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Escrito por Francisco Suárez
«¿Cuántas veces tendré que morir para ser siempre yo?», se preguntaba Charly García en el tema “El show de los muertos” (1974), de su agrupación Sui Generis. Reproduciría la frase en el cuadernillo de Demasiado ego, el álbum que reunió dieciocho temas de su mítico concierto de 1999 en Puerto Madero, Buenos Aires, al que asistieron, según las cifras oficiales, 150 mil personas o, de acuerdo con su ego, 300 mil. Un récord absoluto para la época, en cualquier caso. Si bien las dimensiones del concierto le otorgaban un carácter histórico, similar al de las Bandas Eternas, el concierto de Spinetta en el estadio José Amalfitani celebrado diez años después, el resultado no podía ser más distinto. Primero, por el teatro cruel que García llevaba construyendo por lo menos durante una década alrededor de su propia obra y figura (tan solo en ese concierto anunció que arrojaría muñecos desde un helicóptero, simulando los tristemente célebres “vuelos de la muerte” de la dictadura argentina; el acto, ante las críticas de las Madres de Plaza de Mayo, terminaría por cancelarse, no sin invitar a las propias madres al escenario mientras interpretaba el tema “Kill My Mother”). Y, segundo, porque Demasiado ego terminaría por ser más que el registro nostálgico de un concierto: las interminables capas de efectos de sonido y grabaciones previas que García agregaría en la posproducción volverían prácticamente anecdótica la presencia del público, salvo en dos o tres ocasiones puntuales. El sonido de la masa se diluía hasta el punto en el que el cantante prescindía por completo de él: el último corte, un cover de “It’s Only Love” de The Beatles, termina con una narración de la fábula del flautista de Hamelin, un sampleo de su tema “Estaba en llamas cuando me acosté” y los breves aplausos de dos o tres personas. Estéticamente, el tratamiento de estudio se asemeja a los collages tenebristas que García comenzó a ensayar a partir de La hija de la lágrima (1994) y, por lo tanto, Demasiado ego incluso podría considerarse un álbum de estudio. Como si la maquinaria Say No More –su frase fetiche a partir de los noventa– deglutiera el rugido de la audiencia y la usara como materia prima de una nueva epifanía.
Es de sobra conocido que esa etapa está marcada por su fuerte adicción a las drogas, por lo que se ha vuelto un lugar común considerar sus discos, a partir de Filosofía barata y zapatos de goma (1990), como un espejo simple del decaimiento de su salud y su lucidez mental. Eso implicaría un enorme arco temporal de 27 años que se extendería hasta hoy, y que superaría un primer período de dieciocho años desde el lanzamiento de Vida (1972), su primer disco publicado con Sui Generis –etapa de verdadero estado de gracia, que incluye álbumes como Clics modernos (1983) o Parte de la religión (1987), además de sus trabajos con Serú Girán y La Máquina de Hacer Pájaros. Pero semejante separación es maniquea y, por lo tanto, artificial. Primero, porque sus álbumes “oscuros”, aunque irregulares, incluyen varios picos compositivos de su carrera; basta con escuchar “Fax U”, “Cuchillos”, “Lo que ves es lo que hay” o “Asesíname” (temas que no tienen, evidentemente, la claridad de sus producciones de los ochenta, pero ¿por qué habrían de tenerla?, ¿por qué alguien podría exigir que sus discos fueran siempre iguales?). Y, segundo, porque en el caos de álbumes como Say No More (1996) o El aguante (1998) se vislumbran no solo nuevas virtudes musicales de García, sino el espíritu de una época. Son profundamente políticos, por llevar a un extremo no solo al personaje (el del rockero, siempre bordeando con su caricatura) sino al sonido que lo sustenta. Say No More también deglute la música de la primera etapa de García: la mezcla, la remeda, la superpone, la destruye. «Las dos frases que más recuerdo de esa época son: “Mirá cómo hago mierda este tema” y “Dame un canal más y arreglo todo”», decía Guido Nisenson, su ingeniero de sonido de entonces, explicitando el proceso doble de destrucción por saturación y viceversa. Ante la cantidad de artistas que, en la madurez de sus carreras, parecen iniciar un proceso de autoparodia por las seguridades que les garantiza, García construye, a la inversa, con sus propios elementos, con sus leitmotivs, una operación kamikaze. Volver a sí obsesivamente hasta desfigurarse. Hacer de esa desfiguración un espejo. Rock and roll yo, demasiado ego.
Desde ahí se puede volver a preguntar: «¿Cuántas veces tendré que morir para ser siempre yo?» porque, en verdad, ya no es la misma pregunta y el yo, el que aspira a ser siempre, ya está transformado por sus muertes. Otra puntualización: la pregunta reproducida en el cuadernillo de Demasiado ego estaba acompañada de una fotografía de un Charly crucificado. Esa crucifixión, anunciando el final del siglo, solo tomaría pleno sentido dieciocho años después, con la publicación del primer sencillo de Random (2017): “La máquina de ser feliz”. Se sabe que el cantante Palito Ortega, viejo exponente del rock and roll argentino más inocuo, además de ferviente católico, fue clave en la rehabilitación de García, por lo que se temía que su regreso estuviera bañado de aguas religiosas. Sobre todo cuando se descubría que esa máquina, como se dice en la canción, solo la tienen Charly y el Papa Francisco. Y que tiene la forma del pez ichtus, que los primeros cristianos usaban como símbolo secreto. El tema, para mayor inri, es una balada en apariencia inofensiva que, aunque tiene guiños Say No More (sobre todo por esa introducción que mezcla sampleos de voces cinematográficas con pianos chopinianos), se decanta por una ligereza que no se le escuchaba tal vez desde “Chipi chipi”, su hit, a pedido expreso de Columbia Records, de 1994. La publicación del resto del álbum terminaría por desmentir tal temor (temas como “Amigos de Dios” se burlan, precisamente, de los predicadores), pero es interesante retener la idea de un García resucitado tras sufrir una pasión (que parece autoinfligida, pero que en el fondo podemos entender como social; la pasión del suicidado por la sociedad, como diría Artaud), porque implica la existencia de un mensaje. ¿Y qué mensaje otorga Random? ¿Cómo es la obra de alguien a quien ya se daba por retirado, sobre todo después de la problemática publicación de Kill Gil (2010); del que solo se hacían miradas retrospectivas y cuya nueva música, por tanto, aparece casi como un milagro? ¿Y cómo se relaciona con las etapas antes propuestas? ¿Qué ha sido de la maquinaria Say No More? Felizmente, Charly García continúa su proceso de transformación. No se ha serenado, no se ha higienizado, tan solo es una criatura nueva. La amalgama de funk, rock, folk y pop que popularizara en los ochenta, y que entraría en un túnel caótico durante las siguientes dos décadas,  aparece bajo un nuevo rostro –revitalizado pero con las heridas expuestas– y entrega dos o tres nuevos clásicos a su ya larga lista: “Rivalidad”, “Lluvia” o “Primavera”, donde canta la frase clave para redondear este recorrido: «Siempre estaré pronto a renacer». Y say no more.
[Fuente: http://www.latempestad.mx]
Yo no voy a dejar de escribir, nunca voy a dejar de escribir, yo sigo escribiendo todos los días”, dijo Robin Wood en conversión con La Nación este domingo, saliendo al paso a publicaciones que señalaban que abandonaba su profesión debido a cuestiones de salud que supuestamente lo aquejan.
Los medios se hicieron eco ayer de un comunicado dado a conocer por un miembro de su círculo cercano, lo que propició estas versiones contradictorias, y puso sobre el tapete algunas cuestiones de índole familiar.
El creador de “Nippur de Lagash”, según las primeras versiones, se encuentra aquejado de una enfermedad que no le permitiría seguir produciendo, ante lo que el escritor dijo: “Realmente no sé de dónde salió esa historia. Yo amo escribir, me dedico a escribir, esa es mi profesión”.
Respecto al origen de las primeras declaraciones, pidió “por favor, que dejen de decirlo”. Conflictos de índole familiar habrían generado estas afirmaciones contradictorias.
“Salió en los diarios que yo me estaba muriendo, y yo no me estoy muriendo. Y con respecto a escribir, yo voy a seguir escribiendo exactamente como venía haciendo todos estos años”, reiteró.
Wood, originario de la zona de Caazapá, es un guionista de historietas paraguayo reconocido a nivel mundialmente por series como “Nippur de Lagash”, realizadas principalmente para la editorial Columba, en Argentina, país desde donde se catapultó su carrera a todo el mundo.
[Publicado en La Nación]

¿QUIÉN ES ROBIN WOOD?

Por Diego Accorsi
En esta sección podrán conocer al magistral guionista de historietas sin necesidad de examinar un montón de datos biográficos. Este es un reportaje que surgió de las inquietudes que me fueron apareciendo en septiembre de 2000, a medida que me adentraba más y más en el mundo de Editorial Columba. Habiéndome convertido en el responsable de relanzar los títulos en un proyecto kamikaze que contaba con ínfimo presupuesto, opté por reeditar los personajes más famosos de la editorial desde sus primeras apariciones. Para ello, ordené todos los números de todas las revistas (que se conservaban encuadernados en infinidad de volúmenes) y todas las fichas de las historias compradas por la editorial. Además, encontré un montón de cuadernos donde anotaban los guiones que compraban, con fecha, autor y revista en la que era publicado. Muchas herramientas, pero también, mucho material y todo abría nuevas puertas. Yo –debo confesarlo- nunca había sido un ferviente admirador de la editorial de la palomita y su guionista estrella, Robin Wood. Desde el momento que empecé mi gestión, ese nombre se me aparecía por todos lados. El tipo había hecho todo… y con ese nombre. No podía ser real. Entre los aciertos de esa dirigencia se contó con la inserción como archivista de Johnny –alias el Negro-, íntimo amigo de Robin desde su adolescencia. Johnny demostró ser una verdadera enciclopedia viviente del guionista paraguayo-argentino-danés, con una memoria prodigiosa y una voluntad ciclópea. Antes de siquiera sacar los números Uno, yo ya tenía una necesidad imperiosa de conocer más del autor de Nippur, Dennis Martin, Savarese, Mark y un larguísimo etcétera. Mis primeros acercamientos a esta figura casi mitológica fueron a través de historias de Johnny, hasta que me dijo: “Robin viene este fin de semana a Buenos Aires, ¿querés charlar con él?”. Y sin dudarlo comencé a anotar una batería de preguntas que se iba extendiendo. Coincide con que para ese momento, me doy cuenta de que me sobran páginas en los números 1 de las revistas y en lugar de rellenarlos con avisos, quedaba mucho mejor, un reportaje al gran guionista. Así, en una apacible tarde de primavera, enfilé hacia el departamentito que Robin mantenía en la ciudad de Buenos Aires, y me senté frente a frente con uno de los más grandes –y sin duda uno de los más prolíficos- guionistas del mundo. La entrevista fue casi una charla entre amigos, con muy buena onda, con anécdotas al margen, y el carisma del escritor operando a tope. Salí convertido en un fan de Robin Wood. Esta es la charla como apareció publicada en las revistas Nippur de Lagash Nº1, D’Artagnan presenta a Dennis Martin Nº1 e Intervalo presenta a Savarese Nº1 durante noviembre de 2000, por primera vez, toda de corrido. Encontrarán indicaciones a pie de página para actualizar lo más posible las declaraciones de Robin, ya que en estos ocho años y pico, algunas cosas han cambiado. Espero que los convierta en fanáticos de Wood como a mí.
Un día soleado de principios de primavera, quedé en encontrarme con Robin Wood en su departamento de Buenos Aires, cerca del Parque Centenario (Robin ya no viene tan seguido a Buenos Aires, por ende, no tiene más el departamento de la calle Sarmiento). Apenas uno entra, ve un montón de dibujos enmarcados en las paredes, una Amanda de Falugi, un Gilgamesh de Pez, varias páginas de Nippur de Lucho Olivera, tapas pintadas por De la María, y sentado a la mesa, Robin. Sobre esta hay un laptop cerrado y un cuaderno abierto, escrito, desprolijo. Él está medio resfriado, en realidad, el venir a una ciudad tan polucionada como Buenos Aires le hace chorrear la nariz. Me siento y empezamos una amena charla, en la que Robin –con su acostumbrado estilo- imitó a personas, entonó a la perfección cada palabra dicha en otros idiomas (inclusive el paraguayo), siempre gesticulando mucho, interrumpiéndose y cambiando de idea sobre la marcha, verborrágico, creativo, divertido y con muy buena onda. Pero basta de preámbulos, pasemos a la (…) entrevista, conozcamos…
UNA VIDA DE AVENTURAS: REPORTAJE A ROBIN WOOD
-Empecemos por el principio, ¿cuándo y dónde naciste?
-Nací en el 25 de enero de 1944… De entrada voy a remarcar que Robin Wood es mi verdadero nombre. Nací en una colonia socialista de australianos que vinieron al Paraguay. (El nombre del caserío de los australianos en medio de la selva paraguaya se llama Colonia Cosme y queda en el departamento de Caazapá). En un lugar que aún hoy en día no tiene electricidad ni agua corriente, ni nada (Ocho años después, Colonia Cosme sigue sin luz o agua corriente). Y allí yo crecí.
-¿Cuándo viniste a Buenos Aires y por qué?
-Ahí está un poco más confuso, porque mi madre era medio gitana también. Viví hasta los cinco años en la colonia, después viví con familias, después vivimos… Debo haber llegado a Buenos Aires aproximadamente… creo, porque no tengo fechas exactas, yo debería tener 8 o 9 años. Me quedé aquí unos tres años; vivía en un orfanato porque mi madre no me podía cuidar y volví al Paraguay a los once, doce años, más o menos.
-¿Y después vuelta a la Argentina?
-No, de ahí me fui a la ruta transchaco, a trabajar; a los once años me fui al desierto, al Chaco, y trabajé ahí por un año y medio. Después volví a Asunción, después volví a Buenos Aires, porque mi madre se había casado. Lo malo es que se divorciaron ocho meses después, o sea, que toda una vida familiar que a mí no me interesaba particularmente, volvió a desmoronarse. Entonces trabajé en docenas de trabajos solo… calculá que en esa época yo tenía quince, dieciséis años. Y un buen día me fui en ómnibus de vuelta a Paraguay. Uno de mis tíos estaba trabajando en el Alto Paraná y tenía un camión obrajero, entonces me fui y pasé unos años trabajando en el Paraná.
-¿Y cuándo venís a establecerte en Buenos Aires?
-La Embajada Francesa en Paraguay ofrece un premio a quien pudiera hacer un análisis de la cultura y el arte de Francia. Yo, entre camión y camión, intervine. Y lo gané. Entonces el diario El Territorio me toma como corresponsal… además, pensá en mi edad…
-Pero… ¿de dónde sacás tu educación? ¿Cómo viajando tanto lográs escribir un texto sobre la cultura francesa?
-Yo no tenía ninguna educación, yo tengo seis años de escuela nada más, yo pasé el sexto grado y nada más. Pero por supuesto, como siempre digo, es una especie de anécdota simpática, a los ocho años yo leía Todos los hombres son mortales de Simone de Beauvoir, que muchos años después se convirtió en Gilgamesh y leía Cuentos del mar Por quién doblan las campanas, de Hemingway; tenía ocho años.
-¿Y cuál es tu primer contacto con la historieta?
-De chico no tuve ningún contacto, acordate que yo no tenía casa, yo dormía donde podía, y después empecé a trabajar en las fábricas, en Buenos Aires, que fue el período más terrible de mi vida. Pasé entre cinco y seis años en fábricas, con los sueldos de aquella época, viviendo en pensiones con cinco camas por cuarto, y había esas cocinitas que había que pedalear, con querosene. Entonces en esos cuartos cocinábamos ahí, vivíamos de eso. Hasta hoy en día mi hígado ha quedado… porque eran hamburguesas con huevos fritos, con la grasa y todo eso, y trabajábamos generalmente seis días a la semana. Desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde. Y vivíamos así, de eso. Yo era una bolsa de huesos, muy flaco, tenía granos por la mala comida, la mala alimentación, etcétera… Y yo quería ser dibujante. Era un pésimo dibujante.
-¿Cómo se te ocurre ser dibujante de historietas?
-Siempre me gustó dibujar. Y ahí vienen esas pequeñas cosas: fui a estudiar a Bellas Artes y al otro, en donde enseñaba Alberto Breccia… la Panamericana de Arte, pero yo no tenía talento. Yo quería ser dibujante, pero al final me dijeron “Robin, estás malgastando tu tiempo, no tenés talento”. Y había un individuo ahí, que estudiaba conmigo… en realidad no estudiaba, iba ahí a aburrirse, que se llamaba Luis Olivera, y entre las miles de lecturas mías, estaba la sumeriología, el estudio de la civilización de Sumer. Que era la misma obsesión de Lucho y nos sentábamos después de clase a hablar y hablar, y hablábamos y después yo me iba a la pensión, él se iba a su casa. Y un día estaba puteando porque los guiones eran malísimos y me dice “Estos no son guiones, son un horror”. Y de repente me dijo: “¿Por qué no hacés un guion así, de sumeriología?”. Y le escribí además otros tres guiones. Y me olvidé. Me olvidé porque yo se los llevé a Lucho a la casa; a él yo nunca le mostré dónde vivía. Era un basural, directamente, era algo tan deprimente que me daba vergüenza, donde mi vida era simplemente poder comer ese día. Así que, de repente, cuando la editorial –Columba, donde trabajaba Lucho- aceptó esos guiones, Lucho no sabía dónde contactarme. Éramos amigos de Bellas Artes y en la Panamericana, pero él no sabía dónde vivía yo. Y los guiones se publicaron dibujados por él. Pero Lucho no podía avisarme… Hasta que vi la revista con la historieta publicada. Decía Robin Wood en la tapa… ¡guau! Cuándo yo lo vi fui… Yo vivía en Retiro, y trabajaba en una fábrica que quedaba en Martínez, y ese día había llegado tarde, entonces cuando llegabas tarde no te dejaban entrar y como te pagaban por hora, ese día no comías, listo; entonces pedí un vale y no me lo dieron, pedí algo y nada, y volví caminando desde Martínez a Retiro. Y encima de yapa, llovía. Era como si fuera una película francesa, llovía a cántaros… Y paré por el camino a mirar un quiosco de revistas y vi la revista en la que yo sabía que Lucho dibujaba la abrí y me encuentro con mi nombre. Bueh… seguí caminando hasta Columba, que en esa época estaba en Sarmiento y Callao, algo así… Y fui ahí, subí y estaba una señorita preciosa, en una hermosa oficina, que me miró con toda la sospecha del mundo, totalmente justificada, y me dijo: “Sí, ¿qué quiere?” No te puedo explicar el aspecto que yo tenía, era una cosa… Pesaba cuarenta y ocho kilos, la miseria de mi ropa, todo… Esta chica que luego fue amiga mía de manera íntima, me dijo que ella pensó que yo venía a pedir comida o dinero, o algo, a vender tarjetitas de ‘Soy sordomudo’ o algo así, ‘Colabore’. (risas) Yo le dije: “Me llamo Robin Wood”… Chau, otra joda. Ella no estaba al tanto de las historietas, y ese nombre ridículo…
– Le roba a los ricos para darle a los pobres…
-Pero este necesita para él y para nadie más. Entonces le digo: “No, yo escribí unas historietas y fueron publicadas”. Teresita, Teresita Murray, una irlandesita, muy simpática, me dice: “Espere un momento”, y se fue a hablar, probablemente se llevó todas las cosas que se pudieran robar; (risas) y al rato viene, me mira así con curiosidad y dice: “El señor Basalo lo espera.” Basalo fue Balbastro en Mi Novia y Yo. Paso a una oficina donde un señor muy elegante está sentado, el tipo me mira y me dice: “¿Usted es Robin Wood?” “Sí, señor”. Me dice: “No se ofenda, ¿tiene una cédula?” Saqué mi cédula y se la di. La miró y “Pero entonces ¿de verdad usted es Robin Wood?” “Sí”, entonces me dice: “Le cuento que compramos los tres guiones”… y no te puedo decir los precios de esa época, pero ponele que en la fábrica yo ganaba trabajando las horas extras que eran cuatro por día, trabajaba ocho horas más las cuatro horas extras, o sea doce horas, ganaba -un ejemplo- cien pesos por mes…“Nos gusta mucho el trabajo, le compramos todo lo que entregó y le pagamos doscientos pesos”. Yo había escrito tres historietas y digo “¿Doscientos pesos por las tres?” “No, no, doscientos pesos por cada una”. ¡AH! De repente el mundo cambió y dice: “Y todo lo que produzca se lo compramos”. “Bien, bien…” Ahí me levanté ya diferente y le digo: “A todo esto…” y el tipo que ya me había calibrado me dice: “Váyase al tercer piso que ahí le dan un cheque”. Yo nunca había visto un cheque. Fui al tercer piso, me dieron un cheque y yo con el cheque en la mano… (cara de desconcierto) Entonces el tipo me dice: “Pará, vos nunca cobraste un cheque”. “No” “Salí afuera, cruzá Callao y está el Banco de Londres y América del Sur, entregá el cheque y ellos te dan el dinero”. Fui, entré al banco y en esa época debía ser una pila de billetes así (muestra las manos separadas a una distancia como la de una taza de café), entrego el cheque, y me dice: “¿Tené’ cédula? … ¿Robin Hood? … Momento…” Y viste cuando sabes que no va a resultar, que algo va a pasar, que algo va a ir mal, y el tipo viene, me pone el paquete de billetes delante y me dice: “¿Quiere un sobre?” Si me hubiera preguntado si quería un elefante le digo que sí también, me dio el dinero, me fui y de ahí en adelante gané montones de esos paquetes de billetes y once meses después fui a avisarle a Columba que me iba. “¿Cómo te vas a ir?” “Sí, sí”, le digo, “yo me pasé seis años en la fábrica desde el amanecer hasta la noche, seis días por semana y ahora yo me voy…” Yo me iba a ver entrar los barcos en el puerto, yo fui voluntario para la Guerra de los Seis Días, también fui voluntario para Vietnam, con tal de poder irme… En la Guerra de los Seis Días no me aceptaron porque no era judío, ¿y a mí qué?; ofrecí seis años de trabajo en un kibutz a cambio de un pasaje. Para lo de Vietnam me dijeron: “No hay problema, lo único que tiene que ir a Estados Unidos y alistarse ahí”. “Pero escuchame”, le digo,“si yo tuviera plata para irme a Estados Unidos, ¿para qué carajo voy a enlistarme?” Y de repente ahora tenía dinero, y dije: “Yo quiero ver cosas, quiero ver países, quiero ver todo”, y no me fui en avión, me fui en un barco de carga, así, que tomaban siete ocho pasajeros; y me fui en el Calazeta, un barco italiano… Y van veintidós años de viajes… sin parar, nunca quedándome más de seis meses en una ciudad. Y hasta hoy en día me acuerdo del Calazeta que era un buque de carga, tenía una pileta de lona azul en la cubierta para los marineros, que la cargaban con agua salada para refrescarse, no había restaurante, no había nada…
-Ahora viene la pregunta que ya me respondiste, si Robin Wood es tu nombre real… Pero la pregunta puede ser ¿qué otro nombre queda bien con el apellido Wood? ¿Cómo se llamaba tu viejo?
-No sé, nunca lo conocí.
-Y Wood es el apellido de tu mamá.
-Sí.
-¿Y cómo se llamaba tu abuelo materno?
-Hay un nombre tradicional en mi familia, Alexander. En cada grupo familiar siempre hay un Alexander o una Alexandra, mi hija se llama Alexandra. Eso es una especie de tradición… Nosotros somos un clan, no te puedo explicar en palabras lo que es un clan, nosotros somos 300, 400, vivimos en Australia, en Paraguay, en Argentina, en Estados Unidos, Irlanda, somos Wood. Para nosotros ser Wood es una cosa muy importante, muy agradable…
-¿Por qué tuviste tantos seudónimos? Yo te encontré seis, creo.
-Había como doce. Cuando empecé a trabajar en Columba, llegó un momento que decidieron que era una mala política que hubiera en el índice varias historietas hechas por mí y se lea Robin Wood, Robin Wood, Robin Wood, y entonces me pidieron que buscara un seudónimo, y así nació Mateo Fussari, que lo saqué de la sección avisos fúnebres; había muerto el pobre, decía “Mateo Fussari, que en paz descanse”. Robert O’Neil, que era una cosa así, importante; Roberto Monti era el famoso italiano con el que mamá había vivido, que fue como un padre para mí, y fue un lindo homenaje; Carlos Ruiz…
-Carlos Ruiz era el que hacía las de deportes…
-Sí, sí, Carlos Ruiz, era la chotez andante, fantasía de nada, y después el que a mí más me gustó que era Cristina Ruttegard, o sea, yo fui la primera escritora femenina de historietas… Yo estaba buscando un nombre y como era para Intervalo… Así que yo fui la primera escritora, antes de Patricia Breccia, creo que soy la única escritora femenina de historietas en la Argentina…
-Una vez que te aprobaban los guiones, ¿no se te ocurrió presentar la historieta completa? O te diste cuenta que el dibujo no…
-Presenté una, Hjalmar, una historia de vikingos, y yo le dije a Presas: “Esta la quiero dibujar yo”. Las conversaciones con Presas siempre eran problemáticas porque él es tartamudo, entonces hice creo que 17 páginas en vez de las doce habituales, y cuando la vio toda me dijo: “Mirá, esto es una cc-c-cagada”. Me dice: “Vos Wood, vos seguí escribiendo, porque dibujando, no vas a ganar un mango”. Okey, seguí. Pero son diecisiete páginas… Años después, yo le digo: “La historieta esa de Hjalmar… ¿donde está?” “Ah, yo la tengo colgada en casa, en mi colección”. “Ah, pero eso no se me pagó”. “¿Quién te iba a pagar por una cosa así?” Le digo: “Tenés razón, pero si no está pagada es mía, ¿no?” “Sí, sí, es tuya”. “Bueno, Dámela”. “No”. “¿Por qué no?” “Yo soy el único que tiene una historieta completa, escrita y dibujada -si a eso se le puede llamar dibujo- por Robin Wood”. “Pero legalmente es mía”. “Legalmente es tuya”. “Dámela”. “No”. “Te rompo la cara”. “No me importa, no te la doy”. La tiene todavía enmarcada en su colección, nunca me la dio.
– Sé también que -a vos poco, pero a otros quizá más-, le rechazaban historietas… ¿Qué había en la historieta para que en Columba dijeran “Esto no va”?
– A mí me rechazaron algunas historietas, y debo decir, en mi caso, tenían razón. Porque ellos tenían una línea, de trabajo y la seguías o no, pero si no la seguías… Algunas de esas eran tan malas… No es que fuera simplemente el hecho que usaban la autoridad, es que algunas eran tan malas. Yo las he visto… A veces me llamaban para decirme: “¿Vos podés corregir esto?” y yo o leía y decía: “Tienen razón, dejate de joder” y listo.
-A propósito de esto, ¿qué aportó el estilo Robin Wood a Columba? En Columba había una fórmula, y un día aparece Robin Wood dentro del estilo Columba, pero aportando un montón de cosas. ¿Qué hiciste vos que no se venía haciendo antes? A medida que tus guiones empezaron a poblar todas las revistas, todos los otros guionistas empezaron a parecerse más a vos…
-Esa es una pregunta bastante, bastante difícil… Yo nunca razoné lo que hacía, hasta hoy en día, yo trabajo así: (señala un cuaderno garabateado con números de cuadro y un breve texto de pocos reglones en cada uno). Esto (señala la laptop), es nada más que para pasar en limpio. Hasta hoy en día yo trabajo así y si te fijás un poco, yo no corrijo, rarísimo, una… pero en general no corrijo nada. Tal cual como sale, sale. Yo tenía una cultura monstruosa, y una fantasía monstruosa, y eso son cosas que no podés explicar. Yo nunca lo pude explicar. Una vez yo estaba con el guionista (Gustavo) Amézaga, y miró mis guiones y dijo: “Acá no hay corrección”. Y le digo: “Yo nunca corrijo nada, lo hago todo de una sola vez, después tal vez corrija aquí una cacofonía”, y él me dice: “Pero yo tengo que hacer tres, cuatro o cinco copias de un guión”… Así como sale, queda. Creo que en esa época, hubo tres tipos que afectaron la historieta. Uno por supuesto es el grande, Oesterheld. Ni me voy a molestar en hablar, porque él era EL mejor. Absolutamente el mejor. El otro fue Ray Collins, el desaforado, porque realmente él era en todo exagerado. Y quedaba bien. El tercero fui yo, creo que una mezcla entre los dos. Por supuesto yo lo imité a Oesterheld en todo, porque lo admiraba, lo leía, copiaba sus guiones, los guardaba… Mort Cinder en las Termópilas… Yo copié todo de ahí… (recita de memoria, con tono trágico y profundo) “Subo la colina y me encuentro con tres ilotas perdidos, me acompañan, pero el día es negro porque el viento solo puede repetir una palabra Alfeus, Alfeus…” Eso es arte. Eso es lo mejor. Eso es espléndido. Sargento Kirk nunca me convenció. Pero Mort Cinder… eso es…
-Vos releés cosas tuyas y retomás alguna punta que haya quedado colgada, algún enemigo que haya quedado vivo…
-Todo el tiempo. Me encanta.
-¿Hacés eso?
-Ajá. Por una simple razón. ¿Qué es lo más fascinante que hay en las historias? Los malos. Un bueno es bueno, y es bueno en una manera bondadosa, pero los malos, los villanos… Escuchame, en Batman, ¿quién es más interesante? ¿Batman o el Joker? ¡El Joker! Batman está bien, es bueno, mientras que el otro no tiene ningún límite. Entonces el Joker es el gatillo de la historia, el malo es el que hace que el bueno intervenga. Vos sabés que el bueno va a venir, va a intervenir, lo va a cagar, etcétera, pero el malo es el bueno, o digamos que lo interesante es el malo…
-¿Cómo es tu forma técnica para escribir guiones y cómo es tu trabajo con los dibujantes? Vos dividís por página, por cuadro…
-Por cuadro, fijate (señala el cuaderno), está todo dividido por cuadro, después cuando lo paso a la computadora doy las aclaratorias, cada cuadro tiene una aclaratoria: cómo debe ser el enfoque, primer plano, personaje, documentación, expresión, etcétera…
-¿Y vos ya sabés para qué dibujante lo estás haciendo?
-Sí, hace una diferencia tremenda.
-Pero cuando empezaste en Columba no…
-No, no, no, en esa época no, hoy en día yo trabajo con Falugi, Carlos Gómez, Salinas, Enrique Breccia, yo sé exactamente lo que ellos pueden dar. (Al momento de subir esta página, Robin trabaja con Carlos Gómez, Pedrazzini, Goiriz y varios coloristas)
-En el librito de guiones de Columba encontré que en una semana entregaste dieciséis guiones juntos, ¿cómo hacías para escribir dieciséis guiones por semana? Porque no es que no hiciste nada la semana anterior ni nada en las siguientes, una semana hacías diez, otra doce, ¿cómo hacías para producir tanto? ¿Tuviste ayudantes?
-Nunca; nunca. Una vez Columba me puso ayudantes, pero no funcionaba, porque la idea de ellos era que los ayudantes escribían el guion y yo los retocaba y salía. Pero cuando yo los leía… los hacía de vuelta, entonces le dije a Columba: “Para esto laburo yo solo”, pero hasta hoy en día, escribo cantidades; esto lo escribí esta mañana en dos horas (de nuevo señala el cuaderno), es una historieta de Dago… Ayer escribí otra, no, ayer escribí dos… Pero aparte de eso hago los libros de Dago, de 94 páginas que no sé si los viste…
-¿Escribís algo más aparte de historietas?
-Sí, sí, sí… Escribo muchos artículos sobre cine, sobre historia, análisis histórico…
-Escribís en danés, en inglés…
-En danés, en inglés, en italiano, en francés, etcétera, aparte de eso… yo soy un combatiente ecologista… pacífico, no estoy diciéndole a nadie lo que tiene que hacer, simplemente hago lo que puedo… he salido en libros sobre ecología… Creo que tengo una cierta conciencia social…
-Engancho esto con una pregunta que tenía dando vueltas, ¿cuando hacés las historietas, alguna vez dejás traspasar un mensaje, una ideología, algunas ideas tuyas…? ¿Alguna vez sentías que estabas transmitiendo tus ideas personales a los protagonistas o que una idea fuerte tuya era el mensaje de la historieta?
-Sí, sí, eso es inevitable… Yo tengo una conciencia social, porque no formo parte de ningún grupo, pero no podés evitar, mirar alrededor y sacar la conclusión de que un poquitito… Yo pago los estudios de más de veinte chicos pobres, aquí en Sudamérica, a través de organizaciones danesas… soy ecologista, no un ecologista agresivo, porque yo creo que eso también llega a sus extremos… yo hago la mía…
-¿Alguna vez un personaje dijo “No como carne porque está mal”, o una cosa así?
-No, no, nunca, porque eso es algo a título personal, no podés obligar a la gente a ser vegetariano, a no beber…
-En los ‘70 se te ve sobre todo en Mark, una especie de enfrentamiento a la tecnología, a las computadoras, Mark dice: ‘Los de la ciudad son como robots manejados por las computadoras’… Te venía molestando la tecnología…
-Claro, pero no la tecnología, lo inútil que yo era en relación con ella. Vale decir que yo aprendí a manejar una computadora hace dos años, antes era todo así (señala el cuaderno), y con birome roja hacía las aclaratorias y mi mujer las pasaba a máquina. Hasta que un día, me agarró, me hizo sentar y me dijo: “Tu problema es que sos perezoso, ahora vas a aprender” y ahora uso la computadora.
-¿No te aburrís del formato que te obliga terminar la historia cada doce o trece páginas? ¿No tenés necesidad de hacer historias más largas?
-Las hago; hice un mecanismo ahora, que por ejemplo series como Amanda y Dago, son de doce páginas; pero la historia en sí, se extiende a cinco capítulos, o sea que al final, serían unas cincuenta páginas, por la posibilidad de hacerlo en libro.
-Vos escribiste infinidad de géneros, históricas, western, policial… ¿con cuál es el que te sentís más cómodo?
-Todos… Dependiendo del humor del día….
-¿Qué pasa cuando te ponés a escribir, por ejemplo un guión de Nippur y después tenés ganas de escribir otro y otro…? Yo vi en el cuadernito que entregabas varios guiones del mismo personaje el mismo día, después durante tres meses a ese no lo tocabas, después otra entrega de varios episodios…
-Es el ritmo. Anoche escribí un Dago, este lo escribí esta mañana, a las cuatro de la mañana (señala el cuaderno), probablemente esta tarde escriba el tercero.
-¿Te arrepentís de algo de lo que hiciste? ¿Hay algún trabajo que digas me arrepiento de haber hecho esto?
-Sí, un montón…
-¿Puedo nombrar uno?
-Dale.
-La adaptación de La Guerra de las Galaxias.
-Ahhh, pero de eso no me arrepiento por una sencilla razón; era la época que Columba había hecho un trato con una empresa cinematográfica, entonces estas empresas mandaban una reseña, una brevísima reseña de veinte palabras, y cuando yo pienso que hice La Carga de la Brigada Ligera, -inclusive ahora estoy tratando de hacer una reproducción de la Carga en miniaturas-, y cuando lo leí, y me acordé de lo que había escrito… ¡y a la puta! Pero claro, me daban así, “Robin tomá”, diez líneas, y sobre eso tenías que improvisar, yo no tenía la más puta idea de qué se trataba, asi también hice La Profundidad, y una vez me trajeron uno, en la época de los luchadores de catch mexicanos… Super Argo, terrible. Te traían y te daban un papelito, “Mirá, hacé algo sobre esto…” ” Bueh…” Y algo hay que hacer… La Carga de la Brigada Ligera es una cagada total… La Profundidad – The Deep- , que la salvó el dibujante, porque era una cagada. Una vez, Johnny, mi amigo, estaba conmigo en el aeropuerto, yo me volvía a Europa, y yo estaba ahí, meta escribir, marcar, todo, hasta que anuncian vuelo con destino a Ginebra,“Okey, terminé”, le digo: “Negro, llevalo y que en Columba alguno lo pase a máquina…” Y salió una cagada total.
¿Alguna vez un personaje te resultó un éxito sorpresa, que vos no esperabas gran cosa y de repente pegó mucho…?
-Yo pensé que Helena era una pavada; Mi Novia y Yo era una historieta nada más, yo no pensaba una serie… Hubo varias humorísticas y esta era simplemente una más, y de repente en Columba me dicen: “Mirá, tenemos correo, llamadas telefónicas y demás, ¿vos podés seguir haciéndola?” ¿Y qué historias puede haber de un tipo que está de novio con una petisa de mal carácter y que tiene un perro? Eh… cuatrocientos cincuenta capítulos. Y el otro en el que no creí y lo hice realmente porque me interesó a mí, fue Helena. Yo lo empecé a escribir y nunca estuve totalmente satisfecho con eso; Ernesto García Seijas que es un gran dibujante, en esa época estaba muy duro, muy… Y sin embargo fue un éxito y hasta se hizo la serie de televisión en Italia, todo…
-¿Y al revés? Uno al que vos le apostabas todo y no pegó.
-Ronstadt, por ejemplo. Yo pensé: ‘Este personaje me fascina’, pero me cagaron con el dibujante…
-¿Alguna vez te sentiste decepcionado por el dibujante, que vos te habías imaginado al personaje de una manera y el resultado final es un desastre…?
-Uf… Noventa por cierto de las veces…
-¿Y con el color de Columba?
-¿Qué color? (risas)
-¿Quién los convenció de que había que sacar todo a color?
-¿Qué sé yo? Yo estaba en China, en Japón, yo estaba lejos… Por alguna razón también… Eso era horroroso.
-Cuando vos hacías diferentes géneros, ¿era porque vos querías o porque te lo pedían?
-No, porque yo quería. Yo todavía hasta hoy en día, leo Mi Novia y Yo o Pepe Sánchez y me río. Y como yo siempre digo: “No debe estar del todo mal cuando el autor se caga de risa”. Pero además, como yo escribo de esta manera, así, de un tirón, no lo razono, no lo pienso. Carlitos Gómez se divierte porque siempre me pregunta: “¿Y qué va a pasar en el próximo capítulo de la serie?” Y yo le digo: “No tengo la más puta idea”. Y Falugi, el que hace Amanda, él también lo sabe: “Y bueh, esperemos”, -dice-. Ellos saben que yo no sé lo que va a pasar.
-¿Con qué dibujantes te gustaría trabajar?
-Con los que trabajo ahora que realmente me gustan, Zanotto, Alcatena, Falugi, Carlos Gómez, Salinas… (Además de los países que nombra Robin, a la fecha sus obras se han publicado también en México, Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Suiza).
-¿Y alguno de los que no estés trabajando?
-Es difícil, porque una cosa es lo que muestran y otro es cuando empiezan a la serie… Un soldado puede estar muy bien vestido, andar bien a caballo, todo, pero cuando empieza la batalla, ahí es otra cosa. Eso ha ocurrido muchísimas veces, una serie es un ejercicio de resistencia, y de decisión, de ganas, no de otra cosa.
-¿Cómo fue o cómo es tu relación con otros guionistas, por ejemplo con Oesterheld, tuviste algún tipo de relación?
-No, a Oesterheld lo conocí una sola vez y fueron dos minutos, nada más. Me preguntó a qué me dedicaba.
-¿Con Ricardo Barreiro?
-¿Era el Loco? Sí, a él lo conocí… Bueno, vos sabés lo que era Barreiro… y me encontré con él en el primer Fantabaires apareció él en su estado habitual y me dijo: “Vos sos Robin Wood”, “Si”, le digo,“Yo soy Barreiro”. “Ah… ¿Y?” “Sabés qué, vos no tenés la cara de hijo de puta que me dijeron que sos”. “No”, le digo, “la carita me la dio mamá”. Y terminamos a las seis de la mañana, con un pedo total, porque con Barreiro no podés terminar de otra manera… Y me cayó muy bien, realmente me cayó muy bien. Me gustó mucho el tipo…
-¿Y con Carlos Trillo?
-Mirá, honestamente creo que Carlos Trillo me odia a muerte, pero nunca he hablado con él. Nunca he hablado con él, pero tengo un resentimiento muy profundo contra él y Guillermo Saccomano, porque cuando hicieron La Historia de la Historieta -que incluso se publicó en Francia- me pusieron como fachista, y yo pensé ¿por qué me acusan de algo así? A mí, que una vez lo dije, en una reunión que me acusaban de capitalista, en el período peronista, de la revista El Descamisado y demás, y me dijeron que participara y yo les digo: “No puedo por una simple razón: primero, que no vivo aquí, no voy a tomar partido político por nadie, no lo tomo ni por los milicos ni por los peronistas, porque si algo no me convence, ¿por qué lo voy a hacer? ¿porque todos lo hacen?” Entonces ahí me atacaron muchísimo (y hasta hoy día), por fachista. Yo dije: “Pero aquí yo soy el único que ha sido obrero, todos ustedes son universitarios, estudiantes, burguesía, aquí el único que ha sido obrajero en el Alto Paraná, que ha trabajado como levantador de piedras en el Chaco, que ha sido obrero de fábrica, soy yo. ¿Y ahora ustedes me llaman a mí fachista, capitalista, burgués?” Y Saccomano y Trillo hicieron ese libro… y yo respeto al trabajo de Trillo, respeto a Saccomano, es decir, una cosa es su trabajo, ahora pues, nunca entendí que sacaran ese artículo lapidario que me tildaban de fachista… yo no sé por qué. Honestamente, con Trillo yo hablé una sola vez cinco palabras, le dije: “Hola”, en una reunión, siempre nos hemos tratado con total cortesía, no conozco al hombre, pero el hombre tampoco me conoce a mí… Y una vez le dije a Salinas padre, José Luis Salinas, cuando hicieron un quilombo en una bienal en Córdoba que yo gané la medalla de oro, y me dice: “No, Robin, vos entendé que nosotros estamos en contra de esa sociedad vampirista que es Columba, no contra vos”. “Bueno, pero yo trabajo para Columba, Columba me ha tratado siempre bien, y todos estos dibujantes que están alrededor mío, trabajan para Columba; cuando vos atacás a Columba, nos atacás a todos nosotros”. “No, no, no”. “Vos sos un privilegiado”, le digo, “no te me vengas a hacer el rebelde, porque vos venís de una familia de abolengo, siempre fuiste rico, trabajaste para Estados Unidos siempre, el Cisco Kid y todo eso, ¿cómo de repente te venís a hacer el rebelde social aquí? Vos estás elegante, bien vestido, bien comido y financiado y de repente querés…” Ah, como otro tarado, también, que dijo: “Lo que vamos a hacer es ir a tomar Columba y quemarla”. No me acuerdo quién era, pero yo le dije: “Sí, vos querés ir a tomar Columba y quemarla, ¿sabes por qué? Porque sos un dibujante malo. Sos un mediocre…” Cuando José Luis Salinas se enteró de que Alberto, su hijo, iba a trabajar conmigo, le dio un soponcio. Esto ocurrió porque cuando Ramón Columba y José Luis Salinas se conocen, Columba padre era un escribiente en el Congreso, y Salinas ya era El; pero sucede que Ramón Columba padre tenía gran talento y edita El Congreso que yo He Visto y eso, y con los manguitos que sacó, hizo El Tony, y eso creció y creció y yo creo que José Luis Salinas nunca le perdonó que siendo El, el genio -que lo fue-, este otro, creo un imperio. Ramón Columba padre terminó rico, rico, en un imperio, mientras José Luis Salinas seguía trabajando para la Fleetway.
-¿En qué países se publicaron tus obras?
-Un montón… En Brasil, en Alemania, en Francia, Italia, en Turquía, en Samoa, ahora van a empezar a publicar también en España, donde ya publiqué… (Dentro de la ciencia-ficción, actualmente Robin se encuentra desarrollando la serie Warrior-M con dibujos de Roberto Goiriz.)
-Empezaste muchísimas series y muchísimas series dejaron de hacerse… ¿Tus series, llegan a finales? ¿Terminan alguna vez?
-No siempre… porque a veces el dibujante cambia, por ejemplo, vos te habrás dado cuenta, Kayan empezó con Zaffino, siguió con otro… y después lo siguió Enrique Villagrán, porque no te olvides, una serie tiene dibujantes…
-Pero cuando vos las escribís, no les pensás un final…
-Llega un momento, donde pensás, por equis razones, aquí vamos a terminarla. Por ejemplo, Kozakovich & Connors, que terminó ahí…
-Y cuando otro guionista la seguía ¿cómo era? Vos se la pasabas…
-Era esa época en Columba, cuando yo tenía tantas series, además yo viajaba, yo desaparecía a veces por meses, y ellos tenían una producción por las dudas, sus guionistas podían llenar esos huecos, pero, honestamente nunca me molestó eso.
-Cuando trabajabas para Columba, o para otra editorial, ¿tuviste problemas de censura, con respecto al sexo, las puteadas?
-Uf, uf… No solamente de sexo, también de política….
-Eso quería saber, por ejemplo, en la época de la dictadura, ¿tuviste que cambiar algo, alguna vez alguien te dijo: “No toques más este tema”?
-No, pero me vinieron a ver una vez, unos señores, que me dijeron que yo había estado escribiendo cosas buenas sobre los judíos. Y yo dije: “Sí, ¿y?”, “-Bueno, sabe que eso se puede ver como una crítica”. “No es crítica, yo hice una historia sobre la creación del Estado de Israel”, “Usted sabe que los Sabios de Sión han intentado dominar la Patagonia…” “No jodan, yo escribí una historieta, ¿qué me van a hacer?” “No, le advertimos amistosamente que no siga con eso porque el sionismo está tratando de destruir a la Argentina”. Yo crecí con los judíos, allá donde yo era muy joven, muy pobre, estos judíos polacos que eran todos taxistas… Dicen: “Los judíos siempre tienen plata”, pero estos judíos polacos no tenían un mango. Nada. Mi primera novia fue judía, y yo crecí con ellos, hasta aprendí a hablar iddish, y leía textos hebreos, poesía, de todo, como siempre…
-Y con respecto al sexo, en Columba te corregían…
-Uuuh… Además había varias cosas que eran tabú.
-¿Cuando empezaste te dijeron: “Esto, esto y esto no lo podés poner”?
-Absolutamente. Adulterio era tabú, suicidio no se podía. Era anticatólico. No se podían suicidar. Sexo, por supuesto, nada. Había una escena en que Grace Henrichsen estaba en la ducha con bombacha y corpiño. Yo fui a ver a Presas y te digo: “¿Tu esposa se ducha con bombacha y corpiño? (risas) Es tan ridículo, la gente se va a reír”. Además a los dibujantes les decían que los senos no fueran muy grandes, porque sino parecía una provocación…
-Contame alguna anécdota o algo relacionado a la idea detrás de la creación de los personajes de esta colección… Empecemos por Nippur. En el episodio 100 de Mi Novia y Yo, el protagonista lee un libro que se llama Lagash de Nippur y de ahí sacas el nombre Nippur de Lagash, ¿eso fue así?
-No, eso es mentira. Yo leía sobre sumeriología, y había dos ciudades importantes, Nippur y Lagash.
Y en ese momento cuando Lucho me dijo: “Hacete algo”, yo dije: “Bueno, un guerrero”; ahora ¿como mierda se llamaba un guerrero en la Mesopotamia? Pepe no se llamaba, entonces se me ocurrió la idea: okey, la ciudad de Nippur es la ciudad de Lagash y el padre de Nippur nació en Lagash o viceversa, le puse a él el nombre de una ciudad y lo hice vivir en la otra. Así de simple, fue una emergencia.
-¿Por qué Nippur teniendo amigos en todos los reinos no va de una a recuperar Lagash y decide vagar por todo el mundo?
-Una vez un individuo, un tipo al que yo conocí en la época de mi apogeo aquí, me dice: “Pero Robin, vos en Buenos Aires…” -yo estaba viviendo en España, en un viejo caserón abandonado, que después yo arreglé-… me dice: “Pero vos en Buenos Aires, en Argentina, en Sudamérica, sos conocido, sos famoso, podrías vivir ahí, ganás muchísimo dinero, y estás aquí, donde no te conoce nadie, donde se ríen de tu nombre… ¿por qué?” Y yo le dije: “Nunca se me ocurrió, prefiero estar aquí”. Me preguntan por qué vivo en Dinamarca, donde no me conoce nadie, y todos dicen el sudamericano ese que vive en la casa blanca y es periodista o algo así, y me gusta eso.
-¿Y vos crees que a Nippur le gustaba el seguir viajando…?
-¿Sabés qué? Yo viajé durante treinta y dos años, pero todo el tiempo, he hecho, por ejemplo, el famoso viaje en tren de Londres a Hong Kong, cruzando toda Europa, cruzando Rusia, Mongolia -yo no sabía que Mongolia existía, y ahí estaba-, cruce toda China, llegué a Hong Kong, de ahí me fui a Macao, después me fui a Australia, viví varios años en Australia… Viajé por tierra desde Buenos Aires hasta México, no pude entrar en Estados Unidos porque no tenía visa, pero de ahí volé… y me fui prácticamente a pie desde Holanda hasta Dinamarca… Yo bajé de los Himalayas en balsa, en Nepal, 150 kilómetros de rápidos, y estuve en India, Escandinavia….
-¿Dennis Martin viene inspirado por James Bond?
-No, no, curiosamente, Dennis Martin venía inspirado en Terence Stapp. Yo veía Modesty Blaze y Terence Stapp que era un hombre muy hermoso pero con cara de malo, hacía el papel de Willie Garvin, el ladero, y tiraba cuchillos todo el tiempo, y era así, exquisito, malo, pero malo, malo. Y cuando yo vi en Modesty Blaze a ese personaje, se me ocurrió Dennis Martin.
-¿Y Mark sale de El Hombre Omega, no?
-Sí, con Charlton Heston, de ahí me vino la idea. Además vos viste lo que es Charlton Heston, épico, colosal, fuerte, todo. Entonces ahí me vino la idea de crear a este personaje que estuviera perdido en ese nuevo mundo.
-¿Y Savarese?
-Quise crear un antihéroe, me basé un poco en Al Pacino y Dustin Hoffman. Yo había estado en Sicilia y siempre me gustó el ritmo de Sicilia, yo hablo italiano, por supuesto, y hasta hoy día cuando lo hablo parece que con un acento bastante siciliano. Y de repente pensé, podés crear un héroe que al mismo tiempo sea un perdedor, y creé a Savarese. Era un pobre… un poco fue un predecesor de Mojado, pero Mojado tenía la fuerza, era un pegador, Savarese no tenía nada, excepto el cerebro. Era chiquito, era feo, fumaba demasiado, tenía caspa, además se enamoraba perdidamente de Anemette, que Anemette es mi mujer. Por eso es danesa, como Ingebord, la prima de ella, también, yo siempre tuve un gran problema con las escandinavas… Pero cuando hace diecinueve años atrás, vine con Anemette embarazada de mi primer hijo, fuimos a Paraguay, a una gran recepción, una noche, en una fiesta y yo charlaba por ahí, y Anemette se queda sentada con su pancita de cinco meses y un tipo elegante de traje se le sienta al lado y después de un momento le dice (con un acento paraguayo muy divertido): “Anemette, ¿por qué le hacei eso al Savarese?” Mi mujer lo mira: “Perdón…” “-Él te quiere, él te quiere mucho, vos no tené’ que andar con otro’ hombre’…” Y la danesa que es sólida como una pared con nada de esa imaginación latina…“Vo’ tené’ que quererlo, te tené’ que casar con él… Mientras él está peleando, vo’ sali’ con otro poráhi, no le hagá eso”. “Permiso”. Viene la gringa y me dice: “Ven aquí. Just fuck off you and your fucking followers, this is it! Estoy aquí embarazada de cinco meses y este me está diciendo que no me vaya a encamar con nadie más porque tengo que vivir con un siciliano que no conozco. Manteneme al margen de esto, están todos locos” (risas).
-¿Vos te considerás argentino, paraguayo, danés…?
-¿Qué importancia tiene? Qué importancia tiene eso de ponerse una etiqueta ‘Soy Argentino’, ¿qué es un argentino? Un cordobés, un santiagueño, un misionero… cuando se habla de ser argentino, ¿qué es? ¿Qué es un paraguayo? Un concepcionero, un encarnaceño, un guaireño, es como decir yo soy francés, pero yo conozco Francia, yo he vivido en Francia, y yo sé que un francés de la Alsacia, Lorena, es un medio alemán, que uno de la Camarga es otra cosa y así… Nacionalidad es una cosa geográfica, nada más… ¿España? Un catalán, un vasco, un gallego, un andaluz… En España te dicen “Shomo’ andaluze”‘ “-¿Españoles?” “Ah, esho tambi锑. Eso es una cosa geográfica, política…
-¿En qué cosas cree Robin Wood?
-No creo en Dios, no porque haya tomado esa decisión, sino porque simplemente nunca pude… ni siquiera me lo postulé el creer en Dios, que hay algo más… Una periodista el otro día en Paraguay me preguntó si yo creía en la vida después de la muerte, y le dije: “Jamás me preocupé por ello. Cuando muera me voy a enterar. Pero no creo que esto sea una especie de aduana, que tenés que llenar formularios para poder entrar”. Yo creo en lo que decía Zorba el Griego: “Dios debe ser un tipo cansado, envejecido, harto, y a ese tipo que maneja todo vos vas a ir a decirle Señor, he fornicado”, (risas), “Señor, he mentido”, yo no entiendo; el tipo te dice: “Por favor, andate. No me vengas a joder con esas pavadas”; escuchame, mi fornicación, mis mentiras, ¿le van a interesar a Dios si es que existe? Yo no estoy seguro, pero la patada más chica que te da…
-¿Y en vida extraterrestre? No recuerdo mucha ciencia ficción en la obra de Robin Wood…
-Si, he hecho Starlight con Zanotto, pero no… (Dentro de la ciencia ficción, actualmente Robin se encuentra desarrollando la serie Warrior-M con dibujos de Roberto Goiriz)
-¿En la magia?
– A todo eso yo le doy la concesión de que puede ser… Es divertidísimo, existen las cartas del tarot Robin Wood, pero yo no creo en eso, no creo en todas esas cosas… No, no es que no creo, jamás me preocuparon directamente, si hay magia, si hay seres extraterrestres, perfecto, no me molesta…
-Enganchando con el tarot, ¿qué hay de Robin Wood aparte de los cómics?
-Todo, de todo. Ahora estoy preparando más películas, aquí ya hice una con Darío Grandinetti, la serie de tevé La Condena de Gabriel Doyle, la serie de Helena en Italia, y ahora tengo un nuevo proyecto con Raúl de la Torre para otra película, un montón de cosas…
-¿Y merchandising?
-En España están haciendo los muñecos de Dago, hay un montón de cosas… Graciela, mi representante, se ocupa de todo eso, porque sino yo no escribiría una línea jamás…
-¿Cómo es un día en la vida de Robin Wood?
-Me levanto, generalmente… Sufro de insomnio, es muy raro que duerma más de cuatro, cinco horas. Me levanto muchas veces a las cinco, seis de la mañana y me voy a correr. Unos cinco kilómetros por día. He corrido medias maratones y demás, después voy a hacer un poco de boxeo, soy cinturón negro de karate, tercer dan, he sido competidor internacional representando a Suiza y a Inglaterra, en otros tiempos, por supuesto, después el resto es… caótico. Simplemente escribo, leo, dibujo, voy, salgo, no hay ningún… Ahora estoy preparando dos viajes que voy a hacer el año que viene, uno es a Groenlandia, quiero cruzar en trineo tirado por perros la parte Este, y el otro es a Islandia… Siempre hago así, un par de viajes a la vez. Leo continuamente, a veces leo el mismo libro varias veces. Nunca me canso de releer algunos libros. Leo la Biblia…
-Hay un libro de Isaac Asimov que se llama Guía de la Biblia
-Sí, ese lo tengo, lo leí, es muy bueno…
-Hay quien dice que no lo escribió Asimov sino sus ayudantes, pero…
-Hay muchos que dicen que Robin Wood es una organización de escritores que trabajan juntos… (risas). La Biblia la leo y la rastreo, he leído El Corán… Es todo medio caótico, como mi música; mi música es… caótica. Me preguntan qué música me gusta “Ninguna”. Me gustan canciones, el jazz no me gusta, pero escucho a Satchmo cantando This is a Beautiful World y es bárbaro. Me gustan óperas, me gustan conciertos, me gusta la Novena Sinfonía de Beethoven, me gusta Carreras, etcétera. No es un tipo de música que me gusta…
-¿Qué tenés contra los perros que en todas tus historietas “perro” es un insulto?
-Es una expresión idiomática, nada más. Y además existe, para los musulmanes, los cristianos…
-Sí, bueno, pero la usa tanto Nippur como Mark o Savarese… Todos insultan “¡Perro!”.
-Honestamente a mí los perros no me gustan. Yo tuve de chico en Paraguay un perro fantástico que se llamaba Tom, pero en general nunca he entendido el placer de estos… En Copenhague cada mañana hay estos desfiles de gente atragantadas de sueño tambaleándose, paseando un perrito, con el guantecito de plástico, por que cuando cagan hay que recogerlo y yo me pregunto cuál es exactamente el placer de un perro que encima viene y te lame, te llena de saliva y demás, ¿cuál es…? No tengo nada en contra de los perros, no los quiero en mi casa, eso sí… Y particularmente hay momentos en que a los villanos yo los llamo ‘cerdos’ y demás, a mí me encanta el jamón, o sea que no es nada personal, es puramente idiomático.
-Para terminar, ¿qué querés decirle a los fans de Columba de siempre que se vuelven a enganchar en este proyecto…?
-Que ellos han sido la mayor fuerza de la historieta que jamás existió aquí. Porque con todo respeto, el manga, los superhéroes, todos esos son transitorios, porque no neguemos, estas historietas de estos personajes han existido ya por más de treinta años, y todavía hay gente joven no solo los viejos lectores, que conocen a estos personajes, que los buscan…
-Y un mensaje para los chicos que por primera vez tienen la posibilidad de acceder al número uno, por ejemplo, de Nippur…
-Es muy simple, como todos los vicios, es una cuestión de adicción, pero por lo menos creo que esta es una adicción positiva, es una cosa para soñar, para fantasear. Hoy estamos perdiendo mucho la fantasía, la cultura oficial ha perdido mucho la fantasía. Y sin embargo en Latinoamérica y en Europa, la historieta sigue tan activa, tan… y eso es lo que siempre trato de explicar cuando me dicen: “Ta televisión va a acabar con la historieta”, y yo digo: “Pero son cosas diferentes”. Cuando salió la televisión le llamaban la Caja Boba, dijeron que iba a acabar con el cine, ¿por qué? Son dos cosas diferentes. Ricky Martin no va a dejar sin trabajo a Plácido Domingo, porque son dos cosas distintas. El otro día un periodista de televisión me estaba haciendo un reportaje y compara como un idiota y dice: “Bueno, yo no leo historietas porque leo libros…” ¿y qué tiene que ver una cosa con la otra? Es como que yo te digo: “Yo hago karate” y vos me decís: “Eso está muy bien, pero yo personalmente prefiero el tenis”. Las dos cosas están muy bien, pero son dos cosas que no tienen nada que ver una con la otra. La estupidez de la gente a veces es colosal y Dios sabe que yo quiero a mi público, los cuido, etcétera, trabajo lo mejor que puedo, porque si ellos pagan tienen el derecho a exigir…
-Planes para el futuro y terminamos…
-Acabo de hacer el Libro del Centenario. En Italia decidieron hacer un libro que cubriera todos los últimos cien años como apertura para el 2000, entonces la idea era hacer diez historietas, cada una marcaba algún punto especial en una década. Me llamaron y me preguntaron si podía hacer uno. Por supuesto. Curiosamente después me llamaron otra vez y me dijeron si podía hacer los diez. Hice las diez. Una de ellas es la muerte del Che Guevara combinada con la llegada del hombre a la Luna; el primero es la batalla de Spear Copt, donde participaron tres hombres: uno fue Louis Botha, que después fue el primer presidente de Sudáfrica; el otro fue Winston Churchill, que era un teniente; y el tercero fue Mahatma Gandhi, que en esa época era un enfermero hindú. El segundo es la muerte de Rasputín, el tercero es la muerte de Pancho Villa y su obsesión con una chica que él conocía, después viene una de gángsters cómica, porque yo quería variar… y los dibujantes que hicieron esto son individuos como Quique Alcatena, Mássimo Carnevale de Italia, Jordi Bernet de España, Ernesto García Seijas, Mandrafina, Solano López, Carlos Gómez, es decir, es un who’s who de la historieta. Yo hice los diez guiones y salió ahora en Italia y estaba por todas partes, y justamente en Roma, el 16 de noviembre tengo que estar ahí, porque se hace una especie de homenaje al libro, y el 27 en Lucca, la ciudad más renacentista de Italia, hacen una exhibición de Dago, que dura un mes; se hace en el Palacio Ducal, en el cual combinan con museos de Italia, armaduras ropas, libros de la época, todo, etcétera.
-Bueno, esto es todo, muchísimas gracias, Robin.
-Chau, suerte.
[Publicado en Portal Guaraní]

Dou uma volta de bicicleta por São Paulo e suas contraditórias paisagens pós-covid. Enquanto contávamos cadáveres, o novo normal se impôs para manter a máquina do capitalismo. Como rasgar a normalidade e, por trás dela, encarar a mudança?

Escrito por Fernanda Almeida

Pedalo diariamente 16 quilômetros, distância entre minha casa e um dos meus muitos trabalhos. Saio do centro antigo e vou até o elegante bairro de Pinheiros. Percorro um caminho no qual o desenho da paisagem urbana é como um retrato flagrante das contradições das relações sociais, sobretudo em tempos pandêmicos.

Por ser trabalhadora da saúde pública, não vivenciei o angustiante teletrabalho. É bem verdade que, no início, cheguei a sentir inveja dessa história de ficar em casa de pijama da cintura para baixo, fazendo pão e praticando yoga na frente de uma tela. Passados um ano e meio percebo que alguns amigos que tiveram a “condição” de se isolar em casa, por vezes, estão mais entristecidos, mais cansados, e até mesmo mais adoecidos do que nós, que enfrentamos a pandemia nas idas e vindas diárias pelas ruas da cidade. Percebo agora que são mais complexas as camadas para compreensão dos impactos (objetivos e subjetivos) do confinamento forçado pela pandemia, ainda que reconheça que, para alguns, ter podido isolar-se foi um privilégio.

Embora desaconselhado por especialistas, eu pedalo ouvindo música. Sempre gostei de pensar a cidade como palco. Assim, no tablado da minha rotina cotidiana sou eu quem escolhe a trilha sonora, pedalando vou construindo histórias imaginárias, talvez uma forma de proteger-me da desmesurada realidade. A música invade os meus sentidos e me distrai, mas não o suficiente para me impedir de ler uma sequência desconcertante de placas: “Aluga-se”, “Vende-se” e “Passo o ponto”. Tampouco me impede de notar que as fileiras de portas fechadas denunciam a falência da pequena economia local, aquela que sempre encheu pratos de feijão, mas nunca fez acumular o dinheiro suficiente para a compra de fuzis.

Agora que as portas de muitos comércios estão fechadas é possível, com mais “conivência”, utilizar as soleiras e transformar as calçadas em moradia. Gente e mais gente espalha-se pelo passeio público. Lembro-me de que o contingente de pessoas em situação de rua nos últimos anos mais que triplicou. Esbarro neles, desvio deles, reconheço eles, cumprimento alguns deles. Barraca, cobertor, carrinho de papelão, restos de comida contrastam com as fachadas espelhadas dos prédios na avenida mais palco do país, a Avenida Paulista. Dia desses, subindo a Rua da Consolação, eu estava embalada pela melodiosa voz de Vanessa da Mata, em sua nostálgica canção Carta (Ano de 1890).

Ando nas ruas do centro
Estou lembrando tempos
Enquanto lhe vejo caminhar


Aguando a calçada
Um barbeia um velho
Deita a noite e diz poesia (serenata)


Vinho enquanto ouve choro costurar
Passei em casa, seu Zé não estava
Memórias Senhor Brás Cubas postumavam
Enquanto vi passar Helena pra casa de chá


Devagar, bonde na praça
Ainda borda delicadeza
Torna a gente
Banca de flores
Libertando sorrisos no ar

No meu percurso de ida, a Rua da Consolação é sempre a mais inspiradora. O contraste talvez seja a melhor definição. Ao ganhar fôlego para vencer a ladeira sinto a presença das muitas camadas históricas que povoam o universo social e cultural da cidade. Tem igreja, prédio público, universidade, cemitério, bombeiros, lojas de luminárias, e sobretudo, muitas lendas urbanas: quem nunca ouviu falar do Bar das putas e suas muitas versões sobre o que ali acontecia em defesa das mulheres? Lamento por quem nunca tenha podido pegar uma sessão no Cine Belas Artes seguida de uns drinks no antigo e saudoso Riviera Bar. Ali, novo e velho convivem com seus nexos de memórias e símbolos.

Já no topo, no Espigão da Avenida Paulista, prestes a entrar na Avenida Dr. Arnaldo, um pensamento me invade: Quais são os sentidos da imperativa busca por normalidade? Antes disso preciso dizer algo; desde o início da pandemia, sempre que passo em frente ao Hospital Emílio Ribas sou tomada por uma sensação de reverência, fato de que até então minha alienação me “protegia”. Agora já não consigo deixar de pensar nos muitos homens e mulheres – os trabalhadores da saúde – que arriscam cotidianamente suas vidas para salvar outras tantas vidas. Também penso naqueles que perderam pessoas queridas. Me identifico com os órfãos, lamento os casamentos marcados que não aconteceram, imagino a solidão das viúvas, nem consigo presumir a dor da mãe sem filho para embalar. Ao mesmo tempo me ressinto com o vai e vem apressado das pessoas, em especial naquele quarteirão, me parece sintomática a desafetação dos transeuntes.

Retomo a partir daqui o argumento original que me fez pensar este texto. Foi ali, na curva da Praça dos Arcos, que comecei a examinar a pandemia a partir de ciclos imperativos em busca da normalidade: novo normal, voltando ao normal, e agora, mais recentemente, o normalíssimo.

Logo nos primeiros meses da pandemia era irritante a insistente tentativa de enquadrar o cotidiano a partir da noção de novo normal. Nas redes sociais não faltaram “especialistas” do mainstream na defesa da nova tendência. Uma busca insana por nos fazer aceitar forçosamente uma realidade inédita. E me perguntava sobre o interesse ideológico em firmar um novo normal. Aceitem que dói menos, é isso? Como toda novidade é sempre um campo de possibilidade de ruptura, era preciso rapidamente ditar os padrões do novo normal. Nesse sentido, o mercado foi esperto.

O jovem mercado empreendedor brasileiro apoderou-se da narrativa da saúde mental como sinônimo de bem-estar e construiu um amplo cardápio de novas necessidades em busca de minimizar a angústia dos meses iniciais. Agnes Heller enfatiza o quanto a cotidianidade, a partir de sua estrutura heterogênea, impõe uma certa adaptação. Assim, a adesão dos consumidores foi maciça e revelou ainda mais as contradições de classe. Enquanto contávamos cadáveres, o novo normal se impunha como desejo cínico para manter a máquina do capitalismo em movimento. Como resultado, o consumo e-commerce paulista disparou, só em 2020 cresceu 27%2. Uma pesquisa realizada pelo SEBRAE mostra que 1,8 milhão de pessoas se inscreveram no programa de microempreendedor individual (MEI)3. E, assim, os índices alarmantes de desemprego, precarização das relações de trabalho, uberização da vida e empobrecimento em massa – resultados da reestruturação do capitalismo na sua fase ultraneoliberal – aprofundaram-se.

Ao alcançar a esquina da rua Cardeal Arcoverde, um lampejo de alegria tomou-me de assalto. Uma fila de carros e pessoas esperam pela tão desejada dose de imunização contra o vírus que já provocou tantas mortes. O tradicional Centro de Saúde Geraldo de Paula Souza me faz lembrar que o ato de vacinar é coletivo e uma atitude política, portanto é uma práxis ética. Rememoro que, aquele quadrilátero da cidade, com seus prédios suntuosos com nomes de cientistas, infectologistas e sanitaristas, outrora desbotados na paisagem da cidade, ganha força na medida em que irradia luzes cintilantes de esperança em cada dose aplicada. Num instante, associo que a história da saúde pública brasileira pode ser contada a partir de um fio que liga o final do século XIX às determinações desta nossa época pandêmica. O mesmo espaço em que foram travadas as lutas pela erradicação das epidemias que castigavam a cidade no período imperial e no alvorecer da nova república é agora território de uma esperança, renovada a partir da força do SUS.

Ainda com tempo para uma pequena traquinagem, eu grito por trás da máscara cirúrgica: Viva o SUS! Fora Bolsonaro!!! Buzinas, gritos, aplausos… Feito criança que apertou a campainha do vizinho, pedalo mais rapidamente. O coração já está desacelerando quando a paisagem muda.

A rua Artur de Azevedo é mesmo interessante, tem de tudo um pouco, de lojinha de produto de limpeza a modernas cafeterias e hamburguerias. Tem gente em todo canto, uns de máscaras, outros sem. Velhinho passeando com cachorro, madame na butique, menino na bike em alta velocidade com suas mochilas Ifood, enfim, gente para lá e para cá. Daí penso: As coisas parecem estar voltando ao normal. Imediatamente, lembro-me de que o ar de normalidade é desconcertante, afinal ainda estamos enterrando mais de 450 pessoas por dia. São mais de 600 mil mortos. Travo um diálogo interno: Mas ninguém aguenta mais. Não seja tão tosca, estamos há um ano e meio nesse rolê insano!

Começo a pensar na banalização do uso da palavra Saúde Mental. Nas redes sociais não faltam postagens de fotos em churrascos, festas, aglomerações com a hashtag #saúdemental. É irônico pensar no tanto de gente que se arrisca contaminar em nome da “#saúdemental”. É triste perceber o individualismo flagrante de uma parcela da sociedade reivindicando a SUA #saúdemental. Como se ter saúde mental fosse um ato meramente individual. Eu que sou trabalhadora de um precarizado equipamento público de Saúde Mental começo a conjeturar: estariam esses tantos empenhados em defender a política pública de Saúde Mental cotidianamente ameaçada?

Agora já estou pertinho do meu trabalho. Aceno para um trabalhador de um prédio que todos os dias, impreterivelmente, recolhe as folhas e, por vezes, flores do ipê amarelo caídas na calçada. Eu e este jovem negro, cúmplices nesse olhar que atenua a rotina cotidiana.

Acho engraçado como os nomes podem dar sentidos diversos para as coisas. Nomear é dar significado. O Baixo Pinheiros agora está em alta. É lá que o CAPS-AD está localizado. Penso na nossa herança portuguesa e no legado urbanístico e cultural dos bairros altos e baixos. Em geral, são nos territórios marginais que a “vadiagem” se constituiu como simbólico. É bem verdade que o Baixo Pinheiros está mais para chique-hipster-descolado. Fato é que, neste espaço, uma concentração de bares, cervejarias, tabacarias, restaurantes, cafés vão dando ares de que tudo segue normalíssimo. E uma nova boemia masculina, branca e escolarizada aglomera-se. Percorro essas ruas pedalando e me pergunto: é possível ser flâneur em meio aos escombros? Na playlist Criolo sentencia sobre SP.

Os bares estão cheios de almas tão vazias
A ganância vibra, a vaidade excita
Devolva minha vida e morra afogada em seu próprio mar de fel
Aqui ninguém vai pro céu.


Não precisa morrer pra ver Deus
Não precisa sofrer pra saber o que é melhor pra você


Encontro tuas nuvens em cada escombro em cada esquina
Me dê um gole de vida


Não precisa morrer pra ver Deus

Enfim chego ao CAPS, amarro minha bicicleta em uma grade na entrada, estou pronta para iniciar mais uma jornada. Um homem em situação de rua que acompanho semanalmente me aguarda no espaço de convivência dos pacientes. Ele me diz em tom de indagação: “A senhora não tem medo de morrer andando de bicicleta nesse trânsito maluco de São Paulo?”. Sua pergunta me faz fraquejar as pernas e esmorecer a alma. Uma voz ecoa em mim: “Medo da morte”. Estico meu braço com o punho fechado em sua direção, cumprimentamo-nos com o famoso “soquinho”. Olho para ele e digo baixinho…São tantos medos, né? Por baixo da máscara começo a cantarolar: Você tem sede de quê? Você tem fome de quê? Seus olhos sorriem para mim.


1 Texto originalmente publicado no Boletim Online 60 – Jornal Digital dos Membros, Alunos e Ex-Alunos do Departamento de Psicanálise do Instituto Sedes Sapientiae, em setembro de 2021.

2 https://www.fecomercio.com.br/noticia/canal-de-consumo-na-pandemia-e-commerce-paulista-cresceu-27-em-2020-mostram-fecomerciosp-e-ebit-nielsen… 

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Como a cobertura facial reproduz nossa cultura política

Escrito por Rodrigo Stumpf González

Em fevereiro de 2020 foi declarada pela Organização Mundial da Saúde a emergência internacional pela difusão do Sars-Cov-2, vírus causador de uma infecção respiratória grave e em muitos casos mortal, denominada de Covid-19.

O desconhecimento das formas de transmissão do vírus, a inexistência de protocolos para seu tratamento e a preocupação com seu controle, em um cenário em que a maioria dos países do mundo não possuía nem infraestrutura, equipamentos de proteção ou serviços de saúde capazes de atender toda a população afetada gerou reações caóticas a princípio.

Isto levou, nos primeiros meses, a experiências com diferentes tratamentos, orientações contraditórias sobre o uso de máscaras, luvas e higienização de superfícies. A forma mais confiável de evitar a contaminação era a defesa do distanciamento, com o fechamento de escolas, comércios e serviços públicos. A vida cotidiana passou a ser vivida na internet.

A efetividade dos tratamentos e das medidas de proteção saiu dos debates acadêmicos entre os profissionais da saúde para tornar-se base dos discursos políticos em alguns países, como Brasil, Estados Unidos, França e Reino Unido, como elemento de identidade de governantes e oposição e seus apoiadores.

Assim, permanecer em casa conforme recomendação das autoridades locais, utilizar medicamentos para vermes contra a Covid, vacinar-se e usar máscaras passaram a ser comportamentos definidos não por uma decisão de seus benefícios fundada em informação técnica, mas conforme o grupo político ao qual pertence a pessoa.

Das diferentes formas de contestação às medidas de proteção e controle contra a pandemia, o uso de máscaras é o mais visível ao observador externo, tendo em vista que vários motivos podem levar a necessidade de sair à rua e apenas com informação pessoal pode ser possível saber se um indivíduo se vacinou ou tomou ivermectina. Isto leva à possibilidade de observar como este pequeno acessório, de pano, papel ou outros materiais, é carregado pelo público e criar hipóteses de como espelham características da cultura política de uma população.

Na prática, há uma série de possibilidades de uso das máscaras. Com o paulatino fim das medidas de restrição de circulação e reabertura de escolas, serviços e escritórios no Brasil, basta postar-se em uma janela e ver a realidade passar. Aqui vão minhas hipóteses, de acordo com algumas destas categorias, numa escala de cobertura facial que também é de sofisticação política.

O desmascarado. Divide-se em duas espécies diferentes. O desmascarado não-não-estou-nem-aí em geral é jovem e se encontra nos bares e nas ruas à noite, cercado por seus amigos também sem máscara. Quer apenas divertir-se despreocupadamente. Politicamente é alienado. Nem sabe por que a máscara é uma polêmica. Não deve ser confundido com o desmascarado militante. Esta é uma categoria que tende a ser menos comum. O indivíduo que anda nas ruas sem máscara acredita que o pior já passou, ou nunca houve grande risco, seja porque é apenas uma “gripezinha” ou porque o vírus é uma invenção da imprensa esquerdista. Pode ser apenas um cético ou individualista, que acha que se ele considera que não corre risco, os demais não importam. Mas pode tentar entrar em um supermercado e dizer que é seu direito, que ninguém o pode impedir. Politicamente desconfia das instituições, não aceita a legitimidade das restrições impostas. Nos EUA seria identificado como libertário, mas no Brasil aceita a liderança imposta de cima para baixo quando lhe convém. Pode até ter um elevado grau de instrução, mas sua cultura política é autoritária.

Porém enfrentar as autoridades e correr o risco de receber multas para declarar a sua liberdade de andar sem máscara implica em um compromisso político que a maioria não está disposta a manifestar. Como na política brasileira, a maioria é constituída dos ambivalentes.

Seu comportamento pode ser o da máscara na mão. Visto de longe pode ser confundido com o desmascarado, porque anda nas calçadas sem máscara e sem medo. Porém, nas mãos ou pendurado no pulso por uma alça carrega a máscara, à disposição para colocá-la caso em que tenha de entrar em um ônibus ou uma loja. Não contesta as instituições, apenas não tem grande interesse no que elas decidem. Sabe qual é a norma, mas considera um incômodo cumpri-la, o que só faz quando alguém está olhando.

Uma variação é a máscara no queixo. Provavelmente a categoria mais comum. Quem usa a máscara assim tem informação para saber a utilidade da máscara, mas acha que só precisa cumprir a norma se houver alguém próximo. Mantém no queixo para facilitar o bota e tira. Também pode manter pendurada em uma só orelha. Do ponto de vista das instituições, não contesta a validade da norma ou a legitimidade de quem a impõe. Só faz a sua própria interpretação da rigidez do uso. Na sua visão está fazendo tudo certo, pois quando alguém se aproxima ele puxa a máscara para cima.

Outra variação é o mascarado-com-nariz-de-fora. Usa a máscara mas não percebe ou não se importa quando fica com o nariz de fora, cobrindo apenas a boca. Não se insurge contra a norma, mas não dá muita atenção a seu cumprimento.

Os ambivalentes são o modelo típico da cultura política brasileira. Consideram-se democratas e cumpridores da lei, mas aceitam o jeitinho e a interpretação flexível quando lhes favorece, mas acham que a lei tem de ser dura quando é contra os outros.

Por fim temos o mascarado. O cidadão cumpridor das leis. Anda sempre com a máscara colocada, protegendo o rosto. Sabe a diferença entre o pff2 e a máscara de pano. Podemos dividir entre o mascarado por obrigação e o mascarado por opção. O mascarado por obrigação aceita a norma, quer se proteger e não quer chamar a atenção por descumpri-la. Não é um defensor feroz do seu uso, por isso vai preferir a máscara de pano ou papel descartável. Inclui o profissional mascarado, que usa a máscara da instituição a que pertence, com logotipo na lateral ou com o símbolo do clube, como na imensa coleção de máscaras do Flamengo usadas pelo vice-presidente Mourão.

O mascarado por opção usa uma máscara cirúrgica por baixo da máscara de pano com a mensagem política, ou a máscara pff2. Leu os artigos avaliando as diferenças de proteção e olha com cara feia quando passa o vizinho com a máscara no queixo.

Os mascarados, do ponto de vista da cultura política, incluem tanto os institucionalistas mais tradicionais, conservadores, que conhecem as leis e apoiam a democracia formal quanto os ativistas militantes, que fazem do uso da máscara uma mensagem crítica ao governo, uma forma de se diferenciar dos negacionistas. Para um a máscara é uma forma de não ser notado, para o outro a máscara é para ser notada. São provavelmente os mais sofisticados politicamente, seja à direita, seja à esquerda.

Este espelho de nossa cultura política ajuda a entender as dificuldades enfrentadas na aplicação de políticas consistentes no combate à pandemia. Historicamente o país construiu valores e atitudes em que prevalece a identificação pessoal com os governantes, cujas decisões são aceitas ou criticadas devido a relações de empatia ou rejeição de natureza emocional. As instituições são vistas como suspeitas e como mero instrumento da vontade do governante, numa espécie de “Síndrome do VAR”. Como torcedores em relação à revisão das decisões de campo, estas sempre parecem justas quando favorecem nosso time e são abusivas quando são a favor do adversário.

Isto dificulta a implementação de políticas públicas de saúde, pois o que leva ao respeito público pelas orientações não é sua racionalidade ou fundamento científico, mas a identificação política dos destinatários. O que seria um problema de longo prazo, cujos efeitos imediatos são individualizados, como a rejeição de vacinas contra o sarampo ou papiloma vírus, é uma tragédia de efeitos coletivos imediatos, em uma pandemia de uma doença infectocontagiosa como a Covid-19.

Assim, para viver num país mais seguro e mais saudável no futuro, além da reconstrução da confiança e do financiamento do SUS é preciso reconstruir a confiança na democracia e em suas instituições. Ambas as tarefas são gigantescas.

 

 

[Fonte: http://www.terapiapolitica.com.br]

Rulfo era una persona asombrada de sí misma, incapaz de reconocerse en el escritor que todo el mundo elogiaba. Desde la comprensión que otorga la cercanía, Vicente Rojo dibuja la cotidianidad y el temperamento del autor de Pedro Páramo.
Escrito por Roberto García Bonilla

En el otoño de 1999 llamé por teléfono a Vicente Rojo para pedirle una entrevista. En varias ocasiones eludió el encuentro. Al final aceptó y la entrevista tuvo lugar el 6 de octubre de ese año en un estudio austero. El texto que a continuación se presenta, inédito en su conjunto, forma parte de más de cuarenta conversaciones que realicé entre 1998 y 2000 en torno a Juan Rulfo. Amigos del escritor, familiares, escritores, académicos y traductores respondieron mis preguntas, en ocasiones por escrito. Más de la mitad de esas entrevistas se mantienen inéditas y forman parte del libro Recuerdos y reflexiones sobre Juan Rulfo, que está en proceso de publicación.

Entre líneas, y a distancia, en el testimonio de Rojo se advierte la importancia nodal que adquirieron con el tiempo dos títulos de Rulfo –El gallo de oro y otros textos para cine y Los cuadernos de Juan Rulfo– publicados por Ediciones Era, que fundaron el propio Rojo, Neus y Tomás Espresate, José Azorín, Pilar Alonso y Carlos Fernández del Leal.

La historia de El gallo de oro y otros textos para cine es larga y compleja; recientemente ha atraído la atención de los académicos, quienes la sitúan junto a Pedro Páramo y debaten su lugar genérico como argumento literario, novela corta –nouvelle– o cuento largo.

Los cuadernos de Juan Rulfo, por su parte, adquirieron relevancia con el paso de los años al ahondar en el taller escritural del escritor jalisciense. Son noventa y siete textos agrupados en nueve secciones en las que se pueden encontrar esbozos de cuentos y relatos, así como de obras consumadas como Pedro Páramo y los borradores de La cordillera, novela mítica que nunca se publicó. En todos ellos se entrevé la confluencia del campo y la ciudad como escenarios en la obra rulfiana.

Ya sin preguntas, este retrato hablado está signado por la parquedad, el respeto y el afecto entrañable entre dos creadores que compartían las minucias de la vida cotidiana.

*

No recuerdo la fecha en que conocí a Rulfo; debió haber sido a principios de los años sesenta, en la casa de Alberto Gironella. Él y Bambi [Ana Cecilia Treviño], su esposa, hacían reuniones con bastante frecuencia y ahí llegábamos Alba y yo. En casi todas las reuniones con pintores se bebía mucho, y las de Gironella no eran la excepción. En ese tiempo, Juan vivía en Río Tigris 84, en el mismo edificio que Pedro Coronel.

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 Cuando lo conocí todavía bebía, pero mi relación con él se hizo más estrecha cuando dejó de hacerlo.

Aunque yo no era un jovencito, aquella era para mí una época de aprendizaje, de formación lenta, y me impresionaba conocer gente cuya obra yo admiraba. Había leído los libros de Juan desde mediados de los cincuenta y para mí fueron doblemente importantes, porque no solo me iniciaba en el conocimiento de la literatura, sino en el de México. Su lectura me brindó no solo el placer de la gran literatura; yo tenía pocos años de haber llegado y Rulfo me mostró una de las más singulares visiones que se pueden tener de México: una visión que para mí fue entrañable y que me parecía muy real, precisamente, por ser irreal.

Al paso de los años los lazos entre Juan y yo fueron estrechándose más. Solíamos encontrarnos en reuniones y comidas en casas de amigos en común; después, comencé a diseñar libros para el Instituto Nacional Indigenista y lo veía con más frecuencia. Alba también trabajaba en ese instituto, y pasaba por Juan para ir a la oficina. A veces, a la hora de la comida, venía a la casa a comer o íbamos con él a algún lugar y luego lo llevábamos de regreso a la oficina.

Recuerdo a Rulfo en su oficina: silencioso. Poco a poco, como digo, se fortaleció la amistad entre nosotros. De mi parte, había hacia él una doble admiración: obviamente, como escritor, pero también como persona.

Hacia mediados de los setenta me pidió que ayudara a su hijo Juan Pablo, quien acababa de terminar la preparatoria y quería pintar. Rulfo me pidió que lo recibiera y platicara con él; conversamos y lo tomé como asistente. Juan Pablo era también muy retraído, muy tímido –y lo sigue siendo–, pero igualmente tiene una gran capacidad creativa, es un diseñador. Hicimos muy buena relación. Nos vimos muchas veces en París, cuando él vivía ahí. Yo le tengo mucho afecto, y creo que también él a mí. Me parece que durante el tiempo en que trabajamos juntos se le abrió un camino muy amplio que quizá no imaginaba, porque era muy joven. A partir de esa época la relación con Rulfo se fue haciendo todavía más cercana. Después, Juan se incorporó a las comidas que hacíamos Alba y yo en nuestra casa, todos los lunes, y a las que asistían Jaime García Terrés, Luis Cardoza y Aragón, Tito Monterroso y Barbarita Jacobs, Carlos Monsiváis y una muy larga lista de personas que se turnaban –semana a semana, durante más de veinte años– para comer con Fernando Benítez. A Rulfo le gustó tanto la idea que se hizo tan habitual a esas comidas como el mismo Benítez.

En estas reuniones se hablaba de todo, porque había escritores, periodistas –durante un tiempo asistió Manuel Buendía–; pintores, como Ricardo Martínez, que era muy asiduo y también muy amigo de Rulfo. (Como sabes, él hizo tres viñetas para Pedro Páramo. Una para la portada y dos para los interiores. Una de estas se la regaló a Monsiváis.)

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Eran pláticas muy amenas, entre amigos, en las que se hablaba de todo. Un lunes podía tener un tono más literario; otro era más festivo, pero siempre en un ambiente amistoso. Nadie tenía el compromiso de aportar nada en especial más que el gusto de estar juntos.

Juan fue retraído casi siempre, pero en esas reuniones se sentía muy a gusto, acompañado de amigos. Nadie lo importunaba ni decía nada que él considerara impropio. Todo mundo lo respetaba, lo quería, y él se sentía tan bien que siguió asistiendo hasta que murió. Era un espacio en el que no se sentía obligado a hablar de su trabajo literario y nadie le preguntaba: “¿Cuándo publica su próximo libro?” Todos los amigos que nos reuníamos ahí evitábamos ese punto. Él nunca se dirigía a una persona en especial, porque era una mesa redonda. Cuando hablaba, se hacía el silencio en la mesa. En las reuniones había gente que lo conocía desde los años cuarenta y que sabía que lo que Rulfo decía no era verdad, que estaba inventando, pero todos guardábamos silencio para disfrutar de sus invenciones.

Entre Juan y yo nunca hubo pláticas sobre temas específicos. Él escribió sobre mí ocho líneas, en 1985 [“La moral artística”],

((“La obra de Vicente Rojo posee una calidad excepcional. En un trayecto que abarca varias décadas, ha pasado por diversas etapas. Mientras otros pintores se sintieron atraídos por la moda, por los intereses de los marchantes o por las escuelas de París y Nueva York, él, Vicente Rojo, supo fijar siempre sus reglas dentro de una rectitud solo comprometida con su moral artística.” “La moral artística” apareció en el libro catálogo de la gran exposición presentada por Vicente Rojo en la Biblioteca Nacional de Madrid (1985). Véase Juan Rulfo, Toda la obra, edición crítica de Claude Fell (coordinador), Colección Archivos, FCE/UNESCO, 2ª edición, Madrid, 1996, p. 442.
))

y supongo que lo hizo porque se las solicitaron, no porque tuviera un interés especial. Recuerdo que había escrito algo sobre Pedro Coronel, y después le hizo una nota muy bonita a Bambi, que presentó unos collages –también le gustaba hacer collages–, además de su trabajo periodístico. Rulfo tenía interés por todo.

((Juan Rulfo también escribió un texto (sin título) sobre la pintora Elvira Gascón (1911-2000). Véase 100 dibujos de Elvira Gascón, México, Siglo XXI Editores, 1972, p. 91. Gascón, asimismo, es la autora de la viñeta contenida en El llano en llamas (1953) de la colección Letras Mexicanas.
))

Era una persona muy preparada, conocedora, pero esa incapacidad de comunicación que tenía a veces no permitía que él hablara de todo lo que sabía. Tenía una enorme capacidad discursiva que podía mantener con gente como Fernando Benítez y con quienes se sentía realmente en confianza.

En algunas ocasiones fuimos a comer a su casa, con Clara y con sus hijos. Gracias a una de esas comidas Juan aceptó que se publicara El gallo de oro. El guion me lo dio Carlos Monsiváis –quien por cierto lo había obtenido por un camino no muy correcto: se lo había robado de la mesa de Carlos Velo–.

((Carlos Velo (1909-1988), documentalista y director de cine, fue el realizador de la primera versión cinematográfica (1967) de Pedro Páramo.
))

Rulfo tal vez aceptó que se publicara por la amistad que teníamos, aunque no estaba del todo convencido de ese texto. La presentación del guion para su publicación la hizo el crítico de cine Jorge Ayala Blanco. No tenía ninguna pretensión literaria; había sido escrito para el cine. Así fue como se presentó, aunque he leído que algunos ensayistas han encontrado en él algunos elementos que les interesan para ahondar en el conocimiento de la obra de Juan.

Cuando Rulfo murió, yo mantuve contacto con su hijo Juan Pablo. Me dijo que había una serie de materiales de su padre y me preguntó qué pensaba que se pudiese hacer con ellos; le propuse una edición anotada, porque se trataba de borradores, de fragmentos –algunos aislados–, y le dije que obviamente no podía presentarse como un libro de Juan Rulfo, sino como un libro de trabajo. Juan Pablo lo habló con su madre y sus hermanos y decidieron que fuera Yvette Jiménez de Báez

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–que ya había publicado un libro sobre Juan– quien hiciera ese trabajo. Así fue como se realizó la edición de los cuadernos de Juan.

Las notas que Yvette hizo al principio eran, incluso, más grandes que los propios textos; la familia pensó que para esta presentación eran excesivas y casi desaparecieron. A mí en lo personal me parecía que habría estado bien mantenerlas. Existía el proyecto de hacer una nueva publicación con estas notas extensas, pero ya no se llevó a cabo.

Yo siempre vi a Juan como una persona asombrada de sí misma y que al final no se reconocía en el Juan Rulfo que todo el mundo elogiaba y admiraba. Me daba la impresión de que él se sentía como si esa persona hubiera sido otra y no él. Creo que al final de su vida Juan asumió la fama con este mismo asombro, como si esa fama no le perteneciera: como si él no hubiera escrito Pedro Páramo y El llano en llamas, que evidentemente crecieron en el aprecio del público lector y, con el tiempo, alcanzarían una gran influencia.

Juan se quejaba casi siempre de no haber sido reconocido ampliamente, pero yo pienso que la gloria, la fama en torno a su obra, comenzó muy pronto, sobre todo a partir de la traducción al alemán que hizo Mariana Frenk y que se publicó en 1958. Entonces empezó el reconocimiento fuera de México.

En los últimos años de su vida viajó mucho y en todos los lugares adonde iba le solicitaban entrevistas, y cada vez Juan contaba cosas distintas e inventaba otras. Yo creo que le gustaba crear confusión sobre sí mismo para preservar algo incompartible y que solo él sabía. No le importaba la fama de sus obras, pero para él mismo quería conservar una especie de tranquilidad, de paz interior que me temo nunca tuvo pero que siempre buscó. Quería encontrar ese equilibrio que nunca había tenido. Creo que buscó la felicidad, pero su misma desazón, su angustia interior le impedía conseguirla.

Jamás estuvimos juntos en España, pero sé del enorme interés que hay ahí por Rulfo; la gran cantidad de comentarios hechos por escritores sobre la obra de Juan. En España aparecen con frecuencia notas y comentarios en la prensa que lo citan, y son cada vez más, incluso entre escritores jóvenes.

Recuerdo que hacia el final de su vida me encontré con él en París. Estaba enfermo. Cuando viajaba se enfermaba continuamente. Fuimos a casa de Juan Pablo, que ya vivía en París, y Rulfo estaba en cama. Le preocupaba mucho su estado de salud. Cuando supo que tenía cáncer, buscó alguna cura efectiva y viajó a una sierra, no sé dónde, para ver a un brujo que pudiera ayudarlo a detener la enfermedad con medicinas naturales. Aunque el cáncer estaba ya muy avanzado, él mantenía ciertas esperanzas, no era tan abandonado de sí mismo como muchos aseguran. Era cuidadoso incluso en su apariencia; Rulfo siempre vistió impecablemente, de traje y corbata.

Rulfo me conmovía mucho y me emocionaba tratar con él. Para mí, Juan era alguien que necesitaba mucho cariño, como lo necesitamos todos, pero con la desesperación de sentirse fuera del personaje que le habían creado y que de alguna manera él también había ayudado a formar a través de las entrevistas.

No creo que Rulfo haya sido un hombre aislado; tenía relación con muchas personas. Me conmovía sobre todo esa obra tan breve y al mismo tiempo tan inmensa. Me conmovía verlo tan dolido consigo mismo, tan frágil. Esa es una imagen que conservo con muchísimo cariño.

Es difícil para mí trazar un retrato hablado de Juan, yo soy pintor.

¿Cómo se definen la amistad, el amor? Son indefinibles. ~

 

[Fuente: http://www.letraslibres.com]

Fenômeno do conservadorismo, multiplicam-se nas redes perfis que ensinam mulheres a serem mais delicadas e a entender, através da Bíblia, que devemos ser sorridentes auxiliares dos homens

Escrito por Fabiana Moraes

VOCÊ PASSA PELA RUA E TÁ LÁ: o outdoor mostrando a garota de cabelos coloridos na propaganda do banco digital; a jovem gorda de biquíni em uma campanha pelo “empoderamento feminino”; a campanha do dia dos namorados e namoradas trazendo duas mulheres se beijando; a nova coleção de uma marca famosa com modelos transgêneras. Uau, parece mesmo que o mundo mudou, e as mulheres conseguiram um espaço mais plural e menos vigilância sobre corpo, gênero, peso, orientação sexual, trabalho, etc.

Mas tem uma armadilha em forma de delicada caixinha de música aí.

Enquanto a publicidade sugere avanços que muitas vezes estão acontecendo apenas no plano mais superficial da representatividade – as mulheres continuam recebendo salários menores e o índice de violência doméstica explodiu durante a pandemia, por exemplo –, um vagalhão formado por subserviência e naftalina cai sobre o que foi duramente conquistado. Uma parte considerável das redes sociais exibe agora um conteúdo que facilmente poderia estar no Jornal das Moças (1914-1965), publicação na qual era possível ler conselhos como “a desordem em um banheiro desperta no marido a vontade de ir tomar banho fora de casa” (1945) ou “a mulher deve fazer o marido descansar nas horas vagas, nada de incomodá-lo com serviços domésticos” (1959).

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Juro que não estou exagerando.

Exemplo 1: “Não importa qual o motivo, não durmam em camas separadas. Um casal deve partilhar tudo, até a noite de sono. Se brigaram, durmam juntos mesmo assim.”

Exemplo 2: “Um homem provedor, maduro e comprometido com você se sente perfeitamente bem pagando o jantar. E isso não tem nada a ver com o valor da conta! Existem muitos homens provedores independente da capacidade financeira que eles têm! Mulheres têm gastos e preocupações infinitamente maiores do que os homens até chegar em um encontro, e se você quer que ele permaneça te cortejando, sendo cavalheiro e gentil sempre, deixe que ele pague a conta.”

Sim, os textos acima pertencem a 2021 e estão publicados na conta do Instagram de Carol Fregulia, que se apresenta como mentora (o “coach” saiu de moda) de relacionamentos. Ela faz parte de uma das correntes da feminilidade com perfume “bela, recatada e do lar”, algo valorizado por almas juvenis como a do ex-presidente Michel Temer. Nela, textos e vídeos ensinam práticas como fisgar o boyzinho dos sonhos e a manter uma “energia feminina”, sempre com um ar coquete e instagramável. Na outra corrente, há a devoção máxima a três únicos elementos: Deus, Bíblia e Marido. É a missão de ser auxiliar dos homens que deve guiar as mulheres, afinal, prega a feminina rosa-cristã, foi primeiramente com esse propósito que o Todo Poderoso as criou.

Há diferenças mais ou menos sutis entre cada uma das correntes “femininas”. Em perfis como o do Jornal das Moças – opa, desculpem, o de Carol Fregulia –, há alguma dose de “empoderamento”, percebido em conselhos como “que hoje, no dia das mulheres, você se recorde que não é preciso provar pra ninguém o quão maravilhosa você é“. Há também a possibilidade de uma garota ter seus ficantes sem ser questionada por isso. Mas logo a embalagem progressista entra em choque com outros conselhos. Mulheres, por exemplo, devem se livrar de qualquer “energia masculina”, que, segundo Carol, é “se sentir cansada, sobrecarregada, insatisfeita com a vida e com as relações”, entre outras características.

Perfil reproduz um conteúdo que poderia estar no Jornal das Moças do início do século 20.Imagens: Instagram

(E eu, bobinha, achando que estava cansada e sobrecarregada por causa da quantidade diária de trabalho, pandemia, vacinas superfaturadas, destruição de ecossistemas, desemprego alto, presidente despreparado, sofrimento social, gás a R$ 100. Mas é apenas a minha “energia masculina” operando).

Em um post especialmente complicado, lemos que é de péssimo tom ir ao apartamento do pretendente se a mulher não quiser algo mais íntimo: “se você ainda não pretende ter intimidade com ele, não participe da intimidade dele também. Além disso, homens odeiam mulheres que ficam atiçando e na hora H correm.” Bem, garota, se você até pensou em transar com o rapaz quando foi até a casa dele, mas por um motivo qualquer mudou de opinião, saiba que vai ter que dar para não desagradar o varão. Afinal, diz a mentora, homens odeiam mulheres que ficam “atiçando”. Sem problema normalizar em uma rede social, e ainda em tom de conselho, um pouco da cultura do estupro: o design é róseo, os sorrisos são largos, as sobrancelhas perfeitas e a caixinha de música com a bailarina delicada está tocando. Logo, os likes vão surgir como frágeis raparigas em flor.

Assim como o perfil descrito, há diversos outros com diferentes alvos também em plataformas como o YouTube. Manu Evelin (60 mil inscritos) dá dicas sobre como ser uma “garota suave” na aula “Como ter movimentos mais delicados e femininos”. Já Leo Aquilla (400 mil inscritos) comenta como arrumar marido rico.

Nesses exemplos, porém, não encontramos – pelo menos não explicitamente – as características percebidas nos perfis claramente antifeministas, todos fortemente assentados na religião e no repúdio a pautas valorizadas por esses movimentos. Aqui, ter uma postura piedosa e cuidar do lar– mesmo se você estiver arrasada de cansada depois de um dia de trabalho – é tão importante quanto manter o sorriso sempre aberto para o varão. Há outra distinção: a valorização da energia masculina de Jair Bolsonaro, o provedor que veio salvar o Brasil das trevas, e o desprezo por mulheres politizadas.

Em um, Cris Corrêa se apresenta como “autora da linha de estudos Não Existe Feminista Cristã”, o que significa, entre outras práticas, diminuir a imagem de figuras como Frida Kahlo: “Ela só ganhou notoriedade por ter sido amante de homens importantes para a revolução”. Também há frequentes relatos de mulheres que estavam “perdidas”, mas voltaram, quase todos ligando, sem qualquer sentido, o feminismo ao uso de drogas e a uma vida “depravada”. Um exemplo é o perfil Fielmente Feminina, mantido por Amanda Durham no Instagram. Nele, ela publicou a “Carta de uma mulher resgatada da promiscuidade”.  Citarei alguns trechos:

Instagram

CARTA DE UMA RESGATADA A UMA ACORRENTADA:

Amada mulher,
Eu já estive onde você está. Eu já estive em todas essas festas, já bebi até passar mal, já até experimentei algumas drogas. Como você, eu selecionava a roupa mais sensual e dançava de modo que causasse inveja nas mulheres e desejo nos homens. Vazio. Amada menina, eu também já fui abusada sexualmente. Eu tinha 12 anos. Ele roubou meus sonhos e minha infância. Ninguém sabia. Eu não queria que ninguém soubesse. Vergonha. Medo. Culpa. Falta de informação. Com isso tive minha sexualidade despertada precocemente. (…) Eu sei que você não gosta de entregar seu corpo para esses homens. Você quer parecer moderninha, liberal, feminista, mas você detesta isso! Eu sei que você age dessa forma pensando que um deles vai te tirar dessa imundície, te resgatar desse buraco fundo e escuro onde você se encontra. Não, não vai! O nome do seu REDENTOR, aquele que vai quebrar essas correntes que te aprisionam, é JESUS CRISTO! Eu pertencia à promiscuidade, à pornografia, à prostituição, ao desamor. Hoje eu pertenço ao AMOR, eu pertenço a JESUS CRISTO, hoje e eternamente! Amanda”.

Pois é. Amanda, mais uma pessoa lamentavelmente abusada na pré-adolescência, associa o feminismo ao terrível evento sofrido por ela. Em um raciocínio inverso, culpa as mulheres e poupa os homens por um crime que é majoritariamente praticado por eles e que explodiu no Brasil nos últimos anos. Em 2019, o Anuário Brasileiro de Segurança Pública revelou que 66 mil pessoas foram vítimas de estupro no país em 2018, sendo 53,8% delas meninas de até 13 anos. Quatro meninas até essa idade são estupradas por hora no Brasil. Os documentos obtidos em delegacias, fóruns etc. mostram que os agressores muitas vezes são pais, padrastos, irmãos, avôs. Ou seja: não é nas festas ou nas ruas que as crianças e jovens estão necessariamente correndo perigo, e sim dentro de suas casas ou nas de pessoas próximas.

Pesquisando grupos de direita e neofascistas na internet há mais de dez anos, a editora do El Coyote Letícia Oliveira percebeu o crescimento desse feminino em contraposição ao feminismo. É a valorização de uma essência “fêmea” que estaria presente em um passado idílico no qual haveria mais pureza, obediência e menos questionamento, por exemplo, ao domínio masculino. “As mulheres seriam hoje infelizes por terem liberdade demais. Para ser feliz é então necessário um retorno a uma tradição que supostamente parte de uma hierarquia natural na sociedade, com a mulher submissa ao homem”.

Letícia tem razão: um patamar mais baixo na hierarquia pública e privada em relação aos homens é algo abertamente defendido e explicado entre parte das femininas cristãs nas redes. É o caso do perfil Feminilidade Cristã Brasil, mantido por Jackeline Queiroz.

Em um de seus vídeos ela explica, lendo a Bíblia, que Adão estava sobrecarregado de trabalhos quando Deus decidiu fazê-lo dormir, arrancou-lhe uma costela e criou a mulher justamente para auxiliá-lo, tipo uma superestagiária. “Por isso que é bom ler a Bíblia para não ser feminista, porque a feminista acha que a mulher está aqui para fazer a sua própria vontade. Para ser a bambambam, a gostosona, a empoderada. Para ser feliz”.

Segundo Jackeline, a feminina cristã é uma mulher regida unicamente pela palavra de Cristo (a Bíblia), e não pela filosofia da época. Nessa perspectiva, questões estruturais relacionadas ao machismo e à misoginia, como a violência doméstica e o alto número de estupros que vitima principalmente crianças e pré-adolescentes, também devem ser resolvidas através dos ensinamentos bíblicos, e não com políticas públicas. “O marido deve amar a esposa assim como Cristo ama a igreja, de forma sacrificial, pois foi isso que Jesus fez por nós. A agressão é justamente o oposto do que o marido deveria fazer. É a distorção e perversão do casamento. Cremos inclusive, nesse caso, que haja denúncia e que o agressor seja preso. Sobre o estupro, é igualmente desprezível, pois caracteriza em imoralidade sexual e falta de amor ao próximo. Deve ser severamente punido. Inclusive, existe o exemplo de Diná, filha de Jacó, que ao ser abusada por Siquem foi vingada por seus irmãos, que destruíram uma cidade inteira por causa da honra de sua irmã. Famílias desestruturadas expõem os mais fracos a barbaridades como essas. Sem Deus, aquele que sustenta tudo e todos, tudo é caos. E nada poderá melhorar essa tragédia”, diz ela, em entrevista ao Intercept.

Nas redes, os perfis Feminilidade Cristã e Fielmente Feminina interagem: no Sete de Setembro, quando Bolsonaro insuflava um golpe e pedia o fechamento do STF, a primeira publicou uma bandeira do Brasil (“Pela liberdade. Pela nossa pátria. Em oração”), enquanto a segunda respondeu com corações verde e amarelos.

A busca da felicidade como um grande atrevimento da mulher também é vista no canal Fé e Tulipas (Florescendo em um Mundo Caído), mantido pela jovem Rebeca Salazar. Em um de seus vídeos, ouvimos, a partir dos três minutos: “Hoje em dia muitas feministas dizem que devemos buscar nossa própria realização e nossa felicidade, mas foi essa oferta que a serpente fez a Eva no Jardim do Éden – e a gente sabe onde levou, porque todo pecado promete várias coisas, mas não consegue cumprir”. Em outro canal, Ramini Lima ensina 5 condutas de uma esposa sábia: 1. ela ora pelo seu esposo; 2. é sempre positiva; 3. cuida do lar; 4. é carinhosa; 5. surpreende o esposo.

Apesar da cantilena da mulher enquanto serva do marido e dos homens ser predominante, há uma ou outra voz dissonante dentro das congregações cristãs, inclusive evangélicas. É o caso de Larissa Ribeiro, 24 anos, que se apresenta nas redes através do perfil @lesbcrente no Instagram. Ela e a esposa, Ingrid dos Santos, 25, fazem parte da Contemporânea Igreja Cristã, na qual a questão do machismo estrutural faz parte do debate cotidiano. “Nosso entendimento é de que o feminismo é uma luta sobre equidade de gêneros. Quando a gente passa a ler a Bíblia, quando lê o Novo Testamento, vê que os afirmamentos de Jesus se alinham com a luta feminista. Jesus se fez presente no momento em que uma mulher ia ser apedrejada, foi contra aquilo o que a religião determinava ali. Ele acolheu aquela mulher e a protegeu.”

Larissa critica a leitura instrumentalizada da Bíblia por vários setores evangélicos: “De fato, existem versículos sobre o marido ser o provedor e mulher ser submissa. Mas se a gente não analisar os contextos, a história, o momento político e social desses textos, terminamos com visão mais conservadora e rasa do que foi escrito naquele momento. Na teologia inclusiva, falamos que texto sem contexto é pretexto.”

Violência e fé

Evangélica e teóloga, Valéria Vilhena é autora da pesquisa Pela voz das mulheres: uma análise da violência doméstica entre mulheres evangélicas atendidas no Núcleo de Defesa e Convivência da Mulher Casa Sofia e do livro “Uma Igreja sem voz: análise de gênero da violência doméstica entre mulheres evangélicas. Ela foca nessa falsa binaridade entre feminino/feminismo e chama atenção para o fato de termos, na história, uma série de mulheres insurgentes. “Isso não nos coloca como inimigas, ou não deveria colocar mulheres contra as mulheres. Mas isso também é estratégia desse modelo masculino de ser/estar e manter-se no mundo, nessa posição de superioridade em relação às mulheres. Portanto, assim, mantêm-se mulheres que desejam agradar aos homens, mesmo se isso seja contrário ao seu bem-estar, à sua saúde mental e física, à sua dignidade e autoestima. Não há problema em agradar, cuidar, demonstrar todo amor e carinho que sentimos pelo nosso companheiro/a, a questão é a linha às vezes tênue de limite, de respeito, parceria, cooperação. E comportamentos sexistas, misóginos, por exemplo, não são saudáveis em nenhum relacionamento, ao contrário, levam a diversas violências, mesmo para àquelas que ainda não reconhecem”. (Leia entrevista completa com Valéria aqui).

No Instagram, o perfil @desin.fluencer, mantido a partir de 2020 pela farmacêutica Priscilla Rezende, traz uma espécie de curadoria a respeito de influenciadoras/es que espalham de propagandas enganosas a racismo, classismo, machismo. Inicialmente, o perfil mostrava o charlatanismo de influenciadoras/es publicizando produtos para fazer o cabelo crescer, fórmulas mágicas para emagrecer etc. Depois, o escopo foi sendo ampliado de acordo com o material que a farmacêutica recebia: coach que ensina a ganhar dinheiro enquanto dorme, tik tokers “engraçadinhos” e racistas etc.

Nos últimos meses, porém, a aparição de dicas sobre “resgatar a feminilidade” e de como atrair um provedor (não de internet, e sim um bofe) cresceu. Os posts são todos enviados por seguidores e seguidoras, e Priscilla seleciona o que está no seu feed. “Esse way of life de submissão tem aumentado muito na minha caixa de entrada. Teve um movimento de coach homem dando palpite sobre comportamento de mulher – ficar com unha bem feita, malhar, ficar gostosa – e depois veio essa onda de mulher cristã e submissa, que tem que ser magra para ter um homem provedor.”

Boa parte das autointituladas femininas do material recebido são bolsonaristas e recorrem frequentemente à Bíblia para atestar a necessidade da submissão da mulher ao homem. “Desde 2018, com a eleição de Bolsonaro, existe uma licença poética para externar esse tipo de coisa nas redes. Eu ando bem assustada. A gente luta para a mulher ter igualdade, espaço no trabalho, aparecem essas pessoas e disseminam esse tipo de comportamento de mulher loura de cabelo liso, malhada, unha feita e botox, e o marido provedor, esperando ele em casa.”

Esse contra-ataque ao feminismo não é novidade: em 1991, Susan Faludi publicou o livro “Backlash”, no qual elenca o reacionarismo que se insurge contra os avanços proporcionados pelas feministas em décadas anteriores. Ali, ela escreveu: “Exigir que as mulheres ‘voltem à feminilidade’ é o mesmo que pedir que os mecanismos culturais engatem a marcha a ré, que todos nós voltemos a um tempo fabuloso, quando todo mundo era mais rico, mais jovem, mais vigoroso. A mulher “feminina” é algo eternamente estático e infantil. Ela se parece com a bailarina numa antiga caixinha de música, de imutáveis traços delicados e pueris, voz tilintante, corpo preso num pino, rodando numa espiral que nunca vai mudar.”

Esclarecimento, 6 de outubro, 18h55: Retiramos menção a um dos perfis porque parte do conteúdo ao qual o texto se referia foi removido.

[Fonte: http://www.theintercept.com]

En ce début d’automne, le rebond post-rentrée scolaire que nous avons tant redouté n’a pas encore eu lieu. Il est peut-être temps d’en profiter pour relâcher la pression.

N’avons-nous pas tous besoin de recharger les batteries?

Écrit par Laure Dasinieres et Antoine Flahault

Les indicateurs sont, au début du mois d’octobre, très clairement au vert en France avec un taux d’incidence national à la baisse, (de plus en plus proche de 50 cas pour 100.000 habitants sur sept jours) et un taux de reproduction qui reste inférieur à 0,9 depuis plus de cinq semaines, des hôpitaux en décrue aussi. Sans aucun doute, la vaccination aura eu un effet très positif sur cette rentrée, tout comme les différentes mesures sanitaires mises en place, notamment l’usage étendu du pass sanitaire dès le mois d’août et le port du masque en intérieur –peut-être aussi un temps très clément, qui a permis de maintenir un certain nombre d’activités en extérieur, limitant ainsi les contaminations par aérosols.

Alors que, d’une part, le pass sanitaire se met en place pour les 12-17 ans et, que d’autre part, dans certaines régions, le masque ne sera bientôt plus obligatoire dans les écoles primaires, peut-on imaginer relâcher la pression sur d’autres mesures sanitaires?

C’est une question qui, à certains égards, divise les spécialistes, quoique nous restons pour la plupart unis pour dire que la conjonction des mesures sanitaires en place et de la vaccination reste un frein efficace contre la circulation du Covid et, probablement, contre le risque d’une reprise épidémique. Voyons quels sont les arguments pour ou contre une levée (pensée comme temporaire et ajustable) de certaines mesures anti-Covid.

La métaphore du parapluie

Commençons par ce qui pourrait nous amener à penser qu’il est temps de remiser au placard, du moins temporairement, pass sanitaire et port du masque. Le pass sanitaire, quoique peu contraignant au quotidien pour le grand public, demeure une mesure qui ne saurait être considérée comme «normale». Il n’est en effet pas du domaine de la normalité démocratique de devoir présenter un laissez-passer pour aller au café ou au cinéma… Cette mesure doit rester une mesure d’exception et être limitée aux seuls moments où elle est vraiment nécessaire. On peut, à ce jour, légitimement poser la question de sa nécessité au vu des indicateurs sanitaires et de la très faible circulation du virus dans certains départements de métropole et d’Outre-mer.

Mettons que le pass soit un parapluie. Aujourd’hui, il ne pleut plus et le ciel n’est pas vraiment menaçant sur plusieurs régions françaises et d’Europe. Bien sûr, si une giboulée devait nous surprendre, nous serons bien contents d’avoir été prévoyants –mettre un parapluie dans son sac n’a jamais mouillé personne. Mais, s’il ne pleut pas, nous nous serons encombrés pour rien. Concernant le port du masque, on peut aussi imaginer s’en passer lorsque la circulation du virus est très faible.

Si le risque n’est pas totalement nul, il reste très limité, et la réduction de risques espérée par l’usage du masque dans ces cas devient quasi nulle, car le risque lui-même de rencontrer un virus est très faible. Va-t-on devoir garder ce masque encore des années parce que le risque ne sera peut-être jamais plus complètement nul, mais quand même presque insignifiant?

Vous êtes sans doute surpris de nous voir écrire cela, nous qui avons été taxés d’alarmistes, de cassandre, voire même d’enfermistes à l’heure où la tempête grondait. Le fait est que nous continuons à redouter l’émergence d’une énième vague à l’automne qui nécessitera peut-être de nouvelles restrictions. Pire, si vous sondiez nos âmes, vous constateriez que nous envisageons toujours l’éventualité de scénarios catastrophe, sans pouvoir ni les prédire ni seulement y attacher la moindre probabilité.

Une période charnière

Mais n’avons-nous pas tous et toutes besoin de souffler un peu lorsque le temps se calme, de reprendre nos forces afin de conserver la belle résilience dont nous avons su faire preuve au cours des derniers mois? Alors, le pendant de ce relâchement de la population serait, du côté des autorités sanitaires, une extrême vigilance face aux indicateurs épidémiques et une grande agilité à remettre en place des mesures sanitaires, même impopulaires, aussitôt que la situation se détériore, si bien sûr elle devait se détériorer.

Elles devront alors faire preuve de pédagogie et de transparence pour expliciter les conditions de levée et de réinstauration des mesures, guidées par des indicateurs sanitaires mesurables et partagés. On pourrait alors dessiner les bases d’une nouvelle doctrine fondée sur une démarche de réduction des risques et par une réactivité aussi prompte à lever qu’à réinstaurer les mesures dès lors que des indicateurs, précautionneusement définis, passeraient du vert à l’orange et vice-versa.

Nous entrons dans une période électorale où le moindre faux pas de l’exécutif pourrait être sanctionné par l’opinion publique.

Les mois écoulés nous ont montré que l’agilité n’était pas le fort des autorités sanitaires françaises, mais aussi de bon nombre de pays européens. Il y a des exceptions, nous parlerons du Danemark un peu plus loin. C’est d’autant plus vrai que nous entrons dans une période électorale en France où le moindre faux pas de l’exécutif pourrait être sanctionné par l’opinion publique et amener du coup les décideurs à brider leurs initiatives prédites comme impopulaires.

L’autre aspect qui doit nous inciter à la plus grande prudence est la période charnière que représente l’arrivée de l’automne, tant en termes de températures et d’humidité que de comportements associés plus souvent à l’intérieur pour un virus dont on sait aujourd’hui qu’il se diffuse particulièrement par aérosols en lieux clos, bondés et mal ventilés. Dès lors, on peut quand même comprendre, sinon approuver, l’attentisme des autorités qui semblent observer d’abord l’évolution des indicateurs pendant les premières semaines de cette période plus froide avant d’aviser, au risque de rater l’opportunité que représenterait une brève accalmie propice à libérer un peu la population.

Réactivité, agilité

Les autorités européennes bénéficient de l’expérience intéressante du Danemark qui pourrait faire école. En effet, ce pays de l’Union européenne de 5,8 millions d’habitants (de la taille de la Nouvelle-Aquitaine, de l’Occitanie, des Hauts-de-France ou du Grand-Est) est très développé, plus densément peuplé que la France, très connecté avec le reste de l’Europe. Il enregistre une mortalité cumulée par Covid de 46 décès pour 100.000 habitants (contre 174 en France). Nous pensons que cette performance sanitaire impose un certain respect et mérite au moins que l’on regarde d’un peu plus près sa façon d’agir et de réagir dans cette pandémie.

La réactivité est le maître-mot de sa politique. Il n’a pas de martingale évidemment, et recourt aux mêmes méthodes et mêmes moyens que tous. Mais il fut le premier en Europe à confiner sa population après l’Italie en 2020, sans attendre que son système de santé soit saturé pour agir. Il fut aussi le premier à instaurer le Coronapass, équivalent du pass sanitaire français, dès avril 2021… et le premier à l’enlever le 10 septembre 2021.

Grâce à son agilité, il évite plutôt mieux que ses voisins la saturation de ses hôpitaux et il sauve davantage de vie. Certes, la Norvège et la Finlande sont encore plus performants que le Danemark dans cette pandémie, mais ce sont des pays plus éloignés des grandes routes de l’Europe de l’Ouest, moins densément peuplés aussi. Après la pause estivale, les Danois auront pu profiter d’une vie sans pass et sans masque pendant au moins trois semaines, le temps de recharger leurs batteries.

Débrayer rapidement

Tout cela ne durera peut-être pas très longtemps encore, car les autorités ont prévenu qu’aux premiers signes de rebond, elles réinstaureraient pass et masques, et le rebond ne semble pas très loin désormais, mais n’est-ce pas toujours cela de gagné? Si l’on devait s’installer dans une longue période d’incertitude, faite d’une évolution imprévisible de la pandémie, ne faudrait-il pas se mettre en capacité de rapidement pouvoir débrayer et libérer la population des contraintes sanitaires, dès que l’accalmie le permet sans excès de risque, quitte à reprendre les habitudes désormais acquises, dès les premiers signaux d’une détérioration toujours possible?

Si l’on était capable de mieux prédire ces phénomènes, par exemple d’expliquer qu’il suffit d’être patients trois ou quatre mois, que l’usage étendu du pass et du port du masque nous délivrerait alors de cette foutue pandémie, on accepterait certainement très volontiers ces contraintes supplémentaires.

Mais lorsque l’on ne sait seulement pas si, dans un mois, nous ferons face à nouveau à un mur épidémique terrifiant, ou au contraire une succession de vaguelettes, voire à rien de tout cela, lorsque l’on n’est pas capable de prédire à un ou deux mois entre le beau temps et la tempête, lorsque chacun des scénarios semble équiprobable, alors n’est-il pas plus judicieux d’être modestement flexibles, agiles, prompts à bondir pour remettre son masque comme on ressort son parapluie aux premières gouttes, mais aussi rapides à le remiser par-devers soi pour enfin profiter de l’éclaircie?

Merci à Mahmoud Zureik pour les discussions en amont de ce papier.

 

 

[Photo : webentwicklerin via Pixabay – source : http://www.slate.fr]

Seguir isolado ou sair às ruas? Neste não lugar gerado pela crise, imperam a culpa e a indefinição do futuro. Saída pode estar em reconhecer a precariedade de nossos abrigos e apostar na partilha de experiências, medos e desejos…

Verão na cidade (1950), de Edward Hopper

Escrito por Eduardo Guimarães

A saúde mental tem sido um dos temas mais comentados e discutidos durante a pandemia. A possibilidade de contaminar e ser contaminado, mas também o confinamento determinado pelo distanciamento social exigiu mudanças no modo como cada um se relaciona com o outro, seja o outro personificado em um indivíduo, seja o outro que se encontra lá fora, no exterior, ali onde o sentimento de segurança é frágil e temporário. Diante do acontecimento pandêmico, algumas pessoas rapidamente adotaram protocolos de segurança para proteger-se e para proteger os seus, como a utilização de máscaras, a higienização das mãos e de mercadorias, o distanciamento físico.

Foi possível verificar, contudo, que os protocolos de segurança se tornaram algo mais do que meras medidas higiênicas destinadas a evitar a contaminação, mas se tornaram índices capazes de mensurar o grau de comprometimento moral de cada indivíduo com a sociedade. Esse processo foi realizado em dois movimentos, não necessariamente um depois do outro. Primeiro, condenar todos aqueles que negligenciavam, total ou parcialmente, os protocolos de segurança. Essa condenação tem sido feita diretamente, seja com familiares, seja com desconhecidos, e indiretamente, principalmente por meio das redes sociais.

Segundo, comparar-se com aqueles que adotaram os protocolos de segurança, mas encontrando meios de se destacar entre eles, provando que se está mais comprometido do que o restante dos comprometidos. Não se trata apenas de evitar sair de casa, e sim de ficar cada vez mais em casa, publicando nas redes sociais as “quebras de recordes” – por exemplo, “estou há dezoito dias sem sair de casa, mas pretendo chegar a vinte e um dias”. Nesse segundo movimento, percebe-se que os protocolos de segurança se tornaram meios para se obter benefícios secundários. Se o benefício primário é manter-se vivo, o benefício secundário, nesse sentido, é adquirir alguma satisfação por ser mais cuidadoso que os demais cuidadosos, por ser mais responsável que os demais responsáveis.

Vale dizer que nem todos aqueles que aparentemente se tornaram excessivamente exigentes com os protocolos de segurança buscam obter algum benefício secundário. Em momentos de aumento da quantidade de mortos e infectados, aqueles que adotaram e continuam adotando medidas higiênicas sentem-se muitas vezes responsáveis – ou mais precisamente são tomados por um sentimento de culpa inconsciente – e acabam por concluir que essa piora na situação da pandemia poderia ser evitada se eles fossem mais exigentes consigo mesmos. Assim, não apenas continuam mantendo os cuidados, mas os intensificam, como se isso pudesse reverter o abatimento provocado pela piora na pandemia.

Atualmente, os protocolos de segurança estão cada vez menos a serviço da obtenção de benefícios secundários ou de uma resposta ao aumento de mortos e infectados. No entanto, não deixaram de ser questionados e tematizados: é necessário continuar lavando as mãos? Posso encontrar meus amigos e familiares? Resumindo: a pandemia acabou? Diante dessa pergunta, tem-se gerado muitas vezes um mal-estar generalizado, pois muitos começam a desconfiar que não há um nome para descrever o que estão sentindo. Algo que, como um pêndulo, diz que se está e não se está na pandemia.

É verdade que parte dessa dúvida não surgiu agora. O contexto político brasileiro dificultou não somente a instituição massiva de protocolos de segurança, mas o próprio reconhecimento da pandemia. Enquanto a maioria dos estados e municípios se esforçava para definir políticas de saúde públicas, o governo Bolsonaro tem mostrado uma atuação política verdadeiramente desastrosa. Se o líder político de uma nação minimiza a gravidade de uma pandemia, sugere a utilização de tratamentos não comprovados cientificamente ou ridiculariza a morte de seus cidadãos, então a dúvida pode surgir com frequência, pois aparentemente se torna a luta de um cidadão contra o Estado para poder manter-se vivo.

O mal-estar que se tem vivenciado agora, entretanto, é de outra natureza. Trata-se de responder à pergunta: ainda estamos em uma pandemia? A maioria que vinha seguindo as orientações da OMS vai responder que sim, ainda estamos em uma pandemia. Entretanto, parece que muitas das restrições que haviam sido adotadas anteriormente deixaram de valer para algumas pessoas, mesmo para aquelas que reconhecem que a pandemia ainda não acabou. Viagens, bares, restaurantes, visitas a amigos ou encontros em praças públicas vêm-se tornando uma prática cada vez menos isolada. E é justamente nesse momento que um certo mal-estar emerge com alguma força.

Na matéria publicada pela Folha de S.Paulo intitulada Há um nome para seu mal-estar na pandemia: chama-se ‘definhamento’, de 21 abril de 2021, encontramos uma abordagem a respeito do mal-estar na pandemia. De acordo com a matéria, assinada pelo psicólogo Adam Grant, pode-se estabelecer um gradiente que vai da depressão ao florescimento. A meio caminho entre esses dois extremos, encontra-se aquilo que foi denominado como definhamento, estado de saúde mental em que não são identificados sintomas de doença mental, mas também não se percebe qualquer sinal de saúde mental. A depressão e o definhamento podem ser compreendidos no interior de uma categoria maior chamada mal-estar, enquanto o florescimento é identificado com o bem-estar. Assim, segundo Adam Grant, haveria uma oposição entre mal-estar e bem-estar, mais exatamente uma diferença quantitativa que vai de um para outro: passa-se do mal-estar para o bem-estar e do bem-estar para o mal-estar por um acréscimo ou decréscimo de saúde mental.

A nomeação do mal-estar enquanto definhamento não é casual. Segundo Adam Grant, atribuir nomes às emoções é o primeiro passo para lidar com elas. Descrever seus principais traços e nomear essa experiência tornariam possível uma alternativa para compreender o mal-estar e, assim, encontrar um caminho para sair do vazio do definhamento em direção ao florescimento.

O artigo assinado por Adam Grant parte de um pressuposto frequentemente compartilhado: a oposição entre mal-estar e bem-estar. Contudo, ao definir-se o mal-estar como déficit ou redução de bem-estar, como seu extremo negativo, perde-se muito da força gerada por aquela experiência conhecida como mal-estar. Não pretendo aqui negar a definição de mal-estar como diminuição de bem-estar, e sim acrescentar outra: mal-estar não se opõe a bem-estar, e sim a estar. Aproveitando-se das reflexões do psicanalista Christian Dunker, podemos começar a entender o mal-estar como uma experiência de não lugar, de ausência de lugar ou de estar fora de lugar. Para entender esse outro sentido de mal-estar, vamos nos aproveitar de uma imagem.

Uma aproximação para delimitarmos os contornos da experiência do mal-estar pode ser fornecida pela imagem do corredor de rua. Diferentemente do corredor de pista, que percorre centenas de metros ou mesmo alguns quilômetros em um plano sem qualquer elevação ou descida, o corredor de rua deve enfrentar variações na inclinação do terreno. A mais difícil, a meu ver, são as subidas. As subidas exigem do corredor de rua uma quantidade maior de esforço para serem superadas, principalmente quando se pretende manter a mesma velocidade ou, pelo menos, atenuar sua diminuição. Depois de iniciar a subida e ajustar suas passadas e a inclinação de seu tronco, o corredor pode mais ou menos manter o mesmo ritmo até o fim da subida. Aparentemente, o fim dessa trajetória, aquele trecho em que não se está mais no mesmo ângulo de inclinação da subida, mas também não se está ainda no terreno plano, em que o corredor não mantém mais a mesma inclinação do tronco, mas ainda não se pode endireitar, seria o mais confortável. Contudo, trata-se de um momento que exige do corredor cuidado e estratégia para poder entrar no terreno plano com boa velocidade.

A imagem do corredor de rua pode ajudar-nos a entender o mal-estar, se entendermos essa experiência não como a justa medida entre dois extremos (a depressão e o florescimento), e sim como uma experiência que não encontra lugar nem em um extremo nem em outro extremo. Trata-se menos de pensarmos uma métrica que vai de 0 (depressão) a 10 (florescimento), passando por 5 (mal-estar como definhamento), e mais de uma experiência impermeável a uma quantificação e mesmo a uma nomeação.

A experiência do mal-estar que pode ser vivenciada nesse momento, portanto, diz respeito a uma dificuldade de nomear o que se passa, de encontrar um lugar onde estar. Quando em casa, querendo sair para a rua. Quando na rua, querendo voltar para casa. Antes, compartilhavam-se com amigos e familiares experiências sobre os protocolos de segurança (qual a melhor máscara, se as mercadorias precisam ser desinfetadas etc.). Agora, dificuldade de encontrar um lugar para compartilhar alguma experiência comum. Por conta dessa dificuldade, esse mal-estar frequentemente vem associado com um sentimento de culpa, que se pode  manifestar, por exemplo, como culpa por não sair de casa, culpa por sair de casa.

Talvez, em alguns casos, tomar decisões não é o mais importante, e sim construir, mediante um esforço com o outro, um espaço de experiência comum, uma narrativa não solitária em que cada um seja capaz de contar como tem vivenciado esse momento, reconhecer a precariedade de nossos abrigos. Trata-se de voltar a estar no mundo e de estar em um mundo compartilhado. Que se possa voltar a habitar um mundo, pelo menos feito de palavras – e não são todos os mundos feitos de palavras?

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Bibliografia:

DUNKER, Christian. Estrutura e constituição da clínica psicanalítica: uma arqueologia das práticas de cura, psicoterapia e tratamento. São Paulo: Annablume, 2011.

DUNKER, Christian. Mal-estar, sofrimento e sintoma: uma psicopatologia do Brasil entre muros. São Paulo: Boitempo, 2015.

FREUD, Sigmund. O mal-estar na civilização. São Paulo: Companhia das Letras, 2010 (1930).

 

 

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Escrito por BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS

No passado dia 28 de agosto de 2021, às 16.30, dei o primeiro abraço a alguém fora do círculo das poucas pessoas íntimas que convivem comigo diariamente, 525 dias depois de me ter isolado na minha aldeia a 30km de Coimbra devido à pandemia. O que senti não tem descrição possível. Foi um ato incondicional, uma presença demasiado forte para poder ser objeto de planeamento ou representação. Sentir as minhas mãos deslizar e apertar outro corpo contra o meu, era algo tão familiar quanto estranho. O prazer de outro corpo contra o meu era mais que erótico. Era a verdade carnal da existência, uma prova de ser. Depois veio medo, mas seria medo ou punição pelo prazer? Terá sido um ato impensado e desnecessariamente arriscado? Seria preciso retreinar os sentidos e reaprender a lidar com as emoções do contacto físico e com o conforto desafiador que delas deriva? Teria eu estado sujeito a uma prolongada privação do toque e do tato de outros seres vivos que não os estritamente familiares, entre humanos, gatos e cães?

Porque não me ocorrera durante a longa privação pandémica abraçar árvores, como fazem muitos ecologistas para sentirem a energia desses maravilhosos seres vivos que ligam de modo tão natural a profundeza da terra e a altura do céu, algo que é tão difícil para os humanos treinados na cultura ocidental? Por que é que abraçar as árvores (e tantas tenho no meu quintal), que eu poderia abraçar sem ter medo de ser por elas contaminado pelo coronavírus, não me daria a mesma indescritível emoção que me invadiu ao abraçar e sentir o corpo quente de um ser humano amigo? Por que é que esta verdade carnal da vibração incontida de um abraço escapa à reflexão e só como surpresa invade a consciência como uma avalanche solta e “irracional”, de modo menos previsível que um tsunami ou um terramoto? Sendo certo que em certas culturas há quem não possa ser tocado, quer por ser demasiado superior quer por ser demasiado inferior, como funcionará a vibração dos corpos sem toque?

Esta verdade carnal dos corpos e das relações humanas é o dia a dia de todos os seres humanos que não fazem do corpo (próprio ou alheio) e das relações humanas um instrumento de diagnóstico científico, um objeto de lucro ou um motivo de especulação filosófica, mas raramente ocorre ou se impõe a intelectuais e filósofos. Quando isso ocorre, o que é muito raro, faz deles seres muito especiais. Lembro-me de Michel de Montaigne que, nos seus Ensaios, escritos por volta de 1570, escreve sobre o que verdadeiramente conhece, o seu corpo e as surpresas e contradições das relações humanas. Por isso, dedica um ensaio à arte de conversar e da confrontação oral e discorre sobre o prazer de comer ostras, mesmo tendo de sofrer as cólicas que elas podem vir a causar.

Mas o caso mais notável é o de Albert Camus e a sua incessante luta contra as ideias abstratas, a que contrapõe a verdade carnal da morte e do sofrimento concretos. Numa sessão na Universidade de Estocolmo, por ocasião da entrega do Prémio Nobel da Literatura em 1957, quando interpelado agressivamente por um ativista islâmico sobre a independência de Argélia e a questão da violência, Camus respondeu: “Terrorismo nas ruas de Argel… poderia matar a minha mãe ou a minha família. Eu creio na justiça, mas defenderei a minha mãe acima da justiça”. A sua mãe valia mais para ele do que qualquer ideia abstrata.

O abraço e a cultura

A verdade carnal do abraço depois de tanto desuso e a emoção com que me abalou fez-me refletir sobre o abraço. Os poetas desde sempre contemplaram as ambiguidades do abraço. Florbela Espanca canta, num dos sonetos, o “lânguido e doce” abraço de “Dona Morte”. Pablo Neruda dedica-lhe um poema de amor: “Em teu abraço eu abraço o que existe / a areia, o tempo, a árvore da chuva / E tudo vive para que eu viva: / sem ir tão longe posso vê-lo todo: / veio em tua vida todo o vivente.” António Ramos Rosa recusa-se a adiá-lo, e ao amor: “Não posso adiar este abraço / que é uma arma de dois gumes / amor e ódio”. E Ana Luísa Amaral canta rupestres saudades de “fresco e doloroso abraço”.

Já Shakespeare tinha mostrado um derrotado Henrique VI a não ter escolha senão “abraçar o amargo infortúnio”. Por sua vez, o grande poeta, matemático, astrónomo e filósofo persa do século XI, Omar Khayyam, ousou perguntar-se pelo maternal, derradeiro abraço que tudo apazigua. Muitos séculos mais tarde, o grande poeta turco, Nâzim Hakmet, haveria de cantar o desejo do seu povo – “honesto, trabalhador, valente, meio saciado, meio faminto, meio escravo…” – de abraçar tudo o que fosse “moderno, belo e bom”.

Entretanto, descobri que psicólogos, etólogos, antropólogos e estudiosos da cultura têm dedicado longas páginas ao estudo de tão simples fenómeno, tão comum entre humanos como entre animais, mas com tantas variações e tão diferentes significados. O termo vem do latim, bracchia collo circundare, pôr os braços à volta do pescoço. É um ato que transmite afabilidade, simpatia, ausência de hostilidade, um gesto que entre humanos tanto ocorre no início de um encontro como na despedida. Os animais também se abraçam mas, ao contrário dos humanos, abraçam-se de frente e de costas, e, pelo menos os animais domésticos, não parecem abraçar-se nunca à despedida.

A fenomenologia do abraço é muito complexa e tem sido objeto de minucioso estudo: os movimentos de aproximação, as expressões corporais, a fixação do olhar, a duração, a maior ou menor pressão dos corpos apertados no abraço, o contacto ou não de zonas tabu no encontro de corpos de sexo diferente, o toque na cabeça ou na cara, o âmbito do deslizar das mãos nas costas ou nos ombros do parceiro sem causar desconforto. O contacto corporal é fundamental para os recém-nascidos e o abraço da mãe é rapidamente identificado com sentimentos de alegria, conforto e confiança, que são depois reproduzidos quando abraçam bonecos ou brinquedos.

Por outro lado, há um ramo do conhecimento, a proxémica, dedicado a estudar a relativa distância que as pessoas em diferentes culturas ou com diferentes características psicológicas consideram ser necessário manter entre si e outra pessoa, numa interação normal, sem sentirem desconforto. Por exemplo, pessoas extrovertidas exigem menos distância que as introvertidas ou com distúrbios psicológicos. A zona de distância entre os corpos no abraço é considerada a zona íntima, entre 0 e 15 cm. Considera-se hoje que essa distância está relacionada com fatores genéticos, ambientais, práticas culturais, papéis sociais, infância, religião. No mundo ocidental (sobretudo anglo-saxónico), os homens tendem a preferir o aperto de mão ao abraço, enquanto as mulheres entre si preferem o abraço.

Tudo isto me parece fascinante, embora nada me diga sobre o que senti quando abracei o visitante bem-vindo e de quem tinha tantas saudades. E também não me explica por que razão, nesse preciso momento, um simples aperto de mão (sobretudo se seguido de desinfeção), longe de ser um ato afetivo, significaria distância, desconforto e até hostilidade. A ciência do abraço não ensina a abraçar, nem é esse o seu propósito. Mas não deixa de ser interessante conhecer os diferentes significados culturais que esse ato tão vulgar pode ter. Afinal, o abraço só deixou de ser vulgar quando a pandemia o tornou problemático, e foi então que, perante a sua perda, passámos a apreciá-lo verdadeiramente.

O significado do abraço está inscrito em muitas culturas. Na Bíblia, é pelo abraço que se dá a reconciliação entre Esaú e Jacob: “Então Esaú correu-lhe ao encontro, e abraçou-o, e lançou-se sobre o seu pescoço e beijou-o; e choraram”. É sabido que os povos latinos e africanos têm uma maior necessidade ou uma maior disponibilidade para se abraçar e de o fazer mais efusivamente, ainda que nos países africanos de cultura islâmica, os abraços ocorram apenas entre humanos do mesmo sexo. A duração do abraço está sempre relacionada com a intensidade da emoção, que tanto pode estar relacionada com felicitações como com condolências.

Enquanto na Rússia, na França e em certas regiões da Europa de Leste o abraço entre homens seguido de beijo na face é comum, tal não acontece noutros países. Mas enquanto na Europa do Sul o abraço é uma saudação comum, na Europa do Norte a saudação comum é o aperto de mão. Nas diferentes culturas islâmicas, o contacto corporal entre homens e mulheres no espaço público é mais raro, a distância na interacção tende a ser maior, e o abraço pode mesmo ser proscrito.

A população branca dos EUA é tão pouco atreita a abraçar-se, pelo menos em público, que Kevin Zaborney propôs em 1989 que o dia 21 de janeiro passasse a ser dia nacional do abraço para desenvolver sentimentos de confiança e de segurança entre familiares e entre amigos. Não surpreende que os sessenta milhões de latinos que vivem nos EUA, que tão gostosamente mostram a sua diferença em relação à população branca ao abraçar-se profusamente entre si, tenham sofrido tanta privação psicológica durante a pandemia. Segundo alguns relatos, a propagação da infeção entre latinos esteve relacionada, entre muitos outros fatores, com os abraços e a proximidade corporal, de tal modo entranhados na cultura, que não puderam ser dispensados, apesar dos riscos.

O abraço e a saúde 

São hoje conhecidos os benefícios do abraço para a saúde. Já referi atrás que Kevin Zaborney propôs o dia nacional do abraço para melhorar a comunicação humana e diminuir os níveis de stress e de hostilidade. Curiosamente, o Brasil também celebra o dia anual do abraço, mas a 22 de maio, e não é porque faltem abraços nas relações entre os brasileiros e as brasileiras. É apenas para celebrar a magia do contacto corporal da amizade e da afetividade e do apoio mútuo, tão necessária nos momentos que correm. Os mais conhecidos efeitos físicos do abraço são a produção da ocitocina, considerada a hormona do amor pelo seu papel na diminuição da ansiedade, na melhoria do humor e no aumento da afetividade. Também diminui a agressividade do humano masculino, tornando-o mais amável, generoso e social.

O abraço baixa a tensão arterial e, segundo alguns especialistas, aumenta a imunidade do corpo, o que não deixa de ser irónico e mesmo cruel em tempos de pandemia: quanto mais necessidade teríamos de nos abraçar, mais perigoso isso se torna em razão da possibilidade de contágio. O ser humano em pleno labirinto da sua potência e limitação. A inconformidade prometeica com tal contradição levou à engenharia do abraço a nós próprios como se fôssemos outrem. Refiro-me à invenção do Sense Roid, o manequim coberto de sensores tácteis, fato táctil com motores de vibração e músculos artificiais que recriam a sensação do abraço.

O Sense Roid foi criado pela Universidade de Eletrocomunicações do Japão e pode ser comprado na Amazon. À primeira vista, parece estarmos na fronteira da distopia pós-humana. Mas, afinal, a estranheza que nos causa será diferente da que causaram no início da sua comercialização os vibradores sexuais, considerados hoje um acessório comum? Contra este fix tecnológico, que torna o solitário em espelho perverso do solidário, parece crescer entre os jovens o hábito de se abraçarem para se sentirem mais apoiados, mais íntimos e mais afetuosos. Em tempos de pandemia, talvez corram riscos, mas o risco maior não será viver como se morre? Só.

 

[Fonte: visao.sapo.pt]

Les résultats de cette étude s’inscrivent dans le sens de l’«hypothèse de la biodiversité».

L’étude a comparé les microbiotes d’enfants issus de garderies urbaines dont les cours étaient plus ou moins végétalisées.

Repéré par Nina Hossein 

Jouer dans la verdure et le sous-bois d’une mini-forêt pendant un mois seulement peut suffire à changer le système immunitaire d’un enfant, selon une expérience menée en Finlande. Dans le cadre d’une étude, les microbiotes de fillettes et de garçonnets âgés de 3 à 5 ans issus de milieux urbains ont été analysés. Les enfants étaient répartis en deux groupes: ceux qui jouaient dans des cours en béton et gravier et ceux qui jouaient dans des espaces verts aménagés avec de l’herbe et des sous-bois forestiers.

«L’hypothèse de la biodiversité» pour un microbiote sain

L’impact de l’environnement sur le système immunitaire est une théorie connue sous le nom d’«hypothèse de la biodiversité». Selon cette dernière, les maladies d’origine immunitaire se développent davantage dans les espaces où la biodiversité est faible. En d’autres termes, les zones urbaines fragilisent les microbiotes des individus. Les résultats de l’étude finlandaise vont tout à fait dans le sens de cette théorie.

«Les résultats de cette étude soutiennent l’hypothèse de la biodiversité et le concept selon lequel une faible biodiversité dans le milieu de vie moderne peut conduire à un système immunitaire non éduqué et par conséquent augmenter la prévalence des maladies à médiation immunitaire», commentent les scientifiques de l’Université d’Helsinki. L’étude a comparé les microbes environnementaux d’enfants issus de dix garderies urbaines dont les cours étaient plus ou moins végétalisées. Dès le 28e jour, les résultats étaient sans appel.

En testant le microbiote de la peau et des intestins des enfants, l’équipe de recherches a découvert qu’il s’était amélioré chez ceux qui avaient eu accès cinq fois par semaine aux espaces verts. La population de microbes a ainsi augmenté en diversité –signe d’un système immunitaire globalement sain et prêt à se protéger d’éventuelles attaques. Néanmoins, l’étude devra être menée à plus grande échelle afin de confirmer les résultats et de valider la relation causale.

 

 

[Photo : Annie Spratt via Unsplash – source : http://www.slate.fr]

Ruta da Auga, en Zas

Ruta dá Auga, en Zas

Escrito por BIEITO ROMERO

Sempre escoitei que Galicia é o país dos mil ríos, pero hai quen di que chega ata os dez mil, imaxino que contando regos, regatos e outras derivacións fluviais menores. Unha absoluta riqueza hídrica que nos convertería en potencia se non fose porque o seu estado de conservación xa é outro cantar.

Creo que aínda non somos conscientes do significado e importancia da auga tendo a sensación erradamente establecida de que aquí nunca nos vai faltar. Como chove abundantemente e temos tantos ríos e fontes, malo será! Pero moito ollo, as cousas están mudando e, dende hai tempo, xa hai quen avisa do que nos pode chegar a acontecer se non temos coidado. Aínda estamos a tempo de atender ás infraestruturas dos ecosistemas fluviais, recuperando as poboacións de especies autóctonas erradicando as invasoras que ameazan á nosa flora e fauna.

Por outra banda, o estado de conservación dos ríos non pode ser só aparente, senón que debe ir acompañado do saudable do hábitat no que o propio río interactúa e se fósemos intelixentes deberiamos ser moito máis sensibles e coidadosos xa que todo isto vai incidir directa ou indirectamente no noso propio benestar e saúde. Lembro de cativiño xogar en diferentes ríos e regatos do país, bañarme e incluso beber as súas augas que aínda eran limpas e saudables, tamén da cantidade de vida que había tanto nos propios ríos como na súa contorna.

Hoxe, algúns daqueles nos que eu gozaba xa non están do mesmo xeito e mesmo presentan unha triste imaxe. Non debemos esquecer que temos unha cantidade de auga inestimable, nos ríos, en mananciais de augas termais e de augas minerais sas e puras, tamén fontes con augas limpas aptas para o consumo, posuímos unha riqueza impresionante a coidar, respectar e pór en valor sen deixar de visualizar a realidade de que noutros países e lugares do mundo existen graves conflitos e incluso guerras por algo que a nós aínda nos segue a parecer que nos veu dado.

Así que concienciémonos e sensibilicémonos coa protección dos ríos como símbolos de vida.

 

[Imaxe:  XOSÉ AMEIXEIRAS – fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Le nouveau visage du populisme est déconnecté des questions sociales qui animaient les mouvements Nuit Debout ou des «gilets jaunes».

Manifestation contre le pass sanitaire, le 14 août 2021 à Paris. | Sameer Al-Doumy / AFP

Manifestation contre le pass sanitaire, le 14 août 2021 à Paris.

 

Publié par Monique Dagnaud et Telos 

«J’ai choisi le combat pour la liberté», «Ce n’est pas Monsieur Macron qui commande, c’est le peuple. Plutôt mourir que de vivre à genou», «Nous sommes entrés en dictature»: une incursion dans la galaxie Twitter des anti-pass sanitaire met à jour une vision enflammée, frénétique de la liberté. Une liberté abstraite, proclamée avec rage comme un principe de vie qui l’emporte sur tout.

Le mouvement anti-pass est cimenté par une ivresse de soi et de liberté excédant clairement les autres enjeux qui le traversent, comme le rejet de la vaccination anti-Covid (une partie des manifestants, de fait, est vaccinée), l’éloge des médecines douces contre la médecine allopathique, l’opposition frontale aux élites politiques et scientifiques, ou, rhétorique phare de la période, la critique des Big Pharma.

Apparaît alors sur la scène protestataire une figure presque cocasse tant elle est inattendue: «je suis, donc je fais ce que je veux» face à la pandémie. Bien sûr, le quart de la population française qui est opposé au pass sanitaire ne se reconnaîtra pas dans cette description extrême. Pourtant, la posture de cette minorité, c’est-à-dire «les libertés individuelles priment sur tout» interroge[1].

Je suis, donc je fais ce que je veux

Le principe de liberté de l’individu est consubstantiel des sociétés démocratiques, certes, mais dans tous les secteurs de la vie publique et personnelle, cette liberté est encadrée par des conceptions morales ou des contraintes de vie collective: de la liberté d’expression à la liberté de circulation, à la liberté d’exercer certaines professions, à la liberté d’entreprendre, à la liberté de choisir les méthodes éducatives pour ses enfants, etc. La liberté sexuelle, elle aussi, comporte des interdits. La liberté des uns s’arrête là où commence celle des autres, énonce le dicton populaire. On peut donc s’interroger sur le tréfonds, le substrat idéologique ou pulsionnel, la construction imaginaire qui permettent à tant de gens de se ranger derrière un principe qu’aucune société, même la plus démocratique dans ses fondements, n’a jamais imaginé faire sienne.

Les psys y verront une intolérance à la frustration de ne pas pouvoir agir comme on veut, une sorte d’infantilisation sous les auspices de la culture permissive et de l’économie d’abondance. La plupart des lieux soumis au contrôle d’un pass sanitaire concernant, en tout cas dans un premier temps, les pratiques de consommation marchande et les loisirs culturels et sportifs[2], on peut expliquer cette crise de nerfs au nom de la liberté par les contraintes imposées à la consommation –parallèlement, l’accès aux lieux de travail, les écoles, les universités, les lieux de culte, n’est pas soumis à la présentation d’un pass sanitaire.

Des sociologues y décèleront la conséquence logique (et tragique) d’une extension sans limite des droits de l’individu. Des spécialistes des médias pourront y repérer la manifestation d’une sphère communicationnelle où le tout et n’importe quoi a non seulement droit de cité, mais autant de valeur et de reconnaissance que la pensée rationnelle ou les informations validées. Ils confirmeront alors que les principes de rationalité et de vérité sont en train de se dissoudre, de se relativiser, de perdre leur légitimité auprès d’une partie de la population au profit de fantasmes les plus délirants, chacun ayant droit d’avancer des propos et d’adapter son comportement conformément à sa vision de la vérité.

Internet galvanise ce processus en encourageant les individus à s’exprimer et en disqualifiant les instances de validation.

Dans le sillage de nombreux travaux sur les médias, le philosophe Maurizio Ferraris (Postvérité et autres énigmes) établit une continuité entre le postmodernisme et le populisme avec la banalisation d’un régime de postvérité. Il décrit le processus de l’histoire des idées qui trace ce chemin: déconstruction de la «rationalité instrumentale» perçue comme un agent de domination, affirmation du principe nietzschéen selon lequel «il n’y a pas de faits, mais seulement des interprétations», émergence de nouvelles pratiques accordant la toute première place à l’émotivité et à la solidarité entre gens qui se reconnaissent entre eux, montée au pinacle de la subjectivité, avec son aboutissement –la privatisation de la vérité.

Internet galvanise ce processus, en encourageant les individus à s’exprimer et en disqualifiant les instances de validation –politique, scientifique, économique. Dans l’effervescence de la communication décentralisée, créer du faux, de l’invraisemblable et le faire circuler, c’est l’enfance de l’art –tant par la construction de «preuves» par des chiffres ou des images truquées ou sorties de leur contexte, que par le martèlement d’idées ou de visions du monde décollées de la réalité mais constamment partagées au sein des réseaux sociaux.

Ce flot de narrations et de vérités alternatives, qui par leur abondance s’apportent une garantie réciproque, est reçu comme un élément parmi d’autres du débat public et imprègne facilement les esprits au nom de l’idée selon laquelle chacun a droit à sa conception de la vérité. Le récit de la liberté individuelle comme une fin en soi, comme l’épopée bravache du héros qui entend se soustraire à la surveillance des États et aux comportements «moutonniers» d’une majorité, ce conte moderne fédère les anti-pass.

Une nouvelle étape du populisme

Le populisme qui caractérisait les mouvements Nuit Debout ou des «gilets jaunes» prend, une fois encore, une nouvelle forme. Derrière Nuit Debout, solidement implanté sur la place de la République à Paris, se profilaient la loi Travail de Myriam El Khomri et un mouvement d’étudiants et d’intellectuels précaires; derrière les «gilets jaunes», distribués sur les ronds-points de la France profonde, se situait une loi de taxation sur les carburants et la protestation de petites classes moyennes (actifs ou retraités) contre leurs conditions de vie; derrière les anti-pass, on observe un conglomérat assez disparate (tout-venant, retraités, soignants, quelques médecins et intellos radicaux et assez atypiques) plutôt provincial, mu par une image grisante de la liberté.

À chaque fois, l’espace public s’emplit d’une vague émotionnelle. Les grands médias sont emportés par la fascination, guidés par l’action des street reporters et le flux des expressions sur internet; ils tentent de repérer des porte-paroles, acteurs surtout sur les réseaux sociaux et démunis de volonté ou de capacité d’organisation sur le terrain; ils leur accordent un moment médiatique, les confirmant alors en leaders éphémères, sondent les cœurs et les esprits par des témoignages et des sondages. Beaucoup d’événements et de thèmes débattus au sein des réseaux sociaux n’impriment pas l’agenda des télévisions, tant il est vrai que pour qu’un sujet embrase l’espace public, il lui faut le relais des chaînes d’information. Ce sont elles qui, par leur puissance, «anoblissent» une cause, la popularisent, la martèlent et l’installent au cœur des délibérations publiques.

L’oriflamme de la liberté individuelle sans limite brandie par les anti-pass apporte toutefois une touche inédite au populisme. Derrière Nuit Debout et les «gilets jaunes», on pouvait repérer des questions sociales: dans le premier cas, le déclassement et l’amertumes de catégories diplômées et déclassées; dans le second, les conditions de vie difficiles de «petites gens». Derrière l’appel à la liberté individuelle et l’opposition au pass sanitaire, rien de tout cela. Juste une conception planante de la vie en société, celle d’un «moi» posé sur son Olympe.

 

1 — 73% (stable depuis le 13 juillet) des Français estiment qu’«il faut parfois accepter de réduire nos libertés, parce que la priorité c’est de se protéger contre la maladie». À l’inverse, 26% (-1) considèrent que «rien n’est plus important que les libertés individuelles, même notre santé et celle des autres».
 À noter que ce sont les moins de 25 ans (51% santé, 48% liberté), les catégories populaires (59%/40%) et les personnes s’identifiant comme «gilet jaune» (42%/57%) qui sont le plus partagés. Chez les non-vaccinés, la tendance est même totalement inverse: 72% privilégient les libertés individuelles (sondage Elabe 19-20 août).

2 — Les restaurants, bars, foires, les déplacements de longue distance (train, avion, etc.), les grands centres commerciaux (plus de 20.000 m2), les salles de spectacles sportifs ou culturels, les salles de sports, les cinémas et les théâtres, les navires et bateaux de croisière, les discothèques, etc. Quelques autres lieux collectifs comme les salons professionnels, ou pour les personnes accompagnantes, les services et établissements de santé sont concernés.

3 — 71% des Français approuvent le pass sanitaire, et parmi eux 57% pensent que c’est une mesure de bon sens pour limiter l’épidémie (sondage Elabe).

[Photo : Sameer Al-Doumy / AFP – source : http://www.slate.fr]

tchin ; santé ; on trinque ; un toast ; à ta santé ; à la vôtre

Origine et définition

À part s’il s’agit d’un véritable ennemi ou d’une personne haïe, verrait-on quelqu’un souhaiter ‘à ton malheur’ ou bien ‘à ton décès’ à quelqu’un d’autre ?
Il semble plus que naturel, bien au contraire, de souhaiter une excellente santé à la personne à qui on s’adresse, d’autant plus lorsqu’on est fermement convaincu que c’est un des atouts indispensables pour mener une vie confortable.
Dans une société où les formules de politesse, de bienvenue, de souhaits de bonnes choses sont habituelles, pour ne pas dire nécessaires, une telle expression fait partie de la panoplie de base, comme un « bonjour ! » ou un « bon appétit ! »
C’est dès la fin du XVIe siècle qu’on a commencé à « boire à la santé de quelqu’un » (mais c’est très longtemps avant que l’habitude de boire tout court est apparue, je vous rassure). Cette expression a donné notre formule qui est même souvent raccourcie en « santé ! » ou en « à la vôtre ! »

Exemples

« – Puisqu’il ne veut pas boire, il ne faut pas que cela nous en empêche. À ta santé, filleul.
– À la vôtre, parrain ; Bigre, mon ami, bois avec nous. »
Denis Diderot – Jacques le fataliste

Comment dit-on ailleurs ?

Langue

Expression équivalente

Traduction littérale

Allemand prosit ! / Zum Wohl ! à votre santé !
Allemand auf ihr Wohl ! à votre santé !
Anglais (Irlande) slainte Santé
Anglais Bottoms up! Fonds [de verre] levés !
Anglais to your health à votre santé
Anglais cheers ! hourra !
Anglais Here’s mud in your eye! Voici de la boue dans ton œil !
Arabe (Algérie) bsahtek / sahha lik avec ta santé / santé à toi
Arabe (Maroc) b’saha à votre santé
Arabe (Tunisie) sahha / Sa7a Santé
Danois skål! bo l!
Espagnol (Argentine) a su salud/ a tu salud à votre sante/ a ta sante
Espagnol (Espagne)

¡Salud! / ¡A tu salud! / ¡A su salud! / ¡A nuestra salud!

santé! / À ta santé! / À votre santé! / À notre santé!

Espagnol (Espagne) a tu salud ! à ta santé !
Espagnol (Espagne) chinchin salut
Espagnol (Espagne) salud y prosperidad santé et prospérité
Espagnol (Espagne) salut i força al canut santé et force dans le sexe
Finnois kippis de l’allemand : vider le verre
Finnois terveydeksi! pour la santé !
Français (France) santé bonne à la santé
Français (France) a la bonne nôtre !
Gallois iechyd da! bonne santé!
Gaélique écossais slàinte mhàth, slàinte mhór! bonne santé, grande santé !
Grec stin yghia sou / sas à ta / votre santé
Hongrois egészségedre à votre santé
Hongrois isten éltessen!

que Dieu te laisse en vie longtemps !

Hébreu לחיים! à la vie!
Hébreu ליים à la vie !
Italien alla vostra ! / Tua salute ! / Salute ! à la vôtre ! / À ta santé ! / Santé !
Italien cin cin ! tchin Tchin !
Japonais campai ! à votre santé !
Norvégien ska°l santé
Néerlandais op je gezondheid! à ta santé
Néerlandais (Belgique) gezondheid ! santé !
Néerlandais proost à ta santé
Persan به سلامتی ات à ta santé!
Polonais na zdrowie! à la santé !
Portugais (Portugal) saúde ! santé !
Roumain

în s?n?tatea ta/dumneavoastr?!

à ta/votre santé !
Roumain noroc ! à ta santé et à ton bonheur !
Russe за ваше здоровье ) (vasche zdarov’ié) à votre santé
Serbe nazdravlje à votre santé
Serbe u vase zdravlje à la votre santé
Slovaque na zdravie ! à votre santé !
Turc sağlığınıza à votre santé !
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[Source : www.expressio.fr]

Hasta sus 42 años se lo consideraba un diletante. En el final de su vida, urgido por la enfermedad, se embarcó en la escritura de “En busca del tiempo perdido”, obra monumental que anuncia modos de concebir el arte y las relaciones sociales y sexuales aún vigentes. Retrato de un escritor clave y una guía para “proustómanos”

Manifestaciones en Birmania en homenaje a históricas marchas de 1962 contra la primera junta - Infobae

 

Escrito por Santiago Llach

A 150 años de su nacimiento y 99 de su muerte, Marcel Proust está vivo. En abril de este 2021, la editorial Gallimard publicó Les soixante-quinze feuillets, el Santo Grial de Proust: setenta y cinco páginas de un manuscrito que estuvo perdido durante cincuenta años y que se considera la semilla de À la recherche du temps perdu (En busca del tiempo perdido). En mayo, las filiales de Penguin Random en español publicaron El remitente misterioso, la primera traducción de unos relatos también inéditos que fueron dados a conocer en francés en 2019. Casi todos los meses, sobre todo en este año de aniversarios redondos, se publican libros sobre Proust: en la Argentina acaba de salir por Cactus un libro del escritor y artista Pierre Klossowski.

La obra de Proust es un virus, un campo magnético pregnante, un modo contagioso de mirar el mundo, un texto en movimiento, nunca definitivo, siempre abierto al goce y a la interpretación. Es célebre la extensión de su novela en siete volúmenes En busca del tiempo perdido, como también la extensión arborescente de sus oraciones. ¿Es un documento legible en esta época de lectura breve y a los saltos? ¿Qué tiene para decirnos hoy? ¿Quién fue su autor?

En Busca Del Tiempo Perdido I Por La Parte De Swann | Marcel Proust - LibreriadelaU

La respuesta, rápida, es que sí, que sin duda vale la pena leerla hoy. Proust inaugura modos de narrar, de pensar y de vivir. Su obra es un exhibit sobre la libertad sexual y la neurosis, una investigación monstruosa y morbosa sobre la identidad, sobre el yo y el otro yo, sobre los códigos sutiles de la sociabilidad y los mecanismos de la movilidad social, un museo del chisme como mecanismo de la reproducción socialun testamento sobre los celos, el homoerotismo y lo que hoy se llama identidad de género, sobre la aspiración estética como sustituto del éxtasis religioso, una historia del fin de la Belle Époque y una novela sobre la guerra y la paz.

Marcel Proust nació el 10 de julio de 1871 en Auteuil, una zona al Oeste de París que había sido residencia de descanso de reyes. Su padre, Adrien Proust, fue un epidemiólogo reconocido, y su madre, descendiente de una familia judía rica de Alsacia, le inculcó el amor por la literatura y -uno de muchos parecidos de la vida de Proust con la de Borges- lo ayudó a traducir del inglés la obra del crítico de arte John Ruskin, en la que Proust se detuvo largamente para macerar su obra maestra.

Desde niño, Marcel tuvo problemas de asma, y los problemas de salud lo acompañarían durante los escasos cincuenta y un años de su vida. La sexualidad de Proust es objeto de discusión de sus biógrafos, que generalmente dan por sentada su homosexualidad, aunque subrayan que tuvo también relaciones con mujeres, y hay quien no se priva de señalar que llegaba al orgasmo haciendo que unas ratas pelearan en su presencia. Se conoce la identidad de varios de sus amores, pero el más famoso de todos ellos es Alfred Agostinelli, un joven taxista a quien Proust le regaló un avión en cuyo fuselaje hizo pintar unos versos de Mallarmé. Agostinelli (¿hay una muerte más romántica?) cayó al Mediterráneo en ese avión, y Proust lo tomó de modelo para construir el personaje de Albertine, una de las protagonistas de la Recherche.

De joven, Proust era visto como un diletante y un advenedizo, y su obsesión por convertirse en escritor reconocido se topaba con su falta de disciplina y su mente y su estilo digresivos. Proust no reparaba en convenciones en sus intentos por lograr establecerse como escritor: está probado que más de una vez intentó sobornar a críticos literarios. Según confesión del propio André Gide, el escritor y editor de las ediciones de la Nouvelle Revue Française -denominada más tarde Gallimard-, la mala fama personal de Proust influyó para que le fuera rechazado el manuscrito de Por el camino de Swann, el primer volumen del libro que todo proustiano avezado llama simplemente la Recherche. Hasta la publicación de ese volumen en 1913, solo había publicado un libro, Los placeres y los días, en 1896, que apenas si había llamado la atención.

En 1903 murió el padre de Proust y en 1905 la madre. Le dejaron una fortuna considerable. Proust era hasta entonces un escritor inconcluso. Hacia 1906 se embarcó en la escritura de la Recherche, que le demoraría dieciséis años, hasta pocos meses antes de su muerte, el 18 de noviembre de 1922. En vida de Proust se publicó hasta el cuarto volumen de su gran obra, el escandaloso Sodoma y GomorraA la sombra de las muchachas en flor, el segundo, se publicó en 1919 sí en Gallimard, gracias a la insistencia de un André Gide ahora suplicante, y obtuvo el premio Goncourt. La saga de la Recherche terminaría de publicarse recién en 1927, al cuidado de Robert, hermano de Marcel. Proust no llegó a corregir los últimos tomos, por lo que se puede decir que nunca dejó de ser un escritor inconcluso. Su obra maestra comenzó a hacerse famosa hacia el final de su vida; Proust pasó sus últimos años encerrado en una habitación recubierta de corcho, corriendo una carrera contra la enfermedad para poder terminarla.

Marcel Proust, en una imagen de alrededor de 1910. (Foto: Hulton Archive/Getty Images)

La historia que cuenta la Recherche es la de un hombre que quiere hacerse escritor. Desde un presente acerca del cual se nos dice muy poco hasta casi el final, el hombre ya maduro recuerda su vida en orden cronológico. Ese hombre, al que críticos y lectores suelen llamar el Narrador aun cuando en dos ocasiones se nos dice que se llama Marcel, es un niño sensible y enfermizo, dependiente de su madre, que a medida que crece se enamora dos veces de manera obsesiva y celosa, se hace amigos y sobre todo se integra a la sociabilidad de las clases altas parisinas. Al mismo tiempo, cultiva su sensibilidad estética, y sus seres queridos poco a poco irán muriendo. En la novela no pasa mucho, y Proust es capaz de detenerse doscientas páginas en la detallada descripción de una reunión social.

Lo que más conocen de la obra quienes no la han leído es la escena de la magdalena que el Narrador moja en un té y cuyo sabor lo lleva a una epifanía relacionada con haber sentido ese mismo sabor en la infancia, a partir de la cual desarrolla por primera vez la teoría de la memoria involuntaria. Esa teoría, que es a la vez una teoría sobre la percepción y sobre el arte, sostiene que la recuperación de los recuerdos (y también una obra literaria que la lleve a cabo, que es, nos iremos dando cuenta, la que estamos leyendo) no puede ser parte de un plan deliberado.

Proust, de vacaciones en familia, circa 1892. (Foto: adoc-photos/Corbis via Getty Images)

Era el dilema que padecía el propio Proust. Por un lado, antes de embarcarse en la escritura de la Recherche lo que hizo fue practicar su voz, su tono, su estilo. Una de las maneras de practicarlo fueron sus famosos pastiches, textos en los que parodiaba el estilo de escritores franceses del siglo XIX como Flaubert o Balzac. Ese ejercicio de construcción de su estilo en réplica consciente del estilo de sus predecesores es un buen ejemplo de lo que el crítico norteamericano Harold Bloom llamó “la ansiedad de la influencia”: un escritor construye su identidad de autor en combate con sus precursores. El estilo profuso al que arriba Proust en la Recherche, “el Nilo del lenguaje”, tal como lo llama Walter Benjamin, es un estilo que va contra la norma, que extiende las concatenaciones de la sintaxis más allá del límite de lo aceptable, sin por eso renunciar a la elegancia, la persuasión ni la legibilidad, por más esforzada que esta deba ser.

“Esta idea de que hay una lengua francesa al margen de los escritores y que uno protege”, dice Proust en Contra Saint-Beuve, “es inaudita. Todo escritor está obligado a construirse su propia lengua. La única manera de defender la lengua francesa es atacándola.” La Recherche es una obra contra la norma que presta atención plena al lenguaje, y es una bomba estilística que recrea el lenguaje francés. El citado Contra Saint-Beuve es otro libro inconcluso. Hacia 1908, cuando ya había empezado a tomar apuntes para la Recherche, Proust empezó a planificar un libro, y dudaba si sería un ensayo o una narración. El título de ese libro prometía una invectiva contra el famoso crítico Charles Augustin Saint-Beuve, es decir que podía llegar a ser una novela en contra de un crítico literario. Esa hibridez entre el ensayo y la narración sobrevuela también la Recherche. Como dijo el crítico George Steiner, la mente de Proust se halla “entre las más analíticas e informadas de las que tenemos constancia”. Cuando uno lee la Recherche, siente que está ante un psicólogo y un sociólogo impresionista capaz de desarrollos más profundos sobre el género humano que cualquier cientista social. Otra vez igual que Borges, Proust es un narrador/crítico literario, y su influencia será duradera en ese sentido: la obra de Roland Barthes, y de la gran crítica y filosofía francesas del siglo XX, parecen erigirse a la sombra de ese Proust lector.

Una edición de la « Recherche », de Proust, en ruso

Tras encontrar su voz a lo largo de décadas de minuciosa disputa con sus precursores y rivales, Proust vence finalmente sus inseguridades de escritor y se embarca en el armado de la trama narrativa. La fineza del tejido de personajes es notable en la Recherche; ese es el punto donde la voluntad de control le gana a la memoria involuntaria. Hay algunos personajes que desaparecen durante dos tomos y vuelven a aparecer, siempre convertidos en otra cosa (porque uno de los rasgos principales del modo narrativo de la novela es que nada es lo que parece, que siempre hay capas y capas de impresiones sucesivas producidas por cosas y personas).

Proust da en la Recherche un giro perdurable, al que podemos llamar el giro autobiográfico. Por supuesto que Proust es un hijo de su tiempo, y su obra maestra forma parte de una serie de exploraciones literarias monumentales de la subjetividad, como el Ulysses de Joyce, la obra de Kafka (sobre la cual también sobrevuela lo inconcluso), la de Virginia Woolf y la de William Faulkner, entre otras. La de Proust, sin embargo, es en algún sentido la más sutil en la ruptura con la novela realista de narrador omnisciente tan característica del siglo XIX. La obra de Proust recoge las ambiciones sociológicas de Balzac o de Tolstoi, y por momentos (la segunda parte de Por el camino de Swann) la voz del Narrador se torna casi omnisciente, como fuera de la acción, en un ejercicio en el que Proust parece seguir apropiándose del gran recurso decimonónico del “Dios de la narración”.

Pero, como señala Gilles Deleuze, la Recherche no es solamente una exploración de la memoria, sino sobre todo una investigación (“recherche” puede traducirse también como “investigación”): una investigación sobre el yo o, como diría el propio Proust, sobre el yo oculto, que es otro que el yo social. “Una enfermedad inusual, una riqueza poco común y un talento anormal” hicieron posible la Recherche, dice Walter Benjamin, que ve en ella “la profundidad del místico, el arte del prosista, el entusiasmo del satírico, el conocimiento del sabio y la obsesión del monomaníaco convergiendo en una obra autobiográfica”.

Proust adolescente (1871-1922), fotografiado por Paul Nadar en 1887 (Apic/Getty Images)

Esa investigación sobre el yo oculto, ese aprendizaje del escritor, se apoya de manera crucial en la pintura y en la música. Proust se detiene morosamente en la contemplación y el análisis de obras, reales e inventadas, por parte del Narrador. El impresionismo y otros movimientos influyen decisiva e íntimamente en la configuración de la sensibilidad del protagonista: se puede decir que la Recherche es una novela impresionista. Algo parecido pasa con la música, cuya composición e interpretación juega un papel también crucial en la novela. El Narrador es un esteta nervioso, y su modo de vivir el arte es casi místico.

Hemingway dijo de un cuento suyo, “El gran río de dos corazones”, que era un cuento sobre la guerra que en ningún momento mencionaba la guerra. Algo parecido, con matices, puede decirse de la Recherche en tanto obra sociológico-histórica. El tiempo narrado va casi desde la guerra franco-prusiana de 1870 hasta el final de la Primera Guerra Mundial en 1918, pero si bien los hechos bélicos tienen una influencia decisiva en la vida de los personajes, a diferencia de las famosas recreaciones de la batalla de Waterloo por Stendhal en La cartuja de Parma o de la batalla de Borodino por Tolstoi en Guerra y paz, nada es contado en el frente, sino que solo le llegan las noticias a ese objetor de conciencia de la masculinidad fuerte que es el Narrador.

Proust en su lecho de muerte en París, noviembre de 1922. (Foto del Hulton Archive/Getty Images)

Los ruidos de la guerra y de política se escuchan y se narran desde la perspectiva ociosa de los salones (casi nadie trabaja en la novela de Proust). Además de Combray, el pueblo al que va de vacaciones en la infancia, y Balbec, un balneario (objetos ambos de impresionantes descripciones de escenarios naturales), la gran locación de la Recherche es el salón, y las grandes heroínas de la novela son las damas de alta sociedad, cuya sociabilidad ociosa teje la trama de la vida en común. La Recherche es una épica de la intimidad. Hay tres grandes salones y tres grandes damas –una antigua prostituta, una burguesa y otra aristócrata–, y por dos de ellas el Narrador siente en distintos momentos una fascinación que se parece al amor pero también a la identificación. Proust se sumerge en ese mundo frívolo y snob y saca de él pepitas de oro de sociología cualitativa y humanidad desnuda, y recoge con precisión barroca los códigos de la movilidad social.

En ese mundo en el que el Narrador (un advenedizo, un trepador social) se introduce como un moscardón apreciado sobrevuelan dos elementos: el caso Dreyfus y las sexualidades “invertidas”, dos temas en los que Proust sin duda ponía en juego su ascendencia judía y sus propias preferencias sexuales.

 

El caso Dreyfus (la falsa acusación a un oficial judío francés de espionaje en favor de Alemania) dividió a la sociedad francesa durante una década larga, y las observaciones de Proust sobre esa división y sobre las relaciones entre intimidad, clase e ideología resuenan en nuestra época de politización intensa.

En cuanto a la sexualidad, el Narrador va descubriendo y develando las sexualidades en el closet de varios de sus personajes. Roland Barthes (que además caracteriza a la Recherche como “un proyecto atlético, una energía descifradora, una búsqueda de esencia”) llama a este movimiento de develación sexual que tiene lugar en la novela “la pandemia de la inversión”. Proust toma los términos con que el positivismo designaba a la homosexualidad (“inversión”, principalmente, pero también “vicio”) y él mismo, como hace con tantos otros términos, los somete a una torsión, a una inversión. Proust nos deja el chiste póstumo de que este Narrador tan parecido a él es casi el único personaje que resiste esta imantación de lo homo.

La Recherche cuenta una época de libertad sexual y artística en los márgenes que vino a instaurar formas de ver el mundo que todavía perduran. En esos salones parisinos ardientes de frivolidad Proust encontró el núcleo original de un gran cambio en las mentalidades.

La Recherche es la Novela Total contada en un Estilo Total. Es una novela de una ambición desmedida que sin embargo cumple con lo que se propone: dar cuenta de la complejidad de lo real, de los infinitos matices de la relación entre una subjetividad y el mundo, y de las sutilezas de un largo período histórico.

Las traducciones al español

El carácter inconcluso de la obra de Proust parece acompañar a las primeras traducciones al español. La del poeta español Pedro Salinas y la de la escritora argentina Estela Canto no fueron terminadas, y las completaron otras personas. En tiempos más recientes, cuando los derechos de las obras pasaron al dominio público, dos traductores españoles (Carlos Manzano Mauro Armiño) publicaron sus traducciones. Es difícil establecer cuál traducción es mejor. Los cuatro son esfuerzos monumentales y aventuras personales de los ejecutores; sería interesante un estudio acerca de las decisiones tomadas por cada uno, las similitudes y las diferencias. Las de Salinas y Canto se basan en versiones de la Recherche anteriores a las más recientes ediciones profesionales, pero tienen el encanto de ser la voz de Proust a la que nos acostumbramos muchos lectores en castellano. La edición en tres tomos de Valdemar que publica la traducción de Armiño trae un cuerpo de notas y dos diccionarios de personas y personajes del mundo Proust que son realmente útiles.

Aquí, el comienzo de la Recherche en cuatro traducciones

“Mucho tiempo me acosté temprano. A veces, nada más apagada la vela, mis ojos se cerraban tan deprisa que no tenía tiempo de decirme: ‘Estoy durmiéndome’.” (Mauro Armiño, editorial Valdemar)

“Durante mucho tiempo me acosté temprano. A veces, cuando había apagado la bujía, los ojos se me cerraban tan pronto que no tenía tiempo de decirme: ‘Me estoy durmiendo’.” (Estela Canto, Losada)

“Durante mucho tiempo, me acosté temprano. A veces, nada más apagar la vela, los ojos se me cerraban tan de prisa, que no tenía tiempo de decirme: ‘Me duermo’.” (Carlos Manzano, Lumen)

“Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces, apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan presto, que ni tiempo tenía para decirme: ‘Ya me duermo’.” (Pedro Salinas, Alianza)

 

Así escribía Marcel Proust

“En cuanto a mí, era algo muy distinto lo que tenía que escribir, más largo, y para más de una persona. Largo de escribir. De día, a lo sumo podría intentar dormir. Si trabajaba, solo sería de noche. Pero necesitaría muchas noches, quizás cien, quizás mil. Y viviría en la ansiedad de no saber si el Amo de mi destino, menos indulgente que el sultán Sheriar, cuando por la mañana interrumpiera yo mi relato, querría sobreseer mi sentencia de muerte y me permitiría reanudar su hilo la noche siguiente. No es que pretendiese rehacer, en el aspecto que fuera, Las Mil y una noches, ni tampoco las Memorias de Saint-Simon, escritas también de noche, ni tampoco ninguno de los libros que había amado en mi ingenuidad de niño, supersticiosamente vinculado a ellos como a mis amores, incapaz de imaginar sin horror una obra que sería diferente a ellos. Pero, como Elstir con Chardin, solo se puede rehacer lo que se ama renunciando a ellos. Desde luego, también mis libros, como mi ser de carne, acabarían un día por morir. Pero hay que resignarse a morir. Se acepta la idea de que dentro de diez años uno mismo, de cien años sus libros, ya no existirán. La duración eterna no está más prometida a las obras que a los hombres.”

(De El tiempo recobrado, trad. Mauro Armiño, ed. Valdemar

 

Proustómanos: libros, películas y eventos recientes

*Anne CarsonAlbertine. Rutina de ejercicios (Vasos Rotos Ediciones, 2015). 59 fragmentos sobre una de las protagonistas de la Recherche, por esta poeta canadiense experta en lengua griega clásica, autora de una de las obras literarias más secretamente potentes de la actualidad.

*María AlvarezEl tiempo perdido (2020). Este documental registra a un grupo de personas, muchas de ellas adultos mayores, que se reúnen hace dieciocho años para leer una y otra vez la Recherche. En este link está el trailer y aquí los protagonistas conversan sobre su experiencia. Es un maravilloso registro sobre la experiencia de la lectura.

*À la recherche du temps perdu. La Comédie-Française lanzó en noviembre de 2020 esta serie de videos en los que distintos actores de la compañía estatal de teatro leen, en francés, En busca del tiempo perdido. Cada video dura alrededor de una hora, y al 10 de julio va por el episodio 140, ya pasada la mitad del último tomo, El tiempo recobrado.

*Roman PolanskiJ’Acusse (2019). Este drama histórico dirigido por el controvertido realizador franco-polaco es muy útil para entender el Affaire Dreyfus, la falsa acusación a un capitán judío del ejército francés que dividió de manera duradera a la sociedad francesa y vuelve como una sombra a cada rato en la Recherche.

*Clive JamesGate of Lilacs (Portón de lilas). (2016). Clive James fue un famoso crítico de televisión que tuvo su propio programa en la televisión británica. Leyó la Recherche en francés sin saber francés, y luego la leyó consecutivamente cinco veces más, en francés y en distintas traducciones al inglés. Esta experiencia se convirtió en este hermoso ejercicio de comentario en verso de la obra de Proust.

Marcel Proust en una fotografía de 1891 o 1892 (Apic/Getty Images)

*Rubén GalloLos latinoamericanos de Proust (Sexto Piso, 2016). Este académico, director del Programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Princeton, escribió este libro que aborda de manera genialmente lateral la obra de Proust, a través de su amante venezolano (el compositor Reinaldo Hahn), un dandy argentino, un poeta cubano y un pintor y un crítico literario mexicanos a quienes Proust conoció de cerca.

*Józef CzapskiProust contra la decadencia (Siruela, 2012). De memoria, sin tener los ejemplares de En busca del tiempo perdido, este escritor polaco pronunció estas conferencias sobre Proust en un campo de prisioneros soviético durante la Segunda Guerra Mundial. Un testimonio conmovedor de fe en el humanismo literario.

*Eric KarpelesPaintings in Proust (Thames & Hudson, 2012). El mejor regalo para un fanático de Proust: un libro bellamente editado que contiene simplemente una reproducción cuidada de cada cuadro citado por Proust y el fragmento correspondiente de la Recherche.

Proust, siempre vigente (The Print Collector/Print Collector/Getty Images)

*Karl Ove KnausgårdMi lucha (Anagrama, 2009-2011). Quizás el Proust contemporáneo, por una idea de la literatura como experimento extenuante con bases autobiográficas.

*Marcel ProustLes soixante-quinze feuillets. Et autres manuscrits inédits (2021). Desde que el editor Bernard de Fallois anunció su existencia en 1954 y hasta su hallazgo en una carpeta en 2017, estas 75 páginas manuscritas en 2008 que son la base de la Recherche estuvieron perdidas. Gallimard las publicó este año.

 

 

[Fuente: http://www.infobae.com]

 

“A vida é igual a andar de bicicleta. Para manter o equilíbrio é preciso manter-se em movimento.”

– Albert Einstein

A maior conferência mundial de mobilidade em bicicleta acontece em Lisboa de 6-9 setembro 2021. O mote desta conferência é a diversidade que se encaixa perfeitamente na história da cidade de Lisboa.

O objectivo da conferência, influenciar os decisores a favor de uma mobilidade mais sustentável e inspirar debates vibrantes entre os participantes.

Os temas principais em discussão são a diversidade de bicicletas e mobilidade urbana, a Economia e turismo, a Reestruturação das cidades e política, a Construção comunitária, Cocriação e inclusão e a Saúde e resiliência climática.

Segundo os organizadores do evento, serão de 750 participantes presenciais, 1000 participantes digitais, 250 oradores, 45 países, 30 expositores e colaboradores e 4M de alcance social.

O Estrategizando estará presente a  pedalar e conta tudo nos próximos artigos e nas redes sociais.

 

[Fonte: http://www.estrategizando.pt]

 

 

Entre los muchos beneficios del consumo moderado de vino, los estudios científicos señalan propiedades como la prevención del deterioro cognitivo asociado a la edad, la depresión y la ansiedad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), para prevenir el desarrollo de enfermedades crónicas degenerativas incluidas aquellas que afectan a la función cognitiva es importante mantener un estilo de vida saludable desde edades tempranas, prestando especial atención a la alimentación y el ejercicio físico. Por ello, está tomando cada vez más importancia nuestra dieta mediterránea que promueve un equilibrio en nuestra forma de comer y beber, relacionarnos y movernos. En este sentido, el vino forma parte de esta pirámide en un consumo siempre moderado. Su dimensión cultural e histórica y su factor socializador supone un elemento a tener en cuenta en cuanto a la salud mental ya que se asocia a momentos de relax para disfrutar en compañía.

En lo que corresponde al vino, además, se ha demostrado en numerosos estudios que su consumo moderado tiene factores beneficiosos asociados para la salud por ser fuente de compuestos fenólicos. En palabras del doctor Ramón Estruch, coordinador científico y responsable de portavocía de la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (FIVIN), miembro del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona, del Centro de Investigación Biomédica en Red del Instituto de Salud Carlos III (Madrid) y uno de los mayores impulsores de la Dieta Mediterránea: « Estos compuestos tienen propiedades bioactivas que también se han relacionado con la neuroprotección ». A nivel cognitivo, su consumo moderado se ha relacionado con un menor riesgo de demencia y depresión[1] y se piensa que este tipo de compuestos podrían prevenir el avance del deterioro cognitivo asociado a la edad. Por este motivo, el consumo moderado de vino dentro de un contexto de Dieta Mediterránea « tendría un efecto positivo en la función cognitiva ».

Las propiedades beneficiosas del resveratrol según la ciencia

Estudios científicos avalan que otro componente de la uva con propiedades beneficiosas para la salud es el resveratrol, que destaca su capacidad antiinflamatoria y para reducir el estrés oxidativo. Asimismo, otros estudios con animales han demostrado que el resveratrol impide la actividad de moléculas altamente oxidantes, que dañan regiones claves del cerebro, como el hipocampo. Otros mecanismos que pueden utilizar el resveratrol para proteger la salud cognitiva son la regulación de la sirtuina 2, una proteína que, en pocas palabras, es esencial para regular el metabolismo de la célula ya que controla su expresión genética2.

Además, el resveratrol se ha asociado con un efecto positivo en la depresión y la ansiedad, ya que puede aumentar la cantidad de AMPc en el cerebro. Esta molécula, que se hidroliza por la enzima fosfodiesterasa 4, tiene una función clave en la comunicación celular. Los investigadores proponen, según estudios hechos en animales, que el resveratrol impide el funcionamiento de la fosfodiesterasa 4, lo que explicaría los efectos antidepresivos que produce (reducción de la ansiedad y de comportamientos asociados a la depresión)3.

Con el incremento de la esperanza de vida poblacional, ha aumentado la aparición de enfermedades crónicas degenerativas y cognitivas. Su impacto a nivel individual y social hace que deban tenerse cada vez en más consideración, por lo cual es importante fomentar una dieta equilibrada y hábitos de vida saludable que ayuden a prevenirlas. Los beneficios de la dieta mediterránea, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2010, son reconocidos por numerosos expertos y es indudable su vinculación con nuestra cultura y tradición.

Desde FIVIN se recuerda que aunque numerosos estudios han demostrado los beneficios para la salud del consumo moderado de vino, la mayoría de los investigadores advierten que ello no es suficiente motivo para que alguien que no bebe comience a hacerlo por motivos de salud. De hecho, la recomendación general de los científicos suele ser preventiva, advirtiendo que los beneficios para la salud del vino en un estudio en particular no garantizan que los no bebedores o abstemios deban comenzar a disfrutar de una copa al día para mejorar su salud. Cualquier estudio sobre el vino y la salud no reemplaza el consejo médico de un profesional. Las personas, independientemente de si padecen cualquier enfermedad, deben consultar con su médico antes de tomar decisiones sobre el consumo de alcohol por su salud.

La Ciencia del Vino y la Salud

Para ampliar estas y otras informaciones, la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (FIVIN) cuenta con La Ciencia del Vino y la Salud, una plataforma de referencia científica que busca aclarar los mensajes contradictorios que están surgiendo en los últimos años en torno al vino y la nutrición y ofrecer información contrastada y sujeta a rigor científico.

El sector vitivinícola lleva años trabajando en pro de la transparencia a la hora de comunicar los efectos del vino sobre la salud, ayudando a la sociedad a comprender y advertir de las graves consecuencias de un consumo excesivo, las limitaciones en determinados momentos y los posibles beneficios de la moderación en el consumo de vino que la ciencia está descubriendo.

[Fuente: http://www.vinetur.com]

¿Qué está pasando para que quienes vetan derechos a las personas, practican la xenofobia o niegan la crisis ecológica, se presenten como líderes contra las medidas anticovid?

Escrito por JOSEP RAMONEDA

¿Cómo podemos permitir que la extrema derecha usurpe la palabra libertad? ¿Qué está pasando para que quiénes vetan derechos fundamentales a las personas, rechazan la expresión violencia de género, practican la xenofobia, niegan la crisis ecológica o hacen de las patrias realidades transcendentales en cuyo nombre todo está permitido, se presenten como defensores de la libertad ante determinadas medidas anticovid?

Las manifestaciones que está viviendo Francia contra el pasaporte sanitario, convertido en símbolo de la arbitrariedad del Estado, son por su dimensión una buena base empírica para un retrato de los que protestan. Los que salen a la calle pueden dividirse en tres grupos: los negacionistas, que adquieren protagonismo siempre que la ciencia centra la actividad pública, presentándola como una amenaza, en nombre de la naturaleza o de la trascendencia. En este caso, el liderazgo del rechazo corresponde a los antivacunas, que en España están poco organizados pero que en Francia tienen cierto poder de influencia mediática y académica para alimentar las teorías de la conspiración e incluso enturbiar el debate científico. El segundo grupo es la extrema derecha y el populismo reaccionario que, aunque Marine Le Pen ha tomado distancias, se ha hecho notar en el amplio entorno del Reagrupamiento Nacional y sus escisiones, y entre los chalecos amarillosEn España ha encontrado eco en Vox y en el liberalismo reaccionario, al que Ayuso da voz a menudo. El tercer grupo, más marginal, lo forman sectores procedentes de la extrema izquierda, con la defensa de los derechos civiles como bandera, temerosos de que parte de las medidas restrictivas impuestas se acaben consolidando, y que advierten de las brechas que abren las políticas de excepción.

Este retrato de situación obliga a interpelar una vez más a los liberales y a las izquierdas (estén en el Gobierno o en la oposición) que parecen optar por el sueño conservador de una sociedad resignada. ¿Por qué rehúyen los debates incómodos regalando de este modo banderas y espacios electorales al populismo reaccionario? En la lucha contra la pandemia no es fácil encontrar el equilibrio entre salud y derechos. Solo desde una cierta ética del riesgo, que asuma la fragilidad de nuestra condición y, por tanto, que la seguridad absoluta es una apuesta totalitaria, se puede ir avanzando. No es admisible que en una sociedad en que la economía discrimina de modo descarado se tomen medidas que agravan la situación de los sectores más precarios. Como no es admisible que en nombre de la salud se instalen sistemas de control personal que han sido objeto de novelas distópicas que nos horrorizan a todos. Eludir la discusión pública de estas cuestiones devalúa la política y normaliza el paso hacia el autoritarismo postdemocrático. No bastan los índices sanitarios. Hay que ponderar los factores de libertad, de igualdad y de derechos. Sabiendo que la sociedad sin riesgo no tiene lugar, por lo menos en el planeta Tierra.

[Foto: STEPHANE DE SAKUTIN / AFP – fuente: http://www.elpais.com]
Arte rediffusera le 27 juillet 2021 « La Babel des enfants perdus » (Die Kinder von Markt Indersdorf) par Théo Ivanez. « Auprès de témoins à la mémoire intacte, une bouleversante immersion dans un centre d’enfants réfugiés de l’après-guerre, animé par une femme d’exception, Greta Fischer, juive tchécoslovaque dont les parents ont péri en déportation ».
Publié par Véronique Chemla
 
« Au lendemain de la Seconde Guerre mondiale, plus de 20 millions de personnes sont jetées sur les routes, entraînant la plus grande crise de réfugiés de l’histoire moderne en même temps que la première opération humanitaire internationale ». Parmi ces personnes déplacées (Displaced Persons, DPs) : des déportés politiques, des rescapés de la Shoah, des déportés ayant subi le travail forcé dans des usines… Pour les accueillir, l’UNRRA (United Nations Relief and Rehabilitation Administration), créée en 1943, établit des camps.

L’UNRRA « avait pour mission de fournir une assistance économique aux nations européennes après la Seconde Guerre mondiale, de rapatrier et d’aider les réfugiés qui passeraient sous contrôle des Alliés. Le gouvernement des États-Unis finança près de la moitié du budget de l’UNRRA. Durant les quatre années de son existence, l’organisation, placée sous l’autorité du SHAEF en Europe (Supreme Headquarters of the Allied Expeditionary Forces – Commandant Suprême des Forces Expéditionnaires Alliées), fut dirigée par trois Américains. Son premier directeur général fut Herbert Lehman, ancien gouverneur de l’état de New York. Fiorello La Guardia, ancien maire de la ville de New York, lui succéda en mars 1946 et fut lui-même remplacé par le général Lowell Ward, au début de 1947. »

« En 1945, l’UNRRA aida au rapatriement de plusieurs millions de réfugiés et s’occupa de plusieurs centaines de camps de personnes déplacées en Allemagne, en Italie et en Autriche. Elle fournit une assistance sanitaire et sociale aux personnes déplacées, ainsi qu’une formation professionnelle. Elle administra le travail de 23 organisations caritatives bénévoles, notamment le Joint (Joint Distribution Committee), l’ORT (l’Organisation Reconstruction Travail) et la HIAS (Hebrew Immigrant Aid Society – la Société d’aide aux immigrants juifs). Fin 1945, les camps de personnes déplacées reçurent davantage d’autonomie, les associations bénévoles œuvrant de façon indépendante. L’UNRRA continua à être l’employeur principal des personnes déplacées ».

« Les efforts de secours, considérables et de longue durée, épuisèrent les caisses de l’organisation et, en 1947, le relais fut pris par l’I.R.O. (International Refugiee Organization – l’organisation internationale pour les réfugiés). Cette nouvelle entité prit en charge 643 000 personnes déplacées en 1948. »

En 1947, à la demande du JDC et de l’United Jewish Appeal (UJA), le photographe Roman Vishniac a effectué des reportages sur ces DP en France et en Allemagne. Il a informé sur les programmes, dont les centres de distribution de nourriture, visa application lines, les centres d’activités, et les services de santé. Other images record children’s camps, religious and cultural events, and refugee reunions. Wired back to America, Vishniac’s images helped publicize the plight of homeless and stateless Jewish refugees, raising funds and increasing the pressure on Britain and the U.S. to open their doors to survivors ». Un périple émouvant pour Roman Vishniac qui avait photographié les Juifs d’Europe centrale dans l’entre-deux-guerres et qui a pu constater l’ampleur de la Shoah.

Les Juifs représentaient 25% des personnes déplacées. Il souffraient de malnutrition, de dépression et de diverses maladies.

Le rapport Harrison

Le 22 juin 1945, le président américain Harry S. Truman a demandé à Earl G. Harrison, doyen de l’University of Pennsylvania Law School et récemment nommé le délégué américain au Comité intergouvernemental sur les réfugiés, de lui préparer un rapport, en tant que son envoyé personnel, sur la situation des Juifs déplacés en Europe. Accompagné par le Dr. Joseph Schwartz, un représentant de l’American Jewish Joint Distribution Committee (JDC ou Joint), Harrison a effectué une inspection des camps de DP pendant trois semaines. Voici un extrait de son rapport au président Truman :

« Generally speaking […] many Jewish displaced persons and other possibly non-repatriables are living under guard behind barbed-wire fences, in camps of several descriptions (built by the Germans for slave-laborers and Jews), including some of the most notorious of the concentration camps, amidst crowded, frequently unsanitary and generally grim conditions, in complete idleness, with no opportunity, except surreptitiously, to communicate with the outside world, waiting, hoping for some word of encouragement and action in their behalf […] there are many pathetic malnutrition cases both among the hospitalized and in the general population of the camps […] there is a marked and serious lack of needed medical supplies […] many of the Jewish displaced persons, late in July, had no clothing other than their concentration camp garb […] while others, to their chagrin, were obliged to wear German S.S. uniforms. […] Beyond knowing that they are no longer in danger of the gas chambers, torture and other forms of violent death, they see – and there is – little change, the morale of those who are either stateless or who do not wish to return to their countries of nationality is very low. They have witnessed great activity and efficiency in returning people to their homes, but they hear or see nothing in the way of plans for them and consequently they wonder and frequently ask what ‘liberation’ means. […] The most absorbing worry of these Nazi and war victims concerns relatives, wives, husbands, parents, children. Most of them have been separated for three, four or five years and they cannot understand why the liberators should not have undertaken immediately the organized effort to reunite family groups. Most of the very little which has been done (to reunite families) has been informal action by the displaced persons themselves with the aid of devoted Army Chaplains, frequently Rabbis, and the American Joint Distribution Committee. »

Et Harrison de s’indigner qu’il apparaisse que les Juifs sont traités comme ils l’avaient été par les nazis, sauf que les Alliés « ne les exterminent pas » : « As matters now stand, we appear to be treating the Jews as the Nazis treated them except that we do not exterminate them. They are in concentration camps in large numbers under our military guard instead of S.S. troops. »

Ce « rapport impressionne fortement le président Truman. L’une des premières mesures a consisté à séparer les Juifs des autres DP. Jusque-là, les camps de DP avaient été créés selon la nationalité. Les administrateurs militaires de ces camps avaient forcé les Juifs à vivre dans les camps aux côtés d’Allemands ou d’Autrichiens déplacés, par exemple. Or, nombre de ces derniers avaient collaboré avec les nazis. En outre, malgré leurs traumatismes et ce qu’ils avaient subis, les DP Juifs avaient été traités de la même manière que les autres DP. Harrison a compris la spécificité de la situation des Juifs et qu’ils avaient besoins d’un traitement différent de celui des autres DP » :

« The first and plainest need of these people is a recognition of their actual status and by this I mean their status as Jews. Most of them have spent years in the worst of the concentration camps. In many cases, although the full extent is not yet known, they are the sole survivors of their families and many have been through the agony of witnessing the destruction of their loved ones. Understandably, therefore, their present condition, physical and mental, is far worse than that of other groups. […] While admittedly it is not normally desirable to set aside particular racial or religious groups from their nationality categories, the plain truth is that this was done for so long by the Nazis that a group has been created which has special needs. Jews as Jews (not members of their own nationality groups) have been more severely victimized than the non-Jewish members of the same or other nationalities. »

Harrison a conclu que l’effort majeur devait porter sur la sortie des Juifs de ces camps car “ils sont malades de vivre dans des camps”. Il a souligné le besoin pour ceux requérant une période de réadaptation et de formation dans des établissements de repos avant de reprendre une vie normale.

« Avant même la libération des camps de concentration, les survivants s’étaient attribué un nom : She’erit Hapletah (ce qu’il reste des survivants). Cette expression biblique connotait l’espoir d’une reconstruction provenant de ceux qui étaient restés vivants. En fait, ces termes avaient été utilisés par les dirigeants du Yichouv alors qu’ils réagissaient aux rapports reçus sur l’extermination des Juifs, voulant toujours croire à la réalisation du sionisme, malgré l’anéantissement d’une forte proportion de la communauté juive européenne. Dès l’année 1943 et par la suite, cette expression biblique a évoqué le lien entre destruction et rédemption en même temps que les moyens d’assurer cette rédemption. Le profil des membres de ce groupe variait beaucoup, depuis les ultrareligieux jusqu’à ceux qui se trouvaient totalement assimilés. Mais tous avaient vu leur vie détruite. Pourtant, ils formèrent une société civile créative, sous le contrôle des forces militaires alliées. Les aumôniers s’efforcèrent d’aider les survivants de plusieurs manières. Ils les conseillèrent, célébrèrent les mariages, empêchèrent les autorités municipales de saisir les biens juifs non réclamés, aidèrent à aménager des cimetières juifs et à créer des écoles et des camps d’été pour les enfants. Surtout, ils participèrent à la réunion des proches. Le meilleur exemple est la publication des volumes de She’erit Hapletah, à l’initiative de Klausner, qui se trouvent actuellement à l’Institut de Yad Vashem, à Jérusalem. Yehuda Bauer résume ainsi le travail extraordinaire de l’aumônier rabbin Abraham Klausner : « (il) a établi des listes de survivants, sachant que le désir le plus urgent des humains torturés qu’il a rencontrés était de savoir si oui ou non ils étaient seuls au monde… Ensuite, il leur a permis de s’organiser afin qu’ils acquièrent une identité collective. Il les a aidés à récupérer mentalement et physiquement, et leur a permis de continuer à être actifs comme des êtres humains autonomes, des Juifs qui redevenaient conscients du monde autour d’eux et qui essayaient de faire connaître leurs souhaits et leurs espoirs de la manière la plus forte en leur pouvoir. » D’autres, comme Abraham Spiro, aumônier et conseiller pour les Affaires juives auprès du commandant de la Division de la Première Infanterie, a convaincu l’armée de céder des fermes aux personnes déplacées afin de les transformer en kibboutzim ». ‘Françoise Ouzan, « La reconstruction des identités juives dans les camps de personnes déplacées d’Allemagne », Bulletin du Centre de recherche français à Jérusalem, 14 | 2004, 35-49).


Et cette historienne d’ajouter :

« Dans l’esprit des survivants, les symboles bibliques ont eu tendance à revêtir un sens présent, exprimant ainsi la congruence entre la tradition et les événements contemporains. Après six années de guerre, la première célébration de Pessah en liberté fut un événement cathartique. Pessah (Passover en anglais, littéralement « passer au-dessus ») évoquait l’image d’un pont entre l’Europe où ils avaient été contraints à l’esclavage et la Terre Promise, Eretz-Israël. (Yetsiat Europa, en hébreu). Dans une des salles à manger du camp de DP juifs de Zeilsheim, une scène représentant une famille juive traditionnelle assise à table au cours de la célébration de Pessah était peinte sur le mur, symbolisant le passage de l’esclavage à la liberté.

L’édition d’une nouvelle Hagaddah (le livre relatant la sortie d’Égypte) fut entreprise par l’aumônier Abraham Klausner qui a officié lors du premier seder (repas rituel de Pessah), à Munich, le 15 et 16 avril 1946. La volonté de lire le passé à la lumière du présent fut orchestrée par l’Organisation Sioniste Unie (UZO). Dans le texte, les passages traditionnels furent accompagnés de transpositions dans lesquelles l’Égypte devenait l’Allemagne, Pharaon se muait en Hitler et les pyramides recréaient le camp de concentration, tandis que la rédemption se réalisait à Sion. À travers la structure de la Hagaddah, adaptée et illustrée par Y. D. Sheinson, fervent partisan de l’unité sioniste, l’interprétation sioniste de la Shoah était cathartique. Elle conduisait à la rédemption sur la Terre Sainte.

Une nouvelle identité juive nationale a émergé de la vie dans les camps de DP, provenant à la fois des conditions de vie difficiles et de la vie publique, renforçant ainsi la cohésion entre les DP. Le processus de formation de cette identité s’est enclenché à partir d’expériences partagées avant, pendant et après la guerre ».

Camp d’Indersdorf 
En 2017-2018, le Museum of Jewish Heritage à New York City a présenté l’exposition « My Name Is…The Lost Children Of Kloster Indersdorf« . « In 1945, a former convent near Dachau named Kloster Indersdorf became a temporary home for hundreds of displaced children in the immediate aftermath of World War II. To help locate relatives, a photograph was taken of each child to be circulated in search notices. Many of the children had changed markedly during the war, and some had even lost their names. The exhibition displays a selection of the images and their individual stories, conveying the powerful reality faced by these children.

« Images of the children from the Museum’s collection came through the gift of Robert Marx to the Yaffa Eliach Collection at the Center for Holocaust Studies. The Center’s collection was merged into the Museum of Jewish Heritage – A Living Memorial to the Holocaust in 1990. This set of prints survived thanks to André S. Marx, Principal Welfare Officer for the United Nations Relief and Rehabilitation Administration (UNRRA) Relief Team 182 that operated the Children’s Center at Kloster Indersdorf. Contextual images courtesy, United Nations Archives, photographs of Kloster Indersdorf from folder S-1058-0001-01, “Germany Mission – Photographs 1944-1948.”

« La Babel des enfants perdus »

Arte rediffusera le 27 juillet 2021 « La Babel des enfants perdus » (Die Kinder von Markt Indersdorf) par Théo Ivanez. « Auprès de témoins à la mémoire intacte, une bouleversante immersion dans un centre d’enfants réfugiés de l’après-guerre, animé par une femme d’exception, Greta Fischer, juive tchécoslovaque dont les parents ont péri en déportation ».

« Comme 20 000 enfants perdus dans les ruines de l’Europe, oubliés dans l’euphorie de la Libération, Leslie, Erwin, Tibor et les autres, orphelins juifs rescapés des camps de la mort ou slaves déracinés, tentent de survivre au chaos ».

 « À l’été 1945, ils sont accueillis dans un couvent désaffecté à Indersdorf en Bavière, le premier centre d’enfants réfugiés ouvert par l’UNRRA (Displaced Person Camps créés par la UNRRA), l’Administration des Nations unies pour le secours et la reconstruction ».

Ce camp regroupe « plus de 1 000 jeunes orphelins, dont de nombreux enfants juifs, sous la protection d’une poignée d’hommes et de femmes. Pionniers du travail humanitaire, ils sauront les entourer et leur redonner foi en l’avenir, avant de leur trouver une destination d’accueil ». Et ils les aident à renouer les fils avec le judaïsme.

« Autour de la figure maternelle de Greta Fischer, juive tchécoslovaque dont les parents ont péri en déportation et qui se consacre à eux corps et âme, les petites victimes, lestées des cauchemars du passé, réapprennent à vivre et à espérer en une vie nouvelle ».

« La période de l’immédiat après-guerre, époque paradoxale qui mêle espoir et poids d’un passé impossible à oublier, est ici racontée par le prisme de cette histoire. Quelques-uns de ces enfants pensionnaires du Children Center, aujourd’hui octogénaires, racontent ainsi leur parcours, depuis les marches de la mort à la sortie des camps jusqu’au retour sur leur terre natale ou vers un nouveau pays d’accueil ».

« Composant aujourd’hui une communauté secrète et éclatée, des États-Unis à la Pologne en passant par l’Angleterre et Israël, où certains ont fondé des kibboutzim, ils racontent, mémoire et émotion intactes, cet épisode méconnu de l’immédiat après-guerre, jusqu’au retour à leur terre natale, à l’alyah ou au départ vers un autre pays ».
 
« Au fil de leurs bouleversants récits tissés avec de formidables archives – dont le témoignage limpide de Greta Fischer, leur mère adoptive disparue en 1988 – qui restituent au plus près leur quotidien, ce film plonge dans l’histoire de cette « cour de Babel », qui accueillera finalement plus d’un millier d’orphelins ». 
 
« Les cheveux blancs mais le verbe alerte, ces anciens d’Indersdorf disent le goût de l’enfance et l’humanité retrouvés, la rage de vivre qui les animait, les liens indéfectibles noués ou les quignons de pain chapardés par peur de manquer ». 
 
« À l’heure où l’Europe vit une effroyable crise des réfugiés, un hommage sensible à ces résilients et à leurs sauveurs, pionniers du travail humanitaire déjà confrontés au cynisme des grandes puissances ».  Ce parallèle s’avère infondés. Les « migrants » ne sont pas tous des réfugiés. Ceux auxquels a été reconnu le statut de réfugiés ne sont pas des rescapés d’un projet d’extermination de leur peuple : ce sont souvent des personnes ayant fui des persécutions politiques. Certains « migrants » se sont présentés sous la fausse identité de « réfugiés syriens » en 2015 dans des États européens, des Kenyans ont allégué à tort être des réfugiés de Somalie pour être admis aux États-Unis… Et aucun rescapé de la Shoah n’a organisé d’attentats terroristes contre des civils…
« Le sujet est venu à moi par hasard. Au départ, je me documentais sur un programme créé par les nazis eugénistes qui avait pour but d’obtenir le troisième Reich millénaire parfait. Ils encourageaient les SS à avoir des relations hors mariage avec des femmes aux critères raciaux ariens pour faire des enfants. Ces enfants étaient placés dans des pouponnières partout en Europe pour en faire l’élite du troisième Reich. « Je voulais faire un film là-dessus à la base. En creusant cette histoire-là, je comprends que ces enfants étaient aussi abandonnés par les nazis dans leur fuite et récupérés par l’armée américaine. Ils ont été amenés à Indersdorf, au centre dont je raconte l’histoire. C’est comme cela que j’ai découvert cette histoire et que je me suis dit “c’est cette histoire-là que je dois raconter”. », a déclaré Théo Ivanez (Le Dauphiné, 24 mai 2019). Originaire de Gex, dans l’Ain, Théo Ivanez, 24 ans, a présenté son documentaire au Festival du film des 5 continents, à Ferney-Voltaire.


Le 17 novembre 2019 à 16 h 30,dans le cadre du Mois du film documentaire, le documentaire a été projeté au Mémorial de la Shoah en présence du réalisateur, et présenté par Marion Feldman, professeure de psychopathologie psychanalytique – Université Paris Nanterre, chercheure à l’EA 4430 CLIPSYD, A2P (Approches en psychopathologie psychanalytique), psychologue-clinicienne.

 

Théo Ivanez a présenté son film dans Mémoires vives.

« La Babel des enfants perdus » par Théo Ivanez
France, Kuiv Productions, avec le soutien de la Fondation pour la Mémoire de la Shoah, 2019, 53 min
Sur Arte le 21 janvier 2020 à 23 h 15
Disponible du 14/01/2020 au 20/03/2020
Visuels :
Photo d’identification de Sofia Karpuk – Indersdorf, Allemagne – 1945
© Kuiv Productions
Greta Fischer descend les escaliers du couvent avec un groupe d’ enfants – Indersdorf, Allemagne
© USHMN 1945
Enfant, extrait de  » La Babel des enfants perdus » de Théo Ivanez
© Kuiv Productions
Photo d’ identification de Stanislaw Janowski- Indersdorf, Allemagne – 1945
© Kuiv Productions
Les citations sur le film sont d’Arte. Cet article a été publié le 21 janvier 2020.
[Source : http://www.veroniquechemla.info] 

Manifestation à Marseille. Clément Mahoudeau/AFP

Écrit par Michel Wieviorka

Sociologue, Auteurs historiques The Conversation France

L’apartheid a apporté sa plus haute expression historique, étatique, à un racisme systémique conjuguant deux logiques : tenir les Noirs à distance, ne pas vivre avec eux, marquer ainsi une différence irréductible, et les inférioriser, les exploiter dans les mines, les usines ou les champs. Le nazisme a fait de la haine des Juifs une politique d’État, là aussi, visant à détruire systématiquement ses victimes – un génocide, la Shoah. Le racisme et l’antisémitisme ont trouvé dans ces deux expériences majeures leur aboutissement spectaculaire.

Et voici que des manifestants hostiles à la stratégie sanitaire du gouvernement arborent l’étoile jaune, héritière de la rouelle et autres marques d’infamie antijudaïque, instrument de la politique criminelle des nazis et de leurs collaborateurs français. Qu’ils se disent victimes d’un apartheid. Et de surcroît, qu’ils comparent le régime français à la dictature chinoise, parlent de tyrannie, de coup d’État.

Ces formulations extrêmes circulaient sur les réseaux sociaux avant les manifestations du samedi 17 juillet dernier, où elles ont été reprises, y compris par quelques ténors d’extrême droite, ou autres. Elles expriment un faisceau d’inquiétudes et d’indignations qui tournent avec elles à une radicalité quelque peu surréaliste : alors que l’extrême droite française, hier maurrassienne et pétainiste, fut souvent antisémite et raciste, voici que des acteurs dont certains en relèvent ou en sont proches dénoncent l’antisémitisme et le racisme ! Eux aussi, à leur façon, sont dans la perte de sens et de repères.

Parmi les manifestants, et ceux qui se reconnaissent dans leur action, certains sont avant tout hostiles à la vaccination, qui est contraire à leurs convictions ; d’autres au passe sanitaire, où ils voient la mise en œuvre de discriminations immédiates, et, à plus long terme, celle d’un contrôle étatique généralisé, éventuellement au service de la finance pharmaceutique. Se mêle au rejet des mesures proprement sanitaires la critique du pouvoir, en général – une critique, qui n’est pas sans fondement quand elle vise sa communication décrite alors comme fallacieuse ou mensongère, qu’il s’agisse des masques, des tests, de la logistique de la vaccination, etc.

Comment se fait-il que des pans, certes minoritaires, de la population puissent inclure ainsi des protestataires dérivant au point de s’identifier aux victimes des pires crimes historiques ? Comment est-il possible que les mots, les repères perdent tout sens, toute mesure ? Que l’on puisse se référer ainsi à un passé terrifiant, et mettre sur le même plan des questions qui n’ont rien à voir, pour finalement banaliser l’horreur d’hier, instrumentaliser ce que les mots évoquent au service d’une contestation, abuser de l’histoire et des souffrances des millions de victimes du nazisme ou de l’apartheid ?

Contexte de peur et d’insécurité

Il faut d’abord rendre justice à ceux que révulsent ces comparaisons, et qui ont raison de rappeler ce que furent les drames historiques qui sont ainsi manipulés. Mais l’indignation ne suffit pas. Il faut aussi expliquer, ou tenter d’expliquer comment notre société a pu en arriver là.

Il est tentant alors de proposer un raisonnement général, à distance de l’évènement proprement dit, mais qui en apporterait le sens. De ce point de vue, l’appropriation abusive et excessive de la Shoah ou de l’apartheid s’inscrit dans un contexte de peur et de sentiment d’insécurité qui a été inauguré il y a près d’un demi-siècle, dans le reflux du mouvement étudiant et ouvrier de mai 68, et dont on peut dater l’émergence visible, dans l’espace public, avec le rapport Peyrefitte de 1977, « Réponses à la violence ». La France ébauchait alors, après les Trente Glorieuses, une longue mutation au cours de laquelle la confiance dans la science et dans l’idée de progrès s’émousse, où « le présentisme » l’emporte sur le sens de l’histoire, passée et à venir, et où il faut bien apprendre à vivre avec le risque, c’est-à-dire les menaces que constituent des évènements non ou peu prédictibles, dont la probabilité qu’ils surviennent est faible, mais dont l’impact, s’ils se réalisent, est considérable : catastrophe industrielle, nucléaire, volcanique, terrorisme, épidémie…

Un système politique moins adapté

En même temps que s’esquissait l’entrée dans une ère nouvelle, le système politique est devenu de moins en moins adapté, la représentation politique est entrée en crise – on l’a vu avec les abstentions aux élections régionales et départementales de juin 2021 -, les médiations syndicales, associatives se sont affaiblies, et le système institutionnel français a perdu de sa superbe : depuis le milieu des années 80, il n’est question que de crise du modèle d’intégration républicain, dont les promoteurs sont sur la défensive. On découvre que notre éducation nationale ou nos universités sont loin d’être en pointe à l’échelle de la planète, que le pays s’est massivement désindustrialisé, qu’il n’a pas été capable de proposer un vaccin contre la Covid-19.

Le doute et la méfiance s’installent, les fake news frayent leur chemin et réseaux sociaux et chaînes d’information en continu aidant, la confiance vis-à-vis des élites politiques se réduit.

Lors des manifestations contre l’obligation vaccinale. Sebastien Salom-Gomis/AFP

La pandémie nous a rappelé le tragique, elle n’a pas nécessairement réarticulé l’expérience vécue, et en particulier celle des dirigeants, avec l’Histoire – ils n’ont connu ni la Deuxième Guerre mondiale, et la Résistance (ou la collaboration), ni les guerres de décolonisation, et il en est de même pour la plupart des Français : ils laissent faire les manipulateurs de l’histoire faute d’en avoir l’expérience vécue. Ils laissent évoquer les pires épreuves de la part de ceux qui pour se faire entendre essaient de frapper l’imagination à coups d’exceptionnel, de sensationnel, de démesuré.

Ce type d’explication permet de contextualiser les évènements récents, mais présente vite ses limites : on parlait ainsi avant les manifestations de samedi dernier, dont ce discours ne peut expliquer vraiment le contenu et la forme.

Le pouvoir et le peuple

Puisque les manifestants critiquent, sans nuance, le gouvernement, les dérapages doivent être lus aussi, au-delà des généralités, sous l’angle du rapport, ou plutôt du non-rapport qui s’est instauré entre le pouvoir et des pans entiers de la population. Ce qui implique de procéder de l’État vers la société, et de la société vers l’État.

Jamais depuis l’avènement de la Ve République les médiations qui permettent au pouvoir gouvernemental d’être en relation avec les attentes et les demandes sociales, qu’elles soient ou non collectives et structurées, n’ont été aussi inconsistantes. Emmanuel Macron a poussé très loin la logique qui consiste à se passer des partis, des syndicats, des associations, des « corps intermédiaires », ce qui a créé un vide entre le sommet de l’État, et d’éventuelles contestations ou protestations.

Dès lors fleurit d’en haut la tentation de la démocratie participative, qui débouche sur des expériences décevantes, grand débat, conférence citoyenne sur le climat, par exemple. Tout ceci favorise la méfiance, et même si la politique sanitaire française se révèle finalement comme convenable, des pans entiers de l’opinion en notent surtout les carences, les erreurs, la communication défaillante. Du côté du pouvoir, il faut admettre qu’il n’a pas créé les conditions d’un retour à la confiance.

Les contestations contemporaines les plus importantes présentent plusieurs caractéristiques qui les distinguent fondamentalement de celles d’hier. Elles sont lourdes d’une subjectivité éventuellement exacerbée ; chacun veut être maître de sa pensée et de son corps, sans nécessairement accepter ce qui en démocratie est la contrepartie de la reconnaissance du sujet personnel : le fait d’accepter pour autrui ce que l’on exige pour soi-même, et donc aussi d’accepter des règles collectives de la vie en société.

Quand elles véhiculent des dimensions culturelles, elles ont un fort tropisme identitaire pouvant aboutir à des logiques de radicalisation, et d’entre-soi, de fermeture du groupe sur lui-même. De telles logiques sont elles-mêmes propices à la naturalisation de la culture et des identités, et peuvent conduire à « la deep ecology » ou à la tentation de la guerre par exemple des races ou des genres. Elles peuvent aussi comporter un fort substrat religieux.

Enfin, les contestations récentes, on l’a vu avec les « gilets jaunes », peuvent être « horizontales », rétives à toute inscription dans un espace politique classique, à tout traitement politique qui ne serait pas obtenu directement, face au pouvoir ; elles résistent à toute structuration, ne veulent ni leader ni organisation. Ce qui encourage le tout ou rien, le jusqu’au-boutisme, et la pénétration de la violence.

Une société désarticulée ?

À bien des égards, les manifestations de samedi 17 juillet relèvent de ces caractéristiques : référence exacerbée à la subjectivité personnelle, et au corps ; radicalisation et excès ; horizontalité, malgré la présence de quelques personnalités notamment d’extrême droite.

De haut en bas, comme de bas en haut, tout converge pour façonner l’image d’une société qui n’est pas articulée à l’État, d’un État qui ne fait rien pour construire des médiations vers la société.

Se profilent dans la défiance mutuelle, dès lors d’une part des menaces liberticides, que bien des juristes, avocats et magistrats constatent, en même temps que certains parlementaires, et d’autre part des excès langagiers préoccupants, et choquants.

Les excès occupent l’espace que désertent la confiance, les médiations et la capacité de conduire des débats argumentés.

 

[Source : theconversation.com]

 

 

es.wikipedia.org

 

Escrito por Norberto Ovando

Una evaluación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza nos da a conocer que “Estar dentro de la prestigiosa lista de Patrimonio Mundial Natural de la UNESCO no es sinónimo de que la biodiversidad del sitio está completamente protegida”

Por Prof. Norberto Ovando* y Gpque. Adalberto D. Álvarez**

La IUCN es el órgano consultivo sobre Patrimonio Mundial Natural que proporciona asesoramiento técnico independiente al Comité del Patrimonio Mundial.

Según un reciente informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés), publicado en 2020, indica que el 33% de los 252 sitios catalogados como Patrimonio Mundial Natural de la UNESCO se encuentran amenazados principalmente por el cambio climático, seguido por las especies invasivas, el turismo masivo, la contaminación del agua, los incendios, entre otras.

Los resultados de la “Perspectiva 3 del Patrimonio Mundial de la UICN” muestran que, de todos los sitios naturales y mixtos del Patrimonio Mundial en América del Sur, el 48% se evalúa como“preocupación significativa”.

“El Patrimonio Mundial se distingue por la excelencia en la gestión y la nueva Perspectiva del Patrimonio Mundial hace un llamamiento a la acción para asegurar que todos los sitios en la lista demuestran de forma inequívoca lo mejor de la conservación, teniendo en cuenta tres factores: su valor natural, los problemas que enfrentan y la calidad de su gestión”.

Puesto que el Patrimonio Mundial (cultural y natural) es el legado que recibimos del pasado, lo que vivimos en el presente y lo que transmitimos a las futuras generaciones, la responsabilidad de protegerlo incumbe también a todos los Estados partes, a la comunidad internacional y a la sociedad civil en su conjunto.

Los sitios del Patrimonio Mundial pertenecen a todos los pueblos del mundo, independientemente del territorio en que estén localizados.

La Perspectiva de la IUCN evalúa tanto las amenazas actuales como las potenciales; aspectos críticos de la protección y la gestión, como la financiación sostenible, la observancia efectiva, la dotación de personal y la eficacia de la gestión en general, son sistemáticamente motivo de grave preocupación en muchos sitios.

Cada sitio recibe una calificación según el estado y la evolución de sus valores, amenazas, así como lo referido a su protección y gestión.

Como cualquier área natural, los sitios del Patrimonio Mundial pueden verse expuestos a amenazas, tanto dentro como fuera de sus límites. Dichas amenazas pueden ser de carácter natural, como los fenómenos medioambientales, o producidas por la acción del hombre, como los proyectos ineficientes de infraestructura (represas y carreteras), el daño producido a la flora y la fauna, etc.

Calificación asignada a cada Patrimonio Mundial en Argentina

Buena: los valores del sitio se encuentran en buen estado y es probable que se mantengan en un futuro previsible, siempre que también se mantengan las medidas de conservación actuales.

Parque Nacional Talampaya, La Rioja

Parque Provincial Ischigualasto, San Juan

Parque Nacional Los Alerces, Chubut

Buena con cierta preocupación: a pesar de la existencia de cierta preocupación, es probable que los aspectos básicos de los valores de los sitios puedan mantenerse a largo plazo si se aplican medidas de conservación menores de carácter adicional.

Área Natural Protegida Península Valdés, Chubut

Parque Nacional Los Glaciares, Santa Cruz

Alta preocupación: los valores del sitio están amenazados y/o muestran signos de deterioro. Se deben aplicar medidas de conservación adicionales significativas para poder mantener y/o restaurar los valores de medio a largo plazo.

Parque Nacional Iguazú, Misiones

Crítica: los valores del sitio están seriamente amenazados y/o deteriorándose. Se necesitan medidas de conservación adicionales a gran escala para mantener y/o restaurar los valores del sitio a corto y medio plazo o los valores pueden perderse.

Actualmente no hay sitios en nuestro país con esta calificación.

Por ser el Patrimonio Mundial, Parque Nacional Iguazú, con la más baja calificación en nuestro país, evaluaremos su estado actual y futuro inmediato.

En 1928 por Ley Nacional 6.712 se adquieren 75.000 hectáreas para crear un futuro parque, que recién se materializa como Parque Nacional Iguazú a través de la Ley n° 12.103 sancionada el 29 de septiembre de 1934, en el extremo noroeste del Territorio Nacional de Misiones. Recién el 10 de diciembre de 1953 por iniciativa del presidente Juan Domingo Perón, a través de la ley nº 14.294 se dispuso la provincialización del Territorio Nacional de Misiones, y el 24 de febrero de 1978 se declara a Puerto Iguazú municipio de primera categoría.

La superficie total del parque es de 67.698 ha que se subdivide entre el: Parque Nacional con 59.945 ha; la Reserva Nacional con 7.675 ha y la Reserva Natural Silvestre con 78 ha.

Objetivo de conservación: conservar una muestra de la selva húmeda subtropical (Paranaense), preservando la calidad del sistema hidrológico y los recursos paisajísticos naturales e históricos.

Categoría Internacional: el Parque Nacional Iguazú fue inscripto por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como “Sitio del Patrimonio Mundial” en 1984, cuyos criterios naturales de selección son (vii) y (x) y se refieren a:

(vii) “Contener fenómenos naturales superlativos o áreas de excepcional belleza natural e importancia estética”; y (x) “Contener los hábitats naturales más importantes y significativos para la conservación in situ de la diversidad biológica, incluidos los que contienen especies amenazadas de valor universal excepcional desde el punto de vista de la ciencia o la conservación“.

Criterio (vii): Parque Nacional Iguazú conserva una de las cascadas más grandes y espectaculares del mundo.

Criterio (x): forma el mayor remanente protegido de la selva subtropical paranaense, que pertenece al Bosque Atlántico Interior. La rica biodiversidad incluye más de 2000 especies de plantas, 400 especies de aves y posiblemente hasta 80 mamíferos, así como innumerables especies de invertebrados. Las especies carismáticas raras incluyen el caimán de hocico ancho, el oso hormiguero gigante, el águila arpía, el ocelote y el yaguareté. Junto a las cataratas, a lo largo del río y en las islas, un ecosistema altamente especializado lleno de vida ha evolucionado en respuesta a las condiciones extremas del agua que forma nubes de vapor de agua generado por los grandes saltos; dentro del ambiente con mayor biodiversidad de la Argentina.

Recientemente, las perspectivas de conservación de este sitio fueron evaluadas como “preocupación significativa”.

El Parque Nacional Iguazú conserva un importante remanente de la Selva Atlántica, una de las prioridades mundiales de conservación más amenazadas. Este bioma forestal que abarca históricamente grandes partes de la costa brasileña y se extiende hasta el norte de Argentina y Uruguay, así como el este de Paraguay, es conocido por su hábitat extremo y diversidad de especies, así como su alto grado de endemismo. Alrededor de 2000 especies de plantas, incluyendo unas 80 especies de árboles han sido evaluadas, junto con alrededor de 400 especies de aves, incluyendo el escurridizo águila arpía.

Hoy en día, ambos Parques Nacionales en Brasil y Argentina están rodeados principalmente por un paisaje que ha sido fuertemente alterado debido a la tala (corte de árboles desde su base), como a la transformación del uso de la tierra, tanto históricamente como en el presente.

La gestión eficaz de las áreas protegidas y la mitigación de los impactos del uso de la tierra en y desde el paisaje circundante aumentan la probabilidad de mantener muchos de los valores por los que el parque ha sido inscrito al patrimonio, y contribuyen a la supervivencia de las especies que lo habita. El papel destacado como un importante destino turístico internacional y nacional hace que el Parque Nacional Iguazú sea un área muy destacada. Es probable que las amenazas atraigan mucha atención y hay importantes incentivos políticos y económicos para invertir en el futuro de su conservación y manejo del turismo sostenible.

Requisitos y recomendaciones para la protección y manejo

El Parque Nacional Iguazú es propiedad exclusiva del Gobierno Nacional y es parte integral del Sistema Nacional de Áreas Protegidas Federales de Argentina (SIFAP), bajo la Ley de Parques Nacionales nº 22.351. El manejo de esta área protegida está en manos de profesionales capacitados, incluyendo guardaparques. Se dispone de un presupuesto anual para garantizar la infraestructura y el equipo necesarios para desempeñar sus funciones de manera responsable. Una oficina técnica regional presta apoyo profesional, y hay un centro de investigación subtropical que realiza estudios ecológicos.

Las represas afectan a sitios con valores estéticos, como las emblemáticas Cataratas del Iguazú. “Los niveles de agua de las Cataratas se modifican artificialmente a través de centrales río arriba en Brasil, como la Central Hidroeléctrica Gobernador José Richa, también conocida como Usina Hidroeléctrica Salto Caxias, ubicada en el río Iguazú, Estado de Paraná, causando impactos paisajísticos y ecológicos. Estos impactos requieren vigilancia y mitigación, y es necesario prevenir peores impactos futuros”.

“La gestión del turismo es una tarea clave en el parque, para minimizar los impactos directos e indirectos de las visitas masivas y maximiza las oportunidades en términos de conscientización para la conservación de la naturaleza y la financiación de la conservación”.

“El valor del parque se consolida por la contigüidad con el Parque Nacional do Iguaçu en Brasil, pero requiere una gestión efectiva correspondiente a ambos lados de la frontera internacional. Lo más inmediatamente posible es muy conveniente y, de hecho, necesaria una mayor armonización de la planificación, la gestión y la supervisión. Lo ideal sería que un enfoque conjunto incluyera el compromiso al más alto nivel político de llevar a cabo actividades tangibles sobre el terreno sobre la base de los esfuerzos existentes”.

“Entre las amenazas que requieren atención permanente se encuentran la deforestación en curso en la región, incluidos los bosques adyacentes en el cercano Brasil y el Paraguay, la invasión agrícola, así como la caza furtiva y la extracción de plantas. El turismo, la forma de recreación y la correspondiente infraestructura de transporte y alojamiento sin duda han estado impactando en el parque y pueden pasar rápidamente los límites aceptables”.

“Dada la transformación en curso del paisaje en torno a ambos Parques Nacionales Iguazú en Argentina y do Iguaçu en Brasil en las últimas décadas, la futura gestión tendrá que desarrollar escenarios y planes a más largo plazo teniendo en cuenta esta realidad. Más allá del parque, además, deberán encontrar un equilibrio entre la conservación y el uso de tierras circundantes y recursos en la provincia de Misiones para mantener o restaurar la conectividad del paisaje. Esto requerirá trabajar con otros sectores y comunidades locales. En corto tiempo, el Parque Nacional Iguazú debería ser amortiguado por una planificación adecuada y armonizada del uso de la tierra en las áreas adyacentes en Argentina, Brasil y Paraguay”.

Conclusión

Si bien se han logrado éxitos de conservación individuales en varios sitios, en general esta imagen muestra que se requiere mucho más para cumplir con la ambición de mejorar la conservación y perspectivas para todo nuestro Patrimonio Mundial Natural.

Los gobiernos deben poner manos a la obra para implementar medidas eficaces con partidas presupuestarias adecuadas y un mayor apoyo para el mantenimiento de las áreas naturales; lugares que están demostrado ser esenciales para la salud y el bienestar de la humanidad.

Fuente: IUCN/AAPN

*Presidente y ** vicepresidente de la Asociación Amigos de los Parques Nacionales (AAPN), expertos de las Comisiones Mundiales de Áreas Protegidas (WCPA) y Educación y Comunicación (CEC), Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

 

[Imagen:  es.wikipedia.org – fuente: http://www.pressenza.com]