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El reciente ataque a Salman Rushdie pone de nuevo sobre la mesa el debate sobre el islam, la radicalización religiosa y política y la libertad de expresión.

Escrito por Ezequiel Kopel

El viernes 12 de agosto Salman Rushdie, el escritor condenado por la República Islámica de Irán desde 1989 debido a la acusación de blasfemia por su libro Los versos satánicos, estaba por dar una conferencia en la tranquila ciudad de Chautauqua, al oeste de Nueva York. En ese momento, un hombre subió al escenario y lo apuñaló más de 10 veces en el cuello y abdomen. Un malherido Rushdie fue trasladado de emergencia en avión a un hospital; lo operaron y le colocaron un respirador. Las primeras informaciones luego de la operación indican que el escritor evoluciona favorablemente, pero tiene el hígado dañado, podría perder un ojo y vería afectado el movimiento de su brazo al tener sus nervios cortados. El moderador del evento, Henry Reese, de 73 años, cofundador de una organización que ofrece residencias a escritores que enfrentan persecución, también fue atacado.

El agresor fue arrestado de inmediato. Hadi Matar, de 24 años, oriundo de Fairview, Nueva Jersey, y descendiente de libaneses es –por lo que pudo verse en sus redes sociales (mientras estuvieron abiertas)– un ardiente fanático de los ayatolás y de los líderes políticos y militares iraníes. El acto de matar de alguien que ni siquiera había nacido cuando Rushdie escribió su controvertido libro y ya admitió que nunca lo leyó es otro ejemplo de la peligrosa radicalización de una juventud impresionable, muchas veces de confesión islámica, que glorifica la violencia.

Las autoridades iraníes tardaron en responder sobre el ataque: negaron tener participación alguna en el hecho, pero creyeron pertinente acusar al escritor como el verdadero culpable del intento de asesinato. En una vergonzosa declaración, Nasser Kanani, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, sostuvo que había sido la víctima quien había cruzado «líneas rojas» y se había expuesto «a la ira de la gente». Vale recordar que el fundador de la República Islámica de Irán y por entonces su máxima e incuestionable autoridad, el ayatolá Ruhollah Jomeini, había ofrecido en 1989 –mediante una fatwa— una recompensa de 3 millones de dólares por la cabeza de Rushdie, tras acusarlo blasfemia.

Aunque el presidente reformista iraní Mohammad Jatami dijo que el asunto estaba «completamente terminado» en 1998, cuando Gran Bretaña se lo exigió para restablecer relaciones diplomáticas con Irán, la fatwa no fue rescindida formalmente. De hecho, el sucesor de Jomeini, Alí Jamenei, reiteró en 2017 que aún se encontraba en vigor. En 2016, por ejemplo, Irán boicoteó la Feria de Fráncfort por la presencia del escritor indio-británico y en 2019 reforzó la sentencia, tuiteando desde su cuenta oficial que la fatwa era irrevocable, lo que llevó a Twitter a limitar su cuenta, pero no a cerrarla (como sí lo hizo, por ejemplo, con la del expresidente estadounidense Donald Trump).

Las reacciones en la prensa iraní fueron unánimes y dejaron de lado toda diferencia entre conservadores y moderados. Una editorial del diario Irán, órgano oficial del gobierno, afirmó de forma orgullosa que «33 años después de que su excelencia el imam Jomeini dictaminara sobre la apostasía de Salman Rushdie, un no iraní en el corazón de Estados Unidos cometió el acto más sagrado de Dios» y que esto demostraba que «en el corazón del mundo moderno, las órdenes de Dios todavía están vivas en los corazones de las personas». El diario de línea dura Kayhan, cuyo jefe es designado por el actual líder supremo, saludó «a este valiente hombre que atacó al apóstata y cruel Salman Rushdie en Nueva York y besamos sus manos que acuchillaron y desgarraron el cuello de un enemigo de Dios». El periódico Jame-Jam, propiedad de la Radio y Televisión Nacional, publicó una defensa del atentado tras la información de que Rushdie perdería un ojo, publicando una caricatura de él, con cuernos y sin un ojo, con la leyenda: «Satanás perdió un ojo». Etemad y Arman-e Melli, periódicos supuestamente moderados y «reformistas», señalaron que todo podía ser una conspiración de Occidente e Israel, que utilizando «falsas afirmaciones antiiraníes» buscan descarrilar las nuevas conversaciones nucleares. Irónicamente, a principios de la década de 1980, las traducciones al persa de Hijos de la medianoche y Vergüenza, dos de sus primeros libros, hicieron que (junto con su posición favorable al nacionalismo palestino) Rushdie fuera admirado por su «antiimperialismo» durante años en el Irán revolucionario.

La idea de que Irán no estuvo físicamente detrás del ataque contra Rushdie no solo es una manipulada elucubración, sino que, además, olvida las acciones pasadas de la República Islámica contra críticos y opositores. Hadi Matar pudo haber tomado la decisión individualmente. Es decir, sería otro mal llamado «lobo solitario» al que se le imputa una suerte de radicalización por generación espontánea. Pero pocos días después del ataque ya existen informaciones, citadas por VICE News, de que mantuvo contactos con miembros de la Guardia Revolucionaria iraní. Dado que el incidente se encuentra en etapa de investigación temprana, todavía se sabe demasiado poco sobre esas comunicaciones.

En estos días suele soslayarse que Irán cuenta, en su historia contemporánea, con una numerosísima lista de opositores asesinados en el exterior, algunos por orden directa y otros de manera indirecta. En 1980, un seguidor extranjero de la República Islámica, Dawud Salahuddin, disparó y mató al antiguo agregado de prensa de la embajada iraní Ali Akbar Tabatabaei en la puerta principal de su casa en Bethesda, Maryland. Los magnicidios –dirigidos o inspirados- aumentaron considerablemente en la década de 1990. Las estimaciones indican que solo hasta 1997 se cometieron 50 asesinatos de disidentes políticos en el extranjero.

La década se inauguró con el asesinato en Suecia de dos disidentes kurdos, Karim Mohammedzadeh y Efat Ghazi, el 6 de abril y 1 de septiembre respectivamente. El 6 de agosto de 1991 fue asesinado con cuchillos de cocina Shapour Bajtiar, el liberal y último primer ministro iraní previo a la Revolución islámica, en su casa del suburbio parisino de Suresnes. El 8 de agosto de 1992 encontraron el cuerpo del artista Fereydoun Farrokhzad en su apartamento en Bonn, Alemania, apuñalado repetidamente en la cara y la parte superior del torso. Farrokhzad se había burlado de la obsesión mostrada por Jomeini por el sexo en su libro Tahrir al-Wasilah. Ya más cerca en el tiempo, en 2017, el creador de un medio opositor al actual gobierno de Irán, Saeed Karimian, fue baleado en Estambul. Incluso el año pasado Francia condenó a un diplomático que trabajaba en la embajada iraní en Viena a 20 años de prisión por un complot para poner una bomba en una manifestación de un grupo opositor en Francia. Y en julio de este año la policía estadounidense detuvo a un hombre armado con un rifle AK-47 frente a la casa de Brooklyn de la disidente iraní (y destacada militante contra el uso obligatorio del velo islámico) Masih Alinejad. La acción se suma a la trama descubierta el año pasado por el FBI, que arrestó a cuatro agentes iraníes que pretendían llevar a Alinejad de contrabando a Irán para silenciar sus críticas.

Luego del atentado contra Rushdie reaparecieron las voces que matizaban el intento de magnicidio como una reacción entendible por ofender a los fieles de una religión, bajo la idea de que sentirse ofendido es una razón válida para matar o perseguir a una persona. Esto recordó la posición adoptada por diferentes personalidades tres décadas atrás cuando se sancionó la fatwa contra el escritor indio de origen musulmán hoy herido. Road Dahl, autor de Charlie y la fábrica de chocolate, lo calificó de «peligroso oportunista»; el maestro del espionaje John le Carré (quien en 1997 sería a su vez acusado de antisemitismo por su caracterización de un personaje en la novela El sastre de Panamá) dijo que «no hay ley en vida que sostenga que las grandes religiones pueden ser insultadas con impunidad»; el escritor de izquierdas John Berger exigió que la obra fuese sacada de las librerías ante la posibilidad de «una guerra santa», y el músico Cat Stevens, quien adoptó el nombre Yusuf Islam cuando se convirtió al islam, llegó a afirmar que si Rushdie golpease su puerta pidiendo ayuda «trataría de llamar al ayatolá Jomeini y decirle exactamente dónde está este hombre».

En tanto, Kalim Siddiqui, director del Instituto Musulmán de Londres y uno de los organizadores de las manifestaciones contra el libro de Rushdie, sentenció: «Yo no lo mataría, pero estoy seguro de que hay mucha gente en este país preparada para eso en este momento. Como ciudadano británico, tengo el deber, por así decirlo, de no infringir la ley británica. Pero no somos una religión pacifista. No ponemos la otra mejilla. Devolvemos el golpe». Asimismo, vale rememorar que el por entonces gran rabino (askenazi) israelí Avraham Shapira quiso prohibir la publicación de Los versos satánicos en Israel, argumentando que ofendía las sensibilidades religiosas, a pesar de que no había leído la novela, que ni siquiera se había publicado al hebreo. Su contraparte sefardí en el Estado hebreo no se quedó atrás y en una especie de «ecumenismo a la inversa» –como lo define muy bien Christopher Hitchens en su autobiografía-, dijo que el principal problema no era bajo ningún concepto la oferta de pago por el asesinato de un escritor, sino el delito de blasfemia. En cambio, el gran rabino de Inglaterra Immanuel Jakobowitz trató de esgrimir una extraña solución salomónica cuando agregó que «tanto Rushdie como el ayatolá Jomeini han abusado de la libertad de expresión». Otro de los efectos secundarios más extraños del caso ocurrió en Rávena (Italia), donde un grupo llamado Guardianes de la Revolución amenazó con volar la tumba de Dante Alighieri a menos que el alcalde rechazara la descripción que Dante hizo del profeta Mahoma, a quien define como condenado a uno de los círculos inferiores del infierno, partido en dos, por haber promovido cismas.

Sin embargo, hubo quienes respaldaron vigorosamente a Rushdie desde un principio. Además de la conocida anécdota de Susan Sontag poniéndose al hombro el caso como presidenta del club literario PEN (llegó a ir hasta el Congreso estadounidense para exigir una fuerte posición nacional ante la declaración del presidente George Bush de que la fatwa «no nos afecta» y debió imponerse ante los importantes rechazos de solidaridad, como cuando Arthur Miller, el prestigioso autor de Las brujas de Salem, se negó a participar en una lectura de apoyo con su colega perseguido) existieron también significativas defensas de intelectuales musulmanes o árabes. Una de las menos conocidas fue del intelectual sirio Sadiq Jalal Al-Azm, quien en 1991 criticó a los liberales occidentales por brindar un robusto apoyo a los disidentes soviéticos en ese momento, al tiempo que dudaban a la hora de sostener a Rushdie, haciendo gala de un orientalismo travestido, cuando la persecución viene desde Oriente. Algunas de sus palabras fueron: «Quizás la suposición silenciosa y profundamente arraigada en Occidente sigue siendo que los musulmanes simplemente no son dignos de disidentes serios, no los merecen y, en última instancia, son incapaces de producirlos». A propósito del orientalismo, el mismo autor del famoso libro que popularizó el término en la actualidad, el palestino Edward Said, escribió: «Rushdie es todo aquel que se atreve a hablar en contra del poder. Él, su libro y su vida se encuentran en la frontera donde la tiranía se atreve a pronunciar y exigir sus atroces decretos. Rushdie es la intifada de la imaginación».

Otro valiente con mucho que perder fue Naguib Mahfouz, el único escritor árabe en ganar un Premio Nobel de literatura, quien, a pesar de reconocer que Los versos satánicos podía ofender a musulmanes piadosos, inició un encendido respaldo a la libertad de expresión de su colega a solo un año de ser distinguido por la Academia sueca. Su acción motivó que su obra fuese escudriñada por extremistas islámicos y él mismo fuera condenado por blasfemo por su novela Los niños del callejón. La obra habla de Dios y los profetas y trataba de explicar creativamente la filosofía de la religión a través de la historia de un barrio de El Cairo. Un día después de que se cumpliese el sexto aniversario de su premiación con el Nobel en 1994, fue acuchillado en el cuello al salir de su casa. La elección de acuchillar el cuello no es fortuita para los fundamentalistas, sino que busca resaltar la intención de callar la voz del denunciado. Mahfouz nunca más fue el mismo y una competencia de fatwas denunciatorias empezó a surcar el mundo musulmán. A pesar de todo, ese mismo año 91 escritores árabes y musulmanes de todo el mundo publicaron una colección de ensayos en solidaridad con Salman Rushdie.

Independientemente de la libertad de poder opinar sobre figuras religiosas y sus actos o la posibilidad de representarlos en obras de ficción, es pertinente un análisis real de si Los versos satánicos presenta una visión profundamente herética del islam. Reza Alsan, un estudioso de la sociología de la religión, crítico de lo que hoy se conoce como «nuevo ateísmo» y una especie de «pariente lejano» de Rushdie para los fundamentalistas cristianos por su libro Zelote –donde humaniza la historia de Cristo–, asegura que «para cualquiera que tenga algún conocimiento del Corán, la sorpresa es cuán ortodoxa es la novela en su tratamiento del islam. Los pasajes sobre los llamados ‘versos satánicos’ (las secuencias de sueños que involucran al profeta) están perfectamente en línea con lo que dicen muchos comentaristas tradicionales del Corán (…). La verdad es que una ofensa contra el islam temprano no fue la razón de la fatwa. Lo que parece haber resultado ofensivo para Jomeini fueron los pasajes que narran a los ayatolás iraníes con turbante negro, abriendo sus fauces para tragarse a personas inocentes».

Para comprender qué enoja hasta la violencia a muchos piadosos musulmanes, es necesario entender a qué se refiere el término «versos satánicos». En la tradición islámica, el incidente de los versos se conoce como la «historia de las grullas». Allí se narra la ocasión en que el profeta Mahoma (fallecido en 632 d.C.) confundió los susurros de Satanás con la revelación divina y, de esa manera, las intrusiones satánicas llevaron a Mahoma a pronunciar versos de alabanza a ídolos paganos de la Meca del siglo VII. Ahab Aiwi, un académico estudioso del islam temprano en la Universidad de Leiden, agrega: «Las fuentes históricas musulmanas que recopilan, transmiten y preservan las memorias culturales de la primera comunidad musulmana han registrado e informado el incidente de los denominados versos satánicos y por eso tenemos al menos 50 informes históricos de los primeros 200 años del islam (aproximadamente 610-810 d.C.) que describen en detalle la ocasión en que el profeta Mahoma supuestamente confundió el engaño de Satanás con el mandato de Dios. (…) Los musulmanes posteriores descartaron el incidente como espurio y teológicamente abominable basándose en una consideración: Mahoma estaba protegido por Dios, es decir, era infalible y no propenso a cometer errores en su entrega de la revelación».

Para explicarlo de manera simple –y por supuesto reducida–, los primeros musulmanes trataron de relatar la epopeya histórico-moral de la vida de Mahoma en una heroica lucha por establecer la religión divina, ergo, un intento deliberado de retratar a un Mahoma humanizado que se impone contra las vicisitudes de la vida para hacer que el monoteísmo triunfe por encima de todo. Sin embargo, los posteriores musulmanes que recopilaron las colecciones canónicas de los Hadiths lo consideraron incongruente con su proyecto teológico, que requería que el profeta fuera infalible y, por lo tanto, consideran los «versos» inauténticos. Lo que no muchos saben es que incluso el incidente de los «versos satánicos» es aceptado como auténtico por Ibn Taymiyya, el antiguo predicador fundamentalista al que denominan como padre moderno del wahabismo saudí.

Hay diferentes teorías de por qué Jomeini decidió promulgar una fatwa contra el escritor indio musulmán y Los versos satánicos (un libro que él nunca habría leído, según dijo su propio hijo), que van desde la intención de ocasionar un levantamiento musulmán en India, Pakistán y Europa, hasta el deseo de que su población olvidase el cese al fuego firmado con Saddam Hussein al final de la fratricida guerra entre Irán e Iraq, un arreglo que el ayatolá había prometido no realizar nunca si no era por orden divina. Lo cierto es que casi nadie ha leído realmente la novela, y la mayoría de quienes la condenan se sorprenderían al saber que no sugiere que el Corán fuera inspirado por el Diablo. En el presente se puede conseguir La Divina Comedia –que coloca a Mahoma en el octavo círculo del infierno con las entrañas colgando– en cualquier capital del mundo musulmán, pero el solo rumor del nombre de Rushdie puede producir actos de violencia en esos mismos lugares.

Es preciso sostener que no es igual la representación ficcional de una figura religiosa que el odio a una religión. Incluso la crítica de ideas no es simétrica al ataque a las personas que practican una fe. Asimismo, apuñalar en el cuello a un escritor que no te gusta no es un comportamiento que haga pensar a nadie –que no sea un fanático– que una religión tiene algo admirable que ofrecer al mundo. Hoy la crítica hacia una religión ha dejado de ser un crimen en la mayoría de los países y se puede cuestionar, por ejemplo, al cristianismo o al papa, sin que eso signifique una expresión de «cristianofobia». No se trata de criminalizar al islam, tampoco de pensar que la ideología no tiene ninguna importancia (en la escuela predominante del islam chiita en Irán se requiere que los laicos obedezcan ciegamente las normas de los clérigos sobre la ley islámica) sino comprender que hay una disputa en el seno de una religión para lograr la hegemonía dentro de ella. Y el escenario principal de esta conflagración no es Occidente, sino latitudes donde el islam reina como la religión del Estado y escritores, caricaturistas y artistas, muchísimo más valientes que Rushdie, son reprimidos, día a día, de modo habitual.

Hoy, mientras la idea de que es válido censurar obras artísticas si ofenden a ciertos grupos gana cada vez más tracción en las sociedades modernas. Vale recordar las palabras del vilipendiado Salman Rushdie, quien pasó por todo lo que pasó y no emergió como un psicópata reaccionario deseoso de prohibir el islam: «El respeto por la religión se ha convertido en una frase que significa miedo a la religión. Las religiones, como todas las demás ideas, merecen la crítica, la sátira y, sí, nuestra falta de respeto sin ningún miedo».

[Fuente: http://www.nuso.org]

Organizações repudiam “ato macabro e cobarde” contra diretor do Centro para a Democracia e Desenvolvimento e presidente da Rede Moçambicana de Defensores dos Direitos Humanos, e denunciam “fechamento do espaço cívico e tentativas de bloqueio às atividades” das ONG.

Foto publicada na página de Facebook pessoal de Adriano Nuvunga

Esta terça-feira foi divulgada uma Nota de Repúdio e Denúncia à Ameaça à Vida do Ativista Adriano Nuvunga(link is external) subscrita por cinquenta e cinco organizações não governamentais (ONG), entre as quais figuram, nomeadamente, o Centro para a Democracia e Desenvolvimento(link is external)IESE- Instituto de Estudos Sociais e Económicos(link is external)Observatório do Meio Rural (OMR)(link is external)Rede Moçambicana de Defensores dos Direitos Humanos(link is external)JOINT – Liga de ONG’s em Moçambique(link is external)Kuendeleya(link is external)Muleide(link is external)União Nacional de Camponeses(link is external) ou Fórum Nacional de Rádios Comunitárias(link is external).

Na missiva, as ONG explicam que, na madrugada de segunda-feira, 15 de agosto, “indivíduos desconhecidos atiraram para o quintal da residência de Adriano Nuvunga, dois projéteis, posteriormente identificados por agentes do Serviço Nacional de Investigação Criminal (SERNIC), como sendo munições de arma de guerra do tipo AK 47”. Acresce que esses projéteis continham uma mensagem que só foi possível decifrar parcialmente: “Cuidado Nuvunga”.

Os subscritores da nota de repúdio e denúncia consideram que este foi um “ato macabro e cobarde” e expressam a sua total solidariedade para com o diretor do Centro para a Democracia e Desenvolvimento e presidente da Rede Moçambicana de Defensores dos Direitos Humanos, bem com a sua família.

Os 55 coletivos destacam ainda que este ato “ocorre em contexto de cada vez mais fechamento do espaço cívico e tentativas de bloqueio às atividades de organizações da sociedade civil”. E lembram que as organizações sociais são “instituições criadas à luz da Constituição da República de Moçambique e as atividades dos seus membros estão plenamente cobertas pela lei, devendo, por isso, operar em ambiente de paz e sob a proteção dos competentes órgãos do Estado”.

Garantindo que não se calarão contra atos “cobardes de ameaças ao exercício de liberdades, direitos e garantias constitucionais dos cidadãos, mesmo que com encenações de recurso a armas de fogo”, as ONG exigem “que a investigação do caso seja célere e os seus resultados identifiquem os seus autores para a sua responsabilização criminal”.

A Rede de Defensores dos Direitos Humanos da África Austral (Southern Africa Human Rights Defenders Network(link is external)) também já veio condenar veementemente a série de ameaças ao professor Nuvunga e exorta as autoridades moçambicanas “a reafirmar o compromisso de Moçambique na promoção e proteção dos direitos humanos e em particular, a proteção dos defensores dos direitos humanos contra ameaças, ataques ou outras formas de represálias”.

Numa declaração conjunta da sociedade civil da África Austral é igualmente reivindicada a realização de “investigações imediatas, completas e imparciais sobre todas as ameaças que foram feitas contra o professor Nuvunga, com o objetivo de levar os responsáveis à justiça” e a adoção de medidas para “garantir que os funcionários do governo ou outras figuras públicas se abstenham de fazer declarações que estigmatizem o trabalho legítimo dos defensores dos direitos humanos em Moçambique”.

« Uma ameaça velada que visa limitar o nosso trabalho »

Em declarações à agência Lusa, Adriano Nuvunga, que é também professor de Ciências Políticas na Universidade Eduardo Mondlane, falou sobre a ameaça à sua integridade física:

« Isto para nós é uma ameaça velada que visa limitar o nosso trabalho, um trabalho que visa precisamente alargar o acesso à justiça para que as pessoas vítimas da corrupção e impunidade possam ter o mínimo de dignidade. Portanto, com todas essas ameaças, o que posso dizer é que a luta continua », garantiu o ativista moçambicano.

Em 2020, Adriano Nuvunga foi alvo de uma ameaça de bomba em sua casa. Apesar dos apelos da  Amnistia Internacional para que fosse conduzida uma investigação rigorosa, até hoje não é conhecido qualquer desfecho.

Perseguições contra ativistas e jornalistas são recorrentes

As perseguições contra ativistas e jornalistas em Moçambique têm vindo a ser reiteradamente denunciadas pelas organizações da sociedade civil moçambicana, mas também por inúmeras ONG internacionais e, inclusive, por líderes religiosos.

A situação degradou-se com o estalar da insurgência em Cabo Delgado e com a investigação ao escândalo das dívidas ocultas.

Vários ativistas e investigadores têm defendido que uma das causas da instabilidade no norte de Moçambique é, exatamente, a pobreza e a ausência de espaços de participação democrática, sem que as populações, as organizações da sociedade civil, os investigadores sejam auscultado sobre os problemas do país e sobre a resolução desses mesmos problemas.

O próprio Banco Mundial, que admite que a sua política em Moçambique falhou, é perentório ao afirmar que a insurgência em Cabo Delgado está relacionada com a exclusão política, económica e social sentida na província. Mas o governo de Maputo, secundado pelo então ministro português Augusto Santos Silva(link is external)nega-se a admitir esta realidade, empenhando-se em suspender direitos e liberdades.

 

 

[Fonte: http://www.esquerda.net]

Escrito por Prensa Comunitaria

Este artículo fue originalmente publicado por Elías Oxom en Prensa Comunitaria [1], luego editado y republicado en Global Voices bajo una alianza entre medios.

Adela Choc Cuz, integrante del Consejo Ancestral Maya Q’eqchi’ del municipio El Estor en el este de Guatemala, y su hija Sandra Tec Choc, fueron liberadas durante la madrugada de 17 de mayo, después de que un grupo de personas las mantuvieran secuestradas, acusándolas de brujería por la condición crítica de salud de una mujer de la comunidad.

Según Choc Cuz, fueron detenidas en la vivienda por más de 18 horas, sin permitirles consumir alimentos ni agua, además de ser golpeadas por integrantes de la familia. Choc perdió su ropa, muebles, utensilios de cocina; tenía un molino de nixtamal, una refrigeradora, una máquina de coser y tres bicicletas.

La guía espiritual forma parte de la resistencia antiminera en El Estor; era acusada de brujería por parte del señor Mario Caal Pec, hermano de Selvin Pec, dueño de la radio evangélica La Voz de Chichipate. El presidente de Guatemala Alejandro Giammattei mantiene buenas relaciones [2] con las iglesias evangélicas conservadoras del país, sobre todo en asuntos que polarizan a Guatemala como las leyes sobre la salud reproductiva de la mujer.

En Guatemala, la gran mayoría de personas afirman ser cristianos: 45% de guatemaltecos dicen profesar la religión católica, según un censo [3] de 2015, y el 42% indica ser evangélico. Las religiones protestantes están arraigándose más y más en Guatemala, que está viviendo una «explosión pentecostal [4] [PDF]».

Muchas personas indígenas profesan el catolicismo o evangelismo, a veces fusionando el cristianismo con creencias mayas en sincretismo [5]. Según los informes y los censos [3], la población indígena guatemalteca, que incluye 24 grupos étnicos, varia entre 45% y 60% de la población. El Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas explica que «es notoria la desigualdad entre la población indígena y no indígena en términos de empleo, ingresos, salud y educación. Las estadísticas demuestran prácticas persistentes de racismo y discriminación contra los pueblos indígenas.»

Choc Cuz declaró: “Me acusan de ser bruja, yo nada más soy una guía espiritual. Exijo justicia a las autoridades. El señor Simón Tun Sacul me agredió, amenazó con decapitarme, indicando que era kaibil [6][una unidad élite del Ejército] y me tiró al suelo. Yo no tengo ningún delito, tengo siete hijos, todos son buenas personas. Me rociaron con gasolina en todo el cuerpo, responsabilizo al COCODE [el consejo comunitario], que avaló todo esto”.

Por su parte, Humberto Cuc, miembro del Consejo Ancestral Maya Q’eqchi’, condenó estos hechos y dijo que Adelina Choc Cuz es una guía espiritual y parte del Consejo Ancestral. “Hemos realizado ceremonias mayas con ella, es doloroso lo que le pasó. Muchas veces la gente se equivoca y piensa que al hacer nuestras prácticas culturales ya estamos haciendo brujería. En cambio, nosotros respetamos a las religiones evangélicas. Cuando te ven utilizando las candelas en la siembra, ya lo acusan a uno de practicar brujería”, agregó.

También mencionó que los consejos ancestrales desde hace mucho eran los guardianes, cuidaban los cerros y los ríos, pero conforme pasó el tiempo cambiaron de nombre. “A ella la odian por ser parte de la resistencia antiminera. El odio hacia ella empezó cuando difundió y denunció todo lo que estaba haciendo la minería en el mes de octubre”, indicó Humberto Cuc.

El municipio de El Estor está atravesando tensiones [7] por la resistencia de los pobladores a una minera de níquel de la Compañía Guatemalteca del Níquel (CGN), filial del grupo suizo Solway Investment. Según los pobladores, que son en mayoría de origen maya Q’eqchi’, la mina Fénix está contaminando el lago de Izabal y disminuyendo la población de peces. A finales del año 2021, los habitantes vivieron bajo un estado de sitio de parte del Gobierno de Guatemala y fueron vigilados por soldados armados, después de que su lucha de años llegó a un punto culminante de protestas.

La guía espiritual fue liberada a las tres de la mañana, cuando el grupo de personas se dispersó y quedaron solo los 15 integrantes del COCODE, que la tenían retenida en la casa.

Después de que Adela Choc Cuz y su hija fueron liberadas, con el apoyo de representantes de la Procuraduría de los Derechos Humanos y de la Policía Nacional Civil, Adela Choc Cuz dijo a Prensa Comunitaria: “He sufrido vejámenes por parte del COCODE [Consejo Comunitario de Desarrollo [8]] liderado por José Ich. Llegaron a incendiar mi casa con gasolina y a detenerme. Me he quedado en la calle, quemaron todas las cosas que tenía, quemaron la escritura de mi terreno y cinco mil quetzales en efectivo”, indicó.

Al ser liberada, tenía golpes fuertes en la frente. Quienes la agredieron le prohibieron que regresara a la comunidad y dijeron que realizarían una asamblea el 18 de mayo, para proponer que sea expulsada del lugar. La guía espiritual presentó una denuncia ante el Ministerio Público.

El abogado Juan Castro, del Bufete para Pueblos Indígenas [9], comentó que en la mayoría de los casos el Estado deja en impunidad las graves violaciones de este tipo. También mencionó que el delito de brujería no existe.

En opinión de German Choc, del Colectivo de Guías Espirituales “Oxlaju Q’anil”, la función de un guía espiritual en la sociedad es ayudar a las personas, promover las prácticas culturales del pueblo maya y ayudar a resolver los problemas. Además, son contadores del tiempo.

“Exijo que al Estado que se pronuncie para disminuir estos casos. También exijo a los dirigentes de las iglesias y sectas para que dejen de criminalizar a los guías espirituales y que promuevan la convivencia en paz, que dejen a los pueblos hacer sus prácticas culturales y espirituales tal como establece la Constitución Política de la República de Guatemala en su artículo 66, donde el Estado reconoce, respeta y promueve sus formas de vida, costumbres, tradiciones, formas de organización social, el uso del traje indígena en hombre y mujeres, idiomas y dialecto de los distintos pueblos de Guatemala”, concluyó.

Fotos: Juan Bautista Xol

Artículo publicado en Global Voices en Españolhttps://es.globalvoices.org

URL del artículo: https://es.globalvoices.org/2022/06/06/guatemala-liberan-a-guia-espiritual-maya-qeqchi-senalada-de-brujeria/

URLs en este posteo:

[1] Prensa Comunitaria: https://www.prensacomunitaria.org/2022/05/el-estor-liberan-a-guia-espiritual-maya-qeqchi-senalada-de-brujeria/

[2] buenas relaciones: https://concriterio.gt/giammattei-y-el-rebano-evangelico-dos-leyes-a-cambio-de-apoyo-politico/

[3] según un censo: https://www.iwgia.org/es/guatemala.html

[4] explosión pentecostal: https://es.globalvoices.orgfile:///D:/Downloads/jcestrada,+CSH__6.2+25+marzo+2020-85-99.pdf

[5] sincretismo: https://es.wikipedia.org/wiki/Religi%C3%B3n_en_Guatemala#cite_note-3

[6] kaibil : https://es.wikipedia.org/wiki/Kaibil#:~:text=Los%20kaibiles%20(en%20singular%20kaibil,operaciones%20contra%20la%20delincuencia%20terrorista.

[7] tensiones: https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20211027-comunidad-el-estor-protesta-minera-guatemala-n%C3%ADquel-co

[8] Consejo Comunitario de Desarrollo: https://es.wikipedia.org/wiki/Consejos_Comunitarios_de_Desarrollo_(Guatemala)

[9] Bufete para Pueblos Indígenas: https://namati.org/network/organization/bufete-para-pueblos-indigenas/

Sus seguidores están alimentados por la desinformación, en algunos casos obscena, pero en otros, como en el caso del diario El País, de guante tan blanco como el del atracador

Escrito por Luis Gonzalo Segura

Como una estrella de rock -díscola-. Así ha sido tratado el rey Juan Carlos en su reciente visita a España. O más que visita deberíamos decir ‘gira’ -la Juan Carlos Tour’22-. Una esperada gira que ha abochornado a gran parte de la ciudadanía y la sociedad, pero que ha sido aplaudida y jaleada por no pocos españoles, periodistas, políticos y otras personalidades. A pesar de ser España un país que se ahoga en la corrupción y no es capaz de salir de ella -estancada, según Transparencia Internacional, en el puesto 14/27 en Europa y en el 34/180 en el mundo con un 61/100-.

Pero que lo celebra. Que disfruta jocosa de tan severo drama como quien aplaude por la mañana a quien le atracó la noche anterior tras mostrarle la oscuridad del ánima. Ese incomprensible fervor que solo los fanáticos o ignorantes pueden mostrar. Y es que, a Juan Carlos, una parte de la ciudadanía, sus seguidores acérrimos, se lo perdonan todo.

Entre otras cuestiones, porque estos seguidores están alimentados por la desinformación, en algunos casos obscena, pero en otros, como en el caso del diario El País, de guante tan blanco como el del atracador. Basta con ofrecer una cobertura menor, como si solo fuera un suceso algo relevante y despachar el asunto lo antes posible. Por ejemplo, el último capítulo de la gira del artista antes conocido como el ‘Campechano’, tan solo mereció en la mañana del 24 de mayo un pequeño recuadro en su portada –El Mundo, por ejemplo, el otro diario de referencia, nada ajeno al sistema, le dedicó esa misma mañana, al igual que durante días la parte principal de la portada-.

De lo contrario, los que gritaban « ¡Viva el Rey! » se habrían contenido al recordar que, hace solo un día, la Comisión Europea había alertado a España por su elevada deuda y su alto desempleo. Ni para mucha fiesta ni para muchas estrellas está España.

El coste de la gira

Los cinco días que ha pasado Juan Carlos en España después de su placentera estancia en los Emiratos Árabes Unidos, esa bonita dictadura en la que los trabajadores son esclavos y mueren por cientos o miles al año, han tenido un coste. Pero, a diferencia de las giras de las grandes estrellas de rock, no se la ha pagado Juan Carlos. Él solo la ha disfrutado: la hemos pagado nosotros. Pero ni siquiera sabemos cuánto ha costado. Cosas de la democracia plena española. Y de su transparencia.

« Ni la Casa del Rey, ni la Delegación del Gobierno en Galicia, ni el Ayuntamiento de Sanxenxo (Pontevedra), donde se alojó, han dado detalles, solo indican que su incremento sobre lo habitual fue mínimo », se puede leer en el medio de referencia español donde escribe el periodista afín de turno –El País-. « Mínimo » es poco cuantificable, la verdad, y menos transparente.

Los cuatro agentes habituales en la dictadura del golfo pérsico, que no salen gratis a los españoles, se convirtieron en ocho, y los tres ayudantes personales que, por lo normal, apoyan a Juan Carlos se mantuvieron -tres personas que se turnan-. Es plausible, por tanto, que los 50.000 euros de coste mensual de semejante corte, según deslizan periodistas al servicio del Estado español en medios como El País, se hayan incrementado. Aunque esa cifra, seguramente, oculte algo, dado que la monarquía española siempre oculta algo -como ese añito en el que no nos contaron que Felipe VI fue beneficiario de una cuenta con 100 millones de Juan Carlos y que, de súbito, tras ser publicado en medios internacionales, confesaron-.

Una Estrella díscola llamada al orden

Sin embargo, en la Casa del Rey, la gira rockera de Juan Carlos no ha sentado nada bien. No tanto por los delitos que haya cometido, lo que importa bien poco a una familia real española habituada durante siglos a participar de todo tipo de crímenes, delitos, traiciones, expolios y otras desvergüenzas, sino por lo que pudiera erosionar a la propia monarquía. La Casa del Rey Felipe VI no teme los desmanes de Juan Carlos I, ni mucho menos cuestiona sus delitos, filias ultraderechistas o elogios a la dictadura franquista -las comparte-, lo que teme es quedarse sin futuro. Por ello, se produjo una reunión de once horas entre Juan Carlos y Felipe.

Casi medio día de reunión en la que Felipe VI, como a los niños chicos, le estuvo recordando al rey emérito Juan Carlos que no es problema que haya cometido o cometa delitos múltiples, pues el propio Felipe VI ha pactado la continuidad de la inviolabilidad jurídica con el PSOE y el PP -de no ser partidario de la figura del monarca delincuente, cuya estirpe borbónica hay elevado a una nueva categoría, habría eliminado el mencionado privilegio feudal-.

No, el problema no son los delitos -como por el que se acusa en Reino Unido al respecto de acosar a Corinna-, el problema es la ostentación de estos, la falta de un mínimo de cinismo o hipocresía para pedir perdón por aquello por lo que no se siente que se deba pedir perdón o, al menos, algo de discreción. Es decir, un poquito de por favor. Solo eso. Pues ya todos sabemos que Juan Carlos piensa que no ha robado nada, que solo ha cogido lo que es suyo y, lo de Corinna, pues que son cosas que pasan. Y que, en todo caso, seguramente piensa que debemos darle las gracias por existir y por no haber convertido a España en una dictadura formal, sino en un régimen autoritario de apariencia democracia en el que mandan los mismos que en la dictadura.

Descontrolado

Por si no fuera suficiente, todo hace indicar que se trata de una llamada de atención que no va a surtir efecto alguno. A ninguna estrella del rock le enderezaron nunca, o a casi ninguna. Y Juan Carlos no parece que vaya a ser una excepción, máxime cuando los españoles, orgullosos como nunca del monarca que cometió múltiples delitos bajo la capa de impunidad de la inviolabilidad jurídica, le pidieron, incluso, que se hiciera selfies con ellos. Además, el ayuntamiento de Sanxenxo acreditó a más de doscientos periodistas -muchos extranjeros-, el Real Club Náutico tuvo que aumentar tres líneas de internet y las inscripciones en la competición se elevaron hasta el punto de contar esta con casi medio centenar de embarcaciones internacionales. Demasiados beneficios, demasiadas personas encantadas con la visita del díscolo monarca que todavía ocupa sus días en una dictadura asiática por el empacho de golferías, correrías y delitos en territorio nacional.

Un castigo, el exilio -o un recurso, la huida-, del que parece no haber sacado conclusión alguna -ya se ha anunciado que regresa en junio, en un nuevo desafío-, pues circula un vídeo en redes sociales de la visita del rey Juan Carlos saliendo de madrugada -al menos de noche- de un local -parece que de una mariscada-. Juan Carlos, que se sabe estrella -y le gusta mostrarse como tal-, se detiene para saludar al gentío que espera su salida. « Buenas noches », dice sonriente en estado de sobriedad -cuando cualquier otro habría evitado tal situación-. « Que, y ahora de putas, ¿eh, Majestad? », le pregunta uno de tantos súbditos españoles. Juan Carlos, en lugar de ofenderse como cualquier persona con un mínimo de decencia, se ríe con sinceridad. « ¡Qué campechano es! », afirma otro.

Lo es. Y mucho. Sobre todo, para esos dos millones de niños pobres españoles y ese 11 % de hogares españoles que no pueden encender la calefacción porque no tienen recursos suficientes. Quizás entre ellos esté uno de los que, a continuación, gritó a Juan Carlos « ¡Viva la República! » sin que este mostrase gran preocupación ni interés. Tras unas risas y un « ¿Qué tal el centollo? », por su conocida reputación, alguien concluyó: « ¡A tope y sin drogas! ». A una estrella de rock díscola le habrían dicho lo mismo. O no.

 

 

[Fuente: http://www.actualidad.rt.com]

No pareix que tinguen molt d’interés els periodistes i intel·lectuals de la dreta socialista i de l’esquerra nacionalista, espanyoles totes, pel que puguen dir els tribunals europeus, com ara el que està passant amb el cas de Valtònyc, 🔗 que la justícia belga continua pensant que malparlar d’una figura política en una cançó no és cap delicte. De fet, podríem dir que no és tan delictiu com que eixa figura política —com ara el rei— siga impune per a delinquir en Espanya, on no la perseguixen els jutges nacionalistes espanyols (i demòcrates segons convinga) perquè té una «impunitat» de classe —diria que prevaricadora en realitat, perquè saben que no està bé, això que fan—

No m’espere més lliçons d’eixe periodisme nacionalista, però no sé per què sí que em sorprén que no ampliquen un poc d’eixa suposada coherència democràtica que haurien de tindre, d’aquella que defén el dret dels adversaris i contradictors —per impresentables que els semblen— a expressar-se i proposar qualsevol genialitat o estupidesa. Tal com diu Natza Farré: 🔗

Aquesta setmana Valtònyc ha pogut celebrar que la justícia belga definitivament no el pensa extradir a Espanya. Ara és un home lliure, a Bèlgica. El rei emèrit ho és a tot arreu. No és gens just. No té cap ni peus. Aquesta anomalia se sosté gràcies a un teixit de solidaritat interessada i retrògrada.

 

[Font: einesdellengua.blogspot.com]

Después de dos años de pandemia, de transformaciones profundas en el trabajo remunerado y en el trabajo doméstico no remunerado, la necesidad de volver a encontrarse con la potencia que despliega la calle es fundamental. Atravesadas por la coyuntura que impone la deuda externa en nuestro país pero que también atraviesa vastos territorios de América Latina, por las consecuencias de las políticas sanitarias y por la necesidad de ponerle el cuerpo a las urgencias; feministas de todos lados están encontrándose para que el 8M siga teniendo el carácter rebelde que recuperó desde 2017.

Los vientos de huelga soplan en el mundo: un mapa de cómo se prepara el 8M

Imagen: Ximena Talento

Escrito por Veronica Gago

Esta huelga y movilización del 8 de marzo no es cualquiera. Sucederá tras dos años de pandemia que obligaron al movimiento feminista a reinventarse en los territorios de la urgencia, a tener menos posibilidades de ocupar las calles multitudinariamente, a sumergirse en formas menos visibles pero persistentes de organización.

Eso hace que la propia movilización no sea tan sencilla: hay que batallar contra el aislamiento, contra la mayor precarización acumulada en los bolsillos y en los cuerpos y contra el agotamiento de un bienio excepcional. En segundo lugar, se trata de un 8M que se enjambra con coyunturas en las que el movimiento feminista está interviniendo de modo ineludible: negociación de la deuda externa en Argentina, proceso constituyente en Chile, campañas frente a las elecciones en Brasil y en Colombia -¡con el flamante aborto libre!-, discusión del referéndum contra leyes de la coalición gobernante en Uruguay, por nombrar algunas situaciones dilemáticas regionales.

En distintos países de Europa, donde acaba de ser electa como presidenta del Parlamento Europeo una reconocida antiabortista, la intervención antifascista es transversal, contra una derecha que se envalentona con discursos antifeministas y antimigrantes . Esto pone de relieve una constatación: los feminismos no plantean meramente agendas aisladas y específicas, sino una política de transformación social en disputa directa con estos tiempos reaccionarios.

¿Cómo se prepara este 8M en distintas geografías? ¿Cuáles son, esta vez, “las preguntas que hacen movimiento”, para evocar la preciosa fórmula de la feminista chilena Julieta Kirkwood? ¿Con qué consignas se teje el texto de las calles? ¿En qué se piensa cuando se llama a la huelga y a la jornada de lucha histórica? ¿Qué horizontes se plantean los feminismos para hacer futuro? Aquí una cartografía parcial para tramar orientaciones colectivas, compartir estrategias y, una vez más, evidenciar la fuerza internacionalista que hace del movimiento feminista una marea de múltiples ritmos y afluentes.

Recuperar tiempo y calle

Cuando la pandemia y sus rutinas trastocadas a favor de más trabajo pago y no pago, mezclado con la penuria de la enfermedad y la muerte, parece aplastar el tiempo, los feminismos hablan en futuro. El 25 de noviembre pasado, circularon dos banderas que llamaron la atención por el verbo compartido. La Colectiva Feminista en Construcción de Puerto Rico extendió sobre un puente un enorme lienzo que decía: “Vendrán tiempos mejores, los estamos construyendo”, y desde la Coordinadora 8M de Chile levantaron pañuelos violetas con la consigna: “Se viene la huelga feminista. 8M”. No dejarse arrebatar lo que vendrá, abrir desde el aquí y ahora lo que viene es, sin dudas, una potencia política. Más aún en un momento donde producir tiempo para organizarnos -y, por tanto, detener el flujo sin fin de tareas y preocupaciones, reflexionar juntes y evaluar hacia dónde vamos- es una de las tareas más difíciles.

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Una imagen de la calle en 2020 (foto: Sebastián Freire)

En Argentina varias reuniones, asambleas y coordinaciones ya arrancaron. ¿Volvemos a las calles? ¿Nunca nos fuimos? Alrededor de ese eje giran algunas conversaciones. Desde el sindicalismo, Ana Lemos, secretaria de Interior de la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina (UOLRA), dice: “Nunca dejamos la calle porque estuvimos poniendo el cuerpo de otras maneras, desde otro lugar, después de dos años realmente necesitamos esta movilización. Volver a encontrarnos y movilizarnos nos parece central y nos va a servir para marcar y ampliar una agenda feminista a lo largo del tiempo. Cada 8M nos sirve para generar más organización”.

Ese diagnóstico lo hace también Dina Sánchez de la UTEP: “La pandemia a la vez nos detuvo y sin embargo no dejamos de ponerle el cuerpo”, dijo la referente que hoy sostiene el debate cada vez que se habla de “convertir” los planes sociales en trabajo “genuino”. “Siguen creyendo que el cuidado no es trabajo”, agregó. Johana, de La Garganta Poderosa y referente de la Casa de la Mujer de la Villa 31, señala la importancia de reclamar salario para las trabajadoras comunitarias, y resalta que nadie se pregunta quién cocina las toneladas de comida que gestionan los comedores. Contar lo que sucedió en la pandemia, como pasa en cada encuentro feminista cuando se vuelve a la presencialidad, es parte de listar colectivamente qué se hizo, dónde se estuvo y, a la vez, narrar por qué es necesario volver a un encuentro en la movilización colectiva.

Desde Neuquén, Ruth Zurbriggen, de la colectiva La Revuelta que ya viene realizando sus reuniones, explica: “Necesitamos reconstruir la trama, esto tiene que ser parte de lo que nos mueva hacia el 8M para ocupar las calles con esa telaraña potente que desde los feminismos sabemos producir para insistir intergeneracionalmente con todo lo que nos deben”. Si la huelga durante estos años fue un proceso de múltiples formas, hoy esa dinámica se ve impactada por espacios domésticos más cargados, con tarjetas SUBE sin crédito, con un cansancio producido por no parar de atajar emergencias cotidianas y de hacer malabares para estirar el dinero. “Nos toca intervenir en medio de un debate que parece envenenado sobre el pago de la deuda externa, una deuda que a todas luces no pagarán quienes se fugaron los millones del préstamo”, agrega Ruth.

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2019, el último año en que fue posible un Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans.

Los ejes que ya se debaten en muchos espacios tienen a la deuda en el centro. “La deuda es con nosotres” es una consigna que se levanta desde 2020 para conectar reclamos laborales, territoriales, económicos y contra las violencias, en saga desde 2018 con “vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. Pero ahora es más urgente que nunca, en medio de la negociación con el FMI. Luci Cavallero, desde el colectivo Ni Una Menos, señala: “La denuncia del endeudamiento externo no es nueva, desde el 2018 cuando el gobierno de Mauricio Macri nos llevó al peor proceso de endeudamiento de nuestra historia, los feminismos hemos planteado que la deuda externa es una guerra contra la posibilidad de vivir una vida libre de violencias, contra la posibilidad de aumentar los presupuestos para políticas de género y que reparen las desigualdades que arrastramos. Por eso el marco de este 8M es especial, tenemos un enemigo que a todos luces va intentar recortar derechos y se llama Fondo Monetario Internacional. Hay que discutir la deuda en todas sus dimensiones (su legitimidad, sus cómplices locales que se enriquecieron y fugaron ese dinero, sus formas de chantaje en el día a día) y no solo el 8 de marzo, sino hasta que no quede ni un solo funcionario del FMI en Argentina”.

Actuar en tiempos turbulentos

La cuestión del trabajo atraviesa también los diagnósticos y reclamos: reconocimiento salarial para los cuidados, debates por cómo los empleos que se empiezan a “recuperar” después de la pandemia son más precarios, paritarias, y la sobrecarga psíquica de sostén en la pandemia que no desaparece con la vuelta a la presencialidad. La urgencia antiextractivista es también clave en esta coyuntura, como responsable de las sequías y los incendios inéditos que en los últimos tiempos surcan todo el país y afectan directamente a los precios de los alimentos. “Este año no podremos hacer verdurazo para el 8M -anunció Rosalía Pellegrini de la Secretaría de Género de la Unión de Trabajadorxs de la Tierra- porque la sequía nos redujo muchísimo lo que pudimos cosechar”. A nivel regional se cruza transversalmente la impugnación a la violencia patriarcal del sistema judicial y de la reacción conservadora, antiderechos lgbtqli y antimigrante. NiUnaMigranteMenos hará intervenciones al respecto este 8M en la propia movilización, visibilizando reclamos transfronterizos; también la campaña por “libertad a Laura Villalba, la aparición con vida de Lichita, y por justicia por las dos niñas asesinadas” en Paraguay.

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La necesidad de volver a la calle aglutina a los feminismos.

En Chile, la huelga feminista tendrá como consigna “¡Vamos por la vida que nos deben!”. Se viene cocinando en el encuentro plurinacional de las que luchan. Por eso, Wayra Villegas, nueva vocera de la Coordinadora 8M, subraya que la preparación de la huelga “es un proceso colectivo y continuo que desemboca en el 8M”. ¿Qué anhelan a días de que asuma Gabriel Boric la presidencia? En una lista hecha a mano en una de las asambleas de estos días se leía que esperan “ser marea en las calles”, “nueva constitución”, “llegar a todos los territorios”, “contra la impunidad de Piñera”, entre otras. “Una de las grandes preguntas movilizadoras, para citar a Kirkwood, es por esa dicotomía entre institucionalidad y movimientos sociales, porque el reto es entrar y transformar esta institucionalidad tan patriarcal, ahora estamos en la primera fila y nuestra fuerza implica una apuesta a una democracia paritaria, plurinacional, sin techo, para superar el modelo neoliberal. Esto nos lleva a estar en la institución como un ejercicio constante para transformar el país”, agrega.

“La coyuntura que nos toca está marcada por un ciclo de movilizaciones que se han visto intervenidas por el contexto pandémico y por eso estamos en un proceso de recuperación de las calles, del espacio público y de la movilización. De modo más próximo, enfrentamos el fin del gobierno de Piñera que se va con completa impunidad después de haber violado sistemáticamente los derechos humanos. Estamos también a puertas al cambio de mando que es posible entre otras cosas por la fuerza feminista, de mujeres y disidencias que tuvieron una potencia mayoritaria para detener el avance de la extrema derecha a la que nos vimos enfrentadas en la segunda vuelta. Por último, estamos en medio del proceso constituyente del que somos parte, construyendo una alternativa de los pueblos, donde ir articulando horizontes emancipadores que abran paso a un Chile plurinacional, postextractivista, con un protagonismo popular y feminista en su corazón”, agrega Javiera Manzi, también militante de la coordinadora e involucrada en la constituyente.

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En España, el llamado a la huelga empieza a tomar las paredes.

Este 2022 viene con un cronograma electoral cargado, pero decisivo en Brasil. “Aquí atravesamos la pandemia con un gobierno negacionista, que dejó al pueblo a su propia suerte. Hoy tenemos más de 600 mil muertxs por Covid, récord de desempleo, aumento de la violencia contra las mujeres, hambre y miseria. Enfrentar esta realidad tiene que pasar directamente por la derrota de Bolsonaro y de su proyecto misógino, racista y excluyente”, dice a Las/12 Mónica Benicio, compañera de Marielle Franco, legisladora feminista y lesbiana. “Por eso, en este 8 de marzo vamos a gritar #fuerabolsonaro por las cuatro esquinas del país!”, se entusiasma. Otra red de colectivas en Brasil también convoca al 8M con la propuesta “Marea feminista Fuera Bolsonaro” y argumentan lo mismo: en el año electoral, derrotar al actual presidente es la tarea más importante y la lista de razones es conocida pero impacta volver a leerla. Destacan que el Ministerio de las Mujeres, a cargo de la antiabortista Damares Alves, ha sido transformado en un “centro de odio”, orientado por políticas antigénero y fundamentalistas contra el aborto legal; a la vez que ha aumentado el asesinato de personas negras en sus comunidades, en los trabajos y en los supermercados “por el incentivo de las declaracaciones racistas presidenciales”.

En Uruguay, Tejido Feminista, integrado por colectivas feministas, compañeres de sindicatos, cooperativas de vivienda, del arte, la comunicación, la educación, vienen reuniéndose en plazas y haciendo distintas actividades de “preparación”. Han consensuado hacer huelga y marchar hacia el mar: “Nuestra huelga es de trabajo productivo y reproductivo, nuestro deseo es disponer de tiempo para nosotraes y entre nosotras y nosotres. Este año elegimos enfatizar además que nuestra lucha es anti extractivista, porque nos preocupa el ecocidio y los múltiples despojos sobre nuestros territorios, y porque sabemos que la vida se sostiene desde la interdependencia. Por eso este 8M nos convocamos a marchar hacia el mar y decimos que “Somos agua cuando la realidad es piedra”. La central obrera PIT-CNT convocó a huelga general para el 8M lo que ha abierto una polémica. El argumento es que es una medida de fuerza frente al referéndum para derogar 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (una ley neoliberal promovida por el actual gobierno y aprobada en pandemia) que será el 27 de marzo. Dicen desde Tejido Feminista: “La convocatoria del movimiento sindical a realizar un paro mixto ha habilitado y reforzado los discursos que pretenden negar nuestra autonomía y potencia, despolitizar la huelga y colocarnos como un tema específico de una agenda supuestamente más amplia”.

En Ecuador, mientras tanto, la primera asamblea por el 8M es hoy. El contexto es difícil: este último tiempo las fuerzas del movimiento feminista se concentraron en una ley que legalice aborto por violación que sea “justa y reparadora”. “Si bien se aprobó la ley, no cumple con lo que el movimiento buscaba, se establecen plazos de 12 semanas para adultas y excepcionalmente 18 semanas a niñas, adolescentes y mujeres de la ruralidad. Además de que aún el presidente puede vetarla”, señala Ana María Morales, de la colectiva Amazonas.

Diagnóstico de la crisis

En Italia, desde NonUnaDiMeno han elaborado una carta abierta de convocatoria que cierra con la consigna “La huelga feminista y transfeminista es para todes”, con evocaciones que parecen homenajear a bell hooks y su apuesta por un feminismo para todo el mundo. Los temas de vivienda, gastos acumulados por salud, precarización laboral y violencia sexual se entrelazan. Dice Maia Pedullà, de NonUnaDiMeno de Génova: “Es una huelga contra la violencia patriarcal en todas sus formas, en la que una de las palabras clave es la ruptura del aislamiento”. Y agrega: “Este año hemos decidido convocar a los sindicatos de base, lo cual no era del todo previsible, y es una señal de relaciones políticas y de reconocimiento acumulado. Pero hay que tener en cuenta que estamos en una situación de fuerte crisis social, con pobreza y precariedad crecientes. En Italia, la inflación está en su nivel más alto desde 1996, y la crisis energética se traduce en el aumento de las facturas de electricidad y de gas; además, soplan vientos de guerra desde la no lejana Ucrania”.

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El llamado a la huelga feminista en Italia.

Los puntos urgentes que singularizan los reclamos de este 8M subrayan los despidos a las trabajadoras que tuvieron que quedarse en casa para cuidar hijes y adultos mayores: “Esta es una de las cifras más macroscópicas de la tendencia pandémica, junto con el aumento de la violencia machista. También reclamamos por los derechos de las personas lgbtqa+, que este año han visto cómo se rechazaba en el Parlamento una ley contra los delitos de odio y que llevan meses agitando las calles del país”.

Desde la Women’s Strike Assembly de Inglaterra, planean movilización nacional con protestas en varias ciudades con la consigna “¡Vivas nos queremos!”. En Londres, en particular, se llama a huelga para denunciar “las violencias policiales y estatales, y contra las trabajadoras sexuales”.

En Berlín, la colectiva Alianza de Feministas Internacionalistas empuja la consigna “Rompemos las fronteras. Destruimos al fascismo”. Elles nos cuentan: “​​En Berlín siempre tenemos dos marchas el 8M: una que es más grande donde también van partidos y sindicatos, mixta, con demandas explícitamente feministas; y otra protagonizada por las colectivas migrantas y mujeres racializadas que toman el liderazgo en una apuesta de carácter internacionalista, anticapitalista, anticolonial y antirracista. Organizamos marchas para mujeres, lesbianas, travesti, trans y no binaries el 8M y el 25N focalizando en el racismo y los crímenes cometidos en las fronteras, las exportaciones de armas de Alemania, y las continuidades coloniales en estas crueldades. Por eso, para nosotres la solidaridad y resistencia internacionalista es clave”.

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Cultivar el internacionalismo

En España, la activista feminista Justa Montero explica: “El contexto en el que se viene gestando este año el 8M aquí es la puesta en evidencia de los efectos de la crisis sanitaria superpuesta a la crisis sistémica que ya venía marcando nuestras vidas: hablamos de la precariedad en todas las esferas de la vida, económica, medioambietal, y la precariedad de las vidas marcadas por las violencias, las brutales violencias machistas y la violencia social que supone la desposesión de recursos, de vivienda, de derechos, de servicios, de tierra, de dignidad”. Para Montero, “los discursos y prácticas antifeministas de la derecha y la extrema derecha tan presentes en la política “española” buscan criminalizar este potente movimiento feminista. Como todos los años, se están levantando muchos lemas pero destacaría uno, que es el de la convocatoria de la manifestación de Madrid: “Derechos para todas, todos los días. Aquí estamos las feministas”. ¿Dónde están las feministas? “Impugnando al sistema y tratando de abrir alternativas para hacer que nuestras vidas sean vidas dignas”, agrega. En unas jornadas recientes sobre sindicalismo feminista en Madrid tituladas “Organizarnos es empezar a vencer”, han puesto en común los aprendizajes de las huelgas feministas junto a las luchas en pandemia, protagonizadas por trabajadoras de hogar, jornaleras de la fresa, migrantes, docentes, trabajadoras sexuales, trabajadoras de la sanidad e inquilinas amenazadas de desalojos. Rafaela Pimentel, de Territorios Domésticos, hizo una síntesis pensando en cómo reactivar: “Necesitamos feminismos que sean reivindicativos y combativos pero también creativos. El ejercicio de contar la huelga nos vuelve a estremecer con lo que hemos hecho y nos permite pensar hacia dónde queremos ir”. El 8M está en proceso.

 

 

[Fuente: http://www.vientosur.info]

El 19 de enero del 1983 Klaus Barbie, el criminal nazi, fue arrestado en Bolivia. Fue conocido como «El carnicero de Lyon», por la gran cantidad de judíos que ordenó matar en esta ciudad de Francia durante la II Guerra Mundial.

Klaus Barbie, el criminal nazi, es arrestado en Bolivia

Escrito por PACA PÉREZ

¿Quién fue Klaus Barbie?

Klaus Barbie fue un alto mando nazi que tuvo cargos de responsabilidad tanto en las SS —la élite del gobierno de Hitler— como en la Gestapo —policía secreta—. Pese a sus numerosos crímenes durante la guerra y su participación en el exterminio, consiguió escapar a Sudamérica igual que otros destacados dirigentes nazis como Mengele y Roschmann. Barbie obtuvo asilo en Bolivia gracias a su colaboración con los servicios de inteligencia de Estados Unidos, con los que ya había trabajado en la posguerra en la lucha contra los comunistas. Llegó a colaborar en la detención del Che Guevara.

Con su nueva identidad, el antiguo militar alemán se transformó en un empresario que tuvo relaciones con el dictador Barrientos. Durante esa época realizó negocios de tráfico de armas. Siempre mantuvo relaciones con otros nazis huidos a ese continente. En los 70 fue descubierto y perseguido por los cazanazis. Después de una breve estancia en Perú, regresó a Bolivia donde colaboró en los golpes de Estado de los dictadores Banzer y Meza Tejada. La llegada de la democracia al país andino acabó con su impunidad. En 1983 «El carnicero de Lyon» fue arrestado, no por sus crímenes, sino por estafa. Pero fue igualmente extraditado a Francia.

¿Qué hizo y cómo murió Klaus Barbie?

Klaus Barbie no se arrepintió de sus crímenes. Ni siquiera cuando estaba ya en prisión, donde seguía creyendo que todos sus actos fueron en cumplimiento del deber a su patria. El juicio por el que fue condenado se convirtió en un espectáculo mediático, al ser grabado —aunque las imágenes se emitieron más tarde—, y por la defensa tan especial que hizo su polémico abogado, que justificó las acciones del jefe de Gestapo equiparándolas con las de Francia durante el periodo colonial. El juicio contra Barbie comenzó en enero de 1987 y fue visto para sentencia en julio de ese mismo año. La mayoría de los cargos contra él habían prescrito ya, como la tortura y asesinato del líder de la resistencia gala Jean Moulin, y el envío al campo de exterminio de Auschwitz —cuando la derrota de Alemania ya era un hecho— de más de 40 niños. El exoficial de las SS fue condenado a cadena perpetua. Murió de leucemia en prisión en 1991.

[Fuente: http://www.zendalibros.com]

 

 

 

 

O coleccionábel de Nós Diario « As guerrillas galegas ao descuberto » permite un coñecemento histórico actualizado do fenómeno guerrilleiro. Mais queda unha pregunta por contestar: por que a resistencia ao franquismo non goza do mesmo recoñecemento que outros movementos antifascistas europeos?
Ficha elaborado pola Garda Civil sobre os guerrilleiros do grupo do 'Piloto'. (Arquivo Ramón Ermida)

Ficha elaborado pola Garda Civil sobre os guerrilleiros do grupo do ‘Piloto’. (Foto: Arquivo Ramón Ermida)

Escrito por Manuel Xestoso
Os múltiples estudos e testemuños históricos sobre a guerrilla galega indican que foi un movemento de grandes proporcións, que loitou a prol dos valores democráticos contra a ameaza do fascismo, e que contou cun respaldo da poboación que soborda con moito o que as ideas herdadas da ditadura afirmaban. Anos de estudos históricos avalan esta visión e, non obstante, aqueles combatentes seguen sen obter o recoñecemento social de que gozan, por exemplo, a Resistencia francesa ou os partisanos da extinta Iugoslavia. Esquecidos, cando non desprezados, a súa lembranza descansa máis en movementos populares que no discurso oficial das institucións, ás que ás veces hai que “obrigar” a recoñecer o seu papel histórico.

“A diferenza fundamental entre a resistencia galega e as que se deron no resto de Europa contra o totalitarismo é que estes gañaron a guerra e que aquí a resistencia foi derrotada, e iso marca toda a visión posterior que existe sobre ela”, explica Xosé Ramón Ermida, autor de diversas investigacións sobre a represión franquista.

 A esa derrota hai que engadir un discurso creado pola propaganda franquista que calou en moitos sectores da sociedade. “Unha das cousas que conseguiu o franquismo foi un control da memoria case absoluto », explica Ana Cabana, historiadora e profesora da Universidade de Compostela. « Desde que acabou a ditadura hai que remar constantemente contra unha memoria social absolutamente acosada polas mensaxes franquistas que envilecían os guerrilleiros comparándoos con delincuentes comúns. A linguaxe da ditadura triunfou en moitos ámbitos e, igual que aínda escoitamos falar da ‘cruzada’ ou dos ‘roxos’, tamén temos unha memoria histórica moi pervertida por esa linguaxe”.

Despois da ditadura

A fin da ditadura, porén, non trouxo o enaltecemento dos que loitaron polos valores democráticos. Pasaron anos até que os movementos de recuperación da memoria lograron ter altofalantes na opinión pública. E tardaron moito máis en ter unha tímida resposta dunhas institucións que non fixeron grandes esforzos por desmentir o relato histórico franquista.

Dionisio Pereira, economista e historiador, ofrece unha das chaves para comprender este esquecemento: « A guerrilla continuou representando a lexitimidade republicana, a que recolleu o sentir das persoas represaliadas e a necesidade de facer xustiza verbo dos verdugos. E esa lexitimidade republicana, como sabemos, non foi recoñecida no pacto da transición. A guerrilla, nese sentido, sempre foi moi incómoda e segue séndoo ».

Eliseo Fernández, historiador e coordinador de As guerrillas galegas ao descuberto, incide no feito de que « a Transición, tal e como se fixo, impediu que se levase a cabo unha ruptura que propiciase unha valoración negativa da ditadura. Claro, na medida en que esa valoración negativa aínda está en cuestión para algúns sectores da sociedade, mesmo de destacados representantes políticos, resulta difícil que haxa unha visión obxectiva sobre a guerrilla. Non houbo pedagoxía sobre o que significou o franquismo e sobre como se encadraba dentro dos réximes totalitarios da década de 1930 ».

“A guerrilla representa unha memoria incómoda”, acrecenta Ermida, “porque representa o conflito e impugna o discurso oficial respecto de que a ditadura foi o resultado dun certo consenso social, ou que, polo menos, foi unha realidade non conflitiva”.

Isto provoca que sexan os movementos populares os que case sempre leven a iniciativa na recuperación da memoria democrática. « Iso ocorre coa guerrilla e co esclarecemento da represión, coa necesidade de poñerlles nome e apelidos aos vitimarios », aclara Pereira. « Tristemente, as institucións sempre foron a remolque da sociedade civil no recoñecemento da represión e da necesidade de que unha sociedade democrática non poda vivir permanentemente na impunidade ».

« Cando nin sequera os partidos de esquerda como o PSOE asumen esa tarefa de dignificar as persoas que combateron a ditadura, só queda a iniciativa popular, que é a que está conseguindo certos avances », apostila Fernández.

O mito da Galiza submisa

“Existe outro elemento que ten moita importancia”, engade Ermida, “a existencia da guerrilla desmente o relato sobre a suposta submisión da Galiza. A loita guerrilleira demostra que a Galiza nin foi un territorio afín ao franquismo nin estivo completamente controlado até 1951, e que só co uso indiscriminado da violencia, puido dominar o país. A guerrilla non estaba formada só polas persoas que empuñaban as armas, senón que foi un movemento moi amplo que se mantivo cunha ampla rede de enlaces e complicidades coa sociedade civil”.

“Desde a historiografía investigouse e publicouse moito sobre este tema”, di Cabana, “demostrando a amplitude da resistencia na Galiza. Pero o peso do relato franquista na memoria social segue distorsionando a recepción destes achados. Os estudos históricos teñen o público que teñen e a rexeneración da memoria democrática precisa que o contradiscurso veña de todos os ámbitos: a ficción, o audiovisual, a prensa, os movementos cidadáns…”.

« A guerrilla galega demostra que había unha gran parte da poboación contraria ao franquismo que resistiu« , di Fernández. « E esa resistencia perdurou na memoria: probabelmente tamén explica que cidades como Vigo ou Ferrol fosen puntas de lanza no movemento obreiro da década de 1970 ».

O debate pendente sobre a loita armada

« Eu noto que hai unha cidadanía moi interesada en escoitar o que temos que dicir os historiadores », apunta Ana Cabana. « Creo que na sociedade si que existe unha enorme curiosidade por saber o que sucedeu e que pode cambiar a visión que se ten da guerrilla no futuro ».

Dionisio Pereira móstrase máis escéptico: « A min alegraríame moito que así fose pero o tema da guerrilla está moi unido ao da loita armada, e na historia recente do Estado español, a existencia de ETA -e doutros grupos que a practicaron en maior ou menor medida- condicionou moito a forma de ver a guerrilla e, dalgunha maneira, atrasou o recoñecemento daquelas persoas ás que non se lles deixou outra saída que a de defenderse coas armas. Hai pendente un debate sobre este tema na sociedade ».

 

[Fonte: http://www.nosdiario.gal]

 

 

Escrito por Lorenzo Feltrin 

Las noticias están en los diarios de todo el mundo. Gabriel Boric, 35 años, ex líder estudiantil chileno, recuperó la desventaja que lo separaba del candidato de la extrema derecha José Antonio Kast, adjudicándose una victoria neta con 12 puntos de ventaja. He tenido la fortuna de encontrarme en Chile en este período clave, y de participar acompañando las movilizaciones para el balotaje que ha llevado al candidato de Apruebo Dignidad al Palacio de La Moneda, donde 48 años atrás moría el presidente Salvador Allende bajo las bombas del golpe militar apoyado por los Estados Unidos. Además de un breve análisis en caliente, me permitiré contar un punto de vista más personal.

El 21 de noviembre, para el primer turno de las presidenciales, la performance de Kast había tomado de sorpresa a casi todos, y más a la izquierda. La victoria en el balotaje del candidato del Frente Social Cristiano habría significado una rehabilitación de la dictadura de Pinochet, un retroceso de los derechos en todos los frentes, la neutralización del proceso constituyente en curso y el desperdicio de la oportunidad histórica abierta por la revuelta popular abierta en 2019, que tanto ha costado en términos de caídxs, mutiladxs y detenidxs.

Por esto, muchas organizaciones de movimiento, tomaron la decisión de no ahorrar sus propios esfuerzos en las campañas para el balotaje, por ejemplo, el movimiento por el derecho al habitar Ukamau, la Coordinadora Feminista 8M, el MODATIMA (Movimiento de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medio Ambiente), el MAT (Movimiento por el Agua y los Territorios), etc. Además, apoyaron a Boric exponentes destacadxs de los movimientos de los pueblos originarios, como la constituyente y machi mapuche Francisca Linconao, y la mayoría de las siglas sindicales, entre ellas la Confederación de Trabajadores del Cobre, que se ha distinguido por la radicalidad de sus propias luchas en defensa del precariado en la minería del cobre. Como durante las movilizaciones por la Nueva Constitución, se dio entonces una confluencia de trayectorias en torno a los ámbitos del trabajo y de la precariedad, del feminismo y las disidencias sexuales, del ecologismo y la defensa de los territorios, del antirracismo y la decolonialidad.

El apoyo a Boric, en suma, llegó de una diversidad de perspectivas pero también desde diferentes grados de pertenencia o autonomía respecto a la coalición electoral Apruebo Dignidad, formada por el Frente Amplio y el Partido Comunista chileno. El Frente Amplio emergió de una trayectoria de institucionalización de diversas corrientes de aquel movimiento estudiantil que alcanzó su clímax en 2011. Vale la pena notar que Convergencia Social, uno de los partidos componentes del FA y partido de Boric, nació de la fusión entre el Movimiento Autonomista (escisión de la Izquierda Autónoma, también ella confluida después en el FA), la Izquierda Libertaria y otros grupos. El reclamo a la “autonomía” tiene un significado distinto al ámbito italiano y europeo: se trata de tendencias radicales no leninistas, ideológicamente flexibles y abiertas a incorporar las instancias de diversos movimientos de base.

Al mismo tiempo, esta trayectoria de institucionalización –que precisamente ha llevado a un “autónomo” al vértice del Estado-, ha provocado que otros movimientos, viejos y nuevos, reemplacen en el espacio dejado en las calles desde el movimiento estudiantil de 10 años atrás, moviéndose en autonomía también respecto a los “autónomos” (N del T: en realidad, esta “autonomía” nunca tuvo mucho más significado teórico-práctico que marcar una independencia frente a la Concertación y el sistema político neoliberalizado de la “Transición”, lejos de las profundidades de la autonomía y preeminencia del trabajo vivo, con respecto a la operatoria del capital y su Estado, postuladas desde los trabajos autonomistas pioneros de Panzieri, Tronti y Negri).

La campaña para el balotaje, guiada también por la figura carismática de Izkia Siches, vio así la participación de decenas de organizaciones y miles de personas entre militantes de AD y activistas de los movimientos, con puertas a puertas en los rincones más remotos del país, actos y manifestaciones de masa, muralismo y mítines, performances artísticas y conciertos que implicaron a nuevas voces como la cantante feminista Mariel Mariel –emergida como un rostro del “estallido” de 2019- y clásicos como el grupo Illapu –símbolo de la época de la Unidad Popular de Allende y de la resistencia a la dictadura-. Ha sido innegable un compromiso emotivo real y difuso.

Por otro lado, hubo una fuerte dosis de realpolitik, por la cual Boric recalibró su mensaje para asegurar el apoyo de la vieja centoizquierda y el voto moderado. Es de notar cómo la cuestión de las vacunas y del pase sanitario (que en Chile, sin embargo, no es obligatorio para trabajar), no fue un tema ni de movilizaciones ni de debate electoral (N del T: en Chile, como en otros países de América Latina, hay una importante tradición salubrista en torno a las vacunaciones; por otra parte, para el pueblo en rebelión y para los movimientos, también los del ámbitos de la salud popular, ha estado clara la necesidad de vacunarse y portar mascarilla para evitar la extendida muerte pandémica, usada por el piñerismo contra la rebelión, muy superior entre la clase obrera y el precariado como en todos lados).

Un punto saliente fue el deceso de Lucía Hiriart, viuda de Pinochet y símbolo de la dictadura a causa de su compromiso en los crímenes del marido. Una muerte acontecida entre escenas de júbilo justo el día de clausura de la campaña electoral, el 16 de diciembre. Yo estaba en Valparaíso, donde tuve ocasión de conmoverme escuchando a los Inti Illimani cantar “El pueblo unido jamás será vencido” cincuenta años después, junto a un público en el cual muchxs eran más jóvenes que uno. El día después, los muros de la ciudad estaban cubiertos de rayados “Se murió la vieja”, en cursiva o en esténcil. Una forma quizás poco delicada de protestar contra la impunidad de lxs viejxs criminales.

En los dos días entre la clausura de la campaña y el voto hubo una calma preñada de tensión. Se temía sobre todo que la costosa campaña de la coalición de Kast – en la cual no faltaron las típicas tácticas de la extrema derecha contemporánea, como la inundación de las redes sociales con fake news, perfiles falsos y troleo robotizado- hubiese hecho brecha también entre quien no se reconoce ideológicamente de derecha. En cambio, se vio después que el norte minero, cuna del movimiento obrero chileno, tradicionalmente de izquierda pero que había votado al “apolítico” Franco Parisi en primera vuelta; rechazó netamente la posibilidad de un giro pinochetista. En la región de Antofagasta, donde Parisi había ganado en el primer turno el 21 de noviembre, Boric venció con el 60%.

En la mañana del domingo electoral, muchas personas –sobretodo en los barrios populares de Santiago, bastiones de Apruebo Dignidad y los movimientos-, tuvieron dificultades para votar a causa de un boicot al transporte público por parte de las empresas y la derecha. La discriminación de clase que esta falta de transporte público comportaba fue duramente criticada. Sin embargo, en poquísimo tiempo grupos de voluntarios se organizaron para transportar a los electores a los lugares de votación, y a media tarde la situación fue componiéndose. Yo tomé un auto prestado y fui con un amigo a recoger votantes en los barrios periféricos de Puente Alto. Pero será porque el auto parecía un carro fúnebre o por nuestros bellos rostros, casi nadie quiso valerse de nuestros servicios. Al final solo llevamos a votar a una anciana, por lo demás le dimos un aventón a dos peruanos que no tenía derecho al voto, y acompañamos a dos señores a hacer una compra al supermercado.

Desde las proclamaciones de los primeros resultados, necesitamos poco más de media hora para comprender que Kast no tenía chance. Todavía habían nazi-bots que clamaban por un fraude electoral, o denostaban por “Chilezuela” en el ciberespacio. Sin embargo, de frente al resultado aplastante y su pronta convalidación por las autoridades electorales, el ciberespacio de la altright chilena se asemejó mucho –al menos por ahora, a la nada cósmica. Kast mismo admitió rápidamente la derrota.

Lo que vi después es difícil de describir, también porque sería impreciso sostener que permanecí sobrio durante los festejos. Ya desde las 19 la gente comenzó a moverse hacia la Alameda, la gran arteria de Santiago, teatro de las más importantes manifestaciones de la historia del país ya de antes de la Unidad Popular, todavía tapizada de murales del “estallido”. Quien andaba en auto sonaba el claxon, quien caminaba ondeaba las banderas, en el Metro se cantaba a Los Prisioneros y los techos de las paradas de bus estaban colmados de manifestantes. Entre fuegos artificiales e intervenciones de artistas del calibre de Ana Tijoux, los símbolos exhibidos en la Alameda y Plaza Dignidad reflejaban ya sea la interseccionalidad de los movimientos contemporáneos como la profundidad histórica de las luchas sociales chilenas.

Las banderas mapuche y aimara se acompañaban de las antifa o las de la hoz y el martillo, las fotos de Allende con los colores del orgullo gay, los pañuelos feministas con la camiseta de los Iron Maiden, que en Chile están por todos lados, no sabría decir por qué. Una categoría aparte compete a la contracultura del estallido mismo, toda una iconografía que se ha consolidado con la revuelta del 2019: la bandera chilena en negro (en luto por lxs caídxs y las víctimas de trauma ocular), el perro de la rebelión Negro Matapacos, las fotos de lxs secundarixs saltando los torniquetes del metro, los rostros de Gustavo Gatica y Fabiola Campillay, que perdieron la vista a causa de la represión.

Estaba ahí cuando el discurso de Boric, pero no escuché nada. Era demasiada gente quienes estábamos muy lejos. Pero puedo testimoniar que el slogan más cantado no era “Se siente, se siente, Boric presidente!”, sino “Liberar, liberar a los presos por luchar!”. Mientras lo escuchaba, el presidente electo subrayaba la propia adhesión a una idea plurinacional del país que incluya a los pueblos originarios y sus lenguas, la ética feminista de los cuidados, a la herencia del “estallido”, al proceso constituyente, a la lucha contra las desigualdades y la crisis climática, añadiendo que las “zonas de sacrificio” ambiental deben terminar y que el controvertido proyecto Dominga será bloqueado. Por la otra parte, declaró querer ser “el presidente de todos las chilenas y chilenos” y de priorizar un enfoque gradual y por “acuerdos amplios” de las transformaciones. Tarde en la noche vi sobre el muro de una calle lateral, a cuyo olor a establo confieso haber contribuido, la pintada “Allende vive” firmada con una A circulada. En aquel punto, me convencí de poder ir a dormir confuso pero contento.

En cuanto a los años por venir, no alimento grandes ilusiones. De cualquier manera, la impresión que me hice es que tampoco los movimientos organizados esperan que la salvación venga del vértice del Estado. El péndulo mesiánico entre espera de un deus ex machina gubernamental y desilusión al estilo “son todos traidores” se está agotando, o quizás es simplemente cuanto espera uno. Después de 20 años de gobiernos de izquierda (más y menos radicales) en América Latina, nos hemos hecho una idea de aquello que no puede hacer un Estado capitalista –capitalista porque es siempre y, de cualquier manera, dependiente de la acumulación del valor para la propia existencia-, guiado por coaliciones “progresistas” con el apoyo crítico de los movimientos de base. Puede reforzar el welfare, redistribuir la riqueza de un modo un poco más igualitario, reforzar los derechos sindicales, legalizar el aborto y abolir otras discriminaciones de género a nivel legal, bloquear las grandes obras más devastadoras, etc. Todas cosas por las que vale la pena luchar. No puede por el contrario constituir una alterativa sistémica al capitalismo, al patriarcado, a la colonialidad y al extractivismo.

Vale la pena salir del estéril impasse entre puritanismo abstencionista y fidelismo electoralista. Entre ambas posiciones, en mi modesto parecer, se esconden además de un dogmatismo, quizás tranquilizador, las posibilidades de un análisis contextualizado del rol de los movimientos autónomos y de los partidos electorales en una determinada coyuntura espacio temporal. En el caso del gobierno de Boric, que entrará en funciones en marzo, están los obstáculos añadidos de un parlamento sin mayoría y de un bloque de poder socioeconómico de derecha, cementado desde la dictadura, que no tendrá muchos escrúpulos en desestabilizar un gobierno que vaya en serio en cuanto a los cambios estructurales prometidos por Apruebo Dignidad. En esto, tendrá un rol crucial la correlación de fuerzas que sepan construir las luchas de los movimientos de base, tanto en el plano de los territorios como de los puestos de trabajo.

Lorenzo Feltrin es activista, filósofo, PhD in Politics and International Studies e investigador en líneas como trabajo, movimientos sociales y ecología política en la Universidad de Birmingham.

[Fuente: https://www.globalproject.info/it/mondi/la-vittoria-di-boric-in-cile-una-convergenza-di-diversita-dentro-e-oltre-lo-stato/23798 – traducción: Diego Ortolani Delfino – reproducido en http://www.sinpermiso.info]

Son expedientes, imaxes e libros da Xefatura Provincial do Movemento, a Sección Feminina e o Patronato de Protección á Muller, así como bens incautados a entidades e persoas asasinadas en Redondela.

Asasinados na Illa de San Simón no réxime franquista.

A divulgación e posta a disposición de documentación sobre a ditadura franquista por parte da Deputación de Pontevedra continúa a avanzar. Desta volta, e cun orzamento que supera os 10.000 euros, o departamento de Memoria Histórica de Pontevedra vén de contratar a dixitalización e catalogación de expedientes e fondos relacionados coa Xefatura Provincial do Movemento (XMP), a Sección Femenina e o Patronato de Protección á muller, ou a incautación de bens a persoas asasinadas e entidades do Concello de Redondela.

Así, e segundo explica a deputada de Memoria Histórica María Ortega, estes tres proxectos permitirán ás persoas dedicadas á investigación afondar no estudo da represión franquista, nomeadamente na publicidade do réxime a través da mestura entre actos da XPM e da Deputación; na represión económica contra as mulleres. “Basicamente o obxectivo é facilitar a realización de estudos sobre o funcionamento da ditadura, poñendo a disposición a maior documentación posíbel., e que as persoas interesadas non teñan que acudir aos arquivos, que o poidan facer desde casa a través do ATOPO”, subliña.

Ademais, a Deputación de Pontevedra comeza agora a dixitalizar e subir ao programa un cento de tomos que o propio gabinete da XPM elaborou coas novas que sobre esas actividades recollidas naquelas imaxes e publicou a prensa no seu momento, axudando polo tanto a contextualizalas. Os 55 primeiros tomos 55 recollen novas da XPM entre 1956 e 1961 e os outros 45 da propia Deputación entre 1963 e 1972, cun total dunhas 13.000 imaxes.

Doutra banda, e en continuidade co estudo da represión económica que xa centrou as ‘III Xornadas Contra a Impunidade’ celebradas no mes de novembro, vense de contratar a dixitalización de 48 expedientes do Concello de Redondela (ao que pertence a Illa de San Simón) sobre incautacións de bens a persoas e entidades, que agora poderán ser consultados desde calquera ordenador. Trátase, segundo destacan de expedientes de grande importancia e interese, tales como a incautación de bens ás sociedades de agricultores de O Viso, Chapela, Cesantes ou Ventosela, a IR de Redondela, á agrupación galeguista, ou á Casa do Pobo do mesmo municipio. Tamén a persoas asasinadas como Emilia Cabaleiro Amoedo e o seu fillo Antonio (asasinados por solidarizarse con persoas fuxidas) ou Emilio Martínez Garrido, alcalde de Vigo fusilado en Pereiró.

Finalmente, e como paso previo á dixitalización, a Deputación procedeu tamén a sacar a concurso o inventariado dos fondos que o Arquivo Provincial -dependente do Estado- tiña sobre dous organismos fundamentais para estudar a represión feminina na provincia, especialmente no tardofranquismo: a Sección Femenina e o Patronato de Protección á muller.

En total vanse inventariar 123 caixas e 53 libros, para que calquera persoa interesada nesta temática saiba, grazas á web ATOPO da Deputación, que documentación existe. Así mesmo, este paso é o primeiro chanzo para poder dixitalizar os fondos que resulten de maior interese.

 

[Fonte: http://www.galiciaconfidencial.gal]

 

 

De quoi Zemmour est-il le symptôme morbide ?

Écrit par Ugo Palheta

Face à la progression sondagière d’Éric Zemmour, certain-es sont enclin-es à gauche à penser qu’il n’y a là qu’une bulle médiatique et à faire le dos rond en attendant, ou en espérant, qu’elle explosera d’elle-même. On pourrait aussi se contenter d’y voir une énième manifestation de ce « pétainisme transcendantal » dont parlait Alain Badiou : une « forme historique de la conscience des gens, dans notre vieux pays fatigué, quand le sourd sentiment d’une crise, d’un péril, les fait s’abandonner aux propositions d’un aventurier qui leur promet sa protection et la restauration de l’ordre ancien ». Le problème, c’est que cette caractérisation développée par le philosophe à propos de Sarkozy pourrait s’appliquer à de nombreux hommes politiques qui posent en sauveurs, aussi bien à Macron qu’à Zemmour et Le Pen. Elle ne nous aide donc guère à saisir le sens spécifique de l’ascension résistible – du moins à ce stade – d’Éric Zemmour.

Notre point de vue, c’est qu’elle exprime certaines des grandes tendances de la politique française. Or, celles-ci préexistaient à Zemmour, ne sont pas près de disparaître (comme certains imaginaient que la progression de l’extrême droite avait été stoppée par les mauvais scores du FN/RN aux dernières élections régionales) et il nous faudra bien les affronter, quoi qu’il advienne de sa probable candidature à l’élection présidentielle. La transformation (en cours) du capital médiatique de Zemmour en capital politique pose toutefois de nouveaux problèmes – et crée de nouvelles menaces – comme on va le voir. Le succès qu’elle rencontre actuellement rappelle en outre – dans le contexte spécifique à la France – des dynamiques que l’on a vues à l’œuvre ces dernières années dans d’autres pays, en particulier les États-Unis et le Brésil, où des personnages aussi grotesques que dangereux (Trump et Bolsonaro) sont parvenus à bousculer les organisations de droite et à conquérir le pouvoir par la voie électorale.

On se propose donc ici de fournir quelques clés de lecture du « zemmourisme », étant entendu que – contrairement aux prétentions du « grand homme » et à ce qu’imaginent ses adorateurs – ce n’est pas dans sa personnalité, son esprit ou son talent qu’il faut chercher la source du succès sondagier que l’on observe actuellement. Au contraire, la nullité du personnage nous ramène en quelque sorte à l’énigme que Marx avait cherché à éclairer dans son 18 brumaire de Louis Napoléon Bonaparte : comment un être aussi médiocre peut-il occuper le devant de la scène médiatique et bousculer le jeu politique dans l’une des principales puissances capitalistes ? L’hypothèse défendue ici, c’est que Zemmour n’est que le nom privé d’un processus de fascisation et, en tant que tel, il doit d’abord être interrogé comme symptôme ou, pour reprendre l’expression de Gramsci, comme « symptôme morbide ».

Des médias asservis à la logique du profit

L’aspect le plus évident du problème, c’est que Zemmour est une construction médiatique. Celle-ci ne date pas de la constitution de l’empire Bolloré, qui a fait de l’idéologue – pourtant condamné deux fois pour incitation à la haine raciale – son principal produit d’appel sur la chaîne d’ « information » en continu CNews.

Rappelons qu’avant d’officier sur celle-ci, il fut lancé il y a près de 20 ans sur ITélé (il est vrai l’ancêtre de CNews), pour un débat quotidien qu’on imagine hautement conflictuel avec Christophe Barbier, puis surtout par Laurent Ruquier qui, en érigeant Zemmour en tête de gondole de son émission de grande écoute « On n’est pas couché », a joué dans cette affaire le rôle du docteur Frankenstein. Ruquier peut bien aujourd’hui regretter d’avoir contribué à créer le « phénomène Zemmour » ; il n’interroge pas les raisons pour lesquelles lui et la productrice de l’émission (Catherine Barma) ont choisi Zemmour et l’ont maintenu plusieurs années à l’antenne, à savoir la logique du buzz et de l’audimat à tout prix, donc du profit (empoché par la société de production de Barma et par Ruquier sous la forme de salaires mirobolants).

Il faudrait même faire remonter la fabrication du personnage médiatique à la publication du Premier sexe, manifeste masculiniste pour lequel Zemmour a pillé certaines « idées » développées avant lui par l’idéologue néofasciste Alain Soral, notamment concernant la « féminisation des sociétés » ou encore la « dévirilisation des hommes ». Livre dans lequel il affirmait l’infériorité congénitale des femmes et la nécessaire domination des hommes (d’ailleurs désirée secrètement par les femmes, selon la psychanalyse de comptoir que développent Zemmour et Soral).

On pourrait sans doute montrer que la publication de ce livre fut parfaitement et délibérément calibrée par Zemmour, moyennant outrances et provocations évidentes, pour favoriser une large appropriation médiatique. À l’aube des années 2000, Zemmour était un journaliste politique du Figaro encore assez obscur mais, en quête d’ascension sociale rapide, il a su jouer habilement le jeu médiatique – comme l’a montré Gérard Noiriel – et devenir ce qu’on nomme un « bon client » : clivant il est vrai mais on n’a rien sans rien…

Zemmour comme construction médiatique donc, et l’essentiel a été dit sur ce point par Pauline Perrenot pour Acrimed. Mais cela va plus loin : Zemmour est l’expression de l’anéantissement presque total du débat public à une époque où se sont pourtant multipliées les émission dites « de débat » mais où les conditions d’un véritable débat rationnel et pluraliste ne sont jamais (ou presque) réunies. Si nombre d’éditorialistes et d’hommes politiques peuvent s’exclamer bien haut que Zemmour représente une élévation du débat public, c’est que celui-ci est tombé si bas que quelques vagues références historiques (qui relèvent d’ailleurs davantage du « roman national » que de l’histoire à proprement parler), quelques chiffres généralement faux, et quelques citations apprises par cœur suffisent à faire d’un cuistre un « grand intellectuel ».

Il y a ici des tendances lourdes et anciennes : bien sûr la faiblesse du pluralisme politique et idéologique dans des médias privés (tous aux mains de milliardaires) et dans les médias publics ; mais aussi le fait que des éditocrates et des intellectuels médiatiques (BHL, Finkielkraut, Comte-Sponville, etc.), autrement dit des intellectuels devant intégralement leur renommée aux médias et non à une œuvre qui aurait été plébiscitée dans le champ intellectuel, définissent pour l’essentiel l’agenda médiatique (ce qui doit être débattu), en collaboration avec les partis dominants, et sont appelés dans les médias à dire le « vrai » concernant les transformations de la société française (marginalisant très largement les chercheurs/ses universitaires et les revues intellectuelles).

On fera remarquer également que le « phénomène Zemmour » fait exploser l’illusion selon laquelle les médias web et les réseaux sociaux auraient rendu caducs les médias dits traditionnels (presse écrite, télé et radio), ce qui nous épargnerait la nécessité de leur transformation radicale. Zemmour est un pur produit de ces médias traditionnels (Le Figaro et RTL notamment, et même France 2 pendant un temps), et l’on voit à travers son exemple qu’une grande partie de ce qui est promu, partagé et discuté sur les réseaux sociaux ou les médias web provient d’émissions de télévision et de radio, les « nouveaux médias » (déjà plus si nouveaux) jouant un rôle de caisse de résonance de ce point de vue.

Enfin, il faut insister sur le fait que si les sondages mesurent essentiellement à ce stade l’exposition médiatique des candidat·es (voire, dans le cas de Zemmour, de quelqu’un qui ne s’est pas encore déclaré candidat), ils constituent en quelque sorte une prophétie auto-réalisatrice : l’omniprésence médiatique de Zemmour lui permet de voir sa cote sondagière monter, et en retour cette montée le fait exister politiquement comme une possibilité tangible, le faisant encore progresser dans les sondages et justifiant après coup sa sur-médiatisation (d’autant que cette montée peut le faire apparaître comme le « vote utile » du « camp des patriotes », c’est-à-dire de l’extrême droite et de la droite extrêmisée). Dans tous les cas, la responsabilité des « grands » médias est ici maximale.

 

Une solution de rechange pour la bourgeoisie

Zemmour n’est pas qu’un artefact médiatique et sondagier ; il représente aussi pour certaines franges de la bourgeoisie une possible solution de rechange. Les patrons n’aiment pas l’incertitude, et ils ne mettent jamais tous leurs œufs dans le même panier. Aux États-Unis, la bourgeoisie finance – généralement selon les intérêts spécifiques de chacune de ses fractions – aussi bien le Parti républicain que le Parti démocrate (Clinton et Biden ont même reçu plus de fonds que Trump). De même, dans l’Allemagne des années 1930, les capitalistes allemands finançaient l’ensemble des partis de droite et d’extrême droite, dont les nazis.

Or, dans l’état de crise de représentation politique que connaît la France (qui signifie une rupture du lien entre représentants et représentés, manifestée par la disparition de ces partis politiques solidement implantés socialement que constituaient auparavant le Parti socialiste, la droite gaulliste ou encore le Parti communiste), les possédants cherchent à faire en sorte qu’existe une variété d’agents capables de défendre l’ordre social et de favoriser l’accumulation du capital, par tous les moyens nécessaires. Cela peut passer par le fait de favoriser l’émergence de figures qui appartiennent indéniablement aux classes possédantes et en défendent les intérêts, mais dont la réputation n’est pas entachée par l’appartenance à des partis discrédités.

Macron est l’un de ces agents, à l’évidence, et l’on sait de quelle mobilisation médiatique mais aussi patronale il a bénéficié en 2016-2017 et sans laquelle il n’aurait eu aucune chance de l’emporter. Au fil de son mandat, il s’est d’ailleurs affiché de plus en plus clairement comme l’incarnation politique du parti de l’Ordre, en particulier en réprimant férocement les mouvements sociaux (les Gilets jaunes surtout). Cela a impliqué pour lui de transformer profondément son électorat en attirant à lui des segments de la clientèle de la droite traditionnelle (qui avait voté Fillon) tout en conservant les segments les plus droitiers de l’ancien électorat PS. Cela a fonctionné jusqu’à maintenant, et rien n’indique pour l’instant que son pari sera perdu en 2022.

Le problème, c’est qu’en unifiant la droite décomplexée (de Darmanin et Blanquer) et la « droite complexée » (pour reprendre l’expression de Frédéric Lordon) de Collomb, Rugy ou Valls, Macron a aboli l’alternance gauche/droite qui avait si bien réussi à la bourgeoisie française depuis 1981 pour imposer les politiques néolibérales et éloigner toute perspective de rupture, dans un pays pourtant marqué par de larges contestations sociales et une aspiration forte à maintenir les conquêtes sociales d’après-guerre.

Et même si la bourgeoisie n’a fondamentalement rien à craindre du FN/RN (Marine Le Pen n’ayant cessé de lui donner des gages de bonne conduite économique pour attirer l’électorat de LR : remboursement de la dette publique, pas de sortie de l’euro, pas d’augmentation du SMIC, etc.), les grands patrons français n’ont jamais considéré le FN/RN comme un candidat sérieux à l’alternance, et encore moins comme « leur parti ». Pour Bolloré et d’autres secteurs de la classe possédante (Zemmour compte de plus en plus de soutiens du côté de grands patrons), celui-ci constitue donc une opportunité de faire émerger une solution de rechange à Macron qui ne soit pas associée au nom Le Pen (considéré comme trop sulfureux, donc davantage susceptible de susciter des mobilisations, donc de l’incertitude, etc.), même si l’actuel locataire de l’Élysée tient assurément encore la corde pour la majorité de la classe capitaliste française.

De ce point de vue Zemmour fait tout ce qu’il peut pour afficher une politique bourgeoise offensive qui ne diffère en rien de ce que propose LREM et LR : recul de l’âge de la retraite, baisse des impôts sur les bénéfices des sociétés, baisse des cotisations, etc. L’autre volet de sa politique « sociale », qui n’apparaît pas encore précisément, concernera évidemment les immigré·es puisque Zemmour dit d’ores et déjà qu’il financera les baisses de recettes fiscales en privant ces derniers de toute aide sociale, en supprimant l’AME, etc., ce qui ne se distingue nullement ici de ce qu’avance le FN/RN. Une fusion du néolibéralisme et du néofascisme en somme.

 

La montée d’un racisme conspiratoire

On a beaucoup dit ces vingt dernières années que la parole raciste s’était banalisée dans les médias dominants et parmi les « responsables » politiques. Cela paraît indéniable : les obsessions autoritaires, xénophobes et racistes de l’extrême droite, autour de l’insécurité, de l’islam et de l’immigration, ont pris dans les deux dernières décennies une place médiatico-politique qu’elles n’avaient pas auparavant, notamment concentrée autour de la question des quartiers dits « sensibles » à propos desquels est martelée la rhétorique néocoloniale – sinon celle des Croisades – de la « reconquête » (républicaine nous dit-on…).

La nouveauté des cinq dernières années, c’est l’apparition dans les « grands » médias – chaînes d’ « information » en continu et radios commerciales – d’une nuée de pseudo-journalistes d’extrême droite (issus de Valeurs actuelles, de Causeur, de L’Incorrect, etc.) et la présence quasi-permanente des porte-parole du FN/RN, aux côtés de vieux briscards de la droite réac et raciste (Rioufol, Thréard, etc.) qui, au contact de cette jeune garde, ne cessent de se radicaliser eux-mêmes. Cela est vrai dans les chaînes de Bolloré mais cela ne s’y réduit en aucune manière ; qu’on prenne le temps de visionner BFM ou LCI, ou qu’on ait en tête l’arrivée de Devecchio sur France Inter.

À cette évidente banalisation des discours autoritaires et racistes, favorisée par le pouvoir politique quand par la voix de ministres on part en guerre contre la « subversion migratoire », le « séparatisme » ou l’ « islamogauchisme », quand un ministre de l’Intérieur justifie une loi ciblant les musulman·es en se réclamant de propos antisémites tenus par Napoléon en 1806, ou encore quand un président de la République donne une interview exclusive à Valeurs actuelles (d’ailleurs récemment condamnée par la justice pour injure raciste), s’ajoute une radicalisation dont Zemmour est à la fois le vecteur et le produit. Deux exemples suffiront.

Dans les années 1980-90, la dénonciation du prétendu « racisme anti-Blancs » était uniquement le fait de Jean-Marie Le Pen et du FN. À partir des années 2000, certains idéologues – autour de Jacques Julliard, Pierre-André Taguieff ou Alain Finkielkraut – ont diffusé l’idée selon laquelle existerait, à côté d’autres formes de racisme (antisémitisme, racisme anti-Arabes, etc.), un tel « racisme anti-Blancs ». Il semble que nous soyons entrés dans une nouvelle étape : au « racisme anti-Blancs » comme forme de racisme parmi d’autres (ce qui n’avait déjà pas plus de sens que de parler de sexisme anti-hommes) a succédé l’idée que nous vivrions dans « un régime communautariste et racialiste anti-blanc, un apartheid inversé » (les mots sont de Michel Onfray)[1].

L’autre exemple, connecté au précédent, c’est celui de l’islamophobie. Si certain·es ont commencé dès les années 1980 mais surtout à partir du début des années 2000 – et si nombre d’idéologues et d’hommes ou de femmes politiques continuent – à dénoncer l’islam et les musulmans au prétexte qu’ils menaceraient le « vivre-ensemble » par leur « communautarisme » ou leur « séparatisme », on a vu se développer à partir de là une version beaucoup plus agressive de l’islamophobie, selon laquelle les musulmans aspireraient à soumettre la société française, à détruire la République, la France ou l’Occident (il y a des variantes), à dissoudre l’identité nationale ou civilisationnelle, etc.

Ce discours, autrefois confiné dans les marges (c’est-à-dire à l’extrême droite), s’est banalisé à tel point qu’un écrivain aussi central dans le champ littéraire français que Michel Houellebecq a pu en faire un livre à succès (intitulé Soumission), évidemment considéré comme salutaire et visionnaire par les islamophobes de tout poil (en France et ailleurs).

Rappelons que ce livre imaginait la victoire d’un candidat musulman lors de l’élection présidentielle de 2022, et la transformation consécutive de la France en République islamique. Étrange prédiction alors que toute une industrie médiatique et éditoriale de l’islamophobie s’est développée au cours des 20 dernières années en France et que les principaux candidats à la présidentielle de droite et d’extrême droite ne cessent de faire de la surenchère sur ce terrain depuis des mois. Rappelons que le livre de Houellebecq s’était vendu au bout d’un mois à près de 350 000 exemplaires, et il fut en tête des ventes en France, en Allemagne et en Italie (où on avait déjà vu les livres de Fallaci, violemment racistes, se vendre à plusieurs millions d’exemplaires !).

Ces mythes d’un complot islamique visant à soumettre l’Europe ne sont pas nouveaux. L’extrême droite s’en nourrit depuis les années 1970 : depuis le Camp des saints de Jean Raspail (l’un des livres favoris de Marine Le Pen), défendant un génocide préventif face à des non-Blancs soupçonnés de vouloir commettre un « génocide blanc », jusqu’à Renaud Camus et son « grand remplacement. Avec quelques différences, ils fonctionnent de manière similaire et jouent un rôle analogue aux mythologies antisémites du « complot juif mondial ». Il s’agit en réalité de deux variétés de racisme conspiratoire[2].

Dans un livre important publié récemment, Reza Zia-Ebrahimi a bien montré la fonction de cette forme de racisme : pour se préserver nous dit-on de la « guerre civile », du « délitement de la nation française », d’une « destruction de la civilisation occidentale/européenne », d’un « génocide blanc » (selon la variante choisie par tel ou tel courant d’extrême droite), il s’agirait d’employer préventivement les grands moyens, en rompant avec le « droit-de-l’hommisme » (donc en déshumanisant certaines populations considérées comme menaçantes) et en remettant en cause l’État de droit : non seulement stopper toute forme d’immigration en provenance du Sud global (supprimer une fois pour toutes le droit d’asile quand il concerne certains pays et certaines populations, abroger le droit au regroupement familial, etc.), refuser d’accorder des droits aux migrant·es qui sont ici (amplifiant ce qui est déjà à l’œuvre depuis des années), mais aussi « nettoyer les quartiers » (expression plusieurs fois utilisée par Zemmour) et engager une « remigration » (c’est-à-dire une déportation de masse).

Nul hasard si Zemmour a pu envisager explicitement la déportation de millions de musulman·es. Quand un journaliste italien lui demandait en 2014 si c’est bien ce qu’il suggérait, voici sa réponse : « Je sais, c’est irréaliste mais l’histoire est surprenante. Qui aurait dit en 1940 qu’un million de pieds-noirs, vingt ans plus tard, seraient partis d’Algérie pour revenir en France ? ». Mais cela n’a rien de surprenant puisque Zemmour considère les migrant·es venu·es du Sud global comme des voleurs, des violeurs et des assassins. Qu’on ne prétende pas d’ailleurs que Marine Le Pen n’irait pas aussi loin, puisque celle-ci pouvait affirmer en meeting en 2012 « Combien de Mohamed Merah dans les bateaux, les avions, qui chaque jour arrivent en France remplis d’immigrés ? Combien de Mohamed Merah parmi les enfants de ces immigrés non-assimilés ? ».

Il importe d’être aussi clair que possible sur ce point : la victoire politique de ce racisme conspiratoire nous amènerait à terme bien au-delà des discriminations systémiques que subissent d’ores et déjà les musulman·es en France, et au-delà même d’une institutionnalisation de ces discriminations. Ce qui se trouve au bout du chemin, c’est une vaste opération de nettoyage ethnique (dont l’histoire du XXe siècle a abondamment montré qu’elle pouvait prendre la forme d’une déportation de masse mais aussi de massacres à caractère génocidaire), ainsi qu’une répression tous azimuts de la gauche sociale et politique (dans toutes ses composantes, des plus radicales aux modérées), des mouvements antiracistes, féministes et LGBTQI+, dans la mesure où ces derniers constitueraient selon les néofascistes un « parti de l’étranger », complice de la destruction de la France, de l’Occident, des Blancs mais aussi des hommes.

Les attentats commis par des militants d’extrême droite – en particulier Breivik en 2011 contre des militant·es de la jeunesse socialiste de Norvège ou celui de Tarrant en 2019 contre des musulman·es en Nouvelle-Zélande (qui ont fait dans chaque cas plusieurs dizaines de morts), de même que les tentatives d’attentats d’extrême droite régulièrement déjoués en France ces dernières années – illustrent clairement où mène ce catastrophisme paranoïaque et raciste que constitue le conspirationnisme islamophobe, et quels en sont les cibles logiques.

 

Un backlash idéologique anti-égalitaire

On se rassure parfois à bon compte en imaginant que Zemmour et ses semblables n’incarneraient que le dernier sursaut d’un vieux monde en train de périr. On suit alors la pente d’un progressisme naïf selon lequel l’Humanité irait nécessairement – même de manière quelque peu chaotique – vers davantage d’égalité et de respect des droits humains fondamentaux.

C’est d’ailleurs ainsi que se campe l’idéologue néofasciste et que le perçoivent ses partisans, comme résistant à des forces immenses et au rouleau-compresseur d’une idéologie qui briserait les valeurs traditionnelles, les identités héritées et les hiérarchies « naturelles ». Il suffit pourtant de comparer la très faible présence de militant·es ou d’intellectuel·les antiracistes dans les « grands » médias et la place croissante qu’y occupent les idéologues d’extrême droite ou de la droite extrêmisée, pour mesurer à quel point ce récit est grotesque. Dans ce courant politique, on tend sans cesse à exagérer la puissance de l’adversaire pour mieux justifier une politique extrémiste de restauration ou, pour être plus précis, de contre-révolution.

Reste qu’il y a à l’évidence un élément de vérité ici : Zemmour apparaît bien en France comme la version la plus agressive d’une réaction de défense des privilèges – en particulier de genre et de race – face à la montée des idées et des mouvements féministes et antiracistes. Difficile par exemple de ne pas constater que l’intensification de l’islamophobie médiatico-politique depuis deux ans est consécutive à la plus importante manifestation – numériquement et politiquement – qui ait eu lieu en France au cours des vingt dernières années contre le racisme ciblant spécifiquement les musulman·es, à savoir la manifestation du 10 novembre 2019.

Dans la mesure où cette manifestation avait été appelée non seulement par des organisations musulmanes et de défense des musulman·es mais aussi par l’essentiel de la gauche sociale et politique, il s’agissait pour le pouvoir politique et l’extrême droite d’affaiblir le pôle autonome dont le Collectif contre l’islamophobie en France était le fer de lance (ce fut fait avec la dissolution sans aucun motif sérieux de cette organisation fin 2020) et de disqualifier cette gauche qui avait (enfin !) décidé de participer à une mobilisation contre l’islamophobie, en la traînant dans la boue des accusations de communautarisme mais aussi d’antisémitisme, de complicité avec le terrorisme, etc.[3].

De même, il n’est pas contradictoire de constater à la fois une progression du mouvement et des idées féministes, marquée en France par le succès des manifestations contre les violences sexistes et sexuelles mais aussi d’importants succès de librairie pour les publications féministes, et l’attrait que suscite un idéologue dont le masculinisme forcené est bien connu. Là encore, Zemmour est l’incarnation d’un backlash anti-égalitaire qui accompagne comme son ombre la quatrième vague féministe : en dénonçant une prétendue « tyrannie des minorités », il ne s’agit pas simplement pour lui et ses comparses de dissimuler le maintien des structures de la domination masculine mais de faire taire une bonne fois les mouvements qui déstabilisent l’ordre hétéro-patriarcal.

Les forces réactionnaires ne sont donc pas restées l’arme au pied face aux puissantes mobilisations féministes à l’échelle mondiale ou face à l’énorme mouvement, lui-aussi mondial, contre les violences policières à caractère raciste. Et l’on ne devrait pas considérer que la guerre culturelle qu’elles mènent ne constituerait qu’un soubresaut sans lendemains : elle a des visées d’anéantissement et ne s’arrêtera que si elle est stoppée. Doit-on rappeler qu’aussi bien dans le cas de l’antisémitisme que de celui de la suprématie blanche, c’est suite à des conquêtes démocratiques, précisément dans une logique de backlash et de ressentiment, que sont nés et se sont développés certaines des idéologies et certains des mouvements les plus violemment racistes et réactionnaires (en particulier aux États-Unis le Ku Klux Klan et en Allemagne le mouvement Völkisch dont les nazis sont l’un des prolongements) ?

La politique que Zemmour cherche à populariser ne se contente pas de dénoncer les théories (et les pratiques) antiracistes et féministes développées au cours des dernières décennies. Dans son viseur se trouve l’idée même d’égalité et de droits humains fondamentaux. Nul hasard si Zemmour cite régulièrement l’un des principaux idéologues contre-révolutionnaires de la fin du XVIIIe siècle et du début du XIXe siècle, Joseph de Maistre, notamment pour justifier son refus de toute forme d’universalisme au profit d’un nationalisme ethniciste (« Moi je suis comme Joseph de Maistre, je ne connais pas l’homme, je n’ai rencontré que des Italiens, des Français, des Anglais, etc. »).

Zemmour n’est donc pas seulement obsédé par Mai 68, ce fétiche qu’a tant agité l’ancien président Nicolas Sarkozy, mais par 1789 et la Révolution française, dont procéderait selon lui le déclin français. Cette obsession l’inscrit pleinement et indéniablement dans toute une tradition des anti-Lumières que l’historien du fascisme Zeev Sternhell a parfaitement identifiée et qui vise aussi bien l’universalisme abstrait propre à la modernité bourgeoise et à la démocratie libérale que l’humanisme révolutionnaire porté depuis le XIXe siècle par le mouvement ouvrier dans toutes ses composantes mais aussi la plupart des mouvements anticoloniaux de libération nationale. Doit-on rappeler que ce point de convergence entre les extrêmes droites fasciste et traditionnaliste avait été résumé par Goebbels quelques mois après l’arrivée au pouvoir des nazis, celui-ci affirmant que les nazis avaient « effacé 1789 de l’histoire » ?

 

L’extrémisation de la droite

Comme on l’a dit plus haut, la parole raciste n’a cessé de se banaliser au sein du personnel politique et dans les « grands » médias. La chose n’est pas nouvelle : Jacques Chirac avait pu être élu président de la République (en 1995) quelques années seulement après avoir disserté en plein meeting – à grands renforts de rires gras – sur « le bruit et l’odeur » des familles immigrées. De même un ancien président – Valéry Giscard d’Estaing pour ne pas le citer – pouvait en 1991 assimiler l’immigration à une « invasion » et proposer de substituer le « droit du sang » au « droit du sol » dans l’acquisition de la nationalité française.

Mais il est vrai que l’appel de Sarkozy à « décomplexer » la droite a amené celle-ci à aller plus loin et il a été entendue par ses troupes et d’omniprésents éditocrates : alors même que Chirac s’était fait élire en s’érigeant en rempart contre l’extrême droite, ce sont bien les « idées » et le langage de celle-ci qui ont infusé profondément au sein de la droite à partir de 2002, année qui a marqué l’arrivée de Sarkozy sur le devant de la scène politico-médiatique.

On a pris l’habitude à gauche de ne traiter que par l’ironie ou le mépris celui qui vient d’être condamné à un an de prison ferme par la justice pour le financement illégal de sa campagne de 2012. Il faut pourtant insister sur le fait que Sarkozy a été le principal acteur de l’extrémisation de la droite et l’on ne comprendrait rien au succès de Zemmour à droite, dans toutes ses franges (y compris le macronisme, sous l’autorité d’ailleurs de Macron lui-même dont on a appris récemment qu’il aurait commandé un rapport sur l’immigration à Zemmour), sans l’action de Sarkozy pendant dix années de vie politique durant lesquelles il fut en permanence au centre de l’attention (entre 2002 et 2012). Avant que Macron ne s’engage sur cette voie, Sarkozy a été le principal introducteur en France d’un populisme néolibéral-autoritaire qui se rapproche en grande partie du thatchérisme (tel qu’il fut analysé brillamment par Stuart Hall).

Il importe d’y insister parce qu’avec l’ascension de Zemmour sont sans doute en train de tomber les derniers obstacles qui s’opposaient à la synthèse politico-électorale entre une droite extrêmisée et une extrême droite avec laquelle la plupart des barons de la droite (et une partie au moins de son électorat) rechignait encore à faire alliance. Si Zemmour s’installe durablement devant LR et le FN/RN dans les sondages, il a toutes les chances de rafler des soutiens venant de ces deux organisations, et d’être en capacité dans un éventuel 2nd tour de cumuler les reports de voix de leurs électeurs·rices respectifs·ves. Ce n’est pas simplement que l’opportunisme est structurel chez des gens dont la politique est la profession ; c’est aussi que le terrain a été préparé par une dérive idéologique de la droite depuis deux décennies, ce qui nous renvoie au sarkozysme[4].

Si des philosophes pour médias peuvent appeler à tirer à balles réelles sur les Gilets jaunes ou confesser qu’ils voteraient plus volontiers pour Marine Le Pen que pour Jean-Luc Mélenchon (ce qui n’est pas pour surprendre quiconque a une connaissance de la faillite absolue d’une grande partie de l’intelligentsia durant l’entre-deux-guerres), si un porte-parole de LR peut tranquillement affirmer que les Blancs subiraient une « épuration ethnique » dans les quartiers populaires et d’immigration, ou encore si des parlementaires de droite peuvent appeler à la dissolution de l’UNEF, on voit mal ce qui pourrait conduire la droite à ne pas s’offrir corps et âme – c’est-à-dire organisationnellement et idéologiquement – à Zemmour.

Qu’on ne s’illusionne donc pas : dans un scénario cauchemardesque qui verrait l’élection de Zemmour, celui-ci n’aurait aucun mal à former un gouvernement composé de ténors de la droite et à rassembler une majorité parlementaire. Là encore, il n’y a pas de quoi surprendre quelqu’un qui connaît l’histoire des gouvernements fascistes au XXe siècle, ces derniers ayant toujours compté initialement plus de ministres de droite que d’extrême droite.

Il est vrai qu’une victoire électorale ne permet pas tout et que l’opposition de secteurs importants de l’État peut amener ces gouvernements à en rabattre sur leur programme ou leurs ambitions putschistes (qu’on pense aux tentatives de Trump de se maintenir au pouvoir). La présence à la tête de l’État d’un néofasciste ne lui donne pas nécessairement les moyens politiques de fasciser l’État, comme en témoigne – au moins pour l’instant – l’exemple de Bolsonaro au Brésil. Néanmoins, ce qui se joue dans les appareils répressifs depuis plusieurs années – les initiatives factieuses des syndicats de police, l’impunité dont jouissent les crimes policiers, comme les tribunes de militaires appelant à affronter les « hordes de banlieue » pour éviter le « délitement de la France » – signalent que des pans significatifs de l’État sont disposés à aller encore beaucoup plus loin dans une direction ultra-autoritaire et dans l’institutionnalisation du racisme.

*

Ignorer Zemmour n’est malheureusement pas une option pour les anticapitalistes et les mouvements sociaux. Si celui-ci est bien le produit de deux décennies au moins de transformations politiques et idéologiques, et en grande partie un monstre créé de toutes pièces par les médias dominants, il est à présent un acteur central de la fascisation, qu’il nous faut impérativement combattre en tant que tel. Reste que, comme dans le cas de Trump ou de Le Pen, le « tout sauf Zemmour » est une impasse.

On reviendra dans un prochain article sur quelques pistes politiques pour affronter le danger mais disons d’emblée que le néofascisme ne pourra être vaincu sans que se développent des bastions de résistance antifasciste dans le corps social, sans que s’unissent les mouvements d’émancipation autour d’objectifs tactiques atteignables, permettant d’obtenir des victoires (même partielles) et de reprendre confiance dans la lutte collective, sans que l’antiracisme politique imprègne bien davantage qu’actuellement le sens commun et les pratiques militantes, et sans qu’émerge une alternative de gauche capable d’engager une rupture politique avec le néolibéralisme autoritaire. La barre est haute, mais avons-nous d’autres choix que de relever le défi ?

*

Ugo Palheta est sociologue, maître de conférences à l’université de Lille et membre du Cresppa-CSU. Il est l’auteur de nombreux articles pour Contretempsde La Possibilité du fascisme (La Découverte, 2018) et, tout récemment avec Ludivine Bantigny, de Face à la menace fasciste (Textuel, 2021).

Notes

[1] On notera qu’à l’inverse, dans les médias dominants, quiconque tient un discours conséquent ciblant le racisme systémique que subissent immigré-es et descendant-es d’immigré-es extra-européen-nes se trouve instantanément l’objet d’accusations de développer une « pensée victimaire », voire de succomber à une forme de « racisme inversé ». D’autres mots ont d’ailleurs émergé qui, dans la bouche de celles et ceux qui les emploient, ont à peu près la même signification et surtout la même fonction (interdire tout débat à propos du racisme systémique) : « indigénisme », « décolonialisme », « intersectionnalisme », « wokisme ».

[2] Ces deux conspirationnismes peuvent d’ailleurs s’imbriquer chez certains idéologues et mouvements néofascistes, imaginant que ce sont les Juifs, à travers des figures comme George Soros, qui seraient les artisans en sous-main du « grand remplacement » ou du « génocide blanc » (notamment à travers la défense des droits des migrant·es). Reste que, dans les récits les plus populaires à l’extrême droite (mais aussi dans une partie des médias mainstream), les Juifs et la lutte contre l’antisémitisme sont généralement utilisés à l’appui des mythes de la domination mondiale de l’islam, celui-ci étant considéré comme une essence malfaisante, intangible et oppressive, intrinsèquement antisémite et fondamentalement intolérant.

[3] Alors que la gauche est si fréquemment accusée de complaisance avec l’antisémitisme, il est frappant de constater que Zemmour peut faire l’objet d’une hyper-médiatisation tout en n’ayant cessé de déployer une rhétorique négationniste consistant à absoudre Vichy, et en particulier Pétain, de sa responsabilité dans la déportation de dizaines de milliers de Juifs·ves (sans même parler de sa défense de l’idéologue antisémite Maurras et de bien d’autres déclarations).

[4] Le gaullisme n’a plus de réalité depuis longtemps : il n’existe plus que de manière fantomatique, comme une référence vide et il n’y a d’ailleurs pas vraiment de quoi le regretter. Néanmoins, il peut paraître ironique que les héritiers de ce mouvement né dans le combat contre la collaboration pétainiste soit à ce point attiré par un idéologue qui a fait de la défense de Pétain un élément cardinal de sa « pensée ». Il faut toute la reformulation de la présence de millions de musulman·es comme « occupation » (voire comme « colonisation à l’envers ») pour s’imaginer que cette politique serait en continuité avec l’appel du 18 juin…

 

 

[Source : http://www.contretemps.eu]

Le président du Conseil représentatif des institutions juives de France (CRIF), Francis Kalifat, qualifié lundi par le polémiste Éric Zemmour d’idiot utile des antisémites, a qualifié de juif utile du révisionnisme le probable candidat à l’élection présidentielle.

« Si être l’idiot utile de l’antisémitisme c’est condamner celui qui fait de l’assassin terroriste de Toulouse l’égal de ses victimes,

Si être l’idiot utile de l’antisémitisme c’est dénoncer celui qui veut abroger les lois mémorielles Pleben et Gayssot …refaisant de l’antisémitisme et du racisme une opinion et non plus un délit en offrant ainsi la parfaite impunité aux Dieudonné, Soral et autres antisémites et négationnistes,

Si être l’idiot utile de l’antisémitisme c’est rejeter avec force celui qui veut réhabiliter Pétain et l’absoudre de ses crimes,

Si être l’idiot utile de l’antisémitisme c’est être révolté par celui qui accuse la justice française d’avoir fait un procès politique à Maurice Papon qui, de 1942 à 1944, en qualité de secrétaire général de la préfecture de la Gironde chargé des « questions juives », a supervisé l’arrestation puis la déportation de près 1 600 Juifs vivant dans la région, dont la plupart ont été assassinés à Auschwitz,

Si être l’idiot utile de l’antisémitisme c’est refuser que l’on réduise à néant le long combat de Serge Klarsfeld et des associations d’anciens déportés en dénonçant la déclaration historique de Jacques Chirac au Vel d’Hiv en 1995, qui reconnaissait (enfin) la responsabilité de la France dans la déportation des Juifs de France,

Si être l’idiot utile de l’antisémitisme c’est être horrifié en pensant à son dîner avec la fille d’un haut dignitaire nazi, ministre des Affaires Étrangères d’Hitler,

Si être l’idiot utile de l’antisémitisme c’est, pour une fois, être d’accord avec Jean Marie Le Pen, qui fait de lui son fils spirituel et son héritier politique,

Alors que dire d’Éric Zemmour ?

Sinon qu’il est non pas l’idiot utile, mais bien le Juif utile et le nouveau chef de file du révisionnisme dans notre pays », a écrit le président du CRIF dans un éditorial.

 

 

[Source : http://www.lemondejuif.info]

Nos encontramos atravesando tiempos de cambios. La historia oficial obra maestra para domesticar nuestros pensamientos comienza a resquebrajarse. Un nuevo paradigma asoma en el horizonte. El genocidio, despojo e invisibilidad padecidos por los pueblos originarios que los grupos de poder pretendieron ocultar en forma definitiva comienza a salir a la luz con nitidez. Las voces que pretendieron silenciar por siempre toman la palabra, se hacen acción y la verdad surge incontenible.

Escrito por Marcelo Valko

Entre tanto, el calendario nos acerca al 12 de octubre. Distintos países coinciden en denominar esa efeméride como Día de la Raza, Día de la Hispanidad, Aniversario del Descubrimiento de América, Columbus Day o simplemente como Día del Descubrimiento de América. En Argentina se reemplazó en 2010 el Día de la Raza por Día del Respeto a la Diversidad Cultural, uno de esos eufemismos a los que somos tan afectos en estos lares y que dice bien poco y nada sobre lo que implica la fecha. Además lo convirtieron en un feriado trasladable. ¿Alguien imagina que el día en que tiraron la bomba atómica sobre Hiroshima los japoneses lo convirtieron en un feriado trasladable para gozar de un week-end? Mientras Venezuela lo denomina Día de la Resistencia Indígena y en Bolivia Día de la Descolonización, en la mayoría de nuestros países permanece Día de la Raza. Más allá de lo problemático e inexacto que resulta, el vocablo “raza” representa una imagen notable. La llegada de los europeos a estas cosas hace hincapié únicamente en UNA raza, ni siquiera dice Día de las Razas en plural, sino que utiliza invariablemente el singular. Creo interesante mencionar en el mismo sentido que en España pasó de llamarse Fiesta de la Raza a Día de la Hispanidad en la actualidad, es decir otro singular. Veremos que el uso del singular en lugar del plural no es un detalle menor, ya que unos llegaron donde estaban otros. Para que se entienda es pertinente ceñirme en los considerandos del decreto que en su momento estableció Argentina para celebrar el Día de la Raza, ya que son conceptos compartidos por otros países americanos para implementar dicho feriado. El decreto original de 1917 y que estuvo vigente hasta 2010 menciona al “genio hispano empresa esta tan ardua y ciclópea sublime del genio de Colón” destacando a “la España descubridora y conquistadora que volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, las labores de sus trabajadores con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua”. En definitiva ese singular que se establece entre Descubridor y Descubierto ensalza únicamente a uno solo de los dos, es un Día de la Singularidad…  No hay que ser un eximio semiólogo para advertir la ausentificación de la presencia del indígena, como si hubieran desembarcado en un continente vacío, deshabitado, en un territorio de invisibles.

Todo se tradujo mal y los que nunca estuvieron escondidos fueron descubiertos; automáticamente América dejó de tener potestad para gobernarse, se extinguió su propiedad y dominio. Europa se apropió de lo que tenía dueño; el territorio se transformó en espacio de conquista; las legítimas riquezas que poseían sus culturas se transformaron en un botín que los conquistadores “encontraban” y obviamente rapiñaban; los magníficos templos se convirtieron en canteras de piedra; sus conocimientos atesorados en códices y quipus se redujeron a humo en las hogueras de los Autos de Fe. La historia oficial tergiversó la memoria y por eso los indígenas se transformaron en ausencias. Las personas fueron leídas como objetos: los hombres utilizados como combustible biológico hasta morir y las mujeres como deshago sexual. Y pensar que algunos escribas de la elite insisten en edulcorar lo ocurrido con la cantinela del Encuentro de Dos Mundos y más de un “progre” sepulta la sangre con notas de color… El tema es simple, no se puede celebrar el inicio del mayor genocidio de la historia en tiempo y espacio que provocó a su vez otro genocidio con el secuestro y cosificación de millones de africanos para sustituir la diezmada mano de obra indígena y así utilizarlos como esclavos.

No creo equivocarme al afirmar que Argentina es el país que más se esforzó en destacar su “excepcionalidad blanca y europea” diferenciándose del resto al negar la existencia de los originarios como lo demuestran tanto exabruptos de funcionarios como los manuales y textos que los conjugan en tiempo pasado “habitaban, cazaban, creían”. Son pasado, son ausencia, ya no existen y si aparecen indudablemente deben ser extranjeros como mapuches chilenos o kollas bolivianos. De ese modo se impone una pedagogía del olvido haciendo un catecismo de la desmemoria al vestir una inocencia imposible que procura borrar culpas para que todo siga como está.

De un tiempo a esta parte, desde distintos ámbitos educativos, centros culturales, concejos deliberantes, secretarías de culturas municipales, sindicatos, comienza a cuestionarse incluso cual es la fecha que debería conmemorarse. Cada vez es mayor el consenso que no acepta celebrar con júbilo la muerte. En múltiples actos, se conmemora el 11 de octubre como “ultimo día de la libertad”. Advierto que dentro del arco de lo que se denomina progresismo existe una suerte de convicción cuasi-patológica por la derrota, de ubicarse siempre como perdedores, insistiendo con el final, con el fracaso, siempre a la cola del carro vencedor derramando lágrimas sobre el último día de la libertad. Tal vez por eso, prefiero celebrar LO PRIMERO en lugar de LO ULTIMO. Conmemorar el 12 de octubre como el PRIMER DÍA DE RESISTENCIA ante ese ultraje, ante esa ocupación criminal que fue la Conquista ubicada en las antípodas de un edulcorado “encuentro de culturas”.

Los pueblos son expeditivos, saben que el futuro es ahora, por eso es tan relevante lo ocurrido en numerosos países con el derribo de las estatuas de conquistadores y esclavistas, demostrando que no lograron ausentificar las presencias. En “Cazadores de poder”, señaló: “Ellos dicen que nosotros estamos muertos, dicen que nos mataron y que ya no estamos, cuentan que somos polvo, gusanos, lágrimas secas, que estamos enterrados, languideciendo en los rincones donde fuimos sepultados. Aseguran que somos ausencias, que somos invisibles, que somos espectros. Ellos dicen que estamos muertos. Nos explican las mil maneras de no ser. Creen que nos mataron porque nos exiliaron de lo cotidiano, que somos niebla, ausencia, silencio, nada. Para matarnos bien muertos nos desmembraron y rompieron nuestras carnes y perforaron nuestros ojos y violaron nuestras pieles. Sin embargo, nuestras muertes no están muertas. Sus sangres no descansan, aunque están secas, los ojos miran aun rotos, los cuerpos se levantan aun desarticulados y las pieles tumefactas se aterciopelan y nos convidan a la vida y al erotismo. Aquí estamos mirando desde las miradas de los que son ausencias. Son tantos los que no están y están presentes, son caminos, faros, mojones”. Dejemos atrás aquellos que militan la impunidad del rebaño y que no aceptan la condición humana del otro y que necesitan que los pueblos mantengan su lugar de siervo de la gleba, de combustible biológico, de brazo barato, de sirvientes, en definitiva: de esclavos a la sombra del amo. Ya no más.

¡Ahora es cuando! Soplan nuevos vientos, asoma un nuevo paradigma, sabemos que es lento, pero viene…

 

[Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org]

Escrito por José Antonio Aguilar Rivera

El plagio, como otras formas de hurto, no se puede erradicar. Sin embargo, es posible controlarlo en una comunidad intelectual siempre y cuando exista un consenso amplio sobre la práctica. Debe ser considerado un tipo grave de deshonestidad que exige sanciones serias. Y debe haber la voluntad firme de atajarla de múltiples maneras. Estas ideas han estado tradicionalmente ausentes en el mundo académico mexicano, incluso en instituciones renombradas. El más reciente escándalo de plagio, el del fiscal general de la República, no es sino la constatación de que existen poderosas fuerzas, inercias y vicios colectivos que trabajan en conjunto para naturalizarlo entre nosotros. La respuesta del doctor Gertz Manero a la denuncia de Guillermo Sheridan de haber plagiado un libro sobre Guillermo Prieto es reveladora de la mentalidad permisiva que comparte un amplio sector de la población.1 Escritores plagiarios, comentócratas oficialistas, gozan de cabal impunidad en el mundo cultural.

El plagio es endémico. Hace seis años la academia mexicana fue sacudida por escándalos. Entre ellos el de un historiador miembro del SNI que construyó su carrera, desde su tesis doctoral hasta los libros que publicó años después, a base de plagios.2 La respuesta al “verano del plagio” fue un incipiente movimiento de protesta. Unos cuantos investigadores alzaron la voz y firmaron un desplegado.3 En respuesta, algunas instituciones endurecieron temporalmente sus normas, pero al poco tiempo las inercias comenzaron a deshacer los avances. Lo cierto es que la cultura organizacional dominante desalienta de múltiples formas que se denuncie y sancione el plagio, incluso cuando se le condena en el papel. La falta de compromiso comienza con la renuncia a asumir cabalmente la responsabilidad pedagógica de proporcionar a los alumnos las herramientas para identificar y evitarlo. Muy pocas instituciones imparten cursos tutoriales obligatorios, presenciales o en línea a sus alumnos. Universidades de otros países, como la de Indiana, cuentan desde hace años con cursillos gratuitos en línea abiertos a estudiantes de cualquier parte del mundo. Hasta tienen exámenes.4 La ausencia de estos cursos sirve, a su vez, como excusa para no sancionar los casos identificados de plagio. Los deficientes procesos disciplinarios no solo desalientan a los docentes a presentar casos ante las instancias correspondientes; en algunas ocasiones profesores jóvenes han sido disuadidos por las autoridades o por sus pares de presentar denuncias o han sido amedrentados por los propios estudiantes. A veces han debido defenderse por años de falsas acusaciones presentadas en represalia. Los docentes a menudo acaban sentados en el banquillo de los acusados. Quienes carecen de definitividad, aunque sean renuentes a expresarlo públicamente, lo saben muy bien. Uno, que pidió mantener el anonimato, me escribió: “Reportar plagio de nuevo… jamás, profe… jamás”. Los entiendo perfectamente. Lo he experimentado en carne propia.5 En un caso que denuncié en el 2017 la Suprema Corte de Justicia, en una vuelta de tuerca absolutamente kafkiana, decidió denunciarnos al responsable del plagio y a mí ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual. He tenido que acudir a declarar al Ministerio Público varias veces. Al día de hoy el “proceso” no ha terminado.

Para todos es más conveniente mirar para el otro lado. Esa es la perversa estructura de incentivos que perpetúa este estado de cosas. Sin embargo, el trabajo intelectual y la creatividad son dañados por el plagio. El efecto es desmoralizador para la integridad académica, elemento imprescindible en la enseñanza universitaria. Es triste contemplar la regresión. Eso es lo que, al momento de escribir estas líneas, observo de primera mano. Es una pérdida para todos.

José Antonio Aguilar Rivera
Investigador del CIDE y autor de La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 y Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville, entre otros títulos.


1 https://www.eluniversal.com.mx/opinion/guillermo-sheridan/gertz-manero-la-sombra-del-plagio
https://aristeguinoticias.com/0807/mexico/rechaza-gertz-manero-acusaciones-de-plagio-en-obra-sobre-guillermo-prieto/

2 https://www.nexos.com.mx/?p=25571. El diario chileno La Tercera dio puntual seguimiento al caso: https://www.latercera.com/tendencias/noticia/plagiador-se-convirtio-fantasma/394514/

3 https://elpais.com/elpais/2015/07/28/opinion/1438120670_934990.html

4 https://plagiarism.iu.edu/certificationTests/

5 https://www.nexos.com.mx/?p=40272

[Ilustración: Belén García Monroy – fuente: http://www.nexos.com.mx]

La potencia del feminismo como sujeto político, cuya lucha por el sentido es también una lucha por el poder, queda evidenciado cuando ciertas estrategias impactan en territorios que creemos lejanos y ajenos. En Kuwait las luchas por dar visibilidad a las violencias con base en el género y para tomar la palabra pública en medios de comunicación es potente y organizada, algunas de sus referentas toman a Ni Una Menos como un movimiento que llegó para provocar transformaciones en todo el mundo.

Escrito por Carolina Bracco

Nombrar, enunciar, escribir, encontrarnos en el abrazo de la palabra es un proceso personal, colectivo y que está transformando nuestras sociedades en América Latina y Medio Oriente. La construcción de una narrativa que erosione la legitimidad de aquellas impuestas sobre nuestros cuerpos es una labor que requiere no solo la construcción de una conciencia feminista sino también valentía y herramientas de autoprotección. Uno de los mayores desafíos que encontramos en ambas regiones es que las feministas luchamos por poner el centro del debate al género y la sexualidad y los sectores conservadores de derecha también ponen estos temas en el centro de sus discusiones, para atacarnos. Y ello, a pesar de las diferencias culturales y lingüísticas, se manifiesta en discursos y políticas similares. Si la avanzada contra el activismo y la práctica profesional de una conciencia feminista se organiza y estructura a nivel transnacional, se hace urgente conocer, dialogar y trazar puentes con nuestras compañeras en otras regiones.

El primer obstáculo para ello, además de la barrera lingüística, es el imperativo colonial y sus estereotipos racistas. Desde muchos sectores de los feminismos latinoamericanos se suele pensar que la vida de las mujeres árabes está sobredeterminada por la religión y la cultura y que por lo tanto su situación de desigualdad es producto de una suerte de pasividad milenaria. Quizás por ello sean reticentes a creer que en aquella región hay feministas que están dando las mismas batallas que nosotras. Y una de ellas es la de ganar la palabra para contar lo que no se quiere escuchar, lo que se ha silenciado y querido embellecer; nuestras muertes.

¿Lo que no se enuncia no existe?

Uno de los puntos en común que encontramos en ambas regiones es el aumento de los femicidios y la articulación de las demandas en torno a casos testigo. En Argentina la gravedad de la violencia estructural de género se cristalizó en el movimiento Ni Una Menos tras los femicidios de Daiana García y de Chiara Páez. Seguramente muchas de las que nos acercamos aquel 3 de junio de 2015 éramos aún incapaces de dimensionar hasta qué punto se extendía la violencia en nuestras vidas. Intuíamos que había un hilo invisible que unía nuestra experiencia como mujeres, travestis, trans, lesbianas, con los femicidios: ese día muchas lo vimos por primera vez. Pudimos encontrarle un sentido, poner en palabras todo lo que habíamos vivido hasta ese momento, reconocernos en el feminismo y entender que era la única vía para la liberación.

Durante mucho tiempo el feminismo era una mala palabra, y todavía lo es en algunos lugares de Medio Oriente, aunque no por las razones que nos imaginamos. Con la excusa de liberar a las mujeres se invadieron países como Afganistán e Iraq con la consecuente destrucción y aumento sideral de la violencia de género, por lo que en la región se desconfía de la palabra feminismo por pensar que es un caballo de Troya del imperialismo y por la actitud paternalista y racista que históricamente ha tenido el feminismo occidental con las mujeres musulmanas. Además, la derecha occidental racista está siempre ansiosa por difundir las críticas de la región y del islam que alimenten sus prejuicios y políticas discriminatorias por lo que la lucha de las feministas —se autodenominen así o no— se disputa en múltiples frentes a la vez.

Si bien Argentina se perfila como el país de la región con más avances no solo en términos legislativos como la Ley de Equidad en medios, que contempla la incorporación de la perspectiva de género y la formación para todxs ls trabajadorxs, ni la legislación es suficiente ni la situación en el resto de región es homogénea. En una serie de entrevistas realizadas por la Defensoría del Público en el marco del 25 aniversario de la Declaración de y Plataforma de Acción de Beijing (ONU) en septiembre pasado, periodistas y referentes del feminismo de los diferentes países de Latinoamérica expresan preocupación por la permanencia de los estereotipos de género, la violencia simbólica que se ejerce desde los medios y la necesidad del avance de políticas públicas con perspectiva de género.

Intifada mujeres arabes

En Medio Oriente la tradición antidemocrática dificulta el acceso a los medios públicos no solo de las feministas sino de cualquier narrativa que se oponga a la oficial por lo que la única posibilidad es hacerlo desde medios independientes. En Líbano, por ejemplo, se pueden encontrar publicaciones feministas como Kohl, sobre género y sexualidad que reúne textos de activistas, académicxs e investigadorxs de la región y que busca desafiar los prejuicios orientalistas y promover el conocimiento independiente de acceso libre. En Egipto, el muy popular Mada Masr, tiene no solo una perspectiva de género en su línea editorial sino también numerosxs colaboradorxs y artículos de interés sobre el tema, al igual que Daraj. Estos son algunos de los medios que están construyendo una contranarrativa en conjunto con los activismos feministas de la región y son los que empezaron a poner en cuestión el uso que se hace de ciertas supuestas costumbres, como el resguardo del honor, para que los crímenes contra las mujeres no solo queden impunes, sino que además sean justificados.

Maldito sea tu honor 

Así como gracias al impulso de Ni Una Menos hoy sería muy difícil encontrar en los medios locales la denominación “crimen pasional” para hablar de un femicidio, en Medio Oriente la lucha se desarrolla en torno a erradicar otra fórmula de embellecimiento de las violencias de género: los crímenes de honor.

Puede pensarse a la Intifada de las Mujeres Árabes de 2013 surgida con el impulso democratizador de la Primavera Árabe para crear lazos entre las mujeres de la región y exponer las violencias cotidianas que vivían en sus países, como un primer catalizador de los cambios que se están dando al interior de los países en la actualidad y la disputa de la narrativa en torno al honor como forma de control de la sexualidad femenina.

Pero ¿Qué son los crímenes de honor? Sarah Qadurah, refugiada palestina en Líbano, lo cuenta en uno de sus videos:

https://youtu.be/-Nx9w1caE4s

El femicidio de Israa Gharaieb tuvo un impacto aglutinador y movilizante en Palestina en 2019, creando el movimiento Tala’at, similar a lo que sucedió con el femicidio de Chiara Páez en Argentina. El hecho de que este movimiento tomara las calles de todas las ciudades y campamentos donde residen las palestinas, sumado a que muchas de sus referentes hayan ido ganando espacios en los medios forzó un cambio de narrativa y echó luz sobre las redes de impunidad que se tejen entre el sistema judicial, el legislativo e institucional para proteger a los femicidas, poniendo el foco en la cultura patriarcal y ligándolo con otros tipos de violencias que sufren las mujeres.

Cuando nos conocimos, Sheikha alHashem, escritora e investigadora feminista con la que comparto un espacio de discusión sobre género y nacionalismo en el Golfo, me comentó cuán inspirador había sido para ella y sus compañeras el Ni Una Menos. En su país, Kuwait, el femicidio de Farah Akbar en abril pasado provocó una manifestación masiva en la capital y en las redes. A diferencia de otros países del Golfo, en Kuwait “al menos podemos hablar, organizarnos y manifestarnos sobre el tema, pero en términos de patriarcado el sistema es el mismo que el del resto de los países de la región. A pesar de que el país ha tenido avances que están presentes en la Constitución Nacional de 1962, el gran obstáculo al que nos enfrentamos es que cuando se trata de las mujeres, todos los sectores, los nacionalismos, tribalismos y grupos religiosos están de acuerdo en no mejorar nuestra situación real. Tenemos más femicidios en los últimos años, pero no tenemos registros públicos. Las redes sociales nos ayudaron a amplificar y dimensionar el tema. En 2016 hicimos una campaña para abolir el artículo 153 del Código Penal, que llama a los femicidios crímenes pasionales”.

Manifestación frente al congreso kuwaití el 22 de abril de 2021 tras el femicidio de Sabah Salem. Foto de Jaber Abdulkhaleg – Anadolu Agency

Como señalaba Sarah Qadurah en el video, gran parte de la legislación en relación al status de las mujeres en la región fue tomada de los antiguos códigos franceses. El artículo 153 que menciona Sheikha es parte de ese corpus y está presente también en otros códigos de la región: art. 70 en Bahrein, art. 334 en EAU, art. 252 en Omán, art. 340 en Jordania, art. 526 en Líbano, art. 548 en Siria, art. 279 en Argelia, art. 237 en Egipto, arts. 418-424 en Marruecos y art. 309 en Iraq. Ello da cuenta no sOlo de cómo el proyecto colonial hizo mella en la configuración de una jerarquía de género desigual en la región, sino también de cómo el sistema neopatriarcal árabe lo mantuvo para sostener sus privilegios de género.

Según Sheikha, cuando se trata de violencia de género “el problema fundamental no son las leyes o instituciones sino una cultura que no valora la vida de las mujeres y las niñas, que piensa a las mujeres como subordinadas y las silencia, les enseña a no usar su voz”. Esta tutela, reglamentada o no, parecería regir en todos lados donde la supervivencia de una mujer depende del deseo de los hombres de su entorno.

Hablamos en lenguas

El patriarcado y la misoginia no son patrimonio de una u otra cultura, forman parte de un sistema de opresión que opera y es resistido a nivel transnacional. La potencia de la conformación del feminismo como sujeto político, cuya lucha por el sentido es también una lucha por el poder, queda evidenciada cuando ciertas estrategias impactan en territorios que creemos lejanos y ajenos.

Una de las imágenes compartidas en redes de la campaña la Intifada de las Mujeres Árabes en 2013. Traducción: “Estoy con la Intifada de las mujeres árabes porque todas las guerras que inician los hombres las pagamos las mujeres”, Sarah de Iraq

Ni Una Menos despertó el interés de Sheikha “por su inclusión de muchos sectores: mujeres trans, travestis, lesbianas, el enfoque interseccional. Creo que podemos aprender más de Ni Una Menos que del movimiento Me Too porque el Me Too es muy elitista. Y creo sobre todo que podemos aprender del progreso que hizo Ni Una Menos a lo largo de los años. Sé que la situación todavía es difícil por la cantidad alta de femicidios que hay en Argentina, pero sería fascinante poder aprender más de ellas y buscar formas de colaborar”. Es por ahí, sin dudas, el camino que tenemos que construir. Escribir sobre nuestras vidas es escribir también sobre nuestras muertas: ganar la palabra es desafiar a la muerte. Ya lo decía la escritora chicana Gloria Anzaldúa en su carta a escritoras tercermundistas en 1980: “Escribir es peligroso porque tenemos miedo de lo que la escritura revela: los temores, el coraje, la fuerza de una mujer bajo una opresión triple o cuádruple. Pero en ese mero acto se encuentra nuestra sobrevivencia, porque una mujer que escribe tiene poder. Y a una mujer de poder se le teme”.

[Fuente: http://www.latfem.org]

Le Lévitique condamne l’homosexualité masculine. Le judaïsme, quel que soit ses courants, accueille les Juifs homosexuels. Depuis 1977, des homosexuels français sont réunis dans l’association dynamique, Beit Haverim (« La maison des amis », en hébreu). Deux affaires récentes montrent leur situation paradoxale. Le 3 juin 2016, l’ancien grand rabbin de France Haïm Sitruk a déploré l’homosexualité et la Gay Pride à Tel Aviv, lors de sa chronique hebdomadaire matinale sur Radio J. Une polémique s’en est suivie, mêlant postures « politiquement correctes », hypocrisie, crainte de s’aliéner un lobby particulièrement actif dans les milieux politiques et médiatiques, électoralisme – « vote homosexuel » dans certains arrondissements parisiens -, réactions liberticides, propos comminatoires, ignorance du judaïsme, silence rabbinique, mépris pour l’altérité, la norme et l’autorité spirituelle ou morale, clientélisme, etc. Le 17 août 2021, Fabien Azoulay a été transféré d’une prison en Turquie, où il effectuait sa peine résultant d’une condamnation pour importation d’une substance illicite, à une maison d’arrêt en France. Un transfert bénéficiant d’une mobilisation d’institutions juives françaises qu’elles ont refusée au Dr Lionel Krief, spolié.

Publié par Véronique Chemla

Le Lévitique, troisième des cinq livres de la Torah, présente la relation sexuelle entre hommes comme une « abomination » (« To’évah », en hébreu) :

« Tu ne coucheras pas avec un homme comme on couche avec une femme. C’est une abomination« . (Lévitique 18:22)

Le Lévitique ajoute (20:13) : « L’homme qui couche avec un homme comme on couche avec une femme : c’est une abomination qu’ils ont tous deux commise, ils devront mourir, leur sang retombera sur eux ».

Une exécution théorique car la peine de mort n’est pas appliquée : à partir de la chute du Temple, un sanhédrin ne peut pas se former pour l’énoncer.

Selon le rabbin libéral Gabriel Farhi, la prohibition de l’homosexualité masculine viserait la sodomie.” Delphine Horvilleur, rabbin du mouvement juif libéral, considère que « le texte n’est pas clair. Selon elle, il dénoncerait des relations sexuelles ayant un caractère humiliant entre hommes, mais pas la tendance homosexuelle. Quand à l’homosexualité féminine, elle serait “sans impact”.

« Gilles Berneim ancien grand rabbin de France, avait signé une déclaration contre l’homophobie, mais ce n’est jamais suivi par des actes », a déploré Alain Beit, président du Beit Haverim (« La maison des amis », en hébreu), association française créée en 1977 et regroupant des homosexuels juifs (Le Point, 25 septembre 2017).

Si l’homosexualité comme pratique est condamnée par le judaïsme orthodoxe, les divers courants du judaïsme s’accordent sur l’accueil des homosexuels. Le mouvement juif libéral américain ordonne des rabbins homosexuels. Et, en mai 2019, Daniel Atwood, âgé de 27 ans, a été le premier rabbin orthodoxe gay ordonné à Jérusalem, alors que la Yeshivat Chovevei Torah, séminaire juif libéral newyorkais, ait refusé sa semikha ou ordination après qu’il se soit fiancé à un homme.

En octobre 2020, Benny Lau, rabbin orthodoxe israélien influent du courant sioniste religieux, « a déclaré que la loi juive n’interdisait pas aux membres de la communauté LGBTQ de fonder une famille. Il a fait cette déclaration dans le cadre d’une série de directives, publiées sur sa page Facebook, à l’intention des Juifs pratiquants appartenant à la communauté LGBTQ et à leurs proches, sous l’intitulé « Être seul n’est pas une bonne chose pour l’Homme ».

Sur ce sujet large, j’aborderai deux affaires importantes : la polémique liée aux propos de Joseph Haïm Sitruk, ancien grand rabbin de France (1987-2008) sur Radio J en 2016, et la campagne d’institutions juives françaises unanimes visant le transfert de Fabien Azoulay, franco-américain quadragénaire gay, d’une prison turque à une prison française. Une mobilisation publique qu’ils ont refusée au Dr Lionel Krief, spolié.

Radio J
Né en 1944 à Tunis, l’ancien grand rabbin de France, Joseph Haïm Sitruk, est un chroniqueur régulier de Radio J, une des quatre radios de la fréquence juive en Île-de-France, le vendredi matin, vers 7 h 50,

Le 3 juin 2016, il a déploré l’homosexualité et la Gay Pride à Tel Aviv, lors de sa chronique hebdomadaire radiophonique qui dure quelques minutes.

Cette chronique a suscité l’hostilité générale, d’abord dans la blogosphère juive, puis légèrement au-delà. Et en plus, Joseph Haïm Sitruk a osé viser une niche touristique israélienne. Donc aucun renfort à espérer d’outre-Méditerranée. Quant aux rares sites Internet ayant défendu Haïm Sitruk tout an avançant la maladresse dans l’expression, tels JSS News et Dreuz, malheur à eux : ce fut un hallali.

Le 5 juin 2016, Serge Hajdenberg, directeur de Radio J, a expliqué sur cette radio qu’il laissait toute liberté à l’ex-grand rabbin de France Haïm Sitruk, puis s’est désolidarisé des propos tenus le 3 juin 2016 et qu’il a condamnés. Le propre du journalisme, c’est d’autoriser des opinions différentes dans le cadre de la loi. Et l’ancien grand rabbin de France Joseph Haïm Sitruk a le droit de ne pas être « politiquement correct », et de rappeler la position du judaïsme orthodoxe.

En enlevant cette chronique du site de la radio – pour éviter un procès ? -, Serge Hajdenberg a rendu difficile l’étude du contenu de la chronique. Tout un chacun a réagi sur les réseaux sociaux à partir d’un mot ou d’une phrase sortis de leur contexte. Sauf s’il est parvenu à trouver le podcast sur un autre site Internet.

Guy Rozanowicz, secrétaire général de la radio, a aussi évoqué des « propos dangereux » de l’ancien grand rabbin de France Haïm Sitruk.

Quelle est l’audience de la chronique hebdomadaire de l’ancien grand rabbin de France Haïm Sitruk ? Alain Granat pense-t-il sincèrement qu’un internaute attentif et influençable se rendrait immédiatement à Tel Aviv pour ne serait-ce qu’exprimer son opposition morale à la Gay Pride ? Un acte violent a-t-il été commis lors de cette manifestation sous surveillance policière accrue ?

Jewpop

Dès le 4 juin 2016, sur Jewpop, le « site qui voit des Juifs partout », Alain Granat a fustigé cette chronique du 3 juin 2016, sur Radio J, de Haïm Sitruk, ancien grand rabbin de France, hostile à la Gay Pride. Cette chronique est absente du site de la radio de la fréquence juive francilienne.

Alain Granat a écrit :

« Le 3 juin, jour de la Gay Pride de Tel-Aviv, c’est un torrent d’homophobie qu’il a déversé en toute impunité à l’antenne de la fréquence juive, Radio J se métamorphosant alors en Radio CourtoiJ.

Une bonne chronique radio, tout comme le sermon d’un rabbin, se doit de démarrer par une accroche forte. Joseph Sitruk, malgré sa santé fragile après plusieurs AVC et la maladie qui le frappe, a conservé ses réflexes en la matière. Avec une introduction ne laissant nul doute sur la teneur à venir de ses propos, toute en empathie et compréhension pour les juifs homosexuels. L’esprit apaisant du shabbat s’annonce sur les ondes de la radio juive : « La Torah considère l’homosexualité comme une abomination et un échec de l’Humanité ». Vous nous rétorquerez que de telles paroles provenant de Joseph Sitruk n’ont rien de surprenantes. Tenant, durant ses mandats successifs de grand rabbin de France (de 1987 à 2008), d’une ultra-orthodoxie tranchant avec l’esprit d’ouverture de ses prédécesseurs les Grands rabbins Kaplan et Sirat, le contraire eût étonné.

La suite de son intervention est à l’avenant, axée sur la Gay Pride de Tel-Aviv, qui « rabaisse au rang le plus vil » Israël, « initiative de tentative d’extermination morale » de son peuple. Et concluant en beauté sur le mode djihad : « J’espère que les auditeurs écouteront mon appel au secours et réagiront de façon radicale à une telle abomination ». On se souvient de l’assassinat l’année dernière d’une adolescente de 16 ans, Shira Banki, lors de la Gay Pride de Jérusalem, par un intégriste juif. Radical.

On se pose aussi légitimement la question de la responsabilité de la direction de l’antenne de Radio J, diffusant en direct sur ses ondes des propos d’une telle violence et les cautionnant de facto par son absence de réaction. Alain Beit, nouveau président de l’association juive LGBT Beit Haverim, s’en est indigné, soulignant à juste titre que si Joseph Sitruk est dans son droit d’exprimer son désaccord avec la Gay pride de Tel-Aviv, sa chronique déborde largement de ce cadre en incitant à la haine des homosexuels.

On passera sur la « mise en onde » surréaliste de cette chronique, offrant en spectacle aux auditeurs la voix d’un homme affaibli par la maladie, entre extrait sonore d’un épisode de Star Wars et parodie d’un discours de Bouteflika. Vous êtes bien sur une radio juive. On en sourirait presque si ces propos et leur diffusion irresponsable n’étaient aussi lamentables ».

À chaque élection au Grand rabbinat de France, on nous fait le même coup : le candidat « ouvert » contre le tenant de l’orthodoxie. Orthodoxie ? Je connais le sens de ce mot. Mais que signifie « ultra-orthodoxe » ? Existe-t-il des critères pour évaluer l’orthodoxie ? Si oui, lesquels ?

Pourquoi évoquer le djihad, spécifique à l’islam ? L’interprétation par Alain Granat du mot « radical » ne repose sur aucun mot. Aucun appel à l’assassinat dans cette formulation maladroite du grand rabbin Haïm Sitruk. Par un raccourci honteux, Alain Granat enchaîne sur l’assassinat de l’adolescente israélienne Shira Banki, en 2015, par un fanatique. Que signifie « radical » ? Il existe un Parti radical de gauche. Pourquoi dénigrer ce vocable « radical » ?

Avec Jewpop, aucune voix divergente ne doit s’exprimer, même maladroitement, même d’une voix quasi-inaudible, même émanant d’une personne atteinte de maladies graves ? Alain Granat aurait-il réagi ainsi si cette chronique avait été diffusée lors des mandats (1987-2008) de cet ancien grand rabbin Joseph Haïm Sitruk ? S’est-il indigné que celui-ci ait continué d’exercer sa fonction éminente malgré sa grave maladie ? Faut-il être « politiquement correct », donc de gauche, pour être publié sur Jewpop ?

Alain Granat qui évoque « RadioCourtoiJ », un jeu de mot évoquant Radio Courtoisie, média souvent classé à droite ou à l’extrême-droite.

Où est l’appel à la haine ? Il y a un appel à l’action, mais sans aucune précision sur celle à mener. Par contre, le texte d’Alain Granat est d’une rare agressivité. « On ne tire pas sur une ambulance », avait pourtant écrit la journaliste Françoise Giroud.

Et, dans un autre domaine, Alain Granat s’est-il indigné du discours de l’actuel grand rabbin de France Haïm Korsia, le 6 septembre 2015, lors de la cérémonie en mémoire aux martyrs de la Déportation, invitant à un « sursaut civique et humain« , à « des gestes forts » en faveur de l’accueil des « migrants » ? En quoi était-il « civique » d’accueillir des immigrés en situation irrégulière, originaires d’États inculquant dès le plus jeune âge l’antisémitisme à leurs habitants ? Des « gestes forts », c’est moins grave qu’une « réaction radicale » ?

Gabriel Farhi
Gabriel Farhi a fondé l’AJTM (Alliance pour un judaïsme traditionnel et moderne) représenté par la synagogue parisienne Beth Yaacov. Il est le fils du rabbin Daniel Farhi, qui dirigea le MJLF (Mouvement juif libéral de France).

Le 5 juin 2016, sur Judaïques FM, Gabriel Farhi, rabbin de la communauté Beth Yaacov et aumônier israélite des hôpitaux, a exprimé son dégoût face aux propos de l’ancien grand rabbin de France et « une certaine clémence considérant l’état de santé de l’ancien grand rabbin de France en lui reconnaissant une certaine constance sur le sujet ». Dans l’article L’Homophobie n’est pas une opinion sur son blog :

Vous souvenez-vous de Shira Banki ? C’était cette jeune fille de tout juste 16 ans qui défilait le 30 juillet dernier lors de la Gay Pride à Jérusalem. Un homme, prétendument religieux, s’est jeté sur elle et l’a poignardée à mort. Elle a succombé à ses blessures trois jours plus tard. La veille de son passage à l’acte le meurtrier faisait part de sa haine à l’encontre des homosexuels sur les ondes d’une radio israélienne. Pourquoi ce rappel alors que nous n’avons pas encore atteint la date anniversaire ? Parce que d’autres propos, similaires, ont été entendus cette fois-ci sur les ondes françaises de nos voisins d’antenne Radio J. Le Grand Rabbin Sitruk, ancien Grand Rabbin de France, a exprimé avec « violence » je reprends ses propos toute sa désapprobation de la tenue le jour même de la Gay Pride à Tel Aviv vendredi dernier. Joseph Sitruk « crie son indignation dans des termes radicaux et violents ». L’homosexualité est une « abomination » et une « catastrophe ». C’est même une « tentative d’extermination morale du peuple d’Israël ». Face à un tel péril, Joseph Sitruk en appelle aux auditeurs de Radio J en leur demandant de « réagir de façon radicale à une telle abomination »…

Comment un ancien grand rabbin de France pour lequel il nous est demandé de prononcer régulièrement des Psaumes face à son état de santé critique peut-il dans un sursaut, d’une voix chancelante, tenir de tels propos ? … On ne peut faire le reproche à Joseph Sitruk de son ultra-orthodoxie et de sa lecture littérale de la Torah. Mais a t-il vu le monde évoluer ? A t-il entendu parler de Shira Banki ? Sait-il qu’en tant que maître il a des disciples qui entendront cet appel à une réaction « radicale » comme un appel au meurtre des homosexuels. Sait-il enfin qu’en France les propos homophobes sont pénalement punis par la justice ?

Curieusement, Gabriel Farhi fuit le dialogue sur la position du judaïsme sur l’homosexualité pour se réfugier dans l’émotion vertueuse, voire dans la menace procédurière.


Delphine Horvilleur
Sur son compte Facebook, Delphine Horvilleur, femme rabbin du MJLF, a invité le 5 juin 2016 à relire le numéro de Tenoua sur l’homosexualité, tout en rappelant la mémoire de Shira.

Antoine Strobel-Dahan, rédacteur-en-chef de Tenouaa publié sur le site de la revue du (MJLF), un texte intitulé Homophobie condamnant la chronique objet de la controverse. Il consacre environ la moitié du texte à l’assassinat de Shira Banki en 2015 et de Rabin. Il oriente les lecteurs vers le numéro 60 de la revue consacré à la position du judaïsme sur l’homosexualité. Il publie l’enregistrement audio des interventions du grand rabbin, de Serge Hajdenberg et de Guy Rozanowicz, secrétaire général de la radio évoquant des « propos dangereux », sur Radio J.

Caroline Fourest

Dans sa chronique du 6 juin 2016 sur France Culture intitulée L’appel à haine du rabbin Sitruk, Caroline Fourest, journaliste qui ne cache pas son homosexualité, a fustigé le grand rabbin Sitruk qualifié d' »intégriste ». À tort, elle a allégué que l’homosexualité serait une « obsession » du chroniqueur, et l’homosexuel un « nouveau bouc émissaire ». Combien de textes sur ce thème par ce chroniqueur de Radio J ? 5, 10 sur des centaines ? Plus ? Moins ? Et Caroline Fourest de conclure sur l’impératif de condamner l’ancien grand rabbin. Les mêmes qui « sont Charlie » refusent la liberté d’expression à ceux ayant un avis distinct du leur ?! Ce « politiquement correct » conduit à la censure, à une société totalitaire.

« Le rejet de l’homosexualité est un classique des religieux conservateurs mais si on ne s’en n’émeut plus, on le légitime, et à force de le légitimer, il ne faut pas s’étonner que des fous de Dieu, (…) finissent pas exécuter ce qu’ils pensent être un ordre divin », a poursuivi la journaliste. N’importe quoi. Plus de huit millions d’habitants, dont 6,1 millions de Juifs, vivent en Israël, et aucun homosexuel n’y a été assassiné. C’est tellement plus facile, et prudent, de condamner un grand rabbin de France malade que la persécution des homosexuels par l’Autorité palestinienne, ou par divers pays musulmans.

« Ce sont les propos de Joseph Sitruk, qu’il faut abréger », a conclu Caroline Forest. Comment ? Par une réaction « radicale » ?

En 2014, Caroline Fourest avait déjà consacré une tribune au guet, divorce juif, mais en prenant une certaine liberté par rapport aux faits. En 2008, elle avait aussi publié dans Charlie hebdo un article à charge contre le grand rabbin Joseph Sitruk, sans lui donner la parole. En 2012, elle a allégué à tort que la France aurait exterminé « six millions de Juifs » (sic) lors de la Deuxième Guerre mondiale, et déplorait l’insuffisante culture générale en France. Elle souhaite limiter la liberté sur Internet, et précisait : « La haine raciste est la seule limitation à la liberté d’expression ». Apparemment, l’ex grand rabbin de France Joseph Haïm Sitruk ferait partie, selon elle, de ces « haineux » qu’il serait bon d’assigner en justice à fin de condamnation pénale. Et dire qu’elle enseigne à Sciences Po « Faire ou défaire société : différents modèles face aux contestations de la démocratie » !

Réseaux sociaux

Jean-Daniel Flaysakier, journaliste-médecin, l’AJC (American Jewish Committee) Paris représentée par Simone Rodan-Benzaquen, Raphaël Glucksmann, Yael Mellul, avocate, Frédéric Haziza, journaliste… La condamnation est unanime : « propos homophobes », « extrémiste », « inacceptables appels à la violence ». Combien ont entendu la chronique ayant suscité le controverse ? On ignorait l’audience si exceptionnelle de la chronique hebdomadaire sur Radio J, vers 7 h 50, de l’ex-grand rabbin de France.

Frédéric Haziza anime une des rares émissions de radios françaises juives à avoir atteint une dimension nationale : le Forum dominical de Radio J. Il collabore aussi au Canard enchaîné et à La Chaîne parlementaire. En mars 2011, il avait invité Marine Le Pen, présidente du Front national (FN). Ce qui avait suscité l’indignation de responsables communautaires et la division au sein de la direction de la radio. Radio J avait rapidement décidé de ne pas l’accueillir dans son Forum. Pour Frédéric Haziza, liberté devrait être donnée à Marine Le Pen, mais pas à l’ancien grand rabbin de France Haïm Sitruk.

Le 4 juin, Frédéric Haziza a twitté : « Propos du GR Sitruk inacceptables. L’homophobie est un délit, une forme de racisme ». On ignorait que les homosexuels constituaient « une forme de race ». Une phrase qui n’a pas choqué les « belles âmes ».

C’est curieux : les mêmes qui exhortent à accepter la différence, l’autre, sont les premiers à condamner celui qui affirme le même impératif, et au premier lieu de l ‘altérité, la différence sexuelle.

« En qualifiant la Gay Pride de Tel Aviv de « tentative d’extermination morale du peuple d’Israël », et en appelant à réagir « de façon radicale à une telle abomination », l’ancien grand rabbin de France Haïm Sitruck a-t-il réalisé la gravité des paroles qu’il a tenues hier sur Radio J ? », s’est indigné Sacha Reingewirtz, président de l’UEJF, qui a dénoncé les propos de l’ancien grand rabbin de France. C’est le même qui a refusé de rencontrer Naftali Bennett, alors ministre d’un gouvernement issu d’élections démocratiques en Israël.

« Je préfère cette photo aux propos haineux prononcés par Sitruck. Elle rassemble alors les propos peuvent tuer », a twitté Gil Taieb le 4 juin  2016. Ce membre du Conseil du Consistoire israélite de Paris Île-de-France a refusé d’aider le Dr Lionel Krief, médecin nucléaire juif français qui lutte contre sa mort socio-professionnelle. Tout comme l’AJC France. La solidarité avec les homosexuels prévaut sur celle avec les Juifs ? Gil Taieb entamera-t-il des démarches au sein du Consistoire contre Haïm Sitruk ?

Beit Haverim

« C’est bien l’unité de la communauté dans son ensemble que vous avez compromise », a déclaré Alain Beit, président de l’association juive LGBT, Beit Haverim, à Haïm Sitruk. Depuis quand « la communauté juive » est-elle unie ? Même pas pour défiler contre l’antisémitisme en 2002. Récemment, Serge Klarsfeld a manifesté son opposition à la conférence à laquelle participait l’essayiste Eric Zemmour car elle se tenait à la grande synagogue de la rue des Victoires. Jusqu’où ces dirigeants associatifs iront-ils dans des atteintes à nos libertés fondamentales ? La chronique du grand rabbin Joseph Haïm Sitruk a-t-elle été instrumentalisée dans une offensive impitoyable contre le judaïsme orthodoxe, consistorial ?

Alain Beit a l’intention d’assigner en justice Haïm Sitruk pour « incitation à la haine ». Alain Beit va-t-il assigner aussi Tenoua qui diffuse le podcast de la chronique litigieuse ou Frédéric Haziza pour son tweet ? Vraisemblablement non, en raison notamment de la proximité avec le MJLF, Et Alain Beit poursuivrait quels propos ? Un mot traduit en français ? Une opposition à la Gay Pride ? Vous imaginez une audience avec un septuagénaire respectable se déplaçant difficilement, arborant au revers de sa veste l’insigne de commandeur de la Légion d’Honneur, et peinant à répondre aux questions de magistrats ou d’avocats ? Et un juge de ces « territoires perdus de la justice« , si réjoui de voir des Juifs se disputer, oserait condamner la Bible, le judaïsme, ou la traduction d’un mot hébreu en « abomination » – vocable utilisé aussi pour désigner l’adultère -, voire le terme « radical » ? Est-ce ce que visent des homosexuels revendiqués et leurs soutiens ? Cette audience judiciaire risquerait de se tourner à leur désavantage dont il donnerait une image inquiétante. Leur vrai visage ? Entre deux identités – juif et homosexuel – laquelle prévaut au sein du Beit Haverim ?

Le ridicule tue aussi.

Le 18 décembre 2015, présidée par Alain Bourla, la XVIIe chambre correctionnelle du Tribunal de Grande instance de Paris a condamné Christine Boutin, ancienne ministre et ex-présidente du Parti chrétien démocrate, à 5 000 euros d’amende pour « incitation et provocation à la haine et à la violence à l’égard d’une personne ou d’un groupe de personnes en raison de leur orientation sexuelle », en l’occurrence envers les homosexuels. Le « tribunal correctionnel a été au-delà des réquisitions du procureur, qui avait réclamé à l’audience fin octobre une amende de 3 000 euros à son encontre. Christine Boutin a également été condamnée à verser 2 000 euros de dommages et intérêts à chacune des deux associations, Mousse et Le Refuge, qui s’étaient constituées parties civiles ». Dans un entretien au magazine Charles (2 avril 2014) et intitulé « Je suis une pécheresse », Christine Boutin avait déclaré : « L’homosexualité est une abomination. Mais pas la personne. Le péché n’est jamais acceptable, mais le pécheur est toujours pardonné ». « Ce que l’on entend dans vos propos, c’est que les homosexuels sont une abomination », avait résumé le procureur, indiquant que le parquet avait reçu 500 plaintes de particuliers outrés après sa déclaration ». Qui on ? Est-on condamnable en fonction de la perception, variable selon les individus, de ses propos ? L’avocat de Christine Boutin « avait plaidé la relaxe, estimant que sa cliente était jugée pour « une opinion ». Il lançait alors : « Votre décision aura des conséquences énormes sur la liberté d’expression. Si vous suivez les réquisitions du procureur, alors il faut saisir la Bible ! » « Mon opinion s’inscrit dans la tradition chrétienne. Mais je suis une femme directe, j’essaye d’être en accord avec mes convictions profondes mais cela ne veut pas dire que je condamne les personnes homosexuelles. Je ne pensais pas blesser avec ce mot. Depuis, je ne l’ai pas redit », avait déclaré l’ancienne députée des Yvelines, en faisant part de ses regrets. Le procureur avait déclaré en audience devant un public essentiellement composé de soutiens des parties civiles : « Nous ne sommes pas dans la simple expression d’une opinion, c’est une stigmatisation publique. » En rappelant que la loi condamnant l’incitation à la haine en raison de l’orientation sexuelle avait été votée en 2004, il a ajouté : « Il n’y a pratiquement pas de jurisprudence, c’est la raison pour laquelle votre décision est attendue ». Un jugement inquiétant pour la liberté d’opinion et de culte.

Beit Haverim va-t-il ajouter une jurisprudence à ce jugement lourd ?

Haïm Korsia

Le 8 juin 2016, interrogé par Laetitia Enriquez pour Actualité juive hebdo, le grand rabbin de France Haïm Korsia a dit « comprendre que les propos du grand rabbin Sitruk aient pu choquer, plus particulièrement dans le contexte de l’horrible assassinat perpétré l’an dernier dans un même défilé qui se déroulait à Jérusalem… Mais je connais bien le grand rabbin Sitruk, et je peux vous assurer que ses propos ont largement dépassé sa pensée, et qu’ils ne correspondent pas à ce que le grand rabbin Sitruk a construit d’humanité tout au long de sa carrière ».

Et de poursuivre : « Il faut être autant rigoureux avec soi-même qu’il faut être généreux et bienveillant envers les autres. C’est là la grandeur du judaïsme et c’est ce que le grand rabbin Sitruk m’a lui-même appris tout au long de ces années que j’ai passées à ses côtés. Si le mot abomination est bien la traduction du mot qu’emploie la Torah au sujet de l’homosexualité, pour autant, la Torah ne parle pas de condamnation humaine. Chacun doit au contraire accueillir l’autre dans le respect de son intimité et, de façon plus générale, en œuvrant en faveur de la lutte contre les discriminations, y compris contre l’homophobie. Or, en matière de lutte contre les discriminations, le grand rabbin Sitruk a toujours été à l’avant-garde de tous les combats menés par la société française au cours de ces trente dernières années ».

Le grand rabbin Korsia « assure en outre que son prédécesseur n’avait pas mesuré le risque d’interprétation d’appel à la violence de ses mots sur d’éventuelles actions radicales de qui que ce soit », car « le grand rabbin Sitruk a toujours affirmé que celui qui commet un crime au nom de l’Éternel, commet un crime contre l’Éternel ».

D’un grand rabbin de France, de l’auteur d’un essai sur le judaïsme et la sexualité, on attendait une réaction d’une autre nature. Le long silence de Haïm Korsia sur la polémique née des propos du grand rabbin dont il a été le conseiller spécial intrigue et s’avère éloquent. Une piste explicative peut être trouvée dans un droit de réponse de Me Alex Buchinger publié par Actualité juive (n° 1394, 9 juin 2016). Cet avocat avait été pris à partie par le rabbin Gabriel Farhi dans cet hebdomadaire (1er juin 2016), dans un texte intitulé Le grand rabbin de France n’est pas libéral. Me Alex Buchinger écrit : « En tant que secrétaire rapporteur de l’ACIP » (Association consistoriale israélite de Paris), « je suis l’interlocuteur de ses salariés. Plusieurs rabbins consistoriaux m’avaient fait part de leurs préoccupations du fait de la place prise de plus en plus grande, par les dirigeants du mouvement libéral aux côtés du grand rabbin de France, et ce, au détriment de l’institution consistoriale ». Cet avocat affirmait sa conviction que le grand rabbin Korsia n’était pas libéral.

Même silence de la part du grand rabbin de Paris Michel Gugenheim.

Aucun rabbin, consistorial ou libéral, n’a indiqué, dans un communiqué de presse ou un post, la position du judaïsme sur l’homosexualité afin d’éclairer, d’informer, Juifs et non-Juifs. Aucun n’a fait ce travail indispensable de pédagogie. Ce qui aurait pu aussi mettre un terme à la polémique. Seul le rabbin Raphaël Sadin, Roch Kollel du Kollel Elicha dans le quartier de Bayit Vegan, à Jérusalem (Israël), a soutenu vers le 22 juin 2016, sur EspaceTorah.com, le grand rabbin Sitruk, et présenté de manière didactique la position du judaïsme sur l’homosexualité.

Rappeler la position du judaïsme sur l’homosexualité aurait également risqué de s’aliéner ce mouvement juif libéral et d’écorner l’image du grand rabbin de France Haïm Korsia.

L’affaire Bernheim a aussi marqué les rabbins français et les a incités à la prudence à l’égard de l’homosexualité. La position de Gilles Bernheim, alors grand rabbin de France, contre le mariage entre homosexuels, promu alors par le président François Hollande et le gouvernement socialiste, s’avère à l’origine de la découverte publique de sa fausse agrégation et de ses plagiats, ainsi que de la fin de sa fonction éminente. Nul Juif ne peut seul s’opposer au pouvoir politique en France. Une leçon bien comprise.

Pauline Bebe

Sur le Huffington Post, Pauline Bebe, première femme rabbin de France, a publié le 9 juin 2016 une lettre ouverte au grand rabbin Joseph Sitruk intitulée « J’ai été scandalisée lorsque j’ai pris connaissance des propos que vous avez tenus sur les ondes de la communauté à la veille de shabbath dernier » :

« Vous qui êtes rabbin, vous ne pouvez pas ignorer le pouvoir des mots, cette phrase des Proverbes (18, 21): « La vie et la mort sont entre les mains de la langue » et son interprétation talmudique (TJ Péah 1, 1) « Dites au médisant: il parle ici et il tue à Rome, il parle à Rome et il tue en Syrie ».
Ne croyez-vous pas que le fanatisme et les appels à la haine ont fait couler assez de sang sur la surface de la terre ?

Dois-je je vous rappeler ce que dit la tradition juive sur la responsabilité des dirigeants dont les propos ont une influence plus grande sur ceux qui les écoutent ? « Avtalion disait: Sages, mesurez vos paroles » (M. Avoth 1, 11).
Vous citez la Torah, mais cette même Torah ne dit-elle pas dans la même parasha kedoshim : « Ne reste pas indifférent au danger de ton prochain » (Lev.19, 16) ?
Alors je ne peux me taire en entendant vos propos qui incitent à la haine, et si Shira Blanki (de mémoire bénie) a été assassinée, vos propos sont aussi assassins !
Monsieur le grand rabbin, en proférant ces paroles monstrueuses contre la communauté homosexuelle, vous semblez vous prévaloir de la Torah, pourtant faudrait-il établir une hiérarchie dans le domaine de l’éthique ? Il semblerait que vous effectuez un choix dans cette Torah. Continuez-vous à mettre en pratique la lapidation par exemple du « fils rebelle et insoumis (Deut. 21, 18-21) pour lequel les sages rabbins de la Tossefta (Tos. Sanh. 11) ont dit « un fils rebelle et insoumis n’a jamais existé » ?
Continuez-vous à pratiquer la polygamie qui a été interdite par une takana, un décret de Rabbenu Guershom au XIIIème siècle, refusez-vous d’établir une ketouba, un acte de mariage sous prétexte qu’il aurait été inventé par Shimon ben Shétah au premier siècle pour protéger les droits de la femme et n’existait pas dans la « Torah » ? Continuez-vous d’appliquer la peine de mort alors qu’elle a été quasi-abrogée par les rabbins du Talmud (M. Makkoth 1, 10) ? Lorsque les rabbins ont trouvé une loi injuste, ils ont eu le courage de la faire évoluer parce qu’il fallait s’assurer que la halakha, la loi juive, reste éthique.
Ainsi aucun juif aujourd’hui ne peut se targuer d’observer la Torah à la lettre et heureusement ! Et le Deutéronome (17, 9) ne nous dit-il pas qu’il faut consulter les juges de notre temps ? Lorsque cela correspond à vos propres préjugés homophobes, il faudrait écouter un verset qui est marqué par son temps et ne correspond plus à notre sens de l’éthique aujourd’hui ?
Comme les rabbins ont fait évoluer la loi sur « le fils rebelle et insoumis », nous devons faire évoluer les esprits sur ce sujet.
Monsieur le grand rabbin, l’humiliation de la communauté homosexuelle est une ‘avera, une transgression du principe fondamental d’éthique de la Torah : « Tu aimeras ton prochain comme toi-même » (Lev.18, 19) ainsi qu’une incitation à la haine. Rashi sur Berakhot (20a) disait : « Dans de nombreux cas les sages ont permis de déraciner les paroles de la Torah lorsqu’il s’agit de kevod habrioth, de l’honneur dû à toute personne créée par Dieu ».
Pensez-vous que la communauté homosexuelle n’a pas droit à ce kevod habrioth, à cet honneur, qui est dû à tout être humain quelles que soient ses origines, sa naissance, son orientation sexuelle ? Feriez-vous des différences entre les créatures de Dieu ?
Alors pour donner un autre visage au judaïsme, je veux vous dire que je suis fière de faire partie du mouvement religieux juif majoritaire dans le monde aujourd’hui, réunissant près de deux millions de juifs dans 50 pays du monde qui affirme la totale égalité de leurs fidèles et qui donne aux juifs homosexuels la même place qu’aux hétérosexuels.
Je suis fière que l’Etat d’Israël organise cette marche de fierté (gay pride) alors que d’autres pays continuent de persécuter, prôner l’exclusion et la violence envers cette communauté. Je suis fière de voir des drapeaux multicolores flotter dans le ciel d’Israël aux côtés des drapeaux bleus et blancs. Je suis fière de compter de nombreuses personnes gays dans ma communauté et qu’elles puissent accéder comme tous les autres juifs à tous les rites, transmettre le judaïsme et le vivre au quotidien en portant haut l’étendard de la kedousha, de la sainteté.
Comme tous les êtres humains, ils portent en eux l’étincelle divine car quelle que soit notre orientation sexuelle, nous avons tous « été créés à l’image de Dieu, betselem elohim » (Gen.1, 27) !
La Shekhina (Présence Divine) pleure dès qu’un être humain en humilie un autre et pire lorsqu’il incite à la violence. Monsieur le grand rabbin, vous faites pleurer la Shekhina.
Mais je sais que chaque fois qu’un être humain reconnaîtra la dignité d’un autre, différent de lui, en le regardant droit dans les yeux et qu’il ne niera pas son héritage de la Torah et sa place légitime, entière et juste dans la tradition juive, la Shekhina séchera ses larmes ». Ce texte riche en citations, et au ton violent, révèle la mission que s’est assignée Pauline Bebe : « Faire évoluer les esprits sur ce sujet » et « faire évoluer une loi injuste ». Quel programme !

Épilogue
Le 10 juin 2016, dans sa chronique matinale sur Radio J, l’ancien grand rabbin de France Joseph Haïm Sitruk est revenu sur sa précédente chronique. Il a affirmé ne pas vouloir exclure. Puis, il a souhaité aux auditeurs de « vivre un Chavouot dans la sérénité ».

Le 16 juin 2016, sur Radio J, le grand rabbin Haïm Korsia a défendu son prédécesseur – « Il a toujours défendu les libertés individuels et ceux en situation de faiblesse, et contre les discriminations » – en se plaçant uniquement sur le terrain des libertés et de la lutte contre l’homophobie : « On est dans la protection des droits de chacun. L’honneur du judaïsme est qu’à coté de Martin Luther King, des Juifs ont porté son combat… L’horrible tuerie d’Orlando [attentat terroriste contre un club homosexuel en Floride et revendiqué par un terroriste au nom de l’État islamique, Nda] est motivée par la haine. On doit combattre cette haine d’où qu’elle vienne ».

Radio J a diffusé une annonce publicitaire sur un prochain événement du Beit Haverim. Le 19 juin 2016, Guy Rozanowicz a interviewé en direct le responsable de l’association fondée en 1975 qui a regretté le silence du CRIF (Conseil représentatif des institutions juives de France) sur la chronique controversée.

Cette polémique inutile a terni l’image du judaïsme, présenté comme rétrograde et dangereux, et de ses principaux protagonistes. À lire les réactions et gloses, souvent outrancières, des représentants du mouvement juif libéral, on s’interroge sur leur respect des textes juifs.

Débat communautaire

Le grand rabbin de France Haïm Korsia a répondu favorablement à l’invitation du Beit Haverim et participa au débat Judaïsme contre toutes les discriminations, le 29 juin 2016, à 18 h 30, au Centre communautaire de Paris. Ce débat a été animé par Eva Soto et Pierre Gandus, journalistes respectivement sur Judaïques FM et Radio Shalom, et Jean-François Strouf, responsable de la communication et des projets au Centre et à l’ECUJE (Espace culturel et université juif d’Europe) et membre d’Avenir du judaïsme.

Organisée par le Centre communautaire de Paris et le Beit Haverim, le 29 juin 2016, cette réunion est ainsi présentée : « Dans la plus récente actualité comme dans les grandes tendances de la société, les questions de discrimination sont hélas à l’ordre du jour. On a parfois du mal à mettre des mots sur des actes. Après l’attentat d’Orlando, il aura fallu attendre plusieurs heures avant que soit prononcée l’expression « crime homophobe » – quid de l’absence du mot « islamiste » ? -, « aussi longtemps que pour l’expression « attentat antisémite » après l’attaque contre l’HyperCacher. Quel regard le judaïsme, comme doctrine, et ses dirigeants portent-ils sur ces discriminations ? À l’intérieur même de la communauté juive, les femmes sont-elles considérées avec équité par nos institutions ? Les homosexuels sont-ils réellement les bienvenus dans nos synagogues ? Dans quelle mesure l’orthodoxie juive dialogue-t-elle avec les autres courants du judaïsme ? « 

Selon le rabbin Farhi, ce débat avec Alain Beit, président de Beit Haverim, sera l’occasion de « réfléchir sur les discriminations, de présenter le regard du judaïsme sur les discriminations, de faire un tour d’horizon sur la place des femmes, les différents courants – loubavitch, conservateur, libéral, masorti – du judaïsme ». Une manière de noyer la question de l’homosexualité parmi des thématiques diverses. Le statut des femmes est-il comparable à celui des homosexuels ? Dans aucune synagogue on interroge les fidèles sur leur sexualité, et l’entrée à la synagogue n’est pas subordonnée à l’hétérosexualité.

L’AFP (Agence France Presse) publiait une dépêche intitulée La place des homosexuels dans le judaïsme français en débat. « C’est la première fois qu’un grand rabbin de France en exercice accepte notre invitation, qui sera aussi l’occasion de parler de plusieurs sujets qui fâchent », a expliqué à l’AFP Alain Beit, président de l’association de juifs homosexuels. Le grand rabbinat a tenu à « élargir le propos à d’autres discriminations, comme le sexisme », ainsi qu’aux relations entre le judaïsme incarné par le Consistoire israélite, traditionaliste et orthodoxe, et les courants progressistes (libéral ou massorti), confirme-t-on dans l’entourage du chef religieux de la première communauté juive d’Europe ».

L’AFP citait Jean-François Strouf qui considérait la déclaration de l’ancien grand rabbin de France Haïm Sitruk « en contravention avec la loi : en France, l’homophobie n’est pas une opinion, c’est un délit… Ma lecture, qui est celle de la très grande majorité des Juifs pratiquants, est que ce que dit la Torah n’est jamais au service de la stigmatisation. Si quelqu’un ne veut pas respecter le shabbat, par exemple, personne ne peut le stigmatiser. Cela doit s’appliquer à tous les sujets ».

L’AFP évoquait aussi le guet, divorce juif, la « candidature d’une femme à la présidence du Consistoire central qui a été contestée par des dayanim, les juges rabbiniques ». Sur l’homosexualité, « sujet pas vraiment abordé par le Consistoire », déplore Alain Beit, « les tabous demeurent. Est-ce que les juifs homosexuels sont des parias ? Ou bien sont-ils les bienvenus dans les synagogues, traités sur un pied d’égalité au niveau des rites, avec une possibilité de « monter à la Torah » par exemple ? » D’où l’idée d’un premier débat, dont le mouvement homosexuel espère qu’il ne sera « pas un rendez-vous unique ».

Le 29 juin 2016 à 18 h 24, la page Facebook de cet événement indiquait : 17 Internautes intéressés dont moi, 15 participants et quatre invités. Parmi les participants : le rabbin Gabriel Farhi, deux journalistes d’Actualité juive hebdo – Sandrine Szwarc et Pierre Regini – et Yaël Hirschhorn, conseillère en Communication du grand rabbin de France. Bigre ! L’événement passionne…

La rare photographie publiée sur Twitter révèle une faible assistance. Lors du débat, aucun post n’a été publié sur cette page Facebook. Sur Twitter, Mikael Zenouda, président d’Act Up-Paris, a twitté quelques citations des orateurs.

Exemples : « Les discriminations contre les femmes ne tuent pas en France et dans le monde occidental, ailleurs oui envers les jeunes filles » (Haïm Korsia) – or, le « 4 octobre 2002, Sohane Benziane, 17 ans, était brûlée vive dans une cave de la cité Balzac, à Vitry-sur-Seine » -, « Réprobation collective contre les maris qui ne remettent pas le guet à son ex femme, symbole d’asservissement de la femme » et « Place des femmes : aucune limitat° à l’accès à l’étude, mais pr rabbinat : posit° libérale non partagée par le judaïsme orthodoxe » (Korsia), « Il y a déjà un placard dans une synagogue, n’en rajoutons pas un 2eme » (Beit Haverim). Quoi de neuf ? Rien.

Ultime tweet de Mikael Zenouda à 20 h 54 à la fin du débat : « Rencontre korsia / beit : questions du public, aucune femme n’a eu la parole. @labarbelabarbe se frotterait les mains ». Puis, Mikael Zenouda s’est ravisé et a interpellé Haïm Korsia sur ce fait. À 23 h 54, il a interrogé : « Je n’ai tjrs pas compris votre conception différente de l’homophobie, condamnable et d’être contre l’homosexualité, acceptable ».

Par ce débat entre personnes partageant peu ou prou les mêmes idées, le grand rabbin Haïm Korsia a poli son image en « rabbin-prônant-l’ouverture-et-la-tolérance » par un discours convenu. Fiasco ?

Curieusement, Actualité juive hebdo (n° 1398, 7 juillet 2016) a publié un article d’une demi-page présentant de manière louangeuse ce débat. « Sans précédent également étaient à la fois la teneur et la fermeté des propos tenus car, avec audace, si ce n’est courage, la plus haute autorité religieuses du judaïsme français a martelé que l’homophobie est d’abord un délit pénalement condamnable et que « l’homophobie n’a absolument pas sa place dans le judaïsme, ni à la synagogue, ni à l’école juive », a écrit Sandrine Szwarc. Cette « plus haute autorité religieuse du judaïsme français » a-t-elle défini l’homophobie ? Où est son courage ? Le Code pénal définit-il l’homophobie ? Cet article illustre l’écart abyssal entre un média communautaire et un regard extérieur critique.

Ce « débat » est révélateur d’un manque ou d’un refus de lucidité de dirigeants communautaires sur l’urgence de défendre les Juifs spoliés sous un « gouvernement des juges », telle la sexagénaire Eva Tanger, qui affronte aussi des problèmes liés à son divorce religieux (guet), et sur laquelle pèse une menace d’expulsion alors que le fond du dossier est en cours d’examen. Au lieu d’affronter le pouvoir politique, le grand rabbin Korsia, qui n’a pas aidé le Dr Lionel Krief victime de spoliations et d’antisémitisme, a tenu des propos creux similaires à ceux énoncés lors de sa campagne électorale en 2014 et depuis son élection. Au mieux, aucun intérêt. Au pire : lamentable.

Décès

Né en 1944 à Tunis, l’ancien grand rabbin de France Haïm Sitruk (z »l) est mort le 25 septembre 2016, à 71 ans. J’adresse mes condoléances à sa famille.

En 1990, quelques jours après la profanation du cimetière juif de Carpentras, Joseph Sitruk, alors grand rabbin de France, s’était rendu dans un réunion qu’il avait conclue par ces mots : « Je perçois votre émotion. Je la comprends. J’y suis sensible. Permettez-moi de vous raconter une histoire que m’a relatée un de mes étudiants. Celui-ci a vu ces trois inscriptions sur un mur de l’université hébraïque de Jérusalem : « Dieu est mort », signé Nietzsche ». Au-dessous, quelqu’un avait écrit : « Nietzsche est mort », signé Dieu ». Et au-dessus de cette inscription, une troisième personne avait conclu : « Le peuple juif est vivant ! »

Radio J quarantenaire
Le 7 mai 2017, Radio J a invité le Beit Haverim à l’occasion du quarantenaire de sa création. A été notamment évoqué le refus du CRIF d’accepter l’association Beit Haverim comme association membre.

Pour cet anniversaire, le Beit Haverim a édité le livre Judaïsme et homosexualité. « Ce livre militant fait un bond en arrière de 40 ans pour expliquer comment une poignée de Juifs ashkénazes, en 1977, ont décidé de créer ce groupe embryonnaire qui deviendra le Beit Haverim. Traversant les décades, l’association n’a cessé de lutter pour la reconnaissance des droits des homosexuels. Quelles sont les clés qui permettent d’assumer son identité juive quand on est gay, lesbienne ou trans ? Comment la communauté juive, par l’intermédiaire de son grand rabbin de l’époque, a joué un rôle majeur pour tenter d’empêcher le mariage pour tous ? Malgré les pressions traditionnalistes, les couples de même sexe sont de plus en plus décomplexés et renouent avec une valeur chère au judaïsme, le désir de transmission, en devenant parents. Ces avancées ne peuvent malheureusement pas cacher l’homophobie d’une partie de la communauté (d’ailleurs dans le déni à ce sujet). Pourtant, le meurtre de Shira Banki à Jérusalem, puis les violents propos de l’ex-grand rabbin de France, Joseph Sitruk, interpellent. Face à tous ces tumultes, le Beit Haverim reste une oasis permettant à ses membres de maintenir un lien avec le judaïsme sans avoir à se cacher ou à craindre le regard des autres. Il n’existe pratiquement aucune bibliographie en langue française sur le thème Judaïsme et homosexualité. Cela n’est pas étonnant car les institutions juives pratiquent depuis des années une politique de l’autruche sur ce sujet en niant ou négligeant l’existence du problème. Cependant, notre position de double minorité demeure très inconfortable car nous, homosexuels juifs, « pesons » peu au sein de la communauté. De fait, très peu d’efforts sont faits pour notre inclusion ; les représentants de nos institutions semblent n’avoir tiré aucune leçon de notre statut de minorité, refusant de nous accorder un statut, ce dont ils ont eux-mêmes souffert. Pourtant, le judaïsme enseigne de ne pas faire à autrui ce qu’on ne veut pas qu’il nous fasse. Alors que les rabbins libéraux et massortis échangent avec nous depuis assez longtemps, les rabbins du Consistoire refusent pour la plupart de s’afficher avec nous. Il a été extrêmement difficile de trouver un rabbin du Consistoire qui accepte d’écrire pour le livre. Nous regrettons d’ailleurs que l’actuel grand rabbin de France ait décliné notre invitation alors qu’il est sensé représenter tous les Juifs. L’objet de ce livre est donc de réparer ces lacunes en présentant une analyse des rapports entre judaïsme et homosexualité, afin de favoriser l’émergence de pistes d’inclusion des personnes LGBT juives dans la communauté pour la prochaine décennie ».

Le Beit Haverim organise aussi une série d’événements en 2017 : conférence, etc.

S’il a participé à la Gay Pride à Paris lors de chabbat, le Beit Haverim défend l’État d’Israël accusé notamment de pinkwashing, c’est-à-dire de promouvoir par des actions de marketing son image gay-friendly, de tolérance à l’égard des homosexuels via la Gay Parade de Tel Aviv.

Fabien Azoulay

C’est un twitt publié le 10 avril 2021 par Mikaël Journo, rabbin de la communauté de Chasseloup-Laubat à Paris (75015) et alors candidat au poste de grand rabbin de France, qui a révélé à beaucoup d’Internautes et publiquement l’incarcération en Turquie du Franco-américain juif Fabien Azoulay, âgé de 43 ans.

Le 27 février 2018, Fabien Azoulay avait été condamné par la Cour d’assises d’Istanbul à 16 ans et 8 mois de prison, pour avoir acheté en 2017 du GBL, un produit rendu illégal en Turquie six mois auparavant. Un achat effectué sur un site Internet, par carte bancaire, depuis Istanbul où ce quadragénaire se trouvait dans le cadre d’un tourisme médical (opération d’implants capillaires).

Le GBL (gamma-butyrolactone) est un produit chimique utilisé initialement comme un solvant industriel. « Utilisé comme stimulant sexuel ou excitant dans les clubs parisiens, le GBL, une fois entré dans l’organisme, se change en GHB, un anesthésiant utilisé en médecine et surnommé « drogue du viol ». Si cette substance se fait plus discrète depuis 2018, lorsque les autorités et le milieu de la nuit parisienne ont tiré la sonnette d’alarme, cela n’empêche pas sa consommation de perdurer, principalement dans des cadres privés. » Une overdose de GHB induit un coma ou le décès du consommateur.

Depuis sa condamnation, le quadragénaire a « été transféré à la prison de Giresun, à huit cents kilomètres d’Istanbul, ce qui rend les visites de ses proches impossibles. Son isolement est total ».

« Incarcéré depuis le 16 septembre 2017, il a été victime de violences aggravées commises par un codétenu, qui lui a infligé des brûlures en raison de son homosexualité et de son appartenance à la religion juive. Il est constamment l’objet d’intimidations et de harcèlement en vue de sa conversion à l’Islam »

Les avocats de Fabien Azoulay, dont Me François Zimeray, ont souligné l’innocence de leur client. En mai 2019, ils ont demandé son transfert, « une procédure complexe ». « La demande de transfèrement de Fabien n’a connu aucune évolution depuis bientôt novembre 2019. Selon ses avocats, Maîtres Carole-Olivia Montenot et François Zimeray : « Nous ne méconnaissons pas ce qui fait que les relations sont distendues entre la France et la Turquie, mais il n’est pas admissible que Fabien Azoulay en fasse les frais. Nous appelons au sens des responsabilités de part et d’autre pour qu’une solution humanitaire soit trouvée et qu’il soit transféré en France. »

Des institutions juives françaises, dont le CRIF et le B’nai B’rith France, se sont mobilisées en faveur de Fabien Azoulay.

Dans une lettre au président de la République Emmanuel Macron, les avocats de la famille de Fabien Azoulay ont alerté sur la condition dramatique du condamné dans une geôle turque. Ils y ont dénoncé « une audience expéditive et une condamnation anormalement lourde. Fabien est désespéré et ses jours sont en danger ».

Lancée par David Benaym, la pétition « Transférez Fabien Azoulay incarcéré en Turquie, harcelé, torturé car français, Juif et gay » a recueilli 120 189 signatures au 18 août 2021. Sous-titre : « Le Midnight Express de Fabien Azoulay, incarcéré en Turquie ». Cette pétition rappelait les faits et exhortait à transférer Fabien Azoulay dans une prison française. « La famille considère que le risque que Fabien attente à ses jours est réel. Elle compte sur l’implication du président Macron, désormais personnellement informé de la situation, pour mettre un terme à cette situation ».

Les présidents français et turc se sont entretenus pendant 45 minutes en tête-à-tête avant le début du sommet de l’OTAN (Organisation du Traité de l’Atlantique nord) le 14 juin 2021, à Bruxelles (Belgique). Le président de la République Emmanuel Macron a twitté :

« J’ai pu évoquer le cas de notre compatriote Fabien Azoulay. Les conditions d’un transfèrement rapide avancent et je l’espère nous permettront d’aboutir dans les meilleurs délais. La discussion de ce matin produit des résultats d’ores et déjà utiles ».

Le 17 août 2021, sa mise à l’écrou a été signifiée à Fabien Azoulay qui a été incarcéré à la maison d’arrêt de La Santé.

« Quand l’administration [Quai d’Orsay ou ministère des Affaires étrangères, Ndlr] se retrouve dans une situation d’inertie, il n’est pas de meilleure arme que la mobilisation de l’opinion publique. La mobilisation a permis que les deux présidents, français et turc, se parlent. Les choses ont pu s’améliorer très rapidement », a déclaré Me Carole-Olivia Montenot, avocate de Fabien Azoulay, sur Radio J, le 18 août 2021.

Elle a demandé pour son client un accompagnement psychologique et par l’aumônier de La Santé. Elle a déploré que le parquetier ait interdit à Xavier Azoulay de voir son frère revenu de Turquie. Elle a remercié ceux qui se sont mobilisés en faveur du transfèrement.

Elle a annoncé qu’elle allait déposer pour son client des demandes de permis de communiquer, et une requête en adaptation de la peine turque pour importation de produit stupéfiant au droit français : recel de vente de GBL, une infraction punie d’une peine d’emprisonnement de cinq ans. Devrait suivre la « libération quasi-immédiate » de Fabien Azoulay, compte tenu des quatre années d’emprisonnement déjà effectuées.

 

Cet article a été publié le 8 juin 2016, puis les 25 septembre 2016 et 8 mai 2017.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

Renunciar a comprender el mundo, renunciar a ser amables con el otro, significa sustituir la banalidad del bien y sus curativos efectos inconmensurables por la banalidad del mal y su eficacísima contabilidad mortal.

La muerte de Sócrates. Jacques-Louis David, 1787

Escrito por Santigo Alba Rico

Hay tres formas de entender la inocencia. La primera tiene que ver con la práctica del sacrificio tal y como la concebían los pueblos antiguos. En la tradición tanto griega como judía, la víctima del sacrificio, humana o animal, debía ser escogida por su especial pureza. A los dioses no se les podía ofrecer una criatura con tacha, imperfecta o incompleta. El Levítico, por ejemplo, da toda una serie de instrucciones sobre las condiciones que debe cumplir el animal destinado al ara sacrificial: el peso, la belleza, la integridad anatómica. O pensemos en el mito griego de Ifigenia, la hija del rey Agamenón, a la que este tiene que sacrificar, de vuelta de Troya, para evitar el castigo de los dioses. Ifigenia es escogida porque al máximo rango social y emocional une la máxima inocencia, asociada a su edad y condición. Lo mismo ocurre con Isaac (Ismail, para los musulmanes), al que su padre Abraham, a petición de Dios, se dispone a sacrificar: es lo más querido y, al mismo tiempo, lo más puro que posee. Esta identidad primitiva entre sacrificio y pureza ha sobrevivido en la ilusión pertinaz de los perdedores y humillados, que deducen su superioridad moral -su condición de pueblos o individuos « elegidos »- del sufrimiento injusto que se les ha infligido. Si me persiguen y me matan, es que soy bueno. Este sentimiento, de origen sacrificial, ha operado de mecanismo de defensa colectivo en el caso de algunas minorías perseguidas: así ocurrió con el chiismo hasta la revolución de Jomeini o con los judíos europeos hasta la creación de Israel; y sigue muy vivo en las tradiciones revolucionarias, que han buscado consuelo para sus sucesivas derrotas en la idea misma de la derrota como prueba irrefutable de la verdad superior alojada en sus reivindicaciones.

Un residuo de este atavismo sacrificial pervive en la famosa frase de Sócrates, el filósofo griego ejecutado en Atenas en el año 399 a. de C.: « Es mejor sufrir una injusticia que cometerla ». Pero, más allá del prestigio del dolor y la derrota, o del imperativo de una moral absoluta, lo que Sócrates está proponiendo es el fin de la « ley de la selva ». En el diálogo platónico Gorgias, dos oligarcas de su época, Polo y Calicles, se habían burlado de él en nombre de la naturaleza, que distingue -sostenían- entre leones y gacelas y da siempre ventaja legítima al más fuerte. Sócrates no está defendiendo exactamente a los más débiles; defiende una ley que no responda a la pregunta « qué es más conveniente para mí o a para mi tribu o para mi clase » sino a esta otra cuestión mucho más decisiva  porque en ella, con todas sus ambigüedades, va a fundarse el derecho moderno: « Qué es lo más justo para todos ». En términos jurídicos, « inocente » no es el más bueno, el más puro, el más guapo, ni tampoco el más griego o el más rico; inocente es aquél que, con independencia de cómo se comporte con sus amigos o con su cónyuge, no es culpable en el caso particular que se juzga. No soy ni cortés ni generoso, es cierto, pero no he robado a Salah ni matado a Sofía.

Pero inocente se dice asimismo -incluso etimológicamente en el caso del latín- del que no hace daño. En un mundo tan complejo como el nuestro es muy difícil estar seguro de que pasamos por la vida sin hacer ningún daño. Si amamos sinceramente, es probable que inflijamos y recibamos también dolor; si vivimos normalmente en una sociedad capitalista, y nos vestimos, hablamos por teléfono y comemos en una sociedad capitalista, nuestros gestos más sencillos, inscritos en una red de intercambios y consumo global, tienen efectos inconmensurables sobre el conjunto de la vida. Ahora bien, lo más terrible que se puede decir de este mundo es que a veces, desde la aceptación cínica del propio poder o de la propia impotencia, los humanos llegan a un punto en el que desprecian la inocencia y llaman « ingenuo » al que intenta hacer el menor daño posible e incluso al que pretende introducir algún bien menor en su entorno más cercano.

Lo más terrible que se puede decir de este mundo es que, a veces, los humanos llegan a un punto en el que desprecian la inocencia y llaman ingenuo al que intenta hacer el menor daño posible

Conviene decir dos palabras, pues, sobre la ingenuidad. Una historia que siempre me ha gustado mucho es esa que la tradición medieval cristiana atribuye a san Agustín, el santo nacido en el año 359 en la actual ciudad argelina de Souk Ahras. Según esta leyenda, paseaba un día el teólogo por la playa, absorto en el problema insoluble de la Trinidad, cuando vio a un niño que recogía agua del mar con una concha para depositarla a continuación en un agujero excavado en la arena. Iba una y otra vez de la orilla a la playa, con un tesón infatigable, hasta que Agustín, intrigado, le preguntó por el propósito de su vano azacaneo. « Quiero vaciar el mar », respondió el niño. Conocemos el resto. El santo le dijo al niño que eso era imposible y el niño, que en realidad era un ángel, le replicó a su vez: « Tan imposible como resolver el enigma en el que estás pensando ».

Olvidemos que se trataba de un ángel. Es verosímil imaginar a un niño normal emprendiendo y reanudando sin fatiga, con obstinación imperturbable, esa tarea infinita. La ingenuidad de un niño no consiste en creer que va a ser capaz de vaciar el mar con un cubo o una concha; consiste en tomarse en serio una tarea que sabe imposible. El término « ingenuo » tiene en latín una etimología muy bonita; remite, por oposición al esclavo, al humano que es libre de nacimiento; y evoca por tanto la idea de « origen » y de « comienzo » y, si se quiere, la noción un poco paradójica de un « empezar otra vez » o « empezar de nuevo ». Es decir, la ingenuidad tiene que ver con la repetición de un gesto que, cada vez que se hace, se hace desde el principio, como si no se hubiera hecho nunca antes: un gesto, si se quiere, « libre » de la memoria de la humanidad que llamamos Historia. El sol, que sale todas las mañanas, es ingenuo. El niño que coge una y otra vez un cubo de agua del mar es ingenuo. La mujer que lava y tiende la ropa en medio de las ruinas de una guerra es ingenua. La ingenuidad no consiste en creer que es posible resolver los problemas del mundo; consiste en creer sencillamente que el mundo es posible. La ingenuidad, por así decirlo, crea el mundo cada mañana: en medio de la complejidad más inextricable, atrapados en una selva hostil cuya radical maldad no podemos cambiar, la ingenuidad cree todavía posible llenar un cántaro de agua, coser un botón, encender de nuevo el fuego, enseñar a un niño matemáticas, curar una herida. Por eso se puede ser al mismo tiempo pesimista e ingenuo. El optimista -casi siempre hombre- puede destruir alegremente el mundo; el ingenuo -casi siempre mujer- sigue sosteniéndolo entre sus manos, a veces cansado y de mal humor, sin hacerse muchas ilusiones sobre los hombres que lo están destruyendo.

Es lo que yo llamaría « la banalidad del bien ». De la del mal, lo recordamos, se ocupó la filósofa alemana Hannah Arendt en relación con Adolf Eichmann, el funcionario nazi encargado de transportar a los judíos a los campos de concentración: un hombre leal, competente, honrado, obediente, que se convirtió en cómplice de un exterminio en el ejercicio de estas triviales virtudes burocráticas. La banalidad del bien, mucho más frecuente, es sin embargo mucho menos visible y merece muchos menos laureles. El paleontólogo darwinista estadounidense Stephen Jay Gould, muerto en 2002, aseguraba que las especies se definen en los momentos de estabilidad, no en los de cambio y mutación, y que, si hay que seguir considerando a la humanidad una especie, es necesario recordar que, en las largas duraciones, no se define por la violencia, la crueldad o el egoísmo, como nos hacen creer las grandes conquistas y las grandes matanzas, sino por esa apretada red de pequeños gestos cotidianos -del intercambio desinteresado de servicios entre vecinos a los cuidados recíprocos dentro de una comunidad- que garantizan la consistencia y supervivencia del mundo común en medio de las más grandes calamidades.

El problema es que, si podemos contar los muertos de un bombardeo y las heridas de un cuchillo, no podemos medir los beneficios de la « banalidad del bien ». Las caricias, lo he dicho muchas veces, no dejan huellas, de manera que podemos dejar de acariciarnos sin que sintamos ningún dolor inmediato. Por eso mismo, en un mundo del que hubiese desaparecido la inconmensurable banalidad del bien -quiero decir- seríamos muy infelices, sí, pero sin llegar a averiguar qué es lo que echamos en falta. O dicho de otra forma: si de nuestras vidas se retirasen la belleza, la solidaridad, el cuidado, la cortesía, nos volveríamos malos sin sentir nada, aceptando más bien la maldad como un instrumento normalizado de supervivencia.

En este contexto civilizacional, los dos enemigos de la inocencia y la ingenuidad son, como ha ocurrido en otras crisis anteriores, la hipocresía y el cinismo

La banalidad del bien que he llamado ingenuidad, como variante de la inocencia, está hoy muy amenazada. Lo está no solamente en escenarios de guerra y dictadura, como es el caso de Siria, sino un poco por todas partes, como resultado de la erosión capitalista de los vínculos antropológicos, sustituidos por el egocentrismo digital, y de la aceptación subjetiva de un futuro sin horizonte. Digamos que estamos viviendo un retorno hipertecnológico a esa sociedad primitiva, presocrática, en la que los sacrificios humanos y la ley de la selva dominaban sobre la justicia y el derecho. En este contexto civilizacional, los dos enemigos de la inocencia y la ingenuidad son, como ha ocurrido en otras crisis anteriores, la hipocresía y el cinismo. La hipocresía es el primer síntoma de un desmoronamiento, pero no implica inevitablemente el paso al cinismo y, aun más, puede servir a veces de muro de contención. El hipócrita habla un « doble lenguaje », de manera que -dice el adagio clásico- homenajea públicamente a la virtud mientras practica oscuramente el vicio. Ahora bien, mientras la hipocresía no renuncie a su doblez la esfera pública sigue regida por la « virtud », y eso incluye también las leyes, los medios de comunicación y los partidos políticos. Es verdad: cuando uno corrompe las instituciones en nombre de la democracia, ocupa países en nombre de la paz o el humanitarismo y bombardea ciudades invocando los derechos humanos, se están cometiendo dos acciones graves. Una muy grave: matar seres humanos. Otra gravísima: matar palabras, principios y valores.

Podemos decir, en todo caso, que la hipocresía es lo propio de las sociedades estables y que solo se vuelve potencialmente peligrosa en los socavones de las grandes crisis de civilización, allí donde, de pronto, tanto los poderosos como los débiles asumen que nada puede ser cambiado: cuando unos y otros aceptan como natural, respectivamente, su poder y su impotencia. Hace unos días, en un seminario sobre Palestina, comentaba este deslizamiento inquietante. Hasta hace no mucho tiempo podía indignarnos la hipocresía de los EE.UU. o de la UE, que enunciaban grandes palabras y financiaban pequeños proyectos, mientras de hecho apoyaban, por activa o por pasiva, a Israel en Gaza y a Bachar el-Asad en Siria. La hipocresía tenía que ver, en todo caso, con la hegemonía formal del discurso de los derechos humanos, al que ni los más siniestros asesinos se atrevían a renunciar. Hoy eso se ha acabado. Hemos pasado de la hipocresía al cinismo; hemos acabado, si se quiere, con el « doble lenguaje » y no para ajustar nuestras prácticas a nuestros valores sino, al revés, para acomodar nuestros valores a nuestras prácticas. El cinismo, como demostraba ya el marqués de Sade en sus obras libertinas del siglo XVIII, es lo propio de las clases altas, emancipadas de todo freno democrático, las cuales defienden como « natural » su poder, su violencia y su impunidad. Lo defienden, es decir, como fatal e inevitable. Lo malo es cuando el cinismo se difunde desde las clases altas a las clases medias y populares. Eso es lo que estamos viendo en Europa con el crecimiento de la ultraderecha, cuya hegemonía discursiva se impone en algunos casos también en la izquierda: respecto de inmigrantes, refugiados, musulmanes, « nos nos podemos permitir » los derechos humanos. No seamos hipócritas, nos dicen: para defender nuestras casas, nuestras familias, nuestro modo de vida, no nos podemos permitir ya ser « buenos ».

No nos podemos permitir ni siquiera la amabilidad. En 1956, poco antes de morir, Bertolt Brecht escribió un bellísimo poema titulado Vergnügungen, que algunos traducen como « placeres » y otros como « satisfacciones », título que personalmente prefiero. En él el poeta alemán ofrece una lista casi oriental de pequeños placeres vinculantes (mirar por la ventana, nadar, rostros entusiasmados, el viejo libro vuelto a encontrar, la nieve, zapatos cómodos, la dialéctica) completamente incomprensibles para un occidental líquido disuelto en la velocidad de internet. De todas estas « satisfacciones » diminutas y concretas hay dos ya casi extinguidas, como los dinosaurios y los rinocerontes blancos, incompatibles con el orden del mercado capitalista y que desde Twitter suenan un poco extravagantes: « comprender » (begreifen) y « ser amable » (freundlich sein).

« Comprender » es cada vez más difícil porque objetivamente el mundo es crecientemente complejo. Pero hemos olvidado que, si pensar da tanta pereza como lanzarse en verano a la poza de agua helada que -lo sabemos- aliviará nuestro sofoco, el placer de arrojar luz sobre las sombras no se puede comparar a ningún otro, ni físico ni tecnológico. Resolver un problema matemático, apropiarse del pensamiento de un filósofo después de horas o días de lectura o desenredar el meollo político que nos tenía desazonados genera una alegría tan pura y profunda como el amor y mucho más intensa que el sexo, la comida o el juego. En cuanto a « ser amables » también es cada vez más difícil en un planeta en el que el propio cinismo desprestigia la amabilidad como signo de irrealismo o de debilidad. En todo caso, ¿qué tienen en común estos « placeres »? Que tanto comprender como ser amables son prácticas que requieren atención; y la atención es lo primero que se pierde en situaciones de guerra, pero también en el marco de una sociedad global que, ni en el terreno laboral ni en el informativo ni en el recreativo, permite detenerse a mirar. Creo que no somos capaces de medir las consecuencias civilizacionales de esta catástrofe. Estos placeres de la atención -uno por la vía del pensamiento, el otro por la del afecto- son inseparables del reconocimiento de la existencia del mundo. O, lo que es lo mismo, de su fragilidad radical. Lo que comprendo cada vez que comprendo algo es que el mundo, a punto de desvanecerse, hay que sostenerlo con el pensamiento y con las manos. Lo mismo ocurre con la amabilidad: cada vez que digo « gracias », que cedo el paso, que me muestro cariñoso o complaciente, que me detengo y dedico un minuto, arrancado al tiempo velocísimo de la digestión, a interesarme por mi vecino, estoy conociendo la fragilidad de los otros y declarando en voz alta la mía propia. En el revolcón de la crisis, lo mismo en Madrid que en Sidney, lo mismo en Damasco que en Nueva York, lo mismo en los círculos empresariales que en los militantes, una declaración de fragilidad es ya una invitación al desprecio y la agresión. En las grandes ciudades europeas, lo he dicho otras veces, « amables » ya solo lo son los que tienen algo que ocultar o algo que temer: los inmigrantes y refugiados, cuya misma cortesía los pone a merced de todos los golpes y todos los abusos.

« Comprender » y « ser amables », prácticas gemelas y hasta siamesas, son verbos dotados hoy de un valor casi « revolucionario ». Nada se parece tanto a una declaración de derrota como la renuncia al pensamiento y a la amabilidad. Renunciar a comprender el mundo, renunciar a ser amables con el otro, significa sustituir la banalidad del bien y sus curativos efectos inconmensurables por la banalidad del mal y su eficacísima contabilidad mortal. Llegados a ese punto, cuando hemos descartado o rechazado la tercera forma de inocencia (la que implica el compromiso de « no hacer daño »), la salvación queda en manos de esos pocos ingenuos heroicos que, como el ángel-niño de san Agustín, siguen repitiendo, en medio de las ruinas, el mismo gesto reparador.

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Este artículo fue originalmente publicado el pasado 17 de junio en el periódico digital en lengua árabe aljumhuriya.net, fundado en el año 2012 por intelectuales y académicos sirios. Agradezco a su jefe de redacción, Yassin Swehat, su elegante, precisa y brillante traducción.

(*) Santiago Alba Rico es filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. Sus últimos dos libros son « Ser o no ser (un cuerpo) » y « España ».

 

[Fuente: http://www.ctxt.es]

Bernardo Fuster grabó discos con el seudónimo de Pedro Faura, cantautor antifranquista. Hace no mucho descubrió que su padre, alemán, también había estado en la clandestinidad, pero en el otro bando, 30 años antes que él. El proyecto ‘De eso no se habla’ aborda relatos de silencios y cuenta su historia.

Bernardo Fuster cuando cantaba bajo el seudónimo de Pedro Faura

Bernardo Fuster cuando cantaba bajo el seudónimo de Pedro Faura.

 

Escrito por Olga Rodríguez

¿Cómo alguien puede pasar buena parte de su vida sin hablar de las cuestiones fundamentales que atraviesan su existencia? Esta cuestión obsesiona a Isabel Cadenas, impulsora del proyecto de podcast De eso no se habla, en el que analiza los silencios y rescata memorias. ¿Por qué una persona no aborda con sus seres queridos o con su familia temas esenciales que la definen? Es, probablemente, una pregunta que en España podríamos hacernos muchos, porque “este es un país de silencios”, silencios inscrustados en los códigos de sociabilidad colectivos. “Creo que demasiado a menudo el silencio se confunde con una señal de respeto”, reflexiona Cadenas.

En De eso no se habla ha indagado en varios relatos de silencios, como la historia de las once de Basauri, aquellas mujeres que abortaron y fueron juzgadas por ello, o la del músico y compositor Bernardo Fuster, cantautor antifranquista que actuó y grabó cintas clandestinas bajo el seudónimo de Pedro Faura, que posteriormente tocaría con Luis Pastor, Aute o Sabina y fundaría con Luis Mendo el grupo Suburbano, creador de temas como la Puerta de Alcalá, La Tierra se mueve, Arde París o Maki Navaja.

¿Cuáles son los silencios de Fuster? Su actividad clandestina como Pedro Faura fue casi un secreto durante treinta años. Y la identidad de su padre, alemán afincado en España, fue una incógnita para su propio hijo: “Un día empecé a darme cuenta de que mi padre era algo más que un profesor de música”.

Ambos, Cadenas y Fuster, conversan con elDiario.es en Madrid.

Isabel Cadenas y Bernardo Fuster, en casa de este. Mar Feuerriegel

« Por allí pasaban tipos extraños »

“Mi padre tocaba varios instrumentos, muchas mañanas nos despertaba tocando el acordeón, tenía una mandolina, guitarras, de todo. Yo iba al colegio alemán y allí empecé a cantar en el coro. Siempre me gustó la música”, recuerda Fuster.

Su padre le inscribió en Valencia en los Círculos Doctrinales Jose Antonio, fundados en 1960 con el objetivo de mantener la ortodoxia falangista. Allí conoció, paradójicamente, a varios militantes de izquierdas, contrarios al régimen, infiltrados en los Círculos para captar a los más jóvenes. Y así desarrolló sus propias ideas políticas.

Mi padre había luchado como alemán en la II Guerra Mundial. Él no renegaba de ello, pero eso era todo. O eso pensaba yo.

Fue entonces cuando empezó a guardar silencios para con su padre e inició su militancia en grupos de la izquierda antifranquista. Primero, con los anarquistas. Después, con los comunistas.

“Mi padre había estado en la Segunda Guerra Mundial y había acabado en España. Sabía que había luchado con los nazis, él no renegaba de ello. Pero eso era todo. O eso pensaba yo”, relata. En la casa de Fuster había cruces gamadas y medallas, alguna con la esvástica.

“Por allí pasaban tipos extraños. Recuerdo a uno, con gabardina y sombrero, que regaló a mi padre un tocadiscos magnífico. A mí nada me parecía raro por aquél entonces. Tenía varios amigos de izquierda como yo cuyos padres también eran grandes partidarios del régimen franquista, a veces lo comentábamos, bromeando, pero de pasada. No me paraba a pensarlo demasiado, lo veía normal”.

El exilio y la gira europea

Como militante de base del FRAP Fuster tuvo su momento de clandestinidad. Se escondió en la casa de su abuela en Madrid, donde guardó maletas llenas de propaganda contra el régimen. Compuso varias canciones de contenido político, las grabó en una cinta y esta empezó a distribuirse clandestinamente por los círculos activistas de Madrid:

“Un día la dirección de mi organización me propuso irme a Europa como cantautor para actuar en los mítines que se organizaban contra el franquismo. Yo estaba en España de forma clandestina, la Brigada Político-Social me buscaba, así que decidí que sí, que me iba. Era una forma de combinar la militancia y la música”. Cuando le pidieron que eligiera un seudónimo, eligió el nombre de Pedro Faura. De ese modo recorrió todo el continente, conoció a intelectuales, escritores y políticos, recibió aplausos en el escenario:

“Siempre viajaba en tren de una ciudad a otra. Recuerdo la última estación de la Alemania occidental, en la que por el altavoz nos decían: ‘Está usted abandonando la Alemania libre’. Y la primera de la Alemania oriental: ‘Está usted entrando en la Alemania de los trabajadores' ».

Pedro Faura (Bernardo Fuster) en un concierto en Berlín.

Fuster, alias Faura, disfrutó mucho aquella época. Conoció a guerrilleros españoles exilados, a un exsoldado que había estado en la Nueve liberando París de los nazis, a Carlos Palacio, cantautor republicano que había sonado mucho durante la guerra o al militar Otelo Saraiva de Carvalho, estratega de la Revolución de los Claveles portuguesa. Sus letras, reivindicativas, hablaban del exilio, de la impunidad, de la dictadura, de la necesidad de libertad: « Era increíble el apoyo que había en Europa a la resistencia contra el franquismo ».

Hasta que el 25 de julio de 1976 decidió abandonar el FRAP por no compartir la línea adoptada por la organización, en defensa de acciones violentas: “No estaba de acuerdo con aquello y me fui. Era domingo”. Lo tiene anotado en una libreta que aún conserva, repleta de apuntes y retazos con nombres, lugares, fechas. Aquello supuso su regreso a España.

Cuando volvió tuvo una crisis de identidad. Optó por no contarle a casi nadie que él había sido Pedro Faura, aquél cantautor clandestino antifranquista, del FRAP, que actuaba en las capitales europeas y cuyas grabaciones habían circulado de mano en mano por los ambientes militantes de Madrid o Barcelona.

Primero hizo sus pinitos en el teatro, con el grupo Tábano: “Era malísimo como actor, pero buscaban un personaje que hablara alemán y yo necesitaba ganarme la vida”. Después, inició su etapa exitosa como músico y compositor fundador del grupo Suburbano.

El grupo Suburbano, en una foto de su primera época.

La Transición y el silencio

“Había llegado la Transición, probablemente la época reciente en la que mayores silencios ha habido. Opté por enterrar esa parte de mi vida como Pedro Faura. Por un lado, había grupos de extrema derecha por ahí danzando, era una situación jodida. Por otro lado, yo había acabado muy mal con el FRAP, me habían perseguido por haberme ido. Así que me dije: ‘Por ahora mejor lo callo’. Y ese ‘por ahora’ fueron treinta años”.

Nunca lo contó públicamente, hasta que en 2006 un amigo organizó una exposición sobre cantautores antifranquistas y le pidió permiso para incluir uno de sus discos como Pedro Faura. Su padre ya había fallecido. Nunca llegaron a hablarlo. Ni él con su padre, ni su padre con él. De algún modo ambos sospechaban de los secretos del otro, pero optaron por no ponerlos encima de la mesa.

“Hace poco recordé que, estando yo buscado por la Brigada Político-Social, mi padre se ofreció un día a ir a comisaría a pedir unos documentos que yo necesitaba. Ahora lo pienso y me doy cuenta de que tenía que saber en qué andaba yo metido, que lo hizo porque sabía que yo no podía permitirme ir”, recuerda. En otra ocasión un policía que le detuvo, al ver sus apellidos, comentó: “Vaya familia”: “Los servicios de la policía sabían quién era mi padre, seguro”.

Libreta de Bernardo Fuster de 1976 que aún guarda hoy Olga Rodríguez.

Y, ¿quién era realmente su padre?

Y ¿quién era el padre de Fuster exactamente, más allá de un alemán profesor de música afincado en España que había luchado en la Segunda Guerra Mundial?

Un día, no hace tiempo, Bernardo Fuster descubrió en su casa familiar un álbum con la cruz gamada en la portada. Dentro encontró fotografías de todo tipo: soldados nazis desfilando en Madrid, coros de niños en colegios alemanes de España con banderas nazis, corridas de toros con militares alemanes, en las Ventas: “Ahí estaban ante sus ojos los lazos siempre negados entre el nazismo y el franquismo”, relata Cadenas.

Con 30 años de diferencia mi padre y yo habíamos estado en la clandestinidad durante un tiempo, cada uno en un bando

En las últimas páginas del álbum halló una invitación en la que aparecía el nombre de su padre presentado como el jefe de las Juventudes Hitlerianas en España, organización cuyo objetivo era adoctrinar a niños y jóvenes alemanes en la ideología nazi a través de actividades y campamentos en nuestro país, donde la población alemana se había triplicado desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

También encontró un recorte de un diario en el que se informaba de que los aliados pedían al Gobierno de Franco que entregara a una serie de personas refugiadas en España que pertenecían al partido nazi. Entre ellas estaba el nombre del padre de Bernardo.

Una de las fotografías del álbum del padre de Bernardo Fuster.

La red de ocultación de nazis en España, dirigida por Clara Stauffer Loewe [destacada militante de la Sección Femenina de Falange], le había facilitado al padre de Fuster una identidad falsa, española. Pasó de tener nombre y apellido alemanes -Feuerriegel- a llamarse Bernardo Fernández: « Se tiñó el pelo -era demasiado rubio- y se dejó bigote a lo español ». Así estuvo cuatro años, con acento alemán pero con el Fernández en un carné que indicaba que era natural de Tarragona y perito mecánico. El documento estaba expedido por la Falange, firmado por Miguel Primo de Rivera.

La red de Stauffer logró que unos ochocientos nazis se refugiaran en España. Cuando los aliados solicitaron a unos 1.600 alemanes sospechosos de pertenecer o de colaborar con el nazismo, el régimen franquista solo deportó a 265. El resto, incluido el padre de Bernardo, lograron quedarse y rehacer su vida sin ser perseguidos.

“Así es que con treinta años de diferencia mi padre y yo habíamos estado en la clandestinidad durante algún tiempo, cada uno en un bando », relata Fuster. Al cabo de cuatro años su padre, no sabe bien cómo, recuperó su pasaporte alemán y su identidad real, después de que los aliados consideraran que no había cometido crímenes de sangre.

Fotografía del álbum del padre de Fuster.

“Creo que mi padre fue del sector medio, no lo digo por exculparle. Lo que no entiendo es por qué lo mandaron aquí a España para ser jefe de las Juventudes Hitlerianas. Era el miembro del partido [nazi] ocho millones y pico. Es impresionante la cantidad de afiliados que hubo, cuando llegaban a un grado militar determinado estaban obligados a entrar en el partido. Me pregunto si ya era profesor de música allí. Imagino que habría formado a algún coro militar”.

Son muchas las preguntas no contestadas, porque padre e hijo nunca hablaron de sus secretos respectivos. “Él no lo habló para no buscar enfrentamiento, deduzco. Y yo lo mismo”.

Isabel Cadenas reflexiona sobre ello comparando los contextos de España y de Alemania: “Allí se abordó un proceso en el que se analizó la responsabilidad que tuvo cada persona. Aquí no. Allí una generación de alemanes se dedicó a confrontar a sus padres. Aquí se mantuvo el silencio”.

“El silencio nos ha acompañado siempre en este país. Es una faena, porque cuando quieres hablar te queda la memoria, pero esta es selectiva cuando pasa el tiempo”, reflexiona el músico, que está preparando la grabación y publicación de varias composiciones de Pedro Faura, algunas inéditas, otras divulgadas en su día.

‘Manifiesto’, de Pedro Faura, grabado en 1975 en Alemania.

“Realmente la historia de todos nosotros está construida sobre el silencio. Con el país tan ruidoso que somos, por otro lado”, añade Cadenas.

De eso no se habla, premiada ya con una mención especial de los Ondas, tiene pendiente publicar otros cuatro capítulos más, en los que su impulsora y su equipo -todas son mujeres- seguirán rescatando memorias, incluso las suyas propias.

Dice Cadenas que los silencios están llenos de miedos heredados -« ese no te signifiques, no hables, que nos decían »- y también de presencias. Hay quienes intentan romperlos excavando la tierra, literalmente, perforándola, rompiendo el suelo, para rescatar del olvido a los desaparecidos. Ella hace lo mismo pero no con picos y palas, sino con la palabra, el arma con la que nombrar lo innombrable, con la que recuperar lo oculto, con la que movilizar lo estancado. La palabra sirve para indagar. Desatasca. Puede que en algún momento le toque a ella. En el prólogo de De eso no se habla cuenta retazos de su infancia. Quizá pronto se atreva a abordar con más detalle, “si logro reunir la fuerza”, su propia historia, la de su familia, su mirada de niña. Sus propios silencios.

 

[Fuente: http://www.eldiario.es]

Indispensable crónica e historia documental en formato de novela gráfica.

Juan Carrá y Iñaki Echeverría presentan un proyecto muy completo que conjuga información y relato histórico con una gráfica potente.

Esma, fruto del compromiso político de los autores, se adentra de lleno en la lucha contra la impunidad de los crímenes de lesa humanidad en torno a la última dictadura cívico-militar argentina, la Mega Causa Esma, enfocando el relato en víctimas menos conocidas -exceptuando Rodolfo Walsh- con el objetivo de ayudar a dimensionar el carácter sistemático y planificado de la violencia estatal de aquella época.

Esma / Juan Carrá; Iñaki Echeverría. Evaristo Editorial, 2019

La Escuela de Mecánica de la Armada, ESMA, fue uno de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio más activos entre 1976 y 1983. Se calcula que pasaron unos 5000 detenidos desaparecidos de los que sobrevivieron alrededor de 200.

Hoy en día el recinto se ha convertido en un centro de memoria, el Museo Sitio de Memoria ESMA – ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio.

Juan Carrá (Mar del Plata, 1978) es periodista y escritor. Publicó las novelas No permitas que mi sangre se derrameLloran mientras duermenLima, un sábado más y Criminis Causa. Participó en diversas antologías de cuentos y publicó el libro de relatos Ojos al ras de la tierra. Fue distinguido con el premio Alfonsina en Creación literaria. Fue jefe de sección Policiales del diario El Atlántico de Mar del Plata y publicó en Página/12, Clarín, Brando, Rumbos, Anfibia, Infojus Noticias, Cosecha Roja, entre otros. Es docente en Periodismo en TEA y de Artes de la Escritura en la Universidad de las Artes.

— Algunas de sus crónicas en la revista Anfibia

Iñaki Echeverría (Balcarce, 1974) es arquitecto e ilustrador. Desde 2007 comienza a publicar tiras cómicas en el diario Página/12 y la revista Fierro. Ha publicado Negro el 10, en coautoría con Santiago Maisonnave; Muffins¿Alguna vez te miró una vaca de frente?, en coautoría con Esteban Castromán; Beya, le viste la cara a dios, en coautoría con Gabriela Cabezón Cámara, novela declarada de interés cultural y social por la Legislatura Porteña, que recibe el Premio Alfredo Palacios (otorgado por el Senado de la Nación), también es seleccionada entre los 10 mejores libros del año. En 2016 publica La vida de un padre abrumado.

— Algunas de sus crónicas en la revista Fierro

[Fuente: americat.barcelona]

En una reunión con el primer ministro español, el presidente Alberto Fernández repitió el viejo adagio sobre el nacimiento de esta nación: “los argentinos descendemos de los barcos”. Nuestro país es uno de los pocos de la región que construyó un imaginario blanco y europeo. El mito sigue vigente pese a las voces de lo no blanco, lo indígena, lo afro, lo mestizo y lo moreno que se las arreglan para plantear disidencias, abrir debates y construir narrativas de unidad que giren en torno a la mezcla.

Foto del cacique Foyel tomada durante su cautiverio en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Escrito por Ezequiel Adamovsky

El video copó los noticieros, interrumpió conversaciones y llenó de memes las redes sociales. Una frase de Alberto Fernández mostró las ambivalencias y tensiones del perfil étnico-racial de la Argentina. El presidente se permitió repetir en un discurso el viejo adagio sobre los argentinos que “descienden de los barcos”. Y lo hizo en una de sus formulaciones más desagradables. Frente al primer ministro español, buscando fortalecer lazos de fraternidad, dijo: “los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos, y eran barcos que venían de allí, de Europa, y así construimos nuestra sociedad”. Nada menos. La formulación no es nueva en boca de mandatarios: Macri había dicho algo parecido, también el contexto de buscar capitales y alianzas comerciales con el Viejo Continente. Lo de Fernández es un buen recordatorio de que el mito de la Argentina blanca y europea nos habita a todos. Aunque suela tenerlo más a flor de piel, no es un problema sólo de la derecha. Los peronistas están lejos de ser inmunes al respecto.

Es probable que, puestos a reflexionar un momento, ni Fernández ni Macri puedan o quieran sostener sus afirmaciones. El primero ya se disculpó por Twitter, pero es posible que incluso el segundo reconozca, si se lo cuestionamos, que este país no estuvo hecho solamente por inmigrantes europeos y, por tanto, que no les pertenece prioritariamente a sus descendientes. Porque eso es lo que la frase lleva implícito: que en la Argentina puede haber gente de otros orígenes, claro, pero que los verdadera y prioritariamente argentinos son los de ascendencia europea. Los demás son invitados o argentinos de segunda.  

El hecho de que esa visión salga de sus labios es síntoma de que el presupuesto sigue teniendo un lugar dominante en nuestra sociedad. No hacen falta análisis demasiado sutiles para constatarlo. Nuestra prensa está repleta de alusiones francamente racistas sobre “conurbanos africanizados”, dirigentes a los que se nombra “caciques” para desacreditarlos, conflictos por tierras en los que se enfrenta algún pueblo originario con “la gente” o “los vecinos”. Para no mencionar los insultos contra “los negros” que se permiten con total impunidad periodistas, algunos dirigentes y miles de personas en las cloacas de las redes sociales.

Argentina es uno de los poquísimos países latinoamericanos cuyas élites propusieron visiones del “nosotros” nacional que lo imaginaban exclusivamente blanco y europeo. La mayor parte de sus equivalentes en la región plantearon narrativas de unidad que giraron en torno de la mezcla. Se imaginaron como naciones “mestizas” (como México), “democracias raciales” (Brasil), “trigueñas” (Puerto Rico) o “café con leche” (Venezuela). El Estado argentino eligió, en cambio, proclamar que su población era blanca y europea y que toda mezcla posible había quedado sepultada bajo la portentosa inmigración de ultramar de fines del siglo XIX. Hay que decir, sin embargo, que fue siempre una idea que generó dudas y ansiedades. Las tenía Sarmiento cuando escribió Conflictos y armonías de razas en América (1883):   

“¿Somos europeos? — ¡Tantas caras cobrizas nos desmienten!

¿Somos indígenas? — Sonrisas de desdén de nuestras blondas damas nos dan acaso la única respuesta.

¿Mixtos? — Nadie quiere serlo, y hay millares que ni americanos ni argentinos querrían ser llamados.

¿Somos Nación? — Nación sin amalgama de materiales acumulados, sin ajuste ni cimiento?

¿Argentinos? — Hasta dónde y desde cuándo, bueno es darse cuenta de ello”. 

Pocos años después, intelectuales como José Ingenieros, en su caso de ideas bien progresistas, afirmaron que la amalgama que Sarmiento sospechaba incompleta estaba ya concluida y que se había formado ya una “raza argentina” que era perfectamente blanca y europea. Buena parte de la sociedad eligió creer en ese mito. Las personas cuyas ancestrías o aspectos físicos no se correspondían con ese ideal fueron empujadas a la invisibilidad, a los márgenes de la nación.

Foto de una de las familias de los caciques mapuches tomada durante su cautiverio en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

La realidad de su existencia, sin embargo, continuó ejerciendo presión sobre nuestra sociedad. De muchas maneras, la presencia de lo no blanco, la existencia de lo indígena, de lo afro, de lo mestizo, de lo moreno, se las arregló para plantear sus disidencias. Fue una presencia espectral en la cultura oficial, pero bien real en la demografía y en la cultura popular durante todo el siglo XX. A veces atravesó la barrera de lo enunciable y consiguió hacerse sentir en el terreno político, pero fueron las menos.  

Las cosas en este terreno vienen cambiando aceleradamente desde 2001. Entre los numerosos efectos de la profunda crisis de entonces, uno no menor fue que minó la solidez de los discursos blanqueadores. Cada año desde entonces hemos visto una progresiva conciencia, en los debates públicos, acerca del profundo racismo estructural que existe en el país y de la inadecuación del mito de la Argentina blanca y europea respecto de nuestra realidad como nación.  

En la última década, el activismo afrodescendientede pueblos originarios y “marrón” se ganó un lugar de creciente importancia en una agenda pública también nutrida por muchas otras iniciativas antirracistas del movimiento feminista y de otros movimientos sociales, de colectivos políticos y de académicos. El Estado argentino comenzó a dotarse de políticas que, por primera vez, están orientadas de manera explícita a combatir el racismo y a visibilizar la presencia de lo no blanco como parte insoslayable de una nación de raigambres y colores múltiples. Esos avances, como es de esperar, están acompañados de reacciones de sectores sociales que no desean ver sus privilegios cuestionados. La colisión de esos dos impulsos es inevitable. 

Paradójicamente, desde la asunción de Alberto Fernández –el mismo que acaba de pronunciar esa frase infortunada e inaceptable– las políticas antirracistas ganaron un lugar que no habían tenido previamente. Por dar algunos ejemplos, se plasmaron en la creación de la Dirección Nacional de Equidad Étnico Racial, Migrantes y Refugiados (conducida por un referente afroargentino, Carlos Álvarez), de una Comisión Nacional para el Reconocimiento Histórico de la Comunidad Afroargentina y de una serie de campañas específicas del INADI. 

Mientras se viralizaba el video, el Ministerio de Trabajo daba inicio a un inédito “Taller sobre perspectiva étnico-racial para sindicatos“. La irónica coincidencia temporal es ilustrativa del momento en el que vivimos. Aunque esté en retroceso, el mito de la Argentina blanca y europea sigue siendo poderoso. Tanto como para hablar por las bocas más inesperadas.

Foto del cacique Sayweke tomada durante su cautiverio en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

 

[Fuente: http://www.revistaanfibia.com]