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Las interpretaciones sobre su figura son tan abundantes como contradictorias. Puede decirse que hay un Bolívar para cada partido. La derecha hizo de él un hombre de orden, la izquierda prefirió imaginarlo como un hombre del pueblo.

Estatua ecuestre de Bolívar en Quito

Escrito por Francisco Martínez Hoyos

Ningún historiador es tan insensato como para negar la importancia de Simón Bolívar. Sus biografías repiten que fue el artífice de seis repúblicas de la actualidad: Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia… Aunque esta idea, mil veces repetida, no deja de plantear problemas. ¿Hay que contar también Panamá, que se independizó de España por su cuenta, antes de unirse a la Gran Colombia? ¿No tuvo nada que ver San Martín en la emancipación de Perú? Puntualizaciones aparte, resultaba obvio que nos hallamos ante una figura titánica y muy difícil de aprehender en sus múltiples dimensiones. Muy a menudo las diversas facetas de su personalidad parecían estar en guerra entre sí: “Fue un hombre excepcionalmente complejo, un libertador que desdeñaba el liberalismo, un soldado que menospreciaba el militarismo, un republicano que admiraba a la monarquía”.1

Bolívar procedía de una más que acaudalada familia de la aristocracia caraqueña, los denominados “mantuanos”, en alusión al manto que lucían las damas, o también “grandes cacaos”, por el producto de sus plantaciones. El bienestar de los suyos le permitió crecer entre algodones, rodeado siempre de criados solícitos.

Según una historia repetida por muchos historiadores, el patriarca de la familia, Juan Vicente Bolívar y Ponte, junto a otros dos distinguidos venezolanos, escribió en 1782 a Francisco de Miranda para quejarse de la opresión española y pedirle ayuda. John Lynch apunta que, si la carta es auténtica, constituye un testimonio de disidencia política. El problema es que se trata de un documento apócrifo. Miranda no era entonces muy conocido y no es creíble que unos aristócratas arriesgaran su posición para contactar con él.2

Muy a menudo las diversas facetas de su personalidad parecían estar en guerra entre sí: “Fue un hombre excepcionalmente complejo, un libertador que desdeñaba el liberalismo, un soldado que menospreciaba el militarismo, un republicano que admiraba a la monarquía”.

Cuando Bolívar y Ponte muere, deja viuda, María Concepción Palacios, y cuatro hijos. El pequeño Simón es el benjamín de la familia, con apenas tres años. La tragedia familiar se repite poco tiempo después con el fallecimiento de María Concepción, víctima de la tuberculosis. El futuro Libertador pasa entonces al cuidado de su tío, Carlos Palacios. Su nodriza, la negra Hipólita, una esclava, será a partir de entonces una madre de sustitución. Él le rendirá siempre una veneración profunda. Pero la relación con su tutor legal nuca estará presidida por la confianza o el entendimiento. Con apenas doce años, Bolívar se fuga de casa y acude a la de su hermana María Antonia, ya casada. Comienza entonces un pleito entre tío y sobrino que acabará con este último internado en la escuela de Simón Rodríguez, uno pedagogo muy avanzado para su época. Maestro y discípulo sabrán compenetrarse a la perfección. Bolívar, durante el resto de su vida, guardará un profundo reconocimiento hacia el hombre que, según sus propias palabras, formó su corazón “para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso”.3

No obstante, puede discutirse hasta qué punto el maestro contribuyó a moldear al discípulo. John Lynch, en su conocida biografía, señala que el impacto de Rodríguez se ha sobrevalorado. Para Antonio Sáez Arance, los historiadores y hagiógrafos han sobrevalorado el influjo de un hombre que se habría limitado a enseñar las primeras letras al joven Simón. Al idealiza esta relación únicamente estaríamos proyectando sobre el Libertador “estereotipos literarios como el Emilio rousseauniano”. La importancia de Rodríguez en la vida de Bolívar se debería a su encuentro posterior, no a su relación poco armónica durante la infancia del Libertador.4

Para un criollo ambicioso, la Corte era un destino obligado porque eran en los aledaños del poder donde se decidían cargos y rentas. El viaje, además, poseía un indiscutible valor formativo. Desde el punto de vista de un americano, Europa era el equivalente al Grand Tour de los jóvenes británicos acomodados. Por ello, nuestro protagonista viaja a Madrid en 1799, donde le acoge su tío Esteban. Un amigo de Esteban, Manuel Mallo, disfruta de una influencia considerable por su amistad con la reina, María Luisa de Parma. Según las malas lenguas, el apuesto guardia de corps cuenta con libre acceso al lecho real. Durante su estancia en la capital el joven caraqueño aprovecha para formarse y divertirse. Es entonces cuando encuentra a la que será su esposa, María Rodríguez del Toro, sobrina de un marqués, con la que regresa a Caracas. La tentación de imaginar un enamoramiento romántico es fuerte, pero no hay que olvidar que la boda, como operación económica y social, presentaba todas las ventajas imaginables. Ella morirá apenas transcurridos unos meses, víctima de la fiebre amarilla. En honor a su memoria, el desconsolado viudo promete entonces no contraer nunca un nuevo matrimonio, aunque no por eso renuncia al sexo. Con el paso del tiempo interpretará su desgracia doméstica como un momento que cambió su vida para siempre, al hacerle salir de la privacidad hogareña para entrar en el mundo de la política.

De nuevo en Europa, en París, donde lleva tren de vida ostentoso, se relaciona con exiliados latinoamericanos. Tomará como amante a una mujer casada, Fanny de Villars, una de las grandes pasiones de su turbulenta vida amorosa. Entre tanto, aprovecha para leer con avidez a los grandes pensadores ilustrados: Voltaire, Rousseau, Montesquieu, D’Alembert… Uno de sus biógrafos destaca su talento para “combinar la vida de lujo y despilfarro con una verdadera vocación de estudio”.5 Entre tanto, permanece atento a la actualidad política. Aunque admira a Napoleón, le decepciona la desenfrenada ambición del corso, que traiciona los ideales republicanos al proclamarse emperador.

Es probable que en Francia entrara en contacto con el naturalista prusiano Alexander von Humboldt. Los términos de su encuentro se han exagerado a menudo. Lo más probable es que se limitaran a intercambiar algún comentario sobre América Latina. No hay pruebas, en cualquier caso, de que Humboldt se diera cuenta de que estaba delante de un futuro líder de la independencia. Él mismo, años después, reconocería que en aquellos momentos no pensó que el caraqueño fuera otra cosa que un soñador: “Jamás le creía llamado a ser jefe de la cruzada americana”.6

En 1805, en una escena mil veces repetida por la historiografía, el juramento del Monte Sacro, proclama solemnemente ante su mentor, Simón Rodríguez, que no descansará hasta destruir el dominio español sobre América. Tenemos diversas versiones del episodio, proporcionadas por sus dos protagonistas, pero, según Bushnell, no existen dudas acerca de su veracidad. Se trata, en cualquier caso, de un momento de resonancias épicas, en las que el futuro Libertador debió tener presente la imagen de Aníbal jurando odio eterno a los romanos. Obsesionados con el menor detalle acerca de su ídolo, los bolivaristas dedicarán un tiempo precioso a la polémica bizantina sobre cuál fue la auténtica colina de Roma en la que se produjo la escena. La cuestión, por supuesto, no es esa, sino advertir que la declaración grandilocuente no pasa de las simples palabras. Es más, en esos momentos Bolívar se relaciona con el embajador español en la capital pontificia. Pío VII los recibirá a ambos en audiencia.7

Mientras nuestro héroe se encuentra en Europa, Francisco de Miranda protagoniza un fallido intento para liberar Venezuela. A la hora de la verdad, sus compatriotas se niegan a rebelarse contra el dominio español. Es más, lo apoyan activamente. Uno de los que se apresuran a ofrecer sus servicios a la Corona es Juan Vicente Bolívar. Su hermano Simón, en cambio, no se opone a la intentona, pero, por motivos no del todo claros tampoco está a favor. ¿Qué peligros cree que pueden derivarse la aventura? En cualquier caso, él no regresa a su patria hasta junio de 1807, cuando la oportunidad de pasar a la acción ya se ha desvanecido. De todas formas, se dedicará a sus negocios, no a la política, por más que en su interior se sintiera ya independentista. Como mucho, es posible que hablara con amigos, con ocasión de alguna tertulia, sobre el descontento que inspiraba el gobierno metropolitano. Entre los criollos prima la fidelidad a España, a la vez que se abre paso entre ellos un deseo creciente de participación en los asuntos públicos. Se reclama autonomía, todavía no independencia.

Bolívar convirtió sus palabras en actos en 1810, cuando se estableció una Junta que debía gobernar en nombre de Fernando VII, por esas fechas cautivo de Napoleón. Según la historiografía tradicional, este será el punto de arranque de la Independencia. El gobierno criollo, necesitado de cuadros, encontrará en Bolívar a un partidario entusiasta. Lo enviará a Londres en misión diplomática, junto a Andrés Bello y Luis López Méndez, en parte para aprovechar su conocimiento de Europa, en parte porque él se ofreció a costear de su propio bolsillo los gastos de la embajada. Francisco de Miranda, buen conocedor de los entresijos de la política británica, ejerce de guía con los tres venezolanos. Bello defiende un régimen autonómico para Venezuela. Bolívar, en cambio, pese a las instrucciones recibidas, propugna la independencia ante los británicos y encuentra en Miranda un apoyo a sus convicciones. Londres, sin embargo, se resiste a hacer nada que pueda incomodar a los españoles, a los que necesita en esos momentos para mantener la presión contra Napoleón.

El papel del Libertador en la primera república va a ser, sin duda, poco glorioso. Poco es lo que puede hacer en medio de la incompetencia generalizada, con una burguesía empeñada en conservar a todo trance sus privilegios, de forma que los mestizos y los negros no encuentran ningún aliciente para incorporarse al proceso de la emancipación.

Bolívar instó a Miranda a regresar a su patria y luchar desde allí por la independencia. El viejo conspirador, por supuesto, no se hace de rogar, aunque en esos momentos, para la elite criolla, no deja de ser un anciano poco preparado para las tareas de gobierno. Una vez en Caracas, ambos forman parte de la Sociedad Patriótica, una institución escandalosa para los biempensantes al admitir en su seno a mestizos y mujeres. Desde su seno, ambos presionan para que se formalice la ruptura con España. Frente a los partidarios de la prudencia, Bolívar defiende en términos enérgicos una política valiente: “¡Que los grandes proyectos deben prepararse con calma! Trescientos años de calma ¿no basta?” Había llegado, a su juicio, la hora de actuar. Finalmente, la independencia queda proclamada de manera formal el 5 de julio de 1811. Las dificultades, sin embargo, era inmensas y no solo por el poder que aún conservaban los españoles. Ciudades como Maracaibo o Coro protagonizan movimientos centrífugos en oposición a la hegemonía que detenta Caracas.

El papel del Libertador en la primera república va a ser, sin duda, poco glorioso. Poco es lo que puede hacer en medio de la incompetencia generalizada, con una burguesía empeñada en conservar a todo trance sus privilegios, de forma que los mestizos y los negros no encuentran ningún aliciente para incorporarse al proceso de la emancipación.

Un terremoto muy destructivo, con especial incidencia en la capital y en ciudades como Mérida o Barquisimeto, sume a los patriotas en el caos. Los realistas no pierden la ocasión de proclamar que Dios ha enviado la catástrofe para castigarles por su desobediencia al rey. La pérdida de Puerto Cabello, una plaza bajo la autoridad de Bolívar, tras una sublevación de los prisioneros españoles, será el golpe de gracia para la causa de los independentistas. Avergonzado, el aprendiz de comandante implora benevolencia a Miranda: “Mi general, mi espíritu se halla de tal modo abatido que no me siento capaz de mandar un solo soldado”. No obstante, también intenta dejar claro que él no tiene la culpa del desastre. Los verdaderos responsables son aquellos que lo han traicionado. Entre ellos, el propio Miranda, al que acusa veladamente de no haberle prestado la ayuda que tanto necesitaba.8 Pese a que la patria se ha perdido en sus manos, él afirma que ha cumplido con su deber. Según Robert Harvey, el Libertador se muestra aquí como “un fanfarrón malcriado, tenso, egocéntrico, mucho más preocupado por su reputación que por el revés de la causa”.9

El viejo Precursor, desmoralizado, capitula en San Mateo y prepara su fuga. No imagina que un grupo de sus antiguos subordinados, entre los que se cuenta el Libertador, va a entregarlo a los españoles. La historiografía venezolana acostumbrará a correr un tupido velo sobre este episodio poco edificante. Desde la trinchera contraria, el español Salvador de Madariaga acusará a Bolívar de renegar de sus principios para salvar el pellejo. Madariaga era un ferviente antibolivariano, pero John Lynch, un historiador más ecuánime, se muestra igualmente crítico: “El arresto de Miranda fue una acción innoble, […], un castigo que no se merecía un hombre que había trabajado duramente tanto tiempo en favor de la causa americana”.10 Para justificarse, nuestro protagonista dirá que no se propuso para servir al rey sino dar su merecido a un traidor.

¿En qué pensaba en aquellos instantes? Su resentimiento con Miranda es patente. Si la decisión hubiera estado en su mano le habría hecho fusilar. Él, como tantos otros, no entiende la pasividad del Precursor, obsesionado con unas tácticas defensivas con las que ha desperdiciado la ventaja numérica de sus tropas. En cualquier caso, no deja de resultar llamativo que los españoles victoriosos no procedan a la confiscación de los bienes de un patriota tan significado como Bolívar. Este, con su situación pendiente de un hilo, opta por marcharse al extranjero y afrontar el porvenir incierto de los exiliados políticos. Monteverde, el jefe realista, le concede un pasaporte. Teme que, si continúa en Venezuela, “su influencia y conexiones” puedan llegar a ser peligrosas, dado lo especial de las circunstancias.11

En diciembre de 1812, a través del Manifiesto de Cartagena, Bolívar llama a los neogranadinos a unirse al combate por la libertad. Hay que retomar esfuerzos y corregir los errores del pasado, como la tendencia a promulgar leyes perfectas sobre el papel, pero inaplicables en la realidad.

Nadie espera que Bolívar protagonice un regreso espectacular, pero eso es precisamente lo que va a suceder. En diciembre de 1812, a través del Manifiesto de Cartagena, llama a los neogranadinos a unirse al combate por la libertad. Hay que retomar esfuerzos y corregir los errores del pasado, como la tendencia a promulgar leyes perfectas sobre el papel, pero inaplicables en la realidad. Su postura es la de un pragmático, no la de un doctrinario. Por eso dirige duras críticas a todo los “visionarios” que, en lugar de luchar por lo posible, han imaginado “repúblicas aéreas”. Una y otra vez, insistirá en que la constitución estadounidense funciona en Norteamérica, no en América Latina.

Durante la denominada “Campaña Admirable”, gracias a su rapidez de movimientos, obliga a retirarse a las tropas realistas, superiores en número, a las que pilla por sorpresa para, inmediatamente después, incorporar a los soldados vencidos a su propio ejército. Los éxitos militares van acompañados de una decisión extremadamente polémica, cruel, pero comprensible en el contexto de unas guerras salvajes. Cuando firma el decreto de Guerra a Muerte promete a los españoles que les espera el fin a no ser que apoyen activamente la secesión. Los americanos de origen, en cambio, verán garantizada su integridad, aunque no sean patriotas. Desde su óptica, no hace más que responder a las atrocidades del bando realista.

El eecreto, en cierta medida, afectó de manera negativa a la imagen de los patriotas, pero por otra parte los benefició en términos militares: fueron muchos los españoles que desertaron de las filas realistas. Desde entonces, las valoraciones historiográficas son más benevolentes o más críticas en función de las simpatías del autor. David Bushnell le quita importancia a la medida: no hay que tomarla al pie de letra porque nunca llegó a aplicarse estrictamente, aunque también sea cierto que la amenaza de la pena de muerte siempre estuviera ahí. A su vez, Antonio Sáez Arance comenta las repercusiones de la medida desde el punto de vista de la construcción de una nación incipiente: el decreto polariza la lucha al establecer con toda claridad un “nosotros” contra un “ellos”.12

La guerra relámpago será coronada con la proclamación de la Segunda República. Su gran artífice verá recompensada su gesta con el título de “Libertador”, por el que es conocido hasta hoy. Será el mayor orgullo de su vida.

La segunda independencia venezolana, al repetir los errores de la primera, acabará igualmente con un fracaso clamoroso. ¿Por qué han de apoyar los negros y los pardos a los mismos criollos que los explotan cada día? El realista José Tomás Boves, al frente de su “Legión Infernal”, destroza a los patriotas en la batalla de La Puerta. Según la historiografía tradicional, el caudillo de los míticos llaneros, rudos y magníficos jinetes, habría sido crueldad personificada, un auténtico psicópata. Sería más objetivo, por el contrario, consignar cómo su liderazgo representa el ansia de venganza de la plebe contra los abusos de los hacendados. Estos latifundistas se apropiaban en los Llanos de una tierra que hasta entonces había sido colectiva, no propiedad particular. No es de extrañar, por eso, que una multitud de desheredados buscara oportunidades de beneficio económico a través del saqueo. Defendían, pues, sus propios intereses, no los de la Corona. Los realistas siempre fracasaron en su intento de mantenerles bajo control. Como señala John Lynch, si hicieron lo que hicieron fue por luchar por su libertad y por su ganado, en un momento en que los criollos fomentaban su privatización. No resulta sorprendente que las autoridades realistas, atemorizadas ante su empuje, los definieran como “insurgentes de otra especie”.13 Su lealtad era para con su caudillo, un ser concreto al que conocían, no para una patria, idea abstracta que les resultaba ajena.

Tras la victoria de Boves el pánico cunde entre los patriotas. Bolívar reacciona con la ejecución de unos ochocientos prisioneros, sin excluir a los que estaban hospitalizados. Se trata de una medida preventiva con vistas a impedir un posible alzamiento al amparo del reciente triunfo del caudillo de los llaneros. Tiene en mente la forma en que había perdido Puerto Cabello, dos años atrás, y no quiere que se repita el mismo fracaso.

La situación ha escapado a todo control. Venezuela se halla sumida en la anarquía, sin que ningún bando tenga la fuerza suficiente para asumir el control. Realistas y patriotas luchan entre ellos mientras se alzan contra la dominación blanca. Los independentistas temen el dominio negro más que el de los españoles. Bolívar no tendrá más remedio que refugiarse en Jamaica, donde escribirá la celebérrima Carta en la que hace autocrítica y fija directrices para el futuro. En esos momentos su porvenir parece muy oscuro: vive en la pobreza, con dificultades para pagar el alquiler. La necesidad lo obliga a depender de Maxwell Hyslop, un amigo inglés que le presta el dinero que tanto necesita. Pero él no es un hombre que se hunda en las dificultades, sino lo contrario: es en los peores momentos cuando da lo mejor de sí mismo. Sabe que la tenacidad es la condición sine qua non de la victoria. Guiado por este espíritu, alternará en los años siguientes éxitos y fracasos.

Venezuela se halla sumida en la anarquía, sin que ningún bando tenga la fuerza suficiente para asumir el control. Realistas y patriotas luchan entre ellos mientras se alzan contra la dominación blanca. Los independentistas temen el dominio negro más que el de los españoles.

España, libre ya de la ocupación francesa, había lanzado un ambicioso intento de reconquista a las órdenes de Pablo Morillo, uno de sus generales más capaces. Las victorias van a sucederse para los realistas, aunque ninguna será suficiente para acabar con los rebeldes, sobre todo porque los excesos represivos, en forma de fusilamientos, confiscaciones y deportaciones, van a tener un efecto contraproducente para la causa de la metrópoli. Mientras tanto, las tropas monárquicas evidencian síntomas de agotamiento. Bolívar, consciente de que su causa necesita apoyos, abre la puerta a la abolición de la esclavitud, aunque la emancipación está reservada solo a los que abracen el partido republicano. De esta forma, los esclavos pasan a tener un motivo para luchar por la independencia, sobre todo porque los españoles se muestran incapaces de igualar la oferta. Tienden, de todas formas, a mostrarse renuentes en lo que para ellos es una guerra entre blancos.

Nuestro protagonista actuó, en parte, por principios, pero sobre todo por interés político. Necesitaba partidarios y quería que los negros se ganaran su libertad en el campo de batalla. De esta forma, las bajas que inevitablemente se producirían entre ellos ayudarían a desactivar la temida “cuestión racial”. Puesto que los esclavos son una amenaza por su excesivo número, la guerra contribuye de esta forma, según Bolívar, a paliar el problema.

Movido por la necesidad de conectar con las clases populares, el Libertador otorga protagonismo a generales de extracción humilde como José Antonio Páez o el mestizo Manuel Piar, al que hace fusilar cuando teme que pueda hacerse lo suficientemente poderoso como para acaudillar, supuestamente, a las pardos, indígenas y negros contra los criollos. Sabe que no está siendo del todo justo, porque otros que han sido acusados de lo mismo que Piar no han sido tratados con tanta severidad, sobre todo si son blancos, pero piensa que la ejecución constituye, en esas circunstancias, una “necesidad política”. Debe imponer su autoridad en términos inequívocos, de manera que nadie sienta la tentación de atreverse a desafiarla. Pero no se trata solo de una cuestión de establecer quién es el líder; también están juego principios políticos opuestos. Si Piar encarna el regionalismo y la revolución negra, Bolívar se presenta como el adalid del centralismo y la paz interracial. Él, además, encarna el imperio de la ley, algo por completo diferente al poder personal de un caudillo.

Páez era todo lo contrario de un militar profesional. Se ganó la estima de sus hombres compartiendo una vida llena de privaciones e incomodidades, en la que muchas veces había que dormir al raso o conformarse con un pedazo de carne sin sal como alimento. En el campo de batalla, tampoco dudaba en arrostrar los mismos peligros. Como general, su estrategia acostumbraba a ser muy básica. Se limitaba a lanzar cargas en tropel de sus lanceros, “los mejores y más osados jinetes del mundo”, a decir de un enemigo de su causa, el capitán español Rafael Sevilla.14

Cuando Páez se reúna con el Libertador, este, pese a su origen aristocrático, sabrá vencer las reticencias de los llaneros demostrando que no desmerecía al jinete más esforzado. No obstante, Páez no dejó de mantener un criterio propio por más que aceptara su jefatura. Su ausencia de disciplina podía transformarse en un auténtico inconveniente durante la lucha contra el enemigo.

Más que los rudos llaneros, con los que nunca sabe bien a qué atenerse por el abismo cultural que los separa, Bolívar conecta con los oficiales británicos, que se incorporan en número creciente a sus filas. Su aportación, a la hora de instruir a los patriotas, será inestimable. Uno estos militares, el irlandés Daniel Florence O’Leary, se convertirá en su edecán y biógrafo. Pero a América también llegan soldados voluntarios, reclutados en una situación de ilegalidad porque, en teoría, los ingleses no estaban en contra de España. Se formó así un grupo de extranjeros, la denominada Legión Británica, que, a decir de John Lynch, marcó la diferencia en el transcurso de los combates. De ahí que el propio Bolívar dijera que el auténtico Libertador era Luis López Méndez, el responsable del reclutamiento en la capital del Támesis.15

El paso de la formidable cordillera, en medio de mil penalidades a casi cuatro mil metros de altitud, se convierte en una hazaña épica. Solo el carisma de Bolívar explica que sus hombres, inmersos en aquella ruta infernal, le siguieran. Convencidos de lo imposible de tal proeza, los realistas permanecen desprevenidos.

En 1819, en una nueva demostración de su genio militar, nuestro protagonista atraviesa por sorpresa Los Andes. El paso de la formidable cordillera, en medio de mil penalidades a casi cuatro mil metros de altitud, se convierte en una hazaña épica. Solo el carisma de Bolívar explica que sus hombres, inmersos en aquella ruta infernal, le siguieran. Convencidos de lo imposible de tal proeza, los realistas permanecen desprevenidos. Es entonces cuando el Libertador cae sobre el ejército del rey en Boyacá. La victoria, aplastante, le abre el camino hacia Bogotá. Morillo, al informar sobre el desastre, escribe que su enemigo ha recuperado en un solo día lo que el ejército español había conseguido tras cinco años de muchos combates. Para David Bushnell, esta fue la batalla más importante en la vida de Simón Bolívar, la que marcó un antes y un después. Hasta ese momento había ganado unos combates y perdidos otros. En adelante, su trayectoria militar consistirá en una sucesión de éxitos, solo con alguna derrota de carácter puntual.16

Como militar, nuestro hombre sobresale por la rapidez de sus movimientos y su tremendo arrojo en combate. El realista Rafael Sevilla cuenta en sus memorias cómo, mientras dirigía sus tropas, no temía ponerse al alcance de las balas enemigas: “Veíamos al mismo Bolívar montado en su mula en medio de sus edecanes, recorrer el campo a tiro de fusil de nosotros”.17

De todas formas, la metrópoli se resiste a reconocer que la independencia es irreversible. Un nuevo ejército aguarda en Cádiz, listo para cruzar el Atlántico. La rebelión de Riego a principios de 1820 significa el inicio de un gobierno liberal a la vez que un golpe formidable a los planes para restaurar el antiguo status quo en el Nuevo Mundo. Para los partidarios del absolutismo está claro que la jura de la Constitución no puede ser otra cosa que una “infausta nueva”. El nuevo régimen, a su juicio, tenía que acelerar por fuerza el desmoronamiento de la causa española. Riego era un traidor y no había hecho más que favorecer “a la insurrección americana”.18

Morillo, a falta de refuerzos, se ve obligado a negociar con el Libertador. Pero el gobierno constitucional de la península pide un imposible: paz a cambio de que los patriotas reconozcan su autoridad. A estos, por descontado, no les ocurre rendirse ahora que están en una posición de fuerza. ¿Por qué van a conformarse con menos de la independencia? Como la cuestión está mal planteada por las autoridades metropolitanas, se firma un armisticio, con el cual, de hecho, España reconoce la existencia de los rebeldes, pero la ansiada paz no llega. Habrá que esperar al año siguiente para que Venezuela alcance su libertad definitiva, tras otro triunfo resonante de las armas patriotas, esta vez en Carabobo. El éxito, por desgracia, se ve oscurecido por la situación anárquica del país. Nuestro héroe parece sentirse desbordado por el desorden. “Esto es un caos: no se puede hacer nada de bueno porque los hombres buenos han desaparecido y los malos se han multiplicado”, escribe en un instante de abatimiento.19

Sobre Perú, gran bastión del dominio colonial, convergen el ejército de Bolívar desde el norte y el de José de San Martín desde el sur. Ambos próceres se entrevistan en Guayaquil, en un encuentro que no ha podido ser esclarecido del todo por los historiadores. Los historiadores, desde entonces, se han dividido entre los partidarios del venezolano y los del argentino. Lo que parece claro es que ambos hombres, lejos de congeniar, defendían proyectos incompatibles. Bolívar se mantenía intransigente en su rechazo a los españoles. San Martín, al que le hubiera importado llegar a un acuerdo con ellos para establecer algún tipo de monarquía, opta entonces por ceder el campo a su colega, que llegará a Lima en 1823. Las victorias de Junín y de Ayacucho significarán la derrota total de los partidarios de la metrópoli. Comienza, sin embargo, un periodo no menos complicado. Hay que organizar los nuevos estados en medio de continuas disensiones. Bolívar, aunque rechaza la figura de un rey, persigue, en realidad, una forma de gobierno monárquico disfrazado de república. Le obsesiona la idea de alcanzar, de una forma o de otra, un gobierno fuerte.

Debe tomar una decisión con respecto al Alto Perú. ¿Hay que colocar la región bajo el gobierno de Lima o en manos de la autoridad de Buenos Aires? La zona acaba convirtiéndose en otro Estado independiente, que adopta el nombre de Bolivia en homenaje al Libertador. Este va utilizar la nueva república como campo de pruebas para aplicar políticas que no ha podido llevar a cabo ni en Colombia ni en Perú. Fiel a su concepción de un país de pequeños propietarios, lanza una reforma agraria para que los indígenas accedan de manera individual a la tierra. En la práctica, la medida solo beneficiará a los latifundistas blancos, que acaparan en poco tiempo las fincas. La población nativa se verá así en peores condiciones, marginalizada en un Estado donde la Constitución que ha elaborado el Libertador les impide el derecho al sufragio, limitado en función del grado de alfabetización.20

Aunque Bolívar era un republicano convencido, implantó una presidencia vitalicia en la que el titular tenía derecho a escoger a su heredero. En la práctica, el sistema no se diferenciaba mucho de una monarquía tradicional, aunque se suponía que el sucesor ascendía a su cargo no por derecho de nacimiento sino por méritos propios.

Desde el punto de vista del régimen político, Bolivia constituía un híbrido paradójico. Aunque Bolívar era un republicano convencido, implantó una presidencia vitalicia en la que el titular tenía derecho a escoger a su heredero. En la práctica, el sistema no se diferenciaba mucho de una monarquía tradicional, aunque se suponía que el sucesor ascendía a su cargo no por derecho de nacimiento sino por méritos propios. Se buscaba, por este camino, establecer un gobierno lo suficientemente fuerte como para asumir los considerables retos del periodo inmediatamente posterior a la independencia, una etapa en la que la estabilidad política aparecía amenazada por nuevos vientos revolucionarios.

El Libertador soñaba con que todas las tierras latinoamericanas presentaran un frente unido en la esfera internacional, de forma naciera así una nueva potencia capaz de medirse de igual a igual con Estados Unidos y los países europeos. La idea no es constituir una nueva nación, algo obviamente imposible, vista la enorme diversidad de los pueblos continentales, sino establecer un vínculo confederado. Este lazo entre naciones iguales en derechos debía garantizar la defensa común frente a una hipotética intervención europea, a la vez que impulsaría el desarrollo con la creación de un espacio económico común, a través de la supresión de los aranceles.

No será eso lo que ocurra: las fuerzas centrífugas hacen imposible que el viejo imperio de los españoles presente un mínimo de unidad, por tenue que esta sea. Mientras tanto, los generales de la independencia van en camino de convertirse en nuevos autócratas. En 1826 Páez protagoniza una rebelión, la denominada “Cosiata”, con vistas a separar Venezuela de la Gran Colombia. La situación posee un matiz irónico: Páez, nombrado por Bolívar jefe militar, cuenta con los medios para destruir la obra del Libertador.

Desde Caracas, la dependencia de un gobierno foráneo se vivía como una humillación, por lo que se esgrimieron todo tipo de agravios, en ocasiones inventados. Si los venezolanos no tenían más representación en el Congreso no era porque estuviesen marginados sino porque se resistían a desplazarse a la Nueva Granada, en un viaje largo y fatigoso, a ocupar sus cargos. Además, aunque estuvieran subrepresentados en los puestos políticos, disfrutaban de una absoluta hegemonía en los de carácter militar.21

Para evitar una guerra civil Bolívar promete la amnistía a Páez y sus seguidores. Los dos generales escenifican una reconciliación en público: Páez lleva su propia escolta, el Libertador se acerca a él sin protección. En un intento desesperado de frenar su rebeldía va a colmar de honores al jefe llanero, al que denominará “Salvador de la República”. Como político, siempre destacará por un agudo sentido del pragmatismo a la hora de enfrentarse a todo aquello que no puede evitar.

Tanto en Perú como en Colombia se multiplican las conspiraciones en su contra. La América que él ha liberado se ha convertido en un infierno de facciones enfrentadas entre sí. Para sus enemigos está claro que ambiciona el poder absoluto.

Apaga un fuego solo para que enseguida se enciendan otros. Bolívar hace llamamientos a la unidad, pero todo es en vano. Tanto en Perú como en Colombia se multiplican las conspiraciones en su contra. La América que él ha liberado se ha convertido en un infierno de facciones enfrentadas entre sí. Para sus enemigos está claro que ambiciona el poder absoluto. ¿Fue un precursor, tal vez, de los caudillos que van a proliferar en el continente? Como ha señalado Antonio Sáez Arance, dos rasgos principales le separan de este tipo de mandatarios: respeta siempre la legalidad formal y no patrocina redes de clientelismo o corrupción.22

A la hora de construir la paz todo falla. Nuestro héroe intenta favorecer a los indígenas, pero sus medidas resultan del todo contraproducentes. La población originaria cambia la propiedad colectiva de la tierra por la individual… Los campesinos encuentran entonces que carecen de recursos para hacer viables sus explotaciones. Solo les queda el camino de endeudarse con los terratenientes, el primer paso para acabar perdiéndolo todo y verse reducidos a la condición de jornaleros.

Tras dos años finales de continuos fracasos, Bolívar muere el 17 de diciembre de 1830 en medio de la soledad y la amargura, físicamente exhausto y sumido en la depresión, no solamente por los continuos ataques contra su buena fama, también por el asesinato de Sucre, el más leal de sus generales, en el que había pensado como sucesor político. Llegado a este punto, está convencido de que todos los esfuerzos de su vida han servido de muy poco. Servir a una revolución, aseguró en una demostración tremenda de desengaño, equivale a arar en el mar. A los latinoamericanos únicamente les queda una sola perspectiva de futuro: emigrar.

Desde su desaparición, las interpretaciones sobre su figura son tan abundantes como contradictorias. Puede decirse prácticamente que hay un Bolívar para cada partido. La derecha hizo de él un hombre de orden, como reflejan los elogios de Vallenilla Lanz a su faceta más autoritaria. La izquierda, por el contrario, prefirió imaginarlo como un hombre del pueblo. Manuel Pérez Vila, por ejemplo, lo vio como el generoso reformador que intentó establecer cambios en favor de los indígenas. Sus medidas habrían fracasado por la estrechez de miras de otros, los verdaderos culpables de que se torciera la historia americana.23 De esta forma, siempre hay un Libertador a la carta para satisfacer cualquier necesidad política o intelectual.

Notas

1 Lynch, Simón Bolívar, p. VII.
2 Lynch, Simón Bolívar, pp. 9–10.
3 Campos, Bolívar, p. 25.
4 Sáez Arance, Simón Bolívar, p. 20. Lynch, Simón Bolívar, p. 22.
5 Bushnell, Simón Bolívar, p. 18.
6 Lynch, Simón Bolívar, p. 31.
7 Sáez Arance, Simón Bolívar, p. 29.
8 Sáez Arance, Bolívar, pp. 56–57.
9 Harvey, Los Libertadores, pp. 106–107.
10 Lynch, Simón Bolívar, p. 85.
11 Harvey, Los Libertadores, p. 119.
12 Bushnell, Simón Bolívar, p. 49. Sáez Arance, Bolívar, p. 63.
13 Lynch, Simón Bolívar, pp. 111–112.
14 Sevilla, Memorias de un oficial del ejército español, p. 145.
15 Lynch, Simón Bolívar, p. 168.
16 Bushnell, Simón Bolívar, p. 93.
17 Sevilla, Memorias de un oficial del ejército español, p. 181.
18 Sevilla, Memorias de un oficial del ejército español, pp. 259, 274.
19 Lynch, Simón Bolívar, p. 191.
20 Sáez Arance, Bolívar, pp. 134–135, 137.
21 Bushnell, Simón Bolívar, p. 142.
22 Sáez Arance, Simón Bolívar, pp. 152–153.
23 Prólogo a Campos, Jorge. Bolívar, p. 13.

 

 

[Fuente: http://www.revistareplicante.com]

Le courrier électronique, email de son petit nom, a désormais plus de 50 ans. Sa démocratisation attendra cependant quelques années, avec une adoption privilégiée aux lettres manuscrites. La fin des grandes correspondances d’écrivains sur papier s’amorçait, les auteurs privilégiant l’épistolaire numérique. Avec les dangers que l’on pressent aisément : en cas de décès, quel avenir pour ces échanges et leur archivage ?

ActuaLitté

 

Écrit par Nicolas Gary

Héloïse Jouanard a perdu son père, Gil, le 25 mars 2021. Poète,  il s’était investi avec passion durant plus de 30 ans dans l’action culturelle qui ont produit énormément d’échanges avec des auteurs et des créateurs. Lui-même écrivit, outre deux romans – Un nomade casanier (2003) et Les Roses blanches (2016) chez Phébus –, une œuvre comptant plus d’une cinquantaine d’ouvrages.

Depuis quelques mois, sa fille a décidé, avec le concours d’une bibliothèque publique, de lui consacrer un fonds. « Dès le mois d’avril, je décide – avec la directrice du patrimoine de l’établissement – de faire une donation de toutes ses possessions (c’est-à-dire uniquement des livres, des archives, des documents). Et ce, pour créer un fonds dédié dans ladite bibliothèque », nous explique-t-elle. Ce dernier réunira les livres, la bibliothèque et les archives personnelles de l’écrivain.

Elle recense d’ores et déjà des centaines de lettres, manuscrites, rédigées d’amis aussi mémorables que René Char, Lacarrière, Bonnefoy, Jaccottet, Bergounioux, Réda, Macé, Goffette, Gracq, Janvier, Michon, Trassard. « Actuellement, cela représente plus de 300 écrivains. »

« C’est passionnant. Mais depuis 20 ans, sa correspondance se faisait par email, comme nous tous », nous explique Héloïse Jouanard. « Et voilà. » Car un an après le décès de Gil, l’accès à sa boîte email est toujours refusé à sa fille. « Google m’annonce que non, nous ne récupérerons rien, bien que j’ai fourni toutes les pièces qu’ils m’ont réclamées. »

Pas faute, pourtant, d’avoir communiqué les documents officiels dans une traduction anglaise dûment authentifiée, des différentes attestations nécessaires et autres justificatifs. « On m’a demandé les actes notariés prouvant que je suis ayant droit. Le temps notarial étant différent du nôtre, une année passe. Dès que j’obtiens l’acte notarié qui m’élève au rang d’ayant droit, je reviens vers Google qui me demande de faire traduire tous les documents par un traducteur officiel. Jusque là, je trouve toute la procédure normale : ils veulent la preuve que je suis ayant droit, respect de la vie privée, etc. »

Condoléances, mais non.

Une entreprise aussi douloureuse que longue, qui finira par aboutir en l’espace de quelques heures. Le dossier, communiqué dans son intégralité le 17 mai, reçoit la sanction du géant américain le 18 mai. « Nous sommes navrés pour cette perte et vous remercions de votre patience. Nous avons examiné votre demande d’obtention de contenu du compte. Après avoir vérifié les paramètres, les attributs et autres informations pertinentes, relatives au compte, nous ne sommes pas en mesure de vous fournir le contenu demandé », tranche un email de The Google Accounts Team.

Et d’arguer que la décision repose « sur une multitude de facteurs, incluant des restrictions légales. Afin de protéger la vie privée des personnes qui recourent aux services de Google, nous ne sommes pas en mesure de partager plus d’éléments sur le compte ni de discuter de notre choix plus en détail ». En somme : « Merci de votre compréhension », mais n’insistez pas.

Et soudainement, vingt années d’échanges — certains portant peut-être sur son dernier livre chez Verdier, Untel en 2015 ou la publication, justement, des Roses blanches — sont englouties dans les entrailles googleiennes. « Au départ, j’ai été en colère pour le fonds consacré à mon père. Mais je me dis que si Google s’octroie les archives de tous les écrivains français, il en va d’une atteinte au patrimoine culturel français, dans notre pays qui a porté jusqu’au sein de l’Europe le principe d’exception culturelle », nous confie sa fille.

Je crois que ça va pas être possible…

La Cnil, qui préside à la destinée numérique en France, pose qu’à la mort d’un utilisateur, son héritage en ligne est scellé : cela vaut tant pour les comptes sociaux qu’une messagerie électronique. La loi Informatique et libertés indique par ailleurs que l’on peut, de son vivant, désigner un contact – et nombre d’outils en ligne dispose de cette option désormais. Cependant, ce dernier ne peut obtenir un droit d’accès qu’à condition que la consultation des informations serve « le règlement de la succession du défunt », précise la Cnil.

La seconde option consiste à formuler une opposition aboutissant à la clôture dudit compte. Pour autant, le secret des correspondances interviendrait manifestement, pour protéger l’accès à la boîte email. Seul le verrouillage total du compte peut être obtenu, pour garantir un secret total.

« Par principe, tous nos comptes en ligne sont strictement personnels », abonde le Conseil supérieur du notariat. Et si le défunt n’a pas fait état d’un devenir pour ses données, il ne devient « pas possible pour les proches d’y accéder ». Les héritiers, et a fortiori les ayants droit, peuvent cependant récupérer des photographies, des écrits — entrant dans la catégorie des souvenirs de famille.

Cependant, en l’absence d’instructions, établissant un héritier numérique, les droits seront extrêmement limités.

La procédure proposée par Google assure d’une collaboration « avec la famille immédiate et les représentants légaux de l’utilisateur décédé afin de clôturer son compte ». Et dans certaines circonstances, non détaillées, « nous pouvons restituer des contenus issus de son compte ». Cependant, la sécurité et la confidentialité demeurent primordiales et aucun mot de passe ni information de connexion n’est communiqué.

Google contre le CPI

Maître Magaly Lhotel, avocate en droit de la propriété intellectuelle et en droit du digital, confirme les limitations auxquelles les héritiers sont confrontés. Même justifiant de leur qualité d’ayants droit, en l’absence de consignes données, l’article 85 de la loi Informatique et libertés s’avère très restrictif.

« Le Conseil d’État a eu l’occasion de se prononcer sur ce sujet dans une décision du 8 juin 2016 (10ème et 9ème chambres réunies, n° 386525), considérant que la loi Informatique et Libertés ne permet la communication des données qu’à la seule personne à laquelle se rapportent ces données, excluant ainsi les ayants droit de la personne concernée », nous précise l’avocate. Dans ce cas précis, il s’agissait d’accéder aux relevés téléphoniques de la mère des demandeurs.

De son côté, le RGPD (Règlement général sur la protection des données), qui découle d’une volonté européenne, ne prévoit pas de dispositions spécifiques.

Alors quid ? Se ranger à l’avis de Google ? « Une solution pourrait être de considérer que les correspondances du défunt constituent des œuvres de l’esprit protégées par le droit d’auteur. À ce titre, les héritiers de l’auteur auraient les droits, puisque la jurisprudence a pu considérer que les correspondances pouvaient être protégées au titre du droit d’auteur », analyse l’avocate. Pouvoir consulter ces échanges, dans le cadre des opérations de succession entrerait alors dans le cadre que la Cnil évoque, lié au traitement de l’héritage.

Paradoxe, et non des moindres, pour qualifier ces échanges d’œuvres de l’esprit, il faudrait les consulter, afin de démontrer leur originalité. Et sans accès… « Il n’existe à ce jour aucune jurisprudence sur l’accès à une messagerie électronique par les héritiers sur le fondement du droit d’auteur de sorte que ce cas pourrait faire jurisprudence », sourit Me Lhotel.

Sophie Viaris de Lesegno, avocate spécialisée en droit de la propriété intellectuelle, souligne : « Une saisine du juge des référés pour obtenir les codes utiles à l’accès. L’intérêt légitime serait caractérisé par la volonté de sauvegarder les correspondances et le patrimoine littéraire de son père aux fins d’archives, de conservation et d’analyse, et le cas échéant de divulgation. »

En effet, « l’héritier de l’auteur est celui qui exerce le droit de divulgation post-mortem, et doit donc légitimement pouvoir accéder à ces correspondances », relève l’avocate. Et Héloïse Jouanard de conclure : « Je sais que cela contient des choses intéressantes : les emails étaient devenus un élément central dans ses échanges. »

Pas vraiment la première fois que Google aurait maille à partir avec le Code de la Propriété Intellectuelle… Contacté, le service presse de la société n’a pas encore répondu à nos demandes.

 

[Source : http://www.actualitte.com]

En la voluminosa biografía del escritor estadounidense que llegó a las librerías argentinas, Blake Bailey, aborda cómo Roth luchó contra sus críticos, sus exesposas y contra varias enfermedades para dar testimonio de hasta qué punto la obra puede decir tanto más que una vida.

Escritor estadounidense Philip Roth 19332018

Escritor estadounidense Philip Roth (1933-2018)

Escrito por ANA CLARA PÉREZ COTTEN

La voluminosa biografía del escritor estadounidense Philip Roth (1933-2018) llegó a las librerías argentinas después de varias idas y vueltas en torno a su publicación, que incluyeron la retirada de la venta por acusaciones de acoso sexual contra su autor, Blake Bailey, quien en el libro de casi mil páginas aborda cómo el creador de « Pastoral americana » y « La conjura de América”, artífice de 31 libros aunque el Nobel le fue esquivo, luchó contra sus críticos, sus exesposas y contra varias enfermedades para dar testimonio de hasta qué punto la obra puede decir tanto más que una vida.

Con el valor documental de haber tenido acceso a fotos familiares, actas universitarias, contratos editoriales y cartas, la posibilidad de haber mantenido largas charlas con el autor y el análisis literario de una obra monumental, Bailey construye la biografía de Roth y cuenta desde su crianza en Weequahic, un barrio casi íntegramente judío de Newark, Nueva Jersey, durante los años 30 y 40, las aventuras con sus alumnas en la universidad de Iowa o Pennsylvania y/o su vínculo con la nueva camada de escritores como Nicole Klauss, Jonathan Lethem o Zadie Smith.

¿Qué tipo de decisión toma un escritor cuando elige, en el último tramo de su vida, a su biógrafo? “No quiero que rehabilite usted mi persona. Haga solo que resulte interesante”, le dijo Roth a su biógrafo, quien incluyó el pedido como primera línea del libro, en un intento de dejar en claro desde el comienzo qué tipo de indagación desplegó. La elección del biógrafo fue meditada por Roth como cualquiera de sus otras elecciones literarias. Bailey es autor de las biografías de Cheever, Richard Yates y Charles Jackson. Finalista del Pulitzer y beneficiado con la beca Guggenheim, cuenta con una nutrida estantería de reconocimientos: el premio de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, el National Book Critics Circle Award y el máximo galardón que otorga la Sociedad de Historiadores de su país.

A Roth le interesaba mucho el destino de su biografía. En 1988 publicó su primera memoria, “Los hechos”, y tres años más tarde, “Patrimonio”, el libro en el que retoma el final de su padre. Primero se la encomendó a su amigo Ross Miller, pero en 2006, en pleno trabajo, se pelearon y la empresa fracasó. Retomó el asunto en 2009, cuando anunció que se retiraba de la literatura con una cita del boxeador Joe Louis: “Hice lo mejor que pude con lo que tenía”. De Bailey le gustaba su trabajo con la vida de Cheever y le dio, además de libertad, acceso a sus archivos, sus contactos y a largas sesiones de conversación. “Roth sabía que una biografía sobre su figura sería inevitable, y que estaría repleta de detalles sobre su vida, muchas veces poco convencional, vida privada. Por lo tanto, estaba resignado. Lo que él buscaba, por encima de todo, era precisión y perspectiva—es decir, que su biógrafo pusiera el énfasis necesario en todos los aspectos de su vida y de su obra, cada uno en su justa medida”, contó Bailey sobre su rol y el texto que escribió. Y durante aquella gran empresa, su relación fue “a veces complicada pero raramente desdichada”.

Como si fuera una de esas licencias que a veces se toma la buena literatura, la biografía de Roth, autor de historias cargadas de sarcasmo, humor y melancolía en las que abordó con intensidad la sexualidad y la muerte, tuvo desde su lanzamiento un derrotero digno del mismo universo que construyó.

La carrera profesional de Bailey, llena de reconocimientos, tambaleó cuando horas después de que la biografía llegara a la lista de los libros más vendidos del New York Times: la editorial W. W. Norton & Company decidió detener la publicación, la distribución y la promoción del libro luego de que se multiplicaran las denuncias por acoso y abuso contra Bailey.

Roth public su primera memoria Los hechos en 1988

Roth publicó su primera memoria, “Los hechos”, en 1988.

Según las acusaciones, Bailey (Oklahoma, 1963), habría agredido sexualmente a dos mujeres y, además, se habría comportado de forma inadecuada con varias estudiantes de secundaria cuando era profesor de secundaria en 1990. En aquel momento, en un correo electrónico enviado a la agencia de noticias AFP, el biógrafo negó las acusaciones al considerarlas « categóricamente falsas y calumniosas ». Al mes, el libro fue publicado por la editorial Skyhorse, con experiencia en la publicación de obras de autores denostados, tal como lo hizo el año pasado con la edición de la autobiografía de Woody Allen, « A propósito de nada », que inicialmente iba a publicar el sello Hachette en Estados Unidos, aunque desistió luego de las acusaciones de abuso sexual. Un año después de aquella “cancelación”, Penguin Random House publica el libro en Argentina.

A finales de los noventa, cuando Roth terminó su “Trilogía americana” de novelas, los críticos se referían a los tomos como “Carta a Estocolmo”, en referencia a la ciudad donde todos los años se otorga el Nobel de Literatura, un premio que le era esquivo al que muchos consideraban el mejor escritor estadounidense. Pero la Academia se mantuvo en su decisión. Bailey cuenta como el octogenario escritor, ya en los últimos días de su vida, caminaba de forma rutinaria entre su departamento en el Upper West Side de Nueva York hasta el Museo de Historia Natural, y hacía paradas para descansar en todos los bancos que encontraba. Uno de ellos estaba en los jardines del museo al lado de una estatua de color rosa en la que figuraban los nombres de todos los estadounidenses que habían ganado el premio de la academia sueca. « En realidad, la estatua es bastante fea, ¿no te parece? », le dijo cierto día un amigo. « Sí —contestó Roth—, y se pone más fea cada año que pasa ». « ¿Para qué la ponen ahí. No tiene sentido », le respondió su amigo. « Para fastidiarme », se rió Roth quién, según su biógrafo, no haber ganado el Nobel le molestaba más de lo que admitía en público.

Según BaileyRoth -sí ganador de Pulitzer, el Booker, el Príncipe de Asturias y otros como el Faulkner, el Hemingway o el Nabokov– tenía su teoría sobre por qué aquella “Carta a Estocolmo” nunca llegaba alrededor de la publicación de dos obras: el andamiaje políticamente incorrecto de “El lamento de Portnoy” y “Adiós a una casa de muñecas”, el libro de memorias que escribió su segunda esposa, la actriz Claire Bloom, quien lo acusó de “misógino maquiavélico”. “La literatura no es un concurso de belleza moral”, le dijo el gran narrador estadounidense al periodista.

Bailey dedica largos tramos del libro a matizar aquella teoría que sostiene que la obra de Roth era autobiográfica y, con eje en “El lamento de Portnoy”, exhibe los tramos que el autor tomó de su vida y cómo los “camufló” y alteró con dinámicas exclusivamente literarias. Las novelas eran “generadas por la interacción entre mi historia de ficción anterior, mi historia personal reciente mal diferida, las circunstancias de mi vida inmediata y los libros que había estado leyendo y sobre los que había estado dando clase”, según Roth.

El biógrafo no ahorra detalles sobre los chismes del mundillo de la crítica ni se priva de contar cómo el autor buscó acercarse a Nicole Kidman y a Penélope Cruz, pero asume con responsabilidad la misión de dar cuenta de por qué Roth fue “el gran escritor norteamericano del siglo XX” y “uno de los últimos representantes de una generación de novelistas heroicamente ambiciosos que incluía a amigos y rivales ocasionales como John Updike, Don Delillo y William Styron”.

Entonces, Bailey aborda el realismo de sus primeras obras cuando se inspiraba en Henry James, Flaubert, el humor negro y la farsa descarada de Portnoy, la sátira de su mítico Nathan Zuckerman, la experimentación posmoderna “La contravida”’ y la magistral “Trilogía americana” que reúne “Pastoral americana”, “Me casé con un comunista » y “La mancha humana”, de quien el poeta Mark Strand dijo que enseña “la imagen más real que tenemos de la forma en que vivimos ahora”.

Roth murió el 22 de mayo de 2018 a los 85 años. Hacia el final del libro, Bailey reconstruye el funeral, el último lunes de mayo de aquel año, un Día de los Caídos, en el cementerio de Bard College, cerca de la tumba de Hannah Arendt. Allí los seres queridos del novelista leyeron pasajes de sus novelas. “Sí, estamos solos, profundamente solos, y siempre nos aguarda una capa de soledad todavía más profunda”, leyó un niño de un ejemplar de « Pastoral americana » para homenajear al gran escritor norteamericano.

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

 

Escrit per Joaquim Iborra

La prosperitat de la cambra de bany ha estat, durant el darrer segle, el fenomen més notable de transformació de la distribució interior dels nostres habitatges. La cambra de bany, que no existia a les cases, és avui una peça clau del programa funcional, de tal manera que no només és inadmissible un habitatge sense bany sinó que l’estàndard actual inclou dos banys complets. Cap altra habitació de les cases d’avui és nova. Excepte el bany, totes han evolucionat a partir de recintes que ja existien. Algunes, és clar, s’han transformat molt. Per exemple, la sala d’estar. És el lloc on la família fa vida en comú, és el living-room. Abans, si la casa disposava de sala d’estar, no era per a fer vida de família sinó per a rebre visites. La vida es feia a la saleta, una habitació més petita, pròxima a la cuina. Mentre esperava les visites, la sala d’estar restava tancada amb pany i clau, impol·luta, sense cap ús sinó la feina de netejar-la. Un dia, els fills que havien exigit una cambra de bany ocuparen la sala, apujaren les persianes, traslladaren la tele des de la saleta i s’assegueren al sofà a mirar-la. Els pares no s’hi oposaren, més enllà de formular alguna protesta sense convicció.

El dormitori també ha patit una gran transformació. Abans era el lloc per a dormir i prou. En les cases dels pagesos, a vegades, ni tan sols això. Només s’usaven per a parir els fills i per a morir. Solien dormir a l’andana. Avui s’ha volgut convertir-los en petites sales d’estar per a ús exclusiu del titular. Amb tot, aquesta transformació ha estat limitada als infants i joves, en el context del reconeixement dels seus drets fonamentals. Els adults no han seguit aquesta tendència i prefereixen la sala d’estar, perquè el dormitori és un espai massa reduït i el llit en condiciona l’ús. A més a més, el televisor es va convertir en el nucli de la vida familiar, al voltant del qual girava la conversa i els àpats, compartint la presidència amb el pater familias. Una vegada instal·lada a la sala d’estar, fins i tot va condicionar el mobiliari, perquè no hi ha res més complicat que organitzar els mobles de la sala-menjador a partir de la posició inamovible de l’aparell, al costat d’un endoll i de l’antena. Durant algunes dècades, en la major part de cases no n’hi havia més que un, punt d’atracció irresistible, com en altre temps era la llar de foc. En aquest període, el televisor ha articulat la vida domèstica i ha fet més per la pervivència de la família que l’Església. També això s’ha acabat. Primer, aparegueren aparells en diferents habitacions de la casa. Després, el mòbil i la computadora individualitzaren l’oci dels membres de la família. Ara per ara, no obstant això, la sala d’estar, l’espai més gran de la casa, conserva el protagonisme. Si més no, és el lloc on hi ha millor cobertura de la wifi…

Excepte la sala d’estar i el dormitori, moltes habitacions han desaparegut. Ha desaparegut, per falta d’espai, el llavador i l’habitació de la planxa. Ens hem convençut que la llavadora i l’assecadora, integrades en la cuina, fan aquestes funcions. La conseqüència és que no sabem on deixar la roba bruta, on estendre un drap o estirar un vestit abans de posar-nos-el. També ha desaparegut el rebost. Altres espais, si no han desaparegut, han caigut en el descrèdit. Per exemple, el rebedor i el corredor. No valorem les funcions respectives: un espai previ de protecció de la privacitat i un espai d’independència entre les habitacions. Quan algú entra en una casa sense rebedor ni corredor, n’elogia la distribució i afirma indefectiblement que «l’espai està molt ben aprofitat», sense adonar-se que simplement han desaparegut alguns envans de separació, però no les necessitats. La normativa hi ha contribuït. Si, d’acord amb la norma, la sala d’estar-menjador ha de tenir una superfície mínima de 16 m2 i no hi arribem, la solució òbvia és tombar l’envà que separa aquest espai del corredor, per tal de sumar-ne la superfície.

Hi ha una habitació que, si bé no ha desaparegut, presenta símptomes evidents de decadència. És la cuina. De sempre ha estat l’habitació més important d’una casa, el seu nucli. Les més modestes eren poc més que una cuina. En les grans, la cuina estava marginada en una zona de servei, però sempre com a element imprescindible. La història de la casa es podria entendre com un procés d’ampliació de la cuina. Una casa sense cuina no és una casa, com una casa sense teulada. La cabana més primitiva és un lloc cobert on desar, preparar i cuinar els aliments. Si la casa tenia una única llar de foc, és a la cuina on cremava des de bon matí. Durant segles ha estat l’única habitació acollidora de la casa en les hores de vigília. La resta eren dependències inhòspites, on només et podies aventurar per a ficar-te al llit, i això si tenies mantes suficients; si no, era millor dormir en un banc de la cuina. La cuina era el lloc de vida més animada. El pobre no tenia altre lloc on deixar-se caure. El ric, que sí que en tenia, sovint buscava el caliu de la cuina. Hi havia el foc, el menjar, la conversa, les notícies. I hi havia les dones feinejant. Tot eren al·licients per fer-hi una escapada.

Va haver-hi un moment, fa algunes poques dècades, en què semblava que la cuina mantindria el seu estatus a la casa. La cuina s’omplia d’electrodomèstics cada vegada millor integrats, com en un laboratori. Va ampliar la superfície per a fer lloc a una taula on dinar i sopar la família completa i s’hi va instal·lar el televisor. Era l’habitació més cara de la casa. La cuina havia absorbit la saleta i competia amb la sala d’estar. Va ser l’apogeu de la cuina, previ a la decadència. De sobte, les cases s’abandonaren. Abans, sempre hi havia algú. Ara, la major part del temps estan desocupades. És el principal problema logístic d’Amazon. Les dones treballen, apuntem els xiquets a extraescolars inacabables, les famílies són molt menys nombroses i aprofitem les vacances i festius per a eixir d’excursió o fer un viatge. Una de les derivacions d’aquesta situació és que no tenim temps —ni ganes— de cuinar. Com a molt, ens preparem un desdejuni o una amanida.

Aleshores, per què necessitem una cuina tan sofisticada? La solució és, si no eliminar-la, incorporar-la a la sala d’estar. És la cuina americana, que coneixem de fa temps en les pel·lícules. La normativa hi ha contribuït també en aquest cas. Si una sala d’estar-menjador ha de tenir una superfície mínima de 16 m2 i la cuina de 5 m2 (sumats, 21 m2), la superfície mínima per a una sala d’estar-menjador-cuina és de 18 m2. La cuina americana, doncs, ens estalvia 3 m2. Les lleis cerquen uns resultats, però sempre troben efectes imprevistos: com més lleis, més efectes indesitjats. Segons dades de l’Associació de Promotors de Catalunya sobre els habitatges venuts a Catalunya el 2021, els d’una habitació tenen cuina americana en un 87%. En els de dues, el percentatge és del 78,1% i, en els de tres habitacions, un 53,3%. Encara que no tinc a mà les dades del País Valencià, la tendència és la mateixa, sens dubte. El següent pas és la desaparició completa de la cuina. Avui moltes promocions exploren el mercat d’habitatges amb serveis comuns, entre els quals el menjar. Des de fa temps ja n’hi havia per a persones majors i ara es faran extensius per a totes les edats i condicions. El moviment cooperatiu, pel seu compte, també experimenta en aquesta direcció. I l’argument definitiu: prescindir de la cuina pot reduir el preu de venda d’un habitatge nou en uns quants milers d’euros (7.500 euros, si multipliquem el preu mitjà en venda pels 3 m2 que estalviem, encara que podríem afinar les operacions i el resultat molt probablement seria substancialment superior). A més a més, l’explotació dels serveis comuns pot ser una font d’ingressos interessant. En un període històric relativament breu, els habitatges hauran passat de ser una cuina ampliada i no tenir cambra de bany, a no tenir cuina i dues cambres de bany. Temps al temps.

 

 

[Font: http://www.diarilaveu.cat]

O falecido, de 31 anos, estivera en prisión a comezos de ano por ter agredido á súa nai

Nick Cave

Nick Cave

O veterano músico australiano Nick Cave anunciou este luns que o seu fillo Jethro Lazenby faleceu aos 31 anos, sen detallar as causas da morte.

«Con moita tristeza podo confirmar que o meu fillo, Jethro, faleceu», sinalou hoxe o polifacético cantante afincado no Reino Unido nun conciso comunicado difundido pola publicación musical británica NME.

Tal e como informa Efe, na nota, o líder dos Bad Seeds, de 64 anos, agrega que estaría «agradecido» se «nestes momentos» a súa familia puidese gozar de «privacidade».

Lazenby, que traballou como actor, fotógrafo e modelo e que tamén utilizaba o nome de Jethro Cave, estivera en prisión a comezos de ano por ter agredido á súa nai, a modelo Beau Lazenby, en Melbourne, segundo algúns medios de comunicación.

Nacido en Melbourne en 1991, Jethro decatouse de que o coñecido músico australiano era o seu pai cando tiña oito anos.

A noticia do seu falecemento chega sete anos despois de que Cave perdese a outro dos seus fillos, Arthur -cuxa nai é a actual parella de Cave, a deseñadora británica Susie Bick-, que faleceu aos 15 anos ao caer accidentalmente dun precipicio en Brighton (Inglaterra) tras ter tomado LSD.

 

[Imaxe: JOSE COELHO – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

La réalisatrice bâloise Eva Vitija raconte dans un passionnant documentaire comment la vie privée de l’écrivaine américaine, décédée au Tessin en 1995, a largement influencé son œuvre

Née en 1921 au Texas, Patricia Highsmith est décédée en 1995 à Locarno. — © Rifkin Hill / Swiss Social Archives

Écrit par Stéphane Gobbo

Eva Vitija avait 7-8 ans lorsqu’elle a pour la première fois entendu parler de Patricia Highsmith. La Bâloise était en vacances dans le petit village tessinois de Tegna lorsque ses parents lui expliquèrent qu’une célèbre écrivaine de polars y habitait seule avec ses chats. Cette image d’une femme vivant recluse l’a marquée avant même de savoir qu’il s’agissait de Patricia Highsmith (1921-1995), née au Texas, bien loin de la paisible Suisse.

Ce n’est que bien plus tard qu’Eva Vitija a découvert l’œuvre de l’Américaine, commençant par lire le recueil de nouvelles L’Amateur d’escargots, avant de s’attaquer à ses romans. Puis est venue cette révélation: tous les carnets de notes et journaux intimes de Patricia Highsmith sont conservés aux Archives littéraires suisses. Se souvenant de cette image fondatrice d’une femme et de ses chats, la scénariste et réalisatrice décide alors de se plonger dans ce matériel alors inédit et finalement en partie publié l’automne dernier (Les Écrits intimes de Patricia Highsmith 1941-1995, Ed. Calmann-Lévy). Et là, c’est la révélation: «J’avais en tête l’image d’une écrivaine sombre, un peu cruelle, et soudainement j’ai découvert une sympathique jeune femme.»

Homosexualité longtemps cachée

Intriguée par l’antagonisme entre l’image publique et l’image privée de la Texane, elle décide alors d’en savoir plus, profitant notamment de la présentation de son documentaire Das Leben Drehen à l’enseigne de l’Austin Film Festival pour aller rencontrer sa famille. «Ils ont été très ouverts et m’ont laissée regarder tous les documents qui traînaient dans des malles. J’ai notamment eu accès à des photos de Patricia Highsmith jeune qui n’avaient jamais été montrées!» C’est ainsi qu’a peu à peu pris forme Loving Highsmith, un film qui explore l’œuvre et la carrière de l’écrivaine à l’aune de sa vie privée, en montrant notamment comment son homosexualité, qu’elle a longtemps dû cacher, a largement influencé ses histoires.

«Dans un de ses journaux intimes, note Eva Vitija, elle a d’ailleurs elle-même écrit que ses livres seraient peut-être un jour relus sous le prisme de son homosexualité. Je suis sûre que si elle était née plus tard, ses livres auraient été différents.» Et la documentariste de mettre en exergue la manière dont l’autrice a largement exploré le thème de l’identité et de l’insécurité, mettant en scène des personnages aux genres parfois pas véritablement définis. A l’image du très trouble Tom Ripley, héros de cinq romans entre 1955 et 1991, et incarné au cinéma par Alain Delon (Plein soleil de René Clément, 1960), Dennis Hopper (L’Ami américain de Wim Wenders, 1977), Matt Damon (Le Talentueux Mr. Ripley d’Anthony Minghella, 1999), John Malkovich (Ripley’s Game de Liliana Cavani, 2002) et Barry Pepper (Mr. Ripley et les ombres de Roger Spottiswoode, 2005).

Dimension poétique de l’écriture

S’il est difficile d’incarner par l’image le travail d’une écrivaine, Eva Vitija a cet avantage que la plupart des romans de Patricia Highsmith ont été portés à l’écran, intéressant notamment de nombreux réalisateurs français, comme Claude Autant-Lara (Le Meurtrier, 1963), Claude Miller (Dites-lui que je l’aime, 1977), Michel Deville (Eaux profondes, 1981) et Claude Chabrol (Le Cri du hibou, 1987). Tout avait commencé de manière royale en 1951, lorsque son premier roman, L’Inconnu du Nord-Express, a été magistralement adapté par le maître Hitchcock. «Qu’aurait-elle ensuite écrit sans le succès énorme de ce roman et du film? C’est la question que j’essaye de mettre en avant en montrant également la dimension poétique de l’écrivaine», souligne la Bâloise.

Franziska Sonder (production), Eva Vitija (réalisation et scénario) et Maurizius Staerkle Drux (production) lors de la première mondiale de «Loving Highsmith» en ouverture des 57e Journées de Soleure, 19 janvier 2022. © Peter Schneider / Keystone

Autre film marquant, Carol, bouleversant mélodrame réalisé en 2015 par Todd Haynes d’après le roman éponyme, d’abord publié en 1952 avec le titre The Price of Salt, sous le pseudonyme de Claire Morgan car évoquant une histoire d’amour entre deux femmes. «Je ne sais pas si on peut dire qu’il s’agit de son livre le plus important, mais c’est en tous les cas le plus personnel. Elle a démarré plusieurs autres manuscrits de ce qu’elle appelait girl books, mais elle ne les a pas terminés parce qu’elle ne voulait pas être considérée comme une autrice gay.»

Au final, l’intérêt de Loving Highsmith provient bien de la manière dont sa réalisatrice parvient à entremêler vie privée et vie professionnelle pour montrer comment la première a influé sur la seconde. Et il y a aussi, donc, ces extraits de longs métrages qui viennent rythmer le récit. Mais pas trace d’Alain Delon en Ripley… «Les droits des films sont très difficiles à obtenir. Pour des raisons financières, on ne pouvait avoir Plein soleil et Le Talentueux Mr. Ripley, on a donc dû faire un choix. Et je trouve que l’interprétation de Matt Damon est en terme du sous-texte homosexuel plus intéressante, ce qui est normal vu que le film a été réalisé quarante ans plus tard. Quand on travaille avec un film dans la salle de montage, on finit par voir comment il est fabriqué, et à la longue certains s’affaiblissent. Mais je dois dire que celui de Minghella ne nous a dévoilé aucune faiblesse. Tant du point de vue des acteurs que de la mise en scène, il est parfait!»


Loving Highsmith, d’Eva Vitija (Suisse, Allemagne, 2022), 1h23

 

[Source : http://www.letemps.ch]

Escrito por SAMUEL PEREZ 

O profesor portugués Victor Correia elaborou unha selección de 150 cantigas eróticas de 50 autores diferentes. Esta antoloxía titulada “Poemas eróticos dos cancioneiros medievais galego-portugueses” e traducida ao portugués contemporáneo foi todo un éxito no país veciño.

A Idade Media destaca polo poder eclesiástico. A cristiandade e os seus valores impuxéronse, polo que ninguén podería supoñer que esas persoas escribiran poemas eróticos que ruborizarían a cidadáns actuais. 

Victor Correia, que se licenciou en Filosofía pola Universidade Pontífica de Santo Tomás de Aquino en Roma, clasifica a meirande parte destes escritos dentro das cantigas de escarnio e maldicir, aínda que recoñece que hai algunhas que tamén poden clasificarse como cantigas de amigo ou de amor.

Nunha entrevista no xornal portugués Sol, o escritor comenta que quedou sorprendido polo vocabulario tan explícito que usaron os autores das cantigas. Correia non adaptou as palabras medievais a conceptos contemporáneos, reitera que el non engadiu ningunha das palabras malsoantes que se poden ler ao longo da antoloxía, por moi actuais que parezan.

Cartel publicitario da antoloxía de Victor Correia “Poemas eróticos dos Cancioneiros Medievais Galego-Portugueses”

TEMAS

Entre as 150 cantigas eróticas, podemos atopar pezas sobre prostituciónpederastia ou incesto. A homosexualidade tamén era un tema recorrente, case sempre dende a óptica da homosexualidade masculina xa que se vía como unha perda de masculinidade. Así mesmo, tamén hai escritos que tratan a homosexualidade feminina.

Moitas das cantigas falan da vida privada dos nobres e dos poderosos da época. Non hai que esquecer que as cantigas estaban feitas para logo ser cantadas polos xograres fronte a un público. Polo tanto, moitas das historias que se revelaban nos cantos tiña un propósito político, revelar segredos para danar reputacións.

 

[Fonte: http://www.historiadegalicia.gal]

Livro de David Vincent convida a discernir entre o padecimento da solidão e o trânsito sadio da privacidade aos encontros. Será possível responder ao medo de estar só com uma transformação radical da vida em sociedade?

Escrito por Gustavo Assano

Segundo o fascinante livro do historiador da vida cultural inglesa David Vincent, A History of Solitude (London/UK; Polity Press, 2020), “solitude” não é o mesmo que “solidão” (loneliness). Na percepção do resenhista Terry Eagleton, ao resumir a oposição entre os dois conceitos na obra de Vincent, pessoas solitárias sentem carência de companhia de outras pessoas. Já as pessoas em solitude buscam formas de escapar da companhia de outras pessoas.[1] Historicamente, no discurso sobre solidão, solitude aparece como uma dupla negação: é a condição daqueles que não estão acompanhados e não se sentem sozinhos. Seria uma desejada situação de privacidade satisfatória.

O debate público sobre solidão na sociedade inglesa teve o efeito de obscurecer a função positiva da ausência de companhia. No entanto, Vincent argumenta que o impacto da modernidade tardia sobre as relações sociais está na fronteira entre solidão e solitude. O primeiro estudo sobre o tema foi publicado em 1785 por Johan Georg Zimmermann, médico do rei da Prússia, Frederico o Grande, sob o título Über die Einsamkeit. Foi um sucesso editorial imediato, apesar da recepção ambivalente da crítica especializada glosada por Vincent. Tornou-se rapidamente um livro obrigatório de se ter na estante de casas de pessoas que se queriam mostrar conscientes do processo de modernização em andamento. Ainda que a miséria ideológica alemã freasse tendências de aburguesamento cultural, a reflexão de um estudo de nação europeia periférica serviu de referência para o centro do sistema.

Era um tema controverso. O objetivo do autor era encontrar a harmonia, o índice de razoabilidade entre as vantagens e desvantagens da reclusão em sociedade. Nem a vida em agrupamentos sociais ou em reclusão completa seriam suficientes isoladamente, pois, nas palavras de Zimmermann, “devemos reconhecer-nos plenamente persuadidos de que, se a condição apropriada do homem não consiste numa relação de comércio promíscuo e difuso com o mundo, tanto menos consegue realizar os deveres de sua posição por uma renúncia selvagem e teimosa à vida em sociedade”. Zimmermann sublinha a importância da relação semovente entre estar recluso e estar acompanhado. Isolamento produtivo e seguro para o iluminismo alemão recém-amadurecido era uma questão de escolha. Um indivíduo que preserva sua sanidade, defende o médico prussiano setecentista, deveria poder mover-se sadiamente “para dentro” e “para fora” da solitude.

A tradução para a língua inglesa não usou o termo “solidão” [“loneliness”] para o livro de Zimmerman. No entanto, uma “solitude destrutiva”, que ele debatia amplamente, correspondia ao uso moderno da palavra solidão e o sofrimento que ela descreve. O fármaco passava a causar dano quando o indivíduo era forçado à ausência de companhia contra sua vontade, quando, por exemplo, abraçava algum voto monástico ou intensa melancolia contra os quais não havia escapatória senão o confinamento do isolamento involuntário. Torna-se então impossível uma navegação segura entre solitude destrutiva e criativa. Neste sentido, a formulação de Vincent é perfeita: solidão é a solitude que fracassa (“The most succint definition of loneliness is failed solitude”).

O livro de Vincent percorre a aparição da apreciação da solitude em todos os estágios da formação da vida moderna da sociedade inglesa. Da aquisição dos hábitos de caminhada na oposição entre campo e cidade às tensões entre espiritualização romântica e processo de secularização capitalista; da consolidação da vida privada na conformação da esfera pública burguesa à sedimentação dos núcleos urbanos industriais; do surgimento e processo de valorização da literatura popular ao reconhecimento da integração da mulher na esfera pública; do surgimento de espaços concentracionários modernos como prisões, conventos reformados e escolas aos estertores da era digital; o fôlego investigativo de Vincent parece não ter limites quando se trata de confrontar a formação da Inglaterra moderna como pré-história da solidão contemporânea.

Durante a Segunda Guerra Mundial e principalmente no pós-guerra, a reclusão intensa e o isolamento social eram fortemente associados à ideia de vida independente, uma hipervalorização da vida solitária como signo de aquisição de autorrealização, uma conquista de identidade e cultivo de uma autoimagem que se traduzia em autonomia e liberdade no alvorecer da nova classe média da economia de Welfare State. Numa pesquisa sobre o tema realizada pelo relatório Mass Observation na Inglaterra de 1943, um jovem diz, em citação muito bem aproveitada por Vincent, que “o lar (home), para mim, é um lugar onde eu possa sentir-me um indivíduo completo. Neste momento consiste num apartamento onde eu possa comandar sozinho minha vida, e que eu preencho com minha personalidade, onde eu posso receber meus amigos, onde posso retirar-me em completa solidão fazendo o que eu quiser, comendo quando eu quiser. Em suma, um lugar em que tenha aperfeiçoado a arte de estar sozinho”.

Para as mulheres em particular havia uma atração em escapar das demandas sufocantes dos cuidados maternais e do trabalho doméstico para então dar alguma atenção para si mesmas e refletir sobre quem são e quem se gostariam de tornar. Neste sentido, há argumentos fortes para a defesa do isolamento em “solitude” ser encarada não como uma patologia do tempo social, mas uma consequência do que pode ser valorizado no período particular e nas pessoas. No entanto, um pessimismo estatístico induziu o establishment cultural e político inglês à percepção contrária. Enquanto o livro de Vincent era editado, o governo de Teresa May nomeou Tracey Crouch como a primeira “Ministra da Solidão” da história dos estados nacionais do ocidente.

Enquanto enfrentava a contínua crise suscitada pelo Brexit, assim a descrição oficial do governo britânico descrevia a solidão do povo inglês na inauguração do novo ministério: “Mais de um quinto da população adulta do Reino Unido sente-se solitária em quase ou todo o tempo”. As cifras foram obtidas de estudos comissionados pela Cruz Vermelha Britânica em 2016, baseados em questionários com perguntas como “com que frequência você se sente solitário?”. A solidão, neste sentido, tornava-se um caso de emergência para preservação da ordem pública, um caso de gerenciamento do sofrimento social, uma combinação de fatores demográficos, políticos, culturais, ideológicos e médicos que criaram uma “categoria de experiência” passível de governamentalização, um índice para gerir sofrimento psíquico em massa: mais de nove milhões de cidadãos britânicos (ou seja, número maior do que toda a população de Londres) poderiam ser chamados de “solitários”, segundo cifras do próprio governo. Surge o alarmismo de argumentos protetivos e garantistas para um estado de urgência de uma “epidemia de solidão”. Como, do ponto de vista liberal defensor de razão governativa, a solidão surge como problema?

A questão central é entender quando e como “solitude” se torna “solidão”. Segundo Vincent, justamente a partir de 1945, o mesmo momento da descoberta da valorização do isolamento como fator de construção de autonomia individual para uma nova geração, na mesma Inglaterra há uma repentina mudança demográfica na quantidade de idosos vivendo sozinhos, condição que leva a formas de sofrimentos psíquicos associados à ausência de companhia. No entanto, é preciso enfatizar o fato de que muito do sofrimento social associado à solidão está relacionado às escolhas aparentemente livres das pessoas, pois o grosso desse sofrimento decorre de supostas liberdades valorizadas.

Vincent esclarece que o sofrimento social decorrido por solidão voluntária se dá por períodos de transição que acabam durando muito mais do que o esperado, o que pode ocorrer em qualquer período na vida de uma pessoa de qualquer idade. Uma mudança de colégio durante a infância, sair de casa para trabalhar ou estudar numa universidade distante, mudar de região por troca de trabalho em carreiras em transição, uma maior propensão em começar e terminar relacionamentos íntimos e o prolongamento do período após a criação dos filhos, o que pode acarretar novas mudanças de casa e de atividade na rotina, todos estas são formas de transição que podem acarretar solidão involuntária como consequência de aparentes escolhas individuais.

Em cada um destes momentos da vida de qualquer cidadão médio existe a possibilidade de períodos de isolamento individual. O sentido destes períodos depende do cálculo de custo-benefício que fundamenta a iniciativa da mudança, os ganhos contrapostos aos inevitáveis períodos de perda e incerteza e o desajuste entre quantidade e qualidade de relacionamentos consolidados em processos individuais de socialização. O resultado é solitude se as consequências da transformação que motiva o período de transição são vividas como desfrute. A solidão se perpetua quando os períodos de ajuste se prolongam por muito tempo e indefinidamente. Numa sociedade em que cada vez menos os períodos de transição podem ser planejados e controlados, cada vez mais os períodos de isolamento levam ao sofrimento da solidão.

Em outro achado extraordinário pontuado por Vincent, a solidão foi identificada pela primeira vez como um problema moderno na Inglaterra durante o conflito com a política expansionista de Hitler. Durante o longo e duro período entre a evacuação de Dunkirk e os desembarques na Normandia, a manutenção e controle da vida de populações era crucial para a defesa nacional. Pela primeira vez numa democracia liberal a estrutura governamental passou a demonstrar um interesse sistemático por como pessoas comuns se sentiam em relação às próprias vidas. Antes, já era o bastante se basicamente obedecessem a lei, mantivessem observância sobre os princípios do cristianismo e reproduzissem sucessivas gerações de trabalhadores disciplinados, mas agora era de igual importância a manutenção do ânimo, manter um “high morale”.

O medo básico consistia em como sucessivas derrotas militares combinadas com numerosos bombardeios de centros populacionais e o racionamento de necessidades básicas fariam minguar a força de vontade em manter a resistência por parte da população não militar. A distância entre os interesses governamentais e a vida em sociedade da classe trabalhadora se faz notar em muitos exemplos nesses primórdios da gestão da solidão em massa. Num primeiro momento, a população feminina foi colocada sob forte observação, pois se imaginava que com a conscrição de maridos e evacuação de crianças, os núcleos familiares dissolvidos e a solidão gerada pela ausência do trabalho doméstico de boas mães e esposas as levariam a trabalhar contra o “esforço nacional”, pois a ansiedade e a solidão as tornariam inaptas para a nova situação de urgência. Mas foi o extremo oposto que se deu: ao invés de provar ser um obstáculo, a solidão empurrou uma massa de mulheres para a vida pública e para a luta coletiva por melhores condições de vida em fábricas e diferentes espaços de trabalho e em serviços voluntários para a guerra – um despertar contraditório e fascinante entre voluntarismo nacionalista e consciência de classe e gênero.

Durante os anos de construção do estado de bem-estar social, novas formas de solidão emergiram com a destruição violenta de comunidades inteiras, centros urbanos bombardeados impondo a necessidade de extensos deslocamentos entre espaços de trabalho e moradia de novos bairros proletários – toda uma gama de novas formas de solidão foi descoberta (Vicent usa como ilustração deste processo o filme de Ken Loach feito para televisão, Cathy Come Home, de 1966). A ansiedade pela solidão que espreita todo um país de sobreviventes de guerra torna-se uma patologia, um novo tipo de sofrimento social clinicamente reconhecido. A solidão tornou-se um índice de fracasso de socialização coletiva, portanto um fracasso social, de gestão de vida nacional. O gerenciamento da solidão em massa é também um produto de economia de guerra, de Estados e sociedades colapsadas. A ambição iluminista da solitude sadia, a harmonização entre isolamento e socialização como forma de aprimoramento espiritual foi hoje solapada pela lógica de uma sociedade administrada, pois o tratamento de sofrimentos sociais se realiza em nome de imperativos de reprodução de sistemas de dominação social adequados à manutenção da ordem neoliberal.

Com a revolução digital, capítulo que conclui a exposição do livro de Vincent, as formas de solidão e solitude ganham nova escala e novas formas de composição. É neste estágio que se torna possível criar paralelos mais intensos entre a descrição de Vincent e a vida em sociedade organizada em outros fusos históricos, permitindo à imaginação literária e sociológica extrapolar os exemplos locais da cultura inglesa enumerados pelo autor erudito. Na era da uberização, que Vincent não trata em seu livro, na era do orgulho pelo autogerenciamento subordinado do trabalho, a ideia de vida em transição se perenizou em escala global. Não é incomum o papo de motorista de Uber de que “isso aqui é provisório, só até aparecer coisa melhor”. Neste exemplo específico, são horas e horas de solidão, nutrindo contato com pessoas apenas como clientes, a conversa descontraída é na verdade um instrumento desesperado para conseguir boas avaliações, a boa companhia é mecanismo de avaliação de performances de trabalho. Uma submissão ao trabalho intensificado e ultraprecarizado motivado pela narrativa de liberdade que o isolamento promove: é difícil descrever o alívio de exercer um trabalho sem os assédios e admoestações de um patrão e sem concorrentes imediatos para sabotar o desempenho da autoexploração.

Ora, não estamos vivendo a pandemia como se fosse um enorme período provisório que nunca acaba, e que evitamos aventar a possibilidade desta ser uma mudança permanente para não enlouquecermos de vez? Não é esta uma colossal promotora de solidão como sofrimento social? Não me refiro apenas ao distanciamento de quarentena, mas algo mais grave e de maior alcance no tempo, pois não é preciso apenas do isolamento físico para se padecer de uma vida solitária.

A vida que é uma perpétua transição é uma nova forma de governo, o salve-se quem puder da pandemia como estrutura disciplinar condiciona uma espera contínua. A vida precária de bico em bico, da eterna transição, é uma vida em solidão. O problema é que este sofrimento não é reconhecido porque se aprendeu a agir como se fosse solução e não problema. Quem não sente o alívio de conquistar o bico que vai garantir o leite das crianças amanhã e o aluguel no fim do mês? O sofrimento e o alívio estão perfeitamente retroalimentados. A solidão é apreciada, não lamentada, pois é a prova de que se está mobilizado para sobreviver. No próximo bico as coisas mudam, é só segurar as pontas. A esperança de futura prosperidade pessoal é a miragem que prolonga a perpetuação da solidão em nosso tempo. É preciso encontrar alguma maneira de dizer “não precisa ser assim, não precisamos dessa solidão, nada disso precisa ser assim”. Mas o argumento bolsonarista, que não precisa de Bolsonaro no poder para se perpetuar, é mais forte.

Negar a solidão da individualidade forjada pelo mundo do trabalho precário como mero princípio moral nos remete aos dilemas da negação da condição de indivíduo abstrato portador da mercadoria força de trabalho, integrado a formas de socialização por interesses cegos e egoístas que camuflam estruturas sistêmicas. De nada se ganhará ao vilificar-se a formação do gosto pela independência individual, tomar como princípio tautológico a oposição indivíduo=ruim/coletivo=bom nada esclarece, nada resolve da questão, em verdade parece apresentar uma falsa contestação. É a lição apresentada por Adorno no aforismo 6 de sua Minima Moralia, o ponto de partida básico que permite entender que a sujeição da vida ao processo produtivo capitalista “impõe de maneira humilhante a cada um algo do isolamento e da solidão que somos tentados a considerar como o objeto de nossa superior escolha”. A abdicação do sujeito isolado como princípio e aparência de vida reta, a recusa da vida individual independente imersa na ordem capitalista carrega o embrião daquilo que nega. A capacidade crítica da vida antiburguesa, da abdicação em tornar-se mônada, surge da capacidade de distanciamento crítico que a própria vida social de sujeitos isolados pôde fermentar. O não engajamento surge como questão a partir da frieza analítica sobre a autonomia individual e as renúncias que esculpiram a individualidade burguesa, frieza esta que se distingue muito pouco da própria frieza burguesa. Daí a importância da compreensão de um isolamento individual que não signifique mutilação subjetiva simplesmente, como Vincent propõe a pensar – e bastante distante das formulações de Adorno, diga-se de passagem.

Mas não é claro o que significa pensar a solitude em solo brasileiro, o país de escalas industriais que nunca consolidou uma sociedade salarial plena e imprime em sua lógica construtiva o gigantismo de colapsos destrutivos, movimentos rotulados de progresso que redundam em massacres sistemáticos e violência social como metodologia de ordenamento social. Pode a subjetividade do trabalhador de bicos, imerso na viração, encontrar solitude, encontrar em seu isolamento a possibilidade de devanear, sonhar livremente, exercer sua liberdade de imaginação sobre a própria vida e o mundo? Se a reinvenção da solitude é bloqueada pela redução do engajamento subjetivo à integração de corações e mentes à lógica de público-alvo e empresariamento neoliberal, resta perguntar-se se a vida coletiva pode ser reinventada. Será possível responder ao medo da solidão com uma transformação radical da vida em sociedade? Será possível imaginar uma superação do isolamento não pelo medo da morte que a vida em pandemia impõe com apenas um “retorno à normalidade”, mas com a construção coletiva de outra forma de vida? Será possível a revelação de que a ideia de solidão encontra um conflito fundamental ao despertar-se para a realidade de uma massa de solitários em interdependência sistêmica? Uma imaginação libertada talvez nasça da possibilidade de isolar-se sem se sentir sozinho, de sujeitos formados que não caiam apenas em mutilações subjetivas, pois despertam para a reinvenção da solidariedade entre mutilados, uma descoberta de nova coletividade, que não é apenas aparência de vida reta e tautologia moral, uma subversão das aspirações por harmonia do individualismo burguês refletido pela ideia de solitude. Uma consciência que perceba que mesmo a solitude como descrita por David Vincent em sua obra impressionante é muito pouco, mesmo sendo muito.


[1] EAGLETON, Terry. “A History of Solitude by David Vincent; A Biography of Loneliness by Fay Bound Alberti – review”. In: The Guardian (Site). 19/03/2020. https://www.theguardian.com/books/2020/mar/19/history-solitude-david-vincent-biography-loneliness-fay-bound-alberti-review. (Último acesso: 25/01/2022).

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Si plusieurs pays ont déjà opté pour sa suppression, la France continue à mentionner le genre sur ses nouvelles cartes d’identité.

La nouvelle carte nationale d'identité, introduite progressivement en France depuis le 15 mars 2021. | François Lo Presti / AFP

La nouvelle carte nationale d’identité, introduite progressivement en France depuis le 15 mars 2021.

Écrit par Laure Dasinieres — Édité par Thomas Messias

«J’ai juste une question pour vous
Je vois qu’il y a écrit “Madame”, vous venez pour une amie?
Parce que ce n’est manifestement pas vous
Je pense que vous n’êtes pas la personne que vous dites être
Êtes-vous Madame ou êtes-vous Monsieur?
C’est une question très simple. Une question à laquelle vous pouvez me ré
pondre en un instant
Vous ne devriez pas avoir de doutes quant à cette question
Dites-moi simplement, qui êtes-vous?»

Dans sa chanson «Pour une amie», Vikken questionne la binarité du genre et des mentions du sexe dans le domaine administratif, une mention qui, pour beaucoup, n’a simplement pas lieu d’être et pose davantage de problèmes qu’elle n’en résout. D’ailleurs, des pays comme les Pays-Bas ou la Belgique s’apprêtent à faire disparaître cette mention des cartes d’identité.

En France, associations, activistes et juristes œuvrent pour que se produise cette petite révolution qui permettrait de venir à bout de nombre de discriminations, mais aussi, peut-être, de réinventer une société moins binaire et moins en prise avec les stéréotypes.

Outing forcé

Au-delà de toute panique morale dénonçant un quelconque délitement de la société via la suppression de ce qui est présenté comme un de ses fondements (à savoir la binarité homme-femme), il convient d’écouter ceux et celles qui pensent que la mention du sexe sur les papiers d’identité est pourvoyeuse de discriminations.

C’est le point de vue défendu par maître Mila Petkova, avocate à la cour: «La mention du genre sur les papiers d’identité est-elle vraiment utile? Sans doute pas… Après tout, elle ne permet pas d’identifier grand-chose! Il y a tellement d’autres critères que celui-ci qui permettent d’identifier plus précisément les personnes.»

«Cela rendrait la vie des personnes trans, non-binaires et intersexes autrement plus simple au quotidien.»

         Arnaud Alessandrin, sociologue

Me Petkova insiste sur le fait que cette mention figée et binaire du genre, en plus de sembler superflue, est une source de discrimination pour les personnes qui ne rentrent pas dans les cases «homme» ou «femme» (personnes intersexes et non-binaires), ainsi que pour les personnes trans (dont le genre assigné à la naissance ne correspond pas à celui qu’elles ressentent):

«Pour toutes ces personnes, chaque présentation d’une carte d’identité relève de l’outing forcé. Au sein de toutes les institutions (écoles, universités, travail, santé, administrations et services publics), elles sont en permanence exposées à des discriminations et à des intrusions dans leur vie privée du fait de cette mention du sexe.»

Arnaud Alessandrin, sociologue, abonde dans son sens: «Supprimer la mention du sexe sur les papiers d’identité a quelque chose de très pragmatique si on veut protéger les personnes queer des discriminations. Cela rendrait la vie des personnes trans, non-binaires et intersexes autrement plus simple au quotidien.» Et d’ajouter que cette suppression permettrait d’éviter des mutilations commises sur les enfants intersexes visant à conformer l’apparence des organes génitaux au sexe masculin ou féminin d’un mineur sans son consentement.

Une mention, ni plus ni moins

Prévenant toute nouvelle croisade anti-genre, le sociologue précise: «Les personnes cisgenres continueront d’être hommes ou femmes. Ce ne sont pas les papiers d’identité ou les institutions qui cristallisent le genre, mais bien davantage la scolarité ou les médias. Le genre ne disparaîtrait pas d’un claquement de doigts!»

Il balaie également un autre argument en défaveur de la suppression de la mention du sexe sur les papiers d’identité: «C’est une vue de l’esprit de penser qu’une disparition de cette mention empêcherait les sociologues, épidémiologistes et autres chercheurs d’effectuer des statistiques sexuées, que ce soit en santé ou en lien avec les inégalités et discriminations liées au genre.»

«Nous passons notre temps à demander à la CNIL l’autorisation d’accéder à des informations privées qui ne sont pas disponibles ailleurs que sur des logiciels de l’État, explique Arnaud Alessandrin. On pourrait alors penser une déclaration à la naissance qui relèverait uniquement du privé.» Il ajoute: «Ce serait certes plus contraignant d’un point de vue administratif, mais cela permettrait de prendre mieux en compte les personnes trans et non-binaires dans nos études.»

En outre, Me Mila Petkova signale qu’il serait «simplement possible de rendre la mention du genre facultative et basée sur du déclaratif. Chacun et chacune pourrait alors choisir de le faire apparaître ou non et d’éviter que seules les personnes intersexes aient une case vide sur leurs papiers d’identité…»

Pas de case licorne

Sam Bourcier, sociologue, activiste queer et penseur transféministe, maître de conférences à l’Université Lille-III, se montre plus radical: pour iel, le genre n’a simplement aucune raison de figurer sur les papiers d’identité de qui que ce soit. Iel rejette également l’option consistant à ajouter un troisième genre: «Ce qui est important, c’est l’autodétermination. Pas de pouvoir cocher une case licorne.»

«Nous devons nous interroger sur la fonction de la différence sexuelle dans notre société, sur ce que l’identité “femme” apporte politiquement.»

         Sam Bourcier, sociologue et activiste queer

Pour Bourcier, ce qui se joue actuellement dépasse largement les droits et la sécurité des personnes queer, et marque la fin d’une fiction politique: «Le fait de penser les hommes et les femmes comme antagonistes remonte aux XVIe et XVIIe siècles. Aujourd’hui, cette fiction s’écroule et l’âge de la tension binaire semble être révolue.»

L’idée serait de sortir de l’essentialisme lié aux organes reproductifs pour laisser place à l’autodétermination de chacun et chacune. «Ce n’est ni à l’État, ni aux juges de statuer sur le genre d’une personne. Nous devons nous interroger sur la fonction de la différence sexuelle dans notre société, sur ce que l’identité “femme” apporte politiquement», explique Sam Bourcier. Iel montre bien que ces questions interrogent vivement le féminisme actuel, ou du moins certains courants féministes –essentialistes ou «radicaux», pour qui il n’existe pas de distinction entre sexe et genre, puisque le sexe d’une personne déterminerait le genre correspondant.

Sommes-nous aujourd’hui prêts à interroger notre attachement politique à la binarité de genre? À abandonner collectivement des politiques des identités genrées pour changer de paradigme? Serions-nous disposés à nous défaire de l’idéologie essentialiste qui traverse parfois malgré nous notre manière d’envisager la société? Autant de questions qui se posent aujourd’hui de manière sous-jacente à une suppression de la mention du sexe des papiers d’identité.

 

[Photo : François Lo Presti / AFP – source : http://www.slate.fr]

À Marseille, elles ont fleuri à chaque coin de rue pour endiguer la criminalité. Les caméras de vidéosurveillance automatisées et leur algorithme soulèvent de nombreux questionnements de nature éthique. Le documentaire « les yeux carrés » de Louison Assié et Laure Massiet du Biest s’arrête sur ce nouveau phénomène. Cafébabel a visionné le film et interrogé ses réalisateurs lors du festival Millenium à Bruxelles.

Dans la deuxième ville de France, difficile de marcher dans une rue sans être filmé par une caméra de surveillance. Et plus compliqué encore d’obtenir des informations sur ce qu’elles filment réellement. « On avait entendu dire qu’à Marseille, il y avait un projet de laboratoire de caméras de surveillance dans la rue, et ça nous a intrigués », nous racontent Laure Massiet du Biest et Louison Assié, co-réalisateurs du documentaire Les yeux carrés.

La ville de Marseille enregistre un des chiffres les plus élevés de crimes et de délits en France. Pour contrer la délinquance, la ville s’est équipée d’un parc de caméras de vidéosurveillance. En 2018, l’ancien maire de Marseille, Jean-Claude Gaudin (LR), signe un contrat avec l’entreprise SNEF pour équiper la ville d’un système de vidéoprotection intelligente (VPI). Derrière les caméras de surveillance, une intelligence artificielle détecte automatiquement les mouvements de foule et repère les comportements jugés suspects, le tout en temps réel. Les alertes sont ensuite directement transmises au centre de supervision urbain qui décide ou non d’envoyer des policiers sur place.

« On peut penser que les algorithmes sont neutres, mais pas du tout. À la base, il y a quelqu’un qui les a entraînés. C’est du machine learning. »

En 2020, changement de bord, la mairie marseillaise bascule à gauche et l’expansion du dispositif est mise en suspens. La réelle efficacité du système dans la lutte contre la délinquance est alors questionnée par le pouvoir en place. D’autre part, La Quadrature du Net, une association de défense des droits et liberté sur Internet, saisit le tribunal administratif de Marseille afin de faire résilier le contrat signé avec SNEF. Elle met en garde sur les atteintes potentielles des caméras de surveillance automatisées au niveau de la vie privée. Une inquiétude qui se retrouve également dans le documentaire les yeux carrés. Au total, plus de 1000 caméras sont actuellement déployées dans l’espace public marseillais.

 

[Source : http://www.cafebabel.com]

Graffiti d’une caméra de surveillance. Publié et étiqueté pour réutilisation sur Pixabay.

 

Écrit par Syeda Iqraa Bukhari  – traduit par Tommy MOUR

[Sauf mention contraire, tous les liens renvoient vers des supports en anglais, ndt]

Cet article fait partie d’UPROAR [1], une initiative de Small Media qui exhorte les gouvernements à relever les défis des droits numériques lors de l’Examen périodique universel (EPU) [2] [fr].

Si le Printemps Arabe a mis en évidence un phénomène à propos de l’émergence du numérique, du cyberactivisme et de la démocratisation, c’est que la vague de soulèvement qui a ébranlé le Moyen-Orient début 2011 a fini victime du même facteur qui lui avait initialement servi de catalyseur : la technologie [3].

Ce phénomène est apparu au Liban, où pèsent aujourd’hui d’importantes menaces technologiques sur les libertés des citoyens et citoyennes. De plus, les atteintes à la vie privée sont omniprésentes et souvent menées sans contrôle judiciaire adéquat.

Les tensions entre les citoyens et le gouvernement se sont intensifiées pendant les manifestations libanaises de 2019-2021 [4] [fr], quand des manifestants qui avaient été arrêtés ont mis en évidence [4] [fr] le problème des agences de sécurité qui saisissent les téléphones des manifestants en exigeant les mots de passe pour les déverrouiller. Bien que certains perçoivent le mouvement de protestation comme s’opposant à l’austérité, le large éventail de réclamations tend vers un objectif révolutionnaire consistant à redéfinir le système politique sectaire libanais rongé par le clientélisme, la partialité, la duplicité, l’incompétence, etc. Les revendications portent non seulement sur les droits des femmes, la stabilité économique, la création d’emplois et de services publics, mais aussi sur les libertés numériques, à l’instar de « Je veux tweeter sans être arrêté [5] ».

Les agences de sécurité libanaises sont aussi connues pour leur utilisation d’espiogiciels invasifs. En 2018, Lookout et Electronic Frontier Foundation (EFF) ont publié un rapport [6] commun révélant l’existence de « centaines de gigabits de données exfiltrées », violant ainsi le plus élémentaire droit à la vie privée des citoyens libanais. L’allégation la plus choquante était sans doute l’affirmation selon laquelle la campagne globale de cyberespionnage appelée « Dark Caracal [7] », une menace persistante avancé (APT [8]) déployée à l’échelle mondiale ayant ciblé vingt-et-un pays depuis 2012 [8], aurait été « administrée depuis un immeuble de Beyrouth appartenant à la Sûreté générale libanaise ». Les groupes APT [9] sont des organisations qui mènent, « par cyberespionnage ou cybersabotage, des attaques contre les actifs informationnels relatifs à la sécurité nationale ou envers l’importance stratégique et économique », s’en prenant également aux grosses entreprises. Elles ont généralement recours à de nombreux mécanismes pour extraire d’importantes données ou informations sur des crimes en col blanc, comme l’acquisition de rançon ou le cybervandalisme.

De par sa nature de proxy [10] consumériste, le logiciel espion, qui a infecté plus de vingt états [11] et catalyseurs externes (non gouvernementaux), a été qualifié de « surveillance gouvernementale en tant que service payant [11] ». Il a été avancé que Dark Caracal, en usant de simples programmes de hacking et de vieilles méthodes de phishing [12], a pu accéder à des échanges entièrement cryptés sur des réseaux sociaux, dont WhatsApp.

Certains affirment que les technologies de surveillance empêchent les crimes et aident à maintenir l’ordre et la discipline de base, y compris dans des domaines comme l’éducation [13]. Des militants des droits humains prétendent [14] cependant que le programme de surveillance a été utilisé pour cibler des milliers de personnes, y compris des activistes et des journalistes.

Le directeur général de la Sûreté générale libanaise (GDGS), Abbas Ibrahim, réputé être « les yeux et les oreilles de l’État libanais [15] » a émis un communiqué [16] réfutant le rapport de l’EFF, déclarant [17] que « la Sûreté générale n’a pas ces capacités. Nous aurions bien aimé les avoir ».

Les groupes de défense des droits ont également documenté [10] l’utilisation du logiciel espion FinFisher [18] par la Sûreté générale. Il permet de mettre sur écoute divers réseaux sociaux, comme WhatsApp, Viber ou Skype, et d’accéder à des informations privées : localisation, mots de passe, historique des appels, messages, fichiers, photos, vidéos, agenda, et.

Que dit la loi libanaise ?

Les aspects légaux de régulation de la surveillance sont en soi un casse-tête et ont été interprétées de différentes manières. La Loi relative à l’interception des télécommunications du 27 décembre 1999, connue généralement comme la Loi 140/1999 [19], défend la vie privée des citoyens libanais, excepté en situations d’urgence, comme lors d’activités criminelles. L’article 14 [20] de la Constitution libanaise [21] déclare que « le domicile est inviolable. Nul ne peut y pénétrer hors circonstances et manières prévues par la loi ».

Quand bien même, il ne doit pas être pris pour acquis que « le domicile » soit une entité séparée de la présence intangible et privée d’un citoyen sur ses appareils électroniques. Ces deux domaines n’ont pas encore été liés, ou distingués l’un de l’autre, aux yeux de la législation libanaise. Pour de nombreuses personnes dépendant de leur téléphone dans un pays où la majorité de la population utilise [22] internet, le monde numérique est, de fait, une sorte de domicile. La protection légale de la vie privée devrait être étendue pour inclure plus que le simple « domicile », englobant les appareils électroniques et les communications en ligne.

Selon l’article 14, une « ordonnance judiciaire ou administrative [23] » doit être décrétée pour autoriser la surveillance de communications. Cette règle est inefficace pour surveiller et rendre responsable les agences de renseignement, car elles sont directement sous l’autorité du ministère de l’Intérieur, qui possède également l’habilitation pour autoriser les interceptions.

L’article 9 de la Loi 140/1999 décrète que le feu vert administratif peut être donné par les ministres de l’Intérieur ou de la Défense, après que le Premier ministre a ratifié l’acte et la forme de l’interception. Ce genre d’enquête, qui ne doit pas excéder une période de deux mois, ne peut être autorisée qu’en cas de circonstances exceptionnelles, comme la lutte le terrorisme, le crime organisé ou les menaces contre la sécurité de l’État [23]. Cependant, il existe un vide juridique selon lequel chacun de ces crimes peut facilement être associé aux activistes ou aux dissidents.

Pendant ce temps, militants et citoyens ordinaires peuvent essayer de protéger leur vie privée en ligne en téléchargeant des programmes de sécurité numérique, comme Detekt [24] [fr], et en reportant les anomalies aux autorités. Bien évidemment, cette dénonciation est inutile si les autorités elles-mêmes sont impliquées dans la surveillance extrajudiciaire et la violation de vie privée.

Historiquement, le Liban a maintenu sa réputation de pays plus libéral [25] que d’autres nations arabes. Dans ce qui semble être une vague d’efforts fournies par les agences gouvernementales aux prises avec (ou refusant) la vie privée numérique, l’ingérence dans les droits humains en ligne est une préoccupation.

Les lois dépassées devront être amendées, ou de nouvelles lois créées, afin de sécuriser pleinement les droits numériques en limitant les violations de la vie privée des citoyens et en autorisant une supervision solide et indépendante des pratiques de surveillance. C’est seulement à ces conditions que l’intimité, la liberté et la sécurité numériques authentiques des citoyens seront assurées.

Article publié sur Global Voices en Français: https://fr.globalvoices.org

URL de l’article : https://fr.globalvoices.org/2021/12/23/269116/

URLs dans ce post :

[1] UPROAR: https://uproar.fyi/

[2] Examen périodique universel (EPU): https://www.ohchr.org/FR/hrbodies/upr/pages/uprmain.aspx

[3] la technologie: https://www.wired.com/2016/01/social-media-made-the-arab-spring-but-couldnt-save-it/

[4] manifestations libanaises de 2019-2021: https://fr.globalvoices.org/2020/05/04/248561/

[5] Je veux tweeter sans être arrêté: https://www.opendemocracy.net/en/north-africa-west-asia/lebanons-october-revolution-end-civil-war/

[6] rapport: https://info.lookout.com/rs/051-ESQ-475/images/Lookout_Dark-Caracal_srr_20180118_us_v.1.0.pdf

[7] Dark Caracal: https://www.bbc.com/news/technology-42746772

[8] APT: https://www.techrepublic.com/article/dark-caracal-hacking-group-has-stolen-hundreds-of-gigabytes-of-data-from-21-countries/

[9] Les groupes APT: https://www.varonis.com/blog/apt-groups/

[10] proxy: https://citizenlab.ca/2015/10/mapping-finfishers-continuing-proliferation/

[11] vingt états: https://www.theatlantic.com/technology/archive/2018/01/lebanon-hacking-subscription/551009/

[12] phishing: https://www.the-parallax.com/dark-caracal-android-spyware-apps/

[13] éducation: https://www.the961.com/surveillance-cameras-will-now-monitor-the-official-exams-in-lebanon/

[14] militants des droits humains prétendent: https://www.hrw.org/news/2018/01/24/lebanon-investigate-large-scale-surveillance-reports

[15] les yeux et les oreilles de l’État libanais: https://english.aawsat.com/home/article/1019646/abbas-ibrahim-%E2%80%A6-eyes-and-ears-lebanese-state

[16] communiqué: https://www.nytimes.com/2018/01/18/technology/lebanese-intelligence-spy-android-phones.html

[17] déclarant: https://www.nytimes.com/2018/01/18/technology/lebanese-intelligence-spy-android-phones.html?searchResultPosition=3

[18] FinFisher: https://www.kaspersky.com/blog/finspy-commercial-spyware/27606/

[19] Loi 140/1999: https://privacyinternational.org/state-privacy/1081/state-privacy-lebanon#commssurveillance

[20] L’article 14: https://privacyinternational.org/sites/default/files/2018-02/Lebanon_UPR_23rd_session_Joint_Stakeholder_submission_0.pdf

[21] Constitution libanaise: https://www.wipo.int/edocs/lexdocs/laws/en/lb/lb018en.pdf

[22] utilise: https://data.worldbank.org/indicator/IT.NET.USER.ZS?locations=LB

[23] ordonnance judiciaire ou administrative: https://smex.org/wp-content/uploads/2018/02/State_of_Privacy_01_18.pdf?utm_source=Social+Media+Exchange+%28SMEX%29+Newsletter&utm_campaign=8e716d5397-EMAIL_CAMPAIGN_2018_02_22&utm_medium=email&utm_term=0_de3253d538-8e716d5397-77182847

[24] Detekt: https://www.amnesty.org/fr/latest/news/2014/11/new-tool-spy-victims-detect-government-surveillance/

[25] plus libéral: https://www.bbc.com/news/av/world-middle-east-49294065

 

Charly García podría, sin duda, ser considerado uno de los compositores más importantes de la música popular argentina. De personalidad siempre polémica y de genialidad nunca discutida, Charly tiene sobre sus espaldas una trayectoria con una enorme influencia sobre todos los artistas argentinos posteriores. Lamentablemente, la moral pacata de muchos coterráneos y los medios ávidos de sensacionalismo otorgan más espacio en sus comentarios a los “escándalos” de su vida privada y su existencia ligada a los excesos que a la obra discográfica realizada desde 1972.
 
Escrito por Agustín Di Tomaso

Si se dejan de lado los logros musicales de Charly (ni más ni menos), observamos que varias de sus letras describen, de la mejor manera, etapas políticas y sociales de la Argentina. A través de su arte y visión personal de los hechos pudo dar cuenta de lo que ocurría. Tal como lo definió Fito Páez, uno de los músicos que ha reconocido la influencia de Charly en su carrera, “(García) es una ráfaga de lucidez imparable; es un ícono auténtico y un artista lúcido en un país muy hipócrita. Charly percibe la tragedia de este mundo como nadie”.

Hubo un tiempo que no fue hermoso…


Desde sus comienzos, las letras de García abarcaron todo tipo de temáticas. Una manera de esconder las canciones de la censura fue dar forma a fábulas que en apariencia parecen simples leyendas o adaptaciones de historias. En 1980, Serú Girán editó su mejor disco: Bicicleta, trabajo que contenía Canción de Alicia en el país, “la” canción de Charly sobre la dictadura. Una Alicia que es parte del país y este, su único hogar en el mundo: “Quién sabe Alicia, este país/No estuvo hecho porque sí/Te vas a ir, vas a salir/pero te quedas/¿Dónde más vas a ir?”.

También el promiscuo pianista se percató de la imagen falsa que vendía el “American way of life” en los países tercermundistas a principios de la década del ’70. Un ejemplo es la parodia Mr. Jones o pequeña semblanza de una familia tipo americana del disco Confesiones de invierno, donde Mr. Jones no entiende porque lo llevan preso si son “una familia muy normal”.

En ese paso adelante que significó en la música de Charly, el álbum conceptual Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (tanto en sonido como temática), se ven numerosas muestras de la capacidad del músico para lograr un pantallazo de su tiempo. El primer tema, Instituciones, marca cómo estas adoctrinan la vida de los hombres. En todo caso, ¿para qué cuestionar el orden de las cosas si el consumo resuelve todo?: “Oye, hijo, las cosas están de este modo/Una radio en mi cuarto me lo dice todo/No preguntes más/Tenés sábados, hembras y televisores/Tenés días para dar aun sin los pantalones/No preguntes más”. Incluso Charly abarca temáticas como la muerte en El show de los muertos, en Las aventuras del señor Tijeras y la política en Música de fondo para una fiesta animada.

El segundo amor de García, el cine, se hizo presente en el segundo disco de La Máquina de Hacer Pájaros, Películas. Es en ese contexto violento y de represión (corría el año 1977) que se pregunta: ¿Qué otra cosa se puede hacer salvo ver películas? El cine como única vía de escape para el personaje de la canción: “Sobre la T.V. se duermen mis zapatos/Salgo a caminar para matar el rato/Y de pronto yo la veo entre los autos/Justo cuando la luz roja cierra el paso/Me acercaré al convertible/Le diré: ‘quiero ser libre, llévame, por favor’ » (¿Qué se puede hacer salvo ver películas?).

Tal vez la historia más fantástica, pero a su vez más realista que escribió Charly sea la canción que cierra el segundo disco de Sui Generis, Confesiones de invierno: Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario, o no, un monarca que posee todos los lujos y no logra reparar en la miseria en la cual sus súbditos están inmersos: “Yo era el rey de este lugar/Aunque muy bien no lo conocía/Y habían dicho que atrás del mar/El pueblo entero pedía comida/No los oí que vil razón/Les molestaba su barriga”.

No solo de historias vive el hombre


A veces, García recurría a ficciones para realizar su comentario acerca del presente que vivía; otras plasmaba los sentimientos en pequeñas situaciones que cualquiera pudiera identificar o identificarse. Por ejemplo, la paranoia es el tema central de Hipercandombe. El protagonista del tema está padeciendo una persecución o posee un alto grado de sufrimiento que lo convierte en un extranjero en su propio país: “Cuando la noche te hace desconfiar/Yendo por el lado del río/La paranoia es, quizás,/Nuestro peor enemigo/Cubrís tu cara y tu pelo también/Como si tuvieras frío/Pero en realidad/Te quieres escapar de algún lío” (Películas, 1977).

El músico también graficó el éxodo de cientos de argentinos con el advenimiento de la dictadura en el debut de Serú Girán de 1978 en Autos, jets, aviones, barcos; así como el caretaje argentino en la Grasa de las capitales (1979), con parodia a la revista Gente en la tapa del disco, y temas menos pintorescos y más complejos como la Guerra de Malvinas en su primer disco solista con No bombardeen Buenos Aires (Yendo de la cama al living, 1982).

Al año siguiente, 1983, con la dictadura en retirada, otra cuestión candente fue el de los desaparecidos, y Charly se expresó, como nunca, en Los dinosaurios: “Los amigos del barrio pueden desaparecer/Los cantores de radio pueden desaparecer/Los que están en los diarios pueden desaparecer/La persona que amas puede desaparecer (…) Pero los dinosaurios van a desaparecer” (Clics Modernos, 1983).

El mundo de fiesta


Charly, no obstante, también creó canciones que buscan brindar una imagen optimista y de expectativa. ¿Para quién canto yo entonces? cierra Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, y actúa como resumen de la función que cumple el artista: intérprete de sensaciones y pensamientos. Y para García no es relevante la incomprensión que pueda abarcar al arte. Simplemente se limita a expresarse porque al hacerlo él, lo hacen todos: “Yo canto para esa gente/Porque también soy uno de ellos/Ellos escriben las cosas/Y yo les pongo melodía y verso”.

En No te dejes desanimar coloca un manto de esperanza frente a la feroz realidad de miles de desaparecidos y de derechos violados por el gobierno: “Estás harta de ver los diarios/Estás harta de los horarios (…) No te dejes desanimar/No te dejes matar/Quedan tantas mañanas por andar” (Películas, 1977).

El sentimiento de pertenencia a un lugar sobresale en Los sobrevivientes, de la Grasa de las capitales. El protagonista de la canción está hastiado de la realidad en la cual se halla inmerso, pero se reconoce en donde vive: “Estamos ciegos de ver/Cansados de tanto andar/Estamos hartos de huir/En la ciudad/Nunca tendremos raíz/Nunca tendremos hogar/Y sin embargo, ya ves/Somos de acá” (1979).

Con la ida de Reynaldo Bignone y con la democracia por venir, en Yendo de la cama al living, Charly graba un tema que data de los últimos conciertos con Serú Girán: Yo no quiero volverme tan loco. El mensaje es simple: hay que despertarse del largo letargo que significó el gobierno militar: “Escucho el beat de un tambor entre la desolación/De una radio en una calle desierta/Están las puertas cerradas y las ventanas también/¿No será que nuestra gente está muerta?”.

En definitiva, García ha logrado lo que un puñado de artistas: conmover con su arte (en este caso la música) a través de melodías y hacer pensar a los oyentes a través de las letras. Quizás sea su viejo compañero de Serú Girán, Pedro Aznar, quien lo definió de la mejor manera: “Mientras Spinetta es un explorador de almas, de lo abstracto y lo intangible, Charly es, ante todo, el gran cronista de esta sociedad”.
 
 
[Fuente: rebvelados.blogspot.com]

O cineasta israelí Nadav Lapid

Escrito por Martin Pawley

“Todo é político en Israel, un país no que a separación entre a vida privada e a esfera colectiva é totalmente artificial”. Díxollo Nadav Lapid (Tel Aviv, 1975) ao crítico Ariel Schweitzer nunha entrevista do libro Le nouveau cinéma Israélien, mais a frase serve igualmente para describir todos os filmes do director. Todo é político no cinema de Nadav, que entrelaza o íntimo e o público, a memoria persoal e o peso da historia, unha confrontación entre impulsos opostos que arrastra aos seus personaxes, sometidos a esa lóxica hostil e manipuladora. Así foi desde a primeira curta en adiante, até conformar unha das filmografías máis estimulantes e coherentes do cinema contemporáneo.

Faise palpábel esa dinámica entre forzas contrarias na presenza do universo militar. Hai, dunha banda, un malestar evidente, o desagrado ante a visión de homes armados polas rúas, ou, como en Ammunition Hill, o tributo ás fazañas bélicas pasadas por parte dos nenos e nenas dunha escola. Mais tamén está a fascinación polo exército nun país no que o servizo militar segue sendo obrigatorio. O mito do heroísmo, da entrada en combate, o glamour dos uniformes, a mocidade como celebración. O sentimento de pertenza a un grupo, o pracer irreflexivo do sometemento, a disolución inconsciente da propia personalidade en favor dun mandato superior. Así é o fillo maior de Nira, a profesora de parvulario, ou os policías de Ha-Shoter, que teñen a fidelidade e a obediencia como valores supremos. Un clan de machos que festexan a camaradería e a virilidade, esa mesma masculinidade recia e dominante intimamente asociada ao ideario nacional: basta ver as películas que nos anos 70 fixo outro gran cineasta israelí, Uri Zohar, para constatalo. Yaron, o protagonista de Policía en Israel, fai sempre o que se supón que debe, executa coa mesma minuciosidade unha masaxe á súa muller embarazada que a resolución dun secuestro. Mais ao final bastará a visión dun rostro para que esboroe o seu mundo de vigor e disciplina: as cousas non son nunca tan sinxelas. Outra visión, unha imaxe proxectada nunha pantalla -un plano de Teorema de Pasolini– suporá unha ruptura decisiva para o soldado de Lama, cinco minutos de absoluta perfección (e unha lección maxistral máis de montaxe a cargo de Era Lapid, nai do director).

Facerse adulto, a calquera idade, esixe renunciar ao acatamento dócil de certezas dubidosas. Esixe aceptar a complexidade, aínda que doia. En Haganenet un neno de cinco anos, Yoav, mostra un talento excepcional para a poesía. En calquera momento, de súpeto, porase a camiñar dun lado a outro mentres recita versos de inesperada altura intelectual. De onde saen esas palabras? Como pode alguén tan pequeno falar de emocións sofisticadas que non viviu? Para a súa perplexa profesora, ela mesma fascinada pola poesía, por unha beleza que ansía mais non posúe, Yoav é un milagre que require protección nunha sociedade que despreza o talento e o coñecemento. Un país que despreza aos poetas. Non por casualidade a película comeza co marido de Nira tombado no sofá vendo un estúpido programa de televisión. Cando se incorpora para sentar, golpea non unha senón dúas veces a cámara, que se sacode. Dalgunha forma, ese xesto introduce xa o ton da película: rompe a parede invisíbel que separa o espectador do relato, mais rómpea facendo que a imaxe trema. O que treme, por un instante, é o mal gusto e a comodidade. A película revólvese porque é preciso revolverse ante a indolencia, ante a apatía. A poesía é a ferramenta da que se vale Nira na súa guerra contra o mal da banalidade. Nunha sociedade que aplaude as mensaxes triviais e os discursos sen matices, que grita máis que fala, que nega os debates por pura preguiza, non pode haber verdadeira rebelión se non nace da dúbida, de perder o medo a dicir “non sei”, de perder o medo a dicir “non”, de asumir, desexar mesmo, que non haxa camiños fáciles. Nira podería afirmar, coma o “salvaxe” John de Un mundo feliz de Aldous Huxley, “non quero a comodidade”. Nira, como John, quere a poesía, o perigo real, a liberdade, a bondade, o pecado. Reclama o seu dereito a ser infeliz, a arriscar a súa vida tranquila e estábel. A súa actitude é moito máis revolucionaria que a dos radicais burgueses de Ha-Shoter. A súa é unha batalla perdida e disparatada, mais irrenunciábel. Non é froito dun idealismo naif, senón unha reacción visceral e sen compaixón contra a vulgaridade. Nira é un personaxe perturbador, un dos máis fascinantes e complexos do cinema deste século, e a interpretación que dela fai Sarit Larry é memorábel. É un piar básico dun filme excepcional, que asombra pola elegancia e gracilidade con que a cámara segue aos actores, en particular os nenos. O que conseguen facer Nadav e o seu director de fotografía Shai Goldman é case sobrenatural: a pantalla énchese co rostro de Yoav ou coa mirada de Nira e desaparece todo o demais, esvaece a dureza urbana de Tel Aviv. Aínda que a cidade estea moi viva no filme, coas súas divisións raciais, os seus ricos despreocupados e os seus artistas snob.

Ninguén pode desfacerse da historia. En Kvish, a estrada dun encontro amoroso foi antes o espazo dunha acción violenta co conflito palestino-israelí como escusa. A Shoah é o obxecto de interese da amiga de Emile na mediometraxe homónima, fronte aos desexos bastante máis prosaicos e carnais do seu contacto en Israel; acabarán descubrindo que teñen moito máis en común do que imaxinaban noutro deses xogos dialécticos tan propios do director. Tampouco ninguén pode desfacerse da tradición, mais si queda certa marxe para a rebeldía. O protagonista de Do diario dun fotógrafo de vodas subverte o acontecemento social por excelencia, o matrimonio, con grandes doses de mordacidade e escepticismo. “Eu xa o vin todo, mesmo vos vin a vós”, dille a uns noivos. Ou “as vodas son coma os funerais, nunhas enterras aos vivos e noutras aos mortos”. Fronte á felicidade simulada coma proba da submisión ante as convencións, ante os seus ollos e a súa cámara desvélase un profundo malestar. A miúdo hai máis impostura que desexo. A solución pasa por renunciar á comodidade. Por aprender a dicir “non”. Por aceptar a complexidade, aínda que doia.

Filmografía de Nadav Lapid

2002 Proyect Gvul [Proxecto fronteira] – curtametraxe
2005 Kvish / Road [Estrada] – curtametraxe
2006 Ha-Chavera Shell Emile [A amiga de Emile] – mediometraxe
2011 Ha-Shoter [Policía en Israel] – longametraxe
2013 Ammunition Hill – curtametraxe
2014 Haganenet [A profesora de parvulario] – longametraxe
2014 Lama? [Por que?] – curtametraxe
2016 Myomano Shel Tzlam Hatonot [Do diario dun fotógrafo de vodas] – mediometraxe

 

[Foto: Wikipedia – fonte: http://www.nosdiario.gal]

A punto de cumplir 70 años, la actriz se mantiene como una de las grandes damas de Hollywood. Pero para llegar a un tercer acto feliz tuvo que superar una historia familiar solitaria y complicada y una vida a la sombra del actor más carismático de su generación

Anjelica Huston con Jack Nicholson, que fue su novio durante 17 años de forma intermitente y fue uno de los dos hombres cuya sombra superó gracias a su talento. El otro fue su padre, John Huston.  GETTY IMAGES

 

Escrito por JUAN SANGUINO

En julio de 1951, un mensajero descalzo atravesó el Congo corriendo durante tres días para entregar un telegrama en las cataratas Murchison del río Nilo, al noroeste de Uganda. Su destinatario (John Huston, en pleno rodaje de La reina de África) lo leyó y lo guardó en su bolsillo sin inmutarse. “Por Dios, John, ¿qué dice?” preguntó Katharine Hepburn. “Ha sido niña”, respondió él. “Se llama Anjelica”.

Desde su nacimiento la vida de Anjelica Huston ha tenido textura de novela de aventuras, de cuento de hadas y de melodrama de Hollywood. John Huston conoció a Enrica Soma cuando esta tenía 13 años y él 37. Se reencontraron cuando ella era una prometedora bailarina de 17 años y su cara, que John Huston describía como “una madonna del quattrocento”, ya había aparecido en la portada de Time. “¿Qué hay de atractivo en ver a una niña crecer hasta una edad follable delante de tus narices?”, preguntó la tercera esposa de Huston cuando este la dejó para casarse con la bailarina.

Cuando John Huston se enteró de que su hija estaba a punto de ser la Julieta de Franco Zeffirelli, escribió una carta al director italiano para que contratase a otra actriz: quería ser él quien presentase a Anjelica al mundo

John retiró a Enrica del ballet y le compró St. Clarens, un terreno de 44 hectáreas a una hora de Galway y la única residencia con calefacción central de toda Irlanda. Había un castillo normando, una mansión donde se alojaba el director y otra casa en la que Enrica vivía con sus dos hijos. “Y aquí empieza mi historia –escribía Anjelica en sus memorias– con la fantasía de un hombre de mediana edad”. El director decoró aquella casita de muñecas con oros etruscos, tapetes franceses, muebles de Luis XIV, mármoles griegos, biombos japoneses, cabezas de animales de cacerías, jades imperiales y los Lirios de agua de Monet, que había ganado en una buena mano en un casino. John Huston era un coleccionista de cosas hermosas. Y eso incluía a las personas.

Durante su infancia, Anjelica solo veía películas de su padre (El halcón maltés, Cayo Largo, El tesoro de Sierra Madre) y sus juguetes eran planetarios de bronce, fotografías de Manolete (rezaba cada noche por su supervivencia) y docenas de ponis. En una ocasión le confesó a una amiga que El mago de Oz nunca le había conmovido particularmente y esta le replicó: “Claro, porque tú tenías St. Clarens”. El mago de todo aquello, John Huston, regresaba a casa solo por Navidad pero con tesoros de todo el mundo como si fuese, literalmente, Santa Claus: sedas orientales, kimonos japoneses, cristales venecianos. Cada operística reaparición del cineasta llenaba la casa de ruido y de invitados como John Steinbeck (que solía contarle a Anjelica historias de Trampoline, una prostituta mexicana), Peter O’Toole (para quien Anjelica representaba obras de Shakespeare), Jean-Paul Sartre, W. H. Auden o Robert Mitchum, con quien la niña jugaba al Scrabble.

Jack Nicholson y Anjelica Huston fotografiados en 1974. Eran la pareja de moda en Hollywood. En cualquier sitio, en realidad.

Jack Nicholson y Anjelica Huston fotografiados en 1974. Eran la pareja de moda en Hollywood. En cualquier sitio, en realidad.  GETTY IMAGES

La actriz, que estaba obsesionada con el cuerpo de su padre, lo describe como “más alto que nadie, un león, un líder, el pirata que todo el mundo desearía tener la audacia de ser”. En una ocasión regresó a casa con un loro africano en el hombro. “Cuando llegaba, el sol entraba en la casa, las cosas se volvían majestuosas, la plata brillaba. La casa adquiría otros colores, las lámparas de araña se iluminaban y el champán burbujeaba. Era el hombre más arrebatador que he conocido. Era como un dios. Me llamaba ‘cariño’, ‘querida’ o ‘mi niña’ y después se marchaba y todo volvía a las sombras”, recordaba Anjelica en su autobiografía. Como le gustaba ver a las mujeres cabalgar de lado, enseñó a su hija a hacerlo cuando esta tenía 11 años. También le explicó que si los samuráis solo tenían permitido llorar tres veces en toda su vida, no había motivo para que ella llorase tres veces al día.

“Mi único rol era ir de su brazo. Yo quería domesticar a la bestia, porque los hombres conquistan países pero las mujeres conquistamos corazones, pero mi deseo era ser como Jo March en ‘Mujercitas’. Quería un romance, casarme y tener montones de hijos”

Cuando tenía 11 años, Anjelica se enteró de que su padre había dejado embarazada a su niñera, Zoe Sallis (de 20 años). Cuando John Huston se enteró de que su hija estaba a punto de ser la Julieta de Franco Zeffirelli, escribió una carta al director italiano para que contratase a otra actriz: quería ser él quien presentase a Anjelica al mundo. El rodaje de Paseo por el amor y la muerte en 1969 traumatizó a Anjelica, que solo quería rebelarse contra su padre, con tan mala suerte de que su padre era además su director. Ella intentaba maquillarse en secreto, pero él le limpiaba la cara antes de cada toma. “Quería agradarle, pero también le tenía miedo”, admitiría ella. En aquel momento Anjelica ya tenía la edad de las conquistas más jóvenes de John (Marlon Brando la invitó a visitarlo en Tahití) y tenía que rodar escenas semidesnuda para él. Durante una discusión, le arrancó la ropa delante de todos los operarios.

La crítica sepultó la película ensañándose con el nepotismo: John Simon describió que la actriz debutante tenía ”la cara de un ñu exhausto, la voz de una raqueta de tenis aflojada y una figura sin forma discernible”. En plena promoción de Paseo por el amor y la muerte, su madre Enrica falleció en un accidente de tráfico a los 39 años. “Abrí su armario y todos aquellos Balenciaga que tanto había deseado probarme parecían lánguidos. Ni siquiera olían a ella”, recordaría Anjelica. Cuando un policía le entregó la cinta de casete que Enrica iba escuchando cuando se estrelló (Las cuatro estaciones, de Vivaldi, que Anjelica le había regalado días antes) todavía estaba manchada de sangre. Temiendo que su padre la internase en un convento, se refugió en la moda y llegó a posar para un reportaje de 30 páginas en Vogue fotografiada por Richard Avedon en Irlanda. “Me encantaban la ropa, el champán, la atención. Todo excepto mi aspecto. Compartía espejos con las mujeres más hermosas del mundo y lloraba sin parar porque me veía fea. Ahora miro esas fotografías y creo que estaba maravillosa”, explicó años después en la revista People.

Anjelica Huston con su padre John Huston en 1986. Él fallecería un año después.

Anjelica Huston con su padre John Huston en 1986. Él fallecería un año después. GETTY IMAGES

Anjelica mantuvo una relación de cuatro años con el fotógrafo Robert Richardson, marcada por los abusos psicológicos (Richarson fue diagnosticado con esquizofrenia años después): él le recriminaba no ser “una mujer de verdad” por no quedarse embarazada, ella llegó a rajarse las venas. Richardson tenía 42 años, ella 18 y no se le escapó el patrón en el que estaba cayendo. “Solo estaba buscando un padre, un padre que me diese su aprobación”. La relación acabó en cuanto John conoció a su yerno: pasaron unos días pescando y se llevaron tan mal que, nada más aterrizar en Los Ángeles, Anjelica estrechó la mano de su novio y no volvió a verlo nunca más. Se mudó con su padre, porque la mansión que compartía con su quinta esposa albergaba casi todos los tesoros de St. Clarens y sintió que estaba volviendo a casa. Para celebrarlo, John cambió el nombre de su barco Allegra (su quinta hija) por Anjelica. “Después de aquello solo quería risas. Quería pasármelo bien, salir a bailar, ver gente y tener una vida social con muchos amigos”, rememoró. Y eso es exactamente lo que ocurrió.

Anjelica, este es Jack; Jack, esta es Anjelica

Anjelica confiesa que se enamoró por primera vez de Jack Nicholson cuando lo vio en Easy Rider (Buscando mi destino) (Dennis Hopper, 1969) y por segunda vez cuando él abrió la puerta de su mansión recibiéndola “con esa sonrisa” en una fiesta de cumpleaños. Pasaron la noche juntos y a la mañana siguiente Nicholson le pidió un taxi, en el que ella tuvo que montarse todavía con su vestido de noche. El actor canceló su segunda cita debido a “un compromiso previo” que resultó ser Michelle Phillips, la cantante de The Mamas and the Papas (Anjelica y Michelle son amigas desde entonces), pero acabaron embarcándose en una relación intermitente de 17 años. Ella se retiró de la moda para ejercer como consorte de Jack.

Huston y Nicholson se convirtieron en la personificación del glamur del Hollywood más nocturno. En una escena de Annie Hall en la que Paul Simon trataba de convencer a Diane Keaton de que le acompañase a una fiesta, Simon improvisó la frase “Jack y Anjelica van a venir”. Joni Mitchell escribió una canción sobre sus fiestas, People’s Parties (“toda la gente en esta fiesta tiene sonrisas de pasaporte”). “Había poetas, cantantes, travestis y modelos. La aristocracia rebelde americana se mezclaba con los círculos de Warhol”, presumió ella en The Guardian. En uno de sus cumpleaños, celebrado en un club que todavía no había abierto sus puertas, Jack le llevó un bebé elefante.

Anjelica Huston fotografiada por Arnaud de Rosnay en 1968 para Vogue.

Anjelica Huston fotografiada por Arnaud de Rosnay en 1968 para Vogue. ARNAUD DE ROSNAY/CONDE NAST COLLECTION

Jack, 14 años mayor que ella, era otro centro de gravedad más grande que la vida. La hija del capo se transformó en la chica del gángster. Y en una metáfora perversa, John Huston interpretó en Chinatown (Roman Polanski, 1974) al padre/amante de la novia de Jack Nicholson. Anjelica se instaló en la casa que Nicholson tenía en lo más alto de Mulholland Drive (“era como estar en la cima del mundo”, admiraría la actriz), en Los Ángeles, con Marlon Brando como vecino. Ella intentó aficionarse a los Lakers asistiendo a varios partidos por semana, disimuló su irritación cuando él la llamaba “colega” y se acostumbró a que siempre que sonase el teléfono fuese para Jack. Anjelica recuerda que a él, como a su padre, le encantaba coleccionar personas: “Nos llamaba paternalmente ‘mi gente’ cuando lo que yo quería era ser especial, sentía que estaba perdiendo mi identidad. Pero era bueno estar en aquel equipo de personas. Un equipo fuerte. Un equipo ganador”.

Tras 17 años de relación en los que él solía ridiculizar sus propuestas de matrimonio y en los que intentaron varios tratamientos de fertilidad, Nicholson le contó que había dejado embarazada a una camarera de 26 años

Jack solía llamar “mía” a Anjelica. Cuando la pareja acudió al festival de Cannes en 1974 (donde Nicholson ganó como mejor actor por El último deber), una rubia en moto se les acercó e invitó a Jack a subirse. Este no lo dudó ni un instante, dejando a Anjelica en el hotel llorando durante horas. En otra ocasión, se encontró a la modelo Apollonia van Ravenstein llorando en su casa y cuando le preguntó a Jack este le aclaró que se la había tirado por pena. “No quería parecer quejica ni celosa. Reaccionar me habría relegado a ser una persona aburrida, así que decidí dejarlo estar hasta que no pudiese más”, confesaría la actriz, quien además reconoce que cuando Jack la agarraba del brazo obligándola a sentarse para evitar un ataque de celos en público ella “disfrutaba de ese breve destello de posesividad”. Cuando Anjelica, entre lágrimas, buscó consuelo en su padre, este se mostró irritado: “Son cosas de hombres”.

Anjelica intentó plantar un rosal en el jardín de Jack. “Pero era difícil, porque iba en bikini, ya que también quería broncearme. ¿Has intentado plantar rosas en bikini? En cualquier caso Jack decidió plantar bambú para proteger su privacidad, el cual obstruía mis rosas. Así que no hubo más que hablar”. Las sistemáticas infidelidades de Jack empujaron a Anjelica a abandonarlo por Ryan O’Neal, entonces el actor más guapo del mundo gracias a Love Story. Pero durante una discusión, provocada por la confesión de él de que estaba acostándose con Ursula Andress y Bianca Jagger, O’Neal chocó su cabeza contra la de Anjelica y la abofeteó.

Anjelica Huston en un evento organizado por PETA en Los Ángeles en junio de 2019.

Anjelica Huston en un evento organizado por PETA en Los Ángeles en junio de 2019. GETTY IMAGES

Ella regresó con Nicholson sin que existiese ni una sola foto que documentase su año y medio con O’Neill. “Mi único rol era ir de su brazo. Yo quería domesticar a la bestia, porque los hombres conquistan países pero las mujeres conquistamos corazones, pero mi deseo era ser como Jo March en Mujercitas. Quería un romance, casarme y tener montones de hijos”, admitiría.

Una habitación propia

En 1980, Jack le regaló un Mercedes y Anjelica sufrió un accidente aquel mismo día, que acabó con su nariz rota en ocho partes. Tras salir del hospital decidió comprarse su propia casa a 15 minutos de la de Jack. Tenía casi 30 años. Decoró su casa con tapetes del siglo XIX, espejos italianos, artefactos egipcios, baúles marroquíes y bustos afganos. Seguía preguntándose si acaso no estaba viviendo en la casa pequeña mientras Jack vivía en su mansión, tal y como habían hecho sus padres, pero al menos ya no tendría que aguantar que los asistentes de Nicholson (encargados además de concertar sus citas con él) le pidiesen que por favor no escribiese en las libretas que había junto al teléfono.

Su nuevo proyecto de vida incluía volver al cine. Para ello tomó clases, en las que su profesora le recomendó que “si quieres un cenicero, no extiendas las manos suplicando, tienes presencia y eres imponente, la gente te presta atención, diles que te den el cenicero”. Y así fue como Anjelica aprendió a fingir tener confianza en sí misma: “Me di cuenta de que estaba suplicando cosas que podía simplemente pedir”. En 1985 John Huston la dirigió en El honor de los Prizzi junto a Nicholson. Cuando pidió un aumento de salario (le ofrecían 13.000 euros, el sueldo base para un actor en Estados Unidos), el productor le indicó que ni siquiera la querían en la película y solo la habían utilizado para conseguir a Huston y a Nicholson. En El honor de los Prizzi Anjelica interpretaba a Maerose, una mujer que anhelaba la aprobación de su padre (un capo de la mafia) y que resolvía crearse a sí misma desde cero para reclamar su legado en la saga familiar. La actriz ganó un Oscar y, en vez de atender a la prensa nada más bajarse del escenario, regresó al patio de butacas donde se encontró con John y Jack llorando.

El teléfono no dejaba de sonar y ahora siempre era para ella. Anjelica Huston encadenó dos nominaciones más al Oscar (por Enemigos y por Los timadores), dos colaboraciones con Woody Allen (Delitos y faltas y Misterioso asesinato en Manhattan) y un último trabajo con su padre antes de su muerte (Dublineses, una poética carta de despedida a aquella Irlanda que pareció solo existir para ellos). Mientras tanto, su relación con Jack Nicholson colapsaba como un telefilme de sobremesa. Tras 17 años de relación en los que él solía ridiculizar sus propuestas de matrimonio (y ella huía a su habitación para llorar en silencio) y en los que intentaron varios tratamientos de fertilidad, Nicholson le contó que había dejado embarazada a una camarera de 26 años.

Anjelica optó por retirarse con elegancia porque consideró que no quería ser un personaje secundario en su propia vida, pero días después se lo pensó mejor y condujo hasta los estudios de Paramount para agredir a Jack. Cuando cumplió 40 años, Anjelica lloró durante dos días. Jack le envió un brazalete de diamantes que Frank Sinatra le había regalado a Ava Gardner y firmó la tarjeta como “tu cerdo, tu Jack”. Anjelica se sintió tan furiosa como seducida, pero sobre todo triste porque Jack nunca había sido realmente suyo.

El mejor epílogo posible

El primer acto de su vida estuvo protagonizado por John. El segundo por Jack. Pero el tercero sería su propio relato: rodó los mayores éxitos comerciales de su carrera (La maldición de las brujas, donde traumatizó a toda una generación de niños arrancándose la cara, La familia Addams y Por siempre jamás). Nunca fue “la chica de la película”, nunca cayó en sentimentalismos y sus personajes tenían la confianza implacable en sí mismos que a ella siempre le faltó. En 1992 se casó con el escultor Robert Graham. “Fue el primer hombre que me miró en serio. Sus ojos se clavaban en mí”, confesó a Vanity Fair. Cuando ella se puso bótox, él se enfadó porque le contó una historia triste y no sabía si estaba conmovida o no. Graham nunca le prohibiría escribir en sus libretas, de hecho Anjelica aseguraba que “enmarcaría cualquier cosa que escribiese en ellas”. Y gracias a su condición de arquitecto le construyó, literal y metafóricamente, un hogar. Su matrimonio, que tampoco concibió descendencia, duró hasta la muerte de él en 2008.

Nicholson, por su parte, se separó de la camarera cuando esta le dejó por un hombre más joven. Anjelica y él hicieron las paces durante el rodaje de Cruzando la oscuridad (Sean Penn, 1995). “Fuimos a cenar juntos y me dijo: ‘Tú y yo somos como El amor en los tiempos del cólera”, recordaba la actriz. “Aquello me gustó, porque se trata de uno de mis libros favoritos, de uno de mis autores favoritos y sobre uno de mis temas favoritos: el amor sin esperanza pero eterno”. Hoy Huston sigue trabajando para pagar las facturas (ha aparecido en John Wick 3 y en varias películas de Wes Anderson) y vive con tres perros, una oveja, 13 cabras y cinco caballos. Su casa está decorada con las esculturas de su marido. Y su jardín tiene un rosal enorme.

 

 

[Fuente: http://www.elpais.com]

Como demuestra la reciente censura a la biografía de Philip Roth, la intolerancia no es menos grave porque se ejerza en nombre de una causa noble

De izquierda a derecha, los tres ganadores del Premio Nacional de Literatura, Robert Lowell, Richard Ellmann y Philip Roth, en Nueva York, el 24 de marzo de 1960.

Escrito por ANTONIO MUÑOZ MOLINA

En los últimos años de su vida, absuelto por decisión propia de la urgencia de escribir, Philip Roth aprendió a disfrutar de algo que no había conocido nunca, el simple placer de no hacer nada. En su casa de campo, que había sido durante casi medio siglo el monasterio de su dedicación disciplinaria a la literatura, ahora se quedaba mirando el paisaje por la ventana, los pájaros que cruzaban el cielo, escuchando largamente la lluvia o el viento en las hojas de esos árboles monumentales de América. En su biografía recién publicada y recién prohibida, Blake Bailey se recrea en contar esa época penúltima, antes de la devastación final de las enfermedades, en la que el novelista que jamás se había concedido a sí mismo un día de tregua —ni se lo había concedido al mundo— acepta la vejez, y adquiere un poco de sosiego.

También el lector de la biografía agradece esos momentos de respiro. Contar la vida entera de Philip Roth debió de ser casi tan extenuante para su biógrafo como lo fue vivirla para el novelista. Borges hablaba de la fascinación de los biógrafos por los cambios de domicilio de sus protagonistas. A Blake Bailey, autor de una biografía admirable de John Cheever, los cambios de domicilio de Philip Roth le parecen tan absorbentes como sus múltiples cambios de pareja, de editorial, de agente literario, pero tampoco deja pasar las etapas en los itinerarios de sus viajes, y en ocasiones hasta de los sucesivos medios de transporte público que el biografiado utiliza para ir de un sitio a otro.

Roth tuvo desde muy joven una ambición obsesiva por imponer su nombre en el rango más alto de la novela americana y una seguridad inflexible y muy competitiva sobre el lugar que le correspondía. Esa soberbia innata le fue muy valiosa para hacer frente a los ataques feroces que fueron desde el principio la otra cara de su éxito. Con 26 años, y con su primer libro, Goodbye, Columbus, ganó el National Book Award; también se convirtió en objeto de escándalo para el judaísmo religioso de Estados Unidos, por el sarcasmo y la desvergüenza con que contaba las vidas de personajes judíos. Un rabino prominente se interrogaba con escándalo: “¿Qué se está haciendo para silenciar a este hombre?”. La comicidad impúdica, la franca y hasta grosera celebración de la sexualidad masculina, que tanto indignaba a los judíos piadosos, alcanzó el paroxismo en Portnoy’s Complaint. El esperpento de las aventuras masturbatorias y los sueños de promiscuidad de un adolescente de clase media judía de Nueva Jersey sedujo a millones de lectores con la novedad de su descaro, con un torrente verbal que liberaba la prosa de toda formalidad expresiva. De la noche a la mañana Philip Roth era célebre y rico, en una medida hasta entonces inimaginable para él.

En los departamentos de Literatura de las universidades estadounidenses el grado de libertad de pensamiento es más o menos equivalente al de China durante la Revolución Cultural

También despertaba el malentendido de la identificación entre el novelista y el narrador de la novela, y una marejada todavía más amenazadora de invectivas. El gran erudito judío Gershom Scholem, antiguo amigo en Berlín de Walter Benjamin, llegó a asegurar en un artículo incendiario que un libro como Portnoy’s Complaint podía favorecer “un nuevo Holocausto”. Roth se vio comparado a Joseph Goebbels y a Julius Streicher, uno más entre los instigadores del antisemitismo y la persecución de los judíos. Que él mismo lo fuera hacía más grave su delito.

Era una época de ruptura de límites en la literatura, y también en la vida privada. La generación de Philip Roth es más o menos la de Norman Mailer y John Updike, novelistas que escribieron ficciones de explícita sexualidad que tenían mucho de confesiones personales y de crónicas del cambio de costumbres de aquellos años. La libertad llegó mucho antes que la igualdad. Hombres como Mailer, Updike y Roth podían aprovechar la multiplicación de las oportunidades ofrecidas por el brillo del éxito y por la desaparición de los tabúes sexuales, y al mismo tiempo seguir ejerciendo una antigua supremacía masculina. El atractivo de la transgresión, visto ahora retrospectivamente, queda malogrado por la evidencia exhibicionista de una masculinidad concentrada en sí misma, donde la mujer es al mismo tiempo una presencia sobre todo carnal y una sombra.

A Blake Bailey se le acusó de mostrar una cierta simpatía, o al menos una falta de distancia crítica, hacia los rasgos de comportamiento masculino menos atractivos de su personaje, reliquias ahora de una época y de unas actitudes hacia las mujeres que de pronto se han quedado muy lejos. Pero a continuación surgieron contra él acusaciones mucho más graves, de abuso sexual y hasta de violación, y entonces ocurrieron tres cosas: la primera, que el acusado, por el mero hecho de serlo, se convirtió en culpable; la segunda, que la biografía de Roth empezó a ser leída policialmente en busca de pruebas que confirmaran su culpabilidad; la tercera, que la editorial del libro, W. W. Norton, lo retiró de la circulación, en un acto de censura que ha despertado en los medios literarios y periodísticos de Estados Unidos mucha menos indignación de la que debería.

Andrea Aguilar ha escrito aquí que las editoriales estadounidenses tienen pánico a las demandas judiciales y a los linchamientos masivos en las redes y ahora incluyen cláusulas de “moralidad” en los contratos con los autores. Con sus limitaciones, sus defectos y sus excesos, la biografía de Roth de Blake Bailey es un documento de primera calidad para comprender la vida y la obra de un autor y la época a la que pertenece, tan cercana a la nuestra y ya tan distinta de ella. Fijarse en esas diferencias, y en el modo en que cambian los valores, y en que cada escritor refleja su tiempo, es su cautivo, se rebela contra él, nos ayuda también a reflexionar sobre nuestro presente y nuestras propias actitudes, a preguntarnos cuántas de las que ahora nos parecen naturales se volverán inaceptables para quienes vengan después. La censura y la intolerancia no son menos graves porque aseguren ejercerse en nombre de una causa noble. En los departamentos de Literatura de las universidades estadounidenses el grado de libertad de pensamiento es más o menos equivalente al de China durante la Revolución Cultural, y el de libertad de expresión no muy superior al de Corea del Norte. En nombre de la memoria de los judíos perseguidos y exterminados, aquel rabino exigía que se le callara la boca a Philip Roth. No hay causa justa que haga legítima la censura o que permita dejar a alguien sin el amparo de la presunción de inocencia.

 

[Foto: 041154 / AP – fuente: http://www.elpais.com]

Con el confinamiento los significados de lo público y lo privado se han desplazado para crear posibilidades híbridas, plantea este ensayo

Fotograma de ‘La ventana indiscreta’ (1954), de Alfred Hitchcock

Escrito por SANTIAGO ECHARRI COTLER 

Cuando uno se atreve a pensar la arquitectura, para esgrimir alguna idea sobre este amplio mundo en constante producción, suele sentir el impulso de salir a la calle y recorrer la ciudad como si en algún lado se escondieran las palabras que busca. Con el exterior clausurado, al menos para actividades que no se consideran esenciales –como el paseo y el tiempo ocioso–, habrá que encontrar algún pensamiento nuevo en los espacios que nos resultan más conocidos: nuestras propias casas.

Hace unos meses, cuando la pandemia se extendía por Europa como una ola que pronto rompería en nuestro continente, parecía inverosímil la idea de que todo esto pudiera pasar. Esta incredulidad, típicamente humana, fue abordada por Albert Camus en La peste (1947), cuando escribió que las plagas –o las epidemias– no están hechas a la medida del hombre. Por ello nos decimos que la plaga es irreal, un mal sueño que pasará. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan.

Los Homo urbanus, habitantes de las grandes ciudades, tardaremos más en superar la pandemia, fenómeno históricamente ligado a las urbes por su característica concentración poblacional y su relación con el comercio y el flujo de personas. Desde que la arquitectura perdió el vértigo, estas particularidades, surgidas de la densificación, han marcado el crecimiento y la forma de las ciudades, dislocando y reorganizando las formas de socialización y los modos en que pensamos lo privado y lo público.

Gail Albert Halaban, de la serie Out My Window, Paris (2012)

Cada vez vivimos más juntos, gracias a las posibilidades estructurales y formales abiertas por la modernidad, con lo que se ha creado una privacidad pública. En la ya no tan nueva arquitectura, con las fachadas liberadas de la estructura, los vanos se extienden en el exterior. Tal vez la mejor forma de entenderlo es la imagen propuesta por Beatriz Colomina: la arquitectura moderna como una toma de rayos X. A esta transparencia hay que sumar una nueva ventana virtual, cada vez más presente con la transferencia de lo laboral y lo escolar a lo doméstico a causa de la pandemia. Esta ventana expone el interior ya no a la calle sino a otra pantalla.

Crecí en una unidad habitacional construida hace más de medio siglo, cuando el Estado tenía una agenda modernizadora, especialmente clara en sus proyectos urbanos y arquitectónicos. Los edificios del conjunto se esparcen entre jardines y áreas comunes. Los departamentos tienen en cada habitación una ventana de piso a techo desde la cual, según sea la suerte, puede verse un jardín, un estacionamiento o, algo que ahora me parece más interesante, las ventanas de los edificios vecinos, donde asoma la privacidad de otros habitantes.

Cuando yo salía en las madrugadas a tomar el camión que me llevaba a la escuela podía ver, aunque aún no había luz del sol, la silueta de personas bañándose detrás de un vidrio esmerilado. Al regresar de clases, mientras subía las escaleras hasta mi casa, recorría con la nariz los olores de las comidas que se preparaban en otros departamentos. De forma no tan placentera, a veces tocaba escuchar una discusión acalorada de la pareja de arriba, en horas poco afortunadas. Guadalupe Nettel, que creció también entre los edificios de Villa Olímpica, escribió en su novela autobiográfica El cuerpo en que nací (2011) cómo presenció desde su ventana el suicidio de una vecina en el edificio de enfrente.

Las actividades privadas y las situaciones íntimas, desde la reproducción de la vida hasta la muerte, se han vuelto públicas gracias a la arquitectura que transparentó las fachadas y a la ciudad que nos juntó.   

Las actividades privadas y las situaciones íntimas, desde la reproducción de la vida hasta la muerte, se han vuelto públicas gracias a la arquitectura que transparentó las fachadas y a la ciudad que nos juntó. Esta experiencia, en tanto fenómeno sensible, se intensifica en el encierro y abre la posibilidad de pensar estas características como parte de la forma estética de una arquitectura que nos expone a la privacidad pública. Este cruce de lo público y privado encuentra su condición de posibilidad en esta manera de organizar la ciudad y construir los espacios habitables. Tal vez no haya mejor demostración que la película de Alfred Hitchcock La ventana indiscreta (1954), donde Jeff, el protagonista, se ve privado del exterior al romperse una pierna, lo que lleva su atención a las historias privadas que revelan las ventanas de los edificios vecinos.

Privacidad pública es, antes que nada, un oxímoron. ¿Puede, entonces, convertirse en una idea operativa? Aunque la distinción de lo público y lo privado parece en primera instancia somera, posee un amplio plexo conceptual, con importantes derivaciones y campos de acción diversos. Las formas de entender estos ámbitos no son unívocas ni permanentes, y no han sido las mismas a lo largo de la historia.

Fotograma de La ventana indiscreta (1954), de Alfred Hitchcock

De acuerdo con Norberto Bobbio, una cualidad del par conceptual es su posibilidad de dividir el universo en dos esferas, conjuntamente exhaustivas y recíprocamente exclusivas, donde ningún elemento queda fuera de la distinción ni puede pertenecer a ambas de forma simultánea. El rigor con el que se definen y separan las esferas según esta lógica no es traducible al ámbito de la arquitectura y el urbanismo, bastante más poroso y laxo, donde de forma usual aparecen conceptos como semipúblico o el curioso acrónimo anglosajón POPOS, que hace referencia a los Privately Owned Public Open Space (espacio público abierto de propiedad privada).

Desde las inestables formas de pensar lo público y lo privado en la ciudad propongo pensar la idea de la privacidad pública, en la que ambas esferas se intersecan como círculos de un diagrama de Venn y generan un espacio intermedio, compuesto por partes de ambas. Pero ¿qué es lo público y qué lo privado? Más importante: ¿por qué esta experiencia se vive como una privacidad pública? Las formas de entender esta distinción suelen relacionarse, siguiendo a Nora Rabotnikof, con el ámbito de lo colectivo y lo individual. Lo público adquiere un carácter político, el de lo visible en contraposición a lo que permanece oculto, lo que se abre a un público a diferencia de lo que se cierra, como la propiedad privada. A pesar de que los principales estudios sobre lo público y lo privado corresponden principalmente a la política, la sociología, la filosofía y el derecho, la ciudad y la casa siempre han aparecido como el lugar por antonomasia para pensar estas categorías. Tanto en Hannah Arendt como en Jürgen Habermas, e incluso en Dominique Laporte, la urbe es el espacio en el que se contraponen ambas categorías.

A pesar de que los principales estudios sobre lo público y lo privado corresponden principalmente a la política, la sociología, la filosofía y el derecho, la ciudad y la casa siempre han aparecido como el lugar por antonomasia para pensar estas categorías.   

Desde que la propiedad privada reclamó importancia pública en el siglo XVII, la esfera privada perdió el sentido que tenía para la antigua ciudad-Estado y, con la modernidad, se asoció la privacidad a una intimidad libre y colmada (Habermas, Historia y crítica de la opinión pública, 1962). Esta forma de privacidad pública existe desde el momento en que las cosas dejan de solo ser lo que son en un ámbito privado y aparecen, de forma visible –o mejor: sensible–, para el resto (Arendt, La condición humana, 1958).

Si bien esta cualidad estética ha encontrado su camino en varias artes, en el confinamiento aparece con especial contundencia, ya no solo a través de los vanos de los edificios sino también por medio de las ventanas virtuales, cuando las actividades laborales y educativas se realizan en el espacio doméstico, que aparece para el público de la videoconferencia. Así, la estética del encierro, que se manifiesta en la forma de una privacidad pública, se extiende desde nuestras ciudades y edificios hacia las nuevas formas laborales y educativas, que exponen la intimidad y la hacen perceptible al exterior.

En el encierro aparece la posibilidad de volver a pensar un mundo que parecía plenamente conocido. Ante la pérdida del exterior, descubrimos desde nuestra propia casa un mundo de intimidad ajena. La ventana y la pantalla revelan una privacidad que, ahora más que nunca, se vuelve pública.

 

[Fuente: http://www.latempestad.mx]

[1] Portadas de libros en oriya. Imagen vía Flickr de Erin Mclaughlin [2]. Del grupo de portadas de libros en Flickr (CC-BY 2.0 [3]).

Escrito por Subhashish Panigrahi – traducido por Gabriela Garcia Calderon Orbe

Si bien las iniciativas de código abierto siguen en marcha, tanto Google como Microsoft han añadido el idioma oriya [4] de India a sus respectivos motores de traducción automática este año: Google Translate [5] en febrero y Microsoft [6] más recientemente el 13 de agosto.

El oriya [4] es el idioma oficial del estado indio de Odisha y el segundo idioma oficial del estado de Jharkhand [7]. Unos 35 millones de personas son hablantes nativos, y unos cuatro millones lo tienen como segunda lengua. El Gobierno indio también lo ha clasificado como uno de los idiomas clásicos [8] del país, basado en un conjunto de requisitos que incluye una tradición literaria de más de 1500 años.

Sin embargo, la presencia digital del oriya es limitada [9]. Por ejemplo, la Wikipedia en oriya, uno de los mayores depósitos de contenido textual, tiene actualmente solo 15 858 artículos [10] después de ser revivida en 2011 tras un paréntesis de nueve años [11]. En contraste, el malayalmo, con casi la misma cantidad de hablantes que el oriya, tiene alrededor de 70 000 artículos en Wikipedia. Durante mucho tiempo, el contenido de oriya estuvo disponible en línea como imagen y PDF –algunos, como la revista Utkal Prasanga [12], dirigida por el Gobierno estatal de Odisha, siguen publicando en una combinación de imagen y PDF. La tardía adopción de Unicode [13] ha hecho que el contenido no sea tan fácil de buscar.

La traducción automática es una herramienta poderosa para aumentar la presencia digital de un idioma, hace que el contenido sea más fácil de buscar y de acceder a quienes no hablan el idioma.

Los servicios en la nube de Microsoft, incluida la aplicación Microsoft Translator [14], Office, Translator para Bing [15], y a través del traductor Azure Cognitive [16], ahora admitirán todas las traducciones de oriya. Tanto Microsoft Translator como Google Translate (disponible tanto en la web y en aplicación) permiten la traducción de texto copiado directamente en el campo respectivo.

Además, estas plataformas también admiten la traducción de documentos de texto, sitios web y chats en vivo. La aplicación para móviles Google Translate tiene características adicionales, incluyendo la traducción fuera de línea, reconocimiento de escritura, escaneo, traducción y lectura de texto de imágenes [17], y uso de comandos de voz para hablar con un hablante de un idioma extranjero [18]. Una característica llamada “tocar para traducir [19]” permite al usuario traducir directamente un texto escrito dentro de cualquier aplicación. También se puede escuchar cómo se pronuncia un texto en un idioma admitido con la síntesis de voz de Google.

La adición de oriya fue bien recibida por el Gobierno estatal de Odisha. La Oficina del Ministro Principal de Odisha tuiteó:

La traducción de textos de oriya está ahora disponible en el Microsoft Translator.
Hoy, nos complace anunciar que hemos añadido la traducción de textos en oriya al Microsoft Translator. El oriya está disponible ahora, o lo estará pronto, en la aplicación Microsoft Translator, Office, Translator para Bing, y a través del servicio de traducciones Azure Cognitive para empresas y programadores
.
—————
Microsoft ha agregado traducción de oriya a su traductor, y se convierte en el duodécimo idioma indio de uso común que se añade. Esto facilitará el acceso a la información global en oriya y promoverá las interacciones entre idiomas.

El Departamento de Electrónica y Tecnología de la Información del Gobierno de Odisha también reaccionó:

Google Translate añade cinco idiomas.
—————-
Con millones de usuarios en todo el mundo, Google Translate añadió oriya a su lista de idiomas disponibles. Un gran paso para promover la alfabetización digital en nuestra lengua materna y para ayudar a millones de no hablantes a adoptarla.

Traducción automática
La traducción automática se usa para traducir el texto o el discurso del idioma de origen a un idioma de destino. La traducción que utiliza Google se basa en la Traducción Automática Neuronal [31], sistema informático que utiliza una técnica llamada red neuronal artificial [32] que usa grandes conjuntos de datos consistentes en la traducción de frases (del idioma de origen al idioma de destino [33]) para la formación.

Con la inclusión de oriya, Google Translate y Microsoft Translator ahora tienen 11 idiomas indios cada uno. En total, Google incluye 109 idiomas del mundo mientras que Microsoft incluye 73.

Mientras tanto, las iniciativas de código abierto aún deben crear proyectos exitosos de traducción automática en oriya.

Hay al menos un proyecto de código abierto comunitario en desarrollo –MTEnglish2Odia [34] está entrenando un motor de traducción automática mediante la recopilación de pares de traducción de fuentes existentes como Wikipedia en oriya [35] y las contribuciones colectivas de los usuarios en Twitter [36].

Además, hay algunas investigaciones [37] y recursos [38] que pueden ser utilizados para la construcción de motores de traducción automática por otras organizaciones.

La política de la traducción automática

La tecnología usada por Google Translate o Microsoft Translator es compleja desde el punto de vista social, legal, ético y de derechos.

Una plataforma de traducción automática puede ser de gran utilidad para muchas personas, como periodistas, para poder acceder rápidamente a noticias en muchos idiomas, o estudiantes que deseen aprender de recursos multilingües.

Del mismo modo, el apoyo a la síntesis de voz ayuda a las personas con discapacidad, especialmente con ceguera, a acceder y difundir información más fácilmente.

La educación, los medios de comunicación y la industria del entretenimiento también se benefician del potencial de Google Translate para traducir grandes cantidades de contenido rápidamente.

Por otra parte, la traducción automática puede contribuir a difundir información errónea, mientras que la síntesis de voz facilita a los estafadores que buscan aprovecharse de las personas con comunicaciones en su propio idioma.

Hay más de 6000 idiomas documentados [39] en todo el mundo, y apenas una minoría tiene sistemas de escritura establecidos. Esos son los idiomas que se incluyen en los proyectos de traducción automática como Google Translate y Microsoft Translator.

La disponibilidad de contenido en línea, y la cantidad de usuarios de Internet que hablan un determinado idioma, son factores importantes que las empresas con fines de lucro tienen en cuenta al decidir qué idiomas incluir en sus sistemas. Cuantos más idiomas admita una corporación, más contenido específico podrá ofrecer a los usuarios y más ingresos generará a partir de la publicidad [40].

Además, hay cuestiones éticas de atribución y remuneración en proyectos como Google Translate, que cuenta con una estructura de comunidad de colaboradores [41] para revisar las traducciones existentes (que ayuda a los ingenieros a mejorar con frecuencia la herramienta).

Aunque Google es una empresa con fines de lucro con muchos productos de pago –incluido un servicio de traducción en la nube [42]–, ni los voluntarios individuales ni las numerosas fuentes públicas de las que aprende la máquina reciben atribución ni remuneración.

El uso de comunicaciones privadas para mejorar el aprendizaje automático y la inteligencia artificial también es controvertido desde el punto de vista de la privacidad, aunque Google ha estado trabajando para que esos datos sean anónimos [43].

En un país como la India, donde la creación de contenidos multilingües enfrenta embotellamientos por los costos, productos como Google Translate y Microsoft Translator pueden revolucionar la economía india de contenidos. Pueden marcar la diferencia en proyectos como Wikipedia, que actualmente existe en 23 idiomas de la India [44]o StoryWeaver [45], plataforma multilingüe de literatura infantil en línea que depende en gran medida del trabajo voluntario.

Dado que muchas lenguas indias están desapareciendo rápidamente [46], y con el reto añadido del analfabetismo y la accesibilidad digital, la vía de las comunicaciones necesita más innovación en la tecnología de voz y visual. La traducción automática puede ser una herramienta viable para detener la extinción de los idiomas, pero en India todavía tiene un largo camino por recorrer.

Deslinde de responsabilidad: el autor ha estado involucrado con Wikipedia en oriya [35] como voluntario desde 2011 y con MTEnglish2Odia [34] desde sus primeras etapas.

Artículo publicado en Global Voices en Españolhttps://es.globalvoices.org

URL del artículo: https://es.globalvoices.org/2020/09/10/idioma-oriya-de-india-se-suma-a-servicios-de-traduccion-de-google-y-microsoft/

URLs en este posteo:

[1] Image: https://www.flickr.com/photos/erinmclaughlin/albums/72157714911729883

[2] Erin Mclaughlin: https://www.flickr.com/photos/erinmclaughlin/50059114228/in/album-72157714911729883/

[3] CC-BY 2.0: https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

[4] idioma oriya: https://es.wikipedia.org/wiki/Idioma_oriya

[5] Google Translate: https://www.blog.google/products/translate/five-new-languages/

[6] Microsoft: https://www.microsoft.com/en-us/translator/blog/2020/08/13/odia-language-text-translation-is-now-available-in-microsoft-translator/

[7] Jharkhand: https://es.wikipedia.org/wiki/Jharkhand

[8] idiomas clásicos: https://thewire.in/government/sanskrit-language-promotion

[9] presencia digital del oriya es limitada: https://www.aclweb.org/anthology/2020.wildre-1.3.pdf

[10] 15 858 artículos: https://stats.wikimedia.org/#/or.wikipedia.org/content/pages-to-date/normal|line|2018-07-01~2020-09-01|page_type~content*non-content|monthly

[11] paréntesis de nueve años: https://diff.wikimedia.org/2016/06/23/odia-wikipedia-wiktionary-birthdays/

[12] Utkal Prasanga: http://magazines.odisha.gov.in/utkalprasanga/2020/Aug/Augoriya.htm

[13] adopción de Unicode: https://diff.wikimedia.org/2015/06/03/odia-wikipedia/

[14] Microsoft Translator: https://www.microsoft.com/translator/apps/features/

[15] Translator para Bing: https://www.bing.com/translator

[16] traductor Azure Cognitive: https://azure.microsoft.com/services/cognitive-services/translator/

[17] escaneo, traducción y lectura de texto de imágenes: https://www.youtube.com/embed/UT5OPRKed9c?controls=0&autoplay=1&loop=1&playlist=UT5OPRKed9c

[18] uso de comandos de voz para hablar con un hablante de un idioma extranjero: https://kstatic.googleusercontent.com/files/2257b4c22f95e8d2105e9eb265a3b5f1d3d801a5a510b23e64615829e48dd22daac4758ff5f3ca6bb1501eb27f9e67d5e3633476c5de45f6ac83f55e118cf30a

[19] tocar para traducir: https://www.youtube.com/embed/4xtEp55MKRE?controls=0&autoplay=1&loop=1

[20] #OdiaTranslation: https://twitter.com/hashtag/OdiaTranslation?src=hash&ref_src=twsrc%5Etfw

[21] @Microsoft: https://twitter.com/Microsoft?ref_src=twsrc%5Etfw

[22] @mstranslator: https://twitter.com/mstranslator?ref_src=twsrc%5Etfw

[23] #Odia: https://twitter.com/hashtag/Odia?src=hash&ref_src=twsrc%5Etfw

[24] https://t.co/O4dZgZhbrs: https://t.co/O4dZgZhbrs

[25] August 17, 2020: https://twitter.com/CMO_Odisha/status/1295304481349894146?ref_src=twsrc%5Etfw

[26] @Google: https://twitter.com/Google?ref_src=twsrc%5Etfw

[27] #OdiaOnGoogle: https://twitter.com/hashtag/OdiaOnGoogle?src=hash&ref_src=twsrc%5Etfw

[28] @CMO_Odisha: https://twitter.com/CMO_Odisha?ref_src=twsrc%5Etfw

[29] https://t.co/lfSskvxSjR: https://t.co/lfSskvxSjR

[30] February 28, 2020: https://twitter.com/EIT_Odisha/status/1233245214220795904?ref_src=twsrc%5Etfw

[31] Traducción Automática Neuronal: https://es.wikipedia.org/wiki/Traducci%C3%B3n_autom%C3%A1tica_neuronal

[32] red neuronal artificial: https://es.wikipedia.org/wiki/Red_neuronal_artificial

[33] del idioma de origen al idioma de destino: https://www.aclweb.org/anthology/D13-1176.pdf

[34] MTEnglish2Odia: https://soumendrak.github.io/MTEnglish2Odia/

[35] Wikipedia en oriya: https://or.wikipedia.org/

[36] Twitter: https://twitter.com/mte2o/

[37] investigaciones: https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-981-13-9282-5_47

[38] recursos: https://github.com/shantipriyap/Odia-NLP-Resource-Catalog

[39] 6000 idiomas documentados: http://www.unesco.org/languages-atlas/index.php?hl=en&page=statistics

[40] publicidad: https://support.google.com/google-ads/answer/1722078?hl=en

[41] estructura de comunidad de colaboradores: https://translate.google.com/intl/en/about/contribute/

[42] servicio de traducción en la nube: https://cloud.google.com/translate/pricing

[43] datos sean anónimos: https://www.engadget.com/2019/03/06/google-tensor-flow-privacy-ai/

[44] 23 idiomas de India: https://meta.wikimedia.org/wiki/List_of_Wikipedias_by_language_group

[45] o StoryWeaver: https://storyweaver.org.in/

[46] desapareciendo rápidamente: https://thewire.in/society/india-endangered-languages-need-to-be-digitally-documented

Insaisissable, théâtrale, décalée, un brin déjantée, la chanteuse-actrice Bonnie Banane s’érige en héritière de Brigitte Fontaine et trimballe avec elle un r’n’b à la française hybride et loufoque. Nous l’avons rencontrée lors de son récent passage aux Francofolies de La Rochelle.

Une scène presque nue. Juste un micro géant particulièrement visible qu’on pourra interpréter de manière aléatoire comme un tuyau d’aspiration ou un ver de terre. Elle porte de la fourrure et le chapeau de la mère de la mariée. Percevoir, d’emblée, une excentricité tendance borderline, une présence nonchalamment volubile, une voix ronde et traînante.

Le concert prend, lui, des allures de cabaret expressionniste. Déroutant et assumé. Forcément, cet anticonformisme divise. Maladroit ? Puéril ? Performance ? Ou courant d’air frais nécessaire ? Certains déplorent l’absence de musiciens.

Elle affirme : « C’est un parti-pris que de jouer sur bandes. Je sais bien que ce n’est pas l’usage d’être seule. J’avais besoin de revenir à zéro, de me jeter dans la vide. Peut-être qu’un jour, j’additionnerai davantage ». Légèrement paradoxal quand on sait que son album Sexy Planet s’est dessiné dans le collectif (une ribambelle de producteurs dont Para One, Théo Lacroix ou Ponko & Prizly).

Donc Bonnie Banane qui, après Pomme, vient garnir la corbeille de fruits chantants. Peu d’éléments biographiques à disposition. Ne pas compter, d’ailleurs, sur la Parisienne d’origine bretonne pour fournir des informations complémentaires. « Ma vie privée, mon passé, mon parcours personnel n’apportent rien au projet ».

Alors, il faut prendre ce qu’elle daigne vouloir bien donner : Anaïs Thomas, son patronyme au civil, une jeunesse passée à dévorer les clips sur MTV et la musique afro-américaine, une éducation par « des gens diagnostiqués bipolaires », une formation au Conservatoire national supérieur d’Art dramatique, un rôle dans le film radical de Bertrand Bonello L’Apollonide : Souvenirs de la maison close, un autre dans une série fantastique sur Netflix (Mortel).

Elle dit : « Je vois les choses, et c’est aussi le cas pour la musique, du côté de l’interprétation et du jeu ». Elle dit encore : « Bonnie Banane, ce n’est pas un personnage. C’est moi en version augmentée, qui chante, se déguise, fait des fantaisies ».

Rien de surprenant, non plus, à ce qu’elle voue une admiration sans bornes à l’égard de Brigitte Fontaine, jusqu’à inscrire le titre méconnu J’ai 26 ans au sein de sa set-list. « Un sacré modèle, une œuvre incroyable, intemporelle, une écriture absolument remarquable ».

Entre un premier EP en 2012, un autre trois plus tard et l’album publié il y a quelque mois – sans oublier des collaborations remarquées pour Flavien Berger, Jimmy Whoo ou Myth Syzer – Bonnie Banane semble se déjouer complètement de l’espace-temps. « Je suis lente, exigeante, à contre-courant du rythme qu’on est censé suivre apparemment. Le perfectionnisme, c’est un peu un boulet que je traîne, même si j’ai essayé de lâcher du lest sur cet album ».

Dans Sexy Planet, elle a recours à la punchline (« Tu m’excites quand tu me respectes »), aux commandements féministes, à la synth-funk, aux comptines pour adultes, à la répétition martelée, à la poésie surréaliste, au décalage humoristique. Une étrange façon d’être à la fois forte en thème et cancre dissipée.

Plus frontale, Limites, chanson glaçante sur le consentement. « Un freestyle, une pulsion, le résultat d’une impuissance. Je voulais être utile, revenir à une pédagogie directe, quitte à être cruelle pour se faire comprendre ». La retrouver, enfin, à la rentrée sur un des titres (Octembre) du deuxième disque du pétaradant québécois Hubert Lenoir. Un enfant du désordre. Comme elle.

Bonnie Banane Sexy Planet (Péché Mignon / Grand Musique Management) 2020
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https://www.deezer.com/track/1115597362

 

Écrit par Patrice Demailly

[Photo : E.Sadaka – source : http://www.rfi.fr]