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Escrito por Rubén Armendáriz – CLAE

El domingo 20 de noviembre falleció a los 93 años de edad Hebe de Bonafini, militante argentina por los derechos humanos, cofundadora el 30 de abril de 1977 de la asociación Madres de Plaza de Mayo, organización de madres de detenidos-desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983.

El gobierno decretó tres días de duelo en «homenaje a Hebe, su memoria y su lucha que estarán siempre presentes como guía en los momentos difíciles». El presidente Alberto Fernández despidió “con profundo dolor y respeto a Hebe de Bonafini, Madre de Plaza de Mayo y luchadora incansable por los derechos humanos».

«Queridísima Hebe, Madre de Plaza de Mayo, símbolo mundial de la lucha por los derechos humanos, orgullo de la Argentina. Dios te llamó el día de la Soberanía Nacional… no debe ser casualidad. Simplemente gracias y hasta siempre», escribió la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner a modo de despedida.

La Asociación Madres de Plaza de Mayo anunció este domingo que las cenizas de su fallecida titular, Hebe de Bonafini, descansarán en la Plaza de Mayo por pedido de la propia dirigente.

En 1977, Hebe sufrió la desaparición de dos de sus hijos –Jorge Omar y Raúl Alfredo– y, un año más tarde, la de su nuera, María Elena Bugnone Cepeda, esposa de Jorge, secuestrados y asesinados por la dictadura cívico militar.

A menos de un año de la instauración de la sangrienta dictadura, las Madres, con sus pañuelos blancos, comenzaron a visitar las redacciones de las agencias noticiosas internacionales, tratando de que sus denuncias trascendieran la férrea censura local.

Madre e hija, la historia de la foto (de Adriana Lestido) símbolo de una resistencia.

En 1978, la Madres mostraron su ronda de todos los jueves en la Plaza de Mayo a la prensa internacional que llegó a la Argentina para cubrir el Mundial de Fútbol, mientras a unos cientos de metros del estadio de River Plata, en el centro de tortura, desaparición y muerte de la Escuela de Mecánica de la Armada se torturaba y asesinaba a sus hijos.

“Antes de que fuera secuestrado mi hijo, yo era una mujer del montón, un ama de casa más –declaró en 1982. Yo no sabía muchas cosas. No me interesaban. La cuestión económica, la situación política de mi país me eran totalmente ajenas, indiferentes. Pero desde que desapareció mi hijo, el amor que sentía por él, el afán por buscarlo hasta encontrarlo, por rogar, por pedir, por exigir que me lo entregaran”, decía, “el encuentro y el ansia compartida con otras madres que sentían igual anhelo que el mío, me han puesto en un mundo nuevo, me han hecho saber y valorar muchas cosas que no sabía y que antes no me interesaba saber. Ahora me voy dando cuenta de que todas esas cosas de las que mucha gente todavía no se preocupa son importantísimas, porque de ellas depende el destino de un país entero; la felicidad o la desgracia de muchísimas familias”, añadió.

«Nosotras vamos a seguir caminando y peleando como siempre. No va a haber punto final mientras haya compañeros militantes que acompañen en esta plaza a los pañuelos blancos. Cuando las madres no estén más, deben ser el reaseguro para que otros puedan caminar alguna vez en libertad».

Hebe ha sido y seguirá siendo por siempre, junto a otras voces de otras madres y abuelas, la conciencia de los silenciados, la palabra de los asesinados, la irreverencia de los que no se sometieron al poder ni aceptaron la irreversibilidad de la historia que se ofrecía como una política del olvido y la reconciliación.

El intelectual Ricardo Foster recordó que la voz de Hebe se levantó cuando la mayoría callaba. La inflexión intempestiva de su palabra, nacida del dolor, reivindicó la dignidad en un país atravesado por la mayor de las indignidades y por las diferentes formas de la complicidad.

Fue una voz destemplada e injuriosa como solo sabe amasarla el habla popular que no buscó eufemismos para golpear en el corazón de la injusticia y del terror, pero que tampoco se calló cuando, ya en democracia, muchos exigían cerrar los expedientes de la dictadura, añadió. Icono internacional de la lucha por los derechos humanos, deja tras de sí más de media vida dedicada a la búsqueda de dos de sus hijos, secuestrados por la dictadura militar en 1977.

Hasta el último día se la vio cada jueves frente a la Casa Rosada, para cumplir rigurosamente con las rondas que desde el 30 de abril de 1977 esas mujeres que plantaron cara a la dictadura siguen dando alrededor de la Pirámide de Mayo. Cuando emprendieron su lucha eran, en su mayoría, amas de casa que buscaban por todos los sitios posibles a sus hijos desaparecidos.

Cuando la policía les dijo que no podían quedarse allí y tenían que circular comenzaron a dar vueltas a la plaza. Hebe de Bonafini tenía 49 años y su vida volvía a empezar.

El 5 de octubre, Hebe participó de la inauguración de una muestra fotográfica dedicada a su vida, titulada Hebe de Bonafini, una madre rev/belada. Allí recordó que había tenido “una niñez alegre, donde uno aprendía a disfrutar de las pequeñas cosas en su infancia”. Allí pidió que se llevase a los niños a ver las fotos que la recordaban, para que mantuviesen encendida la llama de sus batallas.

Las Madres fundaron una universidad, bibliotecas, una radio y hasta una señal de televisión. Tuvo siempre el apoyo del kirchnerismo en su gesta por la trascendencia, mientras enfrentaba con dureza al gobierno neoliberal y negacionista de Mauricio Macri y ahora al de Alberto Fernández, al que consideraba un traidor a la causa del peronismo de izquierda representado por Kirchner.

Las Madres nunca abandonaron la lucha, y Bonafini siempre estuvo allí, al frente, fiel a las posiciones más duras. Cuando Argentina recuperó la democracia en 1983, las Madres se dividieron. Bonafini se aferró a la demanda de “aparición con vida” de sus hijos, mientras que un sector más moderado, que pasó a llamarse Madres Línea Fundadora, se avino a negociar pensiones oficiales con la resignación de que sus “desparecidos” ya no volverían.

Su fallecimiento trajo repercusiones internacionales. Los primeros en expresarse fueron los expresidentes Evo Morales, de Bolivia, y Rafael Correa, de Ecuador.  «Muy triste y consternado por la partida de la hermana Hebe de Bonfini, histórica, muy respetada y querida presidenta de Madres de Plaza de Mayo. Su lucha incansable contra las dictaduras por memoria, verdad y justicia, es un ejemplo….», escribió Morales. Correa, por su parte, señaló: «Gracias por tanto, Hebe heroica y querida. Por ti vamos a vencer».

El Punto Final de 1985

imagenEn enero de 1987, poco después de la aprobación de la Ley de Punto Final, Hebe escribió este texto para la revista Crisis, casi un manifiesto contra la democracia gris, esa que necesitaba aplacar la rebelión. Vale la pena recordarlo en momento en que un filme como “1985” quiere hacer creer a las nuevas generaciones que los héroes fueron dos fiscales nombrados por la dictadura, y no el pueblo que combatió y resistió tantos años de horror, con las Madres como ejemplo permanente:

«Las Madres, desde que asumió el radicalismo, le venimos anunciando al pueblo qué es lo que iba a pasar si nos quedábamos esperando lo que el gobierno prometía. Muchos afirmaron que las madres no entendíamos nada, que no sabíamos de política; que había que esperar y que le teníamos que firmar un cheque en blanco al presidente. Las Madres no quisimos firmar porque estábamos convencidas de que los represores iban a ser perdonados. A nuestros hijos se los llevaron por la complicidad de los partidos políticos; eso no lo tenemos que olvidar.

El doctor (Raúl) Alfonsín acaba de decir: «Me explico el dolor de los familiares, lo hago cabalmente, aunque desde luego no comparto el criterio de quienes tomados por ese dolor, quizás hayan asumido las mismas ideas de los pobres muchachos». Nuestros hijos no eran pobres muchachos.

No nos interesa que el doctor Alfonsín nos comprenda, nos interesa que respete a nuestros hijos, porque si él está en ese sillón es porque ellos dieron su juventud y su vida enfrentando a los asesinos. Nosotros somos los encargados de que así sea: las Madres, los compañeros militantes y los que siguen este camino de reivindicación de su lucha. El único pobre muchacho es el presidente, que está postrado ante los Estados Unidos.

También dijo el doctor Alfonsín que cuando se habla de amnistía se miente, pero el único que miente es él porque esta es una ley de amnistía descarada, por más vueltas que le den.

La Asociación Madres de Plaza de Mayo no ha ido a ver a ningún diputado ni a ningún senador. Más aún, por la radio, noches pasadas, yo he dicho que el senador Gass no merece ser padre del hijo que tuvo, porque ha tenido un hijo muy valiente que fue asesinado por la dictadura, luchando por construir un mundo mejor, cosa que no repite el senador.

El doctor Alfonsín afirmó en otro párrafo: «Paramos en el presente para que la justicia haga lo que tiene que hacer, hay que mirar hacia adelante, unirnos y abrazarnos…» La justicia que hay no sirve, porque es una justicia burguesa, hecha para los burgueses y por los burgueses. Nosotras estamos convencidas de que debemos mirar para adelante, claro que sí; por eso enfrentamos a la feroz dictadura y no abajo de la cama, como dijo el doctor Alfonsín impunemente.

La enfrentamos en plena Plaza de Mayo, donde a él nunca lo vi compartiendo las luchas y los peligros. Por eso queremos mirar para adelante junto con todos, con esos jóvenes a los que él está preparando como nuevas víctimas de la represión, acusándolos de ultras. Creo que el único ultra es él, ultraantidemocrático, pues no permite criticas ni disenso.

Habla de que quiere justicia y no el paredón. Ninguna de nosotras quiere el paredón, porque no hay mejor paredón que 30 años de prisión y a él le falta hombría para hacer que los genocidas paguen sus culpas debidamente, día a día.

45 años de la primera marcha de las Madres de Plaza de Mayo - Asociación Empleados de Comercio de RosarioEl nuevo verso de los radicales es preguntar si tenemos odio. Yo les pregunto a los que dicen que no hay que tener odio, si después de ver cómo fusilaban a nuestros hijos cobardemente, cómo los violaban y torturaban, cómo los asesinaban de rodillas y con los ojos vendado, si después de todo esto alguien puede no tener odio. Quien diga que no, es un falso y un hipócrita.

El doctor Alfonsín expresó finalmente todo lo que sentía desde el primer momento. Lo que prometió en su campaña electoral fue falso: fueron mentiras para ganar votos. Él está dispuesto a pagar todo el costo político necesario, de la misma manera que piensa pagar la deuda externa: postrado ante Norteamérica, comprometido con la política de dominación.

Por eso dice que va a pagar el costo, porque él ya se comprometió cuando hablaba del pacto militar-sindical: solo que se olvidó de agregar que era militar-sindical-radical el verdadero pacto. Por eso estamos ahora endeudados, con salarios de hambre, con cuerpos especiales preparados para reprimir y con leyes que entre gallos y medianoche otorgan la impunidad.

Nosotras vamos a seguir caminando y peleando como siempre. Igual que enfrentamos el documento final de la dictadura, que nos hizo movilizar con más fuerza, ahora lo haremos con la ley radical. No va a haber punto final mientras haya compañeros militantes que acompañen en esta plaza a los pañuelos blancos. Cuando las Madres no estén más, deben ser el reaseguro para que otros puedan caminar alguna vez en libertad, sobre todo con el proyecto que tenían nuestros hijos que era, precisamente, lo contrario de lo que dijo Alfonsin respecto a que negaban la dignidad del hombre.Argentina recuerda con un pañuelazo desde casa a las víctimas de la dictadura argentina | Sociedad | EL PAÍS

Nuestros hijos jamás lucharon por causas innobles ni por ambiciones personales: le enseñaron al país que es la solidaridad, la comprensión y el compartir todo lo que se tiene. En cambio, esto nunca se ve en los que nos gobiernan, que son los únicos que se aumentan los sueldos que tienen viviendas privilegiadas y siempre están listos para obtener las prebendas y los beneficios que les da el poder ejercido sin decencia. Justamente todo lo opuesto de lo que querían nuestros hijos, que siguen siendo el espejo que desnuda la prostitución de la casta gobernante.»

Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

 

[Fuente: http://www.estrategia.la]

L’entrada de Qatar en el club dels països amb Mundial de futbol no significa la derrota dels valors occidentals, sinó el seu triomf

Estadi Al Wakrah de Qatar en construcció | Fotograma del vídeo oficial de Qatar 2022

Escrit per Joan Burdeus

Crític cultural. Filosofia, política, art i pantalles

 

L’entrada de Qatar en el club dels països amb Mundial de futbol no significa la derrota dels valors occidentals, sinó el seu triomf. Perquè si hi ha alguna cosa igual d’occidental que la democràcia i l’individualisme liberal, és el nacionalisme i la construcció d’un leviatan estatal que reguli i homogeneïtzi la vida dels ciutadans amb un sistema sofisticat de burocràcia i el monopoli de la violència que, evidentment, té una història de sang i terror darrere de cada bombolla de benestar. S’ho van inventar els francesos. Les societats medievals regides per la religió tenien i aspiraven a un control molt menor sobre el poble que els nostres estats moderns guiats per la raó. El genocidi i l’enginyeria social totalitària són tan occidentals com l’hora del te i la novena Simfonia.

La gràcia de Qatar és que la seva ascendència meteòrica és un mirall augmentat de la nostra. La Modernitat es propulsa quan una regió de l’Europa nord-occidental comença a cremar combustibles fòssils. La transformació cultural més gran de la història recent no s’explica sense el poder alquímic del carbó i del petroli, que fan saltar pels aires segles d’escassedat amb un superàvit d’energia infinit que només es pot qualificar de màgic. Les revolucions de les quals ens sentim orgullosos, el fil que va de les primeres lluites obreres a l’estat del benestar socialdemòcrata, són, en realitat, contrarevolucions per frenar els excessos del progrés exponencial que desencadena l’or negre. Els sindicats surten de l’horror de la fàbrica, els drets humans de l’horror de les bombes. El grau de benestar i llibertat a què aspirem són fills d’un canvi de règim energètic del qual encara depèn tot.

I és normal que avui ens angoixi veure aquesta energia infinita sense les respectives contrarevolucions. A la Xina, per exemple, podem contemplar un país que ha adoptat mètodes i tecnologies tan occidentals com ara el nacionalisme, el capitalisme, el feixisme i el comunisme, però, ai las, ni rastre de democràcia i llibertat. A Qatar passa exactament el mateix: l’oceà de petroli ens recorda que la natura té més poder que la cultura. I fa gràcia perquè tant una nació com l’altra s’escuden en especificitats culturals, sigui el confucianisme o l’Islam. Però també el nazisme o el franquisme feien anar la història o la religió catòlica per justificar els seus monstres. En canvi, a Llatinoamèrica ningú parla d’una predisposició asteca envers la democràcia, i resulta n’hi ha moltes i molt d’esquerres. El planeta sencer ha acceptat la Modernitat científica i burocràtica d’Occident, però les derives liberals o il·liberals estan distribuïdes de manera irregular i multifactorial.

I ara el problema és que l’abundància d’energia de la qual depèn tot està causant estralls en forma de canvi climàtic i, com en altres moments del passat, emergeixen contrarevolucions. La cosa és a les beceroles i hi ha infinites divisions internes, però el més estès és una barreja de decreixentisme en els hàbits de consum a través d’un canvi cultural i una certa fe en el progrés tecnològic. Al marge de les contradiccions dels verds ara mateix, tant ideològiques com pragmàtiques, és inevitable tornar a veure els somnis d’internacionalisme utòpic no acomplerts pels moviments socials del passat que rebroten en l’esperança que l’ecologisme sigui el cavall de Troia d’un sentiment d’igualtat i solidaritat globals que s’estengui per les classes mitjanes d’arreu del món. Qatar és un bon lloc per veure com tot això que anomenem Modernitat Occidental és poc més que el resultat d’un superàvit d’energia solar continguda en un líquid negre a les profunditats de la terra, i la lluita de la cultura per domesticar-la abans que ens destrueixi.

 

[Font: http://www.nuvol.com]

Editado há uns meses em França e em setembro em Portugal, pela Ala dos Livros, « Os ‘Les Portugais' » é uma evocação global da emigração portuguesa para França, feita a partir de pequenas histórias individuais.

« Os ‘Les Portugais' » é uma evocação global da emigração portuguesa para França.

Escrito por F. Cleto e Pina

Foi isso que revelou ao Jornal de Notícias Olivier Afonso, o argumentista, filho de emigrantes portugueses, durante a sua passagem pelo recente Amadora BD, onde esteve patente uma conseguida exposição, com os originais e « malas de cartão » com cenas marcantes do livro. Lembra que o pai não lhe « contava histórias desse tempo, por pudor, dizia sempre que não tinham importância », mas Afonso ouvia-as desde sempre « nas conversas dele com os tios e amigos ».

Crescendo « a ouvir essas histórias, essas anedotas » sentiu « que era uma pena que ficassem limitadas à transmissão oral, era necessário fazer algo que as retivesse no tempo ». Ligado à indústria cinematográfica, como maquilhador de efeitos especiais, começou a escrever um guião sobre « dois homens que se conhecem em França, depois de passarem a fronteira a salto, e sobre as dificuldades que viveram ». Falou com vários produtores, « que se mostraram interessados, mas era um projeto que ficava muito caro, por isso acabou numa gaveta ».

Chico, o desenhador, apesar do nome com que assina, não tem qualquer ligação com Portugal. « É apenas um pseudónimo afetuoso que vem do liceu » e que adotou « porque ligava bem com este livro » e o « verdadeiro nome, Aurélien Ottenwaelter, é demasiado longo e difícil de pronunciar », disse ao JN, com uma gargalhada. A sua entrada no projeto aconteceu « anos mais tarde », evoca Afonso. « Falei da história e propus-lhe desenhá-la; ele gostou e aceitou. »

A emigração deixou marcas na geração seguinte. Afonso recorda que em pequeno « sentia que não pertencia a lugar nenhum: em França, era português, quando vinha a Portugal, era francês ».

Chico, que desenha storyboards para cinema, teve « desde sempre o sonho de fazer BD. As primeiras foram histórias curtas, mas este é o primeiro álbum. A história tocou-me, era o tipo de universo que queria desenhar, tudo se desenrolou facilmente, sem pressão de prazos ». Confessa que « desconhecia as situações que o livro descreve, apesar de ter tido colegas portuguesas quando era pequeno, bem como as questões relacionadas com a ditadura em Portugal e a Guerra Colonial ». Por isso considerou « pertinente incluir um resumo no álbum » para ajudar os leitores a situarem-se no contexto. Olivier Afonso complementa: « Foi importante uma visão exterior, para mim havia coisas adquiridas; foi necessário explicar uma série de detalhes, que dão credibilidade e fidelidade. Queria contar uma história universal, que não fosse de ninguém em particular ».

Os seus pais, que viveram partes da história, « só viram o livro terminado; quis que provocasse uma reação real; ficaram muito comovidos. » E complementa: « O meu pai sempre disse que as suas histórias não interessavam a ninguém e afinal interessam a muita gente, portugueses e franceses que não conheceram aquela realidade ».

Do livro retém o final: « Foi o Aurélien que o propôs e achei que era excelente. Quando os meus pais leram, a minha mãe começou a chorar e disse que foi exatamente assim que tudo aconteceu. Foi muito emocionante. Conseguimos valorizar pessoas que não se sentem valorizadas. »

Uma vez publicada a obra, foram muitos os emigrantes que os abordaram: « Não só portugueses; em França há uma emigração muito diversificada: espanhóis, italianos, polacos, que viveram o mesmo ». Houve muitas pessoas que manifestaram a sua satisfação, a sua ternura, a sua solidariedade. Houve muita gente que disse que passou por situações semelhantes », acrescenta o argumentista, « e é bom que estes temas sejam falados, sejam discutidos, para não caírem no esquecimento; em especial nas gerações seguintes ». E sente-se muito satisfeito por ele e Chico « terem conseguido que a narrativa fosse uma aventura; era assim que a ouvia em pequeno, como uma aventura incrível, por ser possível viver daquela forma, todas aquelas coisas; partir sem saber o que lhes iria acontecer ».

Se « Os ‘Les Portugais' » é uma história fechada, Olivier Afonso confessa o desejo de narrar « as viagens que fazia a Portugal quando era pequeno. Mas não será para já ».

 

[Fonte: http://www.jn.pt]

 

 

 

La escritora colombiana publicó un video sobre el feminismo y los derechos de las personas trans que sabía que podría generar un debate. Pero las repercusiones fueron más profundas y divisivas de lo previsto.

Carolina Sanín autora, profesora y traductora colombiana

Escrito por 
Cuando la escritora colombiana Carolina Sanín describió la tensión que cree que existe entre el feminismo y el activismo transgénero en un video para Cambio, un medio digital, estaba haciendo lo que suelen hacer los columnistas: expresar puntos de vista, sin reservas, sobre un tema de su elección. Sus monólogos previos habían tocado diversos asuntos, desde los pronombres en las redes sociales hasta Cristóbal Colón y la muerte de la reina Isabel II.

Pero con su publicación del 30 de octubre, titulada “La identidad, las mujeres y el mundo siguiente”, Sanín, de 49 años, aterrizó en el centro de lo que definió como una controversia al estilo estadounidense sobre la “corrección política” que ha dividido los círculos literarios en América Latina y que planteó preguntas sobre los límites de la libertad de expresión.

En el video, que era más largo que sus participaciones habituales en Cambio, Sanín expresó su apoyo a los derechos de las personas transgénero, que a menudo son objeto de violencia y discriminación en la región. También dijo que “si se equipara totalmente la identidad de una mujer trans y una mujer que nace mujer” sería como “borrar” la experiencia histórica de ambos grupos y que el activismo transgénero puede reforzar los estereotipos de género.

“Hemos ampliado tanto el ámbito de lo femenino para incluir el mundo como para que ahora las niñas sientan que si no se ajustan completamente a lo esperable de una niña o una adolescente entonces eso quiera decir que, en realidad, son varones”, dice Sanín en el video.

Muchas de las opiniones de Sanín no son diferentes a las expresadas por la autora J. K. Rowling, que han hecho que los actores de las películas de Harry Potter se hayan distanciado de ella. Sus perspectivas también, hasta cierto punto, coinciden con las llamadas creencias críticas de género que se centran en las diferencias entre el sexo biológico y la expresión de género. Sanín ya había escrito sobre algunos de estos temas, especialmente para un artículo publicado en Vice en 2017 titulado “El mundo sin mujeres”, y ha sido etiquetada por algunas personas como una feminista radical transexcluyente (TERF, por su sigla en inglés).

Sanín anticipó que el video podría tener repercusiones en su vida personal y profesional, y así lo dijo al comienzo de la grabación. Al inicio, hubo pocas reacciones. Pero el 4 de noviembre, Sanín tuiteó que Almadía, una editorial que contrató los derechos para publicar dos de sus novelas en México, había cancelado los planes de publicación por sus “cuestionamientos a la política identitaria”.

La controversia estalló cuando escritores de toda América Latina, incluidos algunos de los novelistas más destacados de la región, reaccionaron con vehemencia, aplaudiendo o denunciando la decisión de la editorial, como lo describió Sanín. Almadía no ha respondido a las solicitudes de comentarios ni ha emitido ningún comunicado sobre el incidente.

En Twitter y en algunas entrevistas con medios mexicanos, Sanín insinuó que meses antes de publicar el video había comenzado a tener dudas sobre la situación de su acuerdo con Almadía porque la comunicación con la editorial comenzó a interrumpirse a principios de este año. Dijo que su exagente, quien negoció el contrato, le transmitió la noticia de la cancelación y que el propio editor “nunca le explicó nada”.

Mónica Ojeda, la autora de Mandíbula, obra que está preseleccionada para el 2022 National Book Award for Translated Literature y que toca temas de la feminidad y la adolescencia, tuiteó la frase: “Amando a @Almadia_Edit más que nunca”. Otras personalidades, como la novelista argentina Mariana Enríquez y la escritora mexicana Margo Glantz, cuya obra es referente para el pensamiento feminista en América Latina, cuestionaron la conveniencia de cancelar el contrato de Sanín y expresaron su desacuerdo con la esencia de sus ideas.

“Produce malentendidos que a su vez producen ruido y confusión”, dijo Glantz sobre la cancelación del contrato, y agregó que las opiniones de Sanín se conocen desde hace mucho tiempo. Dijo que los editores de Almadía “siempre han sido impecables” con ella y que considera que Sanín es su amiga.

Cuando Enríquez, quien se ha ganado una reputación como firme defensora de los derechos de las personas transgénero, en parte a través de las representaciones de la sexualidad y la identidad en sus obras, tuiteó su apoyo a Sanín, algunos en Twitter la etiquetaron como una TERF.

El 9 de noviembre, Linterna Verde, una organización sin fines de lucro con sede en Colombia que monitorea la opinión pública en las redes sociales, emitió un comunicado en el que decía que no era posible concluir que la publicación de Sanín hubiera provocado un aumento del lenguaje tóxico hacia las personas transgénero en línea, como lo habían afirmado algunos grupos de defensa. Sanín se negó a hablar con el Times de manera oficial, diciendo que sus puntos de vista habían sido distorsionados y que, por ahora, creía que seguir tratando de explicarse sería contraproducente.

Según Sigal Ben-Porath, profesora de la Universidad de Pennsylvania y autora de Cancel Wars, un libro que se publicará pronto y que se centra en la libertad de expresión en los campus universitarios, el discurso vehemente sobre los temas transgénero tiene sentido, debido a la mezcla de incomprensión y discurso de odio que las personas trans enfrentan a menudo. Ben-Porath dijo que las voces transgénero son “más nuevas y emergentes, y por lo tanto creo que protegen más sus límites”.

“Hay mucho miedo en esta discusión”, comentó Ben-Porath, “temores sobre la seguridad, pero también temores sobre la pérdida de derechos. Lo que nos falta es confianza y creer en una visión compartida para el futuro”.

Al responder a la polémica, Sanín ha expresado en repetidas ocasiones su solidaridad con las personas transgénero. Pero algunos expertos ven los argumentos y el tono de su video como un reflejo de tópicos antitransgénero comunes. Muchos de los puntos de vista de Sanín encajan con un “discurso propagandístico” en el que ideas equivocadas sobre la identidad transgénero se replican a través de las fronteras, dijo Danila Suárez Tomé, becaria del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Sociedad Argentina de Análisis Filosófico.

Suárez comentó que, de hecho, se había logrado “un cambio paradigmático de comprensión de la sexualidad” a través del trabajo y la defensa realizados por los grupos feministas. “Y es completamente normal no entender qué pasa cuando se te saltan las categorías que vos venías usando”, dijo. “Pero hay diferentes formas de acercarse a ese problema y definitivamente una forma no curiosa, no científica, no interesada, no es la adecuada”.

Suárez rechazó la noción de Sanín de que el feminismo y el activismo trans están inherentemente en tensión. Y señaló algunos avances recientes para los derechos de las mujeres en Argentina, que desde 2012 ha tenido una ley de identidad de género pionera, basada en la autopercepción.

“Tenemos evidencia empírica de que el feminismo y el transactivismo no se repelen entre sí, sino que se potencian entre sí”, dijo Suárez.

[ Foto: Jerome Domine/Abacapress, vía Alamy – fuente: http://www.nytimes.com]

Vencer Bolsonaro foi o primeiro passo. Agora, é preciso entender a militarização da política e o pânico moral das igrejas neopentecostais, bases do retrocesso. E apontar saídas à gourmetização da vida, enquanto milhões amargam a fome

Escrito por Daniel M. Huertas

Todas as forças progressistas e democráticas deste país ficaram atônitas com o resultado geral do primeiro turno das eleições deste ano, com votações inimagináveis a candidatos que beiram a insanidade – ou, na melhor das hipóteses, a uma caricatura grotesca de algo amorfo. Em suma: um retrocesso de proporções inestimáveis. A vitória de Luiz Inácio Lula da Silva no pleito de 30 de outubro amenizou o sentimento de frustração e temor em relação ao futuro do Brasil, mas é preciso reconhecer que este espectro sinistro conhecido como bolsonarismo plantou raízes e se tornou, por incrível que pareça, uma peça extremamente relevante no cenário político brasileiro.

Muito tem sido escrito sobre a ascensão desse fenômeno macabro, e minha contribuição parte do princípio de que a esquerda precisa reavaliar a sua compreensão sobre a realidade brasileira. Isso não significa necessariamente abortar velhos conceitos e metodologias. Afinal, as permanências perversas do constructo social brasileiro (como o racismo estrutural e o latifúndio, por exemplo) estão mais vivas do que nunca e os inimigos de sempre continuaram (e continuarão) à espreita, no aguardo de uma janela de oportunidade para a cooptação de partidários e implementação de uma agenda com ações extremamente reacionárias maximizadas pela velocidade e capilaridade das redes sociais. As tubulações de esgoto do tecido social deste país nunca estiveram tão entupidas.

Esse novo contexto invoca novas análises e reflexões, que devem estar correlacionadas com as profundas mudanças que têm impactado o território brasileiro desde o fim da ditadura militar e o início da chamada Nova República. E, para além da questão meramente nacional, edificá-las de forma mais realística e eficiente com o movimento do mundo que foi aberto com o declínio da bipolaridade da Guerra Fria, do qual emanou um poderoso turbocapitalismo globalizado. A questão é complexa, obviamente, e pede uma análise multidimensional que não se esgota em um livro, muito menos em um artigo. Procurei organizar o meu ponto de vista em temáticas que considero altamente relevantes para que uma espécie de “ajuste fino” no plano das ideias seja alçado à condição de reflexão mais geral dos rumos do Brasil, ajudando de alguma forma nas estratégias que serão utilizadas pelas forças progressistas de agora em diante.

A militarização da política

Desde o advento da República, a política brasileira sempre reservou algum grau de militarização, mas em raras ocasiões havia ultrapassado o sentido estrito do termo. Ou seja, a militarização da política, em maior ou menor escala, de acordo com o contexto, ficara geralmente restrita à participação direta e indireta das Forças Armadas – e o golpe de 1964, como sabemos, foi o ápice desse processo. Mas, infelizmente, o fenômeno ganhou amplitude inédita com a entrada significativa no jogo das forças policiais civis e militares e com uma parcela considerável da sociedade civil que explicitamente defende políticas armamentistas.

Segundo pesquisa Genial/Quaest divulgada em 31 de agosto último, 30% dos entrevistados disseram acreditar que as leis que facilitam compra, porte e uso de armas aumentaram a segurança das pessoas, e o mesmo percentual gostaria de ter uma arma para se defender1. Cabe lembrar, ainda, que o número de unidades em nome de colecionador, atirador desportivo e caçador (CAC) aumentou de 350,7 mil, em 2018, para pouco mais de um milhão, em 2022, após a publicação dos decretos do governo Bolsonaro flexibilizando as normas para compra, porte e uso de armas pela população civil2.

O sociólogo José Vicente Tavares dos Santos, estudioso das pautas ligadas à segurança pública, já havia observado, no âmbito das greves policiais de 2012, na Bahia, a constituição de um “fenômeno social”. Ele lembrou que uma lei de 1967, editada em plena ditadura, transformou as polícias militares em órgãos auxiliares das Forças Armadas e militarizou o ensino policial. Ou seja, não houve a devida adequação das PMs ao trabalho em uma sociedade democrática, já que “faltam noções de direitos humanos, de investigação criminal, algo básico mas incrivelmente precário no Brasil”3, além da ausência de conteúdo correlato a mediação de conflitos.

A própria integração das Forças Armadas ao país depois de 21 anos (1964-85) de mandos, desmandos e atrocidades também se mostrou bastante frágil. A criação do Ministério da Defesa em 2000, durante o governo FHC, parecia ser um antídoto, mas novas crises apareceram na relação entre civis e militares no terreno político. Em 2004, a demissão do então ministro José Viegas ocorreu em meio à insatisfação de militares diante da anunciada abertura dos arquivos da ditadura. Cabe lembrar que a Comissão Nacional da Verdade, proposta no Plano Nacional de Direitos Humanos (PNDH-3), no segundo mandato do governo Lula, também não foi bem recebida por vários setores da caserna. O caso do general Maynard Marques de Santa Rosa, que a chamou de “comissão da calúnia” e acabou sendo exonerado, ganhou as manchetes em 2010. “Os três comandantes militares reagiram contrariamente às cláusulas que propunham rever abusos contra os direitos humanos durante a ditadura e colocaram seus cargos à disposição”, lembrou a cientista política Maria Celina d’Araujo4.

A proposição da revisão da Lei de Anistia – que acabou sendo barrada pelo Superior Tribunal Federal (STF) por 7 votos a 2 — foi outro evento com ressonância extremamente negativa no seio das Forças, sobretudo com as declarações públicas de apoio do então ministro da Justiça, o petista Tarso Genro. E, na sociedade civil, os defensores do golpe de 1964 e de uma nova quartelada em pleno século XXI assombram o país, de forma recorrente desde as eleições de 2018, com demonstrações de efeito. Para completar, o antropólogo Celso Castro, especialista do universo militar, admite que existe um déficit de conhecimento sobre o cotidiano da caserna, “daí compreender-se pouco o funcionamento dessas instituições”5.

D’Araujo clama por uma reflexão sobre o papel das forças de defesa perante o povo e o Estado brasileiros, assunto que “nunca mobilizou os partidos, nunca deu votos”, além do desinteresse generalizado do Congresso sobre a questão. Mas, ao que parece, o bolsonarismo conseguiu encontrar aí uma brecha valiosa para a sua estratégia de poder, de certa forma interditando qualquer debate sobre a pauta sugerida por D’Araujo. É fato a adesão de setores e agentes das forças de segurança ao bolsonarismo – a participação de militares em cargos de confiança ao longo do governo Bolsonaro é espantosa –, mas muito ainda permanece sob uma cortina de fumaça quanto ao real potencial de ativismo político da categoria, sobretudo em relação aos policiais civis e militares.

A articulação política das igrejas evangélicas neopentecostais

A pesquisadora francesa Marion Aubrée talvez tenha sido uma das primeiras intelectuais a se debruçar sobre o fenômeno do expressivo crescimento dos movimentos evangélicos tidos como neopentecostais no Brasil. Um projeto que remonta ao final dos anos 1980, ainda em estágio inicial, encabeçado pela Igreja Universal do Reino de Deus com a sua missão global de evangelização a partir de um país do Terceiro Mundo. Segundo ela, esses movimentos “se adaptam bem à busca de uma devoção emocional pelo povo brasileiro às suas aspirações de uma relação direta com Deus”, na qual o transe corporal (ou a explosão do corpo, como define Aubrée), pouco compreendido ou rejeitado, foi substituído pela “transverbal”, ou “a linguagem dos anjos que, quando praticada, inibe as expressões corporais”6.

Mesmo assim, a articulação midiática dos cultos e atividades na tela da tevê – apenas para ficar no exemplo mais emblemático, a tradicional TV Record, fundada em 1953, foi comprada pelo bispo e empresário Edir Macedo em 1989 – levou a um ajuste, tolerando a maquiagem e roupas menos convencionais e deixando o corpo mais livre. Como afirma Aubrée, “voltou a ser brasileiro”. Desse modo, “sensibilizou setores ponderáveis das classes mais modestas da população”, além de acolher, continua ela, “parte dos vitimados pelo êxodo rural e pela marginalização urbana e ajudando-os a reconstruir suas identidades perdidas em tantas vicissitudes”.

O resultado é que, integrados ao movimento, os indivíduos “redescobrem a autoestima, o senso da dignidade”, atendendo, assim, ao “preceito-chave da ética individualista predominante no mundo atual – (…) que o homem tem que ser forte, equilibrado espiritual e moralmente para encontrar seu lugar ao sol”. Soma-se a isso a introdução pragmática da Teologia da Prosperidade nas comunidades evangélicas, alavancada por cursos de alfabetização, aprendizado de profissões, oferta de empregos e possibilidade de desenvolver carreira eclesiástica, “buscando meios para as pessoas progredirem na vida”.

Como bem disse o historiador Leandro Karnal, a “capilaridade notável” de “milhares de pequenas igrejas nas periferias das cidades” elevou o mundo evangélico a um “poderoso dínamo para as almas e para as urnas”7. Na sua análise, como tendência geral os evangélicos “valorizam pontos como críticas ao casamento homoafetivo”, embora o tom médio do eleitorado brasileiro “é muito conservador e isso antecede a presença evangélica no Parlamento”. Para Karnal, “evangélicos não criam, apenas reforçam um reacionarismo difuso”, e acreditar que votam em quem pastores e bispos mandam seria uma ideia que “subestima a capacidade crítica dos evangélicos e omite a mudança na composição social do grupo”. Naquele contexto, em 2014, Karnal analisou a questão como um controle até desejável pelas lideranças religiosas, mas que “não existe como dado absoluto”. Entretanto, deixou o debate em aberto, pois a temática estaria em “ebulição intensa”.

Mas os fatos recentes mostram que neste campo foi aberta outra brecha bastante utilizada pelo bolsonarismo: uma aliança tácita e explícita entre os exploradores da fé alheia e os falsos defensores dos valores de Deus e da família que envolve interesses de ambos os lados e muito dinheiro. E o dado absoluto agora está aí: o resultado foi o reforço da chamada bancada evangélica no Congresso – dos 177 candidatos a deputado federal, 109 foram eleitos, taxa superior a 60%. Ademais, alguns novatos ligados às igrejas evangélicas foram campeões de voto em seus respectivos estados. Nikolas Ferreira (PL-MG), o deputado mais votado do Brasil, com cerca de 1,492 milhão de votos, integra a Comunidade Evangélica Graça e Paz. O ex-procurador Deltan Dallagnol (Podemos-PR), conhecido por ter sido um dos cabeças da famigerada Operação Lava Jato, é da Igreja Batista do Bacacheri, em Curitiba, e com alguma frequência realiza palestras e pregações nos púlpitos evangélicos.

Filipe Barros (PL-PR), da Igreja Presbiteriana Central de Londrina, Silas Câmara (Republicamos-AM), Sóstenes Cavalcante (PL-RJ), Paulo Freira Costa (PL-SP) e Cezinha Madureira (PSD-SP) são outros exemplos, todos da Assembleia de Deus, que mantém o seu domínio sobre a Frente Parlamentar Evangélica, que tem na “pauta dos costumes” a sua trincheira de valores conservadores contrários à esquerda. “Vai ter um grupo mais coeso agora, porque os novos deputados eleitos são evangélicos e é gente mais aguerrida. Isso vai ficar muito bom para a bancada”, declarou o deputado Gilberto Nascimento (PSC-SP), um dos principais articuladores do movimento e reeleito para o seu quarto mandato8. Por outro lado, os evangélicos de esquerda continuam sendo minoria.

O ex-ministro do STF, Cezar Peluso, já havia declarado que a Corte, provocada a deliberar sobre direitos considerados lesivos à sociedade pelas forças conservadoras (aborto, células-tronco, fetos anencéfalos, direitos dos homoafetivos), “reforça o caráter laico do ordenamento jurídico, (…) ao ponto de enfrentar as resistências religiosas em nome da laicidade do Estado”9. Na campanha para o segundo turno, Lula teve que lançar, estrategicamente, uma carta aos evangélicos que afirma a liberdade de culto e a posição contrária ao aborto. Ao mesmo tempo, a primeira-dama, Michelle Bolsonaro, lota igrejas neopentecostais Brasil afora ao lado da senadora eleita Damares Alves (Republicanos-DF), conhecida por inflar a pauta conservadora de costumes.

O diretor do Observatório Evangélico, Vinicius do Valle, enxerga um ambiente bastante violento no universo das igrejas, com “consequências sérias, dentro e fora dos templos”10. O desejo de aniquilamento da diferença, “mesmo entre aqueles que comungam da mesma fé”, foi incrustado nas igrejas pelo bolsonarismo, formando uma legião de (pseudo) religiosos que passou a disseminar a ideia de que o Partido dos Trabalhadores (PT), “amigo de ditaduras sanguinárias, fecharia igrejas, obrigaria as crianças a usar banheiros unissex, liberaria o aborto e ameaçaria a integridade das famílias”.

Valle explica que as pautas morais e religiosas, situadas “no terreno das crenças e das paixões, e menos conectadas à materialidade”, são “mais suscetíveis à dinâmica do marketing político agressivo e das fake news”. E o “bom marketing político”, como nos mostra a antropóloga e historiadora Lilia Moritz Schwarcz, “é aquele que vai de encontro à imaginação política que já existe” e, portanto, “o bom candidato é aquele que sabe dialogar com esse imaginário da sociedade”11. Eis aqui, portanto, uma questão que precisa ser mais bem estudada, compreendida e enfrentada.

A força do dinheiro e do consumo

Uma enxurrada de números mostra o quadro sombrio para boa parte da população brasileira. Em 2021, 62,93 milhões de pessoas (ou 29,62% do total) viviam com renda domiciliar per capita de até US$ 5,50 por dia – ou seja, abaixo da linha da pobreza, segundo parâmetro internacional adotado pela Organização das Nações Unidas (ONU). No mesmo ano, o rendimento médio mensal per capita registrou o menor valor desde o início da Pesquisa Nacional por Amostras de Domicílios Contínua (Pnad Contínua), realizada pelo Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE) desde 201212. Tecnicamente, de cada quatro brasileiros um está sob a linha de pobreza.

Não é exagero admitir, entretanto, que as condições materiais do povo brasileiro melhoraram, em níveis gerais, a partir dos anos 1990. Não pretendo aqui discutir as causas desse fenômeno – obviamente que as políticas sociais reorganizadas, azeitadas e vitaminadas com o PT no poder o explicam em parte –, e nem mesmo fechar os olhos para as mazelas crônicas e estruturais, mas o Brasil não é a Índia e nem a África, sem qualquer sentido pejorativo ou discriminatório sobre essas duas partes do mundo. Quero dizer com isso que a força do dinheiro e do consumo aterrissou com peso no Brasil a partir daquele contexto, mesmo que em escalas e condições diferenciadas. Com o neoliberalismo irresponsável e a abertura indiscriminada ao mundo globalizado, o país foi inserido numa posição amplamente disputada pelo capital internacional, já que passou a figurar entre os dez principais mercados consumidores mundiais de quase todos os bens de consumo, sejam eles duráveis, semiduráveis ou não duráveis.

Gradativamente houve uma multiplicação de shoppings centers nas grandes cidades, inclusive nas periferias, chegando anos depois a várias cidades de porte médio do interior do país. O efeito-demonstração causado pelo consumismo – e tudo o que ele carrega, como a criação inesgotável de desejos materiais, a ideia de felicidade, a busca por status e afirmação social e altas dosagens de entretenimento entorpecente – atingiu em cheio a todos os extratos da sociedade, sobretudo os mais baixos, que até então apenas de forma marginal faziam parte do mercado consumidor e, na sua estrutura psíquica e cultural, não tinham no consumo um valor em si de grande relevância para o seu cotidiano. Em suma, o dinheiro transformou-se no grande mediador das relações sociais em praticamente todas as porções do território e em todas as classes sociais.

O próprio governo Lula proporcionou um crescimento vertiginoso dessa dinâmica com as correlatas políticas de expansão do crédito público e aumento real do salário mínimo acima da inflação, incrementando o poder aquisitivo de grandes parcelas da população. Mas junto com o dinheiro e o consumo vêm o individualismo, a ganância e a ambição, um pacote completo embalado por milhares de peças publicitárias e pela ideia fortemente difundida da meritocracia e do empreendedorismo, diametralmente oposta aos valores humanistas de alteridade e solidariedade. O progresso material se sobrepõe a tudo e a todos e a busca pela “gourmetização da vida” é, agora, o modus operandi e o objetivo geral a ser alcançado por uma expressiva parcela da sociedade. Completa-se, assim, a atomização do indivíduo, presente nas periferias e nos bairros de classe média, nas capitais e no interior, no litoral e nos confins da Amazônia.

Como bem disse Karnal, “viver imune aos apelos do consumo é complexo para o adulto e quase intransponível para o jovem”13. O geógrafo Milton Santos vai além. Em sua análise sobre a globalização (que prefere denominar de “globaritarismo”, a aliança entre a tirania do dinheiro e da informação), o consumo é “o grande fundamentalismo do nosso tempo, porque alcança e envolve toda gente”. É um grande emoliente, “produtor ou encorajador de imobilismos”, ou “um veículo de narcisismos, por meio dos seus estímulos estéticos, morais, sociais”. E completa: “Consumismo e competitividade levam ao emagrecimento moral e intelectual da pessoa, à redução da personalidade e da visão do mundo, convidando, também, a esquecer a oposição fundamental entre a figura do consumidor e a figura do cidadão.”14

Mesmo que em camadas, nuances, formas e situações diferenciadas o brasileiro entrou (ou foi empurrado) com força na dinâmica do turbocapitalismo globalizado, na qual a espiral do consumismo é um de seus principais traços, e o medo da perda das condições materiais, mesmo que reduzidas se comparadas aos extratos mais elevados da sociedade, aparece como elemento paralisante e reacionário. A questão da segurança pública ajuda a reforçar esse último aspecto com narrativas e imagens veiculadas incessantemente por programas de televisão sensacionalistas e a escassez, em outros tempos um forte elemento a favor das revoluções sociais, hoje parece estar mais inclinada ao reacionarismo.

Talvez a essência do brasileiro tenha-se tornado mais individualista e menos espontânea, cada vez mais enquadrada no “reino do cálculo e da competitividade”, amparado por um discurso único do mundo no qual as formas de relações econômicas implacáveis não aceitam discussão e exigem obediência imediata, como nos ensina Milton Santos15. Assim, a competitividade como norma acaba justificando os “individualismos arrebatadores e possessivos” na vida econômica, na ordem política, na ordem do território e na ordem social e individual. É o “dinheiro em estado puro”, explica o autor, em que dinheiro e consumo são tidos como reguladores da vida individual, cujo “objetivo é a necessidade, real ou imaginada, de buscar mais dinheiro”16.

Desde o último quartel do século XX, já há toda uma geração criada na frente da televisão, submetida a milhares de peças publicitárias por ano e seduzida pela expansão em grande escala da variedade de bens de consumo. Uma geração inteira receptora de enlatados estadunidenses em volume absurdo, na tevê, no cinema, nas rádios e nas antigas videolocadoras, fortalecendo o chamado american way of life na mente de grande parte da juventude brasileira de então. Uma geração inteira induzida ao convencimento da grandiosidade do papel dos Estados Unidos no mundo. Uma geração inteira com alto grau de despolitização, cujos ideais revolucionários pretéritos deixaram de ser atraentes.

Esses valores forjaram (e continuam forjando) a estrutura emocional, psíquica e cultural de parcela considerável das classes altas e médias das grandes e médias cidades brasileiras, frequentadoras assíduas da Disneylândia (desde criancinha) e dos inúmeros voos semanais para Miami e outros lugares dos Estados Unidos e da Europa. O pior é que esse fenômeno está gerando capilaridade entre as camadas mais pobres e se propaga pelo celular, na velocidade e ferocidade da internet e das redes sociais.

Por uma reforma agrária nos marcos do século XXI

É escancarada a rejeição dos agentes do agronegócio a Lula e ao PT. No primeiro turno, o candidato à reeleição venceu em 77 dos 100 municípios mais ricos do agronegócio, que juntos equivalem a 5,3 milhões de votos e concentram 34,3% do Valor Bruto da Produção Agrícola (VBP) nacional em 2021, índice medido pelo IBGE. A votação de Bolsonaro chegou a 74,84% em Canarana (MT), contra 21,80% de Lula. Em 22 municípios, o candidato do Partido Liberal (PL) recebeu mais de dois terços dos votos. Dos dez primeiros, sete são do Mato Grosso (Sorriso, Sapezal, Campo Novo dos Parecis, Diamantino, Nova Ubiratã, Nova Mutum e Querência), dois, da Bahia (São Desidério e Formosa do Rio Preto) e um, de Goiás (Rio Verde)17.

Segundo José Carlos Hausknecht, sócio-diretor da consultoria MB Agro, o forte apoio do setor já era esperado, “principalmente dos produtores, o que envolve as famílias e influencia nas cidades também”. Ele explica que os produtores “se sentem perseguidos, ameaçados com invasões do MST e atacados como responsáveis pelo desmatamento, pelo latifúndio improdutivo e pelo uso de defensivos”, e ao mesmo tempo nutrem o reconhecimento de um setor “que dá sustentação à economia e contribui com a balança comercial”18.

Seria muito ingenuidade imaginar que juntamente com esse fluxo produtivo e comercial, sobretudo em tempos muito favoráveis do ponto de vista cambial, não emergiria uma classe política potente e influente, que foi sendo construída gradativamente desde que a expansão da fronteira agrícola chegou aos confins do Centro-Oeste e à franja meridional da Amazônia, a partir da década de 1970. Como bem explicou o antropólogo Caio Pompeu, o agro não é pop, é político, e a partir do processo desencadeado para estabelecer o golpe contra a presidente Dilma Rousseff, em 2016, “nucleações dominantes do campo do agronegócio alcançaram protagonismo na agenda do Estado brasileiro” e o PT era considerado pelos líderes do agronegócio “como seu principal inimigo político”19.

Para além da questão política, sabemos que o agro não tem nada de pop, pois se trata de uma atividade com várias contradições e conflitos agudos nos temas que envolvem as questões agrária (condições de vida do trabalhador do campo e concentração fundiária), agrícola (latifúndio improdutivo), ambiental (desmatamento e outras práticas predatórias), indígena (violência e desrespeito para com as populações ancestrais) e trabalhista (trabalho escravo). E, nessa pauta, um dos elementos mais sensíveis diz respeito à reforma agrária — conceito temido pelas classes dominantes desde meados dos anos 1950, quando do advento das Ligas Camponeses no Nordeste.

Muitos autores advogam a tese de que o anúncio das Reformas de Base durante o governo João Goulart (1961-64) – da qual a reforma agrária era um dos pilares — foi a gota d’água para a deflagração do golpe militar de 1964, em um contexto caracterizado pela Guerra Fria. Do ponto de vista estrutural, o poder no Brasil guarda íntima correlação com a propriedade da terra, e uma mudança radical implicaria na eliminação do latifúndio e da especulação fundiária (a terra como reserva de valor).

Mas a temática da reforma agrária, a meu ver, precisa estar mais relacionada à realidade brasileira do século XXI, e não da segunda metade do século anterior. O país foi submetido a um enorme processo de urbanização, acompanhado de alterações demográficas igualmente substanciais, e grande parte dos problemas sociais também se deslocou para as cidades – déficit habitacional, ausência de saneamento básico, serviços insuficientes de saúde e educação, precariedade do transporte público, desemprego, etc.

Entretanto, não se trata de uma bandeira ultrapassada, pois a própria Constituição Federal prevê a desapropriação de terras que não cumprem a sua função social para serem destinadas à reforma agrária. Mas fica aqui a reflexão: será que o instrumento da reforma agrária seria eficaz, no momento atual, para resolver os problemas estruturais brasileiros? Por isso a necessidade de repensar o modelo de reforma agrária para o Brasil de hoje, sem deixar de criticar o que deve ser criticado. Afinal, como disse Eduardo Galeano, “a soberania começa pela boca” e, para quem dispõe de um mínimo de humanismo, é um absurdo ter fome no país aclamado como o “celeiro do mundo”.

É possível superar o ódio e a barbárie?

Agora caiu a máscara. Sem metáforas. Sem cortes. Sem o mito da tão propalada “democracia racial”. Ficou explícita a aversão que as forças conservadoras e reacionárias replicam em torno da figura do negro, indígena, pardo, favelado e suburbano, tida como de segunda categoria que atravanca o progresso do país — e, mais ainda, breca o desejo latente da “europeização” da sociedade brasileira. Sempre foi assim, é verdade, mas, nos marcos civilizatórios do atual contexto do mundo, deveria ser algo inadmissível. Uma “ralé eternizada”, na visão do sociólogo Jessé Souza, colocada como o “nosso maior conflito social”20. Um processo gradativo, perverso e crescente de naturalização da desigualdade social no Brasil e de tentativa de criminalização de qualquer tipo de movimento e/ou organização social daqueles que estão na base inferior da sociedade brasileira.

E, convenhamos, o núcleo duro do bolsonarismo está cheio de gente que pensa assim. São contra o fato de que o Brasil é um país mestiço e muito diverso em todos os aspectos. São contra a ideia de que empregadas domésticas devem ter salário digno e direitos trabalhistas. São contra a ideia de que pobres devem ter acesso às universidades públicas pelo sistema de cotas. Nunca aceitaram e não aceitam a ideia de um nordestino, metalúrgico e sindicalista ter sido presidente da República em duas ocasiões – e agora pela terceira vez.

Obviamente que o Brasil é muito mais complexo e diverso do que esse panorama e muitos aspectos colocados ao longo do texto são de conhecimento das forças progressistas. Entretanto, alguns elementos merecem uma compreensão mais profunda, muitos não foram sequer mencionados (o crescimento da extrema-direita em várias partes do mundo, por exemplo) e com outros ainda não sabemos ao certo como lidar, seja no plano intelectual, seja no plano político. Apesar de tudo, o Bolsonaristão foi derrotado e a esquerda está viva.


Referências citadas:

1. RAMOS, Pedro. Maioria rejeita uso de armas, afirma pesquisa Genial/Quaest,in jornal O Estado de S. Paulo, Política/A9, 1º set. 2022.

2. Os dados, publicados pelo jornal O Estado de S. Paulo (Metrópole/A15, 06 out. 2022), são dos Serviços de Fiscalização de Produtos Controlados (SFPC).

3. CRUZ, Christian Carvalho. Mais uma para ficar na história, in jornal O Estado de S. Paulo, Aliás/J4, 12 fev. 2012.

4. D’ARAUJO, Maria Celina. Demissão anunciada, in jornal O Estado de S. Paulo, Aliás/J3, 07 ago. 2011.

5. GREENHALGH, Laura e MARSIGLIA, Ivan. Brios e vacilos nas fileiras, in jornal O Estado de S. Paulo, Aliás/J4, 14 fev. 2010.

6. SABÓIA, Napoleão. Estudiosa francesa analisa a fé dos brasileiros, in jornal O Estado de S. Paulo, Caderno2/D7, 08 jun. 2003.

7. KARNAL, Leandro. Rebanho não tão uniforme, in jornal O Estado de S. Paulo, Aliás/E3, 07 set. 2014.

8. WETERMAN, Daniel. Campeões de voto reforçam bancada evangélica no Congresso,in jornal O Estado de S. Paulo, Política/A21, 08 out. 2022.

9. GREENHALGH, Laura. Oceano processual, in jornal O Estado de S. Paulo, Aliás/J4, 15 maio 2011.

10. VALLE, Vinicius do. Violência política toma conta de igrejas, in jornal O Estado de S. Paulo, Política/A11, 20 out. 2022.

11. TAVARES, Flávia e MARSIGLIA, Ivan. Por trás da máscara, in jornal O Estado de S. Paulo, Aliás/J4, 19 out. 2008.

12. AMORIM, Daniela e NEDER, Vinicius. Renda do brasileiro tem queda recorde, in jornal O Estado de S. Paulo, Economia&Negócios/B1, 11 jun. 2022.

13. KARNAL, Leandro. Compro e vivo, in jornal O Estado de S. Paulo, Cultura&Comportamento/C12, 09 out. 2022.

14-16. SANTOS, Milton. Por uma outra globalização: do discurso único à consciência universal. Rio de Janeiro: Record, 2001, p.49 e p.56.

17-18. DUARTE, Isadora. Bolsonaro domina votação em 77 dos 100 municípios mais ricos do agronegócio, in jornal O Estado de S. Paulo, Política/A10, 12 out. 2022.

19. POMPEIA, Caio. Formação política do agronegócio. São Paulo: Elefante, 2021, p.299.

20. SOUZA, Jessé. A ralé eternizada, in jornal O Estado de S. Paulo, Aliás/J4, 06 jul. 2008.

[Fonte: http://www.outraspalavras.net]

Carlos Morais, Xavier Moreda, Isidro Román Lago e Anxo Padín

Memoria do Vigo proletario50 aniversario da folga xeral de setembro de 1972.

Galaxia, Vigo, 354 páxinas, 24 €, 2022

Escrito por Ramón Nicolás

Que se sabe hoxe do acontecido en Vigo o ano 1972?  Nunha cidade cegada polas luces e convertida nun parque temático, o cultivo da amnesia que aparca o incómodo conduce a ignorar a tradición proletaria dunha urbe cifrada nun dos acontecementos máis relevantes do movemento obreiro galego e estatal no século XX. Non se busque un eco reflectido destas mobilizacións en ningures, non o hai.

Para paliar a desmemoria, para divulgar e estimular o coñecemento desta parte substantiva da nosa historia; alén de homenaxear as persoas que o protagonizaron e denunciar os seus represores, aparece esta Memoria do Vigo proletario, subtitulado 50 aniversario da folga xeral de setembro de 1972 que, por extensión, afonda na reclamación dos dereitos laborais e sociais no franquismo.

A análise do que aconteceu naquel ano, iniciado cunha folga polo convenio en Citroën, á que seguiron mobilizacións de solidariedade polo asasinato de Amador Niebla e Daniel Rei en Ferrol, que continuou coa folga de Barreras no mes de maio e que tivo como estoupido final a mobilización do mes de setembro, é o asunto central deste libro, recollido nun amplo e brillante ensaio a cargo de I. Román Lago que sintetiza os antecedentes da folga, estuda as súas dinámicas, as actividades das organizacións obreiras e interpreta os sucesos ocorridos entre as que saliento as sorprendentes “manifestacións lóstrego”. Alén disto, incorpóranse cinco entrevistas, realizadas por Anxo Padín e Xavier Moreda, a catro líderes de fábricas claves no conflito como foron Xesús Chávez, de Citroën; Guillermo Fontán, de Ascón; Pilar Pérez, de Álvarez e Waldino Varela, de Vulcano, e a que responde Carlos Núñez, dirixente do PCE naquela altura. Non esquezo a reportaxe fotográfica de Anxo Padín que recupera o estado actual dos espazos fabrís e urbanos vinculados coa folga.

Os acontecementos do 72, aqueles que reforzaron un espírito colectivo de clase, permanecen gravados no imaxinario colectivo e particular de moitas persoas que recordamos como se perdeu o medo co paro das fábricas de Vigo ou co peche de comercios nos barrios do Calvario, Travesas e Teis, malia as cargas policiais, nun insólito exercicio de solidariedade cívica. Velaquí a oportunidade de asomarnos con rigor a aqueles feitos que tanto contribuíron a cambiar as cousas.

 

[Fonte: cadernodacritica.wordpress.com]

A combativa escritora recibe un premio que non agardaba co « compromiso » de defender os dereitos da muller « até o derradeiro suspiro ».

Annie Ernaux, gañadora do Premio Nobel de Literatura 2022.

A escritora francesa Annie Ernaux é a galardoada este ano co Premio Nobel de Literatura, segundo anunciou a Academia Sueca esta quinta feira. O xurado destaca que Ernaux, autora de máis dunha trintena de obras, examina de maneira consistente e desde diferentes ángulos « unha vida marcada por fortes disparidades en canto a xénero, idioma e clase ».

O secretario permanente da Academia, Mats Malm, detallou tras o anuncio que Ernaux cre manifestamente « na forza liberadora da escritura » e destacou que a súa obra « está completamente subordinada ao proceso do tempo ». « O seu traballo é intransixente e está escrito nunha linguaxe sinxela, limpa », recoñeceu. Ao mesmo tempo, as e os académicos salientaron que a súa literatura revela « a agonía da experiencia de clase », describindo a vergoña, a humillación, os celos ou a incapacidade de ver quen es. « Logrou algo admirábel e perdurábel », engadiron.

Annie Ernaux naceu en Lillebonne (Francia) en 1940 e medrou en Normandía. O traballo de memoria que trata sobre a súa contorna rural apareceu cedo como un proxecto que tentaba ampliar os límites da literatura máis aló da ficción no sentido estrito. A pesar do seu estilo clásico e distintivo, declara que é unha « etnóloga de si mesma » máis que unha escritora de ficción.

A súa obra narra pasaxes desde a infancia até a súa familia

Así o demostrou cando abandonou as obras de ficción polas autobiográficas, polo que comezou a narrar historias da súa vida, pasando desde a infancia até a súa familia, e sen esquecer o seu matrimonio ou o cancro de mama que padeceu. O debut de Ernaux foi Les armoires vides (1974) e xa neste traballo comezou a súa investigación sobre o seu pasado normando, pero foi o cuarto libro, La place (1983; A Man’s Place, 1992), o que lle outorgou o seu grande avance literario, como recoñece a Academia.

En só un centenar de páxinas realizou un retrato desapaixonado do seu pai e de todo o medio social que o formaba fundamentalmente. Aliás, a escritora inseriu reflexións sobre a súa escritura, onde se distancia da « poesía da memoria » e avoga por unha escritura plana que, en solidariedade co pai, evidencia o seu mundo e a súa linguaxe.

Con todo, tamén hai unha importante dimensión política na linguaxe de Ernaux, pois a súa escritura está sempre ensombrecida por un sentimento de traizón á clase social da que parte. « Escribir é un acto político que nos abre os ollos á desigualdade social », destacou a Academia. E para iso, a escritora utiliza a linguaxe como « coitelo », como ela deu en chamalo, para desgarrar os veos da imaxinación.

O seu último libro, Le jeune homme, foi unha obra moi admirada en Francia, e nel conta o modo distanciado e impersoal da terceira persoa, unha vida, a propia, coa evolución do mundo ao longo dos anos.

Unha loitadora nata

« As miñas obras son libros, por exemplo, para que as mulleres poidan decidir se queren ser nai ou non, que é un dereito fundamental. Non me parece que nós, as mulleres, chegásemos a ser iguais en liberdade e en poder aos homes, pois sempre existe esta dominación », manifestou, após coñecer a decisión do xurado malia que ela « non quería » o Nobel.

O premio, dixo, supón unha « responsabilidade asumida », e Ernaux comprometeuse a « seguir escribindo para loitar contra as inxustizas ». Na mesma liña, enxalzou o movemento feminista e afirmou que pelexará na defensa dos dereitos da muller « até o derradeiro suspiro ».

[Foto: Europa Press – fonte: ]

 

Escrito por RICARDO LABRA

Los caminos del arte son inescrutables. Utilizo deliberadamente esta paráfrasis, siguiendo a San Pablo, a sabiendas de que su utilización no disgustaría del todo a César Vallejo a la hora de aproximarse a los entresijos de su poesía. El poeta de Los heraldos negros solía utilizar con frecuencia este procedimiento retórico para potenciar los aspectos comunicativos de sus creaciones literarias, cuya destreza había adquirido de sus intensas lecturas infantiles de las Sagradas Escrituras, cuando quería ser obispo, siguiendo las ensoñaciones familiares.

Recursos estilísticos, semánticos y retóricos —paráfrasis, metáforas, paronomasias, intertextualidades— que siguió utilizando, como bien analizó Nöel Salomon, incluso cuando «a partir de 1929-1931, se compromete políticamente, se adhiere ideológicamente al marxismo y llega hasta ingresar en las filas del Partido Comunista Español».

Sí, repito, los caminos del arte son inescrutables y absolutamente misteriosos. ¿Cómo explicarse si no la evolución de la poesía vallejiana en apenas unos años, desde los poemas que preceden a Los heraldos negros hasta los inabordables vislumbres poéticos de Trilce? O si se prefiere desde el posromanticismo y modernismo deudor de Herrera y Reissig al más logrado y sazonado fruto del vanguardismo internacional. Es como si Vallejo estuviera destinado a cortar definitivamente el cuello del cisne modernista y a poner piel y carne —la suya— a los deshumanizados escorzos avant-garde.

« Es precisamente a su guía de Trujillo, Antenor Orrego, a quien César Vallejo recurre para prologar la primera edición de Trilce, de la que ahora se celebra el centenario »

No deja de sorprender, tanto a los más sesudos especialistas como a los más consumados lectores, la vertiginosa evolución poética de César Vallejo. Su amigo Alcides Spelucín señala que: «[h]asta bien entrado el año 1915, la producción vallejiana presenta, tanto en la temática como en la expresión, inequívocos signos de un rezagado e intrascendente romanticismo». Luego, el cambio, la alquimia poética vallejiana, se produce en Trujillo, en su contacto con el despierto grupo de literatos y de fieles amigos encontrados en torno al liderazgo de Antenor Orrego y de José Eulogio Garrido, entre los que cabe señalar, además de los mencionados mentores y de Spelucín, a Juan Espejo Asturrizaga y a Francisco Xandóval. Este encuentro con la intelectualidad y la bohemia trujillana resultará decisivo en su formación y evolución poética. Prueba de ello, sigue narrando Alcides Spelucín, es que «su obra empieza a dar muestras de cierta influencia modernista que, más acentuada en los poemas escritos en 1916, va desapareciendo en el curso de 1917, para abrir paso, finalmente, a una nueva y singular modalidad», a los poemas que formarán parte —tras una dolorosa revisión en la cárcel de Trujillo, en 1920 — de Trilce.

Y es precisamente a su guía de Trujillo, Antenor Orrego, a quien César Vallejo recurre para prologar la primera edición de Trilcede la que ahora se celebra el centenario. Antenor Orrego, puede decirse sin incurrir en mayores exageraciones, fue uno de los contados lectores de Trilce —sin duda, el más entusiasta y clarividente— que realmente se percató de la originalidad poética y de los insondables alcances estéticos y dimensiones literarias de la obra de arte que tenía en sus manos:

«Es así como César Vallejo, por una genial y, tal vez, hasta ahora, inconsciente intuición, de lo que son en esencia las técnicas y los estilos, despoja su expresión poética de todo asomo de retórica, por lo menos, de lo que hasta aquí se ha entendido por retórica, para llegar a la sencillez prístina, a la pueril y edénica simplicidad del verbo. Las palabras en su boca no están agobiadas de tradición literaria, están preñadas de emoción vital, están preñadas de desnudo temblor. Sus palabras no han sido dichas, acaban de nacer».

« No es extraño que, vista la fría recepción de Trilce, César Vallejo no volviese a publicar en vida ningún otro libro suyo de poesía »

Trilce resultó demasiado sorprendente para los lectores peruanos, pero también para los lectores españoles. Todavía hoy resultan inaprensibles algunas de sus expresiones, a pesar de que se empiecen a divulgar algunos de los arcanos que subyacen en sus versos. El lector, al encararse con la hermética lectura de Trilce, tiene la impresión de sumergirse en una tormenta emocional, donde cada lúcido trazo escritural parece corresponderse con el envés cegador de un relámpago. José Bergamín, que prologó la edición española de 1930, no estuvo tan acertado en su aproximación a Trilce como Antenor Orrego. Para Bergamín, la novedosa propuesta poética de Vallejo era un poemario de tendencia o de escuela, integrado en el proceso de renovación que poetas como «Salinas, Guillén, García Lorca, Dámaso Alonso, Alberti…» habían emprendido «contra las derivaciones románticas, naturalistas, y, por último, modernistas, de nuestra lírica. Contra el modernismo de Rubén Darío, ese gran vehículo armonioso de la peor pacotilla pseudofrancesa». Trilce, después del prólogo de José Bergamín y del poema preliminar de Gerardo Diego, durante muchos años y hasta la revalorización de la poesía de Vallejo en los años cuarenta, pasó a considerarse una sombría rareza más que una esplendorosa singularidad; entre triste y dulce, valorada solo en tres soles. Recuérdese que el primer homenaje que se hace al poeta peruano en España lo realiza la revista Espadaña en el «Número 39» de 1949, a través de un modesto pero significativo recuadro.

No es extraño que, vista la fría recepción de Trilce, César Vallejo no volviese a publicar en vida ningún otro libro suyo de poesía.

Pero lo más sorprendente y auténtico de César Vallejo no se encuentra en su innovadora propuesta estética, sino en lo que conforma y nuclea el arco de bóveda de su poesía, desde Los heraldos negros hasta los Poemas humanos; es decir, su condición de poeta doliente. Según cuenta el escritor Ciro Alegría —uno de los egregios alumnos del profesor Vallejo en el Colegio Nacional de San Juan de Trujillo—, la tristeza y angustia callada que destilan sus versos puede deberse a la característica intrínseca de los serranos:

«Los habitantes de ese vasto drama geológico, casi todos ellos indios o mestizos de indio y español, son silenciosos y duros y se parecen a los Andes. Aun los de pura ascendencia hispánica o los foráneos recién llegados, acaban por mostrar el sello de las influencias telúricas. Azotados por las inclemencias de la naturaleza y las inclemencias sociales, sufren un dolor que tiene una dimensión de siglos y parece confundirse con la eternidad».

Precisamente es esta tristeza y angustia, que caracteriza toda su obra, la que lleva al poeta peruano a la conmiseración con el otro y con los otros, a la búsqueda de la solidaridad humana, alejándolo de las frivolidades y banalidades vanguardistas. César Vallejo nunca estuvo cómodo con los postulados de las diferentes escuelas vanguardistas, a pesar de sus incursiones por el París de los ismos —en casa de Juan Gris conoce a Vicente Huidobro— y de su sincera amistad con Juan Larrea. Incluso puede establecerse un forzado paralelismo con Antonio Machado. Como se sabe, el poeta de Soledades mantuvo una viva pugna dialéctica con el Ortega y Gasset de La deshumanización del arte, cuestión bien estudiada por Ángel González. Pues bien, César Vallejo mantuvo cierta pugna conceptual, al menos desde la impugnación del título, con Jean Cocteau, quien en 1922 publicó El secreto profesional —Le secret professionnel—, en donde realiza una defensa cerrada de algunos postulados “minimalistas” y también de cierta perspectiva creativa, con axiomas como: «No existe la literatura ni la poesía de masas», o «La poesía es una electricidad. Ambos me la transmiten. La forma de las lámparas y de las pantallas es otro asunto». Vallejo responde indirectamente a estos asertos en uno de sus libros más personales, donde engloba pensamientos, aforismos y narraciones breves. Libro que además reviste especial interés por haberse simultaneado su escritura con los Poemas en prosa. El título es toda una declaración de intenciones, Contra el secreto profesional, desde el que se opone contrastivamente a las agudezas de Cocteau, proclamando, una vez más, su comprometida concepción escritural.

« El título de los Poemas humanos no es de Vallejo, pero recoge perfectamente su visión poética. Tiene algo de proclama, de subrepticia poética »

En el propósito de la cosmovisión poética vallejiana brota, como señala José Ángel Valente, «un profundo e irreprimible movimiento de conmiseración, de solidaridad con el miserable, en cuyas filas forma el poeta mismo». Este rasgo conmiserativo adquiere matices identitarios en el soneto de Poemas humanos «Piedra negra sobre una piedra blanca», donde el peruano utiliza testificalmente su nombre —«César Vallejo ha muerto, le pegaban / todos sin que él les haga nada»—, con el objeto de expresar singularizadoramente, en palabras de Valente, que «Vallejo es para Vallejo el primer ejemplar del prójimo doliente». Ideario poético que también adoptaron, entre otros, Blas de Otero y Ángel González, quienes también utilizaron testificalmente sus propios nombres en sus versos.

Esta perspectiva es la que hace los Poemas humanos tan humanos. Como se sabe, el título fue propuesto por su viuda, Georgette Phillipart, y el doctor Raúl Porras Barrenechea, quienes se encargaron de publicar la poesía póstuma de César Vallejo, que el poeta peruano venía escribiendo desde 1923 hasta pocos días antes de su muerte. Seguramente se apoyaron para elegirlo en el poema «Los nueve monstruos»: «Desgraciadamente / el dolor crece en el mundo a cada rato […] Jamás hombres humanos». El título y la distribución de los poemas siempre han generado diversas polémicas, más entre los especialistas, por cuestiones ecdóticas, que entre los lectores. El título no es de Vallejo, pero recoge perfectamente su visión poética. Tiene algo de proclama, de subrepticia poética. Y aunque el mismo casi parezca un oxímoron, ya que toda poesía es humana, conviene recordar que hay muchos profesos —y conversos, todavía hoy— del arte deshumanizado, situado en las antípodas de los postulados vallejianos.

Entre los más contumaces detractores del título de Poemas Humanos se encuentra su amigo Juan Larrea, quien siempre se opuso a la propuesta de Georgette de Vallejo y Raúl Porras. Desacuerdo que le lleva a proponer —y a editar la poesía póstuma de Vallejo —(Barral, 1978) bajo su nomenclatura— los títulos de Nómina de huesos en sustitución de Poemas en prosa y de Sermón de la barbarie en lugar de Poemas humanos, apoyándose en un estudio de los facsímiles realizados por Aula III. Títulos que, aunque bienintencionados, por corresponderse con dos poemas de Vallejo (el segundo, «Sermón sobre la muerte»modificado), resultan a todas luces más restrictivos y, por lo tanto, menos evocadores del sentido último de la poesía póstuma del poeta peruano.

« César Vallejo no esperó, apuró cada uno los amargos tragos que le fue dando su trabajosa vida, siempre en busca de la fraternidad universal »

Pero la cuestión no concluye con esta controversia, también la división de los poemas, y sobre todo su ordenación, han motivado vivas polémicas entre especialistas. Y parece, tal como recoge la reciente edición de Lumen (2022) de la Poesía completa del poeta peruano, a cargo de Luis Fernando Chueca, que prevalece el criterio postulado en 1960 por André Coyné; quien propuso seguir, para la publicación de la obra póstuma de César Vallejo, un escrupuloso orden cronológico, agrupando sus poemas en dos bloques: Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz. En fin, todas estas cuestiones no dejan de resultar bastante infructuosas, porque creo que cualquier lector de Vallejo repite mentalmente la feliz agrupación propuesta por Georgette Phillipart y Abelardo Oquendo en 1968: Poemas en prosaPoemas humanos y España, aparta de mi este cáliz. ¿Quién sabe lo que hubiese hecho Vallejo?, ¿cómo hubiese ultimado para su publicación su poesía última? La cronología, pero sobre todo el estilo y el trasluz temático, parece no invalidar del todo el tozudo hecho de que sigamos, a pesar del criterio de ciertos especialistas, agrupando sus 19 Poemas en prosa en la lectura de Poemas humanos.

Sí, los caminos del arte son inescrutables, y en la poesía de César Vallejo mucho más. En el poema «LXIV» de Trilce se encuentra un conmovedor endecasílabo, donde el poeta se aferra a su inquebrantable fe en el ser humano: «Verde está el corazón de tanto esperar». No creo que exista otra definición que pueda igualar esta magistral descripción de la esperanza. César Vallejo no esperó, apuró cada uno los amargos tragos que le fue dando su trabajosa vida, siempre en busca de la fraternidad universal; como destaca Nöel Salomon: «el poeta les brindó a los hombres de su tiempo su ser más profundo, don que expresó a la vez con la acción militante y con la poesía». El poeta de España, aparta de mí este cáliz lo dejo expresado en uno de sus memorables poemas, «Masa», a través de una sucinta parábola, de una breve narración: «Entonces, todos los hombres de la tierra / le rodearon». César Vallejo —«y no me corro», al decirlo— solo titubeó ante su último sorbo vital, como un cristo secularizado —«en París con aguacero»—, rogando a la «madre y maestra» España que apartase de él su cáliz rebosante de siniestra amargura. Rogó a España para que no le dejase paladear el triste desenlace de sus últimas esperanzas.

Cada vez que leo «España, aparta de mí este cáliz», veo a César Vallejo sobre la tarima de un aula del Colegio Nacional de San Juan de Trujillo, dirigiéndose a los niños del Perú, a los niños de España, a los «Niños del mundo», y a los hombres y mujeres de «Hoy, Mañana» y Ayer».

Cada vez que leo «España, aparta de mí este cáliz» siento que todos los lectores de la tierra le rodean —«¡Y si después de tantas palabras, / no sobrevive la palabra!»— para que siga entre nosotros. César Vallejo, «¡Quédate, hermano!», tu poesía es imprescindible, todavía sigue doliéndonos.

[Fuente: http://www.zendalibros.com]

 

Escrito por Lois Alcayde Dans

Unha das cousas máis sorprendentes vidas da introdución do novo abono «gratuíto» de Renfe é a enorme, e lóxica, afluencia de xente disposta a empregar o transporte público, neste caso un transporte público que se atopa entre os máis fermosos dos dispoñibles: o tren. A través do tren coñeces o país, sexa polo que ves pola ventá ou polas persoas coas que compartes vagón. Ao outro lado do cristal podes ver cantos eucaliptos decidiron colocar preto, ou dentro, do bosque autóctono, ves as corredoiras, as casas tradicionais e as casas máis vangardistas, cadansúa na súa finca, as pequenas estradas comarcais, nacionais e as pontes elevadas sobre os castiñeiros, outeiros ou piñeiros, dando sombra. Dentro, o mundo. O noso mundo. Dentro do vagón o incremento de xente nótase, multiplícanse as caras, as roupas, as mochilas e maletas.

Durante algúns anos dos meus estudos na universidade fixen uso cotián do tren. Recoñeces o funcionariado, os ocasionais, os outros estudantes e os turistas. E velaquí o máis fermoso do tren: a posibilidade de falar. Nos anos de pandemia era pouco ou nada recomendable facelo, os trens incrementaron a notada asepsia coa que se condena ao viaxeiro nos nosos días. As despedidas son detrás dunha pantalla de plástico, despois de pasar o billete polo escáner. Co pretexto da seguridade, as apertas postérganse, os bicos danse fóra da plataforma, non nel; case non cruzamos palabra coa xente coa que convivimos no vagón ou coas persoas –cada vez menos, se non se lle pon remedio– que traballan dentro de cada tren. Por iso é tan importante que a administración pública facilite algo que debera ser dereito: o dereito a un transporte público ou ben asequible ou ben, todavía máis preferible, gratuíto.

Durante algúns anos dos meus estudos na universidade fixen uso cotián do tren. Recoñeces o funcionariado, os ocasionais, os outros estudantes e os turistas. E velaquí o máis fermoso do tren: a posibilidade de falar.

As razóns ecolóxicas e o sentido común amparan esta lóxica do transporte público frecuente e accesíbel, o coidado dun planeta que precisa de entender máis cousas en común e non de xeito insolidario. Mais o transporte público engárzase, tamén, na mesma corda ca o resto de servizos públicos que van máis aló do servizo en si. Por que? Porque son unha proposta social, unha filosofía de vida, un xeito de ollar o mundo. Son, en fin, unha proposta política de convivencia democrática. Cando compartimos espazo nunha sala de espera, nun tren, nunha escola, nun lugar de traballo, convivimos con xente distinta. Xente de procedencias diversas unidas nun mesmo lugar. Falamos entre nós, intercambiamos ideas.

Os lugares públicos, sexa unha praza ou unha biblioteca, lémbrannos a importancia da solidariedade, da diferenza, da diverxencia e da conversa. Parte do urbanismo contemporáneo non escatima esforzos en crear lugares públicos que sexan tamén zonas de reunión, de ocio sen mercado mediante, de lecer agradable á sombra das árbores. Tamén ocorre nos espazos pechados, malia a idea de dispoñer as butacas dos nosos trens de xeito orientado cara a unha única dirección, coma se foran avións estreitos, e onde sería ideal atopar unha economía de materiais e de espazo harmoniosa co feito de que, nun ecosistema onde os lugares comúns son cada vez máis castigados, se prime o xeito de que a xente fale. Estes lugares brutais, asépticos, van no mesmo discurso ca as prazas eternas e pouco humanas ou da carencia de papeleiras e espazos de aseo públicos. O tren implica, en si mesmo, unha agarda, un café ou infusión no bar próximo ou na cafetería da estación, unha mirada cruzada, un sorriso, unha lectura dun libro fantástico ou unhas oposicións tediosas.

Os lugares públicos, sexa unha praza ou unha biblioteca, lémbrannos a importancia da solidariedade, da diferenza, da diverxencia e da conversa.

O noso presente esfórzase no político por aniquilar as distancias asociadas á reflexión e os tempos biolóxicos e aumentar as distancias, as desigualdades, no económico. Por iso o tren vale todo o que nos axuda a combater o desastre climático, pero vale, tamén, polo que implica tempo de traxecto, pola carga de proposta de vida que ten. Implica afondar no coñecemento das distancias, implica ver os danos do lume que, detrás da pantalla do televisor, fanse alonxados, alleos ao fulgor das lámpadas urbanas ou da vibración das multitudes e automóbiles, das bolsas da compra, da fascinación do neón, implica erguer a cabeza, levemente, do móbil ou do libro, e observar.

 

[Fonte: http://www.luzes.gal]

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Una reflexió lúcida i urgent sobre les diferents formes de violència que sacsegen el nostre món. Una crida que ens encoratja a actuar. Sobre el paper, la pau, la justícia i els drets humans són valors indiscutibles de les societats democràtiques. No obstant això, és realment així? Vivim en un món sacsejat per múltiples formes de violència: guerres, militarisme, fam, pobresa, masclisme, racisme, agressió al medi ambient. Quina lògica tergiversada porta els nostres líders a fer bandera de la voluntat de millorar la societat, quan al mateix temps permeten (o bé activen directament) mecanismes de mort i misèria?

Jordi Armadans és un dels experts en conflictes internacionals i activistes per la pau més respectats del nostre país. En aquest llibre breu i lúcid, carregat de les dades més recents, Armadans fa una lectura crítica i rabiosament actual de l’estat de la violència al món i ens urgeix a respondre amb coherència i responsabilitat per tornar a posar la vida de les persones al centre de les nostres prioritats.

Biografia de l’autor

Jordi Armadans Gil és politòleg i periodista. Analista i formador en qüestions de conflictes, pau i seguretat, ha treballat de director a la Fundació per la Pau i ha estat vinculat a diverses ONG, campanyes i moviments socials a favor de la cultura de pau, els drets humans, la solidaritat i la justícia global. Com a representant de la societat civil, ha participat en diversos processos diplomàtics sobre desarmament i control d’armes a les Nacions Unides.

Títol: Pau. El valor de la vida als nostres dies
Autor: Jordi Armadans
Editorial: Ara llibres
Pàgines: 156
ISBN: 978-8418928536

 

[Font: http://www.racocatala.cat]

En un comunicado conjunto, la DAIA, el Centro Islámico Argentino, la Conferencia Episcopal Argentina y el Instituto de Diálogo Interreligioso repudiaron el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner.

“Como hombres y mujeres creyentes de nuestro país, queremos expresar nuestro sentido dolor y nuestra preocupación por el atentado contra la señora vicepresidenta de la Nación, a quien le hacemos llegar por este medio nuestra solidaridad en estas horas difíciles”, expresó el comunicado.

“Creemos firmemente en el valor inalienable de la vida y rechazamos cualquier forma de violencia e incitación a ella, así como todos los discursos que nos enfrentan e impiden aquellos debates imprescindibles en los que discutamos ideas”, agregó.

 

“Pedimos el pronto esclarecimiento de los hechos que nos permitan conocer la verdad de lo sucedido, serenar los ánimos y profundizar en nuestra convivencia democrática”, continuó.

“Mientras renovamos nuestra oración insistente suplicando que brille en todos los corazones la sabiduría y la paz que proceden de Dios; reiteramos nuestra invitación a construir juntos una patria de hermanos, sin exclusiones ni discriminaciones, poniendo lo mejor de nosotros mismos al servicio del bien común”, concluyó el comunicado.

El texto fue firmado por el monseñor Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal; Jorge Knoblovits, presidente de la DAIA; Aníbal Bakir, presidente el Centro Islámico; y el padre Guillermo Marcó, el rabino Daniel Goldman y Omar Abboud, del Instituto de Diálogo Interreligioso.

 

 

[Fuente: http://www.itongadol.com]

Francisco A. Chiroleu nació el 27 de marzo de 1950 en Rosario (ciudad en la que reside), provincia de Santa Fe, la Argentina. Es maestro normal nacional, maestro de música, creativo publicitario, webmaster, fotógrafo, redactor independiente. Desde 1980 se desempeña como editor no lineal y soporte técnico en Canal 5 de la empresa Telefé. Es secretario de actas de SATSAID (Sindicato Argentino de Televisión) en la seccional de su ciudad. Entre 1971 y 1976 editó la revista “El Vidente Ciego” (nueve números).

Escrito por ROLANDO REVAGLIATTI

En esos años participó en diversas actividades culturales, así como en cuatro festivales de poesía en la ciudad de Villa Dolores, provincia de Córdoba. Fue jurado en concursos y disertante en mesas redondas articuladas a partir de temas afines al universo poético. En 1981-1982 coordinó la sección literaria de la publicación “Todo Río” y en 1982-1983 de “Lo Mejor de Rosario y su Gente”. Colaboró en diarios y revistas del país y del extranjero y parte de su quehacer se tradujo al italiano y al catalán. Participó en el Dossier Roberto J. Santoro (Nº 20 de “El Colectivo”, Paraná, provincia de Entre Ríos, 2008). En 2003 su relato documental “Carrera contra el destino” fue seleccionado por el Movimiento Argentino de Documentalistas en el certamen “Rodolfo Walsh”, publicado en “Escritos documentales” en 2004 y presentado en la ciudad de Buenos Aires y en Rosario (en ocasión del “Congreso de las Lenguas”). Desde 2001 es el responsable de Lexia, un portal de poesía. Es miembro de la SEA Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina y de la Asociación de Poetas Argentinos. En reconocimiento a su trayectoria, el 22 de noviembre de 2011 le fue otorgado por COSITMECOS (Confederación Sindical de Trabajadores de los Medios de Comunicación Social de la República Argentina) el Premio “Alberto Olmedo”. En 1974 se edita el volumen antológico (1969-1974) “El reloj de humo”; dos años después su poemario “Memorias de la estación de las lluvias”; y en 2011, “Blues del desarmadero”.

Acaso pudiéramos comenzar este reportaje con tu trasmisión de cómo estuvo conformada tu familia nuclear, de qué visión tenés de tu niñez y adolescencia, de tu formación docente, de tus derivas laborales, de tus búsquedas artísticas, de tu actualidad.

FCH — Bueno, podríamos decir que tres de mis abuelos eran piamonteses y el paterno, francés. Esa sensación de extranjeridad, de no estar ni aquí ni allá fue un poco la constante de la familia. Mis padres eran gente de “trabajo” que se desvivieron para que a mis dos hermanas y a mí no nos faltaran ni educación ni las cosas elementales. Siempre me incliné por lo técnico y electrónico, pero el mandato familiar prevaleció y terminé de maestro normal; y de piano, teoría y solfeo (como se decía en esa época): de hecho, estuve trabajando tres años de maestro de música en una escuela de extramuros. Comencé medicina y psicología, pero no las seguí, siempre la vida planteaba alguna excusa. Paralelamente empezaba a desarrollar esa relación tan extraña con la palabra y con las imágenes que se esconden tras sus infinitas combinaciones. Es decir, leer todo lo que pasaba por mis manos y tratar de expresar un montón de ideas con lo escrito. Primero había conseguido un puesto en Sanidad Municipal, sección vacunas, donde estuve siete años. El sueldo era ínfimo, pero me permitía vivir la “bohemia” de esa época. De ahí salté a la etapa de maestro, después fui cuentapropista y terminé hace más de treinta años ingresando al actual trabajo. En honor a la verdad, ingresé como “creativo publicitario”. Puedo decir que viví del “verso” durante mucho tiempo, hasta que migré al área informática en la que me muevo bastante bien.

En medio de todo esto estuvo el proyecto de “El Vidente Ciego” y el vendaval de un mundo que podría haber cambiado. El golpe cívico-militar de 1976 se encargó de eliminar todo atisbo de inteligencia. Cualquier persona que pensaba, era peligrosa. Allí empezó una etapa de muertes, desapariciones, y el exilio para los más afortunados. Otros padecimos el exilio interior… Desarticuló nuestra generación. Juan Carlos Higa, Santoro, Haroldo Conti fueron secuestrados y desaparecidos. Las derrotas se superan, los amigos perdidos, no…; para colmo, hace unos años me enteré de la muerte de Tito Gigli, otro entrañable —un poeta enorme—. A pesar de todo, con mi pequeño aporte siento que hice numerosos amigos (entre los que te cuento) con los que compartir esta tarea.

En mi actual trabajo comencé a desarrollar una actividad sindical en la que hay un fuerte compromiso. Entre todas las actividades me hago un tiempo para lo que realmente me gusta —jugar con las palabras—, trabajar en la web, y a veces sigo buceando como antes en ese interminable viaje hasta el final de la noche.

Es consultando el volumen “30 años de revistas literarias argentinas” (1960-1989), cuyo autor es el fallecido investigador de estos temas, José M. Otero, que me entero de que, entre otros, se han difundido en “El Vidente Ciego” a María del Carmen Vitullo, Homero Manzi, Amaro Nay, Enrique D. Záttara, Fernando M. Martínez y Eduardo A. Vergara.

FCH — El proyecto del Vidente motivó que un grupo de jóvenes entusiastas nos reuniéramos a discutir y analizar poesía. Todos estábamos empezando. Fue una satisfacción que Záttara, Vedovaldi y Vitullo fueran colaboradores. No puedo dejar de mencionar al periodista Zoilo García Quiroga, que aportaba no solo sus poemas sino su experiencia en los medios gráficos. Tito Gigli trasmitía su vasta cultura. También Rubén Sevlever, Alberto Luis Ponzo, Martha Isa y muchos más pasaron por la revista. Sin olvidar el lado audiovisual: “El Vidente Ciego cuenta” y “Aries la espalda llena de luces”, nuestro segundo proyecto en el cual nada menos que Daniel Querol interpretó los textos, y que fue pasado durante bastante tiempo en “La Sala de Bolsillo”, además de la Galería “Meridiana” en tu ciudad —toda una aventura—. Combinábamos las presentaciones con poemas ilustrados, cantautores locales y hasta proyecciones de cine español de vanguardia.

Estaban los viajes a los encuentros de escritores en Villa Dolores y las participaciones en los mismos. Presentamos en Rosario el último número de la Revista “Barrilete” con sus autores, y todo en “La Pequeña Muestra” del poeta Armando Raúl Santillán, que siempre colaboraba con la “causa”. El artista plástico Aldo Ciccione (Chacal) nos acompañó en nuestra última etapa. Publicamos y difundimos cuatro libros y numerosas plaquetas y separatas. Por un tema de costos la imprenta siempre estuvo lejana. Cuando pretendimos cambiar de soporte, ya el mundo se caía a pedazos y nosotros con él.

La experiencia llegó un poco tarde, pero dicen que al hecho consumado nunca hay que negarlo. He notado con sorpresa que siempre hay gente que se acuerda cálidamente del Vidente, parece que tan malo no ha sido el intento. Celebro la mención en el estudio de Otero. La gente de la Revista “Amaru” también ha hecho lo propio en otro artículo.

Fuiste incluido en la antología “El verbo descerrajado”.

FCH — En el año 2005, a través de Poetas del Mundo recibí la noticia de que se estaba seleccionando material poético para apoyar la resistencia de un grupo de presos políticos chilenos, que había iniciado una huelga de hambre en la Cárcel de Alta Seguridad, pidiendo por su libertad. Eso había sucedido durante el primer gobierno democrático post Pinochet.

Poetas del Mundo es otra de las experiencias que comparto; es un movimiento internacional que nuclea a numerosos “trabajadores de la palabra” alrededor de postulados universales como la paz, la libertad y el respeto entre los pueblos.

El material fue publicado por Ediciones Apostrophes en Santiago de Chile, compilado por Luis Arias Manzo. Una excelente edición.

Por lo que sé la distribución fue un éxito, tuve que esperar una reedición para poder conseguir otros ejemplares.

En estos momentos habría que pedirlo a la editorial o consultar a los sitios de venta on-line en internet que lo tengan. Participaron más de ochenta poetas de la Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Nicaragua, España, Portugal, entre otros países. Desconozco si existe una versión en PDF.

“Carrera contra el destino”, relato documental: he aquí una obra que también estaría bueno que nos la “muestres”.

FCH — Cuando en 1975 desapareció por primera vez Juan Carlos Higa, yo estaba a la sazón en tu ciudad, con Santoro, Humberto Costantini, Vicente Zito Lema, Conti, etc.: teníamos una reunión con gente de Cultura. Al pasar el tiempo y no encontrarlo, primó la solidaridad y se organizaron diversas búsquedas, hubo falsos datos, dinero dado a informantes… A mí me tocó ir con Haroldo es su auto hacia uno de esos supuestos contactos. Como él no veía bien, o tenía la vista cansada, me pedía que lo guiara. Imaginate la situación —un ciego guiando a otro ciego—, yo no conocía los lugares. Le informaba lo que veía, pero no sabía hacia dónde íbamos, y él me contaba de sus viajes y el río. Pero llegamos a buen puerto. Hubo después otros eventos, una mujer, golpes de la vida y un final triste. De eso se nutrió “Carrera contra el destino”; se fue armando como antídoto contra el olvido. Y cuando el Movimiento de Documentalistas convocó en 2003 al “Primer Concurso Internacional de Escritos Documentales Rodolfo Walsh” y vi las bases, no lo dudé. Cuando empecé a darle forma salió casi de un tirón. Después vinieron las correcciones. Pero me gusta como quedó. “Escritos documentales” fue publicado en 2004 y allí figura junto a otros quince relatos finalistas. Nunca fue un “cuento”; es un relato documental, con sus verdades y sus ficciones, pero es mi pequeño homenaje a Haroldo Conti. Siempre conservé como una reliquia un trozo de la carta escrita a máquina y firmada, en la que él me autorizaba a usar una cita de su cuento “Tristezas de la otra banda” para un epígrafe de uno de mis libros.

Tras tantos años como único responsable de Lexia, te propongo que compartas con nosotros cómo te has ido sintiendo, qué satisfacciones y qué decepciones te dieron alcance, cómo prevés proseguir.

FCH — Sabés que siempre me interesó la difusión del trabajo de los otros. Mi sueño hubiera sido tener una editorial. El soporte virtual es excelente para nuestro quehacer en cuanto permite una comunicación rápida y aceitada con los lectores y/o autores. Empecé el sitio como algo personal y se transformó por esa interrelación con los otros. Siempre dentro de las normas legales de registro nacional e internacional, por supuesto. Todos los costos de alojamiento y mantenimiento están a mi cargo.

A veces algún autor preguntaba si la colaboración se pagaba… No: quien lo desee, ofrece sus materiales y luego de un proceso de selección, se publica. Hay autores que agradecían emocionados la publicación y otros que nunca “acusaron recibo”.

Se mantiene una constante de 500 visitas mensuales, con altos picos ocasionales.

Con el tiempo se ha formado un grupo de gente con los que mantengo una fluida relación vía correo electrónico. Muchas veces tuve ganas de cerrarlo, sobre todo cuando se armaban polémicas en torno a poetas publicados o ciertos hechos políticos. Polémicas inútiles porque no se sacaba nada en limpio. Pero puede más el optimismo y es así que ahora estoy en una etapa en la que lo migraré a un servidor local más potente y con más prestaciones. Lo que me permitirá “lavarle la cara”, sacar las hojas secas y revitalizarlo. Hay alrededor de veinte poetas esperando que los suba y estoy preparando sus colaboraciones. Es un trabajo que no se puede detener. Hay que hacerlo todos los días. El diseño web lleva su tiempo, la ventaja es que siempre es perfeccionable. Todo se puede modificar o corregir.

En “Preliminares de un juego canibalístico”, título del prólogo que el poeta santafesino Rubén Vedovaldi concibiera para tu último poemario, leo: “Entro a estas páginas con las resistencias de quien tiene que ir a la morgue a reconocer cadáveres queridos.” Para quienes no han entrado a esas páginas: ¿por qué Blues, por qué Desarmadero? ¿Por qué esas ilustraciones (técnicas mixtas) en tapa e interior creadas por Bruno Chiroleu? ¿Por qué una de las citas que constan en la página 5, tomada de “El siglo de las luces” de Alejo Carpentier, expresa que “Hay épocas hechas para diezmar los rebaños, confundir las lenguas y dispersar las tribus”?

FCH — Cuando le encargué a mi hijo Bruno que me ilustrara el poema “Blues del desarmadero”, no sabía que allí se iba a terminar de armar el libro. No le sugerí nada, tenía total independencia. (Te aclaro que hace tiempo que es historietista y tiene su propio proyecto editorial, “Términus”, que ya va por el quinto número). Cuando me mostró el resultado entendí que esa sería la tapa del libro. El desarmadero puede ser la metáfora siniestra de un país que se devoró a lo mejor de su futuro. También el rebaño es eso, un grupo, una clase, una generación. Los que no pueden elegir. Los que no pueden levantar la cabeza y solo les queda aceptar una muerte o un escape a otro prado.

El querido prologuista entró a las páginas del “Blues…” sabiendo que iba a encontrar cadáveres. Su interpretación en perfecta: nadie quiere entrar a una morgue, pero alguien tiene que hacerlo, es de cristiano el cerrarle los ojos al compañero muerto y efectuar ese ritual —si se puede— del último saludo. El libro se fue gestando a través de los años de silencio; la selección final y los retoques obsesivos permitieron armar en menos de una semana el “muestrario de atrocidades”. Soy consciente de que a mucha gente le molesta esa temática. Tengo la sensación de que hacen como que no saben de qué se habla, pero sí, se irritan y algo se les remueve en sus pequeños mundos de falso confort. Tenía que hacerlo. Por mis amigos, por el recuerdo de mis amigos, como testimonio de una época. Por el recuerdo de los ideales perdidos. Por todo eso.

¿Tenés en lista de espera otros poemarios, o inéditos en algún otro género? ¿Y qué libros, o qué autores, tenés en lista de espera para ser leídos?

FCH — Estoy embarcado en el proyecto de Libros Fractales que organiza Rubén Eduardo Gómez en sus ediciones patagónicas de “Vela al Viento”. El mío sería el libro décimo segundo. Ya tengo casi todos los poemas y la duda es el armado temático. Estoy articulando unos materiales con los cuales terminaría otro para este año. Y ando concluyendo una especie de novela policial, que, como diría Reynaldo Sietecase, es un género que lo permite todo.

Siempre he leído y leo en cualquier circunstancia. Me adapté a hacerlo desde la pantalla, lo que me da un margen extra. Aunque me fascina el sustrato “libro” y creo que moriré con él. Estoy leyendo el volumen tres de la correspondencia de Julio Cortázar. Releyendo “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes, junto al manual del Photoshop Cloud, un clásico de la gráfica. Y ahora me reencontré con “El lugar” de Mario Levrero. En lista de espera por tercera vez, José Lezama Lima y su “Paradiso” y la edición bilingüe de la poesía completa de Walt Whitman.

¿Qué es un poema?… ¿En qué consiste la vivencia poética?

FCH — No sé si alguien lo dijo o lo imaginé…: “Hacemos poesía por lo que nos falta”; siempre pensé de esa forma, desde el momento en que el mundo puede ordenarse mágicamente. Como que todo es posible dentro del poema, siempre por obra y gracia de la palabra. Es un cable a tierra donde no siempre lo que se dice es lo que se quiere decir. Aunque un verso mejora al otro, lo complementa, lo completa. Muchas veces he leído en público, tímidamente, un poema mío, y de pronto los gestos humanos de los que escuchan me revelan que una imagen llegó, que ese instante que se congeló en el poema fue captado. Que todavía se puede compartir algo, a pesar del tiempo. Hay algunos que salieron “redondos”, se gestaron así y no se tocaron. Y gustan y ME gustan.

Es de un ensayo sobre poesía que sustraigo de un párrafo “la visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. ¿Cómo reordenarías a tu gusto, parcial o totalmente, esta serie? Y puede ser más de un reordenamiento.

FCH — Las miniaturas, la visión, el bosque, el sacrificio, el sufrimiento, el desajuste, la ciudad, la danza, el azar, la autenticidad, el pensamiento, la lengua, la muerte.

La ciudad, el bosque, las miniaturas, el azar, el desajuste, la visión, la danza, el sufrimiento, el pensamiento, la lengua, la autenticidad, la muerte.

Estos elementos dan como para un microrrelato: “En el bosque de las miniaturas, la única visión de la autenticidad era la muerte. El sacrificio en la ceremonia impedía el pensamiento. En la ciudad solo el azar y el desajuste eran los aliados de la lengua…”: salió medio borgiano.

¿Qué es más importante en poesía, suscitar imágenes o conseguir cadencias musicales?

FCH — Hablo por mí: me encanta el proceso de creación, si es que se puede crear algo todavía. El armado y la combinación de las palabras para que la imagen sea justa. O al revés, darle forma a esa imagen que apareció de pronto sobre la hoja en blanco, o en la pantalla. El armado de las imágenes inevitablemente lleva a una cadencia musical, si entendemos como que hay todo un hilo musical que atraviesa las palabras, sube y baja en escalas y que cierra todo ese desarrollo con un acorde perfecto (si aparece). Gaston Bachelard decía: “Se renueva el sueño de un soñador en la contemplación de una llama solitaria”; y el soñador se introduce en el mundo de los poetas. Y la poesía es y no es un sueño. Es un suicida que no se mata porque la muerte existe (Cioran dixit). Es un ser que hay que cuidar, acompañar, sentir; es algo más que el amor, es algo más que un todo perfecto.

¿Cuál debe ser la postura del escritor ante la injusticia de una situación política?

FCH — El escritor hace su trabajo en la soledad. El mundo exterior a veces lo golpea y entonces es que reacciona. De cualquier forma, lo único que tenemos es la palabra y con ella hay que moverse. La contradicción entre obra y acción ha llenado bibliotecas. Desde que Jean Paul Sartre sentenció “De qué sirve la literatura en un mundo que tiene hambre…”, corrió mucha tinta y mucha sangre. Una cosa es lo que se pueda hacer como escritor y otra como ciudadano. El hombre en su tiempo es algo que hay que contemplar porque de alguna forma también condiciona la obra. Y ante la injusticia nos queda la denuncia, la difusión, la organización. Por ejemplo, ahora, el crimen y la injusticia siguen asesinando al pueblo palestino.

¿Te sentís identificado con una generación literaria? ¿Qué opinás de la poesía de tu generación?

FCH — Tengo dos identificaciones “mortales”: el surrealismo y la Beat Generation. Sin olvidar los clásicos Pablo Neruda, Amado Nervo, Gustavo Adolfo Bécquer, César Vallejo… El inmenso Raúl González Tuñón. Paul Eluard, Charles Bukowski, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg… En cuanto a “mi generación”, reconozco la obra de Eduardo Dalter, Amaro Nay, Jorge Boccanera, Alejandro Schmidt, Guillermo Ibáñez, Celia Fontán, Gustavo Tisocco, María Teresa Andruetto, Rubén Vedovaldi, Lina Caffarello, la tuya, por supuesto. Todos con sus luces y sombras. Se me escapan ahora un montón de nombres que aportaron lo suyo a esta odisea terrestre.

¿Qué agrupamientos de poetas de Rosario, de las últimas seis décadas, podrías rememorar para nosotros?

FCH — ¡Ay!, es complicado… “El Lagrimal Trifurca” de los Gandolfo (padre e hijo, Francisco y Elvio), que marcó un parámetro de calidad cultural. Estaba “Runa”, dirigida por Guillermo Ibáñez, que más tarde iba a generar “Poesía de Rosario”, publicación que sigue activa. “La Ventana” de Orlando Calgaro, que devenida en editorial destacó por su labor entre los 60 y 70. “Juglaría”, con el recordado Reynaldo Uribe. Ediciones “Ciudad Gótica”, con su más que interesante revista. Sin olvidar lo que fue el proyecto de la Biblioteca Constancio C. Vigil con su editorial.

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Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Rosario y Buenos Aires, distantes entre sí unos 300 kilómetros, Francisco A. Chiroleu y Rolando Revagliatti.

[Fuente: http://www.todoliteratura.es]

El reciente ataque a Salman Rushdie pone de nuevo sobre la mesa el debate sobre el islam, la radicalización religiosa y política y la libertad de expresión.

Escrito por Ezequiel Kopel

El viernes 12 de agosto Salman Rushdie, el escritor condenado por la República Islámica de Irán desde 1989 debido a la acusación de blasfemia por su libro Los versos satánicos, estaba por dar una conferencia en la tranquila ciudad de Chautauqua, al oeste de Nueva York. En ese momento, un hombre subió al escenario y lo apuñaló más de 10 veces en el cuello y abdomen. Un malherido Rushdie fue trasladado de emergencia en avión a un hospital; lo operaron y le colocaron un respirador. Las primeras informaciones luego de la operación indican que el escritor evoluciona favorablemente, pero tiene el hígado dañado, podría perder un ojo y vería afectado el movimiento de su brazo al tener sus nervios cortados. El moderador del evento, Henry Reese, de 73 años, cofundador de una organización que ofrece residencias a escritores que enfrentan persecución, también fue atacado.

El agresor fue arrestado de inmediato. Hadi Matar, de 24 años, oriundo de Fairview, Nueva Jersey, y descendiente de libaneses es –por lo que pudo verse en sus redes sociales (mientras estuvieron abiertas)– un ardiente fanático de los ayatolás y de los líderes políticos y militares iraníes. El acto de matar de alguien que ni siquiera había nacido cuando Rushdie escribió su controvertido libro y ya admitió que nunca lo leyó es otro ejemplo de la peligrosa radicalización de una juventud impresionable, muchas veces de confesión islámica, que glorifica la violencia.

Las autoridades iraníes tardaron en responder sobre el ataque: negaron tener participación alguna en el hecho, pero creyeron pertinente acusar al escritor como el verdadero culpable del intento de asesinato. En una vergonzosa declaración, Nasser Kanani, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, sostuvo que había sido la víctima quien había cruzado «líneas rojas» y se había expuesto «a la ira de la gente». Vale recordar que el fundador de la República Islámica de Irán y por entonces su máxima e incuestionable autoridad, el ayatolá Ruhollah Jomeini, había ofrecido en 1989 –mediante una fatwa— una recompensa de 3 millones de dólares por la cabeza de Rushdie, tras acusarlo blasfemia.

Aunque el presidente reformista iraní Mohammad Jatami dijo que el asunto estaba «completamente terminado» en 1998, cuando Gran Bretaña se lo exigió para restablecer relaciones diplomáticas con Irán, la fatwa no fue rescindida formalmente. De hecho, el sucesor de Jomeini, Alí Jamenei, reiteró en 2017 que aún se encontraba en vigor. En 2016, por ejemplo, Irán boicoteó la Feria de Fráncfort por la presencia del escritor indio-británico y en 2019 reforzó la sentencia, tuiteando desde su cuenta oficial que la fatwa era irrevocable, lo que llevó a Twitter a limitar su cuenta, pero no a cerrarla (como sí lo hizo, por ejemplo, con la del expresidente estadounidense Donald Trump).

Las reacciones en la prensa iraní fueron unánimes y dejaron de lado toda diferencia entre conservadores y moderados. Una editorial del diario Irán, órgano oficial del gobierno, afirmó de forma orgullosa que «33 años después de que su excelencia el imam Jomeini dictaminara sobre la apostasía de Salman Rushdie, un no iraní en el corazón de Estados Unidos cometió el acto más sagrado de Dios» y que esto demostraba que «en el corazón del mundo moderno, las órdenes de Dios todavía están vivas en los corazones de las personas». El diario de línea dura Kayhan, cuyo jefe es designado por el actual líder supremo, saludó «a este valiente hombre que atacó al apóstata y cruel Salman Rushdie en Nueva York y besamos sus manos que acuchillaron y desgarraron el cuello de un enemigo de Dios». El periódico Jame-Jam, propiedad de la Radio y Televisión Nacional, publicó una defensa del atentado tras la información de que Rushdie perdería un ojo, publicando una caricatura de él, con cuernos y sin un ojo, con la leyenda: «Satanás perdió un ojo». Etemad y Arman-e Melli, periódicos supuestamente moderados y «reformistas», señalaron que todo podía ser una conspiración de Occidente e Israel, que utilizando «falsas afirmaciones antiiraníes» buscan descarrilar las nuevas conversaciones nucleares. Irónicamente, a principios de la década de 1980, las traducciones al persa de Hijos de la medianoche y Vergüenza, dos de sus primeros libros, hicieron que (junto con su posición favorable al nacionalismo palestino) Rushdie fuera admirado por su «antiimperialismo» durante años en el Irán revolucionario.

La idea de que Irán no estuvo físicamente detrás del ataque contra Rushdie no solo es una manipulada elucubración, sino que, además, olvida las acciones pasadas de la República Islámica contra críticos y opositores. Hadi Matar pudo haber tomado la decisión individualmente. Es decir, sería otro mal llamado «lobo solitario» al que se le imputa una suerte de radicalización por generación espontánea. Pero pocos días después del ataque ya existen informaciones, citadas por VICE News, de que mantuvo contactos con miembros de la Guardia Revolucionaria iraní. Dado que el incidente se encuentra en etapa de investigación temprana, todavía se sabe demasiado poco sobre esas comunicaciones.

En estos días suele soslayarse que Irán cuenta, en su historia contemporánea, con una numerosísima lista de opositores asesinados en el exterior, algunos por orden directa y otros de manera indirecta. En 1980, un seguidor extranjero de la República Islámica, Dawud Salahuddin, disparó y mató al antiguo agregado de prensa de la embajada iraní Ali Akbar Tabatabaei en la puerta principal de su casa en Bethesda, Maryland. Los magnicidios –dirigidos o inspirados- aumentaron considerablemente en la década de 1990. Las estimaciones indican que solo hasta 1997 se cometieron 50 asesinatos de disidentes políticos en el extranjero.

La década se inauguró con el asesinato en Suecia de dos disidentes kurdos, Karim Mohammedzadeh y Efat Ghazi, el 6 de abril y 1 de septiembre respectivamente. El 6 de agosto de 1991 fue asesinado con cuchillos de cocina Shapour Bajtiar, el liberal y último primer ministro iraní previo a la Revolución islámica, en su casa del suburbio parisino de Suresnes. El 8 de agosto de 1992 encontraron el cuerpo del artista Fereydoun Farrokhzad en su apartamento en Bonn, Alemania, apuñalado repetidamente en la cara y la parte superior del torso. Farrokhzad se había burlado de la obsesión mostrada por Jomeini por el sexo en su libro Tahrir al-Wasilah. Ya más cerca en el tiempo, en 2017, el creador de un medio opositor al actual gobierno de Irán, Saeed Karimian, fue baleado en Estambul. Incluso el año pasado Francia condenó a un diplomático que trabajaba en la embajada iraní en Viena a 20 años de prisión por un complot para poner una bomba en una manifestación de un grupo opositor en Francia. Y en julio de este año la policía estadounidense detuvo a un hombre armado con un rifle AK-47 frente a la casa de Brooklyn de la disidente iraní (y destacada militante contra el uso obligatorio del velo islámico) Masih Alinejad. La acción se suma a la trama descubierta el año pasado por el FBI, que arrestó a cuatro agentes iraníes que pretendían llevar a Alinejad de contrabando a Irán para silenciar sus críticas.

Luego del atentado contra Rushdie reaparecieron las voces que matizaban el intento de magnicidio como una reacción entendible por ofender a los fieles de una religión, bajo la idea de que sentirse ofendido es una razón válida para matar o perseguir a una persona. Esto recordó la posición adoptada por diferentes personalidades tres décadas atrás cuando se sancionó la fatwa contra el escritor indio de origen musulmán hoy herido. Road Dahl, autor de Charlie y la fábrica de chocolate, lo calificó de «peligroso oportunista»; el maestro del espionaje John le Carré (quien en 1997 sería a su vez acusado de antisemitismo por su caracterización de un personaje en la novela El sastre de Panamá) dijo que «no hay ley en vida que sostenga que las grandes religiones pueden ser insultadas con impunidad»; el escritor de izquierdas John Berger exigió que la obra fuese sacada de las librerías ante la posibilidad de «una guerra santa», y el músico Cat Stevens, quien adoptó el nombre Yusuf Islam cuando se convirtió al islam, llegó a afirmar que si Rushdie golpease su puerta pidiendo ayuda «trataría de llamar al ayatolá Jomeini y decirle exactamente dónde está este hombre».

En tanto, Kalim Siddiqui, director del Instituto Musulmán de Londres y uno de los organizadores de las manifestaciones contra el libro de Rushdie, sentenció: «Yo no lo mataría, pero estoy seguro de que hay mucha gente en este país preparada para eso en este momento. Como ciudadano británico, tengo el deber, por así decirlo, de no infringir la ley británica. Pero no somos una religión pacifista. No ponemos la otra mejilla. Devolvemos el golpe». Asimismo, vale rememorar que el por entonces gran rabino (askenazi) israelí Avraham Shapira quiso prohibir la publicación de Los versos satánicos en Israel, argumentando que ofendía las sensibilidades religiosas, a pesar de que no había leído la novela, que ni siquiera se había publicado al hebreo. Su contraparte sefardí en el Estado hebreo no se quedó atrás y en una especie de «ecumenismo a la inversa» –como lo define muy bien Christopher Hitchens en su autobiografía-, dijo que el principal problema no era bajo ningún concepto la oferta de pago por el asesinato de un escritor, sino el delito de blasfemia. En cambio, el gran rabino de Inglaterra Immanuel Jakobowitz trató de esgrimir una extraña solución salomónica cuando agregó que «tanto Rushdie como el ayatolá Jomeini han abusado de la libertad de expresión». Otro de los efectos secundarios más extraños del caso ocurrió en Rávena (Italia), donde un grupo llamado Guardianes de la Revolución amenazó con volar la tumba de Dante Alighieri a menos que el alcalde rechazara la descripción que Dante hizo del profeta Mahoma, a quien define como condenado a uno de los círculos inferiores del infierno, partido en dos, por haber promovido cismas.

Sin embargo, hubo quienes respaldaron vigorosamente a Rushdie desde un principio. Además de la conocida anécdota de Susan Sontag poniéndose al hombro el caso como presidenta del club literario PEN (llegó a ir hasta el Congreso estadounidense para exigir una fuerte posición nacional ante la declaración del presidente George Bush de que la fatwa «no nos afecta» y debió imponerse ante los importantes rechazos de solidaridad, como cuando Arthur Miller, el prestigioso autor de Las brujas de Salem, se negó a participar en una lectura de apoyo con su colega perseguido) existieron también significativas defensas de intelectuales musulmanes o árabes. Una de las menos conocidas fue del intelectual sirio Sadiq Jalal Al-Azm, quien en 1991 criticó a los liberales occidentales por brindar un robusto apoyo a los disidentes soviéticos en ese momento, al tiempo que dudaban a la hora de sostener a Rushdie, haciendo gala de un orientalismo travestido, cuando la persecución viene desde Oriente. Algunas de sus palabras fueron: «Quizás la suposición silenciosa y profundamente arraigada en Occidente sigue siendo que los musulmanes simplemente no son dignos de disidentes serios, no los merecen y, en última instancia, son incapaces de producirlos». A propósito del orientalismo, el mismo autor del famoso libro que popularizó el término en la actualidad, el palestino Edward Said, escribió: «Rushdie es todo aquel que se atreve a hablar en contra del poder. Él, su libro y su vida se encuentran en la frontera donde la tiranía se atreve a pronunciar y exigir sus atroces decretos. Rushdie es la intifada de la imaginación».

Otro valiente con mucho que perder fue Naguib Mahfouz, el único escritor árabe en ganar un Premio Nobel de literatura, quien, a pesar de reconocer que Los versos satánicos podía ofender a musulmanes piadosos, inició un encendido respaldo a la libertad de expresión de su colega a solo un año de ser distinguido por la Academia sueca. Su acción motivó que su obra fuese escudriñada por extremistas islámicos y él mismo fuera condenado por blasfemo por su novela Los niños del callejón. La obra habla de Dios y los profetas y trataba de explicar creativamente la filosofía de la religión a través de la historia de un barrio de El Cairo. Un día después de que se cumpliese el sexto aniversario de su premiación con el Nobel en 1994, fue acuchillado en el cuello al salir de su casa. La elección de acuchillar el cuello no es fortuita para los fundamentalistas, sino que busca resaltar la intención de callar la voz del denunciado. Mahfouz nunca más fue el mismo y una competencia de fatwas denunciatorias empezó a surcar el mundo musulmán. A pesar de todo, ese mismo año 91 escritores árabes y musulmanes de todo el mundo publicaron una colección de ensayos en solidaridad con Salman Rushdie.

Independientemente de la libertad de poder opinar sobre figuras religiosas y sus actos o la posibilidad de representarlos en obras de ficción, es pertinente un análisis real de si Los versos satánicos presenta una visión profundamente herética del islam. Reza Alsan, un estudioso de la sociología de la religión, crítico de lo que hoy se conoce como «nuevo ateísmo» y una especie de «pariente lejano» de Rushdie para los fundamentalistas cristianos por su libro Zelote –donde humaniza la historia de Cristo–, asegura que «para cualquiera que tenga algún conocimiento del Corán, la sorpresa es cuán ortodoxa es la novela en su tratamiento del islam. Los pasajes sobre los llamados ‘versos satánicos’ (las secuencias de sueños que involucran al profeta) están perfectamente en línea con lo que dicen muchos comentaristas tradicionales del Corán (…). La verdad es que una ofensa contra el islam temprano no fue la razón de la fatwa. Lo que parece haber resultado ofensivo para Jomeini fueron los pasajes que narran a los ayatolás iraníes con turbante negro, abriendo sus fauces para tragarse a personas inocentes».

Para comprender qué enoja hasta la violencia a muchos piadosos musulmanes, es necesario entender a qué se refiere el término «versos satánicos». En la tradición islámica, el incidente de los versos se conoce como la «historia de las grullas». Allí se narra la ocasión en que el profeta Mahoma (fallecido en 632 d.C.) confundió los susurros de Satanás con la revelación divina y, de esa manera, las intrusiones satánicas llevaron a Mahoma a pronunciar versos de alabanza a ídolos paganos de la Meca del siglo VII. Ahab Aiwi, un académico estudioso del islam temprano en la Universidad de Leiden, agrega: «Las fuentes históricas musulmanas que recopilan, transmiten y preservan las memorias culturales de la primera comunidad musulmana han registrado e informado el incidente de los denominados versos satánicos y por eso tenemos al menos 50 informes históricos de los primeros 200 años del islam (aproximadamente 610-810 d.C.) que describen en detalle la ocasión en que el profeta Mahoma supuestamente confundió el engaño de Satanás con el mandato de Dios. (…) Los musulmanes posteriores descartaron el incidente como espurio y teológicamente abominable basándose en una consideración: Mahoma estaba protegido por Dios, es decir, era infalible y no propenso a cometer errores en su entrega de la revelación».

Para explicarlo de manera simple –y por supuesto reducida–, los primeros musulmanes trataron de relatar la epopeya histórico-moral de la vida de Mahoma en una heroica lucha por establecer la religión divina, ergo, un intento deliberado de retratar a un Mahoma humanizado que se impone contra las vicisitudes de la vida para hacer que el monoteísmo triunfe por encima de todo. Sin embargo, los posteriores musulmanes que recopilaron las colecciones canónicas de los Hadiths lo consideraron incongruente con su proyecto teológico, que requería que el profeta fuera infalible y, por lo tanto, consideran los «versos» inauténticos. Lo que no muchos saben es que incluso el incidente de los «versos satánicos» es aceptado como auténtico por Ibn Taymiyya, el antiguo predicador fundamentalista al que denominan como padre moderno del wahabismo saudí.

Hay diferentes teorías de por qué Jomeini decidió promulgar una fatwa contra el escritor indio musulmán y Los versos satánicos (un libro que él nunca habría leído, según dijo su propio hijo), que van desde la intención de ocasionar un levantamiento musulmán en India, Pakistán y Europa, hasta el deseo de que su población olvidase el cese al fuego firmado con Saddam Hussein al final de la fratricida guerra entre Irán e Iraq, un arreglo que el ayatolá había prometido no realizar nunca si no era por orden divina. Lo cierto es que casi nadie ha leído realmente la novela, y la mayoría de quienes la condenan se sorprenderían al saber que no sugiere que el Corán fuera inspirado por el Diablo. En el presente se puede conseguir La Divina Comedia –que coloca a Mahoma en el octavo círculo del infierno con las entrañas colgando– en cualquier capital del mundo musulmán, pero el solo rumor del nombre de Rushdie puede producir actos de violencia en esos mismos lugares.

Es preciso sostener que no es igual la representación ficcional de una figura religiosa que el odio a una religión. Incluso la crítica de ideas no es simétrica al ataque a las personas que practican una fe. Asimismo, apuñalar en el cuello a un escritor que no te gusta no es un comportamiento que haga pensar a nadie –que no sea un fanático– que una religión tiene algo admirable que ofrecer al mundo. Hoy la crítica hacia una religión ha dejado de ser un crimen en la mayoría de los países y se puede cuestionar, por ejemplo, al cristianismo o al papa, sin que eso signifique una expresión de «cristianofobia». No se trata de criminalizar al islam, tampoco de pensar que la ideología no tiene ninguna importancia (en la escuela predominante del islam chiita en Irán se requiere que los laicos obedezcan ciegamente las normas de los clérigos sobre la ley islámica) sino comprender que hay una disputa en el seno de una religión para lograr la hegemonía dentro de ella. Y el escenario principal de esta conflagración no es Occidente, sino latitudes donde el islam reina como la religión del Estado y escritores, caricaturistas y artistas, muchísimo más valientes que Rushdie, son reprimidos, día a día, de modo habitual.

Hoy, mientras la idea de que es válido censurar obras artísticas si ofenden a ciertos grupos gana cada vez más tracción en las sociedades modernas. Vale recordar las palabras del vilipendiado Salman Rushdie, quien pasó por todo lo que pasó y no emergió como un psicópata reaccionario deseoso de prohibir el islam: «El respeto por la religión se ha convertido en una frase que significa miedo a la religión. Las religiones, como todas las demás ideas, merecen la crítica, la sátira y, sí, nuestra falta de respeto sin ningún miedo».

[Fuente: http://www.nuso.org]

La máscara tiene dos funciones que hay que distinguir: por una parte, cubre la cara y por lo tanto oculta la identidad. Por otra parte, transfigura la cara y dota al portador de la máscara de una nueva identidad. Paradójicamente, esta nueva identidad más que ocultar a la persona la revela, pues permite la expresión de aspectos ocultos del individuo, aquéllos que se ocultan por encontrarse reprimidos socialmente. Quienes trabajamos la máscara teatral hemos presenciado repetidamente la manera en que una persona tímida se vuelve extrovertida en el instante en que se pone una máscara.

Escrito por Alberto LomnitzyMaría Sánchez Portillo

El punto de encuentro entre las dos funciones de la máscara —encubrir y transfigurar— es el elemento de protección al cuerpo que brinda el anonimato. El antropólogo y sociólogo David Le Breton, en su libro Cuerpo sensible (2010), establece que “el cuerpo es una materia inagotable de prácticas sociales”. Por otra parte, Judith Butler en su libro El género en disputa (2007) acentúa el rol del cuerpo como ente de construcción social y cultural. Es en el cuerpo donde se deposita toda la experiencia de lo que comúnmente llamamos nuestra vida, tanto en lo social como en lo individual.

Hoy el uso del cubrebocas ha colocado una máscara impersonal a los cuerpos de manera masiva. Esto ilustra una verdad que no es novedad: el cuerpo político, el cuerpo social, es un cuerpo masificado, sumido en el anonimato. Para el Estado la individualidad se minimiza, toda vez que el Estado persigue homogeneizar para establecer así mecanismos de control sobre la masa. Si bien en algún momento el uso del cubrebocas se nos presentaba como algo transitorio, ahora nos resulta una práctica difícil de erradicar. Este objeto es una máscara impersonal a la que todas las personas nos hemos acostumbrado. En México hay quienes sufren cierta aprensión cuando aparecen en un espacio público sin cubrebocas. Se puede decir que este se ha vuelto una prótesis. Para Paul B. Preciado, una prótesis es una confección o reconfiguración física que entra y sale del cuerpo en aras de dotar de sentido social la performatividad de la presencia.

La investigadora teatral Rocío Galicia, en su ensayo Revelaciones escenológicas: dispositivo y comunidad (2020), dice:

En general, estamos absortos en nuestra sobrevivencia y es lo natural. Un atisbo de solidaridad se refleja, por ejemplo —y aquí está la paradoja—: en el uso del cubrebocas o barbijo como gesto de “Si me cuido, te protejo” o “Por respeto a los demás”. Pero también asumimos un enmascaramiento, el rostro se ha cubierto para dar paso al anonimato. En este sentido, vemos cómo la utilización del cubrebocas ha sido aprovechada para cometer delitos.

En este panorama, ¿existe un espacio para vivir y compartir nuestra fragilidad, perturbación y afectividad? ¿Hay un lugar donde podamos materializar el contenido de nuestros íntimos sueños y deseos? ¿Alguien sabe de un sitio donde hoy los cuerpos puedan expresarse en sus posibilidades imaginativas, expositivas, sensibles, estéticas y de politicidad? Ese lugar es el teatro.

Así pues, el cuerpo en escena navega entre lo íntimo y lo político. Actores y actrices supimos desde el principio de la pandemia que nos resultaría imposible o muy difícil actuar con cubrebocas porque nuestro arte se basa en la revelación del gesto.

El teatro es una disciplina que aboga por la expansión y el desborde de las identidades. Las teatralidades generan alternativas, matices, cruces o cambios. El teatro es el espacio para la libertad del gesto; es un territorio fronterizo, un territorio para la excepción, en aras de acentuar su potencia política y de subrayar su capacidad para hacer emerger otros tipos de relaciones sociales y representacionales que sin duda visibilizan las dinámicas de su tiempo.

Actualmente, las y los intérpretes escénicos se presentan sin cubrebocas; ahora la máscara la porta el público, la audiencia. ¿Será que siempre ha sido así? Quien está en el escenario siempre se ha revelado y se ha expuesto, desenmascarando el gesto, mientras que quien está en la butaca —en el anonimato e incluso en la oscuridad— siempre se ha escondido. Hoy, en nuestra vida cotidiana, somos testigos del triunfo de la máscara que encubre. Hemos aprendido a convivir con el rostro tapado en un tipo de secuestro del gesto… ¡mas no en el teatro!

Alberto Lomnitz y María Sánchez tienen amplia experiencia en el estudio y el ejercicio de las artes escénicas. Generaron juntos el Manifiesto de Arte Vivo Digital en respaldo a las prácticas emergentes del tiempo presente.

 

[Ilustración: Oldemar González – fuente: http://www.nexos.com.mx]

Publié par CLAUDIOFZA

Patrick Modiano, Encre sympathique. Editions Gallimard, 144 pages, 16 euros.

Il y a très peu de romanciers vivants dont j’achète les livres les yeux fermés, dès leur parution. Avant, il y avait Philip Roth, Milan Kundera… Philip Roth a arrêté de publier en septembre 2012. Pire, il est mort le 22 mai 2018. Milan Kundera a 90 ans et sa dernière publication date de 2014. Il reste le Prix Nobel de Littérature 2014 qui a publié le 3 octobre son 29ème roman ou récit. Je l’ai acheté à la Librairie Compagnie comme souvent et je l’ai lu une semaine plus tard.

Pour commencer, il y a une très belle épigraphe de Maurice Blanchot, tirée du Livre à venir (1959): «Qui veut se souvenir doit se confier à l’oubli, à ce risque qu’est l’oubli absolu, et à ce beau hasard que devient alors le souvenir.».

Jean Eyben, le narrateur du livre, est, à 20 ans un jeune employé de l’agence de détectives Hutte. Il part sur les traces d’une jeune femme, Noëlle Lefebvre, d’abord à Paris, dans le XVème arrondissement, plus tard du côté d’Annecy, enfin à Rome. Elle a disparu du jour au lendemain. Les autres personnages sont, eux aussi, tout à fait ordinaires.

Comme dans ses autres livres, les aspects autobiographiques sont bien présents. L’auteur évoque son adolescence terrible. De septembre 1960 à juin 1962, sa famille l’a éloigné en le confiant aux pères du collège-lycée Saint-Joseph (Thônes), en Haute-Savoie, prison où il attrape la gale dans un linge rarement changé et éprouve avec ses camarades paysans la solidarité de la faim. Il a raconté tout cela dans son autobiographie, Pedigree, publiée en 2005.

À la page 110, on passe de Paris à Rome. Le «je» se transforme en «il». Ce basculement narratif indique le moment où tout se dévoile. La fin est ouverte: «Demain, ce serait elle qui parlerait la première. Elle lui expliquerait tout.» Le «happy end» ressemble plutôt à un point d’interrogation.

Comme tous ses autres romans, celui-ci est traversé par le thème de l’absence, de la survie des personnes disparues et l’espoir de retrouver un jour ceux qu’on a perdus dans le passé. Ses détracteurs disent qu’il écrit toujours le même roman. Peu m’importe.

«C’est dans cette espèce de chambre noire de la solitude qu’il faut que je voie vivre mes livres avant de les écrire.»

“Il y a des blancs dans une vie, mais parfois ce qu’on appelle un refrain. Pendant des périodes plus ou moins longues, vous ne l’entendez pas, et puis, un jour, il revient à l’improviste quand vous êtes seul et que rien autour ne peut vous distraire. Il revient, comme les paroles d’une chanson enfantine qui exerce encore son magnétisme”.

« Il suffisait que cette pensée me visite quelques heures, ou même quelques minutes, pour qu’elle ait son importance. Dans le tracé assez rectiligne de ma vie, elle était une question demeurée sans réponse. Et si je continue à écrire ce livre, c’est uniquement dans l’espoir, peut-être chimérique, de trouver une réponse. Je me demande : Faut-il vraiment trouver une réponse? J’ai peur qu’une fois que vous avez toutes les réponses votre vie se referme sur vous comme un piège, dans le bruit que font les clés des cellules de prison. Ne serait-il pas préférable de laisser autour de soi des terrains vagues où l’on puisse s’échapper?»

 

[Photo : Maurice Rougemont – source : http://www.lesvraisvoyageurs.com]

A lógica do mercado, da propaganda e estilos que contradizem diretamente a mensagem bíblica e de Jesus

Escrito por Leonardo Boff

Que a religião possui uma força política poderosa confessa Samuel P. Huntington em seu discutido livro O choque de civilizações (1977) que hoje, com a nova guerra-fria, se tornou novamente atual. Afirma ele: “No mundo moderno, a religião é uma força central, talvez a força central que mobiliza as pessoas… O que em última análise conta não é tanto a ideologia política nem os interesses econômicos, mas as convicções religiosas de fé, a família, o sangue e doutrina; é por estas coisas que as pessoas combatem e estão dispostas a dar as suas vidas”. Ele fazia uma pesada crítica à política externa norte-americana por nunca ter dado importância ao fator religioso. Por conta disso, os EUA tiveram que sentir na própria pele o terrorismo islâmico.

Consideremos a situação do Brasil. Cito aqui a reflexão de uma pessoa inserida profundamente no meio popular com agudo sentido de observação. Vale a pena ouvir sua opinião pois pode ajudar na campanha para a derrotar a quem está desmontando nosso país.

Afirma ele: “Temo que, apelando cada vez mais para o fator religioso, agitando o fantasma do comunismo = ateísmo e da perseguição religiosa, o negacionista e o “inimigo da vida”, eventualmente possa ainda ameaçar de vencer a eleição”. “Pois, é inelutável reconhecer: o povo em massa é religioso até o osso (supersticioso, dirão os “intelectuais”; não importa). Ele vende o corpo e a alma pela religião, entendida de modo indistinto como “essa coisa de Deus”, sobretudo o brasileiro, sincretista que é. E esse apelo, não digo que seja bom, mas apenas que tem uma força tremenda e temo muito que possa ser decisiva no momento de decidir o voto”.

“Infelizmente, essa questão tem pouco peso na campanha do Lula e de seus aliados. Diria quase a mesma coisa com respeito aos dois outros valores que Jair Bolsonaro e toda a “nova direita” do mundo alardeia: Deus, Pátria e Família, a trilogia do Integralismo que a velha esquerda não quer ver nem pintada. E, no entanto, é por aí que a nova direita está mobilizando as massas no mundo e também no Brasil”.

“E note-se como é fácil para um candidato da nova direita como Bolsonaro apresentar à massa eleitoral essa tríade: ele rezando (Deus), com bandeira do Brasil (Pátria) e com Michelle ao lado (Família), três cenas de comoção garantida e atração irresistível para o povão. Quem pode ser contra a reza, a bandeira verde-amarela e uma esposa (sobretudo se é bem feminina)?”

“Os intelectuais podem dizer o que quiserem contra esse populismo de direita. Mas que funciona, funciona. E é isso que importa à direita, e acho que deveria importar também à esquerda, sem ofensa à ética, pois dá perfeitamente para defender essas três bandeiras, outrora integristas, como valores morais, à condição, contudo, de não serem excludentes: dos sem religião, das outras pátrias e dos LGBT+respectivamente”.

“Mas mesmo que ganhe o Lula, o que as pesquisam indicam, a questão das três bandeiras acima permanecerá. E os bolsonaristas continuarão a agitá-las, como as está agitando a nova direita em todo o mundo (veja Donald Trump, Vladimir Putin, Marine Le Pen, Mateo Salvini et caterva). E é a “bandeira Deus”, sobre todas as outras, quer ser vai mais politizada pela nova direita, e isso tanto mais quanto menos a velha esquerda digeriu essa questão e quanto menos atenção a própria Igreja, progressista ou liberacionista que seja, parece dar a mudança de Zeitgeist (do espírito do tempo), designado como pós-moderno”.

O grande desafio da campanha da coligação ao redor de Lula/Alckmin, que é também das igrejas cristãs históricas, principalmente da católica, é como atrair estas massas, manipuladas e ludibriadas pelas igrejas pentecostais, para os valores do Jesus histórico, muito mais humanitários e espirituais do que aqueles apresentados pelos “pastores e bispos” autoproclamados e verdadeiros lobos em pele de ovelha. Estes usam a lógica do mercado, da propaganda e estilos que contradizem diretamente a mensagem bíblica e de Jesus, pois, utilizam-se diretamente da mentira, da calúnia, de fake news.

Vale mostrar a estes seguidores das Igrejas pentecostais, como Jesus dos evangelhos sempre esteve do lado os pobres, dos cegos, dos coxos, dos hansenianos, das mulheres doentes e os curava. Era extremamente sensível aos invisíveis e aos mais vulneráveis, homens ou mulheres, enfim, àqueles cujas vidas viviam ameaçadas. Vale muito mais o amor, a solidariedade, a verdade, e acolhida de todos sem discriminação, como os de outra opção sexual, vendo nos negros, quilombolas e indígenas nossos irmãos e irmãs sofredores. Importa solidarizar-se com eles e estar junto com eles para fazerem o seu próprio caminho.

Esse comportamento vale muito mais que o “evangelho da prosperidade” de bens materiais que não podemos carregar para a eternidade e, no fundo, não preenchem nossos corações e não nos fazem felizes. Ao passo que os outros valores do Jesus histórico vão conosco como expressão de nosso amor ao próximo e a Deus e nos trazem paz no coração e uma felicidade que ninguém nos pode roubar.

Logicamente, importa desfazer as calúnias, rebater as falsificações e, eventualmente, usar os meios disponíveis para incriminá-los juridicamente. Vale sempre crer que um pouco de luz desfaz toda uma escuridão e que a verdade escreve a verdadeira página de nossa história.

O Brasil merece sair desta devastadora tempestade e ver o sol brilhar em nosso céu, devolvendo-nos esperança e alegria de viver.

*Leonardo Boff é filósofo e teólogo. Autor, entre outros livros, de Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência (Vozes).

 

[Imagem: Eva Elijas – fonte: http://www.aterraeredonda.com.br]

Cher connard est un roman épistolaire, précision qui permet de comprendre le titre : l’apostrophe, l’agression, le pistolet braqué sur la joue des hommes, le rire sardonique, l’outrance. Mais l’expression « roman épistolaire » a un parfum d’Ancien Régime qui convient peu au style de Virginie Despentes, fleur de bitume et reine de son temps. Alors oublions la question du genre littéraire. Elle intéresse seulement les universitaires, que l’écrivaine méprise, et pourquoi pas : elle leur règle leur compte dans le livre comme elle le règle à toute la société.

Virginie Despentes, Cher connard. Grasset, 344 p., 22 €

Écrit par Cécile Dutheil de la Rochère

La romancière excelle à ça : tirer et pulvériser les genres (entendez aussi au sens sexuel, cela va de soi), les codes, les règles, les convenances et les conventions. Quelle puissance de feu ! La voix de Despentes porte ; elle est même si forte que c’est elle qu’on entend dans les deux personnages qui s’écrivent des lettres (et non des mails, c’est presque incroyable) ou tiennent un blog, commentant nos mœurs au fil de ces 344 pages qui enjambent le confinement.

Despentes a suffisamment de coffre pour s’offrir le luxe de se diviser en deux femmes et un homme, que voici dans leur ordre d’apparition : Rebecca Latté, une actrice qui aborde la cinquantaine sans illusions quant à sa valeur sur le marché du cinéma et de la séduction ; Oscar Jayack, écrivain et père de famille à la peine, dont la sœur était une amie de Rebecca ; Zoé Katana, ancienne attachée de presse d’édition qui a décidé de « meetooïser » Oscar parce qu’il l’a poursuivie d’ardeurs trop appuyées dix ans plus tôt. Les trois se sont donc connus plus jeunes, ils ont entre eux un lien amical, familial ou professionnel, ils vivent à la lisière de la célébrité, dans la lumière factice des réseaux sociaux ou au bord de l’oubli qui est le lot de l’humanité presque tout entière.

Un mot sur leurs noms parce qu’ils résonnent. Rebecca-Latté-Oscar-Jayack-Zoé-Katana : la voyelle a et la consonne k dominent. Elles font un bruit dur, brutal et cassant. Ça latte. Despentes a une oreille aiguë et un son qui crisse ; elle attaque un ton au-dessus de la moyenne. C’est normal, elle « vient de la scène rock », disent les gens qui ne la connaissent pas, cette scène.

On peut aussi souligner la portée de Despentes en la comparant avec la bande dessinée. Car elle croque, force le trait, grossit les défauts et la noirceur. Elle se fiche du goût et de l’harmonie. Sa vision des choses est fondamentalement disharmonieuse et belliqueuse, mais il arrive qu’elle soit tout simplement comique.

Du point de vue de la langue, Despentes écrase dans la même Dropbox une oralité crue et ordurière, un parler populaire ancien et un parler populaire moderne et postmoderne, des américanismes qui viennent de la « subculture » (merci la sociologie) des réseaux sociaux, puis soudain des termes châtiés et des références haut de gamme. Ce n’est pas une pose. Elle est ainsi composée, assemblée de ces différents registres ; elle ne serait pas autant lue et considérée si l’ensemble sonnait faux. Notez que vous n’êtes pas obligé d’y goûter ni de vous laisser intimider.

En revanche, ce qu’il vous faut reconnaître, c’est tout ce que ce chaudron permet de dire et de faire passer : toutes les contradictions, les lâchetés, les faiblesses de nos sociétés occidentales. Toute notre mollesse/dureté, toute l’injustice cachée sous l’autocensure, sous l’hypocrisie et le vernis bourgeois – le terme est à prendre au sens très large et très vaste que chacun connaît par cœur. À l’âge qu’elle a et avec la reconnaissance dont elle jouit, Despentes connaît aussi bien la très petite bourgeoisie que la moyenne dont elle semble venir et que la grande qui l’édite et la fête. Là encore, sous la plume de Despentes, l’accusation « bourge » sonne juste.

Et puis elle dit aussi la misère, l’absence d’horizon, le legs des guerres, la transmission de la pénibilité d’une génération à l’autre. « On oscillait entre le béton et les mauvaises herbes », écrit Rebecca à propos de son adolescence dans un lotissement HLM. Plus loin, il y a dans son éloge de la défonce (alcool, héroïne, cocaïne ou autre) un élément suicidaire qui peut choquer, même s’il est tamisé par une sensibilité d’écorchée vive, et, surtout, par un élan vital, celui de la romancière et celui du roman, son rythme et sa dynamique. Le livre a des longueurs, mais il a de la reprise. Les trois épistoliers-commentateurs se passent le micro et assurent les rebonds.

Cher connard : lettres de Virginie Despentes

Vous pouvez reprocher à la romancière d’en faire trop mais vous ne pouvez pas lui reprocher d’être fausse ou de céder à l’air du temps. Car elle le précède, cet air du temps, du moins elle contribue à le créer. Vous ne pouvez pas non plus lui reprocher de geindre ni de se plaindre. Elle n’est pas douillette.

Prenez le mouvement Me Too. Sur les bancs de l’Académie française, les vieux mâles blancs qui déplorent la condamnation dont notre époque est friande (disent-ils) vont lever les yeux au ciel. Ils auront tort parce que Virginie Despentes évoque autant ce qui justifie la naissance de la nouvelle révolte des femmes que ses excès, ses détournements et ses retournements. Sa rhétorique est imparable, elle lève la voix très haut, tape sur la table, prévient les attaques et argumente. Aucune des facettes du féminisme contemporain ne lui échappe. Sans doute jugeront-ils souillon sa façon de faire, mais elle brille d’une lucidité parfois cruelle. Elle sait parfaitement que certains parents livrent leur fille « en offrande » et qu’« évidemment » certaines jeunes femmes abusent de leur charme. Sa brusquerie va avec un sens des nuances, plus précisément des discordances, une conscience de tout ce qui est incompatible et doit être dit. La vérité ne naît pas toujours du raffinement ou du beau style.

Sur les artistes et les écrivains dont la voix franchit les barrières et les usages, la bienséance et la bienveillance (nouveau mot d’ordre de notre société), Despentes a des saillies dont la pertinence brûle comme le soleil vu de trop près. Les grands créateurs blessent et cautérisent dans un même mouvement, et elle le rappelle sans prendre de précautions.

Plus largement, le roman peut être lu comme un pamphlet qui s’en prend au care et au « prends soin de toi », au devoir de douceur. La romancière va loin sur cette voie. Quand elle parle de « l’angoissante voracité de ce qu’on appelle l’amour maternel », elle rappelle Tony Duvert et sa haine des mères. Deux fois, trois fois, sa jumelle Rebecca ou son jumeau Oscar le balancent : « Plutôt crever que faire du yoga ». Il est vrai que le meilleur moyen d’endormir les consciences est de leur apprendre à se concentrer sur leur souffle.

Despentes et ses personnages ont une rage adolescente assurément salutaire. Rebecca note ainsi le vide de la ville pendant le confinement : « Il n’y a pas d’adolescents dans les rues. » Pas d’adolescents, donc pas de vie, pas de perturbation, pas d’opposition ni d’antagonisme. L’expression « se faire chier » revient souvent, synonyme de néant qui guette, de solitude, d’un ennui proche de la nausée. Rebecca le dit et le redit : au vide elle préfère les passions excessives et les hommes brutaux. « Qu’est-ce qu’on peut faire pour l’amie qui rencontre la mauvaise personne et ça se voit qu’elle va prendre une trempe carabinée ? », semble lui répondre la romancière. Est-ce de la résignation, une preuve d’intelligence humaine, une forme de solidarité silencieuse, une définition de l’amitié ?

Cher connard est un roman plein, très plein, presque exténuant. Est-ce un roman aimable ? Ce n’est pas certain. Un roman qui se veut aimable ? C’est encore moins certain. Il ne serait pas honteux de lui préférer une littérature moins brutaliste.

[Photo : Jean-Luc Bertini – source : http://www.en-attendant-nadeau.fr]

Salman Rushdie membre fondateur de notre revue vient d’être poignardé au cou. Nous sommes tristes de voir que ni la solidarité internationale ni la protection policière n’ont pu sanctuariser l’auteur des « Enfants de minuit ».

Salman Rushdie

Écrit par Gilles Hertzog

On pensait la Bête assoupie, peut-être même oublieuse, ou encore occupée ailleurs, peut-être même repue, un tiers de siècle après l’appel au meurtre sous forme de fatwa de l’ayattollah Rouollah Khomeiny contre Salman Rushdie pour ses Versets sataniques, jugés blasphématoires par les fous de Dieu.

Désamorcée du bout des lèvres dix ans plus tard, réactivée par un nouvel ayatollah en chef, reprise jusqu’aujourd’hui par une fondation religieuse iranienne, la fatwa qu’on croyait éteinte, tombée en désuétude dans les poubelles de l’Histoire, hantait toujours et encore la Bête tapie dans l’ombre. La Bête attendait patiemment son heure.

Salman Rushdie vient d’être poignardé au cou lors d’une conférence dans l’état de New York. Evacué par hélicoptère sur un hôpital de New York, on ne connaît pas pour l’heure la gravité de son état.

La Bête n’oublie rien, ne renonce jamais, ne connaît pas de prescription, elle a le temps pour elle, elle en a fait un allié, s’est faite invisible, et a soudain frappé, après un tiers de siècle sans répit pour cet écrivain magnifique, auteur des Enfants de minuit, que rien, ni la solidarité des écrivains et des intellectuels du monde entier, dont la nôtre à La Règle du Jeu dès le premier jour, ni la protection policière n’ont pu sanctuariser.

Bernard-Henri Lévy élève une prière pour son ami. Que le dieu de la littérature l’exauce.

 

[Source : http://www.laregledujeu.org]

 

Organizações repudiam “ato macabro e cobarde” contra diretor do Centro para a Democracia e Desenvolvimento e presidente da Rede Moçambicana de Defensores dos Direitos Humanos, e denunciam “fechamento do espaço cívico e tentativas de bloqueio às atividades” das ONG.

Foto publicada na página de Facebook pessoal de Adriano Nuvunga

Esta terça-feira foi divulgada uma Nota de Repúdio e Denúncia à Ameaça à Vida do Ativista Adriano Nuvunga(link is external) subscrita por cinquenta e cinco organizações não governamentais (ONG), entre as quais figuram, nomeadamente, o Centro para a Democracia e Desenvolvimento(link is external)IESE- Instituto de Estudos Sociais e Económicos(link is external)Observatório do Meio Rural (OMR)(link is external)Rede Moçambicana de Defensores dos Direitos Humanos(link is external)JOINT – Liga de ONG’s em Moçambique(link is external)Kuendeleya(link is external)Muleide(link is external)União Nacional de Camponeses(link is external) ou Fórum Nacional de Rádios Comunitárias(link is external).

Na missiva, as ONG explicam que, na madrugada de segunda-feira, 15 de agosto, “indivíduos desconhecidos atiraram para o quintal da residência de Adriano Nuvunga, dois projéteis, posteriormente identificados por agentes do Serviço Nacional de Investigação Criminal (SERNIC), como sendo munições de arma de guerra do tipo AK 47”. Acresce que esses projéteis continham uma mensagem que só foi possível decifrar parcialmente: “Cuidado Nuvunga”.

Os subscritores da nota de repúdio e denúncia consideram que este foi um “ato macabro e cobarde” e expressam a sua total solidariedade para com o diretor do Centro para a Democracia e Desenvolvimento e presidente da Rede Moçambicana de Defensores dos Direitos Humanos, bem com a sua família.

Os 55 coletivos destacam ainda que este ato “ocorre em contexto de cada vez mais fechamento do espaço cívico e tentativas de bloqueio às atividades de organizações da sociedade civil”. E lembram que as organizações sociais são “instituições criadas à luz da Constituição da República de Moçambique e as atividades dos seus membros estão plenamente cobertas pela lei, devendo, por isso, operar em ambiente de paz e sob a proteção dos competentes órgãos do Estado”.

Garantindo que não se calarão contra atos “cobardes de ameaças ao exercício de liberdades, direitos e garantias constitucionais dos cidadãos, mesmo que com encenações de recurso a armas de fogo”, as ONG exigem “que a investigação do caso seja célere e os seus resultados identifiquem os seus autores para a sua responsabilização criminal”.

A Rede de Defensores dos Direitos Humanos da África Austral (Southern Africa Human Rights Defenders Network(link is external)) também já veio condenar veementemente a série de ameaças ao professor Nuvunga e exorta as autoridades moçambicanas “a reafirmar o compromisso de Moçambique na promoção e proteção dos direitos humanos e em particular, a proteção dos defensores dos direitos humanos contra ameaças, ataques ou outras formas de represálias”.

Numa declaração conjunta da sociedade civil da África Austral é igualmente reivindicada a realização de “investigações imediatas, completas e imparciais sobre todas as ameaças que foram feitas contra o professor Nuvunga, com o objetivo de levar os responsáveis à justiça” e a adoção de medidas para “garantir que os funcionários do governo ou outras figuras públicas se abstenham de fazer declarações que estigmatizem o trabalho legítimo dos defensores dos direitos humanos em Moçambique”.

« Uma ameaça velada que visa limitar o nosso trabalho »

Em declarações à agência Lusa, Adriano Nuvunga, que é também professor de Ciências Políticas na Universidade Eduardo Mondlane, falou sobre a ameaça à sua integridade física:

« Isto para nós é uma ameaça velada que visa limitar o nosso trabalho, um trabalho que visa precisamente alargar o acesso à justiça para que as pessoas vítimas da corrupção e impunidade possam ter o mínimo de dignidade. Portanto, com todas essas ameaças, o que posso dizer é que a luta continua », garantiu o ativista moçambicano.

Em 2020, Adriano Nuvunga foi alvo de uma ameaça de bomba em sua casa. Apesar dos apelos da  Amnistia Internacional para que fosse conduzida uma investigação rigorosa, até hoje não é conhecido qualquer desfecho.

Perseguições contra ativistas e jornalistas são recorrentes

As perseguições contra ativistas e jornalistas em Moçambique têm vindo a ser reiteradamente denunciadas pelas organizações da sociedade civil moçambicana, mas também por inúmeras ONG internacionais e, inclusive, por líderes religiosos.

A situação degradou-se com o estalar da insurgência em Cabo Delgado e com a investigação ao escândalo das dívidas ocultas.

Vários ativistas e investigadores têm defendido que uma das causas da instabilidade no norte de Moçambique é, exatamente, a pobreza e a ausência de espaços de participação democrática, sem que as populações, as organizações da sociedade civil, os investigadores sejam auscultado sobre os problemas do país e sobre a resolução desses mesmos problemas.

O próprio Banco Mundial, que admite que a sua política em Moçambique falhou, é perentório ao afirmar que a insurgência em Cabo Delgado está relacionada com a exclusão política, económica e social sentida na província. Mas o governo de Maputo, secundado pelo então ministro português Augusto Santos Silva(link is external)nega-se a admitir esta realidade, empenhando-se em suspender direitos e liberdades.

 

 

[Fonte: http://www.esquerda.net]