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Las interpretaciones sobre su figura son tan abundantes como contradictorias. Puede decirse que hay un Bolívar para cada partido. La derecha hizo de él un hombre de orden, la izquierda prefirió imaginarlo como un hombre del pueblo.

Estatua ecuestre de Bolívar en Quito

Escrito por Francisco Martínez Hoyos

Ningún historiador es tan insensato como para negar la importancia de Simón Bolívar. Sus biografías repiten que fue el artífice de seis repúblicas de la actualidad: Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia… Aunque esta idea, mil veces repetida, no deja de plantear problemas. ¿Hay que contar también Panamá, que se independizó de España por su cuenta, antes de unirse a la Gran Colombia? ¿No tuvo nada que ver San Martín en la emancipación de Perú? Puntualizaciones aparte, resultaba obvio que nos hallamos ante una figura titánica y muy difícil de aprehender en sus múltiples dimensiones. Muy a menudo las diversas facetas de su personalidad parecían estar en guerra entre sí: “Fue un hombre excepcionalmente complejo, un libertador que desdeñaba el liberalismo, un soldado que menospreciaba el militarismo, un republicano que admiraba a la monarquía”.1

Bolívar procedía de una más que acaudalada familia de la aristocracia caraqueña, los denominados “mantuanos”, en alusión al manto que lucían las damas, o también “grandes cacaos”, por el producto de sus plantaciones. El bienestar de los suyos le permitió crecer entre algodones, rodeado siempre de criados solícitos.

Según una historia repetida por muchos historiadores, el patriarca de la familia, Juan Vicente Bolívar y Ponte, junto a otros dos distinguidos venezolanos, escribió en 1782 a Francisco de Miranda para quejarse de la opresión española y pedirle ayuda. John Lynch apunta que, si la carta es auténtica, constituye un testimonio de disidencia política. El problema es que se trata de un documento apócrifo. Miranda no era entonces muy conocido y no es creíble que unos aristócratas arriesgaran su posición para contactar con él.2

Muy a menudo las diversas facetas de su personalidad parecían estar en guerra entre sí: “Fue un hombre excepcionalmente complejo, un libertador que desdeñaba el liberalismo, un soldado que menospreciaba el militarismo, un republicano que admiraba a la monarquía”.

Cuando Bolívar y Ponte muere, deja viuda, María Concepción Palacios, y cuatro hijos. El pequeño Simón es el benjamín de la familia, con apenas tres años. La tragedia familiar se repite poco tiempo después con el fallecimiento de María Concepción, víctima de la tuberculosis. El futuro Libertador pasa entonces al cuidado de su tío, Carlos Palacios. Su nodriza, la negra Hipólita, una esclava, será a partir de entonces una madre de sustitución. Él le rendirá siempre una veneración profunda. Pero la relación con su tutor legal nuca estará presidida por la confianza o el entendimiento. Con apenas doce años, Bolívar se fuga de casa y acude a la de su hermana María Antonia, ya casada. Comienza entonces un pleito entre tío y sobrino que acabará con este último internado en la escuela de Simón Rodríguez, uno pedagogo muy avanzado para su época. Maestro y discípulo sabrán compenetrarse a la perfección. Bolívar, durante el resto de su vida, guardará un profundo reconocimiento hacia el hombre que, según sus propias palabras, formó su corazón “para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso”.3

No obstante, puede discutirse hasta qué punto el maestro contribuyó a moldear al discípulo. John Lynch, en su conocida biografía, señala que el impacto de Rodríguez se ha sobrevalorado. Para Antonio Sáez Arance, los historiadores y hagiógrafos han sobrevalorado el influjo de un hombre que se habría limitado a enseñar las primeras letras al joven Simón. Al idealiza esta relación únicamente estaríamos proyectando sobre el Libertador “estereotipos literarios como el Emilio rousseauniano”. La importancia de Rodríguez en la vida de Bolívar se debería a su encuentro posterior, no a su relación poco armónica durante la infancia del Libertador.4

Para un criollo ambicioso, la Corte era un destino obligado porque eran en los aledaños del poder donde se decidían cargos y rentas. El viaje, además, poseía un indiscutible valor formativo. Desde el punto de vista de un americano, Europa era el equivalente al Grand Tour de los jóvenes británicos acomodados. Por ello, nuestro protagonista viaja a Madrid en 1799, donde le acoge su tío Esteban. Un amigo de Esteban, Manuel Mallo, disfruta de una influencia considerable por su amistad con la reina, María Luisa de Parma. Según las malas lenguas, el apuesto guardia de corps cuenta con libre acceso al lecho real. Durante su estancia en la capital el joven caraqueño aprovecha para formarse y divertirse. Es entonces cuando encuentra a la que será su esposa, María Rodríguez del Toro, sobrina de un marqués, con la que regresa a Caracas. La tentación de imaginar un enamoramiento romántico es fuerte, pero no hay que olvidar que la boda, como operación económica y social, presentaba todas las ventajas imaginables. Ella morirá apenas transcurridos unos meses, víctima de la fiebre amarilla. En honor a su memoria, el desconsolado viudo promete entonces no contraer nunca un nuevo matrimonio, aunque no por eso renuncia al sexo. Con el paso del tiempo interpretará su desgracia doméstica como un momento que cambió su vida para siempre, al hacerle salir de la privacidad hogareña para entrar en el mundo de la política.

De nuevo en Europa, en París, donde lleva tren de vida ostentoso, se relaciona con exiliados latinoamericanos. Tomará como amante a una mujer casada, Fanny de Villars, una de las grandes pasiones de su turbulenta vida amorosa. Entre tanto, aprovecha para leer con avidez a los grandes pensadores ilustrados: Voltaire, Rousseau, Montesquieu, D’Alembert… Uno de sus biógrafos destaca su talento para “combinar la vida de lujo y despilfarro con una verdadera vocación de estudio”.5 Entre tanto, permanece atento a la actualidad política. Aunque admira a Napoleón, le decepciona la desenfrenada ambición del corso, que traiciona los ideales republicanos al proclamarse emperador.

Es probable que en Francia entrara en contacto con el naturalista prusiano Alexander von Humboldt. Los términos de su encuentro se han exagerado a menudo. Lo más probable es que se limitaran a intercambiar algún comentario sobre América Latina. No hay pruebas, en cualquier caso, de que Humboldt se diera cuenta de que estaba delante de un futuro líder de la independencia. Él mismo, años después, reconocería que en aquellos momentos no pensó que el caraqueño fuera otra cosa que un soñador: “Jamás le creía llamado a ser jefe de la cruzada americana”.6

En 1805, en una escena mil veces repetida por la historiografía, el juramento del Monte Sacro, proclama solemnemente ante su mentor, Simón Rodríguez, que no descansará hasta destruir el dominio español sobre América. Tenemos diversas versiones del episodio, proporcionadas por sus dos protagonistas, pero, según Bushnell, no existen dudas acerca de su veracidad. Se trata, en cualquier caso, de un momento de resonancias épicas, en las que el futuro Libertador debió tener presente la imagen de Aníbal jurando odio eterno a los romanos. Obsesionados con el menor detalle acerca de su ídolo, los bolivaristas dedicarán un tiempo precioso a la polémica bizantina sobre cuál fue la auténtica colina de Roma en la que se produjo la escena. La cuestión, por supuesto, no es esa, sino advertir que la declaración grandilocuente no pasa de las simples palabras. Es más, en esos momentos Bolívar se relaciona con el embajador español en la capital pontificia. Pío VII los recibirá a ambos en audiencia.7

Mientras nuestro héroe se encuentra en Europa, Francisco de Miranda protagoniza un fallido intento para liberar Venezuela. A la hora de la verdad, sus compatriotas se niegan a rebelarse contra el dominio español. Es más, lo apoyan activamente. Uno de los que se apresuran a ofrecer sus servicios a la Corona es Juan Vicente Bolívar. Su hermano Simón, en cambio, no se opone a la intentona, pero, por motivos no del todo claros tampoco está a favor. ¿Qué peligros cree que pueden derivarse la aventura? En cualquier caso, él no regresa a su patria hasta junio de 1807, cuando la oportunidad de pasar a la acción ya se ha desvanecido. De todas formas, se dedicará a sus negocios, no a la política, por más que en su interior se sintiera ya independentista. Como mucho, es posible que hablara con amigos, con ocasión de alguna tertulia, sobre el descontento que inspiraba el gobierno metropolitano. Entre los criollos prima la fidelidad a España, a la vez que se abre paso entre ellos un deseo creciente de participación en los asuntos públicos. Se reclama autonomía, todavía no independencia.

Bolívar convirtió sus palabras en actos en 1810, cuando se estableció una Junta que debía gobernar en nombre de Fernando VII, por esas fechas cautivo de Napoleón. Según la historiografía tradicional, este será el punto de arranque de la Independencia. El gobierno criollo, necesitado de cuadros, encontrará en Bolívar a un partidario entusiasta. Lo enviará a Londres en misión diplomática, junto a Andrés Bello y Luis López Méndez, en parte para aprovechar su conocimiento de Europa, en parte porque él se ofreció a costear de su propio bolsillo los gastos de la embajada. Francisco de Miranda, buen conocedor de los entresijos de la política británica, ejerce de guía con los tres venezolanos. Bello defiende un régimen autonómico para Venezuela. Bolívar, en cambio, pese a las instrucciones recibidas, propugna la independencia ante los británicos y encuentra en Miranda un apoyo a sus convicciones. Londres, sin embargo, se resiste a hacer nada que pueda incomodar a los españoles, a los que necesita en esos momentos para mantener la presión contra Napoleón.

El papel del Libertador en la primera república va a ser, sin duda, poco glorioso. Poco es lo que puede hacer en medio de la incompetencia generalizada, con una burguesía empeñada en conservar a todo trance sus privilegios, de forma que los mestizos y los negros no encuentran ningún aliciente para incorporarse al proceso de la emancipación.

Bolívar instó a Miranda a regresar a su patria y luchar desde allí por la independencia. El viejo conspirador, por supuesto, no se hace de rogar, aunque en esos momentos, para la elite criolla, no deja de ser un anciano poco preparado para las tareas de gobierno. Una vez en Caracas, ambos forman parte de la Sociedad Patriótica, una institución escandalosa para los biempensantes al admitir en su seno a mestizos y mujeres. Desde su seno, ambos presionan para que se formalice la ruptura con España. Frente a los partidarios de la prudencia, Bolívar defiende en términos enérgicos una política valiente: “¡Que los grandes proyectos deben prepararse con calma! Trescientos años de calma ¿no basta?” Había llegado, a su juicio, la hora de actuar. Finalmente, la independencia queda proclamada de manera formal el 5 de julio de 1811. Las dificultades, sin embargo, era inmensas y no solo por el poder que aún conservaban los españoles. Ciudades como Maracaibo o Coro protagonizan movimientos centrífugos en oposición a la hegemonía que detenta Caracas.

El papel del Libertador en la primera república va a ser, sin duda, poco glorioso. Poco es lo que puede hacer en medio de la incompetencia generalizada, con una burguesía empeñada en conservar a todo trance sus privilegios, de forma que los mestizos y los negros no encuentran ningún aliciente para incorporarse al proceso de la emancipación.

Un terremoto muy destructivo, con especial incidencia en la capital y en ciudades como Mérida o Barquisimeto, sume a los patriotas en el caos. Los realistas no pierden la ocasión de proclamar que Dios ha enviado la catástrofe para castigarles por su desobediencia al rey. La pérdida de Puerto Cabello, una plaza bajo la autoridad de Bolívar, tras una sublevación de los prisioneros españoles, será el golpe de gracia para la causa de los independentistas. Avergonzado, el aprendiz de comandante implora benevolencia a Miranda: “Mi general, mi espíritu se halla de tal modo abatido que no me siento capaz de mandar un solo soldado”. No obstante, también intenta dejar claro que él no tiene la culpa del desastre. Los verdaderos responsables son aquellos que lo han traicionado. Entre ellos, el propio Miranda, al que acusa veladamente de no haberle prestado la ayuda que tanto necesitaba.8 Pese a que la patria se ha perdido en sus manos, él afirma que ha cumplido con su deber. Según Robert Harvey, el Libertador se muestra aquí como “un fanfarrón malcriado, tenso, egocéntrico, mucho más preocupado por su reputación que por el revés de la causa”.9

El viejo Precursor, desmoralizado, capitula en San Mateo y prepara su fuga. No imagina que un grupo de sus antiguos subordinados, entre los que se cuenta el Libertador, va a entregarlo a los españoles. La historiografía venezolana acostumbrará a correr un tupido velo sobre este episodio poco edificante. Desde la trinchera contraria, el español Salvador de Madariaga acusará a Bolívar de renegar de sus principios para salvar el pellejo. Madariaga era un ferviente antibolivariano, pero John Lynch, un historiador más ecuánime, se muestra igualmente crítico: “El arresto de Miranda fue una acción innoble, […], un castigo que no se merecía un hombre que había trabajado duramente tanto tiempo en favor de la causa americana”.10 Para justificarse, nuestro protagonista dirá que no se propuso para servir al rey sino dar su merecido a un traidor.

¿En qué pensaba en aquellos instantes? Su resentimiento con Miranda es patente. Si la decisión hubiera estado en su mano le habría hecho fusilar. Él, como tantos otros, no entiende la pasividad del Precursor, obsesionado con unas tácticas defensivas con las que ha desperdiciado la ventaja numérica de sus tropas. En cualquier caso, no deja de resultar llamativo que los españoles victoriosos no procedan a la confiscación de los bienes de un patriota tan significado como Bolívar. Este, con su situación pendiente de un hilo, opta por marcharse al extranjero y afrontar el porvenir incierto de los exiliados políticos. Monteverde, el jefe realista, le concede un pasaporte. Teme que, si continúa en Venezuela, “su influencia y conexiones” puedan llegar a ser peligrosas, dado lo especial de las circunstancias.11

En diciembre de 1812, a través del Manifiesto de Cartagena, Bolívar llama a los neogranadinos a unirse al combate por la libertad. Hay que retomar esfuerzos y corregir los errores del pasado, como la tendencia a promulgar leyes perfectas sobre el papel, pero inaplicables en la realidad.

Nadie espera que Bolívar protagonice un regreso espectacular, pero eso es precisamente lo que va a suceder. En diciembre de 1812, a través del Manifiesto de Cartagena, llama a los neogranadinos a unirse al combate por la libertad. Hay que retomar esfuerzos y corregir los errores del pasado, como la tendencia a promulgar leyes perfectas sobre el papel, pero inaplicables en la realidad. Su postura es la de un pragmático, no la de un doctrinario. Por eso dirige duras críticas a todo los “visionarios” que, en lugar de luchar por lo posible, han imaginado “repúblicas aéreas”. Una y otra vez, insistirá en que la constitución estadounidense funciona en Norteamérica, no en América Latina.

Durante la denominada “Campaña Admirable”, gracias a su rapidez de movimientos, obliga a retirarse a las tropas realistas, superiores en número, a las que pilla por sorpresa para, inmediatamente después, incorporar a los soldados vencidos a su propio ejército. Los éxitos militares van acompañados de una decisión extremadamente polémica, cruel, pero comprensible en el contexto de unas guerras salvajes. Cuando firma el decreto de Guerra a Muerte promete a los españoles que les espera el fin a no ser que apoyen activamente la secesión. Los americanos de origen, en cambio, verán garantizada su integridad, aunque no sean patriotas. Desde su óptica, no hace más que responder a las atrocidades del bando realista.

El eecreto, en cierta medida, afectó de manera negativa a la imagen de los patriotas, pero por otra parte los benefició en términos militares: fueron muchos los españoles que desertaron de las filas realistas. Desde entonces, las valoraciones historiográficas son más benevolentes o más críticas en función de las simpatías del autor. David Bushnell le quita importancia a la medida: no hay que tomarla al pie de letra porque nunca llegó a aplicarse estrictamente, aunque también sea cierto que la amenaza de la pena de muerte siempre estuviera ahí. A su vez, Antonio Sáez Arance comenta las repercusiones de la medida desde el punto de vista de la construcción de una nación incipiente: el decreto polariza la lucha al establecer con toda claridad un “nosotros” contra un “ellos”.12

La guerra relámpago será coronada con la proclamación de la Segunda República. Su gran artífice verá recompensada su gesta con el título de “Libertador”, por el que es conocido hasta hoy. Será el mayor orgullo de su vida.

La segunda independencia venezolana, al repetir los errores de la primera, acabará igualmente con un fracaso clamoroso. ¿Por qué han de apoyar los negros y los pardos a los mismos criollos que los explotan cada día? El realista José Tomás Boves, al frente de su “Legión Infernal”, destroza a los patriotas en la batalla de La Puerta. Según la historiografía tradicional, el caudillo de los míticos llaneros, rudos y magníficos jinetes, habría sido crueldad personificada, un auténtico psicópata. Sería más objetivo, por el contrario, consignar cómo su liderazgo representa el ansia de venganza de la plebe contra los abusos de los hacendados. Estos latifundistas se apropiaban en los Llanos de una tierra que hasta entonces había sido colectiva, no propiedad particular. No es de extrañar, por eso, que una multitud de desheredados buscara oportunidades de beneficio económico a través del saqueo. Defendían, pues, sus propios intereses, no los de la Corona. Los realistas siempre fracasaron en su intento de mantenerles bajo control. Como señala John Lynch, si hicieron lo que hicieron fue por luchar por su libertad y por su ganado, en un momento en que los criollos fomentaban su privatización. No resulta sorprendente que las autoridades realistas, atemorizadas ante su empuje, los definieran como “insurgentes de otra especie”.13 Su lealtad era para con su caudillo, un ser concreto al que conocían, no para una patria, idea abstracta que les resultaba ajena.

Tras la victoria de Boves el pánico cunde entre los patriotas. Bolívar reacciona con la ejecución de unos ochocientos prisioneros, sin excluir a los que estaban hospitalizados. Se trata de una medida preventiva con vistas a impedir un posible alzamiento al amparo del reciente triunfo del caudillo de los llaneros. Tiene en mente la forma en que había perdido Puerto Cabello, dos años atrás, y no quiere que se repita el mismo fracaso.

La situación ha escapado a todo control. Venezuela se halla sumida en la anarquía, sin que ningún bando tenga la fuerza suficiente para asumir el control. Realistas y patriotas luchan entre ellos mientras se alzan contra la dominación blanca. Los independentistas temen el dominio negro más que el de los españoles. Bolívar no tendrá más remedio que refugiarse en Jamaica, donde escribirá la celebérrima Carta en la que hace autocrítica y fija directrices para el futuro. En esos momentos su porvenir parece muy oscuro: vive en la pobreza, con dificultades para pagar el alquiler. La necesidad lo obliga a depender de Maxwell Hyslop, un amigo inglés que le presta el dinero que tanto necesita. Pero él no es un hombre que se hunda en las dificultades, sino lo contrario: es en los peores momentos cuando da lo mejor de sí mismo. Sabe que la tenacidad es la condición sine qua non de la victoria. Guiado por este espíritu, alternará en los años siguientes éxitos y fracasos.

Venezuela se halla sumida en la anarquía, sin que ningún bando tenga la fuerza suficiente para asumir el control. Realistas y patriotas luchan entre ellos mientras se alzan contra la dominación blanca. Los independentistas temen el dominio negro más que el de los españoles.

España, libre ya de la ocupación francesa, había lanzado un ambicioso intento de reconquista a las órdenes de Pablo Morillo, uno de sus generales más capaces. Las victorias van a sucederse para los realistas, aunque ninguna será suficiente para acabar con los rebeldes, sobre todo porque los excesos represivos, en forma de fusilamientos, confiscaciones y deportaciones, van a tener un efecto contraproducente para la causa de la metrópoli. Mientras tanto, las tropas monárquicas evidencian síntomas de agotamiento. Bolívar, consciente de que su causa necesita apoyos, abre la puerta a la abolición de la esclavitud, aunque la emancipación está reservada solo a los que abracen el partido republicano. De esta forma, los esclavos pasan a tener un motivo para luchar por la independencia, sobre todo porque los españoles se muestran incapaces de igualar la oferta. Tienden, de todas formas, a mostrarse renuentes en lo que para ellos es una guerra entre blancos.

Nuestro protagonista actuó, en parte, por principios, pero sobre todo por interés político. Necesitaba partidarios y quería que los negros se ganaran su libertad en el campo de batalla. De esta forma, las bajas que inevitablemente se producirían entre ellos ayudarían a desactivar la temida “cuestión racial”. Puesto que los esclavos son una amenaza por su excesivo número, la guerra contribuye de esta forma, según Bolívar, a paliar el problema.

Movido por la necesidad de conectar con las clases populares, el Libertador otorga protagonismo a generales de extracción humilde como José Antonio Páez o el mestizo Manuel Piar, al que hace fusilar cuando teme que pueda hacerse lo suficientemente poderoso como para acaudillar, supuestamente, a las pardos, indígenas y negros contra los criollos. Sabe que no está siendo del todo justo, porque otros que han sido acusados de lo mismo que Piar no han sido tratados con tanta severidad, sobre todo si son blancos, pero piensa que la ejecución constituye, en esas circunstancias, una “necesidad política”. Debe imponer su autoridad en términos inequívocos, de manera que nadie sienta la tentación de atreverse a desafiarla. Pero no se trata solo de una cuestión de establecer quién es el líder; también están juego principios políticos opuestos. Si Piar encarna el regionalismo y la revolución negra, Bolívar se presenta como el adalid del centralismo y la paz interracial. Él, además, encarna el imperio de la ley, algo por completo diferente al poder personal de un caudillo.

Páez era todo lo contrario de un militar profesional. Se ganó la estima de sus hombres compartiendo una vida llena de privaciones e incomodidades, en la que muchas veces había que dormir al raso o conformarse con un pedazo de carne sin sal como alimento. En el campo de batalla, tampoco dudaba en arrostrar los mismos peligros. Como general, su estrategia acostumbraba a ser muy básica. Se limitaba a lanzar cargas en tropel de sus lanceros, “los mejores y más osados jinetes del mundo”, a decir de un enemigo de su causa, el capitán español Rafael Sevilla.14

Cuando Páez se reúna con el Libertador, este, pese a su origen aristocrático, sabrá vencer las reticencias de los llaneros demostrando que no desmerecía al jinete más esforzado. No obstante, Páez no dejó de mantener un criterio propio por más que aceptara su jefatura. Su ausencia de disciplina podía transformarse en un auténtico inconveniente durante la lucha contra el enemigo.

Más que los rudos llaneros, con los que nunca sabe bien a qué atenerse por el abismo cultural que los separa, Bolívar conecta con los oficiales británicos, que se incorporan en número creciente a sus filas. Su aportación, a la hora de instruir a los patriotas, será inestimable. Uno estos militares, el irlandés Daniel Florence O’Leary, se convertirá en su edecán y biógrafo. Pero a América también llegan soldados voluntarios, reclutados en una situación de ilegalidad porque, en teoría, los ingleses no estaban en contra de España. Se formó así un grupo de extranjeros, la denominada Legión Británica, que, a decir de John Lynch, marcó la diferencia en el transcurso de los combates. De ahí que el propio Bolívar dijera que el auténtico Libertador era Luis López Méndez, el responsable del reclutamiento en la capital del Támesis.15

El paso de la formidable cordillera, en medio de mil penalidades a casi cuatro mil metros de altitud, se convierte en una hazaña épica. Solo el carisma de Bolívar explica que sus hombres, inmersos en aquella ruta infernal, le siguieran. Convencidos de lo imposible de tal proeza, los realistas permanecen desprevenidos.

En 1819, en una nueva demostración de su genio militar, nuestro protagonista atraviesa por sorpresa Los Andes. El paso de la formidable cordillera, en medio de mil penalidades a casi cuatro mil metros de altitud, se convierte en una hazaña épica. Solo el carisma de Bolívar explica que sus hombres, inmersos en aquella ruta infernal, le siguieran. Convencidos de lo imposible de tal proeza, los realistas permanecen desprevenidos. Es entonces cuando el Libertador cae sobre el ejército del rey en Boyacá. La victoria, aplastante, le abre el camino hacia Bogotá. Morillo, al informar sobre el desastre, escribe que su enemigo ha recuperado en un solo día lo que el ejército español había conseguido tras cinco años de muchos combates. Para David Bushnell, esta fue la batalla más importante en la vida de Simón Bolívar, la que marcó un antes y un después. Hasta ese momento había ganado unos combates y perdidos otros. En adelante, su trayectoria militar consistirá en una sucesión de éxitos, solo con alguna derrota de carácter puntual.16

Como militar, nuestro hombre sobresale por la rapidez de sus movimientos y su tremendo arrojo en combate. El realista Rafael Sevilla cuenta en sus memorias cómo, mientras dirigía sus tropas, no temía ponerse al alcance de las balas enemigas: “Veíamos al mismo Bolívar montado en su mula en medio de sus edecanes, recorrer el campo a tiro de fusil de nosotros”.17

De todas formas, la metrópoli se resiste a reconocer que la independencia es irreversible. Un nuevo ejército aguarda en Cádiz, listo para cruzar el Atlántico. La rebelión de Riego a principios de 1820 significa el inicio de un gobierno liberal a la vez que un golpe formidable a los planes para restaurar el antiguo status quo en el Nuevo Mundo. Para los partidarios del absolutismo está claro que la jura de la Constitución no puede ser otra cosa que una “infausta nueva”. El nuevo régimen, a su juicio, tenía que acelerar por fuerza el desmoronamiento de la causa española. Riego era un traidor y no había hecho más que favorecer “a la insurrección americana”.18

Morillo, a falta de refuerzos, se ve obligado a negociar con el Libertador. Pero el gobierno constitucional de la península pide un imposible: paz a cambio de que los patriotas reconozcan su autoridad. A estos, por descontado, no les ocurre rendirse ahora que están en una posición de fuerza. ¿Por qué van a conformarse con menos de la independencia? Como la cuestión está mal planteada por las autoridades metropolitanas, se firma un armisticio, con el cual, de hecho, España reconoce la existencia de los rebeldes, pero la ansiada paz no llega. Habrá que esperar al año siguiente para que Venezuela alcance su libertad definitiva, tras otro triunfo resonante de las armas patriotas, esta vez en Carabobo. El éxito, por desgracia, se ve oscurecido por la situación anárquica del país. Nuestro héroe parece sentirse desbordado por el desorden. “Esto es un caos: no se puede hacer nada de bueno porque los hombres buenos han desaparecido y los malos se han multiplicado”, escribe en un instante de abatimiento.19

Sobre Perú, gran bastión del dominio colonial, convergen el ejército de Bolívar desde el norte y el de José de San Martín desde el sur. Ambos próceres se entrevistan en Guayaquil, en un encuentro que no ha podido ser esclarecido del todo por los historiadores. Los historiadores, desde entonces, se han dividido entre los partidarios del venezolano y los del argentino. Lo que parece claro es que ambos hombres, lejos de congeniar, defendían proyectos incompatibles. Bolívar se mantenía intransigente en su rechazo a los españoles. San Martín, al que le hubiera importado llegar a un acuerdo con ellos para establecer algún tipo de monarquía, opta entonces por ceder el campo a su colega, que llegará a Lima en 1823. Las victorias de Junín y de Ayacucho significarán la derrota total de los partidarios de la metrópoli. Comienza, sin embargo, un periodo no menos complicado. Hay que organizar los nuevos estados en medio de continuas disensiones. Bolívar, aunque rechaza la figura de un rey, persigue, en realidad, una forma de gobierno monárquico disfrazado de república. Le obsesiona la idea de alcanzar, de una forma o de otra, un gobierno fuerte.

Debe tomar una decisión con respecto al Alto Perú. ¿Hay que colocar la región bajo el gobierno de Lima o en manos de la autoridad de Buenos Aires? La zona acaba convirtiéndose en otro Estado independiente, que adopta el nombre de Bolivia en homenaje al Libertador. Este va utilizar la nueva república como campo de pruebas para aplicar políticas que no ha podido llevar a cabo ni en Colombia ni en Perú. Fiel a su concepción de un país de pequeños propietarios, lanza una reforma agraria para que los indígenas accedan de manera individual a la tierra. En la práctica, la medida solo beneficiará a los latifundistas blancos, que acaparan en poco tiempo las fincas. La población nativa se verá así en peores condiciones, marginalizada en un Estado donde la Constitución que ha elaborado el Libertador les impide el derecho al sufragio, limitado en función del grado de alfabetización.20

Aunque Bolívar era un republicano convencido, implantó una presidencia vitalicia en la que el titular tenía derecho a escoger a su heredero. En la práctica, el sistema no se diferenciaba mucho de una monarquía tradicional, aunque se suponía que el sucesor ascendía a su cargo no por derecho de nacimiento sino por méritos propios.

Desde el punto de vista del régimen político, Bolivia constituía un híbrido paradójico. Aunque Bolívar era un republicano convencido, implantó una presidencia vitalicia en la que el titular tenía derecho a escoger a su heredero. En la práctica, el sistema no se diferenciaba mucho de una monarquía tradicional, aunque se suponía que el sucesor ascendía a su cargo no por derecho de nacimiento sino por méritos propios. Se buscaba, por este camino, establecer un gobierno lo suficientemente fuerte como para asumir los considerables retos del periodo inmediatamente posterior a la independencia, una etapa en la que la estabilidad política aparecía amenazada por nuevos vientos revolucionarios.

El Libertador soñaba con que todas las tierras latinoamericanas presentaran un frente unido en la esfera internacional, de forma naciera así una nueva potencia capaz de medirse de igual a igual con Estados Unidos y los países europeos. La idea no es constituir una nueva nación, algo obviamente imposible, vista la enorme diversidad de los pueblos continentales, sino establecer un vínculo confederado. Este lazo entre naciones iguales en derechos debía garantizar la defensa común frente a una hipotética intervención europea, a la vez que impulsaría el desarrollo con la creación de un espacio económico común, a través de la supresión de los aranceles.

No será eso lo que ocurra: las fuerzas centrífugas hacen imposible que el viejo imperio de los españoles presente un mínimo de unidad, por tenue que esta sea. Mientras tanto, los generales de la independencia van en camino de convertirse en nuevos autócratas. En 1826 Páez protagoniza una rebelión, la denominada “Cosiata”, con vistas a separar Venezuela de la Gran Colombia. La situación posee un matiz irónico: Páez, nombrado por Bolívar jefe militar, cuenta con los medios para destruir la obra del Libertador.

Desde Caracas, la dependencia de un gobierno foráneo se vivía como una humillación, por lo que se esgrimieron todo tipo de agravios, en ocasiones inventados. Si los venezolanos no tenían más representación en el Congreso no era porque estuviesen marginados sino porque se resistían a desplazarse a la Nueva Granada, en un viaje largo y fatigoso, a ocupar sus cargos. Además, aunque estuvieran subrepresentados en los puestos políticos, disfrutaban de una absoluta hegemonía en los de carácter militar.21

Para evitar una guerra civil Bolívar promete la amnistía a Páez y sus seguidores. Los dos generales escenifican una reconciliación en público: Páez lleva su propia escolta, el Libertador se acerca a él sin protección. En un intento desesperado de frenar su rebeldía va a colmar de honores al jefe llanero, al que denominará “Salvador de la República”. Como político, siempre destacará por un agudo sentido del pragmatismo a la hora de enfrentarse a todo aquello que no puede evitar.

Tanto en Perú como en Colombia se multiplican las conspiraciones en su contra. La América que él ha liberado se ha convertido en un infierno de facciones enfrentadas entre sí. Para sus enemigos está claro que ambiciona el poder absoluto.

Apaga un fuego solo para que enseguida se enciendan otros. Bolívar hace llamamientos a la unidad, pero todo es en vano. Tanto en Perú como en Colombia se multiplican las conspiraciones en su contra. La América que él ha liberado se ha convertido en un infierno de facciones enfrentadas entre sí. Para sus enemigos está claro que ambiciona el poder absoluto. ¿Fue un precursor, tal vez, de los caudillos que van a proliferar en el continente? Como ha señalado Antonio Sáez Arance, dos rasgos principales le separan de este tipo de mandatarios: respeta siempre la legalidad formal y no patrocina redes de clientelismo o corrupción.22

A la hora de construir la paz todo falla. Nuestro héroe intenta favorecer a los indígenas, pero sus medidas resultan del todo contraproducentes. La población originaria cambia la propiedad colectiva de la tierra por la individual… Los campesinos encuentran entonces que carecen de recursos para hacer viables sus explotaciones. Solo les queda el camino de endeudarse con los terratenientes, el primer paso para acabar perdiéndolo todo y verse reducidos a la condición de jornaleros.

Tras dos años finales de continuos fracasos, Bolívar muere el 17 de diciembre de 1830 en medio de la soledad y la amargura, físicamente exhausto y sumido en la depresión, no solamente por los continuos ataques contra su buena fama, también por el asesinato de Sucre, el más leal de sus generales, en el que había pensado como sucesor político. Llegado a este punto, está convencido de que todos los esfuerzos de su vida han servido de muy poco. Servir a una revolución, aseguró en una demostración tremenda de desengaño, equivale a arar en el mar. A los latinoamericanos únicamente les queda una sola perspectiva de futuro: emigrar.

Desde su desaparición, las interpretaciones sobre su figura son tan abundantes como contradictorias. Puede decirse prácticamente que hay un Bolívar para cada partido. La derecha hizo de él un hombre de orden, como reflejan los elogios de Vallenilla Lanz a su faceta más autoritaria. La izquierda, por el contrario, prefirió imaginarlo como un hombre del pueblo. Manuel Pérez Vila, por ejemplo, lo vio como el generoso reformador que intentó establecer cambios en favor de los indígenas. Sus medidas habrían fracasado por la estrechez de miras de otros, los verdaderos culpables de que se torciera la historia americana.23 De esta forma, siempre hay un Libertador a la carta para satisfacer cualquier necesidad política o intelectual.

Notas

1 Lynch, Simón Bolívar, p. VII.
2 Lynch, Simón Bolívar, pp. 9–10.
3 Campos, Bolívar, p. 25.
4 Sáez Arance, Simón Bolívar, p. 20. Lynch, Simón Bolívar, p. 22.
5 Bushnell, Simón Bolívar, p. 18.
6 Lynch, Simón Bolívar, p. 31.
7 Sáez Arance, Simón Bolívar, p. 29.
8 Sáez Arance, Bolívar, pp. 56–57.
9 Harvey, Los Libertadores, pp. 106–107.
10 Lynch, Simón Bolívar, p. 85.
11 Harvey, Los Libertadores, p. 119.
12 Bushnell, Simón Bolívar, p. 49. Sáez Arance, Bolívar, p. 63.
13 Lynch, Simón Bolívar, pp. 111–112.
14 Sevilla, Memorias de un oficial del ejército español, p. 145.
15 Lynch, Simón Bolívar, p. 168.
16 Bushnell, Simón Bolívar, p. 93.
17 Sevilla, Memorias de un oficial del ejército español, p. 181.
18 Sevilla, Memorias de un oficial del ejército español, pp. 259, 274.
19 Lynch, Simón Bolívar, p. 191.
20 Sáez Arance, Bolívar, pp. 134–135, 137.
21 Bushnell, Simón Bolívar, p. 142.
22 Sáez Arance, Simón Bolívar, pp. 152–153.
23 Prólogo a Campos, Jorge. Bolívar, p. 13.

 

 

[Fuente: http://www.revistareplicante.com]

Escrito por
Los peligros de la moralidad. Por qué la moral es una amenaza para las sociedades del siglo XXI
Pablo Malo Ocejo
Deusto, Grupo Planeta, 2021

Hace más de medio siglo, el filósofo José Luis López Aranguren se lamentaba de la desmoralización que invadía la sociedad española como resultado de la neutralización política de una ciudadanía, cómplice con el poder, que solo aspira al aumento de los ingresos y del bienestar1. En conversación con Javier Muguerza2, Aranguren insistía: «En una época de crisis como la nuestra, los contenidos de la moral pueden tornarse cuestionables, pero lo que nada ni nadie nos puede arrebatar, si no queremos dejárnosla arrebatar, es la actitud moral».

Una afirmación de esta naturaleza, referida tanto al intelectual como al ciudadano de a pie, puede parecer intemporal y plenamente justificada. No son infrecuentes las llamadas a un rearme moral de la sociedad, ni resulta extraña la apelación a la justicia y el bien como motivación última de la acción política. ¿Qué otra cosa mejor podríamos pedir a la ciudadanía y a la clase política que mantener vivo su compromiso moral? ¿No es, acaso, este compromiso un bien en sí mismo?

Sin embargo, ciertos fenómenos políticos y sociales ocurridos estos últimos años como consecuencia del avance de los populismos, las guerras culturales, la caza de brujas, el terrorismo de motivación religiosa o los nacionalismos agresivos han devuelto protagonismo a un viejo problema filosófico: la compleja relación entre moralidad, legitimidad y legalidad, o dicho de otro modo, al papel que las creencias morales deben tener en el ámbito de la actividad política e institucional, especialmente en las sociedades democráticas. Y es que hay buenas razones para pensar que el desiderátum del viejo filósofo español puede llegar a constituir un grave problema para las sociedades democráticas y que lo más sensato sería alejar la moral de la vida política y la convivencia social. ¿Por qué?

El psiquiatra español Pablo Malo ha publicado recientemente (Deusto, 2021) un ensayo que lleva por título Los peligros de la moralidad. En esta obra, el doctor Malo, psiquiatra en ejercicio en el Servicio de Salud del País Vasco-Osakidetza, analiza el carácter ambivalente y problemático de nuestra mente moral y diagnostica una peligrosa hipermoralización que exacerba los extremismos, polariza las diferencias políticas y culturales y contamina las luchas identitarias con el tono épico y agónico de la pugna entre el bien y el mal. El libro pone el foco con valentía en un campo de análisis polémico de gran interés y actualidad, sintetizando una abundante e interesante bibliografía sobre el tema.

El primer paso para manejar los efectos perversos de una visión moralista y moralizante de la vida social y política pasa por adquirir una buena comprensión de la moralidad. Y ello solo es posible, en opinión del autor, situando la moral en el marco de una visión naturalista, inspirada en la psicología evolucionista, lejos de las convenciones filosóficas o religiosas y de todo dogmatismo. En particular, hay una idea que debe ser abandonada urgentemente: no existen ni el bien ni el mal puros y, en consecuencia, no existen personas ni actos puramente buenos o malos. No hay mayor ni más urgente reto que explicar cómo ciertas personas cuyos valores consideramos moralmente buenos pueden llegar a cometer actos que nos parecen atroces, sin que ello sea percibido como una contradicción moral, como ocurre en la intimidad moral de la mente del terrorista o del votante radical de ciertas ideologías extremas. El autor del libro conoce de primera mano los paradójicos efectos que el terrorismo nacionalista de ETA causó en la sociedad vasca y sus contradicciones morales.

Atentado de ETA en la T4, en 2006.

En los primeros cuatro capítulos del libro, el autor define ese marco conceptual evolucionista con el que intenta dar cuenta del significado de la moralidad. Una vez desplegadas estas herramientas conceptuales, Malo procede a hacer una interpretación de ciertos fenómenos políticos y sociales que, como ya dijimos, resultan del mayor interés para la vida democrática. Así, en el capítulo cinco, el autor trata sobre la indignación moral y de un nuevo vehículo para expresarla, las redes sociales, convertidas en unos particulares tribunales de justicia popular. El capítulo seis aborda el fenómeno de la hipermoralización que impregna de significación moral -con lo que ello comporta- muchos fenómenos antaño carentes de ella. En el capítulo siete, el autor repasa los problemas que la moralidad supone en dos aspectos fundamentales. Por una parte, el peligro de llevarnos a la violencia moralista, la violencia más frecuente, grave y masiva a lo largo de la historia. Por otra, el peligro que la moralidad encierra para el buen funcionamiento de dos instituciones básicas de nuestras sociedades: la democracia y la ciencia. El libro se cierra con un capítulo final de conclusiones y perspectivas de futuro.

No podemos abordar todos y cada uno de los asuntos tratados en el texto, por lo que comentaremos solo aquellos que nos parecen más relevantes, al tiempo que emplazamos al lector a completar la lectura de una obra sin duda muy recomendable.

Un marco naturalista para entender la mente moral

La moralidad consiste, según el autor, en la capacidad singular de los seres humanos de distinguir el bien del mal. La mente moral no se encuentra comprometida a priori con un contenido moral concreto (tal cosa es buena o mala), algo que depende de las condiciones culturales que alimentan el aprendizaje individual y, en consecuencia, varía en el espacio y en el tiempo. Sin embargo, sí existen ciertas disposiciones morales que configuran la gramática profunda de nuestra mente moral y son decisivas en su análisis. En opinión del doctor Malo, la psicología evolucionista nos provee de un marco conceptual iluminador capaz de esclarecer estas paradojas, aunque no las haga desaparecer. De acuerdo con este marco conceptual, la moralidad se presenta antes que nada como una adaptación biológica surgida en nuestra especie por selección natural. Como toda adaptación, sirve al interés reproductivo del individuo. No debemos olvidar su origen, si queremos evitar falsas suposiciones acerca de sus contenidos o de su naturaleza. La moral es contingente, como cualquier otro producto evolutivo. Nada hay necesario en ella.

Siguiendo las directrices elaboradas en las últimas décadas por biólogos y psicólogos evolucionistas, Malo estima que la evolución de la mente moral está ligada al desarrollo de ciertas presiones de selección en favor del altruismo y la cooperación. Ese proceso evolutivo ha tenido tres grandes hitos: la conducta altruista, explicada como resultado del esfuerzo por salvaguardar el acervo genético compartido entre parientes consanguíneos (selección de parientes); la cooperación directa para beneficio mutuo, que permite la cooperación entre individuos en contextos de interacciones repetidas en grupos pequeños, de manera que el dilema entre cooperar o dejar de hacerlo se mantiene en equilibrio gracias a que de cada individuo puede castigar al compañero egoísta negándole la ayuda en la siguiente interacción; y la reciprocidad indirecta, que es aquella en la que la recompensa o pago por un favor que realiza un individuo le será devuelto por parte de una tercera persona o de la sociedad en su conjunto. Esta última modalidad ha permitido crear sociedades cohesionadas formadas por grandes grupos de individuos que no solo no están emparentados genéticamente, sino que ni siquiera se conocen.

El éxito de la cooperación para beneficio mutuo y de la reciprocidad indirecta se ha producido, como recuerda el autor, gracias a ciertos mecanismos inscritos en lo más profundo de la mente moral de todo ser humano. El prestigio y la reputación, de una parte, y el castigo y el ostracismo, de otra, son las herramientas niveladoras que permiten contener, dentro de un orden, la proliferación de conductas egoístas. La pérdida de la reputación por haber cometido un acto inmoral o haber denegado ayuda cuando existía un compromiso es algo muy grave que puede llevar al suicidio o al homicidio. El rechazo y la condena social tienen un terrible impacto psicológico en el ser humano; la condena al ostracismo es una especie de muerte social y la ruptura del sentido de conexión y pertenencia es uno de los factores de riesgo ampliamente aceptados para el suicidio.

Protestas por la muerte de George Floyd, 2020

Para conseguir este difícil equilibrio evolutivo fue necesaria la circulación abundante de información sobre la calidad y fiabilidad morales de las personas mediante el cotilleo y la cháchara, que tanto hacen disfrutar al ser humano. Esa información, que construye o destruye la reputación y el prestigio del potencial cooperante, resultó y resulta determinante en las interacciones sociales para el éxito o el fracaso de los intereses y alianzas de los individuos. Pero nuestra mente moral, además, se consolidó ligada a un sesgo fuertemente tribal marcado por la decisiva oposición entre un «nosotros» y un «ellos». Nuestra psicología tribal nos permite identificarnos y coordinarnos con los miembros de nuestro grupo, facilitando la satisfacción de nuestras necesidades. Tendemos a preferir y a favorecer a los miembros de nuestro grupo frente a los miembros de otros grupos.

Los miembros del mismo grupo poseen normas de conducta similares que facilitan el éxito de la cooperación. Además, están sujetos a que su comportamiento puede afectar a su reputación y ser objeto de castigo. La cooperación, cuando no se posee información de primera mano sobre los individuos con los que se interacciona, necesita la identificación de los miembros en los que se puede confiar, es decir, los del endogrupo. Esta identificación quedó en manos de un conjunto de signos o marcadores de pertenencia muy variados: ropa, pintura, tatuajes, lengua, rasgos físicos, costumbres alimenticias, prácticas rituales, etc.

Otros marcadores menos evidentes, pero no menos importantes, en opinión de ciertos psicólogos evolucionistas como John Tooby, son las creencias o la ideología. Las ideas y creencias no son solo una cuestión personal, nos abren las puertas de la pertenencia al grupo y señalan también esa identidad hacia el exterior. Malo se adhiere a esta interpretación, pues permite dar sentido al asombroso, diverso y exuberante mundo de las creencias y prácticas culturales, incluso a las más absurdas y arbitrarias. La comunicación de verdades funcionales, de verdades neutras, de hechos claros y comprobados puede no servir como señal diferencial. Por el contrario, unas creencias exageradas, inusuales, por ejemplo, creencias sobrenaturales o altamente improbables (alarmismos, conspiraciones y muchas otras creencias que circulan para estupor de muchos) no se mantendrían si no es como expresión de una identidad.

Sea esta u otra la explicación correcta, el tribalismo característicamente humano ha impuesto severos límites a la interacción con los otros y a su evaluación moral. Por ejemplo, la división Ellos/Nosotros limita el alcance de la tan traída empatía, que muestra grandes limitaciones para atravesar las barreras de nuestro círculo social, exige lealtades inquebrantables, impone el dominio de la lealtad por encima de la honestidad y moviliza todo tipo de coaliciones que tienen la función de ampliar el poder de los individuos ofreciéndoles más poder frente a los otros. Este es un hecho de extraordinaria importancia: los límites de nuestras normas morales llegan hasta los límites de nuestro grupo, es decir, no aplicamos las mismas normas morales a los miembros de nuestro grupo que a los individuos que no pertenecen a nuestro grupo.

La mente moral en el mundo moderno

Moralización

La historia de occidente durante los dos últimos siglos puede interpretarse, al menos parcialmente, como un proceso de secularización y amoralización, legado de la Ilustración. La amoralización sería el proceso por el que ciertos objetos o conductas salen del campo de la moral. Por ejemplo, durante el último medio siglo hemos presenciado cómo ciertas conductas como la masturbación, el sexo prematrimonial o las relaciones homosexuales se liberaban de su significación moral negativa -al menos parcialmente y no en todas partes por igual-. Este fenómeno ha traído indudables avances para la convivencia en sociedades cada vez más plurales, una tendencia que parece frenarse en los últimos tiempos.

La moralización, por el contrario, es el proceso por el que una actividad que previamente se consideraba fuera del campo moral entra dentro de él. No se conocen bien los factores que desatan este proceso, pero así ha ocurrido en las últimas décadas con el consumo de carne -criticado desde posiciones conservacionistas-, con el consumo de tabaco -cuestionado por su impacto sobre la salud individual y colectiva- o con el cuidado de los animales -desde posiciones animalistas-. Y, más recientemente, durante la pandemia, en el enfrentamiento con los denominados antivacunas. En el ámbito político, por su parte, la pugna entre partidos también ha rebasado los límites de los programas políticos y las medidas económicas, para adentrarse en el ámbito de la moral, hasta convertir a los grupos políticos en tribus morales enfrentadas que ven al oponente como un Otro inferior y que incentivan relaciones de exclusión que rompen amistades y familias.

En todo caso, la cuestión de fondo es que, cuando algo entra en el campo moral, se convierte en un debe y pone en alerta a los individuos frente a la conducta de los otros. Si algo tiene carácter moral, se puede y se debe recriminar, no basta solo con disentir, y reclama una regulación social promoviendo un movimiento general de las instituciones y de los medios de comunicación en esa dirección, para garantizar ese «deber ser». La moralización desata entonces los resortes de la mente moral, excitando las reacciones emocionales, los tribalismos y los dogmatismos que dificultan cualquier negociación entre partes. Incluso la violencia puede ser contemplada como medio legítimo.

Victimismo

Un fenómeno análogo al anterior ha ocurrido con el desarrollo de una hipersensibilidad ante los agravios, tal y como refiere Malo. Los conceptos de trauma y víctima han sufrido una ampliación semántica. En un principio, el concepto de trauma hacía referencia a heridas físicas (trauma procede de la palabra griega para «herida»). Su causa era un suceso externo y sus efectos eran orgánicos, aunque se podían manifestar con síntomas psicológicos. Sin embargo, el suceso traumático ha ampliado su extensión, ya no necesita ser una amenaza a la vida, ni estar fuera del rango de la experiencia humana normal, no tiene por qué crear malestar en casi cualquier persona. Solo es necesario que la persona lo viva como perjudicial. Bajo esta definición, el concepto no solo se ha hecho mucho más amplio, sino más subjetivo, abierto a múltiples sensibilidades nacidas de experiencias y conductas negativas, por acción u omisión. Como consecuencia se identifican más tipos de experiencias como perjudiciales y a más tipos de personas como perjudicadas, como víctimas que necesitan cuidado y protección.

Este nuevo marco, más sensible y receptivo, que amplía el espacio del sufrimiento, desencadena, sin embargo, ciertos efectos perversos. Si bien las víctimas se definen por su sufrimiento, vulnerabilidad e inocencia, se disminuye su capacidad para salir de su situación por sus propios medios, es decir, crea dependencia, al tiempo que aumenta el encasillamiento de los villanos morales, los abusadores como únicos agentes morales. Los ejemplos traídos por el autor proceden mayoritariamente de las sociedades norteamericana y británica. Y su contexto más inmediato es el de las universidades y la vida académica. En este mundo sensible, intelectualizado y proactivo se ha instalado, por ejemplo, el concepto de microagresión. Derald Wing Sue define las microagresiones como «las breves y cotidianas indignidades verbales, conductuales y ambientales, intencionadas o no intencionadas, que comunican una actitud hostil, negativa o despectiva en temas raciales, de género u orientación sexual, e insultos leves religiosos contra individuos o grupos». Entre nosotros, este concepto ha adoptado típicamente la forma de micromachismos, un tipo específico de microagresión.

Bradley Campbell y Jason Manning, cuya obra sirve de guía a Pablo Malo, han desarrollado una teoría acerca del victimismo3. Distinguen estos autores entre dos tipos de cultura convencionales: la cultura del honor y la cultura de la dignidad. En la primera, es la reputación lo que hace que alguien sea honorable o no, y uno debe responder agresivamente a los insultos, las agresiones y los desafíos, porque si no lo hace pierde el honor. En la segunda, se considera que, en vez de honor, las personas tienen dignidad, que es inherente a ellas, por lo que no puede ser alienada por otros, ni tiene que ser demostrada. La dignidad existe independientemente de lo que otros piensen, por lo que la reputación social es menos relevante.

Nuestra cultura actual, según Campbell y Manning, está adquiriendo una forma híbrida con elementos de ambas culturas. Por una parte, la creciente sensibilidad ciudadana es más propia de la cultura del honor, muy sensible a la ofensa, pero, por otra, los individuos no responden personalmente, buscando directamente la reparación de su honor, sino procurando el respaldo de terceras partes, como exige el recurso a las instituciones que protegen los derechos dentro de la cultura de la dignidad. Esto último sería impensable en una cultura del honor. Dos aspectos distinguen esta nueva cultura híbrida del victimismo. Por una parte, las ofensas que desencadenan protestas son, en muchos casos, cuestiones menores que podrían interpretarse como asuntos relativos a las buenas formas, imputables a la mala educación o la ignorancia, asuntos reprobables en el plano puramente personal. Por otra, el individuo o colectivo que se siente ofendido recurre a las redes sociales para hacer público su problema y movilizar rápidamente la opinión pública en su favor y contra el agresor -sin mediación institucional-.

Cancelación y redes sociales

Otro fenómeno ligado a la creciente indignación moral es la llamada «cultura de la cancelación» o, dicho de otro modo, de la censura, silenciamiento u ostracismo. Ya sabemos la importancia que la reputación tiene para la vida social en nuestra especie y cómo nuestra mente ha evolucionado para utilizarla como indicador de confiabilidad. Otro tanto ocurre con la función del castigo y el ostracismo como penalización dirigida contra individuos que rompen las reglas y convenciones sociales -malas compañías para una mente cooperativa-. La expresión «cancelación» nació para referirse a la suspensión de conferencias de ciertos académicos o intelectuales en las universidades estadounidenses, porque un sector de los estudiantes no los consideraba moralmente adecuados. La cancelación se produce utilizando las redes sociales o también convocando manifestaciones in situ con el objetivo de boicotear el acto. Numerosas personas han sido objeto de cancelación en el ámbito intelectual, académico, literario o político, aunque también han sufrido este castigo personas anónimas que publican fotos, textos o reflexiones en cualquier medio. Una vez más, las redes sociales se convierten en el medio preferido para airear esta indignación moral.

Aunque algunos defensores del fenómeno han argüido que la cancelación es solo una forma de crítica, hay razones para pensar que detrás de ella hay algo más. Malo, siguiendo a Jonathan Rauch, identifica algunas señales inequívocas de que la cancelación desborda la crítica lícita para ir más allá: la cancelación busca el castigo más que la corrección de un error, pretende silenciar a su objetivo eliminando la disidencia; no utiliza la persuasión, sino la fuerza y el miedo; no dialoga con el individuo ni discute sus ideas, sino que estigmatiza a la persona con argumentos ad hominem u otros recursos no veraces, al tiempo que promueve el exhibicionismo moral de quienes realizan la crítica. Como señala el autor, la cuestión de fondo, lo verdaderamente preocupante, es que lo que estas cancelaciones buscan no es otra cosa que crear un régimen de miedo en el que la gente tema dar su opinión y en el que ciertas ideas no puedan ser cuestionadas.

Una nueva religión secular: la teoría de la Justicia Social Crítica

Es indudable que las últimas décadas han visto crecer la polarización política. Como resume el propio Malo, estamos en un momento histórico en el que el liberalismo y la modernidad que se encuentra en el corazón de la civilización occidental están amenazados. La amenaza procede de dos tipos de fuerzas, una revolucionaria y otra reaccionaria. Por un lado, están proliferando movimientos de extrema derecha que buscan dictadores que defiendan los valores occidentales tradicionales. Por otro lado, en la extrema izquierda, los cruzados progresistas sociales actúan como paladines del progreso moral sin los cuales la democracia estaría vacía.

Pero la atención del autor se dirige particularmente hacia una forma de ideología social autoritaria alimentada intelectualmente por el pensamiento posmoderno. Siguiendo la interpretación de Helen Pluckrose y James Lindsay en su obra Cynical Theories, Malo identifica el origen de la denominada teoría de la Justicia Social Crítica como un derivado de las ideas posmodernas. La posmodernidad echó a andar hace cinco décadas como crítica contra el legado ilustrado y positivista. Su discurso se estructuró en dos vectores: como crítica epistemológica, defendiendo el relativismo cultural, la disolución de la verdad y el escepticismo gnoseológico, y como crítica política, desvelando las relaciones entre conocimiento y poder. En los años noventa, el discurso posmoderno tomó una orientación hacia el activismo político y social, algo menos etéreo y abstracto. En esta época, el discurso posmoderno alumbró un conjunto de teorías como la teoría queer, la teoría poscolonial, la teoría crítica de la raza y la interseccionalidad, el feminismo y los estudios de género, los estudios sobre discapacidades y obesidad y otros.

Estas nuevas teorías, englobadas en la Justicia Social Crítica, mantienen una doble filiación. Por una parte, beben del posmodernismo al rebasar el marco reivindicativo de la lucha por los derechos civiles de las minorías -formalmente alcanzados- característico de la democracia liberal, un marco insuficiente por sus vínculos con el statu quo, es decir, con un sistema político en el que los derechos tienen una realidad más formal que sustantiva y en el que predominan los intereses de la clase política típicamente heterosexual, patriarcal y blanca. Pero, por otra parte, al estilo de la vieja Teoría Crítica frankfurtiana, necesitan ir más allá del escepticismo posmoderno, nihilista, para poner en marcha una verdadera transformación social y moral del mundo. Dicho de otro modo, el nuevo marco teórico de la Justicia Social Crítica rebasa el ámbito descriptivo para adentrarse en lo normativo, en lo moral. El resultado final es un «posmodernismo aplicado», como lo llaman Pluckrose y Lindsay, que abandona el escepticismo para considerar que la opresión sobre ciertos grupos basada en su identidad, aunque esta sea una construcción social, es real y tiene consecuencias objetivamente negativas que se deben combatir, luchando contra el modelo dominante.

Malo hace suya la interpretación de Pluckrose y Lindsay según la cual el modelo liberal democrático ha sido puesto en jaque por esta nueva teoría crítica. La defensa de los derechos de las minorías raciales o de la mujer no dejan de ser ajustes menores dentro del propio sistema de desigualdades que consagra el liberalismo, meros apaños, y es el propio modelo el que se cuestiona. Este cambio se ha iniciado en el mundo anglosajón (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Australia) y todavía no ha afectado en el mismo grado a España y a los países de lengua hispana, aunque es sensato pensar que también llegará hasta nosotros. Hasta cierto punto, algunas de las políticas de igualdad en España, los conflictos internos del feminismo o ciertas reivindicaciones sociales de la izquierda más radical reproducen los mensajes de la Justicia Social Crítica -especialmente en cuestiones de género y en la defensa de las minorías-.

La Justicia Social Crítica también ha tomado la denominación «wokismo», del término inglés «woke», despertar, que hace referencia a la necesidad de tomar conciencia de la injusticia que soportan determinados colectivos. El wokismo tiene algunos rasgos comunes con una actitud religiosa y Malo hace suya la interpretación del historiador Tom Holland y otros intelectuales como James Lindsay, Mike Nayna, Jonathan Haidt, Andrew Sullivan o John McWorther, al contemplar la Justicia Social Crítica como una nueva religión secular de izquierdas. Jonathan Haidt, por ejemplo, afirma que, en cada universidad, algunos verdaderos creyentes han reorientado su vida alrededor de una lucha contra el mal, y Andrew Sullivan se pregunta si la interseccionalidad, que es el concepto que une todas las ramas de la Justicia Social Crítica, es una nueva religión.

Malo sigue a Holland cuando interpreta el movimiento #MeToo, el #BlackLivesMatters, y, más genéricamente, el wokismo, como manifestaciones de la matriz de pensamiento y acción cristianas4. La lectura de Holland, que Malo asume, ve en la Justicia Social Crítica la reproducción de una vieja polémica, la que enfrentó a Pelagio con Agustín de Hipona acerca del valor de las acciones personales en la salvación. Mientras que Agustín despreciaba el valor de las acciones individuales para salvar el alma, algo que depende finalmente de la Gracia divina como consecuencia del pecado original, Pelagio consideraba esencial la virtud personal y la transformación moral del mundo. En opinión de Holland, la izquierda estaría en la posición de Pelagio, la de exigir a los demás un cambio de actitud, en actitud punitiva y reclamando para sí la pureza moral. La izquierda radical actúa como si se encontrara en posesión de la verdad moral y ello confiere superioridad a su discurso y justifica su actitud punitiva. La vida se presenta como un enfrentamiento entre el bien y el mal, entre discursos dominantes -el del hombre blanco heterosexual, chivo expiatorio y culpable genérico de todos los males- y discursos e identidades excluidas, un mundo de relaciones de poder cuyo balance debe ser corregido. Aunque este marco de pensamiento sea compartido por una minoría (Malo, citando a otros autores, estima que puede suponer un 10% de la opinión pública norteamericana), su posicionamiento moralizante y su agresividad disuade a la ciudadanía de un enfrentamiento directo pues nadie desea ser identificado como miembro del bando opresor.

Pablo Malo es pesimista y duro en su juicio sobre el alcance y la evolución de este fenómeno. El papel realizado anteriormente por la religión ha sido asumido ahora por la Justicia Social Crítica, que representa un movimiento con los valores éticos y morales cristianos, pero sin Dios. El resultado, como señala el autor, es la caza de brujas es implacable y cruel, y no sirve de nada pedir perdón. El culpable debe ser aniquilado, silenciado, excomulgado, condenado al ostracismo, sin importar que, en muchos casos, estos linchamientos hayan acabado en suicidios. No se puede descartar que también los tibios, los que no sancionan, terminen siendo objeto de descalificación.

Perspectivas de futuro

Pablo Malo deja para el final la respuesta a la pregunta que subyace a lo largo del libro: ¿qué podemos hacer frente a estos desafíos? El autor presenta un conjunto de medidas que «deben tomarse como lo que son, un torbellino de ideas y no como algo consolidado y firme». En síntesis, son las siguientes:
Un primer paso fundamental es darse cuenta de que la moralidad constituye un peligro, algo de lo que mucha gente no es consciente, pues solemos fijarnos en sus aspectos positivos (por ejemplo, la búsqueda de justicia) e ignorar su lado oscuro. Este peligro supone un problema extremadamente difícil de solucionar, ya que nuestra mente moral es parte de la naturaleza humana, evolucionada para facilitar la cooperación dentro de grupo y la competencia con otros grupos. Así, nuestro carácter tribal no es eliminable de la ecuación. Las soluciones, pues, deben ir en la línea de diseñar instituciones (diques de contención) que mantengan a raya los excesos de nuestra moralidad.

Malo recoge también algunas sugerencias interesantes, pero difíciles de articular. Por ejemplo, el denominado abolicionismo moral. Se trataría de hacernos ateos de la moralidad del mismo modo que nos hicimos ateos con respecto a la existencia de Dios. El objetivo sería reducir al máximo la moralización. En realidad, no se trata de abolir la moralidad, sino de domarla. Introducir racionalidad en los conflictos y extraer de ellos sus resonancias morales. Olvidar los planteamientos en términos de buenos o malos y buscar salidas negociadas. Al fin y al cabo, la biología nos enseña que la moralidad es un medio para un fin, no un fin en sí mismo. Lo esencial es la cooperación y podemos intentar conseguirla sin pasar por la moralidad.

En el ámbito político, «la idea esencial sería sacar la moralidad de la vida pública todo lo que podamos, dejarla para el ámbito de lo privado». Para ello es necesario crear instituciones que sujeten nuestros instintos morales. Por ejemplo, cambiando el diseño de las redes sociales, que actúan como potenciadores de lo peor de nosotros o rediseñando nuestras instituciones políticas y la forma en que se reparte el poder, para que se favorezca la cooperación y la colaboración y no el enfrentamiento. Otro punto con respecto a la política es que necesitamos despolitizar nuestras vidas y recuperar otras formas de realización personal como las relaciones de amistad, la familia y los seres queridos o la cultura, los espacios y la naturaleza. En el ámbito social, repite la misma idea: sacar la ideología y los contenidos morales de nuestra convivencia diaria. El adoctrinamiento debe quedar fuera del ámbito público. Todo lo que comenta sobre el mundo laboral se puede aplicar también a la escuela y al sistema educativo.

En este mismo sentido, Malo defiende la necesidad de fomentar el escepticismo en todos los niveles: «Hoy en día las narrativas se venden en paquetes y solo hay dos posiciones: comprar el paquete completo o rechazarlo». Por el contrario, deberíamos aplicar una suerte de regla como esta: «Nadie tiene la última palabra: tú puedes afirmar que una declaración está establecida como conocimiento solo si puede ser refutada, en principio, y solo en la medida en que aguanta los intentos de refutarla».

Algunas reflexiones complementarias desde una perspectiva evolucionista

El término moralidad abarca un amplio conjunto de fenómenos y rasgos de comportamiento humano que influyen en las interacciones sociales. Teniendo en cuenta esta complejidad resulta difícil elaborar una explicación evolutiva que dé cuenta de la moralidad. Darwin fue el primero en intentarlo y, desde él, ha habido otros muchos intentos. En los últimos 40 años ha ganado fuerza la tesis darwinista, que suscribe Malo, de que la moralidad tiene un origen adaptativo, promoviendo la evolución de un comportamiento cooperativo dentro de las sociedades humanas. Esta visión de la moralidad como un medio (una adaptación), para conseguir un fin (la cooperación), da cuenta de un rasgo decisivo de la moralidad: el hecho de que los juicios morales implican una intención expresiva y prescriptiva, una posición defendida filosóficamente por figuras como Hume, Stevenson o Hare. Un juicio moral no es nunca meramente descriptivo. Incluso las fórmulas más neutrales comunican un fondo imperativo.

Esta interpretación evolutiva deja sin explicar, en nuestra opinión, un rasgo de la moralidad igual de relevante que el anterior, y que Malo, siguiendo a Linda Skitka, también reconoce: la percepción de que, desde una perspectiva folk, lo bueno y lo malo se presentan a la conciencia individual como si estuvieran dotados de cierto tipo de objetividad y universalidad. Los individuos interactúan y aprenden en un mundo cultural convencional que incluye normas que les son presentadas con la misma exterioridad que caracteriza a las propiedades materiales del mundo físico, como si fuesen elementos del campo objetivo de los hechos. Esta percepción de nuestras creencias y prácticas de una manera compatible con una interpretación objetiva de la moralidad debe incluirse en una explicación naturalista que intente abarcar el comportamiento moral en sus aspectos esenciales.

Nosotros hemos sugerido que para ello es necesario completar este escenario evolutivo, considerando un aspecto importante de la arquitectura cognitiva humana que procede de nuestra evolución como organismos culturales. El secreto de nuestro éxito, por usar la expresión de Joseph Henrich, está en nuestra capacidad evolucionada para la transmisión y acumulación culturales, pues es la cultura, en su extraordinaria complejidad, la que nos ha permitido colonizar con éxito adaptativo el planeta entero. En esta visión coevolutiva de genes y cultura, que difiere en algunos aspectos relevantes de la que proponen los psicólogos evolucionistas, la transmisión cultural acumulativa necesitó sus propios mecanismos evolutivos, anteriores incluso al desarrollo de la cooperación genuinamente humana, y cuyos efectos sobre nuestra cognición se hacen visibles en nuestra mente moral5. Entre esos mecanismos, nosotros hemos destacado la capacidad de orientar el aprendizaje de los hijos, utilizando formas elementales de enseñanza mediante la aprobación o la desaprobación de su conducta. Esas formas básicas de enseñanza, a las que hemos denominado enseñanza assessor, permitieron a los padres transmitir a sus hijos la experiencia acumulada, tanto sobre los comportamientos que deben imitar como sobre los que deben evitar6. Hemos llamado psicología suadens (del latín suadeo: a valorar, aprobar o aconsejar) al conjunto de características cognitivas que han hecho posible la enseñanza assessor7.

La enseñanza assessor da pie a percibir lo que aprendemos, nuestras creencias adquiridas, de una manera que favorece una interpretación objetiva de la información transmitida. Cuando los padres corrigen el comportamiento de sus hijos, las orientaciones vienen provistas de un valor de veracidad y corrección que no puede reducirse a un criterio funcional. La selección natural nos ha hecho sensibles a las indicaciones sobre cómo debemos comportarnos por parte de las personas afectivamente más próximas -familia, amigos-, buscando su aprobación y tratando de evitar su rechazo. Como resultado, el aprendiz assessor percibe las emociones sociales de agrado o desagrado derivadas de la práctica de un comportamiento, como si fueran señales objetivas del valor intrínseco de los comportamientos: si se aprueba un comportamiento, entonces es bueno, si se desaprueba, entonces es malo.

De ahí, la inmediatez con la que el individuo percibe y experimenta sus prácticas, creencias, usos y tradiciones. Esta orientación emocional sobre qué aprender y cómo actuar es clave en la interiorización de valores y normas y, al tiempo, es responsable de que se mantengan muchas tradiciones, creencias y valores en las sociedades humanas, aunque carezcan, en muchos casos, de una justificación racional o empírica que avale su permanencia8.

El apoyo emocional que hace posible y eficiente el aprendizaje assessor ayuda a construir una imagen del mundo con una pretensión de objetividad que, sin embargo, está en el extremo opuesto de cualquier actitud ética que sea distanciada, reflexiva y crítica. En esa objetividad, la mente de cada individuo confunde la representación compartida del mundo (su mundo), con el mundo, y el conjunto empírico de preferencias y prácticas (sus valores), con los valores. De una manera casi inevitable, los individuos con una psicología suadens adoptan la disposición intelectual y moral de un creyente. Ese ha sido el precio que hubo que pagar por el desarrollo de nuestro sistema de aprendizaje cultural acumulativo. Esa percepción folk de la verdad de nuestros valores como algo objetivo dificulta enormemente el dialogo entre tradiciones culturales diferentes y produce desconfianza y recelo ante valores y conductas que exhiben los miembros de otros grupos.

Constatar esta situación no implica que los autores de este comentario ni la mayor parte de sus potenciales lectores, educados en una tradición ilustrada, tengamos que renunciar a nuestros valores democráticos, o a defender los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tampoco nos exige la búsqueda, siempre, de una solución intermedia, pactada, para satisfacer parcialmente valores que consideramos profundamente equivocados. Sin embargo, asumir que nuestras convicciones son fruto de un aprendizaje emocional, que podría haber sido otro, sí que nos obliga a no deshumanizar a nuestros oponentes por pensar de manera distinta.

La historia nos muestra que muchas personas inteligentes y honestas en sus convicciones han vivido (y viven) con naturalidad en sociedades xenófobas, machistas, homófobas y nada tolerantes con religiones distintas de la mayoritaria. Podemos utilizar la racionalidad para mostrar cuáles son los principios axiomáticos, las inconsistencias y los inconvenientes que detectamos en las tradiciones ajenas, aceptando que nuestros oponentes tienen derecho a hacer lo mismo con la nuestra. Por desgracia, solo una pequeña parte de las tradiciones que rigen una sociedad tiene contenido empírico y pueden ser refutadas en un sentido popperiano, como desea el autor. A nivel individual parecerá poca cosa, pero lo honesto, sabiendo lo que sabemos, es tenerlo en cuenta cuando interaccionamos con los demás.

A nivel colectivo, como también sugiere Malo, habría que potenciar instituciones que eviten la estigmatización del diferente y ordenen la interacción social y política dentro de los cauces del respeto y la racionalidad, caracterizando de manera explícita el marco axiomático valorativo del que partimos. O para expresarlo en términos psicobiológicos, el objetivo de nuestras políticas no es tanto la naturaleza humana, algo que para nuestros cálculos podemos considerar inalterable, cuanto la construcción de un ecosistema social robusto capaz de sujetar su lado más conflictivo.

1. Panea Márquez, J. M. (2015). «JL López Aranguren (1909-1996) y el problema de nuestro tiempo». Revista internacional de pensamiento político, 10, 273-289. 
2. Citado por Panea Márquez (2015), pág. 281. 
3. Véase el libro de Bradley Campbell y Jason Manning The Rise of Victimhood Culture, en el que elaboran la teoría acerca del victimismo que sigue el autor. 
4. Véase el libro de Tom Holland Dominion: The Making of the Western Mind. 
5. Castro, L., Castro-Nogueira, M. A., Villarroel, M., & Toro, M. A. (2021). Assessor teaching and the evolution of human morality. Biological Theory, 16, 5–15. https://doi.org/10.1007/s13752-020-00362-7. 
6. Castro, L., & Toro, M. A. (2004). The evolution of culture: From primate social learning to human culture. Proceedings of the National Academy of Sciences, USA, 101, 10235–10240. 
7. Castro L., Castro-Nogueira L., Castro-Nogueira, M.A., & Toro, M.A. (2010). Cultural transmission and social control of human behavior. Biology and Philosophy 25, 347-360. Y también Castro, L., Castro-Nogueira, M. A., Villarroel, M., & Toro, M. A. (2019). The role of assessor teaching in human culture. Biological Theory, 14, 112–121 
8. Para una versión detallada véase el libro de Laureano, Luis y Miguel Castro-Nogueira. ¿Quién teme a la naturaleza humana?, Tecnos 2016 (2ª edición). 
[Fuente: http://www.revistadelibros.com]

En 2018, EaN avait salué La Grande Idée, un long roman historique assez énigmatique, d’une écriture particulière, attachante, qui semblait appartenir à un texte écrit directement en français par un étranger virtuose de notre langue mais décidé à prendre avec elle certaines libertés. Aujourd’hui, parus le même mois, voici deux textes courts du même Anton Beraber, tous deux d’une grande qualité littéraire et parents par l’inspiration, également frappants par l’originalité d’un style apparemment très différent de celui, volontiers épique, de La Grande Idée, qui traitait d’une aventure un peu oubliée, celle de la guerre gagnée en 1923 par les Turcs contre l’expédition grecque visant à récupérer, conformément au traité de Sèvres, une partie de l’Asie Mineure (région d’Izmir).

Braves d'après et Celles d'Hébert : les nouveaux romans d'Anton Beraber

Anton Beraber

 

Anton Beraber, Braves d’après. Gallimard, 128 p., 14,50 €

Anton Beraber, Celles d’Hébert. L’atteinte, 128 p., 16 €


Écrit par Maurice Mourier

Ici, plus rien de l’épopée. Mais, dans Braves d’après, un récit de couleur naturaliste et un anti-héros cherchant à comprendre un obscur conflit qui a opposé, du temps de son grand-père dont il vient d’hériter une maison décatie, ce personnage haut en couleur – mais strictement locale – à un ouvrier agricole polonais. Il s’agit d’un accident de chasse banal où l’immigré a perdu un œil, à moins qu’en réalité l’affaire ne dissimule quelque vengeance. Décor : la grande banlieue parisienne, ses terres agricoles argileuses, lourdes, riches, ses personnages taiseux, renfermés sur leurs secrets. Époque : aujourd’hui, mais aussi le passé proche, celui de la Seconde Guerre mondiale, de l’Occupation, d’après 1945.

Pourtant, au-delà de l’anecdote traitée avec une belle rigueur documentaire (les Yvelines de Beraber sont criantes de vérité observée et me rappellent mon propre Vexin français), l’essentiel est ailleurs. Car l’anti-héros, l’héritier d’une propriété à l’abandon qu’il ne songe qu’à fuir et dont il se fait le chroniqueur, capte toute l’attention de la voix narrative. Dépeint comme une sorte de raté congénital, velléitaire, incapable de savoir s’il doit bazarder son héritage et laisser derrière lui un environnement mi-chèvre mi-chou, ni ouvrier ni paysan, ou plutôt s’y incruster et faire revivre une culture régionale en friche, émiettée, pleine de fantômes dans les placards et d’histoires en marge de la légalité, c’est un superbe personnage nihiliste et ingénu, mal dans sa peau et agité d’espoirs grandioses.

Les gens qu’il côtoie sont les descendants de « braves », réels ou supposés, qui ont vécu les années accablantes et exaltantes de la France stoppée dans son élan vers la modernité par la défaite de 1940 et n’en émergeant peu à peu (surplus américains, combines) qu’« après ». Lui-même, plus jeune, arrive encore après cet après et il est complètement hors-jeu, sans autre avenir que celui du vague regret, de la ratiocination, du rêve aux ailes coupées par la réalité plate.

Braves d'après et Celles d'Hébert : les nouveaux romans d'Anton Beraber

Dans un tel marais, le curieux jeune homme sans qualités, étrangement solitaire, est montré ruminant sa rancœur, dans une langue absolument littéraire en ce qu’elle constitue un mixte à peu près inédit de différents jargons contemporains qui doivent beaucoup à un terroir peuplé moins de paysans traditionnels (qu’on rencontre aujourd’hui seulement dans la France profonde) que d’ouvriers agricoles immigrés dans les années 1920 puis fixés, ou de « Français de souche » retraités et retournés à la terre. Mais cette parlure composite qui trouve sa place naturelle dans le récit à la troisième personne y est fréquemment bousculée par un usage tout poétique, et même de tendance symboliste, d’inversions syntaxiques qui appartiennent au « beau langage » du classicisme, ou de mots du vocabulaire le plus relevé. Affectation de « parler supérieur », comme disait notre maître Georges Gougenheim dans son cours de linguistique de la Sorbonne vers 1960 ? On pourrait le croire, la dimension drolatique du livre n’étant pas négligeable. Je préfère y voir un souci purement esthétique, celui de fabriquer un instrument stylistique tout à fait original, puisant dans toutes les strates historiques de notre langue.

Cette interprétation me semble corroborée par Celles d’Hébert, portrait d’une tendre drôlerie d’un de ces zigues improbables qui traînent en arrière-plan dans la faune pseudorurale de Braves d’après. C’est en effet le même contexte de survie précaire, d’histoires pas nettes, de débrouillardise et de dèche que dans le premier livre, mais le point de vue surplombant du « Il » est ici remplacé par celui d’un « Je » narrateur qui, en quelque sorte, effectue un zoom sur l’un des figurants potentiels de la chronique villageoise. Un de ces formidables emmerdeurs que nous avons aussi bien connus à la campagne, dans le décor boueux et néanmoins charmant d’une quelconque grande banlieue : il s’invite dans votre environnement, vous abreuve de ses aventures à dormir debout, vous saoule de la saga ininterrompue de ses conquêtes.

Braves d'après et Celles d'Hébert : les nouveaux romans d'Anton Beraber

Tel est Hébert, un « type », pas vraiment un brave type car il traficote, joue au chat et à la souris avec la maréchaussée, manque assez nettement de scrupules et considère que les « nanas », quelles qu’elles soient, incapables de résister à sa tchatche, n’attendent toutes que ça. Hébert ne vit (et il le fait intensément) que par son langage, à la fois inculte et orné, prolixe et parfois profond, saisi à la racine même de son élocution bâtarde par une capacité de mimétisme littéraire qui rappelle les plus grandes réussites d’un romancier aussi important – et injustement oublié – que Marcel Aymé. Capable comme lui de recréer la verve d’un prolo insupportable et touchant, l’auteur de Celles d’Hébert (il s’agit de « ses » femmes, bien sûr) fait non seulement preuve d’une maîtrise rare dans la captation d’un personnage, mais il réussit à le faire voir sans description précise et à restituer, en deçà des apparences assez peu sympathiques du mec, le fond de tristesse et de conscience de l’échec qui lui donne toute son authenticité d’homme.

Hébert est un pauvre diable, et cela d’abord parce qu’il est effectivement un pauvre, acharné par la parole à se constituer, contre les coups durs et la vacherie générale de l’existence, une armure de respectabilité, de dignité. Que cela émane du texte sans pathos, c’est un des mérites du romancier. Mais il nous séduit surtout par l’invention d’une langue, de différentes langues étrangères « donnant un sens plus pur aux mots de la tribu », ou, sinon plus pur, au moins tout autre. À cette faculté de création, et à elle seule, on reconnaît le véritable écrivain.

[Photo : Francesca Mantovani/Gallimard – source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

O poeta Carlos Drumond de Andrade no Posto 6 de Copacabana, a praia mais famosa do planeta. Imaginem o Copacabana Palace e o Cassino Atlântico com roletas.

Escrito por RAY CUNHA 

O Congresso Nacional está prestes a legalizar os jogos de azar. O crime organizado, principalmente os comunistas, já se pegou até com o padre alemão Martinho Lutero, no além, para que o Congresso Nacional não resgate, descriminalize, legalize o jogo, especialmente os cassinos e o Jogo do Bicho, pois com o Estado fiscalizando e cobrando impostos os gangsters perderão cerca de 5 bilhões de dólares por ano, o que faturam com o jogo clandestino, sem pagar impostos.

A bancada do Rio de Janeiro está amoitada, com exceção do deputado Sóstenes Cavalcante (DEM/RJ), presidente da Frente Parlamentar Evangélica, com 115 deputados e 14 senadores, e que vê o capeta em cada dado e carta de baralho. Eles estão certos de que Deus deixará as coisas como estão, com os barões da jogatina ilegal comandando os jogos de azar e faturando tanto quanto os donos de banco.

O argumento dos evangélicos e comunistas é inacreditável. Pregam que a liberação dos jogos de azar pode agravar problemas na saúde, com alto custo de tratamento dos apostadores contumazes, além de aumentar a exploração sexual e a prostituição, piorar a segurança pública, prejudicar ações de combate à corrupção e ampliar a lavagem de dinheiro, sonegação fiscal e evasão de receitas.

Tudo isso está acontecendo agora, com o jogo na clandestinidade! É a clandestinidade do jogo que alimenta a corrupção, propina e chantagem política. “Onde não há Estado, há crime organizado” – ensina o ministro André Mendonça, do Supremo Tribunal Federal (STF).

O Brasil é atualmente uma gigantesca lavanderia, pois é um dos países onde mais gira a roleta, dia e noite, clandestinamente. Desde que o jogo foi criminalizado, há 76 anos, as máfias tomaram conta do jogo, sem pagar nem um centavo ao Estado. O jogo clandestino no Brasil movimente pelo menos 5 bilhões de dólares por ano; só o Jogo do Bicho movimenta 10 bilhões de reais por ano, sem gerar nenhum emprego formal e sem deixar nem um real na burra. Segundo a Frente Parlamentar Mista do Congresso Nacional pró-legalização dos jogos de azar, a formalização dos jogos no país geraria 658 mil empregos.

A imbecilidade começou em 1934. Antes disso, já havia cassino desde a independência, em 1822, até 1917, quando o presidente Venceslau Brás vetou o jogo, que voltou à legalidade em 1934, até 1946, durante o governo de Getúlio Vargas. Em 1934, dona Santinha, ou Carmela Leite Dutra, esposa de presidente Eurico Gaspar Dutra, achava que jogo era coisa do capeta. Beata e mandona, deu um ultimato ao presidente, que, encurralado, arrasou uma das indústrias que mais faziam o país prosperar, jogando no desemprego mais de 40 mil trabalhadores em 70 cassinos espalhados pelo país.

Sempre se jogou no mundo, desde o início da História, há 5 mil anos. O jogo de azar é uma das indústrias mais rentáveis em todos os países do primeiro mundo e praticado em quase todo o planeta. Entre os países que fazem parte do G20, que detém 80% da economia mundial, só três países proíbem jogos de azar: Arábia Saudita e Indonésia, muçulmanos, e Brasil.

“Com exceção dos países muçulmanos, praticamente todos os países do mundo possuem os jogos de sorte e azar presenciais legalizados. Ninguém acredita em mim quando eu digo que cassinos são proibidos no Brasil, ou pensam que estou brincando! Investidores em todo o mundo acompanham ansiosamente a legalização e regulamentação dos jogos no Brasil”, declarou Liliana Costa, executiva da Clarion Events.

A Região Administrativa Especial de Macau, na China, é hoje o principal centro de jogos do mundo, a qual desbanca Las Vegas, nos Estados Unidos, como capital mundial dos cassinos, e fatura, com apenas 35 cassinos, 38 bilhões de dólares por ano. Os mais de 100 cassinos de Las Vegas faturam 8 bilhões de dólares por ano e só uma de suas maiores redes conta com 50 mil empregados.

A legalização de cassinos, Jogo do Bicho, bingo e caça-níqueis gerará uma arrecadação em torno de 50 bilhões de reais por ano para os cofres públicos, dinheiro suficiente para bancar, por exemplo, o Bolsa Família e o Auxílio Emergencial. Segundo o senador Ângelo Coronel (PSD/BA), “a geração de recursos da tributação de jogos poderia ampliar o alcance do Bolsa Família de 14 milhões de famílias para 22 milhões”.

Estudo do Instituto Jogo Legal (IJL) e BNLData mostra que o Brasil tem potencial para arrecadar 15 bilhões de dólares por ano com o jogo, deixando para o erário 4,2 bilhões de dólares, além de 1,7 bilhão de dólares em outorgas, licenças e autorizações, e investimentos e geração de empregos nas casas de apostas – mais de 658 mil empregos diretos e 619 mil indiretos. Segundo o IJL, só no Jogo do Bicho serão formalizados pelo menos 450 mil empregos.

Cidades como o Rio de Janeiro duplicarão o número de turistas. O deputado Felipe Carreras (PSB/PE), relator do Marco Regulatório dos Jogos no Brasil, Projeto de Lei 442/91, que legaliza jogos de azar – bingos, cassinos, Jogo do Bicho, turfe e jogos online –, disse à Agência Câmara de Notícias que “Macau recebia 10 milhões de turistas antes dos investimentos em cassinos e passou a receber 31 milhões. Singapura foi de 9 milhões a 21 milhões de turistas. São êxitos que mudaram a matriz do fluxo turístico internacional; o Brasil é carente em novos produtos turísticos e nosso contingente de visitantes estrangeiros segue estagnado abaixo de 7 milhões”.

Parece que os evangélicos terão que caçar o diabo em outro setor. O plenário da Câmara aprovou, quinta-feira 23, por 246 votos contra 202, o Marco Regulatório dos Jogos no Brasil. Agora, o projeto será votado no Senado, de onde, se for aprovado, seguirá para apreciação do presidente Jair Bolsonaro (PL/RJ), que afirmou que o vetará integralmente, devolvendo-o ao Congresso, que tem o poder de derrubar o veto, restituindo ao país uma das indústrias mais rentáveis do mundo, explorada pelo crime organizado há 76 anos.

 

 

[Fonte: https://www.raycunha.com.br%5D

Contrabando o muerte

Publicado por Juan Tallón

En Vilardevós (Ourense), durante muchos años, todos los vecinos eran contrabandistas porque todos eran pobres. En la misma línea, todos los ricos eran también contrabandistas. La civilización, a medida que avanza, favorece esa clase de incoherencias, comunes a todos los negocios oscuros. En aquel municipio, arrinconado contra la frontera portuguesa, todos hacían lo mismo. Solo existía esa forma de vida, que te ayudaba a ser pobre, si todavía no eras ni eso, y te apoyaba en tus sueños de volverte más rico, si en alguna medida ya lo eras. En todos los casos, el contrabando era una necesidad, o un vicio. Podías elegir ser otra cosa, a cambio de que siempre fueses contrabandista. No convenía tener sueños: no se cumplirían. Dentro de ese cercado que te impedía rebasarlos, todo se parecía mucho a aquel fugaz diálogo de Henry Fonda en My Darling Clementin, cuando le pregunta a su amigo: «Mac, ¿nunca has estado enamorado?». Mac es rotundo: «No. He sido camarero toda mi vida».

En la disyuntiva «contrabando o muerte», en Vilardevós todos elegían lo primero. La muerte no te daba de comer. Ni siquiera te permitía ser un pobre de medio pelo. Así que todos se volvían contrabandistas. Esa monotonía no estaba exenta de vértigo. De hecho, elegir el contrabando sobre la opción de la muerte —también muy respetable—, significaba a veces morir antes; y en otro país, aunque a pocos metros de tu casa. En la frontera seca —por contraposición a la raya que en otros municipios gallegos marca el río Miño— se jugaba con fuego cada noche, entre rutas imposibles y nevadas, por caminos que ni siquiera existían y hubo que inventar. Hoy está todo señalizado, bien cuidado, y apenas nieva. Hasta morir se ha puesto más difícil. Casi consigues tener la sensación de que las viejas rutas del contrabando eran, en resumidas cuentas, rutas para senderistas con GPS. Y que nadie moría en ellas, solo se arañaba las piernas. Sin embargo, entonces todo era horrible, penoso y feliz. Dependía de si eras rico o pobre.

En todo caso, ser contrabandista te permitía estar vivo. Los días transcurrían lenta y plácidamente entre penurias y noches a cero grados, pero era porque, en esencia, aquel contrabando era la suma de frío y búsqueda del fuego, siempre a tientas, tratando de adivinar si en los próximos minutos seguirías con vida. En la frontera todo lo grave y bello sucedía en la oscuridad. Pero incluso esa oscuridad daba luz: los buenos contrabandistas no necesitaban ojos, conocían cada metro de sierra. Podían llamar a las piedras por su nombre, incluso acertar su edad. Cuando eres contrabandista, y huyes de la muerte a oscuras, ese tipo de conocimientos pueden salvarte la vida.

***

Entretanto, la Guardia Civil vigilaba para que se cumpliese la legalidad, pero a su estilo, facilitando el contrabando. No en vano, en los primeros años de la posguerra, incluso mucho después, la legalidad era un capricho que aún estaba en pañales. Mirar en otra dirección le proporcionaba a los guardias más beneficios que si actuasen como freno. Bastantes obstáculos pone ya la vida. Entre el final de la guerra y los estertores de la dictadura, existió en aquel paraje de montaña una bella armonía entre ley y crimen. Dentro de los márgenes del municipio, el contrabando funcionaba, en una escala humana, como una gran máquina de hierro, pero afectiva; cruel, pero comprensiva. Todos los vecinos tenían un remo, y todos bogaban en la misma dirección, apartando cucarachas. Nadie deseaba pasar penalidades, si podía evitarlo. Después de todo, nunca es la vida tan emocionante como cuando avanzas arrinconando bichos repugnantes, con la esperanza de encontrar tras ellos un milagro.

El funcionamiento engrasado de la máquina exigía que, de vez en cuando, pareciese que no funcionaba engrasadamente. Algunas cosas solo pueden ir bien a condición de que vayan un poco mal. La imperfección, la posibilidad de un error esporádico, posee más credibilidad que la excelencia. Eso obligaba a la Guardia Civil a decomisar un cargamento periódicamente, para mantener las formas. No se trataba tanto de tomarla con los contrabandistas, que al fin y al cabo eran todos los vecinos, como de lavarse la cara ante los mandos, y de que los propios guardias pudiesen también ejercer el contrabando. Por esa razón las aprehensiones se resolvían casi siempre sin reo. Guardia Civil y contrabandistas eran una orquesta que ensayaba cada nota desafinada.

Julio Santamarina ingresó en la Guardia Civil en los años 50, y en los 60 estuvo destinado en dos de los tres cuarteles que había en Vilardevós. Hoy solo resiste uno en pie, abandonado y lleno de ratas, pero mucho más pequeñas que cuando estaba habitado. Los guardias eran tan pobres como el que más. A Julio lo conocí cuando ya se había retirado. Su vida era tan penosa como cabía suponer, para aquellos años y para aquel lugar, si no eras un pez ni gordo ni mediano. «Salíamos de patrulla a las ocho de la tarde y no regresábamos hasta las seis de la mañana. Naturalmente, siempre andando. Llovía, helaba, nevaba, daba igual en qué estación del año estuviésemos. En aquellos años, como es fácil imaginar, no teníamos vehículo. Cuando al fin dispusimos de uno, no teníamos gasolina. En el año 1967 yo cobraba tres mil pesetas al mes. Necesitábamos el contrabando como cualquier otro vecino».

En los treinta y seis kilómetros de frontera que Vilardevós comparte con Portugal, existieron tres grandes rutas para pasar el contrabando, que atravesaban montañas agrestes y, proponiendo caras conocidas y noches rotas en varios trozos, a veces también traiciones necesarias. A lo largo de cincuenta años, el negocio tuvo apenas seis peces gordos: tres curas, el alcalde, el secretario del Ayuntamiento y el juez de paz. Se trataba de una simbiosis perfecta de poder y podredumbre. Oscuramente, sus tentáculos se extendían más allá del municipio. En realidad, cubrían toda la provincia, penetrando en los despachos gubernamentales. No hay gobierno, por altas que estén sus oficinas, que no tenga bajos fondos. Francamente: si la maquinaria del contrabando en aquel paraje fronterizo funcionaba como un reloj era porque existía armonía y el poder se corrompía pacíficamente. Nada une tanto como un buen negocio a medias, y suficientemente sucio.

En los años 80 conocí a Benito Sánchez y Ramón Núñez. Entonces, el contrabando ya solo era una anécdota verbal, o estaba a punto de serlo con la desaparición de las fronteras europeas. Trabajaban en el Ayuntamiento, y durante años habían sido testigos de los tejemanejes del secretario. Cuando les pedí que me contaran uno, para saber por dónde iban los tiros, me hablaron de una solitaria llamada telefónica en los años 70. Era invierno, se les caían los mocos con el frío y sonó el teléfono, mientras fuera no paraba de nevar. Cogió Benito. Era de la oficina del gobernador militar, que quería hablar con el secretario. Benito le pasó el teléfono, como si fuese una bomba a punto de explotar. El asunto tenía que ver con el contrabando. La cara del secretario, y el tono, permitían intuir la gravedad.

Primero intercambiaron silencios, gestos, pero la conversación se caldeó poco a poco, hasta que hubo más que palabras. Benito y Ramón se miraban entre ellos, y escuchaban. En un momento dado, les llegaron los gritos del gobernador, que se exasperaba e insultaba al secretario, haciendo referencia a sus cortas piernas. En efecto, el secretario padecía una malformación de nacimiento, que había limitado el crecimiento de sus extremidades ostensiblemente. Apenas medían cuarenta centímetros. En ese instante, el secretario explotó: «Sí, tengo las piernas cortas. Y fíjese lo que le digo, gobernador: ahora mismo estoy sentado en una silla que del culo al suelo tiene cincuenta centímetros, y las piernas me cuelgan. Pero los cojones me arrastran, fíjese. No vuelva a molestarme». Y colgó. «Mañana lo fusilan», pensó Benito. Pero no ocurrió nada especial. Los contrabandistas que pasaban por la mesa del secretario del Ayuntamiento, pasaban después por el despacho del gobernador. A esa clase de tentáculos me refiero. Eran, entre unas cosas y otras, los bellos años 60 y 70, y la armonía resultaba perfecta, como una chimenea y su fuego.

***

A la sombra de los peces gordos estaban los peces medianos, los peces pequeños, y la comida para peces, que eran los cientos de personas —un municipio entero— yendo de un lado a otro de la raya cada noche. Era una orquesta caótica, pero bien dirigida. Hace algunos años conocí también a Amable Rodríguez. Entonces él tenía ochenta y cuatro. Le pregunté a qué había dedicado su vida, por preguntar algo. Era un pez mediano. Le gustaba andar a su aire. No le gustaba que le diesen órdenes, así que trabajaba para él. No había más que verlo hablar y gesticular para concluir que dignificó el negocio. Todavía no lo hemos dicho, pero el primer contrabando, incluso el segundo, era un contrabando «sano». Ponía comida y abrigo donde solo había ratas. Después de la guerra, era más de lo que se podía soñar: un gabán y un plato caliente.

Amable había vivido de cerca todas las etapas del estraperlo, que, en el fondo, es una historia sobre el progreso y el desplazamiento, además de sobre la vida y la muerte, y el frío y el hambre. «Primero traficabas usando tu espalda. Después traficabas con un burro. Y por último, cuando llegó al mercado, y podías permitírtelo, te comprabas una furgoneta. Yo me quedé en el burro». Amable empezó a cargar azúcar a la espalda antes incluso de acabar la guerra. «Lo recogías en Portugal, en sacos de cincuenta kilos, cruzabas la frontera, y aún recorrías veinte kilómetros para distribuirlo. Por esas laderas que ves ahí», decía, y señalaba con nostalgia hacia el horizonte: grandes árboles, pendientes, piedras con nombre y apellidos, el cielo raso… Si tenías suerte, y no morías, o te mataban, ganabas entre dos y cinco pesetas. En aquellos días el lumbago fue un trastorno muy familiar, casi querido. Se alivió cuando los contrabandistas pudieron darse el lujo de los animales. «En mi aldea, algunas noches se movilizaban hasta cien burros, todos en pos de la frontera», en silencio, como apaches.

Todo empezó con el hambre, que en el caso de los ricos se manifestaba como hartura, que, como todo el mundo sabe, produce más hambre. A fin de saciarla, los vecinos empezaron a cruzar la frontera, acabada la guerra, para hacerse con artículos de primera necesidad, para la pura supervivencia de la población: centeno, trigo, azúcar, sardinas en lata, ganado, almendras, bacalao. Te encontrabas en un país extranjero, de noche, con caras a las que a lo mejor no veías en semanas, pese a ser vecinos de toda la vida. A veces incluso primos carnales. La frontera era un reencuentro, un hervidero, un club social para la familia y amigos, pero en otro país. Aquellos hombres y mujeres estaban predestinados a su único destino. «Fui a dar con una trompeta, estudié y toqué», resumió en una frase Miles Davis su vida. Esta gente no era muy distinta, en el sentido de que adivinaron su camino: nacieron en la frontera, la cruzaron y así sobrevivieron. El contrabando proporcionó aplomo a todo el municipio. En esa medida, se pudo pasar a mercancías más serias, que dejaban mayores beneficios. Cuando al fin eso ocurrió, los pobres pudieron darse el lujo de mantener su estatus de pobreza, mientras que los ricos progresaron y se volvieron todavía más ricos.

Contrabando o muerte

Había llegado el contrabando de café. El mundo ya se estaba preparando para no sobrevivir al mediodía sin tomarse una taza. Mientras escasease, pero la humanidad suspirase por él, la frontera sería fértil, de modo que los pobres pudiesen seguir siéndolo, y otro tanto los ricos. Hace veinticinco años conocí también a Nisio Álvarez. Era el chófer del autobús en el que iba al instituto. En sus mejores días, durante la década de los 60, movía cinco toneladas de mercancía cada mes. No tenía jefe. Era un outsider, operando al margen de las redes de los peces gordos. En términos cuantitativos era un pez mediano, ligeramente grueso, pero que se manchaba las manos, como los peces pequeños.

El nuevo maná llegó durante un cambio de paradigma decisivo en los medios de transporte, cuando se dio el salto de la espalda al burro. Nisio debe tanto al autobús de pasajeros con el que distribuía el café, como a los burros con los que previamente atravesaba la frontera. Aquellos animales eran, en cierto sentido, como de la familia. O no. Eran la familia. «No teníamos que hablar para según qué cosas. Eran como personas. Nos bastaba mirarnos para entendernos. Al caer la noche, yo los sacaba del establo, les decía “vamos”, y ellos iban. Solos, eh. Cruzaban la frontera, se dirigían a la casa de mi contacto en Xixirei (Portugal), y allí les cargaban el café. Después, regresaban a España tranquilamente, solos otra vez. En caso de que apareciese la Guardia Civil, nunca había reo». Sencillo, como todo lo complejo. La segunda fase, cuando cargaba el café en el autobús, para su distribución a terceros, tampoco estaba exenta de riesgos. «Alguna vez tuve que atropellar a un guardia civil, pero sin consecuencias mortales», confesaba. No podía sobornarlos a todos, y a los que sobornaba no podía sobornarlos todo el tiempo, así que eso generaba situaciones incómodas. En enero de 1966, de hecho, se presentaron en su casa tres unidades de la Guardia Civil. «Ese día tenía seis mil quinientos kilos de café repartidos por distintas habitaciones. No tenía escapatoria. Estaba acorralado, ya me veía en la cárcel. Pero entonces, antes de que empezase el registro, se me ocurrió una idea, a la desesperada. Le pedí a mi suegra que, cuando entrasen los agentes, fingiese una ataque de ansiedad. Lo bordó. Se tiró al suelo, se retorció, gritó, una barbaridad. Le dije al sargento que estaba al mando: “Esta señora tiene ochenta y nueve años, así que si le ocurre algo lo hago a usted responsable”. No sé cómo, pero retrocedieron y se fueron».

Aquel era el tipo de riesgo personal, si la suerte no estaba de tu parte, que asumías si eras un outsider. En el fondo, la mayor diferencia entre un pez gordo y uno mediano residía en que el segundo algunas veces quedaba expuesto a la ley. No le ocurría eso al secretario del Ayuntamiento, ni al alcalde, ni al juez de paz, ni a los tres curas del municipio, que no solo podían darse la tranquilidad de guardar el contrabando en las sacristías, o los panteones, sino también pedir a las fuerzas del orden que de vez en cuando velasen la mercancía.

El clero se había adaptado a la «maquinaria» con gran naturalidad. En muchos sentidos, incluso fueron pioneros. Suya fue la idea de crear, en los años 50, una banca para favorecer el juego ilegal. La red se extendió a todo el oriente de Galicia, penetrando incluso en Castilla-León. En esa misma década introdujeron el condón. Al calor del café y el cobre, la frontera había abierto el paso a otros contrabandos, de todo tipo: cuchillas de afeitar, brocas, piedras para mecheros, sierras, jabón, penicilina. «En una de esas, también prostitutas», evoca Ramón Núñez. Definitivamente, el municipio había despertado al comercio. En cierto modo, la frontera era un olmo que daba peras. Peras de todo tipo, como la gonorrea, que impactó con gran ánimo. Al punto que los curas decidieron actuar. Así es como comenzaron a atravesar la frontera los primeros preservativos. Ramón los recuerda como el primer día, como si todavía quedase alguno perdido en las mesillas de noche. «Tenían la gran ventaja de que se podían utilizar varias veces. Se lavaban, se les daba la vuelta y se colgaban en una bodega fresca, para que no se resecasen. Conozco casos de compañeros que se los prestaban unos a otros. “Oye, déjamelo esta noche, que tal y que cual”. Fue un gran contrabando. Costaba siete duros cada uno. Pero a lo mejor uno trabajaba quince o veinte noches».

***

El vehículo revolucionó el contrabando. A cambio, el contrabando inventó el doble fondo, que revolucionó el vehículo. José Escudero, al que conocí ya como cartero —hace de eso treinta años—, cuando se había retirado del contrabando, era el hombre de confianza del juez de paz, que, como el cargo sugiere, era un pez gordo. «Yo me encargaba de los asuntos delicados». Pronunciaba asuntos delicados en cursiva. Cuando su jefe decidió trabajar a lo grande, al por mayor, se hizo con un Austin de cuarta mano. No era lo que se entiende por cómodo, pero se defendía bien en la montaña. Tenía doble piso. Eso era tan o más importante que la caja de cambios. En cada viaje podía mover tres toneladas de cobre. «En una ocasión cargamos tres mil quinientos kilos, ocultos bajo castañas. Antes de llegar a Ourense, nos detuvo una pareja de la Guardia Civil. No teníamos de mano a todos los agentes de la provincia, naturalmente, y me preguntaron qué llevaba. “Castañas”, respondí. “Pues vamos a inspeccionar esa mercancía”, dijo uno, con mal gesto. “Inspeccionen lo que quieran”, dije. Ya estaba preparado para saltar por un terraplén y matarme, si hacía falta. Tuve suerte y se quedaron tranquilos al ver castañas. Me multaron por no pitar en la curva. Les dije que no tenía un duro, y me quitaron la multa de la curva y me pusieron una más pequeña por llevar suelto el guardabarros. Qué bonito era el contrabando».

José Escudero supo retirarse a tiempo. En cuanto la mercancía empezó a ser humana, se hizo cartero. «No me gustaba el contrabando que hablaba». Eso comenzó a suceder en los 70. De pronto, las cosas se pusieron feas en Portugal, y sus ciudadanos huían desesperados a Francia, escapando de los reclutamientos de la dictadura para surtir las necesidades del ejército en Angola. Fue el principio del fin. Nunca más el contrabando volvió a ser heroico y digno. Y faltaban por llegar las divisas, el tabaco y las armas de fuego.

 

[Fuente: http://www.jotdown.es]

 

Publicado por Isabel Gómez Rivas

I. Las trincheras de la calle Salta

En Buenos Aires, en la esquina de la Avenida de Mayo con Salta, se encuentra el bar Iberia. Ya estaba allí en 1936 y, en algún momento impreciso de aquel año, el local pasó a ser conocido popularmente por el apellido del general José Miajaporque en él acostumbraban a reunirse en tertulia grupos de emigrantes españoles defensores de la legalidad republicana. El establecimiento, a poco más de una manzana de la redacción del diario Crítica, parecía situado muy a propósito para no perder de vista las pizarras que el periódico sacaba a la acera con las últimas noticias sobre la marcha de la guerra que se estaba librando en España. No menos pendiente de las breaking news de tiza estaría la clientela habitual del bar de enfrente, el Español, también compuesta de emigrantes, pero cuyas simpatías políticas explican que el café terminara por hacerse merecedor del apelativo «Junta de Burgos». Hoy, su lugar lo ocupa una sucursal bancaria. Es el tipo de sustituciones con las que se entretiene el paso del tiempo, que, sin embargo, se ha revelado incapaz de borrar la memoria porteña de las fenomenales trifulcas en las que se enzarzaron, en más de una ocasión, los atrincherados en cada uno de los costados de la angosta franja que dibujaba la calle Salta.

Quizás el recuerdo de aquellas escaramuzas no se haya disipado porque condensa eficazmente la agitación beligerante con la que importantísima colonia de emigrantes españoles vivió los años de la guerra y que terminó por contagiarse a la ciudad de Buenos Aires y al país entero, inmediatamente impelido a tomar partido. El tejido societario de la emigración se movilizó desde primera hora y las muestras de solidaridad con uno u otro bando, así como las iniciativas de auxilio material y económico, no hicieron más que multiplicarse con el paso de los meses. La sensación era de que la guerra, de alguna manera, también se libraba en Argentina. Sí, había que ganar la calle Salta.

II. Con un cigarrillo Leal en los labios

Tal vez fuese allí, en una de las orillas de la calle Salta, donde se concibió uno de los proyectos de auxilio a la República más insólitos de cuantos se pusieron en marcha por entonces: la creación de la marca de cigarrillos Leales. La conjetura no parece muy aventurada, dada la coincidencia del nombre comercial del tabaco con el de una de las peñas que solían darse cita en el Iberia; y porque, además, muchos de los miembros de aquella tertulia estaban vinculados a la entidad que se encargaría de llevar a la práctica la idea, la Federación de Sociedades Gallegas.

En octubre de 1938 se establecen los primeros contactos con manufacturas tabacaleras y, en enero del año siguiente, tras formalizar un contrato con la compañía bonaerense ECICA, salen a la venta las primeras cajetillas. Su comercialización fue precedida por una potente campaña publicitaria. Cartelería, folletos y anuncios a toda plana en Galicia, el periódico que servía de órgano de expresión a la Federación, informaban sobre el porcentaje que se destinaba a ayuda al ejército republicano por la venta de cada paquete de cigarrillos. Con tipografía chillona, los lemas apelaban al «amigo fumador», al «antifascista» y a «todos los hombres de ideas democráticas de la República Argentina»: «Para ser leal hay que fumar Leales». «Con un cigarrillo Leal en los labios, se impone la colectividad gallega en la República Argentina. Con un cigarrillo Leal en los labios, avanzan confiados los hombres libres del mundo». «Tu conciencia te prohíbe proteger a los que mandan dinero para matar a tus compañeros. Fuma Leales y con ello matas dos pájaros de un solo tiro: fumas buen tabaco y ayudas a España».

El balance sobre las ventas de los tres primeros meses de la iniciativa resultó ser desalentador: una vez deducidos los gastos, se había logrado reunir una suma muy modesta, apenas unos dos mil pesos. Un informe elaborado en el seno de la propia Federación de Sociedades atribuía el escaso éxito del proyecto a la «ola de desaliento y desmoralización» que cundió entre los consumidores en las últimas semanas de la guerra. No iba a servir de nada la campaña lanzada tras la victoria franquista que exhortaba a fumar Leales para sostener la ayuda a los exiliados, para «contribuir a mitigar los dolores de tanta gente, que, en los campos de concentración de Francia, purga el horrible “delito” de defender la dignidad de todos nosotros». Al resultar imposible vender la importante partida de cigarrillos almacenada, las cajetillas de los últimos Leales terminaron siendo donadas, entre otros, a los exiliados republicanos que empezaron en el puerto de Buenos Aires.

III. Volutas y círculos 

Se llama composición anular a aquella forma narrativa que parece desviarse del argumento principal en una serie de interminables digresiones. En realidad, el relato está viajando en círculo, para regresar, finalmente, al momento en que pareció extraviarse. Es la técnica de toda una tradición cuyos primeros ejemplos se encuentran en la literatura griega clásica, en la Odisea, por ejemplo. Daniel Mendelsohn en su último libro, hermosísimo, Three Rings: A Tale of Exile, Narrative, and Fate (University of Virginia Press, 2020), sugiere que quizás los temas homéricos de la separación del hogar, el desplazamiento y el desarraigo no admitan más que esta estructura narrativa, porque solo ella parece capaz de imitar y recrear las revueltas que retuercen los caminos de la emigración y el exilio… antes de cerrar el círculo.

A los exiliados gallegos que se instalaron en Buenos Aires a partir de 1939 no se les escapó la perfecta trayectoria circular de su odisea. No se trataba solo de la acusada consciencia que tuvieron de emprender la misma ruta que tantísimos otros emigrantes habían transitado desde la segunda mitad del siglo XIX y de pasar a formar parte, así, de la dolorosa historia colectiva de una estirpe condenada a la expatriación. Además, en no pocos casos, ellos mismos habían sido, antes que exiliados, emigrantes; o eran hijos de emigrantes, como Luis Seoane, que había nacido en la capital porteña, o Castelao, quien siendo niño había acompañado a sus padres en su emigración a Argentina. Aun así, apuntó este último en 1940, quien les conducía en esta ocasión fuera de Galicia era «un hada desconocida». De repente, sus biografías parecían una digresión, un rodeo lleno de avatares que terminaba de nuevo en Buenos Aires. Esta era, también según Castelao, «la metrópolis de la Galicia desterrada»: «Los gallegos suelen decir, por donaire, que Buenos Aires es la ciudad más grande de Galicia porque aquí residen unos trescientos mil gallegos y no tenemos ninguna población que pase de los cien mil. Para los gallegos esta ciudad es como Nueva York para los irlandeses (…) Para cumplir nuestro destierro hemos venido a la ciudad en donde se concentra la inmensa mayoría de nuestros emigrados, y que pasa a ser, por este hecho, la capital indiscutible de la Galicia libre».

En el archivo del actor orensano Fernando Iglesias «Tacholas» se conserva una fotografía de la peña Los LealesÉl mismo aparece entre el grupo, apiñado en torno a un minúsculo velador de la terraza del bar Iberia. La imagen fue tomada por el escritor Eduardo Blanco Amor, quien, en 1915, con diecisiete años, se había instalado en Buenos Aires. ¿Sintió que su estatuto de emigrante había cambiado por el de exiliado? ¿Cuándo? ¿El 19 de agosto de 1936, la fecha en la que fueron asesinados Federico García Lorca y Ánxel Casal, el autor y el editor de Seis poemas galegos, la obra que él había prologado? La foto es del día 20 de febrero de 1938. En ella, nadie sonríe; en todas las caras, el gesto sombrío. En primer plano, alguien sujeta un periódico, sin duda con el detalle de las operaciones militares en la batalla de Teruel que se librara en aquellos días. La imagen no es lo suficientemente nítida para discernir si se trata del diario Crítica, inequívoco defensor de la causa republicana durante la guerra. Solo un poco más tarde, las gestiones de su editor, Natalio Botana, resultarían determinantes para que el gobierno argentino admitiese el desembarco de los exiliados españoles que llegaron a bordo del buque Massilia al puerto de Buenos Aires a principios de noviembre de 1939. Entre el pasaje había un nutrido grupo de periodistas, muchos de ellos antiguos trabajadores de Heraldo de Madrid, a los que Botana ofreció incorporarse a la plantilla del diario, que tenía su redacción en el edificio art decó del número 1333 de la Avenida de Mayo, a tiro de piedra de su confluencia con la calle Salta.

 

[Ilustración: Tau – fuente: http://www.jotdown.es]

Pasaporte analógico con sellos de migraciones de Uruguay y Argentina

Escrito por MARÍA PAZ CANALES

Si bien las devastadoras consecuencias económicas y sociales que ha traído para la población el extendido período de pandemia son el aliciente para que los gobiernos busquen en este tipo de instrumentos una herramienta para “premiar” el comportamiento de la ciudadanía responsable que ha cumplido con su deber de inmunización, hay un problema severo en esta estrategia desde la perspectiva de la comunicación del riesgo primero, y luego respecto del ejercicio de derechos fundamentales.

A inicios de mayo, la prensa anunciaba que seis países de América Latina y el Caribe, entre ellos Chile, estaban desarrollando una iniciativa para impulsar proyectos que incentiven la transformación digital de la salud en la región y cuya primera iniciativa sería el desarrollo de un certificado de vacunación digital e interoperable para Covid-19. Se trataría de una iniciativa patrocinada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), alineados con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS)

La digitalización del expediente médico es un proceso en curso en muchos países de la región, entre ellos Chile. En los últimos años ha sido conducido de la mano de evaluaciones de cómo implementarse en una forma que proteja la seguridad y la privacidad de los datos de salud, y que no impacte negativamente el ejercicio de otros derechos fundamentales. La pregunta aún sin respuesta es si el anuncio sobre certificaciones digitales interoperables de vacunación en la región va a satisfacer tales estándares y cómo. Los riesgos de avanzar en certificaciones de vacunación e inmunidad digital o pases de movilidad se extienden a la inadecuada comunicación de riesgo y al impacto en el ejercicio de derechos.

Los certificados de vacunación tienen dos propósitos principales: generar un registro que facilite la continuación de las prestaciones de salud para la persona que ha recibido un tratamiento de inmunización, y entregar información acerca del tipo de inmunización recibida para hacer seguimiento a sus resultados o validez. A nivel mundial existe una larga historia de programas de inmunización que en el último siglo se han desarrollado sin problemas, entregando la información a sus beneficiarios en papel.

Todo evento de prestación de salud requiere del acceso a datos personales y datos sensibles que se configuran a partir de la prestación de salud recibida. Tales datos normalmente residen en la ficha médica, a la cual solo la paciente y sus prestadores de salud tienen acceso, y no son consignados en forma detallada en las certificaciones recibidas, que solo contemplan la información mínima para identificar a la paciente y su evento de inmunización. La digitalización de los certificados de vacunación va acompañada de un aumento de la cantidad de datos recogidos e incrementa la posibilidad de generar eventos de acceso no autorizado a esa información para propósitos que pueden ser completamente distintos a los originales, es decir, información de continuación de prestaciones de salud y prueba de inmunización. Creado el antecedente digital, y al forzar a la población a circular con esta información en sus dispositivos digitales, el riesgo de pérdida de control, derivado de usos no relacionados al tratamiento de salud, se extiende exponencialmente.

Los pases de movilidad proponen un caso de uso tanto más problemático, ya que intentan asociar a un episodio (o varios) de inmunización a un diferencial en cuanto a las posibilidad de ejercer la libertad de movimiento sin restricciones, en comparación de aquella limitada para las personas no inmunizadas. Los pases de movilidad se basan en una inferencia de riesgo menor de infección y contagio basado en el episodio de inmunización. Para que esa inferencia sea sólida, debe sostenerse en evidencia científica de cuál es el nivel de disminución de riesgo de contagio y de propagación del virus que la inmunización genera. En Chile, la Universidad de Chile ha indicado que ese riesgo se sitúa en el 56,5% como promedio para las vacunas en actual utilización en Chile. Mientras, el Ministerio de Salud declara que la vacuna SINOVAC (con la que mayoritariamente ha sido inmunizada la población nacional) tiene 67% de efectividad para prevenir Covid-19 sintomático. Es decir, incluso en la cifra más optimista, 3 de cada 10 personas vacunadas aún se encuentran en riesgo de contraer y transmitir COVID-19.

Avanzando en la trilogía, los pasaportes de inmunidad buscan generar un grado de certeza que permita la circulación de la población y la reactivación de las actividades económicas y sociales, incluso en el tránsito internacional. Su emisión depende de la existencia de métodos de medición de los grados de inmunidad desarrollada por la población frente a una enfermedad infectocontagiosa. Su objetivo es precisamente discriminar entre aquellos que cuentan con inmunidad y quienes carecen de ella, asignando consecuencias de movilidad y oportunidades de empleo a esa clasificación. Así, buscan imponer una restricción artificial sobre quién puede participar en actividades sociales y económicas, y quién no. Es por ello que las expertas llaman la atención acerca del riesgo de que los pasaportes de inmunidad creen un incentivo perverso para que las personas busquen infectarse, especialmente las más vulnerables, que no pueden permitirse un período de exclusión de la fuerza laboral, agravando las desigualdades sociales preexistentes. La OMS expresó en 2020 su preocupación por el desarrollo de pasaportes de inmunidad, advirtiendo la información insuficiente acerca del desarrollo de anticuerpos para el SARS-CoV-2, con los riesgos de errónea clasificación de los niveles de inmunidad de la población que ello podría implicar. En la actualización provista en mayo de 2021, la OMS vuelve a repetir que la evidencia sobre la respuesta inmune y su duración respecto de la infección de Covid-19 o su inmunización no se encuentra suficientemente comprendida a la fecha, con lo cual la correlación de su efecto de protección no puede ser aún establecida.

Para evitar las críticas internacionales a que han sido sujetos los pasaportes de inmunización, como el renombrado pase verde de la Unión Europea, en Chile las autoridades han optado por la nomenclatura de “pase de movilidad” que como vimos más arriba se encuentra sujeto a las mismas incertidumbres en la comunicación de riesgo que los pasaportes de inmunidad: ambos hacen inferencia hasta ahora no asentadas en evidencia científica de nivel de riesgo de contraer y contagiar el SARS-CoV-2.

Problema con la comunicación de riesgo

Tal como lo ha destacado el European Data Protection Board (EDPB) al emitir su opinión sobre la propuesta de certificado verde para la Unión Europea, “parece haber poca evidencia científica que respalde el hecho de que haber recibido una vacuna COVID-19 (o haberse recuperado de COVID-19) otorga inmunidad y por cuánto tiempo dura. Por lo tanto, el Certificado Verde Digital debe entenderse simplemente como una prueba verificable de una solicitud o historial médico fáctico con sello de tiempo que facilitará la libre circulación de los ciudadanos de la UE debido a su formato común en todos los Estados miembros. Sin embargo, advertimos derivar conclusiones sobre inmunidad o contagio, ya que una opinión científica consolidada aún está pendiente”.

Por su parte, el Ada Lovelace Institut ha advertido que los pasaportes digitales no deben implementarse mientras se desconoce tanto sobre COVID-19, particularmente el efecto de diferentes vacunas (y regímenes de vacunación) sobre la transmisión, la duración de la protección y la generalización de esos efectos. En otras palabras, el pasaporte de vacunación se basa en la premisa de que el estado de “vacunada” dice algo sobre el riesgo que una persona representa para otros, no simplemente el riesgo que cada persona enfrenta de contagiarse. “En la actualidad, el estado de vacunación no ofrece evidencia clara o concluyente sobre el riesgo de un individuo para otros a través de la transmisión. El estado de vacunación nunca puede ofrecer evidencia absolutamente concluyente del riesgo de un individuo para otros (o su propio riesgo), ya que ninguna vacuna será 100% efectiva para el 100% de los receptores”.

La consecuencia más grave sobre este error en la comunicación de riesgo, el incremento en la circulación del virus y el aumento en el nivel de contagios consecuente, fue denunciada en Chile por el Colegio Médico y un número relevante de Asociaciones Médicas al realizarse el anuncio de despliegue del pase de movilidad por el gobierno de Chile. Dos semanas luego de su implementación, la evidencia del aumento de casos a nivel nacional, con alrededor de 50 mil casos activos, parece respaldar que un relajamiento de la movilidad no se justifica ni siquiera con un programa de vacunación exitoso.

No se trata de poner en cuestión la utilidad de las vacunas que indudablemente reducen el riesgo de contraer la enfermedad o de presentar sus síntomas más severos. El cuestionamiento a los pases de movilidad o certificaciones de inmunidad no tiene nada que ver con la defensa al “derecho a no vacunarse” que algunos individuos han intentado enarbolar, de lo que se trata es de entregar información adecuada a la población que evite el relajamiento de las medidas sanitarias de distanciamiento social, uso de mascarillas e higiene de manos que siguen siendo esenciales para contener la pandemia.

Tristemente, aquí nos encontramos no solo frente a un problema de oportunidad que ha sido el ángulo enfatizado desde la comunidad científica, sino que, junto a la falta de certeza científica acerca de la predicción de riesgo que acompaña a la inmunización, se sitúa un problema social relacionado con cómo los pases de movilidad, los certificados de vacunación digital o los certificados de inmunidad pueden terminar transformándose en instrumentos de discriminación en el ejercicio de derechos, cuyos impactos negativos se extiendan a los ya dolorosos efectos económicos y sociales que afectan a sectores más vulnerables.

Discriminación en el ejercicio de derechos

No es casualidad que al inicio de la pandemia la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a través de su Resolución 1/20 “Pandemia y Derechos Humanos en las Américas”, recomendó a los Estados de la región “adoptar de manera inmediata e interseccional el enfoque de derechos humanos en toda estrategia, política o medida estatal dirigida a enfrentar la pandemia del COVID-19 y sus consecuencias, incluyendo los planes para la recuperación social y económica que se formulen. Estas deben estar apegadas al respeto irrestricto de los estándares interamericanos e internacionales en materia de derechos humanos, en el marco de su universalidad, interdependencia, indivisibilidad y transversalidad, particularmente de los DESCA”.

Desde un punto de vista individual, un pase de movilidad registra datos de salud privados, ¿cómo se protege esta información? ¿Cómo se previene el riesgo de fraude o falsificación? ¿Cómo se previenen violaciones de la privacidad? Desde un punto de vista social, la adopción de pases de movilidad tiene impactos concretos en el ejercicio de la libre circulación, el derecho a reunión e incluso sus impactos pueden extenderse al acceso a las oportunidades de empleo. Estos pasaportes no deberían resultar en una herramienta de control social que restrinja la movilidad de la población en contextos de disidencia política o en una herramienta adicional para imponer restricciones abusivas a la migración, por nombrar solo algunos de los potenciales impactos negativos de estas implementaciones.

La creación de un pase de movilidad genera una indudable tentación para las empresas de condicionar el acceso a oportunidades de empleo a la titularidad de estos, en el marco de una campaña de vacunación que aún no alcanza la universalidad y, repetimos, cuyas condiciones de duración de inmunidad no se encuentra científicamente determinada aún. Un uso de este tipo tendrá consecuencias indudables de discriminación, pero también desafíos logísticos en torno a cómo se realizan las verificaciones de los pases y cómo se vigila que continúe la adopción de otras prevenciones sanitarias como el distanciamiento social y uso de mascarillas. El pase de movilidad puede fomentar una falsa sensación de seguridad, ya sea en su titular o en otras personas (como su empleador) y aumentar, en lugar de disminuir, los comportamientos de riesgo. Existe vasta experiencia previa desde la normativa de protección de los derechos de los trabajadores acerca de los riesgos de permitir decisiones de empleo atendidas a condiciones de salud, o de riesgos de salud derivados de condiciones de trabajo inadecuadas. Y esa experiencia será útil para calibrar los derechos en juego.

Otra forma palpable de discriminación que presentan las certificaciones de vacunación e inmunidad o los pases de movilidad digital está precisamente asociada a su carácter digital. Nuevamente, sin condiciones de conectividad universal a internet aseguradas para la población general, habilidades digitales limitadas en algunos segmentos o baja disponibilidad de dispositivos inteligentes, grupos de la población con acceso limitado a la tecnología por cualquiera de estos factores quedarán excluidas de su uso.

Estos riesgos fueron claramente anotados además en una recomendación específica emitida el año pasado por la CIDH en su Resolución 4/20 sobre los “derechos humanos de las personas con Covid-19”: “los Estados deben abstenerse de utilizar los datos sobre el estado de salud de las personas con COVID-19 para expedir certificaciones de inmunización que generen una diferencia de trato injustificada en el disfrute y ejercicio de otros derechos”.

Entonces avanzando un paso más en el análisis de necesidad, proporcionalidad y legalidad que exigen los estándares interamericanos de derechos humanos, ¿cuál es el marco de legalidad que acompaña al pase de movilidad en Chile? Sin una ley de protección de datos personales actualizada, con pocas certezas de como se manejan los datos de comisaría virtual y la opaca implementación de CoronApp previamente criticada por Derechos Digitales, la política pública desplegada tampoco ha sido acompañada de ningún tipo de certeza acerca de cómo los datos que son recogidos para generar el certificado digital serán procesados, accedidos (y por quién) o cómo será limitado su uso para otros fines.

Por último, las certificaciones de vacunación e inmunidad digital o los pases de movilidad pueden ser una distracción tentadora. Su desarrollo implica costos de oportunidad importantes desde una perspectiva de recursos públicos, lo que implica dejar de usar esos mismos recursos en otras intervenciones. Sin embargo, su utilidad específica para la pandemia se encuentra temporalmente limitada, ya que es esperable que con los programas de vacunación y la circulación del virus se alcance más temprano que tarde la inmunidad de grupo. ¿Vale la pena sacrificar derechos y libertades si una vez que haya inmunidad colectiva estos instrumentos de discriminación no tendrán sentido sanitario? ¿Qué haremos entonces con estas infraestructuras de control puestas en marcha? ¿Serán ellas desmanteladas? ¿Cómo aseguramos que los datos por ellas recogidas no sean extendidos a otros usos secundarios de control social?

 

[Fuente: http://www.derechosdigitales.org]

El tráfico de vida silvestre llega hasta unas profundidades inauditas. Así lo revela una serie de investigaciones llevadas en conjunto por InSight Crime con el Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos (CLALS) de American University.

La serie se sumerge en lo profundo de los mares de Honduras, donde se pescan toneladas de pepinos de mar para satisfacer la demanda en Asia. Se adentra en los campos colombianos, donde la población de burros ha diezmado porque sus pieles se venden para elaborar gelatina en China.

También se zambulle en los criaderos de tortugas de Perú y en las granjas de cocodrilos de México, donde los especímenes destinados a ayudar a restaurar las poblaciones en sus hábitats naturales están siendo traficados de todas formas.

A continuación compartimos la serie de investigaciones:

 

 

 

 

Criaturas, grandes y pequeñas: el saqueo de la vida silvestre de América Latina

Capítulo 1: Contrabando de piel de burro en la costa norte de Colombia

Cuando cientos de burros desollados comenzaron a aparecer en la costa norte de Colombia sin ninguna explicación, los habitantes —y después las autoridades— comenzaron a hacer preguntas. La respuesta, como…

Capítulo 2: El comercio ilegal de pepinos de mar en Kaukira, Honduras

Con el agotamiento de los pepinos de mar en muchos lugares de Asia Oriental, Honduras ha cubierto el vacío. Los intermediarios, originarios de Vietnam y Taiwán, son actualmente figuras discordantes…

Capítulo 3: ¿Pueden los criaderos de tortugas y cocodrilos en México reducir el ecotráfico?

Las granjas de tortugas y cocodrilos reguladas por el gobierno de México han contribuido a reducir la caza ilegal y proteger las especies en riesgo, pero el tráfico se mantiene.

Capítulo 4: Traficantes de tortugas de Perú operan camuflados en la legalidad

El programa de conservación de tortugas taricaya, en el norte de Perú, ha logrado poner a salvo a una especie en peligro de extinción, a la vez que protege millones…

 

[Fuente: http://www.servindi.org]

À l’occasion du centenaire de la naissance d’Hélène Berr et de l’anniversaire de l’insurrection du ghetto de Varsovie, un hommage collectif nous invite à relire son extraordinaire journal.

Écrit par Myriam ANISSIMOV

Fin avril 1944, peu de jours avant la libération du camp de Bergen Belsen par l’armée britannique, Hélène Berr, étudiante et musicienne brillante, issue d’une famille de la grande bourgeoisie juive, depuis longtemps assimilée, incapable de se lever pour répondre à l’appel, y a été battue à mort, à l’âge de vingt-quatre ans.

Hélène Berr aurait eu 100 ans, le 27 mars 2021. Elle est l’auteur d’un extraordinaire Journal, commencé en 1942. Elle étudiait alors la littérature anglaise à la Sorbonne, et préparait l’agrégation.

Elle avait confié son Journal, ainsi que son violon, à Andrée Bardiau, cuisinière et femme de confiance de la famille, peu avant son arrestation, le 8 mars 1944. Au lendemain de la guerre, Andrée Bardiau remit le Journal à Jacques Berr, frère d’Hélène, qui avait pu trouver asile dans le Sud-Ouest de la France.

Transférée avec ses parents, Antoinette et Raymond Berr, au camp de Drancy, elle fut déportée à Birkenau par le convoi n°70, le 27 mars 1944.

Sélectionnée pour le convoi affrété depuis Auschwitz le 31 octobre 1944, avec 401 femmes, elle arrive au camp de Bergen-Belsen le 3 novembre 1944. Dans le même convoi se trouvent Ginettte Kolinka, Anne Frank et sa sœur Margot.

Un témoignage exceptionnel

Se souvenir d’Hélène Berr. Une célébration collective
Mariette Job (dir.), Karine Baranès-Bénichou (dir.)
2021
Fayard
308 pages

Hélène Berr avait dédié le Journal à son fiancé, Jean Morawiecki qui partageait avec elle l’amour de la musique classique. Leur première rencontre avait eu lieu autour des derniers Quatuors de Beethoven, à la Maison des Lettres. Le Journal lui avait été remis, ainsi que l’avait souhaité Hélène au moment de son arrestation.

Jean Morawiecki rejoignit les Forces Françaises Libres du général de Gaulle, et devint diplomate après la Seconde Guerre mondiale. Il conserva le Journal pendant 50 ans, jusqu’à ce que Mariette Job retrouve sa trace grâce au ministère des Affaires étrangères. Ils se rencontrèrent le 25 décembre 1992. Le 18 avril 1994, Morawiecki lui confirma son intention de lui léguer le Journal.

« Au début de ce mois, nous avons de nouveau parlé du Journal d’Hélène. Je vous avais alors fait part du désir de vous laisser le manuscrit. Il échappera ainsi au risque de disparaître avec moi, et la main qui l’a écrit continueront de vivre dans l’émotion de ceux qui liront l’original. »

Le Journal est un témoignage d’une grande importance, le seul en France de cette nature. Un texte d’une tenue littéraire et intellectuelle exceptionnelles.

Mais il est intéressant également sur le plan historique, comme nous le verrons.

Le manuscrit, partiellement retranscrit, puis remis à Jean Morawiecki, a finalement été déposé et exposé au Mémorial de la Shoah en 2002. Le texte définitif en vue de sa publication, a été établi par Mariette Job. Il a paru en 2008 aux Éditions Tallandier, avec une préface de Patrick Modiano. Traduit en 27 langues, il occupe une place particulière dans la galaxie des manuscrits rédigés par les Juifs pendant les années durant lesquelles s’est perpétré le génocide, dans l’indifférence du monde entier.

Paraît aujourd’hui pour célébrer le centenaire de la naissance d’Hélène Berr, un ouvrage collectif, sous la direction de Mariette Job et Karine Baranès-Bénichou, aux Éditions Fayard. Il contient une vingtaine de contributions. Mentionnons celles de Boris Cyrulnik, survivant de la Shoah et neuropsychiatre, et de Haïm Korsia, grand rabbin de France.

Avant d’évoquer le Journal d’Hélène Berr, sa brève jeunesse et sa famille, il convient de le situer dans la galaxie des témoignages, écrits, manuscrits découverts après la chute du IIIe Reich.

L’histoire de la Shoah écrite par ses victimes

On a souvent entendu dire que « les Juifs se sont laissés conduire dans les chambres à gaz, comme des moutons à l’abattoir ». Cette affirmation fausse et insultante est démentie par la somme de récits que les Juifs ont écrits et tenté de préserver, pendant que s’achevait leur anéantissement en Europe : cette extermination que « le grand Reich de mille ans » espérait totale. Himmler et Eichmann firent de leur mieux pour y parvenir, même pendant la débâcle des armées allemandes sur tout le théâtre des opérations. Au cours de l’été 1944, ils envoyèrent dans les crématoires d’Auschwitz-Birkenau, en convois prioritaires, 450 000 Juifs hongrois, qui avaient été jusqu’alors épargnés.

Tout devrait donc continuer jusqu’à l’assassinat du dernier Juif. Tout devrait cependant et, si illusoirement, demeurer secret. C’est ce qu’avaient prévu Heydrich, Himmler, Eichmann, les donneurs d’ordres et metteurs en œuvre de la Solution finale, planifiée à la Conférence de Wannsee le 20 janvier 1942.

Le 4 octobre 1943, Himmler prononça à Poznan, un discours, devenu célèbre, dans lequel il se félicitait de l’anéantissement des Juifs, dans ces termes : « Je voudrais parler des Juifs, de l’extermination du peuple juif. C’est facile à dire. “Le peuple juif sera exterminé”, dit chaque membre du parti, c’est clair dans notre programme : “élimination des Juifs”. Extermination : nous le ferons. […] C’est une page de notre histoire qui n’a jamais été écrite et ne le sera jamais […] Nous avions le droit moral, nous avions le devoir envers notre peuple, de détruire ce peuple… »

Himmler se trompait. L’histoire de la Shoah a bien été écrite, en grande partie par les Juifs eux-mêmes, partout où ils se trouvaient dans les territoires de l’Europe occupés par le IIIe Reich.

De nombreux témoignages ont été recueillis auprès des survivants, tandis que l’Armée rouge progressait vers Berlin. Puis, au lendemain de la guerre, de nombreux manuscrits ont été mis au jour, jusque dans les cendres des crématoires de Birkenau.

Ces chroniques sont de nature très différente, selon que les scribes aient vécu en Europe occidentale ou bien en Europe orientale, où les nazis passèrent immédiatement à l’extermination. Que ce soit au cours des fusillades de masse perpétrées par les Einsatzgruppen dans les États Baltes, en Ukraine et en Biélorussie (un million et demi de Juifs assassinés. Les zones où ils vivaient sont déclarées Judenrein – « propres de Juifs »), dans les chambres à gaz, au moyen du Zyklon B, comme à Auschwitz et Majdanek, avec le monoxyde carbone pur, ou les gaz d’échappement de camions spécialement transformés : (Gaswagen Magirus-Deutz), à Chelmno, ou encore en injectant les gaz d’échappement du moteur Diesel d’un tank, à Treblinka, Belzec et Sobibor.

En Europe occidentale, avec la collaboration du pouvoir politique en place, comme ce fut le cas en France, sous le gouvernement de Vichy, les nazis, dépouillèrent les Juifs de leurs biens, en firent des parias, les concentrèrent dans des camps de concentration et de transit dans toute la France, pour finalement les livrer, femmes et enfants compris, aux nazis qui les acheminèrent vers les centres de mise à mort. Un point important. Les premières rafles de Juifs en France concernèrent d’abord les étrangers. Les Juifs qui avaient été émancipés en 1792 par la Constituante, se figuraient être à l’abri des arrestations, bien qu’ils fussent eux aussi soumis au Statut portant sur les Juifs.

Les premiers témoignages ont été rédigés en yiddish, en polonais, en hébreu, en russe en Europe orientale (Lituanie, Lettonie, Estonie, Gouvernement général, Protectorat de Bohême-Moravie). Certains ont été publiés dans les mois de l’immédiat après-guerre, mais n’ont connu aucune publicité. D’autres ensembles de témoignages collectés dans le cadre du Livre noir par Vassili Grossman et Ilia Ehrenbourg, ont failli ne jamais paraître, car Staline avait ordonné la destruction des épreuves et des plombs, à la veille de sa mise sous presse. Ehrenburg avait réussi à mettre les matériaux à l’abri au Musée juif de Wilno, tandis que Grossman avait dissimulé le seul jeu d’épreuves existant dans son bureau.

Il est impossible dans ce cadre, de donner un nom à tous les témoins qui ont espéré avertir le monde, dit civilisé, qui les avait soit abandonnés, soit livrés aux assassins. Rappelons qu’aucun pays n’accepta de laisser aborder des paquebots délabrés, chargés de Juifs errant sur les mers, en quête d’un refuge. Les Anglais détenant le Mandat sur la Palestine, pour ne point indisposer les Arabes, incarcéraient les Juifs dans des camps à Chypre. Mais il arrivât que le navire fût coulé, avec tous ses passagers.

Les plus importants ensembles de textes ont été écrits en Pologne, où vivait la communauté juive la plus nombreuse (trois millions et demi de Juifs), et où les Allemands, pragmatiques, avaient construit les quatre centres de mise à mort.

Au mois d’avril 1943, pendant l’insurrection du ghetto de Varsovie, le jeune Mordechai Anielewicz, membre de l’Hashomer Hatsaïr – la Jeune Garde – prit le commandement en chef de l’Organisation Juive de combat (yiddishe kampf organizatsie), réunissant toutes les tendances : L’Union militaire juive du Bétar et le Bund). Il se suicidera le 8 mai avec sa compagne Mira Furchrer, dans son Bunker assiégé par les SS de Jürgen Stoop, au numéro18 rue Mila. Il écrit :

« Il est impossible de décrire avec des mots ce que nous avons traversé. Ce qui est arrivé a dépassé nos rêves les plus fous. Par deux fois, les Allemands ont été contraints de se retirer du ghetto… Le rêve de ma vie est devenu réalité. La défense dans le ghetto est maintenant un fait. La résistance et la revanche juives armées sont à l’œuvre à présent. J’ai été témoin du combat héroïque et glorieux des combattants juifs. »

L’insurrection du ghetto de Varsovie ne fut pas le seul exploit témoignant de la survie spirituelle des Juifs, avec des moyens dérisoires, pendant la Shoah, dans les territoires de l’Europe de l’Est, occupée par les nazis. Outre la révolte dans les camps d’extermination de Treblinka (août 1943) et de Sobibor (octobre 1944), la résistance exista dans les forêts, les ghettos, notamment à Wilno (la ville faisait alors partie de la Pologne), d’où un groupe de jeunes Juifs, dirigés par le poète Aba Kovner, fondateur de la Fareynnikte Partizaner Organiziatsye (Organisation des Partisans unis), quitta la ville par les égouts, afin de former des unités de combat dans les forêts de Biélorussie. Le grand poète Avrom Sutzkever et Aba Kovner, qui allait fonder le Kibbutz Lohamei haghettaot (Kibboutz des combattants des ghettos), ont également combattu et survécu.

La constitution de groupes armés par les Juifs ne fut pas leur seule réponse à la mise en œuvre de la « Solution finale ». Une importante presse clandestine circula. Les Juifs établirent, spécialement à Varsovie, sous la direction de l’historien Emmanuel Ringelblum, et de son équipe de l’Institut scientifique juif (le YIVO, fondé en 1925, à Wilno), une chronique historique et sociologique de la vie des 500 000 Juifs, face à la Catastrophe, en train d’advenir. Des manuscrits, scellés dans six boîtes en métal, furent déterrés dans les ruines du ghetto, au mois de septembre 1946. Puis, au mois de décembre 1950, deux bidons de lait furent exhumés au 68 de la rue Nowolipki. Ils sont exposés au Musée Historique juif de Varsovie.

Jusqu’au seuil de leur assassinat, nombre de Juifs, témoignèrent également à titre individuel, en rédigeant un Journal. Ce fut le cas d’Adam Czernaikow, président du Judenrat (Conseil Juif, institué par les nazis) du ghetto de Varsovie. Il commença à écrire son Journal le 6 juillet 1939, après avoir reçu l’ordre de dresser les listes de Juifs contraints de se rendre sur l’Umschlagplatz, en vue de leur déportation massive vers les centres de mise à mort. Il avala une capsule de cyanure, le 23 juillet 1942, après avoir écrit une lettre à son épouse pour justifier son geste.

Les Juifs écrivirent jusqu’au sein des Sonderkommanods des crématoires d’Auschwitz-Birkenau, où furent mis à jour les « Rouleaux d’Auschwitz », rédigés en yiddish, et enfouis dans le sol du crématoire III. Les premiers documents furent exhumés par Szlama Dragon, survivant de l’insurrection du Crématoire III, qui assista la Commission d’enquête de l’Armée soviétique le 5 février 1945. Il raconta que 451 Juifs des Sonderkommandos avaient été abattus par les SS, le même jour.

Le premier manuscrit dont l’auteur est Leib Langufus, fut découvert. Puis, au mois Le 17 octobre 1962, le carnet de Zelman Lewental fut exhumé. Le troisième rédacteur s’appelait Zalman Gradowski.

Szlama Dragon avait été témoin, dans la salle de déshabillage de la chambre à gaz, d’un acte d’héroïsme inouï de la part de Francziska Mann, une jeune danseuse très connue en Pologne. Refusant de se dévêtir, elle se jeta sur le SS Josef Schilliger, lui arracha son arme et le tua sur le coup, elle tira ensuite sur le SS Wilhelm Emmerich, le blessant à la cuisse, avant d’être abattue. Szlama et son frère Abraham Dragon survécurent miraculeusement à la liquidation des Sonderkommandos, à l’évacuation d’Auschwitz, à la marche de la mort. Il s’installa en Israël après la guerre. Le témoignage des frères Dragon a été retranscrit par Gidon Greif sous le titre : We wept Without Tears : Testimonies of the Jewish Sonderkommando from Auschwitz, et publié en 2005 par les Presses de l’Université de Yale.

Les trois rédacteurs des « Rouleaux d’Auschwitz » n’ont pas survécu. Les documents retrouvés en fort mauvais état, ont pu partiellement être déchiffrés. La première édition a été réalisée par Ber Mark (sous une forme contestable), sous le titre Des Voix dans la nuit. Une nouvelle traduction, fidèle, a été publiée, par le Mémorial de la Shoah en 2005, sous le titre Des Voix sous la cendre.

« Que celui qui trouvera ce document sache qu’il est en possession d’un important matériel historique » répétée en quatre langues – polonaise, russe, française et allemande – avec l’intention évidente d’être immédiatement compréhensible pour la personne qui en ferait la découverte. »

Les auteurs de ces manuscrits n’espéraient pas la compassion d’éventuels lecteurs ou du monde dit civilisé qui les avaient abandonnés, mais la vengeance, comme les Juifs du Neuvième Fort de Kovno, qui ont gravé avec leurs ongles, sur les murs de leurs geôles, avant d’être fusillés : « Yid’n Nikome ! » : Juifs, Vengez-vous ! La réponse des Juifs devait être d’ordre politique.

Le Journal d’Hélène Berr

Journal. 1942-1944
Hélène Berr
Tallandier
304 pages

Voilà une des questions que soulève des Écrits comme celui d’Hetty Hillesum, Vie ? ou Théâtre ?, le récit de sa vie en images, de Charlotte Salomon, et le Journal d’Hélène Berr. Ce qui rassemble ces œuvres est que leurs auteurs étaient des femmes, vivant dans des pays démocratiques, modernes, prospère et culturellement raffinés. Les formes de violence pratiquées contre les Juifs en Pologne, en Roumanie, en Hongrie, leur étaient inconnues.

Toute trace apparente de leur éventuelle judéité était invisible. Même Etty Hillesum et Charlotte Salomon, qui étaient plus âgées qu’Hélène Berr, ne prirent pas la décision de fuir, ou de tenter de fuir. Elles disposaient de moyens matériels que n’avaient pas nombre de Juifs étrangers très pauvres, qui gagnèrent la résistance armée, la clandestinité, ou réussirent à fuir.

Que dire alors de la famille Berr ? Que dire des Juifs français, tels qu’ils se pensaient, qu’ils se voyaient ; ils respectèrent la légalité fasciste des lois de Vichy, cousirent l’étoile juive sur leur vêtement, et sortirent ainsi dans la rue ?

Antoinette et Raymond Berr, les parents d’Hélène, étaient issus de famille implantées depuis des siècles en France. Moïse Berr, né en 1740 à Krautergersheim dans le Bas-Rhin, avait adopté le nom de famille « Berr » à Raon l’Étape le 13 septembre 1808. Ce devait être parce que quelqu’un de proche devait s’appeler en hébreu Dov. Antoinette, née Rodrigues-Ely, était originaire de la communauté juive de Bayonne et, avant l’Expulsion des Juifs du Portugal, de Lisbonne. La fratrie comptait cinq enfants. Seule Denise, la mère de Mariette Job, habitait encore 5, avenue Elisée Reclus, avec ses parents. Elle épousa François Job le 12 août 1943.

Hélène Berr avait réussi ses deux baccalauréats en 1937, avec la mention « très bien ». Elle obtint ensuite son diplôme d’études supérieures de langue et de littérature anglaise et un mémoire sur l’interprétation de l’histoire romaine dans les pièces de Shakespeare. Toujours avec la mention « très bien ». Au mois d’octobre 1942, elle avait déposé un projet de doctorat consacré à l’influence de l’inspiration hellénique sur le poète John Keats. Elle ne put préparer le concours de l’agrégation en vertu de la législation antisémite du gouvernement de Vichy.

Elle commence donc à rédiger son journal intime le 7 avril 1942. Elle a 21 ans. Depuis son enfance, elle a du style : concis, spirituel, imagé, élégant.

Cette jeune fille vit dans un milieu privilégié. Son père, polytechnicien, dirige les Usines Kuhlman, la plus grande firme de produits chimiques française. Elle est une bonne violoniste, fait de la musique de chambre, passe les vacances en famille dans leur villa d’Aubergenville.

Rien ne semblait devoir obscurcir le destin des Juifs qui avaient reçu de l’Assemblée nationale la pleine égalité de leurs droits le 27 septembre 1791, sous certaines conditions, ainsi que l’avait dit dans son discours, prononcé au parlement, Stanislas de Clermont Tonnerre (assassiné à Paris en 1792) : « Il faut tout refuser aux Juifs comme nation et tout accorder aux Juifs comme individus. »

Les choses avaient semblé se gâter lorsque l’Empereur Napoléon avait réuni une assemblée de notables juifs pour leur poser des questions retorses qui les sommaient de choisir entre la loyauté envers l’État et l’observance du judaïsme. N’étant pas satisfait des réponses obtenues, Napoléon convoqua à Paris, en 1806, un grand Sanhédrin de rabbins, venus de tout l’Empire. Ces derniers devaient confirmer que les Juifs ne se considéraient pas comme une nation.

Quoi qu’il en soit, les idées de la Wissenschaft des Judentums, la Science du judaïsme, avaient gagné le monde intellectuel juif en France, avec Arsène Darmesteter (1846-1888). Les Juifs sont devenus des citoyens de confession juive. Cela n’apaisa pas les antisémites. L’Affaire Dreyfus va diviser les Français pendant des années. Puis, tout semble se calmer. Les Juifs de France connaissent une ascension sociale spectaculaire.

Entre les deux guerres mondiales, les Juifs émigrent massivement hors de ce qui fut la zone de Résidence de l’Empire russe, à la suite d’une vague de pogroms d’une ampleur inouïe qui feront 150 000 morts. Les Juifs de Pologne arrivent en France. Ils sont pauvres et s’installent dans des taudis entre Belleville et la République. Leurs activités politiques et culturelles sont importantes. Ils ne sont pas du tout appréciés par leurs coreligionnaires, que les Français désignent comme des israélites, des Français de confession juive.

Lorsque les premières mesures du statut portant sur les Juifs sont mises en œuvre, au mois d’octobre 1940, le père d’Hélène en est exempté, eu égard aux fonctions de direction qu’il occupe dans la firme Kuhlman.

Les Juifs sont éliminés de l’espace public. Le premier choc pour la famille et pour Hélène est donc l’obligation de porter l’étoile jaune, cousue bien visible, en haut et à gauche, sur la poitrine, de monter dans le dernier wagon du métro, de faire ses courses à des heures spéciales, à ne plus être autorisés à travailler, à subir la spoliation des biens. Hélène ne peut passer l’agrégation d’anglais, Vichy révoque la citoyenneté de 500 000 juifs naturalisés depuis 1927.

Le 8 juin 1942, Hélène Berr sort pour la première fois dans la rue, avec son étoile jaune, elle écrit dans son Journal :

« Mon Dieu, je ne croyais pas que ce serait si dur. J’ai eu beaucoup de courage toute la journée. J’ai porté la tête haute, et j’ai si bien regardé les gens en face qu’ils détournaient les yeux. Mais c’est dur. D’ailleurs, la majorité des gens ne regarde pas. Le plus pénible, c’est de rencontrer d’autres gens qui l’ont. Ce matin, je suis partie avec Maman. Deux gosses dans la rue nous ont montrées du doigt en disant : « Hein ? T’as vu ? Juif. » »

Beaucoup de Juifs étrangers n’ont pas porté l’étoile jaune, certains ont fui vers la zone libre et tenté de se cacher à la campagne, d’autres sont entrés dans les groupes armés de la MOI (groupes armés des Juifs étrangers, proches du Parti communiste), ont abattu des soldats allemands dans les rues de Lyon et de Paris, on fait sauter des trains, ou comme Romain Gary, Raymond Aron ont rejoint les Forces françaises libres du général de Gaulle.

L’Aufklärung de Moses Mendelssohn (1729-1786), en Allemagne, nommée en France Wissenschaft des Judentums − la science du judaïsme − dans le but de transformer le judaïsme en une religion moderne et rationnelle, fit oublier aux Juifs de vieille souche de France, que s’ils considéraient être si peu juifs, les antisémites ne les avaient pas oubliés.

Hélène, elle-même, ne l’a pas compris. L’idée du sionisme lui était fortement étrangère. Mais on peut se demander comment la famille qui disposait des moyens matériels suffisants, n’a pas songé à franchir la ligne de démarcation, puis de tenter de passer en Suisse. Du côté d’Annemasse, il y avait des passeurs.

Et même avant que les choses fussent devenues très difficiles à réaliser, pourquoi, après les premières rafles, ne pas avoir pris la décision de quitter Paris ? Pourquoi était-ce inconcevable ?

Pourquoi ne pas se diriger vers l’Espagne, vers le Portugal, ou simplement gagner Marseille où nombre d’artistes et d’intellectuels juifs ayant fui l’Autriche et l’Allemagne, ont finalement trouvé l’aide qui leur permit de gagner les États-Unis. Il est vrai que tout le monde n’a pas eu la chance de rencontrer le journaliste américain Varian Fry (1907-1967), fondateur de l’Emergency Rescue Committee qui sauva plusieurs milliers de Juifs et de résistants antifascistes en les aidant à quitter l’Europe, souvent via le Portugal, à l’époque neutre.

Le 8 mars 1944 à 7 heures 30, les policiers français arrêtèrent Hélène et ses parents. Conduits à Drancy, ils furent déportés au camp d’extermination de Birkenau le 27 mars 1944 par le convoi n°70. Le père d’Hélène fut assassiné au camp de Buna Monowitz, le complexe chimique qui faisait partie d’Auschwitz, parce qu’il était atteint d’un phlegmon au genou. Cela se pratiquait par une piqûre de phénol dans le cœur, injectée par un médecin. La mère d’Hélène fut gazée à Birkenau le 30 avril 1944.

Pourquoi les Berr sont-ils rentrés dormir chez eux ? Pourquoi se sont-ils conformés aux lois criminelles du maréchal Pétain ? C’est précisément en lisant le Journal d’Hélène Berr qu’on peut arriver à se figurer comment les Juifs français, devenus de fervents patriotes, ne pouvaient concevoir ce qui leur arrivait. Comment une jeune fille très pure, aussi intelligente, aussi cultivée, heureuse, aussi avertie qu’Hélène Berr, par crainte d’être lâche, par peur d’abandonner les enfants, déjà entre les mains de leurs bourreaux, est tombée dans le piège tendu par Vichy et les nazis.

Pour prolonger :

Le très beau documentaire de Jérôme Prieur : Hélène Berr, Une jeune fille dans Paris occupé, 2013.

Shlomo Venezia, un Juif italien, lui aussi survivant du Sonderkommando a publié son témoignage intitulé Sonderkommando, recueilli par Béatrice Prasquier et l’historien Marcello Pezzeti (Albin Michel, 2007). Fiilip Müller qui s’était caché dans une des cheminées du crématoire a publié un récit : Trois ans dans une chambre à gaz à Auschwitz. (Pygmalion, 1997).

On peut aujourd’hui lire une vaste littérature de récits, journaux qui ont été traduits en français.

Je suis le dernier Juif –Treblinka 1943-1944 de Chil Reichman, traduit du yiddish par Gilles Rozier et préfacé par Annette Wiewiorka, a paru en 2011 au Livre de Poche.

Journal du ghetto de Lodz 1939-1943, par David Sierakowiak, Editions du Rocher.

Du fond de l’abîme. Journal du ghetto de Varsovie. Hillel Seidman, Pocket 2002. Traduit de l’hébreu et du yiddish par Nathan Weinstock, accompagné par une documentation commentée par Georges Bensoussan et Micheline Weinstock.

Journal du ghetto, de Janusz Korczak, ce médecin et pédagogue qui avait fondé un orphelinat géré par les enfants dans le ghetto de Varsovie. Il aurait pu sauver sa vie. Quand il reçut l’ordre de livrer les enfants, il les accompagna sur l’Umschlagplatz, et mourut avec eux dans la chambre à gaz de Treblinka. (Pavillons Poche Robert Laffont, 2016).

Plus tardivement, après la guerre, un certain nombre de manuscrits furent retrouvés, notamment en Pologne, dans les ruines des ghettos. Tel Le Manuscrit retrouvé de Simha Guterman, découvert scellé dans une bouteille sous un escalier, à Radom.

 

[Source : http://www.nonfiction.fr]

No século XX, guerras se “urbanizaram” — e Direito Internacional avalia tornar ataques à patrimônios culturais e históricos crimes contra a humanidade. “Novo” conceito poderia banalizar a tipificação de genocídio? Como punir a destruição de cidades?

Escrito por Juliette Robichez

Em setembro de 2018, o Brasil perdeu uma das suas joias culturais, o Museu Nacional do Rio de Janeiro, e, em abril de 2019, a França assistiu à destruição do emblema de Paris e da nação, a catedral Notre-Dame de Paris. Essas novas “catástrofes culturais”, usando a expressão da professora francesa especialista da história da arte1, espantaram e entristeceram o planeta. A transmissão ao vivo, durante intermináveis horas, da ação do fogo em ambos os patrimônios da humanidade e a emoção mundial que esses incêndios provocados pela imprudência e negligência suscitaram, demonstram que estamos apegados ao que estampa a história, a memória, a cultura, a identidade da humanidade, em resumo, a dignidade dos seres humanos. Esses sentimentos de indignação e de desespero se acentuam quando a destruição do nosso patrimônio é o fruto de um ato deliberado, como acontece nos tempos de conflitos armados, quando os bens culturais se tornam alvo prioritário dos beligerantes.

A sociedade internacional, em particular sua componente civil, vítima dos atos deliberados de tentativa de aniquilamento da sua cultura, mobiliza-se para despertar a consciência dos representantes dos Estados a respeito da gravidade da situação e refletir sobre como reagir de maneira eficaz para prevenir o desmoronamento do patrimônio e sobretudo punir os que cometeram infrações contra a herança cultural do gênero humano. Já houve várias iniciativas no campo jurídico que merecem nossa atenção2. Desde os tempos remotos, o direito humanitário foi pioneiro em criar um arsenal normativo rematado, visando preservar os bens culturais em tempo de guerra. A fundação da Organização das Nações Unidas para a Educação, a Ciência e a Cultura – Unesco, depois da 2ª Guerra Mundial – evento histórico, um símbolo, diante do vandalismo, a pilhagem e a destruição em grande escala de cidades históricas –, constituiu também um grande avanço para a concretização dos instrumentos internacionais existentes, a elaboração de novos diplomas legais e a extensão da proteção dos bens culturais no tempo de paz. Esta organização internacional elaborou, por exemplo, a lista do patrimônio em 1972, que está em constante atualização. As jurisdições penais internacionais que surgiram depois da queda do Muro de Berlim – inspirados pelo Tribunal de Nuremberg, que julgou os crimes nazistas – efetivaram as normas internacionais que visam conservar os bens culturais. Existem hoje vários julgamentos condenando carrascos por terem cometido crimes de guerra ou crimes contra a humanidade ao deliberadamente destruírem o patrimônio da humanidade3. No entanto, esses avanços merecem, segundo uma corrente doutrinária, serem aperfeiçoados, para tornar a luta contra a devastação dos bens culturais uma prioridade.

Este artigo visa iniciar uma reflexão sobre a proposta doutrinária de promover um novo crime, que consiste em destruir deliberadamente o patrimônio cultural e histórico de um povo, ao patamar mais elevado das infrações internacionais, para oferecer uma proteção melhor aos bens culturais. Alguns jurisinternacionalistas sugerem não mais se contentar em apenas incluir a ruína do patrimônio cultural como elemento de um dos crimes internacionais elencado no Estatuto de Roma de 1998; militam em prol da concepção de um crime sui generis, o “crime de urbicídio”. Esta proposta merece ser apresentada e analisada de maneira crítica. Na perspectiva de descobrir como o conceito “urbicídio” surgiu e de defini-lo (cap. 1), realizou-se uma pesquisa qualitativa, bibliográfica e documental, com enfoque na literatura estrangeira, baseada em procedimentos metodológicos comparativos e históricos. A partir deste estudo preliminar, foi iniciada uma análise crítica deste novo conceito: foram ressaltadas suas vantagens em comparação com os outros crimes internacionais, e destacadas as vicissitudes que criam potenciais obstáculos a sua posteridade, como novo crime no rol do Estatuto de Roma (cap. 2).

1. Evolução histórica e definição do conceito “crime de urbicídio”

Na Idade Média e até o século XVIII, a guerra de sítio era fundamental. Porém, na época de Clausewitz e de Napoleão, as modalidades dos conflitos mudaram: era o tempo do “levante em massa”4 e das batalhas-flashes (relâmpagos) e depois das grandes lutas sociais. O exército era responsável por manter a ordem nas cidades, mas preferia usar seus armamentos cada dia mais industrializados em palco de operação que permitia seu desdobramento, longe da população civil, no campo. Os estrategistas da Primeira Guerra Mundial evitaram os combates urbanos. Sem dúvida, os da Segunda Guerra teriam preferido evitar também, mas algumas cidades começaram a tornar-se cidades simbólicas da guerra na Rússia, como Leningrado5. As operações contra centros urbanos alemães e japoneses, no final do conflito, instigam perguntar se a “guerra para a cidade” não se transformou doravante em “guerra na cidade”. A partir dos anos 80, a guerra se “urbaniza”, segundo a expressão de Jean-Louis Dufour6. Ao comentar os acontecimentos em Sarajevo, durante a guerra na ex-Iugoslávia, atacada das alturas rurais circundantes, Aleppo, a capital da Chechênia, aniquilada pelos russos, ou os territórios palestinos ocupados pelos israelenses, começamos a ler na literatura científica ou jornalística, ou ouvir na boca dos políticos as expressões “guerra contra a cidade” e “urbicídio”.

Antes de definir o complexo conceito em gestação, de urbicídio (b), é necessário entender em que contexto histórico ele surgiu (a).

a) Evolução histórica do conceito “urbicídio”

Não existem ainda textos normativos consagrando o crime específico de urbicídio. A ideia, no patamar internacional, surgiu após o ataque direto, em 1993, contra a ponte de Mostar, na ex-Iugoslávia, alvo de bombardeios, posto que não representava nenhum caráter militar, não abrigava munições, não tinha nenhum valor castrense estratégico. A explosão pelos talibãs fanáticos dos budas monumentais de Bamiyan, estátuas de 38 e 55 metros erguidas no século V da nossa era, provocou, em 2001, a adoção de uma resolução pela IV Comissão da UNESCO7. Abalada pelo desaparecimento total de obras, fruto de uma extraordinária fusão artística de várias culturas que testemunhavam a riqueza cultural afegã, a organização internacional, sediada em Paris, convidou os Estados permanentes do Conselho de Segurança da ONU a lutar de maneira mais eficaz contra a demolição propositada dos tesouros da humanidade. Uma das recomendações foi conceber um novo crime internacional, o “crime contra o patrimônio comum da humanidade”, para facilitar a condenação dos responsáveis de ações predatórias pelos tribunais internacionais.

Não há dúvida de que a inclusão de um quinto crime internacional no rol do Estatuto de Roma8 promoveria a tutela do patrimônio cultural como uma nova grande prioridade da sociedade internacional. Outra proposta para tornar mais eficaz a aplicação das normas seria, segundo o mesmo documento, dar mais poder ao diretor geral da Unesco para informar ao secretário geral das Nações Unidas quando o patrimônio comum da humanidade for ameaçado de destruição intencional, a fim que ele possa, por exemplo, propor medidas necessárias para proteger os bens histórico-artísticos. Sabemos que somente o Conselho de Segurança goza de legitimidade para adotar medidas militares, além das de natureza diplomática, política, econômica, no âmbito internacional. Somente em dezembro de 2012 o principal órgão das Nações Unidas refere-se, em uma das suas resoluções, ao patrimônio da humanidade. Ele condenou, no conflito maliano (guerra civil que começou em 2012 com a insurreição de grupos salafistas jihadistas e independentistas denominados Azawad), as violações dos direitos humanos pelos grupos islâmicos radicais, assim como “a pilhagem, o roubo ou a destruição dos sítios culturais e religiosos”9. Com certeza, essas organizações internacionais foram influenciadas pelas ideias difundidas pela sociedade civil internacional (intelectuais, ONGs, juristas etc.), preocupada com a urgência em salvar o patrimônio histórico-cultural em perigo.

A repetição dos fatos de vandalismo intencional pelos grupos jihadistas de obediência islâmica – fúria guerreira que sempre existiu na história da humanidade, porém, fenômeno novo, acompanhada por uma divulgação em grande escala como meio de propaganda e de terrorismo10 –, levou uma parte da doutrina a pensar em adaptar o direito penal internacional à evolução dos modos de conflitos armados. Assim, à luz da criação do genocídio pela Convenção sobre a Prevenção de Repressão do Genocídio de 1948, da tentativa doutrinária de positivar o “crime de ecocídio” nos anos 6011, o “crime de urbicídio” emergiu na literatura nos anos 90, período ilustrado pelas guerras que ocorreram na ex-Iugoslávia. Todavia, o conceito entrou na posteridade só recentemente.

Um grupo de historiadores de arte, arquitetos e jornalistas12 manifestou sua aflição com uma nova dimensão dos problemas humanitários: o aniquilamento da identidade do inimigo pela destruição dos seus monumentos e lugares de culto que acompanham os assassinos, a fome, os sofrimentos e os êxodos. Cinco arquitetos que assistiram à destruição planejada da capital da Bosnia-Herzegovina, em 1991 e 1992, decidiram testemunhar e alertar o mundo sobre os acontecimentos com uma exposição itinerante que eles batizaram “Warchitecture13 – Urbicide Sarajevo”14. Foi apresentada, por exemplo, no Museu de Arte Moderna Contemporânea de Paris, no Centre Georges Pompidou em 199415. A ONG francesa Groupe, Reportage Étudiants, Environnement, Sociétés – GREES, associada ao projeto dos arquitetos precitados Midhat Cesovic, Borislav Curic, Nasif Hasanbegovic, Darko Serfic e Sabahundin Spilja, explica o uso do neologismo na época:

Porque se o assassinato de um povo é chamado de genocídio, a destruição de uma cidade e o que está acontecendo em Sarajevo pode sim ser chamado de urbicídio. (…) O urbicídio é óbvio, e é isso que estão tentando mostrar estes cinco arquitetos reunidos na associação multiétnica de arquitetos da Bósnia-Herzegovina e Sarajevo Das-Sabih. (…) Esta é uma das realidades da guerra na Bósnia e, mais geralmente, na ex-Iugoslávia. Claro que esta não é a única, mas esta guerra é marcada, entre outros crimes, pelo desejo de destruir as cidades e o que elas representam, para melhor aniquilar o inimigo. Osijek, Vukovar, Zadar, Mostar, Sarajevo … a lista é longa. Os sérvios querem matar a cidade porque ela encarna a civilização, a multietnicidade, as trocas. E Sarajevo entre as cidades do mundo goza de um lugar especial: “Com Jerusalém, Sarajevo é a única cidade do mundo que mistura tantas culturas e religiões diferentes”, explica Midhat Cesovic. Em Sarajevo, há uma catedral católica ao lado de uma sinagoga, de uma grande mesquita e de uma igreja ortodoxa. É o ponto triplo do encontro entre três grandes placas da civilização: o cristianismo ortodoxo grego, o catolicismo e o islamismo. (trad. nossa)

Essa nova terminologia foi rapidamente difundida nos discursos políticos e na mídia. O neologismo “urbicídio” começou a ganhar fama em particular na fala do arquiteto e professor Bogdan Bogdanovic16, um dos maiores oponentes ao regime ultranacionalista de Milosovic, acusado pelo Tribunal Penal para a ex-Iugoslávia antes de morrer e antigo prefeito de Belgrado. Assim, após a mutilação da futura capital da Bósnia-Herzegovina e diante da vergonhosa capitulação da comunidade internacional, o jornal francês Le Monde em maio de 199417 interpelou a opinião pública: “L’urbicide, le mémoricide, le nettoyage ethnique resteront-ils impunis ? Aucun tribunal international ne jugera-t-il jamais les auteurs de ces délits de lèse-humanité?” [“O urbicídio, o memoricídio, a limpeza étnica ficarão impunes? Nenhum tribunal internacional jamais julgará os perpetradores desses crimes contra a humanidade?”]. Hoje, várias obras científicas18 fizeram eco a este conceito que necessita ser definido juridicamente.

b) Definição jurídica do conceito de urbicídio

O termo “urbicídio” foi fabricado seguindo o modelo do conceito de “genocídio” idealizado por Raphael Lemkin em 194419. Sua etimologia é límpida: do latim urbs, cidade, e caedere, destruir, matar; “urbicídio” significa então destruição da cidade. O primeiro uso registrado da expressão “urbicídio” foi feito na obra do prolífico autor britânico de ficção científica Michael Moorcick na novela “Elric: Dead God’s Homecoming”, publicada em 196320. Os norte-americanos de obediência marxista em geral usaram, a partir da década dos anos 60, este conceito para se referirem à reestruturação urbana (ou destruição), como o Bronx em Nova York, que tinha como efeito operar uma reconversão agressiva sobre a experiência social urbana21. Foi depois dos acontecimentos de Sarajevo, na década 90, que o neologismo abraçou outra realidade. Esse novo conceito designa uma realidade antiga, quer dizer, as violências que visam a destruição da cidade22, não na condição de objetivo estratégico, mas na condição de identidade urbana. Para retomar a expressão bastante eficaz de Paul Virilio23 – urbanista, sociólogo e filósofo francês que viveu os bombardeios da sua cidade Nantes na sua infância, em 1943 –, a estratégia da nova guerra, hoje, é uma estratégia anticidade. O espaço urbano tornou-se alvo não apenas por motivos estratégicos, mas sobretudo pelos significados que ele incorpora: identidade, valores sociais e culturais. O conceito compartilha com o de “genocídio” a ideia de purificação, limpeza étnica, aniquilamento. Porém o primeiro não centra sua atenção sobre o ser humano como objeto direto da destruição, como o segundo o faz. A cidade é o símbolo do que é detestado: a polis encarna o lugar de civilização, o centro de poder a ser derrubado, o epicentro de encontros, de trocas entre as populações. Este acordo entre populações de diferentes comunidades que forjam um modo de morar baseado no multiculturalismo ou cosmopolitismo, em valores sociais e culturais torna-se um alvo para os beligerantes que buscam promover uma única identidade da sua comunidade e aniquilar os “geossímbolos”24 do encontro entre as populações e terminar com o “komsiluk” (boa vizinhança)25. O urbicídio é um crime complexo: além de uma grade de análise que se refere somente aos fatores étnicos, religiosos e linguísticos, demonstra que os conflitos são também o fruto de lutas entre urbanos e rurais, entre dois modos de morar opostos que não se entendem26. O apagamento da cidade do mapa não visa exclusivamente, como foi o caso durante toda a história da humanidade, ganhar a batalha ou a guerra e desmoralizar o inimigo27; objetiva instaurar uma supremacia também cultural sobre o inimigo, o “Outro”. Se, na cidade, se concentram os poderes econômicos, os centros de informação, os locais estratégicos, há uma densidade populacional que a torna vulnerável; nela também são sediados os monumentos que refletem uma identidade, uma história, uma cultura a serem apagadas da memória.

Não é à toa que alguns locais são visados pelos bombardeios ou ataques por explosivos. O geografo Rémi Baudouï sublinhou assim como o incêndio da biblioteca de Sarajevo, em agosto de 1992, testemunhou no plano simbólico da raiva que animava os militares sérvios o intuito de acabar com a “cultura do Outro”28. A ponte de Mostar, que ligava dois bairros étnicos diferentes, um bosniano e o outro croata, tornou-se alvo privilegiado também dos bombardeios sérvios. Essa folia assassina irracional, esse “meurtre rituel des villes”29 caracteriza também as exações dos grupos como os talibãs, Al Qaeda no Magrebe Islâmico-AQMI, Ançar Eddine e o Grupo Estado Islâmico (ISIS, segundo o acrônimo inglês) relatados acima. Ponto comum que podemos salientar à leitura dos discursos dos líderes dos beligerantes, ultranacionalistas ou jihadistas, que rejeitam a identidade do inimigo, é a necessidade de apagar as cidades consideradas “impuras”.

Vale destacar que, no Afeganistão, no Mali ou na Síria, no século XXI, os beligerantes privilegiaram o ataque do patrimônio do inimigo aos alvos políticos, econômicos ou militares estratégicos. Em razão da facilidade de derrubar e surrupiar os bens culturais? Ou em razão do forte simbolismo que as estátuas, museus, sítios arqueológicos, mausoléus ou manuscritos representam? Segundo François Chaslin, no seu livro Um ódio monumental30, a resposta é óbvia: “O conflito na ex-Iugoslávia expressa um ódio ao monumento, uma vontade de destruir tudo que participa de uma história comum” (trad. nossa).

Por estas razões, muitas vezes, os traços deixados pelos eventos de guerra nos tecidos urbanos estão carregados de fortes valores simbólicos e a fase de reconstrução torna-se um momento de reescrever a paisagem da memória da cidade. Os projetos de intervenções de restauração, reconstrução ou demolição pós-guerra são, nessa perspectiva, a expressão de narrativas coletivas que estabelecem uma relação cada vez diferente entre a cidade, o evento de guerra e sua memória31.

Uma vez contextualizado e definido, resta analisar de maneira crítica a contribuição do novo crime à teoria do direito penal internacional.

2. Vantagens e desvantagens do novo conceito “urbicídio”

Uma reflexão preliminar sobre o risco da criação de um novo crime pode suscitar, na teoria do direito, uma comparação entre os crimes preexistentes e o novo crime de urbicídio.

2.1. Efeitos nocivos da inflação normativa

Entendemos a intenção dos defensores da criação de um novo crime internacional suscetível de tornar o Tribunal Penal Internacional (TPI) competente: conscientizar a comunidade internacional da extrema gravidade da pulverização da identidade de uma população através de seu patrimônio; insistir também sobre o efeito profilático da consagração de um crime ao acentuar, dramatizar esse caráter grave de todos os atos predatórios para acabar com essas atrocidades. Porém não podemos negar as vicissitudes próprias que surgem quando se cria um novo conceito. Como delimitar precisamente as fronteiras deste crime em gestação? Como atender melhor o princípio de legalidade? Esse crime pode realmente ser considerado um crime internacional capaz de fundar a competência da jurisdição criminal internacional? Não é redundante com os outros crimes internacionais? De modo mais geral, quais são os critérios para avaliar a relevância da constituição de novos crimes internacionais? Sem pretensão de exaustividade, podemos citar as propostas recentes de criação de infrações relativas à proteção dos indivíduos e dos povos (escravidão, apartheiddiscriminação racial, tortura…), as relativas aos espaços e ao meio ambiente (ecocídio, pirataria, poluição, espaciocídio32…), as relativas à proteção do Estado, das organizações internacionais e de seus agentes (atos de terrorismo33…) ou as relativas às trocas internacionais (tráfico de entorpecentes, luta contra a corrupção internacional ou contra os paraísos fiscais…), as econômicas e financeiras34 etc.35. Todas são legítimas e dignas de atenção, porém não contribuem para inflação normativa criminal? Este crescimento exagerado não tem o risco de banalizar o crime internacional e finalmente tornar a luta contra a impunidade ineficaz?

Ao acolher todas essas propostas, chegaremos a uma hipótese de “non-droit”, quer dizer, a hipótese extrema da inefetividade do direito que seria a “ausência de direito em um determinado número de relações humanas onde a lei tinha a vocação teórica de estar presente”36, descrita pelo renomado sociólogo de direito francês, Jean Carbonnier, no meio do século passado. Tanto a escassez de direito quanto sua proliferação podem aniquilar ele mesmo, “como a serpente que se devora pela cauda. Em um imenso número de casos, ele devora fenômenos legais, neutraliza sua juricidade”37. Essa neutralização pela banalização já foi debatida e denunciada a respeito da qualificação quase sistemática dos massacres de população em genocídio (como foi feito para caracterizar os crimes na ex-Iugoslávia nos anos 90, no Darfur no Sudão, em Israel nos anos 2000 ou da juventude negra brasileira atualmente)38.

Em resumo: positivar o crime de “urbícidio”, seria o meio ruim para alcançar um bom objetivo? Precisa-se trivializar os crimes internacionais para “enobrecer” a destruição em massa do patrimônio da humanidade que assola atualmente várias regiões do mundo vítimas da ação de grupos obscurantistas ou de Estados visando nelas impor sua hegemonia? Essas questões merecem uma reflexão aprofundada para conciliar de maneira satisfatória a efetividade jurídica e a luta contra a impunidade.

Uma vez levantado o risco ligado à criação de um novo crime internacional, podemos questionar a sua relevância.

2.2. Comparação do crime de urbicídio com os crimes internacionais positivados

Na jurisprudência dos tribunais penais internacionais ad hoc e do TPI, a destruição deliberada dos bens culturais foi assimilada aos crimes contra a humanidade e aos crimes de guerra. Vale então desenhar as semelhanças e diferenças entre esses crimes.

Os crimes de urbicídio e os crimes contra a humanidade ou de guerra apresentam elementos comuns: visam aniquilar o inimigo e constituem atos de violência coletiva. Porém existem distinções profundas e intrínsecas. No crime contra a humanidade ou de guerra, os valores protegidos dos atos subjacentes visam diretamente a pessoa e, além disso, a espécie humana, como atentados à vida sob a forma de assassinato ou homicídio, atentados à integridade física e mental e à liberdade de deslocamento (sequestros e raptos). O crime de urbicídio é antes de tudo um crime direcionado contra o Estado. Mesmo se ele visa civis que vão sofrer na sua carne, visa de maneira colateral os símbolos do modelo combatido: a potência comercial e financeira, a supremacia militar, o poder político, o patrimônio cultural, através de um impacto simbólico e um grande choque midiático. Nota-se que o criminoso da humanidade ou de guerra busca eliminar os rastros das suas monstruosidades. Ao inverso, os responsáveis pelo urbicídio usam plenamente dos meios de comunicação para divulgar seus crimes. A violência contra o patrimônio, nesses últimos anos, foi teatralizada no intuito de melhor difundir o terror diante das populações visadas, e a reivindicação torna-se um elemento necessário. Parece que os bens são interesses jurídicos protegidos pelas duas incriminações, porém isso fica marginal para o crime contra a humanidade ou crime de guerra. O crime de urbicídio entende resguardar, tanto a pessoa humana quanto os bens da humanidade e os dos Estados. Enfim, o crime contra a humanidade ou de guerra só pode ser cometido por um Estado, enquanto os atos de urbicídio podem ser realizados por particulares para seus próprios interesses39.

Essas diferenças poderiam justificar a razão de ser do novo crime. Porém, do ponto de vista pragmático, sua concretização traz mais perguntas que soluções.

Com efeito, uma discussão a ser resolvida, por exemplo, é de determinar quais seriam os elementos da sua definição a serem comprovados para punir o crime de urbicídio. As evoluções da jurisprudência do Tribunal Penal para a ex-Iugoslávia – TPII corroboram a dificuldade quanto à qualificação do crime (crime de guerra ou crime contra a humanidade?) e quanto aos critérios exigidos para determinar se houve ou não um crime contra o patrimônio da humanidade.40 Em vários julgamentos, o TPII, de maneira solene, condenou os atos visando o patrimônio cultural41. No “caso Kordic”, julgado em 26 de fevereiro de 2001, o ato de demolição e degradação de edifícios consagrados à religião ou à educação, quando tal ato é perpetrado deliberadamente, foi equiparado a um ato de perseguição, posto que equivale a: “um ataque contra a identidade religiosa própria de um povo. Assim, o Tribunal exemplifica a noção de crime contra a humanidade, pois deste fato, é a humanidade no seu conjunto que é afetada pela destruição de uma cultura religiosa específica e dos objetos culturais vinculados”42. No “caso Miodrag Jokic”, o julgamento de 18 de março de 2004 puniu, mais uma vez, esses atos bárbaros de hostilidades contra o patrimônio cultural nesses termos: “O bombardeio da velha cidade de Dubrovnik (classificada na lista da UNESCO) constituiu um ataque não somente contra a história e o patrimônio da região mas também contra o patrimônio cultural da humanidade”43. No julgamento de 3 de março de 200044, T. Blaskic foi acusado por ter atacado o patrimônio cultural do inimigo. No entanto, o tribunal ad hoc entendeu de maneira restritiva o artigo 3° al. d). Foi estabelecido que o dano ou a destruição precisam ser cometidos de maneira deliberada contra edifícios claramente identificados como consagrados à religião ou ao ensino e não usados, no momento dos fatos, para fins militares. Neste “caso Blaskic”, o ataque contra os edifícios não caracterizou um dos quatro crimes internacionais, tornando o TPII competente, pois eles estavam localizados perto de objetivos militares, condição que legitima os bombardeios. No entanto, a jurisprudência da corte criminal evoluiu: no julgamento “Natelic e Martinovic” do 31 de março de 200345, a definição do crime não contemplou mais o elemento de proximidade do edifício bombardeado com os objetivos militares. Mas os juízes internacionais requereram a prova da intenção do autor do delito de degradar o imóvel, prova sempre delicada a fornecer, como é para qualquer elemento subjetivo. Essas exigências são compreensíveis, pois se trata da definição dos crimes internacionais, quer dizer, os de maior gravidade, que afetam a comunidade internacional no seu conjunto, justificando a competência excepcional dos tribunais penais internacionais e relativizando a soberania dos países beligerantes.

O terrorismo compartilha várias semelhanças com o urbicídio, em particular o de propagar o terror e destruir, não somente física mas também moralmente, uma parte da população civil, focar em alvos simbólicos da identidade do inimigo. Mas vale lembrar os fracassos da sociedade internacional ao definir o primeiro para descartar o raciocínio analógico46. Apesar de o terrorismo ser considerado uma das ameaças mais terríveis destas últimas décadas, não houve consenso internacional até hoje, para circunscrever este conceito47, o que não deixa pressagiar, pelo menos a curto prazo, novo conceito de urbicídio.

Mesmo que o desafio da delimitação do conceito esteja superado, restarão outras questões a serem resolvidas. Qual seria seu regime jurídico? O crime é mais grave que os outros crimes internacionais vigentes hoje no Estatuto de Roma? A sanção deveria ser agravada? Quais são as causas para se eximir da sua responsabilidade pela destruição de uma cidade?

Estes são apenas exemplos de incertezas jurídicas que o TPI permanente encontrará se o conceito de urbicídio vier a ser incorporado no artigo 8 do Estatuto de Roma. Além disso, a capacidade deste termo para abranger uma variedade de campos, tais como, direito, política internacional, urbanismo e arquitetura, história da arte, antropologia, filosofia e sociologia, tornará especialmente difícil estabelecer uma definição finita que satisfaça a todos.

Conclusão

A discussão doutrinária sobre a qualificação jurídica aplicável às violações voluntárias aos monumentos históricos tem o mérito de demonstrar as novas expectativas da sociedade internacional quanto à tutela do patrimônio da humanidade. Porém, por enquanto, parece mais conveniente conservar a principal caracterização de “crime de guerra” aplicada pelo TPI. Se a criação de um crime sui generis apresenta intelectualmente argumentos a favor, a mudança da terminologia poderia ser contraproducente. O governo francês, nas suas “50 proposições para proteger o patrimônio da humanidade” reveladas em 201548, propôs sistematizar o acionamento do TPI para responsabilizar individualmente os que perpetraram crimes de lesa-patrimônio (proposição n° 42) sem, no entanto, tentar modificar a qualificação de crimes de guerra para outro crime. Emendar o Estatuto de Roma no intuito de criar uma nova infração tem o risco de deixar entender, segundo Jean-Luc Martinez, redator das proposições, que as destruições das pedras podem ficar no mesmo patamar que os massacres da população, o que é difícil de ser compreendido pela opinião pública. Essa falta de legibilidade provocada pela alteração de jurisprudência seria contraditória com a preocupação de consolidar a efetividade das regras em germinação existentes. Ademais, o processo de reforma do Estatuto de Roma pode revelar-se arriscado pois a probabilidade de uma emenda entrar em vigor é fraca. Alterar as cláusulas do tratado de 1998 necessita da aquiescência da maioria dos 2/3 dos Estados membros da jurisdição criminal internacional e vinculará somente os Estados que ratificaram a emenda. Como o TPI está hoje sofrendo uma fase de contestação, em particular pelos países africanos que contestam sua legitimidade49 e também pelos presidentes russo, Vladimir Putin, norte-americano, Donald Trump, é melhor não dar oportunidade aos Estados de denunciar ou enfraquecer o ato constitutivo desta instituição judiciária, que demonstrou recentemente sua importante contribuição na luta eficaz contra a destruição do patrimônio da humanidade.


1 SARTRE-FAURIAT, Annie. Proche-Orient : patrimoines en grand danger. Anabases, Toulouse, n° 23, 2016, p. 139.

2 ROBICHEZ, Juliette. A destruição do patrimônio cultural da humanidade como instrumento de aniquilamento da dignidade da pessoa humana. A gênese da proteção jurídica do patrimônio cultural da humanidade. Diálogos possíveis, Salvador, v. 14, 2015, p. 96. – ROBICHEZ, Juliette. A proteção do patrimônio histórico-cultural da humanidade e a crise do direito internacional. In: MENEZES, Wagner; ANUNCIAÇÃO, Clodoaldo S. da, VIEIRA, Gustavo M. (org.). Direito internacional em expansão, Belo Horizonte: Arrães Ed., 2015, p. 122.

3 ROBICHEZ, Juliette. A destruição deliberada do patrimônio cultural da humanidade: “crime de guerra” ou crime contra a humanidade”? Revista de Direito Internacional, 2020, v. 17, n.° 3, Dossiê temático: Direito da arte e do patrimônio cultural, p. 357. Disponível em: https://www.publicacoesacademicas.uniceub.br/rdi/article/view/6591. Acesso em: 21 abr. 2021.

4 Definido no artigo 4, A, §6 da Terceira Convenção de Genebra. Termo francês para a conscrição durante as Guerras Revolucionárias francesas, particularmente a de 23 de agosto de 1793.

5 DUFOUR, Jean-Louis. La guerre, la ville et le soldat. Paris: Odile Jacob, 2002.

6 DUFOUR, Jean-Louis. Villes et combats urbains au XXe siècle, in Guerres mondiales et conflits contemporainsParis, 2002/2, n° 206, p. 95. Disponível em: https://www.cairn.info/revue-guerres-mondiales-et-conflits-contemporains-2002-2-page-95.htm. Acesso em: 07 mai. 2019.

7 UNESCO. Quatorzième assemblée générale des États parties à la Convention concernant la protection du patrimoine mondial, culturel et naturel. Paris, 14-15/Out/2003, p. 2. Disponível em: <http://whc.UNESCO.org/archive/2003/whc03-14ga-inf01f.pdf>. Acesso em: 10 fev. 2014.

8 Por enquanto, os crimes internacionais são: crime de genocídio, crime contra a humanidade, crime de guerra e crime de agressão.

9 Resolução 2085 (2012). Disponível em: <http://abonnes.lemonde.fr/international/article/2013/02/15/patrimoine-mondial_1833424_3210.html>. Acesso em: 05 mai. 2014.

10 No seu sentido próprio de aterrorizar a população.

11 CABANES, Valérie. Un nouveau droit pour la terre. Pour en finir avec l’écocide. Paris: Seuil, 2016.

12 Colóquio sobre as cidades destruídas nas guerras recentes, 31 jan. 1995, Ecole d’architecture de Paris-La Défense, sob a iniciativa da revista Urbanisme et da Associação Patrimônio sem Fronteiras. V. EDELMANN, Frédéric. Comment réconcilier les villes martyres et leur histoire. Le Monde, Paris, 11 fev. 1995. Disponível em: <http://www.lemonde.fr/archives/article/1995/02/11/comment-reconcilier-les-villes-martyres-et-leur-histoire_3836761_1819218.html#mQ8aDPHigO6hDpLU.99>. Acesso em: 14 mar. 2017.

13 Neologismo elaborado a partir da palavra “war”, guerra em inglês e “architecture”, arquitetura.

14 GREES. Urbicide à Sarajevo. Blogue Immersion à Sarajevo, s.d. Disponível em: <https://grees2009.wordpress.com/nos-recherches/urbanisme/urbicide-a-sarajevo/>. Acesso em: 14 mar. 2017. Fato interessante, o neologismo “urbicídio” não foi traduzido em inglês na mídia nova-iorquina, o outro “warchitecture-Sarajevo”, associando a palavra “guerra” e “arquitetura”, foi privilegiado para falar de uma cidade “ferida” (“A Wounded City”). V. STOREFRONT FOR ART AND ARCHITECTURE. Warchitecture-Sarajevo: a Wounded City. 04 fev. 1995. Disponível em: <http://storefrontnews.org/programming/warchitecture-sarajevo-a-wounded-city/>. Acesso em: 14 mar. 2017.

15 Une exposition sur Sarajevo au Centre Pompidou. Les ruines d’une ville assiégée. Le Monde, Paris, 03 mai. 1994. Disponível em: <http://www.lemonde.fr/archives/article/1994/05/03/une-exposition-sur-sarajevo-au-centre-pompidou-les-ruines-d-une-ville-assiegee_3829085_1819218.html#0D7axomAHhypp4uf.99>. Acesso em: 07 set. 2016.

16 BOGDANOVIC, Bogdan. Vukovar, Sarajevo. La guerre en ex-Yougoslavie. Paris: Ed. Esprit, 1993.

17 Pourquoi Sarajevo. Le Monde, Paris, 27 mai. 1994. Disponível em: <http://www.lemonde.fr/archives/article/1994/05/27/pourquoi-sarajevo_3831329_1819218.html#rUgtrD2dZmqhOEYS.99>. Acesso em: 07 set. 2016. Tradução nossa: “O urbicídio,o memoricídio e a limpeza étnica ficarão impunes? Nenhum tribunal internacional nunca julgará os autores destes delitos de lesa-humanidade?”

18 Por ex.: MAZZUCCHELLI, Francesco. Urbicidio. Il senso dei luoghi tra distruzioni e ricostruzioni nelle ex Jugoslavia. Bononia University Press, Bolonha, 2010.

19 LEMKIN, Raphael. Chapter IX: Genocide. In: ______. Axis Rule in Occupied Europe: Laws of Occupation – Analysis of Government – Proposals for Redress. Washington: Carnegie Endowment for International Peace, 1944. p. 79-95. Disponível em: <http://www.academia.edu/5846019/Raphael_Lemkin_-_Axis_Rule_in_Occupied_Europe_Laws_of_Occupation_-_Analysis_of_Government_-_Proposals_for_Redress_Chapter_IX_Genocide_&gt;. Acesso em: 08 mai. 2019.

20 MOORCOCK, Michael. Dead God’s Homecoming. Science Fantasy, n° 59, Nova Publishing, 1963, apud WIKIPEDIA, Urbicídio. Disponível em: <https://es.wikipedia.org/wiki/Urbicidio>. Acesso em: 08 mai. 2019. Nesta obra, o protagonista Elric, imperador de Melniboné, abandona seu trono para viajar e assiste impotente à destruição do seu mundo para deixar seu lugar ao nosso.

21 Por exemplo: MARSHALL, Berman. Falling Towers: City Life After urbicide, in CROW, Dennis, Geography and Identity. Ed. Maisonneuve Press, Washington, 1996, p. 172.

22 Pensamos em Troia sitiada e devastada pelos Gregos (1240 a.C.); a tomada de Cartago, cidade sediada no norte da África, originariamente colônia fenícia pelos Romanos que se espalharam pela cidade e semearam as terras de sal para que nada mais repele como diz a lenda (146 a.C.); a tomada de Tenochtitlán (antigo México), capital dos Astecas, pelos Espanhóis (1521)…

23 VIRILIO, Paul. Stratégie de la déception: à partir du conflit au Kosovo, réflexion sur la stratégie militaire du contrôle et de désinformation tous azimuts. Paris: Ed. Galilée, 2000.

24 TRATNJEK, Bénédicte. Des ponts entre les hommes : les paradoxes de géosymboles dans les villes en guerre. Cafés géographiques, rubrique Vox geographi, 12 dez. 2009. Disponível em: <https://halshs.archives-ouvertes.fr/file/index/docid/440892/filename/Des_ponts_entre_les_hommes.pdf>. Acesso em: 28 mai. 2019.

25 O termo “komsiluk”, de origem turca, designa as relações de vizinhança no seu conjunto. Na Bósnia-Herzegovina, no contexto pluricomunitário bosníaco, o termo abrangia um sistema de coexistência cotidiana entre as diferentes comunidades. Expressava-se essencialmente no trabalho, na vida hodierna, na associação na comemoração de todos aos eventos religiosos e familiares. BOUGAREL, Xavier. Bosnie. Anatomie d’un conflit. Paris: La Découverte, 1996, p. 81.

26 TRATNJEK, Bénédicte. La notion d’urbicide : exemples en ex-Yougoslavie. Blogue Géographie de la ville en guerre, 22 out. 2008. Disponível em: <http://geographie-ville-en-guerre.blogspot.com.br/2008/10/la-notion-durbicide-dimensions.html>. Acesso em: 07 set. 2016. Podemos também citar o exemplo de Phnom Penh, capital da Camboja, que sofreu graves destruições e descuidados durante a República Khmer (1970-1975). A “Pérola da Ásia” foi bombardeada pelas tropas comunistas e esvaziada durante quase quatro anos. Em 1975, a nova Kampuchea democrática evacuou pela força seus dois milhões de residentes para que estes trabalhassem nas fazendas rurais e se tornem o “novo povo”. Ver a obra cinematográfica sobre este tema: The killing Fields. Direção de Rolland JOFFÉ, Reino Unido, 1984 (138 min.).

27 Pensamos nos bombardeios de Paris e Londres na Primeira Guerra Mundial, de Guernica durante a guerra civil na Espanha ou Hiroshima e Nagasaki durante a Segunda Guerra Mundial.

28 BAUDOUï, Rémi. De la menace atomique aux conflits de “faible intensité”. L’emprise croissante de la guerre sur la ville. Annales de la recherche urbaine, n° 91, dossier “Villes et guerres”, 2001, pp. 31-32.

29 Idem. “Assassinato ritual de uma cidade”. (trad. nossa)

30 CHASLIN, François. Une haine monumentale. Essai sur la destruction des villes en ex-Yougoslavie. Paris: Descartes & Cie, 1997. – V. também TRATNJEK, Bénédicte. La notion d’urbicideOp. cit.

31 Uma das primeiras medidas adotadas pela população vítima desses atos bárbaros foi de reconstruir a ponte de Mostar ou os mausoléus de Tombuctu.

32 HANAFI, Sari. Spatiocide, réfugiés, crise de l’Etat-nation. Multitudes, Paris, 2004-4, n° 18, p. 187. Disponível em: <http://www.cairn.info/article_p.php?ID_ARTICLE=MULT_018_0187>. Acesso em: 17 mar. 2017 – LEVY, Jacques. Topologie furtive. Espacestemps.net, 2008. Disponível em: <http://www.espacestemps.net/articles/topologie-furtive/>. Acesso em: 17 mar. 2017. Esses autores demonstram que o espaço é um recurso usado pelo Estado israelense para impedir a construção estatal palestina: as políticas de expropriações gerais das terras, deslocamento ou expulsão maciça dos habitantes; o assentamento consistente, exaustivo e definitivo por colonos visa a romper a continuidade territorial, a suprir a relação entre Palestino e seu território.

33 ROBICHEZ, Juliette; SPÍNOLA, Luíza M. C. A complexa definição de ato terrorista como crime contra a humanidade. Revista da Faculdade de Direito – UFPR, Curitiba, v. 65, n° 2, mai./ago. 2020, p. 149. Disponível em: https://revistas.ufpr.br/direito/article/view/69797/41512. Acesso em: 17 dez. 2020. V. também: MOLINS, François. Actes de terrorisme : nouveaux crimes contre l’humanité ? Paris: Colloque à la Cour de cassation: 70 ans après Nuremberg – Juger le crime contre l’humanité, 30 set. 2016. Disponível em: <https://www.courdecassation.fr/IMG/F%20Molins%20-%20Actes%20de%20terrorisme%20%20noueaux%20crimes%20contre%20l%20humanit%C3%A9%20-%2070%20apr%C3%A8s%20Nuremberg%20-%20Juger%20le%20crime%20contre%20l%20humanit%C3%A9.pdf>. Acesso em: 17 mar. 2017.

34 MUNIZ, Lucas Maia Carvalho. A tutela dos crimes contra o sistema financeiro nacional no Tribunal Penal Internacional. Trabalho de Conclusão de Curso, Faculdade Ruy Barbosa, Curso de direito, orientador: Juliette Robichez, 2013 (n.p.).

35 Para maiores desenvolvimentos V. ASCENSIO, Hervé, DECAUX, Emmanuel, PELLET, Alain. Droit international pénal. Paris: A. Pedone, 2° ed., 2012, pp. 183 e s.

36 CARBONNIER, Jean. Flexible droit. Pour une sociologie du droit sans rigueur. Paris: LGDJ, 7° ed., 1992, p. 23 e s. Trad. nossa.

37 Idem. Trad. nossa

38 Ex.: JARREAU, Patrick. Simone Veil s’inquiète de la banalisation du génocide des juifsLe Monde, Paris, 18 mai. 2003. Disponível em: <http://abonnes.lemonde.fr/une-abonnes/article/2003/05/15/simone-veil-s-inquiete-de-la-banalisation-du-genocide-des-juifs_320122_3207.html?xtmc=simone_veil_s_inquiete_de_la_banalisation_du_genocide&xtcr=1>. Acesso em: 21 abr. 2019.

39 V. ausência de consenso sobre essa questão no debate na Comissão de Direito Internacional sobre o projeto de código dos crimes contra a paz e a segurança da humanidade. ACDI, 1986, vol. II, 2 e partie, p. 48, § 98. V. também ACDI, 1990, vol. II, 2 e parte, comentários do art. 16 in fine, p. 29. Contra: Resolução da AG/OEA, 30/06/70, equiparando os atos de terrorismo a crimes contra a humanidade. Mesma posição nas resoluções 863 de 1986, 1170 de 1991 e na recomendação 1644 de 2004 da Assembleia Parlamentar do Conselho da Europa. V. ROBICHEZ, Juliette; SPÍNOLA, Luíza M. C. Loc. cit.

40 DIAS, Anauene. Destruição do patrimônio cultural: crime de guerra. Revista Via IurisBogotá, 2018, n° 25, p. 1. Disponível em: <https://www.academia.edu/38358730/Destruição_do_patrimônio_cultural_como_crime_de_guerra.pdf?email_work_card=view-paper>. Acesso em: 28 mai. 2019.

41 CARDOSO, Tatiana de Almeida F. R. Novos desafios ao direito internacional humanitário: a proteção dos bens culturais em caso de conflito armado. Revista de Direitos Fundamentais e Democracia, Curitiba, v. 14, n° 14, jul./dez. de 2013, p. 196. Disponível em: <http://revistaeletronicardfd.unibrasil.com.br/index.php/rdfd/article/view/381/338>. Acesso em: 25 jul. 2018.

42 TPII – TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL PARA EX-IUGOSLÁVIA. Câmara de Primeira Instância. Procurador v. Kordic & Cerkez. 27 fev. 2001. N° IT-95-14/2-T. <Disponível em http://www.icty.org/x/cases/kordic_cerkez/tjug/fr/kor-010226f.pdf>. Acesso em: 21 mar. 2014, pp. 64 e 65; p. 101 e s. e p. 311 e s. Trad. livre

43 TPII – TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL PARA EX-IUGOSLÁVIA. Câmara de primeira instância I. Procurador c. Miodrag Jokic. 18 mar. 2004. N° IT-01-42/1-S. Disponível em: <http://www.icty.org/x/cases/miodrag_jokic/tjug/fr/jok-sj040318f.pdf>. Acesso em: 21 mar. 2014, p. 21 e s. Trad. livre.

44 TPII – TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL PARA EX-IUGOSLÁVIA (2000a). Câmara de Primeira Instância I. Procurador c. Tihomir Blaskic.03 mar. 2000. N° IT-95-14-T. Disponível em: <http://www.icty.org/x/cases/blaskic/tjug/fr/bla-tj000303f.pdf>. Acesso em: 21 mar. 2014, p. 5 e s., pp. 53 e 56, p. 63 e s., p. 144 e s.

45 TPII – TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL PARA EX-IUGOSLÁVIA. Câmara de primeira instância. Procurador v. Mladen Naletilic e Vinko Martinovic. 31 mar. 2003. N° IT-98-34-6. Disponível em: <http://www.icty.org/x/cases/naletilic_martinovic/tjug/fr/tj030331f.pdf>. Acesso em: 21 mar. 2014, p. 230 e s., pp. 274-275.

46 ROBICHEZ, Juliette; SPÍNOLA, Luíza M. C. Loc. cit.

47 JAPIASSÚ, Carlos Eduardo A. Coleção para entender: o Direito Penal Internacional. Belo Horizonte: Del Rey, 2009. – MALUF, Elisa L. Terrorismo e prisão cautelar: eficiência e garantismo. São Paulo: LiberArs, 2016.

Ver referências in: ROBICHEZ, Juliette; SPÍNOLA, Luíza M. C. Loc cit.

48 MARTINEZ, Jean-Luc.Cinquante propositions françaises pour protéger le patrimoine de l’humanité. In: Rapport au Président de la République sur la protection du patrimoine en situation de conflit armé. Nov. 2015. Disponível em: <http://www.elysee.fr/assets/Uploads/Cinquante-propositions-francaises-pour-proteger-le-patrimoine-de-lhumanite.pdf>. Acesso em: 05 fev. 2017.

49 Acusado de ser uma instituição “racista e neocolonial” pela União Africana, alguns Estados africanos manifestaram sua vontade de sair da organização internacional. A partir de 2015, a África do Sul, o Burundi e a Gâmbia introduziram um processo de denúncia do Tratado de Roma de 1998.Ver ROBICHEZ, Juliette. A justiça penal internacional e a África. Análise crítica do “afrocentrismo” do Tribunal Penal Internacional. Cientifico, Salvador, 2018, p. 147. Disponível em: <https://revistacientefico.adtalembrasil.com.br/cientefico/article/view/626/390>. Acesso em: 21 abr. 2019.

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Movilidades, violencias y agencias

Las mujeres y las regiones fronterizas latinoamericanas  Movilidades, violencias y agencias

Escrito por Menara Lube Guizardi

Las experiencias de las mujeres en las fronteras vienen generando un interés creciente, alentado por los enfoques críticos en las ciencias sociales y el activismo feminista. En ese marco, es posible echar luz sobre las dinámicas circulatorias fronterizas, la violencia de género y el imperativo de marcar el cuerpo de las mujeres en las áreas limítrofes latinoamericanas. Pero también sobre los contradictorios procesos de sobrecarga productiva y reproductiva femenina, y su vinculación con la articulación de una agencia transfronteriza.

En los últimos 40 años, se consolidó en América Latina un campo de estudios sobre la experiencia femenina en las «regiones fronterizas», situadas en la confluencia de dos o más Estados-nación. Esa agenda de estudios originó una amplia producción científica interdisciplinaria y de carácter crítico, interpelada por el activismo político de investigadores e investigadoras. Sus voces vienen siendo centrales para la defensa de los derechos humanos de las mujeres que habitan, transitan o trabajan entre fronteras. Asimismo, muchos de estos estudios son de carácter intersubjetivo, realizados por académicas que comparten la condición de género, que residen en zonas fronterizas o que son interpeladas por marcadores sociales (raciales, étnicos y/o de clase) semejantes a los de las mujeres cuyas trayectorias investigan.

Varios trabajos publicados en estas últimas décadas ejemplifican esta praxis de la investigación en las fronteras1. Pero conviene empezar este recuento por Gloria Anzaldúa, cuyo libro Bordelands/La Frontera (1987) constituyó el hito iniciático de una renovada reflexión sobre las identidades de género, un cambio de paradigmas en el concepto de frontera y una denuncia política de las violencias que enfrentan las mujeres en los territorios limítrofes mexicanos.

Gloria era, ella misma, una mujer de identidad mestiza («chicana») fronteriza. Sus escritos en esta obra interpelan la historia social y política del espacio atravesándola con las trayectorias personales y familiares de la autora. El libro está escrito en prosa y en verso, estructurando una búsqueda narrativa sobre cómo (re)construir discursivamente las experiencias liminares de la vida en las fronteras. La intersubjetividad de esta búsqueda le permitió «abrir» la frontera a partir de su presencia en ella, situando su cuerpo y su experiencia del género y de la violencia como facilitadores de una historiografía donde el sujeto subalterno (Gloria Anzaldúa, en este caso) no solo habla, sino que se convierte en el centro de una comprensión del espacio:

En la Frontera / tú eres el campo de batalla / donde los enemigos están emparentados entre sí; / tú estás en casa, eres una extraña, / las disputas de límites han sido dirimidas / el estampido de los disparos ha hecho trizas la tregua / estás herida, perdida en acción / muerta, resistiendo (…). / Para sobrevivir en la Frontera / debes vivir sin fronteras / ser un cruce de caminos.2

En las páginas que siguen, usaré estos versos como ruta de navegación: los iré recuperando para reconstruir una descripción de las principales problemáticas que afectan las vivencias femeninas en las zonas fronterizas latinoamericanas. Mi reconstrucción dialogará con la amplia producción interdisciplinaria sobre el tema y con elementos que recopilé desde 2011 en mis trabajos etnográficos con mujeres en la triple frontera andina (entre Chile, Perú y Bolivia) y, desde 2016, en la del Paraná (entre Argentina, Brasil y Paraguay). Aunque recuperaré algunas citas bibliográficas e informaciones etnográficas, mi propuesta no está centrada en una reconstrucción exhaustiva de debates y escenas. Lo que busco es situar de forma concisa algunas conclusiones sobre la experiencia de las mujeres que, si bien no pueden ser extrapoladas automáticamente a todas las fronteras latinoamericanas, son observables (con variaciones) en muchas de ellas.

Mi recorrido iniciará con una descripción de las dinámicas circulatorias fronterizas (En la frontera), avanzando a un abordaje del carácter histórico de las violencias de género y del imperativo de marcar el cuerpo de las mujeres en áreas limítrofes latinoamericanas (Tú eres el campo de batalla). Luego, abordaré los contradictorios procesos de sobrecarga productiva y reproductiva femenina y su vinculación con la articulación de una agencia femenina transfronteriza (Estás herida, resistiendo). En el último apartado (Un cruce de caminos), reflexionaré sobre el impacto del cierre de fronteras debido a la emergencia sanitaria para las mujeres transfronterizas.

En la frontera

Para describir la vida de las mujeres en las regiones fronterizas, conviene recuperar algunas definiciones más generales sobre las dinámicas circulatorias de estos territorios. Las fronteras son áreas complejas: su heterogeneidad y diversidad constitutivas nos impiden englobarlas bajo una única definición. Pero hay dos elementos que, incluso manifestándose diferencialmente en varios contextos, se observan en muchas áreas limítrofes latinoamericanas. Primero, estas áreas suelen ser poco o mal conocidas desde los centros de decisión de cada país. La concentración del poder político en ciudades o regiones por lo general alejadas de las fronteras configura estas últimas como zonas periféricas. Sus demandas, necesidades y particularidades son, en el mejor de los casos, malinterpretadas, y en el peor (y más frecuente), ignoradas desde los centros de decisión nacionales3. La presencia de servicios públicos estatales en regiones fronterizas –sanitarios, educacionales, o incluso las oficinas documentales, para citar tres ejemplos muy mencionados en la bibliografía pertinente– es frecuentemente más deficitaria que en otros territorios. En América Latina, aún es habitual que la población fronteriza no cuente siquiera con una partida de nacimiento o con un documento nacional de identificación. Por el contrario, la presencia militar estatal suele ser más contundente en áreas limítrofes. Así, no se trata de que el Estado sea tácitamente «mínimo» en las fronteras, sino de que es mínimo para aquellas actividades que no son consideradas (desde los centros de decisión nacionales) fundamentales para la defensa de los intereses soberanos en cada momento político4. Esto tiene implicaciones importantes para las movilidades femeninas, porque son las mujeres quienes usualmente se encargan de resolver las necesidades familiares de protección social (es decir, el acceso a los cuidados sanitarios, educación y documentos). Las diferencias de acceso a estos derechos empujan a las mujeres a desplazarse a ciudades más céntricas de sus propios países y a las ciudades fronterizas de los países vecinos.

Segundo, las disputas territoriales, económicas, políticas y sociales entre naciones colindantes afloran en las relaciones cotidianas en las fronteras y son parte constitutiva del modo de vida, de las identidades y de los procesos de producción y reproducción social. El día a día de quien habita en estos territorios depende de la movilidad constante entre espacios nacionales. La intensidad de estas movilidades se configura de manera específica en cada frontera y entre diferentes grupos sociales. No obstante, las economías y vidas fronterizas se construyen precisamente a partir de las pequeñas, medianas y grandes ganancias que se pueden obtener con estas vinculaciones y cruces: atravesando mercancías, dinero, servicios y actividades de un lado a otro, entre países.

Esta movilidad tiene efectos curiosos: para realizarla, la gente debe establecer alianzas con personas de los países limítrofes y esto reconfigura permanentemente las tensiones entre aliados y enemigos. Así, las relaciones se van ajustando dinámicamente y los contactos entre unos y otros van cruzando los límites entre cercanía y distancia, legalidad e ilegalidad, formalidad e informalidad, pertenencia y desarraigo. Consecuentemente, las identidades en estos territorios suelen ser camaleónicas: se adaptan a las circunstancias e interacciones, mientras las diferenciaciones culturales (menos fluidas que las identidades) parecen volver una y otra vez a las disputas nacionales.

Desde los estudios antropológicos de género, sabemos que en las sociedades patriarcales estas habilidades de fomento de vínculos relacionales –denominadas «trabajos de parentesco»– recaen históricamente sobre las mujeres; son parte de sus sobrecargas en la división sexual del trabajo5. Esto implica que, en general, ellas disponen de más conocimientos y habilidades relacionales para entablar vínculos, y están más entrenadas para adaptarse situacionalmente a personas y relaciones diversas, estableciendo lazos y sistemas de intercambio. Se trata de una suerte de habilidad estratégica que dota a las mujeres de unos conocimientos relacionales centrales para las lógicas económicas circulatorias que caracterizan los espacios fronterizos latinoamericanos.

Ahora bien, las mujeres suelen utilizar estos conocimientos relacionales precisamente para establecer su inserción económica, la cual demanda emprender cotidianamente diversas formas de circulación transfronteriza. Estas movilidades difieren de la migración (si la pensamos como un proyecto de arraigo parcial o definitivo en otro país). Una parte significativa de las mujeres transfronterizas vive en su país de origen o desarrolla estrategias de birresidencialidad. Si bien ellas enfrentan procesos de marginación social, sobrecarga y pobreza que también afectan a mujeres que migran internacionalmente hacia ciudades y localidades alejadas de las fronteras nacionales, la especificidad de su condición remite a la forma en que usan el cruce fronterizo cotidiano para dar solución a sus responsabilidades productivas y reproductivas. La intensidad, cotidianeidad y circularidad de las movilidades femeninas transfronterizas (y su historicidad, como veremos) hacen de esta experiencia algo cualitativamente diferente de la migración.

Tú eres el campo de batalla

La vinculación histórica entre la formación de los Estados-nación latinoamericanos, la violencia de género y las fronteras internacionales permaneció invisibilizada en las ciencias sociales y en la historia hasta la década de 1980. La mayor parte de las historiografías hegemónicas sobre las naciones o el nacionalismo ignoraba las relaciones de género por considerarlas «irrelevantes»6. Esto opacó el papel de las mujeres en la formación de estructuras estatales centrales, como las fronteras. Por otra parte, en el proceso de constitución de las regiones limítrofes de las repúblicas latinoamericanas, en el siglo xix, estos territorios fueron representados como propicios para la dominación, el sometimiento, la penetración y la explotación material masculinas.

Las dos triples fronteras donde realizo mis trabajos etnográficos –la andina y la del Paraná– son ejemplos contundentes. Ambas fueron delimitadas después de dos desenlaces bélicos violentos, las guerras del Pacífico (1789-1883) y del Paraguay (1864-1870). Estos conflictos instituyeron el enfrentamiento militar como el principal proceso de construcción de los límites nacionales, naturalizando la violencia bélica (y masculina) como el lenguaje corriente de los territorios fronterizos. Se estableció así cierta permisividad de patrones de abuso violento de las poblaciones fronterizas en general, y de las mujeres, en particular: su dominación, violación y/o exterminio se convirtieron en un vehículo de expresión del poder de los Estados-nación.

Lejos de constituir un pasado olvidado, la yuxtaposición entre militarización, nacionalización y violencia de género se materializa actualmente en estos espacios como una tensión social reiterativa. Las investigaciones registran que esta yuxtaposición se reproduce actualmente en la mayor parte de las fronteras latinoamericanas. En ellas, recuperando las palabras de Anzaldúa, el cuerpo de las mujeres es el campo de batalla donde se marcan las disputas territoriales7.

En los años 80, este tema empezó a ganar centralidad en las ciencias sociales, con estudios realizados en las áreas limítrofes entre México y EE.UU. Desde entonces, las aportaciones de investigadoras latinoamericanas en diferentes puntos de esa frontera son una contribución central. Ellas nos permiten definir que, en estos territorios, las mujeres están expuestas a la interseccionalidad de diferentes elementos que las empujan hacia la vulnerabilidad social y la violencia: su condición de género, su situación socioeconómica, su identidad (particularmente debido a discriminaciones racistas, étnicas o xenófobas).

En los últimos 20 años, las investigaciones sobre el tema se consolidaron en Sudamérica, Centroamérica y el Caribe. Un notable ejemplo de este esfuerzo es el trabajo de María Amelia Viteri, Iréri Ceja y Cristina Yépez, quienes comparan los mercados (i)legales caracterizados por la trata de personas y el tráfico de migrantes en las zonas fronterizas de México, Guatemala, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y Argentina. Analizan así las movilidades femeninas transfronterizas poniendo el acento en las múltiples formas de explotación que las mujeres padecen. Con este ejercicio, identifican dinámicas y relaciones de poder que permiten comprender, en cada contexto fronterizo, la reproducción y/o la ruptura de los estereotipos y mandatos de género, y llegan a conclusiones transcendentes. Por ejemplo, señalan que la trata de personas se manifiesta más frecuentemente vinculada a la esclavitud doméstica que padecen niñas, adolescentes y mujeres que a la explotación sexual. Asimismo, identifican que las redes de trata de mujeres se configuran más recurrentemente en el ámbito doméstico: son los hombres del núcleo familiar quienes exponen a sus parejas, hijas o demás familiares mujeres al trabajo sexual. Estas conclusiones deconstruyen el mito que asocia esta modalidad de trata exclusivamente a bandas del crimen organizado. Además, cuestionan las políticas de seguridad de los Estados –referentes al cierre, control y militarización de las fronteras nacionales–, que reinciden en considerar que el comercio informal y la trata de personas solo corresponden a redes y mafias criminales organizadas, sin contemplar su carácter local y doméstico8. Esto nos devuelve al poema de Anzaldúa: en la frontera, los enemigos de las mujeres no solamente están emparentados entre sí, sino que también están emparentados con las mujeres.

Estás herida, resistiendo

En la mayor parte de los espacios fronterizos latinoamericanos se observa que muchas mujeres que trabajan en las economías fronterizas son migrantes internas en sus países. Una gran parte proviene de sectores rurales empobrecidos, tuvo poco acceso a la escolaridad formal y estuvo expuesta a violencias de género en sus familias de origen. Esta violencia es casi siempre (aunque no únicamente) perpetrada por hombres. En la última década, recopilé diversos testimonios de mujeres fronterizas sobre sus experiencias en sus familias de origen. En ellos se identifican violaciones, abusos sexuales de diversos tipos, trabajo esclavo, apropiación económica de recursos productivos femeninos y violencia (física y psicológica)9. Esto se perpetúa en las familias que las mujeres forman.

Ahora bien, particularmente en las últimas dos décadas se observa una intensificación de las violencias públicas a las que se exponen las mujeres al insertarse en estas economías fronterizas. Esto se debe a la consolidación de circuitos transfronterizos altamente rentables, que generan beneficios por exponer a ciertos grupos sociales a condiciones desventajosas: «Incluyen el tráfico ilegal de personas destinadas a la industria del sexo y a varios tipos de trabajo en el mercado formal e informal. Incluyen migraciones transfronterizas, indocumentadas o no, que se han convertido en una fuente importante de divisas para los gobiernos10».

Los territorios de frontera son las áreas donde estos circuitos transnacionalizados anclan partes sustanciales de sus operaciones, las cuales demandan el empleo de mano de obra en condiciones de creciente precarización. Las mujeres tienen más salidas laborales que los hombres en estos circuitos, pues se cree que ellas son más explotables (ganan menores salarios, trabajan más horas, se las mantiene sin contratos de trabajo). Saskia Sassen se refiere a este fenómeno como la «feminización de la supervivencia», aludiendo a que el capitalismo acelerado del siglo xxi incrementó la precarización de las mujeres, debido a que ellas siguen siendo las principales responsables por la reproducción de las familias.

La mayoría de las mujeres fronterizas latinoamericanas son las principales proveedoras económicas de su hogar y también las principales responsables por los cuidados familiares (en todas sus dimensiones). Ellas desarrollan sus actividades económicas fronterizas –vinculadas al comercio legal/ilegal, a los trabajos domésticos, a las industrias fronterizas o a las labores rurales– precisamente para dar respuesta a esta sobrecarga familiar productiva/reproductiva. Las mujeres paraguayas que entrevisté entre 2018 y 2019 en la triple frontera del Paraná graficaban estas responsabilidades diciendo que, en la frontera, las mujeres «llevan la familia en el cuerpo».

Pese a esta explotación de las mujeres (y debido a ella), los hombres se sienten desplazados de su rol de proveedores económicos y esto culmina en brotes de violencia de género que tienen origen en los hogares, pero que se expanden a los espacios públicos. Un trágico ejemplo de esta dinámica es Ciudad Juárez, localidad mexicana en la frontera con EE.UU. donde 400 mujeres trabajadoras de las industrias maquiladoras fueron asesinadas entre 1994 y 200411.

Así, para muchas mujeres latinoamericanas, las fronteras constituyen una «dialéctica de la oportunidad». Allí encuentran la posibilidad de solucionar sus sobrecargas, pero estas posibilidades implican un cuadro de vulneraciones y violencias de difícil solución12. No obstante, los estudios coinciden en que las mujeres poseen un rol importantísimo en estos territorios como agentes activos de resistencia y de empoderamiento personal, familiar y comunitario. El trabajo de parentesco y los demás trabajos de cuidado desempeñados por ellas también constituyen (contradictoriamente) una forma de agencia femenina. Retomando una vez más a Anzaldúa, en las fronteras, las mujeres están heridas, pero resistiendo.

Aquí es importante subrayar que las experiencias sociales de estas mujeres no constituyen una obra voluntariosa: no dependen solamente de su deseo, de su conciencia o de su acción efectiva. Su agencia, su capacidad de actuación sobre su entorno social, está enmarcada por las estructuraciones de este mismo contexto. Esto implica reconocer que las mujeres fronterizas efectivamente actúan determinando la propia historia, pero a través de mecanismos que son eminentemente contradictorios: «en la producción cotidiana de bienes y significados, ceden y protestan, reproducen y buscan transformar su situación»13.

Cruce de caminos

La crisis desencadenada por la pandemia de covid-19 tiene consecuencias transformadoras para las movilidades en todo el planeta, reorganizando la circulación económica, la geopolítica de los Estados-nación y el papel que las áreas de frontera ocupan con relación a estos dos elementos. Las respuestas emergenciales a la crisis están empujando a los gobiernos al cierre (parcial o total; permanente, provisional o intermitente) de las circulaciones humanas y de mercancía en las regiones fronterizas. Diversos países están utilizando la circunstancia pandémica para incrementar las violencias fronterizas discrecionales que ejercen sobre los ciudadanos y las ciudadanas provenientes del Sur global. Esto atañe centralmente a la población latinoamericana, como explican Jeremy Slack y Josiah Heymann, acompañando en terreno los sucesos de la frontera entre México y EE.UU.14.

Pero, a la luz de todo cuanto se explicitó en este texto, es posible conjeturar que estas circunstancias afectan de manera diferencial a las mujeres transfronterizas. Para ellas, esta situación implica una transformación profunda en sus rutinas y la imposibilidad de afrontar sus sobrecargas y el cuidado de sus familias. Así, estas transformaciones globales en los regímenes fronterizos tienen una dimensión de género que no está siendo considerada por los países latinoamericanos, dado que se invisibiliza la centralidad de la participación femenina en las economías industriales, comerciales, agrícolas y de cuidados en las fronteras.

Como ya señalé, las mujeres fronterizas de la región están expuestas también a la intensificación de los índices de violencia masculina que, como diversos estudios demuestran, se incrementan cuando las dificultades económicas reducen los recursos de las familias fronterizas. En el delicado equilibrio de fuerzas entre a quiénes se protege y a quiénes se descuida con las actuales medidas sanitarias, habría que computar –al menos computar– el papel crucial de las mujeres y sus necesidades como agentes de las movilidades fronterizas.

Tanto la bibliografía como mis propios estudios permiten establecer que las mujeres que cruzan fronteras encuentran formas innovadoras de sortear y poner en juego las limitaciones y ausencias estatales –tanto de los servicios sociales, como las violencias, abusos y discrecionalidades recurrentes en los controles fronterizos–. El carácter dinámico de las fronteras repercute en una forma de agencia protagonizada por todos, pero particularmente por las mujeres. Por lo anterior, ellas debieran ser tomadas en cuenta como agentes potencialmente importantes para las políticas sanitarias en territorios fronterizos. Quizás los cierres y prohibiciones tendrían un menor impacto social y económico si las mujeres fueran tomadas como parte de estas políticas, si en vez de establecerse una restricción punitiva de movilidades, se trabajara comunitariamente, asumiendo a las mujeres como protagonistas de estas acciones.

  • 1.

    Este es el caso de Julia Monárrez o de Rita Segato, ambas con una relevante participación política en la lucha contra los feminicidios en las fronteras entre México y Estados Unidos. Ver J. Monárrez: Trama de una injusticia. Feminicidio sexual sistémico en Ciudad Juárez, Colef, Ciudad Juárez, 2013, y R. Segato: La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado, Tinta Limón, Buenos Aires, 2013.

  • 2.G. Anzaldúa: Bordelands/La Frontera: The New Mestiza, Aunt-Lute, San Francisco, 1987, pp. 194-195.
  • 3.Gabriela Karasic: «Tras la genealogía del diablo. Discusiones sobre la nación y el Estado en la frontera argentino-boliviana» en Alejandro Grimson (comp.): Fronteras nacionales e identidades. La periferia como centro, Ciccus, Buenos Aires, 2000.
  • 4.Esta defensa asume configuraciones muy variadas en diferentes fronteras. Por ejemplo, en la triple frontera del Paraná, el Estado brasileño durante la dictadura militar (1964-1988) invirtió considerables recursos en la construcción de una infraestructura pública de salud y educación, enmarcando así un proyecto de control y hegemonía sobre los territorios colindantes. El Estado argentino, por su parte, decidió no disputar estos espacios y redujo la presencia de sus entidades estatales, hospitales, escuelas e industrias en las ciudades fronterizas con Brasil. Ver A. Grimson: «Los flujos de la fronterización. Una etnografía histórica de la nacionalidad en Paso de los Libres (Argentina) y Uruguayana (Brasil)», tesis de doctorado, Departamento de Antropología, Universidad Nacional de Brasilia, 2002.
  • 5.

    Nótese que la denominación «parentesco» no implica que estos trabajos vinculen a personas que comparten vínculos sanguíneos. El término se usa para designar también los lazos construidos por personas involucradas en sistemas de intercambio establecidos a través de obligaciones recíprocas (dar, recibir, retribuir). Herminia Gonzálvez: «Los cuidados en la migración transnacional. Una categoría de análisis social y política» en SUR. Revista Internacional de Derechos Humanos vol. 13 N° 24, 2016.

  • 6.Nira Yuval-Davis: Género y nación, Flora Tristán, Lima, 2004, p. 14.
  • 7.

    Esta realidad fue observada también por investigaciones desarrolladas en diversos continentes (en las Américas, África, Asia y Europa). Sharon Pickering: Women, Borders, and Violence: Current Issues in Asylum, Forced Migration, and Trafficking, Springer, Nueva York, 2011.

  • 8.M.A. Viteri, I. Ceja y C. Yépez: Corpografías: género y fronteras en América Latina, Flacso, Quito, 2017, p. 16.
  • 9.M. Guizardi, Felipe Valdebenito, Eleonora López y Esteban Nazal: Des/venturas de la frontera. Una etnografía sobre las mujeres peruanas entre Chile y Perú, UAH, Santiago de Chile, 2019.
  • 10.S. Sassen: Contrageografías de la globalización. Género y ciudadanía en los circuitos transfronterizos, Traficantes de Sueños, Madrid, 2003, p. 43.
  • 11.J. Monárrez: Trama de una injusticia; feminicidio sexual sistémico en Ciudad Juárez, Colef, Ciudad Juárez, 2013.
  • 12.M. Guizardi, H. Gonzálvez y E. López: «Dialécticas de la oportunidad. Estrategias femeninas de movilidad, cuidado y protección social entre Paraguay y Brasil» en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales vol. 65 N° 240, 2020.
  • 13.

    Jean Comaroff: Body of Power, Spirit of Resistance: The Culture and History of a South African People, University of Chicago Press, Chicago, 1985, p. 1.

  • 14.

    J. Slack y J. Heymann: «Asylum and Mass Detention at the US-Mexico Border during COVID-19» en Journal of Latin American Geography vol. 20 N° 10, p. 1, 2020.

[Fuente: http://www.nuso.org]

O escrito de Esquerda Unida pedía que se investigase Xoán Carlos I.

Tribunal Supremo

A Sala Segunda do Tribunal Supremo presidida polo maxistrado Manuel Marchena, devolveu o escrito presentado por Esquerda Unida no que se pedía investigar o rei emérito Xoán Carlos I debido a que foi presentada en galego e « non consta tradución » do escrito.

Esquerda Unida e o Partido Comunista de Galiza presentaron o pasado 12 de agosto unha querela criminal contra o rei emérito, na que solicitaban que fose « xulgado polos seus actos entre os que están sete supostos delitos: suborno, delito contra a facenda pública, administración desleal, fraude e exaccións ilegais, branqueo de capitais, encubrimento, ameazas de morte condicionais, descubrimento e revelación de segredos, omisión do deber de perseguir delitos e corrupción de particulares ».

Agora, a Sala Segunda do Supremo devolve o escrito alegando que o idioma galego « ten plena validez e eficacia » na comunidade, pero « debe, no entanto, ser traducido cando teña efecto fóra » dese ámbito territorial.

A coordinadora de Esquerda Unida considera que o motivo argumentado « supón unha vulneración dos dereitos lingüísticos e unha interpretación terxiversada » do contido do artigo 231.4 da lei de procedemento xudicial.

« O galego é a lingua oficial de Galiza e ten plena validez e eficacia » na xustiza, lembra Eva Solla, a coordinadora de Esquerda Unida, quen entende que resulta « unha decisión interesada e amparada nunha falta de respecto á legalidade para evitar a reapertura da querela criminal contra o rei Xoán Carlos I ».

Esquerda Unida denuncia que unha vez máis o galego supón unha pexa para a xustiza incorrendo, así, nunha vulneración dos dereitos lingüísticos da cidadanía a expresarse na súa lingua, á vez que « supón unha interpretación terxiversada », faltando « ao respecto da legalidade de expresarse na lingua da Comunidade Autónoma ».

 

A extrema-direita compôs com o Centrão o acordo do “orgulho de sermos párias globais” no mundo devastado pela Pandemia

Escrito por TARSO GENRO*

A guerra está em curso. A extrema-direita, aqui no Brasil, aliada com o Centrão precisa dela, a interna e – se for necessário – a aventura extrema de uma Guerra externa, orientada pelos Estados Unidos, pelas mentiras compulsivas do seu presidente, que – em acordo com o nosso – compôs um acordo estratégico que estupra a nação: o acordo do “orgulho de sermos párias globais” num mundo devastado pela Pandemia, que se reflete num país –o nosso – que arde em chamas tão altas como a intensidade do desprezo pelos pobres, pela academia, pela ciência, pela total destruição dos protocolos das instituições que nos regem como República.

Bolsonaro retraiu-se um pouco no seu fascismo, para segurar-se na flexibilidade dos liberais da sua base, em fila para responder a ações penais por corrupção. O seu milicianismo orgânico prepara o seu aggiornamento para a guerra interna e, se for necessário, para jogar nossas Forças Armadas numa guerra pró-Trump contra a Venezuela.

Francisco Louçã no ensaio seminal “Necropolítica, as raízes do mal”, propõe um conjunto de enunciados para a reinvenção da resistência democrática e social – pela esquerda – no contexto da crise econômica global, cujas saídas são conduzidas de forma dominante pelo capital financeiro e seus agentes públicos e privados. Seu ensaio analisa a emergência renovada do “mal”, principalmente pelo fascismo e o racismo, mostrando que “a cultura de ódio é social quando é racial, e é sempre social, mesmo quando não é racial”. E o racismo, acrescenta, “pode ser o seu enunciado mais poderoso, porque mobiliza o recalcado e fornece uma autodesculpabilização dos cúmplices” (pois) “todo o discurso odioso tem por objetivo criar o medo e instalar o impensável”.

Sartre dizia algo parecido, afirmando que os fracassados, os recalcados infelizes, os não privilegiados pelo sistema, ou os privilegiados em busca de identidade, quando levantam a sua cabeça dentro da caterva em que vivem e apontam alguém dizendo “negro”! – por exemplo – querem afirmar que existem dentro da sua miséria moral e se oferecem para participar de um rebanho que tenha como causa a eliminação do outro como diferente.

Adam Toole, historiador de Cambridge – mostra Louçã – apontou na crise de 2008 as agências financeiras globais “como esquadrões da morte paramilitares”, que detinham a cumplicidade da maior parte das autoridades, para impor políticas de fome, desemprego e empobrecimento de vastos setores do mundo do trabalho, colocando a totalidade do Estado na condição de apêndice das políticas de “austeridade”. Estas políticas, em situação de crises mais agudas – como na crise sanitária atual – precisam mobilizar um discurso “antissistema”, para eliminar as resistências da democracia liberal-representativa.

As ideias negacionistas e criminosas exercitadas na Pandemia – portanto – não foram gestadas dentro dela, mas correspondem já a uma profunda mutação no organismo da forma republicana de democracia, que, se antes – na América Latina – era golpeada de “fora para dentro”, passou a ser desmantelada pelo meio da manipulação midiática, das milícias digitais, pela dissolução da força política das instituições do Estado, por dentro do direito formal. Assim, a criminalização indeterminada das lideranças políticas tradicionais devem tornar-se cúmplices do fascismo, ou serão arrastadas – inclusive muitas vezes por crimes reais – pelo aluvião de processos penais, que complementam o quadro distópico, onde a exceção e a regra se fundem, como fratura exposta de uma democracia fraquejante.

Trata-se de uma “política de guerra”, que também se revela nas novas formas de operação política pela direita e extrema-direita, no contexto da democracia política, para esvaziá-la de sentido e de representação. A necropolítica – com fundamento na cultura do ódio – passou a ser uma política universal do capital, pela qual ele subordina e “compra” partidos, gera novos partidos e seus centros de inteligência criminosa – em rede – simulando que eles e suas redes não são organizações políticas. O passo decisivo desta inovação autoritária, todavia, foi a subversão da formação da opinião, para a composição das novas alianças, quando os seus operadores não hesitaram em se posicionar – por exemplo – como falsamente “neutros” em relação ao fascismo. Mesmo quando na disputa se chocavam “civilização x barbárie”.

O caso clássico deste cinismo estratégico foi a tese da “escolha difícil”, aqui no Brasil, entre Haddad e Bolsonaro, pois ali as políticas do “mal”, de corte fascista, receberam um passaporte para a legalidade. Mesmo declarando publicamente as suas intenções criminosas, os fascistas foram aceitos para se legitimar “dentro da democracia” e se unirem a um campo cujas promessas de reformas – fictícias ou reais – precisavam de certa “base de massas”.

A estas massas foram oferecidos o “empreendedorismo” e a “meritocracia”, como espaços possíveis de serem ocupados por todos, quando, na verdade, eles só podem abrigar muito poucos: os sobrantes são a maioria e a sua parte mais visível vende pentes, morangos e panos de prato nas tristes esquinas do desastre ultraliberal. O país afunda, socialmente, ambientalmente, em termos sanitários e economicamente, mas Bolsonaro não vai se render.

Os complexos relacionamentos entre política e direito, direito e ideologia, na crise atual da democracia liberal, têm precedentes emblemáticos no século passado, flagrados pelo mestre Raúl Zaffaroni no seu artigo definitivo sobre Carl Schmitt, “¿La única política es la guerra?”.

Nele, Zaffaroni mostra a ideia central do jurista do nazismo, sobre o direito e a política: para Schmitt, a disposição de levar as coisas até o extremo da guerra “é a essência mesma da política”, teoria que deixa “fora da sua definição” o restante das “práxis” políticas vinculadas ao direito e outros conceitos sobre ele. Preso depois da Guerra, Schmitt alega que seus colegas que não aceitaram o nazismo – como o gigantesco Radbruch – eram “políticos” e ele era um “cientista” puro. Foi liberado pelos tribunais dos vencedores e continuou a sua carreira de jurista autoritário, já pondo a sua “ciência” a serviço de outras guerras.

Qual é o movimento ideológico visível, a partir das concepções de Schmitt retratadas – no presente – nas posições de Trump, Bolsonaro, bem como nos procedimentos dos fascistas de todos os países, com o negacionismo do Covid 19? É o seguinte: quando Schmitt dizia que teorizava como “cientista”, no campo do Direito, é porque ele se negava a usar as premissas filosóficas humanistas para atacar as “políticas de guerra” nazista. Para ele, esta filosofia era decadente – como o próprio humanismo burguês democrático – visão que lhe exigia erigir – a partir da sua adesão plena ao nazismo- um falso espírito científico e, através deste, portanto, promover a falsificação da história real. Assim, Schmitt substituiu a ciência por uma falsificação ideológica apresentada como ciência para esta justificar a “essência da política como guerra”, como Hitler formulava para dar base à “ciência política” nazista e a sua visão do Direito.

A guerra em curso já estraçalha a base de alianças do bolsonarismo e os organizadores do Golpe contra Dilma se separam, digladiam-se no ringue dos “impeachments”, avacalham-se nas redes e tornam-se inimigos mais perturbados, mentalmente, do que na hora da votação da derrubada do Governo democrático da presidenta Dilma. Agora passam a atacar, não a elogiar, as mães – uns dos outros- esperando alguma orientação do “mito”, que os trata como jumentos disponíveis para carregarem – daqui a pouco – mais uma carga de insanidade na ladeira forjada pelas reformas ultraliberais. Recuso-me a pensar que as Forças Armadas do país estejam satisfeitas com tudo o que ocorre, pois isso seria colocá-las no nível do demente que foi expulso da corporação, por duras suspeitas de terrorismo. Vamos unir democracia, república, soberania nacional, rapidamente, antes que passe a oportunidade e a insanidade se aposse, de maneira definitiva, dos destinos da República.

*Tarso Genro foi governador do Estado do Rio Grande do Sul, prefeito de Porto Alegre, ministro da Justiça, ministro da Educação e ministro das Relações Institucionais do Brasil.

 

[Fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]

Listen, da Ana Rocha de Sousa, filma o desapiedado cumprimento das formalidades pela Segurança Social britânica que vitimam uma família de emigrantes portugueses a quem os filhos acabam por ser retirados.

Escrito por José Manuel Pureza

Os críticos encarregar-se-ão de julgar a simplificação emocional da narrativa. Mas, muito para lá disso, o que fica é um filme sobre a degenerescência do Estado social, transformado em Estado burocrático, em cumpridor desalmado de formalismos, sem atenção ao rosto e à circunstância de cada pessoa, um Estado que transforma o cidadão num caso, num processo, num desafio à mecânica dos formulários e dos modelos.

Ken Loach havia feito o mesmo no inesquecível “Eu, Daniel Blake”. O desempregado é um dossiê, o preenchimento dos impressos online é uma violência, a bondade e a maldade são irrelevantes, as candidaturas a apoios sociais são jogos de roleta.

A burocratização do Estado social é uma inevitabilidade face à dimensão dos desafios a que está chamado a dar resposta, em volume e em complexidade. A desvalorização das carreiras da Administração Pública mais diretamente implicadas no relacionamento com quem busca o apoio do Estado social provoca desmotivação e desincentiva a atenção à singularidade de cada história, de cada vida. O resultado disso é um fosso crescente entre os cidadãos anónimos e uma máquina administrativa que os trata mal, com prepotência, assumindo-os como maçadas e problemas e não como a razão de ser da existência mesma dos serviços públicos e de cada organismo da Administração.

O Relatório da Provedora de Justiça sobre 2019 é disso um retrato fiel. Cerca de 36% das mais de 51.000 reclamações que lhe foram apresentadas por pessoas comuns relacionam-se com o desrespeito dos direitos dos cidadãos na sua relação com o Fisco e com a Segurança Social. É um retrato de Portugal que fica nos antípodas do discurso de autocomprazimento que as autoridades invariavelmente fazem enunciando um país cumpridor dos direitos e em que a legalidade tem supremacia sobre tudo o resto.

Desengane-se quem pensa que Listen ou Eu Daniel Blake não podiam retratar Portugal. Podiam sim. E é por isso que é tão frívolo o fascínio de governantes e de tecnocratas por um choque tecnológico como prioridade para a reforma da nossa Administração Pública. Claro que há muito atavismo para ultrapassar. Mas do que a Administração Pública mais precisa em Portugal é de um choque de humanidade, de um choque de cultura de serviço público, de uma educação para o cuidado concreto e não para o cumprimento cego de indicadores de desempenho. Não há SIADAP que possa ter primazia sobre o conhecimento próximo das vidas concretas das Belas, dos Jotas e dos seus filhos. Talvez os indicadores estatísticos piorem, mas o Estado social será muito mais aquilo que tem que ser, cuidadoso com as pessoas, apoio justo para os de baixo.

[Fonte: http://www.esquerda.net]

 

« La persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65.2”. Artículo 53.6

A su vez, dispone el 64 que:
« Los actos del rey serán refrendados por el presidente del Gobierno y, en su caso, por los ministros competentes. La propuesta y el nombramiento del presidente del Gobierno, y la disolución prevista en el artículo 99 (si no se obtuviere la confianza de ningún candidato a la presidencia transcurridos dos meses a partir de la primera votación de investidura) serán refrendadas por el presidente del Congreso »; y,
« De los actos del rey serán responsables las personas que los refrenden ».
Constitución española de 1978

juancarlos

Escrito por Daniel Raventós, Gustavo Buster y Miguel Salas

Es difícil imaginar una situación peor: las primeras cifras del desplome del PIB en la mayor crisis económica desde 1929; incremento desbordado del desempleo; al borde de un segundo confinamiento por el coronavirus; a punto de evaporarse los espejismos sobre la resistencia del « escudo social » ante el ajuste fiscal neoliberal que anuncia la UE para 2023; con el « estado de las autonomías » convertido en un bazar mensual de transferencias a cambio de apoyos caciquiles y los ayuntamientos esquilmados de los superávits impuestos por el ministro de hacienda del PP, Cristóbal Montoro…

Y a pesar de ello, el PSOE se sitúa 11 puntos por delante del PP y se prepara para una negociación a todas las bandas de los presupuestos « progresistas » que deben sostener la reestructuración de la economía del país sin alternativas políticas, por la derecha o la izquierda. Los márgenes del Régimen del 78 parecen ser suficientes para esta operación de consolidación institucional, agotado el ciclo político de rebeldías del 15 M y del procés soberanista catalán, el primero cooptado electoralmente en parte por Unidas Podemos como socio menor del Gobierno de Coalición Progresista, y el segundo reprimido primero y acosado después por un Tribunal Supremo más vengativo que justiciero y enfangado en la crisis de hegemonía que se disputan JuntsXCatalunya y ERC, lo que no le impide aumentar en las encuestas. El péndulo ha oscilado de un incipiente período constituyente popular más allá de los límites del Régimen del 78 a otro desconstituyente de refundación reaccionaria del mismo, para situarse de nuevo en el « centro » que representa el PSOE y subordinar a la « estabilidad institucional del régimen constitucional de 1978 » la orientación estratégica del Gobierno de Coalición Progresista. A pesar de estos márgenes, la huida del emérito ha abierto otro boquete en esa más que difícil estabilidad.

Y de pronto, en la primera semana de agosto, el escándalo esperpéntico de la salida del Reino de España del rey emérito y el choque, una vez más con los límites constitucionales del Régimen del 78, cuya estabilidad institucional lleva a asegurar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que « no se juzga a las instituciones, sino a las personas ». Aunque como es evidente, si se desmorona finalmente el tinglado del « juancarlismo », si ya no se sostiene el mito de su intervención redentora frente al golpe de estado del 23-F, si lo que queda es una institución restaurada por el franquismo e impuesta por los « poderes fácticos » como institución arbitral de última instancia en la Constitución de 1978, como demostró el discurso de Felipe VI el 3 de octubre de 2017, dos días después del referéndum catalán y antes de la aplicación del artículo 155 contra la Generalitat de Catalunya, si el rastro de las comisiones cobradas y el reguero de los actos anticonstitucionales del rey emérito es su legado… ¿No cuestiona eso a la institución?

La trama judicial

Pero, efectivamente, conviene comenzar juzgando a la persona, como recomienda el propio presidente del Gobierno, refrendo legítimo institucional de todos los actos del monarca y de la Casa Real según el artículo 64 de la Constitución española de 1978.

En junio de 2015 el comisario Villarejo se entrevista en Londres con Corinna Larsen, « amiga entrañable » del emérito, como se la define. Villarejo graba la conversación, en la que busca pruebas de las presiones y chantajes que habría sufrido por parte del director general del CNI, el general Félix Sanz Roldán, tras su distanciamiento de Juan Carlos I. El motivo de Villarejo es proteger a su vez la red de espionaje político e industrial mercenaria que ha montado y que implica desde miembros de la oligarquía española hasta políticos catalanes, con apoyos en la « policía patriótica » del Ministerio del Interior en la época del PP y a la que quiere poner coto, según Villarejo, el general Sanz Roldán tras el conocido caso « Pequeño Nicolás ». La conversación con Corinna Larsen queda grabada en la cinta 150416_16R, que solo se conocerá públicamente tres años más tarde, aunque el juez instructor Diego de Egea haya conocido el contenido tras la detención del ya excomisario Villarejo en noviembre de 2017, haya abierto una causa aparte -el « caso Carol ». En julio de 2018, desde la cárcel, Villarejo filtra a las webs OKDiario y El Español, situadas en la extrema derecha, el contenido de la grabación con Corinna Larsen, como punta del iceberg de los dosieres de chantaje que asegura poseer y amenaza revelar si su situación no prospera. A pesar de ello, el juez instructor archiva provisionalmente la causa en septiembre de ese mismo año.

No es esa la actitud de la justicia suiza. Ese mismo verano, el fiscal Yves Bertossa abre una investigación sobre una transferencia, entre otras, de 65 millones de euros en 2012 que recibe Corinna Larsen en su cuenta en Bahamas desde una cuenta suiza vinculada a la fundación panameña Lucum, creada el 31 de julio de 2008 por los gestores financieros suizos Arturo Fasana y Dante Canonica, en el que se nombra como beneficiarios a Juan Carlos I y Felipe VI. Corinna Larsen reconoce ante el fiscal Bertossa esa transferencia en declaración el 19 de diciembre de 2018. Asimismo, hay una conexión directa con una segunda fundación, Zagatka, a nombre de Álvaro de Orleans, pariente lejano de la familia Borbón, en la que también figuran como beneficiarios los miembros de la Casa Real y desde la que se han efectuado diversos pagos de viajes del rey emérito. En marzo de 2020 Felipe VI, tras las revelaciones del diario británico The Telegraph, comunica al gobierno que desconocía todo lo relativo a estas fundaciones y en un comunicado de la Casa Real « renuncia » a cualquier herencia de su padre, con efectos legales inexistentes por hallarse este con vida.

El 8 de junio la fiscalía general del Tribunal Supremo español había anunciado apertura de investigación sobre las cuentas suizas mencionadas, estableciendo que el origen de los fondos antes de 2014 y la abdicación de Juan Carlos I estaban protegidos por la inviolabilidad prevista en el artículo 56.3 de la Constitución de 1978 y en cuanto al movimiento de las cuentas, que podían haber incurrido en blanqueo de capitales y delitos fiscales, estos prescriben a los 10 años si se trata de una cantidad superior a los 600.000 euros. El 4 de julio de 2020, el diario El País, filtra la declaración en Suiza de Corinna Larsen. Hasta el 27 de julio, el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón no reabrirá el « caso Carol », archivado provisionalmente dos años antes. Corinna Larsen y Villarejo están convocados para declarar ante la justicia española el próximo 7 y 8 de septiembre.

La « negociación »

La trama investigada se remonta sin embargo a años atrás. En concreto, a tres casos sobradamente conocidos: la visita empresarial a Arabia Saudí en abril de 2006 para presentar la oferta para la construcción del AVE Medina-La Meca; el caso Noos (2010), que acabó con la condena de Iñaki Urdangarín, miembro de la Casa Real como esposo de la infanta Cristina, en 2017 a cinco años de prisión; y el viaje de caza a Botswana en abril de 2012, que acabó con una ruptura de cadera y el embarazoso encubrimiento del gobierno Rajoy. Todo ello forzó la abdicación de Juan Carlos I en junio de 2014, en un consenso bipartidista dinástico del PP y el PSOE, para salvar la institución monárquica de los escándalos judicializados que han acabado en la traca final actual.

En definitiva, resultaba ya imposible en 2014 negar u ocultar que la labor diplomática de la jefatura del Estado ejercida por Juan Carlos I había conllevado la solicitud de comisiones o donaciones para su provecho particular a otros jefes de Estado de monarquías no parlamentarias y violadores sistemáticos de los derechos humanos como Arabia Saudí, Kuwait o Emiratos Árabes Unidos. Que estos actos no refrendados eran anticonstitucionales. Que en esta labor habían participado y se habían beneficiado también importantes empresas multinacionales españolas, emergiendo ese « capitalismo de amiguetes » que ha caracterizado el Régimen del 78 y que, además, como ponía de manifiesto el « caso Villarejo » implicaba prácticas ilegales y mafiosas en las que estaban envueltas instituciones del Estado. Como bien ha señalado el constitucionalista Javier Pérez Royo, si en el estado de derecho la discusión del principio de legitimidad conlleva siempre la actuación de organismos jurídicos de control para asegurar el principio de legalidad, en el caso de la jefatura del Estado, por su propia inviolabilidad, esto solo puede corresponder a los representantes de la soberanía popular, las Cortes Generales.

Es decir, ya no se trata de un problema de « juzgar » a una persona que, por definición constitucional es una institución, sino que además su conducta plantea la cuestión del refrendo o no de sus actos por otra institución, el gobierno, y de la delimitación de cuál de ellas ha actuado anticonstitucionalmente. Lo que en caso de refrendo implica al Tribunal Constitucional y en el caso de no existir este, correspondería a las Cortes Generales como representante de la soberanía popular, según Pérez Royo, opinión que parece compartir asimismo como jurista Gerardo Pisarello.

En cualquier caso, Juan Carlos I se encontraba semanas antes del comunicado de la Casa Real de 15 de marzo de 2020, en el que se reconocía la existencia de la Fundación Locum y la « renuncia » de Felipe VI a su herencia en República Dominicana, disfrutando de la hospitalidad de la familia Fanjul. Tuvo que regresar al reino para seguir desde el Palacio de la Zarzuela la reapertura del « caso Carol » por la justicia española. Y prepararse para los efectos que sin duda tendrán las declaraciones judiciales de Corinna Larsen y el excomisario Villarejo el 7 y 8 de septiembre.

La desazón pública del presidente del Gobierno Pedro Sánchez se hizo evidente el 17 de marzo tras el comunicado de la Casa Real: « un asunto que ha sobresaltado al conjunto de la opinión pública ». Y apareció ya la triada que se convertiría en el mantra de su posición: « ejemplaridad, transparencia y regeneración », que evidentemente se quedaron en palabras vacías, o si se quiere en un ejemplo de significantes portadores de nuevos significados. La ejemplaridad, legalmente no pasaba de ser un truco de prestidigitador por su carencia de efectos y por hurtar las conductas cuestionadas del control político y judicial. La transparencia desapareció a continuación alegando el secreto de los despachos entre el presidente del Gobierno y Felipe VI, hasta el punto de no comunicar lo que estaba sucediendo a sus socios de gobierno, Unidas Podemos, ni a la oposición representada por el PP. ¿Regeneración? Con la excepción de los nombramientos civiles y militares de la Casa Real, los actos de Felipe VI deben ser refrendados por el presidente del Gobierno…

Pero el esperpento se podía haber ahorrado, más en las circunstancias de la pandemia. Tras dimes y diretes sobre una supuesta negociación a tres bandas, la portavoz del gobierno María Jesús Montero declaró que esta solo había existido a dos bandas, Felipe VI y Juan Carlos I y que el refrendo gubernamental solo había sido, por lo tanto, a posteriori. Pero, por otro lado, ¿qué se había negociado? Ante las especulaciones quedó claro que el rey emérito seguía conservando su título, sin reforma de los decretos que se lo atribuyen, siendo miembro de la Casa Real, con escolta y protección y que en realidad su salida del país era « temporal », entre otras cosas porque, como señaló su abogado, sigue a disposición del ministerio fiscal, aunque no esté imputado en este momento por delitos cometidos después de su abdicación. Es decir, el rey emérito se disponía a proseguir su vida donde la había dejado antes de volver de República Dominicana en febrero. Y en este contexto hay que leer la carta remitida a su hijo, auténtica joya del realismo mágico.

No hacía falta que lo confirmase, pero lo hizo. El domingo se fue a las regatas de Sanxenxo con sus amigos, se trasladó por carretera a Portugal y de allí voló a paradero « desconocido » con sus escoltas, mientras hacía llamadas a conocidos, filtradas a la prensa, para asegurar que tenía « billete de vuelta ».

El lunes 3 de agosto, el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, no pudo contenerse más y apuntó que se trataba de una « huida indigna », que la ejemplaridad exigía dar cuentas en España a los españoles de sus actos y reclamar un debate sobre Monarquía o República. La ministra Irene Montero denunciaba al día siguiente que Unidas Podemos había desconocido todo el proceso. La alcaldesa de Barcelona y dirigente de los Comunes exigía un referéndum sobre la forma de Estado y Jaume Assens, el portavoz parlamentario de Unidas Podemos, prometía llevar el debate al Congreso de los Diputados. La revuelta o revueltilla no duró 48 horas. Pedro Sánchez impuso la disciplina del gobierno entorno a la posición del PSOE, aunque con margen para la pataleta de Unidas Podemos. En definitiva, concluyó de forma clarividente, no se podía entregar la defensa de la Constitución de 1978 a la derecha: el pilar de la estabilidad institucional de la segunda restauración borbónica es el propio PSOE.

Nada ha reflejado mejor está situación que el bloqueo del debate sobre las circunstancias que atraviesa la corona en el Congreso de los Diputados por el ampliado espectro de los partidos dinásticos, que amenaza con reducir a lo anecdótico las anunciadas iniciativas de Unidas Podemos. Y en el caso del Parlament de Catalunya, la cosa ha llegado el 7 de agosto a una declaración mayoritaria (69 contra 65 votos) de que « Cataluña es republicana y no reconoce a ningún rey ». Para a continuación no publicarla en su boletín oficial tras la advertencia de los letrados de la institución de las consecuencias penales que podía acarrear.

La república como alternativa

Pero, ¿qué ocurre cuando las instituciones centrales de un régimen son inestables per se? ¿Cuándo a pesar de la voluntad de las fuerzas políticas de lograr la estabilidad -lo que no es el caso tras las crisis del bipartidismo dinástico y la polarización de bloques existente tras 2015- esta es imposible por la pérdida de legitimidad?

El ejemplo histórico más evidente fue la Primera Restauración borbónica. Su larga agonía de 36 años no solo bloqueó el proceso de modernización del Reino de España, sino que alentó dos guerras coloniales en Marruecos, la corrupción generalizada, la represión contra el movimiento obrero y los movimientos autonomistas, la dictadura « regeneradora » de Primo de Rivera y finalmente el golpe militar contra la única alternativa, la II República. Sin duda es una causalidad simplista de los acontecimientos históricos, tan simplista como los cuarenta años de dictadura franquista que siguieron para dar paso a una segunda restauración borbónica.

A estas alturas no es necesario defender una vez más los argumentos teóricos a favor de la república como forma de Estado democrática. Para los partidarios de la libertad republicana el énfasis y la urgencia se sitúan en como asegurar las condiciones materiales de la ciudadanía, haciendo que la república sea la forma de Estado más democrática, expresión de la autogestión política de los intereses de la inmensa mayoría. Lo que implica que querer « todas las libertades » supone no dejar alguna en la cuneta. Exigir la garantía de las condiciones materiales de existencia, no debe servir de pretexto para olvidar libertades democráticas como el derecho a la autodeterminación, y defender este derecho tampoco debe servir de pretexto para « dejar para más delante » la defensa de las condiciones materiales de existencia de toda la ciudadanía. Unas libertades republicanas no están subordinadas a otras. La libertad republicana implica que cualquier ciudadano y ciudadana pueda levantar la cabeza y poder « mirar directamente a los ojos » a cualquiera. Quien no tiene la existencia material garantizada no puede hacerlo; quien vive bajo una monarquía impuesta por una de las dictaduras más sanguinarias de Europa del siglo XX y no puede elegir democráticamente la república, tampoco; quien no tiene reconocido el derecho de autodeterminación de una nación cuya gran mayoría de la población lo exige, y sufre la existencia de presos políticos por defender libertades democráticas, tampoco.

Estos días hemos tenido que soportar otra avalancha de justificaciones de los « juancarlistas », que no monárquicos, sumergidos en la melancolía de las patrañas justificativas del golpe de Estado del 23-F que sigue bajo secreto en los archivos del Estado. De los « monárquicos republicanos », como los propios portavoces de un PSOE que no reconocería el republicano Pablo Iglesias Posse, que identifican la estabilidad institucional con esta monarquía bananera. Hasta las Juventudes Socialistas han tenido que salir a proclamar ritualmente su republicanismo. Y de los monárquicos a secas, por no decir reaccionarios, para los que el objetivo es un Estado fuerte que recorte los derechos democráticos de los ciudadanos. Han añadido al esperpento, el escarnio.

Tras los acontecimientos vividos y que quedan por vivir, la crisis de sus instituciones acabará devorando al Régimen del 78 y con él a una monarquía que va dejando tras de sí el reguero descrito de su falta de legitimidad, de su disfuncionalidad democrática, de su bloqueo a la modernización y a la reconstitución plenamente democrática del Estado. No solo porque es un baluarte de los intereses de clase de las oligarquías, sino porque se interpone a la solución democrática de la cuestión nacional, que implica el derecho de autodeterminación, y por lo tanto a la libre relación entre iguales de los distintos pueblos que constituyen el actual Reino de España.

La combinación de diversos elementos es lo que puede quebrar ese entramado político y económico que sostiene a la monarquía. Su propia crisis de legitimidad, la alianza de fuerzas parlamentarias (68 diputados se reclaman del republicanismo) y, especialmente, si crece la exigencia por abajo de un cambio republicano, como la campaña que en Cataluña desarrolla Ómnium Cultural, o la comenzada en Euskadi. La respuesta social y sindical a la crisis de la gestión del Covid 19 podrá ser un acicate para unir la satisfacción de las necesidades sociales con los cambios políticos que quiebre los actuales poderes económicos y antidemocráticos.

A quienes desde la izquierda se contentan con el « alma » pero posponen el « cuerpo » republicano conviene recordarles las consecuencias de haber preterido la república como espacio de confluencia unitario. El fracaso que supuso para la resistencia antifranquista en los años 1940 y 1950 los intentos de negociar con el pretendiente Borbón en Estoril. Las consecuencias de la aceptación de la monarquía franquista y su bandera por el PCE de Santiago Carrillo antes del proceso constituyente « controlado » que estructuraría el Régimen del 78.

La alianza republicana es la condición de la construcción de una alternativa a esta degradada segunda restauración borbónica. Prepararla y construirla desde la unidad de las izquierdas y el respeto a las soberanías de los pueblos puede ser el mejor acicate para recuperar la vía de procesos constituyentes que ofrezcan una salida democrática a este largo y deformado callejón sin salida institucional.

(*) Daniel Raventós es editor de Sin Permiso.

(*) Gustavo Buster es editor de Sin Permiso.

(*) Miguel Salas miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.

[Fuente: http://www.sinpermiso.info]

Sorprende que esta expresión negativa se venga infiltrando en textos destinados a reflejar una labor callada o abnegada

Escena de un concierto de Vetusta Morla en el WiZink Center de Madrid.

Escrito por ÁLEX GRIJELMO

Todos los significados de “sucio” dan mala imagen: “que tiene manchas o impurezas”; “deshonesto, obsceno en acciones o palabras”; “con daño, imperfección”; “contrario a la legalidad”; “falto de ética”…

Por eso hablamos de “guerra sucia”, “manos sucias”, “dinero sucio”, “juego sucio”… Los billaristas conocen además la “carambola sucia”, aquella en que la bola impulsada por el taco no impacta como es su obligación con las otras dos sucesivamente, sino que la primera golpea a la segunda y ésta a su vez a la tercera. Una guarrería de carambola.

Por su parte, el Diccionario del Español Actual dirigido por Manuel Seco relaciona el “trabajo sucio” con algo ilegal o inmoral.

Sorprende por tanto que, pese al descalificador significado de ese adjetivo, se esté infiltrando la expresión “trabajo sucio” en textos que pretenden exaltar una labor callada o abnegada.

Aparece de vez en cuando en las crónicas futbolísticas para elogiar al típico centrocampista que lucha, que arrebata a menudo el balón al contrario, que tapa huecos. Gente como Busquets o Makelele en el fútbol masculino, o Maitane y Natalia Gaitán en el femenino.

Pero ahora esas dos palabras pegaditas han saltado desde el léxico del deporte a una hermosa canción del grupo Vetusta Morla, grabada en colaboración con otros artistas, que desea elogiar al sector sanitario. Se titula Los abrazos prohibidos, y su letra dice: “…Por los que hacen del trabajo sucio / la labor más hermosa del mundo / y pintan de azul la oscuridad, / cada noche aplaudimos en los balcones”.

Sin embargo, los trabajadores de la sanidad no sólo están lejos de cumplir metafóricamente un trabajo sucio, sino que aplican las más extremas normas de la higiene.

Obviamente, se quería expresar, al referirse a esos futbolistas y a esos sanitarios, que desarrollan un trabajo discreto, eficaz, sin alharacas, carente de presunción, una labor silenciosa y abnegada. Es decir, que hacen un “trabajo sordo” según se define en la segunda acepción del Diccionario: “Callado, silencioso, sin ruido”.

Esa idea de lo que se ejecuta sin estrépito se manifiesta también en locuciones como “guerra sorda” o “pólvora sorda”.

Alfredo Relaño, periodista deportivo de exquisito cuidado por las palabras, me contó hace tiempo que Di Stéfano le llamaba a su compañero Zárraga “El Sordo” precisamente porque los narradores de entonces, más cuidadosos con la lengua que los de ahora, retrataban con este término el trabajo eficiente del centrocampista del Real Madrid.

También habría servido en otro tiempo para estos casos la locución “trabajo oscuro” (“carente de relevancia o de notoriedad”). Sin embargo, podemos celebrar que en el sector sanitario por fin haya dejado de serlo. Al conocimiento de su importancia se añade ahora que la proclamamos en público y que, ojalá, no volveremos a aceptar tan pasivamente los tijeretazos que se le asestaron.

Pero a pesar de esa leve desafinación en la letra, la canción de Vetusta Morla conmueve y reconforta, tiene unos arreglos preciosos; se ha compuesto con la mejor de las intenciones y la recaudación que procure se destinará a la investigación científica.

(Chicos, no sé si a lo mejor podríais hacer un arreglillo más).

[Foto: INMA FLORES – fuente: http://www.elpais.com]

Escrito por Antonio Jiménez Blanco-Carrillo de Albornoz

José Esteve Pardo, Hay jueces en Berlín. Un cuento sobre el control judicial del poder. Marcial Pons, 2020, 93 páginas.

Todo el que ha visitado Sans Souci, en Potsdam, cerca de Berlín, guarda en su memoria la imagen del molino situado junto al Palacio de Federico el Grande, que reinó en Prusia entre 1740 y 1786. Es la ocasión de poner imágenes a la historia del famosísimo enfrentamiento judicial entre esos modernos Goliat y David. No hace falta decir que Goliat es el monarca y David el molinero, que se atrevió a poner un pleito para defender sus derechos y acabó ganando. El poder judicial supo enfrentarse al ejecutivo y además no a cualquier ejecutivo.

En ello se ha basado el autor para redactar este interesantísimo libro sobre el eterno tema de la lucha entre el poder —el fuerte— y el derecho, encarnado en los jueces, la parte débil, al menos en una consideración inicial. Cuando estas líneas se escriben, a comienzos de junio de 2020, la batalla del coronavirus parece estar cambiando de escenario: de los hospitales (y las declaraciones de los políticos, que no sabe uno qué acaba siendo más desaconsejable para la salud) la cosa lleva trazas de estar pasando a los juzgados. En eso consiste precisamente el Estado de derecho, que decimos en el continente europeo (aunque se trate de un derecho tan excepcional como el que tenemos ahora). El rule by law de los ingleses. La arcadia rediviva.

Esteve no termina de dar crédito a la historia del molinero. En la contraportada se sincera: «Hay jueces en Berlín es un caso de leyenda, no solo por lo borroso de su relato, sino también por el significado mítico que se le atribuye como primer exponente de la sujeción del poder al control de los tribunales. Se explica así su gran difusión en la moderna cultura occidental, a uno y otro lado del Atlántico, que presenta el control judicial del poder como un logro y una seña de su identidad». Para terminar con esta confesión de realismo: «En contraste con otros casos, sin duda más transcendentes en el curso de la historia, en los que se enjuicia a reyes derrotados, jueces en Berlín tiene como parte a un rey absolutista en la plenitud de su poder. Eso le otorga una mítica aureola, pero agranda también la dureza del golpe al dejar la fábula y toparse con la realidad del caso y del control judicial del poder. Como todos los cuentos, demasiado bonito para ser verdad».

La estructura del libro es la siguiente:

– «A modo de introducción». Páginas 9 y 10. Se reproducen las mismas ideas: de la historia del molinero de Sans Souci se vuelve a proclamar que forma parte del mito.

– I. «El cuento». Páginas 11 y 12. La célebre sentencia favorable al molinero y que Federico cumplió al punto. Esto segundo —que un gobernante acepte que ha perdido en buena lid— resulta, a los ojos de quien esto escribe, muchísimo más increíble, por lo insólito.

– II. «Su difusión en la cultura occidental como lema del control judicial del poder». Páginas 12 a 16.

– III. «El poder real ante la justicia. Precedentes célebres de jueces en Berlín». Páginas 16 a 47. Se exponen tres hechos que, ellos sí, son rigurosamente históricos: a) Felipe II, Antonio Pérez y el Justicia Mayor de Aragón; b) el proceso de Carlos I de Inglaterra; y c) en fin, el juicio a Luis XVI rey de Francia. Estos dos últimos casos tuvieron lugar, como es notorio, cuando los monarcas habían dejado de serlo. No fueron propiamente enjuiciamientos al poder, por tanto. Ni tampoco se trató de actuaciones judiciales, para decirlo todo.

– IV. «La enseñanza de aquellos casos. El poder (que puede cambiar de sujeto) se impone sin control alguno». Páginas 47 a 49. El título lo dice todo: otro baño de realismo.

– V. «La novedad y aportación de jueces en Berlín». Páginas 50 a 63. El autor nos explica que, siempre en Prusia y bajo el reinado de Federico II, tuvo lugar la historia de otro molinero, un tal Arnold —auténtica, ahora sí—, en la que el monarca, que no era parte del litigio, acabó irrumpiendo para desagraviar al débil al que la justicia, un estamento nobiliario, no había escuchado. Y siendo así que luego ambos asuntos —el de Sans Souci y este otro— se han ido entreverando al hilo de la mitificación del primero. Es la parte por así decir más novedosa del trabajo de Esteve.

– VI. «Una explicación en su contexto histórico. La lucha en Europa por el dominio de la justicia entre el poder real y el señorial». Páginas 64 a 83. Con particular análisis de lo que en la Francia anterior a 1789 se llamaban los Parlamentos y que representaron el contrapeso del expansionismo absolutista.

– Y VII. «La orientación hacia un control limitado». Páginas 83 a 85. Esas palabras—-control, sí, pero limitado— se aplican al Consejo de Estado bonapartista (nuestra Sala de lo Contencioso-Administrativo del Supremo, para entendernos). «Y es que el Consejo de Estado no era un contrapoder, como lo fueron en su momento los Parlamentos judiciales, sino un órgano plenamente integrado en el poder que se configuraba en torno al Estado napoleónico, sin capacidad efectiva alguna de oponerse a él».

Un libro, así pues, enjundioso. Lleno de datos contrastados y también de reflexiones, muy sabias por cierto. Es todo menos un panfleto idealizador.

Además, está pensado para que pueda leerse por quienes no están familiarizados con la jerga de lo jurídico. El autor se ha cuidado de no incluir un solo precepto literal. Quedan al margen asuntos que en el gremio de las togas se nos antojan importantísimos, por ejemplo, la sustitución en los últimos tiempos de la justicia contenciosa por la penal, mucho más personalizada y mediática, a la hora de ser la que ejerza el control, y que ha encontrado en delitos con una tipificación tan genérica como la prevaricación y el cohecho unos portillos que le han permitido entrar en lo más sacrosanto de la intimidad del poder político.

El lector saca la impresión de que nos encontramos ante un trozo de la historia de las ideas políticas —o también de las mentalidades sociales—, particularmente en el siglo XVIII y en Prusia y Francia, porque las referencias a España y a Inglaterra están para acompañar, a reserva de lo que luego se dirá. De aquella Prusia, con sus dos cabezas, como Jano, como resulta propio de un régimen llamado déspota pero también ilustrado: Federico fue contemporáneo de nuestro Carlos III, para entendernos. Y debe notarse que sobre esto segundo —la Prusia buena— se ha construido el estereotipo de la actual Alemania, la de la Ley Fundamental de Bonn de 1949: el judicialismo del Art. 19 (modelo del que en la Constitución española es el Art. 24: la anhelada tutela judicial efectiva y sin indefensión), y que un Otto Bachof elevara en su día a principio estructural, necesitaba una base en el pasado, más allá del principio autoritario que proclama que in Polizeisachen gilt keine Apellation. Para ellos, el molinero es su Cádiz: el mito fundacional.

Max Weber, que falleció en 1920, resumió la evolución de la vida como una larga marcha hacia la racionalización, de lo que forma parte la burocratización, entendida como factor de modernización (lo que presupone la juridificación y la judicialización, por supuesto). Una visión optimista que no puede ocultar, por supuesto, los contrapuntos, que en la Alemania de 1933 se pusieron sobre la mesa dramáticamente. Y es ese trasfondo el que está a la base del tal judicialismo —el funcionario profesional e independiente como paradigma— que, desde hace un par de décadas con impulsos norteamericanos, profesa su opinión especializada —la episteme, no la doxa— y políticamente correcta. La sentencia del Tribunal Constitucional Federal de Karlsruhe de 5 de mayo de 2020 —asunto compra de deuda pública por el BCE— no se explica al margen de ello. Y eso aun cuando estemos —a Esteve le asiste la razón— ante un mito (en el sentido de Cassirer, por supuesto), que como suele suceder no resiste el escrutinio de la realidad.

¿Qué decir de España? Aquí tuvimos en 1962 el encendido discurso de Enterría en Barcelona, «La lucha contra las inmunidades del poder», una de las bases ideológicas de la Constitución de dieciséis años más tarde. Y luego nos hemos topado con las manipulaciones semánticas que son la esencia del independentismo catalán: «judicializar» ha pasado a ser algo malo y casi sinónimo de una conducta fascista (y, para más escarnio, con un discurso elaborado en base a un pretendido principio de democracia como opuesto al de legalidad, palabras que igualmente han sido sometidas a un proceso de vaciado para poderles dar el contenido que sirve a lo que se pretende). Vivir para ver.

El libro de Esteve se inscribe en la línea de las desmitificaciones o, si se quiere, del realismo jurídico como línea de pensamiento. Eso del control judicial tiene mucho de milonga —en cuanto basada en el maniqueísmo y el prejuicio: el político es malo y el juez, el juez de verdad, el que no está vendido a los poderosos, es bueno, una suerte de vengador hasta el grado de lo justiciero—, entendida la palabra milonga no en el sentido del género musical argentino de que habla la «Melodía de arrabal» —«barrio, barrio, perdonad si al evocarte se me salta un lagrimón»—, sino como sinónimo de embauque. Y, ya hablando de la manipulación del sentido de las palabras, del libro de Esteve vale la pena lo que relata con todo detalle sobre la Corona de Aragón y en particular, lo que explica, con tono de denuncia, sobre privilegios y fueros.

Historia antigua, sin duda, esa de las relaciones entre el poder y la justicia. Se puede uno remontar todo lo que quiera —hasta Roma o incluso hasta las tablas de Moisés—, aunque Esteve, que ha querido hacer un libro de síntesis, haya preferido dejar que los lectores, si les interesa, sigan buscando en otras fuentes.

Ojo, con todo, con los anacronismos. El contemporáneo —nosotros— se encuentra sometido, no solo en España, a un bombardeo mediático y propagandístico del que resulta difícil salir indemne, bombardeo del cual forma parte muy relevante la información de las resoluciones judiciales, en particular de los juzgados de instrucción, convertidos en auténticas minas de noticias. En el siglo XVIII del que nos habla Esteve eso no era así. Es la galaxia McLuhan la que lo ha cambiado todo.

[Fuente: http://www.revistadelibros.com]

As Ordens dos Advogados de Portugal e de Israel estão contra a modificação da Lei da Nacionalidade a judeus sefarditas e informam que vão intervir junto do presidente da Assembleia da República e dos grupos parlamentares.

Por MANUEL DE ALMEIDA/LUSA

A informação foi esta quarta-feira adiantada pela Ordem dos Advogados, numa nota enviada à agência Lusa, após uma reunião realizada esta quarta-feira com a Ordem dos Advogados de Israel, “a pedido da congénere israelita”.

Segundo o organismo português, as duas entidades consideram a alteração, em discussão na Assembleia da República, “um passo atrás do Estado”.

“A alteração proposta defrauda as legítimas expectativas criadas aos descendentes de judeus sefarditas, tendo sido o próprio Estado a criar essa expectativa, repondo a verdade histórica com a Lei da Nacionalidade em vigor desde 2015”, argumentam, em comunicado.

No documento é ainda referido que as duas entidades consideram indispensável a ação de um advogado no processo de concessão de nacionalidade.

“É indispensável a intervenção de advogado em qualquer processo de concessão de nacionalidade”, realça o organismo, manifestando “a mais veemente oposição à possibilidade de processos conduzidos por não advogados, por entender que a presença de advogado é um garante da legalidade”.

Na nota divulgada é referido que na proposta de alteração da lei do PS, um dos motivos invocados é, além do aumento exponencial de pedidos de naturalização, o argumento de que o regime legal “potenciou a criação de empresas especializadas que vendem com publicidade agressiva em Israel ou na Turquia a nacionalidade portuguesa“, uma situação refutada pela Ordem dos Advogados de Israel.

“O regime de publicidade dos advogados israelitas não permite a prática de publicidade de natureza comercial”, acentuam.

Em causa está uma proposta do PS de alteração da Lei da Nacionalidade, que na sua primeira versão agravava os critérios com que os sefarditas — descendentes dos judeus expulsos de Portugal por D. Manuel I — podem pedir a nacionalidade portuguesa.

Em 19 de maio, o PS mudou a sua proposta de alteração à lei, deixando de “obrigar” os descendentes de judeus sefarditas a residir dois anos em Portugal para conseguir a nacionalidade, mas mantém “outros critérios de ligação atual e efetiva” ao país.

Em todo o mundo existem cerca de 3,5 milhões de descendentes sefarditas de origem portuguesa e espanhola.

Milhares de judeus espanhóis estabeleceram-se em Portugal e uniram-se às comunidades sefarditas depois da expulsão ordenada pelos Reis Católicos em 1492.

Mesmo assim, o rei D. Manuel expulsou os judeus em 1496, impondo como condição o casamento com Isabel de Aragão, herdeira espanhola, tendo-se registado mortes e perseguições, além das expulsões.

[Fonte: http://www.observador.pt]

Desde la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo, la expresión de La Vía Campesina en América Latina y el Caribe, repudiamos que el gobierno ilegitimo de Bolivia intente acelerar la autorización de cultivos transgénicos mediante el N.º 4232 del 07 de mayo, desarrollado por el  gobierno de facto de Jeanine Añez en Bolivia, quien  autorizó de manera excepcional al “Comité Nacional de Bioseguridad establecer procedimientos abreviados para la evaluación del maíz, caña de azúcar, algodón, trigo y soya genéticamente modificados en sus diferentes eventos, destinados al abastecimiento del consumo interno y comercialización externa.

El decreto mencionado va en contra de la normativa vigente en Bolivia a través de su Constitución y varias leyes que prohíben la importación y cultivación de semillas transgénicas.

Este decreto pone en riesgo la soberanía alimentaria del pueblo boliviano y es un atentado en contra de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de las y los campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales. De igual forma, atenta contra la salud y la alimentación saludable y pone en riesgo la biodiversidad y el patrimonio genético de este país.

Este gobierno está haciendo uso del poder inconstitucional del que goza producto del golpe de Estado orquestado y apoyado por el gobierno de Estados Unidos en contra del presidente constitucionalmente electo Evo Morales y aprovechándose de la actual pandemia del COVID-19, buscando favorecer a las empresas transnacionales y a algunos empresarios inescrupulosos locales, mediante un decreto que carece de legalidad.

Por ello, hacemos un llamado a la comunidad internacional a expresar su repudio ante esta barbarie que pretende  el actual gobierno en contra de la agricultura campesina, a las instituciones internacionales para que aceleren las medidas que buscan restablecer la democracia en Bolivia y a todas las organizaciones campesinas y aliadas a defender nuestras semillas nativas y nuestro modelo de Soberanía Alimentaria.

Managua, Nicaragua, a los once días del mes de mayo del dos mil veinte.

¡Desde nuestros territorios unidad, lucha y resistencia por el socialismo y la soberanía de los pueblos!

Secretaria Operativa
CLOC- Vía Campesina

[Fuente: http://www.cloc-viacampesina.net]

En aquests dies de confinament pel coronavirus, Carles Porta (Vila-sana, Pla d’Urgell, 1963) ha descobert una altra manera de compartir els seus relats negres. Des del seu estudi i a través del seu canal de Youtube, que ja té més de 2.500 subscriptors, el periodista actualitza les narracions dels casos que han generat més expectativa, com el crim de la Guàrdia Urbana. Aquesta ha sigut la fórmula per seguir en contacte amb la seva àmplia comunitat de seguidors amb set de true crime. La seva veu identificable, pausada i amb accent lleidatà fa temps que ens acosta la part més fosca de la societat i, com ell mateix diu, hi intenta posar llum. El seu programa de televisió, Crims (TV3), ha sigut un èxit d’audiència, sumant amants a les seves històries d’assassinats i investigacions, que ja compartia a la ràdio.

Text: Clack – AMIC
Vídeo: Marina Rodríguez/Clack – AMIC

– Quins ingredients ha de tenir una història de true crime per convertir-se en un cas de Crims?
 
Perquè fem un capítol de Crims, la història sobretot ha de tenir molts girs de guió. També valorem que la història estigui resolta o, com a mínim, que faci molt de temps que va ser investigada. Que tinguem molts elements de testimonis i de prova. Si hi ha sentència, millor. Que puguem accedir al material visual, sonor, documental… I que puguem tenir entrevistats, en la major quantitat possible. Amb tot això configurem el guió d’una història de Crims.
 
– En el salt de la ràdio a la televisió, què creus que perd i què guanya un cas dels vostres?
 
Són generes molt diferents. Jo no em plantejo si faig ràdio o televisió: en cada moment faig el relat que toca. Cada mitjà té els seus avantatges i inconvenients. La ràdio és més màgica, la gent pot imaginar més. La televisió t’ho dóna tot més fet. La veritat, aquest és un debat, una reflexió, que prefereixo que facin els espectadors, els oients o els especialistes en teoria de la comunicació i de l’audiovisual. Jo afronto cada relat amb la mateixa passió i el mateix plaer.

– Un dels factors que més s’ha afalagat de Crims és la forma d’exposar cada cas. Com definiries la vostra fórmula? Quines són les línies vermelles?
 
El que m’agrada és intentar ser elegant, molt respectuós amb les víctimes i molt precís amb les descripcions. Tant amb paraules com amb imatges. Quan una imatge no és necessària per entendre el relat, no cal posar-la. Si aquella imatge és “més”, més dramàtica o més vermella, no cal. Hem d’anar amb un relat amb precisió, ben descrit. M’agrada pensar en com m’agradaria que tractessin un cas si jo hi estigués involucrat d’alguna manera. Això intentem, explicar-ho amb la menor destrossa possible.
 
– Com reaccionen els familiars de les víctimes davant la proposta de produir un capítol sobre el seu cas?
 
Hi ha de tot. La majoria de familiars que han tingut víctimes properes o tenen gent a la presó, no volen participar. Són casos que els fan mal. És normal que algú a qui li expliques una història que li fa mal no vulgui sortir a la televisió o a la ràdio. Nosaltres intentem parlar amb ells, amb molts hi parlem encara que després no vulguin aparèixer, i hem de respectar les seves ganes de silenci. En els casos en els que han volgut sortir en els nostres reportatges, mantenim la mateixa qüestió. No els tractem tant com a víctimes, sinó com a protagonistes, en aquest cas indirectes. Són testimonis que ho han viscut de manera molt directa. A les nostres històries busquem parlar amb els protagonistes, no amb experts o amb gent que parla d’oïda. Les famílies de les víctimes, per a nosaltres, són testimonis molt importants perquè poden parlar d’una experiència que no té ningú més. D’un dolor que no té ningú més, d’una perspectiva única. Un professional de la investigació investiga molts casos. Una víctima d’un crim no és víctima de quatre crims diferents. Aquesta gent, per tant, ha de rebre estima, respecte i rigorositat a l’hora de treballar. Hi ha víctimes o familiars que volen exculpar el seu familiar o culpar a altres. Hem de posar criteri i distància. Nosaltres no volem fer judicis, hem de ser el més freds possible.
 
– Heu acabat descartant algun cas, inicialment seleccionat?
 
Sí. Per exemple, vam començar a produir un cas sobre una assassina a Barcelona i, quan ja portàvem un parell de mesos treballant, vam percebre i saber que els pares de la víctima estaven amb una depressió important. Em va semblar que no havíem de fer més mal a aquella gent, que no havíem de furgar en el dolor. Una cosa és fer un llibre o un programa de ràdio, amb una repercussió més limitada. Una altra cosa és fer un programa per TV3, que s’ha demostrat que té una repercussió altíssima. Els havíem de deixar en pau.
 
– Hi ha històries amb les que has tingut més vincle, com el cas evident de Tor. Però quin cas t’ha fet pensar o reflexionar més?
 
Cada cas et permet reflexionar molt sobre la part fosca de les persones, no hi ha un en particular. Per això, juguem amb el subtítol del programa “per què matem?”. En els nostres guions intentem que hi hagi lletra petita, que es pugui llegir entre línies. Si algú es torna a mirar els capítols des d’una perspectiva analítica, veurà que hi ha molts missatges que no són explícits. Com ordenem la informació i què destaquem… Tot això t’ha de permetre pensar. Per què aquella persona va cometre aquell crim i d’aquella manera? Per què aquells investigadors van actuar d’aquella manera? Per què la víctima va tenir la mala sort que va tenir? Per què estava en aquelles circumstàncies? Tot això et permet reflexionar i sempre acabes en la mateixa conclusió: la línia entre la llum i la foscor és molt fina.
 
– Has vist una part fosca en les investigacions, també? El nexe entre el món periodístic i el món policial, té punts foscos?
 

El punt fosc que no m’agrada és que, massa vegades, molts periodistes de successos són massa amics de la Policia. També és veritat que és la principal font que tenen, o l’única font. En alguns casos, això es converteix, més que en periodisme, en propaganda de les accions i les investigacions policials. I això no és bo. El periodisme ha de fiscalitzar la Policia, les autoritats, els jutges, els fiscals, entre d’altres. La nostra societat viu un moment bastant patètic, a nivell informatiu i polític. Una de les raons és que el periodisme s’ha convertit més en propaganda que en periodisme. Depèn més de les subvencions i de les campanyes de publicitat dels governs que dels ingressos que generen els lectors. Això ens empobreix com a societat. Però també moltes vegades els periodistes fiscalitzen bé els policies i això els porta a descobrir investigacions brutes o lletges. Al final, els policies també són persones i les persones tenim una part fosca. Hi ha gent, policies o investigadors, que volen arribar abans d’hora als llocs, que agafen dreceres que no són adequades, que no acaben de complir correctament la llei, que s’agafen a alguns casos d’una manera personal que no és la correcta. Policies… o jutges, també. Hi ha per llogar cadires! La relació entre periodista i investigador no és fàcil. Si és massa propera, acaba sent dolenta. Si és massa distant, tampoc te n’assabentes del que passa. Jo tampoc faig periodisme de successos, faig periodisme de relat. L’inconvenient és que et costa molt més arribar a dins de la història, l’avantatge és que tens més perspectiva. No li deus res a ningú, pots explicar les coses amb la fredor i la distància necessàries. Això meu és un relat. No es tracta de trobar els assassins ni donar detalls que no tingui ningú més, no tinc aquesta competició tan difícil que tenen els periodistes de successos.
 
– Als crèdits de cada capítol de Crims apareixen molts noms. Però tu n’ets la cara visible, la que s’exposa i la que resol dubtes dels espectadors. Això ho has sentit mai amb por?
 
Jo tota la vida he treballat sense por, no en tinc. Si tingués por, faria una altra cosa. El meu risc és la legalitat, és no ferir més del compte les persones de les quals parlo. És intentar ser molt creïble, fer bons guions. Que la gent cregui el que expliques, que no en dubti. Dediquem  moltes hores i molta investigació al darrera de cada xifra, cada dada i cada declaració. Si no som rigorosos, cau tot el relat. Tinc cert mal geni amb detalls petits de les investigacions perquè no suporto que ‘la caguem’. La nostra força és la nostra credibilitat. Un bon relat amb molta credibilitat et dóna tranquil·litat, no et fa por. Quan expliques alguna cosa dolenta d’algú, si és certa, aquella persona et pot dir que no li agrada que ho expliquis però, com a mínim, saps que dius la veritat.
 
– El confinament ens ha permès veure un Carles Porta youtuber. Aquest canal ha sorgit de la necessitat de la gent de tenir més relats o de la teva per explicar-los?
 
El canal de Youtube va néixer perquè hi havia llibreries que volien fer presentacions online. Em va semblar que Youtube era una bona via. També volia experimentar si hi havia retorn i ha sigut sorprenent. M’havia d’espavilar i tenir un canal directe entre les meves històries i la gent que vol escoltar-les. No sé amb quina fidelitat continuaré, costa molt resumir en vint minuts les històries que explico. Segurament continuaré, és un món interessant que et dóna contacte directe amb la gent però no sé si es podrà monetitzar, si hi haurà retorn. Treballem per comprar una miqueta de menjar, també. És un experiment, veurem si creix i el podem mantenir.

[Font: http://www.racocatala.cat]