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Escrito por Renata Prati

Por mucho que la Real Academia Española se empeñe en negarlo, las lenguas cambian al calor de los usos y con el paso del tiempo, en gran medida a través de la comunicación y la contaminación de otras lenguas. Que todo esto suceda es inevitable y, además, como puntualiza Pascale Casanova en la apertura de este libro, es también digno de celebrar: la pluralidad de las lenguas, su vitalidad y su sensibilidad histórica son riquezas. Ahora bien, ese reconocimiento no debería obturar —si bien para ella muy a menudo lo hace— el “hecho fundamental” de que esa misma comunicación entre las lenguas es un vector crucial de la dominación lingüística. En La lengua mundial. Traducción y dominación, Casanova se ocupa de echar luz sobre estas dinámicas de poder mediante una reconstrucción de la cambiante posición de la lengua francesa en el sistema mundial de las lenguas. Haciendo gala de una gran erudición, esta historia abarca muchos siglos en relativamente pocas páginas: sigue al francés en sus derroteros entre el siglo IX y el XX, desde su dependencia del latín hasta su ascenso a lengua mundial y posterior derrocamiento por el inglés. Historizar estos procesos obedece, por supuesto, a una voluntad desenmascaradora: comprender el carácter arbitrario de la dominación es, afirma Casanova, el único modo de luchar con eficacia contra ella. De hecho, la elección del caso francés busca capitalizar en esta línea su posición en cuanto “exdominante”, para comprender, a partir de ahí, el lugar actual del inglés: “Nosotros los franceses conocemos esta especie de dominación justamente por haberla ejercido”.

Por otro lado, tal vez menos conocido, debe atenderse también al rol de la traducción en ese marco de desigualdad, así como a otros fenómenos que marcan el contacto entre lenguas, como los préstamos, el bilingüismo colectivo y la diglosia. Y es en este terreno donde radica el mayor aporte de La lengua mundial. El de los préstamos es un caso elocuente y siempre actual: aunque por lo general se los usa creyendo que ofrecen un aire de sofisticación y modernidad, en verdad son, argumenta Casanova, signo y mecanismo de la dominación. En una línea similar piensa el bilingüismo. Pero la traducción constituye un caso un poco diferente: en efecto, todo a lo largo del libro, la traducción no es solo índice y medida de la dominación lingüística, sino también forma de resistencia, arma crítica contra la dependencia, el silenciamiento y la desaparición. La traducción es una actividad antigua, ardua y en muchos sentidos apasionante. Pero, como se hace evidente en estas páginas, su signo no puede adivinarse nunca sin comprender el contexto en que se la practica. No hay por tanto consignas simples en este libro: la posición de quien traduce —así como de quien edita literatura traducida, e incluso tal vez de quien la lee— es una posición compleja, ambivalente, incómoda. Aun así, es una incomodidad tremendamente rica.

 

Pascale Casanova, La lengua mundial. Traducción y dominación, traducción de Laura Fólica, prólogo de Roberto Bein, Ethos Traductora, 2021, 160 págs.

 

[Fuente: http://www.revistaotraparte.com]

 

El último libro de Néstor Kohan, Hegemonía y cultura en tiempos de contrainsurgencia soft (Ocean Sur, 2021), es de lectura urgente para comprender a profundidad los procesos actuales que el comandante Fidel Castro consideró como batalla de ideas, en los ámbitos de la cultura y las ciencias sociales.

Escrito por Gilberto López y Rivas 

El libro está precedido por fragmentos de sendos escritos de dos respetados profesores argentinos, secuestrados y desaparecidos por la dictadura militar, Daniel Hopen y Haroldo Conti, que muestran uno de los rasgos distintivos del fascismo y el terrorismo global de Estado: su odio a la intelectualidad revolucionaria. Estos epígrafes conllevan un propósito central de la obra: mostrar que, pese a represiones o cooptaciones, es posible resistir al enemigo de la humanidad y la vida en el planeta: el capitalismo y los Estados imperialistas que imponen su explotación y dominación a los pueblos oprimidos y recolonizados por la vía de una contrainsurgencia letal, que ha provocado catástrofes humanitarias en numerosos países, o una contrainsurgencia soft, blanda.

Néstor Kohan no es dado a irse por las ramas. Entra directo a expresar que se embarca en una sociología de la cultura e historia intelectual con la declarada intención de desatar polémica, lo cual siempre logra, girando su trabajo en torno a tres problemas centrales: hegemonía/contrahegemonía, imperialismo y contrainsurgencia.

El libro trata un caso en particular: Cuba y su lucha contra el imperialismo estadunidense, la metáfora de David y Goliat, que ha sido una dramática realidad por más de 60 años: enfrentar con éxito las incontables incursiones militares abiertas y encubiertas, sabotajes, guerra bacteriológica, intentos de asesinato de dirigentes, actos terroristas, el bloqueo y las acciones de sus múltiples aparatos de inteligencia y contrainteligencia, que se complementan con el más notorio: la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Esta estrategia de contrainsurgencia militar ha sido acompañada de otra táctica imperialista dedicada a minar la moral y hegemonía socialista de la revolución cubana. A la denuncia sobre el papel que juegan las fundaciones fachadas de la CIA que proporcionan los fondos para la compra de conciencias, Néstor, con su ya proverbial erudición, va desbrozando la maleza ideológica de una contrarrevolución que se esfuerza por “construir una opción pretendidamente ‘democrática’ […] contra el proyecto comunista, al que sigue calificando, con escasa originalidad, de ‘totalitario’ […], donde las palabras ‘democracia’ y ‘república’ se enarbolan sin nombre ni apellido, sin referencias de clase ni determinaciones históricas, sociales ni geopolíticas”.

En torno al reciente debate cubano, Néstor afirma que revolución cultural es lucidez y es socialismo, sobre todo en el contexto de la crisis capitalista más profunda de la historia, en la que la especie humana está en peligro. Precisamente, en los momentos en que circulaba la demanda del Premio Nobel para la brigada médica cubana internacionalista Henry Reeve, y en plena emergencia sanitaria del Covid-19, estalla, ¡qué casualidad!, el Movimiento San Isidro en Cuba, el cual, como era de esperarse, recibe la cobertura mediática ­internacional.

Néstor observa, con dolor, las firmas de amigos y compañeros en un manifiesto, junto con conocidos trásfugas, y se debate entre la amistad y la necesidad ética de definirse frente a ese movimiento, optando por no perder la brújula del eje de la lucha de clases y las relaciones de fuerza, a partir del cual hace un recorrido crítico de gran envergadura teórica, sobre la línea discursiva del manifiesto. Kohan reitera su posicionamiento, con el que concordamos plenamente: “Revolución socialista, la cubana, que durante décadas ha sido y seguirá siendo la única vacuna y el único antídoto para garantizar la autodeterminación nacional y popular de Cuba frente a las pretensiones anexionistas de Estados Unidos, sea en su versión neofascista, sea en su presentación light y soft, igualmente imperialista”.

Asumiendo que los conflictos y los intentos de dominación no han desaparecido y que la guerra ideológica, fría, tibia o caliente, abierta o encubierta, simétrica o asimétrica, continua, y a propósito de la polémica sobre imperialismo, ciencias sociales y cultura, Kohan convoca a recuperar un programa antiimperialista y anticapitalista actualizado y acorde con nuestra época, como una tarea urgente y en el centro de la agenda. Exhorta a reactualizar y elaborar colectivamente nuevos planes culturales contrahegemónicos. Remontar la pendiente inclinada de las derrotas genocidas que padecimos, desmontando la avalancha asfixiante de propaganda y manipulación de la opinión pública que enfrentamos a diario.

El estudio y la discusión sobre este oportuno y excelente libro de nuestro camarada y amigo Néstor Kohan ofrecen las herramientas teóricas para estar a la altura de estos desafíos.

 

[Fuente: http://www.jornada.com.mx]

 

 

 

 

Ferran Soldevila

Escrit per Enric Iborra

Durant els cursos 1926/1927 i 1927/1928 l’historiador i escriptor Ferran Soldevila, que aleshores tenia trenta-tres anys, va ocupar el càrrec de lector de literatures hispàniques a la Universitat de Liverpool. Durant aquella estada va portar un dietari, en què explicava les seues impressions del paisatge, de la gent i del conjunt de la societat britànica. Es va publicar amb el títol d’Hores angleses uns quants anys després, el 1938, en plena guerra civil, gràcies al suport de la Institució de les Lletres Catalanes, com un gest simbòlic en defensa de la continuïtat i de la normalitat. I d’esperança. Per a una part significativa de la intel·lectualitat catalana la societat britànica era un model del que podria ser Catalunya una vegada s’hagués acabat la guerra i s’hagués posat fi al feixisme: un país desenvolupat, civilitzat i culte.

Hores angleses presenta una forma literària plena d’harmonia i d’equilibri i és un exemple de l’alta qualitat que va arribar a aconseguir la prosa catalana de la dècada dels trenta

El llibre va obtenir un gran èxit i l’edició es va esgotar ràpidament. Durant la postguerra, es va reeditar el 1947 i va adquirir un caràcter emblemàtic entre els cercles de la resistència cultural. Era una mostra i un record de l’alt nivell literari assolit per la cultura catalana del primer terç del segle XX. Ara fa deu anys el va tornar a publicar Adesiara, acompanyat per una presentació d’Enric Pujol, que ha tingut cura també de l’edició del text, i de dos estudis introductoris, un d’Alan Yates, excel·lent, i un altre de Joaquim Nadal.

Adesiara (2017)

En el seu assaig, Yates escriu que els lectors actuals «podran jutjar si Hores angleses “compta” per a res avui dia». Crec que aquesta pregunta es pot contestar positivament, sense reserves. Des del punt de vista documental o simplement turístic, i encara que haja passat prop d’un segle, al lector que haja viatjat a Anglaterra li farà gràcia comparar les seues impressions i records amb els de Soldevila. Des d’un punt de vista estrictament literari, Hores angleses presenta una forma literària plena d’harmonia i d’equilibri i és un exemple de l’alta qualitat que va arribar a aconseguir la prosa catalana de la dècada dels trenta.

El que en podríem dir els aspectes anacrònics o d’època, com ara el to noucentista, li donen un encant suplementari. El to noucentista es revela, sobretot, en la qualitat literària més rellevant d’aquest llibre, l’equilibri, que va ser destacada per la crítica des del primer moment. Aquesta qualitat es manifesta en el tipus de prosa que utilitza Soldevila, una mostra d’aquell ideal de prosa genèrica que propugnava Pompeu Fabra, i també en l’estructura del dietari, que alterna les instantànies verbals, de caràcter líric, amb les entrades més llargues, que segueixen el model del relat de viatges. Aquesta alternança dona amenitat i varietat al dietari, i li confereix un ritme peculiar.

alterna les instantànies verbals, de caràcter líric, amb les entrades més llargues, que segueixen el model del relat de viatges

Com a exemple de les primeres entrades, es poden esmentar anotacions escrites de vegades amb un llenguatge gairebé minimalista, com ara aquesta: «paisatge gebrat. Sol dissolent-s’hi». O aquesta altra: «fa uns dies hivernals. La verdor de les fulles els salva de la desolació». D’altres, més desenvolupades i complexes, tenen un gran poder de suggestió: «tarda de diumenge. Petit parc annex a la catedral de Liverpool, al costat del cementiri. En un banc, un minyó que llegeix. En el banc del davant, una parella: ell d’un ros flàccid, camatort, amb els cabells tallats a la Sant Antoni, descansa el seu cap damunt l’espatlla d’ella —minsa, groga, humil—; dues tímides misèries enamorades i apuntalant-se. Un home secardí amb un nen raquític dóna pa a un gat famolenc. Fa una xafagor anguniosa. El pardals es banyen en la terra, aletejant, cercant-hi una mica de frescor. La catedral sorgeix alta, indiferent, color de rosa».

Les entrades més llargues estan dedicades al relat dels viatges de Ferran Soldevila pel Regne Unit: Londres, Oxford, Cambridge, Chester, Stratford, Escòcia i el nord de Gal·les. Juntament amb d’altres dedicades a tractar aspectes com ara el menjar i les propines, resulten les més típicament turístiques, però es llegeixen molt bé. A més, Soldevila supera el tòpic per l’enfocament deliberadament literari, sensible i culte dels llocs que visita.

Soldevila no va estar-se a Anglaterra com un simple turista. Pel seu treball es trobava integrat en la vida anglesa. Ell mateix destaca aquesta condició com un fet necessari per arribar a fer-se una idea mínimament clara d’un altre país

Un dels aspectes de la vida anglesa que més atreu l’atenció de Soldevila és la idea de home: «hem anat a Hewall per fer la inscripció a la policia i obtenir el carnet de sojorn. Entre la boira, al capvespre, pels camps, apareixen, esfumant-se, les cases acollidores, amb els llums que s’encenien i semblaven parlar de la pau dels interiors enmig de la desolació i la gelor del defora. N’hi ha prou amb veure un sol cop aquest espectacle per a comprendre per què en aquest país el home té una importància essencial». En un altre passatge, però, anota que en la majoria de les cases angleses només escalfen una o dues habitacions i que a la resta de la casa —de la house— es gelen com uns polls.

Un altre motiu insistit d’Hores angleses, que cridarà l’atenció del lector o de la lectora, és l’admiració que manifesta Ferran Soldevila per les cames de les angleses. En una entrada afirma, entusiasmat, que «enlloc no he vist que les dones mostrin les cames com aquí. Aquí les jovenetes, en general, ensenyen les cames d’una manera esportiva, diguem; però més endavant l’exhibició pren sovint altres característiques. I també altres proporcions. I com que tenen les cames tan llargues —i ben fetes, val a dir-ho— encara sembla que exhibeixin més».

És important destacar que Soldevila no va estar-se a Anglaterra com un simple turista. Pel seu treball es trobava integrat en la vida anglesa. Ell mateix destaca aquesta condició com un fet necessari per arribar a fer-se una idea mínimament clara d’un altre país: «cal viure amb lligams de deure, com a casa nostra, i, com a casa nostra, amb un ritme i un gènere de vida normals, perquè no caiguem en la injustícia —per al nostre país o per al país d’altri— de jutjar-los en un estat d’esperit massa divergent».

Finalment, l’equilibri d’aquest dietari —tan difícil d’aconseguir en aquest gènere— té a veure amb les omissions. Soldevila no diu res de les greus tensions que patia la societat anglesa de la dècada dels vint del segle passat, i el lector, llevat d’alguna al·lusió molt escadussera, té la sensació que Soldevila és un viatger solitari. En realitat, durant els dos anys que va passar a Anglaterra va estar acompanyat de la seua dona.

[Font: http://www.laveudelsllibres.cat]

Blackie Books publicó una nueva edición y traducción de ‘Matadero cinco’, la novela de Kurt Vonnegut que es ya un clásico moderno

Escrito por ALEJANDRO BADILLO

En una de las historias que aparecen en Matadero cinco (1969) nos enteramos de una civilización extraterrestre: los tralfamadorianos, seres que perciben la realidad en cuatro dimensiones. Estos personajes tienen una relación especial con el tiempo, ya que pueden observarlo no de una manera secuencial sino como una pintura o una formación montañosa. Todo puede ocurrir en el mismo momento, y el punto de vista –la perspectiva del espectador– nos permite ir atrás y adelante sin sucumbir al caos. Esta peculiar teoría es la propuesta estructural de Matadero cinco, una de las novelas más conocidas del autor estadounidense Kurt Vonnegut (1922-2007), editada en español hace algunos años por la editorial Anagrama y ahora puesta de nuevo en circulación, con una nueva traducción a cargo de Miguel Temprano García, gracias a Blackie Books.

Matadero cinco cuenta el bombardeo aliado a la ciudad alemana de Dresde en febrero de 1945. Este bombardeo es una de las historias más dramáticas y polémicas de la Segunda Guerra Mundial. Al igual que Hiroshima y Nagasaki, Dresde no era un objetivo militar y, también, había una sensación de que esa ciudad no sería víctima de fuertes intervenciones por parte del enemigo. Sin embargo, fue arrasada por bombardeos continuos que redujeron edificios y personas a cenizas. El escritor alemán W.G. Sebald escribió en Sobre la historia natural de la destrucción acerca de las posibles razones por las cuales los alemanes enterraron la memoria de las víctimas civiles (más de 600 mil personas) que fueron borradas del mapa en varios bombardeos. El papel de víctima, negado a los alemanes porque pertenecían al bando de los nazis, pone de relieve los conflictos de la historia oficial y los matices que, muchas veces, se pierden en medio de la propaganda.

Vonnegut, a través de Billy Pilgrim, alter ego suyo, describe el caos, la esquizofrenia y el absurdo de la guerra. Pilgrim, soldado norteamericano, es llevado por los alemanes a un centro de detención, un rastro, mientras Dresde comienza a arder. La locura, en este caso, es un asidero que permite la sobrevivencia. A través de bifurcaciones, ramificaciones sin sentido lógico más que desahogar anécdotas que van adelante y atrás en el tiempo, conocemos la historia del personaje. El caos es, quizá, la única manera de entender las sinrazones de las guerras modernas. Si antes se enfrentaban ejércitos contra ejércitos, a partir del bombardeo a la ciudad española de Guernica, en 1937, durante la Guerra Civil Española, la población civil es la principal víctima de tácticas que no buscaban necesariamente apoderarse de territorios, sino sembrar el terror y desmoralizar al enemigo.

Por estas razones Matadero cinco puede entenderse como la excursión alucinada a la mente de un sobreviviente de la guerra, alguien como Vonnegut, que estaba en Dresde mientras las bombas caían. En esa excursión tiene cabida todo: un asesinato por robar un tetera; un accidente tiempo después de la guerra; incluso los encuentros con los tralfamadorianos, seres que parecen un bálsamo en medio de la locura desatada por las bombas.

La novela de Kurt Vonnegut, rehuyendo de la razón y del carácter documental de muchas obras sobre la guerra, es, quizás, el reflejo más fiel de un mundo en el que aquello que nos vuelve humanos se ha perdido.   

Kurt Vonnegut, Matadero cinco, traducción de Miguel Temprano García, Blackie Books, Barcelona, 2021

 

[Foto: Seven Stories Press – fuente: http://www.latempestad.mx]

Manifestación pola devolución da marisma de Baldaio, en 1977, unha das loitas analizadas n’A xustiza pola man’ © Concello de Carballo

A editorial Xerais saca do prelo este mes de setembro A xustiza pola man, unha obra conxunta que achega « unha panorámica sobre as formas de conflitividade e violencia cotiá na Galicia contemporánea ». « Partindo dunha óptica común, inténtase comprender a sociedade a través dos conflitos e dunha das súas posibles derivacións, a violencia, entendida esta non como unha manifestación de irracionalidade, senón como síntoma das oposicións e loitas de poder inherentes a calquera comunidade », explica sobre un libro que pretende tamén « expoñer unha visión afastada dos estereotipos que afondan nunha Galicia resignada aos designios do poder imperante ».

A obra pretende « expoñer unha visión afastada dos estereotipos que afondan nunha Galicia resignada aos designios do poder imperante »

Con Francisco J. Leira Castiñeira e Miguel Cabo como editores, A xustiza pola man inclúe textos deles mesmos e doutros historiadores como Ramón Villares, Antonio Míguez Macho, Lourenzo Fernández Prieto, Emilio Grandío, Araceli Freire ou Eliseo Fernández.

« É unha análise nova, detallada e coherente sobre a violencia no pasado que descobre as diferentes caras da violencia, as súas mutacións e o lugar central que ocupou na historia », opina sobre a obra Óscar Bascuñá, da Universidad Complutense de Madrid. « Uma obra de leitura indispensável e urgente para quem deseje pensar a Galiza num tempo longo, além dos estereótipos sobre o conflito e a violência », engade Paula Godinho, da Universidade Nova de Lisboa, sobre un libro que vén de saír e do que Praza.gal ofrece a súa introdución en adianto.

Portada de ‘A xustiza pola man’ © Editorial Xerais

Nunha das estrofas do seu coñecido poema “Vientos del pueblo” de 1937, Miguel Hernández caracterizaba ós diferentes pobos da península cun ou dous epítetos que sintetizaban os estereotipos dominantes sobre os mesmos. Así, os vascos eran “de piedra blindada”, os asturianos “de braveza”, os valencianos “de alegría” e os galegos…”de lluvia y calma”.

A mansedume era, se cadra segue sendo, un dos clichés sobre o noso país, xa se fixese del unha valoración positiva ou negativa segundo os casos. Para os conservadores, propios e foráneos, era unha virtude: a menor incidencia da violencia individual e colectiva sería unha proba da harmonía social subxacente contraposta interesadamente á axitación rural nas provincias latifundistas ou á conflitividade vencellada ó movemento obreiro nas grandes cidades españolas. Para outros, sería unha eiva colectiva que conlevaba a aceptación fatalista das inxustizas, sintetizada na fórmula de Castelao “o galego non protesta, emigra” ou en tantos debuxos seus nos que os labregos aturan con resignada indignación os abusos dos poderosos. Para espertar ó campesiñado do que percibían como pasividade secular, os axitadores agraristas non atopaban nas súas arengas outro precedente máis recente que as revoltas irmandiñas do século XV.

Os tópicos non se impoñen de xeito arbitrario e sempre conteñen unha boa dose de verdade, pero a realidade é sempre máis complexa e a ollada dos contemporáneos non percibe todos os matices que facilita a distancia no tempo, privilexio dos historiadores. O conxunto dos traballos reunidos neste volume achega unha panorámica actualizada sobre as formas de violencia cotiá na Galicia contemporánea, deixando á marxe as vencelladas ós períodos bélicos: a guerra do francés, as carlistas, a repercusión das empresas coloniais do Estado español e a guerra do 36. Neles a violencia predominante é a outra escala e con outros condicionantes, o que non quere dicir que as formas de violencia e conflitividade do tipo das que se analizarán nesta obra non puidesen ter continuidade adaptadas ó contexto bélico. Xuntan os seus esforzos autores xa asentados con outros que se teñen iniciado non hai moito na investigación, de feito varias das achegas son avances de teses doutorais en marcha. Achegámonos ó tema desde perspectivas diversas, pero que en absoluto esgotan todas as posibilidades porque a conflitividade e a violencia están presentes en calquera sociedade humana, como “subproduto da cooperación” que son, en expresión do polaco Bronislaw Malinowski, un dos fundadores da Antropoloxía. Subxacen, sequera como posibilidade, en moitos actos cotiáns de cada individuo. Non son por tanto anomalías senón parte do funcionamento normal dunha sociedade.

 

 

[Fonte: praza.gal]

Ñamérica

Martín Caparrós

Literatura Random House

Barcelona, 2021

675 páginas

¿De qué tamaño es el mundo?

El mundo es del tamaño de un rasgo que a alguien se le ocurrió escribir, un día, sobre la letra ‘n’ para sumar al alfabeto un sonido extraño. Todas las emociones caben en una punta de alfiler y cada emoción, sin embargo, llega a poseer la extensión de una galaxia. El mundo es del tamaño del factor común, pero también de cada suma de almas, que ha alcanzado proporciones siderales al añadirse siglos a los siglos. Eso sí, para intentar descifrar el tamaño del mundo nos valemos de un idioma, cuya idiosincrasia puede resumirse en la letra ‘ñ’. Por lo tanto, si queremos expresar el tamaño del mundo, lo mejor será acomodarnos a aquella parte del planeta con la que nos podemos entender sin trabas, sin segundos idiomas ni apreturas de traducción. Apenas hay nada en el resto del mundo que no se contenga en América Latina, por lo que recorrerla es atravesar todas las caras del poliedro. Y hacerlo compartiendo un idioma es evitar escollos, algún posible engaño, ir desnudo, afrontar la piel del mundo para conocer su alma.

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) vuelve a escribir una crónica extensa, en la que prefiere repetir ideas antes de que continuar con la selección, porque caminar sobre el mundo nos supone repetir siempre los mismos gestos, ver los mismos soles, encontrarnos con los mismos sentimientos, reiterar las mismas ideas mientras nos abrimos a ideas nuevas. Hemos dicho crónica y no sabemos si se corresponde al género, aunque pudiera tratarse de la palabra más cercana al espíritu de un libro poliédrico, como el mundo, y vehemente, como los que habitan el mundo. No hay solución de continuidad, esos artificios que igualan cualquier género a la novela, sino una fragmentación que se corresponde a la de la misma realidad que nos impacta con sensaciones. Ni siquiera el estilo está depurado según los cánones académicos, porque la reiteración y las cacofonías caracterizan mejor la percepción que nos sale al paso que la farsa de una prosa blanquísima o el exceso de estilo. Es posible que no nos hallemos frente a un libro tan compacto como El hambre, la obra maestra de Caparrós, pero sin duda nos enfrentamos a un texto en el que no nos faltarán hallazgos a los que enganchar la atención.

El libro alterna la experiencia personal, que fragua los pasajes más sugerentes y más potentes, con el ensayo. De los viajes surgen encuentros que hilan el tapiz de la América que habla castellano. Oímos a los protagonistas, que han sido altos cargos o han ejercido de taxista, muchos de ellos de avanzada edad, relatando cuál es el tamaño del mundo, que se ha visto, a la fuerza, reducido a la geografía más inmediata. En ocasiones, organiza estos encuentros a partir de las grandes ciudades -México, El Alto, Bogotá, Caracas, La Habana, Buenos Aires, Miami, Managua-, y en otras surgen como anécdotas que nos llevan a lo concreto cuando el centro de interés es otro: la violencia, la pobreza, las consecuencias de la colonización, etc. Es aquí cuando Caparrós nos azota con reflexiones, que por lo general están más dedicadas a generar dudas que a llevarnos a conclusiones. Caparrós no parece soportar bien las ideas con que ahora se construye el pensamiento, que se limitan a consignas de corto recorrido y se olvidan de atender al mundo de forma holística. Reniega de lugares comunes cuando habla sobre colonización, neocolonización y anticolonización, incluida la contemporánea, por ejemplo. Intentar averiguar si detrás de la denuncia existe una propuesta, nos lleva a acostarnos en la cama de un faquir. Lo que se pretende, en realidad, es fomentar la costumbre de cultivar un pensamiento propio. La revolución, como sostiene muchas de las religiones orientales, será personal o no será. No es poco, en un planeta que se está construyendo a base de idiomas reducidos a 280 caracteres, que pueden dar para sorprender con un ingenio, pero no para la reflexión sensata, profunda y de elaboración emocional. Se alejan, mucho, de algo que a falta de una palabra mejor llamaremos sabiduría.

 

Publicado por Ricardo Martínez Llorca 

[Fuente: tanaltoelsilencio.blogspot.com]

Marie Darrieussecq signe un essai littéraire sur l’insomnie. Remarquable pour plusieurs raisons. Critique.

Écrit par Christine Bini

Le dernier ouvrage de Marie Darrieussecq est remarquable pour plusieurs raisons. La première tient peut-être au titre lui-même, qui, même sans point d’exclamation, a des airs d’injonction, comme on dirait « pas bouger ! » « Ne pas dormir » aurait tenu lieu de simple constat. « Pas dormir », c’est autre chose. Et effectivement, de ses années d’insomnies, Darrieussecq fait autre chose : autre chose qu’une autobiographie, qu’un retour sur soi autocentré, qu’une étude sur l’insomnie dans la littérature, qu’une plongée psychanalytique. Le livre est un peu tout cela, mais le tout est supérieur à la somme des parties.

« Le monde se divise entre ceux qui peuvent dormir, et ceux qui ne peuvent pas » lit-on au tout début du premier chapitre. Chacun divise le monde, effectivement, selon sa propre caractéristique première. Pour Darrieussecq, il y a les insomniaques et les dormeurs. À rencontrer, au fil des pages, les célébrités et les génies qui peuplent la partie insomniaque du monde, les dormeurs peuvent se sentir quelque peu déclassés… Il est vrai que l’insomnie est une souffrance, et que les bons dormeurs ne se focalisent sans doute pas, dans leurs œuvres, sur la bonne qualité de leur sommeil. Eux, ce qu’ils racontent et utilisent, ce sont leurs rêves. Darrieussecq l’insomniaque explore cette zone intermédiaire entre veille et sommeil, cette zone hypnagogique qui précède le sommeil véritable qui, lui, ne vient pas. Cette espèce d’espace duel donne accès à une autre forme de rêve, intéressante et douloureuse.

Le lit est le lieu habituel du sommeil. Pour Darrieussecq, le lit est un territoire multiple où l’on joue avec les enfants, où l’on grignote, où l’on écrit. Mauvaise idée ! Avec ironie, l’autrice envisage les erreurs qu’elle a pu commettre en utilisant à d’autres fins le lieu sacré du bien dormir. Le lit est le lieu de la sexualité et du sommeil, il ne doit pas se trouver dans la pièce où l’on travaille, surtout si l’on est écrivain. Voilà qui renvoie à Virginia Woolf que Darrieussecq a traduite, A Room of One’s OwnUn lieu à soi. Il faut un lieu pour travailler, et un autre pour dormir. Cela, dans l’idéal.

Marie Darrieussecq n’a pas toujours été insomniaque, elle s’en souvient et nous le raconte. Les souvenirs du bien dormir sont loin, mais présents : dormir n’importe où, sous la tente, dans le vent et le froid, être jeune et parcourir le monde, ou bien glisser dans le sommeil dans le roulis du train, encore aujourd’hui, c’est possible. Ce n’est pas l’avancée de l’âge qui a fait fuir le sommeil, c’est l’arrivée des enfants. Pas dormir devient plus que passionnant, réellement remarquable, quand s’ouvre la séquence sur les enfants : Darrieussecq est une mère consciente et impliquée, mais cela, bien des mères le sont. Ce qu’elle arrive à dire, et à écrire, dans une langue d’évidence, c’est que le sommeil l’a fuie lorsqu’elle est devenue mère : « Puis les enfants grandirent. Ils n’exigeaient plus de moi la disponibilité totale que les petits Sapiens sapiens sont éduqués à attendre de leur mère. Je pouvais m’assoupir sans que personne ne me réclame. » Et d’ajouter : « J’ai appris à faire la sieste. »

Pas dormir embrasse tous aspects de la vie et du vivant, il est à la fois un ouvrage parfaitement autobiographique et un recueil de réflexions sur la politique, la vie animale et sauvage, l’écologie, la poésie. Souvent drôle – la liste des somnifères et artefacts pour trouver le sommeil, les casques en résille et les capteurs pour contrôler l’activité cérébrale… – et parfois grave, mais grave n’est pas le bon mot, car une ironie féroce y est à l’œuvre, dans les passages sur l’alcoolisme pour ce qui concerne l’intime. Les forêts, les animaux disparus, la troisième paupière des chiens… Darrieussecq plonge au cœur du végétal et de l’animal, élargit son propos, le recentre sur la politique immédiate en évoquant le sort des migrants. D’une façon ou d’une autre, tous les livres de l’autrice sont présents dans Pas dormir.

Pas dormir est un livre remarquable, à ranger sans doute dans la catégorie « essais ». Essai sur un thème précis, essai sur soi et le monde, essai sur un mystère et une souffrance. L’ouvrage est balisé de notes de bas de pages très universitaires, et parsemé de photographies personnelles ou non, qui scandent le texte, non comme des respirations mais plutôt comme des ponctuations dénotatives. On remarquera et appréciera, à ce propos, l’illustration de la page 293, les petites mains d’enfants préhistoriques, vieilles de 27.000 ans, inscrites dans la grotte de Gargas. « Voyez les adultes tenir les bébés dans leurs bras puis choisir l’emplacement de leurs mains parmi les empreintes des grands. Voyez les adultes porter à bout de bras l’avenir, ce bébé. » Pour que l’avenir soit assuré, pour que les enfants grandissent, il faut que les adultes, les parents, veillent sur eux. Veillent, tout court.


Marie Darrieussecq, Pas dormir, éd. P.O.L, 9 septembre 2021, 320 p.

 

[Photo : Yann Diener/P.O.L. – source : http://www.laregledujeu.org]

Écrit par Anne Morin

Trois étages d’un même immeuble, trois histoires personnelles qui reflètent la vie en condensé, d’un pays qui se cherche. Trois étages, et à chacun d’eux, un manque à vivre, entre ce qui s’est passé – et ce qui est passé –, et ce qui s’est – peut-être – accompli.

Aucun des personnages ne sait exactement où il en est – de son histoire, de sa vie –, ni où il va, ce qu’il cherche ou recherche.

Arnon, en quête d’une hypothétique preuve pour conforter son hypothèse ; Hani, au deuxième étage, la plupart du temps seule avec ses enfants écrit à une amie lointaine et longuement perdue de vue car elle se noie entre le réel et l’imaginé : a-t-elle inventé la visite de son beau-frère et ce qui en a découlé ? Deborah, à l’étage supérieur, vit dans le souvenir de sa vie passée avec son mari défunt pour qui elle enregistre sur un répondeur téléphonique ses sentiments et ses errances. Vivant en vase clos, dans le souvenir de la rupture avec leur fils, elle décide soudain de se jeter dehors, à même la rue aux prises à des mouvements de protestation…

Chacun à sa manière cherche une issue, qui à son obsession, qui à sa solitude, qui à son manque. Chacun d’eux a au fond de soi le souvenir d’une vie autre, passée, en pointillés qui refait surface, et en resurgissant, les noie. Un filet d’eau est devenu une vague impétueuse, irrésistible dont ils ne peuvent s’échapper. Y songent-ils même ? empêtrés dans leurs contradictions, étouffés dans cet immeuble qui les enclot.

La réalité les ramène à eux – ou les en éloigne ? –, tous les sens sont possibles, sinon toutes les directions, une fois que l’idée fixe et fixée a pris possession d’eux.

Arnon a découvert sa fille de sept ans au verger, avec le vieil Hermann, le voisin. En dépit de toutes les preuves du contraire qu’on lui apporte, il imagine – ? – que la scène est bien une scène de crime, ce qui détruira, en fin de compte, son foyer.

Hani, dite « la veuve », reçoit la visite de son beau-frère recherché – ou se l’imagine-t-elle, puisqu’au retour de leur père, les enfants semblent avoir complètement occulté cette soirée ?

Deborah qui a perdu de vue son fils sur injonction de son mari se joint aux mouvements de rue, et par un cheminement complexe, en retrouve la trace.

Une autre vie, meilleure, ou pire, commence pour chacun d’eux. Au travers de cette réflexion des personnages sur eux-mêmes, sur leur enfermement personnel, Eshkol Nevo brosse aussi un portrait de la vie israélienne : la rue et ses révoltes antigouvernementales, les vergers aux portes de Tel-Aviv, et plus loin le désert et les kibboutz où se côtoient ceux qui fuient pour se retrouver, se refaire, se recomposer :

« L’essentiel, c’est de parler à quelqu’un. Sinon, sans lui, l’individu n’a aucune idée de l’étage où il se situe, et il est condamné à tâtonner désespérément dans le noir, dans la cage d’escalier, pour trouver l’interrupteur » (p.310-311).

 

Trois étages, octobre 2018, trad. hébreu Jean-Luc Allouche, 313 pages, 22 €

Écrivain : Eshkol Nevo – édition: Gallimard

 

 

[Source : http://www.lacauselitteraire.fr]

 

Escrito por Luis Vázquez

Se ha dicho mucho aportando poco sobre esta criptográfica novela policiaca de Roberto Bolaño; hay quien niega su condición de novela, mientras otros la asumen excluyendo su pertenencia al género policiaco; acaso sea esa falta de transparencia que nos obliga a ver allende las letras, la que llevó al irónico autor a decir que era la única novela suya de la que no se avergonzaba, “tal vez porque sigue siendo ininteligible». Sus tiznes autobiográficos hacen que ella sea Bolaño en estado puro, pues a pesar de la asiduidad con la que se erige personaje de sus propios libros, en Amberes participa transformado en uno de los muertos protagonistas; quizá para que no se olviden de sus orígenes, de aquel Bolaño que fue, «agoniza en Barcelona un sudamericano en un dormitorio que apesta», se la dedicó a sus hijos.

Escrita veintidós años antes de su publicación, cuando trabajaba en el camping Estrella de Mar de Casteldefels, Amberes es una crítica burlonamente inteligente sobre las injusticias del sistema, el maniqueísmo de los cánones literarios, «díganle al estúpido de Arnold Bennet que todas las reglas de construcción siguen siendo válidas solo para las novelas que son copias de otras», y la tiranía de la sociedad, en la que a veces podemos callar, pero nunca perder el orgullo, «vivía a la intemperie y sin permiso de residencia tal como otros viven en un castillo», una sátira en pro de una libertad que solo es para algunos.

Bolaño la definió como «una obra policiaca, aunque no lo parezca, porque el policía tiene algunas dificultades para llegar físicamente al lugar del crimen, el cadáver tiene dificultades para materializarse y los sospechosos tienen grandes dificultades para ser interrogados.» Doctores tiene la Iglesia, pero leída y meditada quizá sea la novela de género que mayor autonomía deja al policía lector, permitiéndole llevar el control total de la investigación. No es tarea fácil, pues pese a tener a disposición las pruebas incriminatorias, la escena del crimen está algo contaminada. Hay que saber escuchar con los ojos y mirar con los oídos y no caer en el desánimo de otros crímenes sin resolver; quizá sea esa la sinestesia a aplicar para, desde la piel del investigador, determinar lo ocurrido.

Cual ráfaga de sangre de un crimen contado por entregas se suceden 56 fragmentos sin orden aparente cuya narración se desarrolla mediante flashazos, recuerdos, espejismos o alucinaciones; imágenes que surgen y se desvanecen, proyectando destellos de fotogramas en los que interaccionan personajes de películas diferentes; «escribí este libro para los fantasmas, que son los únicos que tienen tiempo porque están fuera del tiempo».

Al calor de estas 56 balas perdidas, van ocurriendo sucesos; seis jóvenes mueren en las cercanías de un camping, un muerto en el parque, un policía se desploma tras el vil navajazo de un vagabundo al que estaba prestando auxilio, un cuerpo aparece con varios agujeros de bala, alguien tiene a tiro a un árabe y aprieta el gatillo; entre la morgue Roberto Bolaño, que narra la historia en primera persona: «Un campista me descubrió, paseaba y fue él quien avisó a la policía. Ahora, bajo el cielo nublado, me rodean hombres de uniformes azules y blancos. Guardias civiles, fotógrafos de periódicos sensacionalistas o tal vez solo turistas aficionados a fotografiar cadáveres. Curiosos y niños. No es el Paraíso, pero se le parece.»

Fluctúan por los aledaños del purgatórico camping un jorobadito que mora en el bosque, un escritor inglés al que le cuesta escribir, y las largas piernas de una pelirroja de 18 años metida en el negocio de las drogas, cuyo cuerpo presta dos veces al mes a la voluntad, ocio y disfrute de un «tira de estupefacientes».

Amberes camina sobre el hilo de alambre que une los puntos equidistantes de la locura y la realidad, «todo me empujó hasta este lugar, el descampado donde ya no queda nada que decir» / «ya no puedo hacer nada, soy mi propio hechizo».

Pendiente del informe pericial que cada forense lector pueda aportar a la causa, concluyo que he encontrado varios cadáveres donde había un solo muerto, un finado que sin llegar a morir, siguió escribiendo y acertó en la predicción del futuro de sus obras; «solo sobreviven los inventores». Si os animáis con su lectura, un consejo; coged papel y lápiz y no desesperéis; yo he disfrutado mucho.

“Amberes”, Roberto Bolaño, Anagrama

 

[Fuente: http://www.revistafiatlux.com]

 

 

 

Peut-on rire de tout ? Dix-neuf auteurs s’attaquent à la question, et proposent des réponses étayées.

Propos recueillis par Christian RUBY

De quoi se moque-t-on ? Satire et liberté d’expression
Cédric Passard, Denis Ramond
2021
CNRS

En cette époque où l’on voit bien qu’il convient de défendre à tout prix la liberté d’expression, ce dont se chargent d’ailleurs de nombreux ouvrages, revues, discours, il n’est pas inutile d’interroger cette liberté du point de vue des moyens par lesquels elle se réalise : textes, films, discours, dessins, chansons. Mais c’est encore trop peu faire. Il est non moins important d’étudier les formats qu’elle prend, et par exemple, la satire, surtout que cette dernière ne cesse de s’attirer les foudres de la censure, et du nouvel « esprit de censure », fort bien décrit par Marc Angenot en fin du volume que nous présentons ici, caractéristique essentielle de notre époque.

De quoi parlons-nous ? De la satire, mâtinée d’humour, de rire, de caricatures. Cet ouvrage collectif en éclaire largement les traits, en outre du fait que page après page, il nous offre une imposante bibliographie sur le sujet. Les directeurs du volume n’ont pas cherché à présenter une essence de la satire, risquant par ce geste de la figer ou de la normer, alors qu’effectivement elle ne cesse de contourner les normes de la bienséance. Ils présentent différentes contributions à partir d’une pluralité de positionnements vis-à-vis d’elle. Ils proposent d’explorer les normes esthétiques et les contraintes juridiques, sociales, politiques et morales qui structurent l’espace de la satire, ainsi que les formes qu’elle revêt, les stratégies qu’empruntent les auteurs, et les réceptions qu’elle engendre. Au demeurant, il est clair, au fil de la lecture de l’ouvrage que la « vie de la satire », si l’on peut dire, n’est pas souvent agréable, pas plus que celle de certains satiristes. Depuis longtemps, ils sont en butte, d’une manière ou d’une autre, à des polémiques qui tendent à les écarter de la scène publique.

Dix-neuf contributeurs participent au développement du volume, s’arrêtant chacun pour son compte sur la satire littéraire, la satire artistique, les journaux satiriques, les caricatures de presse (avec iconographie), les pamphlets politiques, et par conséquent la différence entre la satire et la parodie ou le pamphlet, par exemple.

Un art de blâmer

Certes, chacun connaît des satires classiques. La satire fait l’objet d’un chapitre complet de la formation littéraire scolaire. Des fables, des proses, des poésies satiriques ont rythmé les années de collège ou de lycée. Cela suffit-il pour l’apprécier ou la comprendre ? Pas sûr. Encore qu’en apprenant comment les satires classiques ont été reçues (et ont reçues la censure de la librairie royale), des points de correspondance surgissent avec notre époque, c’est ce que montre Carole Talon-Hugon.

Cela ne dit pas encore de quoi il s’agit. La satire est, en première approche, un écrit, une œuvre à intention morale, centrée sur la dénonciation d’une situation, de mœurs réputées corrompues, d’attitudes dépravées. Elle met des vices au jour et leur oppose des vertus : courage, justice, tempérance… Les directeurs de ce volume le soulignent : « la satire mord, rit, se moque et frappe », pour reprendre une expression du satiriste allemand Kurt Tucholsky.

Au principe de la satire se trouve la reconnaissance du fait que les mots ou les images peuvent frapper. Autrement dit, la satire souhaite corriger la réalité. C’est ce pourquoi, dans l’Encyclopédie de Diderot et d’Alembert, Jaucourt affirme que la satire est « un poème dans lequel on attaque directement le vice ou quelque ridicule blâmable ».

Dans la société de consommation

L’interrogation de la satire ne doit pas renvoyer uniquement à son histoire ou à des références classiques. Qu’en est-il de la satire de nos jours ? Il est possible de constater que le domaine de la satire s’est étendu. D’autant que les moyens de diffusion se sont amplifiés. Même des quotidiens d’information ont intégré la satire dans leurs pages. Reste à savoir si elle est prise comme simple adjuvant, ou comme moyen d’attirer du public au moment de la chute des ventes de la presse quotidienne. Est-ce à dire, de surcroît, que la satire est devenue un objet de consommation parmi d’autres ? La télévision, d’ailleurs, n’est pas en reste de ce mouvement général. Des chaînes de télévision cultivent des émissions satiriques. Par ailleurs, même les débats les plus sérieux sont envahis par des humoristes.

Certes, la satire a pour propriété de poser un regard décalé sur le monde. Et à ce titre, elle doit participer des chroniques médiatiques. Ce n’est pas là la question de fond. Elle est plutôt celle-ci : cette intégration ne coïncide-t-elle pas avec l’expansion d’une irrévérence, bien sûr, mais désormais contrôlée, consommable et rapidement oubliable. La satire serait alors mise au service du diffuseur plutôt qu’elle continuerait à donner des signes d’indépendance. Aussi des auteurs dans ce volume, Denis Saint-Amand, Léa Tilkens et David Vrydaghs, finissent-ils par proposer une formule : plus la satire se répand, moins l’irrévérence est grande.

On notera que ce constat ne tient pas à la simple définition d’une pratique langagière spécifique, que l’on pourrait alors cantonner à un seul domaine. Non, la satire n’est pas affaire de genre. Elle est affaire d’inflexion d’une énonciation. Elle s’opère par ailleurs dans des figures de rhétorique repérables comme l’ekphrasis (description précise) et l’hypotypose (description d’une scène d’une manière frappante). Elle n’a pas de cible privilégiée, mais il faut noter que la satire littéraire s’en prend plus volontiers soit au monde politique, soit au monde littéraire lui-même. Les ambitions démesurées et les manœuvres opaques figurent au premier rang des travers épinglés du côté des politiques, comme les rapports entre les profits financiers et la valeur de l’écriture, ou les dominations dans le monde des lettres contemporain. Les écrivains Pierre Jourde et Éric Chevillard, montrent les auteurs, se font fort de reprocher à leurs cibles d’accaparer toute l’attention grâce à des produits (littéraires) médiocres. Loin de se contenter de divertir des textes de ce type pratiquent des saillies virulentes de l’ambition dévorante de politiciens. Pour autant notent des auteurs, la satire politique n’est pas nécessairement de droite. Elle peut se révéler progressiste. Ce qu’ils montrent en citant nombre de romans contemporains.

Caricatures

Tout cela ne signifie pas que la satire ne se heurte pas à des limites. Une satire peut être blasphématoire, mais le blasphème ne tombe sous le coup d’aucune loi, en France du moins. Une satire en revanche raciste ne peut arguer de la liberté d’expression. Le racisme n’est pas une opinion, mais un délit. Reste évidemment à montrer l’existence de ce caractère, ou à prouver des intentions racistes.

Des caricatures peuvent être légitimes, ce qui ne signifie pas qu’elles ne heurtent pas. L’article de Guy Haarscher reprend le dossier de ce qu’il est convenu d’appeler les « caricatures » de Mahomet publiées en 2005, au Danemark. L’application du terme « caricature » posant déjà un problème. Et l’auteur enchaîne en examinant les problèmes posés par d’autres expressions comme « islamophobie », et surtout la différence entre cette « islamophobie » et la critique de la religion musulmane, etc. Tous problèmes dont nous ne sommes pas sortis. Néanmoins, nous ne pouvons pas faire l’impasse sur le fait que la Cour européenne des droits de l’homme protège la liberté d’expression et ne mentionne pas le blasphème. Mais ce n’est pas sans que le droit se trouve parfois en opposition avec lui-même puisqu’il défend autant la liberté d’expression que la liberté religieuse.

Satire et démocratie

Évidemment la question se pose aussi de savoir si la satire peut ou doit jouer un rôle au sein de la démocratie, surtout si la satire a pour fonction de critiquer des personnages, individus ou groupes, en tournant en ridicule des traits, réels ou supposés, de leur caractère ou de leur appartenance à tel ou tel parti. La démocratie serait-elle aussi vivante si la satire disparaissait, et si elle ne cherchait pas à susciter un auditoire, de spectateurs ou de lecteurs, qui identifie les stéréotypes dont il conviendrait de se moquer ? En un mot, la satire, la caricature, l’humour vache seraient utiles pour la démocratie. Au demeurant, dans la version américaine, la Cour suprême ayant à juger des cas de satire concernant des hommes politiques affirme qu’une figure politique doit se construire une carapace épaisse pour supporter plus qu’une personne privée les attaques qui pourraient l’ébranler.

Si ceci semble aller de soi, il convient tout de même de se préoccuper de la juridicisation croissante des rapports sociaux depuis les années 1960. Dominique Lagorgette fait remarquer que l’échelle des polémiques a considérablement changé puisque tout un chacun se trouve désormais en capacité technologique de prendre parti publiquement, ou d’accuser le discours de quelqu’un par le truchement des réseaux sociaux. Des associations et des acteurs de réseaux se chargent d’accepter ou non tel ou tel propos ou dessin, de contrer ou non les prises de position publiques.

On voit se profiler ici le « on ne peut donc rire de tout » et le « on ne peut plus rien dire » ! L’ouvrage, sur ce plan, ne procède pas par suites d’affirmations dogmatiques. En fonction des auteurs des articles, ce sont toujours des situations concrètes qui viennent en avant. Par exemple le procès opposant Bob Siné à la LICRA (2009-2012). Le premier était accusé de haine et de violence à l’égard de personnes en raison de leur origine. La question soulevée à ce propos – l’auteur, Lagorgette, résumant fort patiemment ces affaires – était celle du discours polémique, et de la manière de l’aborder (quelles intentions, quel contexte, quelle rhétorique, etc.), mais aussi du rapport au lecteur.

C’est justement Dominique Tricaud qui pose les deux limites de ces propos. Qui choisir en effet entre Pierre Desproges affirmant « qu’on peut rire de tout, mais pas avec tout le monde » et Bernard-Henri Levy qui déclare : « on ne peut plus rire de tout » ? C’est la question qui guette le lecteur de l’ouvrage d’autant que ce qu’on a appelé ci-dessus la critique des stéréotypes implique non seulement l’analyse du propos mais encore la reconnaissance du fait que l’usage de stéréotypes peut avoir des accents racistes, on le sait. Bien sûr, on peut les explorer comme outils de distanciation et de perturbation des pouvoirs. La satire n’est pas absente de potentiel subversif. Mais la satire peut aussi se renverser en imposture. Voilà qui nous renvoie au chapitre de cet ouvrage consacré aux « limites de la satire », quel que soit le domaine de référence, la culture, la politique, les mœurs, etc.

La satire et les personnes

Certes, la satire peut dénoncer l’hypocrisie de ceux qu’elle prend pour cible, mettre en évidence la contradiction entre des paroles et des actes, révéler aux yeux du public des « arrières-mondes » dans lesquels se trament les plus noirs desseins. Si Olivier Ihl comme Philippe Darriulat examinent avec précision et des exemples de dessins des formes historiques de la satire à l’égard des personnes (plutôt au XIXème siècle quoique jusqu’aux années 1930), ils ne cessent de revenir à la question : peut-on rire de tout et surtout de tout le monde ? Mais la réponse, étayée de nombreuses références, est moins évidente qu’on ne le croit. La question semble mal posée, parce qu’elle semble se réduire à un débat juridique sur ce qui est permis et ce qui ne l’est pas. Paul Aron conclut d’ailleurs que « il faudrait plutôt se demander dans quelle mesure la satire par assignations forcées est compatible avec une intention satirique qui voudrait défendre des valeurs de gauche ou même simplement républicaines.

Or, justement, les articles consacrés à Coluche (Marie Duret-Pujol) et Dieudonné (Nelly Quemener) précisent les choses. La première s’appuie sur les prises de parole publiques de Coluche pour saisir les représentations du monde social qu’il engage. Suite à cela, elle relève comment ce personnage porte des critiques envers une forme de pouvoir, notamment durant la période de sa candidature à la présidence de la République (1980). Elle analyse la rhétorique du comique : déformation de la cible pour en dévoiler l’arbitraire, révélation des mécanismes de dominations des médias, exploration des instances de pouvoir, critique des dominés. Coluche propose un bilan négatif des années Giscard, et invite à ne pas lui donner des voix. Globalement la satire se déploie dans la raillerie à l’égard du pouvoir, dessinant deux mondes : « eux », ceux qui ont le pouvoir, et « nous » le collectif qui résiste. Mais Coluche remet aussi en cause le dispositif électoral et met en lumière la crise de la délégation au cœur de la Vème République. La lectrice et le lecteur compareront alors les résultats de cette analyse avec ceux de la parole de Dieudonné, condamné par la justice pour antisémitisme, quoique cette analyse sont moins fouillées, prêtant plutôt à des jeux de définition du rire, du comique, etc. Où d’ailleurs on n’évite pas la référence à Henri Bergson.

Mais ce que l’on peut remarquer surtout résulte d’une comparaison à entreprendre par la lectrice ou le lecteur avec le cas de la satire politique visant une femme, en l’occurrence madame Édith Cresson, première ministre à l’époque des faits étudiés par Pierre-Emmanuel Guigo. Il faut lire ces pages montrant la part de l’image satirique dans la chute de la première ministre. Mais ce n’est pas sans qu’on y côtoie ce qui serait sans doute une borne de la satire.

 

[Source : http://www.nonfiction.fr]

Escrito por Inés Arteta

Después de la buena recepción de Temporada de huracanes (2017), Fernanda Melchor publica su segunda novela, de construcción más simple pero que aun así ratifica su sorprendente destreza narrativa. Paradise o Páradais es un barrio cerrado de lujo, en el que suelen encontrarse dos adolescentes, Franco, rico, y Polo, pobre, ambos disconformes con sus vidas. Franco vive ahí, al cuidado de sus abuelos, es gordo y su buen pasar económico no le llena las carencias; se atiborra de comida chatarra y pornografía. Está obsesionado con Marián, su vecina, casada y madre de dos niños, y a ella le dedica todas sus fantasías sexuales. Polo trabaja como jardinero en ese lugar idílico y comparte una casa pobre con su madre y una prima embarazada, en un barrio contiguo, abierto a los narcos, por lo que a diario pasa del paraíso al infierno en bicicleta, y sabe que ellos son la única vía de escape de la opresión y la pobreza. Tiene un primo, Milton (inevitable alusión a John Milton y su paraíso perdido), que vende autos robados, un negocio que lo vincula con esos narcos.

Nada une a Franco y a Polo salvo el vacío, los momentos de alcohol y droga para adormecer la mente, que uno espeja la soledad del otro y ambos odian al mundo entero. “La culpa fue del gordo”, se lava las manos Polo, al comienzo, anticipando el crimen absurdo que sucederá. Para él, las causantes de todo mal son las mujeres: la madre lo obliga a cumplir con un trabajo que detesta, para gente rica que también detesta, ella administra su sueldo y no deja de reprocharle que abandonó la escuela y tiró por la borda su sacrificio. La prima es una mantenida a la que debió cederle su cama (y por eso él duerme en el piso) y que, aunque embarazada de un hijo sin padre conocido, no cesa de toquetearlo; la señora Marián, la vecina que obsesiona a Franco, emana un erotismo irresistible con sus modales de rica complaciente gracias al dinero de su marido, que paga la frivolidad del gimnasio, los perfumes y la ropa cara. Marián podría ser un eco de Mariana, la madre del amigo de quien se enamora el protagonista de Las batallas en el desierto (1981), de José E. Pacheco, la novela de la que la autora extrajo el texto de uno de los epígrafes. El otro epígrafe pertenece a la canción “Up in Flames”, del film Corazón salvaje (1990), de David Lynch, que anticipa la atmósfera y el tono oscuro y onírico de sus películas.

El barrio privado (llamado fraccionamiento en México), de cuya seguridad se encargan las cámaras y los guardias, fue construido en un terreno de los antiguos pueblos de pescadores que en la Veracruz de donde es oriunda la autora están desapareciendo. Hay un río en el que Polo, de niño, pescaba con su abuelo, que separa y une a la vez, y que le recuerda el egoísmo de ese abuelo que nunca le enseñó a construir la canoa con la que podría escapar de esa vida miserable.

El relato es denso, impetuoso, de respiración agitada y sin pausas (hay pocos signos de puntuación), y el lenguaje, crudo y desmesurado, reproduce el léxico y los modismos de los dos adolescentes, cargados de rabia y frustración. En esta historia resuena el caso tabasqueño de 2009, en el que un adolescente obsesionado con la esposa de un candidato a diputado por el PRI lo asesinó, violó y acribilló a la mujer y asfixió a sus hijos de nueve y trece años. ¿Cómo es posible que sucedan hechos así?, plantea Páradais, que muestra cuán inexplicable es el mal: a los humanos nos corroe un impulso siniestro que, como en el gótico sureño, expone lo más oscuro de nosotros.

 

Fernanda Melchor, Páradais, Literatura Random House, 2021, 160 págs.

 

[Fuente: http://www.revistaotraparte.com]

« Les romans sont des êtres qui nous obsèdent pendant des années », affirme Martín Solares. Impossible de s’en délivrer sans comprendre les raisons qui nous poussent à les écrire, sans trouver le dernier mot qui éclaire ce mystère intérieur. Sept ans lui ont été nécessaires pour se libérer des Minutes noires, huit pour N’envoyez pas de fleurs (Christian Bourgois, 2009 et 2016), ces deux énormes « baleines » qui l’avaient avalé. Entre les deux se trouve Quatorze crocs, dont l’écrivain mexicain a commencé la rédaction à Paris, où il a vécu sept ans. À son retour au Mexique, la violence inouïe touchant le nord du pays, notamment sa région d’origine de Tamaulipas, l’oblige à mettre en suspens ce projet d’écriture. Il s’attelle alors à l’exploration de la sombre machinerie du narcotrafic.

Écrit par Melina Balcázar

Martín Solares, Quatorze crocs. Trad. de l’espagnol (Mexique) par Christilla Vasserot. Christian Bourgois, 200 p., 18 €


Dans Quatorze crocs, Martín Solares continue à interroger le roman noir, son rapport au rêve et à la mort, dont il efface les frontières pour nous inviter à regarder autrement Paris, devenue ici la capitale de la vie ultra-tombale. Parenthèse ludique et jouissive dans cette œuvre marquée – sinon blessée – par le réel. Jeu intertextuel, drôle et décalé, pour relever le défi qu’il s’est imposé : enquêter dans l’au-delà, dans ses bas-fonds, seul type d’affaires qui, selon l’auteur, a échappé à Georges Simenon, lequel fait une apparition furtive dans le roman.

C’est à travers le regard du jeune détective Pierre Le Noir que nous découvrons la Brigade Nocturne de la Police de Paris. Confronté à son premier cas – la découverte d’un corps portant sur le cou la marque de quatorze trous alignés, meurtre où l’absence de sang intrigue aussi –, il explore cette autre topographie parisienne, souterraine et crépusculaire, qui le conduit du Marais au Montparnasse de l’entre-deux-guerres : « Les créatures nocturnes le savent, chaque rue de Paris a un nom officiel et un nom secret. » Sont réveillées ainsi par l’intrigue des significations oubliées, comme Denfert-Rochereau, ancienne rue de l’Enfer, ou le quai de la Mégisserie, pour nous rappeler que cette « odeur de mort » hante toujours la ville.

Nous sommes d’emblée plongés dans ce monde autre. Les premiers témoins interrogés par le détective novice sont un fantôme attablé dans un café et une très belle femme, Mariska, qui grâce à ses pouvoirs magiques devient son guide. Il est difficile de traiter avec ces êtres de la nuit : « Si l’on cherche des témoins, mieux vaut s’adresser à d’autres sortes de morts-vivants, comme les noyés qui barbotent allègrement dans la Seine, toujours disposés à converser, surtout en été. Ou les morts frappés d’un maléfice quelconque, qui s’ennuient et passent leur temps à observer, eux qui demeurent depuis des siècles sur les places publiques de Paris. »

Avec Pierre Le Noir, on pénètre aussi dans les services de migration de l’au-delà, dont l’accès se situe dans la tombe du dictateur mexicain Porfirio Díaz au cimetière du Montparnasse, le schibboleth pour y accéder étant sa devise, « Ordre et progrès », sans oublier un inéluctable petit pot-de-vin – triste rappel de la longue tradition de corruption au Mexique. Dans la file d’attente, à côté des momies et des vampires, on retrouve des êtres fantastiques de la culture populaire mexicaine, comme la Llorona – « créature très délicate qui prétend chercher ses enfants et se nourrit de larmes » – et les chaneques, ces lutins vêtus de blanc avec un foulard rouge autour du cou, déjà présents dans N’envoyez pas de fleurs, mais devenus ici des travailleurs tiers-mondistes payés à bas prix : « Vous n’auriez pas un petit boulot pour nous ? Nous pouvons entretenir votre jardin. Nous savons peigner les racines des arbres en direction du centre de la Terre, nous nettoyons le sol des maléfices enfouis. Et nous pouvons tisser la lumière de la lune. Un jardinier parisien d’outre-tombe vous demanderait une fortune pour tout ça. Nous, nous prenons deux fois moins cher. » Car, dans l’œuvre de Martín Solares, le fantastique et l’onirique sont bien des moyens de saisir le réel, ou plutôt de mettre en évidence le caractère hallucinatoire de sa violence profonde.

Dans Quatorze crocs, l’écrivain s’est ainsi lancé un défi : répondre à l’injonction surréaliste de résoudre la vie à travers le rêve, de suivre les pistes du merveilleux pour comprendre le monde. Occultisme, hypnotisme et magie deviennent ici des méthodes d’enquête. Renouant avec sa lignée maternelle, petit-fils de « la meilleure voyante de tout Paris », Mme Palacios, le jeune détective entre en contact avec l’invisible, interagit avec les morts pour (leur) faire justice. Il reçoit de sa grand-mère en cadeau un bijou qui l’alerte du danger lorsqu’il se met à chauffer dans la poche intérieure de sa veste, lui permettant ainsi de transiter dans le monde des morts.

Martín Solares, Quatorze crocs

Au cours de l’enquête, Pierre Le Noir est introduit par Mariska dans une soirée organisée en l’honneur de Man Ray – dont l’une des créations est peut-être en rapport avec le meurtre. Les deux clans ennemis de l’avant-garde parisienne sont réunis : « Le groupe de Breton, le groupe de Tzara… Tous les mêmes, dans le fond, sauf qu’ils s’en veulent à mort, ces derniers temps. Ils sont allés saboter leurs spectacles respectifs, ils s’insultent, ils se tapent dessus. » Si Solares fait des surréalistes des personnages de son roman, avec des portraits qui sont esquissés avec un humour tendrement corrosif, c’est sans doute par cet autre rapport au visible auquel leurs expériences ont ouvert la voie. À l’instar de ce collage de René Magritte, Je ne vois pas la femme cachée dans la forêt, évoqué d’ailleurs plus tard par l’auteur comme source essentielle du livre, et qui remet en effet en question l’évidence du visible, le roman nous invite à « voir l’invisible », comme cette « étrange substance, très fine », « l’Air de Paris », permettant de « photographier des objets ou des personnes imperceptibles pour les humains ».

Mais peut-être le véritable mystère sur lequel enquête en réalité Quatorze crocs est-il celui de la mort elle-même : cette séparation radicale, manière d’essayer de neutraliser leur pouvoir sur les vivants que nos sociétés ne cessent d’établir et qui disparaît ici joyeusement. Premier volet d’une trilogie en cours, Quatorze crocs annonce l’insurrection des morts qui refusent de rester à leur place : « Des morts sortent de leur demeure pour aller mordre les vivants et boire leur sang… On parle même d’une révolte des trépassés, qui se réveilleraient et refuseraient de retourner dans leur tombe ». L’excès des morts, leur humour et leur sensualité envahissent l’espace des vivants.

 

[Photo : Jean-Luc Bertini – source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

 

Holocausto

Escrito por Demian Paredes

¿Escribir poesía o no escribirla —para recordar el célebre dilema— después de Auschwitz? ¿Realizar ese “acto barbárico”? O, también, esta otra posibilidad: escribir poesía “desde”, o con Auschwitz. Esto es lo que hiciera, literalmente, en su último libro publicado en vida, el norteamericano Charles Reznikoff con Holocausto: un poemario —valgan el oxímoron y la paradoja— sobre la matanza nazi en general, y sobre los crímenes contra el pueblo judío en particular. Todo, basándose en documentos judiciales.

Autor de una obra tan vasta como variada, que incluye breves poemas —de tres versos, incluso de uno solo—, biografías, ficciones, dramas y poesía “histórica” y “documental” —a lo que se debe sumar Las aguas de Manhattan, novela de corte autobiográfico, filiable a la literatura judía en lengua inglesa: Malamud, Below y Roth—, Reznikoff es un (¿“el”?) nombre clave de la corriente poética conocida como objetivista. Así lo planteó en su “Decálogo de la literatura objetivista”: “Nombra, nombra, nombra… nombra las cosas por su nombre. Di ‘casa´ cuando tengas que decir ‘casa’. Di ‘perro’ cuando tengas que decir ‘perro’. Y de sustantivo en sustantivo dale un ritmo a tu prosa, a tu verso. Porque ese ritmo, porque esa música, es parte del significado de lo que escribes”. En Holocausto, en la primera página, anuncia: “Todo lo que sigue está basado en una publicación del gobierno de los Estados Unidos, Juicios de criminales de guerra ante los tribunales militares de Núremberg, y los registros del juicio a Eichmann en Jerusalén”. Nombrando las cosas por su nombre el libro deviene, así, en una especie de mudo testigo de episodios y acontecimientos de las atrocidades más inauditas del siglo XX.

Si bien el testimonio y la memoria son, en esencia, “expresiones subjetivas” ante la instancia judicial, la labor del poeta, entre otras, consistió en extraer, extractar y montar cada pieza literaria. Como un “destilado”. (Paul Auster lo llamó en un ensayo “poeta visual”: “En su poesía, la vista siempre está antes que la palabra. Cada expresión poética es una emanación del ojo”). La presentación del material es, en verdad, una re-presentación: una nueva puesta en escena —a la vista de quien lea—, que representa, “objetivamente”, lo ocurrido, aunque provenga de la declaración y la evocación de lo vivido/padecido. Una operación poética: brevedad, concisión, exactitud y autonomía propia (como historia-relato), surgida del escenario de la violencia constante, del cruento final del exterminio y la supervivencia. Una representación como exorcismo (poético) del dolor sin fin de la historia.

Reznikoff organizó el material en doce capítulos, que anticipan todo en sus sintéticos títulos: “Deportación”, “Invasión”, “Investigación”, “Guetos”, “Masacres”, “Cámaras y camiones de gas”, “Campos de trabajo”, “Niños”, “Entretenimiento”, “Fosas comunes”, “Marchas” y “Escapes”. Es un catálogo con engaños, robos, abusos, crueldades y torturas, actos arbitrarios, caprichosos e “irracionales”, y “métodos” de dar muerte; también, bromas macabras, muchas veces como final o cierre de alguna sección o poema. Como dijera en su pieza autobiográfica “Early History of a Writer”, referida a sus estudios juveniles de derecho y a su proyecto literario, Reznikoff buscó dejar “solo el meollo, lo necesario, lo claro y evidente”.

 

Charles Reznikoff, Holocausto, traducción de Carlos Soto Román, Zindo & Gafuri / Das Kapital, 2021, 126 págs.

 

 

[Fuente: http://www.revistaotraparte.com]

Terry Eagleton firma un estudio desigual sobre la naturaleza del humor, que describe como mecanismo de alivio, gesto de superioridad y aceptación de la incongruencia vital

Terry Eagleton, eminencia de los estudios literarios, en 2018.

Terry Eagleton, eminencia de los estudios literarios, en 2018.

Escrito por Ramón del Castillo

Este libro de Terry Eagleton se esperaba. Otros colegas suyos habían escrito cosas parecidas: Simon Critchley, Sobre el humor; Slavoj Žižek, Mis chistes, mi filosofía, y Alenka Zupančič, Sobre la comedia, así que el suyo tenía que caer antes o después. En obras previas ya dio vueltas a la diferencia entre la comedia y la tragedia o a la relación entre absurdo e historia, y, sí, contó más de un chiste. Para ser un libro de un marxista, menciona a Marx una sola vez y, curiosamente, no para recordar aquello de que la historia ocurre dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa. En el segundo capítulo, Hegel, Marx y Brecht saltan a escena, pero en el conjunto del libro el espíritu marxista opera con discreción. El absurdo de Beckett, que tanto le ha interesado, tiene menos cabida de la esperada, mientras que la teoría del carnaval de Bajtín tiene más de la deseada. Las tesis de Henri Bergson están excelentemente explicadas, pero un poco simplificadas. La teoría del humor de Freud aparece inevitablemente y acierta al darle una interpretación holgada, no solo sexual, a la idea de represión.

Aclaremos que Humor no es un libro sobre el humor, sino sobre ciertas teorías del humor. El lector no encontrará ideas sobre la actual stand-up comedy, la censura y la corrección política, el humor cínico en el capitalismo delirante o la gilipollez en la era Trump. Pedirle a Eagleton un análisis de los vídeos de gatitos que nos hacen troncharnos de risa sería como pedir a un influencer un comentario sobre las ironías de Laurence Sterne. Alude de pasada a una docena de comediantes (entre ellos, Stewart Lee y Frankie Howerd), pero no analiza sus diferentes estilos y lógicas. Las referencias básicas de este viejo izquierdista tan socarrón siguen siendo la prosa, la poesía, el teatro, la filosofía y la crítica literaria. A diferencia de Žižek, nunca ha hablado de cine, pero ¿es posible comprender el humor de los últimos cien años sin tener en cuenta ese arte de masas? Sí que alude a varios comediantes y sugiere que hacen reír no solo porque sus chistes sean buenos, sino porque han encarnado “un estilo de vida, una forma de ver el mundo o una personalidad excéntrica”. Es así, pero entonces, ¿por qué no profundizar más en ese talante? ¿Qué piensa el autor de la tasa de suicidio entre humoristas y comediantes?

Piénsese en esos humoristas geniales y delirantes cuya explicación de un chiste puede ser un chiste mejor que el explicado

Pero Eagleton es brillante, claro, y el libro arranca muy bien. “El humor y el análisis del humor pueden coexistir perfectamente. Entender cómo funciona un chiste no tiene por qué arruinarlo, del mismo modo que entender cómo funciona un poema no lo estropea”, escribe. Totalmente cierto y, si no, piénsese en esos humoristas geniales y delirantes cuya explicación de un chiste puede ser un chiste mejor que el explicado. La buena noticia es que Eagleton conoce muy bien un montón de teorías del humor y la mala es que les da vueltas a todas. Se desentiende de las teorías científicas, “llenas de gráficos, tablas, diagramas, estadísticas e informes sobre experimentos”, y se centra en las que, dice, pueden estar plagadas de discrepancias, pero resultar muy productivas, “igual que una foto borrosa de alguien puede ser más útil que no tener ninguna”. Por momentos, uno hasta diría que a Eagleton no le importa resultar cómico al estilo de Tristram Shandy: “A causa (…) de la necesidad de no dejar absolutamente nada sin contar (…) en su preocupación —paródicamente amable y sentimental— por no engañar a sus lectores organizando su relato y editándolo, Tristram consigue, con un sadismo apenas disimulado, sumirlos en la más profunda confusión”. Eagleton no vuelve loco al lector, pero le acaba mareando. Como ha dicho un crítico, a veces parece atrapado por la lógica de rueda de hámster del humor: argumenta en un sentido de la rueda, pero inmediatamente gira hacia el opuesto. Quizás esa es la gracia de la dialéctica. Como Eagleton mismo también recuerda, Brecht dijo que nadie sin sentido del humor podría comprenderla.

Quien no haya leído muchos libros sobre humor debe leer este, porque gracias a él leerá muchos otros

Quien no haya leído muchos libros sobre humor debe leer este, porque gracias a él leerá muchos otros. Quien haya leído muchos debe leer este libro porque quizás volverá a leerlos de otra forma. El libro conecta bien distintas expresiones del fenómeno (risa, chiste, sarcasmo, ironía, comedia) y es más interesante en los primeros capítulos, donde analiza tres conocidas teorías del humor: como mecanismo de alivio o descarga, como gesto de superioridad y como aceptación de la incongruencia. Es sumamente hábil desmontando la segunda teoría y acaba proponiendo una combinación de la teoría de la descarga y de la incongruencia. En ese punto del libro deja claro que le gusta especialmente la perspectiva de William Hazlitt (por cierto, el segundo capítulo, ‘Scoffers and mockers’, se traduce como ‘Zumbones y burlones’, pero no hacía falta recurrir a un término tan poco utilizado y habría valido ‘Mofas y burlas’). En el cuarto (‘Humor e historia’), Eagleton se remonta, como en La función de la crítica y en La estética como ideología, hasta la Ilustración, y narra la historia del buen humor y el ingenio como ingrediente de la ideología burguesa de la cortesía y la sociabilidad. Desfilan por su crónica Hobbes, Swift y Shaftesbury, entre otros, y se nota que le gusta Hutcheson. En el quinto, en cambio, inserta un comentario demasiado largo sobre Comedians, de Trevor Griffiths, y no lo conecta bien con la parte final dedicada a Bajtín y el carnaval, un concepto que resulta algo anticuado para entender las variedades contemporáneas de sátira y parodia. La alusión final al carácter carnavalesco del cristianismo se queda corta y habría requerido más desarrollo, solo que ello le hubiera metido en una discusión de teología con Žižek que quizás no le apetecía. La discusión sobre el cuerpo, lo plebeyo y lo grotesco también merecía una actualización, pero Eagleton despide su libro dejando el asunto abierto, escondiéndose entre un seto del jardín en el que se ha metido, igual que Homer Simpson en un meme muy popular.

portada 'Humor' , TERRY EAGLETON, EDITORIAL TAURUS, PENGUIN RANDOM HOUSE.

Humor

Autor: Terry Eagleton. Traducción de Mariano Peyrou

Editorial: Taurus, 2021

Formato: 216 páginas, 17,90 euros

 

[Foto: Paul Musso – fuente: http://www.elpais.com]

Paranaländer escribe sobre el libro “Descripción histórica de la antigua provincia del Paraguay” (1957, Ediciones Nizza, Asunción), de Mariano Antonio Molas, y nos deja algunas estampas de la época descritas por el prócer estando en prisión.

Por Paranaländer

“Descripción histórica de la antigua provincia del Paraguay” (1957, Ediciones Nizza, Asunción) de Mariano Antonio Molas. Reza tercera edición en su portadilla porque la primera la publicó el argentino Carranza en La Revista de Buenos Aires en 1965 y luego en forma de libro en 1868. Tiene prefacio y notas del poeta (suponemos no sea un homónimo) Oscar Ferreiro, que trata de enmendar las inexactitudes proporteñistas que han tenido las ediciones anteriores. Este libro es un tour de force para los trabajos de temas históricos vidriosos. No solo porque el autor Molas escribió la obra estando preso por el Dr. Francia, que ya le da toda una pátina controversial a su escrito, sino porque la primera edición se realiza en Argentina en momentos en que el Paraguay está enfrascado en la Guerra de la Triple Alianza. Un dato: en su prefacio de 1865, Carranza cuenta que fragmentos del libro fueron adelantados en el panfleto antilopizta “El grito paraguayo”, donde era columnista el protolegionario Recalde, quien había conseguido una copia del original conservado en el archivo del Instituto Histórico y Geográfico del Brasil. Es más, en una de sus notas Carranza tiene el tupé de desautorizar al propio autor, de forma ingüeroviable, cuando este da como cerebro de la revolución del 15 de mayo a Francia (que debemos creer sea fiel a la verdad, pues qué sentido tendría que su enemigo mintiera en tal sentido), el editor antepone otro nombre, argentino en este caso, a tal puesto dirigencial en vez de Francia.

Más allá de este largo preliminar contextual y aclaratorio necesarios, el libro, escrito por un preso de los calabozos del Dr. Francia, es muy ameno y entretenido, tiene momentos incluso literarios, por su fantasía y sátira humorística.

Como se prohibían las importaciones, no había barajas, cuyo juego era el único entretenimiento en la aldea francista, aburrida y kaigue, entonces se les ocurrió a los paraguayos destruir libros del Convento para fabricarlas, coloreándolas luego con uruku. Esto me recordó el cuento de Gabo, “En este pueblo no hay ladrones”, donde un malnacido roba las únicas bolas de billar dejando al pueblo sin diversión.

Carranza no entiende al ciudadano paraguayo cuando llora la muerte del Dictador. Ni se le ocurre que sus enemigos eran los hombres de posición y bienes y no el pueblo llano.

Molas, un liberal decimonónico a la porteña, muestra sus colmillos cuando echa en cara al Dictador no seguir el ejemplo de Buenos Aires -que exterminó a los indios de las pampas- y emprender otro exterminio contra los indios bárbaros del Chaco.

Pinta al Dictador Supremo en algunas anécdotas como un personaje beckettiano, quien en su afán de controlar las importaciones las echa todo a perder, o queriendo dar mejoras al obispo, lo termina empujando a la muerte y a la destrucción de la catedral. Muerte por envenenamiento que niega Wisner, por otra parte.

Y ni hablar del affaire yatebu, que, según nuestro autor encarcelado, durante el cual el Supremo mandó diezmar el ganado vacuno contagiado de las estancias del Estado sino la de todos sus enemigos y odiados vecinos, en una paranoia al yatebu demencial, de tal modo que dejó a la provincia sin vacas que faenar y, de paso, en la calle a sus antaño ricos estancieros de la campaña. La plaga del yatebu después derivó en el bicho colorado que atacó a los caballos.

Malvado, monstruo, invasión para auxiliar a los paraguayos, toda la caterva de calumnias contra el Paraguay que se repetirán contra los López ya aparece aquí contra Francia.

También nos baraja las opciones de la nacionalidad del padre del Supremo, carioca, portugués de Porto o francés.

O que su hermana Petrona Regalada vivía de dar clases a las niñas.

Y, por último, compara a Francia con el Pigmalión de Fenelon y con Maquiavelo.

 

 

[Fuente: http://www.eltrueno.com.py]

Depuis plusieurs années, Bruno Dray s’attache à découvrir les similitudes entre la langue hébraïque et diverses langues européennes. Le français, bien sûr, mais aussi l’anglais, l’allemand, l’italien, l’espagnol et même le russe. En suivant les conseils du célèbre linguiste Claude Hagège, qui considère, pour sa part, que « les communautés juives ont truffé d’emprunts hébraïques les pays où elles ont été reçues », il tisse sa toile et nous propose régulièrement ses découvertes. En montrant ce que les langues européennes doivent à l’hébreu, il considère qu’il peut, à sa manière, tout en nous édifiant, lutter contre l’antisémitisme.

Dans ce petit livre, on va de surprise en surprise. C’est ainsi qu’au fil des pages, on apprend qu’un lien peut être établi entre l’hébreu PARACHA, section hebdomadaire du Pentateuque et APHÉRÈSE qui renvoie à « ôter, enlever ». Ou encore que des corrélations consonantiques existent entre le verbe anglais TO CUT, et les vocables hébraïques KITA (section) et QATAN (court), le SÉCATEUR et le COUTEAU (en hébreu SAQIN).

Autres exemples : Le SAVON, en allemand SEIFE et l’hébreu ZEFET, résine ou encore ZIV, couler.

Le français GAMELLE peut être rapproché de l’hébreu GAMOUL, sevrer. Le prénom CATHERINE fait penser à l’hébreu QETORET, encens et JORDAN c’est, bien sûr, YARDEN, le Jourdain. Quant à CHOCHANA, la rose, on la retrouve tout simplement dans SUZANNE.

Bruno Dray n’hésite pas à rapprocher la GIBOULÉE de YAVAL, le fleuve, SOVIET et SOVIÉTIQUE de l’hébreu CHEVET qui signifie tribu, BACHELIER du verbe BACHAL, amener à maturité, l’arabe KHÔL de l’hébreu KAKHHOL, bleu, MINUTER de MANA, compter et de MINYAN, le quorum pour certaines prières.

L’adjectif français PETIT renvoie à l’hébreu PETI, simplicité, naïveté, QEREN à COURONNE, HERSE à HARACH, labourer. GALERIE c’est GALIL, cylindre, cercle et la fameuse région d’Israël Galilée et, pourquoi pas, GALGAL, la roue.

Bruno Dray, en fin d’ouvrage, laisse la place à un confrère, André Gagnoud, qui, de son côté, propose des accointances originales : l’allemand ICH (Je) avec l’hébreu ICH (homme), l’allemand KOMMEN, venir avec l’hébreu ANI KAM, je me lève, et, cerise sur le gâteau qui plaira aux Bretons : KÉNAVO, c’est KEN, AVO, en hébreu, Oui, je viendrai. Bon sang, mais c’est bien sûr !

Original et sympathique.

Jean-Pierre Allali

(*) Éditions Valensin. David Reinharc. Décembre 2020. 80 pages. 12,50 €.

[Source : http://www.crif.org]

Em livro provocador, a obra do revolucionário peruano em diálogo com esquerdas. Morto aos 35, criativo e profundo, ele destoou dos marxistas ortodoxos – mas também dos que viam a tradição dos povos originários como congelada e imutável

Escrito por Ruy Braga

Enquanto escrevo esta apresentação, a eleição presidencial peruana de 2021 segue indefinida, mesmo após a apuração de todas as urnas do país. Pedro Castillo obteve uma estreita vantagem de 44 mil votos sobre Keiko Fujimori e deve ser declarado vencedor assim que a justiça eleitoral peruana julgar os recursos impetrados pela candidata da extrema-direita. É impossível não ver na provável vitória eleitoral de Castillo, um professor e líder sindical com fortes laços indígenas à frente de um partido político que combina educação popular, ativismo sindical e auto-organização indígena, o espectro do mais original pensador marxista latino-americano: José Carlos Mariátegui.

Afinal, Mariátegui foi o maior defensor da articulação entre o radicalismo político derivado das análises marxistas com a linguagem dos movimentos populares e indígenas da América Latina. E nove décadas após sua morte, o partido-movimento Perú Libre recupera as tarefas emancipatórias legadas por Mariátegui aos trabalhadores peruanos ao derrotar o velho projeto autoritário, colonialista e extrativista sintetizado na candidatura de Keiko Fujimori. Não parece despropositado observar na atual conjuntura político-eleitoral peruana o anúncio de um novo momento para a América Latina: as forças do progresso tendem a triunfar, ainda que tenham que superar a encarniçada resistência dos acólitos reacionários representantes da política de espoliação neoliberal.

Exatamente por se tratar de uma disputa tão importante para o futuro de nosso subcontinente é que necessitamos compreender as ideias que balizam parte significativa da esquerda peruana e, ainda hoje, alimentam o imaginário de ativistas sociais, sindicalistas, trabalhadores e comunidades tradicionais em diferentes contextos nacionais: o comunalismo ayllu enraizado nas tradições de resistência e luta das comunidades indígenas andinas que, a despeito do genocídio colonial imposto pelos europeus, jamais deixaram de reinventar suas próprias tradições rebeldes, tanto no campo quanto nas cidades. Mariátegui foi quem melhor compreendeu a força dessa tradição de luta contra o Estado colonial antes e depois do ciclo de independências políticas que varreu a América Latina do século XIX.

Criador do jornal socialista “Amauta” – “sábio” em quíchua, língua do império inca –, órgão cultural que marcou toda uma geração de intelectuais e ativistas políticos nos anos 1920 e 1930, além de secretário-geral do Partido Socialista Peruano, Mariátegui morreu com apenas 35 anos, porém, ainda assim, deixou uma marca indelével no pensamento radical latino-americano. Atento tanto às rebeldias locais, indígenas, estudantis e trabalhistas, quanto aos levantes europeus, ele soube sintetizar as dimensões universal e particular da emancipação humana em um projeto político singular cuja força se alimentava da combinação de movimentos populares regionais com a teoria revolucionária marxista, conhecido como “socialismo indo-americano”.

Esquematicamente, trata-se de uma síntese apoiada na aposta de que as lutas de classes modernas seriam bem recebidas por formas culturais pré-modernas, isto é, “protocomunistas” existentes nos Andes. Nesse sentido, a comunidade ayllu, que havia resistido ativamente à mercantilização capitalista impulsionada pela colonização, seria o embrião de um movimento socialista capaz de transformar sociedades de castas neocoloniais em verdadeiros Estados nacionais independentes. Isso só aconteceria quando o comunalismo ayllu e socialismo europeu se aliassem em uma atividade revolucionária de massas capaz de unificar povos indígenas e trabalhadores organizados por meio de um projeto político, capaz de articular as escalas local, nacional e internacional.

Ou seja, Mariátegui almejou “formar” uma nação recorrendo a uma espécie de desvio internacionalista por meio do qual incontáveis comunidades indígenas espalhadas por diferentes partes da América Latina superariam os limites dos atuais Estados nacionais unificando-se ao redor de um projeto voltado para o futuro do subcontinente e não mais sufocado por seu passado colonial. Em outras palavras, o marxismo romântico e decolonial de Mariátegui não essencializou a cultura ameríndia pré-colonial – de resto, tarefa levada a cabo pelos próprios colonizadores a fim de reproduzir as bases de sua dominação. Ao contrário, ele procurou desnaturalizar os fundamentos de nossa subordinação pós-colonial por meio de uma síntese politicamente internacionalista que se enraíza, por isso mesmo, nas tradições locais e nacionais.

De uma certa maneira, o livro de Deni Alfaro Rubbo, “O labirinto periférico: aventuras de Mariátegui na América Latina”, moveu-se impulsionado por essa dialética entre o local, o nacional e o internacional posta pelo marxismo mariateguiano. Até onde eu sei, trata-se do primeiro estudo sistemático sobre a recepção da obra de José Carlos Mariátegui nas ciências sociais latino-americanas. Tendo por base uma refinada pesquisa teórica e documental desenhada para compreender a circulação e a apropriação das ideias do marxista peruano em nosso subcontinente, o livro de Deni amparou-se em um vasto material empírico abarcando desde entrevistas com militantes, intelectuais e editores diretamente ligados ao legado de Mariátegui, além de notável esforço de consulta de acervos públicos e arquivos particulares em diversos países. Entre esses acervos e bibliotecas vale destacar a Casa Museo José Carlos Mariátegui em Lima, a Bibliothèque Nationale de France (BNF) em Paris e a Casa de las Américas em Havana. No Brasil, Deni debruçou-se sobre o Fundo Florestan Fernandes (FFF) da Universidade Federal de São Carlos (UFSCar), além do Memorial Darcy Ribeiro da Universidade de Brasília (UnB) e do Centro de Documentação e Memória (Cedem) da Universidade Estadual Paulista (Unesp).

É dispensável dizer que a investigação desse conjunto de coleções, acervos e fontes espalhados por América Latina e França permitiu que o livro adquirisse uma riqueza ímpar em termos de precisão e profundidade, tornando seu enfoque marcadamente inovador no campo de estudos mariateguianos. Deni afirma que a combinação entre um esforço editorial hercúleo levado adiante pelos familiares de Mariátegui e determinadas circunstâncias sociopolíticas e culturais vividas no Peru e na América Latina viabilizou a construção de redes de circulação internacional, espalhando as ideias do marxista peruano. Assim, aos poucos, uma imagem heterodoxa de Mariátegui como um dos principais referenciais de reconstrução do marxismo latino-americano emergiu em flagrante contraste tanto em relação às teses dualistas e desenvolvimentistas que marcaram historicamente a esquerda em nosso subcontinente, quanto em relação às teorias culturalistas que essencializam os povos tradicionais atualizando o mito do “bom selvagem”.

Explorando a dialética entre o local, o nacional e o internacional, um dos pontos fortes desse livro é, sem dúvidas, a minuciosa análise do processo de difusão, em especial a partir dos anos 1960, da obra de Mariátegui por diferentes conjunturas políticas e realidades nacionais, as tais “aventuras latino-americanas” referidas no subtítulo. Além das apropriações ideológicas realizadas por órgãos estatais e organizações políticas peruanas, Deni estuda a apropriação de Mariátegui por duas figuras-chave do marxismo latino-americano: o peruano Aníbal Quijano e o argentino José Aricó.

Ademais, Deni demonstra como o campo de estudos “decoloniais” na América Latina, em especial o Grupo Modernidade/Colonialidade, apropriou-se de Mariátegui por meio da “crítica ao eurocentrismo”. Finalmente, o livro examina a recepção de Mariátegui no Brasil com base em um mapeamento de seus leitores: intelectuais, exilados e militantes de organizações partidárias. Trata-se de uma espécie de arqueologia das ciências sociais no país, com especial destaque para Florestan Fernandes e Michael Löwy. Assim, percebemos como o autor dos “Sete ensaios de interpretação da realidade peruana”, a despeito de raramente referir-se ao Brasil, influenciou intérpretes decisivos de nossa sociedade. Por tudo isso, tenho certeza de que o livro de Deni Alfaro Rubbo irá satisfazer a todos aqueles que buscam compreender e transformar a atual encruzilhada latino-americano. Afinal, o labirinto periférico continua tão desafiador nos dias correntes quanto nos tempos de Mariátegui.

O labirinto periférico: aventuras de Mariategui na América Latina, de Deni Alfaro Rubbo, publicado pela Autonomia Literária, parceira de Outras Palavras.

[Retrato: Bruno Portuguez Nolasco – fonte: http://www.outraspalavras.net]

Comentário sobre o livro “Los asaltantes del cielo” do escritor argentino, recém-falecido

Escrito por GABRIEL COHN*

Dentre as muitas coisas que os fascinavam nas aulas do mestre argentino por quem sentiam uma grande simpatia, os estudantes que nos anos 1980 assistiam a seus cursos na Escola Livre de Sociologia e Política de São Paulo (livre porque, existindo desde antes da Universidade de São Paulo e dos órgãos federal do Ministério da Educação, que imporiam normas e regras a todas as instituições de nível superior no país, cultivava o orgulho de seguir sua própria orientação) se recordariam muitos anos depois de uma que constituía experiência singular.

Com Horacio González exercitavam um método inventado por ele, o método Leopold Bloom, que consiste em “caminhar, observar, rememorar”. A principal característica do Método Leopold Bloom é que não é um método, proclamava seu inventor, pouco antes de levar seus estudantes, literalmente, para as ruas, onde se dispersavam pelas esquinas e esconderijos da cidade, recolhendo impressões de todas as maneiras e por todos os meios. Guardo até hoje (esperando o momento de oferecê-lo finalmente a Horacio) um volume dos resultados de um dia de aplicação desse não método, em que a Chicago de Robert Park se mesclava com a Dublin de James Joyce num jogo de travessas alusões que no fundo remetiam a outra relação, esta sim mais séria, que dava sentido ao trabalho de Horacio em seu exílio brasileiro: Buenos Aires e São Paulo, duas referências com grande carga afetiva.

No meu entender, faz parte da grandeza de Horacio não ter vacilado um instante sobre a primazia entre essas suas duas cidades queridas: tão logo foi possível suspender o exílio que o havia trazido ao Brasil, agiu em nome de um compromisso que superava tudo o que seus amigos e colegas paulistas poderiam oferecer-lhe, e retornou à Argentina, seu lugar no mundo, que merecia e exigia retomar em novos termos a antiga militância política e cultural.

E quanto trabalho acumulou nesses anos de volta para casa! Não satisfeito com sua decisiva presença na brilhante equipe responsável por um empreendimento de real envergadura como é a revista El Ojo Mocho, Horacio publicou nesse período uma importante sequência de livros. Livros que são relidos com prazer após uma década, como La ética picaresca, de 1994 (com o subtítulo “secreto”: Pretexto y tragedia en el origen de la política), cuja fonte, já um tanto remota, é a tese com que havia conquistado o título de doutor em Sociologia pela USP, num caso raro em que todos achavam que ele devia ser doutor, menos ele mesmo, refratário como sempre foi ao rotineiro jogo das instituições.

Resultado ocasional de um mero trabalho acadêmico? Não: a referência de fundo no livro (seria interessante examinar até que ponto já presente na tese) é, como revela Horacio ao leitor desprevenido, a política argentina, “ainda que talvez não se note”. Aí está Horacio inteiro, e gostaria de insistir sobre isto. Existe um núcleo duro nos escritos de Horacio: a Argentina, em todas suas formas e metamorfoses. (Será muito indiscreto lembrar que há uma interlocutora constante, a quem são dedicados livro após livro, que ela retribui com lindíssimas canções?).

Todavia, a luxuriante proliferação de referências e de ideias que aparecem como uma conversa (o modelo horaciano da produção intelectual, a “simples conversa amável e generosa da amizade”, segundo a expressão de um autor que Horacio aprecia) exige um tipo particular de disciplina na leitura, para que se evite uma dupla perda: a que consiste em se perder nesta rede de referências cruzadas e deixar escapar o núcleo do argumento, e a perda maior que consiste em renunciar à experiência de acompanhar os fios das digressões, aparentemente erráticas, mas que se revelam adiante essenciais ao argumento.

Ou então, esse livro extraordinário que é Restos pampeanos. Ciencia, ensayo y política en la cultura argentina del siglo XX, onde leva adiante, em grande estilo, a recuperação do debate sobre a condição história argentina, por meio de um filão tão caro a Horacio como é a figura pública do intelectual. Ou também, em seguida, Retórica y locura. Para una teoría de la cultura argentina, quatro conferências parisienses proferidas por esse portenho empedernido, e uma mais (“Sobre la idea de la muerte en Argentina”) que, para a alegria de seus amigos brasileiros, pronunciou em São Paulo, depois de ter examinado na USP a notável tese de doutorado de Eduardo Rinesi, cujas afinidades horacianas já se revelam em seu título: Política e tragédia.

Nesse livro, as alusões não são mais joguetes como nas suas aulas paulistas, se bem tudo seja alusivo, sinuoso e sutil, como sempre. Estamos diante nada menos do que reflexões orientadas para uma teoria da cultura argentina, coisa que, à distância do exílio, não lhe teria ocorrido fazer. O retorno para a Argentina já vinha provocando o que se poderia chamar de “paradoxo do compromisso”. Pois é justamente quando a distância física no exílio, com tudo o que ela implica de desgaste pessoal, é substituída pela proximidade física e pela exigência de refletir e tomar partido, que se torna possível o afastamento, que é condição para a crítica.

Entre esses dois livros, há que se destacar um ensaio mais ambicioso, La crisálida. Metamorfosis y dialéctica. Neste ponto, suspeito, abre-se uma nova etapa da produção intelectual de Horacio. Por sorte posso usar as velhas desculpas e dizer que não é este o lugar, ou que não há espaço suficiente, ou que falta o tempo necessário para desenvolver aqui a questão, e limitar-me a deixá-la assinalada.

A ideia é que o tema da metamorfose explicita uma antiga linha de preocupações de Horacio, e o faz num registro novo e mais forte, que projeta para uma nova dimensão (na realidade, para duas, já que é a tensa relação entre a metamorfose, esse processo sempre impulsionado por referências extrínsecas, e a dialética, regido por um dinamismo intrínseco, o que está em jogo) seu grande tema no período do exílio, que é o do movimento, do trajeto, do percorrido – uma ideia que não cessa de emergir, mas que agora aparece como sublimada.

Metamorfoses e dialética são discutidas nesse livro como formas de pensamento, numa mudança de foco a partir do registro mais “sociológico” anterior, que concentrava o olhar nos intelectuais e em suas situações, para o registro “filosófico” das formas de pensar como objeto de uma reflexão que, sem embargo, não esquece o social e o político. Um passo a mais, enfim, no grande projeto, jamais enunciado com todas as letras (exceto no subtítulo levemente irônico de Retórica y locura), de produzir uma teoria política da cultura argentina, projeto para o qual contribuem experiências como a da notável revista cultural  El Ojo Mocho, e agora a da Biblioteca Nacional, como igualmente os livros mais “monográficos” de Horacio, como El filósofo cesante, sobre Macedonio Fernández, ou Política y locura, sobre Roberto Arlt.

Falei dos livros de teor mais monográfico. Os três que estão reunidos neste volume, sobre Camus, sobre Marx e sobre a Comuna de Paris, têm essa característica. Entre Marx e a Comuna de Paris é possível estabelecer uma clara continuidade temática (ainda que Horacio não seja “marxista” ao ler a Comuna). Junto a eles está aqui Camus, que constitui um antigo desafio para Horacio (como lembramos quando tivemos a sorte de ouvi-lo falar a respeito no pequeno e simpático teatro Ágora, em São Paulo). Há algo de desdobramento da “ética picaresca” (e uma pitada do “método Leopold Bloom”) em tudo isso.

A questão elementar da mobilidade e de suas contrariedades é projetada para grandes cenários históricos nos casos de Marx e da Comuna, e para uma trajetória existencial ao se falar de Camus. Os percursos que Horácio acompanha com delicada minúcia não são lineares: parecem-se mais a meandros entrecortados por desfiladeiros onde as diferentes correntes convergem e produzem diversas transfigurações (para usar o termo que ele mesmo utiliza ao final de sua análise da Comuna), transfigurações que por sua vez incidem sobre o próprio espaço histórico onde ocorre a ação, mudando ou fixando o rosto dos personagens, estreitando ou dilatando o tempo dos acontecimentos.

Claro que nisso já está presente o grande tema da metamorfose e de seu par, a dialética. E está presente também a ideia, que orienta a brilhante construção “cinematográfica” do livro sobre Camus, de que os percursos lineares (neste caso, o do automóvel que transporta Camus ao longo de um tempo escandido hora a hora) conduzem ao desastre, pois prefiguram mais que transfiguram: provocam um destino, como escreve Horacio em outro contexto. É essa visão que lhe permite, no livro sobre Marx, uma fina análise de O 18 Brumário, onde se restitui seu verdadeiro significado àquela célebre frase, de aparência ortodoxamente historicista, segundo a qual “os homens fazem sua história, mas…”, revelando que esse significado reside na ideia, inteiramente não historicista-conservadora, da opressão do pretérito sobre a mente dos que tentam traçar seus próprios caminhos.

Por todas essas razões, a edição em espanhol destes três pequenos livros reunidos neste volume constitui uma importante contribuição para o conhecimento da obra de Horacio González, ao permitir o acesso ao leitor argentino de algumas das peças mais importantes de sua atividade nos anos de exílio paulista, quando seu próprio caminho se definia.

*Gabriel Cohn é professor emérito da FFLCH- USP. Autor, entre outros livros, de Weber, Frankfurt (Azougue).

Referência


Horacio González. Los asaltantes del cielo: politica y emancipación. Buenos Aires, Editorial Gorla, 2006, 180 págs.

 

[Fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]