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Conceptos y palabras que nos ha dejado la borrasca

Escrito por ÁLEX GRIJELMO
El temporal Filomena ha esparcido algunas palabras entre la nieve. He aquí algunas de ellas, acompañadas de ciertas explicaciones….

alerta roja. “Alerta” viene del italiano all’erta, etimológicamente “a levantarse”. Junto a “roja” (del latín russus), forma una expresión que oímos a cada rato desde hace días, desde hace años, desde hace decenios; pero no se sabe bien en qué consiste la alerta roja ni para qué sirve. ¿Para organizar servicios de asistencia a los atrapados en los atascos? No. ¿Para almacenar sal suficiente y arrojarla sobre todas las vías principales? Tampoco. ¿Para que se refuercen los servicios de bomberos o de quitanieves? Nasti de plasti (para los más jóvenes: “nada de eso”). ¿Para que la gente se quede en casa? Ni por asomo. La alerta roja sirve solamente para que la autoridad se quede satisfecha al pronunciar esas dos palabras mágicas.

bola de nieve. El origen lejano de “bola” está en el latín bulla. Las bolas de nieve se arrojan o ruedan. Las dos son peligrosas, pero sobre todo las segundas cuando se expresan metafóricamente. Una bola de nieve es algo que empieza pequeño, como un leve endeudamiento, y que termina haciéndose muy grande. Por ejemplo, cuando se pide un préstamo para pagar el leve endeudamiento; y luego otro para abonar el anterior, y así sucesivamente. Véase nieve.

cadenas. Del latín, catena. En el contexto de la nieve, las cadenas no atrapan sino que liberan. Una feliz paradoja. Te pones unas cadenas y puedes avanzar.

carámbanos. Especie de estalactitas que se forman durante estos días en las cornisas, y que pueden ser como puñales si se desprenden. A partir de estos pedazos de hielo puntiagudos se formó la expresión “estar hecho un carámbano”: tener mucho frío. Antiguamente (hacia el siglo XVI) se llamaban “carámbalos”. En catalán se dice caramell (no confundir con caramel: caramelo). La palabra de este idioma y la del castellano proceden del latín calámulus: caña (Corominas y Pascual). Los carámbanos se forman con hielo, mientras que sus primas las estalactitas llevan dentro carbonato cálcico en disolución. Las estalactitas son las de arriba. Las estalagmitas, las de abajo. “Estalactita” viene del griego stalatkos (“que gotea”); y “estalagmita”, de estalagmos (“goteo”). El hecho de que las estalactitas goteen hace que se formen debajo de ellas las estalagmitas. O sea, las estalactitas son la voz activa (gotean); y las estalagmitas, la pasiva (reciben el goteo). Todo es lenguaje.

embolsamiento. Retención de camiones, parece ser. Ninguna de las cuatro acepciones de “embolsar” que están en vigor en el Diccionario tiene que ver con este nuevo sentido, pero debió de pronunciar esta palabra algún político (que se la oyó seguramente a algún militar) y decenas de periodistas la han copiado con su natural aquiescencia ante el lenguaje de la autoridad. Este “embolsamiento” de camiones tal vez guarde relación con el sentido bélico referido al hecho de que unos vehículos de guerra queden aislados y rodeados por el enemigo. Hombre, una nevada no es un enemigo militar; aunque sea una nevada general.

Filomena. “Filomena” se dijo también “Filomela”. Se cree que significaba “amante de las manzanas” (mela, en griego clásico). Otra teoría dice que “amante de la música” (melos). En España, 8.227 mujeres se llaman Filomena, y su edad media es de 71,6 años, según el Instituto Nacional de Estadística. De esto se deduce que tal nombre de origen griego va camino del olvido, salvo que lo revitalice esta borrasca. La mayoría de las Filomenas se concentran en Extremadura, Salamanca y Granada. No obstante, tanto Filomena como Filomela se usan en el lenguaje poético como equivalente de “ruiseñor”, debido a un mito que cuenta Ovidio en las Metamorfosis y que recordaba el pasado viernes en RNE el profesor Emilio del Río. Filomena, personaje de ese relato, fue transformada en ruiseñor para escapar así de la venganza de Tereo. Bueno, pues ahora tenemos la venganza de Filomena.

helada. Del latín gelāre (helar). Es lo que viene ahora. La nieve aumentará su peligro al convertirse en hielo y solidificarse en balcones, terrazas, cornisas, árboles y suelos. Se han acuñado en español las expresiones “helada blanca” (o escarcha) y “helada negra” (la que es tan intensa que quema las plantas). La helada que viene quemará las plantas y la paciencia, ya dañada de antemano.

nieve. Del latín nivis. La nieve es blanca, atractiva y peligrosa. Todo ello la asemeja con la cocaína, y por eso comparten significante. En cambio, el punto de nieve es la fase en la cual la clara de huevo batida adquiere espesor y consistencia. No hay color. Bueno, sí. Todo sigue siendo blanco.

sal. Esta palabra no habrá cambiado en unos 3.000 años, siglo arriba siglo abajo. En latín se decía igual: sal. La sal mejora las comidas y el asfalto. En nevadas como esta, y en la vida, conviene echarle sal al asunto.

[Fuente: http://www.elpais.com]

Escrito por Evelyn Galiazo

Adoptar un perro puede ser una experiencia transformadora. Aunque son parte de nuestra vida cotidiana y de nuestro horizonte de sentido, solo la intimidad con los perros nos revela su auténtica extrañeza, que es también la nuestra. Como la literatura, todos los animales abren mundos. Pero el que revelan los perros, según Mark Alizart, es el mismísimo mundo humano.

Los hombres comparten con los perros nada más y nada menos que su origen. (Tal vez en este caso, y por cuestiones prácticas, podamos dispensar al autor de referirse a la humanidad en lenguaje inclusivo). Los perros aparecieron cuando nos convertimos en hombres. O, a la inversa, los hombres aparecieron cuando algunos perros dejaron de ser lobos salvajes. Y lo que desencadenó ambas cosas fue la relación entre ellas, porque ni el hombre preexistió al perro ni el perro al hombre. Nunca fueron dos esencias separadas y distintas sino que en ese vínculo, del que ambas especies surgieron, los términos no se pueden distinguir. Más que común, su origen es mutuo.

Alizart sostiene, con estilo ensayístico, que descendemos de los monos tanto como de los perros. Los primeros perros datan relativamente de la misma época que el homo sapiens. Ciertos cánidos se separaron de las manadas de lobos y se acercaron a las poblaciones humanas en busca de sobras. Al dar pruebas de su utilidad para vigilar y defender el territorio, comenzaron a ser alimentados y por lo tanto, domesticados. Pero, al delegar la protección en la custodia perruna, los hombres conocieron el ocio: eso sin lo cual no es posible la cultura ni la filosofía, y que —según la doxa— nos distingue de los demás homínidos.

Para entregarse a la búsqueda del saber como fin en sí mismo el hombre tuvo que separarse de los demás animales y de su propia animalidad. A mismo tiempo fue desarrollando por el perro sentimientos que impactaron en su cerebro de forma irreversible. Y lo mismo pasó con la mente del perro. Ambos se modificaron recíprocamente hasta la simbiosis; ambos fueron domesticados. Avanzado el proceso, fue el hombre quien terminó cuidando del perro. Como si el perro lo hubiera domesticado “para que la naturaleza se trascienda y lo proteja de vuelta”. Ese encuentro transformador en el que se enfrentan, se reflejan, se oponen y constituyen se da en el plano —o en la membrana— de la sexualidad y del concepto.

Alizart dialoga con fuentes científicas y filosóficas, revisa etimologías y juega con mitos de diversa índole para deconstruir algunos lugares comunes acerca de los perros, como, por ejemplo, el que sostiene que son felices porque son estúpidos o que su ladrido es, como afirma Deleuze, la vergüenza del reino animal. En realidad es la vergüenza de nuestros deseos reprimidos lo que cargan, y en ella el secreto de la verdadera sabiduría, aquella que entiende que lo decisivo no es la inteligencia sino el deseo y la posibilidad de reconciliarse con la propia parte oscura. En sintonía con el último Foucault, para quien “el bios philosophikós como vida recta es la animalidad del ser humano aceptada como un desafío, practicada como un ejercicio y arrojada a la cara de los otros como un escándalo”, Alizart cree que la felicidad se desprende de esa filosofía cínica. Es feliz el que puede gozar de la vida sin necesitar nada y celebrarla, como un perro, a pesar del sufrimiento, de la violencia y de las peores vicisitudes. El autor confiesa haber adquirido esta certeza luego de la muerte de un gran compañero. La felicidad que transmite la lectura de Perros es homenaje y testimonio de ese amigo perdido.

 

Mark Alizart, Perros, traducción de Manuela Valdivia, La Cebra, 2019, 96 págs.

 

 

[Fuente: http://www.revistaotraparte.com]

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Escrito por Miguel Palacio     

Un país no es solo el espacio geográfico que ocupa. Ni tampoco es solo una historia, unos habitantes o una cultura. Un país también son sus formas, sus olores, sus colores y sus sonidos. Al final, es toda la mezcla de estímulos que se vuelven perceptibles al pisar el país y que son tan difíciles de capturar y transmitir a distancia.

El que no lo tenga claro no tiene más que revisar El Palabrero Mexicano, de Adrián Suárez. En él, el director creativo español afincado en México propone una serie de destilaciones visuales que conjugan la riqueza del vocabulario local mexicano con la exuberancia cromática del día a día de la ciudad de Oaxaca.

Moverse por México podría ser un viaje lisérgico. Como dijo Salvador Dalí tras una de sus visitas, es un lugar más surrealista que sus propios cuadros. Y esa esencia, güey, no se captura fácilmente.

Dice Suárez que todos los países tienen su propia identidad, sus propias tradiciones, sus propios lenguajes visuales. En este palabrero mexicano se encuentra en los ricos colores de la ropa de las mujeres de este país, en la diversidad de sus estampados florales y en el atractivo visual de los puestos de los mercados de Oaxaca.

Además de la paleta de colores de Oaxaca, fueron los giros y expresiones del idioma lo que más llamo la atención del creativo y lo que le llevó a buscar su origen etimológico. Fue esta búsqueda, unida a su propia curiosidad acerca de los modismos mexicanos, la que le llevó a componer este trabajo. Muchas de ellas son palabras que fuera del país sonarán a culebrón, o a una de las últimas temporadas de Narcos, pero que en suelo mexicano aparecen cargadas de sentido.

Así, en el conjunto de composiciones que forman este trabajo se mezclan elementos dialécticos y visuales para construir una experiencia. En palabras del propio Suárez, «emplazando al espectador en suelo mexicano como si estuviera recorriendo alguna de sus calles, plazas o mercados. Se trata así de buscar una síntesis sensorial de vista y oído al caminar por las calles de Oaxaca y, de esta forma, tratar de describir la singularidad del pueblo mexicano».

México es un país con un vocabulario muy rico que da lugar a palabras muy características. «Por ejemplo», dice Suárez, «chido, chingón, padrísimos o fregón, son algunas de ellas para referirse a cosas, personas o acontecimientos buenos. Expresiones informales que inundan las calles de las ciudades y pueblos en las conversaciones de sus transeúntes».

Todas ellas forman parte de lo que constituye realmente un paseo por una calle de cualquier ciudad mexicana. Será a través de ellas que el oído de cualquier visitante se hará realmente a la idea de que es mexicano el suelo que pisa, y no de cualquier otro país hispanohablante.

 

[Fuente: http://www.yorokobu.es]

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El ceramista que premedita un color y una forma.

El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

 

In: La cifra, 1981

A especialista en antroponimia ocupará a cadeira que o pasamento do escritor, poeta e avogado Xosé Luís Franco Grande deixou vacante

A filóloga Ana Isabel Boullón Agrelo (A Pobra do Caramiñal, 1962)

A filóloga Ana Isabel Boullón Agrelo (A Pobra do Caramiñal, 1962)

Escrito por G. NOVÁS

O pleno da RAG que designou este luns o Día das Letras Galegas do 2021 como homenaxe á poeta Xela Arias, tamén elixiu como académica de número a Ana Isabel Boullón Agrelo (A Pobra do Caramiñal, 1962), que ocupará a cadeira vacante tras o pasamento do escritor, poeta e avogado Xosé Luís Franco Grande, o pasado mes de marzo. Profesora de Filoloxía Galega da Universidade de Santiago, adscrita ao Instituto da Lingua Galega, é unha investigadora de referencia no campo da antroponimia galega, unha das súas liñas de investigación principais xunto á toponimia, a edición de textos e a lexicografía. Ten publicado textos non literarios medievais e estudado a transmisión textual da Crónica de Iria; e ademais é coautora de diversos dicionarios, tanto de nomes persoais e de apelidos como de léxico común e especializado.

No 2012, lembra a RAG, foi elixida académica correspondente e dende entón é membro do seu Seminario de Onomástica, aínda que a colaboración coa Academia remóntase aos anos 90. É tamén membro de varias asociacións científicas e preside a Asociación Galega de Onomástica.

A académica electa integrou os equipos que promoveron ferramentas informáticas en liña para o estudo do léxico medieval (Dicionario de dicionarios do galego medieval) e planificou xunto a Xulio Sousa a Cartografía dos apelidos de Galicia), esta última por encarga da RAG. Nestes momentos, está a coordinar a elaboración do Dicionario dos apelidos galegos, en fase de revisión; e a posta en marcha da Guía dos nomes galegos, que estará dispoñible na web da Academia para que o público poida facer pescudas sobre os nomes propios: forma estándar, etimoloxía, posibles variantes, hipocorísticos e equivalencias en distintos idiomas.

 

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Chípil es un adjetivo calificativo de origen náhuatl que describe una situación muy particular.

El Diccionario del Español de México explica que la palabra chipil es « que está triste o melancólico, sobre todo las mujeres cuando están embarazadas o los niños cuando su madre está encinta: « Ese niño anda chípil; ha de ser que su mamá está esperando ».

La idea de estar melancólico y necesitar cariño y comprensión es la más cercana a nosotros; es decir, aquella persona que, por estar sensible o triste desea recibir cariñitos o « ser apapachado« ; otra palabra que seguramente necesitaría su propia explicación.

Después de casi un año de pandemia, seguro muchos estamos chipiles. Que notemos el corazón apachurrado, ganas de llorar y poca motivación. Eso es estar chípil.

Este adjetivo de origen náhuatl  se refiere a quien está triste o melancólico. El diccionario breve de mexicanismos de Guido Gómez de Silva dice que ‘es un niño que padece malestar por hallarse embarazada la mujer que lo cría? De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española (DRAE), chípil es un ‘niño destetado que enferma’.

El diccionario del Colegio de México explica que en tres entidades del país, San Luis Potosí, Tabasco y Yucatán, se usa esta palabra para describir el menor de los hijos.

De acuerdo con algunos estudios del yutoazteca ‘familia lingüística amerindia originaria del sur de Estados Unidos y de México, entre las que destacan el náhuatl y el comanche’, la palabra « chípil se encuentra entre varias que se relacionan con enfermedades y con calentura », explica Karen Dakin en su estudio Composición yutoazteca en el náhuatl: algunas etimologías.

Quizá, porque como a un niño que le quitan el cariño de su madre, sentimos que perdimos algo, o que la vida ya no será igual que como la conocíamos hasta ahora.

 

[Fuente: http://www.mxcity.mx]
A Real Academia Galega dá un paso máis na mellora do vocabulario técnico da astronomía coa aprobación dunha proposta normalizada e oficial dos nomes das oitenta e oito constelacións recoñecidas pola Unión Astronómica Internacional. A listaxe, dispoñible nesta ligazón, é froito da colaboración entre o Seminario de Terminoloxía e o equipo composto por Salvador Bará, profesor da área de Óptica da Universidade de Santiago de Compostela; Martin Pawley, da Agrupación Astronómica Coruñesa Ío; e o físico Dosi Veiga, impulsor de Ceos Galegos. O presidente da Academia, Víctor F. Freixanes, o coordinador do Seminario de Terminoloxía, o académico Manuel González; e o director de Cultura do Concello da Coruña, Rómulo Sanjurjo, presentaron hoxe o resultado deste traballo na Casa das Ciencias nun acto que concluíu ollando a recreación do ceo do planetario con Martin Pawley como guía.


Pola esquerda, Martin Pawley, Manuel González, Víctor F. Freixanes, Rómulo Sanjurjo e Marcos Pérez Maldonado

« Esta iniciativa paréceme importante polo que significa de seguir a profundar nos traballos que a RAG realiza a prol da incorporación da lingua galega ao ámbito científico, mesmo colaborando con especialistas e institucións que achegan os seus coñecementos, e aos que agradecemos especialmente o seu traballo », valorou Víctor F. Freixanes. « A lingua é un patrimonio que enriquecemos entre todos, cadaquén dende a súa especialización », salientou.

A humanidade comezou a nomear os grupos de estrelas hai moitos séculos co propósito de se orientar ollando o ceo. Ptolomeo describiu no século II a. C. no tratado Hè megalè syntaxis un total de 48. Doce delas son as zodiacais, que figuran entre as máis coñecidas: Augadeiro, Carneiro, Cangrexo, Capricornio, Xemelgos, LeónBalanza, Peixes, Arqueiro ou Seteiro, Escorpión, Touro Virxe. Entre as outras 36 abondan as que levan nomes de seres mitolóxicos como Perseo, Andrómeda, Hércules, Orión, Dragón ou Boieiro; e doutros animais (Lobo, Lebre, Serpe…) cuxas siluetas tamén serían evocadas pola unión das estrelas que as compoñen mediante liñas imaxinarias.

As designadas con nomes de animais exóticos, como Grou, Tucano, Peixe Voador, Camaleón ou Dourado, constitúen outro grupo de constelacións identificadas na súa maior parte no século XVI por navegantes. No século XVIII, o astrónomo francés Nicolas Louis de Lacaille albiscou as 14 últimas constelacións, para as que escolleu nomes de instrumentos científicos como Escuadro, Telescopio, Microscopio, Octante ou Retículo. A delimitación definitiva foi realizada fundamentalmente polo belga Eugène Joseph Delporte e aprobada pola Unión Astronómica Internacional en 1930. A relación de nomes das constelacións aprobada pola Real Academia Galega inclúe xunto a cada forma galega o seu equivalente latino, o empregado a nivel internacional pola comunidade científica, e a abreviatura correspondente.

« Un avance cara á normalización no ámbito da astronomía »
Manuel González salienta tamén o valor normalizador deste traballo. Desde que a delimitación definitiva das constelacións foi aprobada pola Unión Astronómica Internacional bebendo dos nomes latinos —explica—, son moitas as linguas que incorporaron unha versión propia ao seu vocabulario técnico. « Para o galego existían, desde hai certo tempo, distintas propostas, pero careciamos dunha normalizada e oficial. E iso é o que ofrecemos agora, despois dun traballo rigoroso de todas as partes », indica o coordinador do Seminario de Terminoloxía.

Salvador Bará, Martin Pawley e Dosi Veiga presentaron unha proposta global cos oitenta e oito nomes á Real Academia Galega, que estudou a través do Seminario de Terminoloxía denominación por denominación. « A maioría dos nomes foron ratificados tal como figuraban na proposta. Só nuns poucos casos foron modificados segundo o criterio da RAG. O resultado final foi consensuado e aceptado por todos os participantes no traballo, e consideramos que constitúe un avance de cara á normalización e estandarización terminolóxica galega do ámbito da astronomía », conclúe Manuel González.

« Tratamos de consolidar unha listaxe de nomes para as constelacións claramente asociados tanto á súa orixe etimolóxica como ao debuxo que definen no ceo », detalla Martin Pawley, que incide igualmente no valor normalizador de traballos coma este. « É fundamental a normalización do uso do galego na comunicación e na divulgación da ciencia », considera. O léxico das constelacións súmase á revisión das entradas do dicionario en liña da RAG relacionadas coa astronomía realizada en 2017, contando tamén coa colaboración de Salvador Bará e Martin Pawley; e a outras actualizacións como a do vocabulario matemático ou dos nomes dos elementos químicos, desenvolvidas igualmente con expertos nestes eidos científicos.

Os nomes das constelacións

Nome galego Abrev. Nome latino
Andrómeda And Andromeda
Máquina Pneumática Ant Antlia
Ave do Paraíso Aps Apus
Augadeiro Aqr Aquarius
Aguia ~ Aiga Aql Aquila
Altar Ara Ara
Carneiro Ari Aries
Auriga Aur Auriga
Boieiro Boo Bootes
Cicel Cae Caelum
Xirafa Cam Camelopardalis
Cangrexo Cnc Cancer
Cans de Caza CVn Canes Venatici
Can Maior CMa Canis Maior
Can Menor CMi Canis Minor
Capricornio Cap Capricornus
Quilla Car Carina
Casiopea Cas Cassiopeia
Centauro Cen Centaurus
Cefeo Cep Cepheus
Balea Cet Cetus
Camaleón Cha Chamaeleon
Compás de Debuxo Cir Circinus
Pomba Col Columba
Cabeleira de Berenice Com Coma Berenices
Coroa Austral CrA Corona Australis
Coroa Boreal CrB Corona Borealis
Corvo Crv Corvus
Copa Crt Crater
Cruz do Sur Cru Crux
Cisne Cyg Cygnus
Golfiño Del Delphinus
Dourado Dor Dorado
Dragón Dra Draco
Cabaliño Equ Equuleus
Erídano Eri Eridanus
Forno For Fornax
Xemelgos Gem Gemini
Grou Gru Grus
Hércules Her Hercules
Reloxo Hor Horologium
Hidra Hya Hydra
Hidra Austral Hyi Hydrus
Indio Ind Indus
Lagarto Lac Lacerta
León Leo Leo
León Menor LMi Leo Minor
Lebre Lep Lepus
Balanza Lib Libra
Lobo Lup Lupus
Lince Lyn Lynx
Lira Lyr Lyra
Monte da Mesa Men Mensa
Microscopio Mic Microscopium
Unicornio Mon Monoceros
Mosca Mus Musca
Escuadro Nor Norma
Octante Oct Octans
Serpentario ~ Ofiuco Oph Ophiuchus
Orión Ori Orion
Pavón Pav Pavo
Pegaso Peg Pegasus
Perseo Per Perseus
Ave Fénix Phe Phoenix
Cabalete de Pintor Pic Pictor
Peixes Psc Pisces
Peixe Austral PsA Piscis Austrinus
Popa Pup Puppis
Compás Pyx Pyxis
Retículo Ret Reticulum
Frecha ~ Seta Sge Sagitta
Arqueiro ~ Seteiro Sgr Sagittarius
Escorpión Sco Scorpius
Escultor Scl Sculptor
Escudo Sct Scutum
Serpe Ser Serpens
Sextante Sex Sextans
Touro Tau Taurus
Telescopio Tel Telescopium
Triángulo Tri Triangulum
Triángulo Austral TrA Triangulum Australe
Tucano Tuc Tucana
Osa Maior UMa Ursa Maior
Osa Menor UMi Ursa Minor
Velame Vel Vela
Virxe Vir Virgo
Peixe Voador Vol Volans
Raposiña Vul Vulpecula

 

[Fonte: http://www.academia.gal]

Non, plantureux n’est pas issu de plante, pas plus que miniature ne vient de mini ni choucroute de croûte. Petit tour d’horizon de quelques fausses croyances.

Écrit par Michel Feltin-Palas

Je viens de lire un livre que je recommande à tout le monde : une histoire de la langue française sous forme de BD – oui, de BD – intitulée Et cetera, et cetera (1). Non seulement elle est la fois érudite et drôle mais, cela ne gâte rien, elle évite les poncifs qui circulent souvent sur le français. Il est vrai que les auteurs, Julien Soulié et « M. la mine » sont de fins connaisseurs du sujet. L’illustrateur lui-même est agrégé de lettres classiques, c’est dire !

J’y ai appris milles choses, dont l’une m’amuse particulièrement : les « étymologies populaires ». En clair : les origines erronées qui sont parfois attribuées à tel ou tel mot. « Vous pensez que miniature vient de mini ? fauteur de faute ? Ouvrable d’ouvrir ? Plantureux de plante ? », demandent par exemple nos deux auteurs. Eh bien non. Voici pourquoi.
Miniature signifie « enduit de minium », un pigment rouge constitué par un oxyde de plomb. Le terme a d’ailleurs d’abord été écrit mignature (Le Robert). Rien à voir, donc, avec l’idée de petitesse que l’on retrouve dans miniminime ou minimum. C’est pourquoi la miniature désigne aussi la lettre ornée qui ouvre les chapitres d’un manuscrit, lettre généralement… plus grande que les autres.
Fauteur vient du latin fautor, « celui qui favorise » ou « qui protège ». L’historien Barante fait ainsi allusion aux « fauteurs du duc de Bourgogne ». C’est sous l’influence de faute qu’il s’est peu à peu spécialisé et s’applique désormais aux personnes qui « favorisent » une action blâmable : un fauteur de troubles, un fauteur de guerre…
Un jour ouvrable n’est pas un jour où les magasins sont ouverts, mais un jour où l’on oeuvre (du latin operare, qui signifie « travailler », d’où ouvrier). La même racine a donné oeuvre et opéra, abréviation de opera di musica « oeuvre de musique ».
Plantureux vient de l’ancien français plenté, (même famille que l’anglais plenty), lui-même issu du latin plenitas, « saturation », avec l’idée d’abondance que l’on retrouve dans plénitude. Aucun rapport, donc, avec les plantes. Comme le notent avec humour les deux auteurs, un repas de Noël avec force foie gras, dinde et saumon méritera donc le qualificatif de plantureux, même s’il n’est pas exactement végétarien…
On pourrait évidemment citer d’autres exemples :
Fainéant. Facile, apparemment ! Un fainéant a l’air évidemment un individu qui « fait néant », c’est-à-dire rien. Pas si simple, en réalité. Fainéant est en fait une altération de feignant, participe présent du… verbe feindre. Cela dit, je vous l’accorde, il arrive plus souvent dans les bureaux que l’on fasse semblant de travailler que de ne pas travailler…
Faubourg ne désigne pas un « faux bourg », mais un bourg situé hors du bourg, le prolongement de la ville située hors de l’enceinte. Ce qui, il est vrai, est une autre manière de l’opposer au « vrai » bourg…
Un remède de bonne femme. L’expression a le sens, selon Larousse de « remèdes populaires ordonnés et administrés par des personnes étrangères à l’art de guérir ». Mais, selon certains linguistes (il y a débat sur ce point), elle devrait s’écrire en réalité « remède de bonne fame », fame évoquant la réputation, la renommée, comme le latin fama. Un sens que l’on retrouve dans fameux ou dans mal famé.
Choucroute. Comment ne pas voir dans ce plat roboratif un composé de chou et de croûte ? Eh bien, non. D’une part, vous l’aurez remarqué, il ne comporte pas de croûte (ou alors vous vous êtes trompé de recette). D’autre part, et surtout, il s’agit comme chacun sait d’un mets alsacien. Or, l’Alsace est de culture germanique. Le mot français choucroute est en fait une déformation de sürkrüt, littéralement « chou aigre ». En étymologie comme ailleurs, le francocentrisme est à éviter !
(1) Et cetera, et cetera, la langue française se raconte, par Julien Soulié et M.la Mine, First Editions, 18,95 €
[Source : http://www.lexpress.fr]

A etimologia nossa de cada dia

Escrito por Eduardo Affonso

Cu” vem de “culus”, que não é especificamente o ânus, mas inclui a região carnuda a ele adjacente, as nádegas. E “eco” é o mesmo de “ecologia”, “ecossistema”: o habitat, o domicílio.  Logo, cueca é, literalmente, “a casa do cu”.

“Cu”, nesse sentido de “o traseiro”, deu também origem a “recuar” (retroceder, andar para trás), “acuar” (encurralar), “cueiro” (pano que envolve o bebê da cintura para baixo) e “culatra” (o fundo do cano da arma de fogo). Lembrando que “encurralar” não tem nada a ver com o isso: deriva de “curral” (que tanto pode ser o lugar de guardar o gado quanto os carros – no caso, as bigas romanas).

Bunda” não vem do latim, mas do quimbundo “mbunda” (ou “muna”) e quer dizer bunda mesmo (e também quadris). Não tem nenhuma relação com “abundância”, que vem do latim “abundare” (“ab” = fora + “unda” = onda), ou seja o que transborda, que existe em grande quantidade, como as ondas no mar.

Nádega” é que vem do latim “natica”, mas não significa nada além de nádega mesmo.

Poupança” tem origem mais interessante, a mesma de “apalpar”: o latim “palpare”. Para saber se podia gastar, a pessoa apalpava a bolsa de moedas – daí “poupar” no sentido de “economizar”, “gastar com moderação”.

Propina” é de origem grega, formada por “pro” = a favor + “pinein” = beber. Ou seja, a boa e velha “cervejinha”, um trocado para se beber alguma coisa. (“Gorjeta” tem origem parecida: vem de “gurguis” = garganta, que também deu origem a gárgula, gargarejo, gargalo, gargalhada; gorjeta era uma propina para “molhar a garganta”). “Suborno” tem a ver com o ato de, furtivamente (“sub”), enfeitar (“ornar”) alguém, presenteando disfarçadamente.

“Corrupção” vem do latim  “corrumpere“ (destruir, estragar), que, por sua vez, deriva de “rumpere” (romper, quebrar, arrebentar).

Centrão” vem de “centro” – do latim “centrum” (a ponta seca do compasso), que, por sua vez, tinha vindo do grego “kentron” (ferrão, objeto pontiagudo”).

Supõe-se que “Chico” venha do latim “ciccus”, a membrana entre os grãos da romã”, uma coisa pequena, sem valor. Em espanhol, “chico” quer dizer “pequeno” (e, por extensão, “menino, criança”). No Brasil, “Chico” é o hipocorístico (apelido carinhoso) para Francisco – possivelmente tendo-se originado desse “cisco” no final do nome, o que nos leva de volta ao “ciccus” do latim.

Já “Rodrigues” é um patronímico (literalmente, “nome do pai”), significando “filho de Rodrigo” (assim como Fernandes é “filho de Fernando”, Gonçalves é “filho de Gonçalo” etc). Rodrigo, por sua vez, tem origem germânica – e em todos os saites de nomes de bebês (ou seja, fontes não muito confiáveis) consta que signifique “príncipe poderoso”.

Dinheiro” tem sua raiz na expressão latina “denarius nummus”, depois abreviada para “denarius” (a moeda de prata que valia dez moedas de cobre, chamadas “asses”).  “Ass”, em inglês, quer dizer “burro” (o animal e/ou a pessoa burra), mas também o traseiro, o cu – e aí voltamos ao início deste texto sem pé nem cabeça que tentou juntar coisas nada a ver umas com as outras: cueca, propina, dinheiro, bunda, Chico, Rodrigues, corrupção, cu e centrão.

Faltou a palavra “fezes”, do latim “faex” = excremento.  Mas aí era ir muito fundo no tema.

 

 

[Fonte: http://www.eduardoaffonso.com]

Colonizadores tentaram renomeá-los: jaguar virou “onça”, tapir ficou “anta”. Alguns, viraram híbridos: lobo-guará, tamanduá-bandeira, sapo-cururu. Mas a língua indígena venceu, por maioria esmagadora: sabiá, tamanduá, perereca, jabuti

Escrito por Sérgio Buarque de Gusmão

Já nascida sob a suspeita de que mais vai servir para reduzir os pacotes de dinheiro lavado no caixa dois, a nota de R$ 200,00 merece ser saudada por uma característica lícita: a estampa do lobo-guará (Chrysocyon brachyurus). O nome do maior canídeo da América do Sul chama a atenção para o hibridismo de muitas designações da fauna do Brasil – apesar de a maioria das denominações de bichos, plantas e acidentes geográficos dadas pelos índios terem sido mantidas pelos portugueses, em caso singular, ressaltado por Gilberto Freire, de colonizador que adotou o idioma do colonizado – mesmo com tentativa em contrário do marquês de Pombal. Ficaram no idioma, no entanto, muitas combinações lexicais bilíngues. No caso, lobo-guará associa a portuguesa lobo, originária da latina lúpus, à tupi (a)guará (“pelo de penugem”). Também era chamado de aguaraçu.

A hibridez se repetiu em surucucu-pico-de-jaca ou cobra-topete (Lachesis muta), a víbora que os índios chamavam apenas de surucucu (“que dá muitas dentadas”) ou surucucutinga, em que tinga é um pospositivo do tupi para branco. E ainda há outras que mantiveram o primeiro nome em tupi, como anu-preto/brancoaraponga-da-horta, ariramba-verdejararaca-dormideiramandi-pintadoperereca-azulpreá-da-índia, sabiá-laranjeira, seriema-de-pé-vermelhotamanduá-bandeiratatu-canastra/bolatucano-cachorrinhourutu-cruzeiro e muitíssimas mais denominações de bichos a que ao nome indígena original se acrescentou uma achega portuguesa. Em sapo-cururu tartaruga-aruanã,o tupi foi para o final. Em marimbondo-mangangá, o quimbundo africano ficou na frente. Mas em tucano-pacova tuiú-mirim só deu tupi – e esta abelha ainda tem outro nome indígena, iraí.

Os primeiros lusos a palmilhar o território do Brasil tomaram os animais em comparação com os que conheciam de outras terras ou deram aos locais nomes dos que lá existiam, a exemplo do papagaio, de que Pedro Álvares Cabral tinha um espécime de estimação na nau capitânia. Quando viram o ajeru, os índios “acenaram para a terra, como quem diz que os havia ali”, segundo o relato de Pero Vaz de Caminha. O escrivão, embora mais atento na flora (errou ao achar que mandioca era inhame), ainda citou outras aves, a exemplo de rolas e pombas-seixas, e camarões, a que os índios chamavam poti.

Os relatos de naturalistas, a começar do padre José de Anchieta e sua Carta de São Vicente, de 1560, contribuíram para substituir uma e outra designação do tupi por palavras portuguesas, pois se esforçavam para comparar os bichos com seus conhecidos do Velho Mundo. Às vezes recorriam a analogias, como chamar a cobra de cascavel por causa do guizo que ela tem no rabo, porque a palavra originária do provençal definia um chocalho. O padre Antônio Vieira, no Sermão da epifania, refere-se ao um incerto porco-montês, que em rigor é o javali, inexistente em nossa fauna, e talvez fosse o caititu. Mas a força e tradição da taxonomia indígena prevaleceram para designar a esmagadora maioria das estimadas 116 mil espécies da fauna do Brasil.

A que talvez seja a menor delas, coisinha de 1 mm, apesar de chamada carrapato-estrela, é um ácaro que causa terrível coceira testicular com o nome de tupi de mucuim (Amblyomma cajennense). A maior das espécies, a anta (300 kg, 2,5m), ficou mais conhecida pelo nome vindo do árabe, lamta, uma espécie de antílope, mas a denominação tupi tapir se impôs ao mundo e passou ao alemão, espanhol, francês, inglês, línguas escandinavas e até ao javanês (tapir) e italiano (tapiro), e ainda entrou no nome científico do animal, Tapirus terrestres. O nome árabe aportuguesado foi usado até pela corrente nacionalista do Modernismo (Plínio Salgado, Cassiano Ricardo, Menotti del Picchia), agrupada no Movimento Verde-Amarelo, que, apesar de exaltar os indígenas e o tupi como garantes da identidade nacional, fundaram o Grupo da Anta, ignorando tapir. As sátiras de Oswald de Andrade ao grupo teriam dado origem à lenda de que a anta é um animal estúpido.

Muitos nomes trocados pelos portugueses prevaleceram como exceções, aqui citadas em poucos exemplos: abutre (urubu), beija-flor e colibri (guanambi), cachorro-do-mato (graxaim), cachorrovinagre (janauí), cágado (jabuti), caranguejo (uaçá), carrapato-pólvora (mucuim), cascavel (boiquiraboicininga), cervo-do-pantanal (suaçuetê), cobaia ou porquinho-da-índia ou preá-da-índia (preá), cobra (boia), cobra-topete (surucucu), gaivota (atiati), gato-do-mato (maracajá), gavião-real ou harpia (acangoerauiraçu), gaviãotesoura (tapema), lontra (jaguacacaca), onça-d´água (ariranha), peixe-boi ou lamantin (guaraguá), ema (nandu), pomba (picaçu), papa-mel (irara), papagaio (ajeru), pato (ipeca), pernilongo (carapanã), porco-do-mato (caititu, que deu cateto), porco-espinho (coandu), ou preguiça (aígue), queixada (sabacutacuitétaguicatitaiaçu, tajaçu, tanhaçutanhocati), vagalume (uauá), veado (suaçu), vespa (caba). E ainda registre-se que o lobo-guará tem uma alcateia nominal só em português: lobo-de-crina, lobo-vermelho, lobo-de-juba.

As notas do real em circulação já imprimem essa substituição. A de R$ 1,00 leva a estampa do beija-flor, que em tupi é guanambi para as muitas espécies em voo. Na de R$ 2,00, aparece a tartaruga-de-pente (Eretmochelys imbricata), que os índios chamavam de iurucuá. Para a de R$ 5,00, ficou a garça-branca (Casmerodius albus), de origem obscura, que em tupi chamava guiratinga. Na de R$ 10,00, prevaleceu o nome indígena: arara (Ara chloroptera). Já na de R$ 20,00, mico-leão-dourado (Leontopithecus rosalia), o saguipiranga, macaco vermelho. A garoupa da nota de R$ 100,00, nome de várias espécies do gênero Epinephelu, era piracuca para os índios.

Pulamos a cédula de R$ 50,00 porque a onça-pintada merece destaque como um caso de etimologia desconcertante. Onça é palavra de origem francesa (once < latim °lyncea < lynx) que tomou o lugar da tupi jaguar – mas apenas no Brasil. Como ocorreu com anta, exportamos o termo autóctone que nomeia majestosa espécie de nossa fauna e importamos um estrangeiro para substituí-lo. Só que são animais diferentes. A confusão começou com os portugueses que chamaram os felinos do Brasil de linces, leopardos, panteras e tigres, animais que conheciam de outras colônias. Em Portugal havia um lince, Felis Pardina, também de couro pintado.

A substituição de jaguar por onça já começou na Arte de gramática da língua mais usada na costa do Brasil do padre Anchieta, para uso na conversão do gentio, manuscrita em 1555 e publicada em Coimbra em 1595: “Pedro jagoára ojucâ, Pedro matou a onça.” Na Carta de São Vicente, no entanto, Anchieta chamou o jaguar de pantera – e estava certo antes da palavra, pois pantera veio a designar o gênero de felinos de grande porte que inclui o jaguar (Panthera onca), o leão (Panthera leo), o tigre (Panthera tigris) e o leopardo (Panthera pardus) e ainda dá nome aos leopardos melânicos (Panthera pardus melas). Fernão Cardim, nos Tratados da terra e da gente do Brasil, se refere ao bicho “muito cruel, e feroz” como “onças, umas pretas, outras pardas, outras pintadas…” – já se verificando as distinções que ficariam consagradas.

Se no Brasil jaguar é onça, no francês é jaguar. Lá onça é uma pantera do Oriente, tal como registra o dicionário Robert: “Onça – Grande felino selvagem do Himalaia…” E a espécie brasileira? “Jaguar – Grande mamífero carnívoro da América do Sul.” Georges-Louis de Buffon, em Histoire naturelle, de 1868, é explícito ao definir jaguar: “Nome de um animal do Brasil que adotamos para o distinguir do tigre, da pantera, da onça e do leopardo”. Ou seja, jaguar (Panthera onca) e onça (Panthera uncia) são espécies diferentes, e esta é o leopardo-das-neves. A espécie parda (Felis concolor), suçuarana em tupi, também é chamada de leão-baio, onça-parda, onça-vermelha e pelo espanholismo < quéchua puma. 

Além de onça, a influência léxica francesa no português do Brasil foi tão grande que incluiu colibri para o beija-florlamantino, para o peixe-boi que os índios chamavam de guarabá e os jesuítas de boi-marinho, e ocelote para a jaguatirica. Nada de espanto, pois até fauna (faune) e flora (flore) vieram do francês. Se exportamos selva (selve), importamos floresta de forêt forest.

Os portugueses só não tiveram engenho e arte para renomear um fabuloso monstro que os índios diziam emergir do mar em busca de presas vivas – para beber-lhes o sangue e comer-lhes as vísceras. Talvez seja, ao lado da do boitatá, a primeira lenda brasileira, divulgada com tintas de veracidade pelo cronista-naturalista Pero de Magalhães Gandavo no Tratado da terra do Brasil (a1573), a partir da façanha de um certo Baltasar, que em 1564 teria abatido um de 15 palmos com sua espada e o exibido ao público na vila de São Vicente. Tiveram de se contentar com nome dado pelos índios, ipupiarade dentro da água.

A estampa do imaginário ipupiara iria bem numa nota falsa de três reais.

Étimo, que vem do Grego ‘etymon’, “sentido verdadeiro”

Escrito por Eduardo Affonso

Ele desaba para um lado, com o suor escorrendo na testa.
Ela toma fôlego, e murmura, ainda arfante.

– Uau! Você foi formidável…

– Sério? Tão ruim assim?

– Não. Foi formidável. Sensacional.

– Ah, tá. É que “formidável” vem do latim “formidabilis, e significa “o que causa medo, terrível”.

– É? Não sabia. O que eu quis dizer é que você foi bárbaro.

– Desculpe. Não quis ser grosseiro com você.

– Mas não foi!

– Você disse que fui bárbaro. E bárbaro, do grego “barbaros”, quer dizer “estrangeiro, estranho, ignorante”.

– Imagina! Eu te achei ótimo. Um homem com pegada, porém intelectualmente sofisticado…

– Como assim? Eu não sou falso!

– Não falei que você é falso!

– Falou. Disse que sou sofisticado, e “sofisticado” vem de “sophisticare”, que é o mesmo que “alterar, adulterar, modificar com má intenção”, e de onde, inclusive, vem a palavra “sofisma”.

– Não! Eu quis dizer é que você é um homem ao mesmo tempo viril e fino (no bom sentido, claro!), do tipo que a gente não pode deixar escapar.

– Mas eu não estou usando capa.

– Hã?

– “Escapar” vem do latim “excappare”, de “ex” (movimento para fora) + “cappa” (capa) e o sufixo “are” (que indica ser um verbo). Ou seja, escapar é livrar-se da capa. A menos que você se refira à camisinha…

– Não, não. Já estou até arrependida de ter pedido para você pegar essa famigerada dessa camisinha.

– Mas famigerada – que é uma palavra latina, composta de “fama” + “gerere” – quer dizer algo afamado, que goza de boa reputação. E saiba que achei você muito esquisita

– Esquisita? Eu? (Cata as roupas no chão). Tô fora!

~ Espere! “Esquisito” tem origem no latim “exquisitus“, “procurado com atenção”, portanto, “de escolha especial, coisa muito boa” e… (ela bate a porta). Droga, de novo!

~

Moral da história: nunca vá para a cama com um etimologista. Ele sempre dará um jeito de explicar a origem das palavras – e acaba por complicar tudo. Aliás, “complicar” e “explicar” têm a mesma raiz, do latim “plicare” (ato de dobrar um papel), com os prefixos “com” (em companhia de) ou “ex”(para fora de), e é de onde também vieram suplicar, duplicar, explicitar e até de “cúmplice”, no sentido de… ok, deixa pra lá.

[Fonte: http://www.eduardoaffonso.com]

 

 

ne plus rien comprendre

Origine et définition

Cette expression, dont le sens actuel date du XXe siècle, a eu diverses formes et significations.
Le latin était la langue du Latium (ou Lazio, en italien), cette région d’Italie où se trouve Rome.
À une lointaine époque, dans ce qui allait devenir notre pays, le latin était la langue principalement écrite maîtrisée par les érudits, les savants et les ecclésiastiques, opposée à la langue parlée vulgaire, le roman.
Au XIVe siècle, « perdre son latin » s’appliquait bizarrement aux oiseaux, incapables de parler le moindre langage, comme n’importe quel autre animal.
Au XVIe, la locution signifie aussi bien « renoncer à comprendre », montrant ainsi la difficulté de cette langue pour un Français, que « ne plus savoir que faire, ni que dire » et qui s’exprimait aussi sous la forme « être au bout de son latin ».
Elle a également été utilisée aux XVIIIe et XIXe siècles pour dire « perdre son temps et sa peine, travailler inutilement à quelque chose ».
Autant dire que ce latin, pourtant indispensable pour comprendre l’étymologie de beaucoup de nos mots, a toujours porté une connotation négative, probablement liée à sa difficulté d’apprentissage et au clivage qu’il matérialisait entre les érudits et les autres.

Exemples

« Alain Rey, le plus célèbre des linguistes, lance un pavé dans la mare en proposant dans son Petit Robert 2009 des mots écrits d’une manière différente de celle des autres dictionnaires. Son but : simplifier notre langue. De quoi en perdre son latin ! »Le Parisien – Article du 27/09/2008
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Variantes

  • Perdre son patin

Comment dit-on ailleurs ?

Langue Pays Expression équivalente Traduction littérale
Allemand Allemagne mit seinem Latein am Ende sein être au bout de son latin
Anglais Angleterre it’s double Dutch to me

pour moi, c’est du hollandais multiplié par deux

Anglais États-Unis it’s all Greek to me c’est du grec pour moi
Anglais États-Unis To be thrown for a loop Être lancé en boucle
Anglais États-Unis

to be unable to make heads or tails of something

ne pas pouvoir dire à pile ou face
Anglais Angleterre

i can’t make head nor tail about it

je ne peux faire ni tête ni queue à ce sujet

Espagnol Argentine estar en bolas être en boules
Espagnol Équateur no entender ni papa non comprendre pas la patate
Espagnol Espagne no entender ni jota ne même pas comprendre le j
Espagnol Espagne perder el oremus perdre l’oremus
Espagnol Panama no entender ni papa ne comprendre même pas la patate
Français Canada pour moi, c’est du chinois c’est à ne rien comprendre
Hébreu Israël לא הבין מאומה je ne pouvais pas le comprendre
Hébreu Israël לא ירד לעומקו של עניין il n’a pas été profondément exaspéré
Hébreu Israël לא הבין כלום je n’ai rien compris
Hébreu Israël לא הבין כלום בעניין ne comprenait rien à ce sujet
Hébreu Israël לא הבין דבר וחצי דבר ne comprenait rien et demi
Italien Italie non capirci un accidente n’y comprendre rien
Italien Italie non capire un cazzo ne pas comprendre une bite
Italien Italie non capire un fico secco ne pas comprendre une guigne
Néerlandais Belgique aan het eind van zijn Latijn zijn être au bout de son latin
Néerlandais Belgique

met zijn mond vol tanden staan

se trouver la bouche pleine de dents
Néerlandais Pays-Bas dat is latijn voor mij ça c’est du latin pour moi
Néerlandais Pays-Bas de draad kwijtraken perdre le fil
Néerlandais Pays-Bas de kluts kwijtraken perdre la tête
Néerlandais Pays-Bas het spoor bijster zijn ayant perdu la piste
Portugais Brésil não entender bulhufas n’y rien comprendre

[Source : www.expressio.fr]

Il existe une région du monde où les femmes ont toujours joué un rôle majeur : l’Amazonie. Ce sont elles en effet qui ont fait resurgir le glorieux passé de ce territoire vaste de sept millions de kilomètres carrés, révélant les connaissances en ingénierie et le savoir scientifique exceptionnel des tribus de la forêt.

Stephen Rostain, archéologue et grand spécialiste de l’Amazonie, offre une galerie de portraits de ces pionnières dans son livre « Amazonie, l’archéologie au féminin » sorti aux Éditions Belin. Nous vous en proposons ici un extrait, dans lequel l’auteur plante le décor en revenant sur le mythe des Amazones.

Dans cette fiction du XIXᵉ siècle, la valeureuse Amérindienne Tikuna défend son infortuné mari d’un jaguar, acquérant ainsi le statut de « descendante des Amazones » (gravure Riou 1875).


Le mythe des Amazones remonte à l’antiquité, quand les philosophes grecs décrivaient et dissertaient sur des pays qu’ils n’avaient pas vus. Homère lança la première salve littéraire sur le sujet, au VIIIe siècle avant J.-C. On situait la patrie de ces femmes guerrières sur les rives de la mer Noire, parfois également en Turquie, en Asie Mineure ou en Lybie. Tous les auteurs s’accordaient à les décrire comme belliqueuses, adroites cavalières et habiles au maniement des armes, essentiellement l’arc et les flèches, la lance, un petit bouclier en demi-lune et même la hache. Leur autre caractéristique était de vivre sans hommes, ceux-ci étant asservis ou utilisés occasionnellement comme procréateurs, pour ne garder que les enfants filles.

C’est en référence aux femmes guerrières des textes classiques, représentées sur ce cratère antique se battant contre des Grecs, que l’Amazonie fut baptisée.

 

La geste hellène était riche de leurs aventures, souvent belligérantes, avec les hommes. Nombreux étaient les héros grecs – Héraclès, Achille, Thésée, Bellérophon, Priam, Alexandre le Grand, etc. – qui tombèrent sous leurs charmes. Dans ces relations de haine/amour, l’Amazone, généralement une reine, finissait souvent par mourir. En effet, le récit de ces femmes indépendantes et périlleuses visait surtout à condamner cette puissance matriarcale et devait donc obligatoirement s’achever par la défaite et la mort de la protagoniste excentrique (même si on ne peut nier qu’elles étaient parfois présentées sous un jour plus positif). Tout héros qui se respectait devait avoir combattu les Amazones, dont le sort était de toutes les façons scellé puisqu’elles étaient systématiquement vaincues dans les mythes.

De telles hérésies sociétales étaient hautement condamnables dans le monde égéen classique. Dans cette civilisation antique misogyne, les Amazones étaient surtout vues comme des guerrières avant d’être considérées en tant que femmes, l’association des deux qualités étant de toute façon inacceptable. Cette utopie inversée représentait l’aspect le plus barbare de l’humanité. Impossible d’échapper à la fatalité pour ces filles du dieu de la guerre Arès et d’une nymphe.

Alors, les Amazones antiques n’étaient-elles qu’un mythe déclamé par de vieux philosophes avinés ? Peut-être pas, car de fastueuses tombes de femmes archères et cavalières, datées entre 600 et 200 avant J.-C., ont été mises au jour par les archéologues en 2012 à la frontière entre la Russie et le Kazakhstan. Les cimetières sauromates contiennent jusqu’à 20 % de tombes féminines avec des armes. Plus à l’ouest, cette proportion monte à 27-29 % chez les Scythes. Les femmes guerrières ont bien existé. En outre, des fémurs déformés prouvent la pratique intensive de l’équitation. Pas de doute, sous l’impulsion de l’archéologie, la mythologie occidentale a rencontré la réalité orientale dans les steppes russes.

La naissance du mythe équatorial

C’est donc nourris de textes classique et religieux que s’engagèrent les conquistadors vers les basses terres orientales d’Équateur en février 1541. Face à la réalité tropicale sylvicole, ils déchantèrent. Épuisés, perdus et affamés, les survivants s’interrogèrent. Un commando fut alors envoyé en pirogue en aval sous l’autorité de Francisco de Orellana. Emportés par le courant et harcelés par les Amérindiens, ils ne purent revenir à leur point de départ et poursuivirent leur navigation pendant près de neuf mois, jusqu’à atteindre l’embouchure de l’Amazone.

Une des premières gravures des Amazones tropicales, bien armées comme il se doit.

 

Les détails de cette épopée furent retranscrits par le Père Gaspar de Carvajal, qui donna un vernis brillant à son texte. Ce lascar de prêtre avait certes une imagination fertile, qu’il mit au service d’une narration arrangée pour faire passer ce qui s’assimile à une désertion pour un haut fait d’abnégation et de découverte. Pour cela, il prit des libertés certaines avec les chiffres et les faits. Ainsi, fit-il scintiller une lamentable fuite clochardesque en tentant de vendre des vessies pour des lanternes. Une douzaine de femmes accompagnant les hommes en bataille, une foi inébranlable dans les déclarations d’un autochtone parlant une langue inconnue mais pressé de répondre par les Espagnols, quelques réminiscences un peu trop fidèles à un fameux mythe grec, des contradictions vite balayées, un zest d’extrapolation, et ça y est, un nouveau peuple féminin tropical était né, acté et baptisé. Il était une « foi » une histoire écrite à l’eau bénite. La fructueuse recette hollywoodienne « sexe + violence + fortune » fonctionnait déjà à merveille.

Alors, un récit exagéré, probablement ; un texte machiavélique, certainement. L’homme de Dieu a su mettre en scène son témoignage jouant sur la fascination érotique des Amazones : la femme s’oppose à l’homme, la barbarie à la civilisation. Pourtant, il ne faut pas jeter le texte du curé avec l’eau du bénitier car, nous le verrons plus loin, il contient des informations exceptionnelles, en partie confirmées par les recherches récentes.

On n’a pas pardonné à Gaspar de Carvajal et, à travers lui, à Francisco de Orellana, de s’être écarté du chemin si pratique du mythe pour témoigner de ses observations. Le merveilleux est évidemment plus séduisant que le réel. C’est un peu comme le paradoxe d’aujourd’hui, où de moins en moins de personnes acceptent l’existence en Dieu alors qu’elles sont toujours plus nombreuses à croire au Diable. Dès les premières lectures de la chronique du scribe de cette aventure amazonienne, l’Espagne du XVIe siècle mettait déjà en doute la véracité de la chronique. Pour beaucoup, il était évident que le prêtre cherchait avant tout à sauver sa tête et celle de ses compagnons pour leur faute, celle d’avoir abandonné leur chef en territoire hostile sur le Napo, en Équateur. Comment croire en l’existence de villages entiers de « Sauvages », de cette force militaire redoutable qu’ils représentaient et de cette abondance dans laquelle ils vivaient.

Bien que ce rite hystérique d’humiliation de la tête des vaincus chez les Chiriguanos se passe en Amazonie bolivienne près de 350 ans après l’expédition de Francisco de Orellana, la dramatisation de cette scène d’une douzaine de femmes en furie n’est pas sans faire penser au témoignage de Gaspar de Carvajal sur les Amazones. A. Thouars, 1884.

Tout simplement inimaginable lorsque considérait encore que l’Amazonie pouvait être un avatar du Paradis ou de l’Enfer terrestres. Si l’éventualité du dynamisme humain et culturel de ces Tropiques était sujette à caution, personne en revanche ne songeait à contester la possibilité d’existence de femmes guerrières.

Parfaitement congrues dans la continuité d’une conception d’un Nouveau Monde conjuguant la tradition classique grecque et l’idéal chrétien, la présence d’Amazones était tout aussi logique que celle de monstres de tout poil : hommes-chien, Indiens Longues-oreilles, Acéphales, Cannibales, Sirènes, etc. Bien qu’horrifiée par l’hérésie d’une société matriarcale extrême, l’Europe ne doutait pas de leur réalité, là-bas, dans ces terres inconnues lointaines. Il faut dire que Christophe Colomb lui-même en avait parlé. Il écrivait dans son Journal de bord le 6 janvier 1493, qu’un Amérindien lui rapporta que « là, vers l’est, il y avait une île habitée seulement par des femmes », appelée Martinino (l’actuelle Martinique).

« Rivière des Amazones », détail de la carte de l’Atlantique. P. de Vaulx, 1613.

Malgré la faiblesse du témoignage, confortant les dires de Marco Polo sur l’Asie, l’esprit de l’Amiral de la mer Océane s’enflamma et sa plume s’envola. Il ressortit alors comme certitudes les poncifs habituels : activité guerrière, armement d’arc et de flèches, armure de lames de cuivre, etc. Avec un tel adoubement, pas étonnant que ses successeurs s’attendissent à rencontrer es Amazones dans la grande forêt pluviale. Ils pressaient d’ailleurs de questions à leur sujet les Amérindiens qui, prompts à complaire ces envahissants envahisseurs tout en s’en débarrassant, leur confirmaient leur existence en les localisant au plus loin.

Prisonnier au XVᵉ siècle des Tupinambas cannibales de la côte du Brésil, Hans Staden est confié aux mains des femmes du village. Ce genre d’image issu du livre qu’il publia après s’être échappé a pu alimenter la légende de sauvagerie des Amazones dans les récits ultérieurs. H. Staden 1557.

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Après le retour

Que devinrent les inventeurs – pris évidemment ici dans le respect du sens étymologique de découvreurs – des Amazones tropicales : le chef de la troupe et le scribe religieux ?

Après son aventure fluviale, Francisco de Orellana rentra en Espagne où il fut accusé de trahison par Pizarro. Grâce au témoignage bienveillant du prêtre, il échappa au courroux de la couronne espagnole et fut absout. Il organisa une nouvelle expédition vers l’Amazone, mais manquant de fonds, il se lança dans la piraterie pour compléter son petit pécule. Il mourut sur l’Amazone en 1546, comme presque tout son équipage d’alors.

L’ouvrage est paru aux éditions Belin. Éditions Belin

Gaspar de Carvajal fut plus chanceux. De retour au Pérou, on le nomma vice-prieur du couvent de San Rosario, à Lima. En 1550, il fut envoyé à Tucuman, en Argentine, en qualité de « protecteur des Indiens » et revint au Pérou en 1557 pour devenir le supérieur de son ordre religieux. Il se dédia alors à plaider auprès du roi d’Espagne la cause des Amérindiens maltraités dans les mines et cela jusqu’à sa mort à Lima en 1584, à l’âge canonique de 84 ans.

Toutefois, dans les siècles suivants, ses écrits sur les Amazones allaient faire des émules, tout aussi imaginatifs que lui, qui firent vivre encore longtemps le mythe des Amazones.

 

[Source : http://www.theconversation.com]

Por qué es necesario ajustar el lenguaje al momento societal presente

Escrito por Trisharemiseiro

El cansancio que me produce el uso continuo del término « patriarcado » en el ámbito género como lanzadera de conflicto, es notable. Su reduccionismo englobando distintos aspectos que tienden al uso cómodo repetido sin sustancia ni materia que lo avale en fondo ni superficie, repetido hasta la saciedad por voces autorizadas o no, comienza a saturar.

El patriarcado como concepto mal usado desvirtúa la realidad, está carcomido y es inválido en lo pretendido, si bien cierto cuando se utiliza circunscrito y con conocimiento de causa, no como insulto o ataque.

Opino que es otro concepto el que sí debiera propagarse, debatirse, mencionarse: el KIRIARCADO.

El por qué no está tan presente en el ámbito de los derechos intergénero obedece bien al desconocimiento del mismo, bien a una conveniente focalización en un punto de vista rivalista, negativo, dual y tergiversado -por tanto interesado, demarcativo y separatista- que solo contribuye a generar desconcierto, odio y sinrazón.

El patriarcado como concepto mal usado desvirtúa la realidad, está carcomido y es inválido en lo pretendido

No me gusta lo que se está divulgando ni en qué está derivando la lucha por los derechos de la mujer desde el punto de vista del uso de los conceptos, ideas o términos.

El KIRIARCADO deja obsoleto al PATRIARCADO precisamente en ese sentido. Ajusta la situación, la redefine abarcando la horizontalidad en cuanto a la opresión y no solo la verticalidad de poder, abarca todas aquellas situaciones en las que un individuo puede ser objeto de daño. Desde el punto de vista de los derechos de la mujer no la victimiza porque víctima se es por hecho, no por definición, y porque la victimización adulterada actual tal cual se promulga no ayuda, está malversada, no puede contribuir más que a la confusión. No nos convierte en santas ni mártires sino en eje fundamental de la sociedad junto a otros muchos igualmente necesarios, no transforma al hombre en enemigo porque no lo es. La radicalización del término desde ciertos sectores conduce a ello, inexplicablemente.

Incluso en su formación etimológica, el KIRIARCADO sitúa, actualiza, revisa, moderniza, incluye y enfatiza.

Todo cambio necesita un ajuste. Seguir usando (mal) a todas horas términos oblicuos como el de « patriarcado » puede que no cause un gran daño, pero tampoco consigue mucho más allá que un movimiento fisiológico con excesiva salivación y, en algunos casos, poca codificación neurológica a tal fin.

 

[Fuente: http://www.globedia.com]

La idea actual en español entronca con la primera fase del liberalismo (siglos XVII y XVIII), cuando este movimiento se caracterizaba por la tolerancia religiosa y el individualismo

Acto de campaña del Partido Liberal Demócrata de Reino Unido, en mayo de 2019.

Acto de campaña del Partido Liberal Demócrata de Reino Unido, en mayo de 2019.

Escrito por ÁLEX GRIJELMO

La palabra “liberal” prestigia cuanto toca porque desde el latín lleva dentro los cromosomas de liberliberaliberum, la idea del ser libre de la que nace la abstracción libertaslibertatis: libertad.

Aquella base latina dio en inglés liberalism; en francés, libéralisme; en alemán, Liberalismus; y en italiano y en español, liberalismo. Y con esos significantes se nombró en cada idioma la doctrina que defendía la libertad en el terreno político.

La idea actual de “liberal” en español entronca con la primera fase del liberalismo (siglos XVII y XVIII), cuando este movimiento se caracterizaba por la tolerancia religiosa, por el individualismo y por la teoría de que la búsqueda del bienestar propio conduce al bienestar común. Una concepción a la que se opondría más tarde la visión estatista (socialdemócratas, socialistas, comunistas…) que propugna una preponderante intervención del Estado en la economía, frente al papel residual y la escasa fiscalidad que éste debería tener según los primeros liberales.

En Estados Unidos, sin embargo, la evolución de “liberal” (el significante coincide en español y en inglés) se desvió hacia 1930 por otros derroteros, seguramente para evitar la entonces desprestigiada palabra “socialista”, cuyo lugar ocupó; porque allí liberal se refiere ahora a quien muestra posiciones progresistas basadas en la primigenia idea sobre la libertad de los individuos pero compatible con una mayor presencia del Estado en la economía. Esas posiciones incluyen el apoyo al divorcio, al aborto, a la homosexualidad, a la teoría de Darwin… Y también hoy en día, por ejemplo, a la ayuda sanitaria estatal a la población desfavorecida. En definitiva, es lo que en Europa se considera progresismo o socialdemocracia.

Sin embargo, el texto del norteamericano Michael Walzer que se publica en estas páginas incorpora a “liberal” una vieja acepción acuñada en el término inglés liberal: tolerante. Los republicanos también podrían ser liberales, pues un liberal es quien no ocupa todo el espacio disponible, quien deja un lugar a los demás. Hay “republicanos liberales”, dice Walzer, que defienden una sociedad pluralista, un sistema judicial independiente, una democracia constitucional, el respeto a los otros. Porque los seres razonables, como señaló el filósofo liberal John Locke, sostienen sus opiniones con cierta dosis de duda.

Un liberal sería así, en la visión de Walzer, la persona con la que se pudiese dialogar fácilmente.

Y a eso podría ayudar, desde luego, que el otro interlocutor fuera también una persona liberal.

 

[Foto: BEN STANSALL/AFP/GETTY IMAGES / AFP VIA GETTY IMAGES – fuente: http://www.elpais.com]

Exigimos compromissos políticos que detenham a escalada do populismo, da violência, da xenofobia – de todos esses reflexos primitivos, retrógrados, obscurantistas, destrutivos e abjectos.

A todos os cidadãos portugueses, à sociedade civil, aos professores das escolas e das universidades, apelamos a que se distanciem de projectos e movimentos antidemocráticos e ajudem na consciencialização das novas gerações para a urgência dos valores humanistas e para os riscos das extremas-direitas; aos órgãos de justiça, que investiguem, processem e condenem os interesses económico-financeiros que se servem dos novos populismos para, a coberto da raiva e da intolerância, acentuarem as desigualdades de que sempre se sustentaram; às autoridades policiais e aos seus agentes, que se abstenham de condescender com movimentos e acções promotores da exclusão, da discriminação e da violência; à comunicação social, que assuma com veemência o seu papel de contraditório e de defesa da verdade; aos partidos políticos, que sejam capazes de recuperar os princípios esquecidos no decurso do jogo partidário de vocação eleitoral; ao Presidente da República, à Assembleia da República e ao Governo, que exerçam um escrutínio rigoroso da constitucionalidade e assegurem que o fascismo não passará.

Na certeza de que, como sempre nos mostrou a História, quem adormece em democracia acorda em ditadura,

os escritores de língua portuguesa:

Adélia Carvalho

Adriana Lisboa

Afonso Borges

Afonso Cruz

Alexandra Lucas Coelho

Alexandre Andrade

Alice Vieira

Almeida Faria

Álvaro Laborinho Lúcio

Álvaro Magalhães

Amosse Mucavele

Ana Bárbara Pedrosa

Ana Cristina Silva

Ana Luísa Amaral

Ana Margarida de Carvalho

Ana Marques

Ana Pessoa

Ana Saldanha

Ana Saragoça

André de Leones

Andréa del Fuego

Andrea Zamorano

Andreia Azevedo Moreira

António Borges Coelho

António Cabrita

António Ladeira

António Mota

António Tavares

Bernardo Carvalho

Carlos Campaniço

Carlos Nogueira

Carlos Tê

Carlos Vale Ferraz

Catarina Santiago Costa

Catarina Sobral

Chico Buarque

Chissana M. Magalhães

Cláudia Lucas Chéu

Conceição Lima

Cristina Drios

David Machado

Diniz Borges

Domingos Lobo

Eileen A. Barbosa

Elsa Caetano

Eric Nepomuceno

Evandro Affonso Ferreira

Fabrício Corsaletti

Filinto Elísio

Filipa Martins

Francisco José Viegas

Francisco Resende

Fundação José Saramago

Gabriela Silva

Gonçalo Cadilhe

Gregório Duvivier

Helder Macedo

Helena Vasconcelos

Hélia Correia

Henrique Manuel Bento Fialho

Hugo Gonçalves

Inês Pedrosa

Isabel Minhós Martins

Isabel Olivença

Isabel Rio Novo

Isabel Zambujal

Isabela Figueiredo

Itamar Vieira Júnior

Jacinto Lucas Pires

Jaime Rocha

Jamil Chade

Joana Bértholo

Joana M. Lopes

João Cezar de Castro Rocha

João de Melo

João Paulo Cotrim

João Paulo Cuenca

João Pedro Porto

João Pinto Coelho

João Ricardo Pedro

João Tordo

Joel Neto

Jorge Serafim

José Anjos

José Carlos Vasconcelos

José Eduardo Agualusa

José Fanha

José G. Neres

José Jorge Letria (escritor e presidente da SPA)

José Luís Peixoto

José Manuel Mendes

José Mário Silva

José Pinto

Juca Kfouri

Julián Fuks

Júlio Machado Vaz

Leonor Sampaio Silva

Lídia Jorge

Lúcia Bettencourt

Lucílio Manjate

Lucrecia Zappi

Luís Almeida Martins

Luís Carlos Patraquim

Luís Carmelo

Luís Corredoura

Luís Fernando Veríssimo

Luís Quintais

Luís Rainha

Luísa Costa Gomes

Luísa Ducla Soares

Luíz Filipe Botelho

Luiz Ruffato

Madalena B. Neves

Madalena San-Bento

Manuel Alberto Valente

Manuel Jorge Marmelo

Manuela Costa Ribeiro

Márcia Balsas

Margarida Fonseca Santos

Margarida Vale de Gato

Maria do Rosário Pedreira

Maria Manuel Viana

Maria Valéria Rezende

Mário Cláudio

Mário de Carvalho

Mário Loff

Marta Bernardes

Mary del Priore

Mia Couto

Miguel Real

Miguel-Manso

Milton Hatoum

Mónia Camacho

Nara Vidal

Nazir Ahmed Can

Nélida Piñon

Nilma Lacerda

Noemi Jaffe

Nuno Camarneiro

Olga Santos

Olinda Beja

Ondjaki

Onésimo Teotónio Almeida

Patrícia Melo

Patrícia Portela

Patrícia Reis

Paula de Sousa Lima

Paulo Kellerman

Paulo M. Morais

Paulo Moura

Paulo Scott

Pedro Loureiro

Pedro Meira Monteiro

Pedro Pereira Lopes

Pedro Vieira

Pepetela

Possidónio Cachapa

Raquel Varela

Renato Filipe Cardoso

Ricardo Fonseca Mota

Ricardo Ramos Filho

Richard Zimler

Rita Ferro

Rita Taborda Duarte

Rodrigo Guedes de Carvalho

Rosa Freire D’Aguiar

Rui Cardoso Martins

Rui de Almeida Paiva

Rui Lage

Rui Manuel Amaral

Rui Zink

Ruth Manus

Sandro William Junqueira

Sérgio Godinho

Sérgio Nazar David

Sidney Rocha

Susana Moreira Marques

Tânia Ganho

Tatiana Salem Levy

Teolinda Gersão

Teresa Rita Lopes

Tiago Rodrigues

Tiago Salazar

Tom Farias

Valter Hugo Mãe

Vanda R. Rodrigues

Vera Duarte

 

[Foto: RUI GAUDÊNCIO – fonte: http://www.publico.pt]

Miguelanxo Prado intérnase no fantástico con «O pacto do letargo»

A imaxe principal de «O pacto do letargo» e dúas páxinas dá obra.

Por XESÚS FRAGA

A liña que separa os mundos do real e o imaxinario pode ser moi feble mais tamén invisible. Porén, se un ten a ollada adestrada, pode albiscar sinais que permiten intuír e mesmo acceder a universos de fabulación. Símbolos coma os trísceles, palabras escritas con alfabeto rúnico -non en van a súa etimoloxía remite a «misterio»-, dolmens e antas, forman parte deses códigos e figuran, dun xeito ou outro, no novo cómic de Miguelanxo Prado (A Coruña, 1958).

O pacto do letargo. O tríscele roubado supón unha incursión nese eido do fantástico, que o autor relaciona con ese «balance constante entre o real e o imaxinario» que caracteriza a obra de Cunqueiro, entre outros, así como unha certa idea panteísta que está presente na cultura galega. Hai, de fondo, unha reflexión de carácter ecoloxista, aínda que Prado subliña que «hai xente máis combativa e que fai ese traballo moito mellor» e que a súa historia busca «atopar unha especie de denominador común» para reflexionar arredor da relación dos humanos coa natureza. «Hai moito que discutir nisto, pero hai datos dos que non se pode escapar: as especies que se extinguiron pola acción humana, por exemplo; fomos nós», sostén. O pacto do letargo nin lanza consignas nin prédicas, senón que emprega a aventura e o marabilloso para «remover esa conciencia común» sobre as nosas relacións como especie co entorno. «O obxectivo ideal sería que un negacionista tivese dúbidas», sorrí.

Prado sorrí de novo ante a comparación de Ou pacto do letargo coa película A princesa Mononoke -que leva implícita outra comparación, co mestre Miyazaki-, pero o símil é válido no uso do fantástico para abordar unha relación conflitiva entre humanos e natureza, con símbolos da cultura xaponesa que neste caso chegan da galega. Trísceles e dolmens, figuras como a do demo -cun papel destacadísimo na historia-, que funcionan «case coma unha sinaléctica, balizas que sitúan de xeito moi rápido» e que transfiren parte da súa significación a lectores alleos. «Nós medramos cos dolmens e forman parte da nosa paisaxe cultural. Quizais un australiano non os identifica como tal, pero posúen unha transcendencia e se pode intuír o seu valor, o seu carácter místico. Temos unha especie de sensibilidade compartida, uns referentes globais, e reaccionamos de xeito semellante», reflexiona o historietista.

Outro trazo característico de Ou pacto do letargo é a súa proposta estética, que se axeita ao seu contido. «Tiña claro que non quería volver a un tratamento tan pictórico como en Ardalén», recoñece o debuxante, quen no seu libro anterior, Presas fáciles, acompasou un expresivo uso do branco e negro á investigación policial que relata. Os criterios que segue para a formulación visual permiten achegarse tamén á súa concepción artística. «Volvín trazar con liña de tinta, algo que, curiosamente, elimina parte da emotividade do discurso, que era central en Ardalén», describe. «A liña obxectiviza e a mancha é máis subxectiva, deixa espazos á interpretación do lector», engade. A cor tamén desempeña un papel importante, non tanto como en Ardalén, onde páxinas e viñetas se enmarcaban en tons intencionados, pero si responde á historia, onde destacan o verde, os penedos e a auga. O deseño de personaxes, cun tratamento «pétreo», completa a proposta artística.

Diversas edicións internacionais

O pacto do letargo xa iniciou a súa andaina internacional, con edicións en francés, holandés e portugués. En agosto aparecerá en castelán (Norma) e galego (Retranca), lingua na que tamén aparecerán algúns materiais adicionais á obra. Está prevista unha presentación no marco do salón coruñés Viñetas desde o Atlántico, que este ano celebrará unha edición máis reducida entre os días 17 e 23 de agosto, mentres que a distribución en librerías será a partir do 27 deste mesmo mes.

Á volta do verán aparecerá a edición alemá e xa está en preparación a italiana, aínda sen data de publicación. Miguelanxo Prado encargouse da rotulación das edicións castelá e galega, así como da francesa, pero preferiu non repetir a experiencia esgotadora de Ardalén: as palabras de todas as versións no alfabeto latino saíron da súa man, mesmo en linguas que inclúen grafías ás que non estaba afeito e que supuxeron todo un reto.

Estes días Prado traballa nun novo caso dos inspectores Tabares e Sotillo, que fixeron a súa primeira aparición en Presas fáciles. Se naquela historia o argumento xiraba arredor dos casos das preferentes e os desafiuzamentos, o historietista buscou de novo inspiración na actualidade, xa que o cómic en curso aborda a pornografía infantil. Unha actividade criminal e dunha catadura moral da peor clase, á que Prado se achega non na súa parte máis «arrepiante», senón nesas «contornas que favorecen esa clase de feitos».

 

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

 

Escrito por Alfonso López Quintás, de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas.

 
El conocimiento, aunque solo sea mediano, del griego y el latín nos abre innumerables puertas en la vida cultural. A San Agustín se atribuye, profusamente, la frase «Ama y haz lo que quieras», y se da por hecho que la versión original es « ama et quod vis fac». Esta formulación ha desquiciado la idea original y causado no leves malentendidos. El genio del obispo de Hipona les salió al paso escribiendo: « Dilige et quod vis fac», ama con el amor expresado por el término «dilectio» –amor oblativo, generoso–, y lo que quieras hazlo tranquilo, pues amando de este modo no puedes sino hacer el bien: « Dilige, et non potes nisi bene facere». Esta matización es ineludible, y se puede hacer con un conocimiento somero del latín.
Te maravillan las armonías de la polifonía romana, con el genial italiano Pierluigi da Palestrina y el insigne español Tomás Luis de Victoria. Pero, si no captas el texto latino, con su peculiar expresividad, no entrarás en el reino de lo sublime en que ellos se movían. Algo semejante, pero todavía más relevante, si cabe, podemos decir de las cantatas barrocas de Schütz y Bustehude, y las grandes misas de Bach, Mozart y Beethoven. No es suficiente leer una traducción del texto, pues las traducciones no suelen reflejar la musicalidad del original. Hay que percibir el sorprendente valor expresivo del conjunto de música y texto. Oye atentamente el Agnusdei de la Missa solemnis de Beethoven y verás la vibración que adquieren los distintos vocablos del texto: agnus, tollis, miserere… No puedes figurarte en qué medida crecería tu gozo si pudieras advertir cómo se complementan el texto y la melodía en todo tipo de música desbordante de sentido.
Te gusta viajar y conocer ciudades. Vas, por ejemplo, a la gran Roma y contemplas los diversos arcos de triunfo, memorial perenne del imponente Imperio Romano. Si entiendes las inscripciones que figuran en ellos, se ensancha tu horizonte espiritual de visitante. En caso contrario, verás la ciudad a lo largo y a lo ancho, pero no a lo profundo. Tu mirada se quedará a las puertas de la gran cultura. Esas puertas te las hubiera abierto el conocimiento del latín.
Elevémonos a las cimas del pensamiento y supongamos que te gusta penetrar en la historia de las ideas que determinaron la marcha de la humanidad hasta el día de hoy. Te verás frenado penosamente si, por desconocer el latín, no puedes adentrarte en el mundo intelectual de mentes privilegiadas –juristas, filósofos, científicos, historiadores, literatos…–, como Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Ockam, Descartes, Copérnico, Leibniz, Francisco de Vitoria, Francisco Suárez… ¿Qué puede saber de primera mano sobre la Edad antigua, la Media y la Moderna de España –al menos hasta el siglo XVIII– el que no conoce el latín? ¿Cómo puede un filósofo del derecho sumergirse en ese monumento de sabiduría y gloria de España que es el Corpus hispanorum de pace si no tiene un conocimiento siquiera mediano del latín eclesiástico?
Los hispanohablantes venimos del latín y del griego. No conocerlos es ignorar nuestro origen y quedarnos en buena medida sin raíces. La pérdida que esto significa para nuestra vida intelectual resalta cuando estudiamos el origen de nuestros vocablos españoles, es decir, su etimología. Es una delicia analizar, por ejemplo, la palabra «autoridad» y descubrir que procede del verbo latino augere, que significa promocionar, aumentar. Tiene autoridad, aunque no disponga de mando, el que, con sus aportaciones, nos enriquece en uno u otro aspecto y nos eleva a niveles de mayor calidad. Por eso el que ejerce la autoridad, vista de esta forma, no irrita; suscita agradecimiento.
Si sabemos que «recordar» se deriva del sustantivo latino «cor» (corazón) y significa «volver a pasar por el corazón» –es decir, traer de nuevo a la existencia–, descubrimos un hecho de suma importancia: que la memoria no se reduce a un mero almacenaje de datos, antes presenta un carácter eminentemente creativo. Al enterarnos de que el vocablo generosidad procede del verbo latino generare (engendrar, promover), cobramos una idea lúcida de la fecundidad de este concepto decisivo. Es generoso el que da vida, el que la incrementa y lleva a plenitud. Si quieres conocer a fondo el significado de la fidelidad, te basta descubrir que está emparentado con los términos fe, fiable, confianza, confidencia que se apoyan en la misma raíz latina fid, y, bien articulados entre sí, hacen posible el encuentro, que –como sabemos– constituye uno de los ejes decisivos de nuestro desarrollo personal. Sin esta clarificación radical podemos merodear largo tiempo en torno al secreto de nuestro crecimiento como personas y no adentrarnos nunca en él.
Cuando uno observa cómo personas de todos los niveles dicen y escriben, por ejemplo, «contra natura» –sin una m al final–, «urbi et orbe» –cambiando la i final por una e–, «manu militare» –insistiendo en el mismo error–, «mutatis mutandi» –comiéndose la s final–…, se sonroja y ruega que, si no se estudia latín, se lo olvide al menos del todo. Hablar y escribir en latín no es obligatorio, pero, de hacerlo, lo decoroso es hacerlo bien.
Lo grave es que quienes desconocen el latín y el griego no saben lo que se pierden, pues no acceden a los mundos que ellos nos abren. El que ignora las lenguas clásicas conoce el español muy a medias, aunque sea doctor en lenguas románicas, y corre riesgo de vivir también a medias como persona, porque el lenguaje da cuerpo expresivo a la trama de realidades e interrelaciones que constituye la vida plena del ser humano. No tiene, en consecuencia, sentido afirmar que el latín y el griego son lenguas muertas. Perviven en el lenguaje –que es nuestro «elemento vital» por excelencia, pues en él accedemos al mundo del sentido– y, derivadamente, en multitud de documentos decisivos para la cultura. Vas al puente de Alcántara, vecino a Portugal, y, si no sabes latín, no puedes recibir el mensaje que te trasmiten quienes erigieron esa obra de arte sobrecogedora, al escribir «ars ubi natura vincitur ipsa sua».
Los reformadores de los planes de estudio debieran tener todo esto muy en cuenta. Se afirma, a menudo, que debemos primar lo actual sobre lo antiguo, entendido superficialmente como lo pasado. Se olvida que, según la Filosofía de la Historia, somos creativos en el presente cuando asumimos activamente las posibilidades que cada generación del pasado ha ido entregando a las siguientes. Esa entrega se dice en latín traditio. De ahí que la tradición no sea un peso muerto que gravita sobre los hombres del presente; es un legado que impulsa su actividad creativa. Si no acogemos creadoramente la tradición, no podemos configurar el futuro. Además, todo lo relativo al lenguaje merece ser cuidadosamente cultivado, porque la Antropología filosófica nos enseña que el lenguaje es el vehículo viviente de la creatividad humana. Al hacer quiebra el lenguaje, se quebranta la creatividad.

 

[Fuente: http://www.almendron.com]

Escrito por Eduardo Affonso

“Despiorar” existe.

É verbo transitivo e intransitivo, e significa tornar ou ficar menos mau (ou menos mal). É o mesmo que melhorar.

“Desmelhorar” também existe.

É transitivo quando no sentido de impedir o melhoramento, intransitivo na acepção de tornar pior.

Quando uma coisa piora menos do que vinha piorando, há quem diga que começou a melhorar. E quem prefira dizer que está despiorando. Questão de copo meio cheio ou meio vazio.

Existe também “desconcordar”, que é quando você apenas não concorda, sem, entretanto, discordar. Lamentavelmente, “desdiscordar” não existe – ou você dá o braço a torcer ou fica quieto.

O antônimo de “amor” pode não ser ódio ou indiferença, mas “desamor”. Desamor é uma indiferença magoada, levemente ressentida, sem ânimo para ser ódio. Não chega a ser desprezo; é só uma desafeição. Um destesão.

É para isso que o prefixo “des” existe: para para indicar ação contrária. Mentir, desmentir. Fazer, desfazer. Carregar, descarregar. É bonito usá-lo porque (filósofos me ajudem nesta hora!) é uma negação que traz a afirmação dentro de si.

Desconhecer não é o mesmo que ignorar. Desiludir não é o mesmo que frustrar.

Nos dicionários até pode ser. Mas isso só para quem acredita em sinônimos.

Sinônimo quer dizer semelhante, não idêntico.

Mas nada é idêntico. “Só nós somos iguais a nós próprios”, escreveu o Fernando Pessoa, que era tão dessemelhante de si mesmo a ponto de se estilhaçar em tantos eus.

Taí outra palavra linda: “dessemelhante”. Tão bonita quanto “díspar” (sem par), e a gente a usa tão pouco.

Triste Bahia! Ó quão dessemelhante
Estás e estou do nosso antigo estado!
Pobre te vejo a ti, tu a mi empenhado,
Rica te vi eu já, tu a mi abundante.

Esse era o Gregório de Matos, mas lá no século 17, quando o barroco pedia mais e mais antíteses, dualidades, contradições e paradoxos (como uma palavra trazer dentro da barriga aquela que pretendia matar).

Para entender “despiora”, pode-se também lembrar que “desinfeliz” não é alegre: é mais que infeliz. “Desinquieto” é bem mais que inquieto, não o inerte.

“Despiora” – intuo –  pode ser uma melhora a contragosto. Uma melhora indigna da sua etimologia (“melhor” quer dizer “mais forte”, o que é diferente de “menos fraco”).

Essa talvez não seja uma questão linguística, mas filosófica. Ou só acessível por meio da poesia.

Sugiro começar com Camões:

“Amor com brandas mostras aparece:
Tudo possível faz, tudo assegura;
Mas logo no melhor desaparece.

Estranho mal! Estranha desventura!
Por um pequeno bem, que desfalece,
Um bem aventurar, que sempre dura!“

Ou, sem as dicotomias do aparece / desaparece, bem aventurar e desventura,  com Aldir Blanc: “Pior que a morte é desviver”.

Quando começar a desmelhorar, a gente retoma o tema.

 

[Fonte: http://www.eduardoaffonso.com]