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Escrito por EVARISTO AGUADO

Como colofón al año en el que se conmemora el V centenario de la muerte de Antonio de Nebrija, la Biblioteca Nacional de España, la Fundación Antonio de Nebrija, con el patrocinio de la Universidad Nebrija y Acción Cultural Española, han organizado la exposición Nebrija (1444-1522), el orgullo de ser gramático. Es una muestra que descubre el perfil intelectual del primer humanista español, sin dejar de lado al hombre, al carismático investigador y profesor que se deja ver tras su ingente obra. La exposición, comisariada por la catedrática de Filología Latina de la Universidad de Alcalá Teresa Jiménez Calvente, permanecerá abierta desde el 25 de noviembre de 2022 hasta el 26 de febrero de 2023.

Nebrija (c. 1444-1522), el orgullo de ser gramático. «Grammaticus nomen est professionis» permite al público contemplar más de un centenar de obras procedentes de las colecciones de la Biblioteca Nacional, que se muestran junto a otras prestadas por una decena de instituciones españolas especialmente para esta conmemoración. El catálogo estará disponible en formato digital y podrá descargarse gratuitamente desde la página web de Acción Cultural Española.

Entre las muchas y muy valiosas piezas que se exhiben en esta muestra destacan especialmente algunas como el bello Breviario de Isabel la Católica, ricamente decorado; el magnífico desplegable sobre Jerusalén incluido en el incunable Viaje a Tierra Santa de Bernhard von Breydenbach; los manuscritos caligrafiados por el propio Nebrija en sus tiempos de estudiante; la primera edición de las famosas Introductiones Latinae y su copia manuscrita para el maestre de Alcántara con bellas miniaturas; o la mismísima Gramática sobre la lengua castellana de 1492.

Obras pictóricas de gran valor contribuyen también a que el espectador pueda trasladarse a los siglos XV y XVI. Instituciones como la Fundación Lázaro Galdiano, la Real Academia Española, la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Salamanca, la Biblioteca Capitular de Toledo, el Archivo Histórico Nacional, la AECID, el Museo de Ciencias Naturales, el Museo de América y el Museo de El Prado han contribuido con sus préstamos a la mayor exposición sobre Nebrija que se haya celebrado hasta el momento.

Estas obras invitan a recorrer la España de la época y los centros del saber en los que vivió y trabajó el gramático. Desde Lebrija, su lugar de nacimiento; pasando por Salamanca, donde cursó su Bachillerato en Artes y en cuya universidad desarrolló, con el tiempo, la mayor parte de su carrera docente; Bolonia, ciudad que propició su encuentro con Italia y su humanismo; Coca (Segovia) o Villanueva de la Serena y Brozas en Extremadura, enclaves en los que realizó su labor bajo el amparo de generosos mecenas; para terminar en Alcalá de Henares, su último destino, en el que contó siempre con el apoyo del cardenal Cisneros y su universidad.

Nebrija (c. 1444-1522), el orgullo de ser gramático se divide en cuatro áreas:

  1. Humanismo y Renacimiento, la gran revolución cultural
  2. España en los tiempos de Nebrija. Historia y cultura de una época
  3. La cuenta de mi vida
  4. El legado de Nebrija: las Introducciones Latinae, los diccionarios y obras póstumas.

Las cuatro giran en torno a la figura del gramático y permiten, no solo conocer a fondo la obra del creador de la primera gramática española, sino también descubrir a un investigador cuya sombra se proyectó sobre Europa, América y Asia y cuya biografía se entrecruza con la de grandes personajes del momento, que lo son también de la historia de España y Occidente.

Un hombre que quiso transformar el mundo

La exposición de la Biblioteca Nacional presenta a un erudito moderno que, confiado en su saber y en el alcance de su cultura, desafió a sus compañeros universitarios y sacó a la luz sus carencias. “La teología, el derecho, la botánica, la medicina o la cosmografía fueron objeto de sus pesquisas. Compuso versos latinos, actuó como editor de textos para la imprenta e incluso disfrutó del cargo de cronista regio. Consciente de su valía, habló de tú a tú a los grandes personajes que lo rodearon, desde los Reyes Católicos al gran Cisneros. Por supuesto, también tuvo enemigos poderosos, como el inquisidor Deza”, subraya Jiménez Calvente.

Nebrija imaginó su paso por la vida como un caminante que, al llegar a una encrucijada, ha de elegir entre dos posibles sendas. “Él se decantó por la senda no muy transitada del estudio y la erudición, no la de las riquezas o los honores. Su pretensión fue lograr la fama que otorgan las letras y trabajar en favor de quienes le rodeaban. Su meta no era menor, pues aspiraba a devolver el conocimiento de las letras latinas a España: el mismo ideal que los humanistas italianos habían abrazado tiempo atrás respecto de su propia patria. En los textos clásicos (latinos y griegos) se escondían enseñanzas útiles para el tiempo presente y solo había que desenterrarlas. Para alcanzar ese objetivo, ideó un método gramatical novedoso, que recogía el espíritu de las nuevas gramáticas escritas en Italia. Creó otras herramientas indispensables: un par de diccionarios bilingües, breves y concisos, para que los jóvenes estudiantes tuvieran a mano el léxico necesario para la vida común y la lectura de los textos antiguos”, explica Jiménez Calvente.

Viajó como también lo hicieron sus libros. Llegó a la conclusión de que, desde las aulas y a través de sus obras confiadas a la imprenta, podría transformar el mundo que le había tocado vivir. “Fue un humanista comprometido con una profesión aparentemente modesta y en realidad importantísima: la del gramático que conoce las reglas por las que se rigen la lengua y las palabras, sin las cuales es imposible construir las nuevas realidades”, matiza la comisaria.

“La figura de Antonio de Nebrija”, recuerda Ana Santos Aramburo, directora de la BNE, “representa la esencia del humanismo, la trascendencia de la palabra y el valor de la educación para avanzar hacia sociedades mejores. Su vida estuvo marcada por el convencimiento de que el saber clásico debía ser conocido y comprendido, y para ello renovó las bases del conocimiento y del aprendizaje del momento. Fue un visionario y un adelantado a su tiempo que creía, desde la formación de un gramático humanista, en el valor del lenguaje, y en la necesidad de usarlo adecuadamente. Creo que recordar hoy su vida y su legado no puede ser más oportuno”.

Isabel Izquierdo, la directora de programación de AC/E, comentó: “En tiempos de incertidumbre como los actuales y en el contexto de una sociedad digital en proceso de recuperación, conviene fijar la mirada en trayectorias tan sólidas y brillantes como la de Antonio de Nebrija, que tanto aportó a la cultura universal desde su monumental obra. Siempre con la mirada puesta en el futuro, Nebrija contribuyó a cambiar la forma de aprender, aportando extraordinariamente a la educación en España. Como sociedad estatal que apoya relevantes conmemoraciones de nuestra historia cultural, desde Acción Cultural Española (AC/E) nos sumamos a este merecidísimo homenaje a Antonio de Nebrija, cuyo legado pervive hasta nuestros días.”

El rector de la Universidad Nebrija y presidente de la Comisión Interadministrativa del V Centenario de Antonio de Nebrija, José Muñiz, invitó a todos los universitarios y curiosos a sumergirse en este “recorrido por la vida y la obra de una de las personalidades más fascinantes de nuestra historia, un universitario auténtico que no solo sentó las bases que harían de nuestra lengua un vehículo próspero y universal de conocimiento, sino que se ocupó de múltiples saberes con un espíritu crítico y una pasión por la ciencia que tienen mucho que enseñarnos hoy”.

Experiencia virtual

La exposición culmina con Nebrija: Estela de las letras una experiencia virtual que permitirá a los visitantes vivir en primera persona y de manera inmersiva dos momentos históricos. Por una parte, se recrea el encuentro de la reina Isabel I con el propio Nebrija, que explica a la soberana la razón de ser de su innovadora Gramática sobre la lengua castellana. También podremos asomarnos al crucial encuentro de los Reyes Católicos con Colón, que marcaría de forma determinante el futuro de su reino. Con esta apuesta por el universo virtual y las nuevas tecnologías, la Universidad Nebrija pretende acercar la figura del humanista a una audiencia más joven, además de presentar los primeros pasos de su proyecto para el Metaverso.

Pasar a la posteridad como gramático

A través de su legado, sabemos que quiso pasar a la posteridad con el sobrenombre de gramático. Así se lo hace saber a la reina Isabel la Católica en la carta en que le dedica la tercera edición de sus Introductiones Latinae (Salamanca, 1495): “Vt Aelius sit praenomen; Antonius nomen, Nebrissesis cognomen, grammaticus uero agnomen ex professione sumptum”. Precisamente, fueron estas Introductiones, novedoso manual para la enseñanza del latín, las que le hicieron famoso dentro y fuera de España.

Su muerte no menguó su fama ni evitó el enriquecimiento de su legado. De ello se encargaron, en parte, sus hijos Sancho y Sebastián, que abrieron una imprenta en Granada, trasladada un tiempo a Antequera (1534-1597). A ellos se sumaron otros impresores fuera de España, pues las gramáticas y léxicos de Nebrija se imprimieron en Francia, Italia, Alemania y Países Bajos. Aquel manual de latín que había escrito pensando en sus alumnos en Salamanca se convirtió en el único autorizado para enseñar esa disciplina desde que así lo decidió el rey Felipe III (1598). En la larga travesía que llega hasta el siglo XIX, el manual de gramática latina de Nebrija fue respetado, glosado, reformado e incluso acortado, según el lugar y las circunstancias.

Esa pervivencia se siente, por ejemplo, en las primeras gramáticas de las lenguas de América compuestas por los predicadores españoles. Estos, que habían aprendido latín gracias al Antonio, aplicaron el modelo, con sus consideraciones teóricas y sus traducciones bilingües, en su descripción de esas lenguas que, como dijo uno de ellos, eran tan “extrañas, nuevas, incógnitas y peregrinas”.

Orgulloso, inteligente, audaz, a Nebrija nunca le faltaron las ganas de aprender ni la fuerza para el estudio. Tampoco le faltaron detractores, pues jamás se mordió la lengua. Cuando le presentó a la reina Isabel un adelanto de la que luego sería su Gramática de la lengua castellana (Salamanca, 1492), la soberana se sorprendió y no entendió la utilidad de un tratado que enseña las reglas de una lengua que se aprende de manera natural. Pero el docto profesor supo defender la novedad y oportunidad de su ocurrencia, pues las lenguas, incluso las naturales, necesitan gramáticas descriptivas y normativas para que no anden desbocadas. A esta ventaja se añade que la comprensión de los principios gramaticales del castellano puede ayudar a entender los de otras lenguas, el latín (al que dirigía sus esfuerzos) entre ellas. Las paradojas del destino han hecho que esa gramática del castellano sea hoy su obra más conocida. Nebrija, no obstante, merece ser recordado por otras muchas razones.

Nebrija se revela como un humanista en toda regla. Hablar de Nebrija es hablar de un humanismo español pleno gracias a él, también es hablar de la historia y de las figuras que le dan sentido.

El catálogo

El catálogo editado junto a la exposición ofrece un acercamiento a la figura de Nebrija y un recorrido por su extensa y dilatada obra. El volumen se articula en tres grandes secciones: 1. Marco cultural y político, 2. Vida y obra y, por último, 3. El legado.

La publicación comienza con la brillante introducción de la directora de la edición, Teresa Jiménez Calvente, y se desarrolla a través de doce artículos de los siguientes autores: Antonio Alvar Ezquerra, Guillermo Alvar Nuño, Carmen Codoñer Merino, María Lourdes García-Macho, Ángel Gómez Moreno, Fernando Gómez Redondo, Miguel Ángel Ladero Quesada, Carmen Lozano Guillén, Julián Martín Abad, Pedro Martín Baños, Dionisio Á. Martín Nieto, Francisco Javier Pérez. Se complementa con una cuidada cronología nebrisense, con la lista de obra y documentos expuestos en la exposición y con más de 80 ilustraciones, seleccionadas por Teresa Jiménez Calvente y Pedro Martín Baños (coordinador científico de la edición), con obras que forman parte de la exposición y piezas complementarias de instituciones nacionales e internacionales de Reino Unido, Alemania e Italia.

 

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

La publication par les éditions Claire Paulhan de la correspondance entre Guillaume Apollinaire et André Salmon constitue à nos yeux une somme et un sommet d’érudition littéraire. Engageons plus nettement notre jugement : il s’agit d’un véritable chef-d’œuvre. Nos éloges s’adressent à la fois à la chercheuse ayant composé cette étude savamment annotée, Jacqueline Gojard, et à l’éditrice elle-même.

Guillaume Apollinaire en 1905. Photographie de E.-M. Poullain. © O. Messac


Guillaume Apollinaire et André Salmon, Correspondance 1903-1918 & Florilège 1918-1959. Édition préfacée et annotée par Jacqueline Gojard. Claire Paulhan, 488 p., 39 €


Écrit par Jacques Darras

Qu’est-ce qui justifie un tel enthousiasme ? Ici, un faisceau de réponses. Ce livre offre pas moins d’une centaine d’illustrations comprenant portraits, photos et tableaux des deux poètes, dont n’avaient été vus que quelques exemplaires dans telle ou telle étude. La chronologie de la correspondance s’accompagne ainsi d’une émouvante chronologie du vieillissement des deux amis, depuis leur rencontre au café parisien du Soleil d’or, boulevard Saint-Michel, en 1903, jusqu’à la disparition d’Apollinaire en 1918 et celle d’André Salmon cinquante ans plus tard.

Outre l’excellente qualité des portraits photographiques, dont celui d’Apollinaire dû à son ami étudiant en droit Edmond-Marie Poullain, qui ouvre le livre et nous montre un jeune homme de 23 ans, pourvu d’un faux col, d’une petite moustache et de deux billes noires à la place des yeux, figurent des couvertures de programmes, des lettres manuscrites, des cartes postales vite griffonnées mais surtout des tableaux de Marie Laurencin, de Kisling, de Pascin, de Derain, ainsi que des dessins à la plume de Salmon lui-même ou de Picasso. Feuilletant les pages, on croirait traverser un musée.

À cette nuance que le musée vit et vibre des mots jetés à la hâte par les deux poètes, s’invitant à telle ou telle exposition, tel café, telle rencontre, ou s’en décommandant, en pleine confiance que la poste transportera leurs missives ou leurs billets à destination et à temps. Il y a de la nervosité, de l’instantanéité dans la correspondance au regard de quoi les portraits et les tableaux ralentissent à souhait la lecture.

Il s’agit donc d’un livre polychronique – faute d’un autre mot – enregistrant les vitesses multiples de la vie moderne. Comme tel, il explique merveilleusement les poèmes essentiels de l’un et l’autre poète. Par exemple, on se promènera désormais dans « Zone » d’Apollinaire avec infiniment plus de facilité que selon une lecture sèche du poème. Le Paris que traverse le piéton regagnant Auteuil depuis la tour Eiffel et le pont Mirabeau s’enrichit ici de détours dans les brasseries et les cafés comme de retours vers le passé, apportant aux mots une charge de complexité que semblait effacer leur syntaxe allègre, dénuée de ponctuation.

Guillaume Apollinaire et André Salmon : une érudition du réel

Portrait d’André Salmon par Léopold Gottlieb (vers 1908) © Coll. particulière, Paris

Outre les illustrations, la hiérarchie typographique de la page posant à son fronton l’échange entre les poètes et, selon le plus ou moins d’espace qu’il occupe, l’étayant d’un soubassement touffu de notes en caractères plus petits, permet une circulation de l’œil verticalement aussi bien que latéralement. Ce sont toutes ces notes d’une précision inouïe, dont on sent bien que chacune aura demandé des heures de recherche en bibliothèque ou en archives, qui font le prix de cette étude. À les lire seules, on pourrait presque reconstituer, à l’aveugle pour ainsi dire, le récit qu’elles ont pour tâche d’éclairer.

Ce livre nous semble l’exemple parfait de ce que nous appellerons crânement une « érudition du réel ». Non seulement le livre ainsi conçu apporte en effet la chair de l’espace et du temps au poème qu’il a pour objet de commenter, mais l’infaillibilité de son exactitude le rapproche de l’acte poétique même. Rien de superflu ni de vague ici, bien au contraire, mais la reconstitution archéologique du vivant d’où s’est arrachée et emportée la parole des deux poètes. Le célèbre recueil d’Apollinaire Alcools (1913) comme la prose poétique moins connue de Salmon Le manuscrit trouvé dans un chapeau (1904-1919) retrouvent dans ce soubassement, cette terre de notes fertilisée par le poème, leur site d’origine.

Guillaume Apollinaire et André Salmon : une érudition du réel

Lettre de Guillaume Apollinaire à André Salmon (1908) © Éditions Claire Paulhan

Là est la clé du chef-d’œuvre que nous avons annoncé d’entrée. Par-delà les vitesses de temps multiples mises en jeu par le travail de recherche et grâce aussi à l’exigence inouïe de la chercheuse, reprennent corps, se redressent sous nos yeux, les figures des deux poètes qui, se rencontrant à l’âge de vingt ans à Paris, chacun dans une précarité d’existence presque totale, se sont liés d’amitié et se sont ligués pour donner des formes neuves à leur compréhension du monde. Il est ainsi passionnant de voir, ce dont on se doutait déjà, l’extraordinaire facilité d’attaque d’Apollinaire, si proche d’une innocence, dans la célébration de la vie. Son poème épithalame lu au mariage de son ami André, en 1909, qui occupe les pages 140 à 142, dépasse pour ainsi dire la compréhension qu’il a de lui-même. Comme tel, il annonce déjà le surréalisme.

En voyant des drapeaux, ce matin, je ne me suis pas dit :

Voilà les riches vêtements des pauvres ;

Ni : la pudeur démocratique veut me voiler sa douleur ;

Ni : la liberté en honneur fait qu’on imite maintenant

Les feuilles, ô liberté végétale, ô seule liberté terrestre !

Tout n’est pas parfaitement clair ici, assurément. On dirait que le poète court derrière la liberté de ses propres phrases, dont il ne maîtrise pas parfaitement le destin. Les drapeaux du 13 juillet 1909 dont on pavoise les rues républicaines sont en effet les mêmes que ceux qui mobiliseront cinq ans plus tard les jeunes recrues de la guerre, dont Apollinaire lui-même – de son côté Salmon, quoique réformé, s’engagera au 26e bataillon de chasseurs à pied avant d’être définitivement renvoyé dans le civil en 1917 – car les poètes n’ont pas nécessairement le don de double vue, ainsi que le montre la suite du poème :

Ni : parce que les drapeaux claquent aux fenêtres des citoyens qui sont contents depuis cent ans d’avoir la vie et de menues choses à défendre.

On connaît le résultat final, la mort de Guillaume au 202, boulevard Saint-Germain, le buste de Dora Maar sculpté par Picasso et dédié par lui à Apollinaire, en 1959, tout contre l’église Saint-Germain-des-Prés, le discours prononcé à cette occasion par André Salmon. Ce discours ainsi que de nombreux autres textes confiés par Salmon à des revues ou prononcés sous forme de conférences à la gloire de son ami défunt constituent, sur près de 170 pages, la seconde partie du livre. L’accès à la postérité exige le travail incessant de l’amitié. André Salmon fut sur ce point d’une humilité et d’une fidélité exemplaires. Le livre de Jacqueline Grojard et Claire Paulhan vaut, quant à lui, bien mieux qu’un monument. C’est une éblouissante leçon de poésie vivante et de savoir vivant.

 

 

[Source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

“Una imagen vale más que mil palabras” dice el proverbio chino ya convertido en cliché, que parece haber condenado a nuestro siglo a la dictadura de lo visual, dejando a las letras en la lona. El gran problema de la imagen, y peor aún de los medios audiovisuales, es que imposibilitan el pensamiento conceptual, como anotó Giovanni Sartori en Homo videns.

Nos salvan, por fortuna, honrosas excepciones. El caricaturista mexicano Víctor Solís es una de ellas. Sus ilustraciones son todo menos simplistas: denuncian con sutileza, exponen en varias capas las dimensiones de un problema, critican a la sociedad sin condenas sumarias y elevan a arte visual el ingenio y el humor siempre mordaces. Cartonista, diseñador y artista plástico, colaborador de nexosExcélsior y EFEVERDE (portal de noticias ambientales de la agencia EFE), se especializa en temas ecologistas aunque también destaca su caricatura política y social que son impactantes ensayos sobre la realidad mexicana.

En 2022 Solís ganó tres premios de reconocimiento internacional: 2.º lugar en el World Press Cartoon en la categoría de “Gag Cartoon”; el 1er lugar del certamen internacional de ilustraciones de prensa “tierras y sequías” para la cumbre internacional Désertif’actions; y el 2º lugar del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter cuyo tema fue “Explotación de bienes naturales: ¿oportunidad o amenaza?”.

En honor a su trayectoria, a continuación una galería con los cartones premiados y varios aparecidos en esta revista.


 

[Fuente: .nexos.com.mx]

A cultura urbana xa non é un asunto exclusivo das grandes cidades. Cada vez máis vilas botan man do muralismo para ofrecer unha nova lectura dos espazos públicos ou, simplemente, para embelecer a contorna. ‘Máis que cor na Ribeira Sacra’ estréase en Castro Caldelas como un novo festival do xénero « urbano ».
Realización dun mural no festival 'Máis que cor na Ribeira Sacra'. (Foto: Turismo da Ribeira Sacra)

Realización dun mural no festival ‘Máis que cor na Ribeira Sacra’.

Escrito por M. XESTOSO

« Achegar a arte urbana á poboación, concienciar sobre a importancia de combater o feísmo e embelecer as nosas aldeas ». Con esa intención nace Máis que cor na Ribeira Sacra, o primeiro festival de muralismo que acolle esta zona e que dá continuidade á iniciativa Un toque de cor na Ribeira Sacra coa que se recuperaban muros, inmóbeis e elementos arquitectónicos degradados mediante intervencións de arte urbana.

Castro Caldelas é o centro deste novo festival que, até o 21 de outubro, contará coas propostas dalgúns dos máis coñecidos muralistas da Galiza -Doa Oa, Yoseba MP, Novenoel e Cestola na Cachola- xunto coa da barcelonesa Alda Fabre.

O auxe do muralismo -ou do post-graffiti como prefiren chamarlle algúns estudosos do fenómeno- hai tempo que traspasou o límite das grandes cidades para expandirse por vilas e aldeas. As intervencións murais de espazos deteriorados ofrecen unha nova lectura da contorna, humanizando e embelecendo os lugares que arrodean a vida social da poboación.

Murais de vocación ornamental e outros de fondo reivindicativo lograron atraer o apoio institucional, que á súa vez contribuíu a consolidar unha expresión artística que mantén o interese por transmitir unha mensaxe de intervención social.

Boa proba dese nutrirse mutuamente entre a institución e un xénero nacido na rúa, á marxe do mercado, son os programas que adoitan acompañar os festivais de muralismo: no caso do da Ribeira Sacra, ademais da elaboración das pezas ao vivo -habitualmente o prato forte deste tipo de eventos- , o programa do festival incluíu unha clase maxistral de pintura, impartida por Alba Fabre, un obradoiro de expresión artística centrado en Patróns e xeometría da natureza, a conferencia Os Murais de antes: temáticas e técnicas, impartida por Xoana Almar, e unha mesa de debate sobre a situación do muralismo na Galiza. Mais sen dúbida, os verdadeiros protagonistas son os murais que deixarán na vila os cinco artistas convocados para o evento.

Artistas 

Doa Oa (Sober), nome co que asina Doa Ocampo, é licenciada en Belas Artes pola Universidade de Vigo e veciña da Ribeira Sacra desenvolve a súa obra en sintonía coa natureza e cos elementos vexetais que rodean os espazos que muraliza. Estuda e investiga sobre os elementos vexetais da paisaxe, da contorna e a súa relación coas xentes que habitan o lugar. Define as súas intervencións como unha reforestación visual en espazos rurais ou áreas naturais en espazos urbanos.

Yoseba Muruzábal (Cambre), alias Yoseba MP, tamén licenciado en Belas Artes pola Universidade de Vigo, gañou numerosos certames de recoñecemento e participou en moitos festivais galegos como o Desordes Creativas, Rexenerafest, Crómatico Fest, Vigo Cidade de Cor, Compostela Contemporánea ou Culturban, entre outros. Yoseba fíxose popularmente coñecido na Galiza coa súa serie Fenómenos do rural, onde retrata as « súperavoas galegas ».

Novenoel (Rianxo) é graduado en Comunicación Audiovisual pola Universidade de Santiago de Compostela e técnico superior en Ilustración pola EASD Pablo Picaso (A Coruña). Desenvolve unha liña pictórica inspirada na narrativa secuencial e a arte popular, intervindo todo tipo de espazos e superficies, desde ilustración a deseño pasando por escenografía ou murais de gran formato en vivendas e edificios.

Cestola na Cachola (Santiago de Compostela), nome artístico de Miguel Peralta, cursou Ciclo Superior de Escultura na Escola Pública de Artes de Almería e Ilustración na Escola Pública de Artes de Granada. Gústalle a narrativa visual, contar historias con imaxes. En 2011, trasládase á Galiza e en 2013 crea, xunto a Xoana Almar e Raquel Doallo, a empresa Cestola S. Coop. Galega, onde traballa de pintor, ilustrador e muralista.

Finalmente, Alba Fabre (Barcelona) formouse no Programa de Debuxo e Pintura na Barcelona Academy of Art, onde actualmente é mestra. O seu traballo caracterízase por un estilo figurativo próximo, en ocasións, ao impresionismo. A súa obra interésase pola análise da linguaxe e os conceptos da arte clásica, reproducido nunha pintura habitualmente figurativa, onde a forza e a cor adoitan ser o centro de atención.

Algunhas das mellores sinaturas do muralismo galego en Castro Caldelas

De arriba abaixo e de esquerda a dereita, obras dos artistas participantes no festival Máis que cor na Ribeira Sacra: murais de Novenoel (O informe pelícano, en Acapulco, México), Doa Oa (Rosa Kanina L., en Ferizaj, Kosovo), Alba Fabre (Sidros y comedies, en Oviedo, Asturies), Yoseba MP (Fina de Carballo, a muller nitromón, en Carballo), e Cestola na Cachola (Anduriña asolagada, nos Peares). Todos teñen un extenso historial de premios e intervencións en festivais.

[Foto: Turismo da Ribeira Sacra – fonte: http://www.nosdiario.gal]

«Hai que loitar polo galego, sen deixar que os malos prognósticos nos desanimen», alenta o profesor inglés

O tradutor e académico John Rutherford, desfrutando dá súa querida ría de Ribadeo.

Escrito por JOSÉ ALONSO

John Rutherford (Saint Albans, Inglaterra, 1941) está de volta en Galicia. O que foi definido como «un dos máis importantes valedores internacionais da cultura galega», co gallo do seu nomeamento como doutor honoris causa pola Universidade da Coruña, regresou a Ribadeo, onde ten una casa na parroquia de Vilaselán e onde vive unha das súas fillas, pola recuperación das xornadas culturais Mar por Medio. Ribadeo forma parte intrínseca da súa vida. Como Galicia e o galego, dende que dera con este recuncho, sendo un mozo, nun intercambio de estudantes. Dende entón, declárase medio galego, «de Ribadeo, para ser preciso».

Profesor emérito do Queen’s College da Universidade de Oxford, onde foi mestre de literatura española e onde fundou o Centro de Estudos Galegos, Rutherford foi presidente entre 1991 e 1997 da Asociación Internacional de Estudos Galegos. No ano 2008 foi nomeado membro honorario da Real Academia Galega, e ten recibido premios como a Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, a Medalla Castelao ou o Premio Trasalba. A súa contribución ó espallamento do galego é de difícil ponderación. Nos obradoiros do Centro de Estudos Galegos de Oxford tense traducido dende a obra de Carlos Casares á de Manuel Rivas, dende Cunqueiro a Castelao, Ferrín… Agora vén de publicar co selo Small Stations Press a tradución ó inglés do clásico de Xosé Neira Vilas Memorias dun neno labrego, nunha edición con ilustracións de Isaac Díaz Pardo. Como tradutor, Rutherford foi eloxiado polo seu Quixote, adaptando a linguaxe cervantina ao século XXI, e por A Rexenta, a obra maior de Clarín á que dedicou oito anos.

—Un centro de estudos galegos en Oxford… Habería quen o vira como algo quixotesco?

—Si, houbo xente, tanto en Oxford como en Galicia, que viu como quixotesca a idea de fundar un Centro de Estudos Galegos na Universidade de Oxford hai unha trintena de anos. Pero eu tamén son quixotesco, ata o extremo de ter traducido o Quixote ao inglés. E creo que foi bo o que se conseguiu, e o que aínda se está a conseguir por outras persoas nese centro. Souben dende o principio que a cantidade de alumnos nunca chegaría a ser grande, pero a súa calidade foi sempre moi alta, e varios deles son agora profesores de galego en distintas universidades dentro e fóra do Reino Unido. Deste xeito os lectores e lectoras de galego e máis eu fixemos a nosa modesta contribución ao espallamento da lingua e da cultura galegas.

—Como valora o traballo que ten realizado? Compensoulle persoalmente?

—Si, pola satisfacción que dá unha cousa ben feita, e sobre todo polas grandes e duradeiras amizades que fixen cos sucesivos lectores e lectoras de galego. Galicia tamén foi xenerosa comigo, concedéndome varios premios e outros honores que estimo moito. Ese traballo non me compensou economicamente, porque os directores dos Centros de Estudos Galegos non cobran. E está moi ben que así sexa.

—E como ve a saúde do galego? Os síntomas non son moi alentadores: unha lingua minoritaria, que os cativos non falan…

—Eu son por natureza optimista, así que creo que o galego si ten futuro. Os nenos o falan menos porque lles parece cousa de vellos e vellas nas aldeas, pero cos anos e coa madureza moitos deles se van dando conta da importancia das raíces, da identidade. De calquera xeito, hai que seguir loitando pola causa, sen deixar que os malos prognósticos nos desanimen.

—Morreu Javier Marías sen o premio Nobel. Vostede falou nalgunha ocasión de que Ferrín tamén o merecería.

—Sentín moito a morte de Javier Marías, porque conservo moi gratos recordos de dar con el clases semanais de tradución cando era lector de español na Universidade de Oxford, hai corenta anos. Está claro que Ferrín é moi merecedor do premio Nobel, pola enorme calidade da súa obra literaria. Pero poucos dos seus libros están traducidos ao inglés, e esta é a gran barreira que o separa do premio.

«Galicia cambiou decisivamente a miña vida para mellor»

Galicia ten un importante papel na vida de John Rutherford.

—Galicia, e en particular Ribadeo, cambiou a miña vida decisivamente e para mellor. Aos 17 anos eu era un estudante mediocre, pouco motivado, e os mestres dixéronme que se quería entrar na universidade para estudar español tiña que mellorar radical e rapidamente os meus coñecementos deste idioma indo a vivir uns meses a España. Apareceu, por casualidade, a posibilidade de facer un intercambio cun rapaz que resultou ser Tito, fillo maior do Castellano [un veciño ribadense], e cheguei a Ribadeo na primavera de 1958. Era como meterme nunha película en tecnicolor, vivir unha vida marabillosa que non tiña nada que ver coa miña aburrida existencia londiniense. Claro, aquel Ribadeo era moi diferente ao de agora. Era unha gran aldea entrañable que boto moito de menos. Foi a inspiración para que me dedicase con entusiasmo aos estudos de lingua e literatura españolas. Como se fose pouco, namoreime e casei cunha ribadense. Uns anos despois, tamén en Ribadeo, decidín que tiña que aprender a lingua galega, a lingua do país. Débolle moito a Ribadeo. Ribadeo definiu a miña vida.

—Coida Galicia aos seus escritores, aos seus referentes culturais?

—Os coida, pero podía coidalos máis.

Da man da Academia Xacobea, Ribadeo vén de recuperar as xornadas Mar por Medio, que hai trinta anos contribuíra a crear o propio John Rutherford co entón alcalde, e hoxe cronista oficial de Ribadeo, Eduardo Gutiérrez. En Mar por Medio analízase esta fin de semana o Camiño de Santiago no século XXI, unha rota que deixou pegada en Rutherford, que fixo seis peregrinacións, e inspirou a súa primeira novela, publicada pola editorial Galaxia, As frechas de ouro.

 

[Imaxe: Xaime Ramallal – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Son nom seul est associé à l’infamie et au génocide le plus brutal que XXe siècle ait connu : la figure d’Hitler impliquera certainement pour des années encore que se multiplient les parutions pour expliquer, raconter et témoigner. La propagande nazie n’ayant, hélas, pas disparu avec le dictateur allemand, deux parutions prochaines apportent un éclairage supplémentaire.

ActuaLitté

Publié par Clément Solym

Mi-octobre, Olivier Mannoni publiera chez Héloïse d’Ormesson un ouvrage peu commun : voilà plusieurs années, il prit part avec les éditions Fayard à la traduction de Mein Kampf, dans une édition historicisée et contextualisée. Dix années de labeur qu’il raconte dans un essai, Traduire Hitler.

Un récit qui évoque les tempêtes suscitées par l’annonce de cette nouvelle édition, la lutte au corps à corps avec une prose confuse et pernicieuse, la nécessité impérieuse de l’affronter, envers et contre tout, avec des instruments d’ordinaire dédiés au service du savoir et de l’art. Et l’auteur de pointer les innombrables échos sociaux et politiques qui, depuis, résonnent autour de lui, dans un monde où les démons semblent, peu à peu, renaître.

Mais pour un traducteur, que signifie de plonger dans cette terrifiante époque, à travers les mots de celui qui fit trembler le monde ? « Historiciser le mal, retranscrire la haine », une gageure…

Déjouer les ruses

Chez Armand Colin, c’est l’ouvrage d’Emmanuel Thiébot qui revient sur tout le travail de propagande : à partir des années 30, tout support devint bon à véhiculer l’idéologie nazie : timbres, cartes postales, jouets pour les enfants… Et même dans la vie de ses concitoyens, avec distribution de son livre Mein Kampf aux jeunes mariés.

« Après l’échec du putsch du 9 novembre 1923, Hitler, qui avait eu très peur y compris physiquement, avait jugé plus raisonnable d’investir les institutions pour les subvertir de l’intérieur. Pour cela, l’histoire est connue, il eut assez de flair, car il savait s’entourer, pour se rallier Josef Goebbels qui n’était pas au nombre de ses partisans, bien au contraire », écrit dans sa préface Johann Chapoutot, professeur d’histoire contemporaine à l’Université Paris IV et spécialiste du nazisme et de l’Allemagne.

Cet ouvrage parcourt, à travers quelque 350 illustrations, les messages du Führer, aussi bien que les caricatures le tournant en ridicule et les tentatives des alliés de contrer la montée du nazisme. À travers Propaganda Hitler, le lecteur découvrira en effet que l’imagination des propagandistes hitlérien comme celle des alliés en réponse ne connaissait pas de limites.

Avec cet avertissement, sans réserve : « Cet ouvrage présente ces documents au public français dans un but pédagogique et une démarche historique, démontrant leur impact désastreux sur l’opinion depuis l’accession au pouvoir jusqu’à la chute d’Hitler. En effet, ils ont été utilisés dans le double but de manipuler les esprits des Allemands et d’endormir la méfiance des États voisins, ou d’intimider ceux-ci par des démonstrations de force. L’auteur met en avant dans ce livre les idées fausses et les déformations utilisées dans le cadre de cette propagande. En aucun cas l’auteur ou l’éditeur ne cautionnent les idées véhiculées par ces documents ni n’en font l’apologie. »

ActuaLitté
Emmanuel ThiébotArmand Colin
Propaganda Hitler. Du « sauveur » au monstre, les 1000 visages du Führer
19/10/2022
264 pages
35,00 €

 

[Photo : Mit Hitler im Western, 1940 ; © L’Aube, 1944 – source : http://www.actualitte.com]

L’exposició exhibeix lluites socials, ecologistes o culturals en defensa del territori i del català recollides per Ràdio Arrels

L’Espai Avinyó – Llengua i Cultura del Centre de Normalització Lingüística de Barcelona acull, del 20 de setembre al 14 d’octubre, l’exposició ‘Catalunya Nord. 40 anys d’Arrels, 40 anys d’un país’.

La mostra, produïda per l’Associació Arrels, arriba a la capital catalana després d’haver passat per Lleida, Tortosa i Girona, com a manera d’enfortir els llaços en matèria lingüística amb la Catalunya del Nord.

S’hi exhibeixen lluites socials, ecologistes o culturals en defensa del territori i de la llengua catalana que Ràdio Arrels ha anat recollint a través de les seves cròniques i emissions.

Estan incloses a l’exposició en forma d’il·lustracions sonores accessibles mitjançant codis QR.

[Foto: Associació Arrels – font: http://www.racocatala.cat]

Escrito por DAVID PINTOR

Todos os que nos dedicamos profesionalmente á ilustración sabemos o difícil que é debuxar árbores. Difícil e atractivo á vez, por iso foi un tema recorrente na historia da pintura. Un exemplo é David Hockney, un dos mellores debuxantes da actualidade, que se foi vivir en pleno confinamento polo covid a unha casa de campo en Normandía co obxectivo de pintar a chegada da primavera. Conseguiuno a base de centos de pinturas e debuxos das árbores e plantas que rodeaban a súa vivenda. Imaxes moi coloristas onde o artista británico reflicte o paso do tempo e os cambios de luz e onde queda patente a súa fascinación pola natureza.

Jean-Jacques Sempé, o gran ilustrador francés falecido o pasado mes de agosto, sentía esa mesma atracción polas árbores. Os seus debuxos, en cambio, son asombrosamente sinxelos á vez que moi expresivos. As súas árbores sempre me pareceron un exercicio de virtuosismo artístico digno de entrar en calquera museo de arte contemporánea. Non necesitaba máis que uns poucos trazos rápidos e aparentemente aleatorios para levarnos de paseo polos parques de París. «Debuxar é algo aparentemente sinxelo, pero moi difícil», dicía o artista nado en Bordeus e que debese estar xa considerado como un dos máis grandes ilustradores do século XX e un dos que mellor retratou a cidade onde vivía, París. Sempé era o debuxante que vía o mundo a través dos ollos dun neno, o que se fixaba neses pequenos detalles que provocan en nós o sorriso e a felicidade, o que evocaba esa infancia na que quereriamos vivir e o que inspirou a ilustradores de todo o mundo que viamos nel o exemplo de como a ilustración tamén podía ser poesía.

Sempé debuxou máis de cen portadas para a revista The New Yorker e todas elas son exemplos magníficos do gran valor engadido que a ilustración pode achegar á prensa. Reproducións daquelas portadas pódense ver en multitude de tendas de Nova York, convertidas xa en iconas da cidade norteamericana.

Sempé tiña 89 anos cando faleceu na súa residencia vacacional. Facía anos que non podía montar en bicicleta debido a unha enfermidade vascular, pero eu quero lembralo sobre dúas rodas percorrendo París, a cidade á que dedicou gran parte da súa obra. Descansa en paz, mestre.

[Ilustración: David Pintor – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

La tòca de la revista es “d’incorporar a la cultura catalana de discorses poetics escriches en d’autras lengas”

La revista valenciana de poesia sèrieAlfa consagra son numèro de setembre a quatre autors occitans amb una seleccion facha per Pauline Kamakine dels poètas Danièle Estèbe Hoursiangou, Amanda Cròs, Maëlla Dupon e Franc Bardòu. Los poèmas son publicats en occitan e lor traduccion en catalan e en espanhòl es de Dolors Català. Las illustracions son de Noah Pettit Navarro.

La revista sèrieAlfa, dirigida pel poèta Joan Navarro, publica 4 numèros per an dempuèi 1999. Sa tòca es “d’incorporar a la cultura catalana de discorses poetics escriches en d’autras lengas gràcias al fach que sián traduches en catalan”. En 2008 sèrieAlfa foguèt guierdonada amb lo prèmi de la difusion de la literatura del País Valencian.

Lo numèro 95 de sèrieAlfa es entitolat “Un univers eixut / 4 poetes de les terres d’Oc” e se pòt legir sus http://seriealfa.com/alfa/alfa95/Primera.htm.

[Sorsa: http://www.jornalet.com]

Edicions Cal·lígraf celebra una dècada en actiu.

Equip de l’editorial Cal·lígraf

Escrit per Marc Calvo Hernández

L’editorial Cal·lígraf celebra 10 anys d’un procés d’aprenentatge, amb alts i baixos, que ha consolidat un projecte que busca la qualitat literària en la recuperació de clàssics oblidats i novetats que introdueixin nous autors al panorama literari català.  El catàleg, ampli i variat, ha pretès ser una mostra de la literatura local i internacional, contemporània i clàssica, un conjunt que ofereix al lector nous mons on poder gaudir de la paraula, en edicions fetes amb molta cura.

El procés es va iniciar l’any 2011 de la mà de Jaume Torrent i Ramon Moreno, a causa de la iniciativa de Carles McCragh, en un moment en què volien posar en marxa un projecte editorial com a lectors, on poder manifestar les seves ambicions i oferir allò que ells trobaven a faltar dins el sector. L’editorial ens ha proporcionat lectures imprescindibles en català com l’obra de A.S. PuixkinAurde Lorde o Virgilio Giotti, defugint voluntàriament de l’especialització temàtica per tal de no haver de renunciar a cap llibre que pugui semblar interessant.

Vam iniciar el projecte, sobretot, com a lectors” – Ramon Moreno

A més, el projecte editorial ha apostat fermament per oferir unes traduccions fetes per professionals de reconegut prestigi, que permeten aproximar-se a les obres amb la major fidelitat possible. De manera que el segell no només té interès per la seva selecció, sinó que presenta un producte complet, que destaca per la qualitat del conjunt. En aquest sentit, es interessant esmentar la cura per part de l’equip pel que fa al disseny de les portades, que són fetes per artistes amb un recorregut exitós en els seus camps respectius, i que il·lustren de manera brillant les narratives que s’hi troben a l’interior.

Per celebrar aquesta desena temporada Cal·lígraf presenta diversos títols aquest setembre. Per una banda, unes versions lliures dels Himnes Òrics de la mà de Pere Suau Palou que “són un modest homenatge al món grec arcaic”. També es presenta Us escric des d’una presó de Grècia, un recull de poemes d’Aléxandros Panagulis, amb traducció d’Antoni Piqué i Eusebi Ayensa, que serveix com a testimoni de la repressió política de la Grècia de 1968. A més, durant la rentrée, es podrà adquirir un recull de poemes, la majoria inèdits, de Pau Riba amb il·lustracions de Mercè Riba titulat: Trànsit. Prosopopeia de la infància, on els autors recuperen personatges fantàstics i mítics que habiten en el món imaginari infantil. Més endavant es publicarà una nova traducció de L’habitació de Jacob de Virgina Woolf i la recuperació d’un clàssic de la filosofia catalana L’elogi de la mentida de Josep Torres Tribó, amb edició del filòsof Max Pérez Muñoz.

De cara a un futur, pretenen seguir consolidant el projecte amb la línia actualment marcada, ampliant lectors, arribant a més llibreries, tenint més ressò als mitjans de comunicació i sumant títols al catàleg. L’editorial de Figueres en aquests 10 anys s’ha convertit en un imprescindible a les prestatgeries de qualsevol lector inquiet i, com es necessari, celebrem la llarga vida de projectes fets amb cura, com es el cas de Cal·lígraf.

 

[Font: http://www.nuvol.com]

 

 

Francisco A. Chiroleu nació el 27 de marzo de 1950 en Rosario (ciudad en la que reside), provincia de Santa Fe, la Argentina. Es maestro normal nacional, maestro de música, creativo publicitario, webmaster, fotógrafo, redactor independiente. Desde 1980 se desempeña como editor no lineal y soporte técnico en Canal 5 de la empresa Telefé. Es secretario de actas de SATSAID (Sindicato Argentino de Televisión) en la seccional de su ciudad. Entre 1971 y 1976 editó la revista “El Vidente Ciego” (nueve números).

Escrito por ROLANDO REVAGLIATTI

En esos años participó en diversas actividades culturales, así como en cuatro festivales de poesía en la ciudad de Villa Dolores, provincia de Córdoba. Fue jurado en concursos y disertante en mesas redondas articuladas a partir de temas afines al universo poético. En 1981-1982 coordinó la sección literaria de la publicación “Todo Río” y en 1982-1983 de “Lo Mejor de Rosario y su Gente”. Colaboró en diarios y revistas del país y del extranjero y parte de su quehacer se tradujo al italiano y al catalán. Participó en el Dossier Roberto J. Santoro (Nº 20 de “El Colectivo”, Paraná, provincia de Entre Ríos, 2008). En 2003 su relato documental “Carrera contra el destino” fue seleccionado por el Movimiento Argentino de Documentalistas en el certamen “Rodolfo Walsh”, publicado en “Escritos documentales” en 2004 y presentado en la ciudad de Buenos Aires y en Rosario (en ocasión del “Congreso de las Lenguas”). Desde 2001 es el responsable de Lexia, un portal de poesía. Es miembro de la SEA Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina y de la Asociación de Poetas Argentinos. En reconocimiento a su trayectoria, el 22 de noviembre de 2011 le fue otorgado por COSITMECOS (Confederación Sindical de Trabajadores de los Medios de Comunicación Social de la República Argentina) el Premio “Alberto Olmedo”. En 1974 se edita el volumen antológico (1969-1974) “El reloj de humo”; dos años después su poemario “Memorias de la estación de las lluvias”; y en 2011, “Blues del desarmadero”.

Acaso pudiéramos comenzar este reportaje con tu trasmisión de cómo estuvo conformada tu familia nuclear, de qué visión tenés de tu niñez y adolescencia, de tu formación docente, de tus derivas laborales, de tus búsquedas artísticas, de tu actualidad.

FCH — Bueno, podríamos decir que tres de mis abuelos eran piamonteses y el paterno, francés. Esa sensación de extranjeridad, de no estar ni aquí ni allá fue un poco la constante de la familia. Mis padres eran gente de “trabajo” que se desvivieron para que a mis dos hermanas y a mí no nos faltaran ni educación ni las cosas elementales. Siempre me incliné por lo técnico y electrónico, pero el mandato familiar prevaleció y terminé de maestro normal; y de piano, teoría y solfeo (como se decía en esa época): de hecho, estuve trabajando tres años de maestro de música en una escuela de extramuros. Comencé medicina y psicología, pero no las seguí, siempre la vida planteaba alguna excusa. Paralelamente empezaba a desarrollar esa relación tan extraña con la palabra y con las imágenes que se esconden tras sus infinitas combinaciones. Es decir, leer todo lo que pasaba por mis manos y tratar de expresar un montón de ideas con lo escrito. Primero había conseguido un puesto en Sanidad Municipal, sección vacunas, donde estuve siete años. El sueldo era ínfimo, pero me permitía vivir la “bohemia” de esa época. De ahí salté a la etapa de maestro, después fui cuentapropista y terminé hace más de treinta años ingresando al actual trabajo. En honor a la verdad, ingresé como “creativo publicitario”. Puedo decir que viví del “verso” durante mucho tiempo, hasta que migré al área informática en la que me muevo bastante bien.

En medio de todo esto estuvo el proyecto de “El Vidente Ciego” y el vendaval de un mundo que podría haber cambiado. El golpe cívico-militar de 1976 se encargó de eliminar todo atisbo de inteligencia. Cualquier persona que pensaba, era peligrosa. Allí empezó una etapa de muertes, desapariciones, y el exilio para los más afortunados. Otros padecimos el exilio interior… Desarticuló nuestra generación. Juan Carlos Higa, Santoro, Haroldo Conti fueron secuestrados y desaparecidos. Las derrotas se superan, los amigos perdidos, no…; para colmo, hace unos años me enteré de la muerte de Tito Gigli, otro entrañable —un poeta enorme—. A pesar de todo, con mi pequeño aporte siento que hice numerosos amigos (entre los que te cuento) con los que compartir esta tarea.

En mi actual trabajo comencé a desarrollar una actividad sindical en la que hay un fuerte compromiso. Entre todas las actividades me hago un tiempo para lo que realmente me gusta —jugar con las palabras—, trabajar en la web, y a veces sigo buceando como antes en ese interminable viaje hasta el final de la noche.

Es consultando el volumen “30 años de revistas literarias argentinas” (1960-1989), cuyo autor es el fallecido investigador de estos temas, José M. Otero, que me entero de que, entre otros, se han difundido en “El Vidente Ciego” a María del Carmen Vitullo, Homero Manzi, Amaro Nay, Enrique D. Záttara, Fernando M. Martínez y Eduardo A. Vergara.

FCH — El proyecto del Vidente motivó que un grupo de jóvenes entusiastas nos reuniéramos a discutir y analizar poesía. Todos estábamos empezando. Fue una satisfacción que Záttara, Vedovaldi y Vitullo fueran colaboradores. No puedo dejar de mencionar al periodista Zoilo García Quiroga, que aportaba no solo sus poemas sino su experiencia en los medios gráficos. Tito Gigli trasmitía su vasta cultura. También Rubén Sevlever, Alberto Luis Ponzo, Martha Isa y muchos más pasaron por la revista. Sin olvidar el lado audiovisual: “El Vidente Ciego cuenta” y “Aries la espalda llena de luces”, nuestro segundo proyecto en el cual nada menos que Daniel Querol interpretó los textos, y que fue pasado durante bastante tiempo en “La Sala de Bolsillo”, además de la Galería “Meridiana” en tu ciudad —toda una aventura—. Combinábamos las presentaciones con poemas ilustrados, cantautores locales y hasta proyecciones de cine español de vanguardia.

Estaban los viajes a los encuentros de escritores en Villa Dolores y las participaciones en los mismos. Presentamos en Rosario el último número de la Revista “Barrilete” con sus autores, y todo en “La Pequeña Muestra” del poeta Armando Raúl Santillán, que siempre colaboraba con la “causa”. El artista plástico Aldo Ciccione (Chacal) nos acompañó en nuestra última etapa. Publicamos y difundimos cuatro libros y numerosas plaquetas y separatas. Por un tema de costos la imprenta siempre estuvo lejana. Cuando pretendimos cambiar de soporte, ya el mundo se caía a pedazos y nosotros con él.

La experiencia llegó un poco tarde, pero dicen que al hecho consumado nunca hay que negarlo. He notado con sorpresa que siempre hay gente que se acuerda cálidamente del Vidente, parece que tan malo no ha sido el intento. Celebro la mención en el estudio de Otero. La gente de la Revista “Amaru” también ha hecho lo propio en otro artículo.

Fuiste incluido en la antología “El verbo descerrajado”.

FCH — En el año 2005, a través de Poetas del Mundo recibí la noticia de que se estaba seleccionando material poético para apoyar la resistencia de un grupo de presos políticos chilenos, que había iniciado una huelga de hambre en la Cárcel de Alta Seguridad, pidiendo por su libertad. Eso había sucedido durante el primer gobierno democrático post Pinochet.

Poetas del Mundo es otra de las experiencias que comparto; es un movimiento internacional que nuclea a numerosos “trabajadores de la palabra” alrededor de postulados universales como la paz, la libertad y el respeto entre los pueblos.

El material fue publicado por Ediciones Apostrophes en Santiago de Chile, compilado por Luis Arias Manzo. Una excelente edición.

Por lo que sé la distribución fue un éxito, tuve que esperar una reedición para poder conseguir otros ejemplares.

En estos momentos habría que pedirlo a la editorial o consultar a los sitios de venta on-line en internet que lo tengan. Participaron más de ochenta poetas de la Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Nicaragua, España, Portugal, entre otros países. Desconozco si existe una versión en PDF.

“Carrera contra el destino”, relato documental: he aquí una obra que también estaría bueno que nos la “muestres”.

FCH — Cuando en 1975 desapareció por primera vez Juan Carlos Higa, yo estaba a la sazón en tu ciudad, con Santoro, Humberto Costantini, Vicente Zito Lema, Conti, etc.: teníamos una reunión con gente de Cultura. Al pasar el tiempo y no encontrarlo, primó la solidaridad y se organizaron diversas búsquedas, hubo falsos datos, dinero dado a informantes… A mí me tocó ir con Haroldo es su auto hacia uno de esos supuestos contactos. Como él no veía bien, o tenía la vista cansada, me pedía que lo guiara. Imaginate la situación —un ciego guiando a otro ciego—, yo no conocía los lugares. Le informaba lo que veía, pero no sabía hacia dónde íbamos, y él me contaba de sus viajes y el río. Pero llegamos a buen puerto. Hubo después otros eventos, una mujer, golpes de la vida y un final triste. De eso se nutrió “Carrera contra el destino”; se fue armando como antídoto contra el olvido. Y cuando el Movimiento de Documentalistas convocó en 2003 al “Primer Concurso Internacional de Escritos Documentales Rodolfo Walsh” y vi las bases, no lo dudé. Cuando empecé a darle forma salió casi de un tirón. Después vinieron las correcciones. Pero me gusta como quedó. “Escritos documentales” fue publicado en 2004 y allí figura junto a otros quince relatos finalistas. Nunca fue un “cuento”; es un relato documental, con sus verdades y sus ficciones, pero es mi pequeño homenaje a Haroldo Conti. Siempre conservé como una reliquia un trozo de la carta escrita a máquina y firmada, en la que él me autorizaba a usar una cita de su cuento “Tristezas de la otra banda” para un epígrafe de uno de mis libros.

Tras tantos años como único responsable de Lexia, te propongo que compartas con nosotros cómo te has ido sintiendo, qué satisfacciones y qué decepciones te dieron alcance, cómo prevés proseguir.

FCH — Sabés que siempre me interesó la difusión del trabajo de los otros. Mi sueño hubiera sido tener una editorial. El soporte virtual es excelente para nuestro quehacer en cuanto permite una comunicación rápida y aceitada con los lectores y/o autores. Empecé el sitio como algo personal y se transformó por esa interrelación con los otros. Siempre dentro de las normas legales de registro nacional e internacional, por supuesto. Todos los costos de alojamiento y mantenimiento están a mi cargo.

A veces algún autor preguntaba si la colaboración se pagaba… No: quien lo desee, ofrece sus materiales y luego de un proceso de selección, se publica. Hay autores que agradecían emocionados la publicación y otros que nunca “acusaron recibo”.

Se mantiene una constante de 500 visitas mensuales, con altos picos ocasionales.

Con el tiempo se ha formado un grupo de gente con los que mantengo una fluida relación vía correo electrónico. Muchas veces tuve ganas de cerrarlo, sobre todo cuando se armaban polémicas en torno a poetas publicados o ciertos hechos políticos. Polémicas inútiles porque no se sacaba nada en limpio. Pero puede más el optimismo y es así que ahora estoy en una etapa en la que lo migraré a un servidor local más potente y con más prestaciones. Lo que me permitirá “lavarle la cara”, sacar las hojas secas y revitalizarlo. Hay alrededor de veinte poetas esperando que los suba y estoy preparando sus colaboraciones. Es un trabajo que no se puede detener. Hay que hacerlo todos los días. El diseño web lleva su tiempo, la ventaja es que siempre es perfeccionable. Todo se puede modificar o corregir.

En “Preliminares de un juego canibalístico”, título del prólogo que el poeta santafesino Rubén Vedovaldi concibiera para tu último poemario, leo: “Entro a estas páginas con las resistencias de quien tiene que ir a la morgue a reconocer cadáveres queridos.” Para quienes no han entrado a esas páginas: ¿por qué Blues, por qué Desarmadero? ¿Por qué esas ilustraciones (técnicas mixtas) en tapa e interior creadas por Bruno Chiroleu? ¿Por qué una de las citas que constan en la página 5, tomada de “El siglo de las luces” de Alejo Carpentier, expresa que “Hay épocas hechas para diezmar los rebaños, confundir las lenguas y dispersar las tribus”?

FCH — Cuando le encargué a mi hijo Bruno que me ilustrara el poema “Blues del desarmadero”, no sabía que allí se iba a terminar de armar el libro. No le sugerí nada, tenía total independencia. (Te aclaro que hace tiempo que es historietista y tiene su propio proyecto editorial, “Términus”, que ya va por el quinto número). Cuando me mostró el resultado entendí que esa sería la tapa del libro. El desarmadero puede ser la metáfora siniestra de un país que se devoró a lo mejor de su futuro. También el rebaño es eso, un grupo, una clase, una generación. Los que no pueden elegir. Los que no pueden levantar la cabeza y solo les queda aceptar una muerte o un escape a otro prado.

El querido prologuista entró a las páginas del “Blues…” sabiendo que iba a encontrar cadáveres. Su interpretación en perfecta: nadie quiere entrar a una morgue, pero alguien tiene que hacerlo, es de cristiano el cerrarle los ojos al compañero muerto y efectuar ese ritual —si se puede— del último saludo. El libro se fue gestando a través de los años de silencio; la selección final y los retoques obsesivos permitieron armar en menos de una semana el “muestrario de atrocidades”. Soy consciente de que a mucha gente le molesta esa temática. Tengo la sensación de que hacen como que no saben de qué se habla, pero sí, se irritan y algo se les remueve en sus pequeños mundos de falso confort. Tenía que hacerlo. Por mis amigos, por el recuerdo de mis amigos, como testimonio de una época. Por el recuerdo de los ideales perdidos. Por todo eso.

¿Tenés en lista de espera otros poemarios, o inéditos en algún otro género? ¿Y qué libros, o qué autores, tenés en lista de espera para ser leídos?

FCH — Estoy embarcado en el proyecto de Libros Fractales que organiza Rubén Eduardo Gómez en sus ediciones patagónicas de “Vela al Viento”. El mío sería el libro décimo segundo. Ya tengo casi todos los poemas y la duda es el armado temático. Estoy articulando unos materiales con los cuales terminaría otro para este año. Y ando concluyendo una especie de novela policial, que, como diría Reynaldo Sietecase, es un género que lo permite todo.

Siempre he leído y leo en cualquier circunstancia. Me adapté a hacerlo desde la pantalla, lo que me da un margen extra. Aunque me fascina el sustrato “libro” y creo que moriré con él. Estoy leyendo el volumen tres de la correspondencia de Julio Cortázar. Releyendo “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes, junto al manual del Photoshop Cloud, un clásico de la gráfica. Y ahora me reencontré con “El lugar” de Mario Levrero. En lista de espera por tercera vez, José Lezama Lima y su “Paradiso” y la edición bilingüe de la poesía completa de Walt Whitman.

¿Qué es un poema?… ¿En qué consiste la vivencia poética?

FCH — No sé si alguien lo dijo o lo imaginé…: “Hacemos poesía por lo que nos falta”; siempre pensé de esa forma, desde el momento en que el mundo puede ordenarse mágicamente. Como que todo es posible dentro del poema, siempre por obra y gracia de la palabra. Es un cable a tierra donde no siempre lo que se dice es lo que se quiere decir. Aunque un verso mejora al otro, lo complementa, lo completa. Muchas veces he leído en público, tímidamente, un poema mío, y de pronto los gestos humanos de los que escuchan me revelan que una imagen llegó, que ese instante que se congeló en el poema fue captado. Que todavía se puede compartir algo, a pesar del tiempo. Hay algunos que salieron “redondos”, se gestaron así y no se tocaron. Y gustan y ME gustan.

Es de un ensayo sobre poesía que sustraigo de un párrafo “la visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. ¿Cómo reordenarías a tu gusto, parcial o totalmente, esta serie? Y puede ser más de un reordenamiento.

FCH — Las miniaturas, la visión, el bosque, el sacrificio, el sufrimiento, el desajuste, la ciudad, la danza, el azar, la autenticidad, el pensamiento, la lengua, la muerte.

La ciudad, el bosque, las miniaturas, el azar, el desajuste, la visión, la danza, el sufrimiento, el pensamiento, la lengua, la autenticidad, la muerte.

Estos elementos dan como para un microrrelato: “En el bosque de las miniaturas, la única visión de la autenticidad era la muerte. El sacrificio en la ceremonia impedía el pensamiento. En la ciudad solo el azar y el desajuste eran los aliados de la lengua…”: salió medio borgiano.

¿Qué es más importante en poesía, suscitar imágenes o conseguir cadencias musicales?

FCH — Hablo por mí: me encanta el proceso de creación, si es que se puede crear algo todavía. El armado y la combinación de las palabras para que la imagen sea justa. O al revés, darle forma a esa imagen que apareció de pronto sobre la hoja en blanco, o en la pantalla. El armado de las imágenes inevitablemente lleva a una cadencia musical, si entendemos como que hay todo un hilo musical que atraviesa las palabras, sube y baja en escalas y que cierra todo ese desarrollo con un acorde perfecto (si aparece). Gaston Bachelard decía: “Se renueva el sueño de un soñador en la contemplación de una llama solitaria”; y el soñador se introduce en el mundo de los poetas. Y la poesía es y no es un sueño. Es un suicida que no se mata porque la muerte existe (Cioran dixit). Es un ser que hay que cuidar, acompañar, sentir; es algo más que el amor, es algo más que un todo perfecto.

¿Cuál debe ser la postura del escritor ante la injusticia de una situación política?

FCH — El escritor hace su trabajo en la soledad. El mundo exterior a veces lo golpea y entonces es que reacciona. De cualquier forma, lo único que tenemos es la palabra y con ella hay que moverse. La contradicción entre obra y acción ha llenado bibliotecas. Desde que Jean Paul Sartre sentenció “De qué sirve la literatura en un mundo que tiene hambre…”, corrió mucha tinta y mucha sangre. Una cosa es lo que se pueda hacer como escritor y otra como ciudadano. El hombre en su tiempo es algo que hay que contemplar porque de alguna forma también condiciona la obra. Y ante la injusticia nos queda la denuncia, la difusión, la organización. Por ejemplo, ahora, el crimen y la injusticia siguen asesinando al pueblo palestino.

¿Te sentís identificado con una generación literaria? ¿Qué opinás de la poesía de tu generación?

FCH — Tengo dos identificaciones “mortales”: el surrealismo y la Beat Generation. Sin olvidar los clásicos Pablo Neruda, Amado Nervo, Gustavo Adolfo Bécquer, César Vallejo… El inmenso Raúl González Tuñón. Paul Eluard, Charles Bukowski, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg… En cuanto a “mi generación”, reconozco la obra de Eduardo Dalter, Amaro Nay, Jorge Boccanera, Alejandro Schmidt, Guillermo Ibáñez, Celia Fontán, Gustavo Tisocco, María Teresa Andruetto, Rubén Vedovaldi, Lina Caffarello, la tuya, por supuesto. Todos con sus luces y sombras. Se me escapan ahora un montón de nombres que aportaron lo suyo a esta odisea terrestre.

¿Qué agrupamientos de poetas de Rosario, de las últimas seis décadas, podrías rememorar para nosotros?

FCH — ¡Ay!, es complicado… “El Lagrimal Trifurca” de los Gandolfo (padre e hijo, Francisco y Elvio), que marcó un parámetro de calidad cultural. Estaba “Runa”, dirigida por Guillermo Ibáñez, que más tarde iba a generar “Poesía de Rosario”, publicación que sigue activa. “La Ventana” de Orlando Calgaro, que devenida en editorial destacó por su labor entre los 60 y 70. “Juglaría”, con el recordado Reynaldo Uribe. Ediciones “Ciudad Gótica”, con su más que interesante revista. Sin olvidar lo que fue el proyecto de la Biblioteca Constancio C. Vigil con su editorial.

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Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Rosario y Buenos Aires, distantes entre sí unos 300 kilómetros, Francisco A. Chiroleu y Rolando Revagliatti.

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

Dès la publication de ses premiers écrits, dans les années 1950, le jeune Leonard Cohen se fait au Canada, son pays natal, une réputation de poète et de romancier. Mais, après quatre recueils de poésie et deux romans, l’extraordinaire succès en 1967 d’un premier disque qui contenait « Suzanne » et « So long, Marianne » le fit se tourner vers la musique et il devint le grand auteur-compositeur-interprète que l’on connaît. Il ne cessa pourtant de publier au fil des années des ouvrages où se mêlaient prose, poésie, textes de chansons, parfois dessins… Peu avant sa mort, en 2016, il avait assemblé en grande partie le matériau du livre qui paraît aujourd’hui, La flamme (The Flame), qui présente aussi des extraits de son journal.

Leonard Cohen, La flamme. Poèmes, notes et dessins

Leonard Cohen, So good to wake up with you, beloved © Old Ideas, LLC

Leonard Cohen, La flamme. Poèmes, notes et dessins. Édition bilingue. Trad. de l’anglais (Canada) par Nicolas Richard. Seuil, 320 p, 25 €


Écrit par Claude Grimal

Leonard Cohen refusait les distinctions entre « genres » : «  Il n’y a pas de différence entre un poème et une chanson », affirmait-il en 1969. « Certains de mes écrits sont d’abord des chansons, d’autres des poèmes, d’autres des notes. Dans tout ce que je fais, y compris mes romans, il y a de la guitare derrière ». Et il insistait aussi pour dire que sa « voix » était la même dans ses compositions écrites et chantées – une « voix », au sens de manière singulière de prendre la parole, qui pour ses admirateurs était une source d’envoûtement presque aussi puissante que sa « voix » sonore qu’ils ont écoutée, fascinés, s’encaverner au fil de cinq décennies.

Dans La flamme, le lecteur trouve de quoi nourrir sa passion pour le musicien, et, mieux, de quoi accéder à une compréhension nuancée d’une œuvre qui est, à son meilleur, superbement funèbre, désabusée et ironique. On y lit, sous la forme d’un quasi-haiku intitulé « Ma carrière », le résumé que Cohen a jugé bon de faire du type d’inspiration créatrice qui l’animait : « So little to say / So urgent / to say it »  (« Si peu à dire / Si urgent / de le dire ) ».

Ce « peu à dire », dans La flamme, prend plutôt la forme d’un long hommage posthume. En effet, si le livre a été préparé en partie par Cohen lui-même, qui le voyait forcément comme un testament écrit (compagnon du magnifique adieu musical qu’est You Want It Darker, sorti dix-sept jours avant sa mort), il a été organisé par deux spécialistes de l’artiste et préfacé par son fils, à qui l’on doit le titre, The Flame. Il apparaît ainsi comme un mémorial couvrant, par ses dessins et ses textes, toute sa carrière.

Une première section présente soixante-trois poèmes choisis par Cohen parmi des textes parfois anciens, rédigés pour la plupart en vers courts rimés et obéissant à un « mètre » traditionnel. La deuxième section offre des textes qui, avec plus ou moins de modifications, sont devenus les paroles de ses quatre derniers disques. Ensuite, une pause brève de quatre pages recueille les échanges email de Cohen avec un ami poète, peu avant sa mort (le dernier courriel, daté du « 6 novembre 15 h », la veille de son décès, répond à l’envoi d’une photo de ce dernier et de son amie par cette phrase : « Bénis soient les pacificateurs car ils seront appelés fils de Dieu »).

La dernière section du livre, qui précède un discours que l’artiste a prononcé pour la réception du prix Prince des Asturies en 2011, se compose de plus d’une centaine de pages d’extraits de ses carnets intimes, et réunit des fragments disparates qui offrent des ressemblances formelles et thématiques avec les poèmes ou chansons. Le tout est illustré de reproductions photographiques de pages des carnets et de dessins, dont beaucoup (trop) d’autoportraits qui déclinent sur un mode comico-tragique les visages vieillissants d’un Cohen tout en nez, rides et bajoues.

Les poèmes de la première section, que Cohen considérait donc comme achevés, reprennent des thèmes familiers. Ils nous disent que, si le monde est sombre et violent (« The World is burning Mary / It’s hollow dark and mean »), il rend plus fort encore l’aspiration à la paix et au recueillement. Ils suggèrent qu’existe peut-être une place pour l’humilité et le pardon (on « s’agenouille » beaucoup chez Cohen) ; que les humains – ou tout du moins le « je » qui parle – vivent déchirés entre érotisme et mysticisme, désir et foi, utopie et désespoir.

Leonard Cohen, La flamme. Poèmes, notes et dessins

Leonard Cohen à Trouville en janvier 1988 © Roland Godefroy

Ici, comme dans les chansons, l’amour pour l’autre (féminine et multiple), autant merveilleux que passager, se célèbre le plus souvent rétrospectivement et fait l’objet des plus délicieuses nostalgies. L’élan religieux, lui, s’exprime avec aplomb ou soumission (Cohen dit à Dieu ses quatre vérités, tout en étant son messie et obéissant à sa loi). Quant à la liberté, elle n’est qu’une éternelle aspiration, et la règle de l’existence humaine semble être celle de l’erreur perpétuelle. Cohen n’est cependant dans la lamentation que jusqu’à un certain point, car il oublie rarement l’ironie ; la malédiction de l’Ancien Testament et la comédie amère à la Woody Allen ne sont chez lui pas incompatibles. Celui qui dit pieusement dans sa belle chanson « You Want It darker » : « Hineni Hineni / I’m ready my Lord » sait aussi se moquer de lui-même comme dans le poème d’ouverture du recueil : « J’ai toujours travaillé régulièrement / Mais je n’ai jamais appelé ça de l’art / Je nourrissais ma dépression / en rencontrant Jésus, en lisant Marx / Bien sûr il a échoué mon petit feu / Mais elle est vive l’étincelle mourante… / Je vendais des saintes babioles / Je m’habillais plutôt chic / J’avais un minou dans la cuisine / Et une panthère dans le jardin. »  (« Ce qui arrive au cœur »)

Cette première section de La flamme contient d’autres beaux textes, autobiographiques ou non, « Vieilles Idées », « Dimensions de l’amour »… et l’intéressant poème en prose « La jeune Indienne » où, avec une belle franchise, Cohen se peint, sans rejeter complètement la convention d’élégant ténébreux qu’il affectionne, en être insoucieux d’autrui mais pas de ses plaisirs. Les chansons sont belles également et offrent le plaisir de la comparaison avec les albums ; de plus, les lire met en évidence, même si le texte est similaire, la grande différence qu’introduit leur interprétation musicale. En effet, chaque version sonore (c’est encore plus perceptible lorsqu’on a vu Cohen sur scène établissant une distance déférente et courtoise entre lui et sa chanson, lui et un public prompt à l’idolâtrie) semble comme entourer le texte de guillemets. L’accompagnement (beaux solos de ses musiciens ou chœurs sirupeux), les modulations de sa voix parlée ou chantée, transforment les écrits. Si sur la page ils peuvent pécher par excès de pathétique, d’agressivité, ou penchant pour la facilité, ils sont métamorphosés par une interprétation qui leur donne un caractère immémorial et compassionnel.

Lorsqu’une tonalité l’emporte dans le texte, comme souvent le sinistre, dans la version sonore surgit toujours une autre possibilité. Ainsi, « You Want It Darker », pour prendre un exemple de texte de résignation et d’ironie, contient musicalement un dépassement de celles-ci. En effet, il commence avec une ligne de basse et des percussions funèbres, mais continue avec un plain-chant choral et le solo d’un cantor (de la synagogue de Montréal,  ville natale de Cohen) qui vont rendre secondaires les doutes et railleries du texte vis-à-vis de Dieu : « I did not know I had permission to murder and to maim » (« J’ignorais que j’avais la permission de tuer et d’estropier » ) et  souligner la confiance et la foi que va réintroduire le refrain avec le mot hébreu « Hineni » (le « me voilà » d’Abraham). Il serait donc difficile de prétendre que les poèmes de Cohen sont d’une qualité égale à celle de ses chansons, tant la thaumaturgie de l’auteur passe par le travail musical, et tant elle est questionnée par l’interprétation sonore.

Leonard Cohen, La flamme. Poèmes, notes et dessins

Leonard Cohen, The dazed middle self (Hommage à Morente) © Old Ideas, LLC

La troisième section de La flamme, « Extraits des carnets », en est la confirmation. Sans mise en forme, sans musique, ce qu’écrit Cohen n’a qu’un intérêt biographique, documentaire propre à intéresser plutôt les spécialistes ou les grands fans du chanteur. Certes, ces pages de notes éparses, de remarques ou de strophes poétiques donnent un accès plus direct aux souffrances et aspirations de son univers. On y retrouve un homme surpris de lui-même et de ce qui l’entoure, réagissant avec restreinte et pathos, cherchant sans cesse «  a place to kneel / between the poets of pain » (« un endroit où s’agenouiller / au milieu des poètes de la douleur »). En même temps se met en place le processus cathartique ; les fractures et blessures évoquées sont rendues collectives par une allusivité mystérieuse, un recours au biblique ou au mystique. Et la voix interrogative ne cesse d’y attendre un oracle ou un miracle… et d’y renoncer, sans fin.

Pas mal ! Il est difficile de ne pas être séduit. La séduction aurait cependant opéré plus sûrement encore si La flamme avait été soumis à un travail éditorial rigoureux ; l’ouvrage aurait gagné en clarté et en tension avec un choix de textes plus limité. Ainsi, la dernière partie devrait être moins fournie – en l’état actuel des choses, elle donne une impression de redites et de facilité – et les illustrations moins nombreuses car elles empêchent de se concentrer sur le texte.

Pourtant, le brasier de Cohen brûle bel et bien et, contrairement à la prédiction de « Ce qui arrive au cœur », il n’échoue pas, son petit feu. Bien au contraire, et la lecture de La flamme en apprendra beaucoup sur le bois littéraire et autobiographique qui l’a toujours alimenté. Halleluyah.

 

[Source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

 

L’examen d’une trentaine d’affaires criminelles abordées par la chanson dans les « canards sanglants ». Une histoire culturelle de la mise en musique du crime.

Écrit par Stéphane LETEURÉ

Dans son volumineux ouvrage de 672 pages, Jean-François « Maxou » Heintzen retrace l’histoire presque oubliée des complaintes criminelles qui paraissaient dans les « canards sanglants » ou feuilles illustrées. En historien averti et en spécialiste de la chanson et des pratiques instrumentales traditionnelles, l’auteur nous plonge dans un intéressant récit chronologique qui fait la part belle à la Troisième République (1870-1940), et qui est précédé d’une centaine de pages consacrées à la question des origines du genre. L’auteur prolonge quelque peu son récit dans les années 1940 avec comme principale illustration le retentissant massacre d’Oradour-sur-Glane.

Chanter le crime. Canards sanglants & Complaintes tragiques Jean-François « Maxou » Heintzen – 2022         Bleu autour 688 pages

Agrégé de Mathématiques, docteur en Histoire, musicien aux multiples pratiques, Jean-François « Maxou » Heintzen présente ici le résultat d’un travail considérable qualifié à juste titre d’« exploit » par le préfacier Jean Lebrun, journaliste et producteur de radio renommé. Cette somme agrémentée de plus de 300 illustrations et joliment éditée par Bleu autour présente la particularité d’êtres vendue avec une clef USB, produite par les « Films sonores », où figurent de libres interprétations d’artistes ainsi qu’un entretien entre l’auteur et une spécialiste du répertoire populaire, Yannick Guilloux. Le travail d’analyse repose sur la consultation d’une multitude de sources provenant de collections privées, des archives départementales (de la Nièvre, de l’Allier, de l’Ain), ou encore des fonds de la SACEM et de la BnF (Gr Fol Wz 90 principalement)   .

Les quatre sections chronologiques permettent de cerner rigoureusement l’évolution de la complainte criminelle telle qu’elle était composée, imprimée et diffusée. Les 33 études de cas retracent donc l’itinéraire diachronique d’un support médiatique abandonné dans la seconde moitié du XXe siècle (mais partiellement remplacé). Ce travail d’archéologie et de collectionneur croise ainsi plusieurs champs disciplinaires tels que l’histoire criminelle, l’ethnomusicologie, l’histoire de la presse mais aussi la chanson. La démarche adoptée — celle, finalement, d’une histoire culturelle — consiste judicieusement, par un jeu de couleurs, à présenter de façon successive des synthèses contextualisantes, des analyses d’images — à plus d’un titre, cet ouvrage se présente comme un essai iconologique — et des études de la chanson proprement dite.

Le récit chanté du crime (en langue française ou en langue vernaculaire) apparaît comme la résultante d’un processus médiatique et social directement issu du fait divers. Le genre du « canard sanglant » associe un titre, un récit de l’événement tragique, la complainte en tant que telle et son illustration. Il s’agit de faire peur et d’ajouter à l’horreur une morale qui s’adresse au plus grand nombre. Au frisson succède la leçon. L’examen de ce corpus donne au lecteur les possibilités de voir, d’entendre et de comprendre le traitement musical et iconographique du crime, qu’il soit ou non célèbre, qu’il prenne place en France ou à l’étranger. Jean-François « Maxou » Heintzen parvient à immerger le lecteur dans une histoire faite d’analyses, de narrations et de descriptions renouvelées par les exemples sélectionnés. On ne peut que saluer cette démarche qui mêle habilement la musique à l’histoire.

 

[Source : http://www.nonfiction.fr]

 

 

 

Una de las colaboraciones más notables y singulares de los últimos años de William S. Burroughs tiene que ser sin lugar a dudas la que desarrolló con la banda de metal industrial Ministry. Burroughs no solo participó en el vídeo de “Just One Fix”, uno de los sencillos de su magistral Psalm 69, disco de cuyo lanzamiento se cumplen hoy, 14 de julio, ni más ni menos que treinta años; también grabó un monólogo de spoken word que fue utilizado para una remezcla de dicho single titulada “Quick Fix” y cedió uno de sus collages como ilustración de portada para su edición en CD. En esta “cara B”, que podéis ver/oír sobre estas líneas, Burroughs adopta el punto de vista de un alienígena recién llegado a nuestro planeta como parte de una fuerza colonizadora y se pregunta cuál es la mejor manera de tratar con los terrícolas, si hacer con ellos lo mismo que los anglosajones hicieron con los indios en Estados Unidos («the Indian reservation is extinction») o intentar llegar a un acuerdo que evite una posible guerra nuclear. El tema concluye con una proclama típicamente burroughsiana: «Smash the control images, smash the control machine». Al Jourgensen, el fundador de la banda, recordaba en esta entrevista de 2012 el modo en que se desarrolló la colaboración con el veterano escritor. Traduzco:

Grabamos un vídeo con él en Lawrence, Kansas. Fuimos caminando hasta su casa. Me asusta volar el día 23 de cualquier mes. Nunca viajo ese día. Pero, en esta ocasión, convencí a un colega para que alquilase un coche y condujimos hasta Lawrence. Conseguimos su dirección y nos presentamos en su casa, tal cual. Abrió la puerta y lo primero que dijo fue: «¿Traéis mandanga?». Mi colega también era yonqui y entre los dos llevábamos lo justo para apañarnos un par de días, así que le dijimos que no. Y nos cerró la puerta en las narices.

De modo que dimos media vuelta y condujimos hasta Kansas City para pillar algo de jaco y que Bill Burroughs nos dejara entrar en su casa. La siguiente vez que abrió la puerta, dijo: «¿Traéis mandanga?». Y nosotros: «Sí, traemos unas papelas». Y él: «Está bien. Podéis entrar». Y así fue como conseguimos que nos dejase pasar.

Al Jourgensen con William Burroughs en 1992.

Nos sentamos en su salón y de repente sacó una especie de viejo cinturón para herramientas de los años cincuenta como salido de Pulp Fiction, lleno de jeringas. Unas jeringas enormes, de las antiguas. Se preparó una meticulosamente y se encontró una vena. No sé cómo es posible encontrarle una vena a un septuagenario, pero sabía lo que se hacía. De modo que nos metimos un pico juntos y nos quedamos tirados en su sofá. Entonces me percaté de que en la mesa, delante de mí, había una carta con el sello de la Casa Blanca. Estaba sin abrir, así que le pregunté: «Oye, Bill, ¿no vas a abrir esta carta?». Y me dice: «¡Nahhh! Probablemente solo sea publicidad». Pero era de la Casa Blanca y en aquel momento llevábamos un buen cuelgue, así que le dije: «¿Te importa si la abro yo?». Y él: «Me da igual, tío». De modo que la abrí y era una carta del presidente Bill Clinton invitándole a asistir a la Casa Blanca para leer unos fragmentos de El almuerzo desnudo o algo así. «Tío», le dijo a Bill, «esto es muy gordo». Y lo único que comentó al respecto fue: «¿Quién es presidente ahora?». No lo sabía. No tenía ni idea de que Bill Clinton era el presidente. Estaba tan metido en su propio mundo que no sabía quién era el presidente de los Estados Unidos y ni se le había ocurrido abrir el sobre.

Entonces se puso a hablarnos sobre su jardín de petunias. Era lo único que le preocupaba. No le preocupaba quién pudiera ser el presidente. Le preocupaba su jardín de petunias y que los mapaches se las estuvieran comiendo. Intentó cargárselos a tiros, pero los mapaches eran demasiado veloces. Evidentemente, nada que ver con la historia de Guillermo Tell en México.

Yo sabía que estaba apuntado a un programa de metadona, así que le dije: «¿Por qué no impregnas unas cuantas obleas con un poco de metadona? Seguro que eso los frena un poco». Y me dijo: «Eres un joven astuto». A partir de ahí hicimos buenas migas de inmediato. Accedió a venir al día siguiente al rodaje del vídeo, más contento que unas castañuelas. Llegó temprano, lo que para Bill Burroughs era más bien raro. Temprano y encantado de la vida, en plan: «Por fin he acabado con uno de esos malnacidos, gracias a tu consejo». Al parecer, los mapaches se habían comido las obleas y se habían adormilado lo suficiente para que Bill se liara a tiros. Estaba contentísimo y nos hicimos amigos durante los años que le quedaban de vida. Adoro a ese tío, colega.

 

[Fuente: http://www.culturaimpopular.com]

 

O presidente da Real Academia Galega (RAG), Víctor Fernández Freixanes, prosegue hoxe a colección ‘Relatan…Nós’ con ‘Lucerío no Sar’, unha obra que trata de emigración, mais tamén do volframio e da realidade da aldea galega no século pasado. ‘Nós Diario’ conversa con Freixanes sobre os históricos vencellos entre xornalismo e literatura e a súa presenza hogano nos medios.

O presidente da RAG, Víctor F. Freixanes. (Foto: Nós Diario)

O presidente da RAG, Víctor F. Freixanes

Publicado por YURI CARRAZONI
—Como valora esta colección de relatos inéditos que Nós Diario inclúe nas súas páxinas durante o mes de xuño?
Síntome moi honrado e agradecido a Nós Diario por ter pensado en min para formar parte desta iniciativa. Os medios de comunicación son magníficas plataformas para a difusión da literatura e que este xornal celebre o décimo aniversario de Sermos Galiza salientando a creación literaria é unha proba de sensibilidade que merece o noso aplauso. O feito de que me acompañe o meu irmán Xosé Freixanes coas ilustracións dálle un valor engadido. Xa dirán os lectores se a selección de autores e autoras é do seu agrado.

—A literatura foi da man do xornalismo desde os inicios da prensa. Porén, hoxe acostumamos a ver un xornalismo afastado de toda literalidade, que mesmo prima a inmediatez dos feitos sobre o fondo dos mesmos. Cre que os medios de comunicación deben —debemos— apostar máis nos contidos literarios?
Desde os primeiros tempos as publicacións periódicas incorporaron creación literaria á súa oferta, tanto en prosa como en verso. O Diario de la Coruña, por exemplo, primeira mostra de xornalismo galego, que dirixía en 1808-1809 Manuel Pardo de Andrade, acolle nas súas páxinas  composicións poéticas case como sección fixa, e non esquezamos que a primeira novela en lingua galega, a Maxina de Marcial Valladares, apareceu por entregas en 1880 na Ilustración Gallega y Asturiana que dirixía Manuel Murguía.

A tradición vén de moi atrás, o que sucede é que nos últimos tempos o produto xornalístico, o seu principal soporte, mudou, e a creación literaria desenvolveu os seus propios soportes, o libro fundamentalmente, se acaso agora tamén as redes. Pero a literatura esta aí. As mellores crónicas e reportaxes teñen un compoñente literario obxectivo que, ademais de atractivas, fai que resulten máis eficaces. Certo que o rexistro literario ten unhas características moi distintas do rexistro xornalístico, aínda que a literatura estea presente nos dous casos. Eu non escribo igual cando escribo para os xornais que cando asumo, libre de condicionantes, o rexistro da literatura. Neste segundo caso a lingua non é só un vehículo de comunicación, é un territorio autónomo, que adquire sentido por si mesmo. Facer literatura é, principalmente, traballar o idioma, recrealo; en certa maneira reconstruír o mundo a través das palabras.

Unha novela admite case todo, pero un conto son cen metros lisos que hai que correr sen respirar

—O seu relato ten como protagonista un home que marchou ás Américas. En que se inspirou?
O relato forma parte dun proxecto que leva no caixón bastante tempo, desde que rematei Cabalo de Ouros (2010). Quixera reunir unha serie de narracións breves que evocasen o mundo no que se desenvolve a novela, esa Vilanova de Alba que é un espazo de ficción, pero que viaxa pola historia en distintas etapas. A narración breve é un xénero difícil, polo menos para min, malia a importante tradición que ten na literatura galega.

Unha novela admite case todo, pero un conto son cen metros lisos que hai que correr sen respirar, a tope de presión e cos músculos en plena forma, sen derramar un adxectivo. Dun tempo para acá pensei en reunir estampas evocadoras da Galiza dos nosos avós, nos anos 40 e 50 do pasado século, quizais mesmo de antes.

Nesta historia está presente a emigración, mais tamén o mundo do volframio, a realidade social da aldea galega nesta etapa, o esfarelamento do mundo rural… Aspectos que os lectores novos non coñecen, e que nos axudan a entender o que somos hoxe.

—Que vai atopar o lector ou lectora no seu relato?
Interésame moito a memoria de nós, tanto nos seus aspectos dramáticos, como se conta en Cabalo de Ouros, como nos seus aspectos simbólicos ou históricos. Este relato recrea un mundo que algúns de nós vivimos na nosa infancia, incluso direi que unha parte importante dos feitos  que se narran son certos. O lucerío no Sar, coas pedras de carburo nos petos do tratante, sucedeu realmente. A fórmula escollida inspírase na tradición e nos rexistros da oralidade. A maiores intentei incorporar o humor, que é moi importante.

[Fonte: http://www.nosdiario.gal]

Publicado por Martín Sacristán

«¿Por qué contrariamos a la muerte y respiramos? Obedecer es desobedecer a la rebeldía». Con estas palabras se inicia El libro de la desobediencia, sugerente título para una novela en tiempos en que las letras de canciones pueden llevar a la cárcel o el exilio y en el que se secuestran ediciones por vía judicial. Su autor, el uruguayo Rafael Courtoisie, ha elegido contarnos una historia de rebeldes contra el poder en forma de metáfora, bajo la apariencia de una historia tradicional japonesa. Pero que habla sin embargo a nuestro tiempo, especialmente a través del retrato de sus personajes.

La principal protagonista, Miniki, es una princesa lesbiana, empeñada en raptar a la favorita del harén. Una fuerza femenina capaz de referirse al heteropatriarcado y de hablar sobre sus preferencias a la hora de desvirgar hímenes con su lengua, o de «desobedecer la ley del macho». Una guerrera que hizo perder a su único amante varón cabeza y genitales por lo malo que era en la cama. La fuerte carga erótica que hay en el libro pone de manifiesto la desobediencia de los personajes a las convenciones. Y también al poder establecido, que personifica el emperador, ridículo hijo del Sol como solo pueden serlo los dioses que cagan y mean a diario.

El autor se salta todas las reglas al dotar a Miniki de las características de un héroe literario varón: violenta, rescatadora de princesas, egoísta y solo atenta a sus deseos. Entrena discípulas luchadoras poetas y lesbianas en su academia, y se vale de ellas para raptar a Tanoshi, la favorita del emperador. No es que la ame, solo busca satisfacer en ella su deseo sexual. Claro que a la propia Tanoshi siempre se la ha negado el placer propio, y son los dedos, labios y lengua de Miniki los que le descubren qué es un orgasmo. Tanoshi es también un prototipo literario, el de la princesa pasiva de los cuentos, aunque esta vez, en la transgresora narración de Courtoisie, sea una mujer quien la rescate, y no un hermoso príncipe.

El déspota querrá vengarse del rapto, no porque le importe su favorita, sino porque le han insultado robándole su objeto sexual preferido a él, un dios. Para saber qué ocurrirá, tendremos que plegarnos a los caprichos y transgresiones de Okoshi, poeta y narrador de la trama. Suele estrujarse la cabeza para componer versos de elogio al emperador. En realidad para hacerlos lo suficientemente equívocos, de tal forma que sirvan a la vez para insultarle y para que su destinatario los perciba como halagos. Divertidos como moscas con las que nos interrumpe a menudo, para hacernos partícipes de sus burlas al hijo del Sol. O peor aún, para contarnos lo mucho que sufre trabajando en su encargo, el Libro de los monstruos japoneses. El relato avanzará adquiriendo las características de un thriller, cada vez más emocionante, espiral de la que nos sacará a su capricho Okoshi Oshura.

Pese a transcurrir en el período Edo japonés, entre samurais y katanas, serpientes voladoras, monstruos mágicos, las características literarias de El libro de la desobediencia son completamente modernas y transgresoras. Comenzando por su género literario, ya que no tiene ninguno en concreto. Esa es una de las características personales del autor, y esta obra suya encajaría lo mismo en los cánones de una novela moderna que en un guion de manga. El mismo Cortouise nos advierte en las páginas iniciales, por boca esta vez de un Okoshi pedante, contra cualquier intento de clasificarlo: «Pretender comprender o explicar un poema o un conjunto de poemas o una historia como la que cuenta El libro de la desobediencia es orinar fuera del mingitorio de oro y piedras preciosas, es perder el secreto que nos libra del yugo, de la pata o zarpa infecta de la autoridad». Este mandato a no encasillarlo ni siquiera es una prohibición, sino una parte más del juego que seguirá a lo largo de todas sus páginas con el lector. Hasta que este comprenda que tanto obedecer como desobedecer son dos actos lícitos, siempre y cuando supongan una rebelión contra el poder que nos manda. Que por algo la obra lleva ese título.

Courtoisie ha añadido a todo esto un humor e ironía típicamente latinos, junto a toques de filosofía zen, y otros que parecen salidos de la barra del bar. Y también abundantes pistas para que sepamos que está llamando a nuestro presente con su fábula. Hay referencias a una canción de Bebe, al efecto mariposa, a la destrucción de monumentos llevada a cabo por el Dáesh. Hay también una mención al pintor edo Hokusahi, y a una de sus ilustraciones shunga más famosas, un pulpo practicando el cunnilingus a la mujer del pescador. O al propio Escher y a sus juegos ópticos, similares a los que el tatuador Neko tiene que plasmar, con gran esfuerzo, en las gigantescas tetas de la mujer del temible asesino enano.

Todas estas llamadas a la actualidad son más relevantes, en conexión con la desobediencia, por venir de un escritor uruguayo que forma parte de la Generación Tardía. Rafael Courtoisie es heredero en su país de autores como Felisberto Hernández y Mario Levrero, y también de una dictadura que entre 1973 y 1985 prohibió los partidos políticos, ilegalizó los sindicatos y la prensa, además de encarcelar y asesinar a los opositores a su régimen. El escritor era apenas un adolescente en ese período, y se ha alejado de una tradición anclada en la narración urbana realista, que es la propia de la literatura uruguaya, especialmente de aquella que contestó la falta de democracia. Pero estableciendo a la vez una conexión con los mejores ecos de BorgesSilvina Ocampo y Miguel Ángel Asturias. Con los elementos fantásticos del realismo mágico tan presentes en García Márquez, y con la experimentación juguetona de Cortázar. Sin que pueda ser clasificado en ninguna de las características de los anteriores, y con el rasgo de identidad de la pluralidad estilística, compartido con el resto de modernos narradores latinoamericanos. Courtoisie es en suma, un autor que sigue en calidad e innovaciones a los mejores escritores del boom latinoamericano.

Hay además en él un elemento muy personal, su tratamiento del sexo. Las imágenes vívidas, eróticas, a veces abiertamente pornográficas, están muy presentes en sus libros de prosa y poesía, y de forma especial en este. El autor entiende la actividad sexual libre como una fuerza de escape del ser humano, que le permite superarse a sí mismo y a sus limitaciones. Por eso el deseo sexual es en muchas ocasiones lo que guía a sus personajes. Miniki es capaz de matarte de placer recitando un verso de Safo y apretando en cierto lugar de tus vértebras. Una de sus discípulas, Kameko, ha escrito el libro de poemas Periné, que provoca orgasmos mortales en el lector. Y en el clímax de la acción encontraremos a dos personajes que, ignorando la presencia de los demás, se pondrán a follar como locos detrás de las cortinas y los biombos, incapaces de contenerse.

El humor, siempre presente, acompaña al sexo y al otro elemento principal de la narración, la violencia. El modo de reflejarla evidencia la pasión de Courtoisie por la técnica cinematográfica. Hay una insistencia en el detalle a través de su prosa, que se asemeja mucho al objetivo de la cámara, asomándose a veces allí donde puede repelernos mirar. Así ocurre cuando Okoshi el poeta, jugando a un «te lo cuento, no te lo cuento», nos explica el tormento de la rata. Al reo se le introduce un tubo en el ano o la vagina, o en ambos, y una rata hambrienta se abre paso en sus intestinos o su útero a mordiscos. El modo en que los tendones y las fibras musculares son seccionados por los dientes, la forma en que la sangre salpica, es minucioso y abunda en el detalle. También ocurre lo mismo en las luchas que se entablan entre el ejército del emperador y el formado por la princesa rebelde y sus discípulas.

Sexo, humor, violencia, filosofía y lírica. Todo eso es El libro de la desobediencia, porque su autor es un narrador y un poeta, o ambas cosas a la vez. Traducido a varias lenguas, ha sido reconocido en España con los premios de poesía Fundación Loewe, el Blas de Otero y el Casa de América. Sus novelas Caras extrañas y Santo remedio se publicaron por primera vez en nuestro país, así como algunos de sus poemarios. Además de impartir Literatura Iberoamericana, Teoría Literaria y de Narrativa y Guion Cinematográfico es autor de ensayos y traductor de autores de gran talla, como Emily Dickinson, Sylvia Plath, o Raymond Carver, entre otros. Creador inquieto, su obra está en constante renovación, siempre a la búsqueda de nuevas técnicas y caminos literarios. Con El libro de la desobediencia ha vertido además al español la tradición literaria del Japón moderno.

No es suficientemente conocida fuera del continente la relación comercial, de larga tradición, entre China y Latinoamérica, ni la emigración de asiáticos a tierras americanas. Tampoco lo es que muchos escritores latinoamericanos modernos han comenzado a interesarse por la cultura asiática, trasladando su influencia al español. Courtoisie, siendo uno de ellos, ha llevado su interés a una cota difícil de superar. En su libro hace un homenaje a tres escritores japoneses fundamentales. A Ryunosuke Akutagawa, y a su análisis sobre la población católica japonesa de Nagasaki le dedica el jesuita que ayuda al emperador, claro reflejo de las misiones de Francisco Javier en la nación del sol naciente. A Yukio Mishima y su tratamiento abierto de la homosexualidad, las relaciones lésbicas de Miniki, sus discípulas, y su amante raptada Tanoshi. A Murakami, las modernas transgresiones de la narración literaria, especialmente la de sus últimas obras, facilitando el encuentro del poeta Okoshi y del metapersonaje, el traductor que está vertiendo su crónica al español. Aunque lo más atractivo de todo es que despoja a lo oriental de las características que nos son más ajenas, acercándolo a lo occidental con una narración absolutamente moderna y completamente original. Además de muy divertida.

Es por tanto El libro de la desobediencia una lectura casi obligada para aquellos que disfrutaron con el boom de la literatura latinoamericana, y esperan conocer a los autores que la están continuando en nuestro presente. Rafael Courtoisie es uno de ellos, y la editorial Nana Vizcacha, que le publica ahora en España, promete traernos en el futuro títulos tan sugerentes como este, abriéndonos al panorama de autores modernos, y reconocidos de aquel continente. Además de eso los amantes de Murakami, del manga, del sushi y el sashimi, y en general de las deliciosas aportaciones de la cultura japonesa a la occidental —incluido el shunga— disfrutarán enormemente con este libro.

 

[Fuente: http://www.jotdown.es]

Disfruta de este homenaje a Quino para revivir lo mejor de las tiras cómicas

mafalda

Publicado por Pascual

La nostalgia para muchos llegó a la Ciudad de México con la exposición ‘El Mundo de Quino’ sobre avenida Paseo de la Reforma, en el ya conocido Paseo de las Culturas Amigas, donde la atención se dirige al personaje de  historieta más famoso de Argentina y de América Latina, Mafalda.

“Mafalda”, el personaje de historieta más famoso de Argentina, creado por el caricaturista Joaquín Salvador Lavado Tejón, mejor conocido como “Quino”, permanecerá disponible a los habitantes y visitantes de la capital hasta el 13 de julio.

Durante la inauguración se contó con la presencia del embajador de Argentina en México, Carlos Alfonso Tomada, así como de la secretaria de Cultura de la CDMX, Claudia Curiel Icaza, donde apuntaron a que la exposición contará con más de 300 mil visitantes.

Mafalda
Mafalda

El montaje, que permanecerá hasta el 13 de julio, acercará a habitantes y visitantes de la capital a 19 viñetas de la famosa tira humorística que apareció por primera vez en el semanario Primera Plaza, un 29 de septiembre de 1964, y cuya popularidad internacionalizó a esta pequeña irreverente convirtiéndola en un importante icono cultural en Latinoamérica.

¿Qué podrás ver en la exposición de Mafalda en Reforma?

Los visitantes conocerán el surgimiento de “Mafalda”, trazo que el autor creó para un anuncio publicitario y con el cual dio la vuelta al mundo convirtiéndose en una guía para varias generaciones al aportar una libertad de pensamiento que impulsó los derechos humanos y promovió una relación armoniosa con la naturaleza.

El Mundo de Quino se presenta en el Paseo de las Culturas Amigas, ubicado en el camellón de avenida Paseo de la Reforma, entre la glorieta de La Palma y avenida de los Insurgentes, frente a Reforma 222, hasta el 13 de julio.

[Fuente: http://www.mexicotravelchannel.com.mx]

 

 

Publicado por Horacio Otheguy Riveira

Para un periodista y escritor como Miguel Ángel Almodóvar, las artes de cocinar, de comer y de conversar se unen con una gracia tan especial que todo el conocimiento expuesto en sus libros se convierte en mesa y mantel para cualquiera de sus lectores. Leerle es alimentarse entre páginas memorables sobre la historia de la cocina española, una obra que —como todas las del prolífico autor— discurre como una novela, bien documentada de personajes, anécdotas y recetas que, página a página, hacen la boca agua.

Saborea el escritor la rica experiencia literaria que le ha servido para algunas de sus numerosas obras ya míticas en el género, tales como: La cocina del CidEl hambre en España: una historia de la alimentación; o Mood-food. La cocina de la felicidad. Valiosos materiales de búsquedas y encuentros divulgativos empapados de un arte de narrar que colma de satisfacción a quien se deje llevar en busca de novedades culinarias, pues al ir de asombro en asombro en la revelación de platos que hicieron y hacen historia, también se viaja hacia áreas fascinantes geográficas y sociales. Todo muy orgánico en un hombre de letras y caldos, periodista, sociólogo, investigador, dietista y muy notable escritor, capaz de infundir gran calidad narrativa donde solo aparentaban buenos cubiertos y copas en alza.

«[…] No es descartable que siglos de clichés y reticencias influyeran lo suyo en el ninguneo internacional de la cocina hispana, pero a nuestro juicio hay dos razones alternativas que explican lo grueso del asunto y ambas llevan el nombre de Madrid.

La capital del reino (y, a ratos, de la república) nunca mostró el menor interés en crear una «cocina española» al modo y manera que lo habían hecho París, Moscú, Roma o Atenas, que jamás fue otro que el de seleccionar un determinado número de platos de cada región o zona gastronómica para ofrecer una carta, en buena medida representativa del variopinto ágape y la denominación pomposa de cocina francesa, rusa, italiana o griega.

Madrid, hay que insistir, nunca dio muestras de ni intentar esa tarea y muy por el contrario abrió siempre sus brazos a las cocinas de otros rincones, que fueron llenando sus calles de restaurantes y casas de comida manchega, asturiana, vasca, extremeña, sanabresa o de cualquier otra comarca. Lejos de hacer algún gesto en pro de la centralización, Madrid se declaró siempre abiertamente partida de la regionalización de la oferta gastronómica global […]».

Dicho esto en las primeras páginas, el autor aventura otras hipótesis interesantes sobre el ya legendario «ninguneo», para introducirse en una serie de 14 capítulos, algunos de los cuales rezan así: El hat-trick de la cocina española fuera de sus fronteras; Señas de identidad: el mito, el rito, el ajo y los prejuicios religiosos; Prehistoria y primera historia; Una Edad Media y tres grandes culturas culinarias  (…) El siglo de las luces, el hambre popular y las innovaciones culinarias borbónicas; La portentosamente movida centuria decimonónica; Un siglo que se anuncia con miseria alimentaria y tambores de guerras; Posguerra, racionamiento, estraperlo, hambre y final feliz desarrollista; Las vanguardias de entre siglos.

Con amplia bibliografía bien detallada al final, para entonces ya hemos dejado volar imaginación e intentado apuntar, hasta que lo mejor ha sido marcar páginas con buenos postists de colores para volver a recorrer las páginas más notables en cuanto a la buena mesa y a los magníficos datos personalizados de acontecimientos sociopolíticos con riguroso baño ideológico, que el maestro Almodóvar también se moja lo suyo sin quitarse para nada el elegante delantal.

Numerosas ilustraciones siguen de cerca el devenir de un texto tan documentado como ameno, en manos de un narrador que domina el arte de contar historias.

«Sangre y arena», de Rouben Mamoulian, 1941, fue la película que dio a conocer el gazpacho a nivel mundial.

 

Tortilla de naranja para pícaros y rufianes

 

Manuel Azaña lanzó una activa política de mejora en la alimentación popular y en las raciones de la tropa.

 

Aldonza, la protagonista de La lozana andaluza, de Francisco Delicado, ejemplifica la fusión gastronómica de las tres culturas del libro: cristiana, musulmana y judía.

EDITORIAL ALMUZARA. ESO NO ESTABA ESTABA EN MI LIBRO DE HISTORIA DE LA COCINA ESPAÑOLA

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]