clasificación pouco importe. Vexo agora facendo consultas que os epitafios son epigramas, dunha clase diferente. E xa metidos en fariña desculpen a tentación e que recolla aquí o de Herminio Villaverde Díaz, enterrado nun cemiterio da Fonsagrada: “O Cazote de Fonfría / Descansa aquí panzarriba / Postura que lle agradou / Mentres lle durou a vida”.

Indo ao miolo, que é outro ben diferente. En Portugal, Sísifo e o galeguismo, primeiro capítulo do libro, Torres Feijó sinala que hoxe “pode parecer normal e sem dúvida genuíno de primeira classe usar formas en galego como deus ou escola, nada habituais en tempos pretéritos, quando as funçôes e instituçôes que esses conceitos portam, forom veiculadas e impostas em espanhol”. Hai un século, segue explicando, Cuveiro Piñol, tido por bo gramático, censuraba o uso de palabras como as anteditas, en contra da orientación do grupo liberal da Coruña, liderado por Manuel Murguía; tamén o termo século (claramente lusista) ou dúbida, usadas en portugués como é evidente. Trátase dunha negación do recurso a Portugal e ao seu mundo lingüístico e cultural, que foi e é “importante para o galeguismo, no sentido de legitimar, reforçar, completar ou depurar a sua proposta”.

No cuarto ensaio titulado “A polémica na Revista Gallega sobre o texto da inscrição no monumento “Aos mártires de Carral”: a evidência dum sistema paralisado” analiza a polémica causada polas palabras libertade e ao, inscritas finalmente na cruz conmemorativa e previamente rexeitadas por consideralas lusistas, nunha dura polémica, de novo contra o criterio do grupo coruñés.

É doado observar esa mesma actitude, esa mesma idea da lingua galega, esa mentalidade (trátase esencialmente diso) entre moitos membros que conforman actualmente os órganos oficiais de estudo da lingua galega.

Traio aquí todo isto porque ao ler a Torres Feijó decidín facer un experimento caseiro para saber o que pode aportar o dicionario da Real Academia Galega, tendo en conta que propón, segundo declaración oficial, un modelo estándar da lingua, e que se erixe en faro orientador.

Sempre acompaño os meus traballos de redacción con buscas en dicionarios. Comprobei hai moito tempo que o da RAG é un dicionario con moitas carencias e desde aquela procuro consultar en varios cada termo. Converteuse en hábito por necesidade pura e dura, nada de adornos. Tan presente está o escudriñe que rompe permanentemente a fluencia da escrita. Son os problemas das linguas mal fixadas e das pouco fixadas; é unha das portaxes, das peaxes a pagar.

O meu método, por así dicir, consiste en incorporar cantas palabras me parecen axeitadas. Vou engadíndoas a un corrector ortográfico que adoptei hai varios decenios. Comprei un ordenador e viña instalado e desde aquela vouno transportando para os novos que adquiro. Entraron para dentro centos de termos, quizais miles; tal era a indixencia orixinaria.

Ao non obedecer autoridade ningunha, a maneira de admitir novas entradas no arquivo propio seméllase moito ás habaneras de ida e volta. Primeiro tocábanse nun lado do océano, despois viaxaban para o outro e voltaban de novo xa ben mareadas e así sucesivamente. Cando a palabra escollida para usar non está no meu tarabelo recorro ao Estraviz, dicionario reintegracionista da lingua galega e despois ao da RAG.

Non busquen ciencia porque non a hai e critiquen o que queiran porque cada un di o que lle peta. Se aparece en calquera dos dous incorpóroa; se a dúbida o merece acudo ao Priberam, un bo dicionario de portugués; e se xa está perdido o ritmo das teclas, pois toca encebolarse co da RAE, o diccionari.cat, os de fóra da Península e poñéndose estupendo co Etimológico da Língua Portuguesa e cos Corominas.

É só supervivencia ante uns rexistros moi cativos. E curiosidade polas palabras, esquecendo moi axiña o buscado. Téñoo pasado moi ben co Aurélio cando circulaba en CD e aínda non estaba moi estendido o soporte dixital, triscando palabras, consultando abraiado as ducias de acepcións eufemísticas da palabra cachaça, por exemplo. A abundancia tropical, a fértil mestura, as deformacións brasileiras do presente e as aportacións tupís, bantús, incrustadas no galego-portugués.

O experimento consistiu en anotar desde que recibín o obsequio, durante estes catro meses, as palabras que non saían no corrector e o que acontecía con elas nos dicionarios que utilizo. Seguro que hai termos mal recollidos, ou con variábeis que non detectei, pero será un defecto menor.

Palabras que non estaban no dicionario da RAG:

Hilaridade. Disruptivo. Averiguar. Burdo. Atorar. Capirote. Grupúsculo. Escanaveirar (termo usado por unha señora dunha aldea para falar dun exhibicionista. O Estraviz recóllea, como case todas as desta lista). Aportación. Reseña. Reseñar. Conas (un). Conacho. Chamativo. Intricado. Intrincado. Bisoño. Traquinar. Propositivo. Hexemonizar. Ineficiencia. Categorizar. Glamour. Ecoar. Permeabilizar. Sacrificial. Desagregador. Literato. Xeneralista. Gargallar. Sobardar. Vitimismo. Desacoplar. Desacoplamento. Embrollo. Vosear. Atutar. Vacío (aparece negado, riscado). Fruír. Adefaxia. Aplestia. Zampar (aparece negado). Embudar. Desbrozar. Farra. Boate ou Boîte. Pistilo (aparece só como órgano feminino das plantas). Antagonizar. Chingar. Ñoño. Volupia. Candente. Restrinxido. Restrito (cocido está como participio, adxectivo e substantivo). Remasterizar. Grimorio. Alegato. Bozal. Mariache ou Mariachi. Santarrón. Cateto (persoa inculta analfabeta, só no Estraviz). Gabarra (descrita por Mariño Ferro). Nulificar. Nulificación. Vigorar. Viñoteiro. Consultante. Suterra (pataca). Mariña (pataca). Soslaio. Maroutallo (moi mal definida no Estraviz). Manusear. Petrechar. Xentrificación. Xentrificar. Profesionalizar (profesionalidade si). Brueiro (peza do carro). Vulcaniana. Piroclasto. Cultivación. Dipsomanía. Estábulo (estabular e estabulación si que se incorporan). Escolasticismo. Colleitar.

A RAG debe facer algún seguimento das consultas electrónicas, porque agora xa figuran os termos hilaridade candente, que hai tres meses non estaban, se non me equivoco. Quizais haxa incorporacións urxentes das ausencias máis abraiantes. Hilarante leva unha definición moi pobre.

Ludicamente, Esplenio, Compactador e Occipucio, palabras buscadas tamén, só aparecen no Priberam, igual que Doxa e Epitálamo, termos que tampouco teñen entrada no da RAE, dito sexa por curiosidade. Diencéfalo aparece no Priberam e no Estraviz.

Fáctico non aparece no Estraviz. Tampouco está Petrecho; recolle no entanto o verbo Petrechar e defíneo como prover de petrechos.

Acerta a RAE cos termos Lema e Mote, referidas ao sector económico do deseño. RAG, Estraviz, Priberam e Aurélio non recollen esas acepcións. E resulta curioso que o da RAG defina Naipeira como muller que bota os naipes, sen que apareza Naipeiro, mentres que no Estraviz aparece naipeiro e falta naipeira.

A voz Parodia está en todos, pero Parodiante só no Priberam. E Parodiado no Priberam e no Estraviz. No da RAG nin Parodiante nin Parodiado.

Aquí fálase só da presenza e da ausencia de termos, sen atender ás categorías gramaticais, variantes, etimoloxías (que o da RAG non reflicte), expresións, nin outras informacións. Tampouco á pobreza das definicións e falta de acepcións, especialmente no da RAG, a unha enorme distancia do Priberam, RAE, Dizionari di lingua italiana ou do rico Larousse da lingua francesa.

O profesor Manuel González, do Seminario de Lexicografía da Real Academia Galega, explicou hai pouco en Radiofusión o xeito de incorporar novos termos. Teñen varias fontes: as suxestións dos propios membros do seminario, que se reúne mensualmente; a observación dos medios de comunicación, que reflicten cambios sociais; outra fonte procede do Seminario de Terminoloxía, tamén da Academia, que estuda o léxico de linguas de especialidade, para incorporar as novidades do vertixinoso mundo da ciencia e das tecnoloxías; finalmente o ouvido á sociedade, a través das redes sociais e tamén da propia páxina do dicionario.

Tendo en conta as enormes carencias chama a atención que non decidan cruzar datos cos doutros dicionarios, particularmente os galegos e portugueses, para tratar de resolver as enormes eivas, sobre todo tendo en conta as posibilidades que ofrecen arestora as tecnoloxías. Ignoro o que ten de heterodoxo este método comparativo, pero a necesidade é maior que o mal remedio. E asombra que o estado da cuestión sexa este despois de corenta anos de democracia, de recoñecemento institucional, con diñeiros públicos e variados organismos, universitarios e de diversa índole, dedicados ao mesmo labor.

O dicionario da RAG axuda a conformar unha lingua esquelética, imprecisa, dunha plasticidade débil, falta de matices e amplamente carenciada (palabra que só incorpora o Priberam). A ausencia das palabras anima loxicamente a que os consultantes (non está tampouco consultante, nin consultador) non a usen porque a dúbida provoca inhibición.

Tal estado suscita preguntas. É útil? Cumpre a función que se arroga? Dá servizo a quen queira enriquecer os seus textos e a súa fala? Canta xente da cultura confía nel? A maioría dos escritos, literarios e tal, que se publican en galego oficial foron auxiliados principalmente por ese dicionario? Que riqueza contén unha lingua a partir dun rexistro tan cativo? É acertado recomendarllo a persoas que non o usan como instrumento de traballo? É dicir, cando unha persoa busca e non atopa, pero a palabra forma parte da lingua, cara onde a están dirixindo as persoas que recomendan esa ferramenta? O profesorado de educación básica e media de lingua galega usa principalmente e recomenda este dicionario? Baséanse fundamentalmente nel? E senón cales máis recomendan? Os profesionais dos medios de comunicación descartan unha palabra cando non está no da RAG? Buscan noutros? E cales outros? Os que son aínda máis modestos pero están máis fomentados? Cantas persoas dos oficios relacionados coa lingua galega se limitan a dar por válido o recollido nel?

[Imaxe: César Coll e Viviana Slafer/Concello de Santiago – fonte: http://www.praza.gal]

Lo ministre de la justícia mespresava aital nòstras lengas en responsa al deputat Marc Le Fur que defendiá la ratificacion de la carta europèa de las lengas minorizadas

Dimècres passat, 11 de març, lo ministre de la justícia francés, Eric Dupont-Moretti, qualifiquèt las lengas mal nomenadas regionalas de “bargoïnatge”; o faguèt indirèctament en ramentant l’etimologia bretona del vèrb depreciatiu francés baragouiner e en associant lo debat sus nòstras lengas a de paraulas inutilas.

Dupont-Moretti respondiá aital al deputat breton Marc Le Fur que defendiá la ratificacion de la Carta Europèa de las Lengas Regionalas o Minoritàrias. Puèi Le Fur planguèt que lo ministre aguèsse emplegat un tèrme insultant e degradant per las lengas. Lo ministre finiguèt que demandèt excusa, mas amb un ton ironic.

[Poblejat dins http://www.jornalet.com]

Una iniciativa propone “huérfilo” como término que se refiera al tremendo vacío que sufren los padres

Escrito por ÁLEX GRIJELMO

El portal change.orgque reúne firmas a favor de todo tipo de causas, ha recibido de nuevo una propuesta –ya planteada en 2017, y suscrita ahora por María de los Ángeles Moreno– encaminada a que la Real Academia acepte la palabra “huérfilo”. Ha sumado 60.000 apoyos en 15 días.

En su texto, Moreno cuenta que una semana antes había perdido a su hijo Marco, de tres años. Y explica que así como la muerte de los padres nos deja huérfanos, la de los hijos no ofrece un término equivalente que refleje tan tremenda ausencia.

Estas bienintencionadas iniciativas, y otras similares, coinciden con una idea muy extendida según la cual la Academia gobierna las palabras como si fuera su dueña. Sin embargo, el camino es el inverso: una palabra debe asentarse en el uso para que la acoja el Diccionario.

“Huérfano” deriva de orphanus, en latín (nuestra lengua madre), que a su vez lo tomó de orphanós en griego (nuestra lengua tía). La raíz previa (orbh) se halla más lejos, en el indoeuropeo (nuestra lengua abuela); y con ella se formaron en distintos idiomas de Europa y de Asia palabras relacionadas con la separación, el alejamiento, la desgracia o la debilidad: conceptos que se reúnen en la palabra “huérfano”.

Ese vacío se identificó desde antiguo con la ausencia de los padres cuando los hijos no son adultos. Pero siempre faltó un término equivalente que designara la ausencia del hijo para sus progenitores. La lengua tiene otros huecos así: aunque existe “paternidad”, nos faltan las simétricas “abuelidad” o “filialidad”, posibles para el sistema pero apenas activadas en el uso.

No obstante, en la entrada “huérfano” de la obra académica aparece desde 1925 una segunda acepción que sí abarca ese vacío: “Dícese de la persona a quien han faltado los hijos”. Esto congenia con la etimología que remite a la ausencia o la pérdida (por eso decimos que alguien está huérfano de talento, o huérfano de riquezas…; y por eso podemos decir “huérfano de hijos”). Pero las academias marcan esa segunda acepción como “poética”; es decir, ha formado parte de un lenguaje figurado y literario. ¿Se podría extender, no obstante, al uso común? Sí, es posible; pero eso llevaría su tiempo.

La alternativa “huérfilo” toma filo como supuesta derivación del latín filius (hijo) para sustituir a una hipotética terminación de “huérfano”. Así, huér-fano se opondría a huér-filo. Pero ni hay dos elementos en “huérfano” (sino uno solo), ni existe en español, que yo sepa, ninguna composición en la que el elemento filo (con o) signifique “hijo”, sino “amante de”, “amigo de” o “aficionado a” (bibliófilo, anglófilo, filosocialista…), a partir del usadísimo término griego.

La Academia ha incluido “huérfilo” en su Observatorio de Palabras, como “neologismo no generalizado” (Google le da unos pobres 1.170 casos, muchos de ellos referidos a estas iniciativas). No sabemos si se extenderá, o si lo hará en su lugar una opción como “huérfano de hijo”. Sin embargo, tal vez resulte más fácil recuperar un término que sí cubre ese espacio vacío, y que ya fue citado en 2017 como alternativa por el académico Darío Villanueva: “deshijado”. “Dicho de una persona: Que ha sido privada de los hijos”. (En Argentina se usa entre ganaderos para designar la acción de separar a las crías de sus madres). Este vocablo se incorporó al Diccionario en 1817. Ya se marcaba entonces como “anticuado”, pero ahí sigue aún, agarrado a su página como un percebe y esperando pacientemente a que alguien lo reanime, quizás con otra petición en change.org.

[Foto: GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO – FOTODUETS- fuente: http://www.elpais.com]

El privilegio de algunos escritos recuperados de I. B. Singer. Una descomunal nueva edición en castellano y las traducciones del ídish al inglés, aparecidas en revistas estadounidenses, que nos revelan una vez más su maestría y nos acarrean su primera visión de Israel.

Escrito por María Gabriela Mizraje *

Los papeles y las zanjas
Con viejas palabras nuevas, como ocurre con todos los grandes, viene Isaac Bashevis Singer (1902-1991) a nuestro encuentro, porque de los archivos, las cajas con manuscritos dormidos, los antiguos periódicos de limitada tirada salen papeles y saltan como lava desde el fondo del tiempo, para encender conciencias o iluminar la noche.
De este escritor polaco, de lengua ídish, que emigra a New York en plena era de los fascismos (abandona a tiempo Europa, en 1935) y alcanza el Premio Nobel de Literatura en 1978, aparecieron durante 2018 cuentos en revistas estadounidenses de alto impacto: The New Yorker presentó “The Boarder” (traducido al inglés por su autor y publicado en el número del 7/5/2018) y el número impreso del Quaterly Journal de LARB (Los Ángeles Review of Books, “Genius Issue”, nº 18, mayo de 2018) presentó “In the Beginning”.
A estos verdaderos acontecimientos literarios se sumó la aparición del volumen de Cuentos reunidos en castellano, con cuidada traducción de Rhoda Henelde y Jacob Abecasis, que publicara la editorial Lumen. Alcanzan las 1024 páginas y no son completos, sino los 47 relatos que había seleccionado el mismo Singer, entre tantos otros, y que no incluyen los que acabamos de mencionar. La edición se basa en la previa de RBA de 2011 y parte de The Collected Stories (1981). Forzado a elegir, Singer había afirmado en aquel momento: “Los quiero a todos”.
Contar con esa panorámica detallada y colosal, que cifra la memoria de un pueblo, es una fiesta para el lector de lengua española, que así puede asomarse a su universo de forma abarcadora, apreciando, en la variedad, su carácter serio y su humor, su ironía, su tristeza y su belleza.
A ello se suma el hecho de los méritos de la traducción. Pues, así como Henri Meschonnic decidiera oportunamente rehebraizar la Biblia al verterla al francés, es decir, devolverle algo de su luz primigenia, con independencia de los senderos de latinización posterior que el devenir le había impreso, el matrimonio de esos traductores excepcionales —Abecasis y Henelde— podríamos decir que reidishiza la narrativa de Singer, al volcarla al castellano, más allá de las versiones inglesas que el propio Singer defendía.
Es tal el peso de esta obra que solo la aplastante realidad que padecemos puede explicar, en parte, que no haya alcanzado por estas costas la repercusión que merece. Cara para ser comprada y grata para ser leída, cabe desear que, cuando menos, ingrese a todas las bibliotecas, públicas y privadas, de las instituciones argentinas y los organismos comunitarios.
Por fuera de lo que podemos gozar ampliamente en castellano, nos detendremos entonces ahora en los últimos textos, solo disponibles en inglés1. “The Boarder” cuenta la historia de la relación entre dos personajes contrapuestos. El muy piadoso Reb Berish Zhichliner, ya sin familia a su lado, acoge en su departamento al refugiado Morris Melnik, quien había estado en los campos, había pasado un tiempo en la URSS y más tarde había dado vueltas por el mundo. “Melnik era un bromista y un incrédulo, un libertino, una criatura contraria” al temperamento y naturaleza de Zhichliner, de manera que el relato desentraña ese difícil vínculo. Sin tapujos, el refugiado despotricará contra Hitler, contra Stalin y contra Dios, calificando al “Señor del Universo” con insultos y como “terrible antisemita”, por los desastres que supo permitir.
Melnik le pregunta al rabino, de manera retórica y desafiante: «¿Cuánto tiempo vamos a seguir encogiéndonos ante Él y cantando Salmos?», para agregar: «He visto con mis propios ojos cómo arrojaron a un judío con un chal de oración y filacterias a una zanja llena de mierda. Literalmente».
En esa convivencia imposible, el rabino debe pedir: “Hazme un favor y calla. Si no vas a dejarme orar en paz, sé tan bueno como para mudarte de la casa. No formamos un buen partido”. Melnik denuncia la carrera armamentista de Estados Unidos y Alemania, anuncia con desesperación y temor la llegada de un segundo Hitler y sigue renegando de Dios todo lo que puede.
Es un indignado, con razón, por los rumbos de la historia del mundo, pero la fe del rabino, su entrega y su esperanza resultan inamovibles ante los argumentos devastadores del huésped.
De este modo, la alianza entre dos judíos, un religioso y uno considerado blasfemo, es un esquema que, con variantes, responde a distintas dicotomías planteadas por Singer a lo largo de gran parte de su obra, presentando no solo el cruce entre las comunidades judía y no judía sino fundamentalmente la escisión dentro del propio universo judío, la diversidad dentro de la unidad, la diferencia en el terreno de la convergencia identitaria.
En este sentido, tanto el texto aparecido en The New Yorker como el de Los Ángeles Review of Books, que enseguida abordaremos, hacen coexistir a personajes con visiones disímiles, atravesados por el dolor narrado pero al mismo tiempo inenarrable, que en el límite del mismo reniegan y contrastan su impotencia con la visión de otros que aún creen en el futuro y apuestan, con mayor mansedumbre, a sobrevivir en él.
En tanto representaciones máximas del judaísmo, sea por convención, por simbología o por pertenencia, en un cuento (“The Boarder”), un personaje reniega de Dios, en el otro (“In the Beginning”), el personaje reniega del Estado de Israel, y frente a sí se yerguen equilibradas y al fin triunfales las voces de los otros personajes que, al igual que ellos, no ignoran las pérdidas ni el sufrimiento pero mantienen una actitud positiva o encarnan formas distintas de lucha cotidiana y pacífica en el desarrollo de sus respectivas tareas.
Dicho triunfo es claro en “In the Beginning” y más esquivo en el otro pero, en el cierre, la cuchara, que vence el hambre, simbólicamente se inclina hacia adentro del plato (como un fiel de la balanza en la puja sostenida entre ambos hombres, donde lo bueno quiere tener mayor peso).
En ambos relatos se trata de contigüidad, de compartir el espacio, ya con dos pequeños apartamentos (uno frente al otro, en el cuento de LARB), ya dentro del mismo departamento (en el de The New Yorker), como en el mismo Estado de Israel, de ahora y de entonces, y como en la diáspora, de entonces y de ahora.
Melnik –quien, entre otras características, tiene rasgos misóginos, se refiere al mundo ruso y soviético de manera constante y admira la concepción de la mente propuesta por Pavlov– no puede vivir el presente, pues todo lo remite a las visiones y horrores del pasado. Cada cosa le hace evocar las desgracias previas. “Everything´s rotten” (“todo está podrido”), asegura.
Interrumpiendo sus controversiales reflexiones y como siguiendo una sentencia del Eclesiastés, que nos alerta sobre el hecho de que quien suma conocimiento suma dolor, el rabino sugiere a su compañero: «Bueno, mejor come algo. Demasiado hablar solo conduce a la iniquidad».
Ante la insistencia, el contrapunto se enfatiza: «¿Quieres callar o no? Te lo advierto por última vez”, dirá el anfitrión y el otro va a desafiar: “¿Tienes miedo de la verdad?» Plantando en ese punto una paradoja religiosa, el escritor despliega su ética pulseada.

De premios y despojos
Como es posible sentir con Singer muchas veces, todo resulta demasiado subrayado o pedagógico, una especie de guion para volver comprensible al lector sus objetivos, para explicar a la sociedad en su conjunto, crear escrúpulo sobre la Shoá, familiarizar con el judaísmo, enseñar, más allá de cualquier fenómeno literario.
Si pensamos en los otros tipos de experimentaciones que a nivel artístico estaban produciéndose en Estados Unidos y en Europa, por acotar el mapa, en la época en que Singer escribe, si repasamos la estilización y el esteticismo del siglo XX que dio a Joyce, a Proust y a tantos otros narradores, la de Singer, sin duda, es una escritura marcada a fuego por el acontecimiento sin parangón del nazismo y sus nefastas consecuencias.
No se trata de un Premio Nobel que es judío: él es un Premio Nobel Judío, descubierto quizá por culpa, premiado acaso como reparación, en una especie de tikun olam literario, no dictado por un humanismo espiritualista aunque sí por una alerta política y cultural que las academias no ignoran y los comités no desdeñan, en aras del fomento o reconocimiento de los buenos principios.
Y con esto no estamos diciendo, desde ningún ángulo, que Singer no merecía el Premio Nobel de Literatura, sino del todo lo contrario. Simplemente estamos tratando de interpretar algunas de las razones que gravitaron sobre su entrega. La mala conciencia universal que quiere lavarse una y otra vez para poder seguir existiendo, halla siempre sus nichos de buena conducta para presentar a los ojos del mundo. El hábito del usufructo político de algunos premios, para mostrar cuán abiertos y comprensivos somos como sociedad, como humanidad, como jurados de un universo irremediablemente destruido de diversas formas y por doquier, está instalado. Ciertos grandes premios a menudo terminan funcionando como pequeños premios-consuelo para mentes inquietas o almas en desazón, recordándonos el origen que la etimología compensa (praemium primero es botín).

El albergue de una lengua. Ficciones y realidades
Es justo decir que Estados Unidos albergó el idish de Singer. Y entre esos corredores de sentido, desde hace décadas, el suplemento de “Ficción” de la revista The New Yorker dedicó espacio a difundir mediante traducciones al inglés la obra de otro modo casi inalcanzable de Singer. En el acto de poner en manos de un amplio público la obra del Nobel, un rápido recorrido nos permite ver, por ejemplo, “The recluse” (21/7/1986, traducido por Deborah Menashe).
Otros llegaron con la pluma de traducción del mismo autor y, en ciertos casos, en colaboración: “Disguised” (22/9/86, traducido por Singer y D. Menashe), “The house friend” (1/7/85, Singer y Lester Goran) o “Burial at sea” (14/10/85, Singer). En el 2000 contamos con “He wants forgiveness from her” (21/8/2000, traducido por Curt Leviant) o más cerca en el tiempo “Inventions”, traducido del idish por Aliza Shevrin (26/1/15), en el cual el narrador se movía entre comunistas y fantasmas.
La importancia que Singer otorgaba a las traducciones y los distintos tipos de relación que estableció con quienes participaron con él en ese proceso llegó a ser de una envergadura tal que hasta dio origen a una película y más de una problemática. (Puede verse el documental The Muses of Bashevis Singer)2. Él afirmaba que las versiones definitivas de sus textos eran las trasladadas al inglés.
Por otra parte, recientemente conocimos en Los Ángeles Review of Books algunas de las vívidas imágenes que el autor trazó cuando llegó al fin a pisar la tierra de Israel-Palestina en 1955. Son párrafos autobiográficos traducidos al inglés por David Stronger, quien estudia la producción de Singer en aquella coyuntura.
Con su esposa Alma, Singer recorre durante dos meses la vida cotidiana del aún muy joven Estado, sobre el cual no escatima oportunas advertencias en otros textos.
Ya desde el barco, llamado Chapelain –en francés quiere decir capellán–, que lo haría arribar en Tel Aviv–, analiza las relaciones con los árabes, las diferencias entre ashkenasíes y sefaradíes, la concentrada espiritualidad de estos últimos; la modernidad, el hambre junto a cierta dosis de esnobismo, la nomenclatura de las calles como íconos de un proceso de construcción.
Asimismo deja rastro de su sensación de lo aleatorio o casi inmerecido, ya que, a pesar de las dificultades que previamente sobrelleva hasta concretar el arribo, Singer siente que está pisando el terreno y la realidad que otros, incluso sagrados, no lograron palpar, empezando por Moisés y siguiendo por Theodor Herzl. Ahora él, que antes había tenido que luchar hasta para conseguir la visa, está allí, atravesando los sitios con nombres familiares y queridos de la historia de la cultura judía.

El rescoldo de la esperanza
En cuanto al rico texto titulado “In the Beginnig”3, que puede leerse en paralelo, es una ficción y todo lo real ahí habita. La alborotada ciudad de Tel Aviv, pegajosa por el calor, los retratos físicos y psicológicos, los objetos típicos, el piano roto, los libros que exceden los estantes de la biblioteca, cierta condición sombría del judío de Medio Oriente según la percepción de la protagonista, colmada de pensamientos estereotipados, prejuicios, frustraciones y odio.
Muchas de las inquietas preguntas de esta actriz áspera y desgarrada, que quiere negar su judaísmo, Liza Fuchs, aún resuenan: “Is this really a Jewish state? How did they do it? Who? When? How long can this last?” (“¿Es este realmente un Estado judío? ¿Cómo lo hicieron? ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Cuánto tiempo puede durar esto?”)
El hebreo, el polaco, el idish, el ruso ponen en contacto a los personajes. Cae la noche del cuento y tiene lugar el siguiente breve diálogo entre la mujer y su vecino:
“–So you’ve become a Zionist?
–I myself don’t know what I’ve become. Since the gentiles didn’t want us, we had to build something of our own.
–The Arabs don’t want us either.
–No one asked them!”
(«–¿Entonces usted se ha convertido en un sionista? –Yo mismo no sé en qué me he convertido. Como los gentiles no nos querían, tuvimos que construir algo nuestro. –Los árabes tampoco nos quieren. –¡Nadie les preguntó!»).

“–I’m no Zionist.
–Well, you don’t have to be a Zionist. History brought us here by force. Or call it God. If we haven’t died, it means we have to live.”
(«–No soy sionista. –Bueno, no tienes que ser sionista. La historia nos trajo aquí por la fuerza. O llámalo Dios. Si no hemos muerto, significa que tenemos que vivir «).

“I’ve forgotten it all. Everything that has to do with Jewishness. We have to start in the beginning.”
And the neighbor repeated, “Yes, in the beginning…”
(“Lo he olvidado todo. Todo lo que tiene que ver con el judaísmo. Tenemos que empezar por el principio.” Y el hombre reitera: «Sí, en el principio”).

Liza al fin se decide y acepta estudiar hebreo con su vecino, para poder integrarse, para abrirse paso. Hay que empezar de nuevo (aunque no es desde la nada, por algo ella siente que eso ya lo vivió), está en la génesis y en el génesis (en Bereshit) y repite sus palabras. Y en el comienzo era el Verbo, ese milagro.

En uno de sus artículos de la época de “In the Beginning”, Singer asegura: “No, things are not all that bad. The fire is there, but is hidden” (“No, las cosas no están todas mal. El fuego está allí pero está oculto.”)
Sería luminoso pensar que aquel de Singer es el fuego sagrado de la esperanza, que no puede ser otra más urgente y duradera que la de la paz. Una Hatikvá con mayúsculas, para un día de alegría sin sombras, para una felicidad con menos pena.

* La autora es crítica literaria y filóloga. Investigadora de la UNTREF.

  1. Hemos realizado traducción al castellano de los mismos, de pronta aparición.
  2. The Muses of Bashevis Singer es un documental de los cineastas israelíes Shaul Betser y Asaf Galay, estrenado en 2014.
  3. “In the Beginnig” es un texto de ocho páginas traducido por el mencionado D. Stronger, quien, en The New Yorker (13/8/ 2012), ya había presentado de Singer, “Job”, el relato del sufrido protagonista Koppel Stein.

[Fuente: http://www.nuevasion.com.ar]

Arte diffusera le 24 février 2021 « Lotte Eisner – Par amour du cinéma » (Ein Leben für den Film – Lotte Eisner) de Timon Koulmasis. « Sur les traces de Lotte Eisner (1896-1983), historienne du cinéma et critique de films, qui fonda avec Henri Langlois la Cinémathèque française, en 1936 ».  Une « figure éminente du septième art français et allemand ». 

Publié par Véronique Chemla

Lotte Eisner (1896-1983), dont le pseudonyme était Louise Escoffier, « s’est rendue célèbre par son implication passionnée dans le monde du cinéma aussi bien allemand que français ».

Elle est née à Berlin en 1896 dans une famille juive bourgeoise allemande.
Elle conclut ses études à Munich et à Berlin par un doctorat en art et archéologie.
Dès 1927, elle travaille comme critique de théâtre, puis critique de cinéma, notamment pour Film-Kurier, quotidien cinématographique berlinois.

En 1933, quelques mois après l’accession au pouvoir d’Adolf Hitler, Lotte Eisner fuit les persécutions antisémites nazies et s’installe à Paris où vit sa sœur.

« En 1936, elle fonde avec Henri Langlois la Cinémathèque française, dont l’objectif consiste à sauver de la destruction films, costumes, décors, affiches et autres trésors du septième art ». En fait, Henri Langlois et Georges Franju ont fondé la Cinémathèque, et Lotte Eisner y est recrutée en 1937.

« Alors exilée à Paris en raison de sa confession juive, elle devient un pilier de la scène culturelle de la capitale, où elle met en avant le cinéma allemand ».

Pendant la Deuxième Guerre mondiale, Lotte Eisner se réfugie dans le Lot. Elle est internée dans le camp de Gurs (Pyrénées-Atlantiques).
Après la Libération, elle revient en 1944 à Paris.
En 1945, elle travaille comme conservatrice en chef de la Cinémathèque française. Une fonction qu’elle exerce jusqu’à sa retraite en 1975.
Parallèlement, Lotte Eisner rédige des articles pour des revues de cinéma, en France – La Revue du cinéma, les Cahiers du Cinéma – et en Allemagne : Filmkritik, Filmfaust
« En 1952, paraît en français son premier livre, L’écran démoniaque, consacré à l’expressionnisme allemand » et traduit en allemand en 1955 (Die Dämonische Leinwand). Son oeuvre majeure. Elle y réhabilite le cinéma expressionniste allemand qui s’était développé sous la République de Weimar, mais avait été perçu après la Deuxième Guerre mondiale comme une inspiration esthétique du nazisme, en particulier par Siegfried Kracauer dans son influent De Caligari à Hitler (1947). En vingt chapitres, elle analyse une quarantaine de films de la période 1920-1933, dès le Cabinet du docteur Caligari de Robert Wiene (1920). Elle recourt à des concept-clés pour étudier le cinéma de cette ère (Helldunkel ou clair-obscur, Stimmung, Umwelt, Kammerspiel). Dans sa préface à la traduction anglaise (The Haunted Screen), Lotte Eisner explique le sens qu’elle donne à « démoniaque » : non pas en lien avec les démons, mais en référence à l’étymologie grecque pour signifier, comme Goethe, « qui a trait à la nature des pouvoirs surnaturels ».
Suivront des biographies de réalisateurs qu’elle a connus : F.W. Murnau, Fritz Lang. Des ouvrages de référence.
En novembre 1974, alors que Lotte Eisner et malade, un de ses amis, Werner Herzog, considérant qu’il « ne peut y avoir de cinéma allemand sans elle », décide de marcher de Munich à Paris, deux villes où chacun d’eux se trouve. En trois semaines, il parcourt la distance. Lotte Eisner guérit. En 1978, Herzog publie le journal de son voyage, Sur la route des glaces (Vom Gehen im Eis).
« Ce portrait sensible esquisse les traits de cette figure forte du septième art des deux côtés du Rhin et retrace les étapes les plus importantes de sa vie : ses débuts en tant que critique à Berlin en 1920, sa fuite en France, puis son travail au sein de la Cinémathèque française qui, jusqu’à sa mort en 1983, représentera sa « patrie spirituelle ». »

« Lotte Eisner – Par amour du cinéma » de Timon Koulmasis

Allemagne, 2020
Sur Arte le 24 février 2021 à 22 h 35
Disponible du 23/02/2021 au 25/03/2021
Visuels :
© Ilona Grundmann Filmproduktion/Cinémathèque française
Couverture de l’ouvrage de Lotte H. Eisner, L’Écran démoniaque, influence de Max Reinhardt et de l’expressionisme, Paris, A. Bonne, coll. « Encyclopédie du cinéma », 1952.

Les citations sur les films proviennent d’Arte.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

syrah

Primera documentació: 1/03/2001

Tipus manlleu del francès
Contextos L’alcalde de Barcelona, Joan Clos, va plantar ahir a Collserola els primers ceps de vinya que en els pròxims anys produiran el Vi de Barcelona, un projecte vinícola que té com a objectiu, segons Clos, “recuperar els ceps propis del Mediterrani” per elaborar un vi negre de qualitat, la base del qual és la garnatxa i el syrah, barrejat amb tres varietats més. [Avui, 1/03/2001]
El Rosa d’abril està elaborat amb les varietats de macabeu, malvasia i syrah. [Ara, 17/04/2016]
Observacions Syrah és el nom d’un vi fosc, amb cos i aroma de fruites i espècies, però també és el nom del raïm negre amb què s’elabora aquest vi i del cep que produeix aquesta varietat de raïm conreat tradicionalment a la regió francesa de la vall del Roine però que s’adapta bé a qualsevol zona perquè és resistent, encara que poc productiu.Syrah és un manlleu del francès d’etimologia incerta: podria provenir de la ciutat persa Shiraz o de la ciutat siciliana Siracusa i, segons la llegenda, va ser el croat Guy de Sterimberg qui va portar a França la llavor del cep tornant de les croades i s’hi va establir com a ermità. El syrah s’anomena també hermitage.

 

 

[Font: neolosfera.wordpress.com]

favela

Primera documentació: 10/01/1991

Tipus manlleu del portuguès
Contextos
Ho explica un corresponsal d’El País: « Al Brasil, uns vuit milions de nens viuen al carrer, desnonats de les faveles, allà on les barraques no tenen nevera ni aigua corrent”. [Avui, 10/01/1991]
En els últims assajos abans de la gran desfilada del carnaval de l’escola de samba de la favela Mangueria, diumenge passat, l’ambient era d’expectació, de desafiament i també de neguit. [La Vanguardia, 25/02/2020]
Observacions

Al Brasil, favela és el nom que es dona als assentaments precaris que creixen a prop o dins mateix de les ciutats grans del país. Les faveles estan construïdes amb materials aprofitats, solen ser reduïdes i no tenen les condicions òptimes per a l’habitabilitat.

L’origen d’aquest nom sembla que té relació amb una planta agresta de la família de les euforbiàcies, de fulles urticants i llavors comestibles, la Cnidoscolus phyllacanthus, coneguda en portuguès amb el nom de favela, que cobria el turó de Gamboa de Rio de Janeiro on es van instal·lar el 1897 prop de 20.000 soldats que havien lluitat a la guerra de Canudos a Bahia (Brasil), després d’esperar infructuosament que el Govern els proporcionés l’habitatge promès.

L’existència d’aquest tipus de construcció és, malauradament, present a molts països, motiu pel qual rep noms diferents segons la zona: en català parlem de barraques, al Brasil es diuen faveles i a l’Argentina, villas miseria, etc.

 

 

[Font: neolosfera.wordpress.com]

« La langue ne tombe pas avec les murs de Rome », écrit Philippe Heuzé. Et, pourrait-on ajouter, le temps de la poésie latine court sur un temps (encore ouvert, bien entendu) de plus de deux mille ans. C’est de la longévité et de l’inventivité d’une poésie en langue vernaculaire d’abord, puis en langue de culture écrite et liturgique, et enfin en langue d’érudition un peu désuète, que rend compte cette anthologie bilingue : « depuis les origines jusqu’à Pascal Quignard ». Ce parti pris, même s’il exclut de fait tous les grands prosateurs, fait entendre la particularité des liens noués entre une langue, le latin, et la culture écrite occidentale.

Anthologie bilingue de la poésie latine : source et ressource de la poésie

Première page d’un manuscrit d’une anthologie latine, daté entre 1001 et 1025, comprenant des textes de Virgile, Donat, Servius, Auguste et Ovide, issu de la bibliothèque du cardinal de Richelieu © Gallica/BnF

Anthologie bilingue de la poésie latine. Trad. du latin par André Daviault, Jeanne Dion, Sylvain Durand, Yves Hersant, Philippe Heuzé, René Martin, Jackie Pigeaud et Étienne Wolff. Édition de Philippe Heuzé, avec la collaboration d’André Daviault, Sylvain Durand, Yves Hersant, René Martin et Étienne Wolff. Gallimard, coll. « Bibliothèque de la Pléiade », 1 920 p., 69 €

Écrit par Claire Paulian

Certes, l’ensemble coordonné par Philippe Heuzé fait la part belle aux œuvres connues : un tiers des textes présentés sont antérieurs au IIIe siècle après Jésus-Christ et à Juvénal. C’est, par morceaux choisis, un corpus d’abord canonique que découvriront avec plaisir ceux qui ne disposent pas déjà d’une anthologie similaire ; ou du moins le découvriront-ils dans des traductions nouvelles pour la plupart et agrémentées de notices à la fois concises et précises.

Du reste, après Lucrèce,  Virgile ou  Lucain, le corpus fait apparaitre des textes moins connus, comme La veillée de Vénus, « joyau de la poésie mineure », selon Pierre Laurens ; ou la réécriture en hexamètres virgiliens des Évangiles par Juvencus. Mais surtout, le choix de la poésie permet à l’anthologie de courir le long des siècles ultérieurs : ceux-là mêmes que la Renaissance rejeta dans l’ombre et que redécouvrit le XIXe siècle baudelairien ; ceux-là mêmes que, en dépit de Baudelaire et de Huysmans, nous connaissons, en général, plutôt mal.

L’anthologie met alors en évidence l’influence des langues vernaculaires sur le latin écrit, sensible dans l’émergence d’une poésie – et non seulement scandée – en latin : l’influence est suffisamment rare pour être notée, car, au contraire des langues vulgaires qui évoluent, le latin écrit reste, dans sa syntaxe, d’une très grande stabilité. L’ouvrage permet également, et c’est peut-être son apport le plus riche, de découvrir une poésie religieuse, mystique et parfois liturgique, que le commun des mortels connait sans doute plutôt (pour la poésie mystique) en langues vulgaires, ou par le biais de la musique. Ainsi, les hymnes d’Ambroise, le Stabat Mater de Jacopone da Todi, ou le Dies irae de Thomas de Celano au XIIe siècle (« mors stupebit et natura / cum resurget creatura », « la mort et la nature seront saisies de stupeur / quand la créature ressuscitera » (traduit par Étienne Wolff). On ne peut lire ce poème à la fois rugueux et extatique sans avoir dans l’oreille le Requiem de Mozart et sans quelques images du Septième Sceau de Bergman. C’est de ce texte que s’inspire aussi le « Franciscae meae laudes » de Baudelaire, six siècles plus tard. Les notices sont ici extrêmement précieuses. Tout en renseignant précisément les auteurs et les textes présentés, elles donnent le désir d’en savoir davantage, par exemple sur l’invention et la fixation de la poésie liturgique chantée, ou sur les effets de circulation entre les pratiques poétiques en langue vernaculaire et en langue latine.

Le recueil permet aussi, bien entendu, de découvrir la poésie courtoise en latin. Ainsi les beaux vers, tout en assonances, du chansonnier de Ripoll, contemporain de Chrétien de Troyes, trouvés en marge de la copie d’un manuscrit consacré aux étymologies : « Dulcis amica mei, si quaeris quod volo, vellem / tactum non factum, dulcis amica mei » Étienne Wolff propose : « Douce amie à moi, si tu demandes ce que je veux / c’est le toucher, non la possession, douce amie à moi ». Plus proche de nous, témoignant de l’autorité de la langue latine sur la scène des nations émergentes, voici, contemporain des essais de Franciade ronsardiens, un extrait de la Roxolania de Sebastien Flavien Klonowicz. « Ingenium vos Argolicis si detinet oris / Ingenii tellus est quoque nostra ferax »: « La Grèce vous est chère, ses dons naturels vous captivent ? Comblée par la nature, notre terre l’est aussi ». L’auteur, traduit de façon un peu libre mais très efficace par Yves Hersant, célèbre sa région, la Galicie, alors rattachée au royaume de Pologne qu’il estime injustement méprisé.

Au-delà du XVIIe siècle, le corpus présenté se fait assurément plus rare : il se limite à Rimbaud, Baudelaire, Pascoli et Pascal Quignard. Mais finir cette anthologie avec le poème Inter aerias fagos / Parmi les hêtres aériens de Pascal Quignard (initialement paru en 1979) est aussi une manière, inespérée, ou plutôt une chance – particulièrement bien saisie – de ne pas finir. Tant le latin de Pascal Quignard, ce latin si érudit, si intertextuel, mais aussi si fortement marqué par la poésie contemporaine, si fortement « quignardisé » comme l’écrit Yves Hersant, nous entraine soudain, au-delà de toute imitation et de tout jeu citationnel, dans sa stupeur propre, interminable.

 

[Source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

 

 

 

S’il est parfois employé sans mauvaise intention, ce terme sert principalement à discréditer les langues privées de statut officiel. Mieux vaut pour cette raison ne pas l’utiliser.
Écrit par Michel Feltin-Palas
On le sait notamment depuis George Orwell et son célèbre roman 1984 : qui veut contrôler la pensée contrôle d’abord les mots servant à l’exprimer. Aussi est-il utile de se pencher sur un terme qui a joué un rôle décisif dans le sort des langues régionales en France : patois.
Commençons par l’étymologie. Selon le très sérieux Dictionnaire historique de la langue française des éditions Le Robert, celui-ci trouverait son origine dans l’ancien français patoier « agiter les mains, gesticuler (pour se faire comprendre comme les sourds-muets) ». Une autre hypothèse a été avancée par le grammairien du XVIIe siècle Gilles Ménage. Lui renvoyait à la formule latine patrius sermo, soit « la langue des pères », celle que l’on apprend oralement en famille, mais que l’on n’écrit pas. Patrius aurait ensuite évolué en patrois, puis en patois.
Une chose est certaine : ce vocable n’a rien de neutre. « Au Moyen Age, patois désignait toutes les autres langues. C’est à partir de la fin du XVIe siècle qu’il va se spécialiser. Alors que les idiomes des pays étrangers sont désignés par leur nom – l’italien, l’anglais, l’allemand – on réserve patois aux langues des Provinciaux », souligne Gilles Couffignal, maître de conférences en histoire de la langue à la Sorbonne. Dans la première édition de son Dictionnaire, en 1694, l’Académie française écrit ainsi : « Langage rustique, grossier comme est celuy d’un païsan, ou du bas peuple. » Même a priori chez Diderot, dans l’Encyclopédie, où l’on peut lire : « Patois. Langage corrompu tel qu’il se parle presque dans toutes les provinces : chacune a son patois […]. On ne parle la langue que dans la capitale. »
Il faut attendre la fin du XIXe siècle pour que cette vision commence à être remise en cause. Après avoir étudié le sujet avec un peu de rigueur, les linguistes en arrivent à une conclusion implacable : il est scientifiquement impossible d’utiliser le même mot pour désigner des langues d’origine celtique (le breton), germanique (le flamand, le platt), latine (le picard, le gallo, le gascon, le provençal, le catalan, le corse, etc) sans oublier le basque, que l’on ne peut rattacher à aucune de ces familles.
Les prétendus patois seraient donc de véritables langues n’ayant simplement pas la chance de bénéficier d’un statut officiel ? L’argument ne plaît pas à tout le monde. Soucieux de justifier l’unité du pays et la prééminence du français à l’école, un autre groupe de linguistes aux penchants nationalistes allume un contre-feu. Parmi eux : « Gaston Paris et Paul Meyer, définissent alors les patois comme les « évolutions naturelles du latin » », indique Gilles Couffignal. Une théorie qui se heurte toutefois à deux nouvelles difficultés. La première est qu’elle ne résout pas la question des langues de France non issues du latin. La seconde est qu’elle conduit en bonne logique à classer le français comme l’un de ces patois, puisque lui-même est issu du latin. Pensée sacrilège !
Gaston Paris (le bien nommé) sort alors de son chapeau le « francien », prétendu dialecte parlé anciennement en Ile-de-France, lequel, dit-il, aurait fini par l’emporter sur les autres langues d’oïl. Pur artifice, là encore. « Qu’est-ce qui a présidé à l’invention du francien ? C’est le fait de grammairiens républicains ou proches de la République, et jacobins, souligne le linguiste Bernard Cerquiglini. Leur vision est celle d’un pouvoir central fort qui, par le moyen de l’école, diffuse sa langue comme l’idéal républicain dans les provinces, voire les colonies. »
Malgré la faiblesse de son argumentation, Gaston Paris parvient pourtant à imposer ses vues. Il faudra attendre la montée des revendications régionalistes, dans la seconde partie du XXe siècle, pour qu’un autre discours émerge peu à peu. Les défenseurs des langues minoritaires refusent l’étiquette infamante de « patois » et finissent par obtenir gain de cause. Très symboliquement, depuis 2001, une délégation du ministère de la Culture s’occupe du français et des « langues de France ».
Hélas… Chassé des textes officiels, le mot reste en usage dans les représentations collectives, y compris chez certains locuteurs, qui reprennent à leur compte le terme dont les représentants de l’État – notamment les instituteurs – ont toujours désigné leur langue. « Pour eux, patois renvoie à leur manière intime de s’exprimer, à la langue des sentiments profonds », relève Gilles Couffignal. Il ne s’agit surtout pas de les en blâmer, mais cette attitude relève typiquement du « complexe du colonisé », c’est-à-dire une situation où les dominés adoptent les codes du dominant, faute de « conscientisation », comme on disait naguère.
Soyons honnêtes. Il existe une dernière acception de ce terme. Purement technique, elle consiste à décrire la variation locale d’une langue, sans connotation péjorative aucune. « Un patois, écrit ainsi la linguiste Henriette Walter, est une langue à part entière, qui se parle dans une aire géographique limitée et qui a connu une évolution légèrement différente de celle des patois voisins. »
Cette approche ne m’a cependant jamais convaincu pour une raison très simple : si l’on adopte cette terminologie, l’on devrait, en toute rigueur, l’appliquer à tous les idiomes de la planète qui diffèrent peu les uns des autres. Évoquer par exemple les patois français de Belgique, du Québec ou… de Paris; ou encore affirmer que Shakespeare utilisait le patois britannique de l’anglais tandis que Faulkner écrivait en patois américain. Or il se trouve qu’on ne le fait jamais, ce vocable étant exclusivement réservé à nos pauvres langues régionales. Conclusion ? Patois est à langue ce que « youpin » est à juif ou « pédale » à homosexuel : un terme dont la vocation est de rejoindre le cimetière des mots à bannir de l’usage courant.
[Source : http://www.lexpress.fr]

Las ovejas, lejos de dispersarse despavoridas, huyen hacia el centro del grupo para protegerse

Escrito por ÁLEX GRIJELMO

La palabra “rebaño” se ha convertido en positiva. Ahora asumimos ser parte de un rebaño si eso nos da inmunidad, sin importarnos que la metáfora implique una asociación de ideas con los borregos.

“Rebaño” no sólo designa a un grupo de ovejas, sino también a un “conjunto de personas que se mueven gregariamente o se dejan dirigir en sus opiniones, gustos, etcétera”. Por su parte, un “borrego” es también quien “se somete gregaria o dócilmente a la voluntad ajena”.

Usamos el nombre común de algunos animales para insultarnos o despreciarnos: burro, acémila, perra, gorila, cernícalo, buitre, cerdo… Pero en el caso de “rebaño” hemos ido transformando su descalificador significado metafórico (grupo de individuos acríticos) para apropiarnos de sus ventajas: algo bueno habrán visto las ovejas en ir todas juntas.

Hace ocho años, unos investigadores de la Universidad de Londres colocaron microprocesadores en estos animales para observar desde un satélite sus movimientos y la manera en que el rebaño se reconfigura cuando aparece un peligro (por ejemplo, un lobo). Y las ovejas en esos casos, lejos de salir despavoridas en todas las direcciones, huyen hacia el centro del grupo. Su instinto de supervivencia las conduce a apretarse para reducir las probabilidades de ser elegidas por el depredador. Se trata del mismo sentido de protección y cuidado mutuo que las lleva a evitar las aglomeraciones en la salida de un cercado y desalojarlo más ordenadamente que como lo haríamos los seres humanos.

Ya se ve que tenemos cosas que aprender de los rebaños.

Los lexicógrafos no conocen con certeza el origen remoto de esta palabra peculiar del castellano y del portugués (rebanho). Hace seis siglos se decía en castellano “rabaño” (variante que todavía pervive en zonas rurales de España). Los eminentes lexicógrafos Joan Corominas y José Antonio Pascual (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico) se inclinan por relacionarla con un hipotético “ramaño” intermedio, derivado de “rama” y relacionado a su vez con el catalán ramada (que significa precisamente “rebaño”). De ese modo, se supone que este grupo de animales fue vinculado en catalán y en castellano con la imagen de un haz de ramas o de varas, agrupadas y juntas como las ovejas; o bien con la rama o vara que maneja el pastor (de ahí que aún se diga “vara de cerdos” en referencia a un grupo de medio centenar de cochinos).

Las interpretaciones actuales de “rebaño” nos presentan un grupo homogéneo de animales o, en sentido metafórico, de personas; que en ambos casos se amparan unas a otras y actúan coordinadamente, por lo general bajo el mando de un pastor, ya sea religioso (el mismo Jesucristo es representado así), político o, ahora, científico.

Con todo eso, resulta fácil asumir la locución “inmunidad de rebaño”, que el banco de datos de la Academia documenta en 2003: la consiguen quienes aceptan la vacuna para que todos queden a salvo. En este caso, se trata de que el coronavirus no disponga de domicilios corporales que asaltar al haberse instalado en ellos las pertinentes alarmas, y le sea difícil hallar, estadísticamente hablando, a personas desamparadas pero distantes entre sí y camufladas en el grupo. Con un 70% de gente segura, se considera que vamos bien. El rebaño funciona.

Y con el rebaño, funciona la palabra. Antes sonaba mal. Pero ahora el gregarismo inteligente de los corderos puede inspirarnos. Si hay que balar, se bala.

[Foto: ANADOLU AGENCY/GETTY IMAGES – fuente: http://www.elpais.com]

Conceptos y palabras que nos ha dejado la borrasca

Escrito por ÁLEX GRIJELMO
El temporal Filomena ha esparcido algunas palabras entre la nieve. He aquí algunas de ellas, acompañadas de ciertas explicaciones….

alerta roja. “Alerta” viene del italiano all’erta, etimológicamente “a levantarse”. Junto a “roja” (del latín russus), forma una expresión que oímos a cada rato desde hace días, desde hace años, desde hace decenios; pero no se sabe bien en qué consiste la alerta roja ni para qué sirve. ¿Para organizar servicios de asistencia a los atrapados en los atascos? No. ¿Para almacenar sal suficiente y arrojarla sobre todas las vías principales? Tampoco. ¿Para que se refuercen los servicios de bomberos o de quitanieves? Nasti de plasti (para los más jóvenes: “nada de eso”). ¿Para que la gente se quede en casa? Ni por asomo. La alerta roja sirve solamente para que la autoridad se quede satisfecha al pronunciar esas dos palabras mágicas.

bola de nieve. El origen lejano de “bola” está en el latín bulla. Las bolas de nieve se arrojan o ruedan. Las dos son peligrosas, pero sobre todo las segundas cuando se expresan metafóricamente. Una bola de nieve es algo que empieza pequeño, como un leve endeudamiento, y que termina haciéndose muy grande. Por ejemplo, cuando se pide un préstamo para pagar el leve endeudamiento; y luego otro para abonar el anterior, y así sucesivamente. Véase nieve.

cadenas. Del latín, catena. En el contexto de la nieve, las cadenas no atrapan sino que liberan. Una feliz paradoja. Te pones unas cadenas y puedes avanzar.

carámbanos. Especie de estalactitas que se forman durante estos días en las cornisas, y que pueden ser como puñales si se desprenden. A partir de estos pedazos de hielo puntiagudos se formó la expresión “estar hecho un carámbano”: tener mucho frío. Antiguamente (hacia el siglo XVI) se llamaban “carámbalos”. En catalán se dice caramell (no confundir con caramel: caramelo). La palabra de este idioma y la del castellano proceden del latín calámulus: caña (Corominas y Pascual). Los carámbanos se forman con hielo, mientras que sus primas las estalactitas llevan dentro carbonato cálcico en disolución. Las estalactitas son las de arriba. Las estalagmitas, las de abajo. “Estalactita” viene del griego stalatkos (“que gotea”); y “estalagmita”, de estalagmos (“goteo”). El hecho de que las estalactitas goteen hace que se formen debajo de ellas las estalagmitas. O sea, las estalactitas son la voz activa (gotean); y las estalagmitas, la pasiva (reciben el goteo). Todo es lenguaje.

embolsamiento. Retención de camiones, parece ser. Ninguna de las cuatro acepciones de “embolsar” que están en vigor en el Diccionario tiene que ver con este nuevo sentido, pero debió de pronunciar esta palabra algún político (que se la oyó seguramente a algún militar) y decenas de periodistas la han copiado con su natural aquiescencia ante el lenguaje de la autoridad. Este “embolsamiento” de camiones tal vez guarde relación con el sentido bélico referido al hecho de que unos vehículos de guerra queden aislados y rodeados por el enemigo. Hombre, una nevada no es un enemigo militar; aunque sea una nevada general.

Filomena. “Filomena” se dijo también “Filomela”. Se cree que significaba “amante de las manzanas” (mela, en griego clásico). Otra teoría dice que “amante de la música” (melos). En España, 8.227 mujeres se llaman Filomena, y su edad media es de 71,6 años, según el Instituto Nacional de Estadística. De esto se deduce que tal nombre de origen griego va camino del olvido, salvo que lo revitalice esta borrasca. La mayoría de las Filomenas se concentran en Extremadura, Salamanca y Granada. No obstante, tanto Filomena como Filomela se usan en el lenguaje poético como equivalente de “ruiseñor”, debido a un mito que cuenta Ovidio en las Metamorfosis y que recordaba el pasado viernes en RNE el profesor Emilio del Río. Filomena, personaje de ese relato, fue transformada en ruiseñor para escapar así de la venganza de Tereo. Bueno, pues ahora tenemos la venganza de Filomena.

helada. Del latín gelāre (helar). Es lo que viene ahora. La nieve aumentará su peligro al convertirse en hielo y solidificarse en balcones, terrazas, cornisas, árboles y suelos. Se han acuñado en español las expresiones “helada blanca” (o escarcha) y “helada negra” (la que es tan intensa que quema las plantas). La helada que viene quemará las plantas y la paciencia, ya dañada de antemano.

nieve. Del latín nivis. La nieve es blanca, atractiva y peligrosa. Todo ello la asemeja con la cocaína, y por eso comparten significante. En cambio, el punto de nieve es la fase en la cual la clara de huevo batida adquiere espesor y consistencia. No hay color. Bueno, sí. Todo sigue siendo blanco.

sal. Esta palabra no habrá cambiado en unos 3.000 años, siglo arriba siglo abajo. En latín se decía igual: sal. La sal mejora las comidas y el asfalto. En nevadas como esta, y en la vida, conviene echarle sal al asunto.

[Fuente: http://www.elpais.com]

Escrito por Evelyn Galiazo

Adoptar un perro puede ser una experiencia transformadora. Aunque son parte de nuestra vida cotidiana y de nuestro horizonte de sentido, solo la intimidad con los perros nos revela su auténtica extrañeza, que es también la nuestra. Como la literatura, todos los animales abren mundos. Pero el que revelan los perros, según Mark Alizart, es el mismísimo mundo humano.

Los hombres comparten con los perros nada más y nada menos que su origen. (Tal vez en este caso, y por cuestiones prácticas, podamos dispensar al autor de referirse a la humanidad en lenguaje inclusivo). Los perros aparecieron cuando nos convertimos en hombres. O, a la inversa, los hombres aparecieron cuando algunos perros dejaron de ser lobos salvajes. Y lo que desencadenó ambas cosas fue la relación entre ellas, porque ni el hombre preexistió al perro ni el perro al hombre. Nunca fueron dos esencias separadas y distintas sino que en ese vínculo, del que ambas especies surgieron, los términos no se pueden distinguir. Más que común, su origen es mutuo.

Alizart sostiene, con estilo ensayístico, que descendemos de los monos tanto como de los perros. Los primeros perros datan relativamente de la misma época que el homo sapiens. Ciertos cánidos se separaron de las manadas de lobos y se acercaron a las poblaciones humanas en busca de sobras. Al dar pruebas de su utilidad para vigilar y defender el territorio, comenzaron a ser alimentados y por lo tanto, domesticados. Pero, al delegar la protección en la custodia perruna, los hombres conocieron el ocio: eso sin lo cual no es posible la cultura ni la filosofía, y que —según la doxa— nos distingue de los demás homínidos.

Para entregarse a la búsqueda del saber como fin en sí mismo el hombre tuvo que separarse de los demás animales y de su propia animalidad. A mismo tiempo fue desarrollando por el perro sentimientos que impactaron en su cerebro de forma irreversible. Y lo mismo pasó con la mente del perro. Ambos se modificaron recíprocamente hasta la simbiosis; ambos fueron domesticados. Avanzado el proceso, fue el hombre quien terminó cuidando del perro. Como si el perro lo hubiera domesticado “para que la naturaleza se trascienda y lo proteja de vuelta”. Ese encuentro transformador en el que se enfrentan, se reflejan, se oponen y constituyen se da en el plano —o en la membrana— de la sexualidad y del concepto.

Alizart dialoga con fuentes científicas y filosóficas, revisa etimologías y juega con mitos de diversa índole para deconstruir algunos lugares comunes acerca de los perros, como, por ejemplo, el que sostiene que son felices porque son estúpidos o que su ladrido es, como afirma Deleuze, la vergüenza del reino animal. En realidad es la vergüenza de nuestros deseos reprimidos lo que cargan, y en ella el secreto de la verdadera sabiduría, aquella que entiende que lo decisivo no es la inteligencia sino el deseo y la posibilidad de reconciliarse con la propia parte oscura. En sintonía con el último Foucault, para quien “el bios philosophikós como vida recta es la animalidad del ser humano aceptada como un desafío, practicada como un ejercicio y arrojada a la cara de los otros como un escándalo”, Alizart cree que la felicidad se desprende de esa filosofía cínica. Es feliz el que puede gozar de la vida sin necesitar nada y celebrarla, como un perro, a pesar del sufrimiento, de la violencia y de las peores vicisitudes. El autor confiesa haber adquirido esta certeza luego de la muerte de un gran compañero. La felicidad que transmite la lectura de Perros es homenaje y testimonio de ese amigo perdido.

 

Mark Alizart, Perros, traducción de Manuela Valdivia, La Cebra, 2019, 96 págs.

 

 

[Fuente: http://www.revistaotraparte.com]

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Escrito por Miguel Palacio     

Un país no es solo el espacio geográfico que ocupa. Ni tampoco es solo una historia, unos habitantes o una cultura. Un país también son sus formas, sus olores, sus colores y sus sonidos. Al final, es toda la mezcla de estímulos que se vuelven perceptibles al pisar el país y que son tan difíciles de capturar y transmitir a distancia.

El que no lo tenga claro no tiene más que revisar El Palabrero Mexicano, de Adrián Suárez. En él, el director creativo español afincado en México propone una serie de destilaciones visuales que conjugan la riqueza del vocabulario local mexicano con la exuberancia cromática del día a día de la ciudad de Oaxaca.

Moverse por México podría ser un viaje lisérgico. Como dijo Salvador Dalí tras una de sus visitas, es un lugar más surrealista que sus propios cuadros. Y esa esencia, güey, no se captura fácilmente.

Dice Suárez que todos los países tienen su propia identidad, sus propias tradiciones, sus propios lenguajes visuales. En este palabrero mexicano se encuentra en los ricos colores de la ropa de las mujeres de este país, en la diversidad de sus estampados florales y en el atractivo visual de los puestos de los mercados de Oaxaca.

Además de la paleta de colores de Oaxaca, fueron los giros y expresiones del idioma lo que más llamo la atención del creativo y lo que le llevó a buscar su origen etimológico. Fue esta búsqueda, unida a su propia curiosidad acerca de los modismos mexicanos, la que le llevó a componer este trabajo. Muchas de ellas son palabras que fuera del país sonarán a culebrón, o a una de las últimas temporadas de Narcos, pero que en suelo mexicano aparecen cargadas de sentido.

Así, en el conjunto de composiciones que forman este trabajo se mezclan elementos dialécticos y visuales para construir una experiencia. En palabras del propio Suárez, «emplazando al espectador en suelo mexicano como si estuviera recorriendo alguna de sus calles, plazas o mercados. Se trata así de buscar una síntesis sensorial de vista y oído al caminar por las calles de Oaxaca y, de esta forma, tratar de describir la singularidad del pueblo mexicano».

México es un país con un vocabulario muy rico que da lugar a palabras muy características. «Por ejemplo», dice Suárez, «chido, chingón, padrísimos o fregón, son algunas de ellas para referirse a cosas, personas o acontecimientos buenos. Expresiones informales que inundan las calles de las ciudades y pueblos en las conversaciones de sus transeúntes».

Todas ellas forman parte de lo que constituye realmente un paseo por una calle de cualquier ciudad mexicana. Será a través de ellas que el oído de cualquier visitante se hará realmente a la idea de que es mexicano el suelo que pisa, y no de cualquier otro país hispanohablante.

 

[Fuente: http://www.yorokobu.es]

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El ceramista que premedita un color y una forma.

El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

 

In: La cifra, 1981