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Bernardo Fuster grabó discos con el seudónimo de Pedro Faura, cantautor antifranquista. Hace no mucho descubrió que su padre, alemán, también había estado en la clandestinidad, pero en el otro bando, 30 años antes que él. El proyecto ‘De eso no se habla’ aborda relatos de silencios y cuenta su historia.

Bernardo Fuster cuando cantaba bajo el seudónimo de Pedro Faura

Bernardo Fuster cuando cantaba bajo el seudónimo de Pedro Faura.

 

Escrito por Olga Rodríguez

¿Cómo alguien puede pasar buena parte de su vida sin hablar de las cuestiones fundamentales que atraviesan su existencia? Esta cuestión obsesiona a Isabel Cadenas, impulsora del proyecto de podcast De eso no se habla, en el que analiza los silencios y rescata memorias. ¿Por qué una persona no aborda con sus seres queridos o con su familia temas esenciales que la definen? Es, probablemente, una pregunta que en España podríamos hacernos muchos, porque “este es un país de silencios”, silencios inscrustados en los códigos de sociabilidad colectivos. “Creo que demasiado a menudo el silencio se confunde con una señal de respeto”, reflexiona Cadenas.

En De eso no se habla ha indagado en varios relatos de silencios, como la historia de las once de Basauri, aquellas mujeres que abortaron y fueron juzgadas por ello, o la del músico y compositor Bernardo Fuster, cantautor antifranquista que actuó y grabó cintas clandestinas bajo el seudónimo de Pedro Faura, que posteriormente tocaría con Luis Pastor, Aute o Sabina y fundaría con Luis Mendo el grupo Suburbano, creador de temas como la Puerta de Alcalá, La Tierra se mueve, Arde París o Maki Navaja.

¿Cuáles son los silencios de Fuster? Su actividad clandestina como Pedro Faura fue casi un secreto durante treinta años. Y la identidad de su padre, alemán afincado en España, fue una incógnita para su propio hijo: “Un día empecé a darme cuenta de que mi padre era algo más que un profesor de música”.

Ambos, Cadenas y Fuster, conversan con elDiario.es en Madrid.

Isabel Cadenas y Bernardo Fuster, en casa de este. Mar Feuerriegel

« Por allí pasaban tipos extraños »

“Mi padre tocaba varios instrumentos, muchas mañanas nos despertaba tocando el acordeón, tenía una mandolina, guitarras, de todo. Yo iba al colegio alemán y allí empecé a cantar en el coro. Siempre me gustó la música”, recuerda Fuster.

Su padre le inscribió en Valencia en los Círculos Doctrinales Jose Antonio, fundados en 1960 con el objetivo de mantener la ortodoxia falangista. Allí conoció, paradójicamente, a varios militantes de izquierdas, contrarios al régimen, infiltrados en los Círculos para captar a los más jóvenes. Y así desarrolló sus propias ideas políticas.

Mi padre había luchado como alemán en la II Guerra Mundial. Él no renegaba de ello, pero eso era todo. O eso pensaba yo.

Fue entonces cuando empezó a guardar silencios para con su padre e inició su militancia en grupos de la izquierda antifranquista. Primero, con los anarquistas. Después, con los comunistas.

“Mi padre había estado en la Segunda Guerra Mundial y había acabado en España. Sabía que había luchado con los nazis, él no renegaba de ello. Pero eso era todo. O eso pensaba yo”, relata. En la casa de Fuster había cruces gamadas y medallas, alguna con la esvástica.

“Por allí pasaban tipos extraños. Recuerdo a uno, con gabardina y sombrero, que regaló a mi padre un tocadiscos magnífico. A mí nada me parecía raro por aquél entonces. Tenía varios amigos de izquierda como yo cuyos padres también eran grandes partidarios del régimen franquista, a veces lo comentábamos, bromeando, pero de pasada. No me paraba a pensarlo demasiado, lo veía normal”.

El exilio y la gira europea

Como militante de base del FRAP Fuster tuvo su momento de clandestinidad. Se escondió en la casa de su abuela en Madrid, donde guardó maletas llenas de propaganda contra el régimen. Compuso varias canciones de contenido político, las grabó en una cinta y esta empezó a distribuirse clandestinamente por los círculos activistas de Madrid:

“Un día la dirección de mi organización me propuso irme a Europa como cantautor para actuar en los mítines que se organizaban contra el franquismo. Yo estaba en España de forma clandestina, la Brigada Político-Social me buscaba, así que decidí que sí, que me iba. Era una forma de combinar la militancia y la música”. Cuando le pidieron que eligiera un seudónimo, eligió el nombre de Pedro Faura. De ese modo recorrió todo el continente, conoció a intelectuales, escritores y políticos, recibió aplausos en el escenario:

“Siempre viajaba en tren de una ciudad a otra. Recuerdo la última estación de la Alemania occidental, en la que por el altavoz nos decían: ‘Está usted abandonando la Alemania libre’. Y la primera de la Alemania oriental: ‘Está usted entrando en la Alemania de los trabajadores' ».

Pedro Faura (Bernardo Fuster) en un concierto en Berlín.

Fuster, alias Faura, disfrutó mucho aquella época. Conoció a guerrilleros españoles exilados, a un exsoldado que había estado en la Nueve liberando París de los nazis, a Carlos Palacio, cantautor republicano que había sonado mucho durante la guerra o al militar Otelo Saraiva de Carvalho, estratega de la Revolución de los Claveles portuguesa. Sus letras, reivindicativas, hablaban del exilio, de la impunidad, de la dictadura, de la necesidad de libertad: « Era increíble el apoyo que había en Europa a la resistencia contra el franquismo ».

Hasta que el 25 de julio de 1976 decidió abandonar el FRAP por no compartir la línea adoptada por la organización, en defensa de acciones violentas: “No estaba de acuerdo con aquello y me fui. Era domingo”. Lo tiene anotado en una libreta que aún conserva, repleta de apuntes y retazos con nombres, lugares, fechas. Aquello supuso su regreso a España.

Cuando volvió tuvo una crisis de identidad. Optó por no contarle a casi nadie que él había sido Pedro Faura, aquél cantautor clandestino antifranquista, del FRAP, que actuaba en las capitales europeas y cuyas grabaciones habían circulado de mano en mano por los ambientes militantes de Madrid o Barcelona.

Primero hizo sus pinitos en el teatro, con el grupo Tábano: “Era malísimo como actor, pero buscaban un personaje que hablara alemán y yo necesitaba ganarme la vida”. Después, inició su etapa exitosa como músico y compositor fundador del grupo Suburbano.

El grupo Suburbano, en una foto de su primera época.

La Transición y el silencio

“Había llegado la Transición, probablemente la época reciente en la que mayores silencios ha habido. Opté por enterrar esa parte de mi vida como Pedro Faura. Por un lado, había grupos de extrema derecha por ahí danzando, era una situación jodida. Por otro lado, yo había acabado muy mal con el FRAP, me habían perseguido por haberme ido. Así que me dije: ‘Por ahora mejor lo callo’. Y ese ‘por ahora’ fueron treinta años”.

Nunca lo contó públicamente, hasta que en 2006 un amigo organizó una exposición sobre cantautores antifranquistas y le pidió permiso para incluir uno de sus discos como Pedro Faura. Su padre ya había fallecido. Nunca llegaron a hablarlo. Ni él con su padre, ni su padre con él. De algún modo ambos sospechaban de los secretos del otro, pero optaron por no ponerlos encima de la mesa.

“Hace poco recordé que, estando yo buscado por la Brigada Político-Social, mi padre se ofreció un día a ir a comisaría a pedir unos documentos que yo necesitaba. Ahora lo pienso y me doy cuenta de que tenía que saber en qué andaba yo metido, que lo hizo porque sabía que yo no podía permitirme ir”, recuerda. En otra ocasión un policía que le detuvo, al ver sus apellidos, comentó: “Vaya familia”: “Los servicios de la policía sabían quién era mi padre, seguro”.

Libreta de Bernardo Fuster de 1976 que aún guarda hoy Olga Rodríguez.

Y, ¿quién era realmente su padre?

Y ¿quién era el padre de Fuster exactamente, más allá de un alemán profesor de música afincado en España que había luchado en la Segunda Guerra Mundial?

Un día, no hace tiempo, Bernardo Fuster descubrió en su casa familiar un álbum con la cruz gamada en la portada. Dentro encontró fotografías de todo tipo: soldados nazis desfilando en Madrid, coros de niños en colegios alemanes de España con banderas nazis, corridas de toros con militares alemanes, en las Ventas: “Ahí estaban ante sus ojos los lazos siempre negados entre el nazismo y el franquismo”, relata Cadenas.

Con 30 años de diferencia mi padre y yo habíamos estado en la clandestinidad durante un tiempo, cada uno en un bando

En las últimas páginas del álbum halló una invitación en la que aparecía el nombre de su padre presentado como el jefe de las Juventudes Hitlerianas en España, organización cuyo objetivo era adoctrinar a niños y jóvenes alemanes en la ideología nazi a través de actividades y campamentos en nuestro país, donde la población alemana se había triplicado desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

También encontró un recorte de un diario en el que se informaba de que los aliados pedían al Gobierno de Franco que entregara a una serie de personas refugiadas en España que pertenecían al partido nazi. Entre ellas estaba el nombre del padre de Bernardo.

Una de las fotografías del álbum del padre de Bernardo Fuster.

La red de ocultación de nazis en España, dirigida por Clara Stauffer Loewe [destacada militante de la Sección Femenina de Falange], le había facilitado al padre de Fuster una identidad falsa, española. Pasó de tener nombre y apellido alemanes -Feuerriegel- a llamarse Bernardo Fernández: « Se tiñó el pelo -era demasiado rubio- y se dejó bigote a lo español ». Así estuvo cuatro años, con acento alemán pero con el Fernández en un carné que indicaba que era natural de Tarragona y perito mecánico. El documento estaba expedido por la Falange, firmado por Miguel Primo de Rivera.

La red de Stauffer logró que unos ochocientos nazis se refugiaran en España. Cuando los aliados solicitaron a unos 1.600 alemanes sospechosos de pertenecer o de colaborar con el nazismo, el régimen franquista solo deportó a 265. El resto, incluido el padre de Bernardo, lograron quedarse y rehacer su vida sin ser perseguidos.

“Así es que con treinta años de diferencia mi padre y yo habíamos estado en la clandestinidad durante algún tiempo, cada uno en un bando », relata Fuster. Al cabo de cuatro años su padre, no sabe bien cómo, recuperó su pasaporte alemán y su identidad real, después de que los aliados consideraran que no había cometido crímenes de sangre.

Fotografía del álbum del padre de Fuster.

“Creo que mi padre fue del sector medio, no lo digo por exculparle. Lo que no entiendo es por qué lo mandaron aquí a España para ser jefe de las Juventudes Hitlerianas. Era el miembro del partido [nazi] ocho millones y pico. Es impresionante la cantidad de afiliados que hubo, cuando llegaban a un grado militar determinado estaban obligados a entrar en el partido. Me pregunto si ya era profesor de música allí. Imagino que habría formado a algún coro militar”.

Son muchas las preguntas no contestadas, porque padre e hijo nunca hablaron de sus secretos respectivos. “Él no lo habló para no buscar enfrentamiento, deduzco. Y yo lo mismo”.

Isabel Cadenas reflexiona sobre ello comparando los contextos de España y de Alemania: “Allí se abordó un proceso en el que se analizó la responsabilidad que tuvo cada persona. Aquí no. Allí una generación de alemanes se dedicó a confrontar a sus padres. Aquí se mantuvo el silencio”.

“El silencio nos ha acompañado siempre en este país. Es una faena, porque cuando quieres hablar te queda la memoria, pero esta es selectiva cuando pasa el tiempo”, reflexiona el músico, que está preparando la grabación y publicación de varias composiciones de Pedro Faura, algunas inéditas, otras divulgadas en su día.

‘Manifiesto’, de Pedro Faura, grabado en 1975 en Alemania.

“Realmente la historia de todos nosotros está construida sobre el silencio. Con el país tan ruidoso que somos, por otro lado”, añade Cadenas.

De eso no se habla, premiada ya con una mención especial de los Ondas, tiene pendiente publicar otros cuatro capítulos más, en los que su impulsora y su equipo -todas son mujeres- seguirán rescatando memorias, incluso las suyas propias.

Dice Cadenas que los silencios están llenos de miedos heredados -« ese no te signifiques, no hables, que nos decían »- y también de presencias. Hay quienes intentan romperlos excavando la tierra, literalmente, perforándola, rompiendo el suelo, para rescatar del olvido a los desaparecidos. Ella hace lo mismo pero no con picos y palas, sino con la palabra, el arma con la que nombrar lo innombrable, con la que recuperar lo oculto, con la que movilizar lo estancado. La palabra sirve para indagar. Desatasca. Puede que en algún momento le toque a ella. En el prólogo de De eso no se habla cuenta retazos de su infancia. Quizá pronto se atreva a abordar con más detalle, “si logro reunir la fuerza”, su propia historia, la de su familia, su mirada de niña. Sus propios silencios.

 

[Fuente: http://www.eldiario.es]

Hoy se publica la canción y videoclip coral de ‘Pasaba por aquí’, en la que también participan Ismael Serrano, Marwán, Pedro Guerra, Rozalén, Silvio Rodríguez, Vanesa Martín y Xoel López, entre otros artistas

Aute

Escrito por Nacho Serrano

Un grupo de destacados artistas nacionales y latinos se han unido en el homenaje a Luis Eduardo Aute para el primer aniversario de su fallecimiento. Todos juntos presentan este 2 de abril el single ‘Para Aute: Pasaba por aquí’, la versión coral de uno de sus temas más emblemáticos. Esta es la lista de participantes: Abel Pintos, Carlos Rivera, Dani Martín, Estopa, Ismael Serrano, Joaquín Sabina, Jorge Drexler, Marwán, Pedro Guerra, Rozalén, Silvio Rodríguez, Vanesa Martín y Xoel López.

La canción elegida para el homenaje es una de las más celebradas del cantautor, ahora bañada en la nostalgia de aquel pletórico Aute de inicios de los años ochenta. Estaba incluida en ‘Alma’ (1980), el disco producido por Luis Mendo con el que cerraba la trilogía ‘Canciones de amor y vida’, un conjunto de álbumes que abrió en 1978 con ‘Albanta’ y continuó un año más tarde con ‘De par en par’.

‘Para Aute: Pasaba por aquí’ es un retrato de lo cotidiano que, en su nueva versión, se actualiza para recobrar todo su significado: el de un costumbrismo aparentemente ingenuo pero cargado de intención tan característico en él. Es, en definitiva, puro Aute, revisado por una nómina de artistas de primer orden en una grabación dirigida por Ismael Guijarro como productor y Álvaro Gandul como arreglista. Es su forma de proclamar devoción y respeto por el cantautor nacido en Manila y fallecido el pasado 4 de abril.

Luis Eduardo Aute fue músico, cantante, compositor, director de cine, actor, escultor, escritor, pintor y poeta. Como músico, su obra se extiende a lo largo de más de cuarenta discos. Durante los años sesenta cosechó sus primeros éxitos musicales, pero fue en los setenta cuando forjó su carrera como cantautor, con éxitos que se prolongaron durante las décadas posteriores.

Cantautor de culto

Nacido en Manila (Filipinas, 1943), donde su padre trabajaba en una compañía tabaquera, Aute se trasladó a España con ocho años de edad. En ese momento, comienza ya a pintar, aunque no es hasta los dieciséis años hasta que no hace su primera exposición individual en Madrid. Expone sus obras en diversas ciudades del territorio español y en Francia, Bélgica, Italia, Brasil, Estados Unidos. A los 15 años ya tocaba la guitarra eléctrica, y en 1961 se presentó en el programa de RTVE Salto a la Fama.

Autor de canciones muy conocidas como ‘Al alba’, ‘Una de dos’, ‘Rosas en el mar’, ‘De alguna manera’, ‘Pongamos que hablo de Joaquín’, ‘Alevosía’, ‘Anda’ o ‘Mojándolo todo’, entre otras muchas, dio el salto definitivo hacia la popularidad cuando en 1978 grabó ‘Albanta’, disco que lleva el nombre de un país imaginario inventado por su hijo Pablo. El álbum, su trabajo más rockero, incluyó ‘Al alba’, la canción más emblemática de toda su carrera musical, dedicada a las víctimas fusiladas en las postrimerías del franquismo. Tras la canción se escondía todo un alegato contra la pena de muerte; la letra es una proclama a la libertad.

Cantó junto a Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Nueva Trova Cubana (Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Amaury Pérez), con Suburbano (Luis Mendo, Bernardo Fuster), entre otros. Sus canciones interpretó él mismo sobre los escenarios, pero también escribió temas para muchos otros: Massiel (Rosas en el Mar), Marisol (La vida al pasar), Rosa León, Silvio Rodríguez (Mano a mano, 1993), Ana Belén o Mari Trini (El alma no venderé, No sé qué pasará). Más recientemente, había realizado incursiones en géneros musicales muy alejados de la canción de autor, colaborando con el rapero Haze (Juego de niños, 2008) y repitiendo la experiencia un año después con El Chojin (Ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites, 2009).

Su labor musical también le llevó a componer la banda sonora de varias películas dirigidas por Jaime Chávarri o Antonio Jiménez Rico. Aunque de su incursión en el cine, destaca de un modo especial la dirección de su trabajo ‘Un perro llamado dolor’ (2001), un largo de animación intimista en la que Aute trabajó durante casi cinco años (casi 4.000 dibujos a lápiz). Se convirtió así en una leyenda de la música hecha en España, un cantautor de culto con una carrera plagada de composiciones inolvidables. Fue un artista en el más amplio sentido de la palabra, con una de las trayectorias más productivas y valiosas que ha dado la música de nuestro país.

Miembro de la SGAE desde 1967 y con 560 obras registradas a lo largo de su vida, dio rienda suelta a su creatividad no solo en la letra de sus canciones o en sus películas sino también en los cuadros que pintaba, las esculturas que modelaba o los poemas que escribía.

Su salud se había resentido considerablemente desde que en agosto de 2016 sufriera un infarto. Tras varios meses muy grave, recuperó la conciencia y desde su casa luchó con gran valentía por reponerse. Pero finalmente murió en Madrid a los 76 años, el 4 de abril de 2020, tras cinco décadas sobre los escenarios.

 

[Fuente: http://www.abc.es]

Escrito por Violeta Serrano

El malecón tenía pintado un niño que miraba al mar. Una compañía de tabacos en Filipinas era el regusto amargo de lo que el reino de España un día fue. Y naciste allí, fruto de un catalán y una mujer con orígenes de ultramar. La Gran Guerra hacía su trabajo y a la catástrofe oponías la búsqueda de belleza en todos los rincones posibles de otra contienda más. 1943 no albergaba buenos presagios y, aun así, te crearon para regresar más tarde a un Madrid al que le faltaban varias décadas aún para saberse díscolo y aprender de ti qué significaba una palabra tan inmensa como giraluna o libertad. Era 1954 y aún se perpetuaba en las calles pedregosas el miedo que habían sembrado las cunetas del alba: todos los girasoles orientaban su cara al sol. Era un rugido de silencio que pariría estallidos flourescentes tiempo después. El descubrimiento de la vida tantas veces censurada se plagaría a partir del 75 de canciones que gritaban sus protestas en radiocasettes viejos y enojados tras años que parecieron siglos. Y sin embargo, vos nunca dejaste que los sapos y las culebras ensuciaran tu boca: vos no componías en contra, no, vos lo hacías a favor. Entre la destrucción o el amor, siempre el amor. A una manada de jóvenes totalmente analfabetos en cuestiones sentimentales no solo les enseñaste que gozar de sus cuerpos era posible sino que coleccionar instantes de ternura y filosofía al calor de la intimidad más nimia era incluso mejor. Sacralizaste el cuerpo de la mujer hasta tal punto que tu música podría ser aún hoy la mejor pedagogía para evitar crímenes infames. Pero entonces, quién era ese niño al que debemos tanto, quién era ese poeta que le hacía confesiones a las olas, quién ese artista total que se preguntó hasta la extenuación el por qué de los monstruos que albergábamos desde la medida misma de la compleja humanidad. Y, sobre todo, por qué, Aute, se te ocurrió desaparecer justo ahora que la belleza se ha retraído hasta un horizonte oceánico que no logramos siquiera imaginar.

Qué paradoja. Nos enseñaste que nada hay más poderoso que la unión entre cuerpos que bailan sometidos al azar de la luna y su reflejo de mar. Cuerpos que sabiéndose vulnerables se olvidan a sí mismos a merced del goce de otros cuerpos. Su éxtasis sucede en una confianza en la que no solo es posible transpirar hambrientos hasta desfallecer sino que es evidente y necesario hacerlo con todo el rigor que permitan el fuego y los labios. Y así sucede. El conocimiento de la realidad se evapora y nos instala en medio de una suspensión letal de apenas unos segundos de ternura que, sin embargo, se extienden en el tiempo como flores abiertas que nunca antes precisamos más. Qué paradoja. Allí quisiéramos instalarnos ahora. Nada necesitaríamos más que dejarnos abatir de nuevo por la humedad. Qué paradoja. Nos han ordenado alejarnos y extender una capa aséptica entre nuestro deseo de comulgar con la carne de los dioses terrenos. Casi lo entiendo: te fuiste en un escenario obsceno para la razón de tu existencia. Justo ahora que una amenaza invisible nos está pidiendo evitar el único fusil que opusiste como respuesta infalible a toda clase de barbarie: el amor como absoluto y el sexo como refugio total. Qué paradoja. No podemos escondernos en ninguna cueva del milagro ni libar la miel de ninguna marea. Lo último que haríamos hoy sería confiar en el sudor y el sabor del otro y desmontar así todos nuestros argumentos en la respiración ambigua de un estallido de salvia y saliva. El miedo nos ha penetrado hasta el punto de atenazar nuestras pupilas y ya somos apenas cíclopes que reman contra una noche que insiste en desdibujar su esperanza.

Sopla el viento y no se lleva otra cosa que números a cuestas, engullendo un calvario inesperado que la tierra desmerece. Las cifras no demoran su percutida masacre en estos días plomizos. Nos levantamos por una inercia inexplicable. Y justo ahora decidiste huir entre el batallón del sacrificio. Hacía tiempo que venías rengueando tu presencia en nuestro mundo y, sin embargo, fue en medio de este banquete de pánico y pulcra desazón que tu obstinación dijo basta. Cómo detenerte. Ya engrosarás el palmarés de esta infame catarata de civiles derrotados, ya serás tal vez uno más de los muertos que se apilan en morgues improvisadas en ese Madrid que ahora más que nunca podría llegar a ser una ciudad de más de un millón de cadáveres. Todos y cada uno de esos cuerpos que antes eran capaces de amar y ser amados desaparecen hoy en la más despiadada soledad, sin que nadie recuerde siquiera su risa enlatada, que es la música habitual de cualquier velorio ríspido. No conocemos exactamente de qué forma se marchan ahora esos soldados anónimos. Intuimos que apenas tratan de enfilar la oscuridad después de ser asfixiados por esta pandemia aérea. Luego se demoran allá, en un limbo sin adioses ni más augurio que lágrimas aisladas en la lejanía de muros macilentos.

Resulta que te convertiste en toda la luz que ahora celebra su histórico apagón. Es rigurosamente cierto: vivimos tiempos de maleza. Aun así, la hiciste muy bien, tanto que incluso la otra noche, la del sábado que cargaba a sus espaldas de nuevo casi un millar de muertos, ese niño que fuiste observando el malecón se volvió eterno. Apareciste en pantallas insólitas con esa camisa blanca partida en medio del pecho, con esa elegancia frugal que transmitía tu mirada, tu sonrisa tímida y tus manos de mujer con las que no solo compusiste la educación sentimental de una generación que renacía de cuarenta años de penumbra sino que pintaste en lienzos esenciales la perpetuidad del único fusil de asalto que poseemos en realidad: elegir el amor, amar. Andá tranquilo si querés, no nos importa porque señor, las diosas, nunca se van.

 

[Fuente: http://www.pagina12.com.ar]

Aquí, una charla-making of de los trece temas que conforman Para la espera, el nuevo disco del trovador que llega este viernes, donde retorna al icono de sí mismo volviendo a ser hombre solo con guitarra. Además, habla de su encierro, del posible mundo postpandemia y del presente de Cuba.

El cantautor Silvio Rodríguez

Escrito por Mónica Rivero, desde La Habana

También Silvio Rodríguez va enmascarado estos días. Es lo único distinto que resalta en él cuando llega a la puerta de los estudios Ojalá, en La Habana. Por lo demás, podría tratarse de un momento cualquiera. Tiene el pelo tan corto como suele llevarlo. Ahora que la pandemia mantiene a tantos alejados de las tijeras de barbero, su costumbre de pelarse él mismo con máquina lo ha librado de una posible melena involuntaria mientras dura el aislamiento por la Covid-19.

Entra al estudio y saluda chocando nudillos. Veo de cerca la calavera y la flor tatuadas en su mano derecha, su marca. Como dicen, « con el puño cerrado no se puede dar la mano », pero el saludo tiene algo fraternal, algo de rapero. Detrás del cristal de sus espejuelos creo ver que lo divierte.

Con los puños cerrados también se puede jugar. Esconder algo pequeño en una mano, cerrar las dos y entrecruzarlas para que alguien pruebe suerte y escoja, tratando de adivinar cuál guarda la prenda, a veces aun sin saber qué es. La expectativa, la promesa de una sorpresa posible, crean fascinación. A eso le canta Silvio en « La adivinanza », el primer sencillo en ver la luz de cuatro que se presentarán como adelanto de su nuevo disco, “Para la espera”, el que estará disponible en digital desde este viernes 12.

Como manda el protocolo vigente, nos separan casi dos metros durante esta entrevista, que se propone ser algo parecido al making of de las doce canciones y una pieza instrumental que conforman el disco. Su único autor e intérprete conversa cómodamente y se saca los zapatos, dejando ver unas medias rojas a rayas.

Después de Amoríos (2015), donde lo acompañó un formato al estilo jazz band, Silvio ha vuelto a ser trovador con guitarra. Regresa al ícono de sí mismo. Escribió y compuso los temas, primeras versiones todos; los toca y canta solo él.

« A veces uno no sabe bien de dónde salen las canciones. Creo que esta es de una foto. Siempre que la canto, esa foto es lo que veo », cuenta sobre la canción « La adivinanza ».

Con dirección de Eduardo Tito Delgado, Silvio fue con Diákara a un monte a filmar un video clip para « El Güije ». Allí los rodeó un grupo de niños. « Y quedó esa imagen donde Tito, una persona maravillosa, les tiene las manos puestas así –dice Silvio cruzando las suyas. Quedó esa cara de los niños… ».

En el disco Silvio también interpreta el bajo, la percusión y hace las segundas voces. Es suyo el silbido mitad alegre mitad melancólico que suena en « Aunque no quiero, veo que me alejo », « una canción medio esotérica: es un tipo que se muere y le deja un mensaje a la amada en el espejo », dice.

« Conteo atrás » es la historia sobre alguien que debía coger un tren y se le fue, « lleno de gente más puntual ».

« Llegó tarde, pero no se quiere excusar », explica Silvio. « Él dice ‘ya aprendí, no me pasa más’. Pretende ser una especie de ‘No me justifico’. ‘No quiero exceso de bondad’… No quiero que sean blandos conmigo cuando me juzguen ».

¿Es una declaración?

Es una metáfora de muchas cosas, tanto personales como colectivas. Pero lo que repito en esta canción es la necesidad, la voluntad de aprender y de ser autocrítico en cualquier circunstancia adversa, sea momentánea o trascendente; por eso dice y repite el compromiso de no equivocarse al día siguiente, aunque con esto no pretende justificarse ni un “exceso de bondad al hacer (el) conteo atrás”. Es algo que le puede haber pasado a cualquiera.

¿Qué es “La cosa”?

Es algo que está ahí, pendiendo. Yo no quisiera que llegara. Ojalá nunca llegue; pero por momentos parece que viniera. “La cosa” que reescribe el pasado.

***

Solo tres canciones del disco no son inéditas. « Viene la cosa » es una de ellas, cantada varias veces en los conciertos en los barrios, que ya suman 109 a lo largo de más de diez años. « Jugábamos a Dios » es otra.

« La hice para Afinidades –cuenta–, una película de Pichy [Jorge Perugorría] y Vladimir Cruz sobre la corrupción. Entonces yo quise compensar ese tema con algo de la inocencia original, de que llegamos a esto pero antes fuimos de otra manera, tuvimos otro pasado ».

« Si Lucifer volviera al paraíso » también trata sobre el desvío, el destino que no fue, lo que pudo ser otra cosa o tomar un camino diferente.

« A mí siempre me fascinó esa historia de que Lucifer había sido un ángel. Tú me dices que lo más malo que hay… había sido un ángel, ¡¿fue ángel?!”, dice Silvio con la intensidad de quien pronuncia una mala palabra.

¿Por qué te fascinó?

Descubrir que el símbolo del mal, Lucifer (portador de la luz), fue primero uno de los arcángeles de Dios; esto, y el hecho de que después adoptara el nombre de Satán (oponente o adversario), me hizo pensar que este tema crucial de la cultura cristiana –que en diversos sentidos heredamos– viene de una diferencia de opiniones, de un hijo que se rebela a los preceptos paternos, de un hecho generacional. Ese es un tema. Que no se detiene ahí, porque continúa con la posibilidad de que el supuesto diablo de tiempos gloriosos ya no sea tal sino más bien “un pobre diablo” del que algunos hacen mofa. Pasa en la vida en muy diferentes direcciones, sobre todo a quienes tienen la costumbre de alardear (de lo que sea).

« Noche sin fin y mar », escrita en 2017, está dedicada a Luis Eduardo Aute porque su amigo, cantautor español fallecido en abril, tiene una historia propia con la canción. “Yo estaba tocando su guitarra –cuenta Silvio– porque Miguel, su hijo, la llevaba al hospital para tocarle mientras estuvo en coma. Cuando llegué con el Dr. Calixto Machado, neurólogo cubano que fue decisivo en su recuperación, me puse a cantarle ‘Noche sin fin y mar’, y en ese momento despertó”.

“Modo frigio” la soñó. “Hay canciones que sueño. Y cuando la estaba escribiendo me pareció que podía haber sido una canción de Alberto Cortez. Estuve esperando a verlo para mostrársela pero no me dio tiempo, de pronto se había ido”.

« Pues a veces –retoma– me pasa eso: pensar ‘esta pudo ser una idea de Fulano, o de Mengano’ y lo siento como una presencia en ese momento. Esta me lo recordó porque es dramática. ¿Nunca viste a Alberto Cortez en escena? Fascinaba, se convertía en otra cosa, era un perfecto animal de escena. Yo quería verlo para decirle: ‘Coño, hice una canción como las tuyas’, pero murió y no pude decírselo, no la pudo conocer. A lo mejor tampoco le gustaba. Eso también puede pasar ».

Es la primera vez que Silvio Rodríguez lanzará un disco solamente en plataformas digitales; pero quiere « que la gente aquí en Cuba lo tenga, que lo copien, que lo graben. Quiero regalarles este disco a los cubanos ».

También Silvio Rodríguez va enmascarado estos días. Es lo único distinto que resalta en él cuando llega a la puerta de los estudios Ojalá, en La Habana. Por lo demás, podría tratarse de un momento cualquiera. Tiene el pelo tan corto como suele llevarlo. Ahora que la pandemia mantiene a tantos alejados de las tijeras de barbero, su costumbre de pelarse él mismo con máquina lo ha librado de una posible melena involuntaria mientras dura el aislamiento por la Covid-19.

Entra al estudio y saluda chocando nudillos. Veo de cerca la calavera y la flor tatuadas en su mano derecha, su marca. Como dicen, « con el puño cerrado no se puede dar la mano », pero el saludo tiene algo fraternal, algo de rapero. Detrás del cristal de sus espejuelos creo ver que lo divierte.

Con los puños cerrados también se puede jugar. Esconder algo pequeño en una mano, cerrar las dos y entrecruzarlas para que alguien pruebe suerte y escoja, tratando de adivinar cuál guarda la prenda, a veces aun sin saber qué es. La expectativa, la promesa de una sorpresa posible, crean fascinación. A eso le canta Silvio en « La adivinanza », el primer sencillo en ver la luz de cuatro que se presentarán como adelanto de su nuevo disco, “Para la espera”, el que estará disponible en digital desde este viernes 12.

Como manda el protocolo vigente, nos separan casi dos metros durante esta entrevista, que se propone ser algo parecido al making of de las doce canciones y una pieza instrumental que conforman el disco. Su único autor e intérprete conversa cómodamente y se saca los zapatos, dejando ver unas medias rojas a rayas.

Después de Amoríos (2015) donde lo acompañó un formato al estilo jazz band, Silvio ha vuelto a ser trovador con guitarra. Regresa al ícono de sí mismo. Escribió y compuso los temas, primeras versiones todos; los toca y canta solo él.

« A veces uno no sabe bien de dónde salen las canciones. Creo que esta es de una foto. Siempre que la canto, esa foto es lo que veo », cuenta sobre la canción « La adivinanza ».

Con dirección de Eduardo Tito Delgado, Silvio fue con Diákara a un monte a filmar un video clip para « El Güije ». Allí los rodeó un grupo de niños. « Y quedó esa imagen donde Tito, una persona maravillosa, les tiene las manos puestas así –dice Silvio cruzando las suyas. Quedó esa cara de los niños… ».

En el disco Silvio también interpreta el bajo, la percusión y hace las segundas voces. Es suyo el silbido mitad alegre mitad melancólico que suena en « Aunque no quiero, veo que me alejo », « una canción medio esotérica: es un tipo que se muere y le deja un mensaje a la amada en el espejo », dice.

« Conteo atrás » es la historia sobre alguien que debía coger un tren y se le fue, « lleno de gente más puntual ».

« Llegó tarde, pero no se quiere excusar », explica Silvio. « Él dice ‘ya aprendí, no me pasa más’. Pretende ser una especie de ‘No me justifico’. ‘No quiero exceso de bondad’… No quiero que sean blandos conmigo cuando me juzguen ».

¿Es una declaración?

Es una metáfora de muchas cosas, tanto personales como colectivas. Pero lo que repito en esta canción es la necesidad, la voluntad de aprender y de ser autocrítico en cualquier circunstancia adversa, sea momentánea o trascendente; por eso dice y repite el compromiso de no equivocarse al día siguiente, aunque con esto no pretende justificarse ni un “exceso de bondad al hacer (el) conteo atrás”. Es algo que le puede haber pasado a cualquiera.

¿Qué es “La cosa”?

Es algo que está ahí, pendiendo. Yo no quisiera que llegara. Ojalá nunca llegue; pero por momentos parece que viniera. “La cosa” que reescribe el pasado.

***

Solo tres canciones del disco no son inéditas. « Viene la cosa » es una de ellas, cantada varias veces en los conciertos en los barrios, que ya suman 109 a lo largo de más de diez años. « Jugábamos a Dios » es otra.

« La hice para Afinidades –cuenta–, una película de Pichy [Jorge Perugorría] y Vladimir Cruz sobre la corrupción. Entonces yo quise compensar ese tema con algo de la inocencia original, de que llegamos a esto pero antes fuimos de otra manera, tuvimos otro pasado ».

« Si Lucifer volviera al paraíso » también trata sobre el desvío, el destino que no fue, lo que pudo ser otra cosa o tomar un camino diferente.

« A mí siempre me fascinó esa historia de que Lucifer había sido un ángel. Tú me dices que lo más malo que hay… había sido un ángel, ¡¿fue ángel?!”, dice Silvio con la intensidad de quien pronuncia una mala palabra.

¿Por qué te fascinó?

Descubrir que el símbolo del mal, Lucifer (portador de la luz), fue primero uno de los arcángeles de Dios; esto, y el hecho de que después adoptara el nombre de Satán (oponente o adversario), me hizo pensar que este tema crucial de la cultura cristiana –que en diversos sentidos heredamos– viene de una diferencia de opiniones, de un hijo que se rebela a los preceptos paternos, de un hecho generacional. Ese es un tema. Que no se detiene ahí, porque continúa con la posibilidad de que el supuesto diablo de tiempos gloriosos ya no sea tal sino más bien “un pobre diablo” del que algunos hacen mofa. Pasa en la vida en muy diferentes direcciones, sobre todo a quienes tienen la costumbre de alardear (de lo que sea).

« Noche sin fin y mar », escrita en 2017, está dedicada a Luis Eduardo Aute porque su amigo, cantautor español fallecido en abril, tiene una historia propia con la canción. “Yo estaba tocando su guitarra –cuenta Silvio– porque Miguel, su hijo, la llevaba al hospital para tocarle mientras estuvo en coma. Cuando llegué con el Dr. Calixto Machado, neurólogo cubano que fue decisivo en su recuperación, me puse a cantarle ‘Noche sin fin y mar’, y en ese momento despertó”.

“Modo frigio” la soñó. “Hay canciones que sueño. Y cuando la estaba escribiendo me pareció que podía haber sido una canción de Alberto Cortez. Estuve esperando a verlo para mostrársela pero no me dio tiempo, de pronto se había ido”.

« Pues a veces –retoma– me pasa eso: pensar ‘esta pudo ser una idea de Fulano, o de Mengano’ y lo siento como una presencia en ese momento. Esta me lo recordó porque es dramática. ¿Nunca viste a Alberto Cortez en escena? Fascinaba, se convertía en otra cosa, era un perfecto animal de escena. Yo quería verlo para decirle: ‘Coño, hice una canción como las tuyas’, pero murió y no pude decírselo, no la pudo conocer. A lo mejor tampoco le gustaba. Eso también puede pasar ».

Es la primera vez que Silvio Rodríguez lanzará un disco solamente en plataformas digitales; pero quiere « que la gente aquí en Cuba lo tenga, que lo copien, que lo graben. Quiero regalarles este disco a los cubanos ».

“En general –resume– el disco está hecho de canciones que, aunque haya sentimientos afines, son muy distintas entre sí, y eso es algo que me complace. Eso y que no hay violencia. Son canciones introspectivas, suavecitas; aunque nunca me gustaron las canciones bonitas”.

¿Cuáles son las canciones bonitas?

Esas que son así, melódicas… No las persigo, ni las odio tampoco, pero desconfío un poco de lo bonito, por principio.

“En el disco también hay canciones un poco raras, y hay hasta algo lúdico como ‘Los aliviadores’, que es una canción familiar para mi hija Malva y mi nieto Diego. Ellos nacieron al mismo tiempo y se criaron con una relación más de hermanos que de tía y sobrino. Siempre pensé que el doctor Schweitzer, de quien se decía que caminaba mucho como médico misionero en África, debió tener unos dolores de pies y de espalda terribles, y juego con eso en la canción”.

« Danzón para la espera », de donde viene el título del disco, « es una de esas canciones –cuenta– que uno empieza a hacer, pero se demora en ella, y luego por lo que la empezó ya pierde sentido ».

¿Por qué la empezaste?

Empecé a hacerla cuando los Cinco todavía estaban presos. Yo quería hacer una canción sobre eso; pero a veces a esos temas tan obviamente políticos es difícil acercarse de una manera que no sea… vulgar. Pero siempre le quedó esa aureola de esperanza; así que la retomé ahora con lo que estamos viviendo y el hecho de que todo el mundo esté esperando y  esperando.

¿Estás componiendo algo en estos días de cuarentena?

No he tocado la guitarra –lo confirman unas uñas muy cortas. La paso escribiendo, pintando, atendiendo el blog y disfrutando de mi familia.

***

Silvio ha detenido la producción de dos discos por las medidas impuestas para prevenir la propagación de la Covid-19. Espera retomar el trabajo cuando pase el aislamiento en vigor. ¿Seguirá igual la vida? ¿Cómo es el mundo que está por venir?

« Hay muchos pensadores de distinto calibre y tendencias reflexionando sobre lo que estamos  viviendo. Yo personalmente no creo que el mundo vaya a cambiar mucho. Vamos a tratar de volver a ser nosotros, para bien y para mal. Ya estamos mal acostumbrados y mal hechos, y hay muchos intereses con poder. Sí creo que es posible que todo esto nos ayude a reflexionar sobre la libertad y la transparencia », dice quien tiene a su cargo hace diez años la pequeña república democrática que es un blog personal, foro de comentarios incluido.

¿Sigues sintiéndote en control de tu blog?

No, yo ahora soy un servidor público –se ríe. Empecé siendo el dueño y ahora estoy en función del colectivo. No me desagrada eso, pero me recuerda por qué nunca me atrajo la política. No tengo lo que hay que tener para estar 24 horas dedicado al público. Me necesito, necesito tener rinconcitos propios para hacer lo que tenga ganas de hacer. Con los años uno cada vez más quiere hacer solamente lo que tiene ganas de hacer.

¿Cómo entra el público en eso?

Nunca me gustó el público, los escenarios. Yo salí porque entendí que debía y porque quise hacerlo, y sí, puede que haya cogido algún vicio de eso. Uno era más joven y necesitaba probar cosas, probarse cosas, y eso está bien si uno tiene algo interesante que decir; pero tampoco es lo más grande: hay cosas mucho más grandes.

Sin embargo, es una afirmación instalada en la cultura que el público es lo más grande que tiene un artista.

Bueno, el público es el que hace al artista; pero a la vez también hay grandes artistas sin mucho público, y personas que no son ni artistas y sí lo tienen. La escena y la relación con el público tiene mucho extra artístico que influye. En los conciertos en los barrios por ejemplo eso es distinto, porque no es propiamente « un público » sino personas que están en sus casas, y somos nosotros los que vamos. Yo quiero ir allí a compartir, nadie pagó para vernos. En ese sentido los barrios rompen esa dinámica de espectáculo, y es lo apasionante.

¿Qué música estás escuchando en estos días?

Emerson, Lake & Palmer, un trío británico de los 70 que después se hizo cuarteto. Oigo música antigua, de cámara, sinfónica… para distintos instrumentos, canciones antiguas. Rara vez escucho trovadores. Aprovecho porque cuando estoy trabajando escucho menos música. En ese momento estoy enfocado en lo que esté grabando. Y después de tanto trabajo, cuando lo termino no lo oigo más nunca.

¿El futuro de Cuba?

No solo el futuro de los cubanos, sino el del mundo. En los 60 y los 70 parecía que lo que vendría iba a ser distinto. Había un Tercer Mundo buscando, y parecía que llegaríamos a un lugar donde habría menos prejuicios, menos guerra, que se iban a aprovechar los recursos en cosas más nobles. ¿Por cuántas guerras hemos pasado en los últimos cincuenta años? ¿Cuánto ha sido el gasto en armas y aparatos para destruir a la gente? ¡Y no hay para dónde irse! Me costaría trabajo cantarla ahora. Ahora hay que cantar otra cosa.

”Preguntándome aún cuál será la absoluta, profunda y rotunda verdad” se escucha en “Modo frigio”. ¿Con el paso de los años sientes que has ido acercándote a “la verdad”?

Estamos siempre buscando verdades. Tampoco soy un obseso de la verdad, me basta que haya algunas verdades básicas, que son útiles. La solidaridad es una verdad, ser capaz de ponerte al lado del otro. La compasión, que nos hace verdaderamente humanos. Pero la verdad se parece a lo que escribió Eduardo Galeano sobre la utopía, citando a Fernando Birri: sirve para caminar. La verdad es ir, es caminar, la intranquilidad, no conformarse. En Cuba no somos nada perfectos, y uno de nuestros grandes problemas fue la idea de « ya llegamos ». Para algunos, ahora lo único que hay que hacer es defender el poder. Ha sido espantoso porque nos ha enquistado. Todo lo que cristaliza es muerte.

 

[Fuente: www.latercera.com]

Silvio Rodríguez regresa el 12 de junio con el álbum Para la espera (Altafonte). 

Compuesto por trece canciones, diez de ellas inéditas, que llegan cinco años después de su último trabajo, Amoríos. Previo a su lanzamiento oficial, el cantautor revelará cuatro sencillos, bajo el contexto de una crisis que ha impactado globalmente, manteniendo a millones de personas confinadas en sus hogares: “La adivinanza” (15 de mayo), “Noche sin fin y mar” (22 de mayo), “Viene la cosa” (29 de mayo), y “Danzón para la espera” (5 de junio).

El cantautor cubano dedica este trabajo a la memoria de varios amigos recientemente fallecidos, como Luis Eduardo Aute, el historietista cubano Juan Padrón Blanco, el cineasta y escritor cubano Tupac Pinilla, el escritor y periodista chileno Luis Sepúlveda, el locutor, actor y humorista argentino Marcos Mundstock y el cantautor mexicano Óscar Chávez. «A todos ellos, gracias infinitas», dice Silvio Rodríguez.

«En Para la espera incluyo algunas de las canciones que he compuesto en los últimos años. En todos los casos son primeras versiones realizadas poco tiempo después de haberlas compuesto. Los instrumentos y voces que aquí se escuchan soy yo mismo, tomando apuntes para desarrollar después», comenta Rodríguez.

[Fuente: http://www.efeeme.com]

Hace dos meses, en La Habana, conocí a Silvio Rodríguez por segunda vez. La primera fue hace veinte años, cuando me regalaron un casete con su música. Ese 1999, coloqué la cinta en el reproductor y apreté el botón.

Escrito por José Negrón Valera

A partir de ese momento, no pasa un día en que no escuche, cante, recuerde, recomiende, toque en la guitarra una canción suya. Cecilia Todd, la maga, obró el milagro.

La historia de cómo se organizó el encuentro podría dar para una larga crónica, pero me conformo por ahora con comentarles que tuve el privilegio de asistir al concierto de su esposa, la flautista Niurka González, y de allí, a que me guiara por las calles de La Habana Vieja, la catedral sumergida en su baño de tejas. De que me dijese, señalando el letrero de Floridita, «tú que eres escritor, aquí es donde Hemingway gustaba tomar su trago de ron».

Fuimos al Museo Nacional de la Música y disfrutamos de la maravillosa voz de Cecilia. Luego cenamos, hablamos de la victoria del pueblo sirio, de la lucha que se libra en Chile. Tuve la dicha de que se uniera a la conversa, Vicente Feliú. Contó del abrazo colectivo que sentía cada vez que iba a Argentina. De cuando Vicente se comió, él solo, una inmensa torta de chocolate, cosa que aún recuerda la mamá de Silvio.

Vi sus ojos humedecerse al relatar la historia de un guerrillero nicaragüense, cuyo último aliento fue para evocar una de sus canciones. Luego, como si aquello no hubiese sido suficiente, me llevó a través de la noche habanera y vimos el malecón. Hablamos sobre el significado de Casiopea y le expuse la teoría que tenía.

Cecilia bromeaba con él y decía que Silvio era el unicornio. Él reía también y daba detalles de cómo se le ocurrió la canción.

Dejamos a Cecilia en su casa y luego seguimos hacia Marianao. Quería absorber todo lo posible, que la mente siempre tan traicionera tatuara en mi alma ese momento. Cuando me dejó frente a la puerta de la residencia, me dio la mano y me dijo «te voy a leer». Yo solo pude mirarlo, darle las gracias y repetirle «eres la banda sonora de mi vida».

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Hace dos días, en La Habana, conocí a Silvio Rodríguez, por segunda vez. La primera, fue hace veinte años cuando me regalaron un casette con su música. Ese 1999, coloqué la cinta en el reproductor y apreté el botón. A partir de ese momento, no pasa un día en que no escuche, cante, recuerde, recomiende, toque en la guitarra una canción suya. Cecilia Todd, la maga, obró el milagro. La historia de cómo se organizó el encuentro podría dar para una larga crónica, pero me conformo por ahora con comentarles que tuve el privilegio de asistir al concierto de su esposa, la flautista Niurka González, y de allí,que me guiara por las calles de La Habana Vieja ,"la catedral sumergida en su baño de tejas". De que me dijese, señalando el letrero de Floridita "Tú que eres escritor, aquí es donde Hemingway gustaba tomar su trago de ron". Fuimos al Museo Nacional de la Música y disfrutamos de la maravillosa voz de Cecilia. Luego cenamos, hablamos de la victoria del pueblo sirio, de la lucha que se libra en Chile. Tuve la dicha de que se uniera a la conversa, Vicente Feliú. Contó tanto, del abrazo colectivo que sentía cada vez que iba a Argentina, de cuando Vicente se comió, él solo, una inmensa torta de chocolate, cosa que aún recuerda la mamá de Silvio. Ví sus ojos humedecerse al relatar la historia de un guerrillero nicaragüense, cuyo último aliento fue para evocar una de sus canciones. Luego, como si aquello no fuese suficiente, me llevó a través de la noche habanera y vimos el malecón. Hablamos sobre el significado de Casiopea y le expuse la teoría que tenía. "Me gusta cuando la gente interpreta como quiera mis canciones. No quiero explicarlas. Ellas son, lo que la gente quiere que sean", dijo. Cecilia bromeaba con él, y decía que Silvio era el Unicornio y él reía también y daba detalles de cómo se le ocurrió la canción. Dejamos a Cecilia y luego seguimos hacia Marianao, yo quería absorber todo lo posible, que la mente siempre tan traicionera tatuara en mi alma ese momento. Cuando me dejó frente a la puerta de la residencia, me dió la mano y me dijo "Te voy a leer". Yo solo pude mirarlo, darle las gracias y repetirle "Eres la banda sonora de mi vida".

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De aquel encuentro, surgió un compromiso. Otorgar una entrevista para la agencia rusa de noticias Sputnik.

La pandemia de la COVID-19 brindó un marco de oportunidad propicio para explorar los tiempos que transita la humanidad y los retos colectivos que enfrentamos.

— Silvio, el capitalismo ha quedado desnudo ante esta pandemia. Se ha visto impotente para dar respuesta a millones de mujeres y hombres alrededor del mundo. Ahora son Cuba, China, Rusia quienes salen de sus fronteras para dar una mano a la humanidad. ¿Estamos en presencia de un cambio de época o de un reacomodo? ¿Crees que como en tu canción, la era está pariendo un corazón?

— Al menos yo, me siento en presencia de una gran incógnita.

El corazón que paría la era a la que canté hace más de medio siglo era el descubierto por hombres que, después de ganar una guerra revolucionaria, renunciaron a sus cargos y comodidades para, con una humildad desconcertante, volver a situarse en primera fila, otorgándole a la lucha armada virtudes que la realidad después mostró como circunstanciales.

Cuando el Che y sus compañeros se fueron yo estaba pasando mi servicio militar. En aquellos momentos (1964-1965) yo no entendí la idea del internacionalismo. Me parecía que en Cuba había demasiado que hacer y consolidar para marcharse, aunque fuera con tan elevados propósitos. Sin embargo, el fracaso de la experiencia boliviana y la muerte de tantos buenos hombres, me hizo querer ser como ellos. Así es, a veces, la juventud: capaz de sacar lecciones de las hormonas, más que de los hechos.

— Se dice que los poetas, los músicos, escritores y artistas tienen la capacidad de adelantarse a los acontecimientos, por esa intuición que poseen. Muchas veces el tiempo termina dándoles la razón. ¿Cómo imaginas el mundo postpandemia? ¿Qué debemos aprender de este momento que vivimos? ¿Podremos ser ‘un tilín mejores’?

— Es obvio que la pandemia ha hecho aflorar deficiencias, a nivel humano, del sistema llamado liberal, cuya divisa es privatizarlo todo. Es obvio que en muchos aspectos le está yendo mejor a países con Estados fuertes. Pero no creo que esa reflexión vaya a cambiar las mentalidades y mucho menos los intereses creados que suelen mover al mundo. No es que niegue que vayan a quedar cosas positivas. Una fuerte corriente de pensamiento progresista se está manifestando en temas como la desigualdad, y el maltrato al planeta, lo que sin duda es positivo y espero que al final tenga su peso. Aunque sería bien raro que una pandemia lograra transformar el mundo. ¿Dónde quedarían tantos pensadores, tantas doctrinas, tantos ejemplos?

Yo creo que lo peor del mundo, resulte lo que resulte, va a tratar de seguir siendo como era. Falta por ver la conciencia, la fuerza que van a generar las muy evidentes deficiencias de los sistemas.

— La guerra simbólica que Estados Unidos ha desatado durante el último siglo llevó a la gente a pensar que su sociedad y valores eran el modelo a seguir. Pero, a pesar de las pruebas, de las dolorosas imágenes que vemos por televisión y que reflejan a personas que no pueden pagar el tratamiento contra la COVID-19, parece difícil hacer despertar a la gente de este sueño donde Hollywood luce como gran altar intocable de las fantasías humanas. ¿Cómo podemos hacer frente a esta batalla por el imaginario colectivo? ¿Qué herramientas debemos utilizar los modelos distintos para no quedarnos rezagados en este nuevo siglo? ¿En qué hemos fallado, de ser este el caso?

— Nada y mucho menos nadie es lo suficientemente poderoso para enfrentar tantos retos solo. Diversos grupos y personas deberán seguir trabajando. Los complejos de superioridad y desmanes de algunos países son parte de una naturaleza, de una cultura. Nada de eso se va a abolir por decreto, porque no solo creen en ello quienes mandan, también están convencidos muchos de los que son mandados.

Por otra parte, con la internet y la comunicación generalizada han aflorado opiniones que antes quedaban en los hogares, en las esquinas, en los vecindarios. Muchos jubilados, sobre todo los que ocuparon cargos de responsabilidad, están en el mundo virtual dando opiniones. A mí me abruma a veces tanta información, tantas personas diciendo cómo debieran ser las cosas. Ante esa avalancha incontenible me siento una partícula minúscula, un soplo de nada. Entonces tiendo a abrazarme a lo elemental, a lo esencial. Creo que debemos tratar a los demás como nos gustaría ser tratados. La herramienta estratégica del porvenir es el humanismo, no hay nada mejor. El fallo consiste en alejarse de las verdades elementales, que suelen ser útiles incluso para tratar temas complejos.

— ¿Cómo está sobrellevando Silvio Rodríguez esta Cuarentena? ¿Estás leyendo algo? ¿Componiendo, quizá? ¿Tienes alguna recomendación literaria o musical a quienes nos leen? ¿Una película tal vez?

— Estoy como me gusta estar: en familia. Por supuesto que con muchas tareas pendientes. Estoy llevando al pentagrama alguna música. Eso es grato y es trabajo. Por supuesto que estoy leyendo cosas. Ahora mismo, «Algo más en el equipaje», unos cuentos de [Ray] Bradbury. Volví a ver una película profética de Steven Soderbergh: «Contagio». Es de 2013 y describe paso a paso lo que nos ha sucedido en los últimos meses. También riego las matas, trato de caminar lo más posible. Lo que más me angustia es que no seamos capaces de aprender. Una pieza triste con forma de rondó.

— Tal como se lo dije en la Habana, «eres la banda sonora de mi vida». Si ves los miles de comentarios que les escriben a tus videos en la red social Youtube, puedes darte cuenta de que podría ser esa una frase adecuada para millones de personas alrededor del mundo. Hay un comentario que leí en Youtube que quería transmitirte: «Me enamoré con los temas de Silvio, en los 80. En Valparaíso y Santiago de Chile eran casetes de oro. Estaban prohibidos por la dictadura, pero igual los escuchábamos, los regrabábamos. Silvio nos acompañaba en nuestras limitaciones juveniles bajo un régimen fascista. ¡Cuántas vivencias hermosas, asociadas a vuestra compañía!». ¿Qué sientes cuando alguien se te acerca y te dice que tu música le ha cambiado la vida? ¿Cuál es la historia que más te ha marcado en este sentido?

— Lo primero que hay que comprender es que cuando alguien lleva más de medio siglo en un oficio, es difícil no tener algo que contar… En eso, la música es una privilegiada, por los acercamientos que propicia. No me ha sido posible guardar todo lo que recibo, pero tengo cartas, fotos, dibujos, libros y un largo etcétera afectivo que la generosidad humana me ha ido obsequiando a lo largo de la vida.

La canción es una de las artes que más vínculos logra, por ser capaz de acompañar en cualquier circunstancia: un viaje, una enfermedad, un amor, una pérdida, un miedo, una felicidad… Las canciones tienen esa virtud, y además pueden ser reproducidas, si no en la voz, sí en la memoria de cualquiera. Ese don vincula a los autores con historias personales y colectivas de diversas magnitudes. Es milagroso ser parte de la vida de tanta gente, es un obsequio lleno de significados.

— Eres un latinoamericano de alcance mundial. En tu recorrido has conocido a otros personajes con alcance semejante. Te preguntaré por dos: Hugo Chávez y Fidel Castro. ¿Qué recuerdas de ellos?

— Desde los 90 he sido cada vez más reacio a salir. Conocí a Chávez porque Fidel me convenció de ir a Venezuela a hacer un concierto. Recuerdo que se lo dije a Amaury Pérez y a Carlos Varela, que se sumaron con entusiasmo. Chávez tuvo la gentileza de recibirnos, e incluso se sentó a comer con nosotros. Tuvo el detalle de invitar a unos músicos que cantaron con arpa, cuatro y maracas, recordándome una antigua mañana en que estuve en San Fernando de Apure, en casa del Indio Figueredo. Aquella noche en Miraflores nos sirvieron hallacas, que yo no había comido, y me gustaron tanto que me serví de nuevo. Llegué vivo al día siguiente de milagro. Deshecho en menudos pedazos participé de aquel concierto. Fue un infortunio.

La segunda vez que estuve por allá, fue durante un revocatorio. Había gente de muchos países; recuerdo a mi amigo Roy Brown, cantor puertoriqueño. Esta vez me cuidé de comer hallacas y pude cantar algo mejor. Hasta que el mismísimo Chávez se subió al escenario y dijo que, aunque la gente no lo sabía, él y yo teníamos un duo —Silvio y Hugo, dijo—, y que allí íbamos a hacer nuestra rutina. Me miró y empezó a recitar un hermoso poema sobre [Simón] Bolívar, y yo a seguirlo con la guitarra, acompañándolo como podía, y así continuamos durante un largo rato. La gente estaba enloquecida.

Chávez, además de su corazón generoso, tenía un gran talento histriónico. Era un hombre muy carismático. Lo de aquella tarde fue uno de los eventos más insólitos que me ha tocado vivir sobre un escenario; rotundamente inolvidable.

— Tu producción creativa, poética y musical, está marcada por los momentos históricos. Pueden verse retazos en ellos que nos hablan de los acontecimientos vividos en Latinoamérica y el mundo. Las denuncias imperialistas en países como Nicaragua, Chile y la propia Cuba. Pienso en tu canción ‘Cita con Ángeles’ que parece ser un compendio de tus angustias, pero también de admiración por personajes que lucharon por el bienestar de la humanidad. ¿Cuál sería la canción de estos tiempos?

— Eso mismo me gustaría saber a mí.

— Se suele marcar el martes 13 de junio de 1967 como tu ‘debut musical’, en el  programa de televisión Música y estrellas. Cincuenta años después a ti se te sigue escuchando, recomendando, así como se hace con Los Beatles. Personas de 70 y 80 años te escuchan con la misma pasión que estudiantes universitarios de 20 años. ¿A qué crees que se deba este fenómeno?

— Efectivamente, yo debuté un martes 13 (ni te cases ni te embarques, dicen en Cuba sobre ese día). Yo iba a ser dibujante. A los 15 años empecé a trabajar en el semanario Mella, inicialmente órgano de la juventud socialista, y hasta los 20 estuve dibujando en las revistas Venceremos y Verde Olivo, publicaciones militares. Pero me encontré con la guitarra y me enamoré. Lo cierto es que el instrumento me entretenía más que la gráfica. Era un mundo que me tentaba desde niño; de pronto se me abrió la oportunidad y me perdí en él.

Yo también me pregunto el porqué de esa secuencia temporal; para mí también es un misterio. Pero viendo cómo se comportan esas cosas, recuerdo que nunca me interesó hacer canciones muy a la moda; es decir, para hacerme fácilmente de un público. Algunos de mis contemporáneos me veían raro, y no me lo decían para herirme sino porque les llamaba la atención que me aferrara a aquella forma personal, pudiendo ser más popular de otra manera… Lo cierto es que cuando empecé a tocar la guitarra ya yo leía literatura, tenía nociones de historia del mundo y del arte, precariamente, pero manejaba algunos criterios. También era un adicto a la música llamada clásica. Puede que todo esto haya tenido que ver con la decisión de explorar caminos propios, con intentar no ser mimético, con la disciplina de escuchar la música con sentido crítico, incluida la propia, y con el deseo de no parecerme a nadie, ni siquiera a mi mismo.

— ¿Hacia dónde va Silvio Rodríguez? ¿Hay algún país al que desees volver? ¿Algún proyecto del que puedas darnos un atisbo?

— Tengo la tentación de responderte que no me queda más remedio que ir hacia la cuarta edad… Si no te parece demasiado humor negro (aunque a mí me gusta el humor, sea del color que sea)… Sinceramente, es formidable viajar, ver el mundo; se adquiere un tamaño de bola, se aprende mucho. Aún me gustaría ver Grecia, Egipto, Japón, al menos un pedacito de India; me gustaría ver Madagascar y pasar por el Cabo de Buena Esperanza.  Me gustaría ver Perito Moreno. Me gustaría —mucho— ver Machu Picchu, el Gran Cañón, las cataratas del Niágara (aunque estuve en Iguazú). Pero me temo que no me va a alcanzar el tiempo para ver todo lo que me gustaría. Y no es que sea conformista, pero me parece que soy un afortunado que ha podido ver mucho. Así que mi más preciado proyecto ahora mismo es poder seguir trabajando en el estudio cuanto antes, para terminar algunos discos que tengo empezados. Entre ellos, uno con el grupo Diákara, de hace casi 30 años. Y otros muchos temas que he estado grabando después y que tengo que terminar de mejorar y/o editar. Sin contar los que se me ocurren constantemente.

Ahora mismo, en la pandemia, pienso sacar un disco virtual de canciones a guitarra: diez u once temas que, en conjunto, se va a llamar Para la espera. Habrá una canción dedicada a mi amigo Eduardo Aute: Noche sin fin y mar.

— ¿Hay algo de lo que te arrepientas? ¿Algo que harías distinto de poder volver el tiempo atrás?

— Es curiosa esa pregunta, porque me hace recordar que cuando joven analizaba mis etapas anteriores con mucha severidad, dando por sentado que no iba a volver a incurrir en tal o más cual defecto… Es bueno ser autocrítico, y hacer retrospectivas ayuda mucho, aunque también debiéramos ser capaces de anticiparnos, de asumir valores sólidos como espina dorsal de una conducta deseable.

Jamás me arrepentiré de haber tenido sentimientos de piedad, de comprender que cada ser humano puede sufrir las mismas angustias y tragedias. En consecuencia, no me es posible renunciar a la defensa de mi conglomerado humano, o sea, mi país.

Por ser parte de ese todo, cualquier impertinencia extraña me ofende el albedrío, mi soberanía, que tampoco es magnífica, porque somos un pueblo que a duras penas se ha podido desarrollar en algunos sentidos. Si yo tuviera alguna diferencia con quienes me gobiernan, sería entre ellos y yo. Nadie tiene derecho a meterse en eso. Mucho menos quienes van por el mundo como si todo les perteneciera. No soporto a los hipócritas que afirman que las sanciones a Cuba son contra su gobierno. Ahora, durante la pandemia, cubanos incluso de Estados Unidos les han pedido que tengan piedad con el pueblo de Cuba. Pero son sordos al dolor ajeno los que tanto hablan de Dios.

Ellos saben que si un gobierno se mantiene es porque un pueblo lo permite —es imposible de otra forma—, por eso llevan 60 años haciéndonos la vida imposible, para que sepamos el precio. Es un tópico del humanismo universal estar contra la tortura. Pues todo un pueblo, el cubano, lleva más de seis décadas siendo torturado por un vecino poderoso y abusador. Aclaro que aunque tenga opiniones, aunque puntualmente esté a favor de unas cosas y rechace otras, nunca he tenido la más mínima tentación de dedicarme a la política. Y que no soy nada complaciente con nuestra realidad.

— ¿Cuál es tu mensaje para el mundo, para quienes resisten a esta pandemia, y también a las amenazas de un sistema que no permite que los pueblos decidan su propio destino?

— Mi mensaje es como el montuno de los sones: reiterativo. Tratemos al prójimo como queremos ser tratados. Si no respetas, no rezongues cuando no te respeten. Como dicen por allá, por Mayarí: que lo que me deseas, tengas.

Decirlo así es mi forma de mirar al futuro con optimismo.

[Foto del autor – fuente: http://www.sputniknews.com]

Escrito por Alfonso Armada

“Si uno se sitúa, con una pluma en la mano, delante de la realidad, la primera dificultad consiste en hacerse entender”

Josep Pla, El cuaderno gris

Vivimos en un tiempo aparatosamente congelado. Tratamos de hacernos a la idea y recurrimos a todo tipo de estratagemas. Es un juego en el que los inteligentes, los escépticos, los pretenciosos, los descreídos, los humoristas, los cafres, los piadosos, los humildes, los soberbios, los temerarios, los sumisos, los sabios, los oscuros, los luminosos, los siervos, los dueños, los prestamistas, los desvergonzados, los obedientes, los pacientes, los coléricos, los insumisos, los estrategas, los economistas, los suicidas, los mentirosos, los amorosos, los ambiguos, los impenetrables, los fríos, los ardientes, los tranquilos, los ansiosos, cada uno de nosotros trata de hacer lo que los otros esperan, o simplemente espera su momento de descubrir sus cartas. Hay una insólita igualación que nos pone a todos en un gran escenario cubierto por un milímetro de agua en el que no hay sombras. El mal se ha mostrado lo bastante insidioso como para persuadir a prácticamente todos los que tienen algún poder a dictar normas bastante parecidas. Es un miedo unánime, y una catástrofe simultánea que no castiga ni castigará igual y que dejará heridas de muy distinta gravedad y curación.

Pero esta noche yo quería traer aquí a alguien que también llevaba un tiempo con un dedo sobre los labios, ajeno a nuestra deriva.

Como muchos, podría evocar cuando en Santiago de Compostela, al final de la adolescencia, nos pasábamos hielos de boca en boca sin asegurarnos antes de quién estaba a nuestro lado, y parecía que podíamos desentrañar algunas de nuestras emociones e inquietudes porque estábamos decididos a ser nosotros mismos costase lo que costase y a pesar del mundo (incluidos sobre todo nuestros padres), vagamente artistas y más vagamente políticos (aunque vociferábamos contra el poder, y hasta el terrorismo etarra nos parecía legítimo porque no nos poníamos nunca en el lugar del otro, y mucho menos de las víctimas), escuchando a Luis Eduardo Aute, que tenía las claves de nuestro pequeño mundo también indescifrable.

Los que encuentran siempre la lógica en lo arbitrario, el sentido en la oscuridad, podrían decir que Aute podría ser una banda sonora accidental de este estado de excepción casi universal. De este decreto que hemos aceptado sumisamente por nuestro propio bien y el de los otros. El egoísmo de la salvación (gen por antonomasia) bien distribuido y ante el que, supuestamente, no caben discrepancias sin caer en el descrédito o la amoralidad.

Y sin embargo me da por pensar que Aute en sus momentos más lúcidos y creativos podría poner más de un pero a estas directrices que reparten sospechas de forma indiscriminada, convierten el contacto en algo más terrible que el pecado y establecen unas leyes de nueva planta e ineludible cumplimiento que nos quitan, para empezar, el derecho a cuestionarlas.

Luis Eduardo Aute ha resistido mucho mejor que otros (pienso sin pensarlo mucho en, por ejemplo, Silvio Rodríguez) el paso del tiempo y las devastaciones de la estética y de la ética (de la política y sus sanguinarios rectores). Por eso me sigo enredando y me seguiré enredando en su elegía a la belleza y a otros fantasmas que seguimos buscando de manera denodada ahora que estamos perdiendo tanto.

(La foto de Luis Eduardo Aute es de Miguel Giner y fue publicada en El País el pasado domingo. Gracias).

[Fuente: http://www.fronterad.com]

Vendrá el momento de hablar con detalle de su obra, su polifacética obra. Una breve nota de urgencia.

Escrito por Salvador López Arnal

Después de casi cuatro años de lucha, el fallecimiento (¡sumado a tantas otras muertes en estos días aciagos!) de este artista imprescindible nos toca en lo más hondo, como a tantas otras personas en España y en todo el mundo. Arden las pérdidas, con más fuerza que nunca.

Luis Eduardo Aute ha sido un cantautor inconmensurable, como pocos, alguien que nos ha acompañado a lo largo de más de medio siglo. Como muy pocos. Nos ha acompañado y nos ha hecho. Yo mismo, que apenas canto, he cantado mil veces muchas de sus canciones más conocidas.

Empezamos a escuchar sus canciones -Rosas en el mar, Aleluya…- en la voz de Massiel. Luego con su propia voz. Una canción suya, « Al alba », una canción de amor, cantada también por Rosa León, nos ha acompañado durante años. La escribió, como se recuerda, en septiembre de 1975, pocos días antes de los últimos fusilamientos del franquismo. No nos ha abandonado nunca, nunca, aunque no la entendiéramos del todo. ¿Quién no ha cantado o dicho alguna vez: « Si te dijera amor mío que temo a la madrugada /No sé qué estrellas son esas que hieren como amenazas… »?

Artista polifacético (pintor, cineasta, director de cine, creador, poeta en absoluto menor, cantante), sin ser propiamente un cantautor político, Aute se ha mantenido siempre en posiciones anticapitalistas (las letras de mis canciones, dijo alguna vez, son más importantes que la música), incluso -y eso dice mucho a su favor- cuando vientos huracanados empezaban a soplar con fuerza en sentido contrario. Sus canciones de todas las épocas son prueba de ello. « La guerra que vendrá », de 1989, es un ejemplo (https://www.youtube.com/watch?v=9JPdXqraI9M).

Escribió, entre centenares y centenares, una de las canciones más hermosas que se han escrito nunca: « La belleza ».  Publicó con compañeros suyos (uno de ellos, Silvio Rodríguez, uno de sus grandes amigos hasta el final de sus días) uno de los grandes discos de la canción y cultura popular: « Entre amigos », sin olvidarse de su « Mano a mano » (https://www.youtube.com/watch?v=WcPwrT2WVEQ). Escribió, además, una de las canciones utópicas más hermosas que se han escrito nunca: « Albanta » https://www.youtube.com/watch?v=8KAx2PShB8k: « Yo sé que allí, donde tú dices, no existen hombres que mandan porque no existen fantasmas y amar es la flor más perfecta que crece en tu jardín… ».

Pienso también ahora en otro gran artista popular, Leonard Cohen. Sin ser grandes intérpretes, ambos han compuesto canciones inolvidables. Para siempre. Y han puesto música, como pocos han sabido hacerlo, a grandes poetas (García Lorca, Oroza [https://www.cancioneros.com/nd/4705/0/aute-canta-a-oroza-luis-eduardo-aute]). Aute ha sido nuestro Cohen más cercano, más comprensible para nosotros. Tan querido, oído y admirado como el autor canadiense.

Le vi en directo bastantes veces a lo largo de los años. En espacios para pocas personas, en estadios para miles. La última vez fui a verle con mi esposa-compañera el 18 de febrero de 2016, pocos meses antes de que enfermera. Dio en un único recital en el Palau de la Música de Barcelona. Después de su deslumbrante « GIRALUNA » (con la R invertida), nos regaló un largo recital con una selección (propia) de sus mejores canciones. Uno de los grandes momentos: « Prefiero amar », con Miquel Poveda (https://www.youtube.com/watch?v=8twCQdOC69Q).

Cuando acabó quisimos saludarle, decirle lo importante que había sido para nosotros, al tiempo que le felicitábamos por el concierto. No lo hicimos finalmente. La cola era muy larga y al día siguiente teníamos que trabajar. Le dejamos una nota (que tal vez leyera) a unos amigos suyos que estaban esperando. Decía así: « Nos casamos en el Ayuntamiento barcelonés el 2 de abril, dentro de seis semanas. Hemos elegido tres canciones para el momento. « Pequeño vals vienés » en la voz de Morente, « Un aura amorosa » en la voz de Kraus y una canción suya: « Cada vez que me amas » (https://www.youtube.com/watch?v=fbYZpaDRiTU). Gracias. Nos ha ayudado a amarnos, nos hemos amado con usted ».

En nuestra tarjeta de boda incluimos un verso suyo que lo define: « No me hace falta la luna/ me bastan solamente dos/ o tres segundos de ternura ». Estos también nos rondaron por la cabeza y el corazón estos versos también suyos « Y qué le voy a hacer si me falla alguna pieza/ por creer que la belleza no se rinde ante el poder. »

Gracias, Luis Eduardo, gracias. Nunca habitará en ti nuestro olvido, te escucharemos siempre con la emoción y devoción a ti debidas: « Que no, que no, que el pensamiento no puede tomar asiento/ que el pensamiento es estar siempre de paso… » https://www.youtube.com/watch?v=yptVUbn3QZg

[Fuente: http://www.bitacora.com.uy]

Escrito por HEDONÉ 

Quizás a día de hoy ya no sea «top trending» en las redes sociales pero, sin duda alguna, Bob Dylan sigue levantando polvareda en todos y cada uno de los debates de literatura a pequeña y gran escala. Desde aquel fatídico 13 de octubre, cuando el cantautor de Minnesota fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, se sacó a la luz uno de los temas más polémicos y recónditos en relación a las letras:

¿Hasta qué punto es poesía lo que escribe un letrista? ¿Los cantautores son músicos que escriben poesía o poetas que cantan lo que escriben?

Sinceramente, opino que a día de hoy no hay prácticamente nadie que niegue que determinados músicos son auténticos poetas, quizás hasta mejores que algunos propiamente denominados como tal. Y por eso, de forma totalmente subjetiva e informativa, aunque respaldada por los hechos, os traigo hoy una lista con 11 cantautores que son (o han sido) auténticos poetas.

El orden es meramente cronológico. Comencemos.

  1. Violeta Parra: Cantautora, pintora, escultora, bordadora y ceramista chilena, es considerada una de las principales folcloristas en América del Sur. Saltó el charco, así como el resto de fronteras, con nada más que su música allá por los años 30 y 40, cuando la música latinoamericana no era más que una leyenda en Europa. Sus letras más maduras, muy influenciadas por la tradición popular, nacen del dolor personal y de sus múltiples desamores, y están muy marcadas también por la melancolía y la frustración que guiaron el camino de su propia vida. Su obra culmen, sin duda alguna, es el célebre himno Gracias a la vida, un vago reflejo, sin embargo, de la profunda depresión que la llevaría a suicidarse un año después. Otros temas a escuchar son La jardinera, Volver a los diecisiete o Casamiento de negros.
  2. George Brassens: Cantautor francés, fue el mayor exponente de la trova anarquista del siglo XX y uno de los más grandes dentro de la chanson française. De melodías sencillas y letras tan elaboradas como críticas, Brassens sí fue reconocido como poeta, llegando a ganar el Premio Nacional de Poesía francés. Guiado por la obra de autores como Victor Hugo o Louis Aragon, a los que también musicó, compuso algunas de las mejores canciones en lengua francesa, y cruzó, traducido eso sí, las fronteras franquistas, de la mano de Paco Ibáñez, influenciando a conocidos músicos como Loquillo, Javier Krahe o Joaquín Carbonell. Sus temas con más repercusión… La mauvaise reputation, Les copains d’abord Le Gorille, entre muchos otros.
  3. Jacques Brel: Cantautor, actor y cineasta belga, condujo la chanson française fuera de las fronteras de la propia Francia. Pese a lo variado de su obra, vivió a la sombra de su lenta pero sentidísima Ne me quitte pas, canción que lo llevaría a convertirse en uno de los músicos más célebres del siglo XX. Sus letras afiladas y profundamente elaboradas mezclan a la perfección la crudeza, la elegancia y la ironía que caracterizaron una obra cortada, sin embargo, por el deseo de actuar, donde también sería bien reconocido. Un año antes de su muerte grabó, aquejado de un cáncer de pulmón, Les marquises, su último álbum. Imposible no recomendar los temas Ces gens là, Vesoul, Mathilde La valse a mille temps.
  4. Leonard Cohen: Además de ser uno de los cantautores más célebres de la historia de la música, fue también poeta y novelista, de origen canadiense. Sus letras exploran, con una sensibilidad difícil de igualar y una voz memorablemente grave, la religión, la política, el aislamiento, las relaciones personales y la sexualidad. Definido por el crítico Bruce Elder como «uno de los cantantes más fascinantes y enigmáticos de finales de los 60», ha sido introducido en los Salones de la Fama de EEUU y Canadá, además de haber recibido la Orden de Canadá, la de Quebec y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Su Canción: la mítica Hallellujah. Aunque tampoco está de más escuchar la genial I’m your man y, por qué no, toda la discografía del canadiense.
  5. Bob Dylan: Todo dicho, pasamos al puesto número seis. Tranquilidad, que es broma. Estamos hablando de cantautores poetas, y el innombrable, también conocido como Robert Allen Zimmerman, no podía faltar. Marcó la década de los 60 con una música folk propia y fácilmente reconocible, y se consolidó como uno de las mayores influencias del movimiento contra la guerra de Vietnam. En el 65 recibió, por parte de un fanático, el título de Judas, por haber introducido la música eléctrica en el folk con su álbum Highway 61 Revisited. Finalmente, «vio el mundo arder» al recibir (y no recoger hasta varios meses después) el Premio Nobel de Literatura en 2016. Con la fama merecida de cantar como un grajo, ha dado a luz a algunas de las mejores canciones de los siglos XX y XXI. Por decir alguna: Blowin’ in the wind, Like a rolling stone Hard rain on a fall.
  6. Joan Manuel Serrat: Es, sin duda, el cantautor más importante de la historia de España. Ha sido influenciado por grandes poetas universales como Antonio Machado, Miguel Hernández, Federico García Lorca o León Felipe, a algunos de los cuales ha musicado con agudeza. Ha ahondado su música en géneros como el folklore catalán, la copla española, el tango, el bolero o la música latinoamericana. Pionero de la Nova Cançó, sus letras certeras, sinceras y cuidadas, bucean en la política, la sociedad, el amor, la infancia y el paso del tiempo. Su canción más conocida es, sin lugar a dudas, Mediterráneo, un canto a la niñez y a la vida, aunque tampoco podemos olvidar Aquellas pequeñas cosas, Cada loco con su tema o las tristísimas Penélope Manuel.
  7. Silvio Rodríguez: Si Serrat es el cantautor más importante de España, Silvio Rodríguez lo es de Cuba. Su música, surgida de la influencia de la Revolución Cubana contra la dictadura de Fulgencio Baptista, en la cual participó como educador, militar y político, tiene un aire único. Sus letras son tal vez las más complejas de las creadas por los músicos de esta lista, con honda belleza aun carentes de música, y se han consolidado como mayores representantes y pioneras de la Nueva Trova Cubana. A día de hoy, Ojalá sigue siendo un auténtico himno a la libertad en todos los países de habla hispana, pese a que realmente está dedicada a un amor de Silvio, y no a los Estados Unidos como aseguraban algunos teorizadores. Otras canciones indispensables son La maza, La familia, la propiedad privada y el amor, o mi adorada Juego que me regaló un 6 de enero.
  8. Patti Smith: «El rock era una música de hombres hasta que llegó Patti Smith» es una frase que, con más o menos variaciones, se ha consolidado como una verdad universal. Quizás sea la menos cantautora de entre todas las personas de esta lista, pero sería un delito no hablar de la mujer más influyente del punk, pionera del movimiento feminista e intelectual en la música rock. Desafió a la música disco con su imagen y sus letras elegantes, aunque crudas y más o menos directas, que la convirtieron en la poetisa de la generación Beat, junto a Kerouac o Ginsberg. Because the night, que coescribió con Bruce Springsteen, llegó al puesto número 13 de la lista Billboard de EEUU, aunque tampoco se debe olvidar la prolífica People have the power, un himno del rock de los 90.
  9. Luis Alberto Spinetta: Cantante, poeta, guitarrista, escritor y compositor argentino, llevó el rock a otro nivel, convirtiéndose en uno de los músicos más reconocidos de toda Latinoamérica. La complejidad lírica de sus canciones no se queda atrás respecto a la de sus armonías, que hicieron de «El Flaco» no sólo un músico de rock, sino también de jazz en toda su extensión. Su discografía es totalmente digna de análisis, y no deberías descartar la posibilidad de sumergirte en cualquiera de sus letras, hasta encontrar la esencia de estas. Tras su muerte, grandes músicos de todo el mundo han cogido su testigo para homenajearlo, dando lugar a conciertos dignos de recordar. Canciones como Barro tal vez Durazno sangrando son dos de los temas que no pueden faltar en tu repertorio.
  10. Kutxi Romero: «El bandolero de Berriozar» se ha hecho un hueco ya en la historia del rock en castellano. Aunque navarro, sus raíces andaluzas lo han llevado a unir rock y flamenco, dando lugar a uno de los grupos más prolíficos del panorama actual: Marea. Además de ser letrista y, en algunos casos, compositor del grupo, tiene un proyecto musical en solitario con su nombre y ha publicado varios libros de poesía. Es reconocido por haber sido uno de los letristas que más canciones han escrito para otros grupos españoles, algunos con tanta pegada como Ciclonautas. Sus letras son tan características como recóndito es su significado, por lo que es complicado recomendar alguna canción en concreto. Quizás sus verdaderas dotes como poeta sean al máximo visibles en canciones de sus últimos discos como Ojalá me quieras libre, Mierda y cuchara Vengo del mercado.
  11. Fito Robles: Nacido en Valladolid y bajo el nombre de Siloé, entró con fuerza en el panorama musical nacional hace dos años. Es de los pocos españoles becados en la Berklee College of Music, donde ha conseguido, como bien lo demuestran sus canciones, exprimir al máximo sus conocimientos musicales. Introducido en el género indie (aunque eso pueda dar lugar a contradicción) y con dos discos a las espaldas (La luz es el último, de 2018), se ha conseguido colocar entre los más grandes, por no decir el que más, de un estilo que pedía a voces una voz como la suya. Sus letras, de diversas temáticas, profundizan sobre todo en la religión católica, de un modo muy personal. Merecen más de una escucha todas sus obras, pero por poner alguna, diré Contemos aullidos, Para mis hermanos Guerra y caridad.

Y para terminar, es necesario hacer una mención especial a todos esos cantautores que sin duda merecen estar en esta lista pero que, dada mi obligación de poner un final, se han quedado fuera: Joaquín Sabina, Víctor Jara, Pablo Milanés, Ismael Serrano, Lichis, Robe Iniesta, Neil Young, Van Morrison, John Lennon, Mercedes Sosa, Jorge Drexler, Luis Eduardo Aute, Javier Krahe, José Antonio Labordeta, Lluis Llach, Enrique Villarreal, Carlos Chaouen y una inmensa lista de músicos que, además de músicos, son poetas.

[Fuente: http://www.lapiedradesisifo.com]

Sur le rêve du cadavre
Du dada plus exquis,
Sur l’âge d’or andalou
De Buñuel et Dali,
J’écris ton nom, dada, dada, dada
J’écris ton nom.

Sur l’échec de Duchamp,
Bien sûr, étant donnés,
Sur Max Ernst à Berlin,
Son cauchemar décollé,
J’écris ton nom, dada, dada, dada
J’écris ton nom.

Sur l’écume d’une saison
En enfer de Rimbaud,
Sur la sainte trinité:
Buster, Groucho et Charlot,
J’écris ton nom, surréalisme,
Je crie ton nom, liberté.

Sur Rrose Sélavy
Car LHOOQ,
Sur De Chirico en quête
Du silence des statues,
J’écris ton nom, dada, dada, dada,
J’écris ton nom.

Sur l’étoile de Miró
Au revers du soleil,
Sur les nues subjectives,
Objectifs de Man Ray,
J’écris ton nom, dada, dada, dada,
J’écris ton nom.

Sur les chants de Ducasse
Au delà du mal d’Aurore,
Sur le nº 9 Dream
Là où LenNonesense dort
J’écris ton nom, surréalisme,
J’écris ton nom, liberté.

Sur Magritte qui ne voit pas
La femme de la forêt (cachée),
Sur Artaud, le suicide
Contre la société,
J’écris ton nom, dada, dada, dada,
J’écris ton nom.

Sur le sang de Cocteau
Amoureux d’un poète,
Sur le Bosch, quand il trouve
Lewis Carroll sans tête (100 têtes)
J’écris ton nom, dada, dada, dada.

Sur les 11.000 alcools
Que pleurait Apollinaire,
Sur Tzara au Cabaret
Révolté de Voltaire,
J’écris ton nom, surréalisme,
J’écris ton nom, liberté.

Sur les automatismes
Manifestes de Breton,
Sur la poire de Satie (sur l’orgie soviétique)
Où son suc est son son, (dans le sexe d’Aragon)
J’écris ton nom, dada, dada, dada?
J’écris ton nom.

Sur le chien enterré,
Près de Goya à Bourdeaux,
Sur la chair de la femme
Éternelle de Delvaux,
J’écris ton nom, dada, dada, dada
J’écris ton nom.

Sur le corps mémorable
D’Éluard découvert,
Sur les feuilles immortelles
Sous la tombe de Prévert,
J’écris ton nom, surréalisme,
J’écris ton nom, liberté.

« C’est une chanson qui nous ressemble,
toi, tu m’aimais, et je t’aimais,
et nous vivions, tous deux ensemble,
toi qui m`aimais, moi qui t’aimais »

(fragment de « Les feuilles mortes », de J.Prévert et R.Kosma)

Compositeur et interprète : Luis Eduardo Aute

Era apenas adolescente cando coñecín as súas primeiras cancións, logo funme penetrando aos poucos no seu marabilloso mundo como quen se abre paso nunha acolledora selva con arroios, árbores, ríos, lagos, fontes e verdes claros para retozar

O artista faleceu aos 76 anos en Madrid.

Un artigo de Javier García (Efe) 

Tarefa difícil atrapar nunhas liñas a un rabo de lagartixa tan talentoso e inaprensible, a un xenio da lámpada das palabras, as imaxes, os debuxos e as melodías.

Era apenas adolescente cando coñecín as súas primeiras cancións. Logo funme penetrando aos poucos no seu marabilloso mundo como quen se abre paso nunha acolledora selva con arroios, árbores, ríos, lagos, fontes e verdes claros para retozar.

Entre o torrente das súas cancións atopeime coas súas poemigas, as súas pinturas, os seus xogos coas palabras. Logo chegaron os animais da selva: Anima-l, AnimaLhito, AnimaLhada, Non hai quinto aniMaLo ou O SEXTO ANIMAL.

Tamén descubrín os seus campos cheos de giralunas e a liturxia da desorde que imperaba nos seus bosques.

E un día atopeimo nun lugar da selva chamado Vallecas. Camuflado nun pequeno tobo en forma de centro cultural, o noso rabo de lagartixa presentaba as películas que se entretivo en bosquexar cando era nova e descoñecido.

O deslumbramento foi aínda máis colosal, pero o noso amigo, humilde como poucos, non llas daba do espléndido cineasta que sen dúbida era. Logo, entre unhas cervexas e falando do que me gustaron as súas películas, Eduardo ofreceuse a deixarme unha copia en vídeo, xa que nunca lle interesou comercializalas.

Era a primeira vez que nos viamos pero enseguida deixoume o seu teléfono e insistiu en que lle chamase para deixarmas.

Gardei ese número como ouro en pano aínda que o traballo e unha infinidade de ocupacións foron postergando unha chamada que ao final nunca se produciu. Algo que lamentei despois, non só por poder admirar as súas películas unha vez máis senón para coñecerlle mellor en persoa e aprender aínda máis del e do seu pozo de creación inesgotable.

A selva do seu talento foime dando infinidade de agasallos ao longo dos anos: en forma de novas cancións, libro-discos, poemas, pinturas e películas animadas como « Un can chamado dor » ou « O neno e o basilisco », para os que a nosa laboriosa lagartixa pasouse pacientemente varios anos trazando millóns de debuxos a lapis e filmándoos e montándoos daquela el mesmo cunha cámara caseira, como un artesán ourive.

Cando presentou « O neno que miraba o » mar nun inesquecible concerto en Madrid, eu vivía en Xerusalén, pero o azar e outros prodixios arranxáronllas para que puidese asistir.

No café do Teatro Español volvémonos a ver, despois de máis de 20 anos. Preguntoume por Xerusalén e falando de israelís e palestinos, lembroume o tema que acababa de cantar: « Descoñece a derrota, non hai maneira, non hai maneira, sempre frota, non hai maneira, non hai maneira, de que perda, a merda« . Logo, regaloume un dos seus preciosos debuxos e « un basilisco bo » para que me defendese « dos malos ».

Son tantas as cousas vividas grazas ao meu querido Eduardo, que non caben en miles de papeis. Tanto é o pracer e o pensar que me brindou que necesitaría unha vida para contalo.

Talvez un día, a bordo do meu veleiro Vailima, atracado en Vigo, fuxamos cara ao azul, con rumbo a un atol perdido nos mares do sur. E alí construámoslle, con corais e bambú, unha cabana baixo un silencioso alude de branca luz. Para charlar tranquilamente con el e agradecerllo.

[Imaxe: Javier Lizón (EFE) – fonte: http://www.farodevigo.es]

Excelso compositor, Luis Eduardo Aute reflexionó en una charla con Juan Puchades sobre el oficio de escribir canciones y reivindicaba el género como una de las bellas artes.

Texto: Juan Puchades

Hace unos pocos años, entrevistando a Luis Eduardo Aute, me comentó que nunca se sintió parte de «la familia de los cantautores. Creo que escribía las canciones que me salían. Tengo canciones de tonos muy diversos —incluso cuando iba sin grupo—, canciones más íntimas, otras más agresivas, incluso rockeras, y otras satíricas. No he sido muy afín al concepto del cantautor». Y no le faltaba razón. Al contrario que el grueso de sus compañeros de generación, y de educación anglosajona, la música de Aute no provenía de la escuela de la chanson francesa, sino que había escuchado a Dylan, a los Beatles, a Simon & Garfunkel. De ahí, tal vez, que no le resultara fácil encontrar acomodo durante los años sesenta y gran parte de los setenta, por ese salirse del traje que de él se esperaba, y sus canciones funcionaran, en realidad, interpretadas por otros, esencialmente mujeres: Massiel, Mari Trini, Marisol, Rosa León.

Pero Aute es que fue una rara avis: pintor profesional (y magnífico), cineasta amateur y artesanal, poeta y compositor (e intérprete) por necesidad vital, no se veía en los escenarios, y le costó años subirse por vez primera a uno. Luego, a finales de los setenta, cuando comenzó a cambiar de sonido con ayuda de Luis Mendo y a dejar atrás lo árido de sus producciones iniciales (una a veces sombría sobriedad), sus canciones comenzaron a ser populares en sus propias lecturas, y desde el elepé Albanta (1978), coincidiendo con los conciertos, el nombre de Aute fue cada vez más popular, hasta que en 1983 con el doble en directo Entre amigos (el primero que se grababa en nuestro país con esa fórmula, hoy tan gastada, de convocar invitados), comenzó a jugar en las grandes ligas: Aute, sin despeinarse (y quizá sin pretenderlo), podía llenar plazas de toros. Lo que nos sirve para recordar una vez más que los años ochenta no fueron unidireccionales, como algunos se empeñan en trasladar, y que la canción de autor (que no tiene nada que ver con la canción protesta) reformulada y puesta al día gozó de notable salud en aquella década en la que Serrat, Víctor Manuel (con y sin Ana Belén, a la que también podríamos adscribir al movimiento), el incipiente Sabina y el propio Aute vivieron su pico más alto de popularidad.

Fueron los ochenta un tiempo dulce en lo musical para Aute, que prácticamente mantuvo el ritmo de disco por año, y su imagen se transformó, incluso, en objeto de deseo: su barba de varios días creó escuela. Todos queríamos ser Aute. Y es que, pasados los 40, rompía con la imagen austera de otros de sus compañeros, incluso cuesta reconocerlo en esas instantáneas suyas de los años sesenta, siempre enfundado en una americana, con corbata y con el pelo «aseado». Aute era un bohemio que pintaba y dirigía cine pero que, por planta, perfectamente podría haber sido intérprete (claro, hizo sus pinitos como actor). En realidad podría haber sido lo que le hubiera dado la gana, porque era uno de los artistas más notables y completos que ha dado este país, e intuyo que le fastidió un poco que los brillos refulgentes de la música popular opacaran su trabajo como pintor, en el que se volcaba. Pero, a la vez, fue uno de nuestros mayores letristas y compositores, con piezas perfectas instaladas en la memoria de muchos de nosotros: “Al alba”, “Pasaba por aquí”, “Anda”, “No te desnudes todavía”, “De tripas corazón”, “Vailima”, “Una de dos”, “Rosas en el mar”, “A por el mar”, “Las cuatro y diez”, “Slowly”, “Albanta”, “De paso”…

Canciones que no nacían de la casualidad, como me comentaba en aquella entrevista, detrás de ellas estaba el trabajo constante, ese que no vemos pero que marca la diferencia: «Cada vez vigilo más que en la canción haya una estructura que tenga una cierta coherencia, que haya un planteamiento, un nudo y desenlace cuando haya una narración, porque hay canciones mías menos costumbristas. Componer canciones es muy “torturante”. Para mí la experiencia de escribir canciones es terrible, pero tan terrible como apasionante y luego, cuando la canción está terminada, cuando ya toda esa arquitectura oculta está ahí, se trata de que no se note, y es sobre la que se asienta la canción. Pero a la hora de construir esa arquitectura es muy complicado, es muy difícil, porque tienes que contar. Es lo que he dicho muchas veces, que el género canción ha sido muy injustamente valorado, es un subgénero, están los poetas y los que escriben letras de canciones, están los músicos y los que escriben canciones, siempre como un subgénero, y yo creo que no, que es un género tan digno como la poesía o la música seria, digamos, la que llaman seria. Es muy difícil escribir una canción: en tres minutos, cuatro, tienes que contar algo que tenga interés, que esté bien contado, que llegue a conmover o que llegue a hacerte reflexionar o que llegue a empujarte a bailar. Y todo eso en tres o cuatro minutos, que tenga sentido y que tenga eso, un planteamiento y un desenlace. Es contar una historia en poquísimo tiempo, y además interactúan texto y música, no solamente un texto, sino el texto y la música, son muchos elementos al mismo tiempo en muy poco tiempo. Y creo que no es, de ninguna manera, la asistenta de las Artes, es otra de las Bellas Artes». Sin duda, y Luis Eduardo Aute contribuyó a que la canción sea una de las más hermosas Bellas Artes.

[Fuente: http://www.efeeme.com]

Músicos de generaciones posteriores destacan la influencia y la humanidad del autor de ‘Al alba’

Luis Eduardo Aute actuando en La Habana en 2008.

Escrito por Carlos Marcos

Luis Eduardo Aute no tuvo tanto éxito como sus contemporáneos. Si se habla de venta de entradas y discos. Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Miguel Ríos, Ana Belén o Víctor Manuel superaron en cifras a Aute. A cambio, el autor de Slowly ha influido bastante más a las generaciones posteriores. “Tenía una estética que me atrajo mucho, con esa melena, la barba, tan delgado. Exhibía un punto canalla muy atractivo. Era la música que se escuchaba en el coche de mis padres, cuando yo era pequeño, y me sigue influyendo hasta ahora”, dice Xoel López, uno de los músicos herederos de Aute, quien ha muerto este sábado a los 76 años.

Quique González coge el teléfono nada más conocerse la noticia y se le nota devastado. “Lo estoy”, dice. “Son tiempos muy duros. Por todo lo que está pasando y ahora con la muerte de Aute. Era un artista entre artistas. No solo escribiendo. Con todo. Cada cosa que hacía tenía una gran sensibilidad. Yo lo descubrí con Slowly. Tuve cierto contacto con él. Tenía un cancionero imbatible”, apunta González. Marc Ros, cantante y letrista de Sidonie, cuenta una anécdota que tuvo con él cuando compartía compañía discográfica, en 2007: “Fui a un concierto suyo en Madrid. A mí no me gustan los que duran más de dos horas. Este duró cuatro y se me hizo corto. Cuando acabó me llevaron a que lo conociera. Yo había grabado una canción que se llamaba Giraluna sin saber que él ya tenía una con ese título. Cuando llegué al camerino estaba temblando de nervios. Me dijo: ‘Ah, tu eres el de Giraluna. Todos deberíamos tener una canción que se titulase Giraluna’. Fue genial. Me parece que era alguien que miraba a la luna mientras el resto estamos encorvados”. Y añade Ros: “Es un artista que no analizas cómo lo hace. Simplemente te dejas arrastrar cuando le escuchas”.

Andrés Suárez le conoció hace 13 años. “Yo estaba en Libertad 8 [pequeño local madrileño donde actúan cantautores], suplicándole al dueño que me diese una fecha para actuar. No había empezado todavía mi carrera. Se abre la puerta del local y aparece Aute. Nos presenta el dueño y le digo que estoy temblando, que es mi ídolo. Y él me dice: ‘Tranquilo, vamos a sentarnos aquí y me cuentas tu historia’. Hablamos horas. Fue increíble. Era un hombre maravilloso. Le llamabas para colaborar y siempre estaba dispuesto”. El cantante gallego, que comenzó escuchando los casetes de Aute por sus padres, ha colaborado en varios homenajes al autor de Al alba. Musicalmente destaca: “No necesitaba alardear para emocionarnos”. Y se viene abajo al otra lado de la línea telefónica: “Estoy roto. Mi madre es enfermera y llevo todos estos días con actitud positiva, porque no hay que doblegarse. Pero hoy estoy roto”.

Uno de los referentes de la música indie española, Ángel Stanich, ha escrito una poesía. Dice así: “Haremos por no olvidarte./ Por el alma de su cuerpo, aunque cueste adaptarse./ Este mundo no lo entiendo./ Este cura no es mi padre./ Pero igualmente le quiero, Don Luis Eduardo Aute./ Saliste despacio del cine./ Al alba te marchaste./ Pasó por aquí el misterio…”. La influencia de Aute en la música del madrileño Luis Ramiro es evidente. Incluso compartieron una canción, Annie Hall. “Le he escuchado desde la infancia, llegué a compartir momentos en su casa y grabé una canción con él. Como persona comprobé que era igual de maravilloso que como artista. Un genio total”, dice Ramiro.

Christina Rosenvinge habla de hoy como un día “muy triste”. “Es uno de los grandes autores de la canción hispanoamericana. Un clásico absoluto. Una voz inconfundiblemente profunda y conmovedora. Caballero fundador de la orden de la melancolía”. Jairo Zavala, líder de Depedro, destaca que es “un artista que toca a todas las generaciones”. “Tenía un gran talento para sacarle partido a su voz. Era delicada y, a la vez, emocionante. También me impresiona su figura de hombre humanista que hacía de todo (cantaba, escribía, pintaba, tocaba instrumentos…), y todo lo hacía bien”, añade Zavala.

Alejo Stivel, voz de Tequila, coincidió con Aute vía Joaquín Sabina. Stivel produjo el gran éxito de Sabina, 19 días y 500 noches. “Hay artistas buenos y otros que son buenos y tienen personalidad. Aute es de los segundos. Me encanta su voz. Me parece de una sensibilidad extrema”, apunta. El cantautor Ismael Serrano ha escuchado los discos de Aute desde que era pequeño. “Su lucidez brillaba y señalaba el camino. Tuve la suerte de estar a su lado unas cuantas veces. Doy gracias a la vida por esa oportunidad. Yo trataba de aprender de él, de su honestidad, de su compromiso e independencia”, escribió en su cuenta de Twitter. Fermín Muguruza dejó en su red social parte de la letra de la canción más recordada de Aute, Al alba: “Si te dijera, amor mío, que temo a la madrugada…”.

[Foto: AFP | ATLAS – fuente: http://www.elpais.com]

El creador de ‘Al alba’, ‘Rosas en el mar’ o ‘La belleza’ ha fallecido en Madrid a los 76 años

Luis Eduardo Aute, cantante y pintor, en su casa de Madrid en 2016. En vídeo, repaso a la vida del artista. LUIS SEVILLANO | ATLAS

Escrito por Fernando Navarro

El cantautor Luis Eduardo Aute ha fallecido a los 76 años en un hospital madrileño. Después de sufrir un grave infarto en 2016 ―que lo mantuvo dos meses en coma―, se había retirado de los escenarios. Tras pasar diversos periodos de convalecencia, vivía en su domicilio atendido por sus familiares. En diciembre de 2018 recibió un homenaje multitudinario en el que participaron numerosos artistas como Víctor Manuel, Jorge Drexler, Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, o Joaquín Sabina entre otros. Era algo más que un músico para la España democrática, la misma que creció con sus canciones y se educó con su sensibilidad transgresora y su visión exigente de la realidad. Era la voz más emotiva de la España de la Transición, un fabulador fundamental que, en sí mismo, era una fábula: porque el pintor que nunca se imaginó como músico acabó siendo uno de los cantautores más reconocidos y reconocibles de la música popular española, todo un símbolo de las confesiones sentimentales.

Nació en 1943 en Manila, en plena contienda de la Segunda Guerra Mundial. La ciudad se hallaba devastada por los combates entre las tropas filipinas y los invasores japoneses, que perpetraron todo tipo de masacres. Aquel niño llamado Luis Eduardo Aute, que estudiaba inglés en la escuela, hablaba español en casa y tagalo en la calle, creció rodeado de catástrofe. Hijo de padre catalán y madre filipina, hija de españoles, al pequeño le gustaba refugiarse en el dibujo y el cine (con el tiempo, hasta dirigió una película de animación dibujada por él, en 2001: Un perro llamado Dolor), pero eso no quitó para que hiciese mucha vida en la calle cuando, acabada la gran guerra, la ciudad intentó recuperar el pulso y reconstruirse con ayuda del dinero estadounidense. En Manila aprendió a ser un chaval inquieto aunque retraído y tímido, un chico al que con 11 años Madrid le pareció una urbe gris y triste, mojigata y monacal, cuando su familia se mudó a vivir a España.

La última fábula que le gustaba contar a Aute tenía como protagonista un girasol insumiso. Lo hacía llamar el Giraluna, un girasol que, a diferencia del resto, decidía no agachar la cabeza por la noche y aguardaba la llegada de la Luna. Cuando el cielo se fundía en negro, este girasol conocía la Luna y las estrellas y, bajo el efecto de esa luz pura en plena oscuridad, era recompensado con una sagacidad y lucidez especiales por su fe, curiosidad y criterio propio. El Giraluna, ese elemento disidente y diferenciador entre la caterva, podía ser el propio Aute, el juglar político, el cantautor de inmensas canciones de amor, el poeta de lo cotidiano, el artista plástico, el amante del cine, el sutil soñador y el anciano de verbo perspicaz e indignado por los desajustes de un mundo siempre desajustado.

Luis Eduardo Aute durante un concierto en 1983. GETTY | ATLAS

A los 16 años ya era pintor y exponía sus primeras obras, pero fue en la música donde, por casualidad, despegaría con fuerza su carrera artística, aun cuando no le gustaban los escenarios. Fue su padre, su “adorado padre” al que el músico no dejó nunca de recordar en entrevistas y charlas, el que le regaló una guitarra cuando estaba en bachillerato. Aute, que se había nutrido de música y cine anglosajones en sus años en Filipinas, se aficionó aún más al rock and roll al escuchar Caravana musical de Ángel Álvarez en la radio. Tocó la guitarra acústica en grupos colegiales, en los que dio rienda suelta a su gusto por Elvis Presley. A su regreso del servicio militar en Cataluña, sin abandonar la pintura e influido por un viaje a París donde conoció los nuevos sonidos franceses representados en Jacques Brel o Serge Gainsbourg, escribió sus primeras canciones. Una de ellas, Rosas en el mar, sería un éxito en la interpretación de Massiel. Mari Trini y Rosa León también lucieron en sus voces sus estampas sentimentales.

Eso le llevaría a publicar en 1967 su primer disco, Diálogos de Rodrigo y Ximena, en el que, influido por el primer Bob Dylan, mostraba un cantautor introspectivo pero también crítico con el mundo que le rodeaba. Con mejor acabado editó un año después, 24 Canciones Breves, un álbum de un perfil más existencialista, marcado por la separación de sus padres y en el que el compositor, que se acababa de casar con Maritchu Rosado –su esposa hasta su muerte–, dejaba ver su particular exploración del universo femenino.

Pese al éxito, vio su aventura musical como algo temporal, intentando dedicarse a la pintura y la poesía. Desencantado con la industria discográfica, pensó en retirarse de la música tras la salida de 24 Canciones Breves, pero en los primeros setenta publicó una fabulosa trilogía discográfica formada por Rito (1973), Espuma (1974) y Sarcófago (1976). Conocida como la trilogía de Canciones de amor y de muerte, Aute, que en aquellos años también compuso bandas sonoras para películas de Jaime Chávarri o Fernando Fernán Gómez, se erigió como un maestro de la sátira social, dueño de un verso libre y expresionista, desbordante de sarcasmo ante las injusticias sociales. Y no solo eso: maravilló –especialmente en Espuma– por su erotismo, desplegando armas líricas novedosas en composiciones que no trataban a la mujer como un mero artículo. Sería una constante en su carrera y en su mejor obra: en sus canciones el amor no seguía un esquema rígido y superficial, tan propio del pop. De esta forma, en aquella España con el franquismo aún presente, temas como Anda, Nana a una niña fría, Sólo tu cuerpo o Lentamente eran toda una transgresión contra morales obsoletas y sensibilidades caducas.

Muchos aprendieron a amar a través de las canciones de Aute, que sin buscarlo se convirtió en un representante de la Nueva Canción Castellana, un joven talento que compartía espacio y visión con el grupo Canción del Pueblo formado por cantautores como Hilario Camacho, Elisa Serna o Adolfo Celdrán. Pero 1978 fue su año clave. Ofreció su primer concierto durante un acto del sindicato de la CNT en la ciudad de Albacete y publicó Albanta, su disco más emblemático, donde poetizaba el rayo de esperanza de la nueva España democrática. Este álbum, que contó con los arreglos de Teddy Bautista, guardaba su himno Al alba, una canción sufriente y de desamor que compuso al hilo de la brutal coyuntura de los últimos condenados a muerte del régimen franquista. Pero contenía más joyas de ese pensamiento insumiso como Anda suelto satanás, Digo que soy libre o A por el mar. Su camino de errante idealista y díscolo, que también había iniciado a su manera Joan Manuel Serrat, más tarde sería el horizonte en el que se fijaría Joaquín Sabina.

Tras sufrir una tuberculosis en Cuba, donde entabló una estrecha amistad con Silvio Rodríguez, su obra quedó empañada de un pensamiento más escéptico pero no por ello menos lúcido con respecto a la existencia, algo que plasmó en la segunda trilogía de su carrera, llamada Canciones de amor y vida y compuesta por De par en par (1979), Alma (1980) y Fuga (1982).

Durante los ochenta hubo criba de cantautores en España, pero él sobrevivió, en buena parte por la complicidad con su público. En ese tiempo publicó trabajos desafortunados y que fueron un fracaso como Templo, y otros más interesantes como Segundos fuera. Su creación musical se redujo a partir de los años noventa, aunque en su catálogo se podían encontrar buenos discos como Slowly (1992), Alevosía (1995) y Alas y balas (2002). Su compromiso político, tan criticado en los sectores conservadores, nunca mermó, apoyando incluso a partidos como Izquierda Unida. Tampoco lo hicieron sus otras pasiones artísticas como la pintura, la poesía y el cine, que le llevaron a abrir exposiciones, editar poemarios y dirigir películas animadas.

Inquieto y exigente, Aute llegó al siglo XXI reconocido como un gran referente musical. La canción de autor española no podía ser lo mismo sin él y muchos se lo reconocieron en numerosos homenajes. En 2000, el disco tributo ¡Mira que eres canalla, Aute! contó con nombres como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Pedro Guerra, Pablo Milanés, Javier Álvarez, Ana Belén, Ismael Serrano, Silvio Rodríguez, Rosendo o José Mercé. Más recientemente, el álbum Giralunas sumó a músicos de otra generación rindiéndole honores como Xoel López, Rozalén, Depedro, Estopa, Leiva, Vanesa Martín, Andrés Suárez, Miguel Poveda o Soleá Morente.

Aute era patrimonio de la canción de autor y todos lo sabían. Una de sus últimas actuaciones fue en Madrid en junio de 2016 en un concierto solidario, al que acudió desinteresadamente como tantas veces hizo a lo largo de su medio siglo de carrera. En la sala La Rivera estaban Vetusta Morla, Los Enemigos, Depedro, Andrés Suárez o La Habitación Roja, entre otros. Llegó con su guitarra al hombro, la camisa por fuera, caminando despacio, con su particular seriedad venerable y una extraordinaria sencillez mundana. Entre bambalinas, se respiraba un respeto omnipotente a su figura. Todos los músicos fueron uno por uno a saludarle. Especialmente emotivo fue el momento en el que Miguel Ríos, enterado de su presencia, le buscó y le abrazó en el estrecho pasillo del backstage al grito de “cómo me alegro de verte, canalla”. Era como ver pasar la historia de la música popular española, con todas sus emociones luchadas y conquistadas, en el abrazo de esas dos viejas glorias.

Minutos después, Aute salió solo al escenario de una sala abarrotada de jóvenes. Quieto, iluminado simplemente por el foco, parecía haber brotado en la oscuridad como ese girasol de la fábula que solía contar. Habló con temple, miró a los rostros de las primeras filas como si fueran estrellas y contó de dónde venía su canción Al alba, que dedicó a todas las víctimas del drama de los refugiados en Europa. Hoy podríamos oírla en mitad de este goteo de ausencias por el coronavirus. Cuando sonaron los primeros acordes acústicos de una incisiva Al alba, el silencio cortaba la respiración. Ahora también. Aunque ya se haya ido, en mitad de unos tiempos terriblemente difíciles, sus canciones fueron, son y serán fábulas con las que explicar nuestras vidas en este mundo de desajustes.

[Fuente: http://www.elpais.com]

O músico, director de cinema, actor, escultor, escritor, pintor e poeta Luis Eduardo Aute faleceu este sábado con 76 anos.

O cantautor LuIs Eduardo Aute faleceu este sábado aos 76 anos de idade, segundo confirmaron desde a SGAE.

O artista foi un dos principais referentes da canción de autor en todo o Estado. Ademais de músico, Aute era director de cinema, actor, escultor, escritor, pintor e poeta

Nado en Manila (Filipinas) en 1943, regresou coa súa familia a España en 1954 para instalarse en Madrid. O seu pai regaloulle a súa primeira guitarra e actuou varias veces en funcións do colexio ao mesmo tempo que comezaba a pintar.

De feito, expuxo por primeira vez a súa obra pictórica en 1960, ao mesmo tempo que desenvolvía unha incipiente carreira musical en grupos diversos como Los Sonor, sen esquecerse nunca tampouco da escritura e o cinema, disciplina na que tamén facía os seus primeiros intentos.

Nos anos sesenta viviu o París da liberdade cultural e, tras coñecer fortuitamente a Massiel, escribiu as súas primeiras cancións: Don RamónMade in SpainRojo sobre negroAleluya nº1 e Rosas en el mar. Varias delas gravounas a propia Massiel con gran éxito.

Animouse finalmente a gravar Aute as súas propias cancións cun single con Made in Spain Don Ramón en 1967. Empezaba así unha carreira musical cunha trintena de discos, sendo o último deles El niño que miraba al mar en 2012.

Foi premiado por unha curta no Festival de Cinema de San Sebastián, escribiu guións, publicou poemarios e revistas, deseñou portadas de discos, compuxo bandas sonoras. Abandonou a industria musical decepcionado, pero regresou nos setenta coa condición de ter liberdade total.

En 1978 gravou Albanta, disco que inclúe a súa canción máis popular, Al alba, dedicado ás vítimas dos últimos fusilamentos do franquismo pero que con todo conseguiu burlar a censura da época. E puxo música á obra teatral Cinco horas con Mario, baseada na novela de Miguel Delibes.

En 1983, en dúas funcións, gravouse no teatro Salamanca de Madrid o disco en directo Entre amigos, no que lle acompañan Teddy Bautista, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez e Joan Manuel Serrat. Este novo traballo sería Premio Nacional do Disco 1983 do Ministerio de Cultura.

No ano 2000 publicouse ¡Mira que eres canalla Aute!, un disco homenaxe no que versionan as súas cancións artistas como Pedro Guerra, Ana Belén e Víctor Manuel, Rosendo, José Mercé, Jorge Drexler, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, León Gieco ou Fito Páez.

En 2001, tras cinco anos de traballo, deu a luz a súa película de longa duración Un perro llamado dolor, un proxecto de animación para o que realizou máis de catro mil debuxos a lapis. O filme publicouse en formato DVD acompañado dun disco coa banda sonora, composta polo propio Aute, Silvio Rodríguez, Suso Sáiz e Moraíto Mozo.

Mentres estaba, como sempre, en permanente actividade creativa, sufriu un infarto en 2016 tras un concerto e acabou entrando en coma. En 2018 tivo lugar un concerto homenaxe en Madrid con Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Massiel, Víctor Manuel, Jorge Drexler, Ismael Serrano, Luís Pastor ou Rosa León.

En 2019, do mesmo xeito que ocorreu en Madrid, celebrouse outro concerto de homenaxe en Barcelona con, entre outros, Paco Ibáñez, Quico Pi de la Serra, Maria del Mar Bonet, Marina Rossell, Sisa, Roger Mas, Los Tambores de Calanda, Estopa, Quique González ou Javier Gurruchaga.

[Fonte: http://www.nosdiario.gal]

Enemigo de la guerra
y su reverso, la medalla
no propuse otra batalla
que librar al corazón
de ponerse cuerpo a tierra
bajo el paso de una historia
que iba a alzar hasta la gloria
el poder de la razón
y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
y el que trepe a lo mas alto
pondrá a salvo su cabeza
Aunque se hunda en el asfalto
la belleza…

Míralos, como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los raíles
que conduzcan a la cumbre,
locos por que nos deslumbre
su parásita ambición.
Antes iban de profetas
y ahora el éxito es su meta;
mercaderes, traficantes,
mas que náusea dan tristeza,
no rozaron ni un instante
la belleza…

Y me hablaron de futuros
fraternales, solidarios,
donde todo lo falsario
acabaría en el pilón.
Y ahora que se cae el muro
ya no somos tan iguales,
tanto vendes, tanto vales,
¡viva la revolución!
Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza…

El cantautor, pintor, realizador y poeta, nacido en Filipinas, icono de la cultura española desde la Transición, presenta su sexto libro de poemigas, titulado EL SEXtO ANIMAL

Crítica política, de escala nacional y global, pulsión amorosa e inquietudes científicas y metafísicas llenan los versos de esta sexta entrega de la serie AnimaLhada

« El poder económico y financiero continua en las mismas manos, son las mismas corporaciones, bancos. Hubo mucho de transacción en la Transición »

Escrito por María Iglesias

Autor de temas míticos, reivindicativos como Al alba o Rosas en el mar, canciones de amor como Pasaba por aquí o Una de dos e incluso odas culturales como Cine, cine. Hombre de inagotable inquietud intelectual y polifacética creatividad. Músico, pintor, poeta, cineasta. Realizador del largo de animación Un perro llamado Dolor y el corto El niño y el basilisco o de los libros El Giraluna, cuatro poemarios y cinco títulos de poemigas. Luis Eduardo Aute presenta ahora la sexta entrega de sus versos como dardos críticos a la diana de nuestro tiempo: EL SEXtO ANIMAL.

El libro arranca con un poema sobre el origen del mundo donde, tras crear al hombre, al séptimo día, Dios se suicida y en otro titulado Cancerbero se consigna:

El ser humano / es el tumor del planeta / y la Humanidad / su metástasis.

Duro diagnóstico pero, ¿hay tratamiento? ¿Tenemos arreglo?

No me atrevo a hablar de futuro. Vivimos un momento terrible, en que vemos los horrores de nuestra civilización. Y lo peor es que no se atisba futuro. Porque en otras etapas sí había propuestas para arreglar cosas, pero ahora impera la sensación de aleatorio, de que se descalabra todo. Desde Ecuador, donde hace un mes planeábamos un festival de poesía y ha ocurrido el terremoto, al horror de los refugiados que no tiene nombre. Huyen de guerras hechas por intereses políticos y financieros, bastardos… Y, ¡cómo les recibe Europa!, ¡Qué vergüenza!

En nEUROsis escribe que « No es improbable/que el Euro acabe/como el Rosario/de la Eurora » y critica a la UE en  LA D(€)UDA E(X)TERNA u Horteras al poder. ¿Ha sido Europa una decepción?

Depositamos mucha esperanza en Europa y ahora vemos la verdad: esta Europa insolidaria, xenófoba. Europa debería ser inconcebible sin Grecia, para empezar porque la palabra « Europa » es griega y Grecia es cuna de la civilización occidental: de la filosofía, el teatro, las olimpiadas, la democracia, la arquitectura, los cánones de belleza. Pero la UE desahucia a Grecia, la Europa del Norte la desprecia como un país paria cuando mientras los griegos ya disertaban en el Partenón, los vikingos andaban con casco. Se permiten llamarnos PIGS (Portugal, Italy, Greece, Spain), « cerdos »… 

También critica la situación nacional. A la luz de la experiencia, ¿qué ha pasado para llegar a las nóminas de miseria del poema Tratado sobre el trabajo, mientras ocurre la corrupción de Talismán que revelan los papeles de Panamá?

En los 70 vivimos una transición formal, de formas políticas, sociales, culturales. Hubo cosas muy positivas, pero no se cambió el fondo de las cosas, el sustrato del poder franquista permaneció intacto. De ahí todo lo que estamos viendo ahora de estas fortunas de vieja raigambre que ahí siguen. El poder económico y financiero continua en las mismas manos, son las mismas corporaciones, bancos. Hubo mucho de transacción en la Transición. 

Y qué explica que incluso algunos compañeros, gente de la cultura, aparezca en esos papeles ¿el éxito hace perder pie?

Yo no me considero « gente de la cultura » porque suena a gremio, a secta. Yo escribo, pinto, hago música, pero no formo parte de ninguna secta. La cultura es antisectaria. Dicho eso, vivimos en una sociedad de mercado, donde todo se compra y vende. Y, según avanza, se acentúa la aberración que conlleva. Por otro lado, esta una sociedad del éxito, que premia a los ganadores y desprecia a los perdedores. Generando así frustración colectiva, una patología social grave, peligrosísima. 

¿El capitalismo está kaput como escribe en Kaputalismo?

Yo creo que hemos sobrepasado ya el capitalismo. Estamos en una fase postcapitalista de « neomedioevo »: con señores feudales que tienen todos los derechos, no ya entidades financieras, sino personas con nombres y apellidos, que aparecen en la lista Forbes o los papeles de Panamá; donde nosotros, súbditos, tenemos que pagar diezmos y perdemos cada vez más derechos; vuelven las cruzadas y la lucha contra el infiel, la yihad; vuelven los alquimistas con esta obsesión de convertirlo todo en oro y rápido, y vuelve la Inquisición porque, vía redes sociales e Internet, las agencias de inteligencia lo saben todo de nosotros, hasta lo que pensamos.

Decía El Roto, en su viñeta del 12 de abril, que el éxito es « Mirarse al espejo y no reconocerse ». ¿Cómo se hace una carrera larga sin desvirtuarse?

Yo he tenido presiones comerciales como todo el mundo y lo que he hecho ha sido esquivarlas en cuanto aparecían y recuperar mi terreno. Es complicado, pero yo creo que hay que ser coherente con lo que uno piensa. Ahora bien, me siento incapaz de dar consejo porque es un mundo muy complejo de obligaciones y… cada vez menos perspectivas. 

En Tomaduras escribe « Hay que tomar el Poder/para que los poderosos/se vayan a tomar por…/E, inmediatamente,/soltarlo ». ¿Es un consejo para Podemos o los indignados en Francia?

Yo coincido con Podemos en que no hay izquierdas ni derechas, pero discrepo en lo de arriba y abajo. Para mí, como escribo en Putos cardinales, solo hay « Puteadores y puteados ». Sobre el poder, es un concepto que me asusta porque implica que unos pueden y otros se tienen que joder porque no pueden. Yo prefiero « administrar ». Y lo que tengo claro es que el poder no hay que sustentarlo sine die, porque es venenoso y contagioso. 

El contrapunto a los poemas más duros son Contratiempo del amorAmor de mi vida y Cosmocardiograma, ¿el amor erótico es « la gran esperanza » o una mitificación exagerada?

Es cierto que el amor pudiera ser una invención humana para huir de la conciencia de la muerte, una justificación vital. Pero yo creo que una vida vale la pena si otra persona es feliz por tu existencia, por vivir contigo, juntos. En el fondo es una huida de la soledad. Y un arrebato irracional. Una pulsión, el deseo carnal, de ser dos en uno, volver a la unidad… injustificable racionalmente. Que te hace vivir en perfecta armonía, sin preguntas. Sientes que todo tiene sentido y dices: esto es vivir. Es un estado de gracia. Lamentablemente, al ser tan fugaz, el amor acaba siendo un estado de desgracia inmediatamente. 

Hay poemigas metafísicos en que llega a escribir que, como nada se crea ni destruye, pero todo se transforma, « hay un Transformador (…) sin duda ». ¿Sin duda?

Yo no soy ateo. Pero tampoco sé si soy creyente. En cualquier caso, a mí me resulta tan enigmático descifrar eso que llamamos « el yo », como Dios. Nada tiene que ver el concepto de lo que algunos llaman « Dios » y yo llamo « El Yo ». Que es ser consciente de tu consciencia. En el momento en que reflexionas y te planteas: « ¿Quién soy yo? », « ¿Esto de qué va? » Ahí ya eres una persona religiosa, del latín « religare », « volver a unirte » con el origen. Y además, no soy ateo porque es inverosímil formular una teoría atea, pues hasta en la palabra « teoría » hay « Teos ». Navego en la perplejidad, pero creo que no estamos aquí por azar, estamos aquí por algo, debe haber una razón. Si no, esto sería una estupidez inconmensurable. Pero el Universo lo crea cada yo que nace… y se comunica con otro yo.

Escribe poemigas como Egoísmo… es lo suyo y La democracia antes que libre debiera ser justa ¿Desde la naturaleza egoísta humana puede haber justicia?  

Yo escribo « Aprender, aprender, aprender/No para saber más que el otro/sino para saber más del otro ». Y, a partir de esa capacidad de abandonar nuestro egoísmo natural y ponernos en el lugar del otro, se descubre el sentido de la justicia y se decide no hacer a los demás lo que le dolería a uno. 

Pese al tono crítico y pesimista en Perdición, escribe « Se puede perder/ el sentido de la vida,/ pero jamás de los jamases el sentido/ del humor ». Humor, juegos de palabras y de tipografías son claves en la obra ¿Por qué?

Porque la esencia de la vida es el juego. El primer impulso infantil es jugar. Jugar es también impulso continuo en los animales. La vida es disfrutar de la vida y la forma más asequible de disfrutar es jugar. El amor también es juego, atípico, pero juego. Y el sentido del humor, ya sí exclusivamente humano, porque implica no racionalidad, que sí tienen los animales, sino reflexión, es clave porque procura una mirada muy abierta sobre la realidad y te permite considerar todos los pros y contras a la luz de la experiencia previa.

Describe con sarcasmo la influencia global de EEUU como el « American way of death », ¡y eso que aún no ha ganado las presidenciales Donald Trump!

Pues, ¡fíjate que yo creo que estaría bien que ganara! Sí, sí, lo estaría porque así ya sería la verdad sin trampa ni cartón, sin camuflaje, sino: « Esto es ese país, este personaje », « el ciudadano medio estadounidense es Donald Trump ». Sin camuflajes, ni trampantojos de ningún tipo, la realidad tal cual. Casi prefiero que se vea la verdad de lo que es ese país… « Trump, Trump… la trompeta del Apocalipsis » Se me acaba de ocurrir. Me lo apunto para el siguiente libro de poemigas, el séptimo que vendrá. 

[Fuente: http://www.eldiario.es]

El músico apuesta por una mirada diferente a la hora de viajar a la capital 

Escrito por NIEVES LLACA 

El cantautor Luis Eduardo Aute, amante de Madrid, recomienda tanto a foráneos como autóctonos disfrutar en Fuente del Berro, un lugar poco conocido pero « encantador ». Entre la zona del barrio de Salamanca y las Ventas, se encuentra este « escondite » del poeta quien, desde hace años, vive y respira su ambiente y califica de « una isla en el corazón de Madrid ».

Y es que en este rincón de la capital « ocurren cosas sorprendentes », según Luis Eduardo Aute, como « encontrar pavos reales sueltos ». Más allá de un típico viaje, el madrileño señala que esta zona te permite encontrar « todo lo necesario recorriendo menos de 100 metros » e incluso subraya que en las cálidas noches de verano « se puede dormir en las lomas de césped del parque ».

Aunque el parque no es muy grande, ya que se vio reducido considerablemente con la construcción de la M-30, el poeta lo califica como « el más bonito de Madrid » porque, durante muchos años, era un parque privado muy cuidado y se asemeja « bastante » a un jardín botánico.

Pero para aquellos que prefieran algo más amplio y típico de Madrid, el músico recomienda el Parque del Retiro, « a tan sólo 15 minutos andando tranquilamente » y también muy cerca del Museo del Prado, « una de las mejores pinacotecas del mundo ». Aute estaría encantado de vivir en el museo y « confraternizar con la maja desnuda de Goya ».

Sueños aparte, el cantautor propone a los viajeros quedarse una temporada y « abrir la ventana para observar el barrio y sus pequeñas cosas ». Por supuesto, para aquellos que se pregunten dónde comer, en el mismo parque de La Quinta de Fuente del Berro, se encuentra uno de sus restaurantes favoritos: Alkalde, situado en un precioso rincón donde se puede degustar « casi todo tipo de pescado ».

Otra de las recomendaciones gastronómicas de Aute es en uno de los clásicos establecimientos de Madrid, Viridiana. En este restaurante existe una gran diversidad de platos aunque este viajero apuesta por el pescado acompañado de un vino de las Bodegas Cepa 21: « Es excelente ».

[Fuente: http://www.elpais.com]