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Morreu polas complicacións dunha caída sufrida nos últimos días

 

O compositor italiano Ennio Morricone faleceu hoxe aos 91 anos nunha clínica de Roma polas complicacións dunha caída sufrida nos últimos días, segundo avanzan os medios locais. Morricone (Roma, 1928) morreu durante a noite na clínica Campuos Biomedico da capital, onde se atopaba despois de que hai uns días sufrise unha fractura de fémur por unha caída, informa Efe.

O laureado mestre, soado polas súas composicións para películas como a Triloxía do Dólar de Sergio Leone, fora galardoado co Premio Princesa de Asturias das Artes 2020 xunto a outro dos grandes compositores, o estadounidense John Williams.

Un dos seus catro fillos, Marco Morricone, explicou a Efe que o funeral será «estritamente privado». Nun comunicado difundido aos medios a familia asegura que se pretende respectar «o sentimento de humildade que sempre inspirou os actos da súa existencia».

O músico «conservou ata o último momento unha plena lucidez e gran dignidade» e púidose despedir da súa esposa, María, que lle acompañou en todo momento.

Morricone asinou algunhas das bandas sonoras máis memorables da historia do cine. Inesquecibles son os seus temas para o pai do Spaghetti western, Sergio Leone, naquela Triloxía do Dólar protagonizada por Clint Eastwood: Per un pugno dei dollari (1964), Per qualche dollaro in più (1965) e Il buono, il brutto, il cattivo (1966).

Entre os seus centos de creacións destacan a que fixo para Nuovo Cinema Paradiso (1988) do seu amigo Giuseppe Tornatore, The mission (1986) ou Novecento (1976), de Bernardo Bertolucci.

No 2006 Morricone coroou a súa portentosa carreira co Óscar honorífico. E unha década despois, no 2016, gañouno pola banda sonora que creou para o western The Hateful Eight (2015) de Quentin Tarantino, unha composición que lle valería outros recoñecementos como un Globo de Ouro ou o Bafta da Academia Británica.

Italia lembrou este luns ao mestre polo seu «xenio» creativo e as súas lendarias bandas sonoras para o cine e agradeceu o seu memorable legado artístico, informou EFE.

O primeiro ministro, Giuseppe Conte, escribiu nas súas redes sociais: «Lembraremos sempre, con infinita gratitude, o xenio artístico do mestre Morricone. Fíxonos soñar, emocionar, reflexionar, escribindo notas memorables que permanecerán indelebles na historia da música e do cine». Pola súa banda, o ministro de Cultura, Dario Franceschini, dixo que se trata de «un día triste para a cultura. Déixanos un músico de refinada competencia que coas súas melodías fixo emocionar e soñar a todo o mundo, que lle outorgou os maiores e máis importantes premios e recoñecementos, como o Óscar».

Numerosas personalidades da política rememoraron ao mestre como «xenio universal» ou «orgullo nacional» e encomiaron a súa obra como todo un «patrimonio da humanidade».

 

[Imaxe: DYLAN MARTÍNEZ/REUTERS – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Escrito por Lena Yau

Nacida en Santa Cruz  (Bolivia) y radicada en Gainesville (Estados Unidos), Giovanna Rivero es la autora de una obra consistente producto de la firmeza de su mano y de su entrega absoluta.

Ganadora del Premio Nacional de Literatura de Santa Cruz con Las bestias (1996) y del Premio Nacional de Cuento Franz Tamayo con Dueños de la arena (2005), se alza imparable con el premio Cosecha eñe con el cuento Albúmina (2015).

Entre sus publicaciones se encuentran Contraluna (2005), Sangre Dulce (2006), La dueña de nuestros sueños (2002) Niñas y detectives (Bartleby 2009), Las camaleonas (2001),  Tukzon, historias colaterales (La Hoguera 2008) y Helena 2022: La vera crónica de un naufragio en el tiempo (Puraletra 2011) y Para comerte mejor (Sudaquia, 2015).

Son doce los cuentos que integran Para comerte mejor, el libro con el que Giovanna Rivero, escritora de verbo fascinante, nos abre paso a lo profundo, a lo fantástico, al inframundo.

Como si del descenso a una mina se tratase, cada cuento es una galería, un dédalo que el lector transita con curiosidad y morbo, con atrevimiento y miedo, enfocando los ojos para adaptarlos a un húmedo claroscuro. La boca de entrada siempre tienta con frases hipnotizadoras. « Te quedás de piedra cuando me ves parada en el umbral » es la primera línea del primer cuento. Contrariando las palabras del personaje el lector avanza en estas ficciones, lee las fantasmagorías que dejan los juegos de luz y sombra, se aterra con una figura monstruosa que en la cercanía resulta ser un juego de estalactitas y estalagmitas bello y brutal. Falsos muertos fantasmas, zombies, vampiros, antropófagos, carne que se descompone, escenarios místicos y futuristas, ciencia ficción telúrica, alcantarillas habitadas por un nuevo flautista de Hamelin, geografía carnívora, semidioses andinos vestidos de súper héroes, infancia acechada, maternidad cercenada, el delirio y la locura, se suceden en estas historias que envuelven a lector en una atmósfera tenebrosa y fascinante. Cada línea es una cinta de doble faz. Por un lado nos conduce a visiones espectrales. Por el otro nos guía a un descenso a nuestros propios recovecos, nuestros laberintos, nuestros fosos.

La mina exterior y sus paredes como pantallas. La mina interior y sus paredes de espejo. ¿Cómo es posible que haya lugar para la belleza dentro de tanta sórdida oscuridad? La voz de la autora, su lucidez, su consciencia del lenguaje, su manejo preciso de la metáfora, su capacidad para abrir una palabra en escamas, su pericia para desnudar a la verdad de sus pétalos, su ojo sobre detalles mínimos que luego expande, son las armas convocantes para ello, la luz que ilumina un rincón convenido y que se abre en rayos que proyectan.

En Rivero los escenarios gótico fantásticos son un pretexto para emplazar verdades demoledoras, realidades de hachazo, reflexiones que exudan introspección y agudeza que muchas veces funcionan como cachetada y caricia que despierta y consuela a quien lee.

Así entendemos que la locura contiene brotes de rosas negras hambrientas en invierno, que lo que algunos entienden por amargura y otros traducen como crueldad, es rabia honesta, que la condensación puede convertir a una abuela en idea, que hay una edad en la que el lenguaje se desprende de los objetos y se hace fantasma de uno mismo, que el amor y los árboles, indecisos y crueles, salvan pero también devoran.

Las inteligencias grandes trabajan “ecuacionalmente”, se montan en elipsis como caballos alados, se avientan al abismo como rasgando una tela de Monet, se arriesgan en sinapsis horribles e incomprensibles.

La escritura de Giovanna Rivero es abisal. Es un precipicio al que el lector se entrega con vértigo y dicha, sabiendo que esa caída libre es un viaje a un universo ulterior. De allí no se regresa porque visitar las ficciones de esta autora es dejarse penetrar por ellas.

 

[Fuente: colofonrevistaliteraria.blogspot.com]

 

 

 

Desde el propio título, el documental de Claudio Zulian refuta el término « refugiado », insistiendo en que se trata de seres humanos con historias personales y presentando ocho de ellas en Barcelona

Escrito por Camillo De Marco 

Los vemos fugazmente en la televisión, intentando salir de botes desinflados, con sus chalecos salvavidas de color naranja brillante o envueltos en mantas térmicas de aluminio. Innumerables vidas reducidas a una sola palabra: « refugiados ». Un estatus político formalizado por las instituciones de todo el mundo, que provoca acalorados debates en los medios de comunicación y las redes sociales. No nacimos refugiados [+], el documental de Claudio Zulian, refuta desde el primer momento esta definición a través del propio título. Los refugiados no existen, solo hay personas. La película, que ha tenido su estreno mundial en el Festival Biografilm de Bolonia, se centra en las historias de ocho personajes cuyas vidas se entrelazan en la ciudad de Barcelona: músicos, abogados, intérpretes, guardias de seguridad, empleados de atención telefónica,… Todos ellos obligados a escoger el camino del exilio para huir de la persecución, la guerra y la opresión.

Iryna era encargada de proyectos en una empresa de servicios financieros cuando estalló el conflicto en Ucrania. En cierto momento, encontrar el tratamiento necesario para la diálisis de su esposo, Sergei, se convirtió en una tarea imposible, por lo que ambos decidieron huir en coche para poder transportar con ellos el equipo médico. Asentados en Barcelona, ​​Iryna estudia español mientras cuida de su marido. Mahmoud, por su parte, fue testigo de cómo la gente volaba en pedazos a causa de los bombardeos del ejército israelí en Palestina, una experiencia que le llevó a convertirse en enfermero. Sin embargo, Hamas no aprobó su proyecto de educación sexual para mujeres, así que amenazó con matarlo y finalmente lo encarceló. Finalmente, Mahmoud se las arregló para escapar hasta El Cairo y luego a España. El director aporta una dimensión visual a las recurrentes pesadillas de Mahmoud, a través de imágenes de archivo y otras grabadas por aficionados. Zulian filma al joven mientras habla con sus padres y ayuda a los recién llegados a Barcelona. Su vida pasada y presente también cobra vida gracias a la dirección de fotografía de Sergi Garriga y el trabajo de edición de Dani García Benavides.

Boris era actor, pero una de sus películas ofendió al presidente de su país, Camerún, por lo que el director de la cinta fue secuestrado y torturado. Ahora trabaja para una agencia inmobiliaria, compone música y canta en varios locales de la ciudad. « El exilio destruye tus relaciones, tus lazos, tus raíces, todas las cosas que te hacen ser quien eres en la sociedad », explica. « Pero no me siento culpable por tener ideas y haber pagado el precio por ello ».

Los ocho relatos presentados en el documental de Zulian, ambientados en una Barcelona a veces resplandeciente, otras ordinaria, pero siempre acogedora, podrían conformar el núcleo de películas independientes, llenas de humanidad, coraje, pasión, conciencia y lucidez. Todos estas historias son prueba de la transformación de Europa, tal y como explica el director, « porque nuestro continente ya ha cambiado, y los refugiados lo confirman: vienen de muy lejos pero con los mismos deseos y aspiraciones que los europeos. No son ‘el otro' ».

Claudio Zulian, realizador español nacido en Italia, siempre se ha movido entre el cine, la televisión, las artes visuales, la música, el teatro y la literatura, mostrando la misma sensibilidad hacia las problemáticas sociales. Uno de sus últimos documentales, Fearless, se centra en la lucha de las familias de « los desaparecidos » durante la época de las dictaduras en Guatemala.

No nacimos refugiados es una producción de Acteon, fundada por el propio director, junto con Films 59, la productora del director y guionista español Pere Portabella, que ha apoyado las obras de algunos de los grandes maestros del cine durante los últimos 60 años, como Luis Buñuel, Carlos Saura o Marco Ferreri. La cinta también ha sido producida por la Televisió de Catalunya.

[Traducción del italiano – fuente: http://www.cineuropa.org]

Escrito por NADAL SUAU

Reina es la primera novela de Elisabeth Duval (Alcalá de Henares, 2000), quien simultáneamente ha publicado el poema-molotov Excepción (Letra Versal), que recomiendo. Si no fallan mis cálculos ni sus confesiones, Reina empezó a escribirse con dieciocho años (¿importa la edad, es un “valor añadido”? Mi respuesta es “no”, pero ya hice trampa). He dicho que es una novela; también parece un ensayo o un diario, y siempre es una autoficción explícita, resabiada. Sin embargo, la narradora nos pide: “Deja que esto sea novela”, y me parece estupendo aceptar. Esa novela habla de una chica alcalaína muy inteligente y muy joven que estudia en París, ama con dulzura antigua en tensión con su narcisismo, lee, socializa.

Tras una magnífica primera página, Reina avanza durante mucho tiempo entre anécdotas y “divagaciones”: fiestas, amistades, añoranzas, cafés y cigarrillos y compras en Lidl, Whatsapp, un poco de cómo-molamos y otro tanto de ironicemos-sobre-el-molar, militancias. La inteligencia de Duval es tan afilada (y tan retorcida) que obtiene de todo eso una atmósfera moral; como mero espectáculo humano o recordatorio de fes incendiarias, ya me cautivaría. Sé que el libro polariza a los lectores (los lectores hemos hablado bastante acerca de Reina): solo recuerden que cualquier recriminación ha sido prevista por la autora. ¿Postureo, egolatría, mera manifestación generacional, contradicciones entre discurso y vivencia, “qué trascendente se cree esta”? Usted no  lo dirá con más gracia ni lucidez que la propia narradora, divertida con las expectativas que su contexto aporta al juego textual. 

En la plataforma Goodreads (¡guerra de estrellitas!), un lector llamado Miguel Ángel afirma que “la novela depende demasiado del personaje mediático Elisabeth Duval”. Claro, no les comenté: Duval ha sido activista trans, tiene impacto en redes sociales, es una superdotada sin miedo a visitar First Dates o explicar ante las cámaras su relación con el cuerpo. Es razonable la prevención de Miguel Ángel, salvo que a mí eso me parece deliberado y valiosísimo: hay un punto performático y abierto en Reina, que entra y sale de sus propios límites a través de esa extensión que es su autora como figura pública. En el título, una aspiración: reclamar el trono frente a la ley, frente a quien lo ostenta hoy (divertidísimo, el capítulo a cuenta de Paul B. Preciado, que acaba en tablas), frente a la trampa del “futuro mejor”. O reclamar que el trono sea otro. 

Los últimos compases de Reina son fantásticos: elegante y fiera puesta en cuestión de los mecanismos autoficticios, en ellos Duval se pregunta por la escritura, el texto, la identidad, su lectora (en femenino, naturalmente), el deseo. Ejecuta una danza y te apela: “Dime que el mundo es mi texto”. Pues bien: para esta lectora, desde luego que lo ha sido mientras ha durado. Posible fundadora de algo, probable última representante del linaje francófilo en nuestro país, clave de bóveda del discurso autoficcional de su generación, Elisabeth Duval y su Reina irritarán a algunos, pero yo no paro de encontrar aquí hilos de los que tirar y por los que dejarme seducir. 

[Foto: Caballo de Troya – fuente: http://www.elcultural.com]

Escrito por PABLO CEREZAL

Ya dejé dicho, tiempo ha, en alguna parte, que a Marraquech siempre se acaba llegando. De Marraquech nunca se parte. Nadie abandona el fértil fermento de su callejero, por más que lo pretenda.

La mítica ciudad magrebí se desdibuja, a la caída de la tarde, con un tímido difumine de brisa, asfixia de temperatura en suspenso, borrasca de especias amenazando el perímetro de nervio y literatura de la plaza de Xmáa-El-Fna. Y es que a la literatura, como a esta ciudad, siempre se llega. Al menos un servidor.

El calendario se disfraza de atardecer: naufragio de las cucharillas en hierbabuena y centígrados: coloquio de parroquianos eternamente adscritos a la tragedia de mesas imposibles que pastan el irregular forraje de adoquín y milagro de la plaza: soliloquio de iluminados y orates sembrando semilla de palabra y mueca bajo tenderetes como carpas de circo medieval: embriaguez de serpientes hipnotizadas por el danzar enajenado de truhanes y mirones: sortilegio de octavas descompuestas al ritmo de darbukas de tercera mano: fragancia de azahar salpimentando la marejada de azúcares del zumo de naranja recién exprimida: cámaras fotográficas congelando poses onerosas que recluir en la memoria 32GB y en la emulsión edulcorada del recuerdo: ritmo de mugre: compás de aceite usado: radiación de neones y luminiscencia de gases extirpados a pequeñas bombonas para reconducir las sombras hacia un espacio de luz en que puedan volver a la vida sin necesidad de esperar tres días…

Atardece en Xmáa-El-Fna como si Marraquech hubiese perdido, entre sus bolsillos de laberinto y ayer, la brújula de la aurora.

Pero para alcanzar la tarde, en Xmáa-El-Fna, es preciso haber perdido el rumbo de las horas en las calles circundantes, haber seguido el hilo de una Ariadna morena, ojos de kohl y silencio de geisha, que recorre rincones como catedrales de luz y angosturas como cavernas platónicas para trazar el imposible mapa de la medina marraqchí. Alcanzar el perímetro de inmediatez y comercio de la plaza ha de ser como fondear en el puerto bucanero de la Isla Tortuga, tras sobrevivir a una travesía de motín, sed y canícula.

No existe, Xemáa-El-Fna, para regalar sus delicias a los viajeros de la prisa y la instantánea.

Juan Goytisolo bien lo sabe, y esculpe su medineo de paso calmo, cada día, a la caída de la tarde, recorriendo la cinematografía muda del adobe y el mantra bullicioso de las calles en que se perdió hace años, quizás ya demasiados, para mejor perder el oprobio de dictaduras políticas y literarias de aquella vergonzosa Hispania que le vio nacer. Monotonía de oficialismos poéticos, uniformidad de pasos procesionales, al otro lado del Estrecho de Gibraltar. Imposible enfrentar la petulancia de una censura que solo sabe de puntuaciones oficiales, costumbrismos abyectos y moneda urgente. Utópico abandonar la pluma al raído vaivén de los días y la vida en desarrollo. España, camisa negra de la ignominia. Marruecos es, era, fue para el literato autoexiliado, párrafo de libertad al que desmenuzar la ortografía y reconstruir el ritmo sin temor a ser amonestado por los guardianes de lo correcto. Aquí llegó. Aquí permanece. Ya lo dije: de Marraquech nunca se parte, a Marraquech siempre se llega.

El autor, por tanto, ajeno ya al fragor de una patria que nunca tuvo, invertebrado habitante de un mundo que a muchos resulta incomprensible, abandona, a la caída de la tarde, al sonar el despertador aflamencado del muecín, su fresco retiro de la medina para arribar al café en que camareros y concurrentes le ofertarán bendiciones y palabras: gran literatura. Allí consumirá y compartirá agua tibia y charla voraz, mirada curiosa y canícula mortal.

Marraquech es, pues, no solo mapamundi de mochileros y sortilegio de turistas low cost. Marraquech es habitáculo del verbo y morada de un genio más real que el que supuestamente habita esas mágicas lámparas con que te ofertan, al pasear, los mercaderes magrebíes. Marraquech es Makbara, esa ciudad dentro de la ciudad en cuyo interior serpentea la oralidad mirífica de la prosa de Juan Goytisolo y, con ella, la gloria vertiginosa de un idioma en desarrollo, por más que los próceres de la “cultura” deseen verlo por siempre tras los célibes barrotes de la formalidad fácilmente asequible.

El gran poeta apátrida nos enseña, en cada uno de sus textos, que el futuro de la lengua no se escribe en libros ni academias, sino que se limpia de formalismos en la desaseada plaza de una ciudad sureña, se fija en las callejas ajadas de siglos de una movediza medina y adquiere esplendor en la garganta raída de tiempo de borrachines, paseantes y buscavidas que pervierten ortografías con la lucidez exacta de su gramática de hambre y risa. Algún día comprenderán los ciudadanos (ni pizca de fe en las autoridades) dónde habita la esencial semilla del habla y la literatura (tan despreciada hoy, tan de saldo), que vienen al fin a ser lo mismo. Y él continuará aquí, a la sombra de una temperatura mortal, en Marraquech, en la plaza de Xemáa-El-Fna, moldeando la gloriosa gangrena de la palabra y coloreando las esquinas verbales que los tiempos anhelan dejar fuera de foco, recordándonos que a la literatura, como a Marraquech, siempre se acaba llegando.

[Texto publicado originalmente en Red Marruecos – reproducido en sugieroleer.blogspot.com]

Richard Dighton, “The Dandy Club” (1818)


Écrit par Dimitri Garncarzyk
Agrégé de lettres modernes, doctorant en littératures comparées
(10e section CNU), Université Sorbonne Nouvelle, Paris 3 – USPC

On reconnaît le dandy épistémique à la mise en scène d’une double marginalité :

(1) la marginalité institutionnelle : Le dandy n’est généralement pas un universitaire ; puisque l’université aurait obscurément intérêt à dissimuler au public certaines connaissances (« les mandarins mentent aux gens »), c’est une garantie d’indépendance intellectuelle ;

(2) la marginalité méthodologique : l’université étant une institution qui défend son pouvoir, ses exigences de preuve sont l’expression d’un appareil répressif destiné à protéger des intérêts de caste. Le dandy n’a donc pas à tenir compte des cadres épistémiques des chercheurs professionnels.

Présenté ainsi, le dandysme épistémique semble agressif et peu convaincant. Mais il compte parmi ses ressources un certain nombre de costumes, qui le légitiment aux yeux du public et compliquent son identification. On se penchera donc ici sur les stratégies de légitimation de la marginalité institutionnelle.

Costume n° 1 : l’amateur éclairé

Le costume le plus facile à passer est celui du sympathique « amateur éclairé », dont la vocation intellectuelle se développe à côté d’une activité principale. Les critiques de l’institution apparaissent alors comme les signes d’un dédain de classe pour celui qui n’a pas eu le désir ou l’occasion de faire partie du sérail, et non pour une critique argumentée et motivée. C’est la stratégie de base du dandysme épistémique : faire passer la condamnation de la marginalité méthodologique pour celle de la marginalité institutionnelle.

En revendiquant l’expression « amateur éclairé », le dandysme épistémique se présente comme le seul genre valable d’indépendance intellectuelle. Ses victimes collatérales sont les chercheurs indépendants qui ne considèrent pas leur non-appartenance à l’institution comme un facteur de crédibilité, et travaillent à partir du consensus et des méthodes académiques de la discipline qui les intéresse. Ils peuvent pourtant apporter une contribution précieuse au développement du savoir et à sa diffusion, et celle-ci peut parfaitement être reconnue par l’institution. Pour en rester aux supports traditionnels du savoir, le seul Dictionnaire des hiéroglyphes français a été compilé par la présidente d’une association d’« amateurs égyptophiles », publié par un par un grand éditeur et préfacé par des égyptologues universitaires.

Costume n° 2 : le détective

On lira souvent que le dandy épistémique « mène l’enquête » : après tout, le mot histoire signifie, à l’origine, enquête. Mais en se comparant à Hercule Poirot ou au lieutenant Columbo, le dandy fait plutôt appel à une certaine image du détective de fiction.

Le dandy épistémique se spécialise dans les « énigmes de l’histoire » : elles le poursuivent, tout comme le mystère poursuit Hercule Poirot quand il essaie de prendre des vacances. L’enquête criminelle suppose un coupable à découvrir : le dandy cherche à démasquer les sombres motivations de l’establishment académique. À travers ce prisme, l’opposition des chercheurs professionnels à son discours se réduit aux protestations d’un coupable bien attrapé.

Si Poirot et Columbo sont des détectives hors normes, c’est par leur perspicacité, mais aussi par leur attitude : Poirot est un authentique dandy, Columbo joue au naïf débraillé. C’est encore une fois associer une posture sociale à une originalité méthodologique. Si le dandy ne se compare pas plutôt à l’inspecteur Tom Barnaby, c’est peut-être que ce dernier incarne une forme de normalité : couperosé, il porte des costumes de chez Marks & Spencer et mène une vie petite-bourgeoise. Il a de grandes qualités (la perspicacité, la droiture, la compassion), mais manque de l’étoffe romanesque des deux autres.

Costume n° 3 : le surdoué

On peut aussi présenter le dandy comme un surdoué (ici ou ) ; sa double marginalité s’expliquerait alors par la grâce d’un don.

Le surdoué possède spontanément des qualités précieuses, comme la passion, la mémoire des faits et des textes, l’aisance oratoire, l’esprit de synthèse. Mais ces qualités ne sont-elles pas plus répandues qu’on ne le dit ? Elles font, par exemple, partie intégrante de la vocation de bon nombre d’enseignants, du primaire au supérieur. Mais la publicité de celui qui se dit surdoué tend à éclipser le mérite de ceux qui ne bénéficient pas du même engouement médiatique que lui.

Si, par ailleurs, le don du surdoué fait des jaloux, cette jalousie est sans objet car la grâce ne se contrôle pas (« le talent, ça ne s’apprend pas »). L’âpreté des commentaires des universitaires à l’égard du dandy s’explique alors facilement par leur relatif insuccès médiatique. Mais si le dandy est exceptionnellement doué, cela ne devrait pas empêcher les autres d’être raisonnablement bons : le talent des meilleurs n’annule pas le mérite des autres, même s’il leur fait de l’ombre (et c’est encore confondre réputation et qualité).

Enfin, si la grâce ne se contrôle pas, peut-on considérer le surdoué comme responsable de ses talents ? Pas complètement : s’il a un don, celui-ci vient, par définition, d’ailleurs, ce qui limite le mérite épistémique du dandy. De plus, si c’est ce don (un esprit encyclopédique, une lucidité supérieure) qui lui permet d’admettre la validité de thèses fortement contestables, on pourra se demander si quelqu’un qui n’aurait pas reçu le même don est en mesure de juger la validité des thèses en question. Si la réponses est non, il faut croire le surdoué sur sa seule autorité, et admettre qu’il existe une forme de savoir révélé dans les sciences humaines.

Costume n° 4 : le bourreau de travail

Le dandy pourra aussi passer le costume du bourreau de travail, ou se montrer solidaire de ces « chercheurs (qui) après des années d’un labeur obscur en archives et en bibliothèque, auront vu ruiner le fruit de leurs travaux, uniquement parce que les conclusions auxquelles ils étaient parvenus dérangeaient l’orthodoxie ».

Le bourreau de travail n’est pas exceptionnellement doué : il est, au contraire du surdoué, exceptionnellement méritant. S’il a mené à bien une « recherche longue et précise », il doit posséder des qualités précieuses comme la patience, la minutie, le courage intellectuel, etc. Les universitaires sont ainsi bien ordinaires à côté du dandy (ou de ses modèles). Le dandy contemporain pourra par exemple se demander, au sujet de Pierre Louÿs (inventeur de la thèse, toujours défendue aujourd’hui, selon laquelle Corneille aurait écrit les pièces de Molière) « qui, parmi (ses) contradicteurs, peut se flatter de telles connaissances littéraires et historiques ».

Dans la mesure où nombre de chercheurs répondront que les heures d’« archi » et de « bibli » constituent en réalité leur quotidien, suggérer qu’ils sont moins savants que le dandy et ses modèles est au mieux une affirmation gratuite (au pire, c’est les accuser de paresse). Le grand effort documentaire fourni par le dandy épistémique est exceptionnel précisément parce qu’il n’est pas un chercheur ; mais pour un chercheur sérieux, il est simplement normal.

Un modèle héroïque de la connaissance

Ces costumes permettent tous de justifier l’originalité méthodologique du dandy par sa personnalité remarquable (il serait exceptionnellement perspicace, doué ou méritant). Si le philosophe Jason Baehr souligne qu’une authentique vocation intellectuelle peut très bien exister sans don particulier et/ou s’accommoder de l’obscurité, le dandysme épistémique est au contraire un modèle héroïque de la connaissance qui suppose deux choses.

Le refus de l’obscurité. Le postulat de départ selon lequel « un lecteur achète presque toujours un auteur, et non un sujet » valorise la personne (via le storytelling de l’auteur si perspicace, doué, etc.) plus que le propos. C’est confondre délibérément une posture sociale revendicatrice et la recevabilité d’un discours de connaissance. Si certains intellectuels sérieux et fiables peuvent bien sûr jouir d’une bonne réputation médiatique, le dandysme profite plutôt de la tendance dénoncée par Jacques Bouveresse « à oublier que la célébrité médiatique et la célébrité tout court ne constituent pas une preuve suffisante de la qualité et de l’importance, et n’en sont pas non plus une condition nécessaire ».

La dévaluation de la vocation des universitaires. Si la marginalité du dandy est légitimante, alors la normalité est disqualifiante. Le dandysme épistémique fait de la profession (normalité institutionnelle) et/ou de l’orthodoxie épistémologique (normalité méthodologique) des universitaires les signes supposés de leur médiocrité, en jouant sur l’idée que ce qui est normal et quotidien est par nature banal et triste. Cela lui permet par ailleurs de faire de l’ombre même aux chercheurs sérieux qui prennent le risque de la parole médiatique, en suggérant qu’une vocation professionnelle a pour inévitable conséquence une certaine étroitesse de vue.

Deux pistes contemporaines pour incarner le savoir des sciences humaines

Si l’obscurité médiatique est encore valorisée dans le monde universitaire, c’est que, comme le silence feutré des bibliothèques, elle est associée à la sérénité nécessaire au travail intellectuel. C’est tellement vrai que les initiatives de certains jeunes chercheurs qui, à côté de leur recherche, se lancent dans la vulgarisation, ne sont pas toujours reçues avec enthousiasme par leurs collègues confirmés, qui les soupçonnent de vouloir « faire le buzz ».

Malheureusement, l’obscurité la plus vertueuse ne peut plus grand-chose face aux stratégies de communication agressives du dandysme épistémique ; mais on peut suggérer des pistes pour les contrer.

Une piste théorique : l’épistémologie des vertus. Le succès des dandys épistémiques s’explique en partie par le désir du public d’avoir affaire plus directement aux producteurs de la connaissance, qui passent souvent pour enfermés dans une tour d’ivoire académique. L’épistémologie des vertus met en avant le rôle actif de l’individu dans la production de son savoir, qu’elle décrit comme l’exercice de vertus épistémiques (des qualités nécessaires pour être un bon sujet de connaissance), comme la sensibilité au vrai, la patience, l’impartialité, la rigueur, etc. On peut ainsi humaniser le rapport à la connaissance et à son élaboration sans pour autant subjectiviser ces dernières (ce qui serait un nouveau relativisme) : ces vertus restent des critères normatifs qui définissent une éthique intellectuelle.

Une piste pratique : inventer un dandysme académique. C’est en cours : la chaîne de l’historienne youtubeuse Manon Bril, par exemple, propose des contenus informés par sa compétence d’historienne, et fortement incarnés par elle à l’écran. Si elle propose dans ses vidéos une mise en scène décomplexée de soi et de son savoir, ce n’est pas du dandysme épistémique. Loin de rejeter le modèle universitaire, elle donne au contraire un aperçu de première main du travail académique et de ses exigences dans son « vlog de thèse », et contribue ainsi à sensibiliser le public aux réalités de la recherche. Les initiatives de ce genre permettent de donner aux universitaires l’image tout à la fois humaine, sérieuse et connectée dont ils ne peuvent plus se passer aujourd’hui.

[Illustration : Wikimedia Commons – source : http://www.theconversation.com]

Escrito por José Luis Muñoz

Sin lugar a dudas Francisco Javier Irazoki (Lesaka, 1954) es una de las voces más relevantes de nuestra poesía. Este navarro radicado en París desde 1993, fue periodista musical en Madrid, formó parte de CLOC, grupo de escritores surrealista, y cursó estudios musicales: armonía y composición e historia de la música. Cielos segados (Universidad del País Vasco, 1992) recopiló toda su poesía hasta 1990: Árgoma, desiertos para Hades, y La miniatura infinita. Hiperión le publicó en 2006 el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes; en 2009 La nota rota, semblanzas de músicos de épocas variadas; en 2013, el libro de versos Retrato de un hilo; en 2015, el libro de poemas en prosa Orquesta de desaparecidos; en 2017, 190 espejos.

Hiperión publica El contador de gotas, una recopilación de textos breves escritos en París entre 2016 y 2019 en forma de poemas en prosa en los que el autor repasa situaciones, etapas y personas que le tocaron, y lo hace con la lucidez que siempre le acompaña, con un estilo conciso libre de artificios que va a lo medular en un ejercicio de síntesis del lenguaje que tiene como resultado una poesía conceptual. Irazoki es un maestro a la hora de juntar palabras, crear atmósferas surreales y dejar abiertas respuestas entre las costuras de sus textos. La brevedad de ellos, su desnuda concisión, es inversamente proporcional a su intensidad. Su menos es más requiere una lectura lenta y atenta para captar su intensidad poética entre palabras.

El conflicto vasco aparece en una serie de textos a lo largo del libro. En Brindis a la oscuridad hace referencia a esa parte de la sociedad que jaleaba las muertes del contrario: Muchos vascos festejaron esta pesadilla. Uno de mis vecinos brindó con su vida. Disimulaba su violencia en disparos contra aves, liebres o jabalíes, y lo tratábamos con cautela. Pocos días antes de su detención, coincidimos en un local. Me habló con frases encarceladas. También lo hace en un texto dedicado a Maite Pagazaurtundúa, amiga personal del autor, rememorando un paseo: En aquel breve paseo era muy fácil imaginar con qué silencios triunfaron las grandes tiranías del siglo 20. Tampoco costaba saber cómo fue la vida cotidiana con el fascismo y el nazismo, el sistema soviético. Y del silencio impuesto en los años del plomo en Casas libresHasta llegar a la madurez, el silencio fue parte de nuestro vestuario. Los zapatos, la camisa, el pantalón y la chaqueta estaban conjuntados con el mutismo.

Los seres que ama aparecen en Una mujer duplicadaLos edificios, un puente y los animales de la ciudad componen el cuerpo de una mujer que amo. Susurro su nombre. Ella nació en la clínica que visito. Antes del viaje, he sentido en sus brazos las estancias, los ascensores, las puertas que ahora reencuentro. Y también están en Las mujeres excavadas en donde rinde homenaje a las mujeres que amó, algunas irremisiblemente perdidas que no consiguieron sobrevivir a la vida: Salen con rapidez de un aula de mi adolescencia, de un edificio de Madrid, de un concierto de blues. Huyen de una feria de Marrakech, de un bazar de Nueva Delhi, de una plaza de París. Agitan la chaqueta de cuero, el sabio, la camiseta perforada por sus pasiones. Dos de ellas, con los pies inmóviles en una charca de alcohol, no consiguen llegar al destino. Hay personas que pierde  en la niebla de la desmemoria en Citas con la nómadaTerminada la cena,  Hélène deposita sus restos de lucidez en una bandeja de Alzheimer. Se levanta. Caminando lentamente, abre un tabique de niebla y se introducen en el itinerario que forman los seres a los que liberó.

Irazoki rememora etapas de su vida con breves apuntes. Los paisajes rurales de su infancia están en Humo paraleloNací en una familia de campesinos y pastores feos que enamoraron a mujeres de gran belleza.  El paso de los años está reflejado en Grieta ambulanteMe veo en una hilera de superficies quebradizas que llamo edad. Mi niñez pasa deslizándose sobre unos libros de hielo. /Con el paso de las estaciones, integro el camino en mi cuerpo. Soy una grieta ambulante. Me curvo y la grieta supura un líquido: es la alegría que va a deshacerme y esparcirme. Y también en El contador de gotas, que da nombre al volumen, hay una mirada al futuro: Lentamente me apago en una silla de ruedas que empujo.

Poesía como salvación: El hilo surge cuando ella elige la poesía para tamizar su angustia. Poesía con la que Irazoki construye adoquín a adoquín su casa: Algunas letras se unen y forman la frase que me recluye en una casa sin puertas. Un libro extraordinario El contador de gotas.

[Fuente: http://www.entretantomagazine.com]

Escrito por Carlos Fajardo Fajardo

Algunos fragmentos a propósito de la pandemia actual

“Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo”. La frase del libro La Peste de Albert Camus, publicada en 1947, nos revela que la novela, en un gran porcentaje, es una radiografía de lo que estamos viviendo con la pandemia global actual, claro, guardando las proporciones, ya que la peste descrita por Camus transcurre solo en la ciudad de Orán, pero los sucesos que día a día y mes tras mes van ocurriendo se asemejan en buena parte a ciertas situaciones que hoy por hoy estamos viviendo, tales como el encierro, el miedo, el pánico, el alejamiento de familias, de amigos, conocidos; la soledad citadina, el terror al contagio, el desbordamiento de los hospitales, la suspensión de los rituales funerarios, la injusticia, el desabastecimiento, la desidia administrativa, la soledad, el individualismo, y junto a todo esto, la solidaridad y el compromiso ético.

La gran novela de Camus, publicada a dos años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, es una reflexión sobre el absurdo de la existencia, el encierro y el exilio, la soledad, lo individual y lo colectivo, la muerte, la cotidianidad, la solidaridad, la amistad, el amor, cuando todos estos aspectos están bajo la amenaza de ser liquidados, destruidos.

Veamos algunos parajes de la novela que dan cuenta de ello: (1)

“Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados”.

“Así, pues, lo primero que la peste trajo a nuestros conciudadanos fue el exilio. Y el cronista está persuadido de que puede escribir aquí en nombre de todo lo que él mismo experimentó entonces, puesto que lo experimentó al mismo tiempo que otros muchos de nuestros conciudadanos. Pues era ciertamente un sentimiento de exilio aquel vacío que llevábamos dentro de nosotros, aquella emoción precisa; el deseo irrazonado de volver hacia atrás o, al contrario, de apresurar la marcha del tiempo, eran dos flechas abrasadoras en la memoria”.

“Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados, incapaces de reaccionar contra el recuerdo de esta presencia todavía tan próxima y ya tan lejana que ocupaba ahora nuestros días. De hecho, sufríamos doblemente, primero por nuestro sufrimiento y además por el que imaginábamos en los ausentes, hijo, esposa o amante”.

“En tales momentos de soledad, nadie podía esperar la ayuda de su vecino; cada uno seguía solo con su preocupación. Si alguien por casualidad intentaba hacer confidencias o decir algo de sus sufrimientos, la respuesta que recibía le hería casi siempre. Entonces se daba cuenta de que él y su interlocutor hablaban cada uno cosas distintas”.

“Pues bien, lo que caracterizaba al principio nuestras ceremonias ¡era la rapidez! Todas las formalidades se habían simplificado y en general las pompas fúnebres se habían suprimido. Los enfermos morían separados de sus familias y estaban prohibidos los rituales velatorios; los que morían por la tarde pasaban la noche solos y los que morían por la mañana eran enterrados sin pérdida de momento. Se avisaba a la familia, por supuesto, pero, en la mayoría de los casos, esta no podía desplazarse porque estaba en cuarentena si había tenido con ella al enfermo”.

“Un cura recibía el cuerpo, pues los servicios fúnebres habían sido suprimidos en la iglesia. Se sacaba el féretro entre rezos, se le ponían las cuerdas, se le arrastraba y se le hacía deslizar: daba contra el fondo, el cura agitaba el hisopo y la primera tierra retumbaba en la tapa. La ambulancia había ya partido para someterse a la desinfección y, mientras las paletadas de tierra iban sonando cada vez más sordamente, la familia se amontonaba en el taxi. Un cuarto de hora después estaban en su casa.

Así, todo pasaba con el máximo de rapidez y el mínimo de peligro. Y, sin duda, por lo menos al principio, es evidente que el sentimiento natural de las familias quedaba lastimado. Pero, en tiempo de peste, esas son consideraciones que no es posible tener en cuenta: se había sacrificado todo a la eficacia”.

“El Doctor Rieux… sabía también que, si las estadísticas seguían subiendo, ninguna organización, por excelente que fuese, podría resistir; sabía que los hombres acabarían por morir amontonados y por pudrirse en las calles, a pesar de la prefectura; y que la ciudad vería en las plazas públicas a los agonizantes agarrándose a los vivos con una mezcla de odio legítimo y de estúpida esperanza. Este era el género de evidencia y de aprensiones que mantenía en nuestros conciudadanos”.

Al ir desapareciendo la peste, las percepciones en Orán son ambiguas. Por un lado, la idea de que la plaga había liquidado toda noción de esperanza y de porvenir, dejando una sensación de derrota, cierta atmósfera apocalíptica y de escepticismo. Veamos algunas de ellas:

“Sin memoria y sin esperanza, vivían instalados en el presente. A decir verdad, todo se volvía presente. La peste había quitado a todos la posibilidad de amor e incluso de amistad. Pues el amor exige un poco de porvenir y para nosotros no había ya más que instantes”.

“Podemos decir, para terminar, que los separados ya no tenían aquel curioso privilegio que al principio los preservaba. Habían perdido el egoísmo del amor y el beneficio que conforta. Ahora, al menos, la situación estaba clara: la plaga alcanzaba a todo el mundo”.

“Después de todo… -repitió el doctor y titubeó nuevamente mirando a Tarrou con atención-, esta es una cosa que un hombre como usted puede comprender. ¿No es cierto, puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, que acaso es mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde Él está callado?

Sí―asintió Tarrou―, puedo comprenderlo. Pero las victorias de usted serán siempre provisionales, eso es todo.

Rieux pareció ponerse sombrío.

Siempre, ya lo sé. Pero eso no es una razón para dejar de luchar.

– No, no es una razón. Pero me imagino, entonces, lo que debe de ser esta peste para usted.

Sí―dijo Rieux―, una interminable derrota”.

“En verdad, era difícil saber si se trataba de una victoria, únicamente estaba uno obligado a comprobar que la enfermedad parecía irse por donde había venido. La estrategia que se le había opuesto no había cambiado: ayer ineficaz, hoy aparentemente afortunada. Se tenía la impresión de que la enfermedad se había agotado por sí misma o de que acaso había alcanzado todos sus objetivos. Fuese lo que fuese, su papel había terminado”.

“En unos, la peste había hecho arraigar un escepticismo profundo del que ya no podían deshacerse. La esperanza no podía prender en ellos. Y aunque el tiempo de la peste había pasado, ellos continuaban viviendo según sus normas. Estaban atrasados con respecto a los acontecimientos.

En otros, y estos se contaban principalmente entre los que habían vivido separados de los seres que querían, después de tanto tiempo de reclusión y abatimiento, el viento de la esperanza que se levantaba había encendido una fiebre y una impaciencia que les privaban del dominio de sí mismos. Les entraba una especie de pánico al pensar que podían morir, ya tan cerca del final, sin ver al ser que querían y sin que su largo sufrimiento fuese recompensado”.

“Ya en aquella época había pensado en ese silencio que se cierne sobre los lechos donde mueren los hombres. En todas partes la misma pausa, el mismo intervalo solemne, siempre el mismo aplacamiento que sigue a los combates: era el silencio de la derrota”.

Por otro lado, la idea de haberle ganado la batalla a la peste hace que sus habitantes salgan a festejarlo a las calles, retornando lentamente a las condiciones de una cotidianidad no avasallada, libre al fin del miedo y de la muerte:

“Las puertas de la ciudad se abrieron por fin al amanecer de una hermosa mañana de febrero, saludadas por el pueblo, los periódicos, la radio y los comunicados de la prefectura. Le queda aún al cronista por relatar las horas de alegría que siguieron a la apertura de las puertas, aunque él fuese de los que no podían mezclarse enteramente a ella.

Se habían organizado grandes festejos para el día y para la noche. Al mismo tiempo, los trenes empezaron a humear en la estación, los barcos ponían ya la proa a nuestro puerto, demostrando así que ese día era, para los que gemían por la separación, el día del gran encuentro.

Se imaginará fácilmente lo que pudo llegar a ser el sentimiento de la separación que había dominado a tantos de nuestros conciudadanos”.

– “Al mediodía, el sol, triunfando de las ráfagas frías que pugnaban en el aire desde la mañana, vertía sobre la ciudad las ondas ininterrumpidas de una luz inmóvil. El día estaba en suspenso. Los cañones de los fuertes, en lo alto de las colinas, tronaban sin interrupción contra el cielo fijo. Toda la ciudad se echó a la calle para festejar ese minuto en el que el tiempo del sufrimiento tenía fin y el del olvido no había empezado.

Se bailaba en todas las plazas. De la noche a la mañana el tránsito había aumentado considerablemente y los automóviles, multiplicados de pronto, circulaban por las calles invadidas. Todas las campanas de la ciudad, echadas a vuelo, sonaron durante la tarde, llenando con sus vibraciones un cielo azul y dorado. En las iglesias había oficios en acción de gracias.

Y al mismo tiempo, todos los lugares de placer estaban llenos hasta reventar, y los cafés, sin preocuparse del porvenir, distribuían el último alcohol. Ante sus mostradores se estrujaba una multitud de gentes, todas igualmente excitadas, y entre ellas numerosas parejas enlazadas que no temían ofrecerse en espectáculo. Todos gritaban o reían. Las provisiones de vida que habían hecho durante esos meses en que cada uno había tenido su alma en vela, las gastaban en este día que era como el día de su supervivencia. Al día siguiente empezaría la vida tal como es, con sus preocupaciones. Por el momento, las gentes de orígenes más diversos se codeaban y fraternizaban.

La igualdad que la presencia de la muerte no había realizado de hecho, la alegría de la liberación la establecía, al menos por unas horas ».

Todo esto da a los habitantes de Orán conciencia de que la peste había pasado dejando a su paso luto, encierros, punzantes recuerdos, muerte, dolor, soledades, y con ello también la idea de renacer de las cenizas, como un ave Fénix de los escombros:

“Entre la luz suave y límpida que descendía sobre la ciudad se elevaban los antiguos olores a carne asada y a anís. A su alrededor, caras radiantes se volvían hacia el cielo. Hombres y mujeres se estrechaban unos a otros, con el rostro encendido, con todo el arrebato y el grito del deseo. Sí, la peste y el terror habían terminado y aquellos brazos que se anudaban estaban demostrando que la peste había sido exilio y separación en el más profundo sentido de la palabra”.

“Sí, todos habían sufrido juntos, tanto en la carne como en el alma, de una ociosidad difícil, de un exilio sin remedio y de una sed jamás satisfecha. Entre los amontonamientos de cadáveres, los timbres de las ambulancias, las advertencias de eso que se ha dado en llamar destino, el pataleo inútil y obstinado del miedo y la rebeldía del corazón, un profundo rumor había recorrido a esos seres consternados, manteniéndolos alerta, persuadiéndolos de que tenían que encontrar su verdadera patria. Para todos ellos la verdadera patria se encontraba más allá de los muros de esta ciudad ahogada. Estaba en las malezas olorosas de las colinas, en el mar, en los países libres y en el peso vital del amor. Y hacia aquella patria, hacia la felicidad era hacia donde querían volver, apartándose con asco de todo lo demás”.

El doctor Rieux, cronista y narrador, da cuenta de lo que la peste ha generado en Orán. Sabe que muchas emociones contradictorias han surgido de esta tragedia, como fatales individualismos y egoísmos, pero también una desinteresada solidaridad y entrega:

“Del puerto oscuro subieron los primeros cohetes de los festejos oficiales. La ciudad los saludó con una sorda y larga exclamación. Cottard, Tarrou, aquellos y aquella que Rieux había amado y perdido, todos, muertos o culpables, estaban olvidados. El viejo tenía razón, los hombres eran siempre los mismos. Pero esa era su fuerza y su inocencia y era en eso en lo que, por encima de todo su dolor, Rieux sentía que se unía a ellos”.

“En medio de los gritos que redoblaban su fuerza y su duración, que repercutían hasta el pie de la terraza, a medida que los ramilletes multicolores se elevaban en el cielo, el doctor Rieux decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar en favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Pero sabía que, sin embargo, esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva”.

Y sin embargo, con la lucidez que poseen los escépticos, aquellos que siempre sospechan y dudan, el doctor Rieux entendía que esa alegría, que se manifestaba en la ciudad por el fin de la peste, estaba siempre amenazada, por lo que el último párrafo de la novela nos lanza a la incertidumbre, rasga el velo de una ficticia alegría y de una vana esperanza, nos da conciencia del absurdo, de la fatalidad que tras nuestros gozos se oculta, y que nunca desaparece. Entonces leemos:

“Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”.

Nota:

(1) Todos los fragmentos han sido tomados de la traducción de Franky Richard.


*Carlos Fajardo Fajardo es un poeta y ensayista colombiano.

[Fuente: http://www.desdeabajo.info]


Auteur-compositeur et interprète algérien d’expression kabyle, né le 25 octobre 1949 à Aït Yenni, à une trentaine de kilomètres de Tizi-Ouzou, capitale de la Grande Kabylie, Idir s’est éteint le 2 mai à Paris à l’âge de 70 ans. Son nom de scène qui signifie « vivre », « vivant », il l’avait emprunté au prénom que donnent à un nouveau-né des parents après qu’ils aient perdu un enfant. C’était sa façon de signifier en douceur, comme toujours avec lui, que la culture berbère dont il était un des acteurs reconnus et appréciés à travers le monde, ne mourra jamais.

Idir en concert en 2010

Comme Manu Dibango disparu quelques semaines plus tôt et à l’instar du Soul Makossa du saxophoniste camerounais, le chanteur et musicien Idir doit son succès à la face b d’un 45 tours. Là encore, le hasard a joué un rôle primordial.

On est en 1973 et le jeune musicien attend à la porte d’un studio de la Chaîne 2 de la Radio Algérienne, Nouara, une chanteuse et comédienne en vogue alors en Algérie, qu’il doit l’accompagner lors de l’enregistrement de Rsed A Yidess (Que vienne le sommeil), un titre qu’il a composée pour elle. Nouara ne venant pas, c’est lui qui immortalisera la berceuse, gravant dans la foulée un second titre (A Vava Inouva) avec la participation vocale de la chanteuse Mila.

Un succès inattendu

À l’époque, Idir a 24 ans. La musique n’est alors qu’un agréable passe-temps. En aucun cas, il ne pense en faire son métier, comme il le confia en avril 2017 au micro d’Alain Pilot dans La Bande Passante, son émission sur RFI. Il vient de boucler ses études de géologue et s’apprête à faire carrière à l’issue de son service militaire, dans l’industrie pétrolière algérienne.

C’est lors de ses deux années sous le drapeau algérien sous lequel il fait ses classes, qu’il découvre l’oreille collée au poste de radio, le succès grandissant en Kabylie, mais aussi rapidement en Algérie, en Europe et dans le monde entier de son A Vava Inouva.

Ce titre est une douce évocation d’une veillée hivernale dans un foyer familial des monts du Djurdjura, écrite par le poète Mohamed Ben Hamadouche, comme nombre de paroles qu’il a chanté par la suite. Diffusé dans plus de 70 pays et interprété dans une quinzaine de langues, il sera le premier titre écrit, composé et produit au Maghreb à connaître un succès international hors d’Afrique, et de fait son plus grand succès, un succès qui transforme sa vie. Repéré par le label Pathé, Idir rejoint Paris où il s’installe en 1975. Son premier album tout simplement intitulé A Vava Inouva paraît l’année suivante.

Ce succès, le chanteur et musicien le vivra toujours avec une humilité, une simplicité et une lucidité qui forcent le respect. Si Idir ne se considère redevable de rien à l’endroit de l’industrie discographique, il tient à demeurer à la hauteur des mélodies de son enfance quand à la sortie de l’école, le gamin qu’il était, devenu berger pour quelques heures, sifflotait dans une flûte bricolée dans un roseau, et à la poésie des récits kabyles que sa mère et sa grand mère, deux poétesses et conteuses appréciés dans son village, partageaient durant les veillées.

Idir aime prendre son temps, d’où une discographie qui compte moins d’une dizaine d’albums studio, en un peu moins de 45 ans. Dans les années 80, il s’autorise même un break d’une dizaine d’années pour ne pas se répéter. Son retour n’est que plus attendu tant pour sa musique, que pour le regard qu’il porte depuis Paris sur sa région et son pays dont il avait toujours la citoyenneté.

Identité berbère

Récemment il se réjouissait publiquement des dernières évolutions de la société algérienne, continuant d’affirmer haut et fort son identité berbère. Plus tôt, en septembre 2015, lors d’un concert à Londres, arborant un drapeau amazigh sur les épaules, il tenait à préciser à l’intention de quelques grincheux dans le public : « Il y a pas mal de gens qui ne sont pas contents quand ils me voient ainsi avec un tel étendard. Qu’ils sachent que ce n’est pas pour concurrencer tel ou tel drapeau. Parce que la chose politique, la notion de nation est importante, je veux simplement dire que la culture berbère existe, qu’elle existera et que je ferais tout pour qu’elle soit pérenne. Certains disent que je n’aime pas les Arabes. Ça serait idiot de ne pas aimer quelqu’un, déjà ce n’est pas normal, je ne suis pas là pour détester X ou Y, je suis là pour essayer de magnifier mon identité, surtout parce que je n’ai pas envie que l’on fasse de moi quelqu’un que je ne suis pas. Je veux être moi-même… Il n’y a aucune raison, ni objective, ni scientifique, ni social qu’une origine soit moins ou plus qu’une autre origine », clarifiait le l’artiste. Il a d’ailleurs chanté tout au long de sa carrière avec des gens de toutes nations et de toutes origines comme en témoigne sa discographie émaillée de nombreuses collaborations avec Cheb MamiAlan StivellManu ChaoAznavourMaxime Le ForestierGnawa DiffusionZebdaGeoffrey Oryema, Karen Matheson, Titi Robin, Jean-Jacques Goldman et même de nombreux rappeurs (Akhenaton, Oxmo Puccino, Grand Corps Malade, Rim’K, Sniper…)

Depuis l’annonce de son décès, ils sont nombreux à demander en Algérie, un deuil national pour célébrer le départ de cet artiste phare du mouvement culturel berbère, qualifié dans un tweet par le président Tebboune de « pyramide » dans un pays qui n’en compte aucune, ce qui a eu l’art d’irriter plus d’un des admirateurs d’Idir.

Écrit par Squaaly

[Photo : RFI/Edmond Sadaka – source : http://www.rfi.fr]

Escrito por MAURIZIO BAGATIN


“A menos que cambiemos de rumbo terminaremos en el lugar hacia el cual nos dirigimos”              
Proverbio chino
 

De entrada                                                                                                                                                 

Estamos viviendo el pasado con la amenaza del futuro” le dijo Claudio a Miguel, nunca pensaba oír esto, con tanta lucidez me dije, y durante la noche seguí repitiéndome… si la siembra no ha sido buena, si la semilla tenía gorgojo, si no se siguió a la luna, si lo mucho que aprendimos en el tiempo y en el espacio no lo pusimos en práctica, no habrá frutos, más bien sus frutos serán el miedo y el dolor. Lo efectual de la Historia es el boomerang del hoy, es todo lo que nos esperará mañana, Kant, Nietzsche y Gadamer lo anunciaron, muchos poetas lo recitaron, otros artistas lo moldearon…

Virus

Es la democracia de las enfermedades en su máxima expresión, como la pensaba Proust, ciego e horizontal, participativo e incluyente, transparente y sin sabor como el agua, invisible a los ojos, como lo más esencial en la vida, el virus invade silenciosamente el cuerpo, resiste y penetra, carcome y devasta todo el fibroso y el orgánico, explota el cuerpo, destroza los tejidos y deshace la materia, aniquila toda las fuerzas, todas las posibles resistencias; ata voluntades, encadena esfuerzos, inmoviliza partículas en vida, destruye moléculas y, como si fuera el rey nanotecnólogo, imperceptiblemente arruina la vida. Vivo y puro y astuto, sin adjetivos no logras enfrentarlo, no logro definir la monstruosidad de su vida. De sus efectos. Virus mortal. Con los más débiles a un principio, luego, hechas varias experiencias y preparado el camino, repara en los otros, en los más cercanos a los más débiles, en sus vecinos, a los de su misma sangre; después se empeña en mirar más allá, ver otros posibles territorios fértiles, otros ambientes idóneos, otra carne viva, y aborda como el devastador progreso, todas las máscaras a disposición. Es su triunfo.
El virus es un idiota, un perfecto idiota, no en el sentido que Dostoievski le supo dar, sino en lo que entendemos cuando, al ver un idiota, encontramos representado el que molesta, el que invade, el que impone… el dictador, el entrometido, el estúpido… el virus es también esto, y mucho más; hace lo posible, nunca lo imposible, no tiene fantasía, el virus no es la miel y el ajenjo de Montale, nunca inexpresivo, siempre nefasto, infinitamente perturbador -algo de Lovecraft, otro poco de Poe, todo lo de Kafka- escalofriantes dolores, falta de aire, no poder respirar; al final la muerte.   
El virus es apocalíptico y no lo es, la Historia enseña, la Historia retorna, la Historia se repite, no se desliga de los males del mundo, no se arrepiente, vuelve y se renueva; el virus es nuestra Historia, venganza de la naturaleza y diseño de nuestro pasaje, para muchos ya es un patógeno dolorosamente virtuoso. Todos los virus son iguales pero algunos virus son más iguales que otros
Lo mejor y lo peor de nosotros que nos pensábamos fuertes, Highlanders.., es que hoy somos más débiles que nunca, con nuestras emociones débiles, con nuestros sueños débiles, con nuestros contactos débiles… el virus arrastra nuestra descreída vulnerabilidad, elude, finalmente, nuestra imposible inmortalidad. Otros siguen sosteniendo que el virus somos nosotros, los humanos.

Pandemia

El orden del caos fue la puerta abierta, el despejado camino y la luz, desde una tábula rasa empezó un camino entre oscuras callejuelas y salvajes atajos, llevándonos a la normalidad –el anormal tiene un poco menos vida del normal, solo esto– a esta imperfección irrequieta e insostenible. Las vidas, nuestras vidas, las que llevamos durante todo este tiempo. Desde la puerta abierta, y con luces siempre encendidas, no tuvo más que acceder libremente, todos, o casi todos, les dimos la bienvenida; una belle époque transfigurada, un Gatsby no tan grande al recibir el demonio, nonsense y kitscheríos invadieron los territorios, las plazas fueron dejadas a transeúntes cada vez más rápidos, las calles a los rugidos y la pornografía en los salones de los poderosos, en los cónclaves de nuestros destinos. El silencio, la inacción y la tétrica oscuridad calaron y todo se transformó en una violenta paz. El caos es el orden.
Las enfermedades nos dicen los que somos, lo que fuimos y también los que seremos: del libro de papel al e-book, todo evolucionó, se adaptó a las épocas, la seda fue sustituida por el nylon, la carta postal por el mail, Woodstock por el Instagram, la peste negra por el coronavirus; nos reconoceremos con nuestras muertes, Borges lo dijo un día, somos como moriremos y cada uno muere como puede.

Peste

“Había bufones, improvisadores, danzarines, músicos, lo bello en todas sus formas, y había vino. En el interior existía todo esto, además de la seguridad. Afuera, la «Muerte Roja»». Así comienza en 1842 Edgar Allan Poe su magistral relato sobre la peste, identificando al vino con la atmósfera exquisita con que el príncipe Próspero había diseñado su refugio señorial, haciendo acopio de «lo bello en todas sus formas», para luego soldar puertas y ventanas”.
Sentirse decir eres una peste, era para un niño y para un muchacho un elogio o un castigo, la peste era un estigma fatal o una apología que duraría por toda la vida. La peste era el mal y también era el bien, la fleur du mal baudeleriana, las dos caras de la misma moneda, estigma y elogio: ser una peste era ser un destructor, ser pestífero era ser dañino, molestoso, insolente, verdaderamente una plaga. El pestífero es amado y odiado, envidiado, respetado y vilipendiado porque es voyant y enfant terrible, es poeta y rebelde, apapachado y alejado por las mismas razones. 

Ciudades

Aterradoras. Las que un día fueron acogedoras polis y luego metrópolis, las Atenas y Esparta de Tucídides, la Londres de Melville o la Orán de Camus, la París de Víctor Hugo y la Florencia de Boccaccio, la Nápoles de Gianbattista Basile, ciudades embriagadoras y encantadoras, a veces, también obscuras y falsas. Urbi et orbi, hoy en una espantadora y fantasmal Caput Mundi, y en otras alucinadas ciudades (in)visibles sin víctimas expuestas, solo náufragos solitarios y homeless, clochards, senza tetto, aparapitas y maudit: no hay flautistas mágicos o improvisados malabaristas y el sputafuoco niño, el saltimbanqui irrequieto… Tenebrosas calles a partir del crepúsculo. Con miedo a despertar al dilúculo.                                                                                                                 Esta es la primera pandemia de la sociedad planetaria. En cada balcón se expone una idea, de las ventanas escapan sonidos o músicas, detrás de ellas y de las puertas, tragicomedias, de lejos como de cerca, rutinas inventadas, nuevos y viejos ciclos camuflándose… el amante distanciado, el pusher fuera de horario, el que no cambiará nunca sus trajines… comedias humanas improbables. Balzac ultratumba…   

Miedo

¿Nos estrecharemos aún las manos? ¿Y un beso? ¿Lo simple será imposible? Acercarnos nuevamente, borrar distancias, olvidar premuras… sin protegernos, sin enmascararnos, sin dolor
El sistema policiaco en las calles, desde las ventanas y en la red, controlar, vigilar y perseguir, castigar: perder el rumbo de la libertad, de muchas de las libertades, creando el distanciamiento social… aquel miedo a ser tocado, el miedo… ”solo en las masas puede el hombre ser redimido por el miedo a ser tocado… Desde el momento en que uno se rinde a la masa, uno no tiene miedo de ser tocado… Quienquiera que venga a nosotros es igual a nosotros, lo sentimos como nos sentimos nosotros mismos. De repente. Es como si todo sucediera dentro de un solo cuerpo… Esta inversión del miedo a ser tocado es peculiar de la masa: el alivio que se extiende dentro de ella alcanza una medida notable cuanto más densa es la masa » (Elías Canetti, Masa y poder), y ahora esta masa, es una masa al revés, es una masa rarefacta, fundada sobre una prohibición, es una masa compacta y pasiva… frente al virus, los epidemiólogos tantean en la oscuridad… así adentro del túnel no encontramos la salida, el final es aún sin luz, solo números al final del día y estadísticas y más números, cálculos y economía, sin entender y ser entendidos. Un poeta paraguayo, de los patas pila, escribió hace mucho tiempo: “Lo que ‘se prueba’ solamente ‘existe’/y esto se llama ‘ciencia’/ ¡pero qué triste!”, a esto nos reducimos. La política al lado de la técnica, los jefes de Estado al lado de los científicos, dijo el filósofo Massimo Cacciari.

Futuro

Tal vez la respuesta a David Graeber llegó, el Futuro ya está aquí, no imagino una discusión sobre el Antropoceno, la globalización, el cambio climático, esta peste emotiva ha puesto en claro prioridades y excesos, un banco de mutuo socorro y más convivialidad, lentitud y decrecer o desaparecer. Tan simple y sencillo que da bronca.                                                                                                       
Unas interminables colas frente a un solo peluquero disponible, todos yippie recién llegados de una isla de Wight entre cuatro paredes, una Woodstock distópica, con fiebre y pesadillas, no las alucinaciones de Ginsberg o el himno de Hendrix, solo afiches de mal gusto y muchos memes: lo que no queríamos imaginar, lo que nunca quisimos ver y aún menos vivir. El Futuro está aquí.
¿Qué tragedia nos esperará el Futuro? De las que conocemos a través de Sófocles y Esquilo, de las que nos ha dejado Shakespeare; todo es un don, la belleza, el amor, el sexo, en Homero y en las divinidades de la Grecia clásicas; todo surge de la voluntad y de la moral en Hamlet o en Macbeth… será la manera con la cual viviremos el futuro a indicar si será comedia o tragedia, el futuro será si todos los días serán como si fuesen el ultimo día, si el ultimo día será la proyección para la eternidad.

Presente

¡Fuera, el cementerio, dentro de la televisión, la ventana abierta a un mundo cerrado! (Raoul Vaneigem), histeria en las mujeres y padrejón en lo hombres… paranoia, esquizofrenia, estrés en muchos, estupidez en muchísimos, banalidad, pánico, desesperación, aburrimiento, depresión en tantísima gente, miedo en todos, dolor por demasiados, efectos de un trastorno colectivo; a la mala información, a las especulaciones baratas, le sigue todo esto y una adehala siempre nueva, siempre lista al asalto.                                                                                                                                                           Nos vemos hoy entre los desangrados de la tierra, entre los desposeídos, sin ser ellos y, sobre todo, sin ser entre ellos. Hay una transparencia en este nuevo medioevo, el lado oscuro de la globalización.
Muerta, la ciudad viva… en nuestras horas de libertad aumentaron las distancias, colas para las necesidades, colas para todo y para todos, se sale con números de carnet alternos, algoritmos y hasta algún carnet de los muertos que votaron el 20 de octubre, tiendas que ofrecen pan casero y alcohol en gel; el primer día de cuarentena fue como un día del peatón, ayer en mis horas de libertad no encontré un solo bicicletero que pueda parchar la rueda de la Hércules…    
“La verdad ha dado paso a la credibilidad, los hechos a declaraciones que suenan autoritativas sin involucrar ninguna información autorizada, en las cuales hacer política es vender liderazgo al público”. Como en las guerras, la primera víctima es la verdad.   

Familia

Nunca leí menos libros, nunca vi menos películas, nunca como ahora el ocio pasivo me invadió así tanto. Disculpen el pleonasmo pero el ocio es tremenda actividad para mí. Es que hoy somos más débiles, incapaces de mirar a través de las hojas de un árbol, las cargadas nubes o el imperceptible aleteo del colibrí: otoño no es para mucha huerta y lejos me encuentro del paraíso habitado por diablos adonde un día el fatum me llevó y me condujo, enseñándome utopías y separar voluntades y deseos… la tierra, ayer, hoy y mañana, minerales, bacterias, microorganismos y agua, toda nuestra composición descompuesta y recompuesta: composición y entropía. Hay biologías inviolables, biologías extremas… tiempos únicos.
Pero sigo nadando en esta orgía perpetua que me indicó Flaubert, la literatura, como forma de sobrevivencia… miro los libros apilados, ordenados y desordenados en su repisa… personajes y más personajes que entran y salen -los únicos autorizados, en estos días, en infringir reglas, en no someterse a decretos, anárquicos adentro y afuera- mientras sigo buscando palabras, en su mayoría adjetivos, leo que, on the road de mi peregrinaje, “un día encontraré las palabras adecuadas y serán simples”, Jack Kerouac el nómada beat sugiere.

Cuarentena

Mientras, una masacre planetaria de personas mayores silencia ciudades, que se han convertido en ataúdes de vidrio y hormigón, encerrados perpetuamos la colisión, abandonando la vida y alejándonos de la muerte, de los vivos y de los muertos: crónicas de un Dante posmoderno -o moderno tardío, como prefería definir nuestra época Heidegger- adonde el Homo Sacer es el Homo destruens de toda nuestra Biopolítica, un juego tan grande que ya no podemos controlar. Anquises ya no puede acompañar a Eneas, el camino está minado, y tal vez solo Ascanio pueda sobrevivir a esta cuarentena.

Hambre

Algunos han cambiado su dieta, corregido los nefastos hábitos de antes: el pijama reveló el maquillaje –muchos días transcurridos sin siquiera sacárselo, en pantuflas mirando tristes jardines, fantasmales calles y el cielo encadenado– y ahora, revelando que no era nada más que estar a la moda, esta intolerancia al gluten, estas pasarelas al gimnasio, toda una tendencia el light, pero con aspartame, el yogurt, los cereales integrales y el aceite de oliva. Caretillas cargadísimas de aceite Fino (elaborado con soya Ogm), tomates de Saipina y Omereque (zonas rojas por el uso indiscriminado de agrotóxicos, muchos de ellos prohibidos…), uva de Tarija, de estos valles que hicieron su riqueza con el monocultivo de uvas, perdiendo toda o casi toda su fantasiosa biodiversidad, hay muchas manzanas, todas de Chile: kilómetros de distancia, fumigaciones y explotación de haitianos.  
Hemos comido hasta las últimas granadas del jardín, y ¡que ricas! la mermelada de higos, la de tomate de árbol que antes nunca queríamos probar –misma suerte para el tomate, después de un largo viaje con Colón– y el refresco de canela con mucho menos azúcar, mucho menos color, mucho menos canela y mucho más sabor. Los carritos chatarreros se parquearon, del pollo a la broaster, ¡ni el olor por suerte! Una vez a la semana, y uno solo por familia, hemos hechos colas -y seguimos haciéndolas- con disciplina y nerviosismo, con impaciencia y calma, mezcla de Tomás Moro con el violento presente. 

Capitalismo

He visto muchas ramas de eucalipto (alguien indicó que cura del virus…) en los brazos de mujeres, todos haciendo inhalaciones en casa, remedios caseros -el de la Antifarmacia de la Comunidad Inventiva Boliviana, el AntimicrobianoDeus ex Machina…, patentado e incautado estos días a un diputado boliviano y a un sientífico, debe ser el mejor- que nos reconduce a los pajpacus de todas las plazas, a un tiempo surreal u obscuro, un nuevo medioevo, aunque al mismo tiempo, no meno obvio es que la epidemia del coronavirus es una plaga emocional, un miedo neurasténico, un pánico que en conjunto oculta las deficiencias terapéuticas y perpetúa el mal al trastornar el paciente.
El capitalismo (salvaje) en sí es el capitalismo (salvaje) que es en mí… ¿Soñamos realmente un retorno a las vidas de antes, a la estéril ilusión de la normalidad? El siglo breve podría ser superado, con nuestra breve permanencia, por este nuestro siglo XXI.

Epílogo y final

La reunión de demonios tal vez no termine aquí, el demonio mayor, el que todas las biologías confunden, el monstruo que nace de las entrañas de nuestras abyectas acciones, él se renueva, entra en metamorfosis para sobrevivir, se camufla para escapar, se mimetiza para engañar… mandar en lockdown el mundo entero.


“Il prossimo sdiluvio universale non sará fatto d’acqua, ma di tutti i nostri rifiuti accumulati nei secoli. Moriremo assufficati dalla nostra stessa merda” (Andrea Camilleri).
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[Fuente: RASCACIELOS – imagen: Otto Dettmer – reproducido en sugieroleer.blogspot.com]

Nuestro cotidiano se ha digitalizado como nunca antes y estamos aprendiendo a la fuerza la vida a través de pantallas. Redes, likes, disponibilidad 24/7 desde el celu, la compu, trabajo o entretenimiento. Nuestros datos más privados ya no lo son y estamos expuestas entre algoritmos que parecen definir por nosotres. ¿Cómo nos autocuidamos en la matrix?

Suena la alarma, miro el celu, es la primera actividad que me amanece cada día. Veo los mensajes que se acumularon antes de que despierte, respondo algunos. Un ratito de noticias, mando un meme, comento unas fotos, comparto una historia, participo en el hilo de un tweet. Una reunión por Zoom, alguna clase en las plataformas disponibles. Ver serie, video llamada grupal entre amigues. Un match nuevo, chateo un ratito en alguna de las apps de cita. Comparto mi playlist, clicks. Compra virtual. Mas clicks, foto, me gusta, compartir. Enviar.

Sé que mi realidad no es la de todes. A simple vista parece que las tecnologías democratizan, pero hace fata una vueltita por otros mundos que no son el que habitamos, para darnos cuenta: el entorno virtual no es vivido por todas las personas de la misma manera. Otra vez la desigualdad pega más fuerte en las mujeres y las disidencias, quienes conviven con mayores dificultades, no solo por el acceso sino por las posibilidades de diseñar y administrar las tecnologías.


Las tecnologías han sido creadas y administradas desde un código masculino heteropatriarcal y occidental. Estamos enfrentades a violencias, los machitrolls, burlas, acosos, cibervenganzas, por un lado. Pero por otro lado, la lucha feminista resignificó el ciberespacio como un lugar desde donde disputar, interpelar y subvertir los discursos y los usos de la red. Activismos que nos aportan reflexiones para que burlemos los algoritmos, para transformar las relaciones de género en la red, como eco para la vida, la real y virtual. Activismos herederos de Donna Haraway quien hace tantos años con su lucidez en Manifiesto Cyborg, nos daba elementos contundentes de análisis.


Las Amazonas y Arpías profundizan este tema en uno de los episodios de sus podscast titulado: La era cyborg.

Coexisten mejores condiciones y desigualdad en el acceso a las tecnologías con las consecuencias sobre el medio ambiente, los territorios, los cuerpos. Más conexión es igual a más control, más huella digital, más huella ecológica.

“La interdependencia global en la que ya convivíamos se hace más elocuente en tiempos de coronavirus. La tecnología no es ni neutral, ni inmaterial. Se estima que los centros de datos donde se aloja nuestra navegación diaria son los responsables de entre el 3% y el 7% de los contaminantes globales. Y, para enero de 2019, el mundo tenía más basura electrónica que humanos. Como dicen en el documental Cuando deje de llover, “nuestra agua refleja nuestro comportamiento, tarde o temprano todo lo que hacemos, usamos o poseemos termina en el agua”. Escribieron en una nota las compañeras de Surciendo, una colectiva activista mexicana sobre comunicación y diseño, software y culturas libres.

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(Imagen: Laboratorio de ciberbrujeria)

La digitalización de la vida en pandemia

Conversamos con les compañeres del Laboratorio de Ciberbrujería, quienes se definen como un grupo de aprendizaje que impulsa la creación colectiva a través de “Hazlo tu misme y Hazlo con otres”. Aquí en Córdoba llevan adelante talleres donde abordan las posibilidades técnicas de algunos dispositivos, los usos cotidianos de la tecnología, investigaciones y reflexiones en relación a la interseccionalidad entre técnica, tecnología y feminismo.

Le preguntamos a cerca de la digitalización de la vida en este contexto de aislamiento social preventivo y obligatorio, y lo primero que nos advierten, es que en la urgencia de esta crisis sanitaria no hubo una reflexión acerca de que no todo es inmediatamente trasladable a “la red”. Señalan la desigualdad que evidencia esta realidad en el acceso a una computadora, a una red wifi. Nos dicen: “La multiplicidad de realidades económicas y sociales que se presentan nos invitan a repensar cómo podemos empezar a romper la brecha digital, cómo podemos construir una red de cuidado que articule lo digital con la vida, en tanto responda a nuestras necesidades y deseos. Entendemos que la vida ‘real’ o física no está separada de lo virtual, digital, online, son nuestros propios cuerpos habitando y transitando otras realidades y otros espacios porque se hace fundamental hacernos de herramientas que nos permitan apropiar esos lugares, romperlos, modificarlos, intervenirlos, sabotearlos, hackearlos”.

La pronta digitalización vino acompañada de un mandato de productividad, de aprovechar el tiempo y hacer cosas: cursos, ver series, visitar museos virtuales, acceder a colecciones enteras de libros, así una lista interminable de cosas para hacer en la cuarentena. Al respecto, advierten que “no solo vemos una productividad sostenida desde los espacios laborales, sino también en el mandato por estar entretenides, hacer algo más. Nos llama la atención el gran esfuerzo por mantener la misma productividad laboral en trabajos formales, sin un proceso de reflexión sobre las condiciones y el contexto. Si cuando termine la cuarentena, no prestamos atención a cuál va a ser la nueva ‘normalidad laboral’, podríamos estar ante un gran retroceso en lo que fueron las luchas de trabajadorxs y las conquistas laborales. Y si ni los derechos laborales básicos son garantizados para mujeres, trans y no binaries, qué podemos esperar de un nuevo sistema de trabajo digital”.

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(Imagen: Laboratorio de ciberbrujeria)
(Imagen: Laboratorio de ciberbrujeria)

Conjuros para autocuidarnos

“Es necesario que empecemos a problematizar la avanzada estatal e institucional en los espacios digitales. La individualización y vinculación de nuestras identidades digitales con la ciudadanía y los posibles usos de nuestros datos deberían desde ya ser motivo de preocupación. No solo para poder resguardar nuestra privacidad y derecho al anonimato, sino también para evitar que se establezcan patrones de medición, valoración y penalización que favorezcan el sistema meritocrático en el que ya vivimos”, expresaron.

Los feminismos y movimientos lgbtttq+ trabajan con convicción en la idea de la autodefensa y autocuidado, al respecto, desde Ciberbrujeria nos cuentan cómo entienden este concepto, mejor dicho, como lo acuerpan, “las opciones de autocuidado que podemos construir o re-construir a partir de las herramientas disponibles (sobre todo aquellas a las que podemos acceder), son necesariamente colectivas y tienen sentido si responden a potenciar nuestros vínculos, redes, libertades, en un mundo donde el conocimiento técnico, la capacidad de crear y de tomar decisiones sobre la tecnología y sus avances está monopolizada por grupos económicos y políticos que sostienen un marco de producción y explotación heterocapitalista. Nos posicionamos desde la autodefensa y el autocuidado digital, diferenciándonos del concepto de ‘seguridad’ informática. Creemos que conocer las herramientas que utilizamos contribuye a nuestra autonomía. Ya sean las que elegimos o las que nos son impuestas en el marco de lo digital. Saber cómo funcionan, cómo intervenirlas, cómo utilizarlas a nuestro favor, como distinguir su uso necesario de su uso productivista, como distanciarnos de los grupos hegemónicos y apostar a herramientas, software producidos por compañeres con perspectiva anticapitalista”.

En Conectadas y Seguras, un listado de recomendaciones para trabajar desde tu casa, cuidar tu privacidad y tu libertad de expresión.

(Imagen: Laboratorio de ciberbrujeria)
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(Imagen: Laboratorio de ciberbrujeria)
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(Imagen: Laboratorio de ciberbrujeria)

Conspirar en la Matrix

Les preguntamos sobre cuáles estrategias podemos darnos en estos días de sobreexposición en las redes para nuestro cuidado. ¿Podemos burlar al algoritmo? ¿cómo salirnos de ese circuito? ¿software libre es la solución? Con la claridad de la búsqueda, nos dicen: “No hay recetas. Y si las hubiera, probablemente no las seguiríamos. En estos tiempos de distopía pandémica, de ciberpatrullaje y saturación de nuestros feeds, lo único que podemos hacer para ser un poco menos ‘funcionales’ y apelar a la imaginación colectiva es conspirar, crear, explorar. Pensar otras posibilidades, otros usos, otros deseos, más allá de lo impuesto”.

Les preguntamos cómo lo hacemos concretamente, pues sabemos que las posibilidades son tan amplias como la mismísima idea de pensar en el mundo virtual. Y afirman que “hay muchas experiencias en otras latitudes, pero por ejemplo en nuestra misma ciudad está la Feria Feministas Trabajando organizando una web que pueda alojar a les productores que participan del espacio; o la red Fuegas de alimentación que toma pedidos por formularios digitales y se organiza para su distribución, como también lo hacen las redes de productores de la agroecología, cuentas en redes sociales de denuncia de abuso policial a nivel local y nacional, cooperativas de trabajo que siguen apostando a una economía solidaria”.

Nos compartieron algunas páginas y guías de autodefensa que pueden resultar útiles para surfear por las redes.

Guía básica de Autodefensa digital para celulares de las Ciberseguras 

Guía de Autodefensa Digital para activistas y comunicadorxs populares de Utopía Partido Pirata 

Manual “Zen y el arte de que la tecnología trabaje para ti” de Gender and Tech Resources

Les compañeres concluyen: “No creemos que existan los espacios seguros y obviamente la red no lo es en su totalidad. Pero cada espacio físico o virtual puede ser potencialmente explorado, intervenido, hackeado. Podemos establecer nuestros propios criterios una vez que conozcamos las reglas con las que juegan las corporaciones y los Estados. Apostar a los autocuidados colectivos, a la descentralización de la información, es un primer paso”.

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(Imagen: Laboratorio de ciberbrujeria)

[Fuente: http://www.latinta.com.ar]

La obra de Cervantes no parece ser uno de esos libros a los que uno se acerque por gusto o por curiosidad, al menos no en la juventud; ¿qué pasa si alguien se acerca a las nuevas versiones y traducciones de este libro esencial?

Fotograma de ‘Honor de caballería’ (2006), de Albert Serra

Escrito por Jacobo Zanella

Mi primer encuentro con el Quijote no fue a través de la lectura —era yo apenas un niño— sino de una duda: ¿realmente alguien creía que un libro así podría leerse? Recuerdo varias ediciones en casa, pero siempre estaban cerradas. La más atractiva era una edición española en dos tomos, en papel Biblia y encuadernada en piel natural café oscuro con letras grabadas, pero era solo eso: una presencia en una estantería que no se consultaba muy a menudo. Parece que en esas casas con niños pequeños basta con que los clásicos de la literatura se hagan presentes —como si leerlos fuera una actividad opcional. No entiendo qué pasó después, pero nunca cursé esa asignatura en donde tienes que leerlo en clase, y no parece ser uno de esos libros a los que uno se acerque por gusto o por curiosidad, al menos no en la juventud. 

Mi segundo encuentro con el Quijote fue mucho después, y fue accidental. Y en inglés. Me encontré con un extenso fragmento en una revista —una antología sobre el humor— y me maravillé y me sorprendí al encontrarme leyendo el texto y descubriendo que era, efectivamente, humorístico. Pero no solo eso, no solo había humor: había gracia e inteligencia, había una voz cálida y memorable. No era una voz contemporánea, quizá no, pero leerla hacía mucho sentido —un gran contraste con lo que pasaba en los libros y en la vida del momento que entonces vivía. Cálido, gracioso, relevante: no son los adjetivos con los que, supongo, alguien que no ha leído el Quijote lo imagina.

Unos años después, en una feria de libro, me encontré con una edición conmemorativa —como, supongo, lo son todas. Exaltado por el recuerdo de aquel encuentro sorpresivo, compré el libro y comencé a leerlo unos días después. Pero mi lectura fracasó: no había ni humor ni calidez ni mucho sentido. ¿Qué estaba pasando? Traté de localizar aquel pasaje que unos años atrás había leído en la revista, pero no pude encontrarlo. Mis intentos de lectura se entorpecían y terminaba buscando auxilio en el diccionario o en las notas del editor: no precisamente la imagen que uno tiene de la lectura por placer.

Y entonces hice algo que pensé que iba a conservar en secreto: comprar el Quijote en inglés y ver qué pasaba. Me encontré con una edición reciente, traducida por Edith Grossman, que había recibido los mejores elogios. Leí un fragmento del libro en internet antes de comprarlo y ahí estaba: la lucidez, la luz y la gracia que recordaba. (Cuando Cervantes escribió el Quijote, su lenguaje no era arcaico o pintoresco —dice Grossman—, lo escribió en un español moderno, de su tiempo, que reflejaba y al mismo tiempo moldeaba la manera en que el lector experimentaba el mundo. Esto significaba que no tenía que encontrar una voz especial, anacrónica o que se escuchara como del siglo XVII, sino que podía traducir su escritura, increíblemente magnífica, al inglés contemporáneo.) Lo pedí de inmediato y lo comencé a leer cuando llegó. ¿Cómo era posible que la voz de Cervantes me hablara mejor, fuera más cercana, si había una traductora estadounidense de por medio —como digiriendo las palabras por mí—, y no en español, que era nuestra lengua compartida? (Y aquí tengo que hacer una breve aclaración. Leer el Quijote en inglés iba a ser la primera excepción a la regla de solo leer en inglés aquello que originalmente esté escrito en inglés —o que no esté traducido al español. Con los años me he dado cuenta de que leer en esa lengua con la que no tengo ninguna relación biográfica me desconecta de una parte racional, como si la mente que lee en inglés fuera distinta a la que lee en español: como si en inglés leyera más del lado orgánico del cerebro y en español lo hiciera más del lado racional y crítico.) Leí los primeros capítulos con un placer adulto —que no creo que pueda sentir un adolescente o un joven—: estar leyendo el Quijote completo por primera vez a los cuarenta años me pareció lo verdaderamente justo.

En esos días encontré en internet, de nuevo al azar, otro Quijote: el de Andrés Trapiello. El autor español había decidido, hacía unos años, «poner» el Quijote en «castellano actual íntegra y fielmente», con el previsible rechazo de la academia y los lectores que sí lo habían leído en su versión original. Mi primera reacción fue de rechazo también, por supuesto, pero al escuchar sus razones encontré un eco: me pareció que había estado preguntándose lo mismo que yo: ¿por qué el Quijote se actualiza (una o dos veces por siglo) en todas las lenguas, con nuevas traducciones —y se hace así accesible a nuevas generaciones de lectores—, pero en español tenemos que leer la versión de hace 400 años, intocable, imposible de actualizar? ¿Por qué un lector de, digamos, Escocia o Brasil puede leer a Cervantes como a un contemporáneo y nosotros no? Hacía todo el sentido, aunque la controversia académica seguía siendo válida —al menos hasta cierto punto. Compré, pues, esa traducción de Trapiello. Era mi quinto Quijote, y comencé a leer un capítulo de Grossman y otro de Trapiello, alternados. La experiencia de lectura se parecía mucho, la voz de Cervantes era la misma, el experimento funcionaba. Dejé la versión en inglés para seguir con el libro en la nueva versión española, y así lo terminé. Para alguien sin pretensiones, para el lector común, estoy seguro, es la mejor manera de leerlo. Hacerlo en su versión original se parece a la experiencia de lectura investigativa: una lectura técnica de la que tenemos poco contexto, por lo que hay que recurrir a las citas y al diccionario varias veces por página, y no veo la justificación para hacerlo —a menos que se lo esté estudiando o se tenga tiempo libre ilimitado. La lectura por placer no debe ser eso. Puede ser compleja, claro, pero en este caso era compleja a un nivel más técnico que literario.

Cuando terminé de leer el libro regresé al original y estuve comparando algunas páginas. ¿Qué había hecho Trapiello que había transformado de esa manera la lectura? La sorpresa fue más bien darme cuenta de lo contrario: las modificaciones que había hecho eran mínimas —imperceptibles, casi—, pero el trabajo había sido tan preciso, con tanta certeza de lo que estaba haciendo, que parecía que había reescrito el texto —cuando en realidad había solo reemplazado poquísimas palabras. Esta sensación de sencillez y facilidad, lo sabemos todos, es solo la representación del trabajo más arduo (la tarea le tomó catorce años).

Mi determinación (¿o curiosidad, o extrañeza?) de leer el Quijote me llevó por cinco versiones en cinco décadas, pero al final lo hice. La versión de Grossman logra algo que me parece improbable, extraordinario: hace que el inglés hable en español; logra lo mismo que logra la mejor literatura: la universalidad, la ausencia de tiempo; la sensación de estar leyendo fuera del lenguaje, de estar en un lugar sin referencias físicas ni lógicas. Quizá los no hablantes del español que quieran leer el Quijote en el original encuentren eso en la versión de Trapiello. Algún día, creo, lo releeré, y quizá entonces lo haga en aquella versión de la infancia, que todavía está en la casa familiar.

[Fuente: http://www.latempestad.mx]

Le musée de La Poste a présenté l’exposition éponyme qui vise à faire « découvrir quelle réalité se cache derrière la construction du mythe de la sorcière. Une approche historique de la sorcellerie où art, sociologie et ethnographie se rencontrent pour comprendre l’évolution des mentalités et des pratiques ». Un panorama artistique des représentations des sorcières, femmes détenant des pouvoirs multiples, magiques – dons divinatoires – ou ordinaires (connaissance des vertus des plantes), qu’elles utilisent de manière positive pour guérir ou négative pour envoûter ou jeter un sort. Des sorcières « présentées comme suppôts des diables et démons de l’Enfer ». Arte diffusera le 22 avril 2020, dans le cadre de « Square Idée », « Le retour des sorcières » (Der Rückkehr der Hexen). 

Publié par Véronique Chemla

« Pourquoi les sorcières et non les sorciers ? Parce que le mal – c’est bien connu – est féminin. Un dicton populaire sans ambiguïté nous le rappelle « Entre femme et diable, choisis… mais réfléchis ! » L’Histoire confirme cette identité entre femme et diabolisme : 80% des procès en sorcellerie des XVIe et XVIIe siècles – haute période épidémique en fait de sorcellerie – mettent en cause des femmes. « Un sorcier, dix mille sorcières », écrivait Michelet. Rappelons, à toutes fins utiles, que les juges étaient des hommes… Ceci explique cela. Quant au machiavélisme dont les magistrats firent preuve dans l’instruction des affaires, il échappe à tout entendement ».

La « sorcellerie n’est pas une relique du passé. Si les pratiques magiques, dont la sorcellerie n’est qu’un des aspects, existent depuis « la nuit des temps », elles n’ont pas disparu avec le siècle de la Raison et ont traversé les siècles, insensibles au progrès des sciences. Elles se greffent sur des croyances populaires millénaires immuables, transmises par tradition orale. Les mythes et le sentiment religieux ont donc la vie dure ».
L’exposition Sorcières vise à « expliquer ce fait social dans sa continuité. Le discours de l’ethnographe, observateur des milieux où la croyance dans les sortilèges et maléfices est vivace, fait suite au travail de l’artiste et à l’analyse de l’historien qui a traqué la sorcière au village, au tribunal et jusque dans la tête des démonologues.

L’exposition est composée de deux parties : l’imaginaire de la sorcellerie qui s’achève par l’espace interactif Es-tu sorcier, puis les pratiques magiques.

L’imaginaire de la sorcellerie

La première partie est dédiée à l’imaginaire de la sorcellerie que révèlent les tableaux de peintres du XVIIe au XXe siècle, de David Téniers et Léonard Bramer (1596-1674) à Jean Aujame (1905-1965), en passant par les artistes du XIXe siècle.

À la différence des artistes modernes qui ont créé des œuvres résultant de leur imagination, « leurs aînés avaient le sentiment de représenter des scènes réalistes. Ainsi le sabbat, cette réunion nocturne des sorciers que tout le monde, ou presque, considérait comme un fait réel. Les scènes font frémir : infanticide, anthropophagie, licence sexuelle… »

Cet espace présente aussi celles qui étaient apparentées à des sorcières : hystériques et devineresses. En effet, sous le règne du roi Louis XIII, celles qui prédisait l’avenir étaient poursuivies et condamnées comme les sorcières. Quant aux femmes énervées, elles étaient réputées possédées par le démon à une époque qui ignorait le fonctionnement du cerveau, l’inconscient.

Quant au cinéma, il s’est emparé de ce personnage féminin. En témoignent les affiches de films réalisés sur la sorcellerie et qui rencontrent un succès auprès d’un public intéressé par les productions fantastiques. Exemples : le film documentaire (Heksen, 1920), le film narrant un fait ou un personnage historique, parfois des métaphores sur l’intolérance et la bigoterie – Les sorcières de Salem de Raymond Rouleau d’après la pièce de théâtre d’Arthur Miller, 1956 ; le curé d’Ars (Le sorcier du ciel, 1949 -, le film de fiction entre comédie (Ma femme est une sorcière de René Clair, 1942) et horreur (Satan, mon amour). Sont également présentées des maquettes de films du début du XXe siècle, le Faust de Murnau (1926), un diable dessiné par Georges Méliès pour son film La damnation de Faust (1909). Un extrait du film muet du Danois Benjamin Christensen Heksen (ou Häxan) réalisé en 1920 est projeté dans l’espace vidéo.

Dans l’espace historique, sont instruits des procès qui menèrent de nombreux accusés sur le bûcher. En 18 tableaux peints en 1938 pour le musée basque de Bayonne, le peintre espagnol José de La Peña raconte les procès en sorcellerie dirigés par Pierre de Lancre en 1609 dans le pays du Labourd (province du Pays basque). Le conseiller au Parlement de Bordeaux fit exécuter une centaine de personnes, essentiellement des femmes et notamment les épouses des marins partis à la pêche sur les bancs de Terre-Neuve.

Gravures et papiers anciens « sur les affaires de possession diabolique dans les couvents à Loudun en 1632, à Louviers au milieu du XVIIe siècle, témoignent de sordides condamnations de prêtres désignés par les moniales comme étant à l’origine de leur trouble ».

À la fin du XVIIe siècle, « il n’y a plus guère de procès de sorcellerie : un édit du roi de 1682 interdit les poursuites judiciaires dans ce domaine. Au fil des siècles, le diable ne fait plus peur et devient un sujet de dérision. Très présent dans l’instruction des procès de l’Ancien Régime, il est rarement invoqué dans les pratiques magiques en usage aux XIXe et XXe siècles ».

Au XVIIe siècle, les juges cherchaient les preuves de sorcellerie chez l’accusée. On rasait sorcières ou sorciers pour repérer sur leur corps la marque de Satan : une forme de crapaud, une patte de grenouille ou d’araignée. L’autre preuve s’effectue par la pesée : la sorcière capable de voler pour se rendre au sabbat était forcément légère. Deux reproductions de gravures anciennes représentent la pesée de la sorcière et la preuve par l’eau : « la présumée sorcière était jetée à l’eau. Selon la même logique de légèreté, si la sorcière flottait, elle était à coup sûr une sorcière. Si elle coulait, preuve était faite qu’elle n’avait pas pactisé avec le diable. Dans les deux cas, son destin était scellé… »

Les pratiques magiques

La plupart des pièces présentées ont été recueillies par des ethnographes.

Les « sorcières d’aujourd’hui ne sont plus inquiétées car elles ne mettent plus en péril l’ordre social. Il n’y a plus de démonologues, mais des pouvoirs publics qui poursuivent les adeptes du satanisme. L’opinion courante réduit la sorcellerie à des pratiques d’envoûtement, de conjuration et d’exorcisme. Mais celles-ci n’auraient pas d’existence sans la mentalité magique qui en constitue le terreau ».

Dans cet « univers de croyances matérialisé par des objets détournés de leur fonction première. Par exemple, le joug de bœuf, pièce d’attelage des animaux de trait, repousse le sorcier quand il est placé au-dessus de la porte. Les objets du quotidien paysan peuvent être utilisés à des fins maléfiques. L’agression à distance met en œuvre le principe du transfert. Ainsi, le fléau ne sert pas seulement à battre le blé mais, frappant le vêtement ravi au jeteur de sort supposé, il le fera souffrir jusqu’à ce qu’il demande son pardon ».

Dans la maison du sorcier, grimoires et ustensiles de son art distingue ce logement de la demeure paysanne : crâne humain et ossements, serpents dans des bocaux, sel conjurateur… « Cet intérieur est un véritable concentré de superstitions. Ainsi une horloge couverte d’un drap noir dont on a arrêté les aiguilles afin que l’occupant qui vient de passer de vie à trépas ne continue pas à hanter les lieux. Une baratte à beurre dont le sorcier se servait pour provoquer des orages en y battant de l’eau conjurée ».

La « religion est très présente. Dans les cas de maléfices ou de possession, le prêtre est sollicité pour exorciser les êtres et les lieux. Dans le quotidien, on invoque les saints pour guérir de ses maux ou attirer leurs faveurs. Les reliquaires de saints répondent aux souhaits de leur possesseur. Par analogie de noms, saint Vital confère la vitalité, saint Just la justice, sainte Lucide la lucidité… »

Pour protéger le corps du sort jeté par un sorcier, il est paré de talismans et amulettes portées au cou ou dans la poche.

« Quelles sont les recettes appliquées par le sorcier pour maléficier ou conjurer le mal ? Si le sorcier a reçu un don, transmis par un ascendant, il lui faut aussi posséder des livres de recettes. Ce sont les grimoires tels que le Grand Albert et le Petit Albert, véritables manuels de médecine populaire qui contiennent des recettes de charmes et de sortilèges. Y sont développées les vertus « médicinales » des plantes, des animaux et des minéraux. On utilisait ainsi des plantes dont bon nombre étaient narcotiques, stupéfiantes ou hallucinogènes comme la belladone, la jusquiame, le datura ou le redoutable ergot du seigle qui, utilisé comme abortif, pouvait engendrer la gangrène et entraîner la mort. La belladone, aussi toxique soit-elle, pouvait aussi augmenter le charme des dames. Son jus, instillé dans les yeux, dilatait la pupille et attirait ainsi le regard des hommes. Animal très apprécié du sorcier : le crapaud. Placé à des fins maléfiques sous la pierre du seuil de l’étable, il fait périr le bétail. Le bouillon du batracien passe pour ôter la volonté de celui qui le boit ».

Quant aux minéraux, ils ont aussi leurs « vertus. Les pierres dites pierres à venin qui ressemblent à la peau du serpent peuvent servir à guérir les parties malades par application. Les pierres de tonnerre – pour la plupart des haches polies du néolithique retrouvées dans les champs – sont un remède souverain contre la maladie des ovins. On fait boire l’eau où elles ont trempé aux brebis malades, ou bien on en frotte avec un linge la partie enflée ».

Le sorcier peut aussi fabriquer ses instruments, par exemple des « dagydes, ces figurines humaines ou animales piquetées d’aiguilles ou de clous, destinées à l’envoûtement ou encore des représentations de phallus entourés de fils afin de brider la virilité de la victime ».

Autres objets utilisés pour la divination présentés : tarots, baguettes de sourcier, pendule… et un miroir.

Enfin, l’exposition se termine chez Madame P. Cette femme qui habitait dans un petit hameau de la Creuse au début du XXe siècle pratiquait l’envoûtement et le désenvoûtement. Réputée pour ses services, elle était surnommée la sorcière. Pour pratiquer son art, elle « faisait fabriquer par des artisans locaux des terres cuites à l’effigie du diable ».

Apprendre le respect de soi et de l’autre, identifier et comprendre les processus qui amènent à la discrimination. Tels sont les objectifs d’un atelier pour les plus jeunes afin « d’interroger les clichés et les stéréotypes pour initier une réflexion sur la différence et la construction des préjugés ». Histoires de sorcières et ateliers pour les enfants afin d’apprendre le respect de soi et de l’autre.

Judaïsme


Le dossier de presse ne mentionne pas d’éventuels liens avec le judaïsme – pourquoi le mot sabbat ? – et l’antisémitisme d’œuvres : ainsi, le tableau La convocation au sabbat de José de la Peña (1938) présente en premier plan un personnage masculin répondant aux stéréotypes antijuifs (nez proéminent).

« Il y a une relation incontestable, me semble-t-il, entre le mot sabbat et le shabbat juif. Le sabbat est aussi appelé « synagogue ». Mais les persécuteurs n’ont pas cherché à retrouver les sorcières et les sorciers chez les Juifs qui avaient, du reste, leur propre persécuteurs depuis bien longtemps », m’ écrit Patrick Marchand, commissaire de l’exposition et auteur du catalogue, le 26 mars 2012.

Et d’ajouter : « Quant à l’exposition, le choix a été de la limiter à l’espace français. L’étendre au monde entier aurait exigé des espaces plus importants et un temps de préparation considérable. Bien sûr, on condamne pour sorcellerie encore un peu partout dans le monde ».

Lors de l’opération Bordure protectrice, alors que défilait la « rue islamique », Christophe Barbier, directeur de la rédaction de L’Express, a titré a chronique biaisée Les nouveaux Baal-Zebud (5 août 2014). Il a révélé l’immensité de son ignorance historique (« colonisation excessive »), sa méconnaissance dramatique de la situation des Français juifs, la prégnance des clichés négatifs accolés aux Juifs – « lâcheté », « désertion » – et son incompréhension des enjeux actuels. L’absence du mot « musulman » à elle-seule trahit ses tabous et sa peur de se retrouver en première ligne face aux islamistes si ses concitoyens juifs quittaient la France. Et qualifier l’État d’Israël d' »ailleurs qui n’est nulle part » discrédite ce journaliste. « L’éditorialiste d’un grand magazine s’estime fondé à traîner les Juifs dans la boue, dans leurs sentiments, leurs comportements, leur identité »déplore Shmuel Trigano. Et cet essayiste de critiquer le dossier de cet hebdomadaire : « Le constat que démontre ce dossier est très simple : les victimes d’agression sont fustigées et les agresseurs exemptés de toute critique… On n’y trouve de façon stupéfiante aucun article sur la furie islamique ni sur les dessous de manifestations organisées simultanément dans plusieurs villes de France, ce qui suppose une vraie stratégie. C’est au fond un trait classique de l’antisémitisme. Au Moyen âge les Juifs étaient assassinés parce qu’ils pratiquaient le « meurtre rituel ». Sous le nazisme ils étaient pourchassés parce qu’ils étaient « responsables de la guerre », etc. Les Juifs sont responsables des agressions dont ils sont l’objet. Ils ont effectivement le tort d’exister. Et c’est ce que nous voyons de façon encore plus magistrale avec l’Opération « Bordure protectrice » quand la légitime défense contre une entité fasciste (je pèse ce mot) est qualifiée de « crime de guerre ». Et Shmuel Trigano souligne l’importance du titre de cet éditorial : « Cette diabolisation trouve justement à se cristalliser dans le titre même et la fin de l’éditorial, sous le signe de « Baal Zebub » (« Les nouveaux Baal-Zebub »), qualifié ailleurs de « démon ». On touche ici au plus grand comique, à la fois dans l’orthographe pseudo-scientifique de cette figure qui se dit simplement en français « Belzébuth », soit le personnage du diable. Sans doute C. Barbier a-t-il lu un livre savant, qu’il a mal assimilé, sur l’origine de ce nom : Baal Zevuv, le « Seigneur des mouches », un dieu cananéen que la Bible évoque. Mais qui sont donc les nouveaux diables ? Qui invoque ce dieu païen ? Les Juifs français qui n’écoutent pas « ceux qui conseillent aux Juifs de France d’emprunter une autre direction (et qui) leur font courir de grands périls », « ceux qui consultent les nouveaux Baal Zebub pour apaiser leur crainte »… Voilà C. Barbier qui se prend pour une prophète ! »

Islam

Le 10 octobre 2010, Layla, Marocaine homosexuelle âgée de 18 ans, a été brûlée à mort lors d’une séance d’exorcisme à Anvers (Belgique). Elle faisait de nombreux cauchemars, et perdait du poids. Ses parents étaient persuadés qu’elle était « possédée par des esprits, appelés aussi « jins » au Maroc », et ont « décidé de la « soigner » par la roqya », consistant « en des rites de désenvoûtement avec récitation de versets du Saint Coran » et « souvent accompagnés de pratiques occultes telles la magie ou sorcellerie ». Sur les conseils de voisins, ils ont recouru à « un imam connu dans la région, un certain Othman G. » Celui-ci a allégué que la jeune fille « était possédée par neuf démons. L’exorcisme a duré trois jours. Le dernier jour, l’imam s’est enfermé avec Layla dans la salle de bain, et lui a versé « de l’eau bouillante sur le corps, alors qu’elle n’était couverte que d’un pyjama ». « Les trois prévenus, l’exorciste et les deux parents », ont nié « toute implication dans la mort de Layla ». Lors de l’enquête qui a duré cinq ans, un collège de psychiatres a considéré que Layla souffrait d’une légère schizophrénie. « Une demi-sœur de Layla s’est portée partie civile contre les parents et l’exorciste. Elle voulait que les faits soient qualifiés de tortures et non de coups et blessures ayant entraîné la mort. Ce qui aurait impliqué un procès d’assises ». En 2012, à Bruxelles, la « Cour d’assises avait jugé six personnes pour le désenvoûtement mortel de Lafifa, 23 ans, morte de quasi-noyade, de coups multiples et de manœuvres d’étranglement pour « chasser les djinns en elle ». Les peines s’étalaient entre 3 et 9 ans de prison, pour tortures ».

Ce dossier de presse omet aussi de mentionner que la sorcellerie est punissable actuellement dans certains pays : arrêtée en avril 2009, Amina bent Abdelhalim Nassar, a été décapitée au sabre le 12 décembre 2011 en Arabie saoudite, qui aurait exécuté 73 personnes accusées de sorcellerie l’an dernier, selon Amnesty International. « Nous ignorons les faits que les autorités accusaient cette femme d’avoir commis mais savons que l’accusation de sorcellerie a fréquemment été utilisée en Arabie saoudite pour punir, généralement à l’issue d’un procès inique, des personnes ayant simplement exercé leur droit à la liberté d’expression ou de religion ». Pour l’ONG, il s’agit de « dénoncer les exécutions ainsi que l’iniquité des procès qui aboutissent à la condamnation des individus ». En août 2013, le journal The Atlantic a publié un article sur la guerre de l’Arabie saoudite contre la sorcellerie.
Le 22 mai 2012, Harun Yusuf Zindani, Yéménite juif âgé de 50 ans, a été mortellement poignardé, dans le dos, par un de ses concitoyens musulmans, qu’il ne connaissait pas, à Sanaa (Yémen). L’assassin,  qui accusait sa victime de sorcellerie, a crié lors de l’agression : « Toi le juif, tu as nui à mon commerce avec ta sorcellerie ». Il a été interpellé par la police.

Au printemps 2013, un dirigeant et un site Internet iraniens ont accusé à tort les Juifs d’utiliser la sorcellerie contre l’Iran.

Le 7 mai 2014, The Daily Beast a indiqué que, sur la chaîne publique iranienne IRIB (Islamic Republic of Iran Broadcasting), Valiollah Naghipourfar, mollah et professeur de l’université de Téhéran, a allégué que les Juifs utilisent  des djinns, « créatures surnaturelles » qui « sont le Mal », pour espionner  et miner la République islamique et que le judaïsme est particulièrement expert en magie noire : « Les Juifs ont toujours été associés à la sorcellerie et aux djinns. Vraiment, beaucoup de sorciers sont Juifs. Ceux qui sont en contact avec les djinns sont souvent Juifs… Même le Coran condamne les Juifs, appelant le prophète Salomon un infidèle et l’accusant de sorcellerie… Le Juif est très expérimenté en sorcellerie ». Il a acquiescé à la question de savoir si « les problèmes actuels en Iran proviennent de la sorcellerie et la magie, par des forces surnaturelles ». Il a estimé possible qu’un « gouvernement soit manipulé par les djinns en Israël, mais pas en Iran ». La vidéo a été postée le 4 juillet 2014 sur Youtube.

En février 2015, un fqih et son assistant ont été jugés pour meurtre avec préméditation et sorcellerie par un tribunal pénal d’Agadir (Maroc). Ils étaient accusés de la mort d’une jeune mariée lors d’une séance d’exorcisme à Anza, près d’Agadir. La famille de la victime, « prise d’une crise de folie » interprétée comme un acte de « l’esprit qui habitait en elle », donc selon elle « possédée par le démon », avait recouru à un fqih. Lors d’une des séances d’exorcisme, le fqih a frappé la jeune femme de 22 ans, tout en lisant des passages du Coran et disant « Sors fils de Satan, tu ne veux pas sortir ? », l’a étouffée.

En novembre 2015, le ministère des Affaires étrangères et de la Coopération a interdit par circulaire aux Marocaines de travailler en Arabie Saoudite comme employées de maison, et ce, afin de leur épargner de vivre des « situations compliquées ».  La décision entrera en vigueur dès le 7 décembre 2015. Selon des statistiques du ministère marocain des Affaires étrangères, l’effectif des MRE résidant en Arabie Saoudite s’élevait en 2012  à 35 724 personnes dont 15 153 femmes recrutées notamment comme employées de maison, infirmières, baby-sitters, soit  42,41%.  Des domestiques marocaines ont dénoncé les violences que leur infligeaient leurs employeurs saoudiens. Les Marocaines « qui travaillent dans ce pays font  l’objet depuis 2013 d’une campagne de dénigrement notamment de  la part des Saoudiennes. Le cliché de « sorcière » marocaine  qui serait une « voleuse d’hommes mariés » est omniprésent dans les médias et sur les réseaux sociaux. Selon une page de Yahoo, « en 2012, 600 actes de mariage ont été conclus entre des Marocaines et des Saoudiens, dont 18 ont provoqué la dislocation de plusieurs familles saoudiennes suite au départ de  maris ». Le Maroc « a signé plusieurs accords organisant l’entrée de la main-d’œuvre en Arabie Saoudite et le suivi de leur application est du ressort des départements d’Anis Birou et de son collègue Abdeslam Seddiki qui n’ont pas réussi jusqu’à présent à améliorer la situation de la main-d’œuvre marocaine dans les pays du Golfe où le système de la Kafala (parrainage) porte atteinte aux droits de l’émigré qui se trouve contraint de se mettre sous la protection de son Kafil ; lequel se porte garant de lui et répond, en lieu et place, à toute question relevant de la loi et du droit. Dans ces contrées, l’embauche directe n’est pas de nature à formaliser la relation de travail entre l’employeur et son employé. Ce qui laisse la porte grande ouverte à des situations allant jusqu’à la traite, notamment pour les femmes. La question de la main-d’œuvre marocaine dans les pays du Golfe restera donc tabou, parce que  peu de responsables osent s’aventurer à la remettre en question. Les Philippines et l’Indonésie, principaux pourvoyeurs de Riyad en main-d’œuvre domestique, qui ont interdit l’envoi de bonnes vers l’Arabie Saoudite en 2011 ».

En novembre 2012, la chaîne satellitaire émiratie Abou Dhabi al Oula a diffusé un reportage sur l’arrestation de jeunes Marocaines accusées de pratiquer la sorcellerie aux Émirats arabes unis (EAU). Ce qui a suscité l’ire des Marocains vivant aux EAU. « D’après le présentateur du programme, les « sorcières » (terme employé par le journaliste) faisaient faire leurs potions et autres grigris au Maroc, pour les recevoir ensuite par la poste. Ces actes de magie auraient, selon le journaliste, détruit plusieurs couples émiratis. Mohamed Aït Ouali, ambassadeur du Maroc aux Émirats, a envoyé une copie de l’enregistrement au ministère des Affaires étrangères, accompagnée d’une note explicative.

Le diplomate a même contacté le rédacteur en chef de la chaîne de télévision pour dénoncer le manque de professionnalisme, les jeunes femmes apparaissant en effet à visage découvert. Les expressions utilisées pendant le programme ont quant à elles été qualifiées de racistes et d’insultantes par beaucoup de Marocains sur les réseaux sociaux ».

En mars 2015, la fille d’un milliardaire marocain a accusé « une arnaqueuse de l’avoir délestée de plus de 20 millions de dirhams, en usant de sorcellerie et de magie noire ». Selon le journal Al Akhbar, les faits datent d’août 2014. Le tribunal de Casablanca a condamné cette arnaqueuse à trois ans de prison ferme et 10 millions de dirhams de dommages et intérêts au profit de la victime. « Cette dernière en proie a une dépression a fait une confiance aveugle à une femme en lui donnant plus de 20 millions de dirhams pour « la soigner » de toutes les maladies dont elle disait souffrir ». Elle « devait organiser des « veillées de transe » dans plusieurs mausolées, notamment ceux de Moulay Driss Zerhoun, Zaouyat Lhej à Tanger et Chamharouch dans la région de Marrakech, s’automutiler et se flageller lors de ses fameuses soirées. La mainmise était telle que la victime s’est dite « sous l’emprise » de cette sorcière et la seule façon de s’échapper était de payer encore et encore. Finalement la « sorcière arnaqueuse » a été condamnée à trois ans de prison ferme et 10 millions de dirhams. Mystère sur les autres dix millions de dirhams donnés par la milliardaire.

En mars 2015, Faycal Wyllinck, défenseur des animaux, a déclaré à l’agence EFE, que « les singes marocains se vendent illégalement et sont dressés dans l’unique but de satisfaire les touristes, comme sur la fameuse Place Jamaa El Fna, alors que d’autres sont utilisés en tant que cibles par certains chasseurs pour tester leurs armes. Certaines personnes les utiliseraient même pour faire de la sorcellerie. Selon Faycal Wyllinck,  chasseurs vendraient ainsi des tripes de singes ou encore leurs cervelles à des femmes faisant de la sorcellerie. Des singes en voie de disparition : on comptait 20 000 en 1984 contre 5 000 en 2015. Leurs lieux de vie : dans les montagnes du Rif, dans le Moyen-Atlas, dans la région d’Azrou ou d’Ifrane.

En décembre 2015, selon une agence de presse proche du gouvernement provisoire libyen, la branche libyenne de l’État islamique (ISIS) a décapité, en place publique, à Syrte (Libye) une Marocaine accusée de « sorcellerie et de magie noire  ».

« Soumettre la population par la peur et la sanctionner lourdement pour le moindre écart reste le fondement du pouvoir » de l’État islamique. « Outre les exécutions publiques quotidiennes de « traîtres », « renégats », « espions » ou « sorcières », les sanctions les plus fréquentes varient en nombre de coups de fouet ou de jours de prison. Après l’exécution de deux femmes accusées de sorcellerie dans la ville de Mayadine, au sud de Deir el-Zor » (Syrie), le diwan (ministère, Ndr) de la Justice de l’État islamique « a présenté des excuses à leurs familles en leur payant une compensation du sacrifice ». (Libération, 1er décembre 2015)

Espagne


Le samedi 25 juillet 2015, dans le cadre de A la CartaDesde el infierno – El pueblo judío: propagador del culto a Satán (De l’enfer – Le peuple Juif : Propagateur du culte de Satan), émission d’environ trente minutes de la radio publique espagnole de télévision RNE (Radio Exterior), qui fait partie du groupe public RTVEa accusé les Juifs d’avoir « propagé le culte de Lucifer dans plusieurs sociétés secrètes sataniques. À travers la magie noire, les Israélites ont appelé les pouvoirs de l’obscurité ». Comme dans l’affaire al-Dura, c’est un média public qui a diffusé l’antisémitisme. Sur le site Internet de l’émission, de nombreux commentateurs croient en cette allégation fausse et infamante. Le texte introductif allègue que les Juifs ont fondé et dirigé de manière occulte la franc-maçonnerie », évoque l’ésotérisme…

Le 19 août 2015, porte-parole de l’Agence Juive et ancien porte-parole du ministère israélien des Affaires étrangères, Yigal Palmor a critiqué RTVE sur Twitter : “Pero cómo puede un ente publico dar tribuna a este tipo de racismo crudo, cretino y asqueroso? Vuelve la Santa Inquisición » (Mais comment une entité publique peut-elle donner une tribune à ce type de racisme cru, crétin et dégoûtant. La Sainte Inquisition est de retour).

Le 27 août 2015, le directeur de la RNE a annoncé le retrait de cette émission radiophonique de son site Internet. Elle a aussi présenté ses excuses. Chargé des relations avec la presse au sein de RNE, Carlos Garrido a souligné que cette émission relevait du genre de la « fiction radiophonique et en aucun cas d’une rubrique d’information ».

État islamique 

En décembre 2015, selon une agence de presse proche du gouvernement provisoire libyen, la branche libyenne de l’État islamique (ISIS) a décapité, en place publique, à Syrte (Libye) une Marocaine accusée de « sorcellerie et de magie noire  ».

« Ils m’ont haï sans raison »

Le 23 mars 2017 à 19 h, l’Institut Universitaire Européen Rachi de Troyes proposa la conférence de Jacob Rogozinski, professeur de philosophie et auteur de Ils m’ont haï sans raison. De la chasse aux sorcières à la Terreur. « Qu’est-ce que la haine ? Comment cet affect individuel peut-il animer des persécutions collectives ? Jacob Rogozinski interroge le phénomène de la chasse aux sorcières qui s’est déchaînée de la Renaissance aux Lumières. Il décrit les techniques mises en œuvre pour désigner, puis anéantir ses cibles. Les mêmes dispositifs se retrouveront sous d’autres formes, dans d’autres circonstances, de la Terreur jacobine aux procès de Moscou, et sous-tendent encore les récentes « théories du complot ». En étudiant ces expériences historiques, en repérant leurs différences et leurs similitudes, Jacob Rogozinski montre comment l’on passe de l’exclusion à la persécution. Ses analyses nous éclairent ainsi sur les dispositifs de terreur de notre temps ».

Arte a diffusé Chasse aux sorcières à Salem.

Le 19 août 2018, France 2 diffusa Dark Shadows, réalisé par Tim Burton.

« Sorcières, la chasse meurtrière« 

Les 21 août 2019 à 11 h 20 et 2 septembre 2019 à 11 h 35, Histoire diffusa « Sorcières, la chasse meurtrière » (Witch Hunt: A Century of Murder), docu-fiction en deux parties. « Les îles britanniques, il y a 400 ans. Les procès et exécutions font rage dans tout le pays. La raison de ce chaos et de cette violence ? Les sorcières. Les populations sont convaincues qu’elles sont à l’origine de naufrages, de famines, de maladies, qu’elles mutilent et qu’elles tuent. L’historienne Suzannah Lipscomb revient sur les origines de ce phénomène ». (« In this drama-documentary series, Dr. Suzannah Lipscomb goes in search of the origins of the deadly craze of witch hunts and trials that infected the British Isles 400 years ago. Through original documents and powerful drama, Suzannah uncovers the fears that drove the persecutors to such lengths and what it was like for the innocent victims tortured and executed for crimes they didn’t commit »)

Arte

Des manifestants en costumes de sorcière tiennent des pancartes suite à une marche du « Rassemblement pour la liberté d’expression » le 19 août 2017 à Boston

Le 11 août 2019, Arte diffusa, dans le cadre d' »Un air de déjà-vu », « Xavier Dolan / Les sorcières / Les écrivaines au cinéma » (« Xavier Dolan / Die Hexen / Schriftstellerinnen im Kino« ) par Philippe Collin. « Philippe Collin retrace la généalogie artistique de notre saison culturelle. Dans ce numéro : Xavier Dolan n’a pas peur de jouer avec les références pour se raconter – « La figure de la sorcière hante le théâtre, les séries, le cinéma et la musique » – « Les écrivaines au cinéma, de Colette à Karen Blixen, des sœurs Brontë à Françoise Sagan ». « Le retour des sorcières : La figure de la sorcière hante le théâtre, les séries, le cinéma et la musique. Enquête, auprès de ceux qui étudient la figure de cette femme diabolique, pour comprendre comment elle a fait de la traditionnelle oppression féminine un pouvoir. »

Arte diffusera le 22 avril 2020, dans le cadre de « Square Idée », « Le retour des sorcières » (Der Rückkehr der Hexen). « Splendeur et misère des sorcières, persécutées à la Renaissance et devenues aujourd’hui porte-étendards des féministes, notamment depuis la publication du livre de Mona Chollet, « Sorcières – La puissance invaincue des femmes » (La Découverte, 2018). » Le film souligne des visions cherchant les points communs entre sorcières et Juifs féminisés victimes d’antisémitisme.

« C’est abusivement qu’on associe la chasse aux sorcières au Moyen Âge. Car si les femmes qui échappaient un tant soit peu au carcan patriarcal ont commencé à être rejetées à cette époque, c’est à la Renaissance que cette persécution s’intensifie, avec la multiplication des procès et des bûchers. En 1968, les féministes s’emparent de la figure de la sorcière qui devient un symbole de résistance et de revendication. Au XXIe siècle, la troisième vague du féminisme et ses luttes contre la domination masculine et les féminicides la remettent sur le devant de la scène, notamment après la publication du livre de Mona Chollet, Sorcières – La puissance invaincue des femmes (La Découverte, 2018). »

« Qu’elles vendent des grimoires sur Etsy, postent des photos de leur autel orné de cristaux sur Instagram ou se rassemblent pour jeter des sorts à Donald Trump, les sorcières sont partout. Davantage encore que leurs aînées des années 1970, les féministes actuelles semblent hantées par cette figure. La sorcière est à la fois la victime absolue, celle pour qui on réclame justice, et la rebelle obstinée, insaisissable. Mais qui étaient au juste celles qui, dans l’Europe de la Renaissance, ont été accusées de sorcellerie ? Quels types de femme ces siècles de terreur ont-ils censurés, éliminés, réprimés ? Ce livre en explore trois et examine ce qu’il en reste aujourd’hui, dans nos préjugés et nos représentations : la femme indépendante — puisque les veuves et les célibataires furent particulièrement visées ; la femme sans enfant — puisque l’époque des chasses a marqué la fin de la tolérance pour celles qui prétendaient contrôler leur fécondité ; et la femme âgée – devenue, et restée depuis, un objet d’horreur. Enfin, il sera aussi question de la vision du monde que la traque des sorcières a servi à promouvoir, du rapport guerrier qui s’est développé alors tant à l’égard des femmes que de la nature : une double malédiction qui reste à lever. »

« Le retour des sorcières« 
France, 2020, 27 min
Sur Arte le 22 avril 2020 à 06 h 45
Disponible du 11/04/2020 au 10/04/2021

« Sorcières, la chasse meurtrière » Grande-Bretagne, Channel 5, 2015 Sur Histoire les 21 août 2019 à 11 h 20 et 2 septembre 2019 à 11 h 35

« Xavier Dolan / Les sorcières / Les écrivaines au cinéma » par Philippe Collin
France, 2019
Sur Arte le 11 août 2019 à 19 h 10

Visuel : 
Des manifestants en costumes de sorcière tiennent des pancartes suite à une marche du  » Rassemblement pour la liberté d’ expression » le 19 août 2017 à Boston
© Scott Eisen / Getty Images

Patrick Marchand, Sorcières, mythes et réalités. Musée de La Poste/LVE, 2011. 160 pages. ISBN : 978-2-36214-008-2
Jusqu’au 31 mars 2012 Au Musée de La Poste
Galerie du Messager
34 boulevard de Vaugirard. 75015 PARIS
Tous les jours de 10 h à 18 h sauf dimanche et jours fériés. Nocturne le jeudi jusqu’à 20 h
Tél. : 01 42 79 24 24 ; reservation.dnmp@laposte.fr

Visuels de haut en bas :

Affiche
La leçon avant le sabbat (Huile sur toile)
Louis Maurice Boutet de Monvel – 1880
Nemours, château-musée
© Photo RMN, René Gabriel Ojéda
© Adagp, Paris, 2011

La Dame de Martiabalsarena danse
José de la Peña – 1938
Musée Basque et de l’histoire de Bayonne

Naïa, la sorcière
Rochefort-en-Terre (Morbihan)
Carte postale – Début XXe siècle
Coll. H. Berton/ SEREST
Le sorcier du village

Les fascinés de la Charité (huile sur toile) Georges Moreau de Tours – 1889
Musée des Beaux-Arts de la ville de Reims
© Photo C. Devleeschauwer

Méphistophélès, maquette de costume pour le film La damnation du docteur Faust

Dessin de Georges Mélies – 1904
Encre de chine et mine de graphite
Coll. Cinémathèque Française

Les trois sorcières (huile sur toile) Jean Claude Aujame – avant 1957
Musée des Beaux-Arts de Rouen
© Agence Albatros, 2011
© Adagp, Paris, 2011

Naïa, la sorcière
Rochefort-en-Terre (Morbihan)
Carte postale – Début XXe siècle
Coll. H. Berton/ SEREST

Un sorcier guérisseur

Carte postale – Début XXe siècle
Coll. H. Berton/ SEREST

Dagyde

Conçue à partir d’une marionnette
Bois, fer, tissu
Fin XIXe – début XXe siècle
Coll. Daniel Pouget
© Photo Michel Fischer

La convocation au sabbat

José de la Peña – 1938
Musée basque et de l’histoire de Bayonne

Les citations proviennent du dossier de presse. 

Cet article a été publié pour la première fois le 22 mars 2012 et modifié le 21 mars 2017.
Il a été republié le :
– 23 avril 2012 à l’occasion de la diffusion sur Arte de Rosemary’s Baby de Roman Polanski ;
– 23 mai 2012, en raison du récent assassinat d’Harun Yusuf Zindani, Yéménite Juif, par un concitoyen musulman qui l’accusait de sorcellerie ;
– 30 octobre 2012 à l’approche d’Halloween. Lors de la fête d’Halloween, les enfants se déguisent notamment en sorcières ;
– 1er mai, 21 août et 2 novembre 2013 alors que le journal The Atlantic a publié un article sur la guerre de l’Arabie saoudite contre la sorcellerie, puis pour Halloween ;
– 9 juillet 2014, 26 août et 21 décembre 2015, 2 novembre 2016, 22 mars et 23 septembre 2017, 20 août 2018, 12 août 2019.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

Músicos de generaciones posteriores destacan la influencia y la humanidad del autor de ‘Al alba’

Luis Eduardo Aute actuando en La Habana en 2008.

Escrito por Carlos Marcos

Luis Eduardo Aute no tuvo tanto éxito como sus contemporáneos. Si se habla de venta de entradas y discos. Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Miguel Ríos, Ana Belén o Víctor Manuel superaron en cifras a Aute. A cambio, el autor de Slowly ha influido bastante más a las generaciones posteriores. “Tenía una estética que me atrajo mucho, con esa melena, la barba, tan delgado. Exhibía un punto canalla muy atractivo. Era la música que se escuchaba en el coche de mis padres, cuando yo era pequeño, y me sigue influyendo hasta ahora”, dice Xoel López, uno de los músicos herederos de Aute, quien ha muerto este sábado a los 76 años.

Quique González coge el teléfono nada más conocerse la noticia y se le nota devastado. “Lo estoy”, dice. “Son tiempos muy duros. Por todo lo que está pasando y ahora con la muerte de Aute. Era un artista entre artistas. No solo escribiendo. Con todo. Cada cosa que hacía tenía una gran sensibilidad. Yo lo descubrí con Slowly. Tuve cierto contacto con él. Tenía un cancionero imbatible”, apunta González. Marc Ros, cantante y letrista de Sidonie, cuenta una anécdota que tuvo con él cuando compartía compañía discográfica, en 2007: “Fui a un concierto suyo en Madrid. A mí no me gustan los que duran más de dos horas. Este duró cuatro y se me hizo corto. Cuando acabó me llevaron a que lo conociera. Yo había grabado una canción que se llamaba Giraluna sin saber que él ya tenía una con ese título. Cuando llegué al camerino estaba temblando de nervios. Me dijo: ‘Ah, tu eres el de Giraluna. Todos deberíamos tener una canción que se titulase Giraluna’. Fue genial. Me parece que era alguien que miraba a la luna mientras el resto estamos encorvados”. Y añade Ros: “Es un artista que no analizas cómo lo hace. Simplemente te dejas arrastrar cuando le escuchas”.

Andrés Suárez le conoció hace 13 años. “Yo estaba en Libertad 8 [pequeño local madrileño donde actúan cantautores], suplicándole al dueño que me diese una fecha para actuar. No había empezado todavía mi carrera. Se abre la puerta del local y aparece Aute. Nos presenta el dueño y le digo que estoy temblando, que es mi ídolo. Y él me dice: ‘Tranquilo, vamos a sentarnos aquí y me cuentas tu historia’. Hablamos horas. Fue increíble. Era un hombre maravilloso. Le llamabas para colaborar y siempre estaba dispuesto”. El cantante gallego, que comenzó escuchando los casetes de Aute por sus padres, ha colaborado en varios homenajes al autor de Al alba. Musicalmente destaca: “No necesitaba alardear para emocionarnos”. Y se viene abajo al otra lado de la línea telefónica: “Estoy roto. Mi madre es enfermera y llevo todos estos días con actitud positiva, porque no hay que doblegarse. Pero hoy estoy roto”.

Uno de los referentes de la música indie española, Ángel Stanich, ha escrito una poesía. Dice así: “Haremos por no olvidarte./ Por el alma de su cuerpo, aunque cueste adaptarse./ Este mundo no lo entiendo./ Este cura no es mi padre./ Pero igualmente le quiero, Don Luis Eduardo Aute./ Saliste despacio del cine./ Al alba te marchaste./ Pasó por aquí el misterio…”. La influencia de Aute en la música del madrileño Luis Ramiro es evidente. Incluso compartieron una canción, Annie Hall. “Le he escuchado desde la infancia, llegué a compartir momentos en su casa y grabé una canción con él. Como persona comprobé que era igual de maravilloso que como artista. Un genio total”, dice Ramiro.

Christina Rosenvinge habla de hoy como un día “muy triste”. “Es uno de los grandes autores de la canción hispanoamericana. Un clásico absoluto. Una voz inconfundiblemente profunda y conmovedora. Caballero fundador de la orden de la melancolía”. Jairo Zavala, líder de Depedro, destaca que es “un artista que toca a todas las generaciones”. “Tenía un gran talento para sacarle partido a su voz. Era delicada y, a la vez, emocionante. También me impresiona su figura de hombre humanista que hacía de todo (cantaba, escribía, pintaba, tocaba instrumentos…), y todo lo hacía bien”, añade Zavala.

Alejo Stivel, voz de Tequila, coincidió con Aute vía Joaquín Sabina. Stivel produjo el gran éxito de Sabina, 19 días y 500 noches. “Hay artistas buenos y otros que son buenos y tienen personalidad. Aute es de los segundos. Me encanta su voz. Me parece de una sensibilidad extrema”, apunta. El cantautor Ismael Serrano ha escuchado los discos de Aute desde que era pequeño. “Su lucidez brillaba y señalaba el camino. Tuve la suerte de estar a su lado unas cuantas veces. Doy gracias a la vida por esa oportunidad. Yo trataba de aprender de él, de su honestidad, de su compromiso e independencia”, escribió en su cuenta de Twitter. Fermín Muguruza dejó en su red social parte de la letra de la canción más recordada de Aute, Al alba: “Si te dijera, amor mío, que temo a la madrugada…”.

[Foto: AFP | ATLAS – fuente: http://www.elpais.com]

El creador de ‘Al alba’, ‘Rosas en el mar’ o ‘La belleza’ ha fallecido en Madrid a los 76 años

Luis Eduardo Aute, cantante y pintor, en su casa de Madrid en 2016. En vídeo, repaso a la vida del artista. LUIS SEVILLANO | ATLAS

Escrito por Fernando Navarro

El cantautor Luis Eduardo Aute ha fallecido a los 76 años en un hospital madrileño. Después de sufrir un grave infarto en 2016 ―que lo mantuvo dos meses en coma―, se había retirado de los escenarios. Tras pasar diversos periodos de convalecencia, vivía en su domicilio atendido por sus familiares. En diciembre de 2018 recibió un homenaje multitudinario en el que participaron numerosos artistas como Víctor Manuel, Jorge Drexler, Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, o Joaquín Sabina entre otros. Era algo más que un músico para la España democrática, la misma que creció con sus canciones y se educó con su sensibilidad transgresora y su visión exigente de la realidad. Era la voz más emotiva de la España de la Transición, un fabulador fundamental que, en sí mismo, era una fábula: porque el pintor que nunca se imaginó como músico acabó siendo uno de los cantautores más reconocidos y reconocibles de la música popular española, todo un símbolo de las confesiones sentimentales.

Nació en 1943 en Manila, en plena contienda de la Segunda Guerra Mundial. La ciudad se hallaba devastada por los combates entre las tropas filipinas y los invasores japoneses, que perpetraron todo tipo de masacres. Aquel niño llamado Luis Eduardo Aute, que estudiaba inglés en la escuela, hablaba español en casa y tagalo en la calle, creció rodeado de catástrofe. Hijo de padre catalán y madre filipina, hija de españoles, al pequeño le gustaba refugiarse en el dibujo y el cine (con el tiempo, hasta dirigió una película de animación dibujada por él, en 2001: Un perro llamado Dolor), pero eso no quitó para que hiciese mucha vida en la calle cuando, acabada la gran guerra, la ciudad intentó recuperar el pulso y reconstruirse con ayuda del dinero estadounidense. En Manila aprendió a ser un chaval inquieto aunque retraído y tímido, un chico al que con 11 años Madrid le pareció una urbe gris y triste, mojigata y monacal, cuando su familia se mudó a vivir a España.

La última fábula que le gustaba contar a Aute tenía como protagonista un girasol insumiso. Lo hacía llamar el Giraluna, un girasol que, a diferencia del resto, decidía no agachar la cabeza por la noche y aguardaba la llegada de la Luna. Cuando el cielo se fundía en negro, este girasol conocía la Luna y las estrellas y, bajo el efecto de esa luz pura en plena oscuridad, era recompensado con una sagacidad y lucidez especiales por su fe, curiosidad y criterio propio. El Giraluna, ese elemento disidente y diferenciador entre la caterva, podía ser el propio Aute, el juglar político, el cantautor de inmensas canciones de amor, el poeta de lo cotidiano, el artista plástico, el amante del cine, el sutil soñador y el anciano de verbo perspicaz e indignado por los desajustes de un mundo siempre desajustado.

Luis Eduardo Aute durante un concierto en 1983. GETTY | ATLAS

A los 16 años ya era pintor y exponía sus primeras obras, pero fue en la música donde, por casualidad, despegaría con fuerza su carrera artística, aun cuando no le gustaban los escenarios. Fue su padre, su “adorado padre” al que el músico no dejó nunca de recordar en entrevistas y charlas, el que le regaló una guitarra cuando estaba en bachillerato. Aute, que se había nutrido de música y cine anglosajones en sus años en Filipinas, se aficionó aún más al rock and roll al escuchar Caravana musical de Ángel Álvarez en la radio. Tocó la guitarra acústica en grupos colegiales, en los que dio rienda suelta a su gusto por Elvis Presley. A su regreso del servicio militar en Cataluña, sin abandonar la pintura e influido por un viaje a París donde conoció los nuevos sonidos franceses representados en Jacques Brel o Serge Gainsbourg, escribió sus primeras canciones. Una de ellas, Rosas en el mar, sería un éxito en la interpretación de Massiel. Mari Trini y Rosa León también lucieron en sus voces sus estampas sentimentales.

Eso le llevaría a publicar en 1967 su primer disco, Diálogos de Rodrigo y Ximena, en el que, influido por el primer Bob Dylan, mostraba un cantautor introspectivo pero también crítico con el mundo que le rodeaba. Con mejor acabado editó un año después, 24 Canciones Breves, un álbum de un perfil más existencialista, marcado por la separación de sus padres y en el que el compositor, que se acababa de casar con Maritchu Rosado –su esposa hasta su muerte–, dejaba ver su particular exploración del universo femenino.

Pese al éxito, vio su aventura musical como algo temporal, intentando dedicarse a la pintura y la poesía. Desencantado con la industria discográfica, pensó en retirarse de la música tras la salida de 24 Canciones Breves, pero en los primeros setenta publicó una fabulosa trilogía discográfica formada por Rito (1973), Espuma (1974) y Sarcófago (1976). Conocida como la trilogía de Canciones de amor y de muerte, Aute, que en aquellos años también compuso bandas sonoras para películas de Jaime Chávarri o Fernando Fernán Gómez, se erigió como un maestro de la sátira social, dueño de un verso libre y expresionista, desbordante de sarcasmo ante las injusticias sociales. Y no solo eso: maravilló –especialmente en Espuma– por su erotismo, desplegando armas líricas novedosas en composiciones que no trataban a la mujer como un mero artículo. Sería una constante en su carrera y en su mejor obra: en sus canciones el amor no seguía un esquema rígido y superficial, tan propio del pop. De esta forma, en aquella España con el franquismo aún presente, temas como Anda, Nana a una niña fría, Sólo tu cuerpo o Lentamente eran toda una transgresión contra morales obsoletas y sensibilidades caducas.

Muchos aprendieron a amar a través de las canciones de Aute, que sin buscarlo se convirtió en un representante de la Nueva Canción Castellana, un joven talento que compartía espacio y visión con el grupo Canción del Pueblo formado por cantautores como Hilario Camacho, Elisa Serna o Adolfo Celdrán. Pero 1978 fue su año clave. Ofreció su primer concierto durante un acto del sindicato de la CNT en la ciudad de Albacete y publicó Albanta, su disco más emblemático, donde poetizaba el rayo de esperanza de la nueva España democrática. Este álbum, que contó con los arreglos de Teddy Bautista, guardaba su himno Al alba, una canción sufriente y de desamor que compuso al hilo de la brutal coyuntura de los últimos condenados a muerte del régimen franquista. Pero contenía más joyas de ese pensamiento insumiso como Anda suelto satanás, Digo que soy libre o A por el mar. Su camino de errante idealista y díscolo, que también había iniciado a su manera Joan Manuel Serrat, más tarde sería el horizonte en el que se fijaría Joaquín Sabina.

Tras sufrir una tuberculosis en Cuba, donde entabló una estrecha amistad con Silvio Rodríguez, su obra quedó empañada de un pensamiento más escéptico pero no por ello menos lúcido con respecto a la existencia, algo que plasmó en la segunda trilogía de su carrera, llamada Canciones de amor y vida y compuesta por De par en par (1979), Alma (1980) y Fuga (1982).

Durante los ochenta hubo criba de cantautores en España, pero él sobrevivió, en buena parte por la complicidad con su público. En ese tiempo publicó trabajos desafortunados y que fueron un fracaso como Templo, y otros más interesantes como Segundos fuera. Su creación musical se redujo a partir de los años noventa, aunque en su catálogo se podían encontrar buenos discos como Slowly (1992), Alevosía (1995) y Alas y balas (2002). Su compromiso político, tan criticado en los sectores conservadores, nunca mermó, apoyando incluso a partidos como Izquierda Unida. Tampoco lo hicieron sus otras pasiones artísticas como la pintura, la poesía y el cine, que le llevaron a abrir exposiciones, editar poemarios y dirigir películas animadas.

Inquieto y exigente, Aute llegó al siglo XXI reconocido como un gran referente musical. La canción de autor española no podía ser lo mismo sin él y muchos se lo reconocieron en numerosos homenajes. En 2000, el disco tributo ¡Mira que eres canalla, Aute! contó con nombres como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Pedro Guerra, Pablo Milanés, Javier Álvarez, Ana Belén, Ismael Serrano, Silvio Rodríguez, Rosendo o José Mercé. Más recientemente, el álbum Giralunas sumó a músicos de otra generación rindiéndole honores como Xoel López, Rozalén, Depedro, Estopa, Leiva, Vanesa Martín, Andrés Suárez, Miguel Poveda o Soleá Morente.

Aute era patrimonio de la canción de autor y todos lo sabían. Una de sus últimas actuaciones fue en Madrid en junio de 2016 en un concierto solidario, al que acudió desinteresadamente como tantas veces hizo a lo largo de su medio siglo de carrera. En la sala La Rivera estaban Vetusta Morla, Los Enemigos, Depedro, Andrés Suárez o La Habitación Roja, entre otros. Llegó con su guitarra al hombro, la camisa por fuera, caminando despacio, con su particular seriedad venerable y una extraordinaria sencillez mundana. Entre bambalinas, se respiraba un respeto omnipotente a su figura. Todos los músicos fueron uno por uno a saludarle. Especialmente emotivo fue el momento en el que Miguel Ríos, enterado de su presencia, le buscó y le abrazó en el estrecho pasillo del backstage al grito de “cómo me alegro de verte, canalla”. Era como ver pasar la historia de la música popular española, con todas sus emociones luchadas y conquistadas, en el abrazo de esas dos viejas glorias.

Minutos después, Aute salió solo al escenario de una sala abarrotada de jóvenes. Quieto, iluminado simplemente por el foco, parecía haber brotado en la oscuridad como ese girasol de la fábula que solía contar. Habló con temple, miró a los rostros de las primeras filas como si fueran estrellas y contó de dónde venía su canción Al alba, que dedicó a todas las víctimas del drama de los refugiados en Europa. Hoy podríamos oírla en mitad de este goteo de ausencias por el coronavirus. Cuando sonaron los primeros acordes acústicos de una incisiva Al alba, el silencio cortaba la respiración. Ahora también. Aunque ya se haya ido, en mitad de unos tiempos terriblemente difíciles, sus canciones fueron, son y serán fábulas con las que explicar nuestras vidas en este mundo de desajustes.

[Fuente: http://www.elpais.com]

Em qualquer lugar onde o Grande Irmão for uma ameaça, permanecer rebelde é o único meio de permanecer humano

Escrito por François Brune

Se quiseres uma imagem do futuro, nos diz o amável torturador de 1984, imagina uma bota esmagando um rosto humano… eternamente.

Se é essa a imagem do futuro, é preciso admitir que esse futuro era o presente quando George Orwell elaborava sua utopia aterrorizante. No entanto, admirar sua obra apenas por seu valor de antecipação — ou seja, reduzi-la a uma constatação derrotista — seria eliminar uma grande parte de seu interesse. 1984 não deve ser visto como um futuro quadro de uma catástrofe, porém como uma pintura lúcida das dinâmicas que facilitam sua existência cotidiana. O diagnóstico é mais importante que o prognóstico. E, é claro, Orwell só prenuncia a derrota do homem para evitá-la.

Os países totalitários eram os primeiros visados pela denúncia de Orwell, no sentido mais literal do livro. Mas a bota esmagando um rosto humano simboliza, genericamente, as diversas formas de opressão que desnaturalizam o ser humano ou o impedem de realizar livremente sua humanidade. Pois, mais do que nunca, a bota está presente [1] e é fácil observar à nossa volta (e em nós!) as manifestações mais ou menos sintomáticas dos elementos constitutivos de 1984.

[2]

O Grande Irmão (Big Brother), evidentemente, não existe. Não é o chefe político de 1984, e sim um ator encarregado de encarnar o poder aos olhos das massas (na televisão). Ele é virtual e concebido como tal por Orwell! No entanto, há, e sempre haverá, de maneira mais ou menos personalizada, os discursos de propaganda ou intimidação dos poderes que monopolizam a “moral” para culpabilizar os opositores; há, e sempre haverá, de forma mais ou menos presente (ou exageradamente presente) nos meios de comunicação, um direito de vigiar por parte das instituições encarregadas de reconduzir à ordem político-social os cidadãos que busquem viver segundo suas ideias, que fujam à lei do clã ou recusem os ditames da globalização.

O anti-Grande Irmão, pura invenção do sistema destinado a iludir o povo ingênuo, também não existe como tal. Porém há, e sempre haverá, para a grande alegria da opinião pública, os bodes expiatórios que incessantemente ressurgem — ou sob a forma de determinada comunidade ligada a todos os crimes, ou sob o rosto mutante do inevitável inimigo público número um, com o qual se alimenta a vingança popular na crônica policial cotidiana.

A intolerância da maioria

Há, e sempre haverá, conflitos longínquos, reais ou virtuais, mobilizando oportunamente nossos espíritos para nos fazer ignorar injustiças demasiado próximas. Sempre haverá, sob um nome qualquer, o espectro da Crise encarregado de amedrontar os cidadãos “normais”, com o objetivo ora de reforçar seu medo conformista de felicidade, ora de exacerbar neles inúteis ódios de potências fantasiosas.

Sempre haverá, como que para agradar nossas necessidades de rejeição, marginais ou delinquentes que seremos incentivados a denunciar, ou olhar de forma acusatória, para melhor nos instalarmos na intolerância da maioria. Sempre haverá proletários arcaicos cuja animalidade sombria (ou colorida) nos permitirá medir nosso famoso “progresso” — com os faunos operários do século XIX cedendo o lugar, no nosso imaginário ocidental, às massas efervescentes do “Terceiro Mundo”.

O otimismo oficialista

Sempre haverá especialistas da história empenhados em refazer o passado para justificar o presente, façam eles sua pregação através de livros, programas de televisão ou novelas, assim como especialistas da “comunicação” pagos para nos impor como Realidade a fantasmagoria sonora com a qual o sistema da mídia ornamenta e falsifica o meio em que vivemos.

Sempre haverá teóricos habilidosos para nos fazerem aceitar como normal a opressão do homem pelo homem, para que dela participemos, e refinados “humanistas” legitimando a tortura em nome da Liberdade, ou a venda de armas em nome da Fraternidade. E todos esses especialistas da linguagem ambígua, do jogo duplo e do pensamento ambivalente, que se dedicam a cativar nossos corações fazendo vacilar nossa razão humana.

A cumplicidade interna

Sempre haverá os otimistas oficiais pairando acima das insatisfações profundas, e o barulho da mídia abafando o grito das solidões sofredoras. E, para coroar tudo, o reino anônimo da esquizofrenia dirigida, baseada — quase sempre — na nossa concordância tácita em cindir para sempre nossa consciência e nosso ser, fazendo-nos atravessar a existência sem chegar a dar um sentido à nossa Vida.

Porém as realidades de 1984 nunca são exclusivamente externas. Diante da opressão de múltiplas facetas, desigual conforme os lugares, ainda que ameaçando sempre a humanidade dos humanos, Orwell nos convida a destrinchar todas as formas de cumplicidade interna. Na medida em que o universo projetado em seu livro é um espaço-tempo imaginário, 1984 representa menos uma data que um lugar profundamente escondido em nós mesmos, como em nossos sistemas políticos. Como Winston Smith, cuja resistência acaba fracassando, nós nos arriscamos, em mil e uma circunstâncias, a ceder ao “movimento de 1984”, ou seja, deixar cristalizar dentro de nós o complexo fatal de medo-ódio infalivelmente produzido pelas engrenagens dos poderes que nos cooptaram, e entrar assim no ciclo perseguido/perseguidor que envenena as relações humanas desde sempre.

A superação do medo

Pois não basta fugirmos à normalização das almas que nos transformam em massas medrosas: devemos rejeitar também a tentação de uivar com os lobos por medo de sermos carneiros. Nem temer, nem odiar. Recusar ser vítima para não se tornar, involuntariamente, o carrasco. Saber que se o homem é um lobo para o homem é porque, muitas vezes, o homem aceita ser um carneiro para o homem. Conhecer seus medos, todos os seus medos, até a mais ínfima fibra de seu corpo (“Nos momentos de crise”, escreve Orwell, “não é contra um inimigo externo que se luta, mas sempre contra seu próprio corpo”), e tentar superá-los. Um jornalista chileno, que todos os dias desafiava a censura de Pinochet, dizia com modéstia: “Não é que sejamos corajosos, mas aprendemos a superar o medo.” Conhecer todos os ódios, até os acessos de ódio de si mesmo que levam a odiar o outro, quando se detesta no semelhante aquilo que se ignora abominar em si mesmo.

O ódio e o medo são alienações-irmãs. Gritar “Abaixo Hitler” ou “Abaixo Stalin”, “Abaixo Pinochet” ou “Abaixo Jaruzelski”, “Abaixo Clinton” ou “Abaixo Putin”, não tem mais ou menos sentido do que gritar “Abaixo o Grande Irmão” (que não existe). É até correr o risco de conferir aos nossos alvos um poder mítico. Esgotando-nos no ódio, tornamo-nos cegos diante das melhores estratégias de resistência possíveis. Pois se o ódio é em vão, constantemente é preciso resistir, opor ilhas de existência pessoal e interpessoal à maré crescente de normalizações abusivas, sejam elas econômicas, sociais ou da mídia.

A esperança humana está no homem

Em nome do homem. A despeito de todas as perversões que possam ter coberto o discurso humanista, Orwell nos pede que nos atenhamos a um humanismo concreto, ainda que seja sempre necessário reformulá-lo devido a seus compromissos históricos. Se há uma esperança, não está numa categoria social ou idealizada, num grupo humano sacralizado, e menos ainda num indivíduo carismático. Se há uma esperança, só pode estar no homem e em qualquer homem, a começar por si mesmo e naqueles que estão ao nosso lado, aqui e agora. Como a ameaça anti-humanista está presente no coração do ser humano, então é no coração de cada homem que se dá a luta pela humanidade. Ninguém tem o direito de se acomodar com a ideia de que sempre haverá seres excepcionais, heróis, “homens dignos desse nome” encarregados de perpetuar a dignidade da espécie.

Logo, ninguém tem o direito de renunciar ao nome de homem. É preciso considerar que o “último homem”, [3] seja sempre você mesmo. Que nunca estamos totalmente precavidos contra o “movimento de 1984”. Que a menor degradação do homem, infligida ao mais ínfimo dos homens a milhares de quilômetros, recai sobre nossa vida íntima ferindo nossa humanidade profunda. Pois não existe “o mais ínfimo dos homens”. Aceitar a servidão interna equivale a ratificar, e muitas vezes conduzir, à escravidão do outro. Através de cada caso particular está em jogo o futuro de todos. A defesa de si é indissociável da defesa da humanidade. A reconquista do homem refaz-se a cada manhã… em si próprio. Eis o que nos diz a voz de Orwell.

Rebeldia serena à opressão

O verdadeiro anti-Grande Irmão é “o homem comum”, [4] cujo medo diminui e a consciência cresce, que reconhece suas ambivalências sem transigir nas suas contradições, vinculando-se aos próximos através de relações irredutíveis às erosões do anônimo e do unânime, e talvez procurando menos transformar-se do que permanecer serenamente rebelde às múltiplas opressões. Isso não quer dizer que Orwell nos pregue uma existência à margem do coletivo, um humanismo de aposentado centrado em si, uma vez que seu individualismo permanece sempre solitário. Ao contrário, ele nos convida a um combate tenaz, porque contido, no qual a conduta cívica e a mobilização interior são ajustadas uma à outra, o engajamento evita o autoengano, a lucidez recusa o desespero, o homem que embarca no mundo que constrói não deixa de resistir sem ser indiferente, e de militar sem odiar.

Em qualquer lugar onde o Grande Irmão for uma ameaça, permanecer rebelde é o único meio de permanecer humano. Orwell nos engaja no dever da irredutibilidade.

Traduzido por Teresa Van Acker

[1] A bota está presente, ainda que escondida sob as delícias da sociedade de consumo — que Michel Clouscard chama, com justiça Le capitalisme de la séduction (Editions sociales, 1982). Cada vez, por exemplo, que cidadãos-consumidores de diversas nações, sujeitos às regras do ultraliberalismo, querem sair de sua prisão dourada, a bota do gigante norte-americano — já é que preciso dizer seu nome — reaparece com seus ditames econômicos e seu arsenal militar. Cf. Ignacio Ramonet, “Dominar corações e mentes”, Le Monde Diplomatique, maio de 2000.

[2] A necessidade dos bodes expiatórios

[3] Le dernier homme en Europe foi um dos títulos pensados por Orwell para 1984.

[4] Adotando a expressão de Jean Clem e Bernard Crick, no indispensável trabalho biográfico George Orwell. Une vie, ed. Seuil, Paris, 1990.

[Fonte: http://www.diplo.org.br]

Tengo 60 años: he ganado la lucidez de la perspectiva. Soy alemán: hoy debemos fabricar coches icónicos; no masivos. Cuanto más homogeneiza la digitalización a los jóvenes, más únicos necesitan sentirse. Y pasa igual con los países. En la era digital debes correr mucho para seguir en el mismo sitio. Diserto en el CCCB

Escrito por LLUÍS AMIGUET

Dueños de la tierra o la nube

La digitalización es para nosotros lo que fue la agricultura para nuestros ancestros: una opción que parecía hacernos más felices, pero acabó haciéndonos más esclavos. Los fósiles humanos demuestran que cuando éramos cazadores nómadas vivíamos más y mejor. Pero llegó el día en que la selva no bastaba para mantenernos a todos: o la cultivábamos o fenecíamos. La era digital la inició el ejército de EE.UU. al crear internet para la guerra, y en la paz parecía que nos haría vivir mejor a ­todos, hasta que hoy nadie puede vivir sin él. La digi­talización, como la agricultura, nos ha dividido en esclavos y amos; antaño, de la tierra; hoy, de los datos. Y los esclavos sudamos el surco digital a todas horas en múltiples pantallas para que los amos de la nube sean cada vez menos y más poderosos.

El móvil ayudaba a vivir mejor y ahora es mejor vivir sin él?

Pero ¿quién puede? El mundo ya se ha dividido en amos y esclavos digitales. Y no podemos escapar.

¿Quiénes son amos y quiénes esclavos?

Los esclavos son quienes dedican su atención y su tiempo a obtener el simulacro digital de compañía virtual en redes; e información, sexo y entretenimiento en las pantallas.

¿Son los nuevos ricos y pobres?

Los pobres pasan mucha más parte de su vida ante todo tipo de pantallas, porque son más baratas, cómodas y dan gratificación más inmediata que la que pueden obtener en la vida real.

Eso también es pobreza de espíritu.

Es que los esclavos digitales lo mejor, a veces lo único, que tienen para ofrecer es su atención y su tiempo. Y emplean su vida en proveer de datos a los amos de la nube, los multimillonarios de la era digital que sí se enriquecen en dinero.

¿Dónde nos lleva la nueva división social?

Está transformando los modelos de negocio e industrias de forma espasmódica e incesante.

¿Cómo?

Todo: la comunicación, la banca, el ocio y sus contenidos, la política…Todo se desmonetiza y desmaterializa. El cambio es radical. Ya vivimos en otro mundo, que no está en este. Está en la nube y tiene nuevas reglas y amos.

Usted es alemán:¿y en el automóvil?

Hay coches baratos digitales para todos y en todo tipo de uso compartido; pero hoy necesitamos fabricar autos icónicos, que diferencien a su amo. Porque la masificación digital convierte en un lujo indispensable el de sentirse único.

¿Y cómo transforma el poder?

El flujo de datos ayuda a controlar las opciones –también políticas– de millones de usuarios del móvil. De forma democrática, claro.

¿Cómo?

Ahora en EE.UU. cada usuario recibe la propaganda política diseñada para convencerle de que vote al partido que la paga según los intereses que ha revelado al navegar.

¿Desde gustos sexuales hasta su religión?

Va cediendo al poder un retrato perfecto de sí mismo al clicar por la red; y los poderosos lo usan para llevarlo a las urnas o para que no vaya a votar, que es incluso más fácil de conseguir.

¿Y, además, así se han hecho ricos?

El esclavo digital vende su intimidad, sus datos, el control de su destino, al revelar su intimidad, y esos datos sí que generan dinero y poder para quien los gestiona en cantidades masivas.

¿Google, Facebook, Twitter…?

Internet empezó como invento del ejército de EE.UU., es decir, del Estado. Y ese poder de las corporaciones del clic retorna al Estado.

¿Cómo?

Los FAAAN (acrónimo de Facebook, Amazon, Apple, Alphabet, antes Google y Netflix) son el primer poder empresarial del mundo gracias al comercio de datos; pero su primer y último cliente son los Estados. En cuanto a China, esas multinacionales son el Estado desde que nacen.

¿A cambio de qué cede el esclavo digital su tiempo, su atención y su intimidad?

A cambio de gratificación instantánea por el clic. Son emociones poderosas, como la de pertenecer a una tribu, a su comunidad. En nuestra evolución quien se queda solo es devorado.

¿No vale más hablar con un amigo que tuitear con 100.000 contactos?

La evolución hace que nos gratifique cualquier sensación de ser reconocido, y las redes nos la proporcionan. Y, en general, la navegación es divertida y genera satisfacciones inmediatas.

Es que ahora ya no es divertida, sino indispensable: ¿quién puede vivir sin navegar?

Ese es el umbral que estamos cruzando, pero cada clase social de manera diferente: los ricos navegan cada vez menos y viven más; y los pobres, al revés. Cuanto más rico y poderoso eres, más opciones tienes de vivir la vida real y menos de tener que sustituirla por la digital.

¿Vivir siempre en virtual es de pobres?

Es como el consumo de comida basura o de entretenimiento de ínfima calidad.

¿Y no hay jerarquización por la edad?

Los baby boomers nos relacionamos con la vida digital de forma diferente y ya fuimos jóvenes diferentes de los de hoy.

¿Cómo éramos y cómo son hoy a los 20?

Nosotros sabíamos que había una posibilidad de progresar como personas y como sociedad con esfuerzo y persistencia. Nos marcábamos objetivos y esperábamos cumplirlos un día.

¿Acaso hoy no los tienen?

Los jóvenes aspiran a no perder lo que tienen. Y viven más pendientes de la gratificación instantánea y los objetivos próximos que del futuro. La digitalización les hace así, y ellos, al ser así, hacen que la digitalización progrese.

¿Es el Wonderland de Alicia donde debes correr para poder seguir en el mismo sitio?

Ese es el paradigma de la sociedad digital y los jóvenes lo han interiorizado; por eso se esfuerzan no ya para progresar, sino para no perder lo que tienen. Mire sus sueldos encogidos; pero, sobre todo, calcule los que pueden esperar cuando sean más mayores.

¿Por qué leen menos el periódico?

Porque quieren ser únicos. La digitalización les convierte en masa y necesitan diferenciarse. No quieren leer lo que lee todo el mundo. Necesitan sentirse originales.

[Foto: Ana Jiménez – fuente: http://www.lavanguardia.com]