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Pendent mai de 30 ans foguèt exiliat en Occitània ont fondèt lo Vilatge dels Prunièrs

Lo mèstre del bodisme zen e creator de la plenitud de consciéncia Thích Nhất Hạnh moriguèt dissabte passat a 95 ans dins lo monastèri de Từ Hiếu, dins la vila de Huế, lo còr del bodisme en Vietnam, ont foguèt ordenat monge bodista fa 80 ans.

Pendent fòrça annadas visquèt en Occitània, dins lo Vilatge dels Prunièrs, un monastèri qu’el meteis fondèt entre Peiregòrd, Agenés e Bordalés en 1982. Èra vengut en exili per son oposicion a la Guèrra de Vietnam. Martin Luther King l’aviá prepausat coma candidat al prèmi Nobel de la patz per “sas idèas de patz, d’ecumenisme e frairesa mondiala”. En 2014, patiguèt un accident vascular cerebral e tornèt en Vietnam ont s’intallèt al monastèri ont venguèt monge e defuntèt dissabte.

Es considerat coma lo portaire a las culturas occidentalas de las tecnicas e terapias de meditacion plena, divulgadas jos lo nom anglés de “mindfulness”, çò es plenitud de consciéncia. A escrich mai d’una centena de libres, de divulgacion e tanben de poesia, que son estats traduches en mai d’una quarantena de lengas. Solament als Estats Units, se calcula qu’auriá vendut mai de cinc milions de libres.

Segon lo Dalai Lama, lo melhor omenatge que poscam rendre a Thích Nhất Hạnh es de “contunhar son òbra per promòure la patz dins lo Mond”.

[Imatge: Geoff Livingston – sorsa: http://www.jornalet.com]

Roman Polański, maldito y agraviado por comparación

Escrito por JAVIER MEMBA

Todo son cautelas llegado el momento de escribir sobre Roman Polański. Pero como el autor de La semilla del diablo (1968) y otras obras maestras es un cineasta estigmatizado, maldito como pocos, no puede faltar en esta serie de artículos. Naturalmente, no es propósito de estas líneas juzgar o justificar los crímenes de los que se le acusa, algunos de los cuales, según algunas legislaciones, han prescrito.

Vengo únicamente a dar noticia de cómo a él se le criminaliza por algo que a Charles Chaplin —otro notable “corruptor de menores” en sus días estadounidenses— o a Pablo Neruda —el gran impune, de toda la cultura del siglo XX, en sus versos y en sus crímenes— no se les tiene en cuenta. A Polański, por el contrario, no solo se le sigue condenando por violaciones de las que ha sido perdonado por quienes la sufrieron. Tal ha sido el caso de Samantha Geimer, su primera víctima conocida, de quien el cineasta abusó sexualmente cuando solo era una niña de trece años.

Es más, cuando El pianista (2003), la última obra maestra de Polański, fue nominada a los Oscar, la misma Geimer no dudó, dispuesta a pedir que se dejase a los académicos elegir a los merecedores de las preciadas estatuillas, sin tener en consideración lo que el gran maldito del cine comercial de nuestros días, veintiséis años antes, le había hecho a ella. “Estuvo mal, por supuesto. Pero desearía que regresase a Estados Unidos para que esta terrible pesadilla pueda acabar, por fin, para los dos”. Actrices tan poco sospechosas de ser machistas como Meryl Streep se pusieron en pie para ovacionar al realizador cuando fue distinguido como el mejor director en el reparto. Pero Polański no pudo recoger su Oscar. No puede volver a pisar suelo estadounidense, so pena de exponerse a ser detenido.

De hecho, siempre que se le va a conceder un premio, a la entrada del salón donde tiene lugar el acto, hay una manifestación de mujeres que clama, no solo contra sus crímenes, también contra su obra. Esto sí que es una condena sin precedentes, inspirada únicamente por el fanatismo, no contemplada ni por los códigos penales. ¿Acaso son culpables de violación los hijos de los violadores? ¿No son las obras los hijos de sus creadores? Particularmente, siempre que tengo noticia de estas protestas, recuerdo la sabia respuesta que me dedicó José Hierro en la Menéndez Pelayo cuando yo —hace ya veintiséis años—, aún inspirado por el radicalismo de la juventud, le pregunté qué cómo había sido capaz de dedicarle unos versos al poeta fascista Ezra Pound. Siendo mi tarea escribir sobre estigmatizados, ya he repetido en estos artículos varias veces su luminosa contestación: “Si Hitler hubiese escrito un buen poema no se vería afectado por su actividad criminal”. En fin, en base a esas cautelas aludidas al principio, puesto ya a ejercer de abogado del Diablo, permítaseme un pequeño circunloquio.

Hay una secuencia en La corrupción (1963), a fe mía la mejor cinta de Mauro Bolognini, en la que Stefano (Jacques Perrin) asiste, junto a sus compañeros de estudios, a las últimas enseñanzas que les imparte el director del colegio que se disponen a abandonar. En esa última lección, el mentor les advierte que, cuando vayan al encuentro con la vida, la descubrirán polarizada bajo dos cosmovisiones. Por un lado, la católica —hablamos de la Italia de los años 60—; por el otro, la marxista. Vuelvo a menudo sobre esas palabras y cada vez me parecen más acertadas respecto a su tiempo. Al igual que reconozco ciertas analogías entre el Lorenzo (Emilio Gutiérrez Caba) de Nueve cartas a Berta (Basilio Martín Patino, 1966) y Stefano, echo la vista atrás y verifico la certeza de esa última lección dictada no solo a unos personajes, también a sus espectadores.

Todo el occidente cristiano —no solo las sociedades católicas como la Italia de Stefano y el Madrid (la España) de mi felicísima infancia— desde los años 60 hasta ahora se ha ido secularizando inexorablemente. Desgraciadamente, la despolitización fue más lenta. Finalmente, tras la posmodernidad parecía haberse conseguido cuando ha vuelto bajo el nombre de «activismo». Política y religión son dos formas de una misma trampa porque ambas, en aras de dogmas sumamente parecidos, conducen al fanatismo que condena las obras por los crímenes de sus autores. Pero no divaguemos.

Ya en los años 70, diez años después de aquella última lección del director del colegio de La corrupción, y faltando otro tanto o poco más para que la abominable conciencia política sucumbiese ante la posmodernidad, la cosmovisión marxista se había impuesto a la cristiana. Tanto era así que toda la cultura oficial, más o menos subrepticiamente, era cómplice del estalinismo. De ello, entre otras muchas cosas, viene a dar prueba la reciente desclasificación de las actas concernientes a la concesión del Nobel a Pablo Neruda en 1971. Allí quedan de manifiesto las reticencias de la academia sueca ante los exaltados himnos que el poeta dedicó al Zar Rojo, quien con Hitler es el mayor genocida de la historia de la humanidad. Aun así, se le concedió el premio. He ahí una prueba irrefutable de la complicidad que la cultura oficial de la segunda mitad del siglo XX tuvo con el totalitarismo marxista, quiero creer que en base al pretendido humanismo que se atribuía al comunismo.

Ciertamente, al noruego Kunt Hamsun no se le conocían aún sus futuras filias nazis cuando en 1920 se le distinguió con el Nobel. Sin embargo, es muy probable que, volviendo a los años 70, se le negase denodadamente a Jorge Luis Borges —que tanto reivindicó a Hamsun— por sus simpatías políticas, radicalmente opuestas a las de Neruda.

Particularmente, abomino de igual modo de la política de cualquier signo. Pero hay agravios comparativos que claman al cielo. El poeta chileno gozó de carta blanca para hacer cuanto quiso. No solo exaltó a Stalin, también violó a una mujer. Sí señor, él mismo lo declara en Confieso que he vivido (Seix Barral, 1974), sus, por otro lado, interesantísimas memorias. El llamado “poeta del amor” se desempeñaba entonces como cónsul chileno en Ceylán (la actual Sri Lanka) cuando la mujer encargada de vaciar su bacinilla —pobre y de color, una paria encargada de tirar sus heces— le gustó tanto que «una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama», escribe, antes de continuar avergonzado: “El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia».

Desde 1974 —tres años antes del escándalo de Polański—, se sabía que Neruda —según confesión propia— era un violador. Sin embargo, no ha sido hasta épocas recientes cuando algunos grupos de mujeres se han manifestado en Chile en contra de que se dé el nombre del poeta a un aeropuerto. En España, los ayuntamientos regidos por el neofeminismo y las autodenominadas fuerzas de progreso siguen dedicando plazas, calles, colegios y cuanto haga falta al poeta chileno. Solo una compatriota suya, Isabel Allende, ha recordado, también en fechas aún recientes que, además de ser un apologeta del estalinismo y un violador, Pablo Neruda abandonó a su única hija, Malva Marina —nacida de su matrimonio con María Hagenaar Vogelzang en el Madrid de 1934—, porque padecía de hidrocefalia, cuando la pequeña solo tenía dos años. Ninguno de los crímenes de Pablo Neruda se ha tenido en cuenta por nadie mínimamente riguroso puesto a estudiar la grandeza que entraña su Poema 20Y así debe ser, porque una de las visiones más equilibradas del amor que haya dado el siglo XX es la de esos versos que rezan: “Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido”.

Yo, ya digo, ni quito ni pongo rey. Simplemente constato que a la maldición que pesa sobre Polański —extensiva a su obra por ciertos fanatismos—, hay que añadirle el agravio comparativo. Tiendo a pensar, al margen del estigma que obra sobre él más que sobre ninguno de los creadores que cometieron sus mismos crímenes, que el Polański egresado de Lódź —una de las escuelas de cine más prestigiosas del mundo— era un tipo muy semejante al Alfred de El baile de los vampiros (1967) y el Trelkovsky de El quimérico inquilino (1976), los dos grandes timoratos de las cintas que ha dirigido y protagonizado él mismo.

Antes de que sus apetitos le llevasen al crimen y tras el crimen se le estigmatizase, solo era un niño francés de origen hebreo. Trasladado a la Polonia que vio nacer a sus padres antes de la guerra, cuando estalló el conflicto perdió a su madre en Auschwitz. Seguro que su vida en la Cracovia tomada por los nazis fue su inspiración para la Varsovia de El pianistaHuido a Wysoka, refugiado allí en la granja de un matrimonio gentil, los Buchala, la suerte que los asesinos de la cruz gamada habían dispuesto para Europa le maldijo a él especialmente un día que, yendo con su bicicleta a coger moras, vio cómo un soldado de la Wehrmacht, que pasaba ocasionalmente en un carro, le apuntaba y disparaba. Salvó su vida escondiéndose entre unos matorrales al borde del camino.

Tiempo después, convertido en el heraldo de la grandeza del nuevo cine polaco de los años 60, Polański se instaló en Londres. Revalidados los primeros aplausos en títulos como Repulsión (1965), que puede entenderse como un díptico junto a El quimérico inquilino, o El baile de los vampiros, dio comienzo su etapa estadounidense con La semilla del diablo. Esta última ha quedado como un verdadero precedente de esas cintas de endemoniados que se enseñorearían del cine de miedo en los años 70. Antes de ello, un auténtico diablo —Charles Manson y su cuadrilla de psicópatas asesinos— se encargaría de recordarle al cineasta que ya era un hombre maldito, asesinando brutalmente a Sharon Tate, su amada esposa, cuando se encontraba en avanzado estado de gestación. Eso fue en 1969.

Y en el 74, como en el 68 lo fuera del cine de endemoniados, Polański se convirtió en el precursor del neonoir con Chinatown, el film que inaugura esa nostalgia del cine negro clásico que dura hasta nuestros días. Cómo olvidar que en La novena puerta (1999), su adaptación de El club Dumas (1993), de Arturo Pérez-Reverte, el cineasta nos presenta a una de las mejores encarnaciones del Diablo vistas en una pantalla. La actriz que incorpora al maligno no es otra que Emmanuelle Seigner, su tercera esposa.

Da que pensar eso de asociar la imagen del amor a la del maligno. Se concluya lo que se concluya, ninguna obra debería ser condenada por los crímenes de sus autores. Afortunadamente, pese a que la norma, en lo que a Polanski respecta no rece para algunos sectores, llevar cuarenta y cinco años maldita no ha impedido que la filmografía de este gran realizador haya sido una de las más largas y sobresalientes de la historia del cine.

[Fuente: http://www.zendalibros.com]

 

 

Max Frisch, 1965

« Un hombre se equivoca de sombrero, vuelve al guardarropa, da un pisotón a una muchacha, se disculpan el uno al otro, tanto que terminan conversando, y la consecuencia es un matrimonio, tres o cinco niños. Un buen día, cada uno se dice: ‘¿Qué sería de mi vida sin esta confusión de sombreros? ».  –Frisch, El País     

Escrito por Stanislaus Bhor

En una máquina de escribir marca Hermes Baby, Walter Faber escribe una de las más bellas historias de amor que resulta ser también una tragedia moderna. Es una historia en primera persona que empieza en un vuelo sobre México y concluye en un hospital de Atenas. La historia cuenta cómo un padre y su hija se enamoran. La hija se llama Elizabeth, pero Faber la llama Sabet. Y cuando se enamora de ella, no sabe que es su hija. Lo que cuenta la historia es cómo lo descubre, cual Edipo.

Homo Faber es una novela del autor suizo Max Frisch, publicada en 1957. Gran parte de la obra literaria de Max Frisch fue dedicada exclusivamente a la dramaturgia. Escribió 7 obras teatrales, 6 novelas y 3 volumenes de diarios. Recibió el premio Heine, el Jerusalem, Premio Georg Büchner y Premio Literario de Zúrich, entre otros. Fue amigo de Bertolt Brecht y dos de sus novelas fueron llevadas al cine por el alemán Volker Schlöndorff. Frisch era arquitecto de profesión. En una entrevista de 1984 resumió así sus obsesiones: « Mis tres temas básicos son la relación hombre-mujer, la identidad, y el grupo en relación con el individuo ».

En Homo Faber Max Frisch explora estas tres líneas en un mismo relato. Antes de leerla, vi la película Homo Faber de Volker Schlöndorff, adaptación que dirigió y que protagonizó Sam Shepard, Julie Delpy y Barbara Sukowa en 1991. Las dos versiones de la historia provocaron en mi el impulso de hacer una comparación sobre semejanzas y oposiciones.

El diario final del ingeniero ya canceroso, luego de la muerte de su hija Sabet, fue sacrificado en la película, sacado del argumento, pero hay un después que sí figura en la novela. También pudo haberse sacrificado en la novela al estar de más y porque no sostiene la forma previa ni el estilo de lo narrado hasta la muerte de Sabet y resulta un bosquejo añadido que invita a imaginar lo que pudo haber sido realmente las consecuencias de la tragedia, aunque el registro, el tono, la alternancia de tiempos, se pierdan en ese añadido. Muchos detalles también fueron alterados u omitidos para las secuencias de la película. La historia es la variación de un mito griego, el de Edipo. Narra un incesto y cómo el personaje principal va descubriendo poco a poco que ha enamorado a su propia hija.

Las secuencias del libro están diferenciadas por los cambios de ambiente o escenarios: inicia con un viaje entre Nueva York y Caracas que se interrumpe por un accidente aéreo lleno de aparentes casualidades que luego se revelarán como una suma de causalidades para que el personaje se descubra a sí mismo como el culpable de una transgresión nefanda e involuntaria. Luego del accidente hay un desplazamiento por México desde Tamaulipas hasta Yucatán (en el libro está tan llena de detalles esta parte y la película no los puede captar). Solo el tratamiento de esa parte puede mostrar al interesado cuál es la diferencia esencial entre la acción en la literatura y la acción en el cine y en dónde son lenguajes opuestos. Luego sigue la secuencia en que Faber se traslada a Nueva York donde toma un barco a Francia. En el barco conoce a su hija y se aproxima a ella sin saber que es su hija. En Francia se sella el destino cuando deciden emprender un viaje por carretera a Roma. En el viaje se da el enamoramiento entre padre e hija y el descubrimiento de que la desconocida es aparentemente hija de unos amigos conocidos antes por el protagonista. La sospecha de que podría ser el padre de Sabet atrae a Faber a Grecia, donde vive la madre de Sabet, Hanna. Allí se da el clímax de la historia, cuando Sabet es mordida por una serpiente y en el hospital se reúnan madre y padre para presenciar la muerte de Sabet. Entonces todos los indicios se convierten en evidencias y en confirmación del hado fatal.

Resuelta la tragedia, el autor añade a la novela una secuencia adicional para informar sobre el destino de los padres: la madre pierde su trabajo en Atenas y el padre enfermo de cáncer acaba sus días siendo asistido por la madre de su hija en un hospital de Grecia donde ha fijado su domicilio (después de abandonar el trabajo de toda una vida profesional como ingeniero a causa del cáncer). La novela funciona con una estructura tomada de la tragedia griega en que un hado trágico se cierne sobre un personaje, el deseo lo empuja a la acción, la acción a un peripatético viaje, dentro del viaje una oposición lo lleva a la crisis, y en la crisis el hado lleva al personaje a reconocerse como un elemento del destino, el seguimiento del patrón aristotélico descrito en la Poética como las fases de Edipo Rey.

La película aprovecha las secuencias del argumento, pero modifica recortes de la realidad. Consigue hacer glamurosa la narración visual (patrocinada por Armani) usando el puntillismo de vestuario y accesorios en los que repara Frisch en la novela. En algunos aspectos hay cambios que pueden acarrear una sospecha de discriminación estética: por ejemplo, la película quita a la mujer negra aseadora y la cambia por una sofisticada y atractiva azafata (que es quien devuelve a Faber al avión donde empieza la cadena de causalidades que Faber solo percibe como casualidades). En este caso el elemento cinematográfico se distancia del elemento del relato, pero consigue personificar el carácter de soltero y mujeriego empedernido de Faber, causa de la trampa que le pone su deseo. Schlöndorff respeta espacios seleccionados por Fischer para situar momentos decisivos de la trama. Por ejemplo, la propuesta repentina de matrimonio entre padre e hija que se da en el viaje en barco, la decisión de acompañar a Sabet a Roma que se da en un café a la salida del Louvre, las estaciones durante el viaje que se van convirtiendo en una suerte de viaje de bodas siguen el itinerario del viaje por carretera propuesto en el libro. Acaso lo más notorio al comparar los dos relatos es que en la película se sacrifican personajes secundarios que en la novela resultan vasos comunicantes para la trama: el compañero de trabajo que presta el Citroën a Faber para el viaje idílico, o el profesor O.

Lo más interesante en la película son aspectos gestuales de los actores, que en el libro están resueltos como confesiones y observaciones de Faber, narrador y protagonista de la historia. En la película los gestos son más relevantes que la voz narrativa, reducida a unas cuantas intervenciones como voz en off. El lector del libro, en cambio, sentirá que la función de esa voz es anticipar los elementos que funcionan como pistas y anticipan la tragedia. Lo sorprendente de esta historia son los vínculos que una historia contemporánea puede establecer con la tragedia griega.

El tema es una categoría clásica, el incesto, y explora la ruptura del tabú mediante las acciones humanas. Frisch muestra, como si siguiera a Aristóteles, que Faber no puede actuar mal de manera voluntaria: su drama es producto de la ignorancia y de seguir el deseo irrefrenable por una muchacha. El drama oculto es el de la madre, que fragua involuntariamente la tragedia familiar a partir de una decisión remota: tener la hija que acordó abortar y luego guardar el secreto. Hanna lo pierde todo, producto de su secreto, del dominio que ejerce sobre su hija y de la negación de la paternidad de Faber.

En la historia hay elementos simbólicos que aluden constantemente a la tragedia, a la mitología griega y al castigo bíblico en la tradición judeocristiana. Elementos como guiños dispersos a todo lo largo del libro: la transmigración de las almas y la transmisión de sus secretos en el Mictlán del México indígena donde Faber encuentra al padre adoptivo de su hija cuanto este ya se ha suicidado, la caída de los Titanes en el accidente aéreo donde Faber, un ingeniero materialista que acepta solo el mundo que puede explicar desconoce que su soberbia lo llevará a descubrir el misterio de su propia vida, las obras de arte que representan pasajes del génesis y el castigo de Eva (de comer el fruto prohibido y la tentación de la serpiente),  la inminente expulsión del paraíso, el castigo en una playa de Corinto, ciudad hedónica donde el incesto estaba permitido, la resolución de la historia en una Grecia moderna que escaba el pasado helenístico, origen de la tragedia clásica.

En la película hay otro tipo de elecciones que funcionan como recortes (en flashback) a una realidad histórica: el tiempo del nazismo que propicia la redención de la hija que iba a ser abortada y de la madre salvada por el mejor amigo de la pareja, la recuperación del mundo en la posguerra tras el plan Marshall y los planes de desarrollo de las Naciones Unidas. En el libro (aunque no figura en la película) mientras Faber lleva a Sabet al hospital en Atenas, pasan por Delfos, sitio del oráculo de Apolo que sentenció también el destino fatal de Edipo. En la novela padre y madre regresan luego del accidente al sitio donde la serpiente muerde a Sabet para recoger los elementos personales de Faber y ese desplazamiento es el momento de las confesiones. En el film Faber se detiene a observar en el Louvre la Angélica de Ingres, que alude a un pasaje de Orlando furioso donde un caballero, Roger, rescata a una mujer desnuda y abandonada como sacrificio a un monstruo marino. Ese y constantes alusiones a ninfas y nereidas de esculturas y cuadros que parecen atraer y luego ser personificadas por Sabet,

La parte más intensa del libro, a mi juicio, queda por fuera de la película: el detallismo del viaje a Palenque, con su cantidad de evocaciones con ecos sobre el misterio de la muerte, y la voz narrativa de Faber repasando episodios de su vida y personajes dispersos buscando conexiones que explicaran dónde se cruzaron los caminos, como el fugaz encuentro del profesor O. de Zurich quien lo introdujo cuando era estudiantes al tema de la física que abandonó por la ingeniería, el demonio de Maxwell, y quien reconoce en Sabet a su hija con solo verla junto a él (lo que probaría que un demonio en la entropía aisló las dos partículas, él y su hija, que no debían juntarse en el universo), o el compañero de avión en el accidente en Tamaulipas que resulta ser el hermano del hombre con el que se casó Hanna y quien le dio el apellido a su hija. También la secuencia contrapunteada entre la muerte de Sabet y el encuentro con Hanna, la madre que le ocultó a la hija, con la que se teje una trama sutil de sentimientos que en literatura deben ser verbalizados aunque en el cine los actores puedan actuarlos.

El concepto de acción aristotélica funciona de manera distinta en el cine y en la literatura. Después de que el personaje encara su deseo, viene la acción, el actuar siguiendo un destino particular. En el cine las acciones son secuencias. En la literatura la acción puede recobrar el universo interior del personaje y ubicar la narración por fuera del tiempo y de la secuencia. Por eso la acción en la literatura parece más profunda que en el cine, al integrar dimensiones reflexivas e introspectivas a una especie de atemporalidad. Aunque el cine puede fragmentar y hacer transiciones rápidas de secuencias como oposiciones de escenas, pero con eso simplifica la acción literaria, una solución visual pero no narrativa.

En Homo Faber (libro y película) se puede disfrutar de la misma historia, una tragedia clásica, en dos lenguajes contemporáneos. De hecho, el interés por la película despertó en mí el vivo interés por leer el libro y comparar ambos relatos.  Me quedo con la novela de Max Frisch, autor a quien Schlöndorff ha frecuentado en otra película, Montauk, con la que hizo una versión libre de la novela homónima del suizo.

 

[Foto:  Pia Zanetti – fuente: http://www.revistacoronica.com]

Sobre mi relación con la capital uruguaya, que siempre tuvo fines serios.

Escrito por Carlos Diviesti

El domingo 6 de febrero de 2011 está fresco, nublado, predominantemente gris, como el entorno de la Plaza Independencia. Tengo puesta una chomba amarilla que, además de quedarme un poco larga ‒con cinco, diez centímetros más de altura, la ropa de confección me quedaría bien‒, a la luz de los retratos resulta bastante fea. Me saco una autofoto (porque todavía no son selfies) con una cámara Sony Bloggie que todavía conservo, aunque ya no uso. Al fondo de la foto se ve el Palacio Salvo, el primo hermano del Barolo porteño, aunque siempre me pasa que al Salvo lo veo más sólido, más titánico, porque el Salvo es el dueño del espacio circundante. Es cerca del mediodía. Recién llego a Montevideo, vía Colonia. Ya estoy instalado en el hotel Splendido frente al Solís. El viento que viene del mar es fresco, tirando a frío.

‒¿Qué mar? ‒me pregunto.

Ya iré a conocerlo. Es mi primera visita a Montevideo. Antes que conocer el mar tengo que conocer Cinemateca. Y me encuentro con que, apenas unos días antes de llegar, Cinemateca programó un ciclo dedicado a Mario Monicelli (el director de Los compañerosLa armada BrancaleoneUn burgués pequeño, pequeño, uno de mis grandes amigos de la pantalla). En la sede de Carnelli, Cinemateca publicita sus ciclos con carteles hechos a mano, en papel afiche, algo que no veía en una sala de cine desde finales de mi adolescencia, a mediados de los años ochenta, y quizás sea la razón para que tenga un sentimiento encontrado, radiante, poderoso, definitivo, y eso que recién llego: Montevideo se parece tanto a mis recuerdos que no me siento inmigrante sentimental. Pero no es amor a primera vista; el amor a primera vista se termina cuando al amor le encontramos los defectos. De a poco me enamoro de las baldosas de colores que dicen Gas, de las placas rectangulares con la dirección de las casas, del olor de la leña encendida que anuncia un asado cercano, del tiempo hecho polvo en los vidrios altos de la fachada de un negocio. Es el amor a un presente que conserva, lo más intacto que puede, la experiencia de los años que ha vivido, algo que de manera imperdonable el neoliberalismo menemista le borró para siempre a Buenos Aires.

Simón del desierto, de Luis Buñuel

Decido que voy a ver Simón del desierto, de Luis Buñuel, el mismo domingo 6 a las 19 horas. La dan en Sala Dos. Dani Umpi le había dedicado el verso de una canción a Sala Dos. Y aunque ahora resulte una prolepsis, decido volver a Montevideo después de ver La vida útil, de Federico Veiroj, durante la edición del Bafici de 2011. Yo estuve en esa película, mejor dicho conozco los lugares de esa película. Quiero volver lo más pronto que pueda, en agosto, cuando tenga listo el texto de una obra de teatro para que interprete Horacio Camandulle, el actor de Gigante, la película de Adrián Biniez. Se trata de un monólogo para representar en alguna sala de Buenos Aires en cuanto esté listo. Gigante es el principio de esta historia mía con Montevideo.

La vida útil de Federico Veiroj

Gigante es la película de apertura en la edición del Bafici de 2009. La veo por primera vez el jueves 26 de marzo, el primer día de proyecciones del festival; la veo al día siguiente en la última proyección pública, se estrena comercialmente en la Argentina el jueves 10 de octubre de 2010, y en las tres semanas siguientes la veo ocho veces más. Esa mezcla de thriller sordo con comedia de costumbres y romance rohmeriano, con un personaje gentil oculto tras su fachada brutal y con el protagonismo absoluto de una ciudad quieta aunque en constante tensión me produce tal impacto en la retina y en la cabeza que me siento impulsado a escribirle al director y al protagonista a través de Facebook para contarles lo que me produce la película cada vez que la veo. Nunca había hecho una cosa así. Me hubiese gustado mucho relacionarme por carta con gente como Aki Kaurismäki, Marcello Mastroianni, Billy Wilder, pero convengamos que me daba vergüenza. ¿Y esta vez? ¿Por qué no me dio vergüenza escribirles a Horacio Camandulle y a Adrián Biniez?

Gigante, de Adrián Biniez

Aunque sabía que Adrián Biniez nació en Argentina, ni aun en la más afiebrada de mis fantasías se me iría a ocurrir que, hasta que emigró a Montevideo, vivía a veinte cuadras de mi casa. En la entrevista que le hice para el Blog de la Esquina Peligrosa, un blog que sostuve durante muchos años con comentarios sobre cine y teatro, entrevista que nunca publiqué, Adrián me cuenta que su último trabajo en Remedios de Escalada -‒estación que forma parte del partido de Lanús, nuestra ciudad natal‒ fue cuidar a la abuela de un amigo hasta que la señora murió. Aquel era el estado de las cosas en la Argentina hacia 2004, un estado quebrado y lleno de desilusiones; cinco años después, Adrián ganaba tres premios oficiales en el Festival de Berlín por su primer largometraje mayoritariamente uruguayo. Es algo que conmociona, verdaderamente. Y después, en otra entrevista que tampoco publiqué, Horacio Camandulle me cuenta que es maestro de escuela y cooperativista, y que junto con sus compañeros de cooperativa está construyendo el edificio donde vivirán sus familias, un edificio que entonces, en febrero de 2011, recién está empezando a crecer. Veré crecer ese edificio. Los veré irse a vivir allí a Horacio y a Karina, su compañera.

¿Por qué uno se hace amigo de la gente? ¿Por la necesidad de referencias, por la afinidad electiva, por la costumbre, por las cosas que comparte? Sin dudas que por todo eso, aunque creo que también porque los espacios comunes nos inducen a pertenecer a algún lugar. En diez años desde aquel primer viaje ‒no concibo tener vacaciones sin algo para hacer en el lugar adonde vaya‒, conocí a mucha gente con la que mantengo una relación duradera y fructífera. Cuando uno descubre quiénes son los mejores compañeros para desarrollar proyectos, uno debe darles lo mejor de sí mismo. Aunque vivan lejos. Hoy la distancia es contingente. A cierta edad uno ya no piensa tanto en estas cosas, que son tan definitivas en la adolescencia; pero es cierto que uno nunca deja de aprender, de aprender de los demás. Pese a que siempre quise dirigir cine la vida me fue llevando hacia el teatro. California, la obra que escribí para Horacio Camandulle, nunca se hizo por razones estrictamente económicas ‒¡cuánto nos arrasan las circunstancias cíclicas que vivimos por acá!‒, pero en 2019 estrenamos El polvo en el vendaval ‒que escribí para que interpretaran Horacio Camandulle y Pablo Isasmendi, el otro amigo que me dio Montevideo‒, y en 2020 Domingo en el recreo ‒que dirigieron Pablo y Horacio‒.

Tal vez uno hace todo lo que hace para encontrar su lugar en el mundo. En mi perfil de Facebook, hace unos días, mientras volvía a Buenos Aires después de dos años sin viajar al Uruguay, dije que Montevideo me legitimaba como autor teatral. Y es verdad. Soy autor teatral, esa es mi profesión. Domingo en el recreo recibió siete nominaciones a los Premios Florencio, el gran premio que se le entrega al teatro uruguayo: al Mejor espectáculo, a la Mejor dirección, al Mejor elenco, a la Revelación (a sus directores y al actor Ezequiel Núñez), a la Mejor iluminación (para Juan Pablo Viera), y a la Escena iberoamericana, que es algo así como premiar a un autor no uruguayo. En la ceremonia del lunes 13 de diciembre Domingo en el recreo recibió dos premios, los correspondientes al Mejor elenco y a la Escena iberoamericana. A este último, subí a recibirlo al escenario de la Sala Zitarrosa, que en otras épocas fue el cine Rex (el primer cine de Lanús al que fui con mi mamá y mi papá también fue el Rex). Qué mejor manera de formar parte de la historia del lugar del que uno está enamorado, ¿no? Y como dice el título de esta nota, que es el título de una película serbia ambientada en la época del primer mundial de fútbol, y que yo pensé que significaba “Montevideo, nos vemos”, quiero terminar diciendo Montevideo, Bog te video. Que significa “Montevideo, Dios te bendiga”.

 

[Fuente: http://www.revistadossier.com.uy]

Mamadou Ba, da SOS Racismo - captura de ecrã YouTube, feita pelo autor

Mamadou Ba, da SOS Racismo – captura de ecrã YouTube [1], feita pelo autor

Escrito por Global Voices Lusofonia

Nos últimos quatro anos, o debate em torno do racismo que tem crescido em Portugal. Comunidades dos países lusófonos africanos têm levantado as discussões por conta dos laços históricos colonialistas.

Um dos casos mais emblemáticos é evidenciado no campo político. O primeiro deu-se em 2019, quando pela primeira vez foram eleitas [2] três deputadas negras para o Parlamento português.

As três mulheres eleitas, Beatriz Dias, pelo Bloco de Esquerda; Romualda Fernandes, pelo Partido Socialista; e Joacine Katar Moreira, pelo Livre, são todas de origem guineense. Elas receberam [3] na altura uma felicitação oficial do Governo de Guiné-Bissau, que considerou como um “momento histórico” da democracia portuguesa.

Das eleitas, o nome de Joacine Katar foi aquele que colheu maior eco, sobretudo por ter sido a única eleita no seu partido. Assim, após a eleição surgiram vozes que davam indicação [4] que ela não devia tomar posse, porque não era portuguesa e devia até ser devolvida ao seu país de origem.

Uma das vozes de maior ataque [5] veio de um outro deputado, André Ventura, também eleito para Assembleia, líder de um partido considerado como da extrema-direita na política portuguesa. Tudo surge após a deputada ter proposto que era preciso fazer a restituição [6] das obras das antigas colónias de Portugal. Como resposta, o partido de Joacine referiu:

Face aos contínuos ataques de carácter e referências de índole racista e sexista por parte de deputados e dirigentes partidários da direita, nomeadamente do CDS-PP e do partido de extrema-direita “Chega”, e que têm como alvo a deputada Joacine Katar Moreira, deputada única representante do partido LIVRE, o LIVRE não pode deixar de repudiar veementemente esses ataques e o uso de uma linguagem depreciativa e difamatória, que perpetua estigmas racistas e sexistas na sociedade portuguesa.

Ou seja, ao invés de inspirar a celebração que estas conquistas podiam merecer, o acto eleitoral daquele ano deu azo a um ataque à pessoa e figura pública de Joacine Katar Moreira. Este ataque é também foi visto como uma estratégia de deslegitimação da participação política de pessoas racializadas e das políticas de promoção da igualdade étnico-racial que estas reivindicam, como contou um portal [7] local.

No dia 19 deste ano, Joacina fez uma publicação [8] no seu perfil de Facebook, na qual chamava atenção para a necessidade de lutar-se contra o racismo:

A 21 de março comemoramos o Dia Internacional de Luta pela Eliminação da Discriminação Racial. Pedi a 100 pessoas que usassem a sua voz e palavra para manifestarem-se. E peço-vos que as escutem. O racismo combate-se com o Lugar de Escuta. A 20 e 21 de março publicarei aqui 100 cartões. Obrigada e a Luta é de todas e todos!

outro [9] caso não data de longo tempo, tendo sucedido de novo na arena política, quando em agosto de 2020, um e-mail anónimo foi enviado [10] a ela e às deputadas Mariana Mortágua e Joacine Katar Moreira dando “um prazo de 48 horas” para “rescindirem das suas funções políticas e deixarem o território português,” e fazendo ameaças aos seus familiares caso não o fizessem “para garantir a segurança do povo português.”

Num caso recente, houve a publicação de comentários racistas contra um comentador da Televisão Pública de Portugal, RTP. O acto deu-se no perfil de Facebook de um desportista [11] de um dos clubes da capital Lisboa, que após a repercussão do caso viu-se numa situação de solicitar que os seus seguidores parassem com comentários daquele tipo:

Lamento, pessoal, mas neste campo eu sou completamente contra. E nesta luta eu estou ao lado do Blessing ou outra pessoa, mesmo que o tenha criticado numa opinião sua.
Não é fácil controlar tantos comentários e isso não serve de desculpa. Sinto-me envergonhado com esta situação e qualquer comentário passará a ser condenado e apagado. Somos muito mais do que isto. As minhas mais sinceras desculpas.
PS: Obrigado às pessoas que me alertaram e se preocuparam com a situação.
O reconhecimento
Todos esses casos culminaram recentemente com a distinção [13] de um maiores activistas a residir em Portugal que luta pelo fim do racismo naquele país.
Trata-se de Mamadou Ba, que se tem dedicado a sua vida ao activismo anti-racista. É membro do Movimento SOS Racismo [14] desde 1999 e é membro fundador de várias organizações nacionais e europeias que defendem os direitos dos migrantes e das pessoas racializadas.
Mamadou é uma das vozes mais proeminentes do movimento anti-racista em Portugal, que tem denunciado a proliferação do discurso do ódio. Como tal, é também um dos alvos preferidos [15] dos ataques de extrema-direita e dos movimentos neonazistas em Portugal.

Por exemplo, no início de 2020, Mamadou Ba recebeu uma carta com uma ameaça [16] de morte em sua casa. Em fevereiro de 2021, foi lançada [17] uma petição online para o privar da sua cidadania portuguesa e para o deportar de Portugal. E desde junho, a sede do SOS Racismo foi vandalizada duas vezes com suásticas e calúnias racistas.

Como forma de reconhecimento, a Front Line Defendersdedicou [23] ao activista Mamadou Ba o Prémio para Defensores dos Direitos Humanos em Risco, numa lista também composta por outros activistas internacionais.

 

Artigo publicado em Global Voices em Português: http://pt.globalvoices.org
URL do artigo: https://pt.globalvoices.org/2021/12/02/portugal-activista-de-direitos-humanos-que-luta-contra-o-racismo-ganha-premio-internacional/

URLs nesta postagem:

[1] YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=F_bYGPpL2sY

[2] eleitas: https://www.dn.pt/edicao-do-dia/29-set-2020/the-guardian-fala-de-racismo-em-portugal-o-que-contam-dois-deputados-negros-12770422.html

[3] receberam: https://www.sabado.pt/portugal/detalhe/joacine-beatriz-e-romualda-as-tres-novas-deputadas-negras

[4] indicação: https://ceert.org.br/noticias/politica-no-mundo/25857/negra-gaga-feminista-e-estrangeira-deputada-eleita-enfrenta-abaixo-assinado-contra-sua-posse-em-portugal

[5] ataque: https://www.dn.pt/poder/ventura-propoe-devolucao-de-joacine-a-guine-bissau-livre-fala-em-racismo-11759131.html

[6] restituição: https://www.dn.pt/poder/livre-quer-que-patrimonio-das-ex-colonias-em-museus-possa-ser-restituido-11757996.html

[7] portal: https://www.buala.org/pt/mukanda/solidariedade-com-joacine-katar-moreira-no-combate-contra-o-racismo-e-na-defesa-da-democraci

[8] publicação: https://www.facebook.com/KatarMoreira/posts/3597814783680595

[9] outro: https://pt.globalvoices.org/2021/04/16/quem-e-beatriz-gomes-dias-a-professora-que-pode-se-tornar-a-primeira-mulher-negra-a-presidir-lisboa/

[10] enviado: https://sicnoticias.pt/pais/2020-08-13-E-mail-com-ameacas-a-SOS-Racismo-assinado-pelo-movimento-Nova-Resistencia-Nacional

[11] desportista: https://www.facebook.com/hugogil08/posts/456413839188774?__cft__%5B0%5D=AZVoWVDsYL-YdwoqCtOY66cns8ASb6qYkN69U3BYr_EER0mYGsMKzcpav-NFQsCdsm0PMjEUaosmu90yv_HoCA5HS9i9oEcnwBZjt6h2bOIHp1wLj18zGjDuPV71-HqzomU6vMLEP0dmb0kEslHmbOD5&__tn__=%2CO%2CP-R

[12] #racismoNÃO: https://www.facebook.com/hashtag/racismon%C3%A3o?__eep__=6&__cft__%5B0%5D=AZVoWVDsYL-YdwoqCtOY66cns8ASb6qYkN69U3BYr_EER0mYGsMKzcpav-NFQsCdsm0PMjEUaosmu90yv_HoCA5HS9i9oEcnwBZjt6h2bOIHp1wLj18zGjDuPV71-HqzomU6vMLEP0dmb0kEslHmbOD5&__tn__=*NK-R

[13] distinção: https://www.dw.com/pt-002/ativista-portugu%C3%AAs-mamadou-ba-recebe-pr%C3%A9mio-internacional/a-59923938

[14] Movimento SOS Racismo: https://www.sosracismo.pt

[15] preferidos: https://observador.pt/2021/02/19/chega-propoe-lei-mamadou-ba-que-permita-retirar-nacionalidade-portuguesa-a-cidadaos-que-ofendam-portugal-ou-cometam-crimes-graves/

[16] ameaça: https://www.dn.pt/pais/pj-abre-inquerito-a-ameacas-de-neonazis-contra-deputadas-e-lideres-antirracistas-12517537.html

[17] lançada: https://www.dn.pt/sociedade/quase-15-000-pessoas-exigem-deportacao-de-ativista-mamadou-ba-13359959.html

[18] #FLDAward: https://twitter.com/hashtag/FLDAward?src=hash&ref_src=twsrc%5Etfw

[19] #Portugal: https://twitter.com/hashtag/Portugal?src=hash&ref_src=twsrc%5Etfw

[20] https://t.co/iGBSb9Ij8N: https://t.co/iGBSb9Ij8N

[21] pic.twitter.com/6HE0aWsGpb: https://t.co/6HE0aWsGpb

[22] November 24, 2021: https://twitter.com/FrontLineHRD/status/1463524470698749957?ref_src=twsrc%5Etfw

[23] dedicou: https://www.frontlinedefenders.org/en/2021-front-line-defenders-award-human-rights-defenders-risk

Los dos libros, escritos y armados con dos décadas de distancia, por la artista de rock y el líder de R.E.M., conservan la poética cruda y despojada de sus autores, que además son amigos.

Patti Smith por partida doble por ella misma y un amigo

Patti Smith por partida doble, por ella misma y un amigo.

Escrito por DOLORES PRUNEDA PAZ

Un libro bitácora de gira, « Dos veces intro. En la carretera con Patti Smith », realizado por Michael Stipe, líder de R.E.M. -cuando la cantante volvió a los escenarios tras 15 años de retiro voluntario, y como forma de lidiar con la muerte de su esposo; y una novela que guarda la subjetividad del diario personal, « El año del mono », escrito por la misma artista rock, que comienza con la internación y deterioro de un amigo personal, son parte de las propuestas más intimistas y honestas de las novedades literarias de estos días.

Los dos libros, escritos y armados con dos décadas de distancia, conservan la poética cruda y despojada de sus autores, que además son amigos, y, si se leen juntos, pasa algo extraño, los destinos de los personajes retratados con la cámara de fotos de Stipe en 1995 pueden seguirse en ese 2016 turbulento y lírico que Smith narra en « El año del mono » (Lumen) y que en la edición argentina termina con un epílogo escrito por ella en el año chino de la rata, un 2020 pandémico caótico y desconcertante a nivel global.

Los dos libros de ruta, los dos giran por la Costa Oeste. Heredera de la generación beat, la novela recorre ida y vuelta varias veces los cinco mil kilómetros que separan la Costa Oeste donde está de gira, de la costa Este donde vive en Nueva York, y donde se encuentra recluida actualmente, en pandemia, cuidadosa por los problemas bronquiales que tuvo de niña, escribiendo otros proyectos, uno que vuelve sobre su infancia y otro con mucha más ficción que la última novela.

« Patti nos ha aportado una comprensión distinta sobre nosotros mismos, lo que es la máxima aspiración de un artista: hablar de su tiempo y hacerlo de una manera que ilumina y altera el presente » Michael Stipe

Y como Smith usa sus memorias de un modo bastante documental en sus libros, aunque los mezcle con hilos surrealistas y estados enrarecidos de conciencia, puede rastrearse hacia atrás también su historia y con ella la historia de buena parte de la contracultura estadounidense de los 60, 70 y 80.

Uno de esos libros es el hermoso y autobiográfico « Eramos unos niños » que Patricia Lee Smith (Chicago, Illinois, 30 de diciembre de 1946) publicó en 2010, el libro que le prometió escribir al fotógrafo Robert Mapple­thorpe en 1989 cuando murió de Sida. Ícono gay pero antes novios y compañeros creativos durante una década, desde que tenía 19 años y había llegado a Nueva York enamorada de la poesía.

Por ese libro ganó el National Book Award, es miembro del Salón de la Fama del Rock & Roll y fue nombrada Comendadora de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia. El otro es « M Train » (2015), novela que bosquejó en un viaje en tren en Francia, « para tomar distancia y escribir cosas personales mezcladas con los sueños y la imaginación ».

En « El año del mono », entre niños que desaparecen sin que nadie los reclame, como una moderna fábula de un flautista de Hamelin que quiere amor y no venganza, y con « una sensación de desconcertante nostalgia » y el amor intacto, Smith declara su desconcierto ante el paso del tiempo y reconstruye cómo se hizo amiga de Sandy Pearlman hace más de 45 años, cuando hacía lecturas poéticas acompañada por la guitarra eléctrica de Lenny Kaye en Nueva York. En la novela esos tiempos son reales, es Año Nuevo de 2016, ella acaba de cumplir 69, acaba de terminar una gira, y Pearlman está internado en coma en un hospital de la Costa Oeste.

Los tiempos de las marquesinas con Patti Smith aqu con Bob Dylan

Los tiempos de las marquesinas con Patti Smith, aquí con Bob Dylan.

Incluso en « Dos veces intro » (Sextopiso), hecho con fotos que sacó Stipe durante el icónico tour de 1995, se pueden retroceder décadas siguiendo textos y observaciones que la cantante y compositora le dedica a quienes la acompañaron en su regreso a la escena pública musical: 50 años, viuda y con sus hijos Jackson y Jessy, de 14 y nueve años. Había estado casada 15 años con el guitarrista Fred Sonic Smith, que murió de un ataque fulminante al corazón.

« Había una vez una chica que, ante todo, se sentía sola. Diferente, extraña, sintiendo que nadie se dirigía a los de su clase. Encontró lugar en alguien de un lugar lejano que se aventuró a salir y habló. Esta misma chica encontró su propia voz y su propia fuerza y se aventuró a salir y hablar por sí misma. El tiempo pasó y ella, consumida por el destino, enmudeció. Lentamente, gracias al apoyo de otros, -aquellos que aparecen en las páginas de este libro- encontró su voz por segunda vez », escribe Smith sobre la gira que emprendió después de 15 años de retiro, alentada por Dylan, Stipe y Allen Ginsberg, otra figura de la generación beat y amigo de sus primeros años en Nueva York.

Se puede llegar a « Horses », el disco debut que la convirtió en emblema del movimiento punk, en 1975, o incluso antes, al Hotel Chelsea, donde hizo amigos como el crítico y escritor William Burroughs, referente de la generación beat y uno de los que escribe un texto para ella en el libro retrato visual que hace Stipe, sumando polaroids de Oliver Ray: « Patti Smith no es solo una cantante fantástica, es un chamán -es decir, es alguien en contacto con otros niveles de la realidad-. Su efecto en la audiencia es eléctrico ».

El libro se completa con textos de artistas como Kaye, Tom Verlaine, Thurston Moore y Kim Gordon, de Sonic Youth. Es Jutta Koether quien señala que el regreso de Smith a la creación pública musical estaba afortunadamente libre de « la sensibilidad de museo de cera del Rock & Roll Hall of Fame »: « Lo que más me excita sobre Patti Smith es que arrastra una tradición con ella, ensuciando el escenario con libros, edad y humor -escribe-. Nos recuerda que Alfred Jarry era punk, que Hendrix era punk, que los niños pequeños son punks. por naturaleza y que todos nosotros tenemos acceso a una locura que puede salvar tanto como destruir ».

« Patti nos ha aportado una comprensión distinta sobre nosotros mismos, lo que es la máxima aspiración de un artista: hablar de su tiempo y hacerlo de una manera que ilumina y altera el presente », resume Stipe, músico, productor, actor y artista plástico y vocalista del grupo de rock alternativo R.E.M.

Una buena definición para quien repite en sus entrevistas que no le gusta que la etiqueten. « Yo solo hago mi trabajo. Me decían la ‘princesa de los orines’, después fui la ‘reina del punk’, luego ‘la madrina del punk’ y ahora soy ‘la abuela del punk’. Quizá muy pronto sea ‘el dinosaurio del punk' », decía por 2017 al New York Times.

¿Cómo llamarla entonces¿. En septiembre de 2020 le ofrece una respuesta a Uppers: « Trabajadora. Porque siempre estoy trabajando: escribiendo, haciendo performances, cantando, cuidando a mi familia, al gato, haciendo la merienda. Trabajo, siempre trabajo. Si no, escritora. El resto es prensa. Tienen que buscar un modo de definirme y entiendo que no siempre es fácil encontrarlo ».

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

Escrito por Carlos Iaquinandi Castro

“Tu partida dejará un vacío imposible de llenar, pero tu nombre y tu obra quedarán grabados a fuego en la memoria de tu pueblo.” – Palabras de sus compañeros del grupo “Inti Illimani”

La cultura popular chilena ha perdido uno de sus valores más queridos y reconocidos. Patricio Manns tenía 84 años, y una trayectoria creativa que inició muy joven. En 1963 escribe su novela “Parias en la Niebla” que fuera premiada por la Sociedad de Escritores de Chile. En 1965 se incorpora a la Peña de los Parra, intercambiando experiencias con Víctor Jara, Rolando Alarcón y otros artistas chilenos y extranjeros. En 1971 publica su primer disco, que incluye una de sus más bellas canciones “Valdivia en la niebla”.

Como músico y periodista colaboró activamente en las campañas presidenciales de 1964 y 1970, siendo esta última la que llevó a Salvador Allende a la presidencia de la República representando a la Unidad Popular. Esos fueron sus comienzos, porque a partir de esos hitos desarrolló una prolífica actividad como compositor, músico, cantante y escritor, formando parte de la llamada “Nueva Canción Chilena”.

La etapa del exilio

Patricio Manns siempre estuvo vinculado con las luchas sociales en su país. En el 73, cuando el golpe de Pinochet, se desató una brutal represión que incluyó también a periodistas, poetas y músicos, como el asesinado Víctor Jara. Fue entonces cuando pudo salir del país y exiliarse en Francia. Allí desarrolló una incansable lucha denunciando a la dictadura chilena, y consiguiendo respaldo internacional. Durante esos años, actuó en diversos lugares de Europa integrando el conjunto “Inti Illimani”, cuyos componentes, como los de “Quilapayún”, también estaban en el exilio. Todo este trabajo político cultural, toda esta experiencia, Patricio Manns lo transformó en un aporte, creando vínculos desde Europa con organizaciones artísticas y culturales que trabajaban desde la clandestinidad en Chile y que eran perseguidas por la dictadura.

El retorno

A fines de los 80 regresa al país donde puede cantar –en su propia patria- su poema “Vuelvo”. “Con cenizas, con desgarros / con esta altiva impaciencia / con una honesta conciencia/ con enfado, con sospecha/ con activa certidumbre/ pongo el pie en mi país”. A partir de entonces, se recuperaron en el interior las redes culturales que muchos chilenos habían mantenido activas denunciando la dictadura. Patricio Manns realizó un memorable recital en el Estadio Chile y continuó su andadura como compositor e intérprete.

Un adiós multitudinario

A comienzos del año pasado, su salud decayó y el fallecimiento de su esposa Alejandra fue un golpe del que no pudo reponerse. Sus aportes se fundieron en un legado que hoy recogen las nuevas generaciones. Prueba de ello, fue su sepelio en el Teatro Nacional, donde en grupos que esperaron pacientemente en el exterior, miles de personas fueron desfilando durante más de 24 horas expresando su sentimiento. Entre ellos, conjuntos folklóricos, solistas, poetas o escritores que dejaron su testimonio en el escenario. Su hija recordó la relación de su padre con el público que siempre le apoyó, aun en los momentos más difíciles. Y evocó su frase: “Yo escribo para mi pueblo, canto para mi pueblo, no canto para mì”. Su pueblo, seguramente no lo olvidará.


Carlos Iaquinandi Castro es miembro de la redacción del Servicio Prensa Alternativa (SERPAL).

 

[Fuente: http://www.alterinfos.org]

Meu avô nunca comeu chocolate, conta um camponês cacaueiro. Outra diz que era proibido provar caroços da fruta. Em 2007, após gerações sob trabalho escravo, eles ocuparam fazenda na BA. Agora, abrem sua própria fábrica da guloseima

Escrito por Anelize Moreira, no site do MST

Chocolate não tem data nem hora para ser desejado e consumido. Mas o que está por trás da produção da sua principal matéria-prima, o cacau? Como saber se o chocolate que a gente consome é fruto de um trabalho limpo e justo? Quem produz, de onde ele vem e como é o trabalho de quem vive do cacau?

O fotógrafo Fellipe Abreu e a jornalista Patrícia Moll retrataram a história de famílias do  assentamento Dois Riachões que conseguiram sair da condição análoga à escravidão vivenciada por gerações anteriores por meio da produção agroecológica de cacau no sul da Bahia.

“Meu avô nunca comeu chocolate, nunca, quem comia era o coronel. Ele morreu sem saber o que era chocolate”, conta o agricultor familiar Edivaldo dos Santos no documentário Dois Riachões, Cacau e Liberdade.

“Eu quebrei muito cacau e eu não tinha direito de chupar um caroço de cacau, porque o cabo de turma estava do nosso lado, vigiando tudo”, afirma a assentada Luiza Batista.

Edivaldo, Luiza e outros agricultores que romperam com o ciclo tradicional de produção pelos herdeiros dos coronéis das fazendas da Bahia no assentamento Dois Riachões, em Ibirapitanga, vivem 150 pessoas e a produção tem sido referência para outras comunidades que lutam pela reforma agrária no Brasil.

Os agricultores ligados à Coordenação Estadual de Trabalhadores Assentados e Acampados (Ceta) ocuparam o local em 2007, mas só em 2018 houve a regularização da terra. No local, além do cacau, eles plantam outras culturas, como frutas, hortaliças e grãos.

“Meu avô nunca comeu chocolate, nunca quem comia era o coronel. Ele morreu sem saber o que era chocolate”, conta o agricultor agroecológico Edivaldo dos Santos / Fellipe Abreu

Teresa Santiago, é agricultora do assentamento e diz que a agroecologia é a base de todo processo, e a comercialização é um dos tripés dessa luta. Eles conseguem escoar a produção nas feiras, com vendas diretas com o consumidor e por meio de programas federais como o Programa de Aquisição de Alimentos (PAA) e o Programa Nacional de Alimentação Escolar (PNAE).

Para a agricultora Teresa Santiago a liberdade foi construída a partir da luta pela terra, quando houve a transição de meeiros para donos do lote e da produção.

“Você deixa de ser oprimido, deixa de ter ali alguém que vai mandar dizer o que você vai fazer para outra maneira de viver e construir coletivamente a luta pela terra. No documentário, quando a gente fala da soberania, é a soberania em todas as suas vertentes, seja social, alimentar, na questão ambiental, produtiva e econômica”, diz a agricultora.

Durante as gravações do documentário, Abreu explica que eles acompanharam as mudanças na comercialização. Ele conta que as amêndoas de cacau que antes eram vistas como simples commodities e baratas, passaram ser um produto com valor agregado.

“Então eles começaram a estudar fermentação e como agregar valor àquela amêndoa que produziam e começaram a vendê-la para marcas finas por um valor muito mais alto do que o cacau de baixa qualidade. Não satisfeitos, num segundo momento quando a gente estava lá filmando, eles já estavam construindo a própria fábrica de chocolate e dois anos depois inauguraram uma fábrica e lançaram o chocolate Dois Riachões”, conta um dos diretores.

O assentamento Dois Riachões atualmente produz, comercializa e tem uma marca própria de chocolate com o mesmo nome / Fellipe Abreu

Patrícia conta que a ideia do documentário surgiu por não ser uma história conhecida e pelo chocolate ser algo universal que interessa a diversas culturas. Ela destaca a organização, e trabalho coletivo dessas famílias.

“Eu me impressionei como eles trabalham em mutirão e têm a noção bem definida de trabalho coletivo.  Eles fazem tudo juntos, passam o dia na roça do seu Fulano, depois vão para a roça do seu Beltrano, sempre se divertindo e cantando enquanto fazem a quebragem. Também é lindo vê-los terem conseguido conquistar essa soberania alimentar e hoje cozinharem e produzirem os próprios alimentos, e finalmente poderem comer o próprio chocolate”.

Para Abreu, com o atual contexto de ataque aos direitos socioambientais no Brasil é ainda mais importante trazer o debate temas como agroecologia e agricultura familiar, que se recebessem mais fomento do poder público poderiam crescer ainda mais no país.

O cacau já faz parte da história do Brasil, e no sul da Bahia é um dos principais produtos agrícolas da região. A produção de cacau cabruca de Dois Riachões é um exemplo de como ter um sistema aliado à conservação ambiental. A produção agroecológica considera não só o alimento livre de veneno, mas a preservação de espécies florestais nativas, manutenção dos recursos hídricos e a fauna local.

“O sistema cabruca de produção de cacau não derruba a mata nativa, ele coexiste junto com ela. Se você olhar para uma lavoura de cacau cabruca, verá a Mata Atlântica por cima e o cacau por baixo. Inclusive, se você não prestar muita atenção, às vezes você nem verá o cacau, porque ele fica completamente rodeado pela mata. Além de preservar a mata, o próprio cacau beneficia-se da sombra das árvores e produz melhor e por mais tempo”.

O documentário foi produzido de forma independente e foi o primeiro curta de Patricia e Fellipe juntos. A ideia é que o documentário que vem sendo exibido em diversos festivais pelo mundo ajude a viabilizar outros projetos semelhantes com olhar voltado para o rural, a agricultura familiar e a cultura alimentar do Brasil.

O cacau já faz parte da história do Brasil, e no sul da Bahia é um dos principais produtos agrícolas da região. / Patricia Moll

“Esse foi totalmente independente. Então a nossa ideia era usá-lo também um pouco como moeda para conseguir contar outras histórias de produção de alimentos pelo Brasil, e sempre com um alimento para mostrar o quão viável também é escolher comprar esses alimentos. Para não precisar escolher um [chocolate] do supermercado, ou seja, para mostrar o que impacta quando você escolhe comprar um alimento da agricultura familiar”, comenta Patricia.

O documentário recebeu quatro prêmios: como melhor curta-metragem no VI Festival de Cine Independiente de Claypole, na Argentina; o Prêmio Consorzio del Formaggio Parmegiano Reggiano” no Festival Mente Locale; menção honrosa na 4ª Mostra Nacional de Cinema Ambiental; e como melhor filme, pelo júri popular no Festival Santa Cruz de Cinema, no Rio Grande do Sul.

 

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Expulsado da Escola de Barcelona por razóns políticas, consagrouse como un gran arquitecto internacional con mil obras en 40 países

Bofill, con César Portela, ao presentar en maio do 2001 o seu proxecto de palacio de congresos para o porto coruñés.

Escrito por M. LORENCI

Ricardo Bofill Levi, falecido este venres aos 82 anos no seu Barcelona natal, foi un arquitecto díscolo, rebelde e internacional. Nacido o 5 de decembro de 1939, botárono da Escola de Arquitectura de Barcelona por razóns políticas, pero consagrouse pronto como un xenio rebelde do oficio. Montouse un estudo taller de arquitectura en Sant Just Desvern e epatou á profesión moito antes de poder titularse en Suíza, onde se graduou en Urbanismo e Arquitectura na Haute École du Paysage, d’Ingénierie et d’Architecture.

Bofill matriculouse na ETSAB en 1957, en plena ditadura franquista, pero ese mesmo ano foi detido e expulsado da universidade sen chegar a cumprir o seu desexo de estudar Arquitectura na súa cidade. En 1963 fundou o Taller de Arquitectura cun equipo multidisciplinar formado non só por arquitectos, senón tamén por outros profesionais e artistas como o crítico literario Salvador Clotas, o poeta José Agustín Goytisolo ou a economista Julia Romea.

O seu pai, Emilio Bofill e Benessat, tamén era arquitecto, e foi socio estudante do Grupo de Arquitectos e Técnicos Cataláns para o Progreso da Arquitectura Contemporánea.

Bofill protagonizou unha brillante carreira con case un milleiro de obras en 40 países. En Sant Just Desvern, localidade próxima a Barcelona, destacou co edificio de vivendas Walden 7, que rompeu moldes en 1975 e marcou o inicio dunha brillante e marxinal carreira que acabaría sendo canónica con grandes obras en Francia, como lles Arcades du Lac e a Ville Nouvelle. Ademais, deseñou barrios como Echelles du Baroque en París ou Antigone en Montpellier. Tamén fixo vivendas sociais en Alxer, deseñou a sede de Shiseido en Ginza, o edificio máis caro de Tokio ou a sede Cartier en París. En Chicago alzou o emblemático rañaceos chamado 77 West Wacker en 1992, ademais de deseñar torres en Luxemburgo, Casabranca ou Beirut.

É autor do Palacio de Congresos no Campo das Nacións de Madrid. En Barcelona asinou a T1 do Aeroporto do Prat e o contestado Hotel W, tamén chamado Vea na praia, unha mole de aceiro e vidro en forma de vela que se alza sobre o mar Mediterráneo, e do Teatro Nacional de Catalunya, que se sitúa fronte ao Auditorio Nacional de Rafael Moneo. Tamén deseñou os xardíns do Túria, en Valencia, ou parte do parque lineal do madrileño Manzanares. Obras de obrigatoria mención nos anais da arquitectura das últimas cinco décadas, como a Universidade Mohammed VI con sedes en Ben Guerir e Rabat.

Bofill foi dos primeiros arquitectos estrela en deixarse caer por cidades galegas como Vigo e A Coruña, onde creou o parque da Riouxa (aínda que tiña outros encargos vigueses) e o palacio de congresos do porto coruñés (con César Portela).

A Universidade Politécnica de Cataluña investiulle o ano pasado doutor honoris causa en recoñecemento á súa traxectoria en diferentes estilos arquitectónicos contemporáneos, tanto de obra urbana como de vivenda. Bofill mereceu numerosos premios e distincións. É honoris causa polas universidades de Hamburgo, en Alemaña, e Metz, en Francia. Ademais, foi galardoado pola Orde das Artes e as Letras de París, a Academia Internacional de Filosofía da arte de Berna e a Sociedade Americana de Deseñadores de Interiores de Nova York. E conta coa Cruz de Sant Jordi que outorga a Generalitat.

O lado «rosa»

Algúns criticáronlle o paso da súa arquitectura transformadora aos seus proxectos para transformar a vida da jet set. O seu fillo, Ricardo, Ricardito, Bofill foi personaxe televisivo en programas como Crónicas marcianas e pasto da prensa rosa, casado primeiro con Chábeli Iglesias , filla de Julio Iglesias e Isabel Preysler, e logo parella da cantante mexicana Paulina Rubio. Agora dedícase á arquitectura. O pai foi máis discreto, pero na presentación dunha das súas torres en Valencia dixo o seguinte sobre Santiago Calatrava: «A pesar das críticas, é un bo arquitecto, aínda que se lle caian cousas».

O ministro de Cultura, Miquel Iceta, lamentou a morte «do arquitecto barcelonés máis internacional». «Descanse en paz. A súa obra manteralle sempre vivo no noso recordo», afirmou Iceta en Twitter.

[Imaxe: César Quian – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Entre sa naissance en Pologne, en 1904, et sa mort en France, en 1969, Witold Gombrowicz aura passé vingt-quatre ans en Argentine, où il se rend en 1939, une semaine avant le déclenchement de la Seconde Guerre mondiale. Ses lettres à ses amis de Buenos Aires paraissent en français.

Witold Gombrowicz à Vence, en 1967. Photo : Oswald Malura


Witold Gombrowicz, Correspondance avec ses disciples argentins. Trad. de l’espagnol par Mikael Gomez Guthart. Sillages, 224 p., 14,50 €


Publié par Jean-Pierre Salgas

« Je rends grâce au Très-Haut de m’avoir tiré de Pologne alors que ma situation littéraire commençait à s’améliorer pour me lancer sur le continent américain au milieu de gens parlant une langue étrangère, dans la solitude, dans la fraîcheur de l’anonymat, dans un pays plus riche en vaches qu’en artistes », écrit Witold Gombrowicz dans son Journal en 1960. La phrase est reproduite en exergue de cette Correspondance avec ses disciples argentins. Souvenons-nous : l’auteur de Ferdydurke, « gloire de la nation », convié à une croisière, quitta la Pologne pour l’Argentine le 25 août 1939.

Périphéries

Parti pour quinze jours, Gombrowicz reste en Argentine pendant la guerre puis durant vingt-quatre ans, passant de la périphérie de l’Europe à la périphérie du monde. À Buenos Aires, au sortir de la guerre, il traduit Ferdydurke avec un groupe d’amis écrivains débutants. Sa préface affirme une croyance en l’universalité de la littérature. Échec : la « mère Ocampo », et sa revue Sur, vouée au Nord (Paul Valéry) avec Borges, lui ferment les portes du monde littéraire local. On peut se reporter à Trans-Atlantique. C’est alors qu’il entame le parcours qui va le conduire de la périphérie au centre français de la république des lettres. Il l’atteint en pleine guerre froide : une bourse de la fondation Ford, en 1963, le dépose à Berlin après la construction du Mur en 1961. « Polonais exacerbé par l’histoire », dira-t-il dans ses Souvenirs de Pologne.

Après 1947, sa stratégie dans le champ, au sens de Bourdieu, devient une stratégie au sens de Clausewitz : « La grande Bataille de Paris est encore plongée dans les ténèbres, pas la moindre nouvelle si ce n’est que Les Lettres Nouvelles ont eu écho du coup de canon en ouverture du bombardement et, j’imagine, Ferdydurke doit déjà se trouver en librairie » (1958). Lieutenants : Kot Jelenski (le Bâtard ou le Prince), Francois Bondy et la revue Preuves. Instrument : le Journal à compter de 1953 (en public) comme le Bloc-notes de Mauriac, publié dans Kultura, adressé autant à la Polonia qu’à la Pologne et tous les articles, les Varia, qu’il serait temps de traduire intégralement et chronologiquement en français et non sous la forme d’anthologies plutôt thématiques. En 1955, Gombrowicz démissionne de son poste d’employé au Banco Polaco pour se consacrer à l’écriture.

Vers le centre 

Dans les premiers temps de cette correspondance, dans une missive à Alejandro Russovich (l’ami de toute une vie), Gombrowicz écrit : « Ma célébrité se développe de façon systématique et étourdissante pour mes ennemis. Yvonne (une comédie) a été jouée à Varsovie, grand succès, et devrait prochainement être montée à Prague, Paris et Londres, Ferdydurke a été accepté par Julliard, grand éditeur, Nadeau en personne a l’air ravi. Troisième édition de Ferdydurke en Pologne, je viens de signer le contrat. Trans-AtlantiqueLe Mariage et Bakakaï (des nouvelles) sont sortis là-bas le mois dernier, avalanche d’articles où l’on me proclame le plus grand. Mon Journal agit de façon foudroyante, la traduction française est en cours. En attendant j’ai terminé mon nouveau roman qui va s’appeler La Pornographie parce qu’il est un peu vert ».

Vingt ans après Ferdydurke, dix ans après l’échec de sa traduction argentine, arrivent gloire polonaise et gloire mondiale via la France. Là, le Dégel et l’arrivée au pouvoir de Gomulka permettent la réédition de Ferdydurke. Ici, alors que Roger Caillois, borgesien fidèle, a fait échouer l’hypothèse Gallimard, Bondy et Jelenski convainquent Maurice Nadeau de publier la traduction composée avec Roland Martin. Anticipant le retour en Europe de l’écrivain. À Tandil, au sud de Buenos Aires, il a rencontré un groupe de jeunes aspirants écrivains : Grinberg, Di Paola, Gomez, futur exégète et biographe, Betelu, le préféré, dessinateur. Outre Russovich, ce sont eux les destinataires des lettres. Surnoms en cascade, par exemple pour Betelu : « Quilombo, Quilo Flor ou plutôt, Florquilo ou encore mieux, Soliflores, ce que l’on peut également interpréter selon les circonstances en ColienFlor ».

Witold Gombrowicz, Correspondance avec ses disciples argentins.

Malade et hypocondriaque, Gombrowicz se raconte et leur prodigue des conseils en tous genres, tentant d’instruire leur immaturité face aux formes. Ces lettres sont littéralement à mi-chemin entre le Journal et Kronos (pour soi : en 1965, il demande conseil à Russovitch pour un suicide). Les rubriques sont les mêmes que la comptabilité qui scande ce dernier : santé, argent, littérature, sexe. Le ton oscille entre Trans-Atlantique et Opérette, entre Ubu et Nourritures terrestres… Arrivé en 1963 à Berlin, « un incroyable mélange entre du provincial et de l’ultra-cosmique », Gombrowicz, par ailleurs cible de la presse polonaise, tente de reconstituer le Zemianska de Varsovie et le Rex de Buenos Aires au café Zuntz en 1963. Tentant d’enrôler Ingeborg Bachmann, Peter Weiss, Uwe Johnson, Günter Grass et de plus jeunes intellectuels. « Imagine bien, dans ta vie terne et privée de la lumière de l’intelligence, que lorsque sonnent les coups de 13h les lundis ou les jeudis, je me trouve au Zuntz entouré de Boches à qui je distribue des sourires ».

Diario argentino

« Incroyables, ces Allemands, quelle douceur céleste, imaginez donc que lorsque je déjeune dans un petit jardin près de chez moi, les moineaux innocents se posent sur ma table, certains qu’il ne leur arrivera rien » (il est en train d’écrire Cosmos). Après Berlin, grâce à Maurice Nadeau, il arrive à l’abbaye de Royaumont où il rencontre Rita, « une jeune Canadienne (vingt-trois ans) d’une extraordinaire efficacité, qui m’aime tendrement et prendra soin de moi ». Ils partent à Vence. Elle écrira deux livres majeurs sur lui, deux Évangiles (Gombrowicz par les témoins de sa vie). Toujours, il continue de gérer et de contrôler aussi sa légende argentine. En 1963, à l’occasion d’une revue, Eco contemporaneo, qui lui consacre un numéro, il écrit à Gomez : « Votre dernière lettre m’a écœuré. […] Sachez que je ne suis pas, et que je n’ai jamais été, homosexuel ; même s’il peut m’arriver de temps à autre, quand l’envie m’en prend, de me risquer sur ce terrain ». On trouve également dans ce livre des lettres à Ernesto Sabato (ils s’entre-préfacent) et au jeune Jorge Lavelli, metteur en scène du Mariage au théatre Récamier : « Lavelli triomphe, il a fait quelque chose de macabre, de monstrueux, de répugnant et de révoltant avec un Doigt horripilant tel un phallus, personne n’y comprend rien, tout le monde dit qu’il s’agit d’un festival gestuel et verbal, sans rien ajouter de plus précis ». Bernard Dort écrira, dans son journal encore inédit, que ce spectacle lui permit de passer de Brecht à Bob Wilson.

Witold Gombrowicz, Correspondance avec ses disciples argentins.

Dessin de Mariano Betelu représentant Witold Gombrowicz et Juan Carlos Gomez. © Ana Betelu

Au terme de cette correspondance, on surprend Gombrowicz à Vence en 1967 en train de couper-coller son Journal pour fabriquer Diario Argentino en 1967 : le chapitre XVI (1955) est devenu le premier. C’est un volume symétrique des entretiens avec Dominique de Roux (qui deviendront Testament), pensés quant à eux sur le modèle des « Écrivains de toujours » des éditions du Seuil. À la Pologne et à la Polonia s’ajoute l’Argentine. Gombrowicz a traversé plusieurs États historiques et géographiques de la république mondiale des lettres analysée par Pascale Casanova, selon une trajectoire unique, comme, autrement, Vladimir Nabokov ou Jorge Luis Borges, les reflétant autant qu’il les réfléchit. En août dernier, à la suite de Juan José Saer et de Ricardo Piglia, qui soutenaient que cet écrivain polonais était le plus grand écrivain argentin du siècle, eut lieu une seconde édition d’un monumental Congresso Gombrowicz. « L’espagnol de Witold Gombrowicz est un mélange d’argot des rues de Buenos Aires teinté de polonismes et d’espagnol à la grammaire incertaine », note le traducteur, Mikael Gomez Guthart.

Écrivain national antinational 

« N’oubliez pas, cher Goma, que vivre avec le Plus Grand écrivain de l’univers (ou sur le point de le devenir, ce qui revient au même) ne se représentera pas à vous de sitôt » (1963). En 1967, presque au terme de cette correspondance, il a reçu le prix Formentor pour Cosmos. Et il est édité en poche (10-18) grâce à Christian Bourgois, devenu son éditeur. « L’année dernière j’ai loupé le Nobel d’un rien », écrit-il à Miguel Grinberg en février 1969.

Adversaire de la polonité né dans un monde de nations, il est en train d’être rattrapé par le monde (des lettres, mais pas seulement). Cinquante ans après sa disparition, un récent colloque a réuni ses traducteurs (trente-huit langues) à Radom et à Vence. « Comme le dit Le Monde, il s’est formé autour de moi une maçonnerie internationale » (1963). En Pologne, après avoir été un temps retiré des manuels scolaires, le voilà en voie de devenir l’écrivain national avec un musée à Wsola, un autre à Vence. Exceptions relatives : le monde anglo-saxon (du fait de la mondialisation ?) et la France (du nationalisme, de la polonisation ?). Comme tous les écrivains « de l’Est », Gombrowicz y est moins présent depuis la chute du Mur. Le temps est révolu où Gilles Deleuze le citait dans tous ses livres, de Logique du sens à Critique et clinique, où Michel Foucault offrait La pornographie à ses visiteurs, où Milan Kundera l’incluait dans son panthéon, alors qu’il pourrait bien être le plus actuel des écrivains européens. Car Ferdydurke, roman politique, analyse les trois tentations contemporaines : nationalisme patrimonial, mondialisation, alors américano-germano-soviétique, saut dans l’inconnu. Quant à la « filistrie » de Trans-Atlantique, alternative aux patries, elle nommait dès 1953 la créolisation d’un Glissant. À Mariano Betelu, en 1963, Gombrowicz écrivait : « Mon vieux, Nadeau vient de m’écrire, il a lu mon Journal car la traduction est terminée, il se dit ébloui, stupéfait. C’est meilleur que si ce n’était que d’un grand écrivain. Je publierai tout ce que vous avez écrit ou écrirez car je veux que Les Lettres Nouvelles soient liées à votre nom ». Ces nouvelles lettres lui donnent raison.

 

[Source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

A Secretária Geral da Academia Brasileira de Letras, Acadêmica e escritora, Nélida Piñon, recebeu formalmente o título de nacionalidade espanhola na quinta-feira, 13 de janeiro. O ato foi no Consulado da Espanha no Rio de Janeiro e contou com a presença do Cônsul Geral da Espanha, Luis Prados Covarrubias. Na ocasião, a Acadêmica assinou os documentos, fez o juramento e destacou a importância de receber a cidadania espanhola:

“Hoje eu sou a brasileira que sempre fui e adicionei, a essa minha maravilhosa nacionalidade brasileira, a nacionalidade espanhola e passo a pertencer à União Europeia. Quando penso em Espanha, penso em seus grandes mortos. Cervantes, por exemplo (…) Penso nos meus mortos, no meu avô Daniel, na minha avó Mada, na minha mãe Carmen, no meu amado pai, Lino. Penso em Cotobade, Galícia, Burela. Penso num mundo hispânico, que é poderoso, com a sua língua universal que Nebrija* consagrou.”

A Acadêmica está intimamente conectada à Espanha: seus pais e avós foram emigrantes galegos no Brasil. O município de Cotobade, na região da Galícia, é onde seu pai nasceu.

Em 1996-1997, Nélida Piñon tornou-se a primeira mulher na história a presidir a Academia Brasileira de Letras. Entre suas obras mais importantes, destaca-se « A República dos Sonhos » (1984), que narra o êxodo em massa dos emigrantes galegos para a América Latina.

Dentre os muitos prêmios e reconhecimentos recebidos pela Acadêmica, podem ser destacados alguns deles relacionados à Espanha e ao mundo hispânico: Prêmio Príncipe de Astúrias, Prêmio Rosalía de Castro e o Prêmio Internacional Menéndez Pelayo. A escritora é Membro de Honra da Real Academia Galega, Membro Correspondente da Academia Mexicana de la Lengua, Embaixadora Ibero-americana da Cultura e Conselheira do Centro de Estudos Brasileiros da Universidade de Salamanca.

*Filólogo espanhol, autor da primeira gramática da língua castelhana e do primeiro dicionário espanhol.

Discurso da Acadêmica Nélida Piñon

 

[Fonte: http://www.academia.org.br]

El poeta judío polaco Julian Tuwim fue descrito como “el mayor poeta judío” del siglo XX. Es hora de que los judíos recuerden y reclamen el espíritu de Julian Tuwim.

Escrito por MYER SIEMIATYCKI

El poeta judío polaco Julian Tuwim nació hace 125 años en Lodz, Polonia. Un titular de 1974 en el periódico yiddish The Forverts describió a Tuwim como “el mayor poeta judío” del siglo XX. Escribiendo en idioma polaco, Tuwim fue el poeta contemporáneo más leído en el período de entreguerras de Polonia (1920-1930).

Hoy, Tuwim es en gran parte desconocido en el mundo judío. Esto, a pesar del hecho de que fue el primer poeta judío importante en escribir un lamento del Holocausto: el abrasador Nosotros, judíos polacos. Mientras tanto, en Polonia es venerado, basado en un retiro selectivo de sus escritos. Los versos de sus encantadores hijos (especialmente “Lokomotywa” [El tren]) y el dominio poético del idioma polaco se han ganado los corazones de las sucesivas generaciones de polacos.

En 2013, el parlamento polaco declaró un “Año de Julian Tuwim” en honor a su legado. Su estatua se encuentra en la calle principal de Lodz. Menos recordadas en Polonia son sus reflexiones poéticas sobre etnonacionalismo, autoritarismo, antisemitismo y el Holocausto.

Es hora de que los judíos recuerden y reclamen el espíritu de Julian Tuwim.

Escribiendo en una época y lugar marcadamente monolíticos, Tuwim proclamó ferozmente las identidades judía y polaca. Sin embargo, también fue ambivalente y crítico con estas identidades y tradiciones. No es sorprendente que esto desatara una fuerte condena de los campos judíos y polacos.

En 1924, Tuwim le dijo a un entrevistador: “Para los antisemitas soy judío y mi poesía es judía. Para los nacionalistas judíos, soy un traidor y renegado. ¡Mala suerte!” Tuwim desafió a Polonia a ser más inclusiva y a los judíos polacos a integrarse más en su sociedad.

Tuwim confundió tanto a amigos como a enemigos por su capacidad de defender puntos de vista y posiciones aparentemente incompatibles: defensor de la cultura polaca pero crítico del etnonacionalismo polaco; distanciamiento de la cultura judía pero enemigo literario del antisemitismo; firmemente antiautoritario, pero después de la Segunda Guerra Mundial regresó de su refugio seguro de Nueva York para vivir en la Polonia socialista [PRL].

Tuwim tenía una forma de aferrarse a aparentes incompatibles. La controversia y las contradicciones fueron características de la vida y la escritura de Tuwim. Su amigo y colega escritor Jozef Wittlin declaró con exasperación: “Tuwim es la prueba de que Dios existe, para que un hombre tan estúpido sea un gran poeta“.

En retrospectiva, no está claro si fueron Tuwim o sus tiempos los que fueron “estúpidos”. En su vida, Tuwim reflexionó sobre las posibilidades e imposibilidades de las relaciones polaco-judías del siglo XX. Estaba muy por delante de su tiempo queriendo ser un judío polaco verdaderamente guionizado, libre de expresarse y ser aceptado por las identidades de su elección. En el siglo XXI, la poesía de Tuwim se lee como una súplica por la diversidad, el pluralismo y el multiculturalismo. Estos eran versos peligrosos en su día. Siguen siendo oportunos en los nuestros.

Había un rango notable en su escritura: versos infantiles, letras de cabaret, poemas de amor, poemas políticos, poemas de apego y alienación polacos, apego y alienación judía y presentimientos catastróficos a medida que Europa se precipitaba hacia el abismo en la década de 1930.

Tuwim tenía un profundo amor por el polaco. “Mi tierra natal es el idioma polaco“, escribió. Criado en un hogar judío de habla polaca, Tuwim estaría entre la primera generación de luminarias literarias judías polacas que escribieron en polaco para una amplia audiencia nacional. (Otros incluyeron al escritor Bruno Schulz, Henryk Goldschmidt, mejor conocido por su seudónimo de Janusz Korczak, el escritor Alexander Wat y el poeta Antoni Slonimski). La popularidad de Tuwim provocó denuncias de críticos etnonacionalistas polacos que denunciaron a Tuwim como “culturalmente ajeno a Polonia“, en lo que el poeta judío polaco Maurycy Szymel llamó “un pogromo contra el derecho de Tuwim a la literatura polaca“.

Irónicamente, tal vez, la contribución característica de Tuwim a la literatura polaca fue su uso inventivo y expresivo del idioma. El ganador del Premio Nobel de Literatura polaco Czeslaw Milosz llamó a Tuwim un “virtuoso del lirismo“. El crítico literario Roman Zrebowicz declaró que el dominio lingüístico de Tuwim le dio a su trabajo una calidad sensual única: “Toda la poesía de Tuwim huele tan extáticamente como un bosque. Cada verso tiene su propio aroma particular“.

Tuwim abrazó por completo la lengua y el paisaje polacos. En 1940, mientras escapaba del exilio en Brasil, Tuwim escribió un largo y agridulce reflejo de Polonia titulado “Flores polacas“. Profesó sentirse separado de Polonia “por un Atlántico de anhelo“, declarando: “Esta [Polonia] es la patria / y los otros países son hoteles“.

En el mismo poema, Tuwim denunció el antisemitismo que prevalecía en la Polonia anterior a la Segunda Guerra Mundial: “Cuando la calle estaba gobernada por pequeños sinvergüenzas de clase media / Excelentes ‘católicos’ / Excepto que aún no se habían vuelto cristianos … / Cuando los fanfarrones rampantes golpeaban tanto a los judíos / Que sentí más vergüenza por mi patria / que lástima por mis hermanos derrotados“.

Julian Tuwim estaba separado, pero no podía o no quería separarse de su identidad judía. El exilio y la diáspora, creía, habían convertido a los judíos en un pueblo perdido y abandonado. Su poema de 1918 “Judíos“, escrito a los 24 años, describe a los judíos como “personas que no saben lo que es una patria / Porque han vivido en todas partes … / Los siglos se han grabado en sus rostros / Las dolorosas líneas de sufrimiento“.

En el poema “Jewboy”, chico judío), escrito en 1925, Tuwim confronta el destino judío del exilio: “¿Cómo llegamos a esto? ¿Cómo nos perdimos / En este vasto mundo, extraño y hostil hacia nosotros? … / Y nunca encontraremos paz o descanso / Judíos cantando, judíos perdidos “.

Al igual que muchos de sus contemporáneos judíos literarios e intelectuales en Polonia y en toda Europa, Tuwim creía que el futuro judío dependía de la igualdad de ciudadanía en su país de nacimiento diaspórico. No se opuso al proyecto sionista, pero su propio apego al idioma y la escritura polacos descartaron la opción de Palestina como una nueva patria personal.

Sin embargo, Tuwim pagó un alto precio por su apego a Polonia. Los ataques antisemitas a su escritura se intensificaron durante la década de 1930. Tuwim confió sobre este rechazo: “Es difícil ser un hijastro con una madrastra. Estoy decayendo, es muy difícil para mí en este país”. Se produjo un período de úlceras y agorafobia.

Días después de la invasión alemana de Polonia en 1939, Tuwim se animó al oeste en un éxodo de las principales figuras culturales del país. Vivió brevemente en París, un poco más en Brasil, antes de pasar la mayor parte de los años de guerra en Nueva York.

En el segundo aniversario del Levantamiento del Gueto de Varsovia, Tuwim publicó un angustiado lamento del Holocausto: “Nosotros los judíos polacos“.

Sorprendentemente, como sugiere el título, Tuwim reafirmó su apego a las identidades polaca y judía. Polaco, porque quería serlo, porque solo en polaco podía crear poesía, y polaco porque “mi odio hacia los fascistas polacos es mayor que mi odio hacia los fascistas de otras nacionalidades“.

Su apego al judaísmo, escribió Tuwim, era una solidaridad de sufrimiento. La persecución judía y el genocidio intensificaron los lazos judíos de Tuwim. Se declaró judío por la “sangre de millones de inocentes asesinados … Nunca desde los albores de la humanidad ha habido tanta inundación de sangre mártir“.

Tuwim y su esposa, Stefania, volvieron a vivir permanentemente en Polonia en 1946. Creía que una Polonia bajo la tutela comunista ofrecía la mejor protección para los judíos. No fue el único judío polaco prominente que lo hizo. En 1947, los Tuwim adoptaron a una hija huérfana judía en Varsovia.

Dos citas finales reflejan la determinación de Tuwim de retener, hasta el final, las identidades polaca y judía. A su regreso a Polonia, Tuwim trasladó el cuerpo enterrado de su madre desde las afueras de Varsovia al cementerio judío de su ciudad natal, Lodz. La primera estrofa de su poema “Matka” (Madre) declara: “En el cementerio de Lodz / El cementerio judío, se encuentra / La tumba polaca de mi madre / La tumba de mi madre judía“. Tuwim inscribió así en su madre, la inseparabilidad de las identidades judía y polaca.

Curiosamente, atribuyó el mismo linaje dual a la creación del Estado de Israel. En 1949, un periodista del diario Haaretz entrevistó a Tuwim en su casa de Varsovia. Preguntaron al poeta qué sentía sobre la creación de Israel.

Tuwim respondió: “Estoy feliz y orgulloso del establecimiento del Estado hebreo. ¿Podría ser de otra manera? Porque es un Estado establecido por judíos de Polonia, y yo también soy uno de ellos”. Para Tuwim, Israel fue un verdadero proyecto judío polaco en el extranjero. Dirigió la rama polaca de Amigos de la Universidad Hebrea, con la esperanza de promover su especialización en estudios judíos polacos.

Polaco y judío juntos, Julian Tuwim se mantuvo hasta el final. Murió en Polonia en 1953.

¿Y qué hay de su legado? Demasiado candente de manejar para la mayoría, parecería.

Polonia ha desvestido en gran medida a Tuwim al abrazar el verso de sus hijos y su lirismo polaco. Pasan por alto su misión autoproclamada como poeta que “saca sangre con la palabra“. En Polonia se olvida su proclamada hibridación y hostilidad hacia el etnonacionalismo autoritario.

Por el contrario, en el mundo judío, el legado de Tuwim no se recuerda selectivamente, es prácticamente inexistente. Su amor por el polaco es demasiado desagradable, la primacía de Israel es demasiado preeminente.

Y sin embargo … ¿no puede beneficiarse el siglo XXI de voces más fuertes que defienden el pluralismo y condenan el autoritarismo?

 

El escritor es profesor emérito de política en la Universidad Ryerson de Toronto.

 

[Fuente: https://bit.ly/3tpubGg – reproducido en http://www.enlacejudio.com]

À une remarquable cadence, les éditions de L’Olivier poursuivent la publication des œuvres complètes de Roberto Bolaño en français, cette fois-ci avec un volume entièrement occupé par Les détectives sauvages, paru en 1998 et traduit par Robert Amutio en 2006. Pour Florence Olivier, spécialiste de l’œuvre et autrice de Sous le roman la poésie. Le défi de Roberto Bolaño (Hermann, 2016), la première longue narration de l’écrivain chilien disparu en 2003, forme une ironique chanson de geste contemporaine, un roman d’aventures qui retrace une histoire générationnelle si chère et si inoubliable qu’elle ne pouvait être écrite que sous la forme d’un mythe.

Le voyage infini des Détectives sauvages de Roberto Bolaño

Film consacré à Roberto Bolaño © CC/Secretaría de Cultura de la Ciudad de México

Roberto Bolaño, Les détectives sauvages. Œuvres complètes. Volume 5. Trad. de l’espagnol (Chili) par Robert Amutio. L’Olivier, 768 p., 25 €

Écrit par Florence Olivier

Magnanime, Roberto Bolaño saluait naguère l’inépuisable charge explosive que recèlent certains romans brefs de ses aînés latino-américains du Boom, qu’il suffirait de relire pour éprouver la force renouvelée de leur détonation. Sur la survie, la mort ou la métempsychose des auteurs du « canon occidental » du XXe siècle, et de quelques autres, l’écrivain prêtait ailleurs de canularesques prophéties à une poète vagabonde et visionnaire. Et voilà donc James Joyce réincarné dans un enfant chinois en 2124, Giorgio Bassani sortant de sa tombe en 2167, André Breton ressurgissant des miroirs en 2071, Tchekhov se réincarnant en 2003, puis en 2010, puis en 2014 avant de réapparaître une dernière fois en 2081. Rythmique, la liste est longue et on la relira, pris d’un fou rire teinté de jaune, dans Amuleto. Né d’un chapitre des Détectives sauvages, ce bref et souverain roman se trouve dans le tome I des Œuvres complètes de Bolaño en français.

Le 4 novembre dernier, la parution du tome V, soit des Détectives sauvages, illustrait à point nommé et l’inusable force explosive de ce titre majeur et la prédisposition de ce roman à une forme de métempsychose. Car, tout juste la veille, hasard miraculeux ou non, La plus secrète mémoire des hommes de Mohamed Mbougar Sarr, qui doit son titre et son épigraphe aux Détectives sauvages, venait de remporter le prix Goncourt. L’écrivain sénégalais, tout aussi généreux – et aussi drôlement féroce – que Bolaño, ne fait pas mystère de son admiration pour l’œuvre du Chilien. Son roman réussit ce tour de force ou ce coup de génie qu’est l’originalité dans l’appropriation d’une poétique, créant ainsi l’un de ces lignages idéaux, translinguistiques, transcontinentaux, dans lesquels Bolaño aurait rêvé, n’en doutons pas une seconde, de se voir inscrit. L’histoire, bien réelle, est indéniablement bolañesque. Applaudissons-la car, justicière à sa façon, elle dément superbement la péroraison du père Urrutia Lacroix dans Nocturne du Chili. Rappelez-vous : « C’est ainsi que se fait la littérature au Chili, c’est ainsi que se fait la grande littérature d’Occident », clame l’ecclésiastique, poète et critique, justifiant la veule complaisance des écrivains envers le pouvoir de la junte militaire. À quoi son fantomatique accusateur, ce « jeune homme aux cheveux blancs » et alter ego de l’auteur, répond « en articulant un non inaudible ».  « Non », redisent avec force Les détectives sauvages et La plus secrète mémoire des hommes, la littérature se fait hors des sentiers battus, loin de tout pouvoir ; la « grande littérature d’Occident », foutaise ! Un Chilien l’écrit en Espagne, un Sénégalais, en France.

Mais revenons à l’explosion initiale des Détectives sauvages, premier vaste roman de Bolaño, publié en 1998 aux éditions Anagrama à Barcelone. Deux ans plus tôt, avaient paru les plus brefs et non moins remarquables La littérature nazie en Amérique et Étoile distante, « frères siamois » au dire de l’auteur car le second est né d’un chapitre du premier. Avec Les détectives sauvages, qui, cette même année, remporte deux des prix littéraires les plus prestigieux du monde hispanophone, le prix Herralde de novela en Espagne, le prix Rómulo Gallegos au Venezuela, commence la véritable course mondiale de l’œuvre du Chilien, au rythme des traductions du roman dans nombre de langues. L’effet de cette enthousiaste réception devait culminer avec la publication des Détectives sauvages aux États-Unis, où l’auteur se voit mythifié en héritier direct de la Beat Generation.

Pourquoi pas ? Mais aussi, pourquoi donc, ou pourquoi seulement ? C’est le propre des œuvres magistrales que d’éveiller les tentations d’appropriations hâtives. Bolaño, pour sa part, déclarait lors de la réception du prix Rómulo Gallegos qu’en quelque sorte tout ce qu’il avait écrit jusque-là était une lettre d’amour ou d’adieu à sa propre génération. Et voici l’une des lectures possibles du roman, qui, n’oubliant pas la fidélité promise à la mémoire des jeunes tombés lors des « guerres fleuries » latino-américaines des années 1960 et 1970, chante la vie plus que la mort et, plus que les ossements des défunts, les combats dérisoires et magnifiques des vivants. Possédé par le jeune poète infra-réaliste qu’il était dans le Mexique du début des années 1970, le romancier Bolaño y exorcise la mort de l’utopie politique et le péril de la naïveté lyrique par la transmutation en roman de l’utopie poétique. De fait, on peut lire Les détectives sauvages comme l’autofiction collective d’un groupe de poètes avant-gardistes et, si l’on y tient, comme une « Légende de Duluoz » à la Kerouac, où Duluoz aurait renoncé à prendre la parole, la laissant à ses compagnons d’aventures. La différence n’est pas mince.

Car, pour dire l’histoire sur vingt années, de 1975 à 1996, des réal-viscéralistes – version fictive des infra-réalistes –, les deux parties du journal intime d’un poète prodige font le grand écart, embrassant les témoignages qui se pressent et tourbillonnent dans la longue partie centrale du roman. Heureux ou fanfaron, Bolaño, encore lui, comparait aux courants du Mississippi l’abondance de voix des Détectives sauvages, assurant que son roman comportait autant de lectures que de voix, qu’il pouvait se lire « comme une agonie » ou « comme un jeu ». Il suffit d’entrer dans le roman, ou dans le jeu, pour se laisser porter par ses courants fantasques ou pour apprendre ses règles tacites afin de (s’y) perdre avec bonheur.

Le voyage infini des Détectives sauvages de Roberto Bolaño

Entrons-y donc innocemment par le début. Juan García Madero, puceau et poète en herbe, sèche ses cours de droit pour assister à un atelier littéraire bientôt troublé par l’irruption d’Arturo Belano et Ulises Lima. Fondateurs du réal-viscéralisme, les deux trublions adoubent sans façon le nouveau venu. L’élasticité elliptique du journal intime rythme le récit de la vertigineuse et drôlissime initiation sexuelle et littéraire du novice réal-viscéraliste : l’ingénu libertin, nouveau Casanova malgré lui, tient à jour les comptes de ses orgasmes et de ses poèmes, choisit avec une infaillible ponctualité l’aventure et les risques du métier. Péripatéticiens, les membres du groupe s’adonnent à la flânerie nocturne ; les rues, les chambres de bonne, les cantinas et les cafés leur tiennent lieu de salon. Ils y improvisent d’espiègles ou d’érudites lectures de poèmes, de bouffonnes versions de la tradition poétique, des prescriptions bibliographiques, y écrivent parfois. Leurs bibliothèques portatives et collectives sont faites de livres volés à la « Librairie Française » ou négociés chez les bouquinistes du centre-ville. Discourir et courir les chemins, faire de la déambulation l’envers ou l’endroit de la parole, voilà bien cette vie poétique à l’intempérie que prescrit ailleurs l’essayiste Bolaño aux poètes trop choyés par l’État. Fièrement marginaux, les réal-viscéralistes inventent un nouvel ordre amoureux, financent leurs revues par la vente de marijuana, prétendent révolutionner la poésie afin d’échapper au double et infâme écueil de la poésie engagée à la Neruda ou de la poésie immaculée à la Octavio Paz.

Roman de Bolaño oblige, leur paradoxale quête d’une origine poétique avant-gardiste joue d’une borgésienne uchronie littéraire et se transmue en récit d’enquête et d’aventure. Car si les réal-viscéralistes s’inspirent des dadaïstes et des surréalistes européens ou des stridentistes mexicains, s’ils traduisent leurs contemporains français du Manifeste électrique aux paupières de jupe, leur modèle se doit d’être plus radical. Rien de moins que le réalisme viscéral des années 1920, branche fictive du stridentisme fondée par la non moins fictive Cesárea Tinajero. Bientôt, Belano, Lima et García Madero partent à la recherche de la poète disparue dans les déserts du Sonora, relevant le défi que lançait Breton dans « Lâchez tout ». Le Nord du Mexique devient terre d’aventure ou vortex, à la façon du Sud borgésien ou du blanc territoire austral de Poe. Dans cet espace déserté par la culture pourrait bien se trouver la poésie en acte ou le « nouveau », que « Le voyage » de Baudelaire entrevoit au fond de l’abîme, au bout du chemin, ou de la vie. L’aventure quichottesque des jeunes poètes vaut pour sa gratuité même. Elle allie les motifs du risque et du danger à l’installation d’une virtualité avant-gardiste dans l’histoire littéraire, mais surtout elle narre – et ne discourt pas sur­ – l’équivalence entre art et vie, poésie et voyage, poésie et révolution. Or, par un habile suspense, elle n’est racontée par García Madero, sur le mode du roman noir, de la road novel et de l’enquête littéraire, que dans la troisième partie du roman.

Entre les deux pans du journal intime du jeune homme, est décantée l’histoire du groupe réal-viscéraliste, tôt disparu après la dispersion de ses membres fondateurs. Les voix, joviales et désolées, stoïques, sublimes ou ridicules, d’une prodigieuse variété de personnages rapportent de biais ce qu’il advint d’Arturo Belano et d’Ulises Lima entre 1976 et 1996. À toi, lectrice, lecteur, de te perdre à la suite des détectives sauvages entre l’Europe, Israël et l’Afrique ; à toi de t’orienter dans ce dédale de témoignages, pique-toi au jeu et apprends. Par exemple, de ces envois lyriques, qui ponctuent tel ou tel monologue d’un vieux stridentiste devenu écrivain public : « Ce qui revient à dire, jeunes gens, je leur ai dit, que je voyais les efforts et les rêves, tous confondus dans le même échec, et que cet échec s’appelait joie. » Par exemple, de ces hauts faits satiriques qui prennent au piège de leur propre parole des éditeurs en faillite, critiques renommés, professeurs latino-américains, poètes de divers alois, romanciers à succès, révélant leur lâcheté, leur manque de foi dans le métier littéraire, leur vénalité ou leur générosité résignée. Mais apprends aussi de la lecture que font Ulises Lima et Arturo Belano d’un poème visuel de Cesárea Tinajero. Il suffit d’en compléter les traits pour qu’il s’anime. Tu tiens peut-être là ton fil d’Ariane. Car, au-delà d’une maquette à monter ou d’une marelle à la Cortázar, qui invitent à une active lecture, le puzzle des Détectives sauvages invite, plus encore qu’à le compléter, à poursuivre sa lettre. Porté par le désir de l’écriture, il l’insuffle.

Le roman s’achève sur cette dernière devinette, suivie du contour en pointillé d’un rectangle blanc : « Qu’est-ce qu’il y a derrière la fenêtre ? »

Qu’attends-tu ?

[Source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

Xesús Fraga, premio Nacional de Narrativa 2021, describe en Virtudes (e misterios) a historia real dunha muller de orixe campesiña que renunciou á súa propia vida para permitir que as súas fillas e os seus netos construísen as súas

Escrito por Juan Oliver

A vida é o que construímos cos nosos recordos. E se algún día alguén se interesa polas nosas vidas, serán eses recordos os que a relaten. Convertan vostedes as pantasmas en fantasía, e non deixen nunca que o espello lles devolva unha imaxe baleira do que son.

A vida é o que narra Xesús Fraga (Londres, 1971) en Virtudes (e misterios), a novela que lle valeu o premio Nacional de Narrativa 2021. Editada en español por Xordica, a versión orixinal en galego publicada por Galaxia obtivo o Premio Blanco Amor no 2019.

Virtudes é a vida de Virtudes Sánchez, unha emigrante galega de orixe campesiña que se ve obrigada a deixar o seu país a mediados do século pasado porque o seu marido a abandona. Empuxada pola necesidade de sacar adiante ás súas tres fillas, Virtudes falsifica o permiso conxugal que toda esposa debía portar nas viaxes longas por aquela España franquista que convertía ás mulleres en seres inferiores dependentes dos homes, e marcha a Londres.

Cando chega non sabe nin unha palabra do idioma nin da forma de vida que empeza a desenvolverse na cidade, que acabaría convertida na capital pop do mundo. Virtudes permanece alí case tres décadas, construíndo un universo propio desde o seu pequeno cuartiño alugado, traballando como empregada doméstica, aforrando o seu soldo e enviando alimentos e bens ás súas fillas, renunciando á súa vida para que elas e os seus netos poidan acabar construíndo as súas.

Xersús Fraga, frente ao Támesis, en Londres

A vida de Virtudes son os recordos que dela ten o seu neto. E o seu neto é o propio Xesús Fraga, quen naceu e viviu os seus primeiros anos en Londres porque os seus pais tamén tiveron que emigrar. Pero non se enganen, que esta non é só unha novela autobiográfica. É máis ben un libro de memorias e de viaxes, de deliciosas aventuras da alma, que reflexiona sobre o amor e a soidade, sobre a amizade e a redención, sobre o abandono e a solidariedade, para concluír que a nosa existencia nin ten sentido nin pode explicarse fronte ao espello sen recorrer á pegada que deixamos en quen nos rodea.

«De neno chegaba os luns ao colexio, en Betanzos, e todo o mundo dicía ‘esta fin de semana estiven na aldea’», lembra o autor. «E eu preguntábame que era iso da aldea, un concepto novo para min. Respondíanme que a aldea era o sitio onde viven os avós, así que se a miña avoa vivía en Londres, a miña aldea era Londres».

O autor fala na terraza cuberta dun pequeno café de Betanzos, a súa outra aldea, a trinta quilómetros da Coruña, onde vive coa súa muller, a súa filla e o seu fillo, bisnetos de Virtudes e tamén, en certo sentido, protagonistas do libro. Aínda que para entendelo haxa que chegar, literalmente, ata a última frase da novela.

Fraga é un conversador exquisito, cultivado e atento, unha delicia para o interlocutor. Conta que tardou dez anos en armar negro sobre branco a historia desa coraxuda e humilde muller anónima que se fixo dona da súa vida nun ambiente hostil e descoñecido; a da súa filla, que puido acceder en Londres á cultura e ás oportunidades de formación que España lle negaba para acabar sendo profesora de inglés; e a súa propia, como narrador máis prudente que omnisciente, quen describe a cidade e os seus recunchos. Por eles deambulan os personaxes da novela, que Fraga ve con ollos de adolescente inquedo pola fortuna da súa dobre condición: Xesús en Galicia e Tony (a Fraga bautizárono como Jesús Antonio) en Londres, do mesmo xeito que a súa avoa era Virtudes na aldea e Betty en Inglaterra.

«A idea era escribir esta historia coma se fose unha novela, a pesar de que non estaba a me inventar nada. Aí é onde intervén o xornalista», explica. Fraga é sobre todo escritor, pero tamén tradutor – KerouacNabokovBarnesDahl– e xornalista, profesión que desenvolve desde 1996 en La Voz de Galicia. Na redacción do xornal, e tamén fóra dela, hai quen pensa que é a súa pluma máis relevante no últimos corenta dos case 140 anos de historia do diario.

Aludindo ao oficio de informar, Fraga asegura que se fixo moitas preguntas pero que non esperaba que as respostas o levasen a outra cousa que a facerse máis preguntas, como lle sucede a todo (bo) xornalista. Non quixo nin inventar, nin cambiar, nin transformar datos, feitos nin declaracións que puidesen embelecer o relato literario ou facelo máis fluído. «Tiña que contar esa historia verídica coma se fose unha novela, cos seus puntos de xiro, o seu suspense, as súas expectativas… A novela é un xénero marabilloso porque che dá total liberdade para iso», sinala.

Aínda que non o pretenda, o seu libro é unha obra feminina e feminista. Os feitos que relata responden o significado dese concepto tan sobado do empoderamento da muller. A batalla diaria e anónima, inquebrantable e demasiadas veces solitaria e esquecida. a concatenación de loitas cotiás que parecen minúsculas e que acaban sendo inmensas e universais.

«A miña avoa e a miña nai tiñan esa mirada, esa determinación, ese carácter e esa forza de vontade que se cadra os homes emigrantes que eu coñecín non tiñan», expón. «Non digo que non houbese homes que non o tivesen, pero na miña familia foron elas as que tiveron esa visión, ese plan, e as que trataron de executalo por todos os medios. E acabaron lográndoo».

Virtudes tamén é unha novela de emigrantes, pero non está contada desde a morriña, senón desde a esperanza. A súa lectura ofrece moitos máis descubrimentos que queixumes ou perdas. Por parafrasear a Fraga, máis fantasía que pantasmas. Máis virtudes que misterios.

Xesús Fraga

Aínda que habelos, hainos, claro. Como o do mesmo Londres da segunda metade do século XX, capital desa nación que construíu e derruíu en poucas décadas un sistema de benestar exemplar que atraeu e expulsou poboación ao ritmo que marcaba o thatcherismo. Ou como a pantasma de Marcelino Fraga, o zapateiro avó do autor e marido de Virtudes, quen sobrevoa toda a novela tras converterse en detonante da historia cando decide emigrar a Venezuela coa inxenua esperanza de converterse nun home rico, aparcando á súa familia para abandonala poucos anos despois.

Poida que a súa historia teña outra novela. Só Fraga o sabe. Pero o misterio desta desvélao Virtudes con outro xesto de empoderamento que resolve a narración da maneira máis esperanzadora e fermosa. A máis feminina, feminista e virtuosa. En serio. Por moito que digan, non pasa tantas veces que a realidade supere á ficción.

[Fonte: http://www.luzes.gal]

Les prix et distinctions littéraires sont-ils compatibles avec toutes les convictions politiques ? En 1971, les membres de l’Académie suédoise, institution qui décerne le Prix Nobel de littérature, se posaient déjà la question. À l’idée de remettre la récompense au Chilien Pablo Neruda, un des membres évoquait, comme un obstacle, « la tendance communiste de plus en plus prégnante dans sa poésie ».

ActuaLitté

Publié par Antoine Oury

L’entrée de Mario Vargas Llosa sous la Coupole, après son élection à l’Académie française, avait soulevé des interrogations : un soutien déclaré de candidats réactionnaires et d’extrême droite — doublé de soupçons d’évasion fiscale — pouvait-il « défendre la langue française » ?

L’habituelle question — faut-il séparer l’homme de l’œuvre ? – revient lorsque l’on évoque Roman Polanski ou Louis-Ferdinand Céline. Des membres de l’Académie suédoise se la posaient déjà au début des années 1970. Chargés de décerner le Prix Nobel de Littérature, qui consacre l’Œuvre d’un auteur, ils hésitaient en 1971 entre plusieurs personnalités : WH Auden, James Baldwin, Philip Larkin, Jorge Luis Borges, André Malraux — et une seule femme, Marie Under.

Pablo Neruda sera finalement le lauréat de cette année 1971, mais sa nomination fut précédée d’intenses débats, comme le révèlent des archives récemment rendues publiques en Suède. Kaj Schueler, journaliste, a eu accès à des documents qui retracent les discussions de cette année-là, au sein du comité derrière le Nobel de Littérature.

Les engagements et opinions politiques de Neruda y sont longuement évoqués, notamment par l’écrivain suédois Anders Österling (1884-1981), entré à l’Académie suédoise en 1919.

Les “hymnes à Staline” de Neruda

Österling salue ainsi le « pouvoir naturel de la poésie [de Neruda] ainsi que sa dynamique vitalité », mais s’inquiète de savoir si « la tendance communiste de plus en plus prégnante dans sa poésie est compatible avec l’esprit du Prix Nobel ».

Selon le testament du chimiste Alfred Nobel (1833-1896), à l’origine des récompenses qui portent son nom, les Prix Nobel sont décernés à des personnalités qui ont « fait la preuve d’un puissant idéal ». L’idéal communiste n’était visiblement pas du goût d’Österling, qui s’était aussi, par le passé, opposé au nihilisme de Samuel Beckett.

Dès 1963, plusieurs années avant le débat autour de l’élection de 1971, Österling avait manifesté des réserves vis-à-vis du candidat Neruda, notamment en raison de textes dédiés à Staline. « La pensée d’un écrivain — qu’il soit marxiste, syndicaliste, anarchiste ou autre — relève de sa liberté. Toutefois, Neruda est totalement engagé politiquement, que ce soit par ses hymnes à Staline ou ces autres travaux de propagande. Considérant ceci, j’ai des réserves sur sa candidature, sans toutefois la rejeter par avance », soulignait-il.

Chant à Stalingrad (1942) ou Nouveau chant d’amour à Stalingrad (1943) constituent des exemples de textes tournés vers Staline, qui jouit alors d’un prestige international en raison de la contribution de l’URSS à la défaite de l’Allemagne nazie, suite à la rupture du pacte germano-soviétique en 1941.

Soutien de Salvador Allende, président du Chili à partir de 1970 et jusqu’au coup d’État fasciste d’Augusto Pinochet, en 1973, Neruda avait trouvé la mort peu après cet événement, dans des circonstances encore floues. En 2017, il avait été révélé que son certificat de décès, qui mentionnait un cancer, était un faux, relançant les hypothèses autour d’un assassinat de l’auteur en raison de son soutien à Allende.

En 1971, Österling fut finalement convaincu par ses collègues, puisque Neruda devient cette année-là le second auteur chilien récompensé, après l’autrice Gabriela Mistral, en 1945.

 

[Photos : à gauche, Pablo Neruda en 1963 ; à droite, Anders Österling au début du XXe siècle – source : actualitte.com]

O polémico escritor publica en Francia a súa nova novela, «Anéantir», unha ficción política que lembra a «Submisión» con tinguiduras de thriller, melodrama e erotismo

Michel Houellebecq (á dereita) e Gérard Depardieu, na película «Thalasso» (2019) que dirixiu Guillaume Nicloux.

Escrito por BEATRIZ XUÍZ

A nova e esperada novela de Michel Houellebecq, o escritor máis lido e polémico de Francia e un dos máis seguidos en Europa, acaba de saír á venda no seu país. É unha ficción política titulada Anéantir (en español, destruír, aniquilar) que a editorial Anagrama publicará, en español e catalán, a finais de agosto en España.

A revista Lle Nouvel Observateur dixo hai tempo que Houellebecq era «a primeira estrela literaria desde [Jean-Paul] Sartre». E ségueo sendo. Cada novela súa convértese instantaneamente nun fenómeno literario. Os seus detractores afían os coitelos antes incluso de que chegue ás librerías. As feministas acúsanlle de misógino e a esquerda, de islamófobo e de racista. Os seus libros adoitan provocar apaixonados debates políticos.

Anéantir é, do mesmo xeito que Submisión (2015), unha novela de ficción política. Pero hai moito máis. Houellebecq mestura o thriller xeopolítico, o melodrama familiar e a novela erótica. Numerosos temas abórdanse baixo o seu novo título: as bambalinas do poder, o terrorismo, os grupúsculos radicais, a espionaxe, a enfermidade, a morte, o amor, a soidade, a eutanasia, o esoterismo, o islamismo, o nihilismo, o aparcadoiro dos anciáns en residencias, o malestar sexual do home contemporáneo e a crise do catolicismo e a sociedade occidental.

A pesar de que o libro ten 734 páxinas na súa edición francesa, non se fai pesado. Houellebecq, co seu pesimismo sen remedio e o seu humor sombrío, segue sendo Houellebecq e está en forma.

A novela trasládanos á campaña presidencial francesa do 2027. Emmanuel Macron, ao que non nomea pero pola descrición que fai do presidente está claro que é el, non se presenta á reelección, xa que a Constitución lle impide optar a un terceiro mandato. Pero ten un plan: pór a un presidente-monicreque, un coñecido presentador de televisión con ambicións políticas, mentres prepara o seu regreso no 2032 para outros dous mandatos.

O protagonista non é Macron, senón Paul Raison, de 47 anos, alto funcionario do Ministerio de Economía e Finanzas e brazo dereito de Bruno Juge, «o mellor ministro de Economía desde [Jean-Baptiste] Colbert», o ministro do rei de Francia Luis XIV. Bruno lembrará aos lectores franceses a outro Bruno: Bruno Lle Maire, actual ministro francés de Economía e amigo na vida real de Houellebecq.

Non parece que Anéantir vaia a crear as polémicas que suscitaron outras novelas súas. Pero o feito de que se publique na véspera das eleccións presidenciais en Francia (en abril) seguramente dará moito que falar. Nese 2027 imaxinado por Houellebecq, a esquerda apenas sobrevive, o ultra Éric Zemmour segue tendo admiradores e detractores e a extrema dereita pos Marine Le Pen segue sendo moi forte pero non logra alcanzar o Elíseo.

Musulmáns ao poder

En Submisión imaxinaba que no 2022 un partido musulmán gañaba as eleccións en Francia e impuña a sharía aos franceses, o que derivou en acusacións de islamofobia e de dar ás á extrema dereita. A novela saíu á venda en Francia xusto o mesmo día do atentado islamita contra a redacción da revista satírica Charlie Hebdo no que morreron 12 persoas. Houellebecq suspendeu a promoción. En Anéantir alude a ese ataque.

O autor, de 65 anos, deuse a coñecer grazas ao boca a boca en 1994 con Ampliación do campo de batalla, a súa estrea literaria. E converteuse nunha revelación coas partículas elementais (1998), un ataque frontal contra os protagonistas do 68 francés. Foi acusado de fomentar o turismo sexual cando publicou no 2001 Plataforma. Xulgado no 2002 por inxuria racial e incitación ao odio relixioso tras declarar na revista Lire que o Islam é «a relixión máis idiota do mundo» e moi perigosa, resultou absolto.

Gañou o prestixioso premio Goncourt no 2010 coa carta e o territorio, novela moi encomiada pola crítica, xeralmente moi dividida sobre a súa obra. No 2019 lanzou Serotonina, unha novela sobre antidepresivos, sexo e a decadencia da Europa actual. Nos seus 30 anos de carreira, Houellebecq casou tres veces, sacou un álbum experimental e actuou en tres películas, unha delas xunto a Gérard Depardieu, Thalasso (2019).

 

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Con poco más de una década de carrera y treinta años de vida, la rochense Florencia Núñez reúne en su tercera publicación tres elementos fundamentales: la música, el cine y el paisaje donde le tocó nacer.

Escrito por Carlos Dopico

Porque todas las quiero cantar (Bizarro, 2020) es el título del largometraje documental que produjo, guionó y dirigió, además de presentar con aplausos tanto en Rocha como en la Cinemateca, y para el que compuso y reversionó piezas icónicas del cancionero de aquel lugar: homenaje a la canción rochense. El trabajo de Florencia, fresco y luminoso, que se encuentra su lugar dentro de la canción urbana, recibió seis nominaciones a los premios Graffiti y obtuvo anticipadamente la distinción de Mejor álbum de música popular y Canción urbana.

Junto a ella, dos músicos fundamentales acompañan este trayecto: su coterráneo Nicolás Molina, con quien compuso seis pequeñas piezas musicales y produjo la sencillísima y precisa ‘Canción del camaronero’, de Humberto Ochoa y Nelson Pindingo Pereyra; y Guillermo Berta, baterista y productor de las otras cinco versiones que conforman la columna vertebral del largometraje y el alma de su tercer álbum discográfico: ‘En tu imagen’ de Lucio Muñiz, ‘Contigo y en el palmar’ de Gabriel Núñez Rótulo, ‘Poema a las tres’ de Enrique Silva y Julio Víctor González, ‘Mar atlántica’ de Enrique Cabrera y ‘Un lugar de medios locos’ de Julio Víctor González.

La película es una roadmovie que recorre la ciudad, la ruta entre palmares y los médanos de Rocha, mientras Núñez conversa con autores, intérpretes o actores de la escena rochense que fueron testigos o protagonistas de la construcción del cancionero popular. Es un trabajo audiovisual que aglutina melodías y paisajes, poesía y cultura y expone la efervescencia cansina del lugar y su gente.

 

[Fuente: http://www.revistadossier.com.uy]

L’actrice britannique Helen Mirren tient le premier rôle d’un biopic, en cours de production, consacré à l’ancienne Première ministre d’Israël. Un casting critiqué par une autre comédienne et qui a fait resurgir la notion controversée de “jewface”.

[Photo : REUTERS / JOHANNA GERON – lisez l’intégralité de cet article sur http://www.courrierinternational.com]

De pizcar chile y jitomate en el campo, y soñar con irse de trabajador indocumentado a los Estados Unidos, Ramiro González Cruz, joven indígena zapoteco de 24 años, ha pasado a terminar la licenciatura, estudiar en la Universidad de Harvard y dedicarse a conseguir becas para promover que más niños y adolescentes de su pueblo continúen en la escuela.

Ganador del Premio Estatal de la Juventud 2021 de Oaxaca, Ramiro también colabora como intérprete en la Defensoría Pública del Estado, donde auxilia a personas indígenas en situación de reclusión que no hablan español a enfrentar las audiencias legales que requieren para alcanzar la libertad.

Sin embargo, la labor que más le apasiona es la promoción de la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que conoció cuando estudiaba en la preparatoria. Aunque todos le parecen importantes, son dos a los que ha dedicado su trabajo y labor altruista: el número 1, que establece el fin de la pobreza; y el 4, que aboga por una educación de calidad.

Es impulsando estos objetivos, dándolos a conocer y aplicando sus propósitos en su asociación Expandiendo Mentes, que Ramiro ha logrado conseguir y gestionar becas para ocho estudiantes de bachillerato con un promedio de calificaciones mayor de 9.

“Conocí los objetivos y la Agenda 2030 en 2019, cuando recién entré a la universidad, en el Ateneo Nacional de la Juventud, donde hay un área dedicada a todo ello. Posteriormente, me involucré con otras organizaciones también dedicadas a las metas de desarrollo sostenible, pero yo me enfoqué más en el 1 y el 4”, contó.

“Lo que hago es promover que más jóvenes tengan acceso a una educación media superior y a la educación superior, gestionar becas y programas para ellos, dar cursos, capacitaciones y orientación vocacional, además de cursos de marketing digital, comercio electrónico, y redes sociales”.

También ha llevado a su comunidad un proyecto para enseñar a las y los artesanos estrategias de marketing en redes sociales, con el objetivo de que aprendan a promocionar sus productos, mejoren sus ingresos y puedan salir de la pobreza.

El chile es uno de los principales productos consumidos diariamente en México. La comunidad Nahua de Tlaola, produce tradicionalmente el chile serrano entre los meses de abril y junio, los chiles rojos se dejan madurar en la planta y se secan bajo el sol.

El chile es uno de los principales productos consumidos diariamente en México. La comunidad Nahua de Tlaola, produce tradicionalmente el chile serrano entre los meses de abril y junio, los chiles rojos se dejan madurar en la planta y se secan bajo el sol. Foto: Dalí Nolasco Cruz

El primero en terminar la escuela

Originario de San Isidro El Costoche, en el estado de Oaxaca, uno de los más pobres al sureste de México, Ramiro no solo es el primero de su familia en terminar la escuela; también lo es en su comunidad, de menos de mil habitantes.

En su pueblo, normalmente los jóvenes como él solo tienen dos opciones posibles: casarse y convertirse en campesinos; o migrar hacia los Estados Unidos y pasarse la vida enviando remesas a sus familias y soñando con volver.

Al concluir el bachillerato, Ramiro decidió dejar de estudiar para compartir ese destino; así que viajó desde su casa 1731 kilómetros para llegar al estado de Sinaloa y trabajar en la dura labor de la pizca, es decir en la cosecha de tomate, tomate verde y chile.

La labor era difícil: tenía que trabajar 12 horas al día llevando de un lado a otro hasta cuatro cubetas llenas hasta el tope de verdura, con un peso de entre 7 y 12 kilos cada una, por un salario que como máximo solo podía llegar a los 24 dólares o 500 pesos mexicanos diarios.

Por más de medio año envió una parte del dinero que ganaba a su mamá, y ahorró la otra con el objetivo de juntar lo suficiente para irse a Estados Unidos y continuar trabajando como jornalero allá. Sin embargo, lo mucho que extrañaba la escuela, la inspiración que obtuvo de una de sus maestras de la preparatoria y lo pesado del trabajo en el campo, lo ayudaron a decidirse.

“Estuve trabajando en los campos de tomate, tomatillo y chile en Sinaloa (un estado al noroeste del país). La veía muy difícil, muy pesada… tenías que darle con todo para poder ganar un poco más de dinero. Mi meta era irme a trabajar a Estados Unidos como muchos de mis paisanos”, contó en una entrevista con Noticias ONU.

La decisión de estudiar

Ramiro González Cruz es un joven indígena zapoteco y el primero en su comunidad en terminar una licenciatura. Recientemente, obtuvo una beca de la Universidad de Harvard para realizar un curso. Foto: Ramiro González Cruz

“Sudaba toda la ropa que cargaba. A los 6 o 7 meses de estar ahí, me caí en el surco cargando cuatro botes de tomate (cada uno con un peso de 7 a 12 kilos), y fue cuando reflexioné que tenía la posibilidad de estudiar una carrera profesional, así que decidí regresar a estudiar, y presentar el examen a la universidad”.

Una vez tomada la decisión, el camino fue todo menos sencillo. La familia de Ramiro está conformada por seis integrantes: además de él, sus padres Simplicio González y Cecilia Cruz, y sus tres hermanos: Alicia (quien no terminó la escuela), Pedro (que estudia la secundaria) y María Natividad, una niña de cuatro años.

Su papá, campesino de oficio, genera alrededor de 4000 pesos mensuales (190 dólares estadounidenses), que deben alcanzar para mantener a toda la familia.

En un contexto como este, ir a la escuela más allá de la secundaria es un privilegio del cual no han podido gozar todos los integrantes de su familia: Simplicio no tiene ni una hora de clases, Cecilia estudió hasta la primaria y Alicia tuvo que dejar la escuela después de quedar embarazada.

Sin embargo, la voluntad de Ramiro venció a sus circunstancias y el joven logró terminar primero la preparatoria, luego una carrera técnica y finalmente la licenciatura, de la cual se tituló como licenciado en Innovación de Negocios y Marketing.

Un sueño, ser empresario de éxito

“Mi mayor reto es llegar a ser un empresario exitoso e inspirar a otros jóvenes para que tengan acceso a la educación. Quiero seguir contribuyendo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, estudiar una maestría, seguir formándome y apoyar a la sociedad”, dijo.

Para conseguir los 2500 pesos mensuales (120 dólares) que costaba la colegiatura, y sufragar los gastos de su manutención en la ciudad de Oaxaca (a cinco horas de su pueblo), el joven trabajó en invernaderos de tomate, limpió establos, vendió quesos, pizzas, pan de dulce y hasta productos de belleza por catálogo.

A través de su proyecto Expandiendo Mentes, Ramiro busca gestionar recursos ante empresas privadas e instituciones y dependencias públicas para dar becas de 25% a 100% a jóvenes que destaquen en sus estudios pero vengan de una comunidad marginada o una familia con escasos recursos, y puedan de esta manera continuar en la escuela.

Hasta el momento ha logrado gestionar ocho becas de preparatoria y licenciatura.

Una calle de Oaxaca, en México.

Una calle de Oaxaca, en México. Foto: Banco Mundial/Curt Carnemark

La pobreza obstáculo para la educación

Al hablar de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, Ramiro considera que la pobreza es el mayor obstáculo que enfrenta su comunidad para alcanzar la meta 4: Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todas las personas.

La razón económica, considera Ramiro, es la mayor desventaja y desafío que enfrentan los jóvenes de su pueblo.

“Lamentablemente es muy triste. Soy el único y el primer profesionista en mi comunidad, no tenemos a nadie más. Es muy triste ver a jóvenes que lo tienen todo y no les interesa estudiar; por otra parte, vemos que hay jóvenes que les interesa, pero no pueden hacerlo por problemas sociales, familiares o económicos”, contó.

La única opción de Ramiro para seguir estudiando era trabajar y conseguir becas que apoyaran su desempeño, así fue como aprendió a hablar español, francés e inglés, además de su lengua originaria, el zapoteco, que hablan todos los habitantes de San Isidro El Costoche.

Ya en la licenciatura, aplicó para el Programa Encrucijada para Líderes Emergentes (Crossroads Emerging Leaders Program, en inglés) de la Universidad de Harvard. No fue fácil, pero obtuvo la beca y logró estudiar en línea en la tercera mejor universidad del mundo, según consultoras como el Ranking Mundial de Universidades QS (QS World University Rankings).

“Los requisitos que me pidieron fue tener menos de 26 años, ser de una comunidad rural, indígena o marginada, ser el primero de mi familia en estudiar en la universidad y tener actividades en mi estado. Fui aceptado dentro del programa y estuve tomando el curso de Emprendimiento en Economías Emergentes. Compartir aula con jóvenes de todo el mundo, de América Latina, Norteamérica, Europa, Asia y África, es una gran diversidad”, explicó.

El camino ha sido largo, pero no ha terminado. Con el conocimiento que adquirió tras su paso por Harvard, Ramiro sueña con impulsar la educación en su comunidad, así como mejorar la vida de sus vecinos.

“Quiero recalcar mi proyecto de profesionalización para micros y pequeñas empresas, quiero enfocarme en proyectos rurales, comunitarios e indígenas. En Oaxaca existe una diversidad muy grande pero no hay todavía la posibilidad de explotarla al máximo; quedan a la deriva los artesanos, los maestros mezcaleros; tienen el producto, pero no cuentan con la imagen corporativa; no saben vender sus productos ni manejar las redes sociales”, finalizó.

Este trabajo, asegura, es su manera de contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

“Todos y cada uno debemos conocer y difundir los Objetivos y la Agenda 2030 porque solo tenemos de aquí a 2030 para rescatar a nuestro planeta. Es lo primordial que tenemos que hacer. Es el único camino que tenemos: somos la primera generación que está sufriendo estos cambios y somos la última generación que puede hacer algo para solucionarlo”.

Por: Centro de Información de las Naciones Unias en México

 

 

[Fuente: http://www.un.org]