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En la costa sur de Jalisco, México, un grupo de productorxs regionales sustentables consiguió, a través de diversas actividades productivas y educativas, que El Limón se declarase como el primer Municipio Agroecológico del estado. Rodolfo González Figueroa es parte de una de las cuatro familias campesinas que, desde hace veinte años, trabajan bajo el nombre de Productores Orgánicos del ejido La Ciénega. Desde allí, nos cuenta la historia de organización de este enclave agroecológico que resiste, produciendo y reproduciendo la historia ancestral del maíz y de la tierra.

Escrito por Nicolás Esperante

A comienzos de 1996, con la introducción de la soja transgénica en Argentina, se abrió la puerta al empleo masivo de agrotóxicos en los países del sur latinoamericano (proceso que detalla el Atlas del agronegocio transgénico en el Cono Sur). En México, para ese entonces, el agronegocio llevaba ya casi ocho años promoviendo el paquete tecnológico que sistematiza las formas de producción (riego, uso de agrotóxicos, disposición de los suelos, etc) según el paradigma productivista enraizado en la llamada Revolución Verde. Un paquete tecnológico del que, para finales de la década, eran dependientes cada vez más productorxs campesinxs. Rodolfo narra cómo fue la reacción ante esa creciente dependencia: “Comenzamos  a retomar la agricultura que se hacía antes de los noventa, pero ya incorporando técnicas agroecológicas más específicas y la elaboración de insumos orgánicos. Y enseguida vino la parte de difusión, capacitación, talleres, parcelas demostrativas, intercambio de experiencias… incluso encuentros campesinos estatales de aquí de Jalisco. Y a lo largo de estos veinte años hemos ido desarrollando una agricultura más libre de insumos químicos, recuperando variedades de semillas nativas, asociando cada vez más cultivos, dándole el valor que merece la vida silvestre, la fauna, la flora. Esto ha ido caminando poco a poco en estas dos décadas, de modo que cada vez son más campesinos que trabajan en este modelo y que enfocan su visión hacia algo más integral”.

La producción no es el único eje en el que se centra la actividad del grupo, que entiende la importancia de involucrarse en toda la cadena de los alimentos, desde la semilla hasta el consumo del producto. “El objetivo principal es comer sano. Esta autonomía alimentaria, esta parte de la soberanía para que la familia consuma alimentos de calidad producidos por nosotros mismos. A la hora que queramos, como queramos y como lo sintamos, recuperando también la memoria y mucho, mucho la autonomía. En la parte de la comercialización también hemos incidido, pues. Ya hace algo así como cerca de quince años se empezó a crear un espacio de comercialización de la Universidad de Guadalajara, en un centro universitario aquí en una ciudad cercana, en donde cada viernes ofrecen los productos del excedente de nuestras parcelas agroecológicas, y además se practica el intercambio”. Ese espacio de comercialización fue creciendo y aglutinando cada vez más productorxs, artesanxs y consumidorxs que se reúnen en el tianguis, el mercado abierto que la comunidad organiza dentro del espacio de la universidad, donde no solo es puesta en práctica la comercialización de alimentos, sino que también entra en juego la articulación social y el intercambio de experiencias. “Ahí confluye gente que hace jabones artesanales, gente que produce carne agroecológica, hortalizas, lácteos y sus derivados. Entonces quienes no estamos en el tema de elaboración de productos de higiene personal, por ejemplo, pues ahí hay compañeros que están dispuestos a compartir talleres, y viceversa: quienes no lo saben al tema de producción de insumos orgánicos, técnicas de conservación y regeneración de suelos, tienen ahí mismo los talleres. Esa parte ha sido muy interesante”. Existe también una cooperativa de mujeres que, desde hace diecisiete años, transforman el maíz y lo comercializan de manera artesanal y local, cerrando así un círculo del maíz local criollo y nativo que se produce en la misma región donde las compañeras lo transforman y lo comercializan. “Lo transforman en tortilla, en sopes, totopos, galletas, además de que aprovechan los productos locales, los frutos silvestres de temporada para elaborar conservas: mermeladas, ponches; hacen también comida como pozole… esa parte es interesante y ese grupo de mujeres, llamadas ‘las comadres’, es para nosotros todo un estandarte de éxito, porque pues han recuperado un poco la gastronomía desde el fogón y recuperado el empoderamiento femenino con la independencia económica de las mujeres”. 

Las articulaciones del grupo con otros espacios son frecuentes y variadas, organizando encuentros y participando en ciclos formativos y de intercambio con diferentes organizaciones, como la Escuela Campesina, la Red Nacional en Defensa del Maíz, la Red de Alternativas Sustentables Agropecuarias de Jalisco (RASA), la Plataforma de Jóvenes ante el Desastre y la Emergencia Nacional, así como con estudiantes y tesistas que se interesaron en hacer sus investigaciones sobre estos procesos a nivel local. “El vínculo con la Red Nacional en Defensa del Maíz ha sido algo tremendamente fortalecedor, porque ese espacio no solo nos ha hecho vínculos con más personas, amigos, gente que está haciendo defensa de su territorio y de su vida campesina; sino que también ha sido para nosotros como un espacio formativo políticamente, en el sentido de que en esa red no solo hay organizaciones campesinas sino también indígenas, académicas, de periodistas, de investigadores independientes. Entonces es interesante que cada vez que hay una asamblea, no solo va cada uno a contar su testimonio, sino que también van compañeros investigadores y nos cuentan sus hallazgos, su perspectiva -desde la ciencia, desde la investigación, desde la parte estratégica geopolítica, etcétera-, cómo vienen los golpes hacia la vida campesina, cómo esquivarlos, cuáles son nuestras defensas, cómo seguir resistiendo y promoviendo este modo de vida, en apego y armonía con la Madre Tierra. Y esto es intercambio de saberes, pero también de alimentos o de bienes, como son las semillas; también en estos espacios nosotros nos hemos provisto de semillas nativas de otras regiones. Entonces el espacio de las redes es eso: una forma de fortalecer la lucha, dar más argumentos prácticos, políticos y hasta científicos para seguir defendiendo la vida campesina, las semillas y el maíz”.

El municipio de El Limón sigue siendo el más rural y campesino de la zona. Esto les da la ventaja, ante otros de la región, de haber tenido cierta reticencia a la entrada de las prácticas industriales a gran escala. Cuenta con diversas experiencias de sistemas agroecológicos, y sigue habiendo agricultura a pequeña escala y diversidad de la producción: aun a pesar de haber entrado el monocultivo cañero, la diversidad productiva sigue en pie. El municipio conserva sus corredores biológicos en buen estado: sigue habiendo humedales, manantiales, prevalece el sistema milpa (maíz, frijol y calabaza) con unas siete variedades de maíces nativos. La asociación ganadera local, por su parte, implementa sistemas pastoriles y ganadería regenerativa, lo que representa un gran avance contra los impactos de la ganadería extensiva (predominante en el resto de la región). También presenta iniciativas educativas en escuelas de campo y parcelas demostrativas con sistemas silvopastoriles, agroforestales y ganadería regenerativa. Se trabaja, desde el año pasado, con un vivero municipal de especies forrajeras nativas que lleva producidas más de ocho mil plantas y árboles forrajeros nativos, espacio que también sirve como un foco de educación y formación para niñxs de las instituciones educativas. Incluso en el cultivo de caña hay producción sustentable: hay por lo menos cuatro biofábricas donde lxs productorxs elaboran sus propios insumos orgánicos. El Limón es también el único municipio en el estado de Jalisco que presenta una tasa de deforestación positiva: la cobertura vegetal del bosque aumenta en vez de decrecer, como es común.  Estos son los argumentos y las fortalezas que llevaron, ante el crecimiento del agronegocio en municipios vecinos, a lxs productores orgánicxs a presentarse ante el ayuntamiento en diciembre de 2019, para que el municipio se declare como Municipio Agroecológico. “Y pues, se declaró de esta manera. Y ahora se está trabajando en el proceso de difusión de la agroecología. Ya se trabajó en un festival de intercambio de semillas, ahora estamos en la parte de difusión de los huertos familiares, y esperamos que para noviembre hagamos un festival de la cosecha. Y entrando al año publicar un reglamento municipal de fomento a la agroecología. Todo esto, pues, es un proceso. Va caminando y en ese lado estamos en este momento”.

En los municipios vecinos a El Limón, sin embargo, la agroindustria se estableció más cómodamente, de la mano de los monocultivos de caña y tomate, con procesos productivos cada vez más mecanizados y con más aplicación de agrotóxicos. La situación llevó en los últimos años a realizar estudios donde se encontró que en dos escuelas de las comunidades, el cien por ciento de lxs niñxs tenía altas concentraciones de glifosato en su orina. También se demostró un alto contenido de nitratos -e incluso también de glifosato- en el agua potable que se extrae de los acuíferos del valle cañero. “La situación es grave, y ante esto pues nosotros hemos intervenido, promoviendo los huertos escolares agroecológicos, que también sirven como un modelo pedagógico en armonía con la naturaleza, donde los niños y niñas aprenden biología ahí en la cama de cultivo y no en la pizarra. Y eso va caminando. También tenemos la experiencia, en nuestro municipio, de los huertos escolares: ya hay uno que tiene cerca del año y que ha funcionado muy bien, no solo dentro de las instalaciones del plantel educativo para acercar a los niños a la agricultura y que vayan ellos adquiriendo herramientas pedagógicas que les permitan cultivar sus propios alimentos, sino también para involucrar a los papás y a la comunidad escolar. Esto ha sido un ejemplo al grado que ahora estamos en esta fase de capacitación en todas las comunidades para que la gente interesada construya o haga sus huertos familiares en sus casas o, si lo eligen, huertos comunitarios; la intención es tener por lo menos veinte huertos de aquí a diciembre. Y esto sigue caminando porque cada vez más gente tiene conciencia al respecto de los impactos de los agrotóxicos en la salud humana, como en la salud del ecosistema”.

La tradición milenaria del sistema milpa es una referencia para lxs productorxs agroecológicxs de La Ciénega. El cultivo asociado de maíz, calabaza y frijol (entre otras variedades) -que crecen juntas en concordancia, favoreciéndose mutuamente y obteniendo el mayor beneficio de los recursos naturales disponibles en el cultivo- es también una respuesta contundente a la mentira instaurada por el agronegocio que, con la falacia de la solución al hambre en el mundo, publicita organismos genéticamente modificados para resistir adversidades que, en muchos casos, son consecuencias de las irregularidades que el propio sistema agroindustrial provoca. “Trabajar con el sistema milpa y con el maíz creo que es un legado, es una herencia, es todo un patrimonio heredado de nuestros ancestros, de nuestros abuelos. Y que ahora se quieran homogeneizar y patentar y privatizar las semillas, la producción del conocimiento… es un crimen. Un crimen a la vida, a la humanidad, a la naturaleza. Hay grandes diferencias entre la producción industrial de maíz transgénico, híbrido, exógeno y nuestros maíces locales, que han sido conservados, acariciados; que han ido en constante retroalimentación e intercambio con las generaciones que los han producido, y esto, pues, hace que nuestros maíces sean más resistentes, en este momento, a cambios climáticos, a cambios de temperatura, a eso que llaman plagas; pues están adaptados a las condiciones geológicas, telúricas y medioambientales que los maíces externos no resisten. Además de que nuestros maíces locales no dependen de fertilizantes de síntesis, ni de herbicidas, ni de tecnología de punta. Más bien de lo que sí dependen es de la comunidad. Nuestros maíces viven, conviven, se reproducen y maduran en compañía de calabazas, de frijol, de soya, de pepino, chile, jitomate… entonces esto es un ejemplo, es una manifestación de la vida social de quienes también vivimos en comunidad; y entre más fortalezcamos nuestros lazos de comunidad, más resistimos y más salud tenemos. Es lo mismo que ocurre con los sistemas productivos que estamos haciendo nosotros: son formas de producir en comunidad, en asociación; donde todos se ayudan y todos tenemos una función, en la sociedad como en el campo de cultivo. Además, la calidad de la cosecha. Y esto pues no hay ni que comprobarlo científicamente: basta con probar un elote, un choclo de nuestra parcela y después ir a probar uno industrial; sin sabor, sin carnitas, sin jugo, sin esencia. Esta es una gran ventaja. La otra es que hemos hecho pruebas de conservación de semillas y, obviamente, nuestras semillas tienen más viabilidad; son menos atacadas, por decirlo así, por gorgojos a la hora de guardarlas para la siguiente cosecha. El maíz de fuera no se puede guardar; y aun así, si lo logras guardar para el siguiente año, no germina igual; no tiene la misma potencia, porque están diseñados para eso; para sembrarse, producir y ya. Entonces eso: nuestros maíces son sabores, son colores, son memoria, gastronomía, fiesta, salud, libertad, autonomía. Soberanía”.

Las palabras de Rodolfo resaltan la necesidad -casi siempre ignorada o soslayada- de que las estrategias políticas que atañen a la producción agrícola tengan en su centro de atención a las propias comunidades del campo, contra la sentencia de las políticas económicas de los estados, que suelen concebir al campo como un patio de producción de alimento para las ciudades, sin considerar la concepción de vida campesina e indígena. “Todo esto, pues, lo hemos ido construyendo a lo largo de nuestro caminar de más de dos décadas, compartiendo en espacios formativos, en un tiempo en la academia, en las maestrías de agroecología. Estos espacios de pedagogía insurrecta, por decirlo así, pues, nos han ido formando o deformando, más bien. Nos han ido deformando, nos han ido liberando epistemológicamente de doctrinas carcelarias, y dando una libertad que se manifiesta en cada paso. Estamos en eso, y estamos proponiendo siempre que la libertad de los pueblos debe respetarse, y es donde todavía se conserva mucha riqueza, mucha dignidad y mucho futuro; porque aquí es donde tenemos la memoria, porque tenemos las semillas. Y tenemos las semillas porque hemos resistido todos los embates y todos los ataques de un sistema que intenta, cada vez, apropiarse y privatizar vida en todas sus formas. Sin embargo, nosotros seguimos el caminar la diversificación”.

 

[Ilustración: María Chevalier – fuente: http://www.biodiversidadla.org]

Os derrotados nas eleições bolivianas procuram rearticular o sentimento de ódio ao MAS

 

Escrito por FÁBIO FONSECA DE CASTRO

Introdução

Os resultados eleitorais das últimas eleições da Bolívia ainda estão sendo maturados pelos derrotados e podem gerar processos sociais e políticos ainda imponderáveis. A direita, conservadora e golpista, passou a falar em  “fraude científica” nas eleições, algo que ninguém sabe o que significa e que eles próprios não explicam, enquanto pastores evangélicos argumentam que “houve um feitiço sobre as urnas eleitorais”[i]. Os derrotados procuram, como possível, rearticular o sentimento de ódio ao MAS, o Movimento ao Socialismo, partido político do ex-presidente Evo Morales e dos presidente Luis Arce, eleito no último dia 18 de outubro e o porta-voz do partido, Sebastián Michel, denunciou um atentado ocorrido dia 6 de novembro contra a sede do partido, durante uma reunião que contava com a participação de Arce. Nesse atentado um bastão de dinamite teria sido lançado contra o prédio, mas sem deixar feridos[ii].

As notícias que nos chegam da Bolívia falam de movimentos que, mesmo havendo reconhecido a vitória eleitoral do MAS, passaram a incitar a violência e a desorganização com vistas a impedir a posse dos eleitos. Grupos paramilitares e extremistas se armam, articuladores da direita passam a falar por meio de fórmulas duvidosas, como “liberdade de expressão mobilizada” e “coordenação militar”, tal como informado pelo sociólogo Pinto Quintanilla, que também coloca que, apesar da retumbante vitória eleitoral do MAS, há um golpe em andamento e mobilizado[iii].

Parto dessa avaliação, acompanhando o que se tem escrito sobre o processo boliviano atual, para fazer algumas observações sobre essa conjuntura de obstrução democrática que assombra não apenas o país vizinho mas muitos espaços da América Latina e que se forja hibridizando ódio social, reposicionamento de classes, racismo, violência e irracionalidade.

As eleições realizadas na Bolívia no domingo 18 de outubro passado sugerem um retorno à democracia, concertando a ruptura institucional imposta pelo golpe de Estado de novembro de 2019. A depender das condições de governabilidade e da própria preservação da democracia, o projeto do socialismo comunitário e da refundação nacional construído durante 14 anos pelo MAS – o Movimento ao Socialismo – e por seus apoiadores, poderá ou não ser retomado.

Diante desse evento, gostaria de fazer algumas anotações sobre diversos elementos que gravitam em torno da situação: a experiência do MAS, seus acertos e erros; o ódio que elites e setores das classes médias produziram contra ele nos últimos anos; as dificuldades políticas de, ao mesmo tempo, governar e reformar um Estado tão marcado pelas diferenças sociais e étnicas; a semelhantes e diferenças em relação a outros movimentos e partidos de esquerda da América Latina, particularmente o PT, no Brasil e as condições de governabilidade numa sociedade tão polarizada e, sobretudo, diante da ruptura institucional do último ano.

O governo do MAS pode ser descrito como um socialismo comunitário estruturado e estruturante de um processo de refundação nacional – de refundação pluriétnica da nacionalidade. Trata-se de um movimento político que renova em grande medida a esquerda mundial e se há uma coisa que estas eleições na Bolívia demonstram é a força, importância e capacidade de invenção do MAS. Aliás, como observou o sociólogo Atillio A. Boron[iv], estas eleições demonstraram que o MAS é a única força social existente em toda Bolívia.

Numa vitória que foi muito mais ampla do que o esperado, o partido que elegeu Evo Morales e, agora, Luis Arce, tem base social camponesa e foi constituído na década de 1990. Desde seus primórdios foi um partido camponês, mas gradualmente, incorporou o movimento indígena boliviano, muito importante. O apoio do proletariado e das classes médias urbanos veio com os excelentes resultados econômicos do governo Evo, mas ao mesmo tempo despertou uma forte polarização política e um fenômeno cultural de ódio político muito semelhante ao existente, no Brasil, em relação ao PT.

Não que haja uma proximidade imediata entre o MAS e o PT. Evidentemente há compromissos similares entre o “movimento” boliviano e o partido brasileiro, mas as diferenças são, igualmente, muitas. O objetivo deste texto não é abordar essas diferenças, mas, de certa maneira, gostaria de assinalar alguns pontos em comum entre os tecidos socioculturais que produzem o ódio a políticas de esquerda, nesses dois países da América Latina, e, também, algumas semelhanças entre os desafios e erros dos dois partidos no governo.

O MAS no governo

Historicamente falando, a Bolívia é um país extremamente vulnerável. Tanto à política internacional como aos interesses de classes de seus nacionais. Da independência, em 1825, a 1982, quando se iniciou o período democrático interrompido pelo golpe do ano passado e espera-se que retomado com estas eleições, a Bolívia enfrentou nada menos que 193 golpes de Estado – embora o candidato derrotado pelo MAS nas últimas eleições, o historiador Carlos Mesa, contabilize apenas 23 em um de seus livros[v]. De todo modo, dos seus 84 regimes políticos, 32 foram encabeçados por ditadores.

O MAS surgiu como movimento de resistência de populações cocaleras, na região do Chapare, departamento de Cochabamba, na primeira metade dos anos 1990. Rapidamente agregou outros movimentos sociais, notadamente camponeses, e em seguida também indígenas, que, em 1995, realizaram uma Assembleia pela Soberania dos Povos (ASP), de grande repercussão política. Evo Morales despontou como uma das principais lideranças desse processo e disputou as eleições de 1997, pelo partido Izquierda Unida (IU), sendo eleito deputado à Assembleia Nacional. Dois anos depois assumiu o comando do Movimiento al Socialismo-Unzanguista (MAS-U), um grupo que fora criado por um empresário, David Añez Pedraza, em 1987 e que fizera um sinuoso percurso da direita em direção à esquerda.

Pelo MAS, Evo Morales disputou as eleições presidenciais de 2002, alcançando a segunda maior votação desse pleito e o partido obteve 27 das 130 cadeiras do Parlamento. Nesse momento a Bolívia experimentava um processo de consolidação do papel das esquerdas, que saíram amplamente fortalecidas da situação de convulsão social conhecida como a Guerra da Água, ocorrida dois anos antes em Cochabamba. Essa guerra, uma rebelião popular contra a privatização do sistema municipal de gestão da água, foi motivada pelo aumento abusivo das taxas cobradas pela empresa Aguas del Tunari, pertencente ao grupo norte-americano Brechtel. A rebelião tomou tal amplitude que o presidente Hugo Banzer declarou estado de sítio e ordenou a detenção dos líderes do movimento e de diversas estações de rádio. Em resposta, as forças populares se fizeram mais presentes nas ruas e conseguiram a anulação do contrato de privatização. Essa movimentação social teve o efeito de reunir diversos setores da sociedade civil, de associações camponesas e sindicatos de trabalhadores urbanos, das populações indígenas a setores da classe média.

Iniciou-se, com esse processo, a ruptura da estabilidade política conhecida como “democracia pactuada”[vi], o período iniciado com o governo Paz Estensoro em 1985 e que se concluiu em 2005 com a eleição de Evo Morales. Nas eleições desse ano Morales foi eleito presidente, recebendo 53,7% dos votos, sendo reconduzido ao cargo em 2009, com 64,2% e, novamente, em 2014, com 61,4% dos votos. Em todos esses pleitos o MAS também recebeu um expressivo número de cadeiras parlamentares: 72 de 130 deputados e 12 de 27 senadores em 2005; 88 de 130 deputados e 26 de 36 senadores, na de 2009; e o mesmo número de deputados e 25 de 36 senadores, em 2014.

Nos 14 anos de governo de Evo Morales a Bolívia viveu o mais longevo período de estabilidade política e econômica desde a sua independência. Isso se deveu ao Modelo Econômico Social, Comunitário e Produtivo, elaborado solidamente por Luis Arce – ministro da Economia de Morales e atual presidente eleito da Bolívia – juntamente com um grupo de intelectuais e economistas socialistas desde o ano de 1999. Arce, nesse momento, era professor universitário e a base de seu projeto era um processo de nacionalização dos recursos naturais e de reorganização da base produtiva. O modelo implementado diversificou a base produtiva, estimulando, notadamente, os setores industrial, agrário e do turismo e, por outro lado, criando mecanismos de distribuição social de riquezas.

Quando Morales assumiu a presidência, a Bolívia possuía um PIB de 5 bilhões de dólares. Em apenas um ano de governo, o PIB estava na casa dos 9 bilhões de dólares e, em 2018, apenas 14 anos depois, o PIB do seu país era de 40,8 bilhões de dólares. Em 14 anos o governo Evo multiplicou em oito vezes o PIB do país. Nesse período, a Bolívia cresceu ao ritmo de 4% ao ano e o PIB per capta cresceu de 900 dólares para 4 mil dólares.

Por que isso aconteceu? Basicamente porque os governos anteriores – para usar a expressão local, os governos terratenentes – que usavam o Estado para maior acúmulo de riqueza para si mesmos, que usavam o Estado para excluir e roubar as condições de vida dos mais pobres, foram apartados, afastados, do centro do poder. Perderam sua posição de controle do fluxo produtivo.

E como isso se deu? Primeiramente, porque houve uma decisão firme do governo de Evo Morales em modificar o trato do Estado boliviano com os recursos naturais. Evo promoveu uma transformação nos setores agropecuário, mineiro, energético e de hidrocarbonetos. Como o fez? Nacionalizando, recuperando para as mãos do interesse das pessoas comuns da Bolívia o controle e os lucros das empresas estratégicas. Ao mesmo tempo, o Estado boliviano iniciou um processo de participação na vida econômica das empresas pequenas e médias, investindo nelas da maneira consistente, injetando capital para permitir que essas empresas crescessem e fizessem oposição ao grande capital internacional.

A pedra angular do processo foi a nacionalização do setor energético, particularmente no setor da produção de gás natural. E para além da nacionalização, o governo do MAS taxou as empresas privadas que exploravam esse recurso com impostos que variavam de 50% a 85% dos seus rendimentos.

Essa política gerou um excedente, também corroborado por ações similares nos setores mineiro e agrícola, que permitiu investimentos importantes em infraestrutura, notadamente na logística de exportação, na construção de rodovias, transporte público urbano e aeroportos.

O Modelo Econômico Social, Comunitário e Produtivo também redistribuiu esse excedente por meio de políticas sociais e de emprego que impactaram na redução da desigualdade social. Com uma média de investimento anuais de US$ 7 bilhões em programas sociais, o MAS conseguiu uma redução expressiva nos índices de extrema pobreza, que passaram de 38,2%, em 2005, para 17,2%, em 2018, bem como uma taxa de desemprego de 4,2% – um mínimo histórico[vii].

As políticas de mobilidade social voltadas para os setores mais pobres e marginalizados produziu resultados importantes ao nível da remuneração média dos trabalhadores: o salário de uma empregada doméstica ou de um trabalhador de pequena oficina era, por exemplo, de 50 dólares em 2005 quando o MAS chegou ao poder. E chegou a uma média de 300 dólares em 14 anos seguintes. Por sua vez, o trabalhador básico, com formação média, acumulou aumento de 400% em 13 anos. No mesmo período, a inflação alcançou um máximo de 50%[viii].

Tudo isso modificou o próprio perfil do Estado boliviano, fazendo com que ele passasse da condição de um mero Estado colonial para a condição de um Estado plurinacional, ou seja, de um Estado que levasse em consideração os interesses dos das populações étnicas, dos movimentos indígenas e da participação política das minorias, expressivamente a participação política das mulheres.

O modelo político do MAS promoveu, sobretudo, uma costura social, contribuindo para a superação daquilo a que René Zavaleta Mercado[ix], conhecido sociólogo boliviano, chamou de sociedade abigarrada, ou seja, feita com muitos retalhos costurados e superpostos uns aos outros, desejando referir, com essa ideia, a justaposição entre diferentes sociedades e modos de produção que resultavam em diferentes campos de luta social e política.

A luta contra as elites nacionais: acertos e erros políticos do MAS

A concepção de Estado implementada pelo MAS envolveu políticas avançadas de justiça social, de sustentabilidade socioambiental e cultural e de reintegração das riquezas naturais do país aos interesses da soberania nacional. Evidentemente, esse conjunto de ações desagradou às elites nacionais e os interesses internacionais, geralmente relacionados a elas.

Não obstante, um conjunto de estratégias de desorganização e desorientação das forças nacionais conservadores foi acionado pelo MAS. Primeiramente, uma ação parlamentar geralmente coesa. Governando com ampla maioria parlamentar, o MAS deteve um controle eficaz do legislativo e permitiu um fluxo eficiente no relacionamento deste com o executivo.

Em relação às elites bolivianas, é preciso dizer que os governos do MAS se posicionaram, desde o primeiro momento e de maneira franca, aberta e direta, contra elas.

E esse posicionamento não foi rudimentar ou superficial: organizou-se sobre bases discursivas e sobre práticas políticas sólidas, que desconstruíam os posicionamentos históricos das elites com uma força discursiva centrada na racionalidade e na experiência. Assim, por exemplo, onde as elites falavam em meritocracia e advogavam mais espaço para os “mais capazes”, as lideranças do MAS rebatiam com os argumentos do igualitarismo e com a política de partilha corporativa de cargos entre os movimentos sociais.

Um efeito colateral da política de partilha corporativa de cargos foram as tensões com os meios universitários que se, tendencialmente, apoiavam o MAS, viram-se alijados de espaços e processos da gestão e, consequentemente, afastados da política, o que produziu permanentes tensões.

Outro ponto central da política do MAS foi o estatismo, marcado pela política tributária progressiva e pelo processo de nacionalização. Um efeito colateral desse estatismo foi o conflito de interesses entre o Estado e os pequenos empreendimentos privados e, consequentemente com a classe média, geralmente negligenciados pela política econômica.

Algumas críticas são constantemente feitas ao MAS: a não realização de uma reforma agrária (apesar da uma pequena redistribuição de terras devolutas entre os mais pobres) e a ausência de uma política transformadora para a educação, sobretudo no campo da educação básica e do enfrentamento do monopólio das elites no campo da educação privada.

Outra crítica importante e constante se deve à ausência de uma política de desenvolvimento específica para a região de Potosi, apesar da importância da sua participação na produção nacional de lítio. Não à toa, a cidade de Potosi, um dos bastiões históricos do MAS, desempenhou um papel importante no golpe, apoiando-o.

O velho problema das esquerdas: como governar e reformar ao mesmo tempo

As dificuldades políticas de governar a Bolívia são clássicas, do ponto de vista da teoria política socialista: o velho problema das contradições presentes nas propostas de “gestão socialista” do capitalismo. Dificuldades semelhantes às experiências pela maioria dos governos de esquerda da América Latina, inclusive, e talvez sobretudo, pelo PT, no Brasil.

Um problema que, apesar de clássico, é pouco debatido. Mas como creio que precisamos, em permanência, de uma reflexão sobre a própria experiência, não me furto de dizer aqui algumas palavras, observando que o central, da experiência latino-americana, é o grande enigma de como governar e reformar, ao mesmo tempo, tendo, de um lado, classes dominantes marcadas por um egoísmo histórico aparentemente não erradicável e, de outro lado, economias capitalistas que não são simplesmente “periféricas”, mas, visceralmente, desiguais.

O debate sobre isso surge com a reflexão do socialista francês Léon Blum – primeiro-ministro eleito por uma frente ampla de esquerda, que reunia socialistas, comunista e radicais, em 1936 – sobre a diferença entre “conquista do poder” e “exercício do poder”[x]. A experiência de Blum, nesse sentido, foi dramática. Nas duas primeiras vezes em que foi primeiro-ministro foi obrigado a renunciar ao ser pressionado pela direita quando tentou enviar armamentos para os republicanos espanhóis.

Sua reflexão porta sobre esse grande enigma que diz respeito à possibilidade de um partido de esquerda alcançar democraticamente o poder e trabalhar, “por dentro da máquina”, para a reformulação das estruturas de poder.  É claro que a reflexão de Blum[xi] constitui uma proposição socialista não revolucionária e que muitos outros autores não percebem nenhuma possibilidade de equilíbrio entre a “conquista do poder” e o “exercício do poder” e, por essa razão, indicam o caminho revolucionário como a única possibilidade concreta de transformação do Estado burguês.

Certamente podemos e devemos aspirar a mais do que isso, mas a gestão socialista do capitalismo resta o horizonte imediato das esquerdas na América Latina. Por isso mesmo, nesta época pouco revolucionária e, talvez em consequência, grandemente reacionária, precisamos formular a política produzindo marcadores de continuidade que sejam sólidos sem deixar de permitir renovações.

As tentativas de Blum no poder fracassaram, mas foram seminais enquanto reflexão, e colaboraram com muitos modelos. Os modelos vindos da experiência europeia não ajudam muito, no caso da América Latina,  porque, embora a tarefa de ao mesmo tempo governar e reformar seja sempre muito difícil, as estruturas sociais, políticas e econômicas encontradas por lá são bastante diferentes.

De todo modo, as experiências, soluções e modelos europeus devem sempre ser lembrados: a experiências exitosas mais conhecidas foram políticas anticíclicas propostas pela Escola de Estocolmo, de economia, centrada no pleno emprego e no incentivo ao desenvolvimento, aplicada pelos social-democratas suecos nos anos 1930; o modelo dos “pactos sociais”, centrados na regulação de preços e salários, aplicado pelos socialistas da Áustria, Bélgica, Holanda e pelos trabalhistas ingleses no imediato pós II Guerra; o grande modelo do “Estado de bem-estar social”, construído coletivamente pelos partidos e governos social-democratas e trabalhistas de toda a Europa, entre o final dos anos 1950 e 1970; e a tese do “capitalismo organizado de Estado”, elaborada com muitos detalhes pelo Partido Comunista Francês e que, embora tenha sido apenas parcialmente implementada na França, impactou bastante, teoricamente, no pensamento da esquerda latino-americana.

Retornando à América Latina, essa reflexão ganha novas dimensões e significados, justamente porque em todo o continente as forças reacionárias se movem contra experiências históricas e muitas vezes inéditas de alcance do Estado pelas vias democráticas. O caso da Bolívia, nesse sentido, parecer ser particularmente interessante como experiência porque, nos parece, no jogo entre “conquista do poder” e “exercício do poder” houve a produção de uma outra esfera estratégica, não presente no horizonte do pensamento de Blum ou de outras experiências de governo de esquerda que teve sua dimensão empírica na organização social do MAS, original em muitos aspectos, e que teve sua dimensão política numa equação referente à manutenção democrática do poder, temática à qual retornaremos mais à frente.

O golpe de 2019

O fato concreto é que, nas eleições de 20 de outubro de 2019 Evo Morales foi reeleito com uma vantagem de mais de 640 mil votos em relação ao 2º colocado, Carlos Mesa. Pelas normas eleitorais bolivianas o candidato do MAS venceu no primeiro turno: obteve 47,08% dos votos, contra 36,51% de Mesa, da Comunidad Ciudadana; 8,83% de Chi Hyun Chung, do Partido Democrata Cristão; e 4,26% de Óscar Ortíz, da coligação Bolivia dice No, candidato centrado na província de Santa Cruz e apoiado pelos Estados Unidos.

Porém, a atuação descabida da OEA, Organização dos Estados Americanos, por meio de seu secretário-geral, o uruguaio Luis Almagro, abalou, como se sabe, o resultado. Certamente a OEA agiu a serviço do governo dos Estados Unidos, interessado em desestabilizar a região tanto por motivos político-ideológicos como por razões econômicas – no caso, o acesso às riquezas naturais da Bolívia. Embora Almagro tenha sido chanceler do governo de Pepe Mujica no Uruguai, sempre houve fortes suspeitas de que ele atuara como agente da CIA.

Como se sabe, essa organização, cada vez mais distante de seus objetivos pan-americanos e cada vez mais um satélite político norte-americano, impôs uma auditoria e concluiu que “embora sem fraudes, o processo foi impreciso”. O que significa isso? Traduzindo os eufemismos democráticos, significa “não reconhecemos a vitória de Evo Morales”.

Sua participação no desfecho do golpe que depôs Evo Morales foi decisiva. É claro que Morales, com extrema ingenuidade, aceitou a recontagem dos votos das eleições proposta pela OEA, mas o uruguaio a procedeu com extrema má-fé: antes ainda da conclusão da recontagem, divulgou um relatório provisório repleto de dados falsos, insinuações e acusações. Essa fraude estimulou a direita boliviana a precipitar o golpe de Estado.

A oposição ao MAS mobilizou-se rapidamente e sem controle: casas de ministros e parlamentares incendiadas, humilhações públicas, extrema violência pelas ruas, repressão. O processo golpista iniciou em Santa Cruz e se espalhou por todo o país. A sede do Tribunal Eleitoral Departamental de Potosi foi atacada e juízes eleitorais foram agredidos nas cidades de Tarija, Chuquisaca, Oruro e La Paz. O cenário do golpe foi acionado: violência nas ruas, países da região, com seus governos conservadores, declarando não reconhecer o resultado das eleições, forças de segurança e meios de comunicação tomando partido político.

Houve dois grandes massacres nesse processo golpista, o de Sacaba, na cidade de El Alto, vizinha a La Paz, e o de Senkata, Cochabamba, ocorridos, respectivamente, nos dias 15 e 19 de novembro, deixando 36 pessoas mortas e dezenas de feridos. Com o posicionamento dos militares que “aconselharam” o presidente eleito a renunciar e a saída de Morales do país, abriu-se caminho para a usurpação do poder pela senadora golpista Jeanine Áñez, estabelecendo-se o governo que, no entanto, para preservar minimamente o poder, foi obrigado a planejar novas eleições, as que presentemente ocorreram.

Para Garcia Linera, ex-vice-presidente da Bolívia, o golpe de 2019 foi um repúdio à igualdade, uma mobilização contra a igualdade[xii]. Com efeito, tal como no Brasil do golpe de 2016, pode-se perceber a dominância de um ódio de classe, profundo e rancoroso, desejando impedir o avanço dos processos progressistas e da inclusão social.

Os opositores do MAS e a direita boliviana

Mas vejamos um pouco mais de perto a direita boliviana, os opositores do MAS. Efetivamente, são opositores inconsistentes, com propostas ambíguas, sem base social, e que gravitam entre proposições generalistas afeitas aos receituários neoliberal e retóricas nacionalistas. Inconsistências muito semelhantes, como se percebe, às que se fazem presentes nas direitas brasileira e argentina.

O mais credível desses opositores é Carlos Mesa, representante das elites intelectuais do país e de suas velhas burguesias mineradoras – seus pais foram acadêmicos respeitáveis e sua família sempre foi rica. Porém, ainda que “mais credível”, Mesa passa muito longe de representar uma alternativa real de poder. Neoliberal, suas propostas sempre passam pela desnacionalização e pela música cacofônica da diminuição do Estado… Além disso, Mesa é um grande covarde: é o sujeito que renunciou à presidência da República no meio da crise de 2005.

Tal como no Brasil, tal como na Argentina, as elites bolivianas não conseguiram construir uma alternativa ou projeto de poder minimamente credível e subsistem apoiadas, ou apoiando, os mesmos grupos de sempre: empresas de mídia, um judiciário fraco e canhestro, igrejas neoconservadoras e movimentos de extrema-direita.

A política boliviana é muito semelhante à política dos demais países latino-americanos. Primeiramente, há os velhos conservadores nacionalistas que foram ficando neoliberais, como o ex-presidente Tuto Quiroga e seu partido, a Acción Democrática Nacionalista (ADN), fundado por velho general Hugo Banzer – o mesmo que deflagrou a Guerra da Água, em 2000.

Em seguida, há os social-democratas, como Samuel Doria Medina, da Frente de Unidad Nacional, que igualmente se aproximam do neoliberalismo. Em outro plano, há a política carismática, representada por Luis Fernando Camacho, agente estrutural do golpe de 2019. Em torno dele há uma variedade de partidos e movimentos políticos, alguns com amplas relações com igrejas pentecostais, dente os quais a Unidade Cívica Solidária (UCS), o Partido Democrata Cristão (PDC) e a Ação Democrática Nacionalista (ADN).

É também possível perceber, nessa cena, as lideranças trabalhistas e neoconservadoras que vêm rompendo com o MAS e adotando um discurso conservador, como Marco Pumari, o presidente do Comité Cívico de Potosí, filho de mineiro e que rompeu com o MAS para exigir mais atenção para Potosi.

Como colocou Atilio Boron, “construir uma direita com bases sólidas em nível nacional é uma tarefa árdua, que na Bolívia, ainda mais com a violência terrorista de sua ditadura, a cumplicidade de juízes e promotores e o apoio da cloaca midiática a serviço do império, demonstrou ser uma missão destinada ao fracasso”[xiii].

Em artigo recentemente publicado, Jeferson Miola descreve claramente o que está em disputa na Bolívia: o controle do lítio, riqueza mineral de alto valor estratégico e econômico, empregado na fabricação de remédios antidepressivos, baterias de celulares, dispositivos eletrônicos e produção automotiva[xiv].

É a disputa por essa riqueza do presente e do futuro que produz, na Bolívia, o modelo opositor, antagônico do projeto do MAS, pautado pela desnacionalização e na entrega dessa riqueza a grupos multinacionais.

O retorno do MAS ao poder e suas condições de governabilidade

Como disse, diante da violência e dos excessos cometidos na ação golpista do ano passado, a direita boliviana não encontrou fundamentos que justificassem, perante a opinião pública internacional mas, sobretudo, diante da correlação de forças interposta pelos movimentos sociais e pela sociedade civil boliviana, condições mínimas de permanência no poder que não fossem sustentadas pela convocação de novas eleições.

Em função do coronavirus, as eleições foram adiadas por duas vezes. 7,3 milhões de bolivianos foram às urnas no último dia 18 de outubro e o resultado deu ao MAS uma vitória expressiva. Luiz Arce obteve 52,% dos votos, contra 31,5% de Carlos Mesa, 14,1% de Luis Camacho, 1,6% de Chi Hyun Chung e 0,4% de Feliciano Mamani. Nos executivos departamentais, o MAS elegeu 6 dos 9 governadores. No Senado, elegeu 19 senadores, contra 17 da oposição. Na Assembleia Legislativa, elegeu 73 dos 130 deputados.

O presidente eleito, Luis Alberto Arce Catacora, é economista pela Universidad Mayor de San Andrés, trabalhou no Banco Central da Bolívia entre 1987 e 2006 e foi ministro de Economia durante 13 anos do governo Evo Morales. Foi o principal responsável pelas políticas econômicas que levaram a Bolívia ao impressionante crescimento do país nesse período.

O parceiro de chapa de Arce, David Choquehuanca, indígena ayamará, também participou do governo Evo: foi ministro de Relações Exteriores entre 2006 e 2017 e também atuou como secretário geral da Aliança Bolivariana para os Povos da Nossa América – Tratado de Comércio dos Povos.

A vitória do MAS foi acachapante. Tanto a oportunista usurpadora Jeanine Áñez como o segundo colocado, o golpista Carlos Mesa, reconheceram imediatamente a derrota. Os observadores e analistas internacionais também deram sinais positivos de apoio ao processo eleitoral e a seus resultados.

Não obstante, considerando a situação de polarização política e social existente, é ponderável indagar sobre as condições de governabilidade do MAS nos próximos anos. O movimento de ódio ao MAS é muito semelhante ao movimento de ódio ao PT, na sociedade brasileira. Segundo Molina[xv] (2020, p. 5), esse sentimento de ódio deriva de uma memória dos prejuízos que teriam sido impostos a essas elites nos 14 anos de gestão do MAS. Prejuízos referentes aos rendimentos que teriam deixado de ter com a venda das riquezas naturais bolivianas e à perda dos espaços de poder em função da dissolução da tecnocracia vigente anteriormente e, ainda, referentes ao racismo histórico dessas elites em relação às populações tradicionais do país.

Na compreensão de Melo[xvi], além dos fatores internos, há fatores externos que tendem a comprometer a governabilidade na Bolívia durante o novo mandato presidencial, dentre os quais os interesses e pressões produzidas em torno do lítio, a liberalização dos cultivos transgênicos e da demanda internacional pela privatização de setores da Yacimientos Petroliferos Fiscales Bolivianos, principal estatal do país, em torno da qual se produzem grandes pressões.

Lições políticas

A luta das populações indígenas, camponesas e/ou desfavorecidas bolivianas não é, apenas, uma luta pela preservação dos recursos naturais do país. É contra o agrobusiness e as multinacionais que o representam. Não estão em luta projetos nacionais, sociais ou de Estado, mas, apenas, um projeto de Estado, construído pelo MAS, e o desejo mesquinho de lucrar, individualmente, entregando as riquezas bolivianas a essas multinacionais.

Recordo de um artigo do sociólogo argentino Atilio A. Boron no qual ele diz que“não importa o quanto a economia seja administrada de maneira exemplar, como o fez o governo de Evo, o crescimento, a redistribuição, os fluxos de investimentos são garantidos e todos os indicadores macro e microeconômicos são aprimorados, a direita e o imperialismo nunca aceitarão um governo que não serve a seus interesses”[xvii].

Na mesma direção escreveu Jeferson Miola, em seu blog: “O golpe na Bolívia atesta que o capitalismo neoliberal não aceita e não tolera a soberania popular. O golpe confirma que o neoliberalismo é incompatível com a democracia e com a manifestação da vontade majoritária do povo”[xviii].

Creio que essas ideias explicam tudo, inclusive o golpe brasileiro de 2016, e constituem uma lição a ser lembrada sempre.

Na bela e emocionante entrevista que concedeu a Mario Santucho, recentemente publicada, Álvaro García Linera[xix], ex-vice-presidente da Bolívia na chapa de Evo Morales, afirmou que o projeto do MAS “não foi derrotado, foi paralisado. Você derrota algo quando tira sua força moral ou sua energia. E isso não aconteceu (…) Nesse sentido, o projeto do MAS de inclusão social, crescimento econômico e distribuição de riqueza continua sendo o horizonte desta nova década que se avizinha”. Em seu ver, estas eleições também demonstraram que o projeto do MAS foi “capaz de manter a fonte de suas raízes, sua espinha dorsal muito popular, e ter força para mudar lideranças sem que isso seja produto de cisões ou rupturas entre uma nova geração e a anterior”.

Para Linera, a direita boliviana, como de resto em toda a América Latina, segue sem projeto, movida a “choques elétricos de ódio, ressentimento, racismo, e acabam obtendo um Frankenstein”, constatando, também, que não conseguirão “um projeto orgânico de sociedade dessa forma”[xx]. Na sua compreensão, a direita ficou sem projeto “preditivo”:

“O horizonte preditivo é quando você acorda, sabe o que vai fazer. E o que seu filho vai fazer, sua esposa e seu irmão, o que você pensou sobre o dia seguinte, ou o próximo mês, ou os próximos seis meses. É algo concreto, não uma abstração filosófica: como as pessoas preveem seu destino imediato. Quando você não consegue fazer isso, como está acontecendo agora com as forças conservadoras, esse processo caótico ocorre. O progressismo é uma resposta ao esgotamento do horizonte preditivo do neoliberalismo”.

O MAS ofereceu à sociedade boliviana, justamente, um projeto “preditivo”, composto por idealismo pragmáticos e centrado na inclusão social. Muitos consideram esse movimento político como a “esquerda do futuro”, e é preciso levar essa ideia em consideração quando se precisa e deseja reinventar e mobilizar as forças progressistas e estancar tudo aquilo que se conforma como repúdio à igualdade e à democracia.

Creio que podemos dizer que esses horizontes preditivos têm uma forma social específica: os movimentos sociais como agentes de manutenção e de garantia do projeto de poder. Na tarefa de equilíbrio entre a “conquista do poder” e o “exercício do poder” devemos colocar, ainda, a equação da “manutenção democrática do poder”. Ou seja, mecanismos de controle e garantia social. Creio que essa é uma das contribuições sociais do MAS para a práxis socialista: a produção de mecanismos sociais de continuidade a partir da organização social.

Percebendo a ação política do MAS não posso deixar de lembrar de que algumas das autocríticas mais recorrentes no processo da avaliação dos erros políticos do PT dizem respeito ao distanciamento do partido em relação aos movimentos sociais e mesmo às organizações de base da vida social. Um fenômeno que se relaciona, por um lado, com o processo histórico da burocratização partidária, bastante discutido e, por outro, com a entrada em cena de novos agentes políticos, associados a igrejas conservadoras e a milícias que acabaram ocupando o lugar rizomático que o PT possuiu, anos atrás, nas bases da vida social.

Pensando nos fenômenos recentes das investidas de ódio e de irracionalismo contra a esquerda, no Brasil – o golpe de 2016, o lawfare contra Lula, o militantismo partidarizado da Lava Jato, a violência bolsonarista, etc – parece evidente que nunca deixou de haver apoio massivo ao PT e que, apesar disso, não houve mecanismos políticos que permitissem uma articulação social e resistente a todos esses abusos do poder. Talvez tenha faltado equacionar a manutenção democrática do poder e no poder das forças progressistas, talvez tenha faltado garantias preditivas, narrativas preditivas a respeito da soberania popular.

 

*Fábio Fonseca de Castro, sociólogo, é professor no Programa de Pós-graduação em Comunicação, Cultura e Amazônia e na Faculdade de Comunicação da Universidade Federal do Pará (UFPA).

Notas


[i]PINTO QUINTANILLA, Juan Carlos. Contra o golpe de Estado, poder popular organizado. In: Carta Maior. Disponível em: https://www.cartamaior.com.br/?/Editoria/Pelo-Mundo/Contra-o-golpe-de-Estado-poder-popular-organizado/6/49206Publicado em 04/11/2020 e consultado em 05/11/2020.

[ii]Página Siete Digital, reproduzido no portal Carta Maior. Vocero del MAS denuncia atentado con dinamita em contra Luis Arce.Disponível em: https://www.cartamaior.com.br/?/Editoria/Pelo-Mundo/Vocero-del-MAS-denuncia-atentado-con-dinamita-en-contra-de-Luis-Arce/6/49221. Publicado em 07/11/2020 e consultado em 07/11/2020.

[iii]PINTO QUINTANILLA, Juan Carlos, referido acima.

[iv]Bolivia: el retorno de la izquierda. In: Pagina 12. Disponível em https://www.pagina12.com.ar/300208-bolivia-el-retorno-de-la-izquierda. Publicado em 20/10/2020 e consultado em 23/10/2020

[v]MESA, Carlos. Presidentes da Bolívia, entre urnas e fuzis. 1983.

[vi]OFMEISTER, Wilhelm. Bolivia: la construción de la democracia y la evolución del proceso político. In: OFMEISTER, W. (Org.). Reformas Políticas en América Latina. Rio de Janeiro, Fundação Konrad Adenauer, 2004.

[vii]MELLO, Michele. Quem é Luis Arce, favorito para as eleições presidenciais na Bolívia? In: Brasil de Fato. Disponível em: https://www.brasildefato.com.br/2020/10/17/quem-e-luis-arce-favorito-para-as-eleicoes-presidenciais-na-bolivia. Publicado em 17/10/2020 e consultado em: 22/10/2020.

[viii]GARCÍA LINERA, Álvaro. Entrevista com Álvaro García Linera: Bolívia não tem seu destino garantido (entrevista concedida a Mario Santucho). Publicada e24/10/2020 e consultado em 26/10/2020.

[ix]ZAVALETA MERCAO, René. Lo nacional popular en Bolivia, 2a ed. La Paz, Plural Editores, 2008.

[x]Refiro, aqui, o debate iniciado por José Luiz Fiori, no Jornal do Brasil, com o artigoA esquerda e o governo: suas ideias e lições históricas, publicado ainda em janeiro deste ano. Disponível em:https://www.jb.com.br/pais/artigo/2020/01/1021889-a-esquerda-e-o-governo–suas-ideias-e-licoes-historicas.html. Publicada e28/01/2020 e consultado em 02/11/2020.

[xi]BLUM, Léon. Bolchevisme et socialisme. Paris: Librarie populaire du Parti socialiste, 1931.

[xii]GARCÍA LINERA, Álvaro. Entrevista com Álvaro García Linera: Bolívia não tem seu destino garantido (entrevista concedida a Mario Santucho) In: Carta Maior (publicado originalmente em Crisis). Disponível emhttps://www.cartamaior.com.br/?/Editoria/Pelo-Mundo/Entrevista-com-alvaro-Garcia-Linera-Bolivia-nao-tem-seu-destino-garantido/6/49109. Publicado em24/10/2020 e consultado em 26/10/2020.

[xiii]BORON, Attilio A. Bolívia: o retorno da esquerda. In: Carta Maior (publicado originalmente em Página 12). Disponível em: https://www.cartamaior.com.br/?/Editoria/Eleicoes/Bolivia-o-retorno-da-esquerda/60/49081. Publicado em22/10/2020 e consultado em 26/10/2020.

[xiv]MIOLA, Jeferson. Eleição na Bolívia testará real compromisso da oligarquia continental e dos EUA com a democracia. Disponível em http://www.radiocom.org.br/?p=16256.Publicado em17/10/2020 e consultado em 28/10/2020.

[xv]MOLINA, Fernando. ¿A dónde conducirá la crisis boliviana? Elecciones y reconfiguraciones políticas. Nueva Sociedad. Buenos Aires, n. 288, jul.-ago., 2020, p. 4-14. Conjuntura. Disponível em: https://nuso.org/articulo/donde-conducira-la-crisis-boliviana/.Consultado em 27/10/2020.

[xvi]MELO, Marta Cerqueira. Eleições presidenciais de 2020 na Bolívia e o desafio da governabilidade pós-Golpe. In: Website do Núcleo de Estudos e Análises Internacionais. Disponível em: https://neai-unesp.org/eleicoes-presidenciais-de-2020-na-bolivia-e-o-desafio-da-governabilidade-pos-golpe/Publicado em26/10/2020 e consultado em 27/10/2020.

[xvii]BORON, Attilio A. O golpe na Bolívia: cinco lições. In: Jornal GGN. Disponível em: https://jornalggn.com.br/america-latina/o-golpe-na-bolivia-cinco-licoes-por-atilio-a-boron/. Publicado em11/11/2019 e consultado em 27/10/2020.

[xviii]MIOLA, Jeferson. Golpe na Bolívia e o capitalismo neoliberal. In: Blog de Jeferon Miola. Disponível em: https://jefersonmiola.wordpress.com/2020/10/19/vitoria-arrasadora-do-mas-evitou-massacre-e-avanco-ditatorial-na-bolivia/. Publicado em19/10/2020 e consultado em 26/10/2020.

[xix]GARCÍA LINERA, Álvaro. Op. Cit.

[xx]GARCÍA LINERA, Álvaro. Op. Cit.

 

 

[Imagem: Paulinho Fluxuz – fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]

 

 

Catalunya és un país pobre en recursos naturals. Només a l’Edat Mitjana, amb el comerç, i als segles XIX i XX, gràcies a la indústria, Catalunya ha sobresortit, i Barcelona s’ha situat entre les grans ciutats europees. Als nostres dies, l’estabilitat de l’euro i els tipus d’interès baixos han propiciat un llarg període d’expansió amb diversos indicadors en màxims històrics. Ara mateix, l’economia catalana és una de les més obertes d’Europa.

Es tracta d’un èxit contra pronòstic, perquè el dèficit d’inversió pública imposat pels governs de Madrid i certs marcs laborals, fiscals i energètics no ho fan gens fàcil. Tot allò que Catalunya té avui de potència logística ho té pel talent i per l’esforç de generacions. Per això sorprèn descobrir tantes iniciatives de tota mena que aprofiten les oportunitats que el segle XXI ha ofert.

Biografia de l’autor

Ramon Tremosa (Barcelona, 1965) és economista, professor titular a la Universitat de Barcelona, i investigador en el Centre d’Anàlisi Econòmica i de les Polítiques Socials (CAEPS). Va ser el cap de llista de Convergència i Unió (CiU) a les eleccions al Parlament Europeu de 2009 i de 2014. I un dels eurodiputats més actius al Parlament Europeu. Ha publicat molts articles en revistes acadèmiques i és autor de diversos llibres sobre política econòmica. Hi destaquen Catalonia, An Emerging Economy (2010), Catalunya serà logística o no serà (2007), Estatut, aeroports i ports de peix al cove (2006), Estatut de Catalunya, veritats contra mentides (2005), etcètera. Col·labora de manera habitual als mitjans de comunicació.

Títol: Catalunya, potència logística natural
Autor: Ramon Tremosa
Editorial: Pòrtic
Col·lecció: P. Visions
Pàgines: 224
ISBN: 978-8498094824

 

[Font: http://www.racocatala.cat]

El Trueno presenta una breve crónica del multifacético Pino Solanas, referente del mundo cinematográfico, político y cultural argentino. Falleció el viernes pasado en París por causa de Covid-19.

Murió Pino Solanas en París afectado por Covid-19. Fue un gran referente del progresismo de clase media ilustrada argentina, un valiente, un luchador, un tipo noble, enfrentado siempre al poder de turno. Dirigió uno de los documentales emblemáticos para la construcción de una idea de Nación como fue La hora de los hornos (1968). La sinopsis dice así: “Documental histórico de adoctrinamiento político. Está dividido en tres partes: ‘Neocolonialismo y violencia’, ‘Acto para la liberación’ (dividido a su vez en dos grandes momentos: ‘Crónica del peronismo (1945-1955)» y «Crónica de la resistencia (1955-1966)’) y ‘Violencia y liberación’. Muestra la dependencia económica, social y cultural de la Argentina y ofrece pautas sobre cómo superarla”. Su trabajo como documentalista obtuvo premios en Cannes y en el Festival de Cine de Venecia, donde ganó premios a mejor director con Sur (1988) y La dignidad de los nadies (2005). La hora de los hornos fue realizado de manera clandestina y tuvo proyecciones por fuera de circuitos oficiales. Su idea de cine está vinculado estrechamente a la política como forma de acción e intervención en la vida social. Supone, también, que el arte tiene una capacidad transformadora de la realidad coyuntural y que puede despertar las conciencias dormidas para la liberación de los pueblos.

Pino Solanas cumplía funciones burocráticas de embajador de la UNESCO en París, nombrado por el presidente Alberto Fernández. Su carrera política es extensa y las convicciones de su militancia admirables. En 1989 convocó una asamblea de sindicatos de audiovisuales para tratar la reforma de una ley de radiodifusión que reemplazara a la de la dictadura. En el 91 fue baleado en las piernas por desconocidos después de criticar públicamente a Menem. En el 92 fue elegido diputado. En 2007 fue candidato a presidente y hubo 292.760 personas que lo votaron y obtuvo el 1,6% de los votos. En el 2009 fue elegido diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires y se preocupó por la recuperación de los recursos naturales de la Argentina y el fin de los negociados de las grandes empresas extranjeras. Desde entonces, alternó entre diputado y senador, diputado y senador, senador y diputado.

La muerte de Pino Solanas toca una fibra sensible de un sector importante del progresismo argentino, que ya viene vapuleada por la muerte de Quino, otro titán de las buenas conciencias. Aunque de convicciones peronistas, Pino representó a una minoría intensa, pero no por eso menos influyente, que observa al pueblo con amor y desprecio, consciente de que tiene un poder y de que una transformación social, económica, política y cultural o política, económica, social y cultural solo es posible de arriba hacia abajo. Su legado seguirá vivo.

 

[Fuente: http://www.eltrueno.com.py]

De los más de 190 grupos étnicos que viven en Rusia, 40 son clasificados por la legislación nacional como pueblos indígenas de pocos miembros que habitan el Ártico, Siberia y el lejano este ruso. Su clasificación como pueblos indígenas de pocos miembros significa que el Estado es responsable, a través de un conjunto de leyes, de la protección de su cultura y su forma de vida singular. Con una población cercana a las 250.000 personas, son una minoría incluso en el Ártico y Siberia, donde viven rodeados de grupos étnicos más amplios, aunque en algunos distritos rurales remotos sí constituyen una mayoría. Luego de convivir durante décadas con la rigidez del Estado soviético, hoy intentan sobrevivir a las empresas extractivistas que explotan recursos excepcionales de sus territorios.

Escrito por Nikita Bulanin

La colonización de Siberia por el Estado ruso comenzó en el siglo XVI y dos siglos después se encontraba casi completamente concretada. La conquista del territorio que suma tres cuartes partes de la Rusia actual no fue tranquila: las escaramuzas pequeñas y guerras entre los rusos que avanzaban y las poblaciones indígenas que resistían están muy bien documentadas. Sin embargo, una vez terminada la conquista, los intereses del Estado ruso y los migrantes no indígenas se limitaron principalmente a los impuestos y al comercio.

A pesar de que en algunas áreas el arribo de los rusos resultó en un agotamiento de la vida silvestre (el impuesto a las pieles era la principal forma de tributación de los pueblos indígenas del Ártico ruso y Siberia) y que los migrantes llevaron alcohol y enfermedades antes desconocidas, los pueblos indígenas continuaron ejerciendo un control efectivo sobre vastos territorios de la región. Pero la revolución bolchevique de octubre de 1917 simbolizó el principio del fin de esta relativa autonomía de los pueblos indígenas.

Los pueblos indígenas tras la revolución comunista

La transformación total de la estructura de la sociedad rusa y el nuevo modelo político y económico llegaron incluso hasta los lugares más remotos del país. Por un lado, se prestó una mayor atención a los asuntos indígenas, se intentó expandir la educación formal y la infraestructura de salud, se abasteció con alimentos para prevenir el hambre durante el invierno, algo que era muy común para los pueblos del Ártico ruso. Por otro lado, la rigidez ideológica del Estado soviético observaba a los indígenas como una cultura primitiva y esperaba que cambiaran de acuerdo a sus nuevas aspiraciones.

Muchas comunidades nómadas fueron forzadas a adoptar una vida sedentaria, mientras sus hijos eran separados forzosamente de sus familias y enviados a internados. Al mismo tiempo, las autoridades introdujeron el control sobre la caza y la pesca, y confiscaron tierras para obras de infraestructura y desarrollos industriales. Los renos fueron expropiados, mientras que los pastores fueron forzados a unirse con sus renos a los kolkhoz (granjas colectivas).

“Eventualmente, las formas de toma de decisión indígenas fueron reemplazadas con las del Estado soviético,

mientras que el liderazgo tribal fue sustituido por una élite cuya lealtad estaba con el Partido Comunista.”

En la Unión Soviética, el ateísmo era parte de la ideología oficial y, por ende, las autoridades soviéticas fueron especialmente duras con los líderes espirituales y tribales. En las primeras décadas del gobierno soviético, muchos fueron arrestados y perecieron en prisiones y campos de trabajo. Eventualmente, las formas de toma de decisión indígenas fueron reemplazadas con las del Estado soviético, mientras que el liderazgo tribal fue sustituido por una élite cuya lealtad estaba con el Partido Comunista y no con su gente.

De este modo, no sorprende que un impulso tan agresivo hacia el cambio no fuera recibido con mucho entusiasmo por los pueblos indígenas. Muchas regiones han presenciado confrontaciones armadas entre las autoridades soviéticas y las comunidades indígenas, incluida la rebelión Kazym en 1933-34, cuando se rebeló una comunidad Khanty en respuesta a la separación forzada de sus hijos y la insensibilidad espiritual de las autoridades soviéticas y sus agentes locales. La insurrección fue brutalmente reprimida por las fuerzas de seguridad y dejó alrededor de una docena de muertos en ambos lados. Levantamientos similares contra autoridades comunistas tuvieron lugar entre las décadas de 1920 y 1940 en Yamal, Chukotka y Yakutia.

Otras características del periodo soviético fueron la expansión de las industrias extractivistas y la industrialización en el Ártico ruso y Siberia. Las empresas estatales, a menudo con el uso de trabajo forzado, iniciaron la minería a gran escala de oro, níquel, uranio y carbón. La explotación de los yacimientos de petróleo y gas natural en Siberia occidental comenzaron a finales de los años 50 y dos décadas más tarde la región fue transformada en uno de los mayores productores de hidrocarburos en la Unión Soviética.

La liberalización política de finales de los ‘80 creó un espacio para los debates acerca de la historia de la colonización rusa de Siberia.

Este periodo vio el nacimiento del movimiento indígena ruso.”

Para facilitar el suministro constante de fuerza de trabajo para las minas y las plantas de procesamiento, se crearon nuevas ciudades y asentamientos, como Norilsk y Vorkuta. El establecimiento de grandes centros urbanos generó dramáticos cambios en la demografía de la región: la proporción de pueblos indígenas en áreas que habían habitado tradicionalmente se volvió cada vez menor. Por ejemplo, en la región autónoma de Khanty-Mansi, los pueblos Khanty, Mansi y Nenets cayó del 20% en 1939 a menos del 3,5% en 1979. El desarrollo de infraestructura extractiva, las plantas de procesamiento, las industrias y los centros urbanos en el Ártico ruso y en Siberia en territorios indígenas nunca respetó su valor económico y espiritual. La estructura de gobierno centralizada y la naturaleza fuertemente ideológica del Estado soviético no dejaban espacio para la autodeterminación.

La liberalización política de finales de los ‘80 creó un espacio para los debates acerca de la historia de la colonización rusa de Siberia y, la relación entre los pueblos indígenas y el Estado soviético. Este periodo vio el nacimiento del movimiento indígena ruso y la emergencia de líderes que hicieron preguntas críticas acerca de los orígenes de la crisis social y la discriminación que afectaban a las comunidades en la Unión Soviética, así como el impacto ambiental de las industrias extractivas en el Ártico ruso y en Siberia.

Neoliberalismo al estilo ruso

Las reformas políticas en Rusia coincidieron con una crisis económica de enormes proporciones que llevó a la casi desaparición del sistema de seguridad social y empeoró los padecimientos de las comunidades indígenas. Al colapso de la economía del Estado, le siguieron reformas económicas drásticas que incluyeron la privatización de bienes industriales y extractivos. La mayoría fue rápidamente acumulada por un pequeño número de propietarios. La llegada de Vladimir Putin al poder hace dos décadas modificó esta tendencia privatizadora e hizo que el Estado volviese a tener control sobre los bienes más lucrativos y estratégicos, como el gas, el petróleo y la banca.

El modelo de desarrollo económico de la Rusia postsoviética está basado en la explotación intensiva y exportación de sus recursos naturales, de los cuales una parte significativa se encuentra en territorio indígena. El aislamiento geográfico de los sitios extractivos y las plantas de procesamiento genera que las compañías sean la única autoridad en las áreas en donde operan. En consecuencia, son responsables del bienestar de ciudades enteras, son las garantes de la mayoría de los empleos, administran un sistema de seguridad social propio, controlan a los medios de comunicación locales e incluso cuentan con su propio aparato de seguridad. Las autoridades municipales dependen por completo de la buena voluntad de las empresas “a cargo”, mientras que las agencias del Estado, incluidas las fuerzas de policía, trabajan codo a codo con ellas. Y a menos que un desastre de grandes proporciones llame la atención de los medios y la opinión pública responda, el Estado tiende a ignorar las irregularidades.

El aislamiento geográfico de los sitios extractivos y las plantas de procesamiento genera que las compañías sean la única autoridad en las áreas en donde operan.”

Un caso concreto es el de la ciudad de Norilsk, conocida como una de las ciudades más contaminadas del mundo, que está bajo el control total de uno de los mayores productores de níquel a nivel mundial: Nornickel. La empresa es responsable de más de la mitad de todas las emisiones de dióxido de sulfuro en Rusia, mientras que solo la ciudad de Norilsk representa el doble de las emisiones de Estados Unidos. Luego de un desastroso derrame de combustible, activistas ambientales acompañados por un importante político ruso intentaron tomar muestras del agua en las áreas afectadas para realizar un análisis químico en Moscú. Sin embargo, se les prohibió abordar el vuelo con las muestras de laboratorio por órdenes del servicio de seguridad de Nornickel. El control de la compañía sobre la región es total.

Muchos principios de la industrialización soviética y la explotación de recursos naturales, incluida la destrucción del ambiente y la falta de respeto por los derechos de los pueblos indígenas, se han mantenido indemnes luego del colapso de la Unión Soviética. Sin embargo, la integración postsoviética de Rusia en el mercado mundial significa que muchas compañías con sede en el extranjero tienen negocios en el país y, por lo tanto, comparten la responsabilidad por las violaciones de los derechos indígenas. La multinacional francesa Total posee el 19,4% de la empresa de gas rusa Novatek, así como intereses en un número de otros proyectos de energía, mientras que la británica BP tiene el 19,75% de las acciones del mayor productor de petróleo ruso, Rosneft.

La amenaza al activismo indígena en Rusia

Desde que la disidencia política se volvió posible en Rusia, los defensores de los derechos indígenas han jugado un rol clave a la hora de exponer el abismal historial ambiental de las compañías extractivistas rusas, la inactividad de las agencias estatales a la hora de hacer cumplir las regulaciones ambientales, las usurpaciones en los territorios indígenas y el efecto de la contaminación en el bienestar de las comunidades indígenas y su forma tradicional de vida. Desde principios de 2000, los activistas indígenas Shor han llamado la atención de la opinión pública rusa hacia el impacto ambiental y social de la minería de carbón en sus tierras ancestrales en Kuzbass, en el sur siberiano. Por su parte, la Asociación de Pueblos Indígenas de Evenkiya ha documentado la negligencia de las autoridades con la tala a gran escala en sus tierras que se desarrolló sin cumplir con las regulaciones ambientales y fueron responsables de los incendios en 2019.

Estas protestas causan una reacción mixta de las autoridades: las ignoran y al mismo tiempo intentan persuadir a sus líderes para que se calmen. Sin embargo, cuando la opinión pública comienza a mostrar simpatía por las demandas de los defensores y las noticias llegan a los medios nacionales e internacionales, la presión del Gobierno se incrementa y, a veces, incluye amenazas y hasta violencia. Los líderes de las protestas Shor suelen recibir amenazas e, incluso, las casas de los activistas han sido quemadas.

Las fuerzas de seguridad hacen poco para proteger a los defensores y para investigar los casos. Por el contrario, como suelen estar ligados con los perpetradores, a veces usan la fuerza, amenazan y hostigan a los activistas de los derechos indígenas. Solo cuando la presión de la opinión pública alcanza a las personas más importantes del país, como el presidente, las autoridades locales comienzan a mostrar algún tipo de acción y solidaridad con los defensores.

En las últimas dos décadas, el gobierno ha aumentado el poder de la policía secreta y otras agencias de seguridad, compara a los defensores de derechos humanos con espías de otras naciones.

En las últimas dos décadas, el gobierno ha aumentado el poder de la policía secreta y otras agencias de seguridad, al mismo tiempo que refuerza su control sobre la sociedad civil y compara a los defensores de derechos humanos con espías de otras naciones. Por eso, el activismo es una tarea difícil y riesgosa. El trabajo en defensa en derechos humanos es visto por buena parte de la sociedad y por las autoridades rusas como algo poco patriótico. Esto significa que los defensores dependen de sí mismos. Quienes plantean el derecho a la autodeterminación son acusados de tener simpatías secesionistas, mientras que los defensores que alcanzan plataformas internacionales para exponer el historial de derechos humanos en Rusia son tratados con hostilidad. En 2014, se les impidió dejar el país a un número de activistas que iban a la Conferencia Internacional de los Derechos Indígenas, incluido el experto Rodion Sulyandziga. Los métodos utilizados por las autoridades fueron desde dañar los documentos de viaje en el aeropuerto, hasta someter a los viajeros a chequeos de seguridad extensos por parte de la policía de tránsito. Mientras algunos activistas lograron llegar a la conferencia con un retraso de horas, otros debieron soportar un largo proceso de emisión de nuevos documentos.

Varios activistas indígenas de Rusia, incluido el presidente de la Asociación Rusa de Pueblos Indígenas del Norte (RAIPON), Pavel Sulyandziga, y su vicepresidente, Dmitry Berezhkov, han sido hostigados y amenazados por la policía secreta rusa, el Servicio Federal de Seguridad (FSB), y han tenido que pedir asilo político en el exterior. La defensora de los derechos de los indígenas Shor, Yana Tannangasheva, quien acusó al gobierno ruso de inacción frente a las graves violaciones de los derechos de los pueblos indígenas en la sesión 93 del comité de las Naciones Unidas sobre la eliminación de la discriminación racial, sufrió una campaña de desprestigio en su contra a nivel local y nacional. Tras ser forzada a renunciar en el colegio donde trabajaba como maestra y sufrir una serie de amenazas, se exilió de Rusia con su familia.

El movimiento indígena ruso ha sido reducido a un pequeño número de grupos activistas y organizaciones al borde de la supervivencia.”

El acoso a activistas de los derechos indígenas no está limitado a los defensores rusos. En 2019, el experto alemán Johannes Rohr recibió la prohibición de entrar al país por 50 años. El caso de Rohr fue solo uno en una lista cada vez más grande de activistas de los derechos humanos cuyas visitas a Rusia fueron calificadas como “amenazas a la seguridad nacional” por el FSB y está en línea con la campaña de difamación actual en contra de los defensores en Rusia.

A dos décadas de la llegada de Putin a la presidencia, el movimiento indígena ruso ha sido reducido a un pequeño número de grupos activistas y organizaciones al borde de la supervivencia. La aprobación de leyes draconianas en 2012 que regulan las actividades de organizaciones de la sociedad civil que sean consideradas “políticas” por el gobierno han hecho que sea casi imposible discutir temas críticos para los pueblos indígenas, tales como la expansión del extractivismo en sus territorios o la ausencia efectiva de un proceso genuino de Consentimiento Libre, Previo e Informado en Rusia.

Un gran número de organizaciones indígenas han sido forzadas a cerrar, entre ellas el Centro de Apoyo a los Pueblos Indígenas del Norte, que está acreditado por varias agencias de la ONU y cuyo director es actualmente miembro del Mecanismo Experto sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Las organizaciones que sobrevivieron limitan su accionar a actividades no sensibles, como las artes tradicionales, la cultura oral y la asistencia social. A menudo reciben fondos de las mismas compañías que despojan de tierras a las comunidades indígenas y contaminan sus territorios, su aire y su agua.

Sin razones para el optimismo

Al igual que en muchos otros lugares del planeta, los pueblos indígenas de Rusia han sufrido a manos de los intereses que desean sus territorios. Primero fue el Estado ruso en expansión, que sometió a los pueblos indígenas al pago de impuestos, luego fue el Estado soviético que los forzó a adoptar su modelo de sociedad. Hoy son sometidos por las empresas que junto al Estado extraen recursos que se hallan en sus tierras y territorios. Desde el primer encuentro con el Estado ruso, los derechos, intereses y necesidades de los pueblos indígenas rara vez fueron tenidos en consideración. La opinión de los pueblos indígenas acerca de las innovaciones e iniciativas que afectan sus vidas nunca fue consultada genuinamente.

Los primeros 15 años que siguieron a la liberalización de los ‘80 ofrecieron una ventana de oportunidad para que pudieran decidir por ellos mismos. Sin embargo, esa posibilidad fue rápidamente destruida con la llegada de Putin a la presidencia. A medida que Rusia profundiza su aislamiento político, se agrava el menosprecio de los derechos humanos e indígenas internacionalmente reconocidos. En este contexto, a pesar de la lucha valiente y audaz de los activistas indígenas y sus comunidades, es difícil prever una mejora de su situación.

 

[Fotos: Nelli Slupachik – fuente: http://www.debatesindigenas.org]

Pandemia mostra: o fim do mundo que conhecíamos já começou, e seu desmoronar pode ser brutal. Três grandes tendências entrarão em choque. Há chance de evitar o futuro-distopia – mesmo que ele já esteja cravado em nós

Escrito por Boaventura de Sousa Santos

A pandemia do novo coronavírus veio pôr em causa muitas das certezas políticas que pareciam ter-se consolidado nos últimos quarenta anos, sobretudo no chamado Norte global. As principais certezas eram: o triunfo final do capitalismo sobre o seu grande concorrente histórico, o socialismo soviético; a prioridade dos mercados na regulação da vida não só econômica como social, com a consequente privatização e desregulação da economia e das políticas sociais e a redução do papel do Estado na regulação da vida coletiva; a globalização da economia assente nas vantagens comparativas na produção e distribuição; a brutal flexibilização (precarização) das relações de trabalho como condição para o aumento do emprego e o crescimento da economia. No seu conjunto, estas certezas constituíam a ordem neoliberal. Esta ordem alimentava-se da desordem na vida das pessoas, sobretudo das que chegaram à vida adulta durante estas décadas. Basta recordar que a geração dos jovens que entrou no mercado de trabalho na primeira década de 2000 já conheceu duas crises econômicas, a de 2008 e a atual crise decorrente da pandemia. Mas a pandemia significou muito mais que isso. Mostrou, nomeadamente, que é: o Estado (e não os mercados) que pode proteger a vida dos cidadãos; que a globalização pode pôr em perigo a sobrevivência dos cidadãos se cada país não produzir os bens essenciais; que os trabalhadores com empregos precários são os mais atingidos por não terem qualquer fonte de rendimento ou proteção social quando o emprego termina, uma experiência que o Sul global conhece há muito; que as alternativas social-democratas e socialistas voltaram à imaginação de muitos, não só porque a destruição ecológica causada pela expansão infinita do capitalismo atingiu limites extremos, como porque, afinal, os países que não privatizaram nem descapitalizaram os seus laboratórios parecem ter sido os mais eficazes na produção e mais justos na distribuição de vacinas (Rússia e China).

Não admira que os analistas financeiros ao serviço dos que criaram a ordem neoliberal prevejam agora que estamos a entrar numa nova era, a era da desordem. Compreende-se que assim seja uma vez que não sabem imaginar nada fora do catecismo neoliberal. O diagnóstico que fazem é muito lúcido e as preocupações que revelam são reais. Vejamos alguns dos seus traços principais. Os salários dos trabalhadores no Norte global estagnaram nos últimos trinta anos e as desigualdades sociais não cessaram de aumentar. A pandemia veio agravar a situação e é muito provável que dê azo a muita agitação social. Neste período, houve, de fato, uma luta de classes dos ricos contra os pobres, e a resistência dos até agora derrotados pode surgir a qualquer momento. Os impérios em fase final de declínio tendem a escolher figuras caricaturais, sejam elas Boris Johnson na Inglaterra ou Donald Trump nos EUA, que apenas aceleram o fim. A dívida externa de muitos países em resultado da pandemia será impagável e insustentável e os mercados financeiros não parecem ter consciência disso. O mesmo sucederá com o endividamento das famílias, sobretudo de classe média, já que foi este o único recurso que tiveram para manter um certo nível de vida. Alguns países escolheram o caminho fácil do turismo internacional (hotelaria e restauração), uma atividade por excelência presencial que vai sofrer de incerteza permanente. A China acelerou a sua caminhada para voltar a ser a primeira economia do mundo, como foi durante séculos até o início do século XIX. A segunda onda de globalização capitalista (1980-2020) chegou ao fim e não se sabe o que vem depois. A época da privatização das políticas sociais (nomeadamente, da medicina) com largas perspectivas de lucro parece ter chegado ao fim.

Estes diagnósticos, por vezes desassombrados, dão a entender que vamos entrar num período de opções mais decisivas e menos cômodas do que as que vigoraram nas últimas décadas. Antevejo três caminhos principais. Designo o primeiro por negacionismo. Não partilha o carácter dramático da avaliação exposta atrás. Não vê na atual crise nenhuma ameaça ao capitalismo. Pelo contrário, acha que ele se fortaleceu com a crise atual. Afinal, o número dos bilionários não cessou de aumentar durante a pandemia e, aliás, houve sectores que viram aumentar os seus lucros em resultado da pandemia (veja-se o caso da Amazon ou das tecnologias de comunicação, Zoom, por exemplo). Reconhece-se que a crise social vai agravar-se; para a conter, o Estado apenas tem de reforçar o seu sistema de “lei e ordem”, fortalecer a sua capacidade de reprimir os protestos sociais que já começaram a acontecer, e que certamente irão aumentar, ampliando os corpos de polícia, retreinando o exército para atuar contra “inimigos internos”, intensificando o sistema de vigilância digital, ampliando o sistema prisional. Neste cenário, o neoliberalismo vai continuar a dominar a economia e a sociedade. Admite-se que será um neoliberalismo geneticamente modificado para poder defender-se do vírus chinês. Entenda-se, um neoliberalismo em tempo de intensificada guerra fria com a China e, por isso, combinado com algum tribalismo nacionalista.

A segunda opção é a que corresponde mais fielmente aos interesses dos sectores que reconhecem serem necessárias reformas para que o sistema possa continuar a funcionar, ou seja, para que a rentabilidade do capital possa continuar a estar garantida. Designo esta opção por gatopardismo, com referência ao romance Il Gattopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1958): é preciso que haja mudanças para que tudo fique na mesma, para que o essencial esteja garantido. Por exemplo, deve ampliar-se o sector público da saúde e reduzir as desigualdades sociais, mas não se pensa em alterar o sistema produtivo ou o sistema financeiro, a exploração dos recursos naturais, a destruição da natureza ou os modelos de consumo. Esta posição reconhece implicitamente que o negacionismo pode vir a dominar e teme que, a prazo, isso leve à inviabilidade do gatopardismo. A legitimidade do gatopardismo está baseada numa convivência que se sedimentou nos últimos quarenta anos entre capitalismo e democracia, uma democracia de baixa intensidade e bem domesticada, para não pôr em causa o modelo econômico e social, mas, mesmo assim, garantindo alguns direitos humanos que tornam mais difícil a recusa radical do sistema e a insurgência antissistêmica. Sem a válvula de segurança das reformas, acabará a paz social mínima e, sem ela, a repressão será inevitável.

Há, no entanto, uma terceira posição que designo por transicionismo. Por enquanto habita apenas no inconformismo angustiado que aflora em múltiplos lugares: no ativismo ecológico dos jovens urbanos, um pouco por todo o mundo; na indignação e na resistência dos camponeses, povos indígenas e afrodescendentes e povos das florestas e das regiões ribeirinhas perante a invasão impune dos seus territórios e o abandono do Estado em tempos de pandemia; na reivindicação da importância das tarefas de cuidado a cargo das mulheres, ora no anonimato das famílias, ora nas lutas dos movimentos populares, ora à frente de governos e das políticas de saúde de vários países; num novo ativismo rebelde de artistas plásticos, poetas, grupos de teatro, rappers, sobretudo nas periferias das grandes cidades, um conjunto vasto a que podemos dar o nome de artivismo. Esta é a posição que vê na pandemia o sinal de que o modelo civilizacional que domina o mundo desde o século XVI chegou ao fim e que é necessário iniciar uma transição para outro ou outros modelos civilizacionais. O modelo atual assenta na exploração sem limites da natureza e dos seres humanos, na ideia do crescimento econômico infinito, na prioridade do individualismo e da propriedade privada, no secularismo. Este modelo permitiu avanços tecnológicos impressionantes mas concentrou os benefícios em alguns grupos sociais, ao mesmo tempo que causou e legitimou a exclusão de outros grupos sociais, aliás maioritários, por via de três modos de dominação principais: exploração dos trabalhadores (capitalismo), racismo legitimador de massacres e pilhagens de raças consideradas inferiores e apropriação dos seus recursos e saberes (colonialismo) e sexismo legitimador da desvalorização do trabalho de cuidado das mulheres e da violência sistêmica contra elas nos espaços doméstico e público (patriarcado).

A pandemia, ao mesmo tempo que agravou estas desigualdades e discriminações, tornou mais evidente que, se não mudarmos de modelo civilizacional, novas pandemias continuarão a fustigar a humanidade e os danos que elas causarão na vida humana e não humana são imprevisíveis. Como não se pode mudar de modelo civilizacional de um dia para o outro, é necessário começar a desenhar políticas de transição. Daí a designação de transicionismo.

Em meu entender, o transicionismo, apesar de ser uma posição por agora minoritária, é a posição que me parece carregar mais futuro e menos desgraça para a vida humana e não humana do planeta. Merece, pois, mais atenção. Partindo dela, podemos antecipar que vamos entrar numa era de transição paradigmática feita de várias transições. As transições ocorrem quando um modo dominante de vida individual e coletiva, criado por determinado sistema econômico, social, político e cultural, começa a revelar crescentes dificuldades em reproduzir-se, ao mesmo tempo que, no seu seio, começam a germinar, de modo cada vez menos marginal, sinais e práticas que apontam para outros modos de vida qualitativamente distintos. A ideia da transição é uma ideia intensamente política porque pressupõe a existência alternativa entre dois horizontes possíveis, um distópico e outro utópico. Vista do transicionismo, o não fazer nada, que é próprio do negacionismo, implica, de fato, uma transição, mas uma transição regressiva para um futuro irremediavelmente distópico, um futuro em que se intensificarão e multiplicarão todos os males ou disfunções do tempo presente, um futuro sem futuro, já que a vida humana se irá tornar invivível, como já o é para muitas pessoas no nosso mundo. Pelo contrário, o transicionismo aponta para um horizonte utópico. E como a utopia por definição nunca se atinge, a transição é potencialmente infinita, mas nem por isso menos urgente. Se não começarmos já, amanhã pode ser demasiado tarde, como nos advertem quer os cientistas das mudanças climáticas e do aquecimento global, quer os camponeses que sofrem os efeitos dramáticos dos eventos climáticos extremos. A característica principal das transições é que nunca se sabe ao certo quando começam e quando terminam. É bem possível que o nosso tempo seja avaliado no futuro de modo diferente daquele que hoje defendemos. Pode mesmo vir a considerar-se que a transição já começou, mas sofre constantes bloqueios. A outra característica das transições é que ela é pouco visível para os que a vivem. Essa relativa invisibilidade é o outro lado da semicegueira com que temos de viver o tempo de transição. É um tempo de tentativa e erro, de avanços e recuos, de mudanças persistentes e efêmeras, de modas e obsolescências, de partidas disfarçadas de chegadas e vice-versa. A transição só é plenamente identificável depois de acontecer.

O negacionismo, o gatopardismo e o transicionismo vão enfrentar-se nos próximos tempos, e o enfrentamento será provavelmente menos pacífico e democrático do que desejaríamos. Uma coisa é certa, o tempo das grandes transições inscreveu-se na pele do nosso tempo e é bem possível que venha a contradizer o verso de Dante. Escreveu Dante que a seta que se vê vir vem mais devagar (che saetta previsa viene più lenta). Estamos a ver a seta da catástrofe ecológica a vir na nossa direção. Vem tão rápida que por vezes dá a sensação de já se ter cravado em nós. Se for possível removê-la, não será sem dor.

 

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

''Há um crescimento visível da candidatura do binômio do MAS, com Luis Arce e David Choquehuanca'', afirmou Mario Tordolla, presidente da Associação dos Bolivianos Unidos pela Whipala (LWS)

 »Há um crescimento visível da candidatura do binômio do MAS, com Luis Arce e David Choquehuanca », afirmou Mario Tordolla, presidente da Associação dos Bolivianos Unidos pela Whipala (LWS)

 

Escrito por Leonardo Wexell Severo

A comunidade boliviana voltou às ruas da capital paulista neste domingo para exigir “respeito à democracia” e condenar a tentativa da autoproclamada presidente Jeanine Áñez de fraudar as eleições de 18 de outubro em favor de uma candidatura “manipulada pelo império”.

Concentrados em frente ao Museu de Arte de São Paulo (MASP), dialogando com a população, os manifestantes alertaram que “pelo menos 5.000 dos 45.000 eleitores bolivianos moradores no Brasil não terão acesso às urnas”. A situação é mais grave, apontaram, pois, 15.000 deles ainda não foi sequer informado do local de votação.

Entoando “garantam nosso voto!”, levantando cartazes patrióticos, e balões com as cores verde, amarela e vermelha da Bolívia, a comunidade denunciou que o prévio afastamento de eleitores majoritariamente simpatizantes do Movimento ao Socialismo (MAS) é uma forma de interferir abertamente nas eleições. E que, “mais do que cúmplice”, a Organização dos Estados Americanos (OEA) vem sendo um “instrumento para falsificar e contaminar todo o processo”.

“Mais do que uma traição, 30% dos eleitores não terem onde votar a duas semanas das eleições é uma tentativa de fraudar o processo democrático pelo qual tanto lutamos. É um golpe e não vamos permitir. A pátria se respeita! Saí da Bolívia, mas a Bolívia não sai de mim”, afirmou Mario Tordolla, presidente da Associação dos Bolivianos Unidos pela Whipala. Segundo Tordolla, “há um crescimento visível da candidatura do binômio do MAS, com Luis Arce e David Choquehuanca, que se está espraiando e fortalecendo pela profundidade do seu compromisso”.

“Criar obstáculos à participação é um atentado à democracia, é um atentado ao direito ao voto”, declarou Oscar Nacho, presidente da Juventude Boliviana de São Paulo, para quem “a única coisa que querem é impedir a vitória de Arce e Choquehuanca, que lideram todas as pesquisas”.

Na avaliação de Nacho, da mesma forma com que no Brasil, Evo Morales fez mais de 71% dos votos nas eleições do ano passado, há uma identidade com a candidatura do MAS, “porque o binômio representa a defesa da Pátria, da nacionalização dos recursos naturais, do desenvolvimento”. Na questão do lítio, especificamente, ressaltou, “a diferença com os demais candidatos fica bem clara, porque todos os outros querem a privatização, a negação da soberania, a dependência”. “Por isso são contra a democracia”, protestou.

DERROTAR A MANIPULAÇÃO

Dirigente da Organização de Mulheres Bolivianas na capital paulista, Yolanda Cortez sublinhou que a manipulação com que o órgão eleitoral e o consulado vêm agindo junto com o governo de Áñez visa “calar a boca de quem pensa diferente, impondo normas, mudando horários, reprimindo”. “Agem como máfia para cortar nossos direitos. Mas nós, como Bartolina Sisa [líder indígena que comandou várias batalhas contra o domínio espanhol], estamos aqui para defender nossos filhos e netos. Nossa Bolívia sempre estará de pé, nunca de joelhos”, apontou.

“Há uma completa falta de transparência no atual processo eleitoral, em que não sabemos nem quantos nem onde estão os recintos eleitorais. Queremos os locais com nome e sobrenome”, defendeu o licenciado Rubén Éguez. Isso é essencial, acrescentou, “para que possamos buscar parcerias com igrejas, sindicatos e associações a fim de viabilizar eleições limpas em espaços públicos”. “Também exigimos que, se a OEA vai mandar observadores, que não sejam cartas marcadas, para que haja democracia e imparcialidade”, frisou Équez.

Para a presidente da Organização de Mulheres da Bolívia em São Paulo, Sandra Joaquina Flores, “há uma lógica dependente com que os ianques querem fazer o país permanecer atrelado a eles”. “Os golpistas nos governaram por 500 anos e o que tivemos foi fome, miséria e analfabetismo. Os 14 anos do presidente Evo Morales representaram uma Bolívia diferente, por isso desrespeitaram o resultado das urnas. Para derrotar o atraso, estamos lutando. Queremos construir um novo tempo”, assegurou.

O presidente da Associação de Bolivianos de Bady Bassitt, Mario Martínez, disse que tinha vindo deste pequeno município no dia interior para “assegurar e fortalecer a voz da democracia, que o governo golpista tanto quer calar”. “É inaceitável que a mentira seja imposta como norma, como a fabricada pela OEA no ano passado e que depois demonstrou ser tudo uma farsa. Estamos aqui para defender a presença dos órgãos internacionais, porque a OEA está viciada”, sustentou.

 

 

[Fonte: http://www.cartamaior.com.br]

 

 

 

El Festival de Cinema Indígena de Barcelona se celebra en línia a través de la plataforma indifest.org entre el 8 i el 12 d’octubre coincidint amb el dia de la Hispanitat

Fotograma de la pel·lícula The Last Guardians

 

Escrit per Joana de Querol

“Transnacionals, Aigua i Pandèmia” és el lema de la XIII edició del INDIFEST, Festival de Cinema Indígena de Barcelona, que se celebra del 8 al 12 d’octubre. Organitzat per alterNativa Intercanvi amb Pobles Indígenes en col·laboració amb la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI), enguany serà exclusivament en línia a través de la plataforma www.indifest.org.

A través d’un seguit de projeccions, seccions d’incidència política que consisteixen en videocàpsules d’accions polítiques, i conversatoris es mostra la vulneració de drets i la usurpació de terres i recursos bàsics realitzada il·lícitament per grans empreses transnacionals i els mateixos estats que afecta directament als pobles i comunitats indígenes. Des d’alterNativa Intercanvi amb Pobles Indígenes es vol donar veu a un tipus de cinema que surt dels paradigmes del cinema comercial, on sovint el missatge queda eclipsat per la tècnica. La comunicació és estratègia de protecció, exigibilitat i resistència. Per aquest motiu és tan important donar cabuda a aquest tipus de festivals que mostren realitats i problemàtiques que a priori ens semblen alienes a la nostra, però que cal defensar i escoltar, ja que finalment tots formem part del mateix món.

“Indifest vol donar veu a un tipus de cinema que surt dels paradigmes del cinema comercial, on sovint el missatge queda eclipsat per la tècnica”

El festival té una durada de cinc dies i cada un d’ells se centra en una temàtica concreta. El dia 8 d’octubre s’inicia la programació amb el primer eix, “Identitat i pandèmia. Alternatives des del bon viure dels pobles” on es mostren les maneres alternatives de viure dels pobles originaris amb la participació de Domingo Hernández Ixcoy (Guatemala) i Cecilia Moreta (Equador). El segon dia es titula “Aigua és vida. Territori i Transnacionals”, on s’abordarà el conflicte entre els pobles indígenes amb les empreses hidroelèctriques i es projectarà un dels documentals destacats de l’edició “La Sangre de la Tierra” (2019) de Félix Zurita de Higues. El tercer dia de festival, el 10 d’octubre, s’ha emmarcat sota el títol “Defensores. Criminalització i Judicialització” on es comptarà amb la participació d’Edgar de León (Guatemala) advocat de Bernardo Caal Xol, activista empresonat per la defensa dels rius Oxec i Cahabón, i Jakeline Romero Epiayu (Colòmbia), defensora de drets humans wayúu al departament de la Guajira, nord-est de Colòmbia, entre d’altres. L’11 d’octubre es dedicarà a tota la feina que durant trenta anys la CLACPI ha realitzat per tal de donar suport i cultivar la producció i difusió de cinema i vídeo indígena. Finalment, el darrer dia del festival és el dia 12, dia de la Hispanitat, i per aquest motiu es vol donar especial èmfasi a la lluita i resistència dels pobles indígenes sota el títol “Especial 12 d’octubre. Resistències indígenes” on es parlarà de la lluita dels pobles per donar sortida a les seves veus, silenciades i estigmatitzades des de fa més de cinc-cents anys.

En aquesta XIII edició del festival es donaran per primer cop dos premis: un Premi del jurat i un Premi del públic. De tota manera, a causa de la pandèmia se celebrarà únicament en línia, i les pel·lícules es podran veure i votar a partir del 8 d’octubre i fins al dia 16 a través del web www.indifest.org, incloent-hi els debats organitzats i la resta de continguts del festival. La situació actual derivada de la pandèmia ha afectat greument a tots els pobles del món, però especialment ha comportat grans dificultats per als pobles indígenes, que veuen amenaçada la seva supervivència. INDIFEST denúncia l’activitat de les grans empreses transnacionals que estan deixant pobles i comunitats indígenes al caire de la desaparició.

 

[Font: http://www.nuvol.com]

 

Ongan, lo dich Jorn del Despassament es arribat tres setmanas pus tard a causa dels confinaments

Imaxe

L’umanitat a ja consumat totas las ressorsas naturalas que la Tèrra pòt produire en un an. Lo 22 d’agost passat, la planeta intrèt en deficit ecologic, çò anoncièt Global Footprint Network (GFN) —qu’estúdia las ressorsas mondialas que se consuman e cossí se gerisson— en tot avertir que, dempuèi aquel jorn, l’umanitat viu “a crèdit de la planeta e de las generacions futuras, en subresplechant las ressorsas naturalas e en amolonant de carbòni dins l’atmosfèra”.

Aquela data se nomena Jorn del Despassament. L’an passat se fixèt al 29 de julhet mas ongan es arribada al 22 d’agost. S’agís de la reduccion pus granda dels darrièrs 50 ans. Aquela reduccion s’atribuís als efièches del confinament deguts a la pandemia de la covid-19.

“Mòu la data”

De tot biais, lo Jorn del Despassament data s’es rebatut suls rets socials amb l’etiqueta #MoveTheDate, “mòu la data”. GFN òbra per que se faga d’esfòrces per consumar mens de ressorsas e aital diferir aquel jorn. Se capitam a retardar aquela data de cinc jorns cada annada, en 2050 poiriam viure tornarmai amb la capacitat normala de la planeta.

Consumam mai de ressorsas que las que pòt produire la planeta

L’òme consuma fòrça mai de ressorsas que las que pòt produire la planeta. Segon los calculs del GFN, per cobrir la demanda de ressorsas del consum uman, caldriá una planeta e mièja, e se contunham de manténer aquel nivèl, a la mitat de sègle caldrà ja doas planetas. Mathis Wackernagel, fondador del GFN, explica qu’aqueles darrièrs cinquanta ans lo deficit ecologic a crescut d’una manièra exponenciala, e que n’i a pas mai pro amb una planeta per satisfar tot lo consum e absorbir tot lo curum.

“La degradacion de l’environament mena inevitablament a una diminucion de las tèrras productivas; aital nòstre deute aumenta e condemnam las generacions futuras”, çò avertís lo GFN. Segon lors donadas, la causa màger del deficit son las emissions de CO₂, qu’equivalon al 55% de l’impacte environamental; lo rèsta ven de l’esplecha de las ressorsas naturalas.

[Imatge: TCDgreenlabs – poblejat dins http://www.jornalet.com]

 

La pandèmia que estem vivint ens planteja diverses qüestions fonamentals entorn del nostre model de creixement

Isaias Fanlo

Escrit per Isaias Fanlo

Passejar pel centre de Barcelona és, aquests dies, una experiència gairebé paradoxal. D’una banda, la quantitat desoladora de persianes de comerços abaixades apunta cap a una fallida massiva i letal: són la imatge visible de la crisi que tenim a sobre, la magnitud de la qual encara no coneixem. D’altra banda però, els carrers tranquils, pràcticament despullats de turistes, conviden a una pau que molts no sentíem des de fa dècades al Born o al Gòtic (jo només la recordo els meus primers anys a Barcelona, coincidint amb el canvi de mil·lenni). Aquests dies no se sent la cridòria de la turistada que s’amuntega davant dels monuments i dels carrers de Ciutat Vella, sinó la remor plàcida d’una font o el parrupeig de coloms i tórtores. Nenes i nens juguen a la Plaça de la Catedral i a la Plaça Reial. L’altre dia vaig treure el cap per la Plaça Sant Felip Neri i m’hi vaig trobar una coral que aprofitava el silenci i l’acústica excel·lent de l’indret per assajar. Em va semblar, us ho juro, emocionant. Tinc la sensació que els racons ja no fan tanta olor de pixat, que no hi ha tants vòmits, tanta brossa. Com diu el clixé, la natura reclama allò que és seu. I els barcelonins, també.

En aquest context, resulta inevitable plantejar-nos quin tipus de ciutat (i de país) volem. Darrerament penso molt en l’incendi que va devastar la ciutat de Chicago l’any 1871. Una tragèdia insòlita, que va destrossar un gran nombre de vides però que també va suposar una segona oportunitat perquè la ciutat renasqués de les seves cendres, com una au fènix: és aleshores quan comencen a pensar-se els primers gratacels, més segurs i més rendibles, i quan la ciutat comença a créixer cap amunt.

Aquests dies el New York Times s’ha fet ressò d’un article que s’ha fet viral, on l’autor proclama la defunció de Nova York, a causa de la pandèmia. Quina miopia, penso! Si Nova York està tocada de mort no és a causa de la pandèmia, sinó a causa de l’especulació immobiliària salvatge (llegeixin Times Square Red / Times Square Blue de Samuel Delaney, o The Gentrification of the Mind de Sarah Schulman!). Si Nova York ha deixat de ser una ciutat valenta i bohèmia és perquè la gent que vol experimentar i arriscar no es pot permetre pagar cinc-mil dòlars al mes per viure en un estudi insalubre encaixonat en un soterrani. En realitat, el que ha fet la covid-19 ha estat accelerar un procés de destrucció que ja existia, i posar de manifest la crisi d’un model de fer ciutat.

La pandèmia ha arrasat el model de creixement que hem tingut fins ara. Un model suïcida a llarg termini, insostenible a tots els nivells, basat en el lliure mercat i el turisme descontrolat

Poso aquests exemples de Nova York i de Chicago perquè trobo que és important notar que Barcelona, ara mateix, es troba davant la seva pròpia tabula rasa. La pandèmia de la covid-19 ha arrasat el model de creixement que hem tingut fins ara. Un model suïcida a llarg termini, insostenible a tots els nivells, basat en el lliure mercat i el turisme descontrolat, que ha permès que els edificis dels barris del centre (del Born a Sant Antoni i el Poble-sec) es buidessin de famílies locals i s’omplissin de pisos turístics per a estades temporals. Adéu, petit comerç; adéu fruita, verdura, peix fresc; adéu, restaurants populars; adéu, dinàmiques de barri; hola, fruita tallada i envasada en plàstic per al consum immediat; hola, multinacionals de lloguer d’apartaments turístics; hola, creuers de luxe, gentrificació, abús dels recursos naturals, lloguers abusius, desnonaments, sangria barata, paella precuinada.

La pandèmia que estem vivint ens planteja diverses qüestions fonamentals entorn del nostre model de creixement. Sé que no és fàcil, perquè ara tocarà tornar a aixecar el cap, però tenim la responsabilitat indefugible de redefinir-nos com a societat. És ara o mai. Calen estímuls per recuperar els pisos turístics per a la ciutadania, cal tornar a omplir els barris de gent que s’hi quedi a viure. Cal promoure un turisme respectuós i conscient. Ja hem vist que el model que hem tingut fins ara és tan insostenible com fràgil: a la primera adversitat s’ha enfonsat com un castell de cartes. Necessitem un turisme que visiti Barcelona i vagi més enllà de la postaleta i la selfie, que vingui a conèixer la cultura de la ciutat. Un turisme que vingui a banyar-se a les platges i a menjar als restaurants, però també al MACBA o al Mercat de les Flors.

Començar de nou ha de significar, també, repensar la relació entre Barcelona i Catalunya. Fa unes setmanes escrivia aquí mateix que vivim en un país malalt de macrocefàlia, molt més centralista que França o que Espanya, que promou el desequilibri territorial amb una capital que vampiritza gairebé tots els recursos. Cal trencar la jerarquia entre la metròpoli i els altres nuclis (urbans i rurals), pensar en clau de xarxa, i portar més institucions fora de Barcelona. Cal establir aliances entre altres poblacions. Cal crear una xarxa cultural potent dotada de recursos per produir de manera consistent, i no només per acollir el que es fa a la capital (és important de cara a generar discursos que pensin la societat de manera descentralitzada i polièdrica). Cal reforçar el transport públic interurbà: en un país tan petit, viure fora de Barcelona hauria de ser una benedicció, i no una mena de recurs que hom accepta amb resignació.

Cal que la ciutadania estigui a l’aguait i no permeti intents de retorn al model anterior, descontrolat i basat en el profit individual i a curt termini.

Per aconseguir tot això, cal que l’Ajuntament i la Generalitat dissenyin un pla estratègic coordinat, intel·ligent i sostenible. I que l’apliqui amb rigor i generositat. Cal, també, que la ciutadania estigui a l’aguait i no permeti intents de retorn al model anterior, descontrolat i basat en el profit individual i a curt termini. És trist que hagi de passar una desgràcia com aquesta per pensar-hi, però tenim l’oportunitat de canviar les coses i redreçar el rumb d’una ciutat que semblava abocada a esdevenir un parc temàtic, un menú de fast food turístic internacional. Aprofitem-la, perquè potser serà l’última oportunitat que tindrem. Ara que encara podem fer-ho, salvem Barcelona.

 

[Font: http://www.nuvol.com]

(Paulo Pinto/Fotos Públicas)

Escrito por Boaventura de Sousa Santos

A consulta a qualquer dicionário de língua moderna escrita leva-nos a concluir que o vernáculo e o utópico são conceitos opostos. Enquanto o vernáculo (do latim, vernaculus,) significa o próprio de um país concreto, de um local ou de uma região, o utópico (de Utopia, título do famoso livro de Thomas More [1516]) significa o que caracterizaria um governo imaginário em nenhum lugar específico. Em sentido figurado, enquanto o vernáculo é o correcto, puro, da terra, o utópico é o fantasioso, imaginário, quimérico. Neste texto, procuro mostrar que, ao contrário desta aparente contradição e do consenso dos dicionários a seu respeito, há mais cumplicidades entre os dois termos do que se pode imaginar, e que essas cumplicidades se têm vindo a tornar mais visíveis em tempos recentes.

O título deste texto foi inspirado pelo trabalho de um dos mais notáveis e mais esquecidos teóricos marxistas do século passado, Teodor Shanin, que realizou um trabalho pioneiro para resgatar a riqueza, a diversidade e o carácter dinâmico do pensamento de Karl Marx (contra todas as ortodoxias, marxistas e não marxistas). Shanin dedicou-se, em especial, a mostrar a importância do trabalho não publicado por Marx depois da publicação do primeiro volume de Das Kapital em 1867 (a última obra de vulto que publicou em vida) até à sua morte em 1883, o “Marx tardio”, nada mais nada menos que 30.000 páginas de apontamentos. Até à publicação de O capital, e apesar de ter lido mais do que qualquer outro teórico europeu seu contemporâneo sobre a história das sociedades não europeias, nomeadamente asiáticas, Marx analisou-as de uma perspectiva eurocêntrica, evolucionista, centrada na ideia de que tais sociedades representavam estágios anteriores e irremediavelmente ultrapassados das sociedades capitalistas desenvolvidas da Europa. Mesmo no caso destas, a única que foi analisada por si com impressionante detalhe e lucidez foi a Inglaterra, a economia capitalista mais desenvolvida do seu tempo.

Atento aos movimentos revolucionários que emergiam em plena Europa e que não se compaginavam com o modelo de revolução proletária que tinha teorizado, Marx passou a dar-lhes uma atenção privilegiada em vez de os ignorar ou de os quadrar à força na sua teoria. Se isto é verdade no caso da Comuna de Paris de 1871, ainda o é mais no caso do movimento populista revolucionário russo, de base camponesa, muito forte nas décadas de 1870 e de 1880. Para entender o que se passava na Rússia, Marx começou a estudar russo obsessivamente (como se fosse “uma questão de vida ou de morte”, como se queixou a sua mulher em carta a Engels, fiel companheiro e colaborador de Marx). A partir de então e até à sua morte, a heterogeneidade das histórias e das transformações sociais passou a ser um facto central nas reflexões de Marx. As consequências teóricas não se fizeram esperar: não há leis monolíticas de desenvolvimento social; não há uma, mas várias vias para chegar ao socialismo, e as análises de O capital só são inteiramente válidas para o caso da Inglaterra; os camponeses, longe de serem um obstáculo ou um resíduo histórico, podem, em certas circunstâncias, ser um sujeito revolucionário. Tudo isto soava estranho, teoricamente impuro e “pouco marxista” aos olhos da maioria dos marxistas do final do século XIX. Esta evolução do pensamento de Marx chegou a ser considerada sinal de debilidade mental associada à velhice, e uma das quatro versões da carta de Marx dirigida a uma populista russa, Vera Zazulich, foi censurada pelos marxistas russos e só foi publicada em…1924. Curiosamente, as mesmas críticas de impureza teórica foram dirigidas a Lenine pelos seus camaradas depois de 1905-7.

Quais eram afinal os pecados de Marx? Eram dois. Por um lado, ter dado valor aos contextos e experiências locais, vernáculas, apesar de eles se desviarem dos padrões supostamente universais. Por outro lado, atribuir valor positivo e até utópico ao que era antigo, aparentemente residual (a comuna camponesa russa assente na propriedade comunitária e na democracia de base, ainda que sempre sob a vigilância do Estado despótico czarista) e desafiava, pelo seu voluntarismo e moralismo, as leis objectivas (e a-morais) da evolução social que ele próprio tinha descoberto.

Tudo isto parece história de um passado longínquo e sem relevância para o nosso presente e futuro, mas na verdade não é assim. Este género de debate, sobre a necessidade de procurar nas tradições as energias e as pistas para futuros melhores e, mais em geral, sobre as dificuldades de a teoria pura, qualquer que ela seja, dar conta da realidade sempre rebelde e sempre em movimento, acompanhou todo o século passado, e penso que nos vai acompanhar no século actual. A título de exemplo, menciono dois contextos muito diferentes em que o debate esteve presente (se é que não continua a estar). Deixo de lado o facto de nenhum dos processos revolucionários que se estabilizou no século passado ter sido protagonizado pela classe operária nos termos precisos previstos pela teoria marxista, das revoluções russas de 1905 e 1917 à revolução mexicana de 1910, das revoluções chinesas de 1910, 1927-37 e 1949 à revolução vietnamita de 1945 e à revolução cubana de 1959. Em todas elas, o protagonista foi o povo trabalhador oprimido no campo e na cidade, e em algumas delas os camponeses tiveram um papel decisivo.

O primeiro contexto foi o da descolonização no subcontinente asiático (sobretudo na Índia) e em África. Em todos os processos de independência esteve presente o dilema entre ser dificuldade ou oportunidade o facto de as realidades locais se afastarem tanto das realidades europeias estudadas por Marx que só com muitas adaptações se poderiam imaginar revoluções nacionalistas de vocação socialista em versão marxista. No caso da Índia, o debate foi aceso no seio das forças nacionalistas: de um lado, a posição de Nehru, que associava o socialismo à modernização da Índia, em termos próximos dos da modernização europeia; do outro, Gandhi, para quem a riqueza da cultura e das experiências comunitárias da Índia ofereciam a melhor garantia de libertação real. Em 1947, prevaleceu a posição de Nehru, mas a tradição gandhiana continuou viva e operativa até hoje. Em África, o arco temporal vai de 1957 (a independência do Gana) a 1975 (a independência das colónias portuguesas). Sob pena de cometer alguma omissão, penso que os quatros líderes mais notáveis da luta de libertação anticolonial foram Kwame Nkrumah (Gana), Julius Nyerere (Tanzania), Leopold Senghor (Senegal) e Amílcar Cabral (Guiné-Bissau). Todos eles viveram intensamente o debate sobre o valor do vernáculo africano e todos eles procuraram, ainda que de maneira distinta, neutralizar o eurocentrismo de Marx e imaginar futuros para os seus países que valorizassem a cultura, as tradições e modos de vida africanos. Cada um à sua maneira contribuiu para a ideia do socialismo africano que reivindicava a diversidade das vias para o desenvolvimento em que o humanismo africano assumia o lugar do progresso unilinear e a todo o custo, e em que as experiências ancestrais de vida comunitária tinham mais prioridade que a luta de classes. Estava presente em todos eles a possibilidade de o vernáculo local e ancestral se transformar na ideia mobilizadora de uma utopia de libertação. Obviamente, tal como no Marx tardio, que nenhum deles conhecia, o vernáculo teria de ser adaptado para libertar o seu potencial utópico.

Quando em 1975, as então colónias portuguesas ascenderam à independência, as condições do debate tinham-se alterado profundamente devido ao contexto externo e também ao conhecimento da evolução das experiências anteriores de independência no continente. Mesmo assim, a tensão entre o vernáculo e o utópico manifestou-se de múltiplas formas. Para dar apenas um exemplo, em Moçambique, o partido Frelimo começou por ter uma posição hostil em relação a tudo o que era tradicional porque via nele um passado irremediavelmente adulterado pela violência colonial. Foi assim hostil à continuidade das autoridades tradicionais que administravam justiça de modo informal, por membros da comunidade e com recurso aos sistemas de justiça africanos. No entanto, o desmantelamento deste sistema de autoridades comunitárias causou tamanha perturbação nos modos de convivência pacífica nas comunidades onde de qualquer modo não chegava a justiça oficial, que o governo voltou atrás e legitimou, já em 2000, estas autoridades, que hoje funcionam em paralelo com tribunais comunitários. De modo semelhante, na Guiné-Bissau e em Cabo Verde os tribunais de tabanca persistiram com o nome tribunais de zona.

O segundo contexto, muito diferente e bem mais recente, teve lugar no México com o levantamento zapatista em Chiapas, em 1994, e na Bolívia e no Equador, com os processos constituintes que se seguiram às vitórias nas eleições presidenciais de Evo Morales (2006) e de Rafael Correa (2007). A experiência zapatista representa uma das mais complexas combinações entre o vernáculo e o utópico, combinando até hoje os ideais de libertação social e política com a valorização da cultura e das experiências comunitárias dos povos indígenas do sul do México. Um entendimento contra-hegemónico dos ideais dos direitos humanos articula-se com uma reivindicação radical de autogoverno e de inovação constante a partir do próprio e do ancestral. Por sua vez, as duas experiências democráticas na Bolívia e no Equador ocorreram depois de décadas de mobilização dos povos indígenas, de tal modo que as cosmovisões ancestrais indígenas imprimiram de forma decisiva a sua marca nas Constituições do Equador (2008) e da Bolívia (2009). A ideia do desenvolvimento foi substituída pela ideia de bem viver, a concepção da natureza como recurso natural foi substituída pela concepção da natureza como pachamama, a mãe-terra que deve ser cuidada e cujos direitos estão especificamente consagrados no artigo 71 da Constituição equatoriana. A articulação entre o vernáculo e utópico, entre o passado e o futuro, colhia o entusiasmo dos movimentos ecologistas urbanos de muitos países que, sem nada saberem da filosofia indígena, se sentiam atraídos pelo respeito que dela emergia pelos valores do cuidado da natureza e da consciência ecológica que os mobilizava. Tal como acontecera antes com os zapatistas, a nova e inovadora ênfase no vernáculo e no local criava linguagens que transcendiam o local e se integravam em narrativas emancipatórias cosmopolitas com registo anticapitalista, anticolonialista e antipatriarcal.

Esta tensão criadora entre o vernáculo e o utópico não acabou com as experiências históricas que acabei de referir. Ouso pensar que nos vai acompanhar neste século, certamente fortalecida pelas alternativas que se abrem no período pós-pandemia. Começa a ser evidente que se as sociedades e as economias não adoptarem outros modos de vida que não os assentes na exploração injusta e sem limites dos recursos naturais e dos recursos humanos, a vida humana no planeta corre risco de extinção.

 

 

[Foto: Paulo Pinto/Fotos Públicas – fonte: http://www.cartamaior.com.br]

Conversatorio virtual “Juguetes como forma de conectar a los niños de la ciudad con el Chaco y las comunidades wichí”, a realizarse en 14 de agosto, a las 16h de Buenos Aires 14:00 horas UTC (Perú, Ecuador, Colombia y México).

El viernes 14 de agosto se realizará un evento virtual para presentar una novedosa iniciativa que busca generar alianzas entre artesanos y artistas indígenas para crear productos y juguetes sustentables.

Con ocasión del Día del Niño, el proyecto denominado Kurumi, que significa « niño o niña » en tupí-guaraní, se propone que las familias compartan tiempo y aprendan sobre culturas originarias y biodiversidad a través del juego.

Al mismo tiempo, representa una nueva oportunidad de fuente de ingresos para comunidades originarias en América Latina, por ahora en el Chaco argentino, las cuales enfrentan altos niveles de deforestación en sus territorios.

La iniciativa trabaja con artesanos y artistas de comunidades wichí, que viven en el Gran Chaco, el bosque seco más grande de América del Sur, ubicado en el noroeste de Argentina.

El Gran Chaco es uno de los ecosistemas más amenazados del planeta, principalmente por la deforestación causada por la producción ganadera y la ampliación de la frontera agropecuaria.

En el futuro, Kurumi planea expandir su trabajo a otras comunidades originarias y en otros ecosistemas.

Cómo nace Kurumi

« La idea de Kurumi nació de mi experiencia personal”, cuenta Paula Ellinger, activista e investigadora dedicada a temas de cambio climático en América Latina desde hace más de una década.

« Cuando fui mamá, me di cuenta del enorme impacto ambiental de cosas desde pañales descartables a juguetes de plástico. La indústria de juguetes de hecho crece cinco veces más rápido que la población mundial infantil. »

« Invertimos tantos recursos en un futuro que nadie de nosotros quiere para nuestros niños y niñas », cuenta Ellinger.

« Yo empecé a imaginar cuánto cambio podríamos generar si esos recursos estuvieran yendo a comunidades originarias y a la restauración del planeta. »

Primeros pasos

La primera actividad de Kurumi incluye un libro de actividades infantil que lleva a los pequeños y pequeñas lectoras en un viaje imaginario a una comunidad wichí, además del diseño de dos prototipos de productos infantiles hechos por artesanos wichís.

Ellinger y sus socios también está ayudando a promover otros productos hechos por comunidades wichís por medio de la plataforma Kurumi donde se encuentran disponibles.

Aliados

« Comunidades indígenas manejan cerca de un cuarto de los sumideros de carbono del mundo y 80% de la biodiversidad global, pero enfrentan una alta presión sobre sus recursos por la deforestación y ahora la crisis del COVID-19 aumenta sus situación de vulnerabilidad”, señala Beto Borges, de Forest Trends.

Forest Trends es una ONG que trabaja con pueblos indígenas y otras comunidades locales para asegurar sus derechos, apoyar sus culturas y fuentes de ingreso y conservar sus bosques, la cual es aliada del proyecto Kurumi.

« Muchas comunidades wichís viven en condiciones de pobreza material iguales o peores que en el resto de América Latina. Pero mantienen una relación de cuidado única de la naturaleza, que es lo que explica porqué este inmenso bosque seco sigue existiendo”, dice Chris Van Dam.

Chris Van Dam es el creador de VinculARTE – Artesanías de Comunidades, una iniciativa de Salta, Argentina, que promueve artesanías tradicionales de comunidades originarias del Chaco, Yungas y Puna.

« Kurumi se basa en la idea de que cuidar del planeta e interesarse por las comunidades indígenas es clave en la educación de niños y niñas, en generarles valores diferentes, que hacen a la equidad, a la solidaridad y al interés por la naturaleza y por el otro”, puntualiza Chris.

Campaña de financiamiento

Para apalancar recursos para desarrollar una primera serie de juguetes y artículos para niños y niñas, Kurumi ha lanzado una campaña de financiamiento mediante crowdfunding.

« Cuando tuvimos la idea de Kurumi como una solución al problema de destrucción ecológica y cambio climático, no sabíamos si era una locura o una urgencia. Decidimos que era una urgencia”, cuenta Sanny Purwin, cofundadora de Kurumi.

Eventos virtuales

Kurumi va a realizar una serie de eventos virtuales explorando temas de crianza de nuestros hijos e hijas en un contexto de cambio climático y cómo la industria del juguete puede apoyar a mejorar la calidad de vida de las comunidades originarias y a la vez la conservación de sus bosques.

También va a explorar estrategias para permitir que niños y niñas de la ciudad comprendan que en su propio país existen otros niños y niñas que viven en culturas diferentes y en problemáticas complejas.

Algunos de los panelistas invitados serán educadores, expertos en salud mental y ecoansiedad, representantes de comunidades originarias, diseñadores e investigadores.

La primera actividad en español será el conversatorio virtual “Juguetes como forma de conectar a los niños de la ciudad con el Chaco y las comunidades wichí”, a realizarse en 14 de agosto, a las 16h de Buenos Aires.

Sobre Kurumi

Kurumi es una iniciativa que busca conectar personas que buscan regalos infantiles con impacto social y ambiental positivo con comunidades tradicionales que buscan formas de acceder a los mercados en condiciones de más equidad. Junto a artesanos y artistas indígenas, diseñadores y educadores, codiseña y recomienda productos hechos por comunidades locales con materiales sustentables, fomentando el cuidado al planeta y el respeto a culturas tradicionales.

Kurumi también fomenta la discusión y el análisis sobre cómo la industria de juguetes puede volverse una fuerza motriz para un futuro más sustentable. Forest Trends Forest Trends trabaja para conservar los bosques y otros ecosistemas por medio de la creación y adopción de una amplia gama de mecanismos financieros, de mercado, de incentivos y de pagos ambientales.

La iniciativa de Comunidades y Gobernanza Territorial es una de las áreas de Forest Trends, que promueve alianzas con comunidades originarias y otras comunidades del bosque en innovaciones que aseguren sus derechos, su buen vivir y fortalece su cultura por medio de una estrategia basada en la defensa de sus derechos, la economía indígena y su identidad cultural.

Sobre VinculARTE

VinculARTE es una ventana para artesanos de comunidades indígenas y campesinas que tienen dificultades para acceder al mercado en condiciones de equidad. Las artesanías que se venden en VinculARTE fomentan el uso sostenible de recursos amenazados como el chaguar, el palo santo, el palo borracho y el carandillo, y contribuye a cuidar los saberes y tradiciones de estas comunidades, así como los ecosistemas donde habitan (como las Yungas o el Monte Chaqueño) del avance de la frontera agropecuaria. VinculARTE trabaja con 14 comunidades wichí, chané, pilagá y kolla de Salta, Formosa y Jujuy.

 

[Fuente: http://www.servindi.org]

Les peuples d’Amérique du Sud peuvent pousser les héritiers de la tradition occidentale à rectifier leurs concepts, notamment ceux grâce auxquels l’Occident les a colonisés.

Écrit par Christian RUBY

Idées pour retarder la fin du monde
Ailton Krenak
2020
Dehors
64 pages

« Nous », ici les Occidentaux, devons prendre très au sérieux ce qui se trame en ce début de XXIème siècle. Notamment la nécessité de déréaliser nos conceptions de la culture, afin de mieux réaliser de la culture dans des rapports d’échanges entre des peuples qui représentent des mondes différents. Après les processus de décolonisation, les mouvements sociaux et culturels de la fin du XXème siècle, ce sont probablement des mouvements de décentrement culturels sans précédents qui sont en train de provoquer des séismes culturels conséquents. Nous devons prendre le pli d’en observer les directions. Tel est le décor dans lequel l’opuscule présenté ici se présente.

Sous la forme d’une belle édition, trois textes, originellement des conférences parues en portugais (Brésil), entièrement révisées par l’auteur pour l’édition française, arrivent à nous. L’auteur ? Ailton Krenak, né en 1953. Il vient du peuple krenak, ce nom d’un peuple dont l’auteur nous explique l’origine (kre = tête, nak = terre, soit « tête de la terre »), vivant dans la vallée du rio Doce, État de Minas Gerais (Brésil). Il fait partie des figures émergées à la fin des années 1970, dans le contexte du « grand réveil » des peuples autochtones de ce pays.

Les trois textes portent l’un, plutôt sur la notion d’humanité, l’autre plutôt sur le partage des mondes, et le dernier, plutôt sur le rapport aux sciences. L’ouvrage est par ailleurs postfacé par Eduardo Viveiros de Castro, et il est accompagné de photographies. Elles sont présentées en avant des textes. En noir et blanc, elles décrivent les situations d’appropriation économique capitaliste des terres et des personnes dont il est question dans les trois interventions de l’auteur. Les légendes précisent les contextes : la déforestation dans la région d’Altamira, une coulée de boue causée par la rupture d’un barrage à Mariana, une photo d’une mobilisation des peuples autochtones du Brésil pendant la constituante de 1988. Précisons, après la chute, en 1985, des généraux, arrivés au pouvoir avec le coup d’État d’avril 1964. Et revenons aux photos : incendies encore, site minier en terre forestière, et surtout la photographie de la mise en garde de Tuira Kayapo à l’endroit du directeur de la société Eletronorte, lors d’une rencontre avec les peuples indigènes mobilisés contre la construction d’un barrage par cette société.

Ceci complète fort bien les éléments dont nous disposons pour situer l’auteur : l’environnement de vie des peuples autochtones au Brésil est profondément affecté par les activités d’extraction minière. Néanmoins, en 1988, lors de la rédaction de la nouvelle constitution, ces peuples ont pu obtenir la reconnaissance juridique des droits pour les cultures et les terres indigènes. Ailton Krenak participe à la création de l’Union des nations indigènes. Militant du mouvement environnemental, il organise dès 1989 l’Alliance des peuples de la forêt, et défend auprès de l’UNESCO le projet de création d’une réserve de biosphère qui verra le jour en 2005. Depuis 2013, il dispense un cours à l’université ouverte du Brésil.

La fin du monde

Le titre de l’opuscule, ainsi que l’indique l’auteur, est une provocation. Il tient à une préoccupation de ses activités habituelles tout à coup dérangée par un coup de téléphone. Le correspondant lui propose de prononcer une conférence. Il sollicite un titre. Spontanément, l’auteur propose : « Idées pour retarder la fin du monde ».

À nos oreilles, cette idée de fin du monde a bien une résonance culturelle. Pour une période récente, il suffit de relire les ouvrages de Ernesto De Martino (La fin du monde, essai sur les apocalypses culturelles, EHESS, 2016), et de Jean-Paul Engélibert (Fabuler la fin du monde, La puissance critique des fictions d’apocalypse, La Découverte, 2019), pour le constater.

Mais dans le cas qui nous occupe ici, ces « idées pour combattre la fin de monde » ont un autre ressort, bien cadré par une anecdote. Il s’agit cette fois de s’inquiéter simultanément d’un monde qu’on assassine et d’une fin du monde qui se profile dans un horizon proche, en révélant la faillite d’une certain idée d’humanité porteuse d’agents voués à la destruction physique des peuples autres et du monde même.

Un anthropologue européen, au début du XXème siècle, recherche en territoire hopi une ancienne avec laquelle il voulait réaliser un entretien. Lors de la rencontre celle-ci est demeurée immobile près d’un rocher. Le chercheur crut qu’elle ne voulait pas parler avec lui. En réalité, indique l’interprète, elle parlait avec sa sœur. Objection, dit le chercheur : « c’est une pierre ». Et l’interprète de répondre : « En effet, et où est le problème » ! Sans doute, faut-il s’aider de la lecture de l’ouvrage de Philippe Descola (Par-delà nature et culture, 2005) pour comprendre finalement moins ce que ce propos indique que la distance qui nous sépare de cette manière de penser le monde, dès lors que nous ne songeons qu’à soumettre la terre à nos industries : « Nous – cette fois, les peuples autochtones – sommes tellement bouleversés par les transformations que subissent les régions que nous habitons… que nous ne parvenons simplement pas à nous lever et à reprendre notre souffle », écrit l’auteur. La terre n’est pas une ressource, mais notre « grand père » !

Cette fois, la « fin du monde », c’est donc plutôt l’imminence de l’incapacité de la terre à soutenir nos demandes, l’épuisement des forêts, des fleuves, des montagnes, la dissolution de tout partage possible du monde du fait des abus de ce que « nous », occidentaux, appelons « raison » et qui n’est souvent qu’une pensée technologique attachée à la capitalocène. De là les matériaux toxiques épandus sur des kilomètres de fleuves, des barrages qui s’effondrent, des rivières polluées, etc.

Il convient donc de réfléchir, dans ce contexte, au rôle qu’on a voulu faire jouer aux peuples autochtones dans le succès du projet des forces coloniales d’épuisement de la nature. Les colons auraient bien aimé les enrôler. Mais ils ont résisté, et résistent encore (l’élection de Jair Bolsonaro, en 2018, n’ayant rien arrangé, au contraire).

Le « rêve de la pierre »

Cette dernière expression provient d’une partie du titre d’un film consacré à Ailton Krenak, projeté en 2017 à Lisbonne, à l’occasion de la désignation de cette ville comme capitale ibéro-américaine et d’une conférence donnée par l’anthropologue Eduardo Viveiros de Castro. Réalisé par Marco Altberg, ce film permet d’orienter vers le point central des discussions soulevées par Ailton Krenak dans le livre présenté ici. Ces discussions tournent autour de deux interrogations complémentaires : comment s’est construite l’idée d’humanité articulée à la culture dominante de l’État-nation ? N’est-elle pas l’origine des choix de vie que « nous » faisons et qui justifient l’usage de tant de violences dans l’histoire ?

Il est entendu parce que, par ces notions, l’homme blanc européen a conçu une vision exclusive de l’humanité, celle qui la divise en « humanité éclairée » et « humanité sauvage ». Laquelle a poussé la première à chercher à irradier la seconde de ses lumières. Et l’auteur de souligner : « cette aspiration au cœur de la civilisation européenne a toujours été justifiée par le postulat qu’il n’existe qu’une manière d’être sur terre ». Ce qui n’est pas juste. Les peuples indigènes brésiliens, mais aussi ailleurs, tissent des relations différentes avec les lieux dans lesquels ils vivent.

Néanmoins, dans cet ordre, les bonnes volontés ne manquent pas qui ne saisissent pas vraiment les enjeux et ne comprennent toujours pas comment on peut utiliser le « nous » d’une humanité une ou d’une humanité sans s’arrêter sur le rapport « nous »/« autre ». La preuve : dans de très nombreux cas, au lieu d’interroger, voire de réviser entièrement ses conceptions du monde, on se contente de chercher à préserver quelques échantillons des peuples « autres » sur des terres « réservées ». Ainsi les petits-enfants de nos contemporains pourront rendre visite à quelques survivants dans des territoires devenus des musées.

La servitude volontaire

Dès lors, accepter ces délimitations accordées par compassion à certaines cultures, revient à actualiser, répète l’auteur, « notre » (celle de ces peuples) vieille disposition à la servitude volontaire. Mieux vaudrait comprendre que les principes mêmes à partir desquels ces problèmes sont posés sont erronés.

Cela impose d’entendre que l’on ne peut à la fois poser une notion d’humanité une et d’une humanité et déposséder une partie de ceux qui la composent des conditions minimales qui leur permettraient de subvenir à leurs besoins. Cela impose aussi une réflexion sur la notion de « Terre », et plus encore sur les différentes manières de se rapporter à ce que chaque culture appelle « la terre » et qui finalement n’est pas identique partout. Dans le cas de Ailton Krenak, il faut tenir compte de personnes qui peuvent à la fois vivre avec l’esprit de la forêt (en un sens non romantique), vivre avec la forêt et être dans la forêt. Les Favelas sont désormais remplies de ces personnes qui ont été arrachées à leurs collectifs d’origine et à leur terre et ont été jetés dans « ce broyeur » appelé « humanité », auquel elles n’ont d’autre choix que de se soumettre.

En vérité, ce tout petit volume pose de multiples questions complémentaires à celles soulevées, parmi lesquelles celles de savoir comment approcher les pensées développées par Ailton Krenak afin que cette approche ne soit pas une nouvelle manière de se pencher sur la pensée des « autres » en inventant encore n’importe quoi pour les maintenir dans la dépossession fabriquée par un humanisme meurtrier. Il pose réciproquement la question du type de crédibilité que beaucoup de nos contemporains lui accordent, surtout lorsqu’elle se fonde sur une ignorance assez massive de la pensée occidentale. Il pose enfin la question de savoir comment discuter sérieusement d’une culture à une autre, en mesurant chacun nos impasses et nos erreurs historiques. L’écologie des savoirs n’en est encore qu’à ses premiers pas. Mais l’idée d’une politique internationale, qui devrait donc réunir des citoyens de la cité et des citoyens de la forêt (la florestania, décrite par Ailton Krenak à propos des peuples autochtones), n’est toujours pas à l’ordre du jour.

Compter les uns sur les autres

Cette phrase, c’est en quelque sorte la conclusion proposée par Ailton Krenak. Ne pouvons-nous apprendre à partager des mondes différents, des espaces considérés comme parents (peuples autochtones) ou ressources (Occident) selon les cas, une diversité culturelle féconde ? Cela signifierait du moins « que nous sommes capables de nous attirer les uns les autres par nos différences ». C’est donc bien le concept d’humanité, tel que constitué jusqu’à présent, qui doit être entièrement repensé. Et comment ? Ailton Krenak propose d’insister sur l’Anthropocène, ce mot qui nous indique que nous marquons la planète terre d’une empreinte si forte qu’elle provoque un changement d’ère géologique, et nous rappelle les conséquences de nos actions sur les générations futures. Simultanément, dit-il, nous pourrions partager un monde plein de signification, plutôt que ce monde vide de sens dans lequel nous errons. Nous pourrions nous charger de nouvelles responsabilités au lieu de nous laisser aller aux lois du marché. Nous pourrions contribuer à sauver telle ou telle ethnie, ce qui reviendrait à nous sauver nous-mêmes, peut-être dans l’horizon des peuples que l’on a appris à considérer trop longtemps comme des peuples seulement survivants.

 

[Source : http://www.nonfiction.fr]

El hallazgo de un inmenso altar fúnebre azteca permite reflexionar sobre las urgencias actuales sin fantasías atávicas pero con un nítido sentido de la historia y los desafíos del presente.

 

Escrito por 

México vive la peor violencia desde la Revolución (1910-1920); sin embargo, en su primer informe de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador dedicó 40 segundos al tema.

El crimen organizado ocupa el territorio y diversifica su economía. A la piratería, el secuestro, la trata y el narcotráfico, añade el robo de combustible, los narcocréditos, la agricultura de exportación, la minería, el control del agua, el cobro de derecho de suelo e incluso prácticas clientelistas como el reparto de alimentos y medicinas.

La soberanía nacional es relativa, según confirmó el periodista de El País Jacobo García en su alucinante viaje por la región de Michoacán, donde se cultiva el 70 por ciento de la producción mundial de aguacate: “La carretera de la muerte no es la que recorre Los Andes o la ladera de los Anapurna, sino los 36 kilómetros que unen Jalisco y Michoacán a través de Jilotitlán”, escribió en septiembre de 2019, luego de recorrer parajes que le recordaron escenas de guerra en Siria, Irak y Afganistán.

El país se desgaja sin una política de seguridad que haga frente a la situación. López Obrador cortó con las fallidas estrategias anteriores, medida imprescindible, pero los asesinatos aumentan. ¿Hay salida? La respuesta equivale a un vacío: 40 segundos de informe presidencial.

Mientras esto sucede, los arqueólogos hallan restos del imperio azteca que remiten a una violencia remota. ¿Podemos vernos reflejados en esos saldos del origen como si nos asomáramos al Espejo Humeante de Tezcatlipoca, Señor de la Fatalidad, donde el ser humano debía escrutar su condición inescapable?

La Ciudad de México tiene otra ciudad bajo la tierra. Por códices prehispánicos y crónicas de frailes y conquistadores, los arqueólogos saben de la existencia de sitios que no han sido explorados.

La céntrica calle de República de Guatemala se extiende sobre la antigua ruta sagrada de la muerte. Ahí se encontraba el juego de pelota azteca, donde el perdedor era ofrendado a los dioses, y en 2006 ahí fue hallada la efigie de Tlaltecuhtli, deidad dual, masculina y femenina, que devora las inmundicias y da a luz nueva vida.

En 2015 se descubrió el vestigio más importante en la relación de los antiguos mexicanos con la muerte: el tzompantli, inmenso altar de cráneos. En el número 24 de Guatemala la remodelación de una casa confirmó que excavar en esa parte de la ciudad es una arqueología accidental. En este caso, se encontró la base de una torre de cráneos consagrada a Huitzilopochtli, dios del sol y la guerra. Durante la conquista, Andrés de Tapia, soldado de Hernán Cortés, creyó distinguir ahí 136.000 cráneos y el fraile Diego Durán, 80.000, cifras seguramente exageradas por el temor reverencial que provocaba esa empalizada fúnebre. En Muerte a filo de obsidiana, Eduardo Matos Moctezuma, quien condujo la exploración del Templo Mayor, define al tzompantli como “la manifestación más evidente del control político-religioso” que la jerarquía de sacerdotes y militares ejercía sobre su propio pueblo.

A partir de octubre de 2016, el arqueólogo Raúl Barrera se hizo cargo de los trabajos en Guatemala 24. El sitio aún no ha sido abierto al público, pero pude visitarlo el 16 de noviembre de 2017, dos meses después del terremoto que derribó numerosos edificios en la ciudad. La casona colonial resistió de milagro los embates telúricos y la excavación en el sótano. Vigas de madera, dispuestas en equis, apuntalan los muros. A unos metros, el Museo del Templo Mayor muestra una representación en piedra del tzompantli. Esa asombrosa geometría de la muerte no deja de ser abstracta. El enjambre de cráneos que sale del lodo en Guatemala 24 no suplanta un hecho; lo constata: miles de cuencas vacías escrutan la nada desde hace quinientos años.

De acuerdo con Barrera, la mayoría de los sacrificados eran cautivos de guerra y se llegaron a incluir cráneos de españoles. La principal revelación de campo ha sido que, aunque el 75 por ciento de los restos pertenecen a hombres, el 25 por ciento es de mujeres y niños. En la economía sacrificial de los aztecas, destinada a pacificar dioses veleidosos, había que ofrendar prisioneros, pero también prescindir de lo más querido. La vida no se despreciaba; aumentaba de valor al entregarse de ese modo.

La torre de cráneos semidescarnados de casi cinco metros de diámetro realzaba el poder político-religioso en Tenochtitlan. Una ciudad de alrededor 250.000 habitantes confluía en ese escenario. Ante ese trato con la muerte, conviene recordar lo que Georges Dumézil escribió a propósito de las “rarezas” del pasado: interpretar los “hechos religiosos arcaicos” en su justa dimensión implica prescindir de “las ideas bárbaras y engañosas que las escuelas imaginan”. En La muerte entre los mexicas, Matos Moctezuma entiende así el tzompantli: “Los dioses, a veces beligerantes, a veces benévolos, deberán ser ofrendados por diversos medios para que jueguen un papel que tienen encomendado dentro de la estructura universal. Entre lo más preciado que el hombre posee está el hombre mismo, de allí que el sacrificio de su vida conlleve, en buena medida, la continuación del movimiento por medio del cual hay vida”.

Hace unos días le pregunté a Matos Moctezuma sobre la cantidad de cráneos que esperan hallar en el tzompantli: “Un cálculo preliminar podría dar unos 2000 cráneos, pero Raúl Barrera cree que podrían ser 5000, y hay que recordar que se iban quitando algunos y colocando otros nuevos”, comenta.

Toda estadística fúnebre es excesiva: cada hueso constata un fin irreparable. Los cráneos ensartados en el tzompantli integran un ábaco de ofrendas a los dioses. Aunque no es fácil contemplarlo, responde a un significado; el sacrificio era una plegaria: alimentaba al sol para que no dejara de brillar.

En Guatemala 24 la tierra conserva la humedad de la laguna que fue sepultada para edificar la Ciudad de México. Ahí, los siglos enrarecen el aire y los cráneos enrarecen el presente. El mundo del sacrificio azteca nos resulta ajeno, pero hay claves para entenderlo. En comparación, el México contemporáneo es más absurdo. ¿Cómo explicar un país de fosas clandestinas (más de 3000 en los últimos 14 años) donde se muere sin otra causa que el despojo?

El 26 de junio, a las 6:35 de la mañana, un camión bloqueó Paseo de la Reforma, emblemática avenida de la Ciudad de México, y 28 sicarios balacearon el coche de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Ciudadana. Viajaba con dos escoltas que fallecieron, al igual que una vendedora que pasaba por la zona. García Harfuch sobrevivió gracias al blindaje nivel 5 plus del vehículo. Tres horas después del atentado escribió en Twitter: “Esta mañana fuimos cobardemente atacados por el CJNG (Cártel Jalisco Nueva Generación)[…], tengo tres impactos de bala y varias esquirlas”.

Los atacantes fueron repelidos por cuatro guardaespaldas que iban en otro coche, que quedó fuera del cerco de fuego, y por patrullas que llegaron un minuto después. Veintiún sospechosos han sido arrestados. El atentado fue un notable fracaso, pero lo que llama la atención no es la impericia de quienes dispararon más de 150 balazos sin dar con su objetivo, sino su espectacularidad, el despliegue teatral de la osadía. La prioridad no era asesinar, sino demostrar que eso es posible en el corazón de la capital mexicana.

En sintonía con esta estrategia, el 17 de julio circuló un video en el que el Cártel Jalisco Nueva Generación despliega sus tropas. La cámara recorre una larguísima fila de vehículos pintados de camuflaje. En cada portezuela, una calavera y las siglas CJNG acreditan al “grupo de élite”. Un ejército encapuchado alza el puño y grita: “¡Pura gente del Mencho!”, en alusión a su líder, Nemesio Oseguera Cervantes.

Días después, el “Doble R”, miembro prominente del cártel, aclaró: “Nuestra guerra no es contra el pueblo ni es contra el gobierno”. Según esta versión, el desfile estaba destinado a amedrentar al “Marro”, José Antonio Yépez Ortiz, líder del competidor Cártel de Santa Rosa de Lima.

El narcotráfico ejerce un poderío visible al tiempo que el gobierno se repliega. La Guardia Nacional creada por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador estaba destinada a reunir y coordinar grupos judiciales dispersos; sin embargo, desde su creación ha debido atender otras tareas. La más importante es la contención de migrantes a Estados Unidos. Donald Trump desistió de su amenaza de aumentar los aranceles a las exportaciones mexicanas a cambio de que se controlara el tráfico de indocumentados. De este modo canjeó un tema económico por una exigencia migratoria, convirtiendo a la Guardia Nacional en extensión de la Border Patrol. Su promesa de que México pagaría por construir un muro en la frontera encontró una forma perversa de volverse cierta: el ejército mexicano debe actuar como una pared cuyo espesor va de Centroamérica al río Bravo.

La distracción de las fuerzas federales en tareas migratorias, a las que se añade el control de puertos y aduanas, y las restricciones de la pandemia (circunstancia aprovechada por el narco y de la que Ioan Grillo escribió en estas páginas), dificulta el combate al crimen organizado.

¿Hay una estrategia clara al respecto? López Obrador ha hecho llamados morales a los capos, pidiendo que piensen en sus madres y aconsejando repartir “abrazos, no balazos”. Ante la violencia ha usado expresiones de repudio infantil: “¡fuchi, guacala!”. Mientras tanto, los asesinatos aumentan: la BBC informó que en 2019, primer año del actual gobierno, se cometieron 34,582 homicidios dolosos, un 2.5 por ciento más que en 2018, hasta entonces el año más cruento en nuestra historia reciente.

De manera encomiable, López Obrador se propuso acabar con la política de “guerra contra las drogas” que el presidente panista Felipe Calderón calcó de la gestión de Richard Nixon y del Plan Colombia. Ordenó que el ejército saliera de sus cuarteles en diciembre de 2006, a dos semanas de haber asumido la presidencia, cuando la oposición cuestionaba el resultado electoral. No pidió que el Congreso respaldara la medida ni la propuso en su campaña. Esa iniciativa fue, por decir lo menos, precipitada. Seis años después había más de 100.000 muertos y más de 30.000 desaparecidos. Calderón insistió en que el incremento de la violencia se debía a que los cárteles combatían entre sí por nuevas plazas; se refirió a los narcos como “los malosos”, seres extraños infiltrados en el país, sin comprender que pertenecían al tejido social y que la solución no podía ser exclusivamente militar. Al combatir fuego con fuego solo hubo un resultado: todo mexicano podía ser un “daño colateral”.

Calderón apeló a la ocupación del territorio y la presencia física del ejército. En Topología de la violencia, el filósofo Byung-Chul Han identifica esta estrategia con la dominación arcaica: “El gobierno se vale de la simbología de la sangre. La violencia directa opera como insignia de poder. En este caso, la violencia no se oculta. Se hace visible y se manifiesta. No tiene ningún tipo de pudor. No se muda ni se muestra medio desnuda, sino elocuente y sustancial”. En esa lógica, “la violencia infligida a otro aumenta la capacidad de supervivencia”.

Una fotografía alcanzó el nivel de ícono en la guerra de Calderón. En 2009, la Marina ultimó al capo Arturo Beltrán Leyva y fotografió su cuerpo desnudo, tapizado de billetes ensangrentados. Un presunto acto de justicia se convirtió en gesto de venganza.

El Estado moderno sustituye la visibilidad de la violencia por formas más opacas de control. Calderón apostó, como ahora lo hace el Cártel Jalisco Nueva Generación, por exhibir la fuerza para amedrentar al adversario. Durante su mandato, los periódicos publicaron “ejecutómetros”. El marcador rojo no favoreció al presidente panista. Calderón ignoraba la fuerza de su oponente y su grado de infiltración en los más diversos mandos del gobierno. En una batalla ante un enemigo difuso, sin nociones de frente y retaguardia, llevaba todas las de perder.

El hartazgo ante la sangre hizo que en las elecciones de 2012 el PAN quedara tercer puesto. El país prefirió el regreso del PRI, partido paleontológico que había gobernado de 1929 a 2000, y que solo se modernizó en la medida en que su candidato, Enrique Peña Nieto, lucía mejor en televisión que en la realidad.

A partir de 2012 cambió el discurso oficial. Si Calderón colocó el militarismo al centro de su gobierno y se puso un uniforme que le quedaba tan grande como los destinos del país, Peña Nieto consideró que la violencia era un problema de percepción que mejoraría al no hablar de él (con el mismo sentido de la evasión, propuso “pasar página” al caso Ayotzinapa, desapareciendo de la memoria a los desaparecidos de la realidad).

López Obrador no pertenece a la cleptocracia que gobernó el país durante casi un siglo en beneficio propio ni está dispuesto a poner en práctica las conductas represivas del PRI y el PAN. Su gobierno, avalado por 30 millones de votos, representa un corte de sentido respecto a políticas anteriores. Sin embargo, eso no basta para que tenga éxito. Su alianza con los evangelistas y los empresarios más poderosos del país, su desdén por la clase media, su apuesta por combustibles fósiles, su imparable caudillismo y su injurioso trato a ambientalistas, feministas, científicos, pueblos originarios, periodistas y víctimas de la violencia trazan el retrato de un populista conservador con ocasionales arrebatos izquierdistas.

El 17 de octubre de 2019, Ovidio Guzmán, hijo del célebre “Chapo”, fue detenido por policías antinarcóticos en Culiacán. El Cártel de Sinaloa reaccionó con una protesta que dejó 68 vehículos militares con impactos de bala, ocho muertos, 16 heridos, 19 bloqueos y un motín en la cárcel que liberó a 45 reos. Los 32 grados de temperatura de la capital sinaloense aumentaron con el fuego. En ese clima incendiario, un narco que negociaba la liberación del “Chapito” se dirigió a los militares con afrentosa superioridad: “Se te está hablando bien, suéltalo y vete tranquilo, y no se te va a hacer nada, si no te va a cargar la verga”.

En esas apremiantes circunstancias, López Obrador ordenó la liberación de Ovidio Guzmán: “No puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas”, explicó. La declaración contrasta con la de Calderón para justificar su estrategia: “Costará vidas humanas inocentes, pero vale la pena seguir adelante”.

Aunque se evitó un mal mayor, no hubo consenso en un país fracturado. López Obrador apeló a un sentido humanitario de la justicia; sin embargo, para muchos, mostró debilidad. La revista Proceso tituló así su portada: “Ustedes mandan”.

El tema es más complejo de lo que parece. En su espléndido artículo “La tentación de la guerra”, Oswaldo Zavala, profesor en la Universidad de la Ciudad de Nueva York y autor de Los cárteles no existen, señala que el operativo de Culiacán fue ordenado por el Grupo de Análisis de Información del Narcotráfico en posible coordinación con la DEA y el gobierno de Sinaloa, del PRI, siguiendo la lógica de intervención estadounidense pactada por Calderón desde 2008 en la Iniciativa Mérida. Un mes antes de la captura, el 16 de septiembre, Uttam Dhillon, entonces director interino de la DEA, estuvo en Culiacán, según reportes periodísticos. Zavala no descarta que los muchos errores del operativo hayan sido provocados voluntariamente para exhibir al gobierno. Carlos Demetrio Gaytán, subsecretario de la Defensa con Calderón, ha dicho que los militares se siente “agraviados” y “ofendidos” por una política que los excluye. Las dudas que despierta la fallida captura llevan a una pregunta: ¿a quién le interesa reactivar la “guerra contra las drogas”? “La ocupación militar y el fenómeno de la paramilitarización en México han sido un vehículo para el despojo y apropiación ilegal de tierras que permiten el avance de megaproyectos de extracción de recursos naturales como gas, petróleo y minería”, responde Zavala. Ese núcleo complejo ayuda a entender que López Obrador se haya apartado de un lance que le era ajeno en muchos sentidos.

Hace más de 2000 años, Sófocles contrastó en Antígona el derecho humanitario con las obligaciones ante el Estado. López Obrador evitó una matanza y liberó a un enemigo poderoso. La opinión pública, versión moderna del coro griego, juzgó que se trataba de un gesto de rendición, del mismo modo en que, en marzo de 2020, condenó que el presidente saludara de mano a la madre del “Chapo” y, en enero, se negara a recibir a víctimas de la violencia encabezadas por el poeta Javier Sicilia.

El presidente fue amonestado por el coro, pero Atenas lo respalda: su aceptación en abril fue de 68 por ciento, según una encuesta de El Financiero.

En 2010, Felipe Calderón ordenó que las osamentas de los héroes de la independencia fueran exhumadas para recorrer el país en un cortejo fúnebre. Los remanentes de los próceres integraron un tzompantli portátil, acorde con la hipervisibilidad del poder que el presidente panista buscaba en su “guerra contra el narcotráfico”.

López Obrador rompió en forma meritoria con esa conducta. Sin embargo, mientras el narco avanza de manera ostensible, como lo hicieron las huestes de Calderón, no parece haber una estrategia global que se le oponga. El presidente habla todas las mañanas, pero tiene el talento distractor de hablar siempre de “otra cosa”. Su gramática ante la violencia aún está por conjugarse.

Victor Hugo envió una carta a Benito Juárez pidiendo que perdonara la vida del usurpador Maximiliano: “Que el violador de sus principios sea salvado por un principio. Que tenga esta dicha y esta vergüenza”. La máxima afrenta al adversario consiste en no ser como él. El combate a la violencia pasa por no ejercerla inútilmente.

La fuerza ética de ese planteamiento es evidente, pero no basta para pacificar un país. En su torrente retórico, López Obrador no ha formulado planes específicos para recuperar el tejido social. Ante las más variadas interrogantes responde que actuará “con honestidad”, principio muy rara vez observado por sus predecesores, que, sin embargo, no garantiza el control del territorio.

El mundo náhuatl rindió religiosa pleitesía a la muerte. Al mismo tiempo, de manera rebelde, repudió esa sumisión en su poesía, cargada de angustia y tristeza ante la fugacidad de todas las cosas. Un poema anónimo pregunta: “¿Es nuestra casa la tierra?” y otro responde: “Vivimos en tierra prestada”.

En 2021 se cumplirán 500 años de la caída de Tenochtitlan. En lo que llega esa fecha, los arqueólogos liberan cráneos en el tzompantli.

Mientras tanto, México se convierte en una inmensa necrópolis, sembrada de cráneos contemporáneos. Cada reliquia exige una razón. ¿Tiene sentido la sangre derramada?

En el año más violento de nuestra historia reciente, resuena la voz del poeta náhuatl: la vida es incierta en la tierra que nos fue prestada.

Juan Villoro es escritor y periodista. Su libro más reciente es El vértigo horizontal. Una ciudad llamada México.

[Ilustración: Diego Cadena Bejarano– fuente: http://www.nytimes.com]

No twitter, bilionário respondeu provocação sobre interesse em derrubar Evo Morales para ter acesso a lítio boliviano

O lítio das baterias que alimentam os veículos da Tesla estão no pano de fundo da disputa que motivou o golpe de estado contra Evo Morales, na Bolívia.

Na sexta-feira (24), Elon Musk, diretor da empresa Tesla, dos EUA, escreveu em sua conta no Twitter: “Vamos dar golpe em quem quisermos! Lide com isso”. A ameaça foi uma resposta a uma postagem enviada ao bilionário sobre seu interesse em impedir que o ex-presidente boliviano Evo Morales continuasse no poder.

tweet que provocou Musk dizia: “Você sabe o que não interessa às pessoas? O governo dos EUA organizando um golpe contra Evo Morales na Bolívia para que você possa obter lítio lá”.

Em 12 de março de 2020, o Brasil de Fato publicou a reportagem « Elon Musk, a fábrica da Tesla no Brasil e a conquista do lítio sul-americano », de Vijay Prashad (historiador, jornalista e editor indiano) e de Alejandro Bejarano (músico, cineasta e gerente de redes sociais boliviano). O texto abordava os interesses de Musk em relação ao lítio das baterias que alimentam os veículos da Tesla, tendo como pano de fundo a disputa que motivou o golpe de Estado contra Evo Morales, na Bolívia.

Confira a reportagem completa:

Elon Musk quer construir uma fábrica de carros elétricos no Brasil. Ele deveria ter-se encontrado com Jair Bolsonaro em Miami no início de março deste ano, mas estava muito ocupado e deve vir ao Brasil em algum momento deste ano. Toda sua atenção está focada no estado de Santa Catarina, cujo secretário de relações internacionais, Derian Campos, está em contato direto com Musk.

Dois fabricantes de automóveis – BMW e General Motors – já têm fábricas em Santa Catarina. O ministro de Ciência, Comunicação, Inovação e Tecnologia, Marcos Pontes, teve uma videoconferência com Anderson Ricardo Pacheco, um executivo de alto escalão da Tesla. Com eles, estavam Daniel Freitas, um deputado, e Claiton Pacheco Galdino, diretor comercial da cidade de Criciúma. Eles esperam que a Tesla construa uma « gigafábrica » – nome que a empresa dá a fábricas grandes – na maior economia latino-americana.

Ajuda muito o fato de o Brasil possuir depósitos consideráveis de lítio – a maioria nos estados de Minas Gerais, Paraíba, Ceará e Rio Grande do Norte. A produção de lítio é limitada, em grande parte usada na produção de cerâmicos e vidro. O governo Bolsonaro tem interesse em aumentar a produção do minério, inclusive como um material essencial para as baterias de lítio íon que abastecem carros elétricos como os da Tesla. Porém, o lítio brasileiro não será suficiente. A Tesla vai ter que importar de outros lugares.

O triângulo do lítio

Mais de 50% dos depósitos de lítio globais se encontram no “Triângulo do Lítio”, com fontes do material concentradas na Argentina, Bolívia e Chile. Os desertos montanhosos da Bolívia – o Salar de Uyuni – têm de longe as maiores reservas conhecidas.

Num tweet bizarro, o empreendedor boliviano Samuel Doria Medina disse que já que Bolsonaro e Musk estão discutindo a abertura de uma fábrica da Tesla no Brasil, deveriam acrescentar nessa iniciativa o seguinte: “construir uma gigafábrica no Salar de Uyuni para fornecer baterias de lítio”.

Doria Medina não é apenas um empresário. Ele é candidato a vice-presidente ao lado da “presidente interina” Jeanine Áñez para as eleições presidenciais do dia 3 de maio de 2020. Áñez só chegou ao poder depois do golpe de Estado contra Evo Morales em novembro de 2019. Logo, as boas-vindas de Doria Medina para a Tesla devem ser vistas como tendo a autoridade do governo golpista por trás delas.

::As multinacionais, o valioso lítio da Bolívia e a urgência de um golpe::

O governo Morales teve muita cautela com essas reservas de lítio. Tinha deixado claro que esses recursos preciosos não deveriam ser entregues às multinacionais, com acordos favorecendo as empresas. Qualquer lucro vindo do lítio, Morales afirmava, deve ser compartilhado adequadamente com o povo boliviano.

O ponto principal da fala de Morales é que qualquer acordo deve ser feito em conjunto com a Comibol – a mineradora estatal boliviana – e Yacimientos de Litio – produtora de lítio estatal. Os ganhos monetários vindos da mineração deveriam entrar para os cofres públicos, e depois ser utilizados para financiar os programas sociais tão necessários no país. Essa política socialista foi demais para três grandes multinacionais – Eramet (França), FMC (Estados Unidos) e Posco da Coreia do Sul. As três se retiraram e foram para a Argentina.

O golpe do lítio

As políticas socialistas de Morales sobre os recursos naturais Bolivianos foram a morte de seu governo. A oligarquia, que estava brava com o governo Morales e seu socialismo, utilizou qualquer mecanismo possível para subverter as eleições de 2019. Incêndios florestais no norte e leste do país deram à mídia da oligarquia o pretexto para sugerir que Morales havia abandonado seu compromisso com o meio ambiente e a Pachamama (mãe natureza), e que ele estava trabalhando para beneficiar pecuaristas. É importante apontar que isso não é apenas ridículo, mas que assim que o governo Áñez tomou o poder, passou legislação permitindo que esses mesmos pecuaristas, estendessem suas terras para dentro de áreas florestadas.

O oponente de Morales – Carlos Mesa – e outros membros de partidos políticos da oligarquia, abertamente disseram bem antes das eleições que Evo só ganharia através de fraude. O autodenominado Conselho de Defesa da Democracia disse que Evo Morales era um presidente sem legitimidade, pois tinha perdido o referendo constitucional de 2016. A mídia, apoiada por esses interesses corporativos e neofascistas, empurravam a pauta de fraude, enquanto Carlos Mesa, na noite da eleição, disse que houve “fraude monumental”.

Essas provocações por parte de Mesa, os neofascistas, e a elite corporativa resultaram em violência nas ruas; no meio disso, a polícia, que tinha alguns setores irritados com os esforços anticorrupção policial de Evo Morales, fez um motim. Os 36 bolivianos que morreram na violência ocorrida logo após a eleição são vítimas do discurso inflamatório de Carlos Mesa. A Organização de Estados Americanos (OEA), incentivada pelo governo estadunidense, divulgou um “relatório preliminar” de fraude na eleição: as fortes conclusões do relatório não eram substanciadas pelas informações nele contido. O relatório foi uma peça importante em legitimar o golpe contra Morales.

É importante destacar que não houve controvérsia sobre a eleição de Morales em 2014; naquela eleição ele ganhou 61% dos votos derrotando o empresário Samuel Doria Medina, que obteve 24% (Doria Medina é a mesma pessoa que concorre à vice-presidência e entrega o lítio boliviano à Tesla). O mandato de Evo Morales de 2014 ainda não tinha terminado em novembro de 2019; a sua remoção viola o mandato de 2014, algo quase nunca sendo discutido dentro ou fora da Bolívia.

John Curiel e Jack Williams do Laboratória de Informação e Ciência Eleitoral do Massachusetts Institute of Technology (MIT) estudaram os dados das eleições bolivianas e não encontraram indícios de fraude: “Não encontramos nenhuma evidência estatística de fraude,” eles escreveram conclusivamente no Washington Post. Curiel e Williams entraram em contato com a OAS e notam, “Nós e outros acadêmicos tentamos contatar a OAS; eles não responderam”. Baseados em sua análise, eles acreditam que Morales ganhou a eleição de 2019 e deveria ter começado um novo termo esse ano.

Incrível pressão do governo golpista contra o partido de Morales (Movimento para o Socialismo, ou MAS)- e ao mesmo tempo a presença de monitores da Usaid e um dirigente da comissão eleitoral apontado pelos Estados Unidos, Salvador Romero – sugerem que as eleições do dia 3 de maio não serão nem um pouco transparentes; provavelmente favorecendo o governo golpista, incluindo o empreendedor que quer vender o lítio boliviano para a Tesla de Elon Musk, e o Brasil de Jair Bolsonaro.

Um mundo de lítio

Em 2019 um estudo da Bloomberg New Energy Finances sobre o armazenamento de energia, antecipou que até 2030 o preço de baterias de lítio íon deve cair dramaticamente, e consequentemente, energias renováveis (solar e eólica), e armazenamento de energia em baterias crescerá exponencialmente. Existe a expectativa de que até 2040 energias renováveis representariam 40% do consumo de energia global, contra os 7% que atualmente produzem. Para isso ocorrer, a demanda para o armazenamento de energia deveria aumentar. “Acreditamos que a demanda total de baterias para itens estáticos e transporte elétrico em 2040 será de 4584 Gwh (horas gigawatt), escrevem os analistas da Bloomberg, “criando uma enorme oportunidade para fabricantes de baterias e mineradores de materiais base como lítio, cobalto e níquel”. O uso atual é de apenas 17GWh.

A ideia central aqui é enfatizar, que isso vai criar “uma enorme oportunidade” para “mineradores de materiais base como lítio, cobalto e níquel”. Quando os analistas da Bloomberg usam palavras como “mineradores”, eles não se estão referindo aos mineradores bolivianos, ou aos mineradores congoleses, mas sim às multinacionais, como a Tesla, e seu chefe Elon Musk. Se depender da Bloomberg e da Áñez, a América do Sul não deve mais seguir o projeto de recursos nacionalista de Evo Morales; essa é a América do Sul de Elon Musk, um lugar para os neoconquistadores ganharem dinheiro e deixarem para trás a carnificina social.

Edição: Lucas Weber

 

[Foto: Win McNamee / Getty Images via AFP – fonte: http://www.brasildefato.com.br]

Elon Musk

Escrito por Verónica Zapata

A medida que pasa el tiempo se va develando la trama de actores protagónicos y secundarios que articularon el golpe de Estado cívico, militar y policial, con conexiones tanto internas como externas en Bolivia. Dentro del sector cívico se agrupan la O.E.A., sectores eclesiásticos, medios de comunicación, políticos, empresarios y funcionarios judiciales. Cabe destacar que hay que diferenciar responsables y cómplices para llevar a cabo un golpe de Estado diseñado y planificado desde el 2016, con el invento de un hijo a Evo Morales que llevó a la derrota en el Referéndum Constitucional. El  golpe de Estado se montó sobre un terreno fértil para ello, abonado por errores del exgobierno y la desviación de los principios ideológicos que originaron el proceso de cambio.

El 24 de julio se conoció la participación de la empresa Tesla, el mayor fabricante de autos eléctricos del mundo, en el golpe de Estado en Bolivia. Elon Musk es el fundador y director de esta empresa que diseña, fabrica y vende automóviles eléctricos, sus componentes y baterías de litio. La participación en el golpe del empresario quedó revelada con un mensaje de Twitter en el que el magnate sudafricano, nacionalizado estadounidense, se quejaba sobre los subsidios de Trump y escribió: “Un nuevo paquete de estímulos no está en lo que más le interesa a la gente”. Un internauta llamado Armani lo increpó: “¿Sabes qué no era lo mejor para la gente? El gobierno de EEUU organizando un golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia para que puedas obtener el litio allí”. El magnate respondió de forma impune: “Derrocaremos a quién querramos. Supéralo”. Luego, Evo Morales se hizo eco de esta conversación y cruzó al empresario: “@elonmusk, dueño de la fabrica más grande de autos eléctricos dice sobre el golpe de Estado en #Bolivia: “Nosotros golpearemos a quién querramos”. Otra prueba más de que el golpe fue por el litio boliviano, y dos masacres como saldo. Defendamos nuestros recursos naturales”. La publicación causó revuelo en redes sociales y miles de mensajes condenaron las palabras del magnate. Luego, Elon Musk aclaró que el litio para su empresa lo obtiene desde Australia.

La sugerencia de que EEUU pueda realizar un golpe de Estado a cualquier país sin que nadie pueda hacer nada es un mensaje amenazante para la región y deja al descubierto que el golpe llevado a cabo en Bolivia es utilizado como escarmiento para los países que no se alinean a los intereses estadounidenses. No es una novedad la participación de empresas en golpes de Estado y en guerras en la región, pero no se había visto hasta el momento semejante descaro, jactándose de tal acción de parte de un empresario. Por otro lado, las palabras del magnate revelan su participación de alguna forma y se confirma que lo que ocurrió en Bolivia el 10 de noviembre del 2019 fue un golpe de Estado, y no hubo un fraude electoral de parte del MAS como sostuvo la OEA en un informe que no presenta pruebas al respecto y que ha sido cuestionado por diversos informes independientes de diversas universidades.

Al respecto, Evo Morales siempre sostuvo la hipótesis de que el principal móvil del golpe de Estado había sido el haber dejado afuera a EEUU del proyecto de industrialización del litio que se estaba llevando a cabo en el país, en conjunto con Alemania y China.

El boicot a la industrialización del litio en Potosí y su relación con el golpe

Marcos Pumari, presidente del comité cívico potosinista (Comcipo) y actual candidato a vicepresidente en el binomio por “Creemos”, junto a Fernando Camacho fue quien lideró, antes del golpe de Estado, una feroz movilización con bloqueos y una huelga de hambre en contra del proyecto de desarrollo industrial nacional de baterías de litio en el departamento de Potosí, donde se encuentra la reserva más importante de litio. Tamaña hazaña proyectaba al país como futura potencia a nivel regional.

Esta movilización regional con bloqueos duró casi dos meses para que el 7 de octubre del 2019, dos semanas antes de las elecciones generales del 20 de octubre del 2019, anunciara una huelga general indefinida, exigiendo a Evo Morales la anulación del decreto supremo 3.738, sobre la industrialización del litio del Salar de Uyuni. Mediante el cual el Estado boliviano, a través de Yacimiento Petrolíferos Bolivianos (YPB), se asociaba con la empresa alemana ACI Systems, con el fin de de la instalación de una planta de materiales catódicos y baterías de ion litio destinadas al mercado europeo. A su vez, este decreto especificaba que Potosí recibiría una regalía del 3%. De esta manera, EEUU había quedado afuera del proyecto de industrialización del litio boliviano.

En esta sociedad mixta el accionista mayoritario sería la empresa estatal Yacimientos del Litio Boliviano (YLB) con el 51% y la empresa alemana con el 49% que aportaría tecnología, mercado y financiamiento. A su vez, YLB también había firmado contrato con la empresa Industrias Quantum Motors que posee una planta en Cochabamba, con el fin de fabricar vehículos eléctricos en serie. El 1 de octubre del 2019, Bolivia había sido noticia mundial cuando Evo Morales había presentado en un hito histórico de soberanía tecnológica del país, el primer vehículo eléctrico fabricado en territorio boliviano por Quantum, que funcionaba con baterías de litio potosino del salar de Uyuni.

Por otro lado, el país había firmado un contrato preliminar con la empresa china Xinjiang TBEA Group-Baocheng para construir plantas industrializadoras de litio en los salares de Copaisa y Pastos Grandes. A partir de un tipo de salmuera se produciría litio metálico, producto de valor en tecnología de punta. De esta manera, Bolivia sería uno de los pocos países del mundo en producirlo. La importancia del acuerdo estratégico con China consistía en que era el principal productor y exportador de autos eléctricos, además de controlar el mercado de baterías de litio y acumuladores eléctricos. Su empresa BYD fabricante de autos eléctricos había desplazado en producción a la estadounidense Tesla en ese momento.

Marcos Pumari logró hacer retroceder a Morales en esta iniciativa, acusándolo de “vendepatria” y de que “entregaría el litio a empresas extranjeras” sin que Potosí tuviera mayores beneficios. Reavivó el fantasma de la historia de la explotación que el departamento vivió durante la colonia con el oro y la plata del famoso Cerro Rico de Potosí. De esta forma, logró el apoyo de la derecha y parte de la izquierda, organizando bloqueos por toda la ciudad de Potosí, y hasta protagonizó una huelga de hambre para exigir una regalía superior al 3%.

El 3 de octubre Evo Morales cedió y rompió el contrato con la empresa alemana y se comprometió a instalar una fábrica de baterías de litio en Potosí y de trasladar la sede de YLB desde La Paz a Uyuni y negociar las regalías. Pero las exigencias de los cívicos cada vez eran mayores, de pronto se reclamaba que Potosí fuera socio y accionista y se rechazaba obtener solo regalías para acceder al 50% de las utilidades que generara esa industria. Lo que revelaba que el reclamo por el mayor ingreso de regalías por el litio era apenas una excusa con otro objetivo superior. Pumari siguió los pasos del Comité Pro Santa Cruz liderado por Fernando Camacho y se sumó a los reclamos de mayor autonomía de Potosí y hasta de un Estado federal. A ello se sumaron los reclamos contra la reelección y un supuesto fraude en las elecciones, con el objetivo de convulsionar al país para concretar un golpe de Estado que estuvo planificado al detalle con anticipación.

Los golpistas y  Elon Musk

El 1 de abril Jeanine Áñez, a través de su canciller Karen Longaric, solicitó mediante una carta a Elon Musk la donación de ventiladores para la atención de pacientes con Covid-19. Tras que el 31 de marzo el empresario desde su cuenta de Twitter había ofrecido a hospitales de todo el mundo el envió gratuito de respiradores. No se conoció respuesta del magnate a la solicitud.

Por otra parte, el 19 de febrero, luego de la revelación de Jair Bolsonaro de su objetivo de conseguir que Elon Musk anuncie la instalación de una fábrica de autos eléctricos Tesla en Brasil, Samuel Doria Medina, candidato a vicepresidente del binomio “Juntos” con Áñez, anunció en Twitter sus intenciones de entregar el litio boliviano al empresario: “@jairbolsonaro busca convencer a @elonmusk de montar una fábrica de autos eléctricos Tesla en Brasil. Propongo que hagamos un proyecto brasileño-boliviano para que nosotros pongamos las baterías de estos autos con litio de Uyuni”.

Curiosamente, el domingo 9 de noviembre, un día antes del golpe, las acciones de Tesla aumentaron exponencialmente en la bolsa de valores de Nueva York y no paran de subir en la actualidad.

Bolivia principal reserva de litio del mundo con el 60% del total

Entre el 75 y 85 % de las reservas mundiales de litio se encuentra en el denominado “Triángulo del litio” compuesto por Argentina, Bolivia y Chile, pero la mayor reserva de litio en salmueras se encuentra en el Salar de Uyuni, Potosí, territorio boliviano. El país posee una reserva de 21 millones de toneladas de litio, un 60% del total. El litio es considerado un recurso natural estratégico, clave en el cambio de matriz energética y determinante en la modificación del patrón tecnológico, ya que las baterías de ion litio impulsarán la movilidad de los autos y los acumuladores energéticos siendo un metal relevante por su uso en la vida cotidiana. Se espera que la demanda del litio llamado “nuevo oro blanco” aumente de manera exponencial, porque sirve para fabricar baterías de diferentes dispositivos como celulares, relojes electrónicos, smartphones, computadoras portátiles, cámaras de video, de foto, vidrios, aviones, barcos, medicinas y especialmente en autos eléctricos. Se estima que la demanda de este tipo de vehículos se multiplicará por 30 en los próximos 10 años.

El Dr. Ernesto Calvo, uno de los más importantes especialistas en litio de Argentina e investigador UBA-CONICET durante una entrevista el 2018, sostuvo: “El litio es el metal más liviano y además es electropositivo, lo cual permite almacenar mucha energía en muy poca masa, lo que llamamos densidad de energía, y por eso el éxito de las baterías. Los últimos 25 años vimos como cambió nuestras vidas la comunicación con celulares justamente por las baterías de ion litio, ahora supongo que los próximos 25 años veremos algo similar con los autos eléctricos”.

 

[Foto: Corevette/Flickr – fuente: http://www.pressenza.com]

María Clemencia Herrera Nemerayema (1968) ha sido galardonada hoy con el Premio Bartolomé de las Casas en su edición XXVII de 2019. La ganadora, indígena uitoto de la Amazonia colombiana, ha sido reconocida por unanimidad por su “trabajo permanente en la defensa de los territorios a partir de la recuperación de las culturas locales y del uso sostenible de los recursos amazónicos”. El jurado ha destacado asimismo su “larga trayectoria de apoyo a los procesos organizativos y políticos de los pueblos indígenas de su país”.

Herrera Nemerayema ha dedicado la mayor parte de su trayectoria profesional a las mujeres indígenas y a la Amazonia colombiana. La activista integra la Red de Mujeres Indígenas sobre Biodiversidad de América Latina y el Caribe desde hace veinte años, desde donde ha promovido políticas y programas para la protección y conservación del medio ambiente y para la mitigación y adaptación al cambio climático. Desde 2002, es miembro del Consejo Directivo del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y El Caribe (FILAC).
Fundó y coordina la Escuela de Formación Política para el Liderazgo y la Gobernabilidad de la Amazonia colombiana de la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (OPIAC), en la que se preparan jóvenes líderes para la protección de la selva amazónica. Además, es directora de la Casa Cultural Ecológica Mujer, Tejer y Saberes (MUTESA), organización indígena que impulsa la promoción empresarial, centrada en la comida y la artesanía amazónicas realizadas por mujeres víctimas desplazadas del conflicto en Colombia.
El Premio Bartolomé de las Casas se convoca anualmente desde 1991 por la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación y la Casa de América con el objetivo de promover el reconocimiento y el respeto por los derechos de los pueblos indígenas de América, así como la diversidad de sus manifestaciones culturales. Este galardón lleva el nombre del fraile dominico Bartolomé de las Casas (1484-1566), símbolo de la defensa de los derechos indígenas. El premio consiste en una dotación económica de 50.020 euros y una medalla con una efigie del fraile dominico.
El jurado ha destacado la calidad de las candidaturas presentadas en esta edición y la diversidad del trabajo de cada una de ellas, procedentes de países como México, Perú, Colombia y Guatemala.
La secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Ángeles Moreno Bau, ha ejercido como presidenta del jurado, que en esta edición ha estado compuesto por Eva del Hoyo, subdirectora general de Planificación y Coherencia de Políticas de Desarrollo Sostenible; Antonio Pérez-Hernández Torra, director general de la Casa de América; Carmen Castiella, directora en funciones de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID); María Pérez Sánchez-Laulhe, jefa del Departamento de Países Andinos y Cono Sur de la AECID; Araceli Sánchez Garrido, jefa adjunta del Departamento de Cooperación y Promoción Cultural de la AECID; Alma Gilda López Mejía, galardonada en la edición de 2018; Fiore Longo, directora de la ONGD Survival International para España y Latinoamérica; Olga Cebada Almodóvar, coordinadora de la ONGD Alternativa; Laura Calle Alzate, doctora en Antropología Social y Cultural; y David Martín Castro, experto en Antropología Social y Cultural. Actuó como secretaria Amparo García Estebaranz, especialista en Ciencias Sociales de Casa de América.
En las dos últimas ediciones, fueron galardonadas la líder maya kiché Alma Gilda López Mejía, por su gran contribución a la defensa de los derechos y al empoderamiento de las mujeres indígenas en Centroamérica, y la Asociación de Mujeres Indígenas por CIARENA, Conservación, Investigación y Aprovechamiento de los Recursos Naturales, de Oaxaca (México), por su labor de capacitación y formación a mujeres, jóvenes, niños y niñas. A lo largo de los 29 años de existencia de este premio, las organizaciones y personas indígenas en más ocasiones distinguidas con el premio han sido de Colombia, Bolivia y Perú, seguidas de Guatemala, México, Brasil, Ecuador y Paraguay.
Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566) es conocido por su obra Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552), que fue traducida de inmediato a distintas lenguas, y por su defensa de la población indígena de América. De las Casas fue nombrado “procurador universal de todos los indios” con la misión de transmitir a las autoridades las quejas de la población indígena de la América española.

 

[Fuente: http://www.exteriores.gob.es]

Escrito por Leonardo Boff 

Cuando pase la pandemia del coronavirus no nos estará permitido volver a la “normalidad” anterior. Sería, en primer lugar, un desprecio a los miles de personas que han muerto asfixiadas por el virus y una falta de solidaridad con sus familiares y amigos. En segundo lugar, sería la demostración de que no hemos aprendido nada de lo que, más que una crisis, es una llamada urgente a cambiar nuestra forma de vivir en nuestra única Casa Común. Se trata de un llamamiento de la propia Tierra viva, ese superorganismo autorregulado del que somos su parte inteligente y consciente.

Volver a la anterior configuración del mundo, hegemonizado por el capitalismo neoliberal, incapaz de resolver sus contradicciones internas y cuyo ADN es su voracidad por un crecimiento ilimitado a costa de la sobreexplotación de la naturaleza y la indiferencia ante la pobreza y la miseria de la gran mayoría de la humanidad producida por ella, es olvidar que dicha configuración está sacudiendo los cimientos ecológicos que sostienen toda la vida en el planeta. Volver a la “normalidad” anterior (business as usual) es prolongar una situación que podría significar nuestra propia autodestrucción.

Si no hacemos una “conversión ecológica radical”, en palabras del papa Francisco, la Tierra viva podrá reaccionar y contraatacar con virus aún más violentos capaces de hacer desaparecer a la especie humana. Esta no es una opinión meramente personal, sino la opinión de muchos biólogos, cosmólogos y ecologistas que están siguiendo sistemáticamente la creciente degradación de los sistemas-vida y del sistema-Tierra. Hace diez años (2010), como resultado de mis investigaciones en cosmología y en el nuevo paradigma ecológico, escribí el libro Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo (Record). Los pronósticos que adelantaba han sido confirmados plenamente por la situación actual.

El proyecto capitalista y neoliberal ha sido rechazado

Una de las lecciones que hemos aprendido de la pandemia es la siguiente: si se hubieran seguido los ideales del capitalismo neoliberal –competencia, acumulación privada, individualismo, primacía del mercado sobre la vida y minimización del Estado– la mayoría de la humanidad estaría perdida. Lo que nos ha salvado ha sido la cooperación, la interdependencia de todos con todos, la solidaridad y un Estado suficientemente equipado para ofrecer la posibilidad universal de tratamiento del coronavirus, en el caso del Brasil, el Sistema Único de Salud (SUS).

Hemos hecho algunos descubrimientos: necesitamos un contrato social mundial, porque seguimos siendo rehenes del obsoleto soberanismo de cada país. Los problemas mundiales requieren una solución mundial, acordada entre todos los países. Hemos visto el desastre en la Comunidad Europea, en la que cada país tenía su plan sin considerar la necesaria cooperación con otros países. Fue una devastación generalizada en Italia, en España y últimamente en Estados Unidos, donde la medicina está totalmente privatizada.

Otro descubrimiento ha sido la urgencia de un centro plural de gobierno mundial para asegurar a toda la comunidad de vida (no solo la humana sino la de todos los seres vivos) lo suficiente y decente para vivir. Los bienes y servicios naturales son escasos y muchos de ellos no son renovables. Con ellos debemos satisfacer las demandas básicas del sistema-vida, pensando también en las generaciones futuras. Es el momento oportuno para crear una renta mínima universal para todos, la persistente prédica del valiente y digno político Eduardo Suplicy.

Una comunidad de destino compartido

Los chinos han visto claramente esta exigencia al promover “una comunidad de destino compartido para toda la humanidad”, texto incorporado en el renovado artículo 35 de la Constitución china. Esta vez, o nos salvamos todos, o engrosaremos la procesión de los que se dirigen a la tumba colectiva. Por eso debemos cambiar urgentemente nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza y con la Tierra, no como señores, montados sobre ella, dilapidándola, sino como partes conscientes y responsables, poniéndonos junto a ella y a sus pies, cuidadores de toda la vida.

A la famosa TINA (There is no alternative), “no hay (otra) alternativa” de la cultura del capital, debemos confrontar otra TINA (There is a new alternative), “hay una nueva alternativa”. Si en la primera alternativa la centralidad estaba ocupada por el beneficio, el mercado y la dominación de la naturaleza y de los otros (imperialismo), en esta segunda será la vida en su gran diversidad, también la humana con sus muchas culturas y tradiciones la que organizará la nueva forma de habitar la Casa Común. Esto es imperativo y está dentro de las posibilidades humanas: tenemos la ciencia y la tecnología, tenemos una acumulación fantástica de riqueza monetaria, pero falta a la gran mayoría de la humanidad y, lo que es peor, a los jefes de Estado la conciencia de esta necesidad y la voluntad política de implementarla. Tal vez, ante el riesgo real de nuestra desaparición como especie, por haber llegado a los límites insoportables para la Tierra, el instinto de supervivencia nos haga sociables, fraternos y todos colaboradores y solidarios unos con otros. El tiempo de la competencia ha pasado. Ahora es el tiempo de la cooperación.

La inauguración de una civilización biocentrada

Creo que inauguraremos una civilización biocentrada, cuidadosa y amiga de la vida, como algunos dicen, “la tierra de la buena esperanza”. Se podrá realizar el “bien vivir y convivir” de los pueblos andinos: la armonía de todos con todos, en la familia, en la sociedad, con los demás seres de la naturaleza, con las aguas, con las montañas y hasta con las estrellas del firmamento.

Como el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz ha dicho con razón: “Tendremos una ciencia no al servicio del mercado, sino el mercado al servicio de la ciencia”, y yo añadiría, y la ciencia al servicio de la vida.

No saldremos de la pandemia de coronavirus como entramos. Seguramente habrá cambios significativos, tal vez incluso estructurales. El conocido líder indígena Ailton Krenak, del valle del Río Doce, ha dicho acertadamente: “No sé si saldremos de esta experiencia de la misma manera que entramos. Es como una sacudida para ver lo que realmente importa; el futuro es aquí y ahora, puede que mañana no estemos vivos; ojalá que no volvamos a la normalidad” (O Globo, 01/05/2020, B 6).

Lógicamente, no podemos imaginar que las transformaciones se produzcan de un día a otro. Es comprensible que las fábricas y las cadenas de producción quieran volver a la lógica anterior. Pero ya no serán aceptables. Deberán someterse a un proceso de reconversión en el que todo el aparato de producción industrial y agroindustrial deberá incorporar el factor ecológico como elemento esencial. La responsabilidad social de las empresas no es suficiente. Se impondrá la responsabilidad socioecológica.

Se buscarán energías alternativas a las fósiles, menos impactantes para los ecosistemas. Se tendrá más cuidado con la atmósfera, las aguas y los bosques. La protección de la biodiversidad será fundamental para el futuro de la vida y de la alimentación humana y de toda la comunidad de la vida.

¿Qué tipo de Tierra queremos para el futuro?

Seguramente habrá una gran discusión de ideas sobre qué futuro queremos y qué tipo de Tierra queremos habitar. Cuál será la configuración más adecuada a la fase actual de la Tierra y de la propia humanidad, la fase de planetización y de la percepción cada vez más clara de que no tenemos otra casa común para habitar que esta. Y que tenemos un destino común, feliz o trágico. Para que sea feliz, debemos cuidarla para que todos podamos caber dentro, incluida la naturaleza.

Existe el riesgo real de polarización de modelos binarios: por un lado, los movimientos de integración, de cooperación general; y por otro, la reafirmación de las soberanías nacionales con su proteccionismo. Por un lado, el capitalismo “natural” y verde; y por otro lado, el comunismo reinventado de tercera generación, como pronostican Alain Badiou y Slavoy Zizek.

Otros temen un proceso de brutalización radical por parte de los “dueños del poder económico y militar” para asegurar sus privilegios y sus capitales. Sería un despotismo de forma diferente porque se basaría en los medios cibernéticos y en la inteligencia artificial con sus complejos algoritmos, un sistema de vigilancia sobre todas las personas del planeta. La vida social y las libertades estarían permanentemente amenazadas. Pero a todo poder le surgirá siempre un contrapoder. Habría grandes enfrentamientos y conflictos a causa de la exclusión y la miseria de millones de personas que, a pesar de la vigilancia, no se conformarán con las migajas que caen de las mesas de los ricos epulones.

No pocos proponen una glocalización, es decir, que el acento se ponga en lo local, en la región con su especificidad geológica, física, ecológica y cultural, pero abierta a lo global que involucra a todos. En este biorregionalismo se podría lograr un verdadero desarrollo sostenible, aprovechando los bienes y servicios locales. Prácticamente todo se realizará en la región, con empresas más pequeñas, con una producción agroecológica, sin necesidad de largos transportes que consumen energía y contaminan. La cultura, las artes y las tradiciones serán revividas como una parte importante de la vida social. La gobernanza será participativa, reduciendo las desigualdades y haciendo que la pobreza sea menor, siempre posible, en las sociedades complejas. Es la tesis que el cosmólogo Mark Hathaway y yo defendemos en nuestro libro común El Tao de la Liberación (2010), que fue bien acogida en el ambiente científico y entre los ecologistas hasta el punto de que Fritjof Capra se ofreció a hacer un interesante prefacio.

Otros ven la posibilidad de un ecosocialismo planetario, capaz de lograr lo que el capitalismo, por su esencia competitiva y excluyente, es incapaz de hacer: un contrato social mundial, igualitario e inclusivo, respetuoso de la naturaleza en el que el nosotros (lo comunitario y societario) y no el yo (individualismo) será el eje estructurador de las sociedades y de la comunidad mundial. El ecosocialismo planetario encontró en el franco-brasileño Michael Löwy su más brillante formulador. Tendremos, como reafirma la Carta de la Tierra, así como la encíclica del papa Francisco “sobre el cuidado de la Casa Común”, un modo de vida verdaderamente sostenible y no solo un desarrollo sostenible.

Al final, pasaremos de una sociedad industrial/consumista a una sociedad de sustentación de toda la vida con un consumo sobrio y solidario; de una cultura de acumulación de bienes materiales a una cultura humanístico-espiritual en la que los bienes intangibles como la solidaridad, la justicia social, la cooperación, los lazos afectivos y no en última instancia la amorosidad y la logique du cœur estarán en sus cimientos.

No sabemos qué tendencia predominará. El ser humano es complejo e indescifrable, se mueve por la benevolencia pero también por la brutalidad. Está completo, pero aún no está totalmente (terminado). Aprenderá, a través de errores y aciertos, que la mejor configuración para la coexistencia humana con todos los demás seres de la Madre Tierra debe estar guiada por la lógica del propio universo: este está estructurado, como nos dicen notables cosmólogos y físicos cuánticos, según complejas redes de inter-retro-relaciones. Todo es relación. No existe nada fuera de la relación. Todos se ayudan mutuamente para seguir existiendo y poder coevolucionar. El propio ser humano es un rizoma (bulbo de raíces) de relaciones en todas las direcciones.

Si se me permite decirlo en términos teológicos: es la imagen y semejanza de la Divinidad que surge como la relación íntima de tres Infinitos, cada uno singular (las singularidades no se suman), Padre, Hijo y Espíritu Santo, que existen eternamente el uno para el otro, con el otro, en el otro y a través del otro, constituyendo un Dios-comunión de amor, de bondad y de belleza infinita.

Tiempos de crisis como el nuestro, de paso de un tipo de mundo a otro, son también tiempos de grandes sueños y utopías. Ellas son las que nos mueven hacia el futuro, incorporando el pasado pero dejando nuestra propia huella en el suelo de la vida. Es fácil pisar la huella dejada por otros, pero ella no nos lleva a ningún camino esperanzador. Debemos hacer nuestra propia huella, marcada por la inagotable esperanza de la victoria de la vida, porque el camino se hace caminando y soñando. Así pues, caminemos.

(*) El autor es ecoteólogo, filósofo y ha escrito: Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Record, Rio 2010 y Trotta 2011.

[Traducción de Mª José Gavito Milano – foto: Mario Marlo – fuente: http://www.somoselmedio.com]

Escrito por EDGARDO CIVALLERO

Desde los inicios de la historia del hombre, la agricultura fue un conjunto de técnicas a través de las cuales se logró hacer que la tierra pariera frutos. Era tan sencillo (y tan difícil, y tan duro) como sembrar la simiente, abonar el suelo, administrar el agua, controlar las plagas y cosechar la producción.

Si bien se trató siempre de un proceso de/en mejora constante, en un momento determinado (allá en los albores de la Revolución Industrial y la emergencia del sistema capitalista), esas técnicas fueron « optimizadas »: para que los campos produjeran masivamente, para reducir el embate de las pestes, para lograr « mejores » productos vegetales (más grandes, más bonitos)… Esa agricultura industrial, capitalista, de producción en masa, de disminución notable de la calidad y la variedad genética de las hortalizas, verduras y frutas, se convirtió en la agricultura por defecto. La otra, la agricultura de siempre, la que nunca dejó de ser practicada por miles de pequeños productores, la de las huertas familiares y los sembradíos comunitarios, la de los remedios « caseros » y « naturales » para acabar con los pulgones y el mildiu, la que desarrollaron nuestros abuelos y bisabuelos y tatarabuelos y todos sus antepasados desde que el mundo es mundo y un arado es un arado, pasó a llamarse « agricultura orgánica ». 

En los pueblos en los que he vivido durante los últimos quince años, en Argentina, España, Ecuador o Colombia, aún quedan muchos agricultores « tradicionales » cuyos tomates, berenjenas o papas son catalogados, ante su completo asombro, como « orgánicos » por aquellos urbanitas de la gran ciudad que los visitan. El asombro se debe a que esos trabajadores de la tierra no han variado demasiado las costumbres agrícolas heredadas de sus mayores. No han hecho nada que merezca ser tildado de « orgánico » o « natural », o que precise designación especial alguna. En sus palabras, han hecho y siguen haciendo lo de siempre. Lo de toda la vida. 

¿Por qué esa agricultura ha sido etiquetada, adjetivada, diferenciada, vista incluso como algo « exótico » y « curioso », y la industrial, la que quema la tierra, agota los recursos, juega con la genética de las plantas, disminuye la diversidad biológica, llena de plaguicidas y otros químicos nuestros alimentos y subyuga la producción a las leyes del mercado, ha pasado a ser « la » agricultura? ¿Por qué la hoy llamada « orgánica » no es « la agricultura » y la otra no es denominada « agricultura industrial », « agricultura de producción masiva », « agricultura capitalista », « agricultura de plaguicidas », « agricultura de empobrecimiento » o cualquiera del centenar de opciones que ahora mismo se me vienen a la cabeza? 

Los robos de palabras no son extraños en este mundo nuestro. En realidad son una práctica habitual, casi necesaria para la supervivencia del nocivo statu quo en el que vivimos. Porque las palabras, los términos que usamos o nos hacen usar (aunque nadie nos obliga a hacerlo, por cierto) para designar y definir las cosas, construyen nuestra comprensión del universo. Nos quitan vocablos, les dan otro significado y nos los venden como « los de siempre », modificando así nuestro entendimiento de la realidad. 

Llamamos « democracia » a algo que claramente no lo es: basta con analizar los regímenes desequilibrados e injustos bajo los cuales vivimos. Pero ¿quién nos convence de lo contrario, si por el mero hecho de haber repetido hasta la saciedad que vivimos « en democracia » ya creemos que nuestros destinos como ciudadanos están en manos de un « gobierno del pueblo »? Llamamos « libertad », « independencia », « justicia » y « educación » a cosas que distan mucho de lo que deberían ser, de lo que fueron o quisieron ser alguna vez… Los vocablos ocultan la realidad, y pocas veces vemos más allá de la mera palabra. ¿Es « leche » lo que bebemos con el desayuno matutino, simplemente porque lo dice el envase? ¿O quizás sea leche lo que ordeña todas las mañanas mi vecino, y lo que nos venden en el supermercado es en realidad un triste sucedáneo diluido en agua y « enriquecido » con media docena de porquerías químicas? 

Siguiendo esa lógica, ¿a qué llamamos « cultura »? ¿A qué le decimos « historia »? ¿Y « memoria », « tradición », « identidad »…? ¿Acaso tienen aún algo que ver con nosotros, con lo que fuimos, supimos e hicimos alguna vez? ¿O son ya un producto diseñado, preparado, edulcorado, vendido y/o impuesto por otros? 

¿Cuándo nos dejamos hurtar los viejos y queridos términos que designan las cosas que siempre conocimos? ¿Por qué permitimos que nos los robaran? ¿Y por qué no hacemos algo para recuperarlos? Algunos han comenzado a andar este último camino. En muchas ciudades del mundo, manifestantes indignados por las políticas nefastas de sus gobernantes repiten a voz en pecho « lo llaman democracia y no lo es ». Saben que han sido estafados, que les han vendido gato por liebre, y se niegan rotundamente a seguir aceptando la patraña. Muchos otros se sacuden docenas de otros conceptos que han sido acuñados o claramente manipulados para mantenernos callados, para convencernos de que debemos vivir como a otros les interesa que vivamos… 

Basta con plantarse ante una palabra en concreto, cualquiera de ellas, y recordar (o pedir que nos ayuden a recordar) lo que solía significar hasta no hace tanto, o en su origen. ¿Es esto « un tomate », es esto « información », es esto « solidaridad »? ¿Estos son « derechos humanos », eso es una « cumbia tradicional »? 

Nos llevaremos grandes sorpresas. Y descubriremos que, aunque no lo hayamos notado hasta ahora, solemos vivir con una venda en los ojos, una mordaza en la boca, y conducidos de aquí para allá como si fuésemos obedientes borregos de un obediente rebaño.  


[Ilustración: NYC Writing Project – fuente: http://www.revistacoronica.com]