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La start up israélienne Remilk veut révolutionner la production de lait en utilisant une méthode de fermentation microbiologique qui donne des produits ayant rigoureusement le même goût, la même texture et les mêmes nutriments que les produits d’origine animale, mais qui sont plus propres, plus sains et plus écologiques. En effet, ils ne nécessitent par exemple que 10 pour cent de l’eau utilisée pour les vaches laitières, que 4 pour cent des matières premières normalement employées et que 1 pour cent des terres.

Ce concept a permis à Remilk d’engranger 11,3 millions de dollars d’investissements fournis entre autres par de grands fabricants de produits laitiers comme Tnuva et Hochland. « Les produits à base de protéines qui doivent servir d’alternative aux produits carnés et lactés sont très appréciés tant par les consommateurs que par les producteurs car leur fabrication est nettement plus écologique, plus saine et plus efficace. Nous estimons que la remarquable technologie Remilk recèle un important potentiel économique dans de nombreux secteurs et sommes heureux d’avoir été les premiers à investir dans cette entreprise », a déclaré Zaki Djemal, qui a donné le coup d’envoi au financement avec sa société de capital-risque fresh.fund.

Savourer des produits laitiers en ayant bonne conscience – cela va devenir possible grâce à une start up israélienne.

 

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[Photo : Pixabay – source : http://www.israelentreleslignes.com]

Jitomate, aguacate, calabaza, vainilla, frijol, amaranto, elíxires de agave: no cabe duda de que el legado mesoamericano a la gastronomía global es, por decir lo menos, extraordinario. Pero quizás el mayor de los tesoros alimenticios de origen mexicano sea el maíz. Estamos hablando del monocultivo más vasto del planeta; un mar de mazorcas variopintas que inunda el mercado de los alimentos.

Escrito por Andrés Cota Hiriart

Jitomate, aguacate, calabaza, vainilla, frijol, amaranto, elíxires de agave: no cabe duda de que el legado mesoamericano a la gastronomía global es, por decir lo menos, extraordinario. Pero quizás el mayor de los tesoros alimenticios de origen mexicano sea el maíz, Zea mays, cuya domesticación a partir del teocintle (Euchlaena mexicana Schrod, su ancestro de ocurrencia natural) se remonta a hace nueve mil años. Al menos, ese es el consenso actual, aunque su origen pudiera ser aun más remoto; ya lo dirá el registro fósil. Lo seguro es que el maíz ha probado ser trascendente no solo para las culturas mesoamericanas —que, nutriéndose de sus granos, fundaron imperios emblemáticos: olmecas, mexicas, mayas, zapotecas, mixtecos y demás naciones que adoraban una deidad particular asociada a esta planta: Cintéotl, Yum Kaax, Pitao Cozobi— sino para la humanidad en toda la extensión del término, ya que, con el transcurrir de los siglos, el oro de los pastos estaría destinado a consagrarse como el alimento de mayor relevancia a escala mundial.

Así como es imposible comprender la evolución temprana de nuestra especie sin la innovación tecnológica aplicada a cocinar los alimentos —y la cascada de complejidad nutricional y asimilación energética para el organismo que conlleva este proceso—, lo es también evocar la cuna de la civilización, cualquiera que esta sea, sin traer a cuento la agricultura y los granos primordiales. Si bien somos primates de naturaleza predominantemente omnívora, con un gusto marcado por la carne, la verdad es que el grueso de nuestros apetitos y demandas energéticas no podría satisfacerse sin los componentes de origen vegetal en nuestras dietas. Sin los tubérculos, las nueces, los brotes, las frutas, las legumbres, los azúcares y los aceites pero, sobre todo, sin los cereales, sencillamente no estaríamos donde estamos. No se puede concebir el desarrollo moderno sin los aportes nutrimentales que trajo consigo la revolución agroindustrial.

Si es cierto que somos lo que comemos, entonces, fundamentalmente, somos lo que sembramos. De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), aproximadamente 90% del consumo energético alimenticio a nivel mundial proviene de los cultivos y, de este cuantioso margen, dos terceras partes provienen solo de tres cereales: el maíz, el arroz y el trigo, que constituyen el alimento base para unos 4 mil 500 millones de personas.

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Maíz palomero de la región otomí de San Bartolo Morelos, en Estado de México.

No hay otra forma de decirlo: más que ningún otro factor, las plantas nos han hecho quienes somos. Y entre la amplia diversidad botánica, los pastos o gramíneas son el grupo que ha desempeñado el papel más determinante en nuestra historia, puesto que en gran medida la humanidad entera se sustenta de ellas. La mayor parte de la dieta de los seres humanos contemporáneos se obtiene de las gramíneas, tanto en forma directa (granos de cereales y sus derivados, como harinas y aceites) como indirecta (carne, leche y huevos, que provienen del ganado y las aves de corral que se alimentan de forrajes y granos, significativamente constituidos por maíz). Y es que, al menos en su origen, las grandes civilizaciones de la antigüedad se erigieron sobre los cereales (el maíz, el arroz, el trigo, la avena, la cebada, el centeno, etcétera), que no son más que pastos modificados, domesticados a lo largo de generaciones, por medio de la selección artificial para obtener cada vez más granos de sus espigas.

O, cuando menos, ese es el discurso que solemos favorecer: que nosotros amansamos a los pastos y no al revés. Aunque cabe cuestionarse: ¿quién domesticó realmente a quién?, ¿el animal pensante a las plantas que comenzó a cultivar a mansalva? o ¿fueron ellas las que nos subyugaron a nosotros? Porque los que cambiamos de forma drástica (para bien y para mal) a raíz de la relación de interdependencia que comenzó a fraguarse entre el Homo sapiens y sus cultivos fuimos nosotros o, mejor dicho, nuestros antepasados, quienes pasaron de llevar un estilo de vida nómada, de cazadores-recolectores, con una dieta sumamente variada y compleja, a una vida sedentaria y dependiente por completo de esas contadas especies de plantas de las que nos empezamos a valer. Este compromiso de exclusividad probaría ser de por vida.

Desde esta perspectiva, ¿no podría ser que, como propone Michael Pollan en The Botany of Desire: A Plant’s-Eye View, la agricultura fuera el resultado de una manipulación gestada por los pastos y los cereales para propagarse, de la mano del mono consciente, por el mundo?; ¿qué mejor estrategia para traspasar las limitantes intrínsecas de un organismo sésil y con alcances de dispersión relativamente modestos que manipular al humano incauto y, gracias a sus cuidados y esmero, multiplicarse de manera exponencial y alcanzar todos los resquicios fértiles del planeta? Hasta donde sabemos, las plantas carecen de intenciones concretas, por lo que tendría que haber sido un proceso no premeditado; sin embargo, con agenda o sin ella, los cereales se vieron altamente beneficiados en términos evolutivos a partir de su relación con el ser humano y emigraron de sus sitios de origen particulares para abarcar el mundo entero.

El asunto es que, a cambio de unos cuantos nutrientes esenciales, los humanos estuvimos dispuestos a hacer lo que fuera necesario por nuestros pastos. Sin detenernos a pensar en las consecuencias ecológicas, allanamos estepas, drenamos mantos acuíferos, rociamos los terrenos con herbicidas, insecticidas y abonos, nos esclavizamos con devoción al trabajo de la tierra y deforestamos porciones inmensas del globo terráqueo para convertirlas en campos de cultivo. Y quizás no exista mejor ejemplo de esta saga desenfrenada que lo acontecido con el maíz desde sus albores.

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Para preservar y promover el maíz nativo y el consumo de sus derivados, se celebra el concurso de La Mazorca más Grande del Mundo cada año en Jala, Nayarit, con ejemplares de hasta 50 centímetros de largo.

Actualmente, el maíz constituye el principal producto agrícola a nivel mundial. Desde hace varias décadas, su producción y demanda son mayores que las de cualquier otro cereal (o, en realidad, de cualquier otro alimento). Su producción anual hoy en día rebasa los mil cien millones de toneladas en grano; esta cantidad se cultiva en 1 620 000 km² (digamos que sería equivalente a México, si le sustrajéramos la superficie correspondiente al estado de Chihuahua). Estamos hablando del monocultivo más vasto del planeta; un mar de mazorcas variopintas que inunda el mercado de los alimentos. Los jarabes que provienen del maíz, con alto contenido de fructosa, se enlistan como endulzante de buena parte de la oferta en el extenso catálogo de productos ultraprocesados; múltiples empresas codician sus almidones y aceites; y sus etanoles se han consolidado como biocarburantes en el lucrativo negocio de las energías renovables. Sin ir más lejos, en 2018, el valor de la exportación del maíz alcanzó los 33 mil 900 millones de dólares.

No es de extrañar entonces que los dos mayores productores de maíz a nivel mundial sean las superpotencias, Estados Unidos y China, que amasan cerca de 60% de la producción total, ni que Monsanto, Dupont y otras transnacionales ambicionen controlar fracciones cada vez más grandes del mercado con su biotecnología feroz, sus transgénicos homogéneos y patentados que ponen en riesgo, de paso, a la variedades nativas de maíz que aún se cultivan en diversas regiones de México y Centroamérica, y que representan la seguridad alimentaria de decenas de millones de habitantes que viven debajo del margen de la pobreza.

En cuanto a México, las cosas no marchan nada bien, a pesar de ocupar el séptimo puesto en el índice de mayores productores. La nación que legó este glorioso alimento al mundo también se destaca como el segundo mayor importador de sus granos; la precarización laboral, no obstante, engulle al campo mexicano. Recientemente, el gobierno federal anunció que el maíz transgénico y los agroquímicos como el glifosato se eliminarán de forma paulatina del campo mexicano, hasta su desaparición completa en 2024, con el propósito de contribuir a la seguridad y a la soberanía alimentarias, y como medida especial de protección al maíz nativo, la milpa, la riqueza biocultural, las comunidades campesinas, el patrimonio gastronómico y la salud. Falta ver que se logre.

 

[Fotos: César Rodríguez – fuente: http://www.gatopardo.com]

Em 2020, período em que as buscas por alimentos saudáveis e naturais cresceram, a Associação Brasileira dos Exportadores de Mel viu as exportações subirem 52%.

Escrito por Thais Sousa

O Brasil exportou 45.626 toneladas de mel em 2020, um aumento de 52% frente a 2019. O que pode explicar esse crescimento? “Acredita-se que o aumento na demanda por produtos das abelhas esteja relacionado à pandemia do coronavírus, visto que as pessoas de todo o mundo estão em busca de novos hábitos alimentares saudáveis, evidenciando o aumento neste período na procura pelo mel orgânico brasileiro e pela própolis do Brasil”, disse Suelen de Palma Tomazella, gerente administrativa da Associação Brasileira dos Exportadores de Mel (Abemel).

Para a gerente, um dos fatores que incentivaram essa subida nos embarques é o impacto da pandemia no mercado chinês, principalmente no primeiro momento. A China é o principal exportador de mel no mundo e, com a pandemia, o as exportações do país ficaram travadas durante um bom tempo, e a demanda deles foi direcionada a outros produtores, como o Brasil.

Outra explicação está na fama de alimento saudável, natural e que pode, ainda, reforçar o sistema imunológico. Apesar de não saber se essa demanda vai sustentar-se no cenário pós-covid, a Abemel está otimista. Os brasileiros têm observado o comportamento dos consumidores europeu e norte-americano, habituais consumidores de mel, e vê uma tendência do alimento se sedimentar em mercados mais maduros, e consolidar-se no Brasil.

Doçura saudável

Consumidores têm buscado produtos mais saudáveis para consumo no lar.

Os novos hábitos alimentares alavancados pela pandemia contribuíram especialmente para a entrada do produto nos lares. “O consumidor tem passado a maior parte do tempo dentro de sua casa, possibilitando a escolha de produtos com melhor qualidade para sua família, em detrimento dos produtos oferecidos em food service”, ponderou a gerente.

Os produtos ligados à saudabilidade chamaram especial atenção, como o mel orgânico brasileiro e o extrato de própolis. De acordo com Tomazella, estudos científicos chegaram a demonstrar que o própolis é um produto que estimula o sistema imune, e é um aliado para evitar sintomas mais graves, o que impulsionou a procura.

Em 2020, a associação observou a demanda internacional crescer e puxar os preços internacionais do produto. Em paralelo, houve uma forte valorização do dólar em relação ao real. “Isso potencializou o preço do mel no nosso mercado. Atualmente, mais de 80% do valor do quilo exportado fica com o produtor rural. Logo, observamos uma maior renda chegando ao produtor rural. O aumento das exportações refletiu no aumento da produção, muitos produtores rurais voltaram a incrementar suas produções de mel para atender a demanda. Neste período, houve também um estímulo para a produção de própolis”, destacou ela.

Oportunidade no mercado árabe e halal

As exportações do Brasil ainda são muito concentradas nos Estados Unidos, que soma 75% do mercado, e na Europa. “Infelizmente os países árabes ainda não figuram como grandes consumidores do mel brasileiro. Essa é, sem dúvida, uma oportunidade ao mel brasileiro, visto que o consumo do mel é parte da cultura árabe”, afirmou Tomazella.

A produção nacional volta-se cada vez mais para a demanda internacional.

Em 2020, o Omã, principal destino árabe do mel brasileiro, importou apenas 61 toneladas.  Para a gerente da Abemel, um país que tem tido papel importante em chamar atenção para o mercado árabe são os Emirados Árabes Unidos. A nação tem realizado eventos, feiras e missões comerciais envolvendo o setor. “No ano passado, a pandemia acabou atrapalhando os planos. Entretanto, assim que voltarmos à vida que tínhamos antes – e confiamos que isso irá acontecer em breve – é fato que a presença nesses países tem todo potencial para gerar negócios”, concluiu ela.

Apesar de diversos mercados demandarem produtos com certificado halal, para os exportadores o custo ainda é um entrave. “É importante destacar que embora o Oriente Médio seja um mercado de grande potencial para o mel brasileiro, os custos acerca da certificação halal são ainda muito elevados, o que muitas vezes inviabiliza o empresário na obtenção da certificação frente aos retornos apresentados”, afirmou a gerente da associação.

Consumo nacional

As variáveis do último ano impulsionam a produção nacional de mel cada vez mais para o mercado externo. Apesar disso, no setor o sentimento é de que houve aumento na procura nacional durante o último ano de 2020.

A questão, no entanto, para Tomazella, é o longo prazo. Historicamente o consumo de mel pelo brasileiro é limitado. “O consumo de mel per capita no mundo gira em torno de 220 gramas por habitante por ano. Na Europa chega a ser em torno de 1 a 1,5 kg por pessoa no ano, e nos EUA fica em torno de 600g por habitante no ano. No Brasil, esse valor não passa de 60g consumidos por pessoa no ano. Um consumo extremamente baixo, e isso tem várias razões. O Brasil, como grande produtor de um mel considerado melhor do mundo, ainda precisa voltar seus olhos para o estímulo do consumo interno”, defende a gerente da Abemel.

[Fonte: http://www.anba.com.br]

Juan Manuel Moreno, de la panadería Pan Piña de Algatocín, creó el pan más caro del mundo con la idea de acompañar al café más costoso también.
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Escrito por   

Hace unos cuantos años, el maestro panadero Juan Manuel Moreno repartía su pan en una tienda gourmet de Málaga en la que anunciaban la venta del café más caro del mundo y fue entonces que le surgió la idea de crear, también, el pan más caro del mundo.

El proyecto tomó forma y se presentó en la Feria Sabor a Málaga, donde la cobertura mediática lo volvió famoso.

El pan más caro del mundo

Con oro y plata comestibles, que no aportan sabor, pero sí un toque de exclusividad, el pan más caro del mundo alcanzó una cotización cercana a los 3,700 euros por kilo, un precio que hace las delicias de jeques árabes y millonarios rusos, según relató el panadero en una entrevista para Business Insider.

A pesar del precio y de la crisis económica que ha desatado el coronavirus, el malagueño cerró el 2020 con casi 100 piezas vendidas del pan más caro del mundo.

Lo habitual, explica, es que se lo lleven por hogazas de 400 gramos que cuestan unos 1,480 euros, dependiendo del peso exacto.

En 2019, gracias a una amplia gira por diversas ferias especializadas, las ventas fueron mayores, aunque no por mucho, apenas alrededor de 112 piezas del pan más caro del mundo.

Según lo reportado en la publicación Fuera de Serie, ahora el panadero trabaja en una pieza que podría alcanzar los 10 mil euros, que será completamente personalizada.

Asimismo, prepara un curso que costará unos 70 mil, en el cual enseñará a alumnos de los Emiratos Árabes Unidos cómo se elabora el pan más caro del mundo.

La Panadería Pan Piña

La panadería malagueña en el pueblo de Algatocín creó el pan más caro del mundo como una alegoría a la muerte del pan industrial y no ha dejado de venderse en plena pandemia.

Pero anteriormente, Moreno ya había ganado el título del pan más grande de España, de 3 metros y 25 kilos, que meses después fue superado por él mismo al crear el más grande del mundo, con 12 metros y 287 kilos. Pero esto no es todo.

Su panadería fue reconocida como la mejor panadería de España en innovación en 2017, un año después recibió una estrella en la Ruta Española del Buen Pan 2018. Y por si esto fuera poco, un año después recibía la llamada en la que se le comunicaba que había sido galardonado en la feria de Tampa, en Florida, como el mejor pan del mundo en 2020.

[Fotos: Facebook – fuente: http://www.robbreport.mx]

Por dois métodos distintos, startups tentam imitar o sabor de um hambúrguer sem submeter animais a massacres. Mas reproduzem latifúndios, venenos, patentes, transgênicos e monocultura – tudo o que marca o agronegócio e o capitalismo…

 

Escrito por Soledad Barruti

Um disco redondo, decorado com coisas e selado entre dois pães, o hambúrguer nunca foi uma moda, e muito menos passageira. Decolou como o capitalismo, com a força consumista dos anos 1950, e hoje, ainda que cada vez nos reste menos mundo, não há lugar no mundo onde não se possa comer. Viver sem hambúrgueres? Nada. Com o colapso no horizonte, investimentos milionários e publicidade cruelty free, a carne moída se reinventa entre tubos de ensaio e plantas cozidas com inteligência artificial.

– “Não se preocupe com minha comida, mamãe, já pedi um Rappi”.

O assunto teve início poucos dias depois de ser declarado o confinamento preventivo e obrigatório em razão da Covid-19, enquanto meu filho começava a frequentar seu último ano de ensino médio. Primeiro, foi uma proposta tímida e espaçada. Não saberia dizer quando se instalou como uma norma, mas, em algum momento da quarentena, a cada dois ou três dias tocava a campainha de casa algum garoto de bicicleta carregando a mochila térmica de onde saía uma sacola de papel-madeira manchada de óleo.

Nesses meses eternos de insônia e aulas via Zoom, a comida de rápida entrega foi para Benjamín o que era para muitos: respiro, espaço de fuga, estímulo de dopamina para elevar os centros nevrálgicos do prazer que a pandemia destruiu. Meu filho pediu em um ano mais de 100 hambúrgueres e chegou, assim, à média coletiva nacional (que ainda continua em franco crescimento).

Dois medalhões de carne de 150 gramas, cheddar líquido, quatro fatias de bacon, crispy de cebola, batatas fritas, molho barbecue.

Dois medalhões de carne de 250 gramas, duas fatias de bacon, duas fatias de cheddar, cebola roxa, pepinos agridoces, ketchup e mostarda, batatas fritas.

Medalhão 350 gramas, queijo cheddar, macarrão farfalle, crispy de bacon e batatas.

Quatro medalhões, queijo cheddar, pepinos, alface roxa, pão brioche untado em manteiga.

“Hambúrgueres caseiros”, define ele, convencido, assim como tantos outros, de que existe um salto quântico entre a comida de estabelecimentos como McDonald’s e aqueles onde a carne é amassada por um humano do outro lado da vitrine, os pães têm gosto de pão e o alface não parece ser de plástico.

“Hambúrgueres Gourmet”, “de autor”, “fast good”, celebram chefs famosos que sabem que a proposta de carne moída, massa redonda decorada com coisas e selada entre dois pães nunca foi uma moda (muito menos passageira). Declarados cancerígenos como o plutônio e o cigarro pela OMS em 2015, os hambúrgueres são, desde os anos 1950, ponta de lança de um sistema econômico avassalador, símbolo e sintoma puros. Um modo de ser e de vincular-se, um modo de desejar e de pensar, uma ideologia consumida e encarnada inclusive por quem detesta as ideologias: um poderoso ato político e agrícola.

Os hambúrgueres somos nós: comedores vorazes dessa combinação perfeita de gorduras (carne, queijos, bacon, batatas, temperos) com sal (que aguça as papilas gustativas fazendo exaltar os sabores) e açúcar (que se infiltra através da carne dourada, dos caramelizados, do ketchup, dos pães). Uma combinação que nos torna viciados e nos destrói. Somos comensais que engolem e digerem combos para um, mesmo que sem identidade, que dão a mesma ordem que recebem: imediatismo, homogeneização, nenhum questionamento, nem sequer hoje que estamos a um triz do colapso coletivo.

Uma vaca pesa cerca de 500 quilos. Tirando seu couro, boa parte de sua gordura, seus órgãos e ossos, restam em torno de 150 quilos de carne para o corte. São entre 4 mil e 600 hambúrgueres, dependendo se o produtor é o McDonald’s ou uma dessas novas generosas hamburguerias que servem peças de 250 gramas. São necessárias muitas vacas – bilhões são engordadas por ano – para um capricho global carnista comandado pelos Estados Unidos, onde são comidos 50 bilhões de hambúrgueres por ano. Um novo gosto mundial que, caso deixemos, espera-se que cresça 75% até 2050.

Deixando de lado a vida e a morte violenta desses ruminantes, os danos colaterais desse gosto pontual incluem florestas destruídas e derrubadas, e terrenos úmidos incendiados para que cresça aquilo que as vacas comerão: pastos ou grãos regados com veneno. Muitos gases de efeito estufa: tantos que se as vacas formassem um país seriam o terceiro emissor do mundo. Toneladas de água potável: 15 mil litros por quilo de carne. Solos desertos. Pragas como esta que nos mantêm presos dentro de casa, zoonoses que saem como maldição apocalíptica quando a natureza fica destruída e outros males provocados pelo uso absurdo de antibióticos por essa indústria. Migrações forçadas de comunidades inteiras que não podem viver sem florestas, água ou solos e partem já doentes às periferias da vida urbana. Uma trilha de morte com tantas plantas e animais no currículo que tem um nome que parece o de um lançamento de HollywoodA Sexta Extinção.

Um drama tão grave e próximo que coloca em dúvida a possibilidade de saúde e vida adulta de meu próprio filho. Mas ele, adolescente, não está pensando dessa forma, e muito menos em pandemia. Tampouco pensam assim muitos que deixaram de comer carne. Nem para essa direção se orientam as forças da ciência ou daqueles que têm o poder que poderia transformar tudo.

Um mundo sem hambúrgueres?

Nada disso.

De Bill Gates a Jeff Bezos, do Silicon Valley a Harvard, da ONU à organização animalista PETA, todos parecem estar trabalhando pela mesma missão: o futuro será com eles ou não será.

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Então, aqui estou, uma terça-feira às 9 da manhã, dentro do coração de um laboratório. Visto três roupas brancas de diferentes espessuras, sobrepostas e fechadas para cobrir meu corpo inteiro até formar uma capa hermética. Uso uma máscara N95 que aperta minha cara como uma focinheira, óculos de plástico que ficam embaçados com a máscara, embora a respiração seja tão difícil que a visão é o de menos. Também um par de luvas de látex longas, uma touca que prende o cabelo e uma roupa de mergulho de tecido que fecha por cima. Minha imagem é um cartão postal que parece ter sido fotografado nos primeiros dias de Covid em Wuhan.

Vestir tudo isso significou passar por três salas fechadas a vácuo com diferença de pressão para evitar a circulação de ar. Uma força que volta para as portas pesadas e um pouco também para o corpo. Além disso, aprender movimentos precisos para passar de uma sala a outra, vestir cada macacão em banquinhos de transição e tocar apenas o que for imprescindível. Dar um passo em falso, deixar um fio de cabelo solto, um fragmento de pele sem tampar ou uma partícula que saia do meu corpo poderia ser fatal. Não para mim nem para os dois cientistas que me guiam – a bióloga Laura Correa e o bioquímico Diego Dominici – e sim para a carne em formação que agora tenho à minha frente: pequenos anéis esbranquiçados e gelatinosos boiando em um líquido violeta e fechados em uma caixa Petri (um recipiente de cristal usado em laboratórios para preservar a esterilidade).

O que vejo, dizem, é o futuro próximo. Carne (quase) sem corpos, desmatamentos ou matanças. Células que formam tecidos que podem ser misturados entre si e adicionados com coisas até se tornarem parecidos à carne moída.

“Coma carne, não animais”, dizia um folder na mesa de entrada deste lugar chamado Craveri, um laboratório que visitei para tentar compreender do que se trata essa proposta mais provocativa (ambiciosa? delirante?) da ciência para uma humanidade que caminha rumo ao abismo, mas que não quer alterar o cardápio.

O laboratório fica em uma rua tranquila do bairro de Caballito, na cidade de Buenos Aires, e há 25 anos se dedica à engenharia de tecidos: cultivos in vitro para tratar doenças humanas. Se você precisa de um transplante de epitélio corneano, cartilagem ou pele, é aqui onde podem colher uma amostra e fabricar o pedacinho que falta. E, em pouco tempo, se tudo correr bem, pode ser aqui também o local onde as hamburguerias virão abastecer-se de carne.

Laura Correa é bióloga e dirige a área de bioengenharia do laboratório que agora, focado nesse projeto, é chamado de BIFE. Uma mulher de 43 anos, vegetariana desde os 15, loquaz e simpática. Diego Dominici, seu companheiro de equipe, é dois anos mais novo, também não come carne porque não come nada que não se animaria a obter por seus próprios meios e está convencido de que para sair do atoleiro apocalíptico é preciso ativar a imaginação, aventurar-se. Laura, Diego e uma pequena equipe de oito pessoas compartilham há cinco anos a mesma jornada: este universo intenso da carne cultivada; esta sala de ar imaculado sem janelas nem cheiros, com luzes brancas, uma pequena bancada, microscópios, duas geladeiras e duas máquinas para reproduzir as condições que as células necessitam para formarem um músculo. Ou seja, um lugar ocupado por máquinas que substituem um corpo: o de um novilho vivo do qual foram extraídos as amostras.

– As biópsias são feitas em um campo de gado em Tandil (província de Buenos Aires) –, diz Diego mostrando-me um tubo de ensaio com um cubo de carne escura dentro.

– Como são extraídas?

– Utilizamos um novilhinho para o qual tudo isso é muito pouco traumático. Ele é sedado para que possa ser deitado e em uma incisão bem pequena os veterinários tiram a amostra, suturam-no, e ele continua com sua vida normal.

– Posso vê-lo?

– Claro –, diz ele, abrindo um caderno de notas escritas à mão, uma espécie de diário do projeto, e três fotos do novilho em questão.

É um animal preto, “macho castrado raça cruzamento Aberdeen Angus de um ano”. Ele está de pé e amarrado por uma corda, depois tombado e meio rígido, com quatro campos cirúrgicos marcados sobre o lombo. Daí serão coletadas as amostras: pedaços de animal “do tamanho de um Halls”, diz Diego.

– Esta amostra que coletaram aqui é um pouco maior. Com a metade disso já seria suficiente, diz, voltando ao tubo, e penso nos veterinários aprendendo a escolher um animal saudável que não irá ao matadouro para lhe cortar pedacinhos que acabarão reproduzindo carne.

Antes de virar "carne", as células são preservadas em um espaço isolado, a temperatura e ar controlados

Antes de virar “carne”, as células são preservadas em um espaço isolado, a temperatura e ar controlados

Em cada biópsia, Diego busca extrair as células, posicioná-las em uma estrutura determinada, nutri-las e guiá-las para que continuem fazendo o que acreditam que fazem: reparar uma lesão no corpo do qual eram parte. Assim, as células trabalham nas placas de Petri como se estivessem fechando uma ferida: multiplicam-se, agrupam-se, dividem-se, desenham linhas, constroem fibras e, de repente, voilà: carne.

Parece simples, mas não é.

As células são frágeis e exigentes. Reproduzem-se rapidamente, mas não tanto quanto uma bactéria, por isso toda a instalação estéril desse laboratório que, entre outras coisas, custa milhões. Uma vez isoladas, as células são alojadas em um biorreator; uma caixa de metal que oferece as condições de vida necessárias. “Aqui há sempre 37 graus, uma porcentagem de dióxido de carbono de 5 por cento e umidade saturada”, diz Diego, abrindo a porta do sofisticado aparato de metal onde vivem milhares de células distribuídas em seis caixas Petri com forma de garrafa amassada.

As células não são visíveis sem microscópio, mas lá estão, submersas no líquido vermelho que as contém e transporta. O alimento que lhes proporciona o que um corpo animal necessita é sangue: soro fetal bovino extraído nos frigoríficos cada vez que – supostamente sem querer nem saber, porque supostamente está proibido – matam uma vaca prenha. Então, extraem o feto “acidental”, que devem checar que esteja morto e, com uma punção cardíaca, extraem desse corpo a maior quantidade de sangue possível. Esse sangue é filtrado e industrializado com glicose, proteínas, vitaminas, oligoelementos, hormônios e fatores de crescimento. O produto – soro fetal – é vendido por mais de 100 dólares por litro para uma quantidade enorme de propósitos: vacinas, reativos, cosmética e, agora, também – um círculo perfeito – a indústria da carne.

Embora existam pesquisas para evitar o uso de soro fetal bovino (“nossa intenção é começar a testar formulações que o substituam”, diz Laura) e outras para pular a parte das biópsias em novilhos castrados, a carne de cultivo não seduz tanto por causa de seus ingredientes originais, mas sim com o tempo e o espaço. Tirar a carne da natureza e transferi-la a um laboratório para seu crescimento artificial, asseguram quem a promove, deixaria milhões de animais em paz e permitiria devolver às florestas seu lugar e conter o aquecimento global.

A chave está na graça natural da biologia: sua persistência. As células saudáveis têm a capacidade de se dividir exponencialmente até envelhecerem e, então, deixarem de se reproduzir. A tarefa dos cientistas consiste em acompanhá-las durante esse caminho, guiá-las, nutri-las e separá-las para que o processo comece novamente. Se a tecnologia os acompanhasse, poderia dar muita carne.

– Seis mil hambúrgueres a partir de apenas uma amostra –, diz Diego, abrindo seus grandes olhos negros como um menino esperançoso.

– Tudo isso?

– Claro. Nós temos o conhecimento científico para isso – soma-se Laura, com tamanha segurança que convence –. O que nos falta é desenvolvimento tecnológico para o executar.

Mais biorreatores. Ou seja, mais espaço e energia. Tanta energia que alguns estudos comparativos discordam de que a carne de cultivo possa significar menos emissão de gases de efeito estufa. E, por fim, mais dinheiro, o que resulta em outro vício de época: o patenteamento de técnicas e serviços e a privatização, nesse caso da carne, por duas empresas no mundo (talvez somente uma). Uma versão superior à agricultura sem agricultores pensada atualmente pelo agronegócio transgênico: um sistema alimentar ciborgue.

Mas o certo é que, embora esse outro mundo seja possível, para que a carne cultivada tenha sucesso ainda falta muito: sozinhas, as máquinas que tenho à minha frente não conseguem fazer mais do que dois medalhões. Nem estas nem as máquinas ativas que existem hoje em todo o planeta. “Se considerarmos toda a capacidade biofarmacêutica do mundo trabalhando a todo vapor, daria para alimentar somente a capital da Argentina”, diz Diego, sem perder o brilho onírico, apesar de estar dizendo três milhões de pessoas em um mundo que amanhã vai chegar a nove bilhões.

O vermelho é o que parece: sangue. As células se alimentam de soro fetal bovino.

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O primeiro hambúrguer de carne cultivada foi anunciado em 2013 pelo professor de fisiologia vascular Mark Post, da Universidade de Maastricht, Holanda. Custou 300 mil dólares, foi cozinhado pelo chef Richard McGeown e provado pelo pesquisador Josh Schonwald e pela crítica gastronômica Hanni Rützler. “Falta-lhe suculência e gordura, mas a consistência é perfeita. Tem gosto de carne”, disse Rützler. O evento foi celebrado por ativistas reconhecidos no mundo do veganismo como Paul Shapiro, fundador da organização Compaixão acima do Assassinato (Compassion over Killing), que depois escreveria um livro no qual apresenta a carne cultivada como a tão ansiada libertação animal. Clean Meat foi publicado em 2019, e o prólogo foi escrito por outro vegano célebre, o historiador Iuval Harari.

Alguns anos antes, em 2008, a organização animalista PETA oferecia um milhão de dólares ao grupo de cientistas que fosse capaz de desenvolver algo parecido à carne cultivada. Hoje, existem 40 pesquisas formais em curso, com investidores como Sergey Brin, um dos fundadores do Google; Richard Branson, CEO do conglomerado Virgin; e os gigantes da carne Tyson Foods e Smithfields. São realizados congressos anuais onde se apresentam testes com cangurus, ratos e peixes, porque pode-se cultivar qualquer coisa que tenha células. Há carne feita de células extraídas de penas e de embriões. Há, também, planos para desenvolver um cultivo-mãe que possa durar para sempre a partir de células cancerígenas que, ao contrário das células saudáveis, têm a capacidade de se imortalizarem.

– Essas linhas de investigação que nos distanciam cada vez mais do animal são muito interessantes – diz Laura –. “Não para o mercado, mas, por exemplo, para a exploração espacial, para onde não poderiam ir com um animal vivo para recolher amostras, mas sim com um cultivo imortalizado”. Escuto-a e, embora entenda as palavras, chego a um ponto em que não consigo imaginar esse futuro nem dimensionar esse presente estranhíssimo no qual já existe uma carne cultivada que pode ser comprada: frango.

Em dezembro de 2020, um restaurante em Cingapura – o primeiro país a considerar seguro e apto para o consumo humano o desenvolvimento de frango cultivado – começou a oferecer nuggets saídos integralmente de um laboratório.

– Por que são sempre elaborados?

– Porque desenvolver um bife é mais complexo – explica Laura–. Nas salsichas, nuggets e hambúrgueres, os saborizantes têm um efeito primordial. Por isso, como primeira estratégia funcionam muito bem.

– Vocês os comeriam? – pergunto aos cientistas.

– Acho que não é essa a pergunta – responde Diego –. A carne cultivada não é proposta como uma alternativa para aqueles que já não comemos carne. O que ela busca é diminuir seu consumo entre aqueles que querem continuar a comê-la. Essa é a mudança real.

O pesquisador tem consciência de que ainda existem muitos obstáculos a serem superados para que isso ocorra, mas também vive satisfeito por trabalhar nisso. Suas missões primordiais agora são encontrar substitutos para o sangue e as estruturas que guiam as células, desenvolver mais tecidos – “A carne tem tecido muscular, adiposo, conectivo, nervoso, vascular: todos contribuem para o sabor, a textura, a consistência. Se quisermos emular a carne, temos de poder cultivar todos esses” – e conseguir fazer uma boa receita que seduza os comensais.

– Este ano tudo atrasou por causa da pandemia, mas eu já fiz alguns testes culinários – diz Diego –. Fui até a cozinha, pedi ao cozinheiro um pouco de azeite e condimentos para ver como se comportava: se diminuía de tamanho, se mudava de cor, de consistência…

– E?

– Não pude comer porque você não pode comer seu próprio experimento, mas cheirava a rotisseria.

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– Você comeria hambúrguer de carne cultivada? –, pergunto ao meu filho.

– Se for gostoso, why not?

– Se fosse estranho para você comer algo que cresce em um laboratório.

– Não tenho nem ideia de onde cresce o queijo cheddar.

Ele tem razão. Faz um tempo que ninguém sabe de onde vem nada, faz tempo que isso pouco importa.

A indústria explica suas criações com publicidade, o Estado autoriza e uma gama de especialistas dá seu aval intencionalmente ou por omissão. Além disso, um bom combo de hambúrguer funciona para inibir qualquer impulso de indagação: somente ao se pensar nele são ativadas intensamente no cérebro as zonas de recompensa que levam do desejo ao ‘eu gosto disso’ e do ‘eu gosto disso’ ao ‘quero mais’. Uma cascata de reações químicas tão reconfortantes que nos torna dependentes. O restante é feito por essa modernidade com seus animais que não valem nada, suas matas destruídas, seus Rappi a granel: suprimindo os obstáculos que vão do quero ao posso e formando milhões de paladares com gordura, açúcar e artifício, acostumando-os a prazeres instantâneos aos quais depois não é fácil renunciar.

Nesse contexto, surgem as propostas que consistem em investir cérebros e fortunas para desenvolver tecnologias que sirvam para mudar a origem sem perder o objeto de desejo.

Enquanto a ideia de carne sem animais ainda tem de esperar e resolver alguns dilemas éticos, econômicos e técnicos, a inteligência artificial já se tornou vegana. Ela demonstra isso ao cozinhar medalhões com ingredientes vindos de plantas para o Burger King e outros estabelecimentos onde meu filho também compra.

Segundo a consultoria Nielsen, apenas nos Estados Unidos esse tipo de produtos aumentou 42% entre 2016 e 2019, enquanto as carnes, apenas 1%. Na América Latina, essa moda começou tímida com leites de sementes, mas, nos últimos anos, uma média de 10% da população de nossos países se tornou vegana. O processo se acelerou tanto que em 2021 uma companhia de alimentos chilena plant based tem cotação em Wall Street: NotCo.

– Eu gostaria de que você conhecesse a experiência porque uma coisa é falar e outra experimentá-las –, sugeriu-me do outro lado do Zoom Mauricio Alonso, a referência argentina da transnacional chilena. Um homem de 39 anos, de fala pausada, que há um mês foi pai pela segunda vez e há três anos deixava seu cargo de executivo na Danone para se aventurar nessa empresa que o fez pensar como nunca em plantas até tornar-se 95% vegetariano.

– Você quer que eu faça um pedido pelo Rappi?  – pergunto a ele, que lista os restaurantes de Buenos Aires que vendem seus hambúrgueres.

Então decido fazer algo que nunca faço: pedir sem perguntar nem investigar muito, sem ler a lista de ingredientes do que vou comer.

– Você sabe que não gosto de comida vegana – me avisou logo Benjamín, que já está um pouco acostumado a ser parte de meus experimentos e seus fracassos. Entramos em um acordo: a dele será convencional e a minha de carne vegetal, queijo de amêndoas e maionese vegana com batatas.

Um garoto agitado em uma bicicleta tira de sua mochila a sacola de papel que traz as duas caixas. Fechados em papel alumínio e com as batatas fritas inclusas, um hambúrguer é de carne e o outro vegano, mas parecem iguais: recheados, gigantes, deliciosos.

Nesta parte devo contar que adoro comer carne. Gosto de todos os cortes e, sobretudo, de uma costela bem suculenta. O hambúrguer não é meu prato favorito, mas me declaro não imune a seu poder de sedução: quando há um à minha frente, fico com água na boca. Se há muito tempo evito tanto hambúrguer quanto churrasco é porque estou muito bem informada. Vi os campos, estive nos currais, senti a dor desses animais, senti o cheiro de medo e de merda. Gosto de carne, mas não consigo mais comer. A proposta da NotCo? Que a tecnologia me dê o que a natureza não pode mais me dar.

Meu hambúrguer tem tanto cheiro de carne quanto o de Benjamín, embora o aspecto do meu seja diferente: mais integral, mais laranja, mais sólido. Peço a ele que prove primeiro o vegano. Dá uma mordida gigante, depois mais outra, e, enfim, seu veredito: “Olha, prefiro o de carne, mas se você me convidar para comer em um restaurante vegano e me der isso, vou feliz.”

Minha vez de provar. É macio e consistente como a carne; tem o efeito grelha e a gordura e o sumo de um hambúrguer mais complexo por causa dos temperos, do pão, do queijo que sai pelas bordas, essa combinação imbatível agridoce com gordura.

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Água, proteína texturizada de ervilha, óleo de coco, óleo de girassol alto oleico, fibra de bambu, proteína isolada de ervilha, sal, proteína isolada de arroz, cacau alcalino em pó, proteína isolada de chia, espinafre em pó, aromatizantes, metilcelulose, corante vermelho beterraba; óleo de girassol, água, amido, vinagre, açúcar, sal, farinha de grão-de-bico, suco de limão concentrado, mostarda, alho em pó, pimenta branca, aromatizantes naturais, goma xantana, ácido cítrico e etileno diamina tetra acetato.

Vinte e nove ingredientes sem contar os do pão, do queijo de amêndoas e das batatas fritas que acompanham, ingredientes que desconheço porque lamentavelmente os estabelecimentos de comida não incluem lista de ingredientes. Meu hambúrguer ultraprocessado sem carne e minha maionese ultraprocessada sem ovos são um quebra-cabeças de substâncias derivadas de plantas. (Com a exceção do muito polêmico antioxidante etileno diamina tetra acetato que é adicionado à maionese e que é obtido através da síntese do formaldeído, etilenodiamina e cianureto de sódio; uma substância que deveria incluir uma lista de contraindicações pelo menos para crianças ou gestantes).

Receitas que eu jamais conseguiria replicar em minha cozinha e cujos efeitos em meu organismo não conheço bem, porque nenhum alimento pode ser comparado com alguma de suas partes isoladas. Quem as desenvolveu foi Giuseppe: um algoritmo que deve seu nome a Giuseppe Arcimboldo, o pintor milanês que criava rostos através da junção entre plantas e frutas. Inteligência artificial para imitar sabores concretos que nossa civilização não quer deixar para trás.

Giuseppe, o algoritmo, tem um arquivo de centenas de plantas que analisa não de acordo com suas qualidades culinárias, e sim molecularmente, buscando aquelas substâncias que possam emular texturas, aromas, cores e sabores da carne (ou da maionese, do leite, do peixe). Decodifica ervilhas, repolho, chia, mas o resultado disso não são necessariamente alimentos, e sim estímulos que combinados entre si podem atuar sobre nossa percepção com a eficácia de nos convencer de que comemos algo que na realidade não é.

“A comida é DNA, RNA, carboidratos, proteínas, gorduras. Entre espécies há mais semelhanças do que diferenças, mas o que dá a diferença e faz a identidade do alimento é o desafio a ser vencido: busca-se fazer que diante da substituição o cérebro não note as diferenças”, diz um de seus criadores, Pablo Zamora, em um capítulo da série digital A Era da IA, produzida pelo Google e apresentada por Robert Downey Jr.

A primeira empresa a mostrar isso foi a Impossible Foods, que começou a estudar a carne até descobrir a heme, a molécula que lhe dá sabor. Uma molécula que curiosamente não é exclusiva da carne, mas também está presente em todas as criaturas do planeta. Com essa descoberta, lançou em 2011 a primeira dessas criações, o Impossible Burguer. Um medalhão ultraprocessado que sangra soja, leghemoglobina de soja transgênica e outros 20 ingredientes misturados em um laboratório.

A carne vegetal desses tempos é preparada por softwares patenteados e com receitas de inteligência artificial.

A NotCo chegou alguns anos mais tarde por meio de três rapazes chilenos de 20 e tantos anos que estudavam em algumas das universidades mais famosas dos Estados Unidos (Berkeley, Stanford e Harvard). Pablo Zamora, Matías Muchnik e Karim Pichara; um geneticista, um especialista em finanças e um engenheiro. “Como é possível que entre tantos avanços existentes no campo da exploração espacial nossa comida continue sendo igual?”, perguntavam-se enquanto sonhavam com sua startup – empreendimento promissor e tecnológico – que não esperou muito para ver chegar o investimento: 30 milhões de dólares de Jeff Bezos, o fundador da gigante mundial Amazon.

“Eu nunca havia refletido sobre essas coisas, mas fazem todo o sentido: alimentar uma vaca por dois anos para matar e comer é um absurdo e um desperdício de dinheiro”, me diz Mauricio, o argentino da NotCo, do outro lado do Zoom. “O futuro está aqui”, diz também, enquanto me explica que a missão da NotCo é crescer, posicionar-se e ensinar.

“92% de quem consome nossos produtos não são veganos nem vegetarianos”, dizem também na NotCo enquanto atravessam a grande porta que abrem juntamente com companhias como Sweet Earth, da Nestlé, ou Pure Farm Land, do produtor de carnes Smithfields. Porque a indústria Plant Based, como gosta de se chamar, não chegou para rivalizar com a indústria de carnes, mas sim somar-se – usar seus investimentos, plantas processadoras, canais de distribuição, gôndolas de supermercados e restaurantes.

“Viemos para transformar a indústria por dentro”, resume Mauricio.

Uma aposta que ainda não foi comprovada. Na realidade, quanto maiores essas marcas se tornam, mais propensas se mostram a fazer o contrário: mudar seus princípios para se encaixarem nesse mercado de gigantes. O Impossible Burguer começou utilizando fontes de produção orgânica e alguns anos depois se tornava promotor dos organismos geneticamente modificados, porque dizem: “Precisamos substituir 10 ^ 12 libras de produtos animais para cumprirmos nossa missão. 10 ^ 11 libras não salvarão o mundo. Ser uma empresa alimentícia de sucesso não é suficiente. Nem mesmo ser a empresa de alimentos mais bem-sucedida da história é suficiente. Precisamos crescer exponencialmente, duplicando a escala a cada ano durante os próximos 15 anos. Isso significa não apenas aumentar a escala de nosso impacto e nosso negócio todos os anos, mas sim escalar cada vez mais rápido a cada ano. O que parece ser grande agora em cinco ou mesmo dez anos será visto como minúsculo.”

Produzir muito uma coisa só – vaca, soja ou ervilha – e ultraprocessá-la leva inevitavelmente a forçar a natureza, que são os animais, as plantas, nós. Todos os problemas que nos encurralam surgem desse paradigma de simplificar, homogeneizar e industrializar o campo e a alimentação: as monoculturas tóxicas, as fazendas industriais, as mudanças climáticas, o empobrecimento rural e a superpopulação urbana. E, por fim, o boom de coisas comestíveis feitas sempre da mesma coisa e maquiadas para que pareçam outra, os “alimentos” que nos adoecem.

NotCo, a startup chilena, tem investimentos milionários, e se espera que este ano abra o capital em Wall Street.

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Esta é uma história longuíssima ainda com final em aberto e algumas ideias soltas, penso enquanto coloco no forno dois hambúrgueres de grão-de-bico que uns amigos me deram de presente. Eles aproveitaram a crise pandêmica para montar um empreendimento de hambúrguer vegano elaborado em casa com ingredientes agroecológicos comprados de produtores familiares. Embora não tenha nada a ver com a experiência de se comer um hambúrguer de carne, são deliciosos e certamente gostarei mais do que o ultraprocessado que comi na noite anterior. Além disso, poderei dividi-los com minha filha de quase três anos que ainda não experimentou nenhum comestível ultraprocessado e, portanto, é uma menina que desfruta da comida com um prazer sem dilemas, honesto, simples e concreto.

O que é comer? Que função esse ato tem para além da nutrição e do sabor que nos ganha pelo nariz?

Comer é conectar e vincular-se com um território, suas plantas, seus animais, as pessoas, sua história. Uma história que pode ser de crueldade e extinção em massa com matadouros ou experimentos milionários, ou algo muito diferente: uma história de reconexão.

Quando a pandemia começava, entrevistei a cientista e líder ambiental Vandana Shiva. Falamos do mundo por vir, da necessidade de reparação, de como isso poderia acontecer. Falamos também desses hambúrgueres impossíveis.

“O que é impossible burguer? – me perguntou Vandana Shiva – Um hambúrguer artificial criado em um laboratório com plantas vindas de monoculturas tóxicas, ou seja, tratadas com violência, que para sua produção violentam camponeses, borboletas, abelhas e animais que obviamente não vivem mais no entorno desses cultivos. Esse hambúrguer de soja que parece carne sangrenta é uma mentira. E existe algo que se chama verdade: não é possível anunciar uma ideia de alimentação não violenta partindo desses alimentos, dessa relação mentirosa com a terra e com o próprio corpo.

“Eu diria a quem anuncia isso como a salvação que acorde: a alimentação baseada em plantas que crescem com toda essa violência não produz nada melhor. Comam uma cenoura e reconheçam isso como alimento: conheçam de onde vem, como foi produzida, deem à planta a dignidade que merece. Não a deixem ser material para experimentos, manipulação e controle. Talvez quem come essas invenções acredite que chegou a algo melhor, mas somente porque permanece cego a todo o horror, que decidiu não ver. E, assim, como um dependente de heroína, será levado desse sistema para outro nível mais tenebroso e difícil de sair, com um custo altíssimo para a terra em sua totalidade e para si mesmo.”

Estamos à beira da extinção em massa por causa da imposição de um sabor absoluto – vamos chamá-lo de hambúrguer; ou melhor, chamemos de capitalismo – que não pode conviver com outros. São sempre os mesmos que se apossam e comem o mundo: o agronegócio de vacas e soja ou Bill Gates, Jeff Bezos e até Leonardo DiCaprio e laboratórios onde quem tem o conhecimento para cultivar a terra, guardar as sementes ou cozinhar com comida de verdade só pode entrar como funcionário de limpeza.

Poucas coisas são mais fascinantes do que essa missão chamada futuro. No entanto, até agora ela tem resultado em caras apostas que, em sua melhor versão, a evidência projeta como paliativos temporários para um planeta que está em pedacinhos. Alternativas tão fantasiosas como acreditar que nossa civilização pode continuar sendo parte desse destrutivo bacanal carnista. Comamos sobretudo plantas, mas diversas, frescas, colhidas e elaboradas por pessoas que tenham as culturas alimentares como guias. Esse plano, sustentado por milhões de agricultores há dez mil anos, mas descartado por ser pouco sofisticado por um poder apaixonado pelo Vale do Silício, é o que segue sustentando o melhor de nosso sistema alimentar: sua biodiversidade, seus sabores reais, essa conexão com a natureza que precisamos recuperar antes de que seja tarde demais.

A proposta dos hambúrgueres baseados em plantas não é derrotar a indústria da carne: é somar-se a ela.

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

España lidera el ranking mundial por superficie de viñedo de producción ecológica, según un estudio del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) donde se recoge la proyección de la producción ecológica española.

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) acaba de publicar el estudio: «Análisis de la caracterización y proyección de la producción ecológica española en 2019» en el que se muestra cómo el sector de la agricultura ecológica, que incluye el viñedo de producción ecológica, continúa su intenso proceso de crecimiefnto y se configura como un importante ámbito alimentario diferenciado dentro del conjunto del sistema alimentario español.  Destaca que España lidera el ranking mundial por superficie de viñedo de producción ecológica, con casi el 27% de la producción mundial.

Tecnovino viñedo ecológico

España, en primer lugar del ranking mundial de la superficie de viñedo de producción ecológica

Así indican que los cultivos con mayor implantación en España en cuanto a superficie ecológica, además de los prados y pastos permanentes, son cereales, olivar, frutas y viñedo.

POSICIÓN DE LAS PRODUCCIONES ECOLÓGICAS ESPAÑOLAS DE ORIGEN VEGETAL EN EL MERCADO MUNDIAL

PRINCIPALES PRODUCCIONES ECOLÓGICAS DE ORIGEN VEGETAL ESPAÑOLAS POSICIÓN QUE OCUPAN EN EL MERCADO MUNDIAL POR SUPERFICIE ECOLÓGICA
1.VIÑEDO
2.CÍTRICOS
3.OLIVAR
4.FRUTOS SECOS
5.CEREALES
6.HORTALIZAS
7.ACUICULTURA
8.LEGUMBRES
Fuente: Elaboración PRODESCON SA

De hecho, el viñedo ecológico supuso el 5,15% de la superficie ecológica total de España en 2019, con 121,29 miles de hectáreas, lo que implica un crecimiento del 6,94% respecto al año anterior (113,42 miles de hectáreas en 2018), el mayor aumento solo superado por la producción de frutas.

En cuanto al papel de España en el ranking mundial, como se ha comentado anteriormente, encabeza el primer puesto por superficie de viñedo de producción ecológica, con el 26,88% de la producción mundial. Se trata de uno de los cultivos con mayor implantación en cuanto a superficie ecológica en España, junto al cereal, olivar y las frutas.

Tecnovino viñedo ecológico

POSICIONAMIENTO DE LA PRODUCCIÓN ECOLÓGICA ESPAÑOLA EN EL CONTEXTO DE LA PRODUCCIÓN ECOLÓGICA MUNDIAL

PRINCIPALES PRODUCCIONES ECOLÓGICAS ESPAÑOLAS (%) DE LA SUPERFICIE ECOLÓGICA ESPAÑOLA S/TOTAL MUNDIAL POSICIÓN ESPAÑOLA POR SUPERFICIE ECOLÓGICA LOS PRINCIPALES COMPETIDORES MUNDIALES
VIÑEDOS 26,88% ESPAÑA, Italia, Francia, China, Italia
FRUTOS SECOS 23,65% EEUU, Italia, Francia, ESPAÑA, China, Turquía
ACEITE DE OLIVA 22,94% Túnez, Italia, ESPAÑA, Turquía, Grecia
CÍTRICOS 15,66% Italia, ESPAÑA, EEUU, China,, Turquía, México
HORTALIZAS 5,71% EEUU, Italia Francia, China, Egipto, México, ESPAÑA
LEGUMBRES 4,75% Francia, Canadá, China, Tanzania, Italia, Alemania,…
CEREALES 4,28% China, Italia, Canadá, EEUU, Francia, Alemania, ESPAÑA
ACUICULTURA 3,91% China, Irlanda, Noruega, Rumanía, Italia, Alemania, ESPAÑA
FRUTA DE CLIMA TEMPLADO 3,27% China, Italia, Francia, Turquía, Polonia, EEUU,…..
FRUTAS SUBTROPICALES 1,74% 14º Puesto 1o en la UE
Fuente: MAPA

ESTRUCTURA PRODUCTIVA PRIMARIA: SUPERFICIE ECOLÓGICA

MAGNITUDES Y RATIOS (miles de hectáreas) 2019 2018 Variación 2019/2018 (%) % s/Superficie ecológica total en 2019
SUPERFICIE ECOLÓGICA TOTAL 2.354,92 2.246,42 4,83% 100,00%
Prados y pastos 1.254,30 1.186,90 5,68% 53,26%
Cereales 211,76 204,78 3,41% 8,99%
Olivar 209,29 200,13 4,58% 8,89%
Frutas total 202,36 185,74 8,95% 8,59%
Viñedo 121,29 113,42 6,94% 5,15%
Legumbres secas 35,91 34,46 4,21% 1,52%
Forrajes 32,35 33,52 -3,49% 1,37%
Cultivos industriales 23,03 23,12 -0,39% 0,98%
Hortalizas frescas 22,23 22,31 -0,36% 0,94%
Otros cultivos 76,23 75,44 1,05% 3,24%
Barbechos 166,17 166,6 -0,26% 7,06%
Fuente: MAPA

Las bodegas con producción ecológica crecen en número

En cuanto a la estructura industrializadora ecológica detallan que unos 6.200 establecimientos ecológicos operaron con materia prima de origen vegetal (centrales hortofrutícolas, almazaras, bodegas, conserveras vegetales y harineras y panificadoras, principalmente). Los mayores crecimientos en cuanto a implantación de establecimientos industriales, en 2019 respecto a 2018, han tenido lugar en la acuicultura (+21,43%), industrias lácteas (+17,14%), industrias cárnicas (+15,14%), bodegas (+11,52%) y fábricas de conservas vegetales (+11,07%).

ESTRUCTURA INDUSTRIAL AGROALIMENTARIA ECOLÓGICA

MAGNITUDES Y RATIOS Unidades 2019 2018 2015 Variación 2019/2018 (%) Variación 2019/2015 (%)
INDUSTRIAS/ELABORADORES ECOLÓGICOS No 5.230 4.627 3.482 13,03% 50,20%
ESTABLECIMIENTOS INDUSTRIALES ECOLÓGICOS No 9.635 8.886 5.825 8,43% 65,41%
No establecimientos por industria ecológica No 1,84 1,92 1,67 -4,07% 10,12%
-Centrales hortofrutícolas No 1.329 1.205 1.785 10,29% -25,55%
-Conservas vegetales y zumos No 1.224 1.102 n/d 11,07%
-Bodegas y envasadoras No 1.152 1.033 969 11,52% 18,89%
-Almazaras y refinadoras No 1.054 993 715 6,14% 47,41%
-Cereales y derivados No 1.048 999 599 4,90% 74,96%
-Alimentación infantil y afines No 745 695 n/d 7,19%
-Manipulación frutos secos No 460 427 n/d 7,73%
-Industrias cárnicas No 540 469 361 15,14% 49,58%
-Industrias lácteas No 205 175 142 17,14% 44,37%
-Comercializadoras de huevos No 185 170 n/d 8,82%
-Envasadoras de miel No 162 167 n/d -2,99%
-Conservas de pescado No 85 70 35 21,43% 142,86%
-Fábricas de piensos No 127 173 52 -26,59% 144,23%
Fuente: MAPA

La producción de uva

En 2019 la producción de uva (vino y mesa) es la tercera mayor producción ecológica vegetal de España, con 444,38 miles de toneladas, por delante solo se encuentran las frutas y hortalizas, en primer y segundo lugar, respectivamente.

Tecnovino transformacion digital bodegas 1

PRODUCCIÓN EN ESPAÑA EN ORIGEN DE LAS PRINCIPALES LÍNEAS DE PRODUCCIÓN ECOLÓGICA (EN VOLUMEN)

MAGNITUDES Y RATIOS Unidades 2019 2018 Variación 2019/2018 (%)
PRODUCCIÓN TOTAL (*) Miles de toneladas 2.596,30 2.473,59 4,96%
PRINCIPALES PRODUCCIONES DE ORIGEN VEGETAL
-Total frutas (con frutos secos) Miles ton. 558,12 557,99 0,02%
-Total hortalizas frescas Miles ton. 505,38 493,49 2,41%
-Uva (vino y mesa) Miles ton. 444,38 400,12 11,06%
-Cereales Miles ton. 332,50 303,06 9,71%
-Aceituna (almazara y mesa) Miles ton. 307,04 292,29 5,05%
-Legumbres secas Miles ton. 31,24 25,58 22,13%
-Tubérculos y raíces Miles ton. 22,37 16,92 32,21%
PRINCIPALES PRODUCCIONES DE ORIGEN ANIMAL
-Leche cruda (todas las especies) Miles ton. 56,16 42,01 33,68%
-Carne (todas las especies) Miles ton. 41,27 35,8 15,28%
-Huevos Millones doc. 12,51 10,22 22,41%
-Miel Miles ton. 1,13 1,22 -7,38%
-Acuicultura Miles ton. 6,34 6,33 0,16%
Fuente: MAPA
Nota: En el cálculo del volumen total de producción no se incluyen, entre otros, los cultivos industriales, los forrajes o los derivados lácteos obtenidos a partir de la leche cruda ecológica producida
Tecnovino incrementar consumo de vino 1

El consumo de productos ecológicos en España

En lo que se refiere al gasto de los consumidores españoles en productos ecológicos, en 2019, ascendió a 2.363 millones de euros, lo que supone un aumento del 8,4% respecto a 2019 y en torno al 2,24% del consumo alimentario total de España. El vino ocupa la duodécima posición dentro de la cesta de la compra total de alimentos ecológicos.

ESTRUCTURA DE LA CESTA DE LA COMPRA DE PRODUCTOS ECOLÓGICOS COMPARADA CON LA CONVENCIONAL DE ALIMENTACIÓN

PRINCIPALES PRODUCTOS INTEGRANTES DE LA CESTA DE LA COMPRA DE ALIMENTOS (Año 2019) % S/CESTA DE LA COMPRA TOTAL DE ALIMENTOS ECOLÓGICOS % S/CESTA DE LA COMPRA TOTAL DE ALIMENTOS EN ESPAÑA
1. Frutas de todos los tipos (incluidos frutos secos) 15,5% 10,9%
2. Carnes y derivados cárnicos (todas las especies) 15,0% 20,6%
3. Hortalizas, patatas y legumbres verdes 13,9% 8,4%
4. Leche y derivados lácteos 7,5% 11,8%
5. Pan, galletas, bollería y pastelería 6,6% 8,2%
6. Aceites (oliva, girasol, margarinas, etc.) 4,4% 2,5%
7. Conservas y zumos de frutas y hortalizas 3,8% 4,8%
8. Cereales (semillas, arroz, harinas, desayuno, etc.) 3,3% 4,2%
9. Pescado, marisco y sus conservas 2,2% 13,1%
10. Huevos 2,2% 1,3%
11. Legumbres secas 2,1% 0,4%
12. Vino de mesa y espumosos 1,5% 1,8%
Resto de alimentos y bebidas 22,0% 12,0%
TOTAL ALIMENTACIÓN Y BEBIDAS 100,0% 100,0%
Fuente: MAPA

Las exportaciones de vino de producción ecológica

Según el estudio, España ocupa la décima posición en el mercado mundial de los productos ecológicos por valor total de ventas ecológicas. Las exportaciones de productos ecológicos alcanzaron los 995 millones de euros (+5,1%). El vino de producción ecológica supuso el 5,5% de las exportaciones totales.

ESTRUCTURA DE LAS EXPORTACIONES Y DE LAS IMPORTACIONES SEGÚN PRODUCTOS

PRINCIPALES LÍNEAS DE PRODUCTOS ECOLÓGICOS EXPORTADOS EN 2019 CUOTA DE EXPORTACIÓN POR LÍNEA DE PRODUCTOS (%) PRINCIPALES LINEAS DE PRODUCTOS ECOLÓGICOS IMPORTADOS EN 2019 CUOTA DE IMPORTACIÓN POR LÍNEA DE PRODUCTO (%)
FRUTAS (incluye cítricos y frutos secos) 29% CEREALES Y SUS DERIVADOS 15%
HORTALIZAS, PATATAS Y LEGUMBRES FRESCAS 21% FRUTAS FRESCAS 11%
ACEITE DE OLIVA 15% HORTALIZAS, PATATAS Y LEGUMBRES FRESCAS 10%
VINO DE MESA (incluye espumosos y mostos) 5,5% ALIMENTACIÓN INFANTIL Y DIETÉTICA 9%
CEREALES DE CONSUMO (grano, arroz, pan, etc.) 3,5% LECHE Y DERIVADOS LÁCTEOS 7%
PRODUCTOS DE LA ACUICULTURA 3% CONSERVAS VEGETALES Y ZUMOS 6%
LEGUMBRES SECAS 2,5% CAFÉ, TÉ E INFUSIONES 5%
CONSERVAS Y ZUMOS VEGETALES 2,5% AZÚCAR Y CONFITERÍA 4%
CARNES Y ELABORADOS CÁRNICOS 2,5% BEBIDAS NO ALCOHÓLICAS 3%
HUEVOS Y SUS DERIVADOS 1,5% SEMILLAS OLEOPROTEAGINOSAS 3%
LECHE Y DERIVADOS LÁCTEOS 1% HIERBAS, PLANTAS AROMÁTICAS Y MEDICINALES 2,5%
MIEL Y DERIVADOS 1% CONDIMENTOS, SALSAS Y ESPECIAS 2,5%
BOLLERÍA Y GALLETAS 1% PLATOS PREPARADOS/PRECOCINADOS 1,5%
CONDIMENTOS, ESPECIAS, CALDOS Y SOPAS 1% OTROS ALIMENTOS Y BEBIDAS ECOLÓGICOS 6,5%
OTROS ALIMENTOS Y BEBIDAS ECOLÓGICOS 10% ALIMENTACIÓN ANIMAL 14%
Fuente: MAPA

Para finalizar el análisis, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) destaca que el vino de mesa junto al aceite de oliva y cítricos son productos ecológicos que han mantenido la importante posición estratégica o de liderazgo en los mercados mundiales.

El informe completo puede descargarse aquí.

[Fuente: http://www.tecnovino.com]

 

Aquest any que deixem enrere, però que encara arrosseguem, ens ha imposat a moltes mirar la vida a través d’una finestra; a d’altres, adaptar-nos sense remei a les mesures urbanocèntriques que s’han pensat des de i per a les grans ciutats. La primavera s’apropa i seguim en una pandèmia que s’ha dut massa vides que no tornaran, i que ha accentuat més la crisi, la precarietat i la falta de serveis en la que vivim. Ha hagut de venir un virus per demostrar que aquest sistema que no orbita al voltant de la vida i en el que ens trobem atrapades no és sostenible, i que és tan sols l’inici i l’agreujament d’altres crisis i pandèmies. A aquesta emergència climàtica, als darrers temps s’hi ha afegit l’emergència social i sanitària, i no podem començar aquest manifest sense dur aquí a totes les persones colpejades pel virus i el sistema. Potser podem caure en l’error de creure que les paraules no són capaces de gaire. Però nosaltres pensem que segueixen sent importants. Tot i la incertesa i el dolor, les nostres paraules són també ecosistemes de pensaments i accions que no existeixen a cap altre lloc. Gràcies a elles podem veure el món, formar-ne part, reimaginar i fer possible pensar i creure en altres futurs fora d’aquest sistema.

Germana,

aquest 2021 no sortirem a carrer com d’altres anys. Estem separades per una distància que ens ha robat els petons, les abraçades que fa un any que no sentim i aquells somriures que han amagat les mascaretes. Per això, en aquest any en què les places estaran més buides que mai, us convidem a llegir aquestes paraules, a fer-les vostres, des dels balcons, des de les llars, i deixar que el fum de les xemeneies s’encarregui d’ajuntar les nostres veus, que el vent les faci arribar ben lluny.

Aquest 8 de març no podem deixar d’alçar la nostra veu com a dones rurals. Perquè la pandèmia també ha portat minuts de lucidesa; minuts en què hem vist com la mateixa ciutadania s’organitzava i s’encarregava d’allò al que les polítiques públiques no han volgut arribar. Per això volem donar-vos les gràcies: per ensenyar-nos que altres formes de conviure i de suport mutu són possibles.

Gràcies a aquelles dones productores i pensadores, que des de baix s’han organitzat perquè els seus aliments locals i de proximitat poguessin arribar fins a totes les llars. Ens recordem especialment d’iniciatives com SOS Campesinado, i de totes les jornaleres migrants que l’any passat van quedar atrapades dins les nostres fronteres, en un país que no era el seu, lluny de les seves famílies i en unes condicions molt lluny de poder-se denominar dignes. També de totes aquelles persones treballadores del sector agrícola i ramader que es contagiaren de Covid-19 durant la primavera i l’estiu passat a causa de les condicions infrahumanes en què treballaven i vivien, posant de manifest un sistema de producció intensiu que se sosté a base de no respectar els drets humans més bàsics, ni el benestar animal, ni els recursos naturals ni el territori que ens sosté.

Gràcies a totes aquelles dones que no deixen ni un sol dia de cuidar del bestiar, de la terra, de preservar les nostres races autòctones i les llavors locals, mantenint els nostres ecosistemes i la seva biodiversitat. Ni el virus ni les grans nevades d’aquest hivern han aconseguit aturar-les. Perquè, si els nostres medis rurals no són zones catastròfiques, és gràcies a la seva perseverança i el seu treball altruista, que la majoria de vegades segueix sent invisible i no reconegut.

Enguany hem quedat més orfes que mai per culpa d’aquest virus. Hem perdut a moltes persones a qui estimàvem: que formaven part de la nostra família, de les nostres amistats, còmplices en el dia a dia… I, sobretot, hem perdut aquella gran saviesa que s’amaga rere els ulls i les mans de tantes dones rurals d’edat avançada. Un coneixement de la terra, del medi que ens envolta, heretat de les àvies de les àvies de les seves àvies, que ara custodiaran les flors i les pedres, i que amb elles s’ha anat per sempre.

També se n’han anat amb elles moltes paraules que ja mai tornaran. Algunes, amb sort, hauran quedat recollides en les fulles d’algun diccionari local, esperant que algú les desempolsi. Perquè no podem oblidar-nos tampoc de la riquesa lingüística que han custodiat les dones rurals, donant nom a tots els elements que ens envolten, i gràcies a les quals avui tenim la sort de poder seguir escoltant una gran varietat de llengües i accents que fan únics i diversos els nostres medis rurals. Darrere la llengua i de la paraula hi ha formes de vida i vincles meravellosos i únics.

Tampoc ens oblidem de totes les dones que es veuen discriminades per la seva diversitat ni de les nostres germanes trans. No podem oblidar-nos d’aquelles dones que parlen i veuen amb les seves mans, ni de les dones que caminen a altres ritmes. De les dones rurals amb patiments i malestars emocionals, d’aquelles amb capacitats diferents. Tractades de boges, tractades d’estranyes, tractades de discapacitades. Assenyalades per ser diferents. Doblement oblidades i doblement afectades per la pandèmia.

Totes som diferents,

i totes,

juntes,

amb les nostres diversitats, custodiem els nostres medis rurals. Els omplim de vida i ens enxarxem per seguir cap endavant, oblidant-nos d’aquelles paraules que comencen per “des-” i que tant agraden als mitjans de comunicació.

Dèiem que la pandèmia ens ha robat les abraçades, però hem teixit més xarxes que mai per suplir aquesta manca de serveis que han estat agreujats per la pandèmia. Organitzant-nos per portar aliments a qui no podien sortir de les seves cases, visitant a qui no poden veure als seus familiars per ser-hi lluny, i dedicant més temps que mai a tenir cura dels qui tenim a prop.

En aquests temps difícils, moltes dones han hagut de combinar les feines al camp, d’altres el teletreball, d’altres han seguit a peu de canó als centres de salut; amb ser mestres, cuidadores, infermeres… Havent d’estar disponibles pels altres a tota hora.

Hem sentit de forma constant que tenim molta sort de viure en un poble, perquè tenim contacte directe amb la natura. Però allò que ningú veu és que aquí els serveis bàsics s’han vist disminuïts per partida doble; uns serveis que ja eren escassos i que en molts casos han desaparegut. Amb el virus com a excusa s’han tancat centres de dia i menjadors, i s’ha reduït l’horari de moltes escoles bressol i altres espais dedicats a les cures. A més, moltes famílies han hagut de treure de les residències als seus avis per por que es contagiessin, trobant-se moltes dones sense altra alternativa que haver-se-les d’arreglar per poder conciliar les seves feines amb la cura dels seus familiars dependents.

Ens recordem també de totes les companyes que han patit ERTOS, o que han hagut de tancar els seus negocis per la crisi derivada de la pandèmia. Hem vist com, durant molt de temps, des de les administracions s’ha impulsat a les zones rurals el turisme com a (gairebé) única font d’ingressos. Enguany la pandèmia ha fet que moltes famílies a l’entorn rural dedicades al turisme ho estiguin passant realment malament i no tinguin altres opcions.

La pandèmia ha aguditzat, més que mai, la bretxa digital. En un any en què el teletreball ha emergit al nostre país, ens hem topat amb què mentre a les grans ciutats està arribant ja el 5G, en molts dels nostres pobles no hi ha tan sols banda ampla. Hem incorporat la paraula «teletreball» a la nostra rutina, i per a molts mitjans i administracions ha esdevingut la panacea i salvació dels nostres medis rurals. Nosaltres avui volem reivindicar el terratreball. Volem seguir lluitant per tenir accés a la terra i a un habitatge digne en el medi rural. Volem que s’ajudi i es facilitin les produccions agroecològiques i extensives que estan lligades al territori, produint aliments de gran valor ambiental, formant un vincle únic entre persona, animal, llavor i terra. Volem dignitat i drets per a les persones migrants que treballen als nostres camps. Volem els serveis públics de qualitat que ens mereixem.

Aviat tornarà la primavera

Els nostres camps ja llueixen un color verd que ens fa pensar en un altre demà. No importa el que vingui, perquè seguirem unides plantant cara a les adversitats. Perquè ni tan sols aquest virus ha aconseguit buidar el nostre territori. Seguim fortes davant la pandèmia. Seguim unint els nostres pobles teixint xarxes i vincles, amb les nostres mans tenyides pel color del terrer. I ens quedem aquí a la terra i conjuguem el verb «aterreñar», una paraula del nord que ens retorna l’esperança i la llum. Significa veure i trepitjar la terra de nou després de la neu, no només nosaltres, sinó també els animals, que tornen després de les grans nevades a alimentar-se de la pastura. Sabem que aviat podrem tacar-nos les mans de terra, totes juntes, mirar-nos i somriure.

Per un feminisme de totes,

Per un feminisme de germanes de terra.

*La il·lustració és d’Eva Piay. Podeu descarregar-la aquí.

** (Aquest manifest ha estat escrit per Lucía López Marco i María Sánchez. Gràcies als consells i aportacions de Celsa Peitado, Ana Pinto, Blanca Casares, Patricia Dopazo, Mentxu Ramilo, Karina Rocha, Elisa Oteros i Elena Medel. I a tantes altres que heu fet arribar les vostres aportacions.)

***Aquest manifest ha estat traduït al català per Mar García Gálvez

Conoce más de este proyecto en la ciudad de Oaxaca.

café en chiapas

Mariana Castillo

Escrito por

Este proyecto nació en 2006, en medio de la incertidumbre. Por aquella época estalló el conflicto magisterial en Oaxaca y la situación social no era fácil. Berenice Barragán, una abogada internacionalista, volvió a su ciudad natal para atender algunas situaciones familiares, mientras que Kyle Drumgoole, un sociólogo gringo adicto al café, se la pasaba leyendo y probando distintos cafés en la ciudad de Oaxaca. Un día, con un poco de suerte, coincidieron en un establecimiento. Platicaron, se gustaron, tomaron una taza de café y ninguno se imaginó lo que pasaría. El cuento corto: se hicieron novios y emprendieron un pequeño negocio de café en la calle García Vigil. El cuento largo: él ya había sido barista en una barra de especialidad durante años en Estados Unidos —en Small World Coffee, para ser exactos— y uno de sus sueños era tener un café en México que ofreciera productos de la mejor calidad, velara por el bienestar social y comunitario, y fuera un epicentro de creatividad. Ella estaba dispuesta a tomar riesgos y asentarse nuevamente en Oaxaca.

El inicio fue extraño. Cuando tomaron el local, este estaba literalmente en cenizas debido a los conflictos armados. Tenían café, desayunos y hacían pan. “Era un lugar muy pequeño, pero con mucho encanto. Al principio eran unas jornadas larguísimas y hacíamos todo nosotros”, nos cuenta Berenice. No era para menos, pues Café Brújula fue la primera barra de especialidad en la ciudad de Oaxaca y la primera en ofrecer panadería europea, según nos cuenta el ahora matrimonio de emprendedores. “Cuando llegué a Oaxaca me sentí en casa. Este caso ha sido de tenacidad, de intentar perseguir tus oportunidades y que la suerte te agarre trabajando”, nos dice Kyle con confianza.

Quince años después de haber puesto la primera piedra, Café Brújula tiene más de 10 sucursales (sin ser franquicia) y 29 variedades de mezclas de café. No es gratuito. Parte importante es el sentido de comunidad y confianza por el que han apostado. Kyle cuenta que una de las primeras innovaciones que hizo fue la distribución de los asientos y mesas. “Quería crear una atmósfera horizontal, donde la gente pudiera convivir y el espacio se prestara para intercambiar ideas”. Fue así que instalaron mesas comunales. Otra parte fundamental es la trazabilidad de sus productos. En cada bolsa de café se encuentra la información del productor, la fecha de tostado, las notas y un código QR que te abre una página con más información, como la historia de cada café e incluso con la fotografía de los productores.

Brujufinca

Café Brújula

La Brujufinca nació en el 2016 como parte del crecimiento de Café Brújula y el deseo por cultivar ellos mismos el café y otros productos. Es un proyecto que se ubica en el bosque de niebla, en la región de Pluma Hidalgo. Ahí trabajan con dos agrónomos y un equipo que se encarga que mantener los suelos nutridos y vivos. Cultivan variedades como Pluma Hidalgo, Geisha y Borbón. La pizca se hace a mano y el fruto de café pasa por un proceso de fermentación controlada para potenciar los sabores y aromas en la taza final. Además del café se producen huevos, algunas frutas y verduras, y miel.

Café Brújula vela por la conservación del entorno y el respeto a la naturaleza, por lo que ha conseguido el certificado ‘Bird Friendly’, esto garantiza que los árboles proveen suficiente sombra para que las aves migratorias tropicales usen esta tierra como hábitat, lo que se traducen en ecosistemas que garantizan la sustentabilidad e influyen en la calidad de las cosechas.

Café con causa

café mexicano

Nathan Dumlao/Unsplash

Uno de los principales objetivos de Café Brújula ha sido el apoyo a la economía local, así como la dignificación y revalorización del trabajo de pequeños productores oaxaqueños. Es por ello que la compra de algunos granos de café se hace directamente con los productores, pagando por arriba de los precios convencionales de café regulados por la Bolsa de Nueva York, para generar una relación de confianza con los caficultores y evitar precios predatorios.

Dentro de las 29 mezclas que existen actualmente —donde se trabaja con las siete regiones caficultoras del estado—, ha habido colaboraciones sociales. Por ejemplo, Mujeres Voladoras fue una iniciativa en 2019 cuyo propósito era empoderar a 20 caficultoras —10 de Tierra Blanca y 10 de San Miguel Yotao— con apoyo de la ONG Heifer México. A cada productora se le dieron gallinas y materiales para construir gallineros para fomentar la diversificación de ingresos, además de capacitación sobre catas, análisis físico en café verde, secado de café y buenas prácticas para obtener café de alta calidad.

Otra serie memorable es Maestros, en la que cada mes un maestro caficultor presenta un nuevo café de alta calidad. Cada bolsa tiene un código QR que despliega la foto y nombre completo del productor, lo que transparenta la relación y permite que otros tostadores se acerquen y paguen un precio justo a los caficultores.

El día a día

A pesar de la amplia variedad de cafés que se ofrecen en Brújula —hay opciones aromatizadas con mezcal, con notas a miel, manzana, cereza, chocolate, vainilla, etc.—, en las sucursales normalmente se ofrecen el café de la casa y el descafeinado. Además, cada semana se rota un café especial de los 29 disponibles, estos últimos se preparan normalmente con métodos como Chemex o V-60.

En la tienda en línea puedes elegir no solo el tipo de café, sino el molido que necesitas según el método con el que vayas a prepararlo. Tienen distribución en todo México —con envíos gratis a partir de $1,000 pesos— y también distribuyen en Estados Unidos.

Tips para elegir café y método

cold brew

Devin Avery / Unsplash

Kyle nos dice que para comprar un café él recomienda que te fijes en la fecha de tostado, en la procedencia del café (de dónde viene o quién lo hizo), así como las notas que puedes esperar al tomarlo. Esta información genera confianza. Sobre los métodos, la realidad es que —por muy cliché que suene— el mejor es el que a ti te guste. Sin embargo, si no tienes mucha experiencia al elegir métodos de especialidad, Kyle nos comparte las siguientes generalidades sobre lo que puedes esperar de cada uno. Por supuesto, aquí juegan variables como la experiencia del barista, la temperatura del agua, la mezcla del café, el contacto del café con el agua y los utensilios.

Prensa francesa: el molido es más grueso, puedes encontrar sedimentos, por lo que el café tiene más cuerpo.

Chemex: el filtrado es mucho más fino. Gracias al papel se filtran los aceites, sedimentos y un poco del dulzor del café. Normalmente este método resalta la acidez.

Hario V60: es un método de extracción rápida, por lo que es muy difícil de controlar. Sin embargo, normalmente sale un café muy balanceado.

Aeropress: filtra los sedimentos, pero la ventaja es que puedes controlar tiempo de contacto del agua con el café, por lo que salen perfiles diferentes de café según la manipulación del utensilio.

Prensa italiana: el café normalmente se quema, aunque hay métodos para controlar esta reacción. El sabor del café suele ser muy fuerte.

[Fuente: http://www.foodandwineespanol.com]

 

El curso recorrerá la disciplina desde su surgimiento, sus enfoques teóricos y su puesta en práctica en actividades productivas diversas como la horticultura, la fruticultura, la agroforestería y la ganadería. 

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), con sede en Argentina, iniciará el 1 de marzo un curso virtual y gratuito sobre agroecología, dirigido al público en general.

Según indican los organizadores el curso de seis semanas de duración no requiere conocimientos previos en el tema, y las inscripciones están abiertas en el sitio web: inta.gob.ar/eventos/mooc-agroecologia.

El curso recorrerá la disciplina desde su surgimiento, sus enfoques teóricos y su puesta en práctica en actividades productivas diversas como la horticultura, la fruticultura, la agroforestería y la ganadería.

El curso tendrá un enfoque interdisciplinario, y combina diversas áreas del conocimiento como la agronomía, ecología, antropología, ciencias del suelo, sociología y zootecnia.

El curso se destaca por su amplia accesibilidad mediante Internet, lo que habilita la participación a distancia, desde cualquier parte del mundo y sin límite de participantes, señalaron desde el INTA.

Roberto Cittadini, investigador del INTA y coordinador académico del curso, destacó que la dinámica participativa del curso se basa en la diversidad social y geográfica de los actores.

“La capacitación propone construir un enfoque de la agroecología desde la perspectiva de las ciencias agronómicas, la ecología y las ciencias sociales”, agregó.

El curso está organizado en cinco unidades que se habilitarán progresivamente a lo largo de seis semanas.

Cada semana se ofrecerán actividades individuales, colectivas y de inmersión, lo que permitirá a los participantes apropiarse del contenido y probar su comprensión.

Además, cada semana, los especialistas organizarán un evento en vivo en la plataforma para responder preguntas.

También, los especialistas se referirán a los sistemas agrícolas-ganaderos integrados de gran escala. A su vez, se hablará sobre la transición agroecológica y se cerrará la capacitación con un trabajo práctico.

Además del público en general, el curso ofrece interés para los estudiantes que quieran formarse, desde bases científicas hasta implementaciones operativas.

De igual modo, para los profesionales que deseen adquirir nuevas habilidades a partir de un sistema de contenidos flexibles basados en los últimos avances en investigación y desarrollo”.

El sector agropecuario global se enfrenta a un nuevo desafío: alimentar a un mundo cada vez más habitado, hacerlo con alimentación de calidad y revertir el impacto ambiental que se generó con la agricultura industrial.

El curso es organizado por el INTA y el Instituto Nacional de Educación Superior en Ciencias Agronómicas de Montpellier (SupAgro) de Francia.

El INTA es un organismo de investigación estatal, descentralizado con autonomía financiera​ y operativa dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la República Argentina.

El curso se destaca por su amplia accesibilidad mediante Internet, lo que habilita su cursada a distancia, desde cualquier parte del mundo y sin límite de participantes”, señalaron desde el INTA.

 

 

[Foto: Revista InterNos – fuente: http://www.servindi.org]

 

Por Guilherme Zocchio

Nos idos dos anos 1990, um empresário paulista se deparou com uma pequena fruta saborosa de coloração escura, mas exótica aos olhos de um empreendedor industrial do Sudeste do Brasil. Esse encontro, no entanto, não se limitaria à interação de dois universos pitorescos distintos. Seria, na verdade, o marco de um processo atualmente em curso e que está transformando o açaí, um dos mais tradicionais alimentos da porção Norte do país.

Do contato do empresário com o fruto, surgiu, em hora e local oportunos, uma ideia que mudaria para sempre um elemento da cultura alimentar nortista. Ele decidiu fabricar sorvetes, misturando-os com creme da fruta, e vendê-los pelas praias dos estados do Sudeste. Daí em diante, foi questão de tempo até aquele mix ganhar paladares sedentos por novidades e se tornar um ícone dos sabores de sucos, granolas e comidas geladas pelo Brasil.

Essa história, reduzida aqui a uma pequena sinopse, é apenas um dos elementos que o pesquisador Rafael Fonseca, do Grupo de Pesquisa sobre Fome e Relações Internacionais (Fomeri) da Universidade Federal da Paraíba (UFPB), levantou, em sua dissertação de mestrado, para mostrar que o açaí está em vias de tornar-se uma commodity agrícola, como são hoje o açúcar, o milho, a palma e a soja.

Para que a pequena fruta escura tomasse esse rumo, no entanto, não bastou uma decisão com ares disruptivos vinda de um pequeno-burguês paulista. Fonseca afirma que o empresário em questão tinha um contexto mais do que favorável para o desenvolvimento da sua ideia — e é aí que está o pulo do gato.

“Sob um olhar da geopolítica”, diz o pesquisador, um internacionalista, “desde a década de 1980 vivemos, sob o neoliberalismo, um regime agroindustrial corporativo, no qual empresas multinacionais começam a controlar cada vez mais a distribuição de alimentos. Nessa época, os países do sul global começaram a exportar mais frutas, tanto para atender ao mercado interno quanto para a exportação”.

Entre as frutas que passaram de alimento cultural para item de desejo em outras regiões do Brasil e do mundo estava, justamente, o açaí.

Fonseca concedeu uma entrevista para O Joio e O Trigo sobre esse processo, tema da sua pesquisa, intitulada “O regime agroalimentar corporativo: questionamentos sobre a materialização do açaí ultraprocessado no século XXI”.

Na dissertação, ele investiga como o fruto está tornando-se uma commodity, resultado de um cultivo extensivamente produzido para exportação, com o objetivo principal de alimentar a indústria que o utiliza para fabricar outras mercadorias — e vale dizer: boa parte delas, alimentos ultraprocessados. Para visualizar esse decurso, o pesquisador afirma que há duas principais evidências.

“Primeiro, é a transformação na forma de cultivar”, explica. “Se naturalmente o açaí crescia na beira dos rios, hoje em dia a Embrapa (Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária) trabalha com sementes modificadas para poder plantá-lo em fazendas. Antes, ele era uma cultura extrativa. E agora vem sendo produzido como se fosse um grande monocultivo, com a mecanização da colheita cada vez mais discutida.”

O pesquisador se refere ao melhoramento genético do fruto desempenhado pela Embrapa, que é a empresa pública brasileira de inovações sobre a atividade econômica rural. Recentemente, a companhia concluiu o desenvolvimento de um tipo de semente que facilita a plantação de açaí em grandes extensões de terra e oferece ganhos maiores. A variedade obtida, a BRS Pai d’Égua, é, segundo a empresa, 50% mais produtiva e rende até 30% mais do que as espécies tradicionais.

Disputa fundiária

A entrada em cena de um dos grandes atores da pesquisa e do desenvolvimento agropecuários nacionais reforça, de acordo com o pesquisador, os indícios da integração do cultivo do açaí com um complexo agroindustrial, semelhante ao que acontece em outras cadeias de matérias-primas agrícolas.

Além disso, a inserção nas linhas das grandes indústrias indica, segundo ele, a entrada do ciclo produtivo do açaí no mercado financeiro, tal qual ocorre com a soja e o milho, entre outros itens negociados na bolsa de valores. Mas atenção aqui: isso não significa que o açaí já seja parte do jogo de especulação de preços. O que Fonseca mostra é que ele está quase lá, uma vez que boa parte das empresas que manufaturam o fruto —da porteira das fazendas para fora— está sendo comprada por fundos de investimento.

Da porteira para dentro, a busca por terras para plantations de açaí provoca —assim como no caso da cana-de-açúcar, do milho, da palma e da soja— disputas fundiárias, um problema mais do que comum nas atividades do agronegócio.

Fonseca cita, para ilustrar no seu estudo, que o Pará é não só uma das porções do Brasil onde mais se produz açaí, mas também é uma das localidades em que mais há conflitos por grilagem de terras. A dissertação apresenta dados que dão conta de que há mais terras registradas do que a área total do estado, indicando que existem regiões em que uma ou mais pessoas reivindicam posse da mesma propriedade: são 495 milhões de hectares registrados, o que corresponde a um total quatro vezes superior à área total do Pará.

“A principal conclusão que a pesquisa traz é apontar que não necessariamente uma commodity precisa estar vinculada à bolsa para ser considerada uma commodity”, comenta Fonseca na entrevista para este repórter. “Para um cultivo entrar na trajetória de comoditização e financeirização, ele precisa especular terras. A partir do momento em que precisa de mais terras para produzir o fruto, passa a disputar essas mesmas terras”, completa.

A segunda grande evidência sobre a transformação do açaí em commodity é o trato do Estado brasileiro para com o fruto. O interesse da Embrapa no cultivo já é um indício, mas não é o único nem o mais explícito. Em 2016, o então governador do Pará, Simão Jatene (PSDB), publicou um decreto criando incentivos fiscais para a exploração industrial, com a condição de que as indústrias se comprometessem a desenvolver pelo menos três novas linhas de produtos a partir da polpa do fruto.

Segundo Fonseca, a medida tomada por Jatene foi um importante passo para consolidar a inserção definitiva do açaí em dois setores da indústria: o processamento de alimentos, para a fabricação de ultraprocessados como os mix, sorvetes e sucos; e o mercado de cosméticos, cujo maior expoente é a multinacional brasileira Natura.

“Esse processo de inserção na indústria está acontecendo hoje e está em constante expansão. Cada vez mais as empresas criam encontros para discutir produtos e pensar em maneiras sobre a industrialização do açaí”, diz o pesquisador.

Cultura e saúde

Em que pese o fato de o fruto ter-se popularizado como um alimento ultraprocessado, Fonseca recorda que o açaí é, antes de tudo, parte da cultura alimentar do Norte do Brasil. Enquanto em regiões como a Sudeste ele é servido na forma de sorvetes, misturados não raro a leite condensado, achocolatados, doces e outras porcarias, o açaí é consumido no seu berço como um alimento in natura ou similar.

“No Norte, come-se o açaí como um alimento básico, minimamente processado, como o arroz. Ele compõe a dieta cotidiana das pessoas, ao lado das farinhas e do peixe”, lembra o pesquisador. “Ao mesmo tempo em que, na Amazônia, é consumido mais do que o leite, em outras regiões ele é exportado como produto químico.”

E complementa: “Uma parte do complexo industrial pode considerar o fruto uma commodity, como a palma, o milho, a soja. Por outro lado, ele é uma cultura tradicional. E esses dois modelos estão em disputa”.

É nesse embate entre dois usos tão distintos de um mesmo fruto que o pesquisador quer dar sequência ao seu estudo. Ele afirma que deseja levar as discussões da dissertação para a área da saúde coletiva. Diz que vê relações entre a comoditização do açaí e o que aconteceu outrora com o açúcar — que foi de um item de luxo a um ingrediente barato, relacionado à profusão de males que são as principais causas de morte mundialmente.

“Para mim, a grande reflexão que tiro é como existe essa relação entre três fenômenos: o da financeirização; o da flexibilização dos cultivos, no qual um mesmo cultivo pode servir para várias indústrias; e o fenômeno dos ultraprocessados”, conclui. “A partir do momento em que a gente está exposta a isso, há uma série de doenças crônicas não transmissíveis que se proliferam.”

 

[Fonte: http://www.ojoioeotrigo.com.br]

Una cosinièra e agricultritz de Blaiac fabrica de formatges vegetals amb los meteisses campairòls que los del celèbre formatge pigat de verd

Los formatges ”Roquefortis” e “Végamembert” se fan dins una bòria del Causse de Severac e los vend als mercats de Sant Africa, en Roergue, e tanben a Lodeva, en Bas Lengadòc.

Lo formatge de ròcafort vegan ven d’espelir, tanben en Roergue, de la man de Coralie Roussel, una cosinièra e agricultritz que fabrica de formatges vegetals, sens lach, a basa de notz de cajó. Fa sos formatges ”Roquefortis” e “Végamembert” dins sa bòria del Causse de Severac e los vend als mercats de Sant Africa, en Roergue, e tanben a Lodeva, en Bas Lengadòc, çò rapòrta France 3.

Après fòrça ensages, Roussel a trobat los dosatges e l’equilibri perfièch per far un formatge de Ròcafort sens lach mas amb los meteisses campairòls que los del conegut formatge de Roergue pigat de verd.

[Imatge: Coralie Roussel – poblejat dins http://www.jornalet.com]

vinos

Escrito por   

La intención de buscar productos más naturales, con menos procesos y químicos ha formado parte de la gastronomía por años. Pero no solamente para comer, también para beber. La ola de vinos orgánicos, biodinámicos y naturales ha llegado con fuerza. Por lo que cada vez será más común ver estas opciones en tiendas y restaurantes.

Suele haber un poco de confusión respecto a lo que hace que un vino sea orgánico, natural o biodinamico, así que aclararemos las principales diferencias para que la próxima vez que salgas a cenar y te ofrezcan alguna de estas opciones te conviertas en la persona más interesante de la mesa.

Vino orgánico

Su característica principal está en que este tipo de vino recibe el título por sus ingredientes. Lo que le da el nombre de orgánico a un vino es que sus uvas son cultivadas sin fertilizantes ni pesticidas con químicos artificiales, pero una vez recolectadas, el vino se produce de la misma forma que el resto. El grado de cuidado en el proceso del vino cambia dependiendo el país. Por ejemplo, hay lugares en el mundo en los que no se pueden agregar sulfitos (compuestos del azufre que ayudan a conservar los productos por más tiempo), pero otros en lo que sí.

¿Sabe distinto al vino ordinario? La respuesta es no, el perfil de sabores de los vinos orgánicos es igual a la de los demás. Lo que sí es que debido a la falta de químicos en las uvas pueden llegar a tener una mayor calidad.

Vino Natural

vino natural

El vino natural es una forma de hacer el vino que se asemeja mucho a la de los primeros vinos del mundo, intentando que durante el proceso haya la menor intervención humana posible.

Aunque la mayoría de los productores procura utilizar uvas orgánicas, no es un requerimiento. Se hace la recolección manual, el mosto se hace de forma rústica y después se fermenta con levaduras nativas —levaduras que se producen de forma natural en el ambiente de una bodega. Una vez fermentado, tampoco se clarifica, filtra ni estabiliza usando químicos y obviamente tampoco se le añaden sulfitos. Al no tener químicos añadidos, el vino natural es uno de las bebidas alcohólicas que producen menos resaca.

¿A qué sabe? Los sabores son distintos, el vino natural es más fresco, se perciben claramente las notas de fermentación y algunos no disfrutan que sea más ligero. Visualmente suele ser brumoso porque tiene un poco de sedimentos.

Vino biodinámico

vinos orgánicos, naturales y biodinámicos

Los vinos biodinámicos derivan de la agricultura biodinámica —un movimiento que inició el filósofo austriaco Rudolf Steiner a inicios de la década de 1920— que fue la primera forma de agricultura sin químicos en el mundo. Se hace a partir de un calendario de cultivo que toma en cuenta el calendario lunar y las influencias astrológicas. La idea detrás de esto es que todo en el universo está interconectado y funciona como un sistema, así que la agricultura se conecta con los movimientos de la tierra, creando una resonancia entre el vino, la tierra, los astros y el hombre.

La biodinámica suele iniciar en el viñedo, antes de que se comience a fermentar la uva. Entre sus principales procesos está el de plantar, podar y recolectar siguiendo el calendario biodinámico. Su calendario, creado por Maria Thun, divide los días en cuatro categorías: raíz, fruto, flor y hojas.

Además del calendario biodinámico, tampoco se le añaden químicos (ni siquiera levadura comercial), aunque sí se permite clarificarlo y agregar estabilizantes —como sulfitos—.

En términos de sabor, en realidad no existe una diferencia marcada entre los vinos biodinámicos y el resto. De hecho en varias catas a ciegas profesionales no han podido distinguir entre una bebida biodinámica y una regular. Pero el proceso de agricultura que conlleva el vino y la falta de químicos suele notarse en una calidad superior.

[Ilustraciones: Griselle Montejo – fuente: http://www.foodandwineespanol.com]

  • Leydy Pech, indígena maya que lideró la coalición que enfrentó en tribunales a la compañía Monsanto para detener la siembra de soya transgénica, es una de las seis galardonadas con el Premio Goldman 2020, el máximo reconocimiento para activistas ambientales.
  • “Los pueblos indígenas estamos pagando un costo muy alto por el modelo de desarrollo impuesto por los gobiernos”, dice Leydy Pech, para quien el premio es un reconocimiento a la larga lucha dada por el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes.

Leydy Pech Martín está rodeda de la flor de tajonal, para ella es muy simbólico pues es una fuente de nectar y polen para las abejas y los insectos polinizadores de la región. A través de la conservación de apicultura tradicional maya, Leydy lucha contra empresas trasnacionales y por el respeto de los derechos de la mujer maya, por un medio ambiente sano.

Escrito por Thelma Gómez Durán

Todo comenzó por las abejas. No se trataba de las abejas que más abundan y que son más conocidas, aquellas que la ciencia llama Apis mellifera. La historia de Leydy Pech como defensora del ambiente, el territorio y la identidad maya puede empezar a contarse a partir de su interés por conservar a una abeja más pequeña, que no tiene aguijón, que hace sus colmenas dentro de troncos huecos y que solo se encuentra en la península de Yucatán. Una abeja bautizada por los científicos como Melipona beecheii, pero que los mayas llaman Xunáan Kab, “la dama de la miel”.

Hace poco más de dos décadas, Leydy Pech y otras mujeres mayas de la comunidad de Ich Ek —municipio de Hopelchén, en el estado de Campeche, al sur de México— se organizaron para comenzar a rescatar una práctica que habían desarrollado los antiguos mayas, pero que se perdía en su territorio: la meliponicultura, es decir la crianza de la Xunáan Kab para producir miel.

Esas “abejitas” —como les llama Leydy— provocaron una pregunta que se convirtió en un motor de acción: “¿Cómo se van a conservar a las abejas si cada vez hay menos condiciones ambientales para que ellas sobrevivan? Las abejitas permitieron darme cuenta de todo lo que estaba pasando en mi territorio”.

FOTO EMBARGADA HASTA EL 30 DE NOVIEMBRE DE 2020

Leydy Pech es una mujer maya que practica la apicultura tradicional maya, a través del manejo de la abeja melipona. Esta labor permite el cuidado de la selva y brinda un servicio ambiental importante. Foto: Robin Canul

Desde entonces, Leydy Pech —hoy de 55 años— y sus compañeros del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes han recorrido un largo camino que los ha llevado a denunciar las consecuencias ambientales, sociales y culturales que está provocando el avance de la agroindustria en el municipio de Hopelchén, Campeche, y en otras áreas de la península de Yucatán.

En ese caminar se han enfrentado a grandes empresas como Monsanto, así como a las dependencias gubernamentales que en 2012 otorgaron permisos a la empresa para la siembra de soya transgénica, sin realizar consultas previas. “Nunca imaginé —dice Pech— que al decidir conservar a estas abejitas nos íbamos a enfrentar a tantas dificultades”.

En 2015, después de un largo litigio, la Suprema Corte de la Nación dictaminó que el gobierno mexicano violó los derechos constitucionales de los mayas al entregar los permisos a Monsanto. En 2017, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria revocó el permiso que tenía la compañía para cultivar soya genéticamente modificada en seis estados de México.

FOTO EMBARGADA HASTA EL 30 DE NOVIEMBRE 2020

Leydy Pech, indígena maya de Hopelchén, Campeche, recalca que el premio es un reconocimiento al trabajo de las comunidades mayas. Foto: Robin Canul

Por ese logro y por su trabajo por la defensa del territorio maya, Leydy Pech es una de las seis personas que este año obtuvieron el Premio Goldman, galardón que desde 1989 otorga la Fundación Ambiental Goldman y que es considerado como el más importante reconocimiento para defensores ambientales.

“Este premio es un reconocimiento al trabajo colectivo que se ha hecho en Hopelchén; es también una gran responsabilidad y un compromiso por continuar, porque durante nuestra lucha hemos logrado varias cosas, pero aún nos falta mucho por hacer”, dice Leydy Pech. Es discreta al mostrar su felicidad por el galardón; en sus palabras no hay aspavientos; en su voz no hay prisa ni titubeos. En sus frases predomina el plural: “Como sucedió con el fallo de la Suprema Corte, este reconocimiento nos da la razón: vamos por buen camino”.

Mujeres que forman parte del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes. Foto: Robin Canul

El poder de las comunidades organizadas

Leydy Pech nació y creció en la comunidad maya de Ich Ek, en el municipio de Hopelchén, en Campeche; una región conocida como Los Chenes, un territorio que forma parte de la selva maya y en donde la apicultura es una de las principales actividades económicas: 40 % de la producción nacional de miel proviene de la península de Yucatán.

Cuando un grupo de mujeres de Ich Ek comenzaron a trabajar con las abejas Xunáan Kab —recuerda Leydy Pech— se dieron cuenta de que los conocimientos de sus ancestros mayas se estaban perdiendo: solo en algunos lugares se realizaba meliponicultura y la introducción de las abejas Apis mellifera ya había desplazado a las abejas nativas.

“Estas abejitas —explica Pech— han vivido en este territorio desde hace miles de años, son mayas, pero se les estaba desplazando, porque ellas no producen tanta miel como la Apis, pero no por eso se les debe hacer a un lado. Ellas son de este territorio y gracias a ellas existen ciertas plantas. Pero cada vez es más difícil que tengan las condiciones ambientales para que vivan”.

Los cambios en el paisaje comenzaron a notarse más a partir de finales de la década de los ochenta, cuando en el municipio de Hopelchén empezaron a instalarse colonias de comunidades menonitas procedentes del norte de México. Los menonitas compraron y rentaron tierras las cuales transformaron en grandes campos de cultivo sin que ninguna autoridad federal, estatal o municipal lo impidiera.

Campo de Soya en Campeche

Campo cultivado con soya en Hopelchén, Campeche; ejemplo de la agricultura intensiva que propicia el declive en la diversidad de las abejas. Foto: Eric Vides

Cuando Leydy Pech, sus compañeras y habitantes de otras comunidades de Hopelchen miraron cómo la diversidad de la selva maya se sustituía por extensos campos de monocultivos decidieron organizarse, formaron el Colectivo Apícola de los Chenes, que después cambió su nombre a Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes.

“Primero eran un grupo de representantes de unas ocho comunidades que, entre 2008-2009, empezaron a reunirse para reflexionar sobre los cambios que veían en su región, provocados por la agricultura industrial que estaba modificando toda la geografía de la zona y la selva en Hopelchén”, recuerda Irma Gómez, ingeniera agrícola e investigadora que ha acompañado a las comunidades mayas.

Ese colectivo creció aún más a partir de 2012, cuando en la región se enteraron de que el gobierno mexicano, sin consultar previamente a las comunidades, había otorgado permisos a la empresa Monsanto para la siembra de soya transgénica, y esas semillas y plaguicidas, como el glifosato, se estaban utilizando en terrenos agrícolas de Hopelchén.

Menonitas Campeche

En Hopelchén, Campeche, la expansión de la agroindustria se realiza en tierras compradas y rentadas por los menonitas. Foto: cortesía de Gabriela Torres M.

Irma Gómez recuerda que entre las primeras preocupaciones de los apicultores estaban las consecuencias que traerían los transgénicos a la producción de miel.

Pero, poco tiempo después, las comunidades y sobre todo las mujeres comenzaron a reflexionar sobre cómo la expansión de la agroindustria afectaba a la biodiversidad, contaminaba sus fuentes de agua y provocaba daños en su salud. También se comenzó a hablar de la importancia de conservar sus conocimientos y su identidad maya. “Las mujeres del colectivo —recuerda Gómez— subieron a la mesa de discusión temas como el respeto al territorio y a la cultura”.

La académica Naayeli Ramírez, quien durante un tiempo fue la asesora legal del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes, resalta que el “colectivo logró dar el salto gracias al liderazgo de muchas mujeres”.

Cuando en 2015 la Suprema Corte les dio la razón y señaló que el gobierno mexicano violó sus derechos al entregar los permisos a Monsanto, el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes logró mostrar que las comunidades organizadas pueden enfrentar con éxito a grandes empresas.

Pero además, cuando en 2017 se cancelaron los permisos para la siembra de transgénicos, “muchas comunidades del país miraron que es posible litigar contra el estado y contra las empresas. Ese triunfo impulsó a otras comunidades a decir: sí se puede organizarse para pelear contra políticas públicas que nos afectan”, resalta Jorge Fernández, abogado de Equipo Indignación, una de las organizaciones civiles que ha acompañado en su lucha a las comunidades mayas.

Abejas nativas-Campeche

Leydy Pech en su comunidad de Ich Ek. Foto: Thelma Gómez Durán

Mujeres que cuidan

Leydy Pech y sus compañeras mayas que han trabajado en el rescate de las meliponas y la defensa de su territorio abrieron nuevos caminos: no solo visibilizaron la importancia de conservar a una abeja nativa, también mostraron que ellas —no sus esposos, hermanos o padres— podían crear una organización —llamada Koolel-Kaab Muuch Kambal— para hacer que su voz se escuche y desarrollar sus propios productos de agricultura orgánica.

Leydy Pech reconoce que “no ha sido nada fácil abrir esas brechas. Porque uno empieza a romper roles en la propia familia y en la comunidad para impulsar cambios. Y eso cuesta”.

Entre las mujeres mayas que, junto con Pech, asumieron la defensa de su territorio están Angélica Ek, Alicia Poot, Andrea Pech Moo, Juanita Keb, Socorro Pech, Hilda Chávez, Guadalupe Correa, Cándida Che, Teresa Lugo, Martha Trejo, Consuelo Tec, Gina Naal, Ana Pech Nal y otras más.

Koolel-Kaab, “mujeres que trabajan con abejas”, es un grupo de señoras del poblado de Ich Ek que desde 1995 se dedican al cuidado y la conservación de la abeja melipona. Foto: Robin Canul

Naayelli Ramírez, hoy directora del departamento regional del Tec de Monterrey, resalta que las mujeres de las comunidades mayas que defienden el territorio en el estado de Campeche “lograron pensarse a sí mismas de otra manera en un contexto que todo el tiempo las reta”.

Quienes conocen a Leydy Pech la definen como una mujer con una capacidad analítica sorprendente, que apuesta al diálogo, que es empática y que no busca el conflicto. También resaltan su capacidad para transformarse, adaptarse, mejorar y enfrentar sus miedos. Su liderazgo, coinciden, se ha dado en forma natural.

Pech prefiere no mirarse como “líder” o “activista”. Incluso, acepta que se negaba a mirarse como defensora ambiental. “A mí, como mujer, me han enseñado a cuidar, a proteger”, dice. Por eso, cuando ella miró cómo se estaba perdiendo ese ambiente, eso que formaba su territorio y su identidad como maya, era lógico que tenía que tomar el camino de la defensa.

Las mujeres de Koolel-Kaab tienen sus propios proyectos productivos; uno de ellos es la comercialización de productos derivados de la apicultura. Foto Robin Canul

“En menos de 15 años se perdieron esos grandes espacios de selva que teníamos y en donde escuchábamos a los pájaros, veíamos las plantas y a las abejas pecoreando; uno sentía el olor de las flores. Todo eso ya no está cerca; ahora está cada vez más lejos. Yo lo pude mirar, pero las nuevas generaciones ya no lo tienen tan cerca… Nosotras estamos luchando por conservar el territorio para las demás generaciones”.

La ganadora del Premio Goldman confiesa que se identifica con las abejas porque como ellas necesita las plantas, un territorio conservado para mantener su identidad: “para que nosotros, los mayas, podamos seguir necesitamos nuestras plantas medicinales, a los animales, a la biodiversidad. Yo vivo gracias a que mis antepasados, mis abuelos, mis padres cuidaron y conservaron. Esa es la parte que a nosotros ahora nos toca: conservar y cuidar para las nuevas generaciones”.

Abeja nativa de la Península de Yucatán

La Melipona beecheii es una de las abejas nativas de la península de Yucatán. Foto: Thelma Gómez Durán

Defender el territorio y la identidad

En 2019, el estado de Campeche perdió poco más de 53 mil hectáreas de cobertura arbórea. Entre 2001 y 2019, tan solo en el municipio de Hopelchén esa pérdida fue de 186 000 hectáreas, lo que equivale a una disminución del 20 % de lo que se tenía en el 2000, de acuerdo con datos de la plataforma Global Forest Watch.

Investigadores como el doctor Edward Allan Ellis, del Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana, han documentado que en Hopelchén la tasa de deforestación es cinco veces más alta que el promedio nacional.

A Leydy Pech no le convence el término “deforestación”; siente que la palabra se queda corta, que no es suficiente para dar una idea clara de todo lo que se pierde cuando se transforma una zona que antes era selva. “Cuando se habla de deforestación —explica— pareciera que solo se habla de que se tala cierto número de árboles. No, en esa tala de árboles se perdieron más cosas: se pierden las aguadas —lugares donde se concentra el agua—, se pierden especies de animales, se pierden conocimientos sobre esos lugares”.

Deforestación-Hopelchén

Hopelchén, Campeche. Desmonte y quema de la selva. Foto: Franz López

Es por eso que para Leydy Pech la defensa del territorio está ligada con la defensa de la identidad maya. “Estamos luchando para conservar no solo la biodiversidad, también nuestra identidad y los conocimientos que tenemos como pueblos originarios”.

Y por eso, Pech y sus compañeras mayas se han ocupado en trabajar con los jóvenes. Para ella es importante que las nuevas generaciones de indígenas mayas tengan un sentido de pertenencia al territorio y a la cultura. “Esa es una responsabilidad que tenemos, que no se pierdan los conocimientos de nuestra cultura maya”.

Jorge Fernández, abogado de Equipo Indignación, resalta que el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes es hoy un espacio en donde la defensa del territorio va de la mano con la defensa de la identidad maya.

“Ese proceso de búsqueda y encuentro con la identidad maya que ha tenido el colectivo —resalta Fernández— es uno de los procesos más interesantes que he visto. Han construido nuevas estrategias jurídicas y políticas donde se liga lo ambiental con lo cultural y la defensa de sus derechos como pueblo indígena”.

FOTO EMBARGADA AL 30 DE NOVIEMBRE DE 2020

Como parte de sus actividades comunitarias, Leydy Pech y el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes realizan actividades de educación ambiental. Foto: Robin Canul

 

Seguir la lucha contra un “desarrollo” impuesto

En las últimas dos décadas, la selva maya pierde territorio no solo por el avance de la agroindustria. La península de Yucatán ha sido invadida por proyectos que van desde la instalación de granjas porcinas —un estudio de Greenpeace-México documentó 257; 43 de ellas dentro de Áreas Naturales Protegidas—, parques eólicos, granjas solares e instalaciones turísticas. Además, el gobierno federal impulsa la construcción del llamado “Tren Maya”.

En estos años Leydy Pech ha mirado cómo se utiliza el discurso del “desarrollo” para impulsar megaproyectos agroindustriales, turísticos o de infraestructura. Ese mismo discurso es con el que hoy el gobierno actual impulsa al llamado Tren Maya: “Este gobierno sigue cometiendo el mismo error que los gobiernos anteriores: se plantea el desarrollo desde los escritorios, sin escuchar a las comunidades. Por eso, nosotros nos preguntamos: el desarrollo, ¿para quién es? Los proyectos eólicos, de extractivismo, de agroindustria, de turismo y el del tren no son nuestros proyectos. Son proyectos que llegan, se imponen y solo provocan desequilibrio, más pobreza y pérdida de conocimientos”.

Los integrantes del Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes han visto en su región esos desequilibrios ambientales, sociales, económicos y culturales que provoca, por ejemplo, la agroindustria.

En junio pasado, por ejemplo, el paso de las tormentas tropicales Amanda y Cristóbal dejó graves afectaciones en 122 comunidades de la península de Yucatán; 22 poblados de Hopelchén se inundaron durante días y se afectó a 93 % de las colmenas en Campeche. El colectivo documentó que las zonas más afectadas fueron aquellas donde se ha perdido selva, se cambió el uso de suelo y se transformaron los sistemas hidrológicos naturales.

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En el municipio de Hopelchén, 93 % de las colmenas sufrieron daños durante las inundaciones de junio de 2020. Foto: Robin Canul

“Ahora las comunidades nos estamos inundando cuando hay un evento natural como una tormenta o un huracán. La diversidad de alimentos se está reduciendo. Todo este modelo de agroindustria nos está afectando; los plaguicidas están contaminando nuestros suelos y el agua; se están perdiendo plantas nativas… Y todo —reclama Leydy Pech— por un modelo de desarrollo impuesto por los gobiernos y las empresas. Los pueblos indígenas, los pueblos originarios, somos los que pagamos el costo más alto de ese modelo”.

Cuando se le pregunta sobre el Tren Maya, Pech recuerda los argumentos que escucharon cuando daban la lucha contra la siembra de soya transgénica: “Nos dijeron: tienes muchos años comiendo soya y no te has muerto. Pero no hablaban de todo lo asociado a la siembra de la soya transgénica, la pérdida de selva, de plantas, animales y la afectaciones por los plaguicidas. Con el tren pasa lo mismo. El tren en sí, solo la vía del tren, no es el problema. El problema es todo lo que va asociado a ese proyecto. No nos pueden hablar solo del tren sin mencionar sus impactos culturales, ambientales, económicos y sociales”.

Ante este panorama, Leydy Pech menciona que el recibir el Premio Goldman es un impulso para seguir en la defensa del ambiente, el territorio y la identidad maya. “Estas luchas son muy largas. Esto nos permitirá fortalecer la lucha y nos abre la oportunidad para que se sumen más mujeres”.

FOTO EMBARGADA HASTA EL 30 DE NOVIEMBRE DE 2020

Leydy Peche fue reconocida con el Premio Goldman 2020 por su trayectoria en la defensa del territorio y su lucha contra los cultivos transgénicos. Foto: Robin Canul

Acciones para el beneficio de todos

Además de Leydy Pech, el Premio Goldman 2020 también se entregó a cinco activistas ambientales más; entre ellos a la ecuatoriana Nemonte Nenquimo, quien lideró una campaña indígena y una acción legal que tuvo como resultado un dictamen de la corte para la protección de la selva amazónica y el territorio waorani contra la extracción petrolera.

Otros de los galardonados este año son Chibeze Ezekiel, de Ghana, quien logró detener la construcción de una central de carbón; Kristal Ambrose, de Las Bahamas; quien logró que su país prohibiera las bolsas plásticas de uso único; Lucie Pinson, cuyo activismo permitió que en 2017 los tres bancos más importantes de Francia eliminaran el financiamiento para nuevos proyectos de carbón; y Paul Sein Twa, del pueblo indígena karen de Myanmar, quien impulsó la creación de un parque de la paz, un modelo comunitario de colaboración para la conservación en la cuenca del río Salween.

“Estos seis defensores del medio ambiente son los mejores ejemplos del impacto que una persona puede tener en muchas”, de acuerdo con John Goldman, presidente de la Fundación Ambiental Goldman.

Leydy Pech insiste que el premio es un reconocimiento para un trabajo en colectivo; un trabajo que comenzó por las abejas y que ahora sigue siendo por ellas, por esas abejas nativas que son una pequeña pieza de todo aquello que integra la identidad cultural maya.

 

[Fuente: http://www.mongabay.com]

Apicultores de la Sociedad Rural Kabi Habin, en Blanca Flor, Quintana Roo, México.

Tierra, semillas y territorios libres de violencias. La crisis alimentaria a nivel mundial cobra mayor vigencia cada día. Por un lado, la calidad de los alimentos preocupa a quienes pueden acceder a ellos; por otro, es cada vez mayor la cantidad de gente que no accede a una alimentación saludable.

Los dos aspectos de este conflicto comparten una misma raíz: un sistema agroalimentario industrial que se ha desviado del objetivo de alimentar a los pueblos, para convertirse en un multimillonario negocio que está destruyendo el planeta y la salud de las personas.

Como respuesta a la crisis generada por el agronegocio surge, en la década de 1980, la agroecología: una propuesta para resolver integralmente las problemáticas que el propio agronegocio genera. Hoy, sin embargo, el modelo agroindustrial (inmerso en una inevitable crisis) pretende reinventarse buscando una imagen que lo desligue de los crímenes que, desde hace décadas, viene perpetrando contra la naturaleza y los seres humanos.

Agroecología es hoy, entonces, un término en disputa.

Desde las organizaciones campesinas, de productoras y productores socioambientales y medios de comunicación alternativos, proponemos una agroecología de base campesina, heredera de 10 mil años de agricultura, cuyo objetivo principal es la soberanía alimentaria de nuestros pueblos. Cuando hablamos de agroecología de base campesina, creemos esencial tener en cuenta dimensiones sociales, políticas y medioambientales, y no solo las técnicas o prácticas agronómicas para producir alimentos. Eliminar el uso de agrotóxicos es central para tener una alimentación sana, pero hay muchos otros aspectos importantes a tener en cuenta. No podemos, por ejemplo, pensar en la producción de alimentos sin cuestionar profundamente las condiciones en que se producen, y sin reconocer y visibilizar los saberes que hace años forman parte de los sistemas productivos. Una agroecología de base campesina debe construirse a partir de la lucha por el territorio en manos de los pueblos, con circuitos de comercialización locales y de intercambio justo, donde las relaciones no prioricen el negocio, sino la solidaridad, la defensa de los bienes comunes, la biodiversidad y la construcción de relaciones más justas y espacios libres de violencias.

¿Por qué decimos que el concepto de agroecología está en disputa? Porque, desde hace algunos años, las corporaciones y los Estados se están apropiando de la palabra agroecología, otorgándole un sentido muy distinto. Plantean, sí, la eliminación del uso de agrotóxicos en la producción; pero no cuestionan el resto de sus prácticas que son igual de dañinas, como el uso de maquinaria pesada, la concentración de la tierra, el control corporativo de las semillas, las plantaciones de monocultivos o las relaciones desiguales con trabajadoras y trabajadores rurales. Así se pretende quitar a la agroecología sus múltiples dimensiones, para reducirla a una técnica uniforme y estandarizada que no cambie la esencia del modelo agrícola dominante. Es importante resaltar que la agroecología, para estos sectores, es entendida solo como un negocio y no como una forma de alimentar a los pueblos.

Nos proponemos pensar disparadores que contribuyan a fomentar y enriquecer el debate colectivo. Nos enfocamos en tres ejes que consideramos esenciales a la hora de pensar una agroecología de base campesina: la construcción, desde las bases, de un feminismo campesino acorde a las realidades y necesidades de los territorios y sus habitantes; el rescate y la difusión de los saberes ancestrales que permitieron preservar y reproducir las semillas nativas y criollas durante generaciones; el reclamo por el acceso a la tierra por parte de campesinas y campesinos que la trabajan, con la reforma agraria integral como única forma de lograrlo.

Agroecología no es slo una forma de producción sin químicos, es un montón de cosas más. Es una forma de vida. Es estar vinculado con el lugar donde uno está, en el lugar de producción y en el lugar de venta. Para todo lo que producimos, el principal lugar de venta es la misma comunidad. No nos ponemos como objetivo la venta de productos orgánicos hacia otros lados; queremos que estos alimentos se aprovechen en nuestra zona. Creemos en pertenecer a un grupo, en el trabajo en red y en las relaciones. No nos interesa estar produciendo en el campo y desvincularnos de lo que pasa después con nuestros alimentos, ni tendría sentido producir sin agrotóxicos para que ese alimento sea destinado a la clase social que más poder adquisitivo tiene, ni trasladarlo lejos de donde estamos. En la agroecología está presente lo productivo, pero también lo ambiental, lo social, lo cultural, lo económico, el acceso a la tierra y tener una mirada colectiva.

 

Andrea Tortorolo y Gabriel Arisnabarreta, de la chacra La Bonita, Saladillo, provincia de Buenos Aires, Argentina

Construcción de un feminismo campesino. Cada uno de los alimentos que llega a nuestra mesa es producido y sostenido por una trama de relaciones sociales. Muchas veces, estas relaciones están cargadas de violencia y opresiones. La agroecología que queremos apunta a construir vínculos más justos, más solidarios, más cooperativos, para que todos los ámbitos de producción y reproducción de la vida sean sostenibles y saludables. Pensar este tipo de relaciones nos lleva, necesariamente, a pensar en las opresiones instauradas por el sistema patriarcal; sistema del que también forman parte los ámbitos rurales.

La realidad de las mujeres está atravesada por múltiples violencias, de índoles física, económica y simbólica. Ante estas situaciones, el diálogo y la escucha entre compañeras comenzó a crecer y a naturalizarse, generando debates y fomentando la organización como forma de enfrentar estas violencias en forma conjunta. Así, fue quedando en evidencia que lo que le pasa a una es parte de un relato colectivo que da cuenta de un problema estructural, y no solo de experiencias individuales.

La doble carga de tareas que representan el trabajo productivo y el sostenimiento de las tareas de cuidado, sumada a la devaloración de los saberes en torno a la salud, al uso de plantas medicinales y al manejo de cultivos que históricamente han realizado, son aspectos que forman parte de un sistema que subordina a las mujeres, y que se expresa de forma violenta. Por fortuna, esta forma de opresión es cada vez más cuestionada y, poco a poco, la reemplazan nuevas configuraciones.

Teniendo en cuenta este panorama, destacamos el rol de las mujeres rurales, quienes, históricamente, han cuidado y compartido las semillas, los saberes de plantas medicinales, el suelo y la salud a la vez que, paradójicamente, son quienes menos participación tienen a la hora de decidir qué producir, cómo producir y cómo administrar los ingresos que reciben por sus producciones. Cuando decimos que la agroecología no puede pensarse de manera aislada, damos cuenta también de este proceso de visibilización de las desigualdades sufridas por las mujeres rurales. Hablamos de la urgencia de la plena conquista de derechos, en defensa de su autonomía, de la biodiversidad y, en definitiva, de sus saberes.

Es necesario un cambio de paradigma en las relaciones, y con ello también el cambio en la forma de producir alimentos, cargada de violencia y dominación hacia las mujeres y las diversidades sexuales. Sin lugar a dudas, el feminismo campesino y popular es una respuesta colectiva a estas problemáticas.

Cuando hablamos de feminismo, al igual que cuando hablamos de soberanía alimentaria, nosotras hablamos de derechos: de los derechos de las mujeres, de los derechos de la madre tierra, de campesinas y campesinos. Entonces ¿cómo hacemos una mixtura, desde nuestros derechos, que nos dé un marco frente a la sociedad a la que aspiramos?

Francisca “Pancha” Rodríguez, de Anamuri, Chile

Semillas nativas y criollas. Nuestra historia como pueblos está, en gran parte, relacionada con el camino de las semillas agrícolas, que vienen siendo seleccionadas, mejoradas, conservadas e intercambiadas por las mujeres desde hace más de 10 mil años. Alrededor de las semillas se construyeron comunidades, mercados y, más tarde, ciudades. Decimos que ellas son la base de nuestra alimentación y, por eso, quien controla la semilla controla toda la cadena de producción y comercialización de alimentos.

Si hoy la tierra es uno de los puntos fundamentales para poder producir, las semillas vienen inmediatamente después. Sin semillas no tenemos cómo discutir un nuevo modelo de agricultura. Ahí los conocimientos técnicos y científicos junto a las prácticas agrícolas campesinas son fundamentales. La defensa de las semillas criollas junto a la lucha contra los transgénicos fueron centrales para el MPA desde el inicio.

Gilberto Schneider del Movimiento de Pequeños Agricultores (MPA), Brasil

A partir de la instauración de la agricultura industrial, las semillas nativas y criollas y sus saberes están en peligro. Tras la denominada Revolución Verde —impuesta por el agronegocio en la década de 1960— se fueron creando mecanismos para que las familias agricultoras dependan de las semillas corporativas, bajo el discurso que anunciaba que no era posible alimentar al mundo sin semillas híbridas o, como las publicitaban, “mejoradas”. Luego, se las modificó genéticamente para ser “más productivas”, tóxicas a los insectos, y resistentes a los agrotóxicos; lo que permitió a las empresas adueñarse de las semillas por medio de los derechos de propiedad intelectual, ya sea a través de leyes de semillas o de su patentamiento.

Cuando decimos que quien controla la semilla controla toda la cadena de producción de alimentos, hacemos referencia a que, al convertir la semilla en un eslabón productivo, las corporaciones definen qué se produce y cómo se produce en cada región, determinando qué alimentos llevamos a nuestras mesas y a qué precio, desconociendo —además— las prácticas que los pueblos realizan y realizaron a lo largo de su historia.

La construcción de una agroecología de base campesina requiere que las semillas agrícolas mantengan su camino de la mano de quienes históricamente las crearon, cuidaron y multiplicaron. Para ello es necesario, en primer lugar, que se eliminen todos los obstáculos que impiden su libre circulación, cultivo y multiplicación. Pero también es fundamental que se recupere su valor simbólico, político y cultural, como “corazón de la soberanía alimentaria”.

Las semillas son patrimonio de los pueblos y, por lo tanto, no pueden pensarse como mercancías. Necesitan del cuidado de agricultoras y agricultores que son quienes las defienden y quienes, al compartirlas y sembrarlas, las mantienen vivas. Este cuidado es una de las estrategias más antiguas de la humanidad; por eso, las semillas solo pueden ser libres en tanto los pueblos y comunidades que las defienden y mantienen puedan gozar de los bienes que las semillas nos brindan.

Acceso a la tierra. Pensar la producción de alimentos exige, necesariamente, pensar el acceso a la tierra. Los datos del último censo agropecuario (2018) en Argentina señalan que el 1% de las explotaciones agropecuarias controla el 36,4% de la tierra, mientras que el 55% de productores y productoras en pequeña escala (con menos de 100 hectáreas) cuentan con solo el 2,2% de la tierra.

Estas cifras muestran la continuidad y profundización de un proceso histórico de concentración de la tierra y desplazamiento de población rural que ha ido “vaciando el campo” y permitiendo que grandes terratenientes (argentinos o extranjeros) se apropien de la mayor parte del territorio. Estos datos dan cuenta de la situación —cargada de violencia y despojo— que sufren quienes viven y producen en el campo, con la amenaza, a la orden del día, de ser desplazadas de sus territorios.

Las familias que cada día trabajan la tierra produciendo los alimentos que consumimos deben pagar alquileres excesivos y habitar espacios en condiciones precarias, muchas veces siendo expuestas al envenenamiento por agrotóxicos aplicados en terrenos linderos. Su condición arrendataria, para colmo, conlleva la imposibilidad de construir una vivienda digna. Las personas que habitan territorios rurales desde hace décadas, pero no poseen los títulos de propiedad de sus tierras, están expuestas constantemente a desalojos violentos. En ese sentido, las familias organizadas, pequeñas productoras, el movimiento campesino e indígena, reclaman una reforma agraria integral para la soberanía alimentaria.

Para que exista un verdadero acceso a la tierra —condición necesaria para la producción agroecológica y para la construcción de soberanía alimentaria— es necesario iniciar un proceso de reforma agraria integral, entendida en el sentido amplio en que lo plantea La Vía Campesina: dando cuenta de las relaciones que se dan en el territorio para acceder a condiciones de vida digna en el campo. La reforma que se propone debe considerar las necesidades de los pueblos, sus formas culturales y su organización.

El trabajo de la soberanía alimentaria como dimensión política es esencial en la agroecología, lo mismo que la reforma agraria. Sin tierra tenemos que luchar por la reforma agraria, y sin agroecología no podemos concebir la producción de alimentos sanos y para el pueblo.

Marta Greco, coordinadora de la Escuela Campesina de Agroecología (UST-MNCI Somos Tierra), Argentina

Dejando abiertos los debates, compartimos la firme idea de que, desde las organizaciones, tenemos que defender a la agroecología de base campesina, aquella que retoma la agricultura que practican los pueblos desde hace miles de años.

Les invitamos a apropiarnos de esa agroecología, y a ligarla a la lucha de quienes producen alimentos en nuestro país, con el objetivo de seguir pensando en la recuperación de saberes, en la vuelta al campo, en la comercialización en mercados locales, en las juventudes. Porque no puede haber agroecología si no hay vida digna, y sin territorio en manos de los pueblos.

Las citas textuales de este cuadernillo pertenecen a entrevistas de la serie #QuéAgroecologíaNecesitamos, que recoge experiencias de productoras y productores, organizaciones campesinas y socioambientales, y medios de comunicación alternativos. Las entrevistas forman parte del cuadernillo Construyendo una agroecología para alimentar a los pueblos disponible en www.biodiversidadla.org.

 

 

[Foto: Henry Picado – fuente: http://www.grain.org]

Resolução da Fundação Nacional do Índio afronta a Constituição e tratados da ONU e OEA ao exigir novos critérios para identificar etnias – em mais uma tentativa de “desindianização”
Deoclides de Paula, coordenador Kaingang do Conselho Estadual de Povos Indígenas

Deoclides de Paula, coordenador kaingang do Conselho Estadual de Povos Indígenas

Escrito por Cristina Ávila 

A Fundação Nacional do Índio (Funai) resgatou da ditadura militar a ideia de eliminação de indígenas por meio da “heteroidentificação”, palavra de prefixo grego que significa “outro” ou “diferente” – e no contexto da Resolução nº 4, publicada em 22 de janeiro, representa mais um ataque aos povos originários do Brasil, à Constituição Federal e a diversos tratados internacionais, da Organização das Nações Unidas (ONU) e Organização dos Estados Americanos (OEA), por exemplo. A Funai quer novos critérios para identificar etnias.

“Eu sou índio e me autodeclaro índio. Não será a Funai que vai me dizer se sou índio”, assevera Deoclides de Paula, coordenador kaingang do Conselho Estadual de Povos Indígenas (Cepi), respondendo à determinação que o órgão do governo federal alega ter sido editada “para evitar fraudes na obtenção de benefícios sociais”.

Os novos critérios exigem comprovações como “origem e ascendência pré-colombiana”, além de “vínculo histórico e tradicional de ocupação ou habitação entre a etnia e algum ponto do território soberano brasileiro”.

Lideranças e movimentos de defesa dos indígenas veem a medida como uma clara tentativa de excluir o acesso à vacinação prioritária.

MPF – O Ministério Público Federal (MPF) também manifestou-se nesta quinta-feira, 4, “firmemente contra os termos da Resolução nº 4” e “recomenda a revogação”. O MPF acentua que a medida é “infundada” e se torna mais grave no “contexto da crise sanitária ocasionada pela pandemia da Covid-19”.

A nota pública foi elaborada pela Câmara de Populações Indígenas e Comunidades Tradicionais do MPF (6CCR/MPF). No documento, o colegiado ressalta que a Constituição Federal de 1988 garantiu aos povos indígenas o direito à autodeterminação, o que implica reconhecer sua organização social, costumes, línguas, crenças e tradições. Dessa forma, “está no plano da autonomia dos povos indígenas a definição, implícita na própria cultura, de critérios de pertencimento ao grupo e, portanto, a capacidade de reconhecer quem são seus membros”, aponta o documento.

Artifício para impedir o acesso à terra

A Apib conclamou as organizações indígenas e lideranças a exigirem o cancelamento da Resolução da Funai

A Apib conclamou as organizações indígenas e lideranças a exigirem o cancelamento da Resolução da Funai. Foto: Apib

Mas os índios sabem que o principal objetivo é travar especialmente os direitos sobre as terras tradicionais.

“No Rio Grande do Sul somos 33 mil indígenas, em 100 mil hectares de terras, enquanto um único fazendeiro aqui no estado chega a ter sozinho 30 a 40 mil hectares. Há terras indígenas em processos de demarcação há 40 anos, há várias aldeias em processos de demarcação há 20 anos. Muitas. E territórios com 10 anos de luta que os processos nem começaram”, relata Deoclides de Paula.

Uma nota da Articulação dos Povos Indígenas do Brasil (Apib) compara a Resolução nº 4 ao regime da tutela estabelecido pelo antigo Código Civil, que considerava os índios “relativamente incapazes” e que deveriam ser tutelados até que estivessem “integrados à comunhão nacional”. A Apib conclama organizações indígenas e lideranças a estarem alertas para exigir o cancelamento desse ato.

A Associação Brasileira de Antropologia (ABA) também se manifestou em nota, afirmando que “a heteroidentificação não encontra qualquer acolhida seja pela ciência antropológica contemporânea seja pela legislação (nacional e internacional)” e reforça que a “a identidade étnica é única e exclusivamente definida por meio da autoidentificação”.

A ABA ainda ressalta que o dispositivo se soma a tentativas anteriores do órgão de espoliação de territórios indígenas e “às disposições relativas ao plano de vacinação contra a Covid-19, recentemente apresentado pelo Ministério da Saúde, que promove a exclusão justamente destes mesmos indígenas a ter acesso às vacinas”.

A morte por covid-19 avança nas aldeias

Assembleia dos Povos Indígenas do Tocantins protesta por melhores condições na saúde indígena

Assembleia dos Povos Indígenas do Tocantins protesta por melhores condições na saúde indígena. Foto: Cimi

Nesta quinta-feira, 4, são 948 índios mortos por coronavírus no Brasil, de 161 povos, com 47.752 contaminados. Os números são acrescidos diariamente pela Apib, por meio de levantamentos junto à Secretaria Especial de Saúde Indígena (Sesai), do Ministério da Saúde, que não faz atendimento a indígenas que moram em áreas urbanas. Os dados são também repassados por lideranças nas comunidades. E são considerados muito menores do que a realidade.

O Rio Grande do Sul está em 11º lugar, com 19 mortes, entre 24 estados com ocorrências registradas pela Apib. Dos estados do Sul, o RS é superado por Santa Catarina, onde ocorreram 21 mortes. O total de óbitos em SC supera o de Tocantins, com 14, que também faz parte da Amazônia Legal, constituída por 10 estados, sendo nove deles no topo da lista. Entre os povos mais afetados, aparecem 23 kaingang, povo que vive nos estados da região Sul e também em São Paulo. Os guarani mbyá são 12, contando com aldeias localizadas em vários estados, com grande população no Mato Grosso do Sul.

Excluídos do plano de vacinação

A antropóloga Lúcia Helena Rangel, coordenadora do Relatório de violência contra os povos indígenas do Cimi

A antropóloga Lúcia Helena Rangel, coordenadora do Relatório de violência contra os povos indígenas do Cimi. Foto: Wilson Dias/Agência Brasil

O Conselho Indigenista Missionário (Cimi) também divulgou nota técnica, ressaltando que, a se basear no novo ato administrativo da Funai, metade da população autodeclarada indígena perderia a identidade. O Cimi cita que o Plano Nacional de Vacinação do governo federal inclui no grupo prioritário 410 mil indígenas de povos “vivendo em terras indígenas”. Segundo o Censo do IBGE de 2010, “há 11 anos, a população era de aproximadamente 900 mil índios”.

No Rio Grande do Sul, pelo menos 2 mil índios vivem à beira de estradas, à espera da demarcação de territórios. Deoclides explica que eles habitam 30 acampamentos na luta pelas terras. Alguns são mantidos há 40 anos, como os guarani mbyá que vivem nas margens da BR-290. Os 100 mil hectares das terras que habitam não comportam todos. Cerca de 50% desse território são áreas de preservação ambiental, essenciais para a manutenção de suas tradições culturais, mas não podem ser utilizadas para a produção de alimentos. “O pessoal tem que sair em busca de alimentos. Alguns vão para a cidade, acham serviço, e assim ficam ainda mais vulneráveis”, ressalta a liderança.

DESINDIANIZAÇÃO – A antropóloga Lúcia Helena Rangel, coordenadora de pesquisa do Relatório de Violência contra os Povos Indígenas no Brasil, publicado anualmente pelo Cimi desde 1996, relata que a Resolução nº 4 se configura em ameaças que “periodicamente retornam ao cenário da Funai”. Ela cita processos emancipatórios dos anos 1970, em que comunidades se tornariam não índias por falta de estigmas que as caracterizassem. Em processos de “desindianização jurídica” da história do órgão chegou a ser proposta inclusive a análise de sangue para comprovação de etnia.

Um delegado da PF à frente da Funai

Silva, laudo de personalidade agressiva e ligação com ruralistas

Silva, laudo de personalidade agressiva e ligação com ruralistas. Foto: Ascom/ Funai

Marcelo Augusto Xavier da Silva, presidente da Funai do governo Bolsonaro, é uma figura controversa. Delegado da Polícia Federal, foi nomeado em julho de 2019 por Onyx Lorenzoni, no lugar o general da reserva do Exército, Franklimberg Ribeiro de Freitas, afastado por criticar Bolsonaro, que havia colocado o pecuarista e ex-presidente da União Democrática Ruralista (UDR), Luiz Antônio Nabhan Garcia, na Secretaria de Política Fundiária do Ministério da Agricultura.

Sem qualquer vinculação com a questão, Silva foi rejeitado na avaliação psicológica do primeiro concurso que prestou para a PF devido à sua personalidade agressiva e descontrolada. Acabou entrando para a corporação na segunda tentativa, em 2008. Ligado a deputados ruralistas, foi afastado de uma operação de expulsão de invasores de terras indígenas por suspeita de colaborar com os grileiros. Em janeiro de 2019, foi acusado de agressão pelo próprio pai, em um boletim de ocorrências registrado na delegacia de Novo São Joaquim, no Mato Grosso.

[Fonte: http://www.extraclasse.org.br]

À contre-courant de la plupart des secteurs ralentis par la crise sanitaire, celui du pain manque aujourd’hui de main-d’œuvre. Quelque 9 000 postes d’apprentis seraient à pourvoir dans les boulangeries françaises, dont 3 000 à la fabrication, rapporte ce journal espagnol.

Dans une boulangerie à Vertou, près de Nantes.

Ah, la baguette… La culture – ou doit-on dire le culte – du pain français fascine toujours autant les étrangers, à l’image de ce correspondant barcelonais qui se délecte pour La Vanguardia du spectacle “typiquement français” d’un client, à peine sorti de la boulangerie, arrachant un croûton encore chaud pour le déguster en pleine rue.

Pourtant, “malgré l’affection et l’estime que les Français ont pour leurs boulangers, peu veulent se consacrer à un métier exigeant qui requiert de travailler de nuit et les jours fériés”, note le quotidien. Et le réseau de 33 000 boulangeries françaises, qui emploient déjà 180 000 personnes, souhaiterait intégrer 9 000 apprentis, dont 3 000 boulangers “proprement dits”, c’est-à-dire ceux qui fabriquent directement la marchandise.

“Là où il y a du pain, il y a de la vie”

La popularité de la profession n’est en tout cas plus à démontrer. “Durant le premier confinement, [aller à la boulangerie] était pour beaucoup de personnes la seule occasion de la journée d’avoir un contact social”, remarque Dominique Anract, président de la Confédération nationale de la boulangerie-pâtisserie française.

L’achat de la baguette incarnerait un “acte qui transcende les classes sociales et la dichotomie entre la ville et la campagne” dans une société française “de plus en plus segmentée”, estime pour sa part le journaliste.

Un emploi sûr mais éreintant

Si la consommation journalière de pain a baissé depuis le début du XXe siècle, passant d’une moyenne de 700 grammes par personne à quelque 100 grammes aujourd’hui, les boulangeries françaises fournissent toujours 6 milliards de baguettes chaque année pour 12 millions de clients quotidiens.

Et, malgré des conditions de travail souvent éreintantes, la profession est porteuse, juge La Vanguardia :

L’activité est à l’épreuve des crises et elle permet de devenir rapidement un petit entrepreneur, aussi bien dans la France urbaine que rurale. Le chiffre d’affaires moyen est de 450 000 euros par an.”

[Photo : STEPHANE MAHE/REUTERS – source : http://www.courrierinternational.com]

Prezentado por Gad Nassi
En segito al Edikto de la Ekspulsion proklamado por el rey Fernando i la reyna Isabela en Marso 31, 1492, los djudios de Espanya ke no se avian konvertido se refujiaron en paizes diferentes. Munchos de estos eran konvensidos ke el payis vizino, Portugal, puederia ser sus muevo ogar – portanto, sin ke dinguno de estos avia previsto la amarga suerte ke los asperava.
El Rey João II (1481-95), interesado a enrikeser su trezoro, los avia akseptado, en ovligandolos de pagar una taksa, i kon la kondision de kedar en Portugal fina 8 mezes. Famiyas rikas pagaron 100 kruzados, kuando la grande mayoriya pago 8 kruzados por persona. Los artizanos fueron akseptados en el buto de uzarlos en la produksyon de armas.
Kon sus arivo a Portugal, los exilados fueron el objekto de presiones del governo i del puevlo. Siertos los akuzaron de aver traido la plaga, kuando otros, de blasfemar las ensenyensias de la Iglezia.
Kuando en la primavera de 1493, el termino de 8 mezes se avia eskapado, el rey João II kudyo ke ayga solo un chiko numero de naves para transferarlos. En konsekuensia, solo unos pokos djudios reusheron a salir del paiz. Los otros fueron akuzado de aver violado el permiso de kedar en el payis, i fueron deklarados esklavos a menos ke aksepten el baptizmo. Es en este konteksto, ke iva akonteser una de las mas orivles trajedias del djudaizmo sefaradi.
En el mizmo anyo, unos 2000 ijikos i ijikas, en la edad de 2 asta 10 anyos, fueron arankados de sus famiyas i despues de ser baptizados, mandados komo esklavos a la izlas afrikanas, São Tomé i Príncipe.
Konosidas akel tiempo komo las izlas de los lagartos, São Tomé kon Príncipe, ke son situadas en el Golfo de Guinea, azian parte de las kolonias de Portugal. Los lagartos eran en realidad krokodiles i kulevras venenozas. El klimato era insalubre, todo en permetiendo espesialmente el kultivo de la kanya de asukar.
Durante su ekspansion teritorial, el problem de Portugal fue la karensia de sus abitantes en la metropol i en konsekuensa, la difikultad de topar un numero satisfaziente de emigrantes para povlar sus kolonias. De mas, São Tomé era leshos de ser atraktiva. A la izla eran transferados prizionieros i esklavos de orijen afrikana.
El destino de estos ijikos resivio una konsiderable atension en las kronikas. Kuaji todas las narrasiones reportando la eksperiensa de los djudios de Espanya ekspatriados a Portugal se referan a estas kreaturas arevatadas de sus parientes i deportadas komo esklavos a la izla dezierta de São Tomé, para ser kriados komo kristianos i ke siervan komo kolones.
De otra parte, no existe dingun dokumento djustifikando o aklarando el motivo del Rey de Portugal de implementar un akto tan kruel i sin presedente.
Munchos manaderos djudios deskriven el apreto de los djenitores ke pedrieron sus kreaturas. Un epizodio reportado por Ibn Verga, ke el mizmo avia yegado a Portugal en 1492 kon su famiya, es partikularmente esmoviente:
Uvo una mujer ke le avian tomado sesh ijos. Kuando oyo ke el Rey estava para salir de la iglezia ande avia asistido a la misa, esta desfortunada empeso a implorar su mizerikordia en arondjandose a los piezes de su kavayo, i rogandole ke le vuelva el mas mansevo de sus ijos. Ma el Rey no kijo eskucharla. Ordeno a sus servidores de alesharla de su vista.
La mujer kontinuo a defender su kavzo kon gritos mas fuertes i los servidores la maltrataron. Entonses, el Rey se eksklamo: “Deshaldola, es komo una puta ke le tomaron sus krios!”
Es de mizmo reportado ke kuando sus parientes konstataron ke la deportasion de los ijikos era inevitable, les demandaron de observar las Leyes de Moshe; i ke avian mizmo kazado entre eyos a unos kuantos de estos.
Munchos de los ninyos, murieron de ambre, de dezespero i de tristeza, o devorados por los krokodiles o modridos por las kulevras. Valentim Fernandes, un estampador alman ke se avia establisido en Portugal en 1495, publiko en 1510, una deskripsion de las izlas São Tomé i Pricipe, en bazandose al testimonio de los marineros ke las avian vijitado. Fernandes reporta ke de los 2000 ninyos ke arivaron a la izla, solo 600 avian sovrebivido fina la edad adulta.
A los ninyos fueron impozados muevos nombres, inyegando sus pasado; uvo tambien posibles uniones insestuozas. Kuando kresieron, los jovenes se kazaron entre eyos o kon djovenes de otros grupos etnikos, espesialmente afrikanos.
Al pareser las rogativas de los padres konsernando la observasion de la Ley Djudia por sus kreaturas, no fue en vano. Informasiones yegaron a la Ofisina de La Inkizision en Lisbon ke en São Tomé i Príncipe se produizeron insidentes de la observasion avierta del djudaizmo. La Iglezia katolika se ensanyo muncho. Pedro da Cunha Lobo, el ovispo katoliko romano nominado a São Tomé i Príncipe, se obsesiono kon esta kestion.
Asigun un manadero, el dia de Simhat Tora 1621, da Cunha se desperto por el bruido de una prosesion, salio korriendo para konfrontarla i fue tan molestado por los manifestantes ke kon asko renonsio a su posto i tomo la proksima nave para aboltarse a Portugal.
* * *
São Tomé i Príncipe se konvertieron en uno de los mas importantes produktores de asukar del mundo. Las izlas obtuvieron sus independensia de Portugal el 12 de djulio, 1975. Kuaji 500 anyos despues de la deportasion, se izieron ekskavasiones allado de la Katedrala, en el sentro de la sivdad, para anchear el muevo palasio prezidensial. En el lugar enkontraron tombas i una espada. Se kreye ke la espada avia apartenido al kapitan Álvaro de Caminha, ke fue kargado de transferar i aresentar a los ninyos en las izlas; i ke las otras tombas son de ninyos djudios deportados.
Kon la yegada de unos kuantos komersantes djudios de kakao i de asukar en los siglos XIX i XX, una mueva komunidad fue fundada. Oy en dia no ay djudios konosidos komo pratikantes, ke biven en estas izlas. Todo kon esto, existe una partida de la povlasion ke se distinge kon la klaridad de sus kolor.
Es muy probable ke la sangre de los ninyos esklavos korre oy por las venas de algunos de los moradores de la aktuala Republika Independiente de São Tomé i Príncipe.
En 1993, Moshe Liba, el primer embasador de Israel en la Republika fue kalorozamente resivido en São Tomé. Liba observo ke, kon sus kolor mas klara, kon la fiertad konsernando sus pasado i sus dezeo de kontaktar djudios de otros paizes, los desendientes de las kreaturas deportadas formavan una parte distinktiva de la povlasion. Aun ke eran meskladas kon komponentes kreolas sosiales i kulturalas, siertas kustumbres djudias se avian mantenido.
Ansi se eksprime el embasador Liba, en su livro tan emosionante komo fasinante:
Kuando prezenti las letras kredensialas, me disho el presidente Miguel Trovoada: “Tenemos raizes komunes, desendientes de djudios biven en muestras izlas. Usted enkontrara aki nombres djudios komo Azancot, Levy, Samuel.”
Despues de la prezentasion i la konversasion protokolar kon el prezidente, tuvo lugar la prosesion militara en onor del primer embasador de Israel…
Aze 500 anyos, trayeron akí a mis antepasados komo esklavos, oy entonan la “Hatikvah,” la Esperanza, muestro imno nasional, en onor de Israel, el paíz del Puevlo Djudío.[*]
*
En el 12 de djulio, 1995, kon el eskopo de komemorar las kreaturas esklavas ke fueron arankadas de sus djenitores en el siglo XV, se organizo, en el konteksto de la selebrasion de la Independensia XX de las izlas, una konferensia internasionala. Reprezentantes de Israel, de los Estados Unidos, Fransia, Holanda, Portugal i Espanya asistieron a esta aktividad.
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[*] Moshe Liba (autor, editor), Jewish Child Slaves in Sao Tome.

Por que o Brasil é estratégico no avanço de corporações sobre a produção de alternativas à carne. Por que isso não é necessariamente saudável. E por que o mercado financeiro chegou com tudo

Escrito por Carol Almeida

O mercado de alimentos veganos (e vegetarianos) faz parte de um nicho em ascensão. Basta observar as geladeiras dos supermercados para perceber que a oferta de produtos plant-based é cada vez maior. Segundo pesquisa realizada pela Euromonitor Internacional, os consumidores que desejam reduzir o consumo de produtos de origem animal representaram 40% do mercado global em 2020. O estudo também apontou que a demanda por esses produtos foi impulsionada por conta da pandemia.

“Carnes” produzidas a partir de células. Pós que simulam ovos. Hambúrgueres feitos em laboratório. A nova geração de produtos veganos mira bem além do público vegano, bebendo na fonte das preocupações crescentes com bem-estar animal e com a insustentabilidade ambiental da pecuária. Essas questões aparecem em um relatório feito pelo pelo The Good Food Institute, uma organização que promove alternativas ao consumo de matéria-prima animal.

O documento aponta o Brasil como um candidato ao protagonismo na produção de “carnes” e produtos de matérias-primas vegetais no mundo, justamente por ser um grande consumidor de bois, porcos e frangos. Além disso, por contraditório que possa parecer, o modelo do agronegócio de produção e exportação de alimentos é algo que coloca o país à frente nessa corrida — são produzidos aqui 250 milhões de toneladas de grãos, em particular a soja e o milho, importantes na produção de processados e ultraprocessados vegetarianos ou veganos.

N.OVO – Substituto para Ovos Plant Based - Ovos Mantiqueira

Corporações da carne e do leite, dos ovos, fundos de investimentos, consultorias estratégicas: todos estão de olho no crescimento de um setor que mira em pessoas que querem reduzir a compra de produtos de origem animal.

É preciso, então, que haja grandes investimentos financeiros em empresas de tecnologia voltadas para suprir todas essas demandas. “Com o amadurecimento da indústria, o mercado de investimentos aprendeu como analisar esses fatores e entendeu que o potencial de retorno financeiro é gigantesco”, aponta o estudo, e complementa: “O interesse do setor financeiro cresce proporcionalmente ao desenvolvimento desse mercado, fazendo com que fundos deixem de dar apoio apenas monetário para também tornarem-se parceiros estratégicos de empresas no setor.”

Dados de um estudo lançado recentemente pelo The Business Research Company estimavam que o mercado vegano global cresceria de 14,80 bilhões de dólares, em 2019, para 15,12 bilhões em 2020 – 2,3%. A aposta é que esses números atinjam a marca de 20 bilhões de dólares em 2023. Grande parte ligada ao mercado de carnes criadas por meio da tecnologia baseada em células.

A Memphis Meats, empresa de tecnologia de alimentos com sede nos Estados Unidos, recebeu um financiamento de 161 milhões de dólares por meio de alguns investidores, como a Cargill — uma multinacional dos setores alimentício, agrícola e farmacêutico — e a Tyson — uma das maiores produtoras de carne do mundo. Outra gigante internacional, a Unilever, comprou a The Vegetarian Butcher, uma empresa de produtos à base de soja que foi criada no início dos anos 2000, na Holanda, em dezembro de 2018. Segundo o site da empresa, os produtos da Butcher são vendidos em mais de 4.000 lojas em 17 países e chegaram ao mercado brasileiro em outubro de 2020.

Olhando para os Estados Unidos, a Nielsen, uma das principais empresas de pesquisa de comportamento de consumo, conduziu um levantamento no qual concluiu que 61% dos entrevistados queriam reduzir a ingestão de carne, enquanto 22% tinham intenção de tornar-se veganos ou vegetarianos. Em 98% dos casos, pessoas que procuraram por alternativas plant-based eram, também, compradoras de carne. “As marcas precisam claramente e consistentemente demonstrar por que seus produtos melhor se encaixam no estilo de vida e nas aspirações de saúde do usuário final”, menciona a consultoria.

Em dezembro de 2020, a empresa Eat Just criou barulho com uma carne criada a partir de células de aves. Com o nome de “frango premium”, a startup norte-americana, sediada em San Francisco, teve o seu produto aprovado pela Agência de Segurança Alimentar da Cingapura, o que torna o país o pioneiro em comercializar carne feita inteiramente em laboratório.

De acordo com uma reportagem publicada pelo The New York Times, um restaurante do país asiático ofertará os nuggets de “frango”. Não há informações sobre qual será o valor do produto, mas se sabe que apenas o custo de produção fica em 50 dólares por porção. Esse não é o primeiro produto vegano da empresa: a East Just já oferece no mercado uma maionese e um “ovo” à base de feijão.

Produtos lançados nos últimos anos abriram uma fenda na discussão sobre os propósitos do veganismo e em relação às opções alimentares que existiam antes. Itens como o Futuro Burguer, baseados em células, ganharam espaço rapidamente ao tentar simular textura, cor e sabor de carne. São produtos relativamente caros – a caixa com duas unidades desse hambúrguer (230g), por exemplo, custa R$ 19, em média. E são ultraprocessados, ou seja, formulações alimentícias à base de aditivos, algo que o Ministério da Saúde recomenda evitar.

A discussão se desenvolve até mesmo em torno da nomenclatura. A indústria se divide entre investir nesse novo cenário e brigar para que esses produtos não possam receber nomes como carne, ovos e leite. As agências regulatórias têm promovido discussões para entender como devem nomear esses produtos e qual é o processo de liberação dos mesmos, já que há dúvidas em termos de impacto à saúde.

Mais barato

O perfil Vegano Periférico, criado em 2017, tem hoje 354 mil seguidores no Instagram. Os irmãos gêmeos Eduardo e Leonardo Santos postam receitas e outras dicas sobre alimentação, além de refletir sobre o mercado capitalista. “Quando me tornei vegano, estava desempregado e a única opção viável era consumir legumes e vegetais. E eu percebi que era mais saudável consumir isso”, conta Eduardo, que já tinha uma visão prévia dos problemas a respeito dos malefícios de consumir ultraprocessados.

“Se a gente pensa em satisfazer o nosso paladar com produtos químicos ‘saborosos’ e muito coloridos, estamos com uma visão estreita do que é alimentação.” Ele ainda ressalta que o veganismo atua na raiz dos problemas e é contra todo tipo de exploração. “O produto de origem vegetal incentiva a produção da empresa, pois tanto o hambúrguer vegetal quanto o resto vai para a mesma finalidade.”

Pão de queijo, hambúrguer, quibe e kafta vegetal são novidades da linha vegana na rede Pão de Açúcar | Revista Nutri Online

No Brasil, o crescimento de produtos feitos por corporações para o mercado plant-based é notório. Em menos de dois anos e com lucros perceptíveis, marcas como Seara, Sadia e Taeq (do Grupo Pão de Açúcar) lançaram congelados à base de vegetais. O Grupo Pão de Açúcar fez a sua estreia nesse nicho em janeiro de 2020 e a Sadia se lançou no mercado com produtos veganos e vegetarianos em março de 2020.

Outro produto que em breve chega aos supermercados é um substituto em pó para ovos mexidos e omeletes. A novidade foi criada pela startup Novo, que pertence ao Grupo Mantiqueira, que está entre as 12 maiores granjas do mundo e é o maior distribuidor de ovos da América Latina, segundo a Forbes. Ao todo, são 11,5 milhões de galinhas, distribuídas em quatro unidades no Brasil, como informa o site do grupo. Uma linha de maioneses veganas completa os produtos da startup, na proposta de expandir seus negócios para consumidores veganos, flexitarianos e alérgicos.

Um exemplo marcante da estratégia de difusão desses novos produtos é o da norte-americana Beyond Meat, que não distribuía suas carnes vegetais no setor de produtos veganos, já que o objetivo é atrair quem continua consumindo carne convencional.

Beyond Meat anuncia construção de fábrica na China | BeefPoint

A Danone também cita essa estratégia com o objetivo de ampliar o alcance dos iogurtes e dos leites à base de plantas, diante do crescimento do público flexitariano, conforme informado no site da corporação. Os flexitarianos também são alvo dos produtos da Seara, que lançou a linha veggie em maio de 2019, assim como a Fazenda Futuro.

Em setembro de 2020, a Fazenda do Futuro, responsável pelo Futuro Burguer, finalizou uma segunda rodada de captação de investimentos, contabilizando um montante total de US$ 29,8 milhões. Se em 2019 havia conseguido US$ 8,5 milhões, dessa vez as apostas do mercado financeiro se multiplicaram. A venda do hambúrguer teve início em maio de 2019 e, agora, a corporação diz ter mais de 8 mil pontos de venda. A segunda onda de captação atraiu gigantes como BTG Pactual (banco de investimento), Turim MFO (escritório de gestão familiar, cujo único investimento é na Fazenda Futuro) e ENFINI Investments, que pertence ao Grupo PWR Capital, empresa que investe em outros oito negócios ligados a tecnologia e alimentação.

“Essa captação reforça ainda mais o potencial do Brasil para ser um hub de produção plant-based para o mundo. Para isso, vamos intensificar nossa operação comercial e de marketing na Europa e acelerar a nossa chegada nos Estados Unidos. As pessoas estão começando a entender que não há mais planeta se mantivermos o consumo exagerado de carne animal”, afirma Marcos Leta, sócio-fundador da startup.

O setor passa por um processo muito semelhante ao de outras áreas, como transportes e hospedagem. Fundos do mercado financeiro fazem apostas pesadas no crescimento de empresas nascidas há meses ou há poucos anos. A Eat Just, por exemplo, tem apenas 11 funcionários, e já recebeu aportes de US$ 220 milhões.

Uma pesquisa encomendada em 2018 ao Ibope tentou estimar a presença de vegetarianos dentro da população brasileira. Entre os 2.002 entrevistados, 8% declararam “concordar totalmente” com a afirmação de que são vegetarianos, enquanto 6% concordam “parcialmente”. A interpretação da Sociedade Vegetariana Brasileira (SVB) é de que 14% dos brasileiros seguem uma dieta exclusivamente à base de vegetais.

Selo vegano

Existem algumas certificações que indicam se determinado produto não realiza testes em animais ou é totalmente livre de matéria-prima desses seres. Uma dessas certificações foi desenvolvida pela SVB a partir de um programa que confere ao produto o Selo Vegano, criado em 2013. De acordo com a ONG, qualquer empresa pode solicitar o selo, pois somente o produto em questão é avaliado, e não as práticas corporativas em geral.

Ao ser questionada sobre frigoríficos produzirem alimentos veganosa SVB pontuou que acredita “que todos temos um papel fundamental na construção de um mundo melhor, mais justo, ético e sustentável, não só como pessoas, mas também como organizações e empresas. Infelizmente, nossa sociedade foi moldada em cima de um consumo errôneo e cruel, mas hoje, é evidente que não dá mais para seguir de acordo com os padrões antigos daquilo que acreditávamos ser uma alimentação saudável”.

A SVB também reforçou que apoia “qualquer iniciativa de uma empresa em colocar no mercado um produto que não tenha gerado nenhuma demanda animal. Sabemos do potencial que os microempreendedores e startups possuem em inovar e trazer uma visão totalmente diferente e nova do que estamos acostumados, mas também reconhecemos a responsabilidade que as grandes corporações possuem em fazer realmente parte do movimento, e gerar impactos positivos, nesse caso, na oferta de produtos a base de vegetais, o que significa uma revisão de seus valores quanto à sustentabilidade (e tudo o que está relacionado a ela) de seus processos”.

No site do Selo Vegano estão listados 1.112 itens, entre sapatos, cosméticos, doces, castanhas, farinhas e alimentos congelados. Esses produtos são distribuídos em supermercados, restaurantes e lojas especializadas, como o Vegan Sisters, inaugurado em maio de 2019, em Belo Horizonte. Paula Gomes, proprietária e “faz-tudo” do negócio, sentiu a necessidade de abrir o empório vegano quando percebeu a dificuldade de encontrar alguns produtos na cidade. “Os itens passam por uma curadoria. Eu experimento tudo antes de trazer, vejo qualidade  e custo-benefício, além dos diferenciais de cada um”, relata. Com investimento de R$ 150 mil e despesas fixas de R$ 8 mil, o comércio tem lutado para sobreviver durante o período da pandemia. “Ficamos alguns meses fechados e ainda não tivemos lucros, os últimos meses foram só prejuízo”, conta.

Um levantamento feito pela Associação Brasileira de Startups, a pedido da reportagem, informou que há 12 “soluções” veganas. Na interpretação da organização, “soluções” são empresas que oferecem inovações reais. Uma delas é a Natural Science, uma empresa sediada em Curitiba que nasceu em 2012, a partir da criação de produtos vegetarianos. Atualmente conta com cinco produtos diferentes no catálogo, entre queijos em pó e doces. Em 2016, a startup participou da versão brasileira do programa Shark Tank e recebeu um investimento de R$ 400 mil de Carlos Wizard, empresário próximo ao bolsonarismo e dono da rede Mundo Verde.

Os leites vegetais têm conquistado destaque entre os produtos veganos, pois algumas marcas pretendem atingir o público celíaco e intolerantes à lactose, vendendo a ideia de colocar no mercado opções mais saudáveis para o consumidor.

A Nestlé, por meio do Programa Scale-Up Endeavor Alimentos e Bebidas, é uma das investidoras da NoMoo, produtora de laticínios à base de castanhas. Segundo notícia divulgada no portal da empresa suíça, entre 2017 e 2019, foram investidos mais de R$ 15 milhões em produtos plant-based. Uma das linhas que faz parte da companhia é a Nature’s Heart, que além de atuar no seguimento dos leites, também produz lanches e refeições semiprontas.

Se frigoríficos entraram nesse mercado, não haveria por que a empresa-símbolo dos produtos lácteos ficar de fora. A Danone lançou em 2018, no mercado brasileiro, a linha Silk de leites vegetais, após uma transação, finalizada em 2017, em que a multinacional francesa adquiriu a Whitewave (uma empresa americana de produtos orgânicos) por US$ 12,5 bilhões. No fim de 2020, a corporação expandiu a linha de produtos à base de plantas a partir dos produtos da Alpro (de bebidas e comidas vegetais) e da Vega (linha de suplementos alimentares).

Segundo uma reportagem publicada pela Reuters, um dos executivos da Danone, Emmanuel Faber, declarou estar preocupado com o rumo que as grandes indústrias alimentícias estão tomando. Em um encontro de varejistas das maiores empresas de produtos industrializados do mundo, em Berlim, Faber destacou que as pessoas estão cozinhando cada vez mais, e que os consumidores deixarão de consumir os produtos industrializados se as empresas não começarem a enfrentar questões como obesidade, desigualdade e mudança climática.

Ainda segundo a reportagem, ele declarou: “A revolution is cooking, what are we going to do about it?”. Traduzindo: uma revolução está cozinhando, o que vamos fazer em relação a isso?

 

[Fonte: http://www.ojoioeotrigo.com.br]

Instituto criado pelo chef paulista transforma a especiaria em marcas exclusivas e obtém financiamento de R$ 424 mil para pesquisa; kalungas recebem menos de 10% do valor e afirmam que são excluídos das decisões sobre o produto

Escrito por Caio de Freitas Paes

No Território do Sítio Histórico e Patrimônio Cultural Kalunga, maior quilombo do Brasil, que engloba os municípios goianos de Cavalcante, Monte Alegre e Teresina de Goiás, existem especiarias e alimentos únicos, cultivados há gerações pelas comunidades quilombolas. São preciosidades como o arroz-de-pilão, o gergelim e a pimenta-de-macaco, típicas da Chapada dos Veadeiros, que encantam os visitantes e fortalecem a agricultura familiar e agroecológica na região.

Box do Instituto ATÁ no Mercado de Pinheiros. Foto: Heloisa Ballarini/Secom

Desde o último dia 13 de abril, parte desses produtos está à venda para um público mais amplo, graças ao lançamento da linha Ecossocial Kalunga no Mercado de Pinheiros, em São Paulo. A chegada à capital paulista se deu pelo renomado chef Alex Atala, reconhecido pelo uso de ingredientes de diferentes biomas brasileiros em pratos de alta gastronomia. Ele é o criador do projeto Baunilha do Cerrado, conduzido por sua organização – o Instituto Atá – no território quilombola entre 2016 e 2018.

O que não veio a público é que o projeto foi marcado por manobras jurídicas e entreveros entre a equipe do chef e os kalungas. A Associação Quilombo Kalunga (AQK), parceira local de Atala na execução das atividades, não foi convidada para o lançamento: no evento estiveram presentes apenas dois moradores da comunidade Vão de Almas, local onde o projeto foi desenvolvido – os contatos com eles foram feitos sem conhecimento dos representantes oficiais do quilombo.

“Só fiquei sabendo depois que eles foram apresentar esses produtos em São Paulo”, diz o presidente da AQK, Vilmar Souza Costa. “Eles [Instituto Atá] abordam as pessoas isoladamente, não sei se pagaram por essas participações, e o território é um só”.

O fio que desvela a intrincada história por trás dos desentendimentos é, afinal, a baunilha – especiaria à qual Atala teve acesso anos antes, durante uma viagem ao nordeste de Goiás; dali em diante, seu interesse por ela só aumentou. A baunilha agroecológica possui essência marcante e é usada em receitas de confeitaria e na aromatização de pratos de alta gastronomia. Extraído das favas de orquídeas do gênero Vanilla, o ingrediente é bem cobiçado no Brasil e no exterior.

Atala teve acesso às plantações e pesquisou propriedades da espécie. Foto: Associação Quilombola Kalunga

A aproximação do chef com quilombo culminou em um projeto de R$ 424 mil, criado para “ajudar os quilombolas a formar uma cadeia produtiva da espécie”. A Fundação Banco do Brasil, parceira na empreitada, garantiu pouco mais de R$ 382 mil dessa verba, que deveria ser usada em melhorias e capacitações para os kalungas. Concluído o projeto, os quilombolas estão descontentes com o que lhes restou.

Com a parceria, a equipe de Atala lidou com amostras e mudas nativas, teve acesso às plantações e pesquisou as propriedades botânicas da espécie. Enquanto isso, nos bastidores moveu esforços para tornar a baunilha do Cerrado uma marca exclusiva, sem partilha ou acordo prévio com os kalungas.

MANOBRAS JURÍDICAS E DUAS MARCAS REGISTRADAS

Foi em 2014 que Alex Atala descobriu que o quilombo goiano possui a tão desejada baunilha e que pequenos agricultores kalungas a vendiam por preços irrisórios. Preciosa, ela não é mais cara que o ouro, mas vale mais que a prata no mercado internacional: o preço do quilo pode ultrapassar US$ 600.

Em média, a dupla de favas custa entre R$ 10 e R$ 20 em feiras agroecológicas como a de Alto Paraíso de Goiás, a cem quilômetros da comunidade do Vão de Almas. O território kalunga possui pelo menos três espécies crioulas de baunilha: Vanilla bahianaVanilla pompona e Vanilla guaianensis, de onde as favas são extraídas. Acredita-se que menos de 1% da essência de baunilha vendida em todo o mundo seja derivado de favas livres de agrotóxicos, como as encontradas por lá.

Enquanto desenvolvia atividades no Vão de Almas, o instituto de Alex Atala tomou medidas legais em rel

ação à planta sem avisar os kalungas, dando início a uma série de tentativas para tornar a “Baunilha do Cerrado” uma marca comercial. Em 2019, com o projeto já terminado, o Atá obteve o registro do nome popular da iguaria em dois dos cinco pedidos que formalizou junto ao Instituto Nacional da Propriedade Industrial (Inpi). Outros dois pedidos foram parcialmente indeferidos – o que significa que ainda cabem recursos para a concessão – e apenas um foi totalmente negado, no dia 26 de fevereiro.

As marcas são agora propriedade exclusiva do instituto pelos próximos dez anos.

As atividades com os quilombolas ainda estavam em andamento quando os pedidos foram protocolados. Os kalungas – que se reúnem com frequência para tomar decisões coletivas sobre o território e seu uso – foram pegos de surpresa, pois não havia nada combinado sobre registros ou criação de marcas comerciais no acordo com Atala. “A ideia do projeto era boa, mas da parte deles não houve respeito com a comunidade”, diz Vilmar. “Teve muita falta de comunicação, principalmente com a associação”.

“Ouro negro”: alta procura por baunilha levou à explosão de conflitos agrários em Madagascar. Imagem: Expresso

Desde 8 de maio de 2019, o Instituto Atá detém o uso exclusivo da marca “Baunilha do Cerrado” para serviços de beneficiamento de alimentos e de assessoria, consultoria e concessão de informações sobre pesquisas no campo de agricultura. No entanto, o INPI não autorizou o ATÁ a usar a marca “Baunilha do Cerrado” no comércio de alimentos produzidos pela agricultura familiar, povos e comunidades tradicionais, na divulgação e publicação de textos publicitários e na organização de eventos para fins publicitários e/ou comerciais. A proibição não evitou o lançamento da linha Ecossocial Kalunga, em abril.

O instituto ligado a Atala arranjou uma saída jurídica para a questão: sua equipe desenvolveu outra logomarca, caracterizada por uma reprodução em desenho da espécie com o nome “Projeto Baunilha do Cerrado”, em grafia estilizada. À época do evento em São Paulo, o Atá ainda não havia entrado com o pedido no 917283783 para registrar essa marca. Novamente, os quilombolas ficaram de fora.

Andrea Gonçalves, advogada da associação, afirma que o recurso do instituto desagradou a comunidade:

–  A proposta do projeto do Instituto à comunidade envolvia a geração de renda, acesso ao mercado-fim através do cultivo da baunilha e seus subprodutos, e a organização da comunidade para a comercialização de outros produtos da sua base produtiva. E tudo isto feito através da Associação Quilombo Kalunga. No entanto, a AQK não teve participação ativa em várias tomadas de decisões, inclusive, ocorrendo o lançamento dos seus produtos com uma identidade visual que carrega o nome KALUNGA, para a qual sequer puderam opinar na elaboração.

Em resposta aos questionamentos enviados pela reportagem, Alex Atala afirma:

– Fizemos esses pedidos com o objetivo de exclusivamente preservar o projeto, proteger a baunilha de uma possível superexploração em estado selvagem e cumprir com o convênio com a Fundação Banco do Brasil.

Questionada, a fundação esclarece que “não houve previsão para registro da marca”. Do lado quilombola, a assessoria jurídica garante que não foi consultada e sequer informada sobre os registros junto ao Inpi. O chef disse que os kalungas estão liberados para usar as marcas. A assessoria do quilombo não confirma, dizendo que não recebeu documentos que comprovem essa autorização.

A íntegra do posicionamento do instituto pode ser conferida em: “Respostas do Instituto ATÁ sobre registro da marca Baunilha do Cerrado

REAÇÕES CONTURBADAS ENTRE CHEF E KALUNGAS

As tentativas de tornar a baunilha do Cerrado e suas derivações em marca são importantes para entender os problemas em torno do projeto. Tais atitudes trincaram a imagem positiva que o Atá atribui à iniciativa e, por consequência, abalaram sua relação com os kalungas.

“Baunilha do Cerrado” é foco de disputa entre kalungas e o Instituto ATÁ.

 

No relatório final do convênio com a Fundação Banco do Brasil fica claro que as diferenças se tornaram um problema conforme as ações eram executadas, criando assim um clima conturbado entre a equipe de Atala e os kalungas. No documento, o Atá faz uma avaliação:

– Uma das grandes dificuldades deste projeto, devido ao modo de organização social e também às diferenças culturais e de entendimento que muitas vezes dificultam a comunicação de nossa equipe, é a coleta de assinatura para atividades pertinentes ao projetoMuitos não querem ou não se sentem nada confortáveis ao assinar documentos, mesmo com toda a explicação de nossa equipe de campo.

Do outro lado, a principal reclamação dos kalungas é que sua participação no projeto foi limitada desde o início. Eles questionam o saldo das palestras e das oficinas para produção, organização e comercialização de alimentos – compromissos firmados para, de fato, ajudá-los a fortalecer seu modo de cultivo e subsistência. Os quilombolas imaginavam que, terminado o projeto, teriam condições de explorar economicamente sua produção agrícola sem intermediários, com autonomia.

A realização das atividades está comprovada em fotos e vídeos mas, ao que parece, não se transformou em ganhos reais à comunidade. A consolidação de uma cadeia produtiva da baunilha do Cerrado e de outras especiarias cultivadas ali ainda não vingou. Os quilombolas acreditam que, na prática, serviram apenas para garantir o acesso da equipe de Atala à baunilha.

O kalunga Romes Santos foi um dos jovens líderes do Vão de Almas que participou das atividades. “Criamos um grupo para manter a transparência junto ao pessoal do Vão de Almas e do quilombo: de qualquer medida que fosse tomada a gente participaria e a comunidade estaria de olho”. Mas, segundo ele, a partir do momento em que entrou dinheiro, o Atá parou de prestar esclarecimentos. “Não davam explicação para mais ninguém, faziam as coisas do jeito que eles queriam”, afirma.

Do outro lado, o instituto se pronuncia:

– Trabalhamos em parceria com a comunidade Kalunga para que ela fortaleça seus sistemas de produção, torne-se independente e possa empoderar-se financeiramente.

MENOS DE 10% DO ORÇAMENTO FOI PARA A COMUNIDADE

O projeto Baunilha do Cerrado teve R$ 424 mil à disposição. A maior parte dos recursos veio da Fundação Banco do Brasil, mas houve outros aportes – como o da principal agência das Nações Unidas para Alimentação e Agricultura, a FAO, que investiu R$ 25 mil, e o próprio Instituto Atá, que bancou em torno de R$ 40 mil.

Produtos da linha Ecossocial Kalunga

 

Encerrado oficialmente em 20 de dezembro de 2018, o convênio determinava que 9,85% da verba total – pouco mais de R$ 41 mil – fossem investidos na compra de produtos ou serviços para os kalungas, tidos como uma contrapartida do projeto. Diretamente, apenas R$ 8,7 mil foram gastos na comunidade até agora; o valor não chega nem a 3% do orçamento.

O valor foi usado na aquisição de arroz, farinha de mandioca, gergelim, mesocarpo de babaçu e pimenta-de-macaco, produtos que compõem a linha Ecossocial Kalunga. Segundo o Instituto Atá, “as aquisições foram intermediadas pela cooperativa Central do Cerrado, que selecionou quais produtos seriam adquiridos, beneficiou e embalou-os para a comercialização”; a cooperativa recebeu R$ 35 mil pelos serviços.

Para fechar a conta e completar os 9,85% da verba total, o instituto considera produtos e entregas que não foram de fato usados pelos kalungas até agora. Entram na equação o desenvolvimento de um site oficial, por R$ 18 mil, e a criação da logomarca do projeto, hoje registrada, por R$ 5 mil. Os kalungas reclamam da eficácia das palestras e oficinas voltadas à comunidade que, na prestação de contas, custaram R$ 10 mil. Romes diz que a comunidade não os quer mais na região:

– Disseram que iam ensinar a gente a fazer o plantio de mudas, receitas e jeitos de cozinhar usando a baunilha, mas nada disso prestou, tá tudo igual como era antes, e a comunidade não quer mais eles aqui. 

À reportagem, Alex Atala diz que sua equipe não foi ao Vão de Almas para encerrar oficialmente as atividades – apenas comunicou o fim do projeto à associação do quilombo via e-mail.

AO LADO DA EMBRAPA, ATÁ MIRA PRODUÇÃO NACIONAL

Por dois anos, voluntários e profissionais contratados por meio do projeto Baunilha do Cerrado tiveram amplo acesso às terras e aos saberes kalungas, enquanto os quilombolas sentiam-se, gradativamente, deixados de lado. Ao longo do processo, a equipe de Atala pode conhecer práticas tradicionais de extração e partes do território onde a especiaria é cultivada.

Amostras de Vanilla pompona são coletadas durante visita de pesquisadora mexicana.

 

A imersão rendeu frutos. Foram realizadas pelo menos três pesquisas botânicas sobre as baunilhas: especialistas franceses, mexicanos e brasileiros fizeram a coleta de amostras. Segundo o Instituto Atá, os pesquisadores atuaram apenas como voluntários na iniciativa. Há versões conflitantes em relação às amostras: moradores das comunidades do Engenho II, por onde a equipe de Atala também transitou, e do Vão de Almas, alegam que mudas de baunilha foram levadas sem qualquer aviso à associação do quilombo. À reportagem, Alex Atala negou as afirmações.

Hoje, os kalungas estão receosos quanto ao uso das informações concedidas sobre a baunilha. O presidente da associação afirma:

– No projeto, mostramos algumas áreas nativas de onde extraímos a baunilha aqui, além de apresentar técnicas tradicionais nossas, de manejo, para a equipe [do Instituto Atá]. Estamos preocupados com detalhes legais: vai que esse povo consegue registrar e patentear o uso? Ou o modo como plantamos nossa baunilha?

A atual legislação os resguarda, mesmo que minimamente, diante da possibilidade. No Brasil não é permitido o registro de patente e marca sobre “o todo ou parte de seres vivos naturais e materiais biológicos encontrados na natureza”.

Fato é que o Atá tem novos planos em relação às baunilhas. Em parceria firmada com a Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (Embrapa) pouco após a imersão no quilombo goiano, onde teve amplo acesso a amostras e saberes tradicionais, o instituto vai participar da criação de um estoque de sementes nativas das espécies brasileiras. Durante o projeto, a equipe do chef visitou os kalungas mais de quarenta vezes, filmando e registrando parte dessas visitas.

Em novembro de 2018, o instituto assinou um termo de cooperação para criar uma cadeia de produção nacional da especiaria. Segundo a Embrapa, o convênio vale por quatro anos e engloba “ações de pesquisa, desenvolvimento e inovação relacionadas às espécies brasileiras”. Estão previstas atividades de prospecção, coleta e criação de um estoque de sementes sem modificação genética. O órgão acrescenta que, “caso os resultados alcançados sejam objeto de patentes futuras, novos acordos terão de ser feitos”.

Na nota, Alex Atala informa que “nem o Atá nem a Embrapa possuem mudas de baunilha do Cerrado advindas do território quilombola. Não retemos em nenhum momento do projeto informações georreferenciadas e as técnicas quilombolas de seu cultivo”.

CIFRAS EXPLICAM DISPUTAS E INTERESSES

Cultivada sem agrotóxico, baunilha do Cerrado se destaca das demais.

A baunilha do Cerrado mal entrou no mercado e já se destaca. As favas cultivadas pelos quilombolas goianos crescem e pesam muito além das encontradas no resto do mundo, superando outras variedades, como a tradicional baunilha mexicana, que pesa, em média, 0,02 g.

Em Madagascar, ilha no leste da África responsável por 65% da produção mundial de baunilha, a procura pelo “ouro negro” tem gerado conflitos que vão do roubo de colheitas à expulsão de camponeses por grupos armados. Depois da passagem do ciclone Ava, em janeiro, o preço do quilo disparou. De algo como US$ 20, o valor pulou para a casa dos US$ 600, inflamando os confrontos no campo, com a formação de milícias rurais para proteção das colheitas.

Segundo o Banco de Dados Estatísticos de Comércio de Produtos das Nações Unidas, o Comtrade, a exportação de baunilhas de Madagascar atingiu US$ 894 milhões em 2017. Os Estados Unidos são o principal comprador no mercado mundial, concentrando US$ 575 milhões em importações nesse mesmo ano.

Esse contexto global tem aumentado a cautela dos kalungas, que temem que o cultivo intensifique os conflitos, somando-se a outras ameaças que os cercam – como projetos de hidrelétricas, garimpos ilegais e a expansão da soja no entorno. Os quilombolas ainda batalham pela posse definitiva de ao menos 118 mil hectares do seu território.

 

 

 

[Foto principal: Fartura Brasil – fonte: http://www.deolhonosruralistas.com.br]