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Pocs debats de caire internacional crispen tant el clima polític i social a Catalunya com el posicionament, a favor d’un bàndol o l’altre, en el conflicte que enfronta israelians i palestins. Malgrat l’allau d’informació sobre Israel i Palestina que tenim al nostre abast, la visió de l’opinió pública és sovint manipulada pels mitjants i mancada d’una perspectiva catalana, nacionalment centrada. No debades, la creació de l’Estat d’Israel i la del futur Estat palestí poden ensenyar-nos una sèrie de lliçons crucials per a la construcció nacional dels Països Catalans. Una anàlisi clara de la història i les arrels de la situació que resulta indispensable per a comprendre la conflagració actual. Els prejudicis seculars i l’herència cultural sovint es combinen amb la informació esbiaixada, tot desdibuixant la tènue frontera entre la denúncia de les accions politicomilitars israelianes i l’antisemitisme més descarnat. Aquest antisemitisme històric no ha estat patrimoni únic de l’extrema dreta i, lluny de desaparèixer a casa nostra, ha anat transformant-se per influència del conflicte palestí. En uns moments en què a tota Europa però especialment a Catalunya rebrota amb força l’antisionisme, la reflexió ponderada que ens ofereix aquest llibre es fa més necessària que mai.

 

Títol:Identitats en conflicte: Una visió catalana d’Israel
Autor: Jordi Gendra i Manel Frau
Editorial: DUXELM
Col·lecció: Kadima
Pàgines: 176
ISBN: 978-8493693817

[Font: http://www.racocatala.cat]

 
Escrito por Claudio Ferrufino-Coqueugniot

 

Joaquín, mi padre, me comentaba en la mañana acerca de El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa. Le parece un libro valioso, aunque algo pesado a veces. Luego de hablar sobre el Congo, aquella desmedida alucinación y tamaño crimen de la irresponsabilidad, el racismo y la ignorancia europeos, pasamos a la Amazonía, a la investigación de Roger Casement acerca de los desmanes de los caucheros en la región del Putumayo.
 
No he leído El sueño… Lo haré en algún momento. Supe de Roger Casement primero en las páginas de D’Artagnan, revista argentina con clásicos del comic por el talentoso Robin Wood, en alguna secuencia de la Primera Guerra Mundial. Hace poco, en la biografía de Tim Pat Coogan sobre Michael Collins, supe detalles del maltrecho complot de los nacionalistas irlandeses contra el yugo británico, a través de la participación alemana, asunto que llevó a Casement a la horca, a pesar del pedido de clemencia hecho por intelectuales y que Joseph Conrad, amigo y compañero de viaje en el río Congo, se negó a firmar.
 
Cuenta mi padre que entre los años de 1938 y 1942, más o menos, escuchó a su padre, Armando Ferrufino Camacho, en charla con un conocido acerca de cierto boliviano que “había regresado del Putumayo”. Se trataba de Armando Normand, la bestia asesina a cargo de la estación cauchera de Matanzas en la primera década del siglo XX, nacido en Cochabamba en 1880 (mi abuelo nació el 79) y que según la excelente y espeluznante monografía de Carlos Páramo Bonilla (Universidad Externado de Colombia-Bogotá): “Un monstruo absoluto”: Armando Normand y la sublimidad del mal, 2008, extraída en parte de los Diarios Negros de Sir Roger Casement, manejaba un imperio de terror en la jungla del Putumayo, con escenarios de crimen que envidiarían los verdugos nazis. Normand, venido de acuerdo a su propia confesión consignada en A Criminal’s Life Story/The Career of Armando Normand, del aventurero inglés Peter Mac Queen, de una familia “que fue de las primeras en la provincia de Cochabamba”, de padre peruano y madre boliviana, es mencionado en la novela de Vargas Llosa como uno de los peores, sino el peor, de los que ejercían su arbitrio sobre las poblaciones indígenas de la zona.
 
Páramo Bonilla escribe que hubo un juicio, previa cárcel, al que se sometió a Normand por las denuncias de Roger Casement en Londres. Antes, Normand prosigue con su relato de vida, “De allí fui a Manaos, Buenos Ayres, Valparaíso y luego a Antofagasta en donde por dos años me dediqué a vender sombreros de Panamá”. Alega desconocer las imputaciones en su contra, viaja a Ecuador, retorna a Cochabamba donde comercia con caballos chilenos, y, al parecer, es entregado por el gobierno boliviano para su juicio en Iquitos. Lo liberan, sale hacia el Brasil y de acuerdo al monografista se pierde su rastro para siempre, rastro que encuentro casualmente, en una conversación literaria con papá, y que se desconoce, en parte, seguro, porque y principalmente en esa clase social, se encubre, y sin duda justifica, horrores de clase y de raza semejantes.
 
Se conoce la fascinación que producen tales individuos. Alguien cuyo nombre se me escapa, entre los muchos citados en el texto universitario, relata que mientras Normand comía, sus esbirros azotaban a los indígenas y la sangre salpicaba los platos del capataz. Me recordó el grabado alemán del XVI en la que Dracul, conde de Transilvania, almuerza lloroso en el momento en que sus servidores empalan y despedazan prisioneros sajones. Vicky Baum, la escritora austríaca, describía al personaje en su libro El bosque que llora, donde Normand es llamado “El boliviano”. Así en muchos textos de ficción se materializa el monstruo de Matanzas.
 
La monografía del autor colombiano no se centra en la descripción morbosa del sujeto y sus actos. Trashuma en fascinante recorrido, las posibilidades de que Casement, de haberse quedado en el Putumayo, hubiese tal vez resultado otro Normand. Asocia a ambos con el Kurtz de El corazón de las tinieblas, de Conrad. Sus asociaciones literario-psicológicas son de gran interés, explicativas de la relación de frontera que es la selva entre el blanco y el indio, el civilizado y el bárbaro, dicotomías que por lo usual conllevan en sí trágicos elementos. Estudia además las manifestaciones perversas en contextos colectivos, Eichmann durante el nazismo, por ejemplo, para lo cual recurre al ya clásico texto de Hannah Arendt sobre Eichmann en Jerusalén. Para el autor de la Solución Final, su inocencia no era cuestionada. Como sin duda no lo fue para Armando Normand y los intereses del gran capital cauchero a quienes representaba, en otro contexto por supuesto y con violencia extrema de primera mano que no existió en los anales del burócrata alemán.
 
Subyuga, a pesar de que a veces suela tornarse aterrador, cómo se entretejen los hilos. Vargas Llosa lleva a mi padre a cierta rememoración de su infancia, Michael Collins me arrastra a Casement, éste a Conrad, Conrad a Kurtz, Kurtz a Normand y así. Incluso Bonilla alude a un Armando Normand, posible padre del genocida, en archivos del congreso boliviano, indultado luego de prisión, en Bolivia, por el asesinato de un tal Cleómedes Ferrufino, nombre que relacionamos con alguna parentela. Supongo que ahora me veo obligado a leer al último Nobel, otra vez. Parece que su temática casi de denuncia en el pretexto de un diplomático del Imperio, lo merece. Por cierto me ha recordado esto unos rones compartidos en la terraza del Hotel Presidente de La Habana, con Roberto Burgos Cantor y Eduardo Becerra, conversando acerca de José Eustasio Rivera, autor de La Vorágine –en las caucheras del Putumayo-, cuyas líneas iniciales rezan: “Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia”.
 
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[Publicado en Ideas (Página Siete/La Paz), 27/02/2011 – imagen: indígenas caucheros del Putumayo – reproducido en plumaslatinoamericanas.blogspot.com]
En Twitter tamén se pode ter información sobre bibliografía de filosofía en galego. Unha conta deixanos cada día nesta rede social unha recomendación. 
A conta de Twitter "Filosofía en galego" (Nós Diario)

« Ola Mundo! Vou tratar de axudarvos a saber todo o que se pode ler de filosofía en galego. Cada día (se non hai nada de novo) vou compartir unha publicación diferente. Vou ir por orde alfabética e coido que non tardarei menos de dous anos e pico… Gozádeo! ».

Con esta mensaxe comezaba a súa andaina o pasado 19 de agosto a conta de Twitter « Filosofía en galego », unha aventura coa que Lois Rodríguez, profesor de filosofía en secundaria, busca visibilizar o publicado desta disciplina en lingua galega.

« Nace coa intención de apoñer diante do prexuízo xeneralizado de que non hai ciencia e filosofía en galego, un listado que visibilice que si hai pensamento en galego, e de que o uso da lingua galega no coñece fronteiras », explica este profesor a Nós Diario.

Mais, hai publicacións abondo na nosa lingua ou deberían incrementarse? Sobre este tema cre que « hai publicacións de todos os perfís filosóficos e doutrinais, mais evidentemente temos unha eiva importante na escasa tradución das obras cumio da cultura occidental á nosa lingua ».

Un dos problemas, se cadra, sería a especialización. « A tradución filosófica presenta o problema engadido de requirir unha dobre capacitación do tradutor, tanto do idioma de orixe coma do corpus filosófico da obra que se quere traducir. Así que non é sinxelo, máis cando posibelmente non sexa rendíbel para a industria editorial ».

Non todos os problemas veñen do mundo académico

As bibliografías que se recomendan no ensino secundario nas universidades ten algo de relación coa situación? Para Lois Rodríguez « recomendar bibliografía en galego evidentemente daría un pulo á nosa lingua en todos os ámbitos, mais non todos os problemas se arranxan no mundo académico ».

Neste caso, pensa que « as decisións persoais e a maneira de cada quen de definir o seu propio modelo de formación é o verdadeiramente transformador. A responsabilidade é de todos ».

 

[Fonte: http://www.nosdiario.gal]

 

Escrito por Atilio Pérez da Cunha

“Ese perro que aúlla a las sombras,
ese agujero en la suela del zapato derecho,
ese árbol que vestirá mi carne,
finalmente,
apuntan hacia Dylan”.

Eduardo Darnauchans

Una garganta con arena

Más de cincuenta años después de su aparición en las calles del bohemio Greenwich Village de Nueva York, todavía el huracán de Minnesota tiene fuerza para ganar el premio de la Academia Sueca, que le entregó el Nobel de Literatura por “haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”. Un premio que corona una carrera que ha tenido otros reconocimientos literarios importantes, ya que Dylan obtuvo la Orden de las Artes y las Letras (1990), el Príncipe de Asturias (2007) y el Pulitzer (2008).
El Nobel, las dificultades de la Academia para encontrarlo y que asista a la ceremonia de premiación y lo que hará, presuntamente, con dicho premio lo han convertido en noticia recurrente en la más amplia diversidad de medios. Por lo tanto, el vecindario está alborotado.
Algunas personas que no leen siquiera las necrológicas o los resultados de la quiniela, y que jamás han oído a uno de los mayores poetas contemporáneos, debaten sobre el merecimiento de tal premio. Los expertos también debaten aunque no sean, precisamente, expertos en la frondosa obra de Bob Dylan a lo largo de 55 años de carrera, desde que llegó en el frío invierno de 1961 a Nueva York.
Hace poco, el poeta Víctor Cunha, tan urubeatnik y tan dylaniano como yo, me contaba que escuchó una tertulia radial en la que algunos expertos discutían sobre Dylan. Decía Víctor: “En Montevideo, un programa matinal junta a cuatro personas alrededor de una mesa para charlar sobre el caso. Lo cual no está mal en sí. Lo que sí está mal es que los anuncien como que son expertos en Dylan, cuando no lo son. De hecho, me consta que son expertos pero en rubros que no son Dylan, y eso es lo que lo vuelve más bizarro, porque quienes defienden no saben mucho cómo defender, los que atacan no saben qué o cómo es que hay que atacar. El conductor del programa lee incansable una pregunta de un oyente que habla de un cierto aire andaluz de la vestimenta de Dylan. El conductor finalmente encara a los expertos y les pregunta. Los expertos, a favor o en contra, no tienen la respuesta. En realidad, no se necesita ser experto para saber que la pregunta es errónea. El toque no es andaluz, sino mexicano. Cualquier abombado sabe que esos trajes con vira en el borde de la solapa y en las costuras laterales del pantalón, con bolsillos sin tapa y detalles de cuero, el corbatín de lazo, más el sombrero blanco a veces de alas dobladas o negro de ala dura, las botas bordadas y de taco, da entre Texas y México, no Andalucía. La primera vez que Dylan estuvo en Uruguay salió a escena vestido de esa manera. Será que le gusta”. Pienso en estas palabras del poeta y coincido: lo único andaluz en la vida de Dylan han sido los libros de Federico García Lorca.
Desde el otro lado de una calle de Malvín, un veterano cuidacoches me grita: “Dylan ganó el premio Nobel”.
El músico y poeta canadiense Leonard Cohen, a sus 82 años, aplaudió el premio Nobel de Literatura concedido a Bob Dylan y aseguró que otorgarle ese galardón al cantautor estadounidense es como “poner una medalla al Monte Everest por ser la montaña más alta”. Muchos años antes, el mismo Cohen, otro gran ícono de la canción de tópico, había dicho: “Bob Dylan es uno de esos personajes que solo aparecen una vez cada trescientos o cuatrocientos años”.
Pocas horas después de conocida la premiación de la Academia sueca, Nelson Caula, entrañable colega y amigo, me llamó para opinar sobre el premio Nobel de Literatura entregado al judío errante, la poderosa central poética, la garganta de arena y de “urraca valerosa”, que ha marcado a varias generaciones del planeta en los últimos cincuenta años. Entonces imaginé que sería natural que el posible lector de esta nota pensara que es oportuna, o que es en cierto modo oportunista, dada la repercusión del Nobel y sus consecuencias. Pero, en realidad, estaba pactada bastante antes y es mi manera de celebrar esta edición aniversario de Dossier. Y, también, en cierto modo, la celebración de una parte sustancial de mi propia vida.

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¿Cómo llegó Dylan al cul du monde?

“Oh, oye esto, Robert Zimmerman,
escribí una canción para ti
acerca de un joven extraño
llamado Dylan,
con una voz como la arena y pegamento”.

David Bowie

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Hasta 1969-1970 no había escuchado a Bob Dylan. El mundo entonces mostraba las claras modificaciones sufridas en su geografía política tras la Segunda Guerra Mundial. Se había configurado una bipolaridad derivada de la división del planeta en dos zonas de influencia controladas respectivamente por Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS). Los estadounidenses miraban a América Latina como su patio trasero. Habían comenzado a hacer una política intervencionista, y todo lo que se les antojaba diplomáticamente en los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y de Oriente Medio. La URSS manejaba con mano firme a los países de la entonces llamada “Cortina de Hierro”, y con el garrote del Pacto de Varsovia había aplastado a los gobiernos aperturistas de Hungría, en 1956, y de Checoeslovaquia, en 1968.
Uruguay se deslizaba, entretanto, en una espiral de violencia inédita y sorprendente, como si alguien se hubiera dormido mirando Heidi y se hubiera despertado, bruscamente, con una escena de un film de terror de Stephen King.
Era una época sin celulares inteligentes, sin internet, sin televisión satelital y sin videoclips, sin discos compactos ni mp4. Para un muchacho del sur del Sur era imposible imaginarse la voz y la imagen de un cantor/poeta que se había convertido en la banda de sonido de los movimientos civiles de Estados Unidos en los años sesenta. Dylan.
Disculpe el lector si esta nota resulta autorreferencial, pero la escribe alguien que se hizo poeta, poeta menor, pero poeta al fin, gracias a Bob Dylan.
En los patios del viejo Instituto Alfredo Vásquez Acevedo, agitado por aquellos años complejos y violentos, eran muy pocos aquellos con los que se podía hablar de Bob Dylan. Él ya era un referente de la canción de autor, o de tópico, y se había convertido casi en una leyenda viva como los grandes del folk Pete Seegger, Joan Baez y Woody Guthrie.
En 1970 había corrido a comprar Nashville Skyline, disco compartido con el cantante country Johnny Cash, pero no conocía más que algunas letras de sus primeros discos, las emblemáticas ‘Blowin in the wind’ y ‘A hard rain gonna fall’, que nunca habíamos escuchado, ya que sus discos eran imposibles de conseguir.
Ignoraba por completo que en julio de 1966 Dylan había sufrido un accidente con una motocicleta Triumph Tiger 100 en una carretera cerca de su hogar en Woodstock. Nunca supimos con certeza la gravedad de sus heridas, más allá de alguna declaración del propio cantante/poeta que dijo que sufrió la fractura de varias vértebras cervicales.
Como en muchas otras ocasiones, el personaje Bob Dylan aparecía rodeado de misterio y oscuridades, dado que después del accidente no fue hospitalizado ni hubo partes médicos que refirieran a la entidad de las heridas.
Algunos biógrafos y críticos de la obra de Dylan señalan que el accidente ofreció al cantante la oportunidad de sacarse de encima las presiones que había acumulado al convertirse en el referente, aunque él aclarara reiteradamente que no quería serlo, de todos los movimientos sociales y contestatarios de la época.
“No sigas a líderes, vigila los parquímetros”, había advertido en ‘Subterranean homesick blues’, uno de los temas de su disco Bring All Back Home, de 1965, que aquí en Montevideo no se oyó hasta 1972. En ese mismo año pude conseguir Highway 61 Revisited, en un canje pelo a pelo por un disco de Astrud, una de las mujeres de João Gilberto. El disco de Dylan, considerado uno de los mejores de la historia, era casi todo eléctrico, motivo por el cual Bob había sido abucheado en el Festival Folk de Newport de 1965. En las nueve canciones de ese disco está presente la literatura dylaniana más pura, desde ‘Like a Rolling Stone’, su canción más emblemática, hasta la densa y aluvional ‘Desolation row’, cuya extensión era ya un verdadero cross a la mandíbula.
Para los que conocíamos a Dylan solo por su álbum country Nasville Skyline, fue un verdadero impacto. Por eso no entendimos nada.
En ese puzle perverso que es el personaje Bob Dylan, creado por Robert Zimmerman, faltaban tantas piezas que resultaba imposible completar la imagen global del poeta/cantor que, a pesar de todo, empezábamos a idolatrar como pequeños devotos.
Ignorábamos tanto sobre Dylan, que hasta los años ochenta podíamos decir de él que seguía siendo “un perfecto desconocido”.

La historia oficial (“Eso quiere decir que hay otra historia”)

En los años setenta el mayor conocimiento sobre Bob Dylan lo obtuve por transmisión oral y, muy eventualmente, la audición de alguno de los discos inconseguibles en Uruguay, de parte de mi amigo Hamlet Faux, entonces periodista de los ya desaparecidos diario El Día, Radio Sur y Radio Panamericana. Él fue un referente fundamental: todo lo que podía saber de Dylan lo sabía gracias a Hamlet Faux, quien también me acercaría, en los primeros años de la década de 1980, las publicaciones de Los Juglares y la biografía del periodista estadounidense Anthony Scaduto (la más autorizada hasta entonces, aceptada por el propio Bob), consecuencia de la producción editorial de la España posfranquista.

Captura de pantalla 2017-02-26 a la(s) 10.36.30Leer la biografía de Dylan por Scaduto fue como si un prisionero sometido a una celda de castigo recibiera un manual de cocina con las recetas de apetitosos platos que no podría probar durante su encierro. Cada página alertaba sobre discos y asuntos referidos al poeta/cantante que temía no llegar a conocer. Me relamía como el preso que saboreaba sus platos imposibles.
Hoy en día, tras haber recorrido una buena distancia de mi vida como periodista y comunicador, pienso que sigo ignorando muchas cosas sobre la obra y la vida de Bob Dylan, ese personaje creado por el Sr. Zimmerman.
Cuando Bob Dylan cumplió sesenta años, permitió que apareciera una gran cantidad de libros biográficos o dylanianos. Obviamente, fue también una buena oportunidad para las reediciones de las biografías escritas por Anthony Scaduto y por Robert Shelton, el presunto “descubridor” del cantante/poeta en un bar del Greenwich Village en los años en que Dylan hacía “ásperas canciones folk servidas con fuego y azufre”, según sus propias palabras.
Pero a medida que los libros, de un modo u otro, llegaban a mis manos, me daba cuenta de que la vida de Dylan sucumbía frente a su obra, monumental y abrasadora. (En mayo de 1981, en una disquería de Rúa das Andradas, en mi querida Porto Alegre, “expropié por amor” el doble álbum de vinilo Selfportrait, de Dylan, en una carísima edición holandesa).

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Este autorretrato producido por el poeta/cantante despertó la ira de un personaje de los setenta, Alan Jones Weberman, quien dedicó muchas noches a revisar el tacho de basura de Dylan para ver si encontraba allí, entre restos de hamburguesas, cajas de cereales, pañales sucios y otros residuos, la explicación de su misterio. (Weberman pasó de ser un fanático de Dylan a ser su archienemigo, como Lex Luthor con Superman. Siempre que pienso en eso recuerdo una frase que me dijo el doctor Jorge Batlle: “Mire, mi amigo, no existe peor fundamentalista que un converso”).
¿Qué cuenta una biografía de Bob Dylan? La vida, probablemente las múltiples vidas de un artista inclasificable, un hombre de una raza, de uno solo, que apareció en los contraculturales años sesenta, bajo un amenazante cielo nuclear y cielos sureños cargados de extrañas frutas (negros del Mississippi colgados por hijos y nietos de Lynch).
Bob Dylan es una creación original de Robert Zimmerman, aunque no está claro si tomó su apellido del poeta Dylan Thomas, porque incluso el propio Bob se ha ocupado de negarlo, al tiempo que reconocía la influencia de su lírica, así como de la escritura de Allen Ginsberg (que aparece junto a él en el film Don’t Look Back, la poesía beatnik y los poetas surrealistas).

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Robert Allen Zimmerman, hijo de Abe y Betty, ambos respetados integrantes de la pequeña comunidad judía de Duluth, Minnesota, nació el 24 de mayo de 1941 y se crió en las colinas de minas de hierro, en Hibbing, al oeste del Lago Superior. Sus abuelos paternos fueron emigrantes judíos de Odessa, actual Ucrania, que huyeron a Estados Unidos por causa de los pogromos y la violencia racista. Los abuelos maternos, judíos de Lituania, habían llegado a América un poco antes que los Zimmerman, escapando del fuego de infiernos similares.
En 1946 nació David Zimmerman, el único hermano de Bob. Un año después, toda la familia se trasladó a Hibbing, una pequeña ciudad minera cerca de la natal Duluth, también dentro del estado de Minnesota, cercana a la frontera con Canadá.
La familia vivía de la pequeña casa de electrodomésticos regenteada por el padre de Bob, y él comenzó a interesarse muy tempranamente por la música. Precozmente escuchaba en las radios discos de blues y de los cantantes country de los años cincuenta, hasta que a los trece años, en su Bar Mitzvah, recibió una guitarra de regalo. Esto fue casi un sismo en la vida de aquel adolescente, en una ciudad tan dura y asfixiante como las minas cercanas, destino inevitable de muchos muchachos de su calle y de su generación.
El otro elemento inspirador, en una ciudad donde nunca pasaba nada, fue la amistad con Echo Helstrom, una linda muchachita que resultó el primer amor juvenil de Bob Dylan. Esta muchacha, de singular belleza, de largo cabello rubio y ojos azules, una suerte de Brigitte Bardot de Minnesota, fue la fuerza y el motor para escapar de la mediocre realidad de Hibbing en dirección a Nueva York, donde una época de parto se hacía visible en las calles.

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Del frío Nueva York de 1961 a Los Ángeles caídos de sus 75 años

En 1959, cuando Fidel Castro ya se había instalado en La Habana, el todavía Robert Zimmerman se trasladaba a Minneapolis para matricularse en la universidad. En una clase de anatomía no pudo soportar la vivisección de un conejo y abandonó la facultad por la carretera.
Durante una época inicial, su interés estuvo centrado en el rock and roll. Él mismo manifestó que entonces quería ser tan grande como Elvis. En un proceso cada vez más inclinado hacia lo que el poeta Washington Benavides define como “canción de texto”, Dylan fue inclinándose por la música folk, que era una cosa más seria, que expresaba sentimientos y pensamientos sobre una época dramática y agitada. “Las canciones estaban llenas de tristeza, de triunfo, de fe en lo sobrenatural, y tenían sentimientos más profundos”.
La influyente Echo Helstrom, su noviecita juvenil, parece que fue la que sugirió el nombre “Bob Dillon” que acabó siendo Bob Dylan. Con ese nombre llegó un frío invierno de 1961 a Nueva York. “Llegué en lo más crudo del invierno. Hacía un frío brutal y todas las arterias de la ciudad estaban recubiertas de nieve, pero yo había salido del norte glacial, de un rincón de la tierra donde los bosques gélidos y las carreteras heladas eran moneda corriente. Podía superar las limitaciones. No iba en busca de dinero ni de amor. Me sentía extremadamente despierto, iba a la mía, era un tipo poco práctico y, para colmo, un visionario”.

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La leyenda dice que lo primero que hizo Dylan al llegar fue visitar a quien consideraría “su último héroe”, Woody Guthrie, un prolífico e influyente cantor folk identificado con los mineros, los pobres y los oprimidos. Woody estaba en la última fase de la enfermedad de Huntington, una rara patología neurológica, hereditaria y degenerativa. Dylan lo visitó en el Greystone Park Psychiatric Hospital y en los ratos de lucidez de Guthrie, aquel desgreñado muchacho cantaba para él sus versiones de canciones folk conocidas y sus propias creaciones, especialmente una que tituló ‘Song for Woody’:

“Eh, eh, Woody Guthrie,
te he escrito una canción
sobre un divertido viejo mundo
que va dando vueltas,
que parece enfermo y está hambriento,
cansado y roto,
que parece como muriéndose
y apenas ha nacido”.

Las letras de Dylan incorporan una variedad de temas sociales, políticos, filosóficos y literarios que desafiaron a la música pop-rock convencional existente y apelaron generalmente a la contracultura emergente en la época. Influido por Guthrie, Robert Johnson (el blusero que vendió su alma al diablo), Hank Williams y Cisco Huston, Dylan amplió y personalizó los géneros musicales a lo largo de más de cinco décadas de carrera musical.
En apenas cuatro años desde su llegada a Nueva York, Dylan grabó varios discos, se erigió como rey del folk junto a la reina Joan Baez y revolucionaría la música pop y rock, volviéndose un referente para ascendentes bandas como The Beatles, The Rolling Stones y The Byrds. La discografía consta de 37 álbumes de estudio, diez en vivo, catorce álbumes recopilatorios y cerca de setenta discos simples de vinilo. En aquella época, Dylan era uno de los artistas más pirateados, por lo que existen numerosos discos no contabilizados en su discografía oficial. Hoy en día, en plena era digital, en cada presentación de Bob Dylan aparecen nuevos registros piratas, muchos de ellos con una más que aceptable calidad de sonido. Entre 2014 y el presente año, Bob Dylan publicó sus dos últimos discos de estudio, Shadows in the Night y Fallen Angels, que contienen sus versiones, muy dylanianas, de canciones escritas por distintos autores, Johnny Mercer, Harold Arlen, Sammy Cahn y Carolyn Leigh, entre 1923 y 1963, algunas de ellas grabadas por Frank Sinatra.

Maese Dylan, una vez más en el camino

Un académico sueco cataloga a Dylan de “maleducado y descortés”. Un joven periodista montevideano coloca un trozo de una canción ligera de Dylan, una de las mil que compuso, y se pregunta: “¿A esto le dieron un Nobel?”. Claro está, no ha escuchado nunca obras como ‘Desolation row’, ‘It’s a hard rain gonna fall’ o ‘Tangled blue’, tan densas y con fuerza de knock out como los puños del gran Muhammad Alí.
Bob Dylan, con setenta y cinco años, es más joven que el día que acaba de nacer e ilumina la habitación en la que escribo esta nota.
Un entrañable amigo, tan dylaniano como un servidor, me dice: “No podemos esperar que Dylan piense con nuestras cabezas o tome decisiones como las que tomaríamos. Dylan es Dylan”. No podemos saber entonces qué hará seguidamente. Es posible que en la carretera, que nunca ha abandonado, vuelva a recordarnos que lo único que ha querido en esta vida es ser él mismo. Y que no tiene ninguna otra respuesta para darnos, porque las que esperamos siguen soplando en el viento.
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Dedico esta a nota a mi hijo Miguel, que algún día heredará mis discos de Bob Dylan.

 

[Fuente: http://www.revistadossier.com.uy]

El Partido Maorí de Nueva Zelanda anunció una campaña para cambiar el nombre del país por Aotearoa, su denominación en la lengua nativa.

Escrito por Pierre Dumas

Aunque parezcan hechas para durar eternamente, las fronteras de los países son movedizas, como sucede después de guerras y movimientos independentistas, pero lo más curioso es cuando cambian de nombre. Al igual que los humanos que los crearon, los países también están sujetos a la problemática de la identidad, muchas veces simplificada en los colores de una bandera. El caso más conocido es el de Holanda, que actualmente se llama Países Bajos, pero hay muchos otros casos. Como el pequeño país del sur africano que hasta hace poco era conocido como Swazilandia. Es una curiosidad geográfica, etnológica e histórica. Además de tener la población más homogénea del continente, es la última monarquía absolutista del mundo junto con la de Arabia Saudita. Es justamente este rey de poderes infinitos quien decidió rebautizar su país con el nombre que tenía antes de la tutela británica: Eswatini.

El controvertido rey Mswati III de Eswatini, previamente conocido como Swazilandia, impulsor del cambio

El controvertido rey Mswati III de Eswatini, previamente conocido como Swazilandia, impulsor del cambio. Gobierno de Eswatini

El curioso caso de la FYROM

Hasta antes de la pandemia, en 2019, era el nombre de un pequeño país del sur de los Balcanes. No había que buscar el significado en antiguos manuales de etimología eslava: se trataba en realidad de una abreviatura que reflejaba la traducción al inglés del acuerdo entre Grecia y ese territorio, surgido del colapso de la ex Yugoslavia. La Former Yugoslavian Republic of Macedonia es ahora la República de Macedonia del Norte. Ese nombre, que suele designar en los menús una mezcla de frutas o verduras, fue el eje de una seria disputa entre la nueva nación y su vecina del sur, para el cual Macedonia es históricamente una región de lengua y cultura griega y no podía designar entonces a un país de cultura y lengua eslava. Identidad, identidad… Para los griegos se trataba de un reclamo que tenía fundamentos arraigados en la Antigüedad misma, ya que uno de los griegos más importantes de todos los tiempos, Alejandro Magno, era macedonio. El acuerdo votado y ratificado por los parlamentos de los dos Estados vecinos le dio finalmente un verdadero nombre a la FYROM, pero deja bien en claro que si hay una Macedonia del Norte, existe otra en el sur, bien griega: es la región de Μακεδονία, cuya capital es Tesalónica. Allí se habla griego, mientras en el norte el idioma oficial es de origen eslavo y utiliza el alfabeto cirílico, al igual que en Serbia y en Bulgaria, dos países que integraron fragmentos de territorios de la histórica Macedonia.

Kosovo y Sudán del Sur: los niños del planeta

El caso de la ex FYROM es muy ilustrativo de la importancia de la identidad. Los europeos lo saben bien y a lo largo de los siglos pasados lucharon muchas veces por esa causa. La última de tales guerras ocurrió hace no tantos años, entre dos vecinos de Macedonia del Norte, cuando Serbia tuvo que separarse dolorosamente de Kosovo, una región mayoritariamente poblada por albaneses, pero a la que considera como la cuna de su gesta nacional. Kosovo es actualmente el Estado más joven de Europa, pero varios países se guardan de reconocerlo (como España, que tiene sus propios problemas internos de identidad, como lo demostró el intento de independencia catalán en 2017).

Peć, que también es conocida como Pejë, es una población que esta ubicada en el noroccidente de Kosovo, el Estado más joven de Europa

Peć, que también es conocida como Pejë, es una población que está ubicada en el noroccidente de Kosovo, el Estado más joven de Europa.

Kosovo no tiene todavía 15 años de existencia y ya parece grande al lado del Estado más joven del mundo: se trata del Sudán del Sur, que ganó su independencia hace solo diez años, luego de décadas de guerra civil contra el norte del país, de confesión musulmana. Las identidades étnicas se superpusieron a las religiosas dentro de una construcción política artificial heredada del periodo colonial, como ocurrió en la enorme mayoría de los países africanos. El conflicto entre los dos Sudán no está del todo resuelto y su frontera común es objeto de tensiones y reclamos.

Las fronteras en América Latina

Es una problemática bien conocida en América Latina, donde el problema de los límites surgió de nuevo hace algunas semanas entre la Argentina y Chile, y donde Perú y Ecuador pasaron de las amenazas a los actos en 1995, en un conflicto que el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa calificó de “absurdo”. El tema de las identidades está claro entre las naciones del continente, aunque el resto del mundo -que ve a las antiguas colonias españolas como una región muy homogénea- no siempre lo percibe de la misma manera. El derrumbe del imperio español engendró múltiples fronteras, frutos de la geografía más que de irredentismos o identidades lingüísticas. La identidad va siempre de la mano con el territorio, y los emperadores austríacos -aquellos de abundante pilosidad y miradas austeras- lo supieron bien. Su imperio, que era un melting pot mucho antes de que Estados Unidos inventara el término, vivió numerosas convulsiones identitarias que terminaron por hacerlo implosionar. Al igual que el español, generó muchas fronteras. Algunas correspondían a aspiraciones de pueblos y otras fueron compromisos como Yugoslavia -el país de los eslavos del sur- que a su vez también estallaría en varios pedazos, décadas más tarde.

Sudán del Sur es el país más joven del mundo luego de décadas de guerra civil contra el norte del país

Sudán del Sur es el país más joven del mundo luego de décadas de guerra civil contra el norte del país – BBC / Getty Images

Cuestiones de nombre

Hay momentos de la historia en los que hay que reimprimir mapas con mayor frecuencia. Así fue a principios de los años 50 y 60, con el fin de los imperios coloniales, y a principios del 1990 con el derrumbe del “segundo mundo”. El fin del comunismo en Europa reavivó viejas cuestiones identitarias. En algunos casos se trató de un divorcio de mutuo acuerdo, como ocurrió entre la República Checa y Eslovaquia, que se separaron como lo hacen las parejas amablemente distanciadas. Otras soluciones fueron mucho más sangrientas, como el final anunciado de Yugoslavia o el retiro del oso ruso de la pólvora del Cáucaso. En cada caso, se redibujaron mapas, se crearon nuevos Estados, se concretaron nuevos espacios para identidades reprimidas. Sus nombres fueron cuidadosamente elegidos, para que el mundo entero no tenga dudas sobre ellas. Hubo casos sencillos cuando solo había que recuperar denominaciones ya utilizadas en el pasado (fue el caso de las repúblicas bálticas) y hubo otros que generaron intensas negociaciones, como Macedonia del Norte. Y están también los que tuvieron la suerte de poder elegir entre varios nombres, como los sudaneses del sur, que tuvieron distintas opciones: entre ellas la República del Nilo, el Nuevo Sudán, Equatoria (en referencia a la antigua provincia colonial británica) o Kush (en recuerdo del antiguo reino faraónico del mismo nombre). Optaron al final por lo menos original, pero la más cercana a su verdadera identidad. Y lo mismo hicieron los rebeldes de la antigua colonia portuguesa de Timor, invadida por Indonesia y asimilada por la fuerza de manera brutal durante décadas. Al momento de conseguir por fin su independencia, bautizaron su flamante país Timor Leste, que quiere decir Timor Oriental en portugués. Con la única salvación que Timur ya quería decir esto en el idioma local. Este nuevo Estado es entonces algo así como el Este del Este…

Los cambios que se vienen

El acceso a la independencia generó muchos cambios de nombres, sin que haya necesariamente relación con un acontecimiento bélico. La mayor cantidad de emancipaciones tuvo lugar en los años 60, principalmente en África, Asia y el Pacífico. Pero esta ola de libertad llegó también a las Américas y uno de los países más jóvenes del hemisferio cambió de nombre para borrar huellas coloniales: se trata del actual Belice, la ex Honduras Británica. La mayor cantidad de cambios de denominación tuvo lugar en África en las décadas del 60 y del 70. Allá las cuestiones de identidad son más complejas que en el resto del mundo, ya que las fronteras fueron trazadas por las potencias coloniales sin tomar en cuenta las realidades étnicas y lingüísticas.

Alto Volta sorteó el problema con astucia y decidió hacerse llamar Burkina Faso, el país de los hombres íntegros, una cualidad que ponía de acuerdo a todos los integrantes de las más de 60 etnias distintas que conviven en ese país. El caso del Congo también es interesante. Al igual que Níger y Sudán, es un nombre compartido por un par de países distintos. En este caso había que hacer la diferencia entre el Congo-Brazzaville (por el nombre de su capital, una excolonia francesa) y el Congo belga. Este último se transformó en Zaire durante un poco más de un cuarto de siglo hasta cambiar nuevamente de nombre y de identidad, por razones ideológicas esta vez. Es la actual República Democrática del Congo.

Zaire se transformó en la actual República Democrática del Congo

Zaire se transformó en la actual República Democrática del Congo – Shutterstock

El mismo proceso hizo Camboya durante la macabra dictadura de los Khmers Rojos. Durante algunos años el país figuró en los mapas como Kampuchea Democrática, aunque tenía muy poco de democrático y rompió todos los récords de violencias y de muerte. Mientras tanto otros países también cambiaban, sin lechos de rosas, desde la antigua isla de Ceylan -que se reconvirtió en Sri Lanka– a Pakistán Oriental (Bangladesh) o la Birmania (Myanmar).

En Nueva Zelanda el Partido Maorí anunció una campaña para cambiar el nombre del país por Aotearoa, su denominación en la lengua nativa, que ya convive con la heredada del poder colonial

La lista de cambios de nombres no termina aquí.

En este mismo momento hay un par en gestación, por suerte de manera totalmente pacífica. Es el caso de las Islas Cook, un archipiélago de quince islas en el Pacífico Sur. Lleva el nombre del explorador y marino inglés James Cook y sus habitantes quieren adoptar un nombre más acorde con su identidad polinesia. Se llamó a una consulta popular y esta micronación está lanzada en un proceso de cambio que seguramente terminará con la adopción del nombre Avaiki Nui, que parece ser el que tiene el mayor consenso en la actualidad.

Holanda adoptó el nombre de Países Bajos para representar a todas las zonas del país

Holanda adoptó el nombre de Países Bajos para representar a todas las zonas del país. BBC

El mismo camino quieren iniciar algunos en Nueva Zelanda: hace pocos días, el Partido Maorí anunció una campaña para cambiar el nombre del país por Aotearoa, su denominación en la lengua nativa, que ya convive con la heredada del poder colonial. “Somos un país polinesio, somos Aotearoa”, dice el lema de la campaña, de resultado aún incierto.

El otro caso es el del país de los pólderes, de los tulipanes, de los molinos de viento, pero también de las grandes multinacionales y de las tecnologías de punta. Se lo conoce históricamente como Holanda, pero se trata solo del nombre de dos de sus provincias (Holanda del Norte y Holanda del Sur), donde se encuentran las ciudades de Ámsterdam, Róterdam y La Haya, entre otras. El Reino de Holanda fue creado por Napoleón y suplantó la República Bátava: sin embargo, desde el año 2020 el gobierno “holandés” decidió muy oficialmente poner fin a la confusión y no permitir más que una parte llame al conjunto. En las documentaciones oficiales y a nivel internacional, prefiere que se use de ahora en adelante Países Bajos, la traducción de Nederland en el idioma local. Una vez más se trata de identidad. Los vecinos de Frisia, de Brabante, de Limburgo o de Zelanda sentirán con alivio que a partir de ahora su país es mucho más inclusivo…

 

De Odessa a Kharkiv, 18 horas cruzando Ucrania

Escrito por Claudio Ferrufino-Coqueugniot 

De Michale Boganim, vi anoche el documental Odessa… Odessa! Un protagonista dice: “En Rusia hay una palabra: nostalgia”. He visto La Habana casi en ruinas, aunque sus edificios coloniales brillan en perfección, y no he sentido nostalgia. Será el calor, el trópico, la permanente risa de la gente parlanchina. No sé. A pesar del mercado abierto con memorabilia y libros que se puede hallar en las plazas de la ciudad vieja… Conseguí, valga nombrarlo entre otras cosas, el Eisenstein de Viktor Shklovsky en añosa edición cubana. A pesar de hacer el amor con mi mujer en camas donde lo harían Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí, en el hermoso Vedado, bello y cayéndose, no había melancolía. Había ron santiaguino, fuerte y aromático. Del balcón mirábamos la puerta de un monstruoso edificio soviético enfrente con negros mayores jugando dominó.

En el opulento aeropuerto de Istanbul comí algo delicioso. No lo anoté, vaya pena. Era noche. Partimos hacia Odessa con la inolvidable imagen del puente iluminado de rojo sobre el Bósforo. Al fin, luego de casi sesenta años, se me abría el oriente europeo. La idea era avanzar al Caspio, al Baikal, al Amur luego de cruzar los Urales, pero me detuve en la frontera rusa camino de Belgorod y retrocedí a la Ucrania de los pesados sueños gogolianos, de la república de tachankas (ametralladoras montadas sobre cualquier carromato) y tanto más.

El avión sobrevoló una ciudad dormida, para nada iluminada como la urbe turca que acababa de dejar. El aeropuerto de Odessa se me hizo modesto, en demasía. Para colmo, mi maleta no llegó; la recuperaría al día siguiente. Me esperaba un torpe y mal vestido taxista que el hotel Alarus había mandado. Tuvo que esperar mientras yo dilucidaba, junto a una pareja extranjera, acerca de mi equipaje. Partimos.

La ciudad de Isaak E. Babel; no lo podía creer. Todo oscuro; vi aguas que no podrían ser todavía el mar Negro, árboles, agonizantes faroles. Llegamos al hotel. Esquina concurrida de dos avenidas. Ni lo sabía, pero estaba en el extremo del barrio de la Moldavanka, de Benia Krik y Froim Grach. En el documental de Boganim, los nostálgicos emigrantes judíos en Brighton Beach, New York, y en Ashdod, Israel, también al lado del mar, todavía hablaban de ello, de Mishka Yaponchik, sobre cuya leyenda tejió Babel su Benia Krik. Comentaban en el siglo XXI historias de los años de la guerra civil y anteriores. Babel le dio a esa ciudad, ya en sí fantástica, un halo de magia e intriga. Sentados, decrépitos, con ropas venidas del ayer y la pobreza que siempre aguarda a un inmigrante viejo. Reuniones de expatriados, canciones entrelazadas a brindis con vodka. Que el Ejército Rojo, que el Blanco, mientras la pantalla muestra grises tomas urbanas de una ciudad casi muerta. Hasta las gradas del Potemkin vacías, tan opuestas a las muchedumbres que observé, allí y a pies de la estatua de Ekaterina grande o del gobernador Richelieu. La idea supongo es mostrar el estado de ánimo del que tuvo que abandonar su tierra. Y abandonar Odessa no es tierra cualquiera sino la hierba verde y extendida por calles y muros rotos. Perla sobre el océano Euxino, el que trae barcas cargadas de peces y cuyas chimeneas exudan sabores fuertes de remolacha y rodaballo. Caminé como por mi ciudad, en el sur. Calle tras calle; penetré en los patios en cuyo derredor crecen mínimas aglomeraciones de desvencijados conventillos. Vegetación, vegetación. Era octubre, cierto, cómo será invernal.

 

Rodaba el documental en el ecran de mi televisor plano. Persianas cerradas sumadas a la penumbra que trae la lluvia de las dos tarde. Me pregunté que cómo era posible que sintiese yo nostalgia por ese enclave del mar que enfrenta Crimea y la costa rumana. Aludí al autor hebreo soviético. Culpa suya sería. En parte. Pero creo, por encima de circunstancias literarias, que Odessa oferta un brebaje de máquina del tiempo. Para decir que la prefiero a París, a la Roma de Marcela Filippi. No tiene con qué competir ella con esas madres innegables y eternas, pero si deseara poner una silla afuera de la puerta de casa para leer y que el sol dore lo ya indorable, me quedaría con Odessa. Kiev y Jarkov son majestuosos, históricos, monumentales y ni así. Soñaba anoche, después del filme, en tomar un ferry hasta Varna, Bulgaria, navegar el delta del gran Danubio, desembarcar en Moldavia o algún paso pescador de la Dobrujda o, hacia el otro lado, hasta el kanato de Crimea, los cosacos del Don, el mar de Azov, el Kubán y Circasia, pero siempre retornar a Odessa, llena de romanticismo, de melodías en yiddish que ni Hitler ni el tiempo acabaron. Casi decir también que mi héroe es Benia Krik, y que lo veo escondiéndose entre los entresijos de la villa laberíntica.

Hay un parque en medio de la ciudad, al que entraba yo por la Preobrazhenskaya, con restaurantes en la floresta urbana. Nada como tomar una cerveza helada allí, oyendo el rumor no exagerado de las calles. Salir, escuchar cánticos de monjes escondidos a la sombra de iglesias ortodoxas, entrar a mi restaurante favorito, Kazán, y elegir de un nutrido menú de delicias, extraños preparados de cordero. Camino, no hago más que caminar. Visito a mi amado Babel en bronce, al atamán Holovaty, al busto de Khmelnytsky. Me siento en la famosa escalinata, compro una medalla soviética al valor, estrella roja. El puerto está activo. Esta vez no me hice a la mar; la próxima seguro, a oriente y occidente, al sur, a Capadocia, Georgia y las vertientes del Cáucaso. Si alcanza esta vida, bien, sino lo haré en la próxima, en la que no existe más que en ilusión, pero no importa.

Los exiliados judíos odesitas se acurrucan frente al mar. Ni Atlántico ni Mediterráneo son el mar Negro. Ni Nueva York ni Ashdod, la bella Odessa. Qué importa que se descascare, que se vaya convirtiendo en polvo como una premonición. Ese polvo es de oro, brilla como aquel de las estrellas extinguidas que recitara Georg Trakl y rescatara Ferrufino-Coqueugniot para sus propias nostalgias de exilio autoimpuesto.

Pienso en incluir a alguna mujer entre estas líneas pero decido que no. Dejo a la bellísima Anastasia y sus largas piernas pensantes para otro rato. Aunque, no miento, extraño su hombro en mi hombro en un banquito de la Moldavanka donde la vida no pasa. Como no pasa Odessa para los que se fueron y comen hamburguesas tristes en un boliche estilo David Hockney, muy lejos de ella. No es que en el puerto de marras fueran ricos ni especiales, pero es que lo propio es invalorable y si contiene hechizo, mejor. Yo me he enamorado de unas calles silentes o que hablan en lenguas incomprensibles. No me interesa, igual pregunto si esos peces negros vienen de la profundidad o de la superficie, si los coloridos vegetales se preparan crudos o cocidos. Odessa para mí es síntesis de tantas cosas. Villa ecléctica para el hombre ilustrado. Tatuajes de piel y tatuajes del alma, según cantaba Romualdo Brito en vallenato.

Invitaría a mis padres, a mi hermana Picha, a caminar desde el Alarus hasta cerca del mercado, y en un boliche pequeñito y cercano tomar café con leche con dulce repostería ucraniana. Vamos, ustedes y yo, que volamos inmateriales por el Parque Griego, mientras saltan seres, que imagino son peces, sobre las aguas que navegaría Heródoto.

 

 

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[Imágenes: 1. centro de Odessa; 2. con el atamán Anton Holovaty – publicado en REVISTA NÓMADAS – reproducido en http://www.lecoqenfer.blogspot.com]

Streaming disponibiliza o essencial do cineasta espanhol, que em breve lançará novo filme. Para o esquenta, vale rever A lei do desejo (1987): uma paixão homoerótica com profundo sentido de humanidade que transforma o kitsch em sublime

 

Escrito por José Geraldo Couto

Nenhum outro cineasta de nosso tempo consegue rimar amor, humor e dor como Pedro Almodóvar. Com a chegada de A lei do desejo (1987) ao Mubi, o essencial da filmografia do diretor espanhol está disponível nas plataformas de streaming, em especial na Amazon Prime, no YouTube e no próprio Mubi. De Maus hábitos (1983) a Dor e glória (2019), há pelo menos dez títulos em cartaz. Enquanto aguardamos a chegada aos cinemas de seu longa mais recente, Madres paralelas, vale a pena mergulhar nessa obra pulsante de vitalidade e invenção.

O cinema de Almodóvar combina, numa alquimia improvável, o melodrama de Douglas Sirk, a iconoclastia de Luis Buñuel e a picardia de Billy Wilder. A lei do desejo é um ponto crucial desse cinema. Conta-se ali uma história de paixão homoerótica que desemboca em violência e tragédia, mas o tom geral não é pesado nem deprimente, pois vem modulado pelo humor, pela exuberância estética e pelo profundo sentido de humanidade do cineasta.

Em linhas gerais, é a história de um diretor de cinema e teatro, Pablo Quintero (Eusebio Poncela), dividido entre dois amores: Juan (Miguel Molina), que está sempre a ponto de deixá-lo, e Antonio (Antonio Banderas), rapaz que vive com a mãe e nunca teve um namorado antes. A intrincada trama inclui ainda a irmã transexual de Pablo, Tina (Carmen Maura), e a menina que esta cria como filha depois que sua (de Tina) namorada a deixou.

Camadas de ficção

Não cabe detalhar o enredo, cheio de surpresas e reviravoltas, mas apenas chamar a atenção para um aspecto frequentemente esquecido do cinema de Almodóvar, ou antes eclipsado pela estridência visual e musical de suas criações. Estou falando do jogo essencialmente moderno entre os vários planos de representação, tangenciando a metalinguagem.

A sequência inicial de A lei do desejo ajuda a tornar mais concreto o comentário acima. Vemos um rapaz sozinho num quarto. Obedecendo a uma voz masculina vinda de fora do quadro, ele se desnuda, deita de bruços na cama, se acaricia e se masturba. Num contraplano vemos então dois homens de meia-idade, num estúdio de som, dublando as vozes e gemidos dos personagens do filme que se desenrola numa tela à sua frente. Mas nessa tela começam a descer os créditos finais e subir os aplausos da plateia. Trata-se da pré-estreia do novo filme de Pablo Quintero.

Em poucos minutos trafegamos por vários planos de realidade e ficção: do quarto do rapaz solitário ao estúdio de dublagem e à sala de exibição. Não há aviso ou sobressalto na passagem de um ambiente a outro, de um momento a outro. Tudo flui como a imaginação, a memória, o pensamento – ou o desejo. O título do filme não é casual, assim como não é casual o nome da produtora de Almodóvar (El Deseo): tudo nesse cinema é movido pelo desejo, com seu duplo poder de criação e destruição.

Em outro momento, Pablo datilografa uma carta de amor para que Juan a assine e a envie de volta. É uma forma de autoengano que acaba “virando verdade” em mais de um sentido. Ficção e real são vasos comunicantes, trocando de sinal o tempo todo.

Libertário radical

Nascido e formado sob uma das ditaduras mais obscurantistas do século XX, Almodóvar logo descobriu que a imaginação é uma arma poderosa de libertação. Nisso ele é um herdeiro inequívoco de Buñuel, com quem compartilha também a compreensão profunda da volúpia contida na mitologia e na iconografia do catolicismo. Tina, a irmã trans do protagonista, tem um altarzinho em que cultua a Virgem e outros santos, e é comum, nos filmes do diretor, a devoção religiosa andar lado a lado com as práticas comportamentais mais transgressoras.

Assim como ignora as fronteiras entre os gêneros (comédia, drama, suspense), misturando-os todos com desfaçatez, Almodóvar recusa-se a aprisionar suas criaturas em identidades sexuais determinadas. Não me refiro apenas às frequentes situações de mudança de sexo ou de travestismo em seus filmes, mas a um olhar permanentemente amoroso a todas as formas de sexualidade humana. Depois de alguns momentos de filme nos esquecemos se fulano é gay, se sicrana é trans, se beltrano é hétero: são indivíduos pluridimensionais, multifacetados, gente que transborda de vida por todos os poros. Almodóvar é, antes de tudo, um libertário radical e absoluto.

Há igualmente em seu cinema uma recusa em distinguir ou hierarquizar a cultura erudita, a cultura popular e a cultura industrial. Sua maior aspiração, a meu ver, é revelar o que há de belo no mau gosto, elevar o kitsch ao sublime. Não se trata simplesmente de colocar em cena a cenografia extravagante, as cores berrantes, a música sentimental (como fazem em vão seus imitadores), mas de extrair o que há nisso tudo de energia erótica, afetiva e transformadora.

Em A lei do desejo há um momento em que tudo se mistura de modo quase epifânico: a cena da peça A voz humana, de Jean Cocteau, dirigida por Pablo Quintero. A filha adotiva de Tina Quintero, atriz da peça, desliza sobre um trilho, de um lado a outro do palco, dublando a canção “Ne me quitte pas”, na voz da brasileira Maysa Matarazzo, enquanto a protagonista solitária, ao fundo, destrói o cenário a machadadas. Só que a menina acaba de ver fugazmente a mãe biológica nos bastidores, e todo o sentimentalismo da música ganha uma nova dimensão.

Curiosamente, mais de três décadas depois o próprio Almodóvar levaria A voz humana ao cinema, num curta-metragem realizado em plena pandemia, com Tilda Swinton como protagonista. É mais um inédito que os cinéfilos brasileiros aguardam com ansiedade.

[…]

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Au Liban, le chanteur multi-instrumentiste a enregistré un nouvel album poétique et sensuel au langage universel.

Écrit par Vincent Brunner

Depuis Oil Slick, paru il y a dix ans, le Liban a toujours été présent dans le cœur de Bachar Mar-Khalifé et sa musique. Mais le chanteur multi-instrumentiste n’y avait jamais conçu d’album jusqu’à la fin de l’année dernière. Clos par une reprise au piano de l’icône Fairuz (la toujours actuelle Ya Hawa Beirut, sur les premières années de la guerre du Liban), On /Off, à la fois poétique, sensuel et mystique, est une déclaration d’amour au pays qui l’a vu naître.

Malgré les nombreuses pannes de courant – d’où le titre – et des conditions techniques difficiles, loin des studios standards, Bachar Mar-Khalifé a enregistré en décembre 2019 dans une maison située à la montagne, près de la forêt de cèdres du village libanais de Jaj. Le déchirant morceau d’ouverture, Zakrini, est d’ailleurs dédié à ce repaire familial qui lui est cher. Plus loin sur l’album, on entend sur fond de cordes orientales Marcel Khalifé, son père, réciter un extrait du Prophète, le livre du poète libanais Gibran Khalil Gibran. Le miracle réalisé par Bachar Mar-Khalifé : transformer avec aisance des morceaux terriblement personnels en réussites mélodiques universelles. Il n’est pas obligatoire de comprendre l’arabe pour succomber à Chaffeh Chaffeh ou à l’éthéré Ma Fi Chi. Retranscrivant les angoisses du peuple libanais, Insomnia et son envoûtante techno mixant piano et machines parle aussi du mal-être contemporain.

Avec l’artiste trentenaire, la musique retrouve sa fonction de langage universel, transcendant les frontières mais aussi les genres. Formé au conservatoire, aussi à l’aise dans la redécouverte de son patrimoine que dans des échappées synthétiques, Bachar Mar-Khalifé sait fondre ses influences et ses diverses inspirations – musique classique, folklore, jazz et électro – dans des compositions harmonieuses qui se moquent des cloisonnements. Sa reprise chuchotée de la perle licencieuse des années 1970 d’Ann Sorel, l’Amour à plusieurs, et Jnoun, duo magique et indescriptible avec le regretté Christophe (datant de 2018) symbolisent au mieux sa démarche métissée.

[Photo : Habib Saleh – source : http://www.liberation.fr]

Joan-Lluís Lluís fa el salt del Grup 62 a Club Editor. A la casa de Maria Bohigas hi publica una nova novel·la, ‘Junil a les terres dels bàrbars’.

Escrit per Gerard E. Mur

Joan-Lluís Lluís fa un doble salt: passa del Grup 62 a Club Editor i publica, a la casa de Maria Bohigas, una nova novel·la amb un estil i un marc completament diferents dels de Jo soc aquell que va matar Franco, l’última referència de ficció de l’autor. Passem d’una ucronia política a una història de pàtina clàssica. A Junil a les terres dels bàrbars, Lluís trasllada el lector al començament de l’era cristiana. Junil viu en una zona fronterera i indeterminada de l’Imperi Romà, es desfà d’un pare tirànic que la turmenta i fuig amb tres esclaus. De mica en mica, la colla fugitiva s’engreixarà amb altres dissidents, estranys que també volen escapar de la seva barbàrie. El grup s’avé, crea una nova llengua per entendre’s i Junil assenyala el camí. Lluís ha volgut oferir una utopia errant, un viatge d’alliberament que no sempre és plàcid.

Joan-Lluís Lluís presentarà Junil a les terres dels bàrbars a La Setmana el dissabte 18 de setembre a les 18:00h en l’escenari 1 del Moll de la Fusta. Posteriorment, a les 19:00h, el podreu trobar signant exemplars als mòduls 5-6.

Joan-Lluís Lluís

Gerard E. Mur: Els canvis respecte a Jo soc aquell que va matar Franco (2018) són importants: un marc temporal molt allunyat, un altre to i fins i tot un estil adaptat a la històrica clàssica que és la novel·la. Quin és l’origen de la història?

Joan-Lluís Lluís: La novel·la arrenca d’una data, d’una efemèride, que va passar desapercebuda a Catalunya i és que el 2017 o el 2018 van complir-se els 2.000 anys de la mort d’Ovidi. No sé sap si va morir l’any 17 o 18, però hi ha pocs autors clàssics dels quals se sàpiga amb relativa precisió l’any de la seva mort passats tants segles. La mort es va commemorar a Italià i a Romania —que és on va morir—, però a Catalunya no es va fer res. Això ho trobava frustrant. Fa temps que Ovidi em fascina per la seva obra, com a autor, però també per la seva vida. Tot el que li va passar; el seu desterrament a la costa Romania, que va ser un desterrament definitiu. No va poder tornar a Itàlia. Va suplicar que el deixessin tornar, però al final va dir que no volia anar a Roma; volia tornar a un lloc on es parlés llatí. Hi havia aquesta enyorança molt forta del país encarnat en la seva llengua. El que encara ho fa tot més fascinant és que no se sap perquè va marxar. Tot d’una desapareix. Algunes novel·les —en diverses llengües— parlen d’aquest moment de la vida d’Ovidi. Tenia ganes de fer alguna cosa en aquest sentit, però trobava molt repetitiu tornar a fer una novel·la sobre Ovidi. Vaig pensar que podria fer una novel·la sobre Ovidi sense Ovidi. Aleshores, qui podia col·locar al centre? Un lector o una lectora. El personatge de Junil va començar a néixer així.

Quina relació lectora has tingut amb l’obra d’Ovidi?

És bastant tardana. Cap als trenta-cinc anys. Abans havia llegit Homer i Virgili. Els he llegit gairebé cronològicament, però és per atzar. Jo em quedaria amb Homer. La Ilíada i l’Odissea són els dos puntals màxims, els dos cims, de la literatura occidental. Ovidi és una mica més difícil. És necessari saber coses de la seva època. Saber-ne detalls. Les metamorfosis demanen una base de coneixement mitològic important. I és poc probable que la tinguem. Em va costar seguir la lectura en algun moment, no sabia de qui m’estava parlant l’autor. Mentre que pels romans era del tot evident. També hi ha, però, l’evidència del seu estil, una barreja de gran bellesa plàstica i lleugeresa.

La relació de Junil amb Les metamorfosis és molt intensa. És, de fet, el motor que fa avançar el personatge. I aquí hi ha un joc, una trampa: Junil ha pogut llegir tot el poema amb Ovidi a l’exili ja.

És un anacronisme voluntari que em permetia dir una cosa d’entrada: no és una novel·la històrica. I això és molt important. Hi ha moltes coses de la trama que no encaixen amb la història. En realitat, Ovidi va ser enviat a l’exili quan havia començat Les metamorfosis i les va acabar a l’exili. Per tant, Junil no podia tenir el llibre sencer. No estava publicat. Això m’ho invento. També m’invento el fet que calgués cremar tota l’obra d’Ovidi. Només el van enviar allà, però va continuar escrivint i publicant. Vaig escollir Les metamorfosis perquè es considera la seva obra més important. I l’és: és una obra molt ambiciosa.

“Descobrir coses després de la publicació d’un llibre és un regal que es fa l’autor a si mateix, ‘a posteriori’”

No sé si a la novel·la hi ha una intenció d’apropiar-se de la narració clàssica, del ritme i dels temes dels clàssics.

El món grecoromà em fascina. El veig com una mena de barreja d’àmbits diferents que són la història, la literatura i la mitologia. De vegades, de fet, costa una mica diferenciar les coses. I m’agrada. No provo gaire de destriar. M’agrada dubtar. Ulisses és un personatge literari al qual se li retia culte, per tant podria entrar dins de l’apartat de la mitologia. Està inspirat en alguna figura històrica? No ho sabrem mai, però potser sí. Aquesta barreja constant i possible no la farà un historiador, però jo sí que me la puc permetre. Per a mi és molt fèrtil. No m’he inspirat en coses molt precises, però sí que m’he deixat entrar aquest món.

Les lectures clàssiques han estat una font d’inspiració?

Potser hi són, però no han de ser necessàriament clàssiques. Pot haver-hi altres tipus de lectures. No en soc gaire conscient, la veritat. No provo de saber d’on venen els meus personatges. Que existeixin ja és prou agraït. En moltes novel·les meves sempre hi ha algun personatge que pot recordar els de Dino Buzzati. D’això, però, me n’adono després de la publicació del llibre. I està bé que sigui així. Descobrir coses després de la publicació d’un llibre és un regal que es fa l’autor a si mateix, a posteriori.

Joan-Lluís Lluís

La història, diuen, es repeteix. És una mena d’estructura fractal. A Junil a les terres dels bàrbars, el tractament d’algunes qüestions essencials pot recordar l’estat de les coses avui. La llengua, les fronteres, l’exili… Has volgut oferir, en determinants moments, un mirall del temps present?

No, en cap cas. És una cosa que em nego a fer, sistemàticament. Al mateix temps, però, és inevitable que passi. Soc d’ara i soc d’aquí. Encara que parli de temps llunyans o espais siderals sempre parlaré d’ara i d’aquí, almenys en part. Això accepto que sigui així, però no ho faig conscientment. Quan escric, escric. Les preguntes venen més tard. I és després —ara— que tinc les respostes. Fins i tot hi ha entrevistes que em donen respostes a preguntes que no m’havia ni fet. És la conversa que em permet entendre coses. Pel que fa a Junil…, una d’aquestes respostes ha estat veure com la novel·la conté una utopia, una microsocietat utòpica. Al grup no hi ha líder, no hi ha cabdill. I el país on volen arribar és una mena d’Arcàdia. Entenc que és una utopia nascuda de les meves lectures llibertàries de postadolescent. Lectures que han fecundat anys més tard.

Es vol arribar “al país potser imaginari on ningú no esclavitza ningú”. És la representació d’una societat autoorganitzada, que s’entén i s’avé.

Exacte. I d’això no n’era conscient fins fa quatre dies.

Alguns temes clàssics de la teva obra tornen a entrar al relat. Els citava abans: la llengua, la literatura, la frontera, el desig… Has volgut deixar anar alguna píndola de pensament?

En alguns moments, sí. Hi ha algunes observacions que són voluntàries, però n’hi ha d’altres que simplement hi són i constato que es repeteixen sota formes diferents en diverses novel·les. El tema de la frontera és veritat que és important, però quan construïa la novel·la no sentia que ho fos; era un recurs narratiu per anar d’un lloc a un altre, passar una frontera, anar cap a un lloc desconegut. Em preguntava, sobretot, qui són els bàrbars i qui són els civilitzats. Són aquestes les preguntes que ens hauríem de fer avui, segurament. El motor més clar a nivell conscient, però, és la relació dels personatges amb la literatura.

“De la mateixa manera que descric com sobreviuen els personatges, com troben menjar per alimentar-se, com sobreviuen al fred o a les poblacions hostils, també mostro com la literatura és una font de supervivència. Trobo que no es diu prou que l’ésser humà és un animal de ficció. Escoltar ficcions ens anima”

Anem aquí: la literatura és un espai de confiança, de protecció.

Sí. De la mateixa manera que descric com sobreviuen, com troben menjar per alimentar-se, com sobreviuen al fred o a les poblacions hostils, també mostro com la literatura és una font de supervivència. Trobo que no es diu prou que l’ésser humà és un animal de ficció. Escoltar ficcions ens anima. Ens expliquem històries. Totes les que hi ha contingudes a la literatura, el cinema i les sèries. O a les mentides, els acudits i les anècdotes que ens expliquem. Tot això és ficció. L’ésser humà necessita això per viure. Jo, de la literatura, en faig un element important. És un motor perquè el grup tingui força per continuar avançant. Tot s’expliquen històries, troben gent que explica històries i fins i tot els que són analfabets —que són la majoria— perceben que és una cosa molt important. Reivindico el paper central de la ficció en les nostres vides.

“De què em servirà llegir i escriure?”, pensen alguns personatges.

La resposta és molt fàcil. La ficció no necessita escriptura. La immensa majoria de les històries que ens hem explicat ens les hem explicat oralment. L’escriptura és una punta d’agulla de la història de la ficció. L’escriptura és un element molt important, que permet fixar coses, però també és superflu. Es pot viure la ficció sense escriptura.

Pel que fa a la frontera, creus que encara és un territori no normalitzat, viscut des d’un cert exotisme?

Jo soc fronterer. Sempre he viscut a prop d’una frontera d’estat. Per tant és una cosa que tinc integrada des de petit. Recordo que, quan era petit i passava la frontera cap al sud, hi havia uns guàrdies civils antipàtics que parlaven castellà i eren els guardians absoluts, ells et deien si podies passar o no. No es discutia. M’impressionava molt. La frontera és un lloc, com a mínim, estrany. Hi ha una autoritat estranya que la gestiona. És un tema molt complex. Una frontera és una barrera, però també pot ser una oportunitat. Totes les fronteres generen contraban. És una oportunitat de desenvolupament econòmic. A més a més, tot i que una frontera ara és una relativa línia recta —una línia que podríem marcar, dibuixar de roca en roca—, en realitat és una divisió molt movedissa. Avui pots passar sense papers, però amb una pandèmia no. Hi ha una part de subjectivitat enorme. Qui decideix les coses que poden passar a través d’una frontera? Tot això canvia permanentment.

Joan-Lluís Lluís

Les deïtats tenen un pes específic en la vida dels personatges. Fan i desfan en funció del que representa un déu o una deessa. Hi ha una relació de submissió, no sempre desitjada. Aquest vincle amb les deïtats podria ser el que algunes persones mantenen avui amb la religió avui o amb el poder polític.

La religió és un poder ocult. El que m’agrada de les religions és que són motors narratius potents. Sobretot els politeismes, que els trobo més fèrtils que els monoteismes, són més diversos, més complicats. Els monoteismes són més continguts. Caldria demostrar, però, que el catolicisme és un monoteisme. Jo crec que és un politeisme amagat, però això és un altre tema. Jo soc ateu. Em dono una llibertat molt gran de poder jutjar les religions amb respecte, però amb una llibertat total. Els déus representen moltes coses, sovint ens representen a nosaltres mateixos. Són les barreres que ens posem nosaltres mateixos. No ens atrevim a assumir aquesta barrera i la fem assumir per una persona que té el bon gust de no existir. És molt pràctic. El món grecoromà és fantàstic. És d’una gran profusió, inacabable. Obre moltes possibilitats narratives. A la novel·la em volia inventar un panteó —el panteó dels bàrbars— dedicat al món cèltic, però podia caure en la caricatura —no se’n coneix gran cosa, no tenien escriptura; i jo en tinc un coneixement parcial—; per respecte a aquest món, el canvio i me n’invento un, que no té cap nom. M’invento tota una mitologia. I m’ho he passat molt bé. Jo he decidit qui són els déus i què fan. No he tingut cap límit.

Al teu primer poemari (Salives, Cafè Central / Eumo), el desig era un tema central. Aquí, a Junil…, torna a aparèixer. Ho fa en el pensament de la protagonista, que domina un desig voluntàriament refrenat.

El desig, tal com surt a la novel·la, és molt contingut i, de vegades, reprimit. Hi ha alguna història d’amor, però molt tènue. També hi ha alguna història sexual… He volgut presentar la sexualitat com un mitjà per sobreviure col·lectivament. Com ens ho fem per mantenir la pau social. Més enllà d’això, però, no hi ha gaire més desig en el sentit estricte. M’interessava col·locar en un lloc més o menys cèntric la virginitat volguda de Junil perquè el món romà és un món extremadament patriarcal. La dona era una propietat que passava del pare al marit. La virginitat només era una plusvàlua de la mercaderia en qüestió, que era la dona, i prou. Era això. M’interessava veure com una noia verge assumeix en una situació anormal —no té pare ni marit, és lliure— la importància de ser verge. Què en fa d’aquesta condició? Per què la manté? Com a autor, era interessant explorar les possibles contradiccions d’aquesta virginitat volguda. Ella en té una idea idealitzada. Serveix d’alguna cosa? És un motor que la fa viure i sobreviure. És curiós com una repressió assumida acaba sent un element de supervivència.

“El concepte d’imperial associat a la llengua és una de les coses més nocives del món perquè genera sentiments d’odi, de superioritat. Sentiments que, en el fons, no existeixen”

Al llibre, la diversitat de llengües no és una qüestió conflictiva: “Tots parlen la llengua de tots, i això vol dir que han anat confegint una parla única apedaçada, que els serveix quan parlen a tots, o quan parlen als que no parlen la mateixa llengua”. Com has volgut tractar aquest punt? Entens la llengua com un element prioritari de la identitat nacional?

Per mi la llengua és una cosa absolutament prioritària en la meva vida personal i en la meva obra. No vol dir que en parli sempre, però quan en parlo, intento que la qüestió aparegui des d’enfocaments diferents. Aquí m’interessava dir que les llengües imperials no haurien d’existir. El concepte d’imperial associat a la llengua és una de les coses més nocives del món perquè genera sentiments d’odi, de superioritat. Sentiments que, en el fons, no existeixen. Les llengües són totes iguals. Totes poden parlar de tot. Ja que havia construït una mena d’utopia, la colla del llibre parla llengües diferents i s’entén. La idea és saber què passa quan la gent no s’entén, però tampoc es domina: al grup no hi ha una llengua imperial, ningú imposa la seva; simplement hi ha la necessitat d’entendre’s. En un món ideal, cadascú aprèn la llengua de l’altre, però a la novel·la no passa això. El que passa és que es crea una tercera llengua, un pidgin. No hi ha cap raó perquè una llengua se’n mengi una altra. Detestaria que el català es mengés altres llengües. I, evidentment, detesto que altres llengües es mengin el català.

Creus que la pàtina clàssica de la novel·la ha influït en l’estil de la narració? Jo hi noto una lleugera pel·lícula.

Probablement és així, però no ho sé del cert. M’és difícil dir-ho. Entenc que cada novel·la necessita una manera diferent de ser explicada. Per escriure una novel·la necessito sentir-me molt bé amb la història i els personatges. Tenir pau interior. És esgotador viure dos o tres anys amb uns personatges si no els suportes. I passa el mateix amb l’estil. Necessito trobar un estil i el trobo molt a poc a poc. Escric relativament de pressa, però reviso moltíssim durant molt de temps. Vaig començar amb ‘Junil.01’ i he arribat a ‘Junil.27’. I encara hauria seguit, però hi ha un moment en què l’editora ha de marcar-te un límit.

Finalment, voldria preguntar-te pel salt del Grup 62 a Club Editor. Per què ha estat així? Què hi has trobat a la nova casa? Com a lector, quin vincle has tingut amb El Club dels Novel·listes?

Es podria dir que Proa i Club Editor són les dues editorials catalanes més antigues que existeixen avui. Això ja m’agradava: passar d’una antiga a una antiga. A Proa estava molt content. No tinc res a dir. Les relacions eren bones i fructíferes. Sentia, però, la necessitat d’explorar vies diferents de fer un llibre i una editorial també és una manera de fer un llibre. Vaig començar a publicar a La Magrana i vaig viure, des de l’interior, la compra per part de RBA; de mica en mica, van imposar una manera de treballar fins al punt que van deixar de fer llibres en català i em vaig veure obligat a escampar la boira. Va ser una mica traumàtic. D’allà vaig passar a Proa. Ara necessitava tornar als orígens, al funcionament dels orígens. El problema de Proa —a desgrat de la gent de Proa— és la falta de temps que tenen per ocupar-se prou dels llibres. Vull deixar clar, però, que el respecte que tinc per l’editorial és enorme. Només en puc dir coses bones. Però sí que es percep que hi ha una maquinària. I hi ha també l’ombra de Planeta, que és una mica freda i desagradable, tot i que es fa molt perquè no es noti. El cas és que tenia ganes de provar un mètode més lent.

Una feina de maduració, de dedicació de l’editor. Editora, en aquest cas.

Sí, podria haver estat amb un altre editor, però amb la Maria ja havíem treballat junts en alguna traducció. Ens coneixíem. Sabíem com treballàvem. Hi havia una confiança prèvia. Va ser fàcil.

Aleshores, aquest origen de La Magrana el trobes ara a Club Editor.

Bé, la idea general. És molt diferent la manera de fer de la Maria de la d’en Carles-Jordi Guardiola, el primer editor de La Magrana. La Maria permet enfocar el llibre de maneres diferents. En un moment donat jo em converteixo en un humil servidor de la novel·la i, per tant, una mirada exterior és molt important. Un treball exterior sobre la novel·la és fonamental. Permet veure-la d’una altra manera. Busco suggeriments, maneres de millorar-la, que, després, accepto o no; també soc l’amo i senyor final de l’obra. La Maria treballa amb una gran intensitat. Amb una inversió de temps i d’energia molt gran.

 

[Fotos: Joana de Querol – font: http://www.nuvol.com]

Escrito por Veladimir Romano*

Um dia nascemos, marcamos nosso caminho e partimos quando a Natureza entende que o veículo físico já não tem condições ou qualquer resistência. Faleceu, nessa sexta-feira (10), um dos presidentes e prefeitos mais bem sucedidos depois da reforma política portuguesa: Jorge Sampaio, aos 81 anos, em Lisboa.

Antigo líder do Partido Socialista, Sampaio foi protagonista na redemocratização portuguesa, após a Revolução dos Cravos. Nos últimos anos vinha dedicando-se ao apoio e acolhimento de refugiados.

Já nos anos de 1980, a revista norte-americana Time o elogiava e previa seu futuro de sucesso.

Não foi somente sucesso, foi brilhante e, lamentavelmente, não se repetiu ao longo dos anos da sua herança bem republicana, dedicado às causas sociais. Sampaio não foi um mero político, mas um diplomata da prática política, carismático, humanista, equilibrado, sereno, entregue ao sacrifício.

Durante a ditadura portuguesa, lutou o bom combate contra o fascismo em Portugal, o que o obrigou incontáveis vezes a dirigir-se aos centros universitários, ao lado da juventude mobilizada nessas épocas difíceis, quando os mais determinados e corajosos se engajavam em semanas de lutas, campanha, no combates frontais pelo que o tempo nem dava para a criação estratégica deste combate.

Dúvidas nunca teve sobre o seu papel histórico. Por isso, desde a sua juventude combateu contra a polícia do Regime, Desse enfrentamento, surgiu seu apelido: o “Furacão Ruivo”.

Jorge Sampaio rapidamente entendeu que reformas e liberdade são coisas que rimam com Democracia.

Daí que não perdeu tempo quando criou a Iniciativa Socialista, depois o Movimento da Esquerda Socialista [MES], figurando entre os 15 camaradas fundadores do Partido Socialista [PS]. Abrir portas para que a velha República funcionasse no seu absoluto desígnio, não foi nada fácil. Entretanto, o 25 de Abril precipitou a luta e repôs a verdade que a maioria desejava, muito mais quem já via o trilho futurista.

É então quando nasce outro Jorge Sampaio (1939-2021), secretário-geral do PS, verdadeiro idealista dos programas sociais, da transparência [dos que mais lutou], totalmente dedicado ao serviço público, respeito pela primazia das funções do Estado, homem de grande dimensão lutando por Justiça e da extensão humana pelo bem.

Não foi apenas o prefeito cuidadoso e social quando entra na casa do cidadão apenas porque um cego deseja escutar sua voz ali perto, como fazia em contato com qualquer cidadã/o que precisasse do seu calor, atenção, cuidados. A todos estendia um aperto de mão sincero, pelo quanto de amor vive na sua alma.

Por isso quando deixa a Câmara Municipal de Lisboa, o Palácio de Belém onde já foi moradia monárquica, depois alojamento das ditaduras [militar e civil], não resistiu ao processo democrático quando desta vez os militares foram reformistas contra uma guerra dividida a três capítulos: Guiné, Angola e Moçambique, eram já nações soberanas mas dominadas pelo falso entendimento dos dirigentes fascistas sonhando ainda em manter a colonização que anunciava seu fim.

Depois de 30 anos de serviço público, partidário, autárquico e político, de nota máxima, atravessando a fronteira, foi servir o mundo. Instâncias internacionais de âmbito social e humano chamaram por ele quando podia ir descansar na sua aposentadoria como fizeram alguns.

Mas ele não se susteve, avançou, fez a diferença. Já em idade avançada, voltou o “Furacão Ruivo”, não querendo desiludir aqueles que, acreditando nele, saberem das diferenças positivas, de boas intuições e clareza que, na prática, Jorge Sampaio podia trazer.

Ser presidente da nação Lusa [1996-2006] não deixa ninguém indiferente tanto pelas polêmicas contra governos e governantes levados pelo aventureirismo. Com sua experiência, pensando no país e no povo, interveio de forma corajosa e determinante, ainda que alguns, defendendo interesses pessoais ou de grupo, travaram charadas de bastidor.

O Povo, a Nação, transparência foram as tônicas principais em sua atuação política. Foi um resistente da velha guarda. Sabia como revelar suas decisões depois de bastante pensamento, dividir com quantos se manifestassem capazes do diálogo, fugindo ou dominando prejuízos socialmente danosos.

Ainda que debilitado anunciando um corpo frágil chegando a hora da partida, deixa muita saudade pela sua verticalidade de um homem público, da maior integridade, preocupado com o seu próximo, emocionado vezes sem conta e humilde.

Foi também capaz de conhecer o esforço dos demais quando trabalhavam com empenho e dedicação, como na sua viagem presidencial até Finlândia. Foi quando, na hora do regresso, fazendo o balanço, ficou uma frase que infelizmente tanto a Imprensa portuguesa, como muitos políticos responsáveis, nunca exploraram através das necessárias análises. “Gostaria que o meu Portugal pudesse ser uma Finlândia”. Mas ficou na História.

Só grandes almas como Jorge Sampaio poderiam ambicionar um sonho deliberado num país que, nos idos 1960, tinha 50% da sua pequena população emigrada nos países vizinhos da Escandinávia. Aos poucos, aprendendo, foi crescendo e se transformou numa sociedade exemplar, reformista e progressista.

Por isso Jorge Sampaio não teve vergonha nem absurdos do patriotismo bolorento, viajando milhares de milhas para ir contar aos finlandeses como os portugueses conquistaram oceanos, cantam fados, discutem desalmadamente o futebol comendo bolinhos de bacalhau junto ao bom tinto que lhes amadurece a coragem de lutar por um país mais sério e de sucesso.

Ele partiu com vontade de ver as suas ideias colocadas em prática. Como de tudo fica um pouco, fica a lembrança do que ele representa para o povo português. Só mesmo o “Furacão Ruivo” foi capaz de tudo isso e muito mais.

*Veladimir Romano é jornalista e escritor luso-cabo-verdiano

 

[Fonte: http://www.viladeutopia.com.br]

Algo huele mal en Mainstreamlandia

El rocanrol fue bien recibido en un país que escuchaba boleros y bailaba mambo y chachachá, principalmente, lo mismo que en el Caribe y la América hispana. En Cuba fue prohibido, aunque en los setenta hubo grupos de rock tolerados por la dictadura, y en esa misma década fue hostigado por las derechas de la región —de la “dictablanda” del PRI a las dictaduras militares sudamericanas.

Escrito por Rogelio Villarreal 

Blind Lemon Jefferson, circa1926.

Blind Lemon Jefferson, circa 1926

El rock and roll, que nació al arrullo del Misisipí hace sesenta años, era la excitante amalgama del folk, el blues, el swing y el jazz, entre otras expresiones de la música popular estadounidense. El rock, derivado de aquél, se replicó por el mundo y absorbió en su matriz un sinnúmero de influencias de otros géneros; a su vez, produjo vertientes y fusiones tan distintas entre sí como el progresivo, el glam, el funk, el heavy metal, el punk y el indie, por nombrar unas pocas. Más allá del universo anglosajón, empezó a popularizarse en decenas de idiomas con versiones locales de los éxitos originales en inglés seguidas por composiciones vernáculas de una música que, en sociedades autoritarias, invitaba a los jóvenes a manifestar abiertamente su inconformidad y su sexualidad —sin perder de vista que el rock nació en el seno de una industria prometedora y de voracidad insaciable—.

En México se hicieron los primeros covers de los hits estadounidenses e ingleses —“El relojito”, 1958, de Gloria Ríos, traducía a “Rock Around the Clock”, 1954), así como las primeras parodias de Los Beatles y otros grupos a cargo de comediantes como Tin Tán y Los Xochimilcas—. Desde entonces la tropezada historia del rock mexicano es una larga parodia del rock anglosajón, con cada uno de sus estereotipos (sin que esto le reste mérito a quienes lo merecen y sin desdeñar los intentos por crear música seria en este género).

El rocanrol fue bien recibido en un país que escuchaba boleros y bailaba mambo y chachachá, principalmente, lo mismo que en el Caribe y la América hispana. En Cuba fue prohibido, aunque en los setenta hubo grupos de rock tolerados por la dictadura, y en esa misma década fue hostigado por las derechas de la región —de la “dictablanda” del PRI a las dictaduras militares sudamericanas—. No solamente la derecha reaccionaba contra el rock. El joven Carlos Monsiváis también abominaba de la muchedumbre postpubescente que colmó Avándaro el 11 de septiembre de 1971. En una carta desde Londres para el humorista Abel Quezada el escritor se quejaba de la represión de los estudiantes a manos de los Halcones el 10 de junio: “Y me volví a aterrar con las fotos del pseudo ‘Woodstock’. 150 mil gentes, las mismas que no protestaron por el 10 de junio, enloquecidas porque se sentían gringos. El horror… Creo que la ‘Nación de Avándaro’ es el mayor triunfo de los mass media norteamericanos. Es uno de los grandes momentos del colonialismo mental en el Tercer Mundo”.

Los Dug Dugs.

Los Dug Dugs

En Avándaro tocaron grupos que se tomaban el rock en serio, como Los Dug Dugs, El Epílogo, Tequila, Peace and Love, El Ritual, Bandido, Tinta Blanca y Three Souls in My Mind. Cuando Peace and Love tocaba “I Like Mariguana” entre mentadas de madre al sistema la transmisión en vivo de Radio Juventud fue suspendida por la Secretaría de Gobernación, y por esa razón el dueño de la estación fue encarcelado y multado. Ahí el rock mexicano torció el rumbo de su historia. Es difícil imaginar qué habría pasado si el autoritario paternalismo del Estado no hubiera marginado el rock, confinado desde entonces a los cafés cantantes y a los hoyos fonquis, aunque puede suponerse que el desarrollo natural de un género que ya ofrecía una variedad de propuestas habría de resultar en una amplia gama de vertientes, como sucedía al norte de la frontera, donde las contribuciones de chicanos y mexicanos como Ritchie Valens, Question Mark and The Mysterians, Fito de la Parra, Santana y Los Lobos se integraban al corpus roquero tan pronto aparecían.

Unos pocos grupos siguieron tocando rock —como Paco Gruexxo en la Ciudad de México, Toncho Pilatos en Guadalajara y el tijuanense Javier Bátiz, también en la capital—, pero no surgió nada relevante entre los setenta y mediados de los ochenta, con la excepción de conciertos esporádicos de visitantes como The Doors, Chicago, Christie, Santana, Police y no muchos más. Three Souls cambiaba su nombre a El Tri y se transformaba en una caricatura esclerosada. El país se fue liberalizando y la veda parecía llegar a su fin. En los ochenta aparecieron grupos influenciados por bandas extranjeras de punk, new wave, hip hop y ska, aunque recurrían a géneros regionales para crear fusiones de corte paródico o festivo. Uno de los primeros fue Botellita de Jerez (1983), cuya principal inspiración fueron Los Tepetatles, grupo formado en 1965 por Alfonso Arau, José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis y unos músicos para montar la sátira cabaretera “Triunfo y aplastamiento del mundo moderno con gran riesgo de Arau y mucho ruido” en el centro nocturno El Quid, de la colonia Roma. El show no gustó y los asistentes abandonaron el bar, aunque Los Tepetatles grabaron el disco Arau a Go-Go, con canciones como “Teotihuacán a go-gó” y “Tlalocmán”, retomada años después por Botellita en su primer disco.* Después aparecieron conjuntos como Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, Café Tacuba, Caifanes y Fobia, entre los de mayor éxito. Para legitimarse como mexicanos, como si tal cosa fuera necesaria, acudieron a referencias cinematográficas, como Tin Tán —aunque el look de Saúl Hernández era idéntico al de Robert Smith—, a consignas chauvinistas y a símbolos como la bandera nacional, que músicos y público ondeaban en todos los conciertos.

En España y en Argentina había grupos dedicados más al trabajo serio de composición que a la alharaca nacionalista. Patricio Rey en el sur y Radio Futura en la península ibérica son solo dos muestras del admirable trabajo letrístico-musical que distinguía a legiones de grupos, algo que en México solo consiguieron en ciertos momentos roqueros como Rockdrigo González, Jaime López** y Gerardo Enciso. Aunque estos no formaban parte de la campaña “Rock en tu idioma”, lanzada entre 1986 y 1990 por la compañía BMG Ariola para promover a grupos que brotaban en esos países. A diferencia de los españoles y argentinos, los grupos mexicanos manejaban torpemente el idioma y la música era un sonsonete que se repetía de pieza en pieza. A un concurso de bandas de ska en el Foro Alicia se inscribieron más de trescientas que tocaban exactamente lo mismo, y por el lado del “dark” muchos grupos se esmeraban en suceder a Caifanes, cuyas letras eran crípticos mensajes chamánicos de superación personal. La canción “Metamorféame” (sic) de esta banda comienza con estos versos: “Se está cambiando la forma humana/ Bajo las piedras hay otras pieles/ Sobre la espuma flota lo viejo/ Escupe el rostro/ Que no responde”. En el programa de Verónica Castro “Mala noche no” —1988— el cantante de Maldita Vecindad, Roco, declaró que “Lo más contestatario, lo más subversivo, es la risa y el amor”, una declaración de principios que refrenda en el infocomercial de Televisa Hecho en México [Duncan Bridgeman, 2012].

Toncho Pilatos.

Toncho Pilatos

A tres décadas el rock mexicano no ha experimentado evolución alguna. Algunos pioneros subsisten y hay otros nuevos que no han significado ninguna ruptura, transgresión o innovación en términos artísticos o sociales, jamás el pánico moral o la censura que provocaron los Sex Pistols, por ejemplo —lo de Molotov fue un chiste comparado con estos—, ni siquiera cuando se han pronunciado sucesivamente a favor del neozapatismo, de las causas indígenas, del obradorismo o de un anarquismo de pacotilla. No existe en el rock nacional la menor tensión entre el arte y el mercado. Las nuevas divas cantan como niñas afectadas: “Hoy desperté con ganas de besarte/ ¿Qué voy a hacer? Acariciarte/ Enredarme a ti y no soltarte/ Eres tan embriagante/ Eres tú huu”, gime Carla Morrison y así por el estilo las dulces trovadoras del neoconservadurismo amoroso, y los grupos de reciente cuño sufren penosas regresiones formales. Para ninguno de ellos existen Imogen Heap o Radio Head ni letras como “Like a Rolling Stone” o “Common People”.

Es ahora cuando las excepciones marginales de los ochenta y noventa adquieren mayor relevancia: lo experimental, lo electrónico, lo progresivo, lo sarcástico; Toncho Pilatos, Size, MCC, Oxomoxoma, El Personal, Casino Shanghai, Nona Delichas. ¿Vale decir que, como en tantas otras cosas, el público mexicano tiene el rock que se merece?

Publicado originalmente en la revista Marvin, marzo de 2013.

* “Lo que hacían Arau y Monsiváis en los 60”, El Universal, 8 de julio de 2009.

** Salvo la pifia de la letra para la canción del Bicentenario.

 

 

[Fuente: http://www.revistareplicante.com]

Organizadora: Universidad de Salamanca
Tipo de actividad: Congreso, jornada, encuentro

 

 

Fecha límite de solicitud:

 

 

Lunes, 20 de septiembre de 2021

 

 

Descripción: 

 

 

La Universidad de Salamanca celebra este congreso los días 5 y 7 de noviembre de 2021 en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca). Su objetivo es abordar la frontera hispanoportuguesa desde un enfoque interdisciplinar, por lo que dedicarán varias sesiones a las diferentes líneas temáticas (historia, política, educación, medioambiente, ecosistema etc.).

El encuentro se retransmitirá en directo vía web y tanto comunicantes como ponentes podrán participar mediante videoconferencia. Se invita a todos los investigadores a participar en este encuentro científico.

La fecha límite para el envío de comunicaciones expira el 15 de septiembre.

Para más información, puede visitarse la página web.

Ciudad:  Aldeadávila de la Ribera, Salamanca
País:  España
Fecha de inicio:  Viernes, 5 de noviembre de 2021
Fecha de finalización:  Domingo, 7 de noviembre de 2021
Dirección postal completa:  Centro Cultural de Aldeadávila de la Ribera

 

C/ Guarda Civil, s/n

C.P.: 37250 – Aldeadávila de la Ribera. Salamanca (España)

Correo electrónico:  citer2020.organizacion@gmail.com
Página de Internet:  https://citer2020.wordpress.com/
Materias de especialidad: 

Artes plásticas, Demolingüística, Dialectología, Enseñanza de la lengua, Enseñanza de la lengua, Enseñanza y tecnología, Estudios culturales, Fonética, Fonología, Gallego, Historia de España, Historia del español, Judeoespañol, Lexicografía, Lexicología, Lingüística, Lingüística aplicada, Lingüística comparada, Lingüística computacional, Lingüística de corpus, Lingüística descriptiva, Lingüística románica, Lingüística textual, Literatura comparada, Literatura contemporánea, Literatura de la Edad Media, Literatura de los Siglos de Oro, Literatura del siglo XVIII, Literatura del siglo XIX, Literatura del siglo XX, Literatura del siglo XXI, Literatura española, Literatura infantil y juvenil, Literatura peninsular, Literaturas orales, Morfología, Música, Narrativa, Ortografía, Poesía, Pragmática, Semántica, Semiótica, Sintaxis, Sociolingüística, Teatro y artes escénicas, Teoría de la literatura, Traducción

Redes sociales – Facebook: https://www.facebook.com/CITER2020/

 

[Fuente: hispanismo.cervantes.es]

« Entre les murs du ghetto de Wilno 1941-1943 » est le récit d’un adolescent qui témoigne du quotidien, et de ses aspirations contraintes, enfermé dans les camps juifs en Lituanie. Il s’agit là d’un texte rare qui sera récupéré par la cousine de l’auteur après sa mort, à tout juste quinze ans, et diffusé par le poète Avrom Sutzkever.
Écrit par Myriam ANISSIMOV
Contexte général : Le cas de la Lituanie
Dès juin 1941, au lendemain de l’invasion de l’Union soviétique, le Reichsführer SS Himmler fut chargé de « taches spéciales ». Il s’agissait de réaliser le stade ultime de la « solution finale de la question juive » (die Endlösung der Judenfrage). Après avoir saisi leurs biens et les avoir concentrés dans des ghettos, le Führer avait décidé de mettre en œuvre l’extermination des Juifs dans tous les territoires conquis par le Reich. L’anéantissement  fut mené en deux étapes : d’abord des petites unités de SS et de la police tuaient toute la population juive à mesure que l’armée avançait et occupait les territoires de l’URSS. La deuxième opération consista à déporter les Juifs d’Europe dans des centres d’anéantissement équipés de chambres à gaz.
Dans les États baltes et en Biélorussie, les Einsatzgruppen, unités mobiles de tuerie, exterminèrent en un an et demi la presque totalité de la population juive, soit un million et demi de personnes. Ces territoires furent proclamés Judenfrei – « libres de Juifs ». Les unités mobiles de tuerie étaient formées de quatre Sonderkommandos et Einsatzgruppen – au total 3000 hommes –  qui opéraient sur les arrières des groupes d’armées et des armées, ainsi que sur le front même. Les Einsatzgruppen, qui n’étaient pas des formations permanentes, étaient crées à chaque nouvelle invasion.
Les Einsatzgruppen reçurent une directive qui définissait leur modalité d’action : « Les Sonderkommandos sont autorisés, dans le cadre de leur mission et sous leur propre responsabilité, à prendre des mesures exécutives contre la population civile ». Ils recevaient « leurs directives fonctionnelles » du chef de la Police de sécurité du Reich et du SD, ou Service de sécurité (Sicherheitspolizei). Chaque Einsatzgruppe avait l’effectif d’un bataillon, divisé en unités opérationnelles, les Einsatzkommandos et les Sonderkommandos. À la tête des Einsatzgruppen, on trouvait un docteur en jurisprudence, un pasteur, des membres des professions libérales, des artistes, d’autres juristes. Leurs membres avaient en moyenne de trente à quarante ans, et n’étaient pas des délinquants sexuels ou des criminels de droit commun.
On étoffa l’effectif par un bataillon de la Police d’ordre et des Waffen-SS. Des Lituaniens, des Estoniens, des Lettons, des Ukrainiens furent aussi recrutés sur place. Reinhard Heydrich qui présida  la conférence de Wannsee le  20 janvier 1942, confirma à un membre de la Gestapo qui lui posait la question, qu’il fallait « évidemment ! » (selbstvertändlich) fusiller tous les Juifs. Cinq millions de Juifs vivaient alors en Union soviétique. Quand les Einsatzgruppen franchirent la frontière, un million et demi de Juifs des Pays baltes, de Pologne, d’Ukraine, de Biélorussie, de Crimée, de Bukovine et de Bessarabie avaient  réussi à s’enfuir en URSS. Les Juifs vivaient essentiellement dans les villes. A Wilno (aujourd’hui Vilnius), il y avait 55 000 Juifs, qui représentaient 28,2% de la population. C’était une des capitales intellectuelles du judaïsme d’Europe orientale. On l’appelait « la Jérusalem de Lituanie ». En Lituanie, l’Einsaztkommando 3 réussit sa mission : massacres de masse répétés plusieurs fois par jour. Quand il n’y plus de Juifs à assassiner, le commandant de l’Einsatzgruppe A considéra que « tout s’était très bien passé », en collaboration cordiale avec le Groupe d’armées Nord qui lui avait prêté main forte.
La stratégie d’un massacre
Dans les États baltes, et notamment à Wilno, une police supplétive fut vite mise sur pied pour participer à la liquidation de la population juive de Wilno. En dépit du fait que des dizaines de milliers de Juifs s’enfuirent ou furent évacués, un grand nombre resta sur place. Pourquoi ? Beaucoup se souvenaient que pendant la Première Guerre mondiale, les soldats allemands n’avaient pas commis d’exactions contre les Juifs. Les vieux Juifs, se souvenant des pogroms, redoutaient plus les Russes que les Allemands. Par ailleurs, la radio et la presse soviétiques ne disaient rien de ce qui se passait en Europe occupée par l’Allemagne nazie. En tout état de cause, il était difficile de fuir et surtout de se cacher parmi une population hostile. Les Lituaniens étaient par exemple tout à fait motivés pour traquer les Juifs, dans l’espoir de s’approprier leurs logements et leurs biens. Les services de renseignements allemands en Biélorussie écrivirent en juillet 1942 : « Les Juifs sont étonnamment mal informés de notre attitude envers eux. Ils ne savent pas comment on traite les Juifs en Allemagne, ni non plus à Varsovie, qui après tout, n’est pas tellement éloignée ». Les Allemands procédèrent aussi par la ruse pour regrouper et liquider les ghettos qu’ils avaient établis.
Les nazis produisirent une terminologie pour désigner les massacres de masse : « liquidation de la juiverie, action spéciale, nettoyage, réinstallation, activité d’exécution des ordres, mesure exécutive, traité conformément, apurement de la question juive, libérée de Juifs, solution de la question juive,  etc ». Après avoir assisté à une Aktion  à Minsk, Himmler nerveux, demanda  de « se creuser la tête » pour trouver une autre méthode que la fusillade de masse.
À Wilno, la population juive fut concentrée dans deux ghettos qui comportaient trois rues. On accorda des permis de travail à des « spécialistes » tout en procédant à la liquidation de la population par étapes au terme de sélections qui décimaient en premier lieu les vieillards et les enfants. La liquidation commença en juillet 1941 pour s’achever en septembre 1943. Les victimes étaient conduites à pied à huit kilomètres du ghetto dans la forêt de Ponary (en yiddish Ponar) pour y être fusillées dans de vastes fosses circulaires creusées par les premières victimes. Entre le 31 août et les 12 septembre 1947, les SS assistés de leurs supplétifs lituaniens, assassinèrent d’abord les hommes par groupes de dix, puis les femmes et les enfants, préalablement dévêtus.
Après ces massacres, le Judenrat, l’administration juive du ghetto mise en place par les Allemands, fut informé que trois mille personnes devaient se regrouper en vue de leur transfert dans le petit ghetto qui fut à son tour liquidé du 15 septembre au 21 octobre 1941. On regroupa les victimes d’abord à la prison Lukiszki, dans la Strashun Gas, où se trouvait l’Institut scientifique juif, le YIVO, dont les archives, partiellement sauvées, se trouvent aujourd’hui dans un magnifique Institut à New York. Ses fonds sont les plus considérables sur le monde et la civilisation yiddish exterminés.
Une nouvelle Aktion d’extermination fut organisée à l’occasion du Yom Kippour, le 1er octobre 1941. Les Allemands avaient coupé les lignes de téléphone et interdit toute distribution de courrier. Les deux ghettos furent ceints d’une palissade, les entrées munies de porte gardées par des SS et les fenêtres donnant sur le quartier non juif, murées.
Les Juifs étaient trainés hors de leurs logements ou de leurs cachettes – les malines – avec la plus grande brutalité. Les travailleurs considérés comme indispensables, furent renvoyés dans le ghetto et porteurs d’un nouveau permis de travail. Les nazis achevèrent la liquidation du ghetto du 3 au 21 octobre, après avoir une fois encore, pris leurs victimes par traitrise en leur faisant croire qu’elles allaient être transférées dans un troisième ghetto. Le petit ghetto était vide, les neuf mille derniers Juifs de Wilno auxquels vinrent s’ajouter quelques clandestins du grand ghetto qui avaient réussi à se cacher dans les caves, les greniers et des bunkers furent officiellement installés dans le petit ghetto, qui fut à son tour liquidé du 22 octobre au 22 décembre 1941. Les trois mille ouvriers des usines Kailis dont les fourreurs travaillaient pour la Wehrmacht furent préservés jusqu’au 23 septembre 1943.
Après avoir séparé les hommes de leurs femmes et de leurs enfants, ils furent rassemblés sous la pluie pendant toute une nuit, puis conduits pour être fusillés à Ponar. L’herbe était sanglante. Les arbres portaient, accrochés à leurs branches, des fragments de chair, de cervelle humaines, des membres d’enfants. Puis vint le tour des policiers juifs et de leurs familles, auxquels on avait promis la vie sauve. Ils furent transférés au camp de Klooga dans des conditions atroces, où les deux mille cinq cents survivants furent arrosés d’essence et brûlés vifs sur des bûchers lorsque l’Armée rouge ne fut plus qu’à une dizaine de kilomètres.
Les mots d’un adolescent comme regard sur le génocide juif
Yitskhok Rudashevski avait quinze ans lorsqu’il fut assassiné avec ses parents à Ponar le 1er octobre 1943. Il avait été enfermé dans le ghetto depuis son établissement en juillet 1941. Cet adolescent entreprit d’écrire son journal, et décrivit avec une maturité étonnante ce que fut sa vie et celle des siens jusqu’en avril 1943. Lors de la liquidation du ghetto, Yitskhok, ses parents, ainsi que la sœur de sa cousine Sore (Sarah) Voloshin, se cachèrent dans une maline qui fut découverte. Ainsi furent-ils tous conduits à Ponar et exécutés.
Sore qui était membre du FPO, organisation secrète de résistance dont un certain nombre de membres réussirent à fuir par les égouts et à rejoindre les partisans, fut la seule survivante de la famille. C’est elle qui retrouva ce manuscrit extraordinaire dans la boue et les ruines du ghetto au mois de  juillet 1944. Elle avait participé à la libération de la ville. Elle retourna sur les lieux où Yitskhok, dont elle était très proche, avait vécu ses derniers jours. Le 13 juillet 1944, elle rédigea son témoignage qui fut déposé aux archives du Ghetto Fighter’s House Museum – Bet Lohamei Haguetahot, en Israël, près de Haïfa.
« Le soir. Je m’éclipse de la rue Wiwulski où notre brigade est cantonnée. Après un certain temps, je me retrouve dans les rues de la ville. Je regarde autour de moi. Les lieux me sont familiers. Je m’y suis trouvée de nombreuses fois. Je poursuis et mes battements de cœur s’accélèrent : je m’approche du ghetto. Je parviens jusqu’à la rue Strashun. Une étrange sensation s’empare de moi. Chaque bâtiment, chaque centimètre carré me rappelle tant de choses. Tous les jours, des flots humains emplissaient les rues, le bruit et le tumulte y prévalaient, et à présent… rien que le silence. Pas âme qui vive. De temps à autre, une femme non juive fait crisser le verre brisé sous ses pas. Je parcours les ruelles, ayant du mal à respirer. Voici notre courée. J’hésite un moment avant de me risquer dans le bâtiment éventré, au bord de l’effondrement. J’entre dans la cour. On dirait que notre appartement est intact. A pas hésitants, je gravis l’escalier et j’arrive à notre pièce. Je suis  à bout de souffle. Je scrute les quatre murs vides et je monte immédiatement au grenier. L’échelle a disparu. Je parviens difficilement à me hisser jusqu’à notre maline. Je suis prise d’un tremblement. Car ma famille a vécu ici pendant la liquidation du ghetto et c’est de là qu’ils sont partis pour Ponar. Je creuse dans le sable. Peut-être quelque chose va-t-il resurgir. Et je retrouve des photographies de nous. Je poursuis mes recherches. Dans un coin, couvert de poussière, gît un cahier. Mon chagrin me fait chanceler et mes yeux s’emplissent de larmes. Ce sont les notes de mon ami, son journal du ghetto. Je le ramasse. Il est couvert de poussière, tout sale. Que de souffrances ce garçon portait en lui. Il l’avait toujours sur lui, il le cachait. Il ne le montrait à personne. »
Récupération et diffusion des mémoires du ghetto, une autre forme de résistance
Sore Voloshin a confié le « Journal » d’Yitskhok Rudashevski au grand poète yiddish partisan Avrom Sutzkever, que Staline envoya chercher en avion dans les forêts à la demande de Ilya Ehrenbourg, et à Shmerke Katsherginski, membre du FPO, auteur de Chant des partisans juifs de Wilno, Zog nit kayn mol az du gayst dem letztm veg («  Ne dis pas que tu vas sur ton dernier chemin » ).
Tous deux avaient réussi à dissimuler livres et manuscrits, documents et œuvres d’art dont ils avaient été chargés du tri en vue de la destruction de leur plus grande part par les nazis. Ils avaient sauvé les documents les plus importants en les enfouissant dans des caves, dans le but de constituer un musée juif après la guerre. Mais cela n’intéressa pas du tout les autorités soviétiques qui, dès la paix revenue, lancèrent une campagne dans les médias contre les intellectuels juifs « sans patrie », et plus précisément contre les écrivains de langue yiddish, également les fondateurs du Comité Juif antifasciste. Après avoir été arrêtés, torturés et jugés secrètement en quelques minutes, il furent condamnés à mort et aussitôt exécutés dans les caves de la Loubianka le 12 août 1952. Les documents sauvés par Sutzkever et Katsherginski, dont le manuscrit d’Yitskhok Rudashevski, sortirent clandestinement d’URSS et furent acheminés au grand Institut du YIVO à New York. En 1953, Sutzekever qui avait fondé à Tel Aviv la revue Di goldene keyt (La chaîne d’or), publia une version qui contenait les deux tiers du manuscrit d’Yitskhok. Puis, en 1973, le Bet Lohamey Haghetaot  publia la traduction complète du journal en hébreu, et en anglais en 1973.
Mémoires d’une extermination par un jeune auteur disparu
Yitskhok Rudashevski était le fils unique d’une famille qui s’était installée à Wilno en 1923.  Son père Elyohu, originaire d’une petite bourgade de Lituanie était typographe dans le principal quotidien yiddish Vilner Tog, et sa mère Reyzl qui était née à Kishinev, en Bessarabie, était couturière. Ce journal poignant, mais si lucide, bien souvent, ne semble pas écrit par un tout jeune adolescent, mais plutôt par un jeune homme déjà fait, cultivé, raffiné, capable de jugements, dont nombre d’adultes n’ont pas été capables. Yitskhok ne raconte pas des histoires d’adolescent, il évalue sans cesse la situation, l’évolution de la guerre, observe les habitants du ghetto, rend hommage aux actes d’héroïsme, et méprise les policiers du ghetto qui espèrent sauver leur vie et celles de leurs proches en conduisant ignoblement leurs frères à leurs bourreaux. Il montre aussi combien les Juifs ont continué de toutes leurs forces à travailler, créer, étudier, alors qu’ils ignoraient s’ils seraient encore en vie le lendemain. Pendant toute la durée du ghetto, les Juifs publièrent des journaux, des revues, organisèrent des concerts, montèrent des spectacles, des expositions. Les écoles, les lycées de haut niveau fonctionnèrent jusqu’au bout, tandis que les maîtres et leurs élèves voyaient leurs effectifs être chaque jour décimés. Dans ce sens, on peut dire que les Juifs ont résisté jusqu’au bout, même ceux qui ne faisaient pas partie du FPO, l’organisation clandestine de combat. Jamais les jeunes ne furent abandonnés à eux mêmes. Il furent instruits, éduqués, encadrés, jusqu’au bout. Ils réalisèrent des études sociologiques dans le ghetto dont les murs s’écroulaient.
L’autre forme de résistance consista, comme il a été dit, à sauver ce qui pouvait l’être parmi les trésors du patrimoine d’une civilisation en voie d’extermination. À partir de février 1942, les Allemands constituèrent des brigades d’intellectuels juifs chargés de sélectionner les documents à envoyer en Allemagne, en vue de la constitution d’un « Musée de la race disparue ». Les documents non sélectionnés étaient recyclés dans une usine de papier, les parchemins servaient à fabriquer des bottes. Abandonné dans ce grenier, le manuscrit magnifique d’Yitskhok Rudashevski fut miraculeusement sauvé. Enfin, quand les nazis imposent le port d’insignes sur les vêtements des Juifs du ghetto, Yitskhok Rudashevski écrit :
« J’ai ressenti alors la brûlure de ces grands ronds de tissu jaune sur leur dos. Longtemps je n’ai pu porter ces insignes. Je sentais comme une bosse sur la poitrine et dans le dos, comme deux crapauds accrochés sur moi. J’avais honte de me montrer avec ça dans la rue, non parce que c’est signe que je suis juif, mais j’avais honte de ce que l’on fait de nous, honte de notre impuissance. On va nous couvrir de la tête aux pieds de rouelles jaunes et nous ne pouvons rien y faire. J’en ai souffert, car je ne voyais aucune issue. Maintenant nous n’y prêtons plus attention. La rouelle est accrochée sur notre manteau, mais notre conscience n’est pas touchée. Nous avons à présent une conscience telle que nous pouvons le dire haut et clair, nous n’avons pas honte de ces marques infamantes ! Qu’ils en portent la honte, ceux qui nous les ont accrochées. Qu’elles soient une brûlure sur la conscience de tout Allemand qui tente de penser à l’avenir de son peuple. »

Les dernières lignes du Journal, datées du 7 avril 1943 :
« Mais nous sommes prêts à tout, car ce lundi a prouvé que nous ne devons nous fier à rien, ne croire personne. Le pire peut nous arriver à tout instant… ».
« Entre les murs du ghetto de Wilno 1941-1943 » de Iztkhok Rudashevski 
Traduit du yiddish par Batia Baum
Éditions de L’antilope
192 pages, 16 euros
 
[Source : http://www.nonfiction.fr]

O aventureiro, natural da localidade ourensá de Amiudal, viviu 12 anos na selva

Alfonso Graña -con pipa- fíxose esta foto co que podería ser o seu fillo -ao fondo, con camiseta-.

Escrito por CARLOS PORTOLÉS / B. P.

A historia comeza nunha pequena aldea da provincia de Ourense. Amiudal, pertencente ao concello de Avión, non chega aos douscentos habitantes. Un paseo polas súas pequenas rúas non presenta indicio algún de que se está pisando o lugar de nacemento dun rei. Un que exhaló os seus últimos suspiros fai case noventa anos, entre as plantas silvestres e os ríos remuiñados do Amazonas. Por nome, Alfonso Graña. Alto e desgarbado. Un mozo analfabeto de pobo que lucía unhas lentes que lle conferían un falso aire de poeta vangardista. Entre galiñas e labranzas criouse un soñador, un explorador nato. Como todo aspirante a descubrir o mundo, Alfonso abandonou con prontitude as catro paredes que contiveron a súa nenez.

Foi un dos moitos da súa xeración errante que se embarcou rumbo ás Américas. Primeiro posou pés en Brasil, para máis adiante cruzar a fronteira cara a Perú. Chegou á cidade de Iquitos coa idea facerse un oco na industria cauchera. Pero unha profunda crise do sector frustrou as súas expectativas mercantís. Con pouco que gañar, e aínda menos que perder, Graña penetrouse nas fauces gorxeantes do Amazonas acompañado dun amigo e compatriota seu. Esperando atopar ouro en pebida, acabou cruzando temerariamente o territorio dos huambisas, tribo indíxena pertencente á vila de os xíbaros.

Reinado improbable

A pesar de que hai versións diverxentes da historia, a máis verosímil e aceptada é a presentada polo escritor Maximino Fernández Sendín no seu libro Alfonso I da Amazonia. Sendín expón que, naquel primeiro encontro entre Alfonso e as tribos amazónicas, houbo un enfrontamento no que o compañeiro de Graña foi asasinado.

Con todo, a vida do de Amiudal foi perdoada, pois, segundo cóntase, a filla do xefe da tribo se encariñou del e quixo desposalo en matrimonio. As oportunas nupcias que foron a salvación do galego, tamén foron o seu vehículo cara á aristocracia indíxena.

Falecido o monarca dos nativos, foi Alfonso, como marido da súa filla, o que herdou a destacada posición de gobernante. Así foi como, coa inestimable mediación do azar, un raparigo ourensán converteuse, de facto, en líder da milenaria tribo dos huambisas. Viviu entre elas ata a súa morte en 1934. Foi pioneiro en establecer unha ruta comercial desde as profundidades da xungla ata Iquitos a través do río Marañón. Con balsas construídas por el mesmo, remontaba as augas ata a urbe cargado de burros con mercancías selváticas e vendíaas obtendo pingüe beneficio. Tamén foi douto (e autodidacta) na extracción de sal. Aproveitando o caudal dun río salino próximo, construíu unha rudimentaria pero eficiente planta desalinizadora capaz de extraer ata 50 quilogramos ao día, o que multiplicaba por cinco a capacidade de produción dos indíxenas.

Co tempo, Graña acabou sendo respectado non só polos huambisas, senón tamén por varias tribos lindeiras como os aguarunas, o que lle permitiu mediar en varios conflitos e minimizar o número de enfrontamentos armados na zona.

A súa influencia estendíase por un vasto territorio cunha superficie equivalente a (en palabras do soado Víctor da Serna) «Andalucía, Estremadura e Castela a Nova, xuntas». A súa autoridade foi recoñecida por varios organismos internacionais, e cando algunha empresa estranxeira quería facer misións de recoñecemento naquel extremo do Amazonas, negociaba directamente con Alfonso o seu paso por aquelas terras.

Unha vida de moitas vidas. O raparigo de pobo, o astuto comerciante e o xusto monarca conviviron baixo un só rostro, por nome Alfonso Graña.

Cesáreo Mosquera, escudeiro e escribente

Cesáreo Mosquera foi a miúdo descrito como un personaxe excéntrico e peculiar. Outro emigrante galego en terras peruanas. Rexentaba a soada librería Amigos do País, que durante anos foi un lugar de encontro para os estranxeiros que habitaban a cidade de Iquitos. Coñeceu a Alfonso nunha das súas moitas misións comerciais. Desde que os seus camiños se cruzaron, Mosquera interesouse fondamente polas peripecias vernianas do seu compatriota, e dado que Graña chegou a América sendo analfabeto, ofreceuse a deixar por escrito a súa historia. Grazas a esta meticulosa labor de escriba, existen documentos e transcricións que permiten reconstruír con aceptable precisión a peripecia do aventureiro de Amiudal.

A sombra do explorador, 90 anos despois

O asuco da canoa de Alfonso Graña segue reverberando nas bravas augas do río Marañón. Décadas despois da súa morte, o seu recordo sobrevoa os verdosos horizontes do Amazonas. Envolvidos nun halo de misterio, os maiores contan historias remotas dun galego que un día foi rei da selva. Os huambisas e os aguarunas, as dúas tribos coas que Graña trabou sincera amizade, seguen habitando a zona oriental da Amazonia peruana. Levan anos elevando a voz contra a explotación e a deforestación das súas terras, e nos últimos tempos foron tristemente notorios polos continuos enfrontamentos na zona, a conta das protestas derivadas do conflito. Hai apenas unha década, outro galego de maleta fácil foi agraciado co cariño e o respecto dos pobos orixinarios. Chámase Antonio Abreu, e a principios deste século realizou ata sete viaxes ao Perú para tratar de atopar aos descendentes perdidos de Alfonso Graña.

Nas súas numerosas expedicións, puido descubrir unha cultura que lle abriu os ollos e a mente a unha forma de vivir en perigo de extinción. Desde entón, fixo súa a causa da defensa da contorna natural e dos dereitos dos pobos indíxenas. O seu fillo, quen lle acompañou na última travesía amazónica, conta con emoción como o seu pai se gañou o afecto de todos cantos se cruzaron no seu camiño durante as súas apaixonantes viaxes e aventuras. Desde a súa infancia, xogando cos seus amigos entre as matogueiras do parque Castrelos de Vigo, Antonio xa soñaba con camiñar algún día as verdes sendas do Amazonas. Nove décadas despois da morte de Graña, hai dúas pisadas galegas no corazón da selva.

 

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

À l’occasion de la Journée nationale du cinéma mexicain, qui se tiendra ce dimanche 15 août, Netflix, à travers une vidéo, a clairement annoncé son intention d’« adapter au cinéma les grandes œuvres » de la littérature mexicaine. Pour démarrer sa campagne #QueMéxicoSeVea, le géant du streaming a annoncé officiellement la préparation d’une série adaptée du livre Pedro Páramo, de l’écrivain mexicain Juan Rulfo. 

Publié par Marion Clousier

Au programme, plusieurs productions internationales, annonce Netflix. L’adaptation du premier roman de Juan Rulfo (1917- 1986), Pedro Páramo (1955), traduit par Roger Lescrot aux éditions Gallimard en 1959, qui ouvrira ce ballet cinématographique.

Pedro Páramo (1955)

Mettant environ 10 ans à écrire son œuvre, Juan Rulfo la voit finalement publiée en 1955 grâce à une subvention accordée par le Fonds pour la Culture Économique.

Appartenant au boom latino-américain, l’œuvre de Juan Rulfo se situe à l’époque de la guerre des Cristeros. Cette dernière se réfère au soulèvement de 1926 à 1929 d’une partie de la population mexicaine contre le gouvernement, qui tentait de lui appliquer la Constitution de 1917, destinée à réduire le pouvoir de l’Église catholique dans le pays.

Elle raconte l’histoire de Juan Preciado, qui vient à Comala à la recherche de son père, Pedro Páramo : « Je suis venu à Comala parce qu’on m’a dit que mon père, un certain Pedro Páramo, vivait ici. Ma mère me l’a dit. Et je lui ai promis que je viendrais le voir dès sa mort », peut-on lire dans les premières pages du roman.

L’auteur use du réalisme magique, procédé littéraire qui fait intervenir des éléments considérés comme magiques, surnaturels dans un cadre réaliste, pour mener son roman. De quoi complexifier davantage l’adaptation cinématographique d’une telle œuvre…

Le résumé de l’éditeur :

Pedro Pdramo est l’une des plus grandes oeuvres du XX’ siècle, un classique contemporain. Tout comme Kafka et Faulkner, Rulfo a su mettre en scène une histoire fascinante, sans âge et d’une beauté rare : la quête du père qui mène Juan Preciado à Comala et à la rencontre de son destin, un voyage vertigineux raconté par un choeur de personnages insolites qui nous donnent à entendre la voix profonde du Mexique, au-delà des frontières entre la mémoire et l’oubli, le passé et le présent, les morts et les vivants.

Bien qu’il s’agisse de l’une de ses oeuvres les plus reconnues, Juan Rulfo est aussi connu pour son recueil de nouvelles El llano en llamas (Le Llano en flammes, traduit par Gabriel Iaculli, aux éditions Gallimard, 2001). Celui-ci comprend La nuit où on l’a laissé seulPaso del norteRappelle-toi ou encore Tu n’entends pas les chiens aboyer.

Francisco Ramos, vice-président du contenu pour l’Amérique latine de Netflix, a affirmé que ce projet d’adaptation fait partie d’un « engagement envers la culture mexicaine ».

Cependant, aucun autre détail n’a été spécifié concernant cette production : ni le scénariste, ni les producteurs, ni le casting.

D’autres adaptations du roman

Ce roman n’en est pas à sa première adaptation. En effet, en 1967, le producteur Carlos Velo s’y était essayé, aux côtés de Carlos Fuentes, chargé du scénario. Le film mettait alors en vedette John Gavin, connu pour avoir travaillé avec Alfred Hitchcock et Stanley Kubrick, ainsi qu’Ignacio López Tarso qui avait déjà joué dans Macario (1960), nominé aux Oscars.

Malheureusement, leur travail fut un échec, et 10 ans plus tard, c’est José Bolaños, qui tenta une nouvelle adaptation cinématographique. Cette dernière lui valut six nominations pour l’Ariel Award, dont il remporta celles de la Meilleure photographie, Scénographie et Cadre.

Enfin, une ultime version fut réalisée par Salvador Sánchez, en 1981.

Dans le cadre de la célébration du 15 août, Netflix présentera aussi une collection de films, organisée par l’Institut mexicain de la cinématographie (IMCINE). Celle-ci doit comprendre de nombreux films dont El baile de los 41 (2020), de David Pablos, ou encore Roma d’Alfonso Cuarón (2018), qui a remporté le Golden Globe du meilleur film en langue étrangère.

via InfobaeLa Voz de DurangoEl Sol de Tampico

Pedro Paramo
Juan Rulfo trad. Roger Lescot Editions Gallimard
Pedro Paramo
26/02/2009 183 pages 8,10 €
Scannez le code barre
9782070379538
© Notice établie par ORB
plus d’informations
Le Llano en flammes
Juan Rulfo Editions Gallimard
Le Llano en flammes
27/03/2001 169 pages 18,80 €
[Source : http://www.actualitte.com]

« Les romans sont des êtres qui nous obsèdent pendant des années », affirme Martín Solares. Impossible de s’en délivrer sans comprendre les raisons qui nous poussent à les écrire, sans trouver le dernier mot qui éclaire ce mystère intérieur. Sept ans lui ont été nécessaires pour se libérer des Minutes noires, huit pour N’envoyez pas de fleurs (Christian Bourgois, 2009 et 2016), ces deux énormes « baleines » qui l’avaient avalé. Entre les deux se trouve Quatorze crocs, dont l’écrivain mexicain a commencé la rédaction à Paris, où il a vécu sept ans. À son retour au Mexique, la violence inouïe touchant le nord du pays, notamment sa région d’origine de Tamaulipas, l’oblige à mettre en suspens ce projet d’écriture. Il s’attelle alors à l’exploration de la sombre machinerie du narcotrafic.

Écrit par Melina Balcázar

Martín Solares, Quatorze crocs. Trad. de l’espagnol (Mexique) par Christilla Vasserot. Christian Bourgois, 200 p., 18 €


Dans Quatorze crocs, Martín Solares continue à interroger le roman noir, son rapport au rêve et à la mort, dont il efface les frontières pour nous inviter à regarder autrement Paris, devenue ici la capitale de la vie ultra-tombale. Parenthèse ludique et jouissive dans cette œuvre marquée – sinon blessée – par le réel. Jeu intertextuel, drôle et décalé, pour relever le défi qu’il s’est imposé : enquêter dans l’au-delà, dans ses bas-fonds, seul type d’affaires qui, selon l’auteur, a échappé à Georges Simenon, lequel fait une apparition furtive dans le roman.

C’est à travers le regard du jeune détective Pierre Le Noir que nous découvrons la Brigade Nocturne de la Police de Paris. Confronté à son premier cas – la découverte d’un corps portant sur le cou la marque de quatorze trous alignés, meurtre où l’absence de sang intrigue aussi –, il explore cette autre topographie parisienne, souterraine et crépusculaire, qui le conduit du Marais au Montparnasse de l’entre-deux-guerres : « Les créatures nocturnes le savent, chaque rue de Paris a un nom officiel et un nom secret. » Sont réveillées ainsi par l’intrigue des significations oubliées, comme Denfert-Rochereau, ancienne rue de l’Enfer, ou le quai de la Mégisserie, pour nous rappeler que cette « odeur de mort » hante toujours la ville.

Nous sommes d’emblée plongés dans ce monde autre. Les premiers témoins interrogés par le détective novice sont un fantôme attablé dans un café et une très belle femme, Mariska, qui grâce à ses pouvoirs magiques devient son guide. Il est difficile de traiter avec ces êtres de la nuit : « Si l’on cherche des témoins, mieux vaut s’adresser à d’autres sortes de morts-vivants, comme les noyés qui barbotent allègrement dans la Seine, toujours disposés à converser, surtout en été. Ou les morts frappés d’un maléfice quelconque, qui s’ennuient et passent leur temps à observer, eux qui demeurent depuis des siècles sur les places publiques de Paris. »

Avec Pierre Le Noir, on pénètre aussi dans les services de migration de l’au-delà, dont l’accès se situe dans la tombe du dictateur mexicain Porfirio Díaz au cimetière du Montparnasse, le schibboleth pour y accéder étant sa devise, « Ordre et progrès », sans oublier un inéluctable petit pot-de-vin – triste rappel de la longue tradition de corruption au Mexique. Dans la file d’attente, à côté des momies et des vampires, on retrouve des êtres fantastiques de la culture populaire mexicaine, comme la Llorona – « créature très délicate qui prétend chercher ses enfants et se nourrit de larmes » – et les chaneques, ces lutins vêtus de blanc avec un foulard rouge autour du cou, déjà présents dans N’envoyez pas de fleurs, mais devenus ici des travailleurs tiers-mondistes payés à bas prix : « Vous n’auriez pas un petit boulot pour nous ? Nous pouvons entretenir votre jardin. Nous savons peigner les racines des arbres en direction du centre de la Terre, nous nettoyons le sol des maléfices enfouis. Et nous pouvons tisser la lumière de la lune. Un jardinier parisien d’outre-tombe vous demanderait une fortune pour tout ça. Nous, nous prenons deux fois moins cher. » Car, dans l’œuvre de Martín Solares, le fantastique et l’onirique sont bien des moyens de saisir le réel, ou plutôt de mettre en évidence le caractère hallucinatoire de sa violence profonde.

Dans Quatorze crocs, l’écrivain s’est ainsi lancé un défi : répondre à l’injonction surréaliste de résoudre la vie à travers le rêve, de suivre les pistes du merveilleux pour comprendre le monde. Occultisme, hypnotisme et magie deviennent ici des méthodes d’enquête. Renouant avec sa lignée maternelle, petit-fils de « la meilleure voyante de tout Paris », Mme Palacios, le jeune détective entre en contact avec l’invisible, interagit avec les morts pour (leur) faire justice. Il reçoit de sa grand-mère en cadeau un bijou qui l’alerte du danger lorsqu’il se met à chauffer dans la poche intérieure de sa veste, lui permettant ainsi de transiter dans le monde des morts.

Martín Solares, Quatorze crocs

Au cours de l’enquête, Pierre Le Noir est introduit par Mariska dans une soirée organisée en l’honneur de Man Ray – dont l’une des créations est peut-être en rapport avec le meurtre. Les deux clans ennemis de l’avant-garde parisienne sont réunis : « Le groupe de Breton, le groupe de Tzara… Tous les mêmes, dans le fond, sauf qu’ils s’en veulent à mort, ces derniers temps. Ils sont allés saboter leurs spectacles respectifs, ils s’insultent, ils se tapent dessus. » Si Solares fait des surréalistes des personnages de son roman, avec des portraits qui sont esquissés avec un humour tendrement corrosif, c’est sans doute par cet autre rapport au visible auquel leurs expériences ont ouvert la voie. À l’instar de ce collage de René Magritte, Je ne vois pas la femme cachée dans la forêt, évoqué d’ailleurs plus tard par l’auteur comme source essentielle du livre, et qui remet en effet en question l’évidence du visible, le roman nous invite à « voir l’invisible », comme cette « étrange substance, très fine », « l’Air de Paris », permettant de « photographier des objets ou des personnes imperceptibles pour les humains ».

Mais peut-être le véritable mystère sur lequel enquête en réalité Quatorze crocs est-il celui de la mort elle-même : cette séparation radicale, manière d’essayer de neutraliser leur pouvoir sur les vivants que nos sociétés ne cessent d’établir et qui disparaît ici joyeusement. Premier volet d’une trilogie en cours, Quatorze crocs annonce l’insurrection des morts qui refusent de rester à leur place : « Des morts sortent de leur demeure pour aller mordre les vivants et boire leur sang… On parle même d’une révolte des trépassés, qui se réveilleraient et refuseraient de retourner dans leur tombe ». L’excès des morts, leur humour et leur sensualité envahissent l’espace des vivants.

 

[Photo : Jean-Luc Bertini – source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

 

Oso de Oro y Premio Fipresci (el de la crítica) en el Festival de Berlín (2019), Mejor Dirección en el Festival de Sevilla para Nadav Lapid (su último filme, Ahed’s knee, ha obtenido recientemente el Premio del Jurado en Cannes), entre otros reconocimientos. Una película que respira libertad, singularidad, audacia, introspección… si es que la hemos podido descifrar.

Escrito por Andrés Vartabedian

Alguien camina firme y rápidamente por una zona muy transitada de la ciudad. La cámara acompaña el movimiento agitado de sus piernas, camina algunos metros con él; lo recorre brevemente para tomarlo de espaldas, elevándose hasta la altura de su nuca; vemos apenas por encima de su cabeza. Es un hombre y carga una mochila. Parece alejarse, pero está llegando. Cruza la calle, la cámara sigue a sus espaldas; se mueve con él. Se detiene luego de pasar -y atisbar hacia- el café de la esquina. El hombre sigue su rumbo. No parece hacer buen tiempo. El día se presenta gris y lluvioso.

Su primera noche, la pasará en un enorme y glamuroso apartamento vacío y frío. Mientras se ducha y se masturba, alguien roba misteriosamente sus pocas pertenencias. Nunca sabremos quién. Probablemente, no importe; o importe menos que el signo.

Yoav, que así se llama, es un hombre joven, alto, esbelto y fornido. Está circuncidado. Observamos todo el esplendor de su figura. Es un adonis. Es apolíneo. Es israelí y está desnudo. Es su primera noche en París.

Una joven pareja de amigos, o algo más que amigos -no sé si lo sé-, lo socorre en ese, su primer e importante contratiempo parisino. Durante su estancia de siete meses en Francia, entablará con ellos una estrecha relación. Serán sus amigos, sus amantes, sus “mecenas”… Mejor dicho, él quizá sea una especie de mecenas o cierto sostén económico; ella llegará, incluso, a ser su esposa. Son Emile y Caroline, y disfrutarán de su compañía en diversos sentidos. Cultivarán el arte, el sexo, la seducción… Compartirán sus historias personales mientras construyen la suya propia, hecha de entrecruzamientos no siempre claros ni precisos. También compartirán el vino, el pan y la risa… algunos silencios.

Yoav viene huyendo de Israel, su país de origen, al que adjetiva de decenas de formas diferentes, todas negativas (“Ningún país es todo eso a la vez”, sostiene Emile). Una huida interior que intenta reforzar con la exterior. En cierto momento y lugar, dirá que es perseguido por los servicios secretos israelíes, lo que resulta, a todas luces, falso (también dirá por allí que nunca se masturba). Pretende transformarse en francés. Abandona el hebreo como símbolo de su rechazo (¿cómo se abandona una lengua, la primera?). Solo hablará francés. Además de sus conocimientos previos, compra un diccionario. En sus salidas por la ciudad, mientras camina, repetirá palabras cual ritual, cual imposición, cual enfermedad: adjetivos, sustantivos, verbos… Resultará prosódico. Tendrá un efecto poético en nosotros, será cuasi litúrgico.

Yoav habla en forma “literaria”, como repitiendo lecciones aprendidas, lecturas incorporadas, como ensayando algo que no está muy claro qué es; el nuevo idioma, la nueva realidad. Suena impostado; intentando pertenecer. ¿Se puede “ser” por autoimposición? La identidad no se decreta. La identidad no es algo únicamente adquirido, deseado. ¿Todo se puede elegir? Oprimido y opresor conviven. Somos pasado y presente a la vez, con idea de futuro. Su abuelo materno fue un terrorista, o un revolucionario -según el cristal…-, quien luchó por liberar a Israel del yugo británico. Yoav se cruza con una joven palestina.

Otros antes que él abandonaron el yidis y el ladino en pos de Israel. Yoav dirá en hebreo solo lo procaz, será blasfemo. Nadav Lapid provoca, desafía, se cuestiona, se piensa a sí mismo permanentemente. Valentía y cobardía se confunden por momentos; anverso y reverso de la misma moneda. Tal vez Francia… pero no. La separación de la Iglesia y el Estado, los valores de la República, la libertad de expresión… Reluce, pero es solo una pátina. La satisfacción material oculta otros vacíos, otros tedios. La insatisfacción nos abraza. Cargamos una nueva mochila. Allons enfants de la Patrie, le jour de gloire est arrivé !

Algunas puertas ya no se abren. Yoav, estructurado, como su Estado, en la violencia, la deja ver. También es un síntoma de desvalimiento.

Mientras tanto, Lapid nos seduce. Música, texturas, sonidos, palabras, movimientos de cámara, contrastes, humor, miradas… Todo asoma sensual, irreverente, por momentos absurdo… despierta deseos y fantasías. ¿Qué es lo que nos interesa, nos conmueve, nos identifica? ¿Cuáles son sus formas? ¿Dónde se ubican las fronteras? ¿De qué se trata la identidad?

Ficha técnica

Título originalSynonymes
Francia/Israel/Alemania, 2019, 123 min
Dirección: Nadav Lapid
Producción: Said Ben Said, Michel Merkt
Guion: Nadav Lapid, Haim Lapid
Fotografía: Shai Goldman
Edición: Neta Braun, François Gédigier, Era Lapid
Elenco: Tom Mercier (Yoav), Quentin Dolmaire (Emile), Louise Chevillotte (Caroline), Uria Hayik (Yaron), Olivier Loustau (Michel)

 

 

[Fuente: http://www.vadenuevo.com.uy]

Como muchos de los países considerados árabes o de habla árabe, el nombre de Siria no tiene nada que ver con la lengua árabe (añádase a la lista Líbano, Jordania, Egipto o Misr/Masr, Túnez, Mauritania e Irak). En árabe y en siríaco, hay una disputa constante sobre cómo se escribe y dónde se acentúa el nombre de Siria. El siríaco (véase sursi en el Talmud) es una especie de arameo cristiano con una enorme literatura; los hablantes llamaban a su lengua aramea por el nombre griego y, al parecer, a su país, el de la Aram bíblica.

¿Son árabes los judíos sirios?

Escrito por DAN SHAPIRA

La cuestión es que los cristianos de habla aramea llamaban a Siria antes de que se arabizara lingüísticamente (el proceso aún no se ha completado e incluso se ha invertido a veces, con algunos cristianos israelíes aprendiendo de nuevo el siríaco e incluso intentando hablarlo).

Antes de la desintegración del Imperio otomano, el uso occidental de “Siria” o “Siria y Palestina” incluía las posesiones otomanas del Mediterráneo oriental, o el Levante propiamente dicho. El nombre árabe correspondiente era y es Bilād al-Shām (pronunciado belaad ash-shaam), las tierras de Sham.  Al-Shām puede significar Damasco, el Norte, la Gran Siria, o incluso Jerusalén y la Tierra de Israel, en el uso judeoárabe medieval.

Así, los judíos de Jerusalén y de la Tierra de Israel, junto con los judíos de Damasco, fueron llamados Shāmīs en Yemen y en otros lugares; el muftí pronazi de Jerusalén comenzó su carrera antisionista y profrancesa como defensor de la idea de que “Palestina es el sur de Siria”; y en la Knesset israelí se sentaban personas opuestas al Estado israelí que también negaban la existencia de un “pueblo palestino”, confesándose “sirios” o “panarabistas”.

Ahora tratemos de definir “árabes” -lo necesitaremos cuando hablemos de los mustaʿrib, o judíos arabizados-. La mayoría de la gente tiende a pensar que todos los que hablan árabe son árabes. Los judíos solían hablar y siguen hablando muchas lenguas no judías, y la mayoría sabe que antes había o sigue habiendo judíos arabófonos.

La gran mayoría de los hablantes de árabe en otros lugares no son árabes, no solo en términos históricos, sino simplemente por las convenciones de la lengua árabe. En la lengua árabe y en la cultura relacionada con esta lengua, los hablantes de árabe se agrupan en tres grupos:

“Árabes antiguos”, o al-‘umam a’-bā’idah, las naciones desaparecidas, como ʿĀd por las dunas que desaparecieron en el Barrio Vacío o ‘Amaliq. Ya no existen.

“Los árabes puros”, o al-‘Arab al-‘āribah, “los árabes árabes” del sur de Arabia, descendientes de Qaḥṭān.

Los “árabes arabizados” (mustaʿribah), de Nayd, Jordania, el desierto de Siria y otras partes de Arabia del Norte. Incluso la palabra “árabe” en el Corán podría ser un préstamo de Arabia del Sur (¡no árabe!).

En la Edad Media, mustaʿrib o arabizado se refería a personas que hablaban árabe pero que carecían de referencias tribales, y la palabra ʾaʿrāb se refería a beduinos puramente tribales (en los nombres geográficos, ‘Arab-XXX significa que el lugar está poblado por beduinos tribales). La rapidez con la que los judíos se arabizaron en todas partes tras las conquistas islámicas es en cierto modo sorprendente: en el transcurso de 100 a 300 años los judíos se convirtieron en mustaʿrib, excepto en Irán, Kurdistán y los valles bereberes de Marruecos.

Durante la mayor parte del siglo XX, los gobiernos intentaron convertir a sus súbditos en árabes, en el sentido del nacionalismo europeo del siglo XIX, con poco efecto. Ahora este proyecto parece haber sido archivado, como se desprende de la muerte del panarabismo, la fallida Primavera Árabe, las guerras civiles en Siria e Irak y la caída del Estado Islámico. En lugar del arabismo, el Levante alberga un nuevo particularismo.

¿Quiénes son los judíos sirios?

Solía haber al menos tres comunidades judías litúrgico-lingüísticas-culturales diferentes, ninguna de las cuales se consideraba a sí misma bajo una rúbrica general de “judíos sirios”, que es una construcción hecha para proporcionar a los estadounidenses y a otros una idea general de quiénes son y fueron estas (o aquellas) personas. Por supuesto, décadas de vida bajo dictaduras militares, baazistas medio comunistas y entre revivalistas suníes dejaron su huella en los judíos de Damasco, Haleb/Aleppo y Qamishly. Sin embargo, sus identidades, culturas e historias eran muy diferentes entre sí.

Empezaré por la última y menos conocida, la de Qamishly. Antaño, era una ciudad soñadora al otro lado de la frontera de la Nusaybin turca, Neṣibin/Nisibis. En los primeros años de la dominación francesa, llegaron oleadas de refugiados procedentes de Turquía: cristianos de habla aramea (que acababan de empezar a llamarse “asirios”), armenios y algunos judíos “kurdos” de habla aramea procedentes de Neṣibin y dirigidos por la familia Beṣaleli. La vida era buena bajo los franceses, y la comunidad judía contaba con más de 3.000 personas en su apogeo.

Después de la partición de Palestina por parte de la ONU, a los judíos de la Siria independiente se les prohibió, al estilo nazi, el acceso a los jardines públicos, a los cines, etc., y, por supuesto, se les despidió de sus trabajos en el gobierno. Como en toda la región, las niñas y mujeres judías fueron secuestradas, violadas y maltratadas; el mensaje a los hombres era “no son hombres, no pueden mantener puras a sus mujeres, ni defenderlas”.

Diez años después, todavía había 800 judíos en Qamishly. Había 150 judíos allí después de la Guerra de los Seis Días. Nunca entendí por qué tantos judíos que vivían en países fronterizos con Israel y que eran brutalmente discriminados por la existencia de Israel, decidieron quedarse. No fue solo por dinero, no fue (en la mayoría de los casos) por patriotismo local, y no fue, en muchos casos, por la incapacidad física de irse. La historia de Israel demuestra que cuando los judíos querían venir a Israel, este podía, en mayor o menor medida, ayudarles a hacerlo.

Como se ha dicho, Qamishly se pobló primero con refugiados asirios y armenios que habían huido para salvar sus vidas de Anatolia y Kurdistán. Luego llegaron kurdos desde Turquía, en su mayoría de forma ilegal. Más tarde, los gobiernos baasistas empezaron a arabizar las zonas rurales pobladas de kurdos que lindaban con Turquía, la misma política que aplicaba Saddam Hussein del país rival -y también baasista- de Irak. Ahora, Qamishly y la región están bajo la kurdificación para revertir la arabización de Assad. Los informes sobre los pocos judíos que quedan allí son confusos.

¿Y qué hay de los judíos de Damasco?

Damasco era considerada la quinta de las ciudades santas de la Tierra de Israel; muchos de nosotros lo hemos olvidado. Los judíos poblaron la ciudad durante la mayor parte de la historia, remontándose mucho más allá de los dos milenios. El Documento de Damasco, encontrado primero en la Genizah de El Cairo y luego en Qumrán, atestigua el estatus especial de Damasco. Pablo se convirtió de camino a la ciudad. Un antiguo midrash dice que la Era Mesiánica comenzará cuando נִירוֹן מִזְרָחִי שֶׁבְּדַמֶּשֶׂק caiga, sea lo que sea que “caiga”.

Durante las Cruzadas, los judíos y samaritanos de los territorios tomados por los cruzados buscaron refugio en Damasco (la presencia samaritana en Damasco terminó en el siglo XVII y su sinagoga pasó a manos de los judíos rabinos).

Damasco fue también un importante centro caraíta durante siglos. El último judío caraíta de Damasco se marchó a finales de la década de 1830 a Crimea, y luego lo encontramos a él y a sus descendientes en Jerusalén y El Cairo. Muchos manuscritos hebreos y judeoárabes importantes proceden de las sinagogas caraítas de Damasco. El barrio judío de Damasco estaba en la parte sureste de la ciudad amurallada.

Fuera de la ciudad, a unos dos kilómetros al este de la Ciudad Amurallada, en Jobar, se encontraba el lugar más importante de los judíos de Damasco, la cueva de Elías, de dos milenios de antigüedad, y una sinagoga. Fue objeto de numerosos actos de vandalismo y de bombas de mortero. Finalmente fue destruida intencionadamente a finales de mayo de 2014.

Un judío francés, Shemuel ben Shimshon, la describió en 1281 como una hermosa sinagoga situada en las afueras de la ciudad. En los primeros años de la dominación otomana, un viajero judío anónimo que visitó el lugar encontró allí a unas 60 familias judías que vivían en el pueblo de Jobar. Admiró especialmente su hermosa sinagoga y escribió: “Nunca he visto nada igual… está sostenida por trece columnas”.

A finales del siglo XVII, Yosef Sambari, autor de una importante crónica hebrea, dice que la comunidad judía de Damasco vivía principalmente en Jobar, y nombra la sinagoga de Eliseo y la cueva de Elías. La sinagoga de Jobar se construyó sobre una cueva que se creía era el escondite de Elías. Se dice que el centro de la sala es el lugar donde Elías ungió a Eliseo. A mediados del siglo XIX, la sinagoga fue descrita como una reminiscencia de la mezquita de Mu’awiyah:

“El interior está sostenido por trece pilares de mármol, seis a la derecha y siete a la izquierda, y tiene incrustaciones de mármol por todas partes. Solo hay un portal por el que se puede entrar. Bajo el santuario… hay una gruta… a la que se desciende por un tramo de unos 20 escalones. Según los judíos, se dice que el profeta Eliseo encontró en esta gruta un lugar de refugio… A la entrada de la sinagoga, hacia la mitad del muro de la derecha, hay una piedra de forma irregular, en la que se observan las huellas de varios escalones. La tradición afirma que sobre este escalón se sentó el rey Hazael cuando el profeta Eliseo lo ungió como rey”.

Junto a la sinagoga, se encuentra la tumba de R. Shemuel Elbaz Abu-Haseira.

¿Eran sirios los judíos de Damasco?

Los judíos de Damasco y Halab/Aleppo tienen su origen en dos grupos principales: de los judíos mustaʿrib que vivían allí al menos desde los primeros períodos musulmanes y mamelucos, y de los judíos expulsados de la Península Ibérica, que vinieron a establecerse en otros lugares del Imperio otomano, y se reasentaron en Damasco, Halab/Aleppo (así como en la Galilea) un par de generaciones más tarde, cuando el Imperio otomano entró en posesión del Levante.

El Imperio otomano favoreció claramente a los refugiados ibéricos, y esto, junto con su cultura más “avanzada” y el acceso a tecnologías inéditas, fueron algunos de los factores de sefardización de los judíos de Levante. La gente empezó a inventarse genealogías españolas, se pasó al judeoespañol en entornos de habla árabe o griega, y finalmente casi se convenció de que era sefardí. Este proceso fue similar a lo que ocurrió con los judíos de habla eslava anteriores a los asquenazíes de Europa del Este, que fueron inundados por la inmigración asquenazí en el siglo XVI. Otros judíos mediterráneos, en su mayoría también de origen sefardí, llegaron a Damasco desde Europa, especialmente desde Ljubljana, Venecia, etc., los llamados franquistas.

Damasco desempeñó un papel crucial en la historia judía moderna cuando los dirigentes judíos de Europa occidental se dieron cuenta de que estaban obligados a ayudar a sus hermanos menos favorecidos de Oriente. El libelo de sangre de Damasco en 1840 consolidó el liderazgo judío en Francia y en el Reino Unido, y fue el punto de partida de los exitosos esfuerzos de presión judíos desde entonces. En consecuencia, nació la Alianza Israelita Universal, con su enorme impacto en la judería sefardí. En 1860, los musulmanes atacaron a los cristianos en Damasco y en Siria en general, mientras que los judíos italianos que actuaban como cónsules europeos rescataron a algunos importantes clérigos cristianos de las turbas de linchamiento.

¿Cuándo abandonaron los judíos Siria?

Tras la apertura del Canal de Suez a los barcos a finales de 1869, los judíos, los cristianos y, más tarde, también los musulmanes, empezaron a abandonar el Levante: Damasco y Halab/Alepo, entre otros lugares. El canal arruinó económicamente los territorios situados en las rutas hacia el este. Los emigrantes primero pulularon por Egipto, y estos siro-libaneses, algunos de ellos educados en escuelas americanas y francesas, hicieron a Egipto lo que los refugiados alemanes y judeo-alemanes de las revoluciones de 1848 hicieron a América. Los inmigrantes del Levante continuaron hacia Sudamérica y, a veces, hacia Estados Unidos. En Sudamérica, estos inmigrantes levantinos procedentes del Imperio otomano pasaron a ser conocidos como “turcos”, un término peyorativo para referirse a los inmigrantes cristianos, judíos y, más tarde, drusos, chiíes y suníes.

¿Qué pasa con Alepo?

Los judíos de Halab/Alepo tienen fama de ser excepcionalmente piadosos y también astutos negociantes muy acomodados.

Esta ciudad, Aram-Soba, o Aram-Tsova en la pronunciación israelí moderna, fue en su día una de las más importantes del mundo antiguo. El famoso códice bíblico se mantuvo allí durante siglos, sirviendo de paladín de la comunidad judía local. Muy dañado en los disturbios que acompañaron al nacimiento del Estado de Israel, desapareció entonces, y reapareció en parte en Brasil y otros lugares, lo que constituye una historia por sí misma. El padre del espía israelí nacido en Egipto en Siria, Eli Cohen, llegó a Egipto desde Halab/Aleppo.

El dialecto del árabe que se habla en el norte de Siria es diferente del que se habla en Damasco, Líbano, Antioquía y Galilea. Está más cerca, en muchos aspectos, de las formas de árabe que se hablan en el sur de Turquía. En cualquier caso, los diccionarios de “árabe sirio” se leen como diccionarios de dos lenguas diferentes, aunque estrechamente relacionadas. En muchos otros aspectos, el hinterland de Halab/Aleppo se encontraba en lo que ahora es Turquía: Urfa, Mardin, y más al norte y al este.

Tras la apertura del Canal de Suez y, sobre todo, tras el establecimiento de la nueva frontera franco-turca, que aisló a Alepo de sus vecinos económicos naturales, comenzó el declive de la ciudad. Los judíos, que a veces hablaban árabe, turco, judeoespañol, francés e italiano, perdieron la vida y emigraron a otros lugares.

¿Todavía hay judíos en Siria?

A los últimos judíos de Siria se les permitió emigrar con la condición de no ir a Israel, ya que fueron evacuados entre 1992 y 2016.

La mayoría vive en Israel, y decenas de miles residen en Brooklyn (Nueva York), Deal (Nueva Jersey) y Miami.

 

[Fuente: http://www.israelnoticias.com]

 

 

 

 

Us proposem acompanyar-nos fins a Portbou a la recerca del llegat del savi de Berlín: Walter Benjamin. Un intens i original periple vital amb què va afrontar el pitjors dimonis del seu temps, que d’alguna manera també és el nostre i que va acabar abruptament a la duana empordanesa. Un indret que, en paraules de Hanna Arendt, en visitar la tomba del filòsof, «és un dels racons més bells del planeta…». Sobretot perquè avui reivindicar la figura del filòsof alemany no és un exercici formal deslligat de la realitat del nostre temps. Perquè Benjamin pateix o anticipa –i, per tant, hi pensa–, algunes de les pitjors malures que estem patint en l’actualitat: el feixisme, l’exili, el domini subjugant dels mitjans de comunicació de masses, l’alienació econòmica, el consum descontrolat, la destrucció a marxes forçades de la naturalesa… tot això contrapuntejat per consideracions de caràcter més quotidià que focalitzen la reflexió en objectes o accions suposadament fútils com les postals, el menjar, la fotografia, el passeig, el col·leccionisme o les antiguitats…

Biografia de l’autor

Josep Muñoz i Redón (Sant Sadurní d’Anoia, 1957) és professor i escriptor. Ha publicat més de vint llibres, entre els quals destaquen Només sé que no sé res (Ariel, 1996), coescrit amb Manuel Güell, Filosofía de la felicitat (Empúries, 1999), Pren-t’ho amb filosofia (Pagès, 2001), La cocina del pensamiento (RBA, 2005), Good bye, Platón (Ariel, 2007), La piedra filosofal (Ariel, 2009), Prohibido pensar (Octaedro 2010), El arte de la existencia (Paidós, 2012), Tristes Tópicos (Paidós, 2013) i L’illa de Rousseau (Octaedro, 2020). Ha estat guardonat, entre d’altres, amb el Premi Serra i Moret (1995), Premio Educación y Sociedad (1996), finalista del XVII Premi Rosa Sensat de Pedagogia (1997), Premi Pere Calders de Literatura (1998), Menció d’Honor als XXV Premis Baldiri Reixac (2003), Premi Sent Soví de Literatura Gastronòmica (2004) i Premi d’Assaig Ciutat de València Josep Vicent Marqués (2020).

Títol: Les fronteres de Walter Benjamin
Autor: Josep Muñoz
Editorial: Edicions del Bullent
Pàgines: 224
ISBN: 978-8499042459

 

[Font: http://www.racocatala.cat]