Archives des articles tagués Ideología

Escrito por José Ernesto Nováez Guerrero 

Los cubanos vivimos la jornada del 11 de julio con asombro, tensión e incertidumbre. Lo que inició con una protesta en el municipio de San Antonio de los Baños, en la provincia de Artemisa, se extendió rápidamente por el país, llevando a que muchos saliéramos a las calles para defender proyectos de país muchas veces contrapuestos.

Entender los sucesos en toda su complejidad resulta fundamental para el futuro de la isla. Lo ocurrido evidencia fracturas y retos que es necesario, como pueblo, asumir y resolver para evitar escenarios de una mayor escalada de tensiones.

En primer lugar está la crisis económica y sanitaria generada por la pandemia del Covid-19 a escala mundial y que ha golpeado duramente a todas las economías, en especial a las más pobres. En Cuba, con una economía constantemente tensionada por el bloqueo de Estados Unidos y un subdesarrollo estructural que no ha sido posible superar, ese impacto se ha visto reforzado.

Como consecuencia, se ha creado un escenario de desabastecimiento, ajustes, distribución racionada de los bienes de consumo básicos, escasez de fármacos e irregularidad en los servicios, lo cual contribuye a complejizar de sobremanera el día a día del cubano común. Por si fuera poco, en semanas recientes ha habido una nueva ola de contagios sin precedentes en el país que ha congestionando los servicios sanitarios en casi toda la isla y llevando a nuevas medidas restrictivas en un intento de las autoridades por frenar el aluvión de nuevos casos.

Para entender el estallido del domingo 11, es preciso tener en cuenta la estrategia sostenida de subversión del orden interno en Cuba por parte del gobierno de Estados Unidos. Esta estrategia, que se remonta a los inicios de la Revolución, ha transitado por diversas fases, que incluyen el apoyo a la contrarrevolución armada interna en los primeros años de la década de los 60, los atentados y sabotajes contra infraestructuras de servicios o productivas, la introducción de virus y enfermedades, como la fiebre porcina y el dengue hemorrágico.

Con los años se ha ido acrecentando y perfeccionando el mecanismo de sanciones orientadas a ahogar cualquier vía de liquidez para la economía cubana. Estas medidas, cuyo carácter extraterritorial Cuba y la Asamblea General de Naciones Unidas han condenado en numerosas ocasiones, contribuyen a dificultar significativamente la dinámica interna del país, sirviendo como aliciente para crear insatisfacción social.

La irrupción de las redes sociales en la cotidianeidad de los cubanos aporta otro elemento a esta estrategia de subversión. Dichas redes son empresas privadas capitalistas con claros compromisos ideológicos con la élite mundial, son actores políticos de subversión probados en numerosos escenarios internacionales. Baste recordar su papel en las revoluciones de colores o en la llamada primavera árabe. En nuestro continente podemos destacar su función en el golpe de Estado en Bolivia en 2019.

El analista español Julián Macías Tovar demostró cómo se construyó y magnificó mediante bots la etiqueta SOSCuba, involucrando a famosos y logrando generar estados de opinión que promovieran la inestabilidad en el país. También se han usado intensivamente fake news y fotos y videos orientados a crear la matriz de que existe una gran inestabilidad interna y que la policía ha sido represiva. En esta campaña de asalto simbólico lo menos importante es la verdad, sino el rédito a corto plazo en materia de lograr acciones y reacciones en lo nacional e internacional.

En este sentido, se pretenden manipular los hechos recientes para colocar en la agenda política estadunidense el tema de una invasión militar “humanitaria”, apelando a un supuesto colapso interno.

Para los cubanos en la isla lo ocurrido el 11 de julio plantea retos y contradicciones que debemos resolver como sociedad para garantizar un desarrollo armónico. El más importante es cómo lograr mayor grado de democracia y participación popular sin fracturar la unidad nacional, que tan importante ha sido para enfrentar la agresión constante de EU. Y como extensión de este está el de cómo construir sólidos vínculos entre la nación y la emigración, de forma tal que esta última no acabe actuando como instigadora de la agresión y persecución en contra de su país natal.

Es preciso lograr una penetración social más profunda de las estructuras de participación y asistencia social creadas por la Revolución. Entre los manifestantes del 11 de julio contra la Revolución muchos sostenían posturas anexionistas, contra las que combatió José Martí, quien comprendió con total lucidez que tras esta postura política se ocultaban intereses expansionistas.

El combate contra el anexionismo, que tiene en la industria cultural miamense y los símbolos que esta fabrica sus emblemas vitales en la hora presente, es una de las tareas mayores. Pero este combate es también contra las formas ideológicas de dominación del gran capital.

Estas horas de dificultad no pueden hacernos olvidar las perspectivas que se abren para el país, sobre todo con la vacuna Abdala. Antes de finalizar agosto el gobierno estima tener inoculada a más de 60 por ciento de la gente, lo que augura un escenario de progresiva normalización de la vida en el país y de retorno del turismo, vital para la economía.

Además, alegra comprobar que Cuba nunca ha estado ni estará sola. Muchos países e infinidad de amigos de todo el mundo han alzado sus voces enérgicas en defensa de la isla rebelde.

Los que salimos a las calles el 11 de julio al grito de patria o muerte no llamábamos a dañar a nadie, expresábamos la convicción de defender con nuestra vida aquello en lo que creemos. A pesar de la imagen que desde los medios cartelizados y las redes sociales se ha intentado construir, los revolucionarios cubanos no somos violentos. En Cuba se ha dialoga incansablemente, pero la línea roja siempre será la defensa de la soberanía como obra colectiva de justicia social.

Un país que se construye permanentemente en el ejercicio constante de todos los cubanos, que se crece ante las dificultades, que avanza entre el escarnio y la mentira. Un pequeño archipiélago que tuvo el atrevimiento de construir un proceso social de los humildes, por los humildes y para los humildes. Por eso, por todas estas razones y por muchas más, Cuba por siempre defendida.

* Coordinador del capítulo cubano de la Red en Defensa de la Humanidad

 

[Fuente: http://www.jornada.com.mx]

 

Terry Eagleton firma un estudio desigual sobre la naturaleza del humor, que describe como mecanismo de alivio, gesto de superioridad y aceptación de la incongruencia vital

Terry Eagleton, eminencia de los estudios literarios, en 2018.

Terry Eagleton, eminencia de los estudios literarios, en 2018.

Escrito por Ramón del Castillo

Este libro de Terry Eagleton se esperaba. Otros colegas suyos habían escrito cosas parecidas: Simon Critchley, Sobre el humor; Slavoj Žižek, Mis chistes, mi filosofía, y Alenka Zupančič, Sobre la comedia, así que el suyo tenía que caer antes o después. En obras previas ya dio vueltas a la diferencia entre la comedia y la tragedia o a la relación entre absurdo e historia, y, sí, contó más de un chiste. Para ser un libro de un marxista, menciona a Marx una sola vez y, curiosamente, no para recordar aquello de que la historia ocurre dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa. En el segundo capítulo, Hegel, Marx y Brecht saltan a escena, pero en el conjunto del libro el espíritu marxista opera con discreción. El absurdo de Beckett, que tanto le ha interesado, tiene menos cabida de la esperada, mientras que la teoría del carnaval de Bajtín tiene más de la deseada. Las tesis de Henri Bergson están excelentemente explicadas, pero un poco simplificadas. La teoría del humor de Freud aparece inevitablemente y acierta al darle una interpretación holgada, no solo sexual, a la idea de represión.

Aclaremos que Humor no es un libro sobre el humor, sino sobre ciertas teorías del humor. El lector no encontrará ideas sobre la actual stand-up comedy, la censura y la corrección política, el humor cínico en el capitalismo delirante o la gilipollez en la era Trump. Pedirle a Eagleton un análisis de los vídeos de gatitos que nos hacen troncharnos de risa sería como pedir a un influencer un comentario sobre las ironías de Laurence Sterne. Alude de pasada a una docena de comediantes (entre ellos, Stewart Lee y Frankie Howerd), pero no analiza sus diferentes estilos y lógicas. Las referencias básicas de este viejo izquierdista tan socarrón siguen siendo la prosa, la poesía, el teatro, la filosofía y la crítica literaria. A diferencia de Žižek, nunca ha hablado de cine, pero ¿es posible comprender el humor de los últimos cien años sin tener en cuenta ese arte de masas? Sí que alude a varios comediantes y sugiere que hacen reír no solo porque sus chistes sean buenos, sino porque han encarnado “un estilo de vida, una forma de ver el mundo o una personalidad excéntrica”. Es así, pero entonces, ¿por qué no profundizar más en ese talante? ¿Qué piensa el autor de la tasa de suicidio entre humoristas y comediantes?

Piénsese en esos humoristas geniales y delirantes cuya explicación de un chiste puede ser un chiste mejor que el explicado

Pero Eagleton es brillante, claro, y el libro arranca muy bien. “El humor y el análisis del humor pueden coexistir perfectamente. Entender cómo funciona un chiste no tiene por qué arruinarlo, del mismo modo que entender cómo funciona un poema no lo estropea”, escribe. Totalmente cierto y, si no, piénsese en esos humoristas geniales y delirantes cuya explicación de un chiste puede ser un chiste mejor que el explicado. La buena noticia es que Eagleton conoce muy bien un montón de teorías del humor y la mala es que les da vueltas a todas. Se desentiende de las teorías científicas, “llenas de gráficos, tablas, diagramas, estadísticas e informes sobre experimentos”, y se centra en las que, dice, pueden estar plagadas de discrepancias, pero resultar muy productivas, “igual que una foto borrosa de alguien puede ser más útil que no tener ninguna”. Por momentos, uno hasta diría que a Eagleton no le importa resultar cómico al estilo de Tristram Shandy: “A causa (…) de la necesidad de no dejar absolutamente nada sin contar (…) en su preocupación —paródicamente amable y sentimental— por no engañar a sus lectores organizando su relato y editándolo, Tristram consigue, con un sadismo apenas disimulado, sumirlos en la más profunda confusión”. Eagleton no vuelve loco al lector, pero le acaba mareando. Como ha dicho un crítico, a veces parece atrapado por la lógica de rueda de hámster del humor: argumenta en un sentido de la rueda, pero inmediatamente gira hacia el opuesto. Quizás esa es la gracia de la dialéctica. Como Eagleton mismo también recuerda, Brecht dijo que nadie sin sentido del humor podría comprenderla.

Quien no haya leído muchos libros sobre humor debe leer este, porque gracias a él leerá muchos otros

Quien no haya leído muchos libros sobre humor debe leer este, porque gracias a él leerá muchos otros. Quien haya leído muchos debe leer este libro porque quizás volverá a leerlos de otra forma. El libro conecta bien distintas expresiones del fenómeno (risa, chiste, sarcasmo, ironía, comedia) y es más interesante en los primeros capítulos, donde analiza tres conocidas teorías del humor: como mecanismo de alivio o descarga, como gesto de superioridad y como aceptación de la incongruencia. Es sumamente hábil desmontando la segunda teoría y acaba proponiendo una combinación de la teoría de la descarga y de la incongruencia. En ese punto del libro deja claro que le gusta especialmente la perspectiva de William Hazlitt (por cierto, el segundo capítulo, ‘Scoffers and mockers’, se traduce como ‘Zumbones y burlones’, pero no hacía falta recurrir a un término tan poco utilizado y habría valido ‘Mofas y burlas’). En el cuarto (‘Humor e historia’), Eagleton se remonta, como en La función de la crítica y en La estética como ideología, hasta la Ilustración, y narra la historia del buen humor y el ingenio como ingrediente de la ideología burguesa de la cortesía y la sociabilidad. Desfilan por su crónica Hobbes, Swift y Shaftesbury, entre otros, y se nota que le gusta Hutcheson. En el quinto, en cambio, inserta un comentario demasiado largo sobre Comedians, de Trevor Griffiths, y no lo conecta bien con la parte final dedicada a Bajtín y el carnaval, un concepto que resulta algo anticuado para entender las variedades contemporáneas de sátira y parodia. La alusión final al carácter carnavalesco del cristianismo se queda corta y habría requerido más desarrollo, solo que ello le hubiera metido en una discusión de teología con Žižek que quizás no le apetecía. La discusión sobre el cuerpo, lo plebeyo y lo grotesco también merecía una actualización, pero Eagleton despide su libro dejando el asunto abierto, escondiéndose entre un seto del jardín en el que se ha metido, igual que Homer Simpson en un meme muy popular.

portada 'Humor' , TERRY EAGLETON, EDITORIAL TAURUS, PENGUIN RANDOM HOUSE.

Humor

Autor: Terry Eagleton. Traducción de Mariano Peyrou

Editorial: Taurus, 2021

Formato: 216 páginas, 17,90 euros

 

[Foto: Paul Musso – fuente: http://www.elpais.com]

La inteligencia artificial se ha hecho vegana: los sabores se combinan según lo que dicta un algoritmo. ¿Comer carne pero no animales es el futuro inmediato?

 

Escrito por Soledad Barruti

-No te preocupes por mi comida, mamá, ya pedí Rappi.

El asunto empezó a los pocos días de declararse el confinamiento preventivo y obligatorio por Covid 19 mientras mi hijo empezaba a transitar su último año de escuela secundaria. Primero fue una propuesta tímida y espaciada. No sabría decir cuándo se instaló como norma, pero en algún momento de la cuarentena cada dos o tres días tocaba el timbre de casa algún chico en bicicleta cargando el mochilón térmico de donde salía una bolsita de papel madera manchada de aceite.

En estos meses eternos de insomnio y clases por zoom, la comida de llegada rápida fue para Benjamín lo que para muchos: respiro, espacio de fuga, estímulo de dopamina para elevar los centros neurálgicos del placer que la pandemia aplastó. Mi hijo pidió en un año más de cien hamburguesas, y llegó así al promedio colectivo nacional (que aún sigue en franco crecimiento).

Dos medallones de carne de 150 gramos cheddar liquid, cuatro fetas de panceta, cebolla crispy, papas fritas, bol de barbacoa.

Dos medallones de carne de 250 gramos, dos fetas de panceta, dos fetas de cheddar, cebolla morada, pepinos agridulces, ketchup y mostaza, papas fritas.

Medallón 350 gramos, queso cheddar, fideos moñito, panceta crispy y papas.

Cuatro medallones, queso cheddar, pepinos, lechuga morada, pan brioche untado en manteca.

« Hamburguesas caseras », las define él, convencido como tantos de que hay un salto cuántico entre la comida de los locales McDonalds y la de bares donde la carne es amasada por un humano del otro lado del mostrador, los panes tienen gusto a pan y las lechugas no parecieran de plástico.

« Hamburguesas Gourmet », « de autor », « fast good » las celebran afamados cocineros que saben que la propuesta de carne molida, redonda pastilla, decorada con cosas y sellada entre dos panes, nunca fue una moda (y menos pasajera). Declaradas cancerígenas como el plutonio y el cigarrillo por la OMS en 2015, las hamburguesas son desde los años 50 punta de lanza de un sistema económico arrollador, puro símbolo y síntoma. Un modo de ser y de vincularse, un modo de desear y de pensar, una ideología que consumen y encarnan incluso quienes detestan las ideologías: un poderoso acto político y agrícola.

Las hamburguesas somos nosotros: comedores voraces de esa combinación perfecta de grasas (carne, quesos, panceta, papas, aderezos) con sal (que exprime las papilas gustativas exaltando los sabores) y azúcar (que se cuela de la carne dorada, de los caramelizados, del kétchup, de los panes). Una combinación que nos hace adictos y nos destruye. Somos comensales que engullen y digieren combos sin identidad que comandan la misma orden que reciben: inmediatez, homogeneización, ningún cuestionamiento, ni siquiera hoy que estamos a un tris del colapso colectivo.

lluvia-hamburguesa-port01

Una vaca pesa unos 500 kilos. Quitando su cuero, mucha de su grasa, sus órganos y huesos le quedan unos 150 kilos de carne para picar. Son entre cuatro mil y 600 hamburguesas, dependiendo si el productor es McDonalds o uno de esos nuevos generosos hamburgueseros que sirven medallones de 250 gramos. Se necesitan muchas vacasunas mil millones se engordan por año- para un antojo global carnista comandado por Estados Unidos, donde se comen 50 mil millones de hamburguesas al año. Un gusto mundial que, si dejamos, se espera crezca un 75 por ciento hasta 2050.

Pasando por alto la vida y muerte violenta de esos rumiantes, los daños colaterales de este gusto puntual incluyen selvas destruidas, bosques talados y humedales prendidos fuego para que crezca aquello que comerán las vacas: pastos o granos regados con venenos. Muchos gases de efecto invernadero: tantos que si las vacas conformaran un país serían el tercer emisor del mundo. Toneladas de agua potable: 15 mil litros por kilo de carne. Suelos desiertos. Plagas como esta que nos tiene encerrados, zoonosis que salen como maldición apocalíptica cuando la naturaleza queda rota y otros males provocados por el uso demencial de antibióticos que hace esa industria. Migraciones forzadas de comunidades enteras que no pueden vivir sin selva ni bosques ni agua ni suelos y se van ya enfermos a la periferia marginal que les depara la vida urbana. Un reguero de muerte con tantas plantas y animales en su haber que tiene un nombre que suena a estreno de Hollywood: La Sexta Extinción.

Un drama tan grave y cercano que pone en duda la posibilidad de salud y adultez de mi propio hijo. Pero él, adolescente, no está pensándolo de ese modo y menos en pandemia. Tampoco lo piensan muchos que han dejado de comer carne. Ni hacia ahí se orientan las fuerzas de la ciencia o de quienes tienen el poder que podría cambiarlo todo.

¿Un mundo sin hamburguesas? De eso nada.

De Bill Gates a Jeff Bezos, de Silicon Valley a Harvard, de la ONU a la organización animalista PETA, todos parecen estar trabajando por la misma misión: el futuro será con ellas o no será.

***

Entonces acá estoy, un martes a las 9 am dentro del corazón de un laboratorio. Voy vestida con tres trajes blancos de distintos grosores, superpuestos y cerrados para cubrir mi cuerpo completo hasta formar una capa hermética. Uso un barbijo n95 que me aprieta la cara como un bozal, anteojos de plástico que se empañan con el barbijo aunque la respiración es tan dificultosa que la visión es lo de menos. También un par de guantes de latex largos, una cofia que me sujeta el pelo y una escafandra de tela que cierra por encima. Mi imagen es una postal que parece tomada los primeros días de Covid en Wuhan.

Ponerme todo esto significó pasar por tres salas selladas al vacío con diferencia de presión para evitar la circulación de aire. Una fuerza que vuelve a las puertas pesadas y un poco también al cuerpo. Además, aprender movimientos precisos para pasar de una sala a la otra, colocarme cada mameluco en banquitos de transición y no tocar más que lo imprescindible. Dar un paso en falso, dejar un pelo suelto, un fragmento de piel sin tapar o una partícula que salga de mi cuerpo, podría ser fatal. No para mí ni para los dos científicos que me guían -la bióloga Laura Correa y el bioquímico Diego Dominici- sino para la carne en formación que ahora tengo enfrente: pequeños aros blanquecinos y gelatinosos flotando en un líquido violeta encerrados en una caja Petri (un recipiente de cristal que se usa en los laboratorios para preservar la esterilidad).

Lo que veo, me dicen, es el futuro próximo. Carne (casi) sin cuerpos ni talas ni matanza. Células que forman tejidos que pueden ser amasados entre sí y adicionados con cosas hasta volverse parecidos a la carne molida.

« Come carne no animales », decía un folleto en la mesa de entrada de este lugar llamado Craveri, un laboratorio al que llegué para intentar comprender de qué se trata esta propuesta más ¿provocativa? ¿ambiciosa? ¿delirante? de la ciencia para una humanidad que camina hacia el abismo pero no desea cambiar el menú.

lluvia-hamburguesa-02

El laboratorio está en una calle tranquila del barrio de Caballito en la ciudad de Buenos Aires, y desde hace 25 años se dedica a la ingeniería de tejidos: cultivos in vitro para tratar enfermedades humanas. Si necesitas un trasplante de epitelio corneal, cartílago o piel, aquí es donde pueden tomar una muestra y fabricar el pedacito que falta. Y en poco tiempo, si todo va bien, puede que sea acá también a donde vengan a abastecerse de carne los locales de hamburguesas.

Laura Correa es bióloga y dirige el área de bioingeniería del laboratorio que ahora, centrado en este proyecto, tiene por nombre BIFE. Una mujer de 43 años vegetariana desde los 15, locuaz y simpática. Diego Dominici, su compañero de equipo, es dos años menor, tampoco come carne porque no come nada que no se animaría a obtener por sus propios medios y está convencido de que para salir del atolladero apocalíptico hay que activar la imaginación, aventurarse. Laura, Diego y un pequeño equipo que no llega a ocho personas comparten desde hace cinco años el mismo trip: este universo intenso de la carne cultivada; y esta sala de aire inmaculado sin ventanas ni olor, con luces blancas, una pequeña mesada, microscopios, dos heladeras y dos máquinas para reproducir las condiciones que necesitan las células para formar un músculo. O sea, un lugar ocupado por máquinas que reemplazan a un cuerpo: el de un novillo vivo del cual extrajeron las muestras.

-Las biopsias se hacen en un campo ganadero en Tandil (provincia de Buenos Aires) -dice Diego acercándome un tubo de ensayo con un cubo de carne oscura adentro-.

-¿Cómo se extraen?

-Utilizamos un novillito para el que todo esto es muy poco traumático. Se lo seda para poder tumbarlo y en una escisión muy chiquita los veterinarios sacan la muestra, lo suturan, y él sigue con su vida normal.

-¿Lo puedo ver?

-Claro -dice y abre un cuaderno de notas escritas a mano, una especie de diario del proyecto, y tres fotos del novillo en cuestión-.

Es un animal negro, « macho castrado raza cruza Aberdeen Angus de un año ». Se lo ve parado y sostenido con una soga, después tumbado y medio tieso, con cuatro campos quirúrgicos marcados sobre el lomo. De ahí se tomarán las muestras: pedazos de animal « del tamaño de un caramelo Halls », dice Diego.

-Esta muestra que sacaron acá es un poco más grande. Con la mitad de esto podríamos arreglarnos, dice volviendo al tubo y pienso en los veterinarios aprendiendo a elegir a un animal sano que no va a ir al matadero para cortarle cachitos que terminarán reproduciendo carne.

En cada biopsia, Diego busca extraer las células, ubicarlas en una estructura determinada, nutrirlas y guiarlas para que sigan haciendo lo que creen que están haciendo: reparar una lesión en el cuerpo del que eran parte. Así las células trabajan en las placas Petri como si estuvieran cerrando una herida: se multiplican, se agrupan, se dividen, dibujan líneas, arman fibras y de repente, voilá: carne.

Suena sencillo, no lo es.

Las células son frágiles y demandantes. Se reproducen rápido pero no tan rápido como una bacteria, por eso toda la instalación estéril de este laboratorio que, entre otras cosas, cuesta millones. Una vez aisladas, son alojadas en un biorreactor; una caja de metal que ofrece las condiciones de vida necesarias. « Acá siempre hay 37 grados, un porcentaje de dióxido de carbono de 5 por ciento y humedad saturada », dice Diego, y abre la puerta del sofisticado aparato de metal donde viven miles de células distribuidas en seis cajas Petri con forma de botella aplastada.

Las células no son visibles sin microscopio pero ahí están, sumergidas en el líquido rojo que las contiene y transporta. El alimento que les proporciona lo que un cuerpo animal necesita es sangre: Suero fetal bovino extraído en los frigoríficos cada vez que -se supone sin querer ni saber porqué se supone que está prohibido- en el establecimiento matan a una vaca preñada. Entonces extraen al feto « accidental » que deben chequear esté muerto y con una punción cardíaca extraen de ese cuerpo la sangre que puedan. Esa sangre es filtrada e industrializada con glucosa, proteínas, vitaminas, oligoelementos, hormonas y factores de crecimiento. El producto -suero fetal- se vende a más de cien dólares por litro para una cantidad enorme de propósitos: vacunas, reactivos, cosmética y ahora, también -círculo perfecto- la industria de la carne.

Aunque hay búsquedas para evitar el suero fetal bovino (« nuestra intención es comenzar a testear formulaciones que lo reemplacen », dice Laura) y otras para saltearse las biopsias a novillos castrados, las ofertas con las que la carne de cultivo seduce hoy no son tanto los ingredientes originales sino el tiempo y el espacio. Quitar a la carne de la naturaleza y pasarla a un laboratorio para su crecimiento artificial, aseguran quienes la promueven, dejaría a millones de animales en paz y permitiría devolverle el lugar a los bosques, contener el calentamiento global.

La clave está en la gracia natural de la biología: su persistencia. Las células sanas tienen la capacidad de dividirse exponencialmente hasta que envejecen y entonces dejan de reproducirse. La tarea de los científicos consiste en acompañarlas durante ese camino, guiarlas, nutrirlas y separarlas para que el proceso vuelva a empezar. Si la tecnología los acompaña, eso podría dar mucha carne.

-Seis mil hamburguesas a partir de una sola muestra -dice Diego abriendo sus grandes ojos negros como un chico ilusionado-.

-¿Tantas?

-Claro. Nosotros al conocimiento científico lo tenemos -se suma Laura con tal seguridad que convence-. Lo que nos falta es desarrollo tecnológico para llevarlo a cabo.

Más biorreactores. O sea más espacio y energía. Tanta energía que algunos estudios comparativos objetan que la carne de cultivo pueda significar menos emisión de gases de efecto invernadero. Y, finalmente, más dinero, lo que deviene en otro vicio de época: el patentamiento de técnicas y servicios y la privatización, en este caso de la carne, por un par de compañías en el mundo (tal vez incluso una sola). Una versión superior a la agricultura sin agricultores que piensa actualmente el agronegocio transgénico: un sistema alimentario cyborg.

lluvia-hamburguesa-03

Pero lo cierto es que si bien ese otro mundo es posible, para que la carne cultivada descolle aún falta: las máquinas que tengo enfrente, solitas no pueden hacer más que un par de medallones. Ni estas ni las máquinas activas que existen hoy en todo el planeta. « Si se toma toda la capacidad biofarmacéutica del mundo trabajando al máximo, alcanzaría para alimentar solo a la Capital Federal de Argentina », dice Diego sin perder el brillo onírico, a pesar de que está diciendo tres millones de personas en un mundo que va a los nueve mil millones mañana.

***

La primera hamburguesa de carne cultivada fue anunciada en 2013 por el profesor de fisiología vascular Mark Post, de la universidad Maastricht, Holanda. Costó 300 mil dólares, fue cocinada por el chef Richard McGeown y probada por el investigador Josh Schonwald y la crítica Hanni Rützler. « Le falta jugo y grasa, pero la consistencia es perfecta. Sabe a carne », dijo Rützler. El evento fue celebrado por activistas reconocidos en el mundo del veganismo como Paul Shapiro, fundador de la organización Compasión antes que Matanza (Compassion over Killing), luego escribiría un libro en el cual presenta a la carne cultivada como la tan ansiada liberación animal. Clean Meat fue publicado en 2019 y prologado por otro vegano célebre, el historiador Iuval Harari.

Algunos años antes, en 2008, la organización animalista PETA ofrecía un millón de dólares a algún grupo científico que fuera capaz de desarrollar algo parecido a la carne cultivada. Hoy existen 40 investigaciones formales en curso con inversores como Sergey Brin, uno de los fundadores de Google; Richard Branson, CEO del conglomerado Virgin; y los gigantes de la carne Tyson Foods y Smithfields. Se realizan congresos anuales donde se han presentado ensayos con canguros, ratones y peces, porque todo lo que tenga células se puede cultivar. Hay carne hecha de células extraídas de plumas y de embriones. Hay también planes para desarrollar un cultivo madre que pueda durar por siempre a partir de células cancerosas que, al contrario de las células sanas, tienen la capacidad de inmortalizarse.

-Esas líneas de investigación que nos alejan cada vez más de lo animal son muy interesantes -dice Laura-. No para el mercado, pero sí, por ejemplo, para la exploración espacial donde no podrían ir con un animal vivo para tomar muestras, pero sí con un cultivo inmortalizado.

La escucho y, aunque entiendo las palabras, llego a un punto en el cual no puedo imaginar ese futuro ni tampoco dimensionar este presente rarísimo en el cual ya existe una carne cultivada que se puede comprar: pollo.

En diciembre de 2020 un restaurante en Singapur -el primer país en tomar el desarrollo como seguro y apto para el consumo humano- empezó a ofrecer nuggets salidos íntegramente de un laboratorio.

-¿Por qué siempre son elaborados?

-Porque desarrollar un bife es más complejo -explica Laura-. En las salchichas, los nuggets, las hamburguesas y los saborizantes tienen un efecto primordial. Por eso, como primera estrategia funcionan muy bien.

-¿Las comerían?, pregunto a los dos científicos.

-Yo creo que esa no es la pregunta -responde Diego-. La carne cultivada no se plantea como una alternativa para los que ya no estamos comiendo carne. Lo que busca es disminuirla entre quienes quieren seguirla comiendo. El cambio real es ese.

El investigador es consciente de que todavía existen muchos obstáculos a superar para que eso ocurra, pero también vive satisfecho porque en eso anda. Sus misiones primordiales ahora son encontrar sustitutos para la sangre y las estructuras que guíen a las células, desarrollar más tejidos. « La carne tiene tejido muscular, adiposo, conectivo, nervioso, vascular: todos aportan al sabor, la textura, la consistencia. Si queremos emular la carne tenemos que poder cultivar esos elementos, y lograr una buena receta que tiente comensales. »

-Este año todo se demoró por la pandemia, pero ya hice unas pruebas -dice Diego-. Fui a la cocina, le pedí al cocinero un poco de aceite y especias para ver cómo se comportaba: si se achicaba, si cambiaba el color, la consistencia…

-¿Y?

-No lo pude comer porque no te podés comer tu experimento, pero olía a rotisería.

lluvia-hamburguesa-04

 

***

– ¿Comerías hamburguesas de carne cultivada?-, le pregunto a mi hijo.

– Si son ricas, why not.

– Por ahí te parece raro comer algo que crece en un laboratorio.

– No tengo ni idea dónde crece el queso cheddar.

Tiene razón. Hace rato que nadie sabe de dónde viene nada, hace rato que tampoco importa.

La industria explica sus creaciones con publicidad, el Estado autoriza y un tendal de expertos lo avala con intención o por omisión. Además, un buen combo de hamburguesas funciona para inhibir cualquier impulso de indagar: solo con pensar ese alimento se activan intensamente en el cerebro las zonas de recompensa que llevan del deseo al me gusta y del me gusta al quiero más. Una cascada de reacciones químicas tan reconfortantes como para volvernos dependientes. Al resto lo hace esta modernidad con sus animales que no valen nada, sus bosques fundidos, sus Rappi a granel: suprimiendo los obstáculos que van del quiero al puedo y formando a millones de paladares con grasa, azúcar y artificio, acostumbrándonos a placeres instantáneos a los que luego no resulta fácil renunciar.

En ese contexto surgen las propuestas que consisten en invertir cerebros y fortunas para desarrollar tecnologías que sirvan para cambiar el origen sin perder el objeto de deseo.

Mientras la idea de carne sin animales aún tiene que esperar y resolver algunos dilemas éticos, económicos y técnicos, la inteligencia artificial ya se ha hecho vegana. Lo demuestra cocinando medallones con ingredientes surgidos de plantas para Burger King y otros locales donde también compra mi hijo.

Según la consultora Nielsen, solo en Estados Unidos ese tipo de productos aumentó un 42 por ciento entre 2016 y 2019, mientras que las carnes apenas un 1 por ciento. En América Latina la moda comenzó tímida con leches de semillas, pero en los últimos dos años un promedio del 10 por ciento de la población de nuestros países se veganizó. Tanto se aceleró el proceso que en 2021 una compañía de alimentos chilena plant based cotizará en Wall Street: NotCo.

– Me gustaría que conocieras la experiencia porque una cosa es hablar y otra probarlas -me sugirió del otro lado del zoom Mauricio Alonso, el referente argentino de la transnacional chilena-. Un hombre de 39 años y hablar pausado que hace un mes fue padre por segunda vez y hace tres años dejaba su puesto de ejecutivo en Danone para aventurarse en esta empresa que lo ha hecho pensar como nunca en plantas, hasta hacerse un 95 por ciento vegetariano.

– ¿Decís que pida un menú por Rappi?, le pregunto y me enlista los restaurantes de Buenos Aires que venden sus hamburguesas.

Entonces decido hacer algo que no hago nunca: pedir sin preguntar ni investigar demasiado, sin leer la lista de ingredientes de lo que voy a comer.

-Vos sabés que a mí lo vegano no me gusta -me anticipó Benjamín, que ya está un poco acostumbrado a ser parte de mis experimentos y sus fracasos. Consensuamos: la suya será convencional y la mía la de carne vegetal, queso de almendras y mayonesa vegana con papas-.

Un chico agitado en bicicleta saca de su mochilón la bolsa de papel que trae las dos cajas adentro. Cerradas en papel aluminio y con las papas fritas incluidas, una hamburguesa es carne y la otra vegana, pero se ven iguales: rellenas, gigantes, deliciosas.

En esta parte debo contar que adoro comer carne. Me gustan todos los cortes y sobre todo las costillas bien jugosas. Las hamburguesas no son mi plato favorito pero me declaro no inmune a su poder de seducción: si las tengo enfrente se me hace agua la boca. Si desde hace un tiempo las evito igual que a los asados es porque tengo demasiada información. Vi los campos, estuve en los corrales, sentí el dolor de esos animales, olí el miedo y la mierda. Me gusta la carne pero ya no puedo comerla. ¿La propuesta de NotCo? Que la tecnología me dé lo que la naturaleza ya no puede.

Mi hamburguesa huele a carne tanto como la de Benjamín, aunque el aspecto de la mía es distinto: más entera, más naranja, más sólida. Le pido que pruebe primero la vegana. Le da un mordisco gigante, enseguida otro más y finalmente su veredicto: « Mirá, prefiero la de carne, pero si me invitás a comer a un restaurante vegano y me das esto, le entro feliz ».

Pruebo yo. Es tierna y consistente como la carne; tiene el efecto parrilla y la grasa y el jugo de una hamburguesa complejizada por los aderezos, el pan, el queso que sobresale, esa combinación imbatible agridulce con grasa.

lluvia-hamburguesa-05

***

Agua, proteína texturizada de arveja, aceite de coco, aceite de girasol alto oleico, fibra de bambú, proteína aislada de arveja, sal, proteína aislada de arroz, cacao alcalino en polvo, proteína aislada de chía, espinaca en polvo, aromatizantes, metilcelulosa, colorante rojo remolacha; aceite de girasol, agua, almidón, vinagre, azúcar, sal, harina de garbanzo, jugo de limón concentrado, mostaza, ajo en polvo, pimienta blanca, aromatizantes naturales, goma xantana, ácido cítrico y etileno diamina tetra acetato. Veintinueve ingredientes sin contar los del pan, el queso de almendras y las papas fritas que acompañan, ingredientes que desconozco porque lamentablemente los locales de comida no incluyen lista de ingredientes.

Mi hamburguesa ultraprocesada sin carne y mayonesa ultraprocesada sin huevos son un tetris de sustancias derivadas de plantas, de la matriz principal a cada uno de sus aditivos. (Salvo el muy polémico antioxidante etileno diamina tetra acetato que agregan a la mayonesa y se obtiene por síntesis del formaldehído, etilendiamina y el cianuro de sodio; una sustancia que debería incluir lista de contraindicaciones al menos para niños o embarazadas). Productos que jamás podría replicar en mi cocina ni sé bien qué efecto tienen en mi organismo porque ningún alimento puede compararse con alguna de sus partes aisladas. Quien las diseñó fue Giuseppe: un algoritmo que debe su nombre a Giuseppe Arcimboldo, el pintor milanés que creaba rostros ensamblando plantas y frutas.

Giuseppe el algoritmo tiene un archivo de cientos de plantas que analiza no según sus cualidades culinarias sino molecularmente, buscando aquellas sustancias que puedan emular las texturas, aromas, colores y sabores de la carne (o de la mayonesa, o de la leche, o del pescado). Decodifica arvejas, repollo, chía, pero lo que obtiene no son necesariamente alimentos sino más bien estímulos que combinados entre sí pueden actuar sobre nuestra percepción con la eficacia de convencernos de que comemos algo que en realidad no es.

« La comida son adn, arn, carbohidratos, proteínas, grasas. Entre especies hay más similitudes que diferencias, pero lo que da la diferencia y hace a la identidad del alimento es el desafío a romper: se busca que el cerebro ante la sustitución no note las diferencias », dice uno de sus creadores, Pablo Zamora, en un capítulo de la serie digital La Era IA, producido por Google y conducida por Robert Downey Jr.

La primera empresa en mostrar esto fue Impossible Foods, que se metió a explorar carne hasta que descubrió heme, la molécula que le da sabor. Una molécula que curiosamente no es exclusiva de la carne sino que se encuentra en todas las criaturas del planeta. Con ese descubrimiento lanzó en 2011 la primera de estas creaciones, Impossible Burguer. Un medallón ultraprocesado que sangra soja, leghemoglobina de soja transgénica y otros 20 ingredientes amasados en un laboratorio.

NotCo llegó unos años más tarde de la mano de tres muchachos chilenos de veintipico de años que estudiaban en algunas de las universidades más famosas de Estados Unidos (Berkeley, Stanford y Harvard). Pablo Zamora, Matías Muchnik y Karim Pichara; un genetista, un experto en finanzas y un ingeniero. « ¿Cómo puede ser que entre tantos avances que hay en exploración espacial nuestra comida siga siendo igual? », se preguntaban mientras soñaban con su startup -emprendimiento prometedor y tecnológico- al cual no tardó en llegarle la inversión: 30 millones de dólares de Jeff Bezos, el fundador del gigante mundial Amazon.

« Yo jamás me había planteado estas cosas pero tienen todo el sentido: alimentar una vaca dos años para matarla y comerla es un absurdo y un gastadero », me dice Mauricio, el argentino de NotCo del otro lado del zoom. « El futuro está acá », dice también mientras me explica que la misión de Not Co es crecer, posicionarse y enseñar.

« El 92 por ciento de quienes consumen nuestros productos no son veganos ni vegetarianos », dicen también en NotCo mientras caminan por la puerta grande que abren junto a compañías como Sweet Earth de Nestlé o Pure Farm Land del productor de carnes Smithfields. Porque la industria Plant Based, como les gusta llamarse, no viene a dar una batalla de opuestos con la industria carnica sino a sumarse: usar sus inversiones, plantas procesadoras, canales de distribución, góndolas y restaurantes.

« Venimos a cambiar a la industria desde adentro », resume Mauricio.

Una apuesta que aún no fue probada. De hecho, cuanto más grandes se vuelven estas marcas más propensas se muestran a hacer lo contrario: cambiar sus principios para encajar en ese mercado de gigantes. Impossible Burguer comenzó utilizando fuentes de producción orgánica y unos años más tarde se volvía promotor de los organismos genéticamente modificados porque dicen: « Necesitamos reemplazar 10, 12 libras de productos animales para lograr nuestra misión. 10 libras no salvarán al mundo. Ser una empresa alimentaria de éxito no es suficiente. Incluso ser la empresa de alimentos más exitosa de la historia no es suficiente. Necesitamos crecer exponencialmente, duplicando la escala cada año durante los próximos 15 años. Eso significa no solo aumentar la escala de nuestro impacto y nuestro negocio todos los años, sino escalar cada vez más rápido cada año. Lo que se siente grande ahora, en 5 años o incluso en 10 años, se verá diminuto » .

Producir mucho de una sola cosa  -vacas, soja, o arvejas- y ultraprocesarlas lleva inevitablemente a forzar a la naturaleza que son animales, son plantas, somos nosotros. Todos los problemas que nos acorralan surgen de ese paradigma de simplificar, homogeneizar e industrializar el campo y la alimentación: los monocultivos tóxicos, las granjas-fábrica, el cambio climático, el empobrecimiento rural y el hacinamiento urbano. Y finalmente el boom de cosas comestibles hechas siempre de lo mismo y maquilladas para que se vean distinto, los « alimentos » que nos enferman.

lluvia-hamburguesa-06

***

Esta es una historia larguísima aún con final abierto y algunas ideas sueltas, pienso mientras pongo al horno un par de medallones de garbanzo que me regalaron unos amigos. Ellos aprovecharon la crisis pandémica para armar Sazón Comiditas Veganas, un emprendimiento de hamburguesas de legumbres preparadas con ingredientes agroecológicos comprados a productores familiares. Aunque no tiene nada que ver con una experiencia hamburguesa, son deliciosas y seguramente me caerán mejor que la que comí anoche. Además podré compartirla con mi hija de casi tres años que aún no probó ningún comestible ultraprocesado y entonces es una niña que disfruta de la comida con un placer sin dilemas, honesto, simple y concreto. 

¿Qué es comer? ¿Qué función cumple ese acto más allá de la nutrición y del sabor que nos lleva de las narices?  

Comer es conectar y vincularse con un territorio, sus plantas, sus animales, las personas, su historia. Una historia que puede ser de crueldad y extinción masiva con mataderos o experimentos millonarios, o puede ser algo muy distinto: una historia de reconexión y de amor. 

Cuando empezaba la pandemia entrevisté a la científica y líder ambiental Vandana Shiva: Hablamos del mundo por venir, de la necesidad de reparación, de cómo eso puede darse. Hablamos también de estas hamburguesas imposibles.  

Imposible Burger -me dijo Vandana Shiva- es una hamburguesa artificial creada en un laboratorio mediante plantas salidas de monocultivos tóxicos, o sea, tratadas con violencia, que para su producción violentan campesinos, mariposas y abejas, y animales que por supuesto ya no viven en torno a esos cultivos. Esa hamburguesa de soja que parece carne sangrienta es una mentira. Y hay algo que se llama verdad: no se puede pregonar una idea de alimentación no violenta partiendo de esos alimentos, de esa relación mentirosa con la tierra y con el propio cuerpo. Tal vez quien come esas invenciones crea que llegó a algo mejor pero solo porque permanece ciega a todo el horror que decidió no ver. Y así comiendo la hamburguesa, como un adicto a la heroína, será llevado por este sistema hacia otro nivel más oscuro y difícil del que salir, con un costo altísimo para la tierra en su totalidad y para sí mismo”. 

Estamos al borde de la extinción masiva por la imposición de un sabor absoluto  -llamémoslo hamburguesas, o mejor llamémoslo capitalismo- que no puede convivir con otros. Al mundo se lo quedan y comen una y otra vez los mismos: el agronegocio de vacas y soja, el de Bill Gates y Jeff Bezos, el de los laboratorios a donde quienes tienen el conocimiento para cultivar la tierra, guardar semillas, o cocinar con comida de verdad solo pueden entrar como personal de limpieza.  

Pocas cosas resultan más fascinantes que esta misión llamada futuro. Sin embargo hasta ahora ha resultado en costosas apuestas que, en su mejor versión, la evidencia proyecta como paliativos temporales para un planeta que está hecho añicos. Alternativas tan fantasiosas como creer que nuestra civilización puede seguir siendo parte de esta destructiva bacanal carnista y que haya futuro. Comamos sobre todo plantas pero diversas, frescas, cosechadas y elaboradas por personas con las culturas alimentarias como guía. Ese plan, sostenido por millones de agricultores desde hace diez mil años, es descartado por poco sofisticado por un poder enamorado de Silicon Valley. Sin embargo es el que sigue sosteniendo lo mejor de nuestro sistema alimentario: su biodiversidad, sus sabores reales y esa conexión con la naturaleza que necesitamos recuperar antes de que sea demasiado tarde.

Esta investigación es parte del especial Carne publicado en Bocado.lat

 

[Fuente: http://www.revistaanfibia.com]

O conflito entre oligarquias que levou ao autogolpe de Moïse. Por que velha mídia tenta acobertá-lo. O que diz o Judiciário. O papel dos EUA, França e Canadá na crise haitiana. Uma análise em profundidade, para além da cobertura eurocêntrica

Escrito por Lautaro Rivara

Em 7 de fevereiro, o presidente Jovenel Moïse, agora interino, consumou no Haiti um autogolpe após o período de cinco anos de governo estipulado na Constituição do país ter expirado. Assim, Moïse coroa uma longa deriva autoritária que o confrontou e o confronta com a permanente mobilização das classes populares, da oposição política e de todos os poderes e instituições do Estado. Em recente entrevista concedida por Moïse ao jornal espanhol El País, em algumas intervenções públicas de membros de seu governo e na voz de alguns comentaristas sobre a situação do Haiti, circularam uma série de teses que distorcem a situação atual e a crise em curso no país caribenho ao ponto de torná-la incompreensível. Algumas delas são risíveis, outras são criativas mas não rigorosas, e a maioria delas são apenas a reciclagem de velhos preconceitos racistas, eurocêntricos e coloniais. Nas linhas a seguir, tentaremos acertar contas com algumas dessas ideias.

1) A crise política no Haiti é eterna, generalizada e incompreensível

A crise no Haiti não é abstrata, nem metafísica, nem eterna. Ela tem datas, causas e responsabilidades específicas. Em primeiro lugar, a longa história de ocupações, interferências e golpes de Estado com apoio internacional, que fizeram do país uma neocolônia francesa apenas alguns anos após a Revolução de 1804, e depois uma neocolônia norte-americana após a ocupação dos fuzileiros navais ianques entre 1915 e 1934. Em termos gerais, os grandes protagonistas desta política de recolonização e tutela têm sido a tríade composta pelos Estados Unidos, França – que nunca abandonou realmente a ilha – e Canadá – talvez o país que pratica uma política imperialista mais invisível e desleal em nosso continente, sempre por trás de suas corporações mineradoras. Mas nos últimos 50 anos, organizações multilaterais como a Organização dos Estados Americanos (OEA), a ONU e grupos interessados, como o Grupo Central – formado por países autodenominados “amigos do Haiti”, em sua maioria europeus, com interesses mineradores, migratórios, financeiros ou geopolíticos no país, também desempenharam um papel importante na mediação e no desempenho de um papel de liderança. O surgimento do chamado “intervencionismo humanitário” no período pós Guerra Fria, ou ideologias similares como a “responsabilidade de proteger” (R2P na sigla em inglês) ou o “princípio da não indiferença”, foram inseridas no laboratório haitiano, nas inúmeras missões civis, policiais e militares que desembarcaram na costa oeste da ilha, desde a pioneira MICIVIH em 1993, até a tristemente famosa MINUSTAH durante o período 2004-2017. Os louváveis objetivos declarados por essas missões e agências têm sido a paz, a estabilidade, a governança, a justiça, a reconstrução e o desenvolvimento. Entretanto, o Haiti, impedido de seguir uma política fundamentalmente soberana, regrediu em todas essas áreas e indicadores nos últimos 30 anos.

Aqueles que no Norte global que gostam de apontar e medir os deficits democráticos dos países periféricos com a régua de suas robustas democracias liberais – sem importar o fato de que nelas ainda parasitam monarcas ou correspondentes de tempos não republicanos – geralmente param para apontar o número de governos e presidentes que o Haiti teve nos últimos anos como um sintoma inequívoco de instabilidade política. Entretanto, eles tendem a não mencionar que, desde 1957, todos os governos do Haiti – com exceção do primeiro governo do padre progressista Jean-Bertrand Aristide e mais tarde de seu deputado René Préval – chegaram ao Palácio Nacional com a mediação, intervenção, golpe ou ocupação promovidas por sucessivas administrações americanas, sejam elas democratas ou republicanas. A longa lista de figuras executivas preparadas pelos países ocidentais inclui um ditador vitalício, seu filho adolescente, efêmeros tiranos, um general aposentado, um ex-ministro, um pastor evangélico, um contador, um cantor de konpa, um empresário bananeiro, etc.

O Haiti não é um “estado falido”, nem um “estado frágil”, nem uma “entidade caótica ingovernável”, nem sua população tem uma propensão natural e genética para o caos, a instabilidade e o desgoverno. Pelo contrário, um entusiasmo democrático incomum e uma verdadeira enxurrada de votos levaram ao poder o primeiro presidente progressista da região, mesmo antes do início da chamada “primavera latino-americana”. Nesta eleição fundamental de 1990, 75% do eleitorado – em eleições não obrigatórias – deram a Aristide uma vitória retumbante com 67,39% dos votos. Mesmo após o golpe que o tirou do poder – com a participação direta dos Estados Unidos – em uma nova eleição realizada em 2000, o povo haitiano demonstrou novamente seu compromisso democrático com uma participação de cerca de 50%, elegendo novamente Aristide por 91,7% dos votos válidos. Em 2004, Aristide foi novamente derrubado, desta vez pela ação de uma Força Provisória Multinacional composta por tropas dos Estados Unidos, França e Canadá.

2) São esperadas mudanças substanciais na política da administração Biden

Tanto a administração republicana quanto a democrata têm seguido as seguintes estratégias no país, sem distinção: destruir sua economia agrícola e agroindustrial, assim como privatizar poucas empresas nacionais no Haiti; liberalizar o comércio e as finanças; aplicar as prescrições neoliberais, como a eliminação dos subsídios promovida pelo Fundo Monetário Internacional; tornar o país um nó periférico nas cadeias globais de valor, particularmente nos setores têxtil e eletrônico; promover, apoiar e financiar golpes; organizar e assessorar missões internacionais de ocupação; infiltrar mercenários e paramilitares, etc.  Provavelmente e paradoxalmente, talvez nenhum presidente estadunidense tenha causado tantos danos ao país quanto o carismático e progressista Bill Clinton, copresidente da Comissão Interina para a Reconstrução do Haiti (IHRC) que desviou para o setor privado grande parte do dinheiro enviado ao país pela cooperação internacional após o devastador terremoto de 12 de janeiro de 2010. Como afirma Clinton em sua própria autocrítica, foi o principal responsável pela destruição da economia do arroz do país, o que levou à ruína agrícola e induziu o êxodo de centenas de milhares de camponeses que mais tarde se transformaram em balseros [pessoas que emigram ilegalmente em embarcações precárias e improvisadas].

Como em tantos outros aspectos e em relação a tantos outros países, o que podemos ver sob a nova e reluzente administração democrática é uma mudança de métodos, mas não de estratégias, na tentativa de mitigar os custos de algumas alianças que são tão sensíveis quanto indefensáveis. A interrupção da venda de armas à Arábia Saudita para desacelerar sua ofensiva no Iêmen, a caracterização de Honduras de Juan Orlando Hernández como um “narcoestado” pelos próprios funcionários do establishment e alguns limites e condições “democráticas” impostas ao governo de Jovenel Moïse devem ser lidos na mesma linha. No Haiti, em particular, o governo PHTK foi cominado a retomar uma certa ordem constitucional. Para este fim, foi solicitada uma maratona eleitoral, embora por um Conselho Eleitoral Provisório – permanentemente provisório, na realidade – nomeado unilateralmente pelo Executivo; certo desconforto foi manifestado sobre o fechamento do Parlamento em janeiro de 2020; houve apelos para a libertação de alguns juízes do Tribunal de Cassação acusados de sedição; e a criação de uma opaca Agência Nacional de Inteligência, bem como decretos sobre segurança e “antiterrorismo” foram apontados como contrários às liberdades civis e aos direitos humanos. E mesmo sob a Lei Magnistky, dois funcionários do governo e um chefe de quadrilha aliado ao governo foram punidos no início deste ano por seu envolvimento no Massacre de La Saline cometido em 2018. Julie Chung, vice-secretária adjunta da Secretaria de Assuntos do Hemisfério Ocidental do Departamento de Estado dos EUA, elevou o tom das declarações, contestando o apoio sem reservas de outros funcionários estadunidenses a Moïse: “Estou alarmada com as recentes ações autoritárias e antidemocráticas, desde a destituição unilateral e nomeações de juízes do Tribunal de Cassação até ataques contra jornalistas”. Ela acrescentou que seu país “não ficará em silêncio quando as instituições democráticas e a sociedade civil forem atacadas” e que condenam “todas as tentativas de minar a democracia através da violência, da supressão das liberdades civis e da intimidação”.

Por enquanto, o esboço destas coordenadas é uma chamada explícita para “cuidar dos formatos”, o que estabelece uma série de condições para o cartão de imunidade que Donald Trump havia concedido a Moïse quando ele consumou sua virada contra a República Bolivariana da Venezuela em janeiro de 2019. A etapa insurrecional desatada em julho de 2018, prolongada e superdivulgada apesar do cerco da mídia, o apelo do Departamento de Estado dos EUA diz respeito a uma normalização rápida e forçada, mesmo que seja através de eleições condicionadas e fraudulentas. Políticas de baixo custo e alto impacto: essa parece ser a fórmula globalista e multicultural para recuperar a confiança e margem na geopolítica da América Latina, do Caribe e do mundo.

3) Existe um conflito de interpretações constitucionais

Se tal discrepância existiu efetivamente, já foi esclarecida pelo Poder Judiciário, o poder encarregado de interpretar as leis em qualquer República que se preze. No Haiti, como em qualquer outro país soberano – ou quando não seja uma colônia formal – existem tribunais competentes encarregados de resolver as discrepâncias constitucionais. No dia 7 de fevereiro, o Conselho Superior do Poder Judiciário (CSPJ) emitiu uma sentença sobre a data final do governo de Jovenel Moïse, assentando uma firme posição entre a interpretação do próprio governo e seus aliados ocidentais, e a interpretação que fizeram, entre outros atores, o Parlamento, os sindicatos e centrais sindicais do país, as câmaras empresariais, a Conferência Episcopal e os setores evangélicos, a Ordem dos Advogados, diversas agrupações da diáspora, organizações feministas, movimento de mulheres, sociais, rurais e urbanos, e um longo etc. O CSPJ fez uma interpretação limitante do artigo 134, inciso 2, da Constituição de 1987, estabelecendo que a presidência de Moïse terminou no último 7 de fevereiro, após 5 anos da realização das eleições que em 2016 o levaram ao poder, sendo improcedente a extensão de seu mandato por adiamento de uma posse formal. É paradoxal que esta mesma interpretação restritiva da Carta Magna tenha sido utilizada pelo próprio Moïse para fechar o Parlamento em janeiro de 2020, quando dois terços dos deputados e o conjunto dos senadores encerraram o prazo de seus mandatos, sem a possibilidade de renová-los perante a incapacidade do governo para organizar eleições legislativas previstas para 2019.

Portanto, o que define a crise política do Haiti não é um enfrentamento entre poderes – como coloca Moïse- ou uma crise institucional. O que se observa é a extensão ilegal de um mandato presidente que expirou. Isto, somado aos atentados contra os poderes do Estado por parte do Executivo, confirma a consolidação de um regime interino, supralegal e anticonstitucional por completo, que governa por decreto, carece de orçamento público, aprisiona e nomeia juízes de forma improcedente, persegue seus opositores politicamente e agora propõe uma Reforma Constitucional expedita para ratificar não o estado de direito, mas sim o estado de forças existente no país.

Manifestante com cartaz “EUA tirem as mãos do Haiti”

4) O governo de Moïse sofreu uma tentativa de golpe de Estado quando um juiz se “autoproclamou” presidente

É simplesmente tão impossível afirmar isto quanto afirmar exatamente o contrário. Até o momento, o governo de Moïse não apresentou nenhuma prova para apoiar a acusação de tentativa de assassinato contra ele, o que levou à prisão de Ivickel Dabrésil, juiz do Tribunal de Cassação, Marie Louise Gauthier, inspetora-geral da Polícia Nacional, e outras 20 pessoas. Como prova fidedigna, foram apresentados aos meios nacionais e internacionais dois fuzis automáticas, duas escopetas calibre 12, um facão, dinheiro e alguns telefones, o que demonstraria uma capacidade financeira e operativa suspeitosamente precária por parte dos insubordinados, quando não uma operação tosca por parte de um governo que se tenta vitimizar. Tampouco houve explicações sobre a prisão, na República Dominicana, de Ralph Youry Chevry, ex-prefeito de Porto Príncipe e uma conhecida figura da oposição, que denunciou que poderia ser assassinado caso fosse deportado para seu país.

Em relação à acusação de golpismo contra um setor da oposição, tal golpe não poderia existir legalmente. Poderia ser lido antes como um processo de insubordinação civil, já que a quebra da ordem constitucional esteve a cargo do presidente interino Jovenel Moïse. O oposto seria argumentar, ridiculamente, que o movimento democrático haitiano dos anos 80 foi um golpe ao derrubar a ditadura pela vida de Jean-Claude Duvalier. Poderia ser lido antes como um processo de insubordinação civil, já que a ruptura da ordem constitucional era de responsabilidade do presidente de facto Jovenel Moïse. O oposto seria argumentar, ridiculamente, que o movimento democrático haitiano dos anos 80 foi um golpe ao derrubar a ditadura pela vida de Jean-Claude Duvalier. Pelo contrário, o que estamos vendo no Haiti é o início de um esquema de duplo comando, já que o governo Moïse se agarra ao poder e mantém o controle das fracas alavancas do Estado haitiano – em particular, de suas forças repressivas – enquanto a grande maioria dos setores da sociedade civil e da oposição política decidiram nomear um presidente provisório – o juiz Joseph Mécène Jean Louis – com o objetivo de comandar o que eles chamam de “transição de ruptura” e de convocar eleições transparentes e democráticas a médio prazo. No meio, o governo interino e um setor da oposição mais conservadora estão competindo pelo favor da todo-poderosa embaixada dos EUA, como evidenciado pela comunicação de Patrick Leahy, presidente pró-tempore do Senado, ao secretário de Estado dos EUA Antony Blinken, solicitando seu apoio para a transição.

Evidentemente, por trás da eleição de Mécène Jean Louis há uma luta de poder entre diferentes setores da oposição, desde movimentos sociais até partidos conservadores e antigos membros da casta política. Uma luta na qual, sem dúvida, o corredor com maior vantagem seria a formação de centro-direita do Setor Democrático e Popular liderada pelo advogado André Michel, embora ele esteja longe de ter o controle decisivo das mobilizações de rua que poderiam mudar a correlação de forças num futuro imediato. As propostas soberanistas e antineoliberais que enfatizam o elemento de ruptura e não apenas o elemento de transição são de responsabilidade dos movimentos da CLOC-Via Campesina e da Articulação dos Movimentos Sociais rumo à ALBA, que junto com outras organizações e partidos construíram um polo de oposição mais radical chamado Fórum Patriótico Popular. Apesar do que Mécène Jean Louis representa neste delicado equilíbrio de forças e além de sua real capacidade de agência, o que está claro é a improcedência de descrevê-lo como uma espécie de presidente “autoproclamado”, desenhando analogias confusas e inapropriadas com o caso de Juan Guaidó na Venezuela.

Isto se deve a pelo menos três fatos fundamentais: porque o consenso social e as forças progressistas não estão aqui do lado do partido governista, mas daqueles que exigem a saída de Moïse; porque o magistrado não foi autoproclamado de forma sediciosa diante de um governo democraticamente constituído, mas eleito pela oposição social e política para preencher o vazio legal diante da consumação de um autogolpe; e fundamentalmente porque a política dos EUA, a verdadeira e fiel balança do equilíbrio no país, está inclinada, pelo menos por enquanto, para a continuidade do governo PHTK e não para a construção de um governo de transição, muito menos para uma ruptura que ameaça seu domínio sobre a geopolítica da Bacia do Caribe.

5) A violência no país é cega, espontânea e generalizada

Ao contrário do senso comum, os níveis de violência dos cidadãos no Haiti são relativamente baixos, pelo menos na comparação com o Caribe e a América Latina. Especialmente se assumirmos o excelente terreno fértil gerado pelas condições generalizadas de pobreza, desemprego, marginalidade, fome e desigualdade. Por razões que diferentes intelectuais do país iluminaram com as suas pesquisas, a sociedade haitiana é uma comunidade humana particularmente homogênea e integrada em termos sociais, linguísticos e culturais, com elementos importantes como a existência abrangente de uma cultura popular muito rica, de uma língua nacional e popular singular, como o crioulo haitiano, ou de formas de organização socioterritorial típicas da vida camponesa. Isto não significa, é claro, que não exista violência no Haiti. Pelo contrário, o que observamos no país são altos índices de violência política organizada. Com isto, queremos dizer que os atores da violência mais flagrante no país – notadamente grupos criminosos, quadrilhas armadas, paramilitares – são atores organicamente ligados ao poder político, ao Estado e às potências internacionais. A maioria destes grupos foi criada e financiada por senadores, ministros e presidentes, se não diretamente incentivada pelas potências imperialistas.

É por isso que é impossível entender a atual onda de sequestros que está varrendo o país, os sucessivos massacres em comunidades rurais ou bairros populares da capital – Carrefour Feuilles, La Saline, Bel Air, a lista é extensa sob o governo Moïse – sem entender seus fundamentos e seus objetivos políticos. Trata-se de desmobilizar a população que em julho de 2018 tomou massivamente as ruas do país, gerando uma insurreição social de tal volume e radicalismo que é, até hoje, impossível de administrar e reprimir pelas fracas forças de segurança do Estado haitiano. Suas Forças Armadas, dissolvidas por Aristide em 1996 e nominalmente reconstruídas em 2017, não estão realmente operacionais. A Polícia Nacional, a principal força de segurança, tem poucos  membros e carece de capacidade logística. Por sua vez, a ONU retirou seu último pessoal policial e militar com a partida da MINUJUSTH em 2019. A questão em sotto voce do establishment local e internacional é como reprimir e desmobilizar as classes populares que levaram à própria interrupção do ciclo de acumulação de capital em numerosas ocasiões, forçando a paralisação do comércio, a suspensão das importações, ameaçando o fluxo de remessas e produzindo um foco de perigosa instabilidade geopolítica a poucos quilômetros de Cuba, Venezuela, no Canal do Panamá e nas costas da Flórida. Isso contradiz as próprias afirmações de Moïse em sua entrevista ao El País, e repetidas por seus aliados, quando ele se refere à existência de “pequenos bandos da oposição mobilizada”. Basta mencionar que o pacote do FMI e seu decreto para eliminar os subsídios aos combustíveis geraram em julho de 2018 uma mobilização estimada de dois milhões de pessoas – num país de 11 – uma figura sideral e sem precedentes em termos históricos, se extrapolarmos para a dimensão de países como o Brasil ou os Estados Unidos.

Considerando que uma nova missão de ocupação é muito cara em termos políticos e financeiros – apesar de nunca faltarem lobistas para esta causa -, pesando sobre ela o fardo dos numerosos crimes e escândalos da MINUSTAH – violência sexual generalizada, massacres, a introdução de uma epidemia de cólera, etc. – e considerando que as ações da Polícia Nacional são muito deficientes, a última aposta, a partir da administração Trump, pareceu ser a “via Líbia”, ou utilizar referências mais próximas, elementos combinados do modelo e práticas colombianas, hondurenhas e salvadorenhas da Guerra Híbrida aplicadas sistematicamente contra a Venezuela. É claro que ninguém aqui está considerando atacar diretamente os fundamentos sociais e econômicos do profundo mal-estar social que levou a grande maioria da população haitiana ao limiar da reprodução da vida, catapultando-a uma e outra vez nas ruas do país. A única resposta parece ser a destruição completa do robusto tecido social haitiano que sustenta e reproduz suas forças organizadas e sua capacidade de mobilização política, em meio às condições materiais mais adversas de todo o hemisfério.

É por isso que o governo teceu uma aliança firme com uma espécie de coalizão de grupos criminosos chamada “G9”, que hoje cogoverna o território haitiano, em certas regiões até mesmo com um domínio mais substancial do que o do próprio Estado. A panóplia de fundações, agências de cooperação, ONGs coloniais e igrejas neopentecostais norte-americanas que tentaram cooptar e desmobilizar movimentos rurais e urbanos, difundindo teorias coloniais, teologias mercantis e concepções pseudodesenvolvimentistas e competindo pelo que consideram uma clientela cativa, não é mais suficiente. O poder duro mas invisível é exercido através da promoção do tráfico de drogas, do crime organizado e do paramilitarismo. Basta lembrar os casos comprovados de infiltração de paramilitares – norte-americanos, haitianos, sérvios, russos, mas todos eles contratados ou ex-militares das Forças Armadas dos Estados Unidos – que foram detidos no Aeroporto Internacional Toussaint Louverture carregados com armamento de alta potência e equipamentos avançados de telecomunicações. É até impossível compreender a surpreendente facilidade com que as armas circulam em um país que apenas 30 anos atrás estava praticamente e milagrosamente livre delas, se não fosse pelos recursos injetados pelo exterior, ou pelo próprio tráfego gerado pelos capacetes azuis durante os anos dourados da MINUSTAH.

Jovenel Moïse, do Partido PHTK e Luis Almagro, secretário-geral da Organização dos Estados Americanos (OEA), reunidos no último mês.

6) A oligarquia quer tomar o poder

Na entrevista mencionada acima, Moïse afirmou que por trás da oposição a seu governo estava a “oligarquia que quer tomar o poder”. Antes de tudo, é preciso dizer que a oligarquia no Haiti nunca deixou o poder, e nunca houve nada que se assemelhasse a uma burguesia liberal, progressista e industrial, além da transferência do poder da tradicional burguesia mulata para uma burguesia negra consumada pela ditadura de François Duvalier. Em particular, o que um escritor haitiano eloquentemente chamou de “elite repugnante” é composto de uma classe oligárquica, mas acima de tudo de uma burguesia importadora que se reproduz de forma parasitária através do controle da alfândega do país. Uma burguesia que não produz nada, consome tudo e quase não vive em seu próprio país. Além disso, o fato risível de Moïse denunciar a oligarquia de tentar apropriar-se do poder é como Guillermo Lasso acusar os banqueiros de querer governar o Equador – de novo -, ou Álvaro Uribe fazer acusações idênticas aos traficantes de drogas colombianos. O próprio Moïse é um típico empresário do setor bananeiro, catapultado para a política a partir do seu capital acumulado no setor agrícola e agroindustrial, com empresas comprovadamente fraudulentas como a AGRITRANS, participantes de vários desfalques do erário público.

Sem dúvida, nem todos os interessados na saída de Moïse são camponeses, migrantes, classe média ou os pobres urbanos. É claro que existe um setor da classe dominante haitiana que também está trabalhando para substituí-lo, mas neste caso são os setores que são, a rigor, menos oligárquicos. Em particular, o governo tentou construir um épico popular tardio e pouco convincente através de seu confronto com Dimitri Vorbe em particular e com empresas de eletricidade como a Sogener em geral. De fato, a proposta da campanha estrela de Moïse era trazer energia para todas as residências “24/24”, dado que o serviço de eletricidade mal chega a 40% da população, e considerando que mesmo na capital seu serviço é deficiente e intermitente. Apesar das lutas pelo controle da empresa elétrica nacional (EDH), seria ingênuo fingir que as outras frações da classe dominante haitiana não operam contra um governo incapaz de oferecer as mínimas garantias de estabilidade para o processo de acumulação, bem como elaborar teorias conspiratórias que tentam culpar um ou dois operadores por uma crise orgânica de hegemonia que se expressa em todas as áreas e se baseia, principalmente, na incessante mobilização das classes populares e na permanente deterioração de suas condições de vida.

7) O Haiti, incapaz de resolver seus próprios problemas, precisa de ajuda e cooperação internacional

Esta declaração é uma faca de dois gumes. Algo semelhante é declarado em um editorial recente no The New York Times intitulado “O Haiti precisa de ajuda”, onde se prevê “uma solução” na qual “poderes externos – alguma combinação dos Estados Unidos, da OEA, da ONU e da União Europeia” teriam algum tipo de influência – ainda mais notória – sobre o país. Mas um país soberano não é uma criança, para andar por aí exigindo acompanhamento e tutela. Menos ainda se foi o país que aboliu a escravidão de forma pioneira, que criou uma filosofia humanista que eclipsaria a das próprias revoluções burguesas, que consumou a primeira revolução social no hemisfério e que construiu a primeira República independente ao sul do Rio Bravo. Mas também é impossível isolar os chamados “problemas do Haiti” como se fosse uma cepa de vírus, sem enquadrá-los na geopolítica regional e global e na longa história de interferência que já desenvolvemos. Para dar um exemplo recente e prático: estamos convencidos de que nenhum governo teria suportado um único dia a mobilização ativa e radical de um quinto de sua população sem o apoio político, financeiro, diplomático e eventualmente militar dos Estados Unidos e de organizações multilaterais. Nenhum governo, de qualquer caráter, teria sido capaz de superar o tremor de uma coalizão de oposição que inclui praticamente todos os setores sociais e todas as forças políticas do país. Ainda hoje, Moïse terminaria seu mandato imediatamente se não tivesse a promessa dos Estados Unidos de uma salvaguarda, dinheiro e um visto para ele e toda sua família uma vez consumada sua saída do poder, dado que o destino habitual que o país tem dado a presidentes ainda menos impopulares é o linchamento em praça pública. Nem as eleições e a Reforma Constitucional proposta – a última tentativa de recuperar alguma legitimidade – poderiam ocorrer, como é evidente, sem o apoio financeiro, logístico e técnico desses mesmos países e organizações que durante anos controlaram o sistema eleitoral haitiano.

Portanto, o “problema Moïse”, assim como o problema das políticas neoliberais e seus efeitos devastadores sobre o país mais empobrecido do continente – políticas que não caíram do céu mas foram impostas impiedosamente pelo FMI e pelo Departamento de Estado dos EUA – não são apenas problemas do Haiti. São, antes, problemas de geopolítica regional que se expressam fortuitamente nesse castigado, mas orgulhoso país. Mas ainda podemos resgatar esta sétima e última tese num sentido bem intencionado e propositivo. A ajuda e cooperação que o Haiti precisa é a de todos os governos populares, setores democráticos, forças progressistas e esquerdistas, organizações de direitos humanos, organizações autônomas de integração e militantes imperialistas da região e do mundo que querem enfrentar a interferência devastadora do que veio a ser chamado de “comunidade internacional”, formada na realidade por um minúsculo grupo de países ricos e poderosos. Um velho slogan, cunhado durante o tempo da MINUSTAH, ainda parece manter sua eloquência: “É hora de deixar o Haiti em paz”. É o Haiti, em paz e com plena soberania, que mais uma vez conquistará um bom governo que possa resolver seus próprios problemas.

[Fotos: CHANDAN KHANNA / AFP – fonte: http://www.outraspalavras.net]

Edgar Morin à l’Unesco, le 2 juillet 2021.

Écrit par Ousama Bouiss

Doctorant en stratégie et théorie des organisations, Université Paris Dauphine – PSL

Un « être humain ». Voilà comment répond d’abord Edgar Morin à la question « qui suis-je ? ». Un être humain qui, le 8 juillet 2021, célébrera ses 100 ans. Une vie qui, au plan personnel et historique, fut riche, aventureuse, traversée par les amours et les solitudes, les guerres – comme celle de 1939-1945 où il entra en Résistance – les évènements nationaux majeurs – comme ceux de mai 1968 – mais aussi l’émergence de la culture de masse ou, plus récemment, la crise du Covid.

Il serait bien difficile de retracer toute la richesse de cette longue expérience de l’architecte de la « pensée complexe ». Aussi préférerons-nous ici partager quelques éléments de sagesse issus de son livre Leçons d’un siècle de vie. Parce que cet ouvrage – dont chaque page est une leçon de raison, d’amour et de sagesse – est à la fois court et riche, nous ne chercherons pas à en faire la synthèse mais à en restituer trois propositions qui, nous l’espérons, sauront donner envie au lecteur d’en faire une de ses lectures estivales.

Sagesse n°1 : Résister à toute forme de domination

Déjà, le préambule constitue une leçon de sagesse en soi. Bien que l’intitulé du livre soit Leçons d’un siècle de vie, Edgar Morin ne prétend nullement donner des leçons. Plutôt, il cherche, à partir de son expérience singulière, à tirer quelques leçons dont il « souhaite qu’elles soient utiles à chacun, non seulement pour s’interroger sur sa propre vie, mais aussi pour trouver sa propre Voie ».

Si on peut voir dans ces propos une modestie intellectuelle qui le caractérise si bien, on y retrouve surtout son souci premier qui anima son travail autour de la « pensée complexe » : résister à toute forme de domination, d’idéologie, de dogmatisme ou encore d’idolâtrie. Ainsi, ce préambule ne manque pas de faire écho à sa conclusion du premier tome de La Méthode (1977, p. 387) :

« Disons dès maintenant qu’une science complexe n’aura jamais à se valider par le pouvoir de manipulation qu’elle procure, au contraire. […] En enrichissant et changeant le sens du mot connaître, la complexité nous appelle à enrichir et changer le sens du mot action, lequel en science comme en politique, et tragiquement quand il veut être “libération”, devient toujours de façon ultime “manipulation” et “asservissement”. »

Dès lors, pour résister à la domination, comme à toute forme de cruauté et de barbarie, il propose « un principe d’action qui non pas ordonne mais organise, non pas manipule mais communique, non pas dirige mais anime » (1977, p. 387).

Sagesse n°2 : Prendre conscience de la complexité humaine

Alors que les luttes identitaires sont vives, quel doux rappel que celui d’Edgar Morin sur la complexité humaine. Lui-même associé à plusieurs adjectifs en fonction des circonstances, « français, d’origine juive séfarade, partiellement italien et espagnol, amplement méditerranéen, Européen culturel, enfant de la Terre-Patrie », il nous rappelle que « chacun à une identité complexe, c’est-à-dire à la fois une et plurielle » (p. 9).

Ainsi, sur la question de l’identité humaine (dont il a largement développé le propos dans cinquième tome de La Méthode), il en tire cette sagesse salutaire qui va de pair avec la précédente : « Le refus d’une identité monolithique ou réductrice, la conscience de l’unité/multiplicité (unitas multiplex) de l’unité sont des nécessités d’hygiène mentale pour améliorer les relations humaines ».

Dès lors, il s’agit de se voir et de voir en l’autre cette complexité trinitaire de l’être humain : individu-société-espèce. D’ailleurs, permettre à chacun de s’accomplir individuellement, socialement et anthropologiquement constitue une des finalités éthiques de la « pensée complexe » (aux côtés de la résistance et de la barbarie). Aussi, cette « complexité humaine s’exprime par une série de bipolarités :

  • Homo sapiens (raisonnable, sage) est aussi Homo demens (fou, délirant) ;
  • Homo faber (créateur d’outils, technicien, constructeur) est aussi Homo […] mythologicus (croyant, crédule, religieux, mythologique) ;
  • Homo œconomicus voué à son profit personnel est également insuffisant et doit faire place à Homo ludens (joueur) et à Homo liber (pratiquant des activités gratuites » (p. 74).

Sagesse n°3 : Vivre poétiquement, donc avec amour

Évoquons enfin la sagesse du « Savoir Vivre ». Résister à la domination donc à la cruauté et à la barbarie, prendre conscience de la complexité humaine et veiller à son accomplissement et, enfin, mener une vie poétique et avoir foi en l’amour. En effet, pour Edgar Morin, « les malheurs, les efforts pour survivre, le travail pénible et sans intérêt, l’obsession du gain, la froideur du calcul et de la rationalité abstraite, tout cela contribue à la domination de la prose […] dans nos vies quotidiennes » (p. 56).

L’urgence est alors de retrouver le chemin de la poésie, de l’extase, de la convivialité, de la chaleur humaine et de la bienveillance aimante. Ainsi, peut-on espérer trouver cet « état poétique » c’est-à-dire « cet état d’émotion devant ce qui nous semble beau et/ou aimable […] qui est un état second de transe qui peut être très douce, dans un échange de sourires, la contemplation d’un visage ou d’un paysage, très vive dans le rire, très ample dans les moments de bonheur, très intense dans la fête, la communion collective, la danse, la musique, et particulièrement ardente, enivrante, exaltante dans l’état amoureux partagé » (pp. 55 – 56).

Pour Edgar Morin, « la poésie suprême est celle de l’amour ». Certes, « tout ce qui est passion, pour ne pas succomber à l’égarement, doit être surveillé par la raison » (une coopération nécessaire entre la raison ouverte et la bienveillance aimante). Aussi, « toute raison doit être animée par une passion, à commencer la passion de connaître ». Ainsi, amoureux de la connaissance, de la vie, des personnes qui l’ont accompagné dans l’aventure d’un siècle de vie, on pourrait attribuer à Edgar Morin ces beaux vers de Victor Hugo dans le poème « Ceux qui vivent, ce sont ceux qui luttent » (Les Châtiments, 1848) :

Quoi, ne point aimer ! suivre une morne carrière,
Sans un songe en avant, sans un deuil en arrière !

[…]

Regarder sans respect l’astre, la fleur, la femme !
Toujours vouloir le corps, ne jamais chercher l’âme !
Pour de vains résultats faire de vains efforts !

[…]

Oh non, je ne suis point de ceux-là ! grands, prospères,
Fiers, puissants, ou cachés dans d’immondes repaires,
Je les fuis, et je crains leurs sentiers détestés ;
Et j’aimerais mieux être, ô fourmi des cités,
Tourbe, foule, hommes faux, cœurs morts, races déchues,
Un arbre dans les bois qu’une âme en vos cohues !

Il resterait beaucoup à dire sur ce concentré de sagesse que constitue ces Leçons d’un siècle de vie. Qu’il s’agisse de garder la raison ouverte à la complexité, l’incertitude et l’erreur, de la nécessité de régénérer sans cesse sa pensée par l’autoexamen ou encore des périls politiques, l’ouvrage est riche de ressources pour « trouver sa propre Voie ».

Merci mon cher Edgar et joyeux anniversaire !

 

 

[Photo : AFP – source : http://www.theconversation.com]

Mario Vargas Llosa

Escrito por Álvaro García Linera

Todas las cosas envejecen: los organismos vivos, las personas y las ideas. Es la dureza de la segunda ley de la termodinámica. Pero hay maneras dignas de hacerlo, manteniéndose leales a los principios con los que se alcanzó el cenit de la existencia, consciente de los errores y sin arrepentimientos ni transformismos de última hora. Pero hay existencias que se corrompen por elección, que se degeneran por decisión. Son los seres que se revuelcan en la putrefacción del alma arrastrando tras de sí las pestilencias de un destino extraviado.

Este es el patético devenir del político Vargas Llosa de hoy; no de aquel genio literario que hizo méritos propios para entrar en la estantería de las letras universales con “La ciudad y los perros” o “Conversación en la catedral”.  Su actual prosa política viene chabacana, llena de monstruosidades ideológicas que mancillan la pulcritud de los ideales conservadores que algún día profesó. Es como si hubiera un empeño deliberado por envilecer  a la persona que obtuvo el Premio Nobel  y dejar en pie a un decadente político atribulado por pasiones bárbaras.

Vargas Llosa se traga sus otrora enjundiosas convicciones democráticas para apoyar sin decoro a la heredera y encubridora del régimen fujimorista que cerró el Congreso de la República, suspendió al poder judicial, ordenó el asalto militar de medios de comunicación del Perú y promovió escuadrones de la muerte con decenas de masacres en su haber. Eso habla de un pervertido drama en el que un reposado liberal muta a un ardiente neofascista. 

Y no es un tema de temperamento débil o convicciones efímeras que quizá, en este caso, hayan ayudado a la elegancia de su prosa. En realidad, Vargas Llosa es un ejemplo letrado de un desplazamiento emocional de la época.

Respalda groseras maniobras de la derrotada Keiko Fujimori que denuncia “fraude” electoral y anula miles de votos de comunidades indígenas y mantiene un curioso silencio frente al manifiesto de ex jerarcas militares para que las Fuerzas Armadas desconozcan la victoria de Pedro Castillo.  Así se emparenta ideológicamente con Trump que instigó a sus seguidores a tomar violentamente el Congreso de Estados Unidos en enero del 2021; o con el candidato presidencial Carlos Mesa que, al conocer su derrota en noviembre del 2019 contra Evo Morales, convocó a los suyos a incendiar los tribunales electorales bolivianos, incluidos los votos de los ciudadanos. Se trata de actitudes no muy diferentes a la de Bolsonaro que reprocha a las dictaduras brasileñas (1964-1985) el solo haber torturado en vez de haber matado a los izquierdistas; o a la indignidad de Piñera arrugando su pequeña bandera nacional, para mostrarle a Trump que sus colores y estrella cabrían en una esquina de la bandera norteamericana.

Son síntomas del ocaso de un liberalismo político que, en su rechazo a asumir con aplomo el crepúsculo de sus luces, prefiere desnudar sus miserias en la retirada. Antes podía jactarse de su filiación democrática, su tolerancia cultural y conmiseración por los pobres, porque, con independencia del partido político victorioso, los ricos siempre triunfaban en el mundo en el que las alternativas de “mundos posibles” estaban diseñados a su medida.

Ahora el planeta se ha sumergido en una incertidumbre de destino. Las élites dominantes divergen sobre cómo salir del atolladero económico y medioambiental que han provocado, los pobres ya no se culpabilizan de su pobreza, la utopía neoliberal se desvanece y los sacerdotes del libre mercado ya no tienen a sus pies a feligreses a quienes embaucar con redenciones futuras a cambio de complacencias actuales.

Es el tiempo del ocaso del consenso globalista. Ni los de arriba tienen criterios compartidos de hacia dónde ir; ni los de abajo confían en el viejo curso que los de arriba les señalaban. Todos viven un estado de estupor colectivo, de ausencia de futuro factible que desencadena, entre los humillados globales, estallidos de angustia, malestar, enojo y sublevación. Occupy Wall Street, el Movimiento de los Indignados en España, los “chalecos amarillos” de Francia, los levantamientos populares de Chile, Perú y Colombia, las oleadas de progresismos latinoamericanos, son los síntomas de una convulsa de época de ansiedades desatadas que apenas comienza. Nadie de los inconformes sabe con certeza hacia dónde ir, aunque saben con claridad plebeya y callejera lo que ya no pueden soportar. Es la época de un presente que desfallece y de un futuro que no llega ni anuncia su existencia y las viejas creencias dominantes se fisuran, se repliegan para dar paso a la incredulidad radical primero, y luego, a la búsqueda de alguna nueva certidumbre donde enraizar las esperanzas.

Se trata de un caos creador que erosiona las viejas tolerancias morales entre los de “arriba” y los de “abajo” y que, con ello, empuja al consenso neoliberal que agrupó a la sociedad a replegarse. La calle y el voto, ya no los medios de comunicación ni los gobiernos, son ahora los espacios de la gramática donde se escribirá el nuevo estado de animo popular.  La democracia se revitaliza desde abajo, pero paradójicamente por ello, se ha convertido en un medio peligroso para los ideólogos neoliberales que fueron demócratas en tanto el voto no pusiera en riesgo el consenso privatizador y de libre mercado. Pero, ahora que la calle y el voto impugnan la validez de este único destino, la democracia se presenta como un estorbo y hasta un peligro para la vigencia del neoliberalismo crepuscular.

Las denuncias de fraude que se extiende por las Américas, y que seguramente se harán presentes en Europa, no son solo el aullido de guerra de los derrotados. Son la desesperada consigna de las ahora minorías neoliberales, para atacar sistemáticamente la institucionalidad democrática y la legitimidad del voto como modo de elección de gobernantes. El golpe de Estado tiende a instalarse como una opción factible en el repertorio político conservador.  Y todo ello lo hace cabalgando un lenguaje enfurecido que aplasta en su galope cualquier respeto por la tolerancia y el pluralismo. Enarbolan sin reparos el supremasismo racial contra indígenas y migrantes por igual.  Desprecian el inconformismo plebeyo al que califican de expresiones de “hordas salvajes”, “ignorantes” “alienígenas” o “terroristas”. Y en un anacronismo risible, desempolvan la fraseología “anticomunista” para encubrir con miedos atávicos el disciplinamiento violento de los pobres, las mujeres y los izquierdistas. El neoliberalismo va degenerando en un acomplejado neofascismo.

Estamos ante la descomposición del neoliberalismo político que, en su fase de ocaso y perdida de hegemonía, exacerba toda su carga violenta y está dispuesto a pactar con el diablo, con todos las fuerzas tenebrosas, racistas y antidemocráticas, para defender un proyecto ya malogrado. El consenso universalista del que se jactaba el neoliberalismo en los años 90s, ha dado lugar al odio enfeudado de una ideología de outlet. Y, como lo demuestra el último Vargas Llosa, la narración de esta putrefacción cultural es un bodrio literario carente de la épica de las derrotas dignas.    

 

[Foto: Télam – fuente: http://www.eldiarioar.com]

Le marché des « protéines alternatives » est en plein développement.

 

Écrit par Lucie Wiart

Docteure en sciences de gestion, Sciences Po Lille

et

Nil Özçaglar-Toulouse

Professeure des universités, Université de Lille

 

La surconsommation de viande est aujourd’hui considérée comme un problème public majeur par de nombreux scientifiques et organisations internationales.

La consommation moyenne globale de viande par personne aurait en effet doublé en 50 ans, un rapport de la FAO estimant même que cette consommation augmenterait de 76 % d’ici 2050.

Cet essor, notamment dans les pays émergents comme en Chine et Asie de l’Est, exerce une pression importante sur les ressources naturelles ; c’est ce que soulignent des rapports de la FAO, du GIEC ou des études scientifiques.

Pollution, antibiorésistance et questionnement éthique

L’élevage s’est intensifié et industrialisé : en France, par exemple, on a pu observer une réduction du nombre d’exploitations malgré une augmentation de la production ; dans un récent rapport l’ONG Greenpeace rappelle ainsi que 1 % des exploitations françaises produit aujourd’hui les deux tiers des porcs, poulets et œufs.

L’élevage génère d’autre part une importante pollution : l’azote et le phosphore présents dans les déjections animales dégradent les eaux de surface et souterraines, nuisant aux écosystèmes aquatiques et à la santé humaine. En France, Greenpeace a dénoncé le lien entre prolifération des algues vertes et industrialisation de l’élevage breton.

L’élevage serait également responsable de fortes émissions de gaz à effets de serre – la FAO estime cette part à 14,5 % des émissions de GES globales – et aurait des impacts négatifs sur les habitats naturels ; en constituant notamment un facteur clé de la déforestation et en occupant de manière préoccupante les surfaces émergées.

Toujours selon la FAO, 70 % des terres agricoles mondiales seraient aujourd’hui affectées à la production de nourriture pour les animaux d’élevage, soit 30 % des terres émergées.

Au-delà de ces impacts environnementaux, il faut aussi mentionner des problématiques de santé publique, l’élevage intensif ayant par exemple une part de responsabilité dans l’accélération du phénomène de résistance aux antibiotiques.

Par sa participation à la déforestation, l’élevage serait également responsable d’une fragmentation des habitats et d’une augmentation des contacts entre humains, animaux sauvages et pathogènes, développant le risque de zoonoses.

Mentionnons enfin la dimension éthique de cette consommation de viande et du sort réservé aux animaux d’élevage, qui s’invitent régulièrement dans le débat, alimenté par les actions d’associations de défense de la cause animale comme L214.

Proposer des alternatives

Face à ces multiples constats, un nouveau marché se développe : celui des protéines dites « alternatives ».

Ces protéines sont principalement d’origine végétale, on les retrouve notamment dans les légumineuses, mais aussi dans les céréales et fruits oléagineux.

Ces alternatives pourront également, dans le futur, provenir de l’agriculture cellulaire et de la viande dite « cultivée ».

Nous allons voir, en nous basant sur nos travaux, comment cette nouvelle offre a été construite pour les viandes végétales, en étudiant les représentations et la réception par les consommateurs.

De la viande élaborée avec des plantes

Les « viandes végétales » se basent sur la transformation de légumineuses, notamment du pois protéagineux et du soja. Elles peuvent également être développées à partir de champignons : la marque Quorn commercialise par exemple ses substituts de viande à base de mycoprotéine, produite à partir de Fusarium venenatum. Le produit est ensuite transformé et aromatisé.

Par leur imitation de la viande – tant sur le goût que l’apparence et la texture –, ces produits permettraient de la remplacer partiellement, tout en ne modifiant ni la structure des repas, ni les habitudes de cuisine des consommateurs. Elles permettent ainsi de corriger l’image d’une alimentation végétale et végétarienne considérée comme insipide, trop radicale et politique.

Si les légumineuses, riches en protéines, peuvent à elles seules constituer des substituts à fort potentiel pour élever l’apport en protéines végétales dans l’alimentation, elles pâtissent néanmoins d’une image assez négative ; délaissées au lendemain de la Seconde Guerre mondiale au profit des pâtes et de la viande, elles sont considérées comme étant difficiles à digérer, compliquées et chronophages à cuisiner.

Un secteur dynamique

Ces alternatives végétales étaient autrefois uniquement distribuées en magasins spécialisés, par des marques peu connues du grand public. Elles sont désormais de plus en plus visibles, grâce à l’investissement de grands groupes comme Carrefour, Herta ou Fleury Michon.

Grâce à leur légitimité sur le marché originel de la viande, ces entreprises visent une clientèle plus large et consommatrice de viande. Xerfi estimait ainsi en 2019 le chiffre d’affaires en France de la vente de produits végétariens et végans à 400 millions d’euros et prévoyait une croissance de 3 % par an.

Barclays estime de son côté le marché de la viande alternative à 140 billions de dollars d’ici 2029. La banque d’investissement estimait ainsi que la viande végétale occuperait d’ici à 2029 10 % du marché global de la viande… contre 1 % aujourd’hui.

Les start-up pas en reste

En complément des acteurs historiques (comme Cereal ou Quorn), des grandes marques de distributeurs et d’entreprises spécialisées dans les produits carnés, des start-up se lancent également sur ce marché, ouvrant des lignes de production en France, à l’image des Nouveaux Fermiers ou d’Hari&Co.

Elles sont à l’origine d’un soutien aux systèmes de cultures végétales, pour sécuriser un approvisionnement en légumineuses encore timide.

Un nouvel horizon pour les légumineuses

Contrairement à ce qui a pu être affirmé dans certains débats publics, ces produits ne viennent pas se construire « contre les agriculteurs » ; ils pourraient bien leur proposer des solutions en les accompagnant dans une transition agricole plus durable tout en leur offrant de nouveaux débouchés économiques.

Avec la prise de conscience d’une nécessaire diminution de la consommation de viande, le développement du marché des légumineuses pourrait en effet être favorisé.

Leur culture possède des atouts agro-environnementaux non négligeables ; elle permet, par exemple, de fixer l’azote atmosphérique et donc réduire l’usage d’engrais azotés pour les cultures suivantes. De tels atouts pourraient être davantage valorisés, notamment grâce à l’instauration de paiements pour services environnementaux.

Ces produits doivent toutefois gagner en légitimité auprès des consommateurs, en France notamment, où la question de l’alimentation végétale génère de forts débats politiques et où l’alimentation carnée reste centrale.

La tactique des noms

Les dimensions climatique et environnementale s’avèrent essentielles dans la communication des entreprises sur ces nouveaux produits.

Concernant la question du bien-être animal, par exemple, nous avons étudié comment ces entreprises encouraient le risque d’être targuées d’idéologie en vantant l’absence de produits d’origine animale dans leur production ; les vifs débats autour des noms donnés à ces aliments en témoignent : entre « viande végétale », « fausse viande » ou « viande végane », chaque dénomination aura une influence sur le choix des consommateurs.

Cette dynamique complexe pourrait à long terme questionner la légitimité de ces produits.

La culpabilité des mangeurs de viande

Ces aspects de représentations sont essentiels : dans leurs travaux sur la symbolique de la viande, les socioanthropologues comme Jean‑Pierre Poulain ou Noëllie Vialles mettent en avant la centralité de la question de l’animal, et surtout de sa mort.

Cette mort – contestée par de nombreux philosophes depuis l’Antiquité, on pense ici à Plutarque – apparaît incontournable lorsqu’on étudie la viande et les viandes dites « végétales ».

La socioanthropologie de l’alimentation montre que cette mort est source de forte culpabilité pour le mangeur. Autrefois légitimée dans le cadre de sacrifices, la mort animale est désormais soustraite aux consommateurs, par une mise en distanciation du processus d’abattage et une esthétisation des produits carnés.

Pour l’anthropologue Noëlie Vialles, cette culpabilité se gère par un comportement dit « sarcophage » : les consommateurs feraient tout pour éviter de faire le lien entre viande et provenance animale. La viande est ainsi vidée de sa substance symbolique.

Mais les actions d’organisations de défense animale bousculent désormais cette posture, avec par exemple la diffusion de vidéos tournées dans les abattoirs. En soulignant d’autre part les nombreuses capacités cognitives des animaux de ferme, elles viennent lutter contre les représentations négatives vis-à-vis de ces êtres vivants en mobilisant une approche scientifique.

Ce sont ces consommateurs qui peuvent constituer la cible principale de ce nouveau marché des viandes alternatives, en remplaçant l’origine animale de la viande par une origine végétale (on peut en consommer sans culpabilité).

À l’instar de la viande cultivée en laboratoire, les « viandes végétales » participeraient ainsi à cette même « ruse » de substitution.

Une nécessité de transparence nutritionnelle

Reste un enjeu majeur pour ce nouveau marché, qui porte sur la nécessité d’une transparence nutritionnelle, environnementale et sanitaire.

Notre recherche rappelle la volonté croissante des consommateurs de s’affranchir des produits industrialisés, suremballés et non issus de l’agriculture biologique. Pour ces derniers, si la « viande végétale » peut faire office de facilitateur de transition, elle ne peut représenter une solution sur le long terme.

Une forte attention doit donc être portée aux qualités nutritionnelles et environnementales de ces produits, régulièrement attaqués. Il faudrait ainsi limiter la trop grande transformation, éviter certaines techniques (comme le cracking, qui consiste à décomposer à l’extrême les légumineuses) afin de limiter la dégradation des micronutriments.

Une réduction des prix serait également souhaitable, afin d’augmenter l’acceptation de ces produits, certains étant parfois plus chers que leurs équivalents « carnés ». Enfin, d’autres innovations pourront être développées dans le domaine des substituts : il n’existe par exemple à ce jour que très peu de substituts à viande de porc, l’une des plus consommées par les Français.

 

[Photo : Shutterstock – source : http://www.theconversation.com]

Dans un essai grinçant, la linguiste Françoise Nore examine le « politiquement correct » et explique comment il débouche sur des formes de « police de la pensée ».

Écrit par Aline Cordier Simonneau

L’objectif du politiquement correct est de faire disparaître « des termes considérés comme offensants ou dévalorisants », pour leur substituer d’autres mots plus flatteurs. Différentes techniques sont utilisées :

  • remplacer un mot par un autre (« désinformation » pour « mensonge ») ;
  • utiliser un euphémisme (« conflit armé » au lieu de « guerre ») ;
  • produire une périphrase (« agent de sécurité » pour « vigile ») ;
  • utiliser des mots étrangers (« addiction » au lieu d’« accoutumance ») ;
  • substituer à des termes ordinaires des mots qui sont leur contraire (« plan social » pour « licenciement »)…

En cherchant à atténuer et adoucir la réalité, cette manière artificielle de parler conduit à faire un mauvais usage des mots au quotidien, voire à imposer une idéologie. Dans son dernier ouvrage Appelons un chat, un chat !, grinçant à souhait, la linguiste Françoise Nore revient sur les origines du politiquement correct, ses différentes constructions et son omniprésence dans la langue française. En s’interdisant de nommer les réalités telles qu’elles sont, la « police du langage » laisse alors place à la « police de la pensée ».

Dans cet entretien, Françoise Nore revient sur son approche et sur la mise en garde que la linguistique et la lexicologie peuvent adresser contre un tel usage de la langue.

Appelons un chat, un chat ! Françoise Nore 2021 Éditions de l’Opportun 282 pages

Nonfiction : Qu’est-ce que la linguistique et quel est le rôle du linguiste aujourd’hui ?

Françoise Nore : La linguistique est une discipline, c’est la science du langage. Elle étudie tous les aspects des langues en général ou d’une langue en particulier. La linguistique est découpée en plusieurs sous-branches : histoire des langues, lexicologie, grammaire, sociolinguistique…

Le lexicologue est spécialisé en lexicologie. L’étude d’un phénomène comme le langage politiquement correct relève donc de son domaine d’étude. Pour autant, il est difficile d’étudier ce phénomène sans avoir une opinion personnelle à son sujet : on est pour ou contre.

Comment fonctionne le politiquement correct ?

Le politiquement correct est une manière de s’exprimer qui supprime des mots considérés comme dévalorisants pour les remplacer par d’autres mots ou expressions jugés plus positifs ou flatteurs. C’est une forme d’hypocrisie. En quoi le fait d’appeler une « cantine » un « restaurant d’entreprise » améliore-t-il la situation des gens qui y déjeunent ou la qualité de ce qui y est servi ?

Le politiquement correct peut également renforcer des termes pour leur donner plus de poids. Peut-être est-ce la peur de ne pas tenir des propos assez percutants ? On utilise souvent un adjectif pour renforcer le nom, par exemple une « malheureuse victime ». Cela peut aussi créer des pléonasmes dont on ne se rend parfois même plus compte, par exemple « tri sélectif ».

Le politiquement correct semble envahir notre quotidien, à tel point qu’on ne s’en rend parfois pas toujours compte. Que peut-on faire au niveau individuel pour y échapper ?

Certaines expressions « politiquement correctes » s’imposent dans le langage. Il est difficile, voire impossible de revenir en arrière. On peut lutter en employant les anciennes expressions qui ne sont pas encore jugées trop insultantes, par exemple continuer à dire « vendeur » au lieu de dire « conseiller clientèle ». Pourquoi l’instituteur est-il désormais appelé « professeur des écoles » ? Il n’y avait rien de dégradant dans l’emploi du terme « instituteur ».

En s’attardant sur certaines expressions comme « phase terminale », « nettoyage ethnique », « frappe chirurgicale », il apparaît que certaines de ces expressions « politiquement correctes » sont en fait assez violentes.

L’un des grands défauts du politiquement correct est de vouloir masquer des réalités qu’il juge dégradantes, choquantes, traumatisantes… en utilisant en réalité des expressions encore plus fortes et choquantes. Le politiquement correct « appuie » sur la réalité alors qu’il voudrait masquer, atténuer, adoucir…

Pensons aux expressions utilisées dans le monde du travail : « plan social », « plan de sauvegarde de l’emploi »… Ces expressions disent le contraire de la réalité.

Dans votre ouvrage, vous conseillez souvent de réemployer les « mots d’avant ». Pourquoi ?

Parce que certains mots anciens étaient plus simples, plus clairs, sans fioritures. Je suis pour une façon de parler simple et claire, accessible au plus grand nombre. Le « politiquement correct » encourage l’entre-soi et l’usage de codes lexicaux. Les gens finissent par ne plus se comprendre. Le « politiquement correct » masque la réalité et complique les choses.

 

 

[Source : http://www.nonfiction.fr]

Con la publicación de los ‘Diarios’ del escritor, el lector español dispone por primera vez de un testimonio crucial para comprender un período dramático de la historia de Europa

Stefan Zweig

 

Stefan Zweig se ha convertido en el símbolo de la Europa tolerante e ilustrada que intentó destruir el nazismo. Durante décadas, se le consideró un biógrafo elegante y un novelista menor. Con buen criterio, su nombre se situó por debajo de Thomas MannRobert Musil o Franz Kafka, pero en los últimos años se ha rescatado y revaluado su obra, especialmente en España, donde la editorial Acantilado ha realizado una extraordinaria labor con nuevas y rigurosas traducciones. El mundo de ayer, sus memorias, se ha convertido en un éxito de ventas y en un ejercicio de memoria colectiva. El continente que alumbró la Enciclopedia, la física de Newton, la poesía de Rilke y la democracia liberal sucumbió a la tentación totalitaria, encendiendo hogueras donde —como ya advirtió Heine— ardieron, en primer lugar, libros y, poco después, seres humanos.

Zweig no fue un intelectual beligerante. A diferencia de los hermanos MannÖdön von Horváth o Bertolt Brecht, se abstuvo de condenar el nazismo en sus inicios. Ni siquiera la prohibición de sus libros en Alemania, ni la experiencia del exilio, lograron que abandonara su silencio. Cuando en su gira por América del Sur le instaron a que condenara el nazismo, respondió: “Nunca hablaré contra Alemania, el intelectual debe permanecer cerca de sus libros, no está preparado para lo que requiere el liderazgo popular”.

Zweig comprendería tardíamente su error, cuando la caída de Singapur en manos del imperio japonés le hizo creer que el totalitarismo se extendería por todo el planeta. El 22 de febrero de 1942 se suicidó en Petrópolis, Brasil, acompañado por su segunda esposa. En su nota de despedida, escribió: “Saludo a todos mis amigos… Ojalá puedan ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy antes de aquí. Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal el bien más preciado sobre la Tierra”.

La publicación de estos Diarios de Zweig en la excelente traducción de Teresa Ruiz Rosas constituye un verdadero acontecimiento editorial. El lector español dispone por primera vez de un testimonio crucial para comprender un período particularmente dramático de la historia de Europa. Los Diarios abarcan del 10 de septiembre de 1912 hasta el 19 de junio de 1940, cuando el escritor parte hacia el exilio, hundido en sombríos pensamientos. Como sostiene Mauricio Wiesenthal en su prólogo, son más interesantes hoy que cuando se escribieron. Aún contemplamos con perplejidad cómo Europa dilapidó la herencia de Erasmo y Montaigne, permitiendo que el odio sepultara el ideal de libertad, igualdad y fraternidad acuñado por la Revolución francesa. Mientras los sabios se ocultaban, los demagogos escalaban hasta lo más alto, despertando el fervor de unas masas fanatizadas.

Al margen de su extraordinaria calidad literaria, los ‘Diarios’ de Zweig son una elocuente lección de historia y moral

Zweig no observa la realidad desde su escritorio. Viaja por París, Londres, Nueva York, Suiza, Brasil. A veces por placer; otras, por necesidad. En esos lugares, se encuentra con los grandes intelectuales y artistas de la época: Richard StraussRomain Rolland, Rilke, Hofmannsthal, Alma MahlerSchnitzlerFreud… Zweig es pudoroso. Protege su intimidad, escamoteándonos las zonas en penumbra donde tal vez laten deseos reprimidos. A diferencia de otros diaristas, no transige con el exhibicionismo o la indiscreción. Prefiere la alusión al dato desnudo, lo entrevisto a lo explícito, lo difuso a lo descarnado. Sabemos que se sentía atraído por la bohemia, pero nunca fue un maldito ni un inadaptado.

El escritor comienza sus anotaciones hablándonos de un diario perdido y de su propósito de escribir otro para que sus recuerdos no se borren o difuminen. Desde la primera línea, admite su timidez y pesimismo. Le gustaría educar su voluntad, pero se ha resignado a vivir en la atonía. Escribe a ratos sueltos, venciendo la apatía y la pereza. Es curioso que un autor tan prolífico se atribuya estos rasgos.

Aunque no es un escritor beligerante en cuestiones políticas, cuando estalla la guerra se avergüenza de vivir en su mundo, rodeado de libros y lejos del frente. Contempla con tristeza lo que sucede, incapaz de identificarse con el ardor bélico de sus compatriotas. Se escribe con Rolland, hallando consuelo en sus convicciones pacifistas. Visita a Hugo Wolf, herido en una pierna y escucha consternado el horror que se vive en el campo de batalla. Los soldados están desmoralizados. Solo los oficiales siguen hipnotizados por la épica de la guerra. Zweig nos narra los acontecimientos de la contienda con una mezcla de lucidez y escepticismo. Todo le parece irreal y absurdo. Solo reconoce una causa: la lucha por la dignidad del ser humano. Al principio de la guerra, se plantea alistarse. Al final, es un hombre desengañado que detesta el heroísmo de cartón piedra.

Lee a Shakespeare, Dostoyevski, TolstóiGuerra y paz le parece “un evangelio para nuestro tiempo”. Su obra está impregnada de humanismo y verdad. Destinado al Archivo de Guerra, se libra del frente por su mala salud. Zweig siempre escribe de forma elegante y precisa, pero sin caer en la retórica. Su sencillez y limpieza transmite sinceridad. No está pensando en el porvenir de sus Diarios como obra literaria, sino en la necesidad de expresar sus emociones. Durante los “felices veinte”, vive con angustia la posibilidad de un nuevo conflicto bélico: “Las generaciones futuras deberán aprender cómo hemos vivido todos estos años, esperando cada día un nuevo cataclismo. No hay mañana que no abramos el periódico con un ligero temor”.

Elegante y preciso, Zweig no piensa en la posteridad de sus Diarios, sino en la necesidad de expresar sus emociones

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial, viaja a Brasil. El clima húmedo y caluroso le parece insufrible para un europeo y se conmueve ante el espectáculo de una calle llena de prostitutas, expuestas en escaparates como mercancías: “Qué teatro al servicio del placer inmediato más banal y cruel”. Cuando el 1 de septiembre de 1939 Alemania invade Polonia, Zweig apunta: “Hoy es el día en que ha empezado la mayor catástrofe de la humanidad”. No se equivoca. Escribe desde Bath, en el suroeste de Inglaterra. No domina bien el inglés y eso le atormenta, pues limita su capacidad de comunicación.

Pronostica que la guerra causará la caída del capitalismo. Es sorprendente que apenas aluda al sufrimiento de los judíos, pese a serlo él también. Escéptico en materia religiosa, nunca ha pensado demasiado en el estigma de pertenecer a la “raza maldita”. Sostiene que el nazismo es la “ideología de los resentidos”, la hora de la venganza de los mediocres. Admite que se está desmoronando: “Nunca había sido tan pesimista, jamás había tenido tan pocas esperanzas”.

Cuando llega la noticia de que la cruz gamada ondea en la Torre Eiffel, la desesperanza se convierte en desesperación: “Tengo casi 59 años y los próximos serán espantosos, ¿qué sentido tiene soportar todas estas humillaciones?”. El nombramiento de Petain como jefe de Estado ahonda su angustia: “Ya no hay salvación, Europa está acabada, nuestro mundo se desmorona. Definitivamente, ahora somos apátridas”. Antes de partir a América, su desolación es infinita: “Se ha perdido Francia, reducida a escombros por siglos, el país más cautivador de Europa, ¿para quién escribiré, para qué viviré?”.

Al margen de su extraordinaria calidad literaria, los Diarios de Stefan Zweig son una elocuente lección de historia y moral. Nos muestran que la civilización no es una conquista irreversible, sino un logro precario. Europa siempre será el continente de la Shoah. La chimenea de Auschwitz sigue proyectando su sombra, recordándonos el potencial destructor de las ideologías. Ahora que han vuelto los viejos demonios del nacionalismo y el racismo, leer a Zweig ya no es una elección estética, sino un gesto de compromiso con los valores humanistas de la Europa democrática e ilustrada.

 

[Fuente: http://www.elcultural.com]

El espectador (Apuntes, 1991-2001)

Imre Kertész

Traducción de Adan Kovacsics

Editorial Acantilado

Barcelona 2021     233 páginas

 

IMRE KERTESZ EN LA ANTESALA DEL ADIÓS

 

Escrito por Iñigo Linaje

Recuerdo la lectura de La última posada, el diario de Imre Kertesz publicado póstumamente por Acantilado en 2016, como uno de los testamentos literarios más desoladores y descarnados que he leído los últimos años. De todos es sabido que el Nobel húngaro estuvo prisionero -en su adolescencia- en el campo de concentración de Auswchitz, experiencia que determinará su vida y su obra y de la que dará testimonio en un libro terrible: Sin destino.

La editorial Acantilado, que editó hace años Diario de la galera, fechado entre 1961 y 1991, acaba de publicar ahora el tomo central de su particular trilogía diarística bajo el título El espectador, que recoge los apuntes del autor durante los años noventa del siglo pasado. Así, este diario toma el testigo del primero y precede al último, donde expone con una desesperación y crudeza terribles los estertores de su acabamiento y su adiós definitivo en 2016.

Kertesz no tarda en fijar su particular poética existencial en estas páginas: “Escribo para salvar y rescatar nuestras almas de la fatalidad espiritual que crea la política, la economía y la ideología que las sostiene”. Una visión de la realidad marcada por sus vivencias juveniles que, no obstante, cualquiera podría suscribir al vislumbrar nuestra historia reciente. Pero sus notas de diario trascienden lo histórico o el ámbito social para inmiscuirse también en su intimidad. De esta manera, el autor consigna lecturas de Wittgenstein y Thomas Mann, anota reflexiones puntuales y atiende las lecciones de su compatriota Sandor Marai: que no pase un solo día sin leer unas líneas de Tolstoi o escuchar una pieza de Bach.

El diario se activa y toma vigor hacia la mitad del volumen, coincidiendo con la enfermedad y posterior muerte de su mujer, un acontecimiento que enfrenta a Kertesz a ver el itinerario de su vida desde una perspectiva aún más angustiosa: la de una soledad radical y dolorosa. “Quien no ha sido feliz no sabe morir”, escribirá esos días en algunas de las notas más amargas del diario.

Entre reflexiones sobre la actualidad de su país, remembranzas de un pasado siempre presente y lecturas discurren las últimas páginas de El espectador, donde Kertesz confiesa su último deseo: terminar los proyectos literarios emprendidos. Algo que tomará cuerpo en las devastadoras anotaciones incluidas en La última posada, que, acaso, anticipan estas palabras: “El hombre cree que su vida tiene sentido porque es el único ser capaz de concebir el sinsentido de la vida”.

 

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]

Le film des frères Dardenne est-il soluble dans l’intelligence des processus de radicalisation1 ?

Écrit par Rémi Marcos

On m’en avait bien assez dit, sur ces deux rejetons du cinéma intello belge, pour que j’aille ce jour-là au cinéma la tête pleine de « vraies » fausses espérances. Je m’étais dit, ainsi qu’un de mes compères de ce jour, l’air moqueur en plus, qu’un mortel ennui nous attendait sur le pas de la porte. Et pourtant, ce ne fut pas l’ennui, mais bien une forme assez curieuse de colère qui se fit jour2. Par quel procédé satanique, me disais-je, le peuple cannois a-t-il pu décerner un très honorable Prix de la mise en scène à un film proprement défait. Car ce film n’est pas fait, il est défait. Ou plutôt, il s’applique constamment à défaire ce qu’il prétend faire, et à défaire en ne le faisant qu’à moitié, ou d’une façon bien contrefaite, tout ce que le monde social fait à tous ceux qui ne pouvant faire autrement, finissent par s’y faire (il en est ainsi par exemple de ces freaks3 qui finissent par faire « profession » de leur stigmate). Qu’avons-nous vu, nous jeune étudiant en sociologie ? Ceci, et rien d’autre : un balancement frénétique entre esthétique naturaliste et une indéniable science du suspense.

Où est le « social » dans ce cinéma social ?

Alors, entreprise hitchcockienne qui ne s’assume pas ou faux cinéma social ? N’oublions pas ici que le cinéma social, même en sa forme la plus naturaliste ou documentaire, n’est jamais que du cinéma, et se trouve donc de facto prisonnier d’attendus et de normes implicites, d’enjeux formels et narratifs qui limitent sa prétention à représenter fidèlement le réel. Pire encore, le cinéma n’est jamais que la projection, armée de fantasmes et de préjugés, d’une vision particulière du monde, ici celle de deux artistes-intellectuels pétris de conscience civique, et armés du souci de répondre, avec leur art, au traumatisme des attentats en dévoilant les dégâts de l’idéologie mortifère qui habite certains jeunes4. Nous opterons donc ici pour la voie d’analyse la plus « sociologisante » : l’exotisme de classe. Entendons par cette étrange formule l’expression d’une forme aussi cultivée qu’ostentatoire d’évitement du social. Cachez ce vil que je ne saurais voir, ou plutôt montrez-le moi, mais par pitié ôtez en tout ce qui (nous) l’a rendu si désagréable, tout ce qui en lui, de lui, à partir de lui, donnerait à penser quelque chose comme du ou de la politique, tout ce tas de boue habillé d’un vieux fond de déterminisme : tout ce qui in fine justifierait peut-être qu’on renvoyât M. le caméraman, victime précoce d’un étrange Parkinson. Est-ce la réalité sociale qui tremble ainsi ? Sommes-nous toujours sur la tangente ? Et le geste, saisi comme un déchaînement gratuit de violence physique – terrible élan qui porte un jeune homme à vouloir poignarder sa professeure de français – surgit-il du présent comme surgit la passion amoureuse du jeune Ahmed ? On pense ici, la colère aidant, aux inénarrables mouvements de caméra de l’autre archétype intellectualiste-cinématographique du déchaînement « gratuit » de violence physique, Elephant. Ici, comme dans le film de Gus Van Sant, la violence n’a pas de principe, sa gratuité est justement ce qui lui confère ce pouvoir de fascination si cinématographique. Aucune passion triste ne semble sommeiller en elle, elle est simplement une mécanique, dont la logique profonde nous reste inconnue. Le jeune Ahmed ne souffre pas, il agit, il projette, il déploie un régime d’action qui lui semble totalement extérieur. Certes, il apparaît comme habité par un idéal religieux, certes il semble traversé de part en part par une injonction à la pureté rituelle, forgée par sa lecture intensive et très « archaïque » du livre saint, et aussi et surtout par la fréquentation d’un « père » de substitution. Quel ce père ? Un imam radicalisé, inspirateur immodéré d’un culte glaçant, figure de « l’idéologie mortifère » en son stade de point de non retour, et incarnation d’un « mauvais » islam, incompatible avec les vertus « émancipatrices » de l’école méritocratique. Le jeune Ahmed a donc fini par tomber, mais rien ne l’y pousse vraiment, rien d’autre qu’une logique, aussi bête et mécanique que les procédés filmiques dont use et abuse la caméra embarquée des frères belges. Le jeune Ahmed suit, mais rien ne l’y prédispose. Il tombe, encore, et cette fois-ci semble-t-il pour de bon. Et c’est à ce prix-là qu’il découvre, comme par magie, la signification morale de son geste meurtrier, et semble entamer un processus (tiens, en voici un !) de rédemption. Ici, comme dans le lycée américain dépeint dans Elephant, le Mal tire sa source d’une banalité « sans nom ». Résumons, de mémoire, les quelques informations dont un spectateur attentif dispose pour analyser le cas Ahmed : maman picole tout en aimant tendrement son garçonnet, qui vit donc sans son père, le Manque éminent du film, et la petite maison bien ordinaire évoque le quotidien « normal » de cette petite classe moyenne où chacun semble faire sa vie hors du regard des autres (énième illustration de l’idéologie de l’individualisation ?). C’est dans ce cadre bien ordinaire que surgit alors le Mal, bien aidé en cela par un imam-chef charismatique pour qui la mort est « comme une piqûre d’aiguille », et qui semble instiller auprès de son « fils » l’idéal d’une pureté (spi)rituelle tout à fait frappante. Les adorateurs-supplétifs de la théorie de la banalité du mal y trouveront leur compte. Ils adoreront ce monde à peine esquissé, ces dialogues coupés qui sonnent tellement vrai, proche du réel, organique. Pourtant, dans Le jeune Ahmed, le contexte – familial, social, scolaire, amical – est un décor, un support visuel, l’élément incarné d’une fable en quête d’un universel abstrait : c’est du carton-pâte. Ajoutons encore à ce bien « ordinaire » tableau cette prof de français ouverte et volontaire, engagée dans une entreprise d’arraisonnement de l’islam à la l’école des Lumières, entreprise qui fait débat, mais dans le quasi respect des règles formelles de la discussion (qu’il est décidément bien éduqué ce peuple !). La caméra dardennoise ne sait alors plus où se tourner quand ce bon petit peuple grouille de prises de parole et d’appels à la réconciliation.

Quoi c’est tout, vraiment ? Mais comment un homo sociologicus en puissance peut-il s’étonner de tout cela ? Derrière les mouvements rituels de la caméra dardennoise on retrouve, finalement sans grande surprise, le dernier avatar, savamment stylisé et sauvagement « organique », d’un républicanisme soft.

Qui pourra aimer Le jeune Ahmed ?

Le cinéma des frères Dardenne, s’il est fidèle en son ensemble à cet agrégat visuel qu’est Le jeune Ahmed, nous renseigne alors magistralement sur certains de ceux qui viendront se gloser devant le style « à la Dardenne ». Ce sont de bien belles élites qu’il (nous) invite à réfléchir, en effet : élevées au grand air, éclairées, pour les plus « brillantes » d’entre elles, au beau soleil de Cannes, et gagnées plus que jamais par le goût cinéphilique du « normal » ou du « populaire ». Tel est le raffinement suprême de l’intellectuel « concerné », qui tel nos deux compagnons belges, descend, muni de sa grosse caméra, de ses gros sabots et de sa grosse ambition, assommer la réalité sociale à coup d’esquisses et de presque faux-semblants. Ne pourront aimer ce film que ceux qui, prédisposés à en contempler l’épure et ses touches organiques, et à en admirer le propos, ne verront pas tout ce que le travail des frères Dardenne suppose d’évitement, d’abandon, d’empêchement, conscient ou inconscient du réel et de ses sous-bassements. C’est parce que le « social » s’y trouve enfermé dans un récit et des formes qui miment le réel sans jamais le dévoiler, qu’il permet au public cultivé de gagner sur tous les tableaux, l’esthétique comme le politique, c’est-à dire sans jamais franchir le cap, trop coûteux, d’une critique politique des logiques sociales qui fondent et construisent l’ordre inégal des choses.

Le cinéma social à la Dardenne se refuse donc à faire les comptes, mais dans le monde social, tout se paie, ou du moins rien n’est jamais tout à fait gratuit. La violence, entendons ici celle qui accède au statut de « violence » quand elle est nommée par les professionnels de la nomination, ne surgit pas du fonds de la nuit : elle tire sa force du long et sourd travail d’inscription du stigmate dans les corps et dans les esprits, elle est un marqueur qui frappe les trajectoires individuelles, solidifie les schèmes oppositionnels, et organise un rapport agonistique au monde. Elle est l’élément indispensable qui justifie et rend possible des entreprises plus mortifères encore.

Retrouver le social, retrouver le politique

Le jeune Ahmed est un savant jeu de piste dont les organisateurs, croyant nous mener au cœur d’une épaisse et tragique réalité, projettent leur dédain princier de tous les processus sociaux, pourtant bien étudiés par une science, elle aussi, sociale, dont on rappellera ici l’étonnante (vraiment, étonnante ?) absence des débats entourant ces phénomènes de « radicalisation ». Ce sont pourtant ces derniers, ces processus, ces tendances, ces conditions sociales, qui ont fait, produit, construit, structuré – islamophobie des élites, domination scolaire, discrimination pratiquée par des agents d’État, stigmatisation sociale, spatiale et raciale, construction de formes de reconnaissance parallèles aux institutions culturelles dominantes, quête d’une ascension culturelle par la voie spirituelle – tout ce que Le jeune Ahmed s’acharne à ne jamais montrer. Tout ce que le bras tremblant de M. le caméraman n’arrivera jamais à saisir.

  1. On reprend ici le terme consacré, faute d’un « radical » plus adéquat []
  2. Le mot colère est utilisé dans le sens (très) restreint qu’autorise le tapotement de mains ou le raclement de gorge d’un « cinéphile » engoncé dans son siège rouge, et par ailleurs préoccupé, de près ou de loin, par l’ordre inégal des choses (l’expression est du sociologue Bernard Lahire). []
  3. On pense ici au film éponyme de Tod Browning (1931), curieuse peinture, imprégnée de populisme et d’exotisme, d’un univers fait pour choquer le bourgeois américain ; et dont la réception, véritable scandale à l’époque, a révélé les implicites esthétiques et moraux d’un certain « milieu » du cinéma. « Comment ont-ils pu tourner Freaks ? » claironnaient alors les distributeurs. Le parallèle pourra être jugé curieux, et pourtant la division entre Freaks et monde « normal » ressemble quelque peu à celle séparant les « jeunes radicalisées » de la « République » : nature vs culture, quête de reconnaissance inscrite dans une professionnalisation du stigmate, transformation d’une frontière symbolique imposée en une frontière morale « choisie » (les Freaks comme les « jeunes radicalisés » se veulent des paragons de vertu face à un monde « normal » en proie à la dépravation), etc. Alors, « comment ont ils pu tourner Le jeune Ahmed ? ». Réponse : « sans rien y montrer qui ne puisse déranger ». []
  4. Nous reprenons ici les termes employés par Jean-Pierre et Luc Dardenne dans une interview donnée à la radio télévision belge, publiée le 20/05/2019 sur rtbf.be : https://www.rtbf.be/culture/cinema/detail_l-interview-desfreres-dardenne-pour-le-jeune-ahmed?id=10225797 []

[Illustration : Victor Viard-Gaschat – source : http://www.citeunie.org]

La conquista española y la colonización se basaron en la negación del otro. La ignorancia es el origen del racismo. Es el temor a lo diferente y es la justificación para dominar y sojuzgar al otro en nombre de una supuesta superioridad racial.

Escrito por Nilo Cayuqueo

Los mexicanos vienen de los indios, los brasileños de la selva y nosotros los argentinos, de los barcos.”

Alberto Fernández, presidente de la Argentina

Esto fue lo que dijo el presidente Alberto Fernández hace algunos días durante la visita del presidente español Pedro Sánchez a Buenos Aires.

Sería ingenuo decir que el presidente tuvo un “furcio”. Es un sinceramiento de lo que piensa y consistente con su ideología. Es política de Estado congraciarse con los gobiernos europeos y el gobierno norteamericano de turno, para negociar deudas, como con el FMI, que el pueblo no contrajo pero que se le obliga a pagar.

El gobierno promueve las “inversiones” por parte de las multinacionales. Un eufemismo que esconde el saqueo y la contaminación a los territorios donde viven los pueblos originarios y campesinos por cientos y miles de años.

Tampoco es ninguna sorpresa. Que los argentinos descienden de los barcos viene siendo una frase repetida por varias generaciones de presidentes, como apunté en una nota anterior. Su repetición habla de un no aprendizaje, de una negación y de una profunda ignorancia de la historia de un país que fue fundado a sangre y fuego masacrando a los pueblos originarios y la gente esclavizada traída en otros barcos desde África, en una terrible continuidad con el coloniaje de ultramar.

Pero que la sociedad se escandalice habla también de que hay una urgencia por repensarnos como sociedad y país, también en el marco de la llamada Latinoamérica. Porque esta frase no solo es una ofensa a la historia del país que gobierna Fernández, sino también a la historia del continente.

Una disculpa por twitter no es suficiente. La reparación histórica hacia los pueblos originarios no puede esperar más. Los asesinatos y desalojos a comunidades originarias se suceden día a día. El día siguiente de la manifestación del presidente Fernández, moría asesinado por la policía en Chaco, el joven qom José Lago. El Estado se hace presente o con asistencialismo o con brutalidad policial, pero no está dispuesto a hablar de nuestros derechos consagrados en las leyes nacionales e internacionales.

No necesitamos que se disculpe, señor presidente, es un gesto banal. Necesitamos que se eduque usted, así como todo funcionario, es su deber. Es inaceptable que ejerza la docencia y reproduzca frases fuera de la realidad y ofensivas hacia el pueblo, no solo los pueblos originarios, sino también a todo el pueblo empobrecido. Al mismo tiempo con una connotación paternalista al decir “nuestros pueblos originarios”. ¿A quiénes les perteneceremos?

Tampoco es su culpa, que haya sido educado sintiéndose europeo, pues la enseñanza en este país de solo 211 años fue instaurada por mandato de la oligarquía a quien fue el presidente Domingo Faustino Sarmiento, un presidente asesino y racista que junto a Mitre, el general Roca, Victorica y otros, se encargaron de masacrar a los pueblos originarios, para que ellos y la oligarquía puedan apoderarse de sus territorios y después escribir la historia, la historia del vencedor, y planificar la educación que hoy recibimos en las escuelas.

Así como usted, señor presidente, se define como “un europeísta”, y sí, pero usted no es el único, otros presidentes como Menem, Cristina Fernández y el ultraderechista Mauricio Macri también han dicho que los argentinos somos descendientes de europeos. Desgraciadamente, a raíz de esa educación distorsionada, parte de la población piensa igual que usted, y eso debe ser cambiado.

La conquista española y la colonización se basaron en la negación del otro. La ignorancia es el origen del racismo. Es el temor a lo diferente y es la justificación para dominar y sojuzgar al otro en nombre de una supuesta superioridad racial.

¿Se puede ser un país libre, justo y soberano, cuando los terratenientes, las compañías multinacionales, las financieras se han apoderado de los territorios y controlan la economía? El llamado gobierno nacional y popular se jacta de favorecer a los más desposeídos, con políticas asistencialistas, mientras los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. El impuesto a la riqueza no puede ser una política circunstancial, cobrar un poco más de impuesto por “única vez”? Hay que revolucionar las bases de los privilegios que sustentan un estado de desigualdad y el crecimiento galopante de la gente empobrecida, las cárceles están repletas de gente de color marrón. La distribución de las riquezas es un imperativo insoslayable.

Se sigue ignorando a los pueblos indígenas y sus legítimas demandas a la devolución de sus territorios y reparación histórica por todos esos genocidios. No solo es la negación, sino que la represión sistemática y los asesinatos a líderes y jóvenes indígenas es una constante.

Necesitamos una transformación, empezando por la devolución de los territorios usurpados a los pueblos originarios y una reforma agraria para que los millones de personas viviendo en los barrios populares (villas miserias), puedan tener acceso a la tierra y tener una vida mas digna con alimentos promovidos por una soberanía alimentaria.

Un Estado plurinacional, no es una utopía, es el sueño de millones, donde las distintas culturas que convivimos en este enorme país llamado Argentina, para que podamos proyectar un futuro mejor para las generaciones que vendrán.

Si los gobiernos no responden a estos mandatos históricos, será tarea de los pueblos llevarlo a cabo.

 

 

– Nilo Cayuqueo es de la comunidad mapuche de Los Toldos en la provincia de Buenos Aires. Cofundador de varias organizaciones en Argentina y a nivel internacional. Uno de los primeros participantes indígenas en la ONU a partir de 1977. Fue perseguido por la Alianza Anticomunista Argentina, en el gobierno de Isabel de Perón, y más tarde por el gobierno militar en Argentina, debiéndose exiliar en Perú, Bolivia y más tarde en Estados Unidos. Ha escrito numerosos artículos sobre pueblos indígenas. Libro en progreso: Mis Memorias y La Historia del Movimiento Indígena.

 

 

 

Bernardo Fuster grabó discos con el seudónimo de Pedro Faura, cantautor antifranquista. Hace no mucho descubrió que su padre, alemán, también había estado en la clandestinidad, pero en el otro bando, 30 años antes que él. El proyecto ‘De eso no se habla’ aborda relatos de silencios y cuenta su historia.

Bernardo Fuster cuando cantaba bajo el seudónimo de Pedro Faura

Bernardo Fuster cuando cantaba bajo el seudónimo de Pedro Faura.

 

Escrito por Olga Rodríguez

¿Cómo alguien puede pasar buena parte de su vida sin hablar de las cuestiones fundamentales que atraviesan su existencia? Esta cuestión obsesiona a Isabel Cadenas, impulsora del proyecto de podcast De eso no se habla, en el que analiza los silencios y rescata memorias. ¿Por qué una persona no aborda con sus seres queridos o con su familia temas esenciales que la definen? Es, probablemente, una pregunta que en España podríamos hacernos muchos, porque “este es un país de silencios”, silencios inscrustados en los códigos de sociabilidad colectivos. “Creo que demasiado a menudo el silencio se confunde con una señal de respeto”, reflexiona Cadenas.

En De eso no se habla ha indagado en varios relatos de silencios, como la historia de las once de Basauri, aquellas mujeres que abortaron y fueron juzgadas por ello, o la del músico y compositor Bernardo Fuster, cantautor antifranquista que actuó y grabó cintas clandestinas bajo el seudónimo de Pedro Faura, que posteriormente tocaría con Luis Pastor, Aute o Sabina y fundaría con Luis Mendo el grupo Suburbano, creador de temas como la Puerta de Alcalá, La Tierra se mueve, Arde París o Maki Navaja.

¿Cuáles son los silencios de Fuster? Su actividad clandestina como Pedro Faura fue casi un secreto durante treinta años. Y la identidad de su padre, alemán afincado en España, fue una incógnita para su propio hijo: “Un día empecé a darme cuenta de que mi padre era algo más que un profesor de música”.

Ambos, Cadenas y Fuster, conversan con elDiario.es en Madrid.

Isabel Cadenas y Bernardo Fuster, en casa de este. Mar Feuerriegel

« Por allí pasaban tipos extraños »

“Mi padre tocaba varios instrumentos, muchas mañanas nos despertaba tocando el acordeón, tenía una mandolina, guitarras, de todo. Yo iba al colegio alemán y allí empecé a cantar en el coro. Siempre me gustó la música”, recuerda Fuster.

Su padre le inscribió en Valencia en los Círculos Doctrinales Jose Antonio, fundados en 1960 con el objetivo de mantener la ortodoxia falangista. Allí conoció, paradójicamente, a varios militantes de izquierdas, contrarios al régimen, infiltrados en los Círculos para captar a los más jóvenes. Y así desarrolló sus propias ideas políticas.

Mi padre había luchado como alemán en la II Guerra Mundial. Él no renegaba de ello, pero eso era todo. O eso pensaba yo.

Fue entonces cuando empezó a guardar silencios para con su padre e inició su militancia en grupos de la izquierda antifranquista. Primero, con los anarquistas. Después, con los comunistas.

“Mi padre había estado en la Segunda Guerra Mundial y había acabado en España. Sabía que había luchado con los nazis, él no renegaba de ello. Pero eso era todo. O eso pensaba yo”, relata. En la casa de Fuster había cruces gamadas y medallas, alguna con la esvástica.

“Por allí pasaban tipos extraños. Recuerdo a uno, con gabardina y sombrero, que regaló a mi padre un tocadiscos magnífico. A mí nada me parecía raro por aquél entonces. Tenía varios amigos de izquierda como yo cuyos padres también eran grandes partidarios del régimen franquista, a veces lo comentábamos, bromeando, pero de pasada. No me paraba a pensarlo demasiado, lo veía normal”.

El exilio y la gira europea

Como militante de base del FRAP Fuster tuvo su momento de clandestinidad. Se escondió en la casa de su abuela en Madrid, donde guardó maletas llenas de propaganda contra el régimen. Compuso varias canciones de contenido político, las grabó en una cinta y esta empezó a distribuirse clandestinamente por los círculos activistas de Madrid:

“Un día la dirección de mi organización me propuso irme a Europa como cantautor para actuar en los mítines que se organizaban contra el franquismo. Yo estaba en España de forma clandestina, la Brigada Político-Social me buscaba, así que decidí que sí, que me iba. Era una forma de combinar la militancia y la música”. Cuando le pidieron que eligiera un seudónimo, eligió el nombre de Pedro Faura. De ese modo recorrió todo el continente, conoció a intelectuales, escritores y políticos, recibió aplausos en el escenario:

“Siempre viajaba en tren de una ciudad a otra. Recuerdo la última estación de la Alemania occidental, en la que por el altavoz nos decían: ‘Está usted abandonando la Alemania libre’. Y la primera de la Alemania oriental: ‘Está usted entrando en la Alemania de los trabajadores' ».

Pedro Faura (Bernardo Fuster) en un concierto en Berlín.

Fuster, alias Faura, disfrutó mucho aquella época. Conoció a guerrilleros españoles exilados, a un exsoldado que había estado en la Nueve liberando París de los nazis, a Carlos Palacio, cantautor republicano que había sonado mucho durante la guerra o al militar Otelo Saraiva de Carvalho, estratega de la Revolución de los Claveles portuguesa. Sus letras, reivindicativas, hablaban del exilio, de la impunidad, de la dictadura, de la necesidad de libertad: « Era increíble el apoyo que había en Europa a la resistencia contra el franquismo ».

Hasta que el 25 de julio de 1976 decidió abandonar el FRAP por no compartir la línea adoptada por la organización, en defensa de acciones violentas: “No estaba de acuerdo con aquello y me fui. Era domingo”. Lo tiene anotado en una libreta que aún conserva, repleta de apuntes y retazos con nombres, lugares, fechas. Aquello supuso su regreso a España.

Cuando volvió tuvo una crisis de identidad. Optó por no contarle a casi nadie que él había sido Pedro Faura, aquél cantautor clandestino antifranquista, del FRAP, que actuaba en las capitales europeas y cuyas grabaciones habían circulado de mano en mano por los ambientes militantes de Madrid o Barcelona.

Primero hizo sus pinitos en el teatro, con el grupo Tábano: “Era malísimo como actor, pero buscaban un personaje que hablara alemán y yo necesitaba ganarme la vida”. Después, inició su etapa exitosa como músico y compositor fundador del grupo Suburbano.

El grupo Suburbano, en una foto de su primera época.

La Transición y el silencio

“Había llegado la Transición, probablemente la época reciente en la que mayores silencios ha habido. Opté por enterrar esa parte de mi vida como Pedro Faura. Por un lado, había grupos de extrema derecha por ahí danzando, era una situación jodida. Por otro lado, yo había acabado muy mal con el FRAP, me habían perseguido por haberme ido. Así que me dije: ‘Por ahora mejor lo callo’. Y ese ‘por ahora’ fueron treinta años”.

Nunca lo contó públicamente, hasta que en 2006 un amigo organizó una exposición sobre cantautores antifranquistas y le pidió permiso para incluir uno de sus discos como Pedro Faura. Su padre ya había fallecido. Nunca llegaron a hablarlo. Ni él con su padre, ni su padre con él. De algún modo ambos sospechaban de los secretos del otro, pero optaron por no ponerlos encima de la mesa.

“Hace poco recordé que, estando yo buscado por la Brigada Político-Social, mi padre se ofreció un día a ir a comisaría a pedir unos documentos que yo necesitaba. Ahora lo pienso y me doy cuenta de que tenía que saber en qué andaba yo metido, que lo hizo porque sabía que yo no podía permitirme ir”, recuerda. En otra ocasión un policía que le detuvo, al ver sus apellidos, comentó: “Vaya familia”: “Los servicios de la policía sabían quién era mi padre, seguro”.

Libreta de Bernardo Fuster de 1976 que aún guarda hoy Olga Rodríguez.

Y, ¿quién era realmente su padre?

Y ¿quién era el padre de Fuster exactamente, más allá de un alemán profesor de música afincado en España que había luchado en la Segunda Guerra Mundial?

Un día, no hace tiempo, Bernardo Fuster descubrió en su casa familiar un álbum con la cruz gamada en la portada. Dentro encontró fotografías de todo tipo: soldados nazis desfilando en Madrid, coros de niños en colegios alemanes de España con banderas nazis, corridas de toros con militares alemanes, en las Ventas: “Ahí estaban ante sus ojos los lazos siempre negados entre el nazismo y el franquismo”, relata Cadenas.

Con 30 años de diferencia mi padre y yo habíamos estado en la clandestinidad durante un tiempo, cada uno en un bando

En las últimas páginas del álbum halló una invitación en la que aparecía el nombre de su padre presentado como el jefe de las Juventudes Hitlerianas en España, organización cuyo objetivo era adoctrinar a niños y jóvenes alemanes en la ideología nazi a través de actividades y campamentos en nuestro país, donde la población alemana se había triplicado desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

También encontró un recorte de un diario en el que se informaba de que los aliados pedían al Gobierno de Franco que entregara a una serie de personas refugiadas en España que pertenecían al partido nazi. Entre ellas estaba el nombre del padre de Bernardo.

Una de las fotografías del álbum del padre de Bernardo Fuster.

La red de ocultación de nazis en España, dirigida por Clara Stauffer Loewe [destacada militante de la Sección Femenina de Falange], le había facilitado al padre de Fuster una identidad falsa, española. Pasó de tener nombre y apellido alemanes -Feuerriegel- a llamarse Bernardo Fernández: « Se tiñó el pelo -era demasiado rubio- y se dejó bigote a lo español ». Así estuvo cuatro años, con acento alemán pero con el Fernández en un carné que indicaba que era natural de Tarragona y perito mecánico. El documento estaba expedido por la Falange, firmado por Miguel Primo de Rivera.

La red de Stauffer logró que unos ochocientos nazis se refugiaran en España. Cuando los aliados solicitaron a unos 1.600 alemanes sospechosos de pertenecer o de colaborar con el nazismo, el régimen franquista solo deportó a 265. El resto, incluido el padre de Bernardo, lograron quedarse y rehacer su vida sin ser perseguidos.

“Así es que con treinta años de diferencia mi padre y yo habíamos estado en la clandestinidad durante algún tiempo, cada uno en un bando », relata Fuster. Al cabo de cuatro años su padre, no sabe bien cómo, recuperó su pasaporte alemán y su identidad real, después de que los aliados consideraran que no había cometido crímenes de sangre.

Fotografía del álbum del padre de Fuster.

“Creo que mi padre fue del sector medio, no lo digo por exculparle. Lo que no entiendo es por qué lo mandaron aquí a España para ser jefe de las Juventudes Hitlerianas. Era el miembro del partido [nazi] ocho millones y pico. Es impresionante la cantidad de afiliados que hubo, cuando llegaban a un grado militar determinado estaban obligados a entrar en el partido. Me pregunto si ya era profesor de música allí. Imagino que habría formado a algún coro militar”.

Son muchas las preguntas no contestadas, porque padre e hijo nunca hablaron de sus secretos respectivos. “Él no lo habló para no buscar enfrentamiento, deduzco. Y yo lo mismo”.

Isabel Cadenas reflexiona sobre ello comparando los contextos de España y de Alemania: “Allí se abordó un proceso en el que se analizó la responsabilidad que tuvo cada persona. Aquí no. Allí una generación de alemanes se dedicó a confrontar a sus padres. Aquí se mantuvo el silencio”.

“El silencio nos ha acompañado siempre en este país. Es una faena, porque cuando quieres hablar te queda la memoria, pero esta es selectiva cuando pasa el tiempo”, reflexiona el músico, que está preparando la grabación y publicación de varias composiciones de Pedro Faura, algunas inéditas, otras divulgadas en su día.

‘Manifiesto’, de Pedro Faura, grabado en 1975 en Alemania.

“Realmente la historia de todos nosotros está construida sobre el silencio. Con el país tan ruidoso que somos, por otro lado”, añade Cadenas.

De eso no se habla, premiada ya con una mención especial de los Ondas, tiene pendiente publicar otros cuatro capítulos más, en los que su impulsora y su equipo -todas son mujeres- seguirán rescatando memorias, incluso las suyas propias.

Dice Cadenas que los silencios están llenos de miedos heredados -« ese no te signifiques, no hables, que nos decían »- y también de presencias. Hay quienes intentan romperlos excavando la tierra, literalmente, perforándola, rompiendo el suelo, para rescatar del olvido a los desaparecidos. Ella hace lo mismo pero no con picos y palas, sino con la palabra, el arma con la que nombrar lo innombrable, con la que recuperar lo oculto, con la que movilizar lo estancado. La palabra sirve para indagar. Desatasca. Puede que en algún momento le toque a ella. En el prólogo de De eso no se habla cuenta retazos de su infancia. Quizá pronto se atreva a abordar con más detalle, “si logro reunir la fuerza”, su propia historia, la de su familia, su mirada de niña. Sus propios silencios.

 

[Fuente: http://www.eldiario.es]

Dans certaines librairies ou sur Internet, les lecteurs les plus avisés peuvent trouver pour quelques euros des versions parfois non censurées de textes nazis. Enquête.

Dans certaines librairies ou en accès libre sur Internet, les lecteurs les plus avisés peuvent trouver pour quelques euros des versions non-censurées de textes nazis.

Écrit par Céline Delbecque

Alignés sur une dizaine d’étagères, impeccablement classés par ordre alphabétique et par éditeurs, les centaines de livres proposés à la vente par la librairie Vincent semblent attendre patiemment leurs lecteurs. En cette après-midi du mois de mai, cette petite boutique du VIIe arrondissement de Paris est vide. « Mais venez un soir de semaine à 18 heures ou lors d’une séance de dédicaces, et vous verrez toutes sortes de publics », confie le vendeur. Car ici, les clients ne viennent pas chercher le dernier prix Goncourt ou le prochain roman d’été à la mode. La librairie Vincent, qui a pris la suite de la très droitière librairie Facta – anciennement située rue de Clichy et tenue par l’essayiste d’extrême droite Emmanuel Ratier – propose à ses habitués toutes sortes de livres « dissidents », comme tient à les définir le propriétaire du lieu. « Ça va du souverainisme à l’altermondialisme, en passant par le dernier livre de Philippe de Villiers ou de Youssef Hindi », résume le libraire, lui-même installé devant un présentoir de la revue d’extrême droite Faits & Documents.

Occupant une place de choix à l’entrée de la boutique, les ouvrages de la maison d’éditions Kontre-Kulture, fondée par l’essayiste et idéologue d’extrême droite Alain Soral, y sont particulièrement mis en valeur. Sur leurs couvertures colorées, le nom de certains auteurs interpelle. Le client peut par exemple se procurer pour une vingtaine d’euros une version rééditée de Combat pour Berlin de Joseph Goebbels, ou pour une quinzaine d’euros Le Testament politique de Hitler signé d’Adolf Hitler lui-même. Un ouvrage qui se vendrait, selon le libraire, à « environ cinq exemplaires par semaine ». Moins que la version de Mein Kampf, également éditée par Kontre-Kulture et proposée à la vente pour un peu moins de 30 euros, qui ne se vendrait, elle, « qu’environ cinq fois par mois ». « Rien d’exceptionnel », estime le propriétaire en haussant les épaules : l’homme assure vendre ce genre d’ouvrages « à des étudiants, des universitaires, des curieux de tous les milieux, intrigués par la dimension historique de ces livres ». Un phénomène qui, selon lui, « reste rare ». « Plus personne ne s’y intéresse vraiment, les jeunes d’aujourd’hui sont plus attirés par les auteurs contemporains », fait-il valoir.

Pourtant, le succès des ouvrages écrits par des auteurs nazis ou fascistes ne semble pas vraiment s’éteindre – et le public séduit par ces livres « n’est pas uniquement composé d’universitaires ou de simples étudiants en histoire, loin de là », garantit Emmanuel Pierrat, avocat spécialisé en droit de la propriété intellectuelle et spécialiste de l’édition. Récemment, un exemplaire de Mein Kampf a par exemple été retrouvé au domicile de l’acolyte du « gifleur » d’Emmanuel Macron, dénommé « Arthur C. » par les enquêteurs. Et malgré la publication d’éditions critiques et contextualisées de tels ouvrages, comme la récente publication de Fayard Historiciser le mal – Une version critique de Mein Kampf (2021), différentes maisons d’éditions continuent, elles, de publier la version originale du texte d’Adolf Hitler ou d’autres ouvrages signés d’auteurs nazis ou antisémites.

Sur leur site Internet, les éditions Kontre-Kulture proposent même un coffret comprenant un exemplaire de Mein Kampf, Combat pour Berlin, Le testament politique de Hitler et les Mémoires politiques d’un magicien – signé Hjalmar Schacht, ministre de l’Économie du IIIe Reich – pour 78,30 euros. La maison d’édition Nouvelles Éditions Latines (NEL), premier éditeur du texte depuis 1934 et dont la ligne éditoriale est toujours identifiée à l’extrême droite traditionaliste, publie encore la version originale de Mein Kampf sous le titre Mon combat pour 36 euros. François-Xavier Sorlot, petit-fils du fondateur de NEL et directeur de la maison d’édition, affirme d’ailleurs à L’Express vendre « entre 300 et 500 exemplaires » de cet ouvrage chaque année – un chiffre qui serait monté à « 5000 exemplaires » en 2015, à l’occasion du 70e anniversaire de la mort d’Adolf Hitler. Et sur Internet, de nombreuses plateformes, légales ou clandestines, proposent aux lecteurs de se procurer pour quelques euros des textes nazis ou fascistes, dans de vieilles éditions parfois non censurées ou directement par PDF. « C’est un marché gigantesque, presque impossible à chiffrer, mais qui a toujours existé », affirme Emmanuel Pierrat. « Ce marché n’a pas faibli et ne s’éteint pas », souligne-t-il.

Des textes « extrêmement difficiles à contrôler »

« Se procurer un exemplaire de Mein Kampf, par exemple, n’a jamais été aussi simple », abonde Marc Knobel, historien et chercheur au Conseil Représentatif des Institutions Juives de France (CRIF). Édité depuis 1934 aux Nouvelles Éditions Latines, l’ouvrage d’Adolf Hitler est tombé dans le domaine public en 2016, permettant à des maisons d’édition telles que Kontre-Kulture ou Hadès Éditions de proposer leurs propres rééditions du texte de manière tout à fait légale. Seule barrière à la publication du livre : depuis le 11 juillet 1979, un arrêt de la cour d’appel de Paris indique que ce livre ne peut être vendu qu’en étant assorti, en tête d’ouvrage, d’un texte de huit pages mettant en garde le lecteur.

Le texte de cet avertissement a été fixé par un autre arrêt de la cour d’appel, datant du 30 janvier 1980, et qui vaut encore aujourd’hui pour chaque édition française de Mein Kampf. Cet avertissement doit « rappeler de façon précise au lecteur les crimes contre l’Humanité auxquels a conduit la mise en oeuvre systématique de la doctrine raciste […] », précise l’arrêt, décidé à la suite d’une plainte déposée à l’époque par la Ligue Internationale contre l’Antisémitisme (Lica, qui deviendra ensuite la Ligue internationale contre le racisme et l’antisémitisme, Licra).

Mais pour le reste, la majorité des livres nazis ou antisémites restent « extrêmement difficiles à interdire totalement, ou même à contrôler », indique Emmanuel Pierrat. « Car le plus souvent, ce n’est pas un livre qui est visé en tant que tel, mais certains propos écrits dans ce livre », rappelle-t-il. Puisque la loi française interdit par exemple la discrimination raciale, le négationnisme ou encore l’incitation à la haine raciale, seuls certains passages clairement antisémites, négationnistes ou racistes seront censurés dans un ouvrage. « On se retrouve donc avec des rééditions de livres dont les propos sont globalement problématiques, mais qui seront seulement allégés de certains passages particulièrement sulfureux », résume l’avocat. « Et vous pourrez les retrouver très facilement dans certaines librairies ou directement sur Internet dans leur édition précédente », précise-t-il.

« Jeu du chat et de la souris »

« C’est toujours un peu sournois : les maisons d’éditions concernées nuancent certaines choses, ajoutent un avant-propos pour que le délit ne soit plus constitué, et passent ainsi entre les mailles du filet », ajoute Virginie Lapp, avocate au barreau de Paris et spécialiste du droit de la presse. Il en est ainsi de l’ouvrage Combat pour Berlin de Joseph Goebbels, publié par les éditions Kontre-Kulture en 2018. Le 26 novembre 2019, la Licra saisissait le tribunal judiciaire de Bobigny afin d’obtenir l’interdiction de l’exposition, de la diffusion, de la distribution et de la mise en vente du livre. Le 31 mars 2021, la Cour d’Appel de Paris confirme la décision du juge des référés de Bobigny, indiquant que l’ouvrage représente un « trouble manifestement illicite », notamment pour faits d’apologie de l’idéologie nazie, confirme le service juridique de la Licra à L’Express. La Ligue obtient ainsi l’interdiction de la réédition de ce livre par Kontre-Kulture.

Mais quelques mois plus tard, Kontre-Kulture propose sur son site et en librairie une nouvelle édition de cet ouvrage, indiquant que ce dernier comporte cette fois un avertissement au lecteur de huit pages – le même texte que celui rédigé par la Cour d’appel de Paris en 1979 pour Mein Kampf. « Ainsi cette édition échappe à toutes les critiques formulées par la Licra, dont l’assignation est même publiée en annexe », se targue l’éditeur sur son site Internet. Une stratégie d’évitement qui ne passe pas auprès de la Licra. « L’arrêt de 1979 de la Cour d’Appel de Paris précise bien que l’avertissement en question porte sur le Mein Kampf des Nouvelles Éditions Latines. Il n’en fait pas un fétiche qui rendrait légale toute édition d’un texte raciste ou antisémite », rappelle l’organisme.

En 2013, la Ligue avait déjà obtenu l’interdiction pour injure à caractère racial, provocation à la haine ou négationnisme de cinq livres ou passages d’ouvrages édités par Alain Soral : L’anthologie des propos contre les Juifs, le judaïsme et le sionisme de Paul-Eric Blanrue, La France juive d’Édouard Drumont, Le Salut par les Juifs de Léon Bloy, Le Juif international d’Henry Ford et La controverse de Sion, de Douglas Reed. « Le problème, c’est qu’ils peuvent facilement réapparaître sur le marché de l’occasion, sur des plateformes parfois tout à fait légales. C’est un peu le jeu du chat et de la souris », souligne Emmanuel Pierrat.

« Il fut un temps où on pouvait faire pression sur une librairie, saisir un stock et passer au pilon ces ouvrages. Aujourd’hui, il faut se battre en permanence avec des plateformes qui ne contrôlent pas tout, ou ne le font pas avec une grande rigueur », regrette Emmanuel Debono, historien et rédacteur en chef du Droit de vivre (DDV), le journal historique de la Licra. « Il y a des choses qui se règlent en direct, des ventes manifestement illicites que l’on peut signaler, mais le travail est tellement énorme qu’il y a effectivement des ouvrages – ou des objets – qui échappent à notre vigilance », avoue-t-il.

« Si vous cherchez bien, vous trouverez toujours »

Les chercheurs interrogés par L’Express sont unanimes : le marché « clandestin » des textes nazis ou antisémites est extrêmement fourni, et accessible en quelques clics sur Internet ou en activant les bons contacts. « Certaines versions de Mein Kampf sans l’avertissement obligatoire prononcé par la cour d’appel de Paris sont encore en vente chez certains bouquinistes ou librairies spécialisées », indique ainsi Jean-Yves Camus, politologue et spécialiste de l’extrême droite.

Idem pour la version non censurée du livre de Lucien Rebatet Les Décombres, datant de 1942 et non expurgée de 125 de ses pages les plus antisémites, encore « trouvable » dans certaines boutiques, ou pour certaines versions des pamphlets antisémites de Louis-Ferdinand Céline, qui valent aujourd’hui, selon Emmanuel Pierrat, « entre 300 et 400 euros dans une brocante ou chez certains bouquinistes des quais parisiens ». « Si vous cherchez bien, vous trouverez toujours une ou deux bibliothèques militantes, un ou deux fonds d’archives dans lesquels vous pourrez trouver des textes, des ouvrages, des pamphlets d’époque », garantit Jean-Yves Camus, précisant par ailleurs que la France est certainement le pays d’Europe de l’Ouest comptant « le plus grand nombre de ces librairies ».

Galaxie de sites Internet

Mais au-delà des éditions papier, cachées au fond d’une boutique où il faut souvent « montrer patte blanche », le chercheur se dit « impressionné » par la quantité de textes désormais disponibles sur Internet, sur des plateformes comme The Savoisien ou Balder ex Libris. Sur certains sites spécialisés, « on peut littéralement télécharger un musée des horreurs », assure-t-il. Selon lui, n’importe quel internaute peut y trouver, en quelques clics, des versions numériques de textes actuels ou d’époque ne comprenant parfois ni date, ni nom de maison d’édition. « Ce sont en fait des reprises de texte élaborées par on ne sait trop qui, ou alors des versions numérisées d’une édition antérieure. Et là, vous pouvez trouver absolument tout, ou presque », explique Jean-Yves Camus. D’autant que certains ouvrages, publiés entre 1890 et 1930, sont, comme Mein Kampf, tombés dans le domaine public, devenant du même coup reproductibles sans aucun problème légal.

« Vous avez une galaxie de sites, chacun suivant son propre modèle économique et qui peuvent correspondre entre eux, et dont l’activité principale consiste à vendre des livres, pamphlets ou véritables brûlots négationnistes », confirme de son côté Marc Knobel, auteur d’un récent livre sur le sujet, intitulé Cyberhaine, propagande et antisémitisme sur Internet (Hermann, 2021). Des sites dont les publications pourraient « totalement tomber sous le coup de la loi », selon Emmanuel Pierrat. Mais il faudrait pour cela pouvoir identifier leurs auteurs, et les tracer mois après mois. « Or, ces sites sont souvent rapidement démantelés, puis réapparaissent, changent d’adresse, sont hébergés dans des pays qui n’ont pas la même réglementation qu’en France… Il est très facile de les reconstruire à l’infini », regrette l’avocat.

Attribut supposé d’appartenance

« On ne pourra jamais empêcher qui que ce soit d’acheter Mein Kampf, ou un autre livre nazi », estime de son côté Hélène Miard-Delacroix, professeure à Sorbonne Université et spécialiste de l’Allemagne contemporaine. Cela veut-il dire pour autant que ces ouvrages sont lus, analysés et décortiqués à des fins politiques ? « Pas toujours », tranche-t-elle. Si elle estime qu’une partie des clients achètent bel et bien ce genre d’ouvrage pour s’imprégner de l’idéologie nazie, d’autres y cherchent plutôt un acte militant, dans lequel la possession du livre « joue un rôle dans l’entrée dans la fachosphère, en tant qu’attribut supposé d’appartenance à un groupe », explique-t-elle.

Dans ce contexte, la chercheuse plaide pour la publication d’éditions critiques de tels ouvrages, comme celle de Mein Kampf proposée par Fayard depuis le 2 juin dernier. « C’est absolument nécessaire, afin de reconstruire par l’Histoire les véritables propos de ces textes, et enrayer l’admiration de ceux qui croient bêtement que ce livre est une bible », fait-elle valoir. « Cette réédition scientifique est très importante », abonde Marc Knobel, qui y voit l’unique moyen d’éviter « des drames ». « Quand vous mettez entre les mains de suprémacistes blancs un exemplaire non contextualisé de Mein Kampf, certains ne le liront pas comme des spectateurs béats – ils pourront passer à l’acte, parfois de manière extrêmement violente », souligne l’historien, évoquant par exemple l’attaque d’Utøya en Norvège en 2011, pour laquelle l’auteur des faits Anders Behring Breivik se serait largement inspiré du livre d’Adolf Hitler.

 

O negacionista não está interessado em demonstrar as razões e os argumentos de sua crença. Ele segue uma combinação de palavras sem qualquer sentido ou concordância, exceto sobre a tese que pretende instalar no imaginário grotesco dos outros. Para que isso ocorra, ele não prova a verdade de sua afirmação, mas segue jogando a responsabilidade ao adversário, mesmo quando este já lhe mostrou, em sucessivas ocasiões, a falsidade daquilo que ele acredita.

Escrito por Léo Peruzzo Júnior

A obra de Carl Sagan (1934-1996), O Mundo Assombrado pelos Demônios (The Demon-haunted wolrd), publicada em 1995, parece antecipar o caótico cenário que a pandemia tem revelado: a ciência é uma vela no escuro que precisa lidar, por um lado, com a trupe de negacionistas que a buscam apagar e, por outro, com a hipótese de que a melhor forma de vivermos bem é acreditando no poder da escuridão. É exatamente sobre a tênue linha entre ciência e pseudociência, opinião e argumentação, crença e saber sistematizado, ignorância e conhecimento que a tipografia filosófica de Sagan permite diagnosticar a existência de “demônios” que, constantemente, assombram o mundo.

Ao contrário de outros tempos, os demônios hodiernos não usurpam apenas o discurso científico (para manipulá-lo na ótica de suas insanas ideologias, entre as quais estão triturar a diferença cultural, eugenizar o comportamento e homogeneizar os próprios interesses políticos), mas procuram instrumentalizar o aparato do poder político soberano para reconstruir o discurso calcado em sua weltanschauung (visão de mundo). De qualquer modo, o diagnóstico do presente pode começar quando a igreja, uma espécie de adversária à ciência moderna, ergue-se contra os negacionistas e reafirma sua voz à favor da pesquisa científica. Afinal, teria o espaço político deixado de fomentar a ciência para iludir-se, novamente, com a imaginação grotesca do próprio pensamento?

A resposta é não. Precisamos separar, antes de mais nada, o espaço público democrático, de um lado, e a imaginação grotesca do poder político, do outro. Enquanto a ciência consolidou-se sobre o exercício do livre pensar, da crítica, da investigação e da subordinação das paixões às evidências, a imaginação grotesca busca anestesiar a pluralidade de ideias através da vigilância e eliminação dos corpos e das mentes de seus adversários. Assim, extinguir uma política pública que incide sobre a alimentação dos mais vulneráveis, por exemplo, não deixa de ser uma clara estratégia da imaginação grotesca, bem como retirar direitos e garantias trabalhistas a fim de sucumbir a existência da vida diante dos interesses da burguesia. Em nossos tempos, escassos de lucidez e bom-senso, não é preciso ser comunista para ver o esquartejamento da cultura em prol de uma ideologia arbitrária do capital, assim como também não precisamos ser judeus para assistir, mais uma vez, o genocídio contra a diversidade étnica, racial, religiosa ou de gênero.

Este horizonte político que sufoca e esmaga o pensamento crítico é aquele que também marginaliza a ciência. Assim como um médico, no qual a catarse sobre o paciente buscar encontrar a patologia e identificar suas causas e tratamento, este sujeito contemporâneo parece ter abandonado sua função na história e optado pela sofisticação espúria dos demônios que, agora, já não vivem mais da e na escuridão. Eles estão aí, ora na “praça”, ora no “mercado”, ora nas “igrejas”, ora no “gerenciamento da saúde” e, infelizmente, na “gestão do espaço público”. Não estão satisfeitos apenas em obter prazer sobre a cegueira intelectual que ronda a gênese da sociedade, mas procuram aperfeiçoar os mecanismos de controle, disciplina e automação da vida singular. Investem na disseminação de “notícias falsas”, por fim, como recurso político para incitar a polêmica vazia, obter apoio e manobrar a consciência. Não acendem velas; ao contrário, procuram apagar a credulidade daqueles que confiam na pesquisa como instrumento de aperfeiçoamento de si mesmo e da sociedade.

A imaginação grotesca só prospera porque se aproveita da ausência de solidez intelectual. Isso, obviamente, não significa que ela atinge mais fecundamente aqueles poucos que se sentaram nos bancos escolares e tiveram a oportunidade de realizar a experiência do esclarecimento. Ao contrário, a imaginação grotesca consegue ali proliferar porque encontrou matéria orgânica suficiente que fora nutrida com uma pitada generosa de má-fé. Há, portanto, em alguns casos – uma vez que toda generalização é estúpida e irracional – uma cumplicidade intrínseca entre os monstros e aqueles que obtêm o mesmo gozo no exercício da monstruosidade. É por isso que, nos tempos atuais, a ciência precisa lidar não apenas com os problemas inerentes ao método, mas também como afirmação pedagógico-política diante da colonização do seu espaço e da sua vitalidade. Como retrucou a pesquisadora Natalia Pasternak, durante depoimento na CPI da Covid-19,  a “ciência não tem dois lados”, isto é, não depende do obscurantismo para perpetuar sua identidade. “Ouvir um lado e ouvir outro”, por sua vez, é uma experiência dialética significativa desde que as armas do embate sejam argumentos, ideias e racionalidade, o que não parece ser o caso quando consideramos aquilo que a política governamental brasileira procura fomentar.

De todo modo, não podemos negar que há uma crise interna na ciência, particularmente acentuada no último século, a qual tem repensado a existência do próprio método científico. Popper, Bachelard, Kuhn, Lakatos e Feyerabend, por exemplo, dedicaram-se à história da ciência para refundar uma espécie de olhar crítico sobre a forma como a ciência adquire vida e perpetua-se no tempo. Neste sentido, se a indução é um critério insuficiente para provar a verdade de uma generalização, como afirma Popper em A Lógica da Pesquisa Científica, o problema da demarcação científica torna-se indispensável às decisões de caráter metodológico. Agora, aceitar que algo seja científico considerando apenas as possíveis experiências perceptuais de base empírica, segundo ele, é pura ingenuidade do psicologismo que abraça nosso pensamento. Os enredos e fantasias da hidroxicloroquina, por exemplo, são recheados daquilo que Popper já havia condenado.

Para polemizar o método científico é necessário um exercício mais significativo do que o sadismo das próprias paixões. Embora alguma parcela da Ciência, ou melhor, daqueles que controlam os discursos oficiais da Ciência, esteja interessada em mutilar as Humanidades, foi justamente através deste confronto que nos distanciamos da modernidade e optamos por avaliar as bases epistemológicas do modo como produzimos conhecimento. Vale recordar, aqui, a expressão de Sagan quando afirma, então, que “talvez a distinção mais clara entre ciência e a pseudociência seja o fato de que a primeira sabe avaliar com mais perspicácia as imperfeições e a falibilidade humanas do que a segunda (ou a revelação “infalível”)”. Neste caso, como poderíamos avaliar o comportamento de um negacionista que opta em colocar o ônus da prova ao adversário para sustentar suas opiniões falaciosas?

O negacionista não está interessado em demonstrar as razões e os argumentos de sua crença. Ele segue uma combinação de palavras sem qualquer sentido ou concordância, exceto sobre a tese que pretende instalar no imaginário grotesco dos outros. Para que isso ocorra, ele não prova a verdade de sua afirmação, mas segue jogando a responsabilidade ao adversário, mesmo quando este já lhe mostrou, em sucessivas ocasiões, a falsidade daquilo em que ele acredita. O negacionista, portanto, crê piamente que o adversário mostrará a verdade de seu argumento e, ao final, admitirá que na ausência de evidências suas hipóteses estavam corretas. Afinal, se B disse para S (sociedade), mesmo sem evidências ou provas, que acredita no funcionamento de C, e B consegue apoiadores para C, deve ser verdadeiro que o consenso desta ‘maioria’ esteja correto.

A falácia anterior mostra que hoje, mais do que nunca, deveríamos inverter o ônus da prova: não é a sociedade que deve provar a falsidade da pseudociência, mas é a pseudociência que deveria negar os elementos empíricos e probatórios apresentados pela ciência. Mas, por que a pseudociência parece germinar tão bem e agregar tantos seguidores e simpatizantes? Sagan tem uma resposta: “a pseudociência é adotada na mesma proporção em que a verdadeira ciência é mal compreendida – a não ser que a linguagem falhe nesse ponto. Se alguém nunca ouviu falar de ciência (muito menos de como ela funciona), dificilmente pode ter consciência de estar abraçando a pseudociência” (O mundo Assombrado pelos Demônios, p.32). Parece evidente, portanto, que o primeiro diagnóstico que temos é derivado de uma deficiência histórica de acesso à Educação. Investimos pouco e mal na formação cultural das pessoas, particularmente se considerarmos a disseminação das Humanidades como disciplina crítica na formação dos processos epistêmicos de aprendizagem.

Entretanto, a abordagem do acesso à Educação resolve parcialmente o problema dos negacionistas. Em que pese a manipulação ideológica sobre as massas, há uma proliferação de informações falsas de negacionistas altamente letrados. Nestes casos, diferente de um primeiro grupo constituído essencialmente por sujeitos carentes de formação e saber crítico, trata-se de pura má-fé. Não há ingenuidade em seus discursos, mas apenas o ranço autoritário, recalcado e patológico de sujeitos que pretendem dominar o mundo e, assim como denunciado por Sagan, torná-lo escuro. É apenas neste ambiente escuro que podem copular, digerir seu ódio e alimentar a tirania de seu próprio clã. Por isso, a espada da ciência, parafraseando Sagan, precisa também lutar contra a política e seus vícios, uma vez que “os erros estão tornando-se caros demais”.

Negacionistas, de um modo geral, são sujeitos ingênuos diante da ciência. Alimentam suas crenças em uma visão arcaica do método científico moderno, particularmente na hipótese de que o domínio da natureza ou é absoluto, eterno e imutável ou, então, os procedimentos devem ser tomados como falsos e/ou irracionais. É importante, contra eles, recordar a crítica de Paul Feyerabend, em A Ciência em uma sociedade livre: “(…) a Ciência não é sacrossanta. O simples fato de ela existir, ser admirada e produzir resultados não é suficiente para fazer dela uma medida de excelência. A Ciência moderna surgiu das objeções globais ao que ocorria antes e contra o próprio racionalismo, a ideia de que existem regras e padrões gerais que direcionam nossos negócios, inclusive os do conhecimento, oriundos das objeções globais ao senso comum” (p.22-23). Isso significa que, segundo Feyerabend, o fato de a Ciência ser plural ou anárquica em seus métodos, isto é, não ser mais uma unidade, mostra que ela não consiste apenas em fatos e conclusões extraídas de fatos. A Ciência é composta de “ideias, interpretações de fatos, problemas criados por interpretações conflitantes, erros e assim por diante” (p.33). A educação científica dos negacionistas, portanto, parece estar condicionada ao papel já assumido pelos “roedores neopositivistas” na década de 1930. Feyerabend indicará, por exemplo, que em uma sociedade democrática a ciência tem de ser protegida das ideologias, embora acredite que, em alguns casos, “a ciência deveria ser ensinada como uma concepção entre muitas e não como o único caminho para a verdade e a realidade”.

Há, por fim, uma diferença significativa entre a ciência e os “demônios” negacionistas: enquanto a primeira está interessada em colocar seus resultados à avaliação dos pares (por exemplo, no processo conhecido como double peer and blind review), ao controle das agências governamentais e à crítica do espaço público, o segundo grupo prefere enclausurar-se exclusivamente na redoma de seus apoiadores e legionários. Estes últimos estão convictos, portanto, de que a “rainha louca” de sua imaginação grotesca deve, na ausência de evidências e argumentos, impor-se através da violência do discurso oficial. Entretanto, quando este discurso oficial não produz os resultados esperados, buscam o anonimato das redes virtuais para insuflar o odor pútrido das convicções que não conseguem sustentar à luz do dia. Assim, enquanto “a ciência prospera com seus erros, eliminando-os um a um”, conforme afirma Sagan, os negacionistas e sua pseudociência procuram hipóteses formuladas “de modo a tornar-se invulneráveis a qualquer experimento que ofereça uma perspectiva de refutação, para que em princípio não possam ser invalidadas” (p.39).

Denunciá-los já não é suficiente. É preciso combatê-los e, rapidamente, levá-los aos Tribunais Internacionais pelos crimes omissivos e comissivos que confessam publicamente. A ciência em uma sociedade livre, portanto, não há de admitir que o jogo político da imaginação grotesca continue invertendo o ônus da prova, assombrando o livre pensar e cooptando nosso senso crítico.

Léo Peruzzo Júnior é professor de pós-graduação em Filosofia (PUCPR) e dos departamentos de Filosofia da FAE e da Faculdade Vicentina.

 

[Fonte: http://www.diplomatique.org.br]

Le Mémorial de la Shoah présenta l’exposition « L’internement des Nomades, une histoire française (1940-1946) » dotée d’un mini-site. L’histoire méconnue, voire ignorée, de la politique menée par la France à l’égard de ceux désignés sous le terme de « Nomades » par la loi : internement de « 6700 personnes, en majorité françaises, dont un grand nombre d’enfants, dans plus d’une trentaine de camps pour Nomades situés sur l’ensemble du territoire métropolitain », spoliations, déportations pour un certains nombre d’entre eux, etc. Histoire diffusera le 16 juin 2021 « Mémoires tsiganes, l’autre génocide« , documentaire réalisé par Idit Bloch et Juliette Jourdan (2011). 
Publié par Véronique Chemla
 
« On a souvent établi des parallèles entre la communauté juive et les communautés Sinti et Roma. Ne serait-ce que par le destin de stigmatisation, de mise au ban de la société, depuis des millénaires, jusqu’à l’idéologie nazie distinguant la race aryenne de toutes les autres races dites « inférieures » dont faisaient partie les Juifs et les Tsiganes. »
Simone Veil
Discours prononcé à l’occasion de la remise du prix européen des droits civiques Sinti et Roma*, Berlin, Allemagne, 2010
* Les Sinti désignent à l’heure actuelle les membres de la minorité vivant en Europe occidentale et centrale et les Roms ceux d’origine orientale et sud-européenne. Roma est utilisé comme un nom pour la minorité complète en dehors des régions germanophones.
« D’octobre 1940 à mai 1946, plus de 6 500 personnes, en majorité françaises dont un grand nombre d’enfants, ont été internées dans plus d’une trentaine de camps pour nomades situés sur l’ensemble du territoire métropolitain. En octobre 2016, le président François Hollande, dans un discours sur le site du camp de Montreuil-Bellay, admet la responsabilité de la République dans ces moments sombres de son histoire ».
« Avec cette exposition événement, le Mémorial de la Shoah propose pour la première fois, un éclairage complet sur la politique menée par la France entre 1939 et 1946 envers ceux que la loi française désignait sous le terme de Nomades. Si elle fut différente de la politique allemande menée dans le reste de l’Europe envers les « Zigeuner » (Tsiganes), cette politique constitue un épisode parmi les plus dramatiques de la Seconde Guerre mondiale sur notre territoire, une page terrible dont la mémoire fut longtemps occultée. »
« Au-delà de l’Occupation et de la présence allemande, la persécution des nomades est une histoire française qui s’amorce au tournant du XXe siècle. Dès 1895, l’État opère un recensement général et un fichage de tous les « nomades, bohémiens et vagabonds ».
« À partir de 1912, les autorités françaises identifient les familles nomades et surveillent leurs déplacements avec la mise en place du carnet anthropométrique, du carnet collectif et du carnet forain ».
« Assignés à résidence, enfermés dans des camps, les Nomades, hommes, femmes et enfants sont spoliés, internés dans des conditions indignes, empêchés de travailler librement, sous-alimentés et contraints aux travaux forcés. Nombre d’entre eux décèdent dans ces camps. À partir de 1943, certains internés sont déportés vers l’Allemagne dans le cadre du travail forcé. D’autres, libérés des camps français, sont raflés dans le nord de la France et déportés vers Auschwitz en 1944 avec le convoi Z dans le cadre d’une déportation raciale. L’internement des nomades se poursuit après la fin de la guerre et le dernier camp français ferme en mai 1946 ».
« Cette histoire tragique est évoquée dans l’exposition par le biais de témoignages et photographies inédits, de documents d’archives personnels ou administratifs, qui attestent de la souffrance morale et du dénuement matériel des internés. Demandes de libération, pétitions collectives, tentatives d’évasions, actes de rébellion sont autant de manifestations de résistances et de solidarités déployées par les familles internées dans les camps ». À noter un document révélant l’implication d’un architecte dans la conception d’un camp d’internement.
« Après les expositions Le premier génocide du XXe siècle – Herero et Nama dans le sudouest africain allemand (1904-1908)Le génocide des Arméniens de l’Empire ottoman : stigmatiser, détruire, exclure et Rwanda 1994 : le génocide des Tutsi, le Mémorial de la Shoah perpétue avec L’internement des nomades, une histoire française (1940-1946) sa mission primordiale pour l’étude et la mémoire de tous les génocides ».
Le Comité scientifique est composé de Ilsen About, chargé de recherche au CNRS, Centre Georg Simmel, EHESS, Jérome Bonin, président du Mémorial des Nomades de France, Alexandre Doulut, historien, doctorant à l’Université Paris 1, Emmanuel Filhol, enseignant chercheur à l’Université de Bordeaux 1, Théophile Leroy, doctorant en Histoire à l’EHESS, Monique Heddebaut, historienne et présidente de la société historique de Flines-les-Raches, Marie-Christine Hubert, historienne et archiviste. La coordination scientifique est assurée par Théophile Leroy, doctorant en histoire à l’EHESS,  la coordination/recherches iconographiques par Sophie Nagiscarde, Marine Lesage, Mémorial de la Shoah, Bruna Lo Biundo et Sandra Nagel, Past/Not Past, et la programmation
Autour de l’exposition, le Mémorial de la Shoah a organisé des visites guidées, et propose un minisite Internet en complément de la visite de l’exposition.
La séance inaugurale « Histoire et mémoire familiales » s’est déroulée en présence des commissaires scientifiques de l’exposition, Jérôme Bonin, Emmanuel Filhol, Monique Heddebaut, Marie-Christine Hubert, Théophile Leroy, et Nara Ritz, vice-président du Mémorial des nomades de France. Animée par Alexandre Doulut, historien : « L’histoire de l’internement d’une partie de la population française entre 1940 et 1946 reste encore méconnue du grand public. Depuis les années 1990, les travaux sur la France des camps et le sort des Nomades sont enfin publiés. Aujourd’hui, les victimes elles-mêmes veulent connaître et transmettre la connaissance des répressions qu’elles subirent en puisant dans l’histoire et les mémoires familiales ».
Les rencontres ont eu pour thèmes notamment le convoi Z du 15 janvier 1944. À l’occasion de la parution de Des Tsiganes vers Auschwitz. Le convoi Z du 15 janvier 1944, de Monique Heddebaut (éd. Tirésias-Michel Reynaud, 2018), la réunion a eu lieu en présence de l’auteure et de Laurence Schram, historienne, centre de documentation du musée Kazerne Dossin. Animée par Danielle Delmaire, professeure émérite, université Lille 3 : « À l’automne 1943, plus de 350 Tsiganes hommes, femmes, enfants sont arrêtés dans le Nord-Pas-de-Calais et en Belgique. Ils formeront un unique convoi, le « convoi Z » vers Auschwitz-Birkenau. Pour la 1ère fois, l’histoire de ce cas de déportation fait l’objet d’une étude approfondie et globale, avec notamment les témoignages de deux survivants. »
À l’occasion de la parution de « L’Amour a vaincu la mort » (éd. PÉTRA, 2019), une réunion avec l’auteure, et Sidonia Bauer, traductrice, animée par Henriette Asséo, membre associé du Centre de recherches historiques, EHESS/CNRS, a évoqué Philomena Franz, « née en 1922 dans une famille de musiciens sinti. Rescapée des camps d’Auschwitz-Birkenau, Schlieben, Ravensbrück et Oranienburg, elle devient, après la guerre, le premier écrivain sinti en Allemagne. S’efforçant de faire connaître une culture qui a failli disparaître, elle a reçu de nombreux prix pour son travail infatigable y compris la Croix du mérite fédéral et le Prix Femmes d’Europe. »
Autre conférence : celle sur Henriette Théodore. Née en 1932, elle est arrêtée dans la Sarthe en juillet 1941 et internée avec sa famille au camp de Coudrecieux, à Mulsannen au camp de Montreuil-Bellay en août 1942 puis au camp de Jargeau. Les Théodore parviennent à être libérés en juin 1945, après quatre années d’internement, tandis que les derniers Nomades sortent du camp de Jargeau en décembre 1945. » La réunion était suivie par la projection d’extraits en avant-première de « Une honte oubliée » de Enola Cluzeau (France, documentaire, Niglo films, 2019) en présence du témoin et du réalisateur. Animé par Nara Ritz, vice-président du Mémorial des Nomades de France.
Ont été projetés « Route de Limoges » de Raphaël Pillosio (France, documentaire, 39 mn, l’atelier documentaire, 2003) – « Le camp de la Route de Limoges a enfermé, durant la Seconde Guerre mondiale, des Juifs et des Nomades. Félicia Combaud et Jean-Louis Bauer deux anciens internés de chaque communauté témoignent » – suivi de « Histoires du carnet anthropométrique de Raphaël Pillosio » (France, documentaire, 69 mn, l’atelier documentaire, 2012) en présence du réalisateur et de Ilsen About, chargé de recherche, CNRS, Centre Georg Simmel, EHESS – « En 1912, dans le cadre d’une loi visant à contrôler le commerce ambulant, la République Française imposait le port d’un Carnet Anthropométrique d’identité à une catégorie administrative créée à l’occasion, les « Nomades ». En interrogeant la permanence d’une exception juridique, ce film propose de réfléchir à la situation passée et actuelle des « Gens du Voyage » – et « Des Français sans Histoire » de Raphaël Pillosio (France, documentaire, 84 mn, l’atelier documentaire, 2009. Avec le soutien de la Fondation pour la Mémoire de la Shoah) en présence du réalisateur et de Ilsen About, chargé de recherche, CNRS, Centre Georg Simmel, EHESS : « Qu’ils soient d’origine gitane, manouche, yéniche, rom ou tout simplement des personnes pauvres qui vivaient en roulotte, des citoyens français ont été internés en tant que « Nomades » durant la Seconde Guerre mondiale. Plus de vingt-cinq camps, disséminés dans toute la France, ont emprisonné environ 6 000 personnes de mai 1940 à mai 1946. Ce film part à la recherche des dernières survivances de ce passé et des quelques internés dont le souvenir demeure ».
À été programmé, en présence du réalisateur et de Monique Heddebaut, historienne, le film « Liberté » de Tony Gatlif (France, fiction, 111 mn, Princes Production, France 3 Cinéma, Rhône Alpes Cinéma, 2009) avec Marc Lavoine, Marie-Josée Croze, James Thierrée : « Théodore, vétérinaire et maire d’un village situé en zone occupée pendant la Seconde Guerre mondiale, et Lise Lundi, l’institutrice, font la connaissance d’une famille de Tsiganes installée sur leurs terres. D’abord interdits de circulation, les Tsiganes sont bientôt enfermés dans des camps spéciaux. La pression de la police de Vichy et de la Gestapo s’intensifie peu à peu et le danger menace à chaque instant ».
La surveillance des Nomades au tournant du siècle
« Pourtant intégrés dans les circuits économiques régionaux et transfrontaliers depuis plusieurs siècles, les déplacements des travailleurs itinérants et saisonniers, des marchands ambulants, des familles dites « bohémiennes », foraines ou réputées nomades, suscitent peu à peu réprobation et défiance ».
« La stigmatisation de ces populations par les pouvoirs publics puise ses racines dans la deuxième moitié du XIXe siècle. La crise économique des années 1880, l’industrialisation et l’urbanisation bouleversent les structures et les économies des mondes ruraux et transforment le regard porté sur les familles itinérantes. Les discours xénophobes sur l’insécurité des espaces ruraux assimilent les familles itinérantes françaises à des vagabonds asociaux et apatrides, porteurs de maladies, espionnant et pillant les campagnes. »
« Ces déclarations trouvent un large écho dans la presse et un puissant relai politique : en 1884, une loi permet aux maires de s’opposer au stationnement des itinérants sur le territoire de leur commune ».
« Le 20 mars 1895, un premier dénombrement empirique de tous les « Nomades, bohémiens, vagabonds » vivant en France est organisé par le gouvernement. Le rapport de la commission extraparlementaire faisant suite au recensement donne le nombre de « 25 000 nomades en bandes voyageant en roulottes » sur le territoire français. En 1907, au moment où la question sécuritaire occupe les débats publics, le gouvernement français crée les brigades régionales de police mobile qui sont placées sous l’autorité de la Sûreté générale. À la même période, les parlementaires s’emparent de la question et élaborent un projet de loi visant à établir une réglementation des professions itinérantes ».
« Le terme de « nomade » s’impose dans les débats parlementaires pour réprimer un mode de vie associé au vagabondage et à la criminalité. »
Le carnet anthropométrique et les papiers de contrôle
« Le carnet anthropométrique individuel d’identité est obligatoire à partir de 13 ans. Ce carnet comporte une description précise du porteur : photographies de face et de profil, empreintes digitales et mesures du corps. Il a comme principal objectif d’identifier l’individu nomade en fixant sur le papier son état civil et les données biométriques permettant son identification. Ce document doit être visé à chaque entrée et à chaque sortie du territoire d’une commune par la gendarmerie, la police ou le maire et permet ainsi de connaître tous les déplacements effectués. L’émission d’un carnet anthropométrique engageait la production d’une notice individuelle en double exemplaire conservée dans les préfectures et dans les fichiers à la Sûreté générale, au ministère de l’Intérieur. »
« La législation impose en parallèle le port d’un carnet collectif dont le chef de famille est responsable. Ce document indique les liens de parenté du groupe familial, les signalements, photographies et empreintes digitales des enfants de 2 à 13 ans et doit noter les mentions des naissances, mariages et décès. La surveillance et l’identification des Nomades prennent ainsi une dimension collective, héréditaire et transgénérationnelle. »
« C’est bien la famille, dans son ensemble, qui est prise pour cible par les pouvoirs publics : les enfants nés de parents porteurs du carnet anthropométrique restent affiliés à la catégorie « nomade » et ne peuvent en sortir sans l’autorisation des services préfectoraux. »
La loi du 16 juillet 1912 : l’instauration d’un régime des Nomades
« La loi du 16 juillet 1912 sur « l’exercice des professions ambulantes et la circulation des nomades » crée trois catégories d’itinérants en conjuguant des critères de domiciliation, de nationalité et de profession. La réglementation des professions itinérantes fixe des statuts stables (ambulants, forains, nomades) à des individus qui pratiquent en réalité une mobilité intermittente et fige ces personnes dans des catégories administratives dont il est très difficile de sortir. Cette population se trouve placée sous le contrôle du ministère de l’Intérieur. »
Terminologie : Bohémiens, « Tsiganes », Nomades et Zigeuner
« Promulguée le 16 juillet 1912, la loi sur « l’exercice des professions ambulantes et la circulation des nomades » constitue un acte décisif dans la mise en place d’un système policier d’identification préventive et de surveillance des circulations des populations itinérantes. La catégorie « nomade » permet à l’administration de cibler tous ceux que l’opinion nomme péjorativement « Bohémiens, Tsiganes, Gitans, Caraques, Romani et Romanichels ». La visée ethnique de la répression exercée s’efface au profit d’un terme généraliste mais la dimension raciale de la loi demeure. »
« Tsigane » est aujourd’hui le mot privilégié par la recherche en sciences sociales pour désigner les trois branches des mondes romani présentes en France : Roms ou Roma, d’Europe centrale et balkanique ; Sinti ou Manouches, du bassin germanique et d’Italie ; et Kalé ou Gitans, de la péninsule ibérique. Les Yéniches, itinérants du bassin suisse-alémanique, mais aussi les voyageurs gadjé ou étrangers sont également associés aux mondes romani. »
« Pour autant, aucun terme ne permet d’unifier parfaitement des populations qui constituent une mosaïque de groupes aux traits sociaux, familiaux, économiques, culturels et linguistiques distincts. Le terme « Zigeuner » renvoie à la politique raciale allemande du début du XXe siècle et son usage est désormais rejeté en Allemagne où l’on emploie les termes Sinti et Roma. En France, le vocable « Tsigane » est de plus en plus remis en question par les membres des différentes communautés. Dans cette exposition, le terme « nomade » est employé car c’est ainsi qu’étaient désignées ces personnes par les autorités françaises depuis 1912. Cette population hétérogène, estimée à près de 40 000 personnes par les autorités en 1940, est assignée à résidence par un décret-loi signé du président de la République, Albert Lebrun, le 6 avril 1940. Les Nomades, mais aussi les forains, les circassiens et les familles itinérantes sont menacés par l’application de ce décret. Le 4 octobre, l’état-major allemand exige l’internement des « Zigeuner » de la zone occupée dans des camps familiaux surveillés et gérés par les autorités françaises. Le régime de Vichy traduit cette demande en internant les Nomades tels qu’ils sont définis par la loi de 1912. »
La Première Guerre mondiale et l’internement des Nomades en France
« En 1914, au tout début de la Première Guerre mondiale, de nombreuses familles manouches et yéniches d’Alsace, de Moselle et de Lorraine sont perçues comme des espions potentiels notamment en raison de leur pratique de langues proches de l’allemand. Les autorités françaises internent ces « Alsaciens-Lorrains romanichels », souvent munis de certificats d’option, dans des camps qui leur sont destinés. »
« Le « dépôt surveillé » de Crest (Drôme) concentre peu à peu les familles itinérantes, jugées étrangères et suspectes, internées auparavant dans les camps pour civils. 268 hommes, femmes et enfants y sont détenus jusqu’au 14 juillet 1919. Les familles itinérantes ne sont pas internées à cause de leur mode de vie supposé mais bien parce qu’elles représentent un ennemi intérieur, susceptibles de renseigner les Allemands. »
Les Nomades dans l’entre-deux guerres
« Au lendemain de la Première Guerre mondiale, la vie quotidienne des Nomades est soumise à un régime particulier d’exclusion ».
« La loi de 1912 entraîne de nombreuses restrictions et contraint les porteurs des carnets à entretenir des rapports quotidiens avec l’administration, la police et la gendarmerie. Dans les années 1920, de nombreuses municipalités prononcent des arrêtés qui limitent le stationnement des Nomades à 48 heures : des panneaux d’interdiction se multiplient sur l’ensemble du territoire. Les autorités de police s’efforcent de constituer des fichiers départementaux et un fichier national pour recenser la présence de tous les Nomades en France. En août 1939, le chef du service des Nomades à la Sûreté générale évoque 36 000 dossiers de Nomades et une « population flottante » de 150 000 personnes. »
« À la veille de la Seconde Guerre mondiale, sous l’influence des politiques spécifiques adoptées en Europe, juristes et experts policiers français suggèrent l’adoption de mesures plus radicales visant à faire disparaître ou dissoudre cette population. La possibilité de créer des « camps de concentration » est évoquée explicitement. »
La politique allemande envers les « Zigeuner » (1933-1940) avant l’occupation de la France
« Partie intégrante des sociétés allemandes depuis la fin du Moyen-Âge, les Zigeuner (Tsiganes) suscitent, à la fin du XIXe siècle, l’hostilité des pouvoirs publics et leur présence est perçue comme un « fléau ». Après l’arrivée au pouvoir des nazis en janvier 1933, la persécution des Zigeuner s’inscrit dans le cadre d’une politique raciale coordonnée ».
« Tous les groupes familiaux identifiés sous cette catégorie sont internés dans des camps en bordure des grandes villes, sous surveillance policière, créés à l’initiative des autorités municipales, comme à Francfort, Cologne, Düsseldorf, Hanovre ou Fribourg. »
« Le 8 décembre 1938, Heinrich Himmler, chef des polices allemandes, promulgue un décret destiné à « combattre le fléau tsigane », en ordonnant l’enregistrement de tous les Zigeuner vivant en Allemagne et en les classant selon les critères établis par l’Institut de recherche pour l’hygiène raciale dirigé par le docteur Robert Ritter. »
L’assignation à résidence
« Dès l’entrée en guerre de la France en septembre 1939, les Nomades subissent les conséquences de « l’état de siège ». En octobre, les autorités militaires interdisent par arrêté la circulation des familles nomades et foraines dans plusieurs départements sensibles et recommandent l’assignation à résidence ou le refoulement vers l’intérieur du territoire. Tous les porteurs du carnet anthropométrique et du carnet d’identité forain sont menacés par ces mesures. »
« Le 6 avril 1940, un décret-loi du président de la République Albert Lebrun étend l’interdiction de circulation des Nomades sur la totalité du territoire métropolitain pour la durée de la guerre. Aux yeux du gouvernement, les itinérants constituent une menace pour la sécurité nationale et sont de potentiels espions à la solde de l’ennemi qu’il faut neutraliser par une action préventive. Le choix de la commune d’assignation suscite souvent plaintes et protestations de la part des populations locales. Immobilisées dans un périmètre réduit, les familles nomades ne peuvent alors plus pratiquer leurs différents métiers reposant sur la mobilité, ni vendre leurs services ou leurs marchandises auprès de la clientèle locale. Les Nomades assignés à résidence rencontrent très vite des difficultés économiques. »
L’internement en zone occupée : une décision allemande appliquée par les autorités françaises
« Le 4 octobre 1940, l’administration militaire allemande charge les préfets de la zone occupée d’organiser l’internement des Zigeuner dans des camps pris en charge par les autorités françaises. Les archives montrent des divergences et des confusions dans la traduction du terme « Zigeuner ». Les préfets publient des arrêtés préfectoraux intimant à la gendarmerie d’arrêter les Nomades se trouvant dans leur département et déjà assignés à résidence. Mais des familles foraines se trouvent parfois explicitement visées par les préfectures et sont internées dans les camps. Bien que la décision de l’internement soit une initiative allemande, les arrestations des familles nomades ou foraines sont menées par les forces de police et de gendarmerie françaises. »
« Dans un premier temps, les Nomades sont rassemblés dans des lieux hétéroclites : une carrière, un château abandonné, une usine désaffectée, un cinéma, souvent à l’écart des bourgs. Les conditions de vie sont très précaires : habitat insalubre, ravitaillement inexistant, surveillance plus ou moins étroite de la gendarmerie. Passée l’urgence, les familles sont transférées dans des camps plus grands et mieux organisés. Les familles s’entassent dans des baraquements en bois ou en dur, entourés de fils barbelés, gardés par des gendarmes, des douaniers, parfois des troupes coloniales, obéissant à un directeur recruté parmi des militaires en congé d’armistice ou des policiers, le tout placé sous l’autorité du préfet. Début 1941, environ 1 700 personnes sont regroupées dans dix camps d’internement pour Nomades. Dans l’Est de la France, des camps sont établis à partir d’avril 1941 comme à Arc-et-Senans (Doubs) et à Saint-Maurice-aux-Riches-Hommes (Yonne). »
L’internement des Nomades en zone libre
« Pour les familles nomades se déplaçant dans la zone libre avant la guerre, l’assignation à résidence reste la norme. La grande majorité des Nomades internés en zone libre viennent des espaces alsaciens et mosellans. Expulsés par les Allemands en juillet 1940, ces réfugiés nomades, de nationalité française pour la plupart, sont internés à l’instar des familles juives expulsées et de milliers d’étrangers fuyant l’avancée allemande. Les deux seuls camps réservés aux Nomades en zone libre sont créés par le régime de Vichy : il s’agit de Lannemezan (Hautes-Pyrénées) et Saliers (Bouches-du-Rhône). »
Les déportations vers l’Allemagne depuis la France
« Au cours de guerre, la politique nazie envers les Zigeuner se radicalise et conduit à la déportation et au meurtre de masse, en particulier dans le Reich, en Europe de l’Est et dans les Balkans. Le nombre de victimes du génocide des Roms et Sinti en Europe est estimé à plus de 200 000 personnes. Pendant l’Occupation en France, ces persécutions ne sont pas appliquées dans la zone occupée où les autorités allemandes délèguent aux Français la mise en oeuvre de l’internement. »
« Pour autant, certains Nomades connaissent la déportation depuis le camp de Poitiers (Vienne) dans le cadre d’une opération de répression. »
« En zone libre, des internés évadés ou indisciplinés sont envoyés dans la forteresse de Fort-Barraux (Isère), forteresse qui devient un camp répressif en 1943. Le 22 juin 1944, les Allemands décident la déportation des détenus dits de « droit commun » : 359 hommes sont déportés à Buchenwald au départ de Grenoble. Parmi eux, six ou sept Nomades dont trois reviendront vivants en 1945. C’est ainsi qu’un nombre encore indéterminé de Nomades ont été déportés pour ce qu’ils ont fait et non pour ce qu’ils étaient. »
Le convoi Z du 15 janvier 1944
« Le Nord et le Pas-de-Calais, rattachés au Haut Commandement militaire allemand de Bruxelles, connaissent une situation différente du reste de la France. Les familles dites « Tsiganes » ne sont ni assignées à résidence, ni internées. Mais le « décret d’Auschwitz » du 16 décembre 1942, qui donne le signal de la déportation de masse de tous les Zigeuner présents dans le Reich, est élargi le 29 mars 1943 aux « Tsiganes » du Nord de la France, de Belgique et des Pays-Bas. »
« Le 15 janvier 1944, le convoi Z part de Malines à destination d’Auschwitz-Birkenau. Il compte 351 personnes identifiées comme Zigeuner dont plus de 75% de femmes et d’enfants de moins de 15 ans. Parmi eux, 145 Français, 109 Belges, 20 Norvégiens et 18 Hollandais. C’est le seul convoi de déportation collective de ce type à destination d’Auschwitz-Birkenau en provenance des pays occupés d’Europe de l’Ouest avec celui de Westerbork (Pays-Bas) parti le 19 mai 1944. Les déportés du convoi Z sont internés à Birkenau, dans la seule section du camp destinée à des familles, le Zigeunerlager, qui se transforme en un véritable mouroir. »
« Le 16 mai 1944, une révolte éclate dans le Zigeunerlager contre les gardiens du camp. »
« Les 2 900 Zigeuner encore en vie dans le camp des familles sont éliminés dans la nuit du 2 au 3 août 1944. Sur les 23 000 Zigeuner internés au camp des familles d’Auschwitz-Birkenau, plus de 18 000 y ont péri. »
Des conditions de vie précaires pour les familles
« Tant en zone libre qu’en zone occupée, les conditions de vie sont très précaires. Les familles affrontent la faim, le froid l’hiver et la chaleur l’été, les maladies, l’isolement et l’indifférence. Le strict minimum autorisé lors de l’arrestation ne résiste pas au temps qui passe. Les vêtements deviennent des loques, les enfants vont pieds nus. Les 7 familles sont installées sans aucune intimité dans des baraques plus ou moins équipées de cloisons, de châlits, de poêles à bois. »
« L’approvisionnement en bois est aléatoire. »
« À Moisdon-la-Rivière (Loire-Atlantique), les internés arrachent les planches de leurs baraques pour faire du feu. Les couvertures sont utilisées pour faire des vêtements. »
« Le ravitaillement est également très chaotique et les internés n’ont pas les moyens d’améliorer l’ordinaire comme le reste de la population. Les œuvres d’entraide, hormis la Croix-Rouge, n’interviennent pas dans les camps pour Nomades et les colis postaux parviennent rarement aux internés. »
« Souvent, l’incompétence, la corruption et les malversations du personnel affaiblissent les internés et condamnent les plus fragiles. »
« L’eau courante n’existe pas ; les douches fonctionnent de manière aléatoire. Les malades sont soignés par des infirmières qui logent sur place et des médecins qui visitent régulièrement les camps. Les dépouilles sont enterrées souvent sans sépulture aux abords du camp ou dans le cimetière de la commune, sans pierre tombale. »
Des enfants nombreux et instrumentalisés
« La population des camps d’internement pour Nomades est jeune : un interné sur deux a moins de 20 ans et un sur trois moins de 13 ans. En 1940, les Allemands ont demandé que les enfants soient scolarisés. Cette exigence allemande rencontre l’adhésion des autorités françaises qui considère l’école comme une étape nécessaire vers la sédentarisation des Nomades. Les tentatives pour scolariser les enfants dans les écoles des villages rencontrent l’hostilité des populations et des maires qui prétextent le dénuement des enfants pour les refuser. Quand les effectifs sont conséquents, l’administration organise une ou plusieurs classes dans l’enceinte du camp comme à Jargeau (Loiret). Leur fréquentation est rendue obligatoire. »
Résistances et solidarités des familles
« Il faut réunir deux conditions pour sortir légalement des camps d’internement : un travail et un domicile fixe. Les solidarités familiales jouent un rôle important et des parents se portent garants, contactent des cultivateurs pour du travail ou recrutent des avocats. Sur l’ensemble de la population nomade internée, un nombre non négligeable a pu être libéré pendant la guerre comme au camp de Jargeau (Loiret), qui connaît des libérations importantes, à l’été 1942, en juin et juillet 1943. La liberté obtenue est relative et précaire puisque les familles sont assignées à résidence et qu’à la moindre plainte d’un maire ou suite à l’une des nombreuses pétitions collectives émises par les riverains, elles réintègrent le camp. »
« Certains internés tentent de s’évader et profitent d’une administration défaillante, surtout dans les petits camps peu surveillés. »
« À Peigney (Haute-Marne), la moitié des internés recensés en octobre 1942 sont en réalité absents. Toutes les occasions sont bonnes pour fausser compagnie aux gardiens : les transferts à l’hôpital, sur les lieux de travail, lors des permissions, à l’occasion de la visite d’un proche ou lors du mitraillage ou du bombardement du camp par les Alliés, comme c’est le cas à Saliers et à Montreuil-Bellay. Les fugitifs sont repris la plupart du temps dans les jours qui suivent car ils retournent dans des lieux familiers où les attendent les gendarmes ou sont dénoncés par les populations voisines. Les adultes sont condamnés à une peine de prison avant de réintégrer le camp ou d’être transférés dans un camp où le régime de détention est plus sévère comme à Fort-Barraux (Isère) pour les hommes, à Brens (Tarn) pour les femmes. »
« Certains Nomades ont rejoint des réseaux de résistance tant en zone occupée qu’en zone libre comme Armand Schténégry, dit « Archange », qui a été un agent de liaison important dans le Vercors, ou Ignacio Gimenez, interné à Argelès et à Rivesaltes, qui participa à un mouvement de résistance après son évasion à l’âge de 17 ans. »
La sortie des camps : une libération inachevée
« La fin du régime d’Occupation et la Libération n’entraînent pas la fin de l’internement pour les Nomades. En août 1944, le Gouvernement provisoire de la République française ordonnait pourtant la libération de tous les prisonniers, sans distinction, détenus sur décision allemande. Mais, en novembre, le ministre de l’Intérieur, Adrien Tixier, apporte quelques nuances en adressant une circulaire aux commissaires régionaux de la République, où il précise que les Nomades ne seront pas libérés avant que chaque cas ne soit étudié individuellement. »
« Les derniers internés sortent du camp de Saint-Maurice-aux-Riches-Hommes (Yonne)le 18 décembre 1945, de Jargeau (Loiret) le 31 décembre 1945. »
« Le maintien des Nomades dans les camps après l’été 1944 répond à une double logique explicitement formulée par le Gouvernement provisoire. D’une part, les Nomades sont toujours considérés comme de potentiels ennemis intérieurs. Le même argument qui a motivé la décision du 6 avril 1940 est donc repris, justifiant ainsi la prolongation de l’internement administratif. D’autre part, les autorités françaises considèrent l’internement des Nomades comme une première étape vers la sédentarisation des familles et voient alors l’occasion de mettre fin à l’itinérance. À leur libération, en 1946, le ministre de l’Intérieur informe les préfets que les Nomades doivent toujours être assignés à résidence. Le dernier interné est libéré le 1er juin 1946 du camp des Alliers, près d’Angoulême. Toutes les formes de contrôle associées à la loi de 1912 et au carnet anthropométrique d’identité reprennent sous les gouvernements successifs sans 9 aucune modification jusqu’en 1969. »
Bilan : abandon, survie, discriminations
« De 1940 à 1946, environ 6 500 personnes ont été internées en France parce qu’elles étaient identifiées comme Nomades par les autorités françaises. Lors des arrestations, les Nomades ont tout perdu : chevaux, roulottes, stands forains et des outils de travail parfois coûteux comme les appareils cinématographiques. L’argent et les biens confisqués au début de l’internement ne seront jamais restitués. Ils n’ont reçu aucune indemnisation pour ces spoliations et aucune aide à la sortie des camps. Certaines familles sont plongées dans une extrême pauvreté et rencontrent à nouveau l’hostilité des populations locales. Toutes les énergies sont mobilisées pour survivre sans attirer l’attention des autorités de peur d’une nouvelle arrestation arbitraire. »
« Après la guerre, un nombre réduit d’anciens internés accomplissent les formalités qui leur permettent d’accéder au statut d’ « interné politique », seul statut permettant de faire reconnaître une invalidité consécutive aux années de privation et ainsi de percevoir une pension. Par ailleurs, si des Nomades ont été internés dans des camps français, ce n’est nullement en raison de leurs activités politiques mais bien parce qu’ils appartenaient, aux yeux des autorités allemandes, à un groupe désigné suivant les principes d’une discrimination raciale. »
« Le régime des Nomades est remplacé le 3 janvier 1969 par celui des « Gens du voyage ». Les carnets anthropométriques laissent place aux carnets et livrets de circulation. »
« Ce nouveau dispositif moins contraignant est tout aussi discriminant sur un plan juridique. Le Conseil constitutionnel reconnaît d’ailleurs tardivement que le carnet est contraire aux principes de la Constitution. »
« Plusieurs actions en justice entraînent la suppression du carnet de circulation en 2012. Le 27 janvier 2017, la loi de 1969 est entièrement abrogée et les titres de circulation ainsi que l’obligation de posséder une commune de rattachement sont supprimés. »
« Les Voyageurs intègrent le droit commun mais leur mode de vie est mis à mal par les politiques publiques qui respectent la liberté de circuler mais restreignent la possibilité de stationner et ne reconnaissent pas l’habitat en caravane comme un logement. »
« Le sort réservé aux Nomades durant la Seconde Guerre mondiale n’est entré dans le champ historiographique français qu’à la fin des années 1980. En 2010, Hubert Falco, alors secrétaire d’État à la Défense et aux Anciens Combattants, reconnaît la responsabilité des autorités françaises dans l’internement. »
« Le Conseil de l’Europe, par un vote du Parlement européen en 2015, institue une journée européenne de la mémoire du génocide des Roms et Sinti, tandis que les associations d’anciens internés investissent de leur propre chef l’Arc de Triomphe de Paris, chaque 2 août, date de l’assassinat des derniers Zigeuner d’Auschwitz-Birkenau. »
« Lors d’une cérémonie d’hommage sur le site de Montreuil-Bellay en octobre 2016, le président de la République François Hollande admet la responsabilité de la France dans l’internement de milliers de Nomades : « La République reconnaît la souffrance des Nomades qui ont été internés et admet que sa responsabilité est grande dans ce drame ». Cette reconnaissance met fin au silence de l’État. » Oui, mais elle est sibylline, se place sur le registre de l’émotion, ne définit pas ce « drame ».

Les victimes et leurs ayants-droit espèrent que le Parlement adopte une loi afin de faire valoir leurs demandes d’indemnisation pour leurs préjudices.

« Forgotten Victims: The Nazi Genocide of the Roma and Sinti »

La Wiener Holocaust Library a présenté l’exposition « Forgotten Victims: The Nazi Genocide of the Roma and Sinti » (« Des victimes oubliées : Le génocide nazi des Rom et Sinti »).

« The genocide carried out against the Roma and Sinti communities of Europe by the Nazis and their collaborators during the Second World War – the persecution and murder of as many as 500,000 people – has been referred to as ‘the forgotten Holocaust’ by Professor Eve Rosenhaft. After the war, survivors and relatives of victims struggled to get recognition and compensation for the persecution and losses they had suffered. In Britain and Europe today, prejudice and discrimination against Roma and Sinti is still common. » (Un génocide perpétré contre ces communautés d’Europe par les Nazis & leurs collaborateurs durant la Deuxième Guerre mondiale – persécution & meurtre de 500 000 personnes).

« Our exhibition, Forgotten Victims: The Nazi Genocide of the Roma and Sinti, draws upon The Wiener Holocaust Library’s collections of material on the genocide to uncover the story of this little-known aspect of Nazi persecution. Our archives hold a wide range of relevant materials including eye-witness accounts, photographs, documents and books. »

« The exhibition explores Roma and Sinti life in Germany and Austria prior to the Second World War, and genocidal policies starting in German-occupied Poland in 1940. It also examines the post-war lives and legacies for Roma and Sinti, who fought to obtain recognition and compensation for their oppression. Finally, the exhibition reflects on the situation in Britain and Europe today and why Roma and Sinti have often been the ‘forgotten victims’ of genocide. »

Forgotten Victims Event Series
« The exhibition run will include a series of events designed to amplify themes in the exhibition. All the events are free but space is limited – please register to attend below. »

« Touring Exhibition Launch: Roma Stories. 26 November 2019
The Romani Genocide and its Aftermath: The Uses of the Past Workshop co-organised with the AHRC Research Network and the University of Liverpool. 6-7 November 2019
Keynote Lecture: Recording Romani Lives: The Use and Abuse of History for the Marginalized. Professor Ari Joskowicz. 6 November 2019
Talk: The Rescue and Self-Rescue of Roma and Jews in Ukraine during the Holocaust. Hanna Abakunova. 9 March 2020 ».

« Mémoires tsiganes, l’autre génocide »
Histoire diffusera le 16 juin 2021 « Mémoires tsiganes, l’autre génocide« , documentaire réalisé par Idit Bloch et Juliette Jourdan (2011). Lauréat du Prix « Rendez-vous de l’histoire du documentaire historique » aux 15e Rendez-vous de l’histoire de Blois (2012).

« Découvrez l’histoire des Tsiganes européens depuis les années 1920 jusqu’à la fin de la Seconde Guerre mondiale. Ce film met en lumière la tragédie si mal connue de ces familles persécutées ou exterminées… Le mécanisme de la persécution et de la destruction est exposé avec des images d’archives et la parole est donnée à des témoins directs, qui ont survécu la guerre. »

« Mémoires tsiganes, l’autre génocide, le documentaire d’Henriette Asséo, Idit Bloch et Juliette Jourdan raconte et explique méthodiquement le drame vécu par les populations tsiganes au XXe siècle, entre marginalisation, persécution et extermination. »
« Avec ce film et le livret pédagogique, l’enseignant dispose d’un outil exceptionnel révélant enfin des mémoires tsiganes restées longtemps refoulées, occultées par la geste résistante et le génocide juif. »
Mémoires tsiganes, l’autre génocide. Les Tsiganes dans l’Europe de la Seconde Guerre mondiale « présente les origines, le contexte et la spécificité du sort des Tsiganes pendant la Seconde Guerre mondiale en couvrant pour la première fois l’ensemble européen. »
« De l’exclusion à la persécution et jusqu’à l’extermination, le destin des Tsiganes est exposé par des images d’archives inédites, un commentaire historique rigoureux et sans concession et le témoignage de ceux qui l’ont vécu. »
« Par un cheminement original entre les sociétés d’avant-guerre et la machine nazie, le film jette un regard neuf sur la genèse des politiques nationales d’exclusion de l’entre-deux-guerres, sur le rôle déterminant de la « science raciale », sur la politique génocidaire nazie, dressant un tableau d’ensemble. Selon les régions, de 40 à 90 % des Tsiganes ont disparu. »
« Les témoins parlent de ces années terribles mais aussi de la vie d’avant. Leurs souvenirs et des documents d’archives exceptionnels nous permettent de découvrir une société européenne qui n’est plus. Un monde perdu, le nôtre. »
https://youtu.be/oG1w0ihf9us
LES CAMPS D’INTERNEMENT DES NOMADES EN FRANCE
Mérignac Beaudésert (Gironde), octobre – décembre 1940
« Après la débâcle militaire de mai 1940, Bordeaux devient le siège du gouvernement pour la troisième fois en 70 ans. L’armistice est signé le 22 juin et divise la France en différents territoires. En août, les Allemands refoulent vers l’intérieur des terres les Nomades et les indésirables de la côte atlantique pour des raisons sécuritaires. En décembre, 319 Nomades sont arrêtés par les brigades de gendarmerie sur tout le département de la Gironde et internés au camp de Mérignac, pour certains avec leurs voitures. Le commandant du camp tient scrupuleusement les minutes de cette période jusqu’à la vente aux enchères à des particuliers des moyens de transports des Nomades. En novembre 1940, ils sont transférés en deux groupes : l’un vers le camp de La Morellerie (Indreet-Loire), le second, par Civray, au camp de la route de Limoges, à Poitiers (Vienne). »
Linas-Montlhéry (Essonne), novembre 1940 – avril 1942
« Ouvert un mois après l’ordonnance allemande du 4 octobre 1940, le camp de Linas-Montlhéry est situé sur un autodrome désaffecté et isolé. Il regroupe 190 Nomades et forains français, belges mais aussi norvégiens arrêtés dans la région normande par la gendarmerie française et transférés par convoi depuis Rouen vers le sud de Paris. Érigé en urgence, les conditions de vie y sont très difficiles et les familles luttent auprès de l’administration pour obtenir une libération. Le ravitaillement du camp est défaillant en raison de la corruption du personnel. Pour les Allemands, ce camp pose problème car il mobilise une force de police importante à proximité de la capitale. En décembre 1940, l’autorité militaire allemande propose même la déportation des familles internées vers la Pologne. Finalement, le camp de Linas-Montlhéry s’installe dans la durée et ferme en avril 1942. Les internés sont alors transférés vers Mulsanne (Sarthe) puis vers Montreuil-Bellay (Maineet-Loire). »
Poitiers (Vienne), décembre 1940 – décembre 1943
« Le camp de la route de Limoges, à Poitiers, a d’abord été créé pour accueillir les réfugiés espagnols de la Retirada en 1939. Suite à l’ordre allemand du 4 octobre 1940, un grand nombre de nomades français et étrangers y sont internés. Au printemps 1941, les Français reçoivent l’ordre de recenser les Juifs étrangers vivant dans le Poitou. 151 adultes et 158 enfants sont alors internés dans le camp. Au 1er décembre 1941, il compte 801 internés : 27 Espagnols, 452 Nomades, et 322 Juifs rassemblés dans une quinzaine de baraques. Malgré les clôtures, les familles juives et nomades élaborent des liens de solidarité et s’entraident. Le père Fleury, aumônier du camp, apporte un soutien aux familles internées, tant nomades que juives et parvient à faire libérer des enfants juifs, qui échappent à la déportation. Les derniers internés nomades sont transférés vers Montreuil-Bellay à la fin de l’année 1943. »
Montreuil-Bellay (Maine-et-Loire), novembre 1941 – janvier 1945
« Le camp de Montreuil-Bellay est un maillage essentiel du réseau d’internement des Nomades en France. Il concentre les familles nomades auparavant internées dans les premiers camps de la zone occupée, créés à la fin de l’année 1940. Le camp ouvre en novembre 1941. Quatorze baraques sont prévues pour abriter vingt personnes chacune. Au total, plus de 1 800 Nomades sont internés dans cette ancienne poudrerie, située près de Saumur, entre 1941 et 1945 et surveillés par des gendarmes français. Des sœurs de la congrégation des Franciscaines Missionnaires de Marie ont volontairement partagé le quotidien des internés et assuré l’instruction religieuse des enfants. En 1943, des libérations sont accordées notamment à des familles belges. Le camp ferme en janvier 1945, les internés restant sont transférés à Jargeau (Loiret) et au camp des Alliers (Charente). »
Jargeau (Loiret), mars 1941 – décembre 1945
« Le 26 octobre 1940, l’administration militaire allemande d’Orléans ordonne aux autorités françaises de procéder à l’arrestation de tous les Nomades du département du Loiret et d’organiser leur internement.  Le camp de Jargeau ouvre en mars 1941 et regroupe au total plus de 1 700 personnes, en grande majorité des familles nomades. À partir d’octobre 1941, des prostituées, des réfractaires au Service du travail obligatoire (STO) et des étrangers sont aussi internés à Jargeau. Les baraques sont surpeuplées et la mortalité infantile est très forte. Certains Nomades acceptent de partir travailler dans les usines allemandes en échange de la libération de leur famille. Le camp ferme en décembre 1945 et constitue l’un des deux principaux camps de la zone occupée avec Montreuil-Bellay (Maine-et-Loire). »
Saliers (Bouches-du-Rhône), juin 1942 – octobre 1944
« Suite à la crise humanitaire dans les camps français en 1939-1940 et aux regards critiques de l’étranger, le gouvernement de Vichy décide de réorganiser la gestion des camps d’internement. En 1941, un projet de camp pour isoler les Nomades de la zone libre est envisagé. Le choix du lieu se porte sur la commune d’Arles, en Camargue, prétendu « berceau de la race gitane », en raison de la proximité avec le village des Saintes-Maries-de-la-Mer où se déroule chaque année un important pèlerinage. Le sous-préfet d’Arles, Jean des Vallières, fait appel à un architecte des monuments historiques pour construire un village typique camarguais. Construit ex nihilo, le camp de Saliers doit répondre à quatre objectifs : séparer la « race nomade » des autres internés, servir la propagande de Vichy, créer de la richesse par le travail des internés et les sédentariser à terme. Des Nomades sont envoyés de force du Barcarès et de Rivesaltes pour construire les structures du camp. La vie quotidienne est éprouvante pour les 668 internés passés par ce camp : le surpeuplement des baraques, le travail forcé, le ravitaillement défaillant, les enfants arrachés aux familles et placés et les femmes harcelées par les gardiens. On y dénombre 25 décès. Le camp, bombardé par l’aviation alliée en août 1944, est fermé le 15 octobre 1944. »
« Mémoires tsiganes, l’autre génocide » par Idit Bloch et Juliette Jourdan
Produit par Kuiv
Auteurs : Henriette Asseo, Idit Bloch et Juliette Jourdan
France, 2011
Sur Histoire TV les 21 mai 2020 à 10 h 40, 16 juin 2021 à 9 h 50.

30 October 2019 – 11 March 2020
Á la Wiener Holocaust Library

29 Russell Square
London
WC1B 5DP
Monday-Friday 10.00am-5.00pm
Tuesday 10:00am-7:30pm

Du 14 novembre 2018 au 17 mars 2019
Au Mémorial de la Shoah 
Entresol – Mezzanine
17, rue Geoffroy–l’Asnier. Paris 4
Tél. : 01 42 77 44 72
Tous les jours, sauf le samedi, de 10 h à 18 h. Nocturne jusqu’à 22 h le jeudi.
Entrée libre et gratuite
Visuels :
Photographie prise lors de la visite du Dr J. de Morsier, délégué du Comité International de la Croix Rouge (CICR) au camp de Jargeau. Loiret, 1er juillet 1941. Coll. CICR, V-P-HIST-00698-09

Enfants nomades au camp de Rivesaltes. Pyrénées-Orientales, 1941–1942.
Coll. Archiv für Zeitgeschichte: NL Friedel Bohny-Reiter/12, Zurich

Carnet anthropométrique de Yankowitch Kwick, née en 1931 © Archives départementales de Haute-Garonne

Camp de concentration des Nomades de Crest (Drôme), un groupe de vanniers et raccommodeurs de parapluies. © Auteur inconnu. Janvier 1916. / Coll. ministère de la Culture (France) – Médiathèque de l’Architecture et du Patrimoine – Diffusion RMN.

Refus de la « Nomade » Marie Reinhardt de se faire photographier pour un carnet anthropométrique, déclarant « qu’elle déchirerait le carnet anthropométrique qu’on lui remettrait », 10 juin 1942. Notice individuelle de Nomade.
Indre, 1941–1942. Coll. Archives départementales de l’Indre, 807 W 49.

« État des nomades proposés pour l’envoi dans un camp surveillé », Gendarmerie nationale,
compagnie de l’Indre. France, mars 1942.
Coll. Archives départementales de l’Indre, 807 W 49.

« Tsiganes opprimés ». Reportage paru dans Regards, no 17. 15 septembre 1945.
Coll. FNASAT/Médiathèque Matéo Maximoff, Paris.

Entrée du camp de Mérignac (Gironde) qui servit de camp d’internement de nomades en novembre et décembre 1940. Photographie prise lors de l’inspection par André Jean-Faure, inspecteur général des camps et centres d’internement du territoire, le 18 décembre 1941. Archives nationales,
F/7/15099 / pôle images.

Photographie prise au camp de Montreuil-Bellay le 3 septembre 1943 par Denise Doly (membre de l’ordre des Franciscaines Missionnaires de Marie). Maine-et-Loire. Coll. Soeurs Franciscaines Missionnaires de Marie/Jacques Sigot

Les citations sont extraites du dossier de presse. Cet article a été publié le 14 mars 2016, puis le 10 mars 2020.
[Source : http://www.veroniquechemla.info]
Yaïr Lapid et Naftali Bennett

Naftali Bennett (à droite) vient de devenir premier ministre, succédant à Benyamin Nétanyahou, qui avait exercé cette fonction pendant les douze dernières années. Dans un an, il sera remplacé par son allié de coalition, Yaïr Lapid. Gil Cohen-Magen/AFP

 

Écrit par Ran Porat

Le 36ᵉ gouvernement de l’histoire d’Israël vient d’être approuvé, avec la plus faible des marges, par 60 députés de la Knesset contre 59.

Le nouveau premier ministre est le chef du parti national-religieux Yamina, Naftali Bennett. Cet ancien commandant d’une unité d’élite de l’armée, très religieux et entrepreneur à succès dans le domaine des technologies de pointe a été contraint de former un gouvernement d’union avec le centriste Yaïr Lapid, chef du deuxième plus grand parti d’Israël, Yesh Atid.

Il est prévu dans l’accord passé entre ces formations que Lapid deviendra premier ministre en 2023. Les autres partenaires de la coalition sont deux partis de gauche, Meretz et le parti travailliste ; deux partis de droite, Tikva Hadasha (« Nouvel espoir ») et Israel Beiteinu (« Israël est notre maison »), ainsi que le parti centriste Bleu et Blanc de Benny Gantz.

À cet assemblage très hétérogène au niveau idéologique s’ajoute la Liste arabe unie (Ra’am), dirigée par Mansour Abbas. Ce dernier est ainsi devenu, conformément à son plan stratégique, le premier chef de parti arabe à entrer dans un gouvernement israélien.

Mansour Abbas (à droite) en conversation avec Naftali Bennett à la Knesset, le 13 juin 2021. Emmanuel Dunand/AFP

Sa décision signifie que de nombreux Israéliens arabes préfèrent se concentrer sur les priorités nationales, telles que la réduction de la criminalité et l’obtention rétrospective de permis légalisant des constructions illégales dans les villes arabes, plutôt que sur le nationalisme palestinien.

Les grands perdants sont les partis ultra-orthodoxes. Pour la première fois depuis de nombreuses années, ils se retrouvent hors du gouvernement, déconnectés de la source de financement public qui alimente depuis longtemps leurs instituts religieux et éducatifs.

Les défis du nouveau gouvernement

Les huit partis formant le gouvernement n’avaient qu’une seule chose en commun : leur détermination à évincer le premier ministre ayant détenu ce poste plus que quiconque depuis la création de l’État d’Israël, le charismatique Benyamin « Bibi » Nétanyahou.

Chef du parti de droite Likoud, Benyamin Nétanyahou a été le visage d’Israël au cours des douze dernières années, ainsi que lors de son premier passage au poste de premier ministre de 1996 à 1999. Célèbre pour ses tours de passe-passe politiques et ses habiles manœuvres pour former des coalitions, il a fini par perdre la confiance de la quasi-totalité des acteurs politiques. Nombre de ses anciens alliés ont participé à son éviction.

Ce nouveau gouvernement hétérogène devra maintenant apporter des changements, et il devra le faire rapidement. Une nouvelle flambée des tensions avec le Hamas, désigné comme organisation terroriste par de nombreux pays, est probable. Un budget doit être approuvé rapidement, après deux années sans budget. Et Nétanyahou ne peut plus être blâmé si le gouvernement ne tient pas ses promesses.

L’ensemble complexe d’accords de coalition signés entre les partis signifie que le gouvernement concentrera très probablement son attention sur les questions intérieures et évitera de prendre des initiatives majeures sur des sujets qui divisent, comme la question palestinienne. L’une des tâches essentielles sera d’apaiser les tensions sociales qui ont refait surface en Israël ces dernières années, divisant Arabes et Juifs, laïcs et religieux, gauche et droite.

La coalition doit trouver un moyen de travailler efficacement. Dans le cas contraire, elle risque de s’effondrer rapidement. Le leader de l’opposition officielle, Benyamin Nétanyahou, a fait savoir qu’il ne comptait pas quitter la politique et qu’il allait travailler sans relâche pour évincer le nouveau gouvernement.

Mais Nétanyahou pourrait bien être contraint de s’effacer, car il risque une peine de prison ferme. Il fait l’objet de plusieurs actes d’accusation pour corruption, fraude et abus de confiance. Son procès pourrait durer des années, et a été la principale motivation de ses tentatives presque désespérées de se maintenir au pouvoir. Bon nombre d’électeurs se sont mobilisés contre lui parce qu’il est considéré comme corrompu et décadent.

Vers de nouveaux traités de paix dans la région ?

À Washington, le départ de Nétanyahou a sans doute donné lieu à un soupir de soulagement. Le premier ministre sortant s’est mis à dos l’ancien président américain Barack Obama en raison de la volonté de ce dernier de signer l’accord nucléaire de 2015 avec l’Iran. Le président actuel, Joe Biden, a été l’un des premiers à appeler Bennett, signe que les États-Unis espèrent avoir plus d’influence sur le nouveau gouvernement.

Nétanyahou laisse en héritage à ses successeurs d’indéniables succès diplomatiques, économiques et politiques, mais aussi les effets d’une stratégie délibérée visant à monter les Israéliens les uns contre les autres, exacerbant ainsi des clivages internes durables.

Sous sa férule, Israël est devenu un leader mondial dans la lutte contre la pandémie de Covid-19. S’appuyant sur ses liens personnels avec le PDG de Pfizer, Nétanyahou a mobilisé le système de santé pour vacciner la quasi-totalité de la population adulte d’Israël en un temps record.

Grâce à sa relation étroite avec l’ancien président américain Donald Trump, il a également orchestré le déménagement de l’ambassade des États-Unis à Jérusalem, consolidant ainsi le statut de la ville en tant que capitale d’Israël.

Nétanyahou a maintenu une position ferme et intransigeante sur la question de l’accession de l’Iran à l’arme nucléaire, ce qui a aidé Israël à obtenir les accords d’Abraham – les fameux traités de paix avec quatre pays musulmans. Israël a également entrepris un discret rapprochement avec l’Arabie saoudite, le chef de file du camp anti-iranien.

Au final, à l’issue du règne de Nétanyahou, Israël jouit d’un statut renforcé dans la région et d’une économie prospère.

La gestion du conflit avec les Palestiniens

Le bilan de Nétanyahou dans le domaine de la relation avec les Palestiniens est beaucoup plus discutable. Il est arrivé au pouvoir après l’assassinat du premier ministre travailliste Yitzhak Rabin en 1994, et a effectivement rompu avec les accords de paix d’Oslo signés par Rabin avec les dirigeants palestiniens, sans pour autant les dénoncer complètement.

Rappelons qu’il a été élu, en 1996, dans un contexte marqué par une recrudescence des attentats commis par le Hamas et le Djihad islamique palestinien, avec l’engagement de ralentir le retrait d’Israël des territoires de Cisjordanie. Il a également donné satisfaction à sa base électorale en poursuivant l’expansion des colonies dans cette zone contestée, en dépit de l’opposition de nombreux membres de la communauté internationale.

Le premier ministre israélien Benyamin Nétanyahou rencontre les chefs des autorités des colonies israéliennes dans la colonie d’Alon Shvut, dans le bloc de Gush Etzion, en Cisjordanie, le 19 novembre 2019. Menahem Kahana/AFP

Au cours des douze dernières années, Nétanyahou s’est surtout employé à gérer – et non à résoudre – le conflit. Son approche de la solution à deux États a été au mieux ambiguë, même s’il a montré une certaine volonté de faire des concessions lors des pourparlers menés par les États-Unis en 2014. Tenter d’apaiser le Hamas en lui permettant d’obtenir de l’argent provenant du Qatar – illustration de son approche de gestionnaire – s’est retourné contre lui de manière spectaculaire lors de la dernière guerre avec Gaza.

Nétanyahou a donc été écarté du pouvoir – du moins pour le moment. Le gouvernement Bennett-Lapid ne devrait pas beaucoup s’écarter des politiques étrangères israéliennes qu’il avait mises en œuvre. Les opérations stratégiques d’Israël contre l’Iran vont sans doute se poursuivre.

En ce qui concerne les Palestiniens, il ne faut attendre d’avancées notables tant qu’un autre dirigeant de longue date n’aura pas été évincé, à savoir le président de l’Autorité palestinienne Mahmoud Abbas, âgé de 86 ans, qui est de plus en plus considéré comme corrompu et incapable d’exercer correctement ses fonctions.

Le nouveau gouvernement repose sur des bases fragiles. Tous ses participants savent qu’un seul d’entre eux peut faire tomber le gouvernement. Mais personne n’a envie de se lancer dans de nouvelles élections ; les membres de la coalition y auraient trop à perdre. Il semble que, au moins pour les douze prochains mois, Israël aura enfin un gouvernement.

 

 

[Source : http://www.theconversation.com]

 

El fantasma del comunismo vuelve otra vez. Nuestro amauta José Carlos Mariátegui La Chira también fue víctima de esta peregrina acusación que cada cierto tiempo renace para intentar desacreditar y reprimir a sectores populares y democráticos. Así lo veremos en el siguiente informe que publicamos un 14 de junio, fecha del nacimiento del gran amauta peruano, quien a pesar del tiempo transcurrido nos sigue dando lecciones de ética e integridad política.

Escrito por Jorge Agurto

El fantasma del comunismo vuelve otra vez. Nuestro amauta José Carlos Mariátegui La Chira también fue víctima de esta peregrina acusación que cada cierto tiempo renace para intentar desacreditar y reprimir a sectores populares y democráticos.

El viernes 8 de junio de 1927 el gobierno de Augusto Leguía desplegó un operativo represivo de gran envergadura para desbaratar un supuesto « complot comunista ».

El balance del operativo fue la reclusión en la isla San Lorenzo de cuarenta ciudadanos, entre escrito­res, intelectuales y obreros; clausura de la revista « Amau­ta », órgano de los intelectuales y artistas de vanguardia.

Además, la deportación de los poetas Magda Portal y Serafín Delmar a La Habana; acusaciones y vejámenes a la poetisa urugua­ya Blanca Luz Brum, viuda del gran poeta peruano Juan Parra del Riego.

La prisión de Mariátegui en el Hospi­tal Militar duró seis días, al cabo de los cua­les se le devolvió a su domicilio con la notificación de que quedaba bajo la vigilancia de la policía.

Se intervino una sesión ordinaria de la Edi­torial Obrera « Claridad » citada por la prensa, en la se trataba sobre la adquisición de una pequeña imprenta. Aquí se arrestó a cuatro estudiantes y a algunos obreros, en su mayor parte gráfi­cos.

Además, la policía extrajo violentamente de sus domicilios a los más conocidos organizadores obreros, a quienes se les presentaba como concurrentes a una reunión clandestina.

Sin embargo, se detuvo a personas ajenas a la Editorial Claridad como el escritor Jorge Basadre, responsable de un es­tudio sobre la penetración económica de los Estados Unidos en Centro y Sudamérica, y particularmente, en el Perú.

Titular del diario La Crónica, del 8 de junio de 1927, sindica a José Carlos Mariátegui como dirigente del comunismo en Lima. Tomado de la Revista Punto de Vista 82, Lima, 1982, pág. 4.

El motivo del operativo policial fue cesar la crítica desarrollada por la revista Amauta que en su número 9 dedicó su edición a cuestionar la penetración del imperialismo yanqui en Perú y en el resto de América.

Según lo explica Ricardo Martínez de la Torre « la Embajada de los Estados Unidos presionó al Gobierno de Leguía, para que suspendiera la revista y persiguiera a sus redactores y colaboradores » (Apuntes para una interpretación marxista de historia social, tomo II)..

El Ministerio de Gobierno distribuyó cartas y documentos que luego fueron reproducidos por los medios de prensa el viernes 8 de junio y fue la primera vez que se escuchó en el Perú de los « comunistas criollos » que entonces despertó mas curiosidad que temor.

 

La respuesta de Mariátegui 

El amauta José Carlos Mariátegui La Chira respondió con resolución las acusaciones del Ministerio de Gobierno. Admitió la responsabilidad íntegra de sus ideas, y rechazó su participación de un supuesto « plan o complot folletinesco de subversión ».

Remarcó que dada su condición de marxista « convicto y confeso » se encuentra « lejano de utopismos en la teoría y en la práctica » y se entretenga en « confabulaciones absurdas ».

« Soy extraño a todo género de complots crio­llos de los que aquí puede producir todavía la vieja tra­dición de las « conspiraciones ». La palabra revolución tie­ne otra acepción y otro sentido », aclara Mariàtegui.

El comportamiento purulento de El Comercio

En su carta a la revista La Correspondencia Sudamericana, Mariátegui observa el comportamiento de la prensa local que se hizo eco de la conspiración comunista sin cruzar fuentes.

En particular, cita el caso del decano de la prensa « El Comercio », al cual califica de « órgano de la clase conservadora », el cual « coreó con estúpida gravedad la versión poli­cial del « descubrimiento de un complot » ».

En una carta a Miguel Angel Urquieta del 21 de junio de 1927, escribe: « El repugnante Comercio ha aprovechado esta miserable ocasión para dedicarnos las más pérfidas puñaladas. Pero esta es también la prueba de que cumplimos nuestro deber ».

« Todos los periódicos han hecho caso al bluff policial. El más encarnizado y purulento ha sido El Comercio. Sin embargo, este balín se va desinflando solo poco a poco ».

Carta al diario La Prensa

Hospital San Bartolomé,
Lima, 10 de junio de 1927.

No es, absolutamente, mi intención polemizar con las autoridades de policía respecto del llamado « complot comunista » que aseveran haber descubierto, pero sí quiero rectificar sin tardanza las afirmaciones que me conciernen de la versión policial acogida por el diario que Ud. dirige.

En respuesta a los cargos que tan imprecisamente se me hacen, me limitaré a las siguientes, concretas y precisas declaraciones:

1º- Acepto íntegramente la responsabilidad de mis ideas expresadas claramente en mis artículos de las revistas nacionales o extranjeras en que colaboro o de la revista « Amauta », fundada por mí en setiembre último, con fines categóricamente declarados en su presentación; pero rechazo en modo absoluto las acusaciones que me atribuyen participación en un plan o complot folletinesco de subversión.

2º- Remito a mis acusadores a mis propios escritos públicos o privados, de ninguno de los cuales resulta que yo, marxista convicto y confeso, -y como tal, lejano de utopismos en la teoría y en la práctica- me entretenga en confabulaciones absurdas, como aquella que la policía pretende haber sorprendido y que tampoco aparece probada por ninguno de los documentos publicados.

3º- Desmiente terminantemente mi supuesta conexión con la central comunista de Rusia (o cualquiera otra de Europa o América); y afirmo que no existe documento auténtico alguno que pruebe esta conexión. (Recordaré a propósito que cuando se dio cuenta de los resultados del registro de la oficina rusa en Londres, se anunció que no se había encontrado, entre las direcciones o datos de corresponsales de América, ninguno relativo al Perú).

4º- La revista « Amauta » -revista de definición ideológica de la nueva generación- ha recibido mensajes de solidaridad y aplauso de intelectuales como Gabriela Mistral, Alfredo Palacios, Eduardo Dieste, José Vasconcelos, Manuel Ugarte, Emilio Frugoni, Herwarth Walden, F. T. Marinetti, Joaquín García Monje, Waldo Frank, Enrique Molina, Miguel de Unamuno y otros de renombre mundial o hispánico que no militan en el comunismo.

5º- Tengo segura noticia de que la reunión sorprendida por la policía en el local de la Federación Gráfica ha sido una reunión de la Editorial Obrera « Claridad » que nada tenía de ilícita ni clandestina. Las citaciones respectivas se publicaban en los diarios.

No rehuyo ni atenúo mi responsabilidad. Las de mis opiniones las acepto con orgullo. Pero creo que las opinio­nes no están, conforme a la ley, sujetas al contralor, y me­nos a la función de la policía ni de los tribunales.

Dos méritos me han sido siempre generalmente reconocidos: un poco de inteligencia y sinceridad en mis convicciones. « La Prensa », comentando mi libro « La Escena Contemporánea », reconoció generosamente en este libro que señala mi posición ideológica, una y otra cosa. Tengo, pues, algún derecho a que se me escuche y crea una afirmación que está en rigurosa coherencia con mi actitud y mi doctri­na: la de que soy extraño a todo género de complots crio­llos de los que aquí puede producir todavía la vieja tra­dición de las « conspiraciones ». La palabra revolución tie­ne otra acepción y otro sentido.

Espero de su lealtad periodística la publicación de esta carta y me suscribo de usted muy atto. S.S.

José Carlos Mariátegui

En « La Correspondencia Sudamericana », (Nº 29, del 15 de agosto de 1927, Buenos Aires), Mariátegui publicó una carta destinada a desmentir la noticia propagada por las agencias cablegráficas yanquis:

Carta a La Correspondencia Sudamericana

Lima,

Estimado compañero:

Tengo el deber de protestar ante la opinión latinoameri­cana contra las falsas acusaciones lanzadas por la policía de Lima contra los intelectuales y obreros de vanguardia del Perú, para explicar su persecución. Estas acusaciones, recogidas sin ninguna crítica por la mayoría de los corres­ponsales, han sido propagadas por la gran prensa. En el Perú ha circulado sin más réplica que una carta mía por encontrarse, como es notorio, toda la prensa bajo el con­tralor o la censura del gobierno. En esta ocasión, además, el ministro de Gobierno, llamó a su despacho a los perio­distas para comunicarles dramáticamente el peligro que ha­bía corrido el Estado, la sociedad, etc., de ser intempes­tivamente barridos por una súbita, marejada comunista. Y el decano de la prensa de Lima « El Comercio », órgano de la clase conservadora, que pasa por silencioso adversario del gobierno, coreó con estúpida gravedad la versión poli­cial del « descubrimiento de un complot ».

Aunque no es probable que la parte más avisada y consciente del público latinoamericano haya concedido el menor crédito a esta mentira, conviene, por la difusión que le han dado las agencias y los diarios -generalmente sin ninguna juiciosa reserva- oponerles el más categórico desmentido.

En el Perú no se ha descubierto ninguna conspiración comunista. La policía no ha podido apoyar sus enfáticas aseveraciones en ninguna prueba seria. Los documentos pu­blicados consisten en cartas cambiadas entre estudiantes desterrados y obreros de Lima, que no contienen más que la reafirmación de ideas fervorosamente profesadas y la enunciación de propósitos de propaganda. La reunión sor­prendida por la policía fue una sesión ordinaria de la Edi­torial Obrera « Claridad », para la cual se había citado por la prensa. En esta sesión, en la que se arrestó a cuatro estudiantes y a algunos obreros, en su mayor parte gráfi­cos, se trataba sobre la adquisición de una pequeña impren­ta. La policía extrajo violentamente de sus domicilios, la misma noche, a los más conocidos organizadores obreros, tanto para paralizar una segura protesta como para dar mayor volumen a su pesquisa. La versión oficial presenta­ba a todos los presos como concurrentes a una reunión clandestina. Entre ellos se contaban, sin embargo, personas que no trabajaban absolutamente en la Editorial « Claridad » como el escritor Jorge Basadre, responsable solo de un es­tudio sobre la penetración económica de los Estados Unidos en Centro y Sud América, y particularmente, en el Perú.

El balance de la represión es el siguiente: reclusión en la isla San Lorenzo de cuarenta ciudadanos, entre escrito­res, intelectuales y obreros; clausura de la revista « Amau­ta », órgano de los intelectuales y artistas de vanguardia; deportación de los poetas Magda Portal y Serafín Delmar a La Habana; acusaciones y vejámenes a la poetisa urugua­ya Blanca Luz Brum, viuda del gran poeta peruano Juan Parra del Riego; cierre por una semana de los talleres y oficinas de la Editorial Minerva; prisión mía en el Hospi­tal Militar donde permanecí seis días, al cabo de los cua­les se me devolvió a mi domicilio con la notificación de que quedaba bajo la vigilancia de la policía.

El pretexto del « complot comunista » -no obstante la unánime aceptación que ha merecido de la prensa limeña, incondicionalmente a órdenes del ministro de gobierno- a la mayor parte del público le parece aquí grotesco. La bati­da policial ha estado exclusivamente dirigida contra la orga­nización obrera, contra la campaña antiimperialista, con­tra el movimiento del A.P.R.A. y contra la revista « Amau­ta », cada día más propagada en el Perú. Se denuncia al A.P.R.A. como una organización comunista, cuando se sabe bien que es una organización antiimperialista latinoameri­cana, cuyo programa se condensa en estos tres puntos: « Con­tra el imperialismo yanqui, por la unidad política de Améri­ca Latina, para la realización de la justicia social ».

Usted, estimado compañero, conoce a « Amauta ». Apelo a su testimonio para rechazar y condenar las acusaciones con que se pretende justificar la clausura de esta revista, que representa un movimiento ideológico no solo peruano sino continental. Invoco el juicio de los intelectuales honra­dos. De muchos he recibido ya generosamente demostracio­nes de solidaridad que me honran y alientan.

José Carlos Mariátegui


Carta a La Correspondencia Sudamericana », Nº 29, del 15 de agosto de 1927, Buenos Aires, Argentina.

 

Dos años después Mariátegui sería víctima de una nueva acusación de un supuesto « complot judío ». Foto: Paseo por el bosque de Matamula. Miguel Adler, Jorge del Prado, José Carlos Mariátegui, Noemí Milstein, Blanca del Prado y Ricardo Flores (1929).

 

[Fuente: http://www.servindi.org]

Le sociologue Ugo Palheta dépeint très justement la situation: «Il n’y a pas de régime fasciste en France actuellement, mais il y a des mouvements politiques qui propagent diverses idéologies fascistes.» Il ne faut pas tomber dans le piège de la banalisation.

Il y a dans l'air comme un goût d'acceptation de la montée du néofascisme. | Johannes Plenio via Unsplash

Il y a dans l’air comme un goût d’acceptation de la montée du néofascisme.

 

Écrit par Titiou Lecoq 

À la vue des événements récents, cette une du journal L’Humanité résume assez bien mon sentiment:

Et ce n’est pas seulement sous le coup des dernières actualités. On peut dire que cela fait longtemps que l’on voit monter les extrêmes droites. En tant que féministe, depuis plusieurs années, j’assiste à la progression de la sphère masculiniste. On les a vus devenir de plus en plus nombreux, aux États-Unis d’abord, ici ensuite. En ligne en premier lieu, mais ailleurs de plus en plus. Ce n’est donc pas une nouveauté.

Mais il faut avouer que le temps passant, et la présidentielle approchant, on a parfois l’impression que l’élection est déjà faite. Et puis, aussi, il y a cette sensation que, dans ce pays, il n’y aurait que les gens d’extrême droite qui voteraient. Et le reste de la droite qu’il faudrait séduire. Comme si nous, les gens de gauche, on avait été effacés de la carte.

On n’existe plus.

Vous avez dit «fascisme»?

Parfois, j’entends dire que c’est parce que la gauche n’aurait plus d’idées. Mais c’est faux. Il suffit de s’intéresser un peu pour constater le bouillonnement d’idées dites progressistes, notamment sous l’impulsion des problématiques écologiques et féministes. En vérité, les idées existent, mais elles sont inaudibles. Comme je l’ai déjà écrit, l’extrême droite mène l’agenda, impose ses thèmes, et la gauche n’est sollicitée que pour y réagir.

Et puis, parfois, on a l’impression que plus personne ne considère que tout cela est grave. Comme si la montée du néofascisme en France n’était pas plus que ça un problème. Il y a comme un goût d’acceptation dans l’air. Comme une arrière-saveur de «bah… tant pis hein». Et je comprends. Je comprends qu’on agite les mots d’extrême droite et de fascisme depuis trop longtemps et qu’à force, c’est comme s’ils s’étaient usés.

Mais il ne faut pas tomber dans ce piège de la banalisation.

À ce sujet, j’ai lu une interview absolument remarquable d’Ugo Palheta, chercheur, auteur de La possibilité du fascisme. Intitulée «Le fascisme a muté», elle est disponible chez les collègues de CQFD, allez la lire, c’est passionnant. L’universitaire explique bien la difficulté actuelle à employer le terme de fascisme (qu’il juge pourtant juste). Si on dit «fascisme», tout le monde a le réflexe de comparer avec la situation dans l’entre-deux-guerres, et comme il y a évidemment des différences, on se dit que ce n’est pas du fascisme, et qu’il faut arrêter de s’alarmer ainsi.

«L’usage du concept de fascisme charrie à l’évidence un danger d’anachronisme, du moins si l’on pense la résurgence du fascisme comme une répétition trait pour trait ou comme le produit d’une continuité revendiquée», analyse-t-il. Il ne faut pas chercher un comparatif trait pour trait. D’ailleurs, comme l’a bien mis en lumière Mediapart, l’extrême droite elle-même est multiple.

Ugo Palheta définit ainsi le mouvement fasciste: «Mouvement de masse qui prétend œuvrer à la régénération d’une “communauté imaginaire” considérée comme organique (nation, “race” et/ou civilisation), par la purification ethno-raciale, par l’anéantissement de toute forme de conflit social et de toute contestation.» Et de rappeler qu’«il n’y a pas de régime fasciste en France actuellement, mais il y a des mouvements politiques qui propagent diverses idéologies fascistes».

Il faut garder l’enthousiasme nécessaire à la lutte

Dans un autre article (long et très détaillé) sur le site de Contretemps, il rappelle l’essence contradictoire du fascisme: «Le fascisme se développe et gagne une large audience en se présentant comme une force capable de défier le “système” mais aussi de rétablir “la loi et l’ordre”; c’est cette dimension profondément contradictoire de révolte réactionnaire, mélange explosif de fausse subversion et d’ultraconservatisme, qui lui permet de séduire des couches sociales dont les aspirations et les intérêts sont fondamentalement antagonistes.»

Donc: «La victoire du fascisme est le produit conjoint d’une radicalisation de pans entiers de la classe dominante, par peur que la situation politique leur échappe, et d’un enracinement social du mouvement, des idées et des affects fascistes.» Je vous laisse réfléchir à où nous en sommes dans le processus de fascisation. (Mais il est clair que la prise de position de Raphaël Enthoven préférant Le Pen à Mélenchon participe de cette peur de la classe dominante.)

Palheta explique en outre que le faible niveau d’organisation des classes populaires les rend perméables aux discours complotistes. «Ce qu’a offert pendant longtemps le mouvement ouvrier, à une échelle de masse, ce sont non seulement des solidarités collectives et un espoir de transformation sociale, mais c’est aussi une grille de lecture rationnelle du monde à partir notamment des antagonismes sociaux fondamentaux: des classes et des luttes de classes. […] Quand vous ne croyez plus en rien, vous êtes prêts à croire n’importe qui et n’importe quoi.»

Il fait donc des gauches le principal pilier dans la lutte antifasciste. Si on voit le fascisme comme le résultat de crises du système capitaliste, alors pour lutter contre lui, il faut modifier le système économique et politique.

Ces analyses pourraient être plombantes, mais je me dis qu’il faut les envisager à l’inverse. Qu’il faut réussir à conserver notre enthousiasme. Peut-on être enthousiaste quand on lutte contre le fascisme? Vu l’énergie, l’obstination et le courage que cela demande et va de plus en plus demander, je crois qu’il vaut mieux répondre «oui» à cette question, sinon nous ne tiendrons pas la distance.

 

[Photo :  Johannes Plenio via Unsplash – source : http://www.slate.fr]