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A punto de cumplir 8 años en Buenos Aires, Mishiguene se consagró como uno de los mejores 100 restaurantes del mundo. El Cronista habló con Tomás Kalika, su chef y cofundador, sobre el secreto del éxito y su desembarco en la Ciudad de México.

 

Escrito por LUZ DE SOUSA QUINTAS

Tomás Kalika (42) es el chef detrás de Mishigueneel restaurante de cocina judía que inauguró hace casi 8 años en Buenos Aires y este 2022 se consagró como uno de los mejores 100 del mundo.

 

[Fuente: http://www.cronista.com]

Entrega do Nobel ao escritor nixeriano Wole Soyinka, en 1986 CC-BY-SA remitida

Escrito por Diego Giráldez

Un escritor non é máis necesario que Paco, un fontaneiro indiscutible da comarca. Había que regular unha billa e Paco entrou pola casa. “Xa vin no periódico que es escritor. Non todos os días coñece un a un escritor”, dixo. “Bueno…” -contestei con esa sensación inevitable de sentirme un impostor”- “Pero diso non se vive, Paco”, sincereime. “Mais é bo ter outras cousas. Eu, ademais de fontaneiro, teño unha máquina perforadora. O mesmo che perforo un muro, que unha tubaxe. Tamén instalo portais”. O autobombo de Paco, igual de excesivo que o dun autor con libro novo, confirma que ningún escritor é máis importante ca el, nin a literatura na que sobrevive, infalible.

Na literatura galega hai moito idiota, pero non menos que entre os visitantes dun velorio ou na sesión de aquagym da piscina municipal. A literatura galega non é unha cova inhumana. Hai xentío e ule a suor. Non é máxica. Nin épica. Nin sequera loce o til do que presumen as esdrúxulas. En realidade, asemella a todas as literaturas. Á de Luxemburgo, por exemplo; ou mesmo á de Malta con, seguro, tanto idiota dentro.

A literatura galega é un colectivo normal, coa súa xerarquía eclesiástica; con pans, peixes e hostias circulares. Con mandorlas místicas sobre os escritores mortos transformados en guías. Temos liñas mediocres e editores optimistas. Críticos neutrais e intentos autonómicos de “boyero”. Trolls, fakes e ANPAS indignadas. Igual que en Lituania, estou convencido.

Ultimamente, antes de presentar un libro, se noto ao público apático, arranco o acto pedíndolles que me interrompan para preguntarme o que queiran. “Tamén que escritor ou escritora galegos me caen mal”, suxírolles. Rin crendo que o digo en broma e conectamos. Ao final, sempre hai alguén que ergue a man e fai esa pregunta. Eu contesto para provocar: “Castelao”. Ademais, Castelao non ten Twitter. De seguro que este mecanismo úsao unha autora de Liechtenstein moi querida pola cultura do seu minúsculo país.

Na nosa literatura hai cervexa e unlikes. Exceso de autopromoción para tentar sobrevivir incluso cando os zapatos pesan máis que as zancadas. Hai sobrecarga –nos catálogos editoriais e nos músculos- pero, aínda así, deixamos un regueiro de confeti cando abandonamos unha libraría, bendita e acolledora, logo de asinar un par de libros. Na literatura galega hai, incluso, folleteo, como en calquera ambiente literario da República das Seychelles.

Kathy Jetnil-Kijiner é unha poeta nada nas Illas Marshall. A escritora e, por certo, recoñecida activista do cambio climático, afirmou algo que non consigo distinguir se é reflexión ou verso: “Estamos tratando de cambiar toda paisaxe física da nosa illa para non quedar por riba do nivel da auga”. É obvio que falaba de Galicia, como illa, e do seu sistema literario. Porque, ao final, os territorios mínimos, coas súas literaturas diminutas, están interconectados polos nervios que agroman xusto antes de facer forza para sobrevivir.

A literatura galega é defectuosa e igual de menos importante que o resto de literaturas. Como a de Mónaco ou a das Maldivas. Pero un día caerá aquí o Premio Nobel e haberá quen asegure, nalgunha parroquia de África, que sempre leu en galego a ese autor ou autora, a priori, insignificante.

 

[Fonte: http://www.praza.gal]

Antoine Gallimard

 

Escrito por Alejandro Luque

Más que un hombre de libros, a primera vista Antoine Gallimard (París, 1947) parece una figura cinematográfica. Tal vez un personaje de la nouvelle vague. Elegante, de ojos pequeños y vivos y con una sonrisa amable dibujada en el rostro, este editor que pasea tranquilamente por el hotel Barceló Renacimiento de Sevilla es el heredero de una editorial, Gallimard, que tiene ya un siglo y sigue estando a la cabeza del sector en Francia —junto a las poderosas Hachette y Editis— con más de cuarenta mil títulos. En su catálogo figuran desde los grandes nombres de la literatura francesa (Marcel ProustJules SupervielleAndré MalrauxAntoine de Saint-Exupéry) a un buen montón de premios Nobel de todo el mundo, incluidos algunos en español como Octavio Paz o Mario Vargas Llosa

Se dice que fue el favorito de su abuelo, el legendario Gaston Gallimard, fundador de la casa, pero lo cierto es que llegó a dirigir la empresa familiar después de sonadas disputas entre los herederos de aquel, hasta imponer la paz social. Invitado por las Converses de Formentor, Antoine Gallimard accede a conversar con Jot Down en un espacio reservado, inundado por el potente sol del mediodía sevillano. Comparece escoltado por Gustavo Guerrero, uno de sus hombres de confianza para el mundo hispano, que se limitará a apuntarle algún nombre. Y, a pesar del calor que pronto empezará a hacer en la sala, no se quita en ningún momento la chaqueta. 

Antes de empezar la entrevista, ¿hay alguna pregunta sobre su editorial que preferiría que no le hiciera?

Es una buena pregunta [deja una larga pausa]. Es a la vez una pregunta que me hago y que no me he hecho lo suficiente… Diría que, en mi vida, por amor a mi abuelo, a mi familia, he peleado para conservar la independencia de mi editorial familiar. Me ha gustado hacerla crecer para protegerme frente a las grandes potencias financieras, frente a los grandes grupos empresariales. He luchado por mantener esa editorial, y ha sido difícil a veces. Ahora mi madre me dice que tengo que retirarme, que hay que pensar en la siguiente generación. Esa sería una buena pregunta, pero me resulta difícil hacérmela…

Era la pregunta que tenía reservada para el final.

Es verdad que no es porque yo sea editor, mi padre lo era, mi abuelo lo era y montó esta editorial, pero un colega alemán, [Heinrich Maria] Ledig-Rowohlt, afirmaba que hacen falta al menos cuarenta años para convertirse en editor. Creo que, en efecto, se necesita tiempo. Porque hace falta que uno entienda su época, no necesariamente adaptarse a ella, pero sí seguirla, comprenderla. Y está bien coger siempre lo mejor de la generación anterior, comprender los fracasos, los éxitos… Es todo un bagaje. Está muy bien ser un joven editor loco, pero los viejos editores también tienen su calidad.

¿Cuál es la condición esencial para que una editorial perdure cien años?

Lo esencial es no ser víctima de las emociones. Saber casar de forma inteligente los libros exitosos y los fallidos, los que no tienen éxito. Tener pasión. Creer en el oficio. Cuando se publica a algún buen autor y no funciona en el mercado, hay que seguir publicándolo. Y eso es muy difícil hoy en día, cuando todo es tan precipitado. Una editorial publicaba a Faulkner durante años y no se vendía, hasta que empezó a tener éxito en Francia. Publicar a autores que no son necesariamente un éxito en el primer momento, pero que finalmente acaban leyéndose: de eso se trata. Creo que es cuestión de paciencia. Y de perseverancia. También de curiosidad.

¿Esa es otra clave, la curiosidad?

Es clave. Hay que leer revistas, leer más, ir al cine, ir al teatro, ver a los amigos y también a los enemigos.

Antoine Gallimard

Usted salvó una editorial que se hallaba en dificultades por un conflicto familiar. ¿Qué supo hacer usted que sus predecesores no supieron hacer?

Seguro que supieron hacer otras cosas… [reflexiona] Mi padre, la segunda generación, Claude Gallimard, estaba compitiendo con su primo, Michel Gallimard, que se mató junto a Camus en 1960. Creo que sufrió por esa competición. En la familia siempre hay cierta competición, y es verdad que eso hace sufrir. Al mismo tiempo… Es siempre complicado… Nada es fácil, nada es simple, sea una pelea familiar o entre amigos. Tal vez no se puedan evitar los conflictos. ¿Sabe lo que dice Lao-Tse? «Solo el ejército victorioso está triste por haber librado batalla». Yo he librado batallas con mi hermano. Me puso triste, prefería haberlo evitado. Me habría gustado más estar con los autores. Pensaba que mi editorial no debía seguir ese modelo del gran lobo que domina la distribución, los mercados, que está en todas partes, de la distribución al marketing. Yo tenía el idealismo o la inocencia de pensar que se pueden producir libros de calidad y tener éxito. Bien. No siempre. Se ven pequeñas editoriales que no han tenido éxito y que yo puedo reflotar, una editorial pequeña como P.O.L. Pienso que existe una cierta realidad y que al mismo tiempo no se debe ser demasiado prisionero de ella, que hay que hacer también cosas que acaben en fracaso. Los hombres de negocios deberían tener más fracasos de los que tienen hoy. El dinero hoy es, en exceso, la expresión de un éxito un poco vano… Es verdad, están los mercados, ¡los mercados! Hoy en Francia, creo que también en España, las librerías funcionan bien; en Francia hay nuevas librerías pequeñas. Este año han abierto sesenta. Es fantástico.

Usted se siente cercano a su abuelo, Gaston Gallimard. ¿Cuán a menudo se acuerda de él? ¿Qué rasgo de su personalidad evoca mejor?

Siempre tenía una sonrisa en los labios. Podía ser duro, podía montar en cólera, pero tenía humor. Era travieso, podía burlarse de la gente, se podía burlar de mí, que era muy joven, y al mismo tiempo era sensible al matiz, sensible a la personalidad, a la música que cada cual tocara… Tenía algo que hoy es mucho menos corriente: la capacidad para detectar que cada ser tiene su singularidad. No había redes sociales. Había combates políticos; le había marcado mucho en Francia el asunto Dreyfus, de eso me hablaba a menudo. A mí me marcó Mayo del 68, soy de esa generación. Me decía: «Tú hablas del 68, pero el asunto Dreyfus era igual de importante que el 68». Lo interesante es el momento en el que se rompe una sociedad, eso ocurrió en 1968, y con el asunto Dreyfus también. Y eso lo marcó.

¿Lo marcó también como editor?

Él tenía una enorme curiosidad. Él siempre me preguntaba qué leía, si leía a los de mi generación. Era el único que me lo preguntaba. Se pregunta poco a los jóvenes de veinte o veinticinco años qué leen. Hoy se lee menos. También es verdad que su época era muy literaria. Los escritores tenían una fama extraordinaria e influían en la vida política. Hoy lo que influye en la vida política son las redes sociales, ya no son los escritores, lamentablemente. Por eso es importante mantener revistas como Jot Down, pequeños contrafuegos. Pequeños contrafuegos, eso es. Me gusta mucho esa idea de pequeñas agrupaciones, pequeñas redes de resistencia que no dan su nombre. Todos tenemos necesidad unos de otros frente a la falta de educación, al analfabetismo funcional, esa ley del mercado que es demasiado fuerte. Y es un poco ridículo que lo diga yo, que hoy tengo una gran editorial exitosa. Pero puedo sufrir también bajo el mercado. Junto con Gustavo Guerrero, hemos elegido autores por lo que son, y no necesariamente pensando en el dinero. Cuando fichamos a Manuel Rivas o Javier Marías es porque realmente creemos en ellos. Cuando fichamos a Karina Sainz Borgo, también.

Incluso si un editor acierta mucho, siempre se recuerdan sus errores, ¿no? En el caso de Gallimard, cuando André Gide rechazó a Marcel Proust…

Voy a decir una cosa: cuando usted tiene cierta fama, es algo un poco pesado para los demás. La reputación no debe ocupar demasiado espacio: eso crea celos, envidias, y se vuelve insoportable. Es normal que pueda haber errores. Creo que la gran fuerza de la editorial no es haber cometido esos errores, sino haber sido capaz de corregirlos y de reconocerlos. Mi abuelo, Gaston, cuando se dio cuenta de que había rechazado En busca del tiempo perdido, se fue él mismo, con una carretilla, a buscar los ejemplares publicados por Marcel Proust a cuenta de autor, es decir, pagando el autor, en Grasset, los buscó y se los llevó a casa para destruirlos y editar el libro él mismo [risas]. Sí, sí, él mismo. Vale, hubo errores, pero la gran suerte de la editorial era poder corregirlos. Y a los colegas de la profesión no les gustaba la editorial Gallimard precisamente por tener esa fuerza, a la par que esa seducción, esa perseverancia para fichar a Giono, a André Malraux… Ficharon a mucha gente, también en el extranjero. Publicaron a Faulkner, por ejemplo. Claro que no están todos: no tuvimos a Beckett. Pero hoy en día, cuando tengo la oportunidad de adquirir editoriales pequeñas, compré Les Éditions de Minuit y metí a Beckett en la colección La Pléiade. Es un trabajo de no ser pretencioso, de modestia, de tomarse uno su tiempo para saber lo que hace. Hay que reflexionar juntos, con un juicio, con un gusto… Uno se puede equivocar en una cosa y acertar en otra. Hoy se mezcla todo eso, hay una precipitación. El inglés domina mucho hoy en día, y aplasta a las otras lenguas, el francés, el alemán, el italiano. Al español no, porque es la segunda lengua [mundial]. Yo intento evitar que el inglés esté en todas partes. En lugar de la concentración hay que ir a la literatura que sufre un poco, darle el sitio que se le puede ofrecer en difusión y distribución. Es un trabajo permanente.

Antoine Gallimard

Se dice que Gallimard monopolizaba los premios Goncourt. ¿Cree que su abuelo controlaba de veras el jurado?

[Risas] Sabe, creo que las redes de influencia de la época consistían en tener amigos, buenos amigos. Se hablaba de eso, se decía que había que poner fin a las redes de influencia, se acusaba de comprar al jurado, etcétera… Pero él hacía eso con su encanto. Había otras editoriales, como Grasset, que hacían mucho. También estaba el dinero. Conozco a un editor que le pagaba obras a alguien… [risas] Todo eso ha terminado, pero nada impide que haya amistades, relaciones interesadas o no, como todo en la vida. Pienso que la editorial publica mucho, se escoge bien, y es también un poco la herencia de este éxito. Respecto al premio, a nivel internacional es verdad que los jurados se han renovado, hay jurados populares. También los hay en Francia, de una radio, de la televisión, son todo jurados populares. Queda el Goncourt, que representa un gran éxito, porque se ha establecido así, pero a la vez también es una especie de símbolo, el hecho de que haya influencias a todos los niveles, quizá eso también contribuya a que sea el Goncourt. Porque no se trata de elegir un buen libro. La televisión está ahí, y no es todo tan simple. Hoy, las cosas son más claras. La influencia de los editores sigue ahí, pero mucho menos que antes.

De todas formas, su editorial acapara el mismo número de premios Nobel que de Goncourt. ¿También tiene comprada la Academia Sueca?

¿Ve? Ahí tampoco se puede decir, es imposible. Y este año, si yo fuera un poco más influyente, le habría dado el Nobel a Annie Ernaux.

Caerá el año que viene…

[Risas] Es terrible el Nobel, porque cuenta más que el Goncourt, es mundial. Michel Tournier se fue a vivir a Estocolmo para conseguirlo, para hacerle la corte al jurado. Octavio Paz lo consiguió, pero Carlos Fuentes no. Es terrible, todos los que no lo obtuvieron…

Hay cuarenta premios Nobel en el catálogo de Gallimard, ¿no?

Correcto, y con el Goncourt una cifra similar. Pero al mismo tiempo es terrible, porque se nos mira mal. Con el Nobel, vale, pero con el Goncourt es complicado, porque la editorial tiene demasiados autores que lo han recibido. Y hay quien dice: «Basta ya de Gallimard», «Gallimard y sus trucos, basta ya», «No queremos más Gallimard». Quizá me debería exiliar [risas].

¿Siente usted celos o envidia de otras editoriales? ¿Qué autores le habría gustado tener en el catálogo, sin conseguirlo?

Los celos y la envidia siempre son muy fuertes, sí, también en mi caso. Se dice a menudo que la primera generación crea, la segunda conserva y la tercera destruye la empresa. Yo soy la tercera generación, y no ha ocurrido. Y eso es insoportable para algunos. Debería haber ocurrido, y eso le molesta a mucha gente. De la cuarta generación ni hablamos [risas]. Creo que hay celos, pero, el día que yo ya no esté, la gente me echará un poquito de menos. Eso es lo que uno siempre quiere pensar, que empiecen a apreciarte entonces.

Pero estábamos hablando de autores…

Los autores que me habría gustado tener y que se nos han escapado: en su época era Beckett, no es mi generación, pero estoy muy contento de haberlo conseguido finalmente. Tengo un instrumento de seducción importante que es La Pléiade. Me habría gustado haber tenido a García Márquez, quizá a más latinoamericanos. Y contemporáneos… hay muchos. Nos gusta acompañar a los autores. Hemos acompañado a Mario Vargas Llosa toda su vida, a Octavio Paz, a Neruda. Me encanta Neruda, me habría gustado conocerlo mejor, un hombre y una obra tan fuerte. Pero los que me habría gustado tener y no hemos conseguido… En Francia sería Emmanuel Carrère, que está en P.O.L. Y Houellebecq, pero está en Flammarion [ambas editoriales compradas recientemente por Gallimard].

En el prólogo de la biografía de su abuelo escrita por Pierre Assouline, Rafael Conte, célebre crítico español, preguntaba por qué en La Pléiade no hay mucha literatura en español. Desde aquí hay mucho interés por la literatura francesa, pero no parece que sea algo mutuo, ¿no?

Están los latinoamericanos, está Borges, está Paz… Es que La Pléiade ha sido una colección que durante mucho tiempo se interesó más por las obras clásicas; contemporáneas, pero antiguas. No había, como hoy, una búsqueda del talento emergente.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Gallimard siguió una línea ambigua respecto a la ocupación alemana. ¿Cree que era la única manera posible de actuar?

No voy a juzgarlo, porque para juzgar hay que estar en esa misma situación. Su preocupación era que la editorial no cerrase y no colaborar con los alemanes. Publicaba libros alemanes, pero clásicos, no contemporáneos. En esa época no publicaba a Céline; era Denoël quien publicaba a Céline. Fichó a Céline en la posguerra, cuando Denoël dejó de hacerlo. Tenía miedo por su editorial, no quería que se la cerrasen. Tenía un colaborador, [Jean] Paulhan, que era conocido como miembro de la resistencia y él mismo publicaba a autores como Camus o Malraux, que no era algo obvio en esa época. Es verdad que la revista NRF la dirigía Drieu la Rochelle, y se puede pensar que eso era colaborar, pero nunca publicó textos hitlerianos o pronazis, para nada. Gallimard no estaba nada en ese bando, no colaboraba, protegía sobre todo su editorial, y publicaba, pese a todo, a Malraux y Camus, e incluso textos de Saint-Exupéry. Es complejo, pero el hecho de no cerrar su editorial no convierte a un editor en colaboracionista.

Antoine Gallimard

¿Qué libros favoritos tiene, hoy en día, la extrema derecha francesa? Es más: ¿leen?

La cultura en Francia no es el estandarte solo de la izquierda, también lo es de la derecha. Hoy en día, la izquierda y la derecha se borran un poco dando lugar más a una rivalidad entre comunidades, entre intelectuales, por las redes sociales, lo que moviliza a la gente son las historias alrededor del racismo, del sexismo, los trans, las redes LGBT… En mi época era más sobre el colonialismo, la salida de las colonias, el capitalismo salvaje, el comunismo excesivo, el colectivismo… Hoy existe menos esa frontera liberal/antiliberal, y más de temas que vienen especialmente de Estados Unidos, donde se considera que para traducir un poema de un black hay que ser black. No se puede traducir la biografía de Philip Roth porque el traductor habría cometido tocamientos sexuales a una chica… Es absurdo. Tal vez exista lo mismo en España con los autonomistas, independentistas o nacionalistas. Es una especie de mal contemporáneo que afecta a toda Europa, no solo Francia o España, y me parece muy peligroso porque inyecta mucha violencia en el debate sobre las diferencias ideológicas, la posición en la sociedad, su estilo de vida.

Usted tenía doce años cuando tuvo lugar la muerte trágica de su tío Michel con Albert Camus en accidente de coche, en 1960. ¿Cómo se ha recordado este hecho en su familia?

Camus era un trueno. Un terremoto. Albert Camus era muy cercano a mi familia, muy cercano a Gaston Gallimard, mi abuelo, de Michel, de Claude, quizá un poco más de Michel que de Claude. Fue una gran pérdida. Michel Gallimard, el editor, y el autor que se muere, Camus, eran esenciales para la editorial, porque representaban esa nueva generación, con una moralidad legendaria, un estilo maravilloso. Camus era a la vez editor y autor, llevaba a cuestas el peso de la empresa para darle la mayor fuerza intelectual posible, y tenía mucha carrera por delante, estaba cambiando, acababa de terminar El primer hombre. Fue sumamente triste, una tragedia. La editorial estuvo de luto durante años por esa desaparición trágica, de una manera tan brutal como ocurrió; era muy duro. Pero la editorial se recuperó, y hoy en día Camus es el autor más leído del catálogo, pero la tragedia sigue ahí y pensamos mucho en ella.

Es uno de los autores que todavía hablan al lector de hoy, ¿verdad?

Sí, a toda una generación, por su simplicidad, por esa especie de gran claridad que da a todo, llega a ligar la poesía, la moral, una filosofía, un realismo. Es una especie de triángulo filosófico, están los tres aspectos: la muerte, la vida, la esperanza. Se le lee mucho tanto en Francia como en el extranjero.

El debate sobre el colonialismo sigue siendo fuerte en Francia, ¿no?

Todavía, sí. En Francia, lamentablemente, tenemos un poco de retraso respecto a otros países para los temas sensibles. Los políticos hacen declaraciones, pero ¡cuánto ha hecho falta para que nos diéramos cuenta de la existencia de campos de concentración en Francia! Tardamos mucho más que Alemania. Hoy la herida argelina sigue abierta, hay excusas, hay que tener compasión con todo el mundo. Y vamos con retraso para reconocerlo. Francia se siente mal con su historia. Era más fácil la descolonización de Indochina. Marruecos y Túnez han tenido éxito, sin heridas especiales, pero Argelia, sí, eso sigue siendo muy fuerte. Es tan fuerte, que hasta Argelia ha tenido dificultad para construirse. Presos entre el yihadismo y los militares, tienen dificultad de encontrar un referente democrático, un camino.

¿Es Amazon el coco para los editores, el lobo feroz?

Amazon no es el lobo feroz, porque lobos feroces hay todo el tiempo, por todas partes. Para nosotros, el lobo es el analfabetismo, el analfabetismo funcional, la falta de lectura, la falta de curiosidad. El lobo es nuestra época, que es más peligrosa que Amazon. Amazon hace su trabajo, que es la distribución, y se ha convertido en el rey de la distribución, que es lo que controla. ¿Sabe? En Francia, la gente tenía miedo a la instalación del ferrocarril porque todo el mundo iba a coger el tren para comprar libros a París y no se venderían más libros en la provincia. Cuando llega la radio, la gente tiene miedo porque se dejará de leer. Cuando llega la televisión, tienen miedo a que ya no habrá ni radio ni libros. Cuando aparece lo digital, dicen que los libros en papel se habrán terminado. Hoy, todo eso nos hace sonreír, pero era un miedo real. Amazon es un lobo feroz, pero no será tan feroz si se le puede controlar. No hay que ir a cenar con él, hay que desconfiar, tener cuidado. Tenemos cuidado de controlar lo digital. Hay competencia, claro, es ley de vida, y hay que encontrar otro sistema para satisfacer a la gente, una distribución de librerías que les lleve libros a domicilio. Amazon es glotón, efectivamente se quiere comer todo, como un cocodrilo: la autoedición, la edición, están dispuestos a todo. Son muy fuertes, venden desde parafarmacia hasta pañales, todo. Es una especie de gran tienda general, pero no está especializada en libros. Las librerías deben modernizarse con el clic & collect. Durante el confinamiento, las librerías francesas no querían hacerlo, porque era peligroso, porque iba a ser caro. Amazon no duda en invertir mucho y en perder dinero con su circuito, y nosotros dudamos ante el clic & collect… Es realmente una pena. El clic & collect se expande, es evidente. La librería debe modernizarse si quiere resistir a Amazon. Pienso que la respuesta a Amazon es que se debe ser moderno y rápido, con una distribución rápida, siempre al servicio del cliente.

Llegamos a la última pregunta, la que le anuncié al principio. ¿Continuará otro siglo la saga Gallimard? ¿Hay futuros jefes para la editorial en la familia?

Eso es difícil de contestar porque, si eso se sabe desde antes, trae mala suerte. Yo tuve suerte, porque en mi familia somos cuatro, dos chicos y dos chicas, yo soy el tercero, y no estar necesariamente designado como sucesor era una verdadera suerte porque no atrae los celos, puedes hacer tu vida con tranquilidad y no tienes presión. Creo que hay que evitar la presión. Yo tengo cuatro hijas, la que quiera… [se encoge de hombros] Pero espero que todas amen esta editorial y estén orgullosas de su pasado, es como una cátedra, magnífica. Espero que haya una sucesión para la cuarta generación, pero si designo a alguien hoy, tengo la impresión, no tanto de firmar mi condena a muerte, pero quizá sí de colocar un peso sobre esta persona. Siempre he vivido la editorial como una especie de suerte, nunca me ha pesado. Sí hay que estar muy atento, y la siento siempre como un riesgo, entre grandes potencias, grandes concentraciones. Si designo hoy a alguien, tengo la impresión de tener que explicarlo a mis hermanos y hermanas. Una editorial no es un castillo en el campo, no es un palacio, no puedo decir: «Yo me quedo con el ala derecha, tú te quedas la izquierda». No funciona así, obviamente. Está La Pléiade, el libro de bolsillo, la literatura infantil y juvenil, que se vende muy bien, aunque no sean superventas. Las cosas se hacen como se tienen que hacer, y luego se verá. Es importante gestionar los problemas financieros, las donaciones, los impuestos. Todo eso lo puedo hacer y lo he hecho. Luego, la sucesión… [silencio]. No lo tengo decidido. Es complejo [risas].

Antoine Gallimard

 

[Fotos: Ángel L. Fernández – fuente: http://www.jotdown.es]

Escrito por EDUARDO SUÁREZ FERNÁNDEZ-MIRANDA

J. Salas Subirat, José María Valverde o Joaquim Mallafrè, en catalán, se han acercado a una obra de extraordinaria complejidad, el Ulysses de James Joyce. Se cumplen cien años de un acontecimiento literario de tal naturaleza que todavía sentimos su repercusión. El 2 de febrero de 1922 James Joyce tenía, por fin, en sus manos el volumen que tantos años y desvelos le había costado crear. Con la inestimable colaboración de su inesperada editora, Sylvia Beach, se hizo realidad el deseo que había perseguido el autor irlandés: escribir un libro “desde dieciocho puntos de vista diferentes, cada uno con su propio estilo, todos aparentemente desconocidos o aún sin descubrir por mis colegas de oficio. Eso, y la naturaleza de la leyenda que he escogido, bastarían para hacerle perder el equilibrio mental a cualquiera”.

En su primer encuentro, recuerda Sylvia, “Joyce apareció caminando por empinada callecita (…). Entró en la librería y examinó muy de cerca las fotografías de Walt Whitman y Edgar Allan Poe, luego se acercó a los dos dibujos de Blake y, finalmente, inspeccionó mis dos fotografías de Oscar Wilde, para sentarse después en el incómodo silloncito junto a mi mesa”. En su biografía, la dueña de Shakespeare and Company, recuerda cómo “[Joyce] se dedicó a ayudarnos a hacer paquetes y descubrió que cada ejemplar de su libro pesaba un kilo y 550 gramos”.

«Alianza Editorial» ha publicado, conmemorando el aniversario, la traducción que realizaron, de forma conjunta, María Luisa Venegas y Francisco García Tortosa en 1999. Como señala el editor, este trabajo ha sido calificado como ‘prodigioso’ por Ian Gibson y está realizado “teniendo en cuenta al menos cinco versiones diferentes” que permite “apreciar en toda su riqueza la inigualable inventiva lingüística de este hito de la narrativa mundial, un imperecedero monumento a la condición humana”.

James Joyce tomó como referente para escribir su novela la Odisea. En el gran clásico de Homero se pueden encontrar las claves para su lectura. El propio Joyce recomendaba a su tía Josephine, que tantos datos útiles le había  facilitado sobre Dublín, leer previamente la Odisea, o bien que comprase  las Aventuras de Ulises de Charles Lamb: “Puedes leerlo en una noche y lo encontrarás en Gill’s o Browne and Nolan’s por un par de chelines. Después vuelve a probar con Ulises”. Cualquier consejo es bienvenido para leer una obra extensa y de gran complejidad. En 1973 Weldon Thornton publicó Allusions in «Ulysses», en cuyas más de quinientas páginas señalaba, tan solo, las alusiones literarias que figuran en la novela de Joyce. El escritor dublinés sabía de dicha dificultad, y según confesó a Max Eastman, lo que pedía a su lector era que “dedique su vida entera a leer mis obras”. Sin embargo, al mismo tiempo, se pregunta si sus lectores tendrían paciencia para leerlo”.

Ulises transcurre un 16 de junio de 1904, fecha crucial en la vida del escritor irlandés: fue el momento en que tuvo su primera cita con la que sería su compañera inseparable, Nora Barnacle. Su protagonista, Leopold Bloom, trasunto del Joyce maduro, deambula por las calles de Dublín en un texto “tan trufado de acertijos que daría trabajo a los críticos durante al menos un siglo, y que transita por el lenguaje, el tiempo, el cuerpo, la psique y el sexo”.

La crítica ha dicho que el Ulises de Joyce es “una obra viva y llena de humor, a ratos desternillante, irreverente, transgresora y excesiva”. Esa transgresión llevó a que los quinientos ejemplares de la segunda edición enviados a Nueva York en los años veinte, fuesen quemados. En 1933, finalmente, el juez J.M. Woolsey autorizaría su publicación: “Respecto a las repetidas emersiones del tema sexual en las mentes de los personajes, debe recordarse siempre que el ambiente era céltico y su estación la primavera”.

«Alianza Editorial» nos ofrece la posibilidad de leer el poliédrico texto del autor de Dublineses y Finnegan’s Wake en otra versión, ofreciéndonos la ocasión de disfrutar, de nuevo, con la obra del gran James Joyce.

 

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]

UNA LIBRERIA EN BERLIN

 

Prezentado por Süzet FRANSEZ

Françoise (Frymete) Frenkel nasida en Polonya en 1889, era namorada de la literatura franseza. Se fue a Paris para bushkarse un futuro interesante i para estudiar el arte. En 1921, se enkontro kon Simon Reichenst, judio ruso, se kazaron i se instalaron en Berlin. Por su amor por los livros i por la kultura franseza, avieron una libreria ke se yamava “La maison du Livre”, un sentro de valores universales onde, artistos, eksantrikes, personas famozas se reunian para diskutir. Grandes otores fransezes komo André Gide, André Maurois davan lisiones i konferensias asta la venida de Hitler al poder.

Viendo la gravidad de la situasion politika, antes un mez del empesijo de la 2da Gerra Mundial, Frenkel fue ovligada de serrar su magazen i se fuyo a Paris. Malorozamente su marido fue asasinado en el kampo de Auschwitz. En dingun lugar no se estava sintiendo en seguridad, de Paris, paso a Vichy i a Avignon i se instalo en Nisa. Devia de eskonderse para evitar la deportasion. Durante la gerra, eya se fuyo a la Suisa i ayi eskrivio un livro otobiografiko “Rien où poser sa tête” (nada para pozar la kavesa), onde konta la epizoda de su egzistensia ke fue publikada por la primera vez en 1945 en la Suisa.

En el anyo 2010, en un merkado de Nisa, un eskritor fransez, atirado por su titolo, lo merko. En este livro “Rien où poser sa tête”, deskuvrio el testimonio de una judia polaka, fundadora de una libreria franseza en Berlin. Kon grande entuziasmo lo estava meldando a sus amigos. La eskritora era un misterio, ma todo lo ke kontava era echos reales ke bivio en esta perioda de gerra. A la fin, kon el ayudo de Patrick Modiano, otor ke eskrivio el prologo, el editor fransez, Gallimard desidio de publikarlo kon el nombre “Une librairie à Berlin”.

[Orijin: http://www.salom.com.tr]

 

Por Gabriela Gómez

Y sigue tan campante.

La publicación del libro de Gabriel Sosa, Alejandro Michelena y Andrés Linardi da cuenta de la tradición de Montevideo como una ciudad de libreros, librerías y editoriales desde sus años más tempranos.

Según este trabajo, la primera publicación data de la antigua Banda Oriental en el periódico inglés The Southern Star (La Estrella del Sur, mayo-julio de 1807), que debe ser considerada según Luis Beltrán el punto de inicio de las publicaciones impresas en nuestro país.

La primera publicación literaria fue divulgada veinte años después, en 1835: el Parnaso Oriental o guirnalda poética de la república uruguaya, una colección de poesía en dos tomos.

Montevideo fue la ciudad que reunió desde sus inicios la mayor cantidad de librerías del país, desde los tiempos en que además eran el lugar de reunión y de convocatoria a tertulias literarias y donde además de libros se vendían otras cosas pasando a ser casi un local de “ramos generales”. En esos tiempos la figura del librero tenía una gran influencia a nivel del grupo social, muchos de ellos vinieron con sus negocios de Europa y, a falta de lugares de reunión, las librerías oficiaron de lugar de encuentro y de intercambio de ideas de avanzada de la época.

El primer librero que vivió de la venta de los libros, ya que tenía imprenta, por lo tanto confluían en él el trabajo de librero y editor, fue Jaime Hernández, quien había llegado a Montevideo en 1830. A partir de allí se fue desarrollando un mercado de libros que siempre fue muy importante, hasta la aparición de la Imprenta Barreiro y Ramos, la primera gran cadena de librerías que se instaló desde 1871 y ha sido desde entonces un gran referente de la cultura nacional.

Dentro de muchos de los acontecimientos documentados en esta interesante publicación y que marcaron la historia de las librerías montevideanas, se destaca en 1944 la fundación de la librería Linardi y Quartino, que coincide con la aparición de una serie de escritores agrupados en la llamada Generación del 45 y que provocaría un gran movimiento editorial.

Con un formato apaisado y con mucho material fotográfico, Historia de las librerías montevideanas reúne gran parte de la historia de los libros y la industria editorial de nuestro país, abarcando desde 1830 hasta 1990.

La historia continúa, ya que el negocio de los libros ha seguido desarrollándose y adaptándose a los tiempos, con algunas interrupciones, pero en general no ha decaído y no se ha visto interrumpida ni en la crisis de 2002, siguiendo tan campante su curso, a pesar de las adversidades.

Historia de las librerías montevideanas 1830-1990. Gabriel Sosa, Alejandro Michelena, Andrés Linardi. Editorial Planeta. 128 págs.

 

 

[Fuente: http://www.revistadossier.com.uy]

El pasado lunes, 13 de junio, pronuncié una conferencia en la Sociedad Económica de Málaga, espacio de referencia cultural y de pensamiento crítico de la ciudad, con el mismo título de este artículo.

Escrito por PILAR IGLESIAS APARICIO

¿Por qué “imprescindibles” y “desconocidas”?

Comienzo por el segundo término. Afortunadamente, hoy en día es relativamente fácil acceder en España a las obras de numerosas autoras de diferentes países latinoamericanos. Nombres como Mónica Ojeda, Fernanda Ampuero, Lina Meruane, Samanta Schweblin, Diamela Eltit, Wendy Guerra, Lucía Lijtmaer, Elena Poniatowska, Cristina Rivera Garza, y tantos otros, han venido a unirse a aquellas autoras que ya nos acompañaban hace años, como Cristina Peri Rossi, Gioconda Belli, Isabel Allende, Ángeles Mastretta o Laura Esquivel. Aun autoras del prestigio internacional de la argentina Luisa Valenzuela resultan poco conocidas, fuera de ámbitos académicos, salvo por la reciente reedición de su novela El mañana. Pero los nombres de Renée Ferrer, Milia Gayoso, Raquel Saguier, Lucía Scoscería, Sara Karlik, Mabel Pedrozo o Melissa Ballach y otras tantas autoras paraguayas permanecen en el mayor anonimato.

Ni siquiera en las librerías especializadas en literatura latinoamericana es tarea fácil conseguir obras de escritoras paraguayas. Y ello por una serie de cuestiones que han afectado históricamente a la producción literaria en el Paraguay. La historia, marcada por los gobiernos dictatoriales del siglo XIX y XX, incluida la dictadura de Alfredo Stroessner desde 1954 a 1989, la más larga dictadura latinoamericana del siglo XX; numerosas revueltas y golpes de Estado civiles y militares durante las décadas liberales de entre siglos y las dos grandes guerras: la de la Triple Alianza (1862-1870), contra Argentina, Brasil y Uruguay, en la que la población paraguaya quedó reducida a un tercio, la mayoría mujeres, niñas y niños y personas ancianas; y la Guerra del Chaco (1932-1935) contra Bolivia, junto con la guerra civil de 1947, “devoró a la literatura”, en palabras de Josefina Plá.

Estas situaciones históricas provocaron, además del desastre demográfico, un estancamiento económico, cultural y político; el auge de la oligarquía propietaria de la tierra, aliada del imperialismo y el neoliberalismo, causantes de pobreza, corrupción y desigualdad social que afecta gravemente a las mujeres; y la creación y exaltación de la “identidad paraguaya”, que refuerza el aislamiento del país, favorecido por los propios líderes políticos (algo común a todas las dictaduras), con el consecuente desconocimiento de su producción cultural en el exterior. Se crea un modelo de masculinidad basado en la imagen del héroe-soldado, mientras las mujeres son identificadas con la maternidad, el sacrificio y el patriotismo, reduciéndolas a seres al servicio del hombre, la prole y la nación. Es decir, elementos todos que refuerzan la construcción de una sociedad patriarcal, machista, religiosa y cerrada sobre sí misma. A lo que hay que sumar, la repetida persecución de intelectuales, disidentes políticos y líderes campesinos, que provoca un doble exilio: el exterior en el que publicaron algunos de los autores más conocidos como Gabriel Casaccia o Augusto Roa Bastos, y el oscuro y durísimo insilio, en el que producen sus obras la mayoría de las escritoras, con escasez de tejido editorial y falta de apoyo institucional a la cultura. En este marco, es tardía la narrativa que rompe el molde oficial de la narración histórica, ya que la primera novela publicada en Paraguay es Ignacia, de José Rodríguez Alcalá, en 1905; y aún más tardía será la narrativa escrita por mujeres.

Ahora bien, es preciso visibilizar la disidencia política e intelectual presente desde el gobierno despótico de José Gaspar Rodríguez de Francia (1814-1840), hasta el fin de la dictadura de Stroessner; el movimiento campesino, incluida la Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas; el movimiento feminista, capaz de crear en 1920 el Centro Feminista Paraguayo, adherido al Congreso de la Alianza Mundial para el Sufragio Femenino y celebrar en 1987, a dos años del fin de la dictadura, el Primer Encuentro Nacional de Mujeres por la Igualdad ante la Ley.

También en la literatura, y más concretamente, en la narrativa, las mujeres tomarán la palabra, siendo figuras precursoras imprescindibles la española Josefina Plá (1909-1999), Ana Iris Chaves (1922-1993) y Ester de Izaguirre (1923-2016). La primera obra de narrativa publicada por una mujer es el tomo I de Tradiciones del hogar, de Teresa Lamas (1887-1976), de 1921, y contamos con escasas obras de autoría femenina hasta los ochenta. Es entonces cuando las mujeres irrumpen de manera decidida en la narrativa paraguaya, siendo 1983 un año clave, por coincidir la puesta en marcha del primer Taller de Cuento Breve, impulsado por Dirma Pardo e impartido por Hugo Rodríguez Alcalá, tras su regreso del exilio; la publicación de la primera novela paraguaya escrita desde la voz y la experiencia de una mujer, Golpe de luz, de Neida Bonnet (1933); la publicación del libro de relatos de Josefina Plá, La pierna de Severina, en que incluye varios que abordan la violencia sexual contra las mujeres y las niñas, y el nombramiento de Ana Iris Chaves como presidenta de la Sociedad de Escritores Paraguayos. Todo ello, junto con el avance del movimiento feminista y la disidencia contra la dictadura de Stroessner.

Las décadas posteriores hasta la actualidad ofrecen un cada vez más amplio plantel de escritoras de narrativa (así como de poesía y teatro), cuya calidad literaria, así como el cambio social respecto a la posición de las mujeres, quedan reflejados en el hecho de que cinco escritoras hayan obtenido el Premio Nacional de Literatura (bianual) desde 2011 hasta la actualidad, con la única excepción de 2013[1].

El título “imprescindibles” quedaría, por tanto, ya suficientemente justificado. Pero lo es, especialmente, cuando nos situamos, como lo hago en este artículo, en la perspectiva de la crítica literaria feminista, entendiendo como tal aquella que, además de visibilizar y difundir la obra de escritoras, se centra en el análisis de la denominada literatura feminista. Es decir, aquellas obras escritas por mujeres que ofrecen la visión del mundo desde la experiencia de estas, incluida la sexualidad y la corporalidad; incorporan temáticas y géneros que habían estado reservadas a los varones; y denuncian las múltiples situaciones de discriminación y violencia contra las mujeres, mostrando, asimismo, su capacidad de resistencia y empoderamiento, junto con alternativas a la injusticia de la sociedad patriarcal androcéntrica. Una escritura en la que las mujeres se constituyen como sujeto y que, por su contenido y su forma, es en sí misma una herramienta de liberación para las mujeres.

La literatura feminista en América Latina tiene unas características bien definidas: denuncia el colonialismo y el neocolonialismo; subvierte la versión oficialista de la historia; practica la “literatura del testimonio” político, social y de la cotidianidad de las mujeres, incorporando temáticas y espacios considerados marginales como la casa y la cocina; desconstruye el mito patriarcal de la maternidad; utiliza el humor, la ironía, la hipérbole, la fantasía, la locura, el terror, la monstruosidad, lo grotesco, como símbolos de las injusticias y violencias presentes en la sociedad y muestran el paralelismo entre la violencia contra las mujeres en el sistema patriarcal y la crueldad sexual en las prácticas de tortura de las dictaduras.

Todas estas características las reúnen la mayoría de las obras de escritoras paraguayas publicadas desde los años ochenta hasta la actualidad, por lo que merecen un lugar relevante en la literatura feminista latinoamericana, junto a las autoras de otros países.

Además, suman algunas características específicas: la riqueza del bilingüismo, incorporando términos en guaraní en numerosos relatos y habiendo producido en 1989 una novela en yopará[2]Ramona Quebranto, de Margot Ayala (1927-1919). Y la capacidad de puesta en marcha de estrategias de mutuo apoyo que les permiten fomentar la producción literaria escrita por mujeres. En este sentido cabe destacar el mantenimiento de la genealogía de escritoras, con reconocimiento a las figuras de las precursoras; la creación de los Talleres de Cuento Breve, algunos dirigidos por renombradas escritoras como la propia Dirma Pardo (1934-2020) o Renée Ferrer (1944); y la puesta en marcha, en 1997, de la asociación Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA), que publica un volumen colectivo cada año, en el que, en una muestra de generosidad y pacto intergeneracional, aparecen relatos de autoras consagradas junto con otros de autoras noveles. A todo lo cual se une su compromiso de sororidad[3] con las mujeres paraguayas, al dar voz en sus obras a las diferentes formas de represión, discriminación y violencia, ofreciendo también múltiples modelos de resistencia y liberación.

Por todo ello, invito a leer, difundir y reflexionar sobre los textos de las escritoras de narrativa paraguaya que tienen la generosidad de ofrecer gran número de ellos en páginas de acceso legal y gratuito, como el Portal Guaraní de Arte y Cultura[4] y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes[5].

NOTAS

[1] Renée Ferrer 2011; Maybell Lebrón 2015; Susy Delgado 2017; Maribel Barreto 2019; Susana Gertopán 2021.

[2] Habla coloquial, formada por la mezcla entre castellano y guaraní.

[3] Como estrategia política feminista de apoyo entre mujeres, para la transformación de la sociedad patriarcal y la defensa de los derechos humanos de las mujeres.

[4] http://www.portalguarani.com/letras_paraguay.php

[5] https://www.cervantesvirtual.com/

 

Remitido por José Antonio Sierra

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

En 2021, Carime Morales décida d’ouvrir sa propre librairie, dans le quartier de Parque Chas, où elle réside. Espace verdoyant, résidentiel, au cœur de Buenos Aires, elle a connu un succès immédiat. Mala Testa – de même que d’autres établissements de quartiers – a vécu une embellie post-pandémie. Et la capitale de l’Argentine se redécouvre une passion pour la lecture. 

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Mala Testa

Publié par Clément Solym

Un reportage du New York Times nous transporte ainsi dans la vie de cette commerçante de Buenos Aires, une des villes qui compte le plus grand nombre de librairies par habitant au monde. Cecilia Fanti, propriétaire de Céspedes Libros, créée en août 2017, observe avec un réel plaisir cette prospérité : elle-même a dû agrandir son établissement, trois ans après l’ouverture, pour répondre à la demande.

Car, une fois n’est pas coutume, si les boutiques en ligne proposent tout ce qui peut exister de livres ou presque, les libraires savent proposer un conseil que le point-and-click ne permet pas. Et que les clients sont rapidement venus chercher : « Il est juste qu’en ligne se retrouve absolument tout, mais on n’achète que ce que l’on sait chercher », souligne Victor Maumián, éditeur chez Godot, maison indépendante — et cofondateur d’un salon du livre pour éditeurs indépendants. « Les petites librairies vous accompagnent dans la découverte de ce que vous ignoriez chercher », poursuit-il.

Manifestement, cette connexion aura fait toute la différence, et la proximité avec les habitants du quartier devient fondamentale, explique Carime Morales. Résidente et commerçante, elle vit à la jonction des deux mondes. « Mes voisins sortent acheter une laitue puis s’arrêtent au magasin pour un livre », raconte-t-elle. La réussite de Mala Testa est telle qu’elle a même cessé son activité d’éditrice indépendante, se consacrant à temps plein à la vente des livres.

L’engouement… et l’avenir

Après trois années consécutives de récession, entre 2018 et 2020, l’Argentine et ses industries ont souffert de la pandémie Covid. Le confinement de mars 2020 n’a pas amélioré les choses pour l’édition. La célèbre avenue Corrientes, connue justement pour ses grandes boutiques de livres, se désertait totalement… Il ne restait aux Porteños, comme on appelle les habitants de Buenos Aires, qu’à dénicher leurs lectures dans les librairies de quartier.

Nurit Kasztelan, propriétaire de Mi Casa, dans le quartier de Villa Crespo, se souvient qu’à cette époque, elle n’avait « même plus le temps de lire. Les gens se sont mis à acheter quatre ou cinq livres par mois ». Ce volume de lecteurs, que les professionnels du livre qualifient d’unique en Amérique latine, aura permis aux petites librairies de prospérer, malgré les temps difficiles.

« L’Argentine est peut-être toujours en crise, mais elle compte bon nombre de lecteurs. Et pas n’importe lesquels : ceux qui sont toujours à la recherche de nouveautés », analyse Cristian De Nápoli, auteur et propriétaire d’Otras Orillas, basée dans le quartier de Recoleta.

Pour un éditeur indépendant, le tirage moyen va de 500 et 2000 exemplaires imprimés : les grands éditeurs peuvent grimper jusqu’à 10.000 exemplaires. Sans ces partenaires, les petites structures n’auraient donc aucune chance de s’en sortir — d’autant que les grandes chaînes de librairies impliquent des campagnes marketing coûteuses. Chose que les indépendants ne peuvent se permettre…

Ana López, qui dirige Suerte Maldita à Palerme, le souligne : « Nous avons les mêmes livres que tout le monde, mais la clef c’est que nous ne présentons pas les mêmes livres. Bien sûr, si quelqu’un demande le dernier best-seller je peux lui obtenir, mais ce n’est pas lui que je choisis de mettre en vitrine. Plutôt les petits éditeurs. »

Toute la question demeure pourtant de savoir comment de boom de la librairie sera vécu dans les prochaines années, et quelle pérennité pour ces entreprises. « Il y a vraiment une sursaturation des librairies, en particulier dans certains quartiers », note Nurit Kasztelan. Si le livre peut encore s’avérer un commerce prospère, reste à voir ce qu’il en sera pour l’avenir.

 

[Source : http://www.actualitte.com]

La protagonista d’aquest capítol del Bestiari cultureta és una escriptora que, segons la crítica, és capaç « d’interpel·lar el lector millennial des d’un biaix volgudament generacional »

Escrit per Laura Gost

Era una gran notícia per a la literatura del país. Ho deia la faixa de l’edició: “una gran notícia per a la literatura del país”. I a sobre era un debut, però de debut no en tenia res, perquè, tal com havia expressat aquell periodista, la novel·la era “una demostració de virtuosisme” que revelava una “personalitat brutalment despullada de tòpics” i ben capaç “d’interpel·lar el lector millennial des d’un biaix volgudament generacional”. L’autora havia estat comparada amb Lydia Davis; “la Lydia Davis de Granollers”, havia apuntat la crítica literària d’un dels mitjans digitals més llegits de la comarca. Per això a la presentació que tenia lloc aquell dimarts, a les set de la tarda, en una llibreria de la barriada no hi havia cap seient buit, i és que no tots els dies es podia presenciar el naixement d’una bona notícia, i encara menys d’una bona notícia per a la literatura del país.

El mateix dimarts, a dos quarts de set i en una altra llibreria, es presentava la primera novel·la d’un periodista que havia decidit fer una passa endavant i regalar a les lletres nostrades un testimoni genuí, aire fresc, un bri d’esperança per a un sector massa instal·lat en el conservadorisme novel·lístic. Ja ho havien dit els companys de feina del periodista en encetar l’espai cultural amb l’anunci de la publicació: “una passa endavant”; “un testimoni genuí”, “aire fresc”, “un bri d’esperança per a un sector massa instal·lat en el conservadorisme novel·lístic”. El presentador de l’informatiu de nit fins i tot havia afirmat, amb una convicció gens sospitosa, que aquella novetat era “una gran notícia per a la literatura del país”, i havia repetit que quina sort que el periodista hagués fet “una passa endavant” per regalar-nos aquell testimoni i aquell aire i aquell bri. No era gens estrany, doncs, que la llibreria que acollia la presentació d’aquella primera novel·la del periodista estigués plena de gom a gom, i és que no tots els dies es podia presenciar el naixement d’una bona notícia, i encara menys d’una bona notícia per a la literatura del país.

La coincidència havia volgut que a les vuit d’aquell mateix dimarts, però en una barriada diferent, es presentés la primera novel·la d’un autor procedent de la poesia i situat als marges, en els llimbs de l’outsiderisme més incòmode i marginal. La presentació, és clar, se celebrava en un casal de cultura una mica apartat, una mica als marges, una mica situat en els llimbs de l’outsiderisme més incòmode i marginal, perquè l’autor era un tipus coherent, a banda d’outsider i marginal i situat als marges i als llimbs. La crítica era unànime: diguessin el que diguessin les vendes, allò només podia percebre’s com “una gran notícia per a la literatura del país”; com la constatació definitiva que la qualitat arribaria des de fora de l’establishment editorial o bé no arribaria mai. Ho havia dit un crític respectat i molt amic de l’autor outsider, però el fet que fossin amics no volia dir res, o a veure si ara no es podrien fer ressenyes dels amics situats als llimbs i als marges; dels amics outsiders que, de tan outsiders, era ben sabut que no necessitaven la validació de la crítica en absolut. Ja ho deia la “crítica unànime” signada pel crític amic, de fet: allò era “un novel·lot que no necessitava convèncer la crítica”‘ i el crític era ben crític amb ell mateix quan sentenciava això. Per tant, la presentació d’aquesta primera novel·la a les vuit del vespre d’aquell mateix dimarts va atraure moltíssima gent; no debades, el crític respectat i amic de l’autor outsider havia destacat que el llibre era “un exercici brillant i executat amb la perícia d’un cirurgià macabre”. I si bé a l’acte no s’hi va presentar cap cirurgià macabre, tots els altres assistents s’hi van quedar igualment, i és que no tots els dies es podia presenciar el naixement d’una bona notícia, i encara menys d’una bona notícia per a la literatura del país.

 

[Font: http://www.nuvol.com]

O selo Kalandraka publica o ensaio do historiador neerlandés en que lle segue os pasos aos oito habitantes do escondedoiro da Casa de Atrás despois do seu arresto

Retrato de Anne Frank.

Retrato de Anne Frank

Por H. J. P.

O 4 de agosto de 1944 as oito persoas que habitaban ás agachadas o edificio da rúa Prinsengracht número 263 de Ámsterdam foron descubertas e detidas por axentes da Sipo-SD (policía política alemá que operaba co apoio da dos Países Baixos). A familia Frank levaba alí oculta desde xullo de 1942, momento en que Margot (a filla maior) foi designada polas autoridades para presentarse a unha convocatoria para unha «dotación de emprego» en Alemaña. Aquilo formaba parte dun mecanismo de deportación masiva a Auschwitz previo paso polo campo de tránsito holandés de Westerbork.

Eran Otto Frank, a súa esposa Edith e as súas fillas Margot e Anne; o matrimonio Hermann e Auguste van Pels e o seu fillo Peter; e o dentista Fritz Pfeffer. Todos eran xudeus que chegaran aos Países Baixos fuxidos da Alemaña nazi nos anos 30 do século XX. Os oito acabaron agachados na chamada Casa de Atrás —a dianteira albergaba a compañía de Otto Frank, na que Hermann estaba empregado e que protectores e traballadores mantiñan en funcionamento para enmascarar o escondedoiro— nun intento de sobrevivir á persecución dos esbirros de Hitler, e con esa angustia conviviron ata que o seu segredo saíu á luz. Precisamente, nestes últimos tempos falouse moito de que un coñecido notario xudeu de Ámsterdam, Arnold van den Bergh, sería a persoa que os traizoou ao delatalos e axudar á policía a descubrir aquel apartamento cuxo acceso estaba detrás dun moble libraría que se desprazaba.

Con aquel arresto remata o relato de Anne, un relato que retoma agora o historiador Bas von Benda-Beckmann (1976) en Despois do diario de Anne Frank, que o selo pontevedrés Kalandraka trae, nunha tripla edición, ao galego, o castelán e o catalán. Na súa investigación, Benda-Beckmann séguelle os pasos aos oito habitantes da Casa de Atrás —e tamén reconstrúe os seus días antes da guerra—, dos que unicamente quedou un supervivente, Otto Frank. Compartiron destino inicialmente nun centro de arresto na cidade e despois en Westerbork, pero ao saíren de alí acabaron dispersos en distintos lager: Auschwitz-Birkenau, Bergen-Belsen, Mauthausen, Raguhn, Melk e Nauengamme. O ensaio recorre ás voces das testemuñas e a documentación oficial para un reconto da traxedia cru, pero rigoroso.

 

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Apaixonante e complexa, Bucareste é uma cidade que merece mais atenção do que aquela que habitualmente recebe. É um destino perfeito para um city break, mas quem aqui passa mais tempo também não se arrepende porque na capital da Roménia abundam museus interessantes, edifícios extraordinários, livrarias de sonho e festivais incríveis. A cidade respira cultura, a sua gastronomia não desilude e a vida noturna surpreende pela animação.

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Escrito por Ana Barreto

Não esperava muito da Bucareste, confesso. Quando viajei para a Roménia estava mais interessada em conhecer e explorar a região da Transilvânia e não contava passar mais de dois dias na capital. Acabei por me demorar um pouco mais e quando me vim embora já estava com vontade de regressar, o que é sempre um bom sinal!

É verdade que Bucareste, a “Pequena Paris”, perdeu um pouco do brilho e do esplendor de outrora (resultado dos excessos da era comunista que, aqui e ali, parece ter deixado no ar uma aura cinzenta e sinistra), mas a luz, definitivamente não se apagou, e quando menos esperas ilumina-te o coração.

O primeiro lugar a conquistar-me foi (sem surpresa) o bairro medieval de  Lipscani — o centro histórico de Bucareste.

Lipscani adotou o nome romeno da cidade alemã de Leipzig, porque, no passado, muitos comerciantes daquela região costumavam vir aqui para vender os seus produtos. É um dos poucos lugares em Bucareste que sobreviveu ao programa de “sistematização urbana” e, portanto, ainda mantém muitos traços do carácter da antiga cidade. Caminhar pelas ruas pavimentadas de Lipscani e observar os seus edifícios dá-nos um vislumbre de como seria Bucareste quando era chamada de “a pequena Paris”.

O local foi danificado por bombardeios durante a Segunda Guerra Mundial e posteriormente pelo terremoto 1977, mas conseguiu escapar da sua maior ameaça — a fúria destruidora de Ceausescu.

Nos últimos anos, o bairro foi completamente restaurado e agora é o melhor lugar para apreciar a vida noturna de Bucareste, com muitos bares, clubes e apresentações de música ao vivo. Há também restaurantes e cafés que servem delícias tradicionais e cozinha gourmet. Durante o dia, podemos espreitar as lojas de antiguidades ou relaxar sentados numa das esplanadas a saborear uma chávena de café.

Os romenos gostam do seu café rico e escuro e o seu consumo por si só é considerado uma tradição.

A melhor maneira de conhecer os melhores cafés de Bucareste é perguntar aos locais ou fazer uma visita guiada gastronómica para experimentar a comida tradicional, que terminará certamente num estabelecimento como o Coftale (fica na Strada Ștefan Mihăileanu)

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Uma das atrações mais populares de Lipscani é o restaurante Manuc Inn, que também é uma pousada. É o hotel em funcionamento mais antigo da cidade e possivelmente a estalagem em funcionamento mais antiga de toda a Europa. É, junto com o restaurante  Caru’ cu bere — outro clássico de Bucareste — um lugar agradável para experimentar a comida tradicional romena, num ambiente único e autêntico.

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Lipscani tem alguns dos edifícios mais bonitos de Bucareste e o mais impressionante é, sem dúvida, o Palatul CEC (Palácio CEC)o edifício que abrigou a Caixa Económica Romena, com a sua grande cúpula de vidro e metal e bonita fachada. Também possui uma majestosa entrada em arco e 4 cúpulas menores nos cantos. Foi projetado em 1900 por um arquiteto francês e hoje pertence ao município que pretende fazer dele um museu de arte, mas até esse plano ser concluído, disseram-me que o seu interior não pode ser visitado.

O Palácio do Clube Militar (Circul Militar), uma obra em estilo neoclássico francês, do inicio do século XX, é outro marco colossal em Lipscani. Hoje em dia abriga um restaurante que serve pratos tradicionais romenos dentro de um cenário incrível, e ainda tem um belo terraço.

… É exatamente este tipo de coisas que adoro quando visito cidades antigas: “nada se perde, tudo se transforma” — o banco transforma-se em museu, o clube militar em restaurante, o armazém em livraria…

A Cărturești Carusel, por exemplo, hoje é uma das mais belas livrarias do mundo, mas durante anos abrigou um simples armazém.

É difícil acreditar quando visitamos este edifício de vários pisos, com varandas ornamentadas, curvas ao estilo parisiense e milhares de livros. Mas a sua história é atribulada. Foi construído em 1903 por uma família rica de banqueiros gregos, acabou confiscado pelo regime comunista na década de 1950, foi transformado em armazém geral e depois abandonado e deixado à decadência quando o comunismo entrou em colapso.

Nessa altura o neto do banqueiro, herdeiro legal do edifício, solicitou que ele fosse devolvido à sua família. Foram necessários 24 anos de batalhas no tribunal, mas ele ganhou o processo e tomou posse do prédio decadente em 2007. Começou então a sua notável transformação no Carrossel de Luz (Cărturești Carusel) — a livraria que encontramos hoje.

É um lugar maravilhoso, onde apetece passar o tempo. Tem disponível uma grande variedade de livros em Inglês e no último piso existe uma casa de chá que oferece uma excelente vista para toda a livraria.

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Ao longo de Lipscani, encontramos também edifícios religiosos interessantes, como a Igreja Russa de São Nicolau; a pequena galeria Pasajul Macca-Vilacrosse e a Igreja do Mosteiro de Stavropoleos, a mais cativante das muitas igrejas de Bucareste. Até ao final do século XIX foi um mosteiro ortodoxo de freiras, mas hoje, apenas a igreja permanece de pé. Ainda assim, o que resta é impressionante e um bom exemplo do chamado estilo Bráncovenesc. Vale a pena visitar.

Para aprender mais sobre a história de Bucareste e da Roménia é essencial fazer uma paragem no Museu Nacional de História. Está instalado num antigo palácio e tem cerca de 50 salas de exposição que levam os visitantes pela história romena desde o período pré-histórico até aos dias modernos.

O antigo palácio de Vlad, o Empalador, figura real que inspirou o Conde Drácula é outra paragem obrigatória em Lipscani. À  semelhança de outros edifícios com história, foi convertido e hoje abriga o Muzeul Municipiului Bucuresti (Museu Municipal de Bucareste).

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Vale a pena visitar igualmente a Piata Universitate (a Praça da Universidade) e ver o Teatro Nacional que ali se encontra.

Na parte norte da capital romena, na Kiseleff Road, encontramos mais uma conexão entre esta cidade de leste e Paris — um Arco do Triunfo.

O Arco de Bucareste foi originalmente construído em madeira, em 1878, para celebrar a independência da Roménia do Império Otomano. A versão atual foi concluída em 1935, tem um visual neoclássico e de longe assemelha-se bastante ao Arco do Triunfo parisiense, mas olhando de perto, conseguimos notar bem as diferenças e perceber a Coroa Real Romena inscrita nas suas pedras.

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Foto: Pixabay

Do mesmo modo, assim que nos afastamos do charmoso bairro Lipscani, conseguimos perceber a outra dimensão de Bucareste, onde as marcas do recente passado comunista nos fazem esquecer completamente o seu lado mais romântico.

Basta um vislumbre do gigantesco Palácio do Parlamento, para recordar o que foi a ditadura no país e como ela acabou. O edifício, dizem, é de inspiração norte-coreana e foi projetado para ser o palácio principal de Nicolae Ceauşescu, mas o ditador foi derrubado e morto antes de a obra poder ser concluída e após a Revolução de 1989, foi reaproveitado para abrigar o Parlamento da Roménia, três museus e um centro internacional de conferências. Mesmo assim, é tão grande que ainda tem muitos salões e galerias vazias no seu interior.

A Praça da Revolução é impossível de contornar numa visita à cidade. Foi sede do Comité Central do Partido e é cercada por edifícios impressionantes, muitos dos quais abrigam departamentos governamentais. Dois monumentos aqui celebram a revolução: o Memorial do Renascimento e uma estátua do rei Carol I da Roménia.

Também na Praça da Revolução fica o Palácio Real de Bucareste, antiga residência do rei da Roménia antes do regime comunista assumir o poder. Hoje abriga o Museu Nacional de Arte Romena, um museu com uma belíssima coleção permanente e interessantes exposições temporárias.

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O Museu Nacional da Aldeia Dimitrie Gusti é um dos mais curiosos da cidade. Fica um pouco mais a norte do Arco do Triunfo e ocupa parte do Parque Rei Mihai I. É um museu etnográfico ao ar livre que apresenta aos visitantes uma réplica de uma vila tradicional romena.

Depois de passar pelo museu, vale a pena continuar a explorar o Parque Rei Mihai I até chegar ao Lago Herăstrău, onde podemos apreciar a bonita paisagem e sentar num dos restaurantes da margem para almoçar ou tomar uma bebida.

Uma das muitas coisas que gostei em Bucareste (sem surpresa 😜) foi a comida. Os pratos tradicionais romenos são deliciosos. Cada refeição parece que contém um pedacinho da história do país, — ou pelo menos é assim que nos explica quem nos serve. Gostei muito de provar sarmale, rolinhos de repolho recheados com carne, e mici, os kebabs de carne grelhada. A maioria dos pratos tradicionais são servidos com mămăligă  (semelhante à polenta italiana).

A Roménia também tem bebidas tradicionais como o Țuică, um brandy de ameixa ou o « Pasion Blue Chardonnay », que como o próprio nome indica, é um vinho azul como o céu. O mais incrível é que, segundo me disseram, a cor é completamente natural e não tem aditivos. O vinho obtém a sua cor azul através de um complicado processo de tratamentos com antocianinas.

Os tesouros de Bucareste estão escondidos por toda a parte. Basta caminhar pela cidade para descobri-los e depressa dás com lugares como a Pasaj Victoria, coberta de guarda-chuvas coloridos, ou com o Bairro Arménio, que tem joias arquitetónicas únicas.

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Por fim, para terminar a visita em beleza, é imperdível assistir a um concerto no Ateneu Romeno. Considerada um importante marco cultural de Bucareste, esta sala de concertos foi inaugurada em 1888 e tem sido o principal local de música da cidade desde então. A melhor maneira de ver o seu interior deslumbrante é reservar bilhetes para uma apresentação (apesar de ser possível fazer um tour para ver apenas a sala).

Quem gosta de música e visita Bucareste no verão pode ainda combinar a data com a dos vários festivais, como o Summer Well ou o SAGA, que enchem a cidade de animação.

Eu amei Bucareste, é um destino surpreendente!

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Tchau!

Travellight

 

 

[Fotos: Travellight e H.Borges – fonte: thetravellightworld.blogs.sapo.pt]

Crónica del estreno de la novela histórica de una autora española en Portugal

Vic Echegoyen

                                               Vic Echegoyen

Escrito por FRANCISCO JIMÉNEZ DE CISNEROS

Su título es “RESURRECTA”, y en ella la autora hispano-húngara Vic Echegoyen narra en quinientas páginas, minuto a minuto y a través de un centenar de personajes reales, la mayor catástrofe natural en Europa en la era moderna (tres terremotos, tres tsunamis y una tormenta de fuego que destruyeron en solo seis horas Lisboa y una parte de Portugal y España el 1º de noviembre de 1755).

Tras publicarse el verano pasado en España con la Editorial Edhasa, “RESURRECTA” (publicada por Penguin Random House Portugal/Suma de Letras, en la traducción del latinista Gonçalo Neves) se ha estrenado en varias librerías y edificios emblemáticos de Lisboa, atrayendo la atención de la prensa, la radio, la televisión, y de un célebre escritor portugués que conoce perfectamente esa catástrofe.

La serie de entrevistas incluyó una a la sombra de la gran estatua del Marqués de Pombal (el ministro Sebastião de Carvalho e Melo, personaje emblemático de la novela) con el historiador y periodista João Céu e Silva, colaborador cultural del rotativo diario Diario de Notícias”, con difusión nacional, así como el reportero André Santos, de la Revista Sábado, y a la periodista Maria João Costa, de Radio Renascença.

Además, un programa cultural televisivo de Radiotelevisión Portuguesa, RTP, entrevistó a la autora en el marco de la Librería Buchholz, la segunda más antigua de Lisboa, cuyo primer dueño era un alemán simpatizante del III Reich especializado en libros extranjeros y marchante de obras de « arte desnaturalizado”.

Hubo dos presentaciones, una en la añeja Librería Ferin del popular barrio del Chiado, fundada en 1840 por una familia belga que se había especializado en literatura francesa, española, inglesa y alemana; amén de la editora de Suma, Amaia Iglesias, contó como presentador de lujo con el célebre escritor Domingos Amaral, que había novelado el Gran Terremoto hace una década (“Cuando Lisboa tembló”, título de la versión española, publicada por Grijalbo).

La otra presentación estuvo a cargo del periodista y escritor Javier Velasco Oliaga, director de Todoliteratura (principal portal web mundial de las letras españolas), y de la periodista y bloguera Alejandra Fidalgo Fonseca, en un evento muy completo que alternó una introducción con preguntas del público.

Esa sesión tuvo lugar en el salón de actos de la FNAC del Chiado, en el lugar exacto donde antes se erguía el famoso Convento de los Oratorianos de San Felipe Neri (situado en el “kilómetro cero” de la triple catástrofe, a pocos pasos de monumentos tan emblemáticos como la plaza del Rossio, del antiguo palacio de la Inquisición, del Hospital de Todos los Santos, de la iglesia de Loreto y de la iglesia del Carmelo, todos ellos arrasados en el plazo de siete minutos por el terremoto): es este un escenario destacado de la novela, ya que uno de sus monjes, el padre Manuel Portal, escribió uno de los testimonios directos más importantes del Gran Terremoto).

Así, tras su éxito de crítica y selección para varios certámenes y premios de novela histórica en España este año, “RESURRECTA”, que también se publicará a fines de año en Italia con el sello Piemme (Mondadori), ha cerrado el círculo vital: desde los recuerdos de infancia de los veraneos de la autora en Huelva (que, al igual que Cádiz y otras localidades costeras españolas, sufrió gravísimos daños y tuvo que lamentar numerosas víctimas, entre ellos el nieto del celebérrimo dramaturgo francés Racine) hasta el lugar de origen de la tragedia.

Porque toda la novela, como han comprendido los portugueses impulsándolos a publicarla y adoptarla como suya, es un homenaje a la protagonista absoluta, fuente de inspiración y caleidoscopio de los múltiples escenarios que en ella se describen: la ciudad de Lisboa y sus alrededores, destruidos en apenas seis horas, reconstruidos durante más de dos siglos.

Hoy, al igual que entonces, una de las metrópolis más hermosas, cosmopolitas y resplandecientes de Europa, gracias a los héroes y heroínas que antepusieron el sacrificio personal, la solidaridad y el sentido del deber al instinto de sobrevivir a toda costa, y lucharon por salvar sus tesoros y su memoria aquel Día de Todos los Santos: el ministro Carvalho, el rey José I de Braganza, pero también el anciano general Manuel Da Maia, el ingeniero militar Carlos Mardel, el adolescente Bartoloméu de Sousa (que, con un puñado de reclutas sin experiencia, defendió con éxito el Tesoro del reino durante varios días y noches de los saqueos y los ataques de criminales fugados y piratas).

 

[Foto: Javier Velasco Oliaga – fuente: http://www.todoliteratura.es]

Jeune artiste mystérieuse et indépendante, Sonia Mossé est morte en déportation à Sobibor. Elle voguait entre plusieurs cercles artistiques. Modèle de Derain, Balthus et Giacometti, elle a aussi été photographiée par Man Ray, Dora Maar ou encore Otto Wols.
La réalisatrice Zoé Le Ber a reconstitué des fragments de sa vie et de son oeuvre. 

Écrit par Zoé Le Ber

Autour de moi, personne, ou presque, ne sait qui est Sonia Mossé. Je l’ai croisée au hasard. Les rencontres semblent parfois prédestinées. Elle est morte il y a bientôt quatre-vingts ans. Il y a quelque chose en Sonia qui résiste à l’oubli et qui la rend si vivante.

Un jour de septembre, au Musée d’Art Moderne de Paris, je vais voir seule une exposition sur l’amitié artistique entre Derain, Balthus et Giacometti. Parmi les tableaux et dessins, plusieurs lettres sont exposées. L’une d’elles attire mon regard. Écrite à l’encre violette, elle est trouée de brûlures de cigarettes. Quelques étoiles de David y sont griffonnées. Je lis la date figurant en en-tête. Le 14 mai 1939. C’est le jour de mon anniversaire et le début de la guerre. Il s’agit d’une lettre d’Antonin Artaud. Elle est adressée à une femme, Sonia Mossé. Il écrit :

« (…) Tu vivras morte. Tu n’arrêteras plus de trépasser et de descendre. (…) Je vous jette un sort de mort et il agira de toute façon que vous en ayez connaissance ou non. »

Heureusement Sonia ne la lira jamais. À ce moment, Artaud est interné en hôpital psychiatrique et ses médecins interceptent son courrier. Maintenant que je la connais mieux, peut-être aurait-elle trouvé cela intéressant, du moins surréaliste. Quoi qu’il en soit, une prophétie de mort entourée d’étoiles de David mêlée à des brûlures de cigarette en 1939, cela m’a troublée.

À côté du sort funèbre d’Artaud, je lis un extrait d’une lettre de Sonia Mossé adressée à la femme de Balthus. Elle date de novembre 1942, en pleine guerre.

« (…) Je m’ennuie de mes amis qui ne sont pas là – ici les gens ne pensent absolument qu’à manger, ne parlent que de se chauffer, etc. – grâce à Picasso j’ai brûlé mon lit en mettant dedans le séchoir électrique pour les cheveux – on ne parle que de ça dans le quartier depuis quelques jours… Je suis en ce moment Chez Lipp – et j’aimerais beaucoup que la porte s’ouvre – et que du rideau vert qui la “voile“ vous surgissiez – très naturellement… (…) »

Qui êtes-vous Sonia Mossé ? Je vous « google ».
Alors sur l’écran de mon iPhone surgit cette photo très célèbre de Man Ray démultipliée sous la forme de plusieurs petits carrés noirs et blancs. Jeune femme blonde, mystérieuse, aux traits fins, Sonia tient Nusch Éluard contre elle. Elle semble la protéger. On ressent une forme de tendresse maternelle ou peut-être amoureuse, la frontière est légère. Il y a chez elle comme chez Nusch cet air mélancolique qui semble savoir.

Nusch Éluard et Sonia Mossé, photographiées par Man Ray en 1938.

Nusch Éluard et Sonia Mossé, photographiées par Man Ray en 1938.

La photo a fait la couverture de nombreux livres sur Man Ray. Tout le monde connaît cette image. Au moins inconsciemment.
Google me propose ensuite le site du Mémorial de la Shoah. Sonia Mossé est morte en déportation à Sobibor en mars 1943. Elle allait avoir vingt-sept ans.

J’entreprends alors la reconstitution des fragments de sa vie. Je commence ma recherche sur Internet. Je lis tout ce que je trouve. Je vois qu’un internaute anonyme a tenté, en vain, de lui créer une page Wikipédia. Irrecevable, pas assez de critères pertinents ni de sources dédiées.

Je tombe ensuite sur le blog d’un certain Mohamed Médiène. Il a écrit un petit article à son sujet. Peut-être en sait-il davantage. Je le contacte. On échange nos numéros de téléphone. Je l’appelle. Mohamed est très suspicieux. Il me demande ce que je compte faire, quel est mon projet. C’est la première fois que je me pose la question. Pourquoi suis-je à ce point captivée par Sonia Mossé ?

J’explique à Mohamed que je suis réalisatrice mais que je n’ai pas d’intention particulière pour le moment. Je ne peux pas expliquer cette curiosité légèrement obsessionnelle. C’est magnétique. J’évoque le prétexte du devoir de mémoire.

Sans pour autant m’identifier, j’essaye de comprendre l’attirance. J’ai vécu les années de mes vingt ans dans les mêmes lieux que Sonia. J’ai fréquenté les mêmes terrasses. Je me sentais aussi libre qu’elle.
Ma mère et mon beau-père m’ont collé devant les dix heures de Shoah de Claude Lanzmann à l’âge de douze ans. C’était plus important que faire mes devoirs. Bien que nous soyons de fervents laïcs, j’ai été baptisée à l’église – par mimétisme sûrement.
Très jeune, je me sentais concernée par l’Holocauste comme si cela nous touchait directement. J’ai appris beaucoup plus tard que ma mère était « juive » du côté de son père. Russes, ils ont fui les pogroms et immigré en France. Le nom de famille de ma mère est juif mais les générations précédentes ont rejeté nos origines.
En définitive, cela aurait pu être moi, être vous.

Mohamed vit à Besançon. Il est professeur retraité de littérature, spécialiste du XIXème siècle. Nous allons passer des heures au téléphone à échanger sur Sonia. Est-ce bien elle sur cette photo avec Picasso, sur cette peinture de Balthus ? Quel est son rapport aux femmes ? Était-elle l’amante d’Artaud ? J’échange passionnément avec un parfait inconnu. On l’appelle intimement « Sonia ».

Mes recherches sur Internet se sont vite avérées limitées et Mohamed, malgré notre curiosité commune, ne m’apprenait rien de nouveau.

Je prends rendez-vous dans la salle de lecture du Mémorial de la Shoah, dans le Marais. Ce jour-là, en raison de contraintes sanitaires absurdes, l’accès au mur des noms est interdit. Je ne peux pas attendre. Je me cache et je cherche son nom parmi les soixante-seize mille autres déportés de France. Je n’en reviens pas du nombre de noms gravés qui commencent par la lettre M. Des colonnes entières de M. « Sonia Mosse, 1897 ». Ils ont oublié l’accent sur le É de Mossé et sa date de naissance est erronée. Elle est née en 1917, pas en 1897. À son arrivée au camp de Drancy, elle a peut-être donné une fausse date de naissance ou peut-être que l’administrateur du camp en travaillant à la chaîne l’a mal noté. C’est cette fausse date qui a été gravée dans la pierre de Jérusalem.

Il est écrit un peu partout que Sonia est morte au camp de Majdanek mais c’est une autre erreur. Elle a été arrêtée avec sa demi-sœur Esther Levine, chez elle, au 104 rue du Bac à Paris par la Police française. Elles sont ensuite internées au camp de Drancy, puis Beaune-la-Rolande et Drancy à nouveau. Elles font toutes les deux partie du convoi numéro 53 du 25 mars 1943 qui les conduira à Sobibor. À Sobibor, il n’y a aucune sélection. Elles sont immédiatement gazées à leur arrivée. Dans leur convoi de 1.008 personnes, dont 118 enfants, se trouvent les victimes de la rafle de la rue Sainte-Catherine à Lyon et notamment Simon Badinter, le père de Robert Badinter.

En effectuant des recherches sur le site Geneanet à propos de la généalogie de Sonia, je contacte « l’utilisatrice » qui semble avoir créé son profil. Laurence Meiffret, chercheuse et commissaire d’exposition, fait des recherches depuis dix ans sur les femmes qui ont accompagné la vie d’Antonin Artaud. Sonia en fait bien sûr partie. Nous nous téléphonons. Je me sens un peu futile au contact d’une femme qui a, à son actif, tant d’années de minutieuses recherches. Laurence partage tout ce qu’elle sait, tout ce qu’elle a découvert, devrais-je dire. Nous échangeons sur l’idée d’une exposition et nous décidons de travailler ensemble, liguées par notre passion commune pour cette artiste tombée dans l’oubli. Laurence vit dans le Vaucluse, fief de la famille Mossé.

Sonia Mossé est juive. Son père, Cerf Emmanuel Mossé, avocat à la Cour d’Appel de Paris, est originaire d’Orange dans le Vaucluse. Les Mossé sont une vieille famille juive de France. « Juifs du Pape », ils vivaient dans le Comtat Venaissin et en Avignon depuis le XIIIème siècle. Avec les juifs alsaciens, ils ont formé pendant plusieurs siècles l’une des deux seules communautés juives autorisées à vivre dans ce qui constitue aujourd’hui la France.
La mère de Sonia, Natasha Goldfain, est originaire de Vilnius en Lituanie. Nous savons peu de chose à son propos. Elle immigre en France avec sa première fille, Esther Levine, dont le père, russe, est mort durant la Grande Guerre.

Sonia a toujours été libre et indépendante. Très éclectique, elle vogue entre plusieurs cercles artistiques.
Artiste, dessinatrice et peintre, elle participe à l’Exposition Internationale du Surréalisme en 1938, organisée par André Breton et Paul Éluard aux côtés notamment de Marcel Duchamp, Salvador Dali, Max Ernst, Man Ray. Elle semble être la seule artiste femme au milieu de ce cercle d’hommes. Chaque artiste crée une œuvre originale à partir d’un mannequin de vitrine. Celui de Sonia a beaucoup de succès. Une femme blonde et nue, très élégante, est recouverte d’un morceau de tulle. Un gros scarabée noir est posé sur sa bouche, comme pour l’empêcher de s’exprimer.

Paul Éluard pose à côté de l’oeuvre de Sonia Mossé. Paris, 1938. Photo : Georg Reisner. Copyright inconnu.

Paul Éluard pose à côté de l’œuvre de Sonia Mossé. Paris, 1938. Photo : Georg Reisner. Copyright inconnu

Elle entreprend la décoration d’un cabaret-théâtre, Le Capricorne, tenu par Agnès Capri, où se rendront régulièrement Jacques Prévert, Erik Satie et leur cercle d’intellectuels.

Modèle de Derain, Balthus et Giacometti, elle est aussi régulièrement photographiée par Man Ray, Dora Maar ou encore Otto Wols.
Elle évolue également dans le milieu du théâtre dans des créations de Jean-Louis Barrault ou aux côtés d’Antonin Artaud. Elle est proche de Paul et Nusch Éluard, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Simone Signoret, Pablo Picasso, Claude Mauriac, Robert Desnos et bien d’autres.
Pour gagner sa vie, elle dessine également des bijoux pour Hermès.

Pendant la guerre, Sonia continue à être libre et active. Un peu trop sûrement. Elle ne change pas ses habitudes. Elle ne se fait pas recenser en tant que juive, refuse de porter l’étoile jaune et continue de fréquenter les terrasses du café de Flore, la Coupole ou chez Lipp. Elle n’est pas pratiquante, certains ne savent même pas qu’elle est juive.

Elle aurait pu aisément tenter de fuir en Suisse grâce à ses nombreux amis résistants mais elle refuse de partir pour rester auprès de ses parents demeurés à Paris. Eux s’en sortiront.
Sonia aurait été dénoncée mais les archives n’en dévoilent rien. En revanche, il est indiqué que la Police française ne s’attendait pas à trouver Esther, la sœur de Sonia, lors de son arrestation. Deux juives pour le prix d’une.

C’est terrible d’évoquer la biographie d’une artiste de façon si laconique. Il faut néanmoins l’aborder. Nous commençons à mieux connaître la vie de Sonia Mossé mais nous retrouvons peu de ses œuvres, de ce qu’elle a produit en tant qu’artiste. Il y a quelques dessins, quelques photos de ses œuvres plastiques par Raoul Ubac et Man Ray, deux peintures et bien sûr toutes les œuvres, nombreuses, où elle « pose » pour des artistes célèbres. Nous recherchons le reste, il en existe forcément.

C’est sans doute chez elle que la plupart de ses créations devait se trouver mais, le jour de son arrestation, son appartement a été mis sous scellés et toutes ses affaires personnelles vendues, jetées ou éparpillées comme tous les biens juifs spoliés.

Aux archives de la Préfecture de police de Paris, j’ai trouvé des documents intéressants. En 1947, le père de Sonia, Emmanuel Mossé, a porté plainte contre X pour collaboration, occupation d’appartement et vols. Plaintes qui ont été enregistrées à la Cour de Justice. Aucune suite judiciaire n’a été donnée à ces deux affaires.
En 1950, il dépose alors une demande d’attribution du titre de déporté politique pour sa fille au ministère des Anciens Combattants et Victimes de Guerre. Une enquête est ouverte sur les conditions d’arrestation du « non rentré ». C’est de cette façon qu’on nomme au ministère les déportés qui ne sont pas revenus des camps.

Un rapport est alors établi. Dans le dossier d’archives de la Préfecture de police, on retrouve deux versions du rapport. L’original et l’officiel.
Sur l’original, le brouillon, plusieurs mots sont raturés, je les ai laissés tels quels dans l’extrait ci-dessous. Ces mots barrés disparaissent dans l’officiel, le propre.

« Les deux sœurs exerçaient, dit-on, la profession d’artiste peintre. Mossé et sa sœur recevaient de nombreuses visites et passaient dans leur entourage pour quelque peu excentriques et romanesques. Elles ne se faisaient pas autrement remarquer et les renseignements recueillis sur elles, aux points de vue politique et national, n’ont rien révélé de défavorable. En ce qui concerne la déportation de Mossé Sonia en 1943, comme celle de sa sœur appréhendée le même jour, tout porte à croire que l’intéressée a été arrêtée sur ordre des Allemands, en raison de son origine israélite ce que son entourage avait toujours ignoré paraît-il. »

Le rapport cite ensuite l’interrogatoire de Madame Georges Baron, concierge de l’immeuble rue du Bac :
« En 1943, à une date que je ne puis vous préciser à présent, deux policiers français m’ont réveillée entre 6 et 7 heures pour s’enquérir de l’étage où était situé l’appartement de Mlle Mossé. Les policiers se sont rendus seuls à l’appartement des deux sœurs avec lesquelles ils sont partis quelque temps après. Ils sont tous revenus au domicile de Mlle Mossé, dans le courant de l’après-midi. En repartant, ma locataire m’a fait ses adieux en disant qu’elle n’était pas prête de revenir. Par la suite, les scellés ont été apposés sur la porte de l’appartement, formalité qui a été suivie peu de jours après du déménagement du mobilier et des affaires des deux femmes. » 

Et il finit ainsi : « Enfin, on révèle, sur la feuille journalière des affaires traitées au Poste de Police, du quartier Saint-thomas d’Aquin (7ème), à la date du 11 février 1943, les renseignements suivants : À 20 heures 15, sur ordre des autorités occupantes ; Service I.V.G, sont gardées à vue au poste pour être envoyées au Dépôt :
1) Mossé, Sonia, née le 27 août 1917 à Paris, célibataire, dessinatrice, demeurant 104 rue du Bac.
2) Levine, Esther, Lydia, née le 5 mai 1906 à Petrograd, célibataire, dessinatrice, demeurant 104 rue du Bac, amenées et consignées au poste par les Inspecteurs du Service des Affaires Juives»

Sonia et Esther ont bien été arrêtées par la Police Française, par la brigade Permilleux précisément. On peut le lire sur les registres du dépôt et fiches de déportation des camps. En 1943, l’opinion populaire commence à s’indigner des nombreuses rafles qui ont eu lieu les années précédentes. Pour perpétuer la répression raciale, le commissaire Charles Permilleux fait preuve d’acharnement. Responsable des affaires juives, rattaché à la Police Judiciaire, il est chargé d’arrêter les juifs en infraction avec les ordonnances allemandes. Tous les prétextes sont bons.
Sur la fiche d’internement de Beaune-la-Rolande de Sonia, on peut lire « Motif d’internement : Arrêtée le 11.2.1943 à Paris par la Police Française pour infraction. »

Un jour, je reçois un email d’une archiviste du Mémorial de la Shoah. J’avais échangé avec elle afin de mettre à jour la fiche de déportation de Sonia sur leur site. Elle me dit qu’elle a été contactée par la galerie Ratton-Ladrière située quai Voltaire à Paris. Ils cherchent à en savoir plus sur Sonia Mossé. Elle me demande si elle peut nous mettre en contact puisque je suis « spécialiste » de l’artiste. J’accepte évidemment.
J’échange avec un jeune homme qui m’annonce avoir retrouvé dans les collections de « la cave » de la galerie un dessin de Sonia. Il est actuellement exposé. Il devait appartenir à Charles Ratton, grand collectionneur et marchant d’art de l’entre-deux-guerres.

Le galeriste m’invite à venir le voir. Nous nous y rendons, le cœur battant, avec Laurence, la vraie « spécialiste ». Il nous explique que le dessin a été immédiatement acheté et retiré de l’exposition sous la demande des acheteurs. Il descend le chercher. Il s’agit d’un grand dessin, très émouvant, qui ressemble à un autoportrait, de taille A3, à l’encre de chine. Située au centre, une femme ferme les yeux, absorbée par ses rêves. Elle est entourée à sa droite d’un homme très maigre qui ressemble à Antonin Artaud et, à sa gauche, d’une femme plus en retrait qui nous regarde.
Le galeriste nous chuchote, très fier, que c’est le Centre Pompidou qui en a fait l’acquisition.

Grâce aux écrits, nous arrivons à recréer une petite partie de son histoire. Comment fera-t-on dans cent ans pour chercher les fragments d’une vie sur un Cloud saturé ? Un nuage qui, à mon avis, aura implosé.

Il y a les lettres qu’elle écrit à Balthus, à Giacometti, à Beauvoir ou à Artaud. Il y a les lettres qui parlent d’elle, qui la citent, quelques témoignages autobiographiques et il y a surtout la dernière lettre. L’ultime fragment.

Laurence entend parler, par un ami en commun, d’un homme qui s’intéresse à Sonia Mossé car il serait en possession « d’une lettre importante ». L’homme et la lettre restent, pendant plusieurs mois, un mystère. Il finit par bien vouloir nous rencontrer. Michel Scognamillo, cocréateur de la Librairie Métamorphoses à Saint-Germain-des-près, est expert en livres et manuscrits. Il est accompagné de l’historien et écrivain Pierre Boudrot. La librairie-galerie publie des livres et organise régulièrement des expositions.

Minuit au cœur, Au cœur de minuit est un mémorial de la littérature en guerre. Un coffret constitué par Paul Éluard qui rassemble des volumes publiés sous l’occupation par les Éditions de Minuit dont il devient le directeur littéraire à l’été 1943. L’ensemble est enrichi de pièces originales inédites.

Dans ces pièces personnelles se trouve une lettre de Sonia Mossé adressée à Paul Éluard qu’elle écrit depuis le camp de Beaune-la-Rolande. La lettre date du 18 mars 1943, une semaine avant son départ pour le camp d’extermination de Sobibor.
Il est difficile de décrire l’émotion que l’on ressent en la lisant. Elle est tragique et pleine d’espoir. Sonia donne des cours de dessin aux enfants du camp, elle fait aussi les portraits de quelques internés. Elle partage les vers d’une codétenue poétesse dans l’espoir qu’Éluard les publie.
Cette lettre nous transporte un instant auprès d’elle, dans une réalité surréaliste, au seuil de l’inconnu du grand départ, de l’enfer concentrationnaire.

Portrait en noir et blanc de l'artiste Sonia Mossé.

Sonia Mossé (1917-1943) par la photographe Juliette Lasserre (née Juliette Ziegert, en 1907).

Je me trompe peut-être mais je persiste à croire que Sonia serait plus reconnue aujourd’hui si elle avait été un homme. En plus d’être victime de ses origines « raciales », elle a été victime de son genre. Dans le fil de mes recherches, j’ai croisé le chemin de nombreuses autres femmes artistes de cette époque. Tout comme Sonia, elles étaient vite considérées comme simple muse, modèle, ou « femme de ». Je pense par exemple à Nusch Éluard, Jacqueline Lamba, Dora Maar, Lee Miller, Meret Oppenheim, Charlotte Salomon. Si certaines sont plus connues aujourd’hui, elles ont acquis une reconnaissance très tardive. La revue Obliques est le premier ouvrage qui recense en 1977 la production littéraire et plastique des femmes surréalistes.

Sonia est partie trop jeune pour se constituer une carrière artistique conséquente mais son parcours en est d’autant plus fascinant. Nous travaillons avec la librairie Métamorphoses à la conception d’une exposition afin de ranimer sa mémoire, son œuvre. Peut-être avez-vous d’elle un dessin, une lettre, une photo à joindre à l’édifice ?

 

[Source : http://www.laregledujeu.org]

La primera tindrà lloc a Palma el pròxim dijous 3 i la segona es farà l’endemà a Manacor

Portada del llibre "Llengua i República. El Manifest Koiné argumentat", del Grup Koiné

Portada del llibre « Llengua i República. El Manifest Koiné argumentat », del Grup Koiné

El grup Koiné ha organitzat dues presentacions del seu llibre a l’illa de Mallorca. La primera tindrà lloc a Palma el pròxim dijous 3 de febrer, amb la col·laboració de la Llibreria Quart Creixent (que celebra el seu 40è aniversari). Es farà a la cèntrica Biblioteca de Cort de l’Ajuntament. Les intervencions aniran a càrrec del Sr. Damià Pons i Pons, exconseller d’Ensenyament del Govern Balear, de Joan-Pere Le Bihan i Rullan, expresident de la Bressola i membre del Grup Koiné, d’Àngels  Folch, mestra i membre del Grup Koiné.

La segona es farà l’endemà, divendres 4, a Manacor a La Fornal (carrer Hams, 4). A més del dos membres de Koiné presents a Palma, hi intervendran, Jordi  Caldentey, en nom de l’Obra Cultural Balear, i Gabriel Barceló, fundador de l’Escola de Mallorquí de Manacor.

Al llibre, a més de la llarga reflexió de Koiné que va dur a la publicació del famós Manifest, s’hi poden trobar les respostes a les crítiques publicades als diaris madrilenys i a certs polítics o tertulians catalans. En molts casos, les crítiques es basaven en afirmacions falsament atribuïdes al Grup Koiné.

[Font: http://www.racocatala.cat]

L’editorial berlinesa Trabanten Verlag publica la traducció alemanya de la novel·la « Canto jo i la muntanya balla » de l’autora catalana Irene Solà. El llibre, que ha estat un èxit tant per a la crítica especialitzada com per al públic, es publica en una traducció de Petra Zickman i es trobarà a les llibreries a partir de l’1 de març de 2022. La novel·la va ser guardonada amb el Premi Europeu de Literatura i actualment s’està traduint a més de 21 idiomes a tot el món.

Canto jo i la muntanya balla és una novel·la en què prenen la paraula dones i homes, fantasmes i dones d’aigua, núvols i bolets, gossos i cabirols que habiten entre Camprodon i Prats de Molló. Una zona d’alta muntanya i fronterera que, més enllà de la llegenda, guarda la memòria de segles de lluita per la supervivència, de persecucions guiades per la ignorància i el fanatisme, de guerres fratricides, però que encarna també una bellesa a la qual no li calen gaires adjectius. Un terreny fèrtil per deixar anar la imaginació i el pensament, les ganes de parlar i d’explicar històries. Un lloc, potser, per començar de nou; un lloc per a una certa redempció.

Irene Solà Sàez (Malla, 17 d’agost de 1990) és una poeta, escriptora i artista catalana. És llicenciada en Belles arts per la Universitat de Barcelona i té un màster en Literatura, Cinema i Cultura Visual per la Universitat de Sussex. La seva segona novel·la Canto jo i la muntanya balla, publicada per Anagrama en català i castellà va obtenir al 2019 el premi Anagrama de novel·la, l’European Union Prize for Literature, el premi Punt de Llibre de Núvol, el Premio Cálamo Otra Mirada i el Maria Àngels Anglada de Narrativa. L’obra ha estat traduïda a l’eusquera, l’italià i es publicarà aviat en anglès, francès, holandès, turc i ara també en alemany. El seu llibre de poemes Bèstia (Galerada, 2012) va rebre el Premi de Poesia Amadeu Oller i s’ha traduït a l’anglès, l’italià i també es publicarà en castellà. La seva primera novel·la, Els dics (L’Altra Editorial, 2017) va guanyar el Premi Documenta 2017. Els seus textos i obres s’han exposat i llegit al CCCB (Barcelo­na), la Whitechapel Gallery i el Jerwood Arts Centre (Londres), el Bòlit (Girona), l’ACVIC (Vic), la Galeria JosédelaFuente (Santander) i al Festival Poesia i +, entre d’altres. Ha estat escriptora resident de l’Alan Cheuse In­ternational Writers Center de la Universitat George Mason (Virginia) i ha participat al programa Writers Art Omi-Ledig House (Nueva York).

Trabanten Verlag

L’editorial Trabanten és una jove editorial independent, fundada al novembre de 2020 pel poeta berlinès Fabian Leonhard. El seu objectiu fundacional va ser tornar la poesia a la vida quotidiana. Els seus dos primers volums « Glücksjäger » (Fabian Leonhard) i « brandloch » (Hubertus Koch) van vendre més de 3.000 exemplars en poques setmanes. El seu focus són les novel·les literàries, la poesia i les col·leccions d’assaig.

« Aquest llibre és una veritable meravella. Un cant coral a moltes veus, tan ple d’imaginació i vida que mentre llegeixes et sents embolicat i encantat, com transportat a un altre pla de la realitat ».

Dra. Karin Janker, Süddeutsche Zeitung

 

[Font: http://www.llull.cat]

Escrito por Arantxa Mellado

Los costes de producción del libro impreso subieron en el último año y parece que van a seguir haciéndolo. Aumentó el precio de las materias primas: el papel, el cartón para las cubiertas y el plástico para plastificarlas, la cola y el hilo para encuadernar, e incluso las planchas para imprimir en offset. También subió el transporte a destino final (almacén y librería), normalmente asumido por el impresor, y va camino de triplicarse el precio de la electricidad que alimenta las imprentas.

Unos hablan de incrementos totales del 10%; otros, del 20%. La conclusión es que, en el último año, la fabricación de los libros impresos se ha encarecido mucho.

La mayoría de las imprentas, que habían estado aguantando la presión de ese encarecimiento, han llegado a su límite y están empezando a repercutir parte del aumento de los costes en las editoriales. Unas se lo han tomado con deportividad, entendiendo que hay que repartir el gasto; otras se han negado a asumir las alzas, y saltan de proveedor en proveedor buscando quien les mantenga unas tarifas más propias de la década de 2010 que de la coyuntura actual.

Y es que el precio de producción del libro impreso apenas ha cambiado desde 2008, cuando la crisis obligó a las imprentas a congelar los tarifas.

Desde mi punto de vista, esta curva casi plana en los costes de producción es la razón fundamental por la que el precio de los libros impresos se ha mantenido tan estable desde 2008.

Según los datos aportados por la FGEE, entre 2008 y 2019 la variación en el precio medio de los libros ha sido solo de 76 céntimos de euro. En doce años, los libros han subido solamente el 5,4%. Es más, desde 2016 los precios de los libros han bajado un 5,1%, de 14,74 € (2016) a 14,02 € (2019).

¿Tiene sentido mantener el PVP del libro a la baja cuando los costes de impresión han subido una media del 15%?

En mi opinión, no. Si bien es cierto que el porcentaje de la impresión no suele superar el 10% del coste total de un libro, cada céntimo importa en la cuenta de resultados.
No se trata de repercutir el total del alza del coste en el PVP, pero no sería descabellado hablar de un 4%, unos 50 céntimos sobre los 14,02€ de 2020.

No encuentro otra solución para evitar un descalabro en los negocios de imprentas y editoriales, a no ser que el resto de la cadena de suministro del libro aceptara a asumir un porcentaje de ese aumento del coste. Pero no veo a distribuidores y a librerías por la labor de ceder ni un punto en sus descuentos. Así que me temo que, como siempre, tendrá que ser el consumidor final en quien se repercuta el aumento de precio.

La pregunta del millón es ¿cómo reaccionarían los lectores si los libros subieran una media de 50 céntimos?

Según los libreros a los que he preguntado, la mayoría ni se enteraría.

El debate está servido y es urgente mantenerlo.

[Fuente: http://www.actualidadeditorial.com]

No puedo precisar con exactitud cuándo comenzó, pero en algún momento del mes pasado mi hija de 11 años empezó a hablar sobre pronombres e identidades.

Cómo ser madres o padres en esta nueva era de los pronombres. Aprender a usar el lenguaje inclusivo no es tan difícil.

Escrito por  

Al principio fue una conversación sobre una amiga que se identifica como demigirl (demichica). A continuación, fueron relatos de sus amistades hablando sobre hacer la transición. Luego, anécdotas sobre sus colegas de clase anunciando su estatus queer o pronombres “elle/elles”. O peor aún, escuchar a un estudiante usar un insulto homofóbico en su escuela, lo que fue un llamado de alerta de la burbuja pandémica en la que se sentía segura en las comunidades en línea de niñas y niños de su edad que normalizan y celebran este viaje.

No fue una sorpresa: como alguien que ha sido escritora de cultura durante años, he seguido con avidez los cambios en esta conversación. No solo aquí en Los Ángeles, California, sino también en las historias en línea que muestran a las familias y los lugares de trabajo que se niegan a respetar los pronombres e identidades escogidos. Pero ahora era mi hija quien discutía esto conmigo, y había llegado la hora de poner en práctica todo en lo que creía, pero en mi propio hogar.

Fue en ese momento que encontré una columna de consejos de Slate que respondía la pregunta de un padre exhausto pero comprensivo cuyo adolescente cambia su identidad queer cada semana. “Cualquiera que sea la identidad que elija estará bien para mí”, escribió el padre, quien firmó como “Cansado y confundido”. “Pero también me está costando adaptarme a estos cambios rápidos”, agregaba. También decía estar preocupado de que su adolescente solo estuviera poniendo a prueba el límite de ambos padres, que solo estuviera probándose disfraces, y que eso de alguna manera fuera una manera de buscar atención y no algo genuino.

Me identifiqué con ese aturdimiento. Confieso que tuve que buscar el significado de demigirl (que, para quien no lo sepa, se refiere a alguien que se le asigna el género femenino al nacer pero que no se siente plenamente así). Sin embargo, nunca he creído la insinuación de que esto no es algo muy real para las niñas y niños de hoy. También me siento extraordinariamente afortunada de que mi hija sienta que puede hablar de forma abierta sobre sus angustias conmigo, una confianza ganada con esfuerzo que construí a base de discusiones frecuentes y honestas sobre cualquier tema.

Lamento mucho la situación de las y los niños de los que me contó, cuyos padres no son muy comprensivos, y me indignan los profesores que les dijeron que simplemente “no podían lidiar” con la petición de usar los pronombres “elle/elles”. Quiero que esto salga de la forma “correcta”, sea lo que sea que signifique “correcto”.

En principio, los padres deben entender que la búsqueda de pronombres que se sientan adecuados no es una especie de “fase emo”. Sí, estos cuestionamientos de identidad suelen ocurrir junto con los muchos otros cambios aparentemente superficiales que experimentan adolescentes sobre todas las facetas de su personalidad mientras se encuentran en la antesala o dentro de las trincheras de la pubertad. Sin embargo, creo que es nuestro deber como padres aceptar que los tiempos han cambiado, y recordar nuestros propios problemas a esa edad, coincidan o no con los de nuestros hijos, y hacer todo lo posible por expresar empatía y no lamentos.

Yo también tuve alguna vez 11 años, en un pequeño pueblo de Tennessee. No tuve problemas con mi sexualidad, pero sí luché con la manera en que me presentaba como mujer en un lugar cuyo punto de referencia de los estándares de perfección eran los concursos de belleza, lo que contrastaba con mi preferencia personal por los Levi’s de hombres, las camisetas holgadas y los cortes de cabello inspirados en bandas góticas. Si hubiera tenido esa edad hoy, me habría tropezado con el término “disforia de género leve”, que incluye sentirse fuera de sintonía con las normas de género. En vez de eso, me acusaron de ser lesbiana simplemente por no imitar a Pamela Anderson.

Ni mi generación ni la de mis padres tuvieron algo ni siquiera parecido al entendimiento de que la sexualidad puede existir en un espectro, o incluso que el simple hecho de no emperifollarse puede coincidir sin problemas con la identidad femenina. Además, la mayoría de los niños y niñas que conocí que sabían que eran queer habían estado tan profundamente condicionados a autodespreciarse que permanecieron en el clóset hasta que se mudaron a miles de kilómetros de distancia, en lugar de salir de él en un lugar tan hostil.

No podía perpetuar eso, así que esto fue lo que hice: escuché. Todos los días. Todas las veces. Hice preguntas. Le ofrecí a mi hija libros sobre terminología y ficción que no temieran colocar en el centro identidades queer o transgénero. Recibí buenas recomendaciones de libros de ficción para adolescentes de lectores ávidos, dependientes de librerías queer y editores. Me solidaricé con sus frustraciones y le proporcioné todos los recursos que pude encontrar sobre identidad y sobre ser aliado.

Y cuando las situaciones se han vuelto demasiado frustrantes y apremiantes, le he dicho que no hay ningún problema en que ella y sus amistades en línea dejen que todo eso se asiente, evolucione y emerja. Cuando nos visitan me dicen sus pronombres y los utilizo. Y cuando me equivoco, me disculpo y corrijo.

No hemos llegado a ninguna conclusión, pero eso no cambia lo que le diría a cualquier padre, madre, jefe, profesora o colega: simplemente abróchate el cinturón y lidia con eso. Ciertamente no es algo automático, y eso está bien. Pero no va a desaparecer.

Así que llévate tu incomodidad a otro lugar, porque esto no se trata de ti. Se trata de dar un paso adelante como padre, como madre, en una era que es nueva para todos nosotros pero doblemente delicada para nuestres hijes, quienes necesitan que apoyemos su corte de cabello más reciente tanto como apoyaremos a la persona en la que se están convirtiendo, quienquiera que sea esa persona.

Tracy Moore es escritora y vive en Los Angeles, California.

 

[Ilustración: Harry Woodgate – fuente: http://www.washingtonpost.com]