Archives des articles tagués Movimientos sociales

A mobilización, celebrada en Oviedo, pide o recoñecemento da lingua porque « amplía dereitos e liberdades ».

Manifestación pola oficialidade do asturiano e o galego-asturiano

Manifestación pola oficialidade do asturiano e o galego-asturiano

Unha multitudinaria manifestación percorreu este sábado o centro de Oviedo para esixir a oficialidade das linguas asturiano e galego-asturiano. A mobilización partiu da Estación do Norte, en Oviedo, e terminou na Praza da Catedral, onde leron un manifesto.

A convocatoria correu a cargo da Xunta pola Defensa da Llingua, cuxos responsables insisten en que a oficialidade soamente significa recoñecer legalmente o dereito que ten calquera persoa para usar libremente a lingua propia nun territorio. Así, consideran que esa oficialidade supón un avance democrático porque « amplía dereitos e liberdades cidadáns ».

Consideran que actualmente os falantes do asturiano e do galego asturiano non teñen recoñecido legalmente o seu dereito para expresarse nesas linguas. « Por que teñen menos dereitos que os falantes de linguas doutras comunidades? », preguntáronse, reivindicando o mesmo trato institucional e mesmo réxime de protección que teñen as demais linguas do Estado.

O Estatuto de Autonomía de Asturias, aprobado en 1981, xa contempla a protección do asturiano (‘ bable’) no seu artigo 4 e di que se promoverá a súa difusión nos medios de comunicación e o seu ensino, respectando as variantes locais. No ano 1998, con Sergio Marqués (PP) como presidente de Asturias, aprobouse a lei de uso e promoción do  bable/asturiano, que actualmente regula a protección do idioma.

A actual normativa, con todo, non é suficiente para os participantes na manifestación deste sábado, que esixen que o asturiano e o galego asturiano sexan oficiais e gocen da mesma protección e desenvolvemento que outros idiomas do país, como o catalán ou o galego. O contrario é unha discriminación, alegan.

 

El último libro de Néstor Kohan, Hegemonía y cultura en tiempos de contrainsurgencia soft (Ocean Sur, 2021), es de lectura urgente para comprender a profundidad los procesos actuales que el comandante Fidel Castro consideró como batalla de ideas, en los ámbitos de la cultura y las ciencias sociales.

Escrito por Gilberto López y Rivas 

El libro está precedido por fragmentos de sendos escritos de dos respetados profesores argentinos, secuestrados y desaparecidos por la dictadura militar, Daniel Hopen y Haroldo Conti, que muestran uno de los rasgos distintivos del fascismo y el terrorismo global de Estado: su odio a la intelectualidad revolucionaria. Estos epígrafes conllevan un propósito central de la obra: mostrar que, pese a represiones o cooptaciones, es posible resistir al enemigo de la humanidad y la vida en el planeta: el capitalismo y los Estados imperialistas que imponen su explotación y dominación a los pueblos oprimidos y recolonizados por la vía de una contrainsurgencia letal, que ha provocado catástrofes humanitarias en numerosos países, o una contrainsurgencia soft, blanda.

Néstor Kohan no es dado a irse por las ramas. Entra directo a expresar que se embarca en una sociología de la cultura e historia intelectual con la declarada intención de desatar polémica, lo cual siempre logra, girando su trabajo en torno a tres problemas centrales: hegemonía/contrahegemonía, imperialismo y contrainsurgencia.

El libro trata un caso en particular: Cuba y su lucha contra el imperialismo estadunidense, la metáfora de David y Goliat, que ha sido una dramática realidad por más de 60 años: enfrentar con éxito las incontables incursiones militares abiertas y encubiertas, sabotajes, guerra bacteriológica, intentos de asesinato de dirigentes, actos terroristas, el bloqueo y las acciones de sus múltiples aparatos de inteligencia y contrainteligencia, que se complementan con el más notorio: la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Esta estrategia de contrainsurgencia militar ha sido acompañada de otra táctica imperialista dedicada a minar la moral y hegemonía socialista de la revolución cubana. A la denuncia sobre el papel que juegan las fundaciones fachadas de la CIA que proporcionan los fondos para la compra de conciencias, Néstor, con su ya proverbial erudición, va desbrozando la maleza ideológica de una contrarrevolución que se esfuerza por “construir una opción pretendidamente ‘democrática’ […] contra el proyecto comunista, al que sigue calificando, con escasa originalidad, de ‘totalitario’ […], donde las palabras ‘democracia’ y ‘república’ se enarbolan sin nombre ni apellido, sin referencias de clase ni determinaciones históricas, sociales ni geopolíticas”.

En torno al reciente debate cubano, Néstor afirma que revolución cultural es lucidez y es socialismo, sobre todo en el contexto de la crisis capitalista más profunda de la historia, en la que la especie humana está en peligro. Precisamente, en los momentos en que circulaba la demanda del Premio Nobel para la brigada médica cubana internacionalista Henry Reeve, y en plena emergencia sanitaria del Covid-19, estalla, ¡qué casualidad!, el Movimiento San Isidro en Cuba, el cual, como era de esperarse, recibe la cobertura mediática ­internacional.

Néstor observa, con dolor, las firmas de amigos y compañeros en un manifiesto, junto con conocidos trásfugas, y se debate entre la amistad y la necesidad ética de definirse frente a ese movimiento, optando por no perder la brújula del eje de la lucha de clases y las relaciones de fuerza, a partir del cual hace un recorrido crítico de gran envergadura teórica, sobre la línea discursiva del manifiesto. Kohan reitera su posicionamiento, con el que concordamos plenamente: “Revolución socialista, la cubana, que durante décadas ha sido y seguirá siendo la única vacuna y el único antídoto para garantizar la autodeterminación nacional y popular de Cuba frente a las pretensiones anexionistas de Estados Unidos, sea en su versión neofascista, sea en su presentación light y soft, igualmente imperialista”.

Asumiendo que los conflictos y los intentos de dominación no han desaparecido y que la guerra ideológica, fría, tibia o caliente, abierta o encubierta, simétrica o asimétrica, continua, y a propósito de la polémica sobre imperialismo, ciencias sociales y cultura, Kohan convoca a recuperar un programa antiimperialista y anticapitalista actualizado y acorde con nuestra época, como una tarea urgente y en el centro de la agenda. Exhorta a reactualizar y elaborar colectivamente nuevos planes culturales contrahegemónicos. Remontar la pendiente inclinada de las derrotas genocidas que padecimos, desmontando la avalancha asfixiante de propaganda y manipulación de la opinión pública que enfrentamos a diario.

El estudio y la discusión sobre este oportuno y excelente libro de nuestro camarada y amigo Néstor Kohan ofrecen las herramientas teóricas para estar a la altura de estos desafíos.

 

[Fuente: http://www.jornada.com.mx]

 

 

 

 

 

Escrito por Atilio Pérez da Cunha

“Ese perro que aúlla a las sombras,
ese agujero en la suela del zapato derecho,
ese árbol que vestirá mi carne,
finalmente,
apuntan hacia Dylan”.

Eduardo Darnauchans

Una garganta con arena

Más de cincuenta años después de su aparición en las calles del bohemio Greenwich Village de Nueva York, todavía el huracán de Minnesota tiene fuerza para ganar el premio de la Academia Sueca, que le entregó el Nobel de Literatura por “haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”. Un premio que corona una carrera que ha tenido otros reconocimientos literarios importantes, ya que Dylan obtuvo la Orden de las Artes y las Letras (1990), el Príncipe de Asturias (2007) y el Pulitzer (2008).
El Nobel, las dificultades de la Academia para encontrarlo y que asista a la ceremonia de premiación y lo que hará, presuntamente, con dicho premio lo han convertido en noticia recurrente en la más amplia diversidad de medios. Por lo tanto, el vecindario está alborotado.
Algunas personas que no leen siquiera las necrológicas o los resultados de la quiniela, y que jamás han oído a uno de los mayores poetas contemporáneos, debaten sobre el merecimiento de tal premio. Los expertos también debaten aunque no sean, precisamente, expertos en la frondosa obra de Bob Dylan a lo largo de 55 años de carrera, desde que llegó en el frío invierno de 1961 a Nueva York.
Hace poco, el poeta Víctor Cunha, tan urubeatnik y tan dylaniano como yo, me contaba que escuchó una tertulia radial en la que algunos expertos discutían sobre Dylan. Decía Víctor: “En Montevideo, un programa matinal junta a cuatro personas alrededor de una mesa para charlar sobre el caso. Lo cual no está mal en sí. Lo que sí está mal es que los anuncien como que son expertos en Dylan, cuando no lo son. De hecho, me consta que son expertos pero en rubros que no son Dylan, y eso es lo que lo vuelve más bizarro, porque quienes defienden no saben mucho cómo defender, los que atacan no saben qué o cómo es que hay que atacar. El conductor del programa lee incansable una pregunta de un oyente que habla de un cierto aire andaluz de la vestimenta de Dylan. El conductor finalmente encara a los expertos y les pregunta. Los expertos, a favor o en contra, no tienen la respuesta. En realidad, no se necesita ser experto para saber que la pregunta es errónea. El toque no es andaluz, sino mexicano. Cualquier abombado sabe que esos trajes con vira en el borde de la solapa y en las costuras laterales del pantalón, con bolsillos sin tapa y detalles de cuero, el corbatín de lazo, más el sombrero blanco a veces de alas dobladas o negro de ala dura, las botas bordadas y de taco, da entre Texas y México, no Andalucía. La primera vez que Dylan estuvo en Uruguay salió a escena vestido de esa manera. Será que le gusta”. Pienso en estas palabras del poeta y coincido: lo único andaluz en la vida de Dylan han sido los libros de Federico García Lorca.
Desde el otro lado de una calle de Malvín, un veterano cuidacoches me grita: “Dylan ganó el premio Nobel”.
El músico y poeta canadiense Leonard Cohen, a sus 82 años, aplaudió el premio Nobel de Literatura concedido a Bob Dylan y aseguró que otorgarle ese galardón al cantautor estadounidense es como “poner una medalla al Monte Everest por ser la montaña más alta”. Muchos años antes, el mismo Cohen, otro gran ícono de la canción de tópico, había dicho: “Bob Dylan es uno de esos personajes que solo aparecen una vez cada trescientos o cuatrocientos años”.
Pocas horas después de conocida la premiación de la Academia sueca, Nelson Caula, entrañable colega y amigo, me llamó para opinar sobre el premio Nobel de Literatura entregado al judío errante, la poderosa central poética, la garganta de arena y de “urraca valerosa”, que ha marcado a varias generaciones del planeta en los últimos cincuenta años. Entonces imaginé que sería natural que el posible lector de esta nota pensara que es oportuna, o que es en cierto modo oportunista, dada la repercusión del Nobel y sus consecuencias. Pero, en realidad, estaba pactada bastante antes y es mi manera de celebrar esta edición aniversario de Dossier. Y, también, en cierto modo, la celebración de una parte sustancial de mi propia vida.

Captura de pantalla 2017-02-26 a la(s) 10.36.03

¿Cómo llegó Dylan al cul du monde?

“Oh, oye esto, Robert Zimmerman,
escribí una canción para ti
acerca de un joven extraño
llamado Dylan,
con una voz como la arena y pegamento”.

David Bowie

Captura de pantalla 2017-02-26 a la(s) 10.36.16

Hasta 1969-1970 no había escuchado a Bob Dylan. El mundo entonces mostraba las claras modificaciones sufridas en su geografía política tras la Segunda Guerra Mundial. Se había configurado una bipolaridad derivada de la división del planeta en dos zonas de influencia controladas respectivamente por Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS). Los estadounidenses miraban a América Latina como su patio trasero. Habían comenzado a hacer una política intervencionista, y todo lo que se les antojaba diplomáticamente en los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y de Oriente Medio. La URSS manejaba con mano firme a los países de la entonces llamada “Cortina de Hierro”, y con el garrote del Pacto de Varsovia había aplastado a los gobiernos aperturistas de Hungría, en 1956, y de Checoeslovaquia, en 1968.
Uruguay se deslizaba, entretanto, en una espiral de violencia inédita y sorprendente, como si alguien se hubiera dormido mirando Heidi y se hubiera despertado, bruscamente, con una escena de un film de terror de Stephen King.
Era una época sin celulares inteligentes, sin internet, sin televisión satelital y sin videoclips, sin discos compactos ni mp4. Para un muchacho del sur del Sur era imposible imaginarse la voz y la imagen de un cantor/poeta que se había convertido en la banda de sonido de los movimientos civiles de Estados Unidos en los años sesenta. Dylan.
Disculpe el lector si esta nota resulta autorreferencial, pero la escribe alguien que se hizo poeta, poeta menor, pero poeta al fin, gracias a Bob Dylan.
En los patios del viejo Instituto Alfredo Vásquez Acevedo, agitado por aquellos años complejos y violentos, eran muy pocos aquellos con los que se podía hablar de Bob Dylan. Él ya era un referente de la canción de autor, o de tópico, y se había convertido casi en una leyenda viva como los grandes del folk Pete Seegger, Joan Baez y Woody Guthrie.
En 1970 había corrido a comprar Nashville Skyline, disco compartido con el cantante country Johnny Cash, pero no conocía más que algunas letras de sus primeros discos, las emblemáticas ‘Blowin in the wind’ y ‘A hard rain gonna fall’, que nunca habíamos escuchado, ya que sus discos eran imposibles de conseguir.
Ignoraba por completo que en julio de 1966 Dylan había sufrido un accidente con una motocicleta Triumph Tiger 100 en una carretera cerca de su hogar en Woodstock. Nunca supimos con certeza la gravedad de sus heridas, más allá de alguna declaración del propio cantante/poeta que dijo que sufrió la fractura de varias vértebras cervicales.
Como en muchas otras ocasiones, el personaje Bob Dylan aparecía rodeado de misterio y oscuridades, dado que después del accidente no fue hospitalizado ni hubo partes médicos que refirieran a la entidad de las heridas.
Algunos biógrafos y críticos de la obra de Dylan señalan que el accidente ofreció al cantante la oportunidad de sacarse de encima las presiones que había acumulado al convertirse en el referente, aunque él aclarara reiteradamente que no quería serlo, de todos los movimientos sociales y contestatarios de la época.
“No sigas a líderes, vigila los parquímetros”, había advertido en ‘Subterranean homesick blues’, uno de los temas de su disco Bring All Back Home, de 1965, que aquí en Montevideo no se oyó hasta 1972. En ese mismo año pude conseguir Highway 61 Revisited, en un canje pelo a pelo por un disco de Astrud, una de las mujeres de João Gilberto. El disco de Dylan, considerado uno de los mejores de la historia, era casi todo eléctrico, motivo por el cual Bob había sido abucheado en el Festival Folk de Newport de 1965. En las nueve canciones de ese disco está presente la literatura dylaniana más pura, desde ‘Like a Rolling Stone’, su canción más emblemática, hasta la densa y aluvional ‘Desolation row’, cuya extensión era ya un verdadero cross a la mandíbula.
Para los que conocíamos a Dylan solo por su álbum country Nasville Skyline, fue un verdadero impacto. Por eso no entendimos nada.
En ese puzle perverso que es el personaje Bob Dylan, creado por Robert Zimmerman, faltaban tantas piezas que resultaba imposible completar la imagen global del poeta/cantor que, a pesar de todo, empezábamos a idolatrar como pequeños devotos.
Ignorábamos tanto sobre Dylan, que hasta los años ochenta podíamos decir de él que seguía siendo “un perfecto desconocido”.

La historia oficial (“Eso quiere decir que hay otra historia”)

En los años setenta el mayor conocimiento sobre Bob Dylan lo obtuve por transmisión oral y, muy eventualmente, la audición de alguno de los discos inconseguibles en Uruguay, de parte de mi amigo Hamlet Faux, entonces periodista de los ya desaparecidos diario El Día, Radio Sur y Radio Panamericana. Él fue un referente fundamental: todo lo que podía saber de Dylan lo sabía gracias a Hamlet Faux, quien también me acercaría, en los primeros años de la década de 1980, las publicaciones de Los Juglares y la biografía del periodista estadounidense Anthony Scaduto (la más autorizada hasta entonces, aceptada por el propio Bob), consecuencia de la producción editorial de la España posfranquista.

Captura de pantalla 2017-02-26 a la(s) 10.36.30Leer la biografía de Dylan por Scaduto fue como si un prisionero sometido a una celda de castigo recibiera un manual de cocina con las recetas de apetitosos platos que no podría probar durante su encierro. Cada página alertaba sobre discos y asuntos referidos al poeta/cantante que temía no llegar a conocer. Me relamía como el preso que saboreaba sus platos imposibles.
Hoy en día, tras haber recorrido una buena distancia de mi vida como periodista y comunicador, pienso que sigo ignorando muchas cosas sobre la obra y la vida de Bob Dylan, ese personaje creado por el Sr. Zimmerman.
Cuando Bob Dylan cumplió sesenta años, permitió que apareciera una gran cantidad de libros biográficos o dylanianos. Obviamente, fue también una buena oportunidad para las reediciones de las biografías escritas por Anthony Scaduto y por Robert Shelton, el presunto “descubridor” del cantante/poeta en un bar del Greenwich Village en los años en que Dylan hacía “ásperas canciones folk servidas con fuego y azufre”, según sus propias palabras.
Pero a medida que los libros, de un modo u otro, llegaban a mis manos, me daba cuenta de que la vida de Dylan sucumbía frente a su obra, monumental y abrasadora. (En mayo de 1981, en una disquería de Rúa das Andradas, en mi querida Porto Alegre, “expropié por amor” el doble álbum de vinilo Selfportrait, de Dylan, en una carísima edición holandesa).

Captura de pantalla 2017-02-26 a la(s) 10.36.49

Este autorretrato producido por el poeta/cantante despertó la ira de un personaje de los setenta, Alan Jones Weberman, quien dedicó muchas noches a revisar el tacho de basura de Dylan para ver si encontraba allí, entre restos de hamburguesas, cajas de cereales, pañales sucios y otros residuos, la explicación de su misterio. (Weberman pasó de ser un fanático de Dylan a ser su archienemigo, como Lex Luthor con Superman. Siempre que pienso en eso recuerdo una frase que me dijo el doctor Jorge Batlle: “Mire, mi amigo, no existe peor fundamentalista que un converso”).
¿Qué cuenta una biografía de Bob Dylan? La vida, probablemente las múltiples vidas de un artista inclasificable, un hombre de una raza, de uno solo, que apareció en los contraculturales años sesenta, bajo un amenazante cielo nuclear y cielos sureños cargados de extrañas frutas (negros del Mississippi colgados por hijos y nietos de Lynch).
Bob Dylan es una creación original de Robert Zimmerman, aunque no está claro si tomó su apellido del poeta Dylan Thomas, porque incluso el propio Bob se ha ocupado de negarlo, al tiempo que reconocía la influencia de su lírica, así como de la escritura de Allen Ginsberg (que aparece junto a él en el film Don’t Look Back, la poesía beatnik y los poetas surrealistas).

Captura de pantalla 2017-02-26 a la(s) 10.36.58

Robert Allen Zimmerman, hijo de Abe y Betty, ambos respetados integrantes de la pequeña comunidad judía de Duluth, Minnesota, nació el 24 de mayo de 1941 y se crió en las colinas de minas de hierro, en Hibbing, al oeste del Lago Superior. Sus abuelos paternos fueron emigrantes judíos de Odessa, actual Ucrania, que huyeron a Estados Unidos por causa de los pogromos y la violencia racista. Los abuelos maternos, judíos de Lituania, habían llegado a América un poco antes que los Zimmerman, escapando del fuego de infiernos similares.
En 1946 nació David Zimmerman, el único hermano de Bob. Un año después, toda la familia se trasladó a Hibbing, una pequeña ciudad minera cerca de la natal Duluth, también dentro del estado de Minnesota, cercana a la frontera con Canadá.
La familia vivía de la pequeña casa de electrodomésticos regenteada por el padre de Bob, y él comenzó a interesarse muy tempranamente por la música. Precozmente escuchaba en las radios discos de blues y de los cantantes country de los años cincuenta, hasta que a los trece años, en su Bar Mitzvah, recibió una guitarra de regalo. Esto fue casi un sismo en la vida de aquel adolescente, en una ciudad tan dura y asfixiante como las minas cercanas, destino inevitable de muchos muchachos de su calle y de su generación.
El otro elemento inspirador, en una ciudad donde nunca pasaba nada, fue la amistad con Echo Helstrom, una linda muchachita que resultó el primer amor juvenil de Bob Dylan. Esta muchacha, de singular belleza, de largo cabello rubio y ojos azules, una suerte de Brigitte Bardot de Minnesota, fue la fuerza y el motor para escapar de la mediocre realidad de Hibbing en dirección a Nueva York, donde una época de parto se hacía visible en las calles.

Captura de pantalla 2017-02-26 a la(s) 10.37.13
Del frío Nueva York de 1961 a Los Ángeles caídos de sus 75 años

En 1959, cuando Fidel Castro ya se había instalado en La Habana, el todavía Robert Zimmerman se trasladaba a Minneapolis para matricularse en la universidad. En una clase de anatomía no pudo soportar la vivisección de un conejo y abandonó la facultad por la carretera.
Durante una época inicial, su interés estuvo centrado en el rock and roll. Él mismo manifestó que entonces quería ser tan grande como Elvis. En un proceso cada vez más inclinado hacia lo que el poeta Washington Benavides define como “canción de texto”, Dylan fue inclinándose por la música folk, que era una cosa más seria, que expresaba sentimientos y pensamientos sobre una época dramática y agitada. “Las canciones estaban llenas de tristeza, de triunfo, de fe en lo sobrenatural, y tenían sentimientos más profundos”.
La influyente Echo Helstrom, su noviecita juvenil, parece que fue la que sugirió el nombre “Bob Dillon” que acabó siendo Bob Dylan. Con ese nombre llegó un frío invierno de 1961 a Nueva York. “Llegué en lo más crudo del invierno. Hacía un frío brutal y todas las arterias de la ciudad estaban recubiertas de nieve, pero yo había salido del norte glacial, de un rincón de la tierra donde los bosques gélidos y las carreteras heladas eran moneda corriente. Podía superar las limitaciones. No iba en busca de dinero ni de amor. Me sentía extremadamente despierto, iba a la mía, era un tipo poco práctico y, para colmo, un visionario”.

Captura de pantalla 2017-02-26 a la(s) 10.37.43

La leyenda dice que lo primero que hizo Dylan al llegar fue visitar a quien consideraría “su último héroe”, Woody Guthrie, un prolífico e influyente cantor folk identificado con los mineros, los pobres y los oprimidos. Woody estaba en la última fase de la enfermedad de Huntington, una rara patología neurológica, hereditaria y degenerativa. Dylan lo visitó en el Greystone Park Psychiatric Hospital y en los ratos de lucidez de Guthrie, aquel desgreñado muchacho cantaba para él sus versiones de canciones folk conocidas y sus propias creaciones, especialmente una que tituló ‘Song for Woody’:

“Eh, eh, Woody Guthrie,
te he escrito una canción
sobre un divertido viejo mundo
que va dando vueltas,
que parece enfermo y está hambriento,
cansado y roto,
que parece como muriéndose
y apenas ha nacido”.

Las letras de Dylan incorporan una variedad de temas sociales, políticos, filosóficos y literarios que desafiaron a la música pop-rock convencional existente y apelaron generalmente a la contracultura emergente en la época. Influido por Guthrie, Robert Johnson (el blusero que vendió su alma al diablo), Hank Williams y Cisco Huston, Dylan amplió y personalizó los géneros musicales a lo largo de más de cinco décadas de carrera musical.
En apenas cuatro años desde su llegada a Nueva York, Dylan grabó varios discos, se erigió como rey del folk junto a la reina Joan Baez y revolucionaría la música pop y rock, volviéndose un referente para ascendentes bandas como The Beatles, The Rolling Stones y The Byrds. La discografía consta de 37 álbumes de estudio, diez en vivo, catorce álbumes recopilatorios y cerca de setenta discos simples de vinilo. En aquella época, Dylan era uno de los artistas más pirateados, por lo que existen numerosos discos no contabilizados en su discografía oficial. Hoy en día, en plena era digital, en cada presentación de Bob Dylan aparecen nuevos registros piratas, muchos de ellos con una más que aceptable calidad de sonido. Entre 2014 y el presente año, Bob Dylan publicó sus dos últimos discos de estudio, Shadows in the Night y Fallen Angels, que contienen sus versiones, muy dylanianas, de canciones escritas por distintos autores, Johnny Mercer, Harold Arlen, Sammy Cahn y Carolyn Leigh, entre 1923 y 1963, algunas de ellas grabadas por Frank Sinatra.

Maese Dylan, una vez más en el camino

Un académico sueco cataloga a Dylan de “maleducado y descortés”. Un joven periodista montevideano coloca un trozo de una canción ligera de Dylan, una de las mil que compuso, y se pregunta: “¿A esto le dieron un Nobel?”. Claro está, no ha escuchado nunca obras como ‘Desolation row’, ‘It’s a hard rain gonna fall’ o ‘Tangled blue’, tan densas y con fuerza de knock out como los puños del gran Muhammad Alí.
Bob Dylan, con setenta y cinco años, es más joven que el día que acaba de nacer e ilumina la habitación en la que escribo esta nota.
Un entrañable amigo, tan dylaniano como un servidor, me dice: “No podemos esperar que Dylan piense con nuestras cabezas o tome decisiones como las que tomaríamos. Dylan es Dylan”. No podemos saber entonces qué hará seguidamente. Es posible que en la carretera, que nunca ha abandonado, vuelva a recordarnos que lo único que ha querido en esta vida es ser él mismo. Y que no tiene ninguna otra respuesta para darnos, porque las que esperamos siguen soplando en el viento.
_
Dedico esta a nota a mi hijo Miguel, que algún día heredará mis discos de Bob Dylan.

 

[Fuente: http://www.revistadossier.com.uy]

Para Pedro Reyes, creador de ‘Tlali’, la escultura de una mujer indígena que sustituirá a la estatua de Cristóbal Colón en el paseo de la Reforma de la Ciudad de México es un encargo de honor que ayudará a reivindicar las raíces mexicanas y el necesario cuidado del planeta.

La estatua de Colón fue retirada de este pedestal, en el paseo de la Reforma, para ser restaurada, pero ya no volverá a este espacio. (Google)

Escrito por Mónica Rubalcava (EFE)

«Es importante que tengamos un mejor conocimiento de nuestras raíces, todos nuestros alrededores tienen nombres en náhuatl y no sabemos qué significan (…). Es como si se abriera un mundo de significados que antes no veíamos», asegura este lunes Pedro Reyes (Ciudad de México, 1972) en entrevista con Efe desde su taller ubicado en Coyoacán, en el sur de la capital.

En octubre de 2020, dos días antes de que se conmemorara la fecha en la que el navegante Cristóbal Colón pisara el continente americano en 1492, fue retirada su estatua ubicada en paseo de la Reforma con el objetivo de restaurarla y de evitar que un grupo de personas intentaran derribarla.

Pasaron meses de debates y dudas en torno a si la escultura, diseñada por el francés Charles Cordier, debía o no regresar a su pedestal, hasta que la jefa de Gobierno de la capital, Claudia Sheinbaum, anunció la llegada de ‘Tlali’ a este espacio, una glorieta ubicada en el cruce del paseo de la Reforma y la avenida Morelos.

Alegoría de la tierra

El pasado 5 de setiembre, con motivo del Día Internacional de la Mujer Indígena, la alcaldesa informó de que la obra de Reyes llenaría el espacio de Colón para conmemorar a las mujeres indígenas del país.

«‘Tlali’ es esta escultura pensada como una alegoría a la tierra, es una estructura en piedra que toma el aspecto de la cabeza colosal, que es una aportación de los olmecas a la cultura universal», explica Reyes.

Hecha de piedra volcánica de las faldas del Popocatépetl, con la que el artista hace alusión al sol al estar formada por lava solidificada, ‘Tlali’, que significa tierra en náhuatl, tiene una serie de aspectos indígenas y femeninos con los que el autor pretende mandar un mensaje de cuidado en la relación de la humanidad con la naturaleza.

«Busqué incorporar simbolismos y elementos que hicieran referencia al aspecto femenino, poderoso y ancestral. Pero con una fisonomía indígena para darnos cuenta de que debemos aprender de la relación que los pueblos originarios tienen con la tierra», relata.

Primeras imágenes fugaces

Las primeras imágenes de cómo podría quedar la escultura fueron mostradas por el propio artista en redes sociales pero retiradas minutos después, pues prefiere que la gente emita un juicio sobre la obra cuando esta se encuentre totalmente terminada.

Pese a ello, hay símbolos que quedarán inamovibles en la conformación de la cabeza, en la que actualmente trabajan tres talleres y «muchas mujeres y hombres escultores».

«Es una mujer con características de nuestro territorio: tiene los ojos de jaguar para representar la fuerza de ese animal, los labios de las esculturas olmecas que manifiestan un ‘tepetl’ (montaña) y dos serpientes que se encuentran (haciendo alusión al origen del universo)», comenta el autor.

Además, tendrá un ‘ollin’, (palabra que significa movimiento en náhuatl) representado por las trenzas en la parte de atrás de la cabeza, cuyo significado alude a los sismos y tiene la intención de simbolizar el poder y «la fuerza sobrecogedora» de la tierra frente a la vida humana.

La escultura del francés Charles Cordier fue el primer monumento que se colocó en el paseo de la Reforma, en 1877, el actual ‘manifestódromo’ de Ciudad de México. (Wikipedia)

Espacio público y opinión oficial

Desde que se supo que este escultor sería el encargado de dar una nueva vida a este espacio del paseo de la Reforma –una arteria que él califica de «manifestódromo» por las múltiples marchas y movimientos sociales que suceden en este lugar–, ha tenido que vivir en medio de críticas sobre su trabajo.

«Todo proyecto público es polémico y habrá reacciones a favor y en contra. Yo siento que hemos logrado un equipo de mujeres y hombres escultores que tienen toda la capacidad para hacerlo (…). Es de esas obras que son producto del esfuerzo colectivo en donde buscamos esa dignidad a la altura del pueblo», cuenta Reyes.

Tanto el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, como la alcaldesa Sheinbaum han expresado su apoyo a la obra del también arquitecto y artista visual.

«Estoy totalmente de acuerdo (de que se haga la escultura) porque a partir de la invasión, hace 500 años, se quiso ocultar el pasado artístico, cultural, de los pueblos originarios, las grandes culturas del México prehispánico, y eso lo tenemos que exaltar», respondió López Obrador al ser cuestionado sobre esta obra, que se espera que esté ya expuesta a comienzos de 2022.

[Fuente: http://www.naiz.eus]

 

O 17° Festival « Brésil en mouvements » revela aos franceses um país em transe

(Reprodução/Facebook)

Escrito por Leneide Duarte-Plon

Dezesseis filmes, muita reflexão e horas de debates. E a prova de que a cultura brasileira, atacada por um governo de iletrados, resiste.

No fim de semana que levou às ruas milhares de manifestantes para protestar contra a crise política, social, sanitária e econômica no Brasil, o cinema documentário revelou, em Paris, um país em transe.

Em três dias, vimos o Brasil com toda sua carga de sofrimento, incerteza e insegurança. Sobretudo para os sem-teto que realizam ocupações coletivas, tema de dois documentários da mostra, mas também para os mais vulneráveis socialmente, os mais atingidos pela pandemia de Covid.

O filme “Cadê o Edson?”, da cineasta Dacia Ibiapina, expõe toda a precariedade e a luta dos sem-teto que ocupam um esqueleto de hotel em Brasília. O que vemos são brasileiros expulsos por uma polícia violenta, que desembarca de helicópteros sofisticados para desalojar sem piedade homens, mulheres e crianças. Tratados como terroristas, levados para a delegacia e audicionados depois de tortura, os líderes da ocupação devem responder a processos e correm risco de muitos anos de prisão.

A cena mais chocante do filme mostra os policiais fincando uma bandeira brasileira no terraço do imóvel, como se tivessem ganho uma batalha importante contra um inimigo imaginário. A imagem lembra a tomada do Reichstag pelos soviéticos, mas é apenas patética pois o « inimigo » vencido é um grupo de brasileiros desvalidos, odiados pela extrema-direita no poder.

No debate que se seguiu aos dois filmes, a realizadora Dácia Ibiapina e o defensor dos direitos humanos Paulo Illès, exilado em Portugal, comentaram a atualidade brasileira e a criminalização dos movimentos sociais pelo governo e pela justiça a serviço da ideologia neofascista.

Os mais pobres fazem parte do maior grupo de risco na pandemia. Eles têm que sair de casa para trabalhar, sem acesso a testes, sem máscaras e com a ilusão de que há remédio-milagre. São a maioria dos que morreram no Brasil no verdadeiro genocídio, ainda em curso, e são o tema do documentário “Grupo de Risco”, de Emanuelle Rosa.

Infodemia”, « a epidemia da desinformação »

A um ano da eleição presidencial, « Enfrentar as crises, reimaginar o futuro » foi o tema da 17a edição do festival « Brésil en Mouvements », promovido pela Associação « Autres Brésils », dirigida por Erika Campelo e Glauber Sezerino.

Além dos filmes já citados, outros abordaram o tema das minorias LGBT ou denunciaram as ameaças às terras indígenas. Um belo filme de Liliane Mutti e Daniela Ramalho, « Elle », rendeu homenagem a Marielle Franco, que teve uma praça com seu nome inaugurada em Paris, em 2019.

O filme « Vai ! », de Bruno Barrenha, rememora a democracia corintiana e, en passant, o mítico engajamento político de Sócrates, cujo irmão, Raí, compareceu ao debate em torno do esporte e conscientização, tema de outro documentário, « Sóvai », de Capucine Boutte e Emmanuel Saunier.

O documentário mais propriamente político analisou a máquina de fabricar golpes de Estado chamada Organizações Globo. Este excelente filme « The coup d’État factory » (A fábrica de golpe de Estado), dos jornalistas Victor Fraga e Valnei Nunes, mostra como a Globo e o jornal que está na origem do grupo têm em seu DNA a fabricação de golpes de Estado. O mais recente deles, o de 2016, é analisado no filme através de entrevistas de Chico Buarque de Holanda, Dilma Rousseff e do ex-senador Roberto Requião.

No debate com os dois cineastas, que moram e trabalham na Inglaterra., um deles lembrou que viver no exterior não é dar as costas ao país nem torna o brasileiro expatriado menos legítimo para criticar o Brasil ou se engajar nas suas lutas.

A apoteose no terceiro dia da mostra foi o debate com a participação do ex-deputado federal Jean Willys, do correspondente em Genebra Jamil Chade, da professora Leila Xavier, do ativista Julian Boal – animador do Teatro do Oprimido e membro da coordenação da “Escola de Teatro Popular” – e da lenda do futebol brasileiro Raí. A atualidade brasileira e a complexa situação pós-golpe que levou à eleição do capitão neofascista foi debatida por cada um sob um prisma pessoal.

Jamil Chade entende que o Brasil hoje é uma ameaça aos direitos humanos no mundo e que a demolição da democracia brasileira é um problema internacional. “O governo brasileiro é uma ameaça interna mas externa também e a comunidade internacional não pode ficar impassível”, disse Chade.

Da Espanha, de onde falou através de um telão, o ex-deputado Wyllys ressaltou que o Brasil vive uma “infodemia”, «a epidemia da desinformação que nos afeta e tem consequências no mundo todo graças ao “capitalismo de plataforma” ou “Estado-plataforma”, que permitiu a eleição de um capitão que continuou governando com um processo de desinformação.”

Julian Boal lembrou que na favela, onde grupos de teatro tentam criar laços sociais e culturais para pessoas que não têm acesso a bens culturais nem a serviços essenciais, as igrejas evangélicas ocupam, na ausência do Estado, um espaço vazio criando solidariedade entre seus membros.

Os debatedores analisaram a crise democrática do país sem, no entanto, arriscar-se a apontar os caminhos definitivos para reconstruir a democracia. Estes precisam ser asfaltados com a coragem dos que fazem arte no Brasil e ousam pensar as desigualdades do gigante do Sul.

[Fonte: http://www.cartamaior.com.br]

Willy Ronis (1910-2009) est un photographe français juif. Ses œuvres constituent des témoignages, souvent en noir et blanc, variés, d’un Paris révolu et de ses reportages en province et à l’étranger, ainsi que de la tendresse et de l’acuité du regard de cet artiste humaniste, curieux. L’Espace Richaud propose l’exposition « Willy Ronis en RDA –  La vie avant tout ».

Publié par Véronique Chemla 

« La quasi-totalité des images présentées sont des photographies de hasard, parce que mon appareil ne me quittait jamais et parce que la rue offre à l’esprit curieux un spectacle permanent… La photographie c’est l’émotion », observait Willy Ronis.

Le Jeu de Paumela Monnaie de Paris et la Médiathèque de l’architecture et du patrimoine, ont présenté à Paris environ 150 photos, célèbres ou inédites, en des tirages d’époque et modernes supervisés par le photographe, extraites du fonds de la donation faite par Willy Ronis, à l’État français en 1983.

Cette rétrospective Willy Ronis, une poétique de l’engagement s’articule autour de cinq axes : la rue, le travail, les voyages, le corps et la biographie de ce photographe incarnant, avec notamment Henri Cartier-Bresson (1908-2004), Robert Doisneau (1912-1994), Izraël Biderman dit Izis (1911-1980), René-Jacques (1908-2003), le courant de la photographie humaniste. Une rétrospective qui montre l’étendue du travail de Willy Ronis, de Paris à Prague (Le vieux cimetière juif de Prague, 1967) via Venise (La Giudecca, 1981).

À l’Espace Simiane (Gordes), une sélection de 75 photographies, parmi les plus célèbres et représentatives du style humaniste, compose cette exposition rétrospective réalisée par le Jeu de Paume, Willy Ronis, la Médiathèque de l’architecture et du patrimoine, la DAPA-Ministère de la culture et de la communication.

À Mantes-la-Jolie, la rétrospective Willy Ronis, photographe d’un siècle réunissant une centaine de clichés, en noir et blanc ainsi qu’en couleurs, « reprend le parcours de cet artiste qui a traversé le siècle pour nous léguer un regard très personnel sur une vision du monde du XXe siècle que l’on nomme le « courant humaniste ».

En 2017, le Jeu de Paume « présenta au Château de Tours, une exposition consacrée au photographe français Willy Ronis (1910-2009), réalisée à partir du fonds de la donation qu’il a faite à l’État en 1983. Organisée conjointement avec la Médiathèque de l’Architecture et du Patrimoine, cette exposition a rendu hommage à cet artiste de renommée internationale, en dévoilant des photographies restées encore méconnues ».

À l’espace culturel du Palais à Megève (Alpes), cette exposition rétrospective est revenue « sur le parcours de ce grand photographe, tour à tour reporter, photographe industriel ou illustrateur, qui marqua la photographie française du vingtième siècle. Elle met en exergue ses engagements politiques et ses évolutions stylistiques. »

« Pendant près de quatre-vingts ans – des années 1930 aux années 2000 – Willy Ronis a pointé son objectif sur les Français, arpentant avec un plaisir toujours renouvelé les rues de la capitale, les territoires industriels ou le sud de la France, mais aussi l’Italie, l’Angleterre, les États-Unis, ou photographiant, en pleine guerre froide, Moscou, Berlin et Prague. »

 

« A la fin de sa carrière, fidèle à ses engagements, il décide de faire don de son œuvre à l’État. Les tirages photographiques de cette exposition rétrospective sont un choix parmi les nombreuses archives de référence, dont celles de la bibliothèque du photographe conservés par la Médiathèque de l’architecture et du patrimoine (MAP). »

« Une section entière de l’exposition est consacrée aux Alpes et notamment à Megève, où Willy Ronis aimait à venir skier et où il réalisa, dans les années 1930, deux campagnes photographiques, l’une pour l’école de ski d’André Ledoux, l’autre à la demande de la revue Air France. »

Il magnifie les skieurs intrépides dans des œuvres où le contraste entre le noir des sapins s’opposent au blanc et aux nuances de gris de pentes neigeuses.

Une famille juive

Willy Ronis est né à Paris (9e arrondissement), en 1910, dans une famille juive.

Originaire d’Odessa (Ukraine), son père est photographe portraitiste. Sa mère, pianiste, est née en Lituanie et enseigne à Willy le violon, dont il joue jusqu’à l’âge de 25 ans. Cet enfant est passionné par la musique et par le dessin.

Avec son premier appareil photographique, Willy Ronis prend en 1926 des photos de vacances et de Paris.

En 1932, pour aider son père malade et en proie à des difficultés financières, il le remplace dans l’atelier familial.

En 1935, Willy Ronis devient membre de l’Association des écrivains et artistes révolutionnaires (AEAR), d’obédience communiste.

Quand son père meurt, en 1936, Willy Ronis dirige sans envie le studio de portraits qui fait faillite.

Il se lance alors comme reporter-illustrateur indépendant. Il réalise des reportages de commandes pour la SNCF et le Commissariat au Tourisme. Son reportage sur le Front populaire est publié par Regards.

En 1937, avec son premier Rolleiflex, il réalise un reportage publié dans Plaisir de France. Il se lie d’amitié avec les photographes Robert Capa (1913-1954) et David Seymour, dit Chim (1911-1956).

En 1938, il effectue des reportages sur les conflits sociaux chez Citroën, et participe, à l’invitation d’un ami, à une croisière en Adriatique et en Méditerranée avec des escales en Albanie, Yougoslavie, Grèce et Tunisie. L’occasion de reportages photographiques. Aidé par son ami Robert Capa, il en sélectionne 140 clichés qu’il adresse en 1939, à l’approche du conflit, à cinq agences européennes et américaines.

En 1941, fuyant les persécutions antisémites, refusant de porter l’étoile jaune, cet homme aux convictions communistes se réfugie en zone libre, bientôt rejoint par son frère cadet. Là, il exerce divers métiers artistiques : directeur d’une troupe de théâtre ambulant en zone libre, aide-décorateur pour les studios de cinéma de la Victorine (Nice), assistant dans un studio de portrait à Toulon, peintre sur bijoux avec la peintre Marie-Anne Lansiaux, etc.

Un photographe polygraphe humaniste

Willy Ronis rejoint Paris en octobre 1944.

Il poursuit son activité de photographe par de grands reportages publiés par la presse illustrée (Point de Vue, L’Écran français, Regards, Life, Le Monde illustré), et travaille dès 1950 pour l’industrie, Air France, la publicité et la mode (Vogue).

Avec notamment Robert Doisneau (1912-1994), Marcel Bovis, René-Jacques et Jean Séeberger, il est membre du Groupe des XV fondé en 1946 afin de promouvoir la photographie comme art et de sensibiliser à la nécessaire préservation du patrimoine photographique français.

Willy Ronis adhère au Parti communiste français (PCF). Il participe au Congrès international de la Paix à Varsovie (1951). Il rompt avec le PCF vers le milieu des années 1960, tout en restant proche de l’idéal communiste.

Il se rend à deux reprises en RDA (République démocratique allemande) : comme membre du jury d’Interpress à Berlin-Est (1960), et pour répondre à la commande de l’Association française d’échanges franco-allemands (EFA) en 1967.

De cette Allemagne de l’Est, en pleine guerre froide, il saisit les villes, les Allemands, la campagne, les sites industriels, les intellectuels (Anna Seghers). Assiste à la cérémonie érigeant le camp de concentration de Buchenwald en lieu commémoratif… À son retour, Willy Ronis élabore une exposition itinérante sur la vie quotidienne dans la communiste RDA, présentée dans 70 lieux en France jusqu’en 1974.

En 1946, Willy Ronis épouse Marie-Anne Lansiaux, qu’il immortalise dans le Nu provençal, Gordes, 1949. Un cliché épuré, un décor simple, une lumière naturelle, une scène de la vie quotidienne, une image imprévue saisie sur le vif. Une photo choisie pour l’affiche de la rétrospective à la Monnaie de Paris.

Ami des photographes Capa et Chim, Willy Ronis entre alors à l’agence Rapho. Il manifeste un intérêt pour les petites gens, les braves gens, le peuple au travail ou au repos, Paris et la diversité de ses quartiers et de ses métiers, les enfants, tel ce garçon emportant fièrement et joyeusement un pain presqu’aussi grand que lui.

Cet arpenteur de Paris initie un reportage sur les populaires quartiers de Belleville et Ménilmontant, car il affectionne les quartiers populaires parisiens. Ses clichés seront réunis en un livre avec un prologue et des légendes du poète Pierre Mac Orlan, Belleville-Ménilmontant (Arthaud, 1954), régulièrement réédité. Des reportages qui valent à Willy Ronis le prix Kodak en 1947.

Joyau de ses promenades sur le pavé de Paname, un cliché célèbre :  » Les Amoureux de la Colonne-Bastille, 1957 « . Un couple, Riton et Marinette, qu’il retrouvera en 1988, dans leur bistrot du quartier de la Bastille dans lequel ils avaient placé cette photo encadrée. Une photo emblématique de la qualité plastique de l’oeuvre de Willy Ronis, « indéniable marquée par une composition soignée et une grande maîtrise de la lumière héritée de son goût pour la peinture hollandaise ».

Des grandes villes – Londres (1955), New York -, ce promeneur curieux retranscrit la singularité urbanistique marquée par d’immenses néons publicitaires, le rythme trépident d’une foule anonyme et de la circulation automobile par le flou, privilégie des plans en plongée.

Ses voyages l’amènent aussi à Bruges (Belgique) en 1951 – photos de la procession solennelle des religieuses -, et aux Pays-Bas sur les traces des grands maîtres hollandais – Bruegel, Rembrandt entre autres – que son épouse artiste peintre et lui admirent tant – clichés en 1952 et 1954 des enfants et adultes néerlandais en costumes traditionnels dans les ports de Volendam et de Spakenburg -, etc.

En 1955, ce « photographe polygraphe », ainsi qu’il se définit, refusant la spécialisation, suivant sa curiosité reprend pendant 17 ans son indépendance, réalise des reportages à Alger (1969), etc. Il se constitue une clientèle, une renommée et une audience internationales.

Willy Ronis a « toujours refusé toute collaboration qui ne respectait pas son droit de regard sur les cadrages de ses photographies et sur leurs légendes : cette manifestation d’indépendance lui vaut au fil des ans des difficultés professionnelles et financières qui l’amènent en 1972 à quitter Paris pour le Midi ; il s’installe d’abord à Gordes, puis à L’Isle-sur-la-Sorgue (Vaucluse) ».

Il enseigne son art, entre autres, à l’École des beaux-arts d’Avignon. Il effectue aussi des reportages sur la Provence.

Au fil des commandes et d’un travail personnel, l’œuvre de Willy Ronis aborde de multiples thèmes, en étant guidé par la volonté « d’être au plus proche de la réalité, volonté qui se traduit en particulier par l’élaboration d’une pratique totalement nouvelle de prise de vue sur le vif : maître mot de cette génération humaniste qui entend retranscrire la dignité de l’homme tout autant que l’environnement dans lequel il évolue ».

 

Willy Ronis a contribué « activement à l’élaboration du récit humaniste qui se développe après la Seconde Guerre mondiale. Ce courant de pensée s’était donné pour mission tacite de rétablir la confiance dans la bonté intrinsèque de l’être humain, et d’en faire le centre et la mesure de toute réflexion politique et sociale. Or, si ce courant ne se limite pas à la France, le discours humaniste de l’époque y prendra la forme d’un récit identitaire puissant. Ainsi l’anecdote, la parodie, la tendresse, le raffinement visuel, font partie des recours narratifs à la fois refuges et justifications de la photographie humaniste – mais aussi d’une certaine littérature et d’un certain cinéma. Les rues de Paris, ses quartiers populaires, les badauds, les enfants, les scènes quotidiennes ou champêtres, le repos dominical : autant de toiles de fond sur lesquelles les photographes conjuguent la poésie avec une volonté sincère de « changer le monde » (Marta Gili, directrice du Jeu de Paume et commissaire de l’exposition). De cette attention aux plus défavorisés, témoignent ses clichés des grévistes aux usines Citroën (1938) ou Renault (1950), dans les mines de Saint-Étienne (1948) et des ouvriers de Paris (1950). Sans aucune esthétisation de la misère et de la difficile condition ouvrière. Et avec la conviction que l’une des responsabilités d’un photographe est de « travailler toujours plus efficacement au rapprochement des peuples ».

La publication en 1980 d’un recueil de ses photographies Sur le fil du hasard (Éditions Contrejour) fait redécouvrir de nouveau Willy Ronis. Cet ouvrage lui vaut en 1981 le Prix Nadar (Contrejour). Suivent d’autres recueils de photographies : en particulier, Mon Paris (Denoël, en 1985). Toutes Belles, avec un texte de Régine Desforges (Hoëbeke, 1992), Quand je serai grand (Presses de la Cité, 1993), À nous la vie, avec un texte de Didier Daeninckx, (Hoëbeke, 1996), et, plus intime et familial, consacré à sa femme et à son fils, Marie-Anne, Vincent et moi, doté d’un texte de Bertrand Eveno (Filigranes, 1999), Ce jour-là (Mercure de France, 2006) et d’autres sur des textes de Michel Onfray ou Philippe Sollers.

Des documentaires télévisuels (Willy Ronis ou les cadeaux du hasard, de Patrice Noia 1989) et biographies (par Bertrand Eveno, Belfond, collection « Les Grands Photographes ») lui sont aussi consacrés.

Ses clichés sont sélectionnés dans de nombreuses expositions – ainsi au MoMA de New York avec Brassaï, Doisneau et Izis (1953), au musée des Arts décoratifs de Paris, avec Robert Doisneau, Daniel Frasnay, Jean Lattès, Janine Niépce et Roger Pic (« Six photographes et Paris »,1965) – et rétrospectives à Athènes (1980), au Palais de Tokyo (Paris, 1985), en URSS (1986) et à l’Oxford Museum of Modern Art (1995).

En 1979, à la demande du ministère de la Culture et de la Communication, Willy Ronis participe à la Mission photographique pour la direction du Patrimoine. En 1980, il est l’invité d’honneur aux XIe Rencontres internationales de la photographie d’Arles.

Willy Ronis est distingué par la Médaille d’or à la nouvelle Mostra Biennale internazionale de Fotografia de Venise (1957), le Grand Prix national des Arts et des Lettres pour la photographie (1979), le statut de membre de la Royal Photographic Society (Grande-Bretagne, 1993), le titre de Commandeur (1985) puis chevalier (1989) de l’Ordre des Arts et des Lettres.

Willy Ronis revient à Paris en 1983, fait don de ses archives à l’État à effet post-mortem – une donation complétée en 1989 et qui réunit des milliers de négatifs, documents, albums, vintages et tirages modernes – et continue d’exercer son métier et d’être célébré jusqu’à l’année de sa mort.

À l’occasion du centenaire de la naissance de ce photographe français juif (1910-2009), trois rétrospectives sur Willy Ronis lui ont été consacrées à la Monnaie de Paris, à l’Espace Simiane (Gordes) et au musée de l’Hôtel-Dieu à Mantes-la-Jolie.

Dans le cadre du mois de la photographie, le Museu Da Imagem e Do Som (MIS), à São Paulo (Brésil), a présenté 80 photographies de Willy Ronis (1910-2009), photographe français juif. Des témoignages, souvent en noir et blanc, variés, d’un Paris révolu et de ses reportages en province et à l’étranger, ainsi que de la tendresse et de l’acuité du regard de cet artiste humaniste, curieux.

En 2013, la Galerie Camera Obscura a rendu hommage à « quatre grands photographes du siècle » dont Willy Ronis.

Un portrait filmé de Willy Ronis quelques semaines avant sa mort, complété d’entretiens inédits sur les coulisses de l’exposition, a été projeté à la Monnaie de Paris et sur les sites Internet http://www.jeudepaume.org/ et http://www.monnaiedeparis.fr/

Histoire diffusa les 21, 26 et 27 octobre ainsi que le 2 novembre 2015 Willy Ronis, autoportrait d’un photographedocumentaire de Michel Toutain (Pyramide Production). « En soixante-seize ans de pratique, Willy Ronis s’est photographié chaque année : premier autoportrait à seize ans, dernier à quatre-vingt-douze. Ces autoportraits rythment la construction de ce film dans lequel Willy Ronis parle de lui, de son art, de sa carrière. Il analyse aussi quelques-unes de ses images les plus célèbres, celles qui l’ont fait entrer dans l’histoire de la photographie ».

Le 13 décembre 2016, plus de 160 photos de Willy Ronis, provenant de la collection de son petit-fils Stéphane Kovalsky et offrant un panorama complet de son œuvre, ont été vendues chez Artcurial lors d’une vente aux enchères exceptionnelle.

Le Ministère de la Culture propose des photographies de Willy Ronis sur son site Internet.

Belleville

Arte diffusa le 11 janvier 2019 à 16 h 30, dans le cadre d' »Invitation au voyage » (Stadt Land Kunst), « Le Belleville de Willy Ronis / Suzhou / Maracana » (Willy Ronis und Belleville / Suzhou / Maracana) par Fabrice Michelin. Linda Lorin « nous emmène à la découverte de notre patrimoine artistique, culturel et naturel. Dans ce numéro : Belleville, le Paris populaire de Willy Ronis – Bien avant Venise, Suzhou la Chinoise – Maracanã, le baptême d’un stade. Belleville, le Paris populaire de Willy Ronis : « Au sortir de la Seconde Guerre mondiale, le photographe Willy Ronis découvre un quartier parisien à la mauvaise réputation : Belleville. L’artiste, qui s’y laisse guider par les sons et les lumières, capture sur le vif des instants de vie aujourd’hui envolés. »

« Willy Ronis en RDA »

À Versailles, l’Espace Richaud propose l’exposition « Willy Ronis en RDA – La vie avant tout » : une rencontre de l’histoire et de l’émotion par la photographie. L’exposition virtuelle permet une visite personnalisée.

« Célèbre photographe humaniste français, Willy Ronis (1910-2009) a fondé sa renommée sur ses photos sensibles de Paris, ses illustrations des régions françaises, ses vues engagées du monde ouvrier et des mouvements sociaux. Willy Ronis se vit rarement confier des missions à l’étranger. La ville de Versailles lui rend hommage à l’Espace Richaud en exposant ses clichés pris en 1960 et 1967 dans l’ex-République démocratique allemande (RDA). »

L’exposition « Willy Ronis en RDA – La vie avant tout » présente, « au travers de 130 tirages et de nombreuses archives, la richesse et l’originalité du travail du photographe dans ce pays mal connu et disparu, la RDA. Aujourd’hui, le reportage documentaire de Ronis est devenu un témoignage unique car le pays s’est radicalement transformé depuis la réunification. Selon une approche historique et pédagogique, l’exposition vise à enrichir la mémoire collective de l’Europe et à valoriser les liens franco-allemands, en premier lieu ceux qui unissent Versailles et Potsdam, villes jumelées. »

« Dans la salle introductive sont abordées la commande passée à Ronis par l’association Échanges franco-allemands (EFA) en 1967 et l’exposition itinérante qui en résulta. Y sont présentés des tirages d’époque (vintages) et des archives issus de la donation remise par l’auteur à l’État français. Des objets multiples, à découvrir sous vitrines, illustrent le propos : lettres, publications de l’EFA, documents de travail et photos de la première exposition créée par Ronis lui-même à Montreuil, en 1968. La voix du photographe accompagne la présentation de son travail : il accorda en effet à Nathalie Neumann, commissaire de l’exposition, des entretiens audio restés inédits à ce jour. »

« Le contexte politique singulier de la RDA est abordé via un ensemble de tirages de travail d’époque. Parmi toute la production apparaissent des messages engagés sous-jacents, les réalités sociales du pays, le mur de Berlin, la police, le culte des dirigeants. »

« Par la scénographie conçue par Laurence Fontaine, l’exposition favorise un rapprochement et une connivence avec la RDA dans le sens du message voulu universel par Willy Ronis : l’homme est au centre de ses images et de la société. Au cœur de l’Espace Richaud, dans l’ancienne chapelle, sont déployés des duos d’images, rapprochements de clichés pris en RDA et en France. Ce prisme comparatif France-Allemagne constitue le fil rouge de l’exposition. Ronis parlait ainsi de ses images : « J’ai la mémoire de toutes mes photos, elles forment le tissu de ma vie et parfois, bien sûr, elles se font des signes par-delà les années. Elles se répondent, elles conversent, elles tissent des secrets. »

« En 1967, la mission explicite du photographe consistait à représenter une société comme il a pu le faire pour la sienne, la France. Sensible à la sociologie développée à son époque, Willy Ronis regroupa ses photographies selon des critères-clés comme les paysages urbains et naturels, les activités, les loisirs, l’enseignement… Des ensembles de tirages modernes sont mis en avant dans les deux galeries sud et la coursive du premier étage de l’Espace Richaud. Des portraits de personnalités du monde artistique et intellectuel, telles que Anna Seghers ou Christa Wolf, complètent le propos. Accompagnés de courtes biographies, ces témoignages permettent aux visiteurs d’appréhender la diversité de la culture, des sciences et de l’enseignement qui rayonnaient au-delà des frontières ».

« Impliqué dans l’enseignement et le journalisme, Willy Ronis profita de ses voyages pour visiter les industries et l’école supérieure de photographie est-allemandes. Ce sujet qui lui tenait à cœur est également abordé, dévoilant un pan peu connu de sa carrière. Autre découverte, ce reportage en noir et blanc fut complété d’une production en couleurs, certes en quantité moindre. Des tirages modernes de ses diapositives ponctuent le parcours. Le seul tirage en couleurs, exposé en 1968, a été restauré spécifiquement pour la présente manifestation ».

« Le commissariat de l’exposition est assuré conjointement par Nathalie Neumann et Ronan Guinée. Franco-allemande, Nathalie Neumann est historienne de l’art, chercheuse à l’université de Mayence et auteure d’expositions. Ronan Guinée est en charge du fonds Willy Ronis à la Médiathèque de l’architecture et du patrimoine (MAP), service du ministère de la Culture en charge des archives des Monuments historiques et du patrimoine photographique de l’État. L’exposition « Willy Ronis en RDA – La vie avant tout » est la concrétisation d’un partenariat entre la ville de Versailles et la MAP. Elle s’accompagne de la publication d’un catalogue par les Editions Parenthèses ».

Les éditions Parenthèses ont publié « Willy Ronis en RDA. La vie avant tout, 1960-1967 » de Nathalie Neumann et Ronan Guinée. « Les gens, les rues, les jours de fête ou les jours sans rien : que Willy Ronis photographie le vieux Paris ou les villes nouvelles d’Allemagne de l’Est, c’est là, toujours, que s’arrête son regard. Ainsi, lorsqu’en 1967 l’association « Échanges franco allemands » lui commande un reportage destiné à favoriser la reconnaissance par la France de la RDA, c’est « la vie avant tout » qu’il cherche à restituer. Humaniste engagé et « le cœur à gauche », il se fait le témoin d’un socialisme moderne au service du peuple, faisant l’impasse sur les limites du système.

« Pour s’être déjà rendu en RDA en 1960, Ronis sait immédiatement où regarder. À la commande, il répond par des photos de jeunes travailleurs, d’étudiants, ¬d’enfants jouant, de paysages, de moments ordinaires… Il photographie aussi les grands peintres, sculpteurs et écrivains et, autant que possible, l’enseignement artistique et l’industrie optique, qui le passionnent ».

« Exposé à son retour dans l’Hexagone dans près de quatre-vingts communes, ce travail joua alors son rôle politique et militant, laissant pour un temps l’art au second plan. »

« Libérés du contexte de la guerre froide, ces clichés de Willy Ronis, longtemps restés dans l’ombre, révèlent aujourd’hui toute leur profondeur esthétique et stylistique. Et si leur force mémorielle est indéniable, elle n’y enlève rien ; bien au contraire ».

« Je m’attache à inclure dans mes prises de vue le caractère humain, par le choix du geste et de l’attitude, par un souci de vie. » Willy Ronis

Citations de Willy Ronis 

(« Sur le fil du hasard », L’Isle-sur-la-Sorgue, 1979)

Un « type de sensibilité »

« Je n’ai, à ce jour, acquis aucune certitude et n’en éprouve nul complexe. La nature m’a attribué, pur hasard, un type de sensibilité qui m’a procuré pas mal de tourments mais aussi d’immenses joies. Merci ! J’ai creusé mes sillons avec mon instinct, ma petite honnêteté, chanté ma chanson à mi-voix ; je me suis souvent fait plaisir et cela compense le reste que, par bonheur, on oublie facilement ».

Une « certaine mélancolie »

« On remarque, paraît-il, une certaine mélancolie dans mes photos. Cela s’explique. J’ai eu beaucoup de loisirs forcés au cours de périodes de sous-emploi ; autant meubler ces vides avec la chasse aux images. Mais de telles conditions n’inspirent pas la joie, surtout qu’entre deux pressions sur l’obturateur on se dit qu’on travaille pour le tiroir. Mes chasses joyeuses, je ne les vécus que lorsque je volais mon temps à celui que je devais consacrer au travail commandé, ou lorsque le déclic provoqué par un événement inattendu faisait monter la fièvre des grandes émotions. Mélancolie souvent, mais pas pessimisme ; ça ira mieux demain ».

« La photographie, c’est le regard »

« La photographie, c’est le regard. On l’a ou on ne l’a pas. Cela peut s’affiner, la vie aidant, mais cela se manifeste au départ, avec l’appareil le meilleur marché. En tout état de cause, cela ne figure pas dans les colonnes de matériels qui font rêver les dévoreurs de catalogues ».

« Pour nous autres traqueurs d’imprévu, le surgissement du motif provoque aussitôt le passage à l’acte. Il n’y a pas ce refroidissement que risquent l’écrivain ou le compositeur, s’ils ne sont pas en mesure de transcrire, sur-le-champ, l’écho de leur émotion… Lorsque nous avons déclenché au moment ardemment espéré, où tout semble organisé dans l’ordre le plus juste, la seconde d’enthousiasme passée, surgit l’anxiété : est-ce bien dans la boîte !? »

« C’est la perception du temps fort qui commande le déclic, cet instant où nous estimons, au terme d’un rapide balayage du champ couvert par le viseur, que nous tenons, rassemblées dans une composition idéale, les diverses figures articulant ce ballet dont le chorégraphe, souvent génial, a pour nom le Hasard ».

« Faire la photo d’abord, réfléchir ensuite – si j’en ai le temps – ou penser aussitôt après que j’ai peut-être déclenché trop vite et voir si je peux recommencer, en mieux. Surtout ne jamais perdre du temps à peser soigneusement ceci ou cela ».

« L’aventure ne se mesure pas au nombre de kilomètres… L’émotion, si vous en êtes digne, vous l’éprouverez devant le sourire d’un enfant qui rentre avec son cartable, une tulipe dans un vase sur lequel se pose un rayon de soleil, le visage de la femme aimée, un nuage au-dessus de la maison ».

« Transformer le désordre en harmonie, c’est la quête constante du chasseur d’images. Cela conduit-il tout droit au maniérisme froid !? N’en croyez rien. Une photo signifiante, c’est une photo fonctionnelle, dans le plus beau sens du terme, et l’on sait depuis longtemps, par l’étude morphologique des oiseaux ou des poissons, par les travaux des stylistes sur les objets usuels, que la pureté des formes est le résultat d’une adéquation aboutie à leurs fonctions. Et la fonction d’une photo, c’est sa capacité immédiate à synthétiser son propos. Le photographe ne se promène pas, bien sûr, avec la grille du nombre d’or dans le viseur, mais il l’applique généralement par intuition, avec l’inévitable et heureux infléchissement de sa sensibilité. La belle image, c’est une géométrie modulée par le cœur ».

Du 19 mai au 10 octobre 2021

À l’Espace Richaud

78, Boulevard de la Reine. 78000 Versailles

Du mercredi au dimanche de 14h à 18h

Tél. : 01 30 97 28 66

Visuels :

Affiche

Willy Ronis, Dans le parc du château de SansSouci, Potsdam (RDA), 1967

© Donation Willy Ronis, Ministère de la Culture, Médiathèque de l’architecture et du patrimoine, diff.RMNGP

Rencontres franco-allemandes, organe de l’association EFA, n° 50, janvier 1968 © donation Willy Ronis, ministère de la Culture – MAP, diff. RMN-GP

Du 20 mai au 30 septembre 2021

Au Palais

247 Route du Palais des Sports. 74120 Megève

Visuels :

Willy Ronis

Place de la République, 14 juillet 1936, Paris

Île Saint-Denis, nord de Paris, 1956

Jeanne et Jacques, près de Paris, 1937

Le Nu provençal, Gordes 1949

La forge chez Renault, Boulogne-Billancourt 1950

« Le Belleville de Willy Ronis / Suzhou / Maracana » par Fabrice Michelin
France, 2019
Sur Arte le 11 janvier 2019 à 16 h 30

Du 28 juin au 29 octobre 2017

Au Jeu de Paume – Château de Tours 

25, avenue André Malraux 37000 Tours
Tél. : 02 47 21 61 95
Du mardi au dimanche de 14 h à 18 h • Fermeture le lundi

Du 28 avril au 16 juin 2013
Au Museu Da Imagem e Do Som (MIS), São Paulo
Av. Europa, 158 – Jardim Europa, São Paulo, 01449-000, Brésil
Tél. : + 55 11 2117-4777
Du mardi au vendredi de 12 h à 22 h. Dimanche de 11 h à 21 h

Du 22 mars au 11 mai 2013
À la Galerie Camera Obscura
268, boulevard Raspai, 75006 Paris
Tél. : + 33 1 45 45 67 08
Du mardi au vendredi de 12 h à 19 h et le samedi de 11 h à 19 h
Vernissage le 21 mars 2013 à 18 h.

Jusqu’au 22 août 2010

Willy Ronis, une poétique de l’engagement

À la Monnaie de Paris :

11, quai de Conti, 75006 Paris

Tél. : 01 40 46 56 66

Du mardi au dimanche de 11h à19h, jeudi de 11h à 21h30

Fermeture le lundi

et

Willy Ronis

À l’Espace Simiane :

Mairie, 84220 Gordes

Tél. : 04 90 72 98 64

De 14 h à 18 h

Jusqu’au 3 octobre 2010

Willy Ronis, photographe d’un siècle

Au musée de l’Hôtel-Dieu :

1, rue Thiers, 78200 Mantes-la-Jolie

Tél : 01 34 78 86 60

Du lundi au vendredi (sauf mardi) de 13h à 18h. Samedi de 9h à 12h et de 13h à 19h. Dimanche de 13h à 19h

Visuels de haut en bas :

Willy Ronis, Autoportrait aux flashes, Paris, 1951
Tirage argentique
30 x 24 cm
Ministère de la culture et de la communication, Médiathèque de l’architecture et du patrimoine.
Photo Willy RONIS © Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky / dist. Agence Rapho

Affiche reprenant Le Nu provençal, Gordes (Vaucluse), 1949
Tirage argentique
40 x 30 cm
Ministère de la culture et de la communication, Médiathèque de l’architecture et du patrimoine.
Photo Willy RONIS © Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky / dist. Agence Rapho

Willy Ronis, Usine Lorraine-Escaut, Sedan, 1959
Tirage argentique
33 x 26 cm
Succession Willy Ronis, Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky.
Photo Willy RONIS © Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky / dist. Agence Rapho

Willy Ronis, Londres, Picadilly Circus le jour, 1955
Tirage argentique
25 x 17 cm
Succession Willy Ronis, Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky.
Photo Willy RONIS © Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky / dist. Agence Rapho

Willy Ronis, Le Vigneron girondin, 1945
© Succession Willy Ronis-Diffusion Agence Rapho

Willy Ronis, Carrefour Sèvres-Babylone, Paris, 1948
Tirage argentique
50 x 40 cm
Succession Willy Ronis, Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky.
Photo Willy RONIS © Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky / dist. Agence Rapho

Willy Ronis, Karl-Marx Stadt, 1967
Tirage argentique
40 x 60 cm
Succession Willy Ronis, Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky.
Photo Willy RONIS © Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky / dist. Agence Rapho

Willy Ronis, Rue Tholozé, Montmartre, Paris, 1956
© Succession Willy Ronis-Diffusion Agence Rapho

Les Amoureux de la Bastille, Paris, 1957
Willy Ronis
Photographie Willy Ronis
© ministère de la Culture et de la Communication

Willy Ronis, Volendam, Hollande, 1954
Tirage argentique
30 x 40 cm
Ministère de la culture et de la communication, Médiathèque de l’architecture et du patrimoine.
Photo Willy RONIS © Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky / dist. Agence Rapho

Willy Ronis, Jardins du Trocadéro, 1970
© Succession Willy Ronis-Diffusion Agence Rapho

Willy Ronis, Lorraine en hiver, 1954
Tirage argentique
36 x 26 cm
Ministère de la culture et de la communication, Médiathèque de l’architecture et du patrimoine.
Photo Willy RONIS © Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky / dist. Agence Rapho

La Péniche aux enfants, Paris, 1959
Willy Ronis
Photographie Willy Ronis
© ministère de la Culture et de la Communication

Place Vendôme, Paris, 1947
Willy Ronis
Photographie Willy Ronis
© ministère de la Culture et de la Communication

Willy Ronis, Fondamente Nuove, Venise, 1959
Tirage argentique
40 x 30 cm
Ministère de la culture et de la communication, Médiathèque de l’architecture et du patrimoine.
Photo Willy RONIS © Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky / dist. Agence Rapho

Willy Ronis, Marché aux puces, 1948
Tirage argentique
40 x 30 cm
Succession Willy Ronis, Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky.
Photo Willy RONIS © Ministère de la culture et de la communication & Stéphane Kovalsky / dist. Agence Rapho

Les citations sont extraites des dossiers de presse.

Cet article a été publié le 12 août 2010, puis les 3 mai et 3 juin 2013, 19 octobre 2015, 17 décembre 2016, 27 octobre 2017, 12 janvier 2019. Il a été modifié le 3 octobre 2021.

[Source : http://www.veroniquechemla.info]

Une traduction hasardeuse fait basculer la vie d’un Syrien. Rentré clandestinement dans son pays, il découvre la réalité du régime d’Assad et va au bout de son destin dans un film qui manque de tonus

Sami (Ziad Bakri), traducteur piégé en Syrie

 

Écrit par Antoine Duplan

En 2000, lors des Jeux olympiques de Sydney, Sami (Ziad Bakri) traduit approximativement la réponse d’un athlète syrien interrogé sur la mort d’Hafez el-Assad. Ainsi, «les Syriens pleurent le président» devient «certains Syriens pleurent le président»… Gaffe ou audace? Cette redoutable nuance contraint Sami à rester en Australie, où il obtient le statut de réfugié politique. En 2011, le Printemps arabe fleurit. Malgré les dangers, Sami retourne en Syrie dans l’espoir de faire libérer son frère arrêté lors d’une manifestation pacifique.

En couple en ville comme à la scène, bénéficiant d’une double nationalité française et américaine, Rana Kazkaz et Anas Khalaf ont déjà cinq courts métrages à leur actif, dont Mare Nostrum, primé dans de nombreux festivals. Ils signent avec Le Traducteur un premier long qui ne manque ni de cœur ni d’idées, mais pèche par sa longueur et son tempo défaillant.

Climat de peur

La vision occidentale du Moyen-Orient a assurément été faussée par le rythme trépidant de quelques blockbusters tels Le Royaume de Peter Berg, Mensonges d’État, de Ridley Scott ou Green Zone, de Paul Greengrass. Mais, faute de moyens financiers ou d’aptitudes scénographiques, les manifestations de rue que mettent en scène Rana Kazkaz et Anas Khalaf manquent cruellement de nerf et de souffle. Par ailleurs les liens entre les personnages, plutôt confus, gênent la lisibilité du récit.

En revanche, le climat de peur qu’installe la répression impitoyable du peuple syrien par Bachar el-Assad est bien rendu à travers des détails et des remarques dont on mesure l’authenticité: Sami tape quelques informations subversives sur le clavier d’une ophtalmologue à l’insu d’un flic en faction dans la salle d’attente. « Si je ne t’avais pas dénoncé j’aurais été dénoncé pour ne pas t’avoir dénoncé », se justifie un délateur. On arrête un couple; on retrouve le corps de la femme, défigurée, tandis que son mari est relâché sans une égratignure, doublement accablé par le deuil et le regard suspicieux des autres: a-t-il trahi ? Dans son épilogue, Le Traducteur atteint finalement à la dimension tragique quand se posent les dilemmes de la liberté et de mort, de la dignité ou de lâcheté.


Le Traducteur, de Rana Kazkaz et Anas Khalaf (France, Suisse, Belgique, 2021), avec Ziad Bakri, Yumna Marwan, David Field, 1h45.

[Source : http://www.letemps.ch]

 

Vencedora do tradicional Prêmio Juca Pato, Laerte Coutinho é primeira cartunista a receber tal homenagem

 

Escrito por JULIAN RODRIGUES*

Entre tanta feiura e maldade, há lindas, ainda que tímidas, florezinhas teimando em crescer no asfalto. No último 23 de setembro ficamos sabendo que Laerte Coutinho é a intelectual do ano, título concedido pela União Brasileira de Escritores.

O prêmio, segundo o site da UBE, é “réplica do personagem criado pelo jornalista Lélis Vieira e pelo chargista Benedito Barreto em 1962 – não é um prêmio literário, mas  láurea conferida à personalidade que, havendo publicado livro de repercussão nacional no ano anterior, tenha-se destacado em qualquer área do conhecimento e contribuído para o desenvolvimento  do país e  defesa dos valores democráticos.”..

“Recatada” senhora  septuagenária, Laerte vai juntar-se à galeria ilustríssima, que agrega gente como Drummond, Octavio Ianni, Jacob Gorender, Ailton Krenak,  Belluzzo, Lygia Fagundes Telles, Antônio Cândido,  Dom Paulo Evaristo Arns, Érico Veríssimo, Cora Coralina, entre tantos outras e outros. Mais do que justo, reconhecimento óbvio a uma artista que é referência cultural e política há mais de 30 anos.

De imediato, quando decidi escrever esse artigo pensei na elegância tímida de Laerte e sua genialidade artística –  lembrei na hora de Chico Buarque  (ela e ele têm em comum um certo jeito desconfiado, além de toda vida compromissada com a transformação do mundo). Juca Pato é frescor bem-vindo em um ano ruim para o Brasil e para  Laerte – que teve Covid em janeiro, chegou a ir para UTI. Foi uma alegria imensa, para milhares de possas  sua recuperação.

Meu primeiro contato com a obra dela foi no início dos 1990 – Piratas do Tietê charges na Folha de São Paulo.  “Los Três Amigos” (com Angeli e Glauco), imperdível. Só muito tempo depois fui saber que Laerte desde o fim dos anos 1970 colaborava com sindicatos e organizações de esquerda, inclusive com  o Sindicato dos Metalúrgicos do ABC e desenhava o icônico João Ferrador (hoje eu não tou bom). Foi militante do PCB e   ajudou a construir   várias iniciativas de comunicação popular.

Tantas charges, tantos personagens marcantes. A expressão artística de Laerte é densa e sofisticadamente imbricada à sua biografia. Engajamento político, a perda de um filho em 2005, a descoberta/construção de sua nova identidade de gênero, aos quase 60. Vida e obra.

O fato é que em algum momento Laerte transcendeu. Deixou de ser talentosa chargista. Transformou-se em filósofa, pensadora do mundo, da vida. A obra de Laerte é e vai ser cada vez mais reconhecida e estudada.

Fui apresentado à Laerte em uma manifestação contra a  homofobia,  na praça da República, talvez em 2009 ou 2010, pouco antes de ela iniciar sua  transição. Lembro-me de que fiz um comentário rápido sobre as tiras que ela estava a publicar na época. Confessei que não entendia muitas delas.  Laerte, com aquele sorriso gostoso, respondeu: “mas eu também não entendo”. A cara dela.

Em 2013, quando fui coordenador das políticas LGBT do governo Haddad e Laerte já se havia tornado uma referência também do ativismo trans, nos conhecemos de fato e fizemos, desde lá,  várias coisinhas juntas (tive o privilégio de entrevistá-la mais de uma vez, sim eu conto isso com orgulho, embora saiba que ela não gosta dessas coisas).

Laerte, prolífica, tem obra caudalosa. Um troço impressionante. Às vezes direta e acessível, muitas outras quase enigmáticas: camadas de significado a serem escavadas.

A visibilidade midiática que obteve em razão de ser pessoa pública que realizou transição de gênero “tardiamente” foi bela oportunidade para muito mais gente tomar contato com o pensamento e a arte laertianas. Programas de TV, documentários, entrevistas, instalação no Itaú Cultural, edições de coletâneas: temos celebrado Laerte – que  é generosa, criteriosa e  gente boa.  Uma espécie de personalidade “anticelebrity”.

E, poxa, além e mais importante do que tudo isso junto: nossa cartunista segue sendo uma pessoa de esquerda, que tem lado. Que nunca se furta a um bom combate. Que se posiciona não só nas suas charges. Laerte apoia candidatos de partidos de esquerda, apoia os movimentos sociais, fez a campanha “Lula Livre”. Laerte é antifascista e anticapitalista. Intelectual orgânica da classe trabalhadora.

E sem mais delongas, encerremos agora esse panegírico humilde, contudo honesto e pertinentíssimo. Viva Laerte Coutinho, intelectual do ano nesse brasilsão bolsonarista de meu deus. Salve a inteligência e a arte!

 

*Julian Rodrigues é professor e jornalista. Membro do Conselho Nacional do MNDH e da Aliança Nacional LGBTI.

 

[Ilustração: Bayram Er – fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]

Acaba de ser publicado El segundo sexo en el Río de la Plata (Marea, 2021), compilado por Mabel Bellucci y Mariana Smaldone. El libro aborda diferentes dimensiones del pensamiento de Simone Beauvoir y la recepción de su obra en la Argentina y en el Uruguay. A continuación, se anticipa el artículo presentado por la historiadora Graciela Sapriza durante la Jornada Académica en Homenaje a Simone de Beauvoir por los setenta años de la publicación de El segundo sexo, organizada por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad la República.

Escrito por Graciela Sapriza 

Este artículo revisa las lecturas de El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir y su impacto emancipador en jóvenes uruguayas -aún adolescentes- transformadas luego en activistas o revolucionarias. Creo que ellas; las militantes de las izquierdas de los sesenta fueron las protagonistas e impulsoras de la “retomada feminista” durante la transición de la dictadura a la democracia en el país (1985).

Estas lecturas tuvieron como escenario la “revuelta juvenil” del mayo francés, entendiendo este “mayo” como un referente mucho más amplio que el protagonizado por los estudiantes parisinos. En Occidente creció una importante oposición a las guerras imperialistas que se expandió en los campus universitarios y en los festivales de música a los que se sumaron el inconformismo del movimiento hippie y las manifestaciones pacifistas en Estados Unidos.

Las propuestas de transformación radical de los modos de producción se veían como inseparables de la emancipación de los cuerpos y de los placeres.  Esa conquista no pudo hacerse sin una transformación profunda de la sociedad, sumada a la aparición de la píldora anticonceptiva (1960) separando sexualidad y reproducción. Algunos analistas incluso definen el periodo como el de una “revolución sexual”.

Sin embargo, para muchas jóvenes, la experiencia de la “revuelta juvenil” fue frustrante.  La militancia no se tradujo en una mayor igualdad entre varones y mujeres. Esa desilusión motivó el cuestionamiento de las bases patriarcales de la cultura occidental como lo hizo Sulamith Firestone, en su Dialéctica del Sexo, y Kate Millett en Política Sexual. Ambos textos publicados en 1970. Estas reflexiones académicas propiciarán el surgimiento de la llamada “segunda ola” feminista que no tuvo eco en América Latina y el Caribe, presionada por otras urgencias en los años sesenta.

Los dos hechos marcantes en cambio fueron el impacto de la Revolución cubana (1959) y la transformación de la Iglesia católica a partir del Concilio Vaticano II (1962) y su adaptación al medio latinoamericano a través de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrado en Medellín, Colombia, en 1968.

Algunos testimonios corroboran esta apreciación, Sonia Mosquera, militante del Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros (MLN-T) que sufrió 12 años de prisión, recreó sus inicios como activista:[1] “Yo empecé a militar en el año 67 o 68, en el movimiento estudiantil. Se trataba de una época donde había muchos estímulos exteriores que convocaban a una acción militante, que no solamente se daba en Uruguay sino a nivel de Latinoamérica, y que de pronto empezó como una marca muy importante la Revolución cubana”. En Sonia se sumó la formación católica, “Y, como que los valores cristianos creo que tuvieron que ver –mucho que ver-”. Ana María Araujo –también militante del MLN, que sufrió un prolongado exilio-, coincidió en que, “Los curas guerrilleros, Camilo Torres, todo un movimiento importantísimo teórico, en Brasil, sobre lo que después va a constituir la Teología de la Liberación. Esas fueron como mis primeras vivencias subjetivas de una futura militancia política”.

Señalamientos que se reiteran en muchas conversaciones mantenidas con actuales integrantes de distintos colectivos feministas y anteriores militantes izquierdistas, en la búsqueda de sus opiniones sobre el “desembarco” de El segundo sexo en sus vidas. Se iniciaban en la vida en un contexto efervescente y revolucionario.

Esta fue una época de profundos cambios, no solo en términos de movilización y polarización, sino cambios socioculturales, que impactaron directamente en los mandatos de género (de Giorgi, A.L.2018[2])

En Uruguay, un conjunto importante de mujeres ingresó a los distintos movimientos de izquierda, algunas en la guerrilla urbana, otras militaron en el Partido Comunista o en partidos políticos que pronto fueron ilegalizados en el marco de la vigencia de las “Medidas prontas de seguridad”. Para las mujeres jóvenes de clase media “la política estaba en la calle” -como expresó Lilian Celiberti en nuestra conversación-  y sobre todo en las movilizaciones estudiantiles que comenzaron en 1967 y 1968, reflejo del incremento de la matrícula femenina en la enseñanza media y superior. Muchas de ellas solo se dieron cuenta más tarde que ser « compañeras » de lucha no significaba la igualdad con los varones, aun cuando usaran armas. Se vieron tensionadas entre reconocerse como “subalternas” y verse como “otras” a través de la lectura del “Segundo Sexo”; y manifestar su compromiso con las luchas sociales y políticas presionándolas a postergar esas (consideradas por los dirigentes varones) “reivindicaciones menores” en pos de la promesa de la revolución con mayúsculas.

La biblioteca de una joven militante

Marta Valentini dice que su compromiso político, “vino por la vía de las lecturas, más allá de (otras) influencias”. Detallar cuáles fueron las preferidas por estas jóvenes devela una nutrida biblioteca. Una extensa lista que va desde los teóricos revolucionarios: Karl Marx, Federico Engels, Antonio Gramsci y Frantz Fanon, a los autores del “boom latinoamericano”, los del “realismo mágico”:  Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Mario Vargas Llosa. También los uruguayos Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, el joven Eduardo Galeano. Abundan poesías, obras de teatro, películas, canciones y otras producciones tales como el semanario Marcha citado en primer lugar. La biblioteca incluye autores universales: Fiodor Dostoievski, León Tolstoi, Herman Hesse, Romain Rolland, André Malraux y pocas menciones a Simone de Beauvoir y el Segundo Sexo. A los 16 años, Lilian Celiberti ingresó al Instituto Normal (Magisterio). ¡En esa época leyó a Jean-Paul Sartre y Albert Camus –y todos los escritores existencialistas-, ¡pero no a Simone de Beauvoir! Recién en 1980, en la cárcel de Punta de Rieles, cuando llegó una donación de dos mil libros gracias a la misión de la Cruz Roja, leyó a la autora francesa y quizá allí comenzó a ser feminista. Aunque contaba con el antecedente de sus tres años exiliada en la Italia efervescentemente feminista de los 70, la de las enormes manifestaciones de mujeres que conquistó las leyes del divorcio y la del aborto en el país sede del Vaticano.

Ivonne Trías, escritora, periodista y editora, recordó que una compañera de calabozo en el cuartel donde se encontraban prisioneras tenía ese libro y era el año 1972. Ella era una ávida lectora y conseguía textos en la biblioteca de la Casa de la Cultura de su barrio.

Asocio a Teresa con las dos activistas mencionadas anteriormente por su militancia anarquista (reitero que consulté pura y exclusivamente a feministas activas en la transición a la democracia). Ella parece ser la excepción, leyó el Segundo Sexo a los 19 y siente que le cambió la vida. El libro fue un regalo de una compañera de su padre que trabajaba en el diario El Día. Ese ejemplar que aún conserva fue editado por Psique en traducción de Pablo Palant en 1954 en Buenos Aires. Fue tal su impacto que inspiró el giro que dio su vida. Rompió con su novio y no se casó, se afilió a una agrupación trotskista, comenzó a participar en manifestaciones y ocupaciones de centros de estudio. Esas actividades la llevaron a ser una de las primeras jóvenes prisioneras políticas antes del golpe de Estado recluida en la Escuela de Enfermería “Carlos Nery”, donde sufrieron una represión hasta entonces desconocida en el país.

Estas mujeres jóvenes estaban apostando a un cambio, primero en la práctica, poniendo el cuerpo, aún sin poder ordenar tanto disgusto y desasosiego. Y todas pensaban que estaban en pie de igualdad con sus compañeros varones y “solo ya bastante vieja” Marta se dio cuenta de que “estaba equivocada”. Sin embargo, aún detrás del “mito de la igualdad”, incluso respaldándose en él para impulsarse, también sin cuestionarlo, se procesaban profundas transformaciones como lo expresa claramente Lilian Celiberti (2018),  “la militancia política, especialmente la que se da en las organizaciones armadas, fue para esa generación un modo de apropiación de “su tiempo” y produce una afirmación subjetiva radicalmente distinta de la de generaciones anteriores”.[3] La ruptura con los modelos tradicionales de mujer que se dio en esos años (para jóvenes de clase media al menos) resulta evidente.

El desencuentro entre los militantes varones y las mujeres, la verticalidad de las organizaciones armadas, todo se sumó para no dejar espacio para mayores cuestionamientos. Las discusiones se terminaban cuando se esgrimía el concepto de la “contradicción principal”, “me acuerdo de la frase que se nos repetía sistemáticamente… priorizar: la contradicción principal… la lucha por la liberación de la mujer vendrá después” ,relata Araujo, autora de “Tupamaras. Mujeres de Uruguay”, publicado en francés y ácidamente criticado por sus compañeros exiliados en 1977. El texto nunca fue traducido al español.

Los militantes políticos de izquierda vivieron la toma de conciencia feminista como algo “altamente peligroso”, dice la autora, y que “a las compañeras latinoamericanas que estábamos en ese momento en París nos costó enjuiciamiento por parte de la izquierda latinoamericana, y evidentemente, la imagen de las feministas en los años 75-76-77, éramos como las brujas de la película” (destacados míos).

El proceso que permitió la recuperación (parcial) de la democracia iniciado en 1980 (por el Plebiscito en el que triunfó el NO a la constitución propuesta por los dictadores) coincide con la aparición de grupos de mujeres inicialmente agrupadas en torno a la satisfacción de las necesidades básicas y a la defensa de los DDHH. Grupos que ambientaron el resurgimiento del feminismo en formato social y/o político partidario. La transición a la democracia (1984-85) puso a luz un nuevo movimiento feminista.

A lo largo del texto cité fragmentos de conversaciones que mantuve con mujeres a las que busqué expresamente por reunir las dos condiciones, haber pertenecido a organizaciones de izquierda y ser iniciadoras de grupos de mujeres que se volcaron a concientizar amas de casa, otras a denunciar la violencia de género, algunas centradas en los derechos sexuales y reproductivos o la comunicación feminista. Las consulté para orientar mis interrogantes acerca de cuanto contribuyó el terrorismo de Estado y la represión a toda forma de participación política en brindar un escenario propicio para el desarrollo de esta “segunda retomada” del feminismo. Y cuánto influyeron las lecturas adolescentes al inicio de sus prácticas revolucionarias y si estas se mantuvieron en reserva para aflorar en conciencia feminista después de esos largos años de experiencias dolorosas de prisiones, exilios y pérdidas.

Me interesó cerrar el artículo con la mención a esas reuniones -aparentemente lejanas de la “recepción” de El segundo sexo, aunque próximas, si consideramos su legado- porque induce a revisar las posiciones de las mujeres de izquierda radical frente a la subordinación de género, antes, durante y después de la dictadura cívico militar (1973-1985). Permite visualizar los cambios en concepciones y prácticas que produjo la represión, tomando en cuenta las vivencias de la cárcel y las resistencias cotidianas del “insilio” y luego la dura lucha que trajo aparejada el intento de conjugar feminismo y militancia de izquierda para someterla a la cruda luz (o visión) de los anhelos y las desilusiones que trajo aparejadas.

Notas:

[1] En este encuentro dieron testimonio cinco activistas de diferentes opciones políticas, diferentes experiencias: Marta Valentini y Antonia Yáñez del Partido Comunista del Uruguay (PCU), Sonia Mosquera del MLN-T, que sufrieron la cárcel por largos años, Ana María Araujo, exiliada en Francia, se desafilió del MLN, y Lilian Celiberti, militante de la ROE y luego del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), pasó dos veces por la prisión, vivió tres años exiliada en Italia y, a su regreso, secuestro y nuevamente prisión.

[2] De Giorgi, A.L. (2018) Adiós Susanita. Trayectorias emancipadoras y relatos de las jóvenes del 68 uruguayo. Ponencia. Encuentro a 50 años del 68. Miradas e interpretaciones desde el sur. FHUCE. Montevideo.

[3] Celiberti, L. Disputas en los sentidos de la memoria. Cuerpo, sexualidad y derechos en la militancia de izquierda de los 70. Ponencia/ Fazendo Genero 2018 Florianópolis (inédito).

Graciela Sapriza es historiadora feminista. Directora del Centro Interdisciplinario de Estudios Uruguayos (CEIU). Se ha especializado en historia social e historia de la mujer, trabaja sobre memoria del pasado reciente (1973-1985).

 

[Fuente: http://www.sinpermiso.info]

Comentário sobre a obra gráfica de Glauco Rodrigues

 

Escrito por MARCELO GUIMARÃES LIMA*

A obra gráfica do pintor, gravador, e desenhista Glauco Rodrigues foi tema da exposição no espaço da Caixa Cultural na Avenida Paulista em São Paulo em 2011. O conjunto de trabalhos expostos reuniu obras da década de 1950 até as últimas gravuras do artista – nascido em 1929 e falecido em 2004.

Iniciada com temas regionais do seu Rio Grande do Sul nativo: o gaúcho em ação no campo, e igualmente com imagens engajadas nas lutas políticas populares de então, a constante da temática brasileira é um fio condutor importante na obra gráfica do artista gaúcho e na referida exposição. Temática que engloba tanto o regional e o nacional-popular do seu período inicial de desenvolvimento artístico, quanto a projeção e mediação ou construção mediática do Brasil na era das imagens eletrônicas e da cultura de massas na segunda metade do século XX.

Com efeito, na sua obra gráfica da maturidade poderíamos afirmar que o artista reelabora em um novo registro a questão estética e política da imagem do Brasil e da cultura brasileira e, por esta via, a questão da imagem na arte contemporânea.

A arte pop é o contexto ou pretexto imediato para a sua retomada da figuração em meados da década de 1960, após fases que repercutiam correntes ou estilos modernizantes e a abstração. Retomada que  tem como pano de fundo a formação da moderna sociedade de massas e dos novos meios de comunicação, ou seja, o desenvolvimento no período de uma nova sociedade brasileira, feita de (reais e aparentes) continuidades e rupturas sensíveis, intelectuais, vivenciais, estruturais, etc.

A obra madura de Glauco Rodrigues registra, por meio das transformações na imagem e na autoimagem do Brasil no período, o advento da sociedade de massas, dos novos meios de comunicação na construção da contemporaneidade, um período de transformações econômicas, sociais e culturais marcado pela crise política da ditadura militar, através da qual as elites tradicionais e grupos dominantes com interesses no processo de subordinação econômica da nação buscavam, pela via ditatorial, pelo caminho do autoritarismo e da violência institucionalizada, controlar e dirigir de modo exclusivo processos de mudanças estruturais em curso, importando, para tanto, a ideologia da Guerra Fria internalizada para justificar a destruição da incipiente e imatura democracia brasileira de então (qualquer semelhança com os dias atuais não deve ser coincidência).

As estratégias de hibridização, carnavalização, de fertilizações e choques entre o popular e o erudito, o urbano e o rural, passado e “presente-futuro”, o nacional e o estrangeiro, repetição e singularidade, o original e a cópia, amálgamas, pastiche, etc que caracterizaram na música popular e no teatro, também no cinema e mesmo na literatura, o Tropicalismo, estão a seu modo refletidas, documentadas ou representadas na gravura de Glauco Rodrigues naquilo que o contexto estético e ideológico permitia, ou mesmo exigia, de justaposição ou identificação, tanto irônica como crítica, dos polos opostos, a representação e mesmo a fusão dos dualismos reais ou imaginários, constitutivos da sociedade e da cultura ou culturas brasileiras, em unidades híbridas, efêmeras, precárias, mas, por vezes, de grande potencial poético e renovadoras.

Um São Sebastião “artesanal”, modelado linearmente, graficamente, como que ao buril, sinuoso, lânguido e barroco, é representado contra um fundo chapado de cores fortes em formas simplificadas, repercutindo alguns dos estilemas da linguagem gráfica pop, e desenhando sucinta e caracteristicamente a paisagem do Pão de Açúcar e da Guanabara.

A dança, o carnaval, o universo direto ou indireto da poética de massas, da televisão, do cinema, das imagens impressas, do jornalismo cotidiano, são algumas das fontes e dos temas das gravuras de Glauco Rodrigues dos anos 1960 em diante.

Nestas gravuras são retratadas, por exemplo, a paisagem urbana do Rio de Janeiro e suas transformações, em superposições e mesclas temporais, estilísticas e tecnológicas, por meio da crônica histórica em imagens que mesclam, reproduzem, distanciam e aproximam tempos, linguagens e técnicas gráficas diversas.

E nelas é também retratado o “homem brasileiro” na sua especificidade e em seus tipos característicos. Mais precisamente, na especificidade dos tipos físicos, raciais, dos movimentos, dos gestos, da postura, enfim, da linguagem corporal representada. Um sentimento de familiaridade se desprende das imagens de Glauco Rodrigues, um reconhecimento de que é de nós, brasileiros, precisamente que se trata.

Ora, os amálgamas ao mesmo tempo fundem e distanciam seus elementos. Nas superfícies claras e precisas destas gravuras um efeito de contemplação, de distância e uma espécie de “estranhamento familiar” são dados. A contemplação cria um “outro” no qual, paradoxalmente, reconhecemos a nós mesmos, algo do que fomos e do que somos como memória viva, na dimensão da memória do presente, e como figuras no / do tempo e espaço.

A utilização de fontes gráficas e fotográficas na criação destas obras, o uso da linguagem da gravura refletindo, superpondo em camadas as mudanças nas tecnologias da imagem (da xilogravura e da litografia, até a serigrafia e a fotografia e suas diversas relações, espelhamentos, retomadas, transformações, etc.), e, portanto, na imagem ela mesma, sua identidade e função, a citação – recriação de imagens ou elementos de imagens do passado, da história da arte brasileira como a citação do célebre O Derrubador Brasileiro (1879) de Almeida Júnior, por exemplo, de fontes cotidianas, da cultura de massas, etc., duplicam no plano da linguagem, da forma estética e dos procedimentos artísticos os conteúdos híbridos assinalados. A representação aqui se espelha e se desdobra a si mesma, e se questiona de modo sutil.

O que aqui chamamos “corpo do Brasil” nos remete a algumas observações de Gilda de Mello e Souza  num célebre ensaio sobre a obra de Almeida Júnior (1850-1899).[ 1] A autora via no pintor paulista e seus tipos caipiras não apenas a representação familiar ou “pitoresca” dos tipos  físicos  característicos, mas a figuração dos gestos, das  posturas, aquilo que ela denominou, citando Marcel Mauss, de as “técnicas do corpo”.

Almeida Júnior soube retratar o caboclo brasileiro, o caipira de São Paulo, nas suas posturas corporais próprias, únicas ou específicas, e nos detalhes dos gestos característicos. Para além do anedótico, da documentação exterior da paisagem e do tipo físico, das vestimentas, da arquitetura local, etc., é a familiaridade, a intimidade do gesto e da expressão corporal captada e recriada pelo pintor o que individualizava a sua representação e adicionava, assim, à linguagem pictórica estabelecida, uma nota original que recriava, de formas mais ou menos sutis, a linguagem artística vigente, de fonte europeia, tendo em vista a fidelidade ao tema nativo.

Tratava-se de uma inflexão da norma, mas no caso, crucial, pois determinava do interior da obra uma nova configuração da linguagem, como observou Gilda Mello e Souza, ou ao menos, uma abertura de possibilidades para tal.

Podemos afirmar que a questão da arte brasileira no exemplo de Almeida Júnior, como examinado por Gilda Mello e Souza, ganhava uma inflexão diversa: ela surge no que poderíamos denominar de interstícios ou   intervalos dos estilos e ideias, mesmo aquelas “fora do lugar”, surge dos próprios materiais representados, ou, fenomenologicamente, das coisas elas mesmas, na medida em que, reverberando na sensibilidade do artista, elas o obrigavam a ajustar ou modificar a linguagem pictórica ou a norma estilística para expressar uma experiência inédita.

Seria certamente demasiado insinuar que adentramos aqui a pré-história da Antropofagia e do Tropicalismo. E, no entanto…

No contexto do século XX tardio em transição, a imagem do Brasil na obra gráfica de Glauco Rodrigues por um lado se faz corpo, algo como, na sua familiaridade, um dado (quase) inerte ou matéria (quase) bruta da nossa experiência particular.

Ao mesmo tempo, nestas obras, o corpo do Brasil se transforma em imagem, anunciando a pós-modernidade e nela a questão das relações, dos amalgamas, tensões e conflitos entre imagem e experiência: algo como uma espécie de “sociedade do espetáculo” híbrida e brasileira.

*Marcelo Guimarães Lima é artista plástico, pesquisador, escritor e professor.

Versão revista e ampliada de artigo publicado em 2011 no extinto blog Malazartes.

Nota


[1] Souza, G. de M. (1974). Pintura Brasileira contemporânea: os precusores. Discurso, 5(5), 119-130.

 

[Fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]

 

Escrito por Verónica Zapata

Segundina Flores, una de las lideresas indígenas más importantes de Bolivia, resistida por el entorno de la dirigencia del Movimiento Al Socialismo, fue designada embajadora boliviana en Ecuador, lo que es interpretado como una forma de alejarla de la lucha política del país.

Segundina nació en Chuquisaca. A sus 22 años fue promotora de la Comunidad La Palca en la provincia Oropeza, en 1990. Cuatro años más tarde  asumió la dirigencia de  las Bartolinas en La Guardia, Santa Cruz. En los comicios  de 2009 fue elegida  como diputada plurinominal,  y el 20 de noviembre de 2017 fue elegida como secretaria ejecutiva de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia-Bartolina Sisa, la organización más poderosa del movimiento de mujeres en el país.

La dirigente indígena se enfrentó a la oligarquía agroindustrial que pregona la supremacía blanca y que tuvo como principal blanco de ataque a las mujeres de pollera durante el golpe de Estado el 2019 y la pandemia que colapsó al sistema sanitario del país.

Fue la única mujer líder de una organización de mujeres que formó parte del “Pacto de Unidad”, que aglutina a todas las organizaciones indígenas del país y que surgió con el objetivo de unificar al movimiento indígena para recuperar la democracia.

El 25 de agosto fue designada embajadora del Estado Plurinacional de Bolivia en Ecuador. El 26 de agosto desde la plataforma de la radio  “Kawsachun Coca”, que pertenece a la Federación del Trópico de Cochabamba, donde recientemente fue ratificado como presidente el exmandatario Evo Morales, se publicaron fotos donde Segundina Flores le da la mano a Arturo Murillo exministro de facto de Áñez.

La foto fue tomada en una reunión de Estado, donde se firmó el “acuerdo de pacificación” pos golpe de Estado en la que participó todo el “pacto de unidad” y la Central Obrera Boliviana (COB). Esa publicación desató una campaña de difamación contra la dirigente acusándola de haber “pactado”con el gobierno de facto y desde allí se replicó en otras plataformas.

El nombramiento irritó a la izquierda tradicional y colonial integrada por la elite del Movimiento Al Socialismo (MAS), conformada por los “intelectuales” hombres, de clase media, que integran el “entorno” del exmandatario Evo Morales, que no se conformó con aislarla del partido de gobierno.

Son señalados de estar detrás de esta campaña de difamación que fue tema de debate nacional los últimos días en Bolivia. En noviembre del 2020, cuando su nombre sonaba como ministra de Culturas, también se había recurrido a la misma campaña de difamación y su designación fue bloqueada.

La designación de Segundina a un cargo diplomático es llamativo por el bajo rango que implica en relación a la envergadura de alguien que tuvo un rol protagonista de resistencia durante el golpe. Posee experiencia y claridad política, algo hoy ausente en la mayoría de la actual dirigencia tras el reemplazo de todos los dirigentes del pacto de unidad por criticar al “entorno” de exministros de Morales.

Por otra parte, para asumir dicho cargo deberá salir del país en un momento de ofensiva de la ultraderecha contra el gobierno de Luis Arce, por lo que la designación –según los analistas- pareciera tener la finalidad de no incomodar a la élite del MAS y/o responder a su presión, ya que son objeto de las denuncias de la lideresa indígena.

Su salida del país implica anular su liderazgo porque perdería territorialidad, y es una pésima decisión en el actual contexto político boliviano. La campaña de difamación contra la lideresa  indígena se realiza en un contexto de ofensiva hacia los liderazgos indígenas que cuestionan a la élite del MAS y les exige autocrítica.

Esta ofensiva tuvo su punto álgido este año durante la selección de candidatas y candidatos para las elecciones subnacionales de marzo pasado, cuando se expulsó a  la dirigente Eva Copa, del MAS.

 La lucha de la mujer indígena en la recuperación de la democracia.

Segundina Flores fue la única mujer del reducido grupo de dirigentes indígenas que acompañó al exmandatario Evo Morales durante el golpe de Estado del 2019, cuando salió al exterior su exgabinete de ministros antes que el propio exmandatario, y se quedó sola en el país.

En contexto del golpe de Estado, Segundina jugó un rol importante -inocultable e innegable- para la recuperación de la democracia, fue la única lideresa del “pacto de unidad” que estuvo presente junto a las mujeres de las “Bartolina Sisa” en los famosos bloqueos de agosto del 2020, que fueron un hito histórico por su masividad, y que obligaron a Jeanine Áñez a establecer fecha electoral allanando el camino al triunfo de Luis Arce y David Choquehuanca.

Dichos bloqueos fueron protagonizados por los denominados “autoconvocados” que no integraban el MAS, incluso lo rechazaban. También participaron el legendario líder histórico Felipe Quispe, “El Malku”, y el fallecido dirigente minero Orlando Gutiérrez, que al igual que Segundina Flores estaba enfrentado al “entorno” del exmandatario Evo Morales, en especial al exvicepresidente Álvaro García Linera.Mujeres que hicieron historia: Bartolina Sisa - Notas

Los pecados de Segundina Flores lideresa

1 – Denunció ante la prensa al “entorno” de Evo Morales durante el golpe: el 13 de agosto del 2020, durante la rebelión de los bloqueos, el Pacto de Unidad y la COB brindaron una conferencia de prensa donde se denunció a la élite del MAS, que se encontraba fuera del país, de realizar un acuerdo a “espaldas del pueblo” con el gobierno de facto, pasando por encima de las decisiones que ellos tomaban desde las bases dentro del país.

Segundina Flores fue la voz femenina que dejó en claro ante la prensa algo que se venía denunciando muchos años antes del golpe de Estado y que había generado un clima de malestar social en el país:

“Queremos decirles a los señores que siempre nos han dominado (…) que han dirigido el proceso de cambio, ¿dónde nos han hecho terminar? Se jactaban de ser sabios, intelectuales, a los indígenas nos tratan de ignorantes. Han conducido el proceso de cambio, el MAS y siguen conduciéndolo y a nosotros, los indígenas que somos los fundadores y el sostén del instrumento político, nos han relegado (…)”, señaló.

Bartolinas anuncian participación en las elecciones subnacionales – Exito Noticias“A nosotros, que somos los que construimos la unidad con el pueblo durante el golpe, nos han relegado, nos quieren seguir manejando y utilizando. (…) Rodean al hermano presidente Evo Morales, no nos lleven por el camino equivocado (…) siempre están hablando a nombre de los indígenas y de nuestra lucha, utilizándonos (…) Nos traicionaron. Yo les hablo a los que nos llevaron al golpe y conducían el MAS.(…) Siguen utilizando la imagen de Evo”, añadió.

2 – Brindó apoyo a Eva Copa como candidata a alcaldesa dentro del MAS y tras su expulsión denunció “machismo”: relató que le exigió al exmandatario Evo Morales que avale dicha candidatura, pero no fue escuchada. Lamentó que por “machismo” Eva Copa fuera expulsada del MAS. Con esa errada decisión el MAS perdió su principal objetivo, que obtuvo Eva Copa con “Jallalla”, el partido que le prestó la sigla para poder competir electoralmente frente al MAS.

Bolivia es pionero a nivel mundial en aprobar la Ley 243 de Violencia Política contra las Mujeres, pero el pensamiento colonial racista, machista y burócrata imperante en el país convirtió dicha ley en letra muerta. El paso para que las mujeres, especialmente indígenas, ocupen cargos políticos de alto rango y disputen el verdadero poder, sigue cerrado.

Lo confirma el hecho de que de las cuatro mujeres ministras dentro de las 18 carteras, insólitamente solo una es indígena, en un país donde las mujeres de pollera fueron protagonistas en la resistencia al golpe.

Eva Copa fue expulsada del MAS por no aceptar ser enviada a una embajada al extranjero, como ahora le toca a Segundina Flores. Copa quería disputar poder con la alcaldía de El Alto, la más importante del país, ya que contaba con el respaldo de la región y sabía que su salida del país implicaba su muerte política.https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSy48YqfNJnFRuol0duHg7OQlUudaFPPiy64w&usqp=CAU

Por otro lado, esa alcaldía podría posicionarla como candidata a presidenta en 2025. Tras su expulsión varias dirigentes del MAS la respaldaron, entre ellas la exgobernadora de Cochabamba, Esther Soria, que denuncio “un fuerte patriarcado dentro del MAS”. La exasambleísta Lidia Patty, que afirmó que: “el MAS está pagando la factura en El Alto por error en la elección de la candidatura y por machismo”. Incluso se sumó el expresidente del Senado Alberto “Gringo” González.

3 – Tras la recuperación de la democracia llamó a la autocrítica y a purgar al interior del MAS. Al respecto, sostuvo: “Yo sé que hay un equipo de mentirosos en el MAS que le hacen equivocar a nuestro hermano Evo Morales” y señaló que son los responsables de que el MAS haya perdido las elecciones subnacionales.

4 – Señaló que fue un error endiosar a Evo Morales: Segundina destacó el liderazgo del exmandatario Evo Morales, pero señaló que fue un “error” que su entorno lo haya “endiosado”. Sostuvo que “en el MAS y en las organizaciones sociales no pueden existir esas prácticas de llevar como a un dios a un líder y a mantenerlo cercado y alejado del pueblo”.

5 – Acusó al entorno de Evo Morales como responsable de su reemplazó como líder de las Bartolina Sisa: este año se llevaron a cabo las elecciones para renovar la dirigencia de las “Bartolina Sisa”, Segundina apuntaba a ser reelegida, pero el día de las elecciones, misteriosamente, quienes le aseguraron su respaldo se dieron vuelta y la aislaron.

Segundina Flores pide que se incluya a Evo en la evaluación del MAS – Los Tiempos – Evolibre.comAcusó al entorno de Evo Morales de estar detrás de su alejamiento y poner en su lugar a otra mujer que es aceptada por ese “entorno”. Finalmente afirmó: “Dejo  la dirigencia, luego de haber recuperado la democracia y la soberanía del país, dejo a un presidente y a un vicepresidente elegidos democráticamente y con mayoría parlamentaria del MAS”.

6 – Acusó al “entorno” de Evo Morales de cerrar el paso a los nuevos liderazgos indígenas, especialmente a las mujeres indígenas: Segundina brindó su apoyo a la “renovación” del MAS, que Luis Arce y David Choquehuanca prometieron en campaña proselitistas a exigencia de las bases, a cambio de los votos que obtuvieron. La lideresa afirmó: “Hay muchos liderazgos, pero esa veja rosca (como se denomina al entorno de Evo Morales) y a los liderazgos nunca los dejan crecer”.

7 – Exigió respetar la paridad de género en las elecciones subnacionales de marzo del 2020: pidió que se respete la Ley 018 del órgano electoral plurinacional y la ley 026 de régimen electoral, que garantiza paridad de género en las listas electorales. Esto incomodó a la élite del MAS, que hizo caso omiso. No hubo ninguna mujer candidata a gobernadora, hubo pocas postuladas para alcaldesas, aunque sí hubo mayor participación femenina en las concejalías, los cargos de bajo rango.

 

 

*Verónica Zapata es periodista y psicóloga boliviana, especialista en estudios de género (UBA), colaboradora del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

 

 

[Foto: CNMCIOB – fuente: http://www.surysur.net]

colós de l’anarquisme’ és el primer intent de recollir tots els textos escrits o atribuïts a Salvador Seguí Rubinat, ‘El Noi del Sucre’. Aquest volum inclou conferències, ressenyes i cròniques de mítings, articles, cartes al director, cartes privades fetes públiques en algun mitjà, assajos teòrics, cròniques, ponències i dictàmens de comicis sindicals, entrevistes i la novel·la curta ‘Escola de rebel·lia’ publicada pòstumament. Som al 2021 i Seguí fou assassinat per pistolers a sou de la patronal el 1923. Amb aquestes dues dates damunt la taula ens podem fer una idea de l’anomalia que suposa no haver tingut aquest llibre abans, molts anys abans. Sobretot si tenim en compte la importància i transcendència de la figura de Seguí al llarg de la seva vida i de l’organització de què fou líder, la CNT, sense cap mena de dubte l’organització de masses més important de la història dels Països Catalans en l’edat contemporània. Però sobretot, també, perquè ell és un dels pocs anarquistes que ha sobreviscut a l’esborrament que la història, de les classes populars d’aquest tros del món ha patit a mans dels feixistes vencedors el 1939 i des que, podent refer aquesta història, no ho han fet, des d’espais de saber superior com series les múltiples universitats d’aquest país, les del costat i les de més enllà.

Sobre l’autor

Salvador Seguí i Rubinat (Lleida, 1887- Barcelona, 1923). Conegut com a El Noi del Sucre, fou un dels líders més destacats del moviment anarcosindicalista de Catalunya de principi del segle XX. De professió pintor, ja des de molt jove va mostrar inquietud per les idees llibertàries; seguidor de l’Escola Moderna de Francesc Ferrer i Guàrdia. El seu ideari revolucionari es fonamentava en la conquesta pel saber de la classe treballadora, un camí que creia propici per a realitzar amb èxit la revolució social contra el capitalisme i les classes socials dominants. Va ser secretari general de la CNT a Catalunya, president de l’Ateneu Sindicalista i va impulsar la creació de ‘Solidaridad Obrera’. El 10 de març de 1923 va ésser assassinat d’un tret al carrer de la Cadena (actual Rambla del Raval), cantonada carrer de Sant Rafael, en el barri del Raval de Barcelona, a mans de pistolers blancs del Sindicat Lliure.

 

Títol: El colós de l’anarquisme
Autor: Salvador Seguí
Editorial: Lo Diable Gros
Col·lecció: La Tramuntana
Pàgines: 248
ISBN: 978-8412204339

 

 

 

 

[Font: http://www.racocatala.cat]

arte argentino insulto

Escrito por Mar Centera

«Pelotudo». El insulto argentino más universal se pronuncia con la pe y/o la te muy marcadas, aun en estos tiempos de covid-19, donde las diminutas gotas de saliva que expulsamos suponen un riesgo nuevo. «Pelotudo» puede escucharse en los prolegómenos de una pelea callejera, se grita a menudo de un automóvil a otro por una mala maniobra de tránsito, frente al televisor al ver un partido y, más fuerte que en ningún otro lugar, en el estadio de fútbol.

«La cancha de fútbol es un lugar hecho para insultar, para descargar un montón de tensiones», admite el polifacético Pablo Marchetti, autor de Puto el que lee. Diccionario argentino de insultos, injurias e improperios. Hasta las personas más formales se transforman en las gradas del estadio en máquinas de lanzar barbaridades, una tras otra, con una inventiva tal que su fama ha traspasado fronteras.

Uno de los blancos favoritos de los últimos años de la selección argentina ha sido Gonzalo Higuaín. «Cementerio de canelones», «Terrorista de choripanes», «Arruinador de alegrías», «Andá a la concha de tu trola madre hijo de un camión Iveco lleno de putas, gordo fofo y la madre que te re mil parió», «¿Por qué no te atas la pija en la punta del obelisco y das vueltas como si estuvieras en una calesita?», pudo leerse en Twitter después de que el delantero fallase una clara oportunidad de gol en los primeros minutos del amistoso que Argentina jugó contra España en 2018.

El técnico de la selección en ese partido, Jorge Sampaoli, también recibió una catarata de improperios, centrados especialmente en su calvicie. «Sampaoli, hijo de un sistema solar rebosante de putas, cabeza de rodilla, salame, forro, la concha de tu hermana, metete en un cohete y aterrizá en una galaxia donde no se te pueda ver ni con un satélite, dedicate a esquilar ovejas, hacete coger por King Kong con malaria hdmp», escribió un tuitero. «Tobogán de piojos», «Flequillo de carne», «Cabeza de desodorante a bolilla», le dedicaron también.

Lionel Messi le persigue desde hace años la etiqueta de «pecho frío», en la eterna comparación con Diego Armando Maradona, el jugador más idolatrado del país y autor de célebres insultos como «la tenés adentro», conocida incluso por sus siglas, LTA, o «se te escapó la tortuga», entre otros.

Las puteadas en el fútbol no se limitan al estadio, a los livings de las casas ni a las redes sociales, sino que a veces son proferidos también por comentaristas de partidos, como Alberto Raimundi, hincha declarado de Gimnasia de La Plata, quien se ensañó con el árbitro tras un partido de su equipo contra Boca Juniors: «Totalmente ilícito y me chupa un huevo lo que piensen los demás. Se borró de la cancha, lo cual me da en las reverendas pelotas. La camiseta de Gimnasia hay que defenderla más allá de la hija de recontraputez total de este sorete hijo de cuatro cientos setenta sistemas solares repletos de putas hasta en los anillos de los planetas y los rayos de los soles».

En Argentina, el fútbol y la política tienen relaciones muy estrechas, por lo que no es de extrañar que uno de los insultos más famosos de los últimos años contra un mandatario naciese en la cancha para propagarse después por todo el país. El cántico arrancó en febrero de 2018, en el estadio de San Lorenzo, cuando recibió la visita de Boca Juniors, en ese momento en lo más alto de la tabla clasificatoria. En medio de un partido tenso, empezó como un susurro y de a poco aumentó su volumen, hasta volverse ensordecedor: «Mauricio Macri, la puta que te parió, Mauricio Macri, la puta que te parió».

En pocas semanas, el cántico contra el expresidente de Boca Juniors y en ese momento jefe de Estado de Argentina se popularizó en protestas callejeras contra el gobierno, actos culturales, bares y fiestas con mayoría peronista, mientras las siglas, MMLPTQTP, se estampaban en banderas, pines y camisetas.

«Los insultos son una de las áreas más dinámicas de la lengua y mi diccionario tendría que actualizarlo. No incluye, por ejemplo, la irrupción de insultos feministas», dice Marchetti. Estos son toda una novedad en una sociedad que tiene el sexo y el machismo como pilares de las palabrotas, donde sobresalen vergapijaporongapingogarompa o nabo como sinónimos vulgares del miembro viril masculino y concha y argolla del femenino en mil combinaciones que van desde el «¿por qué no me chupás/agarrás/lamés la pija?» al «andate a la recalcada concha de tu madre, forro».

En las multitudinarias manifestaciones a favor del aborto legal a mitad de 2018, el cántico contra el presidente se transformó así en «Mauricio Macri, la yuta [policía] que te parió». Ese mismo año, empezó a cobrar fuerza la palabra despectiva machirulo, definida por la Fundéu como «de origen incierto, aunque podría tratarse de un acrónimo a partir de macho y chulo o de macho y pirulo», que se emplea como neologismo para el “hombre machista, en ocasiones asociado a quien hace gala de esa condición”».

La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner la usó para referirse a su sucesor, Macri, cuando él pidió a los senadores y gobernadores peronistas «que no se dejen llevar por las locuras de Cristina». «Tratar de loca a una mujer. Típico de machirulo», escribió. Llamarse Tincho o Raúl en estos días tampoco goza de mucho prestigio, porque ambos nombres han quedado convertidos en sinónimos de machirulo.

En la actualidad «hay grupos insultados que se hacen cargo del insulto, lo usan y de esa manera lo neutralizan. Pensemos en los términos puto —con los putos peronistas a la cabeza —, el término puta —con las putas feministas a la cabeza— o negro villero y el orgullo villero de la cumbia villera. Algo que ya había comenzado con los equipos de fútbol. Bosterosgallinasleprososcanallascuervosquemerostatenguesnegros, etcétera. Son todos términos que nacieron como insultos y de los que los hinchas de esos clubes se hicieron cargo», subraya Marchetti.

El exceso de uso ha transformado algunas puteadas clásicas en vocativos neutros, como pasa con boludo en toda Argentina —che, boluda, ¿venís al asado hoy?—, o con culiao en el norte — ¿Qué hacé’, culiao?, ¿vamo’ a comer, culiao?—. Otras, en cambio, conservan intacto el poder de décadas atrás, como el pelotudo que defendió el escritor Roberto Fontanarrosa en 1994 frente al Congreso Internacional de la Lengua. «Hay palabras de las denominadas malas palabras que son irreemplazables, por sonoridad, por fuerza y por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o sonsa que es un pelotudo», dijo Fontanarrosa durante su discurso, en el que pidió una amnistía para las malas palabras.

La sonoridad es clave también en el desprecio que rezuma «sos un sorete», que podría traducirse como «pedazo de mierda», y su hipérbole, «sorete mal cagado». O en «forro», con la erre bien remarcada. Pero algunos insultos solo funcionan por escrito, como el de Riber —en vez de River Plate—, pintarrajeado hasta el cansancio en paredes y muros de redes sociales por sus rivales futbolísticos tras haber descendido de división en 2011.

Para Marchetti, es bueno «ponerle el cuerpo a un insulto, porque puede llegar a tener consecuencias», al ser a menudo la última frontera antes de la violencia física. «Hijoderremilputas pitocorto, bolsa de cuernos, hacé lo que se te cante del orto, infeliz», le dedicó una conductora a quien acababa de adelantarla sin poner el intermitente. El otro se limitó a levantar su dedo corazón como respuesta, pero poco después, cuando recibió un nuevo ataque verbal por otra maniobra incorrecta, detuvo el coche con ánimo de llegar a las manos.

Cuanta más distancia hay, más sencillo resulta insultar. En la cancha, uno insulta de lejos, y en Argentina, además, desde hace años, sin hinchada visitante. En cuarentena, encerrados en casa, esas largas enumeraciones de improperios tienen menos vías de escape. Esto supone un peligro para aquellos que, como Fontanarrosa, les atribuyen propiedades terapéuticas. «Mi psicoanalista dice que son imprescindibles incluso para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría —no quiero hacer, repito, una teoría ni nada— lo único que yo quería reconsiderar es la situación de estas malas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas, vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar», se despidió ante los atónitos académicos de la lengua.

 

 

[Ilustración: Tau – fuente: http://www.jotdown.es]

Copenhague

Escrito por Cristina Gironès

El día que abrí el correo y me encontré con la tan esperada carta de aceptación al programa de máster Erasmus Mundus tuve que irme a correr. Ahora que lo tenía entre las manos dudaba sobre mis deseos y capacidades. Por aquel entonces aún quedaba una semana larga para que Europa se paralizase por el coronavirus. Los meses anteriores no habían sido fáciles, y estaba a punto de tomar la decisión de dejar mi contrato indefinido para irme a vivir a un país tan pequeño, tan desconocido, tan insignificante para la geopolítica global como Dinamarca. Acostumbrada a escribir sobre desgracias, ¿dónde podía encontrar buenas historias en el –considerado– país más feliz del mundo?

Nunca había vivido en ninguna región más al norte de Hamburgo, ni, por supuesto, nunca se me había ocurrido visitar la aburridísima Escandinavia. Pero ahí me encontraba, explicándole a uno de mis mejores amigos en el coche dirección Barcelona que ya lo tenía, que sí, que el consorcio elitista había decidido aceptar a esta chica normalísima, crecida entre vacas y campos de trigo, para su programa de periodismo internacional.

En mi cabeza, Dinamarca era el país perfecto: los prados eran verdes –nunca amarillos–, los edificios estaban limpísimos –sin ningún graffiti–, y las bicicletas se podían aparcar sin candado y sin sufrir por si alguna persona decidía volver a su casa con tu medio de transporte. Y es que esto no es casual: el discurso occidental siempre se ha servido de este territorio como el paradigma del bienestar, de la sostenibilidad, de la igualdad. El resto de Europa es una copia imperfecta de Dinamarca, y su campo de desarrollo es siempre desde su posición.

Aproveché el confinamiento para ponerme al día. ¿Eran mis expectativas y mis ideas algo real? Por el momento, la universidad estaba cumpliendo todos los estereotipos nórdicos. Nos orientaron a la hora de buscar una habitación, nos ayudaron a tramitar la residencia o visado e, incluso, nos acompañaron emocionalmente durante todo el proceso. Y después de googlear a fondo encontré que, efectivamente, durante décadas Dinamarca ha sido conocida como uno de los países más tolerantes y abiertos del mundo, especialmente a lo que a migración y refugio se refiere. Y este último apunte es importantísimo para entender mi experiencia.

Movimientos sociales ¿de raíz?

Era la primera vez que entraba en el centro social en el que acabaría pasando gran parte de mi año en Dinamarca. Recuerdo que, al abrir la puerta, un fuerte aroma a café y a desinfectante de manos se coló por mi nariz. Ese lugar era especial, pero no tenía nada que ver con los CSO (centros sociales ocupados) o ateneus ocupados que había frecuentado en el pasado. Aun así, las paredes parecían un collage de llamamientos populares, banners pro-Palestina y muchos-muchos pósteres en contra del cambio climático.

La chica que me atendió –el espacio era, también, una cafetería– se dirigió a mí en inglés. Después de invitarme a una taza de un líquido negro aguado al que solían llamar filtered coffee, me explicó que tenían diversas asambleas que se celebraban semanalmente para organizar manifestaciones, eventos u otras acciones. Y me apunté, sin pensarlo, a dos grupos de movilización. Hacía tiempo que mis espacios de confort eran centros sociales como ese.

¡Qué guay! Me fui a casa contenta. Esto me duró, a lo sumo, un par de días. Después de la primera reunión –estaba vinculada a un focus group de migración–, mis ánimos estaban por los suelos. Las personas con roles de poder, danesas y en la treintena, repetían una y otra vez que Dinamarca había sido la primera nación en firmar la Convención sobre Refugio de la ONU, que había liderado la atención y aceptación de inmigrantes desde principios de los 2000. Que siempre había sido un ejemplo a seguir, y que todo lo que estaba sucediendo ahora era “momentáneo” y “poco relevante”.

Lo que era “momentáneo” y “poco relevante” en su opinión era la deriva nacionalista del gobierno socialdemócrata con la complicidad de una sociedad poco movilizada. Y es que después de haberse situado como el primer país europeo en iniciar los trámites de expulsión de un centenar de personas refugiadas Dinamarca también estaba endureciendo otras políticas. Por ejemplo, aprobó recientemente una nueva ley que dificulta el acceso a la ciudadanía y que plantea la deportación de migrantes desempleados o con historial delictivo. Y esto no es todo. La línea dura que ha marcado el gobierno de Mette Frederiksen también ha impulsado la externalización de fronteras para expulsar a los solicitantes de asilo a centros de detención fuera de Europa, posiblemente en África, para que se estudien allí sus casos.

¿Qué hacer cuando, ante semejantes recortes de derechos, los que deberían estar en primera línea justifican lo injustificable? Por suerte, otras voces empujaron a la organización a moverse. Y, a raíz de esto, concentraciones y campañas empezaron a ocupar tiempo y espacio públicos. Si bien es cierto que existen grandes iniciativas de muchas personas, mayoritariamente internacionales, que abogan por la carga política de los movimientos sociales, estos no brillan precisamente por el rigor y radicalidad de sus exigencias.

Y de aquí, creo, surgió una reflexión con un amigo del centro. Por aquel entonces ya era pleno invierno y, aunque hacía pocos días que Halloween había inundado las casas, la Navidad y sus luces empezaban a despuntar en todas las calles. Vivir a menos de 0 grados era una experiencia nueva para mí y, aparte de algún proceso de congelación, me adapté gentilmente al clima hostil de Dinamarca. Fue en una de esas tardes en que el sol se iba a las tres y el glögg –vino caliente con canela– brotaba fácilmente de las botellas, en que me encontré nuevas y flagrantes contradicciones políticas.

Una de las puntas de lanza que alimenta la imagen de Dinamarca como un estado perfecto en el que todo funciona bien, en que la salud y la educación son gratuitas, en que el gobierno se encarga de todos los asuntos públicos es, precisamente, el Estado del Bienestar. Y es, efectivamente, uno de los aspectos que más envidio de los países nórdicos. Donde se centra mi reflexión es más bien en las consecuencias sociales de todo esto. Que una estructura así funcione bien no es algo que se haya conseguido con la movilización social, por más que me pese. Es más, es precisamente esta estructura la que consigue que la sociedad esté cada vez más desmovilizada. Si todo funciona bien, si nadie tiene hambre y todos tienen techo, ¿qué vamos a pedir?

Esta pregunta resonó dentro de mí. La idea de que Dinamarca posee una sociedad civil fuerte es, de nuevo, mentira. Y es que esta deriva conservadora en grado sumo se está dando con la pasividad –y el apoyo– de casi todo el mundo. Innegable es que la despersonalización de los extranjeros, convertidos en una suerte de monstruos, es una imagen compartida, socialmente aceptada. Todas las decisiones políticas pretenden disuadir a los inmigrantes de poner un pie en el país con la idea de fondo de llegar a una política de cero refugiados, y esto, al parecer, no inquieta a nadie. Si el Estado decide esto, es por qué será lo mejor para todos. Esto, que entra de lleno en contradición con una Escandinavia idealizada, puede provocar un efecto llamada. ¿Quién puede resistirse a adoptar el ejemplo del país más feliz del mundo?

La moral luterana en un país confesional

Las políticas de migración y asilo se endurecen año tras año en un contexto europeo de crecimiento de la extrema derecha. Por tanto, ciertas decisiones políticas –legislativas– no serían tan extravagantes en, por ejemplo, Alemania. Pero, ¿Dinamarca? Nuevamente, la imagen del país prevalece por encima de todo. Los titulares y las noticias siguen apuntando a la confianza social, a las ayudas públicas y al sentido de igualdad entre los ciudadanos como la fórmula mágica para su satisfacción. Pero, ¿son estos los verdaderos pilares del sistema?

Compartir mi vida con quince daneses no me habría supuesto ningún problema si hubiese podido escoger. Y, aunque no pude, probablemente fue lo mejor que me pasó en esos meses. Sorteando los estereotipos puedo afirmar que, para conocer a una persona nórdica, tienes que ponerle mucho –muchísimo– empeño. Por tanto, no hay mejor fórmula que un confinamiento pandémico con esta finalidad. Y ahí estaba, intentando superar unas semanas especialmente frías y oscuras mientras practicaba mi duolingo diariamente a marchas forzadas.

Fue una de esas noches, en las que compartíamos la cena porque poco más podíamos hacer, que el debate sobre las religiones adquirió más relevancia que nunca. Cuestión de aburrimiento, supongo. Después de criticar encarnizadamente el papel de la Iglesia en los países del sur de Europa me atreví a sacar el gran tema del cristianismo en Dinamarca. Mis compañeros, algunos de ellos amigos, parecían empeñados en negar de manera reiterada que la religión fuese parte importante de sus vidas. Y, aun así, todos habían aprendido a comportarse como luteranos. El país, de los pocos Estados confesionales de Europa, está estrechamente ligado a la religión. Es más, los llamados valores daneses tienen mucho de religiosos y poco de identitarios: la necesidad de aparentar que todo va bien, que todo funciona a la perfección y que no hay nada que pueda mejorarse es algo intrínseco al modelo danés y su visión del mundo.

Es justamente este uno de los puntos en los cuales se puede criticar el famoso informe de las Naciones Unidas. ¿Es realmente Dinamarca el país más feliz del mundo? Sobre la base precisamente de esta pregunta se han escrito muchos artículos y un gran libro, Gente casi perfecta, de Michael Booth. Y es, también, basándome en ello, que seguí indagando en la terquedad de mis daneses, su negativa a aceptar su parte de culpa –consciente o no– en el asunto. Dinamarca se había convertido en el paradigma de la perfección sin ser, de lejos, un Estado perfecto. Y, volviendo a la deriva antiinmigración, esto también tiene mucho que ver con la radicalización de la socialdemocracia en el país.

En los años anteriores a este 2021, la socialdemocracia, agonizante en la mayor parte del continente, había perdido también importantes segmentos de votantes en Dinamarca. La mayoría de ellos habían ido a parar a la derecha, a los nacionalistas xenófobos, que consideran que la defensa de este autosatisfecho modelo blanco, nórdico, europeo y vikingo pasa por eliminar de la ecuación a los inmigrantes, ya que se conciben en bloque como una amenaza. En un país en el que la cobertura estatal es un pilar que sirve de pegamento, que estructura la sociedad, la piel oscura significa una quiebra del sistema social.

Mientras el flæskesteg –cerdo al horno– se cocía lentamente y el humillo iba ganando terreno en nuestra cocina número cinco, un compañero no dudó en defender al gobierno al que no había votado. “Lo que está claro es que tenemos ayudas porque pagamos impuestos. Somos un país pequeño y si ahora todo el mundo viene a estudiar gratis aquí, o a trabajar y a ganar dinero, perderemos lo que hemos conseguido”. En otro contexto esta frase quedaría enmarcada para la posteridad en un cómo justificar el racismo para principiantes. No obstante, en Dinamarca esta creencia está mucho más extendida de lo que yo misma imaginaba. Un chovinismo similar ya formaba parte del neonazismo nórdico en los inicios de los 2000; lo que cambia es que ahora la izquierda –y la sociedad en general– está adoptando esta misma retórica.

Además, y de puerta afuera, Frederiksen propone acoger a los refugiados buenos, a los que dictaminen las cuotas de la ONU o a los que el mercado laboral necesite. Una estrategia de corrección política como esta busca mantener su estatus y su buena imagen en los órganos europeos y del resto del mundo. A la vez, sus declaraciones en ruedas de prensa apuntan todo lo contrario. Y es que nuevamente la moralidad protestante vertebra el Estado en su conjunto: es importante demostrar una admirable tolerancia y progreso aunque no se correspondan con la realidad. La moral protestante y el énfasis en la nación, o lo que es lo mismo, el cristianismo y el ser danés, son fenómenos que se refuerzan mutuamente. Y es en este marco en que el Welcome refugees está institucionalizado y, a la vez, la xenofobia se ha vuelto mainstream, una tendencia general.

La periferia, lejos del Danishness

La ficción del ser danés ha impregnado el orgullo nacional de los escandinavos. No solo son las banderas, que se enarbolan en cualquier contexto, como aniversarios, cumpleaños, bodas y otros eventos sociales. Esta idea ha propulsado una guerra cultural, una estrategia mediante la cual el Danishness desafía al islam. Y en este conflicto el Estado aparta cada vez más a las personas migrantes y no blancas a la periferia tanto simbólica y como física.

Ya en primavera, mi bicicleta decidió dejar de funcionar y mi objetivo fue conseguir otra. El transporte público, escaso y caro, con controles de seguridad muy estrictos y multas estratosféricas, no me parecía una opción viable. Y a través de una app móvil llegué al mal llamado ghetto de la ciudad. Esta denominación no es gratuita: el gobierno propuso una legislación para reducir el número de residentes no occidentales que viven en los barrios desprotegidos. Esto se traduce en la práctica en la limitación de la cantidad de población no blanca al 30% y en otorgar a los municipios el derecho a denegar viviendas.

Si bien es cierto que cuando sales del centro de la ciudad el paisaje, físico y social, cambia muchísimo, mi impresión de ghetto –que por entonces no sabía que se consideraba como tal– no fue distinta a la que tengo sobre cualquier calle un poco alejada del Paseo de Gracia de Barcelona. La población ya no era totalmente blanca, alta, rubia y con abrigos afrancesados hasta los tobillos. Las bicicletas ya no eran dignas de Amelie, con flores en la cesta delantera. Pero no era, ni de lejos, lo que el gobierno –y por extensión la sociedad– pretendía mostrar: ese ghetto era ghetto porque la piel de sus habitantes no era blanquísima, porque el sistema de transporte los orillaba cada vez más a la periferia del Estado, porque nadie quería verlos como parte de un país que, para bien o para mal, ya no es lo que era.

Y en esta necesidad de ser danés sobrevive, también, la americanización de la cultura. Mientras reivindican el sentir nacional, la cultura y las tradiciones, el consumo general de todo esto se refleja más y más en el American dream. Mientras es guay desayunar porridge cada día, el cuscús, el tachín persa o el café turco son subproductos que causan, incluso, repulsión. Por tanto, en este contexto, repetir que Dinamarca es el país más feliz del mundo es, como mínimo, falaz. Dinamarca no es tan bueno –o, al menos, no para todos–. El producto interno per cápita, la esperanza de vida saludable y otros indicadores parecidos dicen que se encuentra en la posición más alta en la clasificación del bienestar. Pero si la media apunta esto, también cabe destacar que la población inmigrante es, nuevamente, marginada: estructuralmente reporta niveles más bajos de vida.

En esta paradoja nórdica hay miles y miles de personas que experimentan el paraíso de una forma muy distinta. El país, supuestamente abierto y tolerante, está intentando acabar con la diversidad, viviendo como si no existiesen daneses de piel negra o rasgos asiáticos. O lo que es lo mismo, está intentando expulsar a quienes no cumplen sus estándares de corrección –física, cultural, social y económica– lo más lejos posible de su oasis de felicidad.

 

 

[Foto de la autora – fuente: http://www.fronterad.com]

Le nouveau visage du populisme est déconnecté des questions sociales qui animaient les mouvements Nuit Debout ou des «gilets jaunes».

Manifestation contre le pass sanitaire, le 14 août 2021 à Paris. | Sameer Al-Doumy / AFP

Manifestation contre le pass sanitaire, le 14 août 2021 à Paris.

 

Publié par Monique Dagnaud et Telos 

«J’ai choisi le combat pour la liberté», «Ce n’est pas Monsieur Macron qui commande, c’est le peuple. Plutôt mourir que de vivre à genou», «Nous sommes entrés en dictature»: une incursion dans la galaxie Twitter des anti-pass sanitaire met à jour une vision enflammée, frénétique de la liberté. Une liberté abstraite, proclamée avec rage comme un principe de vie qui l’emporte sur tout.

Le mouvement anti-pass est cimenté par une ivresse de soi et de liberté excédant clairement les autres enjeux qui le traversent, comme le rejet de la vaccination anti-Covid (une partie des manifestants, de fait, est vaccinée), l’éloge des médecines douces contre la médecine allopathique, l’opposition frontale aux élites politiques et scientifiques, ou, rhétorique phare de la période, la critique des Big Pharma.

Apparaît alors sur la scène protestataire une figure presque cocasse tant elle est inattendue: «je suis, donc je fais ce que je veux» face à la pandémie. Bien sûr, le quart de la population française qui est opposé au pass sanitaire ne se reconnaîtra pas dans cette description extrême. Pourtant, la posture de cette minorité, c’est-à-dire «les libertés individuelles priment sur tout» interroge[1].

Je suis, donc je fais ce que je veux

Le principe de liberté de l’individu est consubstantiel des sociétés démocratiques, certes, mais dans tous les secteurs de la vie publique et personnelle, cette liberté est encadrée par des conceptions morales ou des contraintes de vie collective: de la liberté d’expression à la liberté de circulation, à la liberté d’exercer certaines professions, à la liberté d’entreprendre, à la liberté de choisir les méthodes éducatives pour ses enfants, etc. La liberté sexuelle, elle aussi, comporte des interdits. La liberté des uns s’arrête là où commence celle des autres, énonce le dicton populaire. On peut donc s’interroger sur le tréfonds, le substrat idéologique ou pulsionnel, la construction imaginaire qui permettent à tant de gens de se ranger derrière un principe qu’aucune société, même la plus démocratique dans ses fondements, n’a jamais imaginé faire sienne.

Les psys y verront une intolérance à la frustration de ne pas pouvoir agir comme on veut, une sorte d’infantilisation sous les auspices de la culture permissive et de l’économie d’abondance. La plupart des lieux soumis au contrôle d’un pass sanitaire concernant, en tout cas dans un premier temps, les pratiques de consommation marchande et les loisirs culturels et sportifs[2], on peut expliquer cette crise de nerfs au nom de la liberté par les contraintes imposées à la consommation –parallèlement, l’accès aux lieux de travail, les écoles, les universités, les lieux de culte, n’est pas soumis à la présentation d’un pass sanitaire.

Des sociologues y décèleront la conséquence logique (et tragique) d’une extension sans limite des droits de l’individu. Des spécialistes des médias pourront y repérer la manifestation d’une sphère communicationnelle où le tout et n’importe quoi a non seulement droit de cité, mais autant de valeur et de reconnaissance que la pensée rationnelle ou les informations validées. Ils confirmeront alors que les principes de rationalité et de vérité sont en train de se dissoudre, de se relativiser, de perdre leur légitimité auprès d’une partie de la population au profit de fantasmes les plus délirants, chacun ayant droit d’avancer des propos et d’adapter son comportement conformément à sa vision de la vérité.

Internet galvanise ce processus en encourageant les individus à s’exprimer et en disqualifiant les instances de validation.

Dans le sillage de nombreux travaux sur les médias, le philosophe Maurizio Ferraris (Postvérité et autres énigmes) établit une continuité entre le postmodernisme et le populisme avec la banalisation d’un régime de postvérité. Il décrit le processus de l’histoire des idées qui trace ce chemin: déconstruction de la «rationalité instrumentale» perçue comme un agent de domination, affirmation du principe nietzschéen selon lequel «il n’y a pas de faits, mais seulement des interprétations», émergence de nouvelles pratiques accordant la toute première place à l’émotivité et à la solidarité entre gens qui se reconnaissent entre eux, montée au pinacle de la subjectivité, avec son aboutissement –la privatisation de la vérité.

Internet galvanise ce processus, en encourageant les individus à s’exprimer et en disqualifiant les instances de validation –politique, scientifique, économique. Dans l’effervescence de la communication décentralisée, créer du faux, de l’invraisemblable et le faire circuler, c’est l’enfance de l’art –tant par la construction de «preuves» par des chiffres ou des images truquées ou sorties de leur contexte, que par le martèlement d’idées ou de visions du monde décollées de la réalité mais constamment partagées au sein des réseaux sociaux.

Ce flot de narrations et de vérités alternatives, qui par leur abondance s’apportent une garantie réciproque, est reçu comme un élément parmi d’autres du débat public et imprègne facilement les esprits au nom de l’idée selon laquelle chacun a droit à sa conception de la vérité. Le récit de la liberté individuelle comme une fin en soi, comme l’épopée bravache du héros qui entend se soustraire à la surveillance des États et aux comportements «moutonniers» d’une majorité, ce conte moderne fédère les anti-pass.

Une nouvelle étape du populisme

Le populisme qui caractérisait les mouvements Nuit Debout ou des «gilets jaunes» prend, une fois encore, une nouvelle forme. Derrière Nuit Debout, solidement implanté sur la place de la République à Paris, se profilaient la loi Travail de Myriam El Khomri et un mouvement d’étudiants et d’intellectuels précaires; derrière les «gilets jaunes», distribués sur les ronds-points de la France profonde, se situait une loi de taxation sur les carburants et la protestation de petites classes moyennes (actifs ou retraités) contre leurs conditions de vie; derrière les anti-pass, on observe un conglomérat assez disparate (tout-venant, retraités, soignants, quelques médecins et intellos radicaux et assez atypiques) plutôt provincial, mu par une image grisante de la liberté.

À chaque fois, l’espace public s’emplit d’une vague émotionnelle. Les grands médias sont emportés par la fascination, guidés par l’action des street reporters et le flux des expressions sur internet; ils tentent de repérer des porte-paroles, acteurs surtout sur les réseaux sociaux et démunis de volonté ou de capacité d’organisation sur le terrain; ils leur accordent un moment médiatique, les confirmant alors en leaders éphémères, sondent les cœurs et les esprits par des témoignages et des sondages. Beaucoup d’événements et de thèmes débattus au sein des réseaux sociaux n’impriment pas l’agenda des télévisions, tant il est vrai que pour qu’un sujet embrase l’espace public, il lui faut le relais des chaînes d’information. Ce sont elles qui, par leur puissance, «anoblissent» une cause, la popularisent, la martèlent et l’installent au cœur des délibérations publiques.

L’oriflamme de la liberté individuelle sans limite brandie par les anti-pass apporte toutefois une touche inédite au populisme. Derrière Nuit Debout et les «gilets jaunes», on pouvait repérer des questions sociales: dans le premier cas, le déclassement et l’amertumes de catégories diplômées et déclassées; dans le second, les conditions de vie difficiles de «petites gens». Derrière l’appel à la liberté individuelle et l’opposition au pass sanitaire, rien de tout cela. Juste une conception planante de la vie en société, celle d’un «moi» posé sur son Olympe.

 

1 — 73% (stable depuis le 13 juillet) des Français estiment qu’«il faut parfois accepter de réduire nos libertés, parce que la priorité c’est de se protéger contre la maladie». À l’inverse, 26% (-1) considèrent que «rien n’est plus important que les libertés individuelles, même notre santé et celle des autres».
 À noter que ce sont les moins de 25 ans (51% santé, 48% liberté), les catégories populaires (59%/40%) et les personnes s’identifiant comme «gilet jaune» (42%/57%) qui sont le plus partagés. Chez les non-vaccinés, la tendance est même totalement inverse: 72% privilégient les libertés individuelles (sondage Elabe 19-20 août).

2 — Les restaurants, bars, foires, les déplacements de longue distance (train, avion, etc.), les grands centres commerciaux (plus de 20.000 m2), les salles de spectacles sportifs ou culturels, les salles de sports, les cinémas et les théâtres, les navires et bateaux de croisière, les discothèques, etc. Quelques autres lieux collectifs comme les salons professionnels, ou pour les personnes accompagnantes, les services et établissements de santé sont concernés.

3 — 71% des Français approuvent le pass sanitaire, et parmi eux 57% pensent que c’est une mesure de bon sens pour limiter l’épidémie (sondage Elabe).

[Photo : Sameer Al-Doumy / AFP – source : http://www.slate.fr]

Manifestación pola devolución da marisma de Baldaio, en 1977, unha das loitas analizadas n’A xustiza pola man’ © Concello de Carballo

A editorial Xerais saca do prelo este mes de setembro A xustiza pola man, unha obra conxunta que achega « unha panorámica sobre as formas de conflitividade e violencia cotiá na Galicia contemporánea ». « Partindo dunha óptica común, inténtase comprender a sociedade a través dos conflitos e dunha das súas posibles derivacións, a violencia, entendida esta non como unha manifestación de irracionalidade, senón como síntoma das oposicións e loitas de poder inherentes a calquera comunidade », explica sobre un libro que pretende tamén « expoñer unha visión afastada dos estereotipos que afondan nunha Galicia resignada aos designios do poder imperante ».

A obra pretende « expoñer unha visión afastada dos estereotipos que afondan nunha Galicia resignada aos designios do poder imperante »

Con Francisco J. Leira Castiñeira e Miguel Cabo como editores, A xustiza pola man inclúe textos deles mesmos e doutros historiadores como Ramón Villares, Antonio Míguez Macho, Lourenzo Fernández Prieto, Emilio Grandío, Araceli Freire ou Eliseo Fernández.

« É unha análise nova, detallada e coherente sobre a violencia no pasado que descobre as diferentes caras da violencia, as súas mutacións e o lugar central que ocupou na historia », opina sobre a obra Óscar Bascuñá, da Universidad Complutense de Madrid. « Uma obra de leitura indispensável e urgente para quem deseje pensar a Galiza num tempo longo, além dos estereótipos sobre o conflito e a violência », engade Paula Godinho, da Universidade Nova de Lisboa, sobre un libro que vén de saír e do que Praza.gal ofrece a súa introdución en adianto.

Portada de ‘A xustiza pola man’ © Editorial Xerais

Nunha das estrofas do seu coñecido poema “Vientos del pueblo” de 1937, Miguel Hernández caracterizaba ós diferentes pobos da península cun ou dous epítetos que sintetizaban os estereotipos dominantes sobre os mesmos. Así, os vascos eran “de piedra blindada”, os asturianos “de braveza”, os valencianos “de alegría” e os galegos…”de lluvia y calma”.

A mansedume era, se cadra segue sendo, un dos clichés sobre o noso país, xa se fixese del unha valoración positiva ou negativa segundo os casos. Para os conservadores, propios e foráneos, era unha virtude: a menor incidencia da violencia individual e colectiva sería unha proba da harmonía social subxacente contraposta interesadamente á axitación rural nas provincias latifundistas ou á conflitividade vencellada ó movemento obreiro nas grandes cidades españolas. Para outros, sería unha eiva colectiva que conlevaba a aceptación fatalista das inxustizas, sintetizada na fórmula de Castelao “o galego non protesta, emigra” ou en tantos debuxos seus nos que os labregos aturan con resignada indignación os abusos dos poderosos. Para espertar ó campesiñado do que percibían como pasividade secular, os axitadores agraristas non atopaban nas súas arengas outro precedente máis recente que as revoltas irmandiñas do século XV.

Os tópicos non se impoñen de xeito arbitrario e sempre conteñen unha boa dose de verdade, pero a realidade é sempre máis complexa e a ollada dos contemporáneos non percibe todos os matices que facilita a distancia no tempo, privilexio dos historiadores. O conxunto dos traballos reunidos neste volume achega unha panorámica actualizada sobre as formas de violencia cotiá na Galicia contemporánea, deixando á marxe as vencelladas ós períodos bélicos: a guerra do francés, as carlistas, a repercusión das empresas coloniais do Estado español e a guerra do 36. Neles a violencia predominante é a outra escala e con outros condicionantes, o que non quere dicir que as formas de violencia e conflitividade do tipo das que se analizarán nesta obra non puidesen ter continuidade adaptadas ó contexto bélico. Xuntan os seus esforzos autores xa asentados con outros que se teñen iniciado non hai moito na investigación, de feito varias das achegas son avances de teses doutorais en marcha. Achegámonos ó tema desde perspectivas diversas, pero que en absoluto esgotan todas as posibilidades porque a conflitividade e a violencia están presentes en calquera sociedade humana, como “subproduto da cooperación” que son, en expresión do polaco Bronislaw Malinowski, un dos fundadores da Antropoloxía. Subxacen, sequera como posibilidade, en moitos actos cotiáns de cada individuo. Non son por tanto anomalías senón parte do funcionamento normal dunha sociedade.

 

 

[Fonte: praza.gal]

El cabecilla y fundador del Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso, Abimael Guzmán Reynoso, falleció esta mañana a los 86 años.

El gestor del denominado « Pensamiento Gonzalo » cumplía cadena perpetua por desafiar al Estado peruano e iniciar un conflicto y desatar la violencia terrorista en los años 80.

La agrupación senderista fue responsable de la muerte de más de 30 mil peruanos, según la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) y de masacres a campesinos e indígenas como la de Lucanamarca, en Ayacucho, y comunidades ashaninkas en la selva central.

Abimael Guzmán, considerado por sus fanáticos seguidores como la cuarta espada de la revolución mundial y el más grande marxista vivo sobre la tierra, falleció por complicaciones en su salud.

En un escueto comunicado del Comité Técnico del Centro de Reclusión de Máxima Seguridad de la Base Naval del Callao (CEREC) el fallecimiento se produjo el sábado 11 de setiembre aproximadamente a las 6.40 a. m.

El denominado « pensamiento Gonzalo » proviene del alias « Gonzalo », utilizado por Guzmán al interior del Partido Comunista – Sendero Luminoso.

Guzmán consideraba que el Pensamiento Gonzalo representaba la « cuarta espada » de la revolución mundial al ser la continuación y desarrollo del marxismo, el leninismo y el maoísmo.

En tal sentido, los seguidores de Sendero Luminoso consideraban que representaba una superación, en tanto desarrollo, de la obra de José Carlos Mariátegui La Chira, el amauta peruano, forjador del socialismo en el Perú.

Al caer detenido, Guzmán Reynoso pactó con el régimen fujimorista un acuerdo de paz y generó el Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (MOVADEF) considerado órgano generado o de fachada del PCP Sendero Luminoso.

El MOVADEF busco su inscripción en el registro de organizaciones políticas y reunió las firmas necesarias, pero el Jurado Nacional de Elecciones denegó su inscripción debido a que en su estatuto establecía que se guiaba por el Pensamiento Gonzalo.

Responsabilidad criminal del PCP Sendero Luminoso

Abimael Guzmán condujo una guerra subversiva en el Perú que puso en jaque al Estado peruano en un conflicto armado interno que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) calculó en 69,280 muertos con el método de una proyección estadística.

De ellos, la mayor responsabilidad de las muertes corresponden a Sendero Luminoso (54 %) y el 37 % fue provocado por agentes del Estado: Fuerzas Armadas y Policía, los comités de autodefensa y grupos paramilitares (1).

Cabe destacar que la CVR concluye que el PCP-SL « se expresó como un proyecto militarista y totalitario de características terroristas que no conquistó el apoyo duradero de sectores importantes de peruanos ».

En los inicios de la llamada « guerra popular » la aparición de grupos armados integrados por jóvenes de raíces andinas provocó sorpresa e incluso admiración en algunos sectores que vieron su aparición como un afán de justicia.

Tal es el caso de la multitudinaria movilización que acompañó el entierro de la joven Edith Lagos, a quien la población ayacuchana vio como una joven poeta y soñadora que buscaba la justicia social aun a riesgo de su vida.

Era la época en que destacamentos del PCP-SL aparecían en las comunidades para castigar a las malas autoridades, lo cual en un inicio era bien visto por la población.

Sin embargo, la imposición de restricciones al comercio y a las ferias comunales, y los continuos abusos y excesos cometidos provocaron el descontento y el rechazo de las comunidades.

Fueron precisamente las rondas campesinas y los comités de autodefensa –estos últimos armados por las fuerzas militares– los que asestaron un duro golpe al PCP-SL y lo batieron en retirada de las zonas andinas.

Masacre y secuestro de la población ashaninka y nomatsiguenga

A fin de sobrevivir a la persecución del Estado peruano el PCP-SL decidió abrir cabeceras de entrada a la selva peruana donde decide someter y diezmar al pueblo ashaninka.

Se calcula que durante el conflicto armado fallecieron alrededor de 6 000 ashaninkas sobre un total estimado de 52 000 ashaninkas, según el Censo de 1993.

Se trata de un capítulo de horror en la historia peruana que aún no es suficientemente conocido y asimilado por la sociedad. Incluso la CVR no llegó a sesionar en la selva central y recoger testimonios directos en esta región.

Los ashaninkas tomaron la iniciativa autónoma de organizarse para resistir de forma armada al PCP-SL y luego crean un ejército ashaninka en respuesta al asesinato de sus dirigentes.

Según puntualiza Mariella Villasante, « entre 1989 y 1991, la resistencia ashaninka organizada en Rondas nativas no recibió ningún apoyo del Estado ni de las Fuerzas armadas » y fue recién en 1991 que el Ejército instaló bases en el Río Ene (Puerto Ocopa, Cutivireni y Valle Esmeralda) » (2).

Subsisten causas que originaron surgimiento de Sendero Luminoso

La desigualdad, la discriminación, la pobreza y la exclusión que caracterizan a la sociedad peruana son algunas de las causas que originaron el surgimiento de movimientos subversivos, dispuestos a desafiar al Estado peruano.

En la década del 50 hubo una ola de movimientos campesinos que insurgieron contra el régimen latifundista y la concentración de la tierra. La promesa de una reforma agraria fue reiteradamente incumplida por los gobiernos democráticos.

Las rebeliones campesinas despertaron asimismo la aparición de grupos guerrilleros al influjo de la Revolución Cubana que recorrió la región latinoamericana.

Las falacias de Abimael Guzmán

Trabajo gráfico de Jesús Cossio – fuente Ideele: ttps://revistaideele.com/ideele/comment/reply/3158

 

Trabajo gráfico de Jesús Cossio- Fuente Ideele: https://revistaideele.com/ideele/comment/reply/3158

El PCP-SL inició sus acciones armadas el 17 mayo de 1980 bajo la premisa de que existían « condiciones revolucionarias » y que en estas « la rebelión se justifica ».

Ignoró el impacto de las reformas ejecutadas por el denominado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas encabezado por Juan Velasco Alvarado, que ejecutó una reforma agraria.

Obnubilado por imponer sus deseos a la realidad, Abimael Guzmán decidió tomar el poder bajo la consigna: « Salvo el poder, todo es ilusión ».

En este propósito se autoasumió como el « dueño de la verdad », « el más grande marxista vivo sobre la tierra » y « garantía de triunfo » de la revolución peruana.

Desde esta perspectiva, los diversos grupos de izquierda que no comulgaban con su plan mesiánico de poder fueron calificados de « revisionistas » y « colosal montón de basura ».

En su afán de evitar cuestionamientos y a fin de imponer su política, muchos líderes de la izquierda peruana fueron asesinados por el PCP-SL.

Otra grave falacia de Abimael Guzmán fue considerar que había alcanzado el « equilibrio estratégico » en su disputa con el Estado peruano, y que se hallaba en la ofensiva final de la toma del poder.

En aquel entonces, el número de acciones terroristas se habían incrementado exponencialmente debido a que había desplazado su centro de operaciones del campo hacia las ciudades.

Para alcanzar ello, había « militarizado » organismos de fachada generados como Socorro Popular, que incluso superaban en número de acciones al Comité Metropolitano del PCP-SL.

Lo increíble y demencial es que el supuesto « equilibrio estratégico » era un ardid para intensificar las acciones terroristas y que la militancia entregara su « cuota de sangre » bajo el lema macabro: « la sangre no ahoga la revolución, sino la riega ».

El sábado 12 de setiembre de 1992 Abimael Guzmán fue capturado gracias a la labor sigilosa del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) en una residencia ubicada en Lima.

Desde entonces, todos los supuestos y premisas que sustentaban su accionar subversivo se desmoronaron de la noche a la mañana, y luego de entenderse y negociar condiciones personales, Abimael capituló en su lucha armada.

 

Notas:

(1) Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Perù, febrero, 2004: https://lum.cultura.pe/cdi/sites/default/files/rb/pdf/hatun_willakuy.pdf

(2) Mariella Villasante: La violencia senderista entre los ashaninkas de la selva central ». Datos intermediarios de una investigación de antropología política sobre la guerra interna en el Perú (1980-2000); 30 de abril de 2014: https://bit.ly/3tzSM9o

[Fuente: http://www.servindi.org]

 

La vague de répression contre les opposants au régime du président du Nicaragua Daniel Ortega continue. Le parquet nicaraguayen a lancé un mandat d’arrêt contre l’écrivain et ancien compagnon de lutte de l’actuel président Ortega, Sergio Ramírez. À l’étranger, le lauréat du prestigieux prix Cervantes en 2017 ne compte pas retourner dans son pays.

ActuaLitté

Publié par Hocine Bouhadjera

Les procureurs nicaraguayens ont ordonné mercredi l’arrestation de l’auteur de Punition divine, Sergio Ramirez, accusé d’actes « d’incitation à la haine » et de « complot » contre la souveraineté, dans le cadre d’une vague de procès ouverts contre des opposants, et à deux mois des élections générales du 7 novembre.

Le parquet accuse, selon l’AFP, le célèbre écrivain nicaraguayen d’avoir reçu des fonds de la Fondation Violeta Barrios de Chamorro, dont les directeurs sont accusés de blanchiment de biens et d’avoirs, et dont la présidente n’est autre que Cristiana Chamorro, fille de celle qui fut présidente du Nicaragua de 1990 à 1997. La principale rivale du président Ortega pour les présidentielles à venir est assignée à résidence depuis le 2 juin dans le cadre de cette affaire.

Le délit de blanchiment d’argent, de biens et d’avoirs entre, dans le Code pénal du Nicaragua, dans la catégorie pénale du « complot visant à porter atteinte à l’intégrité nationale ». L’écrivain aurait également reçu de l’argent via la Fondation Luisa Mercado, une organisation culturelle que le parquet accuse d’avoir tenté de « déstabiliser » le pays.

Ces charges sont les mêmes que celles attribuées par le parquet à 34 opposants et détracteurs du gouvernement nicaraguayen, détenus entre juin et août, dont sept candidats à la présidence, en vertu des lois approuvées par ce même gouvernement en décembre dernier.

Passé du gouvernement à l’opposition

L’écrivain, aujourd’hui âgé de 78 ans, s’est également distingué par son engagement dans le mouvement sandiniste, organisation politico-militaire socialiste qui renversa le dictateur Somoza et prit la tête du Nicaragua en 1979.

Un des leaders du mouvement qui amena à la révolution socialiste de 1979, il devint par la suite membre du Conseil d’administration de la reconstruction nationale. Il est également vice-président lors de son premier mandat d’Ortega de 1985 à 1990, avant de se brouiller finalement avec son ancien camarade de lutte en 1995.

Avec cette énième accusation contre un opposant, le président Ortega, à la tête du pays de 1979 à 1990 et revenu au pouvoir en 2007, continue à museler l’opposition. De son côté, le romancier a d’ores et déjà annoncé qu’il ne rentrerait pas dans le pays par crainte de représailles pour ses critiques du gouvernement. Il avait quitté le pays en juin après avoir comparu comme témoin dans l’affaire contre la fondation Chamorro.

via Market Research Telecast

[Photo : Jorge Mejía peralta (CC BY 2.0) – source : http://www.actualitte.com]

Somando e subtraindo, hoje, exatamente quarenta e oito anos depois da morte de Salvador Allende, o balanço é muito claro e desafiador   

 

“Aprendam a lição..(porque) muito mais cedo do que tarde, se abrirão novamente as grandes alamedas por onde passará o homem livre, para construir uma sociedade melhor.. Tenho a certeza que meu sacrifício não será em vão.”

Publicado por José Luís Fiori

Salvador Allende, às 9,30 horas da manhã do dia 11 de setembro de 1973.
O golpe militar, a morte de Salvador Allende e o fim do governo da Unidade Popular, na manhã nublada, fria e melancólica de Santiago do Chile, daquele 11 de setembro de 1973, foi um momento trágico da história politica da esquerda latino-americana, e foi também um momento de mudança irreversível do pensamento crítico e progressista do continente.
Nos anos 60, e até o início da década de 70, do século passado, América Latina viveu um momento de intensa criatividade intelectual e política. Foi o período áureo da revolução cubana e de sua influencia sobre os movimentos de luta armada do continente, em particular, no Brasil, Uruguai e Argentina, e um pouco mais tarde, na América Central. Foi o tempo do reformismo militar de Velasco Alvarado, no Peru, e de Juan José Torres, na Bolívia; da volta do peronismo e da e da vitória de Juan Domingos Perón, na Argentina; da primeira experiência reformista democrata-cristã, na Venezuela, e, acima de tudo, do “reformismo cepalino”, de Eduardo Frei, e do “socialismo democrático”, de Salvador Allende, no Chile.
Tendo como pano de fundo, como desafio político e intelectual, o “milagre econômico” do regime militar brasileiro. Neste período, Santiago transformou-se no ponto de encontro de intelectuais de todo mundo, e virou o epicentro do que talvez tenha sido o período mais criativo da história politicas e intelectual latino-americana do século XX. Revolucionários e reformistas, democrata-cristãos, socialistas, comunistas e radicais, tecnocratas e intelectuais, líderes sindicais, sacerdotes, artistas e estudantes discutiam – a todas as horas e em todos os cantos da cidade – sobre a revolução e o socialismo, mas também, sobre o desenvolvimento e subdesenvolvimento, industrialização e reforma agrária, imperialismo e dependência, democracia e reformas sociais, e sobre a própria especificidade histórica do capitalismo latino-americano.
Por que Santiago? Porque o Chile foi o único país do continente onde se tentou – de fato – combinar democracia com socialismo, nacionalizações com capitalismo privado, e desenvolvimentismo com reforma agrária, durante o período da Frente Popular, entre 1938 e 1947, e durante o governo da Unidade Popular, entre 1970 e 1973, mas também, de certa forma, durante o governo. Na década de 1930, os socialistas e comunistas chilenos formaram uma Frente Popular com o Partido Radical, venceram as eleições presidenciais de 1938, e depois foram reeleitos mais três vezes, antes de serem separados pela intervenção norte-americana, no início da Guerra Fria, em 1947. Os governos da Frente Popular chilena, sob a liderança do Partido Radical, colocaram sua ênfase nos programas de universalização da educação e da saúde publica, mas também na infraestrutura, no planejamento e na proteção do mercado interno e da indústria. Mas foi só em 1970 que o governo da Unidade Popular propôs explicitamente um projeto de “transição democrática para o socialismo” como estratégia de desenvolvimento e sem destruição da economia capitalista.
Antes de Allende, os democrata-cristão “chilenizaram” o cobre, e começaram a reforma agrária, mas o governo da UP acelerou a reforma agrária e radicalizou a nacionalização das empresas estrangeiras produtoras de cobre, e foi além disto, ao propor criar um “núcleo industrial estratégico”, de propriedade estatal, que deveria ser o líder da economia capitalista e o embrião da futura economia socialista.
Este foi, aliás, o pomo de discórdia que dividiu a esquerda durante todo o governo da Unidade Popular, chegando até o ponto da ruptura, entre os que queriam limitar as estatizações industriais aos setores estratégicos da economia, e os que a queriam estender, até originar um novo “modo de produção”, sobre a hegemonia estatal. Pois bem, este projeto absolutamente original de “transição democrática para o socialismo” do governo da Unidade Popular foi interrompido pelo golpe militar do general Pinochet, com apoio decisivo dos EUA e do governo militar brasileiro.
Mas como previu Salvador Allende no seu último discurso, “muito mais cedo do que tarde”, o Partido Socialista voltou ao governo do Chile, em 1989, aliado com os democrata-cristãos. Só que naquele momento os comunistas chilenos haviam sido dizimados, e os socialistas já haviam aderido ao consenso neoliberal, hegemônico, durante a década de 90, e haviam deixado de lado os seus sonhos socialistas.
Uma década depois, entretanto, no início do século XXI, a esquerda avançou muito mais e conquistou o governo de quase todos os países da América do Sul. E nesta hora, um grande numero de jovens das décadas de 60 e 70, que escutaram as últimas palavras de Allende, no Palacio de la Moneda, foram chamados a governar.
Por todo lado, em vários pontos da América do Sul, a esquerda voltou a discutir sobre o socialismo, o desenvolvimentismo, a igualdade e as novas estratégias de transformação social para o século XXI. Mas depois de uma década, a esquerda latino-americana deu-se conta de que a palavra “socialismo’ hoje tem conotações absolutamente diferentes nas montanhas andinas, nas grandes metrópoles, nos pequenos povoados, ou nos vastos campos ocupados pelo sucesso exportador do agrobusiness; que o “desenvolvimentismo” se transformou num projeto anódino e tecnocrático, desprovido de qualquer horizonte utópico; que defender a “indústria” ou a “reindustrialização”, virou um lugar-comum da imprensa, que pode significar qualquer coisa segundo o economista de turno; e o “reformismo social” foi dissolvido num conjunto de políticas e programas desconexos originários do Banco Mundial, mais preocupado com o seu “custo-efetividade” do que com a luta pela igualdade social.
Somando e subtraindo, hoje, exatamente quarenta e oito anos depois da morte de Salvador Allende, o balanço é muito claro e desafiador: a geração de esquerda dos anos 60 e 70 chegou em muitos países ao poder, mas já não tinha mais do seu lado a força do sonho e da utopia que levou Salvador Allende à resistência, ao silencio e à morte, naquela manhã violenta e inesquecível do dia 11 de setembro de 1973, na cidade nublada, fria e melancólica de Santiago do Chile.
11 de setembro de 20
*Este artigo apenas atualiza a data e reproduz outro com o mesmo nome publicado em Carta Maior, em 9 de setembro de 2013. Sua inclusão neste livro é uma homenagem a Salvado Allende. democrata-cristão, de Eduardo Frei, entre 1964 e 1970.

[Foto: Reuters – fonte: http://www.cartamaior.com.br]

Escrito por Federico Rubli Kaiser

Sin duda el ya legendario Festival de Rock y Ruedas de Avándaro correspondió a un hito en la historia del rock mexicano. Llevado a cabo en esa comunidad de Valle de Bravo el 11 y 12 de septiembre de 1971, hoy, a cuarenta años de distancia ciertamente nos invita a una reflexión. Se ha dicho y escrito mucho sobre el célebre evento roquero. Desafortunadamente a lo largo de los años se ha ido desvirtuando mucho su verdadera historia y de cómo se desarrolló esa magna reunión juvenil. Renombrados escritores y musicólogos han opinado sobre el festival cuando ni siquiera estuvieron presentes. El afán protagónico inclusive ha llevado a un conocido locutor a autoproclamarse falsamente como promotor y organizador. Muchos músicos participantes han desvirtuado la realidad con tal de erigirse como los únicos paladines del rock nacional. He dedicado varios años de mi actividad como historiador del rock mexicano a investigar ese evento y ese fenómeno. Sin pretender desde luego a poseer la verdad absoluta, me dediqué a hacer una investigación exhaustiva entrevistando a personajes clave, recurriendo a fuentes documentales en el Archivo General de la Nación (documentos de los órganos de inteligencia gubernamental de la época), y el recurso quizá más valioso aunque necesariamente subjetivo representado por la memoria de mis vivencias. Esas investigaciones las publiqué hace unos años en un libro.[1] Como joven adolescente de 17 años, asistí y viví con toda intensidad el festival. Hoy a 40 años, trato de ver a Avándaro a través de un prisma más nítido, frío y analítico. Por ello quisiera compartir algunas reflexiones al respecto.

El contexto. En 1971 el rock mexicano vivía un gran auge. Desde unos años antes comenzó a gestarse el primer movimiento de un rock original que fue denominado “La Onda Chicana”. Ese rock propio surgió principalmente cantado en inglés. El estilo musical era congruente con el rock ácido y sicodélico de la época. Las compañías disqueras y la radio apoyaron la difusión de la Onda Chicana abriéndoles las puertas a los múltiples grupos que procedían de toda la República: de Tijuana (Bátiz, El Ritual, Love Army, Peace & Love, Dug Dug’s), de Monterrey (La Tribu, El Amor), de Reynosa (La División del Norte), de Guadalajara (La Revolución de Emiliano Zapata, Los Spiders, Bandido, 39.4, La Vida, La Fachada de Piedra), y del DF (Three Souls in my Mind, Tinta Blanca, La Máquina del Sonido, Iguana, Tequila, Nuevo México). Y muchos más, imposible nombrarlos a todos. En explanadas universitarias y salones se llevaban a cabo frecuentes tocadas de estos grupos. Ante esa efervescencia roquera el paso lógico era llevar a cabo un festival tipo Woodstock. En Valle de Bravo se llevaba a cabo una tradicional carrera de autos, y los organizadores decidieron escenificar el día previo a la competencia, una fiesta amenizada por unos grupos de rock. Los principales organizadores del festival (que no estaban vinculados al rock sino al medio publicitario y automovilístico deportivo) fueron los jóvenes Eduardo López Negrete (+), su hermano Alfonso y Justino Compeán. A Armando Molina, manejador de grupos de rock, lo contrataron para conformar al elenco musical, y Luis de Llano fue comisionado por la empresa Telesistema Mexicano (antecesora de Televisa) para encargarse de la producción en video tape del evento. Muy pronto el entusiasmo de los grupos por estar presentes hizo que su número creciera, y al final en vez de dos se tuvieron 12 grupos para actuar desde la noche del sábado 11 hasta la mañana del 12 de septiembre. Al comenzar a promocionarse el Festival de Rock y Ruedas la exaltación entre los jóvenes fue abrumadora, y muy pronto se vendieron los 75 mil boletos que se tenían a 25 pesos cada uno.

El Festival. Desde un par de días antes de la fecha, con la euforia de poder asistir a nuestro

Woodstock mexicano, miles de jóvenes se trasladaron literalmente como sea a Avándaro: en camiones de todo tipo, ya sea dentro o sobre el techo, en aventón, en autos repletos. Muchos hicieron el peregrinaje a pie, haciendo que sobre la carretera luciera una gran cadena humana al lado de los vehículos. En los parajes del festival levantaron tiendas de campaña, muchas de ellas improvisadas. No hay un cálculo oficial del número de asistentes; coincido que estuvimos unos 300 mil jóvenes presentes. A las 8 pm del sábado inició el festival. Actuaron 11 grupos pues el doceavo, Love Army, quedó varado en la carretera. El orden en el que tocaron fue: Los Dug Dug’s, El Epílogo, La División del Norte, Tequila, Peace & Love, El Ritual, Los Yaki, Bandido, Tinta Blanca, El Amor y Three Souls in My Mind. Fue lo mejor y más representativo de la Onda Chicana. A pesar del tumulto, el evento se desarrolló con calma, sin violencia y total camaradería. Asistió un mosaico de jóvenes de todas las clases sociales y económicas que convivieron en paz y armonía. La carrera de autos obviamente se canceló; de todas formas la mayoría estábamos ahí por el rock, no las ruedas.

El Poder se atemoriza. Presentes en Avándaro estuvieron desde luego elementos de las corporaciones públicas de seguridad e inteligencia para monitorear esta concentración de jóvenes. Apenas 3 meses antes se había dado la brutal represión del Jueves de Corpus por lo que las autoridades se mantenían aprensivas ante una concentración masiva de adolescentes. Al actuar el grupo Peace & Love el vocalista utilizó palabras altisonantes, y los coros de dos de sus canciones asustaron al sector oficial: una de ellas se titulaba Mariguana y la otra Tenemos el poder. El coro pegajoso de esta última rola entonado por 300 mil gargantas clamando “Tenemos el poder” terminó por atemorizarlos. Pensaron que ante esa euforia podría seguir una incitación masiva a pronunciarse contra el régimen. Seguramente en la madrugada del día 12 llegaron al secretario de Gobernación Moya Palencia reportes de lo que estaba sucediendo. Pudo haber consultado con el mismo presidente Echeverría sobre qué hacer.

Hipótesis de una conjura oficial. El desenlace de Avándaro fue en verdad desafortunado. Yo creo en una hipótesis de un complot oficial desde las más altas esferas del poder que fraguó el juicio sumario y la condena sobre el rock en México. Me parece que el sector gubernamental no tuvo una estrategia calculada ni planeada de antemano para, por medio del festival, lograr algún fin político. Más bien el gobierno actuó con rapidez para armar una conjura ante la secuencia fortuita de los hechos que se le presentaron como una ventana de oportunidad para beneficiarse políticamente.  Estructuró una inmediata y amplia campaña en los medios de comunicación (que eran totalmente controlados por el gobierno) para difundir el supuesto libertinaje y desenfreno con el que se comportaron 300 mil jóvenes. “Frenesí de sexo y drogas” espetó una de las tantas ocho columnas en los diarios. La campaña mediática deslindaría responsabilidades de los hechos por parte del gobierno federal y las transferiría al gobierno estatal para desprestigiar a su gobernador Hank González. Adversario político de Moya, esto le serviría para asestarle un golpe al gobernador. Al mismo tiempo la campaña oficial de difamación serviría para censurar la concentración masiva de jóvenes en actos de rock lo cual representaba un riesgo para el régimen. El desprestigio y la denostación del rock resultaron en la cancelación de legítimas fuentes de trabajo para cientos de músicos profesionales, la virtual desaparición del rock mexicano de la radio y de los estudios de grabación y el fomento de una actitud acrítica de muchos jóvenes ante la represión cultural e ideológica oficial. Se propinaba así un golpe mortal a la creatividad y originalidad roquera del movimiento de La Onda Chicana. La censura retrasó en cuando menos una década el desarrollo del rock mexicano como expresión cultural.

Si hubiera que señalar al que mayor beneficio político obtuvo con la campaña de desprestigio del festival, este fue sin duda el secretario Moya Palencia. Es difícil comprobar si Moya fue el cerebro detrás de la supuesta conjura. Pero ciertamente hay indicios que podrían sugerirlo al revisar fuentes hemerográficas y archivos oficiales.

La trascendencia de Avándaro. Como en todo fenómeno social, el contexto es determinante. No debemos perder de vista que Avándaro fue un movimiento de la contracultura juvenil mexicana que surgió en el marco de la filosofía hippie pacifista y opuesta al establishment, con una generación post-68 aún herida. La irreverencia juvenil era parte de esas actitudes. El rock mexicano atravesaba por una importante etapa de consolidación de una identidad propia y original manifestada a través de La Onda Chicana. Avándaro fue dos cosas al mismo tiempo: la cima de ese movimiento y el principio de su fin.

Su relevancia como expresión contracultural fue que sin intención política, Avándaro estremeció las estructuras del sistema. Constituyó la válvula de escape pacífica por donde salió disparado el descontento juvenil sobre el establishment. Siguiendo lo dicho por el historiador Eric Zolov, “fue la expresión mayor de un cuestionamiento largamente incubado, alimentado por una inquietud y una rabia crecientes contra la estructura patriarcal autoritaria de la sociedad mexicana”.

Avándaro se dio por casualidad y quizá en esa espontaneidad radica otro de sus significados. Los organizadores nunca pretendieron un festival de gran magnitud; el evento sencillamente los rebasó. En su naivité, nunca se imaginaron lo que resultaría.

El festival demostró dos facetas de la condición humana que terminaron en una gran colisión: por un lado, la solidaridad, armonía y convivencia pacífica, y por el otro, el instinto de sobrevivencia política de intereses particulares a cualquier costo. Avándaro ofrece así un terreno fértil de análisis y reflexión para sociólogos, sicólogos sociales y politólogos. En particular, para los estudiosos de la comunicación, la campaña de difamación y manipulación en los medios debe ser un ejemplo de hasta dónde puede llegar el poder de los mass media cuando están subordinados al servicio de intereses gubernamentales.

Así, la versión oficial de Avándaro fue una mayúscula tergiversación de la realidad. Desafortunadamente, hasta donde se sabe, no sobrevivió a la censura ningún testimonio fílmico o fotográfico amplio y detallado que dé cuenta fidedigna de lo realmente sucedido. Ante esa ausencia, el testimonio más confiable que perdura es el de quienes estuvimos en Avándaro. Los ahí presentes podemos constatar que el festival fue una reunión maravillosa que, a pesar del amplio número de asistentes, se desenvolvió en total armonía y solidaridad. No hubo enfrentamientos, riñas o heridos; se dio una gran convivencia y respeto entre diferentes clases socioeconómicas con espíritu de compartir todo desinteresadamente. Sí hubo consumo de mariguana y alcohol, pero ello no condujo nunca a un desbordamiento generalizado, caótico, agresivo y degenerado como se quiso hacer parecer. Sí hubo varios jóvenes que se despojaron de sus ropas, pero esto no llevó a un aquelarre de desnudos. La famosa “encuerada de Avándaro” fue un hecho espontáneo y emblemático de que los jóvenes estábamos ahí para despojarnos de nuestras inhibiciones[2]. Todos compartíamos la ebullición de la juventud y el gusto por escuchar nuestra música. Ese fue nuestro pecado ante los ojos oficiales.

Desde el punto de vista musical, a pesar de las fallas de audio durante el festival, en Avándaro se escucharon a las mejores agrupaciones de rock de la época. Fueron 11 grupos y bandas que se entregaron en música y alma por más de 12 horas ante 300 mil asistentes. Protagonistas que trascendieron y pertenecen a la historia y leyenda del rock mexicano.

El desarrollo del movimiento artístico-musical de La Onda Chicana estaba ya migrando de las composiciones en inglés hacia rolas con letras en español. Se demostraba así que el rock original en nuestro idioma era posible. Las excelentes composiciones de los grupos importantes de esa época atestiguan la calidad y originalidad del movimiento. Afortunadamente se preservan la mayoría de esas grabaciones. Si tan solo en esa época las técnicas de grabación hubiesen contado con la tecnología avanzada posterior, imagínese la elevada calidad de esas aportaciones musicales. Y si adicionalmente hubiese habido la voluntad de no interferir en el desarrollo de ese movimiento e impulsarlo a través de adecuados apoyos comerciales y mercadotécnicos, la evolución del rock mexicano hubiese sido muy distinta.

Epílogo. Con Avándaro se selló un importante capítulo en la historia del rock nacional: su caída en el ostracismo y la atrofia de su desarrollo como expresión artística por muchos años. Al coartar un movimiento de rock propio, la consecuencia de Avándaro fue una regresión propiciada deliberadamente por el círculo gobernante que se atemorizó ante los alcances de una concentración masiva de jóvenes que podría fomentar una conciencia políticamente crítica hacia el régimen prevaleciente. Percibió que el rebeldismo de la contracultura rocanrolera atentaba contra los valores sociales establecidos, es decir, el establishment y las buenas costumbres de la tradicional familia mexicana. En consecuencia, el Estado mexicano de entonces, patriarcal y autoritario, reaccionó con actos de marcada represión para abatir esas expresiones y no perder el control sobre la juventud. Ello porque el rock hacía que los jóvenes se concentraran masivamente.

Después de Avándaro el rock huyó hacia la marginalidad y subterraneidad para sobrevivir bajo condiciones precarias en los llamados hoyos fonkys. Fue apenas en las décadas de los ochenta y noventa que se dio una gradual reinserción del rock en la vida cultural nacional.  Ello ha llevado a que en nuestros días gocemos de una expresión de rock mexicano que es aceptada, amplia, rica, de calidad musical y competitiva internacionalmente. Pero ello no hubiese sido posible sin la evolución previa, dolorosa y lenta, que se dio en los setenta. Ese fue el valioso legado que nos dejó la generación de La Onda Chicana.

Es de llamar la atención que hasta cierto punto, la respuesta represora gubernamental en contra del rock fue exitosa al no haber permitido consolidar en ninguna etapa el vínculo rock-contracultura-revolución. El rock siempre se asoció con lo contracultural, pero nunca logró el paso decisivo para integrarse con los movimientos y revueltas estudiantiles: ni en 1968, 1971, ni tampoco en las protestas estudiantiles posteriores de 1986 y 1999. A diferencia de otros países, los movimientos estudiantiles en México siempre han mantenido una relación distante con el rock.

Aunque ya pasaron 40 años, muchos asistentes se resisten a aceptar que estuvieron presentes. Es increíble que aún tengan clavado el estigma; consideran que fue una desviación propia de su juventud, y muchos de ellos hoy empresarios exitosos o políticos, prefieren, con falso pudor, no reconocer que anduvieron entre lodo, mugrosos y olor a mota.

A cuatro décadas de distancia, el espíritu de Avándaro sigue vivo entre aquellos que no nos avergonzamos de haber vivido esa extraordinaria saga sociomusical. En ese campo, no se ha vuelto a dar en nuestro país nada similar.

 

 

 

 

 

 

 

Federico Rubli. Investigador. Es autor de Estremécete y rueda: Loco por el rock & roll.


[1] Federico Rubli. Estremécete y rueda: Loco por el rock & roll, ed. Casa Veerkamp, México DF 2007.

[2] Por cierto, al analizar documentos de la Dirección Federal de Seguridad de esa época, encontré la verdadera identidad de esta mujer, pues por décadas se le atribuyó un nombre ficticio producto de una entrevista fabricada (véase el capítulo 20 de mi libro y el recuento que de ello que hace José Woldenberg “La encuerada de Avándaro”, Reforma, Sección editorial, 8 de septiembre de 2011).

 

 

[Fuente: http://www.nexos.com.mx]