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Los peligros de la moralidad. Por qué la moral es una amenaza para las sociedades del siglo XXI
Pablo Malo Ocejo
Deusto, Grupo Planeta, 2021

Hace más de medio siglo, el filósofo José Luis López Aranguren se lamentaba de la desmoralización que invadía la sociedad española como resultado de la neutralización política de una ciudadanía, cómplice con el poder, que solo aspira al aumento de los ingresos y del bienestar1. En conversación con Javier Muguerza2, Aranguren insistía: «En una época de crisis como la nuestra, los contenidos de la moral pueden tornarse cuestionables, pero lo que nada ni nadie nos puede arrebatar, si no queremos dejárnosla arrebatar, es la actitud moral».

Una afirmación de esta naturaleza, referida tanto al intelectual como al ciudadano de a pie, puede parecer intemporal y plenamente justificada. No son infrecuentes las llamadas a un rearme moral de la sociedad, ni resulta extraña la apelación a la justicia y el bien como motivación última de la acción política. ¿Qué otra cosa mejor podríamos pedir a la ciudadanía y a la clase política que mantener vivo su compromiso moral? ¿No es, acaso, este compromiso un bien en sí mismo?

Sin embargo, ciertos fenómenos políticos y sociales ocurridos estos últimos años como consecuencia del avance de los populismos, las guerras culturales, la caza de brujas, el terrorismo de motivación religiosa o los nacionalismos agresivos han devuelto protagonismo a un viejo problema filosófico: la compleja relación entre moralidad, legitimidad y legalidad, o dicho de otro modo, al papel que las creencias morales deben tener en el ámbito de la actividad política e institucional, especialmente en las sociedades democráticas. Y es que hay buenas razones para pensar que el desiderátum del viejo filósofo español puede llegar a constituir un grave problema para las sociedades democráticas y que lo más sensato sería alejar la moral de la vida política y la convivencia social. ¿Por qué?

El psiquiatra español Pablo Malo ha publicado recientemente (Deusto, 2021) un ensayo que lleva por título Los peligros de la moralidad. En esta obra, el doctor Malo, psiquiatra en ejercicio en el Servicio de Salud del País Vasco-Osakidetza, analiza el carácter ambivalente y problemático de nuestra mente moral y diagnostica una peligrosa hipermoralización que exacerba los extremismos, polariza las diferencias políticas y culturales y contamina las luchas identitarias con el tono épico y agónico de la pugna entre el bien y el mal. El libro pone el foco con valentía en un campo de análisis polémico de gran interés y actualidad, sintetizando una abundante e interesante bibliografía sobre el tema.

El primer paso para manejar los efectos perversos de una visión moralista y moralizante de la vida social y política pasa por adquirir una buena comprensión de la moralidad. Y ello solo es posible, en opinión del autor, situando la moral en el marco de una visión naturalista, inspirada en la psicología evolucionista, lejos de las convenciones filosóficas o religiosas y de todo dogmatismo. En particular, hay una idea que debe ser abandonada urgentemente: no existen ni el bien ni el mal puros y, en consecuencia, no existen personas ni actos puramente buenos o malos. No hay mayor ni más urgente reto que explicar cómo ciertas personas cuyos valores consideramos moralmente buenos pueden llegar a cometer actos que nos parecen atroces, sin que ello sea percibido como una contradicción moral, como ocurre en la intimidad moral de la mente del terrorista o del votante radical de ciertas ideologías extremas. El autor del libro conoce de primera mano los paradójicos efectos que el terrorismo nacionalista de ETA causó en la sociedad vasca y sus contradicciones morales.

Atentado de ETA en la T4, en 2006.

En los primeros cuatro capítulos del libro, el autor define ese marco conceptual evolucionista con el que intenta dar cuenta del significado de la moralidad. Una vez desplegadas estas herramientas conceptuales, Malo procede a hacer una interpretación de ciertos fenómenos políticos y sociales que, como ya dijimos, resultan del mayor interés para la vida democrática. Así, en el capítulo cinco, el autor trata sobre la indignación moral y de un nuevo vehículo para expresarla, las redes sociales, convertidas en unos particulares tribunales de justicia popular. El capítulo seis aborda el fenómeno de la hipermoralización que impregna de significación moral -con lo que ello comporta- muchos fenómenos antaño carentes de ella. En el capítulo siete, el autor repasa los problemas que la moralidad supone en dos aspectos fundamentales. Por una parte, el peligro de llevarnos a la violencia moralista, la violencia más frecuente, grave y masiva a lo largo de la historia. Por otra, el peligro que la moralidad encierra para el buen funcionamiento de dos instituciones básicas de nuestras sociedades: la democracia y la ciencia. El libro se cierra con un capítulo final de conclusiones y perspectivas de futuro.

No podemos abordar todos y cada uno de los asuntos tratados en el texto, por lo que comentaremos solo aquellos que nos parecen más relevantes, al tiempo que emplazamos al lector a completar la lectura de una obra sin duda muy recomendable.

Un marco naturalista para entender la mente moral

La moralidad consiste, según el autor, en la capacidad singular de los seres humanos de distinguir el bien del mal. La mente moral no se encuentra comprometida a priori con un contenido moral concreto (tal cosa es buena o mala), algo que depende de las condiciones culturales que alimentan el aprendizaje individual y, en consecuencia, varía en el espacio y en el tiempo. Sin embargo, sí existen ciertas disposiciones morales que configuran la gramática profunda de nuestra mente moral y son decisivas en su análisis. En opinión del doctor Malo, la psicología evolucionista nos provee de un marco conceptual iluminador capaz de esclarecer estas paradojas, aunque no las haga desaparecer. De acuerdo con este marco conceptual, la moralidad se presenta antes que nada como una adaptación biológica surgida en nuestra especie por selección natural. Como toda adaptación, sirve al interés reproductivo del individuo. No debemos olvidar su origen, si queremos evitar falsas suposiciones acerca de sus contenidos o de su naturaleza. La moral es contingente, como cualquier otro producto evolutivo. Nada hay necesario en ella.

Siguiendo las directrices elaboradas en las últimas décadas por biólogos y psicólogos evolucionistas, Malo estima que la evolución de la mente moral está ligada al desarrollo de ciertas presiones de selección en favor del altruismo y la cooperación. Ese proceso evolutivo ha tenido tres grandes hitos: la conducta altruista, explicada como resultado del esfuerzo por salvaguardar el acervo genético compartido entre parientes consanguíneos (selección de parientes); la cooperación directa para beneficio mutuo, que permite la cooperación entre individuos en contextos de interacciones repetidas en grupos pequeños, de manera que el dilema entre cooperar o dejar de hacerlo se mantiene en equilibrio gracias a que de cada individuo puede castigar al compañero egoísta negándole la ayuda en la siguiente interacción; y la reciprocidad indirecta, que es aquella en la que la recompensa o pago por un favor que realiza un individuo le será devuelto por parte de una tercera persona o de la sociedad en su conjunto. Esta última modalidad ha permitido crear sociedades cohesionadas formadas por grandes grupos de individuos que no solo no están emparentados genéticamente, sino que ni siquiera se conocen.

El éxito de la cooperación para beneficio mutuo y de la reciprocidad indirecta se ha producido, como recuerda el autor, gracias a ciertos mecanismos inscritos en lo más profundo de la mente moral de todo ser humano. El prestigio y la reputación, de una parte, y el castigo y el ostracismo, de otra, son las herramientas niveladoras que permiten contener, dentro de un orden, la proliferación de conductas egoístas. La pérdida de la reputación por haber cometido un acto inmoral o haber denegado ayuda cuando existía un compromiso es algo muy grave que puede llevar al suicidio o al homicidio. El rechazo y la condena social tienen un terrible impacto psicológico en el ser humano; la condena al ostracismo es una especie de muerte social y la ruptura del sentido de conexión y pertenencia es uno de los factores de riesgo ampliamente aceptados para el suicidio.

Protestas por la muerte de George Floyd, 2020

Para conseguir este difícil equilibrio evolutivo fue necesaria la circulación abundante de información sobre la calidad y fiabilidad morales de las personas mediante el cotilleo y la cháchara, que tanto hacen disfrutar al ser humano. Esa información, que construye o destruye la reputación y el prestigio del potencial cooperante, resultó y resulta determinante en las interacciones sociales para el éxito o el fracaso de los intereses y alianzas de los individuos. Pero nuestra mente moral, además, se consolidó ligada a un sesgo fuertemente tribal marcado por la decisiva oposición entre un «nosotros» y un «ellos». Nuestra psicología tribal nos permite identificarnos y coordinarnos con los miembros de nuestro grupo, facilitando la satisfacción de nuestras necesidades. Tendemos a preferir y a favorecer a los miembros de nuestro grupo frente a los miembros de otros grupos.

Los miembros del mismo grupo poseen normas de conducta similares que facilitan el éxito de la cooperación. Además, están sujetos a que su comportamiento puede afectar a su reputación y ser objeto de castigo. La cooperación, cuando no se posee información de primera mano sobre los individuos con los que se interacciona, necesita la identificación de los miembros en los que se puede confiar, es decir, los del endogrupo. Esta identificación quedó en manos de un conjunto de signos o marcadores de pertenencia muy variados: ropa, pintura, tatuajes, lengua, rasgos físicos, costumbres alimenticias, prácticas rituales, etc.

Otros marcadores menos evidentes, pero no menos importantes, en opinión de ciertos psicólogos evolucionistas como John Tooby, son las creencias o la ideología. Las ideas y creencias no son solo una cuestión personal, nos abren las puertas de la pertenencia al grupo y señalan también esa identidad hacia el exterior. Malo se adhiere a esta interpretación, pues permite dar sentido al asombroso, diverso y exuberante mundo de las creencias y prácticas culturales, incluso a las más absurdas y arbitrarias. La comunicación de verdades funcionales, de verdades neutras, de hechos claros y comprobados puede no servir como señal diferencial. Por el contrario, unas creencias exageradas, inusuales, por ejemplo, creencias sobrenaturales o altamente improbables (alarmismos, conspiraciones y muchas otras creencias que circulan para estupor de muchos) no se mantendrían si no es como expresión de una identidad.

Sea esta u otra la explicación correcta, el tribalismo característicamente humano ha impuesto severos límites a la interacción con los otros y a su evaluación moral. Por ejemplo, la división Ellos/Nosotros limita el alcance de la tan traída empatía, que muestra grandes limitaciones para atravesar las barreras de nuestro círculo social, exige lealtades inquebrantables, impone el dominio de la lealtad por encima de la honestidad y moviliza todo tipo de coaliciones que tienen la función de ampliar el poder de los individuos ofreciéndoles más poder frente a los otros. Este es un hecho de extraordinaria importancia: los límites de nuestras normas morales llegan hasta los límites de nuestro grupo, es decir, no aplicamos las mismas normas morales a los miembros de nuestro grupo que a los individuos que no pertenecen a nuestro grupo.

La mente moral en el mundo moderno

Moralización

La historia de occidente durante los dos últimos siglos puede interpretarse, al menos parcialmente, como un proceso de secularización y amoralización, legado de la Ilustración. La amoralización sería el proceso por el que ciertos objetos o conductas salen del campo de la moral. Por ejemplo, durante el último medio siglo hemos presenciado cómo ciertas conductas como la masturbación, el sexo prematrimonial o las relaciones homosexuales se liberaban de su significación moral negativa -al menos parcialmente y no en todas partes por igual-. Este fenómeno ha traído indudables avances para la convivencia en sociedades cada vez más plurales, una tendencia que parece frenarse en los últimos tiempos.

La moralización, por el contrario, es el proceso por el que una actividad que previamente se consideraba fuera del campo moral entra dentro de él. No se conocen bien los factores que desatan este proceso, pero así ha ocurrido en las últimas décadas con el consumo de carne -criticado desde posiciones conservacionistas-, con el consumo de tabaco -cuestionado por su impacto sobre la salud individual y colectiva- o con el cuidado de los animales -desde posiciones animalistas-. Y, más recientemente, durante la pandemia, en el enfrentamiento con los denominados antivacunas. En el ámbito político, por su parte, la pugna entre partidos también ha rebasado los límites de los programas políticos y las medidas económicas, para adentrarse en el ámbito de la moral, hasta convertir a los grupos políticos en tribus morales enfrentadas que ven al oponente como un Otro inferior y que incentivan relaciones de exclusión que rompen amistades y familias.

En todo caso, la cuestión de fondo es que, cuando algo entra en el campo moral, se convierte en un debe y pone en alerta a los individuos frente a la conducta de los otros. Si algo tiene carácter moral, se puede y se debe recriminar, no basta solo con disentir, y reclama una regulación social promoviendo un movimiento general de las instituciones y de los medios de comunicación en esa dirección, para garantizar ese «deber ser». La moralización desata entonces los resortes de la mente moral, excitando las reacciones emocionales, los tribalismos y los dogmatismos que dificultan cualquier negociación entre partes. Incluso la violencia puede ser contemplada como medio legítimo.

Victimismo

Un fenómeno análogo al anterior ha ocurrido con el desarrollo de una hipersensibilidad ante los agravios, tal y como refiere Malo. Los conceptos de trauma y víctima han sufrido una ampliación semántica. En un principio, el concepto de trauma hacía referencia a heridas físicas (trauma procede de la palabra griega para «herida»). Su causa era un suceso externo y sus efectos eran orgánicos, aunque se podían manifestar con síntomas psicológicos. Sin embargo, el suceso traumático ha ampliado su extensión, ya no necesita ser una amenaza a la vida, ni estar fuera del rango de la experiencia humana normal, no tiene por qué crear malestar en casi cualquier persona. Solo es necesario que la persona lo viva como perjudicial. Bajo esta definición, el concepto no solo se ha hecho mucho más amplio, sino más subjetivo, abierto a múltiples sensibilidades nacidas de experiencias y conductas negativas, por acción u omisión. Como consecuencia se identifican más tipos de experiencias como perjudiciales y a más tipos de personas como perjudicadas, como víctimas que necesitan cuidado y protección.

Este nuevo marco, más sensible y receptivo, que amplía el espacio del sufrimiento, desencadena, sin embargo, ciertos efectos perversos. Si bien las víctimas se definen por su sufrimiento, vulnerabilidad e inocencia, se disminuye su capacidad para salir de su situación por sus propios medios, es decir, crea dependencia, al tiempo que aumenta el encasillamiento de los villanos morales, los abusadores como únicos agentes morales. Los ejemplos traídos por el autor proceden mayoritariamente de las sociedades norteamericana y británica. Y su contexto más inmediato es el de las universidades y la vida académica. En este mundo sensible, intelectualizado y proactivo se ha instalado, por ejemplo, el concepto de microagresión. Derald Wing Sue define las microagresiones como «las breves y cotidianas indignidades verbales, conductuales y ambientales, intencionadas o no intencionadas, que comunican una actitud hostil, negativa o despectiva en temas raciales, de género u orientación sexual, e insultos leves religiosos contra individuos o grupos». Entre nosotros, este concepto ha adoptado típicamente la forma de micromachismos, un tipo específico de microagresión.

Bradley Campbell y Jason Manning, cuya obra sirve de guía a Pablo Malo, han desarrollado una teoría acerca del victimismo3. Distinguen estos autores entre dos tipos de cultura convencionales: la cultura del honor y la cultura de la dignidad. En la primera, es la reputación lo que hace que alguien sea honorable o no, y uno debe responder agresivamente a los insultos, las agresiones y los desafíos, porque si no lo hace pierde el honor. En la segunda, se considera que, en vez de honor, las personas tienen dignidad, que es inherente a ellas, por lo que no puede ser alienada por otros, ni tiene que ser demostrada. La dignidad existe independientemente de lo que otros piensen, por lo que la reputación social es menos relevante.

Nuestra cultura actual, según Campbell y Manning, está adquiriendo una forma híbrida con elementos de ambas culturas. Por una parte, la creciente sensibilidad ciudadana es más propia de la cultura del honor, muy sensible a la ofensa, pero, por otra, los individuos no responden personalmente, buscando directamente la reparación de su honor, sino procurando el respaldo de terceras partes, como exige el recurso a las instituciones que protegen los derechos dentro de la cultura de la dignidad. Esto último sería impensable en una cultura del honor. Dos aspectos distinguen esta nueva cultura híbrida del victimismo. Por una parte, las ofensas que desencadenan protestas son, en muchos casos, cuestiones menores que podrían interpretarse como asuntos relativos a las buenas formas, imputables a la mala educación o la ignorancia, asuntos reprobables en el plano puramente personal. Por otra, el individuo o colectivo que se siente ofendido recurre a las redes sociales para hacer público su problema y movilizar rápidamente la opinión pública en su favor y contra el agresor -sin mediación institucional-.

Cancelación y redes sociales

Otro fenómeno ligado a la creciente indignación moral es la llamada «cultura de la cancelación» o, dicho de otro modo, de la censura, silenciamiento u ostracismo. Ya sabemos la importancia que la reputación tiene para la vida social en nuestra especie y cómo nuestra mente ha evolucionado para utilizarla como indicador de confiabilidad. Otro tanto ocurre con la función del castigo y el ostracismo como penalización dirigida contra individuos que rompen las reglas y convenciones sociales -malas compañías para una mente cooperativa-. La expresión «cancelación» nació para referirse a la suspensión de conferencias de ciertos académicos o intelectuales en las universidades estadounidenses, porque un sector de los estudiantes no los consideraba moralmente adecuados. La cancelación se produce utilizando las redes sociales o también convocando manifestaciones in situ con el objetivo de boicotear el acto. Numerosas personas han sido objeto de cancelación en el ámbito intelectual, académico, literario o político, aunque también han sufrido este castigo personas anónimas que publican fotos, textos o reflexiones en cualquier medio. Una vez más, las redes sociales se convierten en el medio preferido para airear esta indignación moral.

Aunque algunos defensores del fenómeno han argüido que la cancelación es solo una forma de crítica, hay razones para pensar que detrás de ella hay algo más. Malo, siguiendo a Jonathan Rauch, identifica algunas señales inequívocas de que la cancelación desborda la crítica lícita para ir más allá: la cancelación busca el castigo más que la corrección de un error, pretende silenciar a su objetivo eliminando la disidencia; no utiliza la persuasión, sino la fuerza y el miedo; no dialoga con el individuo ni discute sus ideas, sino que estigmatiza a la persona con argumentos ad hominem u otros recursos no veraces, al tiempo que promueve el exhibicionismo moral de quienes realizan la crítica. Como señala el autor, la cuestión de fondo, lo verdaderamente preocupante, es que lo que estas cancelaciones buscan no es otra cosa que crear un régimen de miedo en el que la gente tema dar su opinión y en el que ciertas ideas no puedan ser cuestionadas.

Una nueva religión secular: la teoría de la Justicia Social Crítica

Es indudable que las últimas décadas han visto crecer la polarización política. Como resume el propio Malo, estamos en un momento histórico en el que el liberalismo y la modernidad que se encuentra en el corazón de la civilización occidental están amenazados. La amenaza procede de dos tipos de fuerzas, una revolucionaria y otra reaccionaria. Por un lado, están proliferando movimientos de extrema derecha que buscan dictadores que defiendan los valores occidentales tradicionales. Por otro lado, en la extrema izquierda, los cruzados progresistas sociales actúan como paladines del progreso moral sin los cuales la democracia estaría vacía.

Pero la atención del autor se dirige particularmente hacia una forma de ideología social autoritaria alimentada intelectualmente por el pensamiento posmoderno. Siguiendo la interpretación de Helen Pluckrose y James Lindsay en su obra Cynical Theories, Malo identifica el origen de la denominada teoría de la Justicia Social Crítica como un derivado de las ideas posmodernas. La posmodernidad echó a andar hace cinco décadas como crítica contra el legado ilustrado y positivista. Su discurso se estructuró en dos vectores: como crítica epistemológica, defendiendo el relativismo cultural, la disolución de la verdad y el escepticismo gnoseológico, y como crítica política, desvelando las relaciones entre conocimiento y poder. En los años noventa, el discurso posmoderno tomó una orientación hacia el activismo político y social, algo menos etéreo y abstracto. En esta época, el discurso posmoderno alumbró un conjunto de teorías como la teoría queer, la teoría poscolonial, la teoría crítica de la raza y la interseccionalidad, el feminismo y los estudios de género, los estudios sobre discapacidades y obesidad y otros.

Estas nuevas teorías, englobadas en la Justicia Social Crítica, mantienen una doble filiación. Por una parte, beben del posmodernismo al rebasar el marco reivindicativo de la lucha por los derechos civiles de las minorías -formalmente alcanzados- característico de la democracia liberal, un marco insuficiente por sus vínculos con el statu quo, es decir, con un sistema político en el que los derechos tienen una realidad más formal que sustantiva y en el que predominan los intereses de la clase política típicamente heterosexual, patriarcal y blanca. Pero, por otra parte, al estilo de la vieja Teoría Crítica frankfurtiana, necesitan ir más allá del escepticismo posmoderno, nihilista, para poner en marcha una verdadera transformación social y moral del mundo. Dicho de otro modo, el nuevo marco teórico de la Justicia Social Crítica rebasa el ámbito descriptivo para adentrarse en lo normativo, en lo moral. El resultado final es un «posmodernismo aplicado», como lo llaman Pluckrose y Lindsay, que abandona el escepticismo para considerar que la opresión sobre ciertos grupos basada en su identidad, aunque esta sea una construcción social, es real y tiene consecuencias objetivamente negativas que se deben combatir, luchando contra el modelo dominante.

Malo hace suya la interpretación de Pluckrose y Lindsay según la cual el modelo liberal democrático ha sido puesto en jaque por esta nueva teoría crítica. La defensa de los derechos de las minorías raciales o de la mujer no dejan de ser ajustes menores dentro del propio sistema de desigualdades que consagra el liberalismo, meros apaños, y es el propio modelo el que se cuestiona. Este cambio se ha iniciado en el mundo anglosajón (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Australia) y todavía no ha afectado en el mismo grado a España y a los países de lengua hispana, aunque es sensato pensar que también llegará hasta nosotros. Hasta cierto punto, algunas de las políticas de igualdad en España, los conflictos internos del feminismo o ciertas reivindicaciones sociales de la izquierda más radical reproducen los mensajes de la Justicia Social Crítica -especialmente en cuestiones de género y en la defensa de las minorías-.

La Justicia Social Crítica también ha tomado la denominación «wokismo», del término inglés «woke», despertar, que hace referencia a la necesidad de tomar conciencia de la injusticia que soportan determinados colectivos. El wokismo tiene algunos rasgos comunes con una actitud religiosa y Malo hace suya la interpretación del historiador Tom Holland y otros intelectuales como James Lindsay, Mike Nayna, Jonathan Haidt, Andrew Sullivan o John McWorther, al contemplar la Justicia Social Crítica como una nueva religión secular de izquierdas. Jonathan Haidt, por ejemplo, afirma que, en cada universidad, algunos verdaderos creyentes han reorientado su vida alrededor de una lucha contra el mal, y Andrew Sullivan se pregunta si la interseccionalidad, que es el concepto que une todas las ramas de la Justicia Social Crítica, es una nueva religión.

Malo sigue a Holland cuando interpreta el movimiento #MeToo, el #BlackLivesMatters, y, más genéricamente, el wokismo, como manifestaciones de la matriz de pensamiento y acción cristianas4. La lectura de Holland, que Malo asume, ve en la Justicia Social Crítica la reproducción de una vieja polémica, la que enfrentó a Pelagio con Agustín de Hipona acerca del valor de las acciones personales en la salvación. Mientras que Agustín despreciaba el valor de las acciones individuales para salvar el alma, algo que depende finalmente de la Gracia divina como consecuencia del pecado original, Pelagio consideraba esencial la virtud personal y la transformación moral del mundo. En opinión de Holland, la izquierda estaría en la posición de Pelagio, la de exigir a los demás un cambio de actitud, en actitud punitiva y reclamando para sí la pureza moral. La izquierda radical actúa como si se encontrara en posesión de la verdad moral y ello confiere superioridad a su discurso y justifica su actitud punitiva. La vida se presenta como un enfrentamiento entre el bien y el mal, entre discursos dominantes -el del hombre blanco heterosexual, chivo expiatorio y culpable genérico de todos los males- y discursos e identidades excluidas, un mundo de relaciones de poder cuyo balance debe ser corregido. Aunque este marco de pensamiento sea compartido por una minoría (Malo, citando a otros autores, estima que puede suponer un 10% de la opinión pública norteamericana), su posicionamiento moralizante y su agresividad disuade a la ciudadanía de un enfrentamiento directo pues nadie desea ser identificado como miembro del bando opresor.

Pablo Malo es pesimista y duro en su juicio sobre el alcance y la evolución de este fenómeno. El papel realizado anteriormente por la religión ha sido asumido ahora por la Justicia Social Crítica, que representa un movimiento con los valores éticos y morales cristianos, pero sin Dios. El resultado, como señala el autor, es la caza de brujas es implacable y cruel, y no sirve de nada pedir perdón. El culpable debe ser aniquilado, silenciado, excomulgado, condenado al ostracismo, sin importar que, en muchos casos, estos linchamientos hayan acabado en suicidios. No se puede descartar que también los tibios, los que no sancionan, terminen siendo objeto de descalificación.

Perspectivas de futuro

Pablo Malo deja para el final la respuesta a la pregunta que subyace a lo largo del libro: ¿qué podemos hacer frente a estos desafíos? El autor presenta un conjunto de medidas que «deben tomarse como lo que son, un torbellino de ideas y no como algo consolidado y firme». En síntesis, son las siguientes:
Un primer paso fundamental es darse cuenta de que la moralidad constituye un peligro, algo de lo que mucha gente no es consciente, pues solemos fijarnos en sus aspectos positivos (por ejemplo, la búsqueda de justicia) e ignorar su lado oscuro. Este peligro supone un problema extremadamente difícil de solucionar, ya que nuestra mente moral es parte de la naturaleza humana, evolucionada para facilitar la cooperación dentro de grupo y la competencia con otros grupos. Así, nuestro carácter tribal no es eliminable de la ecuación. Las soluciones, pues, deben ir en la línea de diseñar instituciones (diques de contención) que mantengan a raya los excesos de nuestra moralidad.

Malo recoge también algunas sugerencias interesantes, pero difíciles de articular. Por ejemplo, el denominado abolicionismo moral. Se trataría de hacernos ateos de la moralidad del mismo modo que nos hicimos ateos con respecto a la existencia de Dios. El objetivo sería reducir al máximo la moralización. En realidad, no se trata de abolir la moralidad, sino de domarla. Introducir racionalidad en los conflictos y extraer de ellos sus resonancias morales. Olvidar los planteamientos en términos de buenos o malos y buscar salidas negociadas. Al fin y al cabo, la biología nos enseña que la moralidad es un medio para un fin, no un fin en sí mismo. Lo esencial es la cooperación y podemos intentar conseguirla sin pasar por la moralidad.

En el ámbito político, «la idea esencial sería sacar la moralidad de la vida pública todo lo que podamos, dejarla para el ámbito de lo privado». Para ello es necesario crear instituciones que sujeten nuestros instintos morales. Por ejemplo, cambiando el diseño de las redes sociales, que actúan como potenciadores de lo peor de nosotros o rediseñando nuestras instituciones políticas y la forma en que se reparte el poder, para que se favorezca la cooperación y la colaboración y no el enfrentamiento. Otro punto con respecto a la política es que necesitamos despolitizar nuestras vidas y recuperar otras formas de realización personal como las relaciones de amistad, la familia y los seres queridos o la cultura, los espacios y la naturaleza. En el ámbito social, repite la misma idea: sacar la ideología y los contenidos morales de nuestra convivencia diaria. El adoctrinamiento debe quedar fuera del ámbito público. Todo lo que comenta sobre el mundo laboral se puede aplicar también a la escuela y al sistema educativo.

En este mismo sentido, Malo defiende la necesidad de fomentar el escepticismo en todos los niveles: «Hoy en día las narrativas se venden en paquetes y solo hay dos posiciones: comprar el paquete completo o rechazarlo». Por el contrario, deberíamos aplicar una suerte de regla como esta: «Nadie tiene la última palabra: tú puedes afirmar que una declaración está establecida como conocimiento solo si puede ser refutada, en principio, y solo en la medida en que aguanta los intentos de refutarla».

Algunas reflexiones complementarias desde una perspectiva evolucionista

El término moralidad abarca un amplio conjunto de fenómenos y rasgos de comportamiento humano que influyen en las interacciones sociales. Teniendo en cuenta esta complejidad resulta difícil elaborar una explicación evolutiva que dé cuenta de la moralidad. Darwin fue el primero en intentarlo y, desde él, ha habido otros muchos intentos. En los últimos 40 años ha ganado fuerza la tesis darwinista, que suscribe Malo, de que la moralidad tiene un origen adaptativo, promoviendo la evolución de un comportamiento cooperativo dentro de las sociedades humanas. Esta visión de la moralidad como un medio (una adaptación), para conseguir un fin (la cooperación), da cuenta de un rasgo decisivo de la moralidad: el hecho de que los juicios morales implican una intención expresiva y prescriptiva, una posición defendida filosóficamente por figuras como Hume, Stevenson o Hare. Un juicio moral no es nunca meramente descriptivo. Incluso las fórmulas más neutrales comunican un fondo imperativo.

Esta interpretación evolutiva deja sin explicar, en nuestra opinión, un rasgo de la moralidad igual de relevante que el anterior, y que Malo, siguiendo a Linda Skitka, también reconoce: la percepción de que, desde una perspectiva folk, lo bueno y lo malo se presentan a la conciencia individual como si estuvieran dotados de cierto tipo de objetividad y universalidad. Los individuos interactúan y aprenden en un mundo cultural convencional que incluye normas que les son presentadas con la misma exterioridad que caracteriza a las propiedades materiales del mundo físico, como si fuesen elementos del campo objetivo de los hechos. Esta percepción de nuestras creencias y prácticas de una manera compatible con una interpretación objetiva de la moralidad debe incluirse en una explicación naturalista que intente abarcar el comportamiento moral en sus aspectos esenciales.

Nosotros hemos sugerido que para ello es necesario completar este escenario evolutivo, considerando un aspecto importante de la arquitectura cognitiva humana que procede de nuestra evolución como organismos culturales. El secreto de nuestro éxito, por usar la expresión de Joseph Henrich, está en nuestra capacidad evolucionada para la transmisión y acumulación culturales, pues es la cultura, en su extraordinaria complejidad, la que nos ha permitido colonizar con éxito adaptativo el planeta entero. En esta visión coevolutiva de genes y cultura, que difiere en algunos aspectos relevantes de la que proponen los psicólogos evolucionistas, la transmisión cultural acumulativa necesitó sus propios mecanismos evolutivos, anteriores incluso al desarrollo de la cooperación genuinamente humana, y cuyos efectos sobre nuestra cognición se hacen visibles en nuestra mente moral5. Entre esos mecanismos, nosotros hemos destacado la capacidad de orientar el aprendizaje de los hijos, utilizando formas elementales de enseñanza mediante la aprobación o la desaprobación de su conducta. Esas formas básicas de enseñanza, a las que hemos denominado enseñanza assessor, permitieron a los padres transmitir a sus hijos la experiencia acumulada, tanto sobre los comportamientos que deben imitar como sobre los que deben evitar6. Hemos llamado psicología suadens (del latín suadeo: a valorar, aprobar o aconsejar) al conjunto de características cognitivas que han hecho posible la enseñanza assessor7.

La enseñanza assessor da pie a percibir lo que aprendemos, nuestras creencias adquiridas, de una manera que favorece una interpretación objetiva de la información transmitida. Cuando los padres corrigen el comportamiento de sus hijos, las orientaciones vienen provistas de un valor de veracidad y corrección que no puede reducirse a un criterio funcional. La selección natural nos ha hecho sensibles a las indicaciones sobre cómo debemos comportarnos por parte de las personas afectivamente más próximas -familia, amigos-, buscando su aprobación y tratando de evitar su rechazo. Como resultado, el aprendiz assessor percibe las emociones sociales de agrado o desagrado derivadas de la práctica de un comportamiento, como si fueran señales objetivas del valor intrínseco de los comportamientos: si se aprueba un comportamiento, entonces es bueno, si se desaprueba, entonces es malo.

De ahí, la inmediatez con la que el individuo percibe y experimenta sus prácticas, creencias, usos y tradiciones. Esta orientación emocional sobre qué aprender y cómo actuar es clave en la interiorización de valores y normas y, al tiempo, es responsable de que se mantengan muchas tradiciones, creencias y valores en las sociedades humanas, aunque carezcan, en muchos casos, de una justificación racional o empírica que avale su permanencia8.

El apoyo emocional que hace posible y eficiente el aprendizaje assessor ayuda a construir una imagen del mundo con una pretensión de objetividad que, sin embargo, está en el extremo opuesto de cualquier actitud ética que sea distanciada, reflexiva y crítica. En esa objetividad, la mente de cada individuo confunde la representación compartida del mundo (su mundo), con el mundo, y el conjunto empírico de preferencias y prácticas (sus valores), con los valores. De una manera casi inevitable, los individuos con una psicología suadens adoptan la disposición intelectual y moral de un creyente. Ese ha sido el precio que hubo que pagar por el desarrollo de nuestro sistema de aprendizaje cultural acumulativo. Esa percepción folk de la verdad de nuestros valores como algo objetivo dificulta enormemente el dialogo entre tradiciones culturales diferentes y produce desconfianza y recelo ante valores y conductas que exhiben los miembros de otros grupos.

Constatar esta situación no implica que los autores de este comentario ni la mayor parte de sus potenciales lectores, educados en una tradición ilustrada, tengamos que renunciar a nuestros valores democráticos, o a defender los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tampoco nos exige la búsqueda, siempre, de una solución intermedia, pactada, para satisfacer parcialmente valores que consideramos profundamente equivocados. Sin embargo, asumir que nuestras convicciones son fruto de un aprendizaje emocional, que podría haber sido otro, sí que nos obliga a no deshumanizar a nuestros oponentes por pensar de manera distinta.

La historia nos muestra que muchas personas inteligentes y honestas en sus convicciones han vivido (y viven) con naturalidad en sociedades xenófobas, machistas, homófobas y nada tolerantes con religiones distintas de la mayoritaria. Podemos utilizar la racionalidad para mostrar cuáles son los principios axiomáticos, las inconsistencias y los inconvenientes que detectamos en las tradiciones ajenas, aceptando que nuestros oponentes tienen derecho a hacer lo mismo con la nuestra. Por desgracia, solo una pequeña parte de las tradiciones que rigen una sociedad tiene contenido empírico y pueden ser refutadas en un sentido popperiano, como desea el autor. A nivel individual parecerá poca cosa, pero lo honesto, sabiendo lo que sabemos, es tenerlo en cuenta cuando interaccionamos con los demás.

A nivel colectivo, como también sugiere Malo, habría que potenciar instituciones que eviten la estigmatización del diferente y ordenen la interacción social y política dentro de los cauces del respeto y la racionalidad, caracterizando de manera explícita el marco axiomático valorativo del que partimos. O para expresarlo en términos psicobiológicos, el objetivo de nuestras políticas no es tanto la naturaleza humana, algo que para nuestros cálculos podemos considerar inalterable, cuanto la construcción de un ecosistema social robusto capaz de sujetar su lado más conflictivo.

1. Panea Márquez, J. M. (2015). «JL López Aranguren (1909-1996) y el problema de nuestro tiempo». Revista internacional de pensamiento político, 10, 273-289. 
2. Citado por Panea Márquez (2015), pág. 281. 
3. Véase el libro de Bradley Campbell y Jason Manning The Rise of Victimhood Culture, en el que elaboran la teoría acerca del victimismo que sigue el autor. 
4. Véase el libro de Tom Holland Dominion: The Making of the Western Mind. 
5. Castro, L., Castro-Nogueira, M. A., Villarroel, M., & Toro, M. A. (2021). Assessor teaching and the evolution of human morality. Biological Theory, 16, 5–15. https://doi.org/10.1007/s13752-020-00362-7. 
6. Castro, L., & Toro, M. A. (2004). The evolution of culture: From primate social learning to human culture. Proceedings of the National Academy of Sciences, USA, 101, 10235–10240. 
7. Castro L., Castro-Nogueira L., Castro-Nogueira, M.A., & Toro, M.A. (2010). Cultural transmission and social control of human behavior. Biology and Philosophy 25, 347-360. Y también Castro, L., Castro-Nogueira, M. A., Villarroel, M., & Toro, M. A. (2019). The role of assessor teaching in human culture. Biological Theory, 14, 112–121 
8. Para una versión detallada véase el libro de Laureano, Luis y Miguel Castro-Nogueira. ¿Quién teme a la naturaleza humana?, Tecnos 2016 (2ª edición). 
[Fuente: http://www.revistadelibros.com]

Escrito por Daniel Escribano

El pasado jueves asistimos a un nuevo hito en el largo proceso de erosión del marco jurídico-lingüístico catalán impulsado desde determinados partidos y entidades españolistas que tienen como ariete a unas altas instancias de la judicatura con fuerte implantación de la derecha. De entrada, recordemos que el carácter de lengua oficial del castellano en el conjunto del territorio estatal es una decisión unilateral del constituyente español (art. 3.1 CE), sobre la que los pueblos hablantes de otros idiomas no han podido pronunciarse más allá del reconocimiento de su lengua como idioma también oficial, pero cuyo rango jurídico ha sido degradado por vía legislativa o jurisprudencial. Huelga decir que los regímenes de doble oficialidad lingüística implantados en la mayoría de comunidades de lengua distinta (triple, en el caso de Cataluña, por cuanto también está reconocido oficialmente el occitano, lengua propia del territorio de Arán) son una solución de compromiso producto de la fuerza de los nacionalismos alternativos al español durante el período de cambio de régimen político. No obstante, el nacionalismo español jamás ha abandonado sus pretensiones de asimilación de las minorías lingüísticas, tal y como evidencia su pertinaz ofensiva contra el marco jurídico-lingüístico catalán, que, como es sabido, garantiza con suficiencia la competencia en castellano del alumnado catalán.(1)

Los antecedentes más inmediatos del actual conflicto entre el españolismo político-judicial y las instituciones catalanas son los siguientes:

* 1. En la sentencia sobre diversos preceptos impugnados del vigente Estatuto de Autonomía de Cataluña (STC 31/2010, de 28 de junio), el Tribunal Constitucional (TC) consideró compatible con la Constitución española el artículo 35.2, que recogía el « derecho a recibir la enseñanza en catalán », solo en la medida en que no excluye “el libre y eficaz ejercicio del derecho a recibir la enseñanza en castellano como lengua vehicular y de aprendizaje” (FJ 24).

* 2. Poco después, la Sala Tercera del Tribunal Supremo (TS) estimó sendos recursos de casación interpuestos por particulares contra sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) en que proclamaba « el derecho del recurrente a que el castellano se utilice también como lengua vehicular en el sistema educativo de la Comunidad Autónoma de Cataluña » (SSTS 6628/2010, de 9 de diciembre; 6629/2010, de 13 diciembre, y 6632/2010, de 16 de diciembre).

* 3. Para la ejecución de dichas sentencias, la Sección Quinta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del TSJC estableció un uso docente del castellano mínimo del 25%, pero limitado al centro en que estudiaba el hijo del recurrente (Auto de 30 de enero de 2014).

* 4. En diciembre de 2020, esa misma sección estimó el conflicto negativo de competencias interpuesto en abril de 2015 por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte por inaplicación de la disposición adicional 38ª de la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa, que declaraba el castellano “lengua vehicular de la enseñanza” (apartado 1º) y ordenaba a las “Administraciones educativas” que se utilizara “en proporción razonable” (apartado 4º). El TSJC ordenó al Departamento de Educación de la Generalitat que estableciera en todos los centros un porcentaje mínimo de castellano del 25% (STSJC 5201/2020, de 16 de diciembre).

* 5. Tras adquirir carácter firme la STSJC 5201/2020, el propio tribunal dio un plazo de diez días al Departamento de Educación para ejecutarla, pudiendo instar las partes a la ejecución forzosa en un plazo de dos meses. En ese contexto, el Partit dels Socialistes de Catalunya-Units per Avançar (PSC-Units), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Junts per Catalunya (JxCat) y En Comú Podem (ECP) acordaron una propuesta de reforma de las Leyes 1/1998, de 7 de enero, de política lingüística (LPL), y 35/2010, de 1 de octubre, del occitano, aranés en Arán, registrada en el Parlament el 24 de marzo, en que se proponía que el castellano fuera también “lengua vehicular y de aprendizaje en el sistema educativo […] en los términos que fijen los proyectos lingüísticos de cada centro”, en función de “la situación sociolingüística” (nueva redacción del art. 21.1 LPL). Las fuertes protestas de la sociedad civil y del sector educativo empujaron a JxCat a retirar apoyo al acuerdo y dicha reforma fue aparcada.

* 6. El pasado 9 de mayo el TSJC dictó un auto en que estimaba la petición de ejecución forzosa de la sentencia presentada el 30 de marzo por la Asamblea por una Educación Bilingüe (entidad que no había sido parte en la causa) y daba al Departamento de Educación un plazo de 15 días para ello.

En ese contexto, y ante el riesgo de querellas por desobediencia, que ya habían anunciado algunos partidos españolistas contra los responsables del Departamento de Educación, los mismos partidos que impulsaron la fallida reforma de la LPL acordaron una proposición de ley “sobre el uso y aprendizaje de las lenguas oficiales en la enseñanza no universitaria”, registrada en el Parlament el 24 de mayo. Mientras el día 30 el Gobierno de la Generalitat aprobaba un decreto-ley en que proclamaba que la “organización de la enseñanza y el uso de las lenguas en los centros educativos públicos y en los centros educativos privados sostenidos con fondos públicos se fundamenta” en la “inaplicación de parámetros númericos, proporciones o porcentajes” (Decreto-ley 6/2022, de 30 de mayo, por el que se fijan los criterios aplicables a la elaboración, aprobación, validación y revisión de los proyectos lingüísticos de los centros educativos, art. 2.d), la proposición de ley establece que la “enseñanza y el uso curricular y educativo del catalán y del castellano deben estar garantizados y tener una presencia adecuada en los currículums y en los proyectos educativos” (art. 2.2, la cursiva es añadida). Compárese esa aceptación del uso vehicular (no solo como materia) del castellano con el tenor literal del artículo 11 de la ley del Parlament 12/2009, de 10 de julio, de educación (LEC, actualmente vigente): « El catalán, como lengua propia de Cataluña, es la lengua normalmente utilizada como lengua vehicular y de aprendizaje del sistema educativo » (art. 11.1), principio del que solo se exceptúa a “las materias de lengua y literatura castellanas y de lengua extranjera” (art. 11.2), con la posibilidad de “impartir contenidos curriculares y demás actividades educativas en alguna de las lenguas extranjeras”, previa autorización del Gobierno catalán (art. 12.3).

El que en la nueva proposición de ley se apele también a “la situación sociolingüística general, la de los centros y su entorno, los objetivos de normalización lingüística y la evolución del proceso de aprendizaje lingüístico” (art. 2.3) para justificar una ley cuyo único objetivo es habilitar legalmente la impartición de más horas de castellano es tanto más absurdo cuanto que el porcentaje de hablantes habituales de catalán no ha hecho más que reducirse en los últimos años.(2) En esta ocasión, empero, la proposición ha prosperado y el pasado 8 de junio el Parlament la aprobó, con los votos favorables de los cuatro grupos impulsores.

De entrada, debe señalarse que todas las sentencias y autos del TS y el TSJC sobre este litigio carecían, en el momento de dictarse, de base legal alguna, porque, como ya hemos mencionado, la LEC establece claramente el uso vehicular del catalán, salvo la enseñanza de las demás lenguas (como asignaturas) y, excepcionalmente, algunos contenidos y actividades “en alguna de las lenguas extranjeras”. En primer lugar, porque la última reforma de la Ley de Educación (Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de educación, artículo único, apartado 89) ha suprimido las menciones al castellano como “lengua vehicular” de la disposición adicional 38ª y cuya inaplicación motivó el conflicto negativo de competencias interpuesto por el Ministerio de Educación. En segundo lugar, todo lo que se puede deducir del alambicado argumento del TC según el cual el derecho a recibir enseñanza en catalán proclamado en el artículo 35.2 del Estatuto de Autonomía no es incompatible con “el libre y eficaz ejercicio del derecho a recibir la enseñanza en castellano como lengua vehicular y de aprendizaje”, es que el sistema de conjunción con el catalán como lengua vehicular no goza de protección estatutaria, de modo que puede ser modificado por una ley ordinaria del Parlament. Sin embargo, ese argumento no basta para derogar el sistema, toda vez que (a) las leyes que lo sostienen (singularmente, la LEC) permanecen en vigor, ya que no han sido impugnadas y el máximo intérprete de la Constitución española no puede pronunciarse sobre la constitucionalidad de las normas ex officio, y (b) el TC no es un legislador positivo, de modo que carece de potestad para reconocer derechos al margen de las leyes. Respecto a los órganos estrictamente judiciales, ni siquiera tienen la capacidad de derogar normas con fuerza de ley, sino que su función es meramente aplicativa. Si consideran que alguna norma que deben aplicar es contraria a otras leyes vigentes o a la propia Constitución, disponen del mecanismo de la cuestión de inconstitucionalidad ante el TC (art. 35 de la Ley Orgánica 2/1979, de 3 de octubre, del TC). Si el TS, el TSJC o cualquier otro juez o tribunal consideran contrario a la Constitución el sistema lingüístico-escolar catalán lo que deben hacer es plantear una cuestión de inconstitucionalidad al TC sobre los preceptos mencionados de la LEC, no saltársela, proclamar “derechos” no reconocidos por las leyes ni dictar órdenes a las Administraciones para las que carece de competencia. Por el contrario, la jurisprudencia del TS y el TSJC respecto a esta cuestión durante los últimos doce años es un auténtico ataque a la separación de poderes, por cuanto, careciendo de la legitimidad democrática de que disponen Parlamentos y Gobiernos, se han atribuido funciones legislativas y ejecutivas que solo competen a estos y, finalmente, han conseguido forzar un cambio legislativo.

En lo tocante a los legisladores catalanes, debe apuntarse que la aprobación de una ley que no constaba en los programas de ninguno de los grupos que la han apoyado y que solo responde a un trágala judicial carente de toda base jurídica constituye una claudicación en toda regla ante el activismo judicial españolista y un paso más en el proceso de desmantelamiento del modelo de escuela catalana. En ese contexto, es una muestra supina de ingenuidad afirmar, como hizo al día siguiente de la aprobación de la proposición de ley el secretario de Política Lingüística de la Generalitat, Francesc Xavier Vila, que la nueva ley haga “decaer” el objeto de la STSJC 5201/2020, alegando que habría “cambiado el marco legal” en función del cual el TSJC dictó la sentencia; como si esta no hubiera ignorado olímpicamente el “marco legal” a la sazón vigente y no hubiera sido un instrumento precisamente para modificarlo. Antes bien, el escenario más probable es exactamente el contrario al previsto por el secretario. Tal y como ha apuntado el abogado Benet Salellas, representante de las familias personadas en una causa similar pero limitada a la Escuela Turó del Drac, de Canet de Mar, “si con una ley tan clara como la que tenemos [la LEC], los tribunales han acabado avalando el 25% [mínimo obligatorio de clases] en castellano, sin ley que blinde su carácter único como lengua vehicular” se sucederán los litigios promovidos por los peones del nacionalismo español en la enseñanza y los pronunciamientos total o parcialmente favorables a ellos por parte del TSJC. Asimismo, como advierte Salellas, la delegación a los centros de la determinación de los porcentajes lingüísticos “contribuirá aún más a la fragmentación del modelo”, de modo que la “variedad de proyectos podrá generar sistemas diferenciados y, probablemente, la centralidad dejará de tenerla” el modelo con el catalán como lengua vehicular.

También ha habido quien se ha mostrado favorable a aceptar el 25% de enseñanza mínima obligatoria en castellano si se garantiza que el 75% restante se imparte en catalán, alegando que el porcentaje real de uso docente del castellano actualmente es superior al 25%. Sean cuales sean las cifras reales de uso del castellano en los centros educativos catalanes, este tipo de ocurrencias soslaya que (a) la aceptación de un 25% de clases en castellano no significaría que el 75% restante se imparta en catalán, por cuanto también se enseñan otras lenguas como materia y hasta se enseñan otras materias en otras lenguas, y (b) nada hace pensar que el nacionalismo lingüístico español y sus aliados en la judicatura se vayan a detener en este porcentaje. Al cabo, la cuestión de fondo en este litigio, como apuntaba recientemente el penalista Joan Queralt, no es jurídica, sino que se trata de un conflicto estrictamente político. Como apunta Queralt, en un contexto marcado por una derecha reverdecida que controla el TC y los principales órganos judiciales, la única opción verdaderamente realista es afrontarlo como tal y oponer resistencia.

Notas:

(1) Según datos del Ministerio de Educación de 2010 y 2011, las cifras de competencia en castellano del alumnado catalán de 4º de primaria y 2º de Enseñanza Secundaria Obligatoria se sitúan ligeramente por encima de la media española (502 puntos sobre 500), por encima de la media de comunidades donde el castellano es la única lengua oficial, como Andalucía, Murcia, Extremadura o Canarias. En cambio, un informe del Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo del Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya basado en datos del curso 2020-2021 constata que el alumnado catalán de 4º de ESO obtiene de media mejores resultados en lengua castellana que en la catalana. Consell Superior d’Avaluació del Sistema Educatiu, Estudi sociodemogràfic i lingüístic de l’alumnat de 4t d’ESO de Catalunya. 2006-2013-2021. Barcelona: Generalitat de Catalunya, Departament d’Educació, 2021, pp. 176 y 146. Agradezco a Marina Massagué que me hiciera llegar el informe.

(2) Según la Encuesta de usos lingüísticos de la población, elaborada por la antigua Dirección General de Política Lingüística de la Generalitat y el Institut d’Estadística de Catalunya, en 2003 el 46% de los entrevistados declaraba tener el catalán como lengua de uso habitual. En 2018, la cifra había bajado al 36,1%.

 

Daniel Escribano  es doctor en sociología. Traductor y autor de “El conflicte lingüístic a Catalunya, el País Valencià i les illes Balears durant la Segona República” (Lleonard Muntaner, Editor/Obra Cultural Balear, 2020). Ha editado y traducido la obra « Pomes perdudes. Antologia de la narrativa basca moderna » (Tigre de Paper, 2014) y, junto con Àngel Ferrero, la antología de James Connolly « La causa obrera es la causa de Irlanda. La causa de Irlanda es la causa obrera. Textos sobre socialismo y liberación nacional » (Txalaparta, 2014).

[Fuente: http://www.sinpermiso.info]

Por décadas, projetos de integração regional guiaram-se por lógica de mercado e grandes obras. Virada cognitiva que supere neoliberalismo e, também, mitos desenvolvimentistas é crucial, com políticas culturais e a beleza das diferenças

Escrito por VALÉRIA TEIXEIRA GRAZIANO

Dia Mundial da Diversidade Cultural para o Diálogo e o Desenvolvimento, celebrado em 21 de maio, foi criado há exatos vinte anos pela Organização das Nações Unidas (ONU), após a aprovação da Declaração Universal sobre Diversidade Cultural em 2001. Desde então, a diversidade cultural consolidou-se como princípio orientador dos discursos e instrumentos políticos que conformam a nova arquitetura de governança global.

Mas, se a diversidade cultural ganhou centralidade nos discursos políticos e nos projetos de cooperação internacional de organismos multilaterais ao longo das duas últimas décadas, a garantia dos direitos culturais avançou a passos lentos e as ameaças às culturas e aos povos historicamente subalternizados continuaram a multiplicar-se. Desse modo, é preciso problematizar como tais discursos celebratórios da diversidade cultural – frequentemente reproduzidos pela disciplina das Relações Internacionais –, são articulados pelas elites globais, resultando no apagamento das relações assimétricas de poder, na negação da diferença e no ocultamento da colonialidade, convertendo-se em um componente fundamental do capitalismo global.

No âmbito da integração latino-americana, embora a diversidade cultural tenha sido incorporada nos anos 2000 como princípio orientador de projetos regionais nas mais distintas áreas, a reprodução de um modelo de desenvolvimento baseado na noção de progresso econômico e na exploração infinita da natureza e da vida resultou em continuadas violências contra povos indígenas, camponeses e comunidades tradicionais e, consequentemente, em graves ameaças à diversidade das culturas da região.

Assim, neste vigésimo aniversário de criação da data que celebra a diversidade cultural, propõe-se neste artigo uma reflexão sobre a relação entre diversidade cultural, direitos culturais e descolonização da integração regional latino-americana. A partir da problematização dos limites e contradições que permeiam os discursos hegemônicos da diversidade cultural, pretende-se contribuir para a imaginação de caminhos de rearticulação contra-hegemônica da diversidade cultural enquanto fundamento das lutas dos diversos povos da região e de projetos de integração regional alternativos e emancipadores, desde saberes e experiências outras, locais e comunitárias.

Na América do Sul, a retomada da agenda de políticas culturais na virada do século XXI, depois de seu relativo abandono na década de 1980, relaciona-se à emergência do debate sobre as ameaças que representavam para a diversidade cultural as propostas que ganhavam força no âmbito da Organização Mundial do Comércio (OMC) relacionadas à liberalização total do comércio internacional (BAYARDO GARCÍA, 2010). Em 2002, o tema da diversidade cultural aparece, pela primeira vez, nos pronunciamentos dos presidentes do Mercosul (MERCOSUL/CMC/ATA 02/ANEXO 2/2002) e, desde então, as autoridades políticas do bloco reiteraram o posicionamento favorável à aprovação de uma convenção relativa à proteção da diversidade cultural. É neste contexto de acirradas disputas no campo do comércio internacional que foi aprovada, em 2005, a Convenção da Unesco sobre a Proteção e Promoção da Diversidade das Expressões Culturais, segundo a qual “os bens e serviços culturais comunicam identidades, valores e significados e, por isso, não podem ser considerados meras mercadorias ou bens de consumo quaisquer” (UNESCO, 2005).

A agenda de políticas culturais voltadas à diversidade cultural no âmbito dos projetos de integração foi reforçada, ademais, pela nova gramática política que se configurou na região a partir do chamado ciclo progressista latino-americano (2003-2015). Ao destacarem o papel do Estado em seus projetos de desenvolvimento, os novos governos eleitos na primeira década dos anos 2000 ampliaram as agendas políticas e sociais regionais, dando origem à uma nova etapa na integração regional que ficou conhecida como regionalismo pós-liberal ou pós-hegemônico (SANAHUJA, 2009; LO BRUTTO; CRIVELLI, 2019). Este novo cenário político regional, somado à consolidação da cultura como campo autônomo na política internacional e ao destaque que ganhava o tema da proteção da diversidade cultural nas negociações multilaterais, levou ao fortalecimento da agenda da cultura no Mercosul.

Ressalta-se que a articulação suscitada por tais disputadas no âmbito da OMC não só fortaleceu a posição regional em defesa da aprovação do novo instrumento internacional, mas também influenciou, de maneira significativa, os rumos das negociações da Convenção no âmbito da UNESCO. Após sua aprovação, a cooperação multilateral regional contribuiu, ademais, para o processo de implementação do novo tratado internacional pelos Estados sul-americanos. Em 2012, a Reunião de Ministros da Cultura (RMC) criou a Comissão da Diversidade Cultural (MERCOSUL/CMC/DEC. Nº 15/12), âmbito especializado que contribuiu para a construção de uma diplomacia cultural regional a partir da coordenação de posições no âmbito do Comitê Intergovernamental da Convenção da UNESCO, fortalecendo a defesa dos interesses regionais no campo das políticas culturais.

Contudo, a predominância de uma visão limitada sobre o lugar da cultura nas políticas de desenvolvimento e integração regional resultou, na prática, na ausência de investimentos e na contínua invisibilidade da cultura nas políticas públicas nacionais e nos projetos regionais, mesmo em iniciativas transversais de órgãos voltados às áreas sociais e de direitos humanos do Mercosul. Assim, embora a diversidade cultural tenha sido incorporada como princípio orientador nos discursos políticos do bloco e o Mercosul Cultural tenha logrado consolidar-se como espaço relevante de cooperação cultural regional durante o ciclo progressista latino-americano, os avanços limitaram-se à agenda de políticas culturais adotada pela RMC, e a cultura seguiu ausente, na prática, dos projetos estratégicos e prioritários de desenvolvimento regional.

A não ruptura com o modelo de desenvolvimento historicamente adotado pelo bloco e a incorporação acrítica de discursos e concepções hegemônicas que permeiam a cooperação internacional resultaram na reprodução do padrão de poder colonial e na continuidade da exclusão dos povos, saberes e cosmovisões diversos dos projetos de integração. Dessa forma, “sem questionar as noções de progresso e de crescimento econômico infinito sob a qual se reproduz o mito do desenvolvimento, o MERCOSUL seguiu reproduzindo um modelo civilizatório excludente e insustentável” (GRAZIANO; CAIXETA, 2021). Por isso, como argumenta Escobar (2013), é preciso compreender o desenvolvimento tanto como um projeto econômico (capitalista e imperial) quanto cultural. Criado a partir de uma experiência particular da modernidade ocidental europeia, o paradigma do desenvolvimento subordina as demais culturas e conhecimentos e resulta na destruição da diversidade humana e natural.

Edgardo Lander (2019) lembra que o processo de integração regional que mais avançou na América do Sul neste período representa claramente tais limites e contradições: a iniciativa para a Integração da Infraestrutura Regional Sul-Americana (IIRSA), projeto de desenvolvimento baseado no financiamento de grandes obras de infraestrutura física que, segundo o autor, levou ao aprofundamento de um tipo de integração subordinada e colonial na divisão internacional do trabalho e acelerou a apropriação de territórios indígenas e camponeses, assim como os processos massivos de destruição ambiental.

O autor ressalta, ainda, que embora a IIRSA e a União de Nações Sul-Americanas (UNASUL) tenham nascido em diferentes contextos geopolíticos e com objetivos divergentes, baseados em concepções distintas de desenvolvimento regional, a criação do Conselho Sul-Americano de Infraestrutura e Planejamento (COSIPLAN) da UNASUL acabou por dar continuidade ao projeto da IIRSA. Lander (2019, p. 104) explica que “la tensión entre esos dos programas de futuro para el continente, el desarrollista/extractivista de carácter neoliberal representado por el IIRSA, y el de ruptura radical en dirección al buen vivir, el reconocimiento de los derechos de la naturaleza y la interculturalidad, lo resuelve Unasur, más allá de sus discursos y declaraciones de principios, por la vía de los hechos, a favor del primero”.

Como resultado, tais empreendimentos de integração regional, que partem de uma lógica de “vazios demográficos” (PORTO-GONÇALVES; QUENTAL, 2012), resultaram no aumento de violências contra indígenas, camponeses e comunidades tradicionais, bem como na expulsão forçada desses povos de seus territórios. Como discutido em artigo anterior para o ODR, a atual negociação do acordo Mercosul-União Europeia é uma clara expressão dessa lógica e ignora os prováveis impactos que sua entrada em vigor terá para os povos indígenas e para a diversidade cultural e natural da região. Embora a temática dos direitos indígenas tenha sido introduzida na agenda do bloco, “na prática, pouco se avançou com relação à proteção e promoção dos direitos indígenas, e menos ainda com relação à participação dos povos indígenas nos processos decisórios do MERCOSUL” (GRAZIANO, 2021).

Desse modo, pode-se afirmar que a ampliação da agenda de direitos humanos do Mercosul a partir da racionalidade moderna eurocêntrica do desenvolvimento não resultou em avanços concretos no que diz respeito à garantia dos direitos culturais e à proteção da diversidade cultural. Isso se reflete, por exemplo, na ausência de uma estratégia integradora e transversal do Instituto de Políticas Públicas em Direitos Humanos (IPPDH), criado em 2009, cuja agenda se desenvolve de maneira paralela e, em geral, distanciada de instâncias como a Reunião de Autoridades sobre Povos indígenas (RAPIM), a Reunião de Ministros e Altas Autoridades sobre os Direitos dos Afrodescendentes (RAFRO) e a Reunião de Ministros da Cultura (RMC). Como resultado, destaca-se a ausência do tema dos direitos culturais nos projetos desenvolvidos pelo IPPDH, assim como de discussões aprofundadas sobre direitos coletivos e integração regional.

Considerando que a efetivação dos direitos culturais passa justamente pelo direito dos povos ancestrais e comunidades tradicionais de habitarem seus territórios, as políticas para proteção e promoção da diversidade cultural devem incluir, necessariamente, temas como autonomia, autodeterminação, plurinacionalidade e direitos indígenas. Por isso, a concretização dos direitos culturais e a proteção da diversidade cultural precisam ser pensadas para além do debate restrito ao campo das políticas culturais. É urgente, ademais, romper com a própria lógica que separa cultura e natureza para que seja possível, de fato, imaginar caminhos para a proteção e promoção da diversidade cultural e para construir alternativas de integração regional para além da noção hegemônica de desenvolvimento.

Como ressaltam Porto-Gonçalves e Quental (2012), “a defesa das culturas em sua diversidade implica a defesa das suas condições naturais de existência com as quais desenvolveram valores que dão sentidos às suas práticas, daí a tríade território-territorialidade-territorialização vir adquirindo centralidade”. É por este motivo, segundo os autores, que a luta travada por camponeses, indígenas e afro-americanos em torno da politização do conceito de território adquire sentidos mais amplos.

Desse modo, como propõe Walsh (2012), as articulações realizadas por esses grupos étnico-culturais devem ser entendidas não apenas como lutas identitárias, mas como lutas cognitivas, entre posições hegemônicas e subalternas relacionadas com formas diversas de entender o mundo e produzir conhecimento, as quais levam ao “cuestionamiento radical de las bases estructurales de la supuesta democracia, la ruptura irreversible con las concepciones monoculturales y excluyentes, y el sembrío estratégico de perspectivas, desde lo indígena, que interpelan y articulan otros sectores de la sociedad” (WALSH, 2012, p. 29). Assim, é justamente desde a diversidade e a diferença que esses movimentos reivindicam o direito de existirem e habitarem outros mundos.

É neste sentido que Vich (2014, p. 98) chama a atenção para a necessidade de desculturizar a cultura para compreendê-la como um novo poder e, sobretudo, “para comenzar a tomar el poder desde la cultura”. O autor propõe que, “contra toda la maquinaria actual de un saber tecnocrático que desliga lo cultural de lo político y lo político de lo económico”, deve-se estrategicamente “simbolizar lo político, democratizar lo simbólico”, de maneira a romper com a esferização do mundo e retomar a proposta de Raymond Willians de constituição de um processo social total (VICH, 2014, p. 98). A partir disso, a cultura pode ser apropriada como uma trama “donde se producen disputas cruciales sobre las desigualdades, sus legitimidades y las posibilidades de transformación” (VICH, 2014, p. 41).

Essa compreensão da cultura como trama é fundamental para a imaginação de alternativas ao desenvolvimento e à integração regional tal como tem sido construída desde o nível estatal, que sejam capazes de abarcar a proteção e a promoção da diversidade cultural em toda a sua complexidade e, assim, abrir caminhos para a produção de novas representações simbólicas, identitárias e sociais. Se a modernidade eurocêntrica compartimentalizou o saber e a política, a construção de uma estratégia de integração regional contra-hegemônica deve partir justamente da compreensão de que a cultura é constitutiva e inseparável dos campos políticos e econômicos.

Por isso, neste contexto de celebração do Dia Mundial da Diversidade Cultural para o Diálogo e o Desenvolvimento, propõe-se refletir criticamente acerca do discurso sobre a diversidade cultural que permeia os projetos de integração regional na América Latina, de maneira a aprofundar o debate sobre a proteção da diversidade cultural desde sua articulação com os direitos culturais e desde os saberes e práticas locais dos diversos povos da região, incluindo suas experiências coletivas e comunitárias de construção de redes de solidariedade transnacional. Neste sentido, é preciso reconhecer a centralidade da cultura e da diversidade cultural para a construção de uma outra integração latino-americana possível e de outros mundos possíveis.

Referências:

BAYARDO GARCÍA, Rubén. Políticas culturales y derechos: entre la retórica y la realidad. RIPS. Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas, vol. 9, núm. 2, 2010, pp. 55-64. Universidad de Santiago de Compostela: Santiago de Compostela, España.

ESCOBAR, A. Una minga para el postdesarrollo: Lugar, medio ambiente y movimientos sociales en las transformaciones globales. Bogotá: Ediciones desde Abajo, 2013.

GRAZIANO, Valéria T. A invisibilidade dos povos indígenas no Acordo MERCOSUL-União Europeia e a colonialidade do poder na integração regional sul-americana. Observatório de Regionalismo, 2021. Disponível em: http://observatorio.repri.org/2021/10/26/a-invisibilidade-dos-povos-indigenas-no-acordo-mercosul-uniao-europeia-e-a-colonialidade-do-poder-na-integracao-regional-sul-americana/. Acesso em: 20 de maio de 2021.

GRAZIANO, Valéria T.; CAIXETA, Marina B. A Cooperação Sul-Sul no MERCOSUL: um caminho para a integração regional autônoma. Brazilian Journal of International Relations, v. 10, p. 161-194, 2021.

LANDER, Edgardo. Crisis civilizatoria: Experiencias de los gobiernos progresistas y debates en la izquierda latinoamericana. Callas; Universidad de Guadalajara: Alemanha, 2019.

LO BRUTTO, G; CRIVELLI, E. El panorama actual de la integración regional en América Latina. In: KERN, A. et al. La cooperación Sur-Sur en América Latina y el Caribe: balance de una década (2008-2018). Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO, 2019.

MERCOSUL. MERCOSUL/CMC/ATA 02/ANEXO 2/2002. Brasília, 2002.

MERCOSUL. MERCOSUL/CMC/DEC. Nº 15/12. Mendoza, 2012.

PORTO-GONÇALVES, Carlos Walter; QUENTAL, Pedro de Araújo. Colonialidade do poder e os desafios da integração regional na América Latina. Polis Revista Latinoamericana, 31, 2012, online.

SANAHUJA, J. A. Del “regionalismo abierto” al “regionalismo post-liberal”. Crisis y cambio en la integración regional en América Latina. Anuario de La Integración Regional de América Latina y el Gran Caribe, 2009.

UNESCO. Convenção da Unesco sobre a Proteção e Promoção da Diversidade das Expressões Culturais. Paris, 2005.

VICH, Victor. Desculturizar la cultura: La gestión cultural como forma de acción política. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2014.

WALSH, Catherine. Interculturalidad crítica y (de)colonialidad: Ensaios desde Abya Yala. Serie Pensamiento decolonial. Quito: Ediciones Abya Yala, 2012.

[Fonte: http://www.observatorio.repri.org]

[Chronique #48] La Nouvelle Union populaire écologique et sociale sonne comme la conséquence d’une crise de confiance dans les institutions de la Ve République.

Jean-Luc Mélenchon, lors de la première convention de la Nouvelle Union populaire écologique et sociale (Nupes), à Aubervilliers (Seine-Saint-Denis), le 7 mai 2022. | Julien de Rosa / AFP

Jean-Luc Mélenchon, lors de la première convention de la Nouvelle Union populaire écologique et sociale (Nupes), à Aubervilliers (Seine-Saint-Denis), le 7 mai 2022.

Écrit par Christian Salmon— édité par Natacha Zimmermann

Pour la première fois dans l’histoire, un accord général entre les partis de gauche est signé dès le premier tour des élections législatives. Ni le Cartel des gauches ne l’avait fait, ni le Front populaire, ni même lorsque la gauche avait signé le Programme commun, ni la gauche plurielle.

L’avenir dira si ce phénomène est durable ou s’il est le fruit d’une conjoncture électorale. Mais plutôt que d’attendre son verdict, mieux vaut tenter de comprendre ce qui est en jeu dans ce moment politique. Car les commentateurs, sondeurs et politistes ne cessent de confondre deux choses: l’avenir des partis politiques et le devenir politique des gens, les fluctuations des intentions de vote et les inflexions de la conscience collective qui obéissent à des mouvements par nature imprévisibles.

La Nouvelle Union populaire écologique et sociale (Nupes) est apparue dans notre galaxie politique parfaitement cartographiée telle une constellation inconnue, légèrement voilée, profilée comme une figure géométrique abstraite reliant comme autant de points les différents partis qui la composent.

Les scénarios de la Ve déjoués

Alors, historique ou pas cette nouvelle union de la gauche version Nupes? La question n’a rien de rhétorique. Elle est stratégique. Elle est au cœur de l’enjeu de la mobilisation qui déterminera l’issue de la bataille électorale. Est-ce un phénomène structurant, une nouvelle construction politique ou un épisode de plus de la décomposition de la gauche? Est-ce un simple accord électoral de circonstance ou un nouveau front populaire surgi en treize jours –un chiffre qui pourrait inquiéter les superstitieux, mais qui a de quoi surprendre par sa rapidité tant la gauche nous a habitués dans son histoire aux interminables conciliabules d’appareils.

«Certains ont trouvé le feuilleton un peu longironisait Jean-Luc Mélenchon le 7 mai, à Aubervilliers, à l’occasion de la première convention de la Nouvelle Union populaire écologique et sociale. Mais précisément, ce qu’ils ne comprenaient pas, c’est que ce n’était pas un feuilleton: c’était une histoire.» Qu’un homme politique soit capable de distinguer feuilleton et histoire, intrigue de série et construction politique, «netflixisation» et écriture politique, c’est déjà, en soi, un exploit qui mérite d’être salué. Tant d’hommes et femmes politiques sont en train de mener des combats d’arrière-garde; Jean-Luc Mélenchon mène quant à lui la prochaine bataille. Et c’est ce qui le rend très, très dangereux.

«Nous sommes en train d’écrire une page de l’histoire politique de la France, insistait-il le 7 mai. Et parce que nous écrivons cette page de cette façon, nous pouvons prétendre écrire une page d’histoire de France.» L’événement avait de quoi surprendre notre fatigue démocratique après de longs mois d’une campagne médiatique désinvestie de toute projection vers l’avenir.

Et s’il est historique, c’est justement en ce sens qu’il surprend notre capacité de prévoir, qu’il déjoue les scénarios écrits d’avance par la Constitution de la Ve République dans toutes ses variantes (quinquennat et calendrier électoral compris) et qu’il ouvre un nouveau champ des possibles, dans lequel de nouveaux acteurs politiques peuvent trouver leur place.

Billet d’entrée dans un autre monde

Au-delà d’une adhésion à un ensemble de mesures économiques, sociales, écologiques, le bulletin de vote Nupes acquiert ainsi le sens d’un billet d’entrée dans un autre monde, une autre histoire, un autre peuple. Que vous soyez jeune ou vieux, femme ou homme, modéré ou radical, habitant des villes ou des banlieues, vous avez la possibilité d’écrire une nouvelle page de l’histoire collective. Vous devenez vous-même le narrateur de cette histoire…

Après des mois où l’on fut tenté à maintes reprises de tourner le dos à une non-campagne qui avait pour but explicite de reconduire le duo attendu Le Pen-Macron, l’inattendu est arrivé; il a surgi sous le signe ironique d’une victoire sans vainqueur, un gigantesque acte manqué électoral. Emmanuel Macron semblait paralysé par sa victoire, incapable de prévoir la suite; Jean-Luc Mélenchon, exclu du second tour, resurgissait au lendemain de sa défaite, comme galvanisé par son échec, déclarant un troisième tour, proposant de jouer «la belle», bousculant le calendrier électoral et l’esprit de la Ve République, en lui injectant le virus du parlementarisme.

Soudain, la campagne présidentielle rebondissait. À peine les résultats proclamés, un autre agenda prenait le dessus. La victoire tardait à s’affirmer, la fin refusait de finir, une autre campagne commençait avant que la précédente ne soit terminée. Le cours des événements refusait de rentrer dans le lit constitutionnel. Le vieux monde qui refusait de mourir et le nouveau monde qui se faisait attendre depuis si longtemps s’étaient donné rendez-vous et cohabitaient soudain dans une image tremblée. Les signes divergeaient.

Le pouvoir règne par les images et les mots. Mais il peut aussi vaciller devant l’insurrection des signes et leur désynchronisation. Ce ne sont pas les intentions de vote qui font une élection en dernière instance, ce sont les signes. 2002 était un accident électoral; 2022 est un crash démocratique. La critique des institutions a été portée à son comble dans une campagne qui a aggravé la spirale de discrédit comme jamais. Tout le système des signes de la Ve République est entré en crise. On en vit quelques manifestations au cours de la campagne.

Valérie Pécresse, à son meeting de Villepinte, fit les frais de cette désynchronisation des signes. Éric Zemmour, lors de sa dernière intervention sur France 2, sembla vaciller sur ses jambes avant même que son score ne s’effondre. Et voici que la désynchronisation atteignait le prince au soir de son élection. Des reporters poursuivant dans Paris le véhicule présidentiel dans une imitation de l’élection de Jacques Chirac, finirent par se rendre compte qu’ils s’était trompés de véhicule et qu’ils accompagnaient le Premier ministre à Matignon. Acte manqué qui disait tout, peut-être, de l’inconscient de cette élection qui annonçait, peut-être, le basculement du pouvoir de l’Élysée à Matignon et venait mettre un peu de VIe République dans la Ve.

L’essence du peuple: surprendre

Jamais un président élu ou réélu n’était apparu au soir de sa victoire aussi peu grandi par l’élection. Il semblait privé de cette aura que donne le suffrage universel. Il n’était pas illégitime, mais comme démagnétisé. Au moment de rendre publics les résultats du scrutin, le président du Conseil constitutionnel, Laurent Fabius, pourtant rompu aux usages institutionnels, trébucha sur le chiffre des suffrages obtenus par Emmanuel Macron comme si l’histoire, par sa bouche, hésitait à reconnaître et à proclamer cette victoire qui ressemblait à une défaite.

Cette réélection était si peu inscrite dans la durée que le nouvel élu s’empressait de lui nier toute continuité, affirmant contre toute évidence: «Le peuple français n’a pas prolongé le mandat qui s’achève.» Il s’agirait d’un «peuple nouveau, différent d’il y a cinq ans [qui] a confié à un président nouveau un mandat nouveau». Surprenante actualisation de la formule de Brecht selon laquelle «le gouvernement doit élire un nouveau peuple».

Ce nouveau peuple était rassemblé le même jour à Aubervilliers (Seine-Saint-Denis); il se présentait lui aussi à l’investiture. À l’Élysée, on avait assisté au spectacle d’une monarchie élective épuisée, incapable d’émettre les signes de son pouvoir et de sa légitimité. À Aubervilliers, un peuple débordant d’enthousiasme se pressait, un peuple impensable il y a encore quelques jours, qui prenait forme et couleurs dans cette nouvelle bataille électorale.

Car c’est l’essence même du peuple que de surprendre, d’imposer son timing et ses formes d’apparition, déjouant les systèmes d’alerte du pouvoir, comme le firent si bien les «gilets jaunes».

Porté au jour par une envie de changement trop longtemps différé, il débordait les partis qui le composaient et donnait l’image mouvante, chatoyante, d’un changement lui-même en train de changer. Non pas une simple addition d’individus, mais une multiplicité de personnes, certaines investies, d’autres cédant la place au nom de l’union, débordant le casting des candidatures individuelles pour se fondre en une volonté collective, s’élevant au-delà des individus qui la composaient, en une force en devenir, affirmant beaucoup plus qu’un rapport de forces, la mise en relation d’expériences singulières, de tous âges et conditions, distribuées sur tout le territoire et dans la profondeur de champ de la société.

«C’est nous les essentielles»

Ainsi, l’intervention la plus applaudie fut celle de Rachel Kéké, ancienne meneuse de la grève des gouvernantes et femmes de chambre de l’hôtel Ibis des Batignolles, à Paris, qui redonna dans son intervention verdeur et crédit à la parole politique. «La sous-traitance, c’est la maltraitance, le rabaissement, l’humiliation. Nous les femmes de chambre et les gouvernantes de l’hôtel Ibis des Batignolles c’est ce que nous avons subi, a-t-elle lancé. Nous avons mené cette lutte jusqu’à la victoire, pourquoi ne pas aller jusqu’à l’Assemblée, c’est nous les essentielles!»

Car comme le rappelait le philosophe allemand Peter Sloterdijk, «c’est leur colère synchrone contre l’arrogance sans bornes des puissants qui a appris aux petites gens qu’ils voulaient désormais être des citoyens». C’est cela l’essence de la démocratie. Elle n’a pas d’autres acteurs. Ils, elles, les essentielles.

 

[Photo : Julien de Rosa / AFP – source : http://www.slate.fr]

Emmanuel Macron a été réélu face à Marine Le Pen avec 58,54 % des suffrages exprimés. La stratégie qu’il a mise en place pendant cinq ans a donc été gagnante électoralement. Mais elle ne peut qu’être perdante démocratiquement, les fractures n’ayant jamais été aussi béantes.

Écrit par ELLEN SALVI

Emmanuel Macron est arrivé au Champ-de-Mars au son de L’Hymne à la joie de Beethoven, qui avait déjà résonné dans la cour du Louvre, au soir de sa victoire de 2017. Mais cette fois-ci, le président de la République, fraîchement réélu face à Marine Le Pen avec 58,54 % des suffrages exprimés, n’a pas fait son entrée seul, mais aux côtés de sa femme et entouré de jeunes. Une mise en scène soigneusement orchestrée pour coller à sa promesse de « méthode refondée […] au service de notre pays et de notre jeunesse ».

Le chef de l’État a d’abord remercié « l’ensemble des Françaises et des Français qui au premier puis au deuxième tour [lui] ont accordé leur confiance pour faire avenir » son projet. « Je sais aussi que nombre de nos compatriotes ont voté ce jour pour moi non pour soutenir les idées que je porte, mais pour faire barrage à celles de l’extrême droite, a-t-il ajouté. Et je veux ici les remercier et leur dire que ce vote m’oblige pour les années à venir. Je suis dépositaire de leur sens du devoir, de leur attachement à la République et du respect des différences qui se sont exprimées ces dernières semaines. »

Une promesse qui ressemble à s’y méprendre à celle que le même homme avait formulée il y a cinq ans, avant de l’oublier sitôt intronisé. « Je veux aussi ce soir avoir un mot pour les Français qui ont voté pour moi sans avoir nos idées, avait-il dit le 7 mai 2017. Vous vous êtes engagés et je sais qu’il ne s’agit pas là d’un blanc-seing. Je veux avoir un mot pour les Français qui ont voté simplement pour défendre la République face à l’extrémisme. Je sais nos désaccords, je les respecterai, mais je serai fidèle à cet engagement pris : je protégerai la République. »

Dimanche soir, Emmanuel Macron s’est également adressé aux abstentionnistes – « Leur silence a signifié un refus de choisir auquel nous nous devons aussi de répondre » – ainsi qu’aux électeurs et électrices de Marine Le Pen. « Je sais que pour nombre de nos compatriotes qui ont choisi aujourd’hui l’extrême droite, la colère et les désaccords qui les ont conduits à voter pour ce projet doivent aussi trouver une réponse, ce sera ma responsabilité et celle de ceux qui m’entourent », a-t-il dit, affirmant vouloir « considérer toutes les difficultés des vies vécues et répondre avec efficacité aux colères qui se sont exprimées ».

Vantant un projet qu’il décrit comme « humaniste », « républicain dans ses valeurs », « social et écologique », « fondé sur le travail et la création », « la libération de nos forces académiques, culturelles et entrepreneuriales », celui qui va donc diriger la France cinq ans de plus a assuré qu’il le porterait « en étant dépositaire aussi des divisions qui se sont exprimées et des différences ». « En veillant chaque jour au respect de chacun. Et en continuant à veiller chaque jour à une société plus juste et à l’égalité entre les femmes et les hommes », a-t-il précisé, en parlant d’« ambition » et de « bienveillance ».

Une réélection, mais à quel prix ?

Cette modestie affichée par Emmanuel Macron tranchait avec la mise en scène préparée par ses équipes, mais aussi avec certaines déclarations de ces soutiens. Sitôt les résultats connus, plusieurs d’entre eux se sont en effet félicités d’un score qualifié d’« inédit par son ampleur  » par Richard Ferrand. « Si l’on excepte Chirac face à Le Pen en 2002, jamais un président n’avait été réélu avec un tel score », s’est réjoui le président de l’Assemblée nationale, oubliant de préciser qu’Emmanuel Macron a été élu les deux fois face à l’extrême droite. Le ministre de l’Économie Bruno Le Maire a quant à lui parlé de « mandat clair ». « Le président a désormais la légitimité pour poursuivre la transformation du pays », a-t-il insisté.

Rares sont celles et ceux, dans les rangs de La République en marche (LREM), à avoir eu un mot pour les millions d’électeurs qui se sont déplacés dans le seul but de barrer la route à l’extrême droite. Le chef de l’État avait ouvert la voie à cet aveuglement au lendemain du premier tour. « Comme il n’y a plus de front républicain, je ne peux pas faire comme si cela existait », avait-il indiqué, pour préempter l’idée d’un vote d’adhésion et espérer ainsi poursuivre ses politiques comme si de rien n’était au cours des cinq prochaines années.

Premier président de la Ve République à être réélu hors période de cohabitation – et toujours face à l’extrême droite –, Emmanuel Macron a donc réussi le pari qu’il s’était fixé depuis 2017. Mais à quel prix ? Pendant cinq ans, celui qui avait assuré, au soir de sa première élection, vouloir tout faire pour que plus personne n’ait « aucune raison de voter pour les extrêmes » a en réalité largement contribué à installer un nouveau face-à-face avec Marine Le Pen. Avec l’objectif de rester dix ans à l’Élysée.

La « normalisation » de l’extrême droite

Le chef de l’État avait prévenu ses troupes dès septembre 2019 : « Vous n’avez qu’un opposant sur le terrain : c’est le Front national. Il faut confirmer cette opposition, car ce sont les Français qui l’ont choisie. » Mais plutôt que de combattre l’extrême droite en corrigeant les inégalités sociales qui la nourrissent, lui et ses soutiens se sont emparés de ses marottes. Avec un art maîtrisé de la démagogie et une pratique assez médiocre de la triangulation, ils ont participé à la légitimation de ses figures et de ses idées dans le débat public.

L’autoproclamé progressiste, son gouvernement et sa majorité ont donc renié leurs promesses d’« ouverture », de «  liberté  », de « fraternité » et d’« inclusion », initialement inscrites dans la Charte des valeurs du parti. À l’image de la droite la plus bête du monde, ils ont alimenté des débats sans fin autour des « listes communautaires », de l’immigration, des mères voilées accompagnatrices, de la sécurité, des « certificats de virginité » ou d’«  allergie au chlore », de « l’islamo-gauchisme  » et du « wokisme ».

Sans jamais se départir de leur sourire, ils ont jugé Marine Le Pen «  trop molle » (Gérald Darmanin), expliqué être davantage « effrayés » par «  les discours intersectionnels du moment  » que par Éric Zemmour (Sarah El Haïry), créé la polémique autour des allocations de rentrée et des écrans plats (Jean-Michel Blanquer), dit vouloir « sortir de la tenaille entre, d’un côté, les identitaires d’extrême droite et, de l’autre, les indigénistes et Europe Écologie-Les Verts  » (Marlène Schiappa), regretté que «  l’islamo-gauchisme gangrène la société » (Frédérique Vidal).

Désormais, Marine Le Pen est appréhendée comme une opposante politique ordinaire. Pendant toute la campagne d’entre-deux-tours, et singulièrement au moment du débat télévisé qui opposait les deux candidats, le président de la République a pris soin d’attaquer son adversaire « projet contre projet  », afin de rassembler autour de luiplutôt que contre elle. Il a ainsi parfait l’entreprise de « normalisation » engagée depuis plusieurs années par le Rassemblement national (RN).

Ce qui m’inquiète surtout, au-delà des résultats de dimanche, ce sont les cinq années qui viennent.
Un ministre

Ce choix a été gagnant électoralement, mais il ne peut être que perdant démocratiquement. Car personne ne peut se réjouir de voir l’extrême droite accéder, pour la deuxième fois consécutive, au second tour de la présidentielle. Tout comme personne ne peut s’enthousiasmer d’une victoire à la Pyrrhus. « Ce qui m’inquiète surtout, au-delà des résultats de dimanche, ce sont les cinq années qui viennent  », confiait un ministre, il y a quelques jours. « En cas de victoire, on se dirige vers un bordel sans nom », redoutait un élu de la majorité.

Parmi les soutiens les plus lucides d’Emmanuel Macron, chacun sait que ce dernier a été reconduit sans enthousiasmeSur un bilan contesté et un programme qui déplaît, notamment sur la réforme des retraites« Je pense que nous allons affronter une tempête, une tempête économique, une tempête sanitaire, une tempête à tous égards, peut-être une tempête sociale, peut-être une tempête politique, mais je pense que les temps qui viennent sont des temps difficiles », avait présagé l’ancien premier ministre Édouard Philippe en septembre 2020, peu après son départ de Matignon.

S’ils ont dénoncé à voix haute les propos tenus par le président du SénatGérard Larcher sur la « légitimité » du président de la République en cas de réélection sans campagne ni confrontations d’idées, certains ont expliqué sous cape que la question méritait d’être posée. Pendant cinq ans, les mêmes ont observé avec inquiétude la façon dont le chef de l’État a clivé la société, en distinguant les bons et les mauvais citoyens. Les « irresponsables » qu’il assumait de vouloir « emmerder » et les autres.

Crise démocratique

Emmanuel Macron l’avait reconnu dès novembre 2018, au balbutiement du mouvement des « gilets jaunes » : «  Je n’ai pas réussi à réconcilier le peuple français avec ses dirigeants  », avait-il dit, ajoutant que le pouvoir n’avait «  sans doute  » pas assez apporté de « considération  ». Un premier mea culpa qui sera suivi de nombreux autres, sans que rien ne change, tant sur le fond que sur la forme. Entre petites phrases, renoncements et exercice vertical du pouvoir, le chef de l’État n’a fait qu’aggraver la situation.

Plutôt que d’écouter celles et ceux qui, parmi ses proches, le pressaient d’honorer sa promesse de proportionnelle, afin d’éviter « une crise démocratique », Emmanuel Macron a continué comme si de rien n’était. Malgré sa victoire, la crise est bien là. Le « front républicain » n’a pas disparu, contrairement à ce qu’il prétendait, mais il s’est étiolé sous ses coups de boutoir. Le niveau d’abstention et les quelques points qui le séparent de Marine Le Pen prouvent que « rien n’est joué », selon l’une de ses expressions favorites. Pour les cinq années à venir.

Emmanuel Macron va devoir s’atteler, dans un premier temps, à former un nouveau gouvernement. Le président de la République a déjà annoncé que Jean Castex resterait à Matignon au moins jusqu’au 1er mai. « Il est important que dans ce contexte de guerre et de tension très forte sur le pouvoir d’achat, il puisse y avoir une gestion des affaires courantes très réactive, car il pourrait y avoir des mesures d’urgence qu’il faudra prendre dans les prochains jours. Il faut de la continuité », a-t-il précisé sur BFMTV, vendredi.

Une majorité déjà divisée

Ces derniers temps, dans l’équipe actuelle, chacun·e avait prévu de faire ses cartons, même si beaucoup espéraient rester. Le ministre de l’éducation nationale, Jean-Michel Blanquer, s’est dit « prêt à continuer  » au poste qu’il a occupé pendant 5 ans. Plusieurs autres ont fait remonter des notes pendant toute la campagne. « Je pense qu’à la fin, il n’en restera qu’une petite poignée », soufflait récemment un ministre, en citant notamment le nom de son collègue à l’agriculture, Julien Denormandie, que beaucoup imaginent promu dans le nouveau dispositif.

Mais au-delà des équilibres à trouver pour constituer un nouveau gouvernement, le chef de l’État va surtout devoir composer avec les différentes sensibilités de sa majorité dans la perspective des législatives. C’est le sujet qui occupait tous les esprits ces derniers jours, et surtout ceux du président du MoDem François Bayrou et de l’ancien premier ministre Édouard Philippe, à la tête du parti Horizons. Les deux hommes ont longuement phosphoré sur les propos tenus par Emmanuel Macronau soir du premier tour.

« Dans ce moment décisif pour l’avenir de la Nation, plus rien ne doit être comme avant. C’est pourquoi je souhaite tendre la main à tous ceux qui veulent travailler pour la France. Je suis prêt à inventer quelque chose de nouveau afin de bâtir avec eux une action commune  », avait-il affirmé le 10 avril, esquissant les contours d’un futur parti unique, au sein duquel il aimerait fusionner l’ensemble des composantes de la majorité – dont LREM, le MoDem et Horizons. Et qui pourrait aussi accueillir des député·es Les Républicains (LR) ou socialistes sur quelques accords ponctuels.

Voilà plusieurs jours déjà que d’anciens élus LR frappent à la porte de la majorité dans l’espoir de la rejoindre. « Des sarkozystes surtout  », selon un ministre. L’ex-président de la République, qui n’a jamais cessé de manœuvrer en coulisses pour la réélection d’Emmanuel Macron,souhaite en effet peser sur le futur quinquennat. Son soutien « m’honore et m’oblige », avait affirmé le chef de l’État, le 12 avril. Dès dimanche soir, certains élus LR, comme le patron des député·es, Damien Abad, n’ont pas caché leur enthousiasme.

En comprenant la nature du projet macroniste, François Bayrou, qui avait déjà refusé de participer à la création de l’UMP en 2002, a quant à lui logiquement bondi. «  Nous considérons qu’il faut de la biodiversité politique, explique l’un de ses proches. On peut éventuellement réfléchir à des convergences, mais certainement pas à une fusion. » Édouard Philippe n’apprécie guère plus cette initiative. « François Bayrou disait : “Si nous pensons tous la même chose, c’est que nous ne pensons rien.” Il est toujours important d’avoir en tête les grands auteurs », a-t-il rappelé dans Le Figaro.

Peu avant l’arrivée de chef de l’État sur le Champ-de-Mars, le patron du MoDem, présent sur place, insistait face caméra sur le fait que les cinq prochaines années devraient être «  cinq ans de reconnaissance pour les Français, quelles que soient leur situation et leur opinion ». Une façon de souligner que le deuxième quinquennat ne pourrait se faire sur le modèle du premier : de façon verticale, autoritaire et solitaire. Au mépris de toutes celles et ceux qui ne pensent pas comme Emmanuel Macron.

[Source : http://www.pressegauche.org]

 

A teoria revolucionária não é o deus ex machina de nenhuma revolução

 

Escrito por LINCOLN SECCO*

No dia 25 de abril de 1974 uma operação militar articulada clandestinamente ganhou as ruas de Lisboa e derrubou a ditadura que vigorou por 48 anos em Portugal. Foi a participação popular no próprio 25 de abril e nas semanas seguintes que a tornou uma revolução.

Muitas empresas foram ocupadas e autogeridas pelos trabalhadores,[i] assim como moradias coletivas, creches e cursos universitários. Iniciou-se a reforma agrária. Em 1975, 25% da superfície arável de Portugal eram geridos pelas unidades cooperativas de produção: fenômeno sem paralelo na Europa ocidental.[ii] Um forte movimento urbano também se instalou em Lisboa.

As comissões de moradores foram radicais, não devido à eventual participação de grupos de extrema-esquerda, embora isso fosse provavelmente importante para vocalizar as demandas junto ao Estado. A radicalização provinha das conjunturas da revolução e dos problemas objetivos que as comissões enfrentavam.[iii]

Mas a participação de minorias populares urbanas não era suficiente para tornar-se alternativa de poder. Os partidos também não puderam e nem se propuseram tomar o poder de Estado e submetê-lo a uma lógica “soviética”. Por isso, a dinâmica das Forças Armadas foi o alfa e o ômega da explicação do insucesso revolucionário. Foi a força militar que abriu a brecha para que o movimento popular fosse além do que o Movimento das Forças Armadas (MFA) esperava. E foi também por causa dela que a revolução foi posteriormente bloqueada. Poderia o MFA ter-se tornado o sucedâneo de partido dirigente revolucionário?

O êxito ou derrota se definem a partir das manobras táticas que poderiam mudar o rumo de certas políticas. Mas as manobras não podem tudo. Elas são constrangidas pelo campo de batalha estabelecido a priori. Este “campo” é posto pela situação internacional, pelas forças sociais e econômicas e pelas forças ideológicas que compreendem (ou não) a estrutura dentro do qual elas atuam.

A revolução foi possível no quadro geral da luta anticolonial, do confronto indireto entre URSS e EUA, do recuo dos EUA diante da ascensão das lutas de classes desde os anos sessenta (mas especialmente pela sua derrota à vista no Vietnã). Mas foi limitada pelas estruturas seculares da economia portuguesa, pela sua distribuição demográfica, arranjo agrário, limites mentais de suas elites políticas, pelo pertencimento do país à OTAN e, sobretudo, pelo fato de ser dirigida por um exército regular que não se pode transmutar num órgão decididamente revolucionário.

O Movimento das Forças Armadas (MFA) iniciou uma operação militar, à qual se seguiu uma insurreição urbana, num país ainda de grande influência rural e católica. Sua evolução ideológica rápida deu-se em conjunto com a da população urbana (ou parte expressiva dela). Neste sentido, ele não foi uma vanguarda. Ao mesmo tempo, os partidos não tinham a legitimidade das armas e do dia 25 de abril para substituírem o MFA.

O MFA não representava mais do que 10% da oficialidade e não tinha existência formal no interior das Forças Armadas. Ele só podia transformar-se em dirigente de um processo radical se submetesse o restante da instituição, o que exigiria grandes expurgos. Ele teria de usar a violência (ou a ameaça dela) e opor entre si oficiais vinculados por laços de camaradagem forjados nas escolas e academias militares ou na guerra colonial, romper com sua própria formação estritamente militar, armar civis e arriscar-se a ser submergido numa guerra civil e a perder o controle do aparelho de Estado.

Na ausência de um partido, o MFA teria de cumprir um papel para o qual a sua rápida criação (no tempo curto) lhe permitia, mas a sua lenta formação (no tempo longo das Forças Armadas nacionais) lhe interditava.

A teoria revolucionária não é o deus ex machina de nenhuma revolução. Não são as ideais que a tornam possível e sim a existência objetiva de um movimento capaz de dirigir amplos grupos sociais numa situação revolucionária. Mas para que haja esse tipo de movimento, a teoria é indispensável.

*Lincoln Secco é professor do Departamento de História da USP. Autor, entre outros livros, de A Revolução dos Cravos e a crise do império colonial português: economias, espaços e tomadas de consciências (Alameda).

 

Notas


[i] Uma cisão dos Comités Comunistas Revolucionários (CCRs), editou o jornal O Combate, repleto de informações sobre o tema. Foi recentemente publicada uma bela edição facsimilar.

[ii] Baum, M. “Autogestão e Cultura Política: o impacto da Reforma Agrária no Alentejo 20 anos depois”, Análise Social, vol. XXXIII (148), 1998.

[iii] Downs, C. Revolution at the grassroots. Neww York Press, 1989, p.117.

 

[Fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]

Le Musée de la Résistance nationale  présente l’exposition « Michael Kenna : la lumière de l’ombre, photographies des camps nazis ». En 1970, le photographe britannique paysagiste né en 1953 est bouleversé par une photographie prise au camp d’Auschwitz-Birkenau. De 1986 à 1999, il témoigne et documente en photographiant, en noir et blanc, des vestiges des camps nazis. Une œuvre mémorielle donnée à la France.
Publié par Véronique Chemla
« Il se trouve que j’ai photographié ces camps pendant une douzaine d’années. Il fallait que je les photographie […], pour garder cette mémoire vivante, pour conserver une trace. Mon œuvre porte sur la mémoire. »
« It turned out that I would be photographing for about 12 years these concentration camps. I just have to photograph […], keep this memory alive, make documents of it. My work is about memory. »
Michael Kenna, décembre 2019
L’exposition « Michael Kenna : la lumière de l’ombre, photographies des camps nazis » résulte d’une donation exceptionnelle de l’artiste Michael Kenna au Musée de la Résistance nationale qui la présente sur son nouveau site Aimé-Césaire, à Champigny-sur-Marne (Val-de-Marne).
« Michael Kenna est un photographe né à Widnes en Angleterre en 1953. Lors de sa première année au London College of Printing, il découvre dans un bac de développement une photographie du camp d’Auschwitz-Birkenau prise par un autre étudiant, celle d’une montagne de blaireaux de rasage. L’émotion est très forte pour le jeune homme dont le premier souvenir paternel est lié à l’image de son père se rasant. Celle-ci ressurgit en 1986, en France, lors d’une visite de l’ancien camp de Natzweiler-Struthof qui le marque fortement. Il décide alors de développer un projet personnel sur la mémoire des camps nazis. »
« La difficulté qui se pose alors à lui est celle de ne tirer aucun profit de ce travail de photographe. Son objectif n’est pas l’arme d’un chasseur, il est simplement son outil de passeur de mémoire. Michael Kenna entreprend pendant plus de 15 ans, à ses frais, de nombreux voyages pour photographier les vestiges des camps nazis, qui à l’époque étaient à l’abandon, dans toute l’Europe. Cherchant à transformer son émotion en mémoire, il construit pas à pas, photographie après photographie, un projet sobre, intime, dont seuls ses proches sont au courant. »
« À l’heure où les survivants et les témoins de la Déportation se font de plus en plus rares, il s’agit pour lui de transmettre ce souvenir, grâce à l’art qu’il maîtrise, celui de la photographie. Proposer un regard sur ces lieux où les nazis tentèrent de détruire notre humanité, c’était contribuer à rendre l’oubli impossible. »
« Il va à Auschwitz-Birkenau et il y photographie les blaireaux, qui s’imposent aujourd’hui à celui qui les regarde. Le cliché devient en lui-même une trace qui vient s’ajouter à l’objet : il en conforte la réalité et en renforce la matérialité. L’image est aussi un objet de mémoire. »
« Parce qu’il est un photographe de paysage, Michael Kenna photographie les sites des camps, en faisant surgir la lumière de l’ombre et en revendiquant d’aborder autrement l’histoire et la mémoire de l’univers concentrationnaire et du génocide des Juifs d’Europe. Par le travail du noir et blanc, par la composition rigoureuse, par la clarté graphique, il attire le regard, suscite l’émotion et oblige à s’interroger sur ce qui est et ce qui fut. En regardant autrement ces lieux, il nous rappelle que les camps nazis sont devenus aujourd’hui des vestiges qui ne rendent que très partiellement compte de leur fonctionnement durant la Seconde Guerre mondiale. Ils sont dorénavant des lieux que l’on visite comme des musées ou comme des cimetières, des lieux où l’on veut apprendre, comprendre mais aussi se recueillir. Regarder aujourd’hui les photographies des camps de Michael Kenna, c’est l’accompagner sur son chemin de mémoire, dans sa quête d’histoire, peut-être de vérité, et sans doute aussi de sacré. »
« Transmettre, garder trace…
évidemment à sa manière, comme chacun peut le faire. »
« Comment photographier ces lieux d’horreur, comment transmettre en les présentant autrement ? Cette légitimité à aborder ainsi cette mémoire, Michael Kenna y a répondu en invitant les gens à regarder, à réagir, à entrer dans un sujet, même en critiquant le média choisi, pour finalement s’impliquer et se souvenir. »
« C’est pour cela que Michael Kenna a décidé que ce travail photographique ne serait jamais commercialisé ni diffusé en agence. Désirant transmettre au plus grand nombre, grâce à cette collection impressionnante, le souvenir de ce que nous devons transformer en mémoire, il a fait don à la France en 2000 de 301 négatifs et tirages, que la Médiathèque de l’Architecture et du Patrimoine possède aujourd’hui. »
« Le Musée de la Résistance nationale conserve 6 385 négatifs, 6 472 contacts, 1 644 tirages de travail ainsi que 261 épreuves d’artiste reçus en donation également entre 2011 et 2021. Dans le cadre de l’exposition « Michael Kenna : la lumière de l’ombre, photographies des camps nazis », le Musée de la Résistance nationale expose 82 tirages argentiques, de petit et de grand format, réalisés par l’artiste lui même et, en écho, des objets issus de la collection du MRN créés par les déportés dans les camps de concentration nazis, ainsi que des témoignages. »
Le commissariat est assuré par Thomas Fontaine, docteur en histoire, directeur du MRN, Agathe Demersseman, responsable des collections du MRN, Sabine Troncin-Denis, commissaire associée, et Éric Brossard, agrégé d’histoire, professeur-relais au MRN, commissaire associé.
Des visites guidées, activités dédiées au public adulte et au jeune public, ateliers et rencontres prolongent cette exposition.
Michael Kenna
■ Le maître du paysage en noir et blanc
« Michael Kenna, issu d’une famille catholique d’origine irlandaise, est né en 1953 à Widnes, petite ville industrielle du Lancashire (Angleterre). »

« Étudiant à la Banbury School of Art (Oxfordshire) en 1972, puis l’année suivante au London College of Printing, il étudie la photographie de publicité, de mode, de reportage et obtient en 1976 son diplôme avec mention. Il commence sa carrière par des travaux de commande et entame un travail personnel consacré au paysage, très influencé notamment par l’œuvre du photographe anglais Bill Brandt dont il découvre le travail en 1975 dans l’exposition The Land. »

« Michael Kenna construit son oeuvre par grands chapitres, en des lieux qu’il revient explorer à maintes reprises. Installé aux États-Unis depuis 1977, à l’écart des phénomènes de mode et du dogmatisme esthétique, il bâtit un corpus consacré à la représentation du paysage, un paysage enclos dans la délicatesse du petit format, un paysage désert. La présence humaine s’y inscrit cependant « en creux », d’une manière fascinante, fantomatique, par les traces que la vie et l’activité des hommes impriment sur le monde. « Ses prises de vues nocturnes ou faites à la lumière atténuée de l’aube ou du crépuscule, exaltent les contrastes de texture, de matière et engendrent une rhétorique du clair et du sombre savante et raffinée, signature de son œuvre » (Anna Biroleau, commissaire de l’exposition Michael Kenna : rétrospective à la Bibliothèque nationale de France, 2009). »
« Depuis 48 ans, Michael Kenna photographie les cieux charbonneux et les villes sombres parcourues de voies ferrées et surplombées de hauts fourneaux du 19e siècle industriel ; les structures massives des centrales électriques ; les brumes mystérieuses de la campagne anglaise ; les lignes géométriques des jardins formels du 18e siècle français ou russe ; les grandes mégapoles proliférantes ; les rivages et les lieux sacrés, parcourant plus de 40 pays, de la France à l’Île de Pâques en passant par l’Angleterre, le Japon, la Corée ou la Chine. »
■ Un artiste de renommée internationale

« Internationalement reconnu pour son regard et la finesse de ses tirages, Michael Kenna n’a de cesse, d’exposer et de publier son art à travers le monde : 486 expositions personnelles, 418 expositions de groupe lui sont consacrées ; 75 ouvrages et catalogues d’exposition ont été publiés ; 110 musées accueillent des photographies de Michael Kenna au sein de leur collection permanente. En France, la Bibliothèque nationale de France lui consacre une grande rétrospective en 2009. En 2014, le musée Carnavalet présente une sélection de paysages parisiens saisis par l’artiste. »

■ Un projet mémoriel inédit
« Je prenais des photos en France, près de Strasbourg, quand j’ai entendu parler d’un camp de concentration français : Natzweiler-Struthof. J’ai réussi à y aller ; c’était la première fois que je pénétrais dans un camp de concentration. C’était très puissant comme émotion, ça l’est toujours, comme pour n’importe qui, je pense, et j’ai commencé à prendre des photos… »

« Ainsi, pendant plus de 15 ans, Michael Kenna entreprend à ses frais de nombreux voyages pour photographier les sites des camps nazis. À travers près de 7 000 photographies de plus de 20 camps et centres de mise à mort, il construit un projet sobre, intime dont, pendant longtemps, seuls ses proches sont au courant. À l’heure où les derniers survivants disparaissent, il s’agit pour lui de transmettre ce souvenir grâce à la photographie pour lutter contre un impossible oubli. »

« En 2000, il choisit 301 photographies dont il réalise les tirages. Ceux-ci sont présentés dans différentes expositions, conférences et publications : Mémoire des camps organisé par le Patrimoine photographique en 2000 à l’Hôtel de Sully à Paris ; en Suisse, en Italie, en Espagne, au Japon ; ou à l’occasion de la mise en itinérance de l’exposition Impossible to forget aux États-Unis. »

« En 2021, le Musée de la Résistance nationale est la première institution à présenter le plus grand nombre de photographies issues de cette série, à travers 82 tirages pour la plupart inédits. »
« L’exposition Michael Kenna : la lumière de l’ombre, photographies des camps nazis est la première exposition temporaire dans le nouveau Musée de la Résistance nationale inauguré en 2020. »
■ Une donation exceptionnelle au MRN
« En 2001, par l’intermédiaire de l’association Patrimoine photographique, Michael Kenna fait don à la France de 301 photographies prises dans les prisons, camps de concentration et centres de mise à mort nazis. Sa démarche est celle d’une transmission universelle à des fins de mémoire. »
« Par un geste fort, il décide que cette œuvre ne pourra faire l’objet d’aucune commercialisation. »
« Entre 2011 et 2021, poursuivant cette démarche, il fait don au Musée de la Résistance nationale (MRN) de l’intégralité des matrices résultant de ce travail mémoriel, soit :
• 6 385 négatifs,
• 6 472 contacts,
• 1 644 tirages de travail
• et 261 tirages d’exposition. »
« Cette donation au MRN a pour objectif de transmettre au plus grand nombre le souvenir des atteintes aux droits de l’homme qui se sont déroulées dans les camps nazis, pour faire vivre cette mémoire. »
« À l’issue de sa présentation à Champigny-sur-Marne, le Musée de la Résistance nationale présentera l’exposition Michael Kenna : la lumière de l’ombre, photographies des camps nazis dans d’autres lieux d’histoire et de mémoire en France et à l’étranger. »
Le système concentrationnaire et les centres de mise à mort
« L’exposition s’articule autour de trois espaces, au deuxième étage du nouveau Musée de la Résistance nationale. Elle montre des photos de prisons et camps de transit, camps de concentration et centres de mise à mort. »
« Ce premier espace de l’exposition montre, au travers de 43 tirages, l’ensemble des camps et des centres de mise à mort photographiés par Michael Kenna. Exposées sur des cimaises blanches, les photographies sont présentées par lieux de prise de vue, en mettant en avant les caractéristiques les plus significatives de chacun des camps. »
« Elles sont réparties en trois sous-zones thématiques consacrées respectivement aux prisons et camps de transit, aux camps de concentration et camps spéciaux ainsi qu’aux centres de mise à mort. »
« De part et d’autre de la « chambre noire », deux zones présentent le travail sériel de Michael Kenna à travers un accrochage portant sur le motif du seuil des camps (portes et enceintes), le motif de la mort (crématorium, fours, potences) et du travail forcé. »
La chambre noire
« Ce premier espace se caractérise aussi par la présence de la chambre noire du photographe. »
« Espace tridimensionnel aux parois tendues de tissu noir, cet espace s’attache autant à présenter la démarche de Michael Kenna, caractérisée par la transformation de l’émotion ressentie en une oeuvre de mémoire, pas à pas, photographie après photographie, qu’à proposer une analyse historique du système des camps nazis. »
« La cimaise de gauche est illustrée par une frise chronologique recensant les campagnes de photographies des camps visités pendant plus de douze ans par Michael Kenna, de sa rencontre avec le sujet jusqu’à la transmission de cette oeuvre mémorielle. Illustrée pour chaque camp photographié d’une vue miniature (type planche contact) par année de prise de vue, la frise s’achève sur les premières démarches de transmission initiées par Michael Kenna à travers la donation de son oeuvre à la France, l’exposition Mémoires des camps – présentée à l’hôtel de Sully en 2000 – et la publication en France de L’Impossible oubli. »
« La cimaise de droite sert en partie de point d’appui au discours historique développé dans l’un des films projetés. Elle donne à voir une carte du système concentrationnaire et des centres de mise à mort en Europe. »
« Sur la cimaise du fond, sont projetés des extraits de l’entretien de Michael Kenna réalisé au MRN en décembre 2019, ainsi qu’une mise en perspective historique de cette oeuvre photographique. »
« Par ailleurs, une vitrine table complète le dispositif. Celle-ci permet d’exposer des objets collectés dans les camps par le photographe, mais aussi des éléments de son travail photographique tels qu’une sélection de négatifs, des planches contacts ainsi que des tirages photographiques de travail conservés par le MRN. »
« Il se trouve que j’ai photographié ces camps pendant une douzaine d’années. Il fallait que je les photographie, pour garder cette mémoire vivante, pour conserver une trace. »
« It turned out that I would be photographing for about 12 years these concentration camps. I just have to photograph […], keep this memory alive, make documents of it. »
Michael Kenna, décembre 2019
Déportés
« Ouvert sur les espaces de l’exposition permanente, ce lieu – présentant 7 tirages de l’artiste – permet une mise en perspective de l’oeuvre de Michael Kenna en s’intéressant spécifiquement aux parcours des femmes et des hommes qui ont été déportés dans les camps nazis. »
« En écho aux photographies de Michael Kenna, la présence des déportés est rappelée par l’exposition d’objets et d’archives réalisés dans les camps et entrés dans les collections du Musée de la Résistance nationale, ainsi que par des témoignages oraux accessibles depuis des tablettes intégrées aux deux tables multimodales. »
« Élaborés par les associations de mémoire et différents partenaires de l’exposition, ces témoignages et lectures de témoignages permettent de redonner la parole aux déportés, la photographie agissant ici comme un liant, conduisant vers les hommes et leur voix. »
Suit le travail sériel du photographe : les barbelés
Mémoires
« Ce dernier espace, comprenant 32 tirages, est consacré à la mémoire des lieux, entre paysages où la nature reprend ses droits, monuments et mémoriaux installés en hommage aux disparus et aux rescapés. »
« Le paysage a la primauté, et une large place est accordée à la figuration du ciel afin de susciter des réflexions sur la mémoire et la transmission. Ces réflexions sont ponctuées et accentuées par la mise en regard des photographies avec des paroles de personnes déportées. »
« Ces œuvres interrogent notre rapport à l’art comme vecteur de transmission mémorielle, permettant de se questionner, de s’impliquer et, in fine, de se souvenir. ».

Du 23 octobre 2021 au 15 avril 2022

Site Aimé-Césaire
40, quai Victor Hugo. 94500 Champigny-sur-Marne
Tél. : 01 49 83 90 92
Du mardi au vendredi de 13 h 30 à 18 h. Du samedi au dimanche de 11 h à 19 h

Les citations sont extraites du dossier de presse.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

Annoncée à des niveaux record, l’abstention au scrutin présidentiel interroge la presse étrangère. Si la désaffection pour la politique est la même dans d’autres pays occidentaux, il existe quelques particularités propres à la France de 2022.

Des affiches de la campagne présidentielle dans une rue de Paris, le 7 avril 2022.

L’élection présidentielle pourrait atteindre des records d’abstention. Un problème démocratique majeur, dont la presse étrangère s’est bien rendu compte. Petit tour des observations publiées à l’étranger :

Vu de Belgique : l’abstention, la grande gagnante du scrutin ?

Pour Le Soir de Bruxelles, cela ne fait plus beaucoup de doute. Alerté par les sondages annonçant la plus forte abstention lors d’une présidentielle sous la Ve République – près d’un Français sur trois n’est pas sûr de vouloir se rendre aux urnes –, le quotidien la qualifie de “la compétitrice la plus féroce, celle dont la victoire ne fait plus vraiment de doute quand on scrute les indicateurs”.

L’expert interrogé par Le Soir, Stewart Chau, de l’institut de sondage Viavoice, avance comme éléments explicatifs que les Français seraient usés par les actualités lourdes de la crise sanitaire et de la guerre en Ukraine, mais aussi “l’absence d’enjeu de la campagne, […] et de projet de candidat qui convienne à l’électeur français. [De plus], on pense que le résultat est déjà joué.”

Les dangers pour le président de la République sont évidents : faiblement élu, voire mal élu, il sera immédiatement critiqué pour son manque de légitimité. Dans un deuxième temps, sur un plan électoral, une victoire aux législatives semble plus dure à acquérir avec une faible participation à la présidentielle.

Vu du Canada : un problème structurel

À Montréal, La Presse a envoyé son correspondant à Roubaix pour approcher les Français qui ne votent pas. Dans la ville du Nord, “championne française de l’abstentionnisme”, des organismes communautaires sillonnent les rues pour convaincre les électeurs d’exercer leur droit de vote. Dans cette région sinistrée par la désindustrialisation et comptant une importante population d’origine étrangère, une militante témoigne que “les gens se sentent délaissés. Ils ne comptent pas sur la politique pour trouver un emploi. Ils ont d’autres préoccupations plus terre à terre”, relate La Presse.

Cependant, écrit le quotidien, “le problème ne se limite plus à Roubaix”. Et si, cette année, seulement 70 % ont l’intention d’aller voter selon les sondages, l’abstention a augmenté depuis plus de trente ans en France, “passant de 14 % à 25 % de 1981 à 2017”.

Selon Jean-Yves Dormagen, professeur de science politique à Montpellier, que le quotidien a interrogé, le malaise relève de “transformations structurelles”. Il déclare à La Presse :

“Il y a des facteurs sociologiques, démographiques et culturels qui peuvent contribuer au phénomène. La mobilité, plus importante. Le mode de vie urbain, plus anonyme, favorise une sorte d’individualisme. Le vote est de moins en moins vécu comme un devoir.”

Et le quotidien de conclure : “Le phénomène s’inscrira-t-il dans la durée ? Chose certaine, de plus en plus de Français se disent attirés par de nouvelles formes de démocratie. Faute de réformes probantes, il est possible que l’abstention continue de s’imposer dans le paysage politique comme l’expression d’un désintérêt généralisé.”

Vu d’Espagne : les jeunes, les grands absents des urnes

“Ils n’hésitent pas à se mettre au premier rang des manifestations pour dénoncer l’inaction face au dérèglement climatique, réclamer davantage d’égalité sociale ou défendre les droits et les libertés. Mais au moment de voter, les jeunes Français brillent par leur absence”, rapporte à Madrid El País.

L’été dernier, 87 % des jeunes n’avaient pas voté aux régionales. Pourquoi les nouvelles générations ne se rendent-elles pas aux urnes en France ? La question est cruciale pour cette présidentielle, où l’abstention pourrait atteindre 40 % chez les moins de 35 ans. Désintérêt, rejet, ignorance : les jeunes ne se sentent ni représentés ni écoutés, explique El País dans un reportage consacré au sujet.

Leur absence des bureaux de vote est liée à une “déconnexion thématique” entre les propositions des candidats et leurs préoccupations. Beaucoup de jeunes interrogés par le quotidien espagnol ne savent pas encore s’ils iront voter, ni pour qui : peu importe leur vote, les questions comme la précarité étudiante ne seront pas abordées, estiment-ils. Il y a donc un “mélange de dysfonctionnements” qui provoque un manque d’affiliation politique des jeunes. Si de nombreuses tentatives essaient de les résoudre, en particulier en utilisant les réseaux sociaux, “réconcilier” les jeunes générations avec la politique reste ardu, et l’abstention menace.

Vu des États-Unis : la politique du “bof”

Dans la même lignée, Politico s’est entretenu avec un étudiant parisien de 21 ans, pour qui l’engagement politique ne passe pas forcément par les urnes. “Comme beaucoup de membres de sa génération, il veut sauver la planète et lutter contre la pauvreté. Mais comme beaucoup d’entre eux également, il ne croit pas que des élections puissent faire beaucoup pour y parvenir”, écrit le site basé à Bruxelles.

L’intérêt pour la politique est en nette régression actuellement en France, explique Politico“Il fut un temps où la politique était un sport national en France. On ne pouvait pas dire qu’un dîner était réussi s’il ne finissait pas en dispute pour savoir quel politicien était un escroc, lequel un vendu et lequel méritait d’être soutenu. Aujourd’hui, parler de politique – et particulièrement de voter – a plus de chances de susciter un haussement d’épaules ou ce ‘bof’ que lâchent les Français lorsque quelque chose ne les intéresse pas.”

Une désaffection qui s’observe dans de nombreux autres pays, certes. Mais dont le système électoral hexagonal paraît également responsable. “Depuis des décennies, ce système garde les petits partis dans les marges. Même si un trublion comme Le Pen franchit le premier tour, ses adversaires s’uniront pour le bloquer au deuxième.”

Avec un changement de taille cette année : le front républicain de 2022 ne ressemble plus à celui de 2017.

[Photo : Emmanuel Dunand/AFP – source : http://www.courrierinternational.co]

 

Publié par Sarah Zingraff

RÉSUMÉ

Le terme « psychédélique » est un savant mélange entre deux mots d’origine grecque (psyche – delos) qui signifierait littéralement « la conscience claire », au sens d’un esprit purifié. Cet esprit « purifié » nous permettrait alors de voir le monde différemment, c’est-à-dire dans toute sa splendeur et toute sa dimension métaphysique — haute réalité qui nous est d’ordinaire occultée. Cependant, vers le milieu des années soixante, le vocable « psychédélique » s’extirpe du champ pharmaceutique pour s’introduire là où personne ne l’attendait : dans le domaine musical. Dans le cadre d’une publication scientifique estimée au premier semestre 2023, nous recherchons un texte portant sur le psychédélique d’un point de vue musical.

ANNONCE

Appel à contribution pour un ouvrage collectif sur le psychédélisme.

Présentation

Le terme « psychédélique » est un savant mélange entre deux mots d’origine grecque (psyche – delos) qui signifierait littéralement « la conscience claire », au sens d’un esprit purifié. Cet esprit « purifié » nous permettrait alors de voir le monde différemment, c’est-à-dire dans toute sa splendeur et toute sa dimension métaphysique — Haute Réalité qui nous est d’ordinaire occultée. Il nous ouvrirait les « portes de la perception » vers un périple aux confins de l’extase au cours duquel les choses apparaîtraient à l’homme telles qu’elles sont, infinies.

Néologisme inventé par le psychiatre Humphry Osmond en 1957 suite à une expérimentation au LSD25, cet adjectif n’avait pour destinée que le milieu médical. Le fameux acide lysergique synthétisé par le chimiste Albert Hofmann était à l’époque commercialisé sous forme de Delysid, un médicament délivré par les laboratoires Sandoz pour pallier entre autres, à certaines addictions, hémorragies et prévenir des migraines grâce à ses bienfaits vasodilatateurs. Utilisé en psychiatrie, on parlait d’ailleurs de thérapies psychédéliques au LSD pour soigner certains traumatismes et maladies psychiques graves.

Cependant, vers le milieu des années soixante, le vocable « psychédélique » s’extirpe du champ pharmaceutique pour s’introduire là où personne ne l’attendait : dans le domaine musical. Dorénavant, le psychédélisme ne désigne plus seulement une substance chimique vouée à guérir le corps et l’âme, mais il s’identifie à un genre de musique qui prendra forme sous un nouveau style : le rock psychédélique (parfois appelé « acid rock »).

De nombreux groupes voient le jour dont on ne saurait citer la liste tant ils sont pléthoriques et surtout éclectiques. Certaines formations déjà connues de la scène artistique délaissent progressivement leurs sonorités folk pour se tourner davantage vers une électrification instillée par les effets sismiques du LSD, effets qui ne seront pas sans répercussions sur leur mode de production, laquelle se verra complètement bouleversé, ainsi remanié à coups d’expérimentations en tout genre, les plus audacieuses les unes des autres.

The 13th Floor Elevators, groupe de garage rock texan, sera le premier à faire référence au psychédélisme en termes de « sonorités » et de musicalité, avec le titre sans équivoque de leur album The Psychedelic Sounds of the 13th Floor Elevators sorti en 1966. En 1967, Country Joe and The Fish sort également un album au titre implicitement dédié aux vertus enivrantes et « curatives » du LSD : Electric Music for the Mind and Body.

Si dans le jargon scientifique : est psychédélique, toute substance qui permettrait de rendre l’esprit purifié (on parle même de « conscience élargie », ou d’état de conscience modifié), alors, au vu de ces dernières considérations : en quoi, et comment un terme propre à l’industrie pharmaceutique a-t-il pu devenir un adjectif désignant un style musical ? Si l’on prend l’appellation mot à mot, le rock psychédélique serait donc le « rock de la conscience claire ». Permet-il d’ouvrir notre psyché pour que l’on atteigne l’extase, auquel cas, le rock remanié à l’acid, deviendrait un substitut de LSD ? Ou Bien, est-il le résultat d’une ouverture de la conscience expérimentée au préalable par la plupart des musiciens des années soixante, leur ayant permis de concevoir leur création musicale sous une autre approche ?

À travers cette étude sur le rock psychédélique ou la musique psychédélique à plus vaste mesure, il pourrait être intéressant de soulever plusieurs axes relatifs à l’identité et à l’essence du « son » psychédélique.

Plusieurs hypothèses seraient à approfondir à travers des analyses musicologiques prenant en compte ces postulats :

– Serait psychédélique, tout style de musique rock dont les paroles des chansons évoquent de manière plus ou moins explicite l’expérience du LSD ou autres substances hallucinogènes.

– Serait psychédélique, tout morceau qui tente de « transposer » c’est-à-dire de recréer dans ses sonorités et sa structure les effets du LSD (ex : surexcitations sensorielles et vibratoires sollicitées par la saturation et les volumes sonores exacerbés, variations de rythmes suggérant le dislocation temporelle de l’expérience psychédélique, absence de linéarité structurelle du morceau imitant l’abrogation de toute logique temporelle du trip, embardée emphatique illustrant la montée puis la phase d’extase, collages sonores, boucles, disruption et césure abrupte… le tout, formant un morceau que l’on pourrait qualifier d’ « hallucinatoire » car aux antipodes des repères habituels pour l’auditeur).

  • Serait psychédélique, tout album, tout morceau de rock, créé sous LSD.
  • Serait psychédélique, tout album, tout morceau de rock créé après avoir pris du LSD – dont l’inspiration majeure provient de l’expérience psychédélique éprouvée par les musiciens (sous influence créatrice générée a posteriori par le LSD).
  • Serait psychédélique, tout morceau de rock qui imite les effets du LSD ET qui fait obligatoirement référence dans les paroles de chansons aux substances psychédéliques et hallucinogènes (ici fond et forme sont en accord).
  • Serait psychédélique, tout morceau procurant l’effet d’un trip de LSD sur la personne qui l’écoute, sans prendre de LSD, c’est-à-dire, un morceau nous faisant partir en trip, nous induisant un état de transe, puis nous faisant atteindre la béatitude. Il s’agirait purement et simplement d’un morceau qui modifierait notre perception (notre état de conscience ordinaire) pour nous faire pénétrer les Paradis Métaphysiques.

On interrogera aussi le revival qu’a connu le rock psychédélique au début des années quatre-vingt, et, plus récemment, depuis les années 2010.

Depuis plusieurs années, nous assistons à une résurgence sans précédent. En matière de musique, le rock et le Stoner renouent avec les sonorités bien « oldschool » qui ont sustenté toute la bande originale d’une époque révolue : fuzz, distos, feedback, overdrive… tous les ingrédients sont de nouveau réunis pour nous replonger tout droit au cœur des Psychedelic Sixties. Les festivals psychédéliques sont de plus en plus nombreux et se voient programmés un peu partout dans le monde. L’un des plus connu reste le Psych Fest à Austin au Texas qui existe depuis 2008 et a été fondé par le groupe The Black Angels.

Toutefois, nous pouvons toujours questionner ce « mimétisme » sonore et sa légitimité en matière d’innovation. Hommage ou réappropriation ? Simple copier-coller ? Succédané sans saveur ou bien réelle révolution musicale en marche ? Est-ce peut-être tout simplement cette envie cyclique de défricher l’héritage de l’âge d’or du rock et le propulser de nouveau dans notre société actuelle ; société dans laquelle nous n’écoutons plus la musique à la manière dont nous respirons l’air et dont nous vibrons de tous nos sens exaltés, mais société dans laquelle on entend, tel un bruit de fond au quotidien, un « produit » calibré dont on ne peut contester l’efficacité commerciale et divertissante (anesthésiante ?). Il s’agirait de mettre en exergue cet engouement notable et d’en comprendre sa nature (davantage socioculturelle que musicale ?) et envisager son éventuelle plus-value en matière de son et de technique. Qu’est-ce qui différencierait le psychédélisme des années soixante ce néopsychédélisme de l’ère ultracontemporaine ?

Sous un autre aspect, le versant antagoniste du mouvement mériterait que l’on y prête attention et que l’on y consacre ainsi une étude malgré les amalgames, l’antiscène psychédélique n’a jamais été aussi bien illustrée que par le Velvet Underground et son Exploding Plastic Inevitable, sorte de light-show monté par Andy Warhol avec les Superstars de la Factory. Spectacle total, corrosif et « sur-amphétaminé » – ode antihippy, EPI et l’univers du Velvet ouvrent une brèche dans laquelle va s’immiscer la scène Glam et Punk new-yorkaise de la décennie suivante. Nous pourrions mettre en évidence l’articulation des divergences intrinsèques de la scène rock de l’Est et de l’Ouest des États-Unis, dont les facteurs géographiques et l’héritage culturel demeurent non dénués de sens quant à l’identité, l’esthétique et la prestation scénique de ces styles sous-jacents au rock.

En matière d’ouverture à d’autres styles, on dit que le rock psychédélique et (surtout l’acid rock) a frayé la voie au Hard Rock (dont le groupe Blue Cheers fait incontestablement figure de proue). Il semble néanmoins tout aussi notable d’interroger le lien avec le rock progressif, le Space Rock et surtout la musique électronique venue tout droit d’Allemagne au début des années soixante-dix que l’on connaît sous le nom de Krautrock : ce rock planant et cosmique mené par des groupes ou artistes emblématiques comme Tangerine Dream, Klaus Schulze, Kraftwerk, Can, Amon Düül, Ash Ra Tempel (dont l’album Seven Up a d’ailleurs été réalisé avec la collaboration de Timothy Leary, l’apôtre du LSD et grand défenseur de la cause hippie).

Dans ce franchissement des frontières américaines, vers d’autres contrées, il serait également concevable d’aborder des groupes psychédéliques plus « exotiques », sans doute moins connus, moins médiatisés, car provenant d’autres territoires plus discrets. Il est vrai qu’outre le pays de l’oncle Sam, l’Angleterre et la France, le rock psychédélique implanté dans d’autres nations semble beaucoup moins mis à l’honneur et il ne serait pas négligeable de ce fait, de le mettre en lumière à travers l’analyse et la présentation de certains groupes aux origines les plus variées.

Thèmes et axes de réflexions

– Les différents revivals de la musique psychédélique depuis la fin du mouvement hippy.

– Le « cas Velvet Underground », ou l’antithèse du psychédélisme hippy.

– Le rock psychédélique au-delà des frontières américaines et britanniques.

– L’héritage du jazz et de John Coltrane dans le rock psychédélique des années soixante.

– L’influence du compositeur Karlheinz Stockhausen chez les musiciens de rock psychédélique des années soixante.

– La scène Glam et Punk new-yorkaise des seventies comme réponse au rock des hippies.

– « East Coast VS West Coast » : enjeux esthétiques et socioculturels de deux scènes rock bien distinctes.

– Rock psychédélique anglais et rock psychédélique américain : analyse et comparaison des marqueurs identitaires respectifs.

– Analyse et approche du San Francisco Sound : quelles spécificités ? Quelle identité ?

– Rock psychédélique et acid rock : similitudes, nuances et distinctions.

– La France et le rock psychédélique.

– Les premiers usages du terme psychédélique en musique et appropriation du LSD dans la composition : expérimentations sonores, significations et impacts.

– Les racines du Garage Rock dans le rock psychédélique des années soixante.

– Caractéristiques du « psychedelic sound » du groupe The 13th Floor Elevators.

– Le « psychédélisme électronique » : l’ère du Krautrock allemand des années soixante-dix.

– Space rock, rock cosmique, rock planant et rock progressif : enfants du rock psyché ?

– Comment « définir » le rock psychédélique ? À partir de quel moment et selon quels critères peut-on affirmer qu’un morceau est psychédélique ?

– Le « Freak Out » comme manifeste représentatif de la musique psychédélique.

– L’usage des drogues dans la création et la conception musicale : nouvelle appréhension de la composition.

Modalités de soumission

Toute proposition de texte portant sur le psychédélique d’un point de vue musical est à envoyer à eleonorewillot@hotmail.fravant le 15 avril 2022 dernier délai (en vue d’une réponse fin avril 2022).

La.le candidat.e prendra soin de joindre à sa proposition de texte une brève biographie précisant son statut et son parcours dans la recherche scientifique.

Les propositions seront évaluées en double aveugle.

Le texte définitif sera corrigé et mis en page par les soins de l’auteur selon le cahier des charges prévu à cet effet. Il devra comprendre 40 000 signes maximum et devra être délivré au plus tard en novembre 2022.

La publication scientifique est estimée au premier semestre 2023.

Responsable

Eléonore Willot, docteure en Arts et Esthétique, LIR3S Laboratoire Interdisciplinaire de Recherche « Sociétés, Sensibilités, Soin » UMR7366 CNRS-Ub

Contact : mail : eleonorewillot@hotmail.fr

Comité scientifique

  • Eléonore WILLOT, docteure en Arts et Esthétique, chercheure associée au CNRS, LIR3S Laboratoire Interdisciplinaire de Recherche « Sociétés, Sensibilités, Soin » – UMR 7366 CNRS – Université de Bourgogne
  • Philippe Gonin, maître de conférences, responsable du master Musicologie, directeur adjoint des Éditions Universitaires de Dijon, directeur de la collection « musiques » des EUD. Compositeur – arrangeur, Université de Bourgogne, LIR3S (Laboratoire Interdisciplinaire de Recherches « Sociétés, Sensibilités, Soin) UMR
  • Solveig Serre, chargée de recherche HDR au CNRS, professeure chargée de cours à l’École Polytechnique, coresponsable, avec Luc Robène, du projet de recherche PIND Punk is not dead, une histoire de la scène punk en France (1976-2016)
  • Luc Robène, historien / professeur des Universités / Université de Bordeaux, UMR 7172 THALIM chargé de cours / Sciences-Po Bordeaux / École Polytechnique / École nationale des Chartes

DATES

  • vendredi 15 avril 2022

MOTS-CLÉS

  • psychédélisme, psychédélique, acid rock, rock, rock’n’roll, musique, LSD, sixties, contre-culture, mouvement hippy, création musicale, drogue

CONTACTS

  • Eléonore WILLOT
    courriel : eleonorewillot [at] hotmail [dot] fr

SOURCE DE L’INFORMATION

  • Eléonore WILLOT
    courriel : eleonorewillot [at] hotmail [dot] fr

POUR CITER CETTE ANNONCE

« Musique et rock psychédélique : lorsque le LSD s’invite dans la création musicale », Appel à contributionCalenda, Publié le jeudi 24 mars 2022, https://calenda.org/980695

O empresário multimilionário russo Roman Abramovich e o seu processo de obtenção da nacionalidade portuguesa

O empresário multimilionário russo Roman Abramovich e o seu processo de obtenção da nacionalidade portuguesa.

O empresário multimilionário russo Roman Abramovich não foi contactado sobre os inquéritos em curso ao processo de obtenção da nacionalidade portuguesa como descendente de judeus sefarditas e mantém que cumpriu a lei, afirmou uma porta-voz à agência Lusa.

« Como afirmámos em dezembro, a candidatura foi feita inteiramente de acordo com a lei portuguesa« , indicou a fonte.

Embora tenha direito à cidadania lituana por via do pai e avós, deportados durante a II Guerra Mundial, Abramovich pediu a portuguesa devido ao « espírito acolhedor » da legislação.

« A lei portuguesa do regresso não só permite, como encoraja ativamente judeus com ascendência portuguesa comprovada a estabelecer raízes em Portugal. Este espírito acolhedor atraiu Abramovich, que viu a candidatura à cidadania portuguesa como uma oportunidade para honrar a história da sua família e, ao mesmo tempo, apoiar a comunidade judaica local, contribuindo para a preservação da vida judaica em Portugal« , justificou a porta-voz.

Ao contrário de várias notícias na comunicação social, salientou, « não há benefício imediato ou agenda oculta por trás de nada disto« , lamentando a « publicação de muita informação falsa ».

Com casas e família espalhada pela Rússia, Estados Unidos, Londres e Israel, o empresário russo está determinado a provar que pediu a nacionalidade portuguesa de boa-fé, com planos de investimento económico e donativos a instituições de beneficência, como fez em outros países.

« Ao longo do último ano, temos estado a avaliar a melhor forma de contribuir tanto para a preservação da herança judaica como o apoio à sociedade em geral em Portugal. Esperamos que alguns desses planos sejam realizados num futuro próximo« , indicou a porta-voz à Lusa.

Passos do processo e notoriedade

Abramovich naturalizou-se português em abril de 2021 ao abrigo da Lei da Nacionalidade como descendente de judeus sefarditas expulsos de Portugal no século XV, revelou em dezembro o jornal Público.

Roman Abramovich ganhou renome internacional com a compra do clube de futebol londrino Chelsea FC, em 2003, no qual investiu milhões de euros para o elevar ao nível dos grandes europeus, contratando jogadores e treinadores famosos.

O recrutamento em 2004 do treinador José Mourinho e de um contingente de jogadores portugueses, nomeadamente Paulo Ferreira, Ricardo Carvalho e Tiago, tornou-o também conhecido em Portugal.

A Associação Frente Cívica, liderada pelo antigo candidato à Presidência da República portuguesa e antigo vice-presidente da Câmara do Porto Paulo de Morais, considerou « mais do que duvidosa [a] ligação de Abramovich às comunidades de judeus sefarditas ».

O Departamento de Investigação e Ação Penal (DIAP) de Lisboa e o Instituto dos Registos e Notariado (IRN) abriram, separadamente, inquéritos para verificar a conformidade do processo de Abramovich.

A lei da nacionalidade portuguesa em vigor desde 2015 visa conceder reparação histórica aos descendentes dos judeus expulsos da Península Ibérica durante a inquisição medieval, no final do século XV.

Segundo dados do Instituto dos Registos e Notariado (IRN) e do Ministério da Justiça, Portugal já atribuiu a cidadania portuguesa a 56.685 descendentes de judeus sefarditas, tendo recusado 300 pedidos de naturalização entre 2015 e 2021.

Testemunho de Paulo Ferreira
 

O futebolista Paulo Ferreira lamenta a controvérsia sobre o processo de obtenção da nacionalidade de Roman Abramovich, defendendo que ter o magnata russo como cidadão português trará apoios e investimentos para Portugal.

« Na minha opinião, devíamos estar felizes por ter alguém como o senhor Abramovich como cidadão português. É uma ótima pessoa que tem estado a fazer coisas ótimas nos países onde vive e faz negócios« , defende, em declarações à Lusa, o antigo jogador do Chelsea, clube onde ainda trabalha e onde conheceu Abramovich em 2014.

Para o antigo lateral direito, as pessoas « deviam dar-lhe uma oportunidade e ver o que ele quer, baseado no trabalho dele noutros países como no Reino Unido ou Israel« , garante.

Ferreira diz que o magnata russo já lhe perguntou sobre organizações de beneficência para apoiar em Portugal e disse que também tenciona investir em oportunidades económicas, nomeadamente em « startups » de tecnologia.

« A presença dele é positiva, devíamos estar satisfeitos« , insiste.

Sobre as dúvidas levantadas quando à legitimidade das origens de Abramovich, o antigo internacional português aponta para a existência de dois pesos e duas medidas.

« Muitos jogadores, por exemplo sul-americanos, têm antecedentes (familiares) e, quando têm oportunidade para ter um passaporte europeu, fazem-no e as pessoas não criticam tanto. Alguns tornaram-se jogadores internacionais« , lembra a concluir.

 

[Foto: Reuters – fonte: http://www.rtp.pt]

Entrevista modalidade aquí-te-pillo a David Fernàndez, parlamentario da Candidatura d’Unitat Popular (CUP), aínda que non militante. Provén do xornalismo e dos movementos sociais, e é un exemplo desa xeración rara no Sur de Europa, que desde 2011 irrompe con contundencia e empeza a debuxarse e a exteriorizarse, a aportar léxico e puntos de vista da vida e a democracia sorprendentes. Tras 35 anos sen xeracións ou cunha soa xeración que facía e dicía con palabras que, zas, de súpeto aparecen gastadas, estas xeracións achegan unhas vivencias, unha formación e unha capacidade de lectura absolutamente diferentes e eléctricas.

Nunha terraza cutre, mentres nos interrompen votantes para pedirlle que se fagan unha foto, mentres membros do SAT se aproximan e nos envían tomar polo XX a entrevista, falamos con David Fernàndez sobre unha descrición da CUP, sobre o poder visto e vivido desde dentro, sobre opcións políticas do 15M e, tachán tachán, sobre o Procés Català.

Que son as CUP explicadas a un galego? CUP é, baixo a forma dunha organización política, un espazo de ruptura democrática. Pero, sobre todo, é unha rede de nodos, cunha forma de facer política que ten pouco que ver coa Cultura da Transición. En termos de crónica política, é certo que é un dispositivo político que impulsa o independentismo de esquerdas, desde 1986, hai moito tempo, cando os compañeiros de entón len a Transición e as súas hipotecas, e caen en que o municipalismo é un dos poucos espazos de penetración. As CUP formúlanse en 1978, a través de varias listas municipais, pero en 1986 nacen formalmente. Teñen un desenvolvemento desigual e difícil ao longo dos 90, e en 2003, froito dunha crise política, hai unha aposta pola CUP, ese instrumento de intervención política, democrática e popular, que é como o definimos nós, que naqueles momentos incorpora unha xeración de mozas que vivira a precariedade e os movementos sociais, e que cando creceu intentou traducir á política aquela experiencia, o que nos levou ao municipalismo. En 2003 hai catro concelleiros, en 2007, 22, e en 2011 prodúcese a nosa grande irrupción, sete días despois, é preciso sinalalo, do 15M: 101 concelleiros, catro alcaldías e 65.000 votos. Posteriormente, froito da análise da crise económica, social e nacional, decidiuse, extraordinariamente, concorrer ás autonómicas.

E, para acabar de lear unha definición sinxela, unha compoñente rechamante do electorado da CUP non se define como indepeNon temos maquinaria mercadotécnica. Nin a queremos. Pero é verdade que facemos unha lectura do noso voto en 2012 como unha agregación de tres sensibilidades diferentes: xente que votaba o municipalismo da CUP, xente que votaba outras esquerdas, como mal menor e tapando o nariz, e xente que se abstiña. Isto crea un debate entre nacionalismo e independentismo político. Eu, por exemplo, non me defino como nacionalista, senón como independentista. O voto CUP, no entanto, non é estritamente independentista. É estritamente democrático. Supoño que se votan CUP están a favor da consulta, a autodeterminación, de democratizar a democracia. E creo que iso é unha boa noticia para a CUP. Se utilizas un concepto político como Unidade Popular, iso implica necesariamente pluralidade, riqueza, diverxencias, sensibilidades distintas. Unidade Popular soa moi chileno, pero, suscitada no século XXI alude á degradación dunha sociedade en descomposición, que ten moitas realidades socioeconómicas diferentes —precarios, excluídos, exiliados, no caso da nosa mocidade— que suman. E iso conecta coa CUP. Dicir que a CUP é unha organización independentista e xa está é mentira. A súa idea de independencia é global. Independencia é capacidade de decidir, de construír, de transformar as estruturas de poder e de desigualdade, non só cambiar unha bandeiriña por outra. Iso pasa polo poder institucional? Pois si, pero sobre todo pasa por combater as estruturas de produción e reprodución da desigualdade económica, e por unha aposta moi forte pola ética e a cultura.

En Madrid fálase en varios municipios de crear unha sorte de CUP. Hai unha fascinación peninsular pola proposta? Preocuparíame que fose só fascinación. A miña experiencia respecto da periferia de Madrid é de orfandade de modelos e referentes. E que hai necesidade de formas de facer política diferentes. E chegoulles un pouco o noso. O funcionamento da CUP é complexo, máis que complicado: asemblea, autoorganización e autoxestión. É un sistema máis ben libertario, cos seus riscos. Os traballos de representación que algúns de nós facemos están baseados nun proxecto colectivo, que abriu con fórceps debates na sociedade, que lle afectan non só ao Estado español, que ten unha cultura política especificamente perversa, senón ao Sur de Europa, no sentido de construír unha retagarda de resistencia política. Xa sei que é un clasicote, pero trátase diso, de resistir, e de fortalecer os movementos sociais e as clases populares, e facer que os que sempre pringamos sexamos menos vulnerables e con máis mecanismos de autodefensa. Hai outros factores de fascinación que non son mérito noso, como o descrédito da política. Vimos dun ciclo de metástase de dinámicas de corrupción, de cleptomanía. Dinámicas sinaladas hai moito tempo por Wallerstein. Por que non funcionan as esquerdas? Pois porque son instancias pouco deliberativas e autoritarias, que esquecen os desposuídos, que esqueceron os procesos históricos, que son distantes do social, e que unen política a negocio.

O paso do municipalismo ao parlamentarismo foi traumático? Podes debuxar algún trauma persoal, que son os que molan? No colectivo non foi traumático. En marzo de 2012, a CUP decide, cun 59% fronte ao 49%, non ir ás autonómicas. En setembro, ante unhas anticipadas, decídese ir co 80%. Había o medo de ser como os outros, si. Agora todo o mundo está máis tranquilo ao respecto. Pero na parte persoal si que é traumático. Quen aguanta estar nun palacio de poder no que a vida é monótona, reiterativa, gris, litúrxica, que non serve para nada? A sensación é de Matrix. Desgasta. Debes pensar moito no que hai fóra para estar dentro. Se perdes esa conexión, estás morto. Somos, ademais, un grupo parlamentario pequeno. Temos tanto traballo como CiU, pero só con tres persoas. Tes un sentimento de estrés absoluto. Tamén hai cousas boas: aprendes como funciona o poder por dentro —é devastador, máis perverso que visto desde fóra—. É diferente a micropolítica que a macropolítica. Eu traballei con Coop57 [unha asociación que ofrece crédito a cooperativas], na sección de investigación de La Directa [xornal alternativo en catalán], e nos movementos sociais, e todo iso eran espazos de liberdade concreta e cotiá e compartida. E sentíame máis útil. Non che podo dicir o mesmo do Parlament… Pero en síntese: non, non foi traumático nin colectiva nin persoalmente porque sabiamos que o Parlament era un instrumento máis, nin o primeiro, nin o máis importante. É unha ferramenta que achega o altofalante, que nos axudou, máis que a explicar o noso proxecto, a sinalar as contradicións permanentes de quen nos gobernan. Se asumes isto, estás satisfeito; se cres que o Parlament é o máximo en materia de cambio político e social, é o teu certificado de defunción.

Fostes moi ben recibidos no Parlament. É unha máquina de desproblematizar a través dos bos modais? Existe unha distancia curta, que eu, nas miñas limitacións, aínda non puiden descodificar. Nun principio fomos vistos como intrusos, eramos estranxeiros, okupas… mirábannos coma se aquel espazo non nos pertencese. Tratóusenos con certo paternalismo que aínda perdura. Cando falamos, hai aquela mirada como de ver os seus nenos. Queren reducir a mirada da CUP á mirada ética. E si, intentan incorporarte ao club. Hai un aspecto do abrazo do oso do poder que parece presupoñer que mentres máis te abracen, menos os criticarás, e iso é unha trampa perversa. A min non me preocupa. Preocúpanme outras cousas. Non sei, as balas de goma. Discutes sobre iso e ao final debes asinar un acordo, as cousas da transacción política, do consenso ese. E pregúntaste: que conseguimos? A parte positiva é que, recoiro, abrimos un debate, pero son iso migallas ou é mellorar o sistema? É o debate de sempre. Un debate, para min, irresoluble, non pode haber unha postura absoluta. O importante é que saibamos que o substancial da CUP non é o que está facendo, poñamos, na Comissió sobre les Bales de Goma, senón o que pode facer fóra: construír discurso, axudar ás vítimas… e iso é o que cambia a realidade. E ao final, recoñezámolo, o que acabou coas balas de goma non foi a forza da CUP, foi a mobilización das vítimas. E se non hai fracking é polo territorio que se mobilizou, e se hai lei contra a homofobia é porque houbo un consenso no colectivo gay e lésbico e trans como non se viu nunca. E iso está ben, porque na axenda pública incidiron os movementos.

DavidFdez. Luzes4. CarmenTudell

Nun parlamento, chéganse a establecer relacións de, poñamos, agarimo, con compañeiros de traballo do PP ou de Ciutadans? Non. De compaixón (risas). Pero si. Pasoume cun parlamentario moi do Opus. Mantivemos unha relación moi cordial e conversacións interesantes. Por outra banda, é normal que xente do PP ou de CiU te felicite polo que dis, que che dea a razón. Aquí entra a estrutura dos partidos —«Eu digo o que toca dicir, aínda que pense outra cousa»—, a mediocridade da política e a lóxica da liberdade persoal na socioloxía das organizacións. Hai un nivelón… Iso de confesarche cousas que nunca dirán en público, que filosofía da mentira ampara? É puro espectáculo? E non, non fixen ningún amigo. Somos cordiais, e iso sorpréndeos. O seu imaxinario da disidencia política e social, vai saber que monstro construíra sobre nós.

Desde 1945, os parlamentos europeos son de moi baixo perfil, pero á vez son a instancia máis alta á que chegaron as esquerdas raras. Son o poder? Se non é así, onde raio está o poder? Non son o poder. Son a confirmación da tese da CUP antes das eleccións: o parlamento non manda, é a recreación virtual dunha lexitimidade formal de democracia, de soberanía popular. Unha mentira. Onde se decide hoxe a política económica? Na troika. As infraestruturas? Na European Route of Industrial Heritage, que o outro día se reuniu con Hollande, Barroso e Merkel e decidiu a cousa. Onde se decide a Ordenanza sobre o Civismo? Na sala 22 de La Caixa. Quen decide en Europa? 14.000 lobbystas. É difícil codificar o poder hoxe. Son todos e ninguén. Volveuse intanxible. As condicións de vida das persoas modúlanse sobre poderes fácticos que non escolleu ninguén. En palabras de Ramón Fernández Durán, votamos cada catro anos, pero o poder financeiro vota cada día, e cambia gobernos en Grecia, reforma constitucións españolas…

Home, segundo o libro de Zapatero, non foi necesario que ninguén chamase para reformar a Constitución. Fixémolo soíños. Iso é o peor. Mira, hai un ano, o Parlament de Catalunya, o gran soberano do país e todo iso, pediulle ao Mobile World Congress —o maior congreso de telefonía do mundo, situado en Barcelona— que habilitase un espazo para que ONG catalás que traballan no Congo, que non son poucas, explicasen unha tarde a problemática do coltán, mineral importante para a telefonía cuxo dominio non deixa de crear guerras sobre guerras. Un ano despois, non fixeron nada. E non se escusaron as multinacionais ou o Mobile Congress. Foron os políticos. Teñen a obediencia ante a empresa moi interiorizada. Creo, é máis, que neste país fíxose un laboratorio castrador, que interiorizou que é obvio realizar recortes, que é obvio rescatar a banca. Está interiorizado polos xestores da tecnodemocracia. Son disciplinados.

Sodes un grupo parlamentario absolutamente fóra da Cultura da Transición. Iso supón algún shock cultural? En que consiste? shock é descomunal. É Matrix: imos inflados de pílulas vermellas. Entras cada día dicíndote que non es iso e, en efecto, saes cada día dicindo que non es iso. Os niveis de mediocridade —non persoal, senón de capacitación técnica para saber dos temas dos que estás a falar—, o nivel de insensibilidade e de banalización, son terribles. Aprendes o valor do papel mollado. A mesmísima dinámica funcional do Réxime é arcaica, está pensada para unha realidade teatral, moi apropiada para un centro, como che expliquei, sen poder. Ves unha corporación antes que un parlamento.

E, no entanto, a CUP ten a vontade de ir ao Parlamento Europeo, ese Senado 2.0. Non. O debate aínda non concluíu e non sabemos se nos presentaremos. O importante é construír unha narrativa ante a troika, algo fundamental no Sur de Europa. Como o facemos? Desde fóra? Ou desde un voto de rexeitamento, de protesta e de oposición frontal á UE, desde a esquerda e non desde a extrema dereita como no Norte, situando no centro do debate Lampedusa, a troika, o autoritarismo crecente? En breve decidiremos se imos. E, se o facemos, iremos con Bildu, e con outras esquerdas nacionais. Pero concorreriamos en clave de campaña política. Non iremos ao parlamento para perder o tempo nin un segundo. Unha singularidade da CUP no espazo da política catalá é que ten unha crítica profunda e esencial a como se fixo a construción de Europa. Helmut Schmith dicía que Europa é un proxecto económico e que nunca o foi político. Así de claro.

O 15M está a pensar nas institucións. É iso posible ou, cando entre, deixará de ser 15MÉ arriscado. O 15M son moitas cousas. O que lle achegou á sociedade española e á catalá foi un cambio de chip. Antes do 15M falabamos de emigración, de baixar a cabeza, de ausencia de alternativas. Agora falamos de cultura autoxestionada, de dereitos sociais e loitas contra o racismo, de cooperativismo e novos xeitos de facer. Cambias o medo pola esperanza. Como o 15M era tan de rede, hai diferentes expresións. Unha parte, e con todo o respecto ao 15M, votounos a nós. A entrada do 15M nas institucións parte dunha lóxica arriscada: se non é válido o que hai, terase que cambiar. É unha lóxica do desaloxo: se quen exerce o poder o fai de xeito ilexítimo e no interese dunha minoría, deberanse construír novas institucións políticas comunais, que nos permitan gobernarnos e democratizar a democracia. E isto é moi bonito dicilo. Pero, coa historia deste país, todo isto pode acabar como un gatopardo, coa construción dunha elite substitutiva. Os procesos de cambio político e social son lentos, e o espazo predilecto dos cambios non son as institucións, senón a rúa. Eu obsesionaríame cos riscos. Máis que preocuparnos polo poder, eu preocuparíame por construír un contrapoder, xerar un contrapoder redistribuído socialmente, outras esferas de poder que non sexan institucionais. Se non, volveremos á Cultura da Transición: confiar en que cambie a institución, non a realidade. Iso é, precisamente, o perigo do Procés Català. O independentismo catalán e os movementos alternativos teñen, por certo, unha precariedade. Construíron unha teoría do poder moi sólida, pero non teñen teoría alternativa sobre o poder, o Estado, as institucións. Si que a temos en dúas cousas que nos parecen moi interesantes: o municipalismo e as novas institucións políticas comúns, que estamos construíndo, e que son sociais, non institucionais, como Coop57 e a PAH, ou como La Directa. O poder do mercado e do Estado, saberá aceptar esas institucións na vida política colectiva? Penso que non. Só se son marxinais.

CUP, Partido X, Podemos… Entrarán en competencia ou en confluencia? Creo que estamos nun escenario político que é de final de réxime, e iso incorpora tamén a crise das esquerdas, condensada na orfandade, a dispersión, a atomización dun suxeito político plural e colectivo, que non existe hoxe. Hai xente que busca resposta en diversos dispositivos. Podemos, por certo, ten unha lóxica. É o impulso dunha serie de xente que responde ao feito de que Madrid era un campo baldío. En Catalunya tiñas a CUP. En Andalucía tiñas unha cousa antiga, pero resistente: o SAT. Tiñas unha cousa nova que aparecía por Galicia, aínda que non fose tan nova. Tiñas o feito político diferencial vasco, que era o que era, pero era. Tiñas Compromís no País Valencià. E en Madrid, nada. Podemos é, nese sentido, un dispositivo moi madrileño. Se todo vai ben, no sentido da disidencia social, ou se todo vai peor, porque as hostias veñen máis fortes, a vella máxima cooperativa de que a unión fai a forza será útil. Pero non se pode confundir unión con homoxeneidade. O espazo predilecto da unidade, do traballo conxunto, é a vida colectiva, na rúa, antes que nas institucións.

Falemos de Catalunya. O Procés Català, é dicir, a súa xestión gobernamental, non a súa demanda cidadá, existe? É unha recreación de sombras, un xogo de espellos chineses. Por abaixo, existe. E os de arriba puxéronse diante dos de abaixo para detelo.

O Procés é a CT catalá, loitando por existir outro día? O peor que podería pasar é que isto volvese ser unha Transición política á nada. É unha dinámica na que xa entramos. A institucionalización do proceso, a presidencialización do proceso, reducir o movemento de masas que houbo —milleiros e milleiros de persoas cunha vontade política de cambio—, poden acabar como os milleiros e milleiros de manifestantes da Diada de 1977, con aspiracións de cambio profundo e reivindicando catro puntos da Assemblea de Catalunya que nunca se cumpriron, porque os políticos así o quixeron. O debate que houbo na Transición consistiu en se o país se construía por arriba ou por abaixo, se había un ciclo de activación social ou unha xestión das elites nos reservados de Vía Véneto [restaurante barcelonés, caro, cursi e moi dado a reunións de políticos]. A vía catalá pode acabar en Vía Véneto? Pois si. Depende da xente. Se a xente resiste e empuxa, podemos ter unha grande oportunidade de entrar nunha nova etapa política. Pasará se a revolta antioligárquica contra as elites funciona en Catalunya.

Todas as elites parlamentarias catalás, en petit comité, descartan o referendo, é dicir, o Procés Català. Como se xestionará este fracaso o 9 de novembro, data prevista para a consulta? Isto acabará de forma indefinida, aberta e incerta. Eu, máis que dicir que non haberá consulta, diría que será prohibida. Ata entón, hai un acordo institucional, no que, malia as nosas críticas, estamos. Se o Estado non habilita o referendo, o Parlament promulgará unha Lei de Consultas. Ao aprobarse e convocarse a consulta, no que será a decisión máis rápida da historia da xustiza, ambas cousas quedarán suspendidas ao día seguinte e de forma cautelar, é dicir, coa astucia de non optar á súa prohibición oficial. A partir dese momento, non hai folla de ruta, só disensións. Mas quere facer unha xestión longa do «si», ata 2016. El saberá o que quere facer. Ir a Europa? ERC di que, trala suspensión, convocaríanse, inmediatamente, unhas eleccións plebiscitarias, que ninguén sabe o que son, e posteriormente, no Parlament construiríase unha nova legalidade, con certa arquitectura de lexislación internacional. Nós, os de abaixo, cremos que se acabamos de dicir que somos un suxeito político soberano, que convocamos unha consulta e expresamos un conflito democrático, o día que prohiben o referendo, ese día, xógaste todo, pois ese día hai un acto de obediencia ou de desobediencia. A quen obedecemos? Á legalidade constitucional española que nos prohibe votar? Á legalidade catalá do Parlament, baseada na lexitimidade democrática?

O Procés Català, foi útil para visualizar a ausencia absoluta de soberanía dun Estado do Sur? Non, que va. Aquí hai xente que utiliza o Procés para non falar de nada, e os que queremos o Procés para falar de todo. Podémonos queixar de que Manos Limpias queira inhabilitar a Mas, pero Mas leva 22 persoas á Audiencia. Cando falamos de soberanía, ninguén fala de soberanía económica. Catalunya, cada día, transfire aos mercados financeiros 6 millóns de euros, en intereses da débeda. Desde 2008, son 9.701 millóns de euros, o dobre que os recortes. O peche de escolas e quirófanos, a redución nun 20% do orzamento de Sanidade, dun 15% de Benestar Social, estano levando especuladores. A soberanía consiste en deixar de pagar. Quen hipoteca hoxe a soberanía política de Catalunya? O Estado español, como estrutura institucional do poder e de imposición, os mercados financeiros e a nosa propia oligarquía. Quen non asuma que a soberanía consiste en desfacerse destes tres espazos de poder e fale de soberanía, mente ou forma parte dun deses tres espazos. Ou de todos. O conto da leiteira de «a independencia primeiro, e xa falaremos logo do novo estado», que se empezou a desmontar un tanto este ano, é unha tomadura de pelo. A independencia constrúese cada día. Ou é que ao vender vivenda pública a fondos voitres non estás construíndo un país? Crer que o proceso nacional é neutro é a chorrada máis besta que xamais se dixo. E estes —CiU e ERC— están destruíndo o país, cada día. Usan a bandeira para tapar a carteira.

 

[Fonte: http://www.revistaluzes.com]

Escrito por Gustavo Vasquez Quartino

No dia 27 deste mês, os uruguaios votarão a favor do Sim ou do Não no Referendo a 135 artigos da Lei de Urgente Consideração, votados no Parlamento uruguaio em 2020, nos seus primeiros meses de governo e pela escassa maioria que detém.

Por um lado, é bom notar que nossa Constituição garante aos cidadãos a possibilidade de anular leis (exceto as orçamentais), por meio de vários mecanismos, que terminam em todos os casos com uma votação universal de anulação ou ratificação. O mecanismo usado desta vez pelo movimento popular e pela Frente Ampla foi o da assinatura de 25% dos eleitores no ano da aprovação da lei, que foi mais do que cumprido em julho do ano passado (pouco mais de 700.000 eram necessários e 800.000 foram obtidos).

No final do ano passado, a Justiça Eleitoral parou de controlar as assinaturas, afirmando que o mínimo necessário havia sido atingido e, em seguida, marcou (dentro dos prazos mínimos legais) para 27 de março deste ano a votação. Com uma primeira armadilha, em vez das cédulas para votar da mesma cor e uma com um sim e outra com um não (grandes), a cédula que cancelará os itens contestados será ROSA e a que os ratificará com um NÃO será CELESTE, a cor com a qual a equipe de futebol uruguaia se identifica, com a importância que esse esporte e mais ainda a seleção nacional tem em nosso país.

Entramos na última semana da campanha e a disputa se torna intensa. Tanto é assim que o presidente e a Frente Ampla afirmam fazer esforços para diminuir o tom. Mas parte da escalada envolve uma coletiva de imprensa do presidente para defender o NÃO (sem limite de tempo) e, após, o Comando do SIM pode transmitir uma mensagem de até 7 minutos no rádio e na TV. Por outro lado, haverá uma partida fundamental da seleção nacional para classificar-se para a Copa do Mundo no meio, onde o celestial inundará as ruas. Tentaremos transformar o triunfo uruguaio em um duplo triunfo no domingo, fazendo o triunfo SIM rosa.

O que é a LUC?

A Lei de Consideração Urgente, conhecida como LUC hoje em nosso país, vem da distorção do direito do executivo de apresentar Leis Urgentes com 45 dias para tramitação e, se não tiver sido concluído, elas são consideradas aprovadas. O espírito desta regra é incluir algum aspecto urgente para os governos onde os procedimentos parlamentares podem estar dificultando.

Mas esse governo de coalizão liberal/neoliberal/ultradireita decidiu fazer uma lei de 476 artigos, com 11 seções e seus respectivos capítulos referindo-se a um número variado de tópicos, como Segurança, Educação, Aspectos Econômicos, Empresas Públicas, Unidades Reguladoras, Funcionamento do Estado, Regulamentação Sindical e Políticas Sociais. TODO UM PROGRAMA GOVERNAMENTAL EM UMA ÚNICA LEI. Uma lei apresentada em meio à emergência de saúde da pandemia, que gerou emergências reais, que não foram consideradas centrais.

Imediatamente conhecidas, as principais organizações sociais do Uruguai – a central sindical PIT-CNT, a Federação dos Estudantes (FEUU), a Federação das Cooperativas de Habitação (FUCVAN) e a Intersocial das Mulheres – entraram em contato com a Frente Ampla para formar uma comissão para convocar um referendo. Talvez tenha levado muito tempo para discutir quantos artigos contestar (já que a FA corrigiu e/ou aprovou 341 no parlamento) e o mecanismo a ser usado; mas, no final, chegou-se a um acordo tensionado de que eles deveriam ser os 135 artigos que serão considerados no próximo domingo.

A campanha não é apenas uma cruzada para o debate público entre os defensores de uma ou outra opção ou os efeitos concretos que a aplicação da lei já teve: maior repressão aos jovens nas ruas e a “pessoas que se parecem com criminosos”, a eliminação da representação dos trabalhadores nos órgãos diretivos da educação e, portanto, modificação de planos e desenvolvimento de salas de aula, o ensino médio obrigatório é eliminado; a privatização parcial de partes do Estado é permitida (embora a empresa petrolífera esteja guardada para mais tarde, se tiverem sucesso); encorajamento de empregadores em negociação coletiva e ameaça de restringir o direito à greve; minimizar os dias de despejos de moradia; a segurança não melhorou apesar dos esforços de propaganda do governo a esse respeito, mas aos ricos que foram penalizados com poucos meses de prisão domiciliar, e aos pobres, cadeia por algumas gramas de maconha; aumentou o número de presos mas nada em relação a lavagem de dinheiro; os controles sobre o pagamento eletrônico de salário desapareceram e com isso aumentou a informalidade trabalhista.

Os efeitos imediatos foram muitos, mas temos que considerar o que eles serão a médio e longo prazo e a legitimidade que isso dará a movimentos semelhantes e outras leis que estão na “mão de gato”, como a reforma da aposentadoria e a privatização direta ou indireta da ANCAP (empresa petrolífera). O enfraquecimento da ANTEL, a empresa estatal de telefonia, que era uma empresa líder na América Latina, já é visto lentamente com as medidas que tomaram sob a proteção do LUC, perderá milhões de dólares este ano.

O outro quadro é a situação social e econômica que o governo está tentando transferir para a pandemia, e para a situação regional e internacional e até mesmo lidar com promessas de acordos bilaterais, já esteve com a China, que foi deixada para trás, agora seriam os Emirados Árabes Unidos, onde o presidente estava há alguns dias.

Mas a realidade do país é de inflação alta, redução salarial nesses dois anos de 5,5% (nos 15 anos do governo da FA nunca houve reduções nos ajustes salariais), o que repercute nas pensões reajustadas de acordo com os salários, tudo no âmbito do crescimento dos negócios, das exportações e dos preços de produtos como a carne, que, ao subir no exterior, os frigoríficos aumentam mais, a inflação é ainda maior em necessidades básicas, especialmente alimentos e combustíveis, agora com a desculpa da guerra. Se a população leva essa situação em conta ao votar dependerá de muitas coisas. Se a campanha os sugere ou não e como o governo se defende.

Até agora, as pesquisas estão equilibradas, mas com um alto voto em branco e como se, para anular os artigos, o SIM precisasse de 50% + 1 dos votos válidos (e os votos em branco são), o número de indecisos que conseguimos retirar desse voto em branco será fundamental, caso contrário, os votos em branco derrubarão o saldo para que não cheguemos. Em outras palavras, temos que vencer o NÃO somado aos votos em branco.

Nada está resolvido, a campanha SIM se espalha por todo o país com eventos de rua, com música e oratória de todos os setores que a promovem; as portas em porta são realizadas todos os fins de semana e as feiras, e uma enorme “pintura de paredes” qualitativa e quantitativa. Mas o NÃO se mobiliza e tem do seu lado a mídia e institucionalidade.

E depois disso?

Depois de 27 de março, o Uruguai sociopolítico não será o mesmo. Seja qual for o resultado. Se o NÃO vencer, mesmo que por pouco, continuará com sua política e acelerará as reformas liberais restantes, mas em um quadro aberto de campanha eleitoral e com um movimento popular recuperado. Se perder, será semelhante, embora algumas reformas sejam retiradas ou reduzidas.

A esquerda deve acelerar a campanha, para construir um plano de governo que supere o último da Frente Ampla que levou à derrota e à espera pela melhoria da sua presença nos governos regionais. Se a derrota for grande, será hora de recompor para a batalha de 2024 que, então, será mais difícil do que o esperado, porque o individualismo e o liberalismo econômico terão penetrado mais profundamente do que parece à primeira vista. A mídia ajudou muito desde as eleições a responsabilizar o excesso de Estado por problemas econômicos, as classes dominantes acompanham essa lógica e conseguiram convencer os setores intermediários. É por isso que é muito importante que o SIM coloque um freio no plano explícito do presidente Lacalle Pou.

Gustavo Vazquez Quartino é militante da Frente Ampla – Espacio 1968 – Partido Socialista dos Trabalhadores.

 

[Fonte: http://www.democraciasocialista.org.br]

Después de dos años de pandemia, de transformaciones profundas en el trabajo remunerado y en el trabajo doméstico no remunerado, la necesidad de volver a encontrarse con la potencia que despliega la calle es fundamental. Atravesadas por la coyuntura que impone la deuda externa en nuestro país pero que también atraviesa vastos territorios de América Latina, por las consecuencias de las políticas sanitarias y por la necesidad de ponerle el cuerpo a las urgencias; feministas de todos lados están encontrándose para que el 8M siga teniendo el carácter rebelde que recuperó desde 2017.

Los vientos de huelga soplan en el mundo: un mapa de cómo se prepara el 8M

Imagen: Ximena Talento

Escrito por Veronica Gago

Esta huelga y movilización del 8 de marzo no es cualquiera. Sucederá tras dos años de pandemia que obligaron al movimiento feminista a reinventarse en los territorios de la urgencia, a tener menos posibilidades de ocupar las calles multitudinariamente, a sumergirse en formas menos visibles pero persistentes de organización.

Eso hace que la propia movilización no sea tan sencilla: hay que batallar contra el aislamiento, contra la mayor precarización acumulada en los bolsillos y en los cuerpos y contra el agotamiento de un bienio excepcional. En segundo lugar, se trata de un 8M que se enjambra con coyunturas en las que el movimiento feminista está interviniendo de modo ineludible: negociación de la deuda externa en Argentina, proceso constituyente en Chile, campañas frente a las elecciones en Brasil y en Colombia -¡con el flamante aborto libre!-, discusión del referéndum contra leyes de la coalición gobernante en Uruguay, por nombrar algunas situaciones dilemáticas regionales.

En distintos países de Europa, donde acaba de ser electa como presidenta del Parlamento Europeo una reconocida antiabortista, la intervención antifascista es transversal, contra una derecha que se envalentona con discursos antifeministas y antimigrantes . Esto pone de relieve una constatación: los feminismos no plantean meramente agendas aisladas y específicas, sino una política de transformación social en disputa directa con estos tiempos reaccionarios.

¿Cómo se prepara este 8M en distintas geografías? ¿Cuáles son, esta vez, “las preguntas que hacen movimiento”, para evocar la preciosa fórmula de la feminista chilena Julieta Kirkwood? ¿Con qué consignas se teje el texto de las calles? ¿En qué se piensa cuando se llama a la huelga y a la jornada de lucha histórica? ¿Qué horizontes se plantean los feminismos para hacer futuro? Aquí una cartografía parcial para tramar orientaciones colectivas, compartir estrategias y, una vez más, evidenciar la fuerza internacionalista que hace del movimiento feminista una marea de múltiples ritmos y afluentes.

Recuperar tiempo y calle

Cuando la pandemia y sus rutinas trastocadas a favor de más trabajo pago y no pago, mezclado con la penuria de la enfermedad y la muerte, parece aplastar el tiempo, los feminismos hablan en futuro. El 25 de noviembre pasado, circularon dos banderas que llamaron la atención por el verbo compartido. La Colectiva Feminista en Construcción de Puerto Rico extendió sobre un puente un enorme lienzo que decía: “Vendrán tiempos mejores, los estamos construyendo”, y desde la Coordinadora 8M de Chile levantaron pañuelos violetas con la consigna: “Se viene la huelga feminista. 8M”. No dejarse arrebatar lo que vendrá, abrir desde el aquí y ahora lo que viene es, sin dudas, una potencia política. Más aún en un momento donde producir tiempo para organizarnos -y, por tanto, detener el flujo sin fin de tareas y preocupaciones, reflexionar juntes y evaluar hacia dónde vamos- es una de las tareas más difíciles.

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Una imagen de la calle en 2020 (foto: Sebastián Freire)

En Argentina varias reuniones, asambleas y coordinaciones ya arrancaron. ¿Volvemos a las calles? ¿Nunca nos fuimos? Alrededor de ese eje giran algunas conversaciones. Desde el sindicalismo, Ana Lemos, secretaria de Interior de la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina (UOLRA), dice: “Nunca dejamos la calle porque estuvimos poniendo el cuerpo de otras maneras, desde otro lugar, después de dos años realmente necesitamos esta movilización. Volver a encontrarnos y movilizarnos nos parece central y nos va a servir para marcar y ampliar una agenda feminista a lo largo del tiempo. Cada 8M nos sirve para generar más organización”.

Ese diagnóstico lo hace también Dina Sánchez de la UTEP: “La pandemia a la vez nos detuvo y sin embargo no dejamos de ponerle el cuerpo”, dijo la referente que hoy sostiene el debate cada vez que se habla de “convertir” los planes sociales en trabajo “genuino”. “Siguen creyendo que el cuidado no es trabajo”, agregó. Johana, de La Garganta Poderosa y referente de la Casa de la Mujer de la Villa 31, señala la importancia de reclamar salario para las trabajadoras comunitarias, y resalta que nadie se pregunta quién cocina las toneladas de comida que gestionan los comedores. Contar lo que sucedió en la pandemia, como pasa en cada encuentro feminista cuando se vuelve a la presencialidad, es parte de listar colectivamente qué se hizo, dónde se estuvo y, a la vez, narrar por qué es necesario volver a un encuentro en la movilización colectiva.

Desde Neuquén, Ruth Zurbriggen, de la colectiva La Revuelta que ya viene realizando sus reuniones, explica: “Necesitamos reconstruir la trama, esto tiene que ser parte de lo que nos mueva hacia el 8M para ocupar las calles con esa telaraña potente que desde los feminismos sabemos producir para insistir intergeneracionalmente con todo lo que nos deben”. Si la huelga durante estos años fue un proceso de múltiples formas, hoy esa dinámica se ve impactada por espacios domésticos más cargados, con tarjetas SUBE sin crédito, con un cansancio producido por no parar de atajar emergencias cotidianas y de hacer malabares para estirar el dinero. “Nos toca intervenir en medio de un debate que parece envenenado sobre el pago de la deuda externa, una deuda que a todas luces no pagarán quienes se fugaron los millones del préstamo”, agrega Ruth.

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2019, el último año en que fue posible un Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans.

Los ejes que ya se debaten en muchos espacios tienen a la deuda en el centro. “La deuda es con nosotres” es una consigna que se levanta desde 2020 para conectar reclamos laborales, territoriales, económicos y contra las violencias, en saga desde 2018 con “vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. Pero ahora es más urgente que nunca, en medio de la negociación con el FMI. Luci Cavallero, desde el colectivo Ni Una Menos, señala: “La denuncia del endeudamiento externo no es nueva, desde el 2018 cuando el gobierno de Mauricio Macri nos llevó al peor proceso de endeudamiento de nuestra historia, los feminismos hemos planteado que la deuda externa es una guerra contra la posibilidad de vivir una vida libre de violencias, contra la posibilidad de aumentar los presupuestos para políticas de género y que reparen las desigualdades que arrastramos. Por eso el marco de este 8M es especial, tenemos un enemigo que a todos luces va intentar recortar derechos y se llama Fondo Monetario Internacional. Hay que discutir la deuda en todas sus dimensiones (su legitimidad, sus cómplices locales que se enriquecieron y fugaron ese dinero, sus formas de chantaje en el día a día) y no solo el 8 de marzo, sino hasta que no quede ni un solo funcionario del FMI en Argentina”.

Actuar en tiempos turbulentos

La cuestión del trabajo atraviesa también los diagnósticos y reclamos: reconocimiento salarial para los cuidados, debates por cómo los empleos que se empiezan a “recuperar” después de la pandemia son más precarios, paritarias, y la sobrecarga psíquica de sostén en la pandemia que no desaparece con la vuelta a la presencialidad. La urgencia antiextractivista es también clave en esta coyuntura, como responsable de las sequías y los incendios inéditos que en los últimos tiempos surcan todo el país y afectan directamente a los precios de los alimentos. “Este año no podremos hacer verdurazo para el 8M -anunció Rosalía Pellegrini de la Secretaría de Género de la Unión de Trabajadorxs de la Tierra- porque la sequía nos redujo muchísimo lo que pudimos cosechar”. A nivel regional se cruza transversalmente la impugnación a la violencia patriarcal del sistema judicial y de la reacción conservadora, antiderechos lgbtqli y antimigrante. NiUnaMigranteMenos hará intervenciones al respecto este 8M en la propia movilización, visibilizando reclamos transfronterizos; también la campaña por “libertad a Laura Villalba, la aparición con vida de Lichita, y por justicia por las dos niñas asesinadas” en Paraguay.

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La necesidad de volver a la calle aglutina a los feminismos.

En Chile, la huelga feminista tendrá como consigna “¡Vamos por la vida que nos deben!”. Se viene cocinando en el encuentro plurinacional de las que luchan. Por eso, Wayra Villegas, nueva vocera de la Coordinadora 8M, subraya que la preparación de la huelga “es un proceso colectivo y continuo que desemboca en el 8M”. ¿Qué anhelan a días de que asuma Gabriel Boric la presidencia? En una lista hecha a mano en una de las asambleas de estos días se leía que esperan “ser marea en las calles”, “nueva constitución”, “llegar a todos los territorios”, “contra la impunidad de Piñera”, entre otras. “Una de las grandes preguntas movilizadoras, para citar a Kirkwood, es por esa dicotomía entre institucionalidad y movimientos sociales, porque el reto es entrar y transformar esta institucionalidad tan patriarcal, ahora estamos en la primera fila y nuestra fuerza implica una apuesta a una democracia paritaria, plurinacional, sin techo, para superar el modelo neoliberal. Esto nos lleva a estar en la institución como un ejercicio constante para transformar el país”, agrega.

“La coyuntura que nos toca está marcada por un ciclo de movilizaciones que se han visto intervenidas por el contexto pandémico y por eso estamos en un proceso de recuperación de las calles, del espacio público y de la movilización. De modo más próximo, enfrentamos el fin del gobierno de Piñera que se va con completa impunidad después de haber violado sistemáticamente los derechos humanos. Estamos también a puertas al cambio de mando que es posible entre otras cosas por la fuerza feminista, de mujeres y disidencias que tuvieron una potencia mayoritaria para detener el avance de la extrema derecha a la que nos vimos enfrentadas en la segunda vuelta. Por último, estamos en medio del proceso constituyente del que somos parte, construyendo una alternativa de los pueblos, donde ir articulando horizontes emancipadores que abran paso a un Chile plurinacional, postextractivista, con un protagonismo popular y feminista en su corazón”, agrega Javiera Manzi, también militante de la coordinadora e involucrada en la constituyente.

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En España, el llamado a la huelga empieza a tomar las paredes.

Este 2022 viene con un cronograma electoral cargado, pero decisivo en Brasil. “Aquí atravesamos la pandemia con un gobierno negacionista, que dejó al pueblo a su propia suerte. Hoy tenemos más de 600 mil muertxs por Covid, récord de desempleo, aumento de la violencia contra las mujeres, hambre y miseria. Enfrentar esta realidad tiene que pasar directamente por la derrota de Bolsonaro y de su proyecto misógino, racista y excluyente”, dice a Las/12 Mónica Benicio, compañera de Marielle Franco, legisladora feminista y lesbiana. “Por eso, en este 8 de marzo vamos a gritar #fuerabolsonaro por las cuatro esquinas del país!”, se entusiasma. Otra red de colectivas en Brasil también convoca al 8M con la propuesta “Marea feminista Fuera Bolsonaro” y argumentan lo mismo: en el año electoral, derrotar al actual presidente es la tarea más importante y la lista de razones es conocida pero impacta volver a leerla. Destacan que el Ministerio de las Mujeres, a cargo de la antiabortista Damares Alves, ha sido transformado en un “centro de odio”, orientado por políticas antigénero y fundamentalistas contra el aborto legal; a la vez que ha aumentado el asesinato de personas negras en sus comunidades, en los trabajos y en los supermercados “por el incentivo de las declaracaciones racistas presidenciales”.

En Uruguay, Tejido Feminista, integrado por colectivas feministas, compañeres de sindicatos, cooperativas de vivienda, del arte, la comunicación, la educación, vienen reuniéndose en plazas y haciendo distintas actividades de “preparación”. Han consensuado hacer huelga y marchar hacia el mar: “Nuestra huelga es de trabajo productivo y reproductivo, nuestro deseo es disponer de tiempo para nosotraes y entre nosotras y nosotres. Este año elegimos enfatizar además que nuestra lucha es anti extractivista, porque nos preocupa el ecocidio y los múltiples despojos sobre nuestros territorios, y porque sabemos que la vida se sostiene desde la interdependencia. Por eso este 8M nos convocamos a marchar hacia el mar y decimos que “Somos agua cuando la realidad es piedra”. La central obrera PIT-CNT convocó a huelga general para el 8M lo que ha abierto una polémica. El argumento es que es una medida de fuerza frente al referéndum para derogar 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (una ley neoliberal promovida por el actual gobierno y aprobada en pandemia) que será el 27 de marzo. Dicen desde Tejido Feminista: “La convocatoria del movimiento sindical a realizar un paro mixto ha habilitado y reforzado los discursos que pretenden negar nuestra autonomía y potencia, despolitizar la huelga y colocarnos como un tema específico de una agenda supuestamente más amplia”.

En Ecuador, mientras tanto, la primera asamblea por el 8M es hoy. El contexto es difícil: este último tiempo las fuerzas del movimiento feminista se concentraron en una ley que legalice aborto por violación que sea “justa y reparadora”. “Si bien se aprobó la ley, no cumple con lo que el movimiento buscaba, se establecen plazos de 12 semanas para adultas y excepcionalmente 18 semanas a niñas, adolescentes y mujeres de la ruralidad. Además de que aún el presidente puede vetarla”, señala Ana María Morales, de la colectiva Amazonas.

Diagnóstico de la crisis

En Italia, desde NonUnaDiMeno han elaborado una carta abierta de convocatoria que cierra con la consigna “La huelga feminista y transfeminista es para todes”, con evocaciones que parecen homenajear a bell hooks y su apuesta por un feminismo para todo el mundo. Los temas de vivienda, gastos acumulados por salud, precarización laboral y violencia sexual se entrelazan. Dice Maia Pedullà, de NonUnaDiMeno de Génova: “Es una huelga contra la violencia patriarcal en todas sus formas, en la que una de las palabras clave es la ruptura del aislamiento”. Y agrega: “Este año hemos decidido convocar a los sindicatos de base, lo cual no era del todo previsible, y es una señal de relaciones políticas y de reconocimiento acumulado. Pero hay que tener en cuenta que estamos en una situación de fuerte crisis social, con pobreza y precariedad crecientes. En Italia, la inflación está en su nivel más alto desde 1996, y la crisis energética se traduce en el aumento de las facturas de electricidad y de gas; además, soplan vientos de guerra desde la no lejana Ucrania”.

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El llamado a la huelga feminista en Italia.

Los puntos urgentes que singularizan los reclamos de este 8M subrayan los despidos a las trabajadoras que tuvieron que quedarse en casa para cuidar hijes y adultos mayores: “Esta es una de las cifras más macroscópicas de la tendencia pandémica, junto con el aumento de la violencia machista. También reclamamos por los derechos de las personas lgbtqa+, que este año han visto cómo se rechazaba en el Parlamento una ley contra los delitos de odio y que llevan meses agitando las calles del país”.

Desde la Women’s Strike Assembly de Inglaterra, planean movilización nacional con protestas en varias ciudades con la consigna “¡Vivas nos queremos!”. En Londres, en particular, se llama a huelga para denunciar “las violencias policiales y estatales, y contra las trabajadoras sexuales”.

En Berlín, la colectiva Alianza de Feministas Internacionalistas empuja la consigna “Rompemos las fronteras. Destruimos al fascismo”. Elles nos cuentan: “​​En Berlín siempre tenemos dos marchas el 8M: una que es más grande donde también van partidos y sindicatos, mixta, con demandas explícitamente feministas; y otra protagonizada por las colectivas migrantas y mujeres racializadas que toman el liderazgo en una apuesta de carácter internacionalista, anticapitalista, anticolonial y antirracista. Organizamos marchas para mujeres, lesbianas, travesti, trans y no binaries el 8M y el 25N focalizando en el racismo y los crímenes cometidos en las fronteras, las exportaciones de armas de Alemania, y las continuidades coloniales en estas crueldades. Por eso, para nosotres la solidaridad y resistencia internacionalista es clave”.

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Cultivar el internacionalismo

En España, la activista feminista Justa Montero explica: “El contexto en el que se viene gestando este año el 8M aquí es la puesta en evidencia de los efectos de la crisis sanitaria superpuesta a la crisis sistémica que ya venía marcando nuestras vidas: hablamos de la precariedad en todas las esferas de la vida, económica, medioambietal, y la precariedad de las vidas marcadas por las violencias, las brutales violencias machistas y la violencia social que supone la desposesión de recursos, de vivienda, de derechos, de servicios, de tierra, de dignidad”. Para Montero, “los discursos y prácticas antifeministas de la derecha y la extrema derecha tan presentes en la política “española” buscan criminalizar este potente movimiento feminista. Como todos los años, se están levantando muchos lemas pero destacaría uno, que es el de la convocatoria de la manifestación de Madrid: “Derechos para todas, todos los días. Aquí estamos las feministas”. ¿Dónde están las feministas? “Impugnando al sistema y tratando de abrir alternativas para hacer que nuestras vidas sean vidas dignas”, agrega. En unas jornadas recientes sobre sindicalismo feminista en Madrid tituladas “Organizarnos es empezar a vencer”, han puesto en común los aprendizajes de las huelgas feministas junto a las luchas en pandemia, protagonizadas por trabajadoras de hogar, jornaleras de la fresa, migrantes, docentes, trabajadoras sexuales, trabajadoras de la sanidad e inquilinas amenazadas de desalojos. Rafaela Pimentel, de Territorios Domésticos, hizo una síntesis pensando en cómo reactivar: “Necesitamos feminismos que sean reivindicativos y combativos pero también creativos. El ejercicio de contar la huelga nos vuelve a estremecer con lo que hemos hecho y nos permite pensar hacia dónde queremos ir”. El 8M está en proceso.

 

 

[Fuente: http://www.vientosur.info]

Escrito por José Natanson

La soledad extrema es un fenómeno global con consecuencias sociales tan profundas como preocupantes.
Aclaremos primero de qué estamos hablando. A diferencia de la lengua inglesa, que distingue la soledad deseada y feliz (solitude) de la soledad entendida como aislamiento, privación y angustia, es decir como la distancia entre las interacciones sociales deseadas y las reales (loneliness), en español solo contamos con una palabra, que engloba ambos significados. Es perfectamente posible desarrollar una vida plena en soledad: Kierkegaard, solitario irremediable, se prescribía “baños de gente” en paseos lentos por las calles de Copenhague para luego volver a recluirse en su casa y seguir escribiendo. Se puede estar bien solo, y sentirse solo estando rodeado de otros. Nos referimos aquí al aislamiento social no deseado, sufriente y radical, una epidemia silenciosa que afecta a cada vez más personas.
Las causas materiales que explican este drama social pasan en primer lugar por los movimientos –siempre silenciosos pero siempre decisivos– de las estructuras demográficas. La esperanza de vida ha aumentado en el Primer Mundo y en algunos países de desarrollo medio, sobre todo en las grandes ciudades: en Argentina, por ejemplo, pasó de 69,5 años en 1980 a 76,7 en la actualidad. Esto estiró el tiempo que los padres viven sin los hijos, que puede extenderse hasta dos o tres décadas y llevar a una vejez solitaria en caso del fallecimiento temprano de uno de los cónyuges, usualmente el hombre (las mujeres argentinas viven en promedio cuatro años más que los hombres).
Esta tendencia a una “individuación de la vejez” es resultado también de cambios en las subjetividades. Por ejemplo, la voluntad de los adultos mayores de preservar su autonomía hasta el final (al menos de aquellos que pueden permitírselo), evitando el asilo o la incómoda convivencia con hijos ya grandes que a veces los tratan con condescendencia, al estilo del abuelo de Los Simpsons, que cuando empieza a contar una anécdota en la mesa familiar solo logra que todos se vayan hasta quedarse solo con Maggie, atrapada en su sillita de bebé. También puede ser resultado de las separaciones tardías: parejas que no se animaban a encarar un divorcio en el pasado, cuando todavía no era tan usual, y lo hacen más tarde, cuando los hijos ya se emanciparon, luego de décadas y décadas de acumular reproches (1).
Pero el fenómeno no se limita a los viejos: el porcentaje de jóvenes y adultos que viven solos también viene aumentando. Entre los principales motivos podemos mencionar el retraso de la edad de inicio de la primera convivencia –de 27 a 33 años promedio en la ciudad de Buenos Aires entre principios del siglo XX y la actualidad (2)–, la generalización de los divorcios (en 2020 hubo en CABA más divorcios que casamientos por primera vez en la historia) y las transformaciones en el régimen de maternidad/paternidad: aumento de la edad de los padres (la edad media a la que las mujeres tuvieron su primer hijo pasó de 28,4 años en 2000 a 31 en la actualidad en CABA), caída en la tasa de fecundidad (de 1,87 hijos por mujer en 2000 a 1,54 en la actualidad) e incremento de las personas que no tienen hijos –un 20% de las mujeres que viven en la ciudad llegan al fin de la edad fértil sin ser madres (3)–.
Si la “individuación de la vejez” se explica en esencia por motivos de demografía, la de la juventud-adultez responde también al cambio en la posición de las mujeres en la sociedad, que ya no se limita al rol tradicional de madre, disputa con los hombres el mercado laboral y a menudo elige priorizar el estudio y las carreras profesionales. A ello hay que sumar las crisis económicas recurrentes –la muy argentina incertidumbre respecto del futuro material– que obliga muchas veces a postergar proyectos de familia.
En todo caso, cada vez más personas viven solas. Los hogares unipersonales pasaron de 30% a 35% en Alemania, de 13% a 23% en España y de 13% a 27% en Estados Unidos. El fenómeno es una función del desarrollo: a mayor nivel de ingreso, más porcentaje de hogares unipersonales. En Japón, un impresionante 40% de los hogares está habitado por una sola persona. En Argentina, en tanto, pasaron de 10% en 2000 a 18% en el censo de 2010, con notables diferencias según la provincia: siguiendo la lógica descrita, representan el 30% en la Ciudad de Buenos Aires y solo el 10% en Santiago del Estero (4).

Un mundo de solos
Un posible reflejo cultural de esta tendencia es el auge de la “literatura del yo”, que ha hecho de la autorreferencialidad y la anécdota personal un subgénero que, como escribió Pedro Yagüe (5), parece destinado sobre todo a alimentar la imagen personal y exacerbar el narcicismo hiperindividualista de las redes sociales (el yo puede ser un protagonista aceptable cuando se trata de un genio torturado y al que le pasan cosas interesantes como, digamos, Emmanuel Carrère, pero pierde interés cuando se trata de un joven porteño un poco conflictuado que se pelea con la novia y se muda a un PH en Almagro).
Pero no nos desviemos. Decíamos al comienzo que la soledad puede ser un estado buscado y hasta ideal, y que se puede estar rodeado de gente y sentirse solo. Sin embargo, habrá que admitir que desde el Génesis (“No es bueno que el hombre esté solo”) la existencia solitaria es considerada un estigma. El habla popular argentina reconoce el drama de la soledad radical recurriendo a un sutil desplazamiento verbal: del “estoy solo” al “soy solo”. En la Grecia antigua, el peor castigo no era la pena de muerte sino el destierro: la condena al ostracismo.
El mercado ya opera sobre esta enorme masa de solos. Construye para ellos nuevos proyectos de viviendas, gigantescos edificios de departamentos de uno o dos ambientes con espacios comunes que van desde gimnasios y piletas a ámbitos de trabajo compartidos a los que los vecinos pueden ir con su laptop, asegurándose un mínimo de contacto humano en medio de una jornada solitaria. Si el impulso al teletrabajo disparado por la pandemia profundizó aún más la tendencia a la soledad, cancelando la charla sobre la última serie al lado de la fotocopiadora, el chisme durante el almuerzo, no debería llamar la atención que el mercado ofrezca remedos: los espacios de coworking como recreación de la oficina, ese microcosmos de relaciones humanas que es el escenario principal de The Office y que hoy constituye un ámbito en claro retroceso (alcanza con dar una vuelta por el microcentro porteño para entender que se trata de un mundo en desaparición). Del mismo modo, las mesas compartidas de los bares cool de Palermo remiten a los viejos tablones de las antiguas tabernas y confirman que, aunque el comensal quizás mantenga la vista obstinadamente fija en la pantalla del celular o la computadora, la necesidad de estar con otros sigue latiendo en alguna parte.
Pero las dos innovaciones tecnológicas más notables destinadas a combatir la soledad no deseada son los robots y las apps de amigos. En Japón, unos 20 millones de personas, la mayoría de ellas mayores, viven solas, resultado del aumento de la esperanza de vida (la segunda más alta del mundo), la desestructuración del mercado laboral y la moda de las parejas jóvenes que aprovechan el teletrabajo para escapar de las ciudades, donde quedan sus padres. Referencia desde los años 80 en automatización y robótica, las empresas japonesas ofrecen una amplia gama de robots que mejoran la vida de las personas mayores: exoesqueletos que ayudan a caminar, camas inteligentes que incorporan los patrones de sueño, robots que plantean juegos de desafío y androides dotados de inteligencia artificial capaces de interactuar emocionalmente (hasta cierto punto). Se trata en general de robots pequeños, sonrientes, que “se expresan” en tono calmo, jamás amenazante: nada que remita a Terminator o que sugiera superioridad física.
Las apps de amigos conectan a las personas de acuerdo a sus afinidades. Meetup, por ejemplo, propone eventos y actividades en lugares cercanos de acuerdo a ciertos intereses, que pueden ir del cine a la gastronomía. Tomando como referencia los sitios de citas con geolocalización, aplicaciones como Friender y Citysocializer disponen de filtros que permiten hablar solo con usuarios que comparten los mismos intereses y gustos, en tanto que Pantook, pensada para personas que llegan a una ciudad y no conocen a nadie, cuenta con un algoritmo de vigilancia que detecta cualquier atisbo de coqueteo o lance, en cuyo caso no entrega el mensaje y puede incluso suspender al usuario. Más allá de las implicancias sociales y morales de estos desarrollos tecnológicos (¿quién dijo que un amigo tiene que compartir todos mis gustos?, ¿dónde empieza y termina un coqueteo?), lo interesante es que no buscan sustituir la presencia humana sino fomentarla.

La ciudad solitaria
El aislamiento social no deseado produce efectos muy dañinos sobre quien lo padece, a punto tal que la Organización Mundial de la Salud define a la soledad como una “epidemia” contemporánea (6): desde las clásicas angustia, ansiedad y depresión hasta trastornos de sueño, baja autoestima, afectación del sistema inmunológico y hábitos problemáticos como el alcoholismo.
La irrupción del coronavirus agravó este cuadro. Aunque el confinamiento fue difícil para todos, su efecto fue particularmente duro para quienes, al momento de declararse la cuarentena, se encontraban viviendo solos: los primeros intentos entusiastas por recrear escenarios de socialización virtuales –el joven que se viste, se peina, se prepara un trago, apaga las luces del monoambiente y conecta la computadora para encontrarse con otros en una fiesta virtual– demostraron rápidamente sus límites. Internet es un avance formidable, pero no permite mirarse de cerca, besarse o tocarse, respirar el aliento del otro, intuir su transpiración; activa solo algunos sentidos, aplana vínculos que son conexiones más que relaciones.
En un editorial reciente (7), el diario El País advertía sobre un aumento de los suicidios de jóvenes en España en los últimos dos años, inducido en buena medida por el aislamiento, la soledad y el miedo al futuro que provocó la pandemia. No parece casual que hayan sido los mismos jóvenes quienes, siguiendo un instinto más fuerte que cualquier prohibición, rápidamente salieran a buscar el contacto físico con el otro, pasando de los zoompleaños a las fiestas clandestinas. Por si hacía falta, el fracaso de la virtualización educativa demostró la importancia de la presencialidad en las relaciones humanas.
En La ciudad solitaria (8), un libro que es a la vez una crónica de inmersión no buscada en la soledad y un ensayo de crítica cultural, Olivia Laing sostiene que quienes atraviesan una experiencia de soledad extrema son más proclives a desarrollar una percepción negativa del mundo. Como si el sentido de sociabilidad se atrofiara, tienden a hiperpercibir las acciones dañinas o negativas –un pulgar para abajo en una red social, un roce involuntario en la calle, una mirada extraña en el transporte público– e ignorar las actitudes amistosas o agradables, lo que genera un círculo vicioso en el que la persona solitaria se sumerge cada vez más en un aislamiento receloso.
La soledad es parte de la angustia social a la que nos referimos en otro editorial, un fenómeno extendido que no se manifiesta por vía de una insurrección popular o una revolución al estilo de diciembre del 2001, sino a través de miles de microhistorias de dramas personales: gente que revienta para adentro. Aunque resulta imposible verificar esta hipótesis en una estadística general, algunos indicadores (aumento de la violencia intrafamiliar, incremento del consumo de alcohol, desenfreno por los psicofármacos) sugieren que algo muy profundo está ocurriendo.
El aislamiento social alimenta este malestar más amplio, que también se refleja en el lenguaje de la época. La ferocidad de las redes, la indignación como la declinación a la que se recurre ante el menor contratiempo y la intolerancia que hoy campea en importantes sectores de la sociedad hablan en el fondo de un desconocimiento del otro, una negación empecinada a reconocer su legitimidad –y, en el extremo, su humanidad–. No se trata, insistamos, de que los solitarios sean más agresivos, o que aquellas personas que viven solas se comporten de manera diferente a las que conviven con otras. Ya aclaramos que se puede vivir solo y en paz, y en familia o pareja y sentir una soledad absoluta. Lo que queremos plantear aquí, como hipótesis a seguir trabajando, es la relación entre la soledad extrema y el tono crispado de la conversación actual.

Respuestas
Desde que Émile Durkheim escribió El suicidio sabemos que decisiones en apariencia personalísimas (nada más personal que el acto desesperado de quitarse la vida) admiten causas más generales: tal el origen de la sociología moderna. Menos dramático que el suicidio pero igual de preocupante, el aislamiento que afecta a un creciente sector de la sociedad no debe ser visto como una agregación de fracasos individuales sino como una epidemia –en el sentido más puro del término: un mal que afecta a un gran número de personas al mismo tiempo– que merece una respuesta institucional.
Apenas asumió al frente del gobierno británico, Theresa May anunció la creación de un Ministerio de la Soledad que, dirigido por Tracey Crouch, desplegó una serie de políticas orientadas a enfrentar el aislamiento social, sobre todo de los mayores: al momento de anunciarse la decisión, la mitad de los británicos de más de 75 años (unos 2 millones) vivían solos. En Japón, donde los restaurantes ofrecen mesas con una sola silla situadas lejos de las parejas y los grupos para lo que llaman ohitori-sama (honorable señor solo), el gobierno también creó un Ministerio de la Soledad, preocupado por el aumento de las muertes en total aislamiento (el hecho de que exista una palabra en japonés para definir el fenómeno, kodokushi o “muerte solitaria”, resulta ilustrativo).
No son lujos del Primer Mundo. En Argentina, como señalamos al comienzo, la cantidad de personas que viven solas viene aumentando de manera sistemática. Aunque se habla poco del tema, la experiencia internacional demuestra que el problema es abordable a través de un conjunto de iniciativas: centros comunitarios, batallones de jóvenes voluntarios que se acercan a los mayores, talleres y encuentros. Se trata siempre de proyectos locales, a nivel micro, que en esencia buscan acompañarlos y demostrarles que la sociedad –y su manifestación política, el Estado– se interesa por ellos, que en definitiva no están tan solos en medio de la colmena enfebrecida de la vida en el siglo XXI.

1. https://repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/8178/1/personas-mayores-argentina-actual-2016.pdf
2. http://revistarelap.org/index.php/relap/article/view/50/71
3. https://www.telam.com.ar/notas/201901/327570-mujeres-hijos-estadistica-ciudad-de-buenos-aires.html
4. http://c3t.fra.utn.edu.ar/wp-content/uploads/2014/04/Hogares-unipersonales-Actualizacion.-Abril-2014
5. https://panamarevista.com/ruido-en-el-pasillo/
6. https://www.dw.com/es/cada-vez-m%C3%A1s-solos-el-impacto-de-la-pandemia-en-la-salud-mental/a-56719451
7. https://elpais.com/opinion/2022-01-26/el-suicidio-entre-los-jovenes.html
8. Capitán Swing, 2020.

 

 

[Fuente: http://www.eldiplo.org]

(Georgi Kalaydzhiev/Unsplash)

                                              [foto: Georgi Kalaydzhiev/Unsplash]

La grammaire du français est-elle intrinsèquement sexiste ? Des éléments de réponse socio-historique à l’heure des débats sur l’usage de l’écriture inclusive.

Écrit par Martin CHABERT

« Sceptique, c’est-à-dire contre ». C’est ce qu’a écrit Laélia Véron dans un courrier au Monde diplomatique, qui signalait le livre dirigé par Danièle Manesse et Gilles Siouffi, Le féminin et le masculin dans la langue. L’écriture inclusive en questions. Selon Laélia Véron, le fait que le livre soit écrit par des non spécialistes du sujet suffirait à le disqualifier. Cette critique ne laisse pas d’étonner : les huit contributeurs ne sont-ils pas linguistes ?

Le féminin et le masculin dans la langue. L’écriture inclusive en questions Gilles Siouffi, Danièle Manesse                   2019                         ESF                            208 pages

Parmi eux, on compte quatre professeurs émérites, dont André Chervel, spécialiste de l’histoire de la grammaire française et de son enseignement, Bernard Colombat, spécialiste des rapports entre le latin et le moyen français, Danièle Manesse, spécialiste de l’orthographe et de son rapport pédagogique, et Gilles Siouffi, spécialiste des normes linguistiques. Ces chercheurs-là auraient-ils pris la peine d’écrire leur livre sans avoir rien à dire de scientifique sur l’écriture inclusive ? La réponse est évidente, sauf à considérer que la recherche sur l’écriture inclusive ne relève pas de ces domaines mais d’une discipline scientifique distincte. Non moins évidente est la réduction d’un travail critique à une prise de position politique : développer un point de vue « sceptique » quant à certains usages scripturaux promus par l’écriture inclusive, est-ce se prononcer « contre » l’écriture inclusive   ?

Sans doute inévitables, de telles polémiques soulèvent pourtant des enjeux d’importance : sur quoi est fondée la légitimité scientifique des « spécialistes » intervenant dans l’arène médiatique ou éditoriale ? En quoi l’instrumentalisation des connaissances sur la langue engage-t-elle une définition de la division du travail scientifique ?

Le livre dirigé par D. Manesse et G. Siouffi avait précisément pour ambition de mettre à distance la politisation de l’écriture inclusive, en déplaçant le regard porté sur elle, au-delà des justifications politiques : qui prescrit l’écriture inclusive et sur quelles pratiques débouche-t-elle ?

Qu’inclut donc l’écriture inclusive ?

Qu’apprend-on dans ce livre ? Que, au vu de ses présupposés et de sa stratégie, la promotion d’une écriture inclusive visant à réformer la langue est un échec annoncé d’avance. Bien sûr, il faut se réjouir des débats sur la place des femmes dans la langue auxquels elle a donné lieu et qui ont permis de sensibiliser à la féminisation des noms de métier   et à l’élargissement du lexique. En insistant sur le fait que la langue est un fait social et non un monde à part, éthéré, un trésor à préserver, la critique sociale du langage (qui a une longue histoire) a permis, sous sa forme féministe, de mettre à l’agenda politique la question de la représentation linguistique du genre féminin. Mais dans le même mouvement, les « bonnes pratiques » d’écriture qui se voient prescrites sont parfois problématiques malgré leurs bonnes intentions   . Pourquoi ?

D’abord pour des raisons qui touchent à la maîtrise de certaines pratiques préconisées par l’écriture inclusive. En effet, elle tend à complexifier l’interface entre oralité et écriture. Les auteurs dressent ainsi la liste des difficultés qu’elle soulève : accroissement du nombre de signes non prononcés (lettres, syllabes, signes, par exemple)   ; signes détournées de leur fonction habituelle (majuscule, point, parenthèse)   ; création de mots créés pour l’écrit et rarement prononcés (illes ou elscelleux ou ceulles…)   ; ajout de règles orthographiques métadiscursives qui exigent de « différencier animés, humains ou non humains » pour l’application du point médian   ; et surtout, rupture généralisée de la linéarité de la lecture   car il faut, pour la lire à haute voix, suivre des règles implicites, sans mode d’emploi clair. Ces difficultés évoquent celles rencontrées à la lecture à haute voix d’une formule mathématique complexe, à multiples parenthèses et dénominateurs, qu’on ne saurait par quel bout prendre ; ou d’un texte qui serait remplit d’abréviations inhabituelles.

En effet, lorsque l’on sait que « plus d’un jeune français sur dix [âgés de 16 à 25 ans] sont [encore] en difficultés de lecture »     , comment défendre une telle complexification orthographique ? Non sans ironie, Danièle Manesse remarque que la difficile maîtrise de l’écriture inclusive semble trahie par l’inconstance de son application par ses promoteurs eux-mêmes   , qui l’utilisent souvent comme effet d’annonce en début de texte, pour s’en passer par la suite. Plus fondamentalement, elle souligne que l’usage de la langue est d’abord oral : c’est pour cette raison que les réformes de l’orthographe ont fréquemment eu pour objectif d’adapter l’écrit à la parole.

« Soyons franc·he·s : l’écriture inclusive peut poser des difficultés. Iel est probable que cela compliquera l’apprentissage des écolier·ière·s et des lycéen·ne·s. Iels auront peut-être plus de mal à comprendre la consigne écrite du·de la professeur·e ou de l’instituteur·trice. » On trouve cette fausse concession sous la plume de David Caviglioli, dans un texte satirique rendu particulièrement illisible par une trouvaille stylistique : dans un geste de surenchère « inclusive », l’auteur est allé jusqu’à transformer le « il » (réputé) impersonnel en « iel » (par exemple dans « iel est probable que… »). Ce qui est ainsi tourné en ridicule, c’est le présupposé le plus central de l’écriture inclusive, qui veut que la grammaire du français soit fondamentalement sexiste. Qu’en est-il ?

La grammatisation du français est-elle sexiste ?

La linguiste et défenseure de l’écriture inclusive Maria Candea en est intimement convaincue : « l’idéologie sexiste des grammairiens du XVIIe siècle, […] le masculin était tout simplement supérieur au féminin en tous contextes, par analogie avec la supériorité des hommes sur les femmes »   . Maria Candea est une spécialiste de sociophonétique   . Ses propos, argumentés, manquent toutefois de nuances comparés aux textes réunis dans Le masculin et le féminin dans la langue et écrits par Bernard Colombat et André Chervel, tous deux historiens de la langue française et de sa grammatisation. Pour eux, la critique féministe contemporaine tendrait à simplifier des processus de longue durée et en partie autonomes en projetant sur eux des intentions sexistes. Seule l’étude de la grammatisation du français permettrait de rendre compte de l’asymétrie des genres masculin et féminin dans la langue.

Grammatisation ? Le mot est barbare. Il désigne, après Sylvain Auroux, « le processus par lequel une langue se trouve « outillée », notamment à l’aide de grammaires et de dictionnaires » et qui met en lumière l’action de standardisation et de stabilisation de ces outils sur la langue   . Or, ce processus tend à s’autonomiser à partir de la fin du XVIe siècle, comme l’ont montré également d’autres auteurs   . Bernard Colombat, quant à lui, souligne que s’est fait « sentir » la nécessité de codifier certaines figures de construction jugées instables, qu’il appelle la « syllepse » (« mise en commun d’un élément avec plusieurs autres si bien qu’il en résulte une distorsion », p. 71) : « Les grammairiens ont senti progressivement une hiérarchie dans les accidents et établi une priorité dans ce qu’ils appellent la « dignité » (dignitas). Ainsi, pour le nombre, le pluriel sera jugé plus digne que le singulier ; pour la personne, la première personne plus digne que la deuxième, elle-même plus digne que la troisième ; pour le genre, le masculin plus digne que le féminin, lui-même plus digne que le neutre. »   À maintes reprises d’ailleurs, Bernard Colombat et André Chervel montrent que la construction systématique d’un parallélisme entre l’accord de genre avec celui de nombre a été déterminante pour l’élaboration d’une telle « hiérarchie des accidents ».

Ces règles grammaticales, dans un premier temps énoncées aux seuls lettrés (non sans quelques balbutiements), se sont progressivement imposées à la population, notamment par le développement de la scolarisation ; mais elles ont toujours coexisté avec d’autres règles, moins fréquemment appliquées et parfois contradictoires, comme l’accord de proximité (ou « de voisinage ») qui privilégie « l’euphonie » et permet de « fixer l’attention » sur un des deux substantifs   . Actuellement, l’appel au retour en grâce de l’accord de voisinage par les défenseurs de l’écriture inclusive révèle que cette règle était en fait devenue largement obsolète, bien qu’enseignée encore tardivement, comme le montre André Chervel   , contrairement à ce qu’a pu prétendre Éliane Viennot   . La tendance historique de long terme serait donc à la simplification des règles d’accord, ne causant elle-même qu’indirectement la prépondérance du genre grammatical masculin. Les auteurs semblent ainsi suggérer que, passant du statut de production savante à celui de manuels d’enseignement destiné au plus grand nombre, la grammaire aurait profondément changé de fonction en changeant d’échelle. Les figures de l’ambiguïté syntaxique deviennent distinctives ou désuètes et disparaissent progressivement de l’enseignement. Ce qui se transmet oralement, ce sont des formules qui « marchent » même si elles sont « fausses » pour les grammairiens savants (et donc non écrites dans les manuels, comme le montre André Chervel), telles que « le masculin l’emporte ».

Face à la domination masculine, grammaticale comme sociale, l’écriture inclusive imagine restaurer une symétrie perdue entre les genres. Mais loin de reposer sur une parité imparfaite qu’on pourrait corriger, André Chervel insiste sur la profonde asymétrie entre les genres inscrite dans la langue française, « et cette constatation est d’une telle généralité que les règles d’accord de l’adjectif [sur lesquelles se focalisent les débat de l’écriture inclusive] ne compte en réalité que pour peu de choses »   . Et le linguiste de lister les constructions issues du masculin : les formes verbales actives qui font appel au participe (« j’ai fait ») ; l’infinitif du verbe (« conduire trop vite est dangereux ») ; les adjectifs substantivés (« le froid et le chaud ») ; et tous les autres mots substantivés (« le pour et le contre », « le qu’en-dire-t-on ») ; ou le pronom impersonnel « il » (« il pleut »). Seule la construction des adverbes en -ment s’appuie sur la forme féminine des adjectifs (« sérieusement »). Au passage, André Chervel contredit certaines fausses idées d’Éliane Viennot sur le participe présent ou certains pronoms qu’on aurait masculinisés, car leur genre peut aussi bien être expliqué par des raisons proprement linguistiques, qui touchent le parallélisme du genre et du nombre   .

Pour André Chervel, l’asymétrie des genres grammaticaux a donc bien contribué à fixer les règles d’accord qui les hiérarchisent. Mais, alerte-t-il, l’ambiguïté du mot « masculin » est piégeuse : désignant à la fois un genre grammatical et une construction sociale, les rapports que le « masculin » entretient avec le « féminin », dans la langue ou dans la société, sont incomparables. André Chervel va plus loin : « l’éventuel sexisme de la langue française reposerait donc sur un terme ambigu, et donc équivoque, le mot « masculin » »   . La phrase aura pris le risque d’être lue comme une dénégation de sexisme linguistique : en insistant sur l’autonomie des mécanismes de transformation linguistique, qui semblait sous-estimée par les défenseurs de l’écriture inclusive, peut-être écarte-t-on trop vite l’histoire sociale de la grammatisation et avec elle les biais sexistes des grammairiens. C’est que l’articulation de ces deux domaines n’est certes pas une mince affaire et requiert des travaux interdisciplinaires de longue haleine dont l’urgence politique tend à presser la marche et raccourcir les exigences.

L’autonomie linguistique en questions

Mais s’il est faux d’affirmer que la langue française serait devenue intentionnellement sexiste, peut-être l’est-elle dans ses usages et ses effets. L’angle mort du livre réside probablement dans l’absence de réflexion d’ordre psycholinguistique, pourtant soulignée par les défenseurs de l’écriture inclusive. Certes, Danièle Manesse remarque en début d’ouvrage que « l’ordre de la langue n’est pas celui du monde »   et donc que les genres grammaticaux ne correspondent pas aux sexes du monde sensible. « Ce n’est pas l’individu qui est dans la langue, c’est ce qu’on en dit. » Et en effet, une taie d’oreiller n’est pas plus de sexe féminin que l’oreiller masculin. Mais les auteurs ne rappellent pas, en revanche, que la déconnexion du genre grammatical avec l’identité de genre de l’objet représentée cesse largement d’être arbitraire lorsqu’il s’agit d’êtres humains : malgré quelques cas invariables en genre (une sentinelle, un mannequin, une vedette, une victime, une personne, un génie, une idole…), l’usage semble signaler une préférence pour la correspondance entre le genre du signifiant social et celui du signifié linguistique   . Au point que, dans le cas contraire, lorsqu’elle n’est pas « désagréable à l’oreille », l’absence de correspondance peut produire des effets de sens poétiques, comme dans la belle formule de Jean Genet que cite Danièle Manesse : « Les folles amours de la sentinelle et du mannequin ».

Concernant les effets de l’usage du générique masculin en français, le psychologue Markus Brauer, dans une étude souvent citée   , a montré que « le générique masculin, qui n’est finalement qu’un moyen arbitraire d’éviter les répétitions trop lourdes […] semble bien avoir un impact sur les pensées. Il ne suffit donc pas d’invoquer l’absence d’ambiguïté de la règle grammaticale du générique masculin et d’insister sur le fait que le masculin est le genre non marqué. Il ne suffit pas non plus d’affirmer que le masculin ne conquiert pas l’autre sexe, mais efface le sien. » Cependant, « les études rapportées dans cet article ne nous renseignent pas sur les processus cognitifs sous-jacents », ni sur l’invisibilisation causée par les règles d’accord.

D’un côté, donc, la langue française code arbitrairement le genre et marque peu la différence entre humains et non humains ; de l’autre, ses locuteurs développent des attentes de correspondance entre le genre grammatical et le genre social, conduisant indirectement à marquer davantage la différence entre humains et non humains. À ces contradictions, l’écriture inclusive est-elle l’unique et meilleur remède ? Probablement pas. Soutenir cette thèse et pire : l’écrire, est-ce trahir, comme l’écrit Maria Candea, une « peur d’émasculation » ? Laissons au lecteur juger cette hypothèse pour le moins simpliste. En attendant, les dissonances des règles grammaticales avec les attentes sociales ouvrent un boulevard aux prescripteurs de normes linguistiques et aux sur-significations qu’ils prêtent à la langue. Enseignants de lettres ou militants lettrés, les intellectuels défenseurs de l’écriture inclusive sont portés à sur-investir la langue comme enjeu de luttes, c’est-à-dire à s’aveugler sur les conditions de maîtrise de l’écriture inclusive. Une lutte sans doute portée sur le devant de la scène académique avec d’autant plus d’urgence qu’est violente la précarisation des corps étudiants et enseignants (et que se poursuit leur féminisation : entre 1992 et 2018, on passe de 35 à 44 % de femmes maîtresses de conférences et de 12 à 25 % de femmes professeures des universités).

En un mot, il n’y a aucune raison de penser que les enjeux sociaux du genre (comme identité sociale) et que les enjeux linguistiques du genre (comme catégorie grammaticale) soient les mêmes. À n’en pas douter, on gagnerait en clarté à distinguer ces deux « genres », homonymes fondés sur l’équivalence fallacieuse et intellectualiste du langage avec le monde (social). Aucune cause politique ne justifie d’introduire une telle confusion dans un débat si important – confusion qui témoigne surtout de l’absence de réelles recherches interdisciplinaires   .

Résumons. Contre l’idée selon laquelle la grammatisation du français serait intrinsèquement sexiste, il importe d’analyser les conditions sociales ayant présidé à son autonomisation et la fonction sociale remplie par la simplification des règles d’accord. Contre le féminisme appliqué à la linguistique, ou à la science en général, « il vaut sans doute mieuxnote Marc Jolyse tenir à distance de tous les « ismes » et éviter de faire dépendre le progrès des sciences du progrès des causes morales et politiques. » Contre l’ambition universaliste des défenseurs de l’écriture inclusive, « nous pouvons fort bien nous satisfaire, note Gilles Siouffi, de voir demeurer [ces formes expérimentales d’écriture] dans un espace relativement restreint ». On peut douter que les prescripteurs d’écriture inclusive se contentent de la place marginale à laquelle cette pratique, en l’état, semble pourtant les vouer. Mais tant que le débat sur la féminisation de la langue sera porté, dans l’espace médiatique, par une avant-garde qui discrédite d’avance toute résistance comme autant de pulsions réactionnaires, alors que l’écriture inclusive pose de vraies questions d’usages et d’apprentissage de l’écrit, la vraie réaction, à n’en pas douter, a de beaux jours devant elle.

 

[Source : http://www.nonfiction.fr]

 

Escrito

Aunque queda mes y pico, querido gemelo, para el miércoles de ceniza que este año se celebra el próximo 2 de marzo, se ha hablado mucho en estas semanas pasadas de, si no carnestolendas (o carnes tollendas), al menos carnes menguantes y de mayor calidad. Nada que oponer a tal deseo, ¿no es así, querido?, y no ya durante los cuarenta días de la cuaresma, seguidos del empacho cárnico correspondiente, sino durante todo el año. Pero claro, lo principal para nosotros, que no quisiéramos pasar a la historia como los hermanos Chopped & Spam, es que la calidad satisfaga una regulación razonable y no miope y que sean los ciudadanos, a ser posible informados del mal entendido coste de la carne barata, quienes caminen ese billón de pasos necesarios para mejorar este y muchos otros aspectos negativos de la libertina empresa. Libertina, que no libre, cuando se conchavea con el apoyo, la desidia, o la falta de recursos de los poderes locales y estatales. Coordinar un billón de pasos pequeños parece una tarea imposible, pero se hace todos los días y no solo por el mercado. La sociedad civil puede contribuir significativamente a esta tarea, junto con el voto en el bolsillo de cada cual, cuando es impulsada por la difusión de conocimientos actualizados y tecnologías adecuadas.

Esperando, por lo que va dicho, haber dado respuesta a tus preguntas que quedaron en el aire tras nuestra entrada de la semana pasada, dirigimos nuestra atención hoy a la manifestación aguda de una crisis crónica cual es la inminencia de guerra abierta en Ucrania.

o o O o o

Cuando escribimos estas líneas (el sábado 22 y domingo 23 de enero) y a tenor de lo que los ciudadanos de a pie podemos leer en las noticias más recientes, Vladimir Vladimirovich Putin sigue deshojando la margarita –invado, no invado, invado, no invado-. Es muy posible que una decisión se haya tomado e implementado para cuando nuestros amables lectores puedan leer esta entrada, de forma que hemos intentado que nuestra reflexión de hoy no dependa de cuál sea la situación en Ucrania el miércoles 26 de enero de 2022.

La reacción de los portavoces de partidos políticos y de comentaristas españoles ha ido desde el silencio o la convicción de que se trata de un complot contra España, hasta una perversa reencarnación del «¡No a la guerra!», cierto que pasando por manifestaciones más ecuánimes1. Con respecto a estas reacciones, diremos que la reencarnación del ambiguo ¡No a la guerra! es perversa por dos razones. En primer lugar, han pasado casi veinte años desde la guerra de Iraq y las condiciones hoy y entonces no pueden ser más diferentes. Como deseo, no se le puede objetar nada; claro que no a la guerra (lo decimos aquí también). Como solución a un conflicto concreto, sin embargo, no es necesariamente la recomendación adecuada y puede ser, como muestra la historia en más de una ocasión, el preludio a una conflagración aún mayor que la que se pretende evitar.

En segundo lugar, la trayectoria de Putin durante más de veinte años no deja lugar a dudas sobre cuál es su intención con respecto a Ucrania, que es el impedir que se convierta en un país democrático y próspero. Al mismo tiempo, la realidad rusa deja pocas dudas también con respecto a los riesgos que Putin está dispuesto a aceptar para conseguir su objetivo principal, que es mantenerse en el poder sin acabar en el exilio, la cárcel o el cementerio. Ni más ni menos que cualquier otro tirano.

El no a la guerra que se lanza a los cuatro vientos hoy por sorprendentes «amigos» de Putin es perverso e ingenuo, como intentaremos demostrar en el resto de esta entrada. Vaya por delante que cuando hablamos de Rusia, hablamos del Estado cleptómano creado y presidido por Vladimir Putin. Las clases medias rusas y todos aquellos ciudadanos rusos que desean una Rusia más próspera y democrática merecen nuestro respeto y nuestros mejores deseos.

El Rus de Kiev

Las ciudades históricas de Novgorod y Kiev son centrales en la fundación de la primera Rusia, el Rus de Kiev, en cuyo esplendor se produjo la conversión al cristianismo del príncipe Vladimir, hace poco más de un milenio, en 988. Tras la conversión del príncipe Vladimir del Rus de Kiev, los pueblos que lo componían se convirtieron al cristianismo en masa. El presidente Putin abraza la historia del Rus de Kiev con evidente interés. Poco antes de apropiarse de la península de Crimea, en julio de 2013, Putin, acompañado del patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, visitó Kiev para promover mayores lazos de solidaridad y cooperación con Ucrania, en nombre del «Gran Rus» y la supuesta pasada gloria común. El entonces presidente ucraniano, Viktor Yanukovych, estaba a punto de firmar un acuerdo de cooperación con la Unión Europea en noviembre de 2013, cuando Putin le ofreció, en un acuerdo secreto, una línea de crédito de quince mil millones de dólares, con tres mil millones de entrega inmediata, para renunciar al tratado con la UE. Las protestas que siguieron en febrero de 2014, con cientos de muertos entre los opositores al régimen y sus defensores, y la huida de Yanukovych, acabaron con las ilusiones de un acercamiento entre Ucrania y Rusia. Crimea fue anexionada poco después y hoy vivimos un segundo acto de la confrontación entre una Ucrania en que muchos de sus ciudadanos luchan denodadamente por democratizar y una Rusia que, junto con sus proxies en el este de Ucrania, está intentando evitarlo por todos, repitamos, todos, los medios2.

La nostalgia por la Unión Soviética

Vladimir Putin ha manifestado en numerosas ocasiones que la caída de la Unión Soviética fue un desastre geopolítico de la mayor importancia. No le falta razón. Y aunque lo diga por razones con las que no estemos de acuerdo, sí es cierto que la desaparición de la Unión Soviética fue una tragedia incalculable para muchos ciudadanos rusos, que perdieron lo poco que el Estado soviético había garantizado hasta entonces, momento en que se puso de manifiesto abiertamente la imposibilidad de seguir garantizando casi nada. De hecho, la desesperación fue tal que muchos ciudadanos rusos murieron tempranamente por enfermedades, carencias, alcoholismo o suicidio. La esperanza de vida se desplomó en la federación rusa en los años siguientes a la caída de la Unión Soviética, de 69,13 años (al nacer) en 1988 a 64,95 en 20033.

Esta tragedia es un componente importante de la nostalgia que Putin pretende tener por la URSS y que transmite a sus súbditos, por ejemplo con el blanqueamiento de Stalin (quien nació en Georgia, por cierto) y la aparente prosperidad que tuvo lugar con los primeros planes quinquenales. Poco importa que no cuente con el apoyo de los pocos comunistas que hoy existen en Rusia.

La nostalgia por la URSS es fácil de entender en la lógica de Putin. Es parte de una nostalgia mayor y de un resentimiento intenso.

La nostalgia mayor es, podríamos decirlo así, la nostalgia por el imperio ruso bajo el zarismo de los Romanov. La aproximación de Putin y su aparente devoción a la Iglesia Ortodoxa Rusa es un restablecimiento de la importancia de la religión ortodoxa en los tiempos del zarismo. La revalorización de la Unión Soviética es parte del intento de revisión histórica por medio del cual Vladimir Putin pretende recuperar las glorias del pasado. Pero esta nostalgia va acompañada de un profundo resentimiento hacia el mundo occidental (Europa y los Estados Unidos o la OTAN, si se quiere). El intenso resentimiento tiene fuentes externas e internas, medias verdades y complejos sin reconocer.

Entre las fuentes de resentimiento externas y las medias verdades, figura de forma prominente la aparente promesa de no ampliar el número de países dentro de la OTAN a costa de los antiguos satélites europeos de la Unión Soviética. A esta afrenta, que tiene cierta justificación por la arrogancia con que la ampliación de la OTAN se produjo, se une la acusación de que Occidente no ayudó a Rusia lo suficiente en su transición a una democracia de economía privada, una media verdad en el mejor de los casos y, en realidad, el fracaso de los Estados Unidos, fundamentalmente, en administrar las enormes posibilidades del fin de la Guerra Fría con más inteligencia, en beneficio de los propios Estados Unidos, Europa, Rusia y el resto del mundo4.

Entre las fuentes internas y los complejos sin reconocer está la cruda realidad de que el imperio ruso (en sus versiones zarista o soviética) nunca fue, a pesar de su inmensidad y de sus riquezas, el poder dominante que siempre quiso ser. En palabras de Stephen Kotkin, uno de sus historiadores y autor de una fundamental biografía de Stalin, «durante la mitad de un milenio, la política exterior rusa se ha caracterizado por ambiciones desmedidas muy por encima de las capacidades del país»5. Es muy posible que esta contundente conclusión sorprenda a muchos, pero Stephen Kotkin deja muy pocas dudas al respecto y pone de manifiesto cómo Putin se ve guiado por este agravio histórico, y nacionalista, más allá de sus verdaderos sentimientos por la desaparecida Unión Soviética.

Es evidente que la herida de la separación de Ucrania sigue abierta y duele más que lo sucedido en Asia Central (en la que se independizaron territorios inmensos como Kazajistán, Uzbekistán o Turkmenistán, además de los menores de Kirguistán y Tayikistán), en el Cáucaso (donde los enredos de Putin tienen hoy menos repercusión), o incluso en el caso de Lituania, Letonia y Estonia, que parecen estar más protegidos de la agresión rusa. Es más, la posible democratización de Ucrania es una amenaza directa al régimen de Putin. Esta consideración nos lleva a la verdadera naturaleza del Estado ruso creado por Vladimir Putin y a la irresponsable indecisión a que este se ve sometido.

El Estado cleptómano

Hay quien piensa que Vladimir Putin es, con diferencia, el hombre más rico del mundo6. Y es el hombre más rico del mundo porque muchos de los oligarcas que sostienen su imperio son ellos mismos multimillonarios. No es desatinado añadir que tanta riqueza individual va acompañada de un nivel de corrupción conmensurado, basado esencialmente en la apropiación total o parcial de los activos y recursos heredados de la Unión Soviética. Esta es la conclusión de, entre otros muchos, quien fue diplomático sueco en la Unión Soviética de Gorbachov, testigo directo de la época de Boris Yeltsin y de la Rusia de Putin, y es hoy un experto en la transición de países de la antigua URSS hacia economías de mercado7.

Los primeros años del gobierno de Putin, tras la vorágine de la época de Boris Yeltsin, representaron una mejora sustancial en las condiciones de vida y prosperidad de Rusia y de su clase media, favorecidos por elevados precios de sus recursos naturales, especialmente petróleo y minerales. Una prosperidad en que era relativamente sencillo ocultar o ignorar la creciente corrupción. Pero tras la crisis financiera de 2008 y coincidiendo con la vuelta (nominal) de Putin al poder en 2012, la situación económica empeoró y el descontento de las clases medias aumentó, apareciendo la protesta social que Putin reprimió con medidas cada vez más autoritarias y hasta criminales.

El brillante diplomático y estratega polaco-americano Zbigniew Brzezinski, asesor de Lyndon Johnson (1966-68) y Jimmy Carter (1977-81), afirmó en 1994, en respuesta a la pregunta de Alexander Solzhenitsin, «¿Qué es Rusia?», que Rusia podría ser un imperio o podría ser una democracia, pero no ambos a la vez8. De haber respondido hoy a la misma pregunta (Brzezinski murió en 2017), es muy posible que hubiera respondido con menos ambigüedad: Rusia no es ni un imperio ni una democracia; Putin ha creado una cleptocracia.

Por las razones expuestas, la relación entre Ucrania y Rusia es tremendamente complicada y no tiene una solución fácil, especialmente por el riesgo que el posible progreso y democratización de Ucrania representa frente a la evolución autoritaria del Estado ruso y la consolidación del capitalismo oligárquico y de extracción de rentas, que han ido dejando cada vez menos opciones de progreso pacífico al aparato del Estado. Vladimir Putin está hoy intentando satisfacer varios objetivos a la vez, pero sabe el riesgo que ello representa para su supervivencia y la de su régimen.

Aun reconociendo la posible legitimidad de una zona de influencia rusa y teniendo en cuenta la incapacidad secular a que se refiere Stephen Kotkin, Vladimir Putin está apostando fuerte por desestabilizar Ucrania y, en la medida en que le es posible, hasta los sistemas democráticos en Europa y los Estados Unidos. Con tropas cerca de las fronteras norte (gracias a su aliado Alexander Lukashenko en Bielorrusia) y este de Ucrania, Putin podría invadir, pero no ocupar, el país; o podría crear un corredor a lo largo de la costa del mar de Azov, entre Rusia y la península de Crimea; o podría instalar un gobierno «marioneta» en Kiev, como las noticias del gobierno británico indican en la tarde del sábado 22 de diciembre; o podría amenazar infraestructuras en Ucrania o Europa.

La situación es tan compleja que es más lo que no se dice que lo que se dice. Ucrania dista de ser un país democrático y libre de corrupción («pero es nuestra corrupción», dicen los oligarcas locales), cosa que no se enfatiza lo suficiente. Lo que es más, aunque no se diga para no herir susceptibilidades o parecer que se cede a la presión rusa, la OTAN no está interesada en admitir a Ucrania, o Georgia. Crimea no va a volver a manos ucranianas, aunque tampoco se diga (en realidad, fue una cesión de Rusia a Ucrania en 1954, por razones que Kruschev consideró personalmente oportunas9). No existe infraestructura de la OTAN en Ucrania, aunque los rusos no quieran admitir tal cosa, como tampoco quieren admitir que los misiles de la OTAN no amenazan la capacidad nuclear rusa (si acaso, están donde están para defender a Europa de Corea del Norte o Irán, pero, oiga, ya que están donde están, quien sabe si un día…)10.

A pesar de las muchas complicaciones, Europa y los Estados Unidos parecen estar resueltos a contener a Putin, quien sabe que si su órdago fracasa pueden desatarse desagradables consecuencias internas para la supervivencia de su régimen. De aquí su aparente indecisión. El «no a la guerra» de muchas voces en la izquierda española, y hasta entre la derecha conspiranoide, es un apoyo implícito y perverso al régimen cleptocrático de Putin, un régimen cercano a una ideología de extrema derecha y cómodo con ella, frente a cuya agresión solo cabe una oposición determinada y un apoyo al pueblo ucraniano, condicionado cuando sea el momento a la voluntad de progreso democrático de su gobierno. Putin no debe salirse con la suya.

 

1. Para un compendio amplio de las diferentes reacciones en España, véase ¿Cómo reaccionará España a la crisis de Ucrania? | The Spain Report. 
2. Recomendamos un excelente análisis de los orígenes del conflicto entre Ucrania y Rusia, publicado en el número especial de navidades de The Economist: https://www.economist.com/christmas-specials/2021/12/18/why-russia-has-never-accepted-ukrainian-independence. 
4. Sobre estas cuestiones, la referencia obligada y magistral es Stephen M. Walt, The Hell of Good Intentions: America’s Foreign Policy Elite and the Decline of U.S. Primacy, Farrar, Straus and Giroux, New York, 2018. 
5. Stephen Kotkin, Russia’s Perpetual Geopolitics: Putin Returns to the Historical Pattern, Foreign Affairs, mayo/junio 2016. Accesible en https://www.foreignaffairs.com/articles/ukraine/2016-04-18/russias-perpetual-geopolitics. 
7. Anders Aslund, Russia’s Crony Capitalism: The Path from Market Economy to Kleptocracy, Yale University Press, New Haven, 2019. 
8. La referencia a la respuesta de Brzezinski a la pregunta de Solzhenitsin se encuentra en el ya citado artículo: https://www.economist.com/christmas-specials/2021/12/18/why-russia-has-never-accepted-ukrainian-independence. 

[Fuente: http://www.revistadelibros.com]

Durante junio y julio del 2010 Piglia dictó en el Malba el ciclo de cuatro conferencias titulado “Nuevas tesis sobre el cuento”. Al final de cada reunión los asistentes le hacían preguntas, a las que Piglia respondía bosquejando con la voz brevísimos ensayos en el aire. En esta nota, debidamente contextualizada, una selección de estas idas y vueltas entre el autor y sus lectores.

Piglia en «Nuevas tesis sobre el cuento». Fuente: Facebook Malba

Publicado por Walter Gonzalves

 

Sin mayor preámbulo, la entrevista:

– ¿Qué diferencia hay entre un testimonio y un cuento?

RP –Yo creo que esa es una cuestión que plantea el ensayo de Benjamin (El narrador); creo que él tiene la cuestión de la narración como tiempo largo y de la novela como etapa, y después tiene otra idea muy importante y muy actual, que es la tensión y el contraste entre narración e información. Él dice: “El predominio de la información nos está arruinando la capacidad de narrar”. Y la distinción entre narración e información es muy importante, y es muy importante en esta época. Es muy distinto enterarse por información de lo que pasó en Auschwitz a leer el libro de Primo Levi.

Es muy distinta la experiencia del modo en que nosotros recibimos la información; estamos en un mundo donde la información nos está sofocando. El tipo de experiencia que supone recibir un relato donde se incorpora a la experiencia –mientras que la información está siempre allá– siempre la vamos a ver como algo que está fuera de nosotros.

Por lo tanto, me parece que lo que podríamos llamar “la narración”, más allá de si se trata de una novela, de un testimonio, etcétera, está conectada con esta capacidad de lo que yo les decía al principio: si logra incorporarnos a nosotros, cuando estoy en un sueño, cuando nosotros tenemos que ver, y el que narra nos hace ver qué tiene que ver, eso se convierte en una experiencia; mientras que la información nunca se va a convertir en una experiencia, y muchas veces la oposición experiencia-inexperiencia se trata de resolver con el exceso de información.

Estamos siempre con la sensación de estar mal informados, cuando lo que tenemos que pensar es si realmente tenemos experiencias, si tenemos experiencias de la realidad, si tenemos experiencias de la política, si tenemos experiencias de los sentimientos. Y desde luego la literatura es una de las formas; no voy a decir que la literatura es la única. Producir esas experiencias es parte de la vida de cada uno. Entonces me parece que el efecto que produce el texto de Levi está conectado con esa historia singular, que no tiene para nada la forma de la información.

Me quedé pensando en esto de que el problema central de la narración es la causalidad. Para mi hay una cuestión, hay una oposición, entre la causalidad y la explicación.

RP –La explicación, entendiendo por explicación “aclarar lo que el cuento está narrando”, es siempre algo que habría que evitar. Desde luego que podríamos encontrar muchísimos ejemplos de grandes relatos, por ejemplo de Borges mismo, que están llenos de explicaciones y son fantásticos, extraordinarios, pero en principio podríamos decir que hay una contradicción entre la narración, porque la narración, podríamos decir, nos da a juzgar un hecho, a juzgar moralmente, a juzgar emocionalmente, mientras que la información nos da la realidad ante su forma ya juzgada; la información nos da la realidad ya juzgada, viene ya con la explicación implícita, este movimiento entre lo que se dice, lo que se cuenta, lo que se explica.

No vayan a pensar que esas pequeñas hipótesis que yo puse ahí aclaran todos los relatos. No, son unas pequeñas hipótesis, y desde luego no todos los cuentos del mundo obedecen a esa lógica. Yo estaba pensando en lo de Chéjov, y seguramente hay otras alternativas para discutir el género. En el caso de este relato tan breve de Calvino (La leyenda de Carlomagno), me parece que hay algo que va por abajo, eso que va por abajo que puede ser lo que no está explicado y que se explica después con el anillo. Es una explicación que sencillamente remite a un momento mágico, pero hay algo intrigante, y además está contada con una velocidad y con una especie de sensación impávida. Situaciones bastantes perversas que circulan ahí y que están contadas con total naturalidad.

–Usted historiaba cómo la televisión había ocupado el lugar del cine y el cine el de la novela, y mientras tanto el cuento persistió, ¿cree que tiene que ver con esto que mencionaba de la necesidad de los niños, encantadora y despierta, por construir cuentos?

RP –Es muy importante la relación entre la infancia y la escena de la madre o el padre que lee un relato antes de dormir; el pedido de cuento de los chicos es una cosa muy emocionante. Como sabemos, los cuentos infantiles son experiencias morales, experiencias del aprendizaje de la frustración, son por un lado encantatorios y, por otro lado, los chicos hacen ahí una especie de experiencia imaginaria de lo que después van a encontrar en la realidad, con todos esos monstruos y todas esas situaciones. Así que me parece que quizá ahí habría un núcleo que es indemne, que sobrevive a todos los modos en que después el chico va y mira tele, o juega con los jueguitos. Me parece que sí, eso persiste.

–Es una pregunta sobre El decálogo del perfecto cuentista de Quiroga y esto último que nos señaló de construcción, en torno a no decir lo central.

RP –Cualquiera puede corregir una página ideal, pero nadie puede escribirla, entonces es muy fácil sacar “frío” y poner un adjetivo que no haga rima con la otra palabra. Pero lo que me parece que que quiere decir ahí Quiroga, es que la propia trama define el tono. La propia trama define el registro estilístico, y el registro estilístico no es una cuestión de palabras sino una cuestión de tono, es decir: qué relación tiene el narrador con la historia que está contando. Si la está contando con naturalidad, si la está contando con una forma distanciada, ¿no? Es decir el estilo en la narración está sometido también, en cierto modo, al funcionamiento de la historia. Y yo prefiero hablar de tono en el sentido de la temperatura del relato, en un sentido musical del ritmo, más que de una versión un poco escolar de lo que sería un estilo. «Estilo», habitualmente, se suele asociar con algunas fórmulas conocidas: que no hay que repetir las palabras, que hay que evitar los adverbios terminados en «mente», hay que tener cuidado con las rimas que se producen involuntarias. Me parece que a eso estaba apuntando, si lo entiendo bien, Quiroga.

–Me gustaría que ampliaras un poco eso que planteaste del debate actual de la ficción, en el sentido de que hay cierta exigencia de que retorne a elementos de la realidad.

RP –Sí, me parece un tema importante, me parece que tiene que ver con debates literarios y culturales muy intensos, interesantísimos, con textos y circulaciones de textos en juego. Yo había traído, pensando en estas cuestiones, una cita de un ensayo del poeta alemán Hans Magnus Enzensberger, que es un ensayista muy sutil. Él escribió en los años sesenta un ensayo que se llama Elementos para una teoría de los medios de comunicación, en el cual dice algo que a mí me parece muy importante; esto lo decía en el año 1971: “Los medios han eliminado una de las categorías de la estética tradicional, la de ficción. La oposición ficción-no ficción ha quedado paralizada”, con esto lo que sencillamente digo es: me parece que la cuestión de la incertidumbre con respecto a si todo es ficción o si debemos salir de la ficción para buscar lo real es una problemática de los medios y que muchos filósofos actuales, no argentinos (Derrida y algunos filósofos que han trabajado mucho con esta idea de la ficcionalización generalizada), me parece a mí que no han tenido en cuenta que ese espacio de la ficción generalizada es el espacio de los medios.

De lo que debemos estar seguros es de las zonas donde no todo es ficción. Uno podría decir que la historiografía podría estar contaminada con elementos inventados o de ficción. Pero me parece que los hechos reales existen. Hay como una especie de escepticismo respecto de que no habría verdad, no habría realidad, y lo que habría sería este juego de ficciones, de universos discursivos, que tendrían cada uno su propia legitimidad. Y yo no estoy de acuerdo con eso, creo que eso puede ser aceptado, como bien dice Enzensberger, en otro contexto, en el espacio de los medios. Es en el espacio de los medios donde se produce esa incertidumbre, esto es muy nítido: en ese espacio el movimiento ha terminado por disolver la distinción.

Pero me parece que la literatura tendría que ser un lugar donde esa distinción debiera hacerse notar, como un enfrentamiento a esa especie de sentido común generalizado. Esa sería una respuesta a la cuestión en Argentina: no todo es ficción. No debemos pensar que todo es ficción y debemos ver cómo se construye la categoría de verdad, cómo se construye la categoría de realidad y dónde estarían los núcleos de esa verdad y de esa realidad, más allá de las miradas escépticas, o más o menos cínicas, que consideran que todo es igual.

La otra es la tendencia de muchos escritores jóvenes, actuales, a ligar lo que están escribiendo con lo real. Es un intento de responder a esa especie de espacio que han creado los medios, entrar a él como si la discusión fuera ahí, estuviera con los medios, que aceptan o no aceptan, entonces, cómo se construyen esos efectos de realidad. Si nosotros vemos el relato de Cortázar Diario para un cuento, podríamos ver ahí cómo Cortázar quiere que leamos ese relato como un relato real, porque pone ahí unos elementos de su propia vida, habla de Bioy Casares, de Onetti; cómo se produce ese efecto realidad sería la segunda cuestión que habría que preguntarse.

No sé si habré alcanzado a responder la pregunta, pero esas son las cuestiones que me preocupan, o me parecen interesantes para conversar. Quizá podemos usar la próxima reunión para avanzar un poco más en esa dirección. Entonces, en definitiva, yo diría que el espacio de la ficción, y por lo tanto no solo los medios tradicionales a los cuales se refiere Enzensberger, sino el espacio de la web, el espacio de Internet, donde los mundos virtuales y las realidades virtuales se han expandido, y desde luego con efectos muchas veces benéfico para determinado tipo de cuestiones, han creado un espacio muy particular y han permitido rediscutir esa relación entre realidad y ficción.

Pero me parece que tenemos que mantener el debate en el interior de ese espacio y no considerar que lo que pasa en ese espacio pasa en toda la realidad. Ese sería para mí, un poco, el punto.

–Pensaba en La balada del álamo Carolina, que tiene un entretejido entre las distintas historias que hace que de algún modo nunca concluyan. ¿Qué piensa sobre eso?

RP –Por un lado, para decirlo así, tomando la cuestión que está muy bien planteada, en el fondo me parece que ese era el efecto que yo intentaba producir: una reflexión que no se cierra y que genera una serie de cuestiones que están abiertas y que serían imposibles de cerrar, como este tipo de discusión sobre qué es un relato, cómo funciona un relato. Incluso el título que yo le di a este ciclo es también un juego con la idea de que hay una tesis, unas tesis que cambia y se va entrelazando y modificando. Pero me parece que la narración es un fluido y uno tendría que pensar de esa manera.

Eso por un lado. Por otro lado, que me parece que lo único que hemos podido hacer es ver como nudos de relatos que permiten pensar redes más amplias de relatos parecidos. Podríamos encadenar todos los relatos de fantasmas de Cortázar, ¿no?, y ver cómo terminan, qué tipo de relaciones se establecen entre ellos. Podríamos empezar ahora una segunda parte, que es crear otro tipo de redes entre los relatos. A mí me parece que lo más importante es suscitar el interés por la lectura de los textos, ciertas intrigas que de pronto hacen que uno tenga que releer un texto, unos relatos, buscando algún tipo de cuestión que no sea solamente el sentido inmediato de la lectura.

De ninguna manera tienen que ver estas conversaciones como recetas de nada, nada que ver con ninguna idea sobre cómo se tendría que hacer. Sencillamente son maneras de ver en el texto distintos modos de resolver las tensiones narrativas. Me parece que me faltaba llamar la atención sobre aquellos que hacen un poco al revés y no piensan en la trama, sino que se ponen a escribir y dejan que lo que sale les vaya pidiendo lo que luego estaban tratando de narrar. Esto es lo que me parece que le sucede a Faulkner. Si bien él tiene siempre algunas obsesiones muy personales, es un escritor al cual la prosa en realidad le construye la historia. Entonces ese era el sentido de la carta de Thomas Wolfe, hay ahí una expresión que está muy bien: “Están los que sacan y los que ponen, yo soy de los que ponen”. Mientras que nosotros estábamos viendo más bien aquellos que dicen “No, esto no hay que narrarlo, esto hay que sacarlo”; estructura pura del relato. Quizá Wolfe no es lo que se considera tradicionalmente un cuentista, más bien es un narrador que produce un material narrativo más allá de la idea de la forma.

–Me acordaba del cuento El cautivo de Borges, y me parecía que condensaba varias de las cuestiones que vos estuviste mencionando: un narrador que se pregunta, que interviene varias veces en el texto.

RP –Bueno, yo creo que Borges conocía muy bien la problemática y que hizo muy bien la idea de este narrador que no conoce lo que está narrando, que vacila; eso no se ve a primera vista, porque como Borges está lleno de erudición, que circula por los textos, da la sensación de que es un narrador muy sabio, pero no es un narrador sabio en relación con la historia.

–De hecho, muchas veces en sus textos, aparece: “acaso este recuerdo ha sido…”

RP –Muchas veces el narrador está ahí puesto en una posición de intentar descifrar eso que está sucediendo. El cautivo es también un relato breve que está en El hacedor, de un chico blanco cautivo de los indios, que llega a Junín y está allí, convertido en una especie de pequeño indígena, y de pronto ve la casa donde vivía cuando era chico, entra, va a un lugar donde ha guardado algo, un cuchillo de mango de astas, le viene como un recuerdo, una epifanía de algo que estaba evidentemente borrado de su vida, que era un recuerdo de infancia, de un lugar donde él había guardado un cuchillito, cuando era chico.

–Y la madre nunca limpió la cocina… ¡lo bien que hizo en no limpiarla nunca!

RP –Bueno, ese es el problema que tienen siempre los relatos, que uno tiene que tratar de que la gente no piense “pero cómo ese cuchillo estuvo siempre ahí sin que nadie lo sacara”. Porque si no tiene que poner algo que es imposible: “la madre no limpiaba la cocina, y le había quedado la idea de que su hijo había estado ahí, y no quería que entonces esa cocina fuera alterada”. Lo que no quiere decir, él tampoco lo dice. Porque “la crónica ha perdido la circunstancias, y no quiero inventar lo que no sé”; es decir que cuando Borges quiere eludir la certeza de algo, la elude maravillosamente.

Y después Borges hace también una cosa que hace Onetti y que hace Faulkner, por ejemplo en ¡Absalón, absalón!, que es un extraordinario libro de Faulkner: ahí hay una conversación entre Quentin Compson y su compañero de pieza en la universidad, donde hablan del Sur, sobre qué es el Sur, y entonces Quentin le está contando la historia de una familia llena de recovecos y en un momento dado el que está recibiendo la historia, el interlocutor, el que no la conoce, empieza él a contar, y dice: “Ah, pero entonces debe haber sido…” y empieza él a contar cosas que no conoce y que sencillamente imagina cómo podrían ser, que es un poco lo mismo que hace Onetti en Los adioses, con el almacenero que de pronto empieza a imaginar qué es lo que ese hombre está haciendo cuando sale y pasa por delante.

Borges suele hacer también eso. Muchas veces, cuando está contando una historia, empieza de pronto a salirse de los hechos y a imaginar cómo tendrían que ser los acontecimientos. Es decir: un narrador que está contando algo que no conoce, pero que muy visiblemente imagina cómo tendrían que ser los hechos. Y ese pasaje es siempre muy sutil, porque el riesgo es que el lector pierda la creencia en el relato, ¿no?

 

Bueno, como final me parece perfecto.

 


 

[Fuente: Una ilusión de cercanía por Fidel Maguna – reproducida en http://www.culturamas.es]

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el anarquismo recopila la línea de pensamiento de Noam Chomsky a través de ensayos y entrevistas donde disecciona su particular visión, distintivamente optimista, de esta filosofía política.

Refutando la noción del anarquismo como una idea fija, Chomsky, socialista libertario, sugiere que se trata de una tradición viva y en evolución, alejada de los conceptos de caos y desorden con los que han querido empañarla.

En  este ensayo, el lingüista disputa las tradicionales líneas divisorias entre anarquismo y socialismo, hace hincapié en el poder de la acción colectiva y ahonda en su constante cuestionamiento de la legitimidad del poder atrincherado.

Chomsky se interesó por la política a muy temprana edad, estimulado por las lecturas en las librerías de los anarquistas migrantes exiliados en Nueva York. A los once años publicó su primer artículo sobre la caída de Barcelona y la expansión del fascismo en Europa.

En el ensayo que ahora publica Capitán Swing, Chomsky dedica un capítulo entero a la Guerra Civil española, poniendo el foco en «la revolución popular que transformó buena parte de la sociedad española». De los meses que siguieron al verano de 1936, se interesa por «la revolución popular predominantemente anarquista y la gran transformación social a la que dio lugar, facultando a las masas de trabajadores sociales y urbanos a emprender una transformación radical de las condiciones sociales y económicas».

Sobre el anarquismo es una propuesta breve y accesible para la transformación social despojada de purismos ideológicos, un texto sabio pero humilde y profundamente inspirador para nuestro tiempo.

  • El autor

Noam Chomsky (Filadelfia, 7 de diciembre de 1928) es un lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense de origen judío. Es profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, gracias a sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva. También es reconocido por su activismo político, caracterizado por una fuerte crítica del capitalismo contemporáneo y de la política exterior de los Estados Unidos.

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]

Foto de archivo de compradores de libros en la Cuesta de Moyano, el 12 de septiembre de 2019, en Madrid, España.

 

Escrito por  

Una ausencia alarmante recorre las listas de los libros más destacados de 2021 que han publicado los principales diarios españoles. En las de ABC y La Vanguardia de literatura en español aparecen exclusivamente autores nacionales. No hay libros escritos por latinoamericanos. Lo mismo ocurrió en los primeros diez puestos del canon del suplemento Babelia de El País de 2020. En los del año pasado sí aparecen, pero de forma desequilibrada: en España, donde habita 10% de los hablantes de la lengua, supuestamente se han escrito cuatro de los mejores 10 libros del año, y solo tres en América Latina. El predominio de españoles también es absoluto en la lista del diario El Mundo.

¿Qué hay detrás de esa tendencia del periodismo español a destacar exageradamente a los narradores de la península ibérica en detrimento de los de la otra orilla? Parecería que ha asumido en parte la lección del feminismo, pero no la de los estudios poscoloniales. Aunque en los suplementos y las revistas predominen los críticos hombres que escogen sobre todo libros escritos también por hombres —a menudo de su propia generación— abundan en su selección anual los libros de escritoras; pero escasean o están ausentes los de autores y autoras de América. ¿Por qué no se ha asumido en el gremio que es necesaria la amplitud de miras tanto en el género como en los acentos y la geografía?

Se podría argumentar que esa tendencia es natural. Que en todos los países del mundo se lee sobre todo la literatura que representa el país propio. En las listas que han publicado en los últimos días los medios franceses o estadounidenses se subrayan de un modo abrumador libros franceses y estadounidenses. Pero lo cierto es que la lista del diario La Tercera de Chile es más hispanoamericana que las españolas. También lo son las de El Universo de Ecuador o Clarín de Argentina. ¿Están los países de la orilla americana más abiertos que España a las lecturas del resto de la lengua? ¿No es extraño que así sea, si se tiene en cuenta que Barcelona y Madrid son las capitales de la producción editorial?

El periodismo cultural de España refleja la dimensión más evidente y visible de una realidad geopolítica y comercial. Como ha explicado el agente literario Guillermo Schavelzon, en la década de 1970, Argentina, Colombia y México fueron las tres grandes potencias editoriales de la lengua. Pero en estos 50 años España ha ido concentrando casi todo el poder de la industria del libro. Los países latinoamericanos han pasado de ser exportadores a ser importadores. Y las literaturas de la otra orilla han pasado a depender en gran medida de España para acceder a los mecanismos de la legitimación y el reconocimiento. Los pocos libros latinoamericanos destacados en las listas de la prensa cultural española de este año han sido publicados por sellos que pertenecen a las corporaciones Penguin Random House y Grupo Planeta, ambos con sede barcelonesa. La pandemia, desgraciadamente, no ha hecho más que extremar esa situación de dependencia.

Ese centralismo neocolonial es particularmente evidente en los premios. El de la Crítica de narrativa castellana, pese a estar abierto a cualquier libro publicado por una editorial española, en sus 65 ediciones solo lo han ganado siete autores nacidos en América. El Cervantes busca el equilibrio entre España y América Latina, repartiendo el galardón a 50%, lo que solo puede ser calificado como injusto si se tiene en cuenta el peso demográfico y cultural. Y se pueden contar con los dedos de una mano las veces que no han ganado novelistas españoles el Premio Planeta.

El nacionalismo es una de las características incómodas de las industrias culturales. Por razones muy diversas, que van desde la voluntad genuina de querer reflejar los problemas o los deseos de una comunidad cercana, hasta el interés por beneficiarse de los mecanismos proteccionistas de las instituciones, la producción discursiva sobre temas locales ocupa una ancha franja de la agenda cultural. En todos los países del mundo encontramos en los primeros puestos de los rankings de más vendidos libros que analizan o investigan la historia o la política nacionales. Pero el autismo lector que evidencian las listas españolas de mejores libros del año va más allá de la tendencia natural de los mercados a celebrar y potenciar las lecturas sobre la realidad más propia e inmediata.

Se inscribe en una preocupante desafección de mi país por el resto de Hispanoamérica. Durante la crisis económica de la década pasada, miles de jóvenes españoles buscaron allí horizontes de futuro. Pero con la recuperación y con la pandemia, las fronteras parecen haberse cerrado de nuevo. La donación de vacunas desde España hacia América Latina ha vuelto a demostrar que la relación entre ambas orillas está más marcada por un patrón de cooperación internacional que por la conciencia de formar parte de las infinitas variantes de una misma cultura.

Pero el periodismo literario, el mundo editorial y los lectores no debemos olvidar que compartimos ese patrimonio literario tan fecundo y diverso. Y que todos los agentes del mundo del libro deben implicarse en la defensa de esa necesaria diversidad. En ese camino las librerías pueden inspirar al periodismo y a las instituciones públicas. En las listas de nominados de los premios que convocan la zaragozana Cálamo y la barcelonesa Finestres sí que encontramos un auténtico interés por la narrativa que publican autores y autoras nacidos en cualquier punto de la geografía de la lengua. Sigamos su ejemplo. Abramos fronteras.

Jorge Carrión es escritor y crítico cultural.

[Foto: Guillermo Gutierrez – fuente: http://www.washingtonpost.com]

O coleccionábel de Nós Diario « As guerrillas galegas ao descuberto » permite un coñecemento histórico actualizado do fenómeno guerrilleiro. Mais queda unha pregunta por contestar: por que a resistencia ao franquismo non goza do mesmo recoñecemento que outros movementos antifascistas europeos?
Ficha elaborado pola Garda Civil sobre os guerrilleiros do grupo do 'Piloto'. (Arquivo Ramón Ermida)

Ficha elaborado pola Garda Civil sobre os guerrilleiros do grupo do ‘Piloto’. (Foto: Arquivo Ramón Ermida)

Escrito por Manuel Xestoso
Os múltiples estudos e testemuños históricos sobre a guerrilla galega indican que foi un movemento de grandes proporcións, que loitou a prol dos valores democráticos contra a ameaza do fascismo, e que contou cun respaldo da poboación que soborda con moito o que as ideas herdadas da ditadura afirmaban. Anos de estudos históricos avalan esta visión e, non obstante, aqueles combatentes seguen sen obter o recoñecemento social de que gozan, por exemplo, a Resistencia francesa ou os partisanos da extinta Iugoslavia. Esquecidos, cando non desprezados, a súa lembranza descansa máis en movementos populares que no discurso oficial das institucións, ás que ás veces hai que “obrigar” a recoñecer o seu papel histórico.

“A diferenza fundamental entre a resistencia galega e as que se deron no resto de Europa contra o totalitarismo é que estes gañaron a guerra e que aquí a resistencia foi derrotada, e iso marca toda a visión posterior que existe sobre ela”, explica Xosé Ramón Ermida, autor de diversas investigacións sobre a represión franquista.

 A esa derrota hai que engadir un discurso creado pola propaganda franquista que calou en moitos sectores da sociedade. “Unha das cousas que conseguiu o franquismo foi un control da memoria case absoluto », explica Ana Cabana, historiadora e profesora da Universidade de Compostela. « Desde que acabou a ditadura hai que remar constantemente contra unha memoria social absolutamente acosada polas mensaxes franquistas que envilecían os guerrilleiros comparándoos con delincuentes comúns. A linguaxe da ditadura triunfou en moitos ámbitos e, igual que aínda escoitamos falar da ‘cruzada’ ou dos ‘roxos’, tamén temos unha memoria histórica moi pervertida por esa linguaxe”.

Despois da ditadura

A fin da ditadura, porén, non trouxo o enaltecemento dos que loitaron polos valores democráticos. Pasaron anos até que os movementos de recuperación da memoria lograron ter altofalantes na opinión pública. E tardaron moito máis en ter unha tímida resposta dunhas institucións que non fixeron grandes esforzos por desmentir o relato histórico franquista.

Dionisio Pereira, economista e historiador, ofrece unha das chaves para comprender este esquecemento: « A guerrilla continuou representando a lexitimidade republicana, a que recolleu o sentir das persoas represaliadas e a necesidade de facer xustiza verbo dos verdugos. E esa lexitimidade republicana, como sabemos, non foi recoñecida no pacto da transición. A guerrilla, nese sentido, sempre foi moi incómoda e segue séndoo ».

Eliseo Fernández, historiador e coordinador de As guerrillas galegas ao descuberto, incide no feito de que « a Transición, tal e como se fixo, impediu que se levase a cabo unha ruptura que propiciase unha valoración negativa da ditadura. Claro, na medida en que esa valoración negativa aínda está en cuestión para algúns sectores da sociedade, mesmo de destacados representantes políticos, resulta difícil que haxa unha visión obxectiva sobre a guerrilla. Non houbo pedagoxía sobre o que significou o franquismo e sobre como se encadraba dentro dos réximes totalitarios da década de 1930 ».

“A guerrilla representa unha memoria incómoda”, acrecenta Ermida, “porque representa o conflito e impugna o discurso oficial respecto de que a ditadura foi o resultado dun certo consenso social, ou que, polo menos, foi unha realidade non conflitiva”.

Isto provoca que sexan os movementos populares os que case sempre leven a iniciativa na recuperación da memoria democrática. « Iso ocorre coa guerrilla e co esclarecemento da represión, coa necesidade de poñerlles nome e apelidos aos vitimarios », aclara Pereira. « Tristemente, as institucións sempre foron a remolque da sociedade civil no recoñecemento da represión e da necesidade de que unha sociedade democrática non poda vivir permanentemente na impunidade ».

« Cando nin sequera os partidos de esquerda como o PSOE asumen esa tarefa de dignificar as persoas que combateron a ditadura, só queda a iniciativa popular, que é a que está conseguindo certos avances », apostila Fernández.

O mito da Galiza submisa

“Existe outro elemento que ten moita importancia”, engade Ermida, “a existencia da guerrilla desmente o relato sobre a suposta submisión da Galiza. A loita guerrilleira demostra que a Galiza nin foi un territorio afín ao franquismo nin estivo completamente controlado até 1951, e que só co uso indiscriminado da violencia, puido dominar o país. A guerrilla non estaba formada só polas persoas que empuñaban as armas, senón que foi un movemento moi amplo que se mantivo cunha ampla rede de enlaces e complicidades coa sociedade civil”.

“Desde a historiografía investigouse e publicouse moito sobre este tema”, di Cabana, “demostrando a amplitude da resistencia na Galiza. Pero o peso do relato franquista na memoria social segue distorsionando a recepción destes achados. Os estudos históricos teñen o público que teñen e a rexeneración da memoria democrática precisa que o contradiscurso veña de todos os ámbitos: a ficción, o audiovisual, a prensa, os movementos cidadáns…”.

« A guerrilla galega demostra que había unha gran parte da poboación contraria ao franquismo que resistiu« , di Fernández. « E esa resistencia perdurou na memoria: probabelmente tamén explica que cidades como Vigo ou Ferrol fosen puntas de lanza no movemento obreiro da década de 1970 ».

O debate pendente sobre a loita armada

« Eu noto que hai unha cidadanía moi interesada en escoitar o que temos que dicir os historiadores », apunta Ana Cabana. « Creo que na sociedade si que existe unha enorme curiosidade por saber o que sucedeu e que pode cambiar a visión que se ten da guerrilla no futuro ».

Dionisio Pereira móstrase máis escéptico: « A min alegraríame moito que así fose pero o tema da guerrilla está moi unido ao da loita armada, e na historia recente do Estado español, a existencia de ETA -e doutros grupos que a practicaron en maior ou menor medida- condicionou moito a forma de ver a guerrilla e, dalgunha maneira, atrasou o recoñecemento daquelas persoas ás que non se lles deixou outra saída que a de defenderse coas armas. Hai pendente un debate sobre este tema na sociedade ».

 

[Fonte: http://www.nosdiario.gal]