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« Rafael Barradas. Hombre flecha » se titula la muestra que reunirá 130 obras, entre óleos, acuarelas y obras sobre papel, provenientes de la Colección del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) de Uruguay, junto a préstamos de colecciones privadas y públicas de Montevideo y de Buenos Aires.

El 21 de septiembre, el MALBA celebrará sus 20 años.

El Malba cumple 20 años el próximo 21 de septiembre y lo conmemora con la inauguración de una exposición antológica dedicada al artista uruguayo Rafael Barradas (Montevideo, 1890-1929), un pionero de la vanguardia internacional.

« Rafael Barradas. Hombre flecha » se titula la muestra que reunirá 130 obras, entre óleos, acuarelas y obras sobre papel, provenientes de la Colección del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) de Uruguay, junto a préstamos de colecciones privadas y públicas de Montevideo y de Buenos Aires.

La muestra -curada por Enrique Aguerre, director del MNAV-abarca uno de los períodos más fructíferos en la producción del artista, de 1913 a 1923, durante su estadía en Barcelona y Madrid.

A lo largo de estos años, Barradas presentó las bases de su concepción estética: el vibracionismo, un « ismo » puramente personal, en el que el artista descompone las escenas geométricamente para plasmar el dinamismo de la ciudad moderna, siguiendo las direcciones del cubismo y del futurismo.

En estos años, Barradas también se vinculó con Joaquín Torres-García y frecuentó tertulias artísticas donde conoció a poetas, críticos y artistas activos en la vanguardia como Salvador Dalí, Luis Buñuel, Federico García Lorca, Ramón Gómez de la Serna, Guillermo de Torre y los hermanos Borges, Norah y Jorge Luis, entre otros.

El título de la exhibición « Hombre flecha » surge de una carta de Barradas a Torres García en la cual reflexiona sobre los procesos creativos de ambos y en referencia también al artista Pedro Figari.

« Pasa, con Figari, lo que pasa con nuestras cosas. Pasa lo único que tiene que pasar. Es hombre camino, como nosotros. Hombre flecha, flecha que va a un blanco. Aunque no se dé en el blanco, ya es importante –tal vez lo único– tener blanco. Una flecha sin blanco no es flecha; es el caso de muchos hombres », rezaba la misiva.

Además, la curaduría abordará la relación entre Rafael Barradas y su hermana Carmen Barradas (Montevideo, 1888-1963), destacada compositora y pianista, cuyas piezas musicales fueron verdaderos disparadores para la producción de Rafael Barradas.

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

 

Press Page – Modern Spanish Art – Meadows Museum, Dallas

Rafael Barradas Calle de Barcelona, 1918

En esta edición, Paranaländer escribe acerca del libro “Poemas Europeos. En guaraní, tobas qom y manjui” (2021), que contiene versos de varios autores del viejo continente traducidos a lenguas originarias de nuestro país.

Por Paranaländer

“Poemas Europeos. En guaraní, tobas qom y manjui” (2021), selección y edición de Sebastián Ocampos, Prólogo de Gloria Scappini. Traducción al guaraní: Gregorio Gómez Centurión, Traducción al toba qom: Juan Servín, Sandra Ramírez Caballero, Hernando Flores García, Traducción al manjui: Belisario González Gómez.

Los 27 países que conforman la Comunidad Europea, además de la constitución neoliberal casi inderogable, también tienen en común el prurito de hacer conocer la poesía de sus poetas respectivos, de los cuales se sienten orgullosos. En este caso concreto, son poesías que nos llegan a través de traducciones a lenguas indígenas paraguayas. Claro, a la sombra de esta entente, prosperan poesías de Chipre, Malta, Letonia…muy disminuidas al lado de tradiciones gigantes como las de Francia, Italia, Irlanda y Alemania. Así nos topetaremos a Valéry, Pavese, Yeats y Stefan George, junto a nombres que no nos dicen nada. Toda antología circunscrita por determinaciones políticas suele chocar con estas irregularidades y desarmonías. Traducir poesía era imposible, decían Blanchot y Benn. Una forma de homologar tales axiomas es pasando por el tour de force, por ejemplo, el portentoso poema “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos” (de Pavese) al guaraní, aquí en versión firmada por Gregorio Gómez.

 

Oúta mano ha nde resa oguerekóta

Oúta mano nde resa reheve

—upe mano oikóva ñande ykére

pyhareve guive pytũ meve, ndokéi,

nohendúi, py’a tyairõguáicha

térã peteĩ jekoavy vaícha. Nde resa

ha’éta ñe’ẽ oguelele reíva,

sapukái yguy, peteĩ kirirĩ.

Upéicha rehecha ko’ẽ o􀇕uahẽvo

neañomi rejero’a jave

nera’anga ári. Nde, ko’ẽ porãve ahayhuetéva,

upe ára avei jaikuaáta

nde ha’eha tekove ha mba’eve.

Mano, opavavére katuete oma’ẽ.

Oúta mano ha oguerekóta nde resa

ha’éta ku jahejarõguáicha teko vai,

ñama’ẽramoguáicha ñane ra’angáre

jajekyty omanóva rováre

ñahendurõguáicha tembe oñembotýva

Kirĩrĩhápe ñañapymíta yai pochy ruguápe.

La selección de poetas mantiene un estándar alto cuando incluye a poetas como los ya mencionados además de a Pessoa, Kavafis, Jozsef, Szymborska, Lorca (a pesar que a mí no me guste), Södergran (ella vivió en Finlandia pero escribía en sueco), pero se confunde al poner como poeta austríaco a Zweig (debió ser Rilke aquí, y como checo a Holan o Nezval), y  a veces francamente renquea, cuando como representante de Bélgica se decide por Maeterlinck (conocido sobre todo por su teatro y libros ensayísticos como “La vida de las termitas”) en vez de, por ej., Michaux. Y, en otras, definitivamente se pierde cuando coloca como poesía checa (escrita en checo) a Rilke (es cierto, nació en Praga, pero cuando la city era parte del Imperio Austro-Húngaro y la lengua oficial -y de nuestro poeta- era el alemán).

Scappini en el prólogo valora la labor realizada en las lenguas de llegada: “estamos delante de importantes experiencias de traducción a tres lenguas vivas del Paraguay: el guaraní paraguayo, el toba qom y el man­jui. Las traducciones a cada una de estas lenguas estuvieron a cargo de referentes culturales que, en un encuentro inédito con la poesía europea, nos han compartido parte de su experiencia”.

Enlace para descargar el libro: http://revistay.com/poemas-europeos/

 

 

[Fuente: http://www.eltrueno.com.py]

En el café de Chinitas
dijo a Paquiro un hermano:
« Soy más valiente que tú
más torero y mas gitano. »

En el café de Chinitas
dijo a Paquiro un Frascuelo:
« Soy más valiente que tú
más gitano y mas torero. »

Sacó Paquiro el reló
y dijo de esta manera:
« Este toro ha de morir
antes de las cuatro y media. »

Al dar las cuatro en la calle
se salieron del café
y era Paquiro en la calle
un torero de cartel.

 

 

No Peru, a história do La Tarumba, uma escola circense insurgente cujos espetáculos são um convite à reocupação dos espaços públicos. Pela arte, forja a juventude na educação popular. E, nas palhaçadas, faz críticas argutas ao autoritarismo

Escrito por Célio Turino

No atraente município de Miraflores, grande Lima, à beira do Pacífico.

As pessoas estavam acostumadas aos cortes de luz e água, não por falta de recursos na família, mas pelas bombas que eram colocadas nas torres de eletricidade. “Em minha casa, havia fitas em todos os vidros das janelas, para que não se quebrassem com o barulho das bombas”,diz Paloma, recordando-se de quando sua mãe tocava violão no apartamento escuro, para que os filhos não se assustassem. Quando Geraldine regressava do colégio, ela sempre voltava com medo de que uma bomba houvesse destruído sua casa. Ao relatarem suas memórias de tempo de infância, elas apontam para a claraboia do edifício sede de La Tarumba: “Houve uma tarde em que essa claraboia tremeu, por causa de um atentado a bomba, ocorrido a várias quadras daqui”.

No Peru, entre meados dos anos 1980 e início dos 1990, as pessoas foram desaprendendo a frequentar espaços públicos, evitando concentrar-se em praças, reduzindo as idas a cinemas e shows. No teatro, só drama e tristeza. Foi uma época tensa, em que as pessoas tinham receio de dizer o que pensavam, queimavam livros e desconfiavam de todos. Havia muita delação e desconfiança, seja em relação às forças do governo, seja em relação a radicais de esquerda ou mesmo a vizinhos. A arte e a alegria estavam morrendo aos poucos.

Foi quando um grupo de artistas decidiu fazer arte de modo diferente. Eles queriam que as pessoas rissem, queriam brincar, alegrar, jogar com as crianças. E ocupar as praças, escolas e ruas, na capital e no interior. Isso foi em fevereiro de 1984, quando o Peru começava a viver a pior guerra interna de sua história. Fernando Zevallos, artista que havia corrido o mundo, decide permanecer em seu país e apresenta seu sonho de como enfrentar a guerra: “Uma proposta cênica distinta, que juntasse teatro, circo, música, trabalho corporal e vocal, mas sempre a partir da forma lúdica do circo. Um grupo itinerante, que faria educação a partir do jogo e da arte”.Junto ao grupo, Estela Paredes, filha de comerciantes na cidade de Arequipa, na cordilheira, e que, igualmente, recém voltara dos Estados Unidos e da Itália, onde fora estudar administração, para gerir os negócios da família. Como sempre teve a arte em sua alma, Estela, ao voltar, se reencontra com sua alma e com o palhaço Fernando. O encontro entre os dois artistas forma a base para a criação do grupo La Tarumba; soletrando: La Ta-rum-ba, como se fosse a vibração de uma música.

Tarumba, em espanhol arcaico, quer dizer louco. Uma “loucura criativa, insólita, inovadora”, inspirada no grupo de teatro de bonecos do poeta García Lorca, que se apresentava nas praças das pequenas cidades da Espanha, durante a Guerra Civil Espanhola. Diz a lenda entre os artistas que, quando Pablo Neruda assistiu à apresentação de Lorca, logo exclamou: “Más lo que hacen és una tarumba!”. Daí surge o nome do grupo. E assim saíram pelo Peru em meio à guerra de guerrilhas, com as armas de que dispunham: sua arte e sua loucura. Fernando recorda:

Desde que fundamos La Tarumba, pensamos no circo e nos palhaços. Mas era uma época em que o “conteúdo” era o mais relevante, por isso, muitas vezes, os outros grupos diziam que estávamos banalizando o teatro por incorporar a linguagem circense. Foi a primeira experiência desse tipo que houve no Peru. Éramos atores e palhaços a entrar no palco. Havia uma aparente ingenuidade, com linguagem muito lúdica; mas tudo o que dizíamos era sobre questões muito duras sobre o que estava passando no país.

Palhaços coloridos percorrendo a terra árida no deserto, chegando aos povoados mais afastados, mais alijados de direitos, em que até falta de cor havia. “Contemplar uns palhaços bem vestidos, bem coloridos, era dizer: ‘Olhe, não se esqueça de que há cores, milhares de matizes nessa vida, no sentir e no pensar’”, reflete Estela. Esses palhaços saíram de Lima, foram para a selva, o deserto e as montanhas, chegaram a povoados só alcançados em lombo de burro.

Foi algo que se instalou em nós: a importância de trabalhar pelo Peru, com o povo do Peru. Essa convivência com a população determinou que nossos espetáculos, desde os primeiros anos, não somente recolhessem a realidade específica, como a incorporou em nossos personagens, que enfrentavam problemas de saúde, educação, alimentação, moradia.

O primeiro sucesso veio com Cállate Domitila!, uma rã que dizia a verdade e interpelava políticos, empresários, militares e terroristas. Mais de mil apresentações, pelo país e no exterior. Até que foram censurados. Mas não esmoreceram e lançaram novo espetáculo: No te calles, Domitila! E a trupe de palhaços seguiu desafiando o poder e o terror. E venceu.

Passados mais de trinta anos da formação do grupo, Estela mantém os mesmos princípios:

A arte é nossa maneira de ver o mundo e transformá-lo. A arte que prefigura a vida mesma. A arte intrinsecamente política e social. Por que não imaginar que construir uma sociedade sadia e harmônica seria questão de arte, de produzir beleza? Concebida como uma produção cuja dimensão política, democrática e inclusiva resulte em uma aceitação humana integral, e não o estado frustrante de uma espécie mutilada no direito de dar rumo ao seu próprio horizonte.

 

 

 

 

 

 

 

 

Foram dezenas de espetáculos e milhares de apresentações, com público para além do milhão. Anualmente, mil alunos frequentam aulas de circo no La Tarumba, entre os que podem pagar e os que recebem bolsa integral, a maioria. Em 1994 o grupo conquista sede própria, comprada com recursos advindos de uma turnê pela Europa. Como primeira medida, pintaram árvores na parede cega da casa cuja parte fora desapropriada e demolida, para dar lugar a uma via expressa na cidade de Lima. Com uma casa colorida, a trupe de palhaços pôde aprofundar seus laboratórios cênicos, oficinas de criação e a conquista do espaço aéreo, como o trapézio. Com sede própria na cidade de Miraflores, próxima ao centro de Lima, buscaram abrir duas outras unidades, uma em bairro na periferia e outra no interior, em Arequipa, a cidade natal de Estela. Depois, a grande lona de circo, na capital, onde apresentam intensa agenda de espetáculos. E a estrutura para cursos e apresentações estava completa. Em paralelo, foram interagindo e integrando-se com diversas redes internacionais, como Arte para Transformação Social, Cultura Viva Comunitária, Circo Social do Mundo e Coalizão para o Direito de Brincar. Passados mais de vinte anos, em 2017, o La Tarumba empregava quarenta pessoas em atividade pedagógica, mais 35 artistas profissionais e cem pessoas trabalhando no circo, nas mais diversas funções. Uma história de êxito, de construção pedagógica inovadora e de autossustentabilidade.

São infinitas as possibilidades do circo. A corporalidade, com o reconhecimento do próprio corpo e o tornar-se seguro de si. O aprender a cair e a voltar; saber cair, saber reconhecer equívocos e corrigi-los; a persistência e a aprendizagem adaptada ao corpo e às potencialidades de cada um. O múltiplo e o uno, o plural e o singular. A confiança, fazendo com que uma pessoa salte sabendo que, do outro lado, haverá alguém para lhe segurar mãos e braços. “Quem não se sente hábil com o corpo é mais inseguro”, diz Paloma Carpio, que começou no La Tarumba com 13 anos de idade. Recordo que conheci Paloma em 2010, na IV Teia dos Pontos de Cultura do Brasil, em Fortaleza, e me lembro bem do encantamento dela ao acompanhar a explosão da cultura brasileira, 5 mil pessoas, de todos os pontos de cultura do país, todos os sons, cores, sentidos, reflexões e pontos de vista. Foi ela quem levou a ideia para o Peru, que hoje conta com uma potente rede de pontos de cultura.

Para além das ações diretas, que são muitas, o trabalho do La Tarumba que mantém Escola Profissional de Circo, com inúmeros reconhecimentos, repercutiu na própria recuperação da atividade circense como espetáculo artístico de alto nível, proporcionando que várias outras trupes surgissem, renovando o circo no Peru e na América Latina. A partir do La Tarumba, houve inserção laboral de mais de 1.400 jovens nessa atividade artística, que também pode ser chamada de novo circo, integrando diversas linguagens. O jogo é a linguagem natural da criança, deveria ser também dos adultos, mas estes são educados para reprimir o lúdico e as emoções, e assim vão formatando-se, enquadrando-se. Com o jogo, a pessoa é vista como ela é, e o valor de cada um se mede pelo esforço, não necessariamente pelo resultado. São processos de afeto, de humanização, de respeito, de capacidade de escutar, de corrigir. E de perceber o outro, auxiliando-o para que se corrija e se exercite na escuta. O que chama atenção no La Tarumba é que, a despeito de todos os êxitos, eles nunca perderam o vínculo de origem, o sentido do circo social, atuando com as populações mais excluídas e nos bairros e povoados mais afastados.

Assim, os artistas de um sonho louco, enfrentando a guerra com palhaçada, com sua imaginação sem limites, com a emoção à flor da pele, com um amor do tamanho do mundo, visitaram e visitam os bastidores da alma de sua gente. Para eles, a criação circense foi uma forma de respiro. Respiro em tempos sombrios. E seguem oferecendo esse respiro, ao corpo, à mente, ao espaço, aos artistas e aos espectadores. Seguem respirando, porque Arte é respiro. Respiro porque vida. E vida porque, ao enfrentar uma sociedade monstruosamente cínica, com arte, desescondem a loucura e liberam a criação, a solidariedade e a justiça.

 

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

BANDES DESSINEES – Suzanne, Marianne, Jean Yanne… cherchez l’intrus. En effet, le troisième n’a jamais été un succès musical de Leonard Cohen. Pas certain que les deux hommes n’auraient pas trouvé une voix (une voie ?) pour s’entendre. Pour autant, Philippe Girard a décidé de consacrer une bande dessinée au chanteur canadien, mort en novembre 2016. Leonard Cohen. Sur un fil, nous raconte la musique, la poésie, les drogues, les femmes… et la dépression chronique. Mais le talent avant tout.

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Publié par Florent D.

On parle de ligne claire pour désigner, globalement, l’œuvre d’Hergé, devenue symbolique du style — sans en être l’unique ni le créateur. Ces dessins au trait limpide, sans fioritures, ont donné à Philippe Girard une piste sombre et crue pour tracer l’histoire de Leonard Cohen. Tout commence à Montréal, avec le jeune Leonard, dont le père est décédé quand il n’avait que neuf ans. Dans une ambiance francophone fondamentale, la famille Cohen assiste aux premières lubies de l’adolescent.

La poésie, qui démarrera avec Federico Garcia Lorca, le guidera vers l’écriture. Avec une guitare, convaincu de pouvoir séduire des filles, il s’improvisera dans une carrière de musicien, avec des amis étudiants. Mais c’est bien par ses poèmes qu’il sera remarqué, avec la parution en 1956 de son premier recueil. Trois ans plus tard, l’étudiant boursier partira pour Londres, où il s’achètera un imperméable chez Burberry et une Olivetti, machine à écrire mythique. Et tout démarre.

La vie de Leonard Cohen, pour qui l’ignore, est ici retracée avec des retours plongeant dans les dernières années de l’artiste : ce sont ces séquences qui en réalité rythment le récit, entrecoupé de flash-back qui retracent la vie heureuse, déprimante, pleine de rebondissements, de l’auteur. Et c’est presque à regret que l’on tenterait de la résumer ici.

Depuis le premier grand voyage en Angleterre, jusqu’à l’exil temporaire en Grèce, où il achètera une maison qu’il conservera une quarantaine d’années.

Évidemment, écrire l’histoire d’une figure comme Cohen donne une impression de facilité malgré l’adversité. C’est la trahison de la biographie qui s’exerce : plus le récit avance, plus l’histoire nous captive. C’est aussi le propre des grandes et puissantes trajectoires, celles qui traversent l’existence avec une aisance déconcertante.

Chaque pas de Cohen dans le monde l’entraîne vers des rencontres incroyables, d’artistes tout aussi puissants : on pense à Janis Joplin, Lou Reed, Phil Spector. Et d’autres. Et ses propres écueils, personnels, la vie de famille toujours chaotique, la recherche des mots justes, le travail des textes… Cohen ressemble à Samuel Beckett — « Essayer. Rater. Essayer encore. Rater encore. Rater mieux. » — les drogues, les pilules et l’alcool en plus.

Cette patience obstinée, cet entêtement à trouver la voix juste — parfois, être escroqué et tout perdre, pour reprendre la guitare sur les routes et tout recommencer. Cohen, un Sisyphe à la voix devenue internationale.

Alors, cette biographie… eh bien, dès les premières pages, on la parcourt avec l’envie de réécouter quelques-uns des titres les plus connus de Cohen. On arrive jusqu’à I’m your man — cet album illustré avec un Cohen mangeant une banane ! — et on se dit qu’il y en a tant à encore redécouvrir. Suzanne, oui, Marianne, bien entendu, mais toutes les autres, qui n’ont pas autant rayonné.

L’album de Philippe Girard donne l’envie profonde, viscérale, de relire, réécouter, redécouvrir l’œuvre de Cohen. Avec un trait qui produit une ambiance tout à la fois poétique, baroque et magique. So long, Leo. Et merci, Philippe.

Plus encore pour cette couverture, où l’on retrouve la nonchalance, la désinvolture et la détermination d’un homme, guitare en main, cigarette à la bouche, parti pour conquérir un monde, pas forcément prêt pour lui…

En voici les premières pages. Gare à ne pas tomber du lit…

 

Philippe Girard – Leonard Cohen, sur un fil – Casterman – 9782203203976 – 20 €

[Photo : Roland Godefroy, CC BY SA 2.0 – source : http://www.actualitte.com]

Escrito por JULIA SANTIBÁÑEZ

“Soy gitano y vengo a tu casamiento / a partirme la camisa, / la camisita que tengo”. Lo repite como si la letra entera no fuera una barbaridad: me rasgo la única camisa que tengo y con ella van mis carnes porque te he querío tanto.

Un azar feliz permite que puedan verse en Netflix tanto el documental sobre el cantaor José Monge (1950-1992), Camarón, flamenco y revolución, como la docuserie Camarón: de la isla al mito. Ambos rozan lo grande, lo neto del niño de Cádiz que cantaba como un reventar de vidrios en el corazón y era, para colmo, güerito. El apelativo que le dio fama nació de que su tío lo llamaba así, camarón, por lo blanco.

Lo que antes era música de la gitanería, raza despreciada por tantos, con su garganta adquirió orgullo, atrajo a miles y hasta Quincy Jones quiso producirlo. Se dice fácil. Al inicio grabó varios discos de flamenco estricto con Paco de Lucía, pero con La leyenda del tiempo (1979) llevó el cante más allá de sus límites: lo contagió de blues, jazz, rock; le puso versos del poeta máximo, Federico García Lorca. A los puristas les chocó y nadie sabe por qué, si el flamenco es de suyo un híbrido de elementos indios, árabes, europeos, africanos.

Tanto el documental como la serie ofrecen el lujo de verlo cantar y subrayan la estética vocal de Camarón, cómo romperse de talento en cada tema lo convirtió en mesías para su gente, cosa sagrá: las madres llevaban a sus hijos para que los tocara. Pero a ratos casi cae mal esa figura despegada del suelo, demasiado perfecta. Ahí encuentro diferencias entre ambas producciones. En seis capítulos la serie de José Escudier trata con guantes al personaje y lo desinfecta (para estar a la moda), mientras el propositivo documental de Alexis Morante, narrado por el actor calé Juan Diego, aborda tanto el gusto por el alcohol y el cigarro, como los frecuentes arponazos del artista, no como los de Ahab en pos de Moby Dick, sino de heroína: habla de sus adicciones y del intento por limpiarse, recluyéndose. Va un hecho objetivo que ningún políticamente correcto puede desmentir: a la heroína se le conoce como potro caballo. Bueno, pues el último disco que grabó explicita “Llevo dentro de mi sangre / un potro de rabia y miel, / se desboca como un loco, / no puedo hacerme con él”. El disco se llama, oh, azares, Potro de rabia y miel.

Muerto a los 41 años, Camarón fue hijo de su etnia, su arte y su tiempo, todos propensos al exceso. Los artistas encendidos como él no lo son por consumir, sino a pesar de la adicción. ¿Para qué purificar al cantaor, esa voz que casi no se aguanta de tan honda? ¿Lo siguiente es celebrar el bienportadismo de Janis?

[Fuente: http://www.razon.com.mx]

Escrito por Joseph Hodara

«La libertad llegará pronto. Entonces volveremos de las sombras…» Frases que compone El Partisano, canción que Leonard Cohen difundió en múltiples escenarios; y son palabras que cabe recordar en estos días. Poeta, novelista y cantautor, Cohen confesó en alguna oportunidad: » Qué bueno saber que mis canciones han durado treinta años como si fueran un automóvil Volvo…» Pícara pero impuntual ironía, pues las voces de su trayectoria se escucharán un largo tiempo si nuestra sensibilidad y el buen gusto no se rinden a la gris rutina.

Al lado de sus padres y abuelos, con la asistencia de un rabino y de sus familiares cercanos, Leonard fue enterrado en el cementerio Shaar Hashamaim en Montreal, Canadá.  En dicho país nació en 1934, hijo de un padre polaco y de una madre lituana que como muchos judíos de Europa oriental buscaron nuevo hogar en el joven país. De su abuelo, rabino por formación y ministerio, recibió temas y motivos que se repetirán en sus canciones, desde el Rey David a Jesús, desde el Alleluya a los versos en Marianne.

Junto con Bob Dylan, pero con singular voz y sonidos, Cohen se insertó en los nuevos ritmos que singularizaron a la década norteamericana de los setenta. Pero se distanció de ellos aportando una forma de vida y de versificación singulares. Para descubrirse a si mismo buscó y encontró refugio en la isla griega de Hidra, propensión reflexiva que se repetirá más tarde conduciéndole a aislarse durante cuatro años en un templo budista-zen en Los Ángeles, una tregua que renovó su capacidad creativa.

Con grave voz, con estrofas que parecen divorciarse entre si, Cohen canta y recita palabras que inducen reflexión y serena melancolía. En pájaro en el cable, por ejemplo, se confiesa:  » como un niño aún no nacido, como una bestia con su cuerno, he destrozado a quien se acercó a mí…» Y en otro ensamble dice: «Creo que te lo dije todo en los días del Viet Nam…» Sugerencias apenas que se ondulan en el espacio y que invitan a quien le escucha a reinsertarlas en su propia experiencia vital.

La influencia de Federico García Lorca se hace oír de múltiples maneras. A su hija le dará el nombre del poeta granadino, y en Suzanne inserta palabras y escenas que recuerdan el romancero gitano:  « …. Suzanne te lleva abajo a su sitio junto al río….Y ahora te toma de la mano y te conduce al río…» Y allí se prometen y buscan el íntimo diálogo.

En los días ingratos de la Guerra de Yom Kipur (1973), Leonard Cohen llegó a Israel.  Se unió a los soldados que luchaban en el Sinaí, y en los momentos de calma cantó para y con ellos. Expresión solidaria que quedó en la memoria de amplias audiencias. Varios años más tarde, en 2009, apareció en noche memorable en el estadio de Ramat Gan. El multitudinario público le aplaudió repetidamente conmovido por las plegarias que enhebró en hebreo.

El discurso que pronunció en España al recibir el Premio Príncipe de Asturias en octubre 2011 – homenaje que You tube reprodujo traducido al castellano – Cohen reconoce su deuda no solo con Lorca. Recuerda que en sus años de adolescencia conoció en las calles de Montreal a un español que le impresionó por su puntual instrumentación de la guitarra. Le pidió clases particulares, y así se inició en el ritmo gitano. Pocos días después supo del suicidio de su maestro; el motivo y su nombre quedaron en el silencio. Pero su imagen se le clavó en la memoria.

Para resumir el carácter y la evolución de su vida, uno de sus mejores amigos le sugirió esta definición: » Eres un narcisista que se odia...» Retrato que a Cohen le pareció acertado. Y al sentirse abrumado por un impío cáncer compuso una de sus últimas canciones susurrando: » Ya estoy listo- mi Dios…»  El arte le ayudó a morir, y por su arte quedará entre nosotros.

 

[Fuente: http://www.diariojudio.com]

Con motivo del Xacobeo 2021, el ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, ha inaugurado la exposición ‘Carteles para un Camino, 100 años de ilustración jacobea’, en la Biblioteca Nacional de España que estará abierta al público entre el 27 de noviembre de 2020 y el 14 de marzo de 2021.

Rodríguez Uribes ha valorado muy positivamente la exposición y ha manifestado que “refleja ese sentido integrador y plural del Camino, así como los distintos motivos y razones que lleva a las personas a realizarlo”. A su vez, también ha señalado que la muestra “refleja muy bien la voluntad del Ministerio de Cultura y Deporte de que el año que viene, Año Santo Xacobeo, sea un año extraordinario”.

El ministro ha estado acompañado por la directora general de Industrias Culturales, Propiedad Intelectual y Cooperación, Adriana Moscoso del Prado; la directora de la Biblioteca Nacional de España, Ana Santos Aramburo; y el comisario, José Tono Martínez, que ha guiado el recorrido.

Organizada por el Ministerio de Cultura y Deporte, en el marco del programa de actividades del Consejo Jacobeo para el Xacobeo 2021, con la colaboración de la Biblioteca Nacional de España, la exposición repasa la iconografía y la representación religiosa, artística, literaria e ideológica del Camino de Santiago, como protagonista de la historia de España y de Europa.

Más de 140 obras se distribuyen por la Sala de Guillotinas del Museo de la BNE, entre carteles, cómics, libros y guías, reproducciones de dibujos y otros materiales como folletos, credenciales y programas de fiestas. Proceden de la propia BNE, el Centro de Documentación Turística de España (CDTE Turespaña), el Museo do Pobo Galego, el Museo de Pontevedra, la Colección Fernando Lalanda, y las colecciones Álvaro de Luna y José Tono Martínez.

La muestra pone de manifiesto que el Camino de Santiago es testimonio de un archivo vivo, preservador de mitos y símbolos que han acompañado a miles de peregrinos y caminantes a lo largo de los tiempos. La iconografía jacobea refleja los diferentes estilos artísticos de todo un siglo, desde el modernismo y el simbolismo de principios del XX, a las vanguardias de los 20 y 30, hasta llegar a la irrupción del cartel de diseño y fotográfico en los 50, y al eclecticismo posmoderno de nuestro tiempo, como se observa en la serie ‘Historietas Jacobeas’. Pero esa representación es también ideológica: avanzado el siglo XX, el Santiago guerrero y batallador se hace peregrino penitencial para llegar hoy al caminante internacional, juvenil, familiar y abierto a todas las sensibilidades.

Del medievalismo al eclecticismo posmoderno

De comienzos del siglo XX, la exposición refleja el medievalismo, el simbolismo celta y el galleguismo, en las obras de Francisco Lloréns y del círculo de las Irmandades de Fala, donde destaca la obra gráfica de Carlos Sobrino Buhigas, Juan Luis, Carlos Maside y Camilo Díaz Baliño. La iglesia compostelana también se une a esta recuperación liderada por el cardenal Martín de Herrera, impulsando los jubileos compostelanos de 1891, 1897, 1909, 1915 y 1920, para los que Alfonso Castelao diversos motivos jacobeos, como Prisciliano. De este periodo también se incluye la reproducción de un Santo Peregrino de Federico García Lorca, poeta muy unido a Santiago de Compostela.

La recuperación de Camino de Santiago en los años 20 está unida a la intención de incentivar el turismo internacional hacia España. Las campañas del Patronato Nacional de Turismo se editaban en cuatro idiomas y en tiradas de hasta 8.000 ejemplares. Aquí se presentan obras de Eduardo Santonja Rosales, vinculado al Art Déco; y de Hipólito Hidalgo de Caviedes, tertuliano del Café Pombo. De la Guerra Civil y posguerra se presentan, entre otras piezas, carteles de José Caballero y de José Morell Macías.

Entre los 50 y los 80, la fotografía y el diseño irrumpen con fuerza, y la tipografía se hace más moderna y neutra, a veces publicitaria. Durante este periodo, el diseñador José García-Ochoa colabora en numerosas campañas de Turismo referidas a los años jacobeos. En esta línea fotográfica, hay una obra de 1965 de Francesc Catalá-Roca, Premio Nacional de Artes Plásticas.

Avanzados los años ochenta, la transición cultural, la Movida, el eclecticismo posmoderno y la profesionalización de la cultura traen profundos cambios. La estética posmoderna permite un tipo de cartel que aúna el diseño y el arte con influencias del discurso gráfico del cómic, de la arquitectura y del cine. Entre otros, se recogen ejemplos de carteles de Ángel y Álvaro Bellido, del publicista Luis Carballo Taboada, que diseña la mascota del Pelegrín para el Año Santo 1993; o de tres artistas emblemáticos que emergen en los ochenta: Ana Juan, Javier Mariscal y Ouka Leele.

Historietas jacobeas

Cierra la exposición la colección de carteles y cómics encargada por el Consejo Jacobeo para la celebración del Año Santo 2021. Un total de quince dibujantes y artistas tratan de acercar el Camino a nuestro tiempo en siete historietas y ocho carteles. Se trata de Juan Berrio, Calpurnio, José Domingo, Ana Galvañ, Miguel Gallardo, Elena Ibáñez, iRati F.G., Pere Joan, Raquel Lagartos /Julio César Iglesias, Miguelanxo Prado, Antonia Santolaya, Pepa Prieto Puy, Sonia Pulido, Premio Nacional de Ilustración 2020, y Mikel Valverde.

En sus ilustraciones se dan a conocer leyendas jacobeas, como la Reina Lupa, e incluso imaginar el futuro del Camino con la historieta de la peregrina que aterriza en la Tierra en 2156. Todos los trabajos se pueden descargar gratuitamente en la página web oficial Enlace externo, se abre en ventana nueva, en diferentes formatos, incluyendo fondos de pantalla para dispositivos móviles y stickers.

El montaje traza un recorrido temporal por el Camino a través de carteles que en su día pudieron ver los peregrinos pegados en tapias que encontraban a su paso hacia Santiago de Compostela y otros que pronto recorrerán los albergues del Camino. Además, se incluye en la muestra un muro colaborativo formado por las fotografías enviadas por los seguidores de la cuenta institucional de Instagram @mixacobeo2021.

La exposición recorrerá en formato de calle el Camino Francés, los Caminos del Norte y la Vía de la Plata. Tras el estreno en la Biblioteca Nacional de España, emprenderá su viaje, con Galicia como primera parada.

 

[Fuente: http://www.revistadearte.com]

«Te quiero». la exposición que celebra los 15 años del matrimonio igualitario en España.

(Imagen de Mariana Laín Claesson)

Escrito por Rogério Reis Weber

EXPOSICIÓN

Inaugurada el 24 de septiembre, la exposición Te Quiero se clausura el próximo domingo, 15 de noviembre en el Espacio Santa Clara y hacemos desde nuestro Cuaderno de Cultura un llamamiento a todos los sevillanos y sevillanas que todavía no se hayan acercado para ver esta que es, sin duda, la mayor y mejor exposición de temática gay, lésbica y trans ya celebrada en Andalucía.

La exposición forma parte de la cuarta edición del Festival Cultura con Orgullo (FOC) y conmemora los quince años de la legalización del matrimonio igualitario en España.

Todo empezó el 30 de junio del 2005 cuando en el Congreso de los Diputados y Diputadas se votó por unos pequeños cambios en el Código Civil que a partir de este momento permitían los matrimonios entre personas del mismo sexo. Estos “pequeños cambios” supusieron una enorme transformación en la vida de las personas LGBTI y también en el imaginario colectivo de todo un país, el tercero del mundo, tras Países Bajos y Bélgica, en dar ese pleno derecho a su ciudadanía y sin crear una ley específica, simplemente abriendo el marco legal para que entrasen todos.

Claro que durante estos quince años no faltaron los intentos de revertir este derecho por parte de los nostálgicos del franquismo, los partidos de la derecha y las instituciones más retrógradas de la sociedad española que no satisfechos con cuestionarlo constantemente han presentado un recurso ante el Tribunal Constitucional con el fin de arrebatar una conquista tan importante para millones de hombres y mujeres que además lograban con ella el reconocimiento implícito de que todos somos iguales ante la ley, independientemente de la orientación sexual.

Algunos podrán sorprenderse cuando al pasear por las salas de esta importante exposición se encuentren, por ejemplo, con unas láminas de Quino, el artista argentino, recientemente fallecido y creador del personaje de cómic Mafalda, entre tantos otros buenos artistas cuya condición de heterosexuales no les ha impedido intuir, fortalecer o brindar este avance civilizatorio representando con dignidad y respeto toda la diversidad humana, lejos del imaginario injurioso al que los gays, lesbianas y trans se vieron sometidos por siglos y que constituía una verdadera violencia simbólica.

Comisariada por Pablo Peinado, la exposición ‘Te quiero’ saca su nombre del título de un poema de Luis Cernuda que, junto a Federico García Lorca son dos de los andaluces homenajeados. También está dedicada a Pedro Zerolo, el principal impulsor de la ley del matrimonio igualitario que como decía José Luis Rodríguez Zapatero hizo de España un país más decente.

‘Te quiero’ es también un espacio de activismo, con algunas paredes repletas de información sobre la situación del colectivo LGTBIQ+ no solo de España, pero también de otros países del mundo, acercando una enorme cantidad del público y cumpliendo con una función pedagógica esencial además de encantar con las creaciones de más de 170 artistas de aproximadamente 20 países.  Entre ellos Nazario, Cecilia Paredes, Manuel Antonio Domínguez, Ocaña, Tom de Finlandia, David Hockney, Rodrigo, Pedro Almodóvar, Mariana Laín Claesson, Getulio Damado, Virginia Patrone, Ralf König, Rosa Navarro, Francisca Antúnez, Derek Jarman, David Trullo o Mariana Chiesa.

¡Imprescindible!

Espacio Santa Clara

Calle Becas, s/n – Sevilla

 

[Fuente: http://www.pressenza.com]

La librería londinense Bernard Quaritch custodia una postal con texto autógrafo de Federico García Lorca que el dramaturgo granadino escribió a su padre, el 7 de abril de 1926, en Valladolid. En esa fecha, Lorca estaba en Valladolid, invitado por su amigo Jorge Guillén, donde debía ofrecer una conferencia sobre Luis de Góngora en el Ateneo vallisoletano.

Este documento se considera inédito, pues hasta la fecha, se desconocía su existencia y no aparece ninguna alusión en el “epistolario completo”, la obra de referencia de Andrew A. Anderson y Christopher Maurer (Madrid, Cátedra, 1997) que recopila toda la correspondencia lorquiana entre 1910 y 1936.

 

[Fuente: blog.cervantesvirtual.com]

Henrique Alvarellos é o autor desta obra na que se relatan feitos « descoñecidos » até agora.

Henrique Alvarellos (Lugo, 1968) presenta este sábado (20,00 horas, Hotel Compostela) na capital de Galicia o seu libro ‘Federico García Lorca en Santiago de Compostela’, no que recolle os « momentos inesquecibles » do poeta granadino durante o seu paso pola cidade.

A obra é un volume ilustrado con máis de 70 documentos e fotografías do paso de Lorca por Compostela, que recolle anécdotas e testemuños, « moitos deles descoñecidos ».

Con 18 anos, en 1916, Lorca descobre a cidade nunha viaxe de estudos por Galicia. « Isto hipnotízame », escribiu por aquel entón. Despois regresou tres veces máis a Santiago, todas en 1932 como conferenciante, poeta e director da Barraca.

Alí, foi arroupado e agasallado con admiración por toda unha xeración de estudantes e intelectuais con ansias de « cultura, galeguismo e liberdade » durante a Segunda República.

No libro escrito por Alvarellos apúntase que Lorca deu a coñecer en Santiago algúns dos versos inéditos de ‘Poeta en Nova York’, á vez que debuxa, canta e toca o piano no Hotel Compostela. Ademais de ser retratado por Carlos Maside e Luís Seoane, do seu paso por Compostela sairá á luz ‘Seis poemas galegos’.

Así mesmo, este libro conta co trazado da primeira ruta lorquiana pola cidade con 14 lugares imprescindibles.

Portada do libro 'Federico García Lorca en Santiago de Compostela'. ALVARELLOS

Portada do libro ‘Federico García Lorca en Santiago de Compostela’. ALVARELLOS

 

 

[Imaxe: Europa Press – fonte: http://www.galiciaconfidencial.com]

Por Nick Cave

West Country Girl

With a crooked smile and a heart-shaped face
Comes from the West Country where the birds sing bass
She’s got a house-big heart where we all live
And plead and counsel and forgive
Her widow’s peak, her lips I’ve kissed
Her glove of bones at her wrist
That I have held in my hand
Her Spanish fly and her monkey gland
Her Godly body and its fourteen stations
That I have embraced, her palpitations
Her unborn baby crying, ‘Mummy’
Amongst the rubble of her body
Her lovely lidded eyes I’ve sipped
Her fingernails, all pink and chipped
Her accent which I’m told is ‘broad’
That I have heard and has been poured
Into my human heart and filled me
With love, up to the brim, and killed me
And rebuilt me back anew
With something to look forward to
Well, who could ask much more than that?
A West Country girl with a big fat cat
That looks into her eyes of green
And meows, ‘He loves you,’ then meows again

Chica del oeste

Con su sonrisa torva y su faz de corazón
Viene del oeste donde los pájaros trinan graves
Su gran corazón a todos nos hospeda
Allí se implora, perdona y aconseja
Su despejada frente, los labios besados
Su muñeca enguantada de hueso
Que he sostenido en mi mano
Sus afrodisíacos y afeites
El cuerpo divino y su vía crucis
Que recorrí, sus palpitaciones
Su bebé nonato que llora “mami”
Entre los despojos de su cuerpo
Sus ojos-párpados adorables que sorbí
Sus uñas rosas rotas
Su acento “arrastrado” según dicen
Que yo escuché, que se vertió
En mi corazón y me rebosó
De amor, y me mató
Pero me rehízo
Con algo a lo que aspirar
¿Se puede pedir más?
Una chica del oeste con su gato gordo
Que mira sus ojos verdes
Y maúlla, “Te quiere”, y maúlla otra vez

Esto que acaban de escuchar es una canción llamada ‘West Country Girl’. Es una Canción de Amor. Arrancó, en su más tierna inocencia, como un poema, escrito hará cosa de dos años en Australia, donde siempre brilla el sol. Lo escribí con el corazón abriéndose paso entre mis fauces, consignando, a modo de inventario, el inconmensurable repertorio de matices físicos que me atrajo de una persona en particular… Chica del oeste. Me ayudó a esbozar mis propios criterios estéticos sobre la belleza, mi particular verdad sobre la belleza; pese a cuán oblicua, cruel y empobrecida pudiera antojarse. Una lista de cosas que amaba, y, en verdad, un desacomplejado ejercicio de adulación, urdido para conquistarla. Y, a decir verdad, funcionó y no funcionó. Pero la magia peculiar de la Canción de Amor, si alma tiene para tal propósito, es que perdura hasta donde el objeto de la canción no alcanza. Se adhiere a ti y te acompaña en el tiempo. Pero hace más que eso, porque, así como es tarea nuestra avanzar, desechar nuestro pasado, para cambiar y crecer –en resumen, para perdonarnos a nosotros mismos y al prójimo–, la Canción de Amor atesora en sus entrañas una inteligencia misteriosa que le es propia; y le permite reinventar el pasado y ponerlo a los pies del presente.

‘West Country Girl’ vino a mí con inocencia y a pleno sol, como un poema sobre una joven. Pero ha conseguido lo que toda canción de amor que se precie debe hacer para sobrevivir, ha reclamado su derecho a existir con identidad propia, su propia vida, su propia verdad. La he visto crecer y mutar con el tiempo. Se presenta ahora como una advertencia con moraleja, una receta con los ingredientes para una pócima de brujas, se lee como la autopsia de un forense, o un mensaje estampado en un letrero de caballete colgante a hombros de un tipo con los ojos desorbitados anunciando: “El fin del mundo está a vuestro alcance”. Una voz ronca que en la oscuridad croa, “Cuidado… tengan cuidado… tengan cuidado”. De todos modos, me estoy adelantando. Me llamo Nick Cave y tengo algunas cosas que contarles.

People Ain’t No Good

People just ain’t no good
I think that’s well understood
You can see it everywhere you look
People just ain’t no good

We were married under cherry tres
Under blossom we made our vows
All the blossoms come sailing down
Through the streets and through the playgrounds

The sun would stream on the sheets
Awoken by the morning bird
We’d buy the Sunday newspapers
And never read a single word

People they ain’t no good
People they ain’t no good
People they ain’t no good

Seasons came, seasons went
The winter stripped the blossoms bare
A different tree now lines the streets
Shaking its fists in the air

The winter slammed us like a fist
The windows rattling in the gales
To which she drew the curtains
Made out of her wedding veils

People they ain’t no good
People they ain’t no good
People they ain’t no good

To our love send a dozen white lilies
To our love send a coffin of wood
To our love let all the pink-eyed pigeons coo
That people they just ain’t no good
To our love send back all the letters
To our love a valentine of blood
To our love let all the jilted lovers cry
That people they just ain’t no good

It ain’t that in their hearts they’re bad
They can comfort you, some even try
They nurse you when you’re ill of health
They bury you when you go and die
It ain’t that in their hearts they’re bad
They’d stick by you if they could
But that’s just bullshit, baby
People just ain’t no good
People they ain’t no good
People they ain’t no good
People they ain’t no good
People they ain’t no good

La gente no mola

La gente no mola
Hay poco más que decir
Se ve donde quiera que mires
La gente no mola

Nos casamos bajo los cerezos
Bajo las flores nos prometimos
Y nos llovieron flores a mares
Por las calles y los parques

El sol se vertía en las sábanas
Despiertos por el pájaro de la mañana
Comprábamos los diarios del domingo
Sin leer una palabra

La gente no mola
La gente no mola
La gente no mola

Las estaciones van y vienen
El invierno desnudó las ramas
Y otros árboles bordean las calles
Sacudiendo sus puños al aire
El invierno nos sacudió como un puño
Y los vientos azotaron las ventanas
Ella corrió los visillos
Hechos de sus velos nupciales
La gente no mola
La gente no mola
La gente no mola

A nuestro amor manda doce lirios blancos
A nuestro amor manda un ataúd de madera
Que nuestro amor las palomas de ojo rosa arrullen:
“La gente no mola”
A nuestro amor devuelve todas las cartas
A nuestro amor manda una ofrenda de sangre
Que nuestro amor lloren los amantes dolidos
Lloren la gente no mola

No es que sean malos con ganas
Hasta pueden consolarte, y lo intenta
Te atienden si tu salud se resiente
Te entierran si vas y te mueres
No es que sean malos adrede
Si pudieran te harían compañía
Pero, nena, todo eso son boludeces

La gente no mola
La gente no mola
La gente no mola
La gente no mola
La gente no mola

Di una versión anterior, sin tanta pompa, y con menos medios a mi alcance, de esta misma conferencia en la Academia de Poesía de Viena el año pasado. Fui invitado a desplazarme allí a fin de compartir a un grupo de estudiantes adultos los arcanos rudimentos que, presuntamente, asisten todo el que hace de la composición de canciones su oficio. No sin antes, así expresamente lo requirieron, dar una conferencia. El tema que elegí fue la Canción de Amor, y al hacerlo –es decir, al plantarme frente a una gran audiencia para impartir y compartir cuanto tuviera que revelarles–, me embargó un torbellino de sentimientos encontrados. El más intenso, acaso el más insistente de ellos, me atrevería a afirmar que fue terror en estado puro. Terror porque mi difunto padre era profesor de literatura inglesa en la escuela secundaria a la que asistí en Australia –ya saben, donde siempre brilla el sol–. Conservo muy nítidos recuerdos de cuando contaba unos doce años, sentado, como ustedes ahora, en clase o en una sala de conferencias, contemplando a mi padre, que estaría de pie, aquí arriba, tieso cual servidor, y pensando para mis adentros, sombría y miserablemente –porque, en honor a la verdad, era un chico con una existencia sombría y miserable–. “Realmente poco importa lo que sea que haga con mi vida mientras no termine como mi padre”. Ahora, a los cuarenta y un años, diríase que lo que a buen seguro experimentó durante su cometido como docente no dista mucho de cuanto me dispongo a hacer. A los cuarenta y un años me he convertido en mi padre, y aquí me tienen, damas y caballeros, enseñando.

En retrospectiva, podría alegarse que, a lo largo de estos últimos veinte años, se ha mantenido cierta coherencia en mi discurso. En medio de la locura y el caos, parecería como si hubiera estado aporreando un solo tambor. Puedo constatar, sin ruborizarme, cómo mi vida artística se ha centrado en el afán por articular la crónica de una sensación de pérdida casi palpable que, para colmo, parecía reclamar mi propia vida. La inesperada muerte de mi padre iba a dejar un gran vacío en mi mundo cuando apenas contaba diecinueve años. Lo único que fui capaz de urdir para llenar este agujero, este vacío, fue ponerme a escribir. Mi padre me adiestró a tal efecto como si con ello pretendiera ya prepararme para su marcha. La escritura fue el salvoconducto para acceder a mi imaginación, a la inspiración y, en última instancia, a Dios. Descubrí que a través del uso del lenguaje estaba dirigiéndome a un dios de carne y hueso. El lenguaje se convirtió en el manto que arrojé sobre el hombre invisible, lo que le confirió forma y fondo. La transubstanciación de Dios a través de la Canción de Amor sigue siendo mi principal motivación como artista. Caí en la cuenta de que el lenguaje se había convertido en el mejor bálsamo para aliviar el trauma sufrido con la muerte de mi padre. El lenguaje se convirtió en ungüento para la añoranza.

La pérdida de mi padre dejó en mi vida un vacío, un espacio por el que mis palabras comenzaron a flotar y a compilar y encontrar su propósito. El gran W. H. Auden dijo: “la por muchos llamada experiencia traumática no es un accidente, sino la oportunidad que el niño ha estado aguardando pacientemente; de no haber sido esta, habría encontrado otra para que su vida se convirtiera en un asunto serio”. La muerte de mi padre fue, no cabe duda, la “experiencia traumática” de la que Auden nos habla, la que dejó el vacío que solo Dios podía llenar. Cuán hermosa es la noción de que nosotros mismos alumbramos nuestras propias catástrofes personales y que nuestras propias fuerzas creativas son, a su vez, de instrumental importancia para que así sea. Nuestros impulsos creativos permanecen en los flancos de nuestras vidas, prestos para tendernos una emboscada, dispuestos a asaltarnos y plantar pica en escena perforando nuestra conciencia –abriendo brechas a través de las cuales puede surgir la inspiración–. Cada uno de nosotros tiene la necesidad de crear, y la asimilación del dolor es, en sí misma, un acto creativo.

Aunque la Canción de Amor se manifiesta de muchas y muy variopintas formas –canciones de exaltación y alabanza, de rabia y desesperación, eróticas, de abandono y pérdida– en todas ellas se invoca al Creador, pues es en la embrujadora premisa del anhelo donde la verdadera Canción de Amor habita. Es un aullido en el vacío que clama al cielo amor y consuelo, y pervive en los labios del niño que llora a su madre. Es la canción del amante que se desespera por su ser querido, el delirio del lunático suplicante invocando a su dios. Es el desgarrador lamento del que, encadenado a la tierra, anhela alzar el vuelo, el vuelo hacia la inspiración, la imaginación y la divinidad.

La Canción de Amor sería, por tanto, la materialización de nuestros vanos esfuerzos por convertirnos en seres divinos, para elevarnos por encima de lo terrenal y de lo banal. Creo que la Canción de Amor es, por definición –y por antonomasia–, la canción de la tristeza, el sonido verdadero de la pena.

Todos experimentamos en lo más hondo de nuestro ser lo que los portugueses felizmente dieron en denominar saudade, término que se traduce como una suerte de anhelo inexplicable, la innombrable y enigmática ansia que anida en el alma, y es este sentimiento el que vive en los reinos de la imaginación y la inspiración; y es, a su vez, el caldo de cultivo del que emerge la canción de la tristeza, la Canción de Amor. Saudade es el deseo de ser transportado de la oscuridad a la luz, de ser acariciado por lo que no es de este mundo. La Canción de Amor es la luz divina, desde lo más profundo de nuestras entrañas, estallando a través de nuestras heridas.

En su brillante conferencia titulada Juego y teoría del duende, Federico García Lorca se apresta a esbozar una plausible explicación sobre la extraña e inexplicable tristeza que anida en el corazón de ciertas obras de arte. “Todo lo que tiene sonidos oscuros tiene duende”, para, acto seguido, añadir, “ese misterioso poder que todos sienten, pero el filósofo no puede explicar”. En la música rock contemporánea, inframundo en el que me gano el sustento, la música parece menos inclinada a cobijar en su alma, inquieta y temerosa, la tristeza de la que nos habla Lorca. Emoción, a menudo; ira, no pocas veces, pero la verdadera tristeza escasea. Bob Dylan siempre la padeció. Leonard Cohen se centra, específicamente, en su tratamiento. Persigue a Van Morrison como un perro rabioso y, aunque lo intenta, no puede sustraerse a su sombra. Tom Waits y Neil Young pueden, en ocasiones, invocarla. Mis amigos The Dirty lo cargan a granel pero, a modo de epitafio, podría aventurarse que el duende se antoja demasiado frágil para sobrevivir a la modernidad compulsiva de la industria discográfica. En la tecnocracia histérica de la música moderna, se obliga a la pena a hacinarse en la última fila del aula, donde toma asiento, meándose de terror en sus pantalones. La tristeza o duende necesita espacio para respirar. La melancolía detesta el apremio y flota en silencio. Siento pena por la tristeza, mientras saltamos por todas partes, negándole su voz y tratando de verbalizarla e impulsarla hacia otros confines. No es de extrañar que la tristeza no sonría a menudo. Tampoco es de extrañar que la tristeza siga tan triste. Todas las Canciones de Amor tienen que tener duende porque la Canción de Amor nunca es, sencilla y llanamente, felicidad. Primero debe hacer suyo el potencial para expresar el dolor. Esas canciones que hablan de amor, sin tener entre sus versos un lamento o una sola lágrima, no son Canciones de Amor en absoluto, sino más bien Canciones de Odio disfrazadas de Canciones de Amor y no merecen, siquiera, nuestra más mínima atención. Estas canciones nos despojan de nuestra humanidad y de nuestro derecho, por Dios concedido, a estar –y a sentirnos– tristes, y las ondas están infestadas de ellas. La Canción de Amor debe resonar con los susurros de la tristeza y los ecos del dolor. El escritor que se niega a explorar las regiones más oscuras del corazón jamás podrá escribir convincentemente sobre el poder del encantamiento, la magia y la alegría del amor, pues al igual que no puede confiarse en el bien a menos que haya respirado el mismo aire que el mal –la metáfora del Unigénito crucificado entre dos criminales viene aquí a mi mente–, en la estructura de la Canción de Amor, en su melodía, en la letra, debe uno sentir que ha saboreado la capacidad de sufrimiento.

Sad Waters

Down the road I look and there runs
Mary Hair of gold and lips like cherries
We go down to the river where the willows weep
Take a naked root for a lovers’ seat
That rose out of the bitten soil
But bound to the ground by creeping ivy coils
O Mary you have seduced my soul
Forever a hostage of your child’s world

And then I ran my tin-cup heart alone
The prison of her ribs
And with a toss of her curls
That little girl goes wading in
Rolling her dress up past her knee
Turning these waters into wine
Then she plaited all the willow vines

Mary in the shallows laughing
Over where the carp dart
Spooked by the new shadows that she cast
Across these sad waters and across my heart

Aguas apenadas

Miro por el camino y ahí va
Mary Cabellos de oro y labios de cereza
Bajamos al río donde los sauces lloran
Una raíz es nuestro sillón de amor
Que emergió de la tierra hollada
Aunque sepulta por yedra enroscada
Ay, Mary, me cautivaste el alma
Eterno rehén de tu mundo infantil

Y luego repaso mi corazón de latón
Por los barrotes de sus costillas
Y agitando sus rizos
La chiquilla vadea el río
Remangándose sobre la rodilla
Convirtiendo estas aguas en vino
Luego trenzando las fibrosas ramas

Mary en el bajío se ríe
Allí donde resbalan las carpas
Asustadas por su mera sombra
Que oscurece mi corazón y estas aguas

 

Extracto de La vida secreta de la canción de amor, texto que se presentó, a modo de conferencia, en el South Bank Centre, Londres, en 1999.

Estos fragmentos pertenecen al libro Obra lírica completa (1978-2019) que, con traducción de Miquel Izquierdo, acaba de publicar Libros del Kultrum.

 

[Fuente: http://www.fronterad.com]

 

O selo Libros do Kultrum publica o coidado volume bilingüe que reúne as letras completas do músico australiano

Nick Cave, na película «20.000 días na terra», un documental sobre o músico australiano dirixido no 2014 por Iain Forsyth e Jane Pollard

Por HÉCTOR J. PORTO

Di Nick Cave (Warracknabeal, Victoria, Australia, 1957) que aprendeu da Biblia, e en particular do Antigo Testamento, que «os versos que emanan felicidade, éxtase e amor poden conter, á súa vez, sentimentos aparentemente opostos -odio, vinganza, violencia extrema, etcétera-; sentimentos que non son mutuamente excluíntes».

A canción de amor, asegura, «nunca é, sinxela e sinxelamente, felicidade». É máis, incide, «esas cancións que falan de amor sen ter entre os seus versos un queixume ou unha soa bágoa, non son Cancións de Amor en absoluto, senón máis ben Cancións de Odio disfrazadas de Cancións de Amor e non merecen, nin sequera, nosa máis mínima atención. Estas cancións desposúennos da nosa humanidade e do noso dereito, por Deus concedido, a estar -e a sentirnos- tristes; e as ondas están infestadas de elas», reproba.

Os detalles desta poética desenvólveos Cave nun ensaio que acompaña a coidada edición bilingüe que o selo Libros do Kultrum publica de Letras. Obra lírica completa 1978-2019, un traballo que compila todos os textos de cancións do autor australiano e que chega este luns ás librerías. A conferencia que serve de breve prólogo ao propio cancionero foi pronunciada por Cave en 1999 no Meltdown Festival no South Bank Centre de Londres , e en realidade revisaba un relatorio que ofrecera o ano anterior na Academia de Poesía de Viena.

Quen lle ía dicir a aquel cantante cheo de ira salvaxe pospunk e líder de The Birthday Party, banda de Melbourne, que -xa fincado en Londres, temporalmente en Berlín e ultimamente en Brighton – chegarían a chamarlle crooner inicialmente sen demasiado convencemento e que despois sería unha figura sacra do universo dos cantautores e incluso un escritor respectado nos medios académicos.

El mesmo chancea coa idea de xogar un papel similar ao do seu pai como profesor que Cave, sendo un raparigo (e como fillo), deploraba. O seu epatante actuación no filme de Wim Wenders Ceo sobre Berlín foi un paso decisivo na súa consagración como icona da música popular.

No seu querido papel de predicador alienado, Cave é capaz de volver a aqueles días de lume e inmolación punk dos inicios, pero igualmente de levantar pezas impecables no canon do rock and roll (con Grinderman tamén), de introducir coros negros nas súas complexas composicións, arranxos de corda, de erixir baladas redondas como disparos ao corazón, de sentarse ao piano e deixar coa súa voz cancións secas, desgarradoras, intimistas, conmovedoras, doces como a melaza e a fiel, de crear bandas sonoras axustadas á narración que -esaxerando un pouco- case poderían asinar clásicos como Max Steiner ou Alfred Newman.

Calquera rexistro pode ser o seu rexistro, de proporllo, entre a máxima violencia e a melancolía máis absoluta. Mentres, outros como o gran Blixa Bargeld, con quen montou a banda The Bad Seeds nos primeiros 80, seguen varados no máis acre, o son industrial de Einstürzende Neubauten.

A escritura como vía para superar a dor pola morte do seu fillo Artur

Nick Cave, a pesar da súa condición de divo inalcanzable, adoita quitarlle ferro á súa transcendencia creativa. É, para el, un mero ritual, como unha disciplina: «Síntome nun escritorio e escribo; é apenas máis que iso. Incluso nos días máis escuros do pasado, simplemente sentábame e escribía. Pasaban cousas ao redor diso, si, pero basicamente era só iso. Na miña cabeza resulta fascinante, é un mundo imaxinativo que estou a crear e que a min me interesa; pero en realidade é bastante aburrido visto desde fóra», dicía nunha rolda de prensa por mor dun dos seus concertos en Bos Aires.

O caso é que esta máquina de escribir foi o seu refuxio, a súa táboa de salvación tras a morte por desgraciado accidente en xullo do 2015 do seu fillo Arthur, aos 15 anos, ao caerse por un cantil de Brighton tras ter consumido LSD. E esa dor extrema elevouno na inspiración ata alumar dúas dos seus mellores traballos, Skeleton Tree e Ghosteen.

Agora, o lector, o fan, poderá acceder aos seus textos, os orixinais e a tradución castelá, e tratar de penetrar o segredo deste trobador, este poeta da desesperación, a tristeza, o amor e a perda, que fala da saudade portuguesa e o trasgo de Lorca como fontes da súa musa, da súa idea de canción de amor.

Se o covid-19 o permite, Nick Cave & The Bad Seeds visitarán España no 2021, os días 23 de maio (WiZink Center, Madrid) e 27 de maio (Palau Sant Jordi, Barcelona). Entre medias, o día 24, estarán no Altice Area, en Lisboa.

 

 

[Imaxe: FILME4 – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Comentó el Gran Cronopio en una de las clases magistrales que impartió en los ’80 en Berkeley, California, que las fotografías que más le interesaban eran « aquellas en que por ejemplo hay dos personajes con un fondo de una casa y luego, quizá a la izquierda, donde termina la foto, hay la sombra de un pie, de una pierna… La atmósfera que se proyecta fuera de la fotografía, ese aura de misterio, guarda una especie de vibración que me parece indispensable para la realización del cuento memorable ».

Escrito por Jose Alias

Tal vez por eso le gustó tanto el trabajo de Sergio Larraín, que por cierto había estudiado en Berkeley en su primera juventud frecuentando bares y marihuana con más asiduidad que las aulas, trabajando como lavaplatos hasta conseguir comprar su primera cámara, una Leica de segunda mano con la que comenzaría su extraordinaria búsqueda fotográfica que revelaría esas fotos esquinadas con encuadres y detalles imprevistos, magnéticas e inusuales que llamaron la atención de la prestigiosa agencia Magnum, lo que le supuso hacerse visible de una manera muy amplia. Uno de esos encuadres abiertos mostraba una fotografía de la catedral de Notre Dame de París, que reveló al positivarla a una pareja al fondo haciendo el amor y fue, según parece, el detonante de uno de los magistrales cuentos de Cortázar: Las babas del diablo. Se dice que uno de los párrafos del cuento es una clara referencia al reconocido fotógrafo chileno…

“Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías… cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar atento, de no perder ese brusco y delicioso rebote de un rayo de sol en una vieja piedra, o la carrera trenzas al aire de una chiquilla que vuelve con un pan o una botella de leche.”

Esta última frase podría ser un trasunto de una conocida fotografía de Robert Doisneau, “La baguette parisienne”, en la que no son las trenzas si no los pantalones cortos de un niño los atrapados en el aire en su carrera con la barra de pan; con Julio nunca se sabe, aunque a través de la grieta siempre abierta de sus relatos nos muestre todo lo que podamos, sepamos o queramos ver. De todos modos, él advierte a los desatentos en algún lugar del “Último round” que no es aconsejable querer saberlo todo.

Luego Michelangelo Antonioni filmaría “Blow-up”, explorar o ampliar podría traducirse, basado en este relato y pondría en imágenes fotográficas esas que intuimos en el lenguaje escrito, de otra manera, recreando lo que se lee, no copiando o intentando ser fiel al texto como pretenden algunos; son dos formas muy diferentes de mostrar. Aunque cada cual vea o crea ver algo diferente en cada caso, sea lo que sea que se muestre o sugiera.

Explorando y ampliando, vamos viendo en la película de Antonioni cómo se nos va desvelando, al tiempo que al protagonista, algo que permanecía oculto para el ojo que solo se fija, como casi siempre, en lo evidente de la pareja de adúlteros en ese conocido parque londinense que enmarca su aventura. Revelado tras revelado, como un zoom atemporal, vamos descubriendo lo que pudiera ser una pistola por un lado y parte de un cuerpo por otro, algo que nos sorprende y desasosiega al igual que al fotógrafo entre sesiones con hermosas modelos y orgías varias que se van diluyendo entre esa obsesión por saber qué es lo que va exponiendo lo inesperado, el misterio de lo oculto, lo ‘nunca’ visto.

Los paralelismos son habituales y así como Cortázar llegó a comentar que Poe y Baudelaire eran el mismo escritor desdoblado en dos personas, no seré yo quien lo dude, su amistad con Fredi Guthmann y el encuentro con Sergio Larraín tienen al menos una coincidencia causal de lo más notable. Ambos acabaron abominando del mundo tras haberlo devorado, y siguiendo la senda de los pocos sabios que en el mundo han sido huyeron del mundanal rumor, del clic de lo inmediato, del cebo de las formas atractivas o atrayentes, para atrapar lo imposible que, por otro lado, como dicen los que miran y ven: está en el camino, no en la meta.

Tal vez Oliveira y Morelli sean dos aspectos de las personalidades de Guthmann/Larraín. Horacio Oliveira sería el personaje que representa el lado de acá, el occidental en que vive Cortázar y nosotros por extensión, mientras añora o sueña con el lado de allá, el oriente misterioso y su filosofía que simboliza Morelli. Del argentino Guthmann, poeta y piantado, dijo Cortázar en algunas cartas que intercambiaron en la definitiva etapa parisina, allá por el ’62, que el protagonista de Rayuela estaría inspirado en su personalidad llena de sentido del humor, de su poética y su metafísica.

 

Las vidas de ambos vividores y grandes artistas fueron de total entrega y son dos ejemplos claros de que “Lo raro es vivir” que escribiera Carmen Martín-Gaite. Infatigables caminantes se embarcaron en desórdenes aparentes y arriesgados, conviviendo con capos de la mafia en Sicilia o con los niños desheredados en las calles de Santiago, Larraín, o visitando a Artaud en el manicomio o huyendo de los caníbales en los (a)mares del sur, Guthmann.

Estas cuestiones del doble, tan queridas por Cortázar, enmarcan hasta salirse del terreno previsible, lo improbable de las casualidades; todo, o casi, es causal. En mi libro “Julio y Carol”, hay una anécdota sobre una conjunción atemporal en la que por un momento terminan inmersos Federico García Lorca, Charlie Parker, Bob Dylan, el propio Cortázar y el que suscribe… lo que fue, es y será se dan la mano cuando alguien la extiende sin más.

Pero, como dice el Tao: si cuidas del hermano pequeño no puedes cuidar del hermano mayor. O dicho de otro: mientras Fredi y Sergio se abrían al mundo, Julio escribía piezas magistrales en París, su modelo para armar, su ciudad soñada. En tanto Guthmann atravesaba océanos en soledad con un velero de diez metros, entre naufragios en la Polinesia o pilotando cazas de la Resistencia contra los nazis, como la baronesa Pannonica, la marquesa de El Perseguidor… Cortázar escribía de manera inimitable ese desborde de jazz que suena en cada página mientras el biógrafo Bruno, vana idea, intentaba poner orden en la improvisación salvaje del bebop. Julio pateando París, sus días y sus noches, poniendo en las páginas lo que su gran amigo Fredi destilaba en cada paso, salto, vuelo. El cronista permanece mientras el modelo experimenta lo que al final ambos trascienden. Uno y otro son necesarios, imprescindibles e inseparables.

“El juego es partir a la aventura, como un velero, soltar velas. Ir a Valparaíso, o a Chiloé, por las calles todo el día, vagar y vagar por partes desconocidas, y sentarse cuando uno está cansado bajo un árbol, comprar un plátano o unos panes y así tomar un tren, ir a una parte que a uno le tinque, y mirar, dibujar también, y mirar. Salirse del mundo conocido, entrar en lo que nunca has visto…” Escribe Sergio a su sobrino que le pide instrucción para fotografiar con cierto sentido, sin caer en lo evidente, más allá de lo posible y lo probable, le dice Larraín que decide vagabundear para encontrar la verdad de la existencia, algo que suponemos en nuestras horas de más anhelo, en un largo periplo por Oriente Medio y Europa. De ahí vuelta a Valparaíso, ciudad que, según sus propias palabras “adoraba por sus abismos de adoquines, la niebla y los prostíbulos.” Y después la convivencia en las calles de Santiago con los niños sin techo y una serie de fotos magistrales. Luego Nápoles, Calabria, Sicilia con unas seis mil fotografías y de ahí a París donde, entre otros, comparte con Cortázar que vuelve a ser el cronista brillante e irrepetible para interpretar una foto de Larraín en un relato lleno de armas secretas: “Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada…”

A Julio le fascinaba la fotografía, de hecho Carol Dunlop, su gran amor con la que escribió Los Autonautas de la Cosmopista, un diario de navegación lleno de instantáneas de ambos, era fotógrafo profesional y en más de un retrato encontramos a los dos, cámara en mano, fotografiándose al unísono… Fotografías de amplio encuadre tomadas por Cortázar en el Observatorio de Jai Sing en Delhi y Benarés aparecen en su alucinante poema que titula: Prosa del Observatorio

¿Por qué esperar más? Con un diafragma dieciséis, con un encuadre donde no entrara el horrible auto negro, pero sí ese árbol, necesario para quebrar un espacio demasiado gris…”

Retazos de las babas del diablo, hilos de la virgen se llaman también, enfoques rememorados por el narrador desde la tumba para tratar de atrapar en unas fotografías lo que ni con una película y una cámara fija podemos mostrar, mostrarnos. La verdadera dimensión de nuestra realidad que vivimos como sonámbulos al borde del abismo.

“Levanté la cámara, fingí estudiar un enfoque que no los incluía, y me quedé al acecho, seguro de que atraparía por fin el gesto revelador, la expresión que todo lo resume…”

Todo está bien, cada cual cree elegir algo diferente, hacer algo nuevo, único, descubrir asomos que se les escaparon a todos. Pero lo único cierto es que hacemos lo que hacemos porque la conjunción de todos nuestros aspectos, personalidades, interrelaciones, nos pide hacerlo sin demora como una sed en el desierto o un fuego bajo la nieve. Y está bien, así ha de ser, no es un destino ni un capricho, es solo una de las caras de la medalla que nuestro simulacro nos muestra, cada vez una moneda diferente, una perspectiva inesperada.

Al final todo se diluye, la inmensidad siempre está disponible para mostrar o devorar seres y situaciones sin descanso. Algunos como Fredi o Sergio gustaron de vivir la multiplicidad de las imágenes del caleidoscopio hasta que se cansaron de las formas y los colores, de los juegos inacabables y buscaron esa sensación de inmensa totalidad y se retiraron del mundanal ruido, a un asram en la India o a un pueblito olvidado en las montañas chilenas. Tras dar la vuelta al día en ochenta mundos, parece que algunos añoran la simple contemplación, el sosiego, la sola soledad del regreso a los orígenes.

Diciembre ‘017

[Fotos: Sergio Larraín, serie Londres – fuente: http://www.revistacoronica.com]

 

Escrito por RICARDO MARTÍNEZ

Un texto este, considero, original y sustancioso (por la prosa cuidada, por la capacidad descriptiva) de un autor que ha sido recordado siempre más por las referencias (más o menos tópicas) a su Andalucía que por su condición de autor rico en matices, amplio, original, musical.

Sería preferible, creo, abordar la obra de un autor lejos de clichés concebidos de antemano atendiendo a prejuicios, y más oportuno ver todas las ramas que conforman su árbol creativo, esto es, que le definen y completan.

Se ha dicho con reiteración que todos los libros de un autor están ya, más o menos expresos, en su primer libro. Pues bien, libres de cualquier exageración que no ayuda sino deforma el buen entendimiento, ¿por qué no advertir en este libro primerizo de Lorca algunos de los rasgos distintivos, valiosos, que habrían de conformar después el grueso de su obra?

‘Un pueblo’ creo que demuestra un observar pensante, inquisitivo, que muestra bien la realidad observada. Hay concisión, precisión, y una distancia del observador que, sin inundar de intención lo que el lector ha de interpretar, es un ejemplo sobrio de un mirar atento y definidor. Acorde, por otra parte, a una realidad bien concreta de un lugar en esa ‘terrible estepa castellana’. ese ‘océano de cuero’ del que habló Neruda.

En, ‘Amanecer castellano’, por otra parte, están muy vivos la luz y el color, y, una vez más, el discurso del narrador es capaz de transmitir en palabras concisas y bien elegidas una visión concreta que, por el bien del lenguaje, viene dotado de relevante significación: “No han roto las nieblas de la noche. Por el horizonte se va abriendo una ráfaga de luz blanca que llena de claridad sombría a los pardos terrenales. Sobre las acequias hechas espejos de verde azul, se miran los álamos quietos y fríos” ¿No podría ver aquí el lector sagaz un escenario bien definido? Luego vendrá la trama, pero siempre será lo principal la palabra, tal como el profesor Lledó nos recordó siempre. Y en Lorca la palabra, sola por sí o como discurso, con frecuencia tuvo su interioridad bien definida, pues no era tanto un aparente autor más o menos aéreo, evocador, como interesado en el interior de los  temas que trataba.

“Sobre el aire lleno de frescura primaveral está cayendo toda la oración castellana. Por los montes de trigos olorosos brillan las arañas, y en las lejanías brumosas el sol pone unos rojos cristales opacos… ¿No están aquí buena parte de las claves líricas, de buen perceptor, que tanto brillo dieron luego a sus versos?

Creo que es de advertir, sobre todo, acaso por la condición que tiene esta obra de primeriza, el esfuerzo por la elección de una palabra nítida, precisa, definidora: hay una contención voluntaria en favor de un discurso limpio y referencial; lo que importa es llegar al lector de la forma más directa y apropiada posible para su entendimiento. Literatura como juego, como sueño, pero también como comunicación.

Siempre, eso sí, en clave de Lorca: “Y sobre el altar de los sacros martirios, en donde descansan aquellos que fueron sangre y llamas por amor a Jesús, y sobre el arca de plata teñida de cielo por los vidrios místicos, el sacerdote vestido de luz y de grana”. Júntese la extensa e intensa obra del autor y no se estará lejos, así me lo parece, de advertir que un autor naciente y prometedor nos está dando las claves de su pensar, de su discurso, de su ser.

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]

 

Por XESÚS ALONSO MONTERO

O pasado martes (ou o mércores) fixo 84 anos que asasinaron a Federico García Lorca no barranco de Víznar (Granada), pois hai biógrafos que sitúan esa inmensa traxedia no 19 de agosto e outros no 18 (Celso Emilio Ferreiro comezaba un famoso romance seu con estes dous versos «O dezanove de agosto / chegou a morte a Víznar»). Pero este artigo non se vai centrar naquela morte decretada desde arriba, como ben se sabe hoxe; vaise centrar nun tempo moi entusiasta da vida, tan rica e tan fértil, de Federico: nos anos en que escribiu (con non pequena colaboración) os Seis poemas galegos, publicados en 1935 en Santiago, na editorial Nós, por Ánxel Casal, este, si paseado o 19 de agosto do 36.

Sobre a autoría dos Seis poemas galegos téñense vertido regueiros de tinta; mesmo no presente mes de agosto, algunhas voces pouco eruditas nesta materia volveron sobre o tema e a teima de que o tradutor ao galego dos versos de Lorca fora Eduardo Blanco-Amor, quen, como lembrarán moitos lectores, só foi o editor literario e o prologuista da primeira edición do famoso opúsculo. Cómpre ter moi en conta que o propio Blanco-Amor, en 1949, escribiu a Ernesto Guerra da Cal, exiliado nos Estados Unidos, preguntándolle quen fora o colaborador lingüístico de Lorca na composición daqueles poemas en galego. O ilustre exiliado contéstalle axiña cunha carta que é definitiva para a cuestión: «Él [Lorca] me decía un verso en castellano y yo lo traducía libremente al gallego, buscando como es natural, las palabras que a él más pudieran impresionarlo por color, sonido y evocación mágica. Si no le gustaba alguna, yo le daba otra opción, y él, augustamente, elegía la que le salía de los cojones líricos».

Así pois, os poemas galegos son de dous autores: o principal, Lorca, o creador literario (concepción do poema, recursos poéticos…), e Guerra da Cal, dicionario vivo, colaborador lingüístico (non sempre mecanicamente aceptado). Isto, como se di na mesma carta, refírese a cinco poemas, todos agás o primeiro, que aínda está por dilucidar. Quizais o dicionario desa primeira composición, xa publicada en 1932, foi Serafín Ferro, escritor galego moi vencellado a Lorca, tanto que foi amante seu (como o foi de Luis Cernuda).

Volvéndomos aos cinco poemas de García Lorca / Guerra da Cal (sempre aquel en primeirísimo lugar), hai que subliñar que Blanco-Amor, no prólogo de 1935, non conta toda a verdade cando afirma que, como editor literario, só se limitou a unha pequena revisión ortográfica. Como sostén unha especialista na cuestión textual dos Seis poemas galegos, Blanco-Amor corrixiu o galego ás veces e «mentiu reiteradamente sobre os manuscritos; por iso suprimiu a única dedicatoria que aparecía nos Seis poemas, a da Cantiga do neno na tenda, que estaba dedicada “A Ernesto P. Guerra (pola man do mesmo Guerra, todo hai que dicilo)”». Estas palabras pertencen á Conclusión dunha investigación de Victoria Álvarez Ruiz de Ojeda de 1998, Proposta de edición dos Seis poemas galegos a partir dos manuscritos, publicada recentemente no número 223 da revista Grial. Debemos aclarar que a autora deste traballo é unha estudosa e admiradora da personalidade literaria de Eduardo Blanco-Amor. Dela son estas palabras na mesma Conclusión: «Blanco-Amor quixo adscribir o nome de Lorca á poesía galega sen ningunha sombra de dúbida; por iso omitiu, no prólogo, toda referencia a Guerra da Cal».

 

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Natural de Fuente Vaqueros (Granada), la vida y trayectoria intelectual de García Lorca se truncaron bruscamente en agosto de 1936, con el inicio de la guerra civil española. Su poesía, teatro y prosa reflejan el habla, la música y las costumbres de la sociedad rural española donde el surrealismo contrasta con la imagen real de España.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ofrece sus principales obras, entre las que cabe destacar el Romancero GitanoPoeta en Nueva YorkBodas de sangreLa casa de Bernarda AlbaPoema del cante jondo y Mariana Pineda, además de un perfil biográfico y cronológico del autor, su bibliografía, estudios, imágenes y enlaces de interés.

 

[Fuente: blog.cervantesvirtual.com]

Tuiteiros das catro provincias reivindican a figura do autor de « Seis poemas galegos ».

Este martes 18 de agosto cúmprense 84 anos da data na que se estima foi fusilado o poeta Federico García Lorca a mans dos soldados do Bando Nacional. O máximo expoñente da xeración do 27, malia ter nacido en Granada, deixou patente o seu vencello coa lingua e a cultura galega na obra ‘Seis poemas galegos’, publicada orixinalmente pola editorial Nós.

Esta inclinación de Lorca foi posta en valor polos tuiteiros galegos que, con motivo da efeméride do poeta, aproveitaron para reivindicar a súa figura. Entre os usuarios que prestaron homenaxe ó autor de ‘Poeta en Nueva York’ e ‘Bodas de Sangre’ atópase a Academia Galega e diversos autores da literatura contemporánea.

 

[Fonte: http://www.galiciaconfidencial.com]