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ONU Derechos Humanos en México acaba de publicar un libro contando historias sobre las valientes acciones de mujeres indígenas defendiendo sus propios derechos. En vísperas del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, Noticias ONU te trae la historia de Miriam, una mujer zapoteca que lucha por la preservación de su cultura, su tierra y su lengua.

Miriam Pascual Jiménez, mujer zapoteca de la sierra norte de Oaxaca, es antropóloga social y abogada y ha dedicado gran parte de su vida a la defensa de los derechos humanos de las mujeres y las niñas, y a la preservación de su cultura, su tierra y su lengua. Su historia ha sido recogida en un libro or ONU Derechos Humanos en México.

Miriam Pascual Jiménez, mujer zapoteca de la sierra norte de Oaxaca, es antropóloga social y abogada y ha dedicado gran parte de su vida a la defensa de los derechos humanos de las mujeres y las niñas, y a la preservación de su cultura, su tierra y su lengua. Su historia ha sido recogida en un libro por ONU Derechos Humanos en México.

Miriam Pascual Jiménez es una mujer zapoteca, originaria de la sierra norte de Oaxaca, de la comunidad de Guelatao. Es antropóloga social y abogada y ha dedicado estos últimos años a trabajar por la defensa de mujeres y niñas en temas relacionados con la defensa del territorio, el combate a la trata de personas y la defensa de los derechos de las mujeres en Guelatao.

Miriam, es una mujer muy alegre, solidaria y decidida que ha dedicado una gran parte de su vida a la defensa de los derechos humanos y a la preservación de su cultura, tierra y lengua. Su historia ha sido documentada recientemente en el libro Las valientes aventuras de mujeres defensoras. Relatos para niñas y niños de todas las edades, editado por ONU Derechos humanos.

Miriam creció y vivió en Guelatao y vio como sus familiares, aunque salían de la comunidad por motivos de trabajo o para estudiar, al final siempre volvían para regresar algo a la comunidad.

Ella fue afortunada ya que tuvo la oportunidad de estudiar dos licenciaturas.

“Prácticamente un privilegio dentro de la región. Somos muy pocas personas las que alcanzamos una educación universitaria. Es un tema complicado porque la discriminación en el sistema educativo hacia los pueblos originarios es gigantesca. Entonces en realidad yo logro estudiar porque mi abuela rompe con la tradición del matrimonio forzado hacia ella”, señala.

Primero estudió Antropología Social en Puebla y luego Derecho en la Ciudad de México. Fueron muchos los obstáculos que tuvo de sortear para poder concluir sus estudios: desde discriminación hasta la falta de recursos.

Por ejemplo, tuvo que vender dulces, para terminar las carreras. Pero es en ellas donde se especializa en derechos humanos.

En la primera licenciatura aprendió a documentar casos de violaciones a derechos humanos; y en la segunda, a llevar a cabo litigios estratégicos.

Comenzó a trabajar en diversos temas como delincuencia organizada, pueblos indígenas, desapariciones y trata de personas: “Pero siempre, en mi memoria todos los días, estaba la sierra”.

Miriam es ahora la titular de la Instancia Municipal de la Mujer del municipio de Ixtlán de Juárez.

ONU México – Miriam es ahora la titular de la Instancia Municipal de la Mujer del municipio de Ixtlán de Juárez.

De vuelta a casa

Guelatao es una comunidad que se rige por el sistema normativo de usos y costumbres. Miriam volvió hace unos años a retornar algo a su comunidad.

“Si bien yo soy defensora de derechos humanos, el servicio que yo brindo no solo en la comunidad, sino en la región, está muy enfocado a la promoción y difusión y resignificación de lo que son los derechos humanos. (…) Por eso es necesario el discurso de los derechos humanos, apropiarnos de él para interactuar entre nosotros, pero más para interactuar en ese contexto mundial, porque si no es con los derechos humanos, definitivamente no hay un parámetro de igualdad para relacionarse”, explica Miriam.

Para ella el gran reto en la región es quitar el estigma sobre los derechos humanos, “(…) porque en nuestra vida cotidiana siempre nos han dicho que eso no es para nosotros”. Mientras nosotros no nos asumamos en ese contexto jurídico internacional, vamos a seguir siendo vistos como cosas, como objetos, como patrimonio, no como personas”.

Difundir el mensaje de forma clara

El segundo reto fue hacerlo de una forma que sea respetuosa con la comunidad, que no traiga un lenguaje técnico, que nadie entienda. “Es como si tú creyeras que no existe conocimiento dentro de la comunidad, entonces buscamos dónde estaban los derechos humanos dentro de la comunidad y comenzamos a hacerlo a través de talleres de fotografía, de talleres de radio, de talleres de guion, de talleres de locución. En fin, todo por el tema cultural”.

En este trabajo la radio ha sido la herramienta a través de la cual han logrado difundir información e involucrar a la comunidad que enfrenta dificultadores para tener acceso a tecnología o Internet.

Miriam, además, es ahora la titular de la Instancia Municipal de la Mujer del municipio de Ixtlán de Juárez, que se encarga de guiar a las autoridades para emitir leyes respetuosas que garanticen la vida libre de violencia. También de coadyuvar con la Fiscalía y con las instituciones del Estado, para que tengan un enfoque intercultural.

Para ella hay dos tareas indispensables: fortalecer el proceso de difusión de la información en derechos humanos y eso implica tener una radio propia; y contar con refugio para mujeres víctimas de violencia.

Y, entre tanto, Miriam acude con los jóvenes de la comunidad a grabar cápsulas de radio para difundir información sobre derechos humanos, al tiempo que rescata el conocimiento tradicional de las personas zapotecas de la región.

Este año el Día Internacional de los Pueblos Indígenas tiene como tema “El papel de las mujeres indígenas en la preservación y transmisión del conocimiento tradicional”.

Para ella, haber contribuido a crear el libro publicado por ONU Derechos Humanos “significa la posibilidad de decir que, a pesar de los obstáculos, tenemos que tomar compromisos con la comunidad desde los saberes de la comunidad o desde los saberes de donde los obtengamos. Porque hay conocimiento en todas partes”.

A través de la radio, Miriam difunde información sobre los derechos humanos e implica a los jóvenes de la comunidad.

ONU México – a través de la radio, Miriam difunde información sobre los derechos humanos e implica a los jóvenes de la comunidad.

Amplificar la voz de las mujeres indígenas

Miriam es un perfecto ejemplo del lema del Día Internacional de los Pueblos Indígenas pues, como señala el secretario general de la ONU en un mensaje con motivo de la efeméride, ellas “son defensoras denodadas de las lenguas y las culturas indígenas” y “defienden el medio ambiente y los derechos humanos de los pueblos indígenas”.

Por ese motivo, António Guterres sostiene que “para construir un futuro equitativo y sostenible que no deje a nadie atrás, debemos amplificar las voces de las mujeres indígenas” y destaca que “los conocimientos tradicionales indígenas pueden ofrecer soluciones a muchos de nuestros desafíos comunes”.

Trabajo de la ONU en México con los pueblos indígenas

En México habitan 68 pueblos indígenas, el 10% de su población total.  Su patrimonio lingüístico incluye 68 lenguas originarias, colocando a México en el décimo lugar con la mayor diversidad lingüística del mundo.

La promesa de la Agenda 2030 de no dejar a nadie atrás reviste una importancia crucial para los pueblos indígenas. A su vez, los pueblos y comunidades indígenas tienen mucho que aportar al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Por ello, las acciones de las Naciones Unidas en México tienen un enfoque de interculturalidad, el cual promueve la diversidad y focaliza esfuerzos para combatir la discriminación, favorecer la inclusión, integración y equidad en el acceso a las oportunidades de desarrollo de los pueblos y las comunidades indígenas.

Algunos de los esfuerzos que acompaña ONU México para alcanzar estos objetivos son:

  • Ayudar al diseño de leyes en materia de igualdad, inclusión y no discriminación en el ejercicio de los derechos de los pueblos indígenas, incluida la consulta previa
  • Promover el derecho a una educación intercultural que fomente sus saberes y tradiciones
  • Crear condiciones de igualdad en la integración de los pueblos indígenas, incluidas las mujeres, en las cadenas productivas
  • Participar en los espacios de toma de decisiones y fortalecer sus capacidades para el empoderamiento económico y la gestión sostenible de los recursos de los pueblos indígenas
  • Gestionar un conocimiento que garantice la libertad de expresión y el desarrollo de medios de comunicación y del patrimonio lingüístico
  • Combatir los distintos tipos de violencia, incluyendo contra las mujeres y defensores de derechos humanos de los pueblos indígenas

[Fuente: http://www.un.org]

Une femme marche le long d'une rue en terre battue dans la zone suburbaine de Rio de Janeiro, au Brésil, une ville qui se caractérise par de fortes inégalités sociales.

Une femme marche le long d’une rue en terre battue dans la zone suburbaine de Rio de Janeiro, au Brésil, une ville qui se caractérise par de fortes inégalités sociales.

Écrit par Jorge Jacob

Professor of Behavioral Sciences, IÉSEG School of Management

Depuis de nombreuses années, la recherche montre que les consommateurs à faibles revenus ont tendance à être plus sensibles aux prix que leurs homologues à revenus élevés. Cette sensibilité désigne le poids que nous accordons au prix par rapport à d’autres attributs lorsque nous formons des impressions sur les produits et services et que nous prenons des décisions d’achat. On peut dire que c’est le degré auquel le prix détermine la propension d’un client à acheter votre produit ou votre service.

Cette sensibilité plus forte chez les moins aisés s’explique par différentes raisons et dans diverses circonstances. La rareté financière rend les personnes défavorisées plus conscientes des prix, plus sensibles aux remises et plus préoccupées par le prix de toute expérience de consommation. Pour cette raison, les consommateurs à faible revenu finissent par se rappeler les prix des produits avec plus de précision et sont moins sensibles aux effets du contexte du magasin. Seuls des coûts élevés et une capacité de stockage limitée peuvent entraver la capacité des consommateurs à faible revenu à exercer leur forte sensibilité aux prix.

Cependant, les mégapoles du monde entier (Rio de Janeiro, New York, Paris, Madrid, Mexico, Johannesburg, par exemple) combinent deux éléments uniques : une forte densité de population et des disparités économiques importantes. Cette combinaison pose des défis uniques aux consommateurs à faible revenu. Souvent marqués par la stigmatisation et la discrimination, ils doivent non seulement faire face aux défis financiers inhérents à la pauvreté, mais aussi développer des stratégies pour naviguer dans les interactions avec les consommateurs plus aisés.

« Taxe psychologique du ghetto »

Dans une recherche récemment publiée dans des plus importantes revues internationales sur le comportement des consommateurs, nous révélons notamment que la peur de la discrimination pousse ceux à faible revenu à préférer faire leurs achats dans des magasins avec des consommateurs de la même classe sociale, même s’ils doivent payer plus cher.

Ainsi, la discrimination perçue basée sur le revenu constitue une « taxe psychologique du ghetto », qui peut également réduire la sensibilité aux prix chez les consommateurs à faible revenu. Par conséquent, cela montre que les consommateurs à faible revenu ne sont pas seulement sensibles à l’argent ; ils sont également particulièrement sensibles aux signaux du marché qui signalent une discrimination potentielle.

Pour comprendre ce phénomène, notre recherche a mobilisé cinq études à Rio de Janeiro au Brésil, ville caractérisée de fortes inégalités sociales, pour évaluer dans quelle mesure les consommateurs à faible revenus étaient prêts à renoncer à des opportunités d’achat financièrement avantageuses dans des environnements commerciaux haut de gamme.

Ces études, menées par l’IÉSEG School of Management en partenariat avec FGV EBAPE, révèle en effet que les consommateurs à faibles revenus préfèrent effectuer leurs achats dans des environnements où se rendent d’autres consommateurs d’un statut social équivalent. Cet effet est dû aux attentes élevées de discrimination des consommateurs à faible revenu dans des environnements commerciaux plus sophistiqués, une préoccupation pratiquement inexistante chez les consommateurs aisés.

Autrement dit, les consommateurs à faibles revenus préfèrent effectuer leurs achats dans des magasins où ils n’anticipent pas de sentiments de discrimination, même s’ils doivent payer plus cher pour cela. Et les consommateurs plus aisés, quant à eux, finissent par acheter le même produit dans l’endroit le moins cher, puisqu’ils ne prévoient pas la possibilité d’une discrimination, quel que soit l’environnement d’achat.

Une situation contournable

Par exemple, dans l’une des études, les chercheurs ont donné une somme d’argent fixe aux résidents des favelas de Rio de Janeiro à faibles revenus pour qu’ils achètent une paire de tongs et ils pouvaient garder la monnaie. Les chercheurs leur avons proposé deux options : soit acheter des tongs plus cher dans un kiosque à journaux dans la rue devant un centre commercial haut de gamme pour la valeur presque totale de l’argent qu’ils ont reçu, soit les acheter pour un coût beaucoup moins élevé dans un magasin de ce centre commercial et garder la monnaie.

Le résultat : dans leur grande majorité, les consommateurs à faibles revenus ont préféré éviter d’entrer dans le magasin du centre commercial haut de gamme, même s’ils avaient été informés qu’ils pouvaient y trouver un prix plus bas. Le même schéma ne s’est pas produit pour les participants qui avaient été informés que le centre commercial n’était pas haut de gamme.

Cependant, cette recherche adresse un message clair aux entreprises et aux détaillants : ils perdent un grand nombre de consommateurs importants simplement parce que leurs magasins et leur service client pourraient rappeler l’idée que leurs magasins ne sont pas faits pour tous les consommateurs, quel que soit leur niveau de revenu.

Elle montre aussi qu’il est possible de contourner cette situation : en mettant l’accent sur les valeurs liées à l’égalité de traitement de tous les consommateurs et/ou à l’appréciation de la diversité, il est possible de réduire les craintes de discrimination chez les consommateurs à faible revenu, qui se sentent alors plus à l’aise pour effectuer des achats dans des environnements commerciaux traditionnellement considérés comme ciblant uniquement les consommateurs plus aisés.

 

[Photo : Antonio Scorza/AFP – source : http://www.theconversation.com]

Escrito por
Los peligros de la moralidad. Por qué la moral es una amenaza para las sociedades del siglo XXI
Pablo Malo Ocejo
Deusto, Grupo Planeta, 2021

Hace más de medio siglo, el filósofo José Luis López Aranguren se lamentaba de la desmoralización que invadía la sociedad española como resultado de la neutralización política de una ciudadanía, cómplice con el poder, que solo aspira al aumento de los ingresos y del bienestar1. En conversación con Javier Muguerza2, Aranguren insistía: «En una época de crisis como la nuestra, los contenidos de la moral pueden tornarse cuestionables, pero lo que nada ni nadie nos puede arrebatar, si no queremos dejárnosla arrebatar, es la actitud moral».

Una afirmación de esta naturaleza, referida tanto al intelectual como al ciudadano de a pie, puede parecer intemporal y plenamente justificada. No son infrecuentes las llamadas a un rearme moral de la sociedad, ni resulta extraña la apelación a la justicia y el bien como motivación última de la acción política. ¿Qué otra cosa mejor podríamos pedir a la ciudadanía y a la clase política que mantener vivo su compromiso moral? ¿No es, acaso, este compromiso un bien en sí mismo?

Sin embargo, ciertos fenómenos políticos y sociales ocurridos estos últimos años como consecuencia del avance de los populismos, las guerras culturales, la caza de brujas, el terrorismo de motivación religiosa o los nacionalismos agresivos han devuelto protagonismo a un viejo problema filosófico: la compleja relación entre moralidad, legitimidad y legalidad, o dicho de otro modo, al papel que las creencias morales deben tener en el ámbito de la actividad política e institucional, especialmente en las sociedades democráticas. Y es que hay buenas razones para pensar que el desiderátum del viejo filósofo español puede llegar a constituir un grave problema para las sociedades democráticas y que lo más sensato sería alejar la moral de la vida política y la convivencia social. ¿Por qué?

El psiquiatra español Pablo Malo ha publicado recientemente (Deusto, 2021) un ensayo que lleva por título Los peligros de la moralidad. En esta obra, el doctor Malo, psiquiatra en ejercicio en el Servicio de Salud del País Vasco-Osakidetza, analiza el carácter ambivalente y problemático de nuestra mente moral y diagnostica una peligrosa hipermoralización que exacerba los extremismos, polariza las diferencias políticas y culturales y contamina las luchas identitarias con el tono épico y agónico de la pugna entre el bien y el mal. El libro pone el foco con valentía en un campo de análisis polémico de gran interés y actualidad, sintetizando una abundante e interesante bibliografía sobre el tema.

El primer paso para manejar los efectos perversos de una visión moralista y moralizante de la vida social y política pasa por adquirir una buena comprensión de la moralidad. Y ello solo es posible, en opinión del autor, situando la moral en el marco de una visión naturalista, inspirada en la psicología evolucionista, lejos de las convenciones filosóficas o religiosas y de todo dogmatismo. En particular, hay una idea que debe ser abandonada urgentemente: no existen ni el bien ni el mal puros y, en consecuencia, no existen personas ni actos puramente buenos o malos. No hay mayor ni más urgente reto que explicar cómo ciertas personas cuyos valores consideramos moralmente buenos pueden llegar a cometer actos que nos parecen atroces, sin que ello sea percibido como una contradicción moral, como ocurre en la intimidad moral de la mente del terrorista o del votante radical de ciertas ideologías extremas. El autor del libro conoce de primera mano los paradójicos efectos que el terrorismo nacionalista de ETA causó en la sociedad vasca y sus contradicciones morales.

Atentado de ETA en la T4, en 2006.

En los primeros cuatro capítulos del libro, el autor define ese marco conceptual evolucionista con el que intenta dar cuenta del significado de la moralidad. Una vez desplegadas estas herramientas conceptuales, Malo procede a hacer una interpretación de ciertos fenómenos políticos y sociales que, como ya dijimos, resultan del mayor interés para la vida democrática. Así, en el capítulo cinco, el autor trata sobre la indignación moral y de un nuevo vehículo para expresarla, las redes sociales, convertidas en unos particulares tribunales de justicia popular. El capítulo seis aborda el fenómeno de la hipermoralización que impregna de significación moral -con lo que ello comporta- muchos fenómenos antaño carentes de ella. En el capítulo siete, el autor repasa los problemas que la moralidad supone en dos aspectos fundamentales. Por una parte, el peligro de llevarnos a la violencia moralista, la violencia más frecuente, grave y masiva a lo largo de la historia. Por otra, el peligro que la moralidad encierra para el buen funcionamiento de dos instituciones básicas de nuestras sociedades: la democracia y la ciencia. El libro se cierra con un capítulo final de conclusiones y perspectivas de futuro.

No podemos abordar todos y cada uno de los asuntos tratados en el texto, por lo que comentaremos solo aquellos que nos parecen más relevantes, al tiempo que emplazamos al lector a completar la lectura de una obra sin duda muy recomendable.

Un marco naturalista para entender la mente moral

La moralidad consiste, según el autor, en la capacidad singular de los seres humanos de distinguir el bien del mal. La mente moral no se encuentra comprometida a priori con un contenido moral concreto (tal cosa es buena o mala), algo que depende de las condiciones culturales que alimentan el aprendizaje individual y, en consecuencia, varía en el espacio y en el tiempo. Sin embargo, sí existen ciertas disposiciones morales que configuran la gramática profunda de nuestra mente moral y son decisivas en su análisis. En opinión del doctor Malo, la psicología evolucionista nos provee de un marco conceptual iluminador capaz de esclarecer estas paradojas, aunque no las haga desaparecer. De acuerdo con este marco conceptual, la moralidad se presenta antes que nada como una adaptación biológica surgida en nuestra especie por selección natural. Como toda adaptación, sirve al interés reproductivo del individuo. No debemos olvidar su origen, si queremos evitar falsas suposiciones acerca de sus contenidos o de su naturaleza. La moral es contingente, como cualquier otro producto evolutivo. Nada hay necesario en ella.

Siguiendo las directrices elaboradas en las últimas décadas por biólogos y psicólogos evolucionistas, Malo estima que la evolución de la mente moral está ligada al desarrollo de ciertas presiones de selección en favor del altruismo y la cooperación. Ese proceso evolutivo ha tenido tres grandes hitos: la conducta altruista, explicada como resultado del esfuerzo por salvaguardar el acervo genético compartido entre parientes consanguíneos (selección de parientes); la cooperación directa para beneficio mutuo, que permite la cooperación entre individuos en contextos de interacciones repetidas en grupos pequeños, de manera que el dilema entre cooperar o dejar de hacerlo se mantiene en equilibrio gracias a que de cada individuo puede castigar al compañero egoísta negándole la ayuda en la siguiente interacción; y la reciprocidad indirecta, que es aquella en la que la recompensa o pago por un favor que realiza un individuo le será devuelto por parte de una tercera persona o de la sociedad en su conjunto. Esta última modalidad ha permitido crear sociedades cohesionadas formadas por grandes grupos de individuos que no solo no están emparentados genéticamente, sino que ni siquiera se conocen.

El éxito de la cooperación para beneficio mutuo y de la reciprocidad indirecta se ha producido, como recuerda el autor, gracias a ciertos mecanismos inscritos en lo más profundo de la mente moral de todo ser humano. El prestigio y la reputación, de una parte, y el castigo y el ostracismo, de otra, son las herramientas niveladoras que permiten contener, dentro de un orden, la proliferación de conductas egoístas. La pérdida de la reputación por haber cometido un acto inmoral o haber denegado ayuda cuando existía un compromiso es algo muy grave que puede llevar al suicidio o al homicidio. El rechazo y la condena social tienen un terrible impacto psicológico en el ser humano; la condena al ostracismo es una especie de muerte social y la ruptura del sentido de conexión y pertenencia es uno de los factores de riesgo ampliamente aceptados para el suicidio.

Protestas por la muerte de George Floyd, 2020

Para conseguir este difícil equilibrio evolutivo fue necesaria la circulación abundante de información sobre la calidad y fiabilidad morales de las personas mediante el cotilleo y la cháchara, que tanto hacen disfrutar al ser humano. Esa información, que construye o destruye la reputación y el prestigio del potencial cooperante, resultó y resulta determinante en las interacciones sociales para el éxito o el fracaso de los intereses y alianzas de los individuos. Pero nuestra mente moral, además, se consolidó ligada a un sesgo fuertemente tribal marcado por la decisiva oposición entre un «nosotros» y un «ellos». Nuestra psicología tribal nos permite identificarnos y coordinarnos con los miembros de nuestro grupo, facilitando la satisfacción de nuestras necesidades. Tendemos a preferir y a favorecer a los miembros de nuestro grupo frente a los miembros de otros grupos.

Los miembros del mismo grupo poseen normas de conducta similares que facilitan el éxito de la cooperación. Además, están sujetos a que su comportamiento puede afectar a su reputación y ser objeto de castigo. La cooperación, cuando no se posee información de primera mano sobre los individuos con los que se interacciona, necesita la identificación de los miembros en los que se puede confiar, es decir, los del endogrupo. Esta identificación quedó en manos de un conjunto de signos o marcadores de pertenencia muy variados: ropa, pintura, tatuajes, lengua, rasgos físicos, costumbres alimenticias, prácticas rituales, etc.

Otros marcadores menos evidentes, pero no menos importantes, en opinión de ciertos psicólogos evolucionistas como John Tooby, son las creencias o la ideología. Las ideas y creencias no son solo una cuestión personal, nos abren las puertas de la pertenencia al grupo y señalan también esa identidad hacia el exterior. Malo se adhiere a esta interpretación, pues permite dar sentido al asombroso, diverso y exuberante mundo de las creencias y prácticas culturales, incluso a las más absurdas y arbitrarias. La comunicación de verdades funcionales, de verdades neutras, de hechos claros y comprobados puede no servir como señal diferencial. Por el contrario, unas creencias exageradas, inusuales, por ejemplo, creencias sobrenaturales o altamente improbables (alarmismos, conspiraciones y muchas otras creencias que circulan para estupor de muchos) no se mantendrían si no es como expresión de una identidad.

Sea esta u otra la explicación correcta, el tribalismo característicamente humano ha impuesto severos límites a la interacción con los otros y a su evaluación moral. Por ejemplo, la división Ellos/Nosotros limita el alcance de la tan traída empatía, que muestra grandes limitaciones para atravesar las barreras de nuestro círculo social, exige lealtades inquebrantables, impone el dominio de la lealtad por encima de la honestidad y moviliza todo tipo de coaliciones que tienen la función de ampliar el poder de los individuos ofreciéndoles más poder frente a los otros. Este es un hecho de extraordinaria importancia: los límites de nuestras normas morales llegan hasta los límites de nuestro grupo, es decir, no aplicamos las mismas normas morales a los miembros de nuestro grupo que a los individuos que no pertenecen a nuestro grupo.

La mente moral en el mundo moderno

Moralización

La historia de occidente durante los dos últimos siglos puede interpretarse, al menos parcialmente, como un proceso de secularización y amoralización, legado de la Ilustración. La amoralización sería el proceso por el que ciertos objetos o conductas salen del campo de la moral. Por ejemplo, durante el último medio siglo hemos presenciado cómo ciertas conductas como la masturbación, el sexo prematrimonial o las relaciones homosexuales se liberaban de su significación moral negativa -al menos parcialmente y no en todas partes por igual-. Este fenómeno ha traído indudables avances para la convivencia en sociedades cada vez más plurales, una tendencia que parece frenarse en los últimos tiempos.

La moralización, por el contrario, es el proceso por el que una actividad que previamente se consideraba fuera del campo moral entra dentro de él. No se conocen bien los factores que desatan este proceso, pero así ha ocurrido en las últimas décadas con el consumo de carne -criticado desde posiciones conservacionistas-, con el consumo de tabaco -cuestionado por su impacto sobre la salud individual y colectiva- o con el cuidado de los animales -desde posiciones animalistas-. Y, más recientemente, durante la pandemia, en el enfrentamiento con los denominados antivacunas. En el ámbito político, por su parte, la pugna entre partidos también ha rebasado los límites de los programas políticos y las medidas económicas, para adentrarse en el ámbito de la moral, hasta convertir a los grupos políticos en tribus morales enfrentadas que ven al oponente como un Otro inferior y que incentivan relaciones de exclusión que rompen amistades y familias.

En todo caso, la cuestión de fondo es que, cuando algo entra en el campo moral, se convierte en un debe y pone en alerta a los individuos frente a la conducta de los otros. Si algo tiene carácter moral, se puede y se debe recriminar, no basta solo con disentir, y reclama una regulación social promoviendo un movimiento general de las instituciones y de los medios de comunicación en esa dirección, para garantizar ese «deber ser». La moralización desata entonces los resortes de la mente moral, excitando las reacciones emocionales, los tribalismos y los dogmatismos que dificultan cualquier negociación entre partes. Incluso la violencia puede ser contemplada como medio legítimo.

Victimismo

Un fenómeno análogo al anterior ha ocurrido con el desarrollo de una hipersensibilidad ante los agravios, tal y como refiere Malo. Los conceptos de trauma y víctima han sufrido una ampliación semántica. En un principio, el concepto de trauma hacía referencia a heridas físicas (trauma procede de la palabra griega para «herida»). Su causa era un suceso externo y sus efectos eran orgánicos, aunque se podían manifestar con síntomas psicológicos. Sin embargo, el suceso traumático ha ampliado su extensión, ya no necesita ser una amenaza a la vida, ni estar fuera del rango de la experiencia humana normal, no tiene por qué crear malestar en casi cualquier persona. Solo es necesario que la persona lo viva como perjudicial. Bajo esta definición, el concepto no solo se ha hecho mucho más amplio, sino más subjetivo, abierto a múltiples sensibilidades nacidas de experiencias y conductas negativas, por acción u omisión. Como consecuencia se identifican más tipos de experiencias como perjudiciales y a más tipos de personas como perjudicadas, como víctimas que necesitan cuidado y protección.

Este nuevo marco, más sensible y receptivo, que amplía el espacio del sufrimiento, desencadena, sin embargo, ciertos efectos perversos. Si bien las víctimas se definen por su sufrimiento, vulnerabilidad e inocencia, se disminuye su capacidad para salir de su situación por sus propios medios, es decir, crea dependencia, al tiempo que aumenta el encasillamiento de los villanos morales, los abusadores como únicos agentes morales. Los ejemplos traídos por el autor proceden mayoritariamente de las sociedades norteamericana y británica. Y su contexto más inmediato es el de las universidades y la vida académica. En este mundo sensible, intelectualizado y proactivo se ha instalado, por ejemplo, el concepto de microagresión. Derald Wing Sue define las microagresiones como «las breves y cotidianas indignidades verbales, conductuales y ambientales, intencionadas o no intencionadas, que comunican una actitud hostil, negativa o despectiva en temas raciales, de género u orientación sexual, e insultos leves religiosos contra individuos o grupos». Entre nosotros, este concepto ha adoptado típicamente la forma de micromachismos, un tipo específico de microagresión.

Bradley Campbell y Jason Manning, cuya obra sirve de guía a Pablo Malo, han desarrollado una teoría acerca del victimismo3. Distinguen estos autores entre dos tipos de cultura convencionales: la cultura del honor y la cultura de la dignidad. En la primera, es la reputación lo que hace que alguien sea honorable o no, y uno debe responder agresivamente a los insultos, las agresiones y los desafíos, porque si no lo hace pierde el honor. En la segunda, se considera que, en vez de honor, las personas tienen dignidad, que es inherente a ellas, por lo que no puede ser alienada por otros, ni tiene que ser demostrada. La dignidad existe independientemente de lo que otros piensen, por lo que la reputación social es menos relevante.

Nuestra cultura actual, según Campbell y Manning, está adquiriendo una forma híbrida con elementos de ambas culturas. Por una parte, la creciente sensibilidad ciudadana es más propia de la cultura del honor, muy sensible a la ofensa, pero, por otra, los individuos no responden personalmente, buscando directamente la reparación de su honor, sino procurando el respaldo de terceras partes, como exige el recurso a las instituciones que protegen los derechos dentro de la cultura de la dignidad. Esto último sería impensable en una cultura del honor. Dos aspectos distinguen esta nueva cultura híbrida del victimismo. Por una parte, las ofensas que desencadenan protestas son, en muchos casos, cuestiones menores que podrían interpretarse como asuntos relativos a las buenas formas, imputables a la mala educación o la ignorancia, asuntos reprobables en el plano puramente personal. Por otra, el individuo o colectivo que se siente ofendido recurre a las redes sociales para hacer público su problema y movilizar rápidamente la opinión pública en su favor y contra el agresor -sin mediación institucional-.

Cancelación y redes sociales

Otro fenómeno ligado a la creciente indignación moral es la llamada «cultura de la cancelación» o, dicho de otro modo, de la censura, silenciamiento u ostracismo. Ya sabemos la importancia que la reputación tiene para la vida social en nuestra especie y cómo nuestra mente ha evolucionado para utilizarla como indicador de confiabilidad. Otro tanto ocurre con la función del castigo y el ostracismo como penalización dirigida contra individuos que rompen las reglas y convenciones sociales -malas compañías para una mente cooperativa-. La expresión «cancelación» nació para referirse a la suspensión de conferencias de ciertos académicos o intelectuales en las universidades estadounidenses, porque un sector de los estudiantes no los consideraba moralmente adecuados. La cancelación se produce utilizando las redes sociales o también convocando manifestaciones in situ con el objetivo de boicotear el acto. Numerosas personas han sido objeto de cancelación en el ámbito intelectual, académico, literario o político, aunque también han sufrido este castigo personas anónimas que publican fotos, textos o reflexiones en cualquier medio. Una vez más, las redes sociales se convierten en el medio preferido para airear esta indignación moral.

Aunque algunos defensores del fenómeno han argüido que la cancelación es solo una forma de crítica, hay razones para pensar que detrás de ella hay algo más. Malo, siguiendo a Jonathan Rauch, identifica algunas señales inequívocas de que la cancelación desborda la crítica lícita para ir más allá: la cancelación busca el castigo más que la corrección de un error, pretende silenciar a su objetivo eliminando la disidencia; no utiliza la persuasión, sino la fuerza y el miedo; no dialoga con el individuo ni discute sus ideas, sino que estigmatiza a la persona con argumentos ad hominem u otros recursos no veraces, al tiempo que promueve el exhibicionismo moral de quienes realizan la crítica. Como señala el autor, la cuestión de fondo, lo verdaderamente preocupante, es que lo que estas cancelaciones buscan no es otra cosa que crear un régimen de miedo en el que la gente tema dar su opinión y en el que ciertas ideas no puedan ser cuestionadas.

Una nueva religión secular: la teoría de la Justicia Social Crítica

Es indudable que las últimas décadas han visto crecer la polarización política. Como resume el propio Malo, estamos en un momento histórico en el que el liberalismo y la modernidad que se encuentra en el corazón de la civilización occidental están amenazados. La amenaza procede de dos tipos de fuerzas, una revolucionaria y otra reaccionaria. Por un lado, están proliferando movimientos de extrema derecha que buscan dictadores que defiendan los valores occidentales tradicionales. Por otro lado, en la extrema izquierda, los cruzados progresistas sociales actúan como paladines del progreso moral sin los cuales la democracia estaría vacía.

Pero la atención del autor se dirige particularmente hacia una forma de ideología social autoritaria alimentada intelectualmente por el pensamiento posmoderno. Siguiendo la interpretación de Helen Pluckrose y James Lindsay en su obra Cynical Theories, Malo identifica el origen de la denominada teoría de la Justicia Social Crítica como un derivado de las ideas posmodernas. La posmodernidad echó a andar hace cinco décadas como crítica contra el legado ilustrado y positivista. Su discurso se estructuró en dos vectores: como crítica epistemológica, defendiendo el relativismo cultural, la disolución de la verdad y el escepticismo gnoseológico, y como crítica política, desvelando las relaciones entre conocimiento y poder. En los años noventa, el discurso posmoderno tomó una orientación hacia el activismo político y social, algo menos etéreo y abstracto. En esta época, el discurso posmoderno alumbró un conjunto de teorías como la teoría queer, la teoría poscolonial, la teoría crítica de la raza y la interseccionalidad, el feminismo y los estudios de género, los estudios sobre discapacidades y obesidad y otros.

Estas nuevas teorías, englobadas en la Justicia Social Crítica, mantienen una doble filiación. Por una parte, beben del posmodernismo al rebasar el marco reivindicativo de la lucha por los derechos civiles de las minorías -formalmente alcanzados- característico de la democracia liberal, un marco insuficiente por sus vínculos con el statu quo, es decir, con un sistema político en el que los derechos tienen una realidad más formal que sustantiva y en el que predominan los intereses de la clase política típicamente heterosexual, patriarcal y blanca. Pero, por otra parte, al estilo de la vieja Teoría Crítica frankfurtiana, necesitan ir más allá del escepticismo posmoderno, nihilista, para poner en marcha una verdadera transformación social y moral del mundo. Dicho de otro modo, el nuevo marco teórico de la Justicia Social Crítica rebasa el ámbito descriptivo para adentrarse en lo normativo, en lo moral. El resultado final es un «posmodernismo aplicado», como lo llaman Pluckrose y Lindsay, que abandona el escepticismo para considerar que la opresión sobre ciertos grupos basada en su identidad, aunque esta sea una construcción social, es real y tiene consecuencias objetivamente negativas que se deben combatir, luchando contra el modelo dominante.

Malo hace suya la interpretación de Pluckrose y Lindsay según la cual el modelo liberal democrático ha sido puesto en jaque por esta nueva teoría crítica. La defensa de los derechos de las minorías raciales o de la mujer no dejan de ser ajustes menores dentro del propio sistema de desigualdades que consagra el liberalismo, meros apaños, y es el propio modelo el que se cuestiona. Este cambio se ha iniciado en el mundo anglosajón (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Australia) y todavía no ha afectado en el mismo grado a España y a los países de lengua hispana, aunque es sensato pensar que también llegará hasta nosotros. Hasta cierto punto, algunas de las políticas de igualdad en España, los conflictos internos del feminismo o ciertas reivindicaciones sociales de la izquierda más radical reproducen los mensajes de la Justicia Social Crítica -especialmente en cuestiones de género y en la defensa de las minorías-.

La Justicia Social Crítica también ha tomado la denominación «wokismo», del término inglés «woke», despertar, que hace referencia a la necesidad de tomar conciencia de la injusticia que soportan determinados colectivos. El wokismo tiene algunos rasgos comunes con una actitud religiosa y Malo hace suya la interpretación del historiador Tom Holland y otros intelectuales como James Lindsay, Mike Nayna, Jonathan Haidt, Andrew Sullivan o John McWorther, al contemplar la Justicia Social Crítica como una nueva religión secular de izquierdas. Jonathan Haidt, por ejemplo, afirma que, en cada universidad, algunos verdaderos creyentes han reorientado su vida alrededor de una lucha contra el mal, y Andrew Sullivan se pregunta si la interseccionalidad, que es el concepto que une todas las ramas de la Justicia Social Crítica, es una nueva religión.

Malo sigue a Holland cuando interpreta el movimiento #MeToo, el #BlackLivesMatters, y, más genéricamente, el wokismo, como manifestaciones de la matriz de pensamiento y acción cristianas4. La lectura de Holland, que Malo asume, ve en la Justicia Social Crítica la reproducción de una vieja polémica, la que enfrentó a Pelagio con Agustín de Hipona acerca del valor de las acciones personales en la salvación. Mientras que Agustín despreciaba el valor de las acciones individuales para salvar el alma, algo que depende finalmente de la Gracia divina como consecuencia del pecado original, Pelagio consideraba esencial la virtud personal y la transformación moral del mundo. En opinión de Holland, la izquierda estaría en la posición de Pelagio, la de exigir a los demás un cambio de actitud, en actitud punitiva y reclamando para sí la pureza moral. La izquierda radical actúa como si se encontrara en posesión de la verdad moral y ello confiere superioridad a su discurso y justifica su actitud punitiva. La vida se presenta como un enfrentamiento entre el bien y el mal, entre discursos dominantes -el del hombre blanco heterosexual, chivo expiatorio y culpable genérico de todos los males- y discursos e identidades excluidas, un mundo de relaciones de poder cuyo balance debe ser corregido. Aunque este marco de pensamiento sea compartido por una minoría (Malo, citando a otros autores, estima que puede suponer un 10% de la opinión pública norteamericana), su posicionamiento moralizante y su agresividad disuade a la ciudadanía de un enfrentamiento directo pues nadie desea ser identificado como miembro del bando opresor.

Pablo Malo es pesimista y duro en su juicio sobre el alcance y la evolución de este fenómeno. El papel realizado anteriormente por la religión ha sido asumido ahora por la Justicia Social Crítica, que representa un movimiento con los valores éticos y morales cristianos, pero sin Dios. El resultado, como señala el autor, es la caza de brujas es implacable y cruel, y no sirve de nada pedir perdón. El culpable debe ser aniquilado, silenciado, excomulgado, condenado al ostracismo, sin importar que, en muchos casos, estos linchamientos hayan acabado en suicidios. No se puede descartar que también los tibios, los que no sancionan, terminen siendo objeto de descalificación.

Perspectivas de futuro

Pablo Malo deja para el final la respuesta a la pregunta que subyace a lo largo del libro: ¿qué podemos hacer frente a estos desafíos? El autor presenta un conjunto de medidas que «deben tomarse como lo que son, un torbellino de ideas y no como algo consolidado y firme». En síntesis, son las siguientes:
Un primer paso fundamental es darse cuenta de que la moralidad constituye un peligro, algo de lo que mucha gente no es consciente, pues solemos fijarnos en sus aspectos positivos (por ejemplo, la búsqueda de justicia) e ignorar su lado oscuro. Este peligro supone un problema extremadamente difícil de solucionar, ya que nuestra mente moral es parte de la naturaleza humana, evolucionada para facilitar la cooperación dentro de grupo y la competencia con otros grupos. Así, nuestro carácter tribal no es eliminable de la ecuación. Las soluciones, pues, deben ir en la línea de diseñar instituciones (diques de contención) que mantengan a raya los excesos de nuestra moralidad.

Malo recoge también algunas sugerencias interesantes, pero difíciles de articular. Por ejemplo, el denominado abolicionismo moral. Se trataría de hacernos ateos de la moralidad del mismo modo que nos hicimos ateos con respecto a la existencia de Dios. El objetivo sería reducir al máximo la moralización. En realidad, no se trata de abolir la moralidad, sino de domarla. Introducir racionalidad en los conflictos y extraer de ellos sus resonancias morales. Olvidar los planteamientos en términos de buenos o malos y buscar salidas negociadas. Al fin y al cabo, la biología nos enseña que la moralidad es un medio para un fin, no un fin en sí mismo. Lo esencial es la cooperación y podemos intentar conseguirla sin pasar por la moralidad.

En el ámbito político, «la idea esencial sería sacar la moralidad de la vida pública todo lo que podamos, dejarla para el ámbito de lo privado». Para ello es necesario crear instituciones que sujeten nuestros instintos morales. Por ejemplo, cambiando el diseño de las redes sociales, que actúan como potenciadores de lo peor de nosotros o rediseñando nuestras instituciones políticas y la forma en que se reparte el poder, para que se favorezca la cooperación y la colaboración y no el enfrentamiento. Otro punto con respecto a la política es que necesitamos despolitizar nuestras vidas y recuperar otras formas de realización personal como las relaciones de amistad, la familia y los seres queridos o la cultura, los espacios y la naturaleza. En el ámbito social, repite la misma idea: sacar la ideología y los contenidos morales de nuestra convivencia diaria. El adoctrinamiento debe quedar fuera del ámbito público. Todo lo que comenta sobre el mundo laboral se puede aplicar también a la escuela y al sistema educativo.

En este mismo sentido, Malo defiende la necesidad de fomentar el escepticismo en todos los niveles: «Hoy en día las narrativas se venden en paquetes y solo hay dos posiciones: comprar el paquete completo o rechazarlo». Por el contrario, deberíamos aplicar una suerte de regla como esta: «Nadie tiene la última palabra: tú puedes afirmar que una declaración está establecida como conocimiento solo si puede ser refutada, en principio, y solo en la medida en que aguanta los intentos de refutarla».

Algunas reflexiones complementarias desde una perspectiva evolucionista

El término moralidad abarca un amplio conjunto de fenómenos y rasgos de comportamiento humano que influyen en las interacciones sociales. Teniendo en cuenta esta complejidad resulta difícil elaborar una explicación evolutiva que dé cuenta de la moralidad. Darwin fue el primero en intentarlo y, desde él, ha habido otros muchos intentos. En los últimos 40 años ha ganado fuerza la tesis darwinista, que suscribe Malo, de que la moralidad tiene un origen adaptativo, promoviendo la evolución de un comportamiento cooperativo dentro de las sociedades humanas. Esta visión de la moralidad como un medio (una adaptación), para conseguir un fin (la cooperación), da cuenta de un rasgo decisivo de la moralidad: el hecho de que los juicios morales implican una intención expresiva y prescriptiva, una posición defendida filosóficamente por figuras como Hume, Stevenson o Hare. Un juicio moral no es nunca meramente descriptivo. Incluso las fórmulas más neutrales comunican un fondo imperativo.

Esta interpretación evolutiva deja sin explicar, en nuestra opinión, un rasgo de la moralidad igual de relevante que el anterior, y que Malo, siguiendo a Linda Skitka, también reconoce: la percepción de que, desde una perspectiva folk, lo bueno y lo malo se presentan a la conciencia individual como si estuvieran dotados de cierto tipo de objetividad y universalidad. Los individuos interactúan y aprenden en un mundo cultural convencional que incluye normas que les son presentadas con la misma exterioridad que caracteriza a las propiedades materiales del mundo físico, como si fuesen elementos del campo objetivo de los hechos. Esta percepción de nuestras creencias y prácticas de una manera compatible con una interpretación objetiva de la moralidad debe incluirse en una explicación naturalista que intente abarcar el comportamiento moral en sus aspectos esenciales.

Nosotros hemos sugerido que para ello es necesario completar este escenario evolutivo, considerando un aspecto importante de la arquitectura cognitiva humana que procede de nuestra evolución como organismos culturales. El secreto de nuestro éxito, por usar la expresión de Joseph Henrich, está en nuestra capacidad evolucionada para la transmisión y acumulación culturales, pues es la cultura, en su extraordinaria complejidad, la que nos ha permitido colonizar con éxito adaptativo el planeta entero. En esta visión coevolutiva de genes y cultura, que difiere en algunos aspectos relevantes de la que proponen los psicólogos evolucionistas, la transmisión cultural acumulativa necesitó sus propios mecanismos evolutivos, anteriores incluso al desarrollo de la cooperación genuinamente humana, y cuyos efectos sobre nuestra cognición se hacen visibles en nuestra mente moral5. Entre esos mecanismos, nosotros hemos destacado la capacidad de orientar el aprendizaje de los hijos, utilizando formas elementales de enseñanza mediante la aprobación o la desaprobación de su conducta. Esas formas básicas de enseñanza, a las que hemos denominado enseñanza assessor, permitieron a los padres transmitir a sus hijos la experiencia acumulada, tanto sobre los comportamientos que deben imitar como sobre los que deben evitar6. Hemos llamado psicología suadens (del latín suadeo: a valorar, aprobar o aconsejar) al conjunto de características cognitivas que han hecho posible la enseñanza assessor7.

La enseñanza assessor da pie a percibir lo que aprendemos, nuestras creencias adquiridas, de una manera que favorece una interpretación objetiva de la información transmitida. Cuando los padres corrigen el comportamiento de sus hijos, las orientaciones vienen provistas de un valor de veracidad y corrección que no puede reducirse a un criterio funcional. La selección natural nos ha hecho sensibles a las indicaciones sobre cómo debemos comportarnos por parte de las personas afectivamente más próximas -familia, amigos-, buscando su aprobación y tratando de evitar su rechazo. Como resultado, el aprendiz assessor percibe las emociones sociales de agrado o desagrado derivadas de la práctica de un comportamiento, como si fueran señales objetivas del valor intrínseco de los comportamientos: si se aprueba un comportamiento, entonces es bueno, si se desaprueba, entonces es malo.

De ahí, la inmediatez con la que el individuo percibe y experimenta sus prácticas, creencias, usos y tradiciones. Esta orientación emocional sobre qué aprender y cómo actuar es clave en la interiorización de valores y normas y, al tiempo, es responsable de que se mantengan muchas tradiciones, creencias y valores en las sociedades humanas, aunque carezcan, en muchos casos, de una justificación racional o empírica que avale su permanencia8.

El apoyo emocional que hace posible y eficiente el aprendizaje assessor ayuda a construir una imagen del mundo con una pretensión de objetividad que, sin embargo, está en el extremo opuesto de cualquier actitud ética que sea distanciada, reflexiva y crítica. En esa objetividad, la mente de cada individuo confunde la representación compartida del mundo (su mundo), con el mundo, y el conjunto empírico de preferencias y prácticas (sus valores), con los valores. De una manera casi inevitable, los individuos con una psicología suadens adoptan la disposición intelectual y moral de un creyente. Ese ha sido el precio que hubo que pagar por el desarrollo de nuestro sistema de aprendizaje cultural acumulativo. Esa percepción folk de la verdad de nuestros valores como algo objetivo dificulta enormemente el dialogo entre tradiciones culturales diferentes y produce desconfianza y recelo ante valores y conductas que exhiben los miembros de otros grupos.

Constatar esta situación no implica que los autores de este comentario ni la mayor parte de sus potenciales lectores, educados en una tradición ilustrada, tengamos que renunciar a nuestros valores democráticos, o a defender los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tampoco nos exige la búsqueda, siempre, de una solución intermedia, pactada, para satisfacer parcialmente valores que consideramos profundamente equivocados. Sin embargo, asumir que nuestras convicciones son fruto de un aprendizaje emocional, que podría haber sido otro, sí que nos obliga a no deshumanizar a nuestros oponentes por pensar de manera distinta.

La historia nos muestra que muchas personas inteligentes y honestas en sus convicciones han vivido (y viven) con naturalidad en sociedades xenófobas, machistas, homófobas y nada tolerantes con religiones distintas de la mayoritaria. Podemos utilizar la racionalidad para mostrar cuáles son los principios axiomáticos, las inconsistencias y los inconvenientes que detectamos en las tradiciones ajenas, aceptando que nuestros oponentes tienen derecho a hacer lo mismo con la nuestra. Por desgracia, solo una pequeña parte de las tradiciones que rigen una sociedad tiene contenido empírico y pueden ser refutadas en un sentido popperiano, como desea el autor. A nivel individual parecerá poca cosa, pero lo honesto, sabiendo lo que sabemos, es tenerlo en cuenta cuando interaccionamos con los demás.

A nivel colectivo, como también sugiere Malo, habría que potenciar instituciones que eviten la estigmatización del diferente y ordenen la interacción social y política dentro de los cauces del respeto y la racionalidad, caracterizando de manera explícita el marco axiomático valorativo del que partimos. O para expresarlo en términos psicobiológicos, el objetivo de nuestras políticas no es tanto la naturaleza humana, algo que para nuestros cálculos podemos considerar inalterable, cuanto la construcción de un ecosistema social robusto capaz de sujetar su lado más conflictivo.

1. Panea Márquez, J. M. (2015). «JL López Aranguren (1909-1996) y el problema de nuestro tiempo». Revista internacional de pensamiento político, 10, 273-289. 
2. Citado por Panea Márquez (2015), pág. 281. 
3. Véase el libro de Bradley Campbell y Jason Manning The Rise of Victimhood Culture, en el que elaboran la teoría acerca del victimismo que sigue el autor. 
4. Véase el libro de Tom Holland Dominion: The Making of the Western Mind. 
5. Castro, L., Castro-Nogueira, M. A., Villarroel, M., & Toro, M. A. (2021). Assessor teaching and the evolution of human morality. Biological Theory, 16, 5–15. https://doi.org/10.1007/s13752-020-00362-7. 
6. Castro, L., & Toro, M. A. (2004). The evolution of culture: From primate social learning to human culture. Proceedings of the National Academy of Sciences, USA, 101, 10235–10240. 
7. Castro L., Castro-Nogueira L., Castro-Nogueira, M.A., & Toro, M.A. (2010). Cultural transmission and social control of human behavior. Biology and Philosophy 25, 347-360. Y también Castro, L., Castro-Nogueira, M. A., Villarroel, M., & Toro, M. A. (2019). The role of assessor teaching in human culture. Biological Theory, 14, 112–121 
8. Para una versión detallada véase el libro de Laureano, Luis y Miguel Castro-Nogueira. ¿Quién teme a la naturaleza humana?, Tecnos 2016 (2ª edición). 
[Fuente: http://www.revistadelibros.com]

[BLOG You Will Never Hate Alone] Malgré mon indéfectible attachement à la gauche, je ne me retrouve nulle part dans cette formation politique.

Il y a au sein de La France insoumise une certaine appétence pour la violence. | Jeanne Menjoulet via Flickr

Il y a au sein de La France insoumise une certaine appétence pour la violence.

Écrit par Laurent Sagalovitsch 

Les «Insoumis» sont à bien des égards les inquisiteurs des temps modernes. Quand on prend la peine de les écouter, on devine sous leur discours comme une envie furieuse d’instaurer un nouvel ordre économique et moral où chacun devrait marcher au pas de leur orthodoxie, faute de quoi, l’excommunication ne serait plus très loin –c’est du moins l’impression que j’en ai.

Comme autrefois l’Église catholique, ils entendent exercer leur magistère dans un partage des responsabilités qui exclurait d’emblée les âmes assez folles pour s’opposer à leur dogme. Soit vous vous convertissez aveuglément à leurs principes, soit vous vous situez dans le camp de ceux dont il faudrait se débarrasser afin que triomphe leur cause sacrée –le combat du peuple contre la prétendue oligarchie, les dominants, classe à laquelle peu ou prou tout le monde, un jour ou l’autre, finit par appartenir.

Comme tous les mouvements idéologiques ou religieux prétendant agir à la fois pour le bien du genre humain et en son nom, il n’existe chez eux aucune place pour la nuance ou la remise en question; ce serait trahir la cause. L’exaltation qu’on peut trouver dans l’exercice de la foi n’a rien à envier à celle à l’œuvre dans des formations politiques quand elles parlent au nom de l’intérêt général, d’une régénération de la société qui passerait par l’adoption de mesures radicales.

Quand on pense agir pour le bien de tous, convaincu par la justesse de son combat, équivalente à la justice divine et de ses ordonnances, il n’existe plus aucune limite à l’exercice de son magistère. Hanté par la noblesse de la cause à défendre, assuré d’être dans le vrai, on en vient à approuver des comportements en tout point contraires à l’idéal démocratique, l’application d’une exégèse qui si on y prenait garde n’aurait rien à envier aux pires rigoristes de l’époque des croisades, quand il s’agissait de rétablir le royaume de Dieu sur terre.

Voilà bien la raison pour laquelle malgré mon indéfectible attachement à la gauche, je ne me retrouve nulle part dans cette formation politique. Je n’ai pas l’âme d’un croyant ni d’un exalté et j’abhorre cette arrogance qui consiste à constamment attaquer son adversaire sous prétexte qu’il ne partagerait pas en tout point vos idées. Cette manière qu’ont de se donner en spectacle les «Insoumis», ce sectarisme, cette intolérance, cette outrance verbale, cet air de supériorité morale qu’ils présentent en maintes occasions, cette façon de remettre sans cesse en cause le verdict des urnes, je crois bien les avoir en détestation.

D’autant plus que je vois bien comment en filigrane ils seraient prêts à laisser courir la violence pour arriver à leurs fins. La violence de la rue, celle qui excite la foule et lui fait répondre comme un seul homme aux appels à la rébellion, au renversement de l’ordre établi. Ce que les «Insoumis» n’ont pas obtenu dans les urnes, à la première occasion donnée, ils demanderont à la rue d’y pourvoir, dans un enchaînement de violence dont nul ne sait jamais jusqu’où il peut aller –la sacralisation à outrance du peuple va rarement de pair avec le pacifisme débonnaire.

L’extrême gauche, l’histoire nous l’a maintes fois démontré, a souvent été en délicatesse avec la démocratie. Ce qu’elle veut, ce qu’elle réclame, ce qu’elle exige, c’est la rédemption de la race humaine par elle-même, l’abolition des privilèges, l’égalité pour tous, et ce non plus au nom d’un quelconque dieu, de la promesse de la vie éternelle, mais de la consécration de la justice sur terre, aspiration tout aussi légitime qu’impossible à réaliser –le Goulag et ses camps de rééducation sont là pour nous le rappeler.

Évidemment, nous n’en sommes pas là. Mais il n’empêche. Dans ces temps troubles où l’on sent les démocraties vaciller sur leur piédestal, il ne faudrait pas grand-chose pour que s’installe en France une sorte de violence pré-révolutionnaire, une agrégation des colères à même de mettre le pays à feu et à sang, colère que ne manqueront pas d’attiser voire d’encourager les membres de La France insoumise.

Je ne mettrai jamais sur le même plan extrême droite et extrême gauche. Si l’une a l’obsession de la race, du sang et de la prééminence du sentiment d’appartenance nationale, l’autre a le souci d’éradiquer la misère et d’améliorer les conditions de vie de chacun, quelle que soit sa couleur de peau ou la nature de sa foi. L’une exclut là où l’autre inclut. Reste un dénominateur commun: le recours in fine à la violence pour asseoir ses principes.

Le christianisme, du moins dans sa version originelle, était aussi une sorte d’humanisme, avant de devenir une entreprise de démolition massive où, au nom d’un Christ rédempteur, on n’a pas hésité à brûler sur le bûcher des populations entières rétives à se convertir. Il en va toujours ainsi quand on se croit investi d’une mission, qu’elle puise son inspiration dans la religion ou dans l’idéologie. Arrive toujours un moment où la machine s’emballe sans pouvoir lui opposer une quelconque résistance.

Grâce à Dieu, Jean-Luc Mélenchon n’est pas une nouvelle version du Christ ou bien alors seulement, sous les apparats de Che Guevara.

Par contre, pour ce qui est de ses apôtres, je ne serais pas aussi affirmatif…!

[Photo : Jeanne Menjoulet via Flickr – source : http://www.slate.fr]

En su novela «El amante polaco» cruza su biografía con la de su antepasado el ultimo rey de Polonia, y desvela la violación de la que nació su primer hijo

Escrito por MIGUEL LORENCI y HÉCTOR J. PORTO

Con 90 años cumplidos, la escritora mexicana y Premio Cervantes Elena Poniatowska (París, 1932) firma su libro más personal y ambicioso. En las casi 900 páginas de El amante polaco (Seix Barral) conjura todos sus demonios familiares. Recorre la historia de los Poniatowski, la aristocrática saga polaca de la que proviene, y la cruza con su propia vida, con sus alegrías y tristezas. Entre ellas, la violación que sufrió con 22 años y de la que nació su primer hijo. El abusador fue un notable escritor e intelectual, Juan José Arreola, muerto en el 2001 y a quien cita solo como «el maestro». Al narrar el episodio silenciado durante años, llena «un agujero negro» de su biografía.

Relata el auge y la caída del último rey de Polonia, Estanislao II Poniatowski, su egregio antepasado. Se remonta a 1742 cuando el pequeño Estanislao escucha las hazañas familiares sin imaginar qué le reserva el destino: una apasionada relación con Catalina la Grande, su llegada al trono y las conspiraciones para destruir su reino.

Dos siglos después, con nueve años, Elena llega a México huyendo de la guerra que incendia Europa. Se entrega a una vida volcada en la escritura, marcada por encuentros con políticos y guerrilleros, pero también por amores y terribles pérdidas. «Son vidas paralelas unidas por el amor y sus desdichas, por el aprecio a la literatura y a las bellas artes», explica la autora desde su domicilio en Ciudad de México.

«Siempre tuve el prurito infantil de decir la verdad», justifica su tardía necesidad de contar públicamente su violación. «No podía dejar ese hueco, ese agujero negro en mi vida, aunque ese capítulo me costó mucho afrontarlo. Lo consulté con mi hijo, que leyó lo que escribí y le pareció bien. Era la única persona con quien tenía la obligación moral de hacerlo», señala Poniatowska, que admite que para su familia fue «liberador» acabar con 64 años de silencio. «Tuve una educación religiosa y juré ante una bandera scout decir siempre la verdad. La culpa te acosa y más con una educación así. Soy muy culpógena y tengo más tendencia a hablar mal de mí que de los demás», afirma.

Alumbró a su hijo Mane en Roma, en un convento de monjas. «Durante tres meses nadie me dirigió la palabra. Era como la muchacha apestada. Incluso la tía que me acompañó y que pensó adoptar a mi hijo dijo que me dejarían escribir novelas pero no vivirlas», ironiza para añadir que le salía como «el grito de una chavita» al reclamarle que la adoptara a ella en vez de al crío.

Cree en las lecciones del pasado y que «los mandatarios de hoy tendrían bastante que aprender de Poniatowski», su noble antepasado, un ilustrado «que era muy sensible» y que pagó caro sus amoríos con la todopoderosa Catalina de Rusia. «Si te enamoras te quedas cuchiplanchado, como decimos acá, y así se quedó él, aplastado por los caprichos de Catalina la Grande», dice la escritora con una pícara sonrisa. El amante despechado debió después luchar contra Rusia, que logró borrar a Polonia del mapa en el siglo XVIII.

Ella, con 24 o 25 años, quiso aprender polaco para estar más cerca de sus raíces, pero era demasiado difícil y no tenía con quien practicar. Pese a las clases que tomó, lamenta, conoce solo unas cuantas palabras. Es algo que le duele, admite.

Rusia, mala vecindad

Aborda la historia de Polonia en los últimos dos siglos, marcada por la malhadada vecindad de Rusia «que ha sido fatal para Ucrania, como lo fue siempre para Polonia». «Los rusos son expansionistas. Se apropian y comen la tierra y las vidas de sus vecinos. Se van imponiendo en todas partes», lamenta. «Putin no ha dado el menor ejemplo de ser un hombre generoso ni inteligente. Es un tirano y sus acciones son las de un tirano», zanja.

No comparte Poniatowska con el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, su afán por reclamar a España que pida perdón por los abusos de la conquista. «Han pasado tantos años que me parece absurdo que haya que pedir perdón. No suscribo lo que exige López Obrador. Es una petición anacrónica y absurda», insiste.

La obra de Poniatowska es un espejo del México del último siglo, pero lo que ve ahora, con narcotráfico, violencia desatada, feminicidios, asesinatos de periodistas y pobreza galopante, le escuece. «Es un reflejo que nos lástima mucho. Soy feminista y los feminicidios y el maltrato a la mujer son un drama. Se abusa de las campesinas que hacen aquí los trabajos domésticos por sueldos míseros o por nada —denuncia—, y que dependen de la voluntad y la generosidad de sus empleadores». «Conocí a una muchacha a quien le exigían dormir en el suelo al lado de la señora. Que fuera su felpudo y soportara sus pisotones al levantarse», cuenta esta luchadora por la igualdad. «Siempre hay que denunciar el maltrato y el abuso de los poderosos», reclama. Pero esto, agrega, es un mal generalizado, no solo de México sino de toda América Latina.

Evoca el ejemplo valiente de su madre, Paula Amor de Poniatowski, una mexicana francesa muy bella «que condujo ambulancias durante la Segunda Guerra Mundial y por las noches manejaba con los faros apagados por miedo a los alemanes. En uno de sus viajes vio un burrito abandonado en medio de un prado en pleno bombardeo y le dio tanta pena que lo subió a la camioneta y le salvó la vida», relata. Precisamente, ahora trabaja en una nueva novela en torno a ella.

La escritora trabaja «como una hormiguita» y sabe escuchar

La Poni, como la llaman los suyos, llega a los 90 años con la cabeza en su sitio, una salud aceptable y sin perder la ganas de dar guerra. Aunque reconoce que nunca tiene claros los objetivos, trabaja «como una hormiga todos los días, como una niña buena que no quiere quedarse rezagada», explica la combativa escritora. «Si acaso —matiza—, no siento más que he tenido objetivos muy pequeños». En lo que atañe a este libro, fueron: «Recordar a mi familia, ver quién diablos somos, qué representamos, qué importancia tiene». Ese trabajo de indagación, dice, tuvo momentos muy iluminadores y de mucha alegría. Con eso ya se siente pagada.

Poniatowska cumple su cita dominical con los lectores del diario La Jornada —un tabloide de izquierdas en el que trabaja desde su fundación— y añora las entrevistas, «que he hecho toda mi vida». «Las adoro. Me gusta muchísimo ir al otro y preguntar. Cuando intenté hacer editoriales, sacar de mi propio pecho alguna opinión política, me aburría. Pontificaba y no era mi manera de ser. Mi mejor virtud es escuchar. Escucho tanto que ya no oigo ni mi propia voz», anota no sin humor para volver sobre su defensa de la labor periodística de la entrevista a pesar de que no se valora: «Se considera que el mérito es pequeño, que no eres protagonista».

Igual de trabajadora y perseverante fue con el español, una lengua en la que no se formó y que no era la suya. Pero a fuerza de «machetearla todos los días», y con la lectura de los grandes escritores, se fue haciendo con ella.

 

[Foto: Sashenka Gutiérrez | EFE – fuente: http://www.lavozdegalicia.es]

Los raportaires estiman que la decision manca a la dignitat, a la libertat, a l’egalitat, a la non-discriminacion e a l’identitat de las personas de lengas culturas istoricas minorizadas

Lo Conselh dels Dreches Umans de l’ÒNU mandèt una letra al govèrn francés, lo 31 de mai passat, per plànher la decision del Conselh Constitucional francés a prepaus de la Lei Molac e demandar al govèrn francés d’informacions e d’explicas a prepaus del tractament diferencial de l’anglés e de las lengas minorizadas de França dins l’educacion publica, çò rapòrta Ouest-France.

“Crenhèm que l’adopcion e l’aplicacion d’aquela decision pòsca entraïnar d’atenchas importantas als dreches umans de las minoritats lingüisticas de França”, çò ditz la letra que la signan lo sud-african Fernand de Varennes, raportaire especial sus las questions relativas a las minoritats; la grèga Alexandra Xanthati, raportaira especiala dins lo domeni dels dreches culturals; e la burkinabe Koumbou Boly Barry, raportaira especiala sul drech d’educacion.

Los raportaires estiman que la decision del Conselh Constitucional manca a la dignitat, a la libertat, a l’egalitat e a la non-discriminacion aital coma a l’identitat de las personas de lengas e culturas istoricas minorizadas de França. A mai, avaloran que sa mesa en aplicacion pòt metre França en contradiccion amb los engatjaments qu’a pres al títol del Pache Internacional suls Dreches Civils e Politics, de la Convencion Internacionala suls Dreches de l’Enfant e del Pache Internacional suls Dreches Economics, Socials e Culturals.

De remembrar que lo 21 de mai de 2021, lo Conselh Constitucional francés tombèt dos articles primordials d’aquela lei de proteccion e promocion de las lengas minorizadas, aviada pel deputat breton Pau Molac. Al motiu que l’article 2 de la Constitucion precisa que “la lenga de la Republica es lo francés”, los jutges estimèron inconstitucional l’ensenhament immersiu en occitan e en tota lenga autra que lo francés, e mai empediguèron que los rèirenoms portèsson de signes grafics qu’existisson pas en francés, coma la “ñ” del breton e los accents pròpris de l’occitan.

La reaccion de l’ÒNU seguís la denóncia que la faguèt arunan l’ELEN (European Language Network Equality, malhum europèu per l’egalitat entre las lengas).

 

[Imatge: Guilhèm Sevilha – sorsa: http://www.jornalet.com]

Escrit per LLORENÇ PRATS

La normalització de l’idioma català té una llei vigent amb un gran consens. La llei de política lingüística del 1998. Aquesta llei és bona. Centra el català com idioma de Catalunya, per fer-lo conegut i parlat, i a ésser possible imprescindible, arreu de la vida social del país. És una conquesta col·lectiva: una llei catalana per normalitzar el català, la llengua nacional, pròpia, dels catalans.

Ara, tanmateix, sense que hagi cap relació amb determinats posicionament judicials, com va manifestar el director general de política lingüística, en Francesc Xavier Vila, es vol modificar aquesta llei. Es pretén parlar de « normalització de l’espanyol » a Catalunya. Els parlamentaris catalans que van subscriure la proposta de modificació de la llei (JXCAT, PSC, PODEM i ERC) entenen, per tant, que l’espanyol necessita polítiques públiques de suport a Catalunya. Desconeixen la realitat. Quin disbarat. Confonen l’accent català parlant espanyol amb qualsevol altra cosa.

Les polítiques actives que esperem per a l’idioma català en la sanitat, l’ensenyament, la cultura, la justícia,… són imprescindibles. Els parlamentaris catalans han de tenir clar que vivim a Catalunya sorpresos de sentir la nostra llengua i d’haver d’usar la llengua espanyola en massa llocs sense cap justificació (restaurants, ITV, reunions de veïns, cinemes, pantalles dels vehicles, programes d’ordinador…). De fet, molta gent reacciona fent una política activa pròpia amb Mantinc el català o sumant-se a les campanyes de Plataforma per la Llengua però les institucions catalanes no han de funcionar obligades a admetre que l’espanyol està en una situació semblant.

Actualment, al país hi ha dues llengües oficials. A la pràctica, sota el paraigües del bilingüisme es camina cap a la substitució lingüística, atacant l’idioma català, el propi del país. El català ni tant sols pot ésser llengua preferent, ni una llengua d’ús per defecte. L’equiparació de les dues llengües en l’oficialitat constitucional espanyola, per tant, ha resultat nefasta. S’ha consolidat l’espanyol en l’autonomia catalana i el català ensopega en tota mena d’entrebancs.

Per això,  la política lingüística del govern català s’ha de dirigir al català i no a l’espanyol. L’omissió de l’espanyol en el text legal del 1998 és deliberada. No necessita suport públic. No el necessita perquè l’estat espanyol l’imposa de mil maneres dins del territori català, àdhuc dels Països Catalans.

La llengua vehicular en l’ensenyament ha d’ésser el català (article 11 de la Llei d’educació de Catalunya), però diu que ho serà només normalment i no categòricament. A la pràctica, com s’ha reconegut, el seu ús minva i cada dia hi ha més casos de desconeixement de la llengua. Sobretot entre els nouvinguts, pel col·lapse a les aules d’acollida. I la llengua així ja no és una eina d’integració social. D’igualtat i millora col·lectiva.

El reforç en llengua espanyola, com l’anglesa o qualsevol altra, no ha d’ésser una facultat dels centres educatius sinó una demanda concreta dels usuaris o dels pares. La prioritat del sistema educatiu és formar en la llengua del país, on viuran i treballaran en el futur. I opcionalment, pels que tinguin previst sortir del país o anar-se’n oferir l’opció d’aprenentatges diversos, també l’espanyol. En això si que funcionen els tribunals espanyols. Que facin, doncs!

 

[Font: http://www.racocatala.cat]

[Chronique #52] La campagne des Insoumis élargie à toutes les composantes de la gauche n’a pas seulement rendu possible cette union qui fait la force, elle a créé une chambre d’écho qui s’est étendue à tout le pays.

Jean-Luc Mélenchon lors d'un meeting de campagne de la Nupes à Caen, le 8 juin 2022, en vue des élections législatives des 12 et 19 juin. | Sameer Al-Doumy / AFP

Jean-Luc Mélenchon lors d’un meeting de campagne de la Nupes à Caen, le 8 juin 2022, en vue des élections législatives des 12 et 19 juin.

 

Écrit par Christian Salmon — édité par Hélène Pagesy 

Après des mois d’une atmosphère mortifère, cette fin de campagne prend des airs de carnaval libérateur. Inversion du haut et du bas. Prime à l’impertinence populaire. Destitution des traîtres de comédie (VallsBlanquerZemmour). Ce n’est plus la tyrannie des bouffons qui mène la danse, mais le joyeux carnaval d’un peuple endiablé. Pas sûr qu’on apprécie dans les hautes sphères.

Une ribambelle de masques envahit les rues, les islamo-gauchistes et les wokistes ont fini de raser les murs, la joie rafle la mise. On voulait une bifurcation, c’est un retournement. Ainsi va l’humeur des peuples. Le président prestidigitateur qui enchantait le public avec ses tours de magie a perdu de sa superbe. Les cartes se sont embrouillées dans ses mains et, du chapeau des législatives n’est pas sorti le lapin attendu, mais le V facétieux de la victoire. Le sort s’acharne contre lui, lui joue des tours.

Il ne fait pas campagne, jouant la montre dans son palais de calculs, tandis que le grand méchant loup Mélenchon, parcourant la France en tous sens, gagne le cœur des foules. S’il en sort, allant à leur rencontre, il suffit d’une lycéenne croisée en chemin pour lui lancer un mauvais sort, une question qui prend sur les réseaux sociaux l’allure d’une ritournelle moqueuse. Envoie-t-il ses gendarmes pour faire taire l’ingénue, le voilà caricaturé mauvais prince des comptines, envoyant la maréchaussée contre une lycéenne coupable seulement d’avoir posé une question au président.

Dépolitisation démocratique

Ce cycle mauvais qui s’empare des événements sous forme d’actes manqués et de contre-performances, c’est la logique immanente du discrédit qui finit toujours par se discréditer lui-même, tel un Saturne dévorant ses enfants et qui s’est manifesté à travers la campagne autodestructrice de Zemmour, porté au pinacle par les chaînes d’info en continu puis jeté en pâture par ces mêmes chaînes au discrédit de la population, avant de finir bizuté à Saint-Tropez. Celui qui fait campagne par le discrédit périra par le discrédit.

Dans les campagnes performatives modernes, il s’agit moins de débattre que de capter l’attention. On fait campagne en cercle restreint, avec quelques arguments, une cellule riposte, un agenda médiatique. Et c’est à peu près tout. Pourquoi s’encombrer de citoyens, quand il s’agit de confier le pouvoir à des experts et des spin doctors? Pleurer à chaque soir d’élection sur les taux d’abstention croissants, c’est faire preuve d’hypocrisie. Parler de fatigue démocratique pour expliquer la désaffection des électeurs est un pur euphémisme.

L’abstention n’est pas un obstacle mais le produit de cette dépolitisation démocratique que Joan Didion dénonçait dès 1988. «Il était clair, écrivait-elle, que le processus politique s’était déjà dangereusement éloigné de l’électorat qu’il était censé représenter. Il était également clair en 1988 que la décision des deux grands partis de masquer toute distinction possible entre eux et, ce faisant, de restreindre le terrain contesté à une poignée d’électeurs “cibles” sélectionnés, avait déjà imposé une pression considérable sur la base de l’exercice démocratique, celui d’assurer aux citoyens de la nation une voix dans ses affaires. Il était également clair en 1988 que la manipulation rhétorique du ressentiment et de la colère conçue pour attirer ces électeurs cibles avait réduit le dialogue politique de la nation à un niveau si désespérément bas que sa plus haute expression était devenue une nostalgie pernicieuse. Peut-être plus frappant encore, il était clair en 1988 que ceux qui étaient à l’intérieur du processus s’étaient figés dans une classe politique permanente, dont la caractéristique déterminante était sa volonté d’abandonner ceux qui ne faisaient pas partie du processus. Tout cela était connu.»

Depuis 2008, la sorcellerie néolibérale a été démasquée par l’explosion des inégalités et le chômage de masse… Dénoncer l’assistanat coupable, incriminer l’égalité au nom d’une méritocratie hypocrite, culpabiliser l’hospitalité au nom d’un prétendu péril migratoire ne suffit plus à égarer les masses. N’a-t-on pas encore entendu, pendant cette campagne, bafouer les mots de liberté, d’égalité, de fraternité, au profit de soi-disant valeurs d’exclusion que personne, heureusement, n’a jamais eu l’idée d’inscrire au fronton des mairies?

Foule en colère

Ainsi la vie démocratique régresse vers toujours plus de gestion autoritaire et de spectacle. L’extrême droite y trouve sa fonction et sa raison d’être. Une fois sa mission accomplie, le pouvoir la remise dans les coulisses, on l’oublie jusqu’à la prochaine élection. À l’abri de sa non-participation aux gouvernements de droite, elle inspire depuis trente ans une entreprise de retournement de l’idéal républicain: en criminalisant l’immigration, en bâtissant des murs aux frontières, en encadrant la liberté d’expression, en surcodant l’identité et la citoyenneté par la religion.

C’est tout le mérite de la campagne de la Nupes que d’avoir bouleversé cette répartition des rôles et restauré une conception de la politique considérée non pas comme une série télévisée, mais comme un moment d’intense discussion. Car, on l’avait oublié, il n’y pas d’autre forme à la démocratie que l’attroupement spontané d’une foule en colère. C’est elle qui donne naissance au premier forum. C’est elle qui inaugure la grande dispute citoyenne qui fonde la démocratie.

La campagne des Insoumis élargie à toutes les composantes de la gauche n’a pas seulement rendu possible cette union qui fait la force, elle a créé un phénomène de résonance, une chambre d’écho qui s’est étendue à tout le pays. L’histoire des peuples connaît, comme la vie amoureuse des individus, des hauts et des bas. Il y a des périodes de bas voltage où la vie s’assombrit. Et puis, il y a ces moments de haut voltage que les cyniques qualifient d’irrationnels et que Deleuze qualifiait de «devenirs révolutionnaires», des moments qui libèrent des champs de possibles.

Revoilà le peuple absent

Les révolutions sont des coups de foudre à l’échelle des peuples qu’on peut toujours taxer après coup d’illusoires, mais qui transforment en profondeur nos perceptions. Comme l’amoureux se surprend soudain à acheter un bouquet de fleurs à sa bien-aimée, le peuple français périodiquement retrouve le chemin du fleuriste. Soudain, il est d’humeur printanière. Il descend dans les rues, il envahit les places. Revoilà le citoyen qui avait disparu des campagnes électorales soumises à la bêtise narrative, celles qui nous font choisir un candidat comme une marque, dans un mouvement de sympathie dévoyée. Le citoyen exulte. La campagne s’emballe, opère un triple déplacement du débat public.

Primo, de la scène du souverain et de ses rivaux vers la scène du forum, de la place publique. Secundo, elle met à l’agenda un changement social mais aussi un changement de perception. Tertio, elle rend contagieux un certain état d’esprit: le renversement ironique du haut et du bas, l’esprit du carnavalesque qui préside aux périodes de grand bouleversement.

C’est à l’émergence d’une langue nouvelle qu’on repère un changement social. Le droit de nommer les choses autrement, d’abattre les murs rhétoriques, d’enrichir la langue commune. Faire acclamer les mots de «partage», de «solidarité» par des assemblées citoyennes (des assemblées et non pas des foules imbéciles qui acclament un leader), c’est ce qu’a réussi Mélenchon, un renversement syntaxique, un décadrage discursif.

Loin des «éléments de langage» qui sclérosent la parole politique, Mélenchon emploie une langue qui se souvient de Rabelais, de Villon, mais aussi de Brassens. Aux «ébahis de la com’» qui ne savent qu’imiter les campagnes à l’américaine, Mélenchon oppose l’histoire de la France de l’émancipation. Ainsi, revoilà le peuple absent, le «peuple qui manque», disait Gilles Deleuze, un peuple qui s’était détourné de la gauche…

C’est une forme d’alchimie qui fait qu’un ensemble de causes rationnelles et irrationnelles trouvent à un moment donné une expression politique adéquate, c’est-à-dire une syntaxe et un récit dans lesquels une majorité se reconnaît. C’est cela, la politique. Et nous n’avons pas d’autre raison de l’aimer.

 

[Photo : Sameer Al-Doumy / AFP – source : http://www.slate.fr]

Coalizão formada por Mélenchon sacudiu cenário político ao derrotar neoliberais e ultradireita nas eleições parlamentares. Como reconquistou o voto popular. O que propõe seu programa, que parece superar a velha dicotomia “reforma ou revolução”

Escrito por Antonio Martins

Às mídias convencionais não interessava, por razões óbvias, alardear a notícia. E as de esquerda também não a destacaram, talvez por não compreenderem sua dimensão. Mas uma tempestade política – inesperada e repleta de novidades – sacudiu a França, neste domingo (12/6). Uma coalizão que reúne pós-capitalistas, comunistas, socialistas e verdes foi a mais votada no primeiro turno das eleições parlamentares, alcançando pouco mais de 25,7% dos votos. Ficou à frente tanto dos candidatos neoliberais, ligados ao presidente Emmanuel Macron (que obtiveram 25,66%), quanto dos de ultradireita, partidários de Marine Le Pen (18%).

Denomina-se Nupes, Nova Unidade Popular Ecológica e Social. É liderada – e foi articulada – por Jean-Luc Mélenchon, que em abril disputou a presidência. Derrotou a extrema-direita, recuperando a maior parte do voto popular de protesto, que até agora favorecia Marine Le Pen (Reunião Nacional) ou Éric Zémour (Reconquista). Impôs forte desgaste a Emmanuel Macron, presidente recém-eleito, comprometendo seu programa de contrarreformas neoliberais e talvez sua maioria parlamentar. Prevê-se que poderá eleger, no próximo domingo (19/6), cerca de 180 parlamentares – contra menos de 60, atualmente, dos partidos que a compõem. As razões de seu sucesso merecem ser examinadas com atenção no Brasil. Dizem respeito aos caminhos para mobilizar a opinião pública em favor da reconstrução nacional em bases opostas às do neoliberalismo.

Talvez a mais destacada seja a capacidade demonstrada por Mélenchon para propor um programa pós-capitalista que dialoga com os dramas contemporâneos da sociedade, em vez de perder-se em velhas polêmicas da esquerda (como a disputa entre “reforma” e “revolução”). Este esforço vem de longe. Participante ativo dos movimentos de 1968 (quando esteve próximo do trotskismo), mais tarde militante do Partido Socialista e fundador do Partido de Esquerda (em 2009), Mélenchon transitou, nos últimos dez anos, para uma posição mais próxima das sensibilidades políticas que se reconhecem no “altermundismo”. Também inspirou-se em filósofos como Chantal Mouffe e Ernesto Laclau, considerados por alguns como formuladores de um “populismo de esquerda”. Sob estas influências, lança em 2016 o movimento A França Insubmissa, que produz, após um vasto processo de assembleias, o programa O Futuro Comum – base de suas candidaturas presidenciais em 2017 e 2022.

É difícil qualificá-lo sob lentes antigas. Para alguns (por exemplo, esta crítica no site português A Esquerda), trata-se de um programa reformista, por não propor nem a estatização dos meios de produção, nem a tomada do poder por meios não institucionais. Mas basta lê-lo com atenção para perceber como ele não cabe nos limites do capitalismo realmente existente. Lá estão, por exemplo, propostas como a garantia pelo Estado de empregos dignos aos que os desejem; a jornada de trabalho de 35 horas (ou 32, para atividades penosas); a proibição de demissões por empresas que recebam benefícios fiscais; a reintrodução das grandes alíquotas do imposto de renda e a forte tributação da riqueza e da herança; a proibição dos despejos quando não houver garantia de abrigo aos inquilinos; a transição acelerada para a geração de energia limpa; a definição, por referendos, de um conjunto de bens imprivatizáveis; a revisão geral dos métodos da polícia; a penalização das empresas que não estabeleçam a igualdade de salários entre gêneros.

A estes objetivos somam-se outros, de mais curto prazo, que dialogam com dramas contemporâneos. Incluem-se aí a elevação do salário mínimo para 1400 euros (R$ 7,9 mil) e o congelamento dos preços dos combustíveis; a retirada da França dos programas da União Europeia que implicam em cortes de gastos públicos; a redução da idade mínima de aposentadoria para 60 anos (hoje são 62).

* * *

Nas eleições de 2017, tal programa assegurara a Mélenchon o terceiro lugar na disputa pela presidência (com 19,6% dos votos). A França Insubmissa (LFI), que concorreu sozinha às eleições parlamentares, obteve 11,03% do apoio popular, elegendo 17 deputados. Mas, em 2022, o cenário parecia mais sombrio, tanto no pleito executivo quanto no legislativo. Até poucos meses antes do pleito, toda a esquerda parecia dividida e impotente. Os socialistas, que governaram o país em diversos períodos, nas últimas décadas, haviam caído a seu patamar mais baixo: apenas 29 deputados (de um total de 577) e 4% das intenções de voto para a presidência. Os comunistas e verdes, sem representação parlamentar, pareciam ainda mais fracos. O debate político era dominado pela ascensão dos dois candidatos da extrema-direita e pela emergência dos temas mais caros a ela – “identidade” nacional, criminalidade e rejeição aos imigrantes. O próprio Mélenchon mantinha-se, até fevereiro, em quinto lugar nas sondagens, sem ultrapassar a faixa de 10% dos votos.

“Sou como uma tartaruga sagaz”, desafiou ele então, num de seus comícios – “mas até o final, deixarei para trás algumas lebres”. Cumpriu a promessa, mesmo enfrentando um cenário político tormentoso. O fato de que não apoiou a cruzada da OTAN contra a Rússia na Ucrânia colocou-o contra quase toda a mídia. As sondagens pré-eleitorais o desfavoreceram (sugerindo, até o final, que estava ao menos 5 pontos abaixo de Marine Le Pen na disputa para chegar ao segundo turno). Ainda assim, obteve 21,95% dos votos no primeiro turno (disputado em 10/4). Ficou a menos de 500 mil (1,2 pontos percentuais) de Le Pen. Para que fosse à disputa final com Emmanuel Macron, bastaria que tivesse uma pequena parte dos sufrágios obtidos pelos outros partidos de esquerda, que fracassaram. Os verdes obtiveram 1,6 milhão (4,6%); os comunistas, 800 mil (2,3%), e os socialistas, 620 mil (1,7%).

Mas a grande criação política de Mélenchon em 2022 viria a seguir, precisamente na conformação da disputa pelo Parlamento. Em vez de ressentir-se dos verdes, do PC ou do PS, propôs-lhes integrarem uma vasta frente de esquerda. A oferta estendeu-se aos trotskistas do Novo Partido Anticapitalista (NPA), que a recusaram. Havia nela um cálculo político. Enfraquecidos pelo resultado pífio na disputa presidencial, verdes, comunistas e socialistas precisavam da LFI para ter alguma chance de não desaparecerem no legislativo.

O que resultou daí foi a Nupes – primeira coalizão ampla de esquerda formada na França neste século. Muito mais que servir de refúgio a legendas em dificuldades, ela transformou o panorama político. Ao invés de fragmentarem-se (e, como era frequente, enfrentarem-se umas às outras), as forças críticas ao capitalismo foram capazes de conformar um bloco coerente. Fizeram-no em poucas semanas. A posição gramscianamente hegemônica desempenhada pela LFI foi decisiva. Com poucas adaptações e atualizações, seu programa de 2016 foi plenamente capaz de dialogar com o eleitorado.

Nas últimas semanas, já não eram visíveis, na paisagem política francesa, apenas os neoliberais e os ultradireitistas. A Nupes tornou-se capaz de projetar um novo horizonte comum. Mélenchon contribuiu de modo decisivo para tanto. Numa entrevista concedida logo após ter êxito na articulação multipartidária, ele lançou um desafio direto a Emmanuel Macron. Comparou o pleito parlamentar a um “terceiro turno” das eleições presidenciais. Afirmou que o presidente não havia alcançado a reeleição por ser o preferido do eleitorado, mas apenas porque este empenhou-se em afastar, a qualquer custo, a ameaça da extrema-direita. Chamou-o a derrotar, na nova disputa, o neoliberalismo.

A potência desta mensagem não passou despercebida ao New York Times. Em matéria publicada no domingo (12/6), o jornalista Constant Mehéu descreve a popularidade da candidata da Nupes, Marie Pochon, mesmo numa circunscrição eleitoral rural no sul do país, onde o voto é tradicionalmente de centro-direita. Este domínio está agora ameaçado, revela o texto, por dois fatores: a esquerda, que tradicionalmente apresentava quatro candidaturas – nenhuma dos quais com chances efetivas–, está unida em torno de Marie. Mas, talvez ainda mais importante: a candidata já não se preocupa em apresentar aos eleitores as diferenças entre seu partido e os demais de esquerda. Sua energia política está concentrada em dialogar com a população sobre os problemas concretos provocados pelas políticas neoliberais no território: insegurança econômica, a falta de médicos, a precariedade do transporte coletivo ou a queda da produção de lavanda, devido às altas temperaturas provocadas pela mudança climática. Marie fala em alternativas concretas – não nas antigas disputas ideológicas. Propõe elevar o salário mínimo, preencher os vazios assistenciais da saúde, restabelecer os pequenos ramais ferroviários, lançar investimentos em fontes energéticas limpas. E reflete: “estamos assistindo à emergência de um ambientalismo rural, um novo tipo de esquerda”.

Fenômenos semelhantes repetem-se em muitas das 577 circunscrições eleitorais francesas. Para Stewart Chau, analista político francês entrevistado pelo repórter, a aliança articulada por Mélenchon criou “um novo centro político de gravidade” e é “a única novidade real nesta eleição”. No próximo domingo (19/6), segundo turno das eleições parlamentares, a Nupes estará presente em cerca de 350 das disputas. Há cinco anos, os partidos que a compõem, juntos, não figuraram em mais de 150.

* * *

Haveria meios de a reviravolta atual resultar na eleição, pela Nupes, do maior grupo parlamentar? É pouco provável. Por ser 100% distrital, e prever em todos os casos um segundo turno, o sistema eleitoral francês dificulta este hipótese. A tendência principal é de que os candidatos neoliberais recebam o voto da ultradireita, nos distritos em que chegarem ao segundo turno – e vice-versa.

Mas a intranquilidade do presidente Macron é nítida. Nesta terça-feira (14/6), ao pronunciar-se no aeroporto de Orly, ele mal disfarçou o temor – e tentou agitar, diante dos eleitores, o espantalho de um “tremor republicano”. Minutos antes de viajar para a Romênia, onde participaria de atividades ligadas à luta da OTAN contra a Rússia, afirmou que “nada seria pior que agregar, à desordem mundial, uma desordem francesa”. Alguns de seus ministros acrescentaram – sem base alguma – que a Nupes deseja “tirar a França da União Europeia”. Mélenchon respondeu com ironia. Sugeriu que o presidente “toma um avião, ao perceber que seu navio afunda”. E zombou de ter programado uma agenda internacional em plena campanha pelo Parlamento: “Não contava com nosso avanço…”

Faltando quatro dias para o segundo turno, a previsão mais confiável indicava um impasse político. A Nupes não conseguiria ser majoritária, mas Macron também não – numa rara derrota, para um presidente recém-eleito. Herói dos neoliberais em todo o mundo, visto por eles como um líder indispensável na Europa há apenas alguns meses, ele arrisca-se agora a perder a condição de levar seu programa adiante. A França neoliberal – hoje peça decisiva na ordem global dominada pela lógica dos mercados – parecia titubear. Uma outra França, herdeira das tradições de 1789 e 1968, mantinha-se de pé e em luta. Excelente perspectiva, no momento.

 

L’auteur israélien Avraham Yehoshua, lauréat du prix Médicis étranger en 2012, est décédé à l’âge de 85 ans, a annoncé mardi l’hôpital Ichilov de Tel-Aviv. Il était aussi une figure de la gauche israélienne anti-occupation.

Défenseur des droits des Palestiniens, Abraham B. Yehoshua était membre de B’Tselem, organisation israélienne de défense des droits humains et fervente opposante à l’occupation des Territoires palestiniens par Israël.

Né à Jérusalem en décembre 1936 de parents aux origines grecques et marocaines, il avait publié ses premières nouvelles en 1963. Depuis, ses romans et pièces ont été traduites de l’hébreu dans plus de 30 langues, dont le français.

En 1995, il avait reçu le prix d’Israël, plus importante reconnaissance culturelle au pays. Et en 2012, il avait raflé le prix Médicis dans la catégorie livres étrangers pour « Rétrospective » (Grasset), traduit de l’hébreu par Jean-Louis Allouche.

Le « plus grand auteur » d’Israël

Pour Nitza Ben-Dov, professeure de littérature à l’université de Haïfa (nord) ayant enseigné à ses côtés, Yehoshua était le « plus grand auteur » d’Israël.

« Il passait d’histoires surréalistes et pleines de rêveries, déconnectées du temps et de l’espace, à des œuvres ancrées dans la culture israélienne et le présent », a-t-elle déclaré à l’AFP. Ses derniers travaux étaient empreints de psychologie, influencés par sa femme psychanalyste, selon Mme Ben-Dov.

« Chaleureux et ouvert », avide de reconnaissance, il pouvait aussi se montrer mordant face à ses interlocuteurs, d’après Mme Ben-Dov. « C’était un homme complexe dont l’attitude vis-à-vis du monde était ambivalente. Sa conscience de la complexité de l’être humain, qu’il tirait de sa propre expérience, rendait son travail pluriel », a-t-elle encore salué.

Défenseur des droits des Palestiniens

Défenseur des droits des Palestiniens, Yehoshua était membre de B’Tselem, organisation israélienne de défense des droits humains et fervente opposante à l’occupation des Territoires palestiniens par Israël.

Cette association a salué mardi un homme ayant « dévoué son temps et son énergie à l’égalité, la paix et les droits humains pour tous ».

Le président israélien Isaac Herzog lui a aussi rendu hommage. Le travail de l’écrivain « s’inspirait de notre patrie et des trésors culturels de notre peuple, nous représentant dans un portrait fin, fidèle, compatissant et reflétant parfois une image douloureuse de nous-mêmes », a-t-il déclaré dans un communiqué.

« Il évoquait en nous une mosaïque de sentiments profonds », a-t-il ajouté.

Avraham Yehoshua doit être inhumé mercredi au cimetière d’Ein Carmel dans le nord d’Israël.

[Photo : KEYSTONE/SALVATORE DI NOLFI – source : http://www.lqj.ch]

Entre o programa de Mélenchon nas presidenciais e o da coligação há poucos avanços, como salário mínimo e empregos para transição ecológica, omissões e recuos como sobre a Nato e a União Europeia. Enunciam-se muitas diferenças que podem travar decisões. Mas o combate ao neoliberalismo macroniano mantém-se.

Programa da NUPES

Escrito por Patrick Le Moal

A criação da NUPES e a dinâmica unitária que se desenvolveu no decurso das presidenciais representam uma modificação importante do campo política da esquerda francesa. Sejam quais forem os seus limites, nomeadamente a escolha de integrar o PS e personalidades políticas do social-liberalismo, ou mesmo do La République en Marche [do presidente Macron] e o facto de ser apenas uma dinâmica eleitoral neste momento, é inegável que se abriu uma nova conjuntura política.

Se esta é suficiente para impulsionar de uma forma mais duradoura uma dinâmica popular, uma “união popular na base”, ainda é cedo demais para dizer hoje, mas esta modificação é um ponto de apoio para inverter o curso das coisas, travar as votações massivas na extrema-direita nos meios populares, o racismo dominante, as políticas neoliberais destruidoras dos direitos sociais, liberticidas e climaticidas.

A existência da NUPES abre a possibilidade de impedir Macron de ter a maioria absoluta na Assembleia e de, assim, não ter mais as mãos totalmente livres para aplicar a sua política. Se uma oposição política de esquerda pudesse em parte ser a expressão no quadro institucional das aspirações das pessoas exploradas e oprimidas, teríamos outros meios para avançar na construção de uma alternativa social e política que fosse capaz de organizar duradouramente centenas de milhares de pessoas oprimidas à volta de um projeto ecossocialista.

Estas são indicações prévias para indicar que a análise do programa não resume tudo o que está a acontecer, sem esquecer o fundo do projeto político tal como se exprime no programa da NUPES.

De onde vem?

O programa da NUPES retoma muito amplamente o plano e as formulações do “Futuro em Comum(link is external)”, programa discutido longamente no seio da França Insubmissa, fruto de um trabalho de harmonização laborioso entre as suas diferentes sensibilidades e os numerosos interlocutores externos que se juntaram na sua elaboração, o que explica muitas das formulações, propostas muito precisas sobre centenas de questões.

O programa unitário foi discutido de forma muito rápida, depois de reuniões bilaterais entre a França Insubmissa e cada organização que fixaram a construção do quadro unitário e prudentemente mostra pontos de desacordo, substanciais em algumas das questões como iremos ver, mas não coloca em causa a orientação geral do programa presidencial de Mélenchon.

Mantém-se uma perspetiva inscrita no socialismo republicano tradicional, marcado pela rutura com o social liberalismo, o produtivismo, e que formula uma resposta social e ecológica às crises em que vivem as classe populares. O que há de novo, relativamente ao programa “Futuro em Comum”, é a vontade de negociar entre organizações para enfrentar este prazo eleitoral em vez de tentar unificar o povo em torno do líder numa conceção populista de esquerda da política.

Que mudança de rumo?

Como no “Futuro em Comum”, não se encontrará mencionada uma única vez neste projeto a aspiração a construir uma sociedade socialista ou ecossocialista ou pós-socialista ou até que simplesmente tenha ultrapassado o capitalismo, nem uma denúncia do capitalismo enquanto tal, nem uma rutura com os sistemas políticas representativos atuais. Que um programa eleitoral numa situação específica não responda a todas as questões, é inevitável. Mas para definir a perspetiva em causa, saber se ela está em rutura com as políticas neoliberais atuais ou se, mais globalmente, procura uma dinâmica de rutura com o sistema capitalista, o Estado capitalista, a natureza do objetivo é importante. Aqui adota-se claramente a primeira abordagem.

As fórmulas sobre a revolução cidadã, a insurreição cidadã, desapareceram do texto comum. Ainda que não representassem de forma alguma uma estratégia de organização pela base dos dominados contra o capitalismo, que por detrás do vocabulário radical significassem a reativação da estratégia reformista clássica da ascensão ao poder através das urnas, a sua retirada tem um significado político geral: uma parte do radicalismo verbal foi apagado.

Ainda que não ponha em causa o sistema capitalista, a aplicação do essencial deste programa provocaria um confronto com o capitalismo neoliberal, com as instituições europeias, que para vencer teria de articular mobilizações de massas com decisões políticas de rutura que, em conjunto, poderiam criar uma relação de forças das dinâmicas internacionais que inverteriam as evoluções atuais.

Para isto é preciso um projeto político alternativo que dê um sentido global ao confronto, ao projeto pós-capitalista, ecossocialista, ou com qualquer outro nome, que seja defendido por formas de organização de classe das pessoas exploradas e oprimidas.

Medidas económicas e sociais

No plano económico, trata-se de intervir em certas decisões económicas sem colocar em causa globalmente a propriedade privada dos meios de produção e o funcionamento do sistema capitalista. Como no « Futuro em Comum », é reafirmada a criação de polos públicos, do medicamento, da energia, dos transportes, da saúde, para reindustrializar o país, a vontade de relocalização das produções, de ter um plano de reconstrução industrial, de tornar possível o direito de requisição das empresas de interesse público pelo Estado. Está prevista a nacionalização da empresa aéreo-espacial Ariene, dos aeroportos, das autoestradas, da SNCF [empresa de transporte ferroviário], da Française des Jeux [empresa concessionária dos jogos de lotaria] e a socialização dos bancos generalistas (exceto por parte do PS e do EELV), a requisição das empresas indispensáveis à produção do material sanitário, o fim das privatizações das barragens hidroelétricas e das indústrias de armamento e controlo público da infraestruturas digitais e, por fim, uma moratória às parcerias público-privadas.

Soma-se a isso a anulação da liberalização do mercado de eletricidade e gás, a interdição do depósito de patentes de medicamentos e equipamentos “necessários a uma resposta sanitária urgente”.

Se estas escolhas têm um significado real, estão longe de ser determinantes, e estão longe de reverter as vagas sucessivas de privatizações.

Desenham-se ainda outras respostas, com uma medida simbólica mas interessante, a criação de um direito de preferência que permitiria aos trabalhadores retomar a atividade sob a forma de cooperativa e, sobretudo, a afirmação de medidas para que a economia social e solidária seja uma alternativa à economia liberal.

Está presente o direito de veto suspensivo das Comissões de Empresa sobre os planos de despedimento (rejeitado pela EELV e pelo PS) e a proibição dos despedimentos bolsistas e despedimentos económicos em empresas que pagam dividendos ou recebem ajudas públicas.

Sobre a finança, propõe-se a instauração de uma taxa “significativa” em vez de “real” sobre as transações financeiras, a interdição de produtos derivados tóxicos, a separação dos bancos de negócios e de depósito, e sobre a dívida, auditoria cidadã para determinar a parte ilegítima…

No que diz respeito aos serviços e empregos públicos, defende-se a garantia de acesso a todos os serviços públicos essenciais (escola, estação de comboios, hospital, estação de correios…) e a equipamentos desportivos e culturais a menos de 15 a 30 minutos do local de habitação (de carro ou de transportes coletivos) e diversas medidas para apoiar as comunas, as coletividades e as iniciativas associativas.

Defendem-se ainda a reconstrução do serviço público hospitalar, a supressão das tarifas por ato médico, um plano de recrutamento e diferentes medidas contra a insuficiência de médicos, pela saúde mental, etc…. e, para fazer face às pandemias, medidas como a suspensão das patentes, a requisição temporária das empresas fundamentais, a criação de um polo público do medicamento, a instauração do reembolso a 100% dos cuidados integrando os cuidados complementares na Segurança Social (exceto o PS).

Pretendem-se igualmente contratações nas diferentes administrações como a justiça, a implementação de serviços públicos para a primeira infância, apoio à deficiência, à publicação científica, às reparações e à reutilização… mais 500.000 lugares nas creches, 15.000 alojamentos universitários e 200.000 alojamentos públicos por ano. Por outro lado, a vinculação dos trabalhadores contratados da Função Pública deixa de ser automática, é apenas proposta (e recusada pelo PS).

Sobre as medidas sociais, continua a estar prevista a revogação das leis Pénicaud, El Khomri [reforma do código de trabalho de 2017] e da reforma Macron sobre subsídios de desemprego, o regresso do princípio de favorecimento dos trabalhadores nas negociações, o que é importante mas está longe de anular a totalidade do processo de destruição das conquistas sociais que tem sido aplicado nos últimos 30 anos.

Mantêm-se o contrato de trabalho indefinido como forma normal e geral do trabalho e a quota máxima de contratos precários (10% nas PME e 5% nas grandes empresas), a presunção de contrato para os trabalhadores das plataformas digitais, o enquadramento da subcontratação (com o abandono da sua limitação a um primeiro nível prevista no « Futuro em Comum »).

O aumento do salário mínimo é superior, passou de 1.400 a 1.500 euros. Mantêm-se as outras medidas para os funcionários, sobre distâncias de salários (de um a vinte entre o mais baixo e o mais alto numa empresa), a igualdade salarial mulheres-homens, mas algumas medidas previstas automaticamente no « Futuro em Comum » passam a estar previstas numa conferência social geral sobre os salários (nomeadamente que o patamar de revalorização salarial seja pelo menos igual ao crescimento do retorno atribuído ao acionista). A parte que diz respeito aos desempregados fica quase idêntica: indemnização a partir do primeiro dia de despedimento, limitação das anulações de inscrição nos Centros de Emprego, restabelecimento do regime dos intermitentes, bem como a ideia de uma garantia de emprego com a apresentação de propostas a todos os desempregados de longa duração de um emprego útil num setor de emergência, remunerado pelo menos com o salário mínimo, financiado pelo Estado e coerente com as suas qualificações, o seu percurso profissional e as suas aspirações.

Mantém-se o mesmo texto sobre a restauração do lugar das Comissões de Higiene e Segurança no Trabalho, contra o sofrimento no trabalho, à extensão do reconhecimento do burnout e dos efeitos dos produtos cancerígenos pelo sistema de seguros de saúde juntaram-se as doenças ligadas ao ambiente.

Sobre a redução do tempo de trabalho há um recuo. Enquanto o Futuro em Comum previa o restabelecimento das 35 horas com a majoração das horas suplementares, as quatro primeiras em 25% e as seguintes em 50%, passar às 32 horas para os trabalhos árduos ou noturnos e favorecer “a sua generalização através da negociação coletiva” e a generalização da sexta semana de férias pagas, a NUPES contenta-se em convocar uma conferência nacional sobre estes temas (sem precisar o nível de majorações para as horas extraordinárias)…

Sobre emprego, surge o objetivo de criar “pelo menos um milhão de empregos graças ao investimento na bifurcação ecológica e social”.

Mantém-se o direito à reforma por inteiro aos 60 anos com 40 anos de descontos e as pensões mínimas ao nível do salário mínimo para as carreiras completas e um rendimento mínimo para a terceira idade ao nível do patamar de pobreza, 1.063 euros por mês para uma pessoa sozinha. É acrescentado o restabelecimento dos fatores de penalização.

Outras medidas sociais e fiscais

A revolução fiscal mantém, com 14 prestações de imposto, o reforço do imposto sobre as grandes fortunas, o retomar do imposto sobre as sociedades, a supressão dos nichos fiscais, o desaparecimento do quociente conjugal nos impostos e a redução do IVA sobre os bens de primeira necessidade e o congelamento dos preços de produtos de primeira necessidade (combustíveis, alimentação, energia), a criação de uma garantia “dignidade” que não deixe ninguém abaixo do patamar de pobreza (1.063 por mês para uma pessoa sozinha) e de um rendimento de autonomia para os jovens acima deste patamar.

Continuam presentes o enquadramento dos arrendamentos, a interdição de despejos sem realojamento público, (exceto para o PS), a requisição de habitações vazias, o objetivo zero sem abrigo (com a duplicação dos lugares de acolhimento), uma garantia universal para as rendas, a construção de 20.000 habitações por ano.

A bifurcação e a planificação ecológica

As respostas que visam a adaptação aos limites da natureza são sempre centrais, a noção de planificação ecológica dominante no « Futuro em Comum » passa a ser um pouco menos enfatizada, embora ainda esteja explicitamente presente, com a criação de um Conselho de Planeamento Ecológico que supervisiona, organiza e implementa o plano e reforça os organismos públicos (Cerema, ONF, Gabinete para a Biodiversidade, etc.).

Nas questões de fundo, a lista dos grandes desafios ecológicos continua lá quase nos mesmos termos, a renovação das infraestruturas, a despoluição, os investimentos na sobriedade energética, o isolamento de 700.000 habitações por ano, o fim da precariedade energética… e acrescenta-se o reconhecimento de um estatuto jurídico da natureza.

O objetivo de baixar em 65% as emissões em 2030 (em vez dos 40% atuais) é validado.

Sobre as questões energéticas, o objetivo de 100% de energias renováveis é reafirmado mas não é detalhado para o ano de 2050, a saída do nuclear, o abandono dos reatores EPR, o desmantelamento dos locais e a saída das energias carbonizadas continuam presentes (exceto para o PCF), a criação de um polo público de energia que inclui a EDF e a Engie renationalizadas (exceto para o PS e o EELV) bem como cooperativas locais. Múltiplas propostas precisam a questão dos desperdícios zero e da recusa da obsolescência programada.

As propostas sobre uma agricultura ecológica e camponesa estão igualmente bem desenvolvidas, com a criação de 300.000 empregos agrícolas para uma agricultura relocalizada, a rediscussão da PAC, a luta contra a artificialização dos solos, a saída dos fertilizantes, o enquadramento dos preços agrícolas (exceto o PS), a interdição das quintas-fábricas, a melhoria das condições de criação de animais, mas a recusa dos OGM deixou de estar… e a posição contra a junk food, incluindo a experimentação de uma garantia universal de acesso aos alimentos como primeiro passo para uma segurança social dos alimentos, o desenvolvimento de alimentos orgânicos, etc. A socialização dos bens comuns decidida por referendo, a batalha para fazer da água um tema central, a defesa da floresta, a limitação da caça (exceto para o PS e o PC), a proteção dos mares, a travagem da expansão urbana são igualmente retomados.

Sobre as instituições e as propostas democráticas

A passagem à VI República como “regime parlamentar estável” far-se-á através de modalidades elaboradas na Assembleia Nacional (e não mais através de um referendo diretamente), um procedimento de patrocínio cidadão para a eleição presidencial como alternativa ao patrocínio de 500 eleitos e várias medidas para um funcionamento mais parlamentar.

A eleição proporcional por departamento continua presente (exceto para o PS, que quer uma eleição única com predomínio proporcional).

Outras medidas avançadas são modificações importantes e medidas novas, o direito de voto aos 16 anos (exceto para o PCF), o Referendo de Iniciativa Cidadã, impulsionado por assinaturas recolhidas por cidadãos, o reconhecimento do voto em branco e o voto dos residentes estrangeiros nas eleições locais. Trata-se de um conjunto de medidas importantes cuja implementação poderia modificar em profundidade as condições da vida política.

Medidas sobre as liberdades

A revogação do estado de emergência permanente, das leis do “separatismo” e da segurança global que atingem as liberdades individuais são mantidas, a avaliação das leis em vigor substitui a revogação das “disposições liberticidas”.

Com o PS a recusar a utilização da terminologia “violências policiais”, o desmantelamento das Brigadas Anticriminalidade e das Brigadas Motorizadas de Repressão de Ações Violentas é substituída pela sua redistribuição, as polícias municipais deixam de estar integradas na polícia de proximidade, a interdição de tasers, LBD e granadas antimanifestante é substituída pela de “armas mutilantes”. Por outro lado, continuam presentes a interdição das técnicas letais de imobilização, do encurralamento de manifestantes, o restabelecimento de um “código de deontologia na base do de 1986”, tal como a substituição da Inspeção Geral de Polícia Nacional e da Inspeção Geral da Gendarmerie Nacional por uma autoridade independente e o aumento dos efetivos encarregues da delinquência financeira.

O capítulo contra as discriminações prevê igualmente o direito de acesso aos dados de controlo de identidade para “lutar contra os controlos faciais”.

Uma medida que diz respeito a muita gente: a legalização e enquadramento por um monopólio de Estado do “consumo, produção e venda de canábis em condições que permitam lutar contra a adição” (o PS e o PCF pedirão um debate sobre a questão). Diversas propostas de alargamento do direito à IVG (o prazo legal é alargado para as 14 semanas), a adoção aberta a todos os casais, a mudança de estado civil, tal como o direito à contraceção e a morrer com dignidade.

A questão dos migrantes continua a ocupar pouco espaço

O novo programa continua a denunciar o Frontex, mas mais do que a política de Schengen propõe a revogação do regulamento de Dublin, da lei contra o separatismo, da lei de “asilo e imigração” e de garantir o direito de solo integral. Retoma a proposta sobre o direito de voto nas eleições locais.

Para quem chegue, garantir o direito de asilo, facilitar o acesso aos vistos, regularizar os trabalhadores, estudantes e pais de crianças em idade escolar, instituir a carta de dez anos como documento de referência.

Sobre a escola, alargamento da escolaridade aos 18 anos

A vontade de garantir a presença de uma escola pública laica em cada comuna é substituída por uma carta escolar que integra estabelecimentos privado e a garantia do carácter unificado do serviço público e de abolir os privilégios do ensino privado, o que é recusado pelo PS. O capítulo sobre educação e formação continua a ser muito desenvolvido, da primeira infância à universidade, insistindo na gratuitidade e na qualidade, enquadrado pela preocupação de reconstruir uma “escola global” no espírito da lei de orientação educativa de 1989, com a redução do número de alunos por turma, medidas favoráveis ​​aos professores… (com a recusa do PS da revogação das leis LRU e Fioraso, e do princípio da autonomia universitária).

Sobre o enquadramento da vida dos jovens, continua presente a extensão da escolaridade obrigatória aos 18 anos, o “recrutamento cidadão de nove meses para mulheres e homens com menos de 25 anos” previsto no Futuro em Comum é substituído por um debate sobre o « recrutamento cidadão de mulheres e homens para tarefas de interesse geral remunerado com o salário mínimo”.

Sobre questões europeias e política internacional

As modificações mais importantes dizem respeito às questões europeias e à política internacional.

O capítulo sobre as questões da desobediência à Europa foi o mais profundamente modificado, o que confirma o papel das instituições europeias na controlo neoliberal de qualquer política. Todas as medidas de bloqueio previstas no Futuro em Comum, a utilização do direito de veto, a desobediência às regras europeias, são limitadas e transformadas na vontade de “fazer bifurcar as políticas europeias”, de trabalhar para modificar as regras incompatíveis com o programa “estando prontos para não respeitar certas regras”.

No plano internacional, um capítulo sobre a NATO foi fundamentalmente modificado: a retirada do comando militar e, por etapas, da organização é suprimida no texto comum (exceto para o PCF e para a França Insubmissa); é reiterada a vontade de reforçar e democratizar a ONU.

Rápida conclusão

Fica claro que, no balanço final, os alguns avanços como no salário mínimo e nos empregos para a transição ecológica são menos importantes do que aquilo que é retirado, aquilo que é remetido para debate em conferências nacionais, os recuos sobre a Nato e a questão europeia, tal como em diversas questões pontuais.

Por outro lado, os pontos nos quais o PCF, a EELV e o PS não estão de acordo podem evidentemente interditar qualquer decisão se a NUPES tiver maioria na Assembleia, como no caso do nuclear, por exemplo.

Contudo, as modificações não transformam o programa das medidas que se opõem ao neoliberalismo macroniano e social liberal.


Patrick Le Moal é inspetor de trabalho reformado. Membro do Novo Partido Anticapitalista e da Fundação Copérnico. Colaborador da revista Contretemps.

Texto publicado originalmente no Europe Solidaire et Sans Frontières(link is external). Traduzido para o Esquerda.net por Carlos Carujo.

 

[Fonte: http://www.esquerda.net]

Antes de ser escritora, Alia Trabucco Zerán estudió abogacía. Por eso mira la coyuntura de Chile y tiene un flashback, siente que el proceso constituyente repara un principio épico que le repetían en la facultad: el derecho está para combatir la crueldad. ¿Por qué no pensar la nueva constitución como un simple libro que se vende en kioscos, con versos en lugar de incisos? Porque las palabras transforman, la autoría colectiva potencia imaginarios políticos y detrás del acontecimiento están los feminismos con su aparato crítico y sus tácticas para ir contra el poder.

Escrito por Alia Trabucco Zerán

Me senté atrás, en la última fila. Éramos cien, tal vez más. Más de cien estudiantes en nuestra primera clase y frente a nosotros, un profesor. El crujido de la madera bajo sus pies marcaba el ritmo de sus palabras. Un paso, “buenos días”; otro paso, “bienvenidos”. Saqué mi cuaderno, mi lápiz y escribí: Introducción al derecho. Era mi primer día, y esa, mi primera clase. El profesor esperó a que guardáramos silencio y nos miró con curiosidad y una pizca de desilusión. O tal vez la curiosidad y la desilusión eran mías y nos examinó expectante y algo nervioso. Frunció el ceño, carraspeó, alzó la vista y dijo: “¿Qué es el derecho?”. No sé si alguien respondió. Imagino que una mano se levantó en la primera fila y que una voz pronunció palabras como normasoberaníaorden o prohibición. Yo estaba atrás, muda, mis ojos fijos en el pizarrón mientras el chirrido de la madera bajo sus pies marcaba el lento paso de los cinco años que pasaría en la Universidad de Chile. ¿Qué era el derecho? ¿Para qué servía el derecho? “El derecho -dijo al fin el profesor- es un arma contra la crueldad.”

Esa frase acompañó mis estudios como acompaña una piedra en el zapato. Nunca le pregunté a Pablo Ruiz-Tagle qué quiso decir esa mañana; si acaso realmente creía en esa definición o si su objetivo era arrojar una luz sobre lo que el derecho debía ser algún día. Ignoro si todavía iniciará su cátedra con esas mismas palabras. Si acaso es posible pararse hoy frente a un centenar de estudiantes, la mitad de ellas mujeres, y decirles, sin ironía, que el derecho es una herramienta contra la crueldad.

Los feminismos han sido la corriente más prolífica a la hora de criticar al derecho, acaso porque su historia ha sido también una historia contra la ley.

Me tomó un largo tiempo y bastante esfuerzo olvidar los artículos y plazos que debí aprender como una cantinela en esos años de juicios imaginarios. Tardé mucho en dejar atrás ese rumor de clasificaciones y jerarquías que ya Kafka había definido como “un aserrín masticado por miles y miles de bocas”. Pero esa frase, por más que quise, no la pude olvidar, y aún reaparece con la porfía con que aparecen las promesas incumplidas. Cada vez que leo sobre un femicidio sin condena, sobre una mujer imputada por abortar, sobre otro río desviado por la minería, me vuelvo a preguntar dónde está ese derecho que prometía combatir la crueldad. Si acaso ha existido alguna vez para tantas mujeres y niñas, si ha sido un escudo para los pueblos indígenas, una defensa para los migrantes, una salvaguarda para tantos territorios devastados por la codicia.

Y cuando además compruebo la importancia del derecho en el Chile del presente, esa promesa contra la crueldad da paso a la inquietud. ¿Qué es realmente el derecho? ¿A quiénes ha servido? ¿Quiénes lo susurran a los oídos de nuestros parlamentarios? ¿Cuál ha sido su rol en la acumulación de riquezas por parte del 1% de la población? ¿Cuál su contribución a la precarización de las vidas de millones de personas? ¿Cuál su responsabilidad en la catástrofe ecológica? ¿Se trata de un discurso, nada más? ¿De un puñado de palabras?

***

Intelectuales como Michel Foucault y Giorgio Agamben han formulado en su producción teórica algunas de las críticas más agudas al derecho. Describiéndolo como una fachada del poder político y económico o como un instrumento que cristaliza el dominio de unos cuerpos sobre otros, sus visiones persuaden al desvelar un aparato discursivo que se ha pretendido neutral para así borrar las huellas de sus prejuicios y que se ha escudado tras la palabra consenso para así ocultar una imposición.

Pero ha sido el feminismo –o en rigor, los feminismos— la corriente más prolífica a la hora de criticar al derecho, acaso porque la historia del feminismo ha sido también una historia contra la ley. Una historia contra el dominio patriarcal ejercido dentro y fuera de los códigos y que ha conducido a reformas y derogaciones desde el siglo dieciocho hasta el presente. Desde la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, proclamada por Olympe de Gouges, hasta la conceptualización del género como repetición performativa, en la pluma lúcida de la filósofa Judith Butler.

Un feminismo que, precisamente debido a su relación con el derecho, resulta imprescindible para entender la revuelta popular que estalló en Chile en octubre del 2019 y que devino nada menos que en una revuelta contra el derecho; una rebelión contra la Constitución política impuesta durante la dictadura de Pinochet y contra cada una de las leyes neoliberales dictadas a partir de ese momento.

El clamor contra el derecho se dejó oír desde esos primeros días de protesta, cuando entre ensordecedores cacerolazos surgían algunas consignas: fin al sistema de pensiones que privatizó la seguridad social, fin a la educación de mercado, fin a la privatización del agua, fin al modelo extractivista. “Fin”, decían las pancartas; “no más” se leía en las paredes; “y va a caer” coreaban las multitudes, anunciando en ese final, en esa caída, la siguiente interrogante: si acaso junto con el fin de ese derecho neoliberal, si junto con la debacle de ese modelo constitucionalizado en los años ochenta, otro derecho se erigiría como uno de los caminos para cimentar la imaginación política de la revuelta.

Una Constitución es también un simple libro que tiene incisos en lugar de versos y artículos en vez de estrofas. Esa definición desacraliza el derecho, la aproxima a la literatura y permite observar la paradoja del feminismo desde otra perspectiva.

La filósofa Sara Ahmed, en su libro La promesa de la felicidad, afirma que la historia del feminismo es una historia de transgresión. Que enfrentadas a estructuras legales y culturales fundadas en relaciones de dominio, la resistencia del feminismo ha sido desobedecer, incumplir, infringir, quebrantar. Olvida Ahmed, en ese importante libro, que tales transgresiones no han sido la única dimensión del feminismo y que les han sucedido, una y otra vez, contundentes afirmaciones: ideales normativos, como los llamaría Butler, que han buscado socavar las bases del dominio patriarcal y que incluso se han plasmado en leyes muy concretas en favor de la igualdad. Una breve mirada a la historia legislativa de Chile permite constatar ese movimiento pendular que va del quebrantamiento a la dictación, de la derogación a la promulgación y, más recientemente, del poder destituyente al constituyente.

En 1934, por ejemplo, se aprueba el voto femenino para las elecciones municipales y en 1949 para las elecciones parlamentarias y presidenciales. En 1989 se deroga la incapacidad relativa de la mujer casada y se establece, en su lugar, su absoluta capacidad legal. En 1999 se reemplaza en la Constitución el término “los hombres” por “las personas” y el mismo año se incorpora la norma: “hombres y mujeres son iguales ante la ley”. Y el 2019, en las calles, se destituye la Constitución de Pinochet para urdirse en su lugar otro texto, el primero en la historia de Chile escrito con participación popular y el único en el mundo redactado con paridad de género.

Con la sospecha como motor y las leyes en su contra, el feminismo ha tenido desde sus orígenes una relación paradojal con el derecho, acogiendo entre sus pensadoras a aquellas que como Catherine MacKinnon o Andrea Dworkin definen el derecho como una herramienta de dominación patriarcal, y a otras que aún confían en el discurso jurídico como arma de transformación. Esta relación paradojal se ha acentuado en Chile desde la revuelta, volviéndose el eje de los debates feministas sobre el proceso de cambio constitucional. ¿Por qué depositar –dicen algunas— las expectativas del feminismo en el mismo instrumento que ha subyugado los cuerpos de las mujeres? ¿No sería la calle el espacio apropiado para expandir la imaginación política popular? ¿No es preferible situarse siempre afuera de la ley patriarcal que se ha fundado en principios como “por la razón o la fuerza” o en el “buen padre de familia” como estándar de conducta? ¿Pero no sería esta –responden otras— una oportunidad histórica para incidir sobre las definiciones del propio derecho? ¿Y si esta fuera la posibilidad de escribir una constitución feminista? ¿Pero qué sería una constitución feminista? ¿Existe en alguna parte del mundo un derecho donde las palabras “precedente” o “costumbre” no sean fórmulas para perpetuar una larga historia de desigualdad? ¿Es realmente posible transformar el derecho?

***

“La constitución es el conjunto de normas de más alta jerarquía de un país.” Aprendí esa definición hace ya muchos años y la he repetido cada vez que he oído titubeos sobre el vínculo entre el neoliberalismo y la Constitución de 1980. Me remito entonces a recordar el germen autoritario de sus redactores y a explicar cómo el marco normativo neoliberal ha operado como chaleco de fuerza, impidiendo anheladas reformas en materia de derechos sociales. Pero la constitución, en realidad, desborda ampliamente esa definición y también la didáctica pirámide normativa del filósofo Hans Kelsen. Y es que antes que norma suprema, antes que declaración de derechos, antes que carta de navegación, una constitución es también un simple libro. Un pequeño libro de cubierta azul que se vende en los kioscos de Chile y que tiene incisos en lugar de versos y artículos en vez de estrofas. Y acaso esa definición, la que desacraliza el derecho y lo aproxima a la literatura, permita observar la paradoja del feminismo desde otra perspectiva.

En un coloquio sobre derecho y literatura donde se discutía la obra de Martha Nussbaum, el poeta y abogado chileno Armando Uribe dijo, en su singular tono malhumorado, que “la ley tiene un imperio que la literatura no tiene”. Y tras una pausa, agregó: “La literatura persuade por la fuerza propia de las palabras; en cambio la ley persuade y obliga porque está respaldada por el imperio, la fuerza y el poder”.

La literatura tiene el poder del lenguaje y el derecho el lenguaje del poder. La distinción parece sencilla, casi un juego de palabras que desdibuja, acaso sin intención, el poder normativo y conservador de una parte de la literatura y el carácter ocasionalmente emancipador que puede tener el derecho. Hablo de literaturas llanas y complacientes, acríticas y condescendientes, donde el poder del lenguaje se confunde con el lenguaje del poder. Y hablo, también, de leyes cuyo principal modo de imposición no es la fuerza ni el imperio, sino un puñado de palabras capaces de transformar la realidad. Ni hay pura rebelión en la literatura ni pura opresión en el derecho. O, dicho de otro modo, con frecuencia la literatura ha recurrido al lenguaje del poder y el derecho, en ocasiones, al poder del lenguaje, un lenguaje potencialmente emancipatorio en el vilipendiado aserrín al que aludía Franz Kafka.

¿Por qué me remito a la literatura en esta discusión sobre derecho y feminismo? Porque de cara a un libro que definirá a Chile como comunidad política, una posible pregunta desde los feminismos es y ha sido la siguiente: ¿Y si el derecho se acercara un poco más a esa literatura que sí reimagina, que reinventa, que experimenta y bosqueja otros mundos sobre el papel? ¿Y si en lugar de recurrir al poder de la fuerza confiara esta vez en las palabras?

***

Voy a narrar una anécdota que me ha avergonzado durante al menos quince años. En esas frías salas donde estudié derecho, poco antes de mi precoz jubilación para abocarme a la literatura, formé parte de un grupo de estudio de sentencias internacionales de derechos humanos. Una tarde de verano –era verano, lo sé, porque la vergüenza me hizo sudar— leímos un voto minoritario de un juez brasileño que, lejos de ese paradigma del ser humano independiente y autónomo, lejos del liberalismo clásico y de su fantasiosa idea de individuo, admitía la existencia de una relación entre un grupo de indígenas guatemaltecos y sus ríos, sus bosques, sus volcanes, su tierra. Esa relación se traducía, en su opinión, en un derecho a la postvida, el derecho a ser enterrados en un territorio que a su vez formaba parte de sus propios cuerpos. El texto era hermoso. Recuerdo haber subrayado los nombres de las aves, la descripción de las montañas escarpadas y haberme desconcertado ante la posibilidad de otra relación con la tierra, de otra forma de humanidad, de otro horizonte para el derecho. Sin embargo, durante esa reunión, no me atreví a levantar la mano. Los profesores se rieron del juez, mis compañeros lo calificaron como delirante, lo llamaron escritor frustrado e impostor, y todas las bocas se estremecieron en unas carcajadas cómplices, de las que yo también participé. Esa risa, la de los abogados y abogadas, trazaba una frontera: entre lo permitido y lo prohibido, lo decible y lo indecible, lo imaginable y lo inimaginable, el derecho y la literatura. Y yo quedé con esa risa tallada en la boca, grabada como una vergonzosa cicatriz.

Quisiera remitirme a esa cicatriz, escribir hoy contra esas carcajadas y, sobre todo, volver a examinar esas bocas: las bocas históricamente autorizadas para pronunciar las palabras de la ley. Las bocas de los jueces y legisladores, hombres y blancos, con sus también blancas y pomposas pelucas, señalando un modelo de conducta a su imagen y semejanza: el “hombre medio”, el “buen padre de familia”, el “hombre” a secas. También las bocas de los parlamentarios, décadas después, pronunciando con sus voces supuestamente expertas leyes a favor de la gran minería, de la pesca industrial, de la tala de bosques. Las mismas bocas que En Proceso anuncian que Joseph K. está detenido y frente a las cuales Kafka deja a su protagonista perplejo y mudo. Voces roncas, a veces crípticas, donde nos hemos acostumbrado a escuchar autoridad. Voces solemnes, a veces incomprensibles y frente a las cuales, durante mucho tiempo, hemos guardado silencio o, peor aún, hemos sonreído, cómplices, como sonreí yo esa tarde de verano. Voces poderosas, diría la historiadora británica Mary Beard, al reflexionar acerca de dónde percibimos poder y dónde no hemos sido entrenados a escucharlo. Voces que en esa ocasión, hace ya quince años, yo no supe desautorizar, pero que un coro multitudinario puso en entredicho en las protestas que estallaron en Chile el 2019.

Tal vez tengo excesiva fe en las palabras y en lo que un grupo de animales humanos pueda hacer con el futuro ya casi extinto.

Ese coro, tras semanas de manifestaciones violentamente reprimidas por el Estado, exigió, entre otras demandas, redactar una nueva constitución que permitiera un cambio en el modelo económico instaurado durante la dictadura y profundizado por los gobiernos de la postdictadura. Pero esa exigencia normativa no fue la única. De la mano del colectivo feminista Las Tesis, en el segundo mes de las protestas, cientos de miles de mujeres corearon, primero en Chile y luego en el mundo, “el patriarcado es un juez”, apuntando con el dedo a las múltiples instituciones públicas y privadas que a lo largo de siglos han normalizado la violencia y la discriminación contra las mujeres. El derecho, en sentido amplio, como discurso, como estructura, sufría un cambio de paradigma en las calles y casas de Chile. Si en la Comuna de París los manifestantes quebraban los relojes para dar cuenta del fin de un tiempo, del final de una era, en la revuelta popular chilena fueron las estatuas del pasado las que cayeron de sus podios: los conquistadores españoles, los próceres de la patria, los caballos en combate terminaron en el suelo.

Un año después, ya en medio de la pandemia que volvería dolorosamente visible el carácter interdependiente de los seres humanos, una elección apabullante confirmaría ese deseo de transformación. El 78% del electorado aprobó iniciar la escritura de una nueva constitución política, y enseguida, con reglas inéditas de paridad de género y escaños reservados para los pueblos indígenas, fue el turno de elegir a los 155 representantes que redactarían ese nuevo libro. La composición de ese órgano no se asemejaba a ningún parlamento que hubiera tenido Chile. Tantas mujeres como hombres, representantes indígenas y de la ciencia, de la docencia, de la calle y, por cierto, también del viejo derecho. En la primera sesión de ese órgano, la doctora Elisa Loncon Antileo, convencional del pueblo mapuche, fue escogida por sus pares como presidenta de la instancia. El momento era inédito. Loncon saludó en mapudungun, se dirigió a “los pueblos de Chile”, y posteriormente habló de construir un país “que cuide a la Madre Tierra, un Chile que limpie las aguas, un Chile libre de toda dominación”.

Yo estaba viendo las noticias, conmocionada. Repentinamente recordé esas risas estruendosas y el carácter inconcebible de otro derecho hace apenas quince años. Días más tarde, circuló la imagen de Elisa Loncon presidiendo la Convención con el imponente cuadro Descubrimiento de Chile, de Pedro Subercaseaux, a sus espaldas. Allí estaba una mujer mapuche como cabeza del órgano político y jurídico más importante de las últimas décadas con la imagen de la dominación colonial recordando su estela de sangre: conquistador, armadura, espada en mano. Allí estaba el pasado, el presente y el futuro, en una sola escena. Allí estaba esa proliferación insólita de símbolos. Y allí estaba también todo el racismo de Chile, comentando en las redes sociales sobre el castellano “incorrecto” de Loncon, la voz “demasiado aguda” y “sin autoridad”, y la lengua borrada asomando entre las vocales de la lengua colonizadora.

Esa voz femenina y bilingüe no podía, para algunos, encarnar el poder o tal vez el poder comenzaba a dejar de ser lo que había sido: un atributo individual, masculino y autoritario, para comenzar una lenta y necesaria transformación. “No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura”, señala Mary Beard. Y la composición de la Convención Constitucional supuso ese cambio de estructura, resistido con dientes y uñas desde la élite política y económica. Semanas después, Loncon arribó a la Convención con varios libros bajo el brazo y sugirió, ante las cámaras, algo francamente inédito: leer literatura y leer teoría para ampliar el horizonte de lo posible ante el desafío de escribir ese nuevo libro para el país.

En Chile ya casi no llueve. Hay árboles muertos en las calles. Hay zonas de sacrificio medioambiental y miles de personas sin agua potable. ¿Qué tiene que ver eso con la ley?

La literatura, el feminismo y toda una cosmovisión indígena largamente negada habían ingresado a un espacio nuevo de poder o, tal vez, el poder ahora habitaba otros cuerpos y era, después de mucho, pronunciado por otras bocas. Este hito ya había tenido antecedentes en el movimiento feminista, cuando el 2018 las estudiantes se tomaron las universidades de Chile exigiendo un cambio de paradigma en la educación. En ese momento las vocerías de las estudiantes no recayeron en una o dos líderes emblemáticas sino que colectivamente optaron por vocerías rotativas, que transformaban la idea de unicidad, de singularidad, de autoridad, en otras formas de poder colectivo. Algo así como la voz plural que aparece en El Otoño del Patriarca, de Gabriel García Márquez, una voz que ingresa al palacio de gobierno y observa el poder destituido, el salón ya vaciado del dictador. O la voz plural que asoma en la obra de Diamela Eltit, donde no es del todo posible señalar de dónde emana el coro porque se trata de una voz que excede las dimensiones acotadas de una sola subjetividad. O la voz de Space Invaders, de Nona Fernández, cuando dice: “Aullamos un alarido que sale más allá de nuestras bocas, una consigna inventada y convocada por otros, pero hecha para nosotros”.

Hablo de la voz, de las voces, porque la revuelta también supuso redefinir la idea del coro y, a su vez, la idea de autoría de un libro. Un libro escrito colectivamente con el feminismo como uno de sus aparatos críticos y con la libertad propia de una literatura que mira la tradición como una fuente pero no como un destino. Un libro redactado vertiginosamente por un órgano paritario y representativo, y que redefine la idea de territorio, la idea de cuidado, la idea de lo humano y lo animal, y traza líneas hacia un camino de recuperación ecológica. Un libro escrito con responsabilidad y una originalidad imprescindible de cara a un planeta en ruinas. Un libro que consagra la igualdad de género no solo nominal sino que mandata una integración paritaria de todos los órganos del Estado. Un libro que establece derechos sexuales y reproductivos dolorosamente anhelados por muchas mujeres. Que reconoce los derechos de los pueblos indígenas, redefiniendo el Estado hacia una plurinacionalidad que en rigor siempre ha existido pero que ha sido negada a punta de disparos y ocupación. Un libro que como ningún otro cuerpo legal consagra una urgente protección ecológica, reconociendo nuestra interdependencia con la naturaleza. Una interdependencia negada por el liberalismo clásico, su idea fantasiosa de autonomía y su corolario de ciego individualismo. Si a esto agregamos un catálogo de derechos sociales que los garantiza como tales, es decir, como derechos y ya no como bienes de mercado, una educación gratuita en todos los niveles y un derecho a la seguridad social, nos encontramos, como habitantes de esta franja de tierra árida y maltratada, como ciudadanas y ciudadanos de esta provincia ya no tan fértil, ante una oportunidad histórica.

O tal vez me estoy excediendo con tanta esperanza. Tal vez tengo excesiva fe en las palabras y en lo que un grupo de animales humanos pueda hacer con el futuro ya casi extinto. ¿Pero qué nos queda de lo contrario? Vivimos un presente distópico. Mientras escribo este texto se suceden las guerras, los incendios y dantescos islotes de basura navegan por los océanos del planeta. En Chile, desde donde escribo, el territorio atraviesa la crisis hídrica más grave de su historia. Ya casi no llueve, aquí. Hay árboles muertos en las calles. Hay zonas de sacrificio medioambiental y miles de personas sin agua potable. Cabras y caballos se mueren de sed en el norte del país. ¿Qué tiene que ver eso con la ley? ¿De qué modo la Constitución podría torcer el que parece ya ser un destino? Pues bien: Chile es el único país del mundo donde el agua es propiedad privada y los ríos se subastan como si se tratase de jarrones o collares. Esa venta, esa compra, la permitió y fomentó el derecho. El derecho neoliberal, donde reina la codicia como razón suprema sin importar sus consecuencias y que, sobra decirlo, se impuso desde la fuerza y no desde el poder de las palabras.

***

El derecho y la desigualdad han estado de la mano durante demasiado tiempo. Ha habido avances, es cierto, y es justo mencionarlos. Desde las primeras declaraciones de derechos durante la Revolución Francesa, hasta la promulgación de normas de derechos humanos tras la Segunda Guerra Mundial, nos hemos transformado nada menos que en sujetos de derechos. Y, sin embargo, la desigualdad continúa rampante.

En Chile, de hecho, se ha profundizado y esa profundización ha sido resultado de un modelo económico, de un modelo normativo, de un tipo de derecho. Hasta octubre del 2019 esa alianza entre desigualdad y derecho, entre neoliberalismo y destrucción, no había sido interrogada mayoritariamente. La fuerza destituyente de la revuelta revirtió esa situación y dio paso a un momento constituyente. Un año más tarde, la Convención Constitucional, con un altísimo quórum de dos tercios, redactó una nueva constitución. Un texto que intenta, como dijo Elisa Loncon, cambiar los paradigmas y que, de algún modo, va contra el derecho que conocíamos: contra el derecho que mercantiliza la salud y los recursos naturales, contra el derecho que hizo de la educación un bien de consumo, contra el derecho que penaliza la autonomía sobre nuestros cuerpos.

El derecho y la desigualdad ya han estado de la mano durante demasiado tiempo.

Se trata, tal vez, de otro derecho. Una Constitución redactada de cara a la crisis climática, de cara a la desigualdad estructural, de cara a la violencia patriarcal, de cara a la precarización promovida por el neoliberalismo. Una constitución que declara el agua un bien común inapropiable, que consagra la educación pública y gratuita en todos sus niveles, que reconoce la interdependencia entre las personas y la naturaleza, la importancia de la restauración ecológica, la igualdad como principio fundante y la plurinacionalidad como su corolario.

No tiene por qué ser una constitución que dure un siglo o dos. Las pretensiones de durabilidad suelen ser conservadoras y desconfiadas. Tampoco tenemos por qué escribirla con esa “C” tan pomposa. Puede, tal vez, ser una constitución en minúscula. Un libro legible, avezado, que permita imaginar otro futuro. Pero ese libro, por cierto, no será suficiente. La razón neoliberal también colonizó nuestras miradas y costará décadas librarnos de su lógica nociva. Para eso hará falta mucho más que derecho y muchísimo más que literatura. Pero una constitución no es un mal comienzo o al menos su etimología permite albergar esperanzas: constitución/constitutio/constituere. Con: conjuntamente. Statuere: erigir, estar de pie. Una constitución erigida en conjunto. Una constitución donde nos pongamos de pie.

*Una primera versión de este ensayo, titulada “Contra el derecho”, fue publicada en enero del 2020 en el libro Por una Constitución Feminista (Pez Espiral) y actualizada el 2021 para el Festival Westopia (Alemania).

 

[Arte: Paula Ebiru – fuente: http://www.revistaanfibia.com]

Au Maroc, l’homosexualité reste punie pénalement, et la société est encore très loin d’accepter la liberté sexuelle et de genre. L’annonce du ministère de la Culture marocain d’interdire le livre Mémoires d’une lesbienne, de Fatima Zahra Amzkar, au sein du Salon international de l’Édition et du livre (SIEL) de Rabat, en est une nouvelle illustration.

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Publié par Antoine Oury

Depuis plusieurs semaines, l’autrice Fatima Zahra Amzkar et la maison d’édition Dar Agora préparaient la présentation de l’ouvrage Mémoires d’une lesbienne au Salon international de l’Édition et du livre (SIEL), un des événements littéraires les plus importants du pays. Une séance de dédicaces avait été annoncée : le roman aborde notamment le poids social de l’homosexualité au Maroc, où les autorités et une partie de la population considèrent l’homosexualité immorale, à travers le parcours d’une jeune lesbienne.

Le titre avait pour objectif, selon l’autrice, de rectifier des idées reçues sur l’homosexualité, mais aussi d’évoquer le rapport de la société marocaine à la sexualité, au mariage et aux droits des femmes.

Passible de 6 mois à 3 ans d’emprisonnement, assortis d’une amende, l’homosexualité est punie par l’article 489 du Code pénal marocain. Les personnes homosexuelles subissent également tous types de discriminations — ces dernières n’étant bien sûr pas interdites par la loi — ainsi qu’un regard de la société particulièrement réprobateur.

Fatima Zahra Amzkar et son livre en ont d’ailleurs été les victimes, peu après l’annonce de la séance de dédicaces. Sur les réseaux sociaux, un mot d’ordre a circulé, appelant à boycotter le SIEL et menaçant l’autrice comme sa maison d’édition. S’exprimant auprès du Site Info, Fatima Zahra Amzkar a assuré avoir reçu plus d’une centaine de menaces de mort.

Le ministère de la Culture marocain a tenté de justifier l’interdiction du livre en indiquant que ce dernier n’avait pas été validé par les autorités, ce que dément l’autrice : « Il n’a été retiré qu’après la campagne de haine dont j’ai été la cible », indique-t-elle.

Ministère de la censure

Décidé la veille de l’ouverture du Salon international de l’Édition et du livre, qui se déroule du 2 au 12 juin, le retrait de l’ouvrage a été vivement critiqué à l’international. Pour l’organisation PEN America, il s’agit d’une « violation de la liberté d’expression et de la liberté artistique de Fatima Zahra Amzkar, mais aussi d’un déni du droit à l’égalité et à la dignité des personnes LGBTQ+ », selon les mots de Liesl Gerntholtz, directrice du Centre pour la liberté des écrivains PEN/Barbey.

L’aspect soudain de la décision n’a pas permis à l’autrice et à la maison d’édition de la contester, mais l’autrice a annoncé saisir la justice pour les menaces de mort qui lui ont été adressées.

Selon la maison d’édition Dar Agora, « [l]e ministère de la Culture a demandé un rapport préliminaire sur le livre afin de statuer sur sa présence lors du SIEL. Nous n’avons aucune visibilité sur le moment où la décision finale sera prise. »

La diplomatie française n’a pas réagi au retrait de l’ouvrage, et a inauguré le salon comme à l’accoutumée…

 

[via Morocco World NewsMedias24 – reproduit sur actualitte.com]

 

A investigación, na que participa a UVigo, suxire crear unha oficina pública que centralice todos os recursos en idioma galego

Unha moza emprega un teléfono móbil / Xunta de Galicia. / Europa Press

Unha moza emprega un teléfono móbil.

O galego está á cola das linguas oficiais do Estado español en canto a recursos e aplicacións tecnolóxicas, segundo o proxecto European Language Equality (ELE), financiado pola Unión Europea e coa participación de 52 entidades, entre ela a Universidade de Vigo (UVigo).

O Centro de Investigación en Tecnoloxías de Telecomunicación ‘atlanTTic’, da UVigo, foi o encargado de analizar a situación do idioma propio de Galicia en canto a recursos, servizos e comunidades de falantes.

En concreto, o obxectivo do proxecto ELE é analizar a adaptación tecnolóxica das linguas de Europa coa finalidade de que exista plena igualdade para 2030. « Agora, hai que facer unha folla de ruta para cambiar esta situación. Hai moita marxe na que traballar », subliñou a coordinadora de ‘atlanTTic’, Carmen García Mateo.

Como conclusión xeral, segundo o informe presentado por este centro da UVigo, « hai poucas aplicacións de sínteses e de recoñecemento de voz, corrección ortográfica e gramatical e tradución automáticas ». Por tanto, hai « un baleiro importante » en canto a recursos multimedia adecuados para desenvolver aplicacións « tan importantes no mundo actual como os axentes conversacionais por voz de última xeración ».

En comparación con outras linguas oficiais, a diferenza « é crítica » en canto a recursos e servizos relacionados con datos multimedia e no ámbito da saúde, posto que os xa existentes « son pobres en diversidade e pequenos en tamaño », engade o estudo. O « maior perigo » a curto prazo desta situación é que, se non se reverte, o galego quede fóra da revolución que o ‘big data’ e a intelixencia artificial está a provocar en moitos sectores estratéxicos por falta de recursos para aplicalas.

No lado oposto están as bases de texto de gran dimensión, onde o galego ten « boa presenza » cuns servizos nunha « fase máis madura ». O informe tamén apunta, como aspecto positivo, á páxina web da Corporación de Radio e Televisión de Galicia (CRTVG) pola produción de contidos multimedia. Do mesmo xeito, tamén hai un número crecente de diarios locais dixitais no idioma propio.

‘SOFTWARE’ E REDES SOCIAIS

En canto ao ‘software’ e as redes sociais, aínda que algunhas firmas como Facebook, Youtube, Microsoft e Apple ofrecen versións en galego, moitas outras como TikTok, Twitch e Adobe utilízano en versión ‘beta’ ou, como Twitter, con menor apoio.

Neste contexto, hai unha « falta extrema de apoio » ao idioma propio en asistentes virtuais como Alexa, Siri, Google Assistant e Cortana. Nos últimos anos, desenvolvéronse varios produtos e servizos para a incorporación do galego nas TIC, como o portal da Real Academia Galega (RAG), o tradutor ‘Gaio’ e a web da Xunta.

Con todo, o estudo observa unha tendencia das grandes empresas do sector consistente en « reducir os seus esforzos » en desenvolver tecnoloxías específicas para linguas minorizadas, así como a falta de interese por estes idiomas en estratexias como a Estratexia Nacional de Intelixencia Artificial 2020.

« EXPERIMENTADA COMUNIDADE INVESTIGADORA » EN GALICIA

Nesta marxe que hai para cambiar a situación, segundo explica a profesora García Mateo, xoga a favor da « existencia dunha experimentada comunidade investigadora en Galicia » en áreas como o recoñecemento automático da fala, a síntese de voz e o procesamento de linguaxe natural, así como en campos como a filoloxía e a lingüística.

Para iso, a alianza entre ‘atlanTTic’ e os docentes da Facultade de Filoloxía e Tradución da UVigo permite « desenvolver xa ferramentas e recursos lingüísticos » e foi « en gran medida » a « responsable nos últimos catro anos dun aumento considerable da produción de recursos e servizos de calidade para a lingua galega ».

Dentro das propostas de mellora, o equipo investigador de ‘atlanTTic’ recomenda crear unha oficina pública que custodie de forma centralizada e estandarizada todos os recursos desenvolvidos para a lingua galega, xa que, na actualidade, están diseminados en páxinas e en servidores distintos.

Tamén consideran necesario investir en crear bases de datos de recursos lingüísticos de calidade e gran tamaño que abarquen as distintas variantes e estilos da fala; en apoiar a produción científica e a transferencia tecnolóxica baseada na linguaxe; e que as persoas falantes consuman, produzan e esixan contidos en galego.

[Imaxe:  Xunta de Galicia/Europa Press – fonte: http://www.galiciaconfidencial.com]

Paul Gauguin, La perte du pucelage, 1890

Écrit par Jean-Paul Brighelli

Marie, toujours vierge : la tuile ! Ante partum, in partu, post partum. Tu parles si c’est pratique ! C’est pourtant un thème essentiel. Piero della Francesca a symbolisé cette virginité perpétuelle de Marie dans son Annonciationen accrochant une corde nouée à une poutre au-dessus de la figure de la mère du Christ. C’est une fresque conservée dans la basilique de saint François, à Arezzo.

Je n’ai jamais compris cette obsession masculine pour la virginité de leurs partenaires, y compris celle des soixante-dix vierges, copiées de toute évidence sur Marie, et promises à chaque bon musulman admis au paradis d’Allah, où manifestement il faut changer les draps plusieurs fois par jour. Comme disait Voltaire : « C’est une des superstitions de l’esprit humain d’avoir imaginé que la virginité pouvait être une vertu. »
D’autant que l’hymen n’est pas réservé à la femme. Les lamas, les rates, les jeunes filles chimpanzés et les éléphantes partagent avec la femelle de l’homme ce douteux ornement. Et je doute que les lamas femelles se fassent retricoter une virginité chirurgicale afin de donner à leurs mâles l’illusion d’être les premiers.
Le pucelage féminin est une réalité physiologique — encore qu’il arrive souvent que l’hymen soit ébréché par des pratiques sportives ou de menus accidents. Voire qu’il n’ait jamais existé. En comparaison, le pucelage masculin reste tout théorique — voir Pierre Clémenti, qui dans Benjamin ou les mémoires d’un puceau (Michel Deville, 1968) perd le sien dans les bras d’une jeune vierge jouée par Catherine Deneuve : deux ans auparavant, ils jouaient ensemble à des jeux sado-masochistes dans Belle de jour… Le cinéma peut reconstituer des hymens à l’infini.

Le dépucelage est quand même l’instant le moins glamour d’une relation érotique ; à qui n’est-il jamais arrivé de reculer, épouvanté, devant la fleur offerte au poinçonneur des Lilas ?
Et si quand tu avances je recule…

Cette première fois, en littérature, est rarement racontée de façon explicite. Quand elle l’est, c’est du point de vue de la femme — et c’est très intellectualisé :

« J’arrivai vierge entre les bras de M. de Merteuil.
« J’attendais avec sécurité le moment qui devait m’instruire, et j’eus besoin de réflexion pour montrer de l’embarras et de la crainte. Cette première nuit, dont on se fait pour l’ordinaire une idée si cruelle ou si douce, ne me présentait qu’une occasion d’expérience : douleur et plaisir, j’observai tout exactement, et ne voyais dans ces diverses sensations, que des faits à recueillir et à méditer. » (Laclos, Liaisons dangereuses, Lettre 81)

La façon dont Merteuil est extérieure à elle-même, en situation de surplomb, est typique de cette femme de tête. Stendhal s’en souviendra dans Lamiel :

« Le lendemain, elle trouva Jean dans le bois ; il avait ses habits des dimanches.
— Embrasse-moi, lui dit-elle.
Il l’embrassa. Lamiel remarqua que, suivant l’ordre qu’elle lui en avait donné, il venait de se faire faire la barbe ; elle le lui dit.
— Oh ! c’est trop juste, reprit-il vivement, mademoiselle est la maîtresse ; elle paye bien et elle est si jolie !
— Sans doute, je veux être ta maîtresse.
— Ah ! c’est différent, dit Jean d’un air affairé ; et alors sans transport, sans amour, le jeune Normand fit de Lamiel sa maîtresse.
— Il n’y a rien autre ?, dit Lamiel.
— Non pas, répondit Jean.
— As-tu eu déjà beaucoup de maîtresses ?
— J’en ai eu trois.
— Et il n’y a rien autre ?
— Non pas que je sache ; mademoiselle veut-elle que je revienne ?
— Je te le dirai d’ici à un mois ; mais pas de bavardages, ne parle de moi à personne.
— Oh ! pas si bête, s’écria Jean Berville. Son œil brilla pour la première fois.
— Quoi ! l’amour ce n’est que ça ?, se disait Lamiel étonnée ; il vaut bien la peine de le tant défendre. Mais je trompe ce pauvre Jean : pour être à même de se retrouver ici, il refusera peut-être du bon ouvrage. Elle le rappela et lui donna encore cinq francs. Il lui fit des remerciements passionnés.
Lamiel s’assit et le regarda s’en aller.
Puis elle éclata de rire en se répétant :
— Comment, ce fameux amour, ce n’est que ça ! »
(Stendhal, Lamiel, posth. 1889)

Après, nous avons les scènes à proprement parler techniques. Sade ne manque pas d’informer son lecteur en détail. Par exemple dans la Philosophie dans le boudoir :

Madame de Saint-Ange.
Allons donc, Chevalier, mais ménage-la, regarde la petitesse du détroit que tu vas enfiler ; est-t-il quelque proportion entre le contenu et le contenant ?

Eugénie.
Oh, j’en mourrai cela est inévitable… Mais le désir ardent que j’ai d’être foutue, me fait tout hazarder sans rien craindre… Va, pénètre, mon cher, je m’abandonne à toi.

Le Chevalier, tenant à pleine main son vit bandant.
Oui, foutre, il faut qu’il y pénètre… ma sœur… Dolmancé, tenez-lui chacun une jambe… ah ! sacre-dieu ! quelle entreprise !… Oui, oui, dût-elle en être pourfendue, déchirée, il faut double dieu ! qu’elle y passe.

Eugénie.
Doucement, doucement, je n’y puis tenir… (elle crie, les pleurs coulent sur ses joues) à mon secours, ma bonne amie… (elle se débat) Bon, je ne veux pas qu’il entre, je crie au meurtre, si vous persistez !

Le Chevalier.
Crie tant que tu voudras, petite coquine, je te dis qu’il faut qu’il entre, en dusses-tu crever mille fois.

Eugénie.
Quelle barbarie !

Dolmancé.
Ah, foutre, est-on délicat, quand on bande ?

Le Chevalier.
Tenez-la, il y est… il y est, sacredieu… foutre, voilà le pucelage au diable, regardez son sang, comme il coule.

Eugénie.
Va, tigre… va, déchire-moi, si tu veux maintenant, je m’en moque, baise-moi, bourreau, baise-moi, je t’adore… ah ! ce n’est plus rien, quand il est dedans ; toutes les douleurs sont oubliées… Malheur aux jeunes filles qui s’effaroucheraient d’une telle attaque… Que de grands plaisirs elles refuseraient pour une bien petite peine… pousse, pousse, Chevalier, je décharge ; arrose de ton foutre les plaies dont tu m’as couverte ; pousse-le donc au fond de ma matrice ; ah ! la douleur cède au plaisir ; je suis prête à m’évanouir.
(La Philosophie dans le boudoir, 1795)

Ou dans l’Histoire de Juliette :

« Tiens, me dit Delbène, puisque tu veux être dépucelée, je vais te satisfaire à l’instant. Ivre de luxure, la friponne s’arme aussitôt d’un godmiché, elle me branle pour endormir en moi la douleur qu’elle va, dit-elle, me causer, et me porte ensuite des coups si terribles, que mon pucelage disparut au second bond. On ne se peint point ce que je souffris ; mais aux douleurs cuisantes de cette terrible opération, succédèrent bientôt les plus doux plaisirs. » (Histoire de Juliette, 1797)

Mais comme souris qui n’a qu’un trou est bientôt prise, reste à aménager la sortie de secours. Ce qui est bientôt fait — il ne reste plus à l’héroïne qu’à commenter, ce qui là aussi suppose une observation clinique de l’acte et de ses conséquences :

« O mon amie !, dis-je à Delbène qui me questionnait, j’avoue, puisqu’il faut que je réponde avec vérité, que le membre qui s’est introduit dans mon derrière, m’a causé des sensations infiniment plus vives et plus délicates que celui qui a parcouru mon devant. Je suis jeune, innocente, timide, peu faite aux plaisirs dont je viens d’être comblée, il serait possible que je me trompasse sur l’espèce et la nature de ces plaisirs en eux-mêmes, mais vous me demandez ce que j’ai senti, je le dis. Viens me baiser mon ange, me dit madame Delbène, tu es une fille digne de nous ; eh sans doute, poursuivit-elle avec enthousiasme, sans doute, il n’est aucun plaisir qui puisse se comparer à ceux du cul : malheur aux filles assez simples, assez imbéciles pour n’oser pas ces lubriques écarts, elles ne seront jamais dignes de sacrifier à Vénus, et jamais la déesse de Paphos ne les comblera de ses faveurs. »

En art, bien sûr, on passe volontiers par la métaphore. Le grand spécialiste est Greuze, qui en trois toiles — la Cruche cassée, le miroir brisé et l’Oiseau mort — montre tout ce que l’on ne peut montrer. Diderot dans son Salon de 1765 a décrypté la scène de l’Oiseau mort avec beaucoup d’humour :

« Quand on aperçoit ce morceau, on dit : Délicieux ! Si l’on s’y arrête, ou qu’on y revienne, on s’écrie : Délicieux ! délicieux ! Bientôt on se surprend conversant avec cette enfant, et la consolant. Cela est si vrai, que voici ce que je me souviens de lui avoir dit à différentes reprises. « Mais, petite, votre douleur est bien profonde, bien réfléchie ! Que signifie cet air rêveur et mélancolique ? Quoi ! pour un oiseau ! vous ne pleurez pas. Vous êtes affligée, et la pensée accompagne votre affliction. Çà, petite, ouvrez-moi votre cœur : parlez-moi vrai ; est-ce bien la mort de cet oiseau qui vous retire si fortement et si tristement en vous-même ?… Vous baissez les yeux ; vous ne me répondez pas. Vos pleurs sont prêts à couler (…)
« Mais aussi voyez donc qu’elle est belle ! qu’elle est intéressante ! Je n’aime point à affliger ; malgré cela il ne me déplairait pas trop d’être la cause de sa peine. Le sujet de ce petit poème est si fin, que beaucoup de personnes ne l’ont pas entendu ; ils ont cru que cette jeune fille ne pleurait que son serin. Greuze a déjà peint une fois le même sujet ; il a placé devant une glace fêlée une grande fille en satin blanc, pénétrée d’une profonde mélancolie. Ne pensez-vous pas qu’il y aurait autant de bêtise à attribuer les pleurs de la jeune fille de ce Salon à la perte d’un oiseau, que la mélancolie de la jeune fille du Salon précédent à son miroir cassé ? Cet enfant pleure autre chose, vous dis-je. »

La Cruche cassée, elle, renvoie plus explicitement à la vieille métaphore « se faire casser le pot », qui selon le contexte signifie « se faire dépuceler » ou « se faire sodomiser » : c’est le sous-texte de « La Laitière et le pot au lait », la fable de La Fontaine dont Fragonard a tiré une toile égrillarde, où la belle, renversée comme la Jeanneton de la chanson, est entourée d’un nuage spermatique pendant que les hommes s’esclaffent.
Mais l’expression est entrée dans la littérature de haut vol à travers les réflexions, drolatiques à force de sérieux, que le narrateur enfile pendant trois pages (dans La Prisonnière) quand Albertine lui a donné une ouverture sur ce qu’elle est vraiment.
C’est en deux temps :

« Hélas ! Albertine était plusieurs personnes. La plus mystérieuse, la plus simple, la plus atroce se montra dans la réponse qu’elle me fit d’un air de dégoût, et dont à dire vrai je ne distinguai pas bien les mots (même les mots du commencement puisqu’elle ne termina pas). Je ne les rétablis qu’un peu plus tard quand j’eus deviné sa pensée. On entend rétrospectivement quand on a compris. « Grand merci ! dépenser un sou pour ces vieux-là, j’aime bien mieux que vous me laissiez une fois libre pour que j’aille me faire casser… » Aussitôt dit, sa figure s’empourpra, elle eut l’air navré, elle mit sa main devant sa bouche comme si elle avait pu faire rentrer les mots qu’elle venait de dire et que je n’avais pas du tout compris. »

Et de cogiter ferme, jusqu’à ce que l’illumination se fasse :

« Mais pendant qu’elle me parlait, se poursuivait en moi, dans le sommeil fort vivant et créateur de l’inconscient (sommeil où achèvent de se graver les choses qui nous effleurèrent seulement, où les mains endormies se saisissent de la clef qui ouvre, vainement cherchée jusque-là), la recherche de ce qu’elle avait voulu dire par la phrase interrompue dont j’aurais voulu savoir qu’elle eût été la fin. Et tout d’un coup deux mots atroces, auxquels je n’avais nullement songé, tombèrent sur moi : « le pot ». Je ne peux pas dire qu’ils vinrent d’un seul coup, comme quand, dans une longue soumission passive à un souvenir incomplet, tout en tâchant doucement, prudemment, de l’étendre, on reste plié, collé à lui. Non, contrairement à ma manière habituelle de me souvenir, il y eut, je crois, deux voies parallèles de recherche : l’une tenait compte non pas seulement de la phrase d’Albertine, mais de son regard excédé quand je lui avais proposé un don d’argent pour donner un beau dîner, un regard qui semblait dire : « Merci, dépenser de l’argent pour des choses qui m’embêtent, quand sans argent je pourrais en faire qui m’amusent ! » Et c’est peut-être le souvenir de ce regard qu’elle avait eu qui me fit changer de méthode pour trouver la fin de ce qu’elle avait voulu dire. Jusque-là je m’étais hypnotisé sur le dernier mot : « casser », elle avait voulu dire casser quoi ? Casser du bois ? Non. Du sucre ? Non. Casser, casser, casser. Et tout à coup, le retour au regard avec haussement d’épaules qu’elle avait eu au moment de ma proposition qu’elle donnât un dîner, me fit rétrograder aussi dans les mots de sa phrase. Et ainsi je vis qu’elle n’avait pas dit « casser », mais « me faire casser ». Horreur ! c’était cela qu’elle aurait préféré. Double horreur ! car même la dernière des grues, et qui consent à cela, ou le désire, n’emploie pas avec l’homme qui s’y prête cette affreuse expression. Elle se sentirait par trop avilie. Avec une femme seulement, si elle les aime, elle dit cela pour s’excuser de se donner tout à l’heure à un homme. »

Mais comme toujours chez Proust, l’idée que la femme aimée est au fond une fille publique contribue à l’exciter davantage — c’est tout le sujet d’Un amour de Swann. Pas besoin d’être grand clerc pour comprendre qu’Albertine ou Odette ne sont que des hypostases de Maman, celle à qui au tout début de la Recherche son époux interdit d’aller embrasser le narrateur. La mère passionnément aimée est aussi celle qui se soumet aux lubies érotiques du Client / Père.

Reste le regain de virginité, et, retour au mythe, c’est la Madonne qui est du coup sollicitée :

« I’d been had, I was sad and blue
But you made me feel
Yeah, you made me feel
Shiny and new
Like a virgin
Touched for the very first time
Like a virgin
(Madonna, “Like a virgin”, 1984)

Mais « like a virgin » n’est plus qu’une comparaison : l’objet lui-même s’est envolé par-dessus les moulins. Et dans la métaphore généralisée de la perte accomplie, hommes et femmes sont enfin à égalité.

Jean-Paul Brighelli

[Source : blog.causeur.fr/bonnetdane]

Retour sur la tragique histoire familiale de la Première ministre. Un passé dont elle parle peu mais qu’elle garde en mémoire et qui lui sert sans doute de guide.

Portrait des quatre enfants de Zelig Bornstein: Léon (l'aîné), Isaac, Joseph et Albert.

Les quatre enfants de Zelig Bornstein : Léon (l’aîné), Isaac, Joseph et Albert. Ils seront tous les quatre déportés. Joseph et Isaac survivront, pas les deux autres. Joseph est le père d’Elisabeth Borne qui a été nommée première ministre. Archives du Mémorial de la Shoah.

 

Écrit par Frédéric Haziza

Orpheline à 11 ans, pupille de la Nation, boursière, Elisabeth Borne se réfugie dans les sciences et les mathématiques à la mort de son père. Elle trouve dans les maths « quelque chose d’assez rassurant, d’assez rationnel ».

Une manière pour elle de se reconstruire, de se construire. Suivent neuf années de travail, d’efforts, d’abnégation, de volonté. En 1981, à 20 ans, elle est reçue à Polytechnique et parallèlement major à l’École normale supérieure. Elle choisit d’intégrer l’X. Sans doute en mémoire de son père résistant. Ce jour-là, sa mère accueille la réussite de sa fille en pleurant, en disant que son mari aurait été « si fier ».

« Quand on a un parcours de vie difficile, expliquera Elisabeth Borne le 19 mai aux Mureaux devant les membres d’associations et du conseil municipal des jeunes de la ville, ce qui est mon cas, et qu’il vous arrive des évènements pas très agréables dans votre vie personnelle, les sciences et les choses logiques ont un côté rassurant. Cela m’a attiré. En m’accrochant, j’ai intégré une école. Cela m’a été bien utile car j’étais payée par cette école, Polytechnique, et cela m’a permis de payer mes études ». Au centre de ce premier déplacement de Première ministre, le thème de l’égalité des chances choisi par Elisabeth Borne pour donner de l’espoir aux jeunes et singulièrement aux filles n’osant pas « aller au bout de leurs rêves ». Un déplacement qui la renvoie aussi quelque part à sa jeunesse fracassée.

En 1978, BAC scientifique en poche, bien qu’acceptée en Math sup à Louis Le Grand, le lycée des élites, la voie royale pour intégrer les grandes écoles scientifiques, la jeune Elisabeth choisit Jeanson de Sailly. À l’ambiance de la jungle sans solidarité entre les élèves du premier, elle préfère celle plus humaine du second. Un choix sans doute dû au double héritage familial paternel et maternel. Des deux côtés, on a en effet toujours cherché à « faire quelque chose d’utile pour les autres ». Joseph le père d’Elisabeth rejoint ainsi la résistance à 16 ans. Il écrira alors à son père Zelig, le grand-père d’Elisabeth : « Papa, si nous ne faisons pas ce qu’on nous demande de faire, qui le fera ? ». Résistant en tant que membre de l’Organisation juive de combat ou Armée juive (une organisation de résistance créée en 1942 à Toulouse par Abraham Polonski, qui permet le passage en Espagne de centaines de Juifs, qui en fournit d’autres en faux-papiers et qui participe aux combats de la Libération), il est chargé d’avril 1943 au 20 décembre 1943 de convoyer des jeunes de Grenoble vers le maquis de Biques.

Côté maternel aussi, il s’agit de faire quelque chose d’utile pour les autres. Son grand-père maternel Marcel Lescène fut le maire et le conseiller général de la commune de Livarot (Calvados). Et c’est d’ailleurs au centre de ce pays d’Auge, berceau donc de la famille de sa mère Marguerite, qu’Elisabeth Borne décide, en ce mois de juin 2022, de se porter candidate aux législatives.

La première ministre Elisabeth Borne.

La Première ministre Elisabeth Borne.

Pur produit de la méritocratie républicaine, à la sortie de l’X et de l’École nationale des Ponts et chaussées, elle se met au service de la France, de sa France. Une carrière de haute fonctionnaire dans des entreprises publiques, les cabinets ministériels et la préfectorale. Jusqu’à devenir ministre puis Première ministre. La seconde femme à Matignon de la 5èmeRépublique 30 ans après Edith Cresson.

Mais derrière cette enfant de la République, se cache aussi une enfant de la Shoah. Un passé, des racines, un destin familial dont elle parle peu mais qu’elle garde en mémoire, au plus profond d’elle. À Agnès Buzyn, fille comme elle d’un rescapé de la Shoah, elle dit un jour : « Tu sais mon nom c’est Bornstein ». Son père avait choisi celui de Borne, son nom de résistance à son retour d’Auschwitz. Tout simplement parce que comme beaucoup de déportés, il a peur que ça recommence. Il s’agit de préserver les siens et d’une famille qu’il entend créer. Ce jour de 2018 où Borne fait cette confidence à Buzyn, ni l’une, ni l’autre ne parlera de la Shoah. Elles savent désormais qu’elles ont les mêmes racines, le même destin familial mais, même entre elles, ces deux filles de déportés éprouvent une certaine gêne à évoquer un passé familial douloureux. « C’est une communauté qui est la mienne », confiera Elisabeth Borne le 23 juin 2021 à l’antenne de Radio J. Allusion aux origines juives de son père Joseph Bornstein (né le 02 mai 1925 à Anvers en Belgique) déporté avec son père Zelig (né à Lukow en Pologne) et ses deux frères Isaac et Albert par le convoi 66 parti de Drancy à destination d’Auschwitz le 20 janvier 1944 et arrêtés le 25 décembre 1943 suite à une dénonciation. Ils deviendront amis à Auschwitz avec Alfred Nakache, le « nageur d’Auschwitz ». Léon, le troisième frère ayant été déporté quelques mois plus tôt par le convoi 51 à destination de Sobibor où il sera pendu.

Isaac Borne, l’oncle de la nouvelle Première ministre a d’ailleurs raconté son histoire et celle de sa famille le 6 juin 2006 dans un long entretien réalisé par Catherine Bernstein pour la Fondation pour la Mémoire de la Shoah et l’Ina.

Il y revient sur le parcours de ses parents depuis la Pologne qui les conduira à Anvers où son père devient diamantaire (plus précisément cliveur de diamants). Chez les Bornstein, on parle le yiddish, le français, le flamand et aussi l’hébreu. Nous sommes au début des années 20. Zelig Borne, le grand-père de la Première ministre a alors le projet de partir en Israël, de faire son « alyah ». Avec à la clé un projet professionnel : l’installation d’une usine de diamants à Netanya. Un projet qui n’ira pas à son terme. En 1940, les Bornstein quittent la Belgique pour la France d’où ils seront déportés. Seuls Joseph et Isaac rentreront de déportation. Arrivé à la gare d’Orsay fin avril 1945, les deux frères Joseph et Isaac sont accueillis par deux jeunes filles impliquées dans l’accueil des déportés. Marguerite Lescène, l’une de ces deux jeunes filles, deviendra la femme de Joseph Borne en 1958.

Plus les années passent, plus le père d’Elisabeth Borne est rattrapé par les fantômes d’Auschwitz, ceux de son père Zelig, de ses frères Albert et Léon exterminés par les nazis, rattrapé aussi par le traumatisme de la « Marche de la mort », de « Nuit et Brouillard » (en allemand « Nacht und Nebel »).

Zelig Bornstein, né Lukow en Pologne, pose avec trois de ses fils : Joseph, Isaac et Léon. Joseph (le premier à gauche sur la photo) est le père d’Elisabeth Borne.

Cette photo date de 1939. Zelig Bornstein, né Lukow en Pologne, pose avec trois de ses fils : Joseph, Isaac et Léon. Joseph (le premier à gauche sur la photo) est le père d’Elisabeth Borne.

Joseph se couche à l’aube et vit à un rythme décalé. Il est hanté par la Shoah. Il essaye de résoudre ses problèmes par la psychanalyse. En 1969, le psychanalyste le lâche, en lui demandant d’aller voir l’un de ses collègues. Trois ans plus tard, Joseph Borne se suicide. Un destin à la Primo Levi. Comme l’auteur de « Si c’est un homme », il avait tenté de renouer avec la vie après son retour de déportation. Mais en vain. Un parcours, un destin, une mémoire qu’Elisabeth garde en elle et lui sert peut-être de guide. Auprès de Libération, n’avait-elle pas expliqué avoir ressenti une certaine émotion quand, préfète, elle avait remis pour la première fois à un citoyen son décret de naturalisation. « Que moi, la fille de ce réfugié apatride, qui n’a été français qu’en 1950, j’accomplisse ce geste, cela disait quelque chose sur l’intégration ».


Frédéric Haziza, chef du service politique de Radio J, animateur du « Forum Radio J » et des « Enfants de la République »

 

 

[Source : http://www.laregledujeu.org]

Representantes das principais entidades que traballan a prol das linguas minorizadas galega (A MESA), vasca (Euskalgintzaren Kontseilua), catalá (Plataforma per la Llengua, Ómnium, ACPV, Escola Valenciana e FOLC) e asturiana (Iniciativa Pol Asturianu) concentráronse esta mañá diante do Congreso dos Diputados antes do inicio do debate da Lei xeral audiovisual, porque “a norma que se pretende aprobar non vai dar máis que pequenos pasos que non garanten a igualdade lingüística”.

Unha vez comezada a concentración, tomaron a palabra representantes de diferentes entidades: Marcos Maceira (A MESA), Paul Bilbao (Kontseilua), Francesc Marco (Plataforma), Elena Jiménez (Òmnium), Daniel Condeminas (FOLC) e Iván Llera (Iniciativa Pol Asturianu).

En primeiro lugar denunciaron que se trata dunha lei que non responde á realidade lingüística existente no Estado: «Debemos ter en conta que esta lei é unha transposición da directiva da Unión Europea precisamente para dar cabida á produción europea. Deste xeito, fuxiuse da realidade lingüística europea, dando unha presenza indigna ás linguas propias do Estado. Coidamos sinceramente que se perdeu unha oportunidade para a igualdade e que a lei invisibilizará as nosas linguas nas pantallas. É máis, perpetuarase a vulneración de dereitos” afirmaron.

Así, os representantes das entidades fixeron referencia ao proceso de elaboración da lei: «Os axentes sociais a favor das linguas mantivemos unha actitude proactiva, facendo achegas concretas nos anteproxectos, trasladando aos partidos as nosas propostas, activando á cidadanía para demostrar a existencia unha demanda social. Malia isto, fixéronse ouvidos xordos ás nosas peticións, polo que se pode dicir que a demanda cidadá no foi tida en conta en absoluto na lei».

Ademais, lembraron varios elementos recollidos na declaración consensuada xunto con outros axentes (CIEMEN, TIRANT e OCB do catalán, e NOGARÁ do aragonés): “Se ben a presión política e social exercida polas entidades foi determinante para incluír mínimos para todas as linguas tanto nas cotas de catálogo das plataformas e retransmisións de TVE, como no financiamento antecipado, as mudanzas introducidas son claramente insuficientes e testemuñais ao representaren entre o 0,35% e o 2,55% do conxunto”. Quer dicir, “as cotas que se estabelecerán co suposto obxectivo de garantir a pluralidade lingüística son testemuñais”.

E é que, tal e como afirmaron as entidades, a lexislación xeral audiovisual só estabeleceu porcentaxes obrigatorias de contidos mínimos e financiamento para o español, sen ningunha indicación nen recoñecemento para outras linguas existentes no Estado español fóra da retórica baleira. Isto impede que as crianzas, mocidade y o público en xeral poidan gozar na súa lingua da ampla oferta dispoñíbel de programas de televisión, series e filmes. “ Por desgraza, a nova lei non supón mudanzas significativas neste senso”, afirmaron.

Para finalizar, os axentes a favor das linguas minorizadas quixeron reiterar o seu compromiso de seguir traballando: «É certo que nesta ocasión non se cumpriron os obxectivos previstos e que aprobarán unha lei que invisibiliza a presenza das nosas linguas. Porén, continuaremos a traballar para crear as condicións adecuadas para vivirmos nas nosas linguas e gañaren  espazos, entre eles as pantallas”, subliñaron.

 

 

[Fonte: http://www.amesa.gal]

Chaque mois, retrouvez la chronique d’une des personnalités qui nous font le plaisir de prendre la plume en alternance. Le youtubeur Ralph Müller, doctorant en lettres à l’Université de Genève, livre son analyse cinglante d’un phénomène typique de l’époque.

ralph müller le regard libre

Par RALPH MÜLLER]

À l’heure du like, les différences se sont trouvé un photographe: l’inclusivisme. Il a pris d’assaut la langue, qu’il trahit pour la bonne cause, mais il reluque bien au-delà et défend jusqu’à l’exclusion – pour la bonne cause toujours. Ce qu’il faut inclure, ce sont les attributs de tout un chacun, leurs infinies nuances hissées au rang d’état. L’autonomie, conquête des Lumières, se dégrade en égotisme. C’est le Je qui est Souverain, et il ne s’aliène à rien qui ne le regarde de près. Être de raison? Non, d’abord un genre, une orientation sexuelle et une couleur de peau.

Pour inclure tout le monde, n’inclure personne

De l’esprit au corps et de l’accord au compromis. Dans une pure logique libérale, le politique doit réguler les intérêts individuels, favoriser l’épanouissement des particularités au prix même d’un cloisonnement de la vie collective. Ainsi, des identités au foisonnement exponentiel se découpent l’espace public. Le lundi, la soirée jeux de la ludothèque sera réservée aux hommes cisgenres, afin qu’elle puisse l’être aux personnes non-binaires le lendemain. S’il n’y a pas assez de jours dans la semaine pour l’agrément de chaque profil, nous devrons songer à en grossir le nombre.

Bref, ce projet est une impasse, et ce d’autant plus que la demande de reconnaissance entre en tension avec l’exigence d’égalité: la revendication d’une identité suppose qu’on lui prête une valeur, or les valeurs impliquent une hiérarchie. Le meilleur moyen d’inclure tout le monde, c’est de n’inclure personne en particulier. Là est tout l’intérêt de l’abstraction par laquelle on se distancie de soi pour s’envisager dans un mode d’être commun; et c’est pourquoi Habermas soutient que le vrai sujet politique n’est pas l’individu, toujours susceptible d’erreurs et de partis pris, mais l’individu en tant qu’il se reconnaît dans un Nous, façonné par l’échange où les croyances se subliment.

Un terreau de division

Il faut en outre soulever l’attache qui joint identité et rejet. La première se construit souvent par le second, et le sentiment identitaire du groupe est d’autant plus fort que celui-ci se constitue par opposition. Son prestige symbolique est fonction de la différence qu’il reconnaît entre lui et les autres, raison pour laquelle il a tout intérêt à la maintenir.

La chronique de Ralph Müller en vidéo

De ce fait, cautionner les dynamiques identitaires, c’est créer un terreau fertile à la division au sens le plus large et négatif du terme. Et faut-il rappeler aux organisateurs d’événements en «mixité choisie» que c’est justement dans le contact avec l’autre que s’émoussent les préjugés, lesquels macèrent dans l’entre-soi? Mais peut-être est-ce ce qu’on cherche, purifier son nid de l’encombrante altérité. Révélation de nos limites, la rencontre avec l’autre est pénible au narcissisme…

L’inclusivisme, c’est l’exclusion du commun, l’avènement de la foule et la négation du peuple. Il dessine un espace démocratique brisé, où l’on ne mêle pas les divergences dans l’espoir d’un consensus, mais où l’on cherche ses semblables pour se flatter de ses «différences». On est loin d’Hugo:

«J’allais errer tout seul parmi les riants groupes
Ne parlant à personne et pourtant calme et doux
Trouvant ainsi moyen d’être un et d’être tous»

[Portrait dessiné : Nathanaël Schmid – source : http://www.leregardlibre.com]

 

Milers de manifestants reclamen un reconeixement oficial i mesures immediates

Milers de persones —17.000, segons l’organització— han reclamat aquest dissabte 21 de maig a Belfast l’aprovació de mesures legislatives en favor dels drets dels parlants d’irlandès a Irlanda del Nord. És una de les manifestacions més grans de la història en favor d’aquest idioma, que a diferència del que passa amb al gal·lès o el gaèlic escocès, no disposa d’una llei pròpia per a promoure’l.

La manifestació estava convocada per la xarxa associativa An Dream Dearg (“El Grup Roig”, pel color que usa en els seus actes), amb el suport i participació de nombroses organitzacions a favor de la llengua, com ara la plataforma Conradh na Gaeilge.

Els manifestants han retret a les autoritats la seva inacció per a proveir una legislació que atorgui drets lingüístics als parlants d’irlandès en l’administració, l’escola o els tribunals, entre altres àmbits. Segons l’organització, la manca d’una legislació específica converteix els parlants d’irlandès en “ciutadans de segona”.

La reivindicació històrica del moviment a favor de la llengua ha estat la de l’aprovació, per part de l’Assemblea d’Irlanda del Nord, d’una Llei de l’irlandès, que reconegui a aquest idioma un estatus d’igualtat respecte de l’anglès. Els partits unionistes britànics, però sempre ho han blocat.

La via oberta a curt termini perquè hi hagi avenços passa per Londres. L’aprovació de mesures pels drets lingüístics dels parlants d’irlandès està prevista en l’acord New Decade, New Approach (NDNA, “Nova Dècada, Nou Enfocament”) de 2020 entre els governs britànic i irlandès, que va possibilitar la recuperació del govern nord-irlandès després de tres anys de suspensió.

Atès que els partits unionistes impedeixen l’aprovació de les mesures a Belfast, el govern britànic s’ha compromès a fer-ho a Westminster. Això es concretarà en la Llei sobre identitat i llengua a Irlanda del Nord, anunciada pel govern britànic com a part de l’NDNA. Aquesta nova llei inclourà un “paquet curosament equilibrat de mesures sobre la identitat i la llengua” entre les quals la “creació d’una nova Oficina d’Expressió Identitària i Cultural que donarà guiatge a les autoritats públiques en una sèrie de principis d’identitat nacional i cultural”.

S’espera que la llei sigui portada a la cambra legislativa britànica les properes setmanes, o fins i tot aquesta mateixa, d’acord amb la informació que publica avui The Irish News.

Crítiques del Comitè d’Experts de la Carta Europea
La inacció del Regne Unit ha rebut crítiques del Comitè d’Experts de la Carta Europea de les Llengües Regionals o Minoritàries (CELRoM). En la seva darrera comunicació (2021), el Comitè va retreure que encara no s’hagi aprovat cap llei específica ni cap estratègia integral per a la promoció de l’irlandès a Irlanda del Nord. El grup d’experts va recomanar a les autoritats britàniques que aprovin aquesta estratègia i una llei àmplia —no sembla que la que està a punt de presentar-se ho sigui— i també va criticar que els compromisos de l’NDNA no s’hagin complert.

I en la línia del que argumenten les entitats a favor de la llengua, el Comitè de la CELRoM indica que l’aprovació d’aquestes mesures parcials de l’NDNA no substitueixen la necessitat d’acabar aprovant una Llei de l’irlandès.

A banda, el Comitè també recomana a les autoritats que proporcionin immediatament formació bàsica i avançada per a un “nombre suficient de professors que ensenyin en irlandès”, cosa per a la qual hi ha una “necessitat urgent”.

La CELRoM és un tractat internacional sota els auspicis del Consell d’Europa en què diversos estats es comprometen a protegir i fomentar llengües minoritzades dels seus territoris. El Regne Unit va ratificar la Carta el 2001 i hi reconeix set llengües: l’irlandès, el gaèlic escocès, el gal·lès, el còrnic, l’scots, l’scots de l’Ulster i el manx.

Vora 100.000 parlants a Irlanda del Nord
La substitució lingüística de l’irlandès a l’illa d’Irlanda va començar al segle XVII i es va intensificar als segles XIX i XX. En el moment de la partició (1921), encara quedaven comunitats irlandòfones a Irlanda del Nord. Però a diferència del que es va fer al sud de la frontera, on els esforços de preservació es van concentrar en les zones rurals conegudes com a Gaeltacht, a Irlanda del Nord el moviment per la llengua va posar l’accent a estendre el coneixement de l’irlandès a tot el territori, i especialment a les ciutats. Aquest esforç va tenir més èxit en els ambients polititzats del republicanisme irlandès.

Actualment, el 6% de la població nord-irlandesa, unes 100.000 persones, declara que sap parlar irlandès, segons dades del cens de 2011. Tot i això, sols el 0,2% afirma que és la seva “llengua principal”, cosa que mostra clarament el seu ús extremadament limitat com a idioma comunitari.

 

[Foto: An Dream Dearg – font: http://www.nationalia.cat]

Aquela Constitucion se votarà en setembre e se fa remarcar pel respècte de la proteccion sociala, del genre, dels dreches LGBT, de l’environament, de las lengas e dels pòbles

Imatge

María Elisa Quinteros, presidenta de la Convencion Constitucionala

La setmana passada, se presentèt lo projècte de la nòva Constitucion de Chile, que deurà remplaçar l’actuala, impausada per Pinochet a la fin de sa dictatura. S’agís d’un projècte de Constitucion fòrça progressista que reconeis los dreches dels pòbles e de las nacions indigènas, la proteccion de l’environament, l’egalitat de genre, los dreches del collectiu LGBT, la transparéncia de l’administracion e son obligacion de rendre de comptes, la lucha contra la corrupcion, la proteccion de las personas que fan lors denóncias. Lo 4 de setembre que ven, los ciutadans la votaràn en referendum.

Segon María Elisa Quinteros, presidenta de la Convencion Constitucionala, lo procès es estat malaisit e, de còps, incomprés per cèrts sectors de la societat. Pasmens, ela ditz qu’es plan contenta del projècte pr’amor que “presenta un Chile que permet la participacion democratica activa, un Chile preparat pels enjòcs numerics e ecologics d’aquesta epòca”.

De soslinhar qu’aquel projècte de Constitucion proclama que Chile es un estat social e democratic de drech plurinacional, intercultural e ecologic amb una atencion especiala a las minoritats e als sectors tradicionalament invisibilizats. Es remarcable que l’enumeracion de las cargas se faga totjorn dins los dos genres en plaçant lo femenin primièr.

Reconeis coma pòbles e nacions indigènas la mapoche, l’aimara, la rapanui, la likanantaí, la quíchoa, la còla, la diaguita, la chango, la kaweska, la iamana, la selknam, “e d’autras que pòscan èsser reconegudas dins lo quadre que l’establís la lei”. Aquelas nacions an la reconeissença, dins l’article 5, del drech d’autonomia, d’autogovèrn, d’identitat e vision del Mond, del patrimòni e de la lenga, coma lor son reconeguts lors territòris, la proteccion de lors territòris terrèstres e maritims, lo drech de cooperacion e d’integracion, lors institucions pròprias o tradicionalas, lo drech de participar plenament a la vida politica, economica, sociala e culturala de l’estat chilen.

S’aquela Constitucion es aprovada, se restituirà las tèrras indigènas expropriadas e se reservarà de pòstes politics als representants d’aquelas nacions. “L’estat plurinacional a lo dever de respectar, garentir e promòure amb la participacion dels pòbles e nacions indigènas l’exercici de la liura determinacion e dels dreches collectius e individuals”. Per o complir, lo Senat es remplaçat per una cambra de las regions amb de representants de cada territòri e de cada nacion indigèna.

Lo projècte de Constitucion tanben prevei d’encoratjar la participacion de las femnas en politica, d’eradicar la violéncia de genre, de respectar los dreches LGBT de protegir la natura tant al nivèl terrèstre coma maritim.

Redigida per 155 ciutadans, dont 17 indigènas

En decembre de 2020, lo parlament de Chile aprovèt que 17 dels 155 membres de la convencion ciutadana qu’a redigit la nòva Constitucion del país foguèsson d’indigènas. S’agís de sèt mapoches, dos aimaras e, en rason d’un representant per pòbles, un rapanui, un quíchoa, un atacama, un diaguita, un còla, un kaweska, un iagan e un chango. Segon lo recensament de 2017, lo 12% de la populacion chilena es indigèna, dont l’80% son de mapoches.

En octòbre de 2020, los chilens avián votat a una larga majoritat de remplaçar la Constitucion actuala, redigida pendent la dictatura d’Augusto Pinochet. A mai, gaireben lo 80% dels votaires decidiguèron tanben que la nòva Constitucion foguèsse redigida solament per de ciutadans sens que i aguèsse de representants parlamentaris.

 

[Sorsa: http://www.jornalet.com]