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Cuba volvió a estar en el ojo del huracán, como cíclicamente hace 62 años, y la maquinaria mediática mundial acompañada por una megaingeniería de bots desplegó toda su artillería inundando pantallas y confundiendo subjetividades.

(AFP)

Escrito por Gerardo Szalkowicz

De este lado de la mecha predominó la defensa acrítica de la revolución, que además de inexacta resulta ineficaz en la disputa de sentido. ¿Hay margen para defender a Cuba en esta guerra no convencional sin caer en pensamientos binarios y conclusiones lineales?

Cualquier mirada sobre la isla que se pretenda honesta debe partir del omnipresente bloqueo impuesto en 1962, sostenido por todos los inquilinos de la Casa Blanca y ampliado por Trump con 243 nuevas sanciones en medio de la pandemia. Con Biden, por ahora, nada nuevo bajo el sol. El bloqueo no es abstracto ni discursivo: restringe por ejemplo el ingreso de alimentos e insumos básicos como medicamentos, jeringas o respiradores. Los daños acumulados en seis décadas ascienden a 144 mil millones de dólares.

Desde 1992, cada año la asamblea de la ONU vota una resolución casi unánime condenando el bloqueo; en junio pasado, 184 países pidieron ponerle fin y otra vez solo se opusieron Estados Unidos e Israel. Dimensionemos esto: nunca en la historia de la humanidad una superpotencia económica y militar agredió a un país pequeño por tanto tiempo y con tanta virulencia.

Solo un puñado de líderes de la región pusieron en primer plano este innegable condicionamiento de la realidad cubana: Lula da Silva, Alberto Fernández, Nicolás Maduro, Evo Morales, el futuro presidente peruano Pedro Castillo y el mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien sintetizó: “Si se quisiera ayudar a Cuba, lo primero que se debería hacer es suspender el bloqueo”.

Dicho esto, vamos a lo novedoso que explotó el 11 de julio. Las protestas de ese día reclamaron por el desabastecimiento, los precios de los alimentos, la falta de medicinas y los cortes de energía. El escenario mediático se había cocinado desde el extranjero con un ejército de trolls que posicionaron la campaña #SOSCuba (operación probada por Julián Macías Tovar en su cuenta de Twitter). Germinó así una jornada inédita solo comparable al “Maleconazo” de 1994. Inédito también fue el grado de violencia de algunos grupos de manifestantes, así como la respuesta policial, las detenciones arbitrarias y el apagón digital.

La heterogeneidad de los sectores movilizados dificulta la caracterización a 6.900 km de distancia. Dice la revista cubana La Tizza: “Los que salieron a protestar eran pueblo, esa parte del pueblo que ha sido más desfavorecida con el inevitable aumento de la desigualdad social. Este sector fue activado por la agenda política de la contrarrevolución. Hubo espontaneidad pero también hubo una operación política y de inteligencia”.

Hace tiempo venían madurando las condiciones para que pasara algo así. El proceso de reformas económicas iniciado en 2011 viene demasiado lento e ineficiente, y durante la pandemia se agravó la crisis por el desplome del turismo y el recrudecimiento del bloqueo. La unificación monetaria de este año derivó en una devaluación-inflación que agudizó el desgaste, generando un escenario similar al “período especial” de los ´90.

En los últimos años emergieron algunos grupos opositores como el Movimiento San Isidro, artistas y youtubers, con cierta incidencia a partir de la masificación del internet móvil en 2018. Es indudable que hay un caldo de cultivo fogoneado y financiado desde Washington y Miami, como también que hay un sector de la población, sobre todo en la juventud, que salió a las calles a expresar genuinamente un descontento acumulado. Hace agua entonces la narrativa oficial del “son todos mercenarios proyanquis” que menosprecia el malestar ciudadano; el “golpe blando” es real pero no explica toda la película.

El asunto se complejiza por la descomunal sobredimensión y distorsión de los hechos en la prensa internacional, con un torbellino de noticias falsas y fotos manipuladas (imágenes de Egipto o de marchas oficialistas haciéndolas pasar por opositoras). Y con toda la derecha mundial bombardeando hipocresía. Llegaron al colmo tipos como Mauricio Macri predicando sobre “libertad y democracia” luego de revelarse que apoyó con armamento el golpe de Estado en Bolivia, o comunicados como el del gobierno colombiano pidiendo “respetar el derecho a la protesta” tras un tendal de 74 manifestantes asesinados en dos meses.

El escenario abierto el 11-J evidencia la necesidad de una revisión profunda. El escritor cubano Leonardo Padura describe el momento como “resultado de la desesperación de una larga crisis económica y sanitaria pero también de una crisis de confianza y de pérdida de expectativas. Una crisis que requiere respuestas no solo de índole material sino también de carácter político”. El gobierno enfrenta el desafío de encontrar soluciones inmediatas con tanto viento en contra pero sobre todo de proyectar una renovación política más pluralista que corrija anacronismos. De tener sentido del momento histórico para, como pregonaba Fidel, “cambiar lo que deba ser cambiado”.

Cuba siempre genera pasiones encontradas. Por haber elegido un camino de soberanía. Por ser bastión de resistencia y alternativa al capitalismo. Por eso desde hace seis décadas EE.UU. se obsesiona en asfixiarla y destruir su revolución. Una revolución que deberá reinventarse pero a partir del rumbo que decidan las cubanas y cubanos, sin bloqueos criminales ni injerencia extranjera.

 Gerardo Szalkowicz es editor de NODAL. Autor del libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”. Conduce el programa radial “Al sur del Río Bravo”.

 

 

[Foto: AFP – fuente: http://www.pagina12.com.ar]

Escrito por José Ernesto Nováez Guerrero 

Los cubanos vivimos la jornada del 11 de julio con asombro, tensión e incertidumbre. Lo que inició con una protesta en el municipio de San Antonio de los Baños, en la provincia de Artemisa, se extendió rápidamente por el país, llevando a que muchos saliéramos a las calles para defender proyectos de país muchas veces contrapuestos.

Entender los sucesos en toda su complejidad resulta fundamental para el futuro de la isla. Lo ocurrido evidencia fracturas y retos que es necesario, como pueblo, asumir y resolver para evitar escenarios de una mayor escalada de tensiones.

En primer lugar está la crisis económica y sanitaria generada por la pandemia del Covid-19 a escala mundial y que ha golpeado duramente a todas las economías, en especial a las más pobres. En Cuba, con una economía constantemente tensionada por el bloqueo de Estados Unidos y un subdesarrollo estructural que no ha sido posible superar, ese impacto se ha visto reforzado.

Como consecuencia, se ha creado un escenario de desabastecimiento, ajustes, distribución racionada de los bienes de consumo básicos, escasez de fármacos e irregularidad en los servicios, lo cual contribuye a complejizar de sobremanera el día a día del cubano común. Por si fuera poco, en semanas recientes ha habido una nueva ola de contagios sin precedentes en el país que ha congestionando los servicios sanitarios en casi toda la isla y llevando a nuevas medidas restrictivas en un intento de las autoridades por frenar el aluvión de nuevos casos.

Para entender el estallido del domingo 11, es preciso tener en cuenta la estrategia sostenida de subversión del orden interno en Cuba por parte del gobierno de Estados Unidos. Esta estrategia, que se remonta a los inicios de la Revolución, ha transitado por diversas fases, que incluyen el apoyo a la contrarrevolución armada interna en los primeros años de la década de los 60, los atentados y sabotajes contra infraestructuras de servicios o productivas, la introducción de virus y enfermedades, como la fiebre porcina y el dengue hemorrágico.

Con los años se ha ido acrecentando y perfeccionando el mecanismo de sanciones orientadas a ahogar cualquier vía de liquidez para la economía cubana. Estas medidas, cuyo carácter extraterritorial Cuba y la Asamblea General de Naciones Unidas han condenado en numerosas ocasiones, contribuyen a dificultar significativamente la dinámica interna del país, sirviendo como aliciente para crear insatisfacción social.

La irrupción de las redes sociales en la cotidianeidad de los cubanos aporta otro elemento a esta estrategia de subversión. Dichas redes son empresas privadas capitalistas con claros compromisos ideológicos con la élite mundial, son actores políticos de subversión probados en numerosos escenarios internacionales. Baste recordar su papel en las revoluciones de colores o en la llamada primavera árabe. En nuestro continente podemos destacar su función en el golpe de Estado en Bolivia en 2019.

El analista español Julián Macías Tovar demostró cómo se construyó y magnificó mediante bots la etiqueta SOSCuba, involucrando a famosos y logrando generar estados de opinión que promovieran la inestabilidad en el país. También se han usado intensivamente fake news y fotos y videos orientados a crear la matriz de que existe una gran inestabilidad interna y que la policía ha sido represiva. En esta campaña de asalto simbólico lo menos importante es la verdad, sino el rédito a corto plazo en materia de lograr acciones y reacciones en lo nacional e internacional.

En este sentido, se pretenden manipular los hechos recientes para colocar en la agenda política estadunidense el tema de una invasión militar “humanitaria”, apelando a un supuesto colapso interno.

Para los cubanos en la isla lo ocurrido el 11 de julio plantea retos y contradicciones que debemos resolver como sociedad para garantizar un desarrollo armónico. El más importante es cómo lograr mayor grado de democracia y participación popular sin fracturar la unidad nacional, que tan importante ha sido para enfrentar la agresión constante de EU. Y como extensión de este está el de cómo construir sólidos vínculos entre la nación y la emigración, de forma tal que esta última no acabe actuando como instigadora de la agresión y persecución en contra de su país natal.

Es preciso lograr una penetración social más profunda de las estructuras de participación y asistencia social creadas por la Revolución. Entre los manifestantes del 11 de julio contra la Revolución muchos sostenían posturas anexionistas, contra las que combatió José Martí, quien comprendió con total lucidez que tras esta postura política se ocultaban intereses expansionistas.

El combate contra el anexionismo, que tiene en la industria cultural miamense y los símbolos que esta fabrica sus emblemas vitales en la hora presente, es una de las tareas mayores. Pero este combate es también contra las formas ideológicas de dominación del gran capital.

Estas horas de dificultad no pueden hacernos olvidar las perspectivas que se abren para el país, sobre todo con la vacuna Abdala. Antes de finalizar agosto el gobierno estima tener inoculada a más de 60 por ciento de la gente, lo que augura un escenario de progresiva normalización de la vida en el país y de retorno del turismo, vital para la economía.

Además, alegra comprobar que Cuba nunca ha estado ni estará sola. Muchos países e infinidad de amigos de todo el mundo han alzado sus voces enérgicas en defensa de la isla rebelde.

Los que salimos a las calles el 11 de julio al grito de patria o muerte no llamábamos a dañar a nadie, expresábamos la convicción de defender con nuestra vida aquello en lo que creemos. A pesar de la imagen que desde los medios cartelizados y las redes sociales se ha intentado construir, los revolucionarios cubanos no somos violentos. En Cuba se ha dialoga incansablemente, pero la línea roja siempre será la defensa de la soberanía como obra colectiva de justicia social.

Un país que se construye permanentemente en el ejercicio constante de todos los cubanos, que se crece ante las dificultades, que avanza entre el escarnio y la mentira. Un pequeño archipiélago que tuvo el atrevimiento de construir un proceso social de los humildes, por los humildes y para los humildes. Por eso, por todas estas razones y por muchas más, Cuba por siempre defendida.

* Coordinador del capítulo cubano de la Red en Defensa de la Humanidad

 

[Fuente: http://www.jornada.com.mx]

 

Hay montones de heridos, de detenidos, de desaparecidos, aun sin poder cuantificar. El estallido fue tan inesperado y tan masivo que los cubanos no sabemos cuántos participamos y cuántos de esos ahora nos faltan.

Escrito por Abraham Jiménez Enoa

En la calle Galiano, en Centro Habana, había un hombre doblado con el torso hacia adelante. Le corrían gruesas gotas de sudor por la cara, que al llegar a la mejilla se mezclaban con la sangre de su boca, reventada por un costado, y se estrellaban una detrás de otra contra el pavimento. Al hombre golpeado lo sostenía de la mano un niño de unos diez años, que le quitó la mascarilla sucia del rostro y la tiró al piso. Él se sacó la camiseta gris que llevaba puesta y se la amarró a la cara, como un motorista, tapándose nariz y boca para protegerse de la Covid-19. Se percató de que lo miraba a unos metros de distancia y me dijo, señalando al niño: “Lo traje aquí para que después en su escuela no le cambien la historia”.

Al mismo tiempo, decenas de personas caminaban hacia la calle Galiano, empuñando palos y banderas cubanas o pancartas con el rostro de Fidel Castro. “Váyanse, gusanos, abajo la gusanera, esta calle es de Fidel”, nos gritaban descontrolados, con una mirada desafiante, poseída. En un parpadeo perdí al hombre y al niño. No los volví a ver. Con el grupo de gente llegaron también policías con bastones, tropas antimotines con pastores alemanes sin bozal, que ladraban con fiereza entre agentes de la seguridad del Estado, armados, pero vestidos de civil.

Un par de horas antes, el presidente Miguel Díaz-Canel dijo en un comunicado gubernamental que se transmitió por todas las emisoras de radio, canales de televisión y redes sociales de los periódicos del país: “Convocamos a todos los revolucionarios a salir a las calles a defender la Revolución en todos los lugares. No vamos a entregar la soberanía, ni la independencia de esta nación. Tienen que pasar por encima de nuestro cadáver si quieren tumbar la Revolución”. El sucesor de los hermanos Castro, hacía con sus palabras un llamado a la violencia, a un enfrentamiento civil entre cubanos, entre los partidarios del régimen y sus contrarios. Y eso fue lo que sucedió en al menos 50 puntos de la isla.

Las primeras protestas sucedieron en San Antonio de los Baños, Artemisa, y en Palma Soriano, en Santiago de Cuba. Dos zonas rurales del país, dos zonas pobres, donde los residentes llevan más de una semana con apagones diarios que pueden durar hasta doce horas en un solo día. Esa fue, quizás, la gota que colmó la copa, antes de extenderse al resto de las provincias. Han pasado ya muchos meses desde que los mercados, agros y tiendas en Cuba son auténticos cementerios. En las farmacias no hay medicinas ni condones, y pese a la producción de vacunas contra el coronavirus, el sistema de salud está colapsado por el incremento de casos que se están reportando, alrededor de siete mil por día. En los dos puntos donde todo comenzó y en los que se fueron sumando más adelante, la gente no pide más que “libertad”, “comida”, “medicamentos”. Le grita al castrismo: “Váyanse y déjennos vivir”.

Déjennos en paz por primera vez en sesenta y dos años, ya fue demasiado tiempo aguantando.

En los videos que los manifestantes publicaron en las redes sociales, se veían calles atestadas de gente indignada, gritando: “Ya no tenemos miedo, abajo la dictadura”. Esas primeras imágenes contagiaron a la nación y la sublevación se extendió como un campo minado que va estallando poco a poco.

Cincuenta puntos a lo largo de la isla, uno lo dice y no lo cree. En las últimas seis décadas el pueblo se ha levantado para protestar contra el castrismo en muy contadas ocasiones, los dedos de las manos sobran. Pero este 11 de julio, Cuba volvió a pertenecer a Latinoamérica, donde los estallidos sociales son el deporte regional. Han pasado sesenta y dos años desde que los Castro nos desconectaron del mundo y del resto de los latinos para convertirnos en una aldea de otra galaxia. Pero el internet nos devolvió a la Tierra y hoy nos tiene peleando con los dientes apretados por todo lo que hemos perdido. Me encanta decir que de tanto perder, de tanto que nos han quitado, o más bien robado, hasta sin miedo nos dejaron.

Las protestas eran pacificas: ciudadanos pidiéndole al gobierno que deje de vivir en su mundo paralelo y escuche al pueblo, que se está muriendo porque carece de lo básico. Pero el régimen cubano no entiende, su único idioma es el de la confrontación y no hay cabida en él para quienes le señalan con el dedo lo que ha hecho mal. A esos los reprime, los encarcela, los saca del camino. Solo les da la palabra a quienes están dispuestos a seguir subordinados.

Entonces, este domingo, como era de esperar, mandó a las calles como perros de presa a las fuerzas represivas. Y lo que se hubiera quedado en protestas pacíficas se transformó en enfrentamientos populares. Patrullas volcadas, tiendas abatidas a pedradas, ciudadanos que comenzaron a defenderse de los golpes para seguir avanzando. Hay escenas grabadas que parecen haber ocurrido en cualquier otro sitio, pero no en Cuba. Escenas cargadas de hartazgo: ancianos golpeando cazuelas con las manos, jóvenes mirando a los ojos a militares con armas de largo alcance, hombres lanzando piedras a policías que respondían con fuego.

Hay montones de heridos, de detenidos, de desaparecidos, aun sin poder cuantificar. El estallido fue tan inesperado y tan masivo que los cubanos no sabemos cuántos participamos y cuántos de esos ahora nos faltan, porque están tras las rejas o quién sabe dónde. Las listas de los ausentes se han empezado a confeccionar, yo conozco a mucha gente que hoy no aparece. Los familiares de esas personas se han presentado en las unidades policiales para exigir la liberación de los presos políticos, pero el régimen ha declarado que no será así, al menos no por ahora.

Nadie sabe qué pueda ocurrir, pero estoy seguro de que si el régimen persiste en su idea de encarcelar a quienes se manifiesten eso provocará un estallido aún mayor.

Las calles del país permanecen militarizadas. Las tropas especiales recorren las ciudades como si fueran autos clásicos. Las protestas han mermado, pero sigue el descontento y los levantamientos sociales en varios puntos del país, mientras los medios de comunicación del gobierno insisten en ocultar lo que está ocurriendo realmente. El gobierno, en palabras de Diaz-Canel, ha dicho que el domingo 11 de julio fue otra “jornada histórica de la Revolución”, “otra victoria”, y que la isla está en paz. Pero no hay nada más dañino para las dictaduras, que la ingenua intención de seguir ignorando lo que les rodea.

 

[Fuente: http://www.gatopardo.com]

Como cubano que vive en Cuba y trabaja y crea en Cuba, asumo que es mi derecho pensar y opinar sobre el país en que vivo, trabajo y donde creo.

Parece muy posible que todo lo ocurrido en Cuba a partir del pasado domingo 11 de julio lo hayan alentado un número mayor o menor de personas opuestas al sistema, pagadas incluso algunas de ellas, con intenciones de desestabilizar el país y provocar una situación de caos e inseguridad. También es cierto que luego, como suele suceder en estos eventos, ocurrieron oportunistas y lamentables actos de vandalismo. Pero pienso que ni una ni otra evidencia le quitan un ápice de razón al alarido que hemos escuchado. Un grito que es también el resultado de la desesperación de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis económica y una puntual crisis sanitaria, sino también una crisis de confianza y una pérdida de expectativas.

A ese reclamo desesperado, las autoridades cubanas no deberían responder con las habituales consignas, repetidas durante años, y con las respuestas que esas autoridades quieren escuchar. Ni siquiera con explicaciones, por convincentes y necesarias que sean. Lo que se impone son las soluciones que muchos ciudadanos esperan o reclaman, unos manifestándose en la calle, otros opinando en las redes sociales y expresando su desencanto o inconformidad, muchos contando los pocos y devaluados pesos que tienen en sus empobrecidos bolsillos y muchos, muchos más, haciendo en resignado silencio colas de varias horas bajo el sol o la lluvia, con pandemia incluida, colas en los mercados para comprar alimentos, colas en las farmacias para comprar medicinas, colas para alcanzar el pan nuestro de cada día y para todo lo imaginable y necesario.

Creo que nadie con un mínimo de sentimiento de pertenencia, con un sentido de la soberanía, con una responsabilidad cívica puede querer (ni siquiera creer) que la solución de esos problemas venga de cualquier tipo de intervención extranjera, mucho menos de carácter militar, como han llegado a pedir algunos, y que, también es cierto, representa una amenaza que no deja de ser un escenario posible.

Creo además que cualquier cubano dentro o fuera de la isla sabe que el bloqueo o embargo comercial y financiero estadounidense, como quieran llamarlo, es real y se ha internacionalizado y recrudecido en los últimos años y que es un fardo demasiado pesado para la economía cubana (como lo sería para cualquier otra economía). Los que viven fuera de la isla y hoy mismo quieren ayudar a sus familiares en medio de una situación crítica, han podido comprobar que existe y cuánto existe al verse prácticamente imposibilitados de enviar una remesa a sus allegados, por solo citar una situación que afecta a muchos. Se trata de una vieja política que, por cierto (a veces algunos lo olvidan) prácticamente todo el mundo ha condenado por muchos años en sucesivas asambleas de Naciones Unidas.

Y creo que tampoco nadie puede negar que también se ha desatado una campaña mediática en la que, hasta de las formas más burdas, se han lanzado informaciones falsas que al principio y al final solo sirven para restar credibilidad a sus gestores.

Pero creo, junto con todo lo anterior, que los cubanos necesitan recuperar la esperanza y tener una imagen posible de su futuro. Si se pierde la esperanza se pierde el sentido de cualquier proyecto social humanista. Y la esperanza no se recupera con la fuerza. Se le rescata y alimenta con esas soluciones y los cambios y los diálogos sociales, que, por no llegar, han causado, entre otros muchos efectos devastadores, las ansias migratorias de tantos cubanos y ahora provocaron el grito de desesperación de gentes entre las que seguramente hubo personas pagadas y delincuentes oportunistas, aunque me niego a creer que en mi país, a estas alturas, pueda haber tanta gente, tantas personas nacidas y educadas entre nosotros que se vendan o delincan. Porque si así fuera, sería el resultado de la sociedad que los ha fomentado.

La manera espontánea, sin la atadura a ningún liderazgo, sin recibir nada a cambio ni robar nada en el camino, con que también una cantidad notable de personas se ha manifestado en las calles y en las redes, debe ser una advertencia y pienso que es una muestra alarmante de las distancias que se han abierto entre las esferas políticas dirigentes y la calle (y así lo han reconocido incluso dirigentes cubanos). Y es que solo así se explica que haya ocurrido lo que ha ocurrido, más en un país donde casi todo se sabe cuando quiere saberse, como todos también sabemos.

Para convencer y calmar a esos desesperados el método no puede ser las soluciones de fuerza y oscuridad, como imponer el apagón digital que ha cortado por días las comunicaciones de muchos, pero que sin embargo no ha impedido las conexiones de los que quieren decir algo, a favor o en contra. Mucho menos puede emplearse como argumento de convencimiento la respuesta violenta, en especial contra los no violentos. Y ya se sabe que la violencia puede ser no solo física.

Muchas cosas parecen estar hoy en juego. Quizás incluso si tras la tempestad regresa la calma. Tal vez los extremistas y fundamentalistas no logren imponer sus soluciones extremistas y fundamentalistas, y no se enraíce un peligroso estado de odio que ha ido creciendo en los últimos años.

Pero, en cualquier caso, resulta necesario que lleguen las soluciones, unas respuestas que no solo deberían ser de índole material sino también de carácter político, y así una Cuba inclusiva y mejor pueda atender las razones de este grito de desesperación y extravío de las esperanza que, en silencio pero con fuerza, desde antes del 11 de julio, venían dando muchos de nuestros compatriotas, esos lamentos que no fueron oídos y de cuyas lluvias surgieron estos lodos.

Como cubano que vive en Cuba y trabaja y crea en Cuba, asumo que es mi derecho pensar y opinar sobre el país en que vivo, trabajo y donde creo. Ya sé que en tiempos como este y por intentar decir una opinión, suele suceder que «Siempre se es reaccionario para alguien y rojo para alguien», como alguna vez dijera Claudio Sánchez Albornoz. También asumo ese riesgo, como hombre que pretende ser libre, que espera ser cada vez más libre. En Mantilla, 15 de julio de 2021.

 

[Foto: Planeta – fuente: http://www.perfil.com]

O conflito entre oligarquias que levou ao autogolpe de Moïse. Por que velha mídia tenta acobertá-lo. O que diz o Judiciário. O papel dos EUA, França e Canadá na crise haitiana. Uma análise em profundidade, para além da cobertura eurocêntrica

Escrito por Lautaro Rivara

Em 7 de fevereiro, o presidente Jovenel Moïse, agora interino, consumou no Haiti um autogolpe após o período de cinco anos de governo estipulado na Constituição do país ter expirado. Assim, Moïse coroa uma longa deriva autoritária que o confrontou e o confronta com a permanente mobilização das classes populares, da oposição política e de todos os poderes e instituições do Estado. Em recente entrevista concedida por Moïse ao jornal espanhol El País, em algumas intervenções públicas de membros de seu governo e na voz de alguns comentaristas sobre a situação do Haiti, circularam uma série de teses que distorcem a situação atual e a crise em curso no país caribenho ao ponto de torná-la incompreensível. Algumas delas são risíveis, outras são criativas mas não rigorosas, e a maioria delas são apenas a reciclagem de velhos preconceitos racistas, eurocêntricos e coloniais. Nas linhas a seguir, tentaremos acertar contas com algumas dessas ideias.

1) A crise política no Haiti é eterna, generalizada e incompreensível

A crise no Haiti não é abstrata, nem metafísica, nem eterna. Ela tem datas, causas e responsabilidades específicas. Em primeiro lugar, a longa história de ocupações, interferências e golpes de Estado com apoio internacional, que fizeram do país uma neocolônia francesa apenas alguns anos após a Revolução de 1804, e depois uma neocolônia norte-americana após a ocupação dos fuzileiros navais ianques entre 1915 e 1934. Em termos gerais, os grandes protagonistas desta política de recolonização e tutela têm sido a tríade composta pelos Estados Unidos, França – que nunca abandonou realmente a ilha – e Canadá – talvez o país que pratica uma política imperialista mais invisível e desleal em nosso continente, sempre por trás de suas corporações mineradoras. Mas nos últimos 50 anos, organizações multilaterais como a Organização dos Estados Americanos (OEA), a ONU e grupos interessados, como o Grupo Central – formado por países autodenominados “amigos do Haiti”, em sua maioria europeus, com interesses mineradores, migratórios, financeiros ou geopolíticos no país, também desempenharam um papel importante na mediação e no desempenho de um papel de liderança. O surgimento do chamado “intervencionismo humanitário” no período pós Guerra Fria, ou ideologias similares como a “responsabilidade de proteger” (R2P na sigla em inglês) ou o “princípio da não indiferença”, foram inseridas no laboratório haitiano, nas inúmeras missões civis, policiais e militares que desembarcaram na costa oeste da ilha, desde a pioneira MICIVIH em 1993, até a tristemente famosa MINUSTAH durante o período 2004-2017. Os louváveis objetivos declarados por essas missões e agências têm sido a paz, a estabilidade, a governança, a justiça, a reconstrução e o desenvolvimento. Entretanto, o Haiti, impedido de seguir uma política fundamentalmente soberana, regrediu em todas essas áreas e indicadores nos últimos 30 anos.

Aqueles que no Norte global que gostam de apontar e medir os deficits democráticos dos países periféricos com a régua de suas robustas democracias liberais – sem importar o fato de que nelas ainda parasitam monarcas ou correspondentes de tempos não republicanos – geralmente param para apontar o número de governos e presidentes que o Haiti teve nos últimos anos como um sintoma inequívoco de instabilidade política. Entretanto, eles tendem a não mencionar que, desde 1957, todos os governos do Haiti – com exceção do primeiro governo do padre progressista Jean-Bertrand Aristide e mais tarde de seu deputado René Préval – chegaram ao Palácio Nacional com a mediação, intervenção, golpe ou ocupação promovidas por sucessivas administrações americanas, sejam elas democratas ou republicanas. A longa lista de figuras executivas preparadas pelos países ocidentais inclui um ditador vitalício, seu filho adolescente, efêmeros tiranos, um general aposentado, um ex-ministro, um pastor evangélico, um contador, um cantor de konpa, um empresário bananeiro, etc.

O Haiti não é um “estado falido”, nem um “estado frágil”, nem uma “entidade caótica ingovernável”, nem sua população tem uma propensão natural e genética para o caos, a instabilidade e o desgoverno. Pelo contrário, um entusiasmo democrático incomum e uma verdadeira enxurrada de votos levaram ao poder o primeiro presidente progressista da região, mesmo antes do início da chamada “primavera latino-americana”. Nesta eleição fundamental de 1990, 75% do eleitorado – em eleições não obrigatórias – deram a Aristide uma vitória retumbante com 67,39% dos votos. Mesmo após o golpe que o tirou do poder – com a participação direta dos Estados Unidos – em uma nova eleição realizada em 2000, o povo haitiano demonstrou novamente seu compromisso democrático com uma participação de cerca de 50%, elegendo novamente Aristide por 91,7% dos votos válidos. Em 2004, Aristide foi novamente derrubado, desta vez pela ação de uma Força Provisória Multinacional composta por tropas dos Estados Unidos, França e Canadá.

2) São esperadas mudanças substanciais na política da administração Biden

Tanto a administração republicana quanto a democrata têm seguido as seguintes estratégias no país, sem distinção: destruir sua economia agrícola e agroindustrial, assim como privatizar poucas empresas nacionais no Haiti; liberalizar o comércio e as finanças; aplicar as prescrições neoliberais, como a eliminação dos subsídios promovida pelo Fundo Monetário Internacional; tornar o país um nó periférico nas cadeias globais de valor, particularmente nos setores têxtil e eletrônico; promover, apoiar e financiar golpes; organizar e assessorar missões internacionais de ocupação; infiltrar mercenários e paramilitares, etc.  Provavelmente e paradoxalmente, talvez nenhum presidente estadunidense tenha causado tantos danos ao país quanto o carismático e progressista Bill Clinton, copresidente da Comissão Interina para a Reconstrução do Haiti (IHRC) que desviou para o setor privado grande parte do dinheiro enviado ao país pela cooperação internacional após o devastador terremoto de 12 de janeiro de 2010. Como afirma Clinton em sua própria autocrítica, foi o principal responsável pela destruição da economia do arroz do país, o que levou à ruína agrícola e induziu o êxodo de centenas de milhares de camponeses que mais tarde se transformaram em balseros [pessoas que emigram ilegalmente em embarcações precárias e improvisadas].

Como em tantos outros aspectos e em relação a tantos outros países, o que podemos ver sob a nova e reluzente administração democrática é uma mudança de métodos, mas não de estratégias, na tentativa de mitigar os custos de algumas alianças que são tão sensíveis quanto indefensáveis. A interrupção da venda de armas à Arábia Saudita para desacelerar sua ofensiva no Iêmen, a caracterização de Honduras de Juan Orlando Hernández como um “narcoestado” pelos próprios funcionários do establishment e alguns limites e condições “democráticas” impostas ao governo de Jovenel Moïse devem ser lidos na mesma linha. No Haiti, em particular, o governo PHTK foi cominado a retomar uma certa ordem constitucional. Para este fim, foi solicitada uma maratona eleitoral, embora por um Conselho Eleitoral Provisório – permanentemente provisório, na realidade – nomeado unilateralmente pelo Executivo; certo desconforto foi manifestado sobre o fechamento do Parlamento em janeiro de 2020; houve apelos para a libertação de alguns juízes do Tribunal de Cassação acusados de sedição; e a criação de uma opaca Agência Nacional de Inteligência, bem como decretos sobre segurança e “antiterrorismo” foram apontados como contrários às liberdades civis e aos direitos humanos. E mesmo sob a Lei Magnistky, dois funcionários do governo e um chefe de quadrilha aliado ao governo foram punidos no início deste ano por seu envolvimento no Massacre de La Saline cometido em 2018. Julie Chung, vice-secretária adjunta da Secretaria de Assuntos do Hemisfério Ocidental do Departamento de Estado dos EUA, elevou o tom das declarações, contestando o apoio sem reservas de outros funcionários estadunidenses a Moïse: “Estou alarmada com as recentes ações autoritárias e antidemocráticas, desde a destituição unilateral e nomeações de juízes do Tribunal de Cassação até ataques contra jornalistas”. Ela acrescentou que seu país “não ficará em silêncio quando as instituições democráticas e a sociedade civil forem atacadas” e que condenam “todas as tentativas de minar a democracia através da violência, da supressão das liberdades civis e da intimidação”.

Por enquanto, o esboço destas coordenadas é uma chamada explícita para “cuidar dos formatos”, o que estabelece uma série de condições para o cartão de imunidade que Donald Trump havia concedido a Moïse quando ele consumou sua virada contra a República Bolivariana da Venezuela em janeiro de 2019. A etapa insurrecional desatada em julho de 2018, prolongada e superdivulgada apesar do cerco da mídia, o apelo do Departamento de Estado dos EUA diz respeito a uma normalização rápida e forçada, mesmo que seja através de eleições condicionadas e fraudulentas. Políticas de baixo custo e alto impacto: essa parece ser a fórmula globalista e multicultural para recuperar a confiança e margem na geopolítica da América Latina, do Caribe e do mundo.

3) Existe um conflito de interpretações constitucionais

Se tal discrepância existiu efetivamente, já foi esclarecida pelo Poder Judiciário, o poder encarregado de interpretar as leis em qualquer República que se preze. No Haiti, como em qualquer outro país soberano – ou quando não seja uma colônia formal – existem tribunais competentes encarregados de resolver as discrepâncias constitucionais. No dia 7 de fevereiro, o Conselho Superior do Poder Judiciário (CSPJ) emitiu uma sentença sobre a data final do governo de Jovenel Moïse, assentando uma firme posição entre a interpretação do próprio governo e seus aliados ocidentais, e a interpretação que fizeram, entre outros atores, o Parlamento, os sindicatos e centrais sindicais do país, as câmaras empresariais, a Conferência Episcopal e os setores evangélicos, a Ordem dos Advogados, diversas agrupações da diáspora, organizações feministas, movimento de mulheres, sociais, rurais e urbanos, e um longo etc. O CSPJ fez uma interpretação limitante do artigo 134, inciso 2, da Constituição de 1987, estabelecendo que a presidência de Moïse terminou no último 7 de fevereiro, após 5 anos da realização das eleições que em 2016 o levaram ao poder, sendo improcedente a extensão de seu mandato por adiamento de uma posse formal. É paradoxal que esta mesma interpretação restritiva da Carta Magna tenha sido utilizada pelo próprio Moïse para fechar o Parlamento em janeiro de 2020, quando dois terços dos deputados e o conjunto dos senadores encerraram o prazo de seus mandatos, sem a possibilidade de renová-los perante a incapacidade do governo para organizar eleições legislativas previstas para 2019.

Portanto, o que define a crise política do Haiti não é um enfrentamento entre poderes – como coloca Moïse- ou uma crise institucional. O que se observa é a extensão ilegal de um mandato presidente que expirou. Isto, somado aos atentados contra os poderes do Estado por parte do Executivo, confirma a consolidação de um regime interino, supralegal e anticonstitucional por completo, que governa por decreto, carece de orçamento público, aprisiona e nomeia juízes de forma improcedente, persegue seus opositores politicamente e agora propõe uma Reforma Constitucional expedita para ratificar não o estado de direito, mas sim o estado de forças existente no país.

Manifestante com cartaz “EUA tirem as mãos do Haiti”

4) O governo de Moïse sofreu uma tentativa de golpe de Estado quando um juiz se “autoproclamou” presidente

É simplesmente tão impossível afirmar isto quanto afirmar exatamente o contrário. Até o momento, o governo de Moïse não apresentou nenhuma prova para apoiar a acusação de tentativa de assassinato contra ele, o que levou à prisão de Ivickel Dabrésil, juiz do Tribunal de Cassação, Marie Louise Gauthier, inspetora-geral da Polícia Nacional, e outras 20 pessoas. Como prova fidedigna, foram apresentados aos meios nacionais e internacionais dois fuzis automáticas, duas escopetas calibre 12, um facão, dinheiro e alguns telefones, o que demonstraria uma capacidade financeira e operativa suspeitosamente precária por parte dos insubordinados, quando não uma operação tosca por parte de um governo que se tenta vitimizar. Tampouco houve explicações sobre a prisão, na República Dominicana, de Ralph Youry Chevry, ex-prefeito de Porto Príncipe e uma conhecida figura da oposição, que denunciou que poderia ser assassinado caso fosse deportado para seu país.

Em relação à acusação de golpismo contra um setor da oposição, tal golpe não poderia existir legalmente. Poderia ser lido antes como um processo de insubordinação civil, já que a quebra da ordem constitucional esteve a cargo do presidente interino Jovenel Moïse. O oposto seria argumentar, ridiculamente, que o movimento democrático haitiano dos anos 80 foi um golpe ao derrubar a ditadura pela vida de Jean-Claude Duvalier. Poderia ser lido antes como um processo de insubordinação civil, já que a ruptura da ordem constitucional era de responsabilidade do presidente de facto Jovenel Moïse. O oposto seria argumentar, ridiculamente, que o movimento democrático haitiano dos anos 80 foi um golpe ao derrubar a ditadura pela vida de Jean-Claude Duvalier. Pelo contrário, o que estamos vendo no Haiti é o início de um esquema de duplo comando, já que o governo Moïse se agarra ao poder e mantém o controle das fracas alavancas do Estado haitiano – em particular, de suas forças repressivas – enquanto a grande maioria dos setores da sociedade civil e da oposição política decidiram nomear um presidente provisório – o juiz Joseph Mécène Jean Louis – com o objetivo de comandar o que eles chamam de “transição de ruptura” e de convocar eleições transparentes e democráticas a médio prazo. No meio, o governo interino e um setor da oposição mais conservadora estão competindo pelo favor da todo-poderosa embaixada dos EUA, como evidenciado pela comunicação de Patrick Leahy, presidente pró-tempore do Senado, ao secretário de Estado dos EUA Antony Blinken, solicitando seu apoio para a transição.

Evidentemente, por trás da eleição de Mécène Jean Louis há uma luta de poder entre diferentes setores da oposição, desde movimentos sociais até partidos conservadores e antigos membros da casta política. Uma luta na qual, sem dúvida, o corredor com maior vantagem seria a formação de centro-direita do Setor Democrático e Popular liderada pelo advogado André Michel, embora ele esteja longe de ter o controle decisivo das mobilizações de rua que poderiam mudar a correlação de forças num futuro imediato. As propostas soberanistas e antineoliberais que enfatizam o elemento de ruptura e não apenas o elemento de transição são de responsabilidade dos movimentos da CLOC-Via Campesina e da Articulação dos Movimentos Sociais rumo à ALBA, que junto com outras organizações e partidos construíram um polo de oposição mais radical chamado Fórum Patriótico Popular. Apesar do que Mécène Jean Louis representa neste delicado equilíbrio de forças e além de sua real capacidade de agência, o que está claro é a improcedência de descrevê-lo como uma espécie de presidente “autoproclamado”, desenhando analogias confusas e inapropriadas com o caso de Juan Guaidó na Venezuela.

Isto se deve a pelo menos três fatos fundamentais: porque o consenso social e as forças progressistas não estão aqui do lado do partido governista, mas daqueles que exigem a saída de Moïse; porque o magistrado não foi autoproclamado de forma sediciosa diante de um governo democraticamente constituído, mas eleito pela oposição social e política para preencher o vazio legal diante da consumação de um autogolpe; e fundamentalmente porque a política dos EUA, a verdadeira e fiel balança do equilíbrio no país, está inclinada, pelo menos por enquanto, para a continuidade do governo PHTK e não para a construção de um governo de transição, muito menos para uma ruptura que ameaça seu domínio sobre a geopolítica da Bacia do Caribe.

5) A violência no país é cega, espontânea e generalizada

Ao contrário do senso comum, os níveis de violência dos cidadãos no Haiti são relativamente baixos, pelo menos na comparação com o Caribe e a América Latina. Especialmente se assumirmos o excelente terreno fértil gerado pelas condições generalizadas de pobreza, desemprego, marginalidade, fome e desigualdade. Por razões que diferentes intelectuais do país iluminaram com as suas pesquisas, a sociedade haitiana é uma comunidade humana particularmente homogênea e integrada em termos sociais, linguísticos e culturais, com elementos importantes como a existência abrangente de uma cultura popular muito rica, de uma língua nacional e popular singular, como o crioulo haitiano, ou de formas de organização socioterritorial típicas da vida camponesa. Isto não significa, é claro, que não exista violência no Haiti. Pelo contrário, o que observamos no país são altos índices de violência política organizada. Com isto, queremos dizer que os atores da violência mais flagrante no país – notadamente grupos criminosos, quadrilhas armadas, paramilitares – são atores organicamente ligados ao poder político, ao Estado e às potências internacionais. A maioria destes grupos foi criada e financiada por senadores, ministros e presidentes, se não diretamente incentivada pelas potências imperialistas.

É por isso que é impossível entender a atual onda de sequestros que está varrendo o país, os sucessivos massacres em comunidades rurais ou bairros populares da capital – Carrefour Feuilles, La Saline, Bel Air, a lista é extensa sob o governo Moïse – sem entender seus fundamentos e seus objetivos políticos. Trata-se de desmobilizar a população que em julho de 2018 tomou massivamente as ruas do país, gerando uma insurreição social de tal volume e radicalismo que é, até hoje, impossível de administrar e reprimir pelas fracas forças de segurança do Estado haitiano. Suas Forças Armadas, dissolvidas por Aristide em 1996 e nominalmente reconstruídas em 2017, não estão realmente operacionais. A Polícia Nacional, a principal força de segurança, tem poucos  membros e carece de capacidade logística. Por sua vez, a ONU retirou seu último pessoal policial e militar com a partida da MINUJUSTH em 2019. A questão em sotto voce do establishment local e internacional é como reprimir e desmobilizar as classes populares que levaram à própria interrupção do ciclo de acumulação de capital em numerosas ocasiões, forçando a paralisação do comércio, a suspensão das importações, ameaçando o fluxo de remessas e produzindo um foco de perigosa instabilidade geopolítica a poucos quilômetros de Cuba, Venezuela, no Canal do Panamá e nas costas da Flórida. Isso contradiz as próprias afirmações de Moïse em sua entrevista ao El País, e repetidas por seus aliados, quando ele se refere à existência de “pequenos bandos da oposição mobilizada”. Basta mencionar que o pacote do FMI e seu decreto para eliminar os subsídios aos combustíveis geraram em julho de 2018 uma mobilização estimada de dois milhões de pessoas – num país de 11 – uma figura sideral e sem precedentes em termos históricos, se extrapolarmos para a dimensão de países como o Brasil ou os Estados Unidos.

Considerando que uma nova missão de ocupação é muito cara em termos políticos e financeiros – apesar de nunca faltarem lobistas para esta causa -, pesando sobre ela o fardo dos numerosos crimes e escândalos da MINUSTAH – violência sexual generalizada, massacres, a introdução de uma epidemia de cólera, etc. – e considerando que as ações da Polícia Nacional são muito deficientes, a última aposta, a partir da administração Trump, pareceu ser a “via Líbia”, ou utilizar referências mais próximas, elementos combinados do modelo e práticas colombianas, hondurenhas e salvadorenhas da Guerra Híbrida aplicadas sistematicamente contra a Venezuela. É claro que ninguém aqui está considerando atacar diretamente os fundamentos sociais e econômicos do profundo mal-estar social que levou a grande maioria da população haitiana ao limiar da reprodução da vida, catapultando-a uma e outra vez nas ruas do país. A única resposta parece ser a destruição completa do robusto tecido social haitiano que sustenta e reproduz suas forças organizadas e sua capacidade de mobilização política, em meio às condições materiais mais adversas de todo o hemisfério.

É por isso que o governo teceu uma aliança firme com uma espécie de coalizão de grupos criminosos chamada “G9”, que hoje cogoverna o território haitiano, em certas regiões até mesmo com um domínio mais substancial do que o do próprio Estado. A panóplia de fundações, agências de cooperação, ONGs coloniais e igrejas neopentecostais norte-americanas que tentaram cooptar e desmobilizar movimentos rurais e urbanos, difundindo teorias coloniais, teologias mercantis e concepções pseudodesenvolvimentistas e competindo pelo que consideram uma clientela cativa, não é mais suficiente. O poder duro mas invisível é exercido através da promoção do tráfico de drogas, do crime organizado e do paramilitarismo. Basta lembrar os casos comprovados de infiltração de paramilitares – norte-americanos, haitianos, sérvios, russos, mas todos eles contratados ou ex-militares das Forças Armadas dos Estados Unidos – que foram detidos no Aeroporto Internacional Toussaint Louverture carregados com armamento de alta potência e equipamentos avançados de telecomunicações. É até impossível compreender a surpreendente facilidade com que as armas circulam em um país que apenas 30 anos atrás estava praticamente e milagrosamente livre delas, se não fosse pelos recursos injetados pelo exterior, ou pelo próprio tráfego gerado pelos capacetes azuis durante os anos dourados da MINUSTAH.

Jovenel Moïse, do Partido PHTK e Luis Almagro, secretário-geral da Organização dos Estados Americanos (OEA), reunidos no último mês.

6) A oligarquia quer tomar o poder

Na entrevista mencionada acima, Moïse afirmou que por trás da oposição a seu governo estava a “oligarquia que quer tomar o poder”. Antes de tudo, é preciso dizer que a oligarquia no Haiti nunca deixou o poder, e nunca houve nada que se assemelhasse a uma burguesia liberal, progressista e industrial, além da transferência do poder da tradicional burguesia mulata para uma burguesia negra consumada pela ditadura de François Duvalier. Em particular, o que um escritor haitiano eloquentemente chamou de “elite repugnante” é composto de uma classe oligárquica, mas acima de tudo de uma burguesia importadora que se reproduz de forma parasitária através do controle da alfândega do país. Uma burguesia que não produz nada, consome tudo e quase não vive em seu próprio país. Além disso, o fato risível de Moïse denunciar a oligarquia de tentar apropriar-se do poder é como Guillermo Lasso acusar os banqueiros de querer governar o Equador – de novo -, ou Álvaro Uribe fazer acusações idênticas aos traficantes de drogas colombianos. O próprio Moïse é um típico empresário do setor bananeiro, catapultado para a política a partir do seu capital acumulado no setor agrícola e agroindustrial, com empresas comprovadamente fraudulentas como a AGRITRANS, participantes de vários desfalques do erário público.

Sem dúvida, nem todos os interessados na saída de Moïse são camponeses, migrantes, classe média ou os pobres urbanos. É claro que existe um setor da classe dominante haitiana que também está trabalhando para substituí-lo, mas neste caso são os setores que são, a rigor, menos oligárquicos. Em particular, o governo tentou construir um épico popular tardio e pouco convincente através de seu confronto com Dimitri Vorbe em particular e com empresas de eletricidade como a Sogener em geral. De fato, a proposta da campanha estrela de Moïse era trazer energia para todas as residências “24/24”, dado que o serviço de eletricidade mal chega a 40% da população, e considerando que mesmo na capital seu serviço é deficiente e intermitente. Apesar das lutas pelo controle da empresa elétrica nacional (EDH), seria ingênuo fingir que as outras frações da classe dominante haitiana não operam contra um governo incapaz de oferecer as mínimas garantias de estabilidade para o processo de acumulação, bem como elaborar teorias conspiratórias que tentam culpar um ou dois operadores por uma crise orgânica de hegemonia que se expressa em todas as áreas e se baseia, principalmente, na incessante mobilização das classes populares e na permanente deterioração de suas condições de vida.

7) O Haiti, incapaz de resolver seus próprios problemas, precisa de ajuda e cooperação internacional

Esta declaração é uma faca de dois gumes. Algo semelhante é declarado em um editorial recente no The New York Times intitulado “O Haiti precisa de ajuda”, onde se prevê “uma solução” na qual “poderes externos – alguma combinação dos Estados Unidos, da OEA, da ONU e da União Europeia” teriam algum tipo de influência – ainda mais notória – sobre o país. Mas um país soberano não é uma criança, para andar por aí exigindo acompanhamento e tutela. Menos ainda se foi o país que aboliu a escravidão de forma pioneira, que criou uma filosofia humanista que eclipsaria a das próprias revoluções burguesas, que consumou a primeira revolução social no hemisfério e que construiu a primeira República independente ao sul do Rio Bravo. Mas também é impossível isolar os chamados “problemas do Haiti” como se fosse uma cepa de vírus, sem enquadrá-los na geopolítica regional e global e na longa história de interferência que já desenvolvemos. Para dar um exemplo recente e prático: estamos convencidos de que nenhum governo teria suportado um único dia a mobilização ativa e radical de um quinto de sua população sem o apoio político, financeiro, diplomático e eventualmente militar dos Estados Unidos e de organizações multilaterais. Nenhum governo, de qualquer caráter, teria sido capaz de superar o tremor de uma coalizão de oposição que inclui praticamente todos os setores sociais e todas as forças políticas do país. Ainda hoje, Moïse terminaria seu mandato imediatamente se não tivesse a promessa dos Estados Unidos de uma salvaguarda, dinheiro e um visto para ele e toda sua família uma vez consumada sua saída do poder, dado que o destino habitual que o país tem dado a presidentes ainda menos impopulares é o linchamento em praça pública. Nem as eleições e a Reforma Constitucional proposta – a última tentativa de recuperar alguma legitimidade – poderiam ocorrer, como é evidente, sem o apoio financeiro, logístico e técnico desses mesmos países e organizações que durante anos controlaram o sistema eleitoral haitiano.

Portanto, o “problema Moïse”, assim como o problema das políticas neoliberais e seus efeitos devastadores sobre o país mais empobrecido do continente – políticas que não caíram do céu mas foram impostas impiedosamente pelo FMI e pelo Departamento de Estado dos EUA – não são apenas problemas do Haiti. São, antes, problemas de geopolítica regional que se expressam fortuitamente nesse castigado, mas orgulhoso país. Mas ainda podemos resgatar esta sétima e última tese num sentido bem intencionado e propositivo. A ajuda e cooperação que o Haiti precisa é a de todos os governos populares, setores democráticos, forças progressistas e esquerdistas, organizações de direitos humanos, organizações autônomas de integração e militantes imperialistas da região e do mundo que querem enfrentar a interferência devastadora do que veio a ser chamado de “comunidade internacional”, formada na realidade por um minúsculo grupo de países ricos e poderosos. Um velho slogan, cunhado durante o tempo da MINUSTAH, ainda parece manter sua eloquência: “É hora de deixar o Haiti em paz”. É o Haiti, em paz e com plena soberania, que mais uma vez conquistará um bom governo que possa resolver seus próprios problemas.

[Fotos: CHANDAN KHANNA / AFP – fonte: http://www.outraspalavras.net]

Devido ao descontrole da pandemia no Brasil, estudantes e pesquisadores brasileiros estão impedidos de entrar na França e, com isso, correm risco de perder bolsas universitárias e contratos de pesquisa

Escrito por Samantha Prado

Nas primeiras semanas de junho, começaram a multiplicar-se posts nas redes sociais com a hashtag #etudierestimpérieux. “Estudar é imperioso” é o mote do movimento de estudantes e pesquisadores brasileiros impedidos de viajar à França devido ao descontrole da pandemia no Brasil – classificado na categoria de zona mais perigosa em relação à Covid-19.

Desde o dia 23 de abril, a Embaixada da França no Brasil suspendeu a emissão de vistos aos estudantes e pesquisadores aceitos em instituições francesas porque a categoria foi retirada dos motivos imperiosos para entrar no país em meio à pandemia. Em 9 de junho, a França chegou a flexibilizar a entrada de viajantes de alguns países, mas o Brasil segue restrito por estar classificado como zona vermelha.

Hoje, a mobilização já conta com pelo menos 750 pessoas, entre alunos e pesquisadores de graduação, mestrado, doutorado e pós-doutorado. Todos já passaram pelo processo de candidatura, receberam aceite em instituições de ensino francesas e agora aguardam somente a emissão de vistos e a liberação das fronteiras para iniciarem seus estudos.

Taiza Marques e Vanessa Alvarez são duas das organizadoras do movimento e, em entrevista ao Le Monde Diplomatique Brasil, falam da angústia de tantos estudantes que agora veem seus planejamentos de carreira impedidos depois de extensos e concorridos processos seletivos. “Toda vez que ouço alguém falando sobre isso e leio os relatos dos nossos colegas me dá uma profunda tristeza porque só a gente sabe tudo o que passamos em questão psicológica, financeira, de expectativa e de planejamento”, relata Vanessa.

Ausência de respostas

Taiza conta que a mobilização surgiu da apreensão com a ausência de respostas diante da situação – tanto da Embaixada francesa, quanto da agência Campus France, responsável pela promoção do ensino superior francês no Brasil. “No início, a nível individual, as pessoas procuravam o Campus France para saber das previsões e a resposta era ‘não temos informação, aguarde’. Foi nisso de não aguentar mais aguardar que surgiu o movimento”, conta ela, que foi aprovada no mestrado de engenharia civil na Universidade de Toulouse.

A comunicação com o Itamaraty e os órgãos brasileiros também tem sido complicada. “Eu comecei a ficar muito preocupada no dia 5 de junho, quando encaminhei um email explicando minha situação. Tive uma resposta padrão de um parágrafo dizendo que se tratava de uma questão de soberania da França e não havia o que fazer”, relata Vanessa. Além de não ter tido sua questão repassada ao ministro das Relações Exteriores, ela também descobriu que outros estudantes também tinham recebido exatamente a mesma mensagem: “soube que outra pessoa no grupo também tinha recebido o mesmo email, no estilo copia e cola, foi quando pensei ‘meu Deus, estamos sozinhos nessa’”.

A única resposta que o movimento recebeu do Itamaraty até o momento aconteceu depois de uma reportagem exibida pela TV Record. As estudantes ressaltam que o apoio da mídia tem sido essencial para conseguirem retorno dos órgãos acionados, descobrirem novos estudantes na mesma situação e obterem novos apoiadores públicos – como é o caso do ex-ministro da Educação, Aloizio Mercadante, que enviou um apelo à Embaixada francesa sobre a situação. Na última quarta-feira, dia 23, o ex-ministro das Relações Exteriores, Celso Amorim, também se sensibilizou com a causa e gravou um vídeo em apelo ao governo francês para resolução do impasse.

Outro importante apoio que o movimento conseguiu foi da senadora francesa Joëlle Garriaud-Maylam, do Partido Republicano. Nomeada como conselheira administrativa do Campus France, Garriaud-Maylam já manifestou publicamente em seu Twitter que a resolução dos vistos brasileiros é uma de suas prioridades. “Primeiro desafio: conceder os vistos aos estudantes estrangeiros do Brasil e de outros países em zona vermelha #estudaréimperioso”, escreveu ela.

[“Obrigada! É uma honra ter sido nomeada conselheira administrativa do Campus France. Eu trabalharei ao meu melhor para reforçar a atratividade das universidades francesas para o mundo. Primeiro desafio: conceder os vistos aos estudantes estrangeiros do Brasil e de outros países em zona vermelha #estudaréimperioso”.]

Índia já promete retomada dos agendamentos dos vistos

Além do Brasil, a Índia é um dos países que também estão classificados como zona vermelha e seus estudantes passam pelo mesmo problema. Porém, o embaixador da França na Índia já anunciou a retomada dos agendamentos do visto – algo que ainda não foi conquistado pelos estudantes brasileiros. “O que queríamos era uma atuação nos mesmos moldes que ocorreram na Índia, para termos ao menos uma previsão da retomada dos vistos. Nós só pedimos o apoio oficial e ativo do Itamaraty para com todos os estudantes prejudicados”, diz Taiza.

As organizadoras também lembram que não são apenas os estudantes com aprovações nas universidade francesas que estão passando por essas dificuldades, mas também estudantes aceitos em universidades da Alemanha, Espanha e Itália.

Você pode acompanhar e apoiar o movimento dos estudantes através das mídias oficiais no Instagram (@etudierestimperieux) e no Twitter (@etudiantsBR).

Quem pode viajar para França

Segundo a Embaixada da França, entre os motivos que permitem a viagem ao país estão: cidadãos franceses, seus cônjuges e filhos; cidadãos da União Europeia com residência na França; brasileiros com autorização de residência ou visto de longa duração no país e funcionários em missões diplomáticas. Estudantes não constam mais nos motivos imperiosos.

Mesmo para quem se encaixa em uma das categorias, é preciso mostrar um teste negativo ao chegar à França. Além disso, é obrigatória a quarentena de 10 dias.

A Embaixada Francesa, o Itamaraty e o Campus France foram procurados

Procurados pelo Le Monde Diplomatique Brasil, a Embaixada francesa e o Campus France não concederam esclarecimentos até o fechamento desta reportagem.

Já o Itamaraty enviou uma nota alegando que o Ministério das Relações Exteriores e a Embaixada do Brasil estão fazendo o possível para alcançar uma solução satisfatória e que estão em coordenação com as autoridades francesas. No momento ainda não há data para retomada dos agendamentos de visto.

Leia a nota na íntegra:

O Itamaraty tem acompanhado a dificuldade de estudantes brasileiros em ingressar na França, para iniciar ou continuar seus cursos, em razão de restrições sanitárias decorrentes da pandemia de Covid-19 e da suspensão do processamento de vistos.

O Ministério das Relações Exteriores – por meio de gestões junto à Embaixada da França em Brasília e da Embaixada do Brasil em Paris junto às autoridades francesas – vem fazendo o possível para alcançar solução satisfatória que atenda ao pleito de estudantes inscritos em instituições de ensino francesas.

A Embaixada do Brasil em Paris está em contato com o movimento “Étudier est Impérieux” e seguirá em coordenação com as autoridades francesas competentes para que considerem a adoção de medidas alternativas que permitam a retomada da emissão de vistos a estudantes e acadêmicos brasileiros e sua entrada no território francês.

Atenciosamente,

Divisão de Assessoria de Imprensa

Ministério das Relações Exteriores

 

[Fonte: http://www.diplomatique.org.br]

El « pirijakiri », un original potaje que expresa los saberes ancestrales de las mujeres del pueblo asháninka, obtuvo el primer puesto en el Concurso de Gastronomía Amazónica realizado en el Cusco.

El concurso se efectuó en el marco de la tradicional festividad de San Juan, el distrito de Kimbiri, sede de la XXIII Feria Regional Agropecuaria, Agroindustrial y Artesanal 2021 y del XV Festival de Comunidades Nativas.

El pirijakiri, que en castellano segnifica « segundo », fue presentado por el equipo liderado por Karina Cipriano Damián, promotora del Centro para el Desarrollo del Indígena Amazónico (CEDIA).

¿Qué es el pirijakiri?

El pirijakiri está hecho a base de chitoyki (frijol palo), puré de maona (opati), ensalada de kiri (Pijuayo) y hoja de tsogo (antipapa) con asado de etini (armadillo). Se acompaña de una mazamorra de kemi (zapallo) y refresco chicha de parenti (plátano).

La combinación de estos alimentos de alto valor nutricional, está sustentada en los saberes ancestrales de las mujeres asháninka y todos los productos provienen de las chacras integrales.

Retomar las chacras integrales

Las chacras integrales forman parte de una estrategia de soberanía alimentaria que forma parte de un proyecto conjunta entre el CEDIA y la Organización Ashaninka del Río Apurímac (OARA).

La finalidad es vencer la desnutrición infantil entre la población asháninka y machiguenga, así como recuperar las especies nativas de la zona para una alimentación sostenible.

Las actividades del XV Festival de Comunidades Nativas se desarrollaron en la Comunidad Nativa Sampantuari, en el distrito de Kimbiri, Cusco. La premiación del concurso gastronómico se realizó el 19 de junio de 2021.

Las festividades buscan incentivar y mostrar cómo las comunidades nativas redescubren y revaloran especies ancestrales que les permiten combatir la desnutrición infantil.

Asimismo, les proporciona alternativas de alimentación saludable para enfrentar la pandemia de la COVID-19.

 

 

[Fotos: CEDIA – fuente: http://www.servindi.org]

Horacio González trató de deglutir todas las grandes tradiciones filosóficas y políticas a través del tamiz de nuestro drama nacional. Hizo de su obra -escrita y conversada- una intervención política que consistió en encontrar lo infinito en lo más propio de la nación argentina. Cruzó filosofía, literatura y ciencias sociales, e interrogó las sagradas escrituras libertarias, socialistas, populistas, autonomistas y populares, sin arrogarse nunca la comodidad de levantar el dedo acusatorio. El homenaje de Adriano Peirone al intelectual del saber popular.

Escrito por Adriano Peirone

Cada tiempo, cada época, tiene sus escrituras. Horacio González conminó a leernos sin atajos, para que encarnemos la soberanía de nuestras promesas. Si la sensación es que no dejó objeto por pensar, es porque pudo desplegar una política de su saber: en Horacio todas las cuestiones fueron pensadas desde adentro, para ser interrogadas en sus últimas consecuencias, para ser extremadas en sus postulados. El Estado, la universidad, lo nacional, el peronismo, los setenta, el movimiento, las izquierdas, el sacrificio, los nombres y las letras argentinas son algunos de los grandes ejes de su producción intelectual. Se propuso extremarlos en su reflexividad haciéndose sensible a los diversos lenguajes que los atravesaban. Pero ese pensar desde adentro hizo carne una tercera posición, absolutamente singular que consistió en negar la comodidad de los intelectuales que siempre se piensan afuera de lo que se habla, de lo social y de lo político, pero del mismo modo renunció a la comodidad de los exégetas del adentro. Adentro pero en contra, como se ha escuchado decir, en Horacio González se trató de deglutir -como el movimiento antropofágico- todas las grandes tradiciones filosóficas y políticas a través del tamiz de nuestro drama nacional.

Al contrario de los intelectuales universales, González hizo de su obra -escrita y conversada- una intervención política que consistió en encontrar lo infinito en lo más propio de la nación argentina. Si el imaginario borgeano no puede prescindir de la figura del tigre, de la espada, los espejos, el cuchillo y la duplicidad de la traición y el héroe, en el universo de Horacio González -acaso más vasto todavía que el del autor de El Aleph- podemos identificar fractales completos que hicieron a sus problemas decisivos. Entre todos sus grandes temas, una forma de escucharlo sensiblemente puede tener asidero en su política del saber, y más específicamente en su consideración del saber popular, imprescindible hoy más que nunca para refundar la universidad y la democracia, porque resulta inescindible de lo libertario, del trabajo, de la base ficcional de las ciencias, de la violencia y de la picaresca, todo para interrogar y hacer más agudas nuestras mitologías.

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Políticas del saber popular

Entre las diversas operaciones sobre lo científico, González puso a la risa como material de un pensar sobre lo social. Lo hizo, claro está, como una forma de pregunta argentina a las ciencias canónicas, trayendo al substrato popular que ellas suelen olvidar. El edificio de las ciencias sociales ha construido parte de sus cimientos en interrogaciones fuertes sobre el famoso «sentido de la acción». La sociología, abocada a resituar como «hechos sociales» las evidencias causales, se ha narrado ubicando su lugar entre la reposición de lo social frente a las teorías económicas, pero también a las teorías psicológicas de la explicación individual. ¿Cómo se explica una acción que escamotea su sentido? ¿de qué manera la astucia toma sentido entre la tragedia y la comedia? González asumió la tragedia de parecer estar siendo pensados con categorías impropias, traídas desde las grandes usinas categoriales. Antes que todo el giro poscolonial llevó a fondo la pregunta sobre de qué manera se instituyen marcos teóricos -siempre estuvo con la Universidad entre sus preocupaciones centrales- para pensar los hechos sociales, nuestras formas de abismalidad, no bajo los modos de cómo “la humanidad” o “las sociedades” actúan, sino de qué forma en nuestro país -y en nuestra región- se dan conspiraciones y solidaridades dramáticas.

Horacio González, en uno de los vértices centrales de su extensa obra, explicita el modo en que la hipótesis de la «picaresca» podría trastocar el imaginario «científico» sobre lo social. Bajo el fantasma de la risa de la muchacha tracia, propuso que lo propio de las sociologías no canónicas acaso sea captar aquello que está detrás de la «razón popular». Es decir, decidió fundar una escuela donde la risa del que, en principio, no sabe, puede ser considerado un gesto de emancipación que a no puede desconocerse para pensar lo social, pero que a su vez corre el riesgo de caer en el autofestejo. González interrogó desde allí las sagradas escrituras libertarias, socialistas, populistas, autonomistas y populares, sin arrogarse nunca la comodidad de levantar el dedo acusatorio, antes de pasarse a sí mismo por ese rasero que percibimos infalible, desde la autonomía “popular” o libertaria, pero también “científica”.

Las estrellas del pueblo

Una imagen que lo grafica entre miles y miles que muchos tenemos para rememorarlo: en la reinauguración de una sala de la Biblioteca Vigil en Rosario, en 2014, problematizó la educación popular a partir de un Sarmiento diseccionado, pero invitando a releerlo, en medio de un auditorio repartido entre progresistas, peronistas y de izquierdas. Todos teníamos motivos para ir a leer a Sarmiento de nuevo, para captar esa contradicción que González nos inoculó como imagen incómoda en el interior de las posiciones autocomplacientes. Pero además lo hizo desembocando en la cuestión de que aquella institución, enclavada en medio de un barrio obrero, autoorganizado, arrasado por la dictadura, emplazó por decisión colectiva en un centro astronómico. Esto, que para los clásicos modernizadores sería una extravagancia, para González se trataba de un derecho elemental. ¿Qué implicaba para la imaginación del barrio poder mirar al cielo? ¿Qué les decía a los hijos de los obreros la adquisición de una técnica para estar más cerca de lo que siempre fue imposible? Que trabajadores organizados hayan querido hijos con miras galácticas era para González la consumación de Blanqui y la Comuna a la vera del Paraná, una inversión de los tiempos de la emancipación que era donde precisamente quien quiera pensar algo debía saber descifrar.

Otra imagen. Comienzo de una clase en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Rosario, hace dos o tres años: martillazos y taladros en la sala contigua, gestos de malestar entre jóvenes asistentes. González, que intuye movimientos para gestionar un traslado, prosigue su clase llevando el seminario a las ritualidades que todo trabajo contiene, y en la sospechosa pretensión de una práctica social -paradójicamente, la de estudiar lo social- que quiere pensarse a sí misma acallando allí lo que se mueve a su alrededor.

– ¿Por qué tendríamos un acceso privilegiado al silencio en una institución que está siendo mantenida por el obrar contiguo de saberes que consideramos implícitos? – preguntó. Y respondió: Los ruidos son escrituras que no debiéramos olvidar si pretendemos algunos minutos para nuestras ideas reflejadas.

En ambas figuras su interrogante estaba dado por un cuerpo a cuerpo de su propia política del saber, en un cuestionamiento a la Universidad que hoy resulta acaso decisiva para quienes la habitamos.

El método gonzaliano – sabemos que no le gustaría que así lo llamáramos- pensó la densidad del nombre, de la traición, de la violencia en el trabajo y del panteón nacional, forzando a leer alpargatas como libros -diría el sociólogo Eduardo Rojas-, y ruidos de la construcción como elementos de los que un aula no puede evadirse, sin correr el riesgo de desconocer la sociedad en la que se forma. Contra los molinos de la comodidad apoltronada de la Universidad, no trabajó afuera sino en sus pliegues, en su límite, reclamando el derecho del pueblo a los astros, a la traducción de sus sueños en un lenguaje que merece no ser tratado en forma desigual, pero mucho menos en forma complaciente.

Más bourdieusiano que Bourdieu en este punto, comprendió como nadie que era muy fácil buscar internamente los vericuetos formales para ocupar puestos entre los altos estudios. Más todavía si se trataba de querer “pensar los territorios” con categorías importadas a través de modas que, por otro lado, suelen llegar demasiado impotentes. Pero nunca se dejó arrastrar por esos microcosmos, captadores de escrituras y de voces que no pueden no ser públicas. González hizo de esa pregunta por el anacronismo una polémica de igual a igual contra los acomodos catedráticos, y lo hizo en Buenos Aires, en Rosario y en cuanta universidad y organización pudo visitar a lo largo del país. La operación sobre la estructura académica se trató de abrirle desde adentro los sentidos más agudos de sus propias narrativas, organizando la invasión en cada lectura que podía soltarse al interior de sus espacios.

Lecturas

González enseñó a leer sin concesiones. Esa política del saber cuestionó las estructuras escriturales academicistas que hacían del lenguaje cerrado una codificación sin pueblo. Pero también fue lapidario con aquellos que se propusieron taumaturgos de lo popular y hablaban en un “nivel entendible para todos”. La máquina se trató de tomar en serio el trabajo intelectual, y fue allí donde se mostró incansable. La picaresca arltiana estuvo como uno de sus subtextos, y si la frase del Ojo Mocho en su presentación fue esa de “Rajá turrito, rajá”, una de las que más lo definen es la de prepotencia del trabajo. Contra la pereza de algunos cientistas profesionales, que leen lo social con “marcos teóricos” eternos, González impulsó hasta el cansancio a no dejar literatura, poesía, filosofía o ciencias sociales sin radicalizarlas en sus significaciones conceptuales.

Propuso no discontinuar la tradición de Contorno, con David Viñas y Josefina Ludmer, para pensar lo social desde la literatura. O como forma de inscribir las ficciones como elementos de los imaginarios encarnados en tiempos superpuestos. Es desde allí desde donde empujó malones de estudiantes de ciencias sociales a entrar voraces en Arlt, Borges, Macedonio o Hernández. Su política sobre las disciplinas consistió en auscultarlas como tabiques y límites que ocultaban más de lo que permiten revelar cuando se vuelven ritualizadas.

Bajo la maquinaria de leer vorazmente todas nuestras ficciones, pero también todo lo circulante como discurso político, cruzó filosofía y literatura con ciencias sociales, acompañándolos en sus propias jergas para llevarlas a sus más altas posibilidades de decir algo en sentido fuerte. Adentro pero en contra, fagocitándolos, a Perón con Borges, a Cooke, Vallejo y Ludmer, Viñas Rozitchner, Gramsci, Rancière y Levi-Strauss con Alcira Argumedo -su último texto fue sobre ella y es un programa político e intelectual-, para ser capaces de conformar una trama cultural con una figuración más potente sobre nosotros mismos. Su legado es precisamente haber permitido pensar lo universal anclado como nadie en nuestras propias lecturas nacionales.

Aunque parezca menor, acaso sea en poquísimas ocasiones donde nos topamos con una máquina de pensamiento que conjuga de modo tan potente todo lo que puede ser interrogado sobre las formas colectivas, no a partir de universales sin cuerpo, sino de asumir a fondo el interrogante por los conceptos que nos rodean y nos marcan el pensarnos social y colectivamente. Contra la oscuridad de época sin horizontes claros, acaso González una vez más nos dejó muchísimos motivos para volver a reunirnos.

 

[Fotos: Ximena Talento – fuente: http://www.revistaanfibia.com]

La conquista española y la colonización se basaron en la negación del otro. La ignorancia es el origen del racismo. Es el temor a lo diferente y es la justificación para dominar y sojuzgar al otro en nombre de una supuesta superioridad racial.

Escrito por Nilo Cayuqueo

Los mexicanos vienen de los indios, los brasileños de la selva y nosotros los argentinos, de los barcos.”

Alberto Fernández, presidente de la Argentina

Esto fue lo que dijo el presidente Alberto Fernández hace algunos días durante la visita del presidente español Pedro Sánchez a Buenos Aires.

Sería ingenuo decir que el presidente tuvo un “furcio”. Es un sinceramiento de lo que piensa y consistente con su ideología. Es política de Estado congraciarse con los gobiernos europeos y el gobierno norteamericano de turno, para negociar deudas, como con el FMI, que el pueblo no contrajo pero que se le obliga a pagar.

El gobierno promueve las “inversiones” por parte de las multinacionales. Un eufemismo que esconde el saqueo y la contaminación a los territorios donde viven los pueblos originarios y campesinos por cientos y miles de años.

Tampoco es ninguna sorpresa. Que los argentinos descienden de los barcos viene siendo una frase repetida por varias generaciones de presidentes, como apunté en una nota anterior. Su repetición habla de un no aprendizaje, de una negación y de una profunda ignorancia de la historia de un país que fue fundado a sangre y fuego masacrando a los pueblos originarios y la gente esclavizada traída en otros barcos desde África, en una terrible continuidad con el coloniaje de ultramar.

Pero que la sociedad se escandalice habla también de que hay una urgencia por repensarnos como sociedad y país, también en el marco de la llamada Latinoamérica. Porque esta frase no solo es una ofensa a la historia del país que gobierna Fernández, sino también a la historia del continente.

Una disculpa por twitter no es suficiente. La reparación histórica hacia los pueblos originarios no puede esperar más. Los asesinatos y desalojos a comunidades originarias se suceden día a día. El día siguiente de la manifestación del presidente Fernández, moría asesinado por la policía en Chaco, el joven qom José Lago. El Estado se hace presente o con asistencialismo o con brutalidad policial, pero no está dispuesto a hablar de nuestros derechos consagrados en las leyes nacionales e internacionales.

No necesitamos que se disculpe, señor presidente, es un gesto banal. Necesitamos que se eduque usted, así como todo funcionario, es su deber. Es inaceptable que ejerza la docencia y reproduzca frases fuera de la realidad y ofensivas hacia el pueblo, no solo los pueblos originarios, sino también a todo el pueblo empobrecido. Al mismo tiempo con una connotación paternalista al decir “nuestros pueblos originarios”. ¿A quiénes les perteneceremos?

Tampoco es su culpa, que haya sido educado sintiéndose europeo, pues la enseñanza en este país de solo 211 años fue instaurada por mandato de la oligarquía a quien fue el presidente Domingo Faustino Sarmiento, un presidente asesino y racista que junto a Mitre, el general Roca, Victorica y otros, se encargaron de masacrar a los pueblos originarios, para que ellos y la oligarquía puedan apoderarse de sus territorios y después escribir la historia, la historia del vencedor, y planificar la educación que hoy recibimos en las escuelas.

Así como usted, señor presidente, se define como “un europeísta”, y sí, pero usted no es el único, otros presidentes como Menem, Cristina Fernández y el ultraderechista Mauricio Macri también han dicho que los argentinos somos descendientes de europeos. Desgraciadamente, a raíz de esa educación distorsionada, parte de la población piensa igual que usted, y eso debe ser cambiado.

La conquista española y la colonización se basaron en la negación del otro. La ignorancia es el origen del racismo. Es el temor a lo diferente y es la justificación para dominar y sojuzgar al otro en nombre de una supuesta superioridad racial.

¿Se puede ser un país libre, justo y soberano, cuando los terratenientes, las compañías multinacionales, las financieras se han apoderado de los territorios y controlan la economía? El llamado gobierno nacional y popular se jacta de favorecer a los más desposeídos, con políticas asistencialistas, mientras los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. El impuesto a la riqueza no puede ser una política circunstancial, cobrar un poco más de impuesto por “única vez”? Hay que revolucionar las bases de los privilegios que sustentan un estado de desigualdad y el crecimiento galopante de la gente empobrecida, las cárceles están repletas de gente de color marrón. La distribución de las riquezas es un imperativo insoslayable.

Se sigue ignorando a los pueblos indígenas y sus legítimas demandas a la devolución de sus territorios y reparación histórica por todos esos genocidios. No solo es la negación, sino que la represión sistemática y los asesinatos a líderes y jóvenes indígenas es una constante.

Necesitamos una transformación, empezando por la devolución de los territorios usurpados a los pueblos originarios y una reforma agraria para que los millones de personas viviendo en los barrios populares (villas miserias), puedan tener acceso a la tierra y tener una vida mas digna con alimentos promovidos por una soberanía alimentaria.

Un Estado plurinacional, no es una utopía, es el sueño de millones, donde las distintas culturas que convivimos en este enorme país llamado Argentina, para que podamos proyectar un futuro mejor para las generaciones que vendrán.

Si los gobiernos no responden a estos mandatos históricos, será tarea de los pueblos llevarlo a cabo.

 

 

– Nilo Cayuqueo es de la comunidad mapuche de Los Toldos en la provincia de Buenos Aires. Cofundador de varias organizaciones en Argentina y a nivel internacional. Uno de los primeros participantes indígenas en la ONU a partir de 1977. Fue perseguido por la Alianza Anticomunista Argentina, en el gobierno de Isabel de Perón, y más tarde por el gobierno militar en Argentina, debiéndose exiliar en Perú, Bolivia y más tarde en Estados Unidos. Ha escrito numerosos artículos sobre pueblos indígenas. Libro en progreso: Mis Memorias y La Historia del Movimiento Indígena.

 

 

 

El Chile que pugna por nacer

Escrito por Francisco Herreros

La declaración de la Vocería de los Pueblos, integrada por 34 constituyentes independientes, provenientes de movimientos sociales, mediante la cual reivindican la soberanía de la convención constitucional, es en primer lugar, una excelente noticia.

Segundo -y principal- con notable sentido de tiempo y distancia, tomaron la iniciativa e instalaron en el debate, el tema central del próximo, histórico e inédito certamen, vale decir la naturaleza del mismo, en un campo donde se enfrentarán las representaciones del Chile que no termina de morir y de aquel que no acaba de nacer.

La inmediata alineación del partido del orden demuestra lo que está en juego.

Perdedores en las dos últimas elecciones en forma consecutiva, impetran la legitimidad de una elección de hace cuatro años, e insisten en encorsetar el proceso constituyente con el cepo de los dos tercios.

La presidenta del senado, Yasna Provoste, acudió a la ironía:

«Me resulta curioso venir a desconocer el Acuerdo por la Paz que da inicio al itinerario constituyente del que ellos participaron, e incluso fueron candidatos y electos».

«Cuando uno desconoce algo no se presenta como candidato», sentenció; misma tesis del ministro del Interior, Rodrigo Delgado:

«Pasa que esos constituyentes ya se sometieron a lo que fue el acuerdo, porque si fueron candidatos, fue gracias a ese acuerdo. El Gobierno validó ese acuerdo del cual ha cumplido cada centímetro, por lo tanto, no nos queda más que seguir cumpliendo».

Agustín Squella, independiente en lista del Partido Liberal, manifestó:

«No hago ningún llamado que no sea a ajustarnos a las normas previas; nunca me gustaron los dos tercios, pero es la regla que se estableció».

Fuad Chahín, único constituyente de la DC, fue más categórico:

«Pasar por encima de las reglas del juego en el fondo es pasar por encima de la democracia».

Cristián Monckeberg, convencional de RN por el distrito 10, expuso una peculiar interpretación:

«No nos produce sorpresa la actitud que han tomado algunos miembros de la Convención. Lo que se está produciendo es saltarse las reglas del juego, las reglas democráticas, y lo que nos dijo la ciudadanía y el verdadero mandato del pueblo fue: ‘siéntense a dialogar’».

Estas son las expresiones del Chile desfalleciente, moribundo, portadoras del discurso del modelo que fracasó.

Todavía no entienden que fueron destituidos por una revuelta de carácter histórico, que cierra el ciclo neoliberal, iniciado en Chile en abril de 1975, con ocasión del primer ajuste estructural, dispuesto por el ministro de Hacienda, Jorge Cauas.

Como es apenas natural, se aferran a cualquier argumento que al lado derecho del signo igual, signifique blindaje para los intereses que representan, y a los cuales se deben.

Exigidos a fondo por el guante lanzado por la vocería de los pueblos, los representantes de la república neoliberal comprenden con espanto, que aparte del discurso, y su difusión asegurada en el sistema mediático, no disponen de otros recursos para abortar el parto del Chile que pugna por nacer.

Tampoco se dan cuenta de que la revuelta canceló la política de lo posible, y su discurso justificador.

¿En virtud de qué lógica política la minoría impone reglas a la mayoría, como no sea en el universo de las extrañas matemáticas de los dos tercios, donde se puede ganar perdiendo?

¿Por qué los representantes del nuevo Chile deberían aceptar un acuerdo que no firmaron, y que los priva de potestad constituyente, en una coyuntura histórica única e irrepetible?

La democracia no consiste en respetar acuerdos espurios, a espaldas del pueblo movilizado, ni en normas dictadas para favorecer la gobernanza, ni en representaciones políticas sin revocabilidad, sino en el gobierno de mayorías.

Eso está al alcance, y el pueblo se lo ganó.

La magnitud de la revolución social chilena se puede medir por su impacto en la revuelta social de Colombia y la elección presidencial de Perú.

La principal virtud de la declaración de la vocería de los pueblos, consiste en desvelar lo que está en juego.

Impulsados por el viento histórico de cambios, que esta vez sopla de popa, los convencionales democráticos harían bien en cubrirse los oídos con cera, para no escuchar los cantos de sirena del Chile que fracasó, y con la audacia de Ulises, rediseñar Chile desde la perspectiva de la justicia social, sin condicionamientos previos.

 

[Imagen del autor – fuente: http://www.pressenza.com]

O que significa, na Argentina, o presidente dizer que os argentinos se originam de barcos repletos de europeus?

Escrito por Gabriel Passetti

Uma declaração para espanhol ver

Em 9 de junho, o presidente argentino Alberto Fernández, peronista kirchnerista, em encontro oficial com o premiê espanhol, proferiu declaração com imediata repercussão. Disse que os mexicanos vieram dos indígenas, os brasileiros da selva e os argentinos de barcos que vinham da Europa, creditando a Octávio Paz uma comparação elaborada por um roqueiro argentino. Essas observações sobre mexicanos e brasileiros, carregadas de preconceitos contra os povos indígenas e afrodescendentes, sustentam um imaginário sobre a Argentina e a América Latina naquele país.

Ao declarar, naquele diálogo entusiasmado com o premiê espanhol, que as origens argentinas provinham de navios repletos de europeus, Fernández não apenas procurou aproximar os vínculos com o representante da antiga metrópole, como demonstrou a força e vitalidade de narrativa sobre a Argentina. Esta foi construída ainda no século XIX e definia aquele país como uma “Europa na América do Sul”: um país “branco e civilizado”, em oposição à América Latina indígena e negra (como o México e o Brasil).

A história do país vizinho, ainda tão pouco conhecida no Brasil, não se resume apenas a essa imagem de uma Argentina branca e europeia. Aquela foi uma região periférica no Império Espanhol durante o período colonial, com relações tensas e intensas com os povos indígenas. A própria cidade de Buenos Aires, fundada em 1536, foi abandonada e destruída, em 1541, devido à hostilidade dos povos nativos, sendo refundada somente em 1580.

O que hoje em dia é o território ocupado pelo Estado argentino abarca histórias muito distintas, violentas e contrastantes. Há desde áreas em que houve atuação de missionários jesuítas entre os povos guarani (não é para menos que uma de suas províncias se chama Misiones), até áreas andinas com costumes e tradições próximas às da Bolívia e do Peru, além da Patagônia e da Terra do Fogo, com pouco contato com os brancos até o final do século XIX.

No entanto, Fernández falava e pensava naquilo que é tido como “a essência da nação”: a Argentina dos pampas, em especial Buenos Aires, onde vive metade da população do país, de onde partem as narrativas nacionais, onde estão a grande imprensa, as elites políticas, econômicas e intelectuais. A declaração do presidente diz muito sobre como os portenhos veem a Argentina, as outras províncias e a si mesmos.

O que significa, na Argentina, o presidente dizer que os argentinos se originam de barcos repletos de europeus?

O genocídio indígena na Argentina

Até as vésperas da Guerra do Paraguai (como a conhecemos por aqui), entre 1865 e 1870, não havia Estado centralizado na Argentina, mas sim uma confederação de províncias em constante guerra. Não apenas os grupos brancos dominavam bem pouco do que hoje é território argentino (uma faixa de terras conectando Buenos Aires à Mendoza, na fronteira com o Chile, no eixo leste-oeste, e Buenos Aires e Santa Fé à Assunção e à Bolívia, no eixo sul-norte), como também, dependiam e mantinham relações econômicas, sociais e políticas com cacicados indígenas independentes e soberanos nos pampas e nos Andes.

Os indígenas controlavam importantes rotas comerciais de conexão com o Chile, que eram centrais para a pecuária e participavam ativamente da política e das guerras. O presidente da Confederação Argentina na década de 1850, Justo José de Urquiza, por exemplo, era padrinho dos filhos do mais importante cacique dos pampas, Juan Calfucurá. As alianças familiares, sociais, econômicas e militares colocavam de um lado Buenos Aires e, do outro lado, as demais províncias e seus aliados indígenas.

A vitória política e militar portenha, na década de 1860, levou o general Bartolomeu Mitre à presidência, centralizando o poder, e logo os liberais portenhos colocaram em prática uma política de enfrentamento total, a la muerte, a seus inimigos: caudilhos do interior, populações mestiças (chamadas de gauchos) e indígenas. Para o maior dos ideólogos dessa Argentina branca, o intelectual e também futuro presidente Domingo Faustino Sarmiento, havia um embate crucial entre a “civilização” e a “barbárie”.

Presidente argentino Alberto Fernández e o primeiro-ministro espanhol, Pedro Sánchez em encontro para promover acordos bilaterais (Foto: Casa Rosada/Fotos Publicas)

Os caciques, aliados dos inimigos políticos dos portenhos, reguladores das conexões comerciais com o Chile e controladores de imenso território nos pampas, na Patagônia e nos Andes, foram alvo preferencial. Eles sabiam disso e resistiram sem pretender, em momento algum, perder suas autonomias e o controle de seus territórios.

Foi então que se fundiram distintos interesses no Estado e na sociedade civil no discurso agora verbalizado pelo presidente Fernández. Pecuaristas confrontados com indígenas que não pretendiam ceder terras e eram concorrentes econômicos, militares que os enxergavam como inimigos e eram constantemente humilhados em derrotas nas batalhas, colonos que pretendiam ganhar terras de graça e não concebiam ser submetidos a indígenas, e políticos com discursos sobre o monopólio da violência e a soberania do Estado associaram-se. Ao longo das décadas de 1860 e 1870, eles deram forma a um discurso que transformou indígenas em inimigos mortais, em barreiras a serem derrubadas em nome do progresso e da civilização. Para eles, a Argentina não poderia ser um país mestiço, muito menos ter terras sob controle indígena: seu destino era ser um país “civilizado”, “branco”, repleto de “europeus que chegaram de barcos”.

Entre 1878 e 1879, o Exército argentino foi levado aos pampas para, nas palavras do ministro da guerra e futuro presidente, Julio Roca, “expulsar os índios do deserto que se trata de conquistar, para não deixar um só inimigo na retaguarda, submetendo-os pela perseguição ou pela força, sem nos apressar a extirpar o mal pela raiz e destruir esses ninhos de bandoleiros”.

A chamada “Conquista do Deserto”, como dizem os argentinos brancos, foi essa sequência de operações militares em que os indígenas foram deliberadamente eliminados. Mais de um terço deles morreu nos campos pampeanos; outro terço não aguentou as marchas forçadas no inverno chuvoso até os campos de prisioneiros.

A partir da análise dos discursos políticos e militares sobre como procederam traindo e eliminando os indígenas, dos números de mortos, da memória social nativa e da história oral, considera-se, hoje em dia, a ocorrência de um genocídio indígena naquele país, naquele tempo. Foi esse genocídio que fez a Argentina, e em especial Buenos Aires (e não Misiones ou as províncias andinas do noroeste), “branca”, “civilizada”, em um processo paralelo ao também desaparecimento das populações de origem africana. 

Direita, esquerda, volver

Alberto Fernández, o presidente da Argentina, é advogado e professor na Universidade de Buenos Aires, pertence ao Partido Justicialista e foi eleito com plataforma baseada em propostas sobre direitos de gênero e reprodutivos, direitos humanos, trabalhistas, e com uma inédita política para a comunidade afroargentina, com secretaria especial para aquela comunidade. O que explica sua declaração?

Uma ideia-fixa e um imaginário a respeito da Argentina e de Buenos Aires como “brancos” e “europeus”, enraizados nas elites econômicas, políticas e intelectuais daquele país e daquela capital e disseminados pelo espectro político. O celebrado Jorge Luis Borges declarou, por exemplo, que os argentinos eram europeus no exílio. Apenas três anos atrás, o presidente anterior e adversário dos peronistas, Mauricio Macri, pronunciou declaração muito semelhante, no Fórum Econômico de Davos. Para ambos os presidentes, ao apresentarem entusiasmadamente seu país aos europeus, era preciso falar sobre como seriam distintos da América Latina “atrasada”, “indígena”, “mestiça”, “bárbara”.

Diante da imensa repercussão da declaração racista, Fernández correu às redes sociais e pediu desculpas. Em um país com eternos ânimos políticos quentes, a oposição de direita (interna e externa) tentou embarcar nas críticas, mesmo compartilhando da mesma ideia-fixa. Para tentar sair do binarismo peronistas e antiperonistas da Argentina branca, é importante verificar como os indígenas veem essa história.

Após quase um século e meio da “Conquista do Deserto” e de sucessivos governos brancos, peronistas, liberais, ditatoriais militares, o que se vê na Argentina é pouco debate, pouca mudança e praticamente quase nenhuma participação indígena. Em Misiones, os indígenas são peões. No noroeste andino, “com cara de bolivianos”, não são tidos como argentinos. No Chaco, aqueles que organizaram movimentos de resistência estão presos. Na Patagônia, não conseguem retomar terras ancestrais, mesmo com muitos discursos e leis aprovadas, pois nelas há petróleo, minérios e até ovelhas. Para indígenas, de norte a sul do país, a constatação é de que há muita falação, proclamações interculturais, uma ou outra ação simbólica de governos… O tempo passa, os governos mudam, e a realidade pouco se modifica. Quando ocorre breve alteração, é sempre após muita pressão e luta indígena contra o huinca, como dizem. Pouco importa se de esquerda ou de direita.

Até recentemente, a nota de 100 pesos, que já foi a de mais alto valor, celebrava a “Conquista do Deserto” e seu principal personagem, Julio Roca, mas foi substituída no mandato da Cristina Kirchner pela imagem de Evita Perón. Na capital e nas principais cidades, estátuas equestres do general Roca permanecem, mesmo que constantemente atacadas e pichadas. Sarmiento é nome de cidades, avenidas, ruas, parques e toda sorte de edifícios públicos. Como Borges, Macri e Fernández nos mostram, o velho discurso de uma Argentina “branca, europeia e civilizada” está enraizado e ainda é muito forte, eficaz e central na eterna construção da identidade, nacional e racista, daquele país.

Gabriel Passetti é professor de História das Relações Internacionais no Instituto de Estudos Estratégicos da UFF e autor do livro Indígenas e criollos: política, guerra e traição nas lutas no sul da Argentina (1852-1885), pela editora Alameda.

 

[Fonte: http://www.diplomatique.org.br]

(Aldair Mejía)

 

Escrito por Álvaro Verzi Rangel

Lo que se viene en Perú tras las elecciones es un escenario de conflicto, con la élite y los medios en contra del gobierno, un Congreso opositor con sectores de derecha antidemocráticos que amenazan con un golpe, al que se negaron las Fuerzas Armadas, un duro contexto de pandemia y de crisis económica, financiera, social y sanitaria.

Lo esperable es que la derecha se resista a los cambios y no deje gobernar a Pedro Castillo y lo confronte, manteniendo la polarización. La estabilidad la puede lograr formando un gabinete plural que le baje el tono al conflicto, que tiene que ser un gabinete de centroizquierda, y como primeras acciones combatir la pandemia y reactivar la economía, señala el sociólogo Alberto Adrianzén.

En lo que respecta a la política de cara a la región, se espera un giro, acercándose a los países progresistas, abandonando el Grupo de Lima y contribuyendo al proceso democratizador general. El analista Nicolás Lynch señala que en este segundo momento del giro progresista hay que aprender las lecciones del período anterior y ser audaces en la defensa de la soberanía nacional y la integración autónoma de la región al mundo. La política exterior del Perú en las últimas décadas ha sido ejemplo de lo contrario.

Fue la extrema fragmentación del voto en la primera vuelta lo que permitió a Castillo pasar a la segunda ronda con apenas el 19 por ciento de los sufragios. Su éxito electoral no es casualidad, sino expresión de la profunda crisis del régimen en Perú, tras décadas de políticas de privatización y liberalización contra la clase trabajadora en un país muy rico en recursos minerales, que han dejado un legado de democracia burguesa basada en la extrema disparidad de riqueza y la corrupción generalizada.

Cinco expresidentes están en la cárcel o acusados de corrupción. Todas las instituciones están desacreditadas. Las manifestaciones masivas de noviembre de 2020 fueron una expresión de la profunda ira acumulada en la sociedad peruana, a lo que hay que sumar el impacto de la pandemia de la Covid-19, que deja al país como el de mayor muertes, además de la crisis capitalista.

El país sufrió una de las peores contracciones económicas en América Latina con un 11 por ciento de caída del PIB, y ha registrado el peor porcentaje de exceso de muertes y la peor tasa de mortalidad en todo el mundo, mientras que los ricos y políticos gubernamentales se vacunaron antes que nadie.

En el año de su bicentenario, Perú vive una profunda crisis económica, financiera, social y sanitaria. En un año pasó de tener 6,4 millones de personas por debajo de la línea de pobreza (20,5 por ciento) a 11,2 millones en diciembre de 2020, uno de cada tres peruanos. Obviamente estas cifras son aún peores hoy.

La mayor parte de las familias en situación de vulnerabilidad trabajan en el comercio informal, una de las actividades más afectadas durante los primeros meses de la cuarentena por el covid-19. La catástrofe sanitaria ha quedado ratificada cuando el gobierno reconoció que había dos veces y media más de muertos que la hasta ahora cifra oficial de 70.000 fallecidos, lo que significa que Perú volvió a ser el país con la mayor tasa de mortalidad en el mundo por la pandemia.

Para el politólogo Eduardo Dargent, el principal reto de un gobierno de Castillo es desmontar el enorme miedo que se ha creado en su contra, y para eso debe formar un gabinete ministerial que dé confianza en el manejo de la economía, con técnicos de izquierda reconocidos que den confianza de un manejo serio. Si Castillo no logra rápido cierta estabilidad y control, su popularidad se desparramaría, añade.

Para los analistas, el futuro de su gobierno depende con qué equipo construye gobierno, señala el historiador y analista político Nelson Manrique, quien insiste en que Castillo debe aprovechar la competencia profesional y credibilidad política de un conjunto de cuadros de la izquierda, particularmente de Juntos por el Perú de Verónika Mendoza (coalición progresista que apoyó a Castillo en la segunda vuelta), que tienen competencia profesional y credibilidad política.

Cerrarse en un proyecto partidario de Perú Libre (partido por el que postuló y que se define como marxista-leninista) sería un error. La posibilidad de llevar adelante sus propuestas de cambio, como la renegociación de contratos con las empresas transnacionales dependerá de en qué medida es capaz de movilizar a la sociedad civil para cambiar la correlación de fuerzas con el Congreso, que no le favorece, añade Manrique.

Obviamente la andanada de denuncias de fraude electoral tuvieron y tienen como meta ensuciar la figura de Castillo, debilitarlo y deslegitimarlo para pactar con él, como lo hicieron con Ollanta Humala, quien modificó sus planteamientos.

.Los analistas coinciden en que Castillo debe hacer un gobierno popular, que implique un cambio de modelo, para tener un Estado más redistributivo, fiscalizador, más regulador, lo que seguramente significará un enfrentamiento con el Congreso. Si para salir adelante Castillo pacta con la derecha, sería una nueva gran frustración y decepción popular, que puede finalizar en un levantamiento.

En el Perú es fácil que el Congreso destituya un presidente: hay una figura legal no definida para hacerlo que es la incapacidad moral, si se tienen los votos se puede usar sin mayores razones, y ya fue invocada para destituir a Martín Vizcarra. La fragmentada derecha tiene mayoría en el Congreso pero no alcanza los dos tercios necesarios para destituir al mandatario.

Una de las banderas de Castillo es la reforma constitucional, a la que la mayoría de la derecha se opone. El actual Congreso revisa ochos proyectos que plantean facilitar la convocatoria de un referéndum para una Asamblea Constituyente, que redacte una nueva Carta Magna en reemplazo de la fujimorista de 1993, para lo cual deberá conseguir dos millones de firmas.

 

Álvaro Verzi Rangel es sociólogo venezolano, codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

[Foto: Aldair Mejía – fuente: http://www.nodal.am]

Dans son dernier livre Mossad Amazons, l’historien Michael Bar-Zohar, spécialiste des services secrets israéliens, dresse le portrait de vingt femmes ayant marqué l’histoire de l’agence de renseignement. Il délivre des anecdotes sur ces figures d’exception.

Michael Bar-Zohar a pu interroger des dizaines d’agents féminins du Mossad.

Écrit par Thierry Oberlé

 

LE FIGARO.- Quelle est la place des femmes dans le ?

Michael BAR-ZOHAR. – L’image du  dans le monde c’est des gars costauds, des James Bond mais il y a aussi des femmes qui ne sont pas moins capables que les hommes. Ce sont des femmes qui viennent du monde entier: d’Égypte, du Liban, de Pologne, du Canada, d’Australie, de France. Le  cherchait à l’origine des femmes qui pouvaient se mêler à la population et de ne pas éveiller des soupçons. Elles ont été recrutées en Israël et en ont reçu la nationalité. Aujourd’hui, elles montent dans la hiérarchie. Une femme avait été préparée pour devenir le chef du , elle était soutenue mais elle a préféré quitter l’agence. Elle m’a dit : « L’étincelle a disparu. Il faut pour faire le job avoir le patriotisme, mais aussi un esprit d’aventure, aimer les émotions fortes. J’ai senti que je n’avais plus ça ».

Elle avait commencé sa carrière comme secrétaire, puis a travaillé en duo dans des pseudo-couples d’agents. Les femmes espions ont des sens, des instincts, des capacités que les hommes n’ont pas. Et, elles n’ont pas souvent l’ego très fort des hommes. Ce que l’homme a en force physique est remplacé, selon moi, par une force intellectuelle. Elles sont plus en mesure d’improviser. L’une des plus brillantes d’entre elles fut sans conteste Yael. Elle a écumé les pays du Moyen-Orient de Beyrouth à Bagdad. Une carrière formidable marquée par l’attaque israélienne contre le réacteur nucléaire irakien. « Si on lui donnait toutes les médailles pour ses missions, il n’y aurait pas de place sur sa poitrine », dit d’elle Tamir Pardo, l’ex-patron du . Elle a 84 ans. Quand on la rencontre, on ne peut pas imaginer ce qu’a réalisé cette Mata Hari.

Y-a-t-il des figures françaises?

Bien sûr ! Comme cette jeune fille qui après mai 1968 était l’une de ces étudiantes féministes qui brûlaient leurs soutien-gorge sur les barricades. Elle a suivi des études en Israël où elle roulait en Harley Davidson. Elle a reçu un jour un courrier du ministère des Affaires étrangères israélien. Un groupe d’experts l’a interviewée pour la recruter. Elle est devenue la pseudo-femme d’un agent du  qui se trouvait au Caire après la guerre du Kippour. Ils y passèrent deux années.

Au début, son pseudo-mari lui prépara une chambre séparée. Elle refusa pour ne pas attirer les soupçons des domestiques. À Suez, au musée de la guerre du Kippour, elle a photographié des half-tracks tâchés de sang séché de combattants israéliens pour aider à l’identification des soldats tués. Ils sont tombés amoureux mais en rentrant de mission, l’agent est revenu à son amour d’antan. Après des déconvenues, il a fini par se suicider sur une plage d’une balle dans la tête. Elle est devenue une femme importante du Mossad. Aujourd’hui, elle chante du Brel et des chansons françaises sur scène dans une ville israélienne sans que personne ne se doute de son passé.

« L’image du Mossad dans le monde c’est des gars costauds, des James Bond mais il y a aussi des femmes qui ne sont pas moins capables que les hommes » Michael Bar-Zohar

Quel rôle ont joué les femmes dans l’opération Orchard qui, en 2007, a permis de détruire un réacteur nucléaire syrien ?

Tout commence à Vienne avec la visite du président de la commission syrienne de l’énergie atomique pour une réunion de l’AIEA. L’émissaire de Damas découvre une fille assise devant sa valise dans le couloir de l’hôtel. Elle dit avoir perdu la clé de son bagage qui contient sa clé d’hôtel, ses papiers, son argent. Il parvient à débloquer la fermeture avec le passe de sa chambre. La jeune femme saisit l’occasion pour en prendre l’empreinte. Le lendemain matin, au petit-déjeuner, il partage sa table avec une cliente de l’établissement. Elle s’énerve au téléphone: son compagnon lui fait faux bond pour un repas d’anniversaire dans un grand restaurant. La conversation se noue et le courant passe. Ils dînent ensemble dans le fameux établissement.

Un responsable arabe de ce rang qui rencontre une fille libérée laisse son téléphone portable à l’hôtel pour éviter les ennuis et ne pas être repéré. L’occasion pour une troisième comparse d’entrer dans sa chambre, de briser le code du portable et de découvrir 35 photos d’un réacteur nucléaire construit d’après les clichés par des Asiatiques. Damas bâtissait une centrale nucléaire à Deir es-Zor avec l’aide de la Corée du Nord et le Mossad n’en savait rien. Meir Dagan, le patron du Mossad se précipite chez le Premier ministre Ehud Olmert, qui demande à George W. Bush de bombarder le réacteur. Refus au nom du principe de respect de la souveraineté nationale syrienne. Les Israéliens se chargent de la mission. L’année suivante, le général Mohammed Sleiman, le maître d’œuvre du projet, est assassiné à Tartous sur la terrasse de sa résidence secondaire donnant sur la mer Méditerranée. Des plongeurs de combat israéliens l’ont abattu avec un silencieux.

Il existe également des échecs au féminin !

Oui ! Prenez l’opération « Colère de Dieu » montée pour éliminer les membres du commando de l’attaque contre les sportifs israéliens aux Jeux Olympiques de Munich en 1972. Un innocent a été tué à la suite d’une méprise à Lillehammer en Norvège et les agents du Mossad ont été arrêtés par la police locale. Parmi eux, Sylvia Rafael, une femme ravissante, très glamour. Basée à Paris, elle a une couverture de photographe de presse et un passeport au nom Patricia Roxburgh. À Djibouti, elle couvre une révolte sanglante. Un scoop mondial. Son agence organise une expo au Ritz à Paris.

Elle rencontre l’ambassadeur de Jordanie au vernissage qui l’invite à Amman. Elle est reçue au palais du roi pour une séance de photos avec la famille royale. C’est en lisant la une de son journal jordanien du matin, au petit-déjeuner, que le roi Hussein découvre la photo de Sylvia Rafael présentée comme un agent du Mossad. Sylvia avait besoin de passion. Elle avait une liaison à Paris avec un journaliste anglais, Jon Swain, et avec un journaliste allemand. Jalouse, elle avait demandé au Mossad de placer sous surveillance téléphonique son amant allemand. Le Mossad a fini par le recruter. En prison, elle est tombée dans les bras de son avocat norvégien. Ils ont vécu ensemble dans un kibboutz jusqu’à sa mort.

Les sentiments sont-ils compatibles avec un travail d’espion ?

Cela peut arriver. C’est le cas d’une Allemande. Elle tombe follement amoureuse d’un espion, israélien d’origine, dans un train qui traverse les Alpes. Le coup de foudre est réciproque. Ils se marient et partent en mission au Caire. Le couple ouvre une ferme équestre qui accueille la haute société du cru. Ils reçoivent avec élégance des scientifiques, d’ex-savants nazis qui mettent au point pour Égypte, au début des années soixante, des fusées équipées de déchets nucléaires. Ils s’en débarrassent en leur envoyant des colis piégés. Démasqués, ils risquent la peine de mort. Ils ont finalement été sauvés par les services secrets allemands qui ont obtenu leur libération.

 

 

[Photo : J Golby/jgolby – source : http://www.lefigaro.fr]

 

Enmig d’un sistema alimentari industrial i globalitzat, les alternatives que vetllen per una justícia global es converteixen en solucions alliberadores.

En termes dietètics, el veganisme esdevé la pràctica de prescindir de tots els productes derivats total o parcialment d’animals. Font: Pixabay (Llicència CC).

En termes dietètics, el veganisme esdevé la pràctica de prescindir de tots els productes derivats total o parcialment d’animals. Font: Pixabay (Llicència CC).

Cada vegada són més els estudis que demostren els beneficis de seguir una alimentació allunyada de productes d’origen animal. Sense anar més lluny, l’Organització Mundial de la Salut (OMS) va classificar la carn processada com a primera categoria d’aliments cancerígens, i una gran quantitat de nutricionistes han determinat que aquest tipus de dietes redueixen el risc de patir certs tipus de malalties.

Avui dia, no resulta estrany escoltar frases com “el veganisme està de moda”. I és que, segons un estudi realitzat l’any 2019 per la consultora Lantern, el 10% de la població espanyola segueix una alimentació principalment vegetal, cosa que resulta interessant tenint en compte que l’Estat espanyol havia estat nomenat com el segon país europeu i el catorzè mundial que més carn consumeix per persona a l’any.

A Catalunya encara no existeixen dades oficials, però, tal com assenyalen a l »Informe i posicionament sobre la dieta vegetariana i vegana en el context del servei de menjador escolar‘, en els últims anys s’observa un augment en el nombre de famílies que adopta una alimentació vegetariana o vegana, i per tant, també, en el nombre d’infants i adolescents que sol·liciten aquesta pauta alimentària a l’escola.

En termes dietètics, aquesta alternativa alimentària esdevé la pràctica de prescindir de tots els productes derivats totalment o parcialment d’animals. Però el veganisme, a banda de promoure una nutrició alternativa, és una filosofia ètica i un estil de vida que va molt més enllà de l’alimentació. Així ho considera la Vegan Society, que sosté que el veganisme busca excloure qualsevol forma d’explotació i crueltat envers la resta d’espècies, promovent el desenvolupament d’alternatives en benefici dels animals, dels humans i del medi ambient.

A banda de ser una alternativa alimentària, el veganisme promou una ètica de respecte envers els animals. Font: Pixabay (Llicència CC).

A banda de ser una alternativa alimentària, el veganisme promou una ètica de respecte envers els animals. Font: Pixabay (Llicència CC).

Una ètica de respecte envers els animals

Segons la Promotora dels Aliments Catalans (Prodeca), el sector agroalimentari és un dels principals motors de l’economia de Catalunya, generant un volum de negoci de 38.205 milions d’euros, xifra que equival al 16,8% del producte interior brut del país. El sector carni n’és el primer subsector, comptant amb el 32% de tot aquest volum de negoci. I la major part d’aquest sistema alimentari es basa en una producció intensiva i abusiva d’animals amb l’objectiu d’aconseguir el màxim rendiment amb el mínim espai i cost econòmic possible.

“Aquest enfocament industrial i ‘mecanicista’ ha convertit als animals en ‘màquines productores’, sotmesos a unes condicions antinaturals des que neixen fins que són matats”, exposa Carme Méndez, presidenta de l’Associació per a la Defensa dels Drets dels Animals (ADDA).

Aquests animals, tal com diu Méndez, no són capaços de manifestar les seves pautes biològiques i etològiques essencials. “Massificats en naus, sense llibertat de moviment i exercici, privats de l’aparellament, maternitat i cria en condicions naturals… després han de patir les condicions del transport, en ocasions molt angoixoses i de llarga durada, fins que finalment arribin als escorxadors”, on seran matats de forma prematura.

I no només això: “fàrmacs, antibiòtics, productes hormonals o tranquil·litzants, formen part del procés intensiu i industrial dels animals”, declara Méndez. De fet, segons l’entitat Greenpeace, l’espanyol és l’estat de la Unió Europea que més antibiòtics consumeix en els animals productors d’aliments, en una xifra que ascendeix a les gairebé 3.000 tones l’any.

Totes aquestes duríssimes condicions de vida incideixen de forma molt negativa en la seva salut, fent-los més vulnerables a patir infeccions i malalties. A més, molts d’aquests productes queden dipositats en els seus cossos, passant també a l’organisme dels qui poden consumir la seva carn. “Entre la varietat d’efectes secundaris negatius en la salut del consumidor en destaquen la resistència als antibiòtics, les al·lèrgies i altres problemàtiques derivades de la contaminació de la carn”, alerta Méndez.

La Vegan Society sosté que tots els animals tenen dret a viure de forma lliure per expressar el seu comportament natural, fugint de condicions de fam, set, desnutrició, dolor, lesions, malalties, molèsties, por o angoixa. És per aquest motiu que consumir productes derivats d’un sistema alimentari tan abusiu no entra als plans del veganisme.

Les relacions entre la indústria alimentària general i les crisis ecològiques, climàtiques i socials són cada vegada majors. Font: Pixabay (Llicència CC).

Les relacions entre la indústria alimentària general i les crisis ecològiques, climàtiques i socials són cada vegada majors. Font: Pixabay (Llicència CC).

No és només una qüestió d’alimentació

Molts dels avenços científics, productes d’ús diari com cosmètics i roba o medicaments disponibles s’aconsegueixen a través de la utilització i experimentació amb animals, sovint torturats i maltractats. Als zoos, parcs de safari, circs, i altres companyies relacionades amb l’entreteniment, també es mantenen als animals en captivitat, privant-los de la seva llibertat i desenvolupament natural com a espècie.

Segons la Vegan Society, el veganisme va molt més enllà del menjar que posem al nostre plat – el veganisme significa respecte cap a qualsevol forma de vida. És per aquest motiu que seguir aquest estil de vida alternatiu comporta també fugir del consum d’aquests productes –en la mesura que sigui possible– i de l’assistència o suport a aquestes activitats que vulneren els drets dels animals.

“Els animals, com a éssers vius i sensibles, mereixen ser tractats amb el màxim de respecte i dignitat, evitant el seu patiment físic i psicològic”, expressa Méndez. I aquest maltractament no només té un retorn negatiu per a la salut humana, sinó que els efectes, per exemple, de la cria intensiva “també tenen un impacte molt greu i contaminant en el medi natural”.

Una forma de lluita contra el canvi climàtic

Diverses entitats com Greenpeace ja han alertat que la indústria agroalimentària és responsable de generar més gasos amb efecte hivernacle que tots els mitjans de transport junts. Segons l’entitat, el 14,5% d’emissions a escala mundial procedeixen directament de la ramaderia, alhora que el 80% de la desforestació de l’Amazònia s’atribueix també a l’activitat ramadera.

I és que dades provinents d’entitats com el World Wildlife Fund i el World Watch Institute mostren que la ramaderia cobreix ni més ni menys que el 45% de la superfície terrestre, convertint-se en una de les principals causes de l’extinció massiva d’espècies, l’aparició de zones mortes als oceans i la contaminació de l’aigua.

“Són moltes les relacions entre la indústria alimentària general i les crisis ecològiques, climàtiques i socials que estem vivint”, afirma Laila Vivas de Fridays for Future Barcelona. “A escala general, el que passa és que tenim un model d’alimentació globalitzat totalment insostenible, que no contempla els límits biofísics de la terra, ni tampoc els cicles ni els ecosistemes”.

Segons explica Vivas, tant el model agroalimentari com la indústria pesquera busquen rendiments econòmics sense tractar amb respecte la naturalesa a través d’oligopolis, de l’apropiació de terres, la desforestació, el maltractament animal… la qual cosa produeix impactes molt greus des d’un punt de vista mediambiental.

I és que el problema no només resideix en com ens alimentem els éssers humans, sinó que també passa per l’ús que es fa de la terra per alimentar també als animals que consumim. Segons s’informa des de Greenpeace, l’agricultura industrial destrueix de forma massiva la biodiversitat, i el consum massiu de productes d’origen animal com la carn monopolitza la terra cultivable, enverina l’aigua i afavoreix un sistema de producció de grans capitals.

La solució a un problema global?

Des de Greenpeace s’afirma que, si no es frena l’expansió de la ramaderia industrial, salvar els boscos i disminuir la pèrdua de la biodiversitat no serà possible. Tot i que reduir el consum de productes d’origen animal pot resultar un pas important, Vivas declara que “el problema és estructural, i està provocat en major part pel capitalisme i una organització neoliberal que evoca en aquesta extinció massiva d’espècies i destrucció dels ecosistemes”.

A més, la globalització de l’alimentació és un problema que traspassa fronteres i posa en perill la sobirania alimentària dels pobles. “Per exemple, ara s’han posat molt de moda nous productes com la quinoa o l’alvocat, i la seva producció massiva està creant impactes socioambientals greus a altres parts del món”, explica Vivas. És per això que des de Fridays for Future Barcelona es defensa el consum de proximitat i de temporada, així com la promoció de l’educació en aspectes referents a l’alimentació.

Vivas afegeix que, a banda de fer pressió ciutadana, perquè la legislació i les polítiques frenin les indústries contaminants que maltracten els animals, el temps és un factor important a tenir en compte a l’hora de revertir aquesta situació. “Portar ritmes de vida menys accelerats a escala sistèmica pot contribuir a fer que les persones puguin posar en pràctica hàbits sostenibles com anar a comprar al mercat, escollir millor els aliments i informar-se sobre la seva procedència”.

Greenpeace sosté que, en el cas de l’Estat espanyol, “si el consum alimentari tornés als patrons de la dieta mediterrània d’antuvi, les emissions de gasos amb efecte hivernacle associades a la producció d’aliments baixarien en un 72%, l’ús de les terres agrícoles es reduiria en un 58%, el consum d’energia disminuiria en un 52% i el d’aigua en un 33%”.

Per tant, dur un estil de vida que s’allunyi del consum de productes d’origen animal i aliments processats o importats massivament d’altres parts del món resulta ser una bona opció per a la cura de la nostra salut, així com per al benestar dels animals i del planeta. I és que, tal com expressa Vivas, “per intentar desfer aquesta problemàtica, un veganisme que tingui en compte la justícia global i climàtica pot resultar tant significatiu com alliberador”.

[Font: http://www.xarxanet.org]

 

 

 

Escrito por Olmedo Beluche 

A fines de 1809 y principios de 1810, la contradicción original entre juntistas y carlotistas pierde sentido, especialmente en Buenos Aires. Por un lado, porque el proyecto de nombrar regenta a Carlota de Borbón pierde fuerza porque se la quitan los ingleses; en segundo lugar, porque a partir de los hechos de mayo de 1810 los antiguos carlotitas se van a volver juntistas y algunos de los antiguos juntistas van a pasar a ser monárquicos o conservadores opuestos a la creación de juntas.

El proyecto carlotista pierde fuerza, pero no los sectores sociales y políticos que lo abanicaron, que representan a los comerciantes importadores, los cuales expresan a los más consecuentes con la libertad de comercio y la relación con los ingleses. Su bastión es el Consulado de Comercio, y sus jefes son Manuel Belgrano (en el retrato superior), Juan José Castelli y Juan José Paso.

Por otro lado, hay una mezcla entre partidarios del viejo monopolio comercial de Cádiz, en su mayoría comerciantes de origen español, y los hacendados productores y exportadores de cuero y tasajo, a quienes les conviene el comercio con los ingleses con algunos recaudos, aranceles a productos que compitan con los locales, y poder exportar su producción.

Aquí la figura clave es Mariano Moreno cuya vida profesional lo relaciona con estos últimos sectores: fue funcionario de la Audiencia, entidad eminentemente monárquica; redactó manifiesto contra ascenso de Rivadavia que dio lugar a la Asonada de Álsaga que expresaba a los españolistas y juntistas contra Liniers; luego fue el abogado defensor de este en el juicio posterior; y ante el virrey Cisneros defendió los intereses de los hacendados exportadores de cuero ante la petición de libre entrada de mercaderías inglesas por parte de los que controlaban el Consulado de Comercio.

Estos dos grupos se van a unir, llegada la coyuntura de mayo de 1810, cuando se conoce que toda España había caído en manos de las tropas de Napoleón, salvo la ciudad de Cádiz, protegida por los ingleses, y que allí se había conformado un Consejo de Regencia para suplantar a la desaparecida Junta de Sevilla, así como a todas las demás.

Otra figura clave del movimiento fue Cornelio Saavedra jefe del Regimiento de Patricios, es decir, la parte criolla del ejército y de las milicias que habían nacido de la defensa de Buenos Aires durante las dos invasiones inglesas.

Quienes imparten la dinámica para desconocer al virrey Cisneros y las decisiones del Consejo de Regencia y convocar el Cabildo que formalizara nuevas autoridades con participación criolla fueron los del anterior partido carlotista, es decir, el grupo de Belgrano y Castelli. Ellos promueven las reuniones secretas con el sector de Moreno y con Saavedra. Fuerzan al virrey a convocar el Cabildo el día 22 de mayo de 1810, ante el cual sostuvieron la teoría de la retroversión de la soberanía al pueblo dado que el Estado español había dejado de existir y nadie poseía la legitimidad política; por ende, las viejas autoridades cesaban en sus cargos, empezando por el virrey (Romero, 2009).

No solo el grupo nucleado en el Consulado de Comercio dirigió las acciones que llevaron a la Revolución de Mayo en Buenos Aires, sino que los dos más conspicuos miembros, Manuel Belgrano y su primo J. J. Castelli, encabezaron las primeras expediciones militares enviadas por la junta conformada en esta ciudad.

Cuando se acuerda una resolución a medias, una transacción que establecía una especie de empate entre todas las partes, en que el virrey pasaba a ser el presidente de la llamada Junta Provisional Gubernativa, rechazan esta salida forzando una nueva convocatoria del Cabildo para el día siguiente, 25 de mayo.

Ese día, con una multitud a las afueras de la reunión del Cabildo, con un pliego firmado por decenas de ciudadanos y la amenaza de una sublevación armada, los sectores conservadores ceden y se constituye, sin el virrey Hidalgo de Cisneros, la llamada Primera Junta o, para ser más precisos: “Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII”.

Se aprecia que, como se ha dicho antes, el objetivo era establecer un gobierno local con participación de los criollos que controlaban la ciudad y no la independencia de España, a cuyo soberano se seguía rindiendo lealtad.

La Primera Junta era un acuerdo entre fracciones políticas que con el tiempo terminarían luchando entre sí. Tres pertenecían al Consulado de Comercio: Belgrano, Castelli y Paso; tres habían estado relacionados con el grupo de Álzaga: Moreno, Matheu y Larrea, que eran comerciantes de la otra fracción; tres mediadores: Cornelio Saavedra, que por ser el jefe de las milicias se torna en el fiel de la balanza, el militar Miguel de Azcuénaga y el cura Manuel Alberti.

Todos estos sectores coincidían en dos elementos: primero, que la Junta de Buenos Aires continuara siendo la cabeza política de lo que había sido el Virreinato del Río de La Plata, para lo cual había que sumar a los cabildos de las ciudades del Alto Perú y de las provincias del Litoral; segundo, combatir a muerte a los realistas, conservadores o absolutistas que se opusieran al reconocimiento de las nuevas autoridades y que pretendieran la pervivencia del antiguo régimen.

Todo ello sin declarar la independencia formal de España y sin dejar de reconocer a Fernando VII como gobernante legítimo. Algunos opinan que era solo una maniobra, pero la composición acordada de la junta muestra que, al menos a ese momento, no se podía ir más allá porque se rompería el acuerdo.

De todos los miembros de la Primera Junta, la figura de Mariano Moreno destacó de manera indudable. Moreno redactó la proclama del 28 de mayo que anunciaba al resto del virreinato la creación de esta junta y llamaba a que las provincias enviaran delegados a formarla. Impulsó una política completamente librecambista y promovió incentivos a la producción nacional, así como importantes obras culturales, como la Biblioteca Pública y la edición de la Gazeta de Buenos Aires.

Hay una corriente historiográfica que ha querido pintar a Mariano Moreno como una especie de Robespierre criollo, un jacobino radical responsable de las principales decisiones sobre la guerra civil en que se vería involucrada la Primera Junta en los meses subsiguientes. Esa visión jacobinista de Moreno estaría reñida con su pasado reciente, que lo vincula a Álsaga y los sectores leales a la Junta de Sevilla medio año atrás. Para esta visión ha sido conveniente la aparición de un supuesto Plan de Operaciones cuya autoría se le achaca, pero que recién se hizo público 75 años después de su muerte y cuya autenticidad ha estado en duda desde un principio (Bauso, 2015).

Al margen de ese debate, lo cierto es que Mariano Moreno fue el alma de la Primera Junta, la cual actuó con audacia y plenamente consciente de que su supervivencia dependía de derrotar temprano al “partido” enemigo: los sectores absolutistas leales al Consejo de Regencia que defendían la legitimidad de las autoridades nombradas desde España, aunque allá el estado monárquico borbónico hubiera desaparecido.

Se ordenó el destierro inmediato del exvirrey Baltasar Hidalgo Cisneros, así como atacar a los sectores conservadores que eran una amenaza representados por el anterior virrey, Santiago de Liniers, que se hallaba en Córdoba. Se ordenó su arresto y fusilamiento.  Lo cual cumplió J. J. Castelli al mando de un Ejército Auxiliar que luego se transforma en el Ejército del Norte el cual fue enviado a Alto Perú para asegurar la región a la sujeción de Buenos Aires, así como se envió a Manuel Belgrano con otro ejército al Paraguay con igual misión.

Revolución y contrarrevolución en 1810 y 1811

La guerra civil que unos meses antes se había iniciado en Chuquisaca y La Paz, ahora se extendía por el sur.  La Primera Junta de Buenos Aires peleaba por sobrevivir frente a los embates del sector realista con base fundamentalmente en Lima, pero con apoyos en Montevideo, Córdoba y Paraguay; a su vez luchaba para que las provincias siguieran sujetas al control de la capital porteña. De ambos lados encontraría resistencias.

“Los intereses y los problemas se entrecruzaban. Los liberales y los conservadores se enfrentaban por sus opiniones; pero los porteños y las gentes del interior se enfrentaban por opuestos intereses. Buenos Aires aspiraba a mantener la hegemonía política heredada del virreinato; y en ese designio comenzaron los hombres del interior a ver el propósito de ciertos sectores asegurarse el poder y las ventajas económicas que proporcionaba el control de la aduna porteña. Intereses e ideologías se confundían en el delineamiento de posicione políticas, cuya irreductibilidad conduciría luego a la guerra civil” (Romero, 2009, pág. 51).

A partir de allí, y por los siguientes años, los vaivenes que se expresaron en los diversos gobiernos que se conformaron en Buenos Aires, dependieron por un lado de los triunfos y derrotas de la guerra civil y de los cambios en la correlación de fuerzas entre los grupos políticos y los sectores sociales.

En los primeros meses el embate revolucionario avanzó con fuerza, con Mariano Moreno en Buenos Aires, y J. J. Castelli como jefe militar primero de la Expedición Auxiliadora al Interior, y luego del Ejército del Norte. El 26 de agosto se fusiló a Santiago de Liniers; luego se marchó al Alto Perú, obteniendo la victoria militar en la batalla de Suipacha el 7 de noviembre; el 15 de diciembre fueron fusilados los jefes realistas que habían reprimido duramente el movimiento juntista de Chuquisaca y La Paz un año antes, Francisco de Paula Sanz y Vicente Nieto. Goyeneche logró escapar hacia Perú.

Estas victorias fueron posibles y más fáciles porque se produjeron sublevaciones populares y militares que reconocieron a Buenos Aires la capitalidad y que establecieron sus respectivas juntas, en ciudades como Cochabamba, el 14 de septiembre de 1810, dirigida por Francisco de Rivero; Oruro, el 6 de octubre, dirigida por Mariano del Castillo y Tomás Barrón; el 16 de octubre en Santa Cruz, dirigida por Antonio Vicente Seoane. 

A principios de 1811, Castelli parecía haber consolidado la adhesión del Alto Perú a la Junta de Buenos Aires, dando continuidad a los territorios que habían estado bajo lo que fue el Virreinato del Río de La Plata. Desde Chuquisaca inició importantes reformas económicas y sociales: puso fin formal a la servidumbre de la mita, estableció el comercio libre, creo escuelas bilingües, prohibió nuevos conventos, ordenó arresto y deportación de un grupo de españoles. Todo lo cual le granjeó la desconfianza de la aristocracia criolla y española de Alto Perú y las protestas de los sectores moderados de la Junta de Buenos Aires, como Saavedra y Matheu, que lo consideraban demasiado “jacobino”.

En diciembre de 1810, sin saberlo Castelli, se había producido un vuelco a la derecha de la Primera Junta, cuando empezaron a llegar delegados de las provincias que debían integrarla. Intuyendo que la suma de los delegados provinciales rompería el equilibrio de fuerzas que componía la junta en mayo, en favor del ala conservadora, Mariano Moreno se opuso en principio a sumar a los delegados provinciales. Finalmente tuvo que ceder y el 18 de diciembre de 1810 formalmente desapareció la Primera Junta y nació la Junta Grande, políticamente mucho más moderada. Moreno renunció, marchó a Inglaterra muriendo en el barco que lo llevaba.

Las cosas empezaron a ir mal para los sectores más radicales de la Revolución de Mayo, cuando el ejército enviado al mando de Manuel Belgrano para sumar a la intendencia del Paraguay, la cual se resistía a aceptar el gobierno porteño, fue derrotado el 19 de enero de 1811 en la batalla de Paraguarí y el 9 de marzo en Tacuarí. El 14 de mayo habría una sublevación en Paraguay donde se creó una junta gubernativa dirigida por Fulgencio Yegros, pero ésta se negó a someterse a Buenos Aires. El 2 de marzo de 1811, los juntistas porteños recibieron una derrota naval en San Nicolás del Uruguay.

La nota dirigida por la Junta Gubernativa de Asunción a la de Buenos Aires, con fecha de 20 de julio de 1811, da cuenta de la forma de pensar en ese momento de un sector importante de la población y de los criollos. En ella se explican los sucesos del 14 de mayo y el cambio de gobierno, pero también se explica por qué no se someten a los porteños y critican el ataque dirigido por Belgrano:

 “No es dudable que abolida o desecha la representación del poder supremo, éste o queda refundido naturalmente en toda la nación. Cada pueblo se considera entonces en cierto modo participante del tributo de la soberanía…”. Casi al final, incluso apelando a la prudencia y moderación dice: “La provincia no podía dar una prueba más positiva de sus sinceros deseos de accesión a la Confederación General, y de defender la causa común del Sr. Don Fernando VII…” (Romero, Pensamiento político de la emancipación (1790-1825), 1977, págs. 30-33).

El 5 y 6 de abril, en Buenos Aires, los simpatizantes de Saavedra se movilizaron para exigir la salida de Belgrano de su mando en el ejército y para que se le siguiera juicio por esos hechos, con lo cual también quedaría apartado de la junta. Se había roto el equilibrio político completamente al quedar fuera de la Junta el ala radical, Moreno y Belgrano, con Castelli en el norte, pero a punto de ser defenestrado también.

Después de cometer el error de darle seis meses de tregua, que aprovecharon para recuperarse, Castelli sufriría una contraofensiva de las fuerzas realistas provenientes de Perú al mando de Goyeneche, el cual le tomó por sorpresa y derrotó en la batalla de Huaqui el 20 de junio de 1811. Tras el desastre Castelli y sus fuerzas empiezan la retirada de Alto Perú, en dirección a Jujuy, llegando hasta Catamarca donde se encontraría a mitad de agosto de 1811. Los patriotas altoperuanos seguirían resistiendo en ciudades como Cochabamba, Santa Cruz y Potosí las cuales cayeron en manos de los realistas a lo largo del mes de agosto.

Esta derrota sería imposible de revertir en los siguientes años para los dirigentes del gobierno bonaerense. Aunque las tropas porteñas volverían a lo que fue la audiencia de Charcas, nunca lograrían retenerla porque los realistas del Perú volverían a echarlos. Los revolucionarios altoperuanos tendrían que resistir hasta 1825 con el sistema de guerrillas llamado de las “Republiquetas”, pero sin poder controlar las grandes ciudades.

Del triunvirato conservador al triunvirato revolucionario

La implicación política de esta derrota consistió en que se reforzaron las tendencias conservadoras de la Junta Grande, se separó del mando a Castelli y se lo convocó a juicio en Buenos Aires. En septiembre se envió a Saavedra en su reemplazo, pero éste a su vez sería destituido ya que se produjo un nuevo giro más conservador que el dirigido por él en abril.

El 23 de septiembre de 1811 se produjo una especie de golpe de estado, en que se creó el llamado Primer Triunvirato, que asumió las veces de Ejecutivo, mientras que la Junta Grande, llamada ahora Junta Conservadora, tendría facultades legislativas, hasta que fue finalmente disuelta en octubre.

El Primer Triunvirato, con tendencias muy moderadas y reiteradas declaraciones de lealtad a Fernando VII, quedó integrado por: Feliciano Chiclana (uno de los que no quiso fusilar a Liniers), J. J. Paso y Manuel de Sarratea, los principales. Bernardino Rivadavia, J. J. Pérez y Nicolás Herrera como secretarios.

La política de este gobierno fue una combinación de centralismo extremo en Buenos Aires, desconociendo a los líderes naturales de las provincias, a la vez que renunció al intento de sostener la influencia sobre todas las provincias que componían el antiguo Virreinato del Río de La Plata para las que no se sentían con capacidad militar y que estaban en manos de tropas realistas. Sostener Buenos Aires a toda costa parecía la consigna. Esta política centralista, que ya se anunciaba con Mariano Moreno, se hizo hegemónica, sembrando la semilla de las contradicciones futuras con las provincias, de inestabilidad política y guerras que van a impedir el nacimiento de un estado consolidado hasta mitad del siglo XIX.

Para ello se negoció con Montevideo en manos de los realistas, y se le negó el apoyo a José Artigas; se mantuvo con los ingleses las relaciones diplomáticas y comerciales sin llegar a la independencia; se negoció, a través del propio Belgrano un acuerdo comercial con Paraguay reconociendo su status independiente de Buenos Aires; se hicieron reiterados juramentos de lealtad a Fernando VII.

La exitosa negociación del tratado comercial con Paraguay, octubre de 1811, restituyó el prestigio de Manuel Belgrano, y estableció el Primer Triunvirato como un claro acuerdo entre los comerciantes porteños y los sectores conservadores, representados por ejemplo por Bernardino Rivadavia, que había sido acusado de “españolista” en la etapa anterior. El hecho es que, el 16 de noviembre, se entrega el mando del ejército a Belgrano. Dos semanas después hay una rebelión contra él en el ejército, el Motín de Trenzas, el cual es duramente reprimido.

Contrario a las derrotas del año anterior, que dieron paso al Triunvirato reaccionario, el año de 1812, va a ser de éxitos militares para Belgrano, lo cual va a devolver un optimismo revolucionario al ejército y a la ciudad porteña.

El 27 de febrero, Belgrano realiza un acto simbólico: la presentación de una bandera que, en principio debía ser el distintivo de una división del ejército, pero que a la postre sería la bandera de la República Argentina. Hay un debate histórico sobre el significado de la bandera en ese momento. Algunos aducen que no pretendía Belgrano crear el símbolo de un estado independiente, alegando que eran los colores de la dinastía borbónica o de la virgen de Luján, de la que era devoto. Sea como sea, la noticia no cayó muy bien en el Triunvirato conservador, que le ordenó no usar la enseña.

Se le ordena hacerse cargo del Ejército del Norte y organizar la retirada de las fuerzas que apoyaban a los revolucionarios, incluyendo civiles, hasta la ciudad de Córdoba, con lo cual el Triunvirato renunciaba a luchar por el control del norte del ex virreinato. Este acontecimiento ha quedado registrado en la historia como el “Éxodo Jujeño”.

Sin embargo, los habitantes de Santiago del Estero y esas regiones le exigen plantar cara a los realistas, lo cual hace Manuel Belgrano exitosamente en el Batalla de Tucumán el 24 de septiembre 1812. Esta victoria va a producir un nuevo vuelco político en Buenos Aires, donde los sectores revolucionarios organizados en un pseudo partido político, la Logia Lautaro, dirigida por Carlos M. Alvear y José de San Martín, entre otros, van a sublevar al pueblo contra el Primer Triunvirato acusándolo de timorato.

El 8 de octubre de 1812, influidos por la victoria de Belgrano en Tucumán, se derriba mediante una sublevación militar y popular, en gran medida dirigida por San Martín, al Primer Triunvirato y nace el Segundo Triunvirato, controlado por los sectores radicales. Lo conforman: Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte, quienes pertenecían a la Logia Lautaro, y eran el ala radical, y J. J. Paso, que expresaba a los moderados.

Los integrantes de la Logia Lautaro eran decididamente más proclives al libre comercio, a la relación con los ingleses e incluso a la independencia formal. Para darle forma al estado uno de sus primeros actos fue la convocatoria a la Asamblea General Constituyente en 1813.

También se respaldó la ofensiva de Belgrano en el norte, que el 20 de febrero de 1813 obtuvo la victoria en la Batalla de Salta, la cual motivó nuevas insurrecciones en las ciudades del Alto Perú: Chuquisaca, Potosí y Cochabamba. En junio de 1813, Manuel Belgrano entró victorioso en Potosí. Por unos meses pareció que se ganaba la guerra a los realistas en todos lados y se restauraba el nexo de Alto Perú con Buenos Aires.

Asamblea del Año XIII atrapada entre estado federal o centralista, entre independencia o no

Bajo el impulso revolucionario de las victorias militares del año 1812 se convocó la Asamblea General Constituyente y Soberana de las Provincias Unidas del Río de La Plata, la cual debía dar forma legal al nuevo estado. La misma se instaló en Buenos Aires el 31 de enero de 1813 y sesionó durante dos años, hasta 1815, cuando se disolvió.

La Asamblea adoptó medidas importantes en función de la consolidación de un nuevo estado nacional: eliminó algunos símbolos de la monarquía y adoptó símbolos propios como el escudo; acuñó monedas; abolió la esclavitud, la mita, la tortura, el mayorazgo, los títulos nobiliarios y la inquisición; dictó la libertad de prensa, creo tribunales de justicia, etc.

La Asamblea del año XIII tuvo la debilidad de no decidirse a proclamar la independencia, tal vez se debió a las dificultades de la guerra contra los realistas y a que fue el año de la derrota de Napoleón en Rusia y estaba a la vista la restauración de Fernando VII. Contrario a la opinión de José de San Martín, que era un partidario decidido de la independencia, Carlos Alvear, que presidía la Asamblea, no estuvo de acuerdo en ese momento.

El hecho es que, producida la restauración al trono de Fernando VII, en marzo de 1814, el embajador en España del Segundo Triunvirato, Manuel de Sarratea, expresa formalmente a la monarquía la adhesión a su persona de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ese mismo año llegarían en igual misión a Europa Belgrano y Rivadavia, quienes prometían sumisión a Fernando a cambio de algunos derechos autonómicos. Lo cual fue negado por los criterios absolutistas de Fernando y sus asesores (Wikipedia, 2019).

El otro aspecto en que falló la Asamblea del año XIII fue la ruptura con Artigas y los federalistas, lo cual tendría repercusiones negativas en el futuro, constituyéndose en el punto que impidió la consolidación de un estado nacional en las siguientes décadas y el motivo de permanentes guerras civiles. Los comerciantes y estancieros bonaerenses no solo temían de Artigas el federalismo, sino también su programa económico y social mucho más radical. Por ello no solo lo repudiaron, sino también lo combatieron.

El 13 de abril de 1813, José Artigas dicta unas “Instrucciones para los diputados (uruguayos) a la Asamblea de Buenos Aires”, allí se lee: 1. Declaración de independencia absoluta de la Corona de España; sistema de gobierno republicano y federal; libertad civil y religiosa; gobierno provinciales soberanos; división de poderes; define la Provincia Oriental con “soberanía, libertad e independencia”; libertad de puertos y aduanas en Maldonado y Colonia; que la capital de las Provincias Unidas resida fuera de Buenos Aires (Romero, Pensamiento político de la emancipación (1790-1825), 1977, págs. 15-17).

A los diputados enviados por Artigas no se les permitió incorporarse a las sesiones de la Asamblea alegando cuestiones de forma en su elección. Lo cual llevaría a Artigas a convocar a mitad de 1815 al Congreso de Oriente o Congreso del Arroyo de la China, donde se constituiría la llamada Liga Federal o Liga de los Pueblos Libres, que contó con representación de Uruguay, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Córdoba.

En el interín, la Asamblea de Buenos Aires, y el Segundo Triunvirato que estaba en manos de los radicales de la Sociedad Patriótica que había fundado Mariano Moreno en 1810, con los de la Logia Lautaro, de José de San Martín y Carlos Alvear, enfrentaron las vicisitudes de la guerra civil en 1813 – 1815, nombrando a Gervasio Posadas como Director Supremo (dictador) del gobierno de las Provincias Unidas, posteriormente le sucedería en el cargo su sobrino y presidente de la Asamblea, Carlos Alvear, el 9 de enero de 1815. Pero este último apenas duraría en el puesto hasta el mes de abril.

La guerra civil en los diversos frentes abiertos tuvo sus vaivenes: Manuel Belgrano, que a mediados de 1813 estaba victorioso en Alto Perú, fue derrotado por los realistas peruanos en Vilcapugio, el 1 de octubre y en Ayohuma el 14 de noviembre de 1813, con lo cual se vio forzado a retroceder hasta Jujuy. Se derrota a la flota realista y posteriormente se toma la ciudad de Montevideo en mayo de 1814. Pero al mismo tiempo se pierde la oportunidad de apoyar la rebelión popular de Cuzco y varias provincias peruanas ese mismo mes. En octubre los realistas peruanos derrotan a Bernardo O’Higgins en la Batalla de Rancagua recuperando Chile (Luna, 2003).

En este período también se hizo la guerra a los federales dirigidos por Artigas, logrando al principio victorias relativas, pero finalmente éstos vencen a los “centralistas” o “unionistas” del Directorio en la Batalla de Guayabos, en enero de 1815, teniendo Alvear que entregarles la ciudad de Montevideo que meses antes habían conquistado de manos realistas.  Esto selló la derrota no solo militar, sectores importantes del ejército se negaron a obedecerle, sino política de Carlos Alvear, el cual, en la desesperación envía a Manuel J. García a Londres para solicitar un protectorado británico sobre la ciudad.

Por fin la independencia, Congreso de Tucumán 1816

A lo largo de 1815 y 1816 la posición de Buenos Aires se vería mucho más debilitada ante un conjunto de circunstancias que no podía controlar. Por un lado, la amenaza siempre posible de que los federalistas de Artigas ataquen la ciudad.

Por otro, la nueva derrota de la Tercera Expedición Auxiliadora al Alto Perú en la Batalla de Sisipe o Viluma el 29 de noviembre de 1815, la cual selló la pérdida definitiva de esa región al control bonaerense y su sometimiento por los realistas hasta 1825. Incluso las llamadas “republiquetas” de las zonas rurales que resistían a los realistas en lo que hoy es Bolivia, fueron derrotadas y sus líderes, como Manuel Padilla, fueron ejecutados.

Durante los primeros meses de 1815 se temió la llegada de una expedición española que atacaría la ciudad en combinación con tropas de Lima. La ciudad tomó sus recaudos y reclutó una milicia y preparó la defensa. Pero la única noticia completamente favorable a los revolucionarios de Buenos Aires fue que la expedición pacificadora enviada por Fernando VII, a cargo del general Pablo Morillo, compuesta por 65 buques y 15,000 hombres, fue desviada hacia Venezuela y la Nueva Granada, en parte porque la pérdida de Montevideo y la falta de apoyo de Brasil les había dificultado los planes.

En estas circunstancias desesperadas, en abril de 1815, habiendo destituido a Alvear, el Cabildo se autonombró gobierno, colocó interinamente al general Rondeau, jefe del ejército como Director, el cual delegó en su suplente, Álvarez Thomas. Ante la creciente influencia de la Liga Federal, el Cabildo tomó el camino de la humildad, convocó un congreso en San Miguel de Tucumán, renunciando a la sede, dio mayor poder y representación a las provincias y depuso sus afanes centralistas.

El Congreso de Tucumán se reunió el 24 de mayo de 1816 con 19 diputados electos por las provincias, sin representación de la mayor parte de Alto Perú, ni del Paraguay, ni de las provincias que hacían parte de la Liga Federal.

La tónica del Congreso de Tucumán era cómo hacer para unirse en la defensa común frente a las amenazas exteriores que se cernían sobre todos, sin que eso pusiera a las provincias en relación de dependencia y sometimiento con Buenos Aires. A instancias de Manuel Belgrano se debatió la posibilidad de una monarquía constitucional, basada en un descendiente de los reyes incas y con sede en Cuzco, para sumar toda Sudamérica, es decir, los dos virreinatos. Por supuesto, estas ideas no calaron.

Se nombra a Juan Martín de Pueyrredón como nuevo Director, el cual hasta hacía poco estaba exiliado en Mendoza por haber sido miembro del Primer Triunvirato, y se designa a Belgrano como jefe del Ejército del Norte.

Por insistencias y presiones de José de San Martín,  que se encontraba en Cuyo, finalmente el Congreso de Tucumán, el 9 de julio de 1816, emite formalmente la Declaración de Independencia: “…declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli…” (Romero, Pensamiento político de la emancipación (1790-1825), 1977, pág. 205).

La declaración de independencia no significó que hubiera nacido un estado nacional orgánicamente integrado y funcional. Por el contrario, durante los siguientes años continuaron las disputas entre federalistas y centralistas, entre las provincias y Buenos Aires. Los caciques militares regionales llegaron a tener un peso específico, tanto que durante algunos años la capital de lo que había sido el Virreinato del Río de La Plata pareció renunciar al intento de centralización, concentrándose sobre sí misma y su provincia.

El Plan Continental de José de San Martín

De todos los dirigentes revolucionarios, José de San Martín parecía ser el que tenía una visión más de conjunto y decidida sobre el tema de la independencia sudamericana, pese a haber sido criado en España, y haber sido soldado del ejército español durante 30 años, incluso, el haber llegado tardíamente, pues en la segunda mitad de 1811 aún se encontraba en Europa.

Esas circunstancias que parecen desventajosas fueron favorables para San Martín porque al combatir a las tropas de Napoleón que ocuparon la península Ibérica, hizo amistad con soldados ingleses y escoceses con los que combatió y los cuales le invitaron en 1811 a visitar Londres, donde se relacionó con los fundadores de la Logia Lautaro, como Carlos M. Alvear y Andrés Bello. Por supuesto, este sector era decididamente republicano, independentista, librecambista y proclive a los ingleses, que los apoyaron al igual que a Francisco de Miranda, fundador de la logia.

El hecho es que, entre 1815 y 1816, José de San Martín comprende la imposibilidad de consolidar la independencia y lograr algo de estabilidad sin derrotar a los relistas en su bastión, Lima. Para lo cual, era imprescindible liberar a Chile. Diseña un proyecto que se ha llamado el Plan Continental, al cual dedicó sus esfuerzos, renunciando a dirigir el Ejército del Norte y a inmiscuirse en la guerra contra la Liga Federal. A Nicolás Rodríguez Peña se lo resume en una carta:

“…Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los godos, apoyar un gobierno de amigos sólidos para concluir también la anarquía que reina; aliando las fuerzas para por mar tomar Lima” (San Martín, 2019).

Según el historiador Félix Luna, el investigador Rodolfo Terragno ha establecido la relación entre el Plan Continental de San Martín y un proyecto inglés para poner la región bajo su influencia, denominado Plan Maitland, que le fue presentado al primer ministro William Pitt en el año 1800. ¿Habrá tomado conocimiento San Martín de este plan inglés durante su estancia en Londres? (Luna, 2003, pág. 109).

Durante meses San Martín preparó un ejército de 5000 hombres al cual denominó el Ejército de Los Andes. En alianza con el chileno Bernardo O’Higgins, que venía de ser derrotado en Rancagua en 1814, se inició el cruce de Mendoza a Chile en enero de 1817, obteniendo su primera victoria en Chacabuco el 12 de febrero. Como se había planeado, O’Higgins es nombrado dictador supremo de Chile, y San Martín jefe del Ejército Unido.

Todavía los realistas lanzaron una nueva ofensiva obteniendo una victoria momentánea en Cancha Rayada el 19 de marzo de 1818, pero San Martín los volvió a derrotar en Maipú el 5 de abril, con lo cual se consolidó definitivamente la independencia de Chile. Pero la invasión a Perú tardó en producirse, dada la falta de recursos militares y financieros, y de cierta resistencia de Pueyrredón a brindarle todos los apoyos necesarios.

Bibliografía

Bauso, D. j. (2015). Un plagio bicentenario. El « Plan de Operaciones » atribuido a Mariano Moreno. Mito y Realidad. Buenos Aires: Sudamericana.

Luna, F. (2003). La independencia argentina y americana (1808-1824). Buenos Aires: Planeta.

Romero, J. L. (1977). Pensamiento político de la emancipación (1790-1825). (J. L. Romero, Ed.) Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Romero, J. L. (2009). Breve historia de la Argentina. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

San Martín, J. (10 de agosto de 2019). Carta a Nicolás Rodríguez Peña. Obtenido de El Sur del Sur: San Martín y el Plan Continental: https://surdelsur.com/es/San-Martin-plan-continental/

Wikipedia. (3 de septiembre de 2019). Manuel de Sarratea. Obtenido de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_de_Sarratea

 

[Fuente: http://www.sinpermiso.info]

Imagem aérea de protesto no Chile, em novembro de 2019.

Escrito por Aldo Quiroga

À meia noite da quarta-feira, 19 de maio, ainda sob a surpreendente ressaca das urnas do final de semana anterior, a justiça eleitoral chilena encerrou as inscrições de pré-candidaturas para as eleições primárias que definirão parte dos candidatos à presidência na eleição de novembro. Nas horas finais do prazo, os chilenos ficaram atordoados com a reviravolta de alianças, desistências e postulações. Acordos históricos foram rompidos, pactos anunciados foram dissolvidos e lideranças improváveis se agigantaram. A trama assemelhada a último capítulo de novela, de deixar sem fôlego o mais atento dos analistas políticos do país, começou há muito tempo.

Os punhos erguidos e os passos resolutos que percorreram as ruas de Santiago desde 18 de outubro de 2019 venceram mais uma etapa do processo de refundação de um país. E a palavra não é exagero. Refundar é a tradução das frases pintadas à beira do Mapocho: “hasta que la dignidad sea costumbre”. Dignidade é a palavra escolhida também para nomear um pequeno ponto perdido no mapa da capital chilena. Turistas brasileiros já passaram pela praça Itália, entroncamento obrigatório entre a parte alta, o centro e os bairros populares. Nesse meio acre se erguia a estátua de um genocida dos povos indígenas, o general Manuel Baquedano. Por um século, ele reinou ao lado de outros supostos heróis construídos para os livros de história dos dominadores. Até o levante de outubro. Cansado de tanto gastar recursos públicos para restaurar de madrugada o que os manifestantes usavam como alvo durante o dia, o governo de Sebastián Piñera resolveu retirar o prócer de circulação. Mas a praça seguiu como território de disputa. Uma disputa por uma praça e por um país.

A resposta dada nas urnas nos últimos dias 15 e 16 de maio coloca Baquedano e todos os seus adoradores no devido lugar desta nova história que está a ser escrita. A refundação de um país exigiu que os estudantes, frequentadores assíduos da revolta contra um modelo assassino, tomassem mais uma vez a iniciativa. Nunca foi por trinta pesos, mas por trinta anos. A eles se juntaram os trabalhadores e aposentados, suas mães, pais, abuelos e abuelas. Também vieram os mapuches e outros povos originários. E o golpe de misericórdia veio envolto em verdes lenços e vermelhos refrões, com vozes feministas que obrigaram o sistema a engolir um mundo de dedos apontados a dizer: o violador é você. A lógica patriarcal que sustenta o ultracapitalismo chileno começava a ruir.

Foram meses de resistência da Primeira Linha, os jovens e nem tão jovens que se dispuseram a trocar pedras por bombas, elastômeros e gás. Quatrocentos e sessenta e um ficaram cegos pela mão da principal corporação armada de repressão a manifestações. Bastou que aquele povo levantasse a cabeça uma vez para que as fardas entrassem em sua sinistra máquina do tempo e voltassem quatro décadas, aos mesmos porões onde podiam saciar seus asquerosos desejos. E a estação de metrô Baquedano, embaixo da Plaza Dignidad, virou casa de tortura. A Fiscalia – equivalente a nosso Ministério Público – recebeu 8.827 denúncias de estupros, espancamentos e violações em geral por agentes do Estado. Mas a rua é soberana e os próprios manifestantes, em meio à fumaça e à água com agentes químicos que queimam a pele – cuspidos pelas máquinas motorizadas de repressão, sonhadas pelo ditador Carlos Ibañez del Campo, precursor de Pinochet – clausurou o lugar e transformou-o em memorial vivo, com arte e cor.

Os meses de resistência também foram de pandemia, que impede encontros, abraços e mãos dadas. Mas a rua é soberana, e aquele povo encontrou-se consigo mesmo. A solidariedade deu força à dignidade. As ollas comunes – ação popular autoconvocada para distribuição de alimentos – voltaram. Também ressurgiram os murais, os artistas populares, os grafites, as danças e a música de Quilapayun, Inti Illimani, Violeta Parra e Victor Jara, com milhares em coro a cantar o direito de viver em paz. Ressurgiram ali, no centro de Santiago, diante de uma elite escandalizada, porque essas manifestações de uma cultura solidária nunca deixaram de existir em bairros como La Pintana, La Legua, José Maria Caro, La Victoria, as chamadas poblaciones, que guardam a herança de conhecer o outro mundo possível da Unidad Popular, das consequências de sonhar esse mundo e dos abusos que se seguiram à aquela manhã cinza de 1973, que aplacou a primavera.

Dezessete anos de terror foram seguidos por 30 anos de abusos de uma democracia escrita em letra miúda, e sobrescrita. A Constituição de 1980, promulgada pelo ditador Augusto Pinochet, só chegou à plenitude sonhada por Friedman com as modificações que vieram depois da redemocratização. A cada vírgula pontuada pelos partidos governistas, o eco ensurdecedor era o da conivência dos parlamentares da Concertación. A traição ao povo estava no DNA daquelas legendas partidárias. Capitaneada pela Democracia Cristã – que apoiou o golpe contra o governo democraticamente eleito de Salvador Allende e depois fingiu horror aos horrores dos aprendizes da Caravana da Morte – a Concertación impediu que a campanha do plebiscito de 1989 cumprisse sua promessa. Para convencer os chilenos a vencer o medo e votar pelo NO, a campanha garantia: “a alegria já vem!” Não veio.

Rios, bosques, praias, territórios indígenas, aposentadorias, serviços de saúde, vagas em escola e universidades, passado, presente e futuro, tudo foi posto à venda. Não é à toa que os mercadores internacionais vociferam agora ameaças ao pequeno país austral pela composição da Convenção Constituinte. Três décadas depois de votarem pelo NO e decepcionarem-se, os chilenos já tinham vencido o medo quando o Exército voltou às ruas pela primeira vez em democracia para conter o que não poderia ser contido. E venceram também a desconfiança em si mesmos e no sistema. Decidiram derrubá-lo por dentro. O resultado colocou os filhos de Baquedano no limbo.

Na eleição dos constituintes, saíram vitoriosas as mulheres, os independentes, os indígenas e as plataformas progressistas. Das 155 cadeiras da Convenção, 77 são de mulheres. E poderiam ser mais. Elas foram maioria entre os eleitos e a regra – inédita no mundo – da paridade acabou sendo usada para equiparar a quantidade de homens à de mulheres. A mais jovem constituinte é Valentina Miranda, 20 anos e comunista. Ela vai dividir os trabalhos com a principal representante da base de Piñera, a udeísta Marcela Cubillos, que chega à convenção com a maior votação – obtida nos bairros da elite de Santiago. Ambas terão que se esforçar para entender o mapudungun da Machi Francisca Linconao, líderança mapuche que em 2009 venceu uma madeireira na Suprema Corte. Em 2016 foi presa com base na Lei Antiterrorismo pela mesma justiça chilena. Foi para cadeia, fez greve de fome, passou à prisão domiciliar, obteve apoio internacional, teve o caso revisado até ser inocentada pela justiça em 2018. Essa líder de um povo que resiste a séculos de tentativas de dominação também vai escrever a nova Constituição.

Dois terços da Convenção são de candidatos independentes. O maior grupo deles já anunciou que só discute qualquer matéria constitucional depois que os mais de três mil manifestantes presos neste ano e meio de protestos forem libertados, honrando a promessa de campanha de não deixar ninguém atrás. Pela primeira vez desde 1972, os partidos de direita não terão a famigerada parcela de um terço do parlamento, que lhes garantiu sempre o veto diante de qualquer tentativa de repartir o bolo. Com 38 cadeiras, longe das 52 necessárias, terão de negociar para tentar a difícil tarefa delegada pelos seus eleitores de garantir-lhes os privilégios atuais. Sabem que têm os dias contados.

E o relógio avança também sobre La Moneda. Em novembro há eleições presidenciais. O eco das ruas ensurdeceu os partidos de todo espectro, alvos de rejeição e desconfiança institucional das gentes de outubro. Pela primeira vez, a Democracia Cristã está isolada e quase (até a hora em que escrevo) sem candidatura. O Partido Socialista pela primeira vez rompeu com a DC, mas tentou levar a uma sonhada aliança com o Partido Comunista e o chamado Frente Amplio, que reúne dissidentes à esquerda da antiga Concertacion, partidos que a compuseram, carreando o apoio do centrista PPD, por exemplo. A tentativa fez naufragar a aliança e a esquerda vai às primárias rachada como sempre, mas forte como nunca. Quem lidera as pesquisas no espectro da esquerda é o prefeito reeleito de Recoleta, sociólogo, arquiteto, neto de palestinos e comunista, Daniel Jadue.

A principal pré-candidata do oficialismo desistiu de concorrer à Moneda. Três são os pré-candidatos pela direita, liderados pelo representante da União Democrática Independente, herdeira do pinochetismo, apesar do nome. O economista prodígio dos Chicago Boys – que implantaram o modelo econômico vigente, genro de um dos líderes do movimento de extrema-direita Patria y Libertad, e membro da alta cúpula do Opus Dei chileno, Joaquin Lavin é ex-prefeito de Santiago e postulante à presidência por duas vezes anteriores. Mesmo no histórico de alternância de poder característico do Chile pós-ditadura, um cenário com a direita tão apequenada, beirando o pó seco do Atacama, seria impensável. São os ventos quentes de outubro que varrem aquele país frio e anunciam uma nova primavera.

As paredes do La Moneda e as do antigo Congresso Nacional – que abrigará as sessões plenárias da Convenção Constitucional – parecem ouvir passos familiares. O caminhar de um médico de formação, mas político de vocação. Alguém que decidiu seguir a via democrática para refundar um país, que conseguiu o apoio das massas e realizou o que este continente tanto anseia. A ousadia levada ao extremo da coerência terminou num disparo. O estampido não foi capaz de colocar ponto final a um discurso que ecoa insistente nesse Movimento de Outubro das ruas de Santiago, de Arica a Punta Arenas. Fardados e insurretos escutam sem parar aquelas palavras transmitidas pela Rádio Magallanes e a elas reagem, cada um a seu modo. Quatro décadas depois, parece que finalmente chegou o tempo de ver as grandes alamedas se abrirem para que mulheres e homens livres passem a construir uma sociedade melhor. Que elas se abram ali, aqui, acolá.

 

Saiba mais sobre o processo político chileno no vídeo (abaixo) do documentário dirigido pelo autor deste artigo, o jornalista Aldo Quiroga.

 

[Foto: MARTIN BERNETTI / AFP – fonte: http://www.terapiapolitica.com.br]

Escrito por Marcio Pochmann

A ascensão da globalização tem sido acompanhada pelo deslocamento do poder dos Estados nacionais para as corporações privadas transnacionais que monopolizam estruturas da competição capitalista, concentrando o comando econômico e as informações e análises para a tomada de decisões estratégicas. Por coletarem, armazenarem e sistematizarem informações à margem de qualquer tipo de comitê de ética, as corporações privadas estrangeiras das big techs (Google, Facebook, Apple, Amazon e Microsoft), por exemplo, já detêm um conjunto de dados pessoais – em uso por sistemas próprios de algoritmos – superior ao sistema público de produção e difusão do conhecimento nacional.

O atual abandono do Censo Demográfico no Brasil, promovido pelo governo Bolsonaro, constitui mais um prego no caixão a recepcionar o enterro da soberania nacional. A marcha fúnebre atual do apagão nos dados e estatísticas públicas expressa o quanto o país está de joelhos diante do colonialismo digital, fazendo jogar para fora qualquer possibilidade de segurança nos dados pessoais e no conjunto da nação.

Os exemplos são muitos e variados. Vão desde as universidades brasileiras que adotam o correio eletrônico e plataformas de ensino a distância e remoto de empresas estrangeiras, passando pela aceitação do governo federal em depositar o conjunto de informações estratégicas no exterior e em desenvolver o centro militar da guerra cibernética através de big tech estadunidense. Até mesmo a realização de cadastro dos beneficiários das políticas de governos municipais, estaduais e federal, bem como o controle do banco de dados do poder judiciário e até de partidos políticos encontram-se em mãos privadas e estrangeiras.

Atualmente, somente alguns poucos Estados ainda conseguem regular as grandes corporações privadas transnacionais, buscando combinar as transformações do capitalismo com os interesses da nação. Ainda que o Estado se mantenha fundamental na gestão das massas populacionais em espaços geográficos determinados por fronteiras físicas, o seu papel parece atender crescentemente à subordinação da política aos interesses das grandes corporações transnacionais.

No Brasil, a descrença na política e nas instituições públicas revela o quanto a soberania de vanguarda nas ciências e tecnologias se encontra abandonada, sobretudo com a adoção do receituário neoliberal que destrói o sistema de regulação nacional e domínio público. A consolidação do monopólio privado das grandes corporações transnacionais detendo mais informações e dados que o Estado nacional consagra a existência de uma espécie de neofeudalismo exercido na forma de verdadeiras ilhas de poder sob o controle de grandes grupos econômicos.

Por um lado, o feudo privado dos banqueiros controla a “independência” do Banco Central, enquanto, por outro, o feudo privado do agronegócio domina o parlamento, aprovando isenções fiscais, anistia do pagamento de dívidas ao setor público e uso generalizado e descabido dos agrotóxicos. A cada esfera estatal, o domínio privado se conforma como se fosse um feudo empoderado pela lógica do lucro imediato – como se fosse urubu em carniça.

A exemplificação mais recente disso se encontra revelada na definição da nova direção da CAPES (Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior), pertencente ao Ministério da Educação. Ao que parece, a conversão do comando do centro nevrálgico do sistema de pós-graduação em mais novo feudo dos interesses econômicos do setor privado aponta a confirmação da posição de joelhos a que o Brasil se submete diante da nova era do colonialismo digital.

A reação a isso não pode mais tardar. Uma nova cultura política democrática voltada ao enfrentamento do desmonte do Estado nacional soberano se torna imprescindível, pois do contrário, é crescente o risco de o país rebaixar ainda mais a atual posição de joelhos à cócoras.

 

[Fonte: http://www.terapiapolitica.com.br]

Le musée d’art et d’histoire du Judaïsme (MAHJ) a raconté en 2002 « l’aventure artistique » (1959-1962) d’une œuvre majeure de Chagall. Pour la synagogue de l’hôpital Hadassah (Jérusalem), le peintre-verrier a illustré les 12 tribus d’Israël. Cette exposition et son catalogue, denses et didactiques, ont révélé 62 dessins préparatoires et maquettes, ainsi que quatre vitraux d’essai pour cette commande muée par la vision d’un poète, admirablement compris par les maîtres-verriers, Charles et Brigitte Marq. Ils ont évoqué aussi le dialogue intime, souvent en yiddish, entre Chagall et la Bible, et montré les magnifiques photos d’IzisLe 28 avril 2021 à 20 h 30, Cultures-J propose la visioconférence sur Zoom « La synagogue de la Hadassah et le Hall d’État de la Knesset: Marc Chagall, vitraux, tapisseries et mosaïques à Jérusalem« .

Publié par Véronique Chemla

Tout commence en 1958. « Myriam Freund, présidente de Hadassah (association féminine de bienfaisance américaine créée en 1912) et l’architecte du nouveau centre médical, Joseph Neufeld, proposent à Marc Chagall de réaliser des vitraux sur le thème des douze tribus d’Israël pour la synagogue de l’hôpital Hadassah à Jérusalem. Chagall accepte » et les rencontre « lors de l’exposition monographique de l’artiste au Musée des Arts décoratifs de Paris en 1959 ».

Chagall a déjà conçu en 1957 des vitraux, avec Bonnard, Braque, Léger, Matisse et Rouault, pour une église du plateau d’Assy, et seul, en 1958, pour la cathédrale de Metz. Et déjà avec les époux Marq, maîtres-verriers du fameux atelier Simon (Reims), créé au XVIe siècle.

« Pénétrer dans la lumière du plein jour »

Mais cette commande est différente.

Chagall doit relever plusieurs défis : la monumentalité des vitraux (3,4 m de haut sur 2,5 m de large) disposés en couronne, l’interdiction de la figure humaine, la restitution de « la profondeur vivante » des couleurs, la place des vitraux dans l’ensemble hospitalier, l’absence de narration, etc.

« La théorie, la technique, qu’est-ce que c’est ? Mais la matière, la lumière, voilà la création ! », relève le peintre. Et né dans une famille hassidique de Vitebsk (Biélorussie), il est particulièrement sensible à la Bible, donc au sujet à illustrerA fortiori en Israël : Chagall a séjourné en Palestine de février à avril 1931.

Quelle est « la genèse de cette œuvre d’exception » ?

Sur les murs de la première salle, des phrases, un peu hautes, de la Bible inspirent ou veillent sur les « petits dessins en noir et blanc, au crayon et à l’encre de Chine, au pinceau », des esquisses initiales d’« une cosmogonie où les astres, les éléments et les animaux surtout, dessinent une ronde des tribus ». Et où apparaît « l’expression symbolique » de chaque tribu retenue par Chagall.

Les croquis ultérieurs précisent, en apportant de rares modifications. Par exemple, un oiseau devient taureau dans la maquette définitive de Lévi.

Puis, une série de doubles pages présentent les prophéties de Jacob à ses fils (Genèse 49) et les bénédictions de Moïse (Deutéronome 33), qui ont inspiré Chagall.

Elles explicitent aussi leurs représentations par l’artiste. « Selon la tradition biblique, le peuple hébreu était structuré depuis la sortie d’Égypte en une confédération de douze tribus établie selon la descendance des douze fils de Jacob » (Rivon Krygier).

Après un combat initiatique avec un envoyé céleste, Joseph fut nommé Israël par cet être : « Car tu as lutté avec le divin et l’humain, et tu as vaincu » (Genèse, 32:29).

Donc, « les douze fils de Jacob – RubenSiméonLéviJudaIssacharZabulonDanGadAsherNephtaliJoseph et Benjamin – se nomment dans les textes bibliques bné Israël, fils d’Israël, ou Israélites.

Sur le point de mourir, Jacob et Moïse convoquent les enfants d’Israël pour leur annoncer leur avenir, et à travers eux celui de la nation tout entière.

Les douze fils de Jacob deviennent ainsi les représentants éponymes des douze tribus et le légendaire point de départ d’un processus historique qui devait aboutir, un jour, à la création de l’État d’Israël ».

Le visiteur peut ainsi mieux comprendre les dessins préparatoires, plus grands, mêlant en plus aquarelles, gouaches et collages de papier et tissu, pour indiquer « le rythme des ombres et des lumières, la composition formelle et chromatique, la texture des vitraux, le tracé des plombs et les rapports des tons ».L’homme se devine au travers d’objets religieux et des symboliques du bestiaire biblique – « lion, taureau, loup, âne, serpent, biche » -, qualifiant le caractère des « enfants d’Israël ». « Les poissons, la mer profonde, les cieux, soleils, lunes, collines et tentes, évoquent la vision de Moïse. Partout, des prunelles grandes ouvertes expriment le pouvoir essentiel du regard ».

Chagall n’a cependant pas oublié le Livre, l’Étoile, la corne de bélier (shofar) et le chandelier à sept branches (menorah). Et, dans le vitrail de Siméon, il reprend « la thématique des oiseaux qui s’éloignent et se dispersent, récurrente dans l’imagerie et le folklore yiddish ».

Ensuite, le visiteur lève les yeux pour voir les côtés d’un carré formés des douze réductions des vitraux où dominent le bleu, le jaune, le vert et le rouge.« En disposant les vitraux trois par trois, aux quatre points cardinaux, Chagall reprend la répartition des tribus dans le désert, mais il renvoie à la filiation directe de Jacob et désigne les douze tribus, non selon leur répartition territoriale, mais telles qu’elles étaient représentées par des pierreries sur le pectoral du grand-prêtre ». Donc, sans les deux fils égyptiens de Joseph, Ephraïm et Manassé, reconnus et bénis par Jacob dans la Genèse.

Dominé par le bleu, le vitrail de Ruben, premier-né des frères, « traduit une confusion entre les mondes aquatique et aérien.Les oiseaux semblent naître de l’écume, rappelant que toute vie vient de la mer ».
Avec les poissons, ils symbolisent « l’abondance et la fécondité ».

D’un bleu sombre, « le vitrail de Siméon impose une atmosphère de forfait nocturne ».

Le fond jaune or du vitrail de Lévi « souligne un certain rayonnement et la noblesse d’un culte qui a éclairé le peuple juif à travers les temps ».

C’est la « fonction symbolique d’enseignement et de transmission, perpétuant la mémoire » que Chagall privilégie dans les phrases figurant sur les Tables de la Loi.

Le vitrail de Juda surprend par le rouge vif.

De la tribu de Juda, sont sortis les rois d’Israël, de la lignée de David. Des mains soutiennent ou bénissent une couronne, royale ou céleste.

À Juda est parfois associée une pierre précieuse sur le pectoral du grand prêtre. Les traductions de l’hébreu de cette gemme varient. L’une de ces traductions est escarboucle (grenat).

« Le vert tendre du vitrail de Issachar accentue le caractère champêtre de la composition, plus printanier que le vert olive d’Asher marquant lui le temps des récoltes » (Raphaëlle Laufer-Krygier). Issachar, qui apporte « la félicité », est voué à l’étude de la Torah. Cette spiritualité est incarnée par la tente blanche, symbole du mont Sinaï. Derrière, se profilent les Tables de la Loi.

En symbioses chromatique et spirituelle, « trempé dans les couleurs d’un soleil couchant sur la mer, le vitrail de Zabulon communique la fièvre des voyages ». Les poissons y symbolisent l’abondance et la prospérité.

Dans le vitrail de Dan, « l’équilibre qu’assure le chandelier à trois branches renvoie allégoriquement au motif de la balance, symbole universel de la justice. L’enroulement du serpent autour du chandelier permet à Chagall de souligner la double nature de Dan – juge et justicier – tout en renvoyant aux autres connotations bibliques : serpent du Jardin d’Eden enroulé autour de l’arbre de la connaissance du bien et du mal », etc.C’est de la violence des combats que semble résonner le vitrail de Gad, « bouclier adventice, guerrier assailli et téméraire », s’enhardissant dans les lignes ennemies.

Mais c’est la paix qui émane du vitrail de Asher. La fonction nourricière de celui-ci – en huile pour les autres tribus, le Palais et le Temple – induit la place prédominante de l’olivier : par la couleur verte et par les branches feuillues et chargées de fruits. Du bas vers le haut, se superposent les objets rituels, dont le chandelier à sept branches du Temple de Jérusalem, la souveraineté royale et messianique ainsi que la colombe de la paix universelle.

Sur un fond jaune, Nephtali, cerf-biche, repose près d’une colline habitée, le mont Thabor.Volette un oiseau rouge et bleu – un coq ? ,- protecteur ou menaçant.

Dans le vitrail de Joseph, en des jaunes-orangers, Chagall exalte la « vertu réparatrice et unificatrice restaurant la fraternité perdue » ainsi que l’abondance.

Celui de Benjamin baigne dans une ambiance nocturne bleutée : la fleur centrale, Israël, ne sera pas vaincue par les animaux menaçants qui l’entourent.

L’art du verre renouvelé
Plus loin, sur chaque panneau d’essai – Ruben, Zabulon, Gad et Joseph -, en noir et blanc est posé, en relief, un extrait dans la tonalité majeure dudit vitrail. « La grille orthogonale des plombs est une offense faite à la lumière-liberté. Chagall travaillera donc à assouplir leur rigidité inorganique. Il greffe sur ces carreaux des filets de plomb plus minces et plus souples » (Pierre Schneider)

Enfin, la dernière salle est dédiée au travail des maîtres-verriers, Charles Marq et son épouse Brigitte Simon, avec en fond sonore, une interview du peintre et de Charles Marq, expliquant leurs engagements profonds.

« Par des suggestions poétiques, par des évocations d’ambiance », Chagall incite ces remarquables artisans à se surpasser pour traduire ses exigences, parfois en recourant à des techniques anciennes (grisaille, émail coloré, gravure). « Charles Marq retrouve l’antique procédé médiéval oublié du verre plaqué. La diffusion des lumières y est optimale, en en respectant aussi bien les variations de transparences et d’opacités, que la puissance ou la délicatesse du trait » (Daniel Marchesseau, Chagall ivre d’images, Gallimard, 1995).

Des photographies, notamment d’Izis, révèlent l’attention, l’investissement et la complicité des deux hommes, le travail de retouche de Chagall devant chaque fenêtre, sur chaque détail, ainsi que l’exposition de l’œuvre à Paris (juin-septembre 1961) et à New York (novembre 1961-janvier 1962), avant son inauguration le 6 février 1962. Ce jour-là, Chagall déclare en yiddish :

« Il me semble que vos mouvements de résistance dans les ghettos, tragiques et héroïques, que votre guerre, ici, dans ce pays, se sont trouvés mêlés à mes fleurs, à mes bêtes, à mes couleurs de feu… [Ce modeste présent est] pour ce peuple juif qui, depuis toujours, a rêvé d’amour biblique, d’amitié et de paix avec tous les peuples ; pour ce peuple qui a vécu il y a des milliers d’années, ici, parmi les autres peuples sémitiques. Et c’est en pensant aux grandes créations des peuples sémitiques d’alentour que moi, j’ai créé [cet « Art sacré »]. Je veux espérer ainsi tendre la main aux amis de la culture, aux poètes et aux artistes des peuples qui nous environnent ».

Une lettre à l’architecte, Joseph Neufeld, atteste de l’émotion de Chagall qui espère un écho international et universel. Sa crainte est que ces vitraux, dont il sent la perfection, ne restent méconnus.

Dans un courrier à Myriam Freund du 6 janvier 1967, le peintre exprime une colère triste face aux atteintes à son travail : synagogue « écrasée » par les bâtiments hauts édifiés récemment, détérioration du bas de vitraux à même le sol, etc.

Vient enfin la réconciliation du peintre octogénaire et de son œuvre, quand il voit l’afflux des visiteurs venus admirer ces vitraux à la spiritualité biblique.

L’après-midi de ma visite au MAHJ, qui a présenté la magnifique exposition Chagall et la Bible (2 mars-5 juin 2011), un responsable du Musée a ouvert un bref moment l’une des portes donnant sur la cour de l’Hôtel de Saint-Aignan. La lumière printanière de Paris s’est engouffrée dans la salle, éclairant joliment l’arrière des miniatures des vitraux.

Bien sûr, est toute autre la lumière merveilleuse de Jérusalem derrière ces vitraux qui, comme l’écrivait André Malraux, « s’éveillent et s’endorment avec le jour »…

Cet article a été republié en ce Pessah (Pâque juive) qui commémore la sortie d’Égypte ancienne des Hébreux qui y étaient esclaves. Cette fête juive est aussi appelée fête de la liberté.

Le 9 avril 2015, la Maison de la culture yiddish-Bibliothèque Medem organisa un atelier en yiddish sur Marc Chagall, artiste juif de l’École de Paris.

Le 22 mai 2017, de 12 h 45 à 13 h 30, le Collège des Bernardins proposa, dans le cadre d’Une heure, une oeuvre, Connaissez-vous Chagall ? Les autoportraits d’un Juif errant, enfant chéri de la modernité. « Chaque mois, une heure de pause devant une toile de maître pour la regarder, la comprendre et vivre grâce à elle une expérience spirituelle, et méditer plus avant sur le mystère de la vie, de l’amour, de Dieu. Le lundi de 12h45 à 13h30 : en 3/4 d’heure le cours abordera une œuvre, un artiste ou un groupe d’œuvres autour d’une thématique, suivi d’un temps d’échange pour ceux qui le souhaitent ». La conférencière est Mélina de Courcy, professeurs d’histoire de l’art.

Le 28 avril 2021 à 20 h 30, Cultures-J propose la visioconférence sur Zoom « La synagogue de la Hadassah et le Hall d’État de la Knesset: Marc Chagall, vitraux, tapisseries et mosaïques à Jérusalem« .

« Artiste à la renommée internationale, Marc Chagall reçut dans les années 60 deux importantes commandes officielles en Israël ».
« Tout d’abord celle Myriam Feund, fondatrice de l’association sioniste américaine Hadassah. Lorsqu’elle visite Paris avec l’architecte Joseph Neufeld, Myriam Feund y découvre le travail de Marc Chagall pour la cathédrale de Reims. Elle lui commande aussitôt une série de vitraux pour la synagogue du complexe hospitalier Hadassah de Jérusalem, alors en construction ».
« Cinq ans plus tard, c’est au tour de la Knesset, le Parlement israélien, de passer une commande officielle à l’artiste, cette fois pour la décoration du Hall d’État du bâtiment. Marc Chagall réalise pour l’occasion une série de mosaïques et de tapisseries d’une beauté exceptionnelle ».
« Avec cette visioconférence passionnante, nous vous invitons à partir à la découverte de deux des plus impressionnants ensembles artistiques de Marc Chagall ».
Marc Chagall, Hadassah, de l’esquisse au vitrailMAHJ-Ed. Adam Biro, 2002. 152 pages, 80 illustrations couleurs
Visuel :
Maquette pour la Tribu de Siméon
1960
Gouache, aquarelle, pastel, encre de Chine et collage de papier
Archives Marc et Ida Chagall, Paris
© ADAGP, Paris 2010 – Chagall ®Les timbres postaux d’Israël représentent ces vitraux

[Source : http://www.veroniquechemla.info]