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El color de la incertidumbre

México lindo y querido, convulso y agitado, país de las mil maravillas y de los grandes desatinos, generoso y al mismo tiempo hostil, acogedor y violento, diverso y clasista, lugar en el que se loa a la mujer en las canciones populares mientras que en la vida real se la ultraja; que se dice un país democrático pero los gobiernos tradicionalmente son autoritarios, presidencialistas hasta lo faraónico… El reino de las contradicciones.

“El buitre”

Escrito por Rubén Bonet 

Esbozar una visión forzosamente incompleta, como extranjero —aunque lleve más de la mitad de mi vida en el país—, conlleva el riesgo de caer en estereotipos fáciles que ya han sido ampliamente desgranados hasta convertirlos en un lugar común, a pesar de que luego la realidad se encargue de desmentir cualquier idea preconcebida. Que si es un país de contrastes, que si la riqueza de los pueblos originarios y el fastuoso pasado prehispánico, su folclor y tradiciones, que si la exuberancia y majestuosidad de la naturaleza y sus playas, que si la belleza diversa de sus mujeres, que si su potente gastronomía y mi casa es tu casa, la célebre hospitalidad que es todo un rito social y, por otro lado, también lo arraigado de la corrupción, de la clase política, del funcionariado, de los policías de tránsito y un largo etcétera de mecanismos engrasados por la famosa mordida.

Pero ¿quién en algún momento no ha recurrido a soltar una lanita para solucionar una situación embarazosa que podría llegar a mayores, agilizar un trámite o saltarse una fila? Yo mismo he tenido que recurrir en un par de ocasiones a un arreglo con las autoridades, una falta de tránsito menor y el otro par, directamente para evitar mi merecida deportación, tales fueron los embrollos. La corrupción es una acción en la que todos participan, el que recibe y el que da. Un vicio endémico, aunque ahora se trate de combatirlo abiertamente, veremos con qué grado de éxito y si realmente se va a poder extirpar el tumor.

Otro tema aparte es la violencia que sacude al país entero de manera flagelante, instaurado el espanto y el horror en la vida cotidiana de muchas comunidades y territorios, y de rebote a la sociedad entera, nunca se sabe cuándo te puede tocar un asalto, una extorsión o una bala perdida. Si además eres mujer, los riesgos se multiplican incluso en el propio hogar.

La vivencia en México siempre es intensa, estímulos no faltan —peligros tampoco—; plantea más preguntas que respuestas y obliga a repensar la existencia en términos de trascendencia y también de presentismo, gozar el aquí y el ahora, luego quién sabe; el tiempo presentáneo de la Costa Chica que diría Da Jandra, y también el de los jóvenes sicarios con sus urgencias, para ganar dinero fácil, para morir…

Comer en una fondita de mercado asediado por gente humilde que pide limosna o tratan de vender alguna exigua mercancía, ya sean chicles o peines de madera, no es algo a lo que sea fácil acostumbrarse. La comida termina por atragantarse.

Nada, o muy poco, está garantizado en la actualidad y el futuro es incierto, cuando los planes de pensiones en la jubilación casi no existen, a no ser que sean privados o se haya laborado en instituciones de gobierno.

Hay que armarla a como dé lugar, de un modo u otro. Camarón que se duerme se lo lleva la corriente. No hay manera de prosperar si no se han tenido alternativas de formación, de acceso a la educación y las consiguientes habilidades para el desempeño social. Sin amistades ni conocidos —el famoso necte— que abran puertas es muy difícil, por no decir imposible, escalar socialmente. Muy extendida la idea de quien no transa no avanza.

Uno de los aspectos que más sorprenden al arribar al país —sobre todo si uno llega de Europa y no de Haití—, en mi caso a la Ciudad de México, es la abrumadora desigualdad reinante, palpable en las calles de la ciudad. Comer en una fondita de mercado asediado por gente humilde que pide limosna o tratan de vender alguna exigua mercancía, ya sean chicles o peines de madera, no es algo a lo que sea fácil acostumbrarse. La comida termina por atragantarse.

La miseria, aunque moleste y duela a quienes la ven, acaba normalizándose. Sobrevuela la ley del sálvese quien pueda. Paradojas del catolicismo piadoso, tan prolífico en imágenes de procesiones masivas y festejos populares dedicados al santo patrón o patrona. Otra de las señas de identidad de tan guadalupano país. Hordas de depauperados rindiendo culto a la virgen a la espera de ese milagro que nunca llega. A no ser que sobrevivir un día más no sea ya suficiente milagro. Regalo de dios, es la leyenda que portan algunos camiones de transporte público cuyo interior luce como discoteca con amplio despliegue de foquitos multicolores.

El tan publicitado México Mágico, esa visión idílica, es un mito, no porque no sea verdad —veinte millones de visitantes al año lo pueden atestiguar, aunque a los turistas les pase inadvertido que haya políticos obesos que lleguen a los mítines en coche fúnebre y metidos en un ataúd o que un candidato enmascarado se quede completamente mudo en una entrevista en televisión—, sino porque se combinan la magia y la tragedia, la majestuosidad de la naturaleza y la grandeza de la historia con lo duro de la supervivencia cotidiana para los actuales herederos de los imperios azteca y maya, entre los que se instaura el reinado de lo precario, de lo evanescente, del expolio y explotación de grandes territorios; lo que hoy es, mañana puede dejar de serlo por efecto de una salvaje entropía devoradora de expectativas, cuando no de la vida misma.

No hay producto que no pague diezmo al crimen, desde el aguacate michoacano hasta el pescado en su camino desde las costas, y es en definitiva el ciudadano de a pie quien acaba pagando todo ese exceso de cuotas. No hay dinero o mercancía que se mueva que no sea parasitado, que de un modo u otro no alimente las estructuras del crimen en un narcoestado.

Como es el caso de cientos de mujeres, periodistas, activistas ambientales y jóvenes —sicarios y militares por igual en la cruenta y eterna guerra contra el narco—, solo por mencionar algunos de los grupos más vulnerables, que alimentan de forma alarmante las estadísticas de muertes no naturales y desapariciones forzadas. En México pareciera que es cierto que la vida no vale nada, y en esta temporada de elecciones que acaba de terminar, casi un centenar de candidatos de diversas fuerzas políticas fueron asesinados y muchos más recibieron amenazas de algún tipo; un macabro juego democrático condicionado por las acciones del crimen organizado que trata de imponer su funesta ley. No hay producto que no pague diezmo al crimen, desde el aguacate michoacano hasta el pescado en su camino desde las costas, y es en definitiva el ciudadano de a pie quien acaba pagando todo ese exceso de cuotas. No hay dinero o mercancía que se mueva que no sea parasitado, que de un modo u otro no alimente las estructuras del crimen en un narcoestado.

Por otro lado, la desinformación de la población es crónica y la mayoría de los periódicos y estaciones de radio y televisión que pertenecen a grandes consorcios están más concebidos como negocios que como parte fundamental del derecho de los ciudadanos a ser informados con objetividad y veracidad. Y esto vale para cualquier plataforma y medio. Todo el espacio en el aire se vende, incluida la información, aunque afortunadamente existan excepciones de periodistas comprometidos ya no sólo con su trabajo, sino también con su misión social.

México siempre me ha parecido un país inabarcable, de códigos profundos, casi impermeables, sobre todo a ojos de un extranjero. Aunque existen ciertamente varios niveles de extranjería, en mi caso el idioma común —matices y albures aparte— me permitió una zambullida inmediata en una nueva realidad con una muy particular idiosincrasia…

Los escándalos quedan sepultados en el olvido bajo el predominio de la versión oficial y la avalancha de noticias de relleno, intrascendentes; parte del show mediático que abona a la confusión y la infodemia, en una ecosfera mediática dominada por fake news, el twitter —y casi todas las redes sociales— como arma arrojadiza y para esparcir bulos, bots a mansalva y algoritmos que conforman una guerra sucia que se libra en el omnipresente y ubicuo espectro dedicado a la comunicación social. La mentira sale muy barata y es el abono ideal para la polarización que lastra la posibilidad de verdaderos debates e influye en la percepción de la arena política y en la decisión de voto. Retorcer a tal punto la realidad que distorsiona incluso el concepto de democracia, hasta dejarla como un perro apaleado en la que cada vez menos creen.

México siempre me ha parecido un país inabarcable, de códigos profundos, casi impermeables, sobre todo a ojos de un extranjero. Aunque existen ciertamente varios niveles de extranjería, en mi caso el idioma común —matices y albures aparte— me permitió una zambullida inmediata en una nueva realidad con una muy particular idiosincrasia, arraigada incluso en gestos indetectables, silenciosos, ocultos a primera vista, más allá del deslumbramiento por el efecto de la luz cenital, la exuberancia del trópico y por la visión de decenas de pajarillos muertos en las banquetas ahogados por la contaminación. El pensamiento mágico impera, aunque la realidad cotidiana sea explosiva y de tintes catastrofistas.

Parte de esa idiosincrasia solo se va descubriendo con el paso de los años —como por ejemplo la inmensidad de tiempo muerto que cabe en un ahorita—, y aun así muchos matices se escapan y otras certezas se van afianzando, como la evidencia de cierta resignación ante la fatalidad y el infortunio, pero también la asombrosa capacidad para levantarse y seguir adelante. En todo caso, la comprensión nunca será total. Pero es que México dista mucho de ser solamente un país, son muchos en uno y las distintas realidades nunca son monolíticas, más bien poliédricas y multidimensionales, culturalmente disímiles. Decir que es un país de contrastes, además de lugar común, se queda corto. Es un mundo de universos paralelos y a veces raramente confluyen, si acaso, en la convivencia distante del servicio doméstico en los hogares acomodados.

La realidad es orgánica y convulsa, aunque ciertos valores o dogmas sean inquebrantables —la superioridad moral del licenciado en una sociedad clasista— y la movilidad social sea muy limitada, sobre todo para los prietos y para los integrantes de los pueblos originarios, en un país que ensalza la minoritaria güerez, una herencia de un pensamiento todavía colonial y ciertamente aspiracional. Por ese mismo motivo, el estrato social de bajos recursos —la gran mayoría— está en perpetua ebullición como magma incandescente. La necesidad impone su agenda. La solidaridad popular y el ingenio para sobrevivir atenúan las carencias en tiempos de penurias o desastres naturales. Otras veces, quizás demasiadas, el gandallismo es la norma. Ante la ausencia de un verdadero Estado de derecho, por si acaso siempre hay que tomar ventaja, aunque sea en detrimento de los demás, socavando el concepto de convivencia e incluso el de sociedad vista en su conjunto. La basura esparcida por doquier sería una metáfora útil de esto último. La idea de espacio público desfallece.

Como nada está ganado de antemano, no hay descanso alguno. La chinga es perpetua. Por eso, el mito del mexicano como un ser perezoso, una visión impuesta por el imaginario hollywoodense, es una falacia, porque en realidad la sociedad mexicana siempre está en acción, en muchos casos por estricta necesidad. No es nada fácil sobrevivir en este país —rico en recursos y de naturaleza pródiga—, menos sin mucho esfuerzo, que se puede traducir en salarios muy bajos en régimen de desprotección o en largas horas de camino para llegar al trabajo con un transporte tan oneroso como deficiente, y así con muchos otros aspectos, como la punzante inflación y lo costoso de los productos básicos. Más caro un litro de leche que un refresco rebosante de azúcar que malnutre la obesidad.

México es un país que por un motivo u otro siempre está en llamas, unas veces asolado por catástrofes naturales —temblores, erupciones, huracanes, inundaciones…— y la mayor de las veces por crisis sociales de envergadura, salpicadas constantemente por escándalos políticos ligados a la corrupción, deporte favorito de la oligarquía tropical, que va rotando cada sexenio sumiendo al país en una ruina crónica y en la anorexia de recursos para los servicios públicos.

Además, sucede que los puentes del metro se derrumban o que haya que llevar 50 pesos en la bolsa destinados a los asaltantes de combis para no recibir una madriza —o un balazo— por ser tan miserable. Mientras, las culturas y tradiciones de los pueblos originarios resisten a duras penas, cuando quizás su sentido comunitario y de respeto al territorio sean clave si finalmente el capitalismo colapsa o el desastre ecológico nos invade, si es que no lo ha hecho ya. Mientras, sobreviven subyugadas como en tiempos de la colonia con las migajas que les deja el turismo —claro está, a los territorios donde llega.

En todo caso, México es un país que por un motivo u otro siempre está en llamas, unas veces asolado por catástrofes naturales —temblores, erupciones, huracanes, inundaciones…— y la mayor de las veces por crisis sociales de envergadura, salpicadas constantemente por escándalos políticos ligados a la corrupción, deporte favorito de la oligarquía tropical, que va rotando cada sexenio sumiendo al país en una ruina crónica y en la anorexia de recursos para los servicios públicos, como la educación —creando una brecha social insalvable— o el sector salud, como la pandemia del coronavirus ha puesto en relieve. Las consecuencias de la corrupción y el paulatino adelgazamiento de la sanidad pública no sólo se han sufrido aquí, sino que ha sido la norma en muchos países que abrazan el libre mercado y el neoliberalismo. La salud para quien pueda pagársela, y en México, es cara, muy cara. Pero ¿qué significa pagar mil pesos por la consulta a un médico de cabecera privado si hay partidos políticos que ofrecen dos millones de pesos por un tuit y un retuit a conocidos influencers en la pasada campaña electoral?

En medio de este caos la clase media, o lo que queda de ella, trata de navegar con sus propios medios, salvando numerosos escollos y mirando hacia adelante, empujando de manera ardua el maltrecho proyecto de nación. Una gran parte de la población con bajos recursos vive totalmente en el desamparo y en la inmediatez del día a día, sin poder elaborar proyecciones de futuro o hacer frente a los imprevistos. No queda de otra más que aguantar y encomendarse al santo patrón de la preferencia de cada quien.

En medio de este caos la clase media, o lo que queda de ella, trata de navegar con sus propios medios, salvando numerosos escollos y mirando hacia adelante, empujando de manera ardua el maltrecho proyecto de nación. Una gran parte de la población con bajos recursos vive totalmente en el desamparo y en la inmediatez del día a día.

A pesar de que el entramado de la política mexicana —o más bien, necropolítica— ha sido para mí siempre un misterio, México es un país con una gran energía rebosante de talento individual y muy resiliente. La gran mayoría de la gente, las personas comunes, constituyen su verdadero tesoro, ejemplos de ello sobran, sobre todo entre los colectivos de mujeres o de defensa del territorio frente al expolio de las transnacionales. De todos modos, hay una luz que parpadea débilmente al final del camino. Pareciera que los hábitos democráticos se van afianzando y hay esperanzas de que el país experimente un verdadero cambio transformador, deseando que no sea para peor. La paciencia de los mexicanos tiene un límite.

Mientras tanto, la vida transcurre inmersa en un intenso patriotismo que no siempre se traduce en un ánimo soberanista —en temas como la alimentación, la industria y un largo etcétera que incluye a más de tres millones de avispados, y pudientes, mexicanos que han viajado a Estados Unidos para vacunarse contra la covid–19—, sino en un orgullo basado en un abstracto amor a unos colores, símbolos y arraigadas costumbres y tradiciones, que si la selección nacional de fut, celebraciones de fraternidad nacionalista —muchas veces etílicas— y fiestas patrias que conmemoran un pasado que siempre fue mejor, o por lo menos más heroico, en un no dejarse pisar ni por el vecino del norte ni por nadie y a la par un desprecio por lo propio, ensalzando lo extranjero pero odiándolo en secreto. Paradojas del malinchismo. Todo ello al son del mariachi armónico, ruidoso y triste, básicamente de índole patriarcal y machista; una letanía de abandonos y desamores, un clamor de macho herido pero orgulloso de haber nacido aunque tan solo sea para cantar sus penas y echarse unos buenos tragos de tequila, mientras quizás aporrea a una mujer.

Más allá del policromático mosaico cultural y social de México, el color que hoy predomina es el de la incertidumbre.

Que diosito nos agarre confesados.

 

[Foto: Héctor Guerrero – fuente: http://www.revistareplicante.com]

Escrito por Jorge Carrión

Pese a ser una biografía, en El hombre que salvó a los cerezos (2021), la periodista japonesa Naoko Abe no pone el foco del protagonismo en Collingwood Ingram, sino en los árboles florales que ayudó a preservar. Ese desplazamiento es cada vez más habitual en la literatura contemporánea: de lo humano a lo no humano. Las existencias animales, artificiales o vegetales, que han aumentado su grado de realidad durante la pandemia, son progresivamente representadas en el centro de nuestras lecturas.

El poemario Botánica de la escritora chilena Ashle Ozuljevic se sitúa en esa tendencia cada vez más importante. Su primera parte (“Taxonomía”) se articula a modo de herbario o colección, a partir de catorce piezas tituladas como otras tantas plantas, con sus nombres técnicos (de “Carica Papaya” a “Macrolobium Taxifolium”). La segunda parte (“Cuidados de un jardín”) es un largo poema que culmina en una serie de píldoras en prosa, que dibujan un mito de origen vegetal contrapunteado por la palabra “miento”. Así, tras cada recuerdo de cuándo empezó su relación con las plantas, el siguiente lo desmiente, contradice, matiza o reformula, construyendo una autobiografía en fragmentos, el yo siempre en contrapunto con los árboles, las selvas, los parques forestales o las flores.

El cuerpo y la familia, el sexo y los padres, los amantes y las abuelas se van entrelazando con las descripciones botánicas de esas criaturas que nos acompañan desde siempre. El lenguaje poético y el científico se hibridan en un equilibrio notable y seductor: “La pared celular es una capa protectora rígida / que permite / a veces / el paso de algunas sustancias / que no saliva ni semen ni lágrimas de esta mañana o la pasada / noche temblando”. Por debajo de los versos y de la exuberancia de su imaginario biológico, circula una historia de amor y de duelo: “no me pregunten por qué no lo arranco / ni lo extirpo todo / por qué todavía cargar / y sobrellevar la espina de sus ojos-maleza / en la superficie completa / de las plantas / de mis pies”.

 

Ashle Ozuljevic, Botánica, Ediciones Liliputienses, 2020, 126 págs.

 

[Fuente: http://www.revistaotraparte.com]

 

En los últimos meses, se multiplicó el número de bodegas que ofrecen vinos aptos para veganos. ¿Cómo se elaboran? ¿Cuál es la diferencia?

Vino vegano: qué es, cómo se elabora y 10 etiquetas que tenés que probar

Escrito por Juan Diego Wasilevsky

Desde hace un par de años se produjo un boom de certificaciones: cada vez más bodegas argentinas ofrecen vinos para veganos. En general, no se trata de etiquetas puntuales, sino que las bodegas suelen certificar todo su proceso de producción; esto implica que, en general, todas sus marcas y etiquetas pasan a ser aptas para este tipo de consumidores.

En primer lugar, esto responde a una tendencia empujada por la demanda. Según datos de mercado, se estima que en la actualidad un 5% de la población mundial es vegana. Es, además, una tendencia que se aceleró en las últimas tres décadas y que trajo como consecuencia importantes cambios en los hábitos de consumo.

Lo interesante es que, según la Unión Vegana Argentina, en el país el share de consumidores que está en esta categoría se encuentra varios puntos por encima del nivel mundial, alcanzando el 12% de la población (incluyendo vegetarianos).

Con un dato importante: los segmentos etarios más jóvenes son los que más interés muestran en la actualidad y los que más motorizan esta tendencia.

Lo importante en este análisis es que ser vegano también involucra a un rubro estratégico: las bebidas y, más precisamente, los vinos.

Por eso es cada vez menos extraño encontrar en las góndolas de la Argentina vinos con sello « apto vegano », lo cual, a primera vista, puede sorprender: ¿no es acaso el vino el resultado de la fermentación de la uva? ¿Dónde estaría entonces el conflicto y por qué un vino tiene que tener esta etiqueta para que lo pueda consumir alguien que optó por ser vegano?

La respuesta está en que, si bien se encuentran cada vez menos difundidos en la industria vitivinícola, todavía existen insumos que se utilizan en la elaboración que pueden provenir del reino animal.

En la historia reciente, tras la fermentación y a la hora de clarificar los vinos, especialmente los blancos, para que no queden turbios, en el pasado se utilizaba la ictiocola, un derivado del pescado. Más cerca en el tiempo, hay bodegas que todavía usan el caseinato, un derivado lácteo, o la ovoalbúmina, proveniente del huevo.

En el caso de los tintos, se clarifica principalmente para que los taninos o los polifenoles que puedan estar un poco verdes o secantes al paladar se suavicen y mejoren la sensación en boca. Según los enólogos, esos polifenoles reaccionan a las cargas positivas, por eso se usan compuestos con ese tipo de carga como la gelatina, ovoalbúmina, o el caseinato.

Entonces, si una bodega quiere obtener el certificado « apto vegano » no puede utilizar estos insumos. ¿Qué alternativas hay? Existe la bentonita, una arcilla que se usa principalmente para blancos, pero que también se ha difundido en la elaboración de tintos.

Además existen empresas de insumos que ofrecen otras alternativas de clarificantes que provienen del reino vegetal, como por ejemplo, la papa.

Actualmente, en la Argentina son dos las certificaciones más difundidas: por un lado está VEG Argentina, que es impulsado por LIAF Control. Se trata de una certificación que se logra tras una auditoría realizada en bodega. En paralelo, existe « Vegan », una aprobación internacional que promueve The Vegan Society y que funciona como una declaración jurada que firman los responsables de cada bodega en la cual garantizan que no se utilizan derivados del reino animal.

Ahora bien, a nivel organoléptico, ¿el consumidor puede notar la diferencia entre un vino con sello apto vegano y uno que no esté certificado? La respuesta es no, dado que en general no hay ningún cambio en el proceso de elaboración, salvo el tipo de insumos que se utilizan y que tampoco generan impacto a nivel aromas o sabor.

Sin embargo, se trata de un estándar de control que permite que aquella persona que eligió ser vegana pueda disfrutar de un vino sin ningún tipo de inconvenientes ni sorpresas.

¿Qué vinos apto veganos probar?

A continuación, te recomendamos 10 « vinos veganos » de bodegas argentinas que ya cuentan con esta certificación:

Amalaya Malbec 2019 | Bodega Amalaya

Amalaya Malbec

Definitivamente, hay mucho del ADN de Salta del que hacíamos referencia al comienzo. Arranquemos por su paleta aromática profundísima, con notas de frutas rojas sanamente maduras y un juego de especias exóticas que lo lleva a otro nivel. Se percibe el aporte de las otras dos variedades, que detrás de esta intensidad, ofrecen un toque herbal, que le imprime al vino un espíritu fresco. Hablemos también de su desarrollo en boca: este vino, de paladar pleno, es sustancioso y jugosísimo, con dos cosas interesantes para destacar: sus taninos son firmes pero nunca dejan de ser amables, gran mérito. Además, ofrece un paso graso pero no sucroso. ¿Qué significa esto? Que se vuelve más sedoso en su desarrollo, pero no empalaga ni cansa. Precio sugerido: $600.

Salentein Reserva Corte de Blancas 2019 | Bodegas Salentein

Salentein Reserve Corte de Blancas

Es un corte que suma capas y capas, de esos para ir descubriendo y dejando que gane un poquito de temperatura. Cuando esté en la copa unos minutos, seguramente notes sus aromas que remiten a las frutas de carozo, con toques ligeros a frutos secos y una pátina que mezcla trazos florales y de cítricos dulces. En boca es un vino que entrega excelente peso y volumen, con un lindo centro ácido (seguramente apalancado en el Sauvignon Blanc). En su desarrollo, explotan las notas de pomelo rosado y una fruta blanca crocante. Es súper fluido y la acidez es constante. Pero no esperes un vino hipermordiente e incómodo para el paladar. Es tan fresco como elegante. Precio sugerido: $1.030.

Durigutti Pie de Monte Finca Las Jarillas Malbec 2017 | Durigutti Family Winemakers

Durigutti Pie de Monte Malbec

Los hermanos Héctor y Pablo Durigutti se aliaron con tres pequeños viñateros de diferentes zonas para alumbrar vinos que reflejen el lugar, sin interferencias. Los terruños elegidos fueron Gualtallary y Los Árboles (en Valle de Uco) y Vistalba (en Luján de Cuyo). Este ejemplar que elegimos en Vinos & Bodegas proviene de Gualtallary. Y la realidad es que se luce con una gran pureza de aromas, de la mano de frutas rojas apenas maduras y delicados toques florales. En boca no es el clásico Malbec sexy y goloso. Pero tampoco es mordiente y seco como un látigo. En el balance está su mérito. Es fresco, sus taninos de grano fino dejan mucha textura en su paso, pero no es un vino « extremo » como muchos de los ejemplares modernosos que se hacen en Gualtallary. Por el contrario, es superamable, para beber y beber. Precio sugerido: $1.350.

Cruzat Naranjo | Bodega Cruzat

Cruzat Naranjo

La bodega viene de hacer historia al presentar el primer naranjo con burbujas de la Argentina. El vino naranjo, como lo define muy bien su enóloga Lorena Mulet, es un vino que se elabora a partir de uvas blancas pero como si fuera un tinto, es decir, con sus pieles. Por eso, Mulet recalca que este espumante « tiene la frescura de un blanco pero con la estructura de un tinto ». Para este ejemplar se utilizaron uvas Chardonnay de Luján de Cuyo. Al servirlo en la copa vas a encontrar un exótico mix de frutas blancas de carozo, algo tropical, un toque herbáceo y un dejo cítrico, junto a un recuerdo lejano a levaduras. Lo importante: es limpio y sin rastros de defectos. En boca ofrece buen peso y excelente volumen, con un pétillant sutil y hasta algo etéreo. Posee un centro fresco, que revela más de ese perfil cítrico percibido al comienzo. Sin dudas, el próximo gran hit del verano. Precio sugerido: $1.250.

El Burro Orgánico Malbec | Santa Julia

El Burro Malbec

Un vino natural, elaborado a partir de viñedos propios orgánicos emplazados en Maipú, al que no se le añaden levaduras seleccionados, no se clarifica y no se le agregan sulfitos. En nariz entrega fruta roja brillante y que se anticipa crujiente, dando lugar a una atmósfera fresca. En boca es jugoso, sin dejar de tener taninos marcados, con un paso apenas graso (no sucroso), sin dejos dulzones. Avance fresco, con una acidez amable. Para beber y beber y, de paso, descubrir un vino que, a ciegas, difícilmente dirías que proviene de Maipú, que nos tiene acostumbrados a otro perfil de vinos. Precio sugerido: $850.

Doña Paula 1350 2018 | Doña Paula

Doña Paula 1350

Añada tras añada, no nos cansamos de recomendar este corte que sigue siendo superoriginal y único en la Argentina: es que, además de Cabernet Franc y Malbec, suma un toque de Casavecchia, una uva de origen italiano que fue introducida al país por la bodega y de la cual hay poquísimas hectáreas en la actualidad. Esta variedad aporta la cuota salvaje. En nariz, este vino ofrece aromas bien profundos, que van de la fruta roja a la fruta negra, junto con una ráfaga ligera y herbal, sobre un fondo especiado. La madera suma detalles y nunca, nunca, se roba el papel principal. En boca hay sustancia y buena estructura, pero no es exuberante ni ampuloso. Por el contrario, es largo, de andar compacto, premia con una buena cuota de acidez y deja una linda sensación grasa, junto a una leve astringencia final que le aporta carácter. Va a ser sublime en un par de años, pero hoy puede disfrutarse de punta a punta. Precio sugerido: $1.680.

Indómito Cabernet Franc 2019 | Bodega Kaiken

Indómito Cabernet Franc

Se trata de la nueva línea que acaba de presentar Kaiken: un blend y este Cabernet Franc de Agrelo, que entrega mucha exuberancia en nariz, con notas de frutos rojos maduros y toques especiados y mentolados. En boca es bien jugoso, con un recorrido que deja una textura granulosa, ligeramente secante, junto con una buena acidez, sin dejar de ser fresco y bebible. Por eso, es un vino con presencia y carácter, con un final marcado por la tipicidad de la variedad. Junto a pastas con salsas intensas o un corte a la parrilla, será el compañero perfecto. Precio sugerido: $970.

Cristóbal 1492 Barrel Selection 2017 | Bodega Don Cristóbal

Cristóbal 1492 Barrel Selection Malbec

Este Malbec va a ser el aliado perfecto si buscas un vino tinto expresivo, bien aromático y de perfil definido por las frutas bien maduras y una madera nítida, que suma notas de especias dulces. En boca es bien jugoso, con taninos redondos, que reaccionaron bien al paso del tiempo, con una linda acidez que lo sostiene y lo estira y deja una sensación fresca. De esos Malbec sabrosos, que no fallan y superversátiles. Precio sugerido: $899.

Virgen Cabernet Sauvignon 2020 | Domaine Bousquet

Virgen Cabernet Sauvignon

La bodega enfocada en un 100% en la producción de vinos orgánicos y emplazada en Gualtallary amplió su portfolio el año pasado; y este vino es una de las novedades. Interesante en nariz, al ofrecer un mix de frutas rojas y negras, entre maduras y crujientes, con toques de pimienta negra y un colchón aromático, que va del tomillo al orégano. En boca entrega mucha textura, buen agarre y mucha jugosidad, con un trasfondo apenas dulce, si bien es un vino de espíritu seco. La fruta roja y negra y ese fondo herbal se potencian, con un pulso ácido que le da brío y lo vuelve vital, fresco. Precio sugerido: $709.

Andeluna Semillon 2019 | Bodega Aneluna

Andeluna Semillón

No podemos dejar de detenernos, antes que nada, en su packaging: linda etiqueta y muy buena botella, que está a la altura de este Semillón. Es una variedad que viene recuperando terreno desde la última década y que sigue entregando novedades interesantes. Su nariz es armónica, delicada; conjuga notas de frutas blancas, cedrón, cítricos y una puntita apenas perceptible de pirazinas. Es amplio en boca, de pulso seco, pero no ligero. Tiene algo de graso y un largo desarrollo, junto a una acidez que lo carga y lo empuja hasta el final. Precio sugerido: $1.195.

 

[Fuente:  http://www.iprofesional.com]

Nom de code : Trencadis. Agent en opération : Caroline Deyns. Objectif de la mission : échafauder une anti-biographie de Niki de Saint Phalle. Protocole : infiltration, observation, interrogatoire des proches et retraitement des informations. « Agent Deyns, la femme sur la photo est votre cible. Ne vous fiez pas à l’apparente candeur de son visage, il s’agit au contraire d’un individu extrêmement difficile à identifier, à cerner, à manipuler. » Ce genre d’incipit, tout droit sorti d’un épisode de Mission Impossible, sied plutôt bien au projet de Caroline Deyns. Trencadis est en lice pour le Prix de l’Instant

ActuaLitté

Quelle gageure en effet que de démêler le vrai du faux dans la biographie de Niki de Saint Phalle, tant son parcours fut animé par l’aventure, la modification, le point de bascule. Mondialement connue pour ses Nanas, « cette fille trop jolie dont la violence sifflait sous la peau » (p. 119) traverse la foule et le monde, se débat jusqu’au bout avec le schéma de l’être révolté, s’arme d’un 22 long rifle pour faire exploser ses toiles autant que les carcans sociaux.

Structuré autour de témoins plus ou moins fictifs, le roman de Caroline Deyns se lit comme une chronique des phases alternées d’euphorie et de profonde dépression d’une artiste excessive. Derrière les épisodes marquants se dévoile la moelle osseuse d’une personnalité hors normes, hors cadre. Niki de Saint Phalle est un corps en fusion, une matière volcanique, fluide, vivace et en même temps pendue aux us et jugements portés sur elle. Si la mère a des obligations, si la femme a des obligations, que reste-t-il alors pour l’artiste ? Pour survivre à son époque, la plasticienne comprend vite une chose : le mouvement, c’est la vie, c’est l’amour, c’est l’abandon. Au désamour de soi, aux tiraillements familiaux et autres sacrifices impérieux succèdent l’énergie sauvage, l’exubérance, la passion débridée.

Aussi, l’auteure franc-comtoise ne donne pas tant à voir le parcours de l’artiste qu’à rendre saillante la chair d’une héroïne romanesque. Elle s’affranchit du genre biographique car son postulat, elle s’en explique au micro de Mathias Énard (émission La Salle des machines, 15/11/2020, France Culture), consiste « à parler de [ses] propres préoccupations, celles qui motivent [son] écriture : le féminisme, la féminité, le vieillissement du corps, la difficulté pour une femme artiste à se faire une place dans un monde d’hommes ». Elle rebat les cartes. Elle se joue des styles, des points de vue et des formes littéraires pour plier, replier, déplier les pans d’une œuvre initiatrice, d’un appel d’air, d’une libération, d’un décloisonnement artistique au féminin. C’est malin sans être expérimental. C’est imagé sans être maniéré. Des instantanés couchés de-ci de-là, on ne s’émerveille pas. On y sent bien plutôt la gravité du moment, la tension du funambule sur sa corde. Quelle poésie pourtant.

« Peler la pomme, concentrée comme une gymnaste en suspension, le regard rivé sur le ressort de peau rouge en balance au creux du poignet » (page 67).

Quel plus vibrant hommage que ce parti-pris bariolé pour dessiner, recoller, dévoiler les parts d’ombre et de lumière de Niki de Saint Phalle, être aux écailles brutes et fragiles disparu en 2002.

Romain Vieillé

Librairie L’instant

Caroline Deyns – Trencadis – Quidam éditeur – 9782374911588 – 22 €

ActuaLitté est partenaire du Prix de l’Instant. Lecteurs, vous avez désormais jusqu’au 3 juin 2021 à minuit pour élire, parmi les cinq sélectionnés, le titre de votre choix, via ce lien.

 

[Source : http://www.actualitte.com]

Mathieu Dosse a reçu cet automne le Prix de la traduction d’Arles pour Mon oncle le jaguar et autres histoires de João Guimarães Rosa. Il explique à EaN les particularités de la langue, unique et baroque, de l’écrivain brésilien, notamment dans son unique roman Grande Sertão : Veredas (Diadorim en français) : « La nouveauté de cette écriture a imposé aux traducteurs une tâche difficile ».

Écrit par Mathieu Dosse

« Je veux tout : le mineiro, le brésilien, le portugais, le latin, peut-être même l’esquimau et le tatar. Je voudrais la langue qu’on parlait avant Babel », disait João Guimarães Rosa dans un entretien qu’il accorda au critique allemand Günter Lorenz. Ces quelques mots définissent les contours d’un projet littéraire unique dans la littérature brésilienne. La langue baroque créée par Guimarães Rosa regorge d’archaïsmes, de néologismes, de régionalismes, de mots érudits et de déplacements de sens (l’ampleur de cette exubérance verbale est attestée par un lexique de huit mille mots, dont près de trois mille néologismes, paru en 2001). Sa syntaxe, où l’ellipse et la syncope prédominent, fuit tous les stéréotypes ; s’inspirant de la langue parlée (et plus précisément de celle employée par les paysans du Minas Gerais), elle s’écarte résolument de tout réalisme et, s’imprégnant de mystère, ouvre des espaces nouveaux en langue portugaise.

L’importance du rythme, au sens fort du terme, est capitale chez Guimarães Rosa : de longues phrases sont ponctuées par l’irruption de mots très courts, presque des onomatopées, qui surgissent abruptement et les coupent comme autant de motifs percussifs ; d’autres phrases très saccadées, ponctuées de virgules, de points-virgules et de deux points cèdent soudain la place à de longs mots sonores. Les phrases-mots, les ellipses, les syncopes, les nombreuses parenthèses transforment plastiquement le discours. La difficulté à pénétrer un texte aussi dense est réelle. À ce propos, le traducteur norvégien Bård Kranstad rapporte une anecdote amusante : « Après la parution de Grande Sertão, certains des premiers lecteurs de Guimarães Rosa ont pu se trouver réconfortés grâce à une vignette du Jornal do Brasil. Le dessin représentait un lecteur brésilien irrité face à un traducteur. L’image était sous-titrée par le dialogue suivant : – Est-il vrai que vous pouvez traduire toutes les langues ? – Oui, c’est exact. Je traduis sans exception toutes les langues, les vivantes et les mortes.  – Auriez-vous donc la gentillesse de me traduire João Guimarães Rosa ?! ».

Il faut ainsi, pour lire Guimarães Rosa, un certain temps d’habituation à cette nouvelle langue, temps pendant lequel le lecteur se familiarise avec les tournures nouvelles qu’il rencontre. Mais, passé ce temps d’accoutumance, le lecteur se surprend à lire les paragraphes sans temps morts, comme s’il avait effectivement appris une langue étrangère. Cet apprentissage, qui est aussi une découverte, comme le dit Clarice Lispector (l’autre grand auteur brésilien) à propos de l’écriture de Rosa, fait écho à un passage de la nouvelle « Campo Geral » qui ouvre le premier grand recueil de l’auteur, Corpo de Baile. Dans les tout derniers paragraphes, Miguilim, âgé de huit ans, et qui ne se savait pas myope, essaye pour la première fois une paire de lunettes, qu’un voyageur étranger au village portait sur lui. Il découvre alors le monde, le ciel, l’enclos, le jardin, le bétail, le vert des buritis (les palmiers du sertão, arbres emblématiques qui reviennent sans cesse dans l’œuvre de l’auteur) : « le Mutúm était beau ! Il le savait maintenant ». Nous pouvons lire dans ce passage une métaphore de son écriture, de l’effet qu’elle provoque sur le lecteur. Le traducteur néerlandais August Willemsen décrit précisément ce tournant : « Je me souviens que je m’étais débattu à travers les premières pages, progressant lentement, revenant en arrière pour ne pas perdre le fil. Et puis un jour, sans rien changer à ma pratique, tout me parut différent, plus éclatant. Je vis clair. Soudainement, le pouls du livre battait sous ma peau, et j’en voulais davantage, encore et encore, je lisais sans interruption, dans un état grandissant d’extase presque fiévreuse ».

Auteur de plusieurs nouvelles, Guimarães Rosa a écrit un seul roman, Grande Sertão : Veredas (Diadorim en traduction française), paru en 1956 et qui s’est imposé d’emblée comme un classique. Ce livre épais, aux paragraphes touffus, dépourvu de chapitres, est porté par le monologue de Riobaldo, ancien bandit reconverti en fermier. Son amour inavoué pour Diadorim, son compagnon d’armes, ainsi qu’un pacte, réel ou rêvé, avec le diable, constituent les points forts de l’intrigue. Mais, comme l’indique le titre original du livre, le véritable sujet du roman est le sertão. Cette zone géographique bien réelle du Brésil se transforme chez Guimarães Rosa en un lieu imaginaire, littéraire, habité par des personnages universaux, sous l’apparence du local : « le sertão est partout », dit Riobaldo dès le premier paragraphe de son récit. Le lecteur est ainsi convié à un voyage verbal captivant, porté par une langue inouïe : « On parle dans le sertão la langue de Goethe, de Dostoïevski et de Flaubert, parce que le sertão est le terrain de l’éternité, de la solitude, là où Inneres und Äußeres sind nicht mehr zu trennen (là où l’intérieur et l’extérieur ne peuvent plus être séparés) », dit encore Guimarães Rosa à Günter Lorenz.

La nouveauté de cette écriture a imposé aux traducteurs une tâche difficile. On ne cesse pourtant de traduire Grande Sertão : Veredas dans le monde : il existe à ce jour quinze traductions du roman, dans treize langues (la plus récente est une retraduction en langue espagnole, parue en Argentine en 2009, mais une retraduction en allemand est également en cours). Lorsqu’on compare ces traductions, toutes langues confondues, on s’étonne de leur diversité, comme si ces livres émanaient d’originaux différents. En anglais, en suédois et en français (dans la traduction de Jean-Jacques Villard, première traduction française du roman, parue en 1965), Riobaldo parle comme un véritable paysan, avec une pointe de vulgarité dans la voix. On n’y observe guère d’invention lexicale ou syntaxique, mais une reproduction plus ou moins fidèle d’un parler existant. Au contraire, les traductions néerlandaise, espagnole et norvégienne contiennent des néologismes, des inventions verbales et syntaxiques qui éloignent le texte de toute forme de reproduction. Ainsi, le Riobaldo norvégien s’exprime, si l’on en croit son traducteur, en « riobaldien », une langue inventée pour l’usage unique du roman : « J’avais besoin d’une langue mixte, avec des racines dans le langage parlé par les classes populaires. Une langue “terreuse”. Un mélange de nynorsk et de bokmål avec de forts éléments que je perçois comme assez dévalués aujourd’hui en Norvège. Une langue qui excède la grammaire commune et la norme orthographique, une langue qui reflète à la fois le peuple et l’élite, qui puisse rendre vivantes à la fois les descriptions minutieuses et l’introspection réflexive du ruminement. Comme Benoni ou August, chez Hamsun, Riobaldo aime décorer sa langue de mots empruntés ; c’est une langue pleine de contradictions et de méprises, et qui a la capacité de refléter tous les états d’esprit et les conditions réelles de la vie de Riobaldo ».

Il s’agit moins de dire ici que ces dernières traductions sont meilleures que les premières citées, que de prendre acte d’une telle différence. Sans doute les grands chefs-d’œuvre que l’on qualifie d’« intraduisibles » sont-ils voués, au contraire, à être sans cesse traduits et retraduits, comme si une traduction ne pouvait à elle seule épuiser l’œuvre originale. C’est ainsi que le sertão de Guimarães Rosa vit en tchèque, en danois, en italien… sans cesse renouvelé, différent à chaque fois, comme les branches d’un seul et même buriti.

[Source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

Un libro recopila los textos de Genesis P-Orridge, líder de bandas como Throbbing Gristle o Psychic TV e icono de la contracultura más radical

Genesis P-Orridge en Nueva York, en 2007.

Genesis P-Orridge en Nueva York, en 2007.

Escrito por JAVIER CALVO

En ese año extraño y siniestro que fue 2020, marcado por tantas muertes intempestivas, murió también en Nueva York el artista, músico y performer Genesis P-Orridge (Neil Andrew Megson). Su gusto por la subversión de las formas artísticas y corporales, y en ocasiones por la provocación pura y dura, hizo que la mayor parte de la carrera de Genesis transcurriera por canales subterráneos y en los márgenes de la escena artística y musical. Su muerte ha dejado pendiente la tarea de evaluar la importancia de su figura y su pensamiento en las últimas décadas. La publicación en español de La biblia psíquika, que recoge sus textos más importantes de las décadas de 1980 y 1990, es un punto de partida perfecto para conocer el sustrato teórico que alumbró gran parte de su obra.

Genesis P-Orridge fue un artista deliberadamente inclasificable. Amigo y discípulo de William Burroughs y Brion Gysin, investigador incansable de las formas de vida comunal, los estilos de vida alternativos y los líderes carismáticos, pionero en el resurgir de la psicodelia a finales de los ochenta y padrino de corrientes varias de la música experimental, su carrera presenta una apariencia de dispersión que en muchos casos obedece a su negativa rabiosa a obtener la aprobación del sistema o simplemente a dejarse encasillar.

Alrededor de 1970 se dio a conocer como figura visible de COUM Transmissions, colectivo de performance art que fusionaba el gusto por la sangre y los fluidos del accionismo vienés, la confrontación con el público, el potencial subversivo de la pornografía y la modificación corporal a veces violenta. Cuando a finales de la década el escándalo provocado por sus performances amenazaba con convertirlo en el enfant terrible de la prensa sensacionalista, Genesis decidió trasladar su trabajo a la escena del art-rock, ya considerablemente sacudida por la llegada del punk.

Su siguiente proyecto, la banda de rock industrial Throbbing Gristle, tenía una inspiración esencialmente burroughsiana. Definida como un antimuzak que interfiriera con las frecuencias de control de la civilización, la música de Throbbing Gristle no tenía ninguna intención de ser agradable ni placentera para el oyente, más bien lo contrario. Su meta era interferir con las transmisiones de las instituciones sociales, políticas y sobre todo de las corporaciones mediáticas; y lo intentaba por medio del shock sensorial. Pero quizás el movimiento más singular de la carrera de Genesis era el que estaba por venir.

En sus páginas hay textos de historia cultural, técnicas de meditación basadas en los “sigilos mágicos” del ocultista Austin Osman Spare y planes de ‘descondicionamiento’ de las identidades sexuales

Alrededor de 1981, y ya disuelta su banda, Genesis buscaba formas alternativas de poner en práctica su ideal artístico de des-condicionar al individuo de los mecanismos de control social. Toda la carrera de Genesis es básicamente un intento de responder a la pregunta burroughsiana: “¿Es posible cortocircuitar nuestra conducta social?”. Sea en forma de proceso interior del performer individual, o bien de experimento colectivo de adaptación de los cultos carismáticos, el des-condicionamiento social es la clave para entender la obra de Genesis.

Su siguiente proyecto, mucho más ambicioso que los anteriores, se llamó Thee Temple ov Psychick Youth (Templo de la Juventud Psíquica). Concebido inicialmente como red de centros de vida alternativa, el Templo promulgaba formas de aislamiento autogestionado de la sociedad. Cada centro, concebido como un laboratorio de formas de sexualidad alternativas y revolución mental, se mantendría económicamente mediante la actividad artística (y propagandística) de sus miembros.

Externamente, el Templo, que llegaría a tener miles de miembros en el Reino Unido, la Europa continental y América, asumió una estética inspirada en sectas carismáticas como la Iglesia del Proceso o el Templo del Pueblo de Jim Jones, con parafernalia militar, alzacuellos, cabezas rapadas y símbolos ocultistas. Su “brazo mediático” sería otra banda de música, Psychic TV, concebida como ambiciosa intervención en la cultura de masas que sirviera a los fans de puerta de entrada al Templo y los convirtiera en adeptos. Psychic TV tuvo cierta proyección en la escena de la música pop de los años ochenta y principios de los noventa, aunque no la bastante como para garantizar la supervivencia del Templo. La organización desapareció a principios de los noventa en medio de escándalos sexuales, peleas intestinas y comportamientos que remedaban las sectas carismáticas, no necesariamente a modo de acción artística conceptual.

En sus últimos años alteró quirúrgicamente su cuerpo para adquirir características morfológicas de ambos sexos

La biblia psíquika recoge la gran mayoría de textos de P-Orridge de la época del Templo de la Juventud Psíquica, junto con otros de sus colaboradores y exégetas del periodo. Concebido como gran compendio o biblia de las ideas e influencias de Genesis, se trata sin duda de una de las obras (explícitamente) contraculturales más relevantes de su tiempo. Su eje es una secuencia de propuestas de intervención cultural diseñadas para cambiar modos de percepción y reprogramar patrones de conducta heredados. Aunque quizás esta meta no lo distinga lo bastante de otras obras fundacionales de su época, es la radicalidad y la exuberancia creativa de los textos recopilados lo que hace de esta una obra completamente singular.

En sus páginas hay textos de historia cultural; desarrollos del método burroughsiano del cut-up; técnicas de meditación basadas en los “sigilos mágicos” del artista y ocultista de principios del siglo XX Austin Osman Spare; planes de des-condicionamiento de las identidades sexuales; tratados sobre simbología, chamanismo y sincretismo hindú-budista tibetano; textos sobre el potencial subversivo de la televisión; y formulaciones teóricas que llevarían a Pandroginy, la obra más importante de Genesis en siglo XXI, una larga performance de una década durante la cual el artista alteró quirúrgicamente su cuerpo hasta adquirir características morfológicas de ambos sexos (o quizás de un tercero).

Un formidable manual de rebelión social y artística que también es una ventana abierta (la mejor) a la obra de un creador que habitó siempre rabiosamente en los márgenes, excéntrico entre excéntricos y ciertamente no para todos los gustos, pero cuya capacidad de fascinación y particularmente de inspiración sigue más viva que nunca. Convertida con el paso del tiempo y las ediciones sucesivas en obra de culto (y ejemplo magnífico de venta por goteo), resulta más adecuado que La biblia psíquika llegue a nuestras librerías de la mano de ese magnífico catálogo de contracultura y rebelión mental que es la editorial Caja Negra.

La biblia psíquika

Genesis Breyer P-Orridge. Edición de Jason Louv. Traducción de Juan Salzano. Caja Negra. 576 páginas. 29,50 euros.

 

Javier Calvo es autor de novelas como ‘Piel de plata’ y ‘El jardín colgante’.

 

[Foto: NEVILLE ELDER / REDFERNS – fuente: http://www.elpais.com]

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Escrito por Miguel Palacio     

Un país no es solo el espacio geográfico que ocupa. Ni tampoco es solo una historia, unos habitantes o una cultura. Un país también son sus formas, sus olores, sus colores y sus sonidos. Al final, es toda la mezcla de estímulos que se vuelven perceptibles al pisar el país y que son tan difíciles de capturar y transmitir a distancia.

El que no lo tenga claro no tiene más que revisar El Palabrero Mexicano, de Adrián Suárez. En él, el director creativo español afincado en México propone una serie de destilaciones visuales que conjugan la riqueza del vocabulario local mexicano con la exuberancia cromática del día a día de la ciudad de Oaxaca.

Moverse por México podría ser un viaje lisérgico. Como dijo Salvador Dalí tras una de sus visitas, es un lugar más surrealista que sus propios cuadros. Y esa esencia, güey, no se captura fácilmente.

Dice Suárez que todos los países tienen su propia identidad, sus propias tradiciones, sus propios lenguajes visuales. En este palabrero mexicano se encuentra en los ricos colores de la ropa de las mujeres de este país, en la diversidad de sus estampados florales y en el atractivo visual de los puestos de los mercados de Oaxaca.

Además de la paleta de colores de Oaxaca, fueron los giros y expresiones del idioma lo que más llamo la atención del creativo y lo que le llevó a buscar su origen etimológico. Fue esta búsqueda, unida a su propia curiosidad acerca de los modismos mexicanos, la que le llevó a componer este trabajo. Muchas de ellas son palabras que fuera del país sonarán a culebrón, o a una de las últimas temporadas de Narcos, pero que en suelo mexicano aparecen cargadas de sentido.

Así, en el conjunto de composiciones que forman este trabajo se mezclan elementos dialécticos y visuales para construir una experiencia. En palabras del propio Suárez, «emplazando al espectador en suelo mexicano como si estuviera recorriendo alguna de sus calles, plazas o mercados. Se trata así de buscar una síntesis sensorial de vista y oído al caminar por las calles de Oaxaca y, de esta forma, tratar de describir la singularidad del pueblo mexicano».

México es un país con un vocabulario muy rico que da lugar a palabras muy características. «Por ejemplo», dice Suárez, «chido, chingón, padrísimos o fregón, son algunas de ellas para referirse a cosas, personas o acontecimientos buenos. Expresiones informales que inundan las calles de las ciudades y pueblos en las conversaciones de sus transeúntes».

Todas ellas forman parte de lo que constituye realmente un paseo por una calle de cualquier ciudad mexicana. Será a través de ellas que el oído de cualquier visitante se hará realmente a la idea de que es mexicano el suelo que pisa, y no de cualquier otro país hispanohablante.

 

[Fuente: http://www.yorokobu.es]

Un graffiti de Maradona en el barrio de La Boca. FOTO: Wikimedia

Escrito por Aram Aharonian

Fue un pueblo en las calles, a pesar de la pandemia, que despidió el jueves 26 de noviembre al mayor ídolo argentino de lo que va del milenio, un futbolista que con su zurda mágica puso a la Argentina nuevamente en la geografía mundial. Lo velaron en la misma Casa Rosada, la de Gobierno.

Diego ya era un mito cuando vivía, por eso no puede extrañar la despedida que le brindó el pueblo, ante el ceño fruncido de la burguesía, que temía que como en 1945, los “negros” se lavaran “las patas” en las fuentes de la ciudad para rendir su tributo al negro drogadicto que no pudo contra su fracaso existencial y, como dice Eduardo Aliverti, lo apuntan como el máximo de los pésimos ejemplos para la juventud.

Fue, como Evita Perón, un singular abanderado de los humildes y muestrario andante de las exuberancias, contradicciones, picardías, desobediencias, genialidades, y también de las miserias argentinas, y algunas conductas misógenas y machistas. Casi todos los que lo acompañaron en sus círculos cercanos, lo utilizaron, estafaron y lo fueron matando.

Cuando todo hacía prever que la despedida se realizaría, como es habitual con los íconos culturales (desde Perón a Mercedes Sosa, por ejemplo), en el Congreso Nacional, el presidente Alberto Fernández se hizo dueño del espectáculo, obviamente impidiendo que la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner pudiera capitalizar el acto y el nombre de Maradona.

Obviamente la burguesía argentina, que odia todo que tenga tufo de popular, le endilga todos los males. Sobre todo haber dilapido una fortuna que se ganó gambeteando, finteando, bicicleteando, rematando y goleando, y no apoderándose del dinero de todos los argentinos, asaltando el erario público.

Revolucionario dentro y fuera de la cancha. Defensor de las causas justas. Enemigo de las injusticias sociales. Capitán de los que menos tienen. Jugador de las canchas en las que lo que se patea es miseria. Amigo de muchos y muchas. Soñador de la Patria Grande. Diego Armando Maradona, el comandante de toda una región, señalan Tomás Franch y Nicolás Retamar (1).

Ahora, empezó un nuevo capítulo de esta larga telenovela, el interminable episodio de todos los que lo conocieron, tocaron, hablaron, recibieron una foto o un autógrafo o inventaron alguna anécdota con él. Eso no solo pasa en Argentina, sino también en Barcelona y sobre todo en Nápoles, una ciudad que “resucitó” y le puso freno a la prepotencia nórdica, con las presencia del astro argentino.

No, no entrevisté a Diego

Los desilusiono, me crucé dos veces con él: una en el centro de prensa del Mundial de 1986 y otro cuando “el gordito” pasó delante mío en un carrito de golf en La Habana, sin siquiera apercibirse que lo estaba buscando. Era su primera resucitación.

La primera vez que lo vi jugar fue en la cancha de River Plate, un año después (1979) que la selección argentina (sin él) ganara la copa mundial. Eran épocas lúgubres, de dictadura, represión, compañeros desaparecidos y muertos. La segunda vez, lo vi brillar en el estadio Azteca de México, contra Bélgica y Alemania Federal (tres años antes de la caída del Muro de Berlín).

No, no vi el partido contra Inglaterra. Estaba en el avión de regreso de Monterrey, donde cubría la serie del mundial que se jugaba allí. Y en el avión los pilotos nos informaron del triunfo argentino, ante la exasperación de los colegas británicos que compartían la aeronave. Allí comenzamos los festejos, mientras nacía el mito del gol de la mano de Dios, hecho por un “enanito” que saltó más alto que Peter Shilton.

Nos sorprendió entonces una crítica del exentrenador argentino César Menotti; “Maradona ha perdido su identidad desde hace tiempo y cada vez va peor (…) Si Maradona deja de vivir como un barrilete, que si voy o no voy, puede ser la figura del Mundial”. La frase de “barrilete” se viralizó pocos días después, cuando el narrador uruguayo Víctor Hugo Morales gritó un gol de Maradona el 22 de junio de 1986 en la victoria de Argentina por 2-1 frente a la selección de Inglaterra.

Fue la mejor jugada y el mejor gol en la historia de los mundiales, cuando dejó en el camino a varios rivales, incluido Shilton. “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”, gritó Morales. En esos cuatro minutos que transcurrieron entre los dos goles que hizo el 22 de junio de 1986 contra los ingleses en el estadio Azteca, le demostró al mundo quién era: el tramposo y el mágico, el que es capaz de engañar a todos y sacar una mano pícara y el que enseguida se supera con el mejor gol de todos los tiempos.

Fue el mejor homenaje, para los cientos de jóvenes argentinos que dieran la vida cuatro años antes en las Islas Malvinas. En su despedida, frente a la Casa Rosada de gobierno, miles de personas, quizá esclavos emocionales de la figura del Diez,  saltaban al grito de “el que no salta es un inglés”.

Después de haber consagrado campeón mundial juvenil, fue campeón mundial con la albiceleste. Y cuatro años después, con el tobillo hecho un melón llevó a la Argentina a otra final.

Quizá recién me di cuenta de la grandeza de Maradona, cuando en marzo de 2007, después de finalizado en Foro Social Mundial en Kenia, fuimos a una reserva natural de animales salvajes  –a fotografiar elefantes, leones, hipopótamos, cebras, etc- y en la entrada nos encontramos con un Massai, pantaloncito-falda escocesa, descalzo, torso desnudo, de unos dos metros de altura, con una lanza en mano, que nos preguntó de dónde éramos.

Opté por las más fácil y en inglés le dije que de Argentina. Levantó la cabeza como si pusiera a funcionar su memoria y mientras repetía “Aryentina, Aryentina…”, de repente se le prendió la lamparita y con ojos bien abiertos disparó: “Tevéz, Agüero….” Y, enseguida mostró una amplia sonrisa con sus únicos dos dientes y levantando sus brazos al cielo, dijo: “¡Ma-ra-dooo-na!”.

En defensa de los futbolistas

Diego se le plantó a la FIFA denunciando a los mafiosos del entonces presidente Joao Havelange cuando ningún jugador de peso lo hacía, incluso formando un sindicato del fútbol. Pero las mafias europeas y las empresas de apuestas que manejan parte del negocio del fútbol no perdonan.

En 1990, otra vez jugaron la final alemanes federales y argentinos y se impusieron los teutones con un más que polémico penal pitado por árbitro mexicano Edgardo Codesal a siete minutos del final. El astro alemán Lothar Matheus dejó en claro que la falta fue mal cobrada. O muy bien cobrada para las finanzas de Codesal y/o las casas de apuesta.

En 1995 Diego armó un sindicato de futbolistas con reconocidas figuras como Eric Cantoná y George Weah, Ciro Ferrara, Gianfranco Zola, Gianluca Vialli, Hristo Stoichov, Laurent Blanc, Michael Preud’Homme, Rai, Thomas Brolin, entro otros. La Asociación Internacional de Futbolistas Profesionales (AIFP) lo eligió como presidente natural. Gracias a la presión conjunta lograron mejorar algunas condiciones laborales de los jugadores profesionales.

Uno de los logros más importantes fue conseguir el apoyo del belga Jean Bosman, quien consiguió derrotar a la poderosa UEFA ante los tribunales, determinando la apertura de las ligas de la Unión Europea para los jugadores comunitarios. Su reclamo se conoce como la «ley Bosman» y permitió el libre traspaso, sin indemnizaciones ni cupos extranjeros, de los jugadores profesionales comunitarios de las ligas europeas.

Estas iniciativas no prosperaron en su momento pero sentaron un precedente. «Los futbolistas somos gente demasiado individualista, tenemos mucho que aprender para que esto tire hacia adelante», dijo el brasileño Sócrates tras aquel fracaso.

Maradona fue condenado a creerse Maradona y obligado a ser la estrella de cada fiesta, el bebé de cada bautismo, el muerto de cada velorio. Más devastadora que la cocaína es la ‘exitoína’. Los análisis, de orina o de sangre no delatan esta droga», señalaba Eduardo Galeano. Gracias por enseñarme a leer el fútbol, comentó Diego tras enterarse de su fallecimiento en 2015.

Una patada al éxito

“De una patada fui de Villa Fiorito a la cima del mundo y ahí me la tuve que arreglar solo”, solía decir. Fue una montaña rusa constante.Y murió el mismo 25 de noviembre, cuatro años después que su admirado Fidel Castro.

La historia que une a Maradona con el Nápoles empieza en verano de 1984 y desde entonces hasta su muerte se trató de pasión e idilio incondicional. Con Diego, el Napoli tocó el cielo. En 1987 ganó su primera liga y la copa, cuando el objetivo inicial era evitar el descenso. Unas 70.000 almas corearon su nombre cuando fue presentado en el mítico estadio de San Paolo el 5 de julio. “¡Dieeego, Dieeego, Dieeego!”.

Maradona llegaba como un héroe a una ciudad pobre y desesperanzada que le recordaba a su barrio natal y que buscaba alguna alegría a la que agarrarse para olvidar las penurias. “Nápoles es mi casa”, dijo Diego, que rechazó un contrato multimillonario con el Milan del todopoderoso Silvio Berlusconi. Y con el Napoli ganó dos Scudettos, una Coppa, una Supercopa y una Copa de la Uefa.

Su historia negra de drogas, favores y traiciones con la Camorra empieza en 1984, cuando conoció a Carmine Giuliano, uno de los capos de la Camorra. En el documental Diego Maradona de Asif Kapadia, se señala que «una vez confías en la Camorra, pasas a ser de su propiedad». Diego siempre negó su vínculo con la mafia: «Nunca pedí nada a la Camorra, me dieron la seguridad de saber que no le ocurriría nada a mis dos hijas», dijo en 2017.

El Mundial de 1990 cruzó a Argentina y la selección azzurra en semifinales en el estadio napolitano de San Paolo (hoy rebautizado como Diego Maradona). En los penales de desempate, Maradona marcó y Argentina eliminó a Italia. Eran tiempos en los que el norte italiano considera extranjeros a sus compatriotas del sur. A la Camorra no le gustó nada el resultado y se desvinculó de Maradona e hizo todo lo posible para matar el mito..

Moraleja: Diego tuvo que enfrentarse a un juicio por narcotráfico en el que lo condenaron a una pena de 14 meses de cárcel, que no cumpliría, pero que lo alejaría del campo durante año y medio. Maradona fichó por el Sevilla español.

Pero el mito sigue vigente. Si uno se pasea por las calles de Nápoles se topa con verdaderos altares en memoria del 10, murales con su rostro, bares con temática maradoniana, un museo dedicado a él… Napoli respira Maradona y vivió su muerte como la de un familiar muy cercano. Testigo de ellos fue el estadio Maradona, donde los tifosi napolitanos llenaron de ofrendas al ídolo máximo de la ciudad sureña..

Diego fue adorado no solo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable, señala Galeano.

Pero los dioses no se jubilan, por muy humanos que sean. Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero», señalaba en su póstumo “’Cerrado por fútbol”, publicado en 2017.

Nunca dejó de ser Maradona ni cuando ni siquiera él podía aguantarse. Hasta la prensa que lo quiso lapidar pero a la vez lucró con su genio y figura, señala que Maradona fue los dos espejos (nunca pudo ocultar ninguno): aquel en el que resulta placentero mirarnos y el otro, el que nos avergüenza. Fue el adicto en constante lucha, el que cantaba un tango y bailaba cumbia. El que le dijo al anterior papa que vendiera el oro del Vaticano para dar de comer a los pobres.

Lo quisieron convertir en ícono, para venderlo mejor, pero se tatuó la cara del Che en el brazo y se subió a un tren para ponerse cara a cara contra George Bush y ser bandera del progresismo latinoamericano, al grito de ¡ALCA-rajo!, junto a Néstor Kirchner, Lula da Silva, Hugo Chávez y Evo Morales.

Nos deja pero no se va, porque es eterno, escribió el parco Lionel Messi.  «Con un dolor en el alma, me he enterado de la muerte de mi hermano, Diego Armando Maradona. Una persona que sentía y luchaba por los humildes, el mejor jugador de fútbol del mundo», escribió Evo Morales, quien lo recordó como “un gran defensor del fútbol en la altura y gran amigo de las causas justas. No solo el fútbol mundial le llora, también los pueblos del mundo».

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien quizá lo vio brillar en 1986, dijo que Diego nunca renunció a sus ideales aunque pagara el costo de ser ‘políticamente incorrecto’”; Diego se queda, señaló el francés Emmanuel Macron, que de progresista no tiene nada. Y el presidente español Pedro Sánchez dijo que «con tu zurda dibujaste los sueños de varias generaciones. Eterno, pibe».

En 2005, en un autoentrevista televisiva, Diego dijo arrepentirse de haber hecho sufrir a quienes lo quieren y de “no haber podido dar el cien por ciento en el fútbol porque yo con la cocaína daba ventajas. Yo no saqué ventaja, yo di ventaja”.  Y cuando se preguntó qué diría el día de su muerte, se contestó: “Gracias por haber jugado al fútbol, porque es el deporte que me dio más alegría, más libertad, es como tocar el cielo con las manos. Gracias a la pelotaSí, pondría una lápida que diga: gracias a la pelota”.

Diego se fue bañado de gloria del estadio Azteca, y también fue el que salió de la mano de una enfermera en el mundial de Estados Unidos. Es el que arengaba, el que agitaba, el que levantaba los ánimos, el que motivaba, el que se enfrentaba a los dirigentes, el gran capitán de la albiceleste. Y así lo recuerdan sus excompañeros. Es el que tomaba un avión desde cualquier lugar del mundo para jugar con la camiseta de su selección.

Diego nos hizo sentir a los argentinos la fantasía que genera el ídolo, señalaba Marcelo “Loco”Bielsa, hoy entrenador del Leeds inglés.  «El ídolo, el mito, la leyenda hace que un pueblo crea que lo que hace esa persona somos capaces de hacerlo todos. Por eso la pérdida de un ídolo golpea tanto a los más excluidos, a los más indefensos, porque son los que más necesitan creer que es posible triunfar», añadía.

Se nos fue El Diego, El Pelusa, Diegol, El Cebollita, D10S, el Barrilete Cósmico, el más humano de los dioses, el que cometió todos los errores y también, sobre todo, maravilló al mundo y le dio alegrías a todo su pueblo. Mientras su féretro salía hacia el cementerio en la tarde del jueves, resonaba en las calles el canto del pueblo: “Maradooo…”,

Nota:

Ver https://www.nodal.am/2020/11/maradona-capitan-de-la-patria-grande-por-tomas-franch-y-nicolas-retamar/

* Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.

 

[Fuente: http://www.pressenza.com]

Maradona carnavalizou o futebol e carnavalizou-se, fazendo-se o Grande Palhaço de si mesmo, onde a Palhaçada não é rebaixamento, pelo contrário, é reconhecimento e absolvição da precariedade humana

Escrito por FLÁVIO AGUIAR*

Li muitas observações sobre a relação entre Maradona e Deus. Foram desde a lembrança de seu gol contra a Inglaterra, em 1986, “com a mão de Deus”, até a de que Maradona provava que Deus pode ser humano, e vice-versa. Esta última, subrepticiamente, o aproximava de Cristo, o Deus feito homem, do Ecce Homo, na frase atribuída a Pilatos no Evangelho de João. Maradona, exuberante, mas sacrificado no altar da fama e, para deleite de seus adversários ideológicos, também no das drogas.

Nenhuma das comparações me satisfez. Todas erraram por quilômetros de distância. Porque o deus de Maradona, se revelado, é pré-cristão. É Dyonisus, ou Baco. Erroneamente, este deus é associado à ilusão da bebedeira, o que é um vício consumista. O vinho de Dyonisus é o da lucidez, “in vino veritas”, e sua embriaguês é a do teatro, a fascinação pela iluminação da vida através do espetáculo.

Dyonisus era o deus de muitos nomes; Baco ou Bacchus era um deles, devida ou indevidamente associado com o deus arcaico Iacchus que, pelo que se sabe, ou se conjetura, era cultuado de modo remanescente nas procissões que celebravam os Mistérios de Elêusis, dos mais antigos rituais da Grécia antiga.

Por aí poderia de fato, haver uma ligação arcaica com o cristo dos Evangelhos, porque os Mistérios de Elêusis partiam de cultos agrários anteriores à Grécia antiga, que celebravam a morte e o renascimento das forças da natureza. Dyonisus mesmo, acreditava-se, nascera duas vezes, comportando em sua trajetória a superação do estigma da morte, como Cristo e, de certa forma, o próprio teatro: o personagem trágico, ao morrer, renasce em outro plano, e para sempre, pois ele seria aquele que morre num espetáculo para renascer no outro mais adiante e, como Drácula, sugar a atenção sanguínea dos espectadores entregues à embevecida lucidez das paixões iluminadas, pálido espelho na plateia do que se passa divinamente no plano da ficção que nos alucina por algum tempo, para nos devolver mais lúcidos ao plano da “realidade”.

Assim foi com Maradona, que nascia, agonizava e renascia continuamente, que marcou um gol com a mão contra os ingleses e outro em que driblou todo o time da Inglaterra, inclusive o goleiro, e ao mesmo tempo redimiu seu país da derrota e da estupidez da Guerra das Malvinas, provocada por uma ditadura que estertorava sem mais outra saída. Nem entrada.

Maradona carnavalizou o futebol e carnavalizou-se, fazendo-se o Grande Palhaço de si mesmo, onde a Palhaçada não é rebaixamento, pelo contrário, é reconhecimento e absolvição da precariedade humana, é vingança dos homens reais contra os falsos deuses de pés de barro, é a concessão da dignidade à nossa fraqueza de humanos, reconhecendo nossos limites, nossos cacoetes, elevando-nos a uma condição de lucidez perante o que somos, deixamos de ser e queremos vir a ser: sobreviventes.

Maradona foi um sobrevivente. Sobrevivente à pobreza, sobrevivente à dependência química, sobrevivente ao endeusamento capitalista de sua condição de futebolista renomado. Ele negou o futebol enquanto enriquecimento dos outros, fê-lo uma alegria de si mesmo e para seu povo.

Maradona, o deus que fez da vida um estádio onde ele dançou e dança eternamente.

*Flávio Aguiar é jornalista, escritor e professor aposentado de literatura brasileira na USP. Autor, entre outros livros, de Crônicas do mundo ao revés (Boitempo).

[Ilustração: Dora Longo Bahia. Escalpo Paulista, 2005
- acrílica sobre parede 210 x 240 cm (aprox.) – fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]

Heitor VILLA-LOBOS (1887-1959) : Danças caracteristicas africanas W 085 ; Bachianas Brasileiras n° 4 W 264 ; Ciclo Brasileira n° 2 et 3 W 374 ; Chôros n° 1 tipico W 161 ; Carnaval das Criancas Brasileiras W 157 ; Cirandas W 220. Flavio Varani, piano. 2020. Livret en français et en anglais. 56.21. Azur Classical AZC 175.

Écrit par Jean Lacroix

Le Centre International Albert-Roussel, installé au cœur des Flandres Françaises, à Bavinchove, commune située à 25 kilomètres de Dunkerque, se consacre depuis 1997 au rayonnement de la musique d’Albert Roussel (1869-1937) et de ses contemporains. Parmi ses activités, on trouve une collection de disques où figurent, en plus de compositions de Roussel, des œuvres de Louis Aubert, Florent Nagel, Claude Delvincourt, Albert Markov, Francis Thomé, René de Castéra ou Paul Paray, le tout sous le label Azur Classical. Un autre créateur vient s’ajouter à cette liste, le Brésilien Heitor Villa-Lobos.

Né à Rio de Janeiro, Villa-Lobos, vite reconnu et apprécié dans son pays où il fait la connaissance d’Artur Rubinstein pour lequel il composera son Rudepoema, obtient une bourse de son gouvernement en 1923 et se rend à Paris où il donne des concerts et devient vite populaire. Pendant ce séjour, il retourne plusieurs fois au Brésil et y révèle des œuvres de musiciens français. Il rentre définitivement dans son pays en 1930, mais revient souvent dans l’Hexagone pour des prestations. Il écrit en 1929, pour la pianiste franco-brésilienne Magda Tagliaferro (1893-1986), une partition pour piano et orchestre, Mômo precoce (il en existe un enregistrement qu’ils ont effectué ensemble pour Angel Records).

Au cours de la décennie 1950, Magda Tagliaferro, qui a été l’élève d’Alfred Cortot, enseigne à l’École Normale Supérieure de Paris. Elle y reçoit pour élève un jeune Brésilien né à Sao Paulo : Flavio Varani. Ce dernier, concertiste dès l’âge de sept ans pour la radio et la télévision de son pays, joue deux ans plus tard avec orchestre. Il reçoit une bourse du gouvernement français pour se perfectionner et arrive à Paris à l’âge de treize ans. Il va travailler avec Magda Tagliaferro pendant sept ans (deux photographies avec elle illustrent le CD). Au cours de cette période, Varani rencontre Villa-Lobos devant lequel il interprète le Mômo precoce à la Salle Wagram. À la manière d’un passage de flambeau de Magda à Flavio ? En tout cas, avec une assurance de continuité pour s’attacher à l’œuvre de Villa-Lobos. Varani donne des concerts en Europe pendant son adolescence et remporte le 1er Prix du Concours Chopin à Majorque à 18 ans. Il poursuit ensuite ses études aux États-Unis avec Rosa Lhevinne et Artur Balsam. Au cours de sa carrière, il se produit dans le monde entier, en récital ou en concertos (le Japon l’accueille pour deux mois en 2015), et revient en France à plusieurs reprises.

Le présent CD de la Collection du Festival Albert-Roussel a été enregistré au Conservatoire de Musique et de Danse de Châtenay-Malabry du 2 au 4 septembre 2017. Vingt ans auparavant, Varani avait gravé un autre CD Villa-Lobos qui semble aujourd’hui indisponible, Cartas à Posteridade, pour le label Paulinas COMEP. Ce disque a reçu en 1999 la distinction « Outstanding Classical Recording » de la Detroit Music Foundation. Des enregistrements de compositeurs français sont à mettre aussi à son actif : Poulenc, Debussy (les Études), Ravel (Miroirs), les œuvres pour piano de Paul Paray… Le programme Villa-Lobos ici proposé consiste en une série de pièces descriptives de courte durée (une seule dépasse les six minutes) représentatives de sa production. Il n’est pas inutile de rappeler que ce compositeur prolifique a inscrit à son catalogue près de deux mille œuvres couvrant tous les genres musicaux et qu’il s’est fortement imprégné de l’héritage musical de son Brésil natal au cœur duquel il a beaucoup voyagé, récoltant airs locaux et chants indiens.

Comme le rappelle la notice de Damien Top, cet autodidacte de génie a beaucoup écrit pour le piano qu’il a appris avec son épouse, la concertiste Lucilia Guimaraes (1886-1966). Ses Dansas caracteristicas africanas de 1914-15 s’inspirent des Indiens du Mato Grosso, tribu métissée des Noirs d’Afrique et évoquent les trois âges de l’homme : l’or, le bronze et le cristal. Rythmes syncopés, couleurs très contrastées et frénésie traduisent avec éloquence ce rappel du folklore brésilien. Parmi les neuf Bachianas Brasileiras, suites composées entre 1930 et 1945 pour diverses formations, la n° 4 est réservée au piano (elle connaîtra une orchestration en 1942). Pour cette série d’airs populaires, Villa-Lobos ne cherche pas la complication : les harmonies sont simples et accessibles. Le compositeur glisse dans le deuxième mouvement, Coral (Canto do Sertao), l’imitation du cri aigu d’un passereau des Guyanes. Dans un climat global qui se voudrait quelque peu baroquisant, la dernière pièce, Dança (Miudinho), utilise une mélodie traditionnelle à la manière d’un mouvement perpétuel.

Suivent deux extraits (n° 2 et 4) du Ciclo brasileiro de 1936-37 qui décrit la vie modeste du paysan pauvre : une valse aux accents nostalgiques contraste avec une fête du rythme et de la couleur au cours de laquelle on retrouve les martèlements alternés que Villa Lobos aimait utiliser. Le climat se rapproche des romantiques. Retour à une partition antérieure, de 1920, avec le numéro 1 du cycle des Chôros (dans une transcription d’Odmar Amaral Gurgel) avec son rondo chaloupé, sur un morceau typique de Rio, apparu dans les années 1870, et souvent dansé en couple.

Flavio Varani est à l’aise dans ce florilège aux aspects protéiformes exprimant aussi bien la joie que la tristesse, l’empathie pour la condition humaine difficile ou une forme d’exubérance qui ne dit pas toujours son nom, mais s’exalte dans une liberté expressive qui se veut claire et flexible. Le pianiste ajoute encore les huit pièces du Carnaval das Criancas Brasileiras de 1919-1920. C’est dans ce recueil que Villa-Lobos puisera dix ans plus tard le contenu de sa fantaisie avec orchestre Mômo precoce destinée à Magda Tagliaferro. En un peu plus de dix-sept minutes, il brosse une délicate fresque de l’enfance à la fois insouciante, gaie, malicieuse et communicative, dans un contexte de lignes simples où s’inscrivent des chansons populaires distillées avec rythmes variés et couleurs bariolées. Un ensemble enchanteur où l’on relève modulations, thèmes gracieux, rengaines, marches ou motifs décoratifs. La pièce n° 8 de Cirandas (1926), autre recueil de chansons enfantines, clôture ce récital, d’après l’air Vamos atras de serra (Allons de l’autre côté de la montagne), de manière symbolique, comme pour faire la synthèse d’un univers souvent jubilatoire, élégant, brillant, où le piano déploie régulièrement des sonorités orchestrales. Cette pièce vive, très spontanée, met un terme à ces facettes de la riche palette stylistique d’un compositeur dont l’exotisme nous parle avec un charme sans cesse renouvelé.

Ce très beau disque de Flavio Varani montre à quel point sa complicité avec l’univers de Villa-Lobos est réelle. Sur le plan discographique, il se place aisément aux côtés des autres transmetteurs de qualité que sont Cristina Ortiz, Luiz de Moura Castro, Anna Stella Schic, Roberto Szido ou Nelson Freire, sans oublier celle qui fut son professeur, Magda Tagliaferro.

Son : 9  – livret : 9  – répertoire : 9  – interprétation : 10

 

[Source : http://www.crescendo-magazine.be]

 

 

Em longa de Benoît Jacquot, personagem é dominado pelo poder da autonomia feminina

O ÚLTIMO AMOR DE CASANOVA (DERNIER AMOUR)

  • Classificação 14 anos
  • Elenco Vincent Lindon, Stacy Martin, Valeria Golino
  • Produção França, 2019
  • Direção Benoît Jacquot

Escrito por Cássio Starling Carlos

Casanova é, como Don Juan, paradigma de conquistador. Mas o amante veneziano representado por Fellini em 1976 e agora pelo francês Benoît Jacquot escapa do estereótipo da imagem de belo e sedutor, tal como aparece no “Casanova” protagonizado por Heath Ledger em 2005.

“O Último Amor de Casanova” retrata o personagem em um momento de declínio. Exilado de Veneza, ele foge para Londres, onde se indigna ao ver um nobre baixar as calças e defecar no parque, ignorando os limites entre público e privado, o que separa o pudor da obscenidade.

Vincent Lindon encarna Casanova não mais como um amante reluzente, mas como um homem de meia idade, opaco e entediado. Desse modo, ele se integra à galeria de personalidades do século 18 que Jacquot retoma para desconstruir, como já fez em “Sade” (2000) e com Maria Antonieta em “Adeus, Minha Rainha” (2012).

Da figura de Casanova não mais emana o prazer, apenas uma espécie de compulsão para possuir corpos com a mesma ânsia que à mesa ele devora comida como um bulímico.

Enquanto Fellini atualizou o personagem retratando-o como um ícone do machismo abatido pelo avanço do feminismo, “O Último Amor de Casanova” reduz o sedutor a joguete de uma mulher que faz do corpo e do sexo uma forma de poder.

Marianne de Charpillon, personagem à qual Stacy Martin empresta beleza e frieza, é uma jovem que se prostitui, mas que não se entrega àquele que supunha ter todas as mulheres a seus pés.

Casanova é representado como escravo do desejo, perde o lugar de quem escolhe seus objetos e passa a ser dominado pelo poder da juventude e da autonomia feminina. A releitura de Jacquot ajusta-se, portanto, às demandas contemporâneas reafirmadas por movimentos como o MeToo e as políticas identitárias.

Esta adequação ao contexto, no entanto, tende a ser perder em meio ao estilo frio e clínico que Jacquot adota em seus filmes de época. A fotografia apagada, os desempenhos distanciados e a direção de arte que busca a exatidão, mas evita a exuberância integram o esforço para isolar o personagem central, demonstrá-lo como antiquado.

As qualidades formais e intelectuais do filme se impõem à custa do prazer emocional, o que torna o projeto importante, mas pouco atraente.

[Fonte: http://www.folha.com.br]