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Escrito por Eduardo Roland

Entre la treintena de ferias mayores que funcionan bajo la égida de la Intendencia de Montevideo, la que se ubica por Tristán Narvaja desde la avenida 18 de Julio hasta la calle La Paz es indudablemente la más emblemática y conocida, aunque seguida de cerca por la de Villa Biarritz, la del Parque Rodó y la de Piedras Blancas.

El domingo 3 de octubre de 1909 marca la fecha exacta en que la feria se instauró en el barrio Cordón, cuando la calle Tristán Narvaja aún se llamaba Yaro: por entonces los abogados no habían suplantado a las tribus indígenas autóctonas en el nomenclátor de los alrededores de la Facultad de Derecho. La decisión de llevar la actividad ferial al Cordón se debió a que el crecimiento de la ciudad hizo necesario alejar del Centro la feria que se desarrollaba en las inmediaciones de la Plaza Cagancha.

Aunque se puede acceder por cualquier calle lateral, hay una natural puerta de entrada a la feria, que a su vez es el punto geográfico más alto de las siete cuadras por las que se extiende la calle Tristán Narvaja: hablamos de 18 de Julio, como se sabe, el viejo Camino Real a Maldonado trazado sobre el lomo de la Cuchilla Grande. Claro que desde hace mucho tiempo esas siete cuadras (en bajada hasta Galicia y con una leve pendiente entre esta y La Paz), son algo así como la columna vertebral de un enorme organismo de puestos callejeros que se extiende por calles paralelas y transversales, puestos cuya apariencia es tan heterogéneo como la mercadería que ofrecen a la venta. Eso sí, cuanto más en la periferia están ubicados, más precarios e improvisados. Si en el trazado céntrico los puestos tienen mayoritariamente sus respectivos toldos y mesas para exhibir de manera prolija la mercadería, en la zona periférica por lo general los puestos se reducen a algunos cachivaches esparcidos sobre el pavimento o la vereda, sin la menor pretensión estética.

Iniciando el descenso

Más allá de que el camino en bajada para internarse en el recinto ferial se inicia bajo la seria y filosófica mirada de Dante Alighieri (cuyo monumento se ubica equidistante entre la Biblioteca Nacional y la Universidad), el visitante debe tener claro que no ingresará en infierno alguno, sino más bien en un relativo paraíso de sonidos, olores y ofertas variopintas que pueden ir desde una lechuga fresca a un piano de cola de la época de Chopin.

Los primeros pasos los dará el visitante entre peceras repletas de peces de colores y plantas acuáticas, decenas de jaulas con pájaros cautivos, cachorros de perros, conejos y ramos de flores, en medio de los cuales uno puede comprar los diarios dominicales y algún par de lentes ‘truchos’. Enseguida, si se encamina por el sendero del medio de la calle, pasará por un largo puesto de frutas y verduras que da su espalda hacia el Sportman, un bar de larga tradición, en cuyas mesas tomaron café varias generaciones de abogados y políticos. Cuando se le pregunta al responsable de la verdulería y frutería si el negocio marcha bien, confiesa que no deja Tristán Narvaja por el cariño que le tiene (un acto sentimental, al fin de cuentas), y porque hace tres décadas que está usufructuando ese lugar privilegiado: en realidad no necesita ese ingreso para vivir en tanto su campo de acción está en el barrio Malvín, donde no hay feria en la que no trabaje desde temprano en la mañana.

Mientras tanto, en los dos corredores laterales –las veredas– comienza a percibirse la presencia de un rubro tradicional de la feria: los libros –nuevos y usados–, que los propietarios de las librerías instaladas en Tristán Narvaja exhiben en mesas que sacan a la acera y/o a la calle. Las primeras que uno encontrará, bajando hacia la calle Colonia, y a metros de 18 de Julio, son Neruda Libros (pegada al Sportman) y El Inmortal en la vereda de enfrente: un largo y angosto local pegado a Rayuela, librería fundada por Walter Comas y que hoy maneja Roberto Gomensoro, un joven librero –también propietario de El Inmortal– que suele reírse de aquellos que desde hace años pronostican, con aire apocalíptico, la desaparición del libro y la decadencia irreversible de la feria.

Por supuesto que resulta tarea imposible describir metro a metro el panorama de los puestos y comercios que dan vida a la columna vertebral de la feria. Pero en el comienzo había que hacerlo. Ya al llegar a la esquina de Colonia, uno ha pasado por puestos de artesanos, vendedores de ropa, expendios de copias de películas y videojuegos realizadas ilegalmente, juguetes baratos, e incluso algún local de comida china.

Cruzando la calle Colonia –continuando el descenso– las frutas y verduras van dejando lugar a las artesanías, a la ropa nueva de oportunidad y a otros rubros de menor presencia. Esa cuadra se inicia en la esquina que domina el bar El Arrabal (adonde se reúne la tertulia de Boris Puga, el máximo coleccionista de materiales de tango de Uruguay) y está cercada de librerías, alguna de ellas, como Babilonia, se destaca por su hermoso local y lo acogedor de su interior. Al llegar a la esquina de Mercedes, el caminante verá a su derecha el edificio más importante de todo el trayecto ferial: el viejo teatro Stella d’Italia, inaugurado en 1895 y construido por el ingeniero Luigi Andreoni, responsable también de la Estación Central de ferrocarriles y del Hospital Italiano. Luego de más de un siglo de una agitada vida, y gracias a las gestiones de la doctora Adela Reta como ministra de Cultura (1985- 1989) el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional para evitar una virtual demolición. Fue así que el grupo teatral La Gaviota encabezado por Júver Salcedo se hizo cargo de la sala, y desde entonces el histórico Stella es la sala en funciones más antigua de Montevideo, luego del Teatro Solís.

Volviendo al bullicio dominical de la calle, los transeúntes que pasan a metros del oculto y silencioso escenario en el que alguna vez cantó Carlos Gardel, van seguramente ajenos a la rememoración histórica, enfocados más bien en avanzar entre la muchedumbre, dejando paso a una improvisada cuerda de tambores o esquivando las jaulas que encierran diversas aves de corral, que de repente cacarean en contrapunto con el sonido marchoso del candombe. Y podría suceder, incluso, que el transeúnte escuchara unos pasos más adelante la aterciopelada voz de El Mago saliendo del pabellón de alguna infaltable victrola, que se vende a un precio considerable.

Cruzando la mitad de camino

Mientras la venta de libros, folletos, revistas, pósters y discos de vinilo continúa marcando una buena presencia en los corredores laterales, y las verduras salpican la feria a razón de un puesto pequeño por cuadra, cada vez más el amante de las antigüedades se sentirá en su salsa, no solo por los puestos callejeros sino por los varios anticuarios establecidos en las dos cuadras que van desde Uruguay –última calle por la que circulan vehículos– hasta Cerro Largo, quedando entre medio Paysandú, la primera en cuya ancha extensión se ramifica la feria: hacia el Este hasta Fernández Crespo y hacia el Oeste hasta Magallanes.

Entre los anticuarios hay cabales conocedores del metier, que tienen en sus locales una inversión muy importante en mercadería, artículos que van desde porcelana Bavaria, Limoges y Rosenthal hasta muebles franceses del siglo dieciocho, pasando por gobelinos, óleos, relojes, joyas, alfombras persas, juguetes de metal, etcétera. Según consigna Alfredo Vivalda en su libro La feria de Tristán Narvaja (Montevideo: Arca, 1996), el primer anticuario que se estableció en una de las viejas casonas cuyo frente da a Tristán Narvaja fue Zira Guichón, “muchacha de clase media con estudios universitarios y educada en los refinamientos plásticos por el buen gusto de su padre, mucho antes de haberse instalado con local fijo lo había hecho a la sombra de los plátanos de la puerta de su casa, alentada por el apoyo financiero del turismo cosmopolita”.

Pero seguramente la casa de antigüedades más conocida del lugar haya sido la de Straumann, ubicada en el número de puerta 1729, sobre todo por los remates internacionales que dos veces por año realizaba, con gran destaque en el rubro juguetes. Actualmente los famosos remates son historia, desde el momento en que Straumann –alma máter del negocio– falleciera. A pocos metros de este local, en el número 1735, se halla la Galería del Fortín, propiedad de Fernando Zubía, un espacio arquitectónico casi idéntico al que fuera de Straumann, al que el visitante accede por una escalera que desciende a un subsuelo cuya extensión puede divisarse por la mitad desde la puerta de entrada. La variedad de artículos de esta casa es impresionante, y no es casual que allí se provean de objetos (en este caso alquilándolos) muchas producciones cinematográficas y audiovisuales de carácter comercial, la mayoría de ellas realizadas para el exterior.

Pero en esa misma cuadra en la que se sitúan los anticuarios más tradicionales también encontraremos un local de carácter histórico en el rubro libros que, como el lector habrá notado, es junto con el de las antigüedades el que ha generado locales fijos que tuvieron su origen en puestos móviles. Porque la verdad es que cuando uno se refiere a la feria incluye en su imaginario también los locales establecidos en la calle Tristán Narvaja, muchos de los cuales sacan sus mesas afuera los domingos. Ese local histórico al cual nos referimos se llama Ruben, y si bien ya no es tan notorio como supo serlo, generaciones enteras se nutrieron de libros, textos de estudio y revistas a bajo costo en sus instalaciones, siempre humildes si las comparamos con otras librerías con frente a la feria. Según cuenta Vivalda en el libro citado, el origen de esta legendaria librería fue cuando a fines de los años cuarenta el niño Ruben Buzzetti se instaló en la calle –a metros de la actual librería– con once revistas para canjear, que colocó sobre un cajón.

Tramo final: donde se profundiza el cambalache

La visión que quien escribe tuvo de la esquina que forman Tristán Narvaja y Paysandú el último domingo del mes de enero puede servir como una postal de la conjunción de lo insólito: sentados entre los cajones de la frutería de la ochava Noreste, un guitarrista rubio, de ojos celestes, tocaba fluidamente una bossa nova, acompañado por un percusionista negro que manejaba con destreza un ‘pandeiro’, mientras eran escuchados, filmados y fotografiados por algunos turistas. Pegado al último cajón con duraznos se iniciaba, hacia la calle Fernández Crespo, la seguidilla de puestos con libros usados, recorridos por curiosos, lectores y, quizás, por algún bibliófilo en busca de un posible hallazgo.

Al finalizar el tramo de Tristán que va desde Paysandú hasta Cerro Largo (por estas calles la feria se amplía varias cuadras hasta Minas) tenemos un puesto grande que nos anticipa el rubro predominante de la zona: las herramientas o “fierros” como le llaman los feriantes, cuyo territorio se extiende de forma generosa por los alrededores de las calles vecinas. De allí hasta el final, todo se vuelve más pobre e improvisado, y se acentúa la impronta de feria de ‘subsistencias’, nombre que se daba a las ventas municipales de productos de almacén a bajo precio. Con el telón de fondo de las herramientas –nuevas y usadas– la calle se ve salpicada por puestos que ofrecen cualquier cosa, incluida alguna actividad ilegal, como el juego de la mosqueta. Desde el punto de vista urbanístico, el detalle más interesante es el puente sobre la calle Galicia, que pasa varios metros debajo de Tristán Narvaja por el túnel descubierto donde desde 1869 corría el ferrocarril que unía la estación Yatay con Pando, y que luego los ingleses hicieran correr hasta Minas, Maldonado e incluso hasta Rocha. El último tren que pasó por debajo de Tristán Narvaja lo hizo en marzo de 1938.

A manera de una larga cola lateral, la feria va agonizando por la calle La Paz, en donde ciertos domingos puede llegar hasta Ejido; es decir, al inicio del Centro. El visitante que disponga de tiempo, y no tema ser asaltado por algún personaje marginal, contemplará a ritmo lento una serie de puestos absolutamente heterogéneos: desde quien vende lámparas de pie de cierto valor hasta el espacio de alguien que colocó en el asfalto un par de turboventiladores de los años setenta, con un cartel manuscrito que dice “Se prueva”.

Personajes, leyendas y esperpentos

Para ilustrar al lector sobre los personajes populares más notorios que supieron darle colorido a la feria, debemos comenzar por una mujer y remontarnos a los años veinte. Se trata de Alcira Velazco, a quien todos llamaban “La cotorrita del Cordón” por vestirse totalmente de verde, incluyendo el sombrero y la sombrilla que en ocasiones portaba. Hija de un juez penal, detrás de su excentricismo se ocultaba una tragedia sentimental, tan profunda que la había hecho extraviarse de lo que llamamos normalidad. Se cuenta que era inmune a las burlas que los feriantes le gastaban por su ridícula indumentaria, y que casi siempre les respondía con una amable sonrisa. El otro personaje insoslayable que animó la feria con su presencia chaplinesca fue Fosforito, aquel hombre-sándwich que hasta principios de los años noventa formó parte del paisaje urbano de Montevideo. Su nombre era Juan Antonio Rezzano y había iniciado muy joven su profesión de publicista ambulante; más precisamente durante el Mundial de Fútbol de 1930 que se realizó en Montevideo.

Ahora bien, si los personajes a evocar son del ámbito de la cultura y las artes, estamos obligados a repasar un puñado de nombres a manera de muestra. Por ejemplo, la presencia durante un buen tiempo del brillante actor y director teatral Antonio Taco Larreta, quien estuvo al frente de un local de antigüedades emplazado en uno de esos sótanos descritos. En él, Taco dio rienda suelta a una de sus vocaciones: marchand de arte y anticuario. Quienes visitaron su local recuerdan el perfil laberíntico del mismo, así como su impronta escenográfica, tan al gusto de su refinamiento visual.

En el mismo rubro que Taco Larreta, aunque de manera más humilde, dos artistas plásticos fundamentales de la vanguardia de los años sesenta, Ernesto Cristiani y Ruisdael Suárez, tuvieron en Tristán Narvaja su mesa con antigüedades y objetos usados, una actividad que implementaron como estrategia de sobrevivencia, una vez que perseguido por la dictadura, Cristiani perdiera su trabajo fijo. Por último, como escribió el memorialista Alejandro Michelena en una breve crónica sobre la feria, “el profesor Vicente Cicalese fue seguramente, en los años setenta y ochenta, una de las figuras de la cultura más relacionadas con la feria de Tristán Narvaja”. Aquel pintoresco hombre –la última gran autoridad en latín que tuvo la academia uruguaya– asistía al rastro montevideano cada domingo con puntualidad inglesa. “Todos los mediodías se le veía transitar, con sombrero y bastón, observando un libro aquí y otro allá, comprando un incunable acullá, para culminar su periplo en el clásico bar Cancela encabezando una mesa de bibliófilos donde su tono de voz y su hablar enfático –también su enfática presencia– resultaban inconfundibles”, recuerda Michelena.

En materia de historias en las que Tristán Narvaja ha servido como escenario, encontramos muchas anécdotas de dudosa reputación respecto a su veracidad, aunque todas verosímiles, por cierto, y más si hablamos justamente de un espacio en donde lo insólito y lo raro son moneda corriente y parte de su mayor atractivo. ¿Quién no escuchó la historia de ese anónimo buscador de tesoros que compró un polvoriento y desvencijado violín Stradivarius por unos pocos pesos y luego vendió en una increíble suma de dólares? Cuentos como ese, referidos a la esencia comercial de la feria, existen muchos, por supuesto. Otra zona temática de estas historias se relaciona con aquellos personajes que alguien dice haber visto caminando entre las tolderías y puestos, la mañana del domingo menos pensado.

Pero hay anécdotas que nos muestran un perfil más esperpéntico que pintoresco, como la vivida y relatada por Michelena: “Hace algunos años había un señor que vendía dentaduras postizas (usadas; conseguidas vaya a saber dónde) que mostraba en botellones de vidrio no demasiado limpios. No le faltaban potenciales clientes, y alguna vez uno de ellos comenzó a probarse dentaduras hasta encontrar una que más o menos le calzaba, con la que se fue muy orondo”. Otra anécdota, esta vez contada por la licenciada Sonia Romero Gorski, se ubica en un registro cercano a la anterior, aunque reviste un interés antropológico indudable: “Recuerdo con claridad que vi, hace no muchos años, una oferta sorprendente. Una cabeza humana con el tratamiento inconfundible de los jíbaros reducidores de cabezas. Se exhibía en un estante armado sobre la vereda, pasando la calle Miguelete, casi al final del trazado recto de la feria. Quién sabe qué itinerarios secretos había seguido para llegar hasta allí. En la actualidad los censores de las aduanas desalentarían seguramente semejante tráfico”.

Levantando el campamento

Así como en la madrugada de cada domingo algunos feriantes comienzan a descargar sus materiales de trabajo (de unos camiones que nadie sabe cómo pueden funcionar), la Intendencia tiene marcada, desde hace mucho, la hora de cierre del evento: las 15 horas. Algo que, a tono con la idiosincrasia de gobernantes y gobernados, jamás se respeta a cabalidad. Pero lo cierto es que a partir de esa hora el visitante tardío observa ya el movimiento progresivo del desmonte de los puestos. Es una hora ideal para conseguir rebajas, sobre todo si la jornada ha sido exigua en ventas. Incluso algunos vendedores intensifican sus pregones en esos minutos finales, asegurando que están regalando la mercadería.

Subiendo o bajando la cuesta cuya cima está en 18 de Julio, la calle Tristán Narvaja se va vaciando sin prisa y sin pausa. Aún se ve algún típico visitante local con mate y termo en mano, por allí los últimos turistas observando y tratando de capturar alguna buena foto del lugar, además de aquellos que están sentados en las mesas de los boliches, que si bien son pocos, han ido creciendo en número en los últimos años.

La ‘fiesta’ popular termina entonces con el agudo sonido de las varillas de hierro golpeando el pavimento y los gritos de quienes cargan bultos en las cajas de unos camiones que ya usurpan los lugares que han quedado en la provisoria peatonal de los domingos. Habrá que esperar una semana para volver a experimentar esa sensación de libertad que genera el hecho de perderse y navegar a la deriva entre ese verdadero maremágnum de gentes y objetos, un territorio al que uno se aventura de forma optimista en busca de satisfacciones que no siempre se encuentran.

 

[Fotos de Natalia de León – fuente: http://www.revistadossier.com.uy]

A pasos del río mar, ante el verde despliegue del parque, el ritmo de la ciudad se detiene. El familiar trazado de la cuadrícula indiana da paso a formas inesperadas: calles que de pronto se vuelven curvas, acompañadas por los fluidos perfiles de los edificios que las enmarcan, remontan el montículo que, como toda elevación en la casi siempre plana Montevideo, otorga un carácter inusual a lo que se revela como un extraordinario enclave urbano.

Escrito por Ana Tipa

Articulada por su juego de perspectivas, la imagen del Barrio Jardín se despliega por las anchas escalinatas que dan lento acceso a su corazón. Pocas calles delimitan su escasa superficie, dividida por pasajes numerados. La principal, Javier de Viana, recoge el legado del poeta gauchesco de principios del siglo XX, resaltando con su semicírculo la singularidad del lugar. Las calles Gurí y Macachines evocan dos obras del autor canario.

Las peculiaridades formales y botánicas del Barrio Jardín suelen encender la fantasía de los montevideanos. La pequeña isla urbana nació cuando fuertes ansias de modernidad hacían vibrar al país. Aquel ímpetu acompañó los profundos cambios que se vivieron en el mundo a principios del siglo pasado y a los que Montevideo no fue ajena.

Para entonces, la Montevideo fundacional ya había sido objeto de varias remodelaciones. Su crecimiento espontáneo y caótico, regulado a través de diversos procesos planificadores, había sumado la Ciudad Nueva de 1829, la Ciudad Novísima de 1878 ‒cuando se propuso crear el Bulevar Artigas, concebido como límite de la urbe‒, siempre repitiendo el reticulado impuesto por las Leyes de Indias, que se percibía como señal de civilización y del que la capital se alejó tímidamente en sus primeros ensanches al incluir las avenidas en diagonal al estilo de la París del barón de Haussmann.

A principios de siglo, el país se acercaba poco a poco al centenario de su nacimiento, que se celebraría en fecha de la Jura de la Constitución. La autopercepción de excepcionalidad, de enclave europeo de progreso y modernidad dentro de América Latina, que permaneció casi sin fisuras hasta comienzos del siglo XXI se gestaba y afianzaba. Tras un largo viaje a Europa que había alimentado su afán modernizador, José Batlle y Ordóñez era elegido por segunda vez en 1911 e impulsó la ciudad modelo que el país modelo de entonces creía merecer.

La población de Montevideo era cinco veces menor a la actual. La constante llegada de inmigrantes pronto la duplicó y enriqueció con sus aportes humanos y culturales. Llegaba a Uruguay, también, la influencia de las vanguardias europeas: la ciudad comenzaba a verse conscientemente como un espacio de proyección de ideas, una creación colectiva que, con la intervención del Estado, debía ser un reflejo de la sociedad y sus aspiraciones. Esto debía percibirse especialmente en el plano de lo simbólico, transmitiendo la imagen que forjaba nuestra nación: vanguardista, culta, con la mirada puesta en un dorado porvenir (“Como el Uruguay, no hay”).

En aquel contexto de optimismo y benevolente autopercepción, Batlle encargó al arquitecto Eugenio Pílades Baroffio concebir un barrio jardín para Montevideo.

Hijo de un escenógrafo italiano radicado en Uruguay, Baroffio había obtenido su título de arquitecto en la Facultad de Matemáticas y Ramas Anexas, donde entonces se estudiaba la materia antes de la creación de la facultad correspondiente. En 1906 ingresó al Municipio, donde permaneció durante casi cuatro décadas, dejando una indeleble impronta en la evolución de la Montevideo de la primera mitad del siglo XX: el Palacio Legislativo ‒un proyecto muy debatido y cuyo mayor detractor fue Pedro Figari‒, la reforma de la Quinta de Raffo ‒el Museo Blanes‒, los “cubos” del Norte y del Sur, el Rosedal del Prado, la Plaza Gomensoro. Aunque Baroffio impulsaba lo nuevo, preservaba lo que en la ciudad preexistía, atribuyendo a los testimonios urbanos y arquitectónicos del pasado el valor de la memoria que, al perdurar, crea identidad. “La tiranía del interés privado, las influencias perniciosas de los caprichosos mandatarios deben posponerse a los bien entendidos intereses generales”, escribió.

La guerra civil había terminado. La playa Ramírez había sido domada, dejando de ser una orilla salvaje en la que desembocaba un barroso arroyo y a la que se accedía por toscas rampas de madera, para transformarse en una prolija extensión de arena accesible por escalinatas, acorde al concepto de placer marítimo que nacía entonces. Con Pocitos, Carrasco y ahora Ramírez, Montevideo iba camino a ser la ciudad balneario soñada también por Batlle, un polo de atracción de refinados turistas y de disfrute para los montevideanos. Entre 1930 y 1935, la construcción de la Rambla Sur llevó las orillas del río que llamamos mar hasta el que hoy conocemos como Parque Rodó, una de las grandes áreas verdes que debía poseer la también llamada ciudad parqueen la que el barrio jardín se integraría.

Denominado Parque Urbano en sus orígenes, el lugar se desarrolló en un espacio ocupado por terrenos que fueron poco a poco expropiados. Buena parte de ellos ‒toda Punta Carretas, por ejemplo‒ eran propiedad del infaltable Francisco Piria quien, tras duras negociaciones, se desprendió de algunos en favor del ensanche verde impulsado por el Municipio.

Con el siglo XX llegó al Río de la Plata el arte europeo de los parques y jardines. El paisajista francés Charles Racine realizó las primeras intervenciones botánicas en el Parque Urbano. Su obra fue continuada por el también francés Charles Thays, quien, radicado en Buenos Aires, pasó a llamarse Carlos Thays y es el responsable de buena parte del aspecto de la ciudad porteña ‒además de haber descubierto cómo cultivar la yerba mate‒. Casado con una uruguaya, Thays recibió múltiples encargos en el país.

Por un lado, la naturaleza se sometía y se frenaba; por el otro, se recuperaba y procesaba, idealizándose y eliminándose lo que de ella se percibía como pernicioso, en pos de un concepto estético y de higiene que se imponía en las ciudades europeas, más traumatizadas que la nuestra por la industrialización y el hacinamiento de sus pobladores. Concebido como un recreo para los trabajadores, el parque les devolvía la naturaleza primigenia en su versión domesticada, alejándolos de costumbres indeseables. Junto con la Ordenanza de Higiene de la Habitación de 1928, parques, playas y avenidas habían de contribuir a la salud de la población urbana.

Como todo fruto de la creatividad humana, también aquello respondía al signo de los tiempos. Disgustado por las urbes de entonces, el arquitecto austríaco Camillo Sitte analizó decenas de ciudades italianas en su exhaustiva obra decimonónica Der Städtebau nach seinen künstlerischen Grundsätzen (la construcción de ciudades según principios artísticos). En su análisis, Sitte determinó que la belleza arquitectónica influye ineludiblemente en el ánimo de las personas, un pensamiento que retomó Le Corbusier quien, también, soñó con ciudades llenas de estética y bienestar. Para Sitte, la irregularidad era uno de los secretos para lograr ese bienestar.

Inspirándose en ideas utopistas, el urbanista británico Ebenezer Howard concibió a principios del siglo pasado las ciudades jardín, reducidas poblaciones de planta radial alejadas de las metrópolis que impulsarían un retorno a las pequeñas comunidades. La primera surgió en 1903, al norte de Londres: Letchworth, seguida por Welwyn Garden. En Alemania, el fabricante de muebles Karl Schmidt promovió el proyecto de Gartenstadt Hellerau, al noroeste de Dresde, en 1908. El concepto deriva en diversas interpretaciones internacionales: aunque el proyecto no se concretó, el conocido Parque Güell, de Barcelona, fue también concebido como una ciudad jardín para la alta burguesía catalana. Es en esta corriente que se inspiró el proyecto que Batlle encargó al arquitecto Baroffio.

Del cuerpo verde que se extendía al sur de Montevideo había de desprenderse una costilla llamada Parque del Pueblo. Allí se gestó el Barrio Jardín, una versión en pequeño de las ciudades jardín europeas que constituiría un conjunto conceptual y arquitectónico de características singulares, ancladas en la topografía del lugar y con claros lineamientos que debían respetarse al construir.

Las expropiaciones de los terrenos se decretaron en 1912. Las calles, el alcantarillado, el alumbrado público y todo el equipamiento se realizaron antes de que, en 1924, la municipalidad iniciara la venta de los lotes fraccionados. Sus compradores debían comprometerse a mantener la naturaleza preexistente y a plantar una variedad de especies. Ninguna construcción podía ocupar más de tres quintas partes de la superficie de cada solar, las fachadas debían decorarse y no podría establecerse comercios ni fijarse avisos. Los futuros constructores debían observar los retiros obligatorios y la altura máxima de los edificios. No se generarían medianeras y los accesos a las viviendas debían adaptarse a la elevación natural de los taludes. La puesta en valor de su irregular topografía es uno de los rasgos que, junto con su arquitectura, mantiene hoy la peculiaridad del Barrio Jardín, logrando un pintoresquismo poco frecuente en la ciudad de Montevideo.

Escribe Eugenio Baroffio en la revista Ingeniería, Arquitectura, Agrimensura, en 1914: “Un barrio jardín en el que se subordine el crecimiento de la ciudad a los principios reguladores modernos, que constituyen la nueva ciencia de construir ciudades; síntesis armónica de los adelantos edilicios y su aplicación artística a la naturaleza […], combatiendo la fealdad y la vulgaridad del medio ambiente”.

En el conjunto de edificaciones que hoy integran el Barrio Jardín dialogan diversos lenguajes arquitectónicos que se manifestaron a lo largo de varias décadas. Como testimonia el croquis de Baroffio de 1913, el barrio había de extenderse originalmente hasta la calle Juan Parra del Riego ‒otro poeta, peruano radicado en Uruguay‒ una vía también curva que hoy recorre la zona elevada al sur del bulevar. Pero nunca alcanzó esa extensión pues, entre 1911 y 1913 se abrió Bulevar Artigas.

En 1935 y 1936 surgieron los dos conjuntos edilicios que enmarcan el Barrio Jardín. Su creador, el arquitecto Gonzalo Vázquez Barrière, había diseñado junto a su socio Rafael Ruano obras tan emblemáticas como el Palacio Díaz de 18 de Julio y Ejido, uno de los primeros rascacielos montevideanos de inspiración neoyorquina. Esta nueva modalidad de edificios “de renta” adoptó pronto el art déco, un estilo de líneas fluidas y formas curvas caracterizado por sus ornamentos geométricos que evocan la naturaleza e invitan al disfrute estético. Por su apariencia amable, una característica que el país percibe como propia, el art déco encontró gran resonancia en el gusto de los uruguayos: aunque citaba el rigor del racionalismo europeo, evitaba toda radicalidad. Ante la demanda local, arquitectos y constructores pergeñaron sin prejuicios una versión vernácula que, sin bien no resultó en un estilo arquitectónico de raíz latinoamericana ‒como soñaba José Enrique Rodó‒, constituye un extenso y valioso acervo que es testimonio del consenso social que caracterizó a la época.

A esta tendencia se sumó la fascinación por las hasta entonces impensadas posibilidades de movilidad. Tras varios viajes transatlánticos, el dirigible alemán Graf Zeppelin cruzó el cielo de Montevideo en 1934. El paquebote era símbolo de la nueva libertad de viajar. En El Mástil, uno de los primeros edificios en altura frente a la Playa Pocitos después del Hotel Rambla del arquitecto Mauricio Cravotto, Vázquez Barrière y Ruano habían creado, con salvavidas de mampostería incluidos, un verdadero “barco de ladrillos”, para usar la lúdica expresión del arquitecto Juan Pedro Margenat.

En sus primeras obras en solitario, Vázquez Barrière no ceja en su fascinación por la imaginería náutica. En sus conjuntos del Barrio Jardín, no obstante, sus referencias marinas se hacen más abstractas. La proa del edificio que domina la esquina de 21 de Setiembre y Gurí acompaña con su generosa curva las formas del amanzanado del barrio, como envolviendo el resto de las unidades, que se extienden hacia los lados y el interior del enclave. Los balcones curvos con aleros y barandillas como las de un barco, las puertas con aberturas redondas y las ventanas abatibles de ojos de buey son claras en su alusión. Las fachadas, cubiertas de un revoque de mica de discreto brillo, están adornadas por una composición geométrica de líneas en relieve que delimitan paneles resaltados por pequeños cuadrados de mármol oscuro. En una propuesta que realza los materiales, como las rústicas piedras que constituyen los escalones de algunos accesos, la insidiosa presencia de “agregados” como las construcciones ilegales y los parrilleros que proliferan en sus cubiertas resulta particularmente perturbadora. El náutico mirador del conjunto, aplastado por la presencia de un enorme tanque de agua que atenta contra la abstracción de su silueta, pelea hoy por mantener su legítimo lugar sobre la proa.

Una antigua propietaria recuerda cómo el propio Vázquez Barrière le vendió su inmueble en la década de 1950. Una escultura de jade que adornaba la sala del arquitecto en su vivienda sobre el Bulevar Artigas se grabó con su color verde en la memoria de la compradora. También el hecho de que el constructor “vivía con otro hombre”: se ha dicho que, por esa razón, la obra de Vázquez Barrière no ha sido debidamente apreciada. Su conjunto de la esquina de 21 y Javier de Viana, que dialoga a la distancia con el anterior, resulta menos espectacular, a lo que se suma su pésimo estado actual y la igual proliferación de inadecuados agregados.

A pocos metros del ombú de Gurí y Macachines se construyó, en 1937, el edificio Soler. Firman su fachada ‒como era frecuente entonces‒ su arquitecto, Francisco Pérez Larrañaga, y los constructores Dall’Orto y Rocca. Esta edificación, también art déco, presenta asimismo aberturas de ojos de buey y barandillas náuticas, fiel a la cita de moda en la época. Las construcciones adosadas y el deterioro del inmueble apenas permiten intuir su gran belleza.

Ildefonso Aroztegui, un arquitecto que regresaba al país desde Estados Unidos, diseñó en 1949, por encargo del médico José Omar Terra, una obra que destaca entre el resto, concebida como vivienda familiar y consultorio con sala de operaciones. De acuerdo con la normativa del Barrio Jardín, la casa Terra, hoy sede de una empresa, tiene su ingreso hacia el interior del conjunto sobre Javier de Viana, mientras que su cara más espectacular se yergue sobre el talud que da a Bulevar España. Sus materiales, como el revestimiento en piedra ocre que se propone integrarse al paisaje, contribuyen a su destaque. Aunque esta obra es vista por algunos como una imitación de las propuestas del influyente arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright, en particular de la casa que construyera para Frederik Robie en Oak Park en 1909, es indudablemente un testimonio del estilo de una época. Es también una prueba de la influencia estadounidense que, además de aquella europea, aportó a Uruguay su interpretación de la arquitectura moderna.

Aroztegui, de Melo fue años más tarde el creador de la sede 19 de Junio del Banco República, el magnífico edificio que se ha visto deformado por una muy infeliz intervención en su fachada. La casa Terra, por su parte, estuvo a punto de ser demolida en 2012 cuando, afortunadamente, una comisión del Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura logró frenar su destrucción promoviendo su protección patrimonial.

El edificio Parque, de 1950 y situado en las antípodas del anterior, es obra del reconocido trío de arquitectos constituido por Octavio de los Campos, Milton Puente e Hipólito Tournier. Los autores del inconfundible edificio Centenario de la Ciudad Vieja construyeron estas cuatro plantas sobre 21 de Setiembre combinando el ladrillo con el revoque blanco. En la intersección entre los bulevares España y Artigas, en un pequeño predio al borde del talud, se yergue tímidamente frente a los ventanales de la Facultad de Arquitectura el Monumento al Arquitecto, una deslucida escultura de Enrique Fernández Broglia, a pasos de la construcción de 1955 que aloja a la Embajada de Japón.

El valor del Barrio Jardín no radica solo en sus inusuales características arquitectónicas y urbanísticas. Las circunstancias de su surgimiento le otorgan un especial valor histórico, pues si bien existieron proyectos similares para el Cerro y el Buceo, que se realizaron nula o parcialmente, el de Parque Rodó constituye un ejemplo único de una corriente que buscó belleza y bienestar cuando el espacio público se percibía como un bien que podía moldearse para disfrute de todos, no como un basurero anónimo del que nadie es responsable. Aunque es, también, un amargo recordatorio de lo que ya no podemos ser, la marchita belleza del Barrio Jardín captura aún los estados de ánimo que llevaron a crearlo.

La atracción inicial de quien pasea por él puede devenir pronto en decepción. Basura y excrementos humanos impiden el paso en los pasajes del enclave. Algunos de los jardines de los retiros, obligatorios en sus orígenes para embellecer el lugar, están hoy sepultados bajo los colchones de quienes pasan allí la noche.

De entre los jirones de la ciudad que quiso ser modelo emerge, aunque apaleado, el utópico sueño de bienestar, higiene y progreso.

Colaboró: Micaela Villalba

Gracias a Cheung-Koon Yim, Leonardo Gómez y Jorge Sierra.

[Fotografías: Juan Pablo Dufourg / Instagram @jotape_duf – fuente: http://www.revistadossier.com.uy]

Un documento único muestra a Borges en los años 30 en diferentes actividades: fumando, leyendo, tomando mate…

Publicado por Luis Alberto Hara  

La imagen popular de Jorge Luis Borges es la de un hombre viejo, ciego, solitario y sabio que dedicaba su vida « a la noche y a los libros« . Pero Borges también fue joven y no todo en su vida estuvo consagrado a la lectura y al estudio, aunque, por supuesto, como él mismo sentenció varias veces, vivió más en los libros que fuera de ellos (y no por ello su vida fue menos).

El siguiente video es una versión editada de la aparición de Borges en un documento clásico: el film Galería de escritores y artistas de 1928 a 1959, del uruguayo Enrique Amorim, el cual fue restaurado por la Filmoteca del Institut Valencià de Cultura en 2004. Las imágenes son de la década de los años treinta, justamente cuando Borges tenía más de 30 años, pues nació en 1899.

En el film de Amorim vemos a Georgie, como lo llamaba su madre, vestido elegantemente (aunque la época en sí era por default más elegante) fumando entre grupos de personas. Luego lo vemos en dos ocasiones bebiendo mate, el acto esencial del argentino.

En unos fragmentos cándidos y joviales aparece arreglándose ante el espejo y jugando con un bastón en lo que parece ser una finca. Y no podía faltar un momento de Borges leyendo, lo que permite recordar que el más grande escritor en lengua española de los últimos siglos se definió ante todo como un lector y acuñó esa frase adorable que sirve como inspiración sacramental de la religión de la lectura: « Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído ».

Estas invaluables imágenes nos muestran a un Borges relativamente desconocido, por momentos sonriente. Un hombre que vivió la juventud y las pulsiones de la vida, pero que fue capaz de tejer su propio universo por encima de las cuitas y las costumbres sociales.

 

[Fuente: http://www.pijamasurf.com]

Nacida en Buenos Aires como única hija de padres jóvenes, este 29 de marzo cumple 80 años una de las intelectuales más reconocidas del país. Docente universitaria, ensayista, periodista y escritora, hoy trabaja sobre una autobiografía en la que lo único seguro, dice, es el título, « No entender ».

Yo he entendido mucho ms tarde textos que cre entender en determinado momento porque a veces uno cree haber entendido y mentira no haba entendido nada Foto VIctoria Gesualdi

« Yo he entendido mucho más tarde textos que creí entender en determinado momento, porque a veces uno cree haber entendido y ¡mentira, no había entendido nada! »

Escrito por DOLORES PRUNEDA PAZ

« Leer es como salir a correr, hay gente que corre y es chueca, le duele más a la noche, gente que corre bien, cada uno lo hace como puede y de alguna manera encuentra una satisfacción », dice Beatriz Sarlo, casi 80 años y una de las intelectuales más reconocidas de la Argentina, de la que acaba de publicarse el libro « Clases de literatura argentina. Filosofía y Letras, UBA 1984-1988 », un rescate de las clases que dictó como profesora de la universidad durante la primavera democrática, que venía a renovar los programas de la dictadura y los debates sobre la historia y el futuro del país.

Publicadas por Siglo XXI Editores, la responsable de recuperar esas clases -sobre Jorge Luis Borges, Juan José Saer, Rodolfo Walsh, Roberto Arlt, Ricardo Piglia, Manuel Puig, Julio Cortázar, David Viñas, Ezequiel Martínez Estrada y Eduardo Mallea-, fue Sylvia Saítta, hoy titular de la cátedra que cursó en aquellos días como alumna. « Los debates eran cálidos y al mismo tiempo batalladores. Fue un gran retorno. Después, como todo, uno se acostumbra, incluso a lo bueno, incluso a lo que buscó toda la vida », dice Sarlo al repasar esos días.

Cuando cumplía 20 años en la docencia, Sarlo decidió dejarla. « Me fui mucho antes de jubilarme, ya había gente capacitada que no tenía por qué estar esperando otros 20 años a que me muriera para tomar la cátedra. De hecho nunca he estado más de 20 años en ninguna parte, excepto en ‘Punto de vista’, que duró 30 y creo que es lo más importante que hice en mi vida », le dice a Télam sobre la emblemática revista que fundó junto a su segundo esposo, el sociólogo Carlos Altamirano, que renovó la forma de entender la crítica cultural.

La autora de « Una modernidad periférica » formó parte del trío maoísta que completaba el escritor Ricardo Piglia en « Los libros », otra influyente publicación político cultural que cerró con el golpe de Estado de Onganía, cuando tuvieron que pasar a la clandestinidad; y dio clases privadas en dictadura, en lo que se conoció con cierta pompa como la universidad de las catacumbas.

Nacida en Buenos Aires como única hija de padres jóvenes, nieta de inmigrantes italianos y españoles por el lado de la madre, y de argentinos por el del padre, cumple 80 años este 29 de marzo. De adolescente fue peronista, una reacción contra un padre al que insiste en definir como un gorila liberal que la inició en cierta actitud de pugilista.

Militó en la CGT de los Argentinos, el Partido Comunista Revolucionario, asesoró a Elisa Carrió, Graciela Fernández Meijide y al socialismo. Dio clases aquí, en Estados Unidos y Europa. Siempre volvió. « No puedo estar más de ocho meses fuera de Argentina », ha dicho más de una vez.

Acostumbrada a intervenir críticamente sobre las transformaciones sociales de las últimas décadas, como las que dio cuenta en textos como « Escenas de la vida posmoderna » o « La intimidad pública », Sarlo se expide también sobre la asimilación del lenguaje no sexista en algunas dependencias públicas, círculos ministeriales, manuales educativos y hasta en ficciones literarias. « No se hace lo que se quiere con la lengua, no se hace lo que se quiere ni siquiera con la conciencia simbólica en un país -dice en la entrevista con Télam-. Yo no digo que sea un lenguaje de vanguardia, sino que es un lenguaje actual ».

Para la ensayista, el lenguaje no sexista es hoy « una vanguardia social de capas medias ». Y argumenta: « Las lenguas evolucionan con una resistencia o una plasticidad muy fuerte que no depende de los sujetos. Un ejemplo es el que siempre doy del gaucho, tuvieron que llegar los inmigrantes para ser transformados en enemigos y amigarse con el gaucho, para que su música, su poesía, su mate tomaran el primer lugar en escena, era un acto antiinmigratorio el que le dio al gaucho su primer lugar en escena ».

Lo ms importante qe hice en mi vida es la revista Punto de vista Foto VIctoria Gesualdi

« Lo más importante que hice en mi vida es la revista Punto de vista ».

-Beatriz, ¿qué rescatás 38 años después, casi media vida tuya, de las disputas de sentido de aquel momento?

-La palabra es emoción. Yo era ayudante de segunda categoría, me gradúo, viene el golpe de Onganía justo después y ya no piso más la facultad, porque continuaron los sucesivos cambios de dictadores, hasta 1983. Estábamos aterrorizados, porque para todos de alguna manera era esa experiencia de volver a la facultad después de 18 años, estudiantes y profesores. Entonces nos acompañábamos a la primera clase. A mí Enrique Pezzoni, director del Departamento de Letras, prácticamente me tiró dentro del aula. Después uno se va acostumbrando, primero porque encontré muchas caras amigas: yo había tenido grupos privados durante la dictadura. Segundo porque rápidamente nos hicimos amigos con los que no conocía. Pablo Alabarces, cada vez que yo entraba al aula, levantaba la mano para hacerme una pregunta sobre el imperialismo y la literatura argentina y yo maldecía, decía ahora ‘Alabarces va a levantar su mano’. Todos teníamos la sensación de que empezábamos a construir un nuevo presente.

-En ese regreso quitaron las clases de griego y latín y por eso fueron criticados por Jorge Luis Borges.

-Entramos revoleando el poncho, fue un error populista fuerte porque yo había cursado los ocho semestres de Clásicas y además había sido ayudante de Latín, o sea que sabía lo que eso me daba. De repente nos invadió un espíritu de innovación, decíamos « esta gente no tiene que pasar por eso ». Me di cuenta en las clases del error porque venía gente de Letras Clásicas y la posibilidad que tenía de pensar a un tipo como Tizón en función de las citas internas de la literatura argentina, por ejemplo, era notable. Me daba cuenta y « decía qué macana que hicimos ».

-En la disputa ideológica y la confrontación de sentidos contaste con adversarios que se encontraban en las antípodas tuyas, pero muy valorados por vos en la construcción tu pensamiento, como Horacio González.

-Mi diálogo, que siempre era polémico con Horacio González, fue importantísimo en mi vida. Yo siento, con la desaparición de Horacio, que ahí hay un lugar que yo extraño mucho, hay un personaje de nivel concreto y simbólico que extraño mucho. Recuerdo la última vez que conversamos largo, fue después de una mesa redonda en Filosofía donde habíamos discutido de todo, y nos fuimos caminando al centro desde Puan. La conversación de esa caminata quizá fue la última charla larga que yo tuve con Horacio, en la cual terminé de convencerme de mi teoría de los dos teólogos del cuento de Borges, los que viven discutiendo toda su vida y cuando mueren y llegan al paraíso, lugar que les corresponde, ven que son el mismo. Pensando diferente en un montón de cosas o en casi todas Horacio y yo somos esos dos teólogos. No sé si tuve tiempo de decírselo, pero estoy convencida de eso y es un interlocutor que yo extraño mucho. El interlocutor polémico es interesante, yo leía esta literatura, el leía esta otra, leíamos otras fuentes teóricas, y sin embargo se podía combinar una conversación. Horacio fue muy importante para mi vida.

-¿Qué es saber o poder leer?

-Es simplemente recorrer un texto extrayendo la cantidad de sentido que puedo procesar en el momento que lo recorro. Quizás algo del sentido no procesado quede en mi recuerdo y podré volver a ese texto y quizás no. Eso es leer, no demos más vueltas, es tal cual lo acabo de decir: se recorre un texto y se procesa un sentido de acuerdo con los instrumentos que yo tenga para procesarlo, que no pueda procesar una parte de ese texto no es culpa del texto sino de aquella condición -social, educativa, etcétera- en la cual lo he leído. Yo he entendido mucho más tarde textos que creí entender en determinado momento, porque a veces uno cree haber entendido y ¡mentira, no había entendido nada!, como un poema de Pound que tuve que traducir. No había entendido, pero bueno, lo recorrí.

Un texto se recorre, se toca, leer es eso, en algún momento hay algo en ese texto que uno recorre que a uno lo captura, y por tanto, quizás, vuelva. Qué sé yo, a los 13 años creí que tenía que leer El Quijote y lo recorrí con los ojos entero. No entendí nada, punto. Ahora algo quedó ahí, algo quedó fluctuando, no puedo decirte qué. Es como salir a correr, hay gente que corre y es chueca, le duele más a la noche, otra gente corre bien, y bueno: cada uno lo hace como puede y de alguna manera encuentra una satisfacción.

-¿Encontrás obra literaria contemporánea argentina que pudiera perfilar hacia una renovación?

-Hay algunas zonas de la poesía que son muy interesantes y que ahí uno algo podría encontrar: creo que Héctor Libertella no fue leído en el carácter revulsivo de su poesía como se hubiera podido dar, porque a veces las cosas salen de la poesía: nuestras vanguardias del 20, y antes de eso, la ruptura de Lugones. La gente está acostumbrada a pensar en términos de novela porque es lo que se vende en las librerías, pero cuando Lugones publicaba en los diarios hubo una ruptura muy fuerte con la poesía clásica que se usaba en Argentina y después vinieron las vanguardias.

-¿Creés que alguien hoy este escribiendo literatura regional que no es regionalista, en los términos en que lo hacía Saer?

-Me gustaría saberlo, a lo mejor alguna pequeña editorial sacó algo, pero tampoco uno conoce todo lo que pudo haber sido publicado. Hay una colección chiquita de la Municipalidad de Rosario que es muy interesante, son ensayitos que tienen mucho de literatura. Hay un texto de Diana Bellessi por ejemplo, uno de Vital que es « Historia oral de la cerveza » y textos de ficción. Después están los regionalistas porteños. ¿Qué quiero decir? ¿Quién lee a un escritor que me parece muy bueno que es Ricardo Strafacce? Nadie. Un tipo de una enorme originalidad y al mismo tiempo un escritor muy culto. ¿Esta literatura quién la registra? A Juan Pisano, el de « El último Falcon sobre la tierra », nadie le dio bola. Antes tenía la sana costumbre de tener a las mujeres separadas en la biblioteca: para que no me pase esto, estoy buscando una mujer entre 200 títulos que hay muchos más de hombres y no la encuentro. Invisibilizados como si fueran mujeres, que se jodan por ser dominantes.

A los 13 aos cre que tena que leer El Quijote y lo recorr con los ojos entero No entend nada punto dice la ensayista Foto Victoria Gesualdi

« A los 13 años creí que tenía que leer El Quijote y lo recorrí con los ojos entero. No entendí nada, punto », dice la ensayista.

« Las mujeres que no responden por su vida a la imagen de la subsumida son obturadas »

La novedad que implica el foco de la industria liberara sobre la producción de las escritoras, sobre la hegemonía histórica de los varones que publican, es puesta en cuestión por Beatriz Sarlo: “De repente algunas mujeres, que no responden por su vida a la imagen de la subsumida, son obturadas porque no las podés rescatar, no necesitan que vos vayas a rescatarlas”, dice la ensayista y crítica literaria.

-“Decir que hay algo nuevo bajo el sol sería pisotear las tumbas de las escritoras que vinieron antes de nosotras. Lo único nuevo es la luz, el foco”, dijo hace un tiempo la ecuatoriana Fernanda Ampuero sobre esto mismo. ¿Coincidís?

-¿Para Sartre no existía Nathalie Sarraute? Existía absolutamente. ¿Para Camus no existía Nathalie Sarraute? Existía, absolutamente. No tenían la misma visibilidad que tienen hoy, sin duda eso es así, pero tampoco votaban las mujeres hasta comienzos del siglo XX. ¿Carecían de ideas políticas las mujeres hasta comienzos del siglo XX? No, por algo llegaron a votar. Entonces, ¿carecían de literatura y de valor literario las mujeres hasta que descubrieron que existían? No. Nathalie Sarraute existía.

-¿Qué se juega en el interés mainstream surgido hacia las escritoras?

-Yo qué sé. ¿Quién leyó “Sodio”, de Jorge Consiglio? También hay escritores que tienen la misma baja visibilidad que las mujeres. ¿Quién leía a Saer? Saer formaba parte de las mujeres en ese momento, porque se leía mucho más a Beatriz Guido, a Sara Gallardo. ¿A nadie se le ocurre subrayar, digo el feminismo, lo fundamental que para uno de los grandes directores cinematográficos argentinos, como fue Torre Nilsson, fue Beatriz Guido?, que le dio todo su mundo y además colaboraba en los guiones cuando no los escribía todos ella. ¿A nadie se le ocurrió ir por ahí? Siempre por el lado de la subsumida. Guido era fundamental, quienes filmaron con Nilsson te cuentan la importancia que tenía. De repente algunas mujeres, que no responden por su vida a la imagen de la subsumida, son obturadas porque no las podés rescatar, no necesitan que vayas a rescatarlas. ¿Nadie se dedica a ver que Victoria Ocampo fue el gran macho femenino de la difusión y la discusión cultural en Argentina? Para hacer lo que ella hizo, en esa década del 30 cuando empezó a hacer su revista, se necesitaban las fuerzas que se atribuían y siguen atribuyendo, generalmente, a los hombres.

-Había otras cosas también: clase, raza.

-Seguro, tenía la plata para poder hacer la revista, sin duda, pero la clase no contribuía ahí. Contribuía en haberla llevado a ese lugar en el sentido social, pero no en la dificultad que podía tener una mujer de clase alta en 1930 para largarse como una machona, palabra que se usaba en ese momento y que se aplicaba a Victoria, a bajarse de su coche y dar órdenes para hacer una revista. Manejaba su propio coche. Pero pasaba hasta en la pequeña burguesía, mi mamá tiene una foto manejando un Chrysler enorme, también hay que contar la historia con ciertas variantes que no son las que vos esperás, no es que las mujeres no podían manejar un coche, Victoria Ocampo siendo hombre tampoco hubiera manejado su coche excepto cuando quería, porque los hombres de la clase de Victoria también tenían choferes.

-Hay una guetificación de las mujeres en la literatura, por ejemplo, cuando en las ferias arman mesas de escritoras, clasificadas y agrupadas por esa única singularidad, o generalidad.

-Hay que negarse, si solo criticás, en la próxima feria insisten, si hay una mesa que se niega porque las mujeres se negaron a ser segregadas como mujeres, ahí vamos a ver si pueden hacerlo, porque las mujeres venden mucha literatura, etcétera, hay que negarse a eso.

-En tus clases y charlas solés decir “imaginen que” y después vas a tu idea ¿Qué peso tiene lo imaginado para llegar a lo real?

-Se lo podría comparar con un contrafáctico. Imagínense que Borges nunca hubiera tenido la relación que tuvo con su madre y con la parte inglesa de su familia ¿cómo se hubiese relacionado entonces Borges con esa literatura, qué te devuelve eso como construcción de saber? La fuerte relación que tiene Borges con la lengua y con la literatura. Los contrafácticos sirven para pensar cómo fue la realidad, pero de repente uno empieza a hacer contrafácticos para ver hasta dónde puede llegar su razonamiento, un movimiento que es como una imaginación desbordada, que después habrá que precisar con datos y fuentes.

-Es como el efecto mariposa más la máquina del tiempo: volvé al pasado, mové una pequeña cosita y proyectá.

-Efectivamente ¿De no existir la editorial Losada, creada por un español que viene a establecerse a Argentina, cómo hubiera sido el curso de las editoriales, hubiera eso modificado o no el estilo de las publicaciones, y por tanto también, quizás, una zona de la escritura? Dicho esto en una clase, lo que aprenden los estudiantes es la importancia de un protagonista. Yo no quiero imaginar lo que hubiera sido la cultura de élite en Argentina sin la revista Sur, hubiera tenido un agujero enorme. Se le puede proponer un contrafáctico a cualquiera que diga ´pero la revista Sur era oligarca´. ¿Cómo hubiera sido la cultura argentina sin Victoria Ocampo?, le diría yo. ¿Menos tilinga? Sí, seguro, ¿pero cómo hubiera sido? ¿Se hubiera publicado “Lolita”, de Nabokov, cuando se publicó y estaba prohibida en todo el mundo? No. No, para empezar le hubiera dicho, ¿sabés que se publicó? No, empezaría así, ¿cuándo se publicó en Argentina Lolita de Nabokov?

-Sos como una boxeadora en ese contrafáctico.

-Soy, quizá ese es el tributo que yo he pagado a mi feminidad, es decir, el tributo es ¿vos boxeás? Yo también.

Para Sarlo el lenguaje no sexista es hoy una vanguardia social de capas medias Foto Victoria Gesualdi

Para Sarlo, el lenguaje no sexista es hoy « una vanguardia social de capas medias ».

Una autobiografía con título definido: « No entender »

Beatriz Sarlo trabaja por estos días sobre una autobiografía en la que lo único seguro, dice, es el título, « No entender ». Sobre la mesa amplia que hace de escritorio en el departamento-estudio de la calle Talcahuano dos pilas de hojas con anotaciones manuscritas, cada una dentro de un folio transparente, dan cuenta de su empresa, donde la operación de entender pareciera funcionar por sobre la de recordar.

« Todo mi movimiento intelectual o mental, o como quieras llamarlo, partió de la idea de no entender. A veces logré entender y otras veces no, quizá logré entender muy pocas veces. Pero para contarte un episodio de mi vida que aparece seguro allí: cuando tenía entre 17 y 18 años vivía en el sótano de una dentista exmiembro del partido comunista, Marta Raurich, y los sábados iba a visitarla, a ella, a los hijos y al exmarido, Héctor Raurich, un filósofo marxista que había roto con el Partido Comunista, que dejó apenas una obra escrita pero que entraba y nos empezaba a dar clase. Fue maravilloso. Tuve mucha suerte ».

-¿Por qué motivo migrás de la casa familiar?

-Casi no había casa, paso a vivir con una tía que me guarece y me cuida mucho, voy yendo y ya me voy separando. Y entonces paso a esta señora que tenía un aspecto maternal muy fuerte, ya había guarecido a otras personas en ese sótano, con el atractivo de que me vinculaba con una tradición que yo desconocía, la de aquellos que habían sido comunistas y se habían ido del Partido durante Stalin. Esa fue una casualidad extraordinaria.

-Una dosis de buena suerte alta…

-Tenés razón, yo nunca digo que he tenido mala suerte, he tenido muy buena suerte, no me ha agarrado nadie en la dictadura. Por otra parte, hubiera podido caer en la casa de una señora con espíritu maternal que dijera ‘pobre chica’ y nada más. A esta señora la visitaba su exmarido los sábados, porque estaba su hijo que era periodista y que también empezaba a hablarme de lo que era el periodismo, trabajaba en El mundo, pero las conferencias que daba Raulich los sábados mientras almorzábamos eran de aprendizaje. Y también nos exigía que le leyéramos porque tenía mal la vista. Lo primero que leímos, recuerdo, fue « La muerte de Iván Ilich », de Tolstoi. Yo era muy callada pero descubrió que sabía muy bien inglés y entonces me pidió que tradujera un poema de Pound. Yo leía el poema de Pound y no sabía dónde estaba parada en la página, debo haber hecho una traducción literal, no sé qué hice, por suerte no era un canto sino un poema corto. Pero bueno, yo sentía que podía brindar un servicio a esa persona que me brindaba su sabiduría sobre el comunismo, Stalin, Lenin, el Partido Comunista Argentino, etcétera. Empecé a leer a Pound por ahí, obligada por eso, no hay que saber inglés para traducir a Pound, hay que saber otras cosas que yo desconocía en absoluto: esas son experiencias del no saber, por eso rescato tanto los momentos de no entender.

-¿Ese encuentro con el no saber fue siempre tan ameno?

-A veces fue más luchador, otras veces más familiar, como fue en el caso de estos Raurich, que me enseñaron mucho en la vida. Pareciera que la gente se dedicaba a enseñarme.

Soy hija única pero no la única prima, mis tías vivían muy cerca de casa y teníamos una relación muy estrecha, eran maestras de la vieja usanza, de las que describe Laura Ramos en su libro sobre las maestras argentinas. Cuando lo leía decía ‘estas eran mis tías’. Vivían enseñando permanentemente, cortabas una rosa en el jardín y te decían ‘las rosas no hay que cortarlas así, porque crecen de este lado y el sol viene del otro lado’, es decir, vivían en un completo y complejo estado de docencia y si tenían una chica dispuestas a escucharlas imaginate, porque eran unas viejas a las que les encanta hablar, aunque no eran tan viejas, tenían 50 y pico 60. Ese fue un aprendizaje.

Después estaba « El tesoro de la juventud » en el escritorio que me dieron para que hiciera los deberes. Yo llegaba del colegio y en vez de ir a mi casa iba a la casa de ellas, que quedaba al lado. A casa iba solo cuando ya sabía que venía mi padre y otro tío mío. Y había una colección de arte que todavía vi en algunas ferias, « Los museos del mundo », a un tomo por museo, donde vi mis primeros cuadros, que llegaban casi hasta la actualidad. Había un arlequín de Picasso, por ejemplo. Me enseñaron a mirar. Vi un cuadro de Rafael y dije « parece una estampita », ellas me sentaron, me mostraron una estampita, me mostraron el cuadro de nuevo y me dijeron « te vas a dar cuenta de que no es una estampita, que las estampitas pueden llegar a copiar este cuadro y así ». Era un aprendizaje más bien inconsciente durante una etapa muy larga, si hubiera sido consciente hubiera dicho « no, me voy al patio ».

-Pero te gustaba, te entretenía…

-Sí, sobre todo porque me discutían esas cosas. Yo decía « Rafael no me gusta, a mí me gusta Picasso », porque siempre me hacía la snob, « bueno nena, entonces vení, sentate, mirá ». Era un ejército a mi disposición.

-Como si el aprendizaje y el debate fueran el hogar…

-Mi hogar no era casi un hogar, no pasaba mucho eso: era la casa de esas mujeres a la cual venía un tío mío que había estado en Forja y entonces me enseñaba la teoría del nacionalismo y a ser antibritánica, pese a que yo iba a un colegio inglés. Lo que esa elección le costó a mi madre: empeñar sus pocos anillitos cada seis meses en el banco municipal cuando se pagaba la cuota del colegio, que era carísimo. La que era secretaria de ese colegio, cuando cerró, fundó en Saint Catherine´s.

-Invirtieron en tu educación.

-La decisión era en principio que yo aprendiera inglés no como una extranjera, que fuera lo más bilingüe posible, tenía profesora privada de francés en casa, ahora sería chino. Creo haber recordado la frase, « después tiene un novio que es gerente de un banco británico y se casa », capaz la armé, pero creo recordarla.

SARLO CONTRA EL CANON: « NUNCA USO ESA PALABRA »

De un tiempo atrás a esta parte ciertos premios parecen estar operando sobre la idea de qué puede considerarse literatura mayor o respetable, una discusión que Beatriz Sarlo relativiza al poner en cuestión la utilidad que pueda tener la construcción de un canon: « la verdad, me produce un aburrimiento bestial, quien quiera hacer una tabla de posiciones que la haga », dice la ensayista, para quien resulta « muy injusto » definir una jerarquía de lecturas, en tanto « nuestros gustos están formados por una suma de arbitrariedades sobre las que tendremos, llegado el caso, que dar una explicación estética ».

La perplejidad que causó el Fondo Nacional de las Artes en 2020 cuando decidió concursar géneros de terror, ficción y fantástico, o incluso cuando Mariana Enriquez, su directora, pasó a formar parte de la lista larga del International Booker Prize en 2021 con un texto que se inscribe dentro de esos géneros, refleja algunos de los modos en que se está reformulando la validación de obras y escritores en las últimas décadas.

-¿Considerás que a partir de la revisión de ciertos cánones literarios hoy está cambiando la idea de qué es literatura mayor o respetable?

-Me resulta completamente indistinto, yo que he leído toda la literatura menor que se produjo a comienzos del siglo XX no para reivindicarla dentro del canon. Sigo prefiriendo los textos de Oliverio Girondo que se escribían al mismo tiempo que esa literatura, lo cual no quiere decir que esa literatura no merezca ser pensada. Ya la idea de canon no sé qué quiere decir, para estar a la par ya no hablemos mucho de canon. ¿Armo un canon diciendo que Saer y Borges me parecen los mejores escritores de los últimos 50 años? No, porque un canon lo que tiene, y por algo la palabra viene de la música, es cierta familiaridad entre aquellos escritores que lo arman. Si uno sabe historia de la Literatura, hay algunos momentos donde llega a establecerse un canon, el clasicismo por ejemplo, pero hoy no es un momento clásico, y yo diría que desde Proust o Kafka no es un momento clásico.

-¿Cuál es entonces la cuestión?

-La cuestión es ver cómo se produce una continuidad o una ruptura: cómo Borges, por ejemplo, parece tomar elementos de la literatura popular para hacer una literatura más refinada, no si es del canon. La verdad, me produce un aburrimiento bestial, quien quiera hacer una tabla de posiciones que la haga, yo leo el diario los lunes y veo si Huracán sigue último. Lo que sí me interesa es decir « yo creo que Saer es el más grande escritor muerto de la Argentina de estos últimos 40 años, una vez muerto Borges », otros dirán que es César Aira, y ahí podremos empezar una discusión interesante, pero nunca voy a poder decir que Saer y Aira pertenecen a un canon, no son escritores entre los que se puedan marcar continuidades, lo que se marca es la fuerza de su presencia. ¿Tienen el mismo público? No. ¿Tienen el mismo discurso crítico? No. ¿Su forma estética se relaciona? No. Entonces vayan a cantar con un canon al Colón, no es mi concepto.

-Pero hay quienes se refieren a “un canon Sarlo”.

-Si alguien me lo atribuye, es su problema. Sí puede decir que, efectivamente, yo siempre elegí enseñar esos escritores y no otros, puede decir « este es el paquete que armó Sarlo » y no puede separarse de él, pero nada más. Respecto de otros críticos, yo no funciono desde allí. Además sería muy injusto para algunos: nuestros gustos están formados por una suma de arbitrariedades sobre las que tendremos, llegado el caso, que dar una explicación estética. Otra cosa sucede en literaturas muy consolidadas, como la francesa, donde hay un canon clásico, aunque nadie escribe con ese canon hoy; pero acá en la literatura argentina, donde vivimos en emergencias, no.

 

[Fotos: Victoria Gesualdi – fuente: http://www.telam.com.ar]

Veronica Bergottini es misionera, 35 años, y gracias a sus dos títulos universitarios logró descubrir un nuevo material para hacer prendas sustentables. En diálogo con Infobae, contó de qué se trata este proceso innovador y ecofriendly

Escrito por Macarena Sánchez

Veronica Bergottini tiene 35 años y es oriunda de Eldorado, Misiones. Es licenciada en Genética de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales y doctora en Biología, título que obtuvo en una universidad en Suiza. Sin embargo, y por más improbable que parezca, encontró su pasión en el desarrollo de biomateriales para el diseño sustentable.

“Empecé a explorar el biodiseño como un hobby siendo estudiante de diseño de autor”, contó a Infobae. “Fue para un concurso de la escuela de Diseño que tenía que presentar una propuesta de moda sustentable y me llevó a investigar las últimas tendencias en sustentabilidad. Fue así que descubrí startups de biotecnología que estaban revolucionando la moda en otros países a través de la biofabricación de materiales”.

La doctora en Biología admite que sin sus conocimientos no hubiera sido posible crear el Karu, su marca sustentable. “Investigue qué técnica de biofabricación podía desarrollar desde casa y empecé a experimentar con un grupo de microorganismos que sintetizan un biomaterial con textura similar al papel/cuero. Con este biomaterial diseñé apliques para un prototipo de vestido que fue seleccionado para concursar en pasarela. Así pude fusionar mi experiencia en microbiología con el diseño”.

Un clutch realizado en TILEX: Tela de Ilex paraguariensis, el textil que la genetista puso al descubrimiento.

Confiesa que la moda la apasiona desde chica y por eso empezó también a involucrarse con la indumentaria. Siempre tuvo la necesidad de volcarse a lo artístico.

“Lo que más me apasiona del diseño es la comunicación y la posibilidad de transmitir valores a través de los nuevos materiales sustentables que están surgiendo a raíz de la problemática ambiental. El biodiseño en particular, nueva área de intersección entre la biotecnología, la tecnología y el diseño, es atrapante por la innovación disruptiva y la sinergia que se genera entre los científicos y los diseñadores”, afirmó Bergottini.

Los diseños de Bergottini tienen algo especial. Están realizados en yerba mate: “Tengo una larga relación de investigación con la yerba mate, pero lo que no me imaginé es que también iba a ser parte de esta faceta más artística. Conociendo la biología de los microorganismos que sintetizan el biomaterial, me di cuenta de que podrían crecer también en yerba mate. Utilizo un preparado de yerba mate para cultivar los microorganismos que sintetizan el biomaterial. Es por ello que denominé al biomaterial TILEX: Tela de Ilex paraguariensis (yerba mate)”.

En su colección tiene collares, carteras y accesorios para ropa elaborados todos con el biomaterial de origen microbiano. También se combinan otros tipos de materiales sustentables para combinar diferentes artículos.

Todos los diseños de Karu son sustentables, ya que los microorganismos de este material tienen la capacidad de sintetizarlo.

“Este biomaterial es biodegradable, compostable y además se puede producir bajo un modelo circular, es decir, empleando diferentes residuos agroindustriales. Todo esto está demandando a gritos la moda: una mayor sustentabilidad y, si es posible, circularidad”, detalló.

Por último, la diseñadora, bióloga y genetista dice que sus creaciones en principio tiene un ciclo de vida que puede variar desde 9 meses a 1 año, dependiendo su uso y su cuidado. “Estoy investigando para incrementar su tiempo de vida”.

 

 

 

[Fotos: Paula Penise – fuente: http://www.infobae.com]

No teman por los argentinos pablo amargo

Publicado por Enric González

Argentina nació el 9 de julio de 1816. Tiene solo doscientos cuatro años. En teoría, el trabajo de sus historiadores debería ser fácil: todo es relativamente reciente y se supone que los periódicos contaron lo que ocurrió cada día desde la fundación. Sin embargo, la historia argentina está llena de misterios. En los siguientes párrafos intentaremos arrojar algo de luz sobre este país enigmático. Teniendo en cuenta que hablamos de Argentina, lo más probable es que estos apuntes aumenten la confusión del lector.

(Como aclaración inicial, digamos que los argentinos suelen hablar de «la Argentina», con artículo. Pero no lo hacen como los franceses cuando se refieren a «la France». En «la Argentina», con mayúscula dudosa, argentina no es nombre sino adjetivo: República Argentina. El la señala que se omite el término República. Por simplificar, y quizá para figurar entre los primeros en las listas alfabéticas de países).

Un misterio de entrada: ¿dónde están los negros? Buenos Aires fue capital continental del esclavismo. Según el censo de 1778, los afroamericanos constituían casi un tercio de la población. En 1816, los afroamericanos componían casi dos tercios del ejército del general José San Martín, héroe de la independencia, y se sabe que lucharon con valentía y destreza. Hacia 1850 se estimaba que la población total rondaba las ochocientas mil personas, de las que cien mil eran «mulatos» y veinte mil eran «negros». A principios del siglo XX apenas quedaban negros. ¿Qué pasó? Unos dicen que se extinguieron en las guerras decimonónicas porque siempre los situaban en primera línea de combate. Otros dicen que se blanquearon poco a poco con matrimonios interraciales. La cosa no está clara. En cualquier caso, pese a este misterio y a la existencia de unos novecientos mil ciudadanos que se autodefinen como miembros de los pueblos originarios, Argentina se considera una sociedad «blanca».

Otros países latinoamericanos tratan de enlazar su historia moderna con la historia de las civilizaciones precolombinas. No es el caso de Argentina. Por recurrir a una vieja y manida frase, que utilizaba de vez en cuando Jorge Luis Borges, «los peruanos descienden de los incas, los mexicanos descienden de los aztecas y los argentinos descienden de los barcos». Argentina es realmente un país de inmigrantes.

Los argentinos piensan como italianos, gesticulan como italianos, se besan como italianos y actúan como italianos. También saludan a la italiana. Frente al seco «hola» español, ellos tienden a algo más florido, del tipo «hola, qué tal, cómo va» en su versión más escueta. Accidentalmente los argentinos se expresan en idioma español, aunque adaptado a la fonética de los distintos dialectos italianos: no es «ven», sino «vení»; no es «corre», sino «corré»; no se dice «vale», sino «dale» (por el «dai» italiano). Del viejo español queda, sin embargo, el elegante «vos». Por razones desconocidas —otro misterio—, incluso los argentinos más cultos ignoran las conjugaciones del subjuntivo. Quizá sea una herencia vasca.

Los apellidos de origen vasco figuran entre los más augustos de la sociedad argentina. Estaban en la cúspide de la oligarquía a principios del siglo XX, cuando en Francia empezó a utilizarse la frase «plus riche qu’un argentin» para referirse a alguien que tenía muchísimo dinero. En su libro sobre la familia Anchorena, el historiador Juan José Sebreli cuenta que «cuando viajaban a Europa llevaban en el barco a los criados, cocineros, niñeras, chóferes, como así también gallinas y vacas para tener huevos y leche fresca». Clara Cobo de Anchorena salía de casa con un cargamento de guantes, porque los tiraba al sacárselos. Fabián Gómez de Anchorena arrojaba al mar, después de cada comida, la vajilla de oro.

(En 1910, Argentina era el primer exportador mundial de trigo, maíz y carne).

«Un argentino es un italiano que habla español, se viste como un inglés y cree ser francés». No estoy muy de acuerdo. Omitiremos los chistes sobre la supuesta egolatría de los argentinos. Aunque vale la pena recordar el titular de un diario colombiano cuando Jorge Bergoglio fue elegido papa: «Argentino pero modesto». Según mi experiencia, los argentinos son cordiales, hospitalarios y, al menos de forma colectiva, muy autocríticos. Coinciden todos en que el país, como Perú en la novela de Mario Vargas Llosa, se jodió en algún momento. Difieren en la designación de los culpables. Para los «gorilas», la ruina llegó con Juan Domingo Perón. Los «peronchos» culpan a la oligarquía.

El término gorila tiene un origen delicioso. En la película Mogambo (1953), un rugido hacía que Grace Kelly se lanzara a los brazos de Clark Gable, y este la calmaba: «Tranquila, deben de ser los gorilas». En 1955, en Argentina se recuperó la frase para una canción publicitaria que decía: «Deben ser los gorilas, deben ser, que andarán por ahí». Corrían rumores de un plan secreto para derrocar a Perón y los peronistas empezaron a hablar de «los gorilas que andan por ahí». La palabra perduró.

Es indiscutible, en cualquier caso, que a mediados del siglo XX la economía argentina, antes rutilante, se estancó. Y luego decayó. Y siguió decayendo. En cuanto a la perenne crisis del peso, con sus correspondientes desastres políticos, mejor que sea un maestro como Tato Bores quien la explique: acudan aquí para entender un poco la cosa. Entenderán, como digo, poco —Argentina es siempre un misterio—, pero reirán bastante.

Quizá una de las claves del enigma argentino sea geográfica. Este es un país remoto, pegado a la Antártida —a los niños se les enseña que la Antártida, igual que las Malvinas, es argentina—, a doce horas de avión de Nueva York o de Madrid. Cuando todo queda tan lejos, pero uno quiere sentirse tan cerca, con una capital tan parisina y una agroindustria tan exportadora, el conflicto interno es casi inevitable. Hay en cada corazón argentino un velo de melancolía.

Más del cuarenta por ciento de los argentinos viven hoy en la pobreza. Sin embargo, el país se sabe rico. La primera impresión de los inmigrantes que llegaron a Argentina fue de asombro ante la riqueza que ofrecía una tierra fértil e inacabable. Eso se nota en la gastronomía local, que podría definirse como la ensoñación de un italiano hambriento. ¿Pizza? Sí, pero con toneladas de muzzarella (con u) y muchos ingredientes. ¿Escalope a la milanesa? Sí, pero recubierto de pizza, con un huevo encima y con patatas. ¿Azúcar? Ahí están el dulce de leche y los alfajores, deliciosos pero capaces de dejar a un no argentino en coma diabético. Curioso que, con tanto mar, en Argentina se ignore el pescado. Supongo que porque en Italia era comida de pobres. Por el contrario, como la carne en Europa siempre fue comida de ricos y aquí la había en abundancia, los inmigrantes europeos que descendían de los barcos decidieron ser ricos para siempre devorando eternamente bifes espléndidos y cantidades ingentes de asado.

Ya que hablamos de ello, el asado argentino constituye un rito inefable, una celebración de la amistad, una de las ceremonias más hermosas que se conocen. La alegría del asado no suele verse empañada por el abuso del alcohol. A diferencia de los españoles, y al igual que los italianos, los argentinos beben poco. Les gusta el excelente vino local, cosa lógica, y les gusta el Fernet, cosa no tan lógica. Consignemos la cuestión del mate en el apartado de las peculiaridades misteriosas.

Argentina tiene una de las mayores comunidades judías del mundo. Alguna relación tendrá este hecho con el alto nivel del humor sofisticado argentino. Y con la creatividad de su industria publicitaria. Y con su cine. Y con su teatro. O tal vez no. Tal vez, simplemente, el argentino necesita expresarse y ha aprendido a hacerlo bien.

Este país es grande y ha acogido gente de todas partes, demostrando que la convivencia no requiere necesariamente de eso que denominamos «corrección política». En el lenguaje de la calle, cualquier persona de ascendencia medio oriental es un «turco». Un europeo del este es un «ruso». Y un calvo es un «pelado», y un moreno es un «negro», y un gordo es un «gordo». Así, a lo bestia. Son apelativos cariñosos.

La sociedad argentina es en general instruida y uno avanza la hipótesis de que el nivel colectivo de inteligencia es bastante alto. No hace falta esgrimir listas de premios Nobel ni de escritores eximios ni de inventores brillantes, ni hace falta recordar que poseen tecnología nuclear propia. Eso lo sabe todo el mundo. Tampoco hace falta subrayar que solo un cerebro argentino es capaz de entender las normas de la competición futbolística local, distintas cada temporada y cada vez más complejas. Cuando uno habla de inteligencia se refiere más bien a la capacidad de crítica y disensión: en este país, todo, lo humano, lo divino y lo mediopensionista, se caracteriza por la «interna». Todo tiene dentro una discusión y un conflicto, y a eso se le llama «interna». Ni siquiera hay ídolos más o menos unánimes, salvo tal vez Carlos Gardel y Diego Maradona. Ni Messi, ni el papa, ni Borges: muchos abominan de esas figuras. No digamos de Perón.

En cuanto a Buenos Aires, que nos gusta tanto a los extranjeros —es una ciudad escasa en monumentos turísticos pero riquísima en paisajes, en librerías dignas de Londres y cafés que parecen rincones vieneses—, muchos argentinos la detestan. O eso dicen.

(A los argentinos del resto del país no les gusta ser confundidos con los porteños, los habitantes de Buenos Aires. Ocurre que cuesta distinguir entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires por el crecimiento frenético de la urbe más allá del término municipal, y ocurre que la provincia de Buenos Aires acumula casi el cuarenta por ciento de la población argentina y más de la mitad de la riqueza, y ocurre, por tanto, que es fácil confundir la parte con el todo. Los extranjeros nos asombramos al descubrir que hay otras Argentinas más allá del fangoso Río de la Plata). El país es enorme y diverso.

Argentina posee un pasado brillante, aunque más remoto cada día que pasa. También cuenta con un futuro rutilante: cada argentino está convencido de que ha de llegar un tiempo glorioso en el que su país ocupará un puesto de honor en el mundo. Fíjense, por ejemplo, en que los políticos hablan en futuro y en que cada nuevo presidente cree inaugurar la historia nacional. Lo que falla, siempre, de forma inexorable, es el presente. El presente no tiene arreglo. Hasta que llegue el momento que ha de llegar, los argentinos que pueden hacerlo acumulan dólares —otro dato de rango paranormal: los argentinos esconden en los lugares más inverosímiles el diez por ciento de los billetes estadounidenses que circulan por el planeta, una millonada— y se las arreglan para ir tirando.

Argentina no solo está habituada a vivir al borde del abismo: cae en él con frecuencia. Pero luego remonta y en cuanto puede se asoma de nuevo al vacío. No teman por los argentinos. Nacieron para sobrevivir a cualquier catástrofe. Y cuando no sobreviven, resucitan. Ese talento constituye el misterio supremo.

 

[Ilustración: Pablo Amargo – fuente: http://www.jotdown.es]

Este 8 de marzo el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) rinde homenaje a las mujeres, especialmente a las vinculadas con el sector yerbatero, un vínculo que marca presencia desde las primeras plantaciones sistemáticas y se afianza día a día.

Las mujeres, siempre presentes

“Las mujeres están presentes desde el inicio de la actividad, generando plantines en improvisados pero bien cuidados viveros; abriendo picadas, preparando el suelo y luchando contra la capuera para que tomen forma las primeras plantaciones; en la tarefa sumando hojas a los raídos; acarreando leña y cuidando el fuego que deshidrata la materia prima en los barbacuás; preparando el espacio para las reuniones que luego se traducirían en cooperativas; haciendo números y atendiendo a potenciales clientes en las incipientes industrias, y alcanzando el mate que da calidez en momento difíciles e inspira a superar los desafíos”, destacó el presidente del INYM, Juan José Szychowski.

Las mujeres son protagonistas no importa el lugar que ocupen, Juan Jose Szychowski, presidente del INYM.

Presentes en cada mate que tomamos

“Siempre han demostrado capacidad para ir más allá de lo que culturalmente se le impuso, y específicamente en yerba mate, podemos decir que son hacedoras en las 165 mil hectáreas plantadas; en los 11.500 productores, en cada nueva zafra, en los 193 secaderos, en las entidades cooperativas y en los 115 molinos fraccionadores; están en cada mate que tomamos en la Argentina y en otros países del mundo, y desde hace 18 años, también en el INYM”, agregó, reivindicando el rol femenino en la construcción de la sociedad.

Las  mujeres del sector yerbatero

“A cada una de las mujeres que trabajan en el INYM y también a las que de una u otra forma son parte de toda la cadena yerbatera, quiero acercarles hoy un cálido saludo y el deseo de que puedan desempeñarse siempre con plenitud, con libertad para desplegar sus capacidades”, concluyó el presidente del INYM.

¿Por qué se conmemora el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer?

En el año 1977, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó oficialmente el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer, en memoria de las 129 mujeres que murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, luego de que se declararan en huelga con permanencia en su lugar de trabajo.

A partir de la declaración de la ONU, se conmemora en todo el mundo la lucha de las mujeres por la igualdad, el reconocimiento y ejercicio efectivo de sus derechos.

Las mujeres, las que más toman mate

Según un estudio realizado Voices Resarch and Consultancy, en toda la Argentina en agosto de 2016 a través de una muestra compuesta por 1000 personas de 16 años y más, por medio de entrevistas personales y domiciliarias, el 84% de las mujeres mencionan haber tomado mate con bombilla en los últimos 30 días, con una diferencia de 9 puntos porcentuales por sobre los hombres (75%).

Distintas fechas y más países, pero un mes: marzo

Si bien la celebración se fue ampliando progresivamente a más países, la fecha fue cambiando de un día a otro según eventos puntuales de cada nación.

El 8 de marzo de 2011, se proclamó oficialmente el primer « Día Internacional de la Mujer de las Naciones Unidas » para ONU Mujeres, entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer, creada por la Asamblea General de la ONU.

[Fuente: inym.org.ar]

Si le Covid-19 tue, il transforme également le quotidien. De trop faibles capacités hospitalières face à la pandémie ont en effet imposé de rompre avec certaines habitudes. En Argentine, la journée est scandée par le partage — en famille, au travail, entre amis — d’une infusion, le maté, dans un rituel que la maladie a menacé. Un temps seulement…

Juan Manuel Blanes. — « Tomando mate » (En prenant du maté), de la série « Los Gauchitos » (Les petits Gauchos) – source : Museo de Bellas Artes Blanes, Montevideo

Écrit par José Natanson 

Au XVIe siècle, après avoir érigé Buenos Aires, futur siège de la vice-royauté du Río de la Plata, les conquistadors espagnols assoiffés de richesses poursuivirent leur expédition en remontant les eaux vertes et turbulentes du fleuve Paraná. Au lieu d’or et d’argent, ils y trouvèrent les Guaranis, un peuple amérindien qui se délectait d’une boisson étrange, élaborée à partir d’une herbe qu’ils séchaient, coupaient et moulaient avant de l’infuser dans une calebasse appelée « mati », terme bientôt décliné en « maté ». Ce breuvage possède toutes sortes de qualités : antioxydant, purificateur d’eau, régulateur de cholestérol, diurétique… Mais c’est sa propriété énergisante, due à sa forte concentration en caféine, qui attira l’attention des jésuites et les incita à encourager sa culture. Accourus au XVIIe siècle pour évangéliser les populations indigènes, les missionnaires de la Compagnie de Jésus avaient tôt compris que les Guaranis, désormais réduits en semi-esclavage, exécutaient mieux les ordres de leurs maîtres lorsqu’ils avaient bu du maté.

Au fil des ans, l’herbe descend les eaux du Paraná et gagne les pampas, où les gauchos (gardiens de troupeaux) l’utilisent comme complément diurétique à leur régime hyperprotéiné. Elle devient boisson nationale, dans un pays qui peine encore à se reconnaître comme une nation. Contrairement à la plupart des États sud-américains, nés d’un pouvoir central progressivement étendu à ses périphéries, l’Argentine s’est formée par agglomération de provinces, un peu à la manière des États-Unis ou de l’Allemagne. Sur un territoire de presque trois millions de kilomètres carrés (quatre fois celui de la France), les provinces du Nord fondées au XVIe siècle coexistent avec des entités administratives créées il y a moins de cent ans, comme la Patagonie ; les forêts tropicales, à la frontière brésilienne, avec les régions du Sud au climat subpolaire ; les métropoles cosmopolites, comme Buenos Aires, avec les zones rurales oubliées par la modernité. Le pays dispose par conséquent d’un choix restreint…

 

[lisez l’intégralité de ce billet sur http://www.monde-diplomatique.fr]

Celebramos y felicitamos a los hermanos paraguayos por la declaración como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad a las « Prácticas y Saberes Tradicionales del Tereré en la Cultura del Pohã Ñana, bebida ancestral guaraní en Paraguay » por parte de la UNESCO.

 

[Fuente: http://www.inym.org.ar]

Un pescador toma mate frente a la base naval argentina en Mar del Plata, el 21 de noviembre de 2017. Foto: Eitan Abramovich/Agence France-Presse — Getty Images

Escrito por 

Esa mujer no tendría que haberse metido con el mate. Los argentinos aceptan tanta crítica y tanta descalificación –pero que nadie joda con el mate–. Por eso, hace unos días, el exabrupto de esa mujer sacudió las famosas redes sociales como no se veía hacía tiempo.

Cinthia Solange Dhers es una cirujana de 53 años que le mandó a una amiga un audio de WhatsApp donde se quejaba de que los vecinos de su nuevo piso de Nordelta, un barrio cerrado pretencioso del Gran Buenos Aires, eran “bestias que no tienen educación, que gritan y toman mate como si estuvieran en la playa Bristol de Mar del Plata”. Y que hablan fuerte, que sueltan a sus perros, que contrarían su “estética moral”. Alguien filtró el audio y se volvió viral: unos días después millones de argentinos lo habían oído, burlado, condenado.

La reacción fue abrumadora. Los que argumentaban que no era justo escuchar y discutir un mensaje privado de WhatsApp no fueron escuchados: la jauría se lanzó al ataque. La intolerancia fue el arma más usada contra la intolerancia, la descalificación contra la descalificación y, de pronto, la célebre grieta argentina no fue política sino social: ya no se discutían posiciones partidarias sino costumbres personales, prácticas culturales, pertenencia económica. Pero nada habría sido tan grave si la señora no hubiera atacado nuestra idiosincrasia: somos, antes que nada, tomadores de mate. Lo hizo, y en un par de días asociaciones varias organizaron “mateadas” masivas en los lugares denostados; miles de personas las protagonizaron con ardor justiciero, vengador. La señora, condensada como “La Cheta de Nordelta”, se volvió la víctima propiciatoria de la gran ceremonia en que terminamos de consagrar la santidad del mate.

Ante el mate da igual ser argentino o ser gaucho o paraguayo o uruguayo

El mate es un fenómeno extraño. Lleva milenios en el sur de América del Sur: lo tomaban esos indios guaraníes que, después, los jesuitas pusieron a trabajar en su cosecha. Se difundió en esa región: Argentina, Paraguay, Uruguay, los bajos del Brasil y nada más. Quedan, en el mundo, muy pocas comidas –muy pocas costumbres– locales. La consigna ahora es globalización o muerte: lo que no se globaliza se disuelve en el aire de los tiempos.

La globalización es, sobre todo, el proceso de unificación cultural más extraordinario que la historia recuerda. Últimamente todos escuchamos la misma música, bebemos las mismas aguas con burbujas, comemos las mismas tortas de carne picada dentro de un pan blando, vestimos el mismo raro invento germano de dos tubos de tela unidos en una de las puntas. Por eso es tan extraordinario que una pequeña tribu persista en un rito que nadie más practica. A los habitantes de la cuenca del río Paraná nos gusta chupar un fierro calentito para que el agua que ponemos en un zapallo vaciado y agujereado salga con gusto a una yerba que le metemos dentro: un líquido amargo que nadie más entiende, un rito de compartir que no comparte nadie.

El mate es uno de esos escasos usos que contrarían la lógica capitalista: ni se expande ni muere sino todo lo contrario. Y claro que intentaron difundirlo. La yerba mate tiene todo lo que necesita un producto en estos días para crear su mito: una historia aborigen, un origen lejano y natural, propiedades orgánicas, un manto de misterio, el gusto transgresor. Pero nunca funcionó: quizá sea por su sabor difícil de integrar o su consumo en grupo –una misma bombilla para todos– que a muchos les da asquito. Y no por eso dejó de crecer en sus lugares.

Es un líquido amargo que nadie más entiende, un rito de compartir que no comparte nadie

En la Argentina, sin ir más lejos, se expandió tanto en las últimas décadas. Hace medio siglo solo lo tomaban los pobres urbanos y la gente de campo. En una novela sobre los años treinta que ha circulado poco, Todo por la patria, un aristócrata argentino –con perdón– dice que “es una plaga, una auténtica plaga. Y pretenden hacer de semejante brebaje la bebida patria. Pero ¡por Dios! Imagínese qué patria vamos a hacer con esa bebida”. Ahora, en cambio, se lo encuentra en todas las casas, todas las oficinas, todas las clases. Hace poco me preguntaron cuál era el mayor cambio que había visto en mis cuarenta años de periodismo y lo expliqué así: que cuando empecé todos los periodistas guardaban en el tercer cajón del escritorio una botella de ginebra; ahora, en cambio, todos guardan la yerba y el termo.

El mate se ha impuesto en todos los sectores: pobres y ricos lo toman. La diferencia principal es, como con tantas otras cosas, que unos lo hacen en público y otros en privado. A veces, los más pobres lo toman con azúcar, para que “llene más”. Y, en general, el hecho de que los más ricos lo aceptaran forma parte de una “plebeyización” general de sus costumbres: si hace treinta años entusiasmarse por el fútbol o bailar cumbia o tomar mate los ponía definitivamente out en la escena social, lo fueron adoptando y ahora lo hacen, como quien se apodera. Pero claro, dentro de un orden, que los vecinos de Nordelta, según la señora quejosa, habían quebrado, convirtiendo el ritual apropiado en “pura grasa”.

Aun así su ataque fue excesivo y puso en evidencia la fuerza de ese lugar común, el mate. El amargo de la yerba, el calor de la bombilla, el ruido de sorber y la costumbre de compartir lo vuelven entrañable. Y extrañable: pocas cosas más reconfortantes, para el rioplatense distante, que encontrarse allá lejos con alguien que le convide un mate, que lo identifique. Tanto que preferimos no recordar que en la provincia de Misiones, donde se cultiva el 60 por ciento de la yerba del mundo –unas 770.000 toneladas anuales–, los “tareferos” peones cosecheros suelen empezar a trabajar a los 4 años, no van a la escuela, no tienen agua potable ni letrinas, hacen jornadas de doce horas bajo el sol, viven en la pobreza, mueren jóvenes.

El mate define a quienes lo toman: somos pocos, somos caprichosos, nos permitimos esa pequeña diferencia. Pero también nos reúne y recoloca: ante el mate da igual ser argentino o ser gaucho o paraguayo o uruguayo. Es curioso cuando un rito viejo se carga las fronteras nuevas. Es curioso cuando una identidad cultural es atacada: no se deja, contesta, se defiende. La Argentina, que ha soportado y soporta tantas cosas, no permitió que una señora pretenciosa despreciara el mate.

 

Martín Caparrós es un periodista y novelista argentino. Sus libros más recientes son « El hambre » y « Echeverría ». Vive en España, es colaborador regular de The New York Times en Español y reconocido recientemente con el premio María Moors Cabot de periodismo 2017.

 

[Fuente: http://www.nytimes.com]

Cada 30 de noviembre celebramos el “Día Nacional del Mate”, a partir de la ley sancionada en diciembre de 2014 por el Congreso de la Nación que conmemora el nacimiento del caudillo “Andresito” Guacurarí y pone en valor a nuestra “Infusión Nacional”.

Imagen de 30 de noviembre: Día Nacional del Mate en la Argentina

Tomar mate para los argentinos, es mucho más que beber una infusión. Tomar mate acerca a los amigos y familias, es comparitr las ganas de estar juntos, no importa las edades ni clase social.

También, el mate aporta a nuestro organismo numerosos beneficios: tiene reconocidas propiedades antioxidantes y energizantes, avaladas por investigaciones científicas.

Esta suma de valores sociales, culturales y saludables llevó al Congreso de la Nación Argentina a sancionar en diciembre de 2014 la Ley 27.117, la cual establece que el día 30 de noviembre de cada año se celebre el “Día Nacional del Mate”, en homenaje al caudillo Andrés Guacurarí y Artigas, conocido popularmente como “Andresito”.

Andresito Guacurarí

De familia guaraní, “Andresito” llegó al mundo el 30 de noviembre de 1778 en Santo Tomé (Corrientes) y gobernó la Provincia Grande de las Misiones.

La norma fue publicada en el Boletín Oficial en febrero del 2015. Y este no es un dato menor, ya que mediante esa legislación se promueve que en todos los eventos y actividades oficiales de índole cultural se promocione el consumo de mate y, por supuesto, también se haga hincapié en la bebida como representativa de las tradiciones nacionales.

Los orígenes del mate

Los orígenes de nuestro mate nos llevan a la cultura guaraní.

Las hojas del árbol de la yerba mate (Ilex paraguariensis) eran utilizadas por los guaraníes como bebida, y eran objeto de culto y ritual, y moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos prehispánico como los incas, los charrúas y los araucanos, quienes recibían la yerba de los nativos guaraníes.

Para el guaraní, el árbol de la yerba es el árbol por excelencia: lo consideraban un regalo de los dioses.

Los conquistadores aprendieron de los guaraníes las virtudes y formas de tomar mate, e hicieron que el hábito de tomarlo se difundiera, al punto de organizarse un intenso comercio desde su zona de cultivo originaria a todo el Virreinato del Río de la Plata.

Más tarde los padres jesuitas incorporaron el cultivo en las reducciones distribuidas en la Argentina, Paraguay y Brasil.

Recién en 1903 en Santa Ana (provincia de Misiones) se realizó la primera plantación de yerba mate.

Las reducciones ubicadas en la Argentina, especializadas en la producción yerbatera, fueron Nuestra Señora de Loreto, Corpus Christi y San Javier, estos pueblos contaban con importantes yerbales naturales e implantados.

Hasta entonces y por muchos años, la yerba que se consumía se cosechaba de los yerbales de la selva, que crecían en grandes densidades.
La explotación irracional de estos yerbales y la tala de arboles nativos para el uso comercial de la madera terminó agotando este recurso.

Solo con las plantaciones sistemáticas, el cultivo de yerba volvió a encontrar su lugar en la historia.

La costumbre del mate ha permanecido intacta por 5 siglos de historia, afianzándose cada vez más en los usos del sur de Sudamérica y extendiéndose a lugares lejanos.

Infusión nacional y muy saludable

El mate es, por lejos, la infusión con más arraigo en el país y por este motivo en el año 2013 el Congreso Nacional la declaró como “Infusión Nacional”. Durante el año pasado los argentinos consumimos 277 millones de kilos de yerba mate.

Los estudios encargados por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) revelaron que la yerba mate está presente en más del 90% de los hogares y que su consumo de mate caliente (el modo tradicional y más popular) aporta al organismo gran cantidad polifenoles, vitaminas del complejo B, potasio, magnesio y xantinas.

Los polifenoles son un poderoso antioxidante, ayudan a aumentar las defensas del sistema inmunológico y a disminuir el envejecimiento celular.

Las vitaminas del complejo B contribuyen a aprovechar mejor la energía de los alimentos que ingerimos. El potasio y el magnesio son sustancias fundamentales para el correcto funcionamiento de nuestro corazón.

Las xantinas (cafeína, teobromina) son componentes naturales que estimulan el sistema nervioso central; es decir, contribuyen al esfuerzo físico e intelectual.

El mate en el mundo

Con cinco siglos de historia y más de cien años de cultivo sistemático, la infusión se arraigó y se extendió a lugares impensados.
De la mano de actuales “embajadores” de la talla de Lionel Messi, el papa Francisco y su influencia en los medios y redes sociales, el mate comenzó a ser conocido a escala planetaria.
Durante el 2019 se despachó yerba mate argentina hacia 40 destinos, con embarques que totalizaron 39,8 millones de kilos. El caso más emblemático, y curioso a la vez, es Siria, que concentra el 78% de las exportaciones y consume mate cebado.

En Chile, con el 10,8% de las exportaciones, también se consume mate cebado; mientras que el resto de los despachos se destinan a Líbano (1,8%), Estados Unidos (1,6%), Francia (1,2%) y varios países más, donde básicamente se abastece el “mercado nostálgico” de los argentinos y latinos consumidores de yerba mate radicados en el exterior.

Matear en tiempos de pandemia

La presencia del Covid 19 obligó a reforzar los cuidados individuales. Por ese motivo, desde el todo el sector yerbatero se trabaja para brindar tranquilidad, tanto a los operarios de la actividad como a los consumidores, por medio de protocolos en los establecimientos y recomendaciones para disfrutar del mate de manera individual.

“Tomá mate, tomá precauciones” y “Cada uno con su mate, nos cuidamos entre todos” fueron los lemas de las campañas lanzadas en medios de comunicación y redes sociales.

La respuesta de los materos no se hizo esperar y la práctica del mate individual prendió rápidamente; además de acentuar la higiene de los utensilios como mate, bombillas y termos; e incluso de los paquetes de yerba antes de guardarlos en la alacena.
*Limpiar bombillas (sumergir en agua hervida por un minuto o en lavandina diluida por cinco minutos)
*Higienizar correctamente los mates y dejar secar boca arriba para evitar humedad y hongos
*Higienizar los termos rociando su exterior con alcohol diluido o lavandina diluida
*Limpiar el exterior de los paquetes de yerba mate con alcohol diluido o lavandina diluida y secar servilleta de papel o paño limpio. También se puede guardar la yerba en recipientes limpios y herméticos.

Secretos para un buen mate

Además de la yerba preferida, el otro elemento fundamental para comenzar un buen mate es el agua; más específicamente, la temperatura del agua. Por eso, si se pretende una mateada que rinda y con sabor sostenido lo mejor es arrancar los primeros mates con agua tibia, mojando solo la parte de la yerba donde colocamos la bombilla.

Después de tres o cuatro cebadas, ya se puede comenzar con agua más caliente, a unos 75° C a 80° C. En las cebadas posteriores se va mojando el resto de la yerba y así tendremos una mateada rendidora, con todo el sabor de la yerba que elegimos.

Nuestro símbolo de identidad

Además de ser un fiel compañero, el mate también es definido por los materos como un auténtico símbolo que forma parte del ADN de los argentinos. El año 2016 el INYM encargó a la consultora Voices! un trabajo que reveló que los consumidores ubican al mate liderando el podio de los productos que definen nuestra identidad.

Al consultar de manera espontánea cuál es el producto que mejor representa a los argentinos “el mate se lleva el primer lugar como rasgo identitario de la argentinidad” con un 38%, seguido de la carne con un 37%, y luego el dulce de leche y el vino con un 11 % y un 7%, respectivamente.

El estudio se realizó en todo el país a través de una muestra de individuos, compuesta por 1000 personas de 16 años y más, por medio de entrevistas personales y domiciliarias. Además, se realizaron 40 focus groups a nivel nacional entre consumidores de mate.

Un alimento con excelencia y calidad

Velar por un producto que llegue a los consumidores con todas las garantías es uno de los principales objetivos que se propone el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). “Desde el Instituto y en forma conjunta con todo el sector yerbatero trabajamos día a día para obtener un producto de excelencia y calidad”, remarcó el presidente del organismo yerbatero, Juan José Szychowski.

Con sus acciones de fiscalización en toda la actividad y los programas de apoyo para que los establecimientos elaboradores certifiquen Buenas Prácticas de Manufactura, el INYM apunta a consolidar la confianza de los materos.

“La mirada siempre está orientada a obtener un producto de excelente calidad – reiteró- , cuidando y respetando todas las normas del Código Alimentario Argentino”.

 

[Fuente: http://www.inym.org.ar]

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Escrito por José Arreola (*)

Tus palabras son tu poderío: este es tu reto a la gran música del mundo.

Fayad Jamís

« Dígale también, que quién quita y lo de ‘Marcos’ fue por El cumpleaños de Juan Ángel« . Con esas palabras, un 2 de mayo de 1995, el Subcomandante Marcos -el rostro de los sin rostro que un año antes sacudieron las montañas del olvido mexicano- le pedía a Eduardo Galeano que saludara y agradeciera a Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia por sus letras con las que surgían aquellos suspiros con los que la humanidad echaba a andar. El libro al que aludía el ya finado vocero zapatista fue publicado por vez primera en 1971. Cuando en la tierra de José Artigas se instaló la dictadura « cívico-militar », la novela se colgó la honrosa medalla de la censura. No era para menos, en la dedicatoria llevaba la penitencia; en la historia, la prohibición.

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En sus ensayos sobre literatura, Günter Grass planteó que la forma de una obra literaria obedece siempre a lo caprichoso de su contenido. Entrevistado por Fernando Sánchez Dragó en 1999, Benedetti, « el más montevideano de todos los uruguayos », como lo definiera el también escritor Fernando Butazzoni, dijo que cada tema crecía con la etiqueta de su género y « muy pocas veces se equivoca ». Para poder contar y ser novela, El cumpleaños de Juan Ángel solamente supo y quiso narrar en verso. Cuando el autor llevaba cuarenta o cincuenta páginas en prosa, « como era lógico », esas palabras no transmitían lo que los versos sí; tal vez porque la historia llevaba en sus genes un sustrato poético. La novela está dedicada a Raúl Sendic, el emblemático representante del movimiento Tupamaro que movió y conmovió al Uruguay entre 1965 y los primeros años de 1970. Más o menos en 1965, cuando Sendic huía de los canas que lo buscaban para llevarlo a prisión por considerarlo el culpable de las recias movilizaciones de los trabajadores del azúcar, Benedetti lo « guardó » durante tres semanas en un pequeño apartamento ubicado a dos pasos de una estación de policía. Quizá ambos pensaron, según aquella enseñanza de Allan Poe, que lo más cercano y evidente es lo que mejor se esconde. Entre mates y poesía -género del que el mismo Bebé Sendic era un apasionado- forjaron una amistad entrañable y sincera. En sus charlas se fortificó la sana locura de soñar y pelear por una Latinoamérica mejor.

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Cuando ocurrió la gran fuga tupamara del Penal de Punta Carretas, un 6 de septiembre de 1971, la ficción literaria y la realidad política se fundieron. A partir de entonces, El cumpleaños de Juan Ángel y la fuga se hicieron indisociables: apenas unos meses antes la novela vio la luz y aquel día de septiembre del 71 lo harían fuera de la cárcel los 111 militantes tupamaros. En el libro, además de la transformación de Osvaldo Puente -que « vicha por el ojo de la cerradura / para averiguar cómo eran sus miserias »- en Juan Ángel, el militante político para quien la revolución significaba « la vida exorcismo / la vida sacrílega que profana a la muerte », se narra también la fuga de un grupo de guerrilleros por el sistema de alcantarillado. En el escape de Punta Carretas a través de las alcantarillas, la difícil realidad social del momento le rendía un homenaje a una novela que, sabiéndose militante de la vida, había brindado una elegante carga de futuro al paisito. A decir de Martha Canfield, el escritor nacido el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros fue acusado de ser el autor intelectual de aquel canto a la libertad de los tupamaros « por haberles proporcionado la idea para la fuga ». Entre aquellos artesanos del escape figuraban Raúl Sendic y el expresidente uruguayo Pepe Mujica.

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En la extensa lista de cantantes que han interpretado temas y poemas de Mario Benedetti figuran los nombres de Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y, especialmente reconocida, Nacha Guevara. Es posible que las miles de personas que cantan poemas y recitan canciones del uruguayo ignoren que él fue el autor de los versos que se clavan en almas y gargantas; pero ello, lejos de ser un agravio, representa el mejor galardón para quien reconocía a César Vallejo, Antonio Machado y Baldomero Fernández Moreno como sus mayores y mejores influencias en la poesía. Cuando la voz del poeta hecha idea comulga con el clamor de miles de sueños, amores y dolores no hay posibilidad de olvido. El 26 de julio de 2004, en la Plaza de la Revolución de La Habana, celebrando un aniversario más del asalto al cuartel Moncada, el actor cubano Héctor Quintero dejó la que, muy probablemente, sea la mejor declamación existente de « Un padre nuestro latinoamericano ». A través de los versos de Mario Benedetti, doscientos integrantes de la Orquesta Sinfónica de Cuba, con música de Alberto Favero, bajo la orquestación de Leo Brower y la portentosa voz de Quintero, aquella capital de la dignidad latinoamericana vibró con José Martí, Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y el Che como testigos. Era un merecido reconocimiento de la Revolución al poeta que tanto quería y defendía el socialismo a la cubana.

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Frank Delgado, el irreverente trovador cubano, canta en uno de sus temas « Y mientras Fukuyama repite iracundo que estamos ante el fin de la historia del mundo / mi amigo Benedetti abre el tomo segundo ». En esas líneas, el trovador da con una clave: al uruguayo se le siente cercano, como un compañero, como un amigo, como uno más que, codo a codo, grita y marcha con la firme convicción de transformar para bien al planeta. Así lo saben Los Chikos del Maíz, el dúo rapero conformado por Toni Mejías y Ricardo Romero Laullón que ha sabido llevar, con letras agudísimas de tan inteligentes, la militancia política a la escena artística española. En el álbum La estanquera de Saigón, del año 2014, hay un tema llamado, nada menos, « Defensa de la alegría ». El título es homónimo de uno de los textos del poeta de Tacuarembó. Con sus tonos y sus ritmos, el tema se sabe una muestra de respeto y de diálogo, es reivindicación y reinvención rapera de aquellos versos que no saben extinguirse. La canción culmina con la voz del propio Benedetti leyendo un extracto del poema « Por qué cantamos ». Donde esté, si es que está, si está llegando, el uruguayo disfruta y milita con el flow de los aguerridos raperos.

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Mientras iba forjándose como escritor, las profesiones de quien se disputa frente a Eduardo Galeano el título de mayor hincha del Nacional -el club de futbol de sus más fervorosos quereres- fueron taquígrafo, vendedor de libros y terrenos, cajero de banco, oficinista de diversos giros y bibliotecario. El hijo de Brenno Benedetti y Matilde Farrugia estudió solamente hasta la secundaria debido a una sostenida crisis económica familiar. Su padre, « que fue químico y buena gente », tuvo un exceso de honestidad que los condujo a la quiebra. Su madre hizo pases de magia con los que hizo sobrevivir a los Benedetti Farrugia. Del viejo Brenno, Mario se quedó con la enseñanza de la honestidad por sobre todas las cosas. El mundo literario lo empezó a identificar como narrador fuera del Uruguay gracias a la publicación de La tregua en 1960, aunque ya en 1953 había escrito Quién de nosotros. Poemas de la oficina de 1956 que, a decir de Jorge Ruffinelli, logró que los uruguayos abrieran los ojos « al país gris y triste que éramos », fue el primer libro de versos de gran impacto que Benedetti escribió, pero no fue el primero. Antes publicó unos poemas calificados por él mismo como « horrorosos » bajo el nombre de La víspera indeleble. El libro, malo como él solo, « verdaderamente malo », no tenía « ningún mérito », tanto así que jamás lo incluyó entre sus Inventarios. Y no mejor opinión tuvo de una obra de teatro titulada Ustedes por ejemplo, « mala, muy mala ». Quien ve en la honestidad un bien artístico y un componente de dignidad humana es capaz de valorar sus obras del modo en el que Benedetti lo hizo con las suyas, sin tapujos. Mejor la verdad antes que vender humo.

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Obligado a dejar la patria por culpa de la dictadura uruguaya que a partir de 1973 cometía horror tras horror, el autor de Primavera con una esquina rota conoció la vida del exilio en Buenos Aires, Perú, México, Cuba y finalmente España. Época dura para ser militante, la década de 1970 dejó un camino de muerte, cárcel y persecución en Nuestra América. Por entonces, Julio Cortázar le escribía a Roberto Fernández Retamar que « Mario es uno de los hombres más valiosos de nuestro continente y por tanto siempre en peligro ». El argentino sabía bien lo que su colega uruguayo representaba.

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El radical antiimperialismo de Mario Benedetti nació en el propio imperio, en 1959. « Lo que a mí me convirtió en antiimperialista fue mi visita a los Estados Unidos ». El trato racista hacia los latinos y los negros, lo superfluo de un estilo de vida basado en la expoliación de otras tierras y el cinismo de la clase política resultaron suficientes para poner tierra e ideas de por medio. Por ello, como cuestión ética, rechazó la codiciada beca Guggenheim. Sus andares y sus letras siguieron la ruta marcada por la Cuba que nació tras la victoria del Ejército Rebelde en 1959. Desde los primeros años de la Revolución hasta el 17 de mayo de 2009, cuando decidió irse de este mundo, Benedetti defendió no con obediencia ciega sino con crítico cariño la monumental obra del socialismo cubano. Su vínculo con la Isla rebasó sus estancias en ella y su labor de creación y dirección del Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas. Hubo un lazo aún más profundo: el de la firme convicción de que la transformación de la humanidad es posible a pesar de los tropiezos, los retrocesos y los reveses. En 1971, uno de los años más complicados si de cultura y literatura se habla en Cuba, escribió un texto titulado « Las prioridades del escritor », originalmente publicado en Cuadernos de Marcha. Polemizando con algunas personalidades del mundo intelectual y literario que, debido al encarcelamiento de Heberto Padilla y su conocida autoconfesión, emprendieron una campaña contra Cuba acusándola de reproducir las viejas prácticas del estalinismo, Benedetti planteó que él era de los que asumía la Revolución y sus transformaciones con « su haz y con su envés, con su luz y con su sombra, con sus victorias y sus derrotas, con su limitación y con su amplitud ». Y señaló que no dejaba de parecerle paradójico que quienes amargamente criticaban a Cuba se mostraran « tan entusiasmados con la Revolución de Mayo, la de París, que fue una revolución frustrada, y tan agraviados con la Revolución Cubana, que es una revolución triunfante ».

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En 1999, en una entrevista con Luis Mariñas Lage, ese poeta con « cara de buena persona », como caracterizó Joaquín Soler Serrano al uruguayo, dijo que « A Fidel Castro le pediría que se aboliera la pena de muerte en Cuba, así solamente Estados Unidos sería el único país que la tendría ». Cuando ya muchos habían guardado banderas y habían cambiado la camiseta del socialismo por la del posmodernismo, Benedetti seguía pensando que el socialismo era la única posibilidad de un futuro menos injusto y más igualitario para la humanidad. A J.J Armas Marcelo le señaló lo siguiente: « Es preferible haber defendido una causa justa y haber sido derrotado en ello que haberse inclinado ominosamente ante el imperio. Eso sí que yo jamás lo haría ». Y dijo también algo que hoy resulta absolutamente válido: « Nosotros tuvimos que elegir entre la Revolución Cubana con todos sus defectos o a Estados Unidos con todas sus virtudes ».

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Sobre la obra de Benedetti, Hortensia Campanella ha dicho que sus ensayos de crítica literaria son los menos reconocidos, a pesar de su agudeza y su calidad. En honor a la verdad, en los círculos literarios y las academias dominadas por las escuelas de moda en las que se escribe mucho pero se dice más bien poco, su obra es, cuando no apenas reconocida, bastante menospreciada. La razón no se finca en lo estético y lo artístico, sino en la absoluta honestidad del autor. Honestidad literaria y honestidad política. Sin conceder lugar a la mediocridad o lo panfletario, desde sus textos, con sus textos, le dio cabida a la realidad social y política. Lo hizo sabiendo que también así se hace la historia, que también así se hace literatura, buena literatura.

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Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia tenía una característica física particular: su oreja izquierda era prominente, mucho más grande que su oreja derecha. Muy probablemente por ello sabía escuchar lo que nadie más pudo, quizá por ello sabía escribir como nadie más lo hizo. En medio de tanta mentira actual, con osada honestidad, sus versos, sus novelas, sus ensayos continúan viviendo y ayudando a vivir « a prueba de derrotas y de olvido ».

(*) José Arreola. Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Sus líneas de análisis están basadas principalmente en la literatura cubana y el debate del campo intelectual de Latinoamérica Ha obtenido premios en narrativa y ensayo convocados por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

 

[Fuente: http://www.sinpermiso.info]

Griezmann Maté

Antoine Griezmann, souvent qualifié d’être « le plus Uruguayen des Français » est rarement sans son maté. L’infusion d’Amérique du Sud est aujourd’hui pour beaucoup de Français « la boisson de Griezmann ».

Si tu te demandes quelle est la marque de maté favorite de Griezmann, d’où lui vient ce goût pour le maté, ou encore, où trouver la même calebasse que lui, cet article est pour toi.

Griezmann Maté Uruguay

POURQUOI GRIEZMANN BOIT DU MATÉ ?

LA DÉCOUVERTE DU MATÉ À LA REAL SOCIEDAD

Formé à la Real Sociedad à partir de ses 14 ans, c’est là, entouré de joueurs sud-américains, que Griezmann découvre le maté.

Comme le raconte son ancien coach, Martin Lasarte, Antoine a commencé à boire du maté sans jamais avoir mis les pieds en Amérique du Sud.

C’est à ses 18 ans, alors qu’il passe tout son temps avec Carlos Bueno, un joueur uruguayen de 29 ans, l’ayant pris sous son aile dans l’équipe première, que Grizou découvre le maté.

Antoine Griezmann Carlos Bueno Maté

Antoine Griezmann et Carlos Bueno à la Real Sociedad

Ce dernier raconte d’ailleurs que Grizi lui demandait tout le temps de pouvoir goûter le maté « J’en veux, j’en veux l’Uruguayen » jusqu’à ce qu’il accepte finalement.

L’anecdote racontée par Carlos Bueno dans une interview accordée à Eurosport reflète assez bien l’expérience d’à peu près toutes les personnes qui boivent du maté pour la première fois :

  • Carlos Bueno : Allez, vas-y, goûte.
  • Grizou (après avoir goûté) : Hijo de p*&!, qu’est-ce que c’est que ce truc ? – Il a immédiatement réessayé et trouvait ça vraiment mauvais – Qu’est-ce que c’est que ce truc dégueulasse ? C’est hyper amer et fort !
  • Je t’avais dit que tu n’aimerais pas…

Carlos raconte ensuite qu’il n’aura fallu que quelques jours avant que Griezmann ne lui en redemande. La suite, on la connaît…

GRIEZMANN ET LE MATÉ SOUS LE FEU DES PROJECTEURS PENDANT L’EURO 2016

Bien qu’Antoine Griezmann boive du maté depuis assez longtemps maintenant, ce n’est qu’à partir de l’Euro 2016, en France, que l’on a commencé à le voir un peu partout avec sa calebasse à la main.

En témoigne cette vidéo publiée par la Fédération Française de Football (il en parle rapidement au début, mais surtout à partir de 4min30) :

On le voit à Clairefontaine, au petit-déjeuner où il prend « Un bol de céréales, un carrot cake… et après, un petit maté » jusqu’au vestiaire, où il explique comment préparer un maté : « T’as un thermos, avec de l’eau chaude dedans. T’as la bombilla, c’est la paille où t’aspires l’eau. Voilà, après t’as l’herbe dedans. Là où y’a un trou, on met de l’eau chaude… et ensuite, on boit ! ».

ET LES EFFETS DU MATÉ ?

Il raconte ensuite pourquoi il en boit et son avis sur les éventuels effets dopants de cette boisson : « En fait, c’est comme le café, comme un thé (…) Que ce soit le matin ou l’aprèm, tout le temps avant l’entraînement j’en bois. Comme ça, ça me réveille. Trente prises de sang, vingt contrôles anti-doping. Donc, je pense que c’est pas un dopant. Sinon… ça se serait mal passé ! ».

ANTOINE GRIEZMANN L’URUGUAYEN

Si « Grizi » a découvert le maté avec Carlos Bueno, ses liens avec l’Uruguay se sont renforcés du côté de l’Atletico Madrid. Il y côtoyait de nombreux autres Uruguayens, dont José Maria Gimenez et Diego Godin, qu’il a notamment choisi comme parrain de sa fille.

Gestes symboliques, il n’a pas célébré son but face à l’Uruguay lors de la coupe du monde 2018 et a même arboré le drapeau de l’Uruguay sur les épaules lors de la conférence de presse d’après-match suite à la victoire en finale du mondial.

Cela lui aura valu les remerciements du président uruguayen, Tabaré Vazquez, qui l’invita même à venir en Uruguay !

QUI BOIT DU MATÉ À PART GRIEZMANN ?

S’il est indéniable que le maté a, d’une certaine manière, gagné en notoriété en France au cours de ces dernières années grâce à Antoine Griezmann, il serait très réducteur de réduire cette infusion ancestrale à « la boisson de Griezmann ».

LES URUGUAYENS, LES ARGENTINS, LES PARAGUAYENS ET LES BRÉSILIENS (PRINCIPALEMENT)

Si l’on mentionne particulièrement l’Uruguay dans cet article, le maté est également très populaire chez ses voisins :

  • Le Paraguay : bien que l’on en entende assez peu parler, le Paraguay est en réalité le berceau du maté. C’est dans ce pays que les indigènes Guaranis ont commencé à consommer les feuilles de yerba maté. D’où le nom scientifique de la plante Ilex Paraguariensis.
  • L’Argentine : évidemment, qui dit maté, dit Argentine, le principal producteur de yerba maté au monde (65%).
  • Le Brésil : tout comme le Paraguay, le Brésil est rarement associé au maté, bien qu’il soit le second producteur mondial d’herbe à maté (30%). La boisson y est appelée « chimarrão » et est particulièrement populaire dans les états du sud du pays.

UNE BOISSON POPULAIRE CHEZ LES STARS DU FOOT…

On ne compte plus les footballeurs sud-américains qui ont toujours un maté à la main : Luis Suarez et Edinson Cavani du côté de l’Uruguay, Lionel Messi, Ángel Di María et Kun Agüero pour l’Argentine (et même Diego Maradona, en remontant un peu plus loin !).

Plus qu’une boisson, le maté est un symbole de partage, un véritable moyen de créer des liens. En témoigne la déclaration d’Antoine Griezmann quelques mois après son arrivée au FC Barcelone : « J’ai offert du maté à Messi, on est sur la bonne voie ».

Si le maté est avant tout le trésor des joueurs sud-américains, il est désormais apprécié par de nombreux footballeurs du monde entier (Français en tête !) : Paul Pogba, Cristiano Ronaldo ou encore le Sud-Coréen de Tottenham, Son Heung-Min.

… MAIS PAS QUE !

Troisième boisson caféinée la plus consommée au monde après le café et le thé, le maté est loin d’être cantonné aux terrains de foot. Il est en effet très apprécié par de nombreuses célébrités. En voici quelques-unes :

  • Le Pape François : rien de surprenant quand on sait que le pape est… Argentin !
  • Le Che Guevara : avant tout connu pour son rôle à Cuba, le Che est également Argentin. Véritable adepte du maté, ses parents possédaient d’ailleurs des champs de yerba maté dans le nord du pays.
  • Gisèle Bündchen : la célèbre top modèle du sud du Brésil est une grande amatrice de maté, ou plutôt de chimarrão.
  • Barack Obama : Loin d’être Sud-Américain, l’ancien président des États-Unis a profité d’une visite en Argentine pour goûter la boisson qui l’a intrigué pendant des années : le maté. Il en aurait même profité pour en ramener un peu à bord de l’Air Force One.

QUEL MATÉ BOIT ANTOINE GRIEZMANN ?

Beaucoup de personnes se demandent quelle est la marque de yerba maté favorite de Griezmann. Il semblerait qu’il s’agisse de la marque Canarias : la marque la plus populaire d’Uruguay.

Mais attention, c’est un maté au goût très (très !) amer.

Il est plutôt recommandé pour ceux qui boivent du maté depuis un moment. Si ce n’est pas ton cas, tu devrais essayer de commencer avec du maté vert (qui a un goût plus doux/moins fort).

En savoir plus : Qu’est-ce que le maté vert (et sa différence avec le maté traditionnel) ?

Marque maté griezmann recette

Yerba maté très répandue en Uruguay, la Canarias n’y est pas produite. Le maté de la marque est en effet produit au sud du Brésil.

QUELLE CALEBASSE À MATÉ UTILISE ANTOINE GRIEZMANN ?

À voir son compte Instagram, on se rend vite compte qu’il possède toute une panoplie de calebasses à maté.

Calebasse Maté Griezmann

Source : Instagram / @antogriezmann

 

À notre connaissance, celles-ci viennent d’au moins deux fournisseurs très réputés.

L’ATELIER BRESCIANI OU « BRESCIANI PLATERIA CRIOLLA »

Cet atelier familial de Montevideo qui compte près de 10 artisans, a la particularité de fabriquer des pièces de luxes pour les plus grands noms du football : Lionel Messi, Luis Suarez et… Antoine Griezmann.

Calebasse maté Griezmann Bresciani

Atelier Bresciani

 

Ces calebasses en courges polies et recouvertes d’une fine pellicule d’or sont toutes uniques et peuvent être acquises à partir de 300-400€.

Et si Griezmann a une calebasse de cet artisan, ce n’est pas parce qu’il en a acheté une. En effet, elle lui a été offerte par son ami Uruguayen de l’Atletico Madrid, Diego Godin.

MATEADOR : LE FRANÇAIS QUI FOURNIT LES STARS DU BALLON ROND

Société française créée en 2017 par Romain Grunstein, Mateador fabrique également des calebasses de luxe pour les plus grands noms du foot : Lionel Messi, Edinson Cavani, Angel Di Maria, Javier Pastore, Kun Aguero (la liste est longue !)… Et Antoine Griezmann !

Calebasse maté Griezmann Mateador

Calebasse Mateador

 

Anecdote croustillante : l’entreprise Mateador a été lancée avec le soutien de Javier Pastore et du « Matador » Edinson Cavani (d’où le nom de la marque !).

OÙ ACHETER UNE CALEBASSE À MATÉ SIMILAIRE À CELLE DE GRIEZMANN ?

Normalement, nous te dirions qu’à moins d’avoir le numéro de Lionel Messi ou d’être ami avec Diego Godin, il y a peu de chances que tu puisses trouver la même calebasse qu’Antoine Griezmann.

Mais, c’est sans compter sur une rencontre qui s’est produite en 2019 : nous, l’équipe de La Bombilla et Romain, le fondateur de Mateador. Nous avons immédiatement pensé qu’il serait génial de donner accès à ces magnifiques objets.

Alors voilà, il est donc possible d’acheter les calebasses Mateador directement sur le site de La Bombilla (pièces en quantité très limitées et disponibles uniquement par période en fonction des approvisionnements). Découvrir les produits Mateador.

[Source : http://www.labombilla.fr]

Escrito por Susana Ale

El jengibre es una planta herbácea, de tallo subterráneo horizontal, con hojas lanceoladas, casi lineales. Con flores de corola purpúrea, dispuestas en espiga y fruto capsular, con mucha pulpa y varias semillas. Es originario de la India.

Muchas personas saben de las propiedades de este fruto, para las que no, les contamos cuales son algunas:

  • antioxidante (antienvejecimiento);
  • ayuda a la retención de  líquidos;
  • previene las náuseas;
  • es muy bueno para la garganta y previene infecciones respiratorias;
  • es digestivo;
  • previene enfermedades cardiovasculares.

Si bien esas son solo algunas de las virtudes del jengibre, es más que meritorio, por esto muchas personas, consideran agregar al mate o al agua caliente unas rodajitas, porque no solo nos hace bien a nuestro cuerpo y previene enfermedades, sino que también le da un riquísimo sabor, con notas de limón y en mayor cantidad hasta toma un tinte picante, lo que hace de esta infusión algo más rico y especial, sobre todo para compartir en una ronda para los amantes del buen mate.

Si te gusta el tereré, para el verano, también te invitamos a que lo pruebes, agregando rodajas de este en el jugo o en el mate, haciéndolo, de esta manera, diferente y con mejor sabor, sin olvidar que “hace bien”.

No podes perderte esta maravillosa incorporación en tu mate. Probalo y a disfrutar!

[Fuente: http://www.fansdelmate.com]

El mate es una bebida muy consumida en todo el continente americano, y en ese marco Argentina y Uruguay llevan la vanguardia.

De igual manera, todos los países del continente –aunque con determinadas variantes- lo consumen en forma cotidiana. En el siguiente artículo, hablaremos acerca del mate de coca y de cómo esa milenaria infusión es consumida en Bolivia.

Muy bien, aunque hay determinadas discrepancias al respecto, la presente bebida milenaria conocida como mate de coca no es tóxica ni produce daño alguno.

Por tal motivo, muchas son las personas que la ingieren en suelo boliviano para contrarrestar el mal de montaña, y al mismo tiempo otras personas consideran que su consumo aumenta las energías corporales y, por ende, su desempeño cotidiano.

Muchas personas creen que el consumo de coca está penado por la ley pero vale recordar que tanto en Colombia, Perú y Bolivia, la comercialización de hojas de coca es legal y por ende su consumo se masificó considerablemente.

Restaurantes de la más alta calidad culinaria sirven al finalizar la comida un mate de coca para estimular la digestión de sus comensales.

Vale recordar que el mate de coca es un producto natural y el mismo conserva ampliamente las características físico-químicas de la hoja de coca, así como también su sabor amargo, tan atractivo al paladar de quienes lo consumen.

Al mismo tiempo, vale la pena remarcar que son muchas las tribus indígenas que lo utilizan y consumen con fines medicinales y religiosos.

No solo el mascado de la hoja de coca sino el consumo de mate propiamente dicho incrementa la absorción del oxígeno en la sangre y mejora el funcionamiento corporal en su conjunto.

Además, la digestión se  facilita muchísimo y es mucho más exitosa por medio de un mate de coca.

Por todo eso, el mate de coca se presenta como una alternativa más que interesante al consumo de mate, y en países como Bolivia su ingestión se ha popularizado de forma considerable.

Sus propiedades curativas, así como también su exquisito sabor, hacen de esa bebida milenaria una infusión tradicional y ampliamente marcada por la historia, por lo cual visitar Bolivia nos invita desde un primer momento a consumir mate de coca y entender la razón por la cual su consumo es tan cotidiano y popular.

Desde luego que, de no ser tóxico ni producir daños a nuestro organismo, el consumo de mate de coca resulta de lo más recomendable.

[Fuente: http://www.fansdelmate.com]

Aquel territòri, dins lo nòrd d’Argentina, a qualques centenas de quilomètres de Bolívia, coneis una bèla afluéncia toristica. La Quebrada, que vòl dire “valada estrecha”, foguèt recensada coma patrimòni cultural e natural de l’UNÈSCO en 2003. Sa construcion geologica li balhèt de formas e de colors especialas: los tons son pastèls, òcres e rufes, e nos poiriam sentir al far-west dins las gòrjas creadas pel regolament de l’aiga. Reportatge sus las diferentas culturas de la Quebrada, de Yala a Purmamarca.

Yala festeja la copla, sa melodia tradicionala

L’ambient es animat, las gents
s’acampan a l’entorn d’un mate
per escotar los concèrts
que se succedisson

Quora arribi a Yala —que se pronóncia aquí “Shala”—, sembla una oasi al mitan del desèrt. En aval de la Quebrada, soi suspresa per un clima verdejant. Lo riu qu’i passa l’aiga mai luènh i deu èsser per quicòm e conferís al vilatge sa famosa “Troita de Yala”. Venguèri aquí per assistir a la «Fièra del Pan Fach a l’ostal», qu’es una mena de fèsta de vilatge cada fin de setmana dins l’estiu. E òc, aquí, genièr e febrièr son los meses de las grandas vacanças! Los jujueños, estatjants de la província de Jujuy, festejan lors costumas reiralas e las produccions artisanalas del vilatge. L’ambient es animat, las gents s’acampan a l’entorn d’un mate per escotar los concèrts que se succedisson.

La serada contunha tota la nuèit,
fins al moment que la melodia
claufís lo silenci

Dins aquel chafaret aürós, tròbi Martin Rafael, cantaire de copla afogat. Se definís coma un “tradicionalista rural”, vertadièr eiretièr de la cultura de la copla, mòde d’expression poetica e musicala. Martin es vestit de son pancho en lana de feda e d’un capèl tradicional. “Ieu, me revendiqui dels gauchoslos trabalhadors dels camps que s’ajudan, se balhan la man”, çò diguèt lo cantaire. “La copla es aquesta melodia populara, lo vertadièr cant de la solidaritat”. Format de quatre vèrses poetics, es segur que son poder proven de sos messatges corts qu’abòrdan de tèmas coma la vida quotidiana o la de l’òrt. Mas pas solament. Son poder ven tanben de l’instrument que l’acompanha, la caja, un tambornet que balha lo ritme. La serada contunha tota la nuèit, fins al moment que la melodia claufís lo silenci.

Un cant per l’istòria locala a Purmamarca

Mai naut, a 2000m d’altitud, en çò que podèm ja nomenar la “Puna”, los nauts planòls de la sèrra de dels Andes, lo vilatge de Purmamarca es tanben una estapa toristica. Conegut per sa montanha de las sèt colors, nos sentissèm ben dins aquela cultura andina. Dins los restaurants, las cartas son trufadas de mangisca facha de milh, de papinas o pichòtas patatas andinas e de carn de lama.

Dins los restaurants, las cartas son
trufadas de mangisca facha de
milh, de papinas o pichòtas patatas
andinas e de carn de lama

L’estiu es tanben l’escasença per faire viure la cultura locala, a travèrs de seradas tematicas. Uèi, assistissi al concèrt de Tomás Lipan, un cantaire de silkuris nascut a Pumamarca. Se ditz silkuri segon lo silku, l’instrument per excelléncia dels Andes, una flaüta facha en bambó. Canta e conta l’istòria de Purmamarca en començant per sa celebracion de la “Santa Ròsa de Lima”. Tot lo vilatge es recampat sus la Plaça del Nòu de Julhèt, talament que gaireben totes las botigas son tancadas! Dins un cant fòrt bèl, Tomas Lipan rend omenatge al vin de la region de Jujuy e subretot, a “la tèrra que nos balha aquestas riquesas”. Remarqui que los cants festejan plan sovent la “Pachamama”, concèpte fondador dins los Andes que significa la simbiòsi entre los umans e lor Tèrra Maire. Mai qu’un simple cant, la melodia dels silkus es sacrada, es una òda a la tèrra. Tot lo vilatge a los uèlhs clavelats sul cantaire e a sa cara aimara de son etnia d’origina.

Tot lo vilatge a los uèlhs clavelats sul cantaire e a sa cara aimara de son etnia d’origina

Fin finala, comprene la portada de las musicas e culturas localas permet de s’immergir dins lo rapòrt qu’aquestes estatjants entretenon amb lor environament. Ben luènh de las vilas —sèm a dos cents quilomètres de la vila de Jujuy—, podèm observar una vertadièra resisténcia culturala, per servar l’identitat dels territòris. Manténer la cultura e l’agricultura localas es doncas lo mejan qu’an trapat los estatjants de Yala e Pumamarca per faire viure lors riquesas. En esperant que lor combat contunharà…

Marie Gallizia
Correspondenta de Jornalet en America Latina

[Poblejat dins http://www.jornalet.com]

Paraguay marcó presencia en la Feria Internacional de Turismo más importante del mundo.

El medio español El País destacó en una publicación el poten­cial turístico que existe a nivel nacional. El material resalta entre otras cosas la Ruta Jesuítica, selva subtro­pical, el Chaco y playas con agua dulce. Esto fue luego de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) que se desa­rrolló en Madrid entre el 22 y 26 de enero, que representa además el evento internacio­nal del sector del turismo más importante del mundo.

“Recorrer la selva subtropi­cal o el Chaco, segundo bos­que más grande de América del Sur; caminar por la Ruta Jesuítica; una peregrina­ción turística por las ruinas del pasado colonizador espa­ñol en Paraguay; entender la devoción de su pueblo por la yerba mate (ka’a en idioma guaraní oficial junto al espa­ñol); tocar sus tejidos artís­ticos, oler la flor de coco y saborear comidas a base de mandioca o bebidas de caña de azúcar son la bandera que enarbola la delegación para­guaya”, señala El País.

La publicación menciona que Paraguay es un Estado sin costa, pero repleto de ríos, playas con agua dulce y cas­cadas por doquier. Y donde el idioma guaraní, una de las lenguas de la familia lingüís­tica nativa más extendida en América del Sur (tupí-gua­raní), se habla tanto o más que el español.

“Un buen motivo para via­jar a Paraguay es que prác­ticamente no se cruzará con otros turistas. Al menos no en masa como en las capitales de Europa, o Buenos Aires y Río de Janeiro”, agrega la publi­cación.

BALANCE POSITIVO

La participación paraguaya en la Feria Internacional de Turismo trajo consigo resul­tados muy positivos para el país, ya que le ha dado visibi­lidad y protagonismo en una de las vidrieras del turismo más importantes del mundo, informó la Secretaría Nacio­nal de Turismo (Senatur).

Asimismo, invitó a los visi­tantes a poder conocer el país en el marco del Día Mundial del Turismo 2020, que ten­drá como escenario la Triple Frontera en el mes de setiem­bre próximo.

En el espacio paraguayo ofre­cieron una variada oferta turística, la música, la danza y las delicias de la cocina típica paraguaya.

[Fuente: http://www.lanacion.com.py]

En Patagonia, la ceremònia del mate rebat la cultura gaucho. Rescontre amb Nacho, un d’aqueles “cow-boys sud-americans” que m’a contat las règlas d’aur de la ceremònia…

Lo cebador es lo que ceba lo mate,
que l’aprèsta pels autres. Es lo cap de la ceremònia
Efectivament, tot lo mond deu beure dins la meteissa tassa, e cal seguir una rotacion precisa

Efectivament, tot lo mond deu beure dins la meteissa tassa, e cal seguir una rotacion precisa

Un còp èra, la Patagonia desertica, tèrra ostila pels umans. Nacho comença per me contar l’istòria de sa cultura, ben abans la del productivisme, de las rotas enquitranadas, de la minas, de las vilas. Nos cal imaginar: aquesta region èra salvatja, poblada solament de qualques indians, los actuals mapuches. Me conta doncas, un pauc esquematiquament, cossí aquel territòri se claufiguèt, en seguida de migracions del nord-èst del continent (Uruguai, Paraguai e nòrd d’Argentina). L’objectiu èra de susvelhar la frontièra, entre los dos païses, Argentina e Chile. Los gauchos, aqueles omès que pòrtan lo berret basco -òc!- vivián de lor pasturatge, coma de “cow-boys sud-americans”. Las distàncias entre los vilatjons eràn longas. Per jónher los vesins, caliá traversar la pampa de còps mai d’un jorn a caval… En brèu, Nacho me dreiça lo contèxt. Ço de retèner: la ceremònia del mate nasquèt del besonh, gaireben vital, d’un moment de convivialitat al mitan d’un quotidian rufe.
 
Lo mate es doncas lo fruch d’aquest contrast. Mas pas solament: per Nacho, la ceremònia del mate pòrta las règlas d’onor e de conducha de la vida en societat gaucho, per viure una “convivialitat segura”. “Pels gauchos, ço diguèt Nacho, çò mai important dins la vida es partejar un bon mate e cosinar un bon cordero fuegino”, qu’es una mena de cabra a l’ast. Alara, Nacho m’ensenha las diferentas règlas d’aur que devèm respectar, per viure la vertadièra experiença gaucho del mate…
 
 
“Lo mate deu durar lo mai de temps possible e gardar una bona sabor”
 
Lo cebador es lo que ceba lo mate, que l’aprèsta pels autres. Es lo cap de la ceremònia. Efectivament, tot lo mond deu beure dins la meteissa tassa, e cal seguir una rotacion precisa. D’en primièr, lo cebador beu doas goladas per que la redoléncia amarenca desaparesca. Li dison “escupir” lo fach de lavar lo mate de son amaretat. Puèi, lo primier convidat arrapa lo mate amb la bombilla, una mena de palha en metal, parada pel cebador. Se cal parar cap e tufa, si que non es maleducat! Lo mate torna al cebador qu’apond d’aiga cauda. Es lo torn del second convidat, e mai lo demai. Aquela rotacion permet al cebador de verificar, abans cada persona, la temperatura del mate.
 
 
“Es tota una quimia!”
 
Lo cebador verifica pas solament la temperatura del mate. Gaita de qué servar sa redoléncia. Tradicionalament, la tassa deu èsser en carabassa, mas ara, se la pòt trapar en totes los materials! Se pot quitament crompar un lòt per las escorregudas; leugièr, se desplega aisidament. Mas per Nacho, la fusta es la matèria qu’es de privilegiar. Quora apond d’aiga, Nacho claufís pas tota l’èrba d’aiga.. Es en ne tornant apondre, aprèp cada convidat, que la redoléncia se destaca, pichon a pichon. Coma lo sucre, lo mate embeu l’aiga e en n’apondent progressivament, dura mai de temps. La temperatura de l’aiga deu tanben èsser de 80 grases, si que non l’èrba demòra compacta e se mescla pas a l’aiga. Es coma per una infusion!
 
 
“Se cal prene lo temps de lo saborejar!”
 
Aquela règla es la qu’aimi mai. Dins lo “viatge lent” que representa la bicicleta, prene son temps es quicòm d’important, particularament per aprofechar los moments socials. Quora s’escàmbia lo mate, se cal pas dire “mercé” cada còp que lo cebador te para la tassa. Non! Un “mercé” significa que ne volètz pas pus. Quora lo darrièr convidat demòra amb lo cebador, es un vertadièr moment d’intimitat, que degun deu pas interrompre. Aprèp lo moment de convèrsa entre maites, es lo de las confessions de dos. M’agrada aquel aspècte del mate, luènh del cafè al brutle, individualista, dins nòstra societat…
 
Finalament, pòdi atestar que la ceremònia del mate es mai qu’una ceremònia. En mai de las règlas de respectar, es un moment estructurant de la vida dels gauchos, e ara, de tota la populacion d’Argentina e de Chile. Se pòt veire, davant las universitats, los joves estudiants escambiar la tassa de mate. D’escolans m’an dich qu’en classa, s’escàmbia tanben lo mate amb los professors.
 
Alara, perqué pas importar las pausas mate al burèu en plaça de se trapar solet fàcia a la maquina de cafè?

Escrich per Marie Gallizia
Correspondenta de Jornalet en America Latina

[Poblejat dins http://www.jornalet.com]

La luna se moría de ganas de pisar la tierra. Quería probar las frutas y bañarse en algún río.
Gracias a las nubes pudo bajar. Desde la puesta del sol hasta el alba, las nubes cubrieron el cielo para que nadie advirtiera que la luna faltaba.
Fue una maravilla la noche en la tierra. La luna paseó por la selva del alto Paraná, conoció misteriosos aromas y sabores y nadó largamente en el río. Un viejo labrador la salvó dos veces. Cuando el jaguar iba a clavar sus dientes en el cuello de la luna, el viejo degolló a la fiera con su cuchillo; y cuando la luna tuvo hambre la llevó a su casa. «Te ofrecemos nuestra pobreza», dijo la mujer del labrador, y le dio unas tortillas de maíz.
A la noche siguiente, desde el cielo, la luna se asomó a la casa de sus amigos.
El viejo labrador había construido su choza en un claro de la selva, muy lejos de las aldeas. Allí vivía como en un exilio con su mujer y su hija.
La luna descubrió que en aquella casa no quedaba nada que comer. Para ella habían sido las últimas tortillas de maíz. Entonces iluminó el lugar con la mejor de sus luces y pidió a las nubes que dejasen caer, alrededor de la choza, una llovizna muy especial
Al amanecer, en esa tierra habían brotado unos árboles desconocidos.
Entre el verde oscuro de las hojas, asomaban las flores blancas.
Jamás murió la hija del viejo labrador. Ella es la dueña de la yerba mate
y anda por el mundo ofreciéndola a los demás. La yerba mate despierta a los dormidos, corrige a los haraganes y hace hermanas a las gentes
que no se conocen.

Memoria del fuego

Vol I. Los nacimientos