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Tusquets reeditó « Escribir » que agrupa cinco textos de la autora de « El amante » sobre el alcohol, el dolor, el marido, los amantes, el hijo, las amistades, la pintura, el cine, la política.

Marguerite Duras

Marguerite Duras

Escrito por CARLOS DANIEL ALETTO

Cinco textos clave de Marguerite Duras publicados por primera vez en francés en 1993 que hablan sobre ese acto rodeado de soledad y silencio que hace reflexionar a la autora de « El amante » sobre los acontecimientos que han ido marcando su literatura y su vida, como el alcohol, el dolor, el marido, los amantes, el hijo, las amistades, la pintura, el cine, la política y también al piloto británico de veinte años, abatido en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial al que ella dedica el texto, se acaban de reeditar en estos días en español con el título « Escribir ».

El libro, publicado por primera vez en la colección Andanzas de la editorial Tusquets, que edita en español la mayoría de la obra de Marguerite Germaine Marie Donnadieu, nacida en Gia Định, cerca de Saigón, Vietnam, el 4 de abril de 1914, tiene el esplendor del estilo ya maduro y desnudo de la autora de « Moderato Cantabile » e « Hiroshima, mon amor ».

En estas páginas aparece la teoría de la literatura de Duras, descripta por ella misma: comparando una mosca moribunda con el estilo literario; recordando el trance y el desorden incurable de la escritura; recreando los últimos momentos de un piloto británico fusilado durante la Segunda Guerra Mundial y enterrado junto a su casa; o bien dejando escapar un ¿y qué? para cuestionar seis décadas de narración. Todos estos ensayos en conjunto operan como una confesión engañosa pero indispensable.

En un fragmento de su clase magistral de escritura, la narradora escribe la muerte de una mosca. Recuerda la hora exacta en la que dejó de vivir el insecto. No puede apartar su mirada de esa agonía. Explica: « Está bien que el escribir lleve a esto, a aquella mosca, agónica, quiero decir: escribir el espanto de escribir. La hora exacta de la muerte, consignada, la hacía ya inaccesible. Le daba una importancia de orden general, digamos un lugar concreto en el mapa general de la vida sobre la tierra », compara la multipremiada autora.

Y agrega: « Esa precisión de la hora en que había muerto hacía que la mosca hubiera tenido funerales secretos » . En el párrafo siguiente se detiene: « Lo que aún sabía –lo que veía– es que la mosca ya sabía que aquel hielo que la atravesaba era la muerte. Eso era lo más espantoso. Lo más inesperado. Ella sabía. Y aceptaba ». El relato de Duras es escalofriante y reflexivo. La escritora acota: « Sí. Eso es, esa muerte de la mosca se convirtió en ese desplazamiento de la literatura. Se escribe sin saberlo. Se escribe para mirar morir una mosca. Tenemos derecho a hacerlo »

En este pequeño libro de 128 páginas, la narradora comparte con los lectores las preocupaciones del escritor sobre la distancia entre la vida y la escritura, y la contradicción entre la escritura y el silencio.

La ganadora del Prix Goncourt en 1984 por su novela « El amante », murió en París el 3 de marzo de 1996. Duras es sin duda una de las grandes figuras literarias del siglo XX. La escritura inquietante, el lenguaje característicamente lento y deliberado de sus novelas, aparece reforzado en este libro en el momento que ella intima con el lector y convierte su texto en un confesionario de su vida y su obra.

Los cinco capítulos que componen « Escribir » (« Escribir », « La muerte del joven aviador inglés », « Roma », « El número puro » y « La exposición de la pintura ») giran en torno a la entrada y salida del mundo de Duras. Su prosa despojada y poética, con una belleza especial de imágenes alrededor de la soledad, transmite ese mismo silencio que ella considera fundamental para cualquier escritor, y lo que supone que hay que pagar por atreverse a desnudar su interior.

El lector puede optar por navegar en el aspecto ficcional de Duras o elegir la fuga de la historia. Es lo que plantea la ambigüedad de la trama y la prosa de la escritora. Su escritura vaga, ambigua, plantea el ejemplo de la muerte de la mosca asociado a la literatura así como trata de capturar toda la vida de un joven piloto en el momento de su muerte.

Telam SE

Como se puede leer, Duras está segura de que « la muerte de esa mosca se ha convertido en este desplazamiento de la literatura » y que escribirla  » lo vuelve inaccesible ». Lo que queda es la desnudez de la escritura misma, y la escritora insiste con ese método.

En su último capítulo, « La exposición de pintura », dedicado al pintor argentino de 82 años Roberto Plate describe a un artista plástico en acción. Dentro de un pote « hay cincuenta pinceles, o cien. Todos parecen prácticamente destrozados. Están muy disminuidos, aplastados, explotados, también calvos, raídos en la pintura seca, cómicos además. No tienen la tangibilidad de la pintura en los tubos, ni la del hombre que habla. Diríanse hallados en una caverna, en una tumba del Nilo », describe Duras.

Y agrega en otro párrafo: « Entre ese conjunto de cosas, hay un hombre. Está solo. Lleva una camisa blanca y unos vaqueros azules. Habla. Señala metros cúbicos de telas alineadas, a lo largo de otra pared. Dice que son las que están pintadas, las de la exposición ». Este es el capítulo más emotivo sobre el acto de la creación. Un relato de otra semiótica: la pintura que « se libra en el ruido de un discurso continuo. El hombre habla para que el ruido del habla se produzca, y la pintura entra en la luz. Habla para producir un malestar, para que, por fin, surja la entrega del dolor », explica Duras.

La teoría de la escritora sobre la palabra escrita le deja observar el acto creativo del hombre, por eso se desplaza entre las distintas semiosis: para ella el debate entre la luz y la sombra o entre el silencio y el ruido es el mismo. Siempre entre el emisor y el receptor, en ese canal de comunicación los ruidos son los que provocan el malestar, la distorsión, por eso la escritora necesita separarse de su entorno, crear su espacio solitario.

Escribe Duras en el umbral del libro, en sus primeras páginas magistrales que « alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel periodo de mi primera soledad ya había descubierto que lo que yo tenía que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo había confirmado. El único principio de Raymond Queneau era este: «Escribe, no hagas nada más ».

Y agrega luego del silencio que deja flotando entre párrafos: « Escribir: es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado ».

« Escribir », publicado en la prestigiosa colección « Andanza », es una reedición que vuelve a poner en palabras la armonía entre el silencio y la escritura, entre la soledad y el libro. Un deleite que los lectores se pueden dar durante más de un centenar de páginas « escuchando » la voz de Marguerite Duras.

Mientras Berlín se iluminaba fantasmagóricamente con las piras donde ardían libros prohibidos, los nazis llevaban a cabo un crimen cultural de proporciones aún mayores, un sistemático saqueo de bibliotecas sin precedentes en la historia con la intención dotar al Reich de armas ideológicas contra los enemigos del nacional-socialismo, al tiempo que se privaba a estos de su herencia cultural.

El otro plan de Hitler para dominar Europa: saquear millones de libros para borrar a sus enemigos

Escrito por ÁLVARO ALCÁZAR

Los anaqueles de judíos, comunistas, políticos liberales, activistas por los derechos LGTB, católicos, masones y de cualquiera que entrara en la larga lista de enemigos del régimen fueron expoliados y las obras que contenían esgrimidas como armas intelectuales contra sus dueños. Un saqueo sistemático de bibliotecas públicas y privadas y de librerías que, a lo largo y ancho de la Europa ocupada, llevaron a cabo las tropas alemanas en despiadada competencia entre las distintas organizaciones del Reich, y que por fin queda documentado gracias a la pormenorizada investigación de Anders Rydell.

En paralelo, Ladrones de libros es la historia cuasi detectivesca de cómo un heroico puñado de bibliotecarios, y con ellos el propio autor, han emprendido la tarea de devolver estos libros a sus dueños legítimos. Para ello, han peinado las bibliotecas públicas de Berlín con el fin de tratar de identificar los volúmenes robados y han intentado dar con los familiares de aquellos que fueron despojados. En muchos casos, estos libros son el único objeto que los descendientes de víctimas del Holocausto podrán tener entre las manos como un recuerdo.

La Segunda Guerra Mundial fue también un conflicto cultural y el estudio y refutación de toda la literatura «degenerada» que los nazis expoliaron pretendía justificar el deseo de Alemania de dominar el mundo y derrotar a sus enemigos con la «ciencia», así como sentar las bases intelectuales sobre las que descansaría el Reich de los mil años. Un Reich que se levantaría no solo sobre sangre y piedra, sino también sobre palabras.

Anders Rydell es un reconocido periodista, editor y autor de no ficción sueco. Exjefe de cultura de un importante grupo de medios sueco, ha publicado varios libros en su carrera como autor, entre ellos, de Ladrones de libros, que junto con la aclamada The Looters analiza el saqueo cultural durante la Segunda Guerra Mundial. Su trabajo ha sido galardonado con varios premios, entre ellos, Region Uppsala’s Culture Scholarship Sweden, Micael Bindefeld’s Foundation Scholarship Sweden, Wallquist Prize Sweden, The Foundation Bengt Janson’s Memorial Fund Prize Sweden, y ha sido finalista del August Prize Sweden-Plundrarna.

 

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

María Alonso Seisdedos, filóloga e tradutora, fala do Premio Plácido Castro -da fundación homónima-, no que foi recoñecida pola tradución do catalán ao galego da obra Canto eu e a montaña baila, de Irene Solá, e que lle será outorgado o día 30 de setembro. Alonso fala dos procesos internos no seu labor e dun panorama no que, como ela di, « as novidades literarias duran menos de tres meses ».
A filóloga María Alonso Seisdedos é a tradutora de 'Canto eu e a montaña baila', galardoada con dous premios. (Foto: Nós Diario)

A filóloga María Alonso Seisdedos é a tradutora de ‘Canto eu e a montaña baila’, galardoada con dous premios.

Escrito por LAURA VEIGA
—Como foi saber que gañara o Premio Plácido Castro?
Estou moi agradecida, sobre todo tendo en conta que é o único premio de tradución que ten dotación económica. Non deixa de ser curioso e non podo deixar de dicilo, e de agradecer, que esta dotación veña do cociñeiro Paco Feixó. Desde logo non o esperaba, nunca agardo recibir premios: podo desexalo, mais non esperalo porque a min gústame traducir. Fágoo o mellor que podo, como todos os outros tradutores, esforzándonos e dándoo todo. Alén, no caso da tradución literaria, se a fas é porque che gusta moito, porque economicamente non se pode dicir que compense.

Neste caso eu nin sequera me presentara ao premio, o xurado decidiu presentar Canto eu e a montaña baila como supoño que farían con outras das miñas compañeiras. O resto das obras eran boas traducións e non quero quitar méritos ao xurado nin moito menos, mais por que a min? Que ten a miña tradución que non teñan as outras? Supoño que hai que escoller unha e tocoume.

O mesmo pasou cando me deron o Follas Novas por esta mesma obra, podía saír calquera das outras finalistas. Eu nin sequera levaba un discurso preparado. De feito, a chamada polo Plácido Castro recibina o outro día pola tarde: vin un número descoñecido e pensei que era unha eléctrica, por iso contestei dunha forma bastante seca. En canto escoitei unha voz evidentemente galega xa me dei de conta de que non era Naturgy, porque os comerciais xa non están na Coruña, mais eu nin sabía que o premio se resolvía ese día.

—O xurado destacou o respecto á puntuación orixinal. Cal foi a parte más complicada da tradución?
Non o sei. Nestes días estaba falando sobre o Ulises e precisamente para min están Ulises por unha banda e pola outra todo o resto. Todo ten dificultades, tamén a literatura infantil. Eu métome no libro, mergúllome. Ao principio cústame todo e até a metade de calquera libro non acabo de entrar nel, é como subir unha pendente, mais despois é como se a mente se habituase a ese estilo.

Neste caso falamos de textos moi diferentes entre si, independentes mais cun nexo común que é a montaña. Non sei explicalo, eu traduzo e déixome levar. O da puntuación sorprendeume un pouco porque en moitas traducións non é o que máis respecto. Hai pouco traducín Léxico familiar de Natalia Ginzburg e desde logo non a respectei para nada porque non me parecía correcta en galego para unha lectura fluída. Entón, non sei canto respectei a puntuación orixinal neste caso, a tradución fíxena xa hai máis dun ano e, como eu si que vivo da tradución literaria, paso dun libro a outro e acabo esquecendo o anterior. Diso tamén ten moita culpa a miña desmemoria.

—Para vivir da tradución, como está o sector en xeral?
Na Galiza mellorou moito en todos os eidos. Ten un recoñecemento que antes non tiña porque só había un par de persoas que se dedicaran en exclusiva. Podo dicir que vivo dela, mais implica moitas horas de traballo.

O panorama véxoo espléndido, temos excelentes profesionais. Podería ser mellor claro, mais estamos nun momento no que as novidades literarias duran menos de tres meses. Para os tradutores é estupendo porque nos dá traballo, non sei se é tan bo para a literatura.

Con todo, doe que haxa escritores que se gaban das súas traducións a outros idiomas e que non citen a persoa que fixo ese traballo. Tanto eles coma nós somos autores, non todos somos creadores claro, iso ten un mérito incuestionábel, eu sería incapaz de crear unha historia, mais se as len noutros idiomas é grazas a nós. Parece que hai escritores que non o ven e a min dóeme. Queremos que se nos cite porque iso repercutiría nas nosas condicións de traballo.

[Fonte: http://www.nosdiario.gal]

Dans son dernier roman, le Colombien Juan Gabriel Vásquez retrace la vie du cinéaste Sergio Cabrera, sa formation politique, militaire mais aussi artistique, en l’inscrivant plus largement dans la trajectoire de sa famille : ses grands-parents, républicains espagnols exilés en République dominicaine puis au Venezuela, et en Colombie ; et son père, militant maoïste qui entraïna sa famille dans la Chine de la Révolution culturelle. 


Juan Gabriel Vásquez, Une rétrospective. Trad. de l’espagnol (Colombie) par Isabelle Gugnon. Seuil, 464 p., 23 €


Écrit par Florence Olivier

« Être colombien est un acte de foi. » Qui n’a entendu cette réplique d’un personnage de Borges dans la bouche de tel ou tel intellectuel colombien ? Détournée de son sens premier – la mise à nu de tout sentiment national –, elle résume, non sans une salutaire dérision, la déception voire le désarroi du discoureur face à la persistance de la violence politico-militaire ou de celle du narcotrafic dans l’histoire colombienne. Si Juan Gabriel Vásquez ne reprend pas ce lieu commun, il tient à rappeler que, né en 1973, il n’a jamais connu de période de paix dans son pays. Ferme partisan de l’application des accords de paix de 2016, âprement négociés entre le gouvernement et la guérilla des Forces armées révolutionnaires de Colombie (FARC), l’écrivain entend apporter dans Une rétrospective des éclairages aussi crus que nuancés sur divers pans de ce passé toujours brûlant. Hanté par les métamorphoses de la violence politique qu’a connue la Colombie depuis le XIXe siècle, Juan Gabriel Vásquez renchérit dans ce dernier roman sur plusieurs de ses paris coutumiers : narrer l’incidence de l’histoire sur les vies privées des citoyens ; manier la relation entre père et fils comme métaphore du conflit historique ; mener son récit à la manière d’une enquête mémorielle ; façonner une fine marqueterie entre fiction et faits réels recueillis auprès de témoins. Le tout avec un talent de conteur qui tient son lecteur en haleine.

Une rétrospective de Juan Gabriel Vásquez : vie de Sergio Cabrera

Éditions Alfaguara

Une rétrospective, titre qui transpose éloquemment celui de la version originale – Volver la vista atrás est un vers d’Antonio Machado –, se veut une fiction fondée uniquement sur des faits réels, survenus dans la vie du cinéaste colombien Sergio Cabrera. À l’exacte façon du Limonov d’Emmanuel Carrère ? On suivra plutôt Juan Gabriel Vásquez, qui, dans une « Note de l’auteur », précise l’acception qu’il retient ici du verbe « feindre » : « Modeler, concevoir, donner forme à quelque chose ; a) pour désigner des objets physiques tels que des sculptures et objets similaires, tailler. »

C’est, en effet, dans la surabondance des péripéties d’une vie exceptionnelle qu’il lui aura fallu tailler son récit. Inséparable de l’histoire de sa famille, l’expérience de Sergio Cabrera est non moins inséparable de l’histoire colombienne et de celle, internationale, de la gauche révolutionnaire. Une geste tumultueuse et tout à la fois une vie picaresque dont les souvenirs, longtemps tus, occultés ou perçus de biais par celui-là même qui aura vécu ces événements, s’assemblent enfin pour trouver un sens. L’intime réconciliation du cinéaste avec son passé, et donc avec sa capacité de créer et d’aimer au présent, met en anamorphose celle qui pourrait advenir dans l’histoire colombienne et que l’auteur, tout comme le personnage de Sergio Cabrera, appelle ardemment de ses vœux.

Passé et présent du cinéaste se percutent violemment en 2016 tandis qu’à la Cinémathèque de Barcelone se déroule une rétrospective de l’œuvre de Sergio Cabrera. L’application des accords de paix vient d’être rejetée, lors d’un référendum, par une courte majorité de citoyens colombiens. Le cinéaste traverse une grave crise existentielle : en manque d’inspiration, en butte aux reproches de ses producteurs, il vit en Colombie tandis que sa dernière femme, portugaise, s’est réinstallée au Portugal, y emmenant leur fille de cinq ans. Lorsqu’à Lisbonne, sur le chemin de Barcelone, Sergio apprend la mort de son père, il décide, sans plus d’explications, de ne pas rentrer à Bogota pour assister aux obsèques de Fausto Cabrera. Dès cet instant, la rétrospective de son œuvre cinématographique se double d’une rétrospective intime qui, à travers les souvenirs du père, ramène Sergio à ceux de sa propre vie. Tel est le principe temporel que suit le récit d’Une rétrospective. Crise du personnage et crise nationale coïncident dans le temps, et il n’échappera à nul lecteur que le roman de Juan Gabriel Vásquez sonde le passé du premier pour rouvrir puis panser les plaies d’un pays qui les a laissées à vif.

Une rétrospective de Juan Gabriel Vásquez : vie de Sergio Cabrera

Affiche de « La stratégie de l’escargot » de Sergio Cabrera (1993)

Si le suspense de l’enquête mémorielle que le romancier manie en virtuose dans Le bruit des choses qui tombent (2012) est moindre dans cette chronique biographique, l’habile effet d’aller-retour entre présent et passé y supplée. Les lieux que traverse ou qu’aura habités Sergio Cabrera – mais aussi son père, Fausto, son grand-oncle, Felipe, son grand-père, Domingo, sa mère, Luz Elena, sa sœur, Marianella – ne jouent pas un rôle mineur dans l’afflux et l’ajustement de ses souvenirs sous un nouveau jour. Comme souvent chez Juan Gabriel Vásquez, une cartographie mémorielle surgit de la forme d’une ville ou d’une région, voire de celle d’un pays tout entier, car tout lieu, hanté, est lieu de mémoire.

Les trois longues parties de ce roman biographique embrassent l’histoire de trois générations de Cabrera, depuis les années qui ont précédé la guerre civile espagnole jusqu’en cette année 2016 où Barcelone accueille et célèbre le cinéma de Sergio Cabrera. C’est cette même ville qu’avaient dû fuir, peu avant qu’elle ne tombât aux mains des troupes franquistes, les républicains Felipe, officier et combattant héroïque de l’armée de l’air catalane, son beau-frère et garde du corps Domingo, les deux fils de ce dernier, Fausto et son frère Mauro. De cette histoire de lutte, de défaite et d’exil, nul membre de la famille, descendants y compris, ne pourra se dépêtrer avant bien longtemps. Les Cabrera exilés vivront une vie picaresque dans la République dominicaine du dictateur Trujillo, puis au Venezuela, enfin en Colombie, où ils se fixeront.

La vocation d’acteur du jeune Fausto – née de l’indéfectible alliance entre les idéaux de la République espagnole, côté communiste, et l’amour de la poésie que cultive sa famille – fera de lui une indispensable figure d’avant-garde dans les milieux du théâtre puis du théâtre télévisé en Colombie. C’est cet homme, fantasque et dogmatique, enjôleur et autoritaire, qui, convaincu d’œuvrer pour le bien de tous, façonnera les destins de ses enfants, Sergio et Marianella, qu’il ralliera à la cause de la révolution internationale à l’heure du maoïsme. Lui-même n’était-il pas fasciné, donc façonné, par l’image héroïque de son oncle Felipe ? Voici donc, illustrée à la perfection, l’une des approches de l’histoire que privilégie le romancier Juan Gabriel Vásquez : l’entrelacs indémêlable entre histoire individuelle et histoire collective. L’expérience de vie de Sergio Cabrera aura été modelée par celles de son père, de son grand-oncle, de son grand-père ; elle trouve son origine et sa couleur dans l’idéologie de la gauche internationale des années 1930 et dans la culture républicaine espagnole où art et politique se fondaient l’un dans l’autre. Et quelle expérience !

C’est dans la Chine de la Révolution culturelle, où Fausto a été recruté en tant qu’expert par l’Institut des langues étrangères de Pékin, que Sergio et sa sœur se formeront dans leur adolescence. De l’implacable solidité de cette formation font foi nombre de documents éloquents dans la deuxième partie et jusque dans l’épilogue du roman : des photographies, des extraits du journal de Marianella écrit en chinois ou des passages d’une fort longue lettre du père qui tient lieu de bréviaire ou de manuel de survie pour ses enfants restés seuls en Chine. Au lecteur de juger sur pièces. Portés par l’enthousiasme paternel pour le régime de la Chine populaire, endoctrinés, Sergio et Marianella ne cessent de solliciter de nouvelles tâches militantes : travail dans une commune à la campagne puis en usine, engagement dans des groupes de Gardes rouges, enfin, ultime privilège, entraînement militaire. C’est qu’ils doivent parfaire leur formation avant de rejoindre leurs parents, repartis sans eux en Colombie, pour s’engager à leur tour dans la lutte de la guérilla maoïste.

Une rétrospective de Juan Gabriel Vásquez : vie de Sergio Cabrera

Le récit de cette dernière période de leur jeunesse fait la matière de la troisième partie du roman. Et il serait bien court de dire que c’est celui d’un désenchantement. L’absurdité, l’égarement au sens propre comme au sens figuré, la folie, la violence meurtrière, y sont associés à la guérilla tout comme à la forêt tropicale où évoluent les troupes. On y lit un juste hommage à la tradition latino-américaine du roman de la selva, dont La Voragine (1924) du Colombien José Eustasio Rivera est l’une des illustrations magnifiques. Aliénés, les jeunes gens et leurs parents parviendront, au terme de rudes péripéties, à quitter la guérilla colombienne sans abjurer la cause maoïste. Sergio, Fausto et Luz Elena repartiront en Chine populaire.

Une rétrospective peut être lu comme un roman de (dé-)formation conté à rebours mais aussi comme un roman d’artiste. Car, au récit de l’initiation politique et militaire de Sergio Cabrera, se mêle celui de son précoce apprentissage artistique d’acteur puis de photographe aux côtés de son talentueux père. Plus tard, le jeune militant maoïste vole des instants à ses devoirs de révolutionnaire pour voir des films dès qu’il en trouve l’occasion. Tout comme Fausto avait su braver les obstacles de sa condition d’exilé pour devenir acteur, Sergio saura trouver dans sa vocation de cinéaste la force d’échapper à l’emprise de ce père tant aimé et tant admiré. Loyal, il fera jouer Fausto dans la plupart de ses films. Les chapitres consacrés à la rétrospective barcelonaise de 2016 revisitent avec acuité l’œuvre du cinéaste, politique et parodique tout à la fois. Où l’on voit qu’Une rétrospective propose une vision de l’engagement artistique qui, précisément, permettrait de libérer l’art de l’emprise de l’idéologie ou, mieux encore, d’user du premier comme d’un antidote contre la seconde.

L’épilogue du roman fait coïncider avec la rétrospective cinématographique de Barcelone l’ultime émancipation de Sergio Cabrera, tourné non plus vers le passé mais vers l’avenir, non plus vers son seul père défunt mais aussi vers son fils de dix-huit ans. À ce dernier, il aura transmis son histoire, enfin revue jusque dans ses recoins les plus sombres, ainsi que celle, inoubliable, de Fausto et de la famille Cabrera. L’art d’hériter sans soumission et l’art de transmettre, tels sont les épineux défis que relèvent et le personnage de Sergio Cabrera et le romancier Juan Gabriel Vásquez. Car on ne verra nul hasard dans le prix biennal de roman Vargas Llosa qu’a reçu, en 2021, Une rétrospective. Parmi les maîtres latino-américains de l’écrivain se côtoient en effet, réconciliés par leur libre héritier malgré leurs différends idéologiques, le Péruvien Mario Vargas Llosa et le Colombien Gabriel García Márquez. Négociateur hors pair, Juan Gabriel Vásquez sait confronter sans ciller les versions en conflit du passé politique et littéraire colombien, latino-américain, mondial. Être romancier est un acte de foi.

 

[Source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

 

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Escrito por Pedro Correia

Falta pouco para a atribuição do Nobel da Literatura. Deixo já a minha proposta ao Comité Nobel: deve ser galardoado Salman Rushdie. É mais que tempo, é mais que merecido. Para que não ocorra outra injustiça gritante, como a que agora se registou, ao morrer Javier Marías, grande escritor espanhol ignorado pelo júri sueco que teima em distinguir autores menores enquanto ignora gigantes da literatura – a lista é imensa, irei recordá-la aqui muito em breve.

A 12 de agosto, Rushdie foi alvo da mais recente tentativa de assassínio. Com uma diferença em relação às anteriores: esta quase chegou a ser consumada. O escritor britânico nascido em Bombaim há 75 anos recebeu vários golpes de faca no abdómen e no pescoço quando se preparava para fazer uma conferência em Nova Iorque. Escapou por pouco a esta nova demonstração do ódio que lhe dedicam os muçulmanos fanáticos desde que o sinistro aiatolá Khomeiny lhe lançou uma fátua – sentença de morte – em 1989 por alegado crime de «blasfémia contra o Islão» no romance Versículos Satânicos.

Desde então, vários tradutores desta obra têm sido ameaçados e perseguidos em todo o mundo. Um morreu assassinado. É muito provável que a persistente ameaça do totalitarismo islâmico continue a tolher as sumidades que todos os anos se reúnem na capital sueca para proclamarem o melhor escritor do ano. Como se também elas fossem alvo de uma fátua.

É intolerável que Rushdie, perseguido há 33 anos pelo mais repugnante extremismo que usa a religião como pretexto para impor a lei do silêncio, seja igualmente vítima da atmosfera de medo que vigora em Estocolmo. Se algum escritor merece o Nobel, neste ano concreto, é ele. Aliás já o merecia desde que publicou Os Filhos da Meia-Noite, em 1981 – fabuloso cruzamento de relato histórico com realismo mágico expondo as feridas entre hindus e muçulmanos no subcontinente indiano como tema central.

Dúvida nenhuma: o prémio deve ser para ele.

 

[Fonte: delitodeopiniao.blogs.sapo.pt]

Una edición de la ‘Odisea’ traducida del inglés en la que Homero convive con Margaret Atwood y Nick Cave demuestra la vitalidad de los clásicos, pero abre el debate sobre los límites de la divulgación

ALBERT MONTEYS

El dilema de las redes, el documental de Jeff Orlowski estrenado por Netflix el mes pasado, contiene una tonelada de preocupantes testimonios de ex altos cargos de compañías como ­Google o Facebook, pero también la acartonada recreación de la vida diaria de una familia estadounidense. En ese relato paralelo, la actriz Kara Hayward (Moonrise Kingdom, Paterson) interpreta a la hija mayor, que, siempre con un libro en las manos, advierte de la adicción a la tecnología de su hermano menor. El personaje de Hayward se llama, por supuesto, Casandra, como la hija de Príamo, rey de Troya, que profetiza la destrucción de la ciudad sin que nadie la crea.

Las voces de los clásicos grecolatinos desaparecen de los planes de estudio al tiempo que sus ecos se vuelven omnipresentes en los ámbitos más inesperados. En el mismo año en que ganan el Premio Nobel la autora de un poemario como El triunfo de Aquiles (Louise Glück) y el Princesa de Asturias otra poeta que se presenta como “profesora de griego” (Anne Carson), el ensayo más vendido en España es El infinito en un junco (Siruela), una historia sobre la invención de los libros en el mundo antiguo firmada por Irene Vallejo. Mientras, la catedrática de Cambridge experta en la Antigüedad Mary Beard se convierte en fenómeno de masas en Twitter (280.000 seguidores) y Jorge Javier Vázquez —filólogo de formación y “cansado de que todo el mundo considere frívola su labor en televisión”— continúa de gira con Desmontando a Séneca, un espectáculo teatral a partir de un célebre apólogo del filósofo hispanorromano: De la brevedad de la vida.

El mundo editorial vive también su propio renacimiento. “Nunca se ha editado tanto y tan bien a los clásicos”, subraya Carlos García Gual, miembro de la RAE, traductor de Homero e impulsor de la Biblioteca Clásica Gredos, que nació en 1977 para desarrollar una labor que en Europa llevaba 100 años en marcha: publicar el corpus grecolatino completo. A los autores populares y a los que no lo son. Ahí está todo Platón, pero también Elio Aristides o, con sus 20 tomos, Plutarco, “un autor apenas leído hoy, pero muy popular en el siglo XIX”. García Gual acaba de publicar Voces de largos ecos (Ariel), una recopilación de prólogos entre los que destaca el dedicado a los escritos científicos de Aristóteles, cuya influencia fue más allá de las humanidades.

El ataque de los letrigones. Ilustración de Calpurnio para la edición de la ‘Odisea’, publicada por Blackie Books

“Hasta el siglo XV”, explica el profesor Gual, “la ciencia era la ciencia griega, Plinio, Euclides, Aristóteles… Luego llegan los microscopios y todo cambia porque es un campo que caduca antes que la filosofía o la literatura”. Aun así, junto a errores clamorosos —como defender la superioridad del macho sobre la hembra o de la derecha sobre la izquierda—, en el haber del pensador hay que anotar el descubrimiento del carácter mamífero de los cetáceos o la descripción del estómago de los rumiantes y de la cópula de los cefalópodos, “una particularidad singular que no fue redescubierta hasta el siglo XIX”.

Más allá de colecciones canónicas y exhaustivas como la de Gredos o la Alma Mater del CSIC, García Gual destaca otro signo de vitalidad de un mundo que nunca caduca: “Los quioscos están llenos de libros sobre mitos y hay excelentes ediciones de bolsillo y nuevas traducciones”. En efecto, a sellos como Alianza, Cátedra o Akal se les podrían añadir las apuestas de otros, especializados o generalistas, como Guillermo Escolar, Mármara, Koan, Rhemata, Rinoceronte o Errata Naturae.

A ellos se acaba de sumar Blackie Books, que estrena su colección Clásicos Liberados con una Odisea que ya en la preventa, antes de su salida, colocó 5.000 ejemplares en las librerías. El Génesis, el QuijoteGargantúa y Pantagruel y la Ilíada esperan su turno. Ilustrada por Calpurnio, la Odisea de Blackie se completa con las recreaciones y subversiones del argumento clásico en una novela corta de Margaret Atwood, un poema de Dorothy Parker, una fábula de Augusto Monterroso y sendas canciones de Nick Cave y Javier Krahe. De James Joyce a Derek Walcott, la historia de la literatura está tan llena de odiseas que la original ya no es un libro sino una biblioteca. El volumen lleva además un curioso repertorio de notas que explican quién era Méntor (maestro de Telémaco) antes de convertirse en nombre común, en qué momento comienza la acción de la obra (el 8 de marzo de 1178 antes de Cristo, según resulta de aplicar el canon de eclipses de la NASA al que se describe en el canto XX) o cuántas personas se llaman Ulises en España (2.274 según el INE; ninguna usa el nombre griego del protagonista: Odiseo).

Mujer joven con tableta y estilete, conocida como Safo, en fresco pompeyano. ALAMY

La edición, no obstante, tiene una particularidad que sus responsables saben potencialmente polémica: la traducción, a cargo de Miguel Temprano, no se ha hecho del original griego, sino de la versión que Samuel Butler publicó en 1900, “la mejor” de entre las inglesas según Borges. La obra de Homero, dice la nota editorial, “fue escrita en hexámetros, para ser recitada en público, con acompañamiento musical, a la manera quizá del rap actual… Es decir, tan lejos de nuestros referentes culturales que, para hacérnosla llegar con eficacia, la cuestión del idioma es probablemente el menor de los problemas”. Jan Martí, fundador de Blackie Books, amplía esas razones: “Queríamos que fluyera como una novela. Más que arriesgada, fue una decisión desprejuiciada”.

Para Alberto Manguel, autor del ensayo El legado de Homero (Debate), todo depende de qué entendamos por traducción: “Puede significar una versión académica inspirada y lo más fiel posible al original. En ese caso, el traductor tiene que conocer a la perfección el griego antiguo, porque tendrá que resolver complejos problemas filológicos, históricos y culturales. También deberá considerar —como dice el editor de Blackie Books— el hecho de que el texto homérico mejor preservado es solo una parte del conjunto de la obra de Homero”. Esa es, recuerda Manguel, la teoría de la helenista Florence Dupont, entre otros investigadores, que considera lo que llamamos texto homérico como “equivalente al libreto de una ópera”, es decir, un fragmento de la obra original, sin la música, los gestos y el ritual que acompañaban a las palabras en la Grecia antigua. “Si por traducción entendemos, como quería Borges, un borrador más del texto original, entonces una traducción de la traducción de Butler es perfectamente válida”. Irene Vallejo celebra el gusto filológico por acudir a la fuente original, pero admite que una versión indirecta —“y esta es muy literaria, ágil”— puede ser una buena introducción para cualquier lector. “En el fondo no existe una versión pura. Los clásicos tienen tantas adherencias de todas las épocas que al final son un magma del que forman parte todas las lecturas que se han hecho de ellos”.

Carlos García Gual es más reticente. Y más rotundo: “No me parece buena idea. Butler en sí ya es antiguo”. Aurora Luque, poeta y traductora, añade un matiz en la misma línea: “Vivimos una fascinación por lo anglosajón, pero en castellano tenemos grandes traducciones del griego. Aunque claro que podemos saborear una retraducción. Lo importante es saber que estamos leyendo a Butler, no a Homero. Lo mismo pasa con Anne Carson y Safo”. La autora de libros como Gavieras y La siesta de Epicuro (ambos en Visor) se refiere al volumen trilingüe Si no, el invierno (Vaso Roto), que acaba de llegar a las librerías con los versos griegos de la poeta de Lesbos, la versión inglesa de la canadiense y su propia traducción al castellano del trabajo de esta.

Penélope. Ilustración de Calpurnio para ‘La versión de Penélope’, de Margaret Atwood, incluida en la edición de la ‘Odisea’, publicada por Blackie Books

Además de la bendición borgiana y de la fluidez narrativa de la versión de Butler, hay otro elemento detrás de la “herejía” —el término es de los editores— de traducir la Odisea del inglés. Tres años antes de verterla a su lengua, el autor británico publicó un ensayo en el que sostiene que la obra literaria más influyente de la historia fue escrita por una mujer y no por el supuesto bardo ciego, que, esta vez sí, habría escrito la belicosa Ilíada.

La apertura de miras tiene, no obstante, sus límites. La teoría de Butler, clérigo de formación, se fija menos en el papel activo de Calipso, Circe o Penélope que en supuestos errores que, según él, “podía cometer fácilmente una mujer, pero nunca un hombre”. Entre otros, pensar que un barco puede tener un timón en cada extremo (canto IX) o que un halcón puede desgarrar a su presa en pleno vuelo (canto XV). Alberto Manguel subraya que los especialistas desdeñaron por estrafalarias las teorías de Butler, pero le reconoce un mérito decisivo: inauguró la particular relación que la literatura del siglo XX ha tenido con los clásicos. Ya no son una cima inalcanzable sino una llanura que puede ser “transitada, habitada, reorganizada, recreada y reescrita”.

Eso es lo que hizo en 1983 la alemana Christa Wolf en Casandra y lo que, en 2005, hizo también Margaret Atwood en La versión de Penélope (The Penelopiad), que imagina la vuelta de Ulises desde el punto de vista de su esposa y de las 12 criadas que terminan ahorcadas por supuesta traición. Amigo de la escritora canadiense, con la que comparte nacionalidad, Manguel subraya en ese episodio los ecos de las violaciones masivas a mujeres en Bosnia, Ruanda o Darfur, pero expresa sus reparos desde el punto de vista literario: “Confieso que no me parece su libro más logrado. En su esfuerzo por dar vida a las casi invisibles y sacrificadas criadas de Penélope, y apuntar al desequilibrio de género en la Grecia de Homero, algo de la gran habilidad narrativa de Atwood se pierde. Y uno lee el texto menos como una recreación iluminada del poema que como un encendido panfleto que usa ese episodio de la Odisea tan solo como punto de partida”.

El caballo de Troya. Ilustración de Calpurnio para la edición de la ‘Odisea’, publicada por Blackie Books

En 2018 la británica Pat Barker dio voz a la esclava Briseida para narrar desde su punto de vista el argumento de la Ilíada en El silencio de las mujeres (Siruela). Ese mismo año la BBC y Netflix estrenaron la serie Troya: la caída de una ciudad, que desató la polémica porque los papeles de Aquiles y Zeus recayeron en dos actores negros: David Gyasi (Interstellar) y Hakeem Kae-Kazim (Hotel Rwanda). Irene Vallejo, que recomienda vivamente la novela de Barker, explica que todas las épocas han leído a los clásicos desde sus propios debates: “El Romanticismo y el nacionalismo del siglo XIX reivindicaron a Homero como depositario del genio colectivo de un pueblo frente a Virgilio, autor individual de la Eneida. También nosotros leemos nuestro tiempo a través de símbolos que vienen de antiguo. Lo hicieron los propios griegos. Eurípides, por ejemplo, le enmienda la plana a Homero diciendo que Helena no estuvo en Troya. Para ellos todo eran versiones, historias que circulaban y circulaban. No había un libro sagrado”.

Aurora Luque abunda en la misma idea: “El siglo XIX hizo una lectura de Safo descafeinada, misógina, pero los actuales estudios de género no se inventan nada, más bien enriquecen y aclaran aspectos que estaban en las obras y nadie había sabido ver”. Ella, de hecho, anda embarcada ahora en la traducción de Las suplicantes, una pieza de Esquilo que recoge la historia de un coro de mujeres —las danaides— que piden asilo en Argos porque se niegan a casarse obligatoriamente en Egipto. “Durante siglos”, explica Luque, “se tuvo por una obra menor. ¿Por qué? Porque no se entendía ni el asilo político ni el rechazo al matrimonio”.

Para Vallejo, los clásicos “lo son porque se adaptan a las pulsiones de cada época. Si no, habrían desaparecido”. Por eso lamenta que el interés popular por el imaginario grecolatino contraste con el desdén educativo hacia el latín y el griego. “Se trata de una profecía de autocumplimiento”, afirma. “Empiezas diciendo que son estudios sin salida profesional, luego pones trabas para que los alumnos los elijan, los mejores expedientes se van a otras carreras y los que quedan no encuentran salida”. La autora de El infinito en un junco subraya el rédito cultural que procuran los clásicos, pero no olvida su potencial económico. Y lo resume en un nombre: Christopher Vogler. Analista de guiones, Vogler descubrió la admiración que cineastas como George Lucas, Steven Spielberg o Francis Ford Coppola profesan a los ensayos sobre mitología de Joseph Campbell y a su estudio de los patrones que se repiten en todos los relatos heroicos. Por eso adaptó a la escritura cinematográfica los análisis del erudito neoyorquino en El viaje del escritor (Ma Non Troppo), pronto convertido en superventas mundial y en “uno de los manuales de uso corriente en Hollywood”. La distancia entre la guerra de Troya y La guerra de las galaxias es más corta de lo que parece.

 

Odisea. Homero. Traducción de Miguel Temprano de la versión inglesa de Samuel Butler. Blackie Books

Si no, el invierno. Fragmentos de Safo. Anne Carson. Traducción de Aurora Luque. Vaso Roto

Economía de lo que no se pierde. Leyendo a Simónides de Ceos con Paul Celan. Anne Carson. Traducción de Jeannette L. Clariond. Vaso Roto

Praderas. Louise Glück. Traducción de Andrés Catalán. Pre-Textos

El silencio de las mujeres. Pat Barker. Traducción de Carlos Jiménez Arribas. Siruela

Voces de largos ecos. Carlos García Gual. Ariel

Fidelidad a Grecia. Emilio Lledó. Taurus

Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya. Daniel Mendelsohn. Traducción de Ramón Buenaventura. Seix Barral

El viaje del escritor. Christopher Vogler. Traducción de Jorge Conde. Ma Non Troppo

 

[Fuente: http://www.elpais.com]

«Hai que loitar polo galego, sen deixar que os malos prognósticos nos desanimen», alenta o profesor inglés

O tradutor e académico John Rutherford, desfrutando dá súa querida ría de Ribadeo.

Escrito por JOSÉ ALONSO

John Rutherford (Saint Albans, Inglaterra, 1941) está de volta en Galicia. O que foi definido como «un dos máis importantes valedores internacionais da cultura galega», co gallo do seu nomeamento como doutor honoris causa pola Universidade da Coruña, regresou a Ribadeo, onde ten una casa na parroquia de Vilaselán e onde vive unha das súas fillas, pola recuperación das xornadas culturais Mar por Medio. Ribadeo forma parte intrínseca da súa vida. Como Galicia e o galego, dende que dera con este recuncho, sendo un mozo, nun intercambio de estudantes. Dende entón, declárase medio galego, «de Ribadeo, para ser preciso».

Profesor emérito do Queen’s College da Universidade de Oxford, onde foi mestre de literatura española e onde fundou o Centro de Estudos Galegos, Rutherford foi presidente entre 1991 e 1997 da Asociación Internacional de Estudos Galegos. No ano 2008 foi nomeado membro honorario da Real Academia Galega, e ten recibido premios como a Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, a Medalla Castelao ou o Premio Trasalba. A súa contribución ó espallamento do galego é de difícil ponderación. Nos obradoiros do Centro de Estudos Galegos de Oxford tense traducido dende a obra de Carlos Casares á de Manuel Rivas, dende Cunqueiro a Castelao, Ferrín… Agora vén de publicar co selo Small Stations Press a tradución ó inglés do clásico de Xosé Neira Vilas Memorias dun neno labrego, nunha edición con ilustracións de Isaac Díaz Pardo. Como tradutor, Rutherford foi eloxiado polo seu Quixote, adaptando a linguaxe cervantina ao século XXI, e por A Rexenta, a obra maior de Clarín á que dedicou oito anos.

—Un centro de estudos galegos en Oxford… Habería quen o vira como algo quixotesco?

—Si, houbo xente, tanto en Oxford como en Galicia, que viu como quixotesca a idea de fundar un Centro de Estudos Galegos na Universidade de Oxford hai unha trintena de anos. Pero eu tamén son quixotesco, ata o extremo de ter traducido o Quixote ao inglés. E creo que foi bo o que se conseguiu, e o que aínda se está a conseguir por outras persoas nese centro. Souben dende o principio que a cantidade de alumnos nunca chegaría a ser grande, pero a súa calidade foi sempre moi alta, e varios deles son agora profesores de galego en distintas universidades dentro e fóra do Reino Unido. Deste xeito os lectores e lectoras de galego e máis eu fixemos a nosa modesta contribución ao espallamento da lingua e da cultura galegas.

—Como valora o traballo que ten realizado? Compensoulle persoalmente?

—Si, pola satisfacción que dá unha cousa ben feita, e sobre todo polas grandes e duradeiras amizades que fixen cos sucesivos lectores e lectoras de galego. Galicia tamén foi xenerosa comigo, concedéndome varios premios e outros honores que estimo moito. Ese traballo non me compensou economicamente, porque os directores dos Centros de Estudos Galegos non cobran. E está moi ben que así sexa.

—E como ve a saúde do galego? Os síntomas non son moi alentadores: unha lingua minoritaria, que os cativos non falan…

—Eu son por natureza optimista, así que creo que o galego si ten futuro. Os nenos o falan menos porque lles parece cousa de vellos e vellas nas aldeas, pero cos anos e coa madureza moitos deles se van dando conta da importancia das raíces, da identidade. De calquera xeito, hai que seguir loitando pola causa, sen deixar que os malos prognósticos nos desanimen.

—Morreu Javier Marías sen o premio Nobel. Vostede falou nalgunha ocasión de que Ferrín tamén o merecería.

—Sentín moito a morte de Javier Marías, porque conservo moi gratos recordos de dar con el clases semanais de tradución cando era lector de español na Universidade de Oxford, hai corenta anos. Está claro que Ferrín é moi merecedor do premio Nobel, pola enorme calidade da súa obra literaria. Pero poucos dos seus libros están traducidos ao inglés, e esta é a gran barreira que o separa do premio.

«Galicia cambiou decisivamente a miña vida para mellor»

Galicia ten un importante papel na vida de John Rutherford.

—Galicia, e en particular Ribadeo, cambiou a miña vida decisivamente e para mellor. Aos 17 anos eu era un estudante mediocre, pouco motivado, e os mestres dixéronme que se quería entrar na universidade para estudar español tiña que mellorar radical e rapidamente os meus coñecementos deste idioma indo a vivir uns meses a España. Apareceu, por casualidade, a posibilidade de facer un intercambio cun rapaz que resultou ser Tito, fillo maior do Castellano [un veciño ribadense], e cheguei a Ribadeo na primavera de 1958. Era como meterme nunha película en tecnicolor, vivir unha vida marabillosa que non tiña nada que ver coa miña aburrida existencia londiniense. Claro, aquel Ribadeo era moi diferente ao de agora. Era unha gran aldea entrañable que boto moito de menos. Foi a inspiración para que me dedicase con entusiasmo aos estudos de lingua e literatura españolas. Como se fose pouco, namoreime e casei cunha ribadense. Uns anos despois, tamén en Ribadeo, decidín que tiña que aprender a lingua galega, a lingua do país. Débolle moito a Ribadeo. Ribadeo definiu a miña vida.

—Coida Galicia aos seus escritores, aos seus referentes culturais?

—Os coida, pero podía coidalos máis.

Da man da Academia Xacobea, Ribadeo vén de recuperar as xornadas Mar por Medio, que hai trinta anos contribuíra a crear o propio John Rutherford co entón alcalde, e hoxe cronista oficial de Ribadeo, Eduardo Gutiérrez. En Mar por Medio analízase esta fin de semana o Camiño de Santiago no século XXI, unha rota que deixou pegada en Rutherford, que fixo seis peregrinacións, e inspirou a súa primeira novela, publicada pola editorial Galaxia, As frechas de ouro.

 

[Imaxe: Xaime Ramallal – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Alcarràs conta l’istòria de la darrièra culhida de frucha d’una familha dins un domeni de la vila d’Alcarràs, près de Lhèida

Lo filme Alcarràs, de la realizaira catalana Carla Simón, concorrerà als 95ns Oscars que se tendràn lo 12 de març de 2023 a Los Angeles (Estats Units), çò anoncièt dimars setmana l’Acadèmia del Cinèma espanhòla.

Rodat integralament en catalan, Alcarràs conta l’istòria de la darrièra culhida de frucha d’una familha dins un domeni de la vila d’Alcarràs, près de Lhèida, abans que los proprietaris i installen de panèls solars. L’istòria s’inspira d’un episòdi de la vida de Simón, que sa maire es originària d’Alcarràs. La realizaira a dedicat lo filme “a totas las petitas familhas d’agricultors que trabalhan la tèrra cada jorn per que la frucha pòsca arribar dins nòstras siètas”.

La distribucion del filme es integralament compausada d’actors non professionals engatjats dins los camps del país. Un total de 9000 agricultors participèron al casting.

En febrièr passat, Alcarràs emportèt l’Ors d’Aur de la 72a Berlinale, lo festenal internacional de cinèma de Berlin.

Manipulacion de Wikipèdia del Ministèri de la Defensa estant

Tanlèu anonciada la participacion del filme Alcarràs als Oscars, un usatgièr de Wikipèdia modifiquèt l’intrada consagrada a la vila d’Alcarràs, dempuèi una adreiça IP del Ministèri de la Defensa espanhòl, per eliminar e modificar las referéncias als faches que se passèron lo 1r d’octòbre de 2017. Aquel jorn, mentre que s’i debanava lo referendum d’independéncia de Catalonha, la polícia espanhòla ataquèt qualques centenats de personas que defendián pacificament las urnas, en causant un bilanç de 20 personas nafradas.

La modificacion, segon çò que se pòt veire dins la quita intrada, se faguèt qualques oras après l’anóncia de l’Acadèmia del Cinèma espanhòla, e s’eliminèt la frasa ont se disiá que “la polícia espanhòla carguèt contra los manifestants per n’evitar la realizacion”, e s’i apondèt lo mot “illegal” al costat de “referendum”.

Aquela manipulacion foguèt ça que la lèu detectada, e durèt solament 13 minutas.

[Sorsa: http://www.jornalet.com]

Marcos Calveiro © Xerais

Escrito por Ana G. Liste

Hai tres meses que Marcos Calveiro (Vilagarcía, 1968) foi nomeado director de edicións da editorial Galaxia. Avogado, escritor e hostaleiro, agora suma editor ás súas profesións. Di que quixo ser escritor profesional e non lle saíu ben, tivo claro que non quería volver exercer como avogado e o de hostaleiro foi máis un accidente agradable e con antecedentes familiares. Con todo, esta nova andaina como editor non entra en conflito coa de escritor, aínda que de momento nin le escribe por pracer. Pero vén de comezar unha nova ′saga′, Curros & Holmes (Galaxia, 2022), e ten outros textos rematados na pandemia. Conversamos con el sobre o que está por vir desde seu despacho na sede da editorial en Vigo.

Que fai un director de edicións?

Pois ler orixinais, decidir cubertas, decidir textos de contras e axudar a todos os compañeiros e compañeiras no que podo. Fundamentalmente, son o primeiro filtro da editorial de todos os orixinais. Á parte, represento a Galaxia en todos os premios nos que está presente. E vén moitísimo traballo porque están coincidindo todos os premios xuntos un detrás doutro, ensaio, poesía e narrativa. Agora comezarei tamén a preparar –que xa me corresponde a min– o plan de edicións do ano que vén.

Marcos Calveiro (segundo pola esquerda) co xurado do Premio de Novela Manuel García Barros de 2022 © AELG

Por que aceptou a proposta?

Porque levo moitos anos sendo taberneiro e autónomo [ri]. Como comprenderás, chámate Galaxia para ser director de edicións e, xa que non me dá para vivir da escritura, deixo as tabernas e tirar cafés e cervexas e demais. Coincidiu que o día que mo comunicaron comecei coa COVID e estiven malo malo. Cando me reincorporei aquí dez días despois estaba destrozado e tardei mes e medio en recuperarme fisicamente.

Parece que haxa unha batalla interminable entre dedicarse ás artes e o prosaico de ter un soldo a fin de mes.

Son malos tempos para todos, para calquera traballador, e máis para os traballadores da cultura. E máis despois da pandemia. Pódense contar cos dedos dunha man a xente que neste país vive das artes única e exclusivamente, sexan música, literatura, audiovisual…

Porque dicir que un é de profesión escritor, non ten que supoñer que un vive diso; pero cando a profesión é editor si, non?

Evidentemente, si. Eu exercín de avogado moitos anos, logo deixeino. Logo me fixen escritor profesional e duroume dous anos porque escollín os anos da crise de 2008, cubrinme de gloria. E logo coa miña parella –que tamén quedara sen traballo– acabamos montando un bar. Ela é filla de taberneiros e eu son neto de taberneiros polas dúas bandas. Ao final era un mundo próximo, criámonos nas tabernas.

Chegou a comentar nas redes sociais que case non volve á literatura.

É que foi certo. Pasei case seis anos de seca. Recuperei a escrita en Curros & Holmes e outras novelas que escribín foi durante a pandemia. Entre os tres meses confinados e os oito que practicamente tivemos o bar pechado ou con horario reducido, recuperei moitas horas mortas na casa. Recoñezo que escribín moito durante a pandemia, ou escribía ou non sei que facía. Hai xente que se dedicou a cociñar e esgotar a fariña, outros fixeron pilates na casa ou se dedicaron á horta. Eu volvín ao que sabía, que era escribir. Pero publicada só está esta novela.

E esta historia de Curros & Holmes. No misterio d′O kapital xa a tiña previamente na cabeza?

É unha desas frikadas que teño desde hai anos na cabeza. A mítica viaxe de Curros a Londres, de oito meses ou un ano –os biógrafos discuten a data e algún incluso nega a súa existencia–, sempre me chamou a atención. Que faría Curros en Londres despois de fuxir das gadoupas do pai por unha mala relación ou buscando aventuras? Tampouco se exiliou por motivos políticos porque non coinciden as datas da represión polos seus artigos, isto parece que foi antes. Como son fan desas frikadas históricas galegas deses persoeiros un pouco cultos, pois cando foi o confinamento abrín un cartafol que teño alí no portátil de ideas e pinchei no arquivo de Curros. Comecei investigar, empecei a ler cuestións da época vitoriana inglesa e iso levoume a Sherlock, a Marx… É que son uns anos londinenses nos que hai un feixe de xente coñecida alí.

Roteiro arredor da novela ‘O xardineiro dos ingleses’, de Marcos Calveiro, organizado pola Deputación de Pontevedra en 2020 © O faiado da memoria

Desde o principio ía ser unha saga?

Si, a idea cando falei con Francisco Castro antes de incorporarme aquí era que fose unha saga. Sae fóra de colección e cun deseño específico, agardo que haxa máis. Agora tería que estar entregando unha segunda, pero o traballo como editor impídeme totalmente poñerme a escribir. Supoño que contra o final do ano, cando me libere dos premios, poderei volver escribir.

Porque mentres le por traballo é imposible escribir?

Si, non leo como ocio nin escribo. É imposible. Ademais, cheguei aquí –e faleino con Fran como director– co compromiso de responderlle a todo o mundo. E ata o de agora respondín a todos, xa aceptei un montón de novelas e xa rexeitei outro feixe de orixinais educadamente. Acuso recibo de todo e contesto a todo. Estiven na outra banda cando comecei e nada me horrorizaba máis que mandar un texto a unha editora e que nin se molesten en contestar.

Desde a posición do ata agora escritor, como pensa que quere actuar como editor?

A ver, hai un criterio obxectivo da calidade dos textos comezando pola calidade da lingua. Logo hai criterios subxectivos dos meus gustos persoais, pero evidentemente hai criterios persoais e eu o que quero é que se vendan os libros. Logo hai un criterio de Galaxia como institución que se teñen que publicar, somos –por así dicilo– o repositorio fundamental da cultura galega e hai cousas que tes que editar para que queden para as xeracións futuras. O difícil e casar todo iso, pero aí estou, comezando.

Pero ten a opción de apostar por libros que se saen da ′norma′?

Si. O ano que vén vou publicar catro ou cinco novelas de autores noveis. Algunhas chegáronme a min e outras busqueinas eu. Cando cheguei aquí o primeiro que fixen foi facerme unha listaxe de novas ilustradoras, para iso as redes sociais son fantásticas. Contactei con xente que vía que escribía ben e en galego nas súas redes, e ofrecinme a ler o que tiveran. Moita xente contestou, envioumo, e vouno publicar. Procurei polos finalistas do ‘Xuventude Crea’ dos últimos anos e contactei con algúns, hai xente facendo cousas moi interesantes e que curiosamente se están pasando ao castelán. Amazon é un inimigo potente.

Pola autoedición?

Si, hai moitos traducindo ao castelán a súa obra e autoeditando en Amazon.

Por que cre que se están a ′perder′ eses talentos para a cultura galega?

Pola nosa incapacidade de atopalos, seguramente. Estamos nuns tempos tan dixitalizados que seguro que moitos rapaces de vinte anos cando pensan en publicar non pensan nun libro físico. Ao mellor tampouco se lles ocorre mandar un orixinal a unha editorial, ou pensan que Galaxia, Xerais ou calquera outra editorial que haxa en Galicia son unha cousa de vellos e que non teñen posibilidade. De momento, a xente coa que fun contactando foi bastante receptiva e foron enviándome cousas, desde poesía a novela ou autoficción. Pero supoño que aquí inflúe moito que a Xeración Z le na pantalla. Eu recoñezo que tamén leo moito en formato PDF no móbil.

Cre que as editoras galegas teñen que subir un chanzo para estar máis presentes nesa lectura en pantalla?

Todas as editoras galegas teñen redes e fan comunicación nas redes. O malo é que é un nicho tan restrinxido… Eu teño Instagram e Twitter pero xa o do TikTok e o Twitch resúltame sorprendente, pero tes que meterte… Estamos nun momento de mudanza impresionante, agudizado pola pandemia. Pero non creo que se venda moita literatura galega en formato de libro electrónico, aínda que tampouco teño os datos concretos. O que si sucede é que se segue a vender moito libro físico online e non na libraría, que non deixa de ser sorprendente para min. Eu vivo en Teis, un barrio relativamente humilde de casiñas pequenas, e hai unha furgoneta de Amazon que vive alí de luns a domingo. Calquera colector do lixo de Teis está cheo de caixas de Amazon.

Capa do libro ‘Curros & Holmes. No misterio do kapital’ © Editorial Galaxia

É máis importante buscar autores novos ou lectores novos? Ou ambas van da man?

Eu busco autores novos para chegar a máis público. A masa crítica de lectores en galego é a que é, e haberá que tratar de buscar a outros lectores buscando a outra xente ou a través de voces máis novas que poidan conectar máis directamente con eles. Nese sentido, a miña procura é interesada porque busca ampliar esa masa crítica de lectorado e chegar a xeracións máis novas ás que ao mellor a literatura galega non chega ou que se están pasando ao castelán. Existe unha ruptura da cadea de lectura arredor de 3º ou 4º da ESO, cando a rapazada deixa de ler por ocio para ler só o que lle obrigan no instituto, pois é importante buscar novas voces que lles poidan falar máis directamente. Non é o mesmo ler unha novela xuvenil dun autor de 50 anos, que ten a súa adolescencia moi lonxe aínda que sexa profesor de instituto; que coller unha voz de vinte anos que está estudando na Universidade de Santiago que hai nada que deixou o instituto.

Cales son os seus retos persoais en Galaxia?

Hai retos persoais e retos da propia editorial aos que me teño que incorporar. O feito de que o Día das Letras estea dedicado a Francisco Fernández del Riego fai que gran parte do noso plan editorial vaia ir enfocado por aí, e hai que sumar esforzos entre todas e todos. Pero tamén imos iniciar novos proxectos como publicar banda deseñada o ano que vén, cunha colección específica e autores moi novos. Eu son lector de sempre de banda deseñada e contactei coa xente que está nese mundo agora en Galicia. Aínda estamos pensando formatos e pedindo orzamentos porque o do papel é unha chaladura. Tamén quero tirar por monografías específicas na colección Pantallas, que é sobre cine; e sacar algo máis de música, como o libro que se publicou sobre Suso Vaamonde ou o dos 100 discos galegos. Son cousas que aínda estamos pechando pensando no ano que vén.

A crise do papel afectará moito aos plans de publicación de 2023?

Pois si. É unha barbaridade o que subiu, pero hai que seguir. Ao mellor nalgunha colección tes que cambiar o papel porque non o hai, ou tes que cambiar a capa porque o custo é desproporcionado. Supoño que na subida do prezo hai de todo, desde carestía e especulación a acaparamento. Xuntáronse todas esas circunstancias e estamos nunha tormenta perfecta que é un problema.

Que pensa do actual ritmo de publicación editorial?

Aí entramos nunha cuestión difícil e complexa. É unha loucura, pero estamos todos nela. Se a túa competencia saca cen títulos, ti que vas facer? Sacar vinte para dedicarlles máis tempo cando as novidades se renovan cada semana ou 15 días nas librarías? É un problema no que estamos todos, as grandes están nesa treboada perfecta e obrígannos ás pequenas a seguir aí. Evidentemente, eu querería máis espazo para darlle visibilidade aos libros. E que non sacases dúas novelas con 15 días ou un mes de diferencia. Así poderíanse facer máis presentacións e promocións, pero o mercado é como é. E non creo que mude.

Ademais, como nas cifras tanto nacionais como internacionais ves que o 80% dos libros non venden practicamente nada e que as vendas se reducen ao outro 20%, ao mellor sacas cen títulos ao ano que sabes que vinte vanche vender e que os outros van vender aos poucos pero van ir sumando; ou moitas veces publicas cousas que sabes que van vender pouco pero consideras que deben estar publicadas. Supoño que se o papel segue disparado, chegará un momento no que haxa que reducir por cuestión de supervivencia. Este tema sempre sae nas reunións de edición, pero non chegamos a ningunha conclusión porque se non publicas perdes o teu espazo –que xa é escaso– entre as novidades.

Agora que está dentro, como ve que sobreviven as editoriais nun momento de gran dependencia das axudas públicas?

Aquí, por exemplo, todo o que traducimos é solicitando axudas públicas. Eu teño unha obsesión, considero que A montaña máxica, de Thomas Mann, ten que estar en galego. Pero é un libro de mil páxinas, se eu, como iniciativa privada, teño que contratar un tradutor e tratar de sacar ese libro dunha forma que para min sería inalcanzable.

Nós temos moitas colaboracións coas institucións públicas nos premios, pero no caso do galego entendo que unha das obrigas das institucións publicas –así vén no noso Estatuto de Autonomía– é fomentar a nosa lingua. Deberan dotar as bibliotecas de todo o que se publica en galego, como tamén debera existir un Instituto Rosalía –como hai o Cervantes ou o Ramon Llull– para a promoción. Se un país tan pequeno como Finlandia coloca a súa literatura en todos os lugares do mundo é porque ten un instituto que se dedica á promoción, e que hai axudas públicas para a tradución dos seus autores nas outras linguas. Iso debera tamén pasar aquí.

 

[Fonte: http://www.praza.gal]

El pasado domingo, día 11, murió el director de cine Alain Tanner (1929-2022). Artífice de una obra profunda que renovó el cine suizo, retrató la sociedad centroeuropea de la segunda mitad del siglo XX con moderadas dosis de esperanza, certificando sus dificultades para adaptarse a la voracidad del sistema y sus crecientes atrocidades.

El realizador suizo Alain Tanner, en París, en 1985. Foto: Pierre Perrin/Gamma-Rapho (Getty Images)

Escrito por Ramón Ayala

El director suizo Alain Tanner, nacido en Ginebra en 1929, se formó como economista. Tras un período trabajando en empresas de transportes, funda junto a Claude Goretta el cineclub universitario de Ginebra en 1952. Ambos pretendían poner de manifiesto, por medio del cine, la realidad histórica y social de un país. Un retrato oculto por la moral o por las pintorescas imágenes turísticas de una falsa felicidad que, muchas veces, se identifica con el alto nivel de vida helvético. Este proyecto resulta casi imposible de realizar en una Suiza oficialmente indiferente al séptimo arte e industrialmente anémica en lo audiovisual.

Siempre acompañado por Goretta, Alain Tanner va a Londres, frecuenta a realizadores del free cinema, trabaja para el British Film Institute y rueda con su compañero un cortometraje, “Nice Time” (1957), que es galardonado en el Festival de Venecia. De vuelta a su ciudad natal, filma películas por encargo y, finalmente, realiza su primer largometraje, “Charles, vivo o muerto” (1969), tras un paso por París donde frecuentó los círculos de la Cinémathèque de Langlois y se empapó de primera mano del primer espíritu de la nouvelle vague. Tras ganar el Leopardo de Oro de Locarno, la buena fama de este debut –donde un ejecutivo se rebela contra el capitalismo al que sirve– permitirá el nacimiento de un cine nacional suizo junto con otros realizadores como Michel Soutter, el citado Claude Goretta, Jean-Louis Roy y Jean-Jacques Lagrange. Su segunda obra, y primera en la historia subvencionada por el estado suizo, es “La salamandra” (1971), con Bulle Ogier como protagonista, escrita a cuatro manos con el escritor inglés y teórico de la estética John Berger, con quien también firmará “El centro del mundo” (1974) y “Jonás, que cumplirá los 25 años en el año 2000” (1976).

“Charles, vivo o muerto”, nostálgica e intimista, se convertirá en una especie de película fetiche de toda una generación marcada por la década de 1960. En estas primeras obras Tanner sitúa a los personajes centrales sintiéndose al margen de una sociedad que intenta estandarizarlos: mientras que el Charles de la primera verá abrirse ante él las puertas del asilo psiquiátrico, la Rosemonde de “La salamandra” evoluciona de la laxitud existencial a la rebelión contra la vida ordenada, incluso mentalmente.

Alain Tanner con Catherine Rétoré y Clementine Amouroux en el rodaje de “Messidor” (1979). Foto: Getty Images

Alain Tanner con Catherine Rétoré y Clementine Amouroux en el rodaje de “Messidor” (1979). Foto: Getty Images

La obra de Tanner concentrada en la década de 1970 muestra una Suiza lejos de sus antiguas virtudes paradisíacas que se descubre, con estupor, vulnerable, sometida a tensiones que no pueden camuflar las coartadas de la neutralidad. Su “nuevo” cine le permitió una toma de conciencia; rompió los tabúes para dejar aflorar verdades profundas, en un movimiento estético y ético ferviente que basta para explicar la audiencia inesperada que convocó. Una audiencia que ya había vivido la contracultura y el Mayo del 68 en el país vecino. Hijo de su época, el cine de Tanner es paradigmático del cine político europeo, flirtea con la utopía, la denuncia, al señalar al rey desnudo y otorgar una profundidad psicológica de innovadora complejidad a los roles femeninos. De un didactismo brechtiano y un realismo desencantado, el cine de Tanner visto hoy supera la ingenuidad ideológica para seguir siendo relevante en sus retratos humanos, dirigidos con gran psicología aunque con cierta planicie estética. Aprisionados en un presente determinado por el pasado y con un futuro desesperanzado, sus personajes se valen tan solo de sueños para defenderse de un retrato determinista. Sus criaturas son antagonistas de un villano siempre invisible, pero que las rodea las 24 horas. Una lección aprendida décadas después por Laurent Cantet o Nicolas Klotz.

Algunos títulos, al igual que los temas que sustentan las obras de Tanner, clarifican esta problemática del enclaustramiento cobarde y del profundo aunque inútil deseo de liberarse: “Vuelta de África” (1973), “El centro del mundo”, las utopías pedagógicas de “Jonás, que cumplirá los 25 años en el año 2000”, la imitación de Ícaro que persigue el adolescente de “A años luz” (1981), la puesta entre paréntesis de “En la ciudad blanca” (1983) con el marino suizo en Lisboa interpretado por Bruno Ganz, deseoso de desaparecer.

El cine que Tanner deja es una obra en cierta manera de evasión, más deseada que vivida. Un cine de utopías poco optimistas. Más ideológico que político. Es testimonio de una Europa en la que, como último veneno de las guerras mundiales y la barbarie, queda la corriente de insatisfacciones de una juventud demasiado idealista para ser feliz en tiempos de pragmatismo y cinismo. ∎

Póquer de Tanner


“La salamandra”
 (1969)
Un periodista y un novelista investigan un incidente para la televisión suiza. Supuestamente un hombre se disparó a sí mismo limpiando un rifle, pero hay que dilucidar si fue su sobrina Rosamonde (Bulle Ogier) quien apretó el gatillo. La Rosamonde de Tanner –quijotesca, libre y salvaje– se introduce en la vida de los dos y cataliza un cambio social en ambos: los exilia de la “normalidad”. Contra la búsqueda de argumentos para comportamientos atípicos.


“Jonás, que cumplirá 25 años en el año 2000”
 (1976)
Ocho personas que vivieron juntos el Mayo del 68. Entre ellas un editor desencantado, una cajera que ofrece descuentos a los mayores, una estudiosa del sexo tántrico, Jonás que tiene seis años y una mirada ingenua sobre el mundo. La cinta es paradigmática de una retórica ideológica muy fechada, pero, precisamente, como un mosquito en ámbar, es un documento valioso: libertad sexual, generosidad y consideración, fe en el intelecto contra el reduccionismo político, ateísmo ilustrado, espíritu comunal. Si Jean Eustache expresó un desencanto dandi hacia el Mayo del 68 y Jean-Luc Godard flirteaba con la lucha armada y la propaganda subido a un deportivo, Tanner se reservó la utopía.


“Messidor”
 (1979)
Antes de “Thelma y Louise” (Ridley Scott, 1991), estuvo esta película. Dos amigas, una estudiante y una dependienta, un viaje en autoestop sin destino concreto, una violación, una pistola robada, el reverso del paisaje pintoresco suizo. La promesa de ser libres. Pero la libertad acaba cuando se acaba el dinero. Tanner sitúa a sus personajes en una hipótesis utópica y deja que la realidad conduzca la dramaturgia hacia un realismo pragmático sin rastro de ironía. No hay suicidios heroicos sobre el Gran Cañón. Tan solo la vida en el vacío en una pantalla blanca.


“En la ciudad blanca”
 (1983)
Para salir de la sociedad establecida, Paul (Bruno Ganz) decide parar. Y bajar del barco donde trabaja en Lisboa, alquilar una habitación, pasear, rodar películas en Súper 8 que envía a su pareja suiza, enamorarse de una camarera, hacer nada en absoluto. La película más estéticamente potente del suizo tiene a su favor esconder el subtexto político en algo más sutil y universal, la capital lusa como un plató en estado de gracia y una escritura que dirige la mirada a una hermosa fantasmagoria a pleno sol. ∎

A mais internacional das actrizes gregas, presente em Os Canhões de Navarone ou Zorba, o Grego, morreu na sua terra natal aos 96 anos.

A actriz e cantora Irene Papas. Foto: NANCY MORAN/SYGMA/GETTY IMAGES

Escrito por Jorge Mourinha 

Irene Papas, actriz e cantora grega conhecida como uma das grandes trágicas do cinema moderno, morreu aos 96 anos na sua aldeia natal, Chiliomodi, perto de Corinto.

Popularizada pelos seus papéis em Os Canhões de Navarone (1961) e Zorba, o Grego (1964), contracenou ao longo da sua carreira com “monstros sagrados” como Katharine Hepburn, Sophia Loren, Anthony Quinn, Richard Burton ou Yves Montand; mas Hollywood nunca aproveitou ao máximo a sua presença intensa, que parecia transmitir uma força telúrica que atravessara séculos.

Em Antígona, de 1961

A sua carreira ficou necessariamente marcada pelas suas interpretações das grandes tragédias gregas, tendo vencido o Urso de Prata de melhor actriz em Berlim por Antígona de Yorgos Tzavellis (1961). Capaz de navegar sem problemas entre o cinema e o teatro, Irene Papas interpretou igualmente Helena de Troia, Ifigénia e Electra no cinema, e em palco, um pouco por todo o mundo, Clitemnestra, Fedra ou Medeia, a par de autores como Dostoievski, Ibsen ou Shakespeare.

Irene Papas filmou por três vezes com Manoel de Oliveira, que lhe chamou “a essência mais profunda da alma feminina” e “a mãe da civilização ocidental”; foi em Party (1996), Inquietude (1998) e Um Filme Falado (2003), tendo este último marcado praticamente o final da sua carreira no cinema.

Pode dizer-se que o teatro fazia parte do ADN de Eirini Lelekou, nome com o qual nasceu em 1927, pois o seu pai era professor de drama; uma de quatro filhas do casal, iniciou os estudos aos 15 anos de idade e começou por representar em palco os grandes clássicos e os autores modernos. O apelido com que se tornou célebre, Papas, era o do seu primeiro marido, com quem foi casada entre 1947 e 1951; casaria ainda fugazmente uma segunda vez e nunca teve filhos.

A sua estreia no cinema teve lugar em 1948 no filme de Nikos Tsoforos Hamenoi Angeloi, mas apesar de ter rodado regularmente no seu país natal, o único cineasta grego com quem se sentia verdadeiramente à vontade era Michael Cacoyannis. Irene Papas rodou seis vezes sob a sua direcção, com especial destaque para Electra (1962), Zorba, o Grego e As Troianas (1971), onde contracenou com Katharine Hepburn, Vanessa Redgrave e Geneviève Bujold.

“Descoberta” por Hollywood através de Elia Kazan, que a apresentou aos responsáveis da MGM, teve o seu primeiro papel no cinema americano em Honra a um Homem Mau (1956) de Robert Wise, ao lado de James Cagney. Mas apesar de ter estado presente nos dois enormes sucessos mundiais que foram Zorba, o Grego e Os Canhões de Navarone de J. Lee Thompson (1961), e de ter trabalhado com Kirk Douglas em Dois Irmãos Sicilianos de Martin Ritt (1968) ou Richard Burton em Ana dos Mil Dias de Charles Jarrott (1969), foi no cinema europeu e, sobretudo, italiano que acabou por encontrar trabalho mais regular, rodando com Francesco Rosi, Riccardo Freda, Mario Monicelli ou Elio Petri.

A sua carreira estendeu-se à música. Em 1969, gravou um álbum de canções de um outro artista grego exilado, o compositor Mikis Theodorakis (que escrevera a música de Zorba, o Grego). E causou escândalo com a sua participação no álbum conceptual 666 do grupo de rock progressivo Aphrodite’s Child, com o que foi descrito como “orgasmos vocais”. Desse álbum nasceu o seu encontro com Vangelis Papathanassiou, um dos integrantes da banda, que levaria mais tarde a dois discos inspirados pelo país natal de ambos: Odes (1979), com canções populares gregas, e Rapsodies (1986), com hinos litúrgicos bizantinos.

Liberal de longa data, manifestou-se publicamente contra a junta militar que tomou o poder na Grécia, chamando-lhe “o Quarto Reich” e autoexilando-se em 1967, para apenas regressar depois da sua queda em 1974. Durante esse período, filmou em França com o seu conterrâneo Costa-Gavras Z – A Orgia do Poder (1968), ficção inspirada por um verdadeiro assassinato político na Grécia, ao lado de Yves Montand e Jean-Louis Trintignant.

A partir dos anos 1980 alternou participações especiais em superproduções de cinema ou séries televisivas de prestígio com papéis importantes em filmes de autor, trabalhando, por exemplo, com Ruy Guerra em Eréndira (1983) e Francesco Rosi em Crónica de uma Morte Anunciada (1987), ambos inspirados por Gabriel García Márquez. Irene Papas continuou a trabalhar regularmente até 2003, ano em que rodou Um Filme Falado e interpretou Hécuba numa adaptação de Eurípides que correalizou com Giuliana Berlinguer, retirando-se em seguida.

A notícia da sua morte foi anunciada pelo Ministério da Cultura grego, que não revelou a causa. No entanto, tinha sido diagnosticada à actriz em 2013 doença de Alzheimer.

 

[Fonte: http://www.publico.pt]

Mítica protagonista de «Los cañones de Navarone» y «Zorba, el griego», entre otras, fue la intérprete helena con más proyección internacional

Escrito por CARLOS PORTOLÉS

Irene Papas, la prolífica actriz. Irene Papas, el rostro angelical. Irene Papas, la aguerrida activista. Irene Papas, los ojos tristes. Irene Papas, y mil cámaras embrujadas por su dulce presencia.

Decir adiós es siempre una ocasión amarga. Pero la longevidad consuela un poco. Aquella griega que enamoró a Europa ha muerto a los 96 años. Una carrera algo irregular, pero perlada de obras maestras. A partir de la década de los sesenta fue, sin duda, la actriz helena con más proyección internacional. Se dio a conocer al mundo con su papel de partisana en Los cañones de Navarone, epopeya bélica en la que compartió cartel con tres leyendas: Gregory Peck, David Niven y Anthony Quinn.

Con este último repetiría tres años después (y hasta siete veces) en la que, para muchos, es la mejor película de su carrera: Zorba, el griego, de Michael Cacoyannis. Es imposible describir este título haciéndole justicia, como sucede con todas las cosas bellas de este mundo. Irene, siempre callada, siempre al borde de las lágrimas. Con formas discretas y presencia rotunda, Papas cinceló en los contornos de aquel personaje un estampado de sensibilidad frágil y transparente como el cristal. Una viuda que estaba sola en un mundo donde ser viuda y estar sola era un terrible crimen. Su alma errante y herida iba a parar a los brazos de aquel Alan Bates, inseguro, cobarde y cansado. Demasiado cansado para protegerla.

Si Zorba era el griego, sin ninguna duda Irene era la griega. Y esto lo entendió Cacoyannis mejor que nadie. Contó con ella en películas posteriores como Las troyanas, donde le dio la réplica a Katharine Hepburn. Frecuentó también el cine político europeo, bajo las alas de los siempre polémicos Elio Petri (A cada uno lo suyo, 1967) y Costa-Gavras (Z, 1969). También en Italia fue parte fundamental del elenco de Angustia de silencio, obra maestra del genio del giallo Lucio Fulci.

La filmografía de Papas está llena de episodios curiosos. Por ejemplo, cuando aterrizó en España para hacer la adaptación de la lorquiana Yerma, con un guion escrito por Pilar Távora.

Otra de sus facetas, lejos de los focos, fue la política. Miembro, durante toda su vida, del Partido Comunista de Grecia, siempre estuvo hondamente preocupada por la suerte de su azotado país mediterráneo. Tuvo que exiliarse durante la dictadura de la Junta Militar. Pero hubo final feliz. Una vez caído el régimen, volvió a casa y fue recibida con honores y agasajos.

Estuvo a punto de aparecer en la última película de David LeanNostromo. Pero la muerte del director acabó con aquel proyecto. Habría sido digno de ver. Lo que ahora no es más que una anécdota, en otro mundo pudo haber sido la película más espectacular que se hizo nunca.

Descubierta por Elia Kazan y admirada por Fellini. Amante de Marlon Brando. En una ocasión dijo: «Nunca he ganado un Óscar. Pero el Óscar tampoco me ha ganado a mí». Pasarán los años y habrá otras actrices griegas. Pero Irene Papas, solo una.

[Fuente: http://www.lavozdegalicia.es]

L’autor de les ‘Aventures i desventures de l’insòlit i admirable Joan Orpí’ torna a la novel·la d’aventures amb ‘La veu del seu amo’, una història en clau d’humor sobre el maltractament animal.

Escrit per Joan Simó i Rodríguez

“Humanitzar els animals en la literatura és estúpid”. Així ho creu, com a mínim, el protagonista de la darrera novel·la de Max Besora. Té gràcia que ho digui, sobretot, perquè es tracta d’un gos, un gos humanitzat, tan afectat per les passions humanes que és capaç d’enganxar-se a sèries televisives, opinar sobre política i citar a Diògenes, que era cínic i, per tant, una mica caní. Referir-se a ell per un nom concret és difícil. De la mateixa manera que a Llucifer, al personatge principal de La veu del seu amo (Males Herbes, 2022) se’l pot mencionar de diverses formes -Milú, Petaner, King, Nipper…-, tantes com propietaris té durant el transcurs de la història. Jo, que, a més de tenir terres, soc amo i senyor d’aquestes línies, li diré Molècula, que és com l’anomenen els membres de la disfuncional família Holofernes i el brillant acadèmic Walter Colloni, el personatge del llibre que més simpatia m’ha despertat. Max Besora presenta La veu del seu amo a La Setmana del Llibre en Català dijous 15 de setembre a les 18h amb una conversa amb Jordi Nopca.

A aquests aclariments preliminars cal afegir-los un altre: en Molècula no és tan sols un animal humanitzat, és, també, una bèstia robòtica, víctima d’un experiment novedosíssim -obra de Colloni- que l’habilita per parlar diverses llengües i escriure la seva autobiografia, sorgida de la vocació literària amb la qual es distreu mentre es prepara per ser propulsat a l’espai exterior. La cosa és estranya, ho sé. I ho és encara més si partim de la base que tot plegat transcorre dins les fronteres de Terra nullius, un univers estrambòtic on es mesclen topònims com la Vall del Bronx, les Muntanyes Rocambolesques o Nova Barcelona, referències geogràfiques confuses que emparenten la narració amb Aventures i desventures de l’insòlit i admirable Joan Orpí, conquistador i fundador de la Nova Catalunya (Editorial Males Herbes, 2017 i Premi Ciutat de Barcelona 2018).

De fet, podríem dir que Besora practica un exercici semblant al que es pot apreciar en el llibre de títol quilomètric que li va valdre el Premi Ciutat de Barcelona. Tornem a tenir davant de nosaltres una novel·la d’aventures que dialoga amb l’obra de Miguel de Cervantes, tot i que, si en el seu text anterior era senzill trobar-hi paral·lelismes amb les gestes del Quixot, en aquest cas hauríem de fixar-nos en El coloquio de los perros, on el cànid Berganza explica al seu homòleg Cipión una sèrie d’anècdotes truculentes que podrien ser una versió arcaica d’aquelles a les quals s’enfronta en Molècula. El referents literaris no acaben aquí. A La veu del seu amo s’hi poden sentir ecos de Jack London (The Call of the Wild i White Fang), Natsume Sōseki (Wagahai wa Neko de Aru) i George Orwell (Animal Farm), alguns dels molts autors que, seguint la tradició fundada per Isop, han reincidit en “l’estupidesa” d’humanitzar els animals.

Besora ho fa, però, emprant un to còmic, hereu de la prosa de Luci Apuleu i el seu Asinus aureus. Suposo que l’humor és útil a l’hora de relativitzar els arguments, de fer-los menys feridors. Deu ser per això que l’autor camufla els seus al·legats contra el maltractament animal rere bromes obscenes i rodolins de volguda simplicitat. L’alternativa seria posar-se seriós i fer una crua tesi sobre el tema central de la novel·la, una tesi que, per força, hauria d’incloure arguments tan durs com els que expressa Isaac Bashevis Singer al seu The Letter Writer. Bashevis, únic autor de llengua ídix que ha guanyat el Nobel de Literatura, afirmava que “totes les criatures varen ser creades únicament per proporcionar aliment i vestimenta, per ser turmentades i exterminades”, que “tots els humans són nazis” i que “pels animals, la vida és un Treblinka sense fi”.

Això últim ho sé gràcies a un article de la Raquel Sanz, on, a través de l’anàlisi dels arguments animalistes que J.M. Coetzee posa en boca d’Elizabeth Costello, es parla de la sensible frontera que ens separa dels éssers no-humans. És un assumpte complicat, transcendental diria jo, cridat, tard o d’hora, a esdevenir la gran polèmica del nostre món. Mentrestant, però, és interessant topar-se amb novel·les com La veu del seu amo, llibres que s’anticipen a la seva època, com els Contes per a nens i nenes políticament correctes de James Finn Garner, propostes que no tenen res d’estúpid.

 

 

[Foto: Adrià Cañameras – font: http://www.nuvol.com]

Faleceu aos 70 anos por mor dunha afección pulmonar e deixa unha das obras máis sólidas e singulares das letras españolas

Javier Marías asinando unha das súas obras na Feira do Libro de Madrid

Escrito por MIGUEL LORENCI

O escritor, académico, articulista, tradutor, profesor e selecto editor Javier Marías faleceu na súa Madrid natal aos 70 anos. Levaba varias semanas loitando contra unha grave afección pulmonar que obrigou á súa hospitalización a mediados de agosto. Coa súa morte, as letras españolas perden a un dos seus grandes referentes, o noso escritor seica máis respectado e recoñecido internacionalmente, dono dunha obra tan sólida como persoal desenvolvida nunha vintena de títulos ao longo de medio século. «Pensar na posteridade é ridículo; é un concepto pasado», repetía Marías, que ten asegurado un lugar preeminente nos anais da literatura española do século XX. Shakespeariano ata a medula, era o único autor español contemporáneo incluído na colección Modern Classics do prestixioso selo inglés Penguin.

Eterno candidato ao premio Cervantes, que aseguraba estaba disposto a rexeitar -como rexeitou o Nacional de Narrativa no 2012, fixo nas quinielas do Nobel e multipremiado en Europa e Latinoamérica, a súa esixente ambición literaria foi o motor dunha carreira froito dunha temperá vocación. Vendeu máis de oito millóns de libros dunha obra traducida a medio centenar de idiomas e que se publica en case 60 países. O poeta John Ashbery comparou a súa prosa coa de Marcel Proust ou Henry James e J.M.Coetze e insistiu en que a Academia Sueca debía outorgarlle o galardón que xa ten o narrador surafricano.

Fillo do pensador, catedrático e académico Julián Marías, estudante brillante, precoz narrador e novo profesor, publicou a súa primeira novela, Os dominios do lobo, con só 19 anos. A última, Tomás Nevinson, apareceu hai dous anos. Pero Marías aseguraba que non se tiña «nin por un escritor profesional nin por un grafómano». «Escribín o que quixen», repetía o protagonista dunha carreira ascendente, balizada de recoñecementos, sostida co favor do público e o respecto da crítica dentro e fóra de casa.

Tradutor, profesor en Oxford e na Complutense de Madrid, era moi lido e especialmente admirado en Alemaña. Corazón tan branco, aparecido en 1992, foi o libro que lle cambiou a vida e a carreira. Con el rebentou o mercado cando catro anos máis tarde o pope da crítica alemá, Marcel Reich-Ranicki, púxoo polas nubes no seu programa de televisión e converteuno nun bestseller no seu país.

Insatisfeito

Pero Marías nunca estaba satisfeito dos seus logros. «Os meus libros parécenme unha porcallada mentres os escribo», declarou ao publicar Berta Illa, a súa penúltima novela, que, como sempre, anunciou como o seu adeus á narrativa.

Adoitaba recorrer a frases do seu loado Shakespeare para titular as súas novelas como Os namoramentos, que publicou en 2011, tras corenta anos de carreira. Era a décimo cuarta novela do titular da cadeira de brazos R na RAE, a primeira cunha voz feminina como narradora, e mereceu en 2012 o Premio Nacional de Narrativa outorgado polo Ministerio de Cultura, que Marías rexeitou. Foi elixida como mellor libro do ano por Babelia, recibiu o XIV Premio Que Ler e o internacional Giuseppe Tomasi dei Lampedusa. Foi finalista do National Book Critics Circle Award como mellor novela publicada nos Estados Unidos en 2013 e seleccionada por The New York Times entre as cen mellores obras de ficción de 2013.

Dixo entón que faría o mesmo de gañar o Cervantes, tras asegurar que o da Crítica, que obraba na súa poder «é un dos poucos premios dos que un pode estar seguro de que non interveñen nel factores extraliterarios, xa que os críticos españois non se van a deixar influír por nada ou ninguén». «¿Perdoaría que lle outorgasen o Cervantes?» expúxoselle. A pregunta debuxou un sorriso no rostro do polo común circunspecto escritor. «Deixei moi claro cando rexeitei o premio Nacional de Narrativa que non aceptaría máis premios dotados con diñeiro do Estado». «¿E quen pon o diñeiro no Cervantes?», repreguntó o académico. «O Estado», escoitou. «Pois aí ten a resposta; pero descoide que non mo darán» resolveu a cuestión auto excluíndose da carreira pola máxima distinción das letras hispanas.

Literato esixente onde os haxa, e alérxico á cursileza, lamentaba a superficialidade que non só afecta aos mozos, «que se contaxia e amplifica» nunha era dixital que nos fai retroceder en lugar de avanzar. «Ninguén le nada e o peor é que apenas se entende o que se le; critícanse os meus artigos sen ler os meus argumentos», lamentaba. «Non estou disposto a escribir novelas bobas, superficiais, con tontunas copiadas de autores americanos», dicía. Deixaba ese labor ás lexións de presentadores e famosos «que se creen capaces de crear unha novela por saber ler e escribir».

Refractario á tecnoloxía, usaba un móbil vetusto e escribía sempre a máquina. «¿Que fose do mundo se Goebbels tivese Twitter e Youtube?», preguntábase. E a resposta era aterradora. «O mundo sería nazi, se é que xa non o é. Os nazis terían gañado a guerra, seguro, se vemos o que lograron coa radio, a prensa e as películas de Leni Riefensthal», aventuraba. «Cada vez pénsase menos e funciónase con ideas recibidas e lugares comúns, e se non cuestionar as ideas recibidas, o panorama é terrible», lamentaba.

O seu non moi extensa bibliografía complétase con títulos como Travesía do horizonteO monarca do tempoO séculoO home sentimental (Premio Ennio Flaiano), Todas as almas (Premio Cidade de Barcelona), Corazón tan branco (Premio da Crítica, Prix l’Œil et a Lettre, IMPAC Dublin Literary Award), Mañá na batalla pensa en min (Premio Fastenrath, Rómulo Galegos, Prix Femina Étranger, Mondello dei Palermo), Negras costas do tempo; os tres volumes do teu rostro mañáFebre e lanza (Premio Salambó), Baile e soño, e Veleno e sombra e adeus e Así empeza o maloBertaIsla e Tomás Nevinson.

Gañou tamén o Premio Nacional de Tradución 1979 pola súa versión de Tristram ShandyVidas escritas e Miramientos reúne as súas descricións de escritores e os seus relatos están en Malaíndole e a antoloxía Contos únicos. Ademais de homenaxes a Faulkner e Nabokov, publicou dezaoito colecciones de artigos e ensaios.

O tradutor do «Tristram Shandy» e doutros autores ingleses

Ademais de escritor, Javier Marías tivo tamén unha faceta como tradutor, sobre todo ao principio da súa carreira. En 1978 traduciu nun só volume para Alfaguara A vida e as opinións do cabaleiro Tristram Shandy e Os sermóns de Mr. Yorick, de Laurence Sterne, alumno de Cervantes e unha das influencias máis queridas polo escritor madrileño. Con esas obras gañou o Premio Nacional de Tradución en 1979.

«A aquel que queira escribir, eu recomendaríalle que traducise. Eu notei na miña propia prosa máis flexibilidade e soltura despois de traducir. Notei o meu instrumento máis afinado que antes», dixo Marías.

Ademais da Sterne, traduciu ao tamén aos clásicos ingleses Thomas Browne e Thomas Hardy e a novelistas contemporáneos como Vladimir Nabokov e John Updike, e a poetas. Sempre traduciu do inglés, polo que se lle considerou o máis británico dos escritores en español.

Deixou a tradución porque, na súa opinión, é unha actividade que está demasiado preto da escritura, e temía unha influencia demasiado evidente das palabras doutros escritores.

 

[Imaxe: BENITO ORDÓÑEZ – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

El autor de ‘Todas las almas’, ‘Corazón tan blanco’ o ‘Los enamoramientos’ ha fallecido en Madrid por una neumonía bilateral. Deja una de las obras literarias en español más relevantes de los últimos 50 años

Escrito por ANTONIO LUCAS

Javier Marías ha muerto a los 70 años en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid por los problemas derivados de una neumonía bilateral que le ha mantenido durante dos meses ingresado en el hospital.

La familia de Javier Marías distribuyó el pasado 14 de agosto una breve nota a través del departamento de Comunicación del grupo editorial de Marías, Penguin Random House, donde explicaba que el autor de Todas las almas estaba « en proceso de recuperación ». Pero la gravedad de la severa afección pulmonar fue en aumento en las últimas semanas, hasta lo insalvable. El escritor será incinerado en Madrid, su ciudad de nacimiento, en la absoluta intimidad y no habrá velatorio. En el barrio de Chamberí (habitual en algunas de sus novelas) pasó la infancia y juventud. Era hijo del filósofo Julián Marías y de la profesora y traductora Dolores Franco.

Javier Marías deja una obra literaria excepcional. Deja un rastro de literatura intensísimo. Deja una monarquía heredada donde era el cabeza de lista y que dio paso a una editorial sagaz y exquisita (Reino de Redonda). Deja un desacuerdo contra algunas cosas del presente. Deja el eco de una ironía ágil. Y también deja polémicas desplegadas en artículos. Y deja traducciones, recuerdos de muchas películas -era sobrino del excéntrico director Jesús Franco-, incluso una muesca de literatura infantil, Ven a buscarme. Sí, un cuento para niños del feroz Marías. Y es un escritor que, felizmente, incomoda. Y es, a la vez, un tipo que alumbra.

Sucede con las novelas de Javier Marías algo muy interesante. Una primera escena formidable enreda las cosas y deja cabos sueltos que seguirán sueltos a lo largo de la novela porque no aspiran a resolverse del todo, porque esa es la forma de indagar en la penumbra y lo visible, entre lo sabido y lo callado, entre lo oculto y lo aparente, entre lo apenas adivinado. Un juego de luces y sombras donde los individuos están expuestos a un misterio, a un vértigo, a una inquietud. Es lo que podríamos llamar « la voz Marías », esa condición de territorio propio que tienen los escritores que importan, lo reconocible, el estilo, esa poética que nunca suplanta, sino que propone y alumbra a quien se acerca. El motivo por el que gusta su literatura es obvio: se trata de un escritor inteligente de los que ofrecen, al salir de sus libros, una cierta idea de mundo.

Acorazado de libros (algunos en ediciones exquisitas), figuritas de plomo, fotografías dispersas y otros fetiches imprevistos, vivía cada vez más retirado del fervorín literario en su caserón del centro de Madrid, un tercero en una plaza (la de la Villa) donde el suyo es el único edificio habitado. Allí escribía y dispensaba una mirada sulfurosa sobre el presente de este país. Empezó en la narrativa a los 20 años, con un título recuperado ahora por Alfaguara (donde está toda la obra de Marías): Los dominios del lobo (1971). Continuó con la novela Travesía del horizonte (1973) y El monarca del tiempo (1978). En aquellos 70 empezó a colaborar en prensa -algo mantenido hasta el final- y se integró en el grupo que aglutinaba Juan Benet y donde destacaban Elías Querejeta, Javier Pradera, Eduardo Chamorro, Félix de Azúa, Juan García Hortelano, Vicente Molina Foix o Antonio Martínez Sarrión. La intermediación de Benet fue clave para que Marías publicase aquella primera novela. Las cartas entre Benet y Marías, numerosas, están inéditas. Solo se ha publicado una de Benet a su discípulo, bautizado como « el joven Marías », en la edición conmemorativa por el 25 aniversario de Corazón tan blanco. Aquel joven Marías, algunas noches de gracia, hacía unas piruetas gimnásticas espléndidas en el Paseo de la Castellana y desataba las ovaciones de sus amigos mayores.

Pérez-Rerverte, Vargas Llosa y Marías, en 2015.

Pérez-Rerverte, Vargas Llosa y Marías, en 2015. BERNARDO DÍAZ

A cada novela se fue ganando mejor el sitio entre los escritores más destacados de la narrativa española contemporánea. En 1986 gana el Premio Herralde por El hombre sentimental, se incorpora a la escudería de Anagrama y se mantuvo hasta mediados de los años 90, cuando rompió el fundador del sello, Jorge Herralde. En 1989 publica Todas las almas (título extraído de Shakespeare, como hará después en al menos cinco libros más), que lo sitúa en podio y donde da cuerda a la historia de un profesor español que imparte clases en la Universidad de Oxford. Un poco antes de la salida de Todas las almas, entre 1983 y 1985, Marías impartió clases de Literatura Española y Teoría de la Traducción en Oxford. En 1984 lo haría en el Wellesley College y entre 1987 y 1992 en la Complutense de Madrid. También fue profesor invitado de la Escuela de Letras de Madrid. La docencia era otra gimnasia para ganarse la vida mientras la literatura no se estiraba a tanto. Y como todo en Marías, la paradoja y el cálculo tienen una aleación en su escritura: los protagonistas de sus novelas escritas desde 1986 son intérpretes o traductores, « personas que han renunciado a sus propias voces », decía.

La escritura de Marías está a punto de alcanzar su potencia de distinción. Esa manera de contar que tiene una ondulación propia. Las elipsis. El pensamiento como impulso narrativo, más que la invención, las disyuntivas éticas y morales, el secreto como veneno, la traición como amenaza, la violencia, el arrepentimiento, la mentira: « Las mentiras son las mentiras, pero todo tiene su tiempo de ser creído », escribió… En 1990 publica el primer conjunto de relatos, Mientras ellas duermen; y un año después el primer volumen de recopilación de artículos, Pasiones pasadas (hoy son casi una veintena de títulos en este registro). Y entonces sí, en el año español de todos los fastos (1992), el de la abundancia y el horizonte de pan de oro, publica Corazón tan blanco. Es la lanzadera a un éxito vibrante. En España esta novela se convierte en la pieza más celebrada de Marías, de la generación y casi de la década en marcha. En Alemania alcanza cifras de fenómeno editorial cuando el mítico crítico literario alemán Marcel Reich-Ranicki mencionó a Marías como uno de los más importantes autores vivos de todo el mundo en el programa de la televisión alemana que él dirigía, El cuarteto literario.

Marías aún se dejaba ver, pero cada vez costaba más. En 1994, Víctor García de la Concha le sugirió presentar su candidatura a la Real Academia Española (RAE), pero no le sedujo la propuesta. Aceptaba premios españoles (Salambó, Premio de la Crítica, Premio Fastenrath de la Real Academia Española, Premio Ciudad de Barcelona…). Mantenía una cierta vida literaria… Ese año del « no » a la Academia estrena otra etapa de su obra con Mañana en la batalla piensa en mí‘, Negra espalda del tiempo (1998 y su inteligente aventura de autoficción), la trilogía Tu rostro mañana (2009) y Los enamoramientos (2011), otro éxito editorial con el que toma la decisión de no aceptar premios institucionales en España y rechaza el Nacional de Narrativa en una rueda de prensa en la que dice: « Creo que el Estado no tiene por qué dar nada a un escritor. Si alguna vez se me ofreciera algún premio de los que llamamos estatales pues no lo aceptaría. Así que tomo por norma no aceptar nada de lo que venga del Estado de mi país, menos aún algo que lleve aparejado dinero ». Eso descartaba, también, la concesión del Cervantes. El Nobel es otra cosa. Y es un reconocimiento extranjero. En los últimos años ha estado en todas las quinielas como posible receptor. Quizá este sea el premio que mejor mereció.

En 2005 sí aceptó asiento en la RAE, el sillón R ocupaba, y el 29 de junio de 2006 leyó el discurso de ingreso, Sobre la dificultad de contar, al que respondió el filólogo y cervantista Francisco Rico.

Javier Marías dedica una novela en la Feria del Libro de 2011.

Javier Marías dedica una novela en la Feria del Libro de 2011. ANTONIO HEREDIA

Marías, a la manera de uno de los escritores que admiró e impulsó en España, el austriaco Thomas Bernhard, escogió no tener vínculo con el establishment (así lo decía él: « establishment ») de los galardones nacionales. De Bernhard también asumió la actitud cada vez más despojada frente a los peajes literarios. Y la contundencia de opinión. En sus artículos de El País provocó (intencionadamente) algunas polémicas. Una vez exprimido el registro de vecino cabreado del centro de la ciudad (papel que jugó con perfecto humor, aunque no lo parezca), aprovechó para volcar su escepticismo o su rechazo en algunas manifestaciones cívicas como la creciente altavocía del feminismo, los montajes de teatro contemporáneo, lo patético de la mayor parte del cuerpo político, la televisión y sus derivas o la desconfianza que le generaban las redes sociales. Marías alcanzó los 70 años sin manejar un ordenador. Mantuvo la lealtad a la máquina de escribir eléctrica durante 16 novelas, miles de artículos, cientos de relatos y demás mercancía del oficio. « Cada vez me cuesta más encontrar cartuchos de tinta, pero no voy a dejarlo ahora… », decía.

Tuvo la poesía también cerca. Tradujo los poemas de Stevenson, de Ashbery, de Faulkner, de Nabokov… Todos estos autores estaban con fuerza en su santoral literario. A todos cumplimentó devoción y a su poesía dedicó siempre atención. El irlandés Seamus Heaney fue otro de sus poetas bien leídos.

Marías no era un ermitaño. Ni un eremita. Ni un trágico de balcón y penumbra. Mantuvo un compacto grupo de amigos: Agustín Díaz Yanes, Arturo Pérez-Reverte, Luis Antonio de Villena… La vida le concedió aventuras. Muchas expediciones singulares. Y de todas hizo lo que quería hacer: literatura. Pocos creadores hay tan cuidadosos de su estela de escritor. Hasta en el enigma de saber si estaba grave o no le salió la cosa literaria. Alrededor de Marías hubo dos compañeras incombustibles: Carme, su mujer, y Mercedes, su asistente. Todo el alrededor del escritor pasaba por ellas.

Fueron las primeras en leer los manuscritos de Así empieza lo malo (2014), Berta Isla (2017) y Tomás Nevinson (2021). Las tres últimas novelas. Hay en los argumentos de estas piezas algo de aquello que Borges dijo por otro asunto: « Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que un hombre sabe para siempre quién es« . Ahí empieza o acaba todo. ¿Quién fue Javier Marías?

 

[Fuente: http://www.elmundo.es ]

El escritor y académico, figura indiscutible de las letras y candidato al Nobel, ha fallecido a primera hora de esta tarde en Madrid por complicaciones en una neumonía que le ha tenido ingresado y en coma desde hace más de un mês

https://www.abc.es/sociedad/muere-escritor-javier-marias-anos-edad-20220911182727-vi.html

Escrito por MARÍA JOSÉ SOLANO

«Nadie conoce el orden de la muerte», escribió en una ocasión Javier Marías. Hablaba del ingeniero y escritor Juan Benet, de su temprana marcha; de los premios que nunca le concedieron. Javier Marías había reconocido en numerosas ocasiones la importancia personal y literaria que Benet tuvo en su vida, de tal manera que la muerte de este, un 5 de enero del 93, agudizó la orfandad del escritor iniciada tal vez prematuramente con la de su madre, Dolores Franco o Lolita, como todos la llamaban, una lejana madrugada navideña de 24 de diciembre del 77, dos meses después del suicidio en París del médico y escritor Aliocha Call, con el que había mantenido «una breve pero estrecha amistad». Por entonces, y mientras la muerte ordenaba la vida en oleadas de ausencias, el joven Marías que apenas hacía unos años que había finalizado sus estudios de Filosofía y Letras, deja la ciudad de Barcelona donde trabaja y regresa a su Madrid natal para vivir junto a su padre viudo. Don Julián Marías, filósofo, académico y escritor, será otra de las figuras clave en la vida de Javier. Afortunadamente no lo abandonará tan deprisa, pues ambos compartirán hogar y libros hasta la muerte del padre a la edad de 91 años, un navideño 15 de diciembre, el mes que para Javier Marías ya siempre sería de lejana infancia feliz y definitiva orfandad.

Don Julián Marías, «una de las personas que más claro ha tenido el concepto de España, de lo que es este país, de lo que se le debe a España en el mundo y de lo que España podía ofrecer», como dijera de él Don Gregorio Salvador, fue injustamente represaliado por sus ideas políticas en un país que «ha sido bastante cicatero con mi padre», como recordaba Marías sin poder perdonar. Esa herida cicatrizó en un pensamiento argumental que el autor convirtió en la trama (y el envés) de ‘Tu rostro mañana’, un homenaje al padre, ingente proyecto literario considerado por él mismo como su «mejor novela», «la más compleja y ambiciosa» y «con mayor hálito, impulso y fuerza» en sus páginas. Una novela en tres volúmenes, volcada a 30 idiomas y de la que se llegaron a vender cerca de medio millón de ejemplares en todo el mundo. Con el interrogante de un rostro que ya no tendrá mañana, la desaparición de Javier Marías a los 70 años de edad a finales de este sofocante verano, ha transformado en un desolador diciembre el calendario de millones de lectores.

Tintín, Nabokov, París

Javier Marías nació bajo el signo de la literatura un 20 de septiembre de 1951. Es el pequeño de cinco varones (el mayor, Julianín, falleció con tres años) y el ambiente intelectual determinado por una madre profesora y un padre filósofo conforman su personalidad. Su padre, presionado por la situación política en España, pasa largas temporadas en EE.UU., donde imparte clases en diferentes universidades, como la Wellesley College de Massachusetts. Allí, la familia se aloja en la casa de Jorge Guillén, cuya planta superior ocupa Vladimir Nabokov. Tal vez los llantos del pequeño Javier de apenas un año de edad importunaron en ocasiones el sueño, el ajedrez o la lectura del escritor ruso a quien años después, aquel niño convertido en famoso novelista le rendiría homenaje, tal vez para compensar los disturbios involuntarios, en un hermoso álbum: ‘Desde que te vi morir’ (1999).

Desde los once años, Javier escribe para, según sus palabras, «seguir leyendo lo que me gusta»

El niño Marías lee a Richmal Crompton, Enid Blyton, Dumas, Salgari, Corbert, Paul Féval, Verne y por supuesto, los tebeos de Tintín. Pero como ha declarado en alguna ocasión su amigo, el novelista y académico Arturo Pérez-Reverte: «Yo quería ser Tintín y Javier quería escribirlo». Desde los once años Javier escribe para, según sus palabras, «seguir leyendo lo que me gusta». Pasa los veranos con su familia en Soria, en casa de Heliodoro Carpintero y las hermanas de este, Mercedes y Carmen, y allí termina ‘La víspera’, una novela escrita a los quince años que nunca publicó. Es cuanto menos singular que muchos años después de aquello, las dos mujeres más cercanas a la madurez de Javier (su amiga y ayudante Mercedes y su compañera sentimental Carmen), cierran el círculo nominal de una biografía planteada con la estructura narrativa de su obra: en extraña espiral.

Vida escrita

Sin haber cumplido los veinte, Javier se escapa a París, donde trabaja en ‘Los dominios del lobo’ (1971), su primera novela publicada. Por las mañanas escribe, por las tardes va al cine y por las noches canta acompañándose de una guitarra en los Campos Elíseos a cambio de unas monedas para su sustento, «básicamente pan con mostaza», según su propio testimonio. A partir de ahí, la escritura será su forma de vivir y relacionarse con el mundo: idea guiones de cine, completa sus estudios de Filología Inglesa, traduce a los autores clásicos, publica cuentos y relatos y comienza a colaborar con artículos en prensa, alternando todo aquello con la aparición de dos novelas: ‘Travesía del horizonte’ (1972) y ‘El monarca del tiempo’ (1978). Inaugura los años 80 con ‘El siglo’ (1982), su cuarta novela, e inicia una década viajera y universitaria, esta vez en calidad de docente: Oxford, Londres, Boston y Venecia, donde nace ‘El hombre sentimental’ (1986). Termina estos años fructíferos publicando ‘Todas las almas’ (1989), que destila ya un territorio personal muy reconocible: una falsa novela autobiográfica le permite construir un relato autobiográfico verdadero, pero sin parecerlo, en un ambiente inquietante y a veces cómico.

La década de los 90 será la de la consolidación del gran novelista: publica ‘Corazón tan blanco’ (1992), con la que obtiene un reconocimiento unánime por parte de la crítica nacional e internacional, que lo cataloga como uno de los mejores escritores en lengua española. Escribe, con enorme éxito ‘Mañana en la batalla piensa en mí’ (1994) y comienza la escritura de la que será una de sus obras de referencia dentro de este singular, complejo, exclusivo territorio Marías: ‘Negra espalda del tiempo’ (1998).

El Nobel que no fue

Con todo, y a pesar de consolidarse su trayectoria de novelista, Javier Marías nunca abandonó el gusto por la traducción, así como por la escritura de cuentos, relatos y artículos literarios. Muchos de ellos se publicaron en esta década, coincidiendo el final de la misma con un hecho extraordinario: el nombramiento de Xavier I de Redonda y la creación de una de las editoriales más singulares y emblemáticas del mundo (por su prestigioso catálogo de títulos, autores, prologuistas, traductores de relevancia internacional, así como por ser la editorial de un reino inexistente): Reino de Redonda. (No puedo dejar de decir que, en una tarjeta de agradecimiento por un artículo escrito por esta servidora, el rey Xavier I la nombra ‘ciudadana honoraria’ del Reino de Redonda, que es el máximo galardón que un lector puede obtener en un territorio de libros).

En los primeros años del presente siglo, el novelista acepta la propuesta de ser académico de la Lengua, que siempre rechazó por respeto a su padre. Ingresó con el discurso ‘La dificultad de contar’ que D. Francisco Rico, jocoso, resumió así: «JM ha empezado su discurso con una confesión de humildad y lo ha acabado con una manifestación de arrogancia».

Javier Marías ocupaba el Sillón R que había dejado vacante Don Lázaro Carreter y que vuelve a quedar tristemente vacío, al igual que su etiqueta del perchero académico, que hoy corre un lugar y engulle un nombre.

Marías nunca abandonó el gusto por la traducción, así como por la escritura de cuentos, relatos y artículos literarios

Con más de treinta premios nacionales e internacionales a sus espaldas, incluido el Premio Nacional de Narrativa que rechazó firmemente, el escritor pasará a la historia de la literatura como el eterno candidato al premio Nobel. Al elegante Vicente Aleixandre, penúltimo nobel español, le habría encantado contemplar vestido de frac a aquel muchacho un tanto tímido que a veces aparecía en las tertulias de Velintonia cargando con un futuro brillante de libros por recorrer.

Los que vamos quedando en este paisaje cada vez más desolador, luchamos todavía para que Velintonia no se desmorone, para que los versos del nobel Aleixandre no se olviden y ahora también lucharemos para mantener vivo el reproche al torpe jurado sueco por el error cometido al posponer inexplicablemente el Nobel de Javier Marías, que ya nunca podrá ser.

Sombra y adiós

Las últimas novelas de Javier Marías, las que siguen a su trilogía ‘Tu rostro mañana’ (2002-2007), son, quizás, las más intensas en cuanto a emociones; como si aquel hombre sentimental treintañero se hubiese apoderado de nuevo de la máquina de escribir Olympia Carrera de Luxe que el novelista de ahora, el Javier Marías septuagenario, volviendo locos a editores, correctores y ayudantes que nunca entendieron la elección vital de romanticismo frente a pragmatismo, se empeñaba en seguir usando para teclear sus textos: ‘Los enamoramientos’ (2011), ‘Berta Isla’ (2017) y ‘Tomás Nevinson’ (2021). Novelas reconocidas, galardonadas, leídas y admiradas que narran ‘a la manera Marías’ el presentimiento del fin del mundo que él trenzó en las vidas aparentemente cotidianas, simples pero cargadas de sombras, de mujeres silenciosas y hombres ausentes enlazados en sentimientos de culpa, muerte, lealtad y amor y tejidos con la madurez narrativa de casi tres décadas de caminar en los limes de la ficción.

Los lectores de Javier Marías que somos legión, querríamos imaginar que, en sus últimas horas de coma en el hospital, de repente despertó como un Don Quijote sereno y magnífico y que al no reconocer los rostros que le rodeaban, extrañado, preguntó por qué no habían venido a visitarlo sus amigos.

—Estamos aquí, Javier. Somos nosotros.

—No, no lo sois ¿Dónde están Baroja, Cervantes, Dumas, Sterne, Conrad, Melville, Stevenson? ¿Dónde se ha metido ese truhan de William; ese grandísimo bardo sinvergüenza? Decidle que, si no acude junto a mi lecho inmediatamente, no volveré a lucir jamás su rostro en mi solapa.

 

[Fuente: http://www.abc.es]

Narrativa

Silvestre Vilaplana

Silvestre Vilaplana

Escrit per J A Quesada Coves

Un assassinat i un grapat de personatges llançats damunt del paper que, aparentment, no mantenen cap relació. D’aquesta manera comença Suburbis del paradís, l’última novel·la de Silvestre Vilaplana.

Parlar de l’autor alcoià és parlar d’un dels escriptors valencians més guardonats de les últimes dècades, guanyador de nombrosos premis, com ara el Premi de Novel·la Ciutat d’Alzira, el Premi Alfons el Magnànim de Narrativa, el Premi Nacional de Poesia Miguel Hernàndez o el Premi de Poesia Festa d’Elx, per esmentar-ne alguns d’una llarga llista. Aquest fet seria més que suficient per a confiar en la lectura d’una obra d’un escriptor tan reconegut, encara que hi ha més factors que afavoreixen aquesta fiabilitat.

Alrevés (2022)

A les persones que han llegit Dones sense nom, l’anterior llibre de Vilaplana, els sonaran personatges com ara el capità Rodrigo, Jordi Guiu, Fidel Bonal, Roger Casafont, Santagustí o, sobretot, la inspectora Araceli Lavila, protagonista de la trama. En canvi, n’hi ha altres de nous: Enric Navarrete, Ricard Pomar, Alexis Solano o Maria. El nexe entre tots ells és la mort violenta de Salvador Lavila, pare d’Araceli. És aleshores quan s’engega l’acció i apareix el conflicte a resoldre: descobrir qui el va matar. Malgrat ser una continuació de Dones sense nom, no cal haver-la llegida per a gaudir de la nova lectura.

Les primeres investigacions semblen apuntar que ha sigut un crim polític, encara que descobreixen una situació molt més complexa darrere de la mort de Salvador Lavila

La inspectora Araceli, tot i estar de baixa per una malaltia greu, intenta trobar l’assassí del seu pare. No obstant això, el càncer provoca que no tinga prou forces per a continuar endavant a soles. Necessita la complicitat del seu company Jordi i del periodista Roger Casafont. Les primeres investigacions semblen apuntar que ha sigut un crim polític, encara que descobreixen una situació molt més complexa darrere de la mort de Salvador Lavila: un segrest, tortures, xantatges, assassinats i un munt de problemes que es plantegen al llarg de la trama. L’autor juga molt bé amb la intriga i porta el lector a voler saber més sobre aquest conjunt de dificultats. A més a més, durant la investigació la inspectora ha d’explorar en el seu passat i remoure records que creia soterrats. És en aquest moment quan hi apareixen fantasmes d’una altra època.

La lectura ens fa reflexionar sobre assumptes rellevants de la nostra societat, alguns dels quals ja estaven presents en Dones sense nom. És el cas del càncer, dificultat que semblava que Araceli ja havia superat, tot i que de nou hi recau. El lector pot imaginar com se sent una persona que ha patit la malaltia. Araceli no només està cansada a causa del patiment físic i mental que sent, que també, sinó, sobretot, de com és considerada per la societat pel fet d’estar malalta. Està farta que l’assenyalen i que tothom la tracte amb compassió.

l’estil àgil de Silvestre Vilaplana es fa present en el relat des de les primeres pàgines amb subtrames que semblen no estar connectades, amb capítols curts de ritme vertiginós i amb el desenvolupament d’un gènere que coneix a la perfecció

És important remarcar que l’estil àgil de Silvestre Vilaplana es fa present en el relat des de les primeres pàgines amb subtrames que semblen no estar connectades, amb capítols curts de ritme vertiginós i amb el desenvolupament d’un gènere que coneix a la perfecció. I és que Suburbis del paradís compleix moltes de les característiques de la novel·la negra, però també en té de la novel·la social. A través de la ficció narra una realitat molt actual que tracta temes com ara els crims polítics, el càncer, els moviments d’extrema dreta, els abusos de poder o les clavegueres del sistema. I és aquest últim punt el que li dona títol al llibre, assumpte d’especial rellevància al llarg de la lectura, que ens fa reflexionar sobre la societat en què vivim. En paraules del mateix autor, “la foscor podrida del poder ho cobria tot”, sentència que, malauradament, està de molta actualitat.

Comptat i debatut, Suburbis del paradís és una novel·la per a gaudir-la des de les primeres pàgines fins a la darrera. Crec que no és exagerat dir que Silvestre Vilaplana està al mateix nivell que altres autors europeus de novel·la negra, com ara la literatura nòrdica de les últimes dècades. L’alcoià ha aconseguit que el llibre tinga un bon lloc en la meua motxilla literària gràcies a la frescor i l’agilitat del seu estil, el carisma dels personatges o la intensitat de la trama, entre molts motius. En altres paraules, una obra molt recomanable que atraparà i farà reflexionar els lectors sobre aspectes significatius de la societat actual.

 

 

[Font: http://www.laveudelsllibres.cat]

La tòca de la revista es “d’incorporar a la cultura catalana de discorses poetics escriches en d’autras lengas”

La revista valenciana de poesia sèrieAlfa consagra son numèro de setembre a quatre autors occitans amb una seleccion facha per Pauline Kamakine dels poètas Danièle Estèbe Hoursiangou, Amanda Cròs, Maëlla Dupon e Franc Bardòu. Los poèmas son publicats en occitan e lor traduccion en catalan e en espanhòl es de Dolors Català. Las illustracions son de Noah Pettit Navarro.

La revista sèrieAlfa, dirigida pel poèta Joan Navarro, publica 4 numèros per an dempuèi 1999. Sa tòca es “d’incorporar a la cultura catalana de discorses poetics escriches en d’autras lengas gràcias al fach que sián traduches en catalan”. En 2008 sèrieAlfa foguèt guierdonada amb lo prèmi de la difusion de la literatura del País Valencian.

Lo numèro 95 de sèrieAlfa es entitolat “Un univers eixut / 4 poetes de les terres d’Oc” e se pòt legir sus http://seriealfa.com/alfa/alfa95/Primera.htm.

[Sorsa: http://www.jornalet.com]