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El padre de Mickey y su equipo visitó Latinoamérica en busca de ideas durante la Segunda Guerra Mundial

Una imagen de Donald y José Carioca, en ‘Saludos Amigos’ (1941). RKO RADIO PICTURES INC.

En 1941 todo el mundo estaba colapsando. La Segunda Guerra Mundial tenía enfrentado a los Aliados y al Eje en una de las contiendas bélicas más grandes de la historia. En Estados Unidos, Walt Disney disfrutaba del éxito comercial y de crítica de su primer largometraje animado: Blancanieves. Sin embargo, el conflicto militar global trastocó sus planes de construir un estudio y la continuidad de sus dos próximos proyectos, Pinocho y Fantasía. Con una deuda de 4,5 millones de dólares, sin inversión del Viejo Continente y una huelga de sus empleados que iniciaba, una invitación diplomática fue la salvación del director y guionista. El entonces presidente Franklin D. Roosevelt buscaba aliados en América del Sur, y Disney requería trabajar y conseguir ideas para futuras producciones. Estos fueron los entretelones que llevaron al también productor y 18 artistas de su equipo al sur de la frontera, en busca de inspiración y para frenar el avance de la Alemania nazi.

A 50 años de la muerte de Disney, fecha que se recuerda en diciembre de este año, este viaje tuvo importancia para la continuidad de su carrera. De la visita diplomática se desprendieron dos cintas: Saludos amigos Los tres caballeros. « Quería hacer películas [Disney] y no tenía el dinero para este cometido. El viaje a América del Sur lo salvó de algún modo, a él y a su sanidad », explica el historiador y animador John Canemaker, que rememora esta travesía del director en el documental Walt & El grupo (2008), un largometraje de Ted Thomas.

Saludos Amigos tuvo al pato Donald, a Goofy, el avión mensajero chileno Pedrito y el papagayo brasileño José Carioca como los principales protagonistas. El equipo de Disney quedó fascinado con las postales que arrojaba Río, el empedrado portugués en el paseo marítimo en la playa de Copacabana y, por supuesto, la samba. Donald no solo pudo aprender a bailar esta danza, sino también probar la cachaça, una bebida alcohólica producto de la destilación del jugo de la caña de azúcar fermentado, muy típico de la nación del carnaval. La canción Aquarela do Brasil, del legendario compositor mineiro Ary Barroso, musicalizó el encuentro de culturas en el episodio documental de nombre homónimo.

La partitura de 'Aquarela do Brasil', compuesta por Ary Barroso.

La partitura de ‘Aquarela do Brasil’, compuesta por Ary Barroso.CORTESÍA DE THORNBOOKS

“Solo en Aquarela do Brasil logran esa sensación de maravilla y descubrimiento de la que encontraron en América del Sur en términos de color y de la forma libre, la atmósfera, la música, los olores, los sonidos, los gustos, toda la sensualidad y la cualidad de belleza de la región se reflejan esta en ese corto en particular”, afirma Canamaker.

A través de este cortometraje Donald también pudo visitar Bolivia y estar frente al Lago Titicaca, en sus más de 200 kilómetros de largo y 100 de ancho, además de sentir los efectos del sorojchi o mal de altura, causado por los 3.600 metros sobre el nivel del mar de este territorio donde se encuentra este cuerpo de agua. En esta breve visita pudo también conocer la singularidad de las llamas, un mamífero camélido que abunda en el altiplano latinoamericano.

“La primera impresión de sus mercados fue el vivo colorido, la música de Bolivia es tan especial como sus trajes. Los originales diseños hechos a manos fascinaron a las mujeres de nuestro equipo, así como los gorros de lana de vicuña”, explicaba el narrador del cortometraje documental Cómo se hizo Saludos amigos. “Atraídos por el valor cinematográfico de las llamas, su altiva y elegante actitud parecían combinar con la música local y de esa forma nació otro personaje”, acotaba el mismo relator.

Disney y un grupo de artistas durante el viaje.

Disney y un grupo de artistas durante el viaje. THE WALT DISNEY FAMILY MUSEUM

Mientras una parte de los animadores del equipo recorrían Perú y Bolivia, el creador de Mickey visitaba Uruguay para el estreno de Fantasía. El periodista de El País de Uruguay Hugo Rocha, que falleció en 2014, recordaba este momento. En el documental de Thomas, Rocha menciona que Disney, cuando llegó, se vio rodeado de periodistas y mantuvo su distancia. Le dio la sensación de que quería evitar a la prensa local, “pero ese no fue el caso, nuestra impresión cambió radicalmente tres horas después cuando llamó a una conferencia para los medios de comunicación”, asevera.

“Walt era muy amigable, modesto y un hombre de trato fácil. Tenía 40 años y nos parecía como un niño, yo me quedaba viéndole y me decía a mi mismo que me recordaba a James Stewart o Gary Cooper, pero no, no, es alguien más. Pero claro, él me recuerda a Mickey Mouse. Él es Mickey mouse”, pensaba Rocha, cuando se acordaba de esa conferencia de prensa en Montevideo.

Días después, el director estadounidense se fue a Buenos Aires, una ciudad que para él se asemejaba mucho a Boston. En Argentina, como en muchos otros territorios, se cuenta la leyenda urbana de que Disney fue congelado, según las afirmaciones de muchos entrevistados en ese país que muestra el documental Walt & El grupo. El prolífico animador quedó nuevamente fascinado por las demostraciones de bailes típicos como El gato, el malambo, la chacarera o la zamba ríoplatense. La cultura gauchesca, el asado en la pampa y el modo de vivir del gaucho, al que denominaron como el cowboy de Latinoamérica —inspirados en el arte del dibujante y pintor Florencio Molina Campos—, dio como resultado una recreación, encarnada por Goofy, de la vida de este vaquero de las llanuras latinoamericanas.

Donald enamorado

Disney con vestimenta gaucha en Argentina. THE WALT DISNEY FAMILY MUSEUM

El relator de Cómo se hizo Saludos amigos afirma que Disney y su equipo terminaron visitando todos los países de América del Sur, aunque de forma más breve y en algunos casos solo de paso, a excepción de Paraguay, que no es mencionado en ninguno de los tres cortometrajes. Los artistas también pusieron pie en Centroamérica, aunque consideran que “el tiempo era demasiado corto” para hacerle justicia a países como Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras y, una mención especial, a un lugar “inolvidable” como Chichicastenango, en Guatemala.

México fue la última parada de los realizadores para captar más música, más colores y más impresiones. Los jardines flotantes de Xochimilco fueron una de las maravillas para los ojos de los artistas estadounidenses. Pasearon entre embarcaciones que venden flores, frijoles y tacos, dentro de las embarcaciones. Describieron al canal que transporta las barcazas como un “bello lugar con mucho color y con suficiente inspiración para hacer una película”. Una de las últimas cosas que vieron, fue la demostración de los charros, los jinetes mexicanos. Este último recorrido resultó en la creación de Pancho Pistolas, un bravo gallo charro que le encanta cantar rancheras.

Este personaje vio su debut en Los tres caballeros, la primera película de Disney que combina la acción real y la animación, junto a Donald y José Carioca, a los cuales los lleva de paseo por Pátzcuaro, Veracruz y Acapulco. En el segmento cantan juntos una versión de la popular tonada ¡Ay Jalisco, no te rajes!, además que el pato se enamora de la cantante y actriz mexicana Dora Luz, la que le dedica la canción Solamente una vez, de Agustín Lara, traducida al inglés para esta película. Del mismo modo, casi finalizando la cinta, Donald interactúa con otras composiciones típicas del país norteamericano como La zandunga, junto a la intérprete y bailarina de la época de oro del celuloide de esa nación, Carmen Molina, quien le roba de igual manera el corazón al personaje de la factoría de Disney. Su idilio termina cuando bailan juntos la polka revolucionaria Jesusita en Chihuahua.

Más pertinente que nunca

El mundo volvió a cambiar con el bombardeo de Pearl Harbor, por lo que la misión en la que estaba involucrado Disney y sus artistas fue “más pertinente que nunca”, mencionan en Walt & El grupo. “Cuando la oficina de asuntos Interamericanos nos pidió que hagamos Saludos amigos teníamos un propósito, hacer una película que a Estados Unidos y a Latinoamérica les guste, para que al final se agraden uno con el otro aún más. Todos pensamos en las barreras entre los subcontinentes de América, y, ahora, de repente, vemos que estas cosas no importan. Nuestros antecedentes son distintos, pero nuestro futuro debe ser el mismo”, manifestaba Disney en una grabación que figura en la producción de Thomas.

Sin embargo, no todas las partes quedaron contentas. La historiadora Leticia Pinheiro se muestra satisfecha con el resultado del emprendimiento diplomático. “José Carioca era un bribón, pero uno bueno. Él no era peligroso, era un poquito irresponsable, pero era muy amigable, muy cordial, un muy buen tipo. Toda la idea de acercarse a Latinoamérica fue de Estados Unidos. Creo que fue una buena convergencia de intereses de ambos proyectos”, precisa Pinheiro en el documental.

Canamaker menciona que para Disney y su equipo fue difícil llevar al cine todo el material que recolectaron. “La gente que no viajo a Sudamérica plasmaron estas películas como se las hacía antiguamente, con bromas y toques de la cultura extranjera, pero sin incorporar o crear algo totalmente nuevo. La influencia estadounidense abruma a las influencias culturales de Latinoamérica”, añade el historiador estadounidense.

El permiso de viaje a Latinoamérica de Disney.

El permiso de viaje a Latinoamérica de Disney.THE WALT DISNEY FAMILY MUSEUM

El estudiante chileno graduado de historia Juan Carlos González se muestra disconforme con el paso de Disney en Chile y la creación del avión mensajero Pedrito, según da a conocer en el documental. Este desencanto, sin embargo, resultó en la creación de Condorito, un personaje de historieta chileno con mucha popularidad en algunos países de Latinoamérica, de la mano de René Ríos Bottiger, Pepo. “Como una manera de ensalzar un personaje nacional crea a Condorito, representando lo más típico de nuestro país y también como una clara repuesta a la poca consideración que tuvo Disney en nuestro país en el filme [Saludos amigos]”, agrega.

Para el historiador Canemaker el viaje a Latinoamérica fue beneficioso tanto para Roosevelt como para el director de cine, ya que el expresidente de EE UU obtuvo lo que quería: la atención de América del Sur. Y Disney pudo “escaparse de los problemas en casa” y encontrar una salida creativa. A partir de ese momento, la historia continúa como se la conoce y se convierte en una anécdota más. El documental al finalizar menciona que Walt Disney logró mantenerse en el negocio y siguió siendo un innovador en el cine, televisión, parques temáticos e ideas sobre el futuro, e insiste en que el padre de Mickey “nunca fue congelado”.

Organizadores:

Universidad Autónoma de Chihuahua; Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (MÉXICO); Universidad de Playa Ancha, Valparaíso (CHILE), Centro de Investigación Iberoamericano de Maguncia-Germersheim /Leipzig (CIIA, Alemania)

Tipo de actividad: Congreso, jornada, encuentro
Fecha límite de solicitud: Lunes, 6 septiembre de 2021
Descripción: 

La Universidad Autónoma de Chihuahua, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (MÉXICO), la Universidad de Playa Ancha (Valparaíso, Chile) y el Centro de Investigación Iberoamericano de Maguncia-Germersheim /Leipzig (CIIA, Alemania) celebran este coloquio del 28 al 30 de octubre de 2021 en Chihuahua (México).

Ejes temáticos:

1. Significaciones desde lo local y lo global: Visitaciones/Revisitaciones al norte mexicano: exotismos
y postexotismos;

2. Geopoéticas norteño-mexicanas: espacio y `fronteras´ (nacionales, estatales y culturales);

3. Subjetividades norteñas: `fronterizas´, `transfronterizas´, `nómadas´ e `híbridas´;

4. Canon y contracanon: `cartografías´, `catalogación/descatalogación´ (obras, autorxs y receptorxs);

5. Ética, cuerpo/biopoderes/necropoderes y violencias: proyectos ético-políticos de la crítica cultural contemporánea para intervenir los fenómenos de las distintas violencias en el México actual;

6. Imagologías etnoculturales. `Marcos Culturales´ norteño-mexicanos: tensiones y experiencias entre las ideas de lo alto/bajo y centro/periferia;

7. Hibridaciones/Intermedia/Transmedia. Negociaciones: `alta cultura´/ `cultura popular´/ `cultura de masas´ (lo fantástico, ciencia ficción, horror, novela gráfica, cómic, redes sociales, series, memes, filmes/documentales/cortometrajes, videojuegos, performance, pintura, arquitectura, escultura, música, body art, diseño gráfico, espacios urbanos, graffiti);

8. Estudios de género: feminismos, transfeminismos, estudios queer, estudios trans*, masculinidades/nuevas masculinidades;

9. Colonialismo, poscolonialismo y decolonialismo: importancias o urgencias de continuar pensando el norte mexicano desde estas categorías;

10. Migrantes, migraciones y diásporas: emergencias, `precaridades´, historización/deshistorización;

11. Pandemias, pospandemias. Salud/Enfermedad: “esa frontera”;

12. `Eco-crítica´ en el norte de México: usurpaciones, apropiaciones, expropiaciones, territorialidades. Sustentabilidad, recursos naturales y sus relaciones con la crítica cultural;

13. Criminalización, singularidades, prisión, manicomios, etc.;

14. Cuerpos y corporalidades.

Ciudad: Chihuahua
País: México
Fecha de inicio: Jueves, 28 de octubre de 2021
Fecha de finalización: Sábado, 30 de octubre de 2021

Dirección postal completa:

Facultad de Filosofía y Letras, Rúa de las Humanidades S/N, Ciudad Universitaria, 31203 Chihuahua, Chih. México

Teléfono 1:  +526144279173
Teléfono 2:  +526143428461
Correo electrónico: literaturaculturanortedemexico@gmail.com
Página de Internet:  https://sites.google.com/view/literaturayculturadelnorte
Materias de especialidad: 

Cibercultura, Cine y audiovisuales, Estudios culturales, Literatura contemporáneaLiteratura contemporánea, Literatura del siglo XX, Literatura del siglo XXI, Literatura hispanoamericana, Narrativa, Narrativa gráfica, Narrativa transmedia, Poesía, Teatro y artes escénicas, Teoría de la literatura

Redes sociales Facebook: https://www.facebook.com/LitCultNortMex/
  Twitter:  @LitCultNortMex
Fuente de información:  Grupo de investigación Literatura y Cultura del Norte de México UACH
Observaciones:

Las propuestas podrán ser individuales o de mesa y deberán enviarse hasta el 06 de septiembre de 2021 al correo: literaturaculturanortedemexico@gmail.com. El comité organizador confirmará su recibido e informará antes del 24 septiembre de 2021 su aceptación o no aceptación.

*Nombrar los archivos adjuntos con apellido del autor (a) /coordinador (a) y `coloquionorte´, por ejemplo: “Acuña-coloquionorte.pdf”.

Los resúmenes no excederán las 300 palabras. Letra times new roman, tamaño 12 a doble interlineado. Se adjuntarán en un archivo en formato PDF con:

– Nombre

– Título de la ponencia

– Correo electrónico

– Filiación institucional

– Eje temático seleccionado

MESAS: (se conformarán de tres a cinco integrantes)

– Adjuntar en un archivo en formato PDF

– Título y resumen de la mesa

– Nombre y datos del coordinador

– Los resúmenes individuales de cada participante con los requisitos ya señalados arriba.

DESARROLLO DE LAS PRESENTACIONES:

La extensión de las ponencias será de 10 cuartillas en letra times new roman tamaño 12 a doble interlineado.

MODALIDAD DEL EVENTO:

El desarrollo de la actual pandemia por COVID-19 nos obliga a continuar con la modalidad virtual y con la posibilidad de desarrollar una parte de las presentaciones en modo presencial limitado. Informaremos de esto último con el tiempo adecuado y con detalles más precisos.

COSTOS:
– Ponentes extranjeros: 70.00 USD

– Ponentes nacionales: $800.00 pesos

ORGANIZACIÓN:
Facultad de Filosofía y Letras a través de la Secretaría de Investigación y Posgrado

Grupo de Investigación: Literatura y Cultura en el Norte de México (LICUNOME)

COMITÉ ORGANIZADOR:

Mónica Torres Torija (UACH/Literatura y Cultura en el Norte de México)

Felipe Saavedra (Universidad Iberoamericana/Literatura y Cultura en el Norte de México)

Vladimir Guerrero (UACH/Literatura y Cultura en el Norte de México)

 

[Fuente: hispanismo.cervantes.es]

Durante a Segunda República Española, o hóckey feminino en Galicia adiantou o masculino. Os equipos de «hóckeywomen» eran moi populares, contaban cunha apreciable afección e directivas conformadas por mulleres.

Un artigo de Raquel Fernández

Na década dos trinta do século XX, o hóckey sobre herba era o deporte de moda entre as rapazas de clase acomodada en Galicia. Os xornais da época axiña se familiarizaron co vocabulario estranxeiro utilizando o apelativo de «hockeywomen» para referirse ás xogadoras. A primeira cidade galega na que se conforman equipos de hóckey é Vigo. En novembro de 1932, créanse dúas agrupacións na cidade olívica: o Vigo Hóckey Club e o Atlántida Hóckey Club, que debutan un mes despois no campo de Balaídos. Estes equipos, constituídos antes que os masculinos, contarán con xuntas directivas compostas por interesantes mulleres que tomaron a iniciativa de pór en marcha un novo deporte no territorio galego.

O equipo de hóckey herba feminino do Atántida de Matamá en xaneiro de 1934.

Unha delas é a señorita Anita Bakker, filla do director do Cable Alemán e presidenta do Vigo H.C. Nada en Alemaña, aséntase en Vigo xunto á súa familia con tan só cinco meses. Anita fala catro linguas, estudou Alto Comercio, Economía Social e Política, e declárase partidaria do nazismo. O seu club é unha entidade mixta, pero a directiva está conformada unicamente por mulleres. Segundo comenta nunha entrevista, a idea de crear este equipo xorde tras a celebración do Día do Deporte, cando deciden organizar unha sociedade para poder actuar con maior liberdade. Outra curiosa afección de Anita eran as xincanas automobilísticas, nas que acostumaba participar como copilota.

María Antonia Sanjurjo (1910-1939), co uniforme do Atlántida hóckey Club.

Por outro lado, a presidenta do Atlántida H.C., María Antonia Sanjurjo era neta do empresario e inventor do submarino galego, Antonio Sanjurjo Badía. María Antonia estudou Peritaxe Mercantil, e posteriormente Dereito en Madrid. Na capital española alóxase na Residencia de Señoritas, unha institución que tiña entre os seus obxectivos promover a práctica do deporte entre as mulleres. Neste contexto, entra en contacto co hóckey sobre herba en 1932, cando se organiza o primeiro equipo na residencia. De volta en Galicia, no verán dese mesmo ano, crea xunto a dúas irmás e outras rapazas da cidade o Atlántida H.C. Cabe destacar, como singularidade, o seu compromiso político con Galicia, que a leva en 1933 a afiliarse ao Partido Galeguista. Nese ano, tamén lle propoñen ser presidenta da Federación de Hóckey de Galicia, sendo finalmente nomeada tesoureira.

Mentres as viguesas botan andar os seus equipos de Hóckey, o xornal coruñés El Ideal Gallego intenta animar as rapazas da cidade herculina a que realicen máis deporte, suxerindo que comecen polo hóckey, unha actividade deportiva ideal para ser practicada no inverno. Porén, detrás desta suxestión, estaba o interese de celebrar competicións entre equipos galegos ou cos doutras cidades españolas, como Barcelona, Madrid ou Bilbao.

A miss España e xogadora do Vértice Hóckey Club, Emilia Docet, na capa da revista Estampa.

Dous anos despois, en 1934, o número de equipos de hóckey en Galicia aumentara notablemente. Contamos xa co Vértice H.C. –no que xogaba Emilia Docet, Miss España e simpatizante do Partido Galeguista–, o Ártabro H.C. da Coruña –capitaneado por Maruca Allones, a primeira muller árbitro de hóckey feminino en España–, o Pontevedra H.C., o Ícaro H.C. de Ferrol e o Villagarcía H.C. Este último, protagonizará un curioso partido contra un equipo de oficiais do acoirazado Barham, un buque de guerra inglés que fixera unha parada na vila.

En 1934, o Atlántida H.C. capitaneado por Gloria Tapias, faise co título de campión de Galicia. De modo que viaxa a Madrid para participar no Campionato Español de Hóckey Feminino. Con todo, nesta ocasión, xogando contra o Club de Campo de Madrid, non terán a mesma sorte.

Gloria Tapias, capitana do Atántida H.C., e Pepa Chávarri, autora do primeiro gol dunha selección española de hóckey.

En ocasións, cando os equipos xogaban fóra das súas cidades, a afección organizaba excursións en autobús para ir animar a súa agrupación predilecta. De feito, no Festival do Deporte celebrado en Vigo en 1934, concorren seareiros chegados dende Pontevedra, Vilagarcía de Arousa e A Coruña. Tamén era habitual que os equipos forasteiros foran recibidos con grandes honores e ramos de flores. Porén, as xogadoras do Atlético de Madrid tiveron unha maior sorte, ao ser recibidas polas súas contrincantes do Atlántida de Vigo cunha gran festa no parque de Castrelos. As galegas vestidas co traxe rexional amosáronlles ás madrileñas as danzas e cantos tradicionais de Galicia, para posteriormente gozar do bufete e a música moderna da orquestra contratada. Segundo os xornais, a asistencia a este evento, que durou ata as dez da noite, chegou ao medio milleiro de persoas.

Ademais destas festas de recibimento, os equipos organizaban os seus propios bailes e festivais, moitas veces tras a celebración dos partidos. No caso do Vigo H.C., tiñan por costume organizar festas en datas sinaladas como o Nadal ou o entroido, o que nos permite observar como se disfrazaba a rapazada dos anos 30. Por outro lado, as xogadoras tamén exercían de embaixadoras do deporte facendo exhibicións en cidades galegas como Lugo ou Ourense, co fin de animar a outras mulleres a formar os seus propios equipos.

Equipo feminino de hóckey herba do Atlético de Madrid.

En 1935, o Ártabro da Coruña convértese en Campión do Norte contra o Club de Campo madrileño, o Campión do Sur. Así, o equipo coruñés entra a participar no Campionato de España. Por outro lado, neste mesmo ano o presidente da Federación Española de Hóckey selecciona á galega Gloria Tapias, capitana do Atlántida H.C., para ir xogar a Madrid coa selección española no primeiro partido de hóckey internacional celebrado no país contra as representantes de Bélxica.

En 1936, as xogadoras viguesas do Club de Campo e do Atlántida H.C. fusiónanse no Argos de Vigo co fin de representar a súa cidade no Campionato galego. Nese mesmo momento, a cidade olívica acolle por fin o Campionato de España de Hóckey Feminino no que se baten diferentes equipos españois, resultando o Argos o campión de Galicia. A cidade olívica xa fora proposta en 1933 por María Antonia Sanjurjo como escenario para a celebración deste evento, mais os desexos non se cumpriran até entón.

As xogadoras do Atlántida Hóckey Club, fundado en 1932 en Vigo por María Antonia Sanjurjo. Consello da Cultura Galega. Arquivo: Santiago Glez. Sanjurjo

As últimas noticias que temos das xogadoras galegas datan de 1936, cando doce rapazas do Ártabro e do Argos de Vigo son elixidas para formar parte do equipo da selección española que irá competir nos Xogos Olímpicos de Berlín, celebrados na Alemaña nazi. A partir da Guerra Civil española, os equipos galegos da época republicana desaparecen, e non é ata 1938 cando se crean dous novos equipos de hóckey feminino vinculados ao Sindicato Español Universitario. Posteriormente, crearase algún máis vinculado a esta entidade ou á Sección Feminina noutras cidades galegas. Mais nesta nova etapa do hóckey feminino en Galicia, as novas xogadoras e os seus eventos van ir perdendo protagonismo nos xornais da época.

O nacemento destes equipos de hóckey feminino nos anos 30, foi visto con moita simpatía por parte dos xornais. Iso si, daquela os xornalistas poñían máis empeño en resaltar a beleza física das xogadoras ca en narrar as súas fazañas, algo que segue a repetirse cunha frecuencia que ruboriza… Á poboación acostumada ao fútbol costoulle un pouco máis comprender este novo deporte. Non así as xeracións máis novas, que o recibiron con grande entusiasmo. En 1934, un xornalista dicía «Vigo me recuerda actualmente a las calles y plazas de Ámsterdam, pues por todas partes se ven sticks. Como en Holanda. Hasta los ‘peques’ improvisan sus ‘matchs’ en solares y playas».

Estas mulleres ben formadas e con opinión propia, conseguiron na década dos trinta, pór en marcha un deporte novidoso e diferente que causou grande interese entre o público. Seguindo a senda da modernidade, elas mesmas teceron todo un armazón organizativo vinculado ao deporte, que as levou tamén a organizar eventos festivos e sociais. Deste modo, as xogadoras galegas de hóckey sobre herba tomaron parte no escenario público, conectando Galicia con outras partes da Península e do estranxeiro, ao mesmo tempo que abrían espazos novos de encontro para as mulleres.

[Foto da apertura: equipo do Ártabro Hóckey Club da Coruña – fonte: http://www.luzes.gal]

 

 

Utiliser le symbole de l’extermination des juifs sur un tee-shirt pour établir un parallèle entre les antivaccins et les victimes du génocide nazi n’est pas seulement cynique. C’est aussi une façon de banaliser l’antisémitisme.

Écrit par Marylin Maeso

« Un tee-shirt avec une étoile jaune pour se revendiquer « non vacciné » vendu sur Amazon », avait récemment repéré un internaute américain (avant que la plateforme retire le produit) : difficile de mieux condenser l’esprit de notre temps. Un savant mélange de complotisme, d’opportunisme mémoriel et de cynisme mercantile dont nous n’avons pas fini d’épuiser la recette. C’est à se demander ce qui est le plus gênant : la bêtise de l’analogie ou bien sa récurrence éculée. Le symbole de l’extermination de 6 millions de personnes s’est depuis longtemps imposé comme un indémodable, des gilets jaunes aux antivax en passant par l’association la Peta [NDLR : Pour une éthique dans le traitement des animaux] qui assimile l’abattage alimentaire à la Shoah dans ses visuels, et par certains musulmans qui substituent « muslim » à « jude » pour mieux se rêver aux portes de la chambre à gaz.

Le tropisme proverbial du point Godwin suffit-il pour autant à expliquer un tel engouement macabre ? Pas vraiment. Car ce n’est pas la seule fascination du pire qui meut ce disque rayé, mais bien un besoin maladif d’attirer l’attention par tous les moyens. Tel est le paradoxe de ces détournements : ils relativisent l’horreur du crime nazi tout en s’y référant comme à l’étalon du mal absolu. Ils disent dans un même souffle « Regardez-nous ! Les juifs n’ont pas le monopole du supplice, cessons de faire de leur calvaire un incontournable ! » et « Notre malheur est si grand que la seule référence à même d’en traduire l’ampleur est la Shoah. » Virtuoses de la mauvaise foi, ils jonglent sans broncher avec l’hyperbole et l’euphémisme, sans se formaliser de la contradiction.

Le mobile opportuniste est puissant, mais il n’est pas le seul à la manœuvre. Car, à côté de ceux qui surfent sans vergogne sur une tragédie historique pour se donner de la visibilité, il y a les entrepreneurs de la concurrence victimaire qui filent la comparaison avec le génocide des juifs comme on ramène la couverture à soi. Qu’il s’agisse des fans de Dieudonné qui pourfendent la « religion de la Shoah » en accusant les juifs de brandir leurs plaies pour se rendre intouchables, ou des militants antiracistes qui, à l’image de l’Union juive française pour la paix, prétendent lutter contre l’antisémitisme tout en se souciant avant tout de ses instrumentalisations et en affirmant que « les principales victimes des discriminations et agressions racistes aujourd’hui ne sont plus les juifs », le soupçon d’un « privilège juif » fait son bout de chemin.

Une version à peine retouchée d’un motif antisémite classique (le juif comme détenteur d’un pouvoir excessif, injustifié et dangereux), qui peut cependant se glorifier d’une nouveauté peu commune : celle d’être reprise par des personnes affirmant lutter contre toutes les formes de racisme. Les mêmes qui martèlent que les accusations d’antisémitisme portées à l’encontre de l’antisionisme ne sont que des tentatives d’intimidation visant à museler les critiques de la politique israélienne, tandis que dans les cortèges, comme on a pu s’en apercevoir encore récemment en Grande-Bretagne, en Belgique ou aux États-Unis, des confusionnistes jurent à grands cris la mort des juifs au nom de la défense du peuple palestinien.

Quel que soit l’objectif, choquer pour attirer les médias friands de buzz ou dénoncer un traitement inégalitaire en faveur des juifs, le résultat est le même : banaliser l’antisémitisme en entretenant la confusion. Galvauder l’étoile jaune, c’est effacer la mémoire des seuls qui ont dû la porter et pour qui elle signifiait la déshumanisation et l’anéantissement. Rendre leur histoire invisible en l’exhibant partout sous des traits carnavalesques. Plus ce signe fleurit à tort et à travers, et moins il apparaît pour ce qu’il est vraiment. Son omniprésence constitue en cela le symptôme éclairant d’une maladie récurrente : le besoin de se donner un bouc émissaire pour exorciser les tensions et les rancoeurs sociales, qui constitue l’ADN de l’antisémitisme au-delà de ses mutations. Fascinante hypocrisie consistant à se plaindre que les juifs sont partout tout en les convoquant en qualité de caution victimaire à la moindre occasion.

Ce que notre époque ajoute à ce fléau polymorphe, c’est sa capacité à tout marketer. La victime, de fait indépassable, devient dans ces circonstances un statut privilégié qu’on s’arrache pour décrocher la reconnaissance publique dont on estime être privé à tort. La commercialisation de tee-shirts arborant une étoile jaune n’est que l’aboutissement inévitable d’une logique concurrentielle où les traumatismes du passé sont vidés de leur singularité qualitative pour être classés sur une échelle quantitative de la souffrance où la Shoah s’avère particulièrement vendeuse. À quel prix ?

 

[Source :  http://www.lexpress.fr]

Pedro Castillo vence apesar de demonizado pela mídia e ausente, até há pouco, das redes sociais. Sintonia com nova geração política, e com sentimento antiestablishment das maiorias, produziu resultado – que diz algo à América Latina

Escrito por Lucas Malaspina e Marcos Doudtchitzky

Pedro Castillo, o professor sindicalista que venceu as eleições presidenciais peruanas, surpreendeu em todos os níveis. Até então desconhecido do grande público, o candidato do partido Peru Libre derrota Keiko Fujimori, provavelmente a política mais conhecida da atualidade – para o bem e para o mal – do país. Uma das facetas mais surpreendentes de Castillo está ligada à sua presença (ou, na verdade, sua ausência) nas redes sociais. Quando entrou na votação, ele tinha apenas 3.000 seguidores no Twitter e atualmente tem 79.000 contra mais de um milhão de Keiko Fujimori. Ironicamente, ele poderia ter sido inicialmente chamado de “o candidato sem likes”. Mas em que medida foi esse o caso? Como é possível que no século XXI – quando os consultores de comunicação enfatizam constantemente a importância de uma estratégia política integrada nas diferentes plataformas – um candidato conquiste a presidência nessas condições? Em última análise, qual é a distância entre a mídia social e a “realidade”?

A política baseia-se em acordos. Assim, um quadro político pode reunir os votos necessários para vencer e até mesmo governar – e estar fora das redes sociais – se tiver apoio político suficiente. O ex-presidente uruguaio José “Pepe” Mujica nunca teve um perfil oficial . Alberto Fernández, atual presidente da Argentina, não tinha mais de 30 mil seguidores no Twitter quando se soube que seria ele quem enfrentaria o então presidente Mauricio Macri. No caso de Alberto Fernández (hoje com 2 milhões de seguidores) é evidente que ele recebeu grande parte desse novo público graças a Cristina Fernández de Kirchner, já que alcançou essa posição alavancado pela estrutura de militância construída pelo atual vice-presidente da Argentina. O caso de Castillo é completamente diferente, pois nenhuma estrutura previamente consolidada e unificada cedeu sua capacidade de ampliação para chegar às urnas. A microestrutura do Peru Libre era insignificante em face de tal desafio. Tornou-se pertinente fazer duas perguntas. Por um lado, que elementos podemos levar em conta para explicar tal singularidade? E, por outro lado, o que pode ensinar essa experiência atípica da comunicação digital, que em tão pouco tempo passou por desafios tão intensos?

 #MerinoRenuncia e a «Geração Bicentenária»

Seguindo o costume de Cronos, o sistema político peruano alimenta-se de seus próprios filhos. Desde que os desdobramentos da Operação Lava Jato chegaram ao Peru, nenhum ex-presidente ficou de pé. Acusações de corrupção varreram todos eles. A crise política também levou ao nascimento, em novembro de 2020, da chamada “Geração Bicentenária”, como tem sido chamado o movimento que saiu às ruas em defesa da democracia [Leia mais em Outras Palavras: 1 2 3]. Ao questionar as graves desigualdades enfrentadas pela nação andina, a “Geração Bicentenário” também respondeu à decisão do Congresso de retirar Martín Vizcarra (vice e posterior sucessor de Pedro Pablo Kuczynski) do poder. O consultor político argentino Mario Riorda chamou a atenção para o fato histórico por ocorrer “no país com o maior descontentamento político da região”. Com a hashtag #MerinoRenuncia como emblema, os jovens inundaram o Facebook, Instagram e TikTok.

O enorme potencial da Geração Bicentenário também teve expressão no Twitter, como observou Julián Macías Tovar, analista de redes sociais vinculado ao Podemos (Espanha) e chefe da Pandemia Digital. Macías Tovar conseguiu exibir a monstruosa superioridade das comunidades que forçaram a queda do governo interino de Manuel Merino nas conversações do Twitter, revelando o poder do uso de certas hashtags (#MerinoNoEsMiPresidente com mais de 370.000 tweets #MerinoNoMeRepresenta com mais de 130.000).

Do Peru rural (desconectado?) à bolha de Lima

Poucos meses depois das mobilizações que expulsaram Merino, ocorreu o primeiro turno presidencial que colocou Pedro Castillo e Keiko Fujimori na disputa final. Para Giovanna Peñaflor, analista política peruana e diretora do Imasen, o fenômeno de Pedro Castillo está associado a um catalisador político peculiar vindo do Sul peruano: «É preciso destacar que o Sul tem se manifestado de forma diferente do resto do país em cada um processo eleitoral (…) É como uma força que questiona o establishment ou o que se considera o status quo. Em outros momentos, isso favoreceu [os ex-presidente] Toledo e Humala; hoje, é Castillo. É preciso lembrar que o terrorismo ocorreu com maior força no Sul e lá está instalada a mineração em grande escala, uma das fontes de maior geração de riquezas do Peru. Onde a mineração grande está presente, Castillo teve uma votação maior. No Sul, fica clara a incapacidade dos governos de integrar a atividade — exceto em Arequipa, que de alguma forma consegue inserir-se no desenvolvimento com a questão extrativista.

Ao analisar-se um fenômeno político produzido naquela região do país, especialmente quando não foi percebido pela intelligentzia do país concentrada em Lima, emerge o seguinte. Dado que a vantagem de Keiko Fujimori está fundamentalmente em Lima e a de Castillo no interior, isso pode estar relacionado à menor conectividade das regiões em que Castillo se fortaleceu? Ou simplesmente, como já foi apontado em outros casos internacionais, tem a ver com o fato de que nas redes nos alimentamos em bolhas de usuários que pensam como nós?

Por um lado, deve-se destacar que na região metropolitana de Lima, entre a população de seis anos ou mais de idade, mais de 80% estão conectados à internet de suas residências, enquanto no restante do país esse percentual de conexão mal ultrapassa os 40%. Dos que acessam, sabe-se que 90% o fazem pelo celular. Por outro lado, de acordo com um estudo da IPSOS de 2020, “13,2 milhões de peruanos conectados são usuários de redes sociais”. Nessa massa, a penetração é liderada pelo Facebook com 94%, seguido pelo WhatsApp com 86%, Instagram com 60%, Twitter com 29% e TikTok com 18%.

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Ativismo digital e ação «de baixo»

Em um artigo muito ilustrativo , o correspondente Jimena Ledgard afirma que a aparição surpresa de Castillo em primeiro lugar no primeiro turno “levou os comentaristas de Lima a declarar que ‘o Peru sem internet falou’, oferecendo assim uma explicação conveniente para a vitória inesperada. Mas uma conversa com os apoiadores Castillo na zona rural e entre os trabalhadores urbanos revela uma história mais complexa. Ledgard argumenta que “alguns jovens rurais peruanos desafiam ainda mais o estereótipo de que suas regiões são fundamentalmente desconectadas. A hashtag #PedroCastilloPresidente tem mais de 7,7 milhões de visualizações no TikTok , com muitos dos criadores vindos de áreas rurais dos Andes. E embora Castillo não tenha uma página validada no Facebook, dezenas de grupos nesta rede social surgiram organicamente para expressar seu apoio ao candidato.  

Tanto Ledgard quanto Vivas apontam para a importância dos grupos pró-Castillo no Facebook. Devido à sua dinâmica, os grupos do Facebook podem ser públicos ou privados. Entre eles estão Pedro Castillo Presidente 2021 (268.000 membros), Pedro Castillo Presidente do Bicentenário (59.000 membros), Pedro Castillo no Segundo turno (62.000 membros), Todos com Pedro Castillo resgatando Peru mais Saúde e Educação (43.300 membros) ou Pedro Castillo “Presidente dos Pobres” (43.400 membros), incluindo pelo menos dez grupos de várias dezenas de milhares de membros. Vivas ressalta que esses grupos começaram a ficar agitados pouco antes do primeiro turno. Em face da votação, muitos deles ultrapassam 800, 900 e até 1.700 publicações diárias.

De acordo com Ledgard, os grupos do Facebook por região também são muito ativos. Por exemplo, Pedro Castillo Presidente- Região de Cusco (39.400 membros). “Nossa abordagem é descentralizar a política. É por isso que deixamos as regiões falarem por si. Isso inclui estratégias de comunicação. Damos algumas orientações aos adeptos de cada local, mas deixamos que façam os seus próprios spots”, explicou o cientista político Franco Pomalaya Neyra a Legard. Pomalaya Neyra faz parte da equipe de networking do Peru Libre e é responsável pelas transmissões ao vivo, vindas do Coletivo Dignidad .

A grande questão é: como surgiram essas comunidades ígneas que instalaram o professor de esquerda “de baixo” na luta eleitoral? A crônica de Fernando Vivas oferece algumas pistas muito valiosas para entender esse processo a partir do registro das mudanças de nome de vários desses grupos do Facebook. «O grupo Pedro Castillo Presidente acabou de fazer a renomeação castillista a 12 de abril. Antes se chamava Folclore Peruano, e antes ainda, Programa Nacional Juntos Cadastre seu Filho Menor para o Bônus de 200 soles. Esse percurso pode dar uma ideia dos motivos comuns que se sobrepõem em poucos meses: o impacto da pandemia e da crise, o cultivo do folclore e suas recompensas de “identidade”, e o afeto político em um contexto eleitoral polarizado (. ..) O grupo Pedro Castillo Presidente 2021 foi denominado assim no dia 9 de fevereiro, mas a partir de outro grupo criado em 2017 com o nome de Férias para Professores Peru. Não é difícil inferir, neste caso, o entusiasmo dos professores com um candidato de origem e uma agenda de professor”.

Vivas continua: «Comparamos a história dos grupos de Castillo com a dos grupos maiores de apoio a Keiko Fujimori e vimos que, em todos os casos, nasceram associados a ela (…) Por outro lado, com Castillo é comum a reconversão, ou dos membros, ou pelo menos dos administradores do grupo, que partem de interesses alheios à política. Aqui está o fenômeno da novidade do outsider deixando uma marca perfeitamente legível nas redes ». Vivas destaca que outros grupos pró-Castillo também surgiram com denominações de apoio a outros líderes políticos como Francisco Sagasti ou Daniel Urresti e alerta para essa uma metabolização hiperdinâmica do processo de conscientização da “Geração do Bicentenário”.

Nos grupos do Facebook, os apoiadores do Castillo participam de discussões políticas, compartilham vídeos, artigos, memes e também entrelaçam-se intimamente por meio do WhatsApp. Dessa forma, os grupos do Facebook tornam-se a ponta do iceberg de uma rede muito mais próxima e indetectável. A importância dos grupos de WhatsApp (cujo limite inalterável é de 256 membros), já foi vista na campanha de Jair Bolsonaro, com a sutil diferença que nenhuma empresa ou qualquer mecanismo malicioso de envio artificial de mensagens operou aqui. Para conhecer a atuação desses grupos, Vivas imergiu um colaborador anônimo no WhatsApp. Após a investigação, ele esclarece que nos grupos do WhatsApp “encontramos mensagens mais íntimas e emocionais, destacadas com emoticons; além de mais interação e conversa. As coordenações para recrutar representantes, por exemplo, passam mais por esses grupos. Nos grupos do Facebook, a propaganda prevalece. Além disso, argumenta que “se o confronto e a polarização prevalecem no Twitter, aqui predominam as mensagens de adesão”, e destaca os seguintes temas: “rejeição do “terruqueo” [gíria peruana para “demonização”] de Castillo, conservadorismo em matéria de direitos (um apoiador lamenta que a candidata Verónika Mendoza [de esquerda alternativa urbana] apoie o casamento gay) e as poucas menções de Vladimir Cerrón (fundador do Peru Libre e governador de Junín acusado de corrupção)».

Por tudo isso, o pesquisador da PUCP Eduardo Mansilla Villanueva argumenta em seu texto: “As redes são o Peru. Basta saber olhar para elas». Quando « muitos repetem o mantra segundo o qual “o Peru não são as redes”, o que querem dizer é que o Peru não é a rede deles, aquela que lhes dizia todos os dias que havia muitos conhecidos entusiasmados negando a realidade».

Um ambiente propício as fake news

As eleições geralmente se desenvolvem em torno de uma pergunta. A luta para fazer essa pergunta na maioria das vezes define o vencedor. Bem, é sabido que as eleições não são definidas por grupos radicais. A chave está geralmente em uma porcentagem que decide seu voto mais perto da eleição. Esse é um público que tende a combinar suas posições de maneiras mais difíceis de captar em estudos pré-eleitorais. E é justamente para mobilizar esse setor que é fundamental definir o quadro, o que está em jogo na votação.

Para tentar inclinar a balança a seu favor, Keiko Fujimori teve um enorme dispositivo de comunicação digital. Como explica Héctor Venegas Díaz, do Politlogos Digitales: “O fujimorismo (…) tem experiência na coordenação de pequenas agências com atores políticos ou com a campanha central. Esses veículos ou páginas satélites que também servem para colocar conteúdo podem ser mais bem recebidos do que aparecer em uma fanpage de Keiko Fujimori ou que tenha o nome da festa. Todo um gigantesco ecossistema – liderado pela grande mídia peruana – brandia em favor de Keiko uma campanha “contra o comunismo” que, segundo ela, Castillo representa, reforçando a imagem de que um governo do Peru Livre seria “ditatorial como Venezuela e Cuba”.

As fake news têm como objetivo definir o segmento intermediário dos indecisos. A campanha do Peru não pode ser exceção. Embora depois se espalhem por todas as redes sociais, o Twitter é o terreno mais favorável para a divulgação de notícias falsas, dada sua maior tolerância aos bots e seu controle praticamente nulo sobre a veracidade dos perfis. Quando Castillo venceu no primeiro turno, ele conseguiu 50.000 menções, seguidas por 35.000 menções de López Aliaga e 22.000 menções de Keiko. Em suma, como destacou o especialista em comunicação política Ignacio Ramírez , “a distribuição de opiniões na sociedade, que é o que importa, não se reflete no Twitter. O Twitter não representa nada, exceto ele mesmo. Nada mais nada menos.

[…]

Sob o guarda-chuva do antifujimoriismo

Desde o primeiro turno, a equipe de imprensa de Castillo conseguiu formar uma equipe de networking. O principal desafio foi centralizar a palavra e a imagem do Castillo em canais oficiais reconhecidos pelo maior número possível de usuários, para evitar dispersão e confusão.

Apesar disso, a reta final não foi sem contratempos. Os jornalistas Diego Quispe e David Pereda argumentam que “a campanha de Castillo teve tropeços e desordem em seus sites oficiais. No dia 14 de maio, o candidato postou no Twitter uma ilustração com a frase “Antes de um ditador, agora professor”. A postagem foi interpretada literalmente como dizendo que o professor de Cajamarca é um totalitário reabilitado. Apesar de seu crescimento exponencial no Facebook e no Twitter, Castillo não explora o Instagram nem possui um TikTok oficial. Para Quispe e Pereda, isso “mostra seu sigilo eleitoral”.

O publicitário peruano Milton Vela, do Café Taipa, afirma na mesma reportagem que no Fuerza Popular, a frente que apoiou Fujimori, havia “mais articulação nas redes sociais do que no Peru Libre. Mas a campanha da candidata deparou-se com a rejeição ao fujimorismo e, em especial, uma organização espontânea mais articulada, por ter jovens com alta cultura digital e que se mobilizam”. É aí que residiu a verdadeira força de Castillo antes do segundo turno, em 6 de junho: nas massivas ações de rua e digitais que acontecem na última semana da campanha sob os slogans #KeikoNoVa ou # FujimoriNuncaMas.

O caso de Castillo mostra claramente a importância de lembrar que, como afirma Eduardo Mansilla Villanueva, as redes sociais são, antes de tudo, redes. Ou seja, elas não são simplesmente mídias sociais (como alguns as chamam), mas fundamentalmente padrões de interação moldados por padrões comuns de sociabilidade. E, nesse sentido, para um grande número de segmentos sociodemográficos (no Peru e em muitos outros países), a forma de expressão e conexão que o Facebook privilegia, bem como a penetração que proporciona, tem a capacidade de oferecer ainda um amostra muito maior, processos significativos que se aninham dentro do grupo constituinte do que os dados mais abertos e facilmente obtidos no Twitter.

O monitoramento de comunidades no Facebook (especialmente restrito devido ao Regulamento Geral de Proteção de Dados e o escândalo Cambridge Analytica), bem como a investigação de conversas no WhatsApp (muito difícil devido à sua obscuridade e privacidade), podem ser, apesar de sua complexidade, tão ou mais útil para entender o que está acontecendo em grandes segmentos da opinião pública do que a análise cada vez mais difundida dos dados do Twitter.

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Revolucionario en sentido vital y literario y maestro de un género que reconceptualizó y catapultó a la modernidad, la copiosa y coherente obra del escritor ruso todavía sufría de la dispersión que generó la censura. Páginas de Espuma reúne a todo Bábel en el monumental ‘Cuentos completos’, una edición titánica que contextualiza la obra y universo del considerado en su época el mejor escritor soviético.

Isaak Bábel en los años 20

“Una historia bien inventada no tiene por qué parecerse a la vida real, la vida siempre trata de parecerse a una historia bien inventada”, afirmaba en una de sus más famosas sentencias Isaak Bábel (Odesa, 1894-Prisión de Butyrka, Moscú, 1940). Una idea que el escritor ruso llevó a la práctica plasmando en el papel, de forma a un tiempo realista y lírica, su agitada y ecléctica vida, de los bajos fondos del gueto judío de Moldavanka a las trincheras de la guerra polaco-soviética, pasando por el ambiente cultural del vanguardismo y por las calles del San Petersburgo y el Moscú revolucionarios.

Un universo propio y palpitante, cuyas innovaciones narrativas llevaron a un nuevo terreno el género del relato, y que alcanzó merecida fama internacional, truncada por la deriva política del Estado soviético, lo que ha hecho que su obra llegue fragmentada y que hubiera todavía muchos inéditos en nuestro idioma.

Con la idea de acercar al Bábel desconocido y de contextualizar su labor en el mundo del cuento, el traductor y profesor de Literatura Rusa en la UCM Jesús García Gabaldón comenzó hace años a pensar en una edición como estos Cuentos completos,  que publica ahora Páginas de Espuma. Un trabajo monumental y totalizador —al que se fueron sumando sucesivamente los traductores Enrique Moya Carrión y Amelia Serraller Calvo y el editor Paul Viejo—, que incluye reportajes, diarios, relatos cinematográficos y otros textos con el objetivo de reconstruir la renovación radical que el escritor hizo del arte de narrar en genero breve, empujando al cuento hacia la modernidad.

Buscando un modelo inédito

“Bábel es un escritor que viene de lo clásico, de la lectura profunda de Maupassant, y, evidentemente, de Chéjov, Gorki y Tolstói, pero necesita narrar de otra manera”, explica García Gabaldón. “Se plantea cómo se puede escribir después de Tolstói y su respuesta es hacerlo en cuentos breves, que identifica como la fórmula del mundo moderno. Se obsesiona con conseguir el cuento perfecto que sea capaz de incluir todo”.

« ‘Ejército de Caballería‘ es la ‘Guerra y paz‘ de su tiempo. Muestra cómo se cuentan una revolución y una guerra civil en el siglo XX », opina García Gabaldón

Para Serraller Calvo, Bábel busca “romper con todos los tópicos de la literatura rusa de largo aliento, esas novelas río realistas y decimonónicas. Es muy fresco, habla sobre nuevas culturas y costumbres, introduce personajes sorprendentes y marginales”. También explora el escritor un lado epicúreo lejano a la gravedad rusa, un humor muy esperpéntico que la traductora identifica con el estilo de Valle-Inclán. “Hace literatura por lo sorprendente o intenso de las imágenes, lo que cuenta no es poético, pero sí la forma de contarlo”.

Portadas originales de los años 20 de ‘Estrellas distantes’, ‘Ejército de Caballería’ y ‘Cuentos de Odesa’

Y todo ello, recuerda Viejo, “en los años 20 y 30, en medio de un movimiento intensísimo de vanguardia. Bábel no enarboló ninguna bandera en este sentido, pero muchos de sus textos se publicaban en la revista LEF de Mayakovski, donde sí se hacía apología”, apunta. “Además, leía en otros idiomas, sabía lo que estaba ocurriendo en la Europa de los ismos más innovadores y jugaba con todo eso. Generó una manera diferente de contar”. Pero cuáles fueron las claves de esa diferencia, la singularidad de una literatura que le hizo ser, como afirma García Gabaldón, “el escritor soviético de su época más traducido a cualquier lengua. En España algunos cuentos suyos fueron publicados en el 1925 y dos años después se traduciría su más famoso volumen, Caballería Roja, una evocadora e inexacta traducción que en este volumen se sustituye por el título original: Ejército de Caballería”.

Una refinada sutileza

« Bábel fragmenta el relato, lo descompone en las piezas de un puzle y luego lo recompone para crear efectos”, explica García Gabaldón. “El suyo es un tipo de escritura que parece muy sencilla pero que tiene detrás todo un pensamiento crítico y una reflexión muy profunda sobre cómo escribir. Ejército de Caballería es la Guerra y paz de su tiempo. Muestra cómo se cuentan una revolución y una guerra civil en el siglo XX: mediante cuentos que se comunican entre sí y reproducen un mundo en miniatura pero que da una imagen grandiosa de la realidad”.

« Frente a la Revolución contada en gran formato, su apuesta por contar un nuevo tiempo huyendo de la gran novela rusa, tiene una modernidad impresionante ». Amelia Serraller Calvo

“Estamos acostumbrados a la Revolución literariamente tratada en gran formato, en las novelas de Gorki o de Bulgákov… pero es muy potente que eso se haga en un cuento”, opina Serraller Calvo. “Esta apuesta por contar un nuevo tiempo de forma diferente, huyendo de la gran novela rusa, tiene una modernidad impresionante”.

Además, está el lenguaje. « En mi juventud pensaba que el lujo se expresaba de manera pomposa. Resulta que no es así, de hecho, hay que partir del camino opuesto », afirmaba un Bábel que repetía constantemente que solo un genio podía permitirse añadir dos adjetivos a un nombre. « Sus relatos son refinados y sutiles », apunta Moya Carrión, que ejemplifica esta idea en el cuento « En Chakva ». En él, Bábel describe el proceso de cribado del té para obtener un producto de primera categoría. En cierto modo, parece que hubiera sometido sus propios textos a un proceso semejante hasta alcanzar su ansiada y refinada sutileza ».

La no voz de la Revolución

Sin embargo, en el camino literario de Bábel pronto se cruzaría la política cultural de la Unión Soviética estalinista y su afán por crear una literatura proletaria y revolucionariaLa imposición de los gustos estéticos del realismo socialista, que no deja aire para la experimentación, la crítica, la sátira o la literatura imaginativa deja fuera de juego al autor y a todos los vanguardistas, con Mayakovski, que terminaría suicidándose, a la cabeza.

Ficha policial de Bábel cuando fue detenido por el NKVD

“Bábel fue fiel a la Revolución, en la que creía, pero al mismo tiempo fue fiel a sí mismo y a la verdad”, explica García Gabaldón, por lo que ante la hostilidad del clima político opta por el silencio. “Considerado de largo el mejor escritor soviético, todos miraban a Bábel para que escribiera novelas e interpretaban su mudez como una deslealtad. Intentó hasta el último momento adaptarse, encontrar un rincón, un agujero en el que poder escribir libremente el tema de su vida, que es la época soviética, el destino de un hombre, que era él mismo, en la Revolución. Pero se tuvo que callar”.

Opuesto a la pomposidad, Bábel repetía constantemente que sólo un genio podía permitirse añadir dos adjetivos a un nombre

Sin embargo, al final debió de dar un paso en falso. Muerto Gorki, su gran protector, en 1939, Bábel es detenido y juzgado sumariamente en el marco de la Gran Purga estalinista. Condenado por espionaje y participación en una imaginaria conspiración trotskista contra el régimen, fue ejecutado en 1940. Sus manuscritos fueron destruidos, sus libros, retirados, y se prohibió toda mención a su existencia. Hubo que esperar a la muerte de Stalin para que el escritor fuera rehabilitado tras considerar que los cargos eran falsos y que nunca había sido desleal.

No obstante, el daño ya estaba hecho. “Quizá nunca sepamos cuántos proyectos y manuscritos inéditos se llevaron al detenerlo, el trabajo de ocho años. Lo que sí parece es que había una novela sobre un chequista, seguramente una crítica a Stalin. Es una cuestión que sigue abierta, y esperamos que puedan aparecer nuevos textos, pero todavía estamos ante un puzle en el que nos faltan piezas”, asegura García Gabaldón. Por el momento, lo que permite este volumen es leer por fin de manera coherente la obra de un escritor que aspiraba “a ‘cuentizar’ por completo la realidad”.

[Fuente: http://www.elcultural.com]

Escrito por Juan Manuel Mannarino

La fiebre por el centenario de Astor Piazzolla provocó, entre otras cuestiones, resucitar viejas polémicas, actualizar malos entendidos y comprobar cómo en el establishment cultural y sus derivados institucionales sigue vigente la idea de “el Tango” —así, con mayúscula— como bloque indiviso y homogéneo. Una suerte de identidad patriótica del baile y la orquesta típica for export, algo que está lejos de la realidad histórica pero que no deja de apelar a un mito de origen y a la búsqueda de una esencia.

Piazzolla nunca quiso estar fuera del tango. Proclamador de un nuevo estilo compositivo, en tal caso lo modernizó y lo entendió como un espacio dinámico y enérgico. El tango, en tal caso, entendido en el tiempo como un campo de disputas estéticas —de igual modo que otros géneros populares como el jazz o el rock—: de músicas para bailar o para escuchar, de sentidos que diferían según tal o cual orquesta, tal o cual individualidad, tal o cual compositor. Por eso el legado de Piazzolla llega hasta hoy con variadas corrientes y escuelas que, lejos de agotarse, encuentran cruces generacionales y aires renovados.

Un género, en efecto, siempre propone un pacto de escucha. Y en el microuniverso que trasciende la marcación estricta del dos por cuatro, bajo un formato novedoso y poco común que se remonta a la huella indeleble del armonicista santiagueño Hugo Díaz, el tándem José Pepe Colángelo en piano y Franco Luciani en armónica —que se completan en formato de cuarteto con Leonardo Andersen en guitarra y Pablo Motta en contrabajo— grabaron el disco Tango improvisado, un título que hace honor a la forma con que se concibió: bajo una libertad de interacción instrumental camarística, íntima, de mestizaje entre la armonía tradicional y el sonido moderno del tango.

Elegante y suave para la escucha, distante de la altisonancia tímbrica del dos por cuatro, Tango improvisado apela a un brillo de texturas instrumentales que se yuxtaponen de forma creativa entre escalas, acordes y acompañamientos conocidos del género, como en “A media luz”, “María” o “Los mareados”. Luciani y Colángelo parecen renunciar a su virtuosismo para contribuir a un conjunto que enaltece la vertiente no cantada del tango, de Roberto Grela a Horacio Salgán, de Hugo Díaz a Diego Schissi. Sin ir más lejos, el propio Pepe Colángelo, expianista de Aníbal Troilo, fue director de los discos de Grela con Díaz, así como de los que este grabó entre 1972 y 1974 y que se conocieron como “Hugo Díaz en Buenos Aires”. Este disco rinde un solapado tributo y se reconoce en el árbol genealógico.

Son versiones breves, de no más de cuatro minutos: lo instrumental ajustado en tiempo y espacio. Un despojamiento que cautiva por los arreglos justos, como si nada sobrara. Como sucede por ejemplo en “Barrio de tango”, con Luciani llevando la melodía a cuestas y Colángelo como un custodio de la armonía, turnándose en los primeros y segundos planos con los otros músicos del cuarteto. Una versión que se resuelve con sutil equilibrio.

“Golondrinas” es otro cenit instrumental; en “Duelo criollo” Franco Luciani también canta y no desentona. Y allí está el dueto “Papá Baltasar/Oro y plata”, una impronta de milonga con aires de candombe que, sin perder la marca camarística, se suelta del libreto e invita al baile. Todo el disco se disfruta, apreciando sus tonos y climas de principio a fin, en tiempos en que la escucha llega digerida y fragmentada por las listas de Spotify.

Tal vez la ilusión de todo autor sea imprimirle una mirada personal a aquello que hace. Tango improvisado es un disco que lo logra: al escucharlo, las singularidades de Colángelo y Luciani aparecen reunidas en una celebración del género, yendo y viniendo de la tradición a lo contemporáneo. Y lo hacen con una técnica excelente y un sonido robusto y a la vez refinado. Porque el tango, en definitiva, posee un pluralismo incorregible, con una abundante variedad de cepas y de rumbos en su progreso como género. A su manera, con un exquisito estilo interpretativo, Luciani y Colángelo, dos generaciones, siguen ampliando el alcance y las posibilidades de esa música antigua y tradicional, nueva y dinámica.

José Colángelo y Franco Luciani, Tango improvisado, 2021.

[Fuente: http://www.revistaotraparte.com]

 

‘Una librería en Berlín’ es el relato autobiográfico de una judía polaca durante el Holocausto, redescubierto en 2010 y reeditado ahora con prólogo de Patrick Modiano
 

Ventanas de una imprenta judía destrozada tras la ‘Noche de los cristales rotos’, en 1938 en Berlín. 


Escrito por ÁLEX VICENTE 
 
El único libro que firmó Françoise Frenkel llevaba 70 años extraviado. Reapareció en un mercadillo de Niza en 2010, cuando fue encontrado por un bibliófilo intrigado por su sobria portada y su enigmático título: Rien où poser la tête (Ningún sitio donde reclinar la cabeza). Al abrirlo, descubrió el testimonio de una judía polaca, fundadora de la primera librería francesa de Berlín en 1921, que cruzó el continente escapando a la persecución de los nazis. De la capital alemana a París, y de ahí hasta Niza, desde donde logrará cruzar la frontera con Suiza tras dos intentos fallidos. Seis años después de ese descubrimiento, llega a las librerías traducido como Una librería en Berlín (Seix Barral), tras haberse convertido en uno de los fenómenos del año pasado en Francia.
Frenkel murió en enero de 1975. No dejó ningún rastro tras ella, salvo un puñado de documentos: su partida de nacimiento, su firma en el registro de la frontera suiza, un expediente de indemnización por los bienes que le embargaron los nazis. Estaban encerrados en un baúl que contenía un abrigo de piel de nutria, una gabardina negra, dos vestidos de punto, un paraguas, dos pares de zapatos y dos máquinas de escribir. Eso es todo lo que se sabe de ella. A día de hoy, no se ha encontrado ninguna fotografía de la autora. “¿En realidad hace falta saber más? No lo creo”, pregunta y contesta Patrick Modiano, Nobel de Literatura en 2014 y gran experto en los días de la ocupación nazi, en el prólogo del libro. “La gran singularidad de Una librería en Berlín es justamente que no podamos identificar a su autora de una manera precisa”, añade Modiano. Françoise Frenkel podría ser uno de los personajes del novelista, siempre con el rostro empañado por la niebla de la memoria.
La autora concluyó el manuscrito de Una librería en Berlín en 1944 a la orilla del Lago de los Cuatro Cantones, en el corazón de Suiza, donde la extinta editorial Jeheber lo publicaría un año más tarde. Sintiéndose, por fin, a salvo, Frenkel tomó la pluma para reflejar su experiencia. Pero lo hizo con una inhabitual contención. Más que una denuncia de la persecución y la vida en la clandestinidad a lo largo de su periplo, la obra está pensada como un homenaje “a los hombres de buena voluntad y valentía inagotable” que lograron “resistir hasta el final”. La escritora dejó los pasajes más traumáticos de su existencia al margen de sus páginas. Frenkel se esfuerza en subrayar la generosidad de los extraños. Insinúa los comportamientos mezquinos con un irónico desdén. El nombre de su marido, Simon Rachenstein, deportado a Auschwitz en 1942, ni siquiera aparece mencionado.

Documento de François Frenkel, autora del libro ‘Una librería en Berlín’, de un guardamuebles de París de 1940.

También es un relato sobre su pasión por la literatura, que sintió desde una edad muy temprana, cuando Frenkel “podía pasar las horas muertas hojeando un libro con imágenes o un gran volumen ilustrado”. Su librería, La Maison du Livre, fue algo parecido a un templo. Frenkel la define incluso como su “razón de ser”. Por ella pasaron André Gide, Apollinaire o Colette. En la Alemania francófoba de después del Tratado de Versalles, ese espacio se convirtió en un lugar “de olvido y desahogo, donde uno respiraba libremente”. Frenkel también firma una carta de amor a la cultura francesa y los valores universalistas con los que sigue asociada. Su auténtico nombre de pila era Frymeta, que convirtió en Françoise por el apego que sentía por su patria imaginaria.
Una librería en Berlín, que ya ha sido traducido a siete idiomas, volvió a la vida gracias al esfuerzo de Thomas Simonnet, de la editorial Gallimard —donde es editor de L’Arbalète, colección histórica donde publicaron Sartre y Jean Genet— y Frédéric Maria, consultor editorial para la francesa P.O.L. y la española Acantilado. “Varias editoriales se interesaron por él, pero algunas aspiraban a introducir cambios. Yo me negué a tocar el manuscrito”, afirma el segundo. Solo alguna expresión en desuso ha sido modificada para favorecer su comprensión. Maria también se encargó de seguir la pista a Frenkel para verificar la autenticidad del texto y recabar una serie de documentos históricos que aparecen publicados al final del libro.
Para Maria, el valor de este texto es incalculable. “Frenkel nunca dice explícitamente que es judía, pero se erige en portavoz de ese pueblo que busca la tierra prometida”, asegura sobre esta desconocida escritora. Puede que descubrir las páginas legadas por una mujer sobre la que no existía una sola referencia en Internet hasta 2010 no hagan más que intensificar la experiencia de la lectura. “Prefiero no conocer el rostro de Frenkel, ni las peripecias de su vida tras la guerra, ni la fecha de su muerte”, afirma Modiano en su prefacio. “De ese modo, su libro será siempre para mí la carta de una desconocida, olvidada en la lista de correos desde hace una eternidad y que parece que recibes por error, aunque tal vez eras, en realidad, su destinatario”.

LITERATURA RESUCITADA

Los testimonios sobre la Segunda Guerra Mundial cotizan al alza en el mercado literario, cada vez más atraído por los manuscritos inéditos y los libros redescubiertos. Antes que Françoise Frenkel estuvo Irène Nemirovsky y su Suite francesa, novela inconclusa de un millar de páginas que fue encontrada en una vieja maleta por sus hijas. Sería publicada en 2004 con un éxito apoteósico: hoy supera los 3 millones de ejemplares vendidos en el mundo, con adaptación hollywoodiense incluida. Por su parte, Anagrama editó en 2008 el Diario de Hélène Berr, el cuaderno autobiográfico firmado por una estudiante judía en la Sorbona, también prologado por Patrick Modiano.
Además, durante la década pasada se reeditó Una mujer en Berlín, el relato anónimo de una joven alemana entre los escombros de la capital alemana en 1945, al que parece referirse el título español de la obra de Frenkel. La editorial francesa prefirió ceñirse al original para evitar acusaciones de oportunismo. “Hemos sido particularmente transparentes y escrupulosos”, sostiene el editor Thomas Simonnet, que justifica esta reedición por “la importancia del libro como documento histórico, pero también su valor literario”. El estilo de Frenkel, límpido pero incisivo, distingue a una autora rigurosa y capaz de dar con algo muy difícil para todo escritor: la distancia precisa respecto a su propia historia.
 
 
 
[Foto: LIBRARY OF CONGRESS COURTESY EVERETT COLLECTION / CORDON PRESS – fuente: WWW.elpais.com]

Julio Cortázar na ponche da Ramallosa

Escrito por CARLOS G. REIGOSA

Ou gran escritor Julio Cortázar foi -e segue a ser- un membro moi destacado do boom literario latinoamericano. Non hai que cavilar moito para situalo nun entorno preferente no que destacaban Lezama Lima, Octavio Paz, Neruda, Carlos Fuentes e, por suposto, Jorge Luis Borges, ó que titulaba como «o noso mestre». Pero, dito isto sen asomo de dúbida, hai que engadir que a singularidade de Cortázar impoñía algunhas diferenzas que o distinguían dos demais e mesmo tamén do propio Borges.

Dito noutras palabras, Cortázar viu no símbolo clásico do Minotauro ó poeta, ó home libre e diferente, ó heterodoxo que escandalizaba ós demais, ó que buscaba o outro lado das cousas, ó creador que inventaba sen copiar, sen imitar, sen aterse a regras alleas. Se cadra porque -como lle dicían- era «demasiado fantástico» e descubrira que aquilo ó que lle chamaban fantástico «non estaba fóra do real». Polo contrario, dicía que era pura e profunda expresión do real. E neste vieiro foron medrando as súas obras máis singulares, as que o foron convertindo en «singularísimo».

Fóra da literatura, mantiña tamén unhas admiracións firmes por Gaudí e polo galego Luís Seoane, que aínda hoxe ten unha rúa dedicada en Bariloche. Débese dicir aquí que Cortázar tivo unha relación de gran proximidade e fondo agarimo por Galicia e polos galegos, que lle corresponderon cunha admiración incondicional. Foi así como este escritor sen igual e de amizades moi divididas (non amaba a todos os autores do boom) acabou escribindo unha obra sen igual, que segue en pé coma un faro mariño destinado a orientar e reencamiñar a lectores extraviados ou confundidos na diversidade do boom latinoamericano. Porque Cortázar sabía que non todo era xenial e indiscutible.

Tiven a sorte de coñecer a moitos deles, desde García Márquez a Onetti, pasando por Rulfo, Borges, Roa Bastos, Vargas Llosa ou Bryce Echenique. Pódense dexergar grandes diferenzas literarias nas súas obras, pero coido que un dos máis singulares foi o Cortázar de Rayuela, dono dun estilo en permanente superación, que non ten igual, aínda que poida ter superiores desde outras avaliacións. Percorreu Galicia en 1956 coa súa dona Aurora Bernárdez, filla de galegos, e morreu en París en 1984, ós 69 anos.

 

 

[Fonte: http://www.lavozdegalicia.es]

Lola Blasco repasa la historia de la música, entre ellas varias relacionadas con el nazismo, para recordar que belleza no es sinónimo de bondad

Lola Blasco y Alexis Delgado Búrdalo, en una imagen promocional de ‘Música y mal’.

Escrito por RAQUEL VIDALES

A primera vista, esta obra titulada Música y mal podría definirse como un concierto didáctico: un pianista (Alexis Delgado Búrdalo) interpreta temas de grandes compositores mientras otra persona (Lola Blasco) los comenta. Pero también puede mirarse al revés: un ensayo escenificado con acompañamiento musical. “¿La música o la palabra?”, interpela Blasco varias veces al público. Es decir, ¿cómo expresar mejor lo sublime, lo abominable, la belleza o el mal: con la música o con la palabra? En este espectáculo una cosa no puede ser sin la otra, pues la música no es el objeto final de la disertación, sino su vehículo. De ahí su singularidad.

Blasco, dramaturga ascendente que ganó el Premio Nacional de Literatura Dramática 2016 por su obra Siglo mío, bestia míaes también directora, actriz y melómana ardiente. En este trabajo funde todas esas facetas (ayudada en la dirección de escena por Pepa Gamboa) para concebir un espectáculo muy personal, nacido de noches de insomnio aplacadas por Bach, Mozart, Wagner, Schuman. “Noches líricas”, las llama ella, en las que la escucha de Tristán e Isolda le lleva a disertar sobre el antisemitismo de Wagner o, lo que es lo mismo, nuestra eterna tendencia a asociar belleza y bondad —herencia (y condena) platónica— cuando lo primero no implica lo segundo necesariamente. “¿Debo dejar de escuchar a Wagner por su maldad?”, se cuestiona Blasco, entrando en el manido debate sobre ética y estética.

Pero pronto Blasco rechaza esa trampa. De hecho, este espectáculo también podría entenderse como un intento de la autora de liberarse (y liberarnos) del tozudo dilema platónico a través de una sucesión de historias que prueban que lo sublime no está reñido con la maldad. Gesualdo concibiendo el maravilloso madrigal Moro, lasso después de haber ordenado asesinar a su mujer y su amante. La Ofrenda musical de Bach a Federico el Grande sellando la alianza música-patria para siempre. Mengele silbando una bella melodía de Schumann mientras seleccionaba a sus víctimas para las cámaras de gas. Messiaen componiendo El cuarteto para el fin de los tiempos en un campo de concentración.

Blasco conecta inteligentemente estas y otras historias mientras Delgado Búrdalo interpreta sin respiro los temas que surgen en el relato, de manera que el espectáculo se disfruta como concierto, como ensayo, como lección de historia y como todo a la vez. Deleita, instruye y entretiene, que no es poco.

Música y mal. Texto: Lola Blasco. Dirección: Lola Blasco y Pepa Gamboa. Teatro Fernán Gómez. Madrid.

[Foto: JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ MORAL – fuente: http://www.elpais.com]

Un novo estudo de profesores da Universidade de Vigo mostra a clara diferenciación que fixeron os medios norteamericanos entre os traballadores de Galicia e os do resto de España.

Un grupo dos milleiros de galegos que traballaron na construción da canle de Panamá. Imaxe do libro ‘Pro Mundi Beneficio: os traballadores galegos na construción da canle de Panamá (1904-1914)', obra de Juan Manuel Pérez.

Un grupo dos milleiros de galegos que traballaron na construción da canle de Panamá. Imaxe do libro ‘Pro Mundi Beneficio: os traballadores galegos na construción da canle de Panamá (1904-1914)’, obra de Juan Manuel Pérez.

O 15 de agosto de 1914 inaugurábase a canle de Panamá, unha vía de navegación de 82 quilómetros entre os océanos Atlántico e Pacífico para aforrar tempo de viaxe aos barcos e acelerar o comercio marítimo internacional. Estímase que na súa construción participaron uns 80.000 obreiros, uns 8.000 de nacionalidade española, dos cales arredor de 6.000 eran galegos (oficialmente, pero calcúlase que puido haber uns 2.000 galegos máis ‘ilegais’ traballando nesta obra). Os obreiros de orixe galega eran considerados unha sorte de ‘casta’ entre o resto de traballadores, especialmente entre os españois, e foron recoñecidos mesmo polo presidente estadounidense Theodore Roosevelt, impulsor desta obra, considerada unha marabilla da enxeñaría.

O enxeñeiro civil John Frank Stevens foi o director de orquestra desta magna obra. Stevens fora o responsable da construción do Gran Ferrocarril do Norte nos Estados Unidos e, logo, nomeado enxeñeiro xefe para a construción da canle de Panamá, obra que dirixiu entre 1905 e 1907. Cóntase que entre as súas peticións estivo a incorporación de miles de obreiros galegos, dos que era admirador pola súa capacidade de traballo tras coñecelos nas obras do ferrocarril en Cuba. Stevens chegou dicir daqueles galegos cousas como que “a súa eficacia non só é máis do dobre que a dos negros, senón que resisten mellor o clima” ou que “cada galego vale por tres” traballadores doutros lugares.

Así foi como comezou o recrutamento de milleiros de galegos para a construción da canle de Panamá, non só dos que xa estaban en América, tamén de moitos captados por axentes recrutadores enviados a Galicia. E foron os mellor pagados e tamén os que mellor trato recibiron, non só dos empregadores, tamén da prensa estadounidense, que os utilizou con fins propagandísticos.

« O perfil dos galegos que representaron a maioría dos xornais tentaba evitar o estigma negativo que, en xeral, se lle atribuía aos españois »

Os profesores da Universidade de Vigo Alberto Pena Rodríguez e David Formoso veñen de publicar no Monográfico 79 de Revista Latina de Comunicación Social un estudo no que analizan a imaxe na prensa estadounidense dos obreiros galegos na canle de Panamá. O seu obxectivo principal foi pescudar cales foron os aspectos máis relevantes da súa caracterización étnica e en que medida os xornais norteamericanos reproduciron ou se apartaron dos estereotipos que había dos galegos, tanto en España como en Latinoamérica.

Ao mesmo tempo, indagaron as causas destas caracterizacións étnicas e posibles intereses propagandísticos, xa que, como lembran, “a construción desta vía marítima xurdiu, non só por unha necesidade de comunicación entre dous océanos, senón tamén como un proxecto de imaxe de Estados Unidos como nova potencia mundial”, logo da icónica Guerra de Independencia de Cuba, punto e final do decadente Imperio español e inicio dunha nova era dominada polos incipientes Estados Unidos.

Os resultados das súas análises, din, “demostran que o perfil dos galegos que representaron a maioría dos xornais tentaba evitar o estigma negativo que, en xeral, se lle atribuía aos españois tras o enfrontamento militar en 1898, como xente atrasada e folgazana”.

É máis: “Influída por unha campaña dirixida pola empresa construtora da canle e o Goberno norteamericano, algúns xornais estadounidenses recoñeceron nos inmigrantes galegos amplas calidades laborais, co fin de evitar que a opinión pública os relacionase coa imaxe decadente de España que a propaganda antiespañola difundira a finais do século  XIX”, explican.

Para chegar a estas conclusións, os investigadores recompilaron e analizaron as informacións publicadas sobre os traballadores galegos na canle de Panamá nunha ampla mostra de xornais estadounidenses entre 1906, cando se iniciou o recrutamento destes obreiros, e 1915, pouco despois de finalizadas as obras, aínda que, como salientan os profesores, “é nos dous primeiros anos cando se concentra o maior número de noticias sobre o tema”.

« Os galegos foron obxecto dunha campaña de imaxe que destacaba as súas virtudes laborais por razóns ideolóxicas e estratéxicas”

Esa recompilación fíxose a través do catálogo da Biblioteca do Congreso de Estados Unidos e da base de datos Newspaper Arquive, complementada coa consulta dos repositorios dos grandes periódicos da época. As novas foron tomadas dos seguintes xornais: The New York Times, New York Tribune, The News-Herald, Tazewell Republican, The Holt County Sentinel, Coffeyville Daily Record, The Louisburg Herald, Suburbanite Economist, The Burlington Free Press, The Portsmouth Herald, The Washington Post, The Outlook, The Washington Herald, San Francisco Call, Oakland Tribune, The Outlook, The Charlotte News, The Daily Telegram, Boston Evening Transcript, The New York Times, The Sun, The Canal Record, The Pittsburgh Press, The Washington Herald, The Wichita Daily Eagle, The Boston Globe, Dayton Daily News e St. Louis Post-Dispatch.

Ao comparar o relato mediático en España e Estados unidos, observaron que “fronte á cobertura da prensa española, que centrou o seu discurso nas pésimas condicións de traballo dos emigrantes, os xornais norteamericanos realizaron unha cobertura moi diferente, na que os galegos foron obxecto dunha campaña de imaxe que destacaba as súas virtudes laborais por razóns ideolóxicas e estratéxicas”.

Así, conclúen que, “de forma xeral, a imaxe que ofreceron os principais xornais estadounidenses sobre os inmigrantes galegos que traballaron no istmo foi positiva”.

Esa visión favorable dos galegos, segundo os investigadores, “entra en contradición con algúns estereotipos pexorativos que a prensa norteamericana creara dos españois, sobre todo por mor da intensa propaganda antiespañola despregada durante a guerra hispano-estadounidense de 1898”, que presentaba España como “un país  subdesenvolvido e  colonialista” e “cuxa decadencia era a antítese da modernidade norteamericana, tanto desde o punto de vista tecnolóxico ou económico, como no contexto do desenvolvemento social e humano”, explican.

ANTIESPAÑOLISMO

O “antiespañolismo norteamericano” difundido pola prensa formaba parte dun “discurso racista” que situaba os españois “nunha categoría inferior, por baixo dun ideal racial superior e de mentalidade emprendedora vinculado aos cidadáns de Estados Unidos”, e que estaba “trufado de clichés e prexuízos negativos sobre o carácter supostamente indolente e atrasado” dos cidadáns de España, proseguen.

Detrás disto, argúen, había enormes intereses xeoestratéxicos para a potencia emerxente: “O imaxinario antiespañolista estaba esencialmente alimentado por un marcado sentimento de deslexitimación cara a España como potencia colonial e modelo cultural para Hispanoamérica, nunha clara pretensión por desprazar a influencia de España do continente americano e asumir unha posición de liderado político e económico á vez que unha progresiva preponderancia sociocultural desde o terreo do discurso simbólico e a representación mediática”, comentan.

« Para desvinculalos da súa negativa orixe española, a Istmian Canal Commission decidiu afirmar e publicitar a súa identidade galega”

Pero os galegos foron apartados dese discurso xenófobo e racista: “A prensa norteamericana estableceu unha curiosa diferenciación étnica en relación cos españois”, difundindo unha “imaxe favorable cara aos inmigrantes galegos do istmo panameño”, algo que, en opinión destes expertos, “debe ser visto como unha singularidade, sobre todo se se ten en conta que os galegos, tradicionalmente, foran obxecto dunha vulgarización  estereotipada do seu carácter, comportamento e calidades, asociados a unha escasa socialización, analfabetismo e a súa procedencia rural, portando un estigma negativo que se estendeu aos destinos da emigración galega en América”.

En realidade, o que había detrás desa diferenciación entre galegos e españois era “unha estratexia propagandística e oportunista no contexto da propia xestión que as autoridades estadounidenses fixeron da construción da canle de Panamá”, exponen os investigadores.

E profundan: “A imaxe virtuosa que se difundiu dos traballadores galegos debe encadrarse na campaña de imaxe que impulsou o goberno de Estados Unidos desde mediados de 1905, tras o seu fracaso durante o primeiro ano e medio de xestión nas obras do istmo. Para cambiar a percepción negativa da opinión pública do seu país, o presidente Theodore Roosevelt tentou crear un clima de opinión favorable ao desenvolvemento do proxecto. A imposibilidade política de contratar a obreiros asiáticos motivou o recrutamento de centos de inmigrantes galegos en Cuba e, posteriormente, en Galicia, cuxo resultado foi satisfactorio. Con todo, para desvinculalos da súa negativa orixe española, a Isthmian Canal Commission [encargada da construción] decidiu afirmar e publicitar a súa identidade galega”.

“SANGUE DO NORTE”

Os profesores da UVigo subliñan que para diferenciar etnicamente os galegos doutros cidadáns do Estado español, algúns medios referíronse a eles como “North Spanish blood” (sangue do norte de España), unha cualificación que consideran propia do “imaxinario racista da época, que situaba ás razas ‘virtuosas’ no norte” e coa que se pretendía separar os obreiros galegos do “estereotipo negativo dos españois existente en Estados Unidos”.

“Os españois eran descualificados como decadentes e preguiceiros, mentres os galegos eran vistos como traballadores fortes, manexables e con suficiente intelixencia”

“A maioría das cabeceiras analizadas incidiron nas súas diferenzas étnicas cos demais españois, descualificados xeralmente como decadentes e preguiceiros, mentres os galegos eran vistos como traballadores fortes, manexables e con suficiente intelixencia”, clarifican.

Ao repasar as novas publicadas na prensa estadounidense, identificaron dous momentos claves concretos na representación do “arquetipo étnico dos galegos”. O primeiro sitúano entre xaneiro de 1906 e mediados de 1907, un “período de intensa necesidade de contratación de operarios” no que a prensa estadounidense describe a man de obra galega como “excelentes e incansables traballadores”. O segundo sitúano no período final das obras e con ocasión da Feira San Francisco de 1915, cando a prensa estadounidense “rememorou o traballo útil e eficiente dos galegos, cuxa imaxe seguiría aínda proxectándose con ese mesmo ton laudatorio en libros publicados entón e en anos posteriores”, engaden.

Con todo, conclúen, “os traballadores galegos preferiron manter unha identidade fluída ou binaria, inclinándose xeralmente por asumir a súa nacionalidade española, motivados sobre todo pola política racial do Goberno norteamericano cara á masa laboral, que relegaba a todos os peninsulares e, en xeral, aos europeos a unha posición subordinada fronte aos brancos de Estados Unidos”.

DEREITOS LABORAIS

Á marxe desta análise, contan as crónicas daquel tempo que os obreiros galegos da canle de Panamá, case todos entre 25 e 45 anos de idade, non só foron denodados traballadores, tamén pelexaron dereitos que hoxe nos semellan escasos pero que na época eran vitorias do proletariado. Por exemplo, conseguiron que se fretaran barcos desde Galicia cargados de comida da terra e cociñeiros locais. Tamén lograron, coas súas protestas e paros, dez minutos de descanso para comer nas súas extenuantes xornadas de mínimo nove ou dez horas.

Na exposición permanente no Museo da Canle de Panamá recórdase a aqueles miles de galegos coma “heroes”

Moitos deles, tras finalizarse a obra, quedaron en Panamá e algúns pasaron a converterse en empresarios. Pero outros, calcúlase que uns 500 daquel continxente, morreron, aínda que non hai cifras oficiais. Estímase que dos arredor de 80.000 obreiros de diversas orixes (asiáticos, africanos, europeos e americanos) que construíron a canle, finaron uns 27.500 por accidentes e diversas enfermidades relacionadas coas precarias condicións laborais e de salubridade e polo tremendo esforzo que facían. A malaria, a febre amarela, o tifo, a disentería a tuberculose ou a pulmonía arrasaron a moitos daqueles homes.

HEROES

En 2007, a Fundación Pedro Barrié de la Maza e o Consello da Cultura Galega editaron un libro sobre os traballadores galegos na construción da canle de Panamá para abrir a colección ‘Galicia Exterior’.

O libro, titulado ‘Pro Mundi Beneficio: os traballadores galegos na construción da canle de Panamá (1904-1914)’, é obra de Juan Manuel Pérez, especialista en Historia de América Latina e empregado na Biblioteca do Congreso dos Estados Unidos. Nel xa relataba que aos galegos “se lles pagaba o dobre que ao resto pola súa enorme labor”.

Na exposición permanente que se instalou no Museo da Canle de Panamá recórdase a aqueles miles de galegos coma “heroes”. E así quedará nos libros de historia.

 

[Fonte: http://www.galiciaconfidencial.com]

« Después de Babel », una muestra sobre la traducción como herramienta política en el Río de la Plata, puede visitarse en el Centro de Arte Contemporáneo Muntref del antiguo Hotel de los Inmigrantes.

Proclamas de Belgrano escritas en guaraní, un recorrido beatnik desde Ezra Pound hasta el rock nacional o arte hecho con actas bautismales de indios cautivos son parte del medio millar de documentos y obras que forman « Después de Babel », una muestra sobre la traducción como herramienta política en el Río de la Plata, que puede visitarse en el Centro de Arte Contemporáneo Muntref del antiguo Hotel de los Inmigrantes.

¿Qué es capaz de reunir en un mismo territorio a Lacan con Joyce, Perón, Homero, Borges? « La respuesta es simple: la traducción », dice Marina Aguerre, cocuradora de la muestra que propone diálogos, previsibles algunos y otros muchos insospechados, sobre la diversidad cultural y lingüística ‘aplastada’ por los relatos hegemónicos.

Y así, obras fundamentales que convocan tanto a Grete Stern como a Quino, a Rodin como a Marta Minujín, van tejiendo una red con el neocriollo de Xul Solar; videos, registros sonoros e instalaciones.

« La traducción es un hacer con las diferencias. Enseña formas de inventar y jugar con las dificultades para producir algo nuevo basado en la historia y la tradición, pero también en las singularidades y las historias individuales. Es quizá aquello que más precisamos en el mundo globalizado para saber cómo existir juntos, un aprendizaje de ciudadanía », dice la lingüista francesa Bárbara Cassin, autora de las muestras originales, realizadas en Marsella y en Ginebra, sobre las que se recreó esta otra.

Montada en los márgenes del mismo río que define el territorio que investiga, la muestra crea una geografía nueva, surgida del cruce entre documentos y « producciones de artes visuales que no son tomadas como ilustraciones », advierte Aguerre, sino que fueron entendidas y utilizadas como « otro medio parlante » alrededor de las problemáticas encontradas en la investigación.

Interesados en la potencia sensible de las imágenes, la exhibición recupera obras como la de Cristina Piffer usando seis palabras que vienen de leyes que habilitaron la violencia en Argentina, escritas en vidrio con sangre disecada hasta volverse polvo.

‘Indios’ y ‘bárbaros’ del período de expansión hacia el sur del Río Negro durante la Conquista del Desierto; ‘apátrida’ y ‘extranjero’ de las leyes de residencia cuando la barbarie pasan a ser los anarquistas y los comunistas; ‘subversivo’, de los decretos peronistas de 1975; y ‘terrorista’, de la ley antiterrorista de 2007.

« La dicotomía civilización-barbarie se trabajó en el Río de la Plata con obras y documentos que permiten pensar su historia de las luchas contemporáneas », explicó otro de los curadores, Leandro Martínez Depietri.

« Esta exposición parte de la noción de bárbaro que toma Cassin, palabra que viene de la onomatopeya griega ‘bla, bla, bla’ y que los griegos usaban para designar a quienes no hablaban su lengua y consideraban incapaces de razonar porque para ellos el ‘logos’, la capacidad de pensar, ocurría en la lengua culta griega. El resto de las lenguas y quienes las practicaban eran menos que humanos », indica Depietri.

En esa dicotomía entre civilización y barbarie surge desde la lengua una mirada deshumanizante que termina en categorías como la esclavitud y que pueden parecer un problema de la antigüedad, « pero la lengua hegemónica funciona siempre aplastando la diversidad; y pensar que la comunicación debe darse en una sola lengua y que la cultura está definida por una lengua única es reducir el mundo », asevera el curador.

« Muchas lenguas permiten muchas miradas del mundo -remarca-. La traducción permite ver que las lenguas no tienen que pensarse a partir de la equivalencia del ‘cómo digo’ sino a partir del remanente intraducible que queda: decir ‘casa’ no es exactamente lo mismo que decir ‘home’, no funciona exactamente como una equivalencia que nos hace ver igual el mundo, son palabras distintas que refieren a cosas, sensaciones, registros, parecidos pero distintos ».

En guaraní hay un color que significa verde con azul y eso habla de ese pueblo que habita la selva, como los esquimales que tienen cerca de 15 nombres para nombrar lo que siempre veríamos como blanco. Un eje de los nueve que tiene la muestra se encarga de recopilar ese tipo de palabras, las intraducibles como la saudade portuguesa.

« La traducción da cuenta de que otros ven cosas que nosotros no vemos y eso habla del valor de las diferencias, de que las palabras forman tras visiones del mundo », sostiene Depietri.

¿Por qué o desde dónde la traducción puede ser una herramienta política o de construcción de ciudadanía? « Al entender que un otro que habla otra lengua porta otra visión, entendemos que esa distancia no es una cuestión de evolución cultural o superioridad, que no hay una cultura, sino que vivimos en una pluralidad de culturas, algo especialmente necesario en un mundo global donde hay crisis de refugiados y un flujo inmenso. Somos un entramado », concluye.

 

[Fuente: http://www.telam.com.ar]

Nove mulheres revelam os motivos que as levaram até o Brasil e quais foram suas experiências no país. Nem todas as histórias de migração são iguais.

Publicado por Missão Paz, Angelo Martins Junior e Julia O’Connell Davidson

Histórias importam. Elas são importantes para nós, enquanto indivíduos. Como a poetisa e estudiosa literária Barbara Hardy escreveu: “Nós sonhamos, lembramos, antecipamos, esperamos, desesperamos, acreditamos, duvidamos, planejamos, revisamos, criticamos, construímos, fofocamos, aprendemos, odiamos e amamos pela narrativa. Para vivermos, de fato, inventamos histórias sobre nós mesmos e os outros, sobre o passado e o futuro pessoal e também social”. Elas também são importantes social e politicamente, porque as histórias não são apenas atos da mente. Eles também trabalham para moldar a cognição e gerar as mentalidades que informam diferentes tipos de políticas públicas, ações sociais e intervenções.

Histórias contadas sobre migrantes, requerentes de asilo e refugiados, seja por pesquisadores acadêmicos, bem como por formuladores de políticas, políticos, cineastas, ativistas e jornalistas, são um exemplo disso. Narrativas que estereotipam os migrantes e refugiados como trapaceiros e criminosos têm consequências sérias, às vezes letais. Atores que buscam defender os direitos dos migrantes e/ou reformar ou abolir os controles estatais sobre a mobilidade humana, por outro lado, contestam narrativas negativas sobre migrantes e refugiados contando histórias muito diferentes. Essas versões alternativas, contudo, muitas vezes retratam o « migrante » como uma vítima a ser lamentada, em vez de um vilão a ser punido, ou como um subalterno heroico que teria muito a ensinar sobre a solidariedade humana, resistência e resiliência.

Mas mesmo os pesquisadores que desejam evitar essas inversões e substituições simplistas de narrativas sobre o ‘migrante’ não contam necessariamente as histórias que seus sujeitos de pesquisa gostariam de contar sobre suas próprias vidas. E na luta por qual narrativa será privilegiada, as histórias que os próprios indivíduos contam costumam ser eclipsadas ou ignoradas.

Migrantes e refugiados africanos no Brasil

Esta série apresenta histórias de vida escritas por nove mulheres congolesas que vivem no Brasil. Alguns podem imaginar que o Brasil é um país acolhedor para essas mulheres. O mito do Brasil como uma sociedade cultural e racialmente híbrida e harmoniosa, uma « democracia racial », que foi tão importante para a construção da nação e da identidade nacional ao longo dos séculos 19 e 20, ainda tem força. Isso ajudou a criar uma percepção do Brasil como uma ‘nação arco-íris’ que prontamente acolhe migrantes de todas as regiões do globo. Essa visão otimista é apoiada pela atual Lei de Migração do Brasil de 2017 (13.445 / 2017), a qual alterou a política de migração para um foco nos direitos humanos, fraternidade, não discriminação e solidariedade. Como resultado, os pedidos de asilo têm uma chance muito maior de sucesso no Brasil do que na Europa.

No entanto, por trás da ênfase positiva no ‘hibridismo racial’, presente na mitologia nacional brasileira, a ambição (nem sempre declarada) de « embranquecer » a população para criar uma « raça brasileira » na qual a ancestralidade africana e indígena seria menos visível sempre esteve em jogo. Como sabemos, no século 19 e no início do século 20, tal ambição influenciou as políticas de imigração brasileiras que privilegiavam a chegada de migrantes brancos europeus, ao mesmo tempo em que desencorajava ou proibia a entrada de migrantes negros africanos.

Todas as mulheres nesta série tiveram suas vidas tocadas, de uma forma ou de outra, pela violência, sexismo, racismo, xenofobia, por práticas de fronteiras e sistemas de imigração, e por forças de exploração e marginalização.

Ao mesmo tempo, após a abolição da escravatura, em 1888, os africanos e seus descendentes que já viviam no Brasil foram marginalizados social, econômica e politicamente. Bairros com alta concentração de pessoas libertas da escravidão foram chamados pelas autoridades de ‘quilombos urbanos’ e caracterizados como locais moralmente impuros, sujos e perigosos onde ‘pessoas de cor’ praticavam sua religião ‘incivilizada’ e outros hábitos rotulados como ‘africanismos’. Esses bairros foram constantemente investigados, controlados e reprimidos pela polícia como parte do projeto de ‘civilização’ moral/racial das autoridades brasileiras.

No século 21, apesar da revogação de políticas de imigração expressamente racistas e dos aspectos mais inclusivos e baseados em direitos da nova lei de imigração de 2017, o racismo persiste e afeta fortemente a vida de migrantes e refugiados africanos no Brasil (o que representa, atualmente, aproximadamente 35.000 pessoas). Migrantes do Norte Global, especialmente aqueles racializados como brancos, são bem-vindos, tratados preferencialmente e muitas vezes retratados positivamente na mídia devido às suas ‘contribuições culturais e econômicas’ para o Brasil. Africanos, haitianos e bolivianos, por outro lado, são descritos por jornalistas e políticos como um « problema »; representariam uma « crise social ». Como será visto nas contribuições para esta série, essas pessoas enfrentam discriminação em todas as esferas de suas vidas no Brasil, e os bairros em que habitam hoje são descritos de forma parecida como foram os « quilombos urbanos » do passado.

Contexto por trás deste projeto

Parte do nosso projeto de pesquisa financiado pelo Conselho Europeu de Pesquisa, Modern Marronage? A Busca e Prática da Liberdade no Mundo Contemporâneo’, envolve uma colaboração com a Missão Paz, uma instituição filantrópica que apoia e acolhe migrantes e refugiados em São Paulo, a maior cidade do Brasil. A equipe da Missão Paz nos apresentou às autoras contribuintes desta série, que já estavam trabalhando juntas na ideia de um projeto de narrativas para abordar as experiências das mulheres congolesas no Brasil. O projeto inicial tinha como ideia combater o discurso dominante na mídia, assim como as narrativas políticas sobre os povos da África subsaariana que vivem no Brasil; narrativas que apagam suas particularidades humanas e as caracterizam simplesmente como ‘migrantes’, ‘refugiadas’, ‘africanas’, ‘vítimas’ ou ‘criminosas’. Assim, elas buscavam aproveitar o que uma das colaboradoras chamou aqui de ‘espaço de fala’ que o Brasil oferece para contar suas próprias histórias.

Pensando nisso, perguntamos às mulheres se gostariam de contar curtos relatos de vida, tendo como tema ‘liberdade’, para serem publicados pela openDemocracy. Elas aceitaram a proposta e a equipe da Missão Paz trabalhou com elas para gravar, transcrever, editar e traduzir suas narrativas. Esta coleção é o resultado deste trabalho conjunto.

Contando histórias contra um contexto e narrativas desumanizadoras

As mulheres que contam suas histórias aqui têm muito em comum: são todas mulheres africanas, congolesas, racializadas como negras. Todas realizaram jornadas para chegar no Brasil e atualmente residem no país. Todas tiveram suas vidas tocadas, de uma forma ou de outra, pela violência, sexismo, racismo, xenofobia, por práticas de fronteiras e sistemas de imigração projetados para restringir a liberdade de movimento de certos grupos, e por forças de exploração e marginalização. São pessoas que jornalistas, ativistas de direitos humanos e acadêmicos (incluindo-nos) poderiam retratar como ‘migrantes’, ‘refugiados’, ‘vítimas’ ou ‘heróis’ em narrativas sobre desigualdades sociais e políticas. Mas o que realmente transparece dos textos são suas individualidades.

Deixadas para narrar suas próprias vidas, nossas colaboradoras tornam suas diferenças visíveis. Há diversidade nas experiências que escolhem contar e nas narrativas que usam para dar sentido a si mesmas, aos outros, e a seus passados, presentes e futuros. Suas individualidades e diversidades não deveriam ser surpreendentes. O que mais poderíamos esperar de nove humanos diferentes? Mas os « migrantes » são tantas vezes imaginados e representados como seres homogêneos, definidos acima de tudo por sua ‘condição migratória’, que o alcance e a singularidade dessas histórias vão contra a corrente. Ao contá-las publicamente, nossas colaboradoras continuam seus esforços ativos, às vezes coletivos, para resistir a todas as formas de violência contra elas, incluindo a violência de estereótipos desumanizantes e narrativas unidimensionais.

[Leiam-se as histórias supramencionadas nesta ligação: https://www.opendemocracy.net/pt/be-congolese-woman-brazil-pt/%5D

El escritor chileno Rafael Gumucio publica La piel del mundo, una serie de lúcidas y originales crónicas citadinas en Nueva York, Puerto Príncipe, Madrid y Barcelona.

Escrito por MANUEL ÁLVAREZ

Qué: libro (Random House)

Si hay algo que Rafael Gumucio sabe hacer bien es escribir no ficción, incluso hasta cuando hace ficción, como lo fue su última e hilarante novela: El galán imperfecto. Ahora, con el aval que le da el género de la crónica, Gumucio vuelve a ponerse en el centro, con sus reflexiones y, sobre todo, con su mirada como protagonista. Porque ese es el gran logro de La piel del mundo, que nosotros, lectores, veamos a través de Gumucio.

El libro entonces muestra la mirada de un cronista certero, que, como buen turista («el turista se equivoca mucho menos que el viajero sobre la naturaleza de las cosas que visita», dirá), mira con detalle la ciudad que visita. Pero no solo a la ciudad y a sus habitantes, también viajando, de esto se da cuenta el cronista, uno se conoce más a uno mismo.

Es, a su vez, el libro de un extranjero (¿no es un escritor un extranjero?) que busca mimetizarse en los lugares que le toca vivir (sea Estados Unidos, Haití o España), por más que esos años, que ese tiempo que le toca vivir afuera, como un inmigrante, no sea tan extenso. Quizás en esa fragmentación, en esas bocanadas de aire para el escritor en las que intenta aprender inglés, ser rico en un pueblo pobre o triunfar con la escritura, está la clave de la narración.

Al final, a modo de epílogo, Gumucio narra su estadía en la Nueva York pandémica de 2020, colapsada por un virus que él al principio desestimó, en donde por un accidente en la bicicleta en los Hamptons, en el que se rompe ambas muñecas, termina en un hospital saturado por pacientes de Covid. Lo que se dice un correlato.

La piel del mundo es un libro ingenioso que permite conocer la piel de un escritor, es decir, su singularidad.

Rafael Gumucio (Santiago de Chile, 1970) es escritor y guionista. Ha publicado el libro de relatos Invierno en la torre (1995) y la autobiografía Memorias prematuras (1999). A su vez, publicó las novelas Comedia nupcial (2002), La deuda (2009), Milagro en Haití (2015) y El galán (2018).

Rafael Gumucio La piel del mundo

 

[Foto: Andrés Figueroa – fuente: http://www.zonadeobras.com]

 

Colbert, Schoelcher, Lincoln, Gandhi… Depuis mai 2020, des dizaines de statues sont détruites ou dégradées. L’historienne Jacqueline Lalouette tente de comprendre ce mouvement.

Écrit par Edouard KLOS

Les statues de la discorde Jacqueline Lalouette 2021 Passés composés 238 pages

Le 25 mai 2020, Georges Floyd, un jeune afro-américain meurt par étouffement sous les genoux d’un policier américain à Minneapolis. Cet événement donne une impulsion nouvelle au mouvement Black Lives Matter. Des manifestations violentes, accompagnées parfois d’actes symboliques de protestation se succèdent. Ainsi, de nombreuses statues représentant des personnages liés à l’esclavage ou aux thèses suprémacistes sont mises à terre ou dégradées par des militants antiracistes américains. C’est à ce mouvement d’iconoclasme largement médiatisé et à son retentissement que s’intéresse Jacqueline Lalouette, professeure émérite à l’Université Lille 3 et grande spécialiste de la question, elle qui a consacré une précédente étude à l’érection des statues de grands hommes en France depuis le début du XIXe siècle. Dans ce nouvel ouvrage à l’écriture vive et au rythme soutenu, elle offre au lecteur un tour du monde des principaux actes de déboulonnement de statues. En moins de 200 pages, elle aide à penser ce nouveau « cycle de la fièvre iconoclaste », en particulier pour le cas français et souhaite ainsi apporter sa participation à un débat souvent passionné.

De « Grands Hommes » déboulonnés

À travers une organisation thématique et volontairement énumérative, Jacqueline Lalouette passe en revue les différents « statufiés » qui ont vu leurs effigies subir des dommages. Une vaste galerie de personnages se déploie au fil des pages : des hommes, d’abord, qui ont favorisé la colonisation (Paul Bert, Faidherbe, Bugeaud, Gallieni et Lyautey en France ou encore Cecil Rhodes dont la statue a été vandalisée en Afrique du Sud et au Royaume-Uni) ; d’autres liés à l’histoire de l’esclavage (Napoléon en France ou des généraux confédérés comme Charles Linn et William Carter Wickham aux États-Unis) ; des missionnaires accusés de conversions forcées tel le franciscain espagnol Junipero Serra ; des explorateurs à l’image de Christophe Colomb ou de James Cook ; enfin des marchands qui se sont enrichis grâce à la traite négrière comme Edward Colston, dont le bronze a été dégradé à Bristol au Royaume-Uni.

Durant ce tour de monde, Jacqueline Lalouette s’attarde sur le cas français en insistant sur sa singularité. Le déboulonnement de statufiés liés à l’esclavage est relativement ancien dans les Outre-mer et connaissait un regain de force quelques jours avant l’assassinat de George Floyd. Deux statues de Victor Schoelcher avaient alors été détruites en Martinique le 22 mai 2020. Le mouvement est donc relativement autonome par rapport aux événements américains. Néanmoins, ceux-ci ont créé les conditions pour que cet iconoclasme se prolonge en France continentale.

Méticuleusement, Jacqueline Lalouette expose les dommage subis par les statues attaquées : les atteintes vont de la contestation verbale ou écrite jusqu’au « déboulonnement », entraînant une destruction totale. Elles peuvent aussi prendre la forme de dégradations souvent marquées par l’emploi de la peinture rouge, symbole de la cruauté imputée aux personnages représentés. Le pouvoir politique opte parfois pour le retrait des statues contestées, souvent au profit d’un déplacement dans un musée, ou au contraire refuse tout changement de lieu. Certaines figures peuvent surprendre le lecteur peu averti de ces débats. Ainsi peut-il être étonné de voir des statues d’Abraham Lincoln, président qui signa l’abolition de l’esclavage aux États-Unis, renversées comme à Portland (Oregon) le 11 octobre 2020. Or, pour des militants antiracistes, ce personnage est également celui qui ordonna l’exécution de trente-huit Indiens Dakota en décembre 1862. En France, Victor Schoelcher a longtemps bénéficié d’une image très positive, étant considéré comme le père de la deuxième abolition française de l’esclavage en 1848. Pourtant, cinq statues à son effigie ont été dégradées en 2020 dans les Outre-mer français. C’est que la glorification de Victor Schoelcher est également accusée d’effacer à son profit le souvenir des combats des esclaves pour leur liberté. Il symbolise également la République française libératrice, à qui il faudrait rendre une reconnaissance éternelle.

Des perspectives pour dépasser la « guerre des statues »

Entre partisans du déboulonnement de statues et opposants, les débats sont souvent vifs et bien restitués par Jacqueline Lalouette. Utilisant un riche panel de sources (presse mais également des réseaux sociaux comme Twitter ou Youtube), elle donne tour à tour la parole à des militants iconoclastes qui justifient leurs actes, à des représentants des pouvoirs publics ainsi qu’à des chercheurs souvent opposés à ces dégradations. Sans donner ouvertement un avis tranché, l’historienne n’hésite jamais à pointer les contradictions de chaque position. Ainsi, les partisans des déboulonnements comme Françoise Vergès pensent que la décolonisation de l’espace public est une condition nécessaire pour éliminer « un espace mental colonial et raciste construit depuis plusieurs siècles ». Pour eux, il n’est pas possible que des personnages coupables de crimes liés à l’esclavage ou à la colonisation soient représentés comme des héros et mis en avant dans les villes. À ces arguments, leurs détracteurs répondent qu’effacer les traces d’un passé ne le rend pas moins douloureux et qu’il peut paraître plus important de faire un travail pédagogique (par exemple grâce à des panneaux explicatifs pour rappeler tous les aspects de ces personnages). L’historienne Mona Ozouf pointe également l’anachronisme qui consiste à juger avec nos valeurs les personnages du passé, argument auxquels les opposants répondent qu’il a toujours existé des hommes hostiles à ce que d’autres acceptaient.

Le lecteur comprendra que Jacqueline Lalouette n’est pas favorable aux dégradations : elle souligne que les statues sont alors « soumises à des traitements autrefois appliqués à des hommes et à des femmes » (mise au pilori, corde au cou, décapitation). Pour éviter une possible guerre des statues, elle encourage l’érection « de nouvelles statues pour de nouveaux héros ». Des exemples existent déjà, largement décrits dans le dernier quart de l’ouvrage, majoritairement dans les Outre-mer mais également en France continentale, en particulier dans des villes ayant un passé négrier (La Rochelle, Bordeaux). Citons ainsi Toussaint Louverture à Massy ou à La Rochelle ou encore Louis Delgrès, Joseph Ignace et Solitude, trois héros de la révolte de 1802 statufiés dans plusieurs villes de Guadeloupe. Néanmoins, ces statues ne représentent presque jamais des personnages ayant combattu les troupes coloniales. Jacqueline Lalouette regrette ainsi qu’Abd-el-Kader, la dernière reine de Madagascar, Ranavalona III, ou le roi du Dahomey, Béhanzin, soient absents de la statuaire française actuelle.

Outre un riche inventaire des actes iconoclastes de ces derniers mois, Les Statues de la discorde constituent un essai salutaire et démocratique, acceptant de donner la parole aux partisans comme aux opposants des déboulonnements de statues. L’ouvrage réussit ainsi le difficile exercice de proposer une participation équilibrée à un débat très vif, en évitant caricatures et autres jugements à l’emporte-pièce.

 

[Source : http://www.nonfiction.fr]

Escrito por Sophie Goldberg

Viernes 19 de agosto de 1994. El periódico Reforma, en su sección de Cultura, con tipografía de 120 puntos o más, anunciaba la muerte de Elias Canetti. “Muere el 14 de agosto el escritor de origen búlgaro, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1981. Dejó inconclusa su autobiografía. Sus restos descansan en Zúrich, Suiza, junto a los de James Joyce”. Yo sabía perfectamente quién era Canetti, sin embargo desconocía que era de Bulgaria. Ese día, muy temprano, recibí la llamada tradicional de mis padres, era mi cumpleaños. Después de las cálidas felicitaciones, le pregunté a mi papá si ya había leído la noticia y comenté que me llamó la atención que el célebre escritor fuera búlgaro, como él.

—¡Claro, Elias era de Rustschuk, como tu abuela Sofía; de hecho, eran primos! —me respondió con naturalidad.

—¿Quééé? —vociferé. ¿Me estás diciendo que Elias Canetti era de nuestra familia, que era tu tío y, más importante aún, que era, de alguna manera, mi tío abuelo?

De momento fue tal la magnitud de la sorpresa que hice un largo silencio para poner la información en orden. Para cuando pude colocar la mandíbula de regreso en su lugar, el enojo ya había surgido.

—¡Papá, cómo nunca me dijiste! Me has platicado tu vida entera en Bulgaria, la de tus padres y abuelos. Conozco las penas, las anécdotas, el dolor de las separaciones forzosas y las carencias que pasaste como niño durante la Segunda Guerra Mundial y este dato no me lo habías compartido.

—Bueno, no pensé que fuera tan relevante para ti. Mi abuela Raquel Cappón y la tía Mathilde Arditti, la mamá de Elias, vivieron desde muy jovencitas en la misma calle, eran primas y vecinas, una casa en frente de la otra. Conocida como la Pequeña Viena, Rustschuk fue apodada así por haber sido un centro de celebraciones y fiestas de los turcos en tiempos del Imperio. Ahí, en su Pequeña Viena, mi madre —tu abuela Sofía— y sus hermanos gozaban de los largos veranos junto a sus primos, los Canetti —agregó.

Cuando mi padre me dijo esto, me imaginé a las dos familias paseando por los márgenes del Dunav, de ese Danubio que nace en la Selva Negra de Alemania, y que, en su curso, va acariciando las costas austriacas y húngaras, las de Croacia y Serbia, para después morir con una entrada triunfal en el mar Negro de Rumania. Ese Danubio, inspiración de músicos y poetas, ese que es musa y voz, que es soplo y arrebato, que incita a la furia creadora. Danubius, veterana corriente, aguas que danzan en el azul de Strauss, que se dibujan en los paisajes de Albrecht Altdorfer y en los grabados del gran Cranach.

—Las primas se reunían, además, todos los viernes en la sinagoga de la calle de Aksakov para celebrar el sabbat. Eran muy cercanas: cuando los Canetti se mudaron a Manchester las misivas de un lado para el otro no cesaban; pero después de unos años, cuando el padre de Elias murió, la tía Mathilde se trasladó con sus hijos a Viena. Perdieron poco a poco la comunicación que era, de por sí, muy difícil en ese entonces. Luego llegó la guerra y pues menos —dijo papá, como exculpándose.

Tomé nuevamente el periódico y releí el artículo, ahora con otros ojos, ahora con otra emoción. “Descendiente de judíos sefarditas”, “novelista, dramaturgo, curioso de todo, políglota y viajero; Canetti hablaba el español antiguo de su familia”. Como mi abuela, pensé. Como yo, que lo heredé en lo oral y en escritura. De haberlo contactado o haber tenido un encuentro, hubiéramos podido comunicarnos perfectamente en ese ladino o judeoespañol que los sefarditas llevamos en el alma y a través del cual mantenemos nuestras primeras aproximaciones con la literatura, con refranes, con canciones infantiles, con romances españoles y con nuestro pasado.

¡Qué desperdicio, qué coraje enterarme hasta ahora! No haber podido preguntarle qué le hacía sentir esa peculiar fascinación de todo lo que representaba Karl Kraus, el polémico personaje a quien siguió y reconoció como maestro. Qué era lo que le obsesionaba tanto respecto a la muerte, de la que escribió como tarea de vida. Qué pensaba de la guerra, dado que dijo que la palabra, capaz de llevarnos a la discordia, debiera ser capaz también de lo contrario, de evitarla. Me imagino que precisamente por esta preocupación habrá escrito el magnífico libro La conciencia de las palabras; la sola oración como título da para pensar y analizar sin siquiera leer la obra. Hubiera querido preguntarle qué opinaba sobre la ética de la escritura, ahora que yo soy escritora también y una enamorada de la palabra como lo fue él. Hablar de cómo debe haber sido crecer en el ambiente de Rustschuk, con su multiculturalidad de una Babel de diversidad idiomática que seguramente estimuló sus metáforas, su prosa y su meticulosidad; primero en La lengua absuelta, un autorretrato de su infancia en el que habla de nuestra familia al referirse a primos, tíos y demás parientes en aquel barrio sefardí, y en el resto de su magnífica e intensísima obra. Su madre, la prima de mi abuela, le alimentó la pasión por la lectura, por el saber, por los conceptos y la expansión intelectual que para él no tuvo finitud. El recuerdo de sus años de niñez, de su vida familiar y del ladino sería indeleble en sus escritos. De ese paraíso en el que vivió también mi abuela Sofía, Canetti dijo: “Todo lo que viví después, ya había ocurrido alguna vez en Rustschuk”.

Me hubiera gustado interrogarle acerca de sus sentimientos tras el desprecio racista que sufrió por ser judío. Preguntarle acerca de su visión única de la Viena de entreguerras que produjo una de las concentraciones de talento y de creatividad más extensa que hayamos conocido. Un despliegue de figuras de primera línea en todos los campos de las artes en donde figura él, que fue testigo prácticamente de todo el siglo XX, él y su prosa que ofrece uno de los testimonios más genuinos. Imagino que me cuenta acerca de sus amistades y tertulias con Alban Berg, Alma Mahler, Hermann Scherchen, Hermann Broch, Isaak Bábel o Bertolt Brecht. Qué ganas de haber tenido esta charla, de saber de qué platicaban entre dramaturgos, músicos e intelectuales; si se interrumpían unos a otros por su prisa de expresar una nueva idea, si llegaban puntuales a la cita, si eran reuniones en las que lo cotidiano tuviera un espacio o si todo lo que ahí se trataba era profundo y elevado. Si en algún momento se hablaba del amor o si existían relaciones amorosas en ese selecto ambiente. No faltó quien calificara a Elias de esquivo, difícil y cascarrabias; todos esos adjetivos en una sola palabra para los búlgaros sefardíes se conoce como “axí”. Los búlgaros son de esa manera: malhumorados, irritables y gruñones; coraza que usan para defender su buen corazón, si lo sabré yo, que viví toda mi infancia y adolescencia con uno, mi padre.

Sus agudas observaciones sobre el lenguaje en frases como: “Enmudeció por miedo a los adjetivos” o “Hay que abusar de una palabra, para descubrirla”, me han sido de suma valía en mis textos. Yo también considero a la palabra sagrada y a la palabra escrita, aún más. Yo también me detengo a desmenuzar cada vocablo antes de entregarlo a mis lectores. Busco el término idóneo, la expresión que haga magia, la metáfora que asombre, el lenguaje magnético. En mi más reciente novela, El Jardín del Mar, relato precisamente el extraordinario periplo de los judíos de Bulgaria y de mi propio padre durante la Segunda Guerra Mundial. Acontecimientos que muestran valor, piedad y hermandad de un pueblo que se atrevió a ir a contracorriente de lo exigido para salvar a sus ciudadanos de los campos de exterminio. Este extraordinario episodio es poco conocido en los anales de la historia universal, ya que el comunismo mantuvo el suceso en secreto hasta 1991, pero es mi historia familiar, por lo que yo he tenido conocimiento de los hechos desde siempre. La narración comienza justamente en Rustschuk con la familia de mi abuela.

Hasta antes de ese 19 de agosto de 1994, mis lecturas de la obra de Elias Canetti habían sido objetivas, espontáneas y, debo decirlo, por momentos difíciles en su comprensión; pero después de mi descubrimiento tardío de nuestra relación familiar, lo comencé a leer poniendo especial atención en sus obsesiones, en su escritura multigénero, ya que escribió novela, ensayo, apuntes, aforismos, en fin, combina su capacidad de concentración con la avidez insaciable de aprender. Me hubiese gustado agradecerle el haber calibrado, medido y sopesado cada palabra publicada. El haber avalado cada vocablo en la medida en que tomaba responsabilidad al pronunciarlo, y más aún, al escribirlo. Por algo se tardó treinta años en escribir su gran obra Masa y poder. Un tema candente en la época, tema que lo marcó al ser testigo de varias protestas y de las formaciones de las masas tratando de entender el concepto desde la antropología, no desde la política. Para mí, Elias Canetti representa la profesión del escritor, un legado que acabará de ser descubierto en el 2024, cuando se saquen de una bodega en la biblioteca de Zúrich los manuscritos de diarios que bajo sus estrictas órdenes permanecerán sellados hasta que llegue la fecha indicada.

Su idea de que el hombre tiene el poder de la metamorfosis le hacía aseverar que en el ser polifacético reside el don que constituye la verdadera singularidad del ser humano. Estaba seguro de que todos poseemos diferentes dotes y que podríamos vivir a fondo nuestras distintas inclinaciones. Este es un reflejo de su propia avidez por cumplir sus múltiples facetas. Canetti decía que el escritor se caracteriza por dos cosas: porque usa la palabra para enfrentarse a la muerte y atrapar la vida y porque el escritor es el custodio de las metamorfosis; es el hombre capaz de vivir muchas vidas y de dar vida a sus personajes. Así, se puede volver una y otra vez a su obra y encontrar cosas nuevas dentro de una calidad de lengua y de pensamiento de “un clásico”, como lo calificó Ignacio Echevarría, filólogo, editor y crítico, en la conferencia que dictó a principios del 2020 para la Fundación Juan March en Madrid.

Me quedo con las ganas de haberle preguntado, de haber discutido, de haber hablado en judezmo, su primera lengua, y de haber descubierto bajo la máscara del escritor al ser humano: al que añoraba a su padre, al que sufría la profunda tristeza del emigrado, al que le era importante ser reconocido, al que perseguían sombras que lo acompañaron hasta la muerte. Me quedo con las ganas de que, quizá, él hubiese leído mis escritos, de que me hubiera corregido una palabra o hubiera sugerido un símil, de que me firmara un libro, de que tomáramos un café, de prepararle un tradicional gyuvech búlgaro con mucha berenjena, mucha okra y la sazón de los Balcanes. Seguramente hubiese gozado hasta chuparse los dedos porque mi receta es la de nuestra familia, la que llevamos en el paladar. Me quedo con las ganas de que me hubiera conocido, y yo a él; de que me hubiera visto como una manifestación más de la diversidad de la vida, porque las personas éramos su materia prima para hacer sus observaciones más penetrantes. Me quedo con sus interrogaciones, con el sentido de su obra, con la bilis de sus textos autobiográficos. Me quedo con una de sus muchas frases: “Nadie es más solitario que aquel que nunca ha recibido una carta”. Me quedo con esa solitud, porque nunca recibí una carta suya.

Sophie Goldberg es escritora. Entre sus libros: Lunas de Estambul y Vida y pasiones.

[Ilustración: David Peón – fuente: http://www.nexos.com.mx]

 

Avalanche de prazeres fúteis oferecidos pelo sistema é cada vez mais enfadonha. Mas alternativa seriam o sacrifício e o puritanismo? Ou acenar com o tempo livre, o fim do trabalho alienado e novas relações com a natureza e a sensualidade?

Por mais que aceitemos que somos responsáveis pelas mudanças climáticas, recusamo-nos a ver a oportunidade que elas oferecem para criar modos de vida que sejam melhores para o meio ambiente e mais agradáveis para nós. Isso não só é verdade para pessoas comuns, como também para economistas e outros “especialistas” que levam o aquecimento global muito a sério, mas que não conseguem pensar para além das soluções técnicas que podem nos permitir continuar com nossos modos de vida atuais. A maioria dos políticos e líderes empresariais parece igualmente incapaz de pensar “fora da caixa” do consumismo.

Obcecados como são pelo crescimento econômico e o PIB, não convidam a população e os eleitores a pensar em novas ideias de progresso e prosperidade, e ficam mais do que felizes com os publicitários mantendo o monopólio da imagem e da representação do prazer e de uma “vida boa”.

Até os críticos do capitalismo à esquerda têm-se preocupado mais com as desigualdades de acesso e distribuição que o sistema do que com as maneiras como nos confina a modos de vida orientados pelo mercado. A militância socialista e a atividade sindical no Ocidente têm sido amplamente limitadas à proteção da renda e dos direitos dos empregados dentro das estruturas já existentes do capital globalizado — e pouco fazem para desafiar, muito menos transformar, a dinâmica de “trabalhar e gastar” das culturas mais abastadas.

Mesmo quando a esquerda aborda questões relacionadas à necessidade e ao consumo de forma mais direta, ela tende a defender narrativas de uma “vida simples” para a realização humana, em vez de pensar de forma mais inspiradora nas complexidades e potencialidades do prazer humano, e nas direções barrocamente enriquecedoras que elas poderiam adquirir em uma sociedade pós-capitalista.

Mas a presunção, em todo o espectro político, de que o consumo mais sustentável sempre envolverá sacrifícios, em vez de melhorar o bem-estar, precisa ser enfrentada.

A nossa “vida boa”, hoje é reconhecida como uma das principais causas de estresse e de problemas de saúde. É uma vida muito barulhenta, poluente e desperdiçadora. Nossas rotinas de trabalho e prioridades comerciais forçaram as pessoas a direcionar todas as suas forças para a busca por empregos e carreiras. Muitos, durante a maior parte de suas vidas, começam seus dias em engarrafamentos ou sofrendo outras formas de desconforto causadas pelo trânsito. E passam grande parte do resto delas colados na tela do computador, muitas vezes envolvidos em tarefas entorpecentes.

Grande parte da atividade produtiva em nossas vidas é projetada para aprisionar o tempo na criação de uma cultura material de contínua melhoria da casa, expansão urbana, rotatividade de produção cada vez mais rápida e obsolescência programada. Em outras palavras, excluindo formas de realização humana mais dignas, duradouras ou fascinantes. Nosso sistema atual também lucra enormemente com a venda de bens e serviços para os quais temos muito pouco tempo ou espaço (aqui entra o papel dos setores de fast food, lazer e terapia, ou as academias onde pagamos para caminhar numa esteira porque a ditadura do carro tornou a caminhada em outros lugares impossível ou muito desagradável).

Os movimentos verdes são rejeitados e vistos por alguns como estraga-prazeres, como se estivessem empenhados em nos levar de volta à Idade da Pedra. Mas a “abundância” dos dias de hoje, contaminada por trabalho, escassez de tempo e excesso de lixo, é em muitos aspectos puritana e ofensiva para com a sensualidade. Muito disso nem corresponde a um desejo inato nosso de trabalhar constantemente e consumir mais. Se assim fosse, os bilhões gastos em publicidade e preparação de crianças para uma vida de consumo dificilmente seriam necessários.

Um número cada vez maior de pessoas vem percebendo isso e descobrindo, após refletir, que a vida não se reduz a “trabalhar e gastar”. Desencantados com seu estilo de vida estressante, elas começam a revisar ideias sobre o que mais valorizam e desejam. O fato de ansiarmos outra vida com a qual sentiríamos mais prazer é corroborado por uma pesquisa recente que mostra que mais riqueza não nos torna necessariamente mais felizes, e sugere que há algo inerentemente autodestrutivo na busca incessante pelo consumo.

É verdade que as pesquisa precisam ser analisadas com cautela. O que relatamos sobre nosso grau de satisfação nem sempre é o melhor guia sobre como realmente nos estamos saindo. E nem sempre a falta de correlação relatada entre uma renda mais alta e maior satisfação com a vida significa que um consumo maior não melhore o bem-estar. Isso ocorre porque os padrões que usamos para avaliar nosso nível de satisfação podem tornar-se mais exigentes à medida em que nossa experiência de vida muda com o aumento da renda.

Experiência e educação podem melhorar nosso senso de liberdade e potencial pessoal justamente ao gerar descontentamento com nossa situação de vida existente. À medida que aprendemos uma nova habilidade, frequentemente criamos novas formas de frustração e exigências sobre nós mesmos (quanto melhores nos tornamos em um determinado esporte ou tocando um instrumento musical, mais conscientes estaremos daquilo que faz falta em nosso desempenho).

O que deveria, então, ser considerado na estimativa da “boa vida” — a intensidade de seus momentos de prazer mais raros ou seu nível geral de contentamento? A fuga da dor e da dificuldade ou sua superação bem-sucedida? E quem está na melhor posição para decidir se o bem-estar pessoal aumentou: seria inteiramente uma questão de relato pessoal ou aberto a uma avaliação mais objetiva?

Há muito que essas questões estão no centro dos debates, entre a abordagem utilitarista e a aristotélica, para refletir sobre o bem-estar. Enquanto a ênfase da primeira está no prazer e em sua quantificação (deve contar, na estimativa da felicidade, o número de prazeres experimentados ou dores evitadas), o foco aristotélico baseia-se no curso geral de uma vida (o que você foi capaz de fazer com ela — tomando em conta,  portanto, as capacidades, funções e realizações, ao invés de sentimentos mais imediatos de gratificação).

Em defesa de sua posição, os aristotélicos argumentarão que as pessoas nem sempre são os melhores juízes de seu próprio bem-estar e que muito prazer imediato pode também ser obtido com um comportamento autodestrutivo. Além disso, se proibirmos quaisquer avaliações objetivas da “vida boa”, também seremos privados de motivos para criticar formas egoístas e ambientalmente agressivas da busca pelo prazer. Também foi afirmado, de forma relacionada, que uma “felicidade” concebida ou medida em termos de sentimentos subjetivos desestimularia o desenvolvimento do senso de cidadania e solidariedade intergeracional — que é essencial para o bem-estar social e ambiental.

No entanto, a abordagem mais utilitarista não precisa excluir as formas de prazer com orientação cidadã, que vêm com o consumo responsável para com os outros e o meio ambiente. Afinal, o prazer de muitas atividades, como andar de bicicleta, inclui tanto os prazeres sensuais pessoais mais imediatos, quanto aqueles que vêm do fato de não contribuir para o perigo e a poluição do transporte automotivo. Além disso, é difícil, em última análise, legitimar reivindicações sobre o bem-estar de alguém sem alguma medida de endosso da pessoa em questão.

Há, então, uma tensão nas discussões sobre o hedonismo e “boa vida”, entre o privilégio utilitarista do prazer experimentado e o viés mais objetivo da tradição aristotélica. Enquanto o primeiro corre o risco de ignorar os componentes mais objetivos da “boa vida” e da “boa sociedade”, o último faz justiça a esses pilares, mas corre o risco de superestimar, ou até mesmo de preferir o conhecimento superior de “especialistas” por sobre os próprios indivíduos.

Mas aceitar a complexidade de avaliar as afirmações sobre a qualidade de vida e a satisfação pessoal é uma coisa. Negar que haja hoje evidências da natureza autodestrutiva do consumo em constante expansão seria outra bastante diferente. De fato, é consenso de ambos os lados do debate hedonista que a felicidade não reside no acúmulo infinito de coisas. E embora não tenha — e nem possa — a aspiração de resolver as questões filosóficas dessa área, a perspectiva hedonista alternativa destaca as narrativas sobre prazer e bem-estar que estão implícitas nas formas emergentes de insatisfação com a cultura afluente. Assim, busca abrir uma ótica pós-consumista sobre a “boa vida”, que pode se conectar com os sentimentos dos consumidores no aqui e agora.

O “hedonismo alternativo” nesse sentido tenta evitar moralizar a questão do que as pessoas deveriam precisar ou querer (apesar de ser verdade que esses dois não podem ser evitados ao mesmo tempo…), enquanto se relaciona com novas respostas de anticonsumismo. Seu principal interesse, assim, (evocando um conceito do crítico cultural Raymond Williams) é em uma “estrutura de sentimentos” em ascensão, que é ao mesmo tempo perturbada por formas de consumo que antes eram tidas como certas, ciente de antigos prazeres perdidos, e sensível pela primeira vez ao convite a uma nova forma de viver.

Com o aquecimento do planeta, precisamos construir uma resposta que apele para essa “estrutura de sentimentos”. Seu apoio irá desafiar o estrangulamento da ética de trabalho no modo de vida ocidental, será um esforço para alcançar uma ordem socioeconômica na qual trabalho e renda sejam distribuídos de maneira mais justa, em que a coparentalidade e que o trabalho doméstico compartilhados sejam regra, e na qual todos tenham os meios e o tempo para formas sustentáveis de atividades e melhorias de vida.

Se fizéssemos a mudança para uma economia de trabalho menos intensiva, ela iria reduzir o ritmo em que as pessoas, os bens e as informações têm que ser entregues ou transmitidas, e o impacto nas fontes de atrito e nas emissões de carbono seriam de grande impacto para todos. Poderíamos recuperar tempo para nossa vida pessoal e familiar. Diminuiríamos as viagens diárias e adotaríamos maneiras mais saudáveis de deslocamento, como as caminhadas, a bicicleta e os barcos. Supermercados e compras online seriam substituídos por um ressurgimento do varejo de rua, evitando a síndrome da “cidade clone” e dando força às comunidades locais, de maneira que poderíamos reduzir o crime e adotar novas formas de convívio e troca intergeracional.

Tudo isso transformaria a vida rural e urbana, especialmente para as crianças, e proporcionaria mais espaço para a reflexão, além de oportunidades para experiências sensoriais negadas pela rotina atormentada e isolada de trabalho e deslocamento. E os custos para isso acontecer seriam insignificantes em relação aos representados pela organização atual, especialmente se as despesas médicas pudessem ser substituídas por uma saúde pública de mais qualidade, com menos acidentes.

Há, é claro, algumas vantagens e prazeres que teríamos de sacrificar em uma economia de baixo carbono: confortos de vários tipos; algumas das excitações de uma vida acelerada; a facilidade de que dispúnhamos até recentemente das viagens ao exterior. Mas o conforto constante pode tanto satisfazer quanto entorpecer os apetites. A inventividade conseguirá certamente criar uma série de emoções mais ecológicas. Mesmo viagens a lugares distantes nem sempre cumprem sua promessa de oferecer experiências raras, e o ritmo diferente das férias perto de casa também pode ser fonte de formas inesperadas de encantamentos e escape da vida banal.

A mudança para um modo de vida pós-consumismo traz uma perspectiva chocante, dada a estrutura da existência moderna e a subordinação das economias nacionais ao sistema globalizado. Além disso, é irrealista supor que podemos continuar com as taxas atuais de expansão de produção, trabalho e consumo material do último século, para não falar das últimas décadas. Tecnologias mais verdes ajudarão a conter o aquecimento global.

Mas a adoção de alternativas ao crescimento econômico tem que se tornar uma preocupação central no planejamento e na criação de políticas — não ser ignorada ou desprezada, como se fosse uma fantasia impraticável. Além disso, em abalos climáticos ou financeiros, somados a um grande cinismo em relação aos comprometimentos dos governos com o aquecimento global, mais honestidade a respeito desse assunto pode também gerar mais cooperação e respeito de parte do eleitorado — especialmente se for acompanhado de imaginação sobre as singularidades de viver em uma sociedade sustentável. Essas ideias transformadas de “vida boa” podem também ser projetos que os países menos desenvolvidos terão, se quiserem reconsiderar as convenções e objetivos de seu próprio “desenvolvimento”, e evitar algumas das consequências mais indesejáveis do modelo dominante.

Meu argumento sobre o hedonismo alternativo é frequentemente rejeitado e taxado de utópico. Mas há algo bem irrealista na projeção de futuro focada nos “negócios, como sempre”. E dada a urgência atual de políticas de prosperidade que dissociem prazer e realização de consumo de uso intenso de recursos, é importante evitar suposições fantasiosas sobre o que seriam formas globalmente sustentáveis de indústria e estilo de vida. Nós não podemos, é claro, defender acesso igualitário e universal à riqueza e ao estilo de vida ocidental. A demanda por pleno emprego, o fim da austeridade e a segurança econômica para todos devem estar ligadas a demandas de expansão do tempo livre, da diminuição de ritmo da economia e do estabelecimento de uma ordem baseada em uma forma de consumo material essencialmente reprodutiva. A reconceitualização de “progresso” segundo  essas linhas deve oferecer as bases em que nos apoiaremos para pensar sobre arranjos de trabalho e instituições políticas para um futuro socialmente justo e viável.

[Imagem: María Berrio – fonte: outraspalavras.net]

La sexta monomanía, Portrait of a man. Homo melancholicus, de Théodore Géricault

Publicado por Javier S. Burgos

Hoy, unos días después de que se cumpla un año en el que lo tuve entre mis manos, el misterio por fin se desvela.

Pero volvamos por un momento a aquel soleado día de un enero frío.

El viaje fue según lo previsto en aquella época prepandémica. Nadie sospechaba que el virus estaba ya transmitiéndose de manera silenciosa y mortal, pero hoy sabemos que en aquel gélido mes de invierno, poco después de la Natividad, el virus ya campaba a sus anchas en la península itálica. Hasta en eso tuve suerte. Unas pocas semanas más tarde habría perdido la oportunidad única que me brindaba la vida, y que se me ofrecía tal vez por mi compulsiva obsesión en la búsqueda de unos cuadros perdidos hacía más de doscientos años, de los que nadie, ni tan siquiera, sabía si habían existido alguna vez.

En los últimos meses mi casa se había convertido en el escenario de una serie policíaca de los años ochenta. Fotografías de los retratos pegados a la pared, con conexiones entre ellos, decenas de artículos científicos en inglés y en francés desparramados por la mesa del comedor, diagramas temporales del periplo de los cuadros conocidos, precios de compraventa, catálogos especializados traídos de alguna librería perdida en los suburbios parisinos, fotocopias de los tratados médicos de los alienistas, mil veces subrayadas, con anotaciones al margen traduciendo algunas de las expresiones francesas que mi memoria se había empeñado en olvidar, solicitudes de fichas a los Archivos Nacionales Franceses, correos electrónicos enviados a diferentes partes del mundo, catálogos de exposiciones lejanas en el tiempo y en la geografía, inventarios de testamentos olvidados, tesis doctorales antiguas…

Durante muchas noches la encendida obsesión me hizo navegar por las profundas y oscuras aguas de la inabarcable red. La tecnología ha puesto a nuestro alcance un océano de información muy difícil de digerir. Al igual que de niños trazamos las líneas entre los puntos sucesivos para dibujar la imagen del tesoro de los piratas, de esa forma yo conectaba pistas en mi particular epopeya artística. Fueron muchos meses de intentos, en los que visité colecciones virtuales, estudié catálogos obsoletos, leí decenas de artículos y libros, y analicé, con la paciencia de un relojero, cada una de las posibles evidencias que la profundidad de la nube me devolvía. No contaré aquí ni las pistas que no me llevaron a ningún sitio, ni aquellas que todavía permanecen prometedoramente abiertas, en una búsqueda vital que necesariamente sigue siendo inconclusa.

El quid de la cuestión acabó estando en una pequeña exposición sobre arte y locura que se exhibió en el Museo de Arte de Rávena (MAR). En una de esas noches de verano detenidas en el tiempo, donde buscaba incansablemente evidencias imposibles frente al ordenador, reparé en una exposición del año 2013 titulada Borderline. Artisti tra normalità e follia, que inicialmente no me reveló nada especial, convirtiéndose otra vez en la enésima pesquisa esquiva. Pero decidí, ya a altas horas de la madrugada, visionar el vídeo promocional de la exposición antes de irme a dormir a la cama pegajosa por la humedad próxima de la mar oscura, en aquella noche que se convertiría irremediablemente en inolvidable. Lo deduje de allí. Reconocí en los escasos segundos que duraba el frame el cuadro de Le medicin chef de l’asile de Bouffon, uno de los médicos parisinos pintados por Géricault en aquellos años. El retrato, en forma de promesa, estaba a su lado. La imagen parada arrojaba la posibilidad de explorar. Y sus características lo hacían plausible: las dimensiones del retrato, su composición, la ropa que vestía el sujeto, los colores coincidentes, la singularidad de la mirada…

Durante los meses siguientes la investigación se convirtió en una montaña rusa de esperas y augurios. Obviaré los detalles, tanto por confidencialidad como por prudencia, pero he de confesar que siete meses más tarde, en algún lugar perdido de Italia, aquel retrato perdido de Géricault estaba entre mis manos, y yo, por fin, podía mirar a los ojos los indicios del principio de la locura en un insano ingresado en uno de los asilos parisinos de una lejana época posnapoleónica. Aquel hombre que interesó al eminente psiquiatra y que inmortalizó el genio romántico estaba delante de mí, mientras su dueña (o dueño) desgranaba con parsimonia los detalles casi olvidados de su procedencia, mientras las horas pasaban, y el sol glacial del invierno de los presagios confirmados entraba por la ventana reflejándose en el espejo ocre del parqué.

Aquel individuo anónimo de mirada triste sedujo, hace doscientos años, tanto al científico como al artista. Y ahora se revelaba ante mí, a través de un profundo túnel temporal que conectaba dos épocas lejanas, en un lujoso ático de alguna ciudad italiana, enlazando el tiempo y el espacio, y repitiendo caprichosamente una escena que ocurrió hace más de siglo y medio, cuando el doctor Lachèze le enseñó las primeras cinco monomanías al marchante Louis Viardot, también en un ático, en la lejana ciudad alemana de Baden-Baden, dentro de un viejo baúl agusanado que había acabado allí tras un viaje circular en donde los cuadros recorrieron las exóticas latitudes orientales de Egipto, Palestina, Arabia y Persia.

Théodore Géricault, por petición del doctor Georget, pintó al hombre melancólico, convencido por el médico de que existían dos clases de monomanías: la que cursaba con agitación y desasosiego, y aquella en la que predominaba la tristeza y el abatimiento, o como ellos la llamaban: la lipemanía, o la melancolía clásica de los textos antiguos.

El hombre melancólico inclina la cabeza, enfundado en una humilde casulla religiosa, de colores similares a la bufanda de otra de las monomaníacas, la de la envidia, a la que apodaban en el asilo la Hiena, la única de la que ha trascendido su apelativo. Ambos vistiendo ropas de invierno, aquellas prendas con las que los inmortalizó el pincel del maestro. El hombre triste, con la marca de la tonsura en su cabeza, que nos muestra que el germen de su locura proviene del fanatismo religioso, y donde la melancolía que origina la teomanía se hace presente en las marcadas arrugas de su frente, que dibujan la marca del signo omega, un signo distintivo de la tristeza y del desánimo, la impronta de la preocupación extrema, mientras sus cejas caen oblicuas, su cabeza se inclina y su rostro se afila, palidece y amarillea, y en su boca el labio inferior engulle al superior, produciendo un gesto de amargura, de desdicha desmedida, a la vez que la mirada se clava en el suelo, cerca de un infierno de sufrimiento que se nos antoja dantesco.

Y con este retrato, se demuestra por fin, dos siglos y miles de hojas escritas después, que la serie fue concebida por Georget eligiendo a diez de sus más particulares locos, que Géricault los pintó captando los demonios que se agitaban dentro de cada uno de ellos, y que la serie se compone de diez enfermos diferentes, de los cuales cinco se encontraron en un ático de una ciudad alemana hace ciento cincuenta años, y que los otros cinco han dormido el sueño de los justos en colecciones privadas escondidas de los ojos curiosos de los historiadores de arte y de los científicos de los dos últimos siglos.

Tal vez los otros cuatro cuadros ausentes aparezcan algún día, o tal vez puede que nunca emerjan de las profundidades de las pinacotecas particulares donde sin duda permanecen para disfrute de sus propietarios y allegados.

O tal vez haya aparecido algún otro cuadro de la serie y yo no lo quiera desvelar todavía.

«La monomanía del hombre melancólico» se publica hoy en The Lancet Neurology bajo el título «A new portrait by Géricault» por el autor de este artículo. Puedes encontrar otras historias como esta en Geografía de la locura del propio autor.

 

[Fuente: http://www.jotdown.es]

Vadim Perelman cuenta la relación entre un judío que se salva por los pelos de ser fusilado y el capitán nazi encargado de la cocina del campo

Nahuel Pérez Biscayart y Lars Eidinger, en ‘El profesor de persa’.

Escrito por JAVIER OCAÑA

Como consecuencia de unas formas a menudo provocadoras, hace un par de años Arturo Pérez-Reverte recibió una reprimenda desde la cuenta oficial de Auschwitz Memorial en Twitter a causa de un comentario del escritor en la red social sobre la interminable cantidad de novelas protagonizadas por seres humanos que ejercieron sus oficios en campos de concentración y de exterminio nazis, desde El tatuador de Auschwitz hasta El barbero de Treblinka. El tono de aquel tuit, jocoso y como mínimo desconsiderado, escondía sin embargo un aspecto evidente tanto en la literatura como, en el caso que nos ocupa, el cine: un cierto superávit de la temática y, sobre todo, del estilo, tendente a la repetición de esquemas dentro de una tragedia inabarcable de la que nunca se acabará de relatar todo lo necesario, pero en la que caben desde esquinazos de interés aún no bien desarrollados hasta no pocos ejemplares de explotación nimia y meliflua.

El profesor de persa, película del estadounidense de origen ucraniano Vadim Perelman, basada en el relato del alemán Wolfgang Kohlhaase Invención de un lenguaje, al parecer inspirado en una historia real, se sitúa a medio camino entre una y otra situación. Por un lado, el formulismo es manifiesto, aunque sin llegar a lo remilgado en los matices tonales. Por otro, la relación entre el judío que se salva por los pelos del fusilamiento y el capitán nazi encargado de la cocina del campo, que sueña con montar un restaurante en Teherán tras la contienda, contiene unos cuantos aspectos atractivos. Con el acicate de que en este caso el profesor ni siquiera sabía farsi y se iba ingeniando un idioma inexistente, adentrándose la historia en la vertiente de la impostura en pos de la supervivencia.

Quizá consciente de que la artimaña del protagonista contiene singularidades que rozan lo increíble, Perelman, que tras debutar en 2003 con la muy estimable Casa de arena y niebla, candidata a tres Oscar, ha desarrollado una carrera con más bajos que altos, otorga a su historia una aureola casi de fábula, de relato que se bifurca en dos costados más relacionados con lo moral que con lo puramente físico y palpable. Y ambos son atrayentes: las debilidades nazis, que el siempre inquietante actor alemán Lars Eidinger (Personal Shopper, High Life) explota a la perfección, ejemplificadas en una escalera de sometimiento del poder en la que él denigra a los judíos mientras es humillado por sus mandos superiores a causa de sus ingenuas intenciones vitales; y el del engaño como modo de vida en medio del sufrimiento, con una matizada interpretación del excelente Nahuel Pérez Biscayart (120 pulsaciones por minuto). Así, pese a la insistencia temática, la película encuentra por dónde escapar de la medianía hacia una relativa conquista.

[Fuente: http://www.elpais.com]