Archives des articles tagués Milan Kundera

Publié par CLAUDIOFZA

Patrick Modiano, Encre sympathique. Editions Gallimard, 144 pages, 16 euros.

Il y a très peu de romanciers vivants dont j’achète les livres les yeux fermés, dès leur parution. Avant, il y avait Philip Roth, Milan Kundera… Philip Roth a arrêté de publier en septembre 2012. Pire, il est mort le 22 mai 2018. Milan Kundera a 90 ans et sa dernière publication date de 2014. Il reste le Prix Nobel de Littérature 2014 qui a publié le 3 octobre son 29ème roman ou récit. Je l’ai acheté à la Librairie Compagnie comme souvent et je l’ai lu une semaine plus tard.

Pour commencer, il y a une très belle épigraphe de Maurice Blanchot, tirée du Livre à venir (1959): «Qui veut se souvenir doit se confier à l’oubli, à ce risque qu’est l’oubli absolu, et à ce beau hasard que devient alors le souvenir.».

Jean Eyben, le narrateur du livre, est, à 20 ans un jeune employé de l’agence de détectives Hutte. Il part sur les traces d’une jeune femme, Noëlle Lefebvre, d’abord à Paris, dans le XVème arrondissement, plus tard du côté d’Annecy, enfin à Rome. Elle a disparu du jour au lendemain. Les autres personnages sont, eux aussi, tout à fait ordinaires.

Comme dans ses autres livres, les aspects autobiographiques sont bien présents. L’auteur évoque son adolescence terrible. De septembre 1960 à juin 1962, sa famille l’a éloigné en le confiant aux pères du collège-lycée Saint-Joseph (Thônes), en Haute-Savoie, prison où il attrape la gale dans un linge rarement changé et éprouve avec ses camarades paysans la solidarité de la faim. Il a raconté tout cela dans son autobiographie, Pedigree, publiée en 2005.

À la page 110, on passe de Paris à Rome. Le «je» se transforme en «il». Ce basculement narratif indique le moment où tout se dévoile. La fin est ouverte: «Demain, ce serait elle qui parlerait la première. Elle lui expliquerait tout.» Le «happy end» ressemble plutôt à un point d’interrogation.

Comme tous ses autres romans, celui-ci est traversé par le thème de l’absence, de la survie des personnes disparues et l’espoir de retrouver un jour ceux qu’on a perdus dans le passé. Ses détracteurs disent qu’il écrit toujours le même roman. Peu m’importe.

«C’est dans cette espèce de chambre noire de la solitude qu’il faut que je voie vivre mes livres avant de les écrire.»

“Il y a des blancs dans une vie, mais parfois ce qu’on appelle un refrain. Pendant des périodes plus ou moins longues, vous ne l’entendez pas, et puis, un jour, il revient à l’improviste quand vous êtes seul et que rien autour ne peut vous distraire. Il revient, comme les paroles d’une chanson enfantine qui exerce encore son magnétisme”.

« Il suffisait que cette pensée me visite quelques heures, ou même quelques minutes, pour qu’elle ait son importance. Dans le tracé assez rectiligne de ma vie, elle était une question demeurée sans réponse. Et si je continue à écrire ce livre, c’est uniquement dans l’espoir, peut-être chimérique, de trouver une réponse. Je me demande : Faut-il vraiment trouver une réponse? J’ai peur qu’une fois que vous avez toutes les réponses votre vie se referme sur vous comme un piège, dans le bruit que font les clés des cellules de prison. Ne serait-il pas préférable de laisser autour de soi des terrains vagues où l’on puisse s’échapper?»

 

[Photo : Maurice Rougemont – source : http://www.lesvraisvoyageurs.com]

Philip Roth. Una biografía, de Blake Bailey

La figura del escritor ha encontrado pocas encarnaciones tan emblemáticas como en Philip Roth. Tras pasar años estudiando a fondo su archivo personal, Blake Bailey realizó entrevistas a amigos, amantes y colegas, y mantuvo conversaciones de una franqueza asombrosa con el propio Roth.

Esta biografía recorre la vida del autor, desde su infancia, en un entorno judío de clase media-baja, hasta la cumbre de su fama. Analiza el peso que su desastroso primer matrimonio tuvo en su carrera, su labor en beneficio de colegas disidentes del otro lado del Telón de Acero, su rivalidad con amigos como John Updike o William Styron y su tumultuosa vida amorosa, en especial su relación con Claire Bloom.

Un texto honesto y documentado a conciencia que rastrea el recorrido de un maestro de la novela tan amado como cuestionado, pero imprescindible para la literatura contemporánea.

Zenda adelanta un fragmento de Philip Roth. Una biografía (Debate).

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El 23 de octubre de 2005 se celebró en Newark el día de Philip Roth. Dos autobuses llenos de admiradores emprendieron el Tour Philip Roth, deteniéndose en algunos lugares evocadores —Washington Park, la biblioteca pública, o el instituto de Weequahic— en los que los pasajeros fueron leyendo por turnos pasajes pertinentes tomados de las obras de Roth. Finalmente, el grupo bajó de los autobuses ante la casa en la que el autor pasara su niñez, en el 81 de Summit Avenue, y se puso a vitorearlo entusiasmado cuando el propio Roth llegó en un automóvil. «¡Y ahora suba usted aquí y deme un beso!», dijo la señora Roberta Harrington, la actual propietaria de la casa, a quien Roth tuvo a su lado durante el resto del día. El alcalde, Sharpe James, al que Roth adoraba (un alcalde de gran ciudad con toda la fanfarria y las artimañas propias del cargo), pronunció unas cuantas palabras antes de que Roth descorriera la cortinilla negra que cubría la placa conmemorativa colocada en su antigua casa. «Esta fue la primera casa de la infancia de Philip Roth, uno de los escritores mas grandes de Estados Unidos de los siglos XX y XXI». A continuación, Roth y la multitud allí reunida cruzaron la calle y se dirigieron a la esquina de Summit y Keer Avenue, que según un letrero verde proclamaba en letras blancas ahora se llamaba Philip Roth Plaza.

Luego se celebró una recepción en la sede de la biblioteca pública en Osborne Terrace, la que Roth frecuentara durante su infancia, y el alcalde subió al estrado y se situó ante el atril: «Y ahora, chicos de Weequahic, no creáis que los chicos del South Side hemos aprendido a leer», dijo a Roth, aludiendo al instituto mayoritariamente frecuentado por negros al que el había asistido más o menos por la misma época en la que Roth estudiaba en el de Weequahic. Y a continuación el alcalde leyó (maravillosamente) un pasaje de La contravida:

«Cuando eres de New Jersey», fue la respuesta, «escribes treinta libros y ganas el Premio Nobel, y vives lo suficiente como para tener el pelo blanco y cumplir los noventa y cinco, es altamente improbable, pero no imposible, que cuando ya estés muerto le pongan tu nombre a una zona de ocio de la autopista de Jersey. De modo que sí, que puede que te sigan recordando cuando ya llevas muchos años muerto, pero serán sobre todo los niños pequeños quienes digan tu nombre, desde el asiento trasero del coche, echándose hacia delante y pidiéndoles a sus padres que paren, por favor, que paren en Zuckerman, que se están haciendo pipí. Para un novelista de New Jersey, esa es la máxima inmortalidad a que puede aspirar».

Por último, tomo la palabra Roth: «Hoy Newark es para mí Estocolmo, y esta placa es mi premio. Ningún otro reconocimiento que me concedieran en cualquier lugar de la tierra podría alegrarme tanto. Eso es todo lo que tengo que decir». Unos días antes, su amigo Harold Pinter había ganado el Premio Nobel.

«El señor Roth es un escritor cuyo arte y cuya fuerza son mayores que su grandísima reputación», había escrito ocho anos antes el eminente crítico Frank Kermode, tras leer Pastoral americana, la novela acerca de la decadencia de Newark y la perdida de la inocencia estadounidense durante los años sesenta, que llegaría a ganar el Premio Pulitzer. Es posible que Kermode pensara en una novela anterior, situada también en Newark, en la que seguía basándose en buena medida la reputación de Roth: El mal de Portnoy, su gran éxito de ventas de 1969 acerca de un muchacho judío obsesionado con su madre y siempre detrás de chicas shikses, que se masturba con un pedazo de carne de hígado («follarme la cena de mi mismísima familia»). Gran parte de lo que luego escribiría Roth seria una reacción a la mortificante fama que le proporcionó este libro: la percepción generalizada de que había escrito una confesión personal en vez de una novela, por no hablar de la percepción que se impuso entre los miembros del establishment judío, para quienes Roth era un propagandista semejante a Goebbels y Streicher. El gran filósofo israelí Gershom Scholem llegó incluso a sugerir que Portnoy desencadenaría una especie de segundo Holocausto.

Dado el carácter magistral de toda su obra —treinta y un libros—, Roth llegaría seriamente a desear no haber publicado Portnoy. «Habría podido tener una carrera bastante seria sin ella y esquivar de paso un autentico bombardeo de mierda y de insultos»: acusaciones de autodesprecio judío, de misoginia y de falta de seriedad en general. «Yo había escrito ese libro que hablaba de sexo y de pajas y tal, así que me había convertido en una especie de payaso o de puto artista. Pero luego finalmente los tumbé. ¡Cabrones!»

***

Roth fue uno de los últimos representantes de una generación de novelistas heroicamente ambiciosos que incluía a amigos y a rivales ocasionales como John Updike, Don DeLillo y William Styron (vecino suyo en el condado de Litchfield, Connecticut), y cabría afirmar que su obra es la que tiene las mayores posibilidades de perdurar. En 2006, The New York Times Book Review sondeó la opinión de unos doscientos «escritores, críticos, editores y otros expertos en literatura» y les pidió que identificaran «la mejor obra americana de ficción publicada en los últimos veinticinco años». Seis de los veintidós libros seleccionados para elaborar la lista final habían sido escritos por Roth: La contravida, Operación Shylock, El teatro de Sabbath, Pastoral americana, La mancha humana y La conjura contra América. «Si hubiéramos preguntado por el mejor escritor de ficción de los últimos veinticinco años —decía A. O. Scott en el artículo que acompañaba la lista—, [Roth] habría ganado».

Por supuesto, la carrera de Roth se extendía mas allá de los últimos veinticinco años de la encuesta, empezando por Goodbye, Columbus, de 1959, obra por la que gano el National Book Award a los veintiséis anos. Su tercera novela, El mal de Portnoy, estuvo en 1998 en la lista de las cien mejores novelas en lengua inglesa del siglo XX confeccionada por la editorial Modern Library, mientras que Pastoral americana fue posteriormente incluida, junto con Portnoy, en la lista de las cien mejores novelas publicada en 2005 por la revista Time. Durante sus cincuenta y cinco años de carrera, la evolución de Roth como escritor fue asombrosa por su versatilidad: después de la hábil sátira de sus primeros relatos reunidos en Goodbye, Columbus, pasó a escribir dos sombrías novelas realistas (Deudas y dolores y Cuando ella era buena), cuyas principales influencias eran, respectivamente, Henry James y Flaubert, curioso aprendizaje teniendo en cuenta la estrafalaria farsa de la época de Portnoy que llegaría a continuación (Nuestra pandilla, La gran novela americana), el surrealismo kafkiano de El pecho, el virtuosismo cómico de la serie de Zuckerman (La visita al maestro, Zuckerman desencadenado, La lección de anatomía y La orgía de Praga), el elaborado artificio de metaficción de La contravida y de Operación Shylock, y finalmente la síntesis de todas sus dotes en la magistral trilogía americana, esencialmente trágica: Pastoral americana, Me casé con un comunista y La mancha humana. Durante la ultima década de su carrera, Roth siguió produciendo novelas —casi una al año— en las que exploraba aspectos profundos de la mortalidad y del destino. En conjunto, su obra constituye «la imagen mas fiel que poseemos de la manera de vivir que tenemos ahora», como dijo el poeta Mark Strand en su intervención durante la ceremonia de la concesión a Roth de la Medalla de Oro de la Academia Americana de las Artes y las Letras en 2001.

Roth deploraba el malentendido según el cual el era un escritor esencialmente autobiográfico que sacaba provecho estético del asunto usando alter egos parecidos a él entre los que figuraba un personaje recurrente llamado Philip Roth. A decir verdad, unas novelas eran mas autobiográficas que otras, pero el propio Roth era una figura demasiado proteica para ser identificada con un personaje en particular, y en realidad se sabe muy poco acerca de la vida real en la que supuestamente se basaría una obra tan vasta. Algunos aspectos de la confusión en este sentido resultaban en extremo bochornosos para el autor. «No soy “Alexander Portnoy” como tampoco soy el “Philip Roth” del libro de Claire [Bloom]», comento a propósito del calumnioso libro de memorias de la actriz, Adiós a una casa de muñecas, publicado en 1996. De no ser por Portnoy, pensaba Roth, su exesposa «no se habría atrevido nunca a perpetrar» una visión tan descaradamente opuesta a la persona «disciplinada, constante y responsable» que él consideraba que había sido siempre.

Desde luego así es como era retratado Roth en Las furias, la novela póstuma en clave de Janet Hobhouse, entre cuyos personajes hay un famoso escritor llamado Jack modelado a partir de Roth. La escritora había tenido una aventura con él a mediados de los años setenta —vivían en el mismo edificio, cerca del Metropolitan Museum— y el retrato que hace de Roth quizá sea el más equilibrado de un hombre que, pese a ser un personaje conocidísimo, permaneció en gran medida lejos de la vista del público. Aunque la narradora expone los aspectos mas convencionales del encanto de Jack/Roth («No era solo la rapidez de su mente, sino también la picardía, el deseo de saltar, de lanzarse, de mover la muñeca, de mantener el juego en marcha», se siente seducida sobre todo por sus «hábitos monacales», por la forma en la que «organizaba su existencia alrededor de las dos páginas diarias que se proponía escribir». «Yo pensaba con anhelo en la vida del hombre reservado y casi ascético que vivía dos pisos mas abajo: la lectura concienzuda de las revistas literarias en el crepúsculo, el susurro del correo extranjero en un profundo silencio jamesiano».

Por lo que pueda valer, Roth se veía a sí mismo como la antítesis del antisemita o el misógino, y desde luego tenia muy poca paciencia con las categorías reduccionistas de un tipo u otro. Su estilo de vida «monacal», por ejemplo: «Mi fama de “retraído” —decía en una carta a un amigo—, siempre ha sido una idiotez». Lo que quería decir era, en esencia, que le gustaba estar «dichosamente» ocupado con su trabajo en algún entorno rural, y no dedicarse a «chismorrear acerca de [sí] mismo con gente de Nueva York o a aparecer en programas nocturnos de televisión». De hecho, a menudo estuvo intensamente comprometido con el mundo, viajando en repetidas ocasiones a Praga durante los años setenta y entablando amistad con escritores disidentes como Milan Kundera y Ludvik Vaculik, cuyos libros promocionó en Occidente a través de la colección Writers from the Other Europe que editó a lo largo de muchos años para Penguin. Además, durante la relación que mantuvo con Claire Bloom, dividió su tiempo entre Londres, Nueva York y Connecticut, pasando asimismo algunas semanas en Israel para investigar ciertos aspectos de La contravida y Operación Shylock, o, unos anos después, viajando a cualquier otro sitio para aprender acerca de la fabricación de guantes, la taxidermia o el trabajo de sepulturero; en una ocasión, incluso, emprendió una gira de lecturas de su libro de memorias Patrimonio, para saber al menos de qué iba aquello. Pero la mayor parte de su carrera fue más o menos como la describe Hobhouse: las mañanas las pasaba sentado incansablemente ante su escritorio y las noches en compañía de alguna mujer; de ser por él, los dos leyendo. «¿Qué habría tenido que hacer, si no, para no ser etiquetado de retraído? —comentó—. ¿Pasar todas las noches en Elaine’s?».

Es verdad que Roth llego a tener una vida amorosa exuberante, de la que no dudó en hablar «en una especie de amable ensoñación», de la misma forma en la que el Dr. Johnson recordaba a Hodge, su gato favorito. Una faceta esencial de Roth sería el hecho de seguir siendo el querido hijo de Herman y Bess —«un buen muchacho agradable, analítico, cariñosamente manipulador», tal como se describe en tono reprensivo su alter ego Zuckerman en Los hechos —cuya probidad era tal que se casó con dos mujeres desastrosamente incompatibles, entre otras cosas porque las dos querían desesperadamente que lo hiciera (y todo ello tras negarse a hacerlo con otras parejas más compatibles). Y mientras tanto se rebelaba constantemente contra su propia rectitud, tal como diría la definición clínica del «Mal de Portnoy»: «Trastorno en que los impulsos altruistas y morales se experimentan con mucha intensidad, pero se hallan en perpetua guerra con el deseo sexual mas extremado y, en ocasiones, perverso». Una vez más, Portnoy es uno de los personajes menos autobiográficos de toda una galería entre los que cabría incluir a Zuckerman, Kepesh y Tarnopol, pero cada personaje lleva una dualidad aparejada. En cuanto al propio Roth, su mayor deseo fue siempre estar al servicio de su genio, aunque en medio de las intensas distracciones de una naturaleza ardientemente carnal. «Philip dijo en cierta ocasión algo acerca de Willy, el marido de Colette —comentó su amiga Judith Thurman—. Hablando del fin de siecle, de aquel mundo de erotismo, dijo: “¡Que maravilloso era! Andaban por ahí alborotados veinticuatro horas al día”. Alborotados sexualmente. Imagina que tuvieras oído musical, de modo que estas ahí, en la calle, y el taxi es do menor y el autobús es sol mayor, y tú oyes todas esas cosas, y las traduces en vibración sexual».

***

Junto con autores como Willa Cather, William Faulkner y Saul Bellow, Roth fue galardonado con la máxima distinción concedida por la Academia de las Artes y las Letras, la Medalla de Oro, en la categoría de narrativa, un año después de que terminara su trilogía americana. Al año siguiente, en 2002, en la ceremonia de los National Book Awards, Roth recibió la Medalla a la Contribución Distinguida a las Letras Americanas y aprovecho la ocasión para corregir «un pequeño malentendido recurrente»: «Nunca me he considerado, ni por un momento, ni un escritor judío americano ni un escritor americano judío —escribió para la intervención cuidadosamente preparada que pronunció en el acto de aceptación del galardón—, lo mismo que tampoco me imagino que Theodore Dreiser o Ernest Hemingway o John Cheever se consideraran a sí mismos escritores cristianos americanos ni escritores americanos cristianos». Susan Rogers, su principal compañera por aquel entonces, recordaría que Roth estuvo dos o tres meses antes de la ceremonia trabajando en aquel discurso, y que se lo leyó en voz alta «al menos seis veces».

Después de la publicación de la trilogía americana —que algunos han llamado la serie «Carta a Estocolmo»—, se llegó a un consenso según el cual Roth destaca por encima de los demás novelistas de su época. Estocolmo, sin embargo, siguió inconmovible. «El niño que hay en mí esta encantado —había dicho Bellow a propósito de los premios en general y del Premio Nobel en particular—. El adulto que hay en mí se muestra escéptico». Roth hizo suyo el comentario y aun así no podía dejar de pensar en la diferencia mas notable entre su carrera y la de Bellow, especialmente después de que la viuda de este último le regalara el sombrero de copa que su marido había llevado en Estocolmo, que en adelante Philip Roth tendría expuesto en su piso encima de un altavoz del tocadiscos (una vez le preguntaron si le venía bien de talla: «No, mi cabeza no puede llenar el sombrero de Saul —dijo—. Él es mucho mejor escritor»). Ya al final de la vida, Roth iría paseando (muy despacito) desde su piso del Upper West Side hasta el Museo de Historia Natural, deteniéndose, tanto a la ida como a la vuelta, casi en todos los bancos que encontraba por el camino, incluido el que había en los jardines del museo junto a una columna de color rosa en la que aparecían relacionados los estadounidenses que habían ganado el Premio Nobel. «En realidad es bastante fea, ¿no te parece?», comentó un amigo cierto día. «Sí —contesto Roth—, y se pone más fea cada año que pasa». «En cualquier caso, ¿para qué la ponen ahí?», replicó su amigo. «Para fastidiarme», dijo Roth riendo.

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Autor: Blake Bailey

Título: Philip Roth. Una biografía

Editorial: Debate

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[Fuente: http://www.zendalibros.com]

Dans « De langue à langue. L’hospitalité de la traduction », le philosophe sénégalais analyse la traduction sous l’angle de l’inégalité entre langues dominées et langues dominantes. Une lecture qui a ravi notre contributeur Michaël de Saint Cheron, créateur du Centre international de recherche André Malraux.

Dans son dernier livre, « De langue à langue. L’hospitalité de la traduction » (Albin Michel, Bibliothèque des Idées), Souleymane Bachir Diagne, l’une des voix d’Afrique les plus importantes, analyse le phénomène de la traduction dans une perspective historique, sous l’angle pertinent et neuf de l’inégalité entre langues dominées et langues dominantes. Mais il n’y va pas seulement de cette question capitale, il y a aussi une autre question plus propre aux auteurs, écrivains, poètes, philosophes : adopter, conquérir une langue plus universelle que peut l’être, parfois, sa langue native. Nous pouvons citer ici des personnes qui ont traduit leur langue maternelle dans une langue de « l’hospitalité », comme Léopold Sédar Senghor, Elie Wiesel, Emmanuel Levinas, Cioran, François Cheng, Kundera, Jorge Semprún, pour ne citer que des auteurs qui ont opté pour le français et non pour leur langue maternelle ni pour la langue dominante qu’est l’anglais.

Deux syntagmes cités par Souleymane Bachir Diagne méritent d’être rapportés : « venir habiter notre langue » et « inséminer le français », pour reprendre le mot du poète mauricien Edouard Maunick. Senghor parlait du métissage culturel, ce qui est une autre façon de dire « la langue inséminée ».

Abordant la question de la « littérature de traduction », Bachir Diagne dit qu’elle n’est pas la continuation d’un « genre » au sens d’une littérature coloniale, mais qu’« elle en est au contraire la déconstruction » (p. 74). Puis, à propos de « l’Anthologie nègre » de Blaise Cendrars (Denoël, 2005, édition de Christine Le Quellec Cottier), Diagne écrit :

« On ne demande pas à ces textes d’ouvrir “l’âme” des indigènes, mais de manifester leur littérature, de montrer la manière dont ils jouent avec leurs propres mots » (p. 77).

« Ne pas pas ignorer que la traduction est domination »

Après avoir longuement analysé les rapports entre les langues d’Afrique, notamment du Sénégal, son pays, et le français ou l’anglais, Bachir Diagne en arrive à un chapitre consacré à l’islam. Or quand il écrit « traduire la parole de Dieu » et « l’arabe était la langue non seulement de l’empire musulman et surtout celle de la Révélation », on peut s’étonner qu’il n’ait pas un mot, à cet endroit, pour dire que la première langue de la Révélation est l’hébreu mais ni le grec ni l’arabe. La langue matricielle est bien la langue hébraïque pour les religions dites « révélées », tandis que le sanskrit l’est pour les religions nées en Inde, Sanatana Dharma (ordre éternel) devenu l’hindouisme, puis le jaïnisme, le sikhisme et le bouddhisme.

Il est capital en matière de traduction de bien établir qu’il n’y a pas de langue supérieure. Pour l’éminent poète et intellectuel sénégalais mais surtout pour l’homme universel qu’il est, Bachir Diagne, pont entre le nord et le sud, « faire l’éloge de la traduction n’est pas ignorer qu’elle est domination. C’est célébrer le pluriel des langues et leur égalité. […] C’est dire que, contre l’asymétrie coloniale, [le travail du traducteur] est aussi force décolonisatrice, et que, contre l’économie, il est charité » (p. 19). Faire intervenir dès les premières pages de son livre le concept de charité est tout à fait surprenant, car si l’on conçoit aisément le lien éthique qui doit présider au travail du traducteur, le rapport à la charité n’a rien d’évident. Bachir Diagne veut-il dire que la traduction est un acte pour-l’autre, comme aurait dit Levinas, acte gratuit s’il en est, où le traducteur joue un rôle de passeur indispensable d’une culture à une autre ?

Bachir Diagne consacre un chapitre phare au rôle de « philosophe comme traducteur », où il analyse un point essentiel du livre du philosophe rwandais Alexis Kagamé, « La Philosophie bantu-rwandaise de l’être » (Bruxelles, Académie Royale des Sciences coloniales, 1956). Kagamé explique que la traduction a des limites infranchissables et, ce faisant, il prend l’exemple de la formule de Descartes qui a fait le tour du monde: « Je pense donc je suis ». Cette formule « n’a aucun sens en langue bantu [dans laquelle] les auditeurs s’informeraient : tu es… quoi – ou : tu es… où » (p. 129-131).

« La traduction contribue à la tâche de réaliser l’humanité, et même mieux : elle s’y identifie »

Le livre de Bachir Diagne pose des questions historiques et éthiques de haute portée, souvent très politiques, en particulier celles du chapitre 3, « Translation de l’art classique africain », qui fait suite au discours d’Emmanuel Macron à l’université de Ouagadougou, au Burkina Faso, le 28 novembre 2017. Ce discours a marqué un tournant dans la politique française au regard des œuvres d’art africaines appartenant à nos collections nationales. Elle « a déjà conduit à la restitution de certains objets au Bénin et au Sénégal », mais Diagne fait remonter l’origine de ce combat ou de cette requête africaine au discours d’Amadou-Mahtar M’Bow, alors directeur général de l’Unesco, en 1978.

On ne peut en même temps taire que Léopold Sédar Senghor invita à Dakar, le 30 mars 1966, pour l’inauguration du premier Festival mondial des Arts nègres, naturellement Aimé Césaire mais aussi André Malraux, qui fonda le ministère des Affaires culturelles sous de Gaulle, et qui était avant tout l’écrivain et concepteur du « Musée imaginaire », devenu avec l’entrée en jeu du DVD et d’Internet, ce que l’auteur des « Voix du silence » avait tout à fait imaginé, un phénomène planétaire. Or, dans « La Tête d’obsidienne » (Gallimard, 1974, cf. Œuvres Complètes III, Bibliothèque de la Pléiade, 1996) Malraux, à propos du rouleau japonais du XIIIe siècle, le Shigemori de Takanobu, comme des arts nègres, des arts des fous et des arts hors de l’histoire, comme de la peinture de la communauté de Saint Soleil (Haïti), écrit, qu’en entrant au Musée imaginaire, ils n’en mettent « pas moins en cause la conquête du monde par l’art occidental et tout le Musée imaginaire, qui pourtant [les] annexe ».

L’art africain a une valeur de symbole paradigmatique, mais dans le même temps, il a conquis le monde et se trouve dans les plus grands musées, à commencer par le Louvre, où le président Jacques Chirac les fit entrer, au Pavillon des Sessions, en 2000, non sans rappeler combien « les contrées colonisées furent un temps d’humiliation et de souffrance », que Jean-Paul Sartre a pu décrire comme un « énorme cauchemar ». »

Souleymane Bachir Diagne fait ici un travail de mémoire, de philosophe, d’historien et de linguiste. Il crée ou développe une nouvelle manière de concevoir la traduction, à travers des mots aussi lourds de sens que « langue hospitalité », jusqu’à écrire que « la traduction contribue à la tâche de réaliser l’humanité, et même mieux : elle s’y identifie » (p. 166). Il prône ainsi un véritable « dialogue des cultures », qui faisait dire à Malraux que « l’esprit ne connaît pas de nations mineures, il ne connaît que des nations fraternelles » (Discours de l’Acropole in « La Politique », la culture, Folio, 1996). Ainsi, Souleymane Bachir Diagne sait que l’esprit ne devrait connaître que des langues fraternelles.

De langue à langue. L’hospitalité de la traduction, Souleymane Bachir Diagne, Albin Michel, Bibliothèque des Idées, 180 p., 17,90 euros.

 

[Source : http://www.nouvelobs.com]

 

Entre sa naissance en Pologne, en 1904, et sa mort en France, en 1969, Witold Gombrowicz aura passé vingt-quatre ans en Argentine, où il se rend en 1939, une semaine avant le déclenchement de la Seconde Guerre mondiale. Ses lettres à ses amis de Buenos Aires paraissent en français.

Witold Gombrowicz à Vence, en 1967. Photo : Oswald Malura


Witold Gombrowicz, Correspondance avec ses disciples argentins. Trad. de l’espagnol par Mikael Gomez Guthart. Sillages, 224 p., 14,50 €


Publié par Jean-Pierre Salgas

« Je rends grâce au Très-Haut de m’avoir tiré de Pologne alors que ma situation littéraire commençait à s’améliorer pour me lancer sur le continent américain au milieu de gens parlant une langue étrangère, dans la solitude, dans la fraîcheur de l’anonymat, dans un pays plus riche en vaches qu’en artistes », écrit Witold Gombrowicz dans son Journal en 1960. La phrase est reproduite en exergue de cette Correspondance avec ses disciples argentins. Souvenons-nous : l’auteur de Ferdydurke, « gloire de la nation », convié à une croisière, quitta la Pologne pour l’Argentine le 25 août 1939.

Périphéries

Parti pour quinze jours, Gombrowicz reste en Argentine pendant la guerre puis durant vingt-quatre ans, passant de la périphérie de l’Europe à la périphérie du monde. À Buenos Aires, au sortir de la guerre, il traduit Ferdydurke avec un groupe d’amis écrivains débutants. Sa préface affirme une croyance en l’universalité de la littérature. Échec : la « mère Ocampo », et sa revue Sur, vouée au Nord (Paul Valéry) avec Borges, lui ferment les portes du monde littéraire local. On peut se reporter à Trans-Atlantique. C’est alors qu’il entame le parcours qui va le conduire de la périphérie au centre français de la république des lettres. Il l’atteint en pleine guerre froide : une bourse de la fondation Ford, en 1963, le dépose à Berlin après la construction du Mur en 1961. « Polonais exacerbé par l’histoire », dira-t-il dans ses Souvenirs de Pologne.

Après 1947, sa stratégie dans le champ, au sens de Bourdieu, devient une stratégie au sens de Clausewitz : « La grande Bataille de Paris est encore plongée dans les ténèbres, pas la moindre nouvelle si ce n’est que Les Lettres Nouvelles ont eu écho du coup de canon en ouverture du bombardement et, j’imagine, Ferdydurke doit déjà se trouver en librairie » (1958). Lieutenants : Kot Jelenski (le Bâtard ou le Prince), Francois Bondy et la revue Preuves. Instrument : le Journal à compter de 1953 (en public) comme le Bloc-notes de Mauriac, publié dans Kultura, adressé autant à la Polonia qu’à la Pologne et tous les articles, les Varia, qu’il serait temps de traduire intégralement et chronologiquement en français et non sous la forme d’anthologies plutôt thématiques. En 1955, Gombrowicz démissionne de son poste d’employé au Banco Polaco pour se consacrer à l’écriture.

Vers le centre 

Dans les premiers temps de cette correspondance, dans une missive à Alejandro Russovich (l’ami de toute une vie), Gombrowicz écrit : « Ma célébrité se développe de façon systématique et étourdissante pour mes ennemis. Yvonne (une comédie) a été jouée à Varsovie, grand succès, et devrait prochainement être montée à Prague, Paris et Londres, Ferdydurke a été accepté par Julliard, grand éditeur, Nadeau en personne a l’air ravi. Troisième édition de Ferdydurke en Pologne, je viens de signer le contrat. Trans-AtlantiqueLe Mariage et Bakakaï (des nouvelles) sont sortis là-bas le mois dernier, avalanche d’articles où l’on me proclame le plus grand. Mon Journal agit de façon foudroyante, la traduction française est en cours. En attendant j’ai terminé mon nouveau roman qui va s’appeler La Pornographie parce qu’il est un peu vert ».

Vingt ans après Ferdydurke, dix ans après l’échec de sa traduction argentine, arrivent gloire polonaise et gloire mondiale via la France. Là, le Dégel et l’arrivée au pouvoir de Gomulka permettent la réédition de Ferdydurke. Ici, alors que Roger Caillois, borgesien fidèle, a fait échouer l’hypothèse Gallimard, Bondy et Jelenski convainquent Maurice Nadeau de publier la traduction composée avec Roland Martin. Anticipant le retour en Europe de l’écrivain. À Tandil, au sud de Buenos Aires, il a rencontré un groupe de jeunes aspirants écrivains : Grinberg, Di Paola, Gomez, futur exégète et biographe, Betelu, le préféré, dessinateur. Outre Russovich, ce sont eux les destinataires des lettres. Surnoms en cascade, par exemple pour Betelu : « Quilombo, Quilo Flor ou plutôt, Florquilo ou encore mieux, Soliflores, ce que l’on peut également interpréter selon les circonstances en ColienFlor ».

Witold Gombrowicz, Correspondance avec ses disciples argentins.

Malade et hypocondriaque, Gombrowicz se raconte et leur prodigue des conseils en tous genres, tentant d’instruire leur immaturité face aux formes. Ces lettres sont littéralement à mi-chemin entre le Journal et Kronos (pour soi : en 1965, il demande conseil à Russovitch pour un suicide). Les rubriques sont les mêmes que la comptabilité qui scande ce dernier : santé, argent, littérature, sexe. Le ton oscille entre Trans-Atlantique et Opérette, entre Ubu et Nourritures terrestres… Arrivé en 1963 à Berlin, « un incroyable mélange entre du provincial et de l’ultra-cosmique », Gombrowicz, par ailleurs cible de la presse polonaise, tente de reconstituer le Zemianska de Varsovie et le Rex de Buenos Aires au café Zuntz en 1963. Tentant d’enrôler Ingeborg Bachmann, Peter Weiss, Uwe Johnson, Günter Grass et de plus jeunes intellectuels. « Imagine bien, dans ta vie terne et privée de la lumière de l’intelligence, que lorsque sonnent les coups de 13h les lundis ou les jeudis, je me trouve au Zuntz entouré de Boches à qui je distribue des sourires ».

Diario argentino

« Incroyables, ces Allemands, quelle douceur céleste, imaginez donc que lorsque je déjeune dans un petit jardin près de chez moi, les moineaux innocents se posent sur ma table, certains qu’il ne leur arrivera rien » (il est en train d’écrire Cosmos). Après Berlin, grâce à Maurice Nadeau, il arrive à l’abbaye de Royaumont où il rencontre Rita, « une jeune Canadienne (vingt-trois ans) d’une extraordinaire efficacité, qui m’aime tendrement et prendra soin de moi ». Ils partent à Vence. Elle écrira deux livres majeurs sur lui, deux Évangiles (Gombrowicz par les témoins de sa vie). Toujours, il continue de gérer et de contrôler aussi sa légende argentine. En 1963, à l’occasion d’une revue, Eco contemporaneo, qui lui consacre un numéro, il écrit à Gomez : « Votre dernière lettre m’a écœuré. […] Sachez que je ne suis pas, et que je n’ai jamais été, homosexuel ; même s’il peut m’arriver de temps à autre, quand l’envie m’en prend, de me risquer sur ce terrain ». On trouve également dans ce livre des lettres à Ernesto Sabato (ils s’entre-préfacent) et au jeune Jorge Lavelli, metteur en scène du Mariage au théatre Récamier : « Lavelli triomphe, il a fait quelque chose de macabre, de monstrueux, de répugnant et de révoltant avec un Doigt horripilant tel un phallus, personne n’y comprend rien, tout le monde dit qu’il s’agit d’un festival gestuel et verbal, sans rien ajouter de plus précis ». Bernard Dort écrira, dans son journal encore inédit, que ce spectacle lui permit de passer de Brecht à Bob Wilson.

Witold Gombrowicz, Correspondance avec ses disciples argentins.

Dessin de Mariano Betelu représentant Witold Gombrowicz et Juan Carlos Gomez. © Ana Betelu

Au terme de cette correspondance, on surprend Gombrowicz à Vence en 1967 en train de couper-coller son Journal pour fabriquer Diario Argentino en 1967 : le chapitre XVI (1955) est devenu le premier. C’est un volume symétrique des entretiens avec Dominique de Roux (qui deviendront Testament), pensés quant à eux sur le modèle des « Écrivains de toujours » des éditions du Seuil. À la Pologne et à la Polonia s’ajoute l’Argentine. Gombrowicz a traversé plusieurs États historiques et géographiques de la république mondiale des lettres analysée par Pascale Casanova, selon une trajectoire unique, comme, autrement, Vladimir Nabokov ou Jorge Luis Borges, les reflétant autant qu’il les réfléchit. En août dernier, à la suite de Juan José Saer et de Ricardo Piglia, qui soutenaient que cet écrivain polonais était le plus grand écrivain argentin du siècle, eut lieu une seconde édition d’un monumental Congresso Gombrowicz. « L’espagnol de Witold Gombrowicz est un mélange d’argot des rues de Buenos Aires teinté de polonismes et d’espagnol à la grammaire incertaine », note le traducteur, Mikael Gomez Guthart.

Écrivain national antinational 

« N’oubliez pas, cher Goma, que vivre avec le Plus Grand écrivain de l’univers (ou sur le point de le devenir, ce qui revient au même) ne se représentera pas à vous de sitôt » (1963). En 1967, presque au terme de cette correspondance, il a reçu le prix Formentor pour Cosmos. Et il est édité en poche (10-18) grâce à Christian Bourgois, devenu son éditeur. « L’année dernière j’ai loupé le Nobel d’un rien », écrit-il à Miguel Grinberg en février 1969.

Adversaire de la polonité né dans un monde de nations, il est en train d’être rattrapé par le monde (des lettres, mais pas seulement). Cinquante ans après sa disparition, un récent colloque a réuni ses traducteurs (trente-huit langues) à Radom et à Vence. « Comme le dit Le Monde, il s’est formé autour de moi une maçonnerie internationale » (1963). En Pologne, après avoir été un temps retiré des manuels scolaires, le voilà en voie de devenir l’écrivain national avec un musée à Wsola, un autre à Vence. Exceptions relatives : le monde anglo-saxon (du fait de la mondialisation ?) et la France (du nationalisme, de la polonisation ?). Comme tous les écrivains « de l’Est », Gombrowicz y est moins présent depuis la chute du Mur. Le temps est révolu où Gilles Deleuze le citait dans tous ses livres, de Logique du sens à Critique et clinique, où Michel Foucault offrait La pornographie à ses visiteurs, où Milan Kundera l’incluait dans son panthéon, alors qu’il pourrait bien être le plus actuel des écrivains européens. Car Ferdydurke, roman politique, analyse les trois tentations contemporaines : nationalisme patrimonial, mondialisation, alors américano-germano-soviétique, saut dans l’inconnu. Quant à la « filistrie » de Trans-Atlantique, alternative aux patries, elle nommait dès 1953 la créolisation d’un Glissant. À Mariano Betelu, en 1963, Gombrowicz écrivait : « Mon vieux, Nadeau vient de m’écrire, il a lu mon Journal car la traduction est terminée, il se dit ébloui, stupéfait. C’est meilleur que si ce n’était que d’un grand écrivain. Je publierai tout ce que vous avez écrit ou écrirez car je veux que Les Lettres Nouvelles soient liées à votre nom ». Ces nouvelles lettres lui donnent raison.

 

[Source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

Tras casi una década sin publicar una novela, “el artefacto perfecto para entender nuestro mundo”, el escritor reflexiona en ‘La tierra de la gran promesa’ sobre los dramas pendientes del México pasado y contemporáneo, la compleja relación entre realidad y arte y la responsabilidad moral de los creadores

Juan Villoro. Foto: Sofía Grivas

“Mi generación estuvo enamorada de las utopías, de las grandes transformaciones. El socialismo, la democracia real, que no teníamos en México, el retorno a la naturaleza con el hipismo… pero treinta años después todo eso quedó en nada”, recuerda Juan Villoro (Ciudad de México, 1956), que ha prestado buena parte de su desencanto a Diego, el protagonista de su nueva novela tras casi una década. La tierra de la gran promesa narra la historia de un cineasta fracasado, marcado por el dramático incendio de la Cineteca de México de 1982, un caso irresuelto en el que ardieron más de 6.000 películas.

Reconvertido en documentalista de zonas de riesgo, la oportunidad de entrevistar en una casa de seguridad a un importante narcotraficante lo llevará a una realidad incontrolable, pues, como explica Villoro, “se convierte involuntariamente en vocero de otras personas, en cómplice de muchas cosas, y se encuentra en una encrucijada en la que ha perdido ya el control de lo que hace”. Exactamente lo que ocurre con los dramas que sufre el país azteca —la corrupción, el narcotráfico, la violencia…— que el escritor despliega uno por uno dando cuenta de la compleja maraña que los entrelaza y de lo difícil que es ponerles solución.

Pregunta. “En México, la ilusión siempre es más fuerte que la realidad”, escribe. ¿Por qué es su país “la tierra de la gran promesa” y por qué esta queda siempre incumplida?

Respuesta. Ese era el título de la película de Tarkovski que se exhibía en la Cineteca cuando ardió en llamas y me pareció muy propicio para hablar de una tierra donde las ilusiones se descarrilan y se incendian. En México se han prometido muchas veces transformaciones fundamentales, y los mexicanos, con enorme esperanza, nos hemos unido a ellas. Esperanzas deportivas, de que al fin la selección llegará a un quinto partido en el Mundial, o de bienestar económico, para que pueda haber mayor justicia social. Se ha inaugurado la modernidad una y otra vez y todo ha acabado en frustración. Esta novela es la crónica de un desencanto, pero también de una sigilosa resistencia, de lazos afectivos, comunitarios, culturales que permiten que la gente subsista y que todavía tenga algo que sigue siendo rebelde: la ilusión.

México es una tierra donde las ilusiones descarrilan y se incendian. Esta novela es la crónica de un desencanto, pero también de una sigilosa resistencia

P. Su protagonista repite en varios momentos que el arte se alimenta de las desgracias, ese mantra de que la felicidad no produce creatividad. ¿Realmente lo cree así?

R. En la película El tercer hombre Orson Welles se pregunta qué han dado al mundo la paz, la estabilidad y la prosperidad de Suiza. El reloj de cuco. En cambio, la corrupción, las intrigas y la violencia de Italia trajeron el Renacimiento. El arte generalmente prospera en situaciones complejas y dolorosas porque es una manera de compensar la realidad. Si el mundo fuera perfecto no necesitaríamos historias, las escribimos para soportar el peso de un mundo que está mal hecho. En esta medida, México es un país que nunca deja de surtir a un creador. El incendio de la Cineteca, que nunca se explicó, es una metáfora de esas situaciones que quedan abiertas, de esos fuegos que siguen calcinando cosas porque nunca se apagaron del todo, nunca se resolvieron.

Un compromiso rebelde

P. También reflexiona sobre la responsabilidad moral del artista. Si las novelas, el arte, reconstruyen la historia, algo muy notorio en América Latina, ¿cuál es este papel del creador?

R. Cada cual escoge una perspectiva para relacionarse con el mundo que tenemos. A mi juicio hay una doble responsabilidad. Por un lado, el arte es una manera de encontrar armonía y sentido en algo que no lo tiene. La realidad ocurre de manera abusiva, contradictoria, desagradable, y la literatura le puede dar un orden al caos. Y el otro aspecto tiene que ver con el placer. Se trata de crear belleza, de entender que incluso en el infierno hay algo que puede refutar los dolores y los quebrantos. En ese sentido, la literatura tiene un compromiso rebelde: procurar felicidad donde parecería que esta no tiene derecho a ocurrir.

P. Uno de esos infiernos que aborda la novela es el mundo del narcotráfico. ¿Es ya un modo de vida irrenunciable para mucha gente? ¿Qué motivaciones sociales lo impulsan?

El narcotráfico se ha incrustado plenamente en el tejido social mexicano. Los jóvenes se hacen sicarios porque no tienen alternativas

R. El narcotráfico se ha incrustado plenamente en el tejido social mexicano y es un fenómeno que tiene aristas culturales, políticas, económicas, religiosas, simbólicas… Fue un error cuando en 2006 el presidente Calderón declaró una guerra al narco, entendida exclusivamente como una campaña militar. Hay que entender que para muchos jóvenes no hay mejor opción real que pertenecer al crimen organizado. No se hacen sicarios porque un espíritu maligno haya poseído su alma, sino porque para un muchacho pobre que no tiene otras alternativas ingresar en esta vida es una oportunidad de tener dinero rápido, prestigio social, códigos compartidos…. Lo que debemos hacer para acabar con esto es crear alternativas. No entender a los narcotraficantes como gente llegada de otro planeta, sino como nuestros propios compatriotas, vecinos, amigos y familiares.

P. Justamente dice que “la realidad política depende de la construcción de narrativas”. ¿En esta era de fake news hemos olvidado el papel capital del lenguaje a la hora de representarnos el mundo?

R. Me parece muy importante entender que los políticos crean un discurso donde muchas veces es más importante la representación de la realidad que la realidad misma. En México, hace unos años el máximo encargado de la seguridad nacional, Genaro García Luna, actualmente encarcelado en Estados Unidos, creó montajes televisivos para simular que estaba impartiendo justicia. También es muy común que cuando se detiene a un capo, se le atribuyan a él todos los males, como vimos que pasó con el Chapo Guzmán, considerado como un criminal casi omnipotente. Es muy conveniente este tipo de chivo expiatorio.

El eterno retorno

Para combatir estos desmanes del poder, Villoro defiende el papel del periodismo para hallar la verdad, “que como decía Gramsci siempre es revolucionaria”, y por encima de todo la novela. “Este artefacto es uno de los mecanismos más eficaces para entender la complejidad de todas estas narrativas que se cruzan en nuestro día a día”, expone el escritor. “Es un mecanismo para dar sentido, confrontar y amalgamar todo tipo de relatos, todas esas tramas y visiones de la realidad que, sueltas y por separado, tratan de imponer un pensamiento único. Unirlas y explicarlas es lo único que nos puede hacer pensar de forma crítica”.

El arte prospera en situaciones dolorosas porque es una manera de compensar la realidad. Si el mundo fuera perfecto no existiría

De la amplia constelación de autores del español, Villoro destaca a unos cuantos “compañeros de generación”, como los argentinos Martín Caparrós, Leila GuerrieroHéctor Abad FaciolinceAlberto Barrera TyszkaEnrique SernaFabio MorabitoCarmen Boullosa… Pero se muestra muy entusiasmado con las nuevas voces femeninas —Samanta SchweblinMariana EnriquezLina MeruaneGuadalupe NettelSara Mesa…—, “porque su generación solamente ha conocido un mundo en crisis, no pasó por esa época en la que las utopías estaban en oferta, y saben que la tierra de la gran promesa no está en el futuro lejano, no es una arcadia inalcanzable, sino que es este mundo imperfecto y lleno de horror en el que podemos marcar una diferencia”, explica.

P. Confesaba hace poco que teme que la polarización política desemboque en un rebrote autoritario más sostenido. ¿Lo ve realmente posible?

R. El año pasado estuve con el decano del exilio español en México, Fernando Rodríguez Miaja, asistente de campo del general Miaja que defendió Madrid. Entonces tenía 103 años y una enorme lucidez. Decía que al escuchar a VOX oía cosas que le recordaban mucho a lo dicho poco antes de la Guerra Civil. Ciertas actitudes políticas que él consideraba irrepetibles volvían a ocurrir. El ser humano es un enamorado de las primeras oportunidades, rara vez piensa que está repitiendo errores antiguos. Una de las paradojas de los populismos recientes es que hacen las promesas que ya fracasaron en otro tiempo. Milan Kundera dice que vivimos en el planeta de la inexperiencia. Se vende como nuevo cosas que ya fracasaron en el pasado. Así que, ¿por qué no podría pasar una vez más?

Un optimista de la catástrofe

P. Recientemente escritores de varios países han tenido polémicas con sus gobiernos: los colombianos en la Feria del Libro, los peruanos en la FIL, el abominable caso de Nicaragua… ¿La cultura vuelve a ser un campo de batalla político en América Latina o nunca dejó de serlo realmente?

R. Aquí la cultura todavía tiene un peso social muy fuerte principalmente porque es un privilegio que detentan unos pocos. Es una paradoja que, en un país sin lectores un escritor se convierta en una suerte de profeta social. Se piensa que tenemos una esfera de cristal que puede actuar como un oráculo. Esto es un error, pero la cultura tiende a ser sobrevalorada en países donde no tiene un espacio propio suficientemente fuerte. Sería muy raro que en Estados Unidos o Europa un escritor fuera candidato a la presidencia. Son juzgados por sus libros, no por su representatividad social. En América Latina, mientras la cultura sea beneficio de unos pocos, servirá de talismán para discutir a través de ella problemas sociales muy importantes.

Como dice Kundera vivimos en el planeta de la inexperiencia. Los populismos triunfan hoy con promesas que ya fracasaron en el pasado

P. Chile, Colombia, Argentina…muchos países del continente están en procesos de cambio social. ¿Qué dos o tres reformas son las más urgentes para cumplir las promesas?

R. México tiene una desigualdad rampante, es uno de los países con mayor brecha entre ricos y pobres. Por ello, el principal combate es a la pobreza, porque si todo el país está en la precariedad es menos grave que si 14 millones de multimillonarios hacen agravio a todo el resto. Esta capa de ricos es muy fuerte, equivale al mercado interno de Suecia, pero a eso hay que agregarle también el de Pakistán… Y esta contradicción es inaceptable. Otra reforma urgente es erradicar la violencia, que ha convertido el simple hecho de salir a la calle en una circunstancia de alto riesgo. Después vendrían frenar la destrucción de la naturaleza y la discriminación de pueblos originarios y mujeres… La agenda de cambio es enorme y necesaria, pero soy un optimista de la catástrofe. Espero que de todas las convulsiones que estamos teniendo recientemente salga una esperanza.

[Foto: Sofía Grivas – fuente: http://www.elcultural.com]
« Le Maestro. Pour que vive la musique des camps » (Maestro. Alla Ricerca della musica nei campi) est un documentaire de Alexandre Valenti. Le combat de Francesco Lotoro, pianiste juif italien cinquantenaire, avec l’aide de son épouse Grazia, pour retrouver, archiver, conserver et interpréter les partitions de musiques composées dans les camps de concentration nazis lors de la Deuxième Guerre mondiale, dans des prisons, etc., et s’entretenir avec les derniers artistes survivants de la Shoah. Le 16 novembre 2021, de 12 h 15 à 13 h 15, la Maison des Sciences de l’Homme-Alpes proposera « Le pouvoir de tuer? La musique dans les camps nazis », avec Élise Petit.

Publié par Véronique Chemla

« Partout où l’homme est en captivité, la musique naît », a déclaré Francesco Lotoro, pianiste juif italien.

Après leur arrivée au pouvoir en Allemagne en 1933, les Nazis avaient banni les musiques qu’ils jugeaient « dégénérées », et interdit les compositeurs juifs ainsi que leurs œuvres.

Lors de la Deuxième Guerre mondiale, persécutés, conscients des menaces létales pesant sur eux, les musiciens juifs ont poursuivi, dans ou hors des camps, malgré un contexte tragique, leur activité créatrice. Une manière d’exister jusqu’au bout comme artistes, de refuser la déshumanisation imposée par les Nazis, d’introduire l’art dans la vie douloureuse de leurs coreligionnaires.
Nombre de ces artistes juifs ont été assassinés par les Nazis et leurs collaborateurs lors de la Shoah.
Ils sont généralement tombés dans l’oubli, faute souvent de descendants pour rappeler leur talent, de concerts pour interpréter leurs œuvres, de musicologues pour mentionner leurs contributions dans l’histoire de la musique. Une forme de victoire posthume d’Hitler et de ses séides.
Divers artistes se sont élevés contre cette amnésie ou cette occultation, et ils ont réussi à restituer ce patrimoine artistique si divers auprès d’un public curieux.
Forum Voix Étouffées
« Qui se souvient aujourd’hui de Viktor Ullmann, Karol Rathaus ou Franz Schreker ? À qui parlent encore les noms d’Alfred Tokayer, Stefan Wolpe, Erich Zeisl ou Aldo Finzi ? Certains de ces compositeurs jouaient pourtant un rôle important sur la scène musicale européenne avant l’arrivée du nazisme au pouvoir, et ont laissé des œuvres parmi les plus importantes du patrimoine musical mondial. D’autres, encore en début de carrière, ne virent jamais s’accomplir les promesses de leur talent. Parmi les victimes du Troisième Reich, le cas de ces « voix étouffées » revêt de fait un caractère unique. Représentant de courants esthétiques très divers et majoritairement juifs, ils furent contraints à l’exil ou déportés en raison du caractère supposé « dégénéré » de leur musique ».

Le « travail de réhabilitation de ces compositeurs n’en est toutefois qu’à ses débuts. Leur redonner une voix nécessite encore un travail intense de redécouverte et de diffusion, d’identification (qui sont-ils?) et d’évaluation (que valent leurs œuvres?) : au-delà des conditions mêmes de leur disparition – si terribles fussent-elles -, le travail mémoriel n’a de sens que s’il permet en effet de faire surgir de l’oubli des compositeurs dont l’universalité de la création aurait dû les maintenir – si ce n’avait été les circonstances – au cœur de la vie musicale mondiale ».

« Leur rendre cette justice est tout l’objet du Festival Voix Étouffées et du Forum des Voix Étouffées, fondé en 2003 par le chef d’orchestre et compositeur Amaury du Closel », ancien élève de Max Deutsch, ancien élève de Schönberg.
Le Forum et le Festival des Voix Étouffées visent à « redécouvrir les compositeurs persécutés par le nazisme entre 1933 et 1945 en incitant notamment les responsables musicaux européens à intégrer leurs ouvrages dans leur répertoire et en formant de jeunes musiciens à leur musique, sensibiliser le grand public, en le renseignant sur le contexte historique ayant mené à la persécution de ces artistes et en le familiarisant avec leur œuvre et préserver à la fois le souvenir des « voix étouffées » et cette partie du patrimoine culturel européen.
L’Ensemble Voix étouffées « a été fondé par Amaury du Closel en 2005 afin de jouer la musique des compositeurs qui furent victimes du nazisme. L’ensemble est formé de 12 musiciens passionnés de musique de chambre et de nouveaux répertoires placés sous la direction de son fondateur. Depuis sa création, il s’est produit régulièrement dans la saison de concerts du Musée de l’Armée aux Invalides, ainsi qu’au Festival « Musique Dégénérée » d’Aix-en-Provence, et au Festival Verfemte Musik de Schwerin, ainsi qu’en partenariat avec le Musée d’Auschwitz-Birkenau. Prolongement artistique du Forum Voix Etouffées, il a assuré la redécouverte en France d’œuvres d’Erich Itor Kahn (Actus Tragicus), Ernst Toch (Tanzsuite), Norbert Glanzberg (Holocaust Songs), Alexander von Zemlinsky, Franz Schreker (Der Wind), Hanns Eisler (Quatorze manières de décrire la pluie, Septuor n°2), Egon Wellesz (Suite pour violon op.39), ainsi que les commandes sur le thème des persécutions nazies passées à Lionel Arnaud, Piotr Moss et Marc Tallet. Il a enregistré sous le label KMI les Six Lieder op.13 sur des poèmes de Maurice Maeterlinck d’Alexander von Zemlinsky avec la mezzo-soprano Anna Holroyd en 2008, et un documentaire, Elégies d’Auschwitz, réalisé par Frédéric Cristea en 2009. Un CD consacré au compositeur Ernst Toch a été publié en mars 2011. Depuis 2009, il a participé à de multiples concerts en Allemagne, Autriche, Grèce, République Tchèque, Pologne, Roumanie et Lituanie, dans le cadre de tournées soutenues par l’Union Européenne. En 2010/11, l’Ensemble s’est produit à Strasbourg, Vienne, Auschwitz, Varsovie, Vendôme, Beaugency, Paris, Halberstadt, Salonique et Vilnius ».
Installé à Strasbourg, le Forum Voix Étouffées a induit la création du CEMUT (Centre Européen d’´Étude de la Musique et du Totalitarisme).
Survivants musiciens
En janvier 2017, l’Institut Maimonide avait accueilli la conférence de intitulée Musiciens juifs rescapés des camps de la mort, avec Philippe Olivier.
« Quand, le 27 janvier 1945, l’Armée rouge libéra le camp d’extermination d’Auschwitz, se trouvaient parmi les survivants de celui-ci des musiciens professionnels. Comment retournèrent-ils à la vie quotidienne ? Purent-ils ensuite – et comment – exercer à nouveau leur art ? On y trouve la violoniste française Violette Jacquet-Silberstein, la violoncelliste britannique d’origine allemande Anita Wallfisch, le hazan grec Estrongo Nachama appelé à devenir un intermédiaire essentiel entre les Juifs de Berlin-Ouest et ceux de Berlin-Est -, tout comme le compositeur français d’origine polonaise Simon Laks. Il avait été, à Auschwitz, le chef de l’un des orchestres masculins de détenus ».
A été évoqué aussi le « sort des instruments de musique dont jouaient ces rescapés. Certains de ces instruments provenaient de spoliations ».
« Au-delà de biographies emblématiques, Philippe Olivier aborda plusieurs questions concernant ce type de rescapés : Comment revient-on au monde de l’art après avoir traversé les épreuves de la déportation ? Comment récupère-t-on ses capacités techniques – instrumentales ou vocales – après avoir souffert notamment de malnutrition ? Quelle place peut-on retrouver dans une vie musicale elle-même profondément modifiée par les événements de la Seconde Guerre mondiale ? Restera-t’on en Europe ou ira-t-on rejoindre, entre autres, les rangs de l’Orchestre symphonique de Palestine, le futur Orchestre philharmonique d’Israël ?

Francesco Lotoro

Le 12 mai 2016 à 19 h 30, le Mémorial de la Shoah a présenté une projection en avant-première mondiale d’extraits de « Le Maestro, à la recherche de la musique des camps » documentaire d’Alexandre Valenti, commentés par ceux qui ont vécu la réalisation du documentaire de l’intérieur aux quatre coins du monde. Étaient présents à cette rencontre Francesco Lotoro, personnage principal du film qui consacre sa vie depuis 30 ans à retrouver, déchiffrer et jouer la musique composée dans les camps de concentration de la Seconde Guerre mondiale, Alexandre Valenti, auteur-réalisateur du film, Loïc Bouchet et Michel Welterlin, producteurs du film, Thomas Saintourens, coauteur du film et auteur du livre Le Maestro (Stock, 2012), Emmanuel Julliard, chef monteur du film, et Marc Valenti, chef opérateur prises de son.
« Depuis plus de 30 ans, Francesco Lotoro, un homme solitaire, s’est lancé un défi unique au monde : retrouver, archiver et jouer toutes les partitions de musique écrites et composées dans les camps de la Seconde Guerre mondiale. Une quête vertigineuse et un film d’histoire, comme un voyage dans le temps contre l’oubli, à la mémoire de ces femmes et de ces hommes qui ont fait de la musique un acte de résistance. Ce film documentaire était alors en production, il devait être diffusé en avant-première au Mémorial à la fin de l’année 2016.

Francesco Lotoro « a 49 ans. On le surnomme le Maestro. Pianiste et compositeur hors norme, Francesco vit à Barletta, dans le sud de l’Italie. Épaulé par son épouse » Grazia, convertie comme lui au judaïsme,et « entouré de son « Orchestre de musique concentrationnaire », il redonne voix aux musiciens oubliés. Pas n’importe lesquels : ceux qui furent déportés, emprisonnés, et qui souvent moururent dans les camps d’internement nazis ».

« C’est mon devoir de mémoire envers les musiciens disparus. C’est ma mission pour la vie », confie Francesco Lotoro, convaincu que ses ancêtres étaient des juifs convertis au catholicisme.

Passionné dès l’enfance par le piano, cet artiste a transformé sa maison en Institut de recherche sur la musique concentrationnaire. Il rêve de le créer en Israël.

Depuis plus de 30 ans, cet « homme solitaire s’est lancé un défi unique au monde : retrouver, déchiffrer, archiver et jouer toutes les partitions de musique composées dans les camps de concentration de la Seconde Guerre mondiale. Déportés, enfermés… des compositeurs et musiciens, continuèrent d’écrire des partitions, des chansons, dans un dernier souffle de vie et de résistance face à l’inhumain ».

Une « quête haletante et vertigineuse, un voyage dans le temps contre l’oubli à la mémoire de ces femmes et de ces hommes qui ont fait de la musique un acte de résistance et de liberté. Partitions parfois inachevées ou parcellaires, symphonies, opéras, chansons folk, chœurs religieux mais aussi swings ou musique tzigane… C’est la musique de prisonniers qui n’ont jamais renoncé à leur liberté créatrice ».

« Avec dix mille partitions retrouvées et recensées durant trente années de recherches, « le maestro » veut faire vivre cette musique écrite là où la mort était la compagne de chaque jour, là où la vie ne tenait qu’à un fil, là où la création artistique était un ultime acte de résistance. Cette musique fut écrite clandestinement par des femmes, des hommes, des prisonniers de toutes origines, de toutes religions pendant l’une des périodes les plus sombres de l’histoire de l’humanité, entre 1933 et 1946. Telle une énigme à dévoiler, la traque du mélomane prend sens dans cette musique retrouvée ».

En « les interprétant aujourd’hui, Francesco Lotoro, le « Maestro », veut libérer ces musiques emprisonnées, ainsi que l’âme et l’esprit de tous ceux qui les ont composées. Plongé dans une mission solitaire, à la portée universelle, Francesco Lotoro réveille un pan entier de l’histoire de la musique jusqu’ici passé sous silence ».

Alexandre Valenti « a construit son documentaire « Le Maestro. Pour que vive la musique des camps » à la manière d’un road-movie ».

C’est « un voyage vertigineux. Un voyage dans le temps où passé, présent et futur se conjuguent dans son bureau, point d’ancrage de tous ses voyages, de toutes ses découvertes. C’est ici que Francesco donne sens à une mémoire universelle et rend vivant le dernier soupir créateur de ces hommes et de ces femmes que la folie meurtrière des geôliers des camps de la mort avait emporté ».

Ses « recherches débutent à Prague, dans des camps comme celui de Terezin où ont été enfermés les plus grands compositeurs tchèques de l’entre-deux-guerres tels que Gideon Klein, Hans Krasa, Pavel Haas ou Viktor Ullmann, qui finiront dans les chambres à gaz du IIIe Reich. Compositeur, Rudolf Karel qui mourut à Theresienstadt, composa le « Nonet », en écrivant sur des feuilles de papier hygiénique avec du charbon que l’on lui donnait pour soigner sa dysenterie ».

Francesco Lotoro « rencontre Alexander Tamir qui, dans le ghetto de Vilnius à 11 ans, compose la chanson « Shtiler, shtiler », et pour qui la musique, même si elle n’empêchait pas les gens de mourir, pouvait les rendre plus forts ».

« Nous suivons Francesco à Paris, à Rio, à Cracovie, à la recherche des derniers musiciens des camps ou de leur famille ».Francesco Lotoro « exhume de l’appartement parisien de Wally Karveno, née à Berlin et déportée au camp de Gurs dans le sud-ouest, l’original d’un « Concertino pour orchestre de chambre » qui n’a jamais été interprété et qu’il va reconstituer, retranscrire et déchiffrer avec la complicité de la vieille dame centenaire ». La dame coquette, maquillée, communique ses archives, dont des partitions avec les voix et les cordes, et son amour pour la musique.

« Dans un village au fin fond de la Slovaquie, il enregistre les chants tziganes qui évoquent encore la mémoire de ce peuple meurtri dans les camps d’extermination nazis ». Un patrimoine transmis oralement.

« Plongé dans une mission solitaire à la portée universelle, Francesco Lotoro réveille ainsi un pan entier de l’histoire de la musique, jusqu’ici passé sous silence. Une musique pour laquelle il veut se battre, afin qu’elle soit considérée comme un patrimoine de l’humanité, qu’elle soit protégée, classée, comprise, échangée, et jouée dans les théâtres et dans les rues du monde entier ».

Francesco Lotoro a trouvé plus de 10 000 musiques, et en a interprété 400.

« La lutte de l’homme contre le pouvoir est la lutte de la mémoire contre l’oubli », a déclaré l’écrivain Milan Kundera.

Ce documentaire a été distingué par le Prix du Public au Festival international du film d’histoire de Pessac 2016.

« La musique dans les camps nazis »

Le 16 novembre 2021, de 12 h 15 à 13 h 15, la Maison des Sciences de l’Homme-Alpes proposera « Le pouvoir de tuer ? La musique dans les camps nazis« , conférence, dans le cadre du cycle « Avenue centrale. Rendez-vous en sciences humaines », avec Élise Petit, maîtresse de conférences en Histoire de la musique, directrice du département de Musicologie de l’université de Grenoble et membre du Laboratoire Universitaire Histoire Cultures Italie Europe (LUHCIE).

« Au-delà du Verfügbar aux Enfers de Germaine Tillion ou du Quatuor pour la fin du Temps d’Olivier Messiaen, que sait-on aujourd’hui de la place et du rôle de la musique dans le système concentrationnaire nazi ? »
« La place de la musique dans le système concentrationnaire nazi suscite depuis plusieurs années l’intérêt croissant des chercheuses et chercheurs, des artistes et du public. Une partie des travaux existants, qui repose parfois sur des témoignages romancés, a contribué à forger l’idée que dans l’enfer concentrationnaire, la musique avait avant tout permis aux détenu•e•s de supporter le pire et de construire des espaces de résistance. »
« Nos recherches en histoire de la musique, qui croisent l’analyse des partitions retrouvées, de dessins réalisés clandestinement et l’investigation de nombreuses archives, montrent pour leur part que la musique fut surtout employée par les autorités officielles pour garantir un fonctionnement optimal de la machine d’annihilation, dans les camps de concentration mais aussi dans les centres de mise à mort. »
« En s’appuyant sur nombre de témoignages et sur des documents tirés des archives de la Kommandantur des camps, notre conférence entend permettre une meilleure compréhension des usages destructeurs de la musique par les autorités nazies au sein de ce système. »

Bibliographie sélective :

Entartete Musik. Musiques interdites sous le IIIe Reich (Bleu Nuit, 2015)
Musique et politique en Allemagne, du IIIe Reich à l’aube de la guerre froide (PUPS, 2018)
Spécialiste des politiques musicales dans l’Allemagne du XXe siècle et dans le système concentrationnaire, Elise Petit a signé Entartete Musik. Musiques interdites sous le IIIe Reich (avec Bruno Giner, 2015) et a dirigé l’ouvrage pluridisciplinaire La Création artistique en Allemagne occupée (1945-1949). Enjeux esthétiques et politiques (2015).
« Entartete Musik. Musiques interdites sous le IIIe Reich » est signé par Elise Petit & Bruno Giner (Bleu nuit éditeur, 2015). « La “Entartete Musik” (en allemand, Musique dégénérée) qualifie un vaste répertoire musical d’œuvres et de compositeurs qui ont été interdits sous le IIIème Reich allemand. L’un des symboles reste l’exposition de Düsseldorf le 22 mai 1938, présentant pour la première fois ce titre. Goebbels y prononça son discours politique pour la préservation de la « pureté de la musique allemande » : dans sa visée, autour de la thématique « musique et race », il bannit les musiques atonales, celles de la seconde École de Vienne (musique sérielle), le jazz « nègre », la musique tzigane, les compositeurs de confession juive, ou issus de familles de confession juive, les compositeurs de gauche et une grande partie des musiques « modernistes » du premier tiers du XXe siècle. Ce sont plus de deux cents compositeurs qui furent ainsi mis à l’index, notamment Korngold, Schulhof, Weill ou encore Hindemith, « enfant exemplaire » dans un premier temps mais qui finit par décevoir le régime. Certains réussirent à s’exiler, d’autres moururent en déportation. Mais cet immense catalogue d’œuvres leur a survécu, terrible témoin de la barbarie nazie, imposant toujours un certain devoir de mémoire. Ce volume vous propose de mieux comprendre ce mouvement à travers une synthèse inédite et illustrée, augmentée d’annexes utiles. »

Elise Petit est aussi l’auteur de « Musique et politique en Allemagne, du IIIe Reich à l’aube de la guerre froide » (Presses de l’Université Paris-Sorbonne, 2018). « Cet ouvrage offre une analyse inédite des politiques musicales en Allemagne, depuis l’arrivée au pouvoir d’Adolf Hitler en 1933 jusqu’à la constitution de deux entités politiques en 1949 dans le contexte de la guerre froide. L’étude des politiques mises en œuvre sous le IIIe Reich montre comment la notion de pureté a conditionné la création et la vie musicales, depuis l’aryanisation de compositeurs de la grande tradition tels que Wagner et Beethoven jusqu’à la recherche d’une impossible musique « nazie ». L’examen des luttes de pouvoir entre des acteurs culturels essentiels du Reich, principalement le ministre de la Propagande, Joseph Goebbels, et l’idéologue du parti nazi, Alfred Rosenberg, met en lumière les incohérences très fortes d’un système qui forgea le concept de « musique dégénérée » sans pour autant la bannir totalement. »

« Après la guerre, la création musicale a été mise à contribution des conflits entre Alliés alors que se profilait la guerre froide. C’est ce contexte particulier qui vit la création de l’École de Darmstadt et de festivals de musique contemporaine, mais aussi la réintégration de musiciens compromis avec le régime nazi. »
« En étudiant des régimes qui se construisent en définitive par l’opposition mutuelle, Élise Petit met en lumière des volontés ou des utopies de rupture en lien avec les politiques musicales. Elle interroge la possibilité de la rupture dans le domaine artistique lorsque celui-ci est lié au politique et mène à repenser les notions d’« Heure Zéro » et de tabula rasa dans l’Allemagne du XXe siècle.
« Le Maestro. Pour que vive la musique des camps » de Alexandre Valenti
Intuition Films & Docs / Les Bons Clients / DocLab / Intergea, avec la participation de France Télévision et RaiTre, et le soutien du Programme Media Europe Creative, CNC, de la Région Île-de-France, Procirep-Angoa, Apulia Film Commission, la DMPA, la Sacem, la Fondation pour la Mémoire de la Shoah, l’Institut Alain de Rothschild, L’Istituto Luce, Hartley Film Foundation, MPC Associados, sous le patronage de l’UNESCO, 2016, 52 et 74 min
Sur France 2, dans le cadre de Infrarouge, le 7 février 2017 à 22 h 50
Les citations sur ce documentaire sont d’Alexandre Valenti. Cet article a été publié le 7 février 2017.

Mise à l’honneur au Centre Tchèque de Paris, l’œuvre de Kundera apparaît, en cette période postconfinement, comme le reflet de nos identités retrouvées. L’exposition « Milan Kundera : Nostalgie de l’Europe » est à voir jusqu’au 5 septembre 2021.

Milan Kundera

Écrit par Alix Bancarel

Le temps d’un instant le Centre Tchèque devient notre refuge. On s’abrite de la pluie, on s’isole du tumulte, le boulevard Saint-Germain est tout près. Paris est redevenue, depuis peu, cette ruche muséale, une cité bouillonnante : on arpente désormais les musées, on fréquente les artistes. Je pense à Kundera, le réfugié, l’exilé, l’écrivain adopté, pour le meilleur. Autour d’une exposition estivale, « Milan Kundera : Nostalgie de l’Europe » (du 20 mai au 5 septembre 2021), nous retrouvons donc, enfin, un foyer d’adoption commun : l’art, et la littérature.

Nous sommes restés presqu’un an confinés, « chez soi ». Mais ce chez soi, contraint, ne nous est jamais apparu avec autant d’étrangeté, d’âpreté. Ce Unheimliche n’était rien d’autre qu’un immense vide, une perte de repères qui est devenue, progressivement, une crise identitaire. Qui sommes-nous ? Que voulons-nous ? Qu’est-il permis d’espérer ? Insoutenable gravité des êtres. L’œuvre de Kundera, monument européen, mise à l’honneur au n° 18 de la rue Bonaparte, apparaît alors comme le reflet de nos identités retrouvées. La plaisanterie a assez durée, après la valse aux adieux de nos libertés, on comprendra que la vie est ailleurs. Dans un musée ? Oui, bien sûr.

Dans un murmure, l’accent tchèque de Kundera, rythme notre visite.

– C’est la dernière fois qu’il se montrait après la sortie de L’Insoutenable – le mot est comme un code, un mot de passe pour ceux qui ont en commun la lecture éblouie de ce roman –, tu imagines ?

– Oui, c’est devenu un fantôme, à la Beckett.

– Cette discrétion s’accorde si bien au son grave et tendre de sa voix.

– Bon Apostrophes, Pivot, on l’a déjà vu. On continue.

Avant d’atteindre la bibliothèque – cœur de l’exposition – le badaud gravit un grand escalier en colimaçon – sa colonne vertébrale – dont les murs sont parsemés de citations de l’auteur et des diverses éditions, françaises et internationales, de ses romans. Tout est là, du chapeau melon de Sabina ou chien Karénine. L’harmonie de ces couvertures annonce déjà le goût de Kundera pour l’art pictural.

– Picasso, pour La Vie est ailleurs. Mon préféré.

Cette ascension s’apparente à un panorama littéraire et éditorial, retraçant le parcours d’un écrivain francophone, traduit dans le monde entier. Tchèque ? Français ? Européen ? Cosmopolite. Ce cosmopolitisme mitteleuropéen. Toutes ces facettes résident, vivent et vibrent, simultanément, dans ses romans : « cette essence précieuse de l’esprit européen est déposée comme dans une boîte d’argent dans l’histoire du roman, dans la sagesse du roman ». (Discours de Jérusalem : Le Roman et l’Europe).

Des photographies noir et blanc viennent combler ponctuellement sa disparition médiatique, et satisfaire, par la même occasion, notre futile besoin d’images. Milan et Vera. Beaux et forts. Vera… Que serait l’écrivain-Kundera sans sa Vera ? Un Picasso sans Françoise.

C’est sans doute ça, aimer, véritablement. La beauté n’a de sens qu’à condition qu’elle soit partagée ; « Beauté dans l’art : lumière subitement allumée du jamais-dit. » (L’Art du roman).

Mais pas question d’idéaliser, encore moins de romancer. Face à ces photos, un dessin, réalisé par l’écrivain-même, tourne en dérision le couple. Quoi de plus risible en fin de compte ? Un autoportrait aux formes distordues et grotesques nous rappelle avec délicatesse que l’amour ne vaut la peine d’être vécu que s’il demeure léger. Ne nous laissons pas envahir par un sentimentalisme désuet.

D’autres gouaches représentent des personnages inquiétants, désincarnés, aux cous et aux mains allongés, qui rient gentiment au nez du spectateur. Autant de portraits qui font écho à son univers romanesque, entremêlant sujets graves et ironie grinçante. Ce n’est d’ailleurs pas un hasard si l’artiste, qui interroge inlassablement l’identité, se plaît à déjouer les codes du portrait. « L’œil : la fenêtre de l’âme ; le centre de la beauté du visage ; le point où se concentre l’identité d’un individu. », (L’Identité). Cet œil se décline dans ses dessins sous diverses formes : tordu, tourbillonnant, vide… il suggère une réinterprétation du poète voyant.

Son œuvre, tant littéraire que picturale, que l’on découvre pour la première fois lors de cette exposition, nous met face, sans aucun voile, à nous-mêmes, à nos failles, celles de nos cœurs romantiques.

Une invitation à lire, relire, et à rire.

 

 

[Source : http://www.laregledujeu.org]

Paru en italien en 2013, puis aux éditions Gallimard en avril 2014, La fête de l’insignifiance fait désormais l’objet d’une édition en tchèque. Anna Kareninová — traductrice éminente et reconnue — a la responsabilité de rendre les textes de Milan Kundera en tchèque. Elle signe également la postface de cette édition (dans une traduction opérée par Anna Kubišta). Les éditions Atlantis, qui ont publié ce livre en 2020, nous offrent ainsi un regard inédit, personnel et complexe sur le travail même de traduction.

ActuaLitté

Pour moi, la traduction se conjugue sans cesse au conditionnel : « Comment l’écrivain aurait-il écrit ceci s’il écrivait en tchèque ? » Quand Milan Kundera en est venu à l’idée que je pourrais traduire en tchèque ses romans écrits en français, le conditionnel a changé : « Comment l’écrivain aurait-il écrit ceci lorsqu’il écrivait en tchèque ? » Cet écrivain mondial, dont le tchèque et le français sonnent à l’unisson et dont nous découvrons la musique. Admettons que le traducteur joue sur son instrument une musique écrite pour un autre instrument et qu’il doit rester fidèle à cette musique — voilà que je me retrouvais avec la musique d’un compositeur qu’il avait écrite pour « un autre instrument » tout en jouant du mien d’une main de maître.

Et que je devais insuffler à mon instrument non seulement sa musique, mais aussi son jeu.

Le conditionnel s’en est trouvé changé, tout comme l’ont été les travaux préparatoires. Ma vision du sens et de l’éthique du rôle même du traducteur s’est formée au tournant du millénaire sous l’influence du poète Ezra Pound, de ses traductions et de ses réflexions sur la traduction. Sur ces questions, je considère également comme mon maître le poète Petr Kabeš ainsi que sa devise : « La précision est poésie. »

Traduire, trahir, trahir mieux

Milan Kundera lui-même et ses positions sur le traitement des œuvres littéraires ont également représenté un soutien solide auquel je me réfère. Pour moi, son essai Une phrase (L’ombre castratrice de saint Garta, dans Les Testaments trahis, Gallimard, 1993) fait école en matière de traduction. Milan Kundera y cite un extrait de la lettre de Stravinski au chef d’orchestre Ansermet : « Mais, vous n’êtes pas chez vous, mon cher, je ne vous avais jamais dit : Tenez, vous avez ma partition et vous en ferez ce que bon vous plaira. » (Extrait de l’essai Là, vous n’êtes pas chez vous, mon cher, dans Les Testaments trahis, Gallimard, 1993.)

On ne peut dire mieux. Et quand Milan Kundera écrit dans L’art de la fidélité : « On dit : la traduction est comme une femme, ou bien fidèle ou bien belle. L’adage le plus crétin que je connaisse. Car la traduction est belle si elle est fidèle », c’est un soulagement : enfin, quelqu’un l’a dit !

Afin de ne pas faire « comme chez moi », les travaux préparatoires visant à être précise et fidèle se sont cette fois concentrés non sur la lecture de sources secondaires, la perception et la reconstitution de la musique originelle comme dans le cas des traductions des romans de Céline ou des Cantos de Pound, mais avant tout sur l’analyse minutieuse des livres tchèques de Milan Kundera du point de vue de la langue, du vocabulaire, de la syntaxe. Et ensuite sur celle de leurs traductions françaises autorisées par l’écrivain.

Je savais que certes, j’allais lui donner une apparence tchèque à partir de sa langue française, mais que, dans le même temps, il fallait que son tchèque soit ma source. Grâce à la maison d’édition Atlantis et à ses versions électroniques des livres de Milan Kundera, j’ai eu la possibilité de chercher de façon détaillée l’emploi des mots et des expressions, voire même de conjonctions a priori insignifiantes ou d’adverbes courants. Cela m’a été d’une aide inestimable.

Milan Kundera

Rapport à la langue et à l’autre

Pendant mon travail sur la traduction, j’ai également découvert une chose que je n’avais pas remarquée auparavant en tant que lectrice et qui m’avait sans doute échappée en analysant les textes : en réalité, Milan Kundera écrivait en français bien avant de partir pour la France, il écrivait déjà en français dans ses romans tchèques, son écriture tchèque pense avec la précision syntaxique du français.

Je me suis retrouvée dans cette situation à chaque fois que j’ai eu recours à la méthode typique d’une traduction franco-tchèque : je voulais éviter ce que l’on considère comme étant « une conformité maladroite au français », je voulais lisser la phrase… et j’ai réalisé que le résultat n’était ni précis, ni fidèle, mais simplement muet.

À chaque fois, j’ai retrouvé dans les livres tchèques de Milan Kundera une de ces tournures « maladroitement conformes au français », mais dont le sens était éclatant. À titre d’exemple, référons-nous à ce que reprochait jadis l’article « Se traduire soi-même » à la version tchèque de l’essai, Là, vous n’êtes pas chez vous, mon cher : « Au hasard, quelques exemples : des constructions clivées telles que “Ce qui m’intéresse, c’est le romancier”, ou “Ce qui caractérise les biographies des gens célèbres, c’est qu’ils voulaient être célébrés” sont laborieuses et surtout inutiles, car la langue tchèque permet de trouver une solution élégante à ce genre de situation grâce à l’ordre des mots : Le romancier est ce qui m’intéresse. Les biographies des gens célèbres se caractérisent par le fait qu’ils voulaient être célèbres. »

Seulement, l’ordre « élégant » des mots parle manifestement une autre langue que celle de l’écrivain, l’urgence s’en trouve éclipsée. Ce qui importe à Milan Kundera, c’est la précision du sens, la fidélité à la pensée — voilà pourquoi il a utilisé avec virtuosité des constructions clivées depuis le début, bien avant que l’on puisse lui reprocher l’aspect « laborieux » de sa traduction. C’est étonnant : l’auteur a droit à sa langue originale, mais dès qu’il traduit sa langue originale avec une autre qui lui est propre, on exige de lui un objet linguistique élégant, lisse et sans originalité.

En tant que traductrice, je m’expose à être une cible encore plus aisée que l’écrivain. Je le dis ici : la traduction de La fête de l’insignifiance a généré dix versions que je n’ai cessé de retravailler en prenant justement en considération les livres tchèques de Milan Kundera, afin de me rapprocher au plus près de l’originalité de sa langue, de m’éloigner le plus possible d’une traduction lisse. Milan Kundera a reçu ma traduction en janvier 2020.

Grâce à son épouse Věra, j’ai eu la possibilité rare d’affiner la traduction à la faveur de deux mois de correspondance quotidienne. Cette proximité que j’ai vécue entre Paris et Prague restera dans mon cœur, mes pensées et mes futures traductions. Si le traducteur est un passeur entre la maison de l’écrivain et la sienne, alors ce fut là un voyage au cours duquel il a transporté l’écrivain de chez lui à chez lui. Ainsi, le passeur a-t-il peut-être, au moins en partie, rendu la joie du paysage qu’il a parcouru.

À Prague, le 9 mars 2020

En partenariat avec le Centre tchèque de Paris et Czechlit – Centre littéraire tchèque.

[Photos : CC BY SA 2.0 ; dessin de Milan Kundera – source : http://www.actualitte.com]

Dans le cadre de « Bohemia Magica, Une Saison tchèque en France » (mai-décembre 2002), le Musée du Montparnasse a évoqué Franz Kafka (1883-1924), son œuvre, ses proches et son époque. Extraits de ses romans, notamment sur ses voyages à Paris (1910, 1911), ses dessins à la plume, des tableaux, des photographies de Prague, et bien d’autres documents sont rassemblés pour nous inviter dans l’univers de cet écrivain tchèque, Juif, de langue allemande. La Bibliothèque nationale d’Israël a mis en ligne des œuvres de Kafka.

Publié par Véronique Chemla

« Les deux voyages de Kafka à Paris (1910 et 1911) avec Max Brod, à travers des tableaux et des photographies de l’époque, les peintres tchèques de Montparnasse à l’époque de ces séjours (Alphonse Mucha, François Eberl, François Kupka), ceux qui ont connu Kafka à Prague, avant leur arrivée à Paris (Georges Kars et Othon Coubine du groupe des Huit), les photographies de Roger Pic de la mise en scène du « Procès » par Jean-Louis Barrault au Théâtre Marigny (septembre 1947), la vie et l’œuvre de Franz Kafka, à travers la vision de peintres et de sculpteurs de notre temps, les promenades pragoises de Kafka illustrées par des photos d’époque et récentes de Hélène Moulonguet et Christian Parisot, la richesse culturelle de Praga Magica, sous l’empire austro-hongrois puis dans la Tchécoslovaquie, l’univers onirique de l’auteur du « Procès », son recrutement par une compagnie d’assurance et la chambre de Kafka imaginée par Jack Vanarsky ». Cette exposition, c’est cela et autre chose, en raison du hiatus entre ses deux titres et son contenu très divers.

Plus que de « métamorphoses », il s’agit de présentations, d’inspirations, d’adaptations et d’introductions à Kafka. Tels les portraits de la famille bourgeoise et commerçante de Kafka par Valerio Cugia. Ou ceux du Cercle de Prague par Gerardo Dicrola, et les rêveries des peintres Anne Gorouben et Andrea Fortina, ou « Le Château » par Nathalie du Pasquier. Des visions teintées de mystère d’une « œuvre peu connue du vivant de Kafka, bannie sous le nazisme, redécouverte en France après la guerre par André Gide, André Breton et Jean-Paul Sartre ».

La « reconstitution du cabinet de travail de Kafka » et la boule sombre de Vladimir Skoda (2002) laissent perplexe et leurs bruits irritent.

Kafka, « l’émanation d’une culture qui n’est plus » (Gérard-Georges Lemaire)

Les angles retenus effleurent des faits ou suscitent des questions. Contre la volonté de Kafka qui souhaitait que ses manuscrits et lettres fussent détruits, son meilleur ami, Max Brod, les fait publier (« Le Château »), même inachevés (« Le Procès »), tant il est convaincu du caractère majeur de ces textes.

Kafka, un fin juriste ? C’est ce qu’affirme l’exposition. Alors le raisonnement juridique a-t-il marqué les œuvres de Kafka ? Quelle est la part de sa judéité dans leurs genèses ? Car « après avoir rejeté les traditions du judaïsme, Kafka découvre vers 1910 la littérature yiddish, la Bible, les textes hassidiques et se passionne pour l’idéal communautaire des premières colonies (sic) sionistes. Il lit Dostoïevski, s’initie aux théories socialistes et anarchistes et fréquente les milieux d’avant-garde pragois, allemands et tchèques ».

Pourquoi ses amours furent elles « malheureuses et interrompues » ? Pourquoi Milena a-t-elle été l’amour impossible de Kafka ? Pourquoi n’avoir pas montré aussi les photos de l’adaptation théâtrale de « La Métamorphose » par Yasmina Reza et Roman Polanski (1988) ?

Malgré cette multiplicité d’angles, la curiosité du visiteur demeure donc inassouvie. Le catalogue et le documentaire diffusé viennent suppléer certains manques.

Milan Kundera

Le 3 juin 2014, BibliObs a publié l’article « J’aimerais définir la beauté de Kafka, mais je n’y arriverai jamais » de Milan Kundera (hors-série du « Nouvel Observateur » consacré à la bibliothèque idéale des XIXe et XXe siècles, paru en mai 2013) :

« On a écrit un nombre infini de pages sur Franz Kafka qui, pourtant, est resté (peut-être justement grâce à ce nombre infini de pages) le moins compris de tous les grands écrivains du siècle passé. «Le Procès», son roman le plus connu, il s’est mis à l’écrire en 1914. C’est-à-dire exactement dix ans avant la publication du premier «Manifeste» des surréalistes, qui n’avaient pas alors la moindre idée de la fantaisie «sur-réelle» d’un Kafka, auteur inconnu dont les romans ne seront publiés que longtemps après sa mort. Il est donc compréhensible que ces romans qui ne ressemblaient à rien aient pu paraître comme hors du calendrier de l’histoire littéraire, cachés dans un lieu qui n’appartenait qu’à leur auteur.

Pourtant, malgré cet isolement, leurs innovations esthétiques précoces représentaient un événement qui ne pouvait pas ne pas influencer (même à retardement) l’histoire du roman. «C’est Kafka qui m’a fait comprendre qu’un roman, on pouvait l’écrire autrement», m’a dit une fois Gabriel Garcia Marquez.

Kafka examine les protagonistes de ses romans d’une façon toute particulière, comme on peut le constater clairement dans «le Procès» : il ne dit pas un mot de l’aspect physique de K. ; pas un mot de sa vie avant les événements du roman ; même de son nom, il ne nous laisse connaître qu’une seule lettre. En revanche, dès le premier paragraphe et jusqu’à la fin du livre, il se concentre sur sa situation : sur la situation de son existence.

Dans le cas du «Procès», il s’agit de la situation de celui qui est accusé. Cette accusation se présente d’abord d’une façon plutôt drôle: deux messieurs tout à fait ordinaires arrivent le matin chez K., qui est encore au lit, pour lui faire savoir, pendant une conversation plutôt agréable, qu’il est accusé et qu’il doit s’attendre à ce que l’examen de son cas s’étende sur une très longue période. La conversation est aussi absurde que drôle. D’ailleurs, quand Kafka a lu ce chapitre pour la première fois à ses amis, ils ont tous ri.

Le crime et le châtiment ? Ah non, ces deux notions dostoïevskiennes n’ont absolument rien à faire ici. Pourtant, des régiments de kafkologues les ont considérées comme le thème principal du «Procès». Max Brod, l’ami fidèle de Kafka, n’a pas le moindre doute sur la présence, chez K., d’une lourde faute cachée: d’après lui, K. est coupable de «Lieblosigkeit» (incapacité d’aimer ) ; de même, Edouard Goldstücker, un autre kafkologue célèbre, tient K. pour coupable «parce qu’il a permis que sa vie se fût mécanisée, automatisée, aliénée» et qu’il a transgressé ainsi «la loi à laquelle toute l’humanité est soumise et qui nous dit: Sois humain».

Mais encore plus fréquente (et je dirais encore plus bête) est l’interprétation juste contraire qui, pour ainsi dire, orwellise Kafka : selon elle, K. est persécuté par les criminels d’un pouvoir «totalitaire» avant la lettre, comme c’est le cas, par exemple, dans la célèbre adaptation cinématographique du roman réalisée par Orson Welles en 1962.

Or K. n’est ni innocent, ni coupable. C’est un homme culpabilisé, ce qui est une chose toute différente. Je feuillette le dictionnaire: le verbe culpabiliser a été utilisé pour la première fois en 1946 et le substantif culpabilisation encore plus tard, en 1968. La naissance tardive de ces mots prouve qu’ils n’étaient pas banals: ils nous faisaient comprendre que chaque homme (si je peux moi-même jouer avec des néologismes) est culpabilisable ; que la culpabilisabilité fait partie de la condition humaine. Soit à cause de notre bonté qui craint d’avoir blessé les faibles, soit à cause de notre couardise qui a peur de froisser ceux qui sont plus forts que nous, la culpabilisabilité est toujours avec nous.

Kafka n’a jamais formulé de réflexions abstraites sur les problèmes de la vie humaine ; il n’aimait pas inventer des théories ; jouer le rôle d’un philosophe ; il ne ressemblait ni à Sartre ni à Camus ; immédiatement, ses observations de la vie se transformaient en fantaisie ; en poésie – la poésie de la prose.

Un jour, K. est invité (anonymement, par téléphone) à se présenter, le dimanche suivant, dans une maison de banlieue pour y participer à une petite enquête le concernant. Pour ne pas compliquer le procès qu’il ne veut pas prolonger inutilement, il décide d’obtempérer. Donc, il y va. Même s’il n’a pas été convoqué à une heure précise, il se dépêche. D’abord il veut prendre un tramway. Puis il refuse cette idée pour ne pas s’abaisser devant ses juges par une ponctualité trop docile.

Mais en même temps, il ne souhaite pas prolonger le déroulement du procès, et donc il court ; oui, il court (dans l’original allemand le mot «courir», «laufen», se répète trois fois dans le même paragraphe) ; il court parce qu’il veut garder sa dignité et, cependant, arriver à temps à un rendez-vous dont l’heure reste indéterminée.

Ce mélange du grave et du léger, du comique et du triste, du sens et du non-sens, accompagne tout le roman jusqu’à l’exécution de K. et fait naître une étrange beauté qui n’a pas son pareil ; j’aimerais bien la définir, cette beauté, mais je sais que je n’y arriverai jamais. »

Manuscrits

Le 7 juillet 2015, un tribunal israélien a statué : les manuscrits de Kafka, dont avaient hérité Eva Hoffe et Ruth Wiesler, filles de la secrétaire de Max Brod, Esther Hoffe, reviendront à la Bibliothèque nationale d’Israël.

Le 7 février 2016, dans le cadre de Toute la mémoire du monde, 4e festival international du film restauré, la Cinémathèque française présenta Kafka va au cinéma, de Hanns Zischler (France / 2002 / 52 min) : « Durant des années, au gré de ses voyages et de ses déplacements professionnels, Hanns Zischler a tenté de retrouver, dans les archives et les cinémathèques, la trace des films évoqués par Franz Kafka dans sa Correspondance et dans son Journal entre 1908 et 1913. Ce film documentaire propose un jeu de pistes sur les traces de l’écrivain, entre Prague, Vérone et Paris, à la rencontre de personnalités qui viennent éclairer les réflexions de Zischler. Michal Bregant, des Archives du cinéma de Prague, évoque le cinéaste tchèque Jan Krizenecky dont les films, souvent comparés à ceux des frères Lumière, dévoilent Prague telle que Kafka l’a connue. Peter-André Alt apporte une analyse de la méthode d’écriture de Kafka à l’aune de sa vision du cinéma. Ce film offre des perspectives pleines d’esprit sur la fascination de Franz Kafka envers le cinématographe, et la fascination de Hanns Zischler envers Kafka ».

Le 8 août 2016, la Cour suprême d’Israël a confirmé un jugement de 2012 concernant les manuscrits de l’écrivain pragois Franz Kafka (1883-1924) détenus par la Bibliothèque nationale d’Israël. Elle a statué en faveur de la détention par cette Bibliothèque de ce fonds. Elle a donc « rejeté l’appel des sœurs Hoffe, héritières de Max Brod, un ami et exécuteur testamentaire de l’auteur du Procès, qui avaient été déboutées ».

Le 26 mai 2021, la Bibliothèque nationale d’Israël a mis en ligne des œuvres restaurées et numérisées de Kafka :

« The writer Franz Kafka (1883–1924) is considered a key figure in the annals of modern world literature. Kafka was born to an assimilated Jewish family in Prague, then one of the most important cities in the Austro-Hungarian Empire. He studied law at the German University in Prague, where he met the writer Max Brod, who would become his close friend.

During his academic studies, Kafka developed an intense interest in literature and philosophy, and begin writing his first works soon after. Kafka died of tuberculosis at the age of 41. Skeptical of its literary value, throughout his short life Kafka hesitated to publish his work, and as a result he received little recognition as a literary figure during his own lifetime. Thanks to Brod, who encouraged Kafka to complete and publish his works, Kafka’s writing has entered the canon of Western literature. The Schocken publishing house also contributed to Kafka’s worldwide recognition: in 1934, with Brod’s mediation, the publisher agreed to print a complete edition of Kafka’s writings. The first volumes were published in Germany and later in Czechoslovakia and the United States. Shocken also published Kafka’s works in Hebrew translation.

Kafka’s Estate

In 1921 and 1922, Kafka wrote two notes to Brod asking that all his manuscripts, paintings and letters be destroyed after his death. In defiance of this clear directive, from June 1924 Brod collected all of the materials from the various locations, examined them and began to publish what Kafka had stored away during his lifetime. The three unfinished novels The Trial, America and The Castle are among the most well-known of these works. Brod took all of Kafka’s writings with him when he left his native Czechoslovakia for Mandatory Palestine in March 1939, just hours before the Nazis invaded the country. In the early 1960s, he returned most of them to Kafka’s heirs.

These materials are preserved today in the Bodleian Library at Oxford, while hundreds of letters, a number of short manuscripts and even many of Kafka’s drawings remained in Brod’s possession, comprising a significant part of Kafka’s literary legacy. Between 2016 and 2019, Brod’s own extensive personal archive, along with Kafka’s items, was deposited in the National Library of Israel. A number of other original items of Kafka’s, including notebooks in which he practiced his Hebrew, are also preserved today at the National Library, and together these materials represent the third largest collection in the world of the great writer’s original material.

The digitization was performed by photographer Ardon Bar-Hama and was made possible thanks to the generous support of George Blumenthal ».

« La plupart des documents récupérés avaient déjà été publiés par Max Brod, à part des dessins inédits ni signés ni datés. Parmi ces documents figurent « environ 120 dessins, plus de 200 lettres à l’écrivain Max Brod, [dont] l’original de son testament littéraire demandant à son ami qu’il brûle tous ses écrits », a expliqué à l’Agence France-Presse Stefan Litt, conservateur chargé du projet ».

Le 10 juin 2021, à Prague (République tchèque), le Prix Franz Kafka 2020 a été « décerné à l’écrivain franco-tchèque Milan Kundera à l’occasion d’une cérémonie organisée à Prague, a fait savoir l’ambassade de France en République tchèque. À la demande de l’auteur, le prix sera remis à Anna Kareninová, la traductrice officielle de ses œuvres françaises en tchèque. »

« Âgé de 92 ans, Milan Kunderaest un des plus célèbres écrivains contemporains. Il vit en France depuis la moitié des années 1970. Il est le 20e lauréat de ce prix littéraire international décerné par la Société Franz Kafka et la ville de Prague. La date traditionnelle de la cérémonie de remise du prix, en octobre, a dû être reportée en raison de la pandémie de coronavirus ».

Variations sur Kafka

En 2016-2017, les trois galeries Saphir, notamment à Paris, présentèrent l’exposition Variations sur Kafka. Xylographiesde Sergio Birga, « artiste contemporain italien qui travaille avec brio la gravure sur bois ». Il avait rencontré des peintres expressionnistes allemands, tel Kokoschka.

Né en 1940 à Florence, cet artiste a été à l’honneur en 1977 par l’exposition collective « Mythologies Quotidiennes 2 » (ARC), qui réunissait des œuvres de peintres du mouvement « Figuration Narrative ».

Il « peuple ses paysages d’Italie, de Jérusalem ou de France, de réminiscence classiques étrangement revisitées par une inquiétante poésie ». Ce Chevalier des Arts et Lettres vit et travaille à Paris depuis 1966.

Kafka et Prague

Le 28 mars 2019 de 20 h 30 à 22 h 30, le Cercle Bernard Lazare (CBL) proposa la conférence « Kafka et Prague » avec Daniel Chocron, écrivain et coauteur avec Marinette Delanné, de « À Prague, sur les traces de Kafka » (Éd. La Lucarne des Écrivains). « Comment cette ville si particulière a-t-elle marqué un des plus grands écrivains du XXème siècle ? ».

Arte diffusa jusqu’au 6 septembre 2020, dans le cadre d' »Invitation au voyage » (Stadt Land Kunst), « Prague la kafkaïenne » (Prag und Kafka). « Fin du 19ème siècle, Prague en Tchéquie est le cœur battant de la Mitteleuropa, cette Europe centrale qui brasse les cultures allemande, autrichienne, tchèque et juive. Dans ce brassage culturel unique naît Franz Kafka. Tchèque de confession juive et de langue allemande, l’auteur de la « Métamorphose » et du « Château » incarne l’identité à facettes multiples de sa ville ».

« Prague la kafkaïenne« 
France, 2018

Gérard-Georges Lemaire, « Métamorphoses de Kafka ». Editions Eric Koehler-Musée du Montparnasse, 2002. 288 pages. ISBN : 2 7107 0701 2

Jusqu’au 15 janvier 2017
Aux Galeries Saphir

Rambuteau : 69, rue du Temple. 75003 PARIS. TEL :  01 42 72 61 19
Wagram  : 69, avenue de Villiers.  75017 PARIS. TEL : 01 44 40 26 84
Lundi – Vendredi : 13:00 à 19:00  –  Dimanche : 13:00 à 19:00
Face Parking : 38, rue du Maréchal Leclerc  35800 DINARD. TEL : 02 99 46 86 85
Visuels :
Sergio Birga
Quadridessins

Cet article a été publié en 2002 par Guysen, et sur ce blog le :
– 23 octobre 2012 en raison du récent jugement d’un tribunal de Tel-Aviv imposant que soient déposés à la bibliothèque nationale d’Israël tous les écrits de Kafka et de Max Brod, son ami et exécuteur testamentaire. Arte a déprogrammé Kafka, le dernier procès de Sagi Bornstein le 24 octobre 2012 ;
– 4 juillet 2013. Hier était le 130e anniversaire de la naissance de Kafka ;
– 25 avril 2014. La Crypte du Martyrium Saint-Denis (75018) présente Le Journal de Kafka (1h15) les samedi à 20 h 30 et dimanche 16h30, dans une adaptation, nouvelle traduction et mise en scène de Béatrice Guéna (alias Laura Ley) ; les textes sont dits par Zygmunt Blazynsky ;
– 7 juillet 2015, 3 février, 13 août et 22 décembre 2016, 28 mars 2019.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

Milan Kundera

Escrito por RAFAEL BALANZÁ

Extrañamente, no había leído todavía una de las obras tempranas de Milan Kundera: “El libro de la risa y el olvido”. Acabo de hacerlo con gran placer, creo que es una de sus mejores novelas. Podemos describirla, con toda justicia, como “novela de ideas”; esa clase de ficciones entreveradas de ensayo, generalmente en torno a una idea-eje (dos, en este caso) que inundan con un potente chorro de luz el escenario social en el que se desarrollan. Aquí se trata, principalmente, de la Checoslovaquia comunista, y los personajes que vemos en escena no son únicamente iluminados por fuera, sino que también podemos escudriñarlos hasta los huesos gracias al poderoso y humorístico aparato de rayos X que emplea el autor.

El libro de la risa y el olvido

Decía Lukács que dos sentimientos matizan toda gran novela: ironía y melancolía; en ambos ingredientes resulta pródiga la narrativa de Kundera. Esta clase de libros presentan, sin embargo, muchos inconvenientes: exigen una lectura morosa (la lentitud, precisamente, es otro de esos temas de los que se ha ocupado el novelista checo), obligan a reflexionar e impiden consultar el whatsapp o jugar a la play con el otro ojo y la otra mano. La única ventaja que se me ocurre es que vuelven al lector más inteligente, algo completamente superfluo en estos días en que el algoritmo se ocupa de todo.

En cierto momento, el narrador nos invita a reflexionar sobre la putrefacción –casi inmediata- de los nobles ideales que inspiraron al principio la deriva hacia el socialismo: “Las antiguas injusticias iban reparándose, las nuevas injusticias comenzaban a perpetrarse”, se nos informa en la página 90. Emulando a Kundera, sociólogo implacable en sus ficciones, me propongo analizar aquí la relación entre el declive de la literatura de ideas y la hipertrofia de la política en nuestro país.

Capítulo primero: lo malo

Lo malo –he hablado de esto otras veces- es que ya antes de la pandemia vivíamos en sociedades deprimidas, sin ilusiones de redención ni horizontes de trascendencia, espléndidamente escaneadas por Houellebecq, entre otros escritores. Occidente está perdiendo la hegemonía global, y las clases medias de Estados Unidos y Europa carecen de esperanza. Recordemos la frase lapidaria del autor francés: “Antes la vida consistía en la espera del reino, ahora consiste en la espera de la muerte”.

Este clima psicológico depresivo fue a peor con la crisis de 2008 y dio lugar al crecimiento de populismos de izquierda y derecha tanto en Estados Unidos como en Europa. Y por primera vez, las nuevas generaciones en estos países no albergan una esperanza razonable de gozar de mejores condiciones de vida que sus mayores; lo que, sumado a un patente declive moral y espiritual, las relega a un estado de frustración constante. La pandemia ha exacerbado estos problemas, disparando los niveles de ansiedad y la demanda de atención psiquiátrica.

Capítulo segundo: el error y la risa

En realidad, ni la crisis financiera de 2008 ni la pandemia y sus consecuencias económicas han destruido por completo el bienestar básico de las sociedades desarrolladas. En Europa la sanidad pública sigue siendo universal en prácticamente todos los países, y la protección social garantiza un mínimo nivel de ingresos y de atención a los necesitados; mientras que en Estados Unidos la economía se ha recuperado con vigor renovado en los últimos años. Lo que sucede es que el crecimiento ya no puede ser tan rápido como en los decenios anteriores. Las economías que crecen a ese ritmo son ahora las de los países emergentes, en todo caso. A consecuencia de esto, en Occidente hay una sensación general de estancamiento. Y las nuevas tecnologías aportan soluciones y alicientes casi en la misma medida que nuevos problemas: la comodidad del teletrabajo apenas compensa de las ansiedades vinculadas a esa misma circunstancia; la conexión permanente con familia y amigos no palia el sentimiento creciente de soledad asociado a las inciertas y lábiles relaciones digitales. Probablemente las condiciones materiales seguirían siendo suficientes para desarrollar un proyecto vital satisfactorio, si el marco cultural e institucional dotara de sentido a la experiencia de vivir y envejecer. Pero como se da un vacío emocional subyacente, las consecuencias de una economía continuamente amenazada y una vida profesional estresante, enfocada a una competencia sin límites claros ni en el espacio ni en el tiempo, son percibidas con mayor intensidad, lo que genera descontento y miedo. Entonces la ciudadanía busca las causas de su malestar, pero -como expliqué en mi anterior colaboración- lo hace (risiblemente) en el lugar equivocado: la política.

Capítulo tercero: la trampa y el olvido

Comprender la verdadera raíz de los problemas no sirve, claro, para solucionarlos instantáneamente, y tal vez ni siquiera para mitigarlos; sin embargo, sí evita, al menos, caer en la trampa de buscar la solución donde no la hay. En los populismos, por ejemplo. También me he referido a esto en entregas anteriores.

En otros tiempos, la literatura sirvió para iluminar la problemática situación del hombre en el mundo, pero este tipo de arte ha caído en el olvido; ahora, cada vez más, la narrativa audiovisual (cine, series de televisión) o escrita está enfocada al puro entretenimiento, lo que elimina su virtud “iluminadora”, exceptuando algún caso vestigial, como el del citado Houellebecq o el del veteranísimo Kundera.

Capítulo cuarto: el feedback perverso

Cuanta menos literatura o periodismo de calidad lee la gente, más estúpida se vuelve en relación con sus propios padecimientos; lo que lleva al aumento de las corrientes demagógicas. Dichas tendencias inundan las redes y afectan al periodismo, obligado a asumirlas e incorporarlas para satisfacer la demanda. También la literatura entra en el juego de la facilidad para ser competitiva.

Capítulo cinco: los beneficiarios

La crispación -fruto del error de interpretación que hemos señalado antes- beneficia a los “periodistas estrella” que participan en tertulias televisivas o radiofónicas auspiciadas por grupos mediáticos, los cuales toman el rentable camino de satisfacer la demanda social de contenidos políticos cada vez más estridentes. Un buen ejemplo de esto es el caso del grupo Planeta, que edita el diario La Razón y tiene intereses en La Sexta, una televisión de ideología opuesta. En realidad, a los inversores del grupo Planeta no les importa ni la morralla que venden como literatura –que no es peor, por otra parte, que la de otras editoriales supuestamente más literarias-, ni tampoco los contenidos políticos que suministran al público de una u otra orientación. Sencillamente, como camellos oportunistas, proporcionan cualquier clase de droga demandada y utilizan buenas marionetas para su guiñol: Wyomin, Inda, Marhuenda… No quiero decir con esto que las marionetas no sean sinceras cuando se enzarzan en disputas o debates (probablemente lo son), sino que los mercaderes del espectáculo las utilizan en su provecho. Beneficiarios de la situación son también, sin duda, los políticos profesionales, incluidos aquellos aparentes extremistas que ven incrementado su patrimonio y pueden, por ejemplo, adquirir propiedades de lujo en la sierra; además de asegurarse el porvenir como conferenciantes desproporcionadamente retribuidos.

Si la gente entendiera el escaso margen que existe en un país cuasi-intervenido y periférico como España para una acción de gobierno, sometida a directivas europeas y a dinámicas de mercado transnacionales, muchos dejarían de ir a votar o lo harían, venciendo su desidia, sin prestar atención a tertulias y análisis, lo que acabaría dejando el Estado en manos de tecnócratas constreñidos a políticas de centro o centro izquierda; cosa que en realidad ya sucede en el backstage, fuera de la luz pública. La cierto es que influye mucho más en nuestra vida lo que se decide en el gobierno chino o en nuestra comunidad vecinal (dos siniestras entidades) que lo que implica nuestro voto.

Capítulo sexto: una profecía

La actual crisis se superará pronto, pero las debacles medioambientales y de salud probablemente se sucederán en los próximos años. El consumo de política-espectáculo irá en aumento, lo que conducirá a mayores tensiones y crispación social, que será inmediatamente reciclada, empaquetada y revendida por los medios de comunicación. Es improbable que se dé una verdadera revolución si el entusiasmo (optimismo ilusorio) o la desesperación (hambre, sufrimiento físico) no rebasan ciertos límites, todavía lejanos. Cabe la posibilidad, sin embargo, de que la democracia liberal sea sustituida progresivamente por una dictadura democrática sustentada en las redes sociales y apoyada por expertos y demagogos, a sueldo de grandes corporaciones tecnológicas… Pero esto ya nos deja a las puertas de una futura novela de ciencia-política-ficción que escribiremos otro día y presentaremos, tal vez, en alguno de los programas del oracular y ubicuo Iker Jiménez.

 

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

Escrito por Joseph Hodara

Al tomar vuelo el racionalismo europeo en los siglos XVIII y XIX el ser judío encaró un espinoso dilema: continuar el apego a su primaria identidad y a las fuentes que la modelan o adherir al nuevo orbe cultural que considera a Dios una inteligente invención humana que  fecunda las artes aunque apenas se hospeda en la disciplinada Razón.

Conforme a este predicamento algunas comunidades judías resolvieron preservar la fe y los hábitos difundidos desde el Sinaí hasta los textos talmúdicos. Otras alentaron el prudente ingreso a la amplia sociedad sin renunciar a nuevas prácticas seculares. Y también se conocieron aquellas que radicalmente se alejaron de ambas actitudes con el fin de redefinir la añeja y divina Otredad con mandamientos dictados ya por un alto líder, ya en algún escenario social.

Cuentos y novelas de Isaac Bashevis Singer envuelven estos tres escenarios. Y en ellos se despliegan como páginas sagradas sin eludir interrogantes que abrieron con dilatada libertad las olas del progreso y la gestación de nuevas ilusiones. Y en todos sus textos sumó una irrefrenable sensualidad alimentada por un sostenido amor al cuerpo femenino.

Nació en Radmizin, una aldea cercana a Varsovia entre 1902 y 1904. La fecha caprichosamente cambió conforme a los trajines de su vida.  » Lealtad, ascetismo, severidad » habrían sido los principios que modelaron su infancia según el puntual retrato de Florence Noiville en su lúcida biografía. Hijo y nieto de rabinos, Bashevis puso interrogantes a predicamentos religiosos tradicionales, y sobre los generosos hombros de su hermano mayor se alejó al fin de los sagrados textos.

Sus primeras incursiones con F. Dovstoyevski, Th. Mann, S. Zweig, K. Hamsun y otros le condujeron a inquietos lugares que se sumaron a su indeclinable pasión por lo femenino. Impulsos que se ampliarán hasta el fin de sus días. Sus dos hermanos – Israel y Esther – también llenan no pocas y meritorias páginas, pero no alcanzaron los ecos que merecieron las suyas.

Isaac Bashevis Singer, cronista de un mundo desaparecido | El Cultural

Entre la tormenta bélica y el silencio de Dios

En las calles del guetto polaco tembló la noticia: el aspirante al trono austrohúngaro asesinado en Bosnia. Ocurrió en los primeros meses de 1914.  De aquí las llamas se multiplicaron en Europa e hicieron hervir revoluciones, muertes y dictaduras. Un año después los alemanes invaden Varsovia; polacos y rusos se rinden. Isaac recuerda el gris murmullo de su padre: « Leer hoy las noticias es tragar veneno en el desayuno… »La familia resuelve abandonar la capital y aislarse en una aldea alejada de un nervioso mundo donde las variedades del comunismo y del sionismo abruman la escena. Y en el nuevo rincón Bashevis se asoma a otras páginas: M. Mojer Sfarim, Shalom Aleijem, Bialik, Chernijovsky. Y a las de Spinoza en particular con sus laicos teoremas que perturban y entusiasman.

Desde la temprana adolescencia cultiva el cuerpo y la imagen de la mujer. Inesquivable ardor encendido al espiar a su hermano Yehoshua cuando pintaba y esculpía. Recuerda: « Ver los pechos desnudos de las adolescentes me estremeció… Pensaba que solo las madres con hijos los tenían… »  Imágenes que afiebrarán sus instintos hasta el último minuto.

Retorno a Varsovia

Al frisar los 18 años y dejando atrás el seminario rabínico, Isaac regresa a Varsovia. Su hermano Israel prefiere alejarse de Europa con su esposa e hijos y llega a Nueva York. Bien pronto él gana celebridad con textos en yidish que colman escenarios y páginas. Y no descansa para atraer a su hermano a esta bulliciosa ciudad. Generosa actitud y respaldo que Isaac apenas agradece. Confiesa: « Solo tengo solo dos dioses:  mujeres y literatura… » Y en verdad, lo demás le fue ajeno. En 1935 abandona Polonia y cruza el océano a través de Alemania y Francia hasta llegar por fin a América.

Isaac Bashevis Singer | Library of America

Edén en la Tierra

En los años treinta del pasado siglo, amplias olas de migrantes  arriban a New York desde múltiples rincones del mundo. Frescas y embriagantes ilusiones los abruman. A semejanza de no pocos de ellos, Isaac acierta a superar las filosas preguntas en el puerto y se integra a los tres millones de judíos que moran en la ciudad. Con dilatada y habitual generosidad su hermano Israel lo recibe y lo ayuda. Actitud que no merece reconocimiento alguno de su parte.

Con su apoyo Bashevis empieza a escribir notas en el Forward, un periódico neoyorquino en yidish que entonces ofrecía refugio y trabajo a no pocos. La redacción de una nota semanal le reporta un modesto ingreso. Israel publica un tercer libro – Los hermanos ashkenazim – que multiplica su nombre al lado de celebrados escritores del país. En negro contraste, el aislamiento, la depresión y la esterilidad creativa abruman en aquellos días las horas de Isaac.

Un amor imprevisible

En 1937, el accidental encuentro con Alma redefinió su vida. Mujer mesurada y elegante, educada en Alemania y madre de dos hijos, ella apenas acierta a descifrar una palabra en yidish. Al toparse con Isaac escribe: « Es joven, delgado, rubio, casi calvo…Con ojos azules que algo buscaban…Y escuché que escribía un libro… » Desde ese momento Alma se convierte en rehén de sus deseos pagando un alto precio: el abandono de su esposo y sus dos hijos. Isaac se aventura en un matrimonio sin informar al solícito hermano.

Nuevos rumbos

Las noticias que llegan desde Europa – de Varsovia en particular – inquietan a Bashevis. La persecución y la muerte de más de dos millones de judíos que habitaban Polonia, el fracaso de la revuelta del guetto en 1943, la desaparición de su madre: episodios que ennegrecen su ánimo. Por añadidura, apenas atina a encontrar creativos canales de expresión. Su pasado muere y el presente apenas alumbra cuando acontece un vuelco inesperado: el fallecimiento de su generoso hermano que apenas frisaba los cincuenta años. Al saber de Sobibor y Auschwitz su corazón se rindió. Volúmenes como Los hermanos ashkenazi, Acero y bronce – además de no pocas piezas teatrales – le habían concedido amplio nombre. Su muerte libera a Isaac. Y desde aquí empieza a colmar páginas hasta dar nacimiento a su celebrada Familia Mushkat, que pinta sus ajetreos para sobrevivir en un inhóspito entorno.  Pocos años después se conoce también la versión en inglés al lado del yidish que es, a su juicio, el idioma más rico del mundo.  Y para parir y adelantar sus obras rompe nudos con no pocos: con la religión, con Polonia e incluso con su hijo que vive lejos en algún kibutz.

Isaac Bashevis Singer's portraits – Image Gallery | Gallery | Culture.pl

Conquista América

Dos escritores norteamericanos – Grinberg y Howe – se familiarizan con sus relatos en yidish. Para difundirlos, ambos buscan un puntual traductor al inglés que al fin encuentran en Saúl Bellow, ya entonces celebrado escritor. Bellow arma una brillante traducción que le concede a Bashevis amplio nombre y celebridad.

Y desde entonces se multiplican sus páginas. Un texto que mereció desiguales versiones es El espejo. Aquí la joven Tzirl se interroga … »¿Existe Dios? ¿Es en verdad piadoso?  ¿Creó el mundo? ¿Vendrá el Mesías? ¿Tocará Eliahu la trompeta en el monte de los Olivos? ¿Superará Dios a Satanás ?…En mi íntimo corazón soy atea… Todo es vacío, desorden, la nada… Pero tal vez la justicia despuntará al final de los días… » Un abrumador monólogo.

Con lentos pero resueltos pasos Bashevis se presenta también en inglés. Un tránsito difícil que otros – Nabokov y Kundera- conocieron a avanzada edad. Cambiar idiomas implica en verdad una radical mudanza de los labios y de los nervios que nos gobiernan.

Nace un escritor

En sus primeros pasos la esposa Alma aporta a Bashevis el principal ingreso. Insiste: « Soy un escritor judío y por accidente resido en USA… » En el andar del tiempo sus páginas se multiplican en obras como Beit HadinHasatánEn la corte de mi padre, que despliegan las luces y sombras de la vivencia diaspórica.  Escribe también para niños.

En 1970 recibe un primer premio literario que le abre la ruta hacia el privilegiado recinto de escritores como Faulkner, Bellow, Roth. Cuenta ya con bien escogidas mecanógrafas que también lo satisfacen en la intimidad. Y a menudo no atina a autodefinirse: « Soy un cerdo« … ¿un chiste? … Nadie le responde.

Apenas unas palabras

Su hijo Israel le pide un encuentro después de 25 años de mutuo silencio. Al desembarcar en Nueva York apunta: « Entre el gentío que esperaba me pareció ubicarlo… Me miró atentamente con frenadaemoción. Me llamó por mi nombre de niño… Nos estrechamos las manos en silencio… » Entonces Israel supo que Bashevis estaba casado, y más tarde concluirá: « No tengo lugar en mi padre… no tiene tiempo ni dinero… » Un helado vacío que los días y el tiempo apenas corregirán. Para Isaac, una red familiar implicaba estricta y severa prisión.

El Nobel

El premio que injustamente le fue negado a no pocos – a un Borges entre otros- distinguió sin embargo a Bashevis. Corría el año 1978. Y Dévora, su leal traductora y chofer que a veces endulzaba su cuerpo, le comunica la recepción del Nobel. Él pensaba que con la alta distinción que Agnón recibiera en 1966 se habría agotado la cuota a los escritores judíos. Pero múltiples llamadas telefónicas – incluso del presidente Carter en horas del Yom Kipur- le desmienten. Y como era de esperar, no pocos de sus colegas se sienten lastimados por la elección de la Academia sueca.

En diciembre de 1978 Bashevis se presenta en el multitudinario y celebrado escenario. Sus primeras frases son en yidish, idioma radicalmente extraño para la amplia audiencia. Nunca antes un escritor en este idioma había merecido el premio. Y de aquí transitó  al inglés para aludir a sus fuentes creadoras. Desde entonces sus libros y las compensaciones se multiplican, y algunas de sus páginas incluso merecen la traducción al polaco.

Biography — Isaac Bashevis Singer

La memoria se adormece

Octogenario y vegetariano, Bashevis preserva un cuidadoso orden del día matizado por caminatas y el vegetariano comer. Cuando un periodista del New York Times le pregunta: « ¿Quién es judío? », responde: « Todo quien tiene dificultades para dormir y no deja dormir a nadie… » Y en cuanto al yidish, se cuestiona: « ¿Por qué en Israel no lo hablan? ¿Olvidan que es el idioma del guetto, de las cámaras de gas, del teatro? ¿Por qué avergonzarnos? … » Al parecer, ignoraba la existencia de cátedras universitarias en este país y de no pocos grupos amantes del idioma. Postura que no le impide confesar que « Gogol influyó en mí mucho más que Scholem Aleijem… »

Al final su memoria quiebra y los nervios crispan. Su fiel secretaria Dévora lo abandona. En páginas que ulteriormente escribe lo recuerda: « A veces atento y cordial, y, a veces, lastima y ofende… » Por su lado, Bashevis se aleja del mundo sin olvidar que … « nunca fui un buen esposo…« 

Su hijo pidió que sea enterrado en Israel. La esposa Alma se opuso. Y los restos de ella duermen muy cerca de Bashevis. En su tumba se inscribió un pasajero error ya corregido:  » noble «  en lugar de (premio) Noble…

Los archivos de la Universidad de Texas en Austin, EEUU, almacenan testimonios de sus pasos y páginas. Cuando estuve allí por algún trabajo o pretexto visité los últimos refugios de Bellow, Roth, Shtein y Einstein, personajes que dejaron trozos de su quehacer. Bashevis convive con ellos.

Él pensaba que fue « una letra más en el infinito texto de Dios… »  ¿Expresión ajustada? ¿Desborde del ego? La respuesta depende del juicio del lector.

Ławeczka Isaaca Bashevisa Singera w Biłgoraju – Wikipedia, wolna encyklopedia

 

[Fuente: http://www.diariojudio.com]

Título: El embajador de la risa

Autor: Rafael Jurado

Ilustraciones: J. A. Luna Osorio

Editorial: Editamás, 2017

 

Escrito por Sebastián Gámez Millán

Por mucho que abarque el reflejo de la literatura, y a pesar de que nos recuerda el misterio de fondo de la existencia, ni ella ni el arte pueden equipararse a eso que llamamos “la realidad de la vida”. Quizá por ello el narrador, cualquier narrador, se ve obligado a seleccionar y a elegir qué momentos de una vida humana se quieren mostrar y explorar. En el caso que nos ocupa, El embajador de la risa, de Rafael Jurado, el autor representa los momentos en los que Charlie, un bufón de la corte, se convierte en quien llega a ser.

La literatura se ocupa por tanto de esclarecer la identidad personal de los personajes, unos personajes que en las obras logradas nos recuerdan bastante a nosotros, los seres humanos, que tampoco podemos evitar la pregunta socrática: “¿cómo debemos vivir?”. Esta incómoda y decisiva pregunta atraviesa la historia del la literatura y el arte del mismo modo que la historia de la ética y de la política.

Si de manera inevitable tenemos que elegir qué momentos de la vida se representan, ¿cómo eludir aquellos en los que alguien llega a ser quien es? Así al comienzo de esta historia el narrador nos informa que “la pregunta que se hacía (Charlie) era en qué cambiaría su vida a partir de ese momento” (p. 21). Tengo para mí que no es una pregunta casual: ¿nos dedicaríamos a la literatura si no nos inspirara cambiar nuestra vida, como nos pedía aquel verso de Rilke?

Un poco más adelante es el propio Charlie el que exclama, maravillado: “¡Cómo puede cambiar la vida en un minuto!” (p. 24). Al final descubrimos, lejos del happy end al que nos tiene acostumbrados Walt Disney, en palabras de Rafael Sánchez Ferlosio, la mayor fábrica de perversión del siglo XX, que la vida no cambia tanto sino por cómo nos adaptamos y la representamos. Y para adaptarnos y representarnos a ella, el humor y la risa desempeñan un papel esencial, pues lo que inexorablemente es trágico se puede ver cómicamente gracias a ello.

El narrador también insiste en cómo podría Charlie –o sea, cualquiera de nosotros– tomar las riendas de su vida: “Solo de él dependía su futuro” (p. 24). Y una página después: “Ahora, libre, podría elegir su vida, su destino” (p. 25). Aunque no parece tener muy claro quién es en última instancia el responsable de la vida, si él mismo por medio de su autonomía, la cual va desarrollando a medida que avanza el relato, o bien la providencia, como sugiere por otro lado (p. 25).

Acaso nosotros también nos debatimos en ocasiones acerca de a quién pertenece nuestra vida, si a eso que no se llama ciertamente con la palabra “destino”, o a nosotros, como acostumbramos a creer. En todo caso, como decía un filósofo, “narrar es buscar el quién de la acción”. Por lo tanto, es lo que tiene que descubrir el narrador.

Sirviéndose de un recurso intertextual que remite a Cervantes, maestro de la ironía y de la risa, del humor y de la ambigüedad: “(…) si alguna puerta se cerraba enseguida se abriría otra”, el narrador no deja de pensar sobre la nueva vida que parece que le aguarda a Charlie y la consiguiente libertad: “En los meses siguientes su vida probablemente diera un giro brutal. Tendría, por ejemplo, que lavarse su ropa y hacer frente a un sinfín de incomodidades de la que en el castillo se ocupaban otros. Junto con el resto de los demás cómicos, además de repartirse el dinero, debería repartirse también las tareas y responsabilidades: levantar la carpa, colocar las sillas, barrer el escenario, dar de comer a los animales e, incluso, limpiar las jaulas… ¡¡¡que olían fatal!!! ¡Vaya lote de trabajar!”.

En un relato para niños –pero no solo, pues al fin y al cabo, quién puede abandonar al niño que fue– siempre conviene plantearse uno de los temas capitales de esa edad, el precio de la libertad, que no es otro que la responsabilidad. Ambos términos, libertad y responsabilidad son, en efecto, indisociables: no hay responsabilidad sin libertad del mismo modo que no hay libertad sin responsabilidad, por lo que quizá tendrían que conjugarse juntos: libertad-responsabilidad.

La reflexión sobre la libertad-responsabilidad, junto con la identidad personal, es uno de los temas que atraviesa esta historia, como podemos apreciar hacia el final, cuando Charlie se debate acerca de si debe subir al escenario y participar en la fiesta de la risa o no y qué posibles consecuencias acarree en su vida y en su identidad: “Desde luego, no ganaría. Pero quizá le aplaudiesen al terminar. En ese momento ya se conformaba con no ser abucheado, con que nadie arrojase un tomate maduro desde el público. Aquello sería vergonzoso. Una mancha rosa en su expediente. Una razón para no volver a acudir a aquel concurso. Todos sus sueños se irían al traste en un momento. Ya no sería nunca embajador, ni espía, ni ministro de nada. Y los que nunca habían confiado en él podrían decir: “¿Veis? Ya os lo decía yo. Este tipo no tiene ninguna gracia” (pp. 53 y 54).

Lo que está en juego es su identidad, lo que puede llegar a ser o no. Pero esta duda hamletiana le paraliza poco antes de que comience la fiesta de la risa. En contra de lo esperado, Charlie nos sorprende con su decisión final. Sin embargo, no sabemos si esa decisión es propia de un vencedor o de un vencido, representa un triunfo o un fracaso: puede parecer en principio más lo segundo, ya que no cumple con las expectativas que tenía sobre sí mismo, no obstante, él sigue su camino en busca de sí mismo con la esperanza y la confianza de ser el embajador de la risa.

El otro tema que atraviesa la historia es la risa, el poder de la risa. Son numerosas las referencias y consideraciones que hay sobre ella desde el principio al fin. Veamos algunas: al comienzo se la denomina idioma universal: “idioma que, en todas partes, parecía ser valorado” (p. 15). Aunque poco más adelante es el propio Charlie quien reconoce un relativismo cultural de facto incluso en un asunto tan serio como el de la risa: “En cada lugar el humor es de una manera y no les hacen reír las mismas cosas” (p. 18).

Quizá la risa sea universal, pero no los motivos o las razones por las que reímos. Después de todo, una de las definiciones antropológicas del ser humano es homo ridens, es decir, el ser humano es el animal que ríe, donde reír es un restrictivo de “animal”, en consecuencia, aquello que supuestamente nos distingue del resto de animales no humanos. Obviamente, la risa implica otras características fundamentales: el lenguaje, la razón y el entendimiento. Sin ello no hay risa.

Cerca de la opinión más extendida, leemos: “Humor se puede hacer cuando uno es feliz y desea contagiar su felicidad. Pero, triste, ¿quién sería capaz de hacer reír a otros? Charlie aspiraba a ser libre. Estaba en su mano. Solo tenía que decir: ´Sí, quiero ser libre`” (p. 23). Sin embargo, a juicio de Nietzsche, “el ser humano sufre tan terriblemente que se ha visto en la necesidad de inventar la risa y el humor”. ¿Es el humor algo serio o tal vez solo brota desde la alegría y la felicidad? Posiblemente ambas cosas.

Sea como sea, “nada había, en su opinión, con más poder que un chiste bien contado. En el momento oportuno y con gracia. (…) Lo que todo el mundo recuerda es aquello que les ha hecho reír. Este es, sin duda, el poder de la risa (p. 32). Uno de los novelistas y ensayistas contemporáneos que más y mejor han reflexionado sobre el poder del humor ha declarado: “El humor: el rayo divino que descubre el mundo su ambigüedad moral y al hombre en su profunda incompetencia para juzgar a los demás; el humor, la embriaguez de la relatividad de las cosas humanas; el extraño placer que proviene de la certeza de que no hay certeza” (Milan Kundera, Los testamentos traicionados, Barcelona, Tusquets, 2007, p. 42).

Charlie sueña con convertirse en el embajador más extraordinario de su país por el poder de la risa, como nos indica el narrador: “A lo mejor, con el tiempo, él se convirtiera en el embajador más notable de su país. Y sin tener la necesidad de hablar de política o negocios… lograría materializar acuerdos por las simpatías que despertase” (p. 33). No sé si el autor, Rafael Jurado, recordaba que existió un filósofo ilustrado escocés, David Hume (1711-1776) que creía en el poder de la razón para las cuestiones matemáticas, científicas y cognitivas en general, pero no para las morales y políticas, que a su modo de ver dependían de los sentimientos y, en particular, de la simpatía, sentimiento que se debía cultivar para mejorar las relaciones humanas.

De manera semejante a Hume, es tal el poder de la risa que el narrador confía en que las labores diplomáticas entre diferentes países, por muy serias que sean, se traten siempre con humor: “la risa era un método infalible para acercar países” (p. 63). Sin embargo, precisamente un poco de más humor es lo que echo de menos en esta historia de Charlie, un humor del que no carece el autor, como podemos apreciar en algún fragmento: “Aquí está prohibido no divertirse. Así que, si traéis alguna preocupación ponedla debajo de la silla. Eso sí, no olvidéis llevárosla al terminar, porque aquí no la queremos. Y si después del show vosotros tampoco la queréis, cosa por la que no os culparé, por favor no la tiréis al suelo. Arrojadlas al contenedor de las tristezas que hay a la salida, para que la podamos reciclar.” (p. 60).

Por lo demás, aunque soy muy sensible a las comas, que alteran el significado de las frases, tengo para mí que en esta narración se emplean muchas, lo que a mi entender demora el ritmo y contribuye a que la narración posea menos fluidez y ligereza. El libro, por último, contiene ilustraciones de J. A. Luna Osorio, que acompañan bien la historia sin restringir apenas el espacio de nuestra imaginación. Así que ya saben: válganse de la risa como embajadora, tómense el destino con el debido humor.

 

[Fuente: http://www.culturamas.es]

 

Sergio Nudelstejer, notable ensayista y crítico literario | Diario Judío  México

Sergio Nudelstejer Befeler fue un ensayista y crítico literario, estudioso de la vasta obra de Isaac Bashevis Singer y galardonado con diversos premios por sus libros dedicados a Franz Kafka, Jorge Luis Borges, Albert Einstein, Elias Canetti y Stefan Zweig.

Nacido en Varsovia, Polonia, el 24 de febrero de 1924, llegó a México a los tres años de edad y obtuvo la nacionalidad mexicana en 1952. Fue galardonado en 1991 con el Premio Nacional de Periodismo Cultural.

El último libro de Nudelstejer, miembro honorario del Seminario de Cultura Mexicana, se titula Narrativa latinoamericana: una selección contemporánea, en el que Aglaé Margali lo define como «un ciudadano del mundo, poseedor de una vasta cultura donde se entremezclan voces de distintas latitudes, ya que su origen polaco y mexicano, universal, quizá su sello más particular, sea precisamente, esa identidad pluricultural, cuyo sincretismo desemboca en una percepción humanista que potencia su visión lúcida del mundo contemporáneo».

La labor periodística de Nudelstejer abarcó más de 50 años, en los que mostró especial interés por la divulgación de la cultura, los valores humanos y la literatura, mediante la biografía, las antologías de textos y la crítica literaria.

No solo se abocó a autores conocidos en México, como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Gabriel García Márquez, también escribió sobre escritores poco divulgados o difícilmente accesibles por la carencia de traducciones, como en su momento lo hiciera con Milan Kundera, Naguib Mahfouz, Kenzaburo Oé o Susanna Tamaro.

Entre las obras de Nudelstejer Befeler figuran Los espías de Dios, en la cual reúne 30 ensayos sobre novelistas, casi todos extranjeros. Las voces perdurables, libro dedicado a los escritores latinoamericanos, como Jorge Amado, Clarice Lispector y João Guimaraes Rosa.

Sergio Nudelstejer tradujo y editó obras de importantes autores de la cultura y la literatura judías, como son los casos de Martin Buber e Isaac León Péretz. Asimismo, desarrolló una relevante labor en defensa de los derechos humanos.

Sergio Nudelstejer falleció en México el 28 de enero de 2010 a la edad de 86 años.

[Fuente: http://www.diariojudio.com]

1492 marque des événements déterminants : la fin de la Reconquista, l’expulsion des Juifs d’Espagne par les rois catholiques et la découverte de l’Amérique par Christophe Colomb. Arte rediffuse sur son site Internet, dans le cadre de « Quand l’histoire fait dates », « 1492 : un nouveau monde » (Zahlen schreiben Geschichte – 1492: Eine neue Welt), documentaire de Denis van Waerebeke guidé par l’historien Patrick Boucheron, professeur au Collège de France, et directeur d’un livre collectif controversé : « L’Histoire mondiale de la France ».

Publié par Véronique Chemla 

« 33, 1492, 1789, 1945… Comment ces dates se sont-elles glissées dans notre mémoire collective ? Qui a décidé lesquelles étaient mémorables ? Comment construit-on un événement, pourquoi, pour qui, et comment finit-il par entrer dans les manuels d’histoire ? »
Série documentaire

« L’historien Patrick Boucheron revient sur quelques unes de ces dates pour découvrir en quoi elles nous aident aujourd’hui à saisir le panorama d’une histoire globale. Il revisite l’histoire à travers le prisme des grandes dates ».

« Portée par le récit face caméra, aussi savant que vivant, de Patrick Boucheron, professeur au Collège de France, cette collection documentaire met l’histoire en mouvement. »

« Des frises chronologiques animées accueillent images, documents et archives, illustrant les dix grandes dates évoquées ».

« En reconstituant, au fil d’une enquête captivante, ces événements inscrits dans les manuels scolaires, et en les replaçant dans plusieurs temporalités (au moyen des différents calendriers), la série rend ainsi sensible la manière dont l’histoire s’écrit, se date et se commémore ».

« Une approche nouvelle du sujet, où se croisent art de la narration, techniques ludiques d’animation et rigueur scientifique ».
Patrick Boucheron

Patrick Boucheron a dirigé « L’Histoire mondiale de la France ». Un best-seller controversé, critiqué notamment par Pierre Nora (« Politiquement, l’objectif est de lutter, « par une conception pluraliste de l’histoire, contre l’étrécissement identitaire qui domine aujourd’hui le débat public ») et Eric Zemmour : « En près de 800 pages et 146 dates, on ne déviera pas de la ligne du parti: tout ce qui vient de l’étranger est bon. Les invasions barbares sont des «migrations germaniques» ; la défaite des Gaulois leur permit d’entrer dans la mondialisation romaine ; les conquérants arabes étaient bien plus brillants que les minables défenseurs carolingiens ; les martyrs chrétiens de Lyon venaient d’ailleurs et saint Martin était hongrois. Les théologiens chrétiens doivent tout au grand talmudiste Rachi ; «l’honteux traité de Troyes» de 1420 (qui donnait le royaume de France à la monarchie anglaise) est une heureuse tentative de construire la paix perpétuelle par l’union des couronnes ».

Quant à Alain Finkielkraut, il a estimé :

« Je découvre, effaré, que ni Rabelais, ni Ronsard, ni La Fontaine, ni Racine, ni Molière, ni Baudelaire, ni Verlaine, ni Proust n’y figurent. Et si Mauriac est cité, ce n’est pas pour son œuvre, c’est pour sa critique honteusement réactionnaire du féminisme. Ainsi s’éclaire le sens de « monde » pour les nouveaux historiens. Mondialiser l’histoire de France, c’est dissoudre ce qu’elle a de spécifique, son identité, son génie propre, dans le grand bain de la mixité, de la diversité, de la mobilité et du métissage. Et c’est répondre au défi islamiste par l’affirmation de notre dette envers l’Islam. De manière générale, l’Histoire mondiale de la France remplace l’identité par l’endettement. Ici doit tout à ailleurs. De la France, patrie littéraire, ce qui surnage, c’est la traduction des Mille et Une Nuits par Antoine Galland et l’audace qui a été la sienne d’ajouter au corpus original des histoires que lui avait racontées un voyageur arabe venu d’Alep.
Instructif aussi est le récit de l’invasion musulmane de 719 à Narbonne, où les cultures se sont mêlées avant que les Francs, hélas, n’arriment par la force cette ville à leur royaume. Ceux qui, en revanche, croient pouvoir mettre au crédit de la France naissante la première traduction latine du Coran par l’abbé de Cluny Pierre le Vénérable en 1143, sont avertis que cette démarche n’était pas inspirée par la curiosité mais par une volonté de dénigrement. Et peu importe le fait que l’Islam de son côté ne pouvait pas même envisager de traduire les Écritures saintes des religions antérieures à son avènement.
Nos éminents universitaires n’ont que l’Autre à la bouche et sous la plume. Ouverture est leur maître mot. Mais ils frappent d’inexistence Cioran, Ionesco, Kundera, Levinas, tous ces étrangers qui ont enrichi notre philosophie et honoré notre littérature. Car c’est à ce «notre» qu’ils veulent faire rendre l’âme…
Le dégoût de l’identité a fait place nette de la culture. Les façonniers de l’Histoire mondiale de la France sont les fossoyeurs du grand héritage français.
« Une histoire libre », dit le journal Libération pour qualifier ce bréviaire de la bien-pensance et de la soumission, cette chronique tout entière asservie aux dogmes du politiquement correct qui ne consacre pas moins de quatorze articles aux intellectuels sans jamais mentionner Raymond Aron, ni Castoriadis, ni Claude Lefort, ni aucun de ceux qui ont médité la catastrophe totalitaire et la bêtise de l’intelligence au XXe siècle…
« Histoire jubilatoire », ajoute Libération. Ce mot – le plus insupportablement bête de la doxa contemporaine – convient particulièrement mal pour une histoire acharnée à priver la France de son rayonnement et à l’amputer de ses merveilles.
Il n’y a pas de civilisation française, la France n’est rien de spécifiquement français: c’est par cette bonne nouvelle que les rédacteurs de ce qui voudrait être le Lavisse du XXIe siècle entendent apaiser la société et contribuer à résoudre la crise du vivre-ensemble.
Quelle misère! »

Sur le djihad à Narbonne, voici le témoignage de Ibn al-Athîr dans ses Annales cité par Bat Ye’or dans Les Chrétientés d’Orient entre jihad et dhimmitude (p. 328) :

« En 177 <17 793= » » avril= » »>, Hichâm, prince d’Espagne, envoya sur le territoire ennemi une nombreuse armée commandée par ‘Abd el-Melik ben ‘Abd al-Wâh’id ben Moghît et qui poussa jusqu’à Narbonne et Djeranda . Ce général attaqua d’abord Djeranda, où se trouvait une garnison franque d’élite ; il tua les plus braves, détruisit les murs et les tours de la ville et faillit s’en emparer. Il marcha ensuite sur Narbonne, où il renouvela les mêmes exploits, puis, poussant en avant, il foula le sol de la Cerdagne. Pendant plusieurs mois, il parcourut ce pays dans tous les sens, faisant violence aux femmes, tuant les guerriers, détruisant les forts, brûlant et pillant tout, chassant devant lui l’ennemi qui s’enfuyait en désordre. Il rentra chez lui sain et sauf, traînant après lui un butin dont Dieu seul sait l’importance. Cette expédition est l’une des plus célèbres des musulmans d’Espagne [p. 144].
En 2010 <23 825= » » avril= » »>,  ‘Abd el-Rah’mân ben el-H’akam envoya sur le territoire franc une forte troupe de cavalerie commandée par ‘Obeyd Allâh, connu sous le nom d’Ibn el-Balensi. Cet officia dirigea des razzias dans tous les sens, se livra au meurtre et au pillage, et fit des prisonniers. En rebî’I, une rencontre qui eut lieu avec les troupes des infidèles finit par la déroute de ceux-ci qui perdirent beaucoup de monde ; les nôtres remportèrent là un succès important [p. 200] ».

« Car il existe de nombreux calendriers différents dans le monde… Pas une histoire unique mais une multitudes d’histoires enchevêtrées ».

« Alors élargissons la focale, renversons notre point de vue, et livrons-nous avec Patrick Boucheron à ce petit exercice de « fabrique de la mémoire ».

1492

1492 marque des événements déterminants : la fin de la Reconquista, l’expulsion des Juifs d’Espagne par les rois catholiques et la découverte de l’Amérique par Christophe Colomb.

« Dans la mémoire collective, 1492 marque la découverte des Amériques, la fin du Moyen Âge et le début des temps modernes ».

La fin de la Reconquista, reconquête, par les royaumes chrétiens ou Rois catholiques, de la péninsule ibérique et des îles Baléares occupées après le djihad par les musulmans qui avaient réduit les Indigènes vaincus à la dhimmitude. Une reconquête qui a duré pendant des siècles.

« Or, on ne peut comprendre le sens de cet événement sans le replacer dans une histoire plus complexe : avec la prise de Grenade, la soumission des musulmans du nord de la Méditerranée occidentale et l’expulsion des juifs d’Espagne, les royaumes ibériques s’emparent cette année-là du leadership de l’Ancien Monde ». Il est curieux d’utiliser le mot « soumission » pour des musulmans, vocable qui signifie aussi soumis à l’islam.

« C’est donc une logique d’affirmation du catholicisme en tant que prétention à la domination universelle qui commande la découverte « illuminée » d’un nouveau monde ».

« 1492 : un nouveau monde »
France, Les Films d’ici, 2017, 27 min
Sur Arte les 24 mars 2018 à 16 h 55, 20 septembre 2020 à 17 h 35
Disponible du 29/08/2020 au 18/03/2021

Visuels :

Officiellement, 1492, c’est l’année de la découverte des Amériques, la fin du Moyen-Age, et le début des Temps modernes. Mais il se pourrait bien que ce pied posé par Christophe Colomb sur une plage des Antilles un jour d’octobre, occulte une histoire bien plus complexe, une histoire qui commence en Andalousie, à Grenade, et qui colore la modernité occidentale d’une teinte un peu différente.

© Les films d’ici

Les citations sur la série documentaire sont d’Arte. Cet article a été publié le 23 mars 2018.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

La dictadura comunista de Checoslovaquia le retiró la nacionalidad por su exilio y en los últimos años se han dado gestos de acercamiento con el escritor, que lleva 23 años sin volver a su país natal

El escritor checo residente en París Milan Kundera ha ganado el premio literario Franz Kafka 2020, tal y como informa EFE. Este galardón se le otorga en reconocimiento a toda su trayectoria, anunció la sociedad que entrega el galardón.  «Su obra representa no solo una contribución extraordinaria a la cultura checa (…) sino que ha tenido un eco en la cultura europea y mundial, después de haberse vertido en mas de 40 idiomas», estimó el jurado sobre el escritor de 91 años.

Después de exiliarse en Francia en 1975 para escapar de la dictadura comunista en la entonces Checoslovaquia, Kundera ha seguido manteniendo una relación difícil con República Checa incluso tras la llegada de la democracia, hasta el punto de escribir en francés y negarse a revisar las traducciones al checo de sus obras.

Kundera, al recibir de los organizadores la noticia del premio, mostró su alegría y dijo sentirse «honrado, en especial porque se trata del premio Kafka, el premio de un colega escritor».

La dictadura comunista le retiró la nacionalidad por su exilio y el escritor obtuvo la francesa. En 2019, Kundera aceptó la nacionalidad checa que le ofreció el actual primer ministro, Andrej Babis, como desagravio al trato que le dio el anterior régimen. En los últimos años se han producido gestos de reconciliación entre Kundera -el escritor checo más popular después de Kafka- y su país natal, al que no ha regresado en 23 años.

El escritor, que decidió este año donar su biblioteca y archivo a su ciudad natal, Brno, dijo además sentir por Kafka «una cercanía por encima de otros». El premio Kafka, que se concede desde 2001, homenajea a autores contemporáneos cuya obra tiene una calidad literaria «excepcional» y trasciende fronteras, al igual que las obras del autor de «El Proceso», recuerdan los organizadores.

Kundera se dio a conocer con la sátira del comunismo estalinista que retrató en La broma, lo que le valió el reconocimiento en su país, pero con la reinstauración de un Gobierno fiel a la URSS se le vetó como escritor y se vio obligado a exiliarse. Otras de sus obras conocidos son El libro de la risa y el olvido, La inmortalidad y, sobre todo, La insoportable levedad del ser, que ha sido su novela más vendida y traducida.

A partir de 1994 Kundera adoptó el francés como lengua literaria.

Las ediciones anteriores de este premio han recaído en escritores de la talla del estadounidense Philip Roth, el israelí Amos Oz, el japonés Haruki Murakami, la canadiense Margaret Atwood, el italiano Claudio Magris o el austríaco Peter Handke.

El premio Franz Kafka consiste en una estatuilla de bronce que representa al autor checo realizada por el escultor Jaroslav Róna y un premio en metálico de 10.000 dólares (unos 8.863 euros).

 

[Fuente: http://www.lavozdegalicia.es]

Ademais de «Trens rigorosamente vixiados», a súa marabillosa ópera prima, o realizador adaptou outras obras do gran narrador Bohumil Hrabal

Menzel, cuando presentó en la Berlinale del 2007 su filme «Yo serví al rey de Inglaterra»

Menzel, cando presento en la Berlinale del 2007 seu filme «Eu servín ao rei de Inglaterra»

Por HÉCTOR J. PORTO

É un dos grandes referentes da sétima arte en Europa, aínda que -ao proceder dunha cinematografía de escala media como a checa- a distribución e a exhibición da súa obra foi tarefa en gran medida de festivais, cineclubes e salas de cine de autor. Tiña tanto talento Jiri Menzel (Praga, 1938) para as pequenas historias humanas que, cando aínda non alcanzara a trintena, en 1966, rodou a súa primeira longametraxe, Trens rigorosamente vixiados (1966), e logrou ao ano seguinte o Óscar ao mellor filme en fala non inglesa, por certo, en disputa coa cinta de Claude Lelouch Vivir para vivir (nada menos que con Yves Montand, Annie Girardot e Candice Bergen na repartición) e coa adaptación do ballet de Manuel de Falla O amor bruxo realizada por Francisco Rovira Beleta (con Antonio Gades e A Polaca como protagonistas).

Menzel morreu o pasado sábado aos 82 anos, segundo informou horas despois a súa esposa, Olga Menzelova, na rede social Facebook, onde relata que faleceu tras unha longa pelexa contra a enfermidade e confortado pola calor da súa familia: «O noso querido Jiri, ese valente entre os valentes… O seu corpo abandonou este mundo trivial nos nosos brazos […]. Foi a nosa maior honra e privilexio poder estar ao teu lado na túa última peregrinaxe á eternidade».

Prolífico autor teatral, actor e escritor, recoñecido en Francia como cabaleiro da Orde das Artes e as Letras, foi, sobre todo, un alicerce da denominada Nova Vlná -a Nova Onda Checoslovaca, que xurdiu en 1963 contra a excesiva ideologización do cine e feneceu só cinco anos despois arroiada pola brutalidade dos tanques soviéticos, de paso que esmagaban as protestas pacíficas da Primavera de Praga- na que destacaron Milos Forman e outros cineastas como Jan Nemec, Ivan Passer, Jaromil Jires, Vera Chytilová, Ján Kadár e Elmar Klos. Pero Menzel -ao contrario de Forman e Passer, que triunfaron (non na mesma medida) en Hollywood- decidiu quedar no seu país, polo que houbo de enfrontarse á dura censura do aparello comunista.

Esta opresiva vixilancia, acoso e derriba fíxose especialmente patente cun dos seus títulos máis celebrados, Alondras no arame (1969), que foi explicitamente laminado polo réxime. É máis, Menzel xa non volveu dirixir ata 1974. E deuse un feito paradoxal, case surrealista, propio do seu humor: cando finalmente se estreou, en 1990, a cinta alzouse co Oso de Ouro na 40.ª edición da Berlinale.

Tanto en Alondras no arame como en Trens rigorosamente vixiados Menzel adaptaba relatos do gran novelista checo Bohumil Hrabal (1914-1997), outro espírito humilde e libre que, como el, decidiuse por unha oposición ao réxime comunista silenciosa, discreta e desde dentro. Isto lle granxeou a Hrabal numerosos reproches e ataques -incluso foi tachado de colaboracionista e traidor- e comparacións agraviantes con outros grandes da literatura do seu país que elixiron o exilio, como o xa case francés Milan Kundera.

Bebendo da pluma de Hrabal, Menzel rodou tamén A festa das campanillas verdes (1984) e Eu servín ao rei de Inglaterra (2006). Ambos os autores coinciden nesa visión do mundo que concita o fantástico e o cotián, que busca a vida sinxela das xentes, a taberna e a cervexa, que evoca o espírito de Jaroslav Hasek, e as aventuras do bo soldado Svejk, entre o humor máis surrealista e o máis costumista, e que deixaba por veces en evidencia a novidade do realismo máxico de Gabriel García Márquez.

Ese cóctel que tan marabillosamente manexaban Menzel e Hrabal é un prodixio de empatía e sabedoría popular, unha rebelión ideolóxica que nada ten que ver coa manifestación ruidosa e si coa vida do pobo. Dicía Menzel que sempre admirou de Hrabal a súa capacidade para «mirar ás persoas e velas como realmente son», sen espaventos, porque o escritor, incidía, «aínda amaba ás persoas».

Trens rigorosamente vixiados narra a historia de Milos, un mozo aprendiz de garda de estación ferroviaria que, deprimido polo fracaso no amor, acaba por erixirse nun heroe da resistencia contra o nazismo.

 

[Imaxe: TOBIAS SCHWARZ/REUTERS – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

La abuelita de Kundera y también la mía
conocían cada yerba y sus aplicaciones
sabían lo que tenían dentro los colchones,
sabían leer el cielo y cocer el pan.

La abuelita de Kundera en su pueblo checo
y la mía en su Belchite y las dos sabían
que el cura era el confidente de la policía.
Nada tenía secretos a su alrededor.

El vecino de Kundera se parece al mío.
Si algo tiene destacable nadie lo diría.
Es un tipo muy correcto que se pasa al día
ocho horas tecleando un ordenador.

Mi vecino vuelve a casa y enciende la tele
y brinda con la familia con sidra « El Gaitero »
cuando el locutor afirma que en el mundo entero
no hay un lugar más seguro que nuestra ciudad.

Mi vecino nunca supo que esa misma noche
violaron en su calle a una adolescente,
que asaltaron a dos viejas y que un indigente
apareció degollado en el callejón.

Mi vecino, aquella noche, se metió en la cama
convencido de tener el mundo controlado
seguro de ser un hombre muy bien informado
respecto a lo que ocurría a su alrededor.

La abuelita de Kundera y también la mía
conocían cada yerba y sus aplicaciones,
sabían lo que tenían dentro los colchones,
sabían leer el cielo y cocer el pan.

 

Letra y música = Joan Manuel Serrat

 

 

Acaba de publicarse una biografía del período checo de Milan Kundera. Su motivo central es la información, difundida en 2008, de que el célebre autor checo-francés había denunciado en 1950 a un emigrado checo que apareció en Praga en circunstancias sospechosas.

Escrito por Luis C. Turiansky

La puesta a la venta del libro “Kundera, vida y obra checas[1] retrae al tapete un incidente de la juventud de Milan Kundera que trascendió mucho tiempo después: al parecer, por iniciativa propia, y sin que mediara presión alguna, denunció a la policía que un exestudiante checo radicado en Alemania Occidental había sido visto en Praga, probablemente en cumplimiento de una misión ilegal.

La coincidencia del año de publicación de la biografía con el 70º aniversario del suceso en cuestión no es casual ni tampoco la única: también en 1950 tuvo lugar un juicio de carices trágicos, que culminó con cuatro penas de muerte, entre ellas la de Milada Horáková, dirigente del Partido Socialista Nacional -no confundir con el “nacionalsocialismo” alemán-, acusada de connivencia con las potencias occidentales. No olvidemos que ya estábamos en plena “guerra fría” y también había estallado otra, esta bien caliente, en Corea.

Ambos aniversarios permiten, a quienes lo deseen, hacer sus comparaciones. Por un lado está la heroína-mártir, única mujer condenada a muerte en un proceso político, y el relato no escatimará detalles acerca de la crueldad del acto de ejecución. Por el otro, tenemos al miserable que corre a denunciar a un joven reclutado por los servicios secretos occidentales, el que se comerá por ello catorce años de cárcel y trabajo forzoso en una mina de uranio, mientras el delator hace una brillante carrera de escritor y se convierte en uno de los novelistas contemporáneos más solicitados. [2]

Lo que sienta las bases de la comparación sería un documento dado a conocer en 2008, en el que se describe detalladamente la colaboración de Kundera con los servicios de seguridad al mando de los comunistas. En un medio traumatizado por su pasado como es la República Checa, el relato al respecto consiguió provocar el revuelo que necesitaban, autor y editores, para promocionar una biografía alusiva de 900 páginas destinada a destruir al protagonista, a un precio de venta igualmente abultado.

El autor, Jan Novák, es un novelista convertido al género biográfico con ingredientes literarios -aunque sin llegar a la novela biográfica-; en Estados Unidos, su lugar de residencia permanente, adoptó el estilo de denuncia sensacionalista y provocadora que suelen tener allí las obras de este género producidas para atacar más que para elogiar y donde la objetividad no es precisamente el aspecto más destacable. El centro de la andanada será entonces la imagen del delator, basándose en los datos proporcionados doce años antes por el documento de marras.

A Kundera, que acaba de cumplir 91 años, probablemente esto ya no le hará mella. En cuanto a la literatura checa, ella seguirá dando vueltas en busca de su camino, sin que el libro polémico de Novák le sirva de inspiración.

El contexto histórico, político y cultural

Milan Kundera nació en Brno, ex Checoslovaquia, el 1 de abril de 1929. Su padre, Ludvík Kundera, fue músico y un intelectual sumamente respetado que llegó a ser el rector de la Academia Leoš Janáček de Artes Musicales y Escénicas de esa ciudad morava. La casa donde Milan se crio estaba repleta de libros y solía dar acogida a muchas personalidades de renombre, que con su presencia contribuyeron a cultivar al joven Kundera. Ya en el “gimnasio”, el equivalente checo de nuestros liceos, se destacó como un ávido lector, poseedor de una gran cultura y que sabía expresarse con destreza. Pero hay que decir que sobre todo ganó fama por sus posiciones de izquierda.

Al final de la guerra, cuando el ejército soviético jugó un papel decisivo en la liberación de Checoslovaquia en 1945, no era nada extraño que los jóvenes sintieran una gran admiración por la Unión Soviética y su líder Josip Stalin. Típico representante de esta generación, Kundera se afilió al Partido Comunista en 1948, poco después de que este se afirmara en el poder tras la crisis gubernamental de febrero, al obtener el apoyo de la mayoría de la socialdemocracia y otras fuerzas de izquierda, particularmente los sindicatos.

Sus contemporáneos aún en vida se refieren a él como un “estalinista crítico”. Un signo de su actitud contradictoria fue que se negaba sistemáticamente a asistir a las grandes concentraciones de masas, que consideraba de mal gusto. De hecho, perteneció a la intelectualidad progresista checa que aspiraba a mejorar el modelo socialista de desarrollo en un sentido democrático y que influyó notablemente en la apertura que culminó en 1968 con la llamada “Primavera de Praga”, bruscamente interrumpida por la intervención armada de la URSS y sus aliados más fieles, en agosto de ese año.

Es en este contexto que debe comprenderse la posición política y la obra del joven Kundera a lo largo de la etapa checa de su vida, hasta la decisión de abandonar el país y radicarse en Francia. Este último acto significó el alejamiento definitivo, no solo por motivos legales sino también culturales. Las autoridades checoslovacas castigaron su atrevimiento retirándole la ciudadanía y prohibiendo sus libros. Como muchos otros en su situación, cortó las amarras y se afincó, no solo para residir en el país de adopción, sino también para integrarse plenamente en su cultura. Desde entonces solo escribe en francés y no se mete en política.

La delación

En la escala de valores éticos, probablemente la delación es el acto más deleznable. Sobre todo cuando tiene lugar por propia voluntad del delator y para entregar a un justo. No es lo mismo, por ejemplo, si somos testigos de un crimen. En tal caso, nuestra colaboración con el aparato represivo será bienvenida y se nos gratificará con palabras elogiosas.

El artículo que, en la prensa de 2008, destapó el tarro cuyo mal olor perdura hasta hoy, se basa en un parte policial, frío y meticuloso, que alguien encontró entre los documentos de la ex Seguridad del Estado conservados en el Archivo del Instituto de Estudios sobre los Regímenes Totalitarios, en Praga. El párrafo de relevancia dice así:

El día de hoy [en otro sitio figura la fecha 14.03.1950], a las 16 horas, se presentó a esta oficina el estudiante Milan Kundera, nacido el 1 de abril de 1929 en Brno y domiciliado en la residencia estudiantil de Praga VII, avenida Rey Jorge VI, para declarar que la estudiante Iva Militká, allí también domiciliada, confió a otro residente, el estudiante Dlask, que ese día se encontró casualmente, en la zona de Klárov, Praga, con un conocido de nombre Miroslav Dvořáček, quien le dejó en resguardo una valija que vendría a recoger por la tarde […] El tal Dvořáček desertó del servicio militar y reside desde la primavera anterior en Alemania, adonde se trasladó ilegalmente.[3]

Se trata de una cita textual, pero no la acompaña ningún facsímil del original. El parte en cuestión no es un acta de interrogatorio y, por consiguiente, no lleva tampoco la firma del denunciante. Esto y el hecho de ser hasta hoy el único testimonio conocido del caso, le restan autenticidad.

Inmediatamente, Milan Kundera contactó a la Agencia Checa de Noticias ČTK para negar formalmente que haya denunciado a nadie. “A las personas nombradas ni las conozco”, dijo ¿Por qué habría hecho entonces la denuncia? Los autores del artículo citado, Petr Třešňák y Adam Hradilek, sugieren que tal vez Kundera temía que su nombre saliera a colación en el interrogatorio al que sin duda sería sometida Iva Militká y él tendría que explicar luego por qué no hizo la denuncia inmediatamente. Siendo miembro del partido, su negligencia tendría graves consecuencias, puesto que ya una vez había sido sancionado por una crítica que hizo, y el ocultamiento de la actividad ilícita era un delito severamente penado por la ley.

Desde luego es un motivo plausible, pero yo me inclino a pensar que, si el hecho realmente ocurrió como se describe, también pudo haber pesado en la actitud de Kundera su sentido de lealtad cívica. Para un joven idealista como fue entonces, era impensable aceptar que un agente del imperialismo anduviera suelto y actuando con impunidad, seguramente con el objeto de dañar las bases del socialismo, que entonces se definían oficialmente como una “democracia popular”. Hoy, cuando domina el interés material inmediato en las reacciones humanas, tal vez este motivo resulte poco convincente, pero yo me traslado mentalmente a mis tiempos de estudiante, cuando estaba la Revolución Cubana y su defensa movilizaba a gran parte de la izquierda de mi generación.

Imaginemos, entonces, cómo actuaríamos si descubriéramos que un agente secreto pretende socavar el socialismo, un sistema político que criticamos por sus defectos pero que, en esencia, responde a nuestra aspiración a una sociedad más justa. Es probable que al principio dudáramos, como el alumno aplicado que jamás irá a decirle al pedagogo que un compañero le ha ensuciado con tinta el cuaderno de los deberes por pura maldad. Es una cuestión de honor. Otra cosa es cuando tenemos la tal “guerra fría” y a diario nos bombardean en la prensa sobre la necesidad de “estar alertas” (¿no lo dijo también el héroe Julius Fučík al final de su “Reportaje al pie del patíbulo”?). Si la alternativa es una nueva ocupación extranjera y la derrota del socialismo, seguramente superaríamos estas dudas y haríamos la denuncia donde corresponde.

El exilio y la ruptura con el pasado

Cuando en agosto de 1968 se produjo la invasión de las tropas de cinco Estados del Tratado de Varsovia (sin Rumania y, desde luego, sin Checoslovaquia), muchos checos y eslovacos huyeron a Occidente mientras ello fue posible. Kundera no. Todavía en 1970, a mi regreso de Uruguay, le llevé un amuleto de regalo que le enviaba una amiga común, la que me encargó especialmente que le explicara que se lo enviaba para protegerlo “contra el mal de ojo”. Así se lo hice saber y él pareció comprender. Hoy a mí hasta me da la impresión de que esa escena tenía algo premonitorio.

Milan Kundera siguió trabajando en la Unión de Escritores como si nada, pero “no salvó” el examen de fidelidad instaurado en el Partido Comunista con arreglo a la nueva orientación política y en 1970 fue “excluido de la lista de afiliados”.[4] Su carrera, sus traducciones y la edición de sus obras, se redujeron notablemente. En 1975 consiguió un puesto en la Universidad de Rennes en Francia, y allí partió con su esposa Věra.

Desde entonces viven en Francia, allí publica él sus obras y el país galo es su base de operaciones desde la cual ha desarrollado su notable carrera de escritor, con obras traducidas a un número considerable de idiomas. Paradójicamente, su patria checoslovaca le retiró en 1979 la ciudadanía, pero la República Francesa le otorgó la suya sin vacilar.

Poco a poco, el exilio se convirtió en definitivo. A partir de cierto momento, ya no le bastó revisar las traducciones francesas de sus originales en checo y comenzó a escribir directamente en francés. Seguramente, al tomar esta decisión, también tuvo en cuenta sus aspectos prácticos, relacionados con la mayor difusión del idioma francés, que por suerte él dominaba, en las letras universales. En todo caso, sus lazos con el país de origen se cortaron completamente, hasta el punto que, cuando la situación política cambió y las editoriales checoslovacas y luego checas se peleaban por publicarlo, él rompió todos sus vínculos y desautorizó todas las ediciones y traducciones de su obra que no contaran con su visto bueno.

Tal ruptura con los orígenes puede explicarse humanamente por las circunstancias: una patria que lo rechaza y prohíbe la edición de sus obras, y un ambiente en general adverso. Incluso después, cuando los intelectuales disidentes se organizaron alrededor de Václav Havel, su nombre era maldito. Averiguar los motivos de esta animosidad recíproca quizás requiera una investigación más detallada. Puede ser que un papel haya tenido su pasado comunista, así como también la simple y humana envidia de los colegas por su éxito internacional, que ellos no podían alcanzar. Pero también es probable que no deseara reanudar las relaciones con sus compatriotas, debido al miedo de que todavía quedaran testigos de aquel suceso ingrato de 1950, que podían en cualquier momento señalarlo con el dedo como el “chivato culpable”.

Entonces resolvió que lo mejor era cortar todas las relaciones, nada de ediciones en checo ni reportajes ni entrevistas con nadie que guardara alguna relación, aunque sea lejana, con Praga o Checoslovaquia. Silencio de tumba y dedicarse a lo que mejor sabía hacer, escribir libros, tal su programa. Adquirió así fama de excéntrico introvertido, que solía rechazar las invitaciones sociales y se negaba a hablar de su vida. Se ve que sentía verdaderamente la necesidad de borrar el pasado, ligado a “aquello”.

En su libro, Jan Novák, también un expatriado, acusa a Kundera de tergiversar su vida anterior en sus esporádicas declaraciones. Es posible, pero ha de tenerse en cuenta que Kundera es un literato que trabaja mucho con la imaginación y también sus declaraciones pueden haber sido utilizadas por él como arma para defenderse de posibles ataques de sus enemigos. En todo caso, el retiro de la nacionalidad y la prohibición de editar sus libros en Checoslovaquia por parte de las autoridades son hechos reales, no inventados.

Al cumplir Milan Kundera 90 años de edad, en abril de 2019, lo fue a ver en París el primer ministro checo Andrej Babiš, para trasmitirle el interés del Gobierno de la República Checa en devolverle la ciudadanía perdida, si lo deseaba. Kundera agradeció, sin hacer ningún comentario.

Jan Novák, entretanto, siguió trabajando arduamente en su obra de destrucción del “mito Kundera”. Probablemente le animaba el mismo sentimiento de rechazo a aquel ingrato, compatriota desarraigado, comprometido por un pasado comunista y culpable de un acto de delación imperdonable, tal como es visto por el sector radical que participó en la “revolución de terciopelo”. Por otra parte, esto encaja perfectamente en la guerra declarada globalmente contra el “neomarxismo”, a lo que ya me he referido en otra ocasión.[5] No deja de ser interesante, por cierto, que buena parte de la información utilizada para estos menesteres provenga de los archivos de una institución oficial de la República Checa, el ya mencionado Instituto de Estudios sobre los Regímenes Totalitarios, el mismo que también ha suministrado material a los autores de las denuncias póstumas contra Vivián Trías en nuestro país. Qué casualidad, ¿no?

Sin embargo, salvo el éxito seguro entre los lectores ávidos de historias comunisticidas y destinadas a alimentar la revisión de la historia, desde el punto de vista literario el nuevo título añadido a la extensa bibliografía sobre Kundera es más bien decepcionante. Se le critica su falta de objetividad, la tendencia a adaptar el relato a las necesidades ideológicas y la animosidad con que trata al objeto de su investigación. Un reconocido especialista en Kundera, el profesor Petr A. Bílek, de la Facultad de Filosofía de la Universidad Carolina de Praga, es contundente al dar su nota de desaprobación: “Novák es un diletante, que sabe muy poco de Kundera y de la literatura en general”.[6]

Este triste resultado nos recuerda más bien el conflicto entre la mediocridad de Salieri y la genialidad de Mozart, que tan brillantemente pintó otro checo, Miloš Forman, en su famoso filme Amadeus.

En cambio, lo que sí valdría una elaboración literaria es la historia en sí, el tema de la delación por un joven idealista, después convertido en escritor famoso, mientras su víctima se pasa catorce años preso y soportando los efectos de la radioactividad en una mina de uranio. Kundera haría de esto una obra maestra, pero probablemente no querrá, ni podemos nosotros pedírselo. ¿Lo tomará alguna mente libre entre los checos de hoy?

[1] Jan Novák, Kundera – Český život a doba, simultáneamente ediciones Argo y Paseka, Praga, 2020.

[2] El denunciado, de nombre Miroslav Dvořáček, se exilio posteriormente en Suecia y murió en Gotemburgo en 2012.

[3]  Petr Třešňák y Adam Hradilek: « Udání Milana Kundery »Respekt, 12.10.2008 (actualizado por la misma fuente el 29.06.2020). El fragmento aquí reproducido es traducción del autor. El original dice “Alemania” sin especificar, pero ya existían dos Estados separados y es evidente que se refiere a la Alemania Occidental o República Federal.

[4]  La exclusión de la nómina de afiliados era entonces una sanción más benévola que la expulsión, ya que no contenía elementos de repudio moral ni consecuencias en la vida privada.

[5]  Luis C. Turiansky: « Para qué sirven las palabras »Vadenuevo, núm. 140, 01.04.2020.

 

[Ilustración: Luis Alberto Gutiérrez García – fuente: http://www.vadenuevo.com.uy]